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A inicios del siglo XVII, surgen en España una serie de escritores que construyen obras sobre la base de las aventuras de la novela picaresca. Estas, a pesar de que comparten algunas características con las andanzas del pícaro, se levantan desde otros parámetros bien distintos y en ellas se intercalan narraciones amorosas o digresiones filosóficas. Si bien suele haber una base moralizante o didáctica, la novela costumbrista se caracteriza por presentar una ácida sátira social con tintes políticos. Esto es, no se queda únicamente en la descripción de una forma de vida sino que va más allá en busca de la lección y, a través de esta, del cambio personal o colectivo. Todas ellas discurren a través del formato diálogo en el que intervienen personajes de distintos estratos sociales. Los protagonistas, normalmente con la excusa de un viaje, verbalizan su cosmovisión personal así como aventuras o anécdotas que defienden, en todo momento, como verdaderas. Si el viaje no se produce, la novela costumbrista del Barroco español se articula a través de una colección de cuentos cortos. Por último, aunque recurre a la imaginación y la fantasía, se jacta de su realismo. 

Viaje entretenido de Agustín de Rojas Villandrando, uno de los mejores ejemplos de novela costumbrista 

La azarosa biografía de Agustín de Rojas Villandrando 

No se sabe la fecha exacta de su nacimiento que fue en Madrid alrededor de 1577. Con tan solo catorce años abandona el domicilio familiar y se enrola en la milicia poniendo la semilla para una vida de aventuras digna de una de sus novelas. Combatió en Francia. Fue capturado y liberado. Se hizo pirata contra los ingleses. Viajó por Italia. Y todo ello antes de cumplir veintidós años. De regreso a España tuvo algún que otro percance con la justicia con un desarrollo rocambolesco. En Málaga, donde trabajaba como escribano, tras pasar por Granada, dio muerte a un hombre y no se le ocurrió otra cosa que acogerse a sagrado en una Iglesia. Allí se atrincheró hasta que una bella y desconocida dama logró reunir los 300 ducados (todo lo que tenía) para comprar su libertad. De resultas de esta aventura tuvo que hacerse cargo de la buena señora ingeniándoselas con miles de tretas para no sucumbir ambos al hambre. 

Tras este lance se enroló en una compañía de cómicos y, al parecer, de esta etapa es la obra por la que ha pasado al canon: Viaje entretenido, publicada en 1603. Tras la prohibición real de representar comedias, la compañía fue disuelta y nuestro protagonista ensayó con sus dotes de  emprendedor montando una mercería que, según las propias palabras del autor, le fue bastante provechosa. Tras toda esta vida de aventuras, andanzas y correrías se retiró como ermitaño y no sabemos muy bien la fecha y el lugar de su muerte.  

Características de la novela costumbrista en Viaje entretenido 

Como todas las de su género, está construida de manera dialogada con cuatro personajes, tres compañeros cómicos y el autor. Durante esta conversación se despliegan las anécdotas, aventuras, hechos, sucesos, reflexiones y también se intercalan cuarenta loas. De hecho, la crítica parece estar de acuerdo que esta novela costumbrista fue una excusa para intercalar estas composiciones.  Con el fin de que quedaran impresas, de alguna manera u otra, el autor podía impedir que se apropiaran gratuitamente de ellas cantándose y representándose sin su consentimiento (y sin cobrar). En los episodios de la obra destacan narraciones sobre la vida del soldado, datos biográficos del autor y descripciones de ciudades al detalle, extremo posible ya que su vida viajera y aventurera le había llevado por múltiples rincones de Europa. 

Además de esta obra, Agustín de Rojas Villandrando publicó en 1611 El gran repúblico sobre la que cayó el poder de la Inquisición, al parecer por su defensa sincera y continuada del poder de la astrología. También se conoce un trabajo de juventud, El natural desdichado, una comedia siguiendo el estilo y los modos del teatro barroco.  

Cristóbal Suárez de Figueroa y su El passagero 

La biografía de este segundo representante de la novela costumbrista española es totalmente distinta al aventurero que ha ocupado nuestros primeros párrafos. Nacido en Valladolid en 1571, recibió una exquisita educación completada en Italia donde obtuvo el título de Doctor en Derecho por la Universidad de Bolonia. Sin embargo, parece que nuestros autores gustan de tener problemas con la justicia y, debido a que liberó a un preso de la Inquisición por su cuenta y riesgo abonado con la desobediencia de unos mandatos de Roma, fue excomulgado. Ha entrado en la historia de la literatura no solo por sus obras sino también por la gran inquina (lee envidia) que tenía tanto a Cervantes como a Lope de Vega. Aparte de esta novela costumbrista nos ha llegado una novela pastoril (La constante Amarilis) y algunos poemas.  

El passagero se publicó en Madrid en 1617 y también está levantada con la técnica del diálogo entre un Doctor (el escritor), un maestro, un militar y un artesano. El diálogo da pie para hablar de todo (desde el amor hasta las armas) y para criticar con especial crueldad las particulares características del teatro de Lope de Vega por considerarlo baladí y solo apto para el entretenimiento.  

Novela costumbrista y feminismo en María de Zayas y Sotomayor 

De distinto tenor es la obra de una de las primeras feministas españolas, María de Zayas y Sotomayor, de ascendencia noble y nacida en Madrid en 1590. Siendo joven viajó a Italia y, aunque no se conocen muchos datos sobre su biografía, vivió en distintos puntos de la geografía española y, con toda probabilidad, estuvo casada. En sus obras se vislumbra una amplia cultura y una sagaz visión del papel subalterno femenino impuesto por la sociedad. Contra este se rebela en múltiples ocasiones con una prosa ligera y unos temas tan pasionales que algún crítico pacato ha tachado, incluso, la escritura de nuestra protagonista de obscena. Y esto ha sido así porque sus protagonistas quieren vivir con absoluta libertad llevando su existencia con una fuerte pasión erótica que desencadena, la mayoría de los casos, en un final trágico. En este sentido, también se ha apuntado que la novela costumbrista de María de Zayas y Sotomayor adelanta los modos y formas del Romanticismo literario

Utilizando el formato de pequeños relatos en el que se narran distintas vicisitudes de los protagonistas al tiempo que se describen detalladamente pormenores de su tiempo publicó en 1637 sus Novelas ejemplares. El título ya nos dice del carácter moralizante y didáctico de estas obras. Estas tuvieron bastante éxito en su época y siguieron siendo favoritas del público décadas después. Espoleada por el éxito, diez años más tarde, publicó Desengaños amorosos. Segunda parte del Sarao y entretenimiento honesto

La autora, entre líneas y en el prólogo, reitera que todas sus aventuras están tomadas de la realidad y que no hay inventiva en lo que pone por escrito. Como sí nos encontramos elementos fantasiosos e irreales, la crítica achaca estas constantes justificaciones a su fuerte carácter feminista. Con esa aseveración quiere poner ejemplos que terminan mal para prevenir a las mujeres de la manipulación masculina. En este sentido, Emilia Pardo Bazán calificaba estas obras como pertenecientes a la “picaresca de la aristocracia”. Y no tiene desperdicio las palabras del censor Pío Vives en 1648 que da el visto bueno a la publicación con el siguiente veredicto:  

“Antes en él veo un asilo donde puede acogerse la femenil flaqueza más acosada de importunidades lisonjeras, y un espejo de lo que más necesita el hombre para la buena dirección de sus acciones. Y, así, le juzgo muy provechoso y digno de comunicarse al mundo por la estampa”.  

Otros autores que cultivaron, no con tanto acierto, la novela costumbrista durante el siglo XVII en España fueron Cristóbal Lozano (1609-1667) y Gonzalo de Céspedes y Meneses (1585-1638) cuya vida de aventuras compite con nuestro primer autor, Agustín de Rojas Villandrando. 

 

Por Candela Vizcaíno, Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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A inicios del siglo XVII, surgen en España una serie de escritores que construyen obras sobre la base de las aventuras de la novela picaresca. Estas, a pesar de que comparten algunas características con las andanzas del pícaro, se levantan desde otros parámetros bien distintos y en ellas se intercalan narraciones amorosas o digresiones filosóficas. Si bien suele haber una base moralizante o didáctica, la novela costumbrista se caracteriza por presentar una ácida sátira social con tintes políticos. Esto es, no se queda únicamente en la descripción de una forma de vida sino que va más allá en busca de la lección y, a través de esta, del cambio personal o colectivo. Todas ellas discurren a través del formato diálogo en el que intervienen personajes de distintos estratos sociales. Los protagonistas, normalmente con la excusa de un viaje, verbalizan su cosmovisión personal así como aventuras o anécdotas que defienden, en todo momento, como verdaderas. Si el viaje no se produce, la novela costumbrista del Barroco español se articula a través de una colección de cuentos cortos. Por último, aunque recurre a la imaginación y la fantasía, se jacta de su realismo. 

Viaje entretenido de Agustín de Rojas Villandrando, uno de los mejores ejemplos de novela costumbrista 

La azarosa biografía de Agustín de Rojas Villandrando 

No se sabe la fecha exacta de su nacimiento que fue en Madrid alrededor de 1577. Con tan solo catorce años abandona el domicilio familiar y se enrola en la milicia poniendo la semilla para una vida de aventuras digna de una de sus novelas. Combatió en Francia. Fue capturado y liberado. Se hizo pirata contra los ingleses. Viajó por Italia. Y todo ello antes de cumplir veintidós años. De regreso a España tuvo algún que otro percance con la justicia con un desarrollo rocambolesco. En Málaga, donde trabajaba como escribano, tras pasar por Granada, dio muerte a un hombre y no se le ocurrió otra cosa que acogerse a sagrado en una Iglesia. Allí se atrincheró hasta que una bella y desconocida dama logró reunir los 300 ducados (todo lo que tenía) para comprar su libertad. De resultas de esta aventura tuvo que hacerse cargo de la buena señora ingeniándoselas con miles de tretas para no sucumbir ambos al hambre. 

Tras este lance se enroló en una compañía de cómicos y, al parecer, de esta etapa es la obra por la que ha pasado al canon: Viaje entretenido, publicada en 1603. Tras la prohibición real de representar comedias, la compañía fue disuelta y nuestro protagonista ensayó con sus dotes de  emprendedor montando una mercería que, según las propias palabras del autor, le fue bastante provechosa. Tras toda esta vida de aventuras, andanzas y correrías se retiró como ermitaño y no sabemos muy bien la fecha y el lugar de su muerte.  

Características de la novela costumbrista en Viaje entretenido 

Como todas las de su género, está construida de manera dialogada con cuatro personajes, tres compañeros cómicos y el autor. Durante esta conversación se despliegan las anécdotas, aventuras, hechos, sucesos, reflexiones y también se intercalan cuarenta loas. De hecho, la crítica parece estar de acuerdo que esta novela costumbrista fue una excusa para intercalar estas composiciones.  Con el fin de que quedaran impresas, de alguna manera u otra, el autor podía impedir que se apropiaran gratuitamente de ellas cantándose y representándose sin su consentimiento (y sin cobrar). En los episodios de la obra destacan narraciones sobre la vida del soldado, datos biográficos del autor y descripciones de ciudades al detalle, extremo posible ya que su vida viajera y aventurera le había llevado por múltiples rincones de Europa. 

Además de esta obra, Agustín de Rojas Villandrando publicó en 1611 El gran repúblico sobre la que cayó el poder de la Inquisición, al parecer por su defensa sincera y continuada del poder de la astrología. También se conoce un trabajo de juventud, El natural desdichado, una comedia siguiendo el estilo y los modos del teatro barroco.  

Cristóbal Suárez de Figueroa y su El passagero 

La biografía de este segundo representante de la novela costumbrista española es totalmente distinta al aventurero que ha ocupado nuestros primeros párrafos. Nacido en Valladolid en 1571, recibió una exquisita educación completada en Italia donde obtuvo el título de Doctor en Derecho por la Universidad de Bolonia. Sin embargo, parece que nuestros autores gustan de tener problemas con la justicia y, debido a que liberó a un preso de la Inquisición por su cuenta y riesgo abonado con la desobediencia de unos mandatos de Roma, fue excomulgado. Ha entrado en la historia de la literatura no solo por sus obras sino también por la gran inquina (lee envidia) que tenía tanto a Cervantes como a Lope de Vega. Aparte de esta novela costumbrista nos ha llegado una novela pastoril (La constante Amarilis) y algunos poemas.  

El passagero se publicó en Madrid en 1617 y también está levantada con la técnica del diálogo entre un Doctor (el escritor), un maestro, un militar y un artesano. El diálogo da pie para hablar de todo (desde el amor hasta las armas) y para criticar con especial crueldad las particulares características del teatro de Lope de Vega por considerarlo baladí y solo apto para el entretenimiento.  

Novela costumbrista y feminismo en María de Zayas y Sotomayor 

De distinto tenor es la obra de una de las primeras feministas españolas, María de Zayas y Sotomayor, de ascendencia noble y nacida en Madrid en 1590. Siendo joven viajó a Italia y, aunque no se conocen muchos datos sobre su biografía, vivió en distintos puntos de la geografía española y, con toda probabilidad, estuvo casada. En sus obras se vislumbra una amplia cultura y una sagaz visión del papel subalterno femenino impuesto por la sociedad. Contra este se rebela en múltiples ocasiones con una prosa ligera y unos temas tan pasionales que algún crítico pacato ha tachado, incluso, la escritura de nuestra protagonista de obscena. Y esto ha sido así porque sus protagonistas quieren vivir con absoluta libertad llevando su existencia con una fuerte pasión erótica que desencadena, la mayoría de los casos, en un final trágico. En este sentido, también se ha apuntado que la novela costumbrista de María de Zayas y Sotomayor adelanta los modos y formas del Romanticismo literario

Utilizando el formato de pequeños relatos en el que se narran distintas vicisitudes de los protagonistas al tiempo que se describen detalladamente pormenores de su tiempo publicó en 1637 sus Novelas ejemplares. El título ya nos dice del carácter moralizante y didáctico de estas obras. Estas tuvieron bastante éxito en su época y siguieron siendo favoritas del público décadas después. Espoleada por el éxito, diez años más tarde, publicó Desengaños amorosos. Segunda parte del Sarao y entretenimiento honesto

La autora, entre líneas y en el prólogo, reitera que todas sus aventuras están tomadas de la realidad y que no hay inventiva en lo que pone por escrito. Como sí nos encontramos elementos fantasiosos e irreales, la crítica achaca estas constantes justificaciones a su fuerte carácter feminista. Con esa aseveración quiere poner ejemplos que terminan mal para prevenir a las mujeres de la manipulación masculina. En este sentido, Emilia Pardo Bazán calificaba estas obras como pertenecientes a la “picaresca de la aristocracia”. Y no tiene desperdicio las palabras del censor Pío Vives en 1648 que da el visto bueno a la publicación con el siguiente veredicto:  

“Antes en él veo un asilo donde puede acogerse la femenil flaqueza más acosada de importunidades lisonjeras, y un espejo de lo que más necesita el hombre para la buena dirección de sus acciones. Y, así, le juzgo muy provechoso y digno de comunicarse al mundo por la estampa”.  

Otros autores que cultivaron, no con tanto acierto, la novela costumbrista durante el siglo XVII en España fueron Cristóbal Lozano (1609-1667) y Gonzalo de Céspedes y Meneses (1585-1638) cuya vida de aventuras compite con nuestro primer autor, Agustín de Rojas Villandrando. 

 

Por Candela Vizcaíno, Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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La crítica empeñada en poner podios (y quitarlos de vez en cuando) sentencia que Guzmán de Alfarache es la mejor novela picaresca de todas las escritas en lengua española. Si Lazarillo de Tormes es considerada la primera, con la gran obra de Mateo Alemán esta peculiar forma narrativa patria (aunque también encontramos ejemplos en otros puntos de Europa) alcanza su cenit, perfección y el arquetipo en el que se miran todas las demás. Aparte de un estilo brillante a medio camino entre la sobriedad del Renacimiento literario y los excesos del Barroco, buena parte de los personajes demuestran, a partes iguales, una frágil humanidad interior (propensa a caer en todo tipo de vicios) y un descarnado realismo de la época. Y, en parte, ese conocimiento de la mundana sociedad y de las debilidades humanas que acaba en continuos batacazos puede explicarse por la peculiar vida aventurera de nuestro protagonista.  

Los primeros años en la vida de Mateo Alemán

Nace en Sevilla un día indeterminado de septiembre de 1547, sí como Miguel de Cervantes con quien puede asemejarse en desventuras y en pluma aventajada. Su padre procedía de la localidad extremeña de Jerez de los Caballeros y en la capital andaluza, por entonces Puerto de Indias, se casa con Juana de Enero. Sería su segunda esposa. La familia siempre anduvo con estrecheces económicas. Pero eso parece que es algo característico de España y de esta época tan complicada de profunda crisis en todos los aspectos, excepto en el artístico. Sin embargo, en 1557, el padre, médico de profesión, obtiene un buen puesto como funcionario en la cárcel sevillana. Hasta ese submundo de delincuentes de todo tipo, aventureros con mala suerte y menos cabeza junto con algún que otro desgraciado le acompañaba nuestro protagonista: Mateo Alemán.  

A partir de esa fecha, 1557, cuando contaba con 10 años, la familia dispone de un cierto desahogo económico que el cabeza de familia invierte de la mejor manera: en educación. Parece que estudió con Maese Rodrigo y que recibió una exquisita formación humanística ya que con 17 años obtiene el título de Bachiller en Artes y Filosofía. Siguiendo las huellas paternas, se matricula en medicina en la Universidad de Sevilla aunque, al parecer, debido a la mala cabeza de nuestro protagonista, a Mateo Alemán se le hacía difícil completar los estudios. A pesar de ello, la familia lo envía el segundo año a Salamanca y posteriormente a Alcalá de Henares; esto es, se recorre los mejores centros universitarios de la época. Sin embargo, sin llegar a concluir la carrera fallece de manera repentina el padre y debe volver a Sevilla a hacerse cargo de la familia que había quedado en una situación económica delicada. 

La formación del peculiar carácter de Mateo Alemán 

A partir de aquí, con apenas veintipocos años debe valerse por sí mismo y no llega a completar ningún oficio o posición fija que permitiera asentarse para mantener a su familia. Nada más llegar a su tierra natal, contrae algunas deudas cuyo fondo es incierto. El caso es que se enfrasca en un canje un tanto peculiar con el aristócrata Alonso Hernández de Ayala. El pacto consistía que si Mateo Alemán, sin oficio ni beneficio y con una carrera de medicina sin terminar, no abonaba la cantidad estipulada en el plazo acordado, debía casarse con la sobrina del capitán Hernández de Ayala. La dama respondía al nombre de Catalina de Espinosa y poco se sabe de la misma más allá de este trueque vergonzoso a los ojos contemporáneos al que la buena señora (desconocemos sus razones) aceptó de grado. 

Como Mateo Alemán no pudo hacer frente al pago, se vio abocado a un matrimonio forzoso del que quiso también escabullirse. La crítica achaca a este hecho (más que al carácter volátil del nuestro protagonista) la desagradable y constante misoginia de la que nuestro escritor hace gala sin atisbo de sonrojo. Al parecer, la vida de casado con sus normas y sus reglas, abonada quizás por el mal carácter de la esposa (que se aviene a tal trueque, recordemos) le produjo una serie de sinsabores que desencadenó en esa cosmovisión. Las ideas misóginas (más que machistas) de Mateo Alemán, sin embargo, no le impidió tener varios hijos fuera del matrimonio y convivir sin estar casado con posterioridad con Francisca Calderón que le acompañó en sus últimas aventuras vitales.  

La azarosa vida adulta de Mateo Alemán 

Con este panorama, para sobrevivir aceptaba cualquier empleo para el que estuviera preparado y, además, en cualquier parte. Por eso fue recaudador del subsidio de Sevilla y del Arzobispado, contador de resultas en Madrid, fallido emprendedor de vuelta a su ciudad natal, y dado a acumular deudas no resueltas. Por todo ello, con treinta y tres años pisa por primera vez la cárcel de Sevilla pero ahora como penado. Allí pasaría año y medio hasta poder recobrar su libertad. Sin embargo, el hecho no fue un acicate para que se asentara de una manera tranquila y sus andanzas continúan en Madrid. Allí simplemente subsistía con los trabajos que le llegaban y ninguna posición tenía que ver con la medicina que estudió en la universidad, la escritura o el teatro que tanto tirón ofrecía en esos momentos.  

Mateo Alemán gustaba de los negocios, de andar de un sitio para otro sin durar mucho en los empleos que le salían. Esto también influirá en su carácter y en su obra cumbre, Guzmán de Alfarache, ya que nuestro protagonista hace gala de un pesimismo tan profundo que poco de bueno es capaz de sacar del alma humana. Mientras que Cervantes recurre a la ironía, al cinismo y a un poso de bondad para levantar sus grandes personajes, en Mateo Alemán pocos se salvan de la oscuridad anímica. Al parecer, eran estos tipos con los que una y otra vez se topaba reiteradamente. Así que modelos, al parecer, no le faltaban. 

Mateo Alemán, autor del Guzmán del Alfarache

Pocos en su entorno sospechaban que era dado a las letras y que estuviera escribiendo obra alguna. Sin embargo, en 1597 ya tenía terminada la primera parte de su Guzmán de Alfarache y se da a la imprenta en 1599 previo paso por la autorizaciones correspondientes (lee censura). Nuestro autor tenía 52 años y la obra fue un rotundo éxito, tanto que se sucedieron las ediciones aunque el desorden del escritor era tal que no pudo contener las copias piratas. El éxito y la fama no vino parejo, por tanto, a la riqueza, aunque sí pudo mejorar su situación económica. 

En 1600 estaba de nuevo en Sevilla no escribiendo o viviendo de las rentas de su obra sino inmerso en negocios diversos que generaron más deudas. Por eso, volvió a la cárcel en 1602 aunque en esta ocasión por pocos meses. Sin embargo, más que las rejas a Mateo Alemán le afectó profundamente en el ánimo la aparición de una segunda parte apócrifa ese mismo año y al decir del autor fue él mismo quien reveló parte de las aventuras de su ya famoso protagonista. Ese mazazo (como ocurrió con El Quijote y el apócrifo de Avellanada) obligó al escritor a rehacer la segunda parte que hizo imprimir en Lisboa en 1604. Allí también vendió su Vida de San Antonio.  

A pesar del éxito de su obra, a pesar de que una y otra vez intentaba conseguir estabilidad económica en España, a pesar de que no se rendía, todo se le torcía. Por eso, y en busca de aire fresco o de una oportunidad ya teniendo una edad avanzada, en 1608 embarcó hacia México junto con segunda pareja (que no esposa) y las hijas habidas con ella. En América publicó dos obras más, Ortografía y en 1613 Sucesos de fray García Guerra, arzobispo de Méjico. Poco o nada se sabe de Mateo Alemán tras esta edición y, con toda probabilidad, falleció un año después sin más glorias en este mundo que su Guzmán de Alfarache que ha entrado en el canon de la literatura en español. Lo cual no es poco y me permito el juicio. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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La crítica empeñada en poner podios (y quitarlos de vez en cuando) sentencia que Guzmán de Alfarache es la mejor novela picaresca de todas las escritas en lengua española. Si Lazarillo de Tormes es considerada la primera, con la gran obra de Mateo Alemán esta peculiar forma narrativa patria (aunque también encontramos ejemplos en otros puntos de Europa) alcanza su cenit, perfección y el arquetipo en el que se miran todas las demás. Aparte de un estilo brillante a medio camino entre la sobriedad del Renacimiento literario y los excesos del Barroco, buena parte de los personajes demuestran, a partes iguales, una frágil humanidad interior (propensa a caer en todo tipo de vicios) y un descarnado realismo de la época. Y, en parte, ese conocimiento de la mundana sociedad y de las debilidades humanas que acaba en continuos batacazos puede explicarse por la peculiar vida aventurera de nuestro protagonista.  

Los primeros años en la vida de Mateo Alemán

Nace en Sevilla un día indeterminado de septiembre de 1547, sí como Miguel de Cervantes con quien puede asemejarse en desventuras y en pluma aventajada. Su padre procedía de la localidad extremeña de Jerez de los Caballeros y en la capital andaluza, por entonces Puerto de Indias, se casa con Juana de Enero. Sería su segunda esposa. La familia siempre anduvo con estrecheces económicas. Pero eso parece que es algo característico de España y de esta época tan complicada de profunda crisis en todos los aspectos, excepto en el artístico. Sin embargo, en 1557, el padre, médico de profesión, obtiene un buen puesto como funcionario en la cárcel sevillana. Hasta ese submundo de delincuentes de todo tipo, aventureros con mala suerte y menos cabeza junto con algún que otro desgraciado le acompañaba nuestro protagonista: Mateo Alemán.  

A partir de esa fecha, 1557, cuando contaba con 10 años, la familia dispone de un cierto desahogo económico que el cabeza de familia invierte de la mejor manera: en educación. Parece que estudió con Maese Rodrigo y que recibió una exquisita formación humanística ya que con 17 años obtiene el título de Bachiller en Artes y Filosofía. Siguiendo las huellas paternas, se matricula en medicina en la Universidad de Sevilla aunque, al parecer, debido a la mala cabeza de nuestro protagonista, a Mateo Alemán se le hacía difícil completar los estudios. A pesar de ello, la familia lo envía el segundo año a Salamanca y posteriormente a Alcalá de Henares; esto es, se recorre los mejores centros universitarios de la época. Sin embargo, sin llegar a concluir la carrera fallece de manera repentina el padre y debe volver a Sevilla a hacerse cargo de la familia que había quedado en una situación económica delicada. 

La formación del peculiar carácter de Mateo Alemán 

A partir de aquí, con apenas veintipocos años debe valerse por sí mismo y no llega a completar ningún oficio o posición fija que permitiera asentarse para mantener a su familia. Nada más llegar a su tierra natal, contrae algunas deudas cuyo fondo es incierto. El caso es que se enfrasca en un canje un tanto peculiar con el aristócrata Alonso Hernández de Ayala. El pacto consistía que si Mateo Alemán, sin oficio ni beneficio y con una carrera de medicina sin terminar, no abonaba la cantidad estipulada en el plazo acordado, debía casarse con la sobrina del capitán Hernández de Ayala. La dama respondía al nombre de Catalina de Espinosa y poco se sabe de la misma más allá de este trueque vergonzoso a los ojos contemporáneos al que la buena señora (desconocemos sus razones) aceptó de grado. 

