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Podemos poner el año 1440 como la fecha de la primera revolución del libro, cuando Gutenberg comenzó a imprimir su Biblia con tipos móviles. Hasta esa fecha, el cien por cien del conocimiento circulaba a través de manuscritos. Por tanto, no es hasta mediados del siglo XV cuando las nuevas ideas religiosas (lee protestantismo), la visión de un nuevo mundo a ojos europeos (lee el descubrimiento de América), el cambio de cosmovisión (lee el auge tanto de ciudades y burguesía como de universidades) da un vuelco en la transmisión del conocimiento. Para hacernos una idea de la importancia del hito habría que esperar a finales del siglo XX, con la revolución digital, para asistir a otro de tal calibre en la historia de la humanidad. Los libros medievales, por tanto, son anteriores a esa fecha y su producción se atiene a los parámetros de manuscritos y, además, en un periodo de escasez material llevada al extremo. Eso no quita para que algunos de ellos sean verdaderas joyas artísticas. Pero vayamos por partes.  

Los libros medievales son escasos 

¡Y tanto! Ya que tenían que producirse en una época de extrema escasez en la que se había dado un paso atrás de gigante en las comunicaciones. Tanto fue así que la Biblioteca de Alejandría, uno de los faros del saber de la edad antigua, parecía un paraíso a ojos de lo bibliófolos medievales. Y así ciertamente lo era. ¿Por qué? Si bien desde el inicio de los tiempos hasta mediados de siglo XV los libros, al cien por cien, eran manuscritos no todas las épocas y culturas tuvieron tan pocos recursos para crear y compartir conocimiento. En el Imperio Romano, gracias a su desarrollo en las comunicaciones (marítimas y terrestres) propició tanto la creación como el comercio libresco y, con él las ciencias y las artes. Prueba de ello es la citada Biblioteca de Alejandría cuya quema fue llorada por los sabios de la época.  

Pero conforme nos vamos adentrando en la Edad Media los caminos se van haciendo más peligrosos y las comunicaciones entre reinos se va estrechando. Tanto es así que alrededor del siglo X, casi nadie salía más allá de 10 kilómetros a la redonda. Si a eso unimos un sistema higiénico tan deficitario que había eliminado incluso las cloacas romanas, hambrunas aterradoras, enfermedades de todo tipo y guerras fraticidas un día y sí y otro también, el resultado es una sociedad desolada económicamente cuya esperanza de vida no iba más allá de los treinta años incluso para la élite social. Para colmo, la mayoría de la población no tenía acceso a una mínima instrucción y la cultura (a veces elemental) se concentraba en los monasterios. El resto añadía el analfabetismo a la larga lista de penurias existenciales.  

El papel de los monasterios en la producción de libros medievales 

Porque si en otras épocas históricas los ejemplares escritos se ejecutaban en talleres, incluso, independientes, no fue así en estos siglos. El conocimiento (tanto de medicina, astronomía. O ciencia como de filosofía o literatura) quedó recluido entre los muros de los monasterios. Eran los monjes los que sabían leer y escribir, los que estudiaban latín y griego (lenguas ya muertas en Europa alrededor del siglo VIII) y los que se encargaban de custodiar y comunicar ese conocimiento. 

Entre esas paredes,  a veces con recursos al límites, estos monjes se encargaban de seleccionar las obras que tendrían el honor de perdurar para la posteridad. Así fue como se salvó la literatura griega o romana que ha llegado hasta nosotros. Así fue como nos han llegado los versos de Ovidio o de Homero. Parte fundamental de los monasterios era el llamado scriptoria, una especie de biblioteca-despacho-taller donde los hermanos con más pericia se encargaban de copiar lentamente y a la luz de las velas estos textos del griego y del latín. Las congregaciones más pudientes podían producir obras en serie mediante el método de un monje lector y varios que, al dictado, copiaban parsimoniosamente ese conocimiento artístico o científico.  

Quienes no tenían tanta suerte siempre les quedaba el recurso de pedir prestado a un monasterio hermano para que línea a línea, hoja  a hoja ese conocimiento se duplicara o triplicara (muy rara vez) en otro libro. Las negociaciones para este préstamo, y con eso nos hacemos una idea del valor de estos libros, podían durar hasta varios años con carta va y carta vuelve. Con este método, las bibliotecas de estos monasterios podían llegar a alcanzar cincuenta ejemplares y la de uno rico, con suerte y gracias a las donaciones de algún noble, podría hacer gala de 200 o 300  títulos. Esto es, estamos hablando de un número que, al día de hoy, es lo que conforma una biblioteca básica. 

Libros medievales que son meras copias de la literatura clásica 

Si nos hacemos una idea del método, podremos entender que no todo era susceptible de ser inmortalizado en negro sobre blanco. Había que seleccionar inexorablemente a veces con mejor criterio y, en ocasiones, llevados por el fanatismo. ¿Qué supone esto? Que parte del conocimiento artístico e, incluso científico, de la época se ha perdido. Como los libros eran bienes carísimos y difíciles de producir se seleccionaban obras de temática seria (herbología, medicina..), religiosa (la Biblia), los grandes autores de la filosofía clásica y también lo mejor de la literatura y la historiografía de la cultura grecorromana. Cualquier otra temática que se saliera de estas líneas era postergada y, por tanto, con más probabilidades de que se perdiera en las brumas del tiempo. Esto es lo que ha pasado con la mayoría de la literatura medieval en lengua romance y, especialmente, aquella que tenía la etiqueta de popular, como los cantares de gesta. Si una obra se ponía por escrito, era porque había un consenso general en su calidad artística, histórica o científica o de salvación de las almas. Ella y no otra merecía ser legada a las generaciones futuras. 

La literatura y los libros medievales

Los libros medievales que han llegado hasta nosotros, por tanto sufrieron no una censura previa como se ha acusado a veces sino algo peor: un cribado. Este sí merece ser copiado, guardado y, por tanto, legado a las generaciones futuras y este no. Por eso, la gran mayoría de ellos son copias de otras obras anteriores que tenían el marchamo de autoridad. No se ponía por escrito ni la literatura contemporánea ni las pocas ideas que circulaban en una sociedad fuertemente dividida en estamentos y empobrecida hasta límites nunca visto en la historia de la humanidad.  

El Renacimiento literario surgió a la par que la imprenta cuando grandes editores, como Aldo Manuzio, se empeñaron en editar tanto obras de la tradición clásica en textos contrastados filológicamente u otras de nuevo cuño como pudiera ser ese enigmático título que es la Hypnerotomachia Poliphili. Hasta ese momento, todo era manual, lento, costoso y con una selección rigurosa. Y en este sistema la literatura medieval en todos sus aspectos salió perdiendo al relegarse a la memoria (de los artistas del mester de juglaría por recordar solo parte de ellos) y a la comunicación oral.  

Los libros medievales iluminados 

Ahora bien, a la par que todo era escaso y empobrecido surge, como contrapunto en la producción de libros medievales, bellos ejemplares iluminados. Por supuesto, para que un título o una obra fuera seleccionada para que fuera enriquecida artísticamente tenía que darse muchos condicionantes. Uno de ellos es que el monasterio fuera rico o bendecido con la donación generosa de algún aristócrata al que le fuera bien sus asuntos guerreros, que la mayoría también vivían a límite. La segunda, es que se pudieran hacer acopio de los materiales preciosos que se necesitaba para un libro de esta envergadura. Y la tercera, disponer de buenos copistas y artistas plásticos (iluminadores) con pericia suficiente para hacer tal gasto.  

Estas tres circunstancias eran difíciles de acordar en un mismo emplazamiento. Si se lograba conseguir financiación para tal obra, había que hacerse con los materiales: vitela (extraída de las pieles de los corderos jóvenes), tinta de calidad, oro y plata en láminas para parte de las ilustraciones, lapislázuli (para el color azul), chinchilla  (para el rojo), piedras semipreciosas para la encuadernación… que con todos estos materiales se hacían estos maravillosos libros medievales, joyas únicas del arte de esta época.  

Una vez abastecido con estos bienes quedaba un largo trabajo de copiado y de iluminación por delante en el que se afanaban monjes y monjas cuyos nombres no han trascendido. Y aquí recordamos que los autores de la literatura medieval no firmaban sus obras o creaciones (como estas creaciones artísticas) por seguir un voto de humildad y dejar amordazado el ego. Era un trabajo que se hacía para entregar a Dios. 

¿Qué obras se seleccionaban para que formaran parte de los libros medievales manuscritos?  

Ni que decir tiene que las que eran iluminadas rara vez salían de la temática religiosa. Es más, solo se iluminaban (y, a veces, muy someramente), los Evangelios u otros títulos que por las razones que fueran se consideraron fundamentales. Una de estas obras fueron los llamados Beatos, comentarios al Apocalipsis de San Juan creados por Beato de Liébana a raíz de la crisis de milenarismo (fin del mundo) alrededor del siglo X.  

En muy raras ocasiones nos vamos a encontrar un título iluminado que no fuera religioso. Ya era toda una odisea copiar o “editar” un libro medieval de cualquier otra temática simplemente con una bella caligrafía como para adornar con materiales tan suntuoso. Eso sí, todos los que nos han llegado son de una belleza inusitada como los mencionados Beatos o los Libros de Horas, pequeños ejemplares que ayudaban al rezo y que eran encargados por aristócratas exitosos o por reyes para regocijo particular. Curiosamente, los más hermosos Libros de Horas ya no pertenecen a la tradición de libros medievales. Se realizaron cuando la imprenta estaba sacando títulos a puñados en un intento quizás por preservar lo mejor de un pasado que cerraba sus puertas para siempre.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Podemos poner el año 1440 como la fecha de la primera revolución del libro, cuando Gutenberg comenzó a imprimir su Biblia con tipos móviles. Hasta esa fecha, el cien por cien del conocimiento circulaba a través de manuscritos. Por tanto, no es hasta mediados del siglo XV cuando las nuevas ideas religiosas (lee protestantismo), la visión de un nuevo mundo a ojos europeos (lee el descubrimiento de América), el cambio de cosmovisión (lee el auge tanto de ciudades y burguesía como de universidades) da un vuelco en la transmisión del conocimiento. Para hacernos una idea de la importancia del hito habría que esperar a finales del siglo XX, con la revolución digital, para asistir a otro de tal calibre en la historia de la humanidad. Los libros medievales, por tanto, son anteriores a esa fecha y su producción se atiene a los parámetros de manuscritos y, además, en un periodo de escasez material llevada al extremo. Eso no quita para que algunos de ellos sean verdaderas joyas artísticas. Pero vayamos por partes.  

Los libros medievales son escasos 

¡Y tanto! Ya que tenían que producirse en una época de extrema escasez en la que se había dado un paso atrás de gigante en las comunicaciones. Tanto fue así que la Biblioteca de Alejandría, uno de los faros del saber de la edad antigua, parecía un paraíso a ojos de lo bibliófolos medievales. Y así ciertamente lo era. ¿Por qué? Si bien desde el inicio de los tiempos hasta mediados de siglo XV los libros, al cien por cien, eran manuscritos no todas las épocas y culturas tuvieron tan pocos recursos para crear y compartir conocimiento. En el Imperio Romano, gracias a su desarrollo en las comunicaciones (marítimas y terrestres) propició tanto la creación como el comercio libresco y, con él las ciencias y las artes. Prueba de ello es la citada Biblioteca de Alejandría cuya quema fue llorada por los sabios de la época.  

Pero conforme nos vamos adentrando en la Edad Media los caminos se van haciendo más peligrosos y las comunicaciones entre reinos se va estrechando. Tanto es así que alrededor del siglo X, casi nadie salía más allá de 10 kilómetros a la redonda. Si a eso unimos un sistema higiénico tan deficitario que había eliminado incluso las cloacas romanas, hambrunas aterradoras, enfermedades de todo tipo y guerras fraticidas un día y sí y otro también, el resultado es una sociedad desolada económicamente cuya esperanza de vida no iba más allá de los treinta años incluso para la élite social. Para colmo, la mayoría de la población no tenía acceso a una mínima instrucción y la cultura (a veces elemental) se concentraba en los monasterios. El resto añadía el analfabetismo a la larga lista de penurias existenciales.  

El papel de los monasterios en la producción de libros medievales 

Porque si en otras épocas históricas los ejemplares escritos se ejecutaban en talleres, incluso, independientes, no fue así en estos siglos. El conocimiento (tanto de medicina, astronomía. O ciencia como de filosofía o literatura) quedó recluido entre los muros de los monasterios. Eran los monjes los que sabían leer y escribir, los que estudiaban latín y griego (lenguas ya muertas en Europa alrededor del siglo VIII) y los que se encargaban de custodiar y comunicar ese conocimiento. 

Entre esas paredes,  a veces con recursos al límites, estos monjes se encargaban de seleccionar las obras que tendrían el honor de perdurar para la posteridad. Así fue como se salvó la literatura griega o romana que ha llegado hasta nosotros. Así fue como nos han llegado los versos de Ovidio o de Homero. Parte fundamental de los monasterios era el llamado scriptoria, una especie de biblioteca-despacho-taller donde los hermanos con más pericia se encargaban de copiar lentamente y a la luz de las velas estos textos del griego y del latín. Las congregaciones más pudientes podían producir obras en serie mediante el método de un monje lector y varios que, al dictado, copiaban parsimoniosamente ese conocimiento artístico o científico.  

Quienes no tenían tanta suerte siempre les quedaba el recurso de pedir prestado a un monasterio hermano para que línea a línea, hoja  a hoja ese conocimiento se duplicara o triplicara (muy rara vez) en otro libro. Las negociaciones para este préstamo, y con eso nos hacemos una idea del valor de estos libros, podían durar hasta varios años con carta va y carta vuelve. Con este método, las bibliotecas de estos monasterios podían llegar a alcanzar cincuenta ejemplares y la de uno rico, con suerte y gracias a las donaciones de algún noble, podría hacer gala de 200 o 300  títulos. Esto es, estamos hablando de un número que, al día de hoy, es lo que conforma una biblioteca básica. 

Libros medievales que son meras copias de la literatura clásica 

Si nos hacemos una idea del método, podremos entender que no todo era susceptible de ser inmortalizado en negro sobre blanco. Había que seleccionar inexorablemente a veces con mejor criterio y, en ocasiones, llevados por el fanatismo. ¿Qué supone esto? Que parte del conocimiento artístico e, incluso científico, de la época se ha perdido. Como los libros eran bienes carísimos y difíciles de producir se seleccionaban obras de temática seria (herbología, medicina..), religiosa (la Biblia), los grandes autores de la filosofía clásica y también lo mejor de la literatura y la historiografía de la cultura grecorromana. Cualquier otra temática que se saliera de estas líneas era postergada y, por tanto, con más probabilidades de que se perdiera en las brumas del tiempo. Esto es lo que ha pasado con la mayoría de la literatura medieval en lengua romance y, especialmente, aquella que tenía la etiqueta de popular, como los cantares de gesta. Si una obra se ponía por escrito, era porque había un consenso general en su calidad artística, histórica o científica o de salvación de las almas. Ella y no otra merecía ser legada a las generaciones futuras. 

La literatura y los libros medievales

Los libros medievales que han llegado hasta nosotros, por tanto sufrieron no una censura previa como se ha acusado a veces sino algo peor: un cribado. Este sí merece ser copiado, guardado y, por tanto, legado a las generaciones futuras y este no. Por eso, la gran mayoría de ellos son copias de otras obras anteriores que tenían el marchamo de autoridad. No se ponía por escrito ni la literatura contemporánea ni las pocas ideas que circulaban en una sociedad fuertemente dividida en estamentos y empobrecida hasta límites nunca visto en la historia de la humanidad.  

El Renacimiento literario surgió a la par que la imprenta cuando grandes editores, como Aldo Manuzio, se empeñaron en editar tanto obras de la tradición clásica en textos contrastados filológicamente u otras de nuevo cuño como pudiera ser ese enigmático título que es la Hypnerotomachia Poliphili. Hasta ese momento, todo era manual, lento, costoso y con una selección rigurosa. Y en este sistema la literatura medieval en todos sus aspectos salió perdiendo al relegarse a la memoria (de los artistas del mester de juglaría por recordar solo parte de ellos) y a la comunicación oral.  

Los libros medievales iluminados 

Ahora bien, a la par que todo era escaso y empobrecido surge, como contrapunto en la producción de libros medievales, bellos ejemplares iluminados. Por supuesto, para que un título o una obra fuera seleccionada para que fuera enriquecida artísticamente tenía que darse muchos condicionantes. Uno de ellos es que el monasterio fuera rico o bendecido con la donación generosa de algún aristócrata al que le fuera bien sus asuntos guerreros, que la mayoría también vivían a límite. La segunda, es que se pudieran hacer acopio de los materiales preciosos que se necesitaba para un libro de esta envergadura. Y la tercera, disponer de buenos copistas y artistas plásticos (iluminadores) con pericia suficiente para hacer tal gasto.  

Estas tres circunstancias eran difíciles de acordar en un mismo emplazamiento. Si se lograba conseguir financiación para tal obra, había que hacerse con los materiales: vitela (extraída de las pieles de los corderos jóvenes), tinta de calidad, oro y plata en láminas para parte de las ilustraciones, lapislázuli (para el color azul), chinchilla  (para el rojo), piedras semipreciosas para la encuadernación… que con todos estos materiales se hacían estos maravillosos libros medievales, joyas únicas del arte de esta época.  

Una vez abastecido con estos bienes quedaba un largo trabajo de copiado y de iluminación por delante en el que se afanaban monjes y monjas cuyos nombres no han trascendido. Y aquí recordamos que los autores de la literatura medieval no firmaban sus obras o creaciones (como estas creaciones artísticas) por seguir un voto de humildad y dejar amordazado el ego. Era un trabajo que se hacía para entregar a Dios. 

¿Qué obras se seleccionaban para que formaran parte de los libros medievales manuscritos?  

Ni que decir tiene que las que eran iluminadas rara vez salían de la temática religiosa. Es más, solo se iluminaban (y, a veces, muy someramente), los Evangelios u otros títulos que por las razones que fueran se consideraron fundamentales. Una de estas obras fueron los llamados Beatos, comentarios al Apocalipsis de San Juan creados por Beato de Liébana a raíz de la crisis de milenarismo (fin del mundo) alrededor del siglo X.  

En muy raras ocasiones nos vamos a encontrar un título iluminado que no fuera religioso. Ya era toda una odisea copiar o “editar” un libro medieval de cualquier otra temática simplemente con una bella caligrafía como para adornar con materiales tan suntuoso. Eso sí, todos los que nos han llegado son de una belleza inusitada como los mencionados Beatos o los Libros de Horas, pequeños ejemplares que ayudaban al rezo y que eran encargados por aristócratas exitosos o por reyes para regocijo particular. Curiosamente, los más hermosos Libros de Horas ya no pertenecen a la tradición de libros medievales. Se realizaron cuando la imprenta estaba sacando títulos a puñados en un intento quizás por preservar lo mejor de un pasado que cerraba sus puertas para siempre.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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¡Qué descansada vida

la del que huye del mundanal ruïdo,

y sigue la escondida

senda, por donde han ido

los pocos sabios que en el mundo han sido;

 

Fray Luis de León es uno de los grandes poetas de las letras castellanas cuya obra ha superado las siegas del tiempo. Su escritura sencilla, libre de artificio, serena y a la par culta sigue perteneciendo al canon literario siglos después de haberse compuesta. Y eso descontando que no ha llegado hasta nosotros la versión íntegra y reconocida por el autor. Empiezo diciendo que es el mejor representante del Renacimiento literario tardío en español y su participación en la escritura mística ha hecho correr ríos de tinta al no encajar con las características principales de este particular género. Fue culto, intelectual, pasional, amigo de la justicia, sencillo y, a la vez, entregado a la divulgación tanto de la Biblia como de los grandes nombres de la literatura griega o romana.  Pero vayamos por partes. 

Biografía de Fray Luis de León 

Nacido en la localidad de Belmonte (Cuenca) en 1527, estudió en Valladolid, Madrid y la Universidad de Salamanca, institución a la que estaría ligado de por vida impartiendo clases magistrales e involucrándose al máximo en la calidad de la enseñanza. Con tan solo 32 años consigue su primera cátedra, la cual perdería tras un injusto proceso con la Inquisición. 

Fraile de la Orden de San Agustín desde 1544, fue Luis de León un intelectual de la época apasionado por temas diversos, activo en las reformas que, a su juicio, deberían formar parte de las enseñanzas universitarias. Irónico (lo cual le granjeó más que un encontronazo con compañeros), inteligente (y por tanto blanco de envidias), sencillo y centrado en su labor educativa. 

En 1572 Fray Luis de León fue objeto de un proceso inquisitorial que duró más de cinco años. En esos largos meses estuvo preso en la cárcel de Valladolid en unas condiciones durísimas como eran las prisiones de la época. La razón por tal pena fue haber traducido el Cantar de los Cantares a pesar de estar prohibido. Aunque, al parecer, su idea era no divulgar esa versión, alguien en su entorno lo traicionó, algo frecuente cuando se trata de tumbar a alguien brillante haciendo uso de calumnias. A pesar de la gravedad del delito (para los parámetros de la época), logró recuperar libertad y cátedra. Como su puesto estaba ocupado por otra persona, el alma sencilla de Fray Luis de León no instó a la Universidad a que se la devolvieran sino a que le dieran otra. Así fue. El primer día de clase, a la vuelta de un duro proceso penal que duró largos años pronunció la célebre frase “decíamos ayer…”  

Poco tiempo después de ocupar el cargo de prior de Castilla de su orden, Fray Luis de León murió en Madrigal en 1591 tras abandonar la Universidad de Salamanca a la que estuvo vinculado de por vida.

La peculiar personalidad de Fray Luis de León y su importancia en el proceso contra la inquisición 

Aunque Fray Luis de León ha pasado a la historia de la literatura por sus poemas, no nos ha llegado ningún manuscrito de su mano con dichos versos. Si bien es verdad que era su intención recogerlos para su publicación (que eso sí ha llegado), al parecer, no terminó la compilación para su edición. Y si lo hizo, ese documento se ha perdido en los pliegues del tiempo. Teniendo en cuenta las inquinas y envidias de las que fue objeto en vida no hace falta tirar mucho de la teoría de la conspiración para darnos cuenta de que probablemente alguien se afanó para que su obra no llegara a las generaciones futuras. No lo consiguió y hoy los versos de Fray Luis no solo forman parte del canon literario español sino que son conocidos y reconocidos por quienes, incluso, no son muy dados a los placeres de las letras. 

Obras de Fray Luis de León

A.- Obras en prosa 

Durante su labor académica realizó comentarios, glosas y tratados teológicos que quedan para el ámbito filosófico. Aparte de estos estudios dejó a la posteridad cuatro libros: 

1.- De los nombres de Cristo, compuesta, según afirma el poeta, durante los dos últimos años de cautiverio, son comentarios filosóficos y filológicos de los nombres que Jesucristo recibe en las Sagradas Escrituras. Sin embargo, la crítica posterior tan dada a poner en cuestión cualquier cosa, anota que la serenidad de la prosa, el equilibrio de la escritura y la formalidad del texto no se corresponde con una situación tan extrema como era el presidio de la Inquisición en el Siglo XVI. Esta obra se desarrolla en forma de diálogo entre tres frailes (Marcelo, Sabino y Juliano) que conversan sobre los nombres de Cristo en un marco idílico (propio de la literatura pastoril) durante el verano. Este es el hilo conductor para desarrollar una prosa exquisita donde se hace referencia no solo (e indudablemente) a los pasajes de la Biblia sino también referencias a la literatura griega o de la antigua Roma. Es una obra melódica, con un ritmo poético brillante (aunque está escrita en prosa) donde se exalta las maravillas de la creación divina representada en los dones de la naturaleza. 

2.- La perfecta casada fue publicada en 1583, ya fallecido nuestro autor. Es un tratado en el que se narra las distintas virtudes que deben acompañar a una mujer según su estado, condición y naturaleza. A pesar de la ironía (incluso con algún punto de crueldad) con el que retrata algunos tipos psicológicos femeninos, la crítica acepta que era una obra feminista para los parámetros de la época y especialmente de la literatura medieval. En estos textos, la mujer era tratada casi como una extensión del demonio culpándola prácticamente de cualquier mal. No sucede eso en la obra de Fray Luis de León. 

3.- Exposición del Libro de Job se inició en la cárcel para terminarse unos cuantos meses antes de morir nuestro autor. La figura bíblica del Santo Job que acepta todos los suplicios y pruebas divinas con una humildad tremenda, es el modelo que un Fray Luis de León preso en durísimas condiciones encuentra para sobrellevar su terrible situación. En la obra refiere la cobardía de los que se decían amigos que lo abandonaron a su suerte en un estado tremendo y la crueldad con la que lo trataron sus enemigos. Recuerdo que a pesar del carácter contestario, pasional y poco dado a agachar la cabeza de Fray Luis de León, la mediocridad de los que lo acusaron (los mismos que formaban parte de la Universidad) fue de un punto extremo. Como no podían apagar su brillo se afanaron por quitarlo de en medio de la peor manera posible. En ese estado, encuentra en Job, que todo lo aguanta por amor a Dios, un modelo y guía espiritual a quien seguir.  

4.- Traducción literal y declaración del Cantar de los Cantares, que le valió la cárcel y la persecución. En principio,  fue realizada exclusivamente para una prima suya, novicia de un convento. Sin embargo, la crítica se debate con esta obra ya que tiene un contenido erótico difícilmente explicable si no se estudia o analiza bajo el prisma del amor místico. Aparte de la traducción, va añadiendo glosas (tal como era frecuente en la Edad Media) en un intento por desentrañar todos los sentidos del texto. Estas están construidas en un estilo sencillo, con una prosa limpia característica de su estilo de madurez. 

B.- Obras en verso de Fray Luis de León 

Se trata de un solo libro o de una colección de odas compuesta por un puñado de poemas que la crítica ha considerado como originales y salidos de su mano. Son objeto de revisión constante. ¿Por qué? Porque circularon de manera oral o escrita en vida del escritor de manera anónima con las variantes inevitables a ese tipo de manifestación literaria. Aunque Fray Luis de León intentó recogerlos en un manuscrito para su edición impresa ni se llegó a ese extremo ni se encuentran esos papeles. Querido por sus estudiantes, estos cantaban o recitaban sus versos. Fueron publicados por primera vez en 1631 por Francisco de Quevedo. El intelectual, catedrático de la Universidad y estudioso de la Biblia poca importancia daba a esta producción que sería la responsable de su puesto en el trono de la literatura. Sin intuir que por estas “letrillas” atravesaría las brumas del tiempo,  se expresa así:  

“Entre las ocupaciones de mis estudios en mi mocedad y casi en mi niñez, se me cayeron como de las manos estas obrecillas, a las cuales me apliqué más por inclinación de mi estrella que juicio o voluntad”.  

Entre estos poemas nos encontramos algunos siguiendo el estilo del petrarquismo o la estética amorosa introducida por Garcilaso. Han llegado hasta nosotros cinco sonetos de esta línea. Fernando Lázaro indica que el austero, sobrio e intelectual Fray Luis no podía quedarse en estos ejercicios amorosos que le pudieran parecer banales contrastados con el resto de su producción. 

Por eso, sus mejores poemas son aquellos en los que ensalza la vida sencilla  en comunión (más intelectual que mística) con Dios. Se embarca de esta manera en la creación de odas en las que se ensalza el desprendimiento de los bienes mundanos, el rechazo del ruido, la comunión divina, el afán por la soledad y, por supuesto, el rechazo a todos los vicios humanos. 

Clasificación de los poemas de Fray Luis de León 

Y para ello sigo la aportada por Fernando Lázaro.  

1.- Los escritos antes del presidio, esto es, antes de 1572 en los que aparece su visión de moralista y también de educador. Aquí se encuadran los famosos ¡Qué descansada vida…! O Virtud, hija del cielo… El hilo conductor temático de todas estas odas es el despegue de los vicios mundanos mientras se abraza un sentimiento de soledad. Son poemas en los que predominan la épica de la virtud entendida como el mejor camino para el crecimiento personal, la serenidad individual y la posterior unión divina. 

2.- Los realizados en la cárcel entre 1572 y 1577 en los que se centra en sus sentimientos más profundos. En ellos cobra importancia la soledad y el sentimiento de frustración al verse abandonado. Por eso, se refugia en la misericordia divina, en el amor de Cristo, en la fuerza del corazón que emana saberse un hijo de Dios. En ellos también encontramos esa queja por la injusticia de su situación. 

3.- Entre los escritos después de salir de la cárcel; esto es, después de 1577 se encuentran “Alma región luciente…” y “¡Oh ya seguro puerto…” En ellos asistimos a la manifestación de la soledad o del recogimiento espiritual. Los bienes de este mundo no pueden serles útiles al poeta, a quien ha sufrido oprobio y persecución encontrando en momentos terribles la fortaleza en la fe en Dios.  

Son en estas odas donde se han encontrado esos puntos de la mística literaria, que sin llegar al éxtasis divino de Santa Teresa de Jesús o de San Juan de la Cruz, canta el anhelo de unión con Dios.  

Estilo literario en las obras de Fray Luis de León

Escritas en un castellano sencillo, sereno, culto y sin atisbo de superficialidad, la crítica es unánime en considerar al sabio de la Universidad de Salamanca uno de los mejores poetas en lengua española. Y eso que, como tantos otros escritores de la época, ni siquiera se propuso poner negro sobre blanco (en limpio y en orden) para que perdurasen en el tiempo. Voy anotando algunos rasgos comunes a toda su producción literaria.  

1.- El sentimiento místico en la obra de Fray Luis de León no procede de la descripción del éxtasis o experiencias de comunión (como Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz) sino más bien a un anhelo de comunión. Con una profunda convicción religiosa, busca esa unión desde un punto de vista intelectual o espiritual más que anímico o vivencial. Por eso, sus poemas, a pesar de ser de una honda religiosidad, no reflejan esos arrebatos. Son versos en los que se busca consuelo, comprensión o incluso unión para huir de los vicios mundanos pero se quedan fuera, a veces, de esa descripción del hondo sentimiento espiritual que es la mística.  

 

2.- Parte de la crítica ve en sus escritos la sabiduría de un intelectual cristiano, de un sabio que se despega de cualquier pompa mundana, que busca la sencillez y el equilibrio como la única manera de estar y de ser en el mundo tanto con los hombres como con Dios. 

3.- Si algo caracteriza la obra de Fray Luis de León es su sencillez, sobriedad, elegancia y luminosidad. No sobra ninguna palabra ni se entretiene con giros inesperados que no aportan nada a la musicalidad del texto o al sentido último del mismo.  

4.- A pesar de ello, en sus versos o en sus escritos en prosa se transparenta su carácter pasional, el mismo que le llevó a la cárcel en busca de justicia y crítico con los vicios de su tiempo.  

5.- Casi todos sus poemas están dirigidos a una segunda persona ya sean amigos de este mundo como a la divinidad. Siempre hay un asunto moral en el trasfondo de los textos y, a la par, una exaltación de una virtud o de un proceder en este mundo.  

