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Una de las características de la literatura medieval es el anonimato de sus creadores. Época teocéntrica al máximo, la gran mayoría de artistas, escritores o arquitectos no firmaban sus obras. Era una forma de servir a Dios con la mayor humildad. No obstante, ya llegado el final de la época, justo cuando despuntaba el Renacimiento, un buen puñado de nombres aparecen como los mejores autores de la Edad Media. Nos vamos a centrar en este trabajo especialmente en la literatura en castellanos o aquellos nombres del canon italiano que, por su importancia internacional y en la creación posterior, merecen un aparte. 

La literatura medieval asiste al cambio de los escritos en latín (considerada por entonces y hasta bien entrado  el Siglo de las Luces lengua de cultura) al avance de las distintas lenguas romances. Aparecen los memorables versos en castellano del Poema del Mío Cid de quien no conocemos su autoría, Chrétrien de Troyes, la Divina Comedia de Dante o las cantigas gallegas para ser recitadas. Cuando estudiamos la época nos damos cuenta de que buena parte de los autores de la Edad Media levantaron obras memorables que siguen perteneciendo al canon. Y es así porque buena parte de ellas encuentran acomodo en el alma humana del tecnificado siglo XXI

 

¿Cómo son los escritos de los autores de la Edad Media en general? 

1.- Tal como he expuesto, es una época teocéntrica en la que Dios tiene omnipresencia en todos los aspectos de la vida. 

2.- Buena parte de las obras conservadas son anónimas y propagadas lentamente a través de los scriptoria de los monasterios. El cambio de época llegaría con Lutero, la imprenta, los descubrimientos de nuevos mundos y la rápida propagación de las ideas. 

3.- Como la gran mayoría de la población era analfabeta (con índices alarmantes incluso entre la aristocracia), era importante la transmisión oral de los textos. 

4.- Quizás fuera esto lo que propició el desarrollo de la poesía con un ritmo marcado que facilitara la memorización y la posterior recitación. 

5.- El analfabetismo y la dificultad para crear textos escritos (manuscritos y copiados recordemos) propicia el desarrollo de los símbolos, tanto que cualquier campesino iletrado podría saber qué significaba un águila, un león o una serpiente tallada en un capitel de una iglesia o en una columna en el mercado. 

6.- Lo sagrado se manifiesta en los milagros, en las vidas de los santos, en las acciones de la Virgen que va en ayuda de sus fieles. 

7.- No es de extrañar entonces que predomine la alegoría, suerte de metáfora donde todo es simbólico. 

8.- Los autores de la Edad Media estaban influenciados por la filosofía de las correspondencias, la misma que afirmaba que todo lo que sucede en este plano es la manifestación de lo que ocurre en un lugar sagrado o espiritual. Ni que decir tiene que el sustrato de Platón se encuentran en estas ideas. 

9.- Junto con la poesía religiosa y la épica (la que canta las hazañas de grandes héroes) avanza la poesía amorosa nacida en Provenza. 

10.- Los autores de la Edad Media no entendían la originalidad tal como se manifiesta a partir del siglo XIX y especialmente en el XX. 

 

Principales autores de la Edad Media cuyos nombres han llegado hasta nosotros

1.- Dante Alighieri (1265-1321), uno de los autores de Edad Media que trabaja el “dolce stil novo”

Y este “dulce estilo nuevo” es el refinamiento más absoluto de la poesía amorosa de corte provenzal. El amor cortés, platónico y sensual que se respiran en estos versos, cuando llegan a la corte de Florencia, alcanzan su máxima expresión estilística. Aunque no toda la literatura medieval está escrita desde el punto de vista masculino, en esta fórmula artística, la protagonista (la mujer amada) se convierte en un ángel casi repleta de dulzura, gentileza, virtud e incluso sabiduría. Es ella una suerte de guía que nos lleva de lo terrenal profano a lo celestial sagrado. Y todo ello revestido con los principios del cristianismo en el que se abandona cualquier atisbo de mundanalidad.  

Dante, aunque también escribe en latín, el idioma de cultura y de las élites, utiliza una nueva lengua romance: el italiano que es elevado a su cima estilística en esta época. Pero si uno de los más grandes autores de la Edad Media ha pasado a la posterioridad ha sido por su gran poema la Divina Comedia. Dividido en tres partes (Infierno, Purgatorio y Cielo) está escrito en tercetos endecasílabos y nos narra un camino alegórico (de forma metafórica) del alma humana desde lo más abyecto (el Infierno) hasta el éxito supremo (Cielo). Su influencia en las artes, pensamiento y literatura posterior fue tan importante que aún perdura al día de hoy.

2.- Francesco Petrarca (1304-1374), uno de los autores de la Edad Media adalid de la poesía amorosa

Radical fue la influencia de su poesía y poética en los creadores castellanos, tanto que no se entiende la literatura posterior sin él. Recordado por I trionfi (Los triunfos) o por su Canzoniere (Cancionero) nos presenta un amor dulce que atrapa, pasional casi, sin llegar a los modos y las principales características del Romanticismo, en el que el poeta queda enganchado y lo único posible que puede hacer es rendir pleitesía y tributo a un ser siempre angelical, dulce, perfecto, como si no fuera de este mundo.  

3.- Giovanni Boccaccio (1313-1375) el autor de la Edad Media que retrató la Florencia de su tiempo

Aunque al día de hoy es conocido especialmente por el Decameron, en su época su influencia se debió a otras obras. Es esta obra un compendio o conjunto de cuentos distintos entre sí con un hilo conductor que pretende retratar los tipos, caracteres, vicios y virtudes de la sociedad de la época.  

 

4.- Chrétrien de Troyes (1130-1183), en el origen de la novela de caballería

Considerado el primer novelista europeo y uno de los mejores escritores en lengua francesa, la crítica sitúa su obra en la popular novela de caballería que tantos adeptos conseguiría más tarde. Eran estas obras en prosa (cuando el verso era lo más frecuente en la literatura medieval) que cantaba las hazañas de un héroe en busca del bien y luchando sin tregua contra el mal. Don Quijote, reduciendo muchísimo su importancia y significación, es una parodia de este tipo de obras que entretuvieron a toda clase de público con aventuras diversas. 

5.- Geoffrey Chaucer (1387-1400) y sus Cuentos de Canterbury

Otro de los autores de la Edad Media en el límite con la literatura renacentista es el inglés Chaucer y su colección de cuentos. En ellos se narran las historias y avatares de una serie de peregrinos en su camino a Canterbury. La obra forma parte del canon en lengua inglesa y tiene un hueco entre lo mejor de la literatura internacional.  

6.- Don Juan Manuel (1282- probablemente 1348), uno de los autores de la Edad Media que se afanó con la prosa

Su obra Conde Lucanor o también Libro de Patronio está escrita en prosa y en ellas, con un estilo sencillo y tremendamente moralizante, se van narrando, a través de historias simples los distintas virtudes. La forma de proceder de los protagonistas de los cuentos le sirve al maestro de Lucanor para ilustrar los valores vitales. 

7.- Juan Ruiz (1283-1351), Arcipreste de Hita y su Libro de Buen Amor

Probablemente una de las grandes obras de la literatura española de todos los tiempos pertenece al máster de clerecía. Esto es, es una obra culta escrita en cuaderna vía (versos alejandrinos con rima consonante uniforme dividida con un hemistiquio central). Es una colección heterogénea (como la mayoría de la época) en el que de forma autobiográfica se narra las supuestas aventuras amorosas del autor.  

8.- Gonzalo de Berceo (1198-1264), uno de los autores de la Edad Media que quiso ser juglar siendo clérigo

Aunque su intención era hacer mester de juglaría (con versos para ser cantados por un juglar ante un público no entendido) es otro de los grandes autores de la Edad Media en lengua castellana del mester de clerecía. Su gran obra son los Milagros de Nuestra Señora donde va narrando los dones y favores que la virgen hace a quien a ella se encomienda. En toda la obra predomina la alegoría. Gonzalo de Berceo vivió toda su vida en el Monasterio de San Millán de la Cogolla donde se encontraron las primeras palabras en castellano (traducidas del latín) en los márgenes de un manuscrito.

Si bien estos son los grandes autores de la Edad Media esto no significa que la gran parte de las obras que han pasado al canon fuera escrita por ellos. Al imponerse la búsqueda a sabiendas del anonimato no conocemos los creadores de las deliciosas jarchas mozárabes,o de las cantigas de amigo de la lírica gallega o el artífice de ese gran poema épico de la literatura castellana que es el Poema del Mio Cid. En este caso hay que hacer un compendio entre las obras conservadas y los nombres que nos han llegado.  

Sin embargo, bien entrado el siglo XV en castellano resuenan los grandes nombres de Jorge Manrique y sus Coplas a la muerte de su padre, la soberbia La Celestina, las obras de Juan de la Encina o el gramático Juan de Nebrija. No son propiamente autores de la Edad Media ya que, de alguna manera u otra, adelantan los modos y las formas del Renacimiento. 

Por Candela Vizcaíno

 

 
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Una de las características de la literatura medieval es el anonimato de sus creadores. Época teocéntrica al máximo, la gran mayoría de artistas, escritores o arquitectos no firmaban sus obras. Era una forma de servir a Dios con la mayor humildad. No obstante, ya llegado el final de la época, justo cuando despuntaba el Renacimiento, un buen puñado de nombres aparecen como los mejores autores de la Edad Media. Nos vamos a centrar en este trabajo especialmente en la literatura en castellanos o aquellos nombres del canon italiano que, por su importancia internacional y en la creación posterior, merecen un aparte. 

La literatura medieval asiste al cambio de los escritos en latín (considerada por entonces y hasta bien entrado  el Siglo de las Luces lengua de cultura) al avance de las distintas lenguas romances. Aparecen los memorables versos en castellano del Poema del Mío Cid de quien no conocemos su autoría, Chrétrien de Troyes, la Divina Comedia de Dante o las cantigas gallegas para ser recitadas. Cuando estudiamos la época nos damos cuenta de que buena parte de los autores de la Edad Media levantaron obras memorables que siguen perteneciendo al canon. Y es así porque buena parte de ellas encuentran acomodo en el alma humana del tecnificado siglo XXI

 

¿Cómo son los escritos de los autores de la Edad Media en general? 

1.- Tal como he expuesto, es una época teocéntrica en la que Dios tiene omnipresencia en todos los aspectos de la vida. 

2.- Buena parte de las obras conservadas son anónimas y propagadas lentamente a través de los scriptoria de los monasterios. El cambio de época llegaría con Lutero, la imprenta, los descubrimientos de nuevos mundos y la rápida propagación de las ideas. 

3.- Como la gran mayoría de la población era analfabeta (con índices alarmantes incluso entre la aristocracia), era importante la transmisión oral de los textos. 

4.- Quizás fuera esto lo que propició el desarrollo de la poesía con un ritmo marcado que facilitara la memorización y la posterior recitación. 

5.- El analfabetismo y la dificultad para crear textos escritos (manuscritos y copiados recordemos) propicia el desarrollo de los símbolos, tanto que cualquier campesino iletrado podría saber qué significaba un águila, un león o una serpiente tallada en un capitel de una iglesia o en una columna en el mercado. 

6.- Lo sagrado se manifiesta en los milagros, en las vidas de los santos, en las acciones de la Virgen que va en ayuda de sus fieles. 

7.- No es de extrañar entonces que predomine la alegoría, suerte de metáfora donde todo es simbólico. 

8.- Los autores de la Edad Media estaban influenciados por la filosofía de las correspondencias, la misma que afirmaba que todo lo que sucede en este plano es la manifestación de lo que ocurre en un lugar sagrado o espiritual. Ni que decir tiene que el sustrato de Platón se encuentran en estas ideas. 

9.- Junto con la poesía religiosa y la épica (la que canta las hazañas de grandes héroes) avanza la poesía amorosa nacida en Provenza. 

10.- Los autores de la Edad Media no entendían la originalidad tal como se manifiesta a partir del siglo XIX y especialmente en el XX. 

 

Principales autores de la Edad Media cuyos nombres han llegado hasta nosotros

1.- Dante Alighieri (1265-1321), uno de los autores de Edad Media que trabaja el “dolce stil novo”

Y este “dulce estilo nuevo” es el refinamiento más absoluto de la poesía amorosa de corte provenzal. El amor cortés, platónico y sensual que se respiran en estos versos, cuando llegan a la corte de Florencia, alcanzan su máxima expresión estilística. Aunque no toda la literatura medieval está escrita desde el punto de vista masculino, en esta fórmula artística, la protagonista (la mujer amada) se convierte en un ángel casi repleta de dulzura, gentileza, virtud e incluso sabiduría. Es ella una suerte de guía que nos lleva de lo terrenal profano a lo celestial sagrado. Y todo ello revestido con los principios del cristianismo en el que se abandona cualquier atisbo de mundanalidad.  

Dante, aunque también escribe en latín, el idioma de cultura y de las élites, utiliza una nueva lengua romance: el italiano que es elevado a su cima estilística en esta época. Pero si uno de los más grandes autores de la Edad Media ha pasado a la posterioridad ha sido por su gran poema la Divina Comedia. Dividido en tres partes (Infierno, Purgatorio y Cielo) está escrito en tercetos endecasílabos y nos narra un camino alegórico (de forma metafórica) del alma humana desde lo más abyecto (el Infierno) hasta el éxito supremo (Cielo). Su influencia en las artes, pensamiento y literatura posterior fue tan importante que aún perdura al día de hoy.

2.- Francesco Petrarca (1304-1374), uno de los autores de la Edad Media adalid de la poesía amorosa

Radical fue la influencia de su poesía y poética en los creadores castellanos, tanto que no se entiende la literatura posterior sin él. Recordado por I trionfi (Los triunfos) o por su Canzoniere (Cancionero) nos presenta un amor dulce que atrapa, pasional casi, sin llegar a los modos y las principales características del Romanticismo, en el que el poeta queda enganchado y lo único posible que puede hacer es rendir pleitesía y tributo a un ser siempre angelical, dulce, perfecto, como si no fuera de este mundo.  

3.- Giovanni Boccaccio (1313-1375) el autor de la Edad Media que retrató la Florencia de su tiempo

Aunque al día de hoy es conocido especialmente por el Decameron, en su época su influencia se debió a otras obras. Es esta obra un compendio o conjunto de cuentos distintos entre sí con un hilo conductor que pretende retratar los tipos, caracteres, vicios y virtudes de la sociedad de la época.  

 

4.- Chrétrien de Troyes (1130-1183), en el origen de la novela de caballería

Considerado el primer novelista europeo y uno de los mejores escritores en lengua francesa, la crítica sitúa su obra en la popular novela de caballería que tantos adeptos conseguiría más tarde. Eran estas obras en prosa (cuando el verso era lo más frecuente en la literatura medieval) que cantaba las hazañas de un héroe en busca del bien y luchando sin tregua contra el mal. Don Quijote, reduciendo muchísimo su importancia y significación, es una parodia de este tipo de obras que entretuvieron a toda clase de público con aventuras diversas. 

5.- Geoffrey Chaucer (1387-1400) y sus Cuentos de Canterbury

Otro de los autores de la Edad Media en el límite con la literatura renacentista es el inglés Chaucer y su colección de cuentos. En ellos se narran las historias y avatares de una serie de peregrinos en su camino a Canterbury. La obra forma parte del canon en lengua inglesa y tiene un hueco entre lo mejor de la literatura internacional.  

6.- Don Juan Manuel (1282- probablemente 1348), uno de los autores de la Edad Media que se afanó con la prosa

Su obra Conde Lucanor o también Libro de Patronio está escrita en prosa y en ellas, con un estilo sencillo y tremendamente moralizante, se van narrando, a través de historias simples los distintas virtudes. La forma de proceder de los protagonistas de los cuentos le sirve al maestro de Lucanor para ilustrar los valores vitales. 

7.- Juan Ruiz (1283-1351), Arcipreste de Hita y su Libro de Buen Amor

Probablemente una de las grandes obras de la literatura española de todos los tiempos pertenece al máster de clerecía. Esto es, es una obra culta escrita en cuaderna vía (versos alejandrinos con rima consonante uniforme dividida con un hemistiquio central). Es una colección heterogénea (como la mayoría de la época) en el que de forma autobiográfica se narra las supuestas aventuras amorosas del autor.  

8.- Gonzalo de Berceo (1198-1264), uno de los autores de la Edad Media que quiso ser juglar siendo clérigo

Aunque su intención era hacer mester de juglaría (con versos para ser cantados por un juglar ante un público no entendido) es otro de los grandes autores de la Edad Media en lengua castellana del mester de clerecía. Su gran obra son los Milagros de Nuestra Señora donde va narrando los dones y favores que la virgen hace a quien a ella se encomienda. En toda la obra predomina la alegoría. Gonzalo de Berceo vivió toda su vida en el Monasterio de San Millán de la Cogolla donde se encontraron las primeras palabras en castellano (traducidas del latín) en los márgenes de un manuscrito.

Si bien estos son los grandes autores de la Edad Media esto no significa que la gran parte de las obras que han pasado al canon fuera escrita por ellos. Al imponerse la búsqueda a sabiendas del anonimato no conocemos los creadores de las deliciosas jarchas mozárabes,o de las cantigas de amigo de la lírica gallega o el artífice de ese gran poema épico de la literatura castellana que es el Poema del Mio Cid. En este caso hay que hacer un compendio entre las obras conservadas y los nombres que nos han llegado.  

Sin embargo, bien entrado el siglo XV en castellano resuenan los grandes nombres de Jorge Manrique y sus Coplas a la muerte de su padre, la soberbia La Celestina, las obras de Juan de la Encina o el gramático Juan de Nebrija. No son propiamente autores de la Edad Media ya que, de alguna manera u otra, adelantan los modos y las formas del Renacimiento. 

Por Candela Vizcaíno

 

 
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Aunque cada lugar tuvo sus particularidades autóctonas, la literatura medieval tiene unas características comunes en toda Europa. En España, lugar de convivencia (solo a ratos pacífica y no siempre aceptada) de las tres culturas del libro (judía, cristiana y musulmana), nos atenemos solo a las obras escritas en castellano. 

A partir del siglo XII se extinguió completamente la cultura grecolatina y los restos de la literatura griega o romana que perduraron quedaron recluidos en los scriptoria de los monasterios. Allí monjes con más o menos erudición se afanaban en copiar los textos antiguos para que su saber no se perdiera. Era una tarea larga, penosa y delicada con el objetivo de guardar la cultura de la antigüedad y la que se producía en la época. Al caer el Imperio Romano, los distintos reinos de Europa se aislaron entre sí haciéndose las condiciones de vida aún más duras si cabe. Las comunicaciones se hacían difíciles. Por eso,  era necesario proveerse de bibliotecas que guardaran un mínimo saber. En España se produjeron maravillosos libros caligrafiados y, a veces, con bellas miniaturas realizadas con productos costosos y raros cuya máxima expresión estilística fueron los llamados Beatos

La cultura de la Edad Media en su relación con la literatura medieval

Con la caída del Imperio Romano y su red de comunicaciones es el Cristianismo el que realizó una función unificadora. Eso en Europa, aunque en España, también en Portugal, los grupos musulmanes y judíos mantuvieron sus propias expresiones religiosas, artísticas, culturales y de costumbres. El saber se concentraba en los monasterios y no solo por los libros allí atesorados sino también porque era esta población la que había recibido una mínima instrucción. Tanto nobles como pueblo llano adolecían de un analfabetismo atroz. Entendemos, por tanto, el carácter oral de la literatura medieval si aceptamos que tanto libros como lectores eran tan escasos como raros.  

La vida de los monasterios era sencilla, aislados uno de otros, creando sus bibliotecas que rara vez pasaban de los mil ejemplares. Un monje andariego podía haber viajado no más de 20 kms desde su lugar de origen y siempre en cabalgaduras poco adecuadas. Los caminos eran peligrosos en extremo. Los pocos intercambios que se hacían eran de préstamos de libros con la finalidad de copiar un título en concreto en otro scriptoria. Estos codiciados bienes apenas salían de los muros de los monasterios y solo tenían acceso a ellos los miembros de la aristocracia y la alta nobleza.  

De los monasterios se pasó a las incipientes Universidades o Colegiatas.  La primera española fue la de Salamanca, fundada en 1215, tras haber pasado dos años por Palencia. Además, tuvo una gran influencia la Escuela de Traductores de Toledo fundada en el siglo XII por el arzobispo Raimundo. Allí se tradujeron (al latín) obras matemáticas, científicas o filosóficas de la cultura árabe. Con ello se propició su conocimiento, desarrollo y divulgación entre las élites instruidas. Si ello fuera poco, Toledo se convirtió en un centro de acogida de sabios y estudiosos de las tres culturas. En el siglo XIII con Alfonso X tuvo, además, un gran impulso.  

Características de la literatura medieval en España y el resto de Europa 

1.- Las obras literarias tienen un poso teocéntrico en la temática 

Hay familiaridad con todo lo referente a lo sagrado, con las vidas de los santos, con los milagros, con todo lo sobrenatural que llega del cielo. Y no se hace desde la perspectiva de las Sagradas Escrituras sino que la Virgen (Milagros de Nuestra Señora) baja a ayudar a todo aquel que tiene una tribulación comportándose como una dama corriente. Por otro lado, en el Libro de Buen Amor hay una mezcla entre la piedad, lo sagrado, lo piadoso y lo más profano (incluso con los pecados). La literatura medieval es la expresión de una cultura que gira alrededor de la religión en su vertiente más fervorosa. Además, en esta época se inicia la costumbre de la peregrinación hacia Santiago de Compostela para venerar la tumba del apóstol. 

2.- Buena parte de la literatura medieval nació en los monasterios

Los monjes eran los únicos que sabían escribir y leer. Además estaban en posesión de los textos clásicos. Eso no quita que todos los escritos se realizaran para consumo interno o de la elite aristocrática. La literatura medieval no solo tuvo una finalidad de entretenimiento o de regocijo artístico y sirvió también para vehicular temas diversos desde los filosóficos hasta los que trataban de los pocos adelantos científicos de la época. Incluso la reintroducción del teatro se hizo a través de los monasterios, especialmente a partir de la propagación de la Orden de Cluny por buena parte del territorio europeo.  

3.- La literatura medieval conservada es en lengua romance 

Ni que decir tiene que se escribían textos en latín y se copiaban, además, los pocos escritos que llegó de la cultura grecorromana. Esto siguió haciéndose así hasta bien entrado el Siglo de las Luces cuando se incentivó los idiomas nacionales como lengua de cultura. A lo largo de la Edad Media el latín había completado buena parte de su proceso evolutivo hasta convertirse en las distintas lenguas romances conocidas y diferentes entre sí. La literatura medieval que conservamos (Poema del Mio Cid por poner un ejemplo) están ya realizadas con estas nuevas lenguas.

4.- La literatura medieval, como el resto de las manifestaciones artísticas, es anónima

Los artistas (de todos los ramos, géneros y disciplinas) no firmaban sus obras. En una época tan centrada en lo religioso este trabajo se consideraba una entrega total a la divinidad. Por eso, no conocemos a ciencia cierta quienes fueron los creadores de la mayoría de los romances que se han conservado. También desconocemos la rúbrica de buena parte de las iglesias románicas o de las tablas religiosas de la época. La gloria en este mundo se consideraba orgullo, pecado capital. 

5.- La literatura medieval tiene tres vertientes temáticas: épica, religiosa y poesía amorosa

La libertad creativa tal como comienza a entenderse a partir del siglo XIX no se conoce en la literatura medieval. Esta está muy clasificada y siempre responde a los preceptos de autoridad. Esto es, se hace algo siempre y cuando alguien anterior (considerado que pertenece al canon) ya lo haya abordado. Por tanto, los temas se reducen a tres. El primero de ellos es la épica que trata las hazañas de héroes abandonados que van en busca de bienes o tesoros importantes. Un buen ejemplo es el Poema del Mio Cid. La religiosa puede abordar temas diversos en el orden de lo sagrado, desde vidas de héroes santos hasta milagros. En esta clasificación entraría la obra de Gonzalo de Berceo. La tercera línea nace en la Provenza en el siglo XII y se basa en poemas de tipo cortesano, de amor platónico que se extendió por todo Europa a través de la labor de los juglares anónimos.  

6.- Predomina la poesía sobre otros géneros

Aunque se han conservado textos en prosa, el grueso de la creación de la época (incluso cuando se trata de teatro) adquiere la forma de verso. Desde las jarchas mozárabes de corte amoroso hasta las grandes obras de Petrarca están escritas como poemas largos o cortos. La literatura medieval, además, no diferenciaba entre la finalidad artística de la divulgativa y entendía estos escritos como una forma de propagar valores morales.  

7.- La literatura medieval oral estaba dirigida al pueblo

De aquí la gran cantidad de romances de todo tipo con rimas marcadas fáciles de memorizar que propagaban los juglares normalmente de pueblo en pueblo. Hay críticos que señalan incluso que este tipo de obras pudieran ser cantadas acompañadas de instrumentos musicales básicos, tal como se aprecia en diferentes miniaturas de los libros de la época.  

8.- La literatura medieval, como la cultura de la época está impregnada por la filosofía de las correspondencias

Este mundo, este plano no es real, casi no existe. Es, sencillamente, un reflejo de lo que sucede en el otro plano, en el divino, en lo sagrado. Por eso, es tan importante que las acciones de aquí sean las correctas para corresponder a aquello que Dios quiere. La filosofía de las correspondencias hunde sus raíces en las propuestas de Platón.  

9.- Los símbolos tienen fuerte preponderancia en todas las artes medievales

Por eso, tanto la literatura medieval como el resto de las artes (ya sean arquitectónicas o plásticas) están plagadas de símbolos. Ellos transmiten mensajes ocultos que hay que desentrañar. De todos modos, esta lengua era bien conocida en la época incluso para el pueblo analfabeto que entendía, por poner un caso, lo que significaba un águila o un león en una fachada de una iglesia. De alguna manera también cumplían una función educativa al comunicar conceptos abstractos gentes sin la mínima instrucción. 