Como Mateo Alemán no pudo hacer frente al pago, se vio abocado a un matrimonio forzoso del que quiso también escabullirse. La crítica achaca a este hecho (más que al carácter volátil del nuestro protagonista) la desagradable y constante misoginia de la que nuestro escritor hace gala sin atisbo de sonrojo. Al parecer, la vida de casado con sus normas y sus reglas, abonada quizás por el mal carácter de la esposa (que se aviene a tal trueque, recordemos) le produjo una serie de sinsabores que desencadenó en esa cosmovisión. Las ideas misóginas (más que machistas) de Mateo Alemán, sin embargo, no le impidió tener varios hijos fuera del matrimonio y convivir sin estar casado con posterioridad con Francisca Calderón que le acompañó en sus últimas aventuras vitales.  

La azarosa vida adulta de Mateo Alemán 

Con este panorama, para sobrevivir aceptaba cualquier empleo para el que estuviera preparado y, además, en cualquier parte. Por eso fue recaudador del subsidio de Sevilla y del Arzobispado, contador de resultas en Madrid, fallido emprendedor de vuelta a su ciudad natal, y dado a acumular deudas no resueltas. Por todo ello, con treinta y tres años pisa por primera vez la cárcel de Sevilla pero ahora como penado. Allí pasaría año y medio hasta poder recobrar su libertad. Sin embargo, el hecho no fue un acicate para que se asentara de una manera tranquila y sus andanzas continúan en Madrid. Allí simplemente subsistía con los trabajos que le llegaban y ninguna posición tenía que ver con la medicina que estudió en la universidad, la escritura o el teatro que tanto tirón ofrecía en esos momentos.  

Mateo Alemán gustaba de los negocios, de andar de un sitio para otro sin durar mucho en los empleos que le salían. Esto también influirá en su carácter y en su obra cumbre, Guzmán de Alfarache, ya que nuestro protagonista hace gala de un pesimismo tan profundo que poco de bueno es capaz de sacar del alma humana. Mientras que Cervantes recurre a la ironía, al cinismo y a un poso de bondad para levantar sus grandes personajes, en Mateo Alemán pocos se salvan de la oscuridad anímica. Al parecer, eran estos tipos con los que una y otra vez se topaba reiteradamente. Así que modelos, al parecer, no le faltaban. 

Mateo Alemán, autor del Guzmán del Alfarache

Pocos en su entorno sospechaban que era dado a las letras y que estuviera escribiendo obra alguna. Sin embargo, en 1597 ya tenía terminada la primera parte de su Guzmán de Alfarache y se da a la imprenta en 1599 previo paso por la autorizaciones correspondientes (lee censura). Nuestro autor tenía 52 años y la obra fue un rotundo éxito, tanto que se sucedieron las ediciones aunque el desorden del escritor era tal que no pudo contener las copias piratas. El éxito y la fama no vino parejo, por tanto, a la riqueza, aunque sí pudo mejorar su situación económica. 

En 1600 estaba de nuevo en Sevilla no escribiendo o viviendo de las rentas de su obra sino inmerso en negocios diversos que generaron más deudas. Por eso, volvió a la cárcel en 1602 aunque en esta ocasión por pocos meses. Sin embargo, más que las rejas a Mateo Alemán le afectó profundamente en el ánimo la aparición de una segunda parte apócrifa ese mismo año y al decir del autor fue él mismo quien reveló parte de las aventuras de su ya famoso protagonista. Ese mazazo (como ocurrió con El Quijote y el apócrifo de Avellanada) obligó al escritor a rehacer la segunda parte que hizo imprimir en Lisboa en 1604. Allí también vendió su Vida de San Antonio.  

A pesar del éxito de su obra, a pesar de que una y otra vez intentaba conseguir estabilidad económica en España, a pesar de que no se rendía, todo se le torcía. Por eso, y en busca de aire fresco o de una oportunidad ya teniendo una edad avanzada, en 1608 embarcó hacia México junto con segunda pareja (que no esposa) y las hijas habidas con ella. En América publicó dos obras más, Ortografía y en 1613 Sucesos de fray García Guerra, arzobispo de Méjico. Poco o nada se sabe de Mateo Alemán tras esta edición y, con toda probabilidad, falleció un año después sin más glorias en este mundo que su Guzmán de Alfarache que ha entrado en el canon de la literatura en español. Lo cual no es poco y me permito el juicio. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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A finales del siglo XVI y, especialmente, durante el siglo XVII en arte y en literatura va afianzándose una nueva forma creativa que se distingue de los modos y características del Renacimiento. Si bien la estética se impone no solo en Europa, sino también en buena parte de Sudamérica, el Barroco español alcanza cotas magníficas no solo en lo que se refiere a las artes plásticas sino especialmente en la literatura. De tal calado fue el estilo barroco en las letras castellanas que a la época se le denomina Siglo de Oro. Estas son las claves principales para entenderlo. 

 

1.- El estilo barroco se caracteriza por la acumulación  

Se abandona la serenidad y la elegancia que había caracterizado tanto el arte como la literatura renacentista y las expresiones artísticas se abigarran hasta límites nunca visto por entonces y difíciles de encontrar después.  El objetivo no es el conocimiento, santo y seña del hombre en el Renacimiento, sino el estímulo de los sentidos y, además, de todos ellos a la vez. Por eso, se recurre a imágenes brillantes, al horror vacui, a la acumulación, a la sobreexposición, al lenguaje llevado a extremo, a agudezas ingeniosas y al gusto por cualquier audacia en cualquier terreno. El estilo barroco, si por algo se caracteriza, es por parecer una carrera de fondo por demostrar quién puede llegar más allá, estirando la palabra o completando un cuadro sin dejar ni un milímetro sin pincelada. Los artistas huyen de ese afán de conocimiento para apelar a los sentidos y los sentimientos. Por eso, es frecuente lo grotesco, lo que se aparta de la norma, lo monstruoso, los seres lisiados, las descripciones de los bajos fondos o de los sentimientos más rebuscados.  

2.- La exageración forma parte del estilo barroco 

Íntimamente unido a esa búsqueda de lo extremo, se recurre constantemente a la hipérbole, la cual se manifiesta no solo en el arte Barroco que gusta de monstruos, seres extremos o de las historias más truculentas de la Biblia sino también en el ridículo, la ironía y la mofa. La literatura del barroco está plagada de todos esos puntos extremos que se resumen en España en esa pugna (a veces difícilmente definida) entre el culteranismo y el conceptismo que llevaron en vida la dialéctica entre Góngora y Quevedo.  

 
3.- El movimiento sustituye a la serenidad clásica del Renacimiento

La línea recta, la perspectiva, la arquitectura elegante que se vanagloriaba de recoger la mejor tradición grecorromana se convierte en una torsión constante. El estilo barroco solo se entiende en la línea curva, en la espiral, en el abigarramiento, en el movimiento y en la tensión. Todo se vuelve movimiento y prisas tanto en el lenguaje como en cualquier expresión plástica.  

4.- El estilo barroco se caracteriza por el contraste 

Para llevar a cabo esa torsión estilística se recurre al claroscuro (recordemos los cuadros de Caravaggio o de Velázquez), al contraste tanto en los poemas como en las artes plásticas. Este se encuentra en la unión en una misma composición de los extremos más luminosos de la vida con los más truculentos de la muerte, de lo feo con lo bello, de lo más mundano con lo sagrado… De este mismo sentido se impregnan las artes plásticas que se regodea con la plasmación de las más duras escenas de la Biblia (las cabezas cortadas por orden de Salomé o de la mano de Judith, la matanza de los inocentes en toda su crudeza…) Se recurre a la antítesis, a la búsqueda de los contrarios irreconciliables. 

 

5.- Las artes plásticas se transforman radicalmente  

Ese amor por la rareza, por lo extremo, por lo que está alejado de la serenidad clásica se regodea, además, en lo formal y es estirado al máximo. Las obras se llenan de símbolos, de historias que hay que conocer de antemano, de mensajes ocultos. Todo ello nos lleva por el camino del artificio, de lo rebuscado, de la rareza que se manifiesta en todos los órdenes de la vida desde el mobiliario recargado hasta la pintura obscena pasando por la moda abigarrada o la literatura repleta de tropos, metáforas e hipérboles ingeniosas.  

La pintura, además, se realiza utilizando grandes masas de color eliminando el dibujo casi. Se busca, además, la profundidad (que no la perspectiva) a través de la superposición. Se difuminan los contornos y las volutas hacen su aparición en cualquier tipo de manifestación artística. El estilo barroco es así claramente reconocible tanto en ese abigarramiento de iglesias o palacios como en el mobiliario llevado hasta la torsión.  

6.- El estilo barroco se caracteriza por el choque de los contrarios 

Nada hay en el centro o en el medio. Se huye de la sobriedad clásica para resbalarse por los extremos. Si se ironiza se llega a la caricatura, a veces salvaje. Si se critica o se intenta poner de manifiesto la oscuridad del alma humana, se alcanza los límites de la degradación. Esta se representa de distintas maneras ya sea con personajes sin atisbo de nobleza ya sea mostrando el aspecto monstruoso del ser humano. Las pasiones siempre serán desatadas a igual que el fervor religioso que no puede quedarse en la serenidad anímica. Idéntico camino, pero por el contrario, recorre la idealización que alcanza cotas no superadas desde entonces.  

7.- El Barroco español está caracterizado por el pesimismo

Tanto en literatura como en artes plásticas en España alcanza cotas bastante elevadas coincidiendo con la hecatombe social, económica y política tras la muerte de Felipe II. Los sucesivos reyes se dejan resbalar por la indolencia dejando la gestión del trono en manos de validos ávidos de poder y de riquezas. El resultado son constantes crisis que llevan a la población a la más extrema pobreza con situaciones injustas y sin ver una salida. España, asentada la Reforma en el resto de Europa, se aísla de sus vecinos si no es para enfrascarse en guerras cruentas que, además, pierde. Se olvida cualquier desarrollo tecnológico y las élites no invierten en innovación o en mejora de los recursos disponibles. El pueblo, salvo algunos conatos, no se alza en rebelión y el espíritu que impera en la época es un conformismo destructor. Todo ello se manifiesta en las artes de todo tipo pero, especialmente, en la literatura que, en esta época (recordemos el Quijote de Cervantes) nos pone por delante toda una retahíla de fracasados y perdedores de tal enjundia que se vuelven tipos universales. 

8.- Las artes se impregnan de un espíritu basado en la huida de la realidad

Las sucesivas crisis económicas, la pobreza, la pérdida de calidad de vida y el abatimiento llevan a una huida de la cotidianidad. Se busca en el teatro (que alcanza cotas ni antes ni después no superadas) un entretenimiento en el que olvidar las penas cotidianas con historias distorsionadas y totalmente irreales. La población encuentra en la risa fácil y en la burla una forma de no afrontar un mínimo espíritu crítico de la realidad. Recordemos que es una sociedad dominada por el conformismo, por el pesimismo y por el abatimiento. 

El estilo barroco, por tanto, no solo puede aplicarse a un periodo artístico concreto (el siglo XVII) sino que va más allá y se transparenta en todos los órdenes de la vida. Es una forma de estar y sentir el mundo casi. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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El arte es lo que queda cuando todo ha pasado. Es lo inmutable dentro del cambio. Es la belleza en un mundo en caos. El arte es parte importante de este sitio. Intentamos comprenderlo. 

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A finales del siglo XVI y, especialmente, durante el siglo XVII en arte y en literatura va afianzándose una nueva forma creativa que se distingue de los modos y características del Renacimiento. Si bien la estética se impone no solo en Europa, sino también en buena parte de Sudamérica, el Barroco español alcanza cotas magníficas no solo en lo que se refiere a las artes plásticas sino especialmente en la literatura. De tal calado fue el estilo barroco en las letras castellanas que a la época se le denomina Siglo de Oro. Estas son las claves principales para entenderlo. 

 

1.- El estilo barroco se caracteriza por la acumulación  

Se abandona la serenidad y la elegancia que había caracterizado tanto el arte como la literatura renacentista y las expresiones artísticas se abigarran hasta límites nunca visto por entonces y difíciles de encontrar después.  El objetivo no es el conocimiento, santo y seña del hombre en el Renacimiento, sino el estímulo de los sentidos y, además, de todos ellos a la vez. Por eso, se recurre a imágenes brillantes, al horror vacui, a la acumulación, a la sobreexposición, al lenguaje llevado a extremo, a agudezas ingeniosas y al gusto por cualquier audacia en cualquier terreno. El estilo barroco, si por algo se caracteriza, es por parecer una carrera de fondo por demostrar quién puede llegar más allá, estirando la palabra o completando un cuadro sin dejar ni un milímetro sin pincelada. Los artistas huyen de ese afán de conocimiento para apelar a los sentidos y los sentimientos. Por eso, es frecuente lo grotesco, lo que se aparta de la norma, lo monstruoso, los seres lisiados, las descripciones de los bajos fondos o de los sentimientos más rebuscados.  

2.- La exageración forma parte del estilo barroco 

Íntimamente unido a esa búsqueda de lo extremo, se recurre constantemente a la hipérbole, la cual se manifiesta no solo en el arte Barroco que gusta de monstruos, seres extremos o de las historias más truculentas de la Biblia sino también en el ridículo, la ironía y la mofa. La literatura del barroco está plagada de todos esos puntos extremos que se resumen en España en esa pugna (a veces difícilmente definida) entre el culteranismo y el conceptismo que llevaron en vida la dialéctica entre Góngora y Quevedo.  

 
3.- El movimiento sustituye a la serenidad clásica del Renacimiento

La línea recta, la perspectiva, la arquitectura elegante que se vanagloriaba de recoger la mejor tradición grecorromana se convierte en una torsión constante. El estilo barroco solo se entiende en la línea curva, en la espiral, en el abigarramiento, en el movimiento y en la tensión. Todo se vuelve movimiento y prisas tanto en el lenguaje como en cualquier expresión plástica.  

4.- El estilo barroco se caracteriza por el contraste 

Para llevar a cabo esa torsión estilística se recurre al claroscuro (recordemos los cuadros de Caravaggio o de Velázquez), al contraste tanto en los poemas como en las artes plásticas. Este se encuentra en la unión en una misma composición de los extremos más luminosos de la vida con los más truculentos de la muerte, de lo feo con lo bello, de lo más mundano con lo sagrado… De este mismo sentido se impregnan las artes plásticas que se regodea con la plasmación de las más duras escenas de la Biblia (las cabezas cortadas por orden de Salomé o de la mano de Judith, la matanza de los inocentes en toda su crudeza…) Se recurre a la antítesis, a la búsqueda de los contrarios irreconciliables. 

 

5.- Las artes plásticas se transforman radicalmente  

Ese amor por la rareza, por lo extremo, por lo que está alejado de la serenidad clásica se regodea, además, en lo formal y es estirado al máximo. Las obras se llenan de símbolos, de historias que hay que conocer de antemano, de mensajes ocultos. Todo ello nos lleva por el camino del artificio, de lo rebuscado, de la rareza que se manifiesta en todos los órdenes de la vida desde el mobiliario recargado hasta la pintura obscena pasando por la moda abigarrada o la literatura repleta de tropos, metáforas e hipérboles ingeniosas.  

La pintura, además, se realiza utilizando grandes masas de color eliminando el dibujo casi. Se busca, además, la profundidad (que no la perspectiva) a través de la superposición. Se difuminan los contornos y las volutas hacen su aparición en cualquier tipo de manifestación artística. El estilo barroco es así claramente reconocible tanto en ese abigarramiento de iglesias o palacios como en el mobiliario llevado hasta la torsión.  

6.- El estilo barroco se caracteriza por el choque de los contrarios 

Nada hay en el centro o en el medio. Se huye de la sobriedad clásica para resbalarse por los extremos. Si se ironiza se llega a la caricatura, a veces salvaje. Si se critica o se intenta poner de manifiesto la oscuridad del alma humana, se alcanza los límites de la degradación. Esta se representa de distintas maneras ya sea con personajes sin atisbo de nobleza ya sea mostrando el aspecto monstruoso del ser humano. Las pasiones siempre serán desatadas a igual que el fervor religioso que no puede quedarse en la serenidad anímica. Idéntico camino, pero por el contrario, recorre la idealización que alcanza cotas no superadas desde entonces.  

7.- El Barroco español está caracterizado por el pesimismo

Tanto en literatura como en artes plásticas en España alcanza cotas bastante elevadas coincidiendo con la hecatombe social, económica y política tras la muerte de Felipe II. Los sucesivos reyes se dejan resbalar por la indolencia dejando la gestión del trono en manos de validos ávidos de poder y de riquezas. El resultado son constantes crisis que llevan a la población a la más extrema pobreza con situaciones injustas y sin ver una salida. España, asentada la Reforma en el resto de Europa, se aísla de sus vecinos si no es para enfrascarse en guerras cruentas que, además, pierde. Se olvida cualquier desarrollo tecnológico y las élites no invierten en innovación o en mejora de los recursos disponibles. El pueblo, salvo algunos conatos, no se alza en rebelión y el espíritu que impera en la época es un conformismo destructor. Todo ello se manifiesta en las artes de todo tipo pero, especialmente, en la literatura que, en esta época (recordemos el Quijote de Cervantes) nos pone por delante toda una retahíla de fracasados y perdedores de tal enjundia que se vuelven tipos universales. 

8.- Las artes se impregnan de un espíritu basado en la huida de la realidad

Las sucesivas crisis económicas, la pobreza, la pérdida de calidad de vida y el abatimiento llevan a una huida de la cotidianidad. Se busca en el teatro (que alcanza cotas ni antes ni después no superadas) un entretenimiento en el que olvidar las penas cotidianas con historias distorsionadas y totalmente irreales. La población encuentra en la risa fácil y en la burla una forma de no afrontar un mínimo espíritu crítico de la realidad. Recordemos que es una sociedad dominada por el conformismo, por el pesimismo y por el abatimiento. 

El estilo barroco, por tanto, no solo puede aplicarse a un periodo artístico concreto (el siglo XVII) sino que va más allá y se transparenta en todos los órdenes de la vida. Es una forma de estar y sentir el mundo casi. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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El Renacimiento español tiene una figura capital en la persona del humanista valenciano Juan Luis Vives. Su aportación al desarrollo de la pedadogía, de la incipiente psicología y de la nueva cosmovisión imperante en Europa a partir del siglo XV fue de una envergadura sobresaliente. Estudioso incansable, crítico inteligente, viajero y comprometido con las nuevas generaciones de su tiempo, su legado no ha sido estudiado con la atención debida. Vamos por partes.  

Biografía de Juan Luis Vives muy resumida 

Nace en Valencia en el año 1492, el mismo en el que Granada pasa a la causa cristiana, se descubre América para ojos europeos y se publica la Gramática de Antonio de Nebrija. De hecho, el año 1492, puede ser considerado el inicio del Renacimiento en España. Muy pronto abandonó las tierras españolas para estudiar en la Universidad de París desde donde se traslada a Brujas. Allí conoce a Margarita Valldeura, con la que comparte origen y lengua materna. Se casan y se trasladan a la Universidad de Lovaina, una de las más importantes de la época y de las que aún siguen conservando el prestigio de antaño. Allí da clases de filología clásica, ya que conocía tan bien el latín y sus autores que toda su obra está escrita en el considerado, por entonces, idioma de cultura. En Lovaina conoce a Erasmo de Rotterdam cuyas ideas reformadoras de la Iglesia Católica dejaría una profunda huella en Juan Luis Vives, como sucedió con otros intelectuales de la época. Fue tal el influjo que el filósofo realizó sobre el profesor que este no tiene empacho en dirigirse a él como: 

“Mi señor, mi maestro, mi padre” 

De Bélgica pasó a Inglaterra con una carta de recomendación del mismísimo Tomás Moro. Allí se pone bajo el amparo de Enrique VIII y se convierte en preceptor de quien llegaría a reinar como María Tudor. También es el lector de la reina Catalina de Aragón, tía de Carlos I. Combina estas labores en la corte con una cátedra en el afamado colegio Corpus Christi de Oxford. En 1525, con el divorcio de facto de los monarcas, Juan Luis Vives pierde el favor real y decide regresar a Brujas donde murió en 1540. Aunque desde España se le propuso una cátedra en la Universidad de Alcalá, no aceptó, quizás viendo las especiales circunstancias políticas, religiosas y sociales que condicionarían España al completo unas cuantas décadas más tarde. 

Obras de Juan Luis Vives 

Todas las obras de Juan Luis Vives están escritas en latín, considerado el idioma de cultura, de los intercambios diplomáticos y de los estudios de todo tipo hasta el Siglo de Las Luces. Sus obras completas fueron traducidas al español en 1498 por Lorenzo Riber.  Juan Luis Vives escribe de temática diversa (filología, filosofía, asuntos sociales, pedagógicos, teológicos…) como corresponde al espíritu renacentista que invoca el conocimiento de artes y ciencias dispares como una única vía para el progreso. Sin embargo, a Juan Luis Vives le preocupó especialmente todo lo concerniente a los métodos pedagógicos y ahondó en una incipiente psicología. Para el humanista, el alma (siguiendo las ideas de Erasmo) tiene que tener libertad para dialogar con Dios y buscar así la verdad, la bondad y la belleza. De entre la ingente cantidad de escritos que dejó para la posteridad o dejó publicados destaco: 

1.- In pseudialecticos de 1519, levantado bajo la influencia de las ideas erasmistas. En ella carga contra las fórmulas de aprendizaje de la escolástica tradicional dejando ver el pedagogo y reformador en el que se estaba convirtiendo a temprana edad. 

2.- La edición comentada de la Ciudad de Dios de San Agustín, por encargo expreso de Erasmo que había visto en Vives el genio brillante que necesitaba la nueva cosmovisión que giraba sobre el hombre en el Renacimiento

3.- De racione studii puerilis escrito para la princesa María Tudor, futura reina de Inglaterra.

4.- De vertiste fidei christianae. 

5.- De anima et vita, considerada una de las más importantes del humanista. 

6.- De causis corruptarum artium

7.- De tradendis disciplinis.

8.- De artibus

9.- De institutione feminae christianae

10.- Exercitatio linguae latinae. 

11.- De subventione pauperum

12.- Introductio ad sapietiam.  

Aportes de Juan Luis Vives al humanismo español  

Muy resumidamente anoto lo siguiente: 

1.- Fue un estudioso, un investigador, un pedagogo más que un reformador. 

2.- Por tanto, no creó ningún sistema filosófico nuevo. Su contribución gira alrededor de ese ambiente humanista que impregnaba todos los estudios de la época y que constituyen las principales características del Renacimiento. Juan Luis Vives supo ver las contradicciones de la época y el desfase que suponía el método escolástico de enseñanza que aún sentaba cátedra en las universidades europeas. 

3.- Al buscar las razones por las que habían decaído los estudios filosóficos entre los autores de la Edad Media se encontró con un dogmatismo que no soportaba la mínima crítica intelectual. Y, desde esos cimientos, propuso unos nuevos. 

4.- Conoció personalmente muy joven a Erasmo de Rotterdam, el autor de Elogio de la locura y reformador de la iglesia cristiana con sus ideas. Aunque no llegó a defender, como Lutero, el alejamiento de la corte papal (que en eso se había convertido), sí puso los cimientos para la reforma protestante con su centro en el alma humana más que en los ritos y normas del catolicismo de la época. 

5.- Estudió y enseñó en los centros universitarios más señeros de la Europa renacentista y, sin duda, se impregnó de los nuevos métodos que estaban en el ambiente con el acierto de saberlo sistematizar y ordenar en ensayos escritos en latín que podía leer toda la intelectualidad de la época. 

6.- Se adelantó a las teorías de Bacon al proponer el método empírico para el estudio de los fenómenos naturales. 

7.- Fue más allá, ya que propuso que la misma observación externa y experiencia que se podía aplicar para el estudio de la naturaleza, la medicina o la incipiente ciencia, también era extensible al conocimiento del alma humana. Es aquí donde se adelanta (en varios siglos) a la moderna psicología proponiendo un catálogo de singularidades que no sería completado hasta el siglo XX. Este se plasma, especialmente, en la obra De anima et vita, Sobre el alma y la vida según su traducción en español. 

8.- Juan Luis Vives fue un humanista preocupado por problemas sociales, tal como se intuía en algunos estamentos de la política en el Renacimiento. Esto es, no se conformó con ser un investigador puro encerrado en su torre de marfil sin bajar a aquello que le preocupaba a la ciudadanía corriente. En este aspecto, era un estudioso llevado por un sentido práctico y de ese realismo que tanto empapa el espíritu y la literatura castellana de todos los tiempos. 

9.- Por eso, era un acérrimo enemigo de la literatura de ficción pura (al estilo de las novelas de caballería) y fue un defensor de las obras con un sentido didáctico y moralizante. Para el estudioso, todo escrito tenía que tener como fijación y meta el progreso de la persona, un desarrollo personal incompatible con la imaginación desbordada que impedía centrarse en los problemas a resolver. 

10.- Quizás fuera por eso, o por otras razones más personales, por lo que abogaba por dejar a un lado el egoísmo, el individualismo y poner los dones personales al servicio de una comunidad. Contrariamente a lo que pudiera parecer, este bien general nunca podría llevarse si el grupo se conducía por ideas sectarias, obsoletas, demagogas o enfangadas en criterios liderados por corruptos poderosos que, de alguna manera u otra, él había ayudado a combatir. 