6.- Hay una preferencia por la descripción, por el presente, por meter al lector dentro de un estado de ánimo. Por eso, las odas son relativamente cortas, sencillas, con enumeraciones y preguntas retóricas que invitan al interlocutor a remover algo dentro de sí.  

7.- En sus poemas prefiere la libertad de la lira que, al estar construida con versos endecasílabos y heptasílabos, confiere un ritmo especial lejos de la espesura de otros metros. La austeridad, por tanto, se une a la brillantez para levantar unos poemas que, es unánime, han traspasado todos los muros de los siglos.  

Fue, en definitiva, Fray Luis de León un escritor complejo, a pesar de la sencillez de su obra, siempre en lucha interna entre su pasión de justicia y su sed de sabiduría contra un deseo de serenidad, de quietud, de unión espiritual que le parecía inalcanzable. Intelectual apreciado en la época, envidiado por mediocres compañeros, no se amedrentó ante quienes querían verlo caído y hundido. Sus poemas, editados tras su muerte, circulaban de boca en boca entre los estudiantes de la Universidad de Salamanca. Seguramente intentaban buscar en ellos una guía de virtud para conducirse en un mundo enmarañado.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

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Libros y palabras, poemas y cuentos, pausas y tertulias, recursos estilísticos, autores que nos inspiran, estilos que nos atrapan... Literatura de todos los tiempos y de todos los lugares que nos ayudan a viajar por el mundo. 

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¡Qué descansada vida

la del que huye del mundanal ruïdo,

y sigue la escondida

senda, por donde han ido

los pocos sabios que en el mundo han sido;

 

Fray Luis de León es uno de los grandes poetas de las letras castellanas cuya obra ha superado las siegas del tiempo. Su escritura sencilla, libre de artificio, serena y a la par culta sigue perteneciendo al canon literario siglos después de haberse compuesta. Y eso descontando que no ha llegado hasta nosotros la versión íntegra y reconocida por el autor. Empiezo diciendo que es el mejor representante del Renacimiento literario tardío en español y su participación en la escritura mística ha hecho correr ríos de tinta al no encajar con las características principales de este particular género. Fue culto, intelectual, pasional, amigo de la justicia, sencillo y, a la vez, entregado a la divulgación tanto de la Biblia como de los grandes nombres de la literatura griega o romana.  Pero vayamos por partes. 

Biografía de Fray Luis de León 

Nacido en la localidad de Belmonte (Cuenca) en 1527, estudió en Valladolid, Madrid y la Universidad de Salamanca, institución a la que estaría ligado de por vida impartiendo clases magistrales e involucrándose al máximo en la calidad de la enseñanza. Con tan solo 32 años consigue su primera cátedra, la cual perdería tras un injusto proceso con la Inquisición. 

Fraile de la Orden de San Agustín desde 1544, fue Luis de León un intelectual de la época apasionado por temas diversos, activo en las reformas que, a su juicio, deberían formar parte de las enseñanzas universitarias. Irónico (lo cual le granjeó más que un encontronazo con compañeros), inteligente (y por tanto blanco de envidias), sencillo y centrado en su labor educativa. 

En 1572 Fray Luis de León fue objeto de un proceso inquisitorial que duró más de cinco años. En esos largos meses estuvo preso en la cárcel de Valladolid en unas condiciones durísimas como eran las prisiones de la época. La razón por tal pena fue haber traducido el Cantar de los Cantares a pesar de estar prohibido. Aunque, al parecer, su idea era no divulgar esa versión, alguien en su entorno lo traicionó, algo frecuente cuando se trata de tumbar a alguien brillante haciendo uso de calumnias. A pesar de la gravedad del delito (para los parámetros de la época), logró recuperar libertad y cátedra. Como su puesto estaba ocupado por otra persona, el alma sencilla de Fray Luis de León no instó a la Universidad a que se la devolvieran sino a que le dieran otra. Así fue. El primer día de clase, a la vuelta de un duro proceso penal que duró largos años pronunció la célebre frase “decíamos ayer…”  

Poco tiempo después de ocupar el cargo de prior de Castilla de su orden, Fray Luis de León murió en Madrigal en 1591 tras abandonar la Universidad de Salamanca a la que estuvo vinculado de por vida.

La peculiar personalidad de Fray Luis de León y su importancia en el proceso contra la inquisición 

Aunque Fray Luis de León ha pasado a la historia de la literatura por sus poemas, no nos ha llegado ningún manuscrito de su mano con dichos versos. Si bien es verdad que era su intención recogerlos para su publicación (que eso sí ha llegado), al parecer, no terminó la compilación para su edición. Y si lo hizo, ese documento se ha perdido en los pliegues del tiempo. Teniendo en cuenta las inquinas y envidias de las que fue objeto en vida no hace falta tirar mucho de la teoría de la conspiración para darnos cuenta de que probablemente alguien se afanó para que su obra no llegara a las generaciones futuras. No lo consiguió y hoy los versos de Fray Luis no solo forman parte del canon literario español sino que son conocidos y reconocidos por quienes, incluso, no son muy dados a los placeres de las letras. 

Obras de Fray Luis de León

A.- Obras en prosa 

Durante su labor académica realizó comentarios, glosas y tratados teológicos que quedan para el ámbito filosófico. Aparte de estos estudios dejó a la posteridad cuatro libros: 

1.- De los nombres de Cristo, compuesta, según afirma el poeta, durante los dos últimos años de cautiverio, son comentarios filosóficos y filológicos de los nombres que Jesucristo recibe en las Sagradas Escrituras. Sin embargo, la crítica posterior tan dada a poner en cuestión cualquier cosa, anota que la serenidad de la prosa, el equilibrio de la escritura y la formalidad del texto no se corresponde con una situación tan extrema como era el presidio de la Inquisición en el Siglo XVI. Esta obra se desarrolla en forma de diálogo entre tres frailes (Marcelo, Sabino y Juliano) que conversan sobre los nombres de Cristo en un marco idílico (propio de la literatura pastoril) durante el verano. Este es el hilo conductor para desarrollar una prosa exquisita donde se hace referencia no solo (e indudablemente) a los pasajes de la Biblia sino también referencias a la literatura griega o de la antigua Roma. Es una obra melódica, con un ritmo poético brillante (aunque está escrita en prosa) donde se exalta las maravillas de la creación divina representada en los dones de la naturaleza. 

2.- La perfecta casada fue publicada en 1583, ya fallecido nuestro autor. Es un tratado en el que se narra las distintas virtudes que deben acompañar a una mujer según su estado, condición y naturaleza. A pesar de la ironía (incluso con algún punto de crueldad) con el que retrata algunos tipos psicológicos femeninos, la crítica acepta que era una obra feminista para los parámetros de la época y especialmente de la literatura medieval. En estos textos, la mujer era tratada casi como una extensión del demonio culpándola prácticamente de cualquier mal. No sucede eso en la obra de Fray Luis de León. 

3.- Exposición del Libro de Job se inició en la cárcel para terminarse unos cuantos meses antes de morir nuestro autor. La figura bíblica del Santo Job que acepta todos los suplicios y pruebas divinas con una humildad tremenda, es el modelo que un Fray Luis de León preso en durísimas condiciones encuentra para sobrellevar su terrible situación. En la obra refiere la cobardía de los que se decían amigos que lo abandonaron a su suerte en un estado tremendo y la crueldad con la que lo trataron sus enemigos. Recuerdo que a pesar del carácter contestario, pasional y poco dado a agachar la cabeza de Fray Luis de León, la mediocridad de los que lo acusaron (los mismos que formaban parte de la Universidad) fue de un punto extremo. Como no podían apagar su brillo se afanaron por quitarlo de en medio de la peor manera posible. En ese estado, encuentra en Job, que todo lo aguanta por amor a Dios, un modelo y guía espiritual a quien seguir.  

4.- Traducción literal y declaración del Cantar de los Cantares, que le valió la cárcel y la persecución. En principio,  fue realizada exclusivamente para una prima suya, novicia de un convento. Sin embargo, la crítica se debate con esta obra ya que tiene un contenido erótico difícilmente explicable si no se estudia o analiza bajo el prisma del amor místico. Aparte de la traducción, va añadiendo glosas (tal como era frecuente en la Edad Media) en un intento por desentrañar todos los sentidos del texto. Estas están construidas en un estilo sencillo, con una prosa limpia característica de su estilo de madurez. 

B.- Obras en verso de Fray Luis de León 

Se trata de un solo libro o de una colección de odas compuesta por un puñado de poemas que la crítica ha considerado como originales y salidos de su mano. Son objeto de revisión constante. ¿Por qué? Porque circularon de manera oral o escrita en vida del escritor de manera anónima con las variantes inevitables a ese tipo de manifestación literaria. Aunque Fray Luis de León intentó recogerlos en un manuscrito para su edición impresa ni se llegó a ese extremo ni se encuentran esos papeles. Querido por sus estudiantes, estos cantaban o recitaban sus versos. Fueron publicados por primera vez en 1631 por Francisco de Quevedo. El intelectual, catedrático de la Universidad y estudioso de la Biblia poca importancia daba a esta producción que sería la responsable de su puesto en el trono de la literatura. Sin intuir que por estas “letrillas” atravesaría las brumas del tiempo,  se expresa así:  

“Entre las ocupaciones de mis estudios en mi mocedad y casi en mi niñez, se me cayeron como de las manos estas obrecillas, a las cuales me apliqué más por inclinación de mi estrella que juicio o voluntad”.  

Entre estos poemas nos encontramos algunos siguiendo el estilo del petrarquismo o la estética amorosa introducida por Garcilaso. Han llegado hasta nosotros cinco sonetos de esta línea. Fernando Lázaro indica que el austero, sobrio e intelectual Fray Luis no podía quedarse en estos ejercicios amorosos que le pudieran parecer banales contrastados con el resto de su producción. 

Por eso, sus mejores poemas son aquellos en los que ensalza la vida sencilla  en comunión (más intelectual que mística) con Dios. Se embarca de esta manera en la creación de odas en las que se ensalza el desprendimiento de los bienes mundanos, el rechazo del ruido, la comunión divina, el afán por la soledad y, por supuesto, el rechazo a todos los vicios humanos. 

Clasificación de los poemas de Fray Luis de León 

Y para ello sigo la aportada por Fernando Lázaro.  

1.- Los escritos antes del presidio, esto es, antes de 1572 en los que aparece su visión de moralista y también de educador. Aquí se encuadran los famosos ¡Qué descansada vida…! O Virtud, hija del cielo… El hilo conductor temático de todas estas odas es el despegue de los vicios mundanos mientras se abraza un sentimiento de soledad. Son poemas en los que predominan la épica de la virtud entendida como el mejor camino para el crecimiento personal, la serenidad individual y la posterior unión divina. 

2.- Los realizados en la cárcel entre 1572 y 1577 en los que se centra en sus sentimientos más profundos. En ellos cobra importancia la soledad y el sentimiento de frustración al verse abandonado. Por eso, se refugia en la misericordia divina, en el amor de Cristo, en la fuerza del corazón que emana saberse un hijo de Dios. En ellos también encontramos esa queja por la injusticia de su situación. 

3.- Entre los escritos después de salir de la cárcel; esto es, después de 1577 se encuentran “Alma región luciente…” y “¡Oh ya seguro puerto…” En ellos asistimos a la manifestación de la soledad o del recogimiento espiritual. Los bienes de este mundo no pueden serles útiles al poeta, a quien ha sufrido oprobio y persecución encontrando en momentos terribles la fortaleza en la fe en Dios.  

Son en estas odas donde se han encontrado esos puntos de la mística literaria, que sin llegar al éxtasis divino de Santa Teresa de Jesús o de San Juan de la Cruz, canta el anhelo de unión con Dios.  

Estilo literario en las obras de Fray Luis de León

Escritas en un castellano sencillo, sereno, culto y sin atisbo de superficialidad, la crítica es unánime en considerar al sabio de la Universidad de Salamanca uno de los mejores poetas en lengua española. Y eso que, como tantos otros escritores de la época, ni siquiera se propuso poner negro sobre blanco (en limpio y en orden) para que perdurasen en el tiempo. Voy anotando algunos rasgos comunes a toda su producción literaria.  

1.- El sentimiento místico en la obra de Fray Luis de León no procede de la descripción del éxtasis o experiencias de comunión (como Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz) sino más bien a un anhelo de comunión. Con una profunda convicción religiosa, busca esa unión desde un punto de vista intelectual o espiritual más que anímico o vivencial. Por eso, sus poemas, a pesar de ser de una honda religiosidad, no reflejan esos arrebatos. Son versos en los que se busca consuelo, comprensión o incluso unión para huir de los vicios mundanos pero se quedan fuera, a veces, de esa descripción del hondo sentimiento espiritual que es la mística.  

 

2.- Parte de la crítica ve en sus escritos la sabiduría de un intelectual cristiano, de un sabio que se despega de cualquier pompa mundana, que busca la sencillez y el equilibrio como la única manera de estar y de ser en el mundo tanto con los hombres como con Dios. 

3.- Si algo caracteriza la obra de Fray Luis de León es su sencillez, sobriedad, elegancia y luminosidad. No sobra ninguna palabra ni se entretiene con giros inesperados que no aportan nada a la musicalidad del texto o al sentido último del mismo.  

4.- A pesar de ello, en sus versos o en sus escritos en prosa se transparenta su carácter pasional, el mismo que le llevó a la cárcel en busca de justicia y crítico con los vicios de su tiempo.  

5.- Casi todos sus poemas están dirigidos a una segunda persona ya sean amigos de este mundo como a la divinidad. Siempre hay un asunto moral en el trasfondo de los textos y, a la par, una exaltación de una virtud o de un proceder en este mundo.  

6.- Hay una preferencia por la descripción, por el presente, por meter al lector dentro de un estado de ánimo. Por eso, las odas son relativamente cortas, sencillas, con enumeraciones y preguntas retóricas que invitan al interlocutor a remover algo dentro de sí.  

7.- En sus poemas prefiere la libertad de la lira que, al estar construida con versos endecasílabos y heptasílabos, confiere un ritmo especial lejos de la espesura de otros metros. La austeridad, por tanto, se une a la brillantez para levantar unos poemas que, es unánime, han traspasado todos los muros de los siglos.  

Fue, en definitiva, Fray Luis de León un escritor complejo, a pesar de la sencillez de su obra, siempre en lucha interna entre su pasión de justicia y su sed de sabiduría contra un deseo de serenidad, de quietud, de unión espiritual que le parecía inalcanzable. Intelectual apreciado en la época, envidiado por mediocres compañeros, no se amedrentó ante quienes querían verlo caído y hundido. Sus poemas, editados tras su muerte, circulaban de boca en boca entre los estudiantes de la Universidad de Salamanca. Seguramente intentaban buscar en ellos una guía de virtud para conducirse en un mundo enmarañado.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

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Si la literatura mística dio en español las mejores obras de este género en las letras universales, uno de esos grandes nombres es, sin duda, Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia y una de las voces más genuinas de esta singular escritura. Junto a su compañero de orden, el también carmelita San Juan de la Cruz, levantó una escritura única e irrepetible en la que la expresión de la experiencia divina adquiere una altura insuperable en la historia de la literatura. Fue su vida una unión perfecta entre la actitud contemplativa o la experiencia de éxtasis espiritual y  entre el hacer o el transformar las cosas del mundo. Con problemas con la Inquisición, como todos los reformadores de la época, fundó diecisiete conventos en los que instauró la sencillez y el voto de pobreza a la par que levantaba una obra genuina en la que describe (sirviéndose de la alegoría y la metáfora) sus experiencias místicas.  

Biografía de Santa Teresa de Jesús

Nacida como Teresa de Cepeda y Ahumada en 1515 en la ciudad de Ávila hay críticos que señalan que el peculiar carácter de la ciudad (con su gran muralla levantada ante la planicie) incidió en su forma de ser y estar en el mundo en su relación con la divinidad. Imbuida por la lectura de la vida de los santos, desde corta edad tenía clara su vocación religiosa con unos niveles de implicación extremos. Estudió en el convento de las Augustinas de su ciudad natal y antes de cumplir veinte años ingresa en la orden de Carmelo llegando a transformarla totalmente. A la par que leía las Confesiones de San Agustín se sometió a continuados ejercicios ascéticos tan duros que casi le va la vida en ello. Eso le produjo secuelas permanentes que no impidieron que llevara un vida activa, alegre y vivaz.  

A raíz de una visión sobre el infierno tuvo claro que tenía que reformar su orden, por entonces corrompida por un dogma que había abandonado el primer mandamiento de Cristo. Esa búsqueda hacia la pureza y sencillez original le granjeó enemigos de todo tipo que consiguieron incluso que fuera procesada por la Inquisición. Sin llegar a la inquina que mostraron con San Juan de la Cruz (torturado salvajemente durante un año) o Fray Luis de León (preso por más de cinco años) no tuvo fácil conseguir la bula papal que le permitía la reforma de la orden. 

Santa Teresa de Jesús entre la reforma de los carmelitas y la escritura

No se amedrentó por la persecución y llegó a fundar más de diecisiete conventos según los preceptos de pobreza y sencillez que buscaba mientras levantaba una obra literaria excelsa y única en la literatura universal. No fue el objetivo de Santa Teresa hacer literatura, sino más bien dejar por escrito para sus monjas las visiones y éxtasis que experimentaba. Para ello utilizaba un lenguaje sencillo lleno de alegorías y metáforas en lengua castellana (lo cual también fue criticado y perseguido puesto que se optaba por el latín que solo los cultos conocían). Y,  sin proponérselo, creó una obra única que ha entrado en el canon de la literatura occidental.  

En una de sus idas y venidas para ordenar los conventos que estaba transformando se sintió indispuesta y paró en el de Alba de Tormes. Allí falleció el 4 de octubre de 1582. Canonizada en 1622 y beatificada 8 años antes, en 1970 fue nombrada Doctora de la Iglesia. Sus restos están esparcidos y expuestos en distintos emplazamientos de la geografía española. 

Obras de Santa Teresa de Jesús 

La crítica ha dividido su producción literaria en dos bloques distintos. Por un lado, tenemos los escritos de temática mística o ascética y, por el otro, aquellos con una línea biográfica. Dicho esto, ninguna puede considerarse como pura, ya que se mezclan y entremezclan entre sí.  

Obras autobiográficas de Santa Teresa de Jesús 

1.- Libro grande o Libro de las misericordias o Libro de su vida, que con estos tres nombres se conocen la misma obra, estaba terminado para 1565. Está compuesta por cuarenta capítulos donde va narrando su camino hacia la mística. Es en este título donde se describe el famoso episodio de la transverberación que artistas posteriores dejaron plasmados con distinto acierto hasta llegar al cenit de la conocida escultura de Bernini. 

2.- El libro de las Fundaciones es continuación de este primero. En él va reuniendo los diarios, cartas, noticias o comunicaciones referentes a su actividad reformadora en los conventos carmelitas. Se inicia en el año 1567 y el último apunte es de 1582, aunque la crítica acepta que la escritura comenzó en 1573.  

3.- El libro de las Relaciones, escrito entre 1560 y 1579, está compuesto por cartas dirigidas a sus confesores (especialmente a San Pedro de Alcántara) en el que va desgranando sin apenas orden o concierto los favores divinos que recibe. 

Obras ascéticas y místicas de Santa Teresa de Jesús

4.- El camino de la Perfección,  escrita entre 1565 y 1570 tenía un objetivo utilitario, ya que fue escrito para guiar a las monjas hacia la perfección religiosa y para remover las conciencias adormecidas que no luchaban contra la Reforma. 

5.- Las Moradas o Castillo Interior es el cenit de la escritura literaria mística de Santa Teresa de Jesús. Fue escrita cuando llevaba probablemente más de 10 años recibiendo visiones y experiencias espirituales. La compuso en el convento carmelita de Toledo a petición de sus superiores como guía para toda la comunidad. Tras una visión, se le aparece la estructura de la misma que está levantada para describir el camino de crecimiento espiritual como 

“un castillo todo de diamante y muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, ansí como en el cielo hay muchas moradas”.  

Para alcanzar la unión divina, la gracia completa, hay que superar siete pruebas, moradas o paradas. Las tres primeras pretenden abandonar todas las cosas terrenales, las tres siguientes inciden en la iluminación para llegar a la unión mística en la última.  

La mística sencilla portentosa como fuente del estilo de Santa Teresa de Jesús 

Mujer culta y leída desde niña e influenciada tanto por las novelas de caballerías como por la vida de los santos, todo en ella (desde su vida hasta su escritura) estaba dirigido a un camino de perfección espiritual. El deshojamiento al que sometió su orden para instalarla en la sencillez extrema es también el que define su producción literaria, ya que se olvida de cualquier artificio para poner negro sobre blanco con tremenda sencillez todo aquello que en su alma sucedía. A tal maestría llegó que esas visiones (pertenecientes al plano espiritual, intangible y etéreo) han podido ser plasmadas en obras plásticas. Santa Teresa de Jesús se lo puso fácil a los artistas que llegaron tras ella realizando minuciosas descripciones.  

1.- Uso de la alegoría y la metáfora 

Sin embargo, la mística, la visión divina, rara vez puede ser descrita en toda su complejidad si se quiere llegar a un publico sencillo con el objetivo de educar o instruir. Eso estuvo siempre en la mente de Santa Teresa. Por eso, el uso de la alegoría (heredada de la literatura medieval) y la metáfora forman parte intrínseca del texto. Y el mejor ejemplo es el inicio de Las Moradas que es su obra canónica.  

2.- El estilo en la obra de Santa Teresa de Jesús está condicionado por la intención de sus escritos 

De ella se ha dicho que fue “escritora por obediencia” ya que nunca fue su intención. Si escribió, fue guiada por un profundo convencimiento en la necesidad de un cambio transformador dentro de la Iglesia hacia la sencillez combatiendo la corrupción a la que habían llegado la mayoría de las órdenes monásticas. El amor y la necesidad de consejo hacia las monjas que constituían su orden le guiaba en todo momento y así dejó constancia en reiteradas ocasiones. Por eso, todas las obras de Santa Teresa de Ávila están escritas en un castellano sencillo, libre de todo artificio, en prosa (aunque también compuso poesía), en un tono divulgativo a pesar de la temática compleja que aborda. El que eligiera la lengua castellana, ya formada en la primera literatura renacentista no la libró de las críticas, puesto que, en la época, se imponía el latín para hurtar al pueblo inculto cualquier conocimiento.  

3.- La sencillez y la falta de un guión previo como características en la obra de Santa Teresa de Jesús 

“Pienso poner algunos remedios para tentaciones de religiosas… y lo que más el Señor me diere a entender como fuere entendido y acordándoseme. Que, como no sé lo que será, no puedo decirlo con concierto. Y creo es lo mejor no le llevar, pues es cosa tan desconcertada hacer yo esto”.  

A través de sus palabras llegamos a otra de las características de la obra de Santa Teresa de Ávilla: la falta de estructura que parece desorden. No es así en Las Moradas pero sí en el resto de sus libros, que más bien se nos antojan compilaciones más que otra cosa. Ese defecto en el guión hace de estos escritos aún más interesantes, ya que salen directamente del alma de Teresa de Ávila sin apenas filtro dejando de lado cualquier tentación de lucirse con una escritura amanerada o recargada.  

Tenemos pues un estilo espontáneo al máximo, sencillo, libre de cualquier artificio y con una finalidad clara que era la de remover los modos enquistados y los vicios de los religiosos de su época. Algún que otro crítico le ha encontrado incluso faltas gramaticales o de concordancia a las que la santa no atendía imbuida en ese deseo por comunicar sus experiencias místicas y ese camino de crecimiento espiritual llevado al máximo extremo. También ha sido anotada por la crítica el uso de diminutivos que se conjugan con expresiones de tipo culto que no merman la sencillez de sus textos. 

Fue Santa Teresa de Jesús una mujer culta, compleja en esa doble tarea que era el hacer al máximo (las reformas, los conventos, la escritura incluso) y la introspección más extrema que supone la mística. Sin pretenderlo, levantó una obra literaria única en las letras universales que aún perdura en el tiempo. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Si la literatura mística dio en español las mejores obras de este género en las letras universales, uno de esos grandes nombres es, sin duda, Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia y una de las voces más genuinas de esta singular escritura. Junto a su compañero de orden, el también carmelita San Juan de la Cruz, levantó una escritura única e irrepetible en la que la expresión de la experiencia divina adquiere una altura insuperable en la historia de la literatura. Fue su vida una unión perfecta entre la actitud contemplativa o la experiencia de éxtasis espiritual y  entre el hacer o el transformar las cosas del mundo. Con problemas con la Inquisición, como todos los reformadores de la época, fundó diecisiete conventos en los que instauró la sencillez y el voto de pobreza a la par que levantaba una obra genuina en la que describe (sirviéndose de la alegoría y la metáfora) sus experiencias místicas.  

Biografía de Santa Teresa de Jesús

Nacida como Teresa de Cepeda y Ahumada en 1515 en la ciudad de Ávila hay críticos que señalan que el peculiar carácter de la ciudad (con su gran muralla levantada ante la planicie) incidió en su forma de ser y estar en el mundo en su relación con la divinidad. Imbuida por la lectura de la vida de los santos, desde corta edad tenía clara su vocación religiosa con unos niveles de implicación extremos. Estudió en el convento de las Augustinas de su ciudad natal y antes de cumplir veinte años ingresa en la orden de Carmelo llegando a transformarla totalmente. A la par que leía las Confesiones de San Agustín se sometió a continuados ejercicios ascéticos tan duros que casi le va la vida en ello. Eso le produjo secuelas permanentes que no impidieron que llevara un vida activa, alegre y vivaz.  

A raíz de una visión sobre el infierno tuvo claro que tenía que reformar su orden, por entonces corrompida por un dogma que había abandonado el primer mandamiento de Cristo. Esa búsqueda hacia la pureza y sencillez original le granjeó enemigos de todo tipo que consiguieron incluso que fuera procesada por la Inquisición. Sin llegar a la inquina que mostraron con San Juan de la Cruz (torturado salvajemente durante un año) o Fray Luis de León (preso por más de cinco años) no tuvo fácil conseguir la bula papal que le permitía la reforma de la orden. 

Santa Teresa de Jesús entre la reforma de los carmelitas y la escritura

No se amedrentó por la persecución y llegó a fundar más de diecisiete conventos según los preceptos de pobreza y sencillez que buscaba mientras levantaba una obra literaria excelsa y única en la literatura universal. No fue el objetivo de Santa Teresa hacer literatura, sino más bien dejar por escrito para sus monjas las visiones y éxtasis que experimentaba. Para ello utilizaba un lenguaje sencillo lleno de alegorías y metáforas en lengua castellana (lo cual también fue criticado y perseguido puesto que se optaba por el latín que solo los cultos conocían). Y,  sin proponérselo, creó una obra única que ha entrado en el canon de la literatura occidental.  

En una de sus idas y venidas para ordenar los conventos que estaba transformando se sintió indispuesta y paró en el de Alba de Tormes. Allí falleció el 4 de octubre de 1582. Canonizada en 1622 y beatificada 8 años antes, en 1970 fue nombrada Doctora de la Iglesia. Sus restos están esparcidos y expuestos en distintos emplazamientos de la geografía española. 

Obras de Santa Teresa de Jesús 

La crítica ha dividido su producción literaria en dos bloques distintos. Por un lado, tenemos los escritos de temática mística o ascética y, por el otro, aquellos con una línea biográfica. Dicho esto, ninguna puede considerarse como pura, ya que se mezclan y entremezclan entre sí.  

Obras autobiográficas de Santa Teresa de Jesús 

1.- Libro grande o Libro de las misericordias o Libro de su vida, que con estos tres nombres se conocen la misma obra, estaba terminado para 1565. Está compuesta por cuarenta capítulos donde va narrando su camino hacia la mística. Es en este título donde se describe el famoso episodio de la transverberación que artistas posteriores dejaron plasmados con distinto acierto hasta llegar al cenit de la conocida escultura de Bernini. 

2.- El libro de las Fundaciones es continuación de este primero. En él va reuniendo los diarios, cartas, noticias o comunicaciones referentes a su actividad reformadora en los conventos carmelitas. Se inicia en el año 1567 y el último apunte es de 1582, aunque la crítica acepta que la escritura comenzó en 1573.  

3.- El libro de las Relaciones, escrito entre 1560 y 1579, está compuesto por cartas dirigidas a sus confesores (especialmente a San Pedro de Alcántara) en el que va desgranando sin apenas orden o concierto los favores divinos que recibe. 

Obras ascéticas y místicas de Santa Teresa de Jesús

4.- El camino de la Perfección,  escrita entre 1565 y 1570 tenía un objetivo utilitario, ya que fue escrito para guiar a las monjas hacia la perfección religiosa y para remover las conciencias adormecidas que no luchaban contra la Reforma. 

5.- Las Moradas o Castillo Interior es el cenit de la escritura literaria mística de Santa Teresa de Jesús. Fue escrita cuando llevaba probablemente más de 10 años recibiendo visiones y experiencias espirituales. La compuso en el convento carmelita de Toledo a petición de sus superiores como guía para toda la comunidad. Tras una visión, se le aparece la estructura de la misma que está levantada para describir el camino de crecimiento espiritual como 

“un castillo todo de diamante y muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, ansí como en el cielo hay muchas moradas”.  

Para alcanzar la unión divina, la gracia completa, hay que superar siete pruebas, moradas o paradas. Las tres primeras pretenden abandonar todas las cosas terrenales, las tres siguientes inciden en la iluminación para llegar a la unión mística en la última.  

La mística sencilla portentosa como fuente del estilo de Santa Teresa de Jesús 

Mujer culta y leída desde niña e influenciada tanto por las novelas de caballerías como por la vida de los santos, todo en ella (desde su vida hasta su escritura) estaba dirigido a un camino de perfección espiritual. El deshojamiento al que sometió su orden para instalarla en la sencillez extrema es también el que define su producción literaria, ya que se olvida de cualquier artificio para poner negro sobre blanco con tremenda sencillez todo aquello que en su alma sucedía. A tal maestría llegó que esas visiones (pertenecientes al plano espiritual, intangible y etéreo) han podido ser plasmadas en obras plásticas. Santa Teresa de Jesús se lo puso fácil a los artistas que llegaron tras ella realizando minuciosas descripciones.  

1.- Uso de la alegoría y la metáfora 

Sin embargo, la mística, la visión divina, rara vez puede ser descrita en toda su complejidad si se quiere llegar a un publico sencillo con el objetivo de educar o instruir. Eso estuvo siempre en la mente de Santa Teresa. Por eso, el uso de la alegoría (heredada de la literatura medieval) y la metáfora forman parte intrínseca del texto. Y el mejor ejemplo es el inicio de Las Moradas que es su obra canónica.  

