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Mostrando artículos por etiqueta: literatura española - Candela Vizcaíno
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En 1554 aparece el Lazarillo de Tormes, el primer título de novela picaresca que puso las bases para todas las que llegaron detrás. Aunque el género también tiene sus ejemplos (con más o menos acierto) en otras lenguas europeas, en España alcanza las cotas de genialidad. En este tipo de obras, el protagonista principal es un pícaro, personaje fuera del sistema social, revestido de un espíritu de holgazanería el cual justifica  por su afán de libertad. Su sentido crítico de la sociedad alcanza cotas de cinismo cuando presenta algunos tipos sociales distintos o semejantes al suyo. Suele está provisto de un sentimiento de desengaño de las cosas del mundo, el cual le lleva a la aceptación de cualquier circunstancia y a renegar de los valores que hacen grande al ser humano. Este carácter derrotista se nivela con algunos puntos cómicos que nunca llegan a la risa y más bien levanta la conmiseración del lector. 

Orígenes de la novela picaresca

Ninguna obra aparece de la nada. Siempre hay  algo o mucho que está en el ambiente, que propicia su espaldarazo aunque este sea genial. Si esto es aplicable a El Quijote, a los cantares de gesta o a cualquier otra manifestación artística, la novela picaresca no es ajena a esta consideración. En este sentido, hago mías las palabras de J.L. Alborg: 

“Aunque el Lazarillo como creación literaria -y la picaresca con él- es el resultado de una inspiración genial, su alumbramiento estaba implícito en la propia entraña de nuestra literatura precedente.”  

¿Y quiénes son esos precedentes? Por un lado, personajes secundarios del Arcipreste de Talavera y, además, del Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita. También hay un sustrato implícito en La Celestina, toda ella dotada de ese espíritu que media entre el cinismo y los que se sitúan al margen de las convenciones sociales que caracteriza la novela picaresca. Un tanto de lo mismo sucede con algunos bufones de piezas cómicas de Gil Vicente o Torres Naharro. Y, especialmente, hay una obra que marca el camino a las demás: La lozana andaluza de Francisco Delicado, publicada en 1528.  

Además, el personaje del pícaro no era solo un individuo de ficción sino que sus caracteres se encontraban en la vida real. La sociedad española a mediados del siglo XVI comenzaba a acusar una incipiente decadencia que se transparentaba en una suerte de desgraciados venidos a menos que se negaban a trabajar de manera manual ya que se consideraba que eran tareas de judíos o conversos. Estos habían perdido cualquier consideración social y con ellos algunas tareas y oficios de manufactura. Además, de vuelta de las innumerables batallas llegaban soldados en busca de fortuna algunos con graves heridas. Esa libertad a la que aspira el pícaro lo pone fuera del orden social ya que se niega a formar parte de los trabajadores formales y lo introduce de lleno en ese saco en el que lo mismo se encuentran hidalgos venidos a menos que ladronzuelos de poca monta.  

Los personajes de la novela picaresca

Aunque a lo largo de sus páginas, aparecen individuos de distinto estrato social, condición y circunstancias, el personaje principal de estas obras es un pícaro. Como veremos a continuación, estos individuos, en primera persona, relatan su vida que no es más que un cúmulo de desventuras sirviendo a distintos amos de una manera poco ortodoxa. Dado a la mentira, a los pequeños timos, a las trampas constantes (incluso sobre si mismos), viven al margen de la sociedad, aunque nunca nos topamos con un criminal en toda regla. El pícaro es una pobre criatura que se las apaña como puede porque se niega a formar parte de la sociedad en aras a una libertad que paga con una mala vida.  

De resultas de este espíritu, su relato se vuelve irónico hasta llegar al cinismo y al descreimiento más absoluto. Nadie queda indemne de su mirada sagaz, aunque esa crítica no la realiza con un deseo de mejora sino que se respira cierto aire de derrota y de conformismo. Esta misma idea es la que no le permite hacer nada por sí mismo en post de una superación personal. El pícaro no sabe pensar a lo grande. Todo en él es pequeño y a nivel del suelo rampante. Los protagonistas de la novela picaresca afirman vivir en la más absoluta realidad, en la calle, en el día a día aunque esto suponga estar siempre al límite y rozando el hambre, el frío y la inseguridad.  

El resto de personajes que desfilan por estas páginas no acaban de mejor manera y siempre se presentan en su peor cara: en la cruel, en la egoísta y las más de las veces en la hipócrita. Clero y aristocracia no se libran de la crítica del pícaro y todos quedan retratados de una manera poco edificante.  

Principales características de la novela picaresca 

1.- El realismo es una de las principales características de la novela picaresca

Tanto es así que autores hay que sostienen que esta surge como una reacción a la lírica renacentista repleta de pastores idealizados y naturalezas bucólicas. Es más, las novelas de caballería (que tanto éxito tuvieron en la época con sus protagonistas fuera de lo común en busca de hazañas fantasiosas) se contraponen a la figura del pícaro y a todos los que viven a su alrededor. Y autores hay que ven en el nacimiento del género una reacción a tanta fantasía y a venturas imposibles. En las novelas picarescas se muestra la cruda realidad donde la búsqueda de comida o de cobijo es el objetivo diario. Contra los grandes valores del espíritu de los caballeros casi etéreos se presentan en la novela picaresca seres que les quedan grandes conceptos como honor o trascendencia. La minucia del día a día con toda su cruda cotidianidad es el universo de estas obras.  

2.- Pesimismo, cinismo e ironía

Otra de las características de la novela picaresca es la narración y la descripción de un mundo gris del que nadie se libra. Nada hay en estas aventuras que nos puedan conciliar con los sueños, los ideales o la mejora en cualquier aspecto. De resultas de ello, las obras rezuman pesimismo y conformismo por todos los costados. Aunque nos encontramos algunas anécdotas cómicas, estas, a veces, son crueles (al menos desde la cosmovisión contemporánea) y todas ellas están revestidas de un grave cinismo. La sociedad, por otra parte, está presentada desde la ironía mostrando siempre el lado más oscuro del ser humano y nadie se salva de esta crítica, ni siquiera los personajes más cándidos o inocentes. 

3.- Aún así la novela picaresca presenta principios moralizantes 

Autores hay que ven en ella los grandes temas del erasmismo que tanto predicamento tuvieron entre la elite intelectual española antes de la Contrarreforma. La libertad propuesta por el de Rotterdam unida a ese afán de sencillez, de despojamiento de los ritos complicados y de crítica a las costumbres sociales se encuentran en estas obras. Aunque el erasmismo no llegó a calar en todos los órdenes sociales, sí tuvo sus seguidores entre los estudiosos y los miembros universitarios. Por otro lado, la Contrarreforma trajo también un rechazo de las obras de ficción y promovía un arte edificante y moralizante. En este sentido, conforme nos vamos adentrando en los títulos surgidos durante el siglo XVII estas van mostrando un “mea culpa” que no se adivinaba en las primeras. Esto es, los personajes se presentan con una edad avanzada relatando su vida de la cual hacen juicios de arrepentimiento en algún caso. 

4.- Libertad y desapego de la vida como una de las características de la novela picaresca 

El pícaro no trabaja de manera formal. Sirve a varios amos y va de un lugar a otro buscándose la vida como puede. Todo eso lo hace en aras de una libertad que solo le conduce por el camino del malvivir. Sin embargo, lo acepta porque defiende esa libertad que no puede sustituirse por nada.  

5.- Hay críticos que han puesto la novela picaresca en relación con la mística 

Aunque sean tan diferentes entre sí, picaresca y mística literaria son coetáneas. Ambos géneros tienen caracteres en común como es la búsqueda de la verdad por caminos heterodoxos y de manera individual. Además, ambas escrituras se adentran en el realismo más atroz, una en la del alma en comunión con Dios y otra en el de la marginalidad social. El yo de los escritores de uno y otro lado se presenta en su radical originalidad y veracidad sin alas a la fantasía y lo inverosímil. Lectores contemporáneo habrá que, al hilo del esto, ofrecerán su descreimiento acerca de las visiones místicas pero, una vez más, hay que recordar que para el místico no había más verdad que la expresada en sus escritos. 

6.- Carácter autobiográfico de la novela picaresca 

Hasta la llegada de estas obras los personajes se presentaban a través del autor, de un narrador que los hacía suyos según la condición de los mismos. Los bufones y de estrato social bajo eran presentados de manera cómica y los de alta cuna con valores elevados, aunque nos encontremos algunos ejemplos en los que se ofrece pura contradicción. El pícaro, por su parte, no encuentra quien le escriba y lo justifique. Y a falta de ese autor, comienza la narración (y la justificación a veces de su vida) de propia voz. Ese carácter autobiográfico se completa, en algunas ocasiones, con el anonimato de algunas obras o las dudas de su autoría.   

7.- En estas obras nos encontramos una sucesión de personajes 

Tanto es así que, incluso, se puede leer por capítulos dispersos sin atentar contra el sentido último de la obra. Este tipo de estructuración es más evidente en las primeras obras y se va diluyendo conforme avanza el siglo XVII hasta llegar a Estebanillo González. La novela picaresca va, conforme avanzan las décadas, hacia un relato de aventuras. Eso no quita para que las distintas escenas sean como una excusa para presentar distintos tipos psicológicos y personajes. Pocos de ellos pueden clasificarse como ejemplares o caballerescos ya que siempre se presenta la cara más oscura de todos ellos. Las primeras obras, comenzando con el Lazarillo de Tormes, están tan desestructuradas en el relato que cada capítulo se puede leer independientemente,  ya que no afecta al sentido último de la obra. 

8.- La novela picaresca se caracteriza por el conformismo como actitud vital  

Y también una fuerte dosis de resentimiento. Esto es, hay una crítica social pero esta no llega a la rebeldía sino todo lo contrario ya que encontramos una aceptación. El realismo se concentra en esa vida que es tal como es y poco o nada se puede hacer para cambiarla. No estamos ante la asimilación del dolor con un espíritu de renuncia religiosa, la misma que abraza lo que Dios quiera dar. En la novela picaresca no se encuentra esa fluidez emocional sino que hay un cinismo, una ira contenida contra la sociedad en general. Este aspecto es lo que ha llevado a algunos críticos a señalar que algunas de estas obras nacen de manos conversas (o de su cosmovisión). Quienes formaron parte de un país próspero ofreciendo lo mejor de sí quedan relegados por razón de creencia religiosa a unos niveles ínfimos. De resultas de ello se sublevan pero no con la rebelión que busca un cambio sino con el que está lleno de resentimiento. Mucho de esto hay en la novela picaresca aunque algunas estén escritas por castellanos viejos.  

Tipos de novelas picarescas y su debate 

Porque el debate llega de algunos autores que abogan por estudiar cada obra de forma. independiente con sus circunstancias estructurales, de autor, de personajes o de narración. Sin embargo, los más dados a los encasillamientos proponen al menos dos divisiones dentro de las novelas. picarescas:  

1.- La primera de ellas correspondería a la primera época (no más allá de 1610) y se corresponde con obras desestructuradas en cuanto a la narración en las que los capítulos no están unidos unos con otros. En ellas, los protagonistas no muestran arrepentimiento alguno por sus obras aunque haya una justificación por los actos (ese “yo señor no soy malo” del Lazarillo).  

2.- Conforme avanza el siglo XVII hasta terminar abruptamente a mediados del mismo, las obras van tomando un cariz más aventurero. Esto es, los personajes muestran una narración más hilada entre capítulos aunque los mismos también le sirvan para ir mostrando las personalidades de individuos con los que se topan. También se mueven más de su emplazamiento original y en la narración se adivina ya ese espíritu de la Contrarreforma que promueve el carácter moralista o edificante de las obras de arte. Esto es, de alguna manera u otra, manifiestan un arrepentimiento o un juicio severo por los actos del pasado. Así, los autores de las mismas se acoplan a esas directrices que promulgan una enseñanza (en esta ocasión de actos reprobables) de la vida picaresca. En estas últimos obras el espíritu pesimista es mayor así como la sensación de derrota vital.  

Sea como fuere, la novela picaresca, siguiendo a J.L. Alborg se concentra en un siglo:  

“Prescindiendo momentáneamente de la aparición solitaria del Lazarillo a mediados de la centuria y de la distancia de medio siglo que le separa de su inmediato seguidor, el Guzmán, la plenitud de la picaresca propiamente dicha se concentra, sin lugar para verdaderas etapas, en el corto lapso de cincuenta años, y puede considerarse acabada con la publicación de Estebanillo González en 1646”.  

En definitiva, la novela picaresca, a pesar de las diferencias entre obras de notable y sobresaliente calidad, tiene unas características repetidas que la diferencia de otros géneros y fórmulas literarias de la época. En España alcanzó cotas insuperables. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

 

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En 1554 aparece el Lazarillo de Tormes, el primer título de novela picaresca que puso las bases para todas las que llegaron detrás. Aunque el género también tiene sus ejemplos (con más o menos acierto) en otras lenguas europeas, en España alcanza las cotas de genialidad. En este tipo de obras, el protagonista principal es un pícaro, personaje fuera del sistema social, revestido de un espíritu de holgazanería el cual justifica  por su afán de libertad. Su sentido crítico de la sociedad alcanza cotas de cinismo cuando presenta algunos tipos sociales distintos o semejantes al suyo. Suele está provisto de un sentimiento de desengaño de las cosas del mundo, el cual le lleva a la aceptación de cualquier circunstancia y a renegar de los valores que hacen grande al ser humano. Este carácter derrotista se nivela con algunos puntos cómicos que nunca llegan a la risa y más bien levanta la conmiseración del lector. 

Orígenes de la novela picaresca

Ninguna obra aparece de la nada. Siempre hay  algo o mucho que está en el ambiente, que propicia su espaldarazo aunque este sea genial. Si esto es aplicable a El Quijote, a los cantares de gesta o a cualquier otra manifestación artística, la novela picaresca no es ajena a esta consideración. En este sentido, hago mías las palabras de J.L. Alborg: 

“Aunque el Lazarillo como creación literaria -y la picaresca con él- es el resultado de una inspiración genial, su alumbramiento estaba implícito en la propia entraña de nuestra literatura precedente.”  

¿Y quiénes son esos precedentes? Por un lado, personajes secundarios del Arcipreste de Talavera y, además, del Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita. También hay un sustrato implícito en La Celestina, toda ella dotada de ese espíritu que media entre el cinismo y los que se sitúan al margen de las convenciones sociales que caracteriza la novela picaresca. Un tanto de lo mismo sucede con algunos bufones de piezas cómicas de Gil Vicente o Torres Naharro. Y, especialmente, hay una obra que marca el camino a las demás: La lozana andaluza de Francisco Delicado, publicada en 1528.  

Además, el personaje del pícaro no era solo un individuo de ficción sino que sus caracteres se encontraban en la vida real. La sociedad española a mediados del siglo XVI comenzaba a acusar una incipiente decadencia que se transparentaba en una suerte de desgraciados venidos a menos que se negaban a trabajar de manera manual ya que se consideraba que eran tareas de judíos o conversos. Estos habían perdido cualquier consideración social y con ellos algunas tareas y oficios de manufactura. Además, de vuelta de las innumerables batallas llegaban soldados en busca de fortuna algunos con graves heridas. Esa libertad a la que aspira el pícaro lo pone fuera del orden social ya que se niega a formar parte de los trabajadores formales y lo introduce de lleno en ese saco en el que lo mismo se encuentran hidalgos venidos a menos que ladronzuelos de poca monta.  

Los personajes de la novela picaresca

Aunque a lo largo de sus páginas, aparecen individuos de distinto estrato social, condición y circunstancias, el personaje principal de estas obras es un pícaro. Como veremos a continuación, estos individuos, en primera persona, relatan su vida que no es más que un cúmulo de desventuras sirviendo a distintos amos de una manera poco ortodoxa. Dado a la mentira, a los pequeños timos, a las trampas constantes (incluso sobre si mismos), viven al margen de la sociedad, aunque nunca nos topamos con un criminal en toda regla. El pícaro es una pobre criatura que se las apaña como puede porque se niega a formar parte de la sociedad en aras a una libertad que paga con una mala vida.  

De resultas de este espíritu, su relato se vuelve irónico hasta llegar al cinismo y al descreimiento más absoluto. Nadie queda indemne de su mirada sagaz, aunque esa crítica no la realiza con un deseo de mejora sino que se respira cierto aire de derrota y de conformismo. Esta misma idea es la que no le permite hacer nada por sí mismo en post de una superación personal. El pícaro no sabe pensar a lo grande. Todo en él es pequeño y a nivel del suelo rampante. Los protagonistas de la novela picaresca afirman vivir en la más absoluta realidad, en la calle, en el día a día aunque esto suponga estar siempre al límite y rozando el hambre, el frío y la inseguridad.  

El resto de personajes que desfilan por estas páginas no acaban de mejor manera y siempre se presentan en su peor cara: en la cruel, en la egoísta y las más de las veces en la hipócrita. Clero y aristocracia no se libran de la crítica del pícaro y todos quedan retratados de una manera poco edificante.  

Principales características de la novela picaresca 

1.- El realismo es una de las principales características de la novela picaresca

Tanto es así que autores hay que sostienen que esta surge como una reacción a la lírica renacentista repleta de pastores idealizados y naturalezas bucólicas. Es más, las novelas de caballería (que tanto éxito tuvieron en la época con sus protagonistas fuera de lo común en busca de hazañas fantasiosas) se contraponen a la figura del pícaro y a todos los que viven a su alrededor. Y autores hay que ven en el nacimiento del género una reacción a tanta fantasía y a venturas imposibles. En las novelas picarescas se muestra la cruda realidad donde la búsqueda de comida o de cobijo es el objetivo diario. Contra los grandes valores del espíritu de los caballeros casi etéreos se presentan en la novela picaresca seres que les quedan grandes conceptos como honor o trascendencia. La minucia del día a día con toda su cruda cotidianidad es el universo de estas obras.  

2.- Pesimismo, cinismo e ironía

Otra de las características de la novela picaresca es la narración y la descripción de un mundo gris del que nadie se libra. Nada hay en estas aventuras que nos puedan conciliar con los sueños, los ideales o la mejora en cualquier aspecto. De resultas de ello, las obras rezuman pesimismo y conformismo por todos los costados. Aunque nos encontramos algunas anécdotas cómicas, estas, a veces, son crueles (al menos desde la cosmovisión contemporánea) y todas ellas están revestidas de un grave cinismo. La sociedad, por otra parte, está presentada desde la ironía mostrando siempre el lado más oscuro del ser humano y nadie se salva de esta crítica, ni siquiera los personajes más cándidos o inocentes. 

3.- Aún así la novela picaresca presenta principios moralizantes 

Autores hay que ven en ella los grandes temas del erasmismo que tanto predicamento tuvieron entre la elite intelectual española antes de la Contrarreforma. La libertad propuesta por el de Rotterdam unida a ese afán de sencillez, de despojamiento de los ritos complicados y de crítica a las costumbres sociales se encuentran en estas obras. Aunque el erasmismo no llegó a calar en todos los órdenes sociales, sí tuvo sus seguidores entre los estudiosos y los miembros universitarios. Por otro lado, la Contrarreforma trajo también un rechazo de las obras de ficción y promovía un arte edificante y moralizante. En este sentido, conforme nos vamos adentrando en los títulos surgidos durante el siglo XVII estas van mostrando un “mea culpa” que no se adivinaba en las primeras. Esto es, los personajes se presentan con una edad avanzada relatando su vida de la cual hacen juicios de arrepentimiento en algún caso. 

4.- Libertad y desapego de la vida como una de las características de la novela picaresca 

El pícaro no trabaja de manera formal. Sirve a varios amos y va de un lugar a otro buscándose la vida como puede. Todo eso lo hace en aras de una libertad que solo le conduce por el camino del malvivir. Sin embargo, lo acepta porque defiende esa libertad que no puede sustituirse por nada.  

5.- Hay críticos que han puesto la novela picaresca en relación con la mística 

Aunque sean tan diferentes entre sí, picaresca y mística literaria son coetáneas. Ambos géneros tienen caracteres en común como es la búsqueda de la verdad por caminos heterodoxos y de manera individual. Además, ambas escrituras se adentran en el realismo más atroz, una en la del alma en comunión con Dios y otra en el de la marginalidad social. El yo de los escritores de uno y otro lado se presenta en su radical originalidad y veracidad sin alas a la fantasía y lo inverosímil. Lectores contemporáneo habrá que, al hilo del esto, ofrecerán su descreimiento acerca de las visiones místicas pero, una vez más, hay que recordar que para el místico no había más verdad que la expresada en sus escritos. 

6.- Carácter autobiográfico de la novela picaresca 

Hasta la llegada de estas obras los personajes se presentaban a través del autor, de un narrador que los hacía suyos según la condición de los mismos. Los bufones y de estrato social bajo eran presentados de manera cómica y los de alta cuna con valores elevados, aunque nos encontremos algunos ejemplos en los que se ofrece pura contradicción. El pícaro, por su parte, no encuentra quien le escriba y lo justifique. Y a falta de ese autor, comienza la narración (y la justificación a veces de su vida) de propia voz. Ese carácter autobiográfico se completa, en algunas ocasiones, con el anonimato de algunas obras o las dudas de su autoría.   

7.- En estas obras nos encontramos una sucesión de personajes 

Tanto es así que, incluso, se puede leer por capítulos dispersos sin atentar contra el sentido último de la obra. Este tipo de estructuración es más evidente en las primeras obras y se va diluyendo conforme avanza el siglo XVII hasta llegar a Estebanillo González. La novela picaresca va, conforme avanzan las décadas, hacia un relato de aventuras. Eso no quita para que las distintas escenas sean como una excusa para presentar distintos tipos psicológicos y personajes. Pocos de ellos pueden clasificarse como ejemplares o caballerescos ya que siempre se presenta la cara más oscura de todos ellos. Las primeras obras, comenzando con el Lazarillo de Tormes, están tan desestructuradas en el relato que cada capítulo se puede leer independientemente,  ya que no afecta al sentido último de la obra. 

8.- La novela picaresca se caracteriza por el conformismo como actitud vital  

Y también una fuerte dosis de resentimiento. Esto es, hay una crítica social pero esta no llega a la rebeldía sino todo lo contrario ya que encontramos una aceptación. El realismo se concentra en esa vida que es tal como es y poco o nada se puede hacer para cambiarla. No estamos ante la asimilación del dolor con un espíritu de renuncia religiosa, la misma que abraza lo que Dios quiera dar. En la novela picaresca no se encuentra esa fluidez emocional sino que hay un cinismo, una ira contenida contra la sociedad en general. Este aspecto es lo que ha llevado a algunos críticos a señalar que algunas de estas obras nacen de manos conversas (o de su cosmovisión). Quienes formaron parte de un país próspero ofreciendo lo mejor de sí quedan relegados por razón de creencia religiosa a unos niveles ínfimos. De resultas de ello se sublevan pero no con la rebelión que busca un cambio sino con el que está lleno de resentimiento. Mucho de esto hay en la novela picaresca aunque algunas estén escritas por castellanos viejos.  