Esta pelea en Juan Luis Vives fue siempre blandiendo la espada del conocimiento, del estudio, de la investigación, de la escritura y de la educación. Sin duda, fue un ejemplo ético a seguir en cualquier época aunque algunas de sus obras en latín se nos antojen, al día de hoy, bastante lejanas.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Biografía de Juan Luis Vives muy resumida 

Nace en Valencia en el año 1492, el mismo en el que Granada pasa a la causa cristiana, se descubre América para ojos europeos y se publica la Gramática de Antonio de Nebrija. De hecho, el año 1492, puede ser considerado el inicio del Renacimiento en España. Muy pronto abandonó las tierras españolas para estudiar en la Universidad de París desde donde se traslada a Brujas. Allí conoce a Margarita Valldeura, con la que comparte origen y lengua materna. Se casan y se trasladan a la Universidad de Lovaina, una de las más importantes de la época y de las que aún siguen conservando el prestigio de antaño. Allí da clases de filología clásica, ya que conocía tan bien el latín y sus autores que toda su obra está escrita en el considerado, por entonces, idioma de cultura. En Lovaina conoce a Erasmo de Rotterdam cuyas ideas reformadoras de la Iglesia Católica dejaría una profunda huella en Juan Luis Vives, como sucedió con otros intelectuales de la época. Fue tal el influjo que el filósofo realizó sobre el profesor que este no tiene empacho en dirigirse a él como: 

“Mi señor, mi maestro, mi padre” 

De Bélgica pasó a Inglaterra con una carta de recomendación del mismísimo Tomás Moro. Allí se pone bajo el amparo de Enrique VIII y se convierte en preceptor de quien llegaría a reinar como María Tudor. También es el lector de la reina Catalina de Aragón, tía de Carlos I. Combina estas labores en la corte con una cátedra en el afamado colegio Corpus Christi de Oxford. En 1525, con el divorcio de facto de los monarcas, Juan Luis Vives pierde el favor real y decide regresar a Brujas donde murió en 1540. Aunque desde España se le propuso una cátedra en la Universidad de Alcalá, no aceptó, quizás viendo las especiales circunstancias políticas, religiosas y sociales que condicionarían España al completo unas cuantas décadas más tarde. 

Obras de Juan Luis Vives 

Todas las obras de Juan Luis Vives están escritas en latín, considerado el idioma de cultura, de los intercambios diplomáticos y de los estudios de todo tipo hasta el Siglo de Las Luces. Sus obras completas fueron traducidas al español en 1498 por Lorenzo Riber.  Juan Luis Vives escribe de temática diversa (filología, filosofía, asuntos sociales, pedagógicos, teológicos…) como corresponde al espíritu renacentista que invoca el conocimiento de artes y ciencias dispares como una única vía para el progreso. Sin embargo, a Juan Luis Vives le preocupó especialmente todo lo concerniente a los métodos pedagógicos y ahondó en una incipiente psicología. Para el humanista, el alma (siguiendo las ideas de Erasmo) tiene que tener libertad para dialogar con Dios y buscar así la verdad, la bondad y la belleza. De entre la ingente cantidad de escritos que dejó para la posteridad o dejó publicados destaco: 

1.- In pseudialecticos de 1519, levantado bajo la influencia de las ideas erasmistas. En ella carga contra las fórmulas de aprendizaje de la escolástica tradicional dejando ver el pedagogo y reformador en el que se estaba convirtiendo a temprana edad. 

2.- La edición comentada de la Ciudad de Dios de San Agustín, por encargo expreso de Erasmo que había visto en Vives el genio brillante que necesitaba la nueva cosmovisión que giraba sobre el hombre en el Renacimiento

3.- De racione studii puerilis escrito para la princesa María Tudor, futura reina de Inglaterra.

4.- De vertiste fidei christianae. 

5.- De anima et vita, considerada una de las más importantes del humanista. 

6.- De causis corruptarum artium

7.- De tradendis disciplinis.

8.- De artibus

9.- De institutione feminae christianae

10.- Exercitatio linguae latinae. 

11.- De subventione pauperum

12.- Introductio ad sapietiam.  

Aportes de Juan Luis Vives al humanismo español  

Muy resumidamente anoto lo siguiente: 

1.- Fue un estudioso, un investigador, un pedagogo más que un reformador. 

2.- Por tanto, no creó ningún sistema filosófico nuevo. Su contribución gira alrededor de ese ambiente humanista que impregnaba todos los estudios de la época y que constituyen las principales características del Renacimiento. Juan Luis Vives supo ver las contradicciones de la época y el desfase que suponía el método escolástico de enseñanza que aún sentaba cátedra en las universidades europeas. 

3.- Al buscar las razones por las que habían decaído los estudios filosóficos entre los autores de la Edad Media se encontró con un dogmatismo que no soportaba la mínima crítica intelectual. Y, desde esos cimientos, propuso unos nuevos. 

4.- Conoció personalmente muy joven a Erasmo de Rotterdam, el autor de Elogio de la locura y reformador de la iglesia cristiana con sus ideas. Aunque no llegó a defender, como Lutero, el alejamiento de la corte papal (que en eso se había convertido), sí puso los cimientos para la reforma protestante con su centro en el alma humana más que en los ritos y normas del catolicismo de la época. 

5.- Estudió y enseñó en los centros universitarios más señeros de la Europa renacentista y, sin duda, se impregnó de los nuevos métodos que estaban en el ambiente con el acierto de saberlo sistematizar y ordenar en ensayos escritos en latín que podía leer toda la intelectualidad de la época. 

6.- Se adelantó a las teorías de Bacon al proponer el método empírico para el estudio de los fenómenos naturales. 

7.- Fue más allá, ya que propuso que la misma observación externa y experiencia que se podía aplicar para el estudio de la naturaleza, la medicina o la incipiente ciencia, también era extensible al conocimiento del alma humana. Es aquí donde se adelanta (en varios siglos) a la moderna psicología proponiendo un catálogo de singularidades que no sería completado hasta el siglo XX. Este se plasma, especialmente, en la obra De anima et vita, Sobre el alma y la vida según su traducción en español. 

8.- Juan Luis Vives fue un humanista preocupado por problemas sociales, tal como se intuía en algunos estamentos de la política en el Renacimiento. Esto es, no se conformó con ser un investigador puro encerrado en su torre de marfil sin bajar a aquello que le preocupaba a la ciudadanía corriente. En este aspecto, era un estudioso llevado por un sentido práctico y de ese realismo que tanto empapa el espíritu y la literatura castellana de todos los tiempos. 

9.- Por eso, era un acérrimo enemigo de la literatura de ficción pura (al estilo de las novelas de caballería) y fue un defensor de las obras con un sentido didáctico y moralizante. Para el estudioso, todo escrito tenía que tener como fijación y meta el progreso de la persona, un desarrollo personal incompatible con la imaginación desbordada que impedía centrarse en los problemas a resolver. 

10.- Quizás fuera por eso, o por otras razones más personales, por lo que abogaba por dejar a un lado el egoísmo, el individualismo y poner los dones personales al servicio de una comunidad. Contrariamente a lo que pudiera parecer, este bien general nunca podría llevarse si el grupo se conducía por ideas sectarias, obsoletas, demagogas o enfangadas en criterios liderados por corruptos poderosos que, de alguna manera u otra, él había ayudado a combatir. 

Esta pelea en Juan Luis Vives fue siempre blandiendo la espada del conocimiento, del estudio, de la investigación, de la escritura y de la educación. Sin duda, fue un ejemplo ético a seguir en cualquier época aunque algunas de sus obras en latín se nos antojen, al día de hoy, bastante lejanas.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Podemos poner el año 1440 como la fecha de la primera revolución del libro, cuando Gutenberg comenzó a imprimir su Biblia con tipos móviles. Hasta esa fecha, el cien por cien del conocimiento circulaba a través de manuscritos. Por tanto, no es hasta mediados del siglo XV cuando las nuevas ideas religiosas (lee protestantismo), la visión de un nuevo mundo a ojos europeos (lee el descubrimiento de América), el cambio de cosmovisión (lee el auge tanto de ciudades y burguesía como de universidades) da un vuelco en la transmisión del conocimiento. Para hacernos una idea de la importancia del hito habría que esperar a finales del siglo XX, con la revolución digital, para asistir a otro de tal calibre en la historia de la humanidad. Los libros medievales, por tanto, son anteriores a esa fecha y su producción se atiene a los parámetros de manuscritos y, además, en un periodo de escasez material llevada al extremo. Eso no quita para que algunos de ellos sean verdaderas joyas artísticas. Pero vayamos por partes.  

Los libros medievales son escasos 

¡Y tanto! Ya que tenían que producirse en una época de extrema escasez en la que se había dado un paso atrás de gigante en las comunicaciones. Tanto fue así que la Biblioteca de Alejandría, uno de los faros del saber de la edad antigua, parecía un paraíso a ojos de lo bibliófolos medievales. Y así ciertamente lo era. ¿Por qué? Si bien desde el inicio de los tiempos hasta mediados de siglo XV los libros, al cien por cien, eran manuscritos no todas las épocas y culturas tuvieron tan pocos recursos para crear y compartir conocimiento. En el Imperio Romano, gracias a su desarrollo en las comunicaciones (marítimas y terrestres) propició tanto la creación como el comercio libresco y, con él las ciencias y las artes. Prueba de ello es la citada Biblioteca de Alejandría cuya quema fue llorada por los sabios de la época.  

Pero conforme nos vamos adentrando en la Edad Media los caminos se van haciendo más peligrosos y las comunicaciones entre reinos se va estrechando. Tanto es así que alrededor del siglo X, casi nadie salía más allá de 10 kilómetros a la redonda. Si a eso unimos un sistema higiénico tan deficitario que había eliminado incluso las cloacas romanas, hambrunas aterradoras, enfermedades de todo tipo y guerras fraticidas un día y sí y otro también, el resultado es una sociedad desolada económicamente cuya esperanza de vida no iba más allá de los treinta años incluso para la élite social. Para colmo, la mayoría de la población no tenía acceso a una mínima instrucción y la cultura (a veces elemental) se concentraba en los monasterios. El resto añadía el analfabetismo a la larga lista de penurias existenciales.  

El papel de los monasterios en la producción de libros medievales 

Porque si en otras épocas históricas los ejemplares escritos se ejecutaban en talleres, incluso, independientes, no fue así en estos siglos. El conocimiento (tanto de medicina, astronomía. O ciencia como de filosofía o literatura) quedó recluido entre los muros de los monasterios. Eran los monjes los que sabían leer y escribir, los que estudiaban latín y griego (lenguas ya muertas en Europa alrededor del siglo VIII) y los que se encargaban de custodiar y comunicar ese conocimiento. 

Entre esas paredes,  a veces con recursos al límites, estos monjes se encargaban de seleccionar las obras que tendrían el honor de perdurar para la posteridad. Así fue como se salvó la literatura griega o romana que ha llegado hasta nosotros. Así fue como nos han llegado los versos de Ovidio o de Homero. Parte fundamental de los monasterios era el llamado scriptoria, una especie de biblioteca-despacho-taller donde los hermanos con más pericia se encargaban de copiar lentamente y a la luz de las velas estos textos del griego y del latín. Las congregaciones más pudientes podían producir obras en serie mediante el método de un monje lector y varios que, al dictado, copiaban parsimoniosamente ese conocimiento artístico o científico.  

Quienes no tenían tanta suerte siempre les quedaba el recurso de pedir prestado a un monasterio hermano para que línea a línea, hoja  a hoja ese conocimiento se duplicara o triplicara (muy rara vez) en otro libro. Las negociaciones para este préstamo, y con eso nos hacemos una idea del valor de estos libros, podían durar hasta varios años con carta va y carta vuelve. Con este método, las bibliotecas de estos monasterios podían llegar a alcanzar cincuenta ejemplares y la de uno rico, con suerte y gracias a las donaciones de algún noble, podría hacer gala de 200 o 300  títulos. Esto es, estamos hablando de un número que, al día de hoy, es lo que conforma una biblioteca básica. 

Libros medievales que son meras copias de la literatura clásica 

Si nos hacemos una idea del método, podremos entender que no todo era susceptible de ser inmortalizado en negro sobre blanco. Había que seleccionar inexorablemente a veces con mejor criterio y, en ocasiones, llevados por el fanatismo. ¿Qué supone esto? Que parte del conocimiento artístico e, incluso científico, de la época se ha perdido. Como los libros eran bienes carísimos y difíciles de producir se seleccionaban obras de temática seria (herbología, medicina..), religiosa (la Biblia), los grandes autores de la filosofía clásica y también lo mejor de la literatura y la historiografía de la cultura grecorromana. Cualquier otra temática que se saliera de estas líneas era postergada y, por tanto, con más probabilidades de que se perdiera en las brumas del tiempo. Esto es lo que ha pasado con la mayoría de la literatura medieval en lengua romance y, especialmente, aquella que tenía la etiqueta de popular, como los cantares de gesta. Si una obra se ponía por escrito, era porque había un consenso general en su calidad artística, histórica o científica o de salvación de las almas. Ella y no otra merecía ser legada a las generaciones futuras. 

La literatura y los libros medievales

Los libros medievales que han llegado hasta nosotros, por tanto sufrieron no una censura previa como se ha acusado a veces sino algo peor: un cribado. Este sí merece ser copiado, guardado y, por tanto, legado a las generaciones futuras y este no. Por eso, la gran mayoría de ellos son copias de otras obras anteriores que tenían el marchamo de autoridad. No se ponía por escrito ni la literatura contemporánea ni las pocas ideas que circulaban en una sociedad fuertemente dividida en estamentos y empobrecida hasta límites nunca visto en la historia de la humanidad.  

El Renacimiento literario surgió a la par que la imprenta cuando grandes editores, como Aldo Manuzio, se empeñaron en editar tanto obras de la tradición clásica en textos contrastados filológicamente u otras de nuevo cuño como pudiera ser ese enigmático título que es la Hypnerotomachia Poliphili. Hasta ese momento, todo era manual, lento, costoso y con una selección rigurosa. Y en este sistema la literatura medieval en todos sus aspectos salió perdiendo al relegarse a la memoria (de los artistas del mester de juglaría por recordar solo parte de ellos) y a la comunicación oral.  

Los libros medievales iluminados 

Ahora bien, a la par que todo era escaso y empobrecido surge, como contrapunto en la producción de libros medievales, bellos ejemplares iluminados. Por supuesto, para que un título o una obra fuera seleccionada para que fuera enriquecida artísticamente tenía que darse muchos condicionantes. Uno de ellos es que el monasterio fuera rico o bendecido con la donación generosa de algún aristócrata al que le fuera bien sus asuntos guerreros, que la mayoría también vivían a límite. La segunda, es que se pudieran hacer acopio de los materiales preciosos que se necesitaba para un libro de esta envergadura. Y la tercera, disponer de buenos copistas y artistas plásticos (iluminadores) con pericia suficiente para hacer tal gasto.  

Estas tres circunstancias eran difíciles de acordar en un mismo emplazamiento. Si se lograba conseguir financiación para tal obra, había que hacerse con los materiales: vitela (extraída de las pieles de los corderos jóvenes), tinta de calidad, oro y plata en láminas para parte de las ilustraciones, lapislázuli (para el color azul), chinchilla  (para el rojo), piedras semipreciosas para la encuadernación… que con todos estos materiales se hacían estos maravillosos libros medievales, joyas únicas del arte de esta época.  

Una vez abastecido con estos bienes quedaba un largo trabajo de copiado y de iluminación por delante en el que se afanaban monjes y monjas cuyos nombres no han trascendido. Y aquí recordamos que los autores de la literatura medieval no firmaban sus obras o creaciones (como estas creaciones artísticas) por seguir un voto de humildad y dejar amordazado el ego. Era un trabajo que se hacía para entregar a Dios. 

¿Qué obras se seleccionaban para que formaran parte de los libros medievales manuscritos?  

Ni que decir tiene que las que eran iluminadas rara vez salían de la temática religiosa. Es más, solo se iluminaban (y, a veces, muy someramente), los Evangelios u otros títulos que por las razones que fueran se consideraron fundamentales. Una de estas obras fueron los llamados Beatos, comentarios al Apocalipsis de San Juan creados por Beato de Liébana a raíz de la crisis de milenarismo (fin del mundo) alrededor del siglo X.  

En muy raras ocasiones nos vamos a encontrar un título iluminado que no fuera religioso. Ya era toda una odisea copiar o “editar” un libro medieval de cualquier otra temática simplemente con una bella caligrafía como para adornar con materiales tan suntuoso. Eso sí, todos los que nos han llegado son de una belleza inusitada como los mencionados Beatos o los Libros de Horas, pequeños ejemplares que ayudaban al rezo y que eran encargados por aristócratas exitosos o por reyes para regocijo particular. Curiosamente, los más hermosos Libros de Horas ya no pertenecen a la tradición de libros medievales. Se realizaron cuando la imprenta estaba sacando títulos a puñados en un intento quizás por preservar lo mejor de un pasado que cerraba sus puertas para siempre.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Podemos poner el año 1440 como la fecha de la primera revolución del libro, cuando Gutenberg comenzó a imprimir su Biblia con tipos móviles. Hasta esa fecha, el cien por cien del conocimiento circulaba a través de manuscritos. Por tanto, no es hasta mediados del siglo XV cuando las nuevas ideas religiosas (lee protestantismo), la visión de un nuevo mundo a ojos europeos (lee el descubrimiento de América), el cambio de cosmovisión (lee el auge tanto de ciudades y burguesía como de universidades) da un vuelco en la transmisión del conocimiento. Para hacernos una idea de la importancia del hito habría que esperar a finales del siglo XX, con la revolución digital, para asistir a otro de tal calibre en la historia de la humanidad. Los libros medievales, por tanto, son anteriores a esa fecha y su producción se atiene a los parámetros de manuscritos y, además, en un periodo de escasez material llevada al extremo. Eso no quita para que algunos de ellos sean verdaderas joyas artísticas. Pero vayamos por partes.  

Los libros medievales son escasos 

¡Y tanto! Ya que tenían que producirse en una época de extrema escasez en la que se había dado un paso atrás de gigante en las comunicaciones. Tanto fue así que la Biblioteca de Alejandría, uno de los faros del saber de la edad antigua, parecía un paraíso a ojos de lo bibliófolos medievales. Y así ciertamente lo era. ¿Por qué? Si bien desde el inicio de los tiempos hasta mediados de siglo XV los libros, al cien por cien, eran manuscritos no todas las épocas y culturas tuvieron tan pocos recursos para crear y compartir conocimiento. En el Imperio Romano, gracias a su desarrollo en las comunicaciones (marítimas y terrestres) propició tanto la creación como el comercio libresco y, con él las ciencias y las artes. Prueba de ello es la citada Biblioteca de Alejandría cuya quema fue llorada por los sabios de la época.  

Pero conforme nos vamos adentrando en la Edad Media los caminos se van haciendo más peligrosos y las comunicaciones entre reinos se va estrechando. Tanto es así que alrededor del siglo X, casi nadie salía más allá de 10 kilómetros a la redonda. Si a eso unimos un sistema higiénico tan deficitario que había eliminado incluso las cloacas romanas, hambrunas aterradoras, enfermedades de todo tipo y guerras fraticidas un día y sí y otro también, el resultado es una sociedad desolada económicamente cuya esperanza de vida no iba más allá de los treinta años incluso para la élite social. Para colmo, la mayoría de la población no tenía acceso a una mínima instrucción y la cultura (a veces elemental) se concentraba en los monasterios. El resto añadía el analfabetismo a la larga lista de penurias existenciales.  

El papel de los monasterios en la producción de libros medievales 

Porque si en otras épocas históricas los ejemplares escritos se ejecutaban en talleres, incluso, independientes, no fue así en estos siglos. El conocimiento (tanto de medicina, astronomía. O ciencia como de filosofía o literatura) quedó recluido entre los muros de los monasterios. Eran los monjes los que sabían leer y escribir, los que estudiaban latín y griego (lenguas ya muertas en Europa alrededor del siglo VIII) y los que se encargaban de custodiar y comunicar ese conocimiento. 

Entre esas paredes,  a veces con recursos al límites, estos monjes se encargaban de seleccionar las obras que tendrían el honor de perdurar para la posteridad. Así fue como se salvó la literatura griega o romana que ha llegado hasta nosotros. Así fue como nos han llegado los versos de Ovidio o de Homero. Parte fundamental de los monasterios era el llamado scriptoria, una especie de biblioteca-despacho-taller donde los hermanos con más pericia se encargaban de copiar lentamente y a la luz de las velas estos textos del griego y del latín. Las congregaciones más pudientes podían producir obras en serie mediante el método de un monje lector y varios que, al dictado, copiaban parsimoniosamente ese conocimiento artístico o científico.  

Quienes no tenían tanta suerte siempre les quedaba el recurso de pedir prestado a un monasterio hermano para que línea a línea, hoja  a hoja ese conocimiento se duplicara o triplicara (muy rara vez) en otro libro. Las negociaciones para este préstamo, y con eso nos hacemos una idea del valor de estos libros, podían durar hasta varios años con carta va y carta vuelve. Con este método, las bibliotecas de estos monasterios podían llegar a alcanzar cincuenta ejemplares y la de uno rico, con suerte y gracias a las donaciones de algún noble, podría hacer gala de 200 o 300  títulos. Esto es, estamos hablando de un número que, al día de hoy, es lo que conforma una biblioteca básica. 

Libros medievales que son meras copias de la literatura clásica 

Si nos hacemos una idea del método, podremos entender que no todo era susceptible de ser inmortalizado en negro sobre blanco. Había que seleccionar inexorablemente a veces con mejor criterio y, en ocasiones, llevados por el fanatismo. ¿Qué supone esto? Que parte del conocimiento artístico e, incluso científico, de la época se ha perdido. Como los libros eran bienes carísimos y difíciles de producir se seleccionaban obras de temática seria (herbología, medicina..), religiosa (la Biblia), los grandes autores de la filosofía clásica y también lo mejor de la literatura y la historiografía de la cultura grecorromana. Cualquier otra temática que se saliera de estas líneas era postergada y, por tanto, con más probabilidades de que se perdiera en las brumas del tiempo. Esto es lo que ha pasado con la mayoría de la literatura medieval en lengua romance y, especialmente, aquella que tenía la etiqueta de popular, como los cantares de gesta. Si una obra se ponía por escrito, era porque había un consenso general en su calidad artística, histórica o científica o de salvación de las almas. Ella y no otra merecía ser legada a las generaciones futuras. 

La literatura y los libros medievales

Los libros medievales que han llegado hasta nosotros, por tanto sufrieron no una censura previa como se ha acusado a veces sino algo peor: un cribado. Este sí merece ser copiado, guardado y, por tanto, legado a las generaciones futuras y este no. Por eso, la gran mayoría de ellos son copias de otras obras anteriores que tenían el marchamo de autoridad. No se ponía por escrito ni la literatura contemporánea ni las pocas ideas que circulaban en una sociedad fuertemente dividida en estamentos y empobrecida hasta límites nunca visto en la historia de la humanidad.  

El Renacimiento literario surgió a la par que la imprenta cuando grandes editores, como Aldo Manuzio, se empeñaron en editar tanto obras de la tradición clásica en textos contrastados filológicamente u otras de nuevo cuño como pudiera ser ese enigmático título que es la Hypnerotomachia Poliphili. Hasta ese momento, todo era manual, lento, costoso y con una selección rigurosa. Y en este sistema la literatura medieval en todos sus aspectos salió perdiendo al relegarse a la memoria (de los artistas del mester de juglaría por recordar solo parte de ellos) y a la comunicación oral.  

Los libros medievales iluminados 

Ahora bien, a la par que todo era escaso y empobrecido surge, como contrapunto en la producción de libros medievales, bellos ejemplares iluminados. Por supuesto, para que un título o una obra fuera seleccionada para que fuera enriquecida artísticamente tenía que darse muchos condicionantes. Uno de ellos es que el monasterio fuera rico o bendecido con la donación generosa de algún aristócrata al que le fuera bien sus asuntos guerreros, que la mayoría también vivían a límite. La segunda, es que se pudieran hacer acopio de los materiales preciosos que se necesitaba para un libro de esta envergadura. Y la tercera, disponer de buenos copistas y artistas plásticos (iluminadores) con pericia suficiente para hacer tal gasto.  

Estas tres circunstancias eran difíciles de acordar en un mismo emplazamiento. Si se lograba conseguir financiación para tal obra, había que hacerse con los materiales: vitela (extraída de las pieles de los corderos jóvenes), tinta de calidad, oro y plata en láminas para parte de las ilustraciones, lapislázuli (para el color azul), chinchilla  (para el rojo), piedras semipreciosas para la encuadernación… que con todos estos materiales se hacían estos maravillosos libros medievales, joyas únicas del arte de esta época.  

Una vez abastecido con estos bienes quedaba un largo trabajo de copiado y de iluminación por delante en el que se afanaban monjes y monjas cuyos nombres no han trascendido. Y aquí recordamos que los autores de la literatura medieval no firmaban sus obras o creaciones (como estas creaciones artísticas) por seguir un voto de humildad y dejar amordazado el ego. Era un trabajo que se hacía para entregar a Dios. 

¿Qué obras se seleccionaban para que formaran parte de los libros medievales manuscritos?  

Ni que decir tiene que las que eran iluminadas rara vez salían de la temática religiosa. Es más, solo se iluminaban (y, a veces, muy someramente), los Evangelios u otros títulos que por las razones que fueran se consideraron fundamentales. Una de estas obras fueron los llamados Beatos, comentarios al Apocalipsis de San Juan creados por Beato de Liébana a raíz de la crisis de milenarismo (fin del mundo) alrededor del siglo X.  

En muy raras ocasiones nos vamos a encontrar un título iluminado que no fuera religioso. Ya era toda una odisea copiar o “editar” un libro medieval de cualquier otra temática simplemente con una bella caligrafía como para adornar con materiales tan suntuoso. Eso sí, todos los que nos han llegado son de una belleza inusitada como los mencionados Beatos o los Libros de Horas, pequeños ejemplares que ayudaban al rezo y que eran encargados por aristócratas exitosos o por reyes para regocijo particular. Curiosamente, los más hermosos Libros de Horas ya no pertenecen a la tradición de libros medievales. Se realizaron cuando la imprenta estaba sacando títulos a puñados en un intento quizás por preservar lo mejor de un pasado que cerraba sus puertas para siempre.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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¡Qué descansada vida

la del que huye del mundanal ruïdo,

y sigue la escondida

senda, por donde han ido

los pocos sabios que en el mundo han sido;

 

Fray Luis de León es uno de los grandes poetas de las letras castellanas cuya obra ha superado las siegas del tiempo. Su escritura sencilla, libre de artificio, serena y a la par culta sigue perteneciendo al canon literario siglos después de haberse compuesta. Y eso descontando que no ha llegado hasta nosotros la versión íntegra y reconocida por el autor. Empiezo diciendo que es el mejor representante del Renacimiento literario tardío en español y su participación en la escritura mística ha hecho correr ríos de tinta al no encajar con las características principales de este particular género. Fue culto, intelectual, pasional, amigo de la justicia, sencillo y, a la vez, entregado a la divulgación tanto de la Biblia como de los grandes nombres de la literatura griega o romana.  Pero vayamos por partes. 