10.- Buena parte de la literatura medieval está dominada por la alegoría 

Al creer que este mundo es el reflejo de los deseos de Dios, los artistas de la época encuentran en la alegoría su mejor vehículo de comunicación. En palabras de Fernando Lázaro esta figura retórica se puede definir como  

“La expresión de la correspondencia prolongada entre una serie de hechos o fenómenos reales y la interpretación transcendente que se da a cada uno de ellos. Así, Gonzalo de Berceo (siglo XIII), en la Introducción de los Milagros, nos cuenta que, sintiéndose cansado, entró en un prado a descansar. Pero aquel prado (término real) se le convierte en una alegoría del Paraíso y va presentándonos las correspondencias que observa. Las fuentes son los Evangelios; las aves son los Santos; las flores son los nombres que dan los fieles a la Virgen María…”

11.- Las primeras manifestaciones de la literatura medieval fue la lírica 

Son pequeñas canciones cantadas por los juglares o por las gentes sencillas. A transmitirse de forma oral (ya que la cultura escrita estaba reservada a los monasterios), la mayoría de ellas se han perdido. Eso ha sucedido en toda Europa aunque en España se han conservado las jarchas mozárabes, pequeños poemas de amor cortesano para ser recitado o cantado. 

12.- La épica y los cantares de gesta 

A esta clasificación pertenecen los grandes poemas de la literatura medieval europea. Aquí nos encontramos tanto el Poema del Mio Cid como la Chanson de Roland. Tratan las tribulaciones de un héroe caballeresco expulsado de su emplazamiento original que lucha por recobrar un puesto o tesoro (también en el sentido figurado) de importancia.  

13.- Lírica cortesana provenzal en la literatura medieval

Aparece más tarde, en el siglo XII y XIII, vinculada a las cortes o palacios de la aristocracia. Son pequeños poemas de amor platónico (o real) que se cantaban. La composición de estos versos corrían a cargo de los trovadores que, a veces pertenecían a los estratos altos de la sociedad. Estos poetas entregaban gratuitamente sus creaciones a los juglares que memorizaban los versos para luego cantarlos en las plazas y mercados populares.

14.- El mester de clerecía frente al mester de juglaría

Géneros eminentemente castellanos de la literatura medieval, surgen en el siglo XIII y pretenden diferenciar (seguramente ante la cantidad de poemas en circulación) el origen de los mismos. El primero, el de clerecía, utiliza una estrofa fija (la cuaderna vía) y se afana en temas morales, filosóficos o más cultos. En contraposición, en el mester de juglaría entrarían esos versos destinados al público popular compuestos con mayor libertad en todos los sentidos, desde el meramente formal hasta el temático. 

15.- El teatro de la literatura medieval es eminentemente religioso

No se parece en nada a los corrales de comedia que surgirán después o las obras de un Shakespeare. Son piezas sencillas de tema religioso vinculadas a la liturgia. Al parecer nacieron para dar más visibilidad a ciertos días del calendario sacro como la Navidad o la Epifanía.  

16.- El inicio de las novelas de caballería 

Aunque estas son posteriores, la crítica ha señalado que las bases se pusieron en la Edad Media con un género en prosa conocido como Roman courtois. Su maestro, del cual conocemos el nombre, fue Chrétien de Troyes. 

Desde el siglo XII hasta el XIV, en toda Europa, con sus particularidades locales, se cultivó una literatura sencilla dirigida al pueblo y que se trasmitía de manera oral a través de poemas, romances o cantares. Estos, aunque se produjeran en los centros monásticos, se extendieron a través de la actividad de los juglares, artistas callejeros casi que vivían de recitar sus versos de pueblo en pueblo. Como las comunicaciones eran tan escasas y peligrosas, la propagación de cualquier obra llevaba décadas incluso. Mientras tanto el sabor filosófico, científico, arquitectónico o artístico se atesoraba en los scriptoria monásticos donde fueron saliendo con cuentagotas hacia las incipientes universidades o  colegiatas. La vida giraba en torno a la divinidad, al mundo celestial del otro lado cuya correspondencia se encontraba en este lado impregnándose todas las manifestaciones culturales de un profundo sentido sacro. Hasta el teatro de la literatura medieval tenía un carácter religioso que iría perdiendo en los siglos posteriores.  

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Por Candela Vizcaíno

 

 

 

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Aunque cada lugar tuvo sus particularidades autóctonas, la literatura medieval tiene unas características comunes en toda Europa. En España, lugar de convivencia (solo a ratos pacífica y no siempre aceptada) de las tres culturas del libro (judía, cristiana y musulmana), nos atenemos solo a las obras escritas en castellano. 

A partir del siglo XII se extinguió completamente la cultura grecolatina y los restos de la literatura griega o romana que perduraron quedaron recluidos en los scriptoria de los monasterios. Allí monjes con más o menos erudición se afanaban en copiar los textos antiguos para que su saber no se perdiera. Era una tarea larga, penosa y delicada con el objetivo de guardar la cultura de la antigüedad y la que se producía en la época. Al caer el Imperio Romano, los distintos reinos de Europa se aislaron entre sí haciéndose las condiciones de vida aún más duras si cabe. Las comunicaciones se hacían difíciles. Por eso,  era necesario proveerse de bibliotecas que guardaran un mínimo saber. En España se produjeron maravillosos libros caligrafiados y, a veces, con bellas miniaturas realizadas con productos costosos y raros cuya máxima expresión estilística fueron los llamados Beatos

La cultura de la Edad Media en su relación con la literatura medieval

Con la caída del Imperio Romano y su red de comunicaciones es el Cristianismo el que realizó una función unificadora. Eso en Europa, aunque en España, también en Portugal, los grupos musulmanes y judíos mantuvieron sus propias expresiones religiosas, artísticas, culturales y de costumbres. El saber se concentraba en los monasterios y no solo por los libros allí atesorados sino también porque era esta población la que había recibido una mínima instrucción. Tanto nobles como pueblo llano adolecían de un analfabetismo atroz. Entendemos, por tanto, el carácter oral de la literatura medieval si aceptamos que tanto libros como lectores eran tan escasos como raros.  

La vida de los monasterios era sencilla, aislados uno de otros, creando sus bibliotecas que rara vez pasaban de los mil ejemplares. Un monje andariego podía haber viajado no más de 20 kms desde su lugar de origen y siempre en cabalgaduras poco adecuadas. Los caminos eran peligrosos en extremo. Los pocos intercambios que se hacían eran de préstamos de libros con la finalidad de copiar un título en concreto en otro scriptoria. Estos codiciados bienes apenas salían de los muros de los monasterios y solo tenían acceso a ellos los miembros de la aristocracia y la alta nobleza.  

De los monasterios se pasó a las incipientes Universidades o Colegiatas.  La primera española fue la de Salamanca, fundada en 1215, tras haber pasado dos años por Palencia. Además, tuvo una gran influencia la Escuela de Traductores de Toledo fundada en el siglo XII por el arzobispo Raimundo. Allí se tradujeron (al latín) obras matemáticas, científicas o filosóficas de la cultura árabe. Con ello se propició su conocimiento, desarrollo y divulgación entre las élites instruidas. Si ello fuera poco, Toledo se convirtió en un centro de acogida de sabios y estudiosos de las tres culturas. En el siglo XIII con Alfonso X tuvo, además, un gran impulso.  

Características de la literatura medieval en España y el resto de Europa 

1.- Las obras literarias tienen un poso teocéntrico en la temática 

Hay familiaridad con todo lo referente a lo sagrado, con las vidas de los santos, con los milagros, con todo lo sobrenatural que llega del cielo. Y no se hace desde la perspectiva de las Sagradas Escrituras sino que la Virgen (Milagros de Nuestra Señora) baja a ayudar a todo aquel que tiene una tribulación comportándose como una dama corriente. Por otro lado, en el Libro de Buen Amor hay una mezcla entre la piedad, lo sagrado, lo piadoso y lo más profano (incluso con los pecados). La literatura medieval es la expresión de una cultura que gira alrededor de la religión en su vertiente más fervorosa. Además, en esta época se inicia la costumbre de la peregrinación hacia Santiago de Compostela para venerar la tumba del apóstol. 

2.- Buena parte de la literatura medieval nació en los monasterios

Los monjes eran los únicos que sabían escribir y leer. Además estaban en posesión de los textos clásicos. Eso no quita que todos los escritos se realizaran para consumo interno o de la elite aristocrática. La literatura medieval no solo tuvo una finalidad de entretenimiento o de regocijo artístico y sirvió también para vehicular temas diversos desde los filosóficos hasta los que trataban de los pocos adelantos científicos de la época. Incluso la reintroducción del teatro se hizo a través de los monasterios, especialmente a partir de la propagación de la Orden de Cluny por buena parte del territorio europeo.  

3.- La literatura medieval conservada es en lengua romance 

Ni que decir tiene que se escribían textos en latín y se copiaban, además, los pocos escritos que llegó de la cultura grecorromana. Esto siguió haciéndose así hasta bien entrado el Siglo de las Luces cuando se incentivó los idiomas nacionales como lengua de cultura. A lo largo de la Edad Media el latín había completado buena parte de su proceso evolutivo hasta convertirse en las distintas lenguas romances conocidas y diferentes entre sí. La literatura medieval que conservamos (Poema del Mio Cid por poner un ejemplo) están ya realizadas con estas nuevas lenguas.

4.- La literatura medieval, como el resto de las manifestaciones artísticas, es anónima

Los artistas (de todos los ramos, géneros y disciplinas) no firmaban sus obras. En una época tan centrada en lo religioso este trabajo se consideraba una entrega total a la divinidad. Por eso, no conocemos a ciencia cierta quienes fueron los creadores de la mayoría de los romances que se han conservado. También desconocemos la rúbrica de buena parte de las iglesias románicas o de las tablas religiosas de la época. La gloria en este mundo se consideraba orgullo, pecado capital. 

5.- La literatura medieval tiene tres vertientes temáticas: épica, religiosa y poesía amorosa

La libertad creativa tal como comienza a entenderse a partir del siglo XIX no se conoce en la literatura medieval. Esta está muy clasificada y siempre responde a los preceptos de autoridad. Esto es, se hace algo siempre y cuando alguien anterior (considerado que pertenece al canon) ya lo haya abordado. Por tanto, los temas se reducen a tres. El primero de ellos es la épica que trata las hazañas de héroes abandonados que van en busca de bienes o tesoros importantes. Un buen ejemplo es el Poema del Mio Cid. La religiosa puede abordar temas diversos en el orden de lo sagrado, desde vidas de héroes santos hasta milagros. En esta clasificación entraría la obra de Gonzalo de Berceo. La tercera línea nace en la Provenza en el siglo XII y se basa en poemas de tipo cortesano, de amor platónico que se extendió por todo Europa a través de la labor de los juglares anónimos.  

6.- Predomina la poesía sobre otros géneros

Aunque se han conservado textos en prosa, el grueso de la creación de la época (incluso cuando se trata de teatro) adquiere la forma de verso. Desde las jarchas mozárabes de corte amoroso hasta las grandes obras de Petrarca están escritas como poemas largos o cortos. La literatura medieval, además, no diferenciaba entre la finalidad artística de la divulgativa y entendía estos escritos como una forma de propagar valores morales.  

7.- La literatura medieval oral estaba dirigida al pueblo

De aquí la gran cantidad de romances de todo tipo con rimas marcadas fáciles de memorizar que propagaban los juglares normalmente de pueblo en pueblo. Hay críticos que señalan incluso que este tipo de obras pudieran ser cantadas acompañadas de instrumentos musicales básicos, tal como se aprecia en diferentes miniaturas de los libros de la época.  

8.- La literatura medieval, como la cultura de la época está impregnada por la filosofía de las correspondencias

Este mundo, este plano no es real, casi no existe. Es, sencillamente, un reflejo de lo que sucede en el otro plano, en el divino, en lo sagrado. Por eso, es tan importante que las acciones de aquí sean las correctas para corresponder a aquello que Dios quiere. La filosofía de las correspondencias hunde sus raíces en las propuestas de Platón.  

9.- Los símbolos tienen fuerte preponderancia en todas las artes medievales

Por eso, tanto la literatura medieval como el resto de las artes (ya sean arquitectónicas o plásticas) están plagadas de símbolos. Ellos transmiten mensajes ocultos que hay que desentrañar. De todos modos, esta lengua era bien conocida en la época incluso para el pueblo analfabeto que entendía, por poner un caso, lo que significaba un águila o un león en una fachada de una iglesia. De alguna manera también cumplían una función educativa al comunicar conceptos abstractos gentes sin la mínima instrucción. 

10.- Buena parte de la literatura medieval está dominada por la alegoría 

Al creer que este mundo es el reflejo de los deseos de Dios, los artistas de la época encuentran en la alegoría su mejor vehículo de comunicación. En palabras de Fernando Lázaro esta figura retórica se puede definir como  

“La expresión de la correspondencia prolongada entre una serie de hechos o fenómenos reales y la interpretación transcendente que se da a cada uno de ellos. Así, Gonzalo de Berceo (siglo XIII), en la Introducción de los Milagros, nos cuenta que, sintiéndose cansado, entró en un prado a descansar. Pero aquel prado (término real) se le convierte en una alegoría del Paraíso y va presentándonos las correspondencias que observa. Las fuentes son los Evangelios; las aves son los Santos; las flores son los nombres que dan los fieles a la Virgen María…”

11.- Las primeras manifestaciones de la literatura medieval fue la lírica 

Son pequeñas canciones cantadas por los juglares o por las gentes sencillas. A transmitirse de forma oral (ya que la cultura escrita estaba reservada a los monasterios), la mayoría de ellas se han perdido. Eso ha sucedido en toda Europa aunque en España se han conservado las jarchas mozárabes, pequeños poemas de amor cortesano para ser recitado o cantado. 

12.- La épica y los cantares de gesta 

A esta clasificación pertenecen los grandes poemas de la literatura medieval europea. Aquí nos encontramos tanto el Poema del Mio Cid como la Chanson de Roland. Tratan las tribulaciones de un héroe caballeresco expulsado de su emplazamiento original que lucha por recobrar un puesto o tesoro (también en el sentido figurado) de importancia.  

13.- Lírica cortesana provenzal en la literatura medieval

Aparece más tarde, en el siglo XII y XIII, vinculada a las cortes o palacios de la aristocracia. Son pequeños poemas de amor platónico (o real) que se cantaban. La composición de estos versos corrían a cargo de los trovadores que, a veces pertenecían a los estratos altos de la sociedad. Estos poetas entregaban gratuitamente sus creaciones a los juglares que memorizaban los versos para luego cantarlos en las plazas y mercados populares.

14.- El mester de clerecía frente al mester de juglaría

Géneros eminentemente castellanos de la literatura medieval, surgen en el siglo XIII y pretenden diferenciar (seguramente ante la cantidad de poemas en circulación) el origen de los mismos. El primero, el de clerecía, utiliza una estrofa fija (la cuaderna vía) y se afana en temas morales, filosóficos o más cultos. En contraposición, en el mester de juglaría entrarían esos versos destinados al público popular compuestos con mayor libertad en todos los sentidos, desde el meramente formal hasta el temático. 

15.- El teatro de la literatura medieval es eminentemente religioso

No se parece en nada a los corrales de comedia que surgirán después o las obras de un Shakespeare. Son piezas sencillas de tema religioso vinculadas a la liturgia. Al parecer nacieron para dar más visibilidad a ciertos días del calendario sacro como la Navidad o la Epifanía.  

16.- El inicio de las novelas de caballería 

Aunque estas son posteriores, la crítica ha señalado que las bases se pusieron en la Edad Media con un género en prosa conocido como Roman courtois. Su maestro, del cual conocemos el nombre, fue Chrétien de Troyes. 

Desde el siglo XII hasta el XIV, en toda Europa, con sus particularidades locales, se cultivó una literatura sencilla dirigida al pueblo y que se trasmitía de manera oral a través de poemas, romances o cantares. Estos, aunque se produjeran en los centros monásticos, se extendieron a través de la actividad de los juglares, artistas callejeros casi que vivían de recitar sus versos de pueblo en pueblo. Como las comunicaciones eran tan escasas y peligrosas, la propagación de cualquier obra llevaba décadas incluso. Mientras tanto el sabor filosófico, científico, arquitectónico o artístico se atesoraba en los scriptoria monásticos donde fueron saliendo con cuentagotas hacia las incipientes universidades o  colegiatas. La vida giraba en torno a la divinidad, al mundo celestial del otro lado cuya correspondencia se encontraba en este lado impregnándose todas las manifestaciones culturales de un profundo sentido sacro. Hasta el teatro de la literatura medieval tenía un carácter religioso que iría perdiendo en los siglos posteriores.  

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Por Candela Vizcaíno

 

 

 

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Decir que el Barroco español fue un movimiento cultural y artístico desarrollado durante el siglo XVII es, sencillamente, quedarnos cortos. Esta estética (bien definida y reconocible por sus excesos y torsiones) caracterizó una época en la que todo era extremo: desde las desigualdades sociales hasta la explosión de todas las artes (especialmente la literatura y el teatro) pasando por un concepto de entender el mundo que casi ha calado en el carácter español. 

El siglo XVII es en toda Europa una época caracterizada por la crisis. Esta es en todos los órdenes. A las pestes, epidemias y hambrunas se sucedían las guerras. La nefasta administración de los gobiernos acabaron por rematar una situación terrible que desembocó en la pérdida de población, retroceso en la esperanza de vida y un importante estado de abatimiento psicológico por decirlo con palabras amables. España no es que sea ajena a esta situación que se da en Francia, Inglaterra o Alemania es que, en el país estas circunstancias son tan graves que tardará siglos en recuperarse de este estado de postración y pérdida. En España se participa de todas las características del Barroco europeo y, además, se agrandan o magnifican.  

Situación histórica durante el Barroco español

Pero, ¿qué ocurre en España para que no sea suficiente pestes, hambrunas y guerras a lo hora de calificarlo en un país en crisis? Y sucede ese poema de Quevedo que comienza con “Miré los muros de la patria mía y termina con 

“y no hallé cosa en que poner los ojos

que no fuese recuerdo de la muerte”

Sencillamente, la muerte se había instalado en todos los ámbitos de la sociedad y era, incluso, vista como una salida a tenor de la situación en la que se encontraban los habitantes de este plano. 

Mientras en el resto de Europa la burguesía pujante va desplazando progresivamente a la rancia aristocracia imponiendo sus criterios, en España se da, incluso, marcha atrás en este avance social. Aunque la llamada Contrarreforma es un tema más complejo que este, en esencia, puede definirse como el triunfo del Antiguo Régimen sobre uno nuevo antes incluso de que asomara tímidamente la cabeza. Durante el Barroco español el país se encierra sobre sí mismo por temor a las nuevas ideas por parte de la clase dominante. Cualquier novedad era perseguida con acierto y saña (incluso con la muerte). Si en Europa se ensayaban tímidos intentos por instalar una monarquía parlamentaria, en España se afianza el poder de la rancia aristocracia y de la monarquía absoluta. 

Además, los reinados de Felipe III (1598-1621), Felipe IV (1621-1665) y Carlos II (1665-1700) estuvieron dominados por una progresiva decadencia.  Fue tanta que el último, que ha pasado a la historia con el sobrenombre de “El hechizado”. Fue tanta que esos muros de los que habla Quevedo se desmoronan así en el exterior como en el interior. Dentro con una crisis y una desigualdad quizás mayor que en la Edad Media, con la merma de la población y además con una falta de actividad económica tan tremenda que da lugar a un ejército de mendigos, harapientos y pícaros. En el exterior, se suceden derrotas tras derrotas perdiendo en 1659 con el fin de la Guerra de los Treinta Años su hegemonía europea y poniendo las bases para la emancipación de los países de ultramar.  

Más apuntes sobre la situación social y política durante el Barroco español 

La aristocracia, acaparadora de las tierras y los bienes de producción, no se preocupa por poner esas fuentes económicas en funcionamiento. Esto da lugar a una migración interna desde los pueblos hasta las ciudades que no estaban preparadas para acoger a tanta población. Los sistemas de alcantarillado y las viviendas son tan deficientes que familias y aventureros malviven como pueden. Por si esto fuero poco (la pérdida de la más mínima responsabilidad social por parte de la nobleza), se persigue cualquier idea innovadora o se coarta el espíritu emprendedor. El resultado es miseria al límite.  

Para paliar esta situación recurren a un placebo, a una fuente de entretenimiento que mantuviera a las masas alejadas de ideas revolucionarias. Y la misma elite que se niega a crear riqueza gasta su superávit en lujo. Así se crean y se levantan enormes palacios al estilo de Versalles, se decoran profusamente iglesias y se sufragan obras de teatro, tantas que nunca en la historia de la literatura se habían producido de tal calidad que en el Barroco español.  

La decadencia en el Barroco español como una de sus características principales

Este estado de crisis y postración haría mella en todos los aspectos de la cultura de la época que se impregnaría con un pensamiento oscuro que iba más allá del pesimismo.  Hay autores (como Eugenio D’Ors y J.A. Maravall) que afirman que la cultura de lo barroco se da en todos los tiempos de crisis. Esto es, aunque el Barroco español tal como lo estudiamos hoy se desarrolló en el siglo XVII, cada época compleja y complicada da una cultura barroca. Esta estaría caracterizada por los excesos, la oscuridad, el pesimismo y la representación del lado oscuro de la humanidad.  

Aunque en Europa la nobleza hace sus maniobras para conservar el poder y los sectores críticos de la intelectualidad son perseguidos (recordemos Galileo), sin embargo, estos encuentran acomodo en otros emplazamientos. Además, la burguesía logra ir abriéndose paso creando emprendimientos económicos y con ellos nuevos cambios sociales. Hay también un espacio para la crítica, aunque sea en sociedades más o menos privadas o secretas. 

Sin embargo, en España nada de esto fue posible. Se hizo una persecución atroz de cualquier novedad y se persiguió con saña cualquier investigación científica, hecho diferencial u opinión crítica. Si a eso se añada una economía en la que se no tuvo en cuenta a las clases populares el resultado fue un auténtico desastre.  

Otras características del Barroco español

Durante todo el Siglo XVII sobresalen las artes de todo tipo y, especialmente, la literatura alcanza cotas de calidad casi irrepetibles. Ante la situación, los escritores tienen la opción de servir a la palabra a través del teatro o bien con un estilo individual que pudiera describir la situación alrededor. Enumero las principales características del Barroco español, las cuales comparte con el europeo, aunque en este caso se vieron agrandadas y alargadas en el tiempo. 

1.- Como el mundo presente es tan aterrador y tan poco acogedor hay una huida hacia los otros lados. Esos son la muerte y su liberación, la vida contemplativa, o la expresión de la angustia íntima. 

2.- La tristeza y la oscuridad impregnan la poesía pero también encontramos obras satíricas de todo tipo en el que hay una velada protesta.  

3.- Tampoco se olvida la evasión hacia mundos imaginados que quieren ser posibles en los que se trabaja con la estética pura.  

4.- Si por algo se caracteriza el Barroco español es por mantener un hilo temático en casi todas sus obras que gira en torno al desengaño. Se muestra la distancia entre aquello que se imagina o se anhela y la cruda realidad. En este punto hay que recordar que buena parte de los autores de la época que han pasado al canon sufrieron exilio o persecución.  

5.- La vida, por tanto, se ve como una lucha, como un valle de lágrimas, como un camino de espinas y solo se alcanzará la liberación con la muerte. Aquí entra la mística con su visión del mundo. 

Seguimos con más características del Barroco español 

6.- En el Barroco español todo es entendido como fugaz, el tiempo se diluye y pasa rápido. No hay espacio para la juventud o la felicidad. A poco que nos paremos nos alcanza la vejez, el oprobio o la muerte. Y aunque ahora te roce la juventud, como expresó magistralmente Góngora, 

“se vuelva, mas tú y ello juntamente!

en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”

7.- También hay una sensación de vivir en las sombras, como en un teatro, como si la materia no tuviera consistencia. La “vida es sueño y los sueños son”. En el Barroco español se vivía como en un desgarramiento constante entre la realidad y las veladuras de la imaginación.  

8.- En lugar de rebelarse con esta situación, los intelectuales y artistas de la época se acomodaron a la situación, como si nada pudiera hacerse permaneciendo en una actitud contemplativa, mística o ascética. 

9.- Todo se vuelve oscuro, desde el pensamiento hasta la pintura, retorcido, rebuscado y recargado. El Barroco español muestra la estética del horror vacui.  

10.- Hay un espíritu dramático, que no pasional, en todo lo que se hace. La muerte acecha, el olvido está esperando detrás de la puerta. No hay nada que indique que se pueda tentar los pliegues de la felicidad. Todo ello se transparenta en la política, en la arquitectura, en la pintura y en la literatura. 

Y no podemos olvidar en un resumen muy resumido del Barroco español que…  

En literatura el Barroco español dio dos corrientes diferenciadas: culteranismo y conceptismo. La primera de ella, abanderada por Góngora, lleva la palabra a su máximo expresión con un estilo suntuoso, recargado, repleto de tropos y de giros rebuscados. El culteranismo de Quevedo, sin dejar de lado ese lado oscuro y en sombras de la época, se aferra a un estilo despojado de artificio superfluo para centrarse en la fuerza de la expresión.  

Si en literatura los libros hablan de la rivalidad Góngora-Quevedo, en pintura el rey es Diego Velazquez, pintor de corte que dejó para la posteridad los retratos de estos reyes y su familia que hundían cada vez más a España en la miseria. Como es característico del Barroco español lo hizo con una técnica soberbia pero en la que se ven esas sombras emocionales que invadía la época e, incluso, en algunas obras hay una velada crítica al sistema. 

En arquitectura se levantaron soberbios edificios de corte palaciego o iglesias que se embellecieron suntuosamente. En Sevilla, por entonces puerto de salida para América, se encuentran algunos ejemplos más que notables de este arte recargado, rebuscado, que celebra la muerte y la fugacidad de una vida en la que no se encuentra ni una pizca de felicidad o de sentido.  

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Por Candela Vizcaíno

 

 

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Decir que el Barroco español fue un movimiento cultural y artístico desarrollado durante el siglo XVII es, sencillamente, quedarnos cortos. Esta estética (bien definida y reconocible por sus excesos y torsiones) caracterizó una época en la que todo era extremo: desde las desigualdades sociales hasta la explosión de todas las artes (especialmente la literatura y el teatro) pasando por un concepto de entender el mundo que casi ha calado en el carácter español. 