Tipos de novelas picarescas y su debate 

Porque el debate llega de algunos autores que abogan por estudiar cada obra de forma. independiente con sus circunstancias estructurales, de autor, de personajes o de narración. Sin embargo, los más dados a los encasillamientos proponen al menos dos divisiones dentro de las novelas. picarescas:  

1.- La primera de ellas correspondería a la primera época (no más allá de 1610) y se corresponde con obras desestructuradas en cuanto a la narración en las que los capítulos no están unidos unos con otros. En ellas, los protagonistas no muestran arrepentimiento alguno por sus obras aunque haya una justificación por los actos (ese “yo señor no soy malo” del Lazarillo).  

2.- Conforme avanza el siglo XVII hasta terminar abruptamente a mediados del mismo, las obras van tomando un cariz más aventurero. Esto es, los personajes muestran una narración más hilada entre capítulos aunque los mismos también le sirvan para ir mostrando las personalidades de individuos con los que se topan. También se mueven más de su emplazamiento original y en la narración se adivina ya ese espíritu de la Contrarreforma que promueve el carácter moralista o edificante de las obras de arte. Esto es, de alguna manera u otra, manifiestan un arrepentimiento o un juicio severo por los actos del pasado. Así, los autores de las mismas se acoplan a esas directrices que promulgan una enseñanza (en esta ocasión de actos reprobables) de la vida picaresca. En estas últimos obras el espíritu pesimista es mayor así como la sensación de derrota vital.  

Sea como fuere, la novela picaresca, siguiendo a J.L. Alborg se concentra en un siglo:  

“Prescindiendo momentáneamente de la aparición solitaria del Lazarillo a mediados de la centuria y de la distancia de medio siglo que le separa de su inmediato seguidor, el Guzmán, la plenitud de la picaresca propiamente dicha se concentra, sin lugar para verdaderas etapas, en el corto lapso de cincuenta años, y puede considerarse acabada con la publicación de Estebanillo González en 1646”.  

En definitiva, la novela picaresca, a pesar de las diferencias entre obras de notable y sobresaliente calidad, tiene unas características repetidas que la diferencia de otros géneros y fórmulas literarias de la época. En España alcanzó cotas insuperables. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

 

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En 1554, en el reinado de Carlos I, aparece el Lazarillo de Tormes, considerada la primera de este cariz en español. Aunque se da en otras países europeos, en España adquiere la categoría de género nuevo por lo novedoso de su enfoque y lo transformador de la mayoría de las características de la novela picaresca. Desde esa fecha hasta 1646, con la aparición de Estebanillo González, verán la luz algunas obras únicas que han traspasado, incluso, las fronteras de la literatura. 

1.- Una de las más importantes características de la novela picaresca es su original protagonista 

Aunque personajes de baja extracción social ya habían aparecido en la literatura castellana (y nada más hay que señalar El Libro de Buen Amor y La Celestina), ahora se revisten de todo el protagonismo, con todo lo que ello implica para el enfoque y la trama. El pícaro (de cuya etimología duda hasta el mismísimo Corominas) es una suerte de aventurero con tintes de desgraciado que aspira solo a malvivir sin ningún tipo de objetivo vital más o menos loable. Nacido en los bajos fondos, no se mueve del mismo durante toda su existencia ni aspira a nada más que a sobrevivir con pequeños timos, hurtos y engaños. Nada en sus aventuras es digna de admiración más allá de ese afán por agarrarse a la vida a cualquier precio. Es un vagamundo, un mendigo, un pobre hombre que se conforma con su situación.  Su astucia (que nunca se puede calificar de inteligencia) solo le llega para algunas tretas que le permita terminar el día de la mejor manera posible.  Su vida, totalmente apartada de los mínimos modelos cívicos, lo hace resbalarse al margen de la ley sin llegar nunca a ser un delincuente o un criminal sin escrúpulos.  

Todo en él, y esta es una de las características de la novela picaresca, es pequeño, ruin, cínico y bajo. Si el protagonista apela a la libertad como el mayor bien del ser humano, la misma no la aprovecha en su beneficio (para crecer como persona o enriquecerse materialmente) sino que la desperdicia en correrías de poca monta. Y junto a él aparece una sarta de personajes que, aún siendo de otra extracción social, no se comportan de manera mucho más digna.  

2.- Otra de las características del novela picaresca es su realismo

Y es el mismo que articula (con sus salvedades, por supuesto) toda la literatura española y gran parte del arte plástico de esta parte de mundo (Goya por poner un ejemplo). Es un realismo descarnado que se regodea (a veces con humor, cinismo o ironía) en lo peor de la condición humana. Todo ello sucede sin resbalarse en los modos de fuertes personalidades criminales. En el mundo del pícaro todo es mediocre, pequeño y desprovisto de la más mínima ambición. Desde el inicio, en la novela picaresca, sus protagonistas han tirado la toalla hundiéndose en un pesimismo y un derrotismo peculiar que solo le da alas cuando se trata de la subsistencia más inmediata.  

Todas las obras son ajenas, no ya a la utopía idealista (la de la lírica renacentista o de las principales características de las novelas de caballería por poner dos ejemplos), sino que rechaza cualquier posibilidad de redención, de mejora o de crecimiento personal. El pícaro es un personaje conformista que, la más de las veces (y aquí reside su interés) se reviste de un halo filosófico que lo emparenta con el estoicismo, el mismo que defendía Séneca (el filósofo romano nacido en España).  

3.- Contraposición a la lírica renacentista y novelas de caballería 

Estudiosos hay que han dedicado tesis, investigaciones y artículos a poner en contraposición,  cara a cara, las principales características de la novela picaresca tanto con la poesía renacentista como con las novelas de caballería. Estas obras nacen cuando ambas manifestaciones literarias están en su pleno esplendor y favor del público. Por eso, hay quienes ven en el nacimiento de la picaresca literaria un rechazo al idealismo exacerbado que magnifica los valores de la élite culta. Sin embargo, su aparición no puede explicarse solo por esta circunstancia y hay que tener en cuenta más factores. Ni que decir tiene que el personaje estaba en el aire (ya que era un tipo conocido en la época), pero también hay un estado emocional favorable a su creación: pesimismo, sensación de derrota, conformismo vital, negación de la justa rebeldía…   

Las novelas picarescas serían ese contrapunto (ese puñetazo en la mesa) al mostrar a personajes que se encontraban en la vida real como auténticos protagonistas de un modo de vida ajeno a la literatura de evasión. Aunque el reinado de Carlos I aún conservaba toda la gloria épica de las conquistas, con Felipe II llegan sucesivas bancarrotas, derrotas sonoras (la Armada Invencible sin ir más lejos) y decadencia de los valores incluso en los llamados a mantenerlos. Es una época en la que, alrededor de las grandes ciudades (Sevilla, Toledo, Salamanca…), se van agolpando legiones de campesinos en busca de una vida mejor. Estos conviven con grupos de soldados abandonados a su suerte que intentan malvivir incluso con graves lesiones invalidantes. A esto se une un desprecio por el emprendimiento empresarial, artesanal o comercial por considerarlo propio de conversos o judíos (por entonces fuera de toda consideración social por parte de la mayoría cristiana). Y el cóctel social no puede ser más explosivo, ya que, ante la exaltación de una vida bohemia y las pocas posibilidades de subsistencia, solo cabe la vida del pícaro. 

4.- Otra de las características de la novela picaresca es su carácter autobiográfico 

Que se muestra nada más empezar (ese “yo señor no soy malo” de Lázaro de Tormes) y del que apenas hay precedentes en la literatura en castellano ni en ninguna otra lengua vulgar. Hasta este momento, los personajes pertenecían al autor, al narrador, que, de una manera u otra, mostraba sus hazañas y avatares. Sí existían protagonistas de baja condición social y moral, estos siempre tenían un papel cómico, subalterno y de alter ego con la finalidad de mostrar las virtudes de los épicos o dignos de imitación. Con la novela picaresca todo eso cambia y el protagonista (a falta de un autor que se digne a bajar a contar sus aventuras y desventuras) toma la palabra por sí mismo. El resultado es un relato descarnado en el que no hay consideración moral más allá de mostrar todos los vicios de una sociedad que se alejaba de la excelencia. Junto con la autobiografía se muestra el anonimato empezando por el Lazarillo de Tormes

5.- Otra de las características de la novela picaresca es que se desbarata la división entre lo cómico y lo elevado

Esta estructura en cajones estancos era la manera de conducirse de la literatura clásica con sus divisiones en comedia o tragedia. Con el nuevo género las tramas se adentran con la mayor naturalidad en el egoísmo individualista sin juicio de enmienda, en la crítica cínica contra los estamentos de poder (incluida aristocracia e iglesia), en la defensa de la holgazanería sin ningún tipo de pudor y en desgranar un mundo donde los parásitos sociales pertenecen a todas las familias. Si bien, conforme va avanzado el siglo XVII, las obras van cambiando para hacer una especie de acto de constricción, en la narración y lectura se asiste a un mundo que está lejos de la ejemplaridad.

6.- La narración se crea mediante una sucesión de caracteres sociales reprobables 

Aunque conforme van publicándose los títulos, las nuevas obras se van acercando a las novelas de aventuras, las picarescas se caracterizan por ser una sucesión de historias deslazadas entre sí. Tanto es así que se pueden leer incluso independientemente, ya que nada afecta a la trama. Recordemos que una de las características de la novelas picaresca estriba en su personaje, el cual no hace ningún intento de mejora personal tanto en el plano social como en el económico o en el moral.  

Las páginas de las obras, por tanto, se convierten en una sucesión de individuos huecos que nada aportan a la sociedad y sin más meta que estar vivos al caer el día. Estos lo convierten en seres indignos cuando no en cómicos por los que se siente una particular lástima. No hay objetivo en sus vidas que pueda redimirlos más allá de esa intención moralizante que han querido ver algunos críticos y que explica el auge del género. 

7.- El erasmismo como una de las características de la novela picaresca 

En 1545 comienza la denominada Contrarreforma a la que España se adhiere de lleno jurando defender los principios católicos incluso con las armas. Se olvida, por tanto, cualquier intento de cambio propuesto por Lutero y se vuelve al dogma. El erasmismo que algunos críticos quieren ver en el interior de estas obras promulgaba una libertad de criterio y de vida que enlaza con el espíritu del pícaro. Sin embargo, aunque las teorías del de Rotterdam solo calaron en las élites intelectuales españolas, la Contrarreforma atacó a todas esas obras de ficción pura e idealizadas en las que la fantasía hacía olvidar al lector su misión vital. Se promulgó, por tanto, que la literatura debía estar al servicio de la moralidad o de la educación. Y ambos extremos no se pueden conseguir si no hay buenas dosis de realismo que muestre al lector los males de este mundo. En este contexto nace la novela picaresca que ya sería, como apuntan algunos autores, obras que intentan mostrar la condición abyecta a la que puede degradarse el ser humano. Otra cosa es el talento de sus creadores que, entre medias, nos dejen párrafos de memorable literatura alejándose de rancios sermones moralizantes. 

En palabras de A.A. Parker, uno de los grandes estudiosos del género: 

“La diferencia proviene de que lo pastoral deriva del Humanismo italiano, mientras la picaresca procede del Elogio de la locura de Erasmo, a través de movimientos reformistas que postulan una religión sencilla, libre de complicadas observancias, y proclaman el desprecio del mundo y sus honores. El pícaro recoge este ideal, pero rechazado por la sociedad, lo transforma en cinismo amargo y resentido, vacío de moral, que se expresa en la literatura negativa de la picaresca”. 

8.- La picaresca y su relación con la mística

Esta búsqueda de libertad individual y despego de las cosas del mundo está íntimamente relacionado con la mística literaria, cuyas más altas cotas son contemporáneas a la novela picaresca. Si San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús buscan hacia dentro (hacia la visión divina) la verdad  existencial y sus giros, la picaresca lo hace hacia afuera: mostrando con crueldad los vicios sociales. En ambas vertientes literarias hay un afán moralizante o edificante, una desgranando las maravillas de la gracia divina mientras que la otra se entretiene por el camino de la oscuridad vital a través de sus pecados sociales.  

“Como el místico, el pícaro no ve en la vida más que algo pasajero, algo finito, que no vale la pena de tomarlo muy en serio, y menos aún de dedicarle un gran esfuerzo. Se dirá que es vagancia la suya. Sí, pero una vagancia altamente filosófica.”

César Barja

9.- El sentido trágico como una de las características de la novela picaresca

Todo estas anotaciones nos lleva a un punto esencial: el sentido trágico. El pícaro no es un bufón, no es un cómico, no es un hedonista que aprovecha el aquí y el ahora. Es un desahuciado social y personal que se resigna antes de hacer un movimiento por su superación personal. Todo ello lo reviste con un halo trágico. Su mundo es el de la insignificancia aceptada, no como un intento de hacerse uno con las cosas terrenales, sino porque se niega a trabajar en su propio bien. 

10.-El pícaro está alejado tanto del honor tan español como del sentido de trascendencia 

Por tanto, los personajes de la novela picaresca no aspiran a nada más que no sea llegar a la hora siguiente. Para no importarles ni siquiera se preocupan por aparentar, como sí hacen algunos personajes secundarios de estas novelas. Nada hay en la vida que merezca un mínimo esfuerzo. Por tanto, concepto como dignidad o trascendencia les queda lejos, tanto como las historias amorosas de las idealizadas novelas pastoriles. El pícaro vive en la cruda realidad de un día a día agresivo, cruel y deleznable.  

En definitiva, la mayoría de las características de la novela picaresca nos muestran personajes que no saben ni pensar ni sentir ni hacer a lo grande aunque se equivoquen. No son unos fracasados en el sentido contemporáneo del término puesto que no intentan nada. Simplemente se valen de los recovecos del sistema para dar rienda suelta a sus instintos primarios. Y con estos mimbres se crearon grandes novelas del canon en español.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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En 1554, en el reinado de Carlos I, aparece el Lazarillo de Tormes, considerada la primera de este cariz en español. Aunque se da en otras países europeos, en España adquiere la categoría de género nuevo por lo novedoso de su enfoque y lo transformador de la mayoría de las características de la novela picaresca. Desde esa fecha hasta 1646, con la aparición de Estebanillo González, verán la luz algunas obras únicas que han traspasado, incluso, las fronteras de la literatura. 

1.- Una de las más importantes características de la novela picaresca es su original protagonista 

Aunque personajes de baja extracción social ya habían aparecido en la literatura castellana (y nada más hay que señalar El Libro de Buen Amor y La Celestina), ahora se revisten de todo el protagonismo, con todo lo que ello implica para el enfoque y la trama. El pícaro (de cuya etimología duda hasta el mismísimo Corominas) es una suerte de aventurero con tintes de desgraciado que aspira solo a malvivir sin ningún tipo de objetivo vital más o menos loable. Nacido en los bajos fondos, no se mueve del mismo durante toda su existencia ni aspira a nada más que a sobrevivir con pequeños timos, hurtos y engaños. Nada en sus aventuras es digna de admiración más allá de ese afán por agarrarse a la vida a cualquier precio. Es un vagamundo, un mendigo, un pobre hombre que se conforma con su situación.  Su astucia (que nunca se puede calificar de inteligencia) solo le llega para algunas tretas que le permita terminar el día de la mejor manera posible.  Su vida, totalmente apartada de los mínimos modelos cívicos, lo hace resbalarse al margen de la ley sin llegar nunca a ser un delincuente o un criminal sin escrúpulos.  

Todo en él, y esta es una de las características de la novela picaresca, es pequeño, ruin, cínico y bajo. Si el protagonista apela a la libertad como el mayor bien del ser humano, la misma no la aprovecha en su beneficio (para crecer como persona o enriquecerse materialmente) sino que la desperdicia en correrías de poca monta. Y junto a él aparece una sarta de personajes que, aún siendo de otra extracción social, no se comportan de manera mucho más digna.  

2.- Otra de las características del novela picaresca es su realismo

Y es el mismo que articula (con sus salvedades, por supuesto) toda la literatura española y gran parte del arte plástico de esta parte de mundo (Goya por poner un ejemplo). Es un realismo descarnado que se regodea (a veces con humor, cinismo o ironía) en lo peor de la condición humana. Todo ello sucede sin resbalarse en los modos de fuertes personalidades criminales. En el mundo del pícaro todo es mediocre, pequeño y desprovisto de la más mínima ambición. Desde el inicio, en la novela picaresca, sus protagonistas han tirado la toalla hundiéndose en un pesimismo y un derrotismo peculiar que solo le da alas cuando se trata de la subsistencia más inmediata.  

Todas las obras son ajenas, no ya a la utopía idealista (la de la lírica renacentista o de las principales características de las novelas de caballería por poner dos ejemplos), sino que rechaza cualquier posibilidad de redención, de mejora o de crecimiento personal. El pícaro es un personaje conformista que, la más de las veces (y aquí reside su interés) se reviste de un halo filosófico que lo emparenta con el estoicismo, el mismo que defendía Séneca (el filósofo romano nacido en España).  

3.- Contraposición a la lírica renacentista y novelas de caballería 

Estudiosos hay que han dedicado tesis, investigaciones y artículos a poner en contraposición,  cara a cara, las principales características de la novela picaresca tanto con la poesía renacentista como con las novelas de caballería. Estas obras nacen cuando ambas manifestaciones literarias están en su pleno esplendor y favor del público. Por eso, hay quienes ven en el nacimiento de la picaresca literaria un rechazo al idealismo exacerbado que magnifica los valores de la élite culta. Sin embargo, su aparición no puede explicarse solo por esta circunstancia y hay que tener en cuenta más factores. Ni que decir tiene que el personaje estaba en el aire (ya que era un tipo conocido en la época), pero también hay un estado emocional favorable a su creación: pesimismo, sensación de derrota, conformismo vital, negación de la justa rebeldía…   

Las novelas picarescas serían ese contrapunto (ese puñetazo en la mesa) al mostrar a personajes que se encontraban en la vida real como auténticos protagonistas de un modo de vida ajeno a la literatura de evasión. Aunque el reinado de Carlos I aún conservaba toda la gloria épica de las conquistas, con Felipe II llegan sucesivas bancarrotas, derrotas sonoras (la Armada Invencible sin ir más lejos) y decadencia de los valores incluso en los llamados a mantenerlos. Es una época en la que, alrededor de las grandes ciudades (Sevilla, Toledo, Salamanca…), se van agolpando legiones de campesinos en busca de una vida mejor. Estos conviven con grupos de soldados abandonados a su suerte que intentan malvivir incluso con graves lesiones invalidantes. A esto se une un desprecio por el emprendimiento empresarial, artesanal o comercial por considerarlo propio de conversos o judíos (por entonces fuera de toda consideración social por parte de la mayoría cristiana). Y el cóctel social no puede ser más explosivo, ya que, ante la exaltación de una vida bohemia y las pocas posibilidades de subsistencia, solo cabe la vida del pícaro. 

4.- Otra de las características de la novela picaresca es su carácter autobiográfico 

Que se muestra nada más empezar (ese “yo señor no soy malo” de Lázaro de Tormes) y del que apenas hay precedentes en la literatura en castellano ni en ninguna otra lengua vulgar. Hasta este momento, los personajes pertenecían al autor, al narrador, que, de una manera u otra, mostraba sus hazañas y avatares. Sí existían protagonistas de baja condición social y moral, estos siempre tenían un papel cómico, subalterno y de alter ego con la finalidad de mostrar las virtudes de los épicos o dignos de imitación. Con la novela picaresca todo eso cambia y el protagonista (a falta de un autor que se digne a bajar a contar sus aventuras y desventuras) toma la palabra por sí mismo. El resultado es un relato descarnado en el que no hay consideración moral más allá de mostrar todos los vicios de una sociedad que se alejaba de la excelencia. Junto con la autobiografía se muestra el anonimato empezando por el Lazarillo de Tormes

5.- Otra de las características de la novela picaresca es que se desbarata la división entre lo cómico y lo elevado

Esta estructura en cajones estancos era la manera de conducirse de la literatura clásica con sus divisiones en comedia o tragedia. Con el nuevo género las tramas se adentran con la mayor naturalidad en el egoísmo individualista sin juicio de enmienda, en la crítica cínica contra los estamentos de poder (incluida aristocracia e iglesia), en la defensa de la holgazanería sin ningún tipo de pudor y en desgranar un mundo donde los parásitos sociales pertenecen a todas las familias. Si bien, conforme va avanzado el siglo XVII, las obras van cambiando para hacer una especie de acto de constricción, en la narración y lectura se asiste a un mundo que está lejos de la ejemplaridad.

6.- La narración se crea mediante una sucesión de caracteres sociales reprobables 

Aunque conforme van publicándose los títulos, las nuevas obras se van acercando a las novelas de aventuras, las picarescas se caracterizan por ser una sucesión de historias deslazadas entre sí. Tanto es así que se pueden leer incluso independientemente, ya que nada afecta a la trama. Recordemos que una de las características de la novelas picaresca estriba en su personaje, el cual no hace ningún intento de mejora personal tanto en el plano social como en el económico o en el moral.  

Las páginas de las obras, por tanto, se convierten en una sucesión de individuos huecos que nada aportan a la sociedad y sin más meta que estar vivos al caer el día. Estos lo convierten en seres indignos cuando no en cómicos por los que se siente una particular lástima. No hay objetivo en sus vidas que pueda redimirlos más allá de esa intención moralizante que han querido ver algunos críticos y que explica el auge del género. 

7.- El erasmismo como una de las características de la novela picaresca 

En 1545 comienza la denominada Contrarreforma a la que España se adhiere de lleno jurando defender los principios católicos incluso con las armas. Se olvida, por tanto, cualquier intento de cambio propuesto por Lutero y se vuelve al dogma. El erasmismo que algunos críticos quieren ver en el interior de estas obras promulgaba una libertad de criterio y de vida que enlaza con el espíritu del pícaro. Sin embargo, aunque las teorías del de Rotterdam solo calaron en las élites intelectuales españolas, la Contrarreforma atacó a todas esas obras de ficción pura e idealizadas en las que la fantasía hacía olvidar al lector su misión vital. Se promulgó, por tanto, que la literatura debía estar al servicio de la moralidad o de la educación. Y ambos extremos no se pueden conseguir si no hay buenas dosis de realismo que muestre al lector los males de este mundo. En este contexto nace la novela picaresca que ya sería, como apuntan algunos autores, obras que intentan mostrar la condición abyecta a la que puede degradarse el ser humano. Otra cosa es el talento de sus creadores que, entre medias, nos dejen párrafos de memorable literatura alejándose de rancios sermones moralizantes. 

En palabras de A.A. Parker, uno de los grandes estudiosos del género: 

“La diferencia proviene de que lo pastoral deriva del Humanismo italiano, mientras la picaresca procede del Elogio de la locura de Erasmo, a través de movimientos reformistas que postulan una religión sencilla, libre de complicadas observancias, y proclaman el desprecio del mundo y sus honores. El pícaro recoge este ideal, pero rechazado por la sociedad, lo transforma en cinismo amargo y resentido, vacío de moral, que se expresa en la literatura negativa de la picaresca”. 

8.- La picaresca y su relación con la mística

Esta búsqueda de libertad individual y despego de las cosas del mundo está íntimamente relacionado con la mística literaria, cuyas más altas cotas son contemporáneas a la novela picaresca. Si San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús buscan hacia dentro (hacia la visión divina) la verdad  existencial y sus giros, la picaresca lo hace hacia afuera: mostrando con crueldad los vicios sociales. En ambas vertientes literarias hay un afán moralizante o edificante, una desgranando las maravillas de la gracia divina mientras que la otra se entretiene por el camino de la oscuridad vital a través de sus pecados sociales.  