 

Biografía de Fray Luis de León 

Nacido en la localidad de Belmonte (Cuenca) en 1527, estudió en Valladolid, Madrid y la Universidad de Salamanca, institución a la que estaría ligado de por vida impartiendo clases magistrales e involucrándose al máximo en la calidad de la enseñanza. Con tan solo 32 años consigue su primera cátedra, la cual perdería tras un injusto proceso con la Inquisición. 

Fraile de la Orden de San Agustín desde 1544, fue Luis de León un intelectual de la época apasionado por temas diversos, activo en las reformas que, a su juicio, deberían formar parte de las enseñanzas universitarias. Irónico (lo cual le granjeó más que un encontronazo con compañeros), inteligente (y por tanto blanco de envidias), sencillo y centrado en su labor educativa. 

En 1572 Fray Luis de León fue objeto de un proceso inquisitorial que duró más de cinco años. En esos largos meses estuvo preso en la cárcel de Valladolid en unas condiciones durísimas como eran las prisiones de la época. La razón por tal pena fue haber traducido el Cantar de los Cantares a pesar de estar prohibido. Aunque, al parecer, su idea era no divulgar esa versión, alguien en su entorno lo traicionó, algo frecuente cuando se trata de tumbar a alguien brillante haciendo uso de calumnias. A pesar de la gravedad del delito (para los parámetros de la época), logró recuperar libertad y cátedra. Como su puesto estaba ocupado por otra persona, el alma sencilla de Fray Luis de León no instó a la Universidad a que se la devolvieran sino a que le dieran otra. Así fue. El primer día de clase, a la vuelta de un duro proceso penal que duró largos años pronunció la célebre frase “decíamos ayer…”  

Poco tiempo después de ocupar el cargo de prior de Castilla de su orden, Fray Luis de León murió en Madrigal en 1591 tras abandonar la Universidad de Salamanca a la que estuvo vinculado de por vida.

La peculiar personalidad de Fray Luis de León y su importancia en el proceso contra la inquisición 

Aunque Fray Luis de León ha pasado a la historia de la literatura por sus poemas, no nos ha llegado ningún manuscrito de su mano con dichos versos. Si bien es verdad que era su intención recogerlos para su publicación (que eso sí ha llegado), al parecer, no terminó la compilación para su edición. Y si lo hizo, ese documento se ha perdido en los pliegues del tiempo. Teniendo en cuenta las inquinas y envidias de las que fue objeto en vida no hace falta tirar mucho de la teoría de la conspiración para darnos cuenta de que probablemente alguien se afanó para que su obra no llegara a las generaciones futuras. No lo consiguió y hoy los versos de Fray Luis no solo forman parte del canon literario español sino que son conocidos y reconocidos por quienes, incluso, no son muy dados a los placeres de las letras. 

Obras de Fray Luis de León

A.- Obras en prosa 

Durante su labor académica realizó comentarios, glosas y tratados teológicos que quedan para el ámbito filosófico. Aparte de estos estudios dejó a la posteridad cuatro libros: 

1.- De los nombres de Cristo, compuesta, según afirma el poeta, durante los dos últimos años de cautiverio, son comentarios filosóficos y filológicos de los nombres que Jesucristo recibe en las Sagradas Escrituras. Sin embargo, la crítica posterior tan dada a poner en cuestión cualquier cosa, anota que la serenidad de la prosa, el equilibrio de la escritura y la formalidad del texto no se corresponde con una situación tan extrema como era el presidio de la Inquisición en el Siglo XVI. Esta obra se desarrolla en forma de diálogo entre tres frailes (Marcelo, Sabino y Juliano) que conversan sobre los nombres de Cristo en un marco idílico (propio de la literatura pastoril) durante el verano. Este es el hilo conductor para desarrollar una prosa exquisita donde se hace referencia no solo (e indudablemente) a los pasajes de la Biblia sino también referencias a la literatura griega o de la antigua Roma. Es una obra melódica, con un ritmo poético brillante (aunque está escrita en prosa) donde se exalta las maravillas de la creación divina representada en los dones de la naturaleza. 

2.- La perfecta casada fue publicada en 1583, ya fallecido nuestro autor. Es un tratado en el que se narra las distintas virtudes que deben acompañar a una mujer según su estado, condición y naturaleza. A pesar de la ironía (incluso con algún punto de crueldad) con el que retrata algunos tipos psicológicos femeninos, la crítica acepta que era una obra feminista para los parámetros de la época y especialmente de la literatura medieval. En estos textos, la mujer era tratada casi como una extensión del demonio culpándola prácticamente de cualquier mal. No sucede eso en la obra de Fray Luis de León. 

 

3.- Exposición del Libro de Job se inició en la cárcel para terminarse unos cuantos meses antes de morir nuestro autor. La figura bíblica del Santo Job que acepta todos los suplicios y pruebas divinas con una humildad tremenda, es el modelo que un Fray Luis de León preso en durísimas condiciones encuentra para sobrellevar su terrible situación. En la obra refiere la cobardía de los que se decían amigos que lo abandonaron a su suerte en un estado tremendo y la crueldad con la que lo trataron sus enemigos. Recuerdo que a pesar del carácter contestario, pasional y poco dado a agachar la cabeza de Fray Luis de León, la mediocridad de los que lo acusaron (los mismos que formaban parte de la Universidad) fue de un punto extremo. Como no podían apagar su brillo se afanaron por quitarlo de en medio de la peor manera posible. En ese estado, encuentra en Job, que todo lo aguanta por amor a Dios, un modelo y guía espiritual a quien seguir.  

4.- Traducción literal y declaración del Cantar de los Cantares, que le valió la cárcel y la persecución. En principio,  fue realizada exclusivamente para una prima suya, novicia de un convento. Sin embargo, la crítica se debate con esta obra ya que tiene un contenido erótico difícilmente explicable si no se estudia o analiza bajo el prisma del amor místico. Aparte de la traducción, va añadiendo glosas (tal como era frecuente en la Edad Media) en un intento por desentrañar todos los sentidos del texto. Estas están construidas en un estilo sencillo, con una prosa limpia característica de su estilo de madurez. 

B.- Obras en verso de Fray Luis de León 

Se trata de un solo libro o de una colección de odas compuesta por un puñado de poemas que la crítica ha considerado como originales y salidos de su mano. Son objeto de revisión constante. ¿Por qué? Porque circularon de manera oral o escrita en vida del escritor de manera anónima con las variantes inevitables a ese tipo de manifestación literaria. Aunque Fray Luis de León intentó recogerlos en un manuscrito para su edición impresa ni se llegó a ese extremo ni se encuentran esos papeles. Querido por sus estudiantes, estos cantaban o recitaban sus versos. Fueron publicados por primera vez en 1631 por Francisco de Quevedo. El intelectual, catedrático de la Universidad y estudioso de la Biblia poca importancia daba a esta producción que sería la responsable de su puesto en el trono de la literatura. Sin intuir que por estas “letrillas” atravesaría las brumas del tiempo,  se expresa así:  

“Entre las ocupaciones de mis estudios en mi mocedad y casi en mi niñez, se me cayeron como de las manos estas obrecillas, a las cuales me apliqué más por inclinación de mi estrella que juicio o voluntad”.  

Entre estos poemas nos encontramos algunos siguiendo el estilo del petrarquismo o la estética amorosa introducida por Garcilaso. Han llegado hasta nosotros cinco sonetos de esta línea. Fernando Lázaro indica que el austero, sobrio e intelectual Fray Luis no podía quedarse en estos ejercicios amorosos que le pudieran parecer banales contrastados con el resto de su producción. 

Por eso, sus mejores poemas son aquellos en los que ensalza la vida sencilla  en comunión (más intelectual que mística) con Dios. Se embarca de esta manera en la creación de odas en las que se ensalza el desprendimiento de los bienes mundanos, el rechazo del ruido, la comunión divina, el afán por la soledad y, por supuesto, el rechazo a todos los vicios humanos. 

Clasificación de los poemas de Fray Luis de León 

Y para ello sigo la aportada por Fernando Lázaro.  

1.- Los escritos antes del presidio, esto es, antes de 1572 en los que aparece su visión de moralista y también de educador. Aquí se encuadran los famosos ¡Qué descansada vida…! O Virtud, hija del cielo… El hilo conductor temático de todas estas odas es el despegue de los vicios mundanos mientras se abraza un sentimiento de soledad. Son poemas en los que predominan la épica de la virtud entendida como el mejor camino para el crecimiento personal, la serenidad individual y la posterior unión divina. 

2.- Los realizados en la cárcel entre 1572 y 1577 en los que se centra en sus sentimientos más profundos. En ellos cobra importancia la soledad y el sentimiento de frustración al verse abandonado. Por eso, se refugia en la misericordia divina, en el amor de Cristo, en la fuerza del corazón que emana saberse un hijo de Dios. En ellos también encontramos esa queja por la injusticia de su situación. 

3.- Entre los escritos después de salir de la cárcel; esto es, después de 1577 se encuentran “Alma región luciente…” y “¡Oh ya seguro puerto…” En ellos asistimos a la manifestación de la soledad o del recogimiento espiritual. Los bienes de este mundo no pueden serles útiles al poeta, a quien ha sufrido oprobio y persecución encontrando en momentos terribles la fortaleza en la fe en Dios.  

Son en estas odas donde se han encontrado esos puntos de la mística literaria, que sin llegar al éxtasis divino de Santa Teresa de Jesús o de San Juan de la Cruz, canta el anhelo de unión con Dios.  

Estilo literario en las obras de Fray Luis de León

Escritas en un castellano sencillo, sereno, culto y sin atisbo de superficialidad, la crítica es unánime en considerar al sabio de la Universidad de Salamanca uno de los mejores poetas en lengua española. Y eso que, como tantos otros escritores de la época, ni siquiera se propuso poner negro sobre blanco (en limpio y en orden) para que perdurasen en el tiempo. Voy anotando algunos rasgos comunes a toda su producción literaria.  

1.- El sentimiento místico en la obra de Fray Luis de León no procede de la descripción del éxtasis o experiencias de comunión (como Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz) sino más bien a un anhelo de comunión. Con una profunda convicción religiosa, busca esa unión desde un punto de vista intelectual o espiritual más que anímico o vivencial. Por eso, sus poemas, a pesar de ser de una honda religiosidad, no reflejan esos arrebatos. Son versos en los que se busca consuelo, comprensión o incluso unión para huir de los vicios mundanos pero se quedan fuera, a veces, de esa descripción del hondo sentimiento espiritual que es la mística.  

2.- Parte de la crítica ve en sus escritos la sabiduría de un intelectual cristiano, de un sabio que se despega de cualquier pompa mundana, que busca la sencillez y el equilibrio como la única manera de estar y de ser en el mundo tanto con los hombres como con Dios. 

3.- Si algo caracteriza la obra de Fray Luis de León es su sencillez, sobriedad, elegancia y luminosidad. No sobra ninguna palabra ni se entretiene con giros inesperados que no aportan nada a la musicalidad del texto o al sentido último del mismo.  

4.- A pesar de ello, en sus versos o en sus escritos en prosa se transparenta su carácter pasional, el mismo que le llevó a la cárcel en busca de justicia y crítico con los vicios de su tiempo.  

5.- Casi todos sus poemas están dirigidos a una segunda persona ya sean amigos de este mundo como a la divinidad. Siempre hay un asunto moral en el trasfondo de los textos y, a la par, una exaltación de una virtud o de un proceder en este mundo.  

6.- Hay una preferencia por la descripción, por el presente, por meter al lector dentro de un estado de ánimo. Por eso, las odas son relativamente cortas, sencillas, con enumeraciones y preguntas retóricas que invitan al interlocutor a remover algo dentro de sí.  

7.- En sus poemas prefiere la libertad de la lira que, al estar construida con versos endecasílabos y heptasílabos, confiere un ritmo especial lejos de la espesura de otros metros. La austeridad, por tanto, se une a la brillantez para levantar unos poemas que, es unánime, han traspasado todos los muros de los siglos.  

Fue, en definitiva, Fray Luis de León un escritor complejo, a pesar de la sencillez de su obra, siempre en lucha interna entre su pasión de justicia y su sed de sabiduría contra un deseo de serenidad, de quietud, de unión espiritual que le parecía inalcanzable. Intelectual apreciado en la época, envidiado por mediocres compañeros, no se amedrentó ante quienes querían verlo caído y hundido. Sus poemas, editados tras su muerte, circulaban de boca en boca entre los estudiantes de la Universidad de Salamanca. Seguramente intentaban buscar en ellos una guía de virtud para conducirse en un mundo enmarañado.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

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¡Qué descansada vida

la del que huye del mundanal ruïdo,

y sigue la escondida

senda, por donde han ido

los pocos sabios que en el mundo han sido;

 

Fray Luis de León es uno de los grandes poetas de las letras castellanas cuya obra ha superado las siegas del tiempo. Su escritura sencilla, libre de artificio, serena y a la par culta sigue perteneciendo al canon literario siglos después de haberse compuesta. Y eso descontando que no ha llegado hasta nosotros la versión íntegra y reconocida por el autor. Empiezo diciendo que es el mejor representante del Renacimiento literario tardío en español y su participación en la escritura mística ha hecho correr ríos de tinta al no encajar con las características principales de este particular género. Fue culto, intelectual, pasional, amigo de la justicia, sencillo y, a la vez, entregado a la divulgación tanto de la Biblia como de los grandes nombres de la literatura griega o romana.  Pero vayamos por partes. 

 

Biografía de Fray Luis de León 

Nacido en la localidad de Belmonte (Cuenca) en 1527, estudió en Valladolid, Madrid y la Universidad de Salamanca, institución a la que estaría ligado de por vida impartiendo clases magistrales e involucrándose al máximo en la calidad de la enseñanza. Con tan solo 32 años consigue su primera cátedra, la cual perdería tras un injusto proceso con la Inquisición. 

Fraile de la Orden de San Agustín desde 1544, fue Luis de León un intelectual de la época apasionado por temas diversos, activo en las reformas que, a su juicio, deberían formar parte de las enseñanzas universitarias. Irónico (lo cual le granjeó más que un encontronazo con compañeros), inteligente (y por tanto blanco de envidias), sencillo y centrado en su labor educativa. 

En 1572 Fray Luis de León fue objeto de un proceso inquisitorial que duró más de cinco años. En esos largos meses estuvo preso en la cárcel de Valladolid en unas condiciones durísimas como eran las prisiones de la época. La razón por tal pena fue haber traducido el Cantar de los Cantares a pesar de estar prohibido. Aunque, al parecer, su idea era no divulgar esa versión, alguien en su entorno lo traicionó, algo frecuente cuando se trata de tumbar a alguien brillante haciendo uso de calumnias. A pesar de la gravedad del delito (para los parámetros de la época), logró recuperar libertad y cátedra. Como su puesto estaba ocupado por otra persona, el alma sencilla de Fray Luis de León no instó a la Universidad a que se la devolvieran sino a que le dieran otra. Así fue. El primer día de clase, a la vuelta de un duro proceso penal que duró largos años pronunció la célebre frase “decíamos ayer…”  

Poco tiempo después de ocupar el cargo de prior de Castilla de su orden, Fray Luis de León murió en Madrigal en 1591 tras abandonar la Universidad de Salamanca a la que estuvo vinculado de por vida.

La peculiar personalidad de Fray Luis de León y su importancia en el proceso contra la inquisición 

Aunque Fray Luis de León ha pasado a la historia de la literatura por sus poemas, no nos ha llegado ningún manuscrito de su mano con dichos versos. Si bien es verdad que era su intención recogerlos para su publicación (que eso sí ha llegado), al parecer, no terminó la compilación para su edición. Y si lo hizo, ese documento se ha perdido en los pliegues del tiempo. Teniendo en cuenta las inquinas y envidias de las que fue objeto en vida no hace falta tirar mucho de la teoría de la conspiración para darnos cuenta de que probablemente alguien se afanó para que su obra no llegara a las generaciones futuras. No lo consiguió y hoy los versos de Fray Luis no solo forman parte del canon literario español sino que son conocidos y reconocidos por quienes, incluso, no son muy dados a los placeres de las letras. 

Obras de Fray Luis de León

A.- Obras en prosa 

Durante su labor académica realizó comentarios, glosas y tratados teológicos que quedan para el ámbito filosófico. Aparte de estos estudios dejó a la posteridad cuatro libros: 

1.- De los nombres de Cristo, compuesta, según afirma el poeta, durante los dos últimos años de cautiverio, son comentarios filosóficos y filológicos de los nombres que Jesucristo recibe en las Sagradas Escrituras. Sin embargo, la crítica posterior tan dada a poner en cuestión cualquier cosa, anota que la serenidad de la prosa, el equilibrio de la escritura y la formalidad del texto no se corresponde con una situación tan extrema como era el presidio de la Inquisición en el Siglo XVI. Esta obra se desarrolla en forma de diálogo entre tres frailes (Marcelo, Sabino y Juliano) que conversan sobre los nombres de Cristo en un marco idílico (propio de la literatura pastoril) durante el verano. Este es el hilo conductor para desarrollar una prosa exquisita donde se hace referencia no solo (e indudablemente) a los pasajes de la Biblia sino también referencias a la literatura griega o de la antigua Roma. Es una obra melódica, con un ritmo poético brillante (aunque está escrita en prosa) donde se exalta las maravillas de la creación divina representada en los dones de la naturaleza. 

2.- La perfecta casada fue publicada en 1583, ya fallecido nuestro autor. Es un tratado en el que se narra las distintas virtudes que deben acompañar a una mujer según su estado, condición y naturaleza. A pesar de la ironía (incluso con algún punto de crueldad) con el que retrata algunos tipos psicológicos femeninos, la crítica acepta que era una obra feminista para los parámetros de la época y especialmente de la literatura medieval. En estos textos, la mujer era tratada casi como una extensión del demonio culpándola prácticamente de cualquier mal. No sucede eso en la obra de Fray Luis de León. 

 

3.- Exposición del Libro de Job se inició en la cárcel para terminarse unos cuantos meses antes de morir nuestro autor. La figura bíblica del Santo Job que acepta todos los suplicios y pruebas divinas con una humildad tremenda, es el modelo que un Fray Luis de León preso en durísimas condiciones encuentra para sobrellevar su terrible situación. En la obra refiere la cobardía de los que se decían amigos que lo abandonaron a su suerte en un estado tremendo y la crueldad con la que lo trataron sus enemigos. Recuerdo que a pesar del carácter contestario, pasional y poco dado a agachar la cabeza de Fray Luis de León, la mediocridad de los que lo acusaron (los mismos que formaban parte de la Universidad) fue de un punto extremo. Como no podían apagar su brillo se afanaron por quitarlo de en medio de la peor manera posible. En ese estado, encuentra en Job, que todo lo aguanta por amor a Dios, un modelo y guía espiritual a quien seguir.  

4.- Traducción literal y declaración del Cantar de los Cantares, que le valió la cárcel y la persecución. En principio,  fue realizada exclusivamente para una prima suya, novicia de un convento. Sin embargo, la crítica se debate con esta obra ya que tiene un contenido erótico difícilmente explicable si no se estudia o analiza bajo el prisma del amor místico. Aparte de la traducción, va añadiendo glosas (tal como era frecuente en la Edad Media) en un intento por desentrañar todos los sentidos del texto. Estas están construidas en un estilo sencillo, con una prosa limpia característica de su estilo de madurez. 

B.- Obras en verso de Fray Luis de León 

Se trata de un solo libro o de una colección de odas compuesta por un puñado de poemas que la crítica ha considerado como originales y salidos de su mano. Son objeto de revisión constante. ¿Por qué? Porque circularon de manera oral o escrita en vida del escritor de manera anónima con las variantes inevitables a ese tipo de manifestación literaria. Aunque Fray Luis de León intentó recogerlos en un manuscrito para su edición impresa ni se llegó a ese extremo ni se encuentran esos papeles. Querido por sus estudiantes, estos cantaban o recitaban sus versos. Fueron publicados por primera vez en 1631 por Francisco de Quevedo. El intelectual, catedrático de la Universidad y estudioso de la Biblia poca importancia daba a esta producción que sería la responsable de su puesto en el trono de la literatura. Sin intuir que por estas “letrillas” atravesaría las brumas del tiempo,  se expresa así:  

“Entre las ocupaciones de mis estudios en mi mocedad y casi en mi niñez, se me cayeron como de las manos estas obrecillas, a las cuales me apliqué más por inclinación de mi estrella que juicio o voluntad”.  

Entre estos poemas nos encontramos algunos siguiendo el estilo del petrarquismo o la estética amorosa introducida por Garcilaso. Han llegado hasta nosotros cinco sonetos de esta línea. Fernando Lázaro indica que el austero, sobrio e intelectual Fray Luis no podía quedarse en estos ejercicios amorosos que le pudieran parecer banales contrastados con el resto de su producción. 

Por eso, sus mejores poemas son aquellos en los que ensalza la vida sencilla  en comunión (más intelectual que mística) con Dios. Se embarca de esta manera en la creación de odas en las que se ensalza el desprendimiento de los bienes mundanos, el rechazo del ruido, la comunión divina, el afán por la soledad y, por supuesto, el rechazo a todos los vicios humanos. 

Clasificación de los poemas de Fray Luis de León 

Y para ello sigo la aportada por Fernando Lázaro.  

1.- Los escritos antes del presidio, esto es, antes de 1572 en los que aparece su visión de moralista y también de educador. Aquí se encuadran los famosos ¡Qué descansada vida…! O Virtud, hija del cielo… El hilo conductor temático de todas estas odas es el despegue de los vicios mundanos mientras se abraza un sentimiento de soledad. Son poemas en los que predominan la épica de la virtud entendida como el mejor camino para el crecimiento personal, la serenidad individual y la posterior unión divina. 

2.- Los realizados en la cárcel entre 1572 y 1577 en los que se centra en sus sentimientos más profundos. En ellos cobra importancia la soledad y el sentimiento de frustración al verse abandonado. Por eso, se refugia en la misericordia divina, en el amor de Cristo, en la fuerza del corazón que emana saberse un hijo de Dios. En ellos también encontramos esa queja por la injusticia de su situación. 

3.- Entre los escritos después de salir de la cárcel; esto es, después de 1577 se encuentran “Alma región luciente…” y “¡Oh ya seguro puerto…” En ellos asistimos a la manifestación de la soledad o del recogimiento espiritual. Los bienes de este mundo no pueden serles útiles al poeta, a quien ha sufrido oprobio y persecución encontrando en momentos terribles la fortaleza en la fe en Dios.  

Son en estas odas donde se han encontrado esos puntos de la mística literaria, que sin llegar al éxtasis divino de Santa Teresa de Jesús o de San Juan de la Cruz, canta el anhelo de unión con Dios.  

Estilo literario en las obras de Fray Luis de León

Escritas en un castellano sencillo, sereno, culto y sin atisbo de superficialidad, la crítica es unánime en considerar al sabio de la Universidad de Salamanca uno de los mejores poetas en lengua española. Y eso que, como tantos otros escritores de la época, ni siquiera se propuso poner negro sobre blanco (en limpio y en orden) para que perdurasen en el tiempo. Voy anotando algunos rasgos comunes a toda su producción literaria.  

1.- El sentimiento místico en la obra de Fray Luis de León no procede de la descripción del éxtasis o experiencias de comunión (como Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz) sino más bien a un anhelo de comunión. Con una profunda convicción religiosa, busca esa unión desde un punto de vista intelectual o espiritual más que anímico o vivencial. Por eso, sus poemas, a pesar de ser de una honda religiosidad, no reflejan esos arrebatos. Son versos en los que se busca consuelo, comprensión o incluso unión para huir de los vicios mundanos pero se quedan fuera, a veces, de esa descripción del hondo sentimiento espiritual que es la mística.  

2.- Parte de la crítica ve en sus escritos la sabiduría de un intelectual cristiano, de un sabio que se despega de cualquier pompa mundana, que busca la sencillez y el equilibrio como la única manera de estar y de ser en el mundo tanto con los hombres como con Dios. 

3.- Si algo caracteriza la obra de Fray Luis de León es su sencillez, sobriedad, elegancia y luminosidad. No sobra ninguna palabra ni se entretiene con giros inesperados que no aportan nada a la musicalidad del texto o al sentido último del mismo.  

4.- A pesar de ello, en sus versos o en sus escritos en prosa se transparenta su carácter pasional, el mismo que le llevó a la cárcel en busca de justicia y crítico con los vicios de su tiempo.  

5.- Casi todos sus poemas están dirigidos a una segunda persona ya sean amigos de este mundo como a la divinidad. Siempre hay un asunto moral en el trasfondo de los textos y, a la par, una exaltación de una virtud o de un proceder en este mundo.  

6.- Hay una preferencia por la descripción, por el presente, por meter al lector dentro de un estado de ánimo. Por eso, las odas son relativamente cortas, sencillas, con enumeraciones y preguntas retóricas que invitan al interlocutor a remover algo dentro de sí.  

7.- En sus poemas prefiere la libertad de la lira que, al estar construida con versos endecasílabos y heptasílabos, confiere un ritmo especial lejos de la espesura de otros metros. La austeridad, por tanto, se une a la brillantez para levantar unos poemas que, es unánime, han traspasado todos los muros de los siglos.  