El siglo XVII es en toda Europa una época caracterizada por la crisis. Esta es en todos los órdenes. A las pestes, epidemias y hambrunas se sucedían las guerras. La nefasta administración de los gobiernos acabaron por rematar una situación terrible que desembocó en la pérdida de población, retroceso en la esperanza de vida y un importante estado de abatimiento psicológico por decirlo con palabras amables. España no es que sea ajena a esta situación que se da en Francia, Inglaterra o Alemania es que, en el país estas circunstancias son tan graves que tardará siglos en recuperarse de este estado de postración y pérdida. En España se participa de todas las características del Barroco europeo y, además, se agrandan o magnifican.  

Situación histórica durante el Barroco español

Pero, ¿qué ocurre en España para que no sea suficiente pestes, hambrunas y guerras a lo hora de calificarlo en un país en crisis? Y sucede ese poema de Quevedo que comienza con “Miré los muros de la patria mía y termina con 

“y no hallé cosa en que poner los ojos

que no fuese recuerdo de la muerte”

Sencillamente, la muerte se había instalado en todos los ámbitos de la sociedad y era, incluso, vista como una salida a tenor de la situación en la que se encontraban los habitantes de este plano. 

Mientras en el resto de Europa la burguesía pujante va desplazando progresivamente a la rancia aristocracia imponiendo sus criterios, en España se da, incluso, marcha atrás en este avance social. Aunque la llamada Contrarreforma es un tema más complejo que este, en esencia, puede definirse como el triunfo del Antiguo Régimen sobre uno nuevo antes incluso de que asomara tímidamente la cabeza. Durante el Barroco español el país se encierra sobre sí mismo por temor a las nuevas ideas por parte de la clase dominante. Cualquier novedad era perseguida con acierto y saña (incluso con la muerte). Si en Europa se ensayaban tímidos intentos por instalar una monarquía parlamentaria, en España se afianza el poder de la rancia aristocracia y de la monarquía absoluta. 

Además, los reinados de Felipe III (1598-1621), Felipe IV (1621-1665) y Carlos II (1665-1700) estuvieron dominados por una progresiva decadencia.  Fue tanta que el último, que ha pasado a la historia con el sobrenombre de “El hechizado”. Fue tanta que esos muros de los que habla Quevedo se desmoronan así en el exterior como en el interior. Dentro con una crisis y una desigualdad quizás mayor que en la Edad Media, con la merma de la población y además con una falta de actividad económica tan tremenda que da lugar a un ejército de mendigos, harapientos y pícaros. En el exterior, se suceden derrotas tras derrotas perdiendo en 1659 con el fin de la Guerra de los Treinta Años su hegemonía europea y poniendo las bases para la emancipación de los países de ultramar.  

Más apuntes sobre la situación social y política durante el Barroco español 

La aristocracia, acaparadora de las tierras y los bienes de producción, no se preocupa por poner esas fuentes económicas en funcionamiento. Esto da lugar a una migración interna desde los pueblos hasta las ciudades que no estaban preparadas para acoger a tanta población. Los sistemas de alcantarillado y las viviendas son tan deficientes que familias y aventureros malviven como pueden. Por si esto fuero poco (la pérdida de la más mínima responsabilidad social por parte de la nobleza), se persigue cualquier idea innovadora o se coarta el espíritu emprendedor. El resultado es miseria al límite.  

Para paliar esta situación recurren a un placebo, a una fuente de entretenimiento que mantuviera a las masas alejadas de ideas revolucionarias. Y la misma elite que se niega a crear riqueza gasta su superávit en lujo. Así se crean y se levantan enormes palacios al estilo de Versalles, se decoran profusamente iglesias y se sufragan obras de teatro, tantas que nunca en la historia de la literatura se habían producido de tal calidad que en el Barroco español.  

La decadencia en el Barroco español como una de sus características principales

Este estado de crisis y postración haría mella en todos los aspectos de la cultura de la época que se impregnaría con un pensamiento oscuro que iba más allá del pesimismo.  Hay autores (como Eugenio D’Ors y J.A. Maravall) que afirman que la cultura de lo barroco se da en todos los tiempos de crisis. Esto es, aunque el Barroco español tal como lo estudiamos hoy se desarrolló en el siglo XVII, cada época compleja y complicada da una cultura barroca. Esta estaría caracterizada por los excesos, la oscuridad, el pesimismo y la representación del lado oscuro de la humanidad.  

Aunque en Europa la nobleza hace sus maniobras para conservar el poder y los sectores críticos de la intelectualidad son perseguidos (recordemos Galileo), sin embargo, estos encuentran acomodo en otros emplazamientos. Además, la burguesía logra ir abriéndose paso creando emprendimientos económicos y con ellos nuevos cambios sociales. Hay también un espacio para la crítica, aunque sea en sociedades más o menos privadas o secretas. 

Sin embargo, en España nada de esto fue posible. Se hizo una persecución atroz de cualquier novedad y se persiguió con saña cualquier investigación científica, hecho diferencial u opinión crítica. Si a eso se añada una economía en la que se no tuvo en cuenta a las clases populares el resultado fue un auténtico desastre.  

Otras características del Barroco español

Durante todo el Siglo XVII sobresalen las artes de todo tipo y, especialmente, la literatura alcanza cotas de calidad casi irrepetibles. Ante la situación, los escritores tienen la opción de servir a la palabra a través del teatro o bien con un estilo individual que pudiera describir la situación alrededor. Enumero las principales características del Barroco español, las cuales comparte con el europeo, aunque en este caso se vieron agrandadas y alargadas en el tiempo. 

1.- Como el mundo presente es tan aterrador y tan poco acogedor hay una huida hacia los otros lados. Esos son la muerte y su liberación, la vida contemplativa, o la expresión de la angustia íntima. 

2.- La tristeza y la oscuridad impregnan la poesía pero también encontramos obras satíricas de todo tipo en el que hay una velada protesta.  

3.- Tampoco se olvida la evasión hacia mundos imaginados que quieren ser posibles en los que se trabaja con la estética pura.  

4.- Si por algo se caracteriza el Barroco español es por mantener un hilo temático en casi todas sus obras que gira en torno al desengaño. Se muestra la distancia entre aquello que se imagina o se anhela y la cruda realidad. En este punto hay que recordar que buena parte de los autores de la época que han pasado al canon sufrieron exilio o persecución.  

5.- La vida, por tanto, se ve como una lucha, como un valle de lágrimas, como un camino de espinas y solo se alcanzará la liberación con la muerte. Aquí entra la mística con su visión del mundo. 

Seguimos con más características del Barroco español 

6.- En el Barroco español todo es entendido como fugaz, el tiempo se diluye y pasa rápido. No hay espacio para la juventud o la felicidad. A poco que nos paremos nos alcanza la vejez, el oprobio o la muerte. Y aunque ahora te roce la juventud, como expresó magistralmente Góngora, 

“se vuelva, mas tú y ello juntamente!

en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”

7.- También hay una sensación de vivir en las sombras, como en un teatro, como si la materia no tuviera consistencia. La “vida es sueño y los sueños son”. En el Barroco español se vivía como en un desgarramiento constante entre la realidad y las veladuras de la imaginación.  

8.- En lugar de rebelarse con esta situación, los intelectuales y artistas de la época se acomodaron a la situación, como si nada pudiera hacerse permaneciendo en una actitud contemplativa, mística o ascética. 

9.- Todo se vuelve oscuro, desde el pensamiento hasta la pintura, retorcido, rebuscado y recargado. El Barroco español muestra la estética del horror vacui.  

10.- Hay un espíritu dramático, que no pasional, en todo lo que se hace. La muerte acecha, el olvido está esperando detrás de la puerta. No hay nada que indique que se pueda tentar los pliegues de la felicidad. Todo ello se transparenta en la política, en la arquitectura, en la pintura y en la literatura. 

Y no podemos olvidar en un resumen muy resumido del Barroco español que…  

En literatura el Barroco español dio dos corrientes diferenciadas: culteranismo y conceptismo. La primera de ella, abanderada por Góngora, lleva la palabra a su máximo expresión con un estilo suntuoso, recargado, repleto de tropos y de giros rebuscados. El culteranismo de Quevedo, sin dejar de lado ese lado oscuro y en sombras de la época, se aferra a un estilo despojado de artificio superfluo para centrarse en la fuerza de la expresión.  

Si en literatura los libros hablan de la rivalidad Góngora-Quevedo, en pintura el rey es Diego Velazquez, pintor de corte que dejó para la posteridad los retratos de estos reyes y su familia que hundían cada vez más a España en la miseria. Como es característico del Barroco español lo hizo con una técnica soberbia pero en la que se ven esas sombras emocionales que invadía la época e, incluso, en algunas obras hay una velada crítica al sistema. 

En arquitectura se levantaron soberbios edificios de corte palaciego o iglesias que se embellecieron suntuosamente. En Sevilla, por entonces puerto de salida para América, se encuentran algunos ejemplos más que notables de este arte recargado, rebuscado, que celebra la muerte y la fugacidad de una vida en la que no se encuentra ni una pizca de felicidad o de sentido.  

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Por Candela Vizcaíno

 

 

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La etimología no se pone de acuerdo en el origen de la palabra barroco. Del término portugués barroco (que es una perla irregular e impura) hasta el vocablo baroco con el que se designaba en la escolástica a lo impuro pasando por el concepto berrueco español (el nombre para una roca con aristas) el significado de imperfección está siempre presente. Porque una de las características principales del Barroco es, precisamente, eso: lo no moldeado, lo que es imperfecto, lo que no responde a los cánones ordenados. Barroco implica desequilibrio, torsión, rebuscamiento y a la vez espontaneidad.  Es, según sostienen J.A. Maravall o Eugenio D’Ors una respuesta desordenada a una crisis importante. En España, en arte y literatura, produjo obras tan sobresalientes que el Barroco es, sencillamente, uno de los movimientos estéticos que define el carácter hispano. Vamos por partes y empezamos por lo que sucedía en la calle y en la corte en la época. 

Contexto histórico del Barroco

Desde finales del siglo XVI y buena parte del XVII en toda Europa (especialmente Inglaterra y Alemania) se ve afectada por profundos cambios sociales que van de la mano de transformaciones políticas y económicas. Debido a las guerras, epidemias, pestes, hacinamientos y malas cosechas, la población llega a retroceder mermando drásticamente tanto la esperanza como la calidad de vida. La mortalidad es enorme en todos los estratos sociales debido al hacinamiento, epidemias y la más mínima falta de higiene. Paralelamente, se va abandonando la vida del campo y hay un movimiento hacia las primeras urbes que ni siquiera se pueden llamar ciudades.  

La burguesía empieza a despuntar tímidamente poniendo en entredicho privilegios de nobleza y del alto clero. Esto conlleva unas ansias de cambio en todos los aspectos, desde el personal hasta el económico, aunque de manera individual este no se materializará hasta bien entrado el Romanticismo. Sin embargo, este avance no se produce por igual. Inglaterra y Holanda, por poner dos ejemplos, llevan la transformación con acierto. En otros, como Francia (que desembocará en la Revolución Francesa) o España hay una reacción. La nobleza se enroca en su poder y se persigue cualquier atisbo transformador desde todos los ámbitos. Esto da lugar a una crisis más profunda, con mayor desigualdad, pobreza y descontento si cabe. Además, a la insatisfacción se responde con un aumento del poder de la monarquía ahondando problemas gravísimos y de entidad. Por otro lado, en los países en los que la burguesía continúa en ascenso comienzan a ensayarse fórmulas parlamentarias.  

1.- Una de las características del Barroco en España es que coincide con un país en descomposición 

A las derrotas en las guerras internacionales (la de los Treinta Años) se le une una corrupción y una ineptitud de los gobernantes que inciden aún más en las penosas condiciones de vida de la población en general. Al perseguirse las ideas penetrantes de la burguesía, las tierras se concentran en pocas manos (las de la aristocracia) que no se preocupa por explotarlas debidamente y que se dedican en buena medida al ocio. Esto lleva a un proceso migratorio desde los pueblos a las ciudades donde se concentran una multitud de harapientos, hambrientos y pícaros en busca del sustento diario. Las malas condiciones higiénicas, el hacinamiento y el hambre hacen el resto. 

2.- La crisis como esencia y una de las características del Barroco principales 

El Barroco es la respuesta a este estado social, económico y político. Todo es imperfecto, en choque, en constante conflicto. Ni que decir tiene que en este orden de cosas las tensiones sociales están servidas, mayores cuanto menos poder se deje a la burguesía. En España, por ejemplo, la nobleza se alía para perseguir cualquier idea, proyecto o petición novedosa. Es una casta rancia y anquilosada en sus privilegios que no es capaz del mínimo empuje que cambie las condiciones de vida de los que dependen de ella. El dinero no se mueve en los canales de inversión, en empresas comerciales o en empredimientos industriales. Todo el superavit es para lo que se denomina “lujo”, lo que no sirve. Bien es verdad que ese afán de ostentación o de búsqueda de belleza propició un renacimiento del arte sobresaliente, pero no sirvió para el más mínimo progreso social. 

3.- La desigualdad, la reacción y las luchas políticas son constantes

La población que se las apañaba como podía (recordemos la figura del pícaro) acaba reaccionando ante este malestar. Bien es verdad que esa posibilidad solo estaba al alcance de la burguesía culta y que el pueblo llano poco o nada podía hacer. Aunque hay intelectuales que ponen el énfasis en estos problemas buscando soluciones más o menos loables o ingeniosas, estas se aparcan enseguida.  Todo ello da lugar a una confrontación abierta entre los sectores sociales tradicionalistas, apegados a privilegios, inmovilistas e ineptos y una burguesía con empuje. Cuanto menos importancia tuvo esta clase social, peor se desarrollaron las circunstancias socio-económicas. Esta es una de las características del Barroco que se da al 100% en España, ya que el periodo fue lamentable en todos los aspectos: sociales, económicos y políticos.  

4.- Una de las características del Barroco es el nacimiento del relativismo y la ciencia 

Aunque el periodo posterior, el del Siglo de las Luces, supondría la consolidación de la razón en todos los aspectos de la vida, es en el Siglo XVII, en pleno Barroco, cuando se plantean otros modos de conocer la realidad más allá de los postulados heredados de la Edad Media. Aunque el poder (por mano de la Inquisición) se encarga de rebatir las nuevas ideas (pongo el caso de Galileo en 1633), estas van calando entre la intelectualidad. Aquellos que vieron vetados la enseñanza en la universidad (por defender postulados considerados heterodoxos aunque luego se demostraran como válidos) se unieron en Academias y Sociedades de Sabios. Todo ello empujó una incipiente ciencia que se basaba en la experimentación y los hechos probados, cambiando, por tanto, la cosmovisión imperante.

5.- El Barroco español se caracteriza por el combate de la modernidad

Sin embargo, en España las cosas no sucedían con el acierto de algunas zonas europeas. Cualquier idea, aportación o mínimo experimento era cortado de raíz y su instigador castigado, a veces, severamente. Es la llamada Contrarreforma, la que perseguía cualquier actividad al margen de la fe, aunque esta proviniera de personas creyentes. De una manera u otra, se vuelve a la Edad Media en todos los sentidos, lastrando un crecimiento y una evolución que, aún al día de hoy, bien entrado el siglo XXI, sigue afectando aspectos vitales del país.  

6.- Una de las características del Barroco es que tuvo un esplendor artístico allí donde no hubo desarrollo socio-económico

En España, por poner un caso, se levantaron magníficos edificios de corte palaciego o iglesias. Hubo un mecenazgo importante en las artes plásticas y se promocionaron obras teatrales incluso para el pueblo llano. El dinero “del lujo”, el que no servía para el sustento cotidiano de las élites económicas, en lugar de invertirlo en desarrollo, se gastó en estos bienes. Bien es verdad que, al día de hoy, constituyen un patrimonio de indudable e innegable valor. Pero también es cierto que esta actitud (hace varios siglos) ha conformado el carácter patrio. 

7.- Una de las características del Barroco es el malestar

Y es comprensible debido a estas circunstancias aquí expuestas y eso sin tener en cuenta que el concepto de libertad individual era algo inadmisible en la época. Eso no llegaría hasta finales del siglo XIX y solo para las élites. Así, artistas y escritores (siempre intentado esquivar los embates de la censura) se concentran en la protesta a través de la sátira o bien se centran en la descripción de la angustia íntima. Tampoco podemos olvidar los géneros considerados de evasión a través de la filosofía o la religión. En este sentido tenemos que situar esos poemas en los que se ensalza la vida sencilla, apartada o retirada. 

8.- A pesar del malestar hay un orden de cosas que lleva al conformismo 

Aún tardarían las primeras revoluciones y una de las características del Barroco es esa idea de que nada puede hacerse ante ese orden de cosas. El poder fuerte (especialmente en los países en los que no se desarrolló la burguesía), la miseria, la inseguridad y la inquietud se traduce un conformismo. Este se desempeña por varias vías: desde la mística (el consuelo en otra vida y otro plano) o la crítica muy velada al orden de cosas dado. Recuerdo una vez más que los autores que se salían de aquello establecido eran duramente reprimidos y este estado de postración se va traduciendo en un pesimismo vital apabullante.   

9.- El desengaño como otra de las características del Barroco 

Es una época que no podía creer en los ideales en vistas de la situación cotidiana imperante. Las leyes se aplicaban severamente y aleatoriamente a quien se saliera de los cauces establecidos. La fe en el progreso no puede considerarse y más de un autor de la época describe esta vida como una cárcel de sufrimiento. Ante la situación, ante la imposibilidad de transformación, ante el pago con la propia vida por tener el atrevimiento de proponer cualquier modificación se instala el desengaño. Este es esencial, vital, endémico y busca “el culpable” en la propia naturaleza humana más que en el orden de cosas establecido. 

10.- El caos como una de las características del Barroco  

La inestabilidad, la indefensión o la imposibilidad de ver progreso hacen que los filósofos o escritores de la época apelen al caos (en contraposición al orden sereno) como uno de los motores vitales. Ese caos se va a transformar en arte en movimiento, en columnas que se retuercen, en la línea curva, en el amontonamiento de figuras, en la expresión verbal llevada al límite.

11.- La existencia en este plano se considera limitada e, incluso, sin valor

Ante este pesimismo, este desorden, estos valores que se van deshaciendo y las injusticias en el orden del día, la vida en la Tierra se considera inútil, sin valor, sin finalidad casi. Aquí entran los mejores versos de La vida es sueño. Una de las características del Barroco es considerar el paso en el mundo de los vivos como sin valor, como un viaje sin importancia en el que apenas podemos darnos cuenta de lo que sucede. Todo se vuelve en sombras y ese aspecto sombrío, triste y lúgubre se transparentará en todos los órdenes de la vida y en todos los géneros artísticos. La vida se asemeja a la arena que se nos escapa de los dedos y que no podemos retener. El pesimismo, afianzado por la situación económica, social y política, se hizo endémico y general. No era una característica de uno u otro autor. Sencillamente, flotaba en el aire. 

12.- Una de las característica del Barroco es el ensalzamiento de la muerte

Desde la cuna a la sepultura todo era considerado un valle de lágrimas. El objetivo era el más allá, la muerte que llegaba pronto ayudada por un tiempo que corría muy rápido. Los cuadros de Valdés Leal, por poner un caso, en los que cráneos comparten protagonismo con cucarachas inciden en ese “sic transit gloria mundi” (así pasa la gloria del mundo) o ese “vivir es ir muriendo” de Santa Teresa de Ávila o “somos nosotros mismos nuestra muerte” de Quevedo. El pesimismo llevado al límite llegó a aceptar que nada en esta vida se puede hacer para engrandecer nuestro paso por el mundo y todas las miras estaban en el más allá. No podemos considerar esta característica del Barroco como un afán religioso o de trascendencia a nivel general sino como una reacción a lo que acontecía en la calle.  

13.- El ascetismo en el Barroco  

Se vuelven los ojos hacia la vida contemplativa, la del espíritu, la que se despoja de la materialidad de la carne en descomposición. La existencia es asemejada a un teatro, a una representación en la que nada ni nadie es real o verdadero. Como solo queda el asignarse un papel y ser actores de nuestra propia obra, con ello llega la resignación. Y este es el primer paso para soportar y tolerar injusticias de todo tipo, las mismas que se dieron en la época, mayores cuanto más reacio a las nuevas ideas se topara contra la sociedad pudiente. 

14.- Una de las características del Barroco es la contradicción  

Y no solo en el plano de las ideas, también a nivel físico y cotidiano. Mientras una población empobrecida y presa de las injusticias se negaba casi a luchar por una mejora, las clases acaudaladas se entretenían en fiestas, objetos de lujo y consumo desenfrenado. Nos han llegado grandes obras de arte con bellas damas ataviadas con sedas y bordados, los sofisticados palacios (Versalles, por poner un caso) donde todo era extremo, recargado y apabullante (a pesar de la falta de higiene), los retazos de fiestas, festines y días de ocio sin fin. Mientras tanto, las grandes masas de población se encontraban, literalmente, hundidas en la miseria física y moral sin acceso a los bienes básicos mínimos. Todo ello fue el caldo de cultivo para las revoluciones posteriores.  

15.- El Barroco es también el periodo de la propaganda

Ante tales injusticias y diferencias, ante la imposibilidad de progreso y de crecimiento, se instala un arte pagado (como una impresionante operación de marketing) en el que se justifique el sistema establecido. En este sentido, debemos ver la proliferación de obras de teatro sufragadas bajo el mecenazgo de la aristocracia al que estaba invitado el público en general. Su función era la misma que la del circo de la Antigüedad: contentar a las masas y dejarlas quietas. Intelectuales contemporáneos afirman que es el fin último de las manifestaciones populares en torno al fútbol y los equipos locales actuales. 

16.- Una de las características del Barroco es la estética de lo inestable

Las columnas no son rectas, sino que se retuercen, como en el estilo manuelino. Las normas clásicas estallan por los aires y todo se convierte en caos, en movimiento, en saturación, en retorcimiento. Esto se lleva no solo en el ámbito de la arquitectura o la plástica sino también a la literatura que se hace sofocante casi con su exceso de retórica, rimas y tropos. La contradicción, por tanto, está servida. Es ese “sí pero no” que se lleva a todos los extremos incluidos, como he señalado, a los de la vida en contraposición a la muerte. Y de aquí a la desmesura y a lo dramático hay un paso. 

17.- La apariencia forma también parte del Barroco 

Si la vida no es real y lo único válido es la muerte, si las sombras ha invadido la existencia, lo único que queda es la apariencia, el engaño casi, el “postureo” tal como lo entendemos en la sociedad contemporánea. Por eso, se levantan edificios que parecen más altos, se recurre al “trompe-l’oeil”, a la ornamentación excesiva en cualquier ámbito que no deja ver lo que hay debajo, a los vestidos recargados, a la estética casi sofocante de algunas pinturas murales que huyen del horror vacui.  

18.- Otra de las características del Barroco es la oscuridad 

Y la intensidad de estas son significativas. La lengua se vuelve retorcida, como las columnas, los ambientes se tornan sofocantes, como la misma vida. Todo se vuelve intenso, en sombras, con un artificio que no se ha vuelto a dar en la historia de la humanidad. Ello lleva al retorcimiento y no solo en el arte sino también en política e, incluso, en la vida cotidiana.  

Estudiosos hay quienes afirman que la humanidad se debate entre el orden y el caos. Sería la contraposición entre lo apolíneo y lo dionisíaco que, con posterioridad, expondría Nietzsche. A una época clásica, ordenada, estructurada (en todos los órdenes) le seguiría otra en la que inestabilidad sería la nota principal. Por tanto, algunas de las características del Barroco europeo estarían presentes en otras épocas similares (en lo social, político o económico) de la historia de la humanidad. Si nos miramos bien, quizás, en estas primeras décadas del siglo XXI, con sus cambios estructurales y sus gobernantes ineptos o corruptos (también ambas características a la vez) sea una era dionisíaca, en desorden, en constante tensión barroca. 

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Por Candela Vizcaíno

 

 

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El arte es lo que queda cuando todo ha pasado. Es lo inmutable dentro del cambio. Es la belleza en un mundo en caos. El arte es parte importante de este sitio. Intentamos comprenderlo. 

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La etimología no se pone de acuerdo en el origen de la palabra barroco. Del término portugués barroco (que es una perla irregular e impura) hasta el vocablo baroco con el que se designaba en la escolástica a lo impuro pasando por el concepto berrueco español (el nombre para una roca con aristas) el significado de imperfección está siempre presente. Porque una de las características principales del Barroco es, precisamente, eso: lo no moldeado, lo que es imperfecto, lo que no responde a los cánones ordenados. Barroco implica desequilibrio, torsión, rebuscamiento y a la vez espontaneidad.  Es, según sostienen J.A. Maravall o Eugenio D’Ors una respuesta desordenada a una crisis importante. En España, en arte y literatura, produjo obras tan sobresalientes que el Barroco es, sencillamente, uno de los movimientos estéticos que define el carácter hispano. Vamos por partes y empezamos por lo que sucedía en la calle y en la corte en la época. 

Contexto histórico del Barroco

Desde finales del siglo XVI y buena parte del XVII en toda Europa (especialmente Inglaterra y Alemania) se ve afectada por profundos cambios sociales que van de la mano de transformaciones políticas y económicas. Debido a las guerras, epidemias, pestes, hacinamientos y malas cosechas, la población llega a retroceder mermando drásticamente tanto la esperanza como la calidad de vida. La mortalidad es enorme en todos los estratos sociales debido al hacinamiento, epidemias y la más mínima falta de higiene. Paralelamente, se va abandonando la vida del campo y hay un movimiento hacia las primeras urbes que ni siquiera se pueden llamar ciudades.  

La burguesía empieza a despuntar tímidamente poniendo en entredicho privilegios de nobleza y del alto clero. Esto conlleva unas ansias de cambio en todos los aspectos, desde el personal hasta el económico, aunque de manera individual este no se materializará hasta bien entrado el Romanticismo. Sin embargo, este avance no se produce por igual. Inglaterra y Holanda, por poner dos ejemplos, llevan la transformación con acierto. En otros, como Francia (que desembocará en la Revolución Francesa) o España hay una reacción. La nobleza se enroca en su poder y se persigue cualquier atisbo transformador desde todos los ámbitos. Esto da lugar a una crisis más profunda, con mayor desigualdad, pobreza y descontento si cabe. Además, a la insatisfacción se responde con un aumento del poder de la monarquía ahondando problemas gravísimos y de entidad. Por otro lado, en los países en los que la burguesía continúa en ascenso comienzan a ensayarse fórmulas parlamentarias.  