“Como el místico, el pícaro no ve en la vida más que algo pasajero, algo finito, que no vale la pena de tomarlo muy en serio, y menos aún de dedicarle un gran esfuerzo. Se dirá que es vagancia la suya. Sí, pero una vagancia altamente filosófica.”

César Barja

9.- El sentido trágico como una de las características de la novela picaresca

Todo estas anotaciones nos lleva a un punto esencial: el sentido trágico. El pícaro no es un bufón, no es un cómico, no es un hedonista que aprovecha el aquí y el ahora. Es un desahuciado social y personal que se resigna antes de hacer un movimiento por su superación personal. Todo ello lo reviste con un halo trágico. Su mundo es el de la insignificancia aceptada, no como un intento de hacerse uno con las cosas terrenales, sino porque se niega a trabajar en su propio bien. 

10.-El pícaro está alejado tanto del honor tan español como del sentido de trascendencia 

Por tanto, los personajes de la novela picaresca no aspiran a nada más que no sea llegar a la hora siguiente. Para no importarles ni siquiera se preocupan por aparentar, como sí hacen algunos personajes secundarios de estas novelas. Nada hay en la vida que merezca un mínimo esfuerzo. Por tanto, concepto como dignidad o trascendencia les queda lejos, tanto como las historias amorosas de las idealizadas novelas pastoriles. El pícaro vive en la cruda realidad de un día a día agresivo, cruel y deleznable.  

En definitiva, la mayoría de las características de la novela picaresca nos muestran personajes que no saben ni pensar ni sentir ni hacer a lo grande aunque se equivoquen. No son unos fracasados en el sentido contemporáneo del término puesto que no intentan nada. Simplemente se valen de los recovecos del sistema para dar rienda suelta a sus instintos primarios. Y con estos mimbres se crearon grandes novelas del canon en español.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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La vida y obra del padre dominico Fray Bartolomé de las Casas (1974-1566) gira en torno a su polémica obra desde su publicación (convirtiéndose en todo un best-seller) Brevísima relación de la destrucción de Las Indias, origen de la leyenda negra española cuyos ecos llegan hasta bien entrado el siglo XXI. Pero, ¿quién fue este religioso nacido en Sevilla y con tanta influencia durante siglos en la cosmovisión latinoamericana?  

Biografía resumida de Fray Bartolomé de las Casas 

Aunque su larga existencia (para la época) haya sido objeto de biografías amplias por los grandes avatares de la misma, la importancia del escritor radica en la repercusión que tuvo la obra mencionada anteriormente. Nació en Sevilla en 1474, aunque algunas fuentes anotan 1484 como la más probable. Por entonces, aún no estaba completada la anexión de Granada a la causa cristiana ni se había descubierto América a los ojos europeos. El padre de Fray Bartolomé de las Casas, embarcó con la segunda expedición de Colón (en el año 1493) y como resultas de esta aventura, a la familia se le había entregado grandes lotes de tierra para cultivar bajo la figura legal de encomienda. Bartolomé de las Casas pudo abandonar Sevilla para formarse en la Universidad de Salamanca. Completado sus estudios,  en 1502 embarca para la isla de La Española con la finalidad de hacerse cargo de la gestión de los latifundios de la familia. 

Allí toma contacto con el padre dominico Pedro de Córdoba influenciando tanto al joven Bartolomé que este, de carácter apasionado, utópico y poco dado a la templanza, no solo se ordena sacerdote (en 1506) sino que sigue los pasos de Francisco de Asís. Se desprende de sus bienes y hace voto de pobreza extrema. En Cumaná, actual Venezuela, funda una colonia donde pone en práctica sus principios para adoctrinar a la población local. Creía firmemente en los medios pacíficos como única manera de llevar el evangelio a los indios. Todo su empeño se centró en la educación (según su cosmovisión europea), la predicación y en un vano intento por introducir la agricultura en esta parte de mundo. Adelantado a su tiempo, fracasó en su empeño de manera estrepitosa. Creía en la bondad de los indios como modelo de “buen salvaje” sin diferenciar entre las tribus más pacíficas y las guerreras hasta la crueldad, que de todo había. Y no hace falta reseñar aquí los sacrificios humanos o el canibalismo que nos ha llegado a través de los libros mayas o, incluso, a través de escalofriantes hallazgos arqueológicos recientes. 

Desengañado por no poder llevar a cabo su gran proyecto utópico, entra a formar parte de los padres dominicos. A continuación, es nombrado obispo de Chiapas administrando la diócesis de manera ejemplar. Su aventura americana termina en 1547 cuando decide regresar a España donde muere en 1566, en Madrid, a una edad bastante avanzada para la época.  

Obras de Fray Bartolomé de las Casas 

Seducido por la gran belleza americana del Caribe, para Bartolomé de las Casas esta tierra era una especie de Arcadia natural donde aún no había llegado la palabra de Cristo. Simplemente había que enseñar el Evangelio a los bondadosos indios para que estos realizaran una transformación radical en su cosmovisión. Aunque esta Epifanía no llegó, toda su obra está empapada de este concepto totalmente sesgado ya que, en primer lugar, no tuvo en cuenta las distintas idiosincrasias de los diferentes pueblos de una tierra heterogénea. Si bien todas ellas, tienen el mismo sustrato ideológico, de entre las obras de Fray Bartolomé de las Casas destaco tres únicamente: 

1.- Historia General de las Indias que dejó sin acabar y que, en esas fechas, tal como se desarrollaban los descubrimientos, era casi imposible completar. 

2.- Apologética Historia de Las Indias donde, como su título indica, intenta dar a conocer todas las virtudes pacíficas de los nativos de estas tierras. 

3.- Brevísima relación de la destrucción de Las Indias publicada en 1552 y dedicada al, por entonces, príncipe Felipe, para mostrarle las injusticias que se estaba cometiendo con la población local. Por su importancia la reseño aparte.  

Brevísima relación de la destrucción de Las Indias de Fray Bartolomé de las Casas 

1.- Tema de la obra de Fray Bartolomé de las Casas

Es una denuncia en toda regla, exagerada según algunos críticos, contra los colonos españoles. Fray Bartolomé de las Casas los acusa de destruir pueblos enteros, liquidar poblaciones y de exterminio casi. Aunque hay mucha parte de verdad en sus palabras, su alegato es tan sesgado y apasionado que no tiene en cuenta algunas variables desgraciadas que también intervinieron en la mortalidad de la población local (gripes, pestes importadas o luchas entre tribus nativas). Carga contra la gestión de las encomiendas (de las que él recibió una para deshacerse más tarde) y propone liberar a los indios del trabajo de las tierras. Sin embargo, no niega la colonización (con fines evangelistas) ni tampoco la usurpación, ya que propone al entonces príncipe que esta se realice con labradores españoles. En un vuelta de tuerca contradictoria aconseja que, para el trabajo de las minas, se recurra a la población negra (africana), ya que los considera (por su fortaleza física) más aptos para el trabajo duro.  

2.- Repercusión de Brevísima relación de la destrucción de Las Indias 

En la fecha de la publicación de la obra, España mantenía un imperio internacional que se desperdigaba por todo el planeta, desde América hasta buena parte de Europa y eso sin contar que muy pronto llegaría la colonización de Filipinas. Por tanto, los enemigos estaban por todas partes, incluso dentro de las fronteras. Grandes potencias como Portugal, Inglaterra o Francia se enfrentaban (con distintos recursos) contra España para acaparar poder, riquezas e influencias. La obra de Fray Bartolome de las Casas, a pesar de ser contradictoria, le puso a todos estos reinos en bandeja un argumento para acusar a los españoles de los más aberrantes crímenes contra la humanidad. Al fin y al cabo, las acusaciones salían de dentro dando carta de naturaleza a todas las exageraciones que el pasional religioso vertió sobre sus compatriotas. 

La obra fue traducida y publicada en todos los idiomas posibles inmediatamente convirtiéndose en la prueba irrefutable de la maldad española en los territorios americanos. Ella fue el origen de la llamada leyenda negra. Cualquier acto que se hiciera en territorios colonizados iba a ser explicado debido a una crueldad racial innata si pararse a contrastar dato alguno. La obra de Fray Bartolomé de las Casas, por tanto, sirvió para iniciar una auténtica campaña de marketing y de desprestigio que dura hasta hoy. Tal fue el impacto de la Brevísima relación de la destrucción de Las Indias que, a finales del siglo XVIII, cuando comienzan también a crearse otras instituciones semejantes nace, por orden de Carlos III, el Archivo de Indias, situado junto a la Catedral de Sevilla y clasificado, por su importancia, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.  

3.- Brevísima relación de la destrucción de Las Indias y la leyenda negra

El eco de las palabras de Fray Bartolomé de las Casas llegaron, por tanto, hasta el siglo XVIII, cuando España ya estaba resbalándose dentro de un periodo de decadencia que culmina en 1898. La intención de tal institución era conservar toda la documentación (burocrática especialmente) de las relaciones políticas y comerciales con tierras americanas con el único fin de aportar transparencia. Y esto tampoco se consiguió ni sirvió de cortafuego, ya que el edificio neoclásico que guarda estos importantes legajos quedó cerrado, cual fortaleza, hasta bien entrado el siglo XXI. Si bien, con este gesto se conservaron los documentos para los investigadores contemporáneos también se escatimó información que pudiera quitar hierro a las graves acusaciones del religioso. 

La figura de Fray Bartolomé de las Casas ha generado polémica desde la publicación de su obra, ya que es considerado un santo para unos y un traidor para otros. Hasta Menéndez Pidal se atrevió a valorar su legado tachándolo incluso de pueril o fanático. Para el investigador (comprometido espiritualmente con el legado literario en lengua española), las palabras del religioso se debían a un fanatismo que no tenía en cuenta otros parámetros, amén de acusarlo de soberbia. Este es un ejemplo de las pasiones que levanta esta figura, uno de los primeros en defender unos elementales derechos humanos aunque, a la par, no tuviera problemas en aconsejar el trabajo negrero. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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La vida y obra del padre dominico Fray Bartolomé de las Casas (1974-1566) gira en torno a su polémica obra desde su publicación (convirtiéndose en todo un best-seller) Brevísima relación de la destrucción de Las Indias, origen de la leyenda negra española cuyos ecos llegan hasta bien entrado el siglo XXI. Pero, ¿quién fue este religioso nacido en Sevilla y con tanta influencia durante siglos en la cosmovisión latinoamericana?  

Biografía resumida de Fray Bartolomé de las Casas 

Aunque su larga existencia (para la época) haya sido objeto de biografías amplias por los grandes avatares de la misma, la importancia del escritor radica en la repercusión que tuvo la obra mencionada anteriormente. Nació en Sevilla en 1474, aunque algunas fuentes anotan 1484 como la más probable. Por entonces, aún no estaba completada la anexión de Granada a la causa cristiana ni se había descubierto América a los ojos europeos. El padre de Fray Bartolomé de las Casas, embarcó con la segunda expedición de Colón (en el año 1493) y como resultas de esta aventura, a la familia se le había entregado grandes lotes de tierra para cultivar bajo la figura legal de encomienda. Bartolomé de las Casas pudo abandonar Sevilla para formarse en la Universidad de Salamanca. Completado sus estudios,  en 1502 embarca para la isla de La Española con la finalidad de hacerse cargo de la gestión de los latifundios de la familia. 

Allí toma contacto con el padre dominico Pedro de Córdoba influenciando tanto al joven Bartolomé que este, de carácter apasionado, utópico y poco dado a la templanza, no solo se ordena sacerdote (en 1506) sino que sigue los pasos de Francisco de Asís. Se desprende de sus bienes y hace voto de pobreza extrema. En Cumaná, actual Venezuela, funda una colonia donde pone en práctica sus principios para adoctrinar a la población local. Creía firmemente en los medios pacíficos como única manera de llevar el evangelio a los indios. Todo su empeño se centró en la educación (según su cosmovisión europea), la predicación y en un vano intento por introducir la agricultura en esta parte de mundo. Adelantado a su tiempo, fracasó en su empeño de manera estrepitosa. Creía en la bondad de los indios como modelo de “buen salvaje” sin diferenciar entre las tribus más pacíficas y las guerreras hasta la crueldad, que de todo había. Y no hace falta reseñar aquí los sacrificios humanos o el canibalismo que nos ha llegado a través de los libros mayas o, incluso, a través de escalofriantes hallazgos arqueológicos recientes. 

Desengañado por no poder llevar a cabo su gran proyecto utópico, entra a formar parte de los padres dominicos. A continuación, es nombrado obispo de Chiapas administrando la diócesis de manera ejemplar. Su aventura americana termina en 1547 cuando decide regresar a España donde muere en 1566, en Madrid, a una edad bastante avanzada para la época.  

Obras de Fray Bartolomé de las Casas 

Seducido por la gran belleza americana del Caribe, para Bartolomé de las Casas esta tierra era una especie de Arcadia natural donde aún no había llegado la palabra de Cristo. Simplemente había que enseñar el Evangelio a los bondadosos indios para que estos realizaran una transformación radical en su cosmovisión. Aunque esta Epifanía no llegó, toda su obra está empapada de este concepto totalmente sesgado ya que, en primer lugar, no tuvo en cuenta las distintas idiosincrasias de los diferentes pueblos de una tierra heterogénea. Si bien todas ellas, tienen el mismo sustrato ideológico, de entre las obras de Fray Bartolomé de las Casas destaco tres únicamente: 

1.- Historia General de las Indias que dejó sin acabar y que, en esas fechas, tal como se desarrollaban los descubrimientos, era casi imposible completar. 

2.- Apologética Historia de Las Indias donde, como su título indica, intenta dar a conocer todas las virtudes pacíficas de los nativos de estas tierras. 

3.- Brevísima relación de la destrucción de Las Indias publicada en 1552 y dedicada al, por entonces, príncipe Felipe, para mostrarle las injusticias que se estaba cometiendo con la población local. Por su importancia la reseño aparte.  

Brevísima relación de la destrucción de Las Indias de Fray Bartolomé de las Casas 

1.- Tema de la obra de Fray Bartolomé de las Casas

Es una denuncia en toda regla, exagerada según algunos críticos, contra los colonos españoles. Fray Bartolomé de las Casas los acusa de destruir pueblos enteros, liquidar poblaciones y de exterminio casi. Aunque hay mucha parte de verdad en sus palabras, su alegato es tan sesgado y apasionado que no tiene en cuenta algunas variables desgraciadas que también intervinieron en la mortalidad de la población local (gripes, pestes importadas o luchas entre tribus nativas). Carga contra la gestión de las encomiendas (de las que él recibió una para deshacerse más tarde) y propone liberar a los indios del trabajo de las tierras. Sin embargo, no niega la colonización (con fines evangelistas) ni tampoco la usurpación, ya que propone al entonces príncipe que esta se realice con labradores españoles. En un vuelta de tuerca contradictoria aconseja que, para el trabajo de las minas, se recurra a la población negra (africana), ya que los considera (por su fortaleza física) más aptos para el trabajo duro.  

2.- Repercusión de Brevísima relación de la destrucción de Las Indias 

En la fecha de la publicación de la obra, España mantenía un imperio internacional que se desperdigaba por todo el planeta, desde América hasta buena parte de Europa y eso sin contar que muy pronto llegaría la colonización de Filipinas. Por tanto, los enemigos estaban por todas partes, incluso dentro de las fronteras. Grandes potencias como Portugal, Inglaterra o Francia se enfrentaban (con distintos recursos) contra España para acaparar poder, riquezas e influencias. La obra de Fray Bartolome de las Casas, a pesar de ser contradictoria, le puso a todos estos reinos en bandeja un argumento para acusar a los españoles de los más aberrantes crímenes contra la humanidad. Al fin y al cabo, las acusaciones salían de dentro dando carta de naturaleza a todas las exageraciones que el pasional religioso vertió sobre sus compatriotas. 

La obra fue traducida y publicada en todos los idiomas posibles inmediatamente convirtiéndose en la prueba irrefutable de la maldad española en los territorios americanos. Ella fue el origen de la llamada leyenda negra. Cualquier acto que se hiciera en territorios colonizados iba a ser explicado debido a una crueldad racial innata si pararse a contrastar dato alguno. La obra de Fray Bartolomé de las Casas, por tanto, sirvió para iniciar una auténtica campaña de marketing y de desprestigio que dura hasta hoy. Tal fue el impacto de la Brevísima relación de la destrucción de Las Indias que, a finales del siglo XVIII, cuando comienzan también a crearse otras instituciones semejantes nace, por orden de Carlos III, el Archivo de Indias, situado junto a la Catedral de Sevilla y clasificado, por su importancia, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.  

3.- Brevísima relación de la destrucción de Las Indias y la leyenda negra

El eco de las palabras de Fray Bartolomé de las Casas llegaron, por tanto, hasta el siglo XVIII, cuando España ya estaba resbalándose dentro de un periodo de decadencia que culmina en 1898. La intención de tal institución era conservar toda la documentación (burocrática especialmente) de las relaciones políticas y comerciales con tierras americanas con el único fin de aportar transparencia. Y esto tampoco se consiguió ni sirvió de cortafuego, ya que el edificio neoclásico que guarda estos importantes legajos quedó cerrado, cual fortaleza, hasta bien entrado el siglo XXI. Si bien, con este gesto se conservaron los documentos para los investigadores contemporáneos también se escatimó información que pudiera quitar hierro a las graves acusaciones del religioso. 

La figura de Fray Bartolomé de las Casas ha generado polémica desde la publicación de su obra, ya que es considerado un santo para unos y un traidor para otros. Hasta Menéndez Pidal se atrevió a valorar su legado tachándolo incluso de pueril o fanático. Para el investigador (comprometido espiritualmente con el legado literario en lengua española), las palabras del religioso se debían a un fanatismo que no tenía en cuenta otros parámetros, amén de acusarlo de soberbia. Este es un ejemplo de las pasiones que levanta esta figura, uno de los primeros en defender unos elementales derechos humanos aunque, a la par, no tuviera problemas en aconsejar el trabajo negrero. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Garcilaso de la Vega no solo es el mayor representante de la lírica renacentista sino uno de los grandes poetas de la literatura castellana de todos los tiempos. Es el prototipo de poeta soldado que se ensalzaba en la época.  A pesar de habernos dejado solo un puñado de versos, con él se completó la revolución iniciada por Juan Boscán aparcando para siempre los modos sencillos, populares y orales de los cantares de gesta medievales.   

La revolución de la poesía renacentista abanderada por Garcilaso de la Vega 

Aunque algunas de estas características se habían ensayado décadas antes (con Juan de Mena especialmente) es a partir de la primavera de 1526 cuando su amigo, compañero en la corte y también escritor Juan Boscán comienza a practicar con los modos italianizantes en poesía. Él mismo nos cuenta como se aventuró con las nuevas formas de versificación al responder a la invitación del embajador veneciano Andrea Navagero.  Esta nueva escritura poética sería el inicio de una transformación que, a la postre, supondría un antes y un después en la historia literaria en español. En este emplazamientos escribe Garcilaso de la Vega toda su obra siguiendo los parámetros de la poesía renacentista. Esta se condensa en las siguientes características: 

1.- A finales del siglo XV, pero especialmente en las primera décadas del XVI, la literatura abandona el carácter sencillo, popular, tradicional y elemental de los autores de la Edad Media y se transforma en una lírica culta, cultivada, plagada de metáforas y giros lingüísticos ingeniosos (sin llegar a la sobrecarga barroca). 

2.- A ello contribuye una lengua plenamente formada y desgajada del latín que incluso disponía de una gramática propia (la de Antonio de Nebrija) donde se indicaban las reglas del “buen decir”. 

3.- Se adopta el endecasílabo (con acento en la cuarta o sexta y octava sílabas) como el rey de los versos en español. Con él se crean nuevas estrofas, como el soneto que seguirá siendo protagonista incluso en el siglo XXI. El verso de arte menor favorito será el heptasílabo. 

4.- La temática amorosa galante, idealizada e, incluso, platónica entra de lleno en los poemas no solo de Garcilaso de la Vega sino del resto de creadores de la época. Este amor cortés y elegante se aúna con una naturaleza estilizada y bucolizada que se llega a convertir, incluso, en protagonista. 

5.- Paralelamente, hay una nueva lectura de los clásicos de la literatura griega y romana con su pléyade de dioses pasionales, personajes heroicos y metamorfosis. Con estos mitos e historias amorosas o épicas entran a forma parte de la cosmovisión de la época un mundo radicalmente distinto del medieval en el que el aquí y el ahora (el carpe diem) toma protagonismo. A la par, se busca una felicidad terrenal (la cual antes se negaba) mientras se acepta el disfrute sensual y de los sentidos como camino hacia la felicidad.  

El hombre en el Renacimiento dispone de otra perspectiva anímica propiciada por un aumento de la riqueza, un mayor número de libros (gracias a la imprenta), un cambio en las ideas (que llevarían al cisma de Lutero o al erasmismo que tanto caló en España), la apertura de nuevos mundos o descubrimientos científicos. Y es en este emplazamiento en el que crea Garcilaso de Vega un puñado de versos que son, por derecho propio, protagonistas de la historia de la literatura en español.  

Biografía de Garcilaso de la Vega 

No se conoce con exactitud la fecha de nacimiento del gran representante de la poesía renacentista. Juan Luis Alborg indica que nació en Toledo alrededor del año 1501, aunque hay otros autores que incluso se decantan por los últimos años del siglo XV. Perteneciente a una familia aristocrática, tuvo la posibilidad de recibir la más exquisita formación cortesana y críticos hay que incluso se atreven a afirmar que se educó junto a los mismos príncipes. Esta formación no solo consistía en el conocimiento de la filosofía, el latín, la historia u otra lengua viva sino también en el manejo de las artes guerreras. Por eso, desde muy joven combatió junto a Carlos I en cercos, asaltos y conquistas.  

Se sabe que estuvo en la defensa de Rodas, en Francia en 1522, en Bolonia… A pesar del favor real, también recibió una llamada de atención cuando el emperador lo desterró a una isla del Danubio por haber actuado como testigo en una boda no autorizada. Pero Garcilaso de la Vega tenía buenos e influyentes amigos y el mismísimo duque de Alba intermedió para que se le concediera un indulto aunque debía mostrar de nuevo su lealtad defendiendo Nápoles. Aquí sí es unánime la crítica en la importancia del lugar, ya que durante este tiempo se codeó con la intelectualidad de la época empapándose de los nuevos modos y de las nuevas características del Renacimiento literario. Tras pasar por Túnez, es herido de gravedad (por realizar una misión suicida) en el asalto a la Fortaleza De Muy y muere en Niza en 1536.  

La vida personal de Garcilaso de la Vega está marcada por el nombre de dos mujeres. Se casó siendo un veinteañero con Elena de Zúñiga con quien no llegó a congeniar. El otro nombre está grabado en la historia de la literatura española por ser la destinataria de hermosos versos y composiciones: Isabel de Freyre. De gran belleza, cultura y refinamiento era una de las damas de compañía que la reina se había hecho acompañar desde Portugal. Este amor (del que no se sabe hasta qué punto fue platónico o se llegó a consumar) condenó al poeta a un enorme sufrimiento. Primero fue el casamiento con uno de los capitanes de la corte y luego la muerte de la dama de manera prematura. 