2.- El estilo en la obra de Santa Teresa de Jesús está condicionado por la intención de sus escritos 

De ella se ha dicho que fue “escritora por obediencia” ya que nunca fue su intención. Si escribió, fue guiada por un profundo convencimiento en la necesidad de un cambio transformador dentro de la Iglesia hacia la sencillez combatiendo la corrupción a la que habían llegado la mayoría de las órdenes monásticas. El amor y la necesidad de consejo hacia las monjas que constituían su orden le guiaba en todo momento y así dejó constancia en reiteradas ocasiones. Por eso, todas las obras de Santa Teresa de Ávila están escritas en un castellano sencillo, libre de todo artificio, en prosa (aunque también compuso poesía), en un tono divulgativo a pesar de la temática compleja que aborda. El que eligiera la lengua castellana, ya formada en la primera literatura renacentista no la libró de las críticas, puesto que, en la época, se imponía el latín para hurtar al pueblo inculto cualquier conocimiento.  

3.- La sencillez y la falta de un guión previo como características en la obra de Santa Teresa de Jesús 

“Pienso poner algunos remedios para tentaciones de religiosas… y lo que más el Señor me diere a entender como fuere entendido y acordándoseme. Que, como no sé lo que será, no puedo decirlo con concierto. Y creo es lo mejor no le llevar, pues es cosa tan desconcertada hacer yo esto”.  

A través de sus palabras llegamos a otra de las características de la obra de Santa Teresa de Ávilla: la falta de estructura que parece desorden. No es así en Las Moradas pero sí en el resto de sus libros, que más bien se nos antojan compilaciones más que otra cosa. Ese defecto en el guión hace de estos escritos aún más interesantes, ya que salen directamente del alma de Teresa de Ávila sin apenas filtro dejando de lado cualquier tentación de lucirse con una escritura amanerada o recargada.  

Tenemos pues un estilo espontáneo al máximo, sencillo, libre de cualquier artificio y con una finalidad clara que era la de remover los modos enquistados y los vicios de los religiosos de su época. Algún que otro crítico le ha encontrado incluso faltas gramaticales o de concordancia a las que la santa no atendía imbuida en ese deseo por comunicar sus experiencias místicas y ese camino de crecimiento espiritual llevado al máximo extremo. También ha sido anotada por la crítica el uso de diminutivos que se conjugan con expresiones de tipo culto que no merman la sencillez de sus textos. 

Fue Santa Teresa de Jesús una mujer culta, compleja en esa doble tarea que era el hacer al máximo (las reformas, los conventos, la escritura incluso) y la introspección más extrema que supone la mística. Sin pretenderlo, levantó una obra literaria única en las letras universales que aún perdura en el tiempo. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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De la palabra italiana renascere, el nombre fue propuesto por los intelectuales y artistas de la época para indicar una vuelta a la vida cultural tras (en su cosmovisión) oscura Edad Media. Comienza a gestarse como tal a finales del siglo XV en las distintas ciudades estados italianas para extenderse por toda Europa. En España tuvo un arraigo importante y las características del Renacimiento literario fundamentales se encuentran en aquellos autores de la época que han sobrepasado el canon. Hablo de Garcilaso de la Vega, de Boscán, de los místicos Juan de la Cruz o Teresa de Ávila, de un Herrera que cierra el ciclo o de Fray Luis de León cuyos poemas siguen deleitando hoy en día. 

El Renacimiento en contraposición a la Edad Media 

La élite intelectual de la época se jactaba casi de aportar una nueva visión vital en contraposición con las décadas anteriores. No obstante, hoy en día, los estudiosos históricos o críticos literarios admiten que buena parte de esos avances se gestaron en los siglos precedentes. Esto es, no hubo una ruptura de un día para otro sino más bien, una progresiva transformación. Esto no quita para que el Renacimiento supusiera un cambio de mentalidad importante propiciado por distintos avances científicos, tecnológicos o de comunicación. Sin ánimo de hacer un estudio demasiado profundo, nos adentramos someramente en los hitos a tener en cuenta.  

1.- La vieja sociedad estamental de la época medieval comienza a desmoronarse lentamente empujada, en parte, por una pujante burguesía con una forma de entender el mundo totalmente distinta, ligada a las ciudades y a una incipiente industria que en estos momentos se basa en la manufactura sustituyendo a la ganadería y agricultura intensivas. 

2.- Hay un empuje de los pueblos, campos y zonas rurales hacia las incipientes ciudades donde se agolpan personajes de todo tipo, desde el hidalgo venido a menos hasta las nuevas élites estudiadas pasando por los aventureros de distinto pelaje. 

3.- La vieja sociedad alrededor de reinos pequeños va desapareciendo progresivamente hasta crearse los estados modernos. Excepto en Italia, que el proceso durará hasta el siglo XIX, en esta época se forma Alemania, Francia o España prácticamente como la conocemos hoy en día. 

4.- La unificación de los gobiernos hace que se disponga de más recursos para acometer empresas más ambiciosas. Esto explica, por poner algunos casos, las expediciones hacia Las Indias o la creación de las nuevas universidades.  

La cultura del Renacimiento en su contraposición a la medieval 

5.- Desde mediados del siglo XV la población lectora (mínima en la época hay que recordar) tiene a su disposición los primeros libros impresos. Estos son cada vez más numerosos tanto en tirada como en títulos dejando atrás la escasez medieval que se desprendía de los scriptoria de los monasterios. Aparecen incluso ediciones de bolsillo con textos depurados según una incipiente filología fáciles de leer, estudiar y trasladar. En línea con el impresor italiano Aldo Manuzio (creador de la sublime Hypnerotomachia Poliphili, uno de los textos más bellos de la historia), se van inaugurando más y más imprentas que sacian la sed por saber, conocer, aprender e, incluso, entretenerse. 

6.- Las nuevas universidades no pueden entenderse sin ese avance tanto de la burguesía (con otra cosmovisión vital distinta a la del medievo) y el aumento cada vez mayor de libros disponibles. Se crean centros universitarios por toda Europa que aún hoy en día siguen en activo. Aquí se estudia gramática, filosofía, teología… 

7.- Hay un interés por lo que hay más allá de los mares y eso se traslada en nuevas formas de transporte que invitan a lanzarse a arriesgadas aventuras. Todo ello culminaría (aunque no es la única gesta) con el descubrimiento de América a ojos europeos. 

8.- La misma inventiva que había llevado a la imprenta a lanzar libros sin fin o a las nuevas naves a surcar mares desconocidos se traslada en otros órdenes vitales creando máquinas rústicas que facilitan las tareas más penosas. Eso conlleva, por supuesto, un avance económico. 

9.- La población, por tanto, se va agolpando en grandes urbes que, desafortunadamente, no están preparadas para acoger a tal número de personas. A pesar del renacimiento cultural se producen pestes, plagas, escasez, falta de higiene y brotes de inseguridad ciudadana. 

10.- El mercado y el dinero sustituye al trueque medieval superando, por tanto, la economía de subsistencia. 

Con este sustrato entendemos mejor las características del Renacimiento literario que desgloso a continuación.

1.- La exaltación de lo humano como la base de las características del Renacimiento literario 

El ser humano se convierte en el centro del cosmos aunque eso no quita que todos los órdenes culturales estén impregnados de una profunda espiritualidad. Sin embargo, este sentir será radicalmente distinto al que encontramos en la literatura medieval, en la época anterior. Los milagros, los santos que ayudan a los viandantes, la teoría apocalípticas (como las que recogen los Beatos) quedan atrás. El hombre se vuelve la medida de todas las cosas y se arropa con un espíritu tremendamente positivo. Se cree en el desarrollo y en el avance a través de la incipiente técnica o ciencia y el panorama cultural se impregna con el espíritu de la incipiente burguesía que crece en las nuevas ciudades.  

2.- El paganismo en la literatura renacentista

Si el humanismo es una de las características del Renacimiento literario, sin embargo todo ello no era nuevo. Por eso, se fija la mirada en la literatura griega o de la antigua Roma, impregnándose buena parte de la producción artística de paganismo. En un afán por entender mejor esa época pasada, se recogen textos, se hacen estudios filológicos y se imprimen todos aquellos que se habían conservado de la cultura grecorromana. Aquí destaco la figura de Aldo Manuzio, el impresor de la Hypnerotomachia Poliphili, obra impregnada de símbolos y mitos de la antigua Roma o Grecia y el poeta Francesco Petrarca.  

3.- La espiritualidad personal es otra de las características del Renacimiento literario

La religiosidad se vive como un proceso de desarrollo personal tremendamente individual alejado de normas impuestas. En España, nos encontramos a dos grandes de la mística, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila que, con un estilo propio, sencillo y libre de convencionalismos, narran ese particular camino de comunión con Dios invitando a otros a seguir sus pasos sin hacer, aunque parezca contradictorio, proselitismo. Sus obras son tremendamente particulares e individuales en su visión de ese proceso de comunión con lo sagrado. Por eso, no es de extrañar que buena parte de estos autores tuvieron sus más y sus menos con las autoridades eclesiásticas siendo, incluso, acusados de herejía. 

4.- La individualidad es otra de las características del Renacimiento literario

La potenciación del espíritu del ser humano unida a esa nueva mirada del pasado pagano dio lugar a abrazar la libertad (aunque no podemos entender este concepto tal como lo vivimos hoy en día) como un paso más hacia la luz personal. En este proceso se entienden las reformas propuestas por Erasmo de Rotterdam y Martín Lutero. El pensamiento, la literatura, las artes y la cultura en general quieren dar un paso hacia adelante en aras de un progreso en el que no se ignore el interior espiritual y los anhelos del ser humano. Este mundo ya no será visto como un mero valle de lágrimas tal cual reflejaban los autores de la Edad Media. Es más, esta idea es propuesta como una forma de coartar las posibilidades (en todos los sentidos) de la población por parte de los sectores más retrógrados de la iglesia. 

5.- La cultura y la vida debe reflejar no solo la belleza del más allá sino también de este mundo 

El aquí y el ahora se vuelve a tener cuenta. En este sentido, cobra importancia todas esas manifestaciones literarias que ensalzan los dones y bienes tanto de la naturaleza como del alma humana. Nuestro paso por esta existencia debía invitar al goce en una actitud tanto contemplativa como que invitaba a la acción. El concepto de felicidad en este plano (negado de lleno entre los autores de la Edad Media) va calando en todos los órdenes de la vida y no solo en la literatura o en la cultura. Esa búsqueda de placer lleva a levantar grandes palacios o preciosos jardines inexistentes en la época anterior. 

6.- Platón se encuentra en la base de la filosofía renacentista

Ignorado  durante la época anterior, se retoman sus escritos (o lo que había podido ser rescatado en los scriptoria medievales). Imbuidos de su filosofía, el mundo sería un reflejo (recordemos la parábola de la caverna) de la belleza y la gloria de Dios. Por eso, el artista, el artesano o el ciudadano de a pie estaba obligado casi a buscar esa hermosura en cualquier aspecto de la creación, reflejarla de cualquiera manera y disfrutar de ella. 

7.- El amor es una de las principales características del Renacimiento literario 

Los poemas se llenan con versos de amor platónico (o no tanto) que ensalzan la belleza de la amada. Se obvia el sentido de pecado o de falta de decoro y todo se vuelve hacia ese sentimiento de una manera sencilla, grácil, hermosa. El amor se hace centro de poemas (de los nuevos sonetos o de las églogas) de manera recurrente. Es casto, moral, elegante, sencillo, decoroso pero, a la vez, ferviente, constante y fuente de enaltecimiento de un corazón que ahora se empieza a cuidar en todos los sentidos posibles.  

8.- La literatura del Renacimiento se escribe en las nuevas vernáculas 

Aunque el latín sigue siendo lengua de cultura (especialmente para temas teológicos, filosóficos o científicos) hasta el Siglo de las Luces, las obras de la época se escriben en los nuevos idiomas romances (o germánicos) que avanzan imparables llenándose de vocablos ricos y expresiones propias de cada emplazamiento. Los libros se escriben en estas nuevas lenguas vernáculas (francés, italiano, castellano…) en un intento también por llegar a un público más amplio, a los mismos que estudiaban en las incipientes universidades. Había también un afán educativo y este era muchísimo más complicado si se realizaba en un latín que ya casi nadie dominaba. Era una lengua muerta desde la Edad Media.   

9.- La sencillez como base de las características de literatura del Renacimiento 

Se rehúye de cualquier artificio y se busca la concisión, la sencillez del lenguaje, la claridad extrema. La poesía teía que comunicar directamente y llegar así al corazón. A la par, se creía en las posibilidades de crecimiento personal o social que ofrecía el arte. Por eso, se recurren a las lenguas vernáculas eliminando cultismos innecesarios y acercando esos nuevos mundos que abrían la palabra a un público más amplio. 

10.- El nacimiento de los nuevas estructuras métricas en el Renacimiento

En paralelo, se abandonan para siempre los metros y los tropos medievales que se consideraban forzados en las nuevas lenguas. Queda aparcada tanto la cuaderna vía como el pie quebrado en el que está escrito esa sublime obra de la literatura post medieval que es Coplas por la muerte de su padre. La nueva métrica creada en la literatura del Renacimiento perdura hasta hoy en día, con una preponderancia del endecasílabo (o verso de once sílabas) en detrimento del alejandrino o del octosílabo, aunque este último se seguirá tratando. Aparecen nuevos tropos como el soneto que se convierten en seña de identidad no solo de una época sino también de una lengua. Aunque se utilizan figuras retóricas (comparaciones o metáforas) estas son suaves, sin estridencias, sin llevar al límite las posibilidades del lenguaje.  

11.- La poesía amorosa en el centro de las características del Renacimiento literario

Siguiendo la estela de Petrarca, el amor (tanto el divino como el más profano entre humanos) es el centro temático de la literatura de la época. Es un sentimiento casi platónico pero que no olvida el poder o los placeres de la carne. Es un amor sencillo, delicado, sin grandes tensiones pasionales, que se dedica a exaltar la belleza de la amada, la cual es elevada a criatura casi divina. En el plano de la mística ese amor siempre es hacia Cristo o hacia el Dios Padre. En este sentido, recuerdo que la experiencia literaria siguiendo estos temas siempre se realiza desde un plano personal, íntimo, biográfico casi que llega profundamente al lector consiguiendo la identificación anímica con lo allí retratado. Por último, aunque nos encontramos una incipiente novelística y los primeros esbozos del teatro en lengua vernácula, el género predominante es el de la lírica. Esto es, la literatura del Renacimiento tiene especial preferencia por la poesía.  

12.- Los tipos de novelas renacentistas

La literatura en prosa también tiene un hueco. Se crean textos que ya están pensados o diseñados para ser leídos en formato libro de una forma personal y en silencio. Va, por tanto, quedando atrás las creaciones medievales dirigidas a un público colectivo que escuchaba los versos o cantos de juglares y trovadores. La novela, con la forma de lectura que conocemos hoy, se extiende y, de alguna manera u otra, va ligada al auge y avance de la imprenta que propicia que haya más libros en circulación (recuerdo una vez más que este punto influye sobremanera en las principales características del Renacimiento literario). Resumiendo mucho, en lengua castellana destacamos los siguientes tipos de novelas: 

  1. Las de caballerías que se encumbrarían con una obra crítica contra ellas (Don Quijote de la Mancha). En estas obras se narran las aventuras de héroes casi perfectos siempre en busca de una superación personal que ronda la personalidad narcisista. Eso no quita que, por ser tan entretenidas fueron favoritas del público de la época. 
  2. El género más importante y que ha dado títulos más sublimes fue la novela picaresca con el Lazarillo de Tormes (1554) a la cabeza. En ellas se relatan las andanzas de distintos tipos de pícaros, personajes al borde del sistema que se valen de artimañas y malicia para poder subsistir en las complicadas e incipientes ciudades de la época.
  3. La novela pastoril responde a una trama idealizada en la que se cuentan los amores de varias parejas de pastores siempre en un entorno bucólico e irreal. Entronca, de alguna manera u otra, con la poesía amorosa de la época. 
  4. En español tenemos además la novela morisca, también centrada en la temática pasional con el condicionante del rechazo social de por medio. Los protagonistas suelen pertenecer a distintos estratos sociales y/o religiosos. Por tanto, esos amores prohibidos o no aceptados se convierten en el eje temático de la trama. 

13.- Las bases del teatro en lengua vernácula 

La literatura medieval había dado algunos ejemplos de dramas teatrales centrados sobre todo en los temas de la liturgia cristiana. Progresivamente, en algunas zonas de España, esas obras salen a la calle para representar escenas de la vida de Cristo o celebrar festividades importantes. Con ello se va creando el germen del futuro teatro que tanto gusta al pueblo y que comenzará a ser seguido por todos y en cantidades importantes especialmente en el Barroco. A partir de esta época (siglo XVII) el teatro comienza a ser parte importante de la literatura española, tanto que algunas zonas del país, al día de hoy, son centros internacionales de obras teatrales. 

14.- Algunos nombres de la literatura del Renacimiento en lengua castellana a tener en cuenta

Sin ánimo de entrar en las particularidades biográficas y creativas de cada uno de estos escritores, sí reseño los siguientes nombres, fundamentales en el canon en lengua castellana: 

1.- Garcilaso de la Vega (1498-1536), máximo representante de la poesía amorosa.

2.- Juan Boscán (1493-1542), introductor de los metros y temas italianos en España. 

3.- Fernando de Herrera (1534-1597), el cual avanza hacia el manierismo olvidando la sencillez que es una de las características del Renacimiento literario más importante. 

4.- Santa Teresa de Jesús (1515-1582), máxima representante de la mística.

5.- San Juan de la Cruz (1542-1591), el mayor poeta místico del Renacimiento. 

6.- Fray Luis de León (1528-1591), poeta e intelectual imprescindible en la época. 

7.- Gil Vicente (1470-1539) y Bartolomé Torres Navarro como máximos exponentes del teatro. 

8.- El primer Cervantes, el mismo que escribe La Galatea, en 1585, una novela pastoril, es el mejor nombre para la novela que se inicia en el Renacimiento.  

En definitiva, las características del Renacimiento literario puso las bases de la creación en lengua vernácula. Aunque pretendía romper con la tradición, en verdad no solo entronca con aquello que se estaba haciendo inmediatamente antes sino con las más grandes obras de la cultura grecorromana que se había salvado del olvido. Fue una época marcada por un espíritu tremendamente positivo en la que se creía en las posibilidades de superación del ser humano por medio de la técnica, los avances en las comunicaciones, el desarrollo de las nuevas ciudades y la nueva forma de hacer arte. Este siempre tenía que ponernos en contacto con la belleza de la naturaleza creada por Dios. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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De la palabra italiana renascere, el nombre fue propuesto por los intelectuales y artistas de la época para indicar una vuelta a la vida cultural tras (en su cosmovisión) oscura Edad Media. Comienza a gestarse como tal a finales del siglo XV en las distintas ciudades estados italianas para extenderse por toda Europa. En España tuvo un arraigo importante y las características del Renacimiento literario fundamentales se encuentran en aquellos autores de la época que han sobrepasado el canon. Hablo de Garcilaso de la Vega, de Boscán, de los místicos Juan de la Cruz o Teresa de Ávila, de un Herrera que cierra el ciclo o de Fray Luis de León cuyos poemas siguen deleitando hoy en día. 

El Renacimiento en contraposición a la Edad Media 

La élite intelectual de la época se jactaba casi de aportar una nueva visión vital en contraposición con las décadas anteriores. No obstante, hoy en día, los estudiosos históricos o críticos literarios admiten que buena parte de esos avances se gestaron en los siglos precedentes. Esto es, no hubo una ruptura de un día para otro sino más bien, una progresiva transformación. Esto no quita para que el Renacimiento supusiera un cambio de mentalidad importante propiciado por distintos avances científicos, tecnológicos o de comunicación. Sin ánimo de hacer un estudio demasiado profundo, nos adentramos someramente en los hitos a tener en cuenta.  

1.- La vieja sociedad estamental de la época medieval comienza a desmoronarse lentamente empujada, en parte, por una pujante burguesía con una forma de entender el mundo totalmente distinta, ligada a las ciudades y a una incipiente industria que en estos momentos se basa en la manufactura sustituyendo a la ganadería y agricultura intensivas. 

2.- Hay un empuje de los pueblos, campos y zonas rurales hacia las incipientes ciudades donde se agolpan personajes de todo tipo, desde el hidalgo venido a menos hasta las nuevas élites estudiadas pasando por los aventureros de distinto pelaje. 

3.- La vieja sociedad alrededor de reinos pequeños va desapareciendo progresivamente hasta crearse los estados modernos. Excepto en Italia, que el proceso durará hasta el siglo XIX, en esta época se forma Alemania, Francia o España prácticamente como la conocemos hoy en día. 

4.- La unificación de los gobiernos hace que se disponga de más recursos para acometer empresas más ambiciosas. Esto explica, por poner algunos casos, las expediciones hacia Las Indias o la creación de las nuevas universidades.  

La cultura del Renacimiento en su contraposición a la medieval 

5.- Desde mediados del siglo XV la población lectora (mínima en la época hay que recordar) tiene a su disposición los primeros libros impresos. Estos son cada vez más numerosos tanto en tirada como en títulos dejando atrás la escasez medieval que se desprendía de los scriptoria de los monasterios. Aparecen incluso ediciones de bolsillo con textos depurados según una incipiente filología fáciles de leer, estudiar y trasladar. En línea con el impresor italiano Aldo Manuzio (creador de la sublime Hypnerotomachia Poliphili, uno de los textos más bellos de la historia), se van inaugurando más y más imprentas que sacian la sed por saber, conocer, aprender e, incluso, entretenerse. 

6.- Las nuevas universidades no pueden entenderse sin ese avance tanto de la burguesía (con otra cosmovisión vital distinta a la del medievo) y el aumento cada vez mayor de libros disponibles. Se crean centros universitarios por toda Europa que aún hoy en día siguen en activo. Aquí se estudia gramática, filosofía, teología… 

7.- Hay un interés por lo que hay más allá de los mares y eso se traslada en nuevas formas de transporte que invitan a lanzarse a arriesgadas aventuras. Todo ello culminaría (aunque no es la única gesta) con el descubrimiento de América a ojos europeos. 

8.- La misma inventiva que había llevado a la imprenta a lanzar libros sin fin o a las nuevas naves a surcar mares desconocidos se traslada en otros órdenes vitales creando máquinas rústicas que facilitan las tareas más penosas. Eso conlleva, por supuesto, un avance económico. 

9.- La población, por tanto, se va agolpando en grandes urbes que, desafortunadamente, no están preparadas para acoger a tal número de personas. A pesar del renacimiento cultural se producen pestes, plagas, escasez, falta de higiene y brotes de inseguridad ciudadana. 

10.- El mercado y el dinero sustituye al trueque medieval superando, por tanto, la economía de subsistencia. 

Con este sustrato entendemos mejor las características del Renacimiento literario que desgloso a continuación.

1.- La exaltación de lo humano como la base de las características del Renacimiento literario 

El ser humano se convierte en el centro del cosmos aunque eso no quita que todos los órdenes culturales estén impregnados de una profunda espiritualidad. Sin embargo, este sentir será radicalmente distinto al que encontramos en la literatura medieval, en la época anterior. Los milagros, los santos que ayudan a los viandantes, la teoría apocalípticas (como las que recogen los Beatos) quedan atrás. El hombre se vuelve la medida de todas las cosas y se arropa con un espíritu tremendamente positivo. Se cree en el desarrollo y en el avance a través de la incipiente técnica o ciencia y el panorama cultural se impregna con el espíritu de la incipiente burguesía que crece en las nuevas ciudades.  

2.- El paganismo en la literatura renacentista

Si el humanismo es una de las características del Renacimiento literario, sin embargo todo ello no era nuevo. Por eso, se fija la mirada en la literatura griega o de la antigua Roma, impregnándose buena parte de la producción artística de paganismo. En un afán por entender mejor esa época pasada, se recogen textos, se hacen estudios filológicos y se imprimen todos aquellos que se habían conservado de la cultura grecorromana. Aquí destaco la figura de Aldo Manuzio, el impresor de la Hypnerotomachia Poliphili, obra impregnada de símbolos y mitos de la antigua Roma o Grecia y el poeta Francesco Petrarca.  

3.- La espiritualidad personal es otra de las características del Renacimiento literario

La religiosidad se vive como un proceso de desarrollo personal tremendamente individual alejado de normas impuestas. En España, nos encontramos a dos grandes de la mística, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila que, con un estilo propio, sencillo y libre de convencionalismos, narran ese particular camino de comunión con Dios invitando a otros a seguir sus pasos sin hacer, aunque parezca contradictorio, proselitismo. Sus obras son tremendamente particulares e individuales en su visión de ese proceso de comunión con lo sagrado. Por eso, no es de extrañar que buena parte de estos autores tuvieron sus más y sus menos con las autoridades eclesiásticas siendo, incluso, acusados de herejía. 

4.- La individualidad es otra de las características del Renacimiento literario

La potenciación del espíritu del ser humano unida a esa nueva mirada del pasado pagano dio lugar a abrazar la libertad (aunque no podemos entender este concepto tal como lo vivimos hoy en día) como un paso más hacia la luz personal. En este proceso se entienden las reformas propuestas por Erasmo de Rotterdam y Martín Lutero. El pensamiento, la literatura, las artes y la cultura en general quieren dar un paso hacia adelante en aras de un progreso en el que no se ignore el interior espiritual y los anhelos del ser humano. Este mundo ya no será visto como un mero valle de lágrimas tal cual reflejaban los autores de la Edad Media. Es más, esta idea es propuesta como una forma de coartar las posibilidades (en todos los sentidos) de la población por parte de los sectores más retrógrados de la iglesia. 

5.- La cultura y la vida debe reflejar no solo la belleza del más allá sino también de este mundo 

El aquí y el ahora se vuelve a tener cuenta. En este sentido, cobra importancia todas esas manifestaciones literarias que ensalzan los dones y bienes tanto de la naturaleza como del alma humana. Nuestro paso por esta existencia debía invitar al goce en una actitud tanto contemplativa como que invitaba a la acción. El concepto de felicidad en este plano (negado de lleno entre los autores de la Edad Media) va calando en todos los órdenes de la vida y no solo en la literatura o en la cultura. Esa búsqueda de placer lleva a levantar grandes palacios o preciosos jardines inexistentes en la época anterior. 

6.- Platón se encuentra en la base de la filosofía renacentista

Ignorado  durante la época anterior, se retoman sus escritos (o lo que había podido ser rescatado en los scriptoria medievales). Imbuidos de su filosofía, el mundo sería un reflejo (recordemos la parábola de la caverna) de la belleza y la gloria de Dios. Por eso, el artista, el artesano o el ciudadano de a pie estaba obligado casi a buscar esa hermosura en cualquier aspecto de la creación, reflejarla de cualquiera manera y disfrutar de ella. 

7.- El amor es una de las principales características del Renacimiento literario 

Los poemas se llenan con versos de amor platónico (o no tanto) que ensalzan la belleza de la amada. Se obvia el sentido de pecado o de falta de decoro y todo se vuelve hacia ese sentimiento de una manera sencilla, grácil, hermosa. El amor se hace centro de poemas (de los nuevos sonetos o de las églogas) de manera recurrente. Es casto, moral, elegante, sencillo, decoroso pero, a la vez, ferviente, constante y fuente de enaltecimiento de un corazón que ahora se empieza a cuidar en todos los sentidos posibles.  

8.- La literatura del Renacimiento se escribe en las nuevas vernáculas 

Aunque el latín sigue siendo lengua de cultura (especialmente para temas teológicos, filosóficos o científicos) hasta el Siglo de las Luces, las obras de la época se escriben en los nuevos idiomas romances (o germánicos) que avanzan imparables llenándose de vocablos ricos y expresiones propias de cada emplazamiento. Los libros se escriben en estas nuevas lenguas vernáculas (francés, italiano, castellano…) en un intento también por llegar a un público más amplio, a los mismos que estudiaban en las incipientes universidades. Había también un afán educativo y este era muchísimo más complicado si se realizaba en un latín que ya casi nadie dominaba. Era una lengua muerta desde la Edad Media.   

9.- La sencillez como base de las características de literatura del Renacimiento 

Se rehúye de cualquier artificio y se busca la concisión, la sencillez del lenguaje, la claridad extrema. La poesía teía que comunicar directamente y llegar así al corazón. A la par, se creía en las posibilidades de crecimiento personal o social que ofrecía el arte. Por eso, se recurren a las lenguas vernáculas eliminando cultismos innecesarios y acercando esos nuevos mundos que abrían la palabra a un público más amplio. 

10.- El nacimiento de los nuevas estructuras métricas en el Renacimiento

En paralelo, se abandonan para siempre los metros y los tropos medievales que se consideraban forzados en las nuevas lenguas. Queda aparcada tanto la cuaderna vía como el pie quebrado en el que está escrito esa sublime obra de la literatura post medieval que es Coplas por la muerte de su padre. La nueva métrica creada en la literatura del Renacimiento perdura hasta hoy en día, con una preponderancia del endecasílabo (o verso de once sílabas) en detrimento del alejandrino o del octosílabo, aunque este último se seguirá tratando. Aparecen nuevos tropos como el soneto que se convierten en seña de identidad no solo de una época sino también de una lengua. Aunque se utilizan figuras retóricas (comparaciones o metáforas) estas son suaves, sin estridencias, sin llevar al límite las posibilidades del lenguaje.  

11.- La poesía amorosa en el centro de las características del Renacimiento literario

Siguiendo la estela de Petrarca, el amor (tanto el divino como el más profano entre humanos) es el centro temático de la literatura de la época. Es un sentimiento casi platónico pero que no olvida el poder o los placeres de la carne. Es un amor sencillo, delicado, sin grandes tensiones pasionales, que se dedica a exaltar la belleza de la amada, la cual es elevada a criatura casi divina. En el plano de la mística ese amor siempre es hacia Cristo o hacia el Dios Padre. En este sentido, recuerdo que la experiencia literaria siguiendo estos temas siempre se realiza desde un plano personal, íntimo, biográfico casi que llega profundamente al lector consiguiendo la identificación anímica con lo allí retratado. Por último, aunque nos encontramos una incipiente novelística y los primeros esbozos del teatro en lengua vernácula, el género predominante es el de la lírica. Esto es, la literatura del Renacimiento tiene especial preferencia por la poesía.  

12.- Los tipos de novelas renacentistas

La literatura en prosa también tiene un hueco. Se crean textos que ya están pensados o diseñados para ser leídos en formato libro de una forma personal y en silencio. Va, por tanto, quedando atrás las creaciones medievales dirigidas a un público colectivo que escuchaba los versos o cantos de juglares y trovadores. La novela, con la forma de lectura que conocemos hoy, se extiende y, de alguna manera u otra, va ligada al auge y avance de la imprenta que propicia que haya más libros en circulación (recuerdo una vez más que este punto influye sobremanera en las principales características del Renacimiento literario). Resumiendo mucho, en lengua castellana destacamos los siguientes tipos de novelas: 

  1. Las de caballerías que se encumbrarían con una obra crítica contra ellas (Don Quijote de la Mancha). En estas obras se narran las aventuras de héroes casi perfectos siempre en busca de una superación personal que ronda la personalidad narcisista. Eso no quita que, por ser tan entretenidas fueron favoritas del público de la época. 
  2. El género más importante y que ha dado títulos más sublimes fue la novela picaresca con el Lazarillo de Tormes (1554) a la cabeza. En ellas se relatan las andanzas de distintos tipos de pícaros, personajes al borde del sistema que se valen de artimañas y malicia para poder subsistir en las complicadas e incipientes ciudades de la época.
  3. La novela pastoril responde a una trama idealizada en la que se cuentan los amores de varias parejas de pastores siempre en un entorno bucólico e irreal. Entronca, de alguna manera u otra, con la poesía amorosa de la época. 
  4. En español tenemos además la novela morisca, también centrada en la temática pasional con el condicionante del rechazo social de por medio. Los protagonistas suelen pertenecer a distintos estratos sociales y/o religiosos. Por tanto, esos amores prohibidos o no aceptados se convierten en el eje temático de la trama. 