1.- Una de las características del Barroco en España es que coincide con un país en descomposición 

A las derrotas en las guerras internacionales (la de los Treinta Años) se le une una corrupción y una ineptitud de los gobernantes que inciden aún más en las penosas condiciones de vida de la población en general. Al perseguirse las ideas penetrantes de la burguesía, las tierras se concentran en pocas manos (las de la aristocracia) que no se preocupa por explotarlas debidamente y que se dedican en buena medida al ocio. Esto lleva a un proceso migratorio desde los pueblos a las ciudades donde se concentran una multitud de harapientos, hambrientos y pícaros en busca del sustento diario. Las malas condiciones higiénicas, el hacinamiento y el hambre hacen el resto. 

2.- La crisis como esencia y una de las características del Barroco principales 

El Barroco es la respuesta a este estado social, económico y político. Todo es imperfecto, en choque, en constante conflicto. Ni que decir tiene que en este orden de cosas las tensiones sociales están servidas, mayores cuanto menos poder se deje a la burguesía. En España, por ejemplo, la nobleza se alía para perseguir cualquier idea, proyecto o petición novedosa. Es una casta rancia y anquilosada en sus privilegios que no es capaz del mínimo empuje que cambie las condiciones de vida de los que dependen de ella. El dinero no se mueve en los canales de inversión, en empresas comerciales o en empredimientos industriales. Todo el superavit es para lo que se denomina “lujo”, lo que no sirve. Bien es verdad que ese afán de ostentación o de búsqueda de belleza propició un renacimiento del arte sobresaliente, pero no sirvió para el más mínimo progreso social. 

3.- La desigualdad, la reacción y las luchas políticas son constantes

La población que se las apañaba como podía (recordemos la figura del pícaro) acaba reaccionando ante este malestar. Bien es verdad que esa posibilidad solo estaba al alcance de la burguesía culta y que el pueblo llano poco o nada podía hacer. Aunque hay intelectuales que ponen el énfasis en estos problemas buscando soluciones más o menos loables o ingeniosas, estas se aparcan enseguida.  Todo ello da lugar a una confrontación abierta entre los sectores sociales tradicionalistas, apegados a privilegios, inmovilistas e ineptos y una burguesía con empuje. Cuanto menos importancia tuvo esta clase social, peor se desarrollaron las circunstancias socio-económicas. Esta es una de las características del Barroco que se da al 100% en España, ya que el periodo fue lamentable en todos los aspectos: sociales, económicos y políticos.  

4.- Una de las características del Barroco es el nacimiento del relativismo y la ciencia 

Aunque el periodo posterior, el del Siglo de las Luces, supondría la consolidación de la razón en todos los aspectos de la vida, es en el Siglo XVII, en pleno Barroco, cuando se plantean otros modos de conocer la realidad más allá de los postulados heredados de la Edad Media. Aunque el poder (por mano de la Inquisición) se encarga de rebatir las nuevas ideas (pongo el caso de Galileo en 1633), estas van calando entre la intelectualidad. Aquellos que vieron vetados la enseñanza en la universidad (por defender postulados considerados heterodoxos aunque luego se demostraran como válidos) se unieron en Academias y Sociedades de Sabios. Todo ello empujó una incipiente ciencia que se basaba en la experimentación y los hechos probados, cambiando, por tanto, la cosmovisión imperante.

5.- El Barroco español se caracteriza por el combate de la modernidad

Sin embargo, en España las cosas no sucedían con el acierto de algunas zonas europeas. Cualquier idea, aportación o mínimo experimento era cortado de raíz y su instigador castigado, a veces, severamente. Es la llamada Contrarreforma, la que perseguía cualquier actividad al margen de la fe, aunque esta proviniera de personas creyentes. De una manera u otra, se vuelve a la Edad Media en todos los sentidos, lastrando un crecimiento y una evolución que, aún al día de hoy, bien entrado el siglo XXI, sigue afectando aspectos vitales del país.  

6.- Una de las características del Barroco es que tuvo un esplendor artístico allí donde no hubo desarrollo socio-económico

En España, por poner un caso, se levantaron magníficos edificios de corte palaciego o iglesias. Hubo un mecenazgo importante en las artes plásticas y se promocionaron obras teatrales incluso para el pueblo llano. El dinero “del lujo”, el que no servía para el sustento cotidiano de las élites económicas, en lugar de invertirlo en desarrollo, se gastó en estos bienes. Bien es verdad que, al día de hoy, constituyen un patrimonio de indudable e innegable valor. Pero también es cierto que esta actitud (hace varios siglos) ha conformado el carácter patrio. 

7.- Una de las características del Barroco es el malestar

Y es comprensible debido a estas circunstancias aquí expuestas y eso sin tener en cuenta que el concepto de libertad individual era algo inadmisible en la época. Eso no llegaría hasta finales del siglo XIX y solo para las élites. Así, artistas y escritores (siempre intentado esquivar los embates de la censura) se concentran en la protesta a través de la sátira o bien se centran en la descripción de la angustia íntima. Tampoco podemos olvidar los géneros considerados de evasión a través de la filosofía o la religión. En este sentido tenemos que situar esos poemas en los que se ensalza la vida sencilla, apartada o retirada. 

8.- A pesar del malestar hay un orden de cosas que lleva al conformismo 

Aún tardarían las primeras revoluciones y una de las características del Barroco es esa idea de que nada puede hacerse ante ese orden de cosas. El poder fuerte (especialmente en los países en los que no se desarrolló la burguesía), la miseria, la inseguridad y la inquietud se traduce un conformismo. Este se desempeña por varias vías: desde la mística (el consuelo en otra vida y otro plano) o la crítica muy velada al orden de cosas dado. Recuerdo una vez más que los autores que se salían de aquello establecido eran duramente reprimidos y este estado de postración se va traduciendo en un pesimismo vital apabullante.   

9.- El desengaño como otra de las características del Barroco 

Es una época que no podía creer en los ideales en vistas de la situación cotidiana imperante. Las leyes se aplicaban severamente y aleatoriamente a quien se saliera de los cauces establecidos. La fe en el progreso no puede considerarse y más de un autor de la época describe esta vida como una cárcel de sufrimiento. Ante la situación, ante la imposibilidad de transformación, ante el pago con la propia vida por tener el atrevimiento de proponer cualquier modificación se instala el desengaño. Este es esencial, vital, endémico y busca “el culpable” en la propia naturaleza humana más que en el orden de cosas establecido. 

10.- El caos como una de las características del Barroco  

La inestabilidad, la indefensión o la imposibilidad de ver progreso hacen que los filósofos o escritores de la época apelen al caos (en contraposición al orden sereno) como uno de los motores vitales. Ese caos se va a transformar en arte en movimiento, en columnas que se retuercen, en la línea curva, en el amontonamiento de figuras, en la expresión verbal llevada al límite.

11.- La existencia en este plano se considera limitada e, incluso, sin valor

Ante este pesimismo, este desorden, estos valores que se van deshaciendo y las injusticias en el orden del día, la vida en la Tierra se considera inútil, sin valor, sin finalidad casi. Aquí entran los mejores versos de La vida es sueño. Una de las características del Barroco es considerar el paso en el mundo de los vivos como sin valor, como un viaje sin importancia en el que apenas podemos darnos cuenta de lo que sucede. Todo se vuelve en sombras y ese aspecto sombrío, triste y lúgubre se transparentará en todos los órdenes de la vida y en todos los géneros artísticos. La vida se asemeja a la arena que se nos escapa de los dedos y que no podemos retener. El pesimismo, afianzado por la situación económica, social y política, se hizo endémico y general. No era una característica de uno u otro autor. Sencillamente, flotaba en el aire. 

12.- Una de las característica del Barroco es el ensalzamiento de la muerte

Desde la cuna a la sepultura todo era considerado un valle de lágrimas. El objetivo era el más allá, la muerte que llegaba pronto ayudada por un tiempo que corría muy rápido. Los cuadros de Valdés Leal, por poner un caso, en los que cráneos comparten protagonismo con cucarachas inciden en ese “sic transit gloria mundi” (así pasa la gloria del mundo) o ese “vivir es ir muriendo” de Santa Teresa de Ávila o “somos nosotros mismos nuestra muerte” de Quevedo. El pesimismo llevado al límite llegó a aceptar que nada en esta vida se puede hacer para engrandecer nuestro paso por el mundo y todas las miras estaban en el más allá. No podemos considerar esta característica del Barroco como un afán religioso o de trascendencia a nivel general sino como una reacción a lo que acontecía en la calle.  

13.- El ascetismo en el Barroco  

Se vuelven los ojos hacia la vida contemplativa, la del espíritu, la que se despoja de la materialidad de la carne en descomposición. La existencia es asemejada a un teatro, a una representación en la que nada ni nadie es real o verdadero. Como solo queda el asignarse un papel y ser actores de nuestra propia obra, con ello llega la resignación. Y este es el primer paso para soportar y tolerar injusticias de todo tipo, las mismas que se dieron en la época, mayores cuanto más reacio a las nuevas ideas se topara contra la sociedad pudiente. 

14.- Una de las características del Barroco es la contradicción  

Y no solo en el plano de las ideas, también a nivel físico y cotidiano. Mientras una población empobrecida y presa de las injusticias se negaba casi a luchar por una mejora, las clases acaudaladas se entretenían en fiestas, objetos de lujo y consumo desenfrenado. Nos han llegado grandes obras de arte con bellas damas ataviadas con sedas y bordados, los sofisticados palacios (Versalles, por poner un caso) donde todo era extremo, recargado y apabullante (a pesar de la falta de higiene), los retazos de fiestas, festines y días de ocio sin fin. Mientras tanto, las grandes masas de población se encontraban, literalmente, hundidas en la miseria física y moral sin acceso a los bienes básicos mínimos. Todo ello fue el caldo de cultivo para las revoluciones posteriores.  

15.- El Barroco es también el periodo de la propaganda

Ante tales injusticias y diferencias, ante la imposibilidad de progreso y de crecimiento, se instala un arte pagado (como una impresionante operación de marketing) en el que se justifique el sistema establecido. En este sentido, debemos ver la proliferación de obras de teatro sufragadas bajo el mecenazgo de la aristocracia al que estaba invitado el público en general. Su función era la misma que la del circo de la Antigüedad: contentar a las masas y dejarlas quietas. Intelectuales contemporáneos afirman que es el fin último de las manifestaciones populares en torno al fútbol y los equipos locales actuales. 

16.- Una de las características del Barroco es la estética de lo inestable

Las columnas no son rectas, sino que se retuercen, como en el estilo manuelino. Las normas clásicas estallan por los aires y todo se convierte en caos, en movimiento, en saturación, en retorcimiento. Esto se lleva no solo en el ámbito de la arquitectura o la plástica sino también a la literatura que se hace sofocante casi con su exceso de retórica, rimas y tropos. La contradicción, por tanto, está servida. Es ese “sí pero no” que se lleva a todos los extremos incluidos, como he señalado, a los de la vida en contraposición a la muerte. Y de aquí a la desmesura y a lo dramático hay un paso. 

17.- La apariencia forma también parte del Barroco 

Si la vida no es real y lo único válido es la muerte, si las sombras ha invadido la existencia, lo único que queda es la apariencia, el engaño casi, el “postureo” tal como lo entendemos en la sociedad contemporánea. Por eso, se levantan edificios que parecen más altos, se recurre al “trompe-l’oeil”, a la ornamentación excesiva en cualquier ámbito que no deja ver lo que hay debajo, a los vestidos recargados, a la estética casi sofocante de algunas pinturas murales que huyen del horror vacui.  

18.- Otra de las características del Barroco es la oscuridad 

Y la intensidad de estas son significativas. La lengua se vuelve retorcida, como las columnas, los ambientes se tornan sofocantes, como la misma vida. Todo se vuelve intenso, en sombras, con un artificio que no se ha vuelto a dar en la historia de la humanidad. Ello lleva al retorcimiento y no solo en el arte sino también en política e, incluso, en la vida cotidiana.  

Estudiosos hay quienes afirman que la humanidad se debate entre el orden y el caos. Sería la contraposición entre lo apolíneo y lo dionisíaco que, con posterioridad, expondría Nietzsche. A una época clásica, ordenada, estructurada (en todos los órdenes) le seguiría otra en la que inestabilidad sería la nota principal. Por tanto, algunas de las características del Barroco europeo estarían presentes en otras épocas similares (en lo social, político o económico) de la historia de la humanidad. Si nos miramos bien, quizás, en estas primeras décadas del siglo XXI, con sus cambios estructurales y sus gobernantes ineptos o corruptos (también ambas características a la vez) sea una era dionisíaca, en desorden, en constante tensión barroca. 

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Por Candela Vizcaíno

 

 

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A pesar de que el neoclasicismo español no fue un movimiento mayoritariamente aceptado en estas tierras, el Siglo de las Luces sí trajo nuevos vientos a la vieja Iberia. El Romanticismo en España tiene, en primer lugar, un carácter tardío en cuanto a las renovaciones sociales, filosóficas,  políticas o artísticas. Sin embargo, eso no quita para que arraigara entre todos aquellos que no veían el día del fin del Antiguo Régimen. 

Características generales del Romanticismo que se dan también en España

Hacia la mitad del siglo XVIII Europa al completo está viviendo una revolución en todos los sentidos que da paso desde el viejo orden (social, político, económico y cultural) hacia uno nuevo. Si el Antiguo Régimen estaba dominado por la aristocracia y un clero apegado a costumbres medievales casi, la nueva sociedad industrial que se abre al mundo lleva el empuje de la burguesía. Eso hace que, desde todos los ámbitos la palabra que mejor define a la época es transformación. Las características del Romanticismo generales, a veces, no se dan en España pero sí todas aquellas que, de alguna manera u otra, suponen un deseo de cambio. Anoto lo siguiente:

1.- La vieja sociedad agraria o artesanal alrededor de las monarquías absolutas y la aristocracia se desmorona para dar paso a las grandes urbes industriales con el empuje de la ideología burguesa. Esto que supone la transformación hacia el Nuevo Régimen cuesta (o sencillamente no llega) en España. 

2.- Como consecuencia de esta confrontación aparecen movimientos revolucionarios que acabarían en los grandes hitos de principios del siglo XX (Revolución Rusa por poner un caso). 

3.- La filosofía positivista (la que cree en el progreso sin límites) convive con el empirismo (que se llevó incluso a la literatura neoclásica) y con el idealismo. 

4.- Aparecen las primeras ideas socialistas, de cambio radical de la sociedad. 

5.- El ambiente en general y en todos los órdenes se llenan de espíritu contestario. 

6.- Se rechazan todas las características del Neoclasicismo en el que, de alguna manera u otra, se primen los postulados de la razón. 

7.- Por contra, el Romanticismo en España y en el resto de Europa busca el dinamismo, la intensidad emocional, las fuerzas pasionales, los elementos del otro lado y con eso me refiero a fantasmas, excluidos, olvidados… 

8.- Hay un  gusto por buscar la verdad no ya en los hechos comprobados que había predominado en el Siglo de las Luces sino en las tinieblas del inconsciente, en las nuevas formas de misticismo, en las búsquedas  con seres que no pertenecen a este plano (fantasmas, espíritus, olvidados, locos…)

9.- La ilusión, la fantasía, la creatividad, lo novedoso se instala en toda la sociedad  y no solo en el arte.

10.- Escritores y artistas se auto erigen en guías de la sociedad como una suerte de demiurgos que pueden ver lo que otros no ven. 

La situación política en el periodo del Romanticismo en España

El periodo del Romanticismo en España dio lugar a la denominada “dos Españas”. Por un lado, se encontraban aquellos intelectuales que, bajo los postulados del pensamiento del Neoclasicismo,  buscaban un cambio a todos los niveles (social,  cultural,  político, económico…) Estos se autodenominaban como reformistas. Contra ellos estaba el sector tradicionalista, apegado aún a los modos del Antiguo Régimen. Este choque durará todo el siglo XIX y buena parte del XX incluso. Además, se agudiza con la invasión francesa dando lugar a una contra revolución de corte nacionalista.  

En 1812 se inauguran las Cortes de Cádiz y, muy tímidamente, se ponen las bases para un cambio político y social que sacara a España de la miseria económica a la par que se apostaba por el acceso a la instrucción de una forma más general. Quedaría mucho para que la educación universal se instalara en España. Sin embargo, este órdago reformador quedaría truncado en dos años, ya que en 1814, al subir al trono Fernando VII e instalar un régimen absolutista basado en el capricho casi. Estudiosos e historiadores hay quienes califican a este rey (descrito como poco inteligente por decirlo con palabras amables) como el peor de la historia de España.  

Aunque los reformistas se logran imponer en el llamado Trienio Liberal (1820-1823), este termina de la peor manera y buena parte de los intelectuales más progresistas de España deben emprender el camino del exilio. La mayoría elegirá Londres. Tras morir Fenrando VII, le sucede Isabel II que aún no había alcanzado la edad legal para gobernar. Mientras la reina crecía, el pueblo se ensalzó en la Primera Guerra Carlista (1833-1839). Las heridas de la contienda no llegaron a cerrarse y el conflicto entra las dos ideologías (la reformadora y la tradicional) continuaría por décadas. En este contexto político convulso a más no poder y donde es imposible consenso alguno se desarrollaría el Romanticismo en España. 

Penetración del Romanticismo en España

Desde Inglaterra, Francia o Alemania van entrando las nuevas ideas y las estéticas más novedosas. Ni que decir tiene que no se hizo de una manera uniforme. Aparte de los focos catalanes, estos vientos e cambio arraigan y se extienden a través de Cádiz, por entonces puerto importante. En Barcelona se publicó la revista El europeo (1823-1824) en la que se ensalzaba la nueva estética romántica.  

Tanto en el plano filosófico como en el político, a pesar de ser ideas nuevas, estamos ante un Romanticismo muy moderado, de corte conservador casi. Y es de entender, ya que defender algunos argumentos se penaban con cárcel, exilio o, directamente, la muerte por fusilamiento. 

Solo la élite intelectual de Madrid o de las grandes capitales tiene acceso a las nuevas obras románticas, las cuales se leen intentando engañar a la censura. Lo mismo sucedía en las tertulias, sobre todo las de la Corte, en la que participan escritores, filósofos, artistas o intelectuales. A pesar de que el hilo conductor (el afán o deseo de esta elite cultural) era dejarse caer en brazos de la ansiada libertad en todos los órdenes vitales, esta estaba lejos de alcanzarse. 

El exilio, por su parte, hizo una importante labor ya que, al estar fuera de las mordazas legales españolas, pudo empaparse de estas ideas de cambio. Llegaran a tierras hispánicas o bien al regreso o bien en forma de libros que irán calando en un público cada vez más amplio. Eso no será hasta 1833 con una amnistía casi general. 

Romanticismo literario en España

A pesar de que los europeos consideraban el carácter español meramente romántico, el movimiento estético tardó en penetrar en nuestro país. No es de extrañar debido a los adversos condicionantes políticos. No sería hasta 1835, con la vuelta del exilio, cuando se estrena Don Álvaro o la fuera del sino del Duque de Rivas y con ella se da por inaugurado de manera oficial el Romanticismo en España.  

Anteriormente, los intelectuales y críticos de Alemania, Suiza o Francia miraron a España como el país del origen del Romanticismo en una contradicción casi histórica. Se ve el teatro de Calderón o de los mejores dramaturgos del Siglo de Oro como una fuente de inspiración perfecta. Eso sin contar con las aventuras descritas por aquellos viajeros aristocráticos del Grand Tour que recabaron en todos los rincones de un país desconocido (incluso por los autóctonos) y  con una ingente riqueza cultural y patrimonial. Otra cosa bien distinta eran los contrastes sociales tan tremendos que se daban en la época. El Quijote, para terminar, se convierte en el tipo romántico por excelencia. 

La estética del Romanticismo en España 

Aunque el Neoclasicismo español tuvo importantes intelectuales que buscaron el orden y el razonamiento en todos los aspectos vitales, el carácter patrio (tal como apuntaban los intelectuales foráneos) gustaba de otras dinámicas más pasionales.  Por eso, en España pronto tuvieron éxito obras tremendamente dramáticas en las que se lleva el lenguaje a una distorsión importante. Los sentimientos mostrados son intensos al máximo potenciando ese espíritu pasional que caracteriza al Romanticismo en España y en el resto de Europa. 

Si por algo se caracteriza el Romanticismo en España es por la búsqueda (incluso hasta el delirio) de una libertad difícil de disfrutar en todos los órdenes. Por eso, de una forma rotunda se rechaza cualquier canon o la búsqueda del orden que había imperado durante el Siglo de las Luces. Se dinamitan las fronteras de los géneros, se mezclan los estilos, los tonos, los personajes de distinta extracción social, tal como venía dándose en la literatura hispana desde la Edad Media. 

Se vuelve incluso a los autores y modelos más antiguos, los de la literatura griega, sin olvidar los barrocos, con Lope y Calderón a la cabeza. Se busca la espontaneidad y, a la par, se inunda la literatura de versos y poemas. Se ensalzan los temas más dramáticos del momento, los amores pasionales, las ideas suicidas. Los cementerios, ruinas y lugares perdidos se convierten en los decorados favoritos. Entran en escena fantasmas y muertos vivientes (la leyenda de Don Juan o el convidado de piedra por poner un caso).  

La novela histórica, por su gusto por personajes pasados, es la protagonista de la prosa. En esta época comienza el género gótico y también se retoman las figuras propias de la caballería. A la par, se genera una corriente que responde al costumbrismo. Esta es más evidente en el teatro que tanto ha gustado entre el público en general en España. 

Se recurren a los temas en los que siempre hay una confrontación (normalmente entre el ansia de libertad y las costumbres instaladas). Las pasiones descontroladas (los amores y amoríos), la dificultad para alcanzar la felicidad, los fantasmas o personas que llevan el alma humana al límite son protagonistas del Romanticismo en España.  

Autores del Romanticismo en España 

El movimiento caló especialmente en la literatura donde destaca José de Espronceda (1808-1842) y su obra El moro expósito escrita en el exilio. Rosalía de Castro y Bécquer son los exponentes máximos de un movimiento tardío que dio sus mejores frutos en estos poetas.

Dedicados a la estética costumbrista destaco Mesonero Romanos y Estébanez Calderón. En el otro extremo, el que entronca con la prosa más culta y exquisita del Neoclasicismo tenemos a Larra (1808-1837) con una pluma fina, satírica al máximo que le sirve para exponer sus ideas políticas de corte liberal y su disconformidad con la cosmovisión imperante. 

En el teatro destaco dos grandes obras que han pasado al canon: Don Juan Tenorio de Zorrilla y Don Álvaro o la fuerza del sino del Duque de Rivas. 

En resumidas cuentas, el Romanticismo en España está caracterizado por un inconformismo a todos los niveles, desde el vital (la búsqueda de la libertad o la felicidad) hasta en el político o social. La inestabilidad personal y de gobierno se transparenta en unas obras que buscan la verdad más allá de los convencionalismos siempre recurriendo a unos sentimientos extremos o, directamente, a las pasiones.  

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Por Candela Vizcaíno

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A pesar de que el neoclasicismo español no fue un movimiento mayoritariamente aceptado en estas tierras, el Siglo de las Luces sí trajo nuevos vientos a la vieja Iberia. El Romanticismo en España tiene, en primer lugar, un carácter tardío en cuanto a las renovaciones sociales, filosóficas,  políticas o artísticas. Sin embargo, eso no quita para que arraigara entre todos aquellos que no veían el día del fin del Antiguo Régimen. 

Características generales del Romanticismo que se dan también en España

Hacia la mitad del siglo XVIII Europa al completo está viviendo una revolución en todos los sentidos que da paso desde el viejo orden (social, político, económico y cultural) hacia uno nuevo. Si el Antiguo Régimen estaba dominado por la aristocracia y un clero apegado a costumbres medievales casi, la nueva sociedad industrial que se abre al mundo lleva el empuje de la burguesía. Eso hace que, desde todos los ámbitos la palabra que mejor define a la época es transformación. Las características del Romanticismo generales, a veces, no se dan en España pero sí todas aquellas que, de alguna manera u otra, suponen un deseo de cambio. Anoto lo siguiente:

1.- La vieja sociedad agraria o artesanal alrededor de las monarquías absolutas y la aristocracia se desmorona para dar paso a las grandes urbes industriales con el empuje de la ideología burguesa. Esto que supone la transformación hacia el Nuevo Régimen cuesta (o sencillamente no llega) en España. 

2.- Como consecuencia de esta confrontación aparecen movimientos revolucionarios que acabarían en los grandes hitos de principios del siglo XX (Revolución Rusa por poner un caso). 

3.- La filosofía positivista (la que cree en el progreso sin límites) convive con el empirismo (que se llevó incluso a la literatura neoclásica) y con el idealismo. 

4.- Aparecen las primeras ideas socialistas, de cambio radical de la sociedad. 

5.- El ambiente en general y en todos los órdenes se llenan de espíritu contestario. 

6.- Se rechazan todas las características del Neoclasicismo en el que, de alguna manera u otra, se primen los postulados de la razón. 

7.- Por contra, el Romanticismo en España y en el resto de Europa busca el dinamismo, la intensidad emocional, las fuerzas pasionales, los elementos del otro lado y con eso me refiero a fantasmas, excluidos, olvidados… 

8.- Hay un  gusto por buscar la verdad no ya en los hechos comprobados que había predominado en el Siglo de las Luces sino en las tinieblas del inconsciente, en las nuevas formas de misticismo, en las búsquedas  con seres que no pertenecen a este plano (fantasmas, espíritus, olvidados, locos…)

9.- La ilusión, la fantasía, la creatividad, lo novedoso se instala en toda la sociedad  y no solo en el arte.

10.- Escritores y artistas se auto erigen en guías de la sociedad como una suerte de demiurgos que pueden ver lo que otros no ven. 

La situación política en el periodo del Romanticismo en España

El periodo del Romanticismo en España dio lugar a la denominada “dos Españas”. Por un lado, se encontraban aquellos intelectuales que, bajo los postulados del pensamiento del Neoclasicismo,  buscaban un cambio a todos los niveles (social,  cultural,  político, económico…) Estos se autodenominaban como reformistas. Contra ellos estaba el sector tradicionalista, apegado aún a los modos del Antiguo Régimen. Este choque durará todo el siglo XIX y buena parte del XX incluso. Además, se agudiza con la invasión francesa dando lugar a una contra revolución de corte nacionalista.  