Fue, en definitiva, Fray Luis de León un escritor complejo, a pesar de la sencillez de su obra, siempre en lucha interna entre su pasión de justicia y su sed de sabiduría contra un deseo de serenidad, de quietud, de unión espiritual que le parecía inalcanzable. Intelectual apreciado en la época, envidiado por mediocres compañeros, no se amedrentó ante quienes querían verlo caído y hundido. Sus poemas, editados tras su muerte, circulaban de boca en boca entre los estudiantes de la Universidad de Salamanca. Seguramente intentaban buscar en ellos una guía de virtud para conducirse en un mundo enmarañado.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

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Si la literatura mística dio en español las mejores obras de este género en las letras universales, uno de esos grandes nombres es, sin duda, Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia y una de las voces más genuinas de esta singular escritura. Junto a su compañero de orden, el también carmelita San Juan de la Cruz, levantó una escritura única e irrepetible en la que la expresión de la experiencia divina adquiere una altura insuperable en la historia de la literatura. Fue su vida una unión perfecta entre la actitud contemplativa o la experiencia de éxtasis espiritual y  entre el hacer o el transformar las cosas del mundo. Con problemas con la Inquisición, como todos los reformadores de la época, fundó diecisiete conventos en los que instauró la sencillez y el voto de pobreza a la par que levantaba una obra genuina en la que describe (sirviéndose de la alegoría y la metáfora) sus experiencias místicas.  

Biografía de Santa Teresa de Jesús

Nacida como Teresa de Cepeda y Ahumada en 1515 en la ciudad de Ávila hay críticos que señalan que el peculiar carácter de la ciudad (con su gran muralla levantada ante la planicie) incidió en su forma de ser y estar en el mundo en su relación con la divinidad. Imbuida por la lectura de la vida de los santos, desde corta edad tenía clara su vocación religiosa con unos niveles de implicación extremos. Estudió en el convento de las Augustinas de su ciudad natal y antes de cumplir veinte años ingresa en la orden de Carmelo llegando a transformarla totalmente. A la par que leía las Confesiones de San Agustín se sometió a continuados ejercicios ascéticos tan duros que casi le va la vida en ello. Eso le produjo secuelas permanentes que no impidieron que llevara un vida activa, alegre y vivaz.  

A raíz de una visión sobre el infierno tuvo claro que tenía que reformar su orden, por entonces corrompida por un dogma que había abandonado el primer mandamiento de Cristo. Esa búsqueda hacia la pureza y sencillez original le granjeó enemigos de todo tipo que consiguieron incluso que fuera procesada por la Inquisición. Sin llegar a la inquina que mostraron con San Juan de la Cruz (torturado salvajemente durante un año) o Fray Luis de León (preso por más de cinco años) no tuvo fácil conseguir la bula papal que le permitía la reforma de la orden. 

Santa Teresa de Jesús entre la reforma de los carmelitas y la escritura

No se amedrentó por la persecución y llegó a fundar más de diecisiete conventos según los preceptos de pobreza y sencillez que buscaba mientras levantaba una obra literaria excelsa y única en la literatura universal. No fue el objetivo de Santa Teresa hacer literatura, sino más bien dejar por escrito para sus monjas las visiones y éxtasis que experimentaba. Para ello utilizaba un lenguaje sencillo lleno de alegorías y metáforas en lengua castellana (lo cual también fue criticado y perseguido puesto que se optaba por el latín que solo los cultos conocían). Y,  sin proponérselo, creó una obra única que ha entrado en el canon de la literatura occidental.  

En una de sus idas y venidas para ordenar los conventos que estaba transformando se sintió indispuesta y paró en el de Alba de Tormes. Allí falleció el 4 de octubre de 1582. Canonizada en 1622 y beatificada 8 años antes, en 1970 fue nombrada Doctora de la Iglesia. Sus restos están esparcidos y expuestos en distintos emplazamientos de la geografía española. 

Obras de Santa Teresa de Jesús 

La crítica ha dividido su producción literaria en dos bloques distintos. Por un lado, tenemos los escritos de temática mística o ascética y, por el otro, aquellos con una línea biográfica. Dicho esto, ninguna puede considerarse como pura, ya que se mezclan y entremezclan entre sí.  

Obras autobiográficas de Santa Teresa de Jesús 

1.- Libro grande o Libro de las misericordias o Libro de su vida, que con estos tres nombres se conocen la misma obra, estaba terminado para 1565. Está compuesta por cuarenta capítulos donde va narrando su camino hacia la mística. Es en este título donde se describe el famoso episodio de la transverberación que artistas posteriores dejaron plasmados con distinto acierto hasta llegar al cenit de la conocida escultura de Bernini. 

2.- El libro de las Fundaciones es continuación de este primero. En él va reuniendo los diarios, cartas, noticias o comunicaciones referentes a su actividad reformadora en los conventos carmelitas. Se inicia en el año 1567 y el último apunte es de 1582, aunque la crítica acepta que la escritura comenzó en 1573.  

3.- El libro de las Relaciones, escrito entre 1560 y 1579, está compuesto por cartas dirigidas a sus confesores (especialmente a San Pedro de Alcántara) en el que va desgranando sin apenas orden o concierto los favores divinos que recibe. 

Obras ascéticas y místicas de Santa Teresa de Jesús

4.- El camino de la Perfección,  escrita entre 1565 y 1570 tenía un objetivo utilitario, ya que fue escrito para guiar a las monjas hacia la perfección religiosa y para remover las conciencias adormecidas que no luchaban contra la Reforma. 

5.- Las Moradas o Castillo Interior es el cenit de la escritura literaria mística de Santa Teresa de Jesús. Fue escrita cuando llevaba probablemente más de 10 años recibiendo visiones y experiencias espirituales. La compuso en el convento carmelita de Toledo a petición de sus superiores como guía para toda la comunidad. Tras una visión, se le aparece la estructura de la misma que está levantada para describir el camino de crecimiento espiritual como 

 

“un castillo todo de diamante y muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, ansí como en el cielo hay muchas moradas”.  

Para alcanzar la unión divina, la gracia completa, hay que superar siete pruebas, moradas o paradas. Las tres primeras pretenden abandonar todas las cosas terrenales, las tres siguientes inciden en la iluminación para llegar a la unión mística en la última.  

La mística sencilla portentosa como fuente del estilo de Santa Teresa de Jesús 

Mujer culta y leída desde niña e influenciada tanto por las novelas de caballerías como por la vida de los santos, todo en ella (desde su vida hasta su escritura) estaba dirigido a un camino de perfección espiritual. El deshojamiento al que sometió su orden para instalarla en la sencillez extrema es también el que define su producción literaria, ya que se olvida de cualquier artificio para poner negro sobre blanco con tremenda sencillez todo aquello que en su alma sucedía. A tal maestría llegó que esas visiones (pertenecientes al plano espiritual, intangible y etéreo) han podido ser plasmadas en obras plásticas. Santa Teresa de Jesús se lo puso fácil a los artistas que llegaron tras ella realizando minuciosas descripciones.  

1.- Uso de la alegoría y la metáfora 

Sin embargo, la mística, la visión divina, rara vez puede ser descrita en toda su complejidad si se quiere llegar a un publico sencillo con el objetivo de educar o instruir. Eso estuvo siempre en la mente de Santa Teresa. Por eso, el uso de la alegoría (heredada de la literatura medieval) y la metáfora forman parte intrínseca del texto. Y el mejor ejemplo es el inicio de Las Moradas que es su obra canónica.  

2.- El estilo en la obra de Santa Teresa de Jesús está condicionado por la intención de sus escritos 

De ella se ha dicho que fue “escritora por obediencia” ya que nunca fue su intención. Si escribió, fue guiada por un profundo convencimiento en la necesidad de un cambio transformador dentro de la Iglesia hacia la sencillez combatiendo la corrupción a la que habían llegado la mayoría de las órdenes monásticas. El amor y la necesidad de consejo hacia las monjas que constituían su orden le guiaba en todo momento y así dejó constancia en reiteradas ocasiones. Por eso, todas las obras de Santa Teresa de Ávila están escritas en un castellano sencillo, libre de todo artificio, en prosa (aunque también compuso poesía), en un tono divulgativo a pesar de la temática compleja que aborda. El que eligiera la lengua castellana, ya formada en la primera literatura renacentista no la libró de las críticas, puesto que, en la época, se imponía el latín para hurtar al pueblo inculto cualquier conocimiento.  

3.- La sencillez y la falta de un guión previo como características en la obra de Santa Teresa de Jesús 

“Pienso poner algunos remedios para tentaciones de religiosas… y lo que más el Señor me diere a entender como fuere entendido y acordándoseme. Que, como no sé lo que será, no puedo decirlo con concierto. Y creo es lo mejor no le llevar, pues es cosa tan desconcertada hacer yo esto”.  

A través de sus palabras llegamos a otra de las características de la obra de Santa Teresa de Ávilla: la falta de estructura que parece desorden. No es así en Las Moradas pero sí en el resto de sus libros, que más bien se nos antojan compilaciones más que otra cosa. Ese defecto en el guión hace de estos escritos aún más interesantes, ya que salen directamente del alma de Teresa de Ávila sin apenas filtro dejando de lado cualquier tentación de lucirse con una escritura amanerada o recargada.  

Tenemos pues un estilo espontáneo al máximo, sencillo, libre de cualquier artificio y con una finalidad clara que era la de remover los modos enquistados y los vicios de los religiosos de su época. Algún que otro crítico le ha encontrado incluso faltas gramaticales o de concordancia a las que la santa no atendía imbuida en ese deseo por comunicar sus experiencias místicas y ese camino de crecimiento espiritual llevado al máximo extremo. También ha sido anotada por la crítica el uso de diminutivos que se conjugan con expresiones de tipo culto que no merman la sencillez de sus textos. 

Fue Santa Teresa de Jesús una mujer culta, compleja en esa doble tarea que era el hacer al máximo (las reformas, los conventos, la escritura incluso) y la introspección más extrema que supone la mística. Sin pretenderlo, levantó una obra literaria única en las letras universales que aún perdura en el tiempo. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Libros y palabras, poemas y cuentos, pausas y tertulias, recursos estilísticos, autores que nos inspiran, estilos que nos atrapan... Literatura de todos los tiempos y de todos los lugares que nos ayudan a viajar por el mundo. 

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Si la literatura mística dio en español las mejores obras de este género en las letras universales, uno de esos grandes nombres es, sin duda, Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia y una de las voces más genuinas de esta singular escritura. Junto a su compañero de orden, el también carmelita San Juan de la Cruz, levantó una escritura única e irrepetible en la que la expresión de la experiencia divina adquiere una altura insuperable en la historia de la literatura. Fue su vida una unión perfecta entre la actitud contemplativa o la experiencia de éxtasis espiritual y  entre el hacer o el transformar las cosas del mundo. Con problemas con la Inquisición, como todos los reformadores de la época, fundó diecisiete conventos en los que instauró la sencillez y el voto de pobreza a la par que levantaba una obra genuina en la que describe (sirviéndose de la alegoría y la metáfora) sus experiencias místicas.  

Biografía de Santa Teresa de Jesús

Nacida como Teresa de Cepeda y Ahumada en 1515 en la ciudad de Ávila hay críticos que señalan que el peculiar carácter de la ciudad (con su gran muralla levantada ante la planicie) incidió en su forma de ser y estar en el mundo en su relación con la divinidad. Imbuida por la lectura de la vida de los santos, desde corta edad tenía clara su vocación religiosa con unos niveles de implicación extremos. Estudió en el convento de las Augustinas de su ciudad natal y antes de cumplir veinte años ingresa en la orden de Carmelo llegando a transformarla totalmente. A la par que leía las Confesiones de San Agustín se sometió a continuados ejercicios ascéticos tan duros que casi le va la vida en ello. Eso le produjo secuelas permanentes que no impidieron que llevara un vida activa, alegre y vivaz.  

A raíz de una visión sobre el infierno tuvo claro que tenía que reformar su orden, por entonces corrompida por un dogma que había abandonado el primer mandamiento de Cristo. Esa búsqueda hacia la pureza y sencillez original le granjeó enemigos de todo tipo que consiguieron incluso que fuera procesada por la Inquisición. Sin llegar a la inquina que mostraron con San Juan de la Cruz (torturado salvajemente durante un año) o Fray Luis de León (preso por más de cinco años) no tuvo fácil conseguir la bula papal que le permitía la reforma de la orden. 

Santa Teresa de Jesús entre la reforma de los carmelitas y la escritura

No se amedrentó por la persecución y llegó a fundar más de diecisiete conventos según los preceptos de pobreza y sencillez que buscaba mientras levantaba una obra literaria excelsa y única en la literatura universal. No fue el objetivo de Santa Teresa hacer literatura, sino más bien dejar por escrito para sus monjas las visiones y éxtasis que experimentaba. Para ello utilizaba un lenguaje sencillo lleno de alegorías y metáforas en lengua castellana (lo cual también fue criticado y perseguido puesto que se optaba por el latín que solo los cultos conocían). Y,  sin proponérselo, creó una obra única que ha entrado en el canon de la literatura occidental.  

En una de sus idas y venidas para ordenar los conventos que estaba transformando se sintió indispuesta y paró en el de Alba de Tormes. Allí falleció el 4 de octubre de 1582. Canonizada en 1622 y beatificada 8 años antes, en 1970 fue nombrada Doctora de la Iglesia. Sus restos están esparcidos y expuestos en distintos emplazamientos de la geografía española. 

Obras de Santa Teresa de Jesús 

La crítica ha dividido su producción literaria en dos bloques distintos. Por un lado, tenemos los escritos de temática mística o ascética y, por el otro, aquellos con una línea biográfica. Dicho esto, ninguna puede considerarse como pura, ya que se mezclan y entremezclan entre sí.  

Obras autobiográficas de Santa Teresa de Jesús 

1.- Libro grande o Libro de las misericordias o Libro de su vida, que con estos tres nombres se conocen la misma obra, estaba terminado para 1565. Está compuesta por cuarenta capítulos donde va narrando su camino hacia la mística. Es en este título donde se describe el famoso episodio de la transverberación que artistas posteriores dejaron plasmados con distinto acierto hasta llegar al cenit de la conocida escultura de Bernini. 

2.- El libro de las Fundaciones es continuación de este primero. En él va reuniendo los diarios, cartas, noticias o comunicaciones referentes a su actividad reformadora en los conventos carmelitas. Se inicia en el año 1567 y el último apunte es de 1582, aunque la crítica acepta que la escritura comenzó en 1573.  

3.- El libro de las Relaciones, escrito entre 1560 y 1579, está compuesto por cartas dirigidas a sus confesores (especialmente a San Pedro de Alcántara) en el que va desgranando sin apenas orden o concierto los favores divinos que recibe. 

Obras ascéticas y místicas de Santa Teresa de Jesús

4.- El camino de la Perfección,  escrita entre 1565 y 1570 tenía un objetivo utilitario, ya que fue escrito para guiar a las monjas hacia la perfección religiosa y para remover las conciencias adormecidas que no luchaban contra la Reforma. 

5.- Las Moradas o Castillo Interior es el cenit de la escritura literaria mística de Santa Teresa de Jesús. Fue escrita cuando llevaba probablemente más de 10 años recibiendo visiones y experiencias espirituales. La compuso en el convento carmelita de Toledo a petición de sus superiores como guía para toda la comunidad. Tras una visión, se le aparece la estructura de la misma que está levantada para describir el camino de crecimiento espiritual como 

 

“un castillo todo de diamante y muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, ansí como en el cielo hay muchas moradas”.  

Para alcanzar la unión divina, la gracia completa, hay que superar siete pruebas, moradas o paradas. Las tres primeras pretenden abandonar todas las cosas terrenales, las tres siguientes inciden en la iluminación para llegar a la unión mística en la última.  

La mística sencilla portentosa como fuente del estilo de Santa Teresa de Jesús 

Mujer culta y leída desde niña e influenciada tanto por las novelas de caballerías como por la vida de los santos, todo en ella (desde su vida hasta su escritura) estaba dirigido a un camino de perfección espiritual. El deshojamiento al que sometió su orden para instalarla en la sencillez extrema es también el que define su producción literaria, ya que se olvida de cualquier artificio para poner negro sobre blanco con tremenda sencillez todo aquello que en su alma sucedía. A tal maestría llegó que esas visiones (pertenecientes al plano espiritual, intangible y etéreo) han podido ser plasmadas en obras plásticas. Santa Teresa de Jesús se lo puso fácil a los artistas que llegaron tras ella realizando minuciosas descripciones.  

1.- Uso de la alegoría y la metáfora 

Sin embargo, la mística, la visión divina, rara vez puede ser descrita en toda su complejidad si se quiere llegar a un publico sencillo con el objetivo de educar o instruir. Eso estuvo siempre en la mente de Santa Teresa. Por eso, el uso de la alegoría (heredada de la literatura medieval) y la metáfora forman parte intrínseca del texto. Y el mejor ejemplo es el inicio de Las Moradas que es su obra canónica.  

2.- El estilo en la obra de Santa Teresa de Jesús está condicionado por la intención de sus escritos 

De ella se ha dicho que fue “escritora por obediencia” ya que nunca fue su intención. Si escribió, fue guiada por un profundo convencimiento en la necesidad de un cambio transformador dentro de la Iglesia hacia la sencillez combatiendo la corrupción a la que habían llegado la mayoría de las órdenes monásticas. El amor y la necesidad de consejo hacia las monjas que constituían su orden le guiaba en todo momento y así dejó constancia en reiteradas ocasiones. Por eso, todas las obras de Santa Teresa de Ávila están escritas en un castellano sencillo, libre de todo artificio, en prosa (aunque también compuso poesía), en un tono divulgativo a pesar de la temática compleja que aborda. El que eligiera la lengua castellana, ya formada en la primera literatura renacentista no la libró de las críticas, puesto que, en la época, se imponía el latín para hurtar al pueblo inculto cualquier conocimiento.  

3.- La sencillez y la falta de un guión previo como características en la obra de Santa Teresa de Jesús 

“Pienso poner algunos remedios para tentaciones de religiosas… y lo que más el Señor me diere a entender como fuere entendido y acordándoseme. Que, como no sé lo que será, no puedo decirlo con concierto. Y creo es lo mejor no le llevar, pues es cosa tan desconcertada hacer yo esto”.  

A través de sus palabras llegamos a otra de las características de la obra de Santa Teresa de Ávilla: la falta de estructura que parece desorden. No es así en Las Moradas pero sí en el resto de sus libros, que más bien se nos antojan compilaciones más que otra cosa. Ese defecto en el guión hace de estos escritos aún más interesantes, ya que salen directamente del alma de Teresa de Ávila sin apenas filtro dejando de lado cualquier tentación de lucirse con una escritura amanerada o recargada.  

Tenemos pues un estilo espontáneo al máximo, sencillo, libre de cualquier artificio y con una finalidad clara que era la de remover los modos enquistados y los vicios de los religiosos de su época. Algún que otro crítico le ha encontrado incluso faltas gramaticales o de concordancia a las que la santa no atendía imbuida en ese deseo por comunicar sus experiencias místicas y ese camino de crecimiento espiritual llevado al máximo extremo. También ha sido anotada por la crítica el uso de diminutivos que se conjugan con expresiones de tipo culto que no merman la sencillez de sus textos. 

Fue Santa Teresa de Jesús una mujer culta, compleja en esa doble tarea que era el hacer al máximo (las reformas, los conventos, la escritura incluso) y la introspección más extrema que supone la mística. Sin pretenderlo, levantó una obra literaria única en las letras universales que aún perdura en el tiempo. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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De la palabra italiana renascere, el nombre fue propuesto por los intelectuales y artistas de la época para indicar una vuelta a la vida cultural tras (en su cosmovisión) oscura Edad Media. Comienza a gestarse como tal a finales del siglo XV en las distintas ciudades estados italianas para extenderse por toda Europa. En España tuvo un arraigo importante y las características del Renacimiento literario fundamentales se encuentran en aquellos autores de la época que han sobrepasado el canon. Hablo de Garcilaso de la Vega, de Boscán, de los místicos Juan de la Cruz o Teresa de Ávila, de un Herrera que cierra el ciclo o de Fray Luis de León cuyos poemas siguen deleitando hoy en día. 

El Renacimiento en contraposición a la Edad Media 

La élite intelectual de la época se jactaba casi de aportar una nueva visión vital en contraposición con las décadas anteriores. No obstante, hoy en día, los estudiosos históricos o críticos literarios admiten que buena parte de esos avances se gestaron en los siglos precedentes. Esto es, no hubo una ruptura de un día para otro sino más bien, una progresiva transformación. Esto no quita para que el Renacimiento supusiera un cambio de mentalidad importante propiciado por distintos avances científicos, tecnológicos o de comunicación. Sin ánimo de hacer un estudio demasiado profundo, nos adentramos someramente en los hitos a tener en cuenta.  

1.- La vieja sociedad estamental de la época medieval comienza a desmoronarse lentamente empujada, en parte, por una pujante burguesía con una forma de entender el mundo totalmente distinta, ligada a las ciudades y a una incipiente industria que en estos momentos se basa en la manufactura sustituyendo a la ganadería y agricultura intensivas. 

2.- Hay un empuje de los pueblos, campos y zonas rurales hacia las incipientes ciudades donde se agolpan personajes de todo tipo, desde el hidalgo venido a menos hasta las nuevas élites estudiadas pasando por los aventureros de distinto pelaje. 

3.- La vieja sociedad alrededor de reinos pequeños va desapareciendo progresivamente hasta crearse los estados modernos. Excepto en Italia, que el proceso durará hasta el siglo XIX, en esta época se forma Alemania, Francia o España prácticamente como la conocemos hoy en día. 

4.- La unificación de los gobiernos hace que se disponga de más recursos para acometer empresas más ambiciosas. Esto explica, por poner algunos casos, las expediciones hacia Las Indias o la creación de las nuevas universidades.  

La cultura del Renacimiento en su contraposición a la medieval 

5.- Desde mediados del siglo XV la población lectora (mínima en la época hay que recordar) tiene a su disposición los primeros libros impresos. Estos son cada vez más numerosos tanto en tirada como en títulos dejando atrás la escasez medieval que se desprendía de los scriptoria de los monasterios. Aparecen incluso ediciones de bolsillo con textos depurados según una incipiente filología fáciles de leer, estudiar y trasladar. En línea con el impresor italiano Aldo Manuzio (creador de la sublime Hypnerotomachia Poliphili, uno de los textos más bellos de la historia), se van inaugurando más y más imprentas que sacian la sed por saber, conocer, aprender e, incluso, entretenerse. 

6.- Las nuevas universidades no pueden entenderse sin ese avance tanto de la burguesía (con otra cosmovisión vital distinta a la del medievo) y el aumento cada vez mayor de libros disponibles. Se crean centros universitarios por toda Europa que aún hoy en día siguen en activo. Aquí se estudia gramática, filosofía, teología… 

7.- Hay un interés por lo que hay más allá de los mares y eso se traslada en nuevas formas de transporte que invitan a lanzarse a arriesgadas aventuras. Todo ello culminaría (aunque no es la única gesta) con el descubrimiento de América a ojos europeos. 

8.- La misma inventiva que había llevado a la imprenta a lanzar libros sin fin o a las nuevas naves a surcar mares desconocidos se traslada en otros órdenes vitales creando máquinas rústicas que facilitan las tareas más penosas. Eso conlleva, por supuesto, un avance económico. 

9.- La población, por tanto, se va agolpando en grandes urbes que, desafortunadamente, no están preparadas para acoger a tal número de personas. A pesar del renacimiento cultural se producen pestes, plagas, escasez, falta de higiene y brotes de inseguridad ciudadana. 

10.- El mercado y el dinero sustituye al trueque medieval superando, por tanto, la economía de subsistencia. 

Con este sustrato entendemos mejor las características del Renacimiento literario que desgloso a continuación.

1.- La exaltación de lo humano como la base de las características del Renacimiento literario 

El ser humano se convierte en el centro del cosmos aunque eso no quita que todos los órdenes culturales estén impregnados de una profunda espiritualidad. Sin embargo, este sentir será radicalmente distinto al que encontramos en la literatura medieval, en la época anterior. Los milagros, los santos que ayudan a los viandantes, la teoría apocalípticas (como las que recogen los Beatos) quedan atrás. El hombre se vuelve la medida de todas las cosas y se arropa con un espíritu tremendamente positivo. Se cree en el desarrollo y en el avance a través de la incipiente técnica o ciencia y el panorama cultural se impregna con el espíritu de la incipiente burguesía que crece en las nuevas ciudades.  

2.- El paganismo en la literatura renacentista

Si el humanismo es una de las características del Renacimiento literario, sin embargo todo ello no era nuevo. Por eso, se fija la mirada en la literatura griega o de la antigua Roma, impregnándose buena parte de la producción artística de paganismo. En un afán por entender mejor esa época pasada, se recogen textos, se hacen estudios filológicos y se imprimen todos aquellos que se habían conservado de la cultura grecorromana. Aquí destaco la figura de Aldo Manuzio, el impresor de la Hypnerotomachia Poliphili, obra impregnada de símbolos y mitos de la antigua Roma o Grecia y el poeta Francesco Petrarca.  

3.- La espiritualidad personal es otra de las características del Renacimiento literario

La religiosidad se vive como un proceso de desarrollo personal tremendamente individual alejado de normas impuestas. En España, nos encontramos a dos grandes de la mística, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila que, con un estilo propio, sencillo y libre de convencionalismos, narran ese particular camino de comunión con Dios invitando a otros a seguir sus pasos sin hacer, aunque parezca contradictorio, proselitismo. Sus obras son tremendamente particulares e individuales en su visión de ese proceso de comunión con lo sagrado. Por eso, no es de extrañar que buena parte de estos autores tuvieron sus más y sus menos con las autoridades eclesiásticas siendo, incluso, acusados de herejía. 

4.- La individualidad es otra de las características del Renacimiento literario

La potenciación del espíritu del ser humano unida a esa nueva mirada del pasado pagano dio lugar a abrazar la libertad (aunque no podemos entender este concepto tal como lo vivimos hoy en día) como un paso más hacia la luz personal. En este proceso se entienden las reformas propuestas por Erasmo de Rotterdam y Martín Lutero. El pensamiento, la literatura, las artes y la cultura en general quieren dar un paso hacia adelante en aras de un progreso en el que no se ignore el interior espiritual y los anhelos del ser humano. Este mundo ya no será visto como un mero valle de lágrimas tal cual reflejaban los autores de la Edad Media. Es más, esta idea es propuesta como una forma de coartar las posibilidades (en todos los sentidos) de la población por parte de los sectores más retrógrados de la iglesia. 