13.- Las bases del teatro en lengua vernácula 

La literatura medieval había dado algunos ejemplos de dramas teatrales centrados sobre todo en los temas de la liturgia cristiana. Progresivamente, en algunas zonas de España, esas obras salen a la calle para representar escenas de la vida de Cristo o celebrar festividades importantes. Con ello se va creando el germen del futuro teatro que tanto gusta al pueblo y que comenzará a ser seguido por todos y en cantidades importantes especialmente en el Barroco. A partir de esta época (siglo XVII) el teatro comienza a ser parte importante de la literatura española, tanto que algunas zonas del país, al día de hoy, son centros internacionales de obras teatrales. 

14.- Algunos nombres de la literatura del Renacimiento en lengua castellana a tener en cuenta

Sin ánimo de entrar en las particularidades biográficas y creativas de cada uno de estos escritores, sí reseño los siguientes nombres, fundamentales en el canon en lengua castellana: 

1.- Garcilaso de la Vega (1498-1536), máximo representante de la poesía amorosa.

2.- Juan Boscán (1493-1542), introductor de los metros y temas italianos en España. 

3.- Fernando de Herrera (1534-1597), el cual avanza hacia el manierismo olvidando la sencillez que es una de las características del Renacimiento literario más importante. 

4.- Santa Teresa de Jesús (1515-1582), máxima representante de la mística.

5.- San Juan de la Cruz (1542-1591), el mayor poeta místico del Renacimiento. 

6.- Fray Luis de León (1528-1591), poeta e intelectual imprescindible en la época. 

7.- Gil Vicente (1470-1539) y Bartolomé Torres Navarro como máximos exponentes del teatro. 

8.- El primer Cervantes, el mismo que escribe La Galatea, en 1585, una novela pastoril, es el mejor nombre para la novela que se inicia en el Renacimiento.  

En definitiva, las características del Renacimiento literario puso las bases de la creación en lengua vernácula. Aunque pretendía romper con la tradición, en verdad no solo entronca con aquello que se estaba haciendo inmediatamente antes sino con las más grandes obras de la cultura grecorromana que se había salvado del olvido. Fue una época marcada por un espíritu tremendamente positivo en la que se creía en las posibilidades de superación del ser humano por medio de la técnica, los avances en las comunicaciones, el desarrollo de las nuevas ciudades y la nueva forma de hacer arte. Este siempre tenía que ponernos en contacto con la belleza de la naturaleza creada por Dios. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Aproximadamente a mitad del siglo XV se va dando la transición desde la época denominada Edad Media hacia el Renacimiento. La palabra surge en Italia, donde artistas, poetas y gentes de letras utilizan el vocablo Renacimiento para referirse a la nueva época. A decir de aquellos intelectuales,  los siglos que mediaron entre las glorias del Imperio Romano y su cultura grecolatina y la nueva era, fue una época oscura,  de retroceso de la humanidad en la que nada bueno había sucedido. Sin embargo, hoy los investigadores  no son tan tajantes y aceptan que buena parte de lo que sucedió en la literatura renacentista, en el resto de las artes y en buena parte de la sociedad tenía su germen en los últimos siglos de la Edad Media. Importancia fundamental es el avance de las nuevas lenguas romances que van cogiendo posiciones para instalarse como idiomas de cultura,  aunque el proceso no se complete del todo hasta el llamado Siglo de las Luces, esto es el XVIII.   

 

Fundamentos socio-económicos para entender la cultura y la literatura renacentista

1.- Transformación de la sociedad agraria medieval hacia las incipientes ciudades

La población en los siglos anteriores se agrupaba en torno a un señor feudal y estos alrededor de un rey. Los reinos eran pequeños tanto en extensión como en población y, por tanto, en importancia. Toda la economía se basaba en la agricultura y en la ganadería extensiva con muy poca circulación de dinero y, por tanto, de intercambio económico. El trueque (incluso cuando se trataba de pagar grandes favores a caudillos militares) era la moneda de cambio. Además, la sociedad estaba dividida en tres estamentos rígidos: nobleza, clero y campesinado.   

A partir del siglo XV en Italia (también en España) todo esto comenzó a cambiar. Pequeños emplazamientos van creciendo en población trastocando todo el sistema anterior.  Se desarrolla una incipiente  burguesía cultivada intelectualmente,  siempre ligada al comercio y a una industria que aún no ha abandonado los procesos artesanales. A la par, los centros académicos hacen mudanza desde los aislados monasterios hacia las universidades que empiezan a proliferar en la época.  

2.- Nacimiento de las incipientes naciones o ciudades estados 

Todos estos movimientos van generando los primeros estados que acaban por liquidar el régimen feudal en torno a un señor y sus vasallos. Estas autoridades locales van perdiendo poder en favor del rey, el cual, a través de tributos, va acaparando poder y riquezas que propician la financiación hacia empresas más ambiciosas. En este contexto, por poner el ejemplo más fragante, tenemos que entender la carrera hacia Las Indias y el posterior descubrimiento de América a ojos europeos. En esta época, además, surgen los estados modernos tal como hoy lo conocemos. Aunque Italia sigue aún inmersa en la competición de sus distintas ciudades estados, no ocurre lo mismo en Alemania, Francia, Portugal o España.  

3.- Aparecen los primeros brotes de la actividad industrial y el comercio

Y el dinero vuelve a tener importancia. La cultura del trueque va perdiendo valor y en el Renacimiento se ponen las bases para otra forma de sistema económico. En esta época surgen banqueros, empresarios, emprendedores con aires de aventureros que arriesgan más allá del terruño de la época medieval. Se fletan barcos para ver que hay más allá de las fronteras. Se crean máquinas que ayudan en las tareas más pesadas y en las ciudades comienza una incipiente especialización del trabajo. 

 

La cultura y la espiritualidad en el Renacimiento 

Una de las características de la literatura medieval es su carácter oral, en parte, por la poca disponibilidad de libros. Esto cambia en el siglo XV con el nacimiento de la imprenta y su avance inexorable. Con ella, las obras son reproducidas fácilmente y, por tanto, los nuevos conocimientos se expanden con una rapidez nunca antes vista en la historia de la humanidad. Ello propicia, a la par, que un porcentaje más amplio de población acceda a la educación (antes recluida mínimamente en monasterios aislados). Con las imprentas que se van abriendo en las nuevas ciudades (algunas alrededor de las incipientes universidades) se ponen las semillas del cambio no solo de la literatura renacentista sino de todas las ideas transformadoras de la época.  

La nueva burguesía que accede a la riqueza de una manera diferente a la nobleza militar medieval mantiene un espíritu pujante, optimista, vitalista y transformador. Su vida ya no gira alrededor de los premios futuros y se afanan en retomar el hedonismo que encontramos en la literatura griega o romana. La cultura deja de ser eminentemente religiosa y el hombre se convierte en el centro del universo. Por supuesto, todo eso se transparenta en todas las artes posibles. Se cree en el espíritu de superación (y se olvida el conformismo de clase) mientras se ponen las bases para acceder al conocimiento por medio de la razón, aunque esta no reinará hasta el Neoclasicismo

El Humanismo en la base de la literatura renacentista 

El Humanismo es la filosofía principal de la época. La perspectiva teocéntrica medieval queda relegada por una visión central del ser humano. Tanto es así que se considera como una especie de microcosmos. La representación del Hombre de Vitruvio de Leonardo es buena prueba de esta idea y de este sentir que impregna no solo la literatura renacentista sino todo el arte y la filosofía de la época. A la par que se niega la religiosidad medieval en la que cualquier acto tiene que ser entregado a Dios, se va recuperando la tradición de la literatura griega y romana. Ni que decir tiene que esto impregna, en mayor o menor medida, buena parte de los escritos de paganismo. 

Por otra parte, no se puede olvidar que en los scriptoria medievales no solo se crearon y copiaron textos de la época como los deliciosos Beatos sino también cualquier escrito que llegara de la tradición clásica. El Humanismo los rescata y se realizan nuevas ediciones críticas siguiendo una incipiente filología. Buen ejemplo de ello fue la labor que ejecutó Aldo Manuzio en su imprenta, de donde salieron ejemplares de bibliofilia casi, pulcros, primorosamente tratados tanto en su aspecto material como en el lingüístico. Si bien en la época se hicieron verdaderas obras de arte como la Hypnerotomachia Poliphili, estas ediciones circulaban en ediciones que hoy podríamos considerar de bolsillo, de mano en mano entre los numerosos estudiantes de la época que copaban las incipientes universidades.  

Allí se estudiaba gramática, retórica, poética, filosofía y también teología con un espíritu crítico que habían tenido pocos autores de la literatura medieval. El avance de la imprenta, el desarrollo de nuevos centros tecnológicos (aunque fueran muy elementales para nuestra cosmovisión), los nuevos medios de locomoción y los descubrimientos de nuevos mundos realizó una apertura mental desconocida hasta entonces. Todo ello se transformó en la base de un espíritu positivo centrado en las posibilidades del hombre. Paralelamente, ya no se pone la visión en la vida futura sino en el aquí y el ahora. Se retoma, por poner un ejemplo, la idea del carpe diem, el atrapa el momento. Fernando Lázaro define así la época:

“Pero el Humanismo no fue simplemente una actitud erudita o cultural, sino un auténtico movimiento liberador del hombre en todos los órdenes. La asimilación de los clásicos no será pasiva: debe desencadenar un proceso creador, que, partiendo, de ellos, los supere; así conducirá a una vida feliz, al goce de lo natural, a la admiración de la virtud, a la activa participación en los negocios humanos con un sentido de justicia y libertad.” 

 

La estética de la literatura renacentista

Todas las cosas llegadas del ser humano se aceptan casi con veneración. Todo ello hace que la estética de la época se impregne de los distintos extremos: 

1.- Se retoman las formas equilibradas de la época clásica.

2.- La realidad es vista de una forma idealizada. Se cree en el progreso, en el avance, en el desarrollo sin límites debido a la acción humana. Todo ello acabaría bruscamente después en el Barroco que en España fue especialmente acusado. 

3.- La figura y los escritos de Platón se convierten en guía filosófica. 

4.- El mundo (el de aquí y el ahora), al combinarse con la fe cristiana y las ideas aristotélicas, es visto como un reflejo de la bondad y la belleza divina. Por eso, se vuelve la mirada hacia la naturaleza, hacia las obras de arte, hacia todo aquello que lleva el calificativo de hermoso. En esta época no solo se levantan grandes obras pictóricas o piezas señeras de la literatura sino también palacios o zonas verdes (los Jardines de Boboli de Florencia son un ejemplo). 

5.- En las obras de arte y en la literatura renacentista, el amor se convierte en tema principal. Será el divino de los místicos pero también el más profano bajo la influencia de Petrarca.

6.- Se pierde el concepto de autoridad que había predominado en la Edad Media y se apela a la libertad y a la creatividad que luego retoma el Romanticismo literario

7.- Las obras de arte eran vistas como una manera de honrar a Dios, como una forma de acceder a su belleza en el aquí y el ahora. 

8.- En la pintura asistimos a obras serenas, sublimes y que han superado con matrícula de honor los avatares del tiempo. Solo nombro dos: La Gioconda de Leonardo y la Capilla Sixtina de Miguel Ángel. 

9.- La literatura renacentista y la estética de la época, a pesar de estar impregnadas de una religiosidad especial, no olvida nunca que el ser humano es la medida del universo. Por eso, predominan los retratos, los desnudos, los temas mitológicos en los que se reflejan todas las pasiones, grandezas y vicios que anidan en los corazones.

10.- Por influencia de Baltasar de Castiglione, cuya obra El cortesano fue un best seller en la época, se empieza a valorar las personas con cultura que saben apreciar o crear arte, danza, literatura, música, artesanía…

 

La lengua de la literatura renacentista 

1.- En aras a ese afán de claridad, sencillez, concisión y elegancia se evitan tropos exagerados o retorcimientos de lenguaje. 

2.- Se huye de la afectación que no aporta contenido semántico. 

3.- Son frecuentes los paralelismos y los contrastes. 

4.- La sencillez absoluta es vista como la meta a seguir en literatura. Cualquier artificio entorpece la comprensión de esa belleza del universo con todas sus criaturas dentro que nos adelantan el gozo divino. 

5.- En España hay una explosión de las llamadas lenguas vulgares, las que habían evolucionado del latín. El castellano se impone en la cultura dando nombres memorables desde Teresa de Jesús hasta Garcilaso pasando por Fray Luis de León. 

6.- Debido a la pujanza económica y a los descubrimientos del Nuevo Mundo, el castellano se convierte en lengua diplomática. Para facilitar su aprendizaje por los no nativos se publican gramáticas cuyo mejor ejemplo es la de Nebrija.  

 

La lírica en la literatura renacentista 

1.- Todos los creadores miran hacia Petrarca y la poesía italiana. Sus tropos, modos y temas son adoptados no solo por los poetas españoles  (Juan Boscán o Garcilaso de la Vega) sino también por los europeos. 

2.- El amor platónico (a veces no tanto) se convierte en el eje central de la lírica de la literatura renacentista. Paralelamente, se retoman las historias de la tradición grecolatina y se vuelve especialmente a las Metamorfosis de Ovidio que pueblan no solo poemas sino también pinturas o esculturas de la época. 

3.- El amor platónico, en algunos autores, se transforma en espiritual dando lugar a la lírica religiosa o mística cuyos grandes nombres en español son San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. 

4.- Se trabajan nuevos metros y tropos. Comienza el reinado del endecasílabo en castellano que ha durado hasta hoy en día. 

5.- Se crean nuevas estrofas, entre ellas el soneto compuesto por dos cuartetos y dos tercetos. 

6.- La literatura renacentista no solo da grandes nombre en otras lenguas vulgares. En castellano se producen versos y poemas memorables que han entrado en el canon. Nombres imprescindibles, aparte de los mencionados Boscán, Garcilaso, Juan de la Cruz o Teresa de Ávila son Fray Luis de León o Fernando de Herrera que ya se adentra el manierismo. 

 

La literatura renacentista,  los temas religiosos y la mística

La mística renacentista es ajena a la religiosidad milagrosa medieval (un buen ejemplo son los Milagros de Nuestra Señora de Berceo). Es, más bien un filosofía de vida, un sentir profundo que impregna buena parte de la literatura. 

La mística nace de una profunda creencia personal que ahonda en los temas espirituales de una manera sencilla. No espera un don sino un sentir, un bien a nivel espiritual. La literatura mística española (de una profunda belleza) nos adentra en la comunión con Dios, en experiencias de unificación personales. 

La literatura renacentista ve nacer las distintas formas de novela 

Que culminarán con el grandioso El Quijote. Con anterioridad, la narrativa en prosa estaba muy ceñida en lo que a los temas se refiere. Destaco los siguientes:

1.- Los libros de caballería, tan populares en la época que las hazañas de estos héroes tan increíbles enfrentados con dragones y todo tipo de pruebas eran del conocimiento del público en general. A esta categoría pertenecen el Amadís de Gaula y el Tirant lo Blanch

2.- Éxito de público también tuvieron las novelas pastoriles que recogían en prosa los amores idealizados en ambientes también irreales de distintos pastores. 

3.- Si los protagonistas son de culturas distintas (musulmana y cristiana) estamos ante las conocidas como novelas moriscas. Esta se centran en los avatares de los enamorados debido al rechazo social y/o familiar.

4.- La picaresca que se inaugura con el Lazarillo de Tormes en 1554 merece un estudio aparte por su importancia, calidad y trascendencia. 

Y, por último, el teatro, relegado a pequeñas representaciones litúrgicas en la Edad Media, comienza tímidamente a resurgir en el Renacimiento. Las primeras obras estaban ligadas a festividades religiosas, como las fiestas teatrales con carros del Corpus. De aquí se extienden a otras fechas señaladas del calendario litúrgico y a las universidades. Los primeros corrales de comedias comienzan a aparecer, por imitación de los italianos, a finales del siglo XVI. A partir de aquí empezará la época gloriosa del teatro español que fue dando frutos y más frutos hasta, prácticamente, el día de hoy. En definitiva, la literatura renacentista supuso un cambio radical desde los parámetros de la medieval poniendo las bases de los géneros y tropos que han llegado hasta hoy en día.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación

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Aproximadamente a mitad del siglo XV se va dando la transición desde la época denominada Edad Media hacia el Renacimiento. La palabra surge en Italia, donde artistas, poetas y gentes de letras utilizan el vocablo Renacimiento para referirse a la nueva época. A decir de aquellos intelectuales,  los siglos que mediaron entre las glorias del Imperio Romano y su cultura grecolatina y la nueva era, fue una época oscura,  de retroceso de la humanidad en la que nada bueno había sucedido. Sin embargo, hoy los investigadores  no son tan tajantes y aceptan que buena parte de lo que sucedió en la literatura renacentista, en el resto de las artes y en buena parte de la sociedad tenía su germen en los últimos siglos de la Edad Media. Importancia fundamental es el avance de las nuevas lenguas romances que van cogiendo posiciones para instalarse como idiomas de cultura,  aunque el proceso no se complete del todo hasta el llamado Siglo de las Luces, esto es el XVIII.   

 

Fundamentos socio-económicos para entender la cultura y la literatura renacentista

1.- Transformación de la sociedad agraria medieval hacia las incipientes ciudades

La población en los siglos anteriores se agrupaba en torno a un señor feudal y estos alrededor de un rey. Los reinos eran pequeños tanto en extensión como en población y, por tanto, en importancia. Toda la economía se basaba en la agricultura y en la ganadería extensiva con muy poca circulación de dinero y, por tanto, de intercambio económico. El trueque (incluso cuando se trataba de pagar grandes favores a caudillos militares) era la moneda de cambio. Además, la sociedad estaba dividida en tres estamentos rígidos: nobleza, clero y campesinado.   

A partir del siglo XV en Italia (también en España) todo esto comenzó a cambiar. Pequeños emplazamientos van creciendo en población trastocando todo el sistema anterior.  Se desarrolla una incipiente  burguesía cultivada intelectualmente,  siempre ligada al comercio y a una industria que aún no ha abandonado los procesos artesanales. A la par, los centros académicos hacen mudanza desde los aislados monasterios hacia las universidades que empiezan a proliferar en la época.  

2.- Nacimiento de las incipientes naciones o ciudades estados 

Todos estos movimientos van generando los primeros estados que acaban por liquidar el régimen feudal en torno a un señor y sus vasallos. Estas autoridades locales van perdiendo poder en favor del rey, el cual, a través de tributos, va acaparando poder y riquezas que propician la financiación hacia empresas más ambiciosas. En este contexto, por poner el ejemplo más fragante, tenemos que entender la carrera hacia Las Indias y el posterior descubrimiento de América a ojos europeos. En esta época, además, surgen los estados modernos tal como hoy lo conocemos. Aunque Italia sigue aún inmersa en la competición de sus distintas ciudades estados, no ocurre lo mismo en Alemania, Francia, Portugal o España.  

3.- Aparecen los primeros brotes de la actividad industrial y el comercio

Y el dinero vuelve a tener importancia. La cultura del trueque va perdiendo valor y en el Renacimiento se ponen las bases para otra forma de sistema económico. En esta época surgen banqueros, empresarios, emprendedores con aires de aventureros que arriesgan más allá del terruño de la época medieval. Se fletan barcos para ver que hay más allá de las fronteras. Se crean máquinas que ayudan en las tareas más pesadas y en las ciudades comienza una incipiente especialización del trabajo. 

 

La cultura y la espiritualidad en el Renacimiento 

Una de las características de la literatura medieval es su carácter oral, en parte, por la poca disponibilidad de libros. Esto cambia en el siglo XV con el nacimiento de la imprenta y su avance inexorable. Con ella, las obras son reproducidas fácilmente y, por tanto, los nuevos conocimientos se expanden con una rapidez nunca antes vista en la historia de la humanidad. Ello propicia, a la par, que un porcentaje más amplio de población acceda a la educación (antes recluida mínimamente en monasterios aislados). Con las imprentas que se van abriendo en las nuevas ciudades (algunas alrededor de las incipientes universidades) se ponen las semillas del cambio no solo de la literatura renacentista sino de todas las ideas transformadoras de la época.  

La nueva burguesía que accede a la riqueza de una manera diferente a la nobleza militar medieval mantiene un espíritu pujante, optimista, vitalista y transformador. Su vida ya no gira alrededor de los premios futuros y se afanan en retomar el hedonismo que encontramos en la literatura griega o romana. La cultura deja de ser eminentemente religiosa y el hombre se convierte en el centro del universo. Por supuesto, todo eso se transparenta en todas las artes posibles. Se cree en el espíritu de superación (y se olvida el conformismo de clase) mientras se ponen las bases para acceder al conocimiento por medio de la razón, aunque esta no reinará hasta el Neoclasicismo

El Humanismo en la base de la literatura renacentista 

El Humanismo es la filosofía principal de la época. La perspectiva teocéntrica medieval queda relegada por una visión central del ser humano. Tanto es así que se considera como una especie de microcosmos. La representación del Hombre de Vitruvio de Leonardo es buena prueba de esta idea y de este sentir que impregna no solo la literatura renacentista sino todo el arte y la filosofía de la época. A la par que se niega la religiosidad medieval en la que cualquier acto tiene que ser entregado a Dios, se va recuperando la tradición de la literatura griega y romana. Ni que decir tiene que esto impregna, en mayor o menor medida, buena parte de los escritos de paganismo. 

Por otra parte, no se puede olvidar que en los scriptoria medievales no solo se crearon y copiaron textos de la época como los deliciosos Beatos sino también cualquier escrito que llegara de la tradición clásica. El Humanismo los rescata y se realizan nuevas ediciones críticas siguiendo una incipiente filología. Buen ejemplo de ello fue la labor que ejecutó Aldo Manuzio en su imprenta, de donde salieron ejemplares de bibliofilia casi, pulcros, primorosamente tratados tanto en su aspecto material como en el lingüístico. Si bien en la época se hicieron verdaderas obras de arte como la Hypnerotomachia Poliphili, estas ediciones circulaban en ediciones que hoy podríamos considerar de bolsillo, de mano en mano entre los numerosos estudiantes de la época que copaban las incipientes universidades.  

Allí se estudiaba gramática, retórica, poética, filosofía y también teología con un espíritu crítico que habían tenido pocos autores de la literatura medieval. El avance de la imprenta, el desarrollo de nuevos centros tecnológicos (aunque fueran muy elementales para nuestra cosmovisión), los nuevos medios de locomoción y los descubrimientos de nuevos mundos realizó una apertura mental desconocida hasta entonces. Todo ello se transformó en la base de un espíritu positivo centrado en las posibilidades del hombre. Paralelamente, ya no se pone la visión en la vida futura sino en el aquí y el ahora. Se retoma, por poner un ejemplo, la idea del carpe diem, el atrapa el momento. Fernando Lázaro define así la época:

“Pero el Humanismo no fue simplemente una actitud erudita o cultural, sino un auténtico movimiento liberador del hombre en todos los órdenes. La asimilación de los clásicos no será pasiva: debe desencadenar un proceso creador, que, partiendo, de ellos, los supere; así conducirá a una vida feliz, al goce de lo natural, a la admiración de la virtud, a la activa participación en los negocios humanos con un sentido de justicia y libertad.” 

 

La estética de la literatura renacentista

Todas las cosas llegadas del ser humano se aceptan casi con veneración. Todo ello hace que la estética de la época se impregne de los distintos extremos: 

1.- Se retoman las formas equilibradas de la época clásica.

2.- La realidad es vista de una forma idealizada. Se cree en el progreso, en el avance, en el desarrollo sin límites debido a la acción humana. Todo ello acabaría bruscamente después en el Barroco que en España fue especialmente acusado. 

3.- La figura y los escritos de Platón se convierten en guía filosófica. 

4.- El mundo (el de aquí y el ahora), al combinarse con la fe cristiana y las ideas aristotélicas, es visto como un reflejo de la bondad y la belleza divina. Por eso, se vuelve la mirada hacia la naturaleza, hacia las obras de arte, hacia todo aquello que lleva el calificativo de hermoso. En esta época no solo se levantan grandes obras pictóricas o piezas señeras de la literatura sino también palacios o zonas verdes (los Jardines de Boboli de Florencia son un ejemplo). 

5.- En las obras de arte y en la literatura renacentista, el amor se convierte en tema principal. Será el divino de los místicos pero también el más profano bajo la influencia de Petrarca.

6.- Se pierde el concepto de autoridad que había predominado en la Edad Media y se apela a la libertad y a la creatividad que luego retoma el Romanticismo literario

7.- Las obras de arte eran vistas como una manera de honrar a Dios, como una forma de acceder a su belleza en el aquí y el ahora. 

8.- En la pintura asistimos a obras serenas, sublimes y que han superado con matrícula de honor los avatares del tiempo. Solo nombro dos: La Gioconda de Leonardo y la Capilla Sixtina de Miguel Ángel. 

9.- La literatura renacentista y la estética de la época, a pesar de estar impregnadas de una religiosidad especial, no olvida nunca que el ser humano es la medida del universo. Por eso, predominan los retratos, los desnudos, los temas mitológicos en los que se reflejan todas las pasiones, grandezas y vicios que anidan en los corazones.

10.- Por influencia de Baltasar de Castiglione, cuya obra El cortesano fue un best seller en la época, se empieza a valorar las personas con cultura que saben apreciar o crear arte, danza, literatura, música, artesanía…

 

La lengua de la literatura renacentista 

1.- En aras a ese afán de claridad, sencillez, concisión y elegancia se evitan tropos exagerados o retorcimientos de lenguaje. 

2.- Se huye de la afectación que no aporta contenido semántico. 

3.- Son frecuentes los paralelismos y los contrastes. 

4.- La sencillez absoluta es vista como la meta a seguir en literatura. Cualquier artificio entorpece la comprensión de esa belleza del universo con todas sus criaturas dentro que nos adelantan el gozo divino. 

5.- En España hay una explosión de las llamadas lenguas vulgares, las que habían evolucionado del latín. El castellano se impone en la cultura dando nombres memorables desde Teresa de Jesús hasta Garcilaso pasando por Fray Luis de León. 

6.- Debido a la pujanza económica y a los descubrimientos del Nuevo Mundo, el castellano se convierte en lengua diplomática. Para facilitar su aprendizaje por los no nativos se publican gramáticas cuyo mejor ejemplo es la de Nebrija.  

 

La lírica en la literatura renacentista 

1.- Todos los creadores miran hacia Petrarca y la poesía italiana. Sus tropos, modos y temas son adoptados no solo por los poetas españoles  (Juan Boscán o Garcilaso de la Vega) sino también por los europeos. 

2.- El amor platónico (a veces no tanto) se convierte en el eje central de la lírica de la literatura renacentista. Paralelamente, se retoman las historias de la tradición grecolatina y se vuelve especialmente a las Metamorfosis de Ovidio que pueblan no solo poemas sino también pinturas o esculturas de la época. 

3.- El amor platónico, en algunos autores, se transforma en espiritual dando lugar a la lírica religiosa o mística cuyos grandes nombres en español son San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. 

4.- Se trabajan nuevos metros y tropos. Comienza el reinado del endecasílabo en castellano que ha durado hasta hoy en día. 

5.- Se crean nuevas estrofas, entre ellas el soneto compuesto por dos cuartetos y dos tercetos. 

6.- La literatura renacentista no solo da grandes nombre en otras lenguas vulgares. En castellano se producen versos y poemas memorables que han entrado en el canon. Nombres imprescindibles, aparte de los mencionados Boscán, Garcilaso, Juan de la Cruz o Teresa de Ávila son Fray Luis de León o Fernando de Herrera que ya se adentra el manierismo. 

 

La literatura renacentista,  los temas religiosos y la mística

La mística renacentista es ajena a la religiosidad milagrosa medieval (un buen ejemplo son los Milagros de Nuestra Señora de Berceo). Es, más bien un filosofía de vida, un sentir profundo que impregna buena parte de la literatura. 

La mística nace de una profunda creencia personal que ahonda en los temas espirituales de una manera sencilla. No espera un don sino un sentir, un bien a nivel espiritual. La literatura mística española (de una profunda belleza) nos adentra en la comunión con Dios, en experiencias de unificación personales. 

La literatura renacentista ve nacer las distintas formas de novela 

Que culminarán con el grandioso El Quijote. Con anterioridad, la narrativa en prosa estaba muy ceñida en lo que a los temas se refiere. Destaco los siguientes:

1.- Los libros de caballería, tan populares en la época que las hazañas de estos héroes tan increíbles enfrentados con dragones y todo tipo de pruebas eran del conocimiento del público en general. A esta categoría pertenecen el Amadís de Gaula y el Tirant lo Blanch

2.- Éxito de público también tuvieron las novelas pastoriles que recogían en prosa los amores idealizados en ambientes también irreales de distintos pastores. 

3.- Si los protagonistas son de culturas distintas (musulmana y cristiana) estamos ante las conocidas como novelas moriscas. Esta se centran en los avatares de los enamorados debido al rechazo social y/o familiar.

4.- La picaresca que se inaugura con el Lazarillo de Tormes en 1554 merece un estudio aparte por su importancia, calidad y trascendencia. 

Y, por último, el teatro, relegado a pequeñas representaciones litúrgicas en la Edad Media, comienza tímidamente a resurgir en el Renacimiento. Las primeras obras estaban ligadas a festividades religiosas, como las fiestas teatrales con carros del Corpus. De aquí se extienden a otras fechas señaladas del calendario litúrgico y a las universidades. Los primeros corrales de comedias comienzan a aparecer, por imitación de los italianos, a finales del siglo XVI. A partir de aquí empezará la época gloriosa del teatro español que fue dando frutos y más frutos hasta, prácticamente, el día de hoy. En definitiva, la literatura renacentista supuso un cambio radical desde los parámetros de la medieval poniendo las bases de los géneros y tropos que han llegado hasta hoy en día.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación

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El 11 de noviembre de 1476 muere Rodrigo Manrique, padre de nuestro poeta. Tras el fallecimiento, su hijo, trovador que no había destacado con sus versos de corte amoroso, compone una elegía que ha entrado en el canon no ya de las letras castellanas sino en las universales. Con una fuerza expresiva potente y un dramatismo que acepta las situaciones vitales, las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique constituyen el cenit de la poesía del siglo XV, la misma que se sacudía todas las características de la literatura medieval que ya iban quedando obsoletas. Para entenderlas y situarlas algunos datos de corte histórico son fundamentales. 