En 1812 se inauguran las Cortes de Cádiz y, muy tímidamente, se ponen las bases para un cambio político y social que sacara a España de la miseria económica a la par que se apostaba por el acceso a la instrucción de una forma más general. Quedaría mucho para que la educación universal se instalara en España. Sin embargo, este órdago reformador quedaría truncado en dos años, ya que en 1814, al subir al trono Fernando VII e instalar un régimen absolutista basado en el capricho casi. Estudiosos e historiadores hay quienes califican a este rey (descrito como poco inteligente por decirlo con palabras amables) como el peor de la historia de España.  

Aunque los reformistas se logran imponer en el llamado Trienio Liberal (1820-1823), este termina de la peor manera y buena parte de los intelectuales más progresistas de España deben emprender el camino del exilio. La mayoría elegirá Londres. Tras morir Fenrando VII, le sucede Isabel II que aún no había alcanzado la edad legal para gobernar. Mientras la reina crecía, el pueblo se ensalzó en la Primera Guerra Carlista (1833-1839). Las heridas de la contienda no llegaron a cerrarse y el conflicto entra las dos ideologías (la reformadora y la tradicional) continuaría por décadas. En este contexto político convulso a más no poder y donde es imposible consenso alguno se desarrollaría el Romanticismo en España. 

Penetración del Romanticismo en España

Desde Inglaterra, Francia o Alemania van entrando las nuevas ideas y las estéticas más novedosas. Ni que decir tiene que no se hizo de una manera uniforme. Aparte de los focos catalanes, estos vientos e cambio arraigan y se extienden a través de Cádiz, por entonces puerto importante. En Barcelona se publicó la revista El europeo (1823-1824) en la que se ensalzaba la nueva estética romántica.  

Tanto en el plano filosófico como en el político, a pesar de ser ideas nuevas, estamos ante un Romanticismo muy moderado, de corte conservador casi. Y es de entender, ya que defender algunos argumentos se penaban con cárcel, exilio o, directamente, la muerte por fusilamiento. 

Solo la élite intelectual de Madrid o de las grandes capitales tiene acceso a las nuevas obras románticas, las cuales se leen intentando engañar a la censura. Lo mismo sucedía en las tertulias, sobre todo las de la Corte, en la que participan escritores, filósofos, artistas o intelectuales. A pesar de que el hilo conductor (el afán o deseo de esta elite cultural) era dejarse caer en brazos de la ansiada libertad en todos los órdenes vitales, esta estaba lejos de alcanzarse. 

El exilio, por su parte, hizo una importante labor ya que, al estar fuera de las mordazas legales españolas, pudo empaparse de estas ideas de cambio. Llegaran a tierras hispánicas o bien al regreso o bien en forma de libros que irán calando en un público cada vez más amplio. Eso no será hasta 1833 con una amnistía casi general. 

Romanticismo literario en España

A pesar de que los europeos consideraban el carácter español meramente romántico, el movimiento estético tardó en penetrar en nuestro país. No es de extrañar debido a los adversos condicionantes políticos. No sería hasta 1835, con la vuelta del exilio, cuando se estrena Don Álvaro o la fuera del sino del Duque de Rivas y con ella se da por inaugurado de manera oficial el Romanticismo en España.  

Anteriormente, los intelectuales y críticos de Alemania, Suiza o Francia miraron a España como el país del origen del Romanticismo en una contradicción casi histórica. Se ve el teatro de Calderón o de los mejores dramaturgos del Siglo de Oro como una fuente de inspiración perfecta. Eso sin contar con las aventuras descritas por aquellos viajeros aristocráticos del Grand Tour que recabaron en todos los rincones de un país desconocido (incluso por los autóctonos) y  con una ingente riqueza cultural y patrimonial. Otra cosa bien distinta eran los contrastes sociales tan tremendos que se daban en la época. El Quijote, para terminar, se convierte en el tipo romántico por excelencia. 

La estética del Romanticismo en España 

Aunque el Neoclasicismo español tuvo importantes intelectuales que buscaron el orden y el razonamiento en todos los aspectos vitales, el carácter patrio (tal como apuntaban los intelectuales foráneos) gustaba de otras dinámicas más pasionales.  Por eso, en España pronto tuvieron éxito obras tremendamente dramáticas en las que se lleva el lenguaje a una distorsión importante. Los sentimientos mostrados son intensos al máximo potenciando ese espíritu pasional que caracteriza al Romanticismo en España y en el resto de Europa. 

Si por algo se caracteriza el Romanticismo en España es por la búsqueda (incluso hasta el delirio) de una libertad difícil de disfrutar en todos los órdenes. Por eso, de una forma rotunda se rechaza cualquier canon o la búsqueda del orden que había imperado durante el Siglo de las Luces. Se dinamitan las fronteras de los géneros, se mezclan los estilos, los tonos, los personajes de distinta extracción social, tal como venía dándose en la literatura hispana desde la Edad Media. 

Se vuelve incluso a los autores y modelos más antiguos, los de la literatura griega, sin olvidar los barrocos, con Lope y Calderón a la cabeza. Se busca la espontaneidad y, a la par, se inunda la literatura de versos y poemas. Se ensalzan los temas más dramáticos del momento, los amores pasionales, las ideas suicidas. Los cementerios, ruinas y lugares perdidos se convierten en los decorados favoritos. Entran en escena fantasmas y muertos vivientes (la leyenda de Don Juan o el convidado de piedra por poner un caso).  

La novela histórica, por su gusto por personajes pasados, es la protagonista de la prosa. En esta época comienza el género gótico y también se retoman las figuras propias de la caballería. A la par, se genera una corriente que responde al costumbrismo. Esta es más evidente en el teatro que tanto ha gustado entre el público en general en España. 

Se recurren a los temas en los que siempre hay una confrontación (normalmente entre el ansia de libertad y las costumbres instaladas). Las pasiones descontroladas (los amores y amoríos), la dificultad para alcanzar la felicidad, los fantasmas o personas que llevan el alma humana al límite son protagonistas del Romanticismo en España.  

Autores del Romanticismo en España 

El movimiento caló especialmente en la literatura donde destaca José de Espronceda (1808-1842) y su obra El moro expósito escrita en el exilio. Rosalía de Castro y Bécquer son los exponentes máximos de un movimiento tardío que dio sus mejores frutos en estos poetas.

Dedicados a la estética costumbrista destaco Mesonero Romanos y Estébanez Calderón. En el otro extremo, el que entronca con la prosa más culta y exquisita del Neoclasicismo tenemos a Larra (1808-1837) con una pluma fina, satírica al máximo que le sirve para exponer sus ideas políticas de corte liberal y su disconformidad con la cosmovisión imperante. 

En el teatro destaco dos grandes obras que han pasado al canon: Don Juan Tenorio de Zorrilla y Don Álvaro o la fuerza del sino del Duque de Rivas. 

En resumidas cuentas, el Romanticismo en España está caracterizado por un inconformismo a todos los niveles, desde el vital (la búsqueda de la libertad o la felicidad) hasta en el político o social. La inestabilidad personal y de gobierno se transparenta en unas obras que buscan la verdad más allá de los convencionalismos siempre recurriendo a unos sentimientos extremos o, directamente, a las pasiones.  

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Por Candela Vizcaíno

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Benito Pérez Galdós fue uno de los escritores más admirados y más en boca de todos los de su tiempo. Exponente máximo del realismo literario, no solo a nivel español sino europeo, creó una obra ingente en la que priman los caracteres bien definidos, los tipos psicológicos y personajes urbanos fácilmente reconocibles. A partir de los años cincuenta del siglo XX, con el auge de la novela social, su figura se fue acrecentando hasta entrar en el canon. Buena parte de sus novelas han sido llevadas al cine con bastante acierto estilístico. 

Biografía de Benito Pérez Galdós 

Como he indicado nada más empezar, es uno de los autores del realismo literario más importantes no solo del panorama en lengua española sino de la cultura europea. Nacido en Gran Canaria en 1843, un lugar, por entonces, alejado de los centros artísticos del momento, cursa los estudios de primaria y bachillerato en su tierra natal. Nada más cumplir la mayoría de edad se traslada a Madrid para estudiar de Derecho. De la capital de España prácticamente no se movería aunque viaja a París (en 1867 y 1868) para completar su formación humanística como era frecuente en la época. Por entonces, la capital de Francia era cita ineludible de cualquiera que quisiera abrirse paso no solo en el mundo de las letras sino también en el ambiente artístico o filosófico. En las tertulias de sus cafés se daban cita desde políticos con ideas revolucionarias hasta vividores de medio pelo.  

Desde muy joven se interesa por los problemas sociales del momento, por las condiciones de los más humildes y por las reformas culturales necesarias para llevar la instrucción general a un mayor número de personas. Dotado de un agudo sentido de la observación, se interesa, a la par, por los caracteres psicológicos generales. Todo ello conformará un universo formativo y estilístico propio que le valdrá para levantar grandes novelas. La primera obra publicada de Benito Pérez Galdós fue la Fontana de Oro en 1870.

Cuando ya es un novelista con cierta trayectoria entra en política siendo elegido diputado desde 1886 a 1890 por el Partido Liberal liderado por Sagasta. A pesar de su fama y de la ingente obra que logra levantar, las deudas y los apuros económicos forman parte de su día a día. A partir de 1898 (con la pérdida de las colonias) sus ideas políticas se radicalizan militando en el partido republicano. Eso no le impide mantener sintonía con adversarios políticos (Cánovas por ejemplo) o con el monarca Alfonso XIII. Muere en Madrid en 1920, acosado por las deudas, ciego y con un ejército de enemigos (políticos y culturales) que boicotearon la concesión de un Premio Nobel que merecía. 

Benito Pérez Galdós y la técnica del realismo literario

Sus obras representan el cenit de todas las características del realismo literario, ya que lo mismo levanta tipos psicológicos memorables que nos describe de manera brillante cualquier ambiente. Tenemos en cuenta los siguientes aspectos a la hora de abordar y conocer su obra: 

1.- Como el resto de los autores del realismo, solía documentarse antes de abordar tipos, costumbres, ambientes o situaciones. Gracias a su agudo poder de observación logra cimentar una obra en la que entran tanto los personajes de la alta sociedad como aquellos excluidos de cualquier ámbito ya sea por pobreza, alineación cultural o alcoholismo. Sus descripciones son prolijas, claras y evocadoras. 

2.- Su escritura ha sido definida como la producida por un “realista de almas”, ya que sus personajes se nos presentan en toda su humildad, con una verosimilitud extrema y, a la par, con una originalidad tan extrema que han entrado a formar parte de la cultura universal. 

3.- Por si esto fuera poco, Benito Pérez Galdós hace gala de las mejores técnicas del retrato. Como sucede con los protagonistas de Miguel Delibes, accedemos al interior de ellos a través del lenguaje, de su expresión o de la forma de comunicarse. 

Estilo de Benito Pérez Galdós

1.- A pesar de estas técnicas literarias que nos hacen entrar en el interior del personaje, su estilo es muy sencillo, tanto que, incluso, algún autor más barroco o dado al rebuscamiento se mofaba de su lengua clara, concisa y directa. Eso no lo tenemos en cuenta hoy. 

2.- Los fragmentos en los que identificamos al narrador omnisciente (el que todo lo sabe), propio no solo del realismo sino también del naturalismo literario, nos encontramos frases espontáneas, repletas de frescura y alejadas de cualquier retórica superflua. 

3.- Hay críticos que han vistos en el estilo de Benito Pérez Galdós rasgos de la novela más moderna e, incluso, contemporánea. 

4.- Son frecuentes los monólogos interiores donde nos aparecen los personajes en toda su plenitud, con sus luces, sus sombras, grandezas, miserias y contradicciones. 

5.- Ni que decir tiene que el Galdós político, comprometido con las acciones que llevan al progreso social, se transparenta en sus obras. Por eso, no podemos dejar de notar un espíritu tremendamente crítico que, a veces, da un salto hacia la ironía. 

Obras de Benito Pérez Galdós

Para la división de la obra galdosiana, me atengo a la división realizada en vida por el mismo escritor. Estas se dividen en: 1) Episodios nacionales, 2) Las novelas de juventud 3) Las obras de madurez que se han calificado como “novelas españolas contemporáneas”, 4) las obras de teatro y 5) los escritos periodísticos, ensayos o discursos. Hago una mínima valoración de cada uno de estos grupos de las obras de Benito Pérez Galdós 

1.- Los Episodios nacionales

Como pretendían los grandes novelistas del realismo literario francés (Balzac por poner un caso), Benito Pérez Galdós acomete un proyecto tremendamente ambicioso en sus Episodios nacionales. En ellos quería dar cuenta de todas las situaciones, tipos psicológicos y personajes posibles de la España de finales del siglo XIX. En total son 46 novelas divididas en cinco bloques de 10 obras. Las matemáticas no fallan y la quinta serie solo tiene seis. En los dos primeros bloques la base narrativa es la Guerra de la Independencia y el reinado del terrible Fernando VII. Estas obras fueron escritas entre 1873 y 1879.  

Tendría que pasar doce años para que, en 1898 Benito Pérez Gadós acometiera la tercera serie. En ellas se tratan las guerras carlistas que desangraron la sociedad española con sus luchas fraticidas. Los Episodios nacionales responden al género de novela histórica, pero estas no tienen las características de las realizadas en el Romanticismo literario, ya que se mezclan la ficción con una fuerte dosis de investigación de los hechos probados.  

2.- Las primeras novelas de Benito Pérez Galdós

En este bloque entran las obras escritas a la par que los dos primeros bloques de los Episodios nacionales que, como vemos, demuestran el poder creativo y de eficacia de nuestro novelista. De esta época son La familia de León Roch (1878) o Doña Perfecta (1876). La crítica acepta como perteneciente a este periodo todas las novelas creadas hasta 1880. Son obras con un claro contraste en los personajes que roza la manipulación, también siguiendo la estética romántica. Los malos son muy malos, cerrados, oscuros, repletos de vicios… A ellos se contraponen personajes que buscan los cambios, que se superan constantemente y que se nos describen  adornados con las grandes virtudes del ser humano. 

3.- Las novelas españolas contemporáneas de Benito Pérez Galdós 

En este bloque entran las obras de Benito Pérez Galdós escritas a partir de 1881. Son, en total, 24 y, por su calidad literaria, pertenecen no solo a lo mejor del autor sino también de la literatura en español. En ellas se tratan casi todos los caracteres psicológicos, situaciones chocantes o contrapuestas o descripciones morales del Madrid de la época. Tienen algunas características comunes. 

1.- Benito Pérez Galdós no duda en colocar al mismo personaje en varias novelas protagonizando o secundando distintas tramas. 

2.- El contexto histórico, social, económico y espiritual de la época está descrito con una maestría poco común incluso entre los grandes de la pluma de todos los tiempos. 

3.- En ellas, como he anotado a propósito del estilo de Benito Pérez Galdós, siempre subyace una crítica velada al sistema que permite grandes diferencias entre los distintos estratos de la población. 

4.- La ironía es palpable en algunas obras o en párrafos concretos. 

5.- Sin embargo, en las últimas novelas hay un interés por los temas espirituales, por aquellos personajes que están en contradicción buscando, a toda costa, un crecimiento personal que la sociedad se empeña en apagar sin piedad. 

4.-El teatro de Galdós 

Benito Pérez Galdós estaba curtido y preparado para escribir grandes novelas. Lo del teatro responde, más bien, a una necesidad económica, ya que en Madrid, desde el inicio de la villa y corte casi, se ha demandado este tipo de bien cultural. Era, de una manera u otra, una forma sencilla de monetizar su talento con obras por las que se pagaban más allá de la escasa venta de libros entre un pueblo mayoritariamente analfabeto. Se empeña en llevar esa hondura psicológica de la que fue maestro a las tablas y, por tanto, tampoco cosechó mucho éxito entre un público acostumbrado a las tramas de enredos. También se hicieron en vida adaptaciones de algunas de sus obras novelísticas y, ya a finales del siglo XX, memorables adaptaciones cinematográficas o series para televisión.  

Benito Pérez Galdós es uno de los escritores del realismo literario europeo más representativos, señeros y de calidad. Algunos de sus títulos entraron pronto en el canon y aún siguen siendo referencia literaria en pleno siglo XXI. 

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Por Candela Vizcaíno

 

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Benito Pérez Galdós fue uno de los escritores más admirados y más en boca de todos los de su tiempo. Exponente máximo del realismo literario, no solo a nivel español sino europeo, creó una obra ingente en la que priman los caracteres bien definidos, los tipos psicológicos y personajes urbanos fácilmente reconocibles. A partir de los años cincuenta del siglo XX, con el auge de la novela social, su figura se fue acrecentando hasta entrar en el canon. Buena parte de sus novelas han sido llevadas al cine con bastante acierto estilístico. 

Biografía de Benito Pérez Galdós 

Como he indicado nada más empezar, es uno de los autores del realismo literario más importantes no solo del panorama en lengua española sino de la cultura europea. Nacido en Gran Canaria en 1843, un lugar, por entonces, alejado de los centros artísticos del momento, cursa los estudios de primaria y bachillerato en su tierra natal. Nada más cumplir la mayoría de edad se traslada a Madrid para estudiar de Derecho. De la capital de España prácticamente no se movería aunque viaja a París (en 1867 y 1868) para completar su formación humanística como era frecuente en la época. Por entonces, la capital de Francia era cita ineludible de cualquiera que quisiera abrirse paso no solo en el mundo de las letras sino también en el ambiente artístico o filosófico. En las tertulias de sus cafés se daban cita desde políticos con ideas revolucionarias hasta vividores de medio pelo.  

Desde muy joven se interesa por los problemas sociales del momento, por las condiciones de los más humildes y por las reformas culturales necesarias para llevar la instrucción general a un mayor número de personas. Dotado de un agudo sentido de la observación, se interesa, a la par, por los caracteres psicológicos generales. Todo ello conformará un universo formativo y estilístico propio que le valdrá para levantar grandes novelas. La primera obra publicada de Benito Pérez Galdós fue la Fontana de Oro en 1870.

Cuando ya es un novelista con cierta trayectoria entra en política siendo elegido diputado desde 1886 a 1890 por el Partido Liberal liderado por Sagasta. A pesar de su fama y de la ingente obra que logra levantar, las deudas y los apuros económicos forman parte de su día a día. A partir de 1898 (con la pérdida de las colonias) sus ideas políticas se radicalizan militando en el partido republicano. Eso no le impide mantener sintonía con adversarios políticos (Cánovas por ejemplo) o con el monarca Alfonso XIII. Muere en Madrid en 1920, acosado por las deudas, ciego y con un ejército de enemigos (políticos y culturales) que boicotearon la concesión de un Premio Nobel que merecía. 

Benito Pérez Galdós y la técnica del realismo literario

Sus obras representan el cenit de todas las características del realismo literario, ya que lo mismo levanta tipos psicológicos memorables que nos describe de manera brillante cualquier ambiente. Tenemos en cuenta los siguientes aspectos a la hora de abordar y conocer su obra: 

1.- Como el resto de los autores del realismo, solía documentarse antes de abordar tipos, costumbres, ambientes o situaciones. Gracias a su agudo poder de observación logra cimentar una obra en la que entran tanto los personajes de la alta sociedad como aquellos excluidos de cualquier ámbito ya sea por pobreza, alineación cultural o alcoholismo. Sus descripciones son prolijas, claras y evocadoras. 

2.- Su escritura ha sido definida como la producida por un “realista de almas”, ya que sus personajes se nos presentan en toda su humildad, con una verosimilitud extrema y, a la par, con una originalidad tan extrema que han entrado a formar parte de la cultura universal. 

3.- Por si esto fuera poco, Benito Pérez Galdós hace gala de las mejores técnicas del retrato. Como sucede con los protagonistas de Miguel Delibes, accedemos al interior de ellos a través del lenguaje, de su expresión o de la forma de comunicarse. 

Estilo de Benito Pérez Galdós

1.- A pesar de estas técnicas literarias que nos hacen entrar en el interior del personaje, su estilo es muy sencillo, tanto que, incluso, algún autor más barroco o dado al rebuscamiento se mofaba de su lengua clara, concisa y directa. Eso no lo tenemos en cuenta hoy. 

2.- Los fragmentos en los que identificamos al narrador omnisciente (el que todo lo sabe), propio no solo del realismo sino también del naturalismo literario, nos encontramos frases espontáneas, repletas de frescura y alejadas de cualquier retórica superflua. 

3.- Hay críticos que han vistos en el estilo de Benito Pérez Galdós rasgos de la novela más moderna e, incluso, contemporánea. 

4.- Son frecuentes los monólogos interiores donde nos aparecen los personajes en toda su plenitud, con sus luces, sus sombras, grandezas, miserias y contradicciones. 

5.- Ni que decir tiene que el Galdós político, comprometido con las acciones que llevan al progreso social, se transparenta en sus obras. Por eso, no podemos dejar de notar un espíritu tremendamente crítico que, a veces, da un salto hacia la ironía. 

Obras de Benito Pérez Galdós

Para la división de la obra galdosiana, me atengo a la división realizada en vida por el mismo escritor. Estas se dividen en: 1) Episodios nacionales, 2) Las novelas de juventud 3) Las obras de madurez que se han calificado como “novelas españolas contemporáneas”, 4) las obras de teatro y 5) los escritos periodísticos, ensayos o discursos. Hago una mínima valoración de cada uno de estos grupos de las obras de Benito Pérez Galdós 

1.- Los Episodios nacionales

Como pretendían los grandes novelistas del realismo literario francés (Balzac por poner un caso), Benito Pérez Galdós acomete un proyecto tremendamente ambicioso en sus Episodios nacionales. En ellos quería dar cuenta de todas las situaciones, tipos psicológicos y personajes posibles de la España de finales del siglo XIX. En total son 46 novelas divididas en cinco bloques de 10 obras. Las matemáticas no fallan y la quinta serie solo tiene seis. En los dos primeros bloques la base narrativa es la Guerra de la Independencia y el reinado del terrible Fernando VII. Estas obras fueron escritas entre 1873 y 1879.  

Tendría que pasar doce años para que, en 1898 Benito Pérez Gadós acometiera la tercera serie. En ellas se tratan las guerras carlistas que desangraron la sociedad española con sus luchas fraticidas. Los Episodios nacionales responden al género de novela histórica, pero estas no tienen las características de las realizadas en el Romanticismo literario, ya que se mezclan la ficción con una fuerte dosis de investigación de los hechos probados.  

2.- Las primeras novelas de Benito Pérez Galdós

En este bloque entran las obras escritas a la par que los dos primeros bloques de los Episodios nacionales que, como vemos, demuestran el poder creativo y de eficacia de nuestro novelista. De esta época son La familia de León Roch (1878) o Doña Perfecta (1876). La crítica acepta como perteneciente a este periodo todas las novelas creadas hasta 1880. Son obras con un claro contraste en los personajes que roza la manipulación, también siguiendo la estética romántica. Los malos son muy malos, cerrados, oscuros, repletos de vicios… A ellos se contraponen personajes que buscan los cambios, que se superan constantemente y que se nos describen  adornados con las grandes virtudes del ser humano. 

3.- Las novelas españolas contemporáneas de Benito Pérez Galdós 

En este bloque entran las obras de Benito Pérez Galdós escritas a partir de 1881. Son, en total, 24 y, por su calidad literaria, pertenecen no solo a lo mejor del autor sino también de la literatura en español. En ellas se tratan casi todos los caracteres psicológicos, situaciones chocantes o contrapuestas o descripciones morales del Madrid de la época. Tienen algunas características comunes. 

1.- Benito Pérez Galdós no duda en colocar al mismo personaje en varias novelas protagonizando o secundando distintas tramas. 

2.- El contexto histórico, social, económico y espiritual de la época está descrito con una maestría poco común incluso entre los grandes de la pluma de todos los tiempos. 

3.- En ellas, como he anotado a propósito del estilo de Benito Pérez Galdós, siempre subyace una crítica velada al sistema que permite grandes diferencias entre los distintos estratos de la población. 

4.- La ironía es palpable en algunas obras o en párrafos concretos. 

5.- Sin embargo, en las últimas novelas hay un interés por los temas espirituales, por aquellos personajes que están en contradicción buscando, a toda costa, un crecimiento personal que la sociedad se empeña en apagar sin piedad. 

4.-El teatro de Galdós 

Benito Pérez Galdós estaba curtido y preparado para escribir grandes novelas. Lo del teatro responde, más bien, a una necesidad económica, ya que en Madrid, desde el inicio de la villa y corte casi, se ha demandado este tipo de bien cultural. Era, de una manera u otra, una forma sencilla de monetizar su talento con obras por las que se pagaban más allá de la escasa venta de libros entre un pueblo mayoritariamente analfabeto. Se empeña en llevar esa hondura psicológica de la que fue maestro a las tablas y, por tanto, tampoco cosechó mucho éxito entre un público acostumbrado a las tramas de enredos. También se hicieron en vida adaptaciones de algunas de sus obras novelísticas y, ya a finales del siglo XX, memorables adaptaciones cinematográficas o series para televisión.  

Benito Pérez Galdós es uno de los escritores del realismo literario europeo más representativos, señeros y de calidad. Algunos de sus títulos entraron pronto en el canon y aún siguen siendo referencia literaria en pleno siglo XXI. 

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Por Candela Vizcaíno

 

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Al XVIII se le conoce en Europa como Siglo de Las Luces, nombre propuesto por los ilustrados de la época con ansías de cambios en todos los órdenes de la vida. Y esas transformaciones debían ser no solo en el arte o en el pensamiento o en la incipiente ciencia (que comenzaba tímidamente el método experimental) sino también en lo económico, social e, incluso, religioso. El movimiento comienza en Gran Bretaña donde Isaac Newton había expuesto su Teoría de la Gravedad a la par que abría la puerta hacia los estudios de la mecánica de fluidos. Desde allí se extiende hasta Francia y Alemania donde culmina con las obras de Kant. Filósofos, investigadores, críticos o historiadores se hacían llamar ilustrados por su creencia a ciegas en el positivismo. Este no se quedó en el ámbito de la ciencia sino que se extendió a la literatura, arte, arquitectura dando lugar al movimiento estético conocido como neoclasicismo. Y, si hay que resaltar tan solo una de las características del neoclasicismo que tenga que hacer notar nada más empezar, esta es el predomino de la razón sobre cualquier otra fórmula de conocimiento. El neoclasicismo español, aunque con su peculiaridades, participa de todos los componentes del europeo.  