Garcilaso de la Vega modelo cortesano del Renacimiento  

De sus dones intelectuales, hago mías las palabras de J.L. Alborg:  

“Garcilaso de la Vega es, en lo humano, la más perfecta encarnación del ideal del “cortesano” renacentista, tal como lo había definido Castiglione. Según las descripciones de sus contemporáneos debió ser un hombre de gran atractivo personal, tanto por sus prendas físicas como por su carácter, su inteligencia y sus condiciones de hombre de mundo. Fue cabal la fusión del hombre de armas y de letras; la fama de su arrojo pudo llegar hasta inspirar leyendas, y como escritor realizó la obra poética que mayor trascendencia ha tenido dentro de la lírica castellana. Poseía a la perfección el griego, el latín, el toscano y el francés. Hombre universal, abierto a todas las inquietudes espirituales de su tiempo, vivió en su corta vida toda una carrera de amores, de heroísmos, de creación intensa, de acción real y de platónicos idealismos”. 

 

Obras de Garcilaso de la Vega 

“Tomando ora la espada, ora la pluma” (según uno de sus versos) escribió una obra corta pero intensa en su grandeza. Esta se reduce a tres églogas, dos elegías, una epístola, cinco canciones y treinta ocho sonetos realizados siguiendo los postulados de la nueva poética italianizante. Además, compuso algunos temas de línea popular. Su obra al completo fue publicada tras su muerte por la viuda de Juan Boscán formando parte del libro IV de la edición de 1543 de Barcelona. 

Églogas de Garcilaso de la Vega

Las tres fueron escritas en Nápoles siguiendo el modelo de Petrarca. 

1.- La primera Égloga parece realizada en dos periodos distintos. Habría una primera redacción tras salir de Toledo rumbo a Nápoles y la segunda, con algunos versos añadidos, tras el fallecimiento de Isabel Freyre. En ella se cantan los amores desgraciados de Salicio despechado por Galatea y de Nemoroso que ha perdido a Elisa. Toda en ella es un puro sentimiento amoroso que, aunque desdichado, están expresados sin dramatismo sino con contenida elegancia. 

2.- La segunda Égloga tiene dos partes diferenciadas. En la primera, un pastor de nombre Albanio canta su amor por Camila. La segunda parte es una apología del duque de Alba en agradecimiento por haber mediado para que el rey le levantara el destierro.

3.- La tercera Égloga afronta otro de los temas de la poesía renacentista: la naturaleza bucolizada. Garcilaso de la Vega canta las maravillas del Tajo, el río de su ciudad natal, para terminar con el diálogo de dos parejas de pastores enamorados.  

Otras obras de Garcilaso de la Vega

Algunos de sus sonetos como el XIII y el XXIII que se reproduce a continuación forman parte del canon imprescindible de la literatura en español con su lengua delicada y el desarrollo de sus suaves metáforas. Una de las canciones, La flor del Gnido, sigue la temática amorosa de las églogas y la mayoría de los sonetos, mientras las elegías y las epístolas están dirigidas a sus amigos Juan Boscán y el Duque de Alba.  

Estilo de la obra de Garcilaso de la Vega 

Puede decirse que Garcilaso de la Vega supuso un antes y un después en la historia de la literatura española y prueba de ello es que algunos de sus versos (“Si de mi baja lira” o la “Voz a ti debida”) han sido recogidos para dar nombre a un tropo nuevo (lira) o posteriores acertados poemarios (el de Pedro Salinas). Fue por tanto inspiración y modelo para buena parte de los poetas que llegaron después. Resumiendo mucho su estilo se condensa en las siguientes líneas: 

1.- La temática amorosa, elegante, sutil y con un punto de melancolía es la preferente en todas sus obras. Toda ella está inspirada por la pasión que sentía hacia Isabel Freyre y el dolor por su pérdida. 

2.- Aunque había sido ensayado con anterioridad en Garcilaso de la Vega el endecasílabo se desliza bajo su pluma con todo su esplendor musical. 

3.- La herencia de la mitología clásica con sus dioses, héroes, ninfas o metamorfosis tiene una fuerte impronta (“A Dafne ya los brazos le crecían” es claro ejemplo de ello). 

4.- A pesar de su uso de metáforas y figuras retóricas, estas nunca asfixian al poema. Todo lo contrario: se deslizan como con naturalidad por el mismo para ofrecernos un mundo de melancolía, sensualidad y sentimientos apasionados dulcificados por un espíritu de extrema cortesía. 

5.- La retórica, por tanto, no alcanza el abigarramiento posterior y siempre está al servicio del sentido del texto. El poeta no se entretiene demostrando su pericia con la lengua sino que busca esas figuras porque “son necesarias”. Todo ello desemboca en una deliciosa claridad.

6.- Hay unanimidad en afirmar que cada una de las palabras expresadas en su obra rezuman sensibilidad, verismo y realidad íntima más que cualquier otro ejercicio artificioso o de juego. Por eso, sus versos han llegado de una forma tan honda a los lectores de varios siglos y han sobrepasado las brumas del tiempo casi intactos. 

Poemas de Garcilaso de la Vega más representativos 

Soneto XIII de Garcilaso de la Vega 

A Dafne ya los brazos le crecían, 

y en luengos ramos vueltos se mostraban; 

en verdes hojas vi que se tornaban 

los cabellos que'l oro escurecían. 

 

De áspera corteza se cubrían 

los tiernos miembros que aún bullendo estaban; 

los blancos pies en tierra se hincaban 

y en torcidas raíces se volvían. 

 

Aquel que fue la causa de tal daño, 

a fuerza de llorar, crecer hacía 

este árbol, que con lágrimas regaba. 

 

¡Oh miserable estado!, ¡oh mal tamaño! 

¡Que con llorarla crezca cada día 

la causa y la razón porque lloraba!

 

Soneto XXIII de Garcilaso de la Vega

   

En tanto que de rosa y de azucena 

se muestra la color en vuestro gesto, 

y que vuestro mirar ardiente, honesto, 

con clara luz la tempestad serena;

 

Y en tanto que el cabello, que en la vena 

del oro se escogió, con vuelo presto 

por el hermoso cuello blanco, enhiesto, 

el viento mueve, esparce y desordena:

 

Coged de vuestra alegre primavera 

el dulce fruto antes que el tiempo airado 

cubra de nieve la hermosa cumbre.

 

Marchitará la rosa el viento helado, 

todo lo mudará la edad ligera 

por no hacer mudanza en su costumbre.

 

En definitiva, Garcilaso de la Vega fue el gran poeta del Renacimiento cuando los modelos arcaicos quedaban relegados, convirtiéndose, a la par, en el espejo de líricos de distinta condición a lo largo de los siguientes siglos. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Garcilaso de la Vega no solo es el mayor representante de la lírica renacentista sino uno de los grandes poetas de la literatura castellana de todos los tiempos. Es el prototipo de poeta soldado que se ensalzaba en la época.  A pesar de habernos dejado solo un puñado de versos, con él se completó la revolución iniciada por Juan Boscán aparcando para siempre los modos sencillos, populares y orales de los cantares de gesta medievales.   

La revolución de la poesía renacentista abanderada por Garcilaso de la Vega 

Aunque algunas de estas características se habían ensayado décadas antes (con Juan de Mena especialmente) es a partir de la primavera de 1526 cuando su amigo, compañero en la corte y también escritor Juan Boscán comienza a practicar con los modos italianizantes en poesía. Él mismo nos cuenta como se aventuró con las nuevas formas de versificación al responder a la invitación del embajador veneciano Andrea Navagero.  Esta nueva escritura poética sería el inicio de una transformación que, a la postre, supondría un antes y un después en la historia literaria en español. En este emplazamientos escribe Garcilaso de la Vega toda su obra siguiendo los parámetros de la poesía renacentista. Esta se condensa en las siguientes características: 

1.- A finales del siglo XV, pero especialmente en las primera décadas del XVI, la literatura abandona el carácter sencillo, popular, tradicional y elemental de los autores de la Edad Media y se transforma en una lírica culta, cultivada, plagada de metáforas y giros lingüísticos ingeniosos (sin llegar a la sobrecarga barroca). 

2.- A ello contribuye una lengua plenamente formada y desgajada del latín que incluso disponía de una gramática propia (la de Antonio de Nebrija) donde se indicaban las reglas del “buen decir”. 

3.- Se adopta el endecasílabo (con acento en la cuarta o sexta y octava sílabas) como el rey de los versos en español. Con él se crean nuevas estrofas, como el soneto que seguirá siendo protagonista incluso en el siglo XXI. El verso de arte menor favorito será el heptasílabo. 

4.- La temática amorosa galante, idealizada e, incluso, platónica entra de lleno en los poemas no solo de Garcilaso de la Vega sino del resto de creadores de la época. Este amor cortés y elegante se aúna con una naturaleza estilizada y bucolizada que se llega a convertir, incluso, en protagonista. 

5.- Paralelamente, hay una nueva lectura de los clásicos de la literatura griega y romana con su pléyade de dioses pasionales, personajes heroicos y metamorfosis. Con estos mitos e historias amorosas o épicas entran a forma parte de la cosmovisión de la época un mundo radicalmente distinto del medieval en el que el aquí y el ahora (el carpe diem) toma protagonismo. A la par, se busca una felicidad terrenal (la cual antes se negaba) mientras se acepta el disfrute sensual y de los sentidos como camino hacia la felicidad.  

El hombre en el Renacimiento dispone de otra perspectiva anímica propiciada por un aumento de la riqueza, un mayor número de libros (gracias a la imprenta), un cambio en las ideas (que llevarían al cisma de Lutero o al erasmismo que tanto caló en España), la apertura de nuevos mundos o descubrimientos científicos. Y es en este emplazamiento en el que crea Garcilaso de Vega un puñado de versos que son, por derecho propio, protagonistas de la historia de la literatura en español.  

Biografía de Garcilaso de la Vega 

No se conoce con exactitud la fecha de nacimiento del gran representante de la poesía renacentista. Juan Luis Alborg indica que nació en Toledo alrededor del año 1501, aunque hay otros autores que incluso se decantan por los últimos años del siglo XV. Perteneciente a una familia aristocrática, tuvo la posibilidad de recibir la más exquisita formación cortesana y críticos hay que incluso se atreven a afirmar que se educó junto a los mismos príncipes. Esta formación no solo consistía en el conocimiento de la filosofía, el latín, la historia u otra lengua viva sino también en el manejo de las artes guerreras. Por eso, desde muy joven combatió junto a Carlos I en cercos, asaltos y conquistas.  

Se sabe que estuvo en la defensa de Rodas, en Francia en 1522, en Bolonia… A pesar del favor real, también recibió una llamada de atención cuando el emperador lo desterró a una isla del Danubio por haber actuado como testigo en una boda no autorizada. Pero Garcilaso de la Vega tenía buenos e influyentes amigos y el mismísimo duque de Alba intermedió para que se le concediera un indulto aunque debía mostrar de nuevo su lealtad defendiendo Nápoles. Aquí sí es unánime la crítica en la importancia del lugar, ya que durante este tiempo se codeó con la intelectualidad de la época empapándose de los nuevos modos y de las nuevas características del Renacimiento literario. Tras pasar por Túnez, es herido de gravedad (por realizar una misión suicida) en el asalto a la Fortaleza De Muy y muere en Niza en 1536.  

La vida personal de Garcilaso de la Vega está marcada por el nombre de dos mujeres. Se casó siendo un veinteañero con Elena de Zúñiga con quien no llegó a congeniar. El otro nombre está grabado en la historia de la literatura española por ser la destinataria de hermosos versos y composiciones: Isabel de Freyre. De gran belleza, cultura y refinamiento era una de las damas de compañía que la reina se había hecho acompañar desde Portugal. Este amor (del que no se sabe hasta qué punto fue platónico o se llegó a consumar) condenó al poeta a un enorme sufrimiento. Primero fue el casamiento con uno de los capitanes de la corte y luego la muerte de la dama de manera prematura. 

Garcilaso de la Vega modelo cortesano del Renacimiento  

De sus dones intelectuales, hago mías las palabras de J.L. Alborg:  

“Garcilaso de la Vega es, en lo humano, la más perfecta encarnación del ideal del “cortesano” renacentista, tal como lo había definido Castiglione. Según las descripciones de sus contemporáneos debió ser un hombre de gran atractivo personal, tanto por sus prendas físicas como por su carácter, su inteligencia y sus condiciones de hombre de mundo. Fue cabal la fusión del hombre de armas y de letras; la fama de su arrojo pudo llegar hasta inspirar leyendas, y como escritor realizó la obra poética que mayor trascendencia ha tenido dentro de la lírica castellana. Poseía a la perfección el griego, el latín, el toscano y el francés. Hombre universal, abierto a todas las inquietudes espirituales de su tiempo, vivió en su corta vida toda una carrera de amores, de heroísmos, de creación intensa, de acción real y de platónicos idealismos”. 

 

Obras de Garcilaso de la Vega 

“Tomando ora la espada, ora la pluma” (según uno de sus versos) escribió una obra corta pero intensa en su grandeza. Esta se reduce a tres églogas, dos elegías, una epístola, cinco canciones y treinta ocho sonetos realizados siguiendo los postulados de la nueva poética italianizante. Además, compuso algunos temas de línea popular. Su obra al completo fue publicada tras su muerte por la viuda de Juan Boscán formando parte del libro IV de la edición de 1543 de Barcelona. 

Églogas de Garcilaso de la Vega

Las tres fueron escritas en Nápoles siguiendo el modelo de Petrarca. 

1.- La primera Égloga parece realizada en dos periodos distintos. Habría una primera redacción tras salir de Toledo rumbo a Nápoles y la segunda, con algunos versos añadidos, tras el fallecimiento de Isabel Freyre. En ella se cantan los amores desgraciados de Salicio despechado por Galatea y de Nemoroso que ha perdido a Elisa. Toda en ella es un puro sentimiento amoroso que, aunque desdichado, están expresados sin dramatismo sino con contenida elegancia. 

2.- La segunda Égloga tiene dos partes diferenciadas. En la primera, un pastor de nombre Albanio canta su amor por Camila. La segunda parte es una apología del duque de Alba en agradecimiento por haber mediado para que el rey le levantara el destierro.

3.- La tercera Égloga afronta otro de los temas de la poesía renacentista: la naturaleza bucolizada. Garcilaso de la Vega canta las maravillas del Tajo, el río de su ciudad natal, para terminar con el diálogo de dos parejas de pastores enamorados.  

Otras obras de Garcilaso de la Vega

Algunos de sus sonetos como el XIII y el XXIII que se reproduce a continuación forman parte del canon imprescindible de la literatura en español con su lengua delicada y el desarrollo de sus suaves metáforas. Una de las canciones, La flor del Gnido, sigue la temática amorosa de las églogas y la mayoría de los sonetos, mientras las elegías y las epístolas están dirigidas a sus amigos Juan Boscán y el Duque de Alba.  

Estilo de la obra de Garcilaso de la Vega 

Puede decirse que Garcilaso de la Vega supuso un antes y un después en la historia de la literatura española y prueba de ello es que algunos de sus versos (“Si de mi baja lira” o la “Voz a ti debida”) han sido recogidos para dar nombre a un tropo nuevo (lira) o posteriores acertados poemarios (el de Pedro Salinas). Fue por tanto inspiración y modelo para buena parte de los poetas que llegaron después. Resumiendo mucho su estilo se condensa en las siguientes líneas: 

1.- La temática amorosa, elegante, sutil y con un punto de melancolía es la preferente en todas sus obras. Toda ella está inspirada por la pasión que sentía hacia Isabel Freyre y el dolor por su pérdida. 

2.- Aunque había sido ensayado con anterioridad en Garcilaso de la Vega el endecasílabo se desliza bajo su pluma con todo su esplendor musical. 

3.- La herencia de la mitología clásica con sus dioses, héroes, ninfas o metamorfosis tiene una fuerte impronta (“A Dafne ya los brazos le crecían” es claro ejemplo de ello). 

4.- A pesar de su uso de metáforas y figuras retóricas, estas nunca asfixian al poema. Todo lo contrario: se deslizan como con naturalidad por el mismo para ofrecernos un mundo de melancolía, sensualidad y sentimientos apasionados dulcificados por un espíritu de extrema cortesía. 

5.- La retórica, por tanto, no alcanza el abigarramiento posterior y siempre está al servicio del sentido del texto. El poeta no se entretiene demostrando su pericia con la lengua sino que busca esas figuras porque “son necesarias”. Todo ello desemboca en una deliciosa claridad.

6.- Hay unanimidad en afirmar que cada una de las palabras expresadas en su obra rezuman sensibilidad, verismo y realidad íntima más que cualquier otro ejercicio artificioso o de juego. Por eso, sus versos han llegado de una forma tan honda a los lectores de varios siglos y han sobrepasado las brumas del tiempo casi intactos. 

Poemas de Garcilaso de la Vega más representativos 

Soneto XIII de Garcilaso de la Vega 

A Dafne ya los brazos le crecían, 

y en luengos ramos vueltos se mostraban; 

en verdes hojas vi que se tornaban 

los cabellos que'l oro escurecían. 

 

De áspera corteza se cubrían 

los tiernos miembros que aún bullendo estaban; 

los blancos pies en tierra se hincaban 

y en torcidas raíces se volvían. 

 

Aquel que fue la causa de tal daño, 

a fuerza de llorar, crecer hacía 

este árbol, que con lágrimas regaba. 

 

¡Oh miserable estado!, ¡oh mal tamaño! 

¡Que con llorarla crezca cada día 

la causa y la razón porque lloraba!

 

Soneto XXIII de Garcilaso de la Vega

   

En tanto que de rosa y de azucena 

se muestra la color en vuestro gesto, 

y que vuestro mirar ardiente, honesto, 

con clara luz la tempestad serena;

 

Y en tanto que el cabello, que en la vena 

del oro se escogió, con vuelo presto 

por el hermoso cuello blanco, enhiesto, 

el viento mueve, esparce y desordena:

 

Coged de vuestra alegre primavera 

el dulce fruto antes que el tiempo airado 

cubra de nieve la hermosa cumbre.

 

Marchitará la rosa el viento helado, 

todo lo mudará la edad ligera 

por no hacer mudanza en su costumbre.

 

En definitiva, Garcilaso de la Vega fue el gran poeta del Renacimiento cuando los modelos arcaicos quedaban relegados, convirtiéndose, a la par, en el espejo de líricos de distinta condición a lo largo de los siguientes siglos. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Juan Boscán fue el introductor de la lírica renacentista en España desde una doble vía: como poeta de las nuevos modos procedentes de Italia y como traductor de una de las obras más influyentes de la época: El Cortesano de Baltasar de Castiglioni. Aunque en el siglo XV algunos poetas habían ensayado con las nuevas formas (tal es el caso de Juan de Mena), es en el reinado de Carlos I cuando comienza la verdadera revolución en la poesía renacentista. Y Juan Boscán, junto con el sublime Garcilaso de la Vega, es uno de los protagonistas indiscutibles.  

Biografía de Juan Boscán de Almogaver 

La política en el Renacimiento, no solo en España sino también en el resto de Europa, se caracteriza por una concentración de poder en manos de la monarquía en detrimento de los señores feudales. Esto conllevó, en primera instancia, un aumento desconocido de la riqueza que no solo se empleaba en campañas militares sino también en emprendimientos de paz: creación de universidades, patronazgo de edición o de arte, financiación de descubrimientos geográficos… En este cambio, las cortes se hacen poderosas y se llenan de personas cultivadas y exquisitas en las que se propicia el desarrollo de personajes con intereses diversos. Y es aquí donde tenemos que situar a Juan Boscán, nacido a finales del siglo XV (en una fecha indeterminada entre 1487 y 1492) en Barcelona. De familia aristocrática y vinculada a la monarquía gracias a éxitos de su abuelo, estuvo, primero, en la corte de los Reyes Católicos y, después, en la de Carlos I a quien acompañó en campañas militares o de diplomacia.  Hay que resaltar además que, debido a su exquisita formación humanística, fue preceptor del duque de Alba, casa que, en la época ya despuntaba en acumulación de poder.   

Fue en este ambiente, entre caballeresco, militar y humanista, donde conoce a Garcilaso de la Vega a quien incita para que componga en los nuevos moldes poéticos. Sin embargo, Juan Boscán no fue un cortesano burócrata al uso y acompañó al rey en distintas misiones, escaramuzas y cercos. Estuvo en Rodas o Viena antes de retirarse a su Barcelona natal donde murió en 1542. Cabe también reseñar que otra figura importante en la vida de Juan Boscán fue su esposa, Ana Girón de Rebolledo, una dama culta que, a la muerte del poeta, no solo recogió todos sus versos para su publicación sino también los de Garcilaso de la Vega.  

La revolución de la poesía renacentista de la mano de Juan Boscán  

En una carta fechada en la primavera de 1526 el poeta nos cuenta como, a petición del embajador veneciano en la corte, Andrea Navagero, se pone a ensayar con los nuevos modos poéticos dejando para siempre atrás los escritos de los autores de la Edad Media. La poesía popular que había sido una de las principales características de la literatura medieval queda, de momento, aparcada en post de un cultivo de la poesía culta que se despliega en todo su esplendor a través de un castellano perfectamente formado e, incluso, con una Gramática publicada (la de Antonio de Nebrija) en la que se sistematizan las reglas del “buen decir”. Es ahora cuando los versos se llenan de elegancia, de metáforas brillantes y de un mundo idílico en el que conviven los amores platónicos con los mitos de la antigüedad clásica. En líneas generales, podemos resumir las principales características de esta poesía que surge en el Renacimiento, de la que Juan Boscán es uno de sus artífices principales,  en los siguientes extremos: 

1.- Se adopta por primera vez el endecasílabo que tantos frutos felices dará en la literatura de la época y en la posterior hasta llegar hasta nuestros días.  

2.- El particular ritmo de este metro (con acento en la cuarta o sexta y octava sílabas) se aviene con la fonética española facilitando un ritmo distinto al sencillo de siglos atrás. A la par, se crean nuevas estrofas que aún perduran en el siglo XXI: el soneto, los tercetos, las octavas reales…

3.- Junto con el endecasílabo, el protagonista en arte menor es el heptasílabo. 

4.- Quedan aparcados los temas épicos, guerreros y contemporáneos de los cantares de gesta medievales sustituidos por una nueva cosmovisión temática. Ahora, la literatura renacentista,  canta al amor profano, carnal y terrenal con una sublime elegancia y un acento en el lector culto, exquisito y cultivado. En estos poemas la mujer (real o fantaseada) se convierte en eje central ya que es vehículo para alcanzar la excelsa belleza divina y la felicidad temporal. 

5.- Junto con el tema amoroso idealizado, nos encontramos una naturaleza bucólica, estilizada y amena que sirve de marco sereno a las historias narradas en los poemas. 

6.- Las tramas adoptan los personajes, dioses y mitos de la antigüedad clásica que se recuperaba a la par que se sucedían los estudios en latín, las nuevas ediciones críticas que lanzaban las imprentas y toda la cultura se empapaba de esta nueva forma de sentir que sobrevuela el hombre en el Renacimiento y su particular cosmovisión vital. 

7.- Los poemas están realizados por creadores cultos, de educación exquisita y esmerada que son consciente de su posición en el mundo. El público popular queda totalmente relegado y se crea para ser leídos por pares que, en ocasiones, también se atreven (con desigual acierto) en la composición poética. 