Contexto histórico en el que surge las Coplas a la muerte de su padre 

Situación socio política en Europa 

El siglo XV en Europa y en los reinos preponderantes de Castilla y Aragón fue una época de crisis constantes, de hambrunas endémicas y de guerras sin fin. Inglaterra se enfrasca contra Francia en la llamada Guerra de los 100 años (1328-1453) con el afán de arrebatar el trono galo. El resultado, aparte de perder la contienda, fueron años convulsos a todos los niveles. La vida se agotaba en rencillas y luchas fraticidas que hacían abandonar cosechas y recursos económicos. Ni que decir tiene que eso provocaba descalabros de toda índole y tipo. La enumeración sería infinita: esperanza de vida mínima que apenas llegaba a los treinta años, una mortalidad infantil apabullante, hambrunas, despoblación, pestes… Y eso sin contar acosos y persecuciones.  

En cuanto a la situación de la Iglesia, esta también es de crisis con el llamado Cisma de Occidente que se abre en 1378 y no se cierra hasta bien entrado el Siglo XV. Como resultas de los criterios dispares, aparte del Papa romano se van sucediendo los que conforman la Iglesia de Avignon que acaba con la dinastía de los conocidos Borgias. Parte de sus miembros, aún hoy en día, siguen siendo personajes centrales de novelas históricas de intriga  (que hasta el siglo XXI ha llegado la fascinación por una familia que se apuntó a todos los vicios posibles). Para rizar el rizo, en Pisa se eligió un tercer papa en 1409. Todo ello acabó con el Concilio de Constanza de 1414 y con una Iglesia muy debilitada que, además, hacía frente a herejías y opiniones radicales que acabarían con la reforma de Lutero. 

Situación socio política en los reinos de Castilla y Aragón

En lo que hoy conocemos como España la situación no era mucho mejor. El reino de Castilla, el emergente y con más fuerza, estaba dominado por una aristocracia indolente acaparadora de tierras que apenas trabajaba para crear riqueza. Sí se mantenía una actividad ganadera centrada en la lana cuyos excedentes se exportaban. Los distintos reinos se entretenían luchando entre sí, tal como recoge la trama de ese gran poema medieval que es El Cantar del Mío Cid. Aragón se queda sin sucesión y, en los compromisos de Caspe (1412), se acuerda que ocupe el trono Fernando de Antequera. De aquí surgiría el futuro rey católico cuya unión con Isabel de Castilla fue el germen de la unificación que hoy conocemos como España.  

Si la situación de la población cristiana era delicada, peor parte se llevaban moriscos y, especialmente, judíos dedicados a la artesanía, comercio y a una incipiente banca. A pesar de este estado de cosas (o debido al mismo) sigue intacto el fervor religioso medieval. Todo ello produce un sentimiento general de abatimiento, de profunda obsesión por la muerte, por el más allá. En este sentido, esta vida es un camino de espinas que ni siquiera merece la pena vivirse. Por eso se ponen los ojos en la existencia futura con la promesa del fin de tantas tribulaciones. 

En este contexto, por si fuera poco, desde el más rico de los aristócratas hasta el más humilde de los campesinos, hacían gala sin pudor de una terrible misoginia. Las mujeres quedan relegadas de cualquier ámbito cívico y condenadas a las cuatro paredes de la casa. En ellas, según el sentir de la época, además recaen vicios variopintos de los que luego hace burla y sátira la literatura de la época.  

 

La literatura en el época de Jorge Manrique 

Paralelamente, se extiende una poesía sensual o amorosa que ya habían cultivado los autores de la literatura medieval cercanos a la lírica provenzal. La cultura continúa siendo alegórica y basada en los símbolos, elementos necesarios para hacer entender los contenidos a un pueblo eminentemente analfabeto que se acercaba a cualquier tipo de conocimiento de manera oral. Recuerdo que aún no se había inventado la imprenta. Por tanto, los libros se seguían produciendo de forma manuscrita en los scriptoria de los monasterios. Las ideas se transmitían, como en toda la Edad Media, de una manera muy lenta, sesgada y pobre.  

Géneros de la literatura del siglo XV 

1.- Danzas de la muerte, precursoras de las Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique

Toda esta situación de injusticias, guerras, hambrunas y luchas de poder en todos los estamentos hacen mella en el pueblo llano. Si bien el descontento es pronto sofocado por la fuerza, en literatura va a surgir una poesía satírica que se dedica a atacar los vicios de las cortes de la época. Estos eran muchos. Así que había material de trabajo en abundancia. Y de la sátira política se termina en las “danzas de la muerte” de las que beben las Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique. Son poemas de corte alegórico (tal como se habían producido en toda la Edad Media) en la que la muerte va llamando a individuos de todo tipo desde el rey hasta el más miserable de los campesinos. Ninguno se libra. La muerte, en esta danza o canto, comienza a enumerar vicios, culpas y pecados no dejando a nadie indemne.  

2.- Lírica o poesía cortesana heredera de la Edad Media

Aquí se encuentran poemas de amor sensual y, en principio, platónicos (aunque hay críticos que opinan que de esto último hubo poco) que se seguían cantando por trovadores y juglares. Junto a este tipo de poesía crece la de corte alegórico al estilo de Dante con temas filosóficos o de línea moral. El ingenio de estos creadores se hacía ver en justas y torneos que se celebraban con regocijo y por todo lo alto en las distintas cortes que poblaban España y el resto de Europa. De esta línea poética, nombres a tener en cuenta son Iñigo López de Mendoza, conocido como Marqués de Santillana, Juan de Mena e, incluso, un joven Jorge Manrique que se entretiene con esta forma de hacer versos. Dicho esto, apunto que la crítica está de acuerdo que son las Coplas por la muerte de su padre la obra que sacó a nuestro autor del anonimato.  

3.- El auge de los libros de caballería 

A pesar de que la aristocracia, de donde bebe el ideal caballeresco, no era un dechado de virtudes, las historias fantasiosas de estas obras encandilaban a un público variopinto. El máximo exponente es el Amadís de Gaula.  

4.- Inicios de la comedia humanística

Este tipo de teatro comienza en el siglo XV y la obra más señera es La Celestina. El resto de las obras teatrales estaban ligadas a la liturgia eclesiástica.  

5.- Prosa satírica con fines moralizaste 

Aunque se cebaban en ocasiones contra las mujeres y su supuesta lujuria su fin era poner al descubierto los vicios de los seres humanos. En este apartado se encuentra un autor a tener en cuenta: Enrique de Villena. 

Con este sustrato cultural y literario compuso Jorge Manrique las Coplas por la muerte de su padre donde encontramos elementos de la danza de la muerte, de la poesía satírica (al poner en evidencia los bienes fatuos de la existencia en este plano) e, incluso, modos de la poesía cortesana.  

 

Biografía mínima de Jorge Manrique

No conocemos la fecha exacta de nacimiento de nuestro poeta. Se acepta el año 1440 y el lugar Paredes de Nava en Palencia. Fue hijo de un caudillo militar bajo el mando de Isabel La Católica. A pesar del oficio de las armas del padre, en la familia ya había habido algunos poetas. No se conoce ni la formación ni los avatares exactos ni de Jorge Manrique ni los de su padre. Lo único cierto es que recibió formación tanto militar como humanística. Por tanto, debía pertenecer a la nobleza que era la única que empuñaba a la par así las armas como las letras. Rodrigo Manrique fue un estratega exitoso que consiguió grandes hitos para la futura reina católica. A algunas refriegas le acompañó su hijo que luchó al lado de su progenitor aunque aún le quedó algún tiempo para ir componiendo coplillas de corte amoroso sin la calidad literaria de sus Coplas por la muerte de su padre 

Ambos murieron en el campo de batalla. Don Rodrigo cayó en 1476 y su hijo en 1479 en el Castillo de Garcimuñoz combatiendo contra el duque de Villena que se había levantado contra la reina. En esos tres años compuso los versos que han pasado al canon de la literatura en lengua castellana. 

 

Coplas a la muerte de su padre, guía básica de lectura

Los contemporáneos de nuestro poeta mantenían como exponente de buen hacer poético a Juan de Mena, fallecido en 1456. Sin embargo, el cambio de mentalidad hacia un gusto más sencillo utilizando las posibilidades del floreciente castellano se iba imponiendo paulatinamente. Los modos artificiosos siguiendo la estela del latín (que aún mantenía su poder como lengua de cultura) se van abandonando. En su lugar, la poesía culta se va despegando de los corsés del Mester de Clerecía para tomar modos y fórmulas de la poesía popular. En este contexto se gesta las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique. Recordamos su memorable inicio:

Recuerde el alma dormida,

avive el seso y despierte,

contemplando

cómo se pasa la vida

cómo se viene la muerte

tan callando:

cuán presto se va el placer,

cómo, después de acordado, 

da dolor;

cómo, a nuestro parecer, 

cualquiera tiempo pasado

fue mejor. 

1.- Métrica y ritmo de las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique

La métrica es totalmente original compuesta por: 

  • 40 estrofas que se bautizan como coplas de pie quebrado o manriqueñas. 
  • Cada una de las estrofas tiene doce versos divididos en dos bloques de seis. 
  • Los versos son octosílabos (8 sílabas) y tetrasílabos (cuatro sílabas).
  • Los dos primeros versos son octosílabos y el siguiente de 4. 
  • La rima es en asonante cada tres versos.
  • Esquemáticamente sería as: 8a8b4c8a8b4c; 8d8e4f8d8e4f 

Al romper el ritmo con el verso de cuatro sílabas el poema nos introduce en una pausa, como si quisiéramos tomar aliento. Además, en este ejemplo, esos versos tetrasílabos rompen el discurso de la frase obligándonos “a pensar”, “a fijarnos con más detenimiento”.  

2.- Estructura y lenguaje de la obra 

La crítica ha dividido la obra en dos partes:

  1. La primera está compuesta por las primeras 24 estrofas. En ellas Jorge Manrique desmenuza una especie de introducción (eso sí de soberbia belleza) sobre la fugacidad de la vida y la inconsistencia de las glorias del este mundo. 
  2. En las dieciséis restantes estrofas hace un elogio de la figura de su padre. 

En lo que respecta al lenguaje es tremendamente sencillo (aunque no conozcamos el significado de algunas palabras del poema que respondían a objetos frecuentes en la época). No hay apenas tropos ni giros sintácticos ni metáforas rebuscadas. El valor de las Coplas por la muerte de su padre radica precisamente en eso: en un ritmo marcado, con una expresión tremendamente llana que nos introduce en un tema común a todo ser humano de cualquier tiempo y lugar.  

3.-La importancia de las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique

Como Shakespeare (que tomaba temas e historias de la tradición), Jorge Manrique no inventa absolutamente nada. La temática está presente en la literatura y en la filosofía desde que se tiene constancia escrita y ha seguido estando presente desde entonces. La belleza de la obra radica precisamente (como en buena parte de la literatura del canon) en el tratamiento estilístico, sinceridad y manipulación eficaz del lenguaje. Así nos atrapa con la inutilidad de las glorias de este mundo al contraponerla a la siempre victoria de la muerte. 

En definitiva, las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique refleja el tema de la fugacidad de la vida, de la desproporción de lo que hacemos aquí teniendo en cuenta la muerte segura, del desapego de cualquier éxito… temas que, en esencia, son tan queridos para el pueblo español. Son tan famosas que incluso personas con poca instrucción literaria las conocen. Nada vale contra el poder de la muerte que lanza cualquier éxito hacia el olvido inmediatamente. Y acabo con un botón de muestra: 

 

XVI

¿Qué se hizo el rey don Joan?

Los infantes de Aragon, 

¿qué se hicieron?

¿Que fue de tanto galán,

qué de tanta invención

que trujeron?

¿Fueron sino devaneos?

¿Qué fueron sino verduras

de las eras, 

las justas e los torneos,

paramentos, bordaduras

e cimeras?

 

XVII

¿Qué se hicieron las damas

sus tocados e vestidos,

sus olores?

¿Qué se hicieron las llamas

de los fuegos encendidos

de amadores?

¿Qué se hizo aquel trovar,

las músicas acordadas

que tañían?

¿Qué se hizo aquel danzar,

aquellas ropas chapadas

que traían?

 

Eso: ¿qué se hizo? ¿qué pasó? A la pregunta retórica de lo que sucedió con estos gestos de vanidad hay responder que fuero pasto  del paso inexorable de la muerte.

 

Por Candela Vizcaíno 

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 
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El 11 de noviembre de 1476 muere Rodrigo Manrique, padre de nuestro poeta. Tras el fallecimiento, su hijo, trovador que no había destacado con sus versos de corte amoroso, compone una elegía que ha entrado en el canon no ya de las letras castellanas sino en las universales. Con una fuerza expresiva potente y un dramatismo que acepta las situaciones vitales, las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique constituyen el cenit de la poesía del siglo XV, la misma que se sacudía todas las características de la literatura medieval que ya iban quedando obsoletas. Para entenderlas y situarlas algunos datos de corte histórico son fundamentales. 

Contexto histórico en el que surge las Coplas a la muerte de su padre 

Situación socio política en Europa 

El siglo XV en Europa y en los reinos preponderantes de Castilla y Aragón fue una época de crisis constantes, de hambrunas endémicas y de guerras sin fin. Inglaterra se enfrasca contra Francia en la llamada Guerra de los 100 años (1328-1453) con el afán de arrebatar el trono galo. El resultado, aparte de perder la contienda, fueron años convulsos a todos los niveles. La vida se agotaba en rencillas y luchas fraticidas que hacían abandonar cosechas y recursos económicos. Ni que decir tiene que eso provocaba descalabros de toda índole y tipo. La enumeración sería infinita: esperanza de vida mínima que apenas llegaba a los treinta años, una mortalidad infantil apabullante, hambrunas, despoblación, pestes… Y eso sin contar acosos y persecuciones.  

En cuanto a la situación de la Iglesia, esta también es de crisis con el llamado Cisma de Occidente que se abre en 1378 y no se cierra hasta bien entrado el Siglo XV. Como resultas de los criterios dispares, aparte del Papa romano se van sucediendo los que conforman la Iglesia de Avignon que acaba con la dinastía de los conocidos Borgias. Parte de sus miembros, aún hoy en día, siguen siendo personajes centrales de novelas históricas de intriga  (que hasta el siglo XXI ha llegado la fascinación por una familia que se apuntó a todos los vicios posibles). Para rizar el rizo, en Pisa se eligió un tercer papa en 1409. Todo ello acabó con el Concilio de Constanza de 1414 y con una Iglesia muy debilitada que, además, hacía frente a herejías y opiniones radicales que acabarían con la reforma de Lutero. 

Situación socio política en los reinos de Castilla y Aragón

En lo que hoy conocemos como España la situación no era mucho mejor. El reino de Castilla, el emergente y con más fuerza, estaba dominado por una aristocracia indolente acaparadora de tierras que apenas trabajaba para crear riqueza. Sí se mantenía una actividad ganadera centrada en la lana cuyos excedentes se exportaban. Los distintos reinos se entretenían luchando entre sí, tal como recoge la trama de ese gran poema medieval que es El Cantar del Mío Cid. Aragón se queda sin sucesión y, en los compromisos de Caspe (1412), se acuerda que ocupe el trono Fernando de Antequera. De aquí surgiría el futuro rey católico cuya unión con Isabel de Castilla fue el germen de la unificación que hoy conocemos como España.  

Si la situación de la población cristiana era delicada, peor parte se llevaban moriscos y, especialmente, judíos dedicados a la artesanía, comercio y a una incipiente banca. A pesar de este estado de cosas (o debido al mismo) sigue intacto el fervor religioso medieval. Todo ello produce un sentimiento general de abatimiento, de profunda obsesión por la muerte, por el más allá. En este sentido, esta vida es un camino de espinas que ni siquiera merece la pena vivirse. Por eso se ponen los ojos en la existencia futura con la promesa del fin de tantas tribulaciones. 

En este contexto, por si fuera poco, desde el más rico de los aristócratas hasta el más humilde de los campesinos, hacían gala sin pudor de una terrible misoginia. Las mujeres quedan relegadas de cualquier ámbito cívico y condenadas a las cuatro paredes de la casa. En ellas, según el sentir de la época, además recaen vicios variopintos de los que luego hace burla y sátira la literatura de la época.  

 

La literatura en el época de Jorge Manrique 

Paralelamente, se extiende una poesía sensual o amorosa que ya habían cultivado los autores de la literatura medieval cercanos a la lírica provenzal. La cultura continúa siendo alegórica y basada en los símbolos, elementos necesarios para hacer entender los contenidos a un pueblo eminentemente analfabeto que se acercaba a cualquier tipo de conocimiento de manera oral. Recuerdo que aún no se había inventado la imprenta. Por tanto, los libros se seguían produciendo de forma manuscrita en los scriptoria de los monasterios. Las ideas se transmitían, como en toda la Edad Media, de una manera muy lenta, sesgada y pobre.  

Géneros de la literatura del siglo XV 

1.- Danzas de la muerte, precursoras de las Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique

Toda esta situación de injusticias, guerras, hambrunas y luchas de poder en todos los estamentos hacen mella en el pueblo llano. Si bien el descontento es pronto sofocado por la fuerza, en literatura va a surgir una poesía satírica que se dedica a atacar los vicios de las cortes de la época. Estos eran muchos. Así que había material de trabajo en abundancia. Y de la sátira política se termina en las “danzas de la muerte” de las que beben las Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique. Son poemas de corte alegórico (tal como se habían producido en toda la Edad Media) en la que la muerte va llamando a individuos de todo tipo desde el rey hasta el más miserable de los campesinos. Ninguno se libra. La muerte, en esta danza o canto, comienza a enumerar vicios, culpas y pecados no dejando a nadie indemne.  

2.- Lírica o poesía cortesana heredera de la Edad Media

Aquí se encuentran poemas de amor sensual y, en principio, platónicos (aunque hay críticos que opinan que de esto último hubo poco) que se seguían cantando por trovadores y juglares. Junto a este tipo de poesía crece la de corte alegórico al estilo de Dante con temas filosóficos o de línea moral. El ingenio de estos creadores se hacía ver en justas y torneos que se celebraban con regocijo y por todo lo alto en las distintas cortes que poblaban España y el resto de Europa. De esta línea poética, nombres a tener en cuenta son Iñigo López de Mendoza, conocido como Marqués de Santillana, Juan de Mena e, incluso, un joven Jorge Manrique que se entretiene con esta forma de hacer versos. Dicho esto, apunto que la crítica está de acuerdo que son las Coplas por la muerte de su padre la obra que sacó a nuestro autor del anonimato.  

3.- El auge de los libros de caballería 

A pesar de que la aristocracia, de donde bebe el ideal caballeresco, no era un dechado de virtudes, las historias fantasiosas de estas obras encandilaban a un público variopinto. El máximo exponente es el Amadís de Gaula.  

4.- Inicios de la comedia humanística

Este tipo de teatro comienza en el siglo XV y la obra más señera es La Celestina. El resto de las obras teatrales estaban ligadas a la liturgia eclesiástica.  

5.- Prosa satírica con fines moralizaste 

Aunque se cebaban en ocasiones contra las mujeres y su supuesta lujuria su fin era poner al descubierto los vicios de los seres humanos. En este apartado se encuentra un autor a tener en cuenta: Enrique de Villena. 

Con este sustrato cultural y literario compuso Jorge Manrique las Coplas por la muerte de su padre donde encontramos elementos de la danza de la muerte, de la poesía satírica (al poner en evidencia los bienes fatuos de la existencia en este plano) e, incluso, modos de la poesía cortesana.  

 

Biografía mínima de Jorge Manrique

No conocemos la fecha exacta de nacimiento de nuestro poeta. Se acepta el año 1440 y el lugar Paredes de Nava en Palencia. Fue hijo de un caudillo militar bajo el mando de Isabel La Católica. A pesar del oficio de las armas del padre, en la familia ya había habido algunos poetas. No se conoce ni la formación ni los avatares exactos ni de Jorge Manrique ni los de su padre. Lo único cierto es que recibió formación tanto militar como humanística. Por tanto, debía pertenecer a la nobleza que era la única que empuñaba a la par así las armas como las letras. Rodrigo Manrique fue un estratega exitoso que consiguió grandes hitos para la futura reina católica. A algunas refriegas le acompañó su hijo que luchó al lado de su progenitor aunque aún le quedó algún tiempo para ir componiendo coplillas de corte amoroso sin la calidad literaria de sus Coplas por la muerte de su padre 

Ambos murieron en el campo de batalla. Don Rodrigo cayó en 1476 y su hijo en 1479 en el Castillo de Garcimuñoz combatiendo contra el duque de Villena que se había levantado contra la reina. En esos tres años compuso los versos que han pasado al canon de la literatura en lengua castellana. 

 

Coplas a la muerte de su padre, guía básica de lectura

Los contemporáneos de nuestro poeta mantenían como exponente de buen hacer poético a Juan de Mena, fallecido en 1456. Sin embargo, el cambio de mentalidad hacia un gusto más sencillo utilizando las posibilidades del floreciente castellano se iba imponiendo paulatinamente. Los modos artificiosos siguiendo la estela del latín (que aún mantenía su poder como lengua de cultura) se van abandonando. En su lugar, la poesía culta se va despegando de los corsés del Mester de Clerecía para tomar modos y fórmulas de la poesía popular. En este contexto se gesta las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique. Recordamos su memorable inicio:

Recuerde el alma dormida,

avive el seso y despierte,

contemplando

cómo se pasa la vida

cómo se viene la muerte

tan callando:

cuán presto se va el placer,

cómo, después de acordado, 

da dolor;

cómo, a nuestro parecer, 

cualquiera tiempo pasado

fue mejor. 

1.- Métrica y ritmo de las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique

La métrica es totalmente original compuesta por: 

  • 40 estrofas que se bautizan como coplas de pie quebrado o manriqueñas. 
  • Cada una de las estrofas tiene doce versos divididos en dos bloques de seis. 
  • Los versos son octosílabos (8 sílabas) y tetrasílabos (cuatro sílabas).
  • Los dos primeros versos son octosílabos y el siguiente de 4. 
  • La rima es en asonante cada tres versos.
  • Esquemáticamente sería as: 8a8b4c8a8b4c; 8d8e4f8d8e4f 

Al romper el ritmo con el verso de cuatro sílabas el poema nos introduce en una pausa, como si quisiéramos tomar aliento. Además, en este ejemplo, esos versos tetrasílabos rompen el discurso de la frase obligándonos “a pensar”, “a fijarnos con más detenimiento”.  

2.- Estructura y lenguaje de la obra 

La crítica ha dividido la obra en dos partes:

  1. La primera está compuesta por las primeras 24 estrofas. En ellas Jorge Manrique desmenuza una especie de introducción (eso sí de soberbia belleza) sobre la fugacidad de la vida y la inconsistencia de las glorias del este mundo. 
  2. En las dieciséis restantes estrofas hace un elogio de la figura de su padre. 

En lo que respecta al lenguaje es tremendamente sencillo (aunque no conozcamos el significado de algunas palabras del poema que respondían a objetos frecuentes en la época). No hay apenas tropos ni giros sintácticos ni metáforas rebuscadas. El valor de las Coplas por la muerte de su padre radica precisamente en eso: en un ritmo marcado, con una expresión tremendamente llana que nos introduce en un tema común a todo ser humano de cualquier tiempo y lugar.  

3.-La importancia de las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique

Como Shakespeare (que tomaba temas e historias de la tradición), Jorge Manrique no inventa absolutamente nada. La temática está presente en la literatura y en la filosofía desde que se tiene constancia escrita y ha seguido estando presente desde entonces. La belleza de la obra radica precisamente (como en buena parte de la literatura del canon) en el tratamiento estilístico, sinceridad y manipulación eficaz del lenguaje. Así nos atrapa con la inutilidad de las glorias de este mundo al contraponerla a la siempre victoria de la muerte. 

En definitiva, las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique refleja el tema de la fugacidad de la vida, de la desproporción de lo que hacemos aquí teniendo en cuenta la muerte segura, del desapego de cualquier éxito… temas que, en esencia, son tan queridos para el pueblo español. Son tan famosas que incluso personas con poca instrucción literaria las conocen. Nada vale contra el poder de la muerte que lanza cualquier éxito hacia el olvido inmediatamente. Y acabo con un botón de muestra: 

 

XVI

¿Qué se hizo el rey don Joan?

Los infantes de Aragon, 

¿qué se hicieron?

¿Que fue de tanto galán,

qué de tanta invención

que trujeron?

¿Fueron sino devaneos?

¿Qué fueron sino verduras

de las eras, 

las justas e los torneos,

paramentos, bordaduras

e cimeras?

 

XVII

¿Qué se hicieron las damas

sus tocados e vestidos,

sus olores?

¿Qué se hicieron las llamas

de los fuegos encendidos

de amadores?

¿Qué se hizo aquel trovar,

las músicas acordadas

que tañían?

¿Qué se hizo aquel danzar,

aquellas ropas chapadas

que traían?

 

Eso: ¿qué se hizo? ¿qué pasó? A la pregunta retórica de lo que sucedió con estos gestos de vanidad hay responder que fuero pasto  del paso inexorable de la muerte.

 

Por Candela Vizcaíno 

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 
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Compuesto con toda probabilidad entre lo siglos XII y XIII, El Cantar del Mío Cid es una de las obras cumbres de literatura española y uno de los primeros poemas que nos han llegado de forma escrita. De una belleza apabullante, pertenece al género épico y, con total seguridad, fue realizado para ser cantado y/o recitado por los juglares de la época. Es esta una de las características de la literatura medieval, la cual es mayoritariamente anónima y diseñada para transmitirse de forma oral entre un público mayoritariamente analfabeto, extremadamente pobre y  sin acceso a los productos culturales tal como los conocemos hoy.

Si la obra que nos ha llegado, a la que le faltan los primeros versos, fue primorosamente escrita (esto es, manuscrita para que se conservara), es lógico pensar que tuvo un gran éxito de público. ¿Por qué anoto esto? Porque un libro en la Edad Media era un producto de lujo casi y eran poquísimas las obras profanas (literatura en este caso) que pasaban a ser escritas. Las labores de los copistas se ajustaban a las obras sacras y a aquellas que se conservaron de la literatura griega y/o romana. Por eso, se han perdido casi todos los poemas (a excepción de algunas jarchas mozárabes y cantigas gallegas) de la época. Otros títulos, como los Beatos, tuvieron más suerte al convertirse en auténticos best seller y fueron objeto de copias y más copias además de ser engalanados con bellas miniaturas.  

 

Las características de El Cantar del Mío Cid con respecto al género épico medieval

Antes de adentrarnos en la singularidad de esta gran obra de la literatura castellana, recuerdo algunos aspectos generales de la obra. 

1.- Pertenece al género épico. Esto es, se trata de las andanzas de un caballero (en este caso un personaje histórico) en busca de reparación del honor perdido injustamente. 

2.- En Castilla (germen de la actual España) tuvo bastante éxito esta fórmula literaria a la que pertenece El Cantar del Mío Cid a juzgar por los fragmentos que nos han llegado. 

3.- La literatura épica ensalza la figura de un héroe fuerte que ha sufrido una agresión importante, la cual cambia su vida de una manera radical. Sale en busca de reparación para restaurar su honor y buen nombre. Y esas aventuras se convierten en hazañas que son dignas de imitar, cantar y propagar. De aquí que sean objeto de los más bellos poemas medievales.  

4.- Algunos críticos señalan que el auge de este género en Castilla (en detrimento de otros) se debe a las peculiaridades de la historia patria en constante lucha no solo con otros reinos cristianos sino también con los musulmanes que, en aquel momento, se replegaban en el sur. 

5.- El Cantar del Mío Cid responde a los avatares de un personaje histórico: Rodrigo Díaz de Vivar. 

 

 

Biografía del Cid Campeador

Su verdadero nombre era Rodrigo Díaz de Vivar, ya que nació en esa localidad burgalesa alrededor de 1040 en una familia perteneciente a la baja nobleza. Tuvo una educación de calidad para los parámetros de la época, ya que compartió instrucción con el príncipe don Sancho, heredero al trono de Castilla. Este luce la corona en 1065 y recompensa a su amigo de la infancia con la jefatura del ejercito (sería una especie de general actual). El rey Sancho gustaba de la guerra y peleó contra sus propios hermanos: Urraca, señora de Zamora, Alfonso de León y García de Galicia. Eran épocas oscuras en las que las guerras eran el pan de cada de día. En estas peleas fratricidas y crueles resulta asesinado Sancho. Rodrigo se queda en una posición vulnerable y debe jurar ante el nuevo rey, a la sazón uno de los hermanos del difunto: Alfonso. Como era un estratega eficaz, aunque en desgracia, es tenido en cuenta por el nuevo rey.  

Se casa con doña Jimena, de estirpe real, y se le encomienda una tarea delicada para los parámetros de la época: el cobro de los impuestos al rey de Sevilla. Era, por entonces, el musulmán Motámid. Todo iba bien hasta que fue atacado por el rey de Granada y por el conde García Ordóñez. Era este enemigo acérrimo de nuestro protagonista. Posiblemente, tenía celos de su arrojo y hazañas de éxito. Como no pudo derrotarlo en la refriega, utiliza tácticas de auténtico psicópata (que la política ha sido la misma desde tiempos remotos) y lo difama acusándolo de haberse quedado con el dinero recaudado.  

La importancia del destierro en la biografía del Cid Campeador 

Todo esta refriega y el enredo consiguiente le llevan al destierro en 1081. El Cantar del Mio Cid comienza precisamente en este punto con estos hermosos versos: 

De los sus ojos tan fuertemente llorando,

Tornaba la cabeza y estábamos catando.

Vio puertas abiertas y postigos sin candados, 

Alcántaras vacías, sin pieles y sin mantos,

Y sin halcones y sin azores mudados. 

Suspiró mío Cid pues tenía muy grandes cuidados.

Habló mío Cid, bien y tan mesurado:

-¡Gracias a ti señor padre, que estás en lo alto!

-¡Esto me han vuelto mis enemigos malos! 

A pesar del destierro de Castilla, su tierra, Rodrigo Díaz de Vivar era un estratega tan conocido y codiciado que pronto encontró el favor de otro rey. Esta vez el musulmán de Zaragoza lo llamó a su lado. Allí se instaló con familia, criados y los soldados que le seguían siendo fieles. Con la bandera de este nuevo reino combatió en Aragón y Cataluña. Todo en esta época fueron éxitos para el Cid.  