5.- La cultura y la vida debe reflejar no solo la belleza del más allá sino también de este mundo 

El aquí y el ahora se vuelve a tener cuenta. En este sentido, cobra importancia todas esas manifestaciones literarias que ensalzan los dones y bienes tanto de la naturaleza como del alma humana. Nuestro paso por esta existencia debía invitar al goce en una actitud tanto contemplativa como que invitaba a la acción. El concepto de felicidad en este plano (negado de lleno entre los autores de la Edad Media) va calando en todos los órdenes de la vida y no solo en la literatura o en la cultura. Esa búsqueda de placer lleva a levantar grandes palacios o preciosos jardines inexistentes en la época anterior. 

6.- Platón se encuentra en la base de la filosofía renacentista

Ignorado  durante la época anterior, se retoman sus escritos (o lo que había podido ser rescatado en los scriptoria medievales). Imbuidos de su filosofía, el mundo sería un reflejo (recordemos la parábola de la caverna) de la belleza y la gloria de Dios. Por eso, el artista, el artesano o el ciudadano de a pie estaba obligado casi a buscar esa hermosura en cualquier aspecto de la creación, reflejarla de cualquiera manera y disfrutar de ella. 

7.- El amor es una de las principales características del Renacimiento literario 

Los poemas se llenan con versos de amor platónico (o no tanto) que ensalzan la belleza de la amada. Se obvia el sentido de pecado o de falta de decoro y todo se vuelve hacia ese sentimiento de una manera sencilla, grácil, hermosa. El amor se hace centro de poemas (de los nuevos sonetos o de las églogas) de manera recurrente. Es casto, moral, elegante, sencillo, decoroso pero, a la vez, ferviente, constante y fuente de enaltecimiento de un corazón que ahora se empieza a cuidar en todos los sentidos posibles.  

8.- La literatura del Renacimiento se escribe en las nuevas vernáculas 

Aunque el latín sigue siendo lengua de cultura (especialmente para temas teológicos, filosóficos o científicos) hasta el Siglo de las Luces, las obras de la época se escriben en los nuevos idiomas romances (o germánicos) que avanzan imparables llenándose de vocablos ricos y expresiones propias de cada emplazamiento. Los libros se escriben en estas nuevas lenguas vernáculas (francés, italiano, castellano…) en un intento también por llegar a un público más amplio, a los mismos que estudiaban en las incipientes universidades. Había también un afán educativo y este era muchísimo más complicado si se realizaba en un latín que ya casi nadie dominaba. Era una lengua muerta desde la Edad Media.   

9.- La sencillez como base de las características de literatura del Renacimiento 

Se rehúye de cualquier artificio y se busca la concisión, la sencillez del lenguaje, la claridad extrema. La poesía teía que comunicar directamente y llegar así al corazón. A la par, se creía en las posibilidades de crecimiento personal o social que ofrecía el arte. Por eso, se recurren a las lenguas vernáculas eliminando cultismos innecesarios y acercando esos nuevos mundos que abrían la palabra a un público más amplio. 

10.- El nacimiento de los nuevas estructuras métricas en el Renacimiento

En paralelo, se abandonan para siempre los metros y los tropos medievales que se consideraban forzados en las nuevas lenguas. Queda aparcada tanto la cuaderna vía como el pie quebrado en el que está escrito esa sublime obra de la literatura post medieval que es Coplas por la muerte de su padre. La nueva métrica creada en la literatura del Renacimiento perdura hasta hoy en día, con una preponderancia del endecasílabo (o verso de once sílabas) en detrimento del alejandrino o del octosílabo, aunque este último se seguirá tratando. Aparecen nuevos tropos como el soneto que se convierten en seña de identidad no solo de una época sino también de una lengua. Aunque se utilizan figuras retóricas (comparaciones o metáforas) estas son suaves, sin estridencias, sin llevar al límite las posibilidades del lenguaje.  

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11.- La poesía amorosa en el centro de las características del Renacimiento literario

Siguiendo la estela de Petrarca, el amor (tanto el divino como el más profano entre humanos) es el centro temático de la literatura de la época. Es un sentimiento casi platónico pero que no olvida el poder o los placeres de la carne. Es un amor sencillo, delicado, sin grandes tensiones pasionales, que se dedica a exaltar la belleza de la amada, la cual es elevada a criatura casi divina. En el plano de la mística ese amor siempre es hacia Cristo o hacia el Dios Padre. En este sentido, recuerdo que la experiencia literaria siguiendo estos temas siempre se realiza desde un plano personal, íntimo, biográfico casi que llega profundamente al lector consiguiendo la identificación anímica con lo allí retratado. Por último, aunque nos encontramos una incipiente novelística y los primeros esbozos del teatro en lengua vernácula, el género predominante es el de la lírica. Esto es, la literatura del Renacimiento tiene especial preferencia por la poesía.  

12.- Los tipos de novelas renacentistas

La literatura en prosa también tiene un hueco. Se crean textos que ya están pensados o diseñados para ser leídos en formato libro de una forma personal y en silencio. Va, por tanto, quedando atrás las creaciones medievales dirigidas a un público colectivo que escuchaba los versos o cantos de juglares y trovadores. La novela, con la forma de lectura que conocemos hoy, se extiende y, de alguna manera u otra, va ligada al auge y avance de la imprenta que propicia que haya más libros en circulación (recuerdo una vez más que este punto influye sobremanera en las principales características del Renacimiento literario). Resumiendo mucho, en lengua castellana destacamos los siguientes tipos de novelas: 

  1. Las de caballerías que se encumbrarían con una obra crítica contra ellas (Don Quijote de la Mancha). En estas obras se narran las aventuras de héroes casi perfectos siempre en busca de una superación personal que ronda la personalidad narcisista. Eso no quita que, por ser tan entretenidas fueron favoritas del público de la época. 
  2. El género más importante y que ha dado títulos más sublimes fue la novela picaresca con el Lazarillo de Tormes (1554) a la cabeza. En ellas se relatan las andanzas de distintos tipos de pícaros, personajes al borde del sistema que se valen de artimañas y malicia para poder subsistir en las complicadas e incipientes ciudades de la época.
  3. La novela pastoril responde a una trama idealizada en la que se cuentan los amores de varias parejas de pastores siempre en un entorno bucólico e irreal. Entronca, de alguna manera u otra, con la poesía amorosa de la época. 
  4. En español tenemos además la novela morisca, también centrada en la temática pasional con el condicionante del rechazo social de por medio. Los protagonistas suelen pertenecer a distintos estratos sociales y/o religiosos. Por tanto, esos amores prohibidos o no aceptados se convierten en el eje temático de la trama. 

13.- Las bases del teatro en lengua vernácula 

La literatura medieval había dado algunos ejemplos de dramas teatrales centrados sobre todo en los temas de la liturgia cristiana. Progresivamente, en algunas zonas de España, esas obras salen a la calle para representar escenas de la vida de Cristo o celebrar festividades importantes. Con ello se va creando el germen del futuro teatro que tanto gusta al pueblo y que comenzará a ser seguido por todos y en cantidades importantes especialmente en el Barroco. A partir de esta época (siglo XVII) el teatro comienza a ser parte importante de la literatura española, tanto que algunas zonas del país, al día de hoy, son centros internacionales de obras teatrales. 

14.- Algunos nombres de la literatura del Renacimiento en lengua castellana a tener en cuenta

Sin ánimo de entrar en las particularidades biográficas y creativas de cada uno de estos escritores, sí reseño los siguientes nombres, fundamentales en el canon en lengua castellana: 

1.- Garcilaso de la Vega (1498-1536), máximo representante de la poesía amorosa.

2.- Juan Boscán (1493-1542), introductor de los metros y temas italianos en España. 

3.- Fernando de Herrera (1534-1597), el cual avanza hacia el manierismo olvidando la sencillez que es una de las características del Renacimiento literario más importante. 

4.- Santa Teresa de Jesús (1515-1582), máxima representante de la mística.

5.- San Juan de la Cruz (1542-1591), el mayor poeta místico del Renacimiento. 

6.- Fray Luis de León (1528-1591), poeta e intelectual imprescindible en la época. 

7.- Gil Vicente (1470-1539) y Bartolomé Torres Navarro como máximos exponentes del teatro. 

8.- El primer Cervantes, el mismo que escribe La Galatea, en 1585, una novela pastoril, es el mejor nombre para la novela que se inicia en el Renacimiento.  

En definitiva, las características del Renacimiento literario puso las bases de la creación en lengua vernácula. Aunque pretendía romper con la tradición, en verdad no solo entronca con aquello que se estaba haciendo inmediatamente antes sino con las más grandes obras de la cultura grecorromana que se había salvado del olvido. Fue una época marcada por un espíritu tremendamente positivo en la que se creía en las posibilidades de superación del ser humano por medio de la técnica, los avances en las comunicaciones, el desarrollo de las nuevas ciudades y la nueva forma de hacer arte. Este siempre tenía que ponernos en contacto con la belleza de la naturaleza creada por Dios. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Libros y palabras, poemas y cuentos, pausas y tertulias, recursos estilísticos, autores que nos inspiran, estilos que nos atrapan... Literatura de todos los tiempos y de todos los lugares que nos ayudan a viajar por el mundo. 

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De la palabra italiana renascere, el nombre fue propuesto por los intelectuales y artistas de la época para indicar una vuelta a la vida cultural tras (en su cosmovisión) oscura Edad Media. Comienza a gestarse como tal a finales del siglo XV en las distintas ciudades estados italianas para extenderse por toda Europa. En España tuvo un arraigo importante y las características del Renacimiento literario fundamentales se encuentran en aquellos autores de la época que han sobrepasado el canon. Hablo de Garcilaso de la Vega, de Boscán, de los místicos Juan de la Cruz o Teresa de Ávila, de un Herrera que cierra el ciclo o de Fray Luis de León cuyos poemas siguen deleitando hoy en día. 

El Renacimiento en contraposición a la Edad Media 

La élite intelectual de la época se jactaba casi de aportar una nueva visión vital en contraposición con las décadas anteriores. No obstante, hoy en día, los estudiosos históricos o críticos literarios admiten que buena parte de esos avances se gestaron en los siglos precedentes. Esto es, no hubo una ruptura de un día para otro sino más bien, una progresiva transformación. Esto no quita para que el Renacimiento supusiera un cambio de mentalidad importante propiciado por distintos avances científicos, tecnológicos o de comunicación. Sin ánimo de hacer un estudio demasiado profundo, nos adentramos someramente en los hitos a tener en cuenta.  

1.- La vieja sociedad estamental de la época medieval comienza a desmoronarse lentamente empujada, en parte, por una pujante burguesía con una forma de entender el mundo totalmente distinta, ligada a las ciudades y a una incipiente industria que en estos momentos se basa en la manufactura sustituyendo a la ganadería y agricultura intensivas. 

2.- Hay un empuje de los pueblos, campos y zonas rurales hacia las incipientes ciudades donde se agolpan personajes de todo tipo, desde el hidalgo venido a menos hasta las nuevas élites estudiadas pasando por los aventureros de distinto pelaje. 

3.- La vieja sociedad alrededor de reinos pequeños va desapareciendo progresivamente hasta crearse los estados modernos. Excepto en Italia, que el proceso durará hasta el siglo XIX, en esta época se forma Alemania, Francia o España prácticamente como la conocemos hoy en día. 

4.- La unificación de los gobiernos hace que se disponga de más recursos para acometer empresas más ambiciosas. Esto explica, por poner algunos casos, las expediciones hacia Las Indias o la creación de las nuevas universidades.  

La cultura del Renacimiento en su contraposición a la medieval 

5.- Desde mediados del siglo XV la población lectora (mínima en la época hay que recordar) tiene a su disposición los primeros libros impresos. Estos son cada vez más numerosos tanto en tirada como en títulos dejando atrás la escasez medieval que se desprendía de los scriptoria de los monasterios. Aparecen incluso ediciones de bolsillo con textos depurados según una incipiente filología fáciles de leer, estudiar y trasladar. En línea con el impresor italiano Aldo Manuzio (creador de la sublime Hypnerotomachia Poliphili, uno de los textos más bellos de la historia), se van inaugurando más y más imprentas que sacian la sed por saber, conocer, aprender e, incluso, entretenerse. 

6.- Las nuevas universidades no pueden entenderse sin ese avance tanto de la burguesía (con otra cosmovisión vital distinta a la del medievo) y el aumento cada vez mayor de libros disponibles. Se crean centros universitarios por toda Europa que aún hoy en día siguen en activo. Aquí se estudia gramática, filosofía, teología… 

7.- Hay un interés por lo que hay más allá de los mares y eso se traslada en nuevas formas de transporte que invitan a lanzarse a arriesgadas aventuras. Todo ello culminaría (aunque no es la única gesta) con el descubrimiento de América a ojos europeos. 

8.- La misma inventiva que había llevado a la imprenta a lanzar libros sin fin o a las nuevas naves a surcar mares desconocidos se traslada en otros órdenes vitales creando máquinas rústicas que facilitan las tareas más penosas. Eso conlleva, por supuesto, un avance económico. 

9.- La población, por tanto, se va agolpando en grandes urbes que, desafortunadamente, no están preparadas para acoger a tal número de personas. A pesar del renacimiento cultural se producen pestes, plagas, escasez, falta de higiene y brotes de inseguridad ciudadana. 

10.- El mercado y el dinero sustituye al trueque medieval superando, por tanto, la economía de subsistencia. 

Con este sustrato entendemos mejor las características del Renacimiento literario que desgloso a continuación.

1.- La exaltación de lo humano como la base de las características del Renacimiento literario 

El ser humano se convierte en el centro del cosmos aunque eso no quita que todos los órdenes culturales estén impregnados de una profunda espiritualidad. Sin embargo, este sentir será radicalmente distinto al que encontramos en la literatura medieval, en la época anterior. Los milagros, los santos que ayudan a los viandantes, la teoría apocalípticas (como las que recogen los Beatos) quedan atrás. El hombre se vuelve la medida de todas las cosas y se arropa con un espíritu tremendamente positivo. Se cree en el desarrollo y en el avance a través de la incipiente técnica o ciencia y el panorama cultural se impregna con el espíritu de la incipiente burguesía que crece en las nuevas ciudades.  

2.- El paganismo en la literatura renacentista

Si el humanismo es una de las características del Renacimiento literario, sin embargo todo ello no era nuevo. Por eso, se fija la mirada en la literatura griega o de la antigua Roma, impregnándose buena parte de la producción artística de paganismo. En un afán por entender mejor esa época pasada, se recogen textos, se hacen estudios filológicos y se imprimen todos aquellos que se habían conservado de la cultura grecorromana. Aquí destaco la figura de Aldo Manuzio, el impresor de la Hypnerotomachia Poliphili, obra impregnada de símbolos y mitos de la antigua Roma o Grecia y el poeta Francesco Petrarca.  

3.- La espiritualidad personal es otra de las características del Renacimiento literario

La religiosidad se vive como un proceso de desarrollo personal tremendamente individual alejado de normas impuestas. En España, nos encontramos a dos grandes de la mística, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila que, con un estilo propio, sencillo y libre de convencionalismos, narran ese particular camino de comunión con Dios invitando a otros a seguir sus pasos sin hacer, aunque parezca contradictorio, proselitismo. Sus obras son tremendamente particulares e individuales en su visión de ese proceso de comunión con lo sagrado. Por eso, no es de extrañar que buena parte de estos autores tuvieron sus más y sus menos con las autoridades eclesiásticas siendo, incluso, acusados de herejía. 

4.- La individualidad es otra de las características del Renacimiento literario

La potenciación del espíritu del ser humano unida a esa nueva mirada del pasado pagano dio lugar a abrazar la libertad (aunque no podemos entender este concepto tal como lo vivimos hoy en día) como un paso más hacia la luz personal. En este proceso se entienden las reformas propuestas por Erasmo de Rotterdam y Martín Lutero. El pensamiento, la literatura, las artes y la cultura en general quieren dar un paso hacia adelante en aras de un progreso en el que no se ignore el interior espiritual y los anhelos del ser humano. Este mundo ya no será visto como un mero valle de lágrimas tal cual reflejaban los autores de la Edad Media. Es más, esta idea es propuesta como una forma de coartar las posibilidades (en todos los sentidos) de la población por parte de los sectores más retrógrados de la iglesia. 

5.- La cultura y la vida debe reflejar no solo la belleza del más allá sino también de este mundo 

El aquí y el ahora se vuelve a tener cuenta. En este sentido, cobra importancia todas esas manifestaciones literarias que ensalzan los dones y bienes tanto de la naturaleza como del alma humana. Nuestro paso por esta existencia debía invitar al goce en una actitud tanto contemplativa como que invitaba a la acción. El concepto de felicidad en este plano (negado de lleno entre los autores de la Edad Media) va calando en todos los órdenes de la vida y no solo en la literatura o en la cultura. Esa búsqueda de placer lleva a levantar grandes palacios o preciosos jardines inexistentes en la época anterior. 

6.- Platón se encuentra en la base de la filosofía renacentista

Ignorado  durante la época anterior, se retoman sus escritos (o lo que había podido ser rescatado en los scriptoria medievales). Imbuidos de su filosofía, el mundo sería un reflejo (recordemos la parábola de la caverna) de la belleza y la gloria de Dios. Por eso, el artista, el artesano o el ciudadano de a pie estaba obligado casi a buscar esa hermosura en cualquier aspecto de la creación, reflejarla de cualquiera manera y disfrutar de ella. 

7.- El amor es una de las principales características del Renacimiento literario 

Los poemas se llenan con versos de amor platónico (o no tanto) que ensalzan la belleza de la amada. Se obvia el sentido de pecado o de falta de decoro y todo se vuelve hacia ese sentimiento de una manera sencilla, grácil, hermosa. El amor se hace centro de poemas (de los nuevos sonetos o de las églogas) de manera recurrente. Es casto, moral, elegante, sencillo, decoroso pero, a la vez, ferviente, constante y fuente de enaltecimiento de un corazón que ahora se empieza a cuidar en todos los sentidos posibles.  

8.- La literatura del Renacimiento se escribe en las nuevas vernáculas 

Aunque el latín sigue siendo lengua de cultura (especialmente para temas teológicos, filosóficos o científicos) hasta el Siglo de las Luces, las obras de la época se escriben en los nuevos idiomas romances (o germánicos) que avanzan imparables llenándose de vocablos ricos y expresiones propias de cada emplazamiento. Los libros se escriben en estas nuevas lenguas vernáculas (francés, italiano, castellano…) en un intento también por llegar a un público más amplio, a los mismos que estudiaban en las incipientes universidades. Había también un afán educativo y este era muchísimo más complicado si se realizaba en un latín que ya casi nadie dominaba. Era una lengua muerta desde la Edad Media.   

9.- La sencillez como base de las características de literatura del Renacimiento 

Se rehúye de cualquier artificio y se busca la concisión, la sencillez del lenguaje, la claridad extrema. La poesía teía que comunicar directamente y llegar así al corazón. A la par, se creía en las posibilidades de crecimiento personal o social que ofrecía el arte. Por eso, se recurren a las lenguas vernáculas eliminando cultismos innecesarios y acercando esos nuevos mundos que abrían la palabra a un público más amplio. 

10.- El nacimiento de los nuevas estructuras métricas en el Renacimiento

En paralelo, se abandonan para siempre los metros y los tropos medievales que se consideraban forzados en las nuevas lenguas. Queda aparcada tanto la cuaderna vía como el pie quebrado en el que está escrito esa sublime obra de la literatura post medieval que es Coplas por la muerte de su padre. La nueva métrica creada en la literatura del Renacimiento perdura hasta hoy en día, con una preponderancia del endecasílabo (o verso de once sílabas) en detrimento del alejandrino o del octosílabo, aunque este último se seguirá tratando. Aparecen nuevos tropos como el soneto que se convierten en seña de identidad no solo de una época sino también de una lengua. Aunque se utilizan figuras retóricas (comparaciones o metáforas) estas son suaves, sin estridencias, sin llevar al límite las posibilidades del lenguaje.  

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11.- La poesía amorosa en el centro de las características del Renacimiento literario

Siguiendo la estela de Petrarca, el amor (tanto el divino como el más profano entre humanos) es el centro temático de la literatura de la época. Es un sentimiento casi platónico pero que no olvida el poder o los placeres de la carne. Es un amor sencillo, delicado, sin grandes tensiones pasionales, que se dedica a exaltar la belleza de la amada, la cual es elevada a criatura casi divina. En el plano de la mística ese amor siempre es hacia Cristo o hacia el Dios Padre. En este sentido, recuerdo que la experiencia literaria siguiendo estos temas siempre se realiza desde un plano personal, íntimo, biográfico casi que llega profundamente al lector consiguiendo la identificación anímica con lo allí retratado. Por último, aunque nos encontramos una incipiente novelística y los primeros esbozos del teatro en lengua vernácula, el género predominante es el de la lírica. Esto es, la literatura del Renacimiento tiene especial preferencia por la poesía.  

12.- Los tipos de novelas renacentistas

La literatura en prosa también tiene un hueco. Se crean textos que ya están pensados o diseñados para ser leídos en formato libro de una forma personal y en silencio. Va, por tanto, quedando atrás las creaciones medievales dirigidas a un público colectivo que escuchaba los versos o cantos de juglares y trovadores. La novela, con la forma de lectura que conocemos hoy, se extiende y, de alguna manera u otra, va ligada al auge y avance de la imprenta que propicia que haya más libros en circulación (recuerdo una vez más que este punto influye sobremanera en las principales características del Renacimiento literario). Resumiendo mucho, en lengua castellana destacamos los siguientes tipos de novelas: 

  1. Las de caballerías que se encumbrarían con una obra crítica contra ellas (Don Quijote de la Mancha). En estas obras se narran las aventuras de héroes casi perfectos siempre en busca de una superación personal que ronda la personalidad narcisista. Eso no quita que, por ser tan entretenidas fueron favoritas del público de la época. 
  2. El género más importante y que ha dado títulos más sublimes fue la novela picaresca con el Lazarillo de Tormes (1554) a la cabeza. En ellas se relatan las andanzas de distintos tipos de pícaros, personajes al borde del sistema que se valen de artimañas y malicia para poder subsistir en las complicadas e incipientes ciudades de la época.
  3. La novela pastoril responde a una trama idealizada en la que se cuentan los amores de varias parejas de pastores siempre en un entorno bucólico e irreal. Entronca, de alguna manera u otra, con la poesía amorosa de la época. 
  4. En español tenemos además la novela morisca, también centrada en la temática pasional con el condicionante del rechazo social de por medio. Los protagonistas suelen pertenecer a distintos estratos sociales y/o religiosos. Por tanto, esos amores prohibidos o no aceptados se convierten en el eje temático de la trama. 

13.- Las bases del teatro en lengua vernácula 

La literatura medieval había dado algunos ejemplos de dramas teatrales centrados sobre todo en los temas de la liturgia cristiana. Progresivamente, en algunas zonas de España, esas obras salen a la calle para representar escenas de la vida de Cristo o celebrar festividades importantes. Con ello se va creando el germen del futuro teatro que tanto gusta al pueblo y que comenzará a ser seguido por todos y en cantidades importantes especialmente en el Barroco. A partir de esta época (siglo XVII) el teatro comienza a ser parte importante de la literatura española, tanto que algunas zonas del país, al día de hoy, son centros internacionales de obras teatrales. 

14.- Algunos nombres de la literatura del Renacimiento en lengua castellana a tener en cuenta

Sin ánimo de entrar en las particularidades biográficas y creativas de cada uno de estos escritores, sí reseño los siguientes nombres, fundamentales en el canon en lengua castellana: 

1.- Garcilaso de la Vega (1498-1536), máximo representante de la poesía amorosa.

2.- Juan Boscán (1493-1542), introductor de los metros y temas italianos en España. 

3.- Fernando de Herrera (1534-1597), el cual avanza hacia el manierismo olvidando la sencillez que es una de las características del Renacimiento literario más importante. 

4.- Santa Teresa de Jesús (1515-1582), máxima representante de la mística.

5.- San Juan de la Cruz (1542-1591), el mayor poeta místico del Renacimiento. 

6.- Fray Luis de León (1528-1591), poeta e intelectual imprescindible en la época. 

7.- Gil Vicente (1470-1539) y Bartolomé Torres Navarro como máximos exponentes del teatro. 

8.- El primer Cervantes, el mismo que escribe La Galatea, en 1585, una novela pastoril, es el mejor nombre para la novela que se inicia en el Renacimiento.  

En definitiva, las características del Renacimiento literario puso las bases de la creación en lengua vernácula. Aunque pretendía romper con la tradición, en verdad no solo entronca con aquello que se estaba haciendo inmediatamente antes sino con las más grandes obras de la cultura grecorromana que se había salvado del olvido. Fue una época marcada por un espíritu tremendamente positivo en la que se creía en las posibilidades de superación del ser humano por medio de la técnica, los avances en las comunicaciones, el desarrollo de las nuevas ciudades y la nueva forma de hacer arte. Este siempre tenía que ponernos en contacto con la belleza de la naturaleza creada por Dios. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Aproximadamente a mitad del siglo XV se va dando la transición desde la época denominada Edad Media hacia el Renacimiento. La palabra surge en Italia, donde artistas, poetas y gentes de letras utilizan el vocablo Renacimiento para referirse a la nueva época. A decir de aquellos intelectuales,  los siglos que mediaron entre las glorias del Imperio Romano y su cultura grecolatina y la nueva era, fue una época oscura,  de retroceso de la humanidad en la que nada bueno había sucedido. Sin embargo, hoy los investigadores  no son tan tajantes y aceptan que buena parte de lo que sucedió en la literatura renacentista, en el resto de las artes y en buena parte de la sociedad tenía su germen en los últimos siglos de la Edad Media. Importancia fundamental es el avance de las nuevas lenguas romances que van cogiendo posiciones para instalarse como idiomas de cultura,  aunque el proceso no se complete del todo hasta el llamado Siglo de las Luces, esto es el XVIII.   

Fundamentos socio-económicos para entender la cultura y la literatura renacentista

1.- Transformación de la sociedad agraria medieval hacia las incipientes ciudades

La población en los siglos anteriores se agrupaba en torno a un señor feudal y estos alrededor de un rey. Los reinos eran pequeños tanto en extensión como en población y, por tanto, en importancia. Toda la economía se basaba en la agricultura y en la ganadería extensiva con muy poca circulación de dinero y, por tanto, de intercambio económico. El trueque (incluso cuando se trataba de pagar grandes favores a caudillos militares) era la moneda de cambio. Además, la sociedad estaba dividida en tres estamentos rígidos: nobleza, clero y campesinado.   

A partir del siglo XV en Italia (también en España) todo esto comenzó a cambiar. Pequeños emplazamientos van creciendo en población trastocando todo el sistema anterior.  Se desarrolla una incipiente  burguesía cultivada intelectualmente,  siempre ligada al comercio y a una industria que aún no ha abandonado los procesos artesanales. A la par, los centros académicos hacen mudanza desde los aislados monasterios hacia las universidades que empiezan a proliferar en la época.  

2.- Nacimiento de las incipientes naciones o ciudades estados 

Todos estos movimientos van generando los primeros estados que acaban por liquidar el régimen feudal en torno a un señor y sus vasallos. Estas autoridades locales van perdiendo poder en favor del rey, el cual, a través de tributos, va acaparando poder y riquezas que propician la financiación hacia empresas más ambiciosas. En este contexto, por poner el ejemplo más fragante, tenemos que entender la carrera hacia Las Indias y el posterior descubrimiento de América a ojos europeos. En esta época, además, surgen los estados modernos tal como hoy lo conocemos. Aunque Italia sigue aún inmersa en la competición de sus distintas ciudades estados, no ocurre lo mismo en Alemania, Francia, Portugal o España.  

3.- Aparecen los primeros brotes de la actividad industrial y el comercio

Y el dinero vuelve a tener importancia. La cultura del trueque va perdiendo valor y en el Renacimiento se ponen las bases para otra forma de sistema económico. En esta época surgen banqueros, empresarios, emprendedores con aires de aventureros que arriesgan más allá del terruño de la época medieval. Se fletan barcos para ver que hay más allá de las fronteras. Se crean máquinas que ayudan en las tareas más pesadas y en las ciudades comienza una incipiente especialización del trabajo. 

La cultura y la espiritualidad en el Renacimiento 

Una de las características de la literatura medieval es su carácter oral, en parte, por la poca disponibilidad de libros. Esto cambia en el siglo XV con el nacimiento de la imprenta y su avance inexorable. Con ella, las obras son reproducidas fácilmente y, por tanto, los nuevos conocimientos se expanden con una rapidez nunca antes vista en la historia de la humanidad. Ello propicia, a la par, que un porcentaje más amplio de población acceda a la educación (antes recluida mínimamente en monasterios aislados). Con las imprentas que se van abriendo en las nuevas ciudades (algunas alrededor de las incipientes universidades) se ponen las semillas del cambio no solo de la literatura renacentista sino de todas las ideas transformadoras de la época.  

La nueva burguesía que accede a la riqueza de una manera diferente a la nobleza militar medieval mantiene un espíritu pujante, optimista, vitalista y transformador. Su vida ya no gira alrededor de los premios futuros y se afanan en retomar el hedonismo que encontramos en la literatura griega o romana. La cultura deja de ser eminentemente religiosa y el hombre se convierte en el centro del universo. Por supuesto, todo eso se transparenta en todas las artes posibles. Se cree en el espíritu de superación (y se olvida el conformismo de clase) mientras se ponen las bases para acceder al conocimiento por medio de la razón, aunque esta no reinará hasta el Neoclasicismo

El Humanismo en la base de la literatura renacentista 

El Humanismo es la filosofía principal de la época. La perspectiva teocéntrica medieval queda relegada por una visión central del ser humano. Tanto es así que se considera como una especie de microcosmos. La representación del Hombre de Vitruvio de Leonardo es buena prueba de esta idea y de este sentir que impregna no solo la literatura renacentista sino todo el arte y la filosofía de la época. A la par que se niega la religiosidad medieval en la que cualquier acto tiene que ser entregado a Dios, se va recuperando la tradición de la literatura griega y romana. Ni que decir tiene que esto impregna, en mayor o menor medida, buena parte de los escritos de paganismo. 

Por otra parte, no se puede olvidar que en los scriptoria medievales no solo se crearon y copiaron textos de la época como los deliciosos Beatos sino también cualquier escrito que llegara de la tradición clásica. El Humanismo los rescata y se realizan nuevas ediciones críticas siguiendo una incipiente filología. Buen ejemplo de ello fue la labor que ejecutó Aldo Manuzio en su imprenta, de donde salieron ejemplares de bibliofilia casi, pulcros, primorosamente tratados tanto en su aspecto material como en el lingüístico. Si bien en la época se hicieron verdaderas obras de arte como la Hypnerotomachia Poliphili, estas ediciones circulaban en ediciones que hoy podríamos considerar de bolsillo, de mano en mano entre los numerosos estudiantes de la época que copaban las incipientes universidades.  

Allí se estudiaba gramática, retórica, poética, filosofía y también teología con un espíritu crítico que habían tenido pocos autores de la literatura medieval. El avance de la imprenta, el desarrollo de nuevos centros tecnológicos (aunque fueran muy elementales para nuestra cosmovisión), los nuevos medios de locomoción y los descubrimientos de nuevos mundos realizó una apertura mental desconocida hasta entonces. Todo ello se transformó en la base de un espíritu positivo centrado en las posibilidades del hombre. Paralelamente, ya no se pone la visión en la vida futura sino en el aquí y el ahora. Se retoma, por poner un ejemplo, la idea del carpe diem, el atrapa el momento. Fernando Lázaro define así la época:

“Pero el Humanismo no fue simplemente una actitud erudita o cultural, sino un auténtico movimiento liberador del hombre en todos los órdenes. La asimilación de los clásicos no será pasiva: debe desencadenar un proceso creador, que, partiendo, de ellos, los supere; así conducirá a una vida feliz, al goce de lo natural, a la admiración de la virtud, a la activa participación en los negocios humanos con un sentido de justicia y libertad.” 

La estética de la literatura renacentista

Todas las cosas llegadas del ser humano se aceptan casi con veneración. Todo ello hace que la estética de la época se impregne de los distintos extremos: 

1.- Se retoman las formas equilibradas de la época clásica.

2.- La realidad es vista de una forma idealizada. Se cree en el progreso, en el avance, en el desarrollo sin límites debido a la acción humana. Todo ello acabaría bruscamente después en el Barroco que en España fue especialmente acusado. 

3.- La figura y los escritos de Platón se convierten en guía filosófica. 

4.- El mundo (el de aquí y el ahora), al combinarse con la fe cristiana y las ideas aristotélicas, es visto como un reflejo de la bondad y la belleza divina. Por eso, se vuelve la mirada hacia la naturaleza, hacia las obras de arte, hacia todo aquello que lleva el calificativo de hermoso. En esta época no solo se levantan grandes obras pictóricas o piezas señeras de la literatura sino también palacios o zonas verdes (los Jardines de Boboli de Florencia son un ejemplo). 

5.- En las obras de arte y en la literatura renacentista, el amor se convierte en tema principal. Será el divino de los místicos pero también el más profano bajo la influencia de Petrarca.

6.- Se pierde el concepto de autoridad que había predominado en la Edad Media y se apela a la libertad y a la creatividad que luego retoma el Romanticismo literario

7.- Las obras de arte eran vistas como una manera de honrar a Dios, como una forma de acceder a su belleza en el aquí y el ahora. 

8.- En la pintura asistimos a obras serenas, sublimes y que han superado con matrícula de honor los avatares del tiempo. Solo nombro dos: La Gioconda de Leonardo y la Capilla Sixtina de Miguel Ángel. 

9.- La literatura renacentista y la estética de la época, a pesar de estar impregnadas de una religiosidad especial, no olvida nunca que el ser humano es la medida del universo. Por eso, predominan los retratos, los desnudos, los temas mitológicos en los que se reflejan todas las pasiones, grandezas y vicios que anidan en los corazones.

10.- Por influencia de Baltasar de Castiglione, cuya obra El cortesano fue un best seller en la época, se empieza a valorar las personas con cultura que saben apreciar o crear arte, danza, literatura, música, artesanía…

 

La lengua de la literatura renacentista 

1.- En aras a ese afán de claridad, sencillez, concisión y elegancia se evitan tropos exagerados o retorcimientos de lenguaje. 

2.- Se huye de la afectación que no aporta contenido semántico. 

3.- Son frecuentes los paralelismos y los contrastes. 

4.- La sencillez absoluta es vista como la meta a seguir en literatura. Cualquier artificio entorpece la comprensión de esa belleza del universo con todas sus criaturas dentro que nos adelantan el gozo divino. 

5.- En España hay una explosión de las llamadas lenguas vulgares, las que habían evolucionado del latín. El castellano se impone en la cultura dando nombres memorables desde Teresa de Jesús hasta Garcilaso pasando por Fray Luis de León. 

6.- Debido a la pujanza económica y a los descubrimientos del Nuevo Mundo, el castellano se convierte en lengua diplomática. Para facilitar su aprendizaje por los no nativos se publican gramáticas cuyo mejor ejemplo es la de Nebrija.  

 

La lírica en la literatura renacentista 

1.- Todos los creadores miran hacia Petrarca y la poesía italiana. Sus tropos, modos y temas son adoptados no solo por los poetas españoles  (Juan Boscán o Garcilaso de la Vega) sino también por los europeos. 

2.- El amor platónico (a veces no tanto) se convierte en el eje central de la lírica de la literatura renacentista. Paralelamente, se retoman las historias de la tradición grecolatina y se vuelve especialmente a las Metamorfosis de Ovidio que pueblan no solo poemas sino también pinturas o esculturas de la época. 

3.- El amor platónico, en algunos autores, se transforma en espiritual dando lugar a la lírica religiosa o mística cuyos grandes nombres en español son San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. 

4.- Se trabajan nuevos metros y tropos. Comienza el reinado del endecasílabo en castellano que ha durado hasta hoy en día. 

5.- Se crean nuevas estrofas, entre ellas el soneto compuesto por dos cuartetos y dos tercetos. 

6.- La literatura renacentista no solo da grandes nombre en otras lenguas vulgares. En castellano se producen versos y poemas memorables que han entrado en el canon. Nombres imprescindibles, aparte de los mencionados Boscán, Garcilaso, Juan de la Cruz o Teresa de Ávila son Fray Luis de León o Fernando de Herrera que ya se adentra el manierismo. 

La literatura renacentista,  los temas religiosos y la mística

La mística renacentista es ajena a la religiosidad milagrosa medieval (un buen ejemplo son los Milagros de Nuestra Señora de Berceo). Es, más bien un filosofía de vida, un sentir profundo que impregna buena parte de la literatura. 

La mística nace de una profunda creencia personal que ahonda en los temas espirituales de una manera sencilla. No espera un don sino un sentir, un bien a nivel espiritual. La literatura mística española (de una profunda belleza) nos adentra en la comunión con Dios, en experiencias de unificación personales. 

La literatura renacentista ve nacer las distintas formas de novela 

Que culminarán con el grandioso El Quijote. Con anterioridad, la narrativa en prosa estaba muy ceñida en lo que a los temas se refiere. Destaco los siguientes:

1.- Los libros de caballería, tan populares en la época que las hazañas de estos héroes tan increíbles enfrentados con dragones y todo tipo de pruebas eran del conocimiento del público en general. A esta categoría pertenecen el Amadís de Gaula y el Tirant lo Blanch

2.- Éxito de público también tuvieron las novelas pastoriles que recogían en prosa los amores idealizados en ambientes también irreales de distintos pastores. 

3.- Si los protagonistas son de culturas distintas (musulmana y cristiana) estamos ante las conocidas como novelas moriscas. Esta se centran en los avatares de los enamorados debido al rechazo social y/o familiar.

4.- La picaresca que se inaugura con el Lazarillo de Tormes en 1554 merece un estudio aparte por su importancia, calidad y trascendencia. 

Y, por último, el teatro, relegado a pequeñas representaciones litúrgicas en la Edad Media, comienza tímidamente a resurgir en el Renacimiento. Las primeras obras estaban ligadas a festividades religiosas, como las fiestas teatrales con carros del Corpus. De aquí se extienden a otras fechas señaladas del calendario litúrgico y a las universidades. Los primeros corrales de comedias comienzan a aparecer, por imitación de los italianos, a finales del siglo XVI. A partir de aquí empezará la época gloriosa del teatro español que fue dando frutos y más frutos hasta, prácticamente, el día de hoy. En definitiva, la literatura renacentista supuso un cambio radical desde los parámetros de la medieval poniendo las bases de los géneros y tropos que han llegado hasta hoy en día.

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación

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Aproximadamente a mitad del siglo XV se va dando la transición desde la época denominada Edad Media hacia el Renacimiento. La palabra surge en Italia, donde artistas, poetas y gentes de letras utilizan el vocablo Renacimiento para referirse a la nueva época. A decir de aquellos intelectuales,  los siglos que mediaron entre las glorias del Imperio Romano y su cultura grecolatina y la nueva era, fue una época oscura,  de retroceso de la humanidad en la que nada bueno había sucedido. Sin embargo, hoy los investigadores  no son tan tajantes y aceptan que buena parte de lo que sucedió en la literatura renacentista, en el resto de las artes y en buena parte de la sociedad tenía su germen en los últimos siglos de la Edad Media. Importancia fundamental es el avance de las nuevas lenguas romances que van cogiendo posiciones para instalarse como idiomas de cultura,  aunque el proceso no se complete del todo hasta el llamado Siglo de las Luces, esto es el XVIII.   

Fundamentos socio-económicos para entender la cultura y la literatura renacentista

1.- Transformación de la sociedad agraria medieval hacia las incipientes ciudades

La población en los siglos anteriores se agrupaba en torno a un señor feudal y estos alrededor de un rey. Los reinos eran pequeños tanto en extensión como en población y, por tanto, en importancia. Toda la economía se basaba en la agricultura y en la ganadería extensiva con muy poca circulación de dinero y, por tanto, de intercambio económico. El trueque (incluso cuando se trataba de pagar grandes favores a caudillos militares) era la moneda de cambio. Además, la sociedad estaba dividida en tres estamentos rígidos: nobleza, clero y campesinado.   

A partir del siglo XV en Italia (también en España) todo esto comenzó a cambiar. Pequeños emplazamientos van creciendo en población trastocando todo el sistema anterior.  Se desarrolla una incipiente  burguesía cultivada intelectualmente,  siempre ligada al comercio y a una industria que aún no ha abandonado los procesos artesanales. A la par, los centros académicos hacen mudanza desde los aislados monasterios hacia las universidades que empiezan a proliferar en la época.  

2.- Nacimiento de las incipientes naciones o ciudades estados 

Todos estos movimientos van generando los primeros estados que acaban por liquidar el régimen feudal en torno a un señor y sus vasallos. Estas autoridades locales van perdiendo poder en favor del rey, el cual, a través de tributos, va acaparando poder y riquezas que propician la financiación hacia empresas más ambiciosas. En este contexto, por poner el ejemplo más fragante, tenemos que entender la carrera hacia Las Indias y el posterior descubrimiento de América a ojos europeos. En esta época, además, surgen los estados modernos tal como hoy lo conocemos. Aunque Italia sigue aún inmersa en la competición de sus distintas ciudades estados, no ocurre lo mismo en Alemania, Francia, Portugal o España.  

3.- Aparecen los primeros brotes de la actividad industrial y el comercio

Y el dinero vuelve a tener importancia. La cultura del trueque va perdiendo valor y en el Renacimiento se ponen las bases para otra forma de sistema económico. En esta época surgen banqueros, empresarios, emprendedores con aires de aventureros que arriesgan más allá del terruño de la época medieval. Se fletan barcos para ver que hay más allá de las fronteras. Se crean máquinas que ayudan en las tareas más pesadas y en las ciudades comienza una incipiente especialización del trabajo. 

La cultura y la espiritualidad en el Renacimiento 

Una de las características de la literatura medieval es su carácter oral, en parte, por la poca disponibilidad de libros. Esto cambia en el siglo XV con el nacimiento de la imprenta y su avance inexorable. Con ella, las obras son reproducidas fácilmente y, por tanto, los nuevos conocimientos se expanden con una rapidez nunca antes vista en la historia de la humanidad. Ello propicia, a la par, que un porcentaje más amplio de población acceda a la educación (antes recluida mínimamente en monasterios aislados). Con las imprentas que se van abriendo en las nuevas ciudades (algunas alrededor de las incipientes universidades) se ponen las semillas del cambio no solo de la literatura renacentista sino de todas las ideas transformadoras de la época.  

La nueva burguesía que accede a la riqueza de una manera diferente a la nobleza militar medieval mantiene un espíritu pujante, optimista, vitalista y transformador. Su vida ya no gira alrededor de los premios futuros y se afanan en retomar el hedonismo que encontramos en la literatura griega o romana. La cultura deja de ser eminentemente religiosa y el hombre se convierte en el centro del universo. Por supuesto, todo eso se transparenta en todas las artes posibles. Se cree en el espíritu de superación (y se olvida el conformismo de clase) mientras se ponen las bases para acceder al conocimiento por medio de la razón, aunque esta no reinará hasta el Neoclasicismo

El Humanismo en la base de la literatura renacentista 

El Humanismo es la filosofía principal de la época. La perspectiva teocéntrica medieval queda relegada por una visión central del ser humano. Tanto es así que se considera como una especie de microcosmos. La representación del Hombre de Vitruvio de Leonardo es buena prueba de esta idea y de este sentir que impregna no solo la literatura renacentista sino todo el arte y la filosofía de la época. A la par que se niega la religiosidad medieval en la que cualquier acto tiene que ser entregado a Dios, se va recuperando la tradición de la literatura griega y romana. Ni que decir tiene que esto impregna, en mayor o menor medida, buena parte de los escritos de paganismo. 

Por otra parte, no se puede olvidar que en los scriptoria medievales no solo se crearon y copiaron textos de la época como los deliciosos Beatos sino también cualquier escrito que llegara de la tradición clásica. El Humanismo los rescata y se realizan nuevas ediciones críticas siguiendo una incipiente filología. Buen ejemplo de ello fue la labor que ejecutó Aldo Manuzio en su imprenta, de donde salieron ejemplares de bibliofilia casi, pulcros, primorosamente tratados tanto en su aspecto material como en el lingüístico. Si bien en la época se hicieron verdaderas obras de arte como la Hypnerotomachia Poliphili, estas ediciones circulaban en ediciones que hoy podríamos considerar de bolsillo, de mano en mano entre los numerosos estudiantes de la época que copaban las incipientes universidades.  

Allí se estudiaba gramática, retórica, poética, filosofía y también teología con un espíritu crítico que habían tenido pocos autores de la literatura medieval. El avance de la imprenta, el desarrollo de nuevos centros tecnológicos (aunque fueran muy elementales para nuestra cosmovisión), los nuevos medios de locomoción y los descubrimientos de nuevos mundos realizó una apertura mental desconocida hasta entonces. Todo ello se transformó en la base de un espíritu positivo centrado en las posibilidades del hombre. Paralelamente, ya no se pone la visión en la vida futura sino en el aquí y el ahora. Se retoma, por poner un ejemplo, la idea del carpe diem, el atrapa el momento. Fernando Lázaro define así la época:

“Pero el Humanismo no fue simplemente una actitud erudita o cultural, sino un auténtico movimiento liberador del hombre en todos los órdenes. La asimilación de los clásicos no será pasiva: debe desencadenar un proceso creador, que, partiendo, de ellos, los supere; así conducirá a una vida feliz, al goce de lo natural, a la admiración de la virtud, a la activa participación en los negocios humanos con un sentido de justicia y libertad.” 

La estética de la literatura renacentista

Todas las cosas llegadas del ser humano se aceptan casi con veneración. Todo ello hace que la estética de la época se impregne de los distintos extremos: 

1.- Se retoman las formas equilibradas de la época clásica.

2.- La realidad es vista de una forma idealizada. Se cree en el progreso, en el avance, en el desarrollo sin límites debido a la acción humana. Todo ello acabaría bruscamente después en el Barroco que en España fue especialmente acusado. 

3.- La figura y los escritos de Platón se convierten en guía filosófica. 

4.- El mundo (el de aquí y el ahora), al combinarse con la fe cristiana y las ideas aristotélicas, es visto como un reflejo de la bondad y la belleza divina. Por eso, se vuelve la mirada hacia la naturaleza, hacia las obras de arte, hacia todo aquello que lleva el calificativo de hermoso. En esta época no solo se levantan grandes obras pictóricas o piezas señeras de la literatura sino también palacios o zonas verdes (los Jardines de Boboli de Florencia son un ejemplo). 

5.- En las obras de arte y en la literatura renacentista, el amor se convierte en tema principal. Será el divino de los místicos pero también el más profano bajo la influencia de Petrarca.

6.- Se pierde el concepto de autoridad que había predominado en la Edad Media y se apela a la libertad y a la creatividad que luego retoma el Romanticismo literario

7.- Las obras de arte eran vistas como una manera de honrar a Dios, como una forma de acceder a su belleza en el aquí y el ahora. 

8.- En la pintura asistimos a obras serenas, sublimes y que han superado con matrícula de honor los avatares del tiempo. Solo nombro dos: La Gioconda de Leonardo y la Capilla Sixtina de Miguel Ángel. 

9.- La literatura renacentista y la estética de la época, a pesar de estar impregnadas de una religiosidad especial, no olvida nunca que el ser humano es la medida del universo. Por eso, predominan los retratos, los desnudos, los temas mitológicos en los que se reflejan todas las pasiones, grandezas y vicios que anidan en los corazones.

10.- Por influencia de Baltasar de Castiglione, cuya obra El cortesano fue un best seller en la época, se empieza a valorar las personas con cultura que saben apreciar o crear arte, danza, literatura, música, artesanía…

 

La lengua de la literatura renacentista 

1.- En aras a ese afán de claridad, sencillez, concisión y elegancia se evitan tropos exagerados o retorcimientos de lenguaje. 

2.- Se huye de la afectación que no aporta contenido semántico. 

3.- Son frecuentes los paralelismos y los contrastes. 

4.- La sencillez absoluta es vista como la meta a seguir en literatura. Cualquier artificio entorpece la comprensión de esa belleza del universo con todas sus criaturas dentro que nos adelantan el gozo divino. 

5.- En España hay una explosión de las llamadas lenguas vulgares, las que habían evolucionado del latín. El castellano se impone en la cultura dando nombres memorables desde Teresa de Jesús hasta Garcilaso pasando por Fray Luis de León. 

6.- Debido a la pujanza económica y a los descubrimientos del Nuevo Mundo, el castellano se convierte en lengua diplomática. Para facilitar su aprendizaje por los no nativos se publican gramáticas cuyo mejor ejemplo es la de Nebrija.  

 

La lírica en la literatura renacentista 

1.- Todos los creadores miran hacia Petrarca y la poesía italiana. Sus tropos, modos y temas son adoptados no solo por los poetas españoles  (Juan Boscán o Garcilaso de la Vega) sino también por los europeos. 

2.- El amor platónico (a veces no tanto) se convierte en el eje central de la lírica de la literatura renacentista. Paralelamente, se retoman las historias de la tradición grecolatina y se vuelve especialmente a las Metamorfosis de Ovidio que pueblan no solo poemas sino también pinturas o esculturas de la época. 

3.- El amor platónico, en algunos autores, se transforma en espiritual dando lugar a la lírica religiosa o mística cuyos grandes nombres en español son San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. 

4.- Se trabajan nuevos metros y tropos. Comienza el reinado del endecasílabo en castellano que ha durado hasta hoy en día. 

5.- Se crean nuevas estrofas, entre ellas el soneto compuesto por dos cuartetos y dos tercetos. 

6.- La literatura renacentista no solo da grandes nombre en otras lenguas vulgares. En castellano se producen versos y poemas memorables que han entrado en el canon. Nombres imprescindibles, aparte de los mencionados Boscán, Garcilaso, Juan de la Cruz o Teresa de Ávila son Fray Luis de León o Fernando de Herrera que ya se adentra el manierismo. 

La literatura renacentista,  los temas religiosos y la mística

La mística renacentista es ajena a la religiosidad milagrosa medieval (un buen ejemplo son los Milagros de Nuestra Señora de Berceo). Es, más bien un filosofía de vida, un sentir profundo que impregna buena parte de la literatura. 

La mística nace de una profunda creencia personal que ahonda en los temas espirituales de una manera sencilla. No espera un don sino un sentir, un bien a nivel espiritual. La literatura mística española (de una profunda belleza) nos adentra en la comunión con Dios, en experiencias de unificación personales. 

La literatura renacentista ve nacer las distintas formas de novela 

Que culminarán con el grandioso El Quijote. Con anterioridad, la narrativa en prosa estaba muy ceñida en lo que a los temas se refiere. Destaco los siguientes:

1.- Los libros de caballería, tan populares en la época que las hazañas de estos héroes tan increíbles enfrentados con dragones y todo tipo de pruebas eran del conocimiento del público en general. A esta categoría pertenecen el Amadís de Gaula y el Tirant lo Blanch

2.- Éxito de público también tuvieron las novelas pastoriles que recogían en prosa los amores idealizados en ambientes también irreales de distintos pastores. 

3.- Si los protagonistas son de culturas distintas (musulmana y cristiana) estamos ante las conocidas como novelas moriscas. Esta se centran en los avatares de los enamorados debido al rechazo social y/o familiar.

4.- La picaresca que se inaugura con el Lazarillo de Tormes en 1554 merece un estudio aparte por su importancia, calidad y trascendencia. 