8.- El lenguaje, sin llegar al forzamiento barroco, se llena de metáforas, de tropos, de algún torcimiento sintáctico y/o semántico que lo convierte en literariamente elaborado. 

9.-Las obras dejan el carácter oral de siglos pasados y tienen como meta la publicación y la lectura en privado. 

10.- Juan Boscán, aunque no fue el mayor representante de la poesía renacentista, sí fue su introductor al crear versos en esta nueva versificación y, de alguna manera u otra, dio a conocer sus posibilidades. 

Obras de Juan Boscán

Sus poesías se agrupan en tres libros publicados por su viuda tras su muerte. Al fallecimiento de Garcilaso de la Vega, el más sublime poeta del Renacimiento español, se añadieron también las obras de este. El índice es el que sigue:

1.- El primer libro recoge los versos compuestos a la manera tradicional. 

2.- El segundo se agrupa bajo 92 sonetos y 10 canciones considerados por la crítica lo mejor de su poesía siguiendo las formas procedentes de Italia. 

3.- El tercero lo componen tres obras: Epístola a Mendoza, en tercetos; Octava rima e  Historia de Hero y Leandro siguiendo los mitos clásicos que caracteriza la poesía renacentista. Es la Epístola a Mendoza donde mejor se transparenta los principios del humanismo que caracterizó todo el Renacimiento y que Juan Boscán abrazó como una forma novedosa de crecimiento personal a través de la cultura.  

Además, Juan Boscán tradujo al castellano El Cortesano de Castiglione introduciendo en España un manual del perfecto caballero y sus virtudes.  

Importancia de Juan Boscán para la historia de la literatura española 

Juan Boscán se ha puesto constantemente en comparación con Garcilaso de la Vega y de resultas siempre sale mal parado. Aunque la crítica y la historia de la literatura lo califica como un autor mediano con poemas de calidad dispersa a veces, ya que incluso Menéndez Pidal llega a poner el calificativo de ruda a algunas de sus composiciones, sin duda su poesía supuso un antes y un después. Fue el introductor de un mundo que quedó aparcado durante los largos siglos de la Edad Media: el de la antigua literatura griega y latina repleta de historias amorosas, pasiones, vicios y también, por supuesto, virtudes. Todo ello ponía al nuevo hombre frente al espejo de su alma de una forma radicalmente distinta a la cosmovisión religiosa de la Edad Media. 

Además, de manera consciente, ya que así lo deja escrito incluso, trabaja y practica con los nuevas formas poéticas puliendo las aristas de una forma de versificar desconocida en castellano. Esta se le atranca a veces y no tiene la fluidez de otros poetas que llegarían después pero Juan Boscán fue el que señaló el camino. Y así nos lo reconoce: 

“Estando un día en Granada con el Navagero… tratando con él en cosas de ingenio y de letras y de especialmente de las variedades de muchas lenguas, me dixo por qué no provava en lengua castellana sonetos y otras artes de trobas usadas por los buenos authores de Italia, y no solamente me lo dixo assí livianamente, más aún me rogó que lo hiciese. Partime pocos días después para mi casa, y a la largueza y la soledad del camino, discurriendo por diversas cosas, fuy a dar muchas vezes en lo que el Navagero me havía dicho. Y assí començé a tentar este género de verso, en el cual al principio hallé alguna dificultad por ser muy artificioso y tener muchas particularidades distintas del nuestro. Pero después, pareciéndome quiçá con el amor de las cosas propias que esto començaba a suceder bien, fuy paso a paso metiéndome con calor en ello”.  

Y así fue como, con pasión y un poco de entrenamiento Juan Boscán introdujo una forma de versificar en el siglo XVI que ha llegado hasta el siglo XXI colocando los cimientos básicos de la poesía en español y trastocando los moldes de la literatura medieval de carácter popular, sencillo y básico que corresponde a un idioma en ebullición. Contribuyó, por tanto, a generar una poesía culta, artificiosa y armónica desconocida hasta entonces en español. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Juan Boscán fue el introductor de la lírica renacentista en España desde una doble vía: como poeta de las nuevos modos procedentes de Italia y como traductor de una de las obras más influyentes de la época: El Cortesano de Baltasar de Castiglioni. Aunque en el siglo XV algunos poetas habían ensayado con las nuevas formas (tal es el caso de Juan de Mena), es en el reinado de Carlos I cuando comienza la verdadera revolución en la poesía renacentista. Y Juan Boscán, junto con el sublime Garcilaso de la Vega, es uno de los protagonistas indiscutibles.  

Biografía de Juan Boscán de Almogaver 

La política en el Renacimiento, no solo en España sino también en el resto de Europa, se caracteriza por una concentración de poder en manos de la monarquía en detrimento de los señores feudales. Esto conllevó, en primera instancia, un aumento desconocido de la riqueza que no solo se empleaba en campañas militares sino también en emprendimientos de paz: creación de universidades, patronazgo de edición o de arte, financiación de descubrimientos geográficos… En este cambio, las cortes se hacen poderosas y se llenan de personas cultivadas y exquisitas en las que se propicia el desarrollo de personajes con intereses diversos. Y es aquí donde tenemos que situar a Juan Boscán, nacido a finales del siglo XV (en una fecha indeterminada entre 1487 y 1492) en Barcelona. De familia aristocrática y vinculada a la monarquía gracias a éxitos de su abuelo, estuvo, primero, en la corte de los Reyes Católicos y, después, en la de Carlos I a quien acompañó en campañas militares o de diplomacia.  Hay que resaltar además que, debido a su exquisita formación humanística, fue preceptor del duque de Alba, casa que, en la época ya despuntaba en acumulación de poder.   

Fue en este ambiente, entre caballeresco, militar y humanista, donde conoce a Garcilaso de la Vega a quien incita para que componga en los nuevos moldes poéticos. Sin embargo, Juan Boscán no fue un cortesano burócrata al uso y acompañó al rey en distintas misiones, escaramuzas y cercos. Estuvo en Rodas o Viena antes de retirarse a su Barcelona natal donde murió en 1542. Cabe también reseñar que otra figura importante en la vida de Juan Boscán fue su esposa, Ana Girón de Rebolledo, una dama culta que, a la muerte del poeta, no solo recogió todos sus versos para su publicación sino también los de Garcilaso de la Vega.  

La revolución de la poesía renacentista de la mano de Juan Boscán  

En una carta fechada en la primavera de 1526 el poeta nos cuenta como, a petición del embajador veneciano en la corte, Andrea Navagero, se pone a ensayar con los nuevos modos poéticos dejando para siempre atrás los escritos de los autores de la Edad Media. La poesía popular que había sido una de las principales características de la literatura medieval queda, de momento, aparcada en post de un cultivo de la poesía culta que se despliega en todo su esplendor a través de un castellano perfectamente formado e, incluso, con una Gramática publicada (la de Antonio de Nebrija) en la que se sistematizan las reglas del “buen decir”. Es ahora cuando los versos se llenan de elegancia, de metáforas brillantes y de un mundo idílico en el que conviven los amores platónicos con los mitos de la antigüedad clásica. En líneas generales, podemos resumir las principales características de esta poesía que surge en el Renacimiento, de la que Juan Boscán es uno de sus artífices principales,  en los siguientes extremos: 

1.- Se adopta por primera vez el endecasílabo que tantos frutos felices dará en la literatura de la época y en la posterior hasta llegar hasta nuestros días.  

2.- El particular ritmo de este metro (con acento en la cuarta o sexta y octava sílabas) se aviene con la fonética española facilitando un ritmo distinto al sencillo de siglos atrás. A la par, se crean nuevas estrofas que aún perduran en el siglo XXI: el soneto, los tercetos, las octavas reales…

3.- Junto con el endecasílabo, el protagonista en arte menor es el heptasílabo. 

4.- Quedan aparcados los temas épicos, guerreros y contemporáneos de los cantares de gesta medievales sustituidos por una nueva cosmovisión temática. Ahora, la literatura renacentista,  canta al amor profano, carnal y terrenal con una sublime elegancia y un acento en el lector culto, exquisito y cultivado. En estos poemas la mujer (real o fantaseada) se convierte en eje central ya que es vehículo para alcanzar la excelsa belleza divina y la felicidad temporal. 

5.- Junto con el tema amoroso idealizado, nos encontramos una naturaleza bucólica, estilizada y amena que sirve de marco sereno a las historias narradas en los poemas. 

6.- Las tramas adoptan los personajes, dioses y mitos de la antigüedad clásica que se recuperaba a la par que se sucedían los estudios en latín, las nuevas ediciones críticas que lanzaban las imprentas y toda la cultura se empapaba de esta nueva forma de sentir que sobrevuela el hombre en el Renacimiento y su particular cosmovisión vital. 

7.- Los poemas están realizados por creadores cultos, de educación exquisita y esmerada que son consciente de su posición en el mundo. El público popular queda totalmente relegado y se crea para ser leídos por pares que, en ocasiones, también se atreven (con desigual acierto) en la composición poética. 

8.- El lenguaje, sin llegar al forzamiento barroco, se llena de metáforas, de tropos, de algún torcimiento sintáctico y/o semántico que lo convierte en literariamente elaborado. 

9.-Las obras dejan el carácter oral de siglos pasados y tienen como meta la publicación y la lectura en privado. 

10.- Juan Boscán, aunque no fue el mayor representante de la poesía renacentista, sí fue su introductor al crear versos en esta nueva versificación y, de alguna manera u otra, dio a conocer sus posibilidades. 

Obras de Juan Boscán

Sus poesías se agrupan en tres libros publicados por su viuda tras su muerte. Al fallecimiento de Garcilaso de la Vega, el más sublime poeta del Renacimiento español, se añadieron también las obras de este. El índice es el que sigue:

1.- El primer libro recoge los versos compuestos a la manera tradicional. 

2.- El segundo se agrupa bajo 92 sonetos y 10 canciones considerados por la crítica lo mejor de su poesía siguiendo las formas procedentes de Italia. 

3.- El tercero lo componen tres obras: Epístola a Mendoza, en tercetos; Octava rima e  Historia de Hero y Leandro siguiendo los mitos clásicos que caracteriza la poesía renacentista. Es la Epístola a Mendoza donde mejor se transparenta los principios del humanismo que caracterizó todo el Renacimiento y que Juan Boscán abrazó como una forma novedosa de crecimiento personal a través de la cultura.  

Además, Juan Boscán tradujo al castellano El Cortesano de Castiglione introduciendo en España un manual del perfecto caballero y sus virtudes.  

Importancia de Juan Boscán para la historia de la literatura española 

Juan Boscán se ha puesto constantemente en comparación con Garcilaso de la Vega y de resultas siempre sale mal parado. Aunque la crítica y la historia de la literatura lo califica como un autor mediano con poemas de calidad dispersa a veces, ya que incluso Menéndez Pidal llega a poner el calificativo de ruda a algunas de sus composiciones, sin duda su poesía supuso un antes y un después. Fue el introductor de un mundo que quedó aparcado durante los largos siglos de la Edad Media: el de la antigua literatura griega y latina repleta de historias amorosas, pasiones, vicios y también, por supuesto, virtudes. Todo ello ponía al nuevo hombre frente al espejo de su alma de una forma radicalmente distinta a la cosmovisión religiosa de la Edad Media. 

Además, de manera consciente, ya que así lo deja escrito incluso, trabaja y practica con los nuevas formas poéticas puliendo las aristas de una forma de versificar desconocida en castellano. Esta se le atranca a veces y no tiene la fluidez de otros poetas que llegarían después pero Juan Boscán fue el que señaló el camino. Y así nos lo reconoce: 

“Estando un día en Granada con el Navagero… tratando con él en cosas de ingenio y de letras y de especialmente de las variedades de muchas lenguas, me dixo por qué no provava en lengua castellana sonetos y otras artes de trobas usadas por los buenos authores de Italia, y no solamente me lo dixo assí livianamente, más aún me rogó que lo hiciese. Partime pocos días después para mi casa, y a la largueza y la soledad del camino, discurriendo por diversas cosas, fuy a dar muchas vezes en lo que el Navagero me havía dicho. Y assí començé a tentar este género de verso, en el cual al principio hallé alguna dificultad por ser muy artificioso y tener muchas particularidades distintas del nuestro. Pero después, pareciéndome quiçá con el amor de las cosas propias que esto començaba a suceder bien, fuy paso a paso metiéndome con calor en ello”.  

Y así fue como, con pasión y un poco de entrenamiento Juan Boscán introdujo una forma de versificar en el siglo XVI que ha llegado hasta el siglo XXI colocando los cimientos básicos de la poesía en español y trastocando los moldes de la literatura medieval de carácter popular, sencillo y básico que corresponde a un idioma en ebullición. Contribuyó, por tanto, a generar una poesía culta, artificiosa y armónica desconocida hasta entonces en español. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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La lírica renacentista en España se caracteriza por un fuerte influjo de los modos poéticos italianos, sobre todo de Petrarca. A principios del siglo XVI y con el reinado de Carlos I especialmente, nos encontramos una serie de poetas cultos que abandonan los modos medievales para abrazar el endecasílabo y estrofas nuevas: sonetos, tercetos, octavas reales… Por otro lado, los poemas se alejan de las narraciones medievales para girar en torno a la temática amorosa (con un fuerte sustrato de los mitos, historias, dioses y héroes de la antigüedad clásica) en un entorno natural bucólico, estilizado y platonizado.  

Orígenes de la lírica renacentista 

Aunque se considera que fue Juan Boscán el que introdujo los modos, formas y modelos de la poesía petrarquista en España, podemos encontrar algunos ejemplos con anterioridad. Bien es verdad que algunos críticos se remontan a algunos autores de la Edad Media como pudiera ser el Marqués de Santillana, pero el único que compuso versos a “la nueva manera” anterior al siglo XVI fue Juan de Mena quien se hace eco de los amores y amoríos de la literatura griega o romana. Tanto fue así que su nombre estuvo en la lista de los libros prohibidos de la Inquisición por su fuerte paganismo. 

No obstante estos ejemplos que están en la bisagra con la literatura medieval, la lírica renacentista en España comienza con la introducción de los nuevos modos por parte de Juan Boscán, amplificados hasta llegar al nivel sublime de Garcilaso de la Vega, el más excelso representante de la poesía renacentista y uno de los grandes nombres de la historia literaria en español. Es el mismo Boscán el que cuenta cómo y por qué se introduce en “la nueva manera” azuzado intelectualmente por el embajador de Venecia, Nicolás Navaggiero. Eso sucedió en la primavera de 1526 cuando las características del Renacimiento literario en España comienzan a asentarse plenamente.  

Características de la lirica renacentista 

Esta nueva forma de crear poesía nada tenía que ver con los, a veces, rudos, sencillos y populares versos medievales. Tanto es así que son totalmente distintos a los cantares de gesta épicos o las coplillas tradicionales. Los poetas de esta nueva etapa viven en un mundo en transformación en el que el poder está concentrado en manos de los reyes y hay una mayor riqueza disponible. Paralelamente, se han abandonado los estudios en los monasterios con sus correspondientes talleres donde se copiaban a mano los libros medievales. Todo eso pasó a la historia y el nuevo mundo ofrece tierras desconocidas, inventos que facilitan la vida, mayor conocimiento en farmacopea o medicina, un número de libros disponibles hasta entonces inimaginable gracias a la imprenta, formación universitaria en modernos claustros que se abren no solo en España sino en todo el territorio europeo. 

Los creadores de esta nueva poesía lírica viven y disfruta ese nuevo tiempo, ya que la gran mayoría de ellos han recibido exquisita formación en lenguas muertas y vivas, ocupan altos cargos militares, cortesanos o de diplomacia. Las lenguas vernáculas ya están plenamente formadas incluso con sus gramáticas en circulación, como la de Antonio de Nebrija, y todo ello actúa en sinergia para crear versos cultos, con un lenguaje sofisticado, siguiendo un estilo elegante repleto de metáforas y unos ritmos suaves. El público ya no sería un pueblo en busca de ocio sencillo sino pares semejantes que tanto se deleitan con esta nueva poesía como la imitan y reproducen. Resumiendo mucho, las características de la literatura renacentista se engloba en las siguientes. 

1.- Los nuevos metros y tropos de la lírica renacentista 

Se abandona totalmente los versos medievales tanto del mester de juglaría como la cuaderna vía que había caracterizado el mester de clerecía. El nuevo rey de la poesía en español será el endecasílabo que tan bellos frutos dará en ese momento y en la historia posterior. El acento, al trasladarse a la 6ª o 4ª y 8ª sílabas, imprime un ritmo suave concordante con el español ya formado plenamente. Con el nuevo verso se crean estrofas distintas que serán la base poética de nuestro idioma: el soneto, los tercetos o la lira y la silva en arte menor donde predomina el heptasílabo. Por otro lado, se recurre a un lenguaje erudito, culto, elegante plagado de suaves metáforas.  

2.- Temas favoritos de la lírica renacentista

Lejos quedaron las batallas cruentas que nos han llegado a través de un puñado de ejemplos de cantares de gesta medievales. La nueva poesía ensalza el amor mundano en el que la mujer es el centro temático ya sea para alabar su belleza como sus dones espirituales. La felicidad (concepto central del Renacimiento literario) se alcanza a través de ese sentimiento profano que, si bien está platonizado, a veces se regodea (con suavidad y elegancia) en el más carnal y terrenal. Esa narración poética, además, gira en torno a una naturaleza que está tratada de forma bucólica, amena y estilizada al máximo. Y, por último, entra a formar parte de estos poemas un mundo pagano lleno de dioses que no dudan en emparejarse con mortales, en los que las pasiones e, incluso, los vicios, son el eje principal de las historias. Todo ello borra de un plumazo la literatura didáctica o moralizante medieval para centrarse en el aquí y el ahora y en vivir la felicidad en el mundo terrenal, ideas que caracterizaban, además, el hombre en el Renacimiento y su particular cosmovisión.  

Autores de la lirica renacentista

Todos ellos, como he anotado más arriba son creadores con una formación exquisita, cultivados, cosmopolitas y conocedores de los avances (culturales, artísticos y científicos) de su tiempo. Son, además, conscientes de que están creando una poesía nueva desconocida en castellano.  

1.- Juan Boscán, el introductor de la lírica renacentista 

Aunque algunos modos ya habían sido ensayados con anterioridad, fue Juan Boscán quien, de una manera reflexiva y consciente, adopta esos nuevos modos poéticos, extremo reconocido por él mismo. 

“Estando un día en Granada con el Navagero [embajador veneciano] tratando con él en cosas de ingenio y de letras y especialmente en las variedades de muchas lenguas, me dixo por qué no provava en lengua castellana sonetos y otras artes de trobas usadas por los buenos authores de Italia, y no solamente me lo dixo assí livianamente, más aún me rogó que lo hiziese”. 

Eso fue en 1526 y Juan Boscán no tenía más de 30 años. La semilla estaba puesta y luego se reproduciría bellamente de la mano de su gran amigo Garcilaso de la Vega a quien conocería en la corte de Carlos I.  Hasta allí llegó el poeta (nacido con toda probabilidad a finales del siglo XV en Barcelona) para formarse y llegar a ser preceptor del duque de Alba. Como otros poetas del Renacimiento, su faceta intelectual corría pareja a la vida militar o diplomática. Participó, junto al emperador, en expediciones y cercos. Sus versos se publicaron por su viuda, tras su muerte en 1542, agrupados en tres libros distintos. Fue, además, el traductor de El Cortesano de Nicolás de Castiglione, manual del perfecto caballero de la época. 

2.- Garcilaso de la Vega, el mejor representante de la lírica renacentista 

Nació en Toledo en una fecha indeterminada aunque la crítica anota el año de 1501. De familia aristocrática, se educó en la corte junto con los príncipes y los mejores preceptores. De resultas de esta exclusiva formación, hizo gala no solo de dotes humanísticas, diplomáticas o artísticas sino también militares. Se casa con Elena de Zúñiga siendo un veinteañero pero su gran amor fue Isabel Freyre, aristócrata portuguesa que acompañaba a la reina como dama de compañía. Es a ella a quien dedica sus mejores versos y los más sentidos cuando fallece dejando al poeta desolado. Garcilaso de la Vega acompañó al rey en innumerables batallas, campañas y cercos muriendo en uno de ellos, en el de la Fortaleza De Muy, en octubre de 1536 tras realizar una acción suicida. 

A pesar de su corta vida y de un corpus literario pequeño, sus poemas marcan un antes y un después no solo en la lírica renacentista sino en las letras españolas. Compuso tres églogas, una epístola, cinco canciones y 38 sonetos. También se han añadido un puñado de poemas a la manera popular. Todos ellos fueron publicados por la viuda de Boscán convirtiéndose en modo poético a imitar para las generaciones posteriores. A la sencillez de su lengua, se une un estilo elegante, culto y cultivado que no cae en el forzamiento estilístico. Sus poemas amorosos están repletos de todas esas características de la lírica del Renacimiento en el que son protagonistas pastores gentiles enamorados de la belleza humana y respetuosos con una naturaleza idealizada y estilizada en extremo.  

Otros autores de la lírica renacentista 

3.- Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575)

Nacido en Granada de familia aristocrática, estudió en Salamanca e Italia. Políglota, culto y exquisito, recibió también formación militar. Todo este currículum trabajó a su favor para que fuera propuesto en delicadas misiones diplomáticas o de guerra. Con el éxito llegaron las riquezas materiales que invertía completamente en una biblioteca tan completa que, tras su muerte y legado al rey Felipe II, pasó a formar parte de los libros de El Escorial. Su obra es extensa y en ella se mezclan poemas característicos de la lírica renacentista al estilo italianizante con otros de líneas más populares, jocosas y satíricas.  

4.- Hernando de Acuña (1520-1580) 

Es otro prototipo de poeta soldado tan característico de la literatura renacentista. Sus mejores obras van en línea con los temas mitológicos tan al gusto de la época.  

5.- Gutiérrez de Cetina (1520-1557) 

Nacido en Sevilla, pasó a Las Indias donde creó el grueso de su obra donde destacó en la composición de madrigales que, posteriormente, han sido musicalizados.  

6.- Francisco de Sá Miranda (1485-1558)

De origen y lengua materna portuguesa, conocía el español tan bien que elaboró 75 composiciones en castellano. Fue, además, el introductor de los modos italianizantes en el país luso. 

Por lo demás, la lírica renacentista no solo tuvo el favor de los poetas españoles o portugueses sino que también encontró un hueco en la literatura alemana, francesa o inglesa aunque en periodos más tardíos y en ejemplos no tan sublimes como los castellanos.

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Libros y palabras, poemas y cuentos, pausas y tertulias, recursos estilísticos, autores que nos inspiran, estilos que nos atrapan... Literatura de todos los tiempos y de todos los lugares que nos ayudan a viajar por el mundo. 

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La lírica renacentista en España se caracteriza por un fuerte influjo de los modos poéticos italianos, sobre todo de Petrarca. A principios del siglo XVI y con el reinado de Carlos I especialmente, nos encontramos una serie de poetas cultos que abandonan los modos medievales para abrazar el endecasílabo y estrofas nuevas: sonetos, tercetos, octavas reales… Por otro lado, los poemas se alejan de las narraciones medievales para girar en torno a la temática amorosa (con un fuerte sustrato de los mitos, historias, dioses y héroes de la antigüedad clásica) en un entorno natural bucólico, estilizado y platonizado.  