Características del neoclasicismo europeo 

1.- Estamos en el siglo XVIII. Atrás queda el Barroco con todos su excesos. Comienza una incipiente ciencia mientras que la burguesía se va abriendo paso relegando a una rancia aristocracia y a los estamentos eclesiásticos de poder. La vida se vuelve urbana y entre la élite culta se extiende la creencia en el progreso de la humanidad a través de la educación. Con ellos comienza tímidamente un período en el que se intenta ver al ser humano en su universalidad sin diferencias por razón de procedencia o raza.  

2.- La razón se adueña de todas las parcelas creativas ya sean artísticas, técnicas o científicas. Tanto es así que se niega cualquier forma de conocimiento proveniente de los sentimientos, de la fantasía o de la creatividad.  

3.- El orden predomina en cualquier actividad humana ya sea la construcción de un parque (como los jardines a la francesa), un edificio, una tertulia o una obra literaria. 

4.- El neoclasicismo europeo pone las semillas para los cambios políticos de ese siglo derrocando en algunos países (lee la Revolución Francesa) a la monarquía absolutista o poniendo las bases para una primera separación de los poderes del estado y la iglesia. 

5.- Con una población analfabeta que rondaba el 70% (y en España más allá del 80%) creen en el poder de la instrucción como factor de progreso humano. 

6.- Todo en las artes se hace conforme a unos principios de imitación, orden, mesura, sencillez, racional y libre de cualquier adorno que se considera superfluo.  

La literatura neoclásica y las artes en la ilustración 

1.- Con estos cimientos filosóficos todas las artes, incluida la literatura, se vuelve ordenada, fría, mimética y circunscribiéndose a una prosa transparente que huye, incluso, del principio de belleza. 

2.- La poesía queda relegada a algunas obras menores de corte filosófico. Se eliminan cualquier atisbo de artificio en aras de una sencillez casi burocrática, una de las características más llamativas de la literatura neoclásica.  

3.- El teatro se vuelve estructurado al máximo conservando los tres principios (acción, tiempo y lugar) y siempre con unos fines educativos. El neoclasicismo español logró, incluso, que se suprimieran por ley los autos sacramentales tan populares en la época.  

4.- Aparece un nuevo género: la crítica literaria. A la par, el ensayo adquiere cotas nunca vistas en la historia de la literatura. Este se vuelve mordaz, irónico, crítico en extremo en un intento por poner de manifiesto todos los males de la época. 

5.- La prosa es sencilla, transparente, libre de artificios, metáforas o cualquier otra figura retórica. 

6.- La pintura es sobria centrada en los retratos de los grandes personajes. 

7.- Aunque el neoclasicismo es un movimiento austero, sí dio grandes obras de arquitectura en el que primaban las columnas sencillas y altas tal como aparecían en las incipientes excavaciones arqueológicas. 

El neoclasicismo español y su contexto histórico 

1.- A pesar de que en España la burguesía apenas tenía poder y la sociedad se encontraba cerrada a cualquier influencia exterior, un buen puñado de ilustrados pudieron generar un cambio permanente en el panorama artístico e incluso político. 

2.- Fue en el último período del siglo XVII, cuando empieza a decaer el Barroco, cuando comenzó a gestarse las ideas de la ilustración. Reinaba Felipe V (1683-1746) el que centralizó todos los poderos del estado en Madrid, eliminando privilegios de reinos o casas nobiliarias. 

3.- A la par, el rey se enfrentó con la Iglesia al anteponer las necesidades de la corona a los de la Santa Sede. Esto provocó enfrentamientos con algunas órdenes religiosas, especialmente con la Compañía de Jesús, que se saldó, a la larga (en 1767), con su expulsión del país. 

4.- La instrucción y los estudios se ampliaron con obras hasta entonces prohibidas o, sencillamente, vetadas a la circulación. Ni que decir tiene que esto contribuyó al avance de las nuevas ideas procedentes de Europa que fueron el germen del neoclasicismo español. Las obras de Voltaire y Rousseau, consideradas revolucionarias, comenzaron a leerse y a estudiarse en España. 

5.- El neoclasicismo español, a pesar de ser un movimiento de élite, se democratizó al salir de las aulas universitarias o de los centros de enseñanza superiores. Estos ilustrados gustaban de reunirse en cafés donde organizaban tertulias. Allí se debatía sobre lo divino, lo humano, el progreso, las reformas legislativas necesarias, los cánones artísticos o las noticias del momento. Todo ello contribuyó a una comunicación más rápida y fluida apoyada por un incipiente periodismo. 

6.- Como sus colegas europeos, los ilustrados españoles que formaban el neoclasicismo español  creían en el espíritu positivista burgués, en el poder de la instrucción, en la necesidad de imponer la razón crítica en cualquier orden de la vida,  en la posibilidad de crecimiento y de felicidad de la humanidad en su conjunto. 

7.- El neoclasicismo español, que se afianzó en Madrid en las primeras décadas del siglo XVIII, termina abruptamente con la Revolución Francesa de 1789. Lo acontecido en Versalles y París con cabezas reales separadas de sus cuerpos y el pueblo tomando las calles hizo frenar a los poderes políticos españoles cualquier idea que pudiera calificarse como ilustrada. Lo entendemos mejor con las palabras del ministro Floridablanca. 

“Se dice que este siglo ilustrado ha enseñado a los hombres sus derechos. Pero también les ha robado, además de su felicidad verdadera, la tranquilidad y la seguridad de su persona y familia. Aquí no queremos ni tanta luz ni sus consecuencias: actos insolentes, palabras y escritos en contra de la autoridad legítima.” 

8.- A partir de este momento histórico, el miedo se apoderó de la corte, de la política y de los poderes socioeconómicos. En un intento por frenar estas ideas tan revolucionarias que habían hecho caer monarquías consolidadas se suprime la prensa escrita e, incluso, se persiguen las tertulias y reuniones. 

9.- Antes de que esto sucediera se crearon instituciones que aún hoy están activas y que han contribuido en estos siglos al avance de la ciencia, de las letras o del conocimiento. En 1912 se abre la Biblioteca Nacional y un año más tarde la Real Academia de la Lengua. Entre 1726 y 1739 se publica el primer Diccionario de Autoridades para seguirle la Ortografía y la Gramática. La Academia de la Historia se funda en 1735. Además, a partir de 1769 se reforman las universidades dejando de lado planes de estudios que tenían arraigo medieval casi para ponerse en contacto con las ideas, estudios y obras del resto de Europa. 

10.- El neoclasicismo español, además, defiende el español de la intrusión de los barbarismos (palabras y/o expresiones en lengua extranjera). A la par, nuestro idioma se instaura como lengua de cultura relegando paulatinamente el latín de las aulas, tesis doctorales, estudios científicos o críticos. 

Los autores del neoclasicismo español 

Aunque en España, en el ámbito literario no se produjo una explosión de obras y creadores como sucedió en el Barroco, por poner un caso, sí tenemos un puñado de autores que han pasado al canon patrio por su aportación a la literatura. 

 

1.- Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro (1676-1764), uno de los introductores del neoclasicismo español

Fue un fraile benedictino profesor en la Universidad de Oviedo. Con estos datos nos sorprende su actitud revolucionaria (para la época) en el ámbito intelectual. Considerado uno de los máximos exponentes del neoclasicismo español, fue un ávido lector de obras publicadas en el extranjero a la par que un estudioso incansable. En 1726, cuando contaba la edad de cincuenta años, publica Teatro crítico universal y Cartas eruditas. En ellas aborda, con el estilo claro, conciso, limpio y libre de adornos tan característico de la literatura neoclásica, temáticas diversas de arte, teología, ciencias, filosofía, historia… Combatiente de la supersticiones tan populares y extendidas en la época, promulgaba que la ciencia y la religión no eran incompatibles.  Su ejemplo y sus libros, que fueron auténticos best-sellers en la época, fueron la base para la crítica y el ensayo generado durante todo el siglo XVIII.  

2.- José Cadalso, el autor de las Cartas marruecas

Nació en Cádiz en 1741, por entonces un hervidero intelectual, procedente de una familia de la baja nobleza. Su formación no solo fue libresca ya que viajó por Europa y estudió idiomas (algo raro en la sociedad hispana hasta hace prácticamente unos cuantos años) llegando a  coronel del ejército a una edad bastante temprana. Tras un incidente tenebroso casi al morir su amada (la actriz María Ignacia Ibáñez), su familia lo envía a Salamanca donde entra en contacto con el mundillo de los ilustrados.  

Cadalso es uno de los autores más representativos del neoclasicismo español al crear una obra crítica con visos satíricos siguiendo todos los postulados del movimiento. Destacan sus Cartas marruecas (1793), que ha entrado en el canon, Noches lúgubres (publicadas tras su fallecimiento en 1798) que adelanta las características del Romanticismo y Los eruditos a la violeta (1772). Murió en 1782 en la guerra contra Inglaterra, al ser alcanzado por una granada en la cabeza en el Bloqueo de Gibraltar. 

3.-Tomás de Iriarte, el autor del neoclasicismo español que gustó de las fábulas

Nacido en 1750 y muerto en 1791 fue educado en los principios de la Ilustración. En sus libros recoge pequeños cuentos moralizantes en los que predomina una crítica ácida a las costumbres de la burguesía y de las gentes de su tiempo.  

4.- Gaspar Melchor de Jovellanos, el escritor del neoclasicismo español que gustaba del periodismo

Nacido en 1744, se suicida en 1811. Aunque participa de los principios de la Ilustración con una prosa clara, concisa, sencilla y con visos de verosimilitud muy cercana al periodismo, adelanta el Romanticismo literario. Sus escritos satíricos y críticos han entrado incluso en el canon y son testimonios fieles de los vicios de la época: adulterios, corrupciones, costumbres supersticiosas, atrasos económicos y de instrucción, la mala educación de la élite (lee aristocracia e, incluso, monarquía) pasan por su pluma inteligente y mordaz. 

5.- Leandro Fernández  de Moratín 

Nace en Madrid en 1760 y muere en París en 1828 donde estaba exiliado. Sus obras se encuadran en la poesía (que cultivaba desde joven), la sátira y el teatro. En estas últimas se dedica a criticar y a satirizar todos los vicios y costumbres de la época llegando, incluso, a granjearse enemistades importantes. Vivió sin apuros económicos gracias al mecenazgo de Floridablanca, uno de los ministros más poderosos del reino. Durante los asaltos de la  Revolución Francesa se refugió en Inglaterra. Fue, por tanto, por educación, familia, instrucción, vida cosmopolita y profesión, uno de los intelectuales más significativos de la época. 

Otros nombres que forman parte del neoclasicismo español son José Francisco de Isla, Diego Torres Villarroel y Jose María Blanco. El movimiento, como hemos visto, a pesar del carácter patrio tan poco dado a la razón y al orden, tuvo representantes de interés y dejó bellas obras de arquitectura y literatura para la posteridad. 

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Por Candela Vizcaíno

 

 

 

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Al XVIII se le conoce en Europa como Siglo de Las Luces, nombre propuesto por los ilustrados de la época con ansías de cambios en todos los órdenes de la vida. Y esas transformaciones debían ser no solo en el arte o en el pensamiento o en la incipiente ciencia (que comenzaba tímidamente el método experimental) sino también en lo económico, social e, incluso, religioso. El movimiento comienza en Gran Bretaña donde Isaac Newton había expuesto su Teoría de la Gravedad a la par que abría la puerta hacia los estudios de la mecánica de fluidos. Desde allí se extiende hasta Francia y Alemania donde culmina con las obras de Kant. Filósofos, investigadores, críticos o historiadores se hacían llamar ilustrados por su creencia a ciegas en el positivismo. Este no se quedó en el ámbito de la ciencia sino que se extendió a la literatura, arte, arquitectura dando lugar al movimiento estético conocido como neoclasicismo. Y, si hay que resaltar tan solo una de las características del neoclasicismo que tenga que hacer notar nada más empezar, esta es el predomino de la razón sobre cualquier otra fórmula de conocimiento. El neoclasicismo español, aunque con su peculiaridades, participa de todos los componentes del europeo.  

Características del neoclasicismo europeo 

1.- Estamos en el siglo XVIII. Atrás queda el Barroco con todos su excesos. Comienza una incipiente ciencia mientras que la burguesía se va abriendo paso relegando a una rancia aristocracia y a los estamentos eclesiásticos de poder. La vida se vuelve urbana y entre la élite culta se extiende la creencia en el progreso de la humanidad a través de la educación. Con ellos comienza tímidamente un período en el que se intenta ver al ser humano en su universalidad sin diferencias por razón de procedencia o raza.  

2.- La razón se adueña de todas las parcelas creativas ya sean artísticas, técnicas o científicas. Tanto es así que se niega cualquier forma de conocimiento proveniente de los sentimientos, de la fantasía o de la creatividad.  

3.- El orden predomina en cualquier actividad humana ya sea la construcción de un parque (como los jardines a la francesa), un edificio, una tertulia o una obra literaria. 

4.- El neoclasicismo europeo pone las semillas para los cambios políticos de ese siglo derrocando en algunos países (lee la Revolución Francesa) a la monarquía absolutista o poniendo las bases para una primera separación de los poderes del estado y la iglesia. 

5.- Con una población analfabeta que rondaba el 70% (y en España más allá del 80%) creen en el poder de la instrucción como factor de progreso humano. 

6.- Todo en las artes se hace conforme a unos principios de imitación, orden, mesura, sencillez, racional y libre de cualquier adorno que se considera superfluo.  

La literatura neoclásica y las artes en la ilustración 

1.- Con estos cimientos filosóficos todas las artes, incluida la literatura, se vuelve ordenada, fría, mimética y circunscribiéndose a una prosa transparente que huye, incluso, del principio de belleza. 

2.- La poesía queda relegada a algunas obras menores de corte filosófico. Se eliminan cualquier atisbo de artificio en aras de una sencillez casi burocrática, una de las características más llamativas de la literatura neoclásica.  

3.- El teatro se vuelve estructurado al máximo conservando los tres principios (acción, tiempo y lugar) y siempre con unos fines educativos. El neoclasicismo español logró, incluso, que se suprimieran por ley los autos sacramentales tan populares en la época.  

4.- Aparece un nuevo género: la crítica literaria. A la par, el ensayo adquiere cotas nunca vistas en la historia de la literatura. Este se vuelve mordaz, irónico, crítico en extremo en un intento por poner de manifiesto todos los males de la época. 

5.- La prosa es sencilla, transparente, libre de artificios, metáforas o cualquier otra figura retórica. 

6.- La pintura es sobria centrada en los retratos de los grandes personajes. 

7.- Aunque el neoclasicismo es un movimiento austero, sí dio grandes obras de arquitectura en el que primaban las columnas sencillas y altas tal como aparecían en las incipientes excavaciones arqueológicas. 

El neoclasicismo español y su contexto histórico 

1.- A pesar de que en España la burguesía apenas tenía poder y la sociedad se encontraba cerrada a cualquier influencia exterior, un buen puñado de ilustrados pudieron generar un cambio permanente en el panorama artístico e incluso político. 

2.- Fue en el último período del siglo XVII, cuando empieza a decaer el Barroco, cuando comenzó a gestarse las ideas de la ilustración. Reinaba Felipe V (1683-1746) el que centralizó todos los poderos del estado en Madrid, eliminando privilegios de reinos o casas nobiliarias. 

3.- A la par, el rey se enfrentó con la Iglesia al anteponer las necesidades de la corona a los de la Santa Sede. Esto provocó enfrentamientos con algunas órdenes religiosas, especialmente con la Compañía de Jesús, que se saldó, a la larga (en 1767), con su expulsión del país. 

4.- La instrucción y los estudios se ampliaron con obras hasta entonces prohibidas o, sencillamente, vetadas a la circulación. Ni que decir tiene que esto contribuyó al avance de las nuevas ideas procedentes de Europa que fueron el germen del neoclasicismo español. Las obras de Voltaire y Rousseau, consideradas revolucionarias, comenzaron a leerse y a estudiarse en España. 

5.- El neoclasicismo español, a pesar de ser un movimiento de élite, se democratizó al salir de las aulas universitarias o de los centros de enseñanza superiores. Estos ilustrados gustaban de reunirse en cafés donde organizaban tertulias. Allí se debatía sobre lo divino, lo humano, el progreso, las reformas legislativas necesarias, los cánones artísticos o las noticias del momento. Todo ello contribuyó a una comunicación más rápida y fluida apoyada por un incipiente periodismo. 

6.- Como sus colegas europeos, los ilustrados españoles que formaban el neoclasicismo español  creían en el espíritu positivista burgués, en el poder de la instrucción, en la necesidad de imponer la razón crítica en cualquier orden de la vida,  en la posibilidad de crecimiento y de felicidad de la humanidad en su conjunto. 

7.- El neoclasicismo español, que se afianzó en Madrid en las primeras décadas del siglo XVIII, termina abruptamente con la Revolución Francesa de 1789. Lo acontecido en Versalles y París con cabezas reales separadas de sus cuerpos y el pueblo tomando las calles hizo frenar a los poderes políticos españoles cualquier idea que pudiera calificarse como ilustrada. Lo entendemos mejor con las palabras del ministro Floridablanca. 

“Se dice que este siglo ilustrado ha enseñado a los hombres sus derechos. Pero también les ha robado, además de su felicidad verdadera, la tranquilidad y la seguridad de su persona y familia. Aquí no queremos ni tanta luz ni sus consecuencias: actos insolentes, palabras y escritos en contra de la autoridad legítima.” 

8.- A partir de este momento histórico, el miedo se apoderó de la corte, de la política y de los poderes socioeconómicos. En un intento por frenar estas ideas tan revolucionarias que habían hecho caer monarquías consolidadas se suprime la prensa escrita e, incluso, se persiguen las tertulias y reuniones. 

9.- Antes de que esto sucediera se crearon instituciones que aún hoy están activas y que han contribuido en estos siglos al avance de la ciencia, de las letras o del conocimiento. En 1912 se abre la Biblioteca Nacional y un año más tarde la Real Academia de la Lengua. Entre 1726 y 1739 se publica el primer Diccionario de Autoridades para seguirle la Ortografía y la Gramática. La Academia de la Historia se funda en 1735. Además, a partir de 1769 se reforman las universidades dejando de lado planes de estudios que tenían arraigo medieval casi para ponerse en contacto con las ideas, estudios y obras del resto de Europa. 

10.- El neoclasicismo español, además, defiende el español de la intrusión de los barbarismos (palabras y/o expresiones en lengua extranjera). A la par, nuestro idioma se instaura como lengua de cultura relegando paulatinamente el latín de las aulas, tesis doctorales, estudios científicos o críticos. 

Los autores del neoclasicismo español 

Aunque en España, en el ámbito literario no se produjo una explosión de obras y creadores como sucedió en el Barroco, por poner un caso, sí tenemos un puñado de autores que han pasado al canon patrio por su aportación a la literatura. 

 

1.- Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro (1676-1764), uno de los introductores del neoclasicismo español

Fue un fraile benedictino profesor en la Universidad de Oviedo. Con estos datos nos sorprende su actitud revolucionaria (para la época) en el ámbito intelectual. Considerado uno de los máximos exponentes del neoclasicismo español, fue un ávido lector de obras publicadas en el extranjero a la par que un estudioso incansable. En 1726, cuando contaba la edad de cincuenta años, publica Teatro crítico universal y Cartas eruditas. En ellas aborda, con el estilo claro, conciso, limpio y libre de adornos tan característico de la literatura neoclásica, temáticas diversas de arte, teología, ciencias, filosofía, historia… Combatiente de la supersticiones tan populares y extendidas en la época, promulgaba que la ciencia y la religión no eran incompatibles.  Su ejemplo y sus libros, que fueron auténticos best-sellers en la época, fueron la base para la crítica y el ensayo generado durante todo el siglo XVIII.  

2.- José Cadalso, el autor de las Cartas marruecas

Nació en Cádiz en 1741, por entonces un hervidero intelectual, procedente de una familia de la baja nobleza. Su formación no solo fue libresca ya que viajó por Europa y estudió idiomas (algo raro en la sociedad hispana hasta hace prácticamente unos cuantos años) llegando a  coronel del ejército a una edad bastante temprana. Tras un incidente tenebroso casi al morir su amada (la actriz María Ignacia Ibáñez), su familia lo envía a Salamanca donde entra en contacto con el mundillo de los ilustrados.  

Cadalso es uno de los autores más representativos del neoclasicismo español al crear una obra crítica con visos satíricos siguiendo todos los postulados del movimiento. Destacan sus Cartas marruecas (1793), que ha entrado en el canon, Noches lúgubres (publicadas tras su fallecimiento en 1798) que adelanta las características del Romanticismo y Los eruditos a la violeta (1772). Murió en 1782 en la guerra contra Inglaterra, al ser alcanzado por una granada en la cabeza en el Bloqueo de Gibraltar. 

3.-Tomás de Iriarte, el autor del neoclasicismo español que gustó de las fábulas

Nacido en 1750 y muerto en 1791 fue educado en los principios de la Ilustración. En sus libros recoge pequeños cuentos moralizantes en los que predomina una crítica ácida a las costumbres de la burguesía y de las gentes de su tiempo.  

4.- Gaspar Melchor de Jovellanos, el escritor del neoclasicismo español que gustaba del periodismo

Nacido en 1744, se suicida en 1811. Aunque participa de los principios de la Ilustración con una prosa clara, concisa, sencilla y con visos de verosimilitud muy cercana al periodismo, adelanta el Romanticismo literario. Sus escritos satíricos y críticos han entrado incluso en el canon y son testimonios fieles de los vicios de la época: adulterios, corrupciones, costumbres supersticiosas, atrasos económicos y de instrucción, la mala educación de la élite (lee aristocracia e, incluso, monarquía) pasan por su pluma inteligente y mordaz. 

5.- Leandro Fernández  de Moratín 

Nace en Madrid en 1760 y muere en París en 1828 donde estaba exiliado. Sus obras se encuadran en la poesía (que cultivaba desde joven), la sátira y el teatro. En estas últimas se dedica a criticar y a satirizar todos los vicios y costumbres de la época llegando, incluso, a granjearse enemistades importantes. Vivió sin apuros económicos gracias al mecenazgo de Floridablanca, uno de los ministros más poderosos del reino. Durante los asaltos de la  Revolución Francesa se refugió en Inglaterra. Fue, por tanto, por educación, familia, instrucción, vida cosmopolita y profesión, uno de los intelectuales más significativos de la época. 

Otros nombres que forman parte del neoclasicismo español son José Francisco de Isla, Diego Torres Villarroel y Jose María Blanco. El movimiento, como hemos visto, a pesar del carácter patrio tan poco dado a la razón y al orden, tuvo representantes de interés y dejó bellas obras de arquitectura y literatura para la posteridad. 

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Por Candela Vizcaíno

 

 

 

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El neoclasicismo fue el primer movimiento estético de la Ilustración o del también llamado Siglo de las Luces. Y esto no fue más que el siglo XVIII, aunque las décadas finales cambió su carácter para dar paso al Romanticismo. Centrado en Europa, especialmente en Gran Bretaña, Francia y Alemania, sus ecos también llegaron a España donde no arraigó del todo debido a las particulares condiciones socioeconómicos del país. Dentro de las características del neoclasicismo nos encontramos con un apogeo de la razón (de manera exacerbada incluso) en detrimento de cualquier otra forma de conocimiento en línea con el Discurso del método de Descartes, obra publicada en 1637 y que supuso un antes y un después en la historia de la filosofía.  

Cada época tiene sus libros y el Siglo de la Luces y el neoclasicismo, como primer movimiento estético, tiene los suyos. Fundamentales son Principia (1687) donde Isaac Newton propone su afamada teoría de la gravedad y sienta las bases para la mecánica de fluidos. Importantes son Ética de (1677) de Spinoza, las obras de Kant y la Encyclopèdie de Diderot y D´Alambert que se publicarían a lo largo del siglo XVIII. Este compendio del saber fue tan fundamental que puede considerarse incluso el origen de Internet con sus artículos de conocimiento, como pretende ser este.  

10 primeras características del neoclasicismo

1.- La razón se convierte en el centro de todos los estudios ya sean académicos, científicos, de divulgación o artísticos. Se niega cualquier otro camino para acceder al saber que no provenga de la parte cerebral. Por tanto, quedan invalidados obras místicas, líricas, sentimentales o fantasiosas. 

2.- En este sentido, solo es asumible aquello que puede ser comprobado, negando cualquier opción lírica, dramática o mística. No es de extrañar, por tanto, que sea en esta época cuando se afiance el periodismo o los estudios de crítica en detrimento de cualquier otra fórmula creativa o género artístico.  

3.- A igual qu el realismo literario, una de las características del neoclasicismo es la necesidad de llegar a la verdad ya sea por comprobación o por imitación. El resultado, al negar cualquier opción de conocimiento o comunicación proveniente del inconsciente o de eso que llamamos corazón, son obras tremendamente frías.  

4.- En arquitectura nos encontramos estructuras simétricas con una fuerte inspiración de los modos romanos o griegos que se ven especialmente en los edificios con altas columnas. Sin embargo, no tomaron los mitos o formas expresivas de la literatura griega clásica. Estos edificios son hoy reconocidos bibliotecas, academias, museos o centros de investigación. De esta época son también los jardines a la francesa estructurados al máximo y delineados al extremo con una geometría que no se da nunca de forma natural. 

5.- Una de las características del neoclasicismo es un panteísmo vinculado a la naturaleza. Esto es, sin llegar al ateísmo extremo sus representantes creían en un dios universal presente en todas las cosas y de fácil comunicación de manera personal sin necesidad de estructuras eclesiásticas o sacerdotales.  

6.- Por tanto, y si ese dios sin norma inserto en todas las cosas no necesita intermediarios, hay una clara actitud anticlerical y contra todo lo que tuviera que ver con los modos y las formas eclesiásticas.  

7.- Las obras de arte, ya fueran piezas de mobiliario, edificios o de literatura tenían que seguir un orden estricto y visible. La belleza radicaba en ese orden, negando, a la par, cualquier fuente tanto de felicidad como de conocimiento proveniente del caos.  