La importancia de Valencia en la Biografía del Cid

Ante tanto buen hacer, Alfonso, el rey de Castilla, el mismo que lo había desterrado, lo llama para que le ayude con el avance de los almorávides. Así que todo olvidado y vuelta a enarbolar la bandera de Castilla esta vez con dirección a Valencia con la promesa de tierras y posesiones. Mientras tanto, el rey pelea en Aledo (Murcia) y el Cid no llega a tiempo para socorrerle. El monarca parece no comprender las razones y lo destierra de nuevo. El Cid, sobreponiéndose a tanto desplante, logra hacerse con Valencia, por entonces una plaza codiciada. ¿Y qué hace el rey? Pues que intenta conquistar la ciudad por mar. A todo ello Rodrigo Díaz le recuerda al monarca la promesa hecha y allí se queda la cosa.  

Muy codiciada fue Valencia y no solo por el rey castellano sino también por los musulmanes. El Cid la defiende y en 1094 instala su familia y es allí donde murió en 1099. Tuvo que ser un gran estratega y militar, ya que en 1101 la plaza vuelve a manos almorávides y su viuda, Jimena, tiene que salir huyendo. No se va con lo puesto, ya que incluso se lleva el cadáver de su esposo que reposa, en la actualidad, en la Catedral de Burgos. Aparte de ser un militar de éxito también supo negociar las bodas de sus hijas con miembros de la realeza de Navarra y Cataluña. El Cid, con la perspectiva actual, fue un freelance triunfador que se repuso de todos los contratiempos que le venían fortaleciéndose en cada crisis. Con estos ojos quizás se le vio en la época, ya que el personaje fue tan popular que nos han llegado varios poemas sobre su persona. 

Sustrato histórico de El Cantar del Mio Cid

Toda esta vida de aventuras de alguien que, al parecer, se conduce con nobleza y con cierta lealtad sedujo a la población de la época medieval. Por eso, los juglares y trovadores, haciéndose eco del éxito del personaje, no dudaron en ejecutar cantares de todo tipo en torno a esta figura. Los críticos aceptan que fueron muchos y que el que ha llegado hasta nosotros fue el más hermoso por su calidad literaria. Por eso, se pasó a escrito y tenemos la suerte de disfrutarlo al día de hoy.  

Dicho esto, a pesar de que Rodrigo Díaz de Vivar fue un personaje histórico cuyas hazañas, hechos y éxitos se encuentran refrendados por otras fuentes, El Cantar del Mío Cid es una obra de literatura. Es poesía y como tal la debemos estudiar con su sustrato histórico o real, pero también con su parte de fantasía, de creación y de emoción. 

 

Fecha y autor de El Cantar del Mio Cid 

Los autores de la literatura medieval no se comportaban como los actuales que ponemos la firma, rúbrica y nombre antes incluso de terminar la obra. La época, y especialmente en el germen de lo que hoy conocemos como España, era tremendamente religiosa. Lo sagrado empapaba cualquier aspecto de la vida. En este sentido, todos los creadores (pintores, arquitectos, músicos o poetas) encomendaban su obra a Dios considerando la firma como un acto de vanidad casi. No obstante, en el manuscrito de El Cantar del Mío Cid custodiado actualmente en la Biblioteca Nacional de Madrid aparece un nombre: Per Abbat o Pedro Abad.  

A pesar de esa firma al final del manuscrito, uno de los mayores estudiosos de la obra, Ramón Menéndez Pidal, supuso que había dos autores. Según esta teoría, el primero y más antiguo compuso el texto nada más morir el Cid histórico y otro posterior, llamado de Medinaceli,  añadió los puntos más fantasiosos, artísticos, inventados o novelescos. Esto es, consideraba que hubo una primera versión y, sobre esa, se reescribió de una forma literaria en época posterior. 

Sin embargo, esa hipótesis queda hoy anulada debido a la solidez, coherencia y unidad de la obra. Por tanto, hoy se considera que hubo un solo autor que bien pudiera ser ese Per Abbat con el que se firma el manuscrito y se acepta la fecha que aparece en el libro que nos ha llegado: 1207.  

¿Fue Per Abbat el creador de El Cantar del Mío Cid o un mero copista? Esos extremos no lo podemos conocer con los datos y las características de la literatura medieval. Los que lo defienden se apoyan en la fecha del manuscrito que nos ha llegado: mediados del siglo XIV. Esto es, ese ejemplar, aunque se escribió más de un siglo después, y allí se reseña la autoría. Hay que hacer notar que en la época los copistas o amanuenses eran totalmente anónimos. Se consideraba un trabajo de artesanía, no creativo. Por tanto, casi nunca aparecía los nombres de los que intervenían en esa labor. Si el manuscrito de El Cantar del Mío Cid lleva esa firma como la de su creador, bien pudiera ser ese el nombre del poeta.  

 

Cómo es El Cantar del Mío Cid  

1.- Métrica de El Cantar del Mío Cid

Al manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional de Madrid le faltan tres hojas: la primera y dos interiores. En total tenemos 3730 versos.  Estos se dividen en tiradas monorrimas variables asonantes. Esto es, las rimas pueden estar unidas por tan solo dos versos hasta la friolera de 190.  

Los versos son irregulares como corresponde al cantar de juglaría (en contraposición al cantar del clerecía que siempre se componía en cuaderna vía con versos alejandrinos). Los versos son muy irregulares y se hacen interpretaciones de lectura según los críticos que estudian la obra. En la actualidad, existen versiones modernizadas del castellano antiguo para que su lectura sea más amena a los estudiantes. 

2.- Partes de El Cantar del Mío Cid 

El Cantar del Mío Cid está dividido en tres partes y dos de ellas no tienen fundamento histórico. Sin embargo, son los mas hermosos y dramáticos. Recordamos una vez más que estamos ante un texto literario compuesto para entretener y emocionar basado, eso sí, sobre un personaje exitoso de la época. La tres parte son: 

1.-  Cantar del destierro con la trama sobre la calumnia acerca del robo de los aranceles del rey de Sevilla. 

2.- Cantar de las bodas de las hijas del Cid con los infantes de Carrión, aunque se sabe que contrajeron matrimonio con otras personas. 

3.- Cantar de la afrenta de Corpes donde las dos hijas de Rodrigo Díaz de Vivar son maltratadas y vejadas en venganza por los actos de su padre.  

3.- Estilo de El Cantar del Mío Cid

El verdadero protagonista siempre es el Mío Cid el cual se muestra de una forma realista como una persona ambivalente: fiero en la batalla pero humano con los suyos y hasta cariñoso con la familia. Esa capacidad de introspección de un personaje histórico es un hito en la literatura de la época. En cuanto al estilo, hay que destacar: 

1.-La lengua es sencilla, ágil (aunque al día de hoy nos pueda parecer lo contrario), dotada de un dramatismo que lo acerca a un público no entendido en literatura. 

2.- La obra fue compuesta para ser recitada y su carácter oral se vislumbra en las llamadas de atención a los oyentes. 

3.-  Se encuentran arcaísmos, palabras que ya no se usaban en la época normalmente, pero que, a la vez, constituían un recurso literario común. 

4.- Algún crítico ha anotado que el autor pudiera tener formación en derecho debido al alto número de términos jurídicos que hay en la obra. 

5.- Destacan las repeticiones, también una norma en este tipo de obras que tenían que ser memorizadas y recitadas una y otra vez. 

6.- En la obra se pueden estudiar algunas modificaciones del castellano antiguo que daba paso a la lengua renacentista. 

Resumiendo muchísimo El Cantar del Mío Cid es una de las obras cumbres de la literatura castellana, cenit del canon español dotada de una belleza trágica que abunda en su originalidad. Y todo ello a pesar de pertenecer a uno de los géneros más tratados en la época: la poesía épica, la misma que ensalzaba las hazañas de grandes caballeros en lucha por nobles ideales. 

Por Candela Vizcaíno 

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

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Compuesto con toda probabilidad entre lo siglos XII y XIII, El Cantar del Mío Cid es una de las obras cumbres de literatura española y uno de los primeros poemas que nos han llegado de forma escrita. De una belleza apabullante, pertenece al género épico y, con total seguridad, fue realizado para ser cantado y/o recitado por los juglares de la época. Es esta una de las características de la literatura medieval, la cual es mayoritariamente anónima y diseñada para transmitirse de forma oral entre un público mayoritariamente analfabeto, extremadamente pobre y  sin acceso a los productos culturales tal como los conocemos hoy.

Si la obra que nos ha llegado, a la que le faltan los primeros versos, fue primorosamente escrita (esto es, manuscrita para que se conservara), es lógico pensar que tuvo un gran éxito de público. ¿Por qué anoto esto? Porque un libro en la Edad Media era un producto de lujo casi y eran poquísimas las obras profanas (literatura en este caso) que pasaban a ser escritas. Las labores de los copistas se ajustaban a las obras sacras y a aquellas que se conservaron de la literatura griega y/o romana. Por eso, se han perdido casi todos los poemas (a excepción de algunas jarchas mozárabes y cantigas gallegas) de la época. Otros títulos, como los Beatos, tuvieron más suerte al convertirse en auténticos best seller y fueron objeto de copias y más copias además de ser engalanados con bellas miniaturas.  

 

Las características de El Cantar del Mío Cid con respecto al género épico medieval

Antes de adentrarnos en la singularidad de esta gran obra de la literatura castellana, recuerdo algunos aspectos generales de la obra. 

1.- Pertenece al género épico. Esto es, se trata de las andanzas de un caballero (en este caso un personaje histórico) en busca de reparación del honor perdido injustamente. 

2.- En Castilla (germen de la actual España) tuvo bastante éxito esta fórmula literaria a la que pertenece El Cantar del Mío Cid a juzgar por los fragmentos que nos han llegado. 

3.- La literatura épica ensalza la figura de un héroe fuerte que ha sufrido una agresión importante, la cual cambia su vida de una manera radical. Sale en busca de reparación para restaurar su honor y buen nombre. Y esas aventuras se convierten en hazañas que son dignas de imitar, cantar y propagar. De aquí que sean objeto de los más bellos poemas medievales.  

4.- Algunos críticos señalan que el auge de este género en Castilla (en detrimento de otros) se debe a las peculiaridades de la historia patria en constante lucha no solo con otros reinos cristianos sino también con los musulmanes que, en aquel momento, se replegaban en el sur. 

5.- El Cantar del Mío Cid responde a los avatares de un personaje histórico: Rodrigo Díaz de Vivar. 

 

 

Biografía del Cid Campeador

Su verdadero nombre era Rodrigo Díaz de Vivar, ya que nació en esa localidad burgalesa alrededor de 1040 en una familia perteneciente a la baja nobleza. Tuvo una educación de calidad para los parámetros de la época, ya que compartió instrucción con el príncipe don Sancho, heredero al trono de Castilla. Este luce la corona en 1065 y recompensa a su amigo de la infancia con la jefatura del ejercito (sería una especie de general actual). El rey Sancho gustaba de la guerra y peleó contra sus propios hermanos: Urraca, señora de Zamora, Alfonso de León y García de Galicia. Eran épocas oscuras en las que las guerras eran el pan de cada de día. En estas peleas fratricidas y crueles resulta asesinado Sancho. Rodrigo se queda en una posición vulnerable y debe jurar ante el nuevo rey, a la sazón uno de los hermanos del difunto: Alfonso. Como era un estratega eficaz, aunque en desgracia, es tenido en cuenta por el nuevo rey.  

Se casa con doña Jimena, de estirpe real, y se le encomienda una tarea delicada para los parámetros de la época: el cobro de los impuestos al rey de Sevilla. Era, por entonces, el musulmán Motámid. Todo iba bien hasta que fue atacado por el rey de Granada y por el conde García Ordóñez. Era este enemigo acérrimo de nuestro protagonista. Posiblemente, tenía celos de su arrojo y hazañas de éxito. Como no pudo derrotarlo en la refriega, utiliza tácticas de auténtico psicópata (que la política ha sido la misma desde tiempos remotos) y lo difama acusándolo de haberse quedado con el dinero recaudado.  

La importancia del destierro en la biografía del Cid Campeador 

Todo esta refriega y el enredo consiguiente le llevan al destierro en 1081. El Cantar del Mio Cid comienza precisamente en este punto con estos hermosos versos: 

De los sus ojos tan fuertemente llorando,

Tornaba la cabeza y estábamos catando.

Vio puertas abiertas y postigos sin candados, 

Alcántaras vacías, sin pieles y sin mantos,

Y sin halcones y sin azores mudados. 

Suspiró mío Cid pues tenía muy grandes cuidados.

Habló mío Cid, bien y tan mesurado:

-¡Gracias a ti señor padre, que estás en lo alto!

-¡Esto me han vuelto mis enemigos malos! 

A pesar del destierro de Castilla, su tierra, Rodrigo Díaz de Vivar era un estratega tan conocido y codiciado que pronto encontró el favor de otro rey. Esta vez el musulmán de Zaragoza lo llamó a su lado. Allí se instaló con familia, criados y los soldados que le seguían siendo fieles. Con la bandera de este nuevo reino combatió en Aragón y Cataluña. Todo en esta época fueron éxitos para el Cid.  

La importancia de Valencia en la Biografía del Cid

Ante tanto buen hacer, Alfonso, el rey de Castilla, el mismo que lo había desterrado, lo llama para que le ayude con el avance de los almorávides. Así que todo olvidado y vuelta a enarbolar la bandera de Castilla esta vez con dirección a Valencia con la promesa de tierras y posesiones. Mientras tanto, el rey pelea en Aledo (Murcia) y el Cid no llega a tiempo para socorrerle. El monarca parece no comprender las razones y lo destierra de nuevo. El Cid, sobreponiéndose a tanto desplante, logra hacerse con Valencia, por entonces una plaza codiciada. ¿Y qué hace el rey? Pues que intenta conquistar la ciudad por mar. A todo ello Rodrigo Díaz le recuerda al monarca la promesa hecha y allí se queda la cosa.  

Muy codiciada fue Valencia y no solo por el rey castellano sino también por los musulmanes. El Cid la defiende y en 1094 instala su familia y es allí donde murió en 1099. Tuvo que ser un gran estratega y militar, ya que en 1101 la plaza vuelve a manos almorávides y su viuda, Jimena, tiene que salir huyendo. No se va con lo puesto, ya que incluso se lleva el cadáver de su esposo que reposa, en la actualidad, en la Catedral de Burgos. Aparte de ser un militar de éxito también supo negociar las bodas de sus hijas con miembros de la realeza de Navarra y Cataluña. El Cid, con la perspectiva actual, fue un freelance triunfador que se repuso de todos los contratiempos que le venían fortaleciéndose en cada crisis. Con estos ojos quizás se le vio en la época, ya que el personaje fue tan popular que nos han llegado varios poemas sobre su persona. 

Sustrato histórico de El Cantar del Mio Cid

Toda esta vida de aventuras de alguien que, al parecer, se conduce con nobleza y con cierta lealtad sedujo a la población de la época medieval. Por eso, los juglares y trovadores, haciéndose eco del éxito del personaje, no dudaron en ejecutar cantares de todo tipo en torno a esta figura. Los críticos aceptan que fueron muchos y que el que ha llegado hasta nosotros fue el más hermoso por su calidad literaria. Por eso, se pasó a escrito y tenemos la suerte de disfrutarlo al día de hoy.  

Dicho esto, a pesar de que Rodrigo Díaz de Vivar fue un personaje histórico cuyas hazañas, hechos y éxitos se encuentran refrendados por otras fuentes, El Cantar del Mío Cid es una obra de literatura. Es poesía y como tal la debemos estudiar con su sustrato histórico o real, pero también con su parte de fantasía, de creación y de emoción. 

 

Fecha y autor de El Cantar del Mio Cid 

Los autores de la literatura medieval no se comportaban como los actuales que ponemos la firma, rúbrica y nombre antes incluso de terminar la obra. La época, y especialmente en el germen de lo que hoy conocemos como España, era tremendamente religiosa. Lo sagrado empapaba cualquier aspecto de la vida. En este sentido, todos los creadores (pintores, arquitectos, músicos o poetas) encomendaban su obra a Dios considerando la firma como un acto de vanidad casi. No obstante, en el manuscrito de El Cantar del Mío Cid custodiado actualmente en la Biblioteca Nacional de Madrid aparece un nombre: Per Abbat o Pedro Abad.  

A pesar de esa firma al final del manuscrito, uno de los mayores estudiosos de la obra, Ramón Menéndez Pidal, supuso que había dos autores. Según esta teoría, el primero y más antiguo compuso el texto nada más morir el Cid histórico y otro posterior, llamado de Medinaceli,  añadió los puntos más fantasiosos, artísticos, inventados o novelescos. Esto es, consideraba que hubo una primera versión y, sobre esa, se reescribió de una forma literaria en época posterior. 

Sin embargo, esa hipótesis queda hoy anulada debido a la solidez, coherencia y unidad de la obra. Por tanto, hoy se considera que hubo un solo autor que bien pudiera ser ese Per Abbat con el que se firma el manuscrito y se acepta la fecha que aparece en el libro que nos ha llegado: 1207.  

¿Fue Per Abbat el creador de El Cantar del Mío Cid o un mero copista? Esos extremos no lo podemos conocer con los datos y las características de la literatura medieval. Los que lo defienden se apoyan en la fecha del manuscrito que nos ha llegado: mediados del siglo XIV. Esto es, ese ejemplar, aunque se escribió más de un siglo después, y allí se reseña la autoría. Hay que hacer notar que en la época los copistas o amanuenses eran totalmente anónimos. Se consideraba un trabajo de artesanía, no creativo. Por tanto, casi nunca aparecía los nombres de los que intervenían en esa labor. Si el manuscrito de El Cantar del Mío Cid lleva esa firma como la de su creador, bien pudiera ser ese el nombre del poeta.  

 

Cómo es El Cantar del Mío Cid  

1.- Métrica de El Cantar del Mío Cid

Al manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional de Madrid le faltan tres hojas: la primera y dos interiores. En total tenemos 3730 versos.  Estos se dividen en tiradas monorrimas variables asonantes. Esto es, las rimas pueden estar unidas por tan solo dos versos hasta la friolera de 190.  

Los versos son irregulares como corresponde al cantar de juglaría (en contraposición al cantar del clerecía que siempre se componía en cuaderna vía con versos alejandrinos). Los versos son muy irregulares y se hacen interpretaciones de lectura según los críticos que estudian la obra. En la actualidad, existen versiones modernizadas del castellano antiguo para que su lectura sea más amena a los estudiantes. 

2.- Partes de El Cantar del Mío Cid 

El Cantar del Mío Cid está dividido en tres partes y dos de ellas no tienen fundamento histórico. Sin embargo, son los mas hermosos y dramáticos. Recordamos una vez más que estamos ante un texto literario compuesto para entretener y emocionar basado, eso sí, sobre un personaje exitoso de la época. La tres parte son: 

1.-  Cantar del destierro con la trama sobre la calumnia acerca del robo de los aranceles del rey de Sevilla. 

2.- Cantar de las bodas de las hijas del Cid con los infantes de Carrión, aunque se sabe que contrajeron matrimonio con otras personas. 

3.- Cantar de la afrenta de Corpes donde las dos hijas de Rodrigo Díaz de Vivar son maltratadas y vejadas en venganza por los actos de su padre.  

3.- Estilo de El Cantar del Mío Cid

El verdadero protagonista siempre es el Mío Cid el cual se muestra de una forma realista como una persona ambivalente: fiero en la batalla pero humano con los suyos y hasta cariñoso con la familia. Esa capacidad de introspección de un personaje histórico es un hito en la literatura de la época. En cuanto al estilo, hay que destacar: 

1.-La lengua es sencilla, ágil (aunque al día de hoy nos pueda parecer lo contrario), dotada de un dramatismo que lo acerca a un público no entendido en literatura. 

2.- La obra fue compuesta para ser recitada y su carácter oral se vislumbra en las llamadas de atención a los oyentes. 

3.-  Se encuentran arcaísmos, palabras que ya no se usaban en la época normalmente, pero que, a la vez, constituían un recurso literario común. 

4.- Algún crítico ha anotado que el autor pudiera tener formación en derecho debido al alto número de términos jurídicos que hay en la obra. 

5.- Destacan las repeticiones, también una norma en este tipo de obras que tenían que ser memorizadas y recitadas una y otra vez. 

6.- En la obra se pueden estudiar algunas modificaciones del castellano antiguo que daba paso a la lengua renacentista. 

Resumiendo muchísimo El Cantar del Mío Cid es una de las obras cumbres de la literatura castellana, cenit del canon español dotada de una belleza trágica que abunda en su originalidad. Y todo ello a pesar de pertenecer a uno de los géneros más tratados en la época: la poesía épica, la misma que ensalzaba las hazañas de grandes caballeros en lucha por nobles ideales. 

Por Candela Vizcaíno 

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

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Una de las características de la literatura medieval es el anonimato de sus creadores. Época teocéntrica al máximo, la gran mayoría de artistas, escritores o arquitectos no firmaban sus obras. Era una forma de servir a Dios con la mayor humildad. No obstante, ya llegado el final de la época, justo cuando despuntaba el Renacimiento, un buen puñado de nombres aparecen como los mejores autores de la Edad Media. Nos vamos a centrar en este trabajo especialmente en la literatura en castellanos o aquellos nombres del canon italiano que, por su importancia internacional y en la creación posterior, merecen un aparte. 

La literatura medieval asiste al cambio de los escritos en latín (considerada por entonces y hasta bien entrado  el Siglo de las Luces lengua de cultura) al avance de las distintas lenguas romances. Aparecen los memorables versos en castellano del Poema del Mío Cid de quien no conocemos su autoría, Chrétrien de Troyes, la Divina Comedia de Dante o las cantigas gallegas para ser recitadas. Cuando estudiamos la época nos damos cuenta de que buena parte de los autores de la Edad Media levantaron obras memorables que siguen perteneciendo al canon. Y es así porque buena parte de ellas encuentran acomodo en el alma humana del tecnificado siglo XXI

 

¿Cómo son los escritos de los autores de la Edad Media en general? 

1.- Tal como he expuesto, es una época teocéntrica en la que Dios tiene omnipresencia en todos los aspectos de la vida. 

2.- Buena parte de las obras conservadas son anónimas y propagadas lentamente a través de los scriptoria de los monasterios. El cambio de época llegaría con Lutero, la imprenta, los descubrimientos de nuevos mundos y la rápida propagación de las ideas. 

3.- Como la gran mayoría de la población era analfabeta (con índices alarmantes incluso entre la aristocracia), era importante la transmisión oral de los textos. 

4.- Quizás fuera esto lo que propició el desarrollo de la poesía con un ritmo marcado que facilitara la memorización y la posterior recitación. 

5.- El analfabetismo y la dificultad para crear textos escritos (manuscritos y copiados recordemos) propicia el desarrollo de los símbolos, tanto que cualquier campesino iletrado podría saber qué significaba un águila, un león o una serpiente tallada en un capitel de una iglesia o en una columna en el mercado. 

6.- Lo sagrado se manifiesta en los milagros, en las vidas de los santos, en las acciones de la Virgen que va en ayuda de sus fieles. 

7.- No es de extrañar entonces que predomine la alegoría, suerte de metáfora donde todo es simbólico. 

8.- Los autores de la Edad Media estaban influenciados por la filosofía de las correspondencias, la misma que afirmaba que todo lo que sucede en este plano es la manifestación de lo que ocurre en un lugar sagrado o espiritual. Ni que decir tiene que el sustrato de Platón se encuentran en estas ideas. 

9.- Junto con la poesía religiosa y la épica (la que canta las hazañas de grandes héroes) avanza la poesía amorosa nacida en Provenza. 

10.- Los autores de la Edad Media no entendían la originalidad tal como se manifiesta a partir del siglo XIX y especialmente en el XX. 

 
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Principales autores de la Edad Media cuyos nombres han llegado hasta nosotros

1.- Dante Alighieri (1265-1321), uno de los autores de Edad Media que trabaja el “dolce stil novo”

Y este “dulce estilo nuevo” es el refinamiento más absoluto de la poesía amorosa de corte provenzal. El amor cortés, platónico y sensual que se respiran en estos versos, cuando llegan a la corte de Florencia, alcanzan su máxima expresión estilística. Aunque no toda la literatura medieval está escrita desde el punto de vista masculino, en esta fórmula artística, la protagonista (la mujer amada) se convierte en un ángel casi repleta de dulzura, gentileza, virtud e incluso sabiduría. Es ella una suerte de guía que nos lleva de lo terrenal profano a lo celestial sagrado. Y todo ello revestido con los principios del cristianismo en el que se abandona cualquier atisbo de mundanalidad.  

Dante, aunque también escribe en latín, el idioma de cultura y de las élites, utiliza una nueva lengua romance: el italiano que es elevado a su cima estilística en esta época. Pero si uno de los más grandes autores de la Edad Media ha pasado a la posterioridad ha sido por su gran poema la Divina Comedia. Dividido en tres partes (Infierno, Purgatorio y Cielo) está escrito en tercetos endecasílabos y nos narra un camino alegórico (de forma metafórica) del alma humana desde lo más abyecto (el Infierno) hasta el éxito supremo (Cielo). Su influencia en las artes, pensamiento y literatura posterior fue tan importante que aún perdura al día de hoy.

2.- Francesco Petrarca (1304-1374), uno de los autores de la Edad Media adalid de la poesía amorosa

Radical fue la influencia de su poesía y poética en los creadores castellanos, tanto que no se entiende la literatura posterior sin él. Recordado por I trionfi (Los triunfos) o por su Canzoniere (Cancionero) nos presenta un amor dulce que atrapa, pasional casi, sin llegar a los modos y las principales características del Romanticismo, en el que el poeta queda enganchado y lo único posible que puede hacer es rendir pleitesía y tributo a un ser siempre angelical, dulce, perfecto, como si no fuera de este mundo.  

3.- Giovanni Boccaccio (1313-1375) el autor de la Edad Media que retrató la Florencia de su tiempo

Aunque al día de hoy es conocido especialmente por el Decameron, en su época su influencia se debió a otras obras. Es esta obra un compendio o conjunto de cuentos distintos entre sí con un hilo conductor que pretende retratar los tipos, caracteres, vicios y virtudes de la sociedad de la época.  

 

4.- Chrétrien de Troyes (1130-1183), en el origen de la novela de caballería

Considerado el primer novelista europeo y uno de los mejores escritores en lengua francesa, la crítica sitúa su obra en la popular novela de caballería que tantos adeptos conseguiría más tarde. Eran estas obras en prosa (cuando el verso era lo más frecuente en la literatura medieval) que cantaba las hazañas de un héroe en busca del bien y luchando sin tregua contra el mal. Don Quijote, reduciendo muchísimo su importancia y significación, es una parodia de este tipo de obras que entretuvieron a toda clase de público con aventuras diversas. 

5.- Geoffrey Chaucer (1387-1400) y sus Cuentos de Canterbury

Otro de los autores de la Edad Media en el límite con la literatura renacentista es el inglés Chaucer y su colección de cuentos. En ellos se narran las historias y avatares de una serie de peregrinos en su camino a Canterbury. La obra forma parte del canon en lengua inglesa y tiene un hueco entre lo mejor de la literatura internacional.  

6.- Don Juan Manuel (1282- probablemente 1348), uno de los autores de la Edad Media que se afanó con la prosa

Su obra Conde Lucanor o también Libro de Patronio está escrita en prosa y en ellas, con un estilo sencillo y tremendamente moralizante, se van narrando, a través de historias simples los distintas virtudes. La forma de proceder de los protagonistas de los cuentos le sirve al maestro de Lucanor para ilustrar los valores vitales. 

7.- Juan Ruiz (1283-1351), Arcipreste de Hita y su Libro de Buen Amor

Probablemente una de las grandes obras de la literatura española de todos los tiempos pertenece al máster de clerecía. Esto es, es una obra culta escrita en cuaderna vía (versos alejandrinos con rima consonante uniforme dividida con un hemistiquio central). Es una colección heterogénea (como la mayoría de la época) en el que de forma autobiográfica se narra las supuestas aventuras amorosas del autor.  

8.- Gonzalo de Berceo (1198-1264), uno de los autores de la Edad Media que quiso ser juglar siendo clérigo

Aunque su intención era hacer mester de juglaría (con versos para ser cantados por un juglar ante un público no entendido) es otro de los grandes autores de la Edad Media en lengua castellana del mester de clerecía. Su gran obra son los Milagros de Nuestra Señora donde va narrando los dones y favores que la virgen hace a quien a ella se encomienda. En toda la obra predomina la alegoría. Gonzalo de Berceo vivió toda su vida en el Monasterio de San Millán de la Cogolla donde se encontraron las primeras palabras en castellano (traducidas del latín) en los márgenes de un manuscrito.

Si bien estos son los grandes autores de la Edad Media esto no significa que la gran parte de las obras que han pasado al canon fuera escrita por ellos. Al imponerse la búsqueda a sabiendas del anonimato no conocemos los creadores de las deliciosas jarchas mozárabes,o de las cantigas de amigo de la lírica gallega o el artífice de ese gran poema épico de la literatura castellana que es el Poema del Mio Cid. En este caso hay que hacer un compendio entre las obras conservadas y los nombres que nos han llegado.  

Sin embargo, bien entrado el siglo XV en castellano resuenan los grandes nombres de Jorge Manrique y sus Coplas a la muerte de su padre, la soberbia La Celestina, las obras de Juan de la Encina o el gramático Juan de Nebrija. No son propiamente autores de la Edad Media ya que, de alguna manera u otra, adelantan los modos y las formas del Renacimiento. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Una de las características de la literatura medieval es el anonimato de sus creadores. Época teocéntrica al máximo, la gran mayoría de artistas, escritores o arquitectos no firmaban sus obras. Era una forma de servir a Dios con la mayor humildad. No obstante, ya llegado el final de la época, justo cuando despuntaba el Renacimiento, un buen puñado de nombres aparecen como los mejores autores de la Edad Media. Nos vamos a centrar en este trabajo especialmente en la literatura en castellanos o aquellos nombres del canon italiano que, por su importancia internacional y en la creación posterior, merecen un aparte. 

La literatura medieval asiste al cambio de los escritos en latín (considerada por entonces y hasta bien entrado  el Siglo de las Luces lengua de cultura) al avance de las distintas lenguas romances. Aparecen los memorables versos en castellano del Poema del Mío Cid de quien no conocemos su autoría, Chrétrien de Troyes, la Divina Comedia de Dante o las cantigas gallegas para ser recitadas. Cuando estudiamos la época nos damos cuenta de que buena parte de los autores de la Edad Media levantaron obras memorables que siguen perteneciendo al canon. Y es así porque buena parte de ellas encuentran acomodo en el alma humana del tecnificado siglo XXI

 

¿Cómo son los escritos de los autores de la Edad Media en general? 

1.- Tal como he expuesto, es una época teocéntrica en la que Dios tiene omnipresencia en todos los aspectos de la vida. 

2.- Buena parte de las obras conservadas son anónimas y propagadas lentamente a través de los scriptoria de los monasterios. El cambio de época llegaría con Lutero, la imprenta, los descubrimientos de nuevos mundos y la rápida propagación de las ideas. 

3.- Como la gran mayoría de la población era analfabeta (con índices alarmantes incluso entre la aristocracia), era importante la transmisión oral de los textos. 