Orígenes de la lírica renacentista 

Aunque se considera que fue Juan Boscán el que introdujo los modos, formas y modelos de la poesía petrarquista en España, podemos encontrar algunos ejemplos con anterioridad. Bien es verdad que algunos críticos se remontan a algunos autores de la Edad Media como pudiera ser el Marqués de Santillana, pero el único que compuso versos a “la nueva manera” anterior al siglo XVI fue Juan de Mena quien se hace eco de los amores y amoríos de la literatura griega o romana. Tanto fue así que su nombre estuvo en la lista de los libros prohibidos de la Inquisición por su fuerte paganismo. 

No obstante estos ejemplos que están en la bisagra con la literatura medieval, la lírica renacentista en España comienza con la introducción de los nuevos modos por parte de Juan Boscán, amplificados hasta llegar al nivel sublime de Garcilaso de la Vega, el más excelso representante de la poesía renacentista y uno de los grandes nombres de la historia literaria en español. Es el mismo Boscán el que cuenta cómo y por qué se introduce en “la nueva manera” azuzado intelectualmente por el embajador de Venecia, Nicolás Navaggiero. Eso sucedió en la primavera de 1526 cuando las características del Renacimiento literario en España comienzan a asentarse plenamente.  

Características de la lirica renacentista 

Esta nueva forma de crear poesía nada tenía que ver con los, a veces, rudos, sencillos y populares versos medievales. Tanto es así que son totalmente distintos a los cantares de gesta épicos o las coplillas tradicionales. Los poetas de esta nueva etapa viven en un mundo en transformación en el que el poder está concentrado en manos de los reyes y hay una mayor riqueza disponible. Paralelamente, se han abandonado los estudios en los monasterios con sus correspondientes talleres donde se copiaban a mano los libros medievales. Todo eso pasó a la historia y el nuevo mundo ofrece tierras desconocidas, inventos que facilitan la vida, mayor conocimiento en farmacopea o medicina, un número de libros disponibles hasta entonces inimaginable gracias a la imprenta, formación universitaria en modernos claustros que se abren no solo en España sino en todo el territorio europeo. 

Los creadores de esta nueva poesía lírica viven y disfruta ese nuevo tiempo, ya que la gran mayoría de ellos han recibido exquisita formación en lenguas muertas y vivas, ocupan altos cargos militares, cortesanos o de diplomacia. Las lenguas vernáculas ya están plenamente formadas incluso con sus gramáticas en circulación, como la de Antonio de Nebrija, y todo ello actúa en sinergia para crear versos cultos, con un lenguaje sofisticado, siguiendo un estilo elegante repleto de metáforas y unos ritmos suaves. El público ya no sería un pueblo en busca de ocio sencillo sino pares semejantes que tanto se deleitan con esta nueva poesía como la imitan y reproducen. Resumiendo mucho, las características de la literatura renacentista se engloba en las siguientes. 

1.- Los nuevos metros y tropos de la lírica renacentista 

Se abandona totalmente los versos medievales tanto del mester de juglaría como la cuaderna vía que había caracterizado el mester de clerecía. El nuevo rey de la poesía en español será el endecasílabo que tan bellos frutos dará en ese momento y en la historia posterior. El acento, al trasladarse a la 6ª o 4ª y 8ª sílabas, imprime un ritmo suave concordante con el español ya formado plenamente. Con el nuevo verso se crean estrofas distintas que serán la base poética de nuestro idioma: el soneto, los tercetos o la lira y la silva en arte menor donde predomina el heptasílabo. Por otro lado, se recurre a un lenguaje erudito, culto, elegante plagado de suaves metáforas.  

2.- Temas favoritos de la lírica renacentista

Lejos quedaron las batallas cruentas que nos han llegado a través de un puñado de ejemplos de cantares de gesta medievales. La nueva poesía ensalza el amor mundano en el que la mujer es el centro temático ya sea para alabar su belleza como sus dones espirituales. La felicidad (concepto central del Renacimiento literario) se alcanza a través de ese sentimiento profano que, si bien está platonizado, a veces se regodea (con suavidad y elegancia) en el más carnal y terrenal. Esa narración poética, además, gira en torno a una naturaleza que está tratada de forma bucólica, amena y estilizada al máximo. Y, por último, entra a formar parte de estos poemas un mundo pagano lleno de dioses que no dudan en emparejarse con mortales, en los que las pasiones e, incluso, los vicios, son el eje principal de las historias. Todo ello borra de un plumazo la literatura didáctica o moralizante medieval para centrarse en el aquí y el ahora y en vivir la felicidad en el mundo terrenal, ideas que caracterizaban, además, el hombre en el Renacimiento y su particular cosmovisión.  

Autores de la lirica renacentista

Todos ellos, como he anotado más arriba son creadores con una formación exquisita, cultivados, cosmopolitas y conocedores de los avances (culturales, artísticos y científicos) de su tiempo. Son, además, conscientes de que están creando una poesía nueva desconocida en castellano.  

1.- Juan Boscán, el introductor de la lírica renacentista 

Aunque algunos modos ya habían sido ensayados con anterioridad, fue Juan Boscán quien, de una manera reflexiva y consciente, adopta esos nuevos modos poéticos, extremo reconocido por él mismo. 

“Estando un día en Granada con el Navagero [embajador veneciano] tratando con él en cosas de ingenio y de letras y especialmente en las variedades de muchas lenguas, me dixo por qué no provava en lengua castellana sonetos y otras artes de trobas usadas por los buenos authores de Italia, y no solamente me lo dixo assí livianamente, más aún me rogó que lo hiziese”. 

Eso fue en 1526 y Juan Boscán no tenía más de 30 años. La semilla estaba puesta y luego se reproduciría bellamente de la mano de su gran amigo Garcilaso de la Vega a quien conocería en la corte de Carlos I.  Hasta allí llegó el poeta (nacido con toda probabilidad a finales del siglo XV en Barcelona) para formarse y llegar a ser preceptor del duque de Alba. Como otros poetas del Renacimiento, su faceta intelectual corría pareja a la vida militar o diplomática. Participó, junto al emperador, en expediciones y cercos. Sus versos se publicaron por su viuda, tras su muerte en 1542, agrupados en tres libros distintos. Fue, además, el traductor de El Cortesano de Nicolás de Castiglione, manual del perfecto caballero de la época. 

2.- Garcilaso de la Vega, el mejor representante de la lírica renacentista 

Nació en Toledo en una fecha indeterminada aunque la crítica anota el año de 1501. De familia aristocrática, se educó en la corte junto con los príncipes y los mejores preceptores. De resultas de esta exclusiva formación, hizo gala no solo de dotes humanísticas, diplomáticas o artísticas sino también militares. Se casa con Elena de Zúñiga siendo un veinteañero pero su gran amor fue Isabel Freyre, aristócrata portuguesa que acompañaba a la reina como dama de compañía. Es a ella a quien dedica sus mejores versos y los más sentidos cuando fallece dejando al poeta desolado. Garcilaso de la Vega acompañó al rey en innumerables batallas, campañas y cercos muriendo en uno de ellos, en el de la Fortaleza De Muy, en octubre de 1536 tras realizar una acción suicida. 

A pesar de su corta vida y de un corpus literario pequeño, sus poemas marcan un antes y un después no solo en la lírica renacentista sino en las letras españolas. Compuso tres églogas, una epístola, cinco canciones y 38 sonetos. También se han añadido un puñado de poemas a la manera popular. Todos ellos fueron publicados por la viuda de Boscán convirtiéndose en modo poético a imitar para las generaciones posteriores. A la sencillez de su lengua, se une un estilo elegante, culto y cultivado que no cae en el forzamiento estilístico. Sus poemas amorosos están repletos de todas esas características de la lírica del Renacimiento en el que son protagonistas pastores gentiles enamorados de la belleza humana y respetuosos con una naturaleza idealizada y estilizada en extremo.  

Otros autores de la lírica renacentista 

3.- Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575)

Nacido en Granada de familia aristocrática, estudió en Salamanca e Italia. Políglota, culto y exquisito, recibió también formación militar. Todo este currículum trabajó a su favor para que fuera propuesto en delicadas misiones diplomáticas o de guerra. Con el éxito llegaron las riquezas materiales que invertía completamente en una biblioteca tan completa que, tras su muerte y legado al rey Felipe II, pasó a formar parte de los libros de El Escorial. Su obra es extensa y en ella se mezclan poemas característicos de la lírica renacentista al estilo italianizante con otros de líneas más populares, jocosas y satíricas.  

4.- Hernando de Acuña (1520-1580) 

Es otro prototipo de poeta soldado tan característico de la literatura renacentista. Sus mejores obras van en línea con los temas mitológicos tan al gusto de la época.  

5.- Gutiérrez de Cetina (1520-1557) 

Nacido en Sevilla, pasó a Las Indias donde creó el grueso de su obra donde destacó en la composición de madrigales que, posteriormente, han sido musicalizados.  

6.- Francisco de Sá Miranda (1485-1558)

De origen y lengua materna portuguesa, conocía el español tan bien que elaboró 75 composiciones en castellano. Fue, además, el introductor de los modos italianizantes en el país luso. 

Por lo demás, la lírica renacentista no solo tuvo el favor de los poetas españoles o portugueses sino que también encontró un hueco en la literatura alemana, francesa o inglesa aunque en periodos más tardíos y en ejemplos no tan sublimes como los castellanos.

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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A finales del siglo XV se da en España un cambio radical en todos los órdenes vitales desde el plano político o social hasta el cultural. La lengua estaba plenamente formada, como se recogió en la Gramática de Antonio de Nebrija, los intercambios con otros países europeos eran constantes a la par que se incentiva el papel de la diplomacia junto con la concentración del poder real. La imprenta está plenamente asentada y hay libros disponibles para satisfacer curiosidad, ocio o estudios. En este panorama se desarrolla la poesía renacentista que ya nada tenía que ver con los sencillos poemas (como los cantares de gesta medievales) compuestos para el entretenimiento popular y recitados de manera oral que habían copado el panorama lírico (épico más bien) de siglos atrás. 

Los cambios que propiciaron la poesía renacentista 

Un progreso económico y mayores periodos de paz fue la base para el nacimiento de una élite culta vinculada a las nuevas universidades, a las cortes reales, a la alta diplomacia e, incluso, codeándose con la burguesía enriquecida con emprendimientos novedosos. La mayoría de los poetas de la época tenían una exquisita formación académica con conocimientos tanto de lenguas muertas como de otras romances, estudios de historia, música o teología. Eran, en su inmensa mayoría hombres de mundo (pocos nombres de mujeres nos han llegado), vinculados al ejército o a las más altas instancias diplomáticas, cuando no a ambos menesteres a la vez.  

En este contexto llegan a España las obras de Petrarca o de Dante que se traducen, incluso, al castellano, relegando con su ejemplo los modos poéticos anteriores. Si bien Juan de Mena ya se atrevió a hacer versos siguiendo los temas mitológicos en boga y guiados por nuevos ritmos o el Marqués de Santillana, décadas antes, se había aventurado a reformular la poesía, fue Juan Boscán el que introdujo la poesía renacentista en España.  

La importancia de Boscán en la renovación de la poesía renacentista

Y dejamos hablar al poeta que así escribe tras aceptar la invitación del embajador de Venecia, Andrea Navagero en la primavera de 1526. 

“Estando un día en Granada con el Navagero… tratando con él en cosas de ingenio y de letras y especialmente en las variedades de muchas lenguas, me dixo por qué provava en lengua castellana sonetos y otras artes de trovas usadas por los buenos authores de Italia, y no solamente me lo dixo assí livianamente, más aún me rogó que lo hiciese.” 

Una de las características del Renacimiento literario es su búscada de nuevas formas, temas, ideas y modelos en los que expresar los cambios radicales en la cosmovisión de la época. El hombre en el Renacimiento se sacudía de las imposiciones medievales y buscaba una libertad que le acercara a la felicidad, concepto novedoso casi en la historia de la humanidad. Para ello, no dudaron no solo en bucear en la literatura griega o romana que había llegado hasta nosotros sino en los nuevos poetas que hacían un arte nuevo en Italia.  

Diferencias entre la poesía renacentista y la medieval 

Entendemos mejor este desarrollo cuando lo comparamos con la anterior, con los fragmentos desperdigados que nos han llegado de los autores de la Edad Media.  

1.- Los nuevos metros y tropos de la poesía renacentista

Con la introducción de los modelos italianos se adopta el endecasílabo que tantos buenos frutos va a dar a la poesía española de todos los tiempos. Este nuevo ritmo, con acentos en las 6ª o en la 4ª o 8ª sílaba, imprime una nueva musicalidad a los versos castellanos que abandonan el octosílabo medieval, el dodecasílabo e, incluso, arrincona los metros más largos (como la cuaderna vía del mester de juglaría).  

Con el endecasílabo como rey indiscutible de la poesía aparecen los sonetos, los tercetos, las octavas reales que van dando un ritmo y cadencia a los poemas largos antes desconocidos en castellano. Si por algo se caracteriza, además, la poesía renacentista es por abandonar tanto los temas como el destinatario popular que tanto peso había tenido en la literatura anterior. Y asistimos, por primera vez en castellano, a una poesía culta realizada por personas letradas que encuentran en sus pares lectores, seguidores e imitadores. Los versos se llenan, así, de metáforas, con un lenguaje artificioso a veces, de elegancia y de una visión vital que poco o nada tiene que ver con las guerras cruentas o batallas fratricidas que se han recogido en los pocos ejemplos de cantares de gesta que han llegado hasta nosotros. 

2.- Nuevas formas supone nuevos temas en la poesía renacentista

Se abandona tanto la religiosidad fervorosa de la Edad Media (que se recoge, por poner un caso, en los Milagros de Nuestra Señora) y afloran otros intereses. Estos giran alrededor de tres ejes entrelazados:  

  • El amor platónico hacia una dama cultivada, hermosa y digna de pelear por ella todas las batallas. De estas señoras se exalta no solo su belleza física sino sus virtudes espirituales que la hacen merecedora no solo de servir de musa sino también de alcanzar la visión divina. 
  • Este amor idealizado se produce siempre en una naturaleza bucólica donde todo se presta a agasajar a los enamorados. Este espacio no solo es el decorado necesario para la narración poética sino que también, en ocasiones, se convierte en auténtico protagonista.
  • En la poesía renacentista hay un gusto por los mitos, historias u obras de la antigüedad clásica. Se releen los autores griegos y latinos a la par que sus obras son sometidas a exquisitas y exhaustivas ediciones críticas desde el punto de vista filológico. Todo ello despliega ante la intelectualidad artística de la época un mundo de dioses, amores carnales, pasiones desbordadas y hedonismo del que es ajeno todas y cada una de las características de la literatura medieval. De entre todos los autores clásicos que encuentran el favor de los nuevos poetas sobresale Ovidio y, especialmente, su obra Las Metamorfosis. 

Autores de la poesía renacentista 

1.- Juan Boscán, el introductor de la poesía renacentista en España

Nacido en Barcelona en una fecha aún por determinar a finales del siglo XV (entre 1487 y 1492), pertenecía a una familia de la nueva burguesía acomodada. Gracias a hazañas militares de sus antepasados, se le admitió en la corte de los Reyes Católicos tras estudiar con Lucio Marineo Sículo. Al subir al trono Carlos I, se le encomendó el cuidado y educación del Duque de Alba. Y allí conoció a Garcilaso de la Vega con el que le unió una sincera amistad. Tal como se ha anotado anteriormente, fue el introductor en castellano de los modelos poéticos italianizantes que dejó plasmado en tres libros publicados por su viuda tras su muerte, acaecida en 1542. Además de su producción literaria tradujo El Cortesano de Castiglione, por entonces considerado el manual del perfecto caballero introduciendo también en España una forma de estar y vivir en el mundo ajena a la rudeza medieval. 

2.- Garcilaso de la Vega, uno de los mejores poetas de la historia literaria en español 

Y no solo es el más importante de la poesía renacentista en español a pesar de lo poco que escribió. Nació en Toledo, probablemente en 1501 de familia aristocrática. Por eso, tuvo una esmerada educación en la corte donde recibió una formación no solo humanística sino también militar. Seguramente todo ello influyera para que se granjeara el favor del rey que solicitó su servicio en distintas batallas (en Rodas contra los turcos, en Francia, en Italia…) Garcilaso de la Vega se casó en 1525 con Elena de Zúñiga pero su gran amor fue Isabel Freyre, dama portuguesa que acompañaba a la reina. Es a ella a la que dedica sus mejores versos y los más sentidos poemas cuando fallece. El corpus literario de Garcilaso de la Vega se condensa en 3 églogas, 2 elegías, una epístola, cinco canciones y 38 sonetos donde se despliega con maestría todos los modos y temas de la poesía renacentista en español. Murió en 1536 por las graves heridas recibidas en el asalto a la Fortaleza de Le Muy. 

3.- Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575) 

Nació en Granada y desde temprana edad se apasionó por el saber, los libros y el estudio. Todo ello no le coartó para pasar a la acción tanto en el campo diplomático como en el militar. Políglota, conocía el árabe y el hebreo. Fue llamado por el rey para realizar misiones comerciales, militares o políticas en Venecia, Roma, Inglaterra… Todo ello le permitió amasar riquezas que invirtió en una sublime biblioteca que, a su muerte, donó a Felipe II para que formara parte de los libros de El Escorial. Esta tarea en las cosas de palacio no le impidió generar una obra amplia en el que se adivina el hombre humanista con un claro propósito didáctico.  

4.- Hernando de Acuña (1520-1580) 

También fue un poeta-soldado junto a Carlos I y su hijo Felipe II. Escribió madrigales, canciones y sonetos en los que los protagonistas y la temática estaba muy influida por la literatura clásica con sus héroes, dioses y cosmovisión alrededor del disfrute del mundo y sus criaturas.  

5.- Gutiérrez de Cetina (1520-1557)

Tras seguir a la corte desde su Sevilla natal por Italia y Alemania, hizo la carrera de Las Indias donde escribió algunos de sus mejores poemas, aunque de calidad menor de los representantes de la poesía renacentista reseñados más arriba. 

6.- Francisco de Sá Miranda (1485-1558) 

A pesar de ser portugués de nacimiento y de lengua materna, conocía tan perfectamente el castellano que se atrevió a realizar algunas composiciones poéticas en español. Además, introdujo en Portugal los versos de Garcilaso de la Vega y del resto de los representantes de la poesía renacentista para que allí sirvieran de modelo para un nuevo cambio literario.  

La poesía renacentista también se desarrolló en otros países de Europa (Alemania, Inglaterra, Francia…) aunque en España no solo llegó antes sino que dio ejemplos de mayor belleza, calidad e importancia.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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A finales del siglo XV se da en España un cambio radical en todos los órdenes vitales desde el plano político o social hasta el cultural. La lengua estaba plenamente formada, como se recogió en la Gramática de Antonio de Nebrija, los intercambios con otros países europeos eran constantes a la par que se incentiva el papel de la diplomacia junto con la concentración del poder real. La imprenta está plenamente asentada y hay libros disponibles para satisfacer curiosidad, ocio o estudios. En este panorama se desarrolla la poesía renacentista que ya nada tenía que ver con los sencillos poemas (como los cantares de gesta medievales) compuestos para el entretenimiento popular y recitados de manera oral que habían copado el panorama lírico (épico más bien) de siglos atrás. 

Los cambios que propiciaron la poesía renacentista 

Un progreso económico y mayores periodos de paz fue la base para el nacimiento de una élite culta vinculada a las nuevas universidades, a las cortes reales, a la alta diplomacia e, incluso, codeándose con la burguesía enriquecida con emprendimientos novedosos. La mayoría de los poetas de la época tenían una exquisita formación académica con conocimientos tanto de lenguas muertas como de otras romances, estudios de historia, música o teología. Eran, en su inmensa mayoría hombres de mundo (pocos nombres de mujeres nos han llegado), vinculados al ejército o a las más altas instancias diplomáticas, cuando no a ambos menesteres a la vez.  

En este contexto llegan a España las obras de Petrarca o de Dante que se traducen, incluso, al castellano, relegando con su ejemplo los modos poéticos anteriores. Si bien Juan de Mena ya se atrevió a hacer versos siguiendo los temas mitológicos en boga y guiados por nuevos ritmos o el Marqués de Santillana, décadas antes, se había aventurado a reformular la poesía, fue Juan Boscán el que introdujo la poesía renacentista en España.  

La importancia de Boscán en la renovación de la poesía renacentista

Y dejamos hablar al poeta que así escribe tras aceptar la invitación del embajador de Venecia, Andrea Navagero en la primavera de 1526. 

“Estando un día en Granada con el Navagero… tratando con él en cosas de ingenio y de letras y especialmente en las variedades de muchas lenguas, me dixo por qué provava en lengua castellana sonetos y otras artes de trovas usadas por los buenos authores de Italia, y no solamente me lo dixo assí livianamente, más aún me rogó que lo hiciese.” 

Una de las características del Renacimiento literario es su búscada de nuevas formas, temas, ideas y modelos en los que expresar los cambios radicales en la cosmovisión de la época. El hombre en el Renacimiento se sacudía de las imposiciones medievales y buscaba una libertad que le acercara a la felicidad, concepto novedoso casi en la historia de la humanidad. Para ello, no dudaron no solo en bucear en la literatura griega o romana que había llegado hasta nosotros sino en los nuevos poetas que hacían un arte nuevo en Italia.  

Diferencias entre la poesía renacentista y la medieval 

Entendemos mejor este desarrollo cuando lo comparamos con la anterior, con los fragmentos desperdigados que nos han llegado de los autores de la Edad Media.  

1.- Los nuevos metros y tropos de la poesía renacentista

Con la introducción de los modelos italianos se adopta el endecasílabo que tantos buenos frutos va a dar a la poesía española de todos los tiempos. Este nuevo ritmo, con acentos en las 6ª o en la 4ª o 8ª sílaba, imprime una nueva musicalidad a los versos castellanos que abandonan el octosílabo medieval, el dodecasílabo e, incluso, arrincona los metros más largos (como la cuaderna vía del mester de juglaría).  

Con el endecasílabo como rey indiscutible de la poesía aparecen los sonetos, los tercetos, las octavas reales que van dando un ritmo y cadencia a los poemas largos antes desconocidos en castellano. Si por algo se caracteriza, además, la poesía renacentista es por abandonar tanto los temas como el destinatario popular que tanto peso había tenido en la literatura anterior. Y asistimos, por primera vez en castellano, a una poesía culta realizada por personas letradas que encuentran en sus pares lectores, seguidores e imitadores. Los versos se llenan, así, de metáforas, con un lenguaje artificioso a veces, de elegancia y de una visión vital que poco o nada tiene que ver con las guerras cruentas o batallas fratricidas que se han recogido en los pocos ejemplos de cantares de gesta que han llegado hasta nosotros. 