Y, por último, el teatro, relegado a pequeñas representaciones litúrgicas en la Edad Media, comienza tímidamente a resurgir en el Renacimiento. Las primeras obras estaban ligadas a festividades religiosas, como las fiestas teatrales con carros del Corpus. De aquí se extienden a otras fechas señaladas del calendario litúrgico y a las universidades. Los primeros corrales de comedias comienzan a aparecer, por imitación de los italianos, a finales del siglo XVI. A partir de aquí empezará la época gloriosa del teatro español que fue dando frutos y más frutos hasta, prácticamente, el día de hoy. En definitiva, la literatura renacentista supuso un cambio radical desde los parámetros de la medieval poniendo las bases de los géneros y tropos que han llegado hasta hoy en día.

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación

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El 11 de noviembre de 1476 muere Rodrigo Manrique, padre de nuestro poeta. Tras el fallecimiento, su hijo, trovador que no había destacado con sus versos de corte amoroso, compone una elegía que ha entrado en el canon no ya de las letras castellanas sino en las universales. Con una fuerza expresiva potente y un dramatismo que acepta las situaciones vitales, las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique constituyen el cenit de la poesía del siglo XV, la misma que se sacudía todas las características de la literatura medieval que ya iban quedando obsoletas. Para entenderlas y situarlas algunos datos de corte histórico son fundamentales. 

Contexto histórico en el que surge las Coplas a la muerte de su padre 

Situación socio política en Europa 

El siglo XV en Europa y en los reinos preponderantes de Castilla y Aragón fue una época de crisis constantes, de hambrunas endémicas y de guerras sin fin. Inglaterra se enfrasca contra Francia en la llamada Guerra de los 100 años (1328-1453) con el afán de arrebatar el trono galo. El resultado, aparte de perder la contienda, fueron años convulsos a todos los niveles. La vida se agotaba en rencillas y luchas fraticidas que hacían abandonar cosechas y recursos económicos. Ni que decir tiene que eso provocaba descalabros de toda índole y tipo. La enumeración sería infinita: esperanza de vida mínima que apenas llegaba a los treinta años, una mortalidad infantil apabullante, hambrunas, despoblación, pestes… Y eso sin contar acosos y persecuciones.  

En cuanto a la situación de la Iglesia, esta también es de crisis con el llamado Cisma de Occidente que se abre en 1378 y no se cierra hasta bien entrado el Siglo XV. Como resultas de los criterios dispares, aparte del Papa romano se van sucediendo los que conforman la Iglesia de Avignon que acaba con la dinastía de los conocidos Borgias. Parte de sus miembros, aún hoy en día, siguen siendo personajes centrales de novelas históricas de intriga  (que hasta el siglo XXI ha llegado la fascinación por una familia que se apuntó a todos los vicios posibles). Para rizar el rizo, en Pisa se eligió un tercer papa en 1409. Todo ello acabó con el Concilio de Constanza de 1414 y con una Iglesia muy debilitada que, además, hacía frente a herejías y opiniones radicales que acabarían con la reforma de Lutero. 

Situación socio política en los reinos de Castilla y Aragón

En lo que hoy conocemos como España la situación no era mucho mejor. El reino de Castilla, el emergente y con más fuerza, estaba dominado por una aristocracia indolente acaparadora de tierras que apenas trabajaba para crear riqueza. Sí se mantenía una actividad ganadera centrada en la lana cuyos excedentes se exportaban. Los distintos reinos se entretenían luchando entre sí, tal como recoge la trama de ese gran poema medieval que es El Cantar del Mío Cid. Aragón se queda sin sucesión y, en los compromisos de Caspe (1412), se acuerda que ocupe el trono Fernando de Antequera. De aquí surgiría el futuro rey católico cuya unión con Isabel de Castilla fue el germen de la unificación que hoy conocemos como España.  

Si la situación de la población cristiana era delicada, peor parte se llevaban moriscos y, especialmente, judíos dedicados a la artesanía, comercio y a una incipiente banca. A pesar de este estado de cosas (o debido al mismo) sigue intacto el fervor religioso medieval. Todo ello produce un sentimiento general de abatimiento, de profunda obsesión por la muerte, por el más allá. En este sentido, esta vida es un camino de espinas que ni siquiera merece la pena vivirse. Por eso se ponen los ojos en la existencia futura con la promesa del fin de tantas tribulaciones. 

En este contexto, por si fuera poco, desde el más rico de los aristócratas hasta el más humilde de los campesinos, hacían gala sin pudor de una terrible misoginia. Las mujeres quedan relegadas de cualquier ámbito cívico y condenadas a las cuatro paredes de la casa. En ellas, según el sentir de la época, además recaen vicios variopintos de los que luego hace burla y sátira la literatura de la época.   

La literatura en el época de Jorge Manrique 

Paralelamente, se extiende una poesía sensual o amorosa que ya habían cultivado los autores de la literatura medieval cercanos a la lírica provenzal. La cultura continúa siendo alegórica y basada en los símbolos, elementos necesarios para hacer entender los contenidos a un pueblo eminentemente analfabeto que se acercaba a cualquier tipo de conocimiento de manera oral. Recuerdo que aún no se había inventado la imprenta. Por tanto, los libros se seguían produciendo de forma manuscrita en los scriptoria de los monasterios. Las ideas se transmitían, como en toda la Edad Media, de una manera muy lenta, sesgada y pobre.  

Géneros de la literatura del siglo XV 

1.- Danzas de la muerte, precursoras de las Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique

Toda esta situación de injusticias, guerras, hambrunas y luchas de poder en todos los estamentos hacen mella en el pueblo llano. Si bien el descontento es pronto sofocado por la fuerza, en literatura va a surgir una poesía satírica que se dedica a atacar los vicios de las cortes de la época. Estos eran muchos. Así que había material de trabajo en abundancia. Y de la sátira política se termina en las “danzas de la muerte” de las que beben las Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique. Son poemas de corte alegórico (tal como se habían producido en toda la Edad Media) en la que la muerte va llamando a individuos de todo tipo desde el rey hasta el más miserable de los campesinos. Ninguno se libra. La muerte, en esta danza o canto, comienza a enumerar vicios, culpas y pecados no dejando a nadie indemne.  

2.- Lírica o poesía cortesana heredera de la Edad Media

Aquí se encuentran poemas de amor sensual y, en principio, platónicos (aunque hay críticos que opinan que de esto último hubo poco) que se seguían cantando por trovadores y juglares. Junto a este tipo de poesía crece la de corte alegórico al estilo de Dante con temas filosóficos o de línea moral. El ingenio de estos creadores se hacía ver en justas y torneos que se celebraban con regocijo y por todo lo alto en las distintas cortes que poblaban España y el resto de Europa. De esta línea poética, nombres a tener en cuenta son Iñigo López de Mendoza, conocido como Marqués de Santillana, Juan de Mena e, incluso, un joven Jorge Manrique que se entretiene con esta forma de hacer versos. Dicho esto, apunto que la crítica está de acuerdo que son las Coplas por la muerte de su padre la obra que sacó a nuestro autor del anonimato.  

3.- El auge de los libros de caballería 

A pesar de que la aristocracia, de donde bebe el ideal caballeresco, no era un dechado de virtudes, las historias fantasiosas de estas obras encandilaban a un público variopinto. El máximo exponente es el Amadís de Gaula.  

4.- Inicios de la comedia humanística

Este tipo de teatro comienza en el siglo XV y la obra más señera es La Celestina. El resto de las obras teatrales estaban ligadas a la liturgia eclesiástica.  

5.- Prosa satírica con fines moralizaste 

Aunque se cebaban en ocasiones contra las mujeres y su supuesta lujuria su fin era poner al descubierto los vicios de los seres humanos. En este apartado se encuentra un autor a tener en cuenta: Enrique de Villena. 

Con este sustrato cultural y literario compuso Jorge Manrique las Coplas por la muerte de su padre donde encontramos elementos de la danza de la muerte, de la poesía satírica (al poner en evidencia los bienes fatuos de la existencia en este plano) e, incluso, modos de la poesía cortesana.  

Biografía mínima de Jorge Manrique

No conocemos la fecha exacta de nacimiento de nuestro poeta. Se acepta el año 1440 y el lugar Paredes de Nava en Palencia. Fue hijo de un caudillo militar bajo el mando de Isabel La Católica. A pesar del oficio de las armas del padre, en la familia ya había habido algunos poetas. No se conoce ni la formación ni los avatares exactos ni de Jorge Manrique ni los de su padre. Lo único cierto es que recibió formación tanto militar como humanística. Por tanto, debía pertenecer a la nobleza que era la única que empuñaba a la par así las armas como las letras. Rodrigo Manrique fue un estratega exitoso que consiguió grandes hitos para la futura reina católica. A algunas refriegas le acompañó su hijo que luchó al lado de su progenitor aunque aún le quedó algún tiempo para ir componiendo coplillas de corte amoroso sin la calidad literaria de sus Coplas por la muerte de su padre 

Ambos murieron en el campo de batalla. Don Rodrigo cayó en 1476 y su hijo en 1479 en el Castillo de Garcimuñoz combatiendo contra el duque de Villena que se había levantado contra la reina. En esos tres años compuso los versos que han pasado al canon de la literatura en lengua castellana.  

Coplas a la muerte de su padre, guía básica de lectura

Los contemporáneos de nuestro poeta mantenían como exponente de buen hacer poético a Juan de Mena, fallecido en 1456. Sin embargo, el cambio de mentalidad hacia un gusto más sencillo utilizando las posibilidades del floreciente castellano se iba imponiendo paulatinamente. Los modos artificiosos siguiendo la estela del latín (que aún mantenía su poder como lengua de cultura) se van abandonando. En su lugar, la poesía culta se va despegando de los corsés del Mester de Clerecía para tomar modos y fórmulas de la poesía popular. En este contexto se gesta las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique. Recordamos su memorable inicio:

Recuerde el alma dormida,

avive el seso y despierte,

contemplando

cómo se pasa la vida

cómo se viene la muerte

tan callando:

cuán presto se va el placer,

cómo, después de acordado, 

da dolor;

cómo, a nuestro parecer, 

cualquiera tiempo pasado

fue mejor. 

1.- Métrica y ritmo de las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique

La métrica es totalmente original compuesta por: 

  • 40 estrofas que se bautizan como coplas de pie quebrado o manriqueñas. 
  • Cada una de las estrofas tiene doce versos divididos en dos bloques de seis. 
  • Los versos son octosílabos (8 sílabas) y tetrasílabos (cuatro sílabas).
  • Los dos primeros versos son octosílabos y el siguiente de 4. 
  • La rima es en asonante cada tres versos.
  • Esquemáticamente sería as: 8a8b4c8a8b4c; 8d8e4f8d8e4f 

Al romper el ritmo con el verso de cuatro sílabas el poema nos introduce en una pausa, como si quisiéramos tomar aliento. Además, en este ejemplo, esos versos tetrasílabos rompen el discurso de la frase obligándonos “a pensar”, “a fijarnos con más detenimiento”.  

2.- Estructura y lenguaje de la obra 

La crítica ha dividido la obra en dos partes:

  1. La primera está compuesta por las primeras 24 estrofas. En ellas Jorge Manrique desmenuza una especie de introducción (eso sí de soberbia belleza) sobre la fugacidad de la vida y la inconsistencia de las glorias del este mundo. 
  2. En las dieciséis restantes estrofas hace un elogio de la figura de su padre. 

En lo que respecta al lenguaje es tremendamente sencillo (aunque no conozcamos el significado de algunas palabras del poema que respondían a objetos frecuentes en la época). No hay apenas tropos ni giros sintácticos ni metáforas rebuscadas. El valor de las Coplas por la muerte de su padre radica precisamente en eso: en un ritmo marcado, con una expresión tremendamente llana que nos introduce en un tema común a todo ser humano de cualquier tiempo y lugar.  

3.-La importancia de las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique

Como Shakespeare (que tomaba temas e historias de la tradición), Jorge Manrique no inventa absolutamente nada. La temática está presente en la literatura y en la filosofía desde que se tiene constancia escrita y ha seguido estando presente desde entonces. La belleza de la obra radica precisamente (como en buena parte de la literatura del canon) en el tratamiento estilístico, sinceridad y manipulación eficaz del lenguaje. Así nos atrapa con la inutilidad de las glorias de este mundo al contraponerla a la siempre victoria de la muerte. 

En definitiva, las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique refleja el tema de la fugacidad de la vida, de la desproporción de lo que hacemos aquí teniendo en cuenta la muerte segura, del desapego de cualquier éxito… temas que, en esencia, son tan queridos para el pueblo español. Son tan famosas que incluso personas con poca instrucción literaria las conocen. Nada vale contra el poder de la muerte que lanza cualquier éxito hacia el olvido inmediatamente. Y acabo con un botón de muestra: 

 

XVI

¿Qué se hizo el rey don Joan?

Los infantes de Aragon, 

¿qué se hicieron?

¿Que fue de tanto galán,

qué de tanta invención

que trujeron?

¿Fueron sino devaneos?

¿Qué fueron sino verduras

de las eras, 

las justas e los torneos,

paramentos, bordaduras

e cimeras?

 

XVII

¿Qué se hicieron las damas

sus tocados e vestidos,

sus olores?

¿Qué se hicieron las llamas

de los fuegos encendidos

de amadores?

¿Qué se hizo aquel trovar,

las músicas acordadas

que tañían?

¿Qué se hizo aquel danzar,

aquellas ropas chapadas

que traían?

 

Eso: ¿qué se hizo? ¿qué pasó? A la pregunta retórica de lo que sucedió con estos gestos de vanidad hay responder que fuero pasto  del paso inexorable de la muerte.

 

Por Candela Vizcaíno 

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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El 11 de noviembre de 1476 muere Rodrigo Manrique, padre de nuestro poeta. Tras el fallecimiento, su hijo, trovador que no había destacado con sus versos de corte amoroso, compone una elegía que ha entrado en el canon no ya de las letras castellanas sino en las universales. Con una fuerza expresiva potente y un dramatismo que acepta las situaciones vitales, las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique constituyen el cenit de la poesía del siglo XV, la misma que se sacudía todas las características de la literatura medieval que ya iban quedando obsoletas. Para entenderlas y situarlas algunos datos de corte histórico son fundamentales. 

Contexto histórico en el que surge las Coplas a la muerte de su padre 

Situación socio política en Europa 

El siglo XV en Europa y en los reinos preponderantes de Castilla y Aragón fue una época de crisis constantes, de hambrunas endémicas y de guerras sin fin. Inglaterra se enfrasca contra Francia en la llamada Guerra de los 100 años (1328-1453) con el afán de arrebatar el trono galo. El resultado, aparte de perder la contienda, fueron años convulsos a todos los niveles. La vida se agotaba en rencillas y luchas fraticidas que hacían abandonar cosechas y recursos económicos. Ni que decir tiene que eso provocaba descalabros de toda índole y tipo. La enumeración sería infinita: esperanza de vida mínima que apenas llegaba a los treinta años, una mortalidad infantil apabullante, hambrunas, despoblación, pestes… Y eso sin contar acosos y persecuciones.  

En cuanto a la situación de la Iglesia, esta también es de crisis con el llamado Cisma de Occidente que se abre en 1378 y no se cierra hasta bien entrado el Siglo XV. Como resultas de los criterios dispares, aparte del Papa romano se van sucediendo los que conforman la Iglesia de Avignon que acaba con la dinastía de los conocidos Borgias. Parte de sus miembros, aún hoy en día, siguen siendo personajes centrales de novelas históricas de intriga  (que hasta el siglo XXI ha llegado la fascinación por una familia que se apuntó a todos los vicios posibles). Para rizar el rizo, en Pisa se eligió un tercer papa en 1409. Todo ello acabó con el Concilio de Constanza de 1414 y con una Iglesia muy debilitada que, además, hacía frente a herejías y opiniones radicales que acabarían con la reforma de Lutero. 

Situación socio política en los reinos de Castilla y Aragón

En lo que hoy conocemos como España la situación no era mucho mejor. El reino de Castilla, el emergente y con más fuerza, estaba dominado por una aristocracia indolente acaparadora de tierras que apenas trabajaba para crear riqueza. Sí se mantenía una actividad ganadera centrada en la lana cuyos excedentes se exportaban. Los distintos reinos se entretenían luchando entre sí, tal como recoge la trama de ese gran poema medieval que es El Cantar del Mío Cid. Aragón se queda sin sucesión y, en los compromisos de Caspe (1412), se acuerda que ocupe el trono Fernando de Antequera. De aquí surgiría el futuro rey católico cuya unión con Isabel de Castilla fue el germen de la unificación que hoy conocemos como España.  

Si la situación de la población cristiana era delicada, peor parte se llevaban moriscos y, especialmente, judíos dedicados a la artesanía, comercio y a una incipiente banca. A pesar de este estado de cosas (o debido al mismo) sigue intacto el fervor religioso medieval. Todo ello produce un sentimiento general de abatimiento, de profunda obsesión por la muerte, por el más allá. En este sentido, esta vida es un camino de espinas que ni siquiera merece la pena vivirse. Por eso se ponen los ojos en la existencia futura con la promesa del fin de tantas tribulaciones. 

En este contexto, por si fuera poco, desde el más rico de los aristócratas hasta el más humilde de los campesinos, hacían gala sin pudor de una terrible misoginia. Las mujeres quedan relegadas de cualquier ámbito cívico y condenadas a las cuatro paredes de la casa. En ellas, según el sentir de la época, además recaen vicios variopintos de los que luego hace burla y sátira la literatura de la época.   

La literatura en el época de Jorge Manrique 

Paralelamente, se extiende una poesía sensual o amorosa que ya habían cultivado los autores de la literatura medieval cercanos a la lírica provenzal. La cultura continúa siendo alegórica y basada en los símbolos, elementos necesarios para hacer entender los contenidos a un pueblo eminentemente analfabeto que se acercaba a cualquier tipo de conocimiento de manera oral. Recuerdo que aún no se había inventado la imprenta. Por tanto, los libros se seguían produciendo de forma manuscrita en los scriptoria de los monasterios. Las ideas se transmitían, como en toda la Edad Media, de una manera muy lenta, sesgada y pobre.  

Géneros de la literatura del siglo XV 

1.- Danzas de la muerte, precursoras de las Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique

Toda esta situación de injusticias, guerras, hambrunas y luchas de poder en todos los estamentos hacen mella en el pueblo llano. Si bien el descontento es pronto sofocado por la fuerza, en literatura va a surgir una poesía satírica que se dedica a atacar los vicios de las cortes de la época. Estos eran muchos. Así que había material de trabajo en abundancia. Y de la sátira política se termina en las “danzas de la muerte” de las que beben las Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique. Son poemas de corte alegórico (tal como se habían producido en toda la Edad Media) en la que la muerte va llamando a individuos de todo tipo desde el rey hasta el más miserable de los campesinos. Ninguno se libra. La muerte, en esta danza o canto, comienza a enumerar vicios, culpas y pecados no dejando a nadie indemne.  

2.- Lírica o poesía cortesana heredera de la Edad Media

Aquí se encuentran poemas de amor sensual y, en principio, platónicos (aunque hay críticos que opinan que de esto último hubo poco) que se seguían cantando por trovadores y juglares. Junto a este tipo de poesía crece la de corte alegórico al estilo de Dante con temas filosóficos o de línea moral. El ingenio de estos creadores se hacía ver en justas y torneos que se celebraban con regocijo y por todo lo alto en las distintas cortes que poblaban España y el resto de Europa. De esta línea poética, nombres a tener en cuenta son Iñigo López de Mendoza, conocido como Marqués de Santillana, Juan de Mena e, incluso, un joven Jorge Manrique que se entretiene con esta forma de hacer versos. Dicho esto, apunto que la crítica está de acuerdo que son las Coplas por la muerte de su padre la obra que sacó a nuestro autor del anonimato.  

3.- El auge de los libros de caballería 

A pesar de que la aristocracia, de donde bebe el ideal caballeresco, no era un dechado de virtudes, las historias fantasiosas de estas obras encandilaban a un público variopinto. El máximo exponente es el Amadís de Gaula.  

4.- Inicios de la comedia humanística

Este tipo de teatro comienza en el siglo XV y la obra más señera es La Celestina. El resto de las obras teatrales estaban ligadas a la liturgia eclesiástica.  

5.- Prosa satírica con fines moralizaste 

Aunque se cebaban en ocasiones contra las mujeres y su supuesta lujuria su fin era poner al descubierto los vicios de los seres humanos. En este apartado se encuentra un autor a tener en cuenta: Enrique de Villena. 

Con este sustrato cultural y literario compuso Jorge Manrique las Coplas por la muerte de su padre donde encontramos elementos de la danza de la muerte, de la poesía satírica (al poner en evidencia los bienes fatuos de la existencia en este plano) e, incluso, modos de la poesía cortesana.  

Biografía mínima de Jorge Manrique

No conocemos la fecha exacta de nacimiento de nuestro poeta. Se acepta el año 1440 y el lugar Paredes de Nava en Palencia. Fue hijo de un caudillo militar bajo el mando de Isabel La Católica. A pesar del oficio de las armas del padre, en la familia ya había habido algunos poetas. No se conoce ni la formación ni los avatares exactos ni de Jorge Manrique ni los de su padre. Lo único cierto es que recibió formación tanto militar como humanística. Por tanto, debía pertenecer a la nobleza que era la única que empuñaba a la par así las armas como las letras. Rodrigo Manrique fue un estratega exitoso que consiguió grandes hitos para la futura reina católica. A algunas refriegas le acompañó su hijo que luchó al lado de su progenitor aunque aún le quedó algún tiempo para ir componiendo coplillas de corte amoroso sin la calidad literaria de sus Coplas por la muerte de su padre 

Ambos murieron en el campo de batalla. Don Rodrigo cayó en 1476 y su hijo en 1479 en el Castillo de Garcimuñoz combatiendo contra el duque de Villena que se había levantado contra la reina. En esos tres años compuso los versos que han pasado al canon de la literatura en lengua castellana.  

Coplas a la muerte de su padre, guía básica de lectura

Los contemporáneos de nuestro poeta mantenían como exponente de buen hacer poético a Juan de Mena, fallecido en 1456. Sin embargo, el cambio de mentalidad hacia un gusto más sencillo utilizando las posibilidades del floreciente castellano se iba imponiendo paulatinamente. Los modos artificiosos siguiendo la estela del latín (que aún mantenía su poder como lengua de cultura) se van abandonando. En su lugar, la poesía culta se va despegando de los corsés del Mester de Clerecía para tomar modos y fórmulas de la poesía popular. En este contexto se gesta las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique. Recordamos su memorable inicio:

Recuerde el alma dormida,

avive el seso y despierte,

contemplando

cómo se pasa la vida

cómo se viene la muerte

tan callando:

cuán presto se va el placer,

cómo, después de acordado, 

da dolor;

cómo, a nuestro parecer, 

cualquiera tiempo pasado

fue mejor. 

1.- Métrica y ritmo de las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique

La métrica es totalmente original compuesta por: 

  • 40 estrofas que se bautizan como coplas de pie quebrado o manriqueñas. 
  • Cada una de las estrofas tiene doce versos divididos en dos bloques de seis. 
  • Los versos son octosílabos (8 sílabas) y tetrasílabos (cuatro sílabas).
  • Los dos primeros versos son octosílabos y el siguiente de 4. 
  • La rima es en asonante cada tres versos.
  • Esquemáticamente sería as: 8a8b4c8a8b4c; 8d8e4f8d8e4f 

Al romper el ritmo con el verso de cuatro sílabas el poema nos introduce en una pausa, como si quisiéramos tomar aliento. Además, en este ejemplo, esos versos tetrasílabos rompen el discurso de la frase obligándonos “a pensar”, “a fijarnos con más detenimiento”.  

2.- Estructura y lenguaje de la obra 

La crítica ha dividido la obra en dos partes:

  1. La primera está compuesta por las primeras 24 estrofas. En ellas Jorge Manrique desmenuza una especie de introducción (eso sí de soberbia belleza) sobre la fugacidad de la vida y la inconsistencia de las glorias del este mundo. 
  2. En las dieciséis restantes estrofas hace un elogio de la figura de su padre. 

En lo que respecta al lenguaje es tremendamente sencillo (aunque no conozcamos el significado de algunas palabras del poema que respondían a objetos frecuentes en la época). No hay apenas tropos ni giros sintácticos ni metáforas rebuscadas. El valor de las Coplas por la muerte de su padre radica precisamente en eso: en un ritmo marcado, con una expresión tremendamente llana que nos introduce en un tema común a todo ser humano de cualquier tiempo y lugar.  

3.-La importancia de las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique

Como Shakespeare (que tomaba temas e historias de la tradición), Jorge Manrique no inventa absolutamente nada. La temática está presente en la literatura y en la filosofía desde que se tiene constancia escrita y ha seguido estando presente desde entonces. La belleza de la obra radica precisamente (como en buena parte de la literatura del canon) en el tratamiento estilístico, sinceridad y manipulación eficaz del lenguaje. Así nos atrapa con la inutilidad de las glorias de este mundo al contraponerla a la siempre victoria de la muerte. 

En definitiva, las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique refleja el tema de la fugacidad de la vida, de la desproporción de lo que hacemos aquí teniendo en cuenta la muerte segura, del desapego de cualquier éxito… temas que, en esencia, son tan queridos para el pueblo español. Son tan famosas que incluso personas con poca instrucción literaria las conocen. Nada vale contra el poder de la muerte que lanza cualquier éxito hacia el olvido inmediatamente. Y acabo con un botón de muestra: 

 

XVI

¿Qué se hizo el rey don Joan?

Los infantes de Aragon, 

¿qué se hicieron?

¿Que fue de tanto galán,

qué de tanta invención

que trujeron?

¿Fueron sino devaneos?

¿Qué fueron sino verduras

de las eras, 

las justas e los torneos,

paramentos, bordaduras

e cimeras?

 

XVII

¿Qué se hicieron las damas

sus tocados e vestidos,

sus olores?

¿Qué se hicieron las llamas

de los fuegos encendidos

de amadores?

¿Qué se hizo aquel trovar,

las músicas acordadas

que tañían?

¿Qué se hizo aquel danzar,

aquellas ropas chapadas

que traían?

 

Eso: ¿qué se hizo? ¿qué pasó? A la pregunta retórica de lo que sucedió con estos gestos de vanidad hay responder que fuero pasto  del paso inexorable de la muerte.

 

Por Candela Vizcaíno 

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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