4.- Quizás fuera esto lo que propició el desarrollo de la poesía con un ritmo marcado que facilitara la memorización y la posterior recitación. 

5.- El analfabetismo y la dificultad para crear textos escritos (manuscritos y copiados recordemos) propicia el desarrollo de los símbolos, tanto que cualquier campesino iletrado podría saber qué significaba un águila, un león o una serpiente tallada en un capitel de una iglesia o en una columna en el mercado. 

6.- Lo sagrado se manifiesta en los milagros, en las vidas de los santos, en las acciones de la Virgen que va en ayuda de sus fieles. 

7.- No es de extrañar entonces que predomine la alegoría, suerte de metáfora donde todo es simbólico. 

8.- Los autores de la Edad Media estaban influenciados por la filosofía de las correspondencias, la misma que afirmaba que todo lo que sucede en este plano es la manifestación de lo que ocurre en un lugar sagrado o espiritual. Ni que decir tiene que el sustrato de Platón se encuentran en estas ideas. 

9.- Junto con la poesía religiosa y la épica (la que canta las hazañas de grandes héroes) avanza la poesía amorosa nacida en Provenza. 

10.- Los autores de la Edad Media no entendían la originalidad tal como se manifiesta a partir del siglo XIX y especialmente en el XX. 

 
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Principales autores de la Edad Media cuyos nombres han llegado hasta nosotros

1.- Dante Alighieri (1265-1321), uno de los autores de Edad Media que trabaja el “dolce stil novo”

Y este “dulce estilo nuevo” es el refinamiento más absoluto de la poesía amorosa de corte provenzal. El amor cortés, platónico y sensual que se respiran en estos versos, cuando llegan a la corte de Florencia, alcanzan su máxima expresión estilística. Aunque no toda la literatura medieval está escrita desde el punto de vista masculino, en esta fórmula artística, la protagonista (la mujer amada) se convierte en un ángel casi repleta de dulzura, gentileza, virtud e incluso sabiduría. Es ella una suerte de guía que nos lleva de lo terrenal profano a lo celestial sagrado. Y todo ello revestido con los principios del cristianismo en el que se abandona cualquier atisbo de mundanalidad.  

Dante, aunque también escribe en latín, el idioma de cultura y de las élites, utiliza una nueva lengua romance: el italiano que es elevado a su cima estilística en esta época. Pero si uno de los más grandes autores de la Edad Media ha pasado a la posterioridad ha sido por su gran poema la Divina Comedia. Dividido en tres partes (Infierno, Purgatorio y Cielo) está escrito en tercetos endecasílabos y nos narra un camino alegórico (de forma metafórica) del alma humana desde lo más abyecto (el Infierno) hasta el éxito supremo (Cielo). Su influencia en las artes, pensamiento y literatura posterior fue tan importante que aún perdura al día de hoy.

2.- Francesco Petrarca (1304-1374), uno de los autores de la Edad Media adalid de la poesía amorosa

Radical fue la influencia de su poesía y poética en los creadores castellanos, tanto que no se entiende la literatura posterior sin él. Recordado por I trionfi (Los triunfos) o por su Canzoniere (Cancionero) nos presenta un amor dulce que atrapa, pasional casi, sin llegar a los modos y las principales características del Romanticismo, en el que el poeta queda enganchado y lo único posible que puede hacer es rendir pleitesía y tributo a un ser siempre angelical, dulce, perfecto, como si no fuera de este mundo.  

3.- Giovanni Boccaccio (1313-1375) el autor de la Edad Media que retrató la Florencia de su tiempo

Aunque al día de hoy es conocido especialmente por el Decameron, en su época su influencia se debió a otras obras. Es esta obra un compendio o conjunto de cuentos distintos entre sí con un hilo conductor que pretende retratar los tipos, caracteres, vicios y virtudes de la sociedad de la época.  

 

4.- Chrétrien de Troyes (1130-1183), en el origen de la novela de caballería

Considerado el primer novelista europeo y uno de los mejores escritores en lengua francesa, la crítica sitúa su obra en la popular novela de caballería que tantos adeptos conseguiría más tarde. Eran estas obras en prosa (cuando el verso era lo más frecuente en la literatura medieval) que cantaba las hazañas de un héroe en busca del bien y luchando sin tregua contra el mal. Don Quijote, reduciendo muchísimo su importancia y significación, es una parodia de este tipo de obras que entretuvieron a toda clase de público con aventuras diversas. 

5.- Geoffrey Chaucer (1387-1400) y sus Cuentos de Canterbury

Otro de los autores de la Edad Media en el límite con la literatura renacentista es el inglés Chaucer y su colección de cuentos. En ellos se narran las historias y avatares de una serie de peregrinos en su camino a Canterbury. La obra forma parte del canon en lengua inglesa y tiene un hueco entre lo mejor de la literatura internacional.  

6.- Don Juan Manuel (1282- probablemente 1348), uno de los autores de la Edad Media que se afanó con la prosa

Su obra Conde Lucanor o también Libro de Patronio está escrita en prosa y en ellas, con un estilo sencillo y tremendamente moralizante, se van narrando, a través de historias simples los distintas virtudes. La forma de proceder de los protagonistas de los cuentos le sirve al maestro de Lucanor para ilustrar los valores vitales. 

7.- Juan Ruiz (1283-1351), Arcipreste de Hita y su Libro de Buen Amor

Probablemente una de las grandes obras de la literatura española de todos los tiempos pertenece al máster de clerecía. Esto es, es una obra culta escrita en cuaderna vía (versos alejandrinos con rima consonante uniforme dividida con un hemistiquio central). Es una colección heterogénea (como la mayoría de la época) en el que de forma autobiográfica se narra las supuestas aventuras amorosas del autor.  

8.- Gonzalo de Berceo (1198-1264), uno de los autores de la Edad Media que quiso ser juglar siendo clérigo

Aunque su intención era hacer mester de juglaría (con versos para ser cantados por un juglar ante un público no entendido) es otro de los grandes autores de la Edad Media en lengua castellana del mester de clerecía. Su gran obra son los Milagros de Nuestra Señora donde va narrando los dones y favores que la virgen hace a quien a ella se encomienda. En toda la obra predomina la alegoría. Gonzalo de Berceo vivió toda su vida en el Monasterio de San Millán de la Cogolla donde se encontraron las primeras palabras en castellano (traducidas del latín) en los márgenes de un manuscrito.

Si bien estos son los grandes autores de la Edad Media esto no significa que la gran parte de las obras que han pasado al canon fuera escrita por ellos. Al imponerse la búsqueda a sabiendas del anonimato no conocemos los creadores de las deliciosas jarchas mozárabes,o de las cantigas de amigo de la lírica gallega o el artífice de ese gran poema épico de la literatura castellana que es el Poema del Mio Cid. En este caso hay que hacer un compendio entre las obras conservadas y los nombres que nos han llegado.  

Sin embargo, bien entrado el siglo XV en castellano resuenan los grandes nombres de Jorge Manrique y sus Coplas a la muerte de su padre, la soberbia La Celestina, las obras de Juan de la Encina o el gramático Juan de Nebrija. No son propiamente autores de la Edad Media ya que, de alguna manera u otra, adelantan los modos y las formas del Renacimiento. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Aunque cada lugar tuvo sus particularidades autóctonas, la literatura medieval tiene unas características comunes en toda Europa. En España, lugar de convivencia (solo a ratos pacífica y no siempre aceptada) de las tres culturas del libro (judía, cristiana y musulmana), nos atenemos solo a las obras escritas en castellano. 

A partir del siglo XII se extinguió completamente la cultura grecolatina y los restos de la literatura griega o romana que perduraron quedaron recluidos en los scriptoria de los monasterios. Allí monjes con más o menos erudición se afanaban en copiar los textos antiguos para que su saber no se perdiera. Era una tarea larga, penosa y delicada con el objetivo de guardar la cultura de la antigüedad y la que se producía en la época. Al caer el Imperio Romano, los distintos reinos de Europa se aislaron entre sí haciéndose las condiciones de vida aún más duras si cabe. Las comunicaciones se hacían difíciles. Por eso,  era necesario proveerse de bibliotecas que guardaran un mínimo saber. En España se produjeron maravillosos libros caligrafiados y, a veces, con bellas miniaturas realizadas con productos costosos y raros cuya máxima expresión estilística fueron los llamados Beatos

La cultura de la Edad Media en su relación con la literatura medieval

Con la caída del Imperio Romano y su red de comunicaciones es el Cristianismo el que realizó una función unificadora. Eso en Europa, aunque en España, también en Portugal, los grupos musulmanes y judíos mantuvieron sus propias expresiones religiosas, artísticas, culturales y de costumbres. El saber se concentraba en los monasterios y no solo por los libros allí atesorados sino también porque era esta población la que había recibido una mínima instrucción. Tanto nobles como pueblo llano adolecían de un analfabetismo atroz. Entendemos, por tanto, el carácter oral de la literatura medieval si aceptamos que tanto libros como lectores eran tan escasos como raros.  

La vida de los monasterios era sencilla, aislados uno de otros, creando sus bibliotecas que rara vez pasaban de los mil ejemplares. Un monje andariego podía haber viajado no más de 20 kms desde su lugar de origen y siempre en cabalgaduras poco adecuadas. Los caminos eran peligrosos en extremo. Los pocos intercambios que se hacían eran de préstamos de libros con la finalidad de copiar un título en concreto en otro scriptoria. Estos codiciados bienes apenas salían de los muros de los monasterios y solo tenían acceso a ellos los miembros de la aristocracia y la alta nobleza.  

De los monasterios se pasó a las incipientes Universidades o Colegiatas.  La primera española fue la de Salamanca, fundada en 1215, tras haber pasado dos años por Palencia. Además, tuvo una gran influencia la Escuela de Traductores de Toledo fundada en el siglo XII por el arzobispo Raimundo. Allí se tradujeron (al latín) obras matemáticas, científicas o filosóficas de la cultura árabe. Con ello se propició su conocimiento, desarrollo y divulgación entre las élites instruidas. Si ello fuera poco, Toledo se convirtió en un centro de acogida de sabios y estudiosos de las tres culturas. En el siglo XIII con Alfonso X tuvo, además, un gran impulso.  

 

Características de la literatura medieval en España y el resto de Europa 

1.- Las obras literarias tienen un poso teocéntrico en la temática 

Hay familiaridad con todo lo referente a lo sagrado, con las vidas de los santos, con los milagros, con todo lo sobrenatural que llega del cielo. Y no se hace desde la perspectiva de las Sagradas Escrituras sino que la Virgen (Milagros de Nuestra Señora) baja a ayudar a todo aquel que tiene una tribulación comportándose como una dama corriente. Por otro lado, en el Libro de Buen Amor hay una mezcla entre la piedad, lo sagrado, lo piadoso y lo más profano (incluso con los pecados). La literatura medieval es la expresión de una cultura que gira alrededor de la religión en su vertiente más fervorosa. Además, en esta época se inicia la costumbre de la peregrinación hacia Santiago de Compostela para venerar la tumba del apóstol. 

2.- Buena parte de la literatura medieval nació en los monasterios

Los monjes eran los únicos que sabían escribir y leer. Además estaban en posesión de los textos clásicos. Eso no quita que todos los escritos se realizaran para consumo interno o de la elite aristocrática. La literatura medieval no solo tuvo una finalidad de entretenimiento o de regocijo artístico y sirvió también para vehicular temas diversos desde los filosóficos hasta los que trataban de los pocos adelantos científicos de la época. Incluso la reintroducción del teatro se hizo a través de los monasterios, especialmente a partir de la propagación de la Orden de Cluny por buena parte del territorio europeo.  

3.- La literatura medieval conservada es en lengua romance 

Ni que decir tiene que se escribían textos en latín y se copiaban, además, los pocos escritos que llegó de la cultura grecorromana. Esto siguió haciéndose así hasta bien entrado el Siglo de las Luces cuando se incentivó los idiomas nacionales como lengua de cultura. A lo largo de la Edad Media el latín había completado buena parte de su proceso evolutivo hasta convertirse en las distintas lenguas romances conocidas y diferentes entre sí. La literatura medieval que conservamos (Poema del Mio Cid por poner un ejemplo) están ya realizadas con estas nuevas lenguas.

4.- La literatura medieval, como el resto de las manifestaciones artísticas, es anónima

Los artistas (de todos los ramos, géneros y disciplinas) no firmaban sus obras. En una época tan centrada en lo religioso este trabajo se consideraba una entrega total a la divinidad. Por eso, no conocemos a ciencia cierta quienes fueron los creadores de la mayoría de los romances que se han conservado. También desconocemos la rúbrica de buena parte de las iglesias románicas o de las tablas religiosas de la época. La gloria en este mundo se consideraba orgullo, pecado capital. 

 

5.- La literatura medieval tiene tres vertientes temáticas: épica, religiosa y poesía amorosa

La libertad creativa tal como comienza a entenderse a partir del siglo XIX no se conoce en la literatura medieval. Esta está muy clasificada y siempre responde a los preceptos de autoridad. Esto es, se hace algo siempre y cuando alguien anterior (considerado que pertenece al canon) ya lo haya abordado. Por tanto, los temas se reducen a tres. El primero de ellos es la épica que trata las hazañas de héroes abandonados que van en busca de bienes o tesoros importantes. Un buen ejemplo es el Poema del Mio Cid. La religiosa puede abordar temas diversos en el orden de lo sagrado, desde vidas de héroes santos hasta milagros. En esta clasificación entraría la obra de Gonzalo de Berceo. La tercera línea nace en la Provenza en el siglo XII y se basa en poemas de tipo cortesano, de amor platónico que se extendió por todo Europa a través de la labor de los juglares anónimos.  

6.- Predomina la poesía sobre otros géneros

Aunque se han conservado textos en prosa, el grueso de la creación de la época (incluso cuando se trata de teatro) adquiere la forma de verso. Desde las jarchas mozárabes de corte amoroso hasta las grandes obras de Petrarca están escritas como poemas largos o cortos. La literatura medieval, además, no diferenciaba entre la finalidad artística de la divulgativa y entendía estos escritos como una forma de propagar valores morales.  

7.- La literatura medieval oral estaba dirigida al pueblo

De aquí la gran cantidad de romances de todo tipo con rimas marcadas fáciles de memorizar que propagaban los juglares normalmente de pueblo en pueblo. Hay críticos que señalan incluso que este tipo de obras pudieran ser cantadas acompañadas de instrumentos musicales básicos, tal como se aprecia en diferentes miniaturas de los libros de la época.  

8.- La literatura medieval, como la cultura de la época está impregnada por la filosofía de las correspondencias

Este mundo, este plano no es real, casi no existe. Es, sencillamente, un reflejo de lo que sucede en el otro plano, en el divino, en lo sagrado. Por eso, es tan importante que las acciones de aquí sean las correctas para corresponder a aquello que Dios quiere. La filosofía de las correspondencias hunde sus raíces en las propuestas de Platón.  

 

9.- Los símbolos tienen fuerte preponderancia en todas las artes medievales

Por eso, tanto la literatura medieval como el resto de las artes (ya sean arquitectónicas o plásticas) están plagadas de símbolos. Ellos transmiten mensajes ocultos que hay que desentrañar. De todos modos, esta lengua era bien conocida en la época incluso para el pueblo analfabeto que entendía, por poner un caso, lo que significaba un águila o un león en una fachada de una iglesia. De alguna manera también cumplían una función educativa al comunicar conceptos abstractos gentes sin la mínima instrucción. 

10.- Buena parte de la literatura medieval está dominada por la alegoría 

Al creer que este mundo es el reflejo de los deseos de Dios, los artistas de la época encuentran en la alegoría su mejor vehículo de comunicación. En palabras de Fernando Lázaro esta figura retórica se puede definir como  

“La expresión de la correspondencia prolongada entre una serie de hechos o fenómenos reales y la interpretación transcendente que se da a cada uno de ellos. Así, Gonzalo de Berceo (siglo XIII), en la Introducción de los Milagros, nos cuenta que, sintiéndose cansado, entró en un prado a descansar. Pero aquel prado (término real) se le convierte en una alegoría del Paraíso y va presentándonos las correspondencias que observa. Las fuentes son los Evangelios; las aves son los Santos; las flores son los nombres que dan los fieles a la Virgen María…”

 

11.- Las primeras manifestaciones de la literatura medieval fue la lírica 

Son pequeñas canciones cantadas por los juglares o por las gentes sencillas. A transmitirse de forma oral (ya que la cultura escrita estaba reservada a los monasterios), la mayoría de ellas se han perdido. Eso ha sucedido en toda Europa aunque en España se han conservado las jarchas mozárabes, pequeños poemas de amor cortesano para ser recitado o cantado. 

12.- La épica y los cantares de gesta 

A esta clasificación pertenecen los grandes poemas de la literatura medieval europea. Aquí nos encontramos tanto el Poema del Mio Cid como la Chanson de Roland. Tratan las tribulaciones de un héroe caballeresco expulsado de su emplazamiento original que lucha por recobrar un puesto o tesoro (también en el sentido figurado) de importancia.  

13.- Lírica cortesana provenzal en la literatura medieval

Aparece más tarde, en el siglo XII y XIII, vinculada a las cortes o palacios de la aristocracia. Son pequeños poemas de amor platónico (o real) que se cantaban. La composición de estos versos corrían a cargo de los trovadores que, a veces pertenecían a los estratos altos de la sociedad. Estos poetas entregaban gratuitamente sus creaciones a los juglares que memorizaban los versos para luego cantarlos en las plazas y mercados populares.

14.- El mester de clerecía frente al mester de juglaría

Géneros eminentemente castellanos de la literatura medieval, surgen en el siglo XIII y pretenden diferenciar (seguramente ante la cantidad de poemas en circulación) el origen de los mismos. El primero, el de clerecía, utiliza una estrofa fija (la cuaderna vía) y se afana en temas morales, filosóficos o más cultos. En contraposición, en el mester de juglaría entrarían esos versos destinados al público popular compuestos con mayor libertad en todos los sentidos, desde el meramente formal hasta el temático. 

 

 

15.- El teatro de la literatura medieval es eminentemente religioso

No se parece en nada a los corrales de comedia que surgirán después o las obras de un Shakespeare. Son piezas sencillas de tema religioso vinculadas a la liturgia. Al parecer nacieron para dar más visibilidad a ciertos días del calendario sacro como la Navidad o la Epifanía.  

16.- El inicio de las novelas de caballería 

Aunque estas son posteriores, la crítica ha señalado que las bases se pusieron en la Edad Media con un género en prosa conocido como Roman courtois. Su maestro, del cual conocemos el nombre, fue Chrétien de Troyes. 

Desde el siglo XII hasta el XIV, en toda Europa, con sus particularidades locales, se cultivó una literatura sencilla dirigida al pueblo y que se trasmitía de manera oral a través de poemas, romances o cantares. Estos, aunque se produjeran en los centros monásticos, se extendieron a través de la actividad de los juglares, artistas callejeros casi que vivían de recitar sus versos de pueblo en pueblo. Como las comunicaciones eran tan escasas y peligrosas, la propagación de cualquier obra llevaba décadas incluso. Mientras tanto el sabor filosófico, científico, arquitectónico o artístico se atesoraba en los scriptoria monásticos donde fueron saliendo con cuentagotas hacia las incipientes universidades o  colegiatas. La vida giraba en torno a la divinidad, al mundo celestial del otro lado cuya correspondencia se encontraba en este lado impregnándose todas las manifestaciones culturales de un profundo sentido sacro. Hasta el teatro de la literatura medieval tenía un carácter religioso que iría perdiendo en los siglos posteriores.  

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Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

 

 

 
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Aunque cada lugar tuvo sus particularidades autóctonas, la literatura medieval tiene unas características comunes en toda Europa. En España, lugar de convivencia (solo a ratos pacífica y no siempre aceptada) de las tres culturas del libro (judía, cristiana y musulmana), nos atenemos solo a las obras escritas en castellano. 

A partir del siglo XII se extinguió completamente la cultura grecolatina y los restos de la literatura griega o romana que perduraron quedaron recluidos en los scriptoria de los monasterios. Allí monjes con más o menos erudición se afanaban en copiar los textos antiguos para que su saber no se perdiera. Era una tarea larga, penosa y delicada con el objetivo de guardar la cultura de la antigüedad y la que se producía en la época. Al caer el Imperio Romano, los distintos reinos de Europa se aislaron entre sí haciéndose las condiciones de vida aún más duras si cabe. Las comunicaciones se hacían difíciles. Por eso,  era necesario proveerse de bibliotecas que guardaran un mínimo saber. En España se produjeron maravillosos libros caligrafiados y, a veces, con bellas miniaturas realizadas con productos costosos y raros cuya máxima expresión estilística fueron los llamados Beatos

La cultura de la Edad Media en su relación con la literatura medieval

Con la caída del Imperio Romano y su red de comunicaciones es el Cristianismo el que realizó una función unificadora. Eso en Europa, aunque en España, también en Portugal, los grupos musulmanes y judíos mantuvieron sus propias expresiones religiosas, artísticas, culturales y de costumbres. El saber se concentraba en los monasterios y no solo por los libros allí atesorados sino también porque era esta población la que había recibido una mínima instrucción. Tanto nobles como pueblo llano adolecían de un analfabetismo atroz. Entendemos, por tanto, el carácter oral de la literatura medieval si aceptamos que tanto libros como lectores eran tan escasos como raros.  

La vida de los monasterios era sencilla, aislados uno de otros, creando sus bibliotecas que rara vez pasaban de los mil ejemplares. Un monje andariego podía haber viajado no más de 20 kms desde su lugar de origen y siempre en cabalgaduras poco adecuadas. Los caminos eran peligrosos en extremo. Los pocos intercambios que se hacían eran de préstamos de libros con la finalidad de copiar un título en concreto en otro scriptoria. Estos codiciados bienes apenas salían de los muros de los monasterios y solo tenían acceso a ellos los miembros de la aristocracia y la alta nobleza.  

De los monasterios se pasó a las incipientes Universidades o Colegiatas.  La primera española fue la de Salamanca, fundada en 1215, tras haber pasado dos años por Palencia. Además, tuvo una gran influencia la Escuela de Traductores de Toledo fundada en el siglo XII por el arzobispo Raimundo. Allí se tradujeron (al latín) obras matemáticas, científicas o filosóficas de la cultura árabe. Con ello se propició su conocimiento, desarrollo y divulgación entre las élites instruidas. Si ello fuera poco, Toledo se convirtió en un centro de acogida de sabios y estudiosos de las tres culturas. En el siglo XIII con Alfonso X tuvo, además, un gran impulso.  

 

Características de la literatura medieval en España y el resto de Europa 

1.- Las obras literarias tienen un poso teocéntrico en la temática 

Hay familiaridad con todo lo referente a lo sagrado, con las vidas de los santos, con los milagros, con todo lo sobrenatural que llega del cielo. Y no se hace desde la perspectiva de las Sagradas Escrituras sino que la Virgen (Milagros de Nuestra Señora) baja a ayudar a todo aquel que tiene una tribulación comportándose como una dama corriente. Por otro lado, en el Libro de Buen Amor hay una mezcla entre la piedad, lo sagrado, lo piadoso y lo más profano (incluso con los pecados). La literatura medieval es la expresión de una cultura que gira alrededor de la religión en su vertiente más fervorosa. Además, en esta época se inicia la costumbre de la peregrinación hacia Santiago de Compostela para venerar la tumba del apóstol. 

2.- Buena parte de la literatura medieval nació en los monasterios

Los monjes eran los únicos que sabían escribir y leer. Además estaban en posesión de los textos clásicos. Eso no quita que todos los escritos se realizaran para consumo interno o de la elite aristocrática. La literatura medieval no solo tuvo una finalidad de entretenimiento o de regocijo artístico y sirvió también para vehicular temas diversos desde los filosóficos hasta los que trataban de los pocos adelantos científicos de la época. Incluso la reintroducción del teatro se hizo a través de los monasterios, especialmente a partir de la propagación de la Orden de Cluny por buena parte del territorio europeo.  

3.- La literatura medieval conservada es en lengua romance 

Ni que decir tiene que se escribían textos en latín y se copiaban, además, los pocos escritos que llegó de la cultura grecorromana. Esto siguió haciéndose así hasta bien entrado el Siglo de las Luces cuando se incentivó los idiomas nacionales como lengua de cultura. A lo largo de la Edad Media el latín había completado buena parte de su proceso evolutivo hasta convertirse en las distintas lenguas romances conocidas y diferentes entre sí. La literatura medieval que conservamos (Poema del Mio Cid por poner un ejemplo) están ya realizadas con estas nuevas lenguas.

4.- La literatura medieval, como el resto de las manifestaciones artísticas, es anónima

Los artistas (de todos los ramos, géneros y disciplinas) no firmaban sus obras. En una época tan centrada en lo religioso este trabajo se consideraba una entrega total a la divinidad. Por eso, no conocemos a ciencia cierta quienes fueron los creadores de la mayoría de los romances que se han conservado. También desconocemos la rúbrica de buena parte de las iglesias románicas o de las tablas religiosas de la época. La gloria en este mundo se consideraba orgullo, pecado capital. 

 

5.- La literatura medieval tiene tres vertientes temáticas: épica, religiosa y poesía amorosa

La libertad creativa tal como comienza a entenderse a partir del siglo XIX no se conoce en la literatura medieval. Esta está muy clasificada y siempre responde a los preceptos de autoridad. Esto es, se hace algo siempre y cuando alguien anterior (considerado que pertenece al canon) ya lo haya abordado. Por tanto, los temas se reducen a tres. El primero de ellos es la épica que trata las hazañas de héroes abandonados que van en busca de bienes o tesoros importantes. Un buen ejemplo es el Poema del Mio Cid. La religiosa puede abordar temas diversos en el orden de lo sagrado, desde vidas de héroes santos hasta milagros. En esta clasificación entraría la obra de Gonzalo de Berceo. La tercera línea nace en la Provenza en el siglo XII y se basa en poemas de tipo cortesano, de amor platónico que se extendió por todo Europa a través de la labor de los juglares anónimos.  

6.- Predomina la poesía sobre otros géneros

Aunque se han conservado textos en prosa, el grueso de la creación de la época (incluso cuando se trata de teatro) adquiere la forma de verso. Desde las jarchas mozárabes de corte amoroso hasta las grandes obras de Petrarca están escritas como poemas largos o cortos. La literatura medieval, además, no diferenciaba entre la finalidad artística de la divulgativa y entendía estos escritos como una forma de propagar valores morales.  

7.- La literatura medieval oral estaba dirigida al pueblo

De aquí la gran cantidad de romances de todo tipo con rimas marcadas fáciles de memorizar que propagaban los juglares normalmente de pueblo en pueblo. Hay críticos que señalan incluso que este tipo de obras pudieran ser cantadas acompañadas de instrumentos musicales básicos, tal como se aprecia en diferentes miniaturas de los libros de la época.  

8.- La literatura medieval, como la cultura de la época está impregnada por la filosofía de las correspondencias

Este mundo, este plano no es real, casi no existe. Es, sencillamente, un reflejo de lo que sucede en el otro plano, en el divino, en lo sagrado. Por eso, es tan importante que las acciones de aquí sean las correctas para corresponder a aquello que Dios quiere. La filosofía de las correspondencias hunde sus raíces en las propuestas de Platón.  

 

9.- Los símbolos tienen fuerte preponderancia en todas las artes medievales

Por eso, tanto la literatura medieval como el resto de las artes (ya sean arquitectónicas o plásticas) están plagadas de símbolos. Ellos transmiten mensajes ocultos que hay que desentrañar. De todos modos, esta lengua era bien conocida en la época incluso para el pueblo analfabeto que entendía, por poner un caso, lo que significaba un águila o un león en una fachada de una iglesia. De alguna manera también cumplían una función educativa al comunicar conceptos abstractos gentes sin la mínima instrucción. 

10.- Buena parte de la literatura medieval está dominada por la alegoría 

Al creer que este mundo es el reflejo de los deseos de Dios, los artistas de la época encuentran en la alegoría su mejor vehículo de comunicación. En palabras de Fernando Lázaro esta figura retórica se puede definir como  

“La expresión de la correspondencia prolongada entre una serie de hechos o fenómenos reales y la interpretación transcendente que se da a cada uno de ellos. Así, Gonzalo de Berceo (siglo XIII), en la Introducción de los Milagros, nos cuenta que, sintiéndose cansado, entró en un prado a descansar. Pero aquel prado (término real) se le convierte en una alegoría del Paraíso y va presentándonos las correspondencias que observa. Las fuentes son los Evangelios; las aves son los Santos; las flores son los nombres que dan los fieles a la Virgen María…”

 

11.- Las primeras manifestaciones de la literatura medieval fue la lírica 

Son pequeñas canciones cantadas por los juglares o por las gentes sencillas. A transmitirse de forma oral (ya que la cultura escrita estaba reservada a los monasterios), la mayoría de ellas se han perdido. Eso ha sucedido en toda Europa aunque en España se han conservado las jarchas mozárabes, pequeños poemas de amor cortesano para ser recitado o cantado. 

12.- La épica y los cantares de gesta 

A esta clasificación pertenecen los grandes poemas de la literatura medieval europea. Aquí nos encontramos tanto el Poema del Mio Cid como la Chanson de Roland. Tratan las tribulaciones de un héroe caballeresco expulsado de su emplazamiento original que lucha por recobrar un puesto o tesoro (también en el sentido figurado) de importancia.  

13.- Lírica cortesana provenzal en la literatura medieval

Aparece más tarde, en el siglo XII y XIII, vinculada a las cortes o palacios de la aristocracia. Son pequeños poemas de amor platónico (o real) que se cantaban. La composición de estos versos corrían a cargo de los trovadores que, a veces pertenecían a los estratos altos de la sociedad. Estos poetas entregaban gratuitamente sus creaciones a los juglares que memorizaban los versos para luego cantarlos en las plazas y mercados populares.

14.- El mester de clerecía frente al mester de juglaría

Géneros eminentemente castellanos de la literatura medieval, surgen en el siglo XIII y pretenden diferenciar (seguramente ante la cantidad de poemas en circulación) el origen de los mismos. El primero, el de clerecía, utiliza una estrofa fija (la cuaderna vía) y se afana en temas morales, filosóficos o más cultos. En contraposición, en el mester de juglaría entrarían esos versos destinados al público popular compuestos con mayor libertad en todos los sentidos, desde el meramente formal hasta el temático. 

 

 

15.- El teatro de la literatura medieval es eminentemente religioso

No se parece en nada a los corrales de comedia que surgirán después o las obras de un Shakespeare. Son piezas sencillas de tema religioso vinculadas a la liturgia. Al parecer nacieron para dar más visibilidad a ciertos días del calendario sacro como la Navidad o la Epifanía.  

16.- El inicio de las novelas de caballería 

Aunque estas son posteriores, la crítica ha señalado que las bases se pusieron en la Edad Media con un género en prosa conocido como Roman courtois. Su maestro, del cual conocemos el nombre, fue Chrétien de Troyes. 