2.- Nuevas formas supone nuevos temas en la poesía renacentista

Se abandona tanto la religiosidad fervorosa de la Edad Media (que se recoge, por poner un caso, en los Milagros de Nuestra Señora) y afloran otros intereses. Estos giran alrededor de tres ejes entrelazados:  

  • El amor platónico hacia una dama cultivada, hermosa y digna de pelear por ella todas las batallas. De estas señoras se exalta no solo su belleza física sino sus virtudes espirituales que la hacen merecedora no solo de servir de musa sino también de alcanzar la visión divina. 
  • Este amor idealizado se produce siempre en una naturaleza bucólica donde todo se presta a agasajar a los enamorados. Este espacio no solo es el decorado necesario para la narración poética sino que también, en ocasiones, se convierte en auténtico protagonista.
  • En la poesía renacentista hay un gusto por los mitos, historias u obras de la antigüedad clásica. Se releen los autores griegos y latinos a la par que sus obras son sometidas a exquisitas y exhaustivas ediciones críticas desde el punto de vista filológico. Todo ello despliega ante la intelectualidad artística de la época un mundo de dioses, amores carnales, pasiones desbordadas y hedonismo del que es ajeno todas y cada una de las características de la literatura medieval. De entre todos los autores clásicos que encuentran el favor de los nuevos poetas sobresale Ovidio y, especialmente, su obra Las Metamorfosis. 

Autores de la poesía renacentista 

1.- Juan Boscán, el introductor de la poesía renacentista en España

Nacido en Barcelona en una fecha aún por determinar a finales del siglo XV (entre 1487 y 1492), pertenecía a una familia de la nueva burguesía acomodada. Gracias a hazañas militares de sus antepasados, se le admitió en la corte de los Reyes Católicos tras estudiar con Lucio Marineo Sículo. Al subir al trono Carlos I, se le encomendó el cuidado y educación del Duque de Alba. Y allí conoció a Garcilaso de la Vega con el que le unió una sincera amistad. Tal como se ha anotado anteriormente, fue el introductor en castellano de los modelos poéticos italianizantes que dejó plasmado en tres libros publicados por su viuda tras su muerte, acaecida en 1542. Además de su producción literaria tradujo El Cortesano de Castiglione, por entonces considerado el manual del perfecto caballero introduciendo también en España una forma de estar y vivir en el mundo ajena a la rudeza medieval. 

2.- Garcilaso de la Vega, uno de los mejores poetas de la historia literaria en español 

Y no solo es el más importante de la poesía renacentista en español a pesar de lo poco que escribió. Nació en Toledo, probablemente en 1501 de familia aristocrática. Por eso, tuvo una esmerada educación en la corte donde recibió una formación no solo humanística sino también militar. Seguramente todo ello influyera para que se granjeara el favor del rey que solicitó su servicio en distintas batallas (en Rodas contra los turcos, en Francia, en Italia…) Garcilaso de la Vega se casó en 1525 con Elena de Zúñiga pero su gran amor fue Isabel Freyre, dama portuguesa que acompañaba a la reina. Es a ella a la que dedica sus mejores versos y los más sentidos poemas cuando fallece. El corpus literario de Garcilaso de la Vega se condensa en 3 églogas, 2 elegías, una epístola, cinco canciones y 38 sonetos donde se despliega con maestría todos los modos y temas de la poesía renacentista en español. Murió en 1536 por las graves heridas recibidas en el asalto a la Fortaleza de Le Muy. 

3.- Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575) 

Nació en Granada y desde temprana edad se apasionó por el saber, los libros y el estudio. Todo ello no le coartó para pasar a la acción tanto en el campo diplomático como en el militar. Políglota, conocía el árabe y el hebreo. Fue llamado por el rey para realizar misiones comerciales, militares o políticas en Venecia, Roma, Inglaterra… Todo ello le permitió amasar riquezas que invirtió en una sublime biblioteca que, a su muerte, donó a Felipe II para que formara parte de los libros de El Escorial. Esta tarea en las cosas de palacio no le impidió generar una obra amplia en el que se adivina el hombre humanista con un claro propósito didáctico.  

4.- Hernando de Acuña (1520-1580) 

También fue un poeta-soldado junto a Carlos I y su hijo Felipe II. Escribió madrigales, canciones y sonetos en los que los protagonistas y la temática estaba muy influida por la literatura clásica con sus héroes, dioses y cosmovisión alrededor del disfrute del mundo y sus criaturas.  

5.- Gutiérrez de Cetina (1520-1557)

Tras seguir a la corte desde su Sevilla natal por Italia y Alemania, hizo la carrera de Las Indias donde escribió algunos de sus mejores poemas, aunque de calidad menor de los representantes de la poesía renacentista reseñados más arriba. 

6.- Francisco de Sá Miranda (1485-1558) 

A pesar de ser portugués de nacimiento y de lengua materna, conocía tan perfectamente el castellano que se atrevió a realizar algunas composiciones poéticas en español. Además, introdujo en Portugal los versos de Garcilaso de la Vega y del resto de los representantes de la poesía renacentista para que allí sirvieran de modelo para un nuevo cambio literario.  

La poesía renacentista también se desarrolló en otros países de Europa (Alemania, Inglaterra, Francia…) aunque en España no solo llegó antes sino que dio ejemplos de mayor belleza, calidad e importancia.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Fue el primer filólogo en lengua castellana poniendo las bases de lo que hicieron otros grandes nombres de distintas lenguas vulgares (italiano, francés…) Es Antonio de Nebrija (1441-1522), uno de los primeros humanistas e intelectuales del recién estrenado Renacimiento en territorio español.   

La época de Antonio de Nebrija  

El reinado de los Reyes Católicos, tras la conquista de Granada en 1492, supuso el fin de las guerras y enfrentamientos nobiliarios que había caracterizado toda la Edad Media y que, de una manera u otra, se reflejaba en las principales características de la literatura medieval. Y nada más tengo que recordar los conocidos como cantares de gesta (con el epítome del Cantar del Mío Cid) centrados en las hazañas y heroicidades (pero también vilezas) del sinnúmero de señores feudales entretenidos en conspiraciones y luchas cruentas. Sin embargo, la de Antonio de Nebrija es otra época, ya que con los Reyes Católicos se instaura el centralismo en España. Este culmina con la imposición de una cultura hegemónica basada en el cristianismo y en un idioma común.  

Paralelamente, se tiene contacto con la política italiana (y sus intelectuales), se instaura la imprenta multiplicando así el saber de manera exponencial. A la par, se van creando progresivamente más universidades con su trasiego de estudiantes y su afán de conocimiento. Todo ello propicia, por tanto, que se vayan desmenuzando todos los pormenores de la lengua latina que aún seguía siendo la de cultura. Y, con los textos rescatados a través de los libros medievales, se empiece a admirar no solo la literatura griega o romana sino también todo ese mundo y sentir pagano que la misma refleja. Ni que decir tiene que personajes, mitos y relatos se acomodan en la literatura castellana progresivamente como ya hiciera Juan de la Encina, con sus églogas, consideradas la primera manifestación dramática en castellano. 

Por contra y en el lado negativo, se expulsan a los judíos y con ellos se erradica de un plumazo toda su cultura la cual solo nos ha llegado a través de unos cuantos libros científicos o de un puñado de jarchas mozárabes. A la par, la Inquisición va creciendo con fuerza con su gusto por los libros prohibidos y por silenciar a todo aquel que se atrevía a dejar opiniones incómodas de las que no se libraron, por recordar algunos ejemplos, ni los grandes místicos (como los dolorosos procesos de San Juan de la Cruz o de Fray Luis de León).  

El avance de la lengua castellana 

Si en 1492 cae el último reino nazarí de Granada, también es el año del descubrimiento de las nuevas tierras allende el gran océano. Todo ello unido al conocimiento del latín y el reconocimiento de lo que supuso de unificación (y conquista) por parte del Imperio Romano se mezcla en la corte de los Reyes Católicos. Conscientes de la importancia de un idioma común para instaurar un orden cultural y una cosmovisión social, religiosa y económica entre poblaciones diversas (desde los árabes que se habían quedado en la península hasta los nativos americanos), Isabel la Católica favorece de diversas formas los estudios de nuestro idioma.  

Y lo hace, además, cuando las universidades afianzan los estudios de retórica o gramática y cuando el primer filólogo (no solo en lengua castellana sino en todas las romances) tiene preparada su gramática, la primera en idioma vulgar y ejemplo para otros sistemas lingüísticos. Aunque en un principio, se vio en el trabajo simplemente una investigación académica como tantas otras, la reina católica (instruida en la historia y en el latín) muy pronto se convenció de su importancia como manual para homogeneizar lingüísticamente pueblos diversos y amplios. Y así se hizo en vistas del avance imparable del español en el mundo. Gran parte de ese éxito se debe al sevillano Elio Antonio de Nebrija, uno de los más importantes intelectuales de la literatura renacentista.  

Biografía de Antonio de Nebrija 

Nacido en la localidad sevillana de Lebrija en 1441 (otras fuentes aportan la fecha de 1444), al parecer, procedía de familia judía (tanto por rama paterna como materna) obligada a convertirse al cristianismo. Estudió en la universidad de Salamanca y con solo diecinueve años viaja a Italia con una beca para la prestigiosa Universidad de Bolonia. De aquí se trasladó a Roma, Padua, Pisa y Florencia donde estudió disciplinas heterogéneas (desde ciencias naturales hasta teología pasando por historia o derecho). Aunque fue un filólogo convencido (incluso algo pedante y engreído según diversos testimonios), estaba convencido de la importancia de este conocimiento amplio como base para sus estudios lingüísticos. 

Hombre de mal carácter que no dudaba en hacer ver la mediocridad de algunos miembros de los claustros universitarios tuvo algunos problemas para hacerse con cátedras importantes simplemente porque se había dedicado a cosechar enemigos. Aunque en un principio ganó una cátedra en Salamanca, pronto fue amparado por el mecenazgo de Juan de Zúñiga, a la sazón maestre de Alcántara. En 1492 tenía terminada su conocida Gramática que fue presentada a la reina Isabel. Las idas y venidas a la docencia universitaria en Salamanca fueron interrumpidas al ser nombrado cronista real y, más tarde, acogido por el cardenal Cisneros en 1502. De nuevo, su mal carácter y su prurito de hombre sabio e instruido le trajo problemas con el equipo de traductores de la Biblia Políglota al ser extremadamente crítico con la versión en hebreo.  

Como buen filólogo, era partidario de que los estudios lingüísticos y las traducciones se hicieran a partir de fuentes fiables. Tras publicar De literis hebraicis en 1515, obra pionera en su género, comenzaron los problemas con la inquisición que no veía con buenos ojos su afán por desentrañar la Biblia desde los originales hebreos. Afortunadamente para Antonio de Nebrija, su buen mentor el Cardenal Cisneros intervino favorablemente trastocando el tribunal y no llegó a pisar la cárcel ni sufrió daños mayores. Aparte de su ingente labor filológica sin descanso a lo largo de su larga vida, se empeñó como editor y mantuvo a su familia con ayuda de sus influyentes mecenas. 

Casi al final de su vida, en la Universidad de Alcalá de Henares pudo ejercer, bajo el amparo de Cisneros, la cátedra de Retórica la cual desempeñó hasta su muerte, acaecida el 2 de julio de 1522. Hoy da nombre a innumerables institutos y hasta a una afamada universidad.  

Obras de Antonio de Nebrija 

Sus amplios estudios en ciencias diversas así como su conocimiento tanto del latín como del hebreo fueron el sustrato sobre el que se levantó una amplia e importante obra divulgada en vida de este humanista que fue Antonio de Nebrija. Aparte de su participación (a medias ya que abandonó pronto el proyecto) en la Biblia Políglota destaco las siguientes, sin ánimo de ser exhaustiva. 

1.- Introduçiones in latinam gramaticam donde hace acopio de sus conocimientos de la literatura clásica. El trabajo estaba dividido en cinco libros y, posteriormente, fue traducido al castellano por el propio autor. 

2.- El mencionado De literis hebraicis que le valió un proceso inquisitorial. 

3.- Dictionarium Latino-hispanium et Hispanico-latinum. 

4.- Orthografia castellana. 

5.- Arte de la lengua castellana, la primera gramática en lengua vulgar y por la que ha pasado Antonio de Nebrija a la historia de las letras universales. De ella se sirvieron reyes y políticos para afianzar un idioma que ya había abandonado la rudeza medieval y que se encaminaba a las grandes cotas del Siglo de Oro. Antonio de Nebrija tuvo el acierto de sistematizar todo este “buen decir” y de ejemplificar la corrección de una lengua que, en el mismo año en el que apareció se expandía por medio mundo.  

La importancia de Antonio de Nebrija para la literatura, por tanto, nada tiene que ver con un proceso creativo al uso sino que se centra en su labor filológica. A pesar de todos los desencuentros con colegas y miembros de la intelectualidad de la época (a la que tildaba de mediocre) pudo desarrollar su labor investigadora casi sin pausa. Todo ello fue gracias a la visión de poderosas personalidades que entendieron la importancia (política, social, económica y también artística) de una lengua que se preparaba para ir dando grandes nombres sin pausa hasta el siglo XXI.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

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Fue el primer filólogo en lengua castellana poniendo las bases de lo que hicieron otros grandes nombres de distintas lenguas vulgares (italiano, francés…) Es Antonio de Nebrija (1441-1522), uno de los primeros humanistas e intelectuales del recién estrenado Renacimiento en territorio español.   

La época de Antonio de Nebrija  

El reinado de los Reyes Católicos, tras la conquista de Granada en 1492, supuso el fin de las guerras y enfrentamientos nobiliarios que había caracterizado toda la Edad Media y que, de una manera u otra, se reflejaba en las principales características de la literatura medieval. Y nada más tengo que recordar los conocidos como cantares de gesta (con el epítome del Cantar del Mío Cid) centrados en las hazañas y heroicidades (pero también vilezas) del sinnúmero de señores feudales entretenidos en conspiraciones y luchas cruentas. Sin embargo, la de Antonio de Nebrija es otra época, ya que con los Reyes Católicos se instaura el centralismo en España. Este culmina con la imposición de una cultura hegemónica basada en el cristianismo y en un idioma común.  

Paralelamente, se tiene contacto con la política italiana (y sus intelectuales), se instaura la imprenta multiplicando así el saber de manera exponencial. A la par, se van creando progresivamente más universidades con su trasiego de estudiantes y su afán de conocimiento. Todo ello propicia, por tanto, que se vayan desmenuzando todos los pormenores de la lengua latina que aún seguía siendo la de cultura. Y, con los textos rescatados a través de los libros medievales, se empiece a admirar no solo la literatura griega o romana sino también todo ese mundo y sentir pagano que la misma refleja. Ni que decir tiene que personajes, mitos y relatos se acomodan en la literatura castellana progresivamente como ya hiciera Juan de la Encina, con sus églogas, consideradas la primera manifestación dramática en castellano. 

Por contra y en el lado negativo, se expulsan a los judíos y con ellos se erradica de un plumazo toda su cultura la cual solo nos ha llegado a través de unos cuantos libros científicos o de un puñado de jarchas mozárabes. A la par, la Inquisición va creciendo con fuerza con su gusto por los libros prohibidos y por silenciar a todo aquel que se atrevía a dejar opiniones incómodas de las que no se libraron, por recordar algunos ejemplos, ni los grandes místicos (como los dolorosos procesos de San Juan de la Cruz o de Fray Luis de León).  

El avance de la lengua castellana 

Si en 1492 cae el último reino nazarí de Granada, también es el año del descubrimiento de las nuevas tierras allende el gran océano. Todo ello unido al conocimiento del latín y el reconocimiento de lo que supuso de unificación (y conquista) por parte del Imperio Romano se mezcla en la corte de los Reyes Católicos. Conscientes de la importancia de un idioma común para instaurar un orden cultural y una cosmovisión social, religiosa y económica entre poblaciones diversas (desde los árabes que se habían quedado en la península hasta los nativos americanos), Isabel la Católica favorece de diversas formas los estudios de nuestro idioma.  

Y lo hace, además, cuando las universidades afianzan los estudios de retórica o gramática y cuando el primer filólogo (no solo en lengua castellana sino en todas las romances) tiene preparada su gramática, la primera en idioma vulgar y ejemplo para otros sistemas lingüísticos. Aunque en un principio, se vio en el trabajo simplemente una investigación académica como tantas otras, la reina católica (instruida en la historia y en el latín) muy pronto se convenció de su importancia como manual para homogeneizar lingüísticamente pueblos diversos y amplios. Y así se hizo en vistas del avance imparable del español en el mundo. Gran parte de ese éxito se debe al sevillano Elio Antonio de Nebrija, uno de los más importantes intelectuales de la literatura renacentista.  

Biografía de Antonio de Nebrija 

Nacido en la localidad sevillana de Lebrija en 1441 (otras fuentes aportan la fecha de 1444), al parecer, procedía de familia judía (tanto por rama paterna como materna) obligada a convertirse al cristianismo. Estudió en la universidad de Salamanca y con solo diecinueve años viaja a Italia con una beca para la prestigiosa Universidad de Bolonia. De aquí se trasladó a Roma, Padua, Pisa y Florencia donde estudió disciplinas heterogéneas (desde ciencias naturales hasta teología pasando por historia o derecho). Aunque fue un filólogo convencido (incluso algo pedante y engreído según diversos testimonios), estaba convencido de la importancia de este conocimiento amplio como base para sus estudios lingüísticos. 

Hombre de mal carácter que no dudaba en hacer ver la mediocridad de algunos miembros de los claustros universitarios tuvo algunos problemas para hacerse con cátedras importantes simplemente porque se había dedicado a cosechar enemigos. Aunque en un principio ganó una cátedra en Salamanca, pronto fue amparado por el mecenazgo de Juan de Zúñiga, a la sazón maestre de Alcántara. En 1492 tenía terminada su conocida Gramática que fue presentada a la reina Isabel. Las idas y venidas a la docencia universitaria en Salamanca fueron interrumpidas al ser nombrado cronista real y, más tarde, acogido por el cardenal Cisneros en 1502. De nuevo, su mal carácter y su prurito de hombre sabio e instruido le trajo problemas con el equipo de traductores de la Biblia Políglota al ser extremadamente crítico con la versión en hebreo.  

Como buen filólogo, era partidario de que los estudios lingüísticos y las traducciones se hicieran a partir de fuentes fiables. Tras publicar De literis hebraicis en 1515, obra pionera en su género, comenzaron los problemas con la inquisición que no veía con buenos ojos su afán por desentrañar la Biblia desde los originales hebreos. Afortunadamente para Antonio de Nebrija, su buen mentor el Cardenal Cisneros intervino favorablemente trastocando el tribunal y no llegó a pisar la cárcel ni sufrió daños mayores. Aparte de su ingente labor filológica sin descanso a lo largo de su larga vida, se empeñó como editor y mantuvo a su familia con ayuda de sus influyentes mecenas. 

Casi al final de su vida, en la Universidad de Alcalá de Henares pudo ejercer, bajo el amparo de Cisneros, la cátedra de Retórica la cual desempeñó hasta su muerte, acaecida el 2 de julio de 1522. Hoy da nombre a innumerables institutos y hasta a una afamada universidad.  

Obras de Antonio de Nebrija 

Sus amplios estudios en ciencias diversas así como su conocimiento tanto del latín como del hebreo fueron el sustrato sobre el que se levantó una amplia e importante obra divulgada en vida de este humanista que fue Antonio de Nebrija. Aparte de su participación (a medias ya que abandonó pronto el proyecto) en la Biblia Políglota destaco las siguientes, sin ánimo de ser exhaustiva. 

1.- Introduçiones in latinam gramaticam donde hace acopio de sus conocimientos de la literatura clásica. El trabajo estaba dividido en cinco libros y, posteriormente, fue traducido al castellano por el propio autor. 

2.- El mencionado De literis hebraicis que le valió un proceso inquisitorial. 

3.- Dictionarium Latino-hispanium et Hispanico-latinum. 

4.- Orthografia castellana. 

5.- Arte de la lengua castellana, la primera gramática en lengua vulgar y por la que ha pasado Antonio de Nebrija a la historia de las letras universales. De ella se sirvieron reyes y políticos para afianzar un idioma que ya había abandonado la rudeza medieval y que se encaminaba a las grandes cotas del Siglo de Oro. Antonio de Nebrija tuvo el acierto de sistematizar todo este “buen decir” y de ejemplificar la corrección de una lengua que, en el mismo año en el que apareció se expandía por medio mundo.  

La importancia de Antonio de Nebrija para la literatura, por tanto, nada tiene que ver con un proceso creativo al uso sino que se centra en su labor filológica. A pesar de todos los desencuentros con colegas y miembros de la intelectualidad de la época (a la que tildaba de mediocre) pudo desarrollar su labor investigadora casi sin pausa. Todo ello fue gracias a la visión de poderosas personalidades que entendieron la importancia (política, social, económica y también artística) de una lengua que se preparaba para ir dando grandes nombres sin pausa hasta el siglo XXI.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

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Biografía de Juan de la Encina

También conocido como Juan de Fermoselle por considerarse que pudiera haber nacido en dicha localidad zamorana, conocemos su fecha de llegada al mundo (1468) pero no está claro el emplazamiento. Salamanca se encuentra como la favorita. Sí está demostrado que estudió en su Universidad, en un momento en el que se estaban forjando todas las características del renacimiento literario, artístico y filosófico. Hay quienes apuntan a que pudo estudiar con Nebrija. Mentores y maestros aparte, se graduó como bachiller en leyes y en su época de estudiante se empapó del conocimiento de la cultura pagana, no solo de la filosofía sino también de la literatura griega y romana. Por tanto, este sustrato se encuentra presente en sus obras, alejadas totalmente de la temática y cosmovisión que habían mostrado los grandes autores de la Edad Media que han llegado hasta nosotros.  

Juan de la Encina no solo ha pasado a la historia de la literatura por sus églogas sino también a la de la música por sus villancicos los cuales aún forman parte del repertorio de coros y corales actuales. Con un fino talento para el arte musical, a lo largo de su vida se presentó a distintos puestos para ocupar la plaza de cantor en destinos señalados. Sin embargo, o bien perdía la convocatoria o bien la abandonaba por un puesto más jugoso llevado por un no disimulado (ya que incluso lo deja reflejado en sus escritos) espíritu de arribismo más que de ambición. Quizás por eso desde muy joven entró al servicio de los duques de Alba buscando un mecenazgo o un apoyo económico que de otra manera sería muy difícil en la época. En este sentido, en el palacio de Fadrique Álvarez de Toledo se representaron sus primeras composiciones dramáticas en momentos señalados del calendario litúrgico (especialmente Navidad pero también en Semana Santa).  

Juan de la Encina, espíritu viajero  

Se tiene constancia de que en 1500 (quizás un año antes) se encontraba en Roma donde entró al servició de distintos y sucesivos papas: Alejandro VI, Julio II y León X. En el Vaticano desplegó sus dotes como cantor a la par que disfrutaba del ambiente de estas opulentas cortes que a veces olvidaban los principios de Cristo para relajarse en una vida hedonista en lo cultural y placentera en todos los sentidos. Allí Juan de la Encina se codeó con cardenales, príncipes y embajadores que gustaban de sus composiciones musicales y literarias.  

Al final de su vida, en 1519, se ordenó sacerdote para viajar posteriormente a Jerusalén donde celebró su primera misa. De Tierra Santa marchó a León donde obtuvo un puesto como cantor y donde murió en 1529, aunque la fecha exacta no está confirmada. La crítica ha señalado que las distintas ciudades por las que pasó dejaron un importante sustrato intelectual en Juan de la Encina. Es ineludible esta huella cuando Salamanca se abría paso como una sede internacional universitaria centrada en el estudio de los clásicos latinos y Roma (junto con Florencia) se asentaba en todos los postulados del Renacimiento que dinamitaba el mundo medieval anterior. Al enfrentarse con la sagrada Jerusalén en la senectud, la ciudad le invita a reflexionar sobre la vida, la existencia y el sentido último de nuestro paso por este mundo. 