8.- Una de las características del neoclasicismo es su fe ciega en el progreso humano y esto es fruto del auge de una burguesía positiva y pujante que se enfrenta a los estamentos de poder ya establecidos. En definitiva, hay un choque entre las nuevas clases económicas contra la rancia aristocracia y el clero anquilosado.  

9.- Esto conlleva un estado de opinión que acabaría en las primeras revoluciones sociales (lee Revolución Francesa) y la aniquilación (incluso literal como sabemos) de la monarquía en algunos países europeos. 

10.- En el orden espiritual, el neoclasicismo se centra en la vida en el planeta Tierra, en el aquí y en el ahora, en la felicidad y progreso presentes. Por tanto, niega cualquier premio o existencia de  vida futura. Ello también implica un deseo de educación de las clases más desfavorecidas,  cuyo índice de analfabetismo en aquellos momentos superaba el 70% y en países como España o Rusia este porcentaje era, incluso, más elevado.  

Otras 10 características del neoclasicismo 

11.- Todos estos movimientos van a propiciar un desplazamiento desde los ámbitos rurales hacia las incipientes urbes donde se instalan talleres y fábricas. Eso va a generar necesidades que se traducen en un nuevo urbanismo con avenidas soleadas, eliminando murallas y poniendo las bases de un saneamiento básico. En otras manifestaciones artísticas (pintura o literatura) hay un gusto por tipos urbanitas, por problemas que suceden en las ciudades y las tramas o temas se desarrollan en estos emplazamientos. 

12.- Los intelectuales se reúnen en tertulias, cafés o casinos donde debaten sobre todo tipo de temas. Eran favoritos los de política y los incipientes intentos por crear un sistema liberal donde se priorizara la enseñanza y la instrucción de todos los estratos de población. Además, se desarrollan hermandades más o menos secretas, como la masonería, que intentan hacer ver sus ideas de fraternidad y progreso en los nuevos medios de comunicación que surgen en las grandes ciudades. 

13.- Aunque en cada país estas ideas calaron de distinta manera, sí tenían una filosofía pan-universal. Esto es, para los artistas, políticos o filósofos del neoclasicismo el ser humano es el mismo sea cual sea su lugar de origen. Esto que es aceptado hoy en día, era una novedad en aquella época.  

14.- Estas características del neoclasicismo hacen que las obras de arte sean muy estructuradas, lineales, sin ese punto de corazón que venía desde antiguo. Son obras que se generan con un fin educativo casi con el fin de remover conciencias (cerebrales más bien) más que de emocionar.

15.- Por eso, apenas se desarrolla la poesía o el teatro en literatura. Asistimos a un avance de la crítica, del ensayo, del periodismo, de las fórmulas de cartas que, de alguna manera u otra, tienen un fin divulgativo o informativo más que artístico.  

16.- En arquitectura, se levantan edificios enormes para albergar las emergentes academias, centros científicos o de estudios. Se hacen emulando la tradición clásica o romana en un intento por convertir estos nuevos emplazamientos en templos laicos donde un público cada vez más amplio se forme y aprenda.  

17.- Otra de las características del neoclasicismo es que pretendían emular o realizar las obras siguiendo unos patrones, como si de recetas se trataran. Ni que decir tiene que al negar cualquier punto de creatividad o de genio artístico, estas son planas, frías y pocas han sobrevivido a los embates del tiempo. 

18.- Por primera vez en la historia se busca alcanzar la felicidad en el ámbito físico, esto es en el aquí y el ahora. Sin embargo, para ello no se recurre al conocido hedonismo de los antiguos sino más bien a una fuerza de voluntad que vendría de ese espíritu positivo burgués y, tampoco hay que negarlo, del poder de la educación racional. La anímica o inconsciente, recuerdo de nuevo, estaba totalmente negada.  

19.- Se busca la perfección en cualquier ámbito de la vida a través de la sobriedad. Esta es una de las características del neoclasicismo más evidente especialmente en arquitectura. 

20.- Por tanto, se niega cualquier artificio, barroquismo, palabra de más, florituras o adornos superfluos. Todo tiene que estar ordenado,  limpio y sin más añadidos para alcanzar un fin. Esto, ni que decir tiene, pone la creatividad casi entre rejas ensalzando un modelo imitativo que, a la postre, se agotó enseguida.  

El neoclasicismo fue un movimiento estético que surgió tras el Barroco, y por tanto, negaba los excesos (en todos los sentidos) de la época. Promulgaba una sociedad ilustrada que no se perdiera en las ilusiones de la fantasía, lo que no se conoce o no puede demostrarse. Y a la par, deseaba una fraternidad universal que se alcanzaría tras un período en el que se primara la instrucción tanto en la técnica como en las ciencias. El movimiento, a mitad del siglo XVIII, comenzó a cambiar parte de esas características del neoclasicismo que hemos visto para dar paso al prerromanticismo. 

 

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Por Candela Vizcaíno

 

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El arte es lo que queda cuando todo ha pasado. Es lo inmutable dentro del cambio. Es la belleza en un mundo en caos. El arte es parte importante de este sitio. Intentamos comprenderlo. 

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El neoclasicismo fue el primer movimiento estético de la Ilustración o del también llamado Siglo de las Luces. Y esto no fue más que el siglo XVIII, aunque las décadas finales cambió su carácter para dar paso al Romanticismo. Centrado en Europa, especialmente en Gran Bretaña, Francia y Alemania, sus ecos también llegaron a España donde no arraigó del todo debido a las particulares condiciones socioeconómicos del país. Dentro de las características del neoclasicismo nos encontramos con un apogeo de la razón (de manera exacerbada incluso) en detrimento de cualquier otra forma de conocimiento en línea con el Discurso del método de Descartes, obra publicada en 1637 y que supuso un antes y un después en la historia de la filosofía.  

Cada época tiene sus libros y el Siglo de la Luces y el neoclasicismo, como primer movimiento estético, tiene los suyos. Fundamentales son Principia (1687) donde Isaac Newton propone su afamada teoría de la gravedad y sienta las bases para la mecánica de fluidos. Importantes son Ética de (1677) de Spinoza, las obras de Kant y la Encyclopèdie de Diderot y D´Alambert que se publicarían a lo largo del siglo XVIII. Este compendio del saber fue tan fundamental que puede considerarse incluso el origen de Internet con sus artículos de conocimiento, como pretende ser este.  

10 primeras características del neoclasicismo

1.- La razón se convierte en el centro de todos los estudios ya sean académicos, científicos, de divulgación o artísticos. Se niega cualquier otro camino para acceder al saber que no provenga de la parte cerebral. Por tanto, quedan invalidados obras místicas, líricas, sentimentales o fantasiosas. 

2.- En este sentido, solo es asumible aquello que puede ser comprobado, negando cualquier opción lírica, dramática o mística. No es de extrañar, por tanto, que sea en esta época cuando se afiance el periodismo o los estudios de crítica en detrimento de cualquier otra fórmula creativa o género artístico.  

3.- A igual qu el realismo literario, una de las características del neoclasicismo es la necesidad de llegar a la verdad ya sea por comprobación o por imitación. El resultado, al negar cualquier opción de conocimiento o comunicación proveniente del inconsciente o de eso que llamamos corazón, son obras tremendamente frías.  

4.- En arquitectura nos encontramos estructuras simétricas con una fuerte inspiración de los modos romanos o griegos que se ven especialmente en los edificios con altas columnas. Sin embargo, no tomaron los mitos o formas expresivas de la literatura griega clásica. Estos edificios son hoy reconocidos bibliotecas, academias, museos o centros de investigación. De esta época son también los jardines a la francesa estructurados al máximo y delineados al extremo con una geometría que no se da nunca de forma natural. 

5.- Una de las características del neoclasicismo es un panteísmo vinculado a la naturaleza. Esto es, sin llegar al ateísmo extremo sus representantes creían en un dios universal presente en todas las cosas y de fácil comunicación de manera personal sin necesidad de estructuras eclesiásticas o sacerdotales.  

6.- Por tanto, y si ese dios sin norma inserto en todas las cosas no necesita intermediarios, hay una clara actitud anticlerical y contra todo lo que tuviera que ver con los modos y las formas eclesiásticas.  

7.- Las obras de arte, ya fueran piezas de mobiliario, edificios o de literatura tenían que seguir un orden estricto y visible. La belleza radicaba en ese orden, negando, a la par, cualquier fuente tanto de felicidad como de conocimiento proveniente del caos.  

8.- Una de las características del neoclasicismo es su fe ciega en el progreso humano y esto es fruto del auge de una burguesía positiva y pujante que se enfrenta a los estamentos de poder ya establecidos. En definitiva, hay un choque entre las nuevas clases económicas contra la rancia aristocracia y el clero anquilosado.  

9.- Esto conlleva un estado de opinión que acabaría en las primeras revoluciones sociales (lee Revolución Francesa) y la aniquilación (incluso literal como sabemos) de la monarquía en algunos países europeos. 

10.- En el orden espiritual, el neoclasicismo se centra en la vida en el planeta Tierra, en el aquí y en el ahora, en la felicidad y progreso presentes. Por tanto, niega cualquier premio o existencia de  vida futura. Ello también implica un deseo de educación de las clases más desfavorecidas,  cuyo índice de analfabetismo en aquellos momentos superaba el 70% y en países como España o Rusia este porcentaje era, incluso, más elevado.  

Otras 10 características del neoclasicismo 

11.- Todos estos movimientos van a propiciar un desplazamiento desde los ámbitos rurales hacia las incipientes urbes donde se instalan talleres y fábricas. Eso va a generar necesidades que se traducen en un nuevo urbanismo con avenidas soleadas, eliminando murallas y poniendo las bases de un saneamiento básico. En otras manifestaciones artísticas (pintura o literatura) hay un gusto por tipos urbanitas, por problemas que suceden en las ciudades y las tramas o temas se desarrollan en estos emplazamientos. 

12.- Los intelectuales se reúnen en tertulias, cafés o casinos donde debaten sobre todo tipo de temas. Eran favoritos los de política y los incipientes intentos por crear un sistema liberal donde se priorizara la enseñanza y la instrucción de todos los estratos de población. Además, se desarrollan hermandades más o menos secretas, como la masonería, que intentan hacer ver sus ideas de fraternidad y progreso en los nuevos medios de comunicación que surgen en las grandes ciudades. 

13.- Aunque en cada país estas ideas calaron de distinta manera, sí tenían una filosofía pan-universal. Esto es, para los artistas, políticos o filósofos del neoclasicismo el ser humano es el mismo sea cual sea su lugar de origen. Esto que es aceptado hoy en día, era una novedad en aquella época.  

14.- Estas características del neoclasicismo hacen que las obras de arte sean muy estructuradas, lineales, sin ese punto de corazón que venía desde antiguo. Son obras que se generan con un fin educativo casi con el fin de remover conciencias (cerebrales más bien) más que de emocionar.

15.- Por eso, apenas se desarrolla la poesía o el teatro en literatura. Asistimos a un avance de la crítica, del ensayo, del periodismo, de las fórmulas de cartas que, de alguna manera u otra, tienen un fin divulgativo o informativo más que artístico.  

16.- En arquitectura, se levantan edificios enormes para albergar las emergentes academias, centros científicos o de estudios. Se hacen emulando la tradición clásica o romana en un intento por convertir estos nuevos emplazamientos en templos laicos donde un público cada vez más amplio se forme y aprenda.  

17.- Otra de las características del neoclasicismo es que pretendían emular o realizar las obras siguiendo unos patrones, como si de recetas se trataran. Ni que decir tiene que al negar cualquier punto de creatividad o de genio artístico, estas son planas, frías y pocas han sobrevivido a los embates del tiempo. 

18.- Por primera vez en la historia se busca alcanzar la felicidad en el ámbito físico, esto es en el aquí y el ahora. Sin embargo, para ello no se recurre al conocido hedonismo de los antiguos sino más bien a una fuerza de voluntad que vendría de ese espíritu positivo burgués y, tampoco hay que negarlo, del poder de la educación racional. La anímica o inconsciente, recuerdo de nuevo, estaba totalmente negada.  

19.- Se busca la perfección en cualquier ámbito de la vida a través de la sobriedad. Esta es una de las características del neoclasicismo más evidente especialmente en arquitectura. 

20.- Por tanto, se niega cualquier artificio, barroquismo, palabra de más, florituras o adornos superfluos. Todo tiene que estar ordenado,  limpio y sin más añadidos para alcanzar un fin. Esto, ni que decir tiene, pone la creatividad casi entre rejas ensalzando un modelo imitativo que, a la postre, se agotó enseguida.  

El neoclasicismo fue un movimiento estético que surgió tras el Barroco, y por tanto, negaba los excesos (en todos los sentidos) de la época. Promulgaba una sociedad ilustrada que no se perdiera en las ilusiones de la fantasía, lo que no se conoce o no puede demostrarse. Y a la par, deseaba una fraternidad universal que se alcanzaría tras un período en el que se primara la instrucción tanto en la técnica como en las ciencias. El movimiento, a mitad del siglo XVIII, comenzó a cambiar parte de esas características del neoclasicismo que hemos visto para dar paso al prerromanticismo. 

 

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Por Candela Vizcaíno

 

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De todos las historias de la cultura mexicana (que son muchas) una de ellas ha traspasado todo tipo de fronteras. Y esta es la leyenda de La Llorona. Este personaje mítico, símbolo universal, se ha convertido, por sí mismo, en hipotexto. Y explico la palabreja. Esto es, por ella misma es protagonista de otras manifestaciones culturales ya sean películas (aparece incluso un trasunto en la afamada película Coco), canciones (recordemos la versión magistral de Chavela Vargas), pinturas, personajes… La Llorona, además, no solo ha superado los avatares del tiempo (ya que este personaje se conoce desde hace siglos) sino también del espacio. La Llorona y su leyenda ya es conocida en emplazamientos distintos al país en el que nace: México. ¿Te atreves a conocer su cruel verdad? 

¿Quién es la protagonista de la leyenda de La Llorona y cómo se representa?

A La Llorona se le representa como una mujer joven, delgada, de pelo largo hasta la cintura, con un vestido que le cubre todo el cuerpo, con un velo en la cara, en tonos negruzcos y/o azulados… Se la ve en los alrededores de los ríos y en las calles solitarias al anochecer.  Espanta a todo el que se cruza con ella y no solo por su aspecto físico, si no fuera suficiente para insuflarnos pavor. Y es que la imagen susurra o grita (según las versiones) un “!Ay de mí!” o un “¡Ay de mis hijos!” con una voz lastimera que se nos antoja salida de una cueva oscura. Esto es, la protagonista de esta leyenda tiene todos los rasgos de un fantasma auténtico. Pero, ¿qué ocurrió para que una señora bella se convirtiera en un espectro de tal calibre?  

La triste y cruel leyenda de La Llorona 

Cuentas las crónicas que la protagonista de la leyenda de La Llorona vivió en los primeros años de la época colonial, justo cuando los primeros españoles llegaron a tierras mexicanas. Con ellos llegó el historiador Bernal Díaz del Castillo, el mismo que escribió Historia verdadera de la conquista de Nueva España, obra que está en el origen de la conocida leyenda negra española. A ese mundo pertenecía la joven protagonista de La Llorona, una hermosa indígena enamorada a más no poder (hasta el capricho obsesivo o pasional) de un caballero castellano (luego se demostró que no era tal). Con él inició una convivencia vista con malos ojos por ambas culturas. Pero el amor de la mujer era tan grande que no tuvo inconveniente en tener con su amado dos hijos (un niño y una niña, según las versiones apócrifas).  Mientras tanto, las promesas de matrimonio por parte del hombre eran aplazadas sistemáticamente hasta que un día algo pasó que La Llorona comprendió que la boda no se iba a celebrar jamás.  

Eso que pasó difiere de las versiones. Hay quienes dicen que el caballero volvió a España y en su tierra se desposó con una dama noble. Otros que, sencillamente, dijo que no a las demandas de matrimonio de nuestra protagonista. Otros que la humillación fue aún mayor y que ese casamiento se celebró en tierras mexicanas (siendo la novia una joven noble) a la vista de La Llorona. Si nos atenemos a esta versión,  con ese acto el caballero español puso en evidencia el desprecio del amor de La Llorona. Además, los pequeños nacidos de esta unión se quedarían en un limbo legal pasando a ser considerados bastardos, y, por tanto, sin derechos. No hace falta que recuerde aquí que un acto de esta envergadura en aquella época significaba condenar a la indigencia total a madre y vástagos.  La leyenda de La Llorona continúa con la locura de la joven al verse ninguneada de tal manera por su amado. Ésta presa de resentimiento por lo sucedido, ira, odio y dolor se dirige al río cercano para consumar una cruel venganza.  Allí, sin escuchar los susurros de madre, asesina a sus niños inocentes. 

¿Qué pasó después en la leyenda de La Llorona para que esta se convirtiera en un espectro aterrador? 

Al darse cuenta del crimen que había cometido (o castigada por fuerzas divinas), la joven se arroja a las aguas y allí se deja morir en un intento falaz por purgar sus actos. Pero su pecado fue demasiado grave. Y La Llorona no podía descansar en paz en vista de los actos horrendos que había cometido. Por eso, fue condenada al lamento eterno, a revivir una y otra vez su acción abominable sin posibilidad ni de redención ni de perdón. Sin descanso solo queda la opción del infierno o de habitar el mundo de los espectros. Fue así como se convirtió en un fantasma que aterroriza a todos los que se cruzan por la noche en las calles solitarias y en los márgenes de los ríos.  Con su presencia aterradora nos recuerda y nos previene sobre los peligros de los celos, la ira y las pasiones sin sentido. 

El origen de la leyenda de La Llorona

Aunque el mito pertenece a la cultura mexicana, hay versiones similares en buena parte de Hispanoamérica. Tenemos investigaciones que nos sitúan a este personaje mucho más atrás en el tiempo de la época colonial con mitos antiguos que se remontan a la época aztecas o, incluso, a leyendas precolombinas muy anteriores. Si a esto unimos que las narraciones de la madre que mata, por celos, odio o venganza hacia el padre, a sus propios hijos se encuentra en la literatura griega o en la Biblia, la Llorona es un mito que supera el tiempo. Esto es, la mujer que asesina a sus hijos está inmersa en el inconsciente colectivo universal. 

La leyenda de la Llorona y el símbolo universal de la madre tóxica 

Simbolizaría, por tanto, el pecado más abominable e iría más allá de la madre tóxica tal como se la conoce hoy en día. Sus actos van contra toda naturaleza al matar a su progenie, que son el trasunto de ella misma. La Llorana se convertiría así en una madre que, llevada por la ira, nunca ha sentido amor por el padre, solo pasión. A la par su espíritu de narcisista es incapaz de ver aquello de bueno que a ella misma le pertenece: sus hijos. 

Como el pecado es tan grande, el delito tan aterrador que supera un asesinato normal (si así puede calificarse al robo de la vida a un ser humano), la única salida posible es convertirse en un espectro. Por tanto, la leyenda de La Llorona pone ante nosotros lo más terrible y las sombras más oscuras que pueden llegar a habitar en nuestro interior. Por eso, nos previene contra nosotros mismos, contra el mal que se agazapa en un alma que no se trabaja. La Llorona s más que un psicópata. Es alguien que se mueve por pasiones sin pararse a pensar en las consecuencias de sus actos. 

La leyenda de la Llorona en otros países y culturas 

Esa madre que mata, por despecho, a sus hijos, que castiga al padre y, por ende, a ella misma, es el trasunto de lo más destructivo que habita en el ser humano. Por eso, con toda probabilidad la leyenda de la Llorona tenga su origen en un mujer despechada por su compañero sentimental y no en un asesinato común como apuntan otras versiones. Esto es, si los pequeños murieron por enfermedad o en manos de terceras personas es normal el dolor de La Llorona y sus actos, por supuesto, no tienen por qué ser castigados. Es más, ella merece nuestra compasión. Sin embargo, a resbalarse hacia lo más profundo de la oscuridad humana, La Llorona se alza no ya como una leyenda local sino como un arquetipo universal. Por eso, ella tuvo que cometer el acto más abominable que pueda ejecutar un ser humano. 

Su grito desgarrador de pena sin límites, angustia sin consuelo y quizás de remordimiento se ha echo un hueco en las leyendas universales que han traspasado el tiempo. Tanto nos recuerda lo que nunca debemos hacer bajo ningún concepto que La Llorona (a pesar de ser un ser aterrador) no es demasiado popular en Halloween. Le tenemos un respeto mayor que a zombis y asesinos con ínfulas de carnicero. Quizás sea porque, en el fondo, sabemos que este tipo de seres no existen en realidad y, sin embargo, el mal que nos pone cara a cara la leyenda de La Llorona está dentro de nosotros. Y es mejor dejarlo quieto. ¡Por si acaso!  

En la leyenda de La Llorona, la madre aparece siempre en soledad. Sus hijos no la acompañan. Está inmersa en una búsqueda eterna e insaciable. Por eso, este personaje es utilizado para atemorizar a los pequeños que se portan mal. Ella busca a sus retoños y quizás algún día se lleve a cualquier niño que satisfaga momentáneamente sus ansias de maternidad verdadera. 

Por Candela Vizcaíno

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De todos las historias de la cultura mexicana (que son muchas) una de ellas ha traspasado todo tipo de fronteras. Y esta es la leyenda de La Llorona. Este personaje mítico, símbolo universal, se ha convertido, por sí mismo, en hipotexto. Y explico la palabreja. Esto es, por ella misma es protagonista de otras manifestaciones culturales ya sean películas (aparece incluso un trasunto en la afamada película Coco), canciones (recordemos la versión magistral de Chavela Vargas), pinturas, personajes… La Llorona, además, no solo ha superado los avatares del tiempo (ya que este personaje se conoce desde hace siglos) sino también del espacio. La Llorona y su leyenda ya es conocida en emplazamientos distintos al país en el que nace: México. ¿Te atreves a conocer su cruel verdad? 

¿Quién es la protagonista de la leyenda de La Llorona y cómo se representa?

A La Llorona se le representa como una mujer joven, delgada, de pelo largo hasta la cintura, con un vestido que le cubre todo el cuerpo, con un velo en la cara, en tonos negruzcos y/o azulados… Se la ve en los alrededores de los ríos y en las calles solitarias al anochecer.  Espanta a todo el que se cruza con ella y no solo por su aspecto físico, si no fuera suficiente para insuflarnos pavor. Y es que la imagen susurra o grita (según las versiones) un “!Ay de mí!” o un “¡Ay de mis hijos!” con una voz lastimera que se nos antoja salida de una cueva oscura. Esto es, la protagonista de esta leyenda tiene todos los rasgos de un fantasma auténtico. Pero, ¿qué ocurrió para que una señora bella se convirtiera en un espectro de tal calibre?  

La triste y cruel leyenda de La Llorona 

Cuentas las crónicas que la protagonista de la leyenda de La Llorona vivió en los primeros años de la época colonial, justo cuando los primeros españoles llegaron a tierras mexicanas. Con ellos llegó el historiador Bernal Díaz del Castillo, el mismo que escribió Historia verdadera de la conquista de Nueva España, obra que está en el origen de la conocida leyenda negra española. A ese mundo pertenecía la joven protagonista de La Llorona, una hermosa indígena enamorada a más no poder (hasta el capricho obsesivo o pasional) de un caballero castellano (luego se demostró que no era tal). Con él inició una convivencia vista con malos ojos por ambas culturas. Pero el amor de la mujer era tan grande que no tuvo inconveniente en tener con su amado dos hijos (un niño y una niña, según las versiones apócrifas).  Mientras tanto, las promesas de matrimonio por parte del hombre eran aplazadas sistemáticamente hasta que un día algo pasó que La Llorona comprendió que la boda no se iba a celebrar jamás.  

Eso que pasó difiere de las versiones. Hay quienes dicen que el caballero volvió a España y en su tierra se desposó con una dama noble. Otros que, sencillamente, dijo que no a las demandas de matrimonio de nuestra protagonista. Otros que la humillación fue aún mayor y que ese casamiento se celebró en tierras mexicanas (siendo la novia una joven noble) a la vista de La Llorona. Si nos atenemos a esta versión,  con ese acto el caballero español puso en evidencia el desprecio del amor de La Llorona. Además, los pequeños nacidos de esta unión se quedarían en un limbo legal pasando a ser considerados bastardos, y, por tanto, sin derechos. No hace falta que recuerde aquí que un acto de esta envergadura en aquella época significaba condenar a la indigencia total a madre y vástagos.  La leyenda de La Llorona continúa con la locura de la joven al verse ninguneada de tal manera por su amado. Ésta presa de resentimiento por lo sucedido, ira, odio y dolor se dirige al río cercano para consumar una cruel venganza.  Allí, sin escuchar los susurros de madre, asesina a sus niños inocentes. 

¿Qué pasó después en la leyenda de La Llorona para que esta se convirtiera en un espectro aterrador? 

Al darse cuenta del crimen que había cometido (o castigada por fuerzas divinas), la joven se arroja a las aguas y allí se deja morir en un intento falaz por purgar sus actos. Pero su pecado fue demasiado grave. Y La Llorona no podía descansar en paz en vista de los actos horrendos que había cometido. Por eso, fue condenada al lamento eterno, a revivir una y otra vez su acción abominable sin posibilidad ni de redención ni de perdón. Sin descanso solo queda la opción del infierno o de habitar el mundo de los espectros. Fue así como se convirtió en un fantasma que aterroriza a todos los que se cruzan por la noche en las calles solitarias y en los márgenes de los ríos.  Con su presencia aterradora nos recuerda y nos previene sobre los peligros de los celos, la ira y las pasiones sin sentido. 

El origen de la leyenda de La Llorona

Aunque el mito pertenece a la cultura mexicana, hay versiones similares en buena parte de Hispanoamérica. Tenemos investigaciones que nos sitúan a este personaje mucho más atrás en el tiempo de la época colonial con mitos antiguos que se remontan a la época aztecas o, incluso, a leyendas precolombinas muy anteriores. Si a esto unimos que las narraciones de la madre que mata, por celos, odio o venganza hacia el padre, a sus propios hijos se encuentra en la literatura griega o en la Biblia, la Llorona es un mito que supera el tiempo. Esto es, la mujer que asesina a sus hijos está inmersa en el inconsciente colectivo universal. 

La leyenda de la Llorona y el símbolo universal de la madre tóxica 

Simbolizaría, por tanto, el pecado más abominable e iría más allá de la madre tóxica tal como se la conoce hoy en día. Sus actos van contra toda naturaleza al matar a su progenie, que son el trasunto de ella misma. La Llorana se convertiría así en una madre que, llevada por la ira, nunca ha sentido amor por el padre, solo pasión. A la par su espíritu de narcisista es incapaz de ver aquello de bueno que a ella misma le pertenece: sus hijos. 

Como el pecado es tan grande, el delito tan aterrador que supera un asesinato normal (si así puede calificarse al robo de la vida a un ser humano), la única salida posible es convertirse en un espectro. Por tanto, la leyenda de La Llorona pone ante nosotros lo más terrible y las sombras más oscuras que pueden llegar a habitar en nuestro interior. Por eso, nos previene contra nosotros mismos, contra el mal que se agazapa en un alma que no se trabaja. La Llorona s más que un psicópata. Es alguien que se mueve por pasiones sin pararse a pensar en las consecuencias de sus actos. 

La leyenda de la Llorona en otros países y culturas 

Esa madre que mata, por despecho, a sus hijos, que castiga al padre y, por ende, a ella misma, es el trasunto de lo más destructivo que habita en el ser humano. Por eso, con toda probabilidad la leyenda de la Llorona tenga su origen en un mujer despechada por su compañero sentimental y no en un asesinato común como apuntan otras versiones. Esto es, si los pequeños murieron por enfermedad o en manos de terceras personas es normal el dolor de La Llorona y sus actos, por supuesto, no tienen por qué ser castigados. Es más, ella merece nuestra compasión. Sin embargo, a resbalarse hacia lo más profundo de la oscuridad humana, La Llorona se alza no ya como una leyenda local sino como un arquetipo universal. Por eso, ella tuvo que cometer el acto más abominable que pueda ejecutar un ser humano. 

Su grito desgarrador de pena sin límites, angustia sin consuelo y quizás de remordimiento se ha echo un hueco en las leyendas universales que han traspasado el tiempo. Tanto nos recuerda lo que nunca debemos hacer bajo ningún concepto que La Llorona (a pesar de ser un ser aterrador) no es demasiado popular en Halloween. Le tenemos un respeto mayor que a zombis y asesinos con ínfulas de carnicero. Quizás sea porque, en el fondo, sabemos que este tipo de seres no existen en realidad y, sin embargo, el mal que nos pone cara a cara la leyenda de La Llorona está dentro de nosotros. Y es mejor dejarlo quieto. ¡Por si acaso!  

En la leyenda de La Llorona, la madre aparece siempre en soledad. Sus hijos no la acompañan. Está inmersa en una búsqueda eterna e insaciable. Por eso, este personaje es utilizado para atemorizar a los pequeños que se portan mal. Ella busca a sus retoños y quizás algún día se lleve a cualquier niño que satisfaga momentáneamente sus ansias de maternidad verdadera. 

Por Candela Vizcaíno

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En apariencia, el pueblo japonés es inflexible y reacio a cualquier influencia del exterior. Pero eso solo es en apariencia. De hecho, en el País del Sol Naciente conviven sin ningún problemas varias religiones. Desde el shinto o sinto (local) hasta el cristianismo pasando por el budismo y el taoísmo (que no pueden considerarse religiones en sí). Para la cultura japonesa la naturaleza  por sí misma (y simplificando mucho) es una entidad divina. Los ríos, las montañas, las piedras o los árboles tienen carácter sagrado. Es como la manifestación de lo otro en la tierra. Por eso ponen tanto cuidado en los ritos y tradiciones que se celebran (en la gran mayoría de los casos) en un espacio natural. Y en estos emplazamientos tienen lugar estas cinco leyendas japonesas de terror o de miedo. 

De los bosques, de los ríos, de las montañas, de la bruma o de la lluvia surgen seres míticos, personajes fantásticos, a medio camino entre la divinidad y el folclore que forman parte tanto del Japón tradicional como del más tecnológico. Las representaciones de estas divinidades se encuentran en los libros, pero también en las calles o en los rincones de cualquier templo o jardín. Forman parte, además, de costumbres, de tradiciones y de fiestas muy arraigadas. Hoy te traigo cinco que son imprescindibles: 1) Yuki-onna o la Reina de las Nieves, 2) Kitsuné, el zorro embaucador, 3) Inari o los duendes burlones, 4) los peligrosos tengus de las montañas y 5) el oni, el ogro peligroso que te conduce hacia tu lado oscuro.

¿Nos damos una vuelta por una mínima parte de la cultura japonesa con estos cinco seres míticos?

1.- Yuki-onna, la Reina de las leyendas japonesas de las nieves y las tempestades

Narraciones hay que nos describen a esta hermosa, enigmática y seductora divinidad entrando en las puertas traseras de las casas, en las encrucijadas o confundiendo a viandantes en lugares apartados. Sin embargo, Yuki-onna, es uno de los seres míticos vinculados a las montañas (que en Japón tienen un fuerte carácter sagrado).

yuki onna

Es un espíritu poco definido, transformable, versátil, que se aparece en las cumbres nevadas cuando hay ventiscas o cuando la naturaleza se pone difícil. No hay yamabushi (practicantes de shugendô, ejercicios de mejoramiento espiritual en las cimas montañosas) que no haya bajado a los valles diciendo que no se ha encontrado con alguna. Yuki-onna seduce con su canto y adormece a su víctima hasta dejarla convertida en un trozo de hielo.

Personaje de la cultura japonesa, su origen se remonta a la antigua China, donde existe una reina terrible que pone a prueba el corazón de todo aquel que se atreve a adentrarse en una montaña. Aunque hay quienes la describen como una anciana contrahecha, coja, tuerta y fea, la mayoría de los yamabushi que se han encontrado con ella hablan de una belleza tan arrebatadora que es imposible no sucumbir a sus cantos y encantos.  Las leyendas japonesas la describen de líneas estilizadas, piel como nácar, belleza casi imposible, largo pelo sedoso y tan misteriosa que el montañero que con ella se topa no puede resistirse y, al pronto, quiere formar una unión con tan bella reina. El precio a pagar por tal arrogancia y temeridad es la confusión (al ir tras ella), el cansancio, el agotamiento, la caída, el enfriamiento del corazón, la conversión en hielo y, por tanto, la muerte por congelación.

¿Cómo es Yuki-Onna, la protagonista de las leyendas japonesas de las nieves?

Los que han vencido a este ser mitológico de la cultura japonesa la describen con un largo kimono de color blanco suave, sedoso y transparente y de apariencia humana. Parece que flota por la nieve y no deja huellas. Solo se descubre que no pertenece al mundo de los mortales cuando se la mira a los ojos. Si se logra enfrentarse cara a cara porque Yuki-onna aparece, desaparece, se confunde con la nieve, con las nubes, con las ventiscas. El humano la sigue, la persigue. Cree que la atrapado, que la puede besar y al pronto solo tiene escarcha en sus manos. Se vuelve loco por tanta belleza hasta que se olvida del camino, cae por un precipicio o abatido en el frío. Es así como Yuki-onna se va alimentando de los corazones convertidos en hielo.

Hay quienes tienen más suerte y Yuki-onna muestra un cierto apego por ellos y esta Reina de las Nieves (la más enigmática de todos los seres míticos de Japón) lo ayuda a encontrar el camino perdido.  La fría vengadora se conmueve ante los corazones cálidos, fuertes y valientes permitiendo que salgan de la montaña. Sin embargo, solo a partir de la era Meiji (que comienza en 1868) Yuki-onna demostró esta faceta. Con anterioridad era una figura despiadada.

De entre todos los seres mitológicos es uno de los que más popularidad tiene y lo encontramos en relatos de todo tipo, incluso de occidentales como el de Lafcadio Hearn, recogido en su volumen de 1904 Kwaidan. Narraciones y estudios de hechos curiosos del Japón. También tiene notable éxito entre los creadores de manga y en el cine. Cito, por ejemplo, Los sueños de Akira Kurosawa (1990) o Kwaidan (1965) de Misaki Kobayasi. En los videojuegos  aparece en La Leyenda de Zelda para Nintendo, por poner solo un caso.

2.- Kitsuné, el zorro de las leyendas japonesas mensajero de los dioses

KitsuneAunque se confunde a veces con Inari, el dios de las cosechas en Japón, Kitsuné tiene su identidad propia. Su origen se encuentra en los seres mitológicos del panteón budista, ya que tiene parecidos con Dakinite, la cual es una bodhisattva (iluminada) femenina que lleva como mascota un zorro.  Sin embargo, el zorro ha aparecido en la cultura japonesa como símbolo de la transgresión, de lo prohibido y, también de los seres que se atreven a cruzar las fronteras; esto es, a ir de un mundo a otro. 

En las leyendas japonesas Kitsuné aparece en los días de niebla o cuando hay lluvia, en los atardeceres de otoño y primavera. Hay que tener cuidado con las zonas pantanosas o los márgenes de los ríos porque el astuto Kitsuné es peligroso y te puede llevar a terrenos nos deseados. Es uno de los seres mitológicos que se aparecen a aquellos que se atreven a poner en cuestión el orden establecido. Los que inician su propio camino de búsqueda, al margen de la sociedad, necesitan la protección de Kitsuné.

De todos los seres míticos de la cultura japonesa es uno de los que más aparecen en estatuas y dibujos, ya que ponen en alerta a los fieles sobre la peligrosidad de embarcarse en caminos pocos hollados.

 

3.-Las leyendas japonesas que tienen como protagonista al invisible Inari, el dios de las cosechas de Japón

inariEs el protector del arroz, de los caminos, de los mercaderes, de los que tienen que recorrer distancias. Es también el responsable de la fertilidad, el que pone de acuerdo al resto de los seres míticos para que haya prosperidad. Es un ente invisible, de muy difícil representación que no se sabe si pertenece al panteón budista, sintoísta o del Tao. Por si acaso, se le reza y se le pide protección porque, a pesar de que es benefactor, también hace de las suyas.  Es una entidad animista muy unida a los genios locales y familiares. Su nombre significa “semilla, arroz, sagrado” .  Pertenece a los seres mitológicos calificados como kami. Es como una especie de dios vacío que se adopta desde niño al que se acude para solicitar todo tipo de dones.

Es originario de Kyoto, de las montañas de los tres picos (Toyokawa). Es inclasificable y escurridizo. Por eso, no se debe enfadar. A veces, se vale de los zorros, de Kitsuné, para hacer llegar sus mensajes a los hombres. En la cultura japonesa se recurre a Inari para pedir prosperidad económica.

4.- Las leyendas japonesas sobre los tengu, los duendes de la cultura japonesa

En Japón, existe desde antiguo una costumbre que consiste en escalar una montaña no solo por el mero placer deportivo, sino también, como ejercicio de iniciación. El rito, necesario para ejercer como sacerdote local, es conocido con el nombre de shugendô y entraña peligros diversos. 

seres mitologicosA los inherentes del lugar (frío, falta de aire, nieve, tormentas, aludes, escasez de provisiones y cansancio) se une la presencia de Yuki-onna y de los tengu, una especie de duendecillos que complican aún más, si cabe, el ascenso. Los tengu, además, no residen exclusivamente en las montañas, ya que, como los duendes occidentales, habitan en todos los rincones posibles. 

Las leyendas japonesas lo describen con facilidad para el enfado y la cólera. En cualquier momento puede entender que el mortal está invadiendo su territorio y se valdrá de mil argucias para confundirlo, aterrarlo y hacer que tenga una accidente. Por eso hay que ser precavidos cuando se suben montañas o se adentra en espacios conocidos, aunque los tengus también hacen trastadas en el ámbito doméstico.

Tienen el don de la invisibilidad, la fortaleza para mover piedras, la liviandad para poder volar, desaparecen y aparecen en un instante. Confunden con sus risas. Se transforman en animales salvajes o en seductoras figuras femeninas.

Son seres mitológicos pero no son kami. Así que no se les reza. Son demonios con los que se negocian favores o, en último extremo que no hagan mucho daño al común de los mortales. Aparecen en las montañas, por supuesto, pero también en otros emplazamientos llegando a ser personajes imprescindibles de la cultura japonesa. Son demonios burlones propensos a la burla y confundir a los mortales. Estos seres mitológicos son también frecuentes en el teatro Nô de Japón y se representan con las máscaras de un intenso color rojo (que señalan la ira) y con una enorme nariz (como Pinocho, aluden a la mentira o  la confusión). Forman parte de las leyendas japonesas de terror más conocidas. 

5.- Las leyendas japonesas de terror con el oni, representación de todo lo malo que hay en el ser humano

OniEl oni japonés es el correlato oriental de los ogros de Occidente, aunque su personalidad es de una complejidad más aterradora. Cuando aparece en escritos y esculturas lleva un pelo largo muy revuelto, enormes dientes abiertos que le otorgan un aspecto brutal, garras terminadas en uñas afiladas, la piel de un tono rojo, morado o azul brillante y, para rematar, siempre luce unos cuernos retorcidos. Semidesnudo, no se separa de su garrote de hierro dispuesto a multiplicar su fuerza con ese instrumento. 

Su hábitat natural son las profundidades del averno de donde sale para atemorizar a todo mortal que se ponga en su camino. Por eso, se les atribuye casi todos los males que sobre el planeta Tierra hay, desde desastres naturales hasta disturbios sociales. En el Ise Monogatari o Romance de Ise (siglo X) y el Heike monogatari (Romance de Heike) se les representa como caníbal y con la posibilidad de transformarse en prácticamente cualquier cosa.

Se le identifica con lo que está fuera del sistema, lo que amenaza para pervertir, con el enemigo, con el manipulador. Se reviste, a veces, de impronta sexual. Es, en definitiva, el símbolo de los monstruos interiores. Es el demonio de aquellos que se dejan seducir por el lado instintivo, fácil, carnal, peligroso, problemático y destructor.

Es seductor pero no como Yuki-onna. Es más brutal y, se va empapando de todo lo malo de la sociedad. Así, de todos los seres míticos de la cultura japonesa, es el Oni el que cada vez más se va situando en el polo más negativo del hombre. Cada vez se le representa más brutal, sádico y aniquilador, mientras que, en siglos pasados, aún siendo negativo, mantenía un cierto aire de misterio. Al día de hoy es transparente en toda su maldad. Son los seres mitológicos más frecuentes en las leyendas japonesas de terror que aún hoy perduran. 

La figura del oni mediante esculturas es muy común en los exteriores japoneses. Actúa casi como advertencia, de manera aleccionadora de los peligros de resbalarse por el lado oscuro del alma.

Si viajas por Japón veras estos seres mitológicos representados de mil maneras distintas.

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Por Candela Vizcaíno

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Libros y palabras, poemas y cuentos, pausas y tertulias, recursos estilísticos, autores que nos inspiran, estilos que nos atrapan... Literatura de todos los tiempos y de todos los lugares que nos ayudan a viajar por el mundo. 

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En apariencia, el pueblo japonés es inflexible y reacio a cualquier influencia del exterior. Pero eso solo es en apariencia. De hecho, en el País del Sol Naciente conviven sin ningún problemas varias religiones. Desde el shinto o sinto (local) hasta el cristianismo pasando por el budismo y el taoísmo (que no pueden considerarse religiones en sí). Para la cultura japonesa la naturaleza  por sí misma (y simplificando mucho) es una entidad divina. Los ríos, las montañas, las piedras o los árboles tienen carácter sagrado. Es como la manifestación de lo otro en la tierra. Por eso ponen tanto cuidado en los ritos y tradiciones que se celebran (en la gran mayoría de los casos) en un espacio natural. Y en estos emplazamientos tienen lugar estas cinco leyendas japonesas de terror o de miedo. 

De los bosques, de los ríos, de las montañas, de la bruma o de la lluvia surgen seres míticos, personajes fantásticos, a medio camino entre la divinidad y el folclore que forman parte tanto del Japón tradicional como del más tecnológico. Las representaciones de estas divinidades se encuentran en los libros, pero también en las calles o en los rincones de cualquier templo o jardín. Forman parte, además, de costumbres, de tradiciones y de fiestas muy arraigadas. Hoy te traigo cinco que son imprescindibles: 1) Yuki-onna o la Reina de las Nieves, 2) Kitsuné, el zorro embaucador, 3) Inari o los duendes burlones, 4) los peligrosos tengus de las montañas y 5) el oni, el ogro peligroso que te conduce hacia tu lado oscuro.

¿Nos damos una vuelta por una mínima parte de la cultura japonesa con estos cinco seres míticos?

1.- Yuki-onna, la Reina de las leyendas japonesas de las nieves y las tempestades

Narraciones hay que nos describen a esta hermosa, enigmática y seductora divinidad entrando en las puertas traseras de las casas, en las encrucijadas o confundiendo a viandantes en lugares apartados. Sin embargo, Yuki-onna, es uno de los seres míticos vinculados a las montañas (que en Japón tienen un fuerte carácter sagrado).

yuki onna

Es un espíritu poco definido, transformable, versátil, que se aparece en las cumbres nevadas cuando hay ventiscas o cuando la naturaleza se pone difícil. No hay yamabushi (practicantes de shugendô, ejercicios de mejoramiento espiritual en las cimas montañosas) que no haya bajado a los valles diciendo que no se ha encontrado con alguna. Yuki-onna seduce con su canto y adormece a su víctima hasta dejarla convertida en un trozo de hielo.

Personaje de la cultura japonesa, su origen se remonta a la antigua China, donde existe una reina terrible que pone a prueba el corazón de todo aquel que se atreve a adentrarse en una montaña. Aunque hay quienes la describen como una anciana contrahecha, coja, tuerta y fea, la mayoría de los yamabushi que se han encontrado con ella hablan de una belleza tan arrebatadora que es imposible no sucumbir a sus cantos y encantos.  Las leyendas japonesas la describen de líneas estilizadas, piel como nácar, belleza casi imposible, largo pelo sedoso y tan misteriosa que el montañero que con ella se topa no puede resistirse y, al pronto, quiere formar una unión con tan bella reina. El precio a pagar por tal arrogancia y temeridad es la confusión (al ir tras ella), el cansancio, el agotamiento, la caída, el enfriamiento del corazón, la conversión en hielo y, por tanto, la muerte por congelación.

¿Cómo es Yuki-Onna, la protagonista de las leyendas japonesas de las nieves?

Los que han vencido a este ser mitológico de la cultura japonesa la describen con un largo kimono de color blanco suave, sedoso y transparente y de apariencia humana. Parece que flota por la nieve y no deja huellas. Solo se descubre que no pertenece al mundo de los mortales cuando se la mira a los ojos. Si se logra enfrentarse cara a cara porque Yuki-onna aparece, desaparece, se confunde con la nieve, con las nubes, con las ventiscas. El humano la sigue, la persigue. Cree que la atrapado, que la puede besar y al pronto solo tiene escarcha en sus manos. Se vuelve loco por tanta belleza hasta que se olvida del camino, cae por un precipicio o abatido en el frío. Es así como Yuki-onna se va alimentando de los corazones convertidos en hielo.

Hay quienes tienen más suerte y Yuki-onna muestra un cierto apego por ellos y esta Reina de las Nieves (la más enigmática de todos los seres míticos de Japón) lo ayuda a encontrar el camino perdido.  La fría vengadora se conmueve ante los corazones cálidos, fuertes y valientes permitiendo que salgan de la montaña. Sin embargo, solo a partir de la era Meiji (que comienza en 1868) Yuki-onna demostró esta faceta. Con anterioridad era una figura despiadada.

De entre todos los seres mitológicos es uno de los que más popularidad tiene y lo encontramos en relatos de todo tipo, incluso de occidentales como el de Lafcadio Hearn, recogido en su volumen de 1904 Kwaidan. Narraciones y estudios de hechos curiosos del Japón. También tiene notable éxito entre los creadores de manga y en el cine. Cito, por ejemplo, Los sueños de Akira Kurosawa (1990) o Kwaidan (1965) de Misaki Kobayasi. En los videojuegos  aparece en La Leyenda de Zelda para Nintendo, por poner solo un caso.

2.- Kitsuné, el zorro de las leyendas japonesas mensajero de los dioses

KitsuneAunque se confunde a veces con Inari, el dios de las cosechas en Japón, Kitsuné tiene su identidad propia. Su origen se encuentra en los seres mitológicos del panteón budista, ya que tiene parecidos con Dakinite, la cual es una bodhisattva (iluminada) femenina que lleva como mascota un zorro.  Sin embargo, el zorro ha aparecido en la cultura japonesa como símbolo de la transgresión, de lo prohibido y, también de los seres que se atreven a cruzar las fronteras; esto es, a ir de un mundo a otro. 

En las leyendas japonesas Kitsuné aparece en los días de niebla o cuando hay lluvia, en los atardeceres de otoño y primavera. Hay que tener cuidado con las zonas pantanosas o los márgenes de los ríos porque el astuto Kitsuné es peligroso y te puede llevar a terrenos nos deseados. Es uno de los seres mitológicos que se aparecen a aquellos que se atreven a poner en cuestión el orden establecido. Los que inician su propio camino de búsqueda, al margen de la sociedad, necesitan la protección de Kitsuné.

De todos los seres míticos de la cultura japonesa es uno de los que más aparecen en estatuas y dibujos, ya que ponen en alerta a los fieles sobre la peligrosidad de embarcarse en caminos pocos hollados.

 

3.-Las leyendas japonesas que tienen como protagonista al invisible Inari, el dios de las cosechas de Japón

inariEs el protector del arroz, de los caminos, de los mercaderes, de los que tienen que recorrer distancias. Es también el responsable de la fertilidad, el que pone de acuerdo al resto de los seres míticos para que haya prosperidad. Es un ente invisible, de muy difícil representación que no se sabe si pertenece al panteón budista, sintoísta o del Tao. Por si acaso, se le reza y se le pide protección porque, a pesar de que es benefactor, también hace de las suyas.  Es una entidad animista muy unida a los genios locales y familiares. Su nombre significa “semilla, arroz, sagrado” .  Pertenece a los seres mitológicos calificados como kami. Es como una especie de dios vacío que se adopta desde niño al que se acude para solicitar todo tipo de dones.

Es originario de Kyoto, de las montañas de los tres picos (Toyokawa). Es inclasificable y escurridizo. Por eso, no se debe enfadar. A veces, se vale de los zorros, de Kitsuné, para hacer llegar sus mensajes a los hombres. En la cultura japonesa se recurre a Inari para pedir prosperidad económica.

4.- Las leyendas japonesas sobre los tengu, los duendes de la cultura japonesa

En Japón, existe desde antiguo una costumbre que consiste en escalar una montaña no solo por el mero placer deportivo, sino también, como ejercicio de iniciación. El rito, necesario para ejercer como sacerdote local, es conocido con el nombre de shugendô y entraña peligros diversos. 

seres mitologicosA los inherentes del lugar (frío, falta de aire, nieve, tormentas, aludes, escasez de provisiones y cansancio) se une la presencia de Yuki-onna y de los tengu, una especie de duendecillos que complican aún más, si cabe, el ascenso. Los tengu, además, no residen exclusivamente en las montañas, ya que, como los duendes occidentales, habitan en todos los rincones posibles. 

Las leyendas japonesas lo describen con facilidad para el enfado y la cólera. En cualquier momento puede entender que el mortal está invadiendo su territorio y se valdrá de mil argucias para confundirlo, aterrarlo y hacer que tenga una accidente. Por eso hay que ser precavidos cuando se suben montañas o se adentra en espacios conocidos, aunque los tengus también hacen trastadas en el ámbito doméstico.

Tienen el don de la invisibilidad, la fortaleza para mover piedras, la liviandad para poder volar, desaparecen y aparecen en un instante. Confunden con sus risas. Se transforman en animales salvajes o en seductoras figuras femeninas.

Son seres mitológicos pero no son kami. Así que no se les reza. Son demonios con los que se negocian favores o, en último extremo que no hagan mucho daño al común de los mortales. Aparecen en las montañas, por supuesto, pero también en otros emplazamientos llegando a ser personajes imprescindibles de la cultura japonesa. Son demonios burlones propensos a la burla y confundir a los mortales. Estos seres mitológicos son también frecuentes en el teatro Nô de Japón y se representan con las máscaras de un intenso color rojo (que señalan la ira) y con una enorme nariz (como Pinocho, aluden a la mentira o  la confusión). Forman parte de las leyendas japonesas de terror más conocidas. 

5.- Las leyendas japonesas de terror con el oni, representación de todo lo malo que hay en el ser humano

OniEl oni japonés es el correlato oriental de los ogros de Occidente, aunque su personalidad es de una complejidad más aterradora. Cuando aparece en escritos y esculturas lleva un pelo largo muy revuelto, enormes dientes abiertos que le otorgan un aspecto brutal, garras terminadas en uñas afiladas, la piel de un tono rojo, morado o azul brillante y, para rematar, siempre luce unos cuernos retorcidos. Semidesnudo, no se separa de su garrote de hierro dispuesto a multiplicar su fuerza con ese instrumento. 

Su hábitat natural son las profundidades del averno de donde sale para atemorizar a todo mortal que se ponga en su camino. Por eso, se les atribuye casi todos los males que sobre el planeta Tierra hay, desde desastres naturales hasta disturbios sociales. En el Ise Monogatari o Romance de Ise (siglo X) y el Heike monogatari (Romance de Heike) se les representa como caníbal y con la posibilidad de transformarse en prácticamente cualquier cosa.

Se le identifica con lo que está fuera del sistema, lo que amenaza para pervertir, con el enemigo, con el manipulador. Se reviste, a veces, de impronta sexual. Es, en definitiva, el símbolo de los monstruos interiores. Es el demonio de aquellos que se dejan seducir por el lado instintivo, fácil, carnal, peligroso, problemático y destructor.

Es seductor pero no como Yuki-onna. Es más brutal y, se va empapando de todo lo malo de la sociedad. Así, de todos los seres míticos de la cultura japonesa, es el Oni el que cada vez más se va situando en el polo más negativo del hombre. Cada vez se le representa más brutal, sádico y aniquilador, mientras que, en siglos pasados, aún siendo negativo, mantenía un cierto aire de misterio. Al día de hoy es transparente en toda su maldad. Son los seres mitológicos más frecuentes en las leyendas japonesas de terror que aún hoy perduran. 

La figura del oni mediante esculturas es muy común en los exteriores japoneses. Actúa casi como advertencia, de manera aleccionadora de los peligros de resbalarse por el lado oscuro del alma.

Si viajas por Japón veras estos seres mitológicos representados de mil maneras distintas.

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Por Candela Vizcaíno

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