Desde el siglo XII hasta el XIV, en toda Europa, con sus particularidades locales, se cultivó una literatura sencilla dirigida al pueblo y que se trasmitía de manera oral a través de poemas, romances o cantares. Estos, aunque se produjeran en los centros monásticos, se extendieron a través de la actividad de los juglares, artistas callejeros casi que vivían de recitar sus versos de pueblo en pueblo. Como las comunicaciones eran tan escasas y peligrosas, la propagación de cualquier obra llevaba décadas incluso. Mientras tanto el sabor filosófico, científico, arquitectónico o artístico se atesoraba en los scriptoria monásticos donde fueron saliendo con cuentagotas hacia las incipientes universidades o  colegiatas. La vida giraba en torno a la divinidad, al mundo celestial del otro lado cuya correspondencia se encontraba en este lado impregnándose todas las manifestaciones culturales de un profundo sentido sacro. Hasta el teatro de la literatura medieval tenía un carácter religioso que iría perdiendo en los siglos posteriores.  

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Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

 

 

 
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La etimología no se pone de acuerdo en el origen de la palabra barroco. Del término portugués barroco (que es una perla irregular e impura) hasta el vocablo baroco con el que se designaba en la escolástica a lo impuro pasando por el concepto berrueco español (el nombre para una roca con aristas) el significado de imperfección está siempre presente. Porque una de las características principales del Barroco es, precisamente, eso: lo no moldeado, lo que es imperfecto, lo que no responde a los cánones ordenados. Barroco implica desequilibrio, torsión, rebuscamiento y a la vez espontaneidad.  Es, según sostienen J.A. Maravall o Eugenio D’Ors una respuesta desordenada a una crisis importante. En España, en arte y literatura, produjo obras tan sobresalientes que el Barroco es, sencillamente, uno de los movimientos estéticos que define el carácter hispano. Vamos por partes y empezamos por lo que sucedía en la calle y en la corte en la época. 

Contexto histórico del Barroco

Desde finales del siglo XVI y buena parte del XVII en toda Europa (especialmente Inglaterra y Alemania) se ve afectada por profundos cambios sociales que van de la mano de transformaciones políticas y económicas. Debido a las guerras, epidemias, pestes, hacinamientos y malas cosechas, la población llega a retroceder mermando drásticamente tanto la esperanza como la calidad de vida. La mortalidad es enorme en todos los estratos sociales debido al hacinamiento, epidemias y la más mínima falta de higiene. Paralelamente, se va abandonando la vida del campo y hay un movimiento hacia las primeras urbes que ni siquiera se pueden llamar ciudades.  

La burguesía empieza a despuntar tímidamente poniendo en entredicho privilegios de nobleza y del alto clero. Esto conlleva unas ansias de cambio en todos los aspectos, desde el personal hasta el económico, aunque de manera individual este no se materializará hasta bien entrado el Romanticismo. Sin embargo, este avance no se produce por igual. Inglaterra y Holanda, por poner dos ejemplos, llevan la transformación con acierto. En otros, como Francia (que desembocará en la Revolución Francesa) o España hay una reacción. La nobleza se enroca en su poder y se persigue cualquier atisbo transformador desde todos los ámbitos. Esto da lugar a una crisis más profunda, con mayor desigualdad, pobreza y descontento si cabe. Además, a la insatisfacción se responde con un aumento del poder de la monarquía ahondando problemas gravísimos y de entidad. Por otro lado, en los países en los que la burguesía continúa en ascenso comienzan a ensayarse fórmulas parlamentarias.  

 

1.- Una de las características del Barroco en España es que coincide con un país en descomposición 

A las derrotas en las guerras internacionales (la de los Treinta Años) se le une una corrupción y una ineptitud de los gobernantes que inciden aún más en las penosas condiciones de vida de la población en general. Al perseguirse las ideas penetrantes de la burguesía, las tierras se concentran en pocas manos (las de la aristocracia) que no se preocupa por explotarlas debidamente y que se dedican en buena medida al ocio. Esto lleva a un proceso migratorio desde los pueblos a las ciudades donde se concentran una multitud de harapientos, hambrientos y pícaros en busca del sustento diario. Las malas condiciones higiénicas, el hacinamiento y el hambre hacen el resto. 

2.- La crisis como esencia y una de las características del Barroco principales 

El Barroco es la respuesta a este estado social, económico y político. Todo es imperfecto, en choque, en constante conflicto. Ni que decir tiene que en este orden de cosas las tensiones sociales están servidas, mayores cuanto menos poder se deje a la burguesía. En España, por ejemplo, la nobleza se alía para perseguir cualquier idea, proyecto o petición novedosa. Es una casta rancia y anquilosada en sus privilegios que no es capaz del mínimo empuje que cambie las condiciones de vida de los que dependen de ella. El dinero no se mueve en los canales de inversión, en empresas comerciales o en empredimientos industriales. Todo el superavit es para lo que se denomina “lujo”, lo que no sirve. Bien es verdad que ese afán de ostentación o de búsqueda de belleza propició un renacimiento del arte sobresaliente, pero no sirvió para el más mínimo progreso social. 

3.- La desigualdad, la reacción y las luchas políticas son constantes

La población que se las apañaba como podía (recordemos la figura del pícaro) acaba reaccionando ante este malestar. Bien es verdad que esa posibilidad solo estaba al alcance de la burguesía culta y que el pueblo llano poco o nada podía hacer. Aunque hay intelectuales que ponen el énfasis en estos problemas buscando soluciones más o menos loables o ingeniosas, estas se aparcan enseguida.  Todo ello da lugar a una confrontación abierta entre los sectores sociales tradicionalistas, apegados a privilegios, inmovilistas e ineptos y una burguesía con empuje. Cuanto menos importancia tuvo esta clase social, peor se desarrollaron las circunstancias socio-económicas. Esta es una de las características del Barroco que se da al 100% en España, ya que el periodo fue lamentable en todos los aspectos: sociales, económicos y políticos.  

4.- Una de las características del Barroco es el nacimiento del relativismo y la ciencia 

Aunque el periodo posterior, el del Siglo de las Luces, supondría la consolidación de la razón en todos los aspectos de la vida, es en el Siglo XVII, en pleno Barroco, cuando se plantean otros modos de conocer la realidad más allá de los postulados heredados de la Edad Media. Aunque el poder (por mano de la Inquisición) se encarga de rebatir las nuevas ideas (pongo el caso de Galileo en 1633), estas van calando entre la intelectualidad. Aquellos que vieron vetados la enseñanza en la universidad (por defender postulados considerados heterodoxos aunque luego se demostraran como válidos) se unieron en Academias y Sociedades de Sabios. Todo ello empujó una incipiente ciencia que se basaba en la experimentación y los hechos probados, cambiando, por tanto, la cosmovisión imperante.

5.- El Barroco español se caracteriza por el combate de la modernidad

Sin embargo, en España las cosas no sucedían con el acierto de algunas zonas europeas. Cualquier idea, aportación o mínimo experimento era cortado de raíz y su instigador castigado, a veces, severamente. Es la llamada Contrarreforma, la que perseguía cualquier actividad al margen de la fe, aunque esta proviniera de personas creyentes. De una manera u otra, se vuelve a la Edad Media en todos los sentidos, lastrando un crecimiento y una evolución que, aún al día de hoy, bien entrado el siglo XXI, sigue afectando aspectos vitales del país.  

6.- Una de las características del Barroco es que tuvo un esplendor artístico allí donde no hubo desarrollo socio-económico

En España, por poner un caso, se levantaron magníficos edificios de corte palaciego o iglesias. Hubo un mecenazgo importante en las artes plásticas y se promocionaron obras teatrales incluso para el pueblo llano. El dinero “del lujo”, el que no servía para el sustento cotidiano de las élites económicas, en lugar de invertirlo en desarrollo, se gastó en estos bienes. Bien es verdad que, al día de hoy, constituyen un patrimonio de indudable e innegable valor. Pero también es cierto que esta actitud (hace varios siglos) ha conformado el carácter patrio. 

7.- Una de las características del Barroco es el malestar

Y es comprensible debido a estas circunstancias aquí expuestas y eso sin tener en cuenta que el concepto de libertad individual era algo inadmisible en la época. Eso no llegaría hasta finales del siglo XIX y solo para las élites. Así, artistas y escritores (siempre intentado esquivar los embates de la censura) se concentran en la protesta a través de la sátira o bien se centran en la descripción de la angustia íntima. Tampoco podemos olvidar los géneros considerados de evasión a través de la filosofía o la religión. En este sentido tenemos que situar esos poemas en los que se ensalza la vida sencilla, apartada o retirada. 

 

8.- A pesar del malestar hay un orden de cosas que lleva al conformismo 

Aún tardarían las primeras revoluciones y una de las características del Barroco es esa idea de que nada puede hacerse ante ese orden de cosas. El poder fuerte (especialmente en los países en los que no se desarrolló la burguesía), la miseria, la inseguridad y la inquietud se traduce un conformismo. Este se desempeña por varias vías: desde la mística (el consuelo en otra vida y otro plano) o la crítica muy velada al orden de cosas dado. Recuerdo una vez más que los autores que se salían de aquello establecido eran duramente reprimidos y este estado de postración se va traduciendo en un pesimismo vital apabullante.   

9.- El desengaño como otra de las características del Barroco 

 

Es una época que no podía creer en los ideales en vistas de la situación cotidiana imperante. Las leyes se aplicaban severamente y aleatoriamente a quien se saliera de los cauces establecidos. La fe en el progreso no puede considerarse y más de un autor de la época describe esta vida como una cárcel de sufrimiento. Ante la situación, ante la imposibilidad de transformación, ante el pago con la propia vida por tener el atrevimiento de proponer cualquier modificación se instala el desengaño. Este es esencial, vital, endémico y busca “el culpable” en la propia naturaleza humana más que en el orden de cosas establecido. 

10.- El caos como una de las características del Barroco  

La inestabilidad, la indefensión o la imposibilidad de ver progreso hacen que los filósofos o escritores de la época apelen al caos (en contraposición al orden sereno) como uno de los motores vitales. Ese caos se va a transformar en arte en movimiento, en columnas que se retuercen, en la línea curva, en el amontonamiento de figuras, en la expresión verbal llevada al límite.

11.- La existencia en este plano se considera limitada e, incluso, sin valor

Ante este pesimismo, este desorden, estos valores que se van deshaciendo y las injusticias en el orden del día, la vida en la Tierra se considera inútil, sin valor, sin finalidad casi. Aquí entran los mejores versos de La vida es sueño. Una de las características del Barroco es considerar el paso en el mundo de los vivos como sin valor, como un viaje sin importancia en el que apenas podemos darnos cuenta de lo que sucede. Todo se vuelve en sombras y ese aspecto sombrío, triste y lúgubre se transparentará en todos los órdenes de la vida y en todos los géneros artísticos. La vida se asemeja a la arena que se nos escapa de los dedos y que no podemos retener. El pesimismo, afianzado por la situación económica, social y política, se hizo endémico y general. No era una característica de uno u otro autor. Sencillamente, flotaba en el aire. 

12.- Una de las característica del Barroco es el ensalzamiento de la muerte

Desde la cuna a la sepultura todo era considerado un valle de lágrimas. El objetivo era el más allá, la muerte que llegaba pronto ayudada por un tiempo que corría muy rápido. Los cuadros de Valdés Leal, por poner un caso, en los que cráneos comparten protagonismo con cucarachas inciden en ese “sic transit gloria mundi” (así pasa la gloria del mundo) o ese “vivir es ir muriendo” de Santa Teresa de Ávila o “somos nosotros mismos nuestra muerte” de Quevedo. El pesimismo llevado al límite llegó a aceptar que nada en esta vida se puede hacer para engrandecer nuestro paso por el mundo y todas las miras estaban en el más allá. No podemos considerar esta característica del Barroco como un afán religioso o de trascendencia a nivel general sino como una reacción a lo que acontecía en la calle.  

13.- El ascetismo en el Barroco  

Se vuelven los ojos hacia la vida contemplativa, la del espíritu, la que se despoja de la materialidad de la carne en descomposición. La existencia es asemejada a un teatro, a una representación en la que nada ni nadie es real o verdadero. Como solo queda el asignarse un papel y ser actores de nuestra propia obra, con ello llega la resignación. Y este es el primer paso para soportar y tolerar injusticias de todo tipo, las mismas que se dieron en la época, mayores cuanto más reacio a las nuevas ideas se topara contra la sociedad pudiente. 

14.- Una de las características del Barroco es la contradicción  

Y no solo en el plano de las ideas, también a nivel físico y cotidiano. Mientras una población empobrecida y presa de las injusticias se negaba casi a luchar por una mejora, las clases acaudaladas se entretenían en fiestas, objetos de lujo y consumo desenfrenado. Nos han llegado grandes obras de arte con bellas damas ataviadas con sedas y bordados, los sofisticados palacios (Versalles, por poner un caso) donde todo era extremo, recargado y apabullante (a pesar de la falta de higiene), los retazos de fiestas, festines y días de ocio sin fin. Mientras tanto, las grandes masas de población se encontraban, literalmente, hundidas en la miseria física y moral sin acceso a los bienes básicos mínimos. Todo ello fue el caldo de cultivo para las revoluciones posteriores.  

15.- El Barroco es también el periodo de la propaganda

Ante tales injusticias y diferencias, ante la imposibilidad de progreso y de crecimiento, se instala un arte pagado (como una impresionante operación de marketing) en el que se justifique el sistema establecido. En este sentido, debemos ver la proliferación de obras de teatro sufragadas bajo el mecenazgo de la aristocracia al que estaba invitado el público en general. Su función era la misma que la del circo de la Antigüedad: contentar a las masas y dejarlas quietas. Intelectuales contemporáneos afirman que es el fin último de las manifestaciones populares en torno al fútbol y los equipos locales actuales. 

 

16.- Una de las características del Barroco es la estética de lo inestable

Las columnas no son rectas, sino que se retuercen, como en el estilo manuelino. Las normas clásicas estallan por los aires y todo se convierte en caos, en movimiento, en saturación, en retorcimiento. Esto se lleva no solo en el ámbito de la arquitectura o la plástica sino también a la literatura que se hace sofocante casi con su exceso de retórica, rimas y tropos. La contradicción, por tanto, está servida. Es ese “sí pero no” que se lleva a todos los extremos incluidos, como he señalado, a los de la vida en contraposición a la muerte. Y de aquí a la desmesura y a lo dramático hay un paso. 

 

17.- La apariencia forma también parte del Barroco 

Si la vida no es real y lo único válido es la muerte, si las sombras ha invadido la existencia, lo único que queda es la apariencia, el engaño casi, el “postureo” tal como lo entendemos en la sociedad contemporánea. Por eso, se levantan edificios que parecen más altos, se recurre al “trompe-l’oeil”, a la ornamentación excesiva en cualquier ámbito que no deja ver lo que hay debajo, a los vestidos recargados, a la estética casi sofocante de algunas pinturas murales que huyen del horror vacui.  

18.- Otra de las características del Barroco es la oscuridad 

Y la intensidad de estas son significativas. La lengua se vuelve retorcida, como las columnas, los ambientes se tornan sofocantes, como la misma vida. Todo se vuelve intenso, en sombras, con un artificio que no se ha vuelto a dar en la historia de la humanidad. Ello lleva al retorcimiento y no solo en el arte sino también en política e, incluso, en la vida cotidiana.  

Estudiosos hay quienes afirman que la humanidad se debate entre el orden y el caos. Sería la contraposición entre lo apolíneo y lo dionisíaco que, con posterioridad, expondría Nietzsche. A una época clásica, ordenada, estructurada (en todos los órdenes) le seguiría otra en la que inestabilidad sería la nota principal. Por tanto, algunas de las características del Barroco europeo estarían presentes en otras épocas similares (en lo social, político o económico) de la historia de la humanidad. Si nos miramos bien, quizás, en estas primeras décadas del siglo XXI, con sus cambios estructurales y sus gobernantes ineptos o corruptos (también ambas características a la vez) sea una era dionisíaca, en desorden, en constante tensión barroca. 

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Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

 

 
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El arte es lo que queda cuando todo ha pasado. Es lo inmutable dentro del cambio. Es la belleza en un mundo en caos. El arte es parte importante de este sitio. Intentamos comprenderlo. 

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La etimología no se pone de acuerdo en el origen de la palabra barroco. Del término portugués barroco (que es una perla irregular e impura) hasta el vocablo baroco con el que se designaba en la escolástica a lo impuro pasando por el concepto berrueco español (el nombre para una roca con aristas) el significado de imperfección está siempre presente. Porque una de las características principales del Barroco es, precisamente, eso: lo no moldeado, lo que es imperfecto, lo que no responde a los cánones ordenados. Barroco implica desequilibrio, torsión, rebuscamiento y a la vez espontaneidad.  Es, según sostienen J.A. Maravall o Eugenio D’Ors una respuesta desordenada a una crisis importante. En España, en arte y literatura, produjo obras tan sobresalientes que el Barroco es, sencillamente, uno de los movimientos estéticos que define el carácter hispano. Vamos por partes y empezamos por lo que sucedía en la calle y en la corte en la época. 

Contexto histórico del Barroco

Desde finales del siglo XVI y buena parte del XVII en toda Europa (especialmente Inglaterra y Alemania) se ve afectada por profundos cambios sociales que van de la mano de transformaciones políticas y económicas. Debido a las guerras, epidemias, pestes, hacinamientos y malas cosechas, la población llega a retroceder mermando drásticamente tanto la esperanza como la calidad de vida. La mortalidad es enorme en todos los estratos sociales debido al hacinamiento, epidemias y la más mínima falta de higiene. Paralelamente, se va abandonando la vida del campo y hay un movimiento hacia las primeras urbes que ni siquiera se pueden llamar ciudades.  

La burguesía empieza a despuntar tímidamente poniendo en entredicho privilegios de nobleza y del alto clero. Esto conlleva unas ansias de cambio en todos los aspectos, desde el personal hasta el económico, aunque de manera individual este no se materializará hasta bien entrado el Romanticismo. Sin embargo, este avance no se produce por igual. Inglaterra y Holanda, por poner dos ejemplos, llevan la transformación con acierto. En otros, como Francia (que desembocará en la Revolución Francesa) o España hay una reacción. La nobleza se enroca en su poder y se persigue cualquier atisbo transformador desde todos los ámbitos. Esto da lugar a una crisis más profunda, con mayor desigualdad, pobreza y descontento si cabe. Además, a la insatisfacción se responde con un aumento del poder de la monarquía ahondando problemas gravísimos y de entidad. Por otro lado, en los países en los que la burguesía continúa en ascenso comienzan a ensayarse fórmulas parlamentarias.  

 

1.- Una de las características del Barroco en España es que coincide con un país en descomposición 

A las derrotas en las guerras internacionales (la de los Treinta Años) se le une una corrupción y una ineptitud de los gobernantes que inciden aún más en las penosas condiciones de vida de la población en general. Al perseguirse las ideas penetrantes de la burguesía, las tierras se concentran en pocas manos (las de la aristocracia) que no se preocupa por explotarlas debidamente y que se dedican en buena medida al ocio. Esto lleva a un proceso migratorio desde los pueblos a las ciudades donde se concentran una multitud de harapientos, hambrientos y pícaros en busca del sustento diario. Las malas condiciones higiénicas, el hacinamiento y el hambre hacen el resto. 

2.- La crisis como esencia y una de las características del Barroco principales 

El Barroco es la respuesta a este estado social, económico y político. Todo es imperfecto, en choque, en constante conflicto. Ni que decir tiene que en este orden de cosas las tensiones sociales están servidas, mayores cuanto menos poder se deje a la burguesía. En España, por ejemplo, la nobleza se alía para perseguir cualquier idea, proyecto o petición novedosa. Es una casta rancia y anquilosada en sus privilegios que no es capaz del mínimo empuje que cambie las condiciones de vida de los que dependen de ella. El dinero no se mueve en los canales de inversión, en empresas comerciales o en empredimientos industriales. Todo el superavit es para lo que se denomina “lujo”, lo que no sirve. Bien es verdad que ese afán de ostentación o de búsqueda de belleza propició un renacimiento del arte sobresaliente, pero no sirvió para el más mínimo progreso social. 

3.- La desigualdad, la reacción y las luchas políticas son constantes

La población que se las apañaba como podía (recordemos la figura del pícaro) acaba reaccionando ante este malestar. Bien es verdad que esa posibilidad solo estaba al alcance de la burguesía culta y que el pueblo llano poco o nada podía hacer. Aunque hay intelectuales que ponen el énfasis en estos problemas buscando soluciones más o menos loables o ingeniosas, estas se aparcan enseguida.  Todo ello da lugar a una confrontación abierta entre los sectores sociales tradicionalistas, apegados a privilegios, inmovilistas e ineptos y una burguesía con empuje. Cuanto menos importancia tuvo esta clase social, peor se desarrollaron las circunstancias socio-económicas. Esta es una de las características del Barroco que se da al 100% en España, ya que el periodo fue lamentable en todos los aspectos: sociales, económicos y políticos.  

4.- Una de las características del Barroco es el nacimiento del relativismo y la ciencia 

Aunque el periodo posterior, el del Siglo de las Luces, supondría la consolidación de la razón en todos los aspectos de la vida, es en el Siglo XVII, en pleno Barroco, cuando se plantean otros modos de conocer la realidad más allá de los postulados heredados de la Edad Media. Aunque el poder (por mano de la Inquisición) se encarga de rebatir las nuevas ideas (pongo el caso de Galileo en 1633), estas van calando entre la intelectualidad. Aquellos que vieron vetados la enseñanza en la universidad (por defender postulados considerados heterodoxos aunque luego se demostraran como válidos) se unieron en Academias y Sociedades de Sabios. Todo ello empujó una incipiente ciencia que se basaba en la experimentación y los hechos probados, cambiando, por tanto, la cosmovisión imperante.

5.- El Barroco español se caracteriza por el combate de la modernidad

Sin embargo, en España las cosas no sucedían con el acierto de algunas zonas europeas. Cualquier idea, aportación o mínimo experimento era cortado de raíz y su instigador castigado, a veces, severamente. Es la llamada Contrarreforma, la que perseguía cualquier actividad al margen de la fe, aunque esta proviniera de personas creyentes. De una manera u otra, se vuelve a la Edad Media en todos los sentidos, lastrando un crecimiento y una evolución que, aún al día de hoy, bien entrado el siglo XXI, sigue afectando aspectos vitales del país.  

6.- Una de las características del Barroco es que tuvo un esplendor artístico allí donde no hubo desarrollo socio-económico

En España, por poner un caso, se levantaron magníficos edificios de corte palaciego o iglesias. Hubo un mecenazgo importante en las artes plásticas y se promocionaron obras teatrales incluso para el pueblo llano. El dinero “del lujo”, el que no servía para el sustento cotidiano de las élites económicas, en lugar de invertirlo en desarrollo, se gastó en estos bienes. Bien es verdad que, al día de hoy, constituyen un patrimonio de indudable e innegable valor. Pero también es cierto que esta actitud (hace varios siglos) ha conformado el carácter patrio. 

7.- Una de las características del Barroco es el malestar

Y es comprensible debido a estas circunstancias aquí expuestas y eso sin tener en cuenta que el concepto de libertad individual era algo inadmisible en la época. Eso no llegaría hasta finales del siglo XIX y solo para las élites. Así, artistas y escritores (siempre intentado esquivar los embates de la censura) se concentran en la protesta a través de la sátira o bien se centran en la descripción de la angustia íntima. Tampoco podemos olvidar los géneros considerados de evasión a través de la filosofía o la religión. En este sentido tenemos que situar esos poemas en los que se ensalza la vida sencilla, apartada o retirada. 

 

8.- A pesar del malestar hay un orden de cosas que lleva al conformismo 

Aún tardarían las primeras revoluciones y una de las características del Barroco es esa idea de que nada puede hacerse ante ese orden de cosas. El poder fuerte (especialmente en los países en los que no se desarrolló la burguesía), la miseria, la inseguridad y la inquietud se traduce un conformismo. Este se desempeña por varias vías: desde la mística (el consuelo en otra vida y otro plano) o la crítica muy velada al orden de cosas dado. Recuerdo una vez más que los autores que se salían de aquello establecido eran duramente reprimidos y este estado de postración se va traduciendo en un pesimismo vital apabullante.   

9.- El desengaño como otra de las características del Barroco 

 

Es una época que no podía creer en los ideales en vistas de la situación cotidiana imperante. Las leyes se aplicaban severamente y aleatoriamente a quien se saliera de los cauces establecidos. La fe en el progreso no puede considerarse y más de un autor de la época describe esta vida como una cárcel de sufrimiento. Ante la situación, ante la imposibilidad de transformación, ante el pago con la propia vida por tener el atrevimiento de proponer cualquier modificación se instala el desengaño. Este es esencial, vital, endémico y busca “el culpable” en la propia naturaleza humana más que en el orden de cosas establecido. 

10.- El caos como una de las características del Barroco  

La inestabilidad, la indefensión o la imposibilidad de ver progreso hacen que los filósofos o escritores de la época apelen al caos (en contraposición al orden sereno) como uno de los motores vitales. Ese caos se va a transformar en arte en movimiento, en columnas que se retuercen, en la línea curva, en el amontonamiento de figuras, en la expresión verbal llevada al límite.

11.- La existencia en este plano se considera limitada e, incluso, sin valor

Ante este pesimismo, este desorden, estos valores que se van deshaciendo y las injusticias en el orden del día, la vida en la Tierra se considera inútil, sin valor, sin finalidad casi. Aquí entran los mejores versos de La vida es sueño. Una de las características del Barroco es considerar el paso en el mundo de los vivos como sin valor, como un viaje sin importancia en el que apenas podemos darnos cuenta de lo que sucede. Todo se vuelve en sombras y ese aspecto sombrío, triste y lúgubre se transparentará en todos los órdenes de la vida y en todos los géneros artísticos. La vida se asemeja a la arena que se nos escapa de los dedos y que no podemos retener. El pesimismo, afianzado por la situación económica, social y política, se hizo endémico y general. No era una característica de uno u otro autor. Sencillamente, flotaba en el aire. 

12.- Una de las característica del Barroco es el ensalzamiento de la muerte

Desde la cuna a la sepultura todo era considerado un valle de lágrimas. El objetivo era el más allá, la muerte que llegaba pronto ayudada por un tiempo que corría muy rápido. Los cuadros de Valdés Leal, por poner un caso, en los que cráneos comparten protagonismo con cucarachas inciden en ese “sic transit gloria mundi” (así pasa la gloria del mundo) o ese “vivir es ir muriendo” de Santa Teresa de Ávila o “somos nosotros mismos nuestra muerte” de Quevedo. El pesimismo llevado al límite llegó a aceptar que nada en esta vida se puede hacer para engrandecer nuestro paso por el mundo y todas las miras estaban en el más allá. No podemos considerar esta característica del Barroco como un afán religioso o de trascendencia a nivel general sino como una reacción a lo que acontecía en la calle.  

13.- El ascetismo en el Barroco  

Se vuelven los ojos hacia la vida contemplativa, la del espíritu, la que se despoja de la materialidad de la carne en descomposición. La existencia es asemejada a un teatro, a una representación en la que nada ni nadie es real o verdadero. Como solo queda el asignarse un papel y ser actores de nuestra propia obra, con ello llega la resignación. Y este es el primer paso para soportar y tolerar injusticias de todo tipo, las mismas que se dieron en la época, mayores cuanto más reacio a las nuevas ideas se topara contra la sociedad pudiente. 

14.- Una de las características del Barroco es la contradicción  

Y no solo en el plano de las ideas, también a nivel físico y cotidiano. Mientras una población empobrecida y presa de las injusticias se negaba casi a luchar por una mejora, las clases acaudaladas se entretenían en fiestas, objetos de lujo y consumo desenfrenado. Nos han llegado grandes obras de arte con bellas damas ataviadas con sedas y bordados, los sofisticados palacios (Versalles, por poner un caso) donde todo era extremo, recargado y apabullante (a pesar de la falta de higiene), los retazos de fiestas, festines y días de ocio sin fin. Mientras tanto, las grandes masas de población se encontraban, literalmente, hundidas en la miseria física y moral sin acceso a los bienes básicos mínimos. Todo ello fue el caldo de cultivo para las revoluciones posteriores.  

15.- El Barroco es también el periodo de la propaganda

Ante tales injusticias y diferencias, ante la imposibilidad de progreso y de crecimiento, se instala un arte pagado (como una impresionante operación de marketing) en el que se justifique el sistema establecido. En este sentido, debemos ver la proliferación de obras de teatro sufragadas bajo el mecenazgo de la aristocracia al que estaba invitado el público en general. Su función era la misma que la del circo de la Antigüedad: contentar a las masas y dejarlas quietas. Intelectuales contemporáneos afirman que es el fin último de las manifestaciones populares en torno al fútbol y los equipos locales actuales. 

 

16.- Una de las características del Barroco es la estética de lo inestable

Las columnas no son rectas, sino que se retuercen, como en el estilo manuelino. Las normas clásicas estallan por los aires y todo se convierte en caos, en movimiento, en saturación, en retorcimiento. Esto se lleva no solo en el ámbito de la arquitectura o la plástica sino también a la literatura que se hace sofocante casi con su exceso de retórica, rimas y tropos. La contradicción, por tanto, está servida. Es ese “sí pero no” que se lleva a todos los extremos incluidos, como he señalado, a los de la vida en contraposición a la muerte. Y de aquí a la desmesura y a lo dramático hay un paso. 

 

17.- La apariencia forma también parte del Barroco 

Si la vida no es real y lo único válido es la muerte, si las sombras ha invadido la existencia, lo único que queda es la apariencia, el engaño casi, el “postureo” tal como lo entendemos en la sociedad contemporánea. Por eso, se levantan edificios que parecen más altos, se recurre al “trompe-l’oeil”, a la ornamentación excesiva en cualquier ámbito que no deja ver lo que hay debajo, a los vestidos recargados, a la estética casi sofocante de algunas pinturas murales que huyen del horror vacui.  

18.- Otra de las características del Barroco es la oscuridad 

Y la intensidad de estas son significativas. La lengua se vuelve retorcida, como las columnas, los ambientes se tornan sofocantes, como la misma vida. Todo se vuelve intenso, en sombras, con un artificio que no se ha vuelto a dar en la historia de la humanidad. Ello lleva al retorcimiento y no solo en el arte sino también en política e, incluso, en la vida cotidiana.  

Estudiosos hay quienes afirman que la humanidad se debate entre el orden y el caos. Sería la contraposición entre lo apolíneo y lo dionisíaco que, con posterioridad, expondría Nietzsche. A una época clásica, ordenada, estructurada (en todos los órdenes) le seguiría otra en la que inestabilidad sería la nota principal. Por tanto, algunas de las características del Barroco europeo estarían presentes en otras épocas similares (en lo social, político o económico) de la historia de la humanidad. Si nos miramos bien, quizás, en estas primeras décadas del siglo XXI, con sus cambios estructurales y sus gobernantes ineptos o corruptos (también ambas características a la vez) sea una era dionisíaca, en desorden, en constante tensión barroca. 

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Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

 

 
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