Obras de Juan de la Encina

Todo este bagaje (el cultivado de Salamanca, el hedonista o pagano de Roma y el recogido de Jerusalén) se encuentra presente en su obra, la cual, con toda certeza y salvo algunos retazos, estaba completamente escrita antes de que cumpliera los treinta años. El resto de su vida (tal como declara en algún momento) se lo pasó Juan de la Encina intentando medrar para conseguir cargos y una existencia regalada. Es en Trivagia, poema compuesto al final de su existencia, cuando se lamenta de ese tiempo fugit (más bien perdido) y hace un acto de enmienda que no llega a cumplir. Aún así nos ha dejado importantes obras literarias y musicales por las que merece un puesto destacado en la historia del arte. Anoto: 

Obras de Juan de la Encina de poesía

1.- Cancionero de Juan de la Encina

Obra de juventud ya que fue compuesto entre los 14 y 28 años, los poemas recogidos en sucesivas ediciones fueron creados con el fin principal de insertar música. Esto es, son piezas líricas creadas para ser cantadas en momentos cruciales del calendario litúrgico. Denotan un profundo arraigo aún en la lírica medieval aunque ya se manifiesta (como en buena parte de su obra posterior) el sentir del Renacimiento. 

2.- Arte de la poesía castellana

Aunque se vislumbra algunos de los preceptos de Nebrija, aún no se ha sacudido del todo del sustrato de la poesía trovadoresca anterior. Por tanto, Juan de la Encina continúa siendo un puente artístico entre los viejos principios o características de la literatura medieval y el nuevo hacer que explota con el Renacimiento 

3.- Trivagia

Poema de senectud compuesto tras su paso por Jerusalén con un tono sobrio y de autocrítica.  

Obras de Juan de la Encina clasificadas como teatro 

Porque no podemos definirlas como obras dramáticas al estilo de un Lope de Vega por poner un caso. Son estas piezas, creaciones de transición que no han abandonado la belleza rústica de los autos sacramentales y que aún no pueden considerarse teatro en plenitud. En todas ellas (especialmente las de la primera etapa) predomina un componente narrativo sobre el diálogo que intenta salvar las condiciones en las que fueron creadas. Anoto aquí que, con toda probabilidad, estas composiciones nacieron para ser representadas en los palacios de los mecenas que trató Juan de la Encina durante toda su vida más que para un público teatral tal como lo concebimos hoy en día.  

Obras dramáticas de Juan de la Encina de la primera etapa 

1.- Églogas de Navidad que son tres y fueron representadas ese día el año 1492 en la residencia del duque de Alba. En ellas no hay empacho tanto en halagar a sus promotores como en hacer marketing de sus virtudes artísticas. Y estas líneas anteceden a la narración (más que representación) por parte de los pastores de todos los pormenores del nacimiento de Jesús. Esto es, los sucesos que se narran no tienen lugar ante el espectador y, más bien, nos cuentan o cantan una historia. 

2.- Representaciones de la Pasión y Resurrección son del mismo tenor que las anteriores ya que se relata lo acaecido en el Monte Calvario y la posterior resurrección de Cristo.  

3.- Égloga de Carnaval o de Atruejo es una de las primeras en las que predomina el tema profano. También fue representada en el palacio de los duques de Alba en 1494 y en ella se adivina el sustrato del Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita con su regocijo en la gula u otros placeres terrenales. 

4.- Auto de Repelón ofrece una narración centrada en los juegos de escarnio que se hicieron populares en los ambientes universitarios salmantinos. Sin embargo, se duda de la autoría de Juan de la Encina de esta obra tanto por el estilo como por los diversos vaivenes que sufrió en las primeras ediciones.  

5.- La Égloga de Mingo, Gil y Pascuala gira en torno a un amor profano nuevo en la literatura castellana y cuyos protagonistas son pastores envueltos en un triángulo amoroso.

6.- Triunfo del Amor fue representada ante el Príncipe Juan en 1497 y no tiene el ritmo y calidad del resto de las obras de Juan de la Encina.  

7.- Égloga de las grandes lluvias fue otra pieza para celebrar la Nochebuena (la del año 1498) en el palacio de los Alba. En ella se mezclan acontecimientos contemporáneos con la adulación a los mecenas a la par que se hace sin ningún pudor mención a asuntos profesionales del autor. Y todo ello se remata con la representación navideña propiamente dicha.  

Obras dramáticas de Juan de la Encina de la segunda etapa 

En estos tres nombres se concentra lo más granado de la producción del escritor con composiciones de ambiente pastoril en los que la cultura pagana se entremezcla con los temas populares castellanos con gran acierto estilístico. Son: 

Égloga de Fileno, Zambardo y Carroño 

Está escrita en octavas con rimas consonantes y está considerada uno de los primeros dramas completos en castellano con su exposición, nudo y desenlace. En ella Juan de la Encina no se entretiene en loas o en narraciones descriptivas. Algunos críticos han encontrado el origen de esta trama en unos de los relatos insertados en el Amadís de Gaula. En ella se resuelve de manera dramática un triángulo amoroso mientras que los personajes han sido definidos desde el punto de vista psicológico de manera afinada. De este título son estos conocidos versos: 

¡Oh montes, oh valles, oh sierras, oh llanos, 

Oh bosques, oh prados, oh fuentes, oh ríos…! 

Égloga de Plácida y Victoriano, la gran obra de Juan de la Encina

También tiene como protagonistas a pastores idealizados que se entregan al amor profano dejando atrás toda la cosmovisión medieval. En ella se invoca a la diosa Venus que impide que Victoriano (loco por la pérdida de Plácida) acabe con su vida. Al tiempo, la deidad le pide a Mercurio que resucite a la desdichada muchacha para que puedan terminar sus días en este mundo con felicidad. Aunque a ojos de los lectores del siglo XXI la temática y argumento nos puede parecer ingenua incluso, en la época (con sus procesos de censura) fue tenida por tan escandalosa que entró en el Índice de los Libros Prohibidos. 

Égloga de Cristino y Febes 

En ella se da un paso más en la representación de los goces del mundo del aquí y el ahora. Cristino, joven y hermoso, decide llevar una vida retirada como ermitaño. Sin embargo, los dioses paganos tienen otros planes para él y, a través de Cupido, es herido con una flecha de amor. De inmediato se queda prendado (no ya de una pastora más o menos idealizada) sino de una ninfa que no duda en desplegar todos sus encantos para que el joven abandone cualquier idea de vida ascética.  

Estilo artístico de Juan de la Encina 

De forma muy resumida, hay que anotar lo siguiente:  

1.- Los pastores idealizados o tomados de la tradición popular castellana son los personajes de las obras de Juan de la Encina ya sean para ser protagonistas de amores tormentosos como para narrar la vida de Cristo. 

2.- El mundo pagano cobra fuerza por primera vez en la literatura en español abandonándose a sus dioses, a su forma de vida y al goce de los sentidos. 

3.- La música es siempre una parte inherente de la lírica. 

4.- A pesar del carácter dramático (e incluso pasional) de la gran mayoría de las obras, hay pinceladas de humor y comicidad. Estas recaen siempre en personajes calificados como rústicos, simples o poco instruidos que se conducen a través de un lenguaje sencillo y libre de artificios. 

5.- El nuevo amor pasional, humano y carnal que se representan en gran parte de las églogas de Juan de la Encina manifiestan una conciencia superior, humanística y conocedora de la obra de los grandes clásicos (se ha notado especialmente Virgilio).

6.- En Juan de la Encina nos encontramos un castellano completo, complejo y plenamente formado que adelanta los grandes nombres posteriores y que nada tiene que ver con lo poco que nos ha llegado del periodo medieval.  

En resumidas cuentas, el artista se nos presenta como puente tanto entre dos mundos (el medieval que se apaga y el renacentista que nace con todo tipo de brillo) como entre dos cosmovisiones (la cristiana centrada, en esos momentos, en la renuncia y la pagana homocéntrica). Juan de la Encina, en definitiva, pone los cimientos para el desarrollo especialmente de la dramaturgia posterior que tan grandes nombre dieron sin renunciar a un estilo propio y novedoso en la literatura castellana. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla.

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Libros y palabras, poemas y cuentos, pausas y tertulias, recursos estilísticos, autores que nos inspiran, estilos que nos atrapan... Literatura de todos los tiempos y de todos los lugares que nos ayudan a viajar por el mundo. 

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Biografía de Juan de la Encina

También conocido como Juan de Fermoselle por considerarse que pudiera haber nacido en dicha localidad zamorana, conocemos su fecha de llegada al mundo (1468) pero no está claro el emplazamiento. Salamanca se encuentra como la favorita. Sí está demostrado que estudió en su Universidad, en un momento en el que se estaban forjando todas las características del renacimiento literario, artístico y filosófico. Hay quienes apuntan a que pudo estudiar con Nebrija. Mentores y maestros aparte, se graduó como bachiller en leyes y en su época de estudiante se empapó del conocimiento de la cultura pagana, no solo de la filosofía sino también de la literatura griega y romana. Por tanto, este sustrato se encuentra presente en sus obras, alejadas totalmente de la temática y cosmovisión que habían mostrado los grandes autores de la Edad Media que han llegado hasta nosotros.  

Juan de la Encina no solo ha pasado a la historia de la literatura por sus églogas sino también a la de la música por sus villancicos los cuales aún forman parte del repertorio de coros y corales actuales. Con un fino talento para el arte musical, a lo largo de su vida se presentó a distintos puestos para ocupar la plaza de cantor en destinos señalados. Sin embargo, o bien perdía la convocatoria o bien la abandonaba por un puesto más jugoso llevado por un no disimulado (ya que incluso lo deja reflejado en sus escritos) espíritu de arribismo más que de ambición. Quizás por eso desde muy joven entró al servicio de los duques de Alba buscando un mecenazgo o un apoyo económico que de otra manera sería muy difícil en la época. En este sentido, en el palacio de Fadrique Álvarez de Toledo se representaron sus primeras composiciones dramáticas en momentos señalados del calendario litúrgico (especialmente Navidad pero también en Semana Santa).  

Juan de la Encina, espíritu viajero  

Se tiene constancia de que en 1500 (quizás un año antes) se encontraba en Roma donde entró al servició de distintos y sucesivos papas: Alejandro VI, Julio II y León X. En el Vaticano desplegó sus dotes como cantor a la par que disfrutaba del ambiente de estas opulentas cortes que a veces olvidaban los principios de Cristo para relajarse en una vida hedonista en lo cultural y placentera en todos los sentidos. Allí Juan de la Encina se codeó con cardenales, príncipes y embajadores que gustaban de sus composiciones musicales y literarias.  

Al final de su vida, en 1519, se ordenó sacerdote para viajar posteriormente a Jerusalén donde celebró su primera misa. De Tierra Santa marchó a León donde obtuvo un puesto como cantor y donde murió en 1529, aunque la fecha exacta no está confirmada. La crítica ha señalado que las distintas ciudades por las que pasó dejaron un importante sustrato intelectual en Juan de la Encina. Es ineludible esta huella cuando Salamanca se abría paso como una sede internacional universitaria centrada en el estudio de los clásicos latinos y Roma (junto con Florencia) se asentaba en todos los postulados del Renacimiento que dinamitaba el mundo medieval anterior. Al enfrentarse con la sagrada Jerusalén en la senectud, la ciudad le invita a reflexionar sobre la vida, la existencia y el sentido último de nuestro paso por este mundo. 

Obras de Juan de la Encina

Todo este bagaje (el cultivado de Salamanca, el hedonista o pagano de Roma y el recogido de Jerusalén) se encuentra presente en su obra, la cual, con toda certeza y salvo algunos retazos, estaba completamente escrita antes de que cumpliera los treinta años. El resto de su vida (tal como declara en algún momento) se lo pasó Juan de la Encina intentando medrar para conseguir cargos y una existencia regalada. Es en Trivagia, poema compuesto al final de su existencia, cuando se lamenta de ese tiempo fugit (más bien perdido) y hace un acto de enmienda que no llega a cumplir. Aún así nos ha dejado importantes obras literarias y musicales por las que merece un puesto destacado en la historia del arte. Anoto: 

Obras de Juan de la Encina de poesía

1.- Cancionero de Juan de la Encina

Obra de juventud ya que fue compuesto entre los 14 y 28 años, los poemas recogidos en sucesivas ediciones fueron creados con el fin principal de insertar música. Esto es, son piezas líricas creadas para ser cantadas en momentos cruciales del calendario litúrgico. Denotan un profundo arraigo aún en la lírica medieval aunque ya se manifiesta (como en buena parte de su obra posterior) el sentir del Renacimiento. 

2.- Arte de la poesía castellana

Aunque se vislumbra algunos de los preceptos de Nebrija, aún no se ha sacudido del todo del sustrato de la poesía trovadoresca anterior. Por tanto, Juan de la Encina continúa siendo un puente artístico entre los viejos principios o características de la literatura medieval y el nuevo hacer que explota con el Renacimiento 

3.- Trivagia

Poema de senectud compuesto tras su paso por Jerusalén con un tono sobrio y de autocrítica.  

Obras de Juan de la Encina clasificadas como teatro 

Porque no podemos definirlas como obras dramáticas al estilo de un Lope de Vega por poner un caso. Son estas piezas, creaciones de transición que no han abandonado la belleza rústica de los autos sacramentales y que aún no pueden considerarse teatro en plenitud. En todas ellas (especialmente las de la primera etapa) predomina un componente narrativo sobre el diálogo que intenta salvar las condiciones en las que fueron creadas. Anoto aquí que, con toda probabilidad, estas composiciones nacieron para ser representadas en los palacios de los mecenas que trató Juan de la Encina durante toda su vida más que para un público teatral tal como lo concebimos hoy en día.  

Obras dramáticas de Juan de la Encina de la primera etapa 

1.- Églogas de Navidad que son tres y fueron representadas ese día el año 1492 en la residencia del duque de Alba. En ellas no hay empacho tanto en halagar a sus promotores como en hacer marketing de sus virtudes artísticas. Y estas líneas anteceden a la narración (más que representación) por parte de los pastores de todos los pormenores del nacimiento de Jesús. Esto es, los sucesos que se narran no tienen lugar ante el espectador y, más bien, nos cuentan o cantan una historia. 

2.- Representaciones de la Pasión y Resurrección son del mismo tenor que las anteriores ya que se relata lo acaecido en el Monte Calvario y la posterior resurrección de Cristo.  

3.- Égloga de Carnaval o de Atruejo es una de las primeras en las que predomina el tema profano. También fue representada en el palacio de los duques de Alba en 1494 y en ella se adivina el sustrato del Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita con su regocijo en la gula u otros placeres terrenales. 

4.- Auto de Repelón ofrece una narración centrada en los juegos de escarnio que se hicieron populares en los ambientes universitarios salmantinos. Sin embargo, se duda de la autoría de Juan de la Encina de esta obra tanto por el estilo como por los diversos vaivenes que sufrió en las primeras ediciones.  

5.- La Égloga de Mingo, Gil y Pascuala gira en torno a un amor profano nuevo en la literatura castellana y cuyos protagonistas son pastores envueltos en un triángulo amoroso.

6.- Triunfo del Amor fue representada ante el Príncipe Juan en 1497 y no tiene el ritmo y calidad del resto de las obras de Juan de la Encina.  

7.- Égloga de las grandes lluvias fue otra pieza para celebrar la Nochebuena (la del año 1498) en el palacio de los Alba. En ella se mezclan acontecimientos contemporáneos con la adulación a los mecenas a la par que se hace sin ningún pudor mención a asuntos profesionales del autor. Y todo ello se remata con la representación navideña propiamente dicha.  

Obras dramáticas de Juan de la Encina de la segunda etapa 

En estos tres nombres se concentra lo más granado de la producción del escritor con composiciones de ambiente pastoril en los que la cultura pagana se entremezcla con los temas populares castellanos con gran acierto estilístico. Son: 

Égloga de Fileno, Zambardo y Carroño 

Está escrita en octavas con rimas consonantes y está considerada uno de los primeros dramas completos en castellano con su exposición, nudo y desenlace. En ella Juan de la Encina no se entretiene en loas o en narraciones descriptivas. Algunos críticos han encontrado el origen de esta trama en unos de los relatos insertados en el Amadís de Gaula. En ella se resuelve de manera dramática un triángulo amoroso mientras que los personajes han sido definidos desde el punto de vista psicológico de manera afinada. De este título son estos conocidos versos: 

¡Oh montes, oh valles, oh sierras, oh llanos, 

Oh bosques, oh prados, oh fuentes, oh ríos…! 

Égloga de Plácida y Victoriano, la gran obra de Juan de la Encina

También tiene como protagonistas a pastores idealizados que se entregan al amor profano dejando atrás toda la cosmovisión medieval. En ella se invoca a la diosa Venus que impide que Victoriano (loco por la pérdida de Plácida) acabe con su vida. Al tiempo, la deidad le pide a Mercurio que resucite a la desdichada muchacha para que puedan terminar sus días en este mundo con felicidad. Aunque a ojos de los lectores del siglo XXI la temática y argumento nos puede parecer ingenua incluso, en la época (con sus procesos de censura) fue tenida por tan escandalosa que entró en el Índice de los Libros Prohibidos. 

Égloga de Cristino y Febes 

En ella se da un paso más en la representación de los goces del mundo del aquí y el ahora. Cristino, joven y hermoso, decide llevar una vida retirada como ermitaño. Sin embargo, los dioses paganos tienen otros planes para él y, a través de Cupido, es herido con una flecha de amor. De inmediato se queda prendado (no ya de una pastora más o menos idealizada) sino de una ninfa que no duda en desplegar todos sus encantos para que el joven abandone cualquier idea de vida ascética.  

Estilo artístico de Juan de la Encina 

De forma muy resumida, hay que anotar lo siguiente:  

1.- Los pastores idealizados o tomados de la tradición popular castellana son los personajes de las obras de Juan de la Encina ya sean para ser protagonistas de amores tormentosos como para narrar la vida de Cristo. 

2.- El mundo pagano cobra fuerza por primera vez en la literatura en español abandonándose a sus dioses, a su forma de vida y al goce de los sentidos. 

3.- La música es siempre una parte inherente de la lírica. 

4.- A pesar del carácter dramático (e incluso pasional) de la gran mayoría de las obras, hay pinceladas de humor y comicidad. Estas recaen siempre en personajes calificados como rústicos, simples o poco instruidos que se conducen a través de un lenguaje sencillo y libre de artificios. 

5.- El nuevo amor pasional, humano y carnal que se representan en gran parte de las églogas de Juan de la Encina manifiestan una conciencia superior, humanística y conocedora de la obra de los grandes clásicos (se ha notado especialmente Virgilio).

6.- En Juan de la Encina nos encontramos un castellano completo, complejo y plenamente formado que adelanta los grandes nombres posteriores y que nada tiene que ver con lo poco que nos ha llegado del periodo medieval.  

En resumidas cuentas, el artista se nos presenta como puente tanto entre dos mundos (el medieval que se apaga y el renacentista que nace con todo tipo de brillo) como entre dos cosmovisiones (la cristiana centrada, en esos momentos, en la renuncia y la pagana homocéntrica). Juan de la Encina, en definitiva, pone los cimientos para el desarrollo especialmente de la dramaturgia posterior que tan grandes nombre dieron sin renunciar a un estilo propio y novedoso en la literatura castellana. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla.

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El Amadís de Gaula responde al prototipo y características de las novelas de caballería que fueron tan populares a partir del siglo XV. Tanto fue así que autores tan alejados del género, como San Ignacio de Loyola o Santa Teresa de Jesús, pertenecientes a la mística literaria no tuvieron empacho en reconocer su gusto por ellas. Considerada por la crítica el cenit de las obras de este estilo,  el Amadís de Gaula se salva del escrutinio de la biblioteca de Don Quijote redundando en este juicio: 

“Es el mejor de todos los libros desde género que se han compuesto”  

Y el criterio de Cervantes no se ha movido a lo largo de los siglos. El ideal caballeresco donde un héroe individual sale en busca de justicia sin un plan establecido ofreciendo todas sus victorias a una dama se cumple punto por punto en esta saga literaria. Las novelas de caballería escritas en prosa y en lengua romance tienen un alto contenido de fantasía y de ficción que choca con el gusto por los cantares de gesta con historias tan realistas que se han considerado que fueron los periódicos de la época. Sin embargo, ambas fórmulas literarias tuvieron el favor del público. 

Orígenes de Amadís de Gaula de Garci Rodríguez de Montalvo 

Sin embargo, las novelas de caballería se extienden paralelamente al avance de la imprenta, de la burguesía y de una aristocracia refinada que dejó los modales rudos aparcados. Son obras para ser leídas de manera individual y apelan a un público más cultivado que se sacudía poco a poco el analfabetismo endémico con el que había tenido que convivir todos los autores de la Edad Media

La crítica considera que el Amadís de Gaula fue escrito alrededor de 1492, aunque la primera edición de la que disponemos data de 1508 y está impresa en Zaragoza. Está firmada por Garci Rodríguez de Montalvo del que poco o nada se sabe. A igual que sucede con el Cantar del Mío Cid, los especialistas no se ponen de acuerda en considerar a Garci Rodríguez de Montalvo un mero compilador de las tramas, su verdadero autor o, simplemente, alguien que traduce del francés (de donde, al parecer, procede la historia) resumiendo, paralelamente, la narración original. En palabras de J.L. Alborg: 

“Se desconoce, sin embargo, la fecha de la primera redacción, pero puede afirmarse con seguridad que existía antes de 1325”. 

 ¿Es Garci Rodríguez de Montalvo el autor del Amadís de Gaula? 

Por las referencias escritas (aunque no se hayan conservado ninguna de las ediciones de la obra) se tiene constancia de las aventuras del personaje en la primera mitad del siglo XIV. Por si fuera poco, tampoco hay acuerdo sobre la lengua romance de origen. Teorías hay que señalan la paternidad del texto a la literatura portuguesa o a la francesa (más factible) y es difícil que esta historia repleta de dragones, castillos encantados, magos de sabiduría inmensa y protagonistas con virtudes tan excelsas que no se encuentran en el género humano haya sido inventada al 100% por autor español, cuando una de las características de la literatura medieval en castellano es su apego al realismo.  

De Garci Rodríguez de Montalvo poco o nada se sabe más allá de que era regidor de Medina del Campo, que había servido como soldado y, por tanto, estaba imbuido de todo el ideal caballeresco. En el mismo prólogo dice que escribió la obra en la vejez, aunque la mayoría de los investigadores se inclinan por pensar que fue un resumen lo que hizo más que una novela de su invención. De hecho, reconoce que el texto que se edita fue producto de varios autores y que él solo se dedicó a enmendar, trasladar (traducir) y corregir los tres primeros libros mientras que el cuarto (Sergas de Esplandián) fue añadido sin especificar qué significa ese anexo. ¿Es creación o acaso simplemente se aumentaron las aventuras de Amadís con otras historias que circulaban en la época? Por tanto, tampoco está claro que esta saga con las aventuras del hