Claves para entender el naturalismo literario

Claves para entender el naturalismo literario

 

En los inicios del realismo literario, el término naturalismo era utilizado casi de manera sinónima por el movimiento artístico emergente a finales del siglo XIX. Fue el escritor Émile Zola (1840-1902) quien expuso las doctrinas de este nueva estética. Para entonces, los grandes características del realismo literario habían publicado la mayoría de sus obras. Y esta tendencia, que llevaba a un extremo mayor las características del realismo literario, quedaron reflejadas, en el plano teórico, en dos obras fundamentales. Serían La novela experimental de 1880 y Las novelas naturalistas de 1881.  

¿Qué había cambiado para este nuevo proceso que desemboca en el naturalismo literario?  

El contexto histórico seguía siendo el mismo con un avance imparable de una burguesía pujante en detrimento de un proletariado sin derechos  creciente, año tras año, en número. Por tanto, las grandes bolsas de miseria, así en el campo como en la ciudad, seguían aumentando. Los postulados del Origen de las especies (1959) de Darwin habían calado hondo en la sociedad ilustrada y culta. No se quedaba atrás una incipiente ciencia aferrada al espíritu positivista y, por tanto, a creer solo lo que se comprueba con los hechos. La técnica seguía con sus inventos novedosos y la ingeniería producía objetos impensables hacía solo unas décadas. 

 

El naturalismo es la visión de Émile Zola del realismo literario

Porque, aunque en España tuvo algunos seguidores (como Emilia Pardo Bazán) esta nueva estética no caló de fondo en los grandes autores franceses, ingleses o rusos. Excepto algunas excepciones que no han coronado el canon literario, el naturalismo fue la evolución de un solo autor: Émile Zola. No ocultó sus pretensiones ni sus idearios. Y lo primero que hay que destacar es su afán por convertir esta tendencia literaria en una nueva forma de ver el ser humano. Esto es, la literatura tiene ahora la finalidad, no ya de cambiar el mundo, idea a la que no renuncia, sino que aspira a convertirse en una nueva manera de mirar la realidad. 

El naturalismo filosófico, el germen de la estética novelística

Porque los parámetros de la ciencia habían influido tanto (especialmente la incipiente genética postulada por Darwin) que se había afianzado un profundo determinismo. La división social en clases alejadas de sí con oportunidades distintas se veía como la prueba de esta idea. Esto es, el individuo, venía ya condicionado por sus orígenes sociales, biológicos o educacionales. Tanto era así que hasta se negaba el libre albedrío. Este quedaba reducido a las opciones posibles dentro de las circunstancias predeterminadas. Es aquí donde choca Emilia Pardo Bazán, de profundas convicciones cristianas a la par que una abandera del feminismo, con Émile Zola. Llegaron incluso a enfrentarse verbalmente por lo que esto suponía. Mientras para la aristócrata española, la educación y la formación a todos los niveles era la única oportunidad de superación, el francés negaba esta opción. 

¿Cómo hace frente el naturalismo contra la herencia biológica y social? 

La única manera es poner de manifiesto todas las lacras sociales e intentar un cambio radical del modelo económico por la vía de la revolución. Como sucedió con el realismo literario, se ponen las semillas para las modelos socialistas que llegarían nada más comenzado el siglo XX. Otra cosa fue lo que sucedió después, pero ahora estamos en los inicios. Y el naturalismo no veía cómo salir por medios propios (por el método de la superación personal) en ambientes adversos de miserias, alcoholismo y violencia.  

 

El naturalismo quería llevar el método científico a la literatura 

Por eso, cualquier atisbo de imaginación (como sucedía en el Romanticismo literario) queda aparcado y es negado. La novela tiene que ser una crónica fiel de la realidad y el creador se convierte en un mero artífice de esa descripción de los hechos. En este sentido Émile Zola llegó incluso a apostarse a las puertas de fábricas y centros de trabajo para anotar cualquier movimiento o características de sus supuestos personajes. Esta idea choca frontalmente con autores ya reconocidos y puedo citar el caso de Dostoyevski. El novelista ruso, aunque encuadrado en el realismo literario, hace gala de una creatividad sin límites y de un universo psicológico complejo y variado donde tiene cabida la realidad cotidiana, con los sueños e, incluso, los delirios. 

El naturalismo tiene un gusto por los ambientes extremos

En estos estarían la cúspide social (entendida como la aristocracia de entonces) con sus desvelos sin importancia, sus manías e, incluso, sus barbaridades de carácter. Sin embargo, hay una preferencia por los personajes marginales en extremo, abandonados, alcoholizados o desprovistos de dignidad por la fuerza de las circunstancias. Estos caracteres siempre son presentados como víctimas de una herencia biológica a la que no pueden abstraerse y contra la que es imposible luchar. Quizás fue este determinismo tan gris el que hizo que el movimiento no calara con profundidad al negar cualquier fuerza creadora. No hace falta que ponga aquí que la libertad y la transformación siempre se dan la mano. 

El naturalismo quería ser un retrato de la sociedad 

Y para ello había que dejar de lado cualquier relato que se asemejara al drama de los sentimientos, a los mitos clásicos, a lo que pudiera estar en el otro lado y que no está comprobado. Su afán de empirismo y el infantil deseo de colocar a la literatura con los mismos postulados que la ciencia dejó estas novelas como si fueran teorías superficiales aplicadas al campo de lo social o de lo cultural. 

 

Émile Zola, padre del naturalismo, y su obra

Aunque vivió algunos años de infancia en la Provenza, casi toda la vida del representante del naturalismo transcurrió en París. Allí nació en 1940 y dejó este mundo 62 años más tarde. Hijo de un ingeniero, pronto quedó huérfano de padre quedando la familia sumida en una situación económica penosa. Quizás esta circunstancia grabada en la infancia influyó a la hora de propugnar sus teorías literarias. Mientras vivió en la Provenza trabó amistad con Cézanne, el artista más influyente para las vanguardias posteriores del siglo XX, especialmente para el cubismo.  

Estudiante tan mediocre que no pudo aprobar los estudios de secundaria, trabajó como librero y como periodista. Quizás también el afán de veracidad de la prensa escrita fuera otro acicate para trasladarlo a la novela.

Su obra literaria se engloba en lo que él denominó Los Rougon-Macquart, más de 20 volúmenes al estilo de La comedia humana de Balzac donde quería pormenorizar, describir y clasificar todos los tipos y circunstancias sociales posibles a la manera de un patólogo más que de un literato. 

"Quiero explicar cómo una familia, un pequeño grupo de seres humanos, se comporta en una sociedad, desarrollándose para dar lugar al nacimiento a diez o a veinte individuos que parecen, a primera vista, profundamente diferentes, pero que el análisis muestra íntimamente ligados los unos a los otros” 

Así afirmaría el mismo Émile Zola en los inicios de su carrera artística.

Involucrado en el Caso Dreyfus (el famoso juicio contra un militar acusado de espionaje falsamente), llevó a tal extremo su defensa antisemita que su discurso Yo acuso no solo dio un vuelco al juicio sino que se ha convertido en un texto que ha entrado en el canon. 

Aunque murió asfixiado en casa, hay una teoría (con algunas bases lógicas y científicas) que dice que fue asesinado. No pudo demostrarse este extremo entonces con los métodos periciales dela época. Los restos de Zola reposan en el Panteón francés, un honor para cualquier nacido en el país galo. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla.  

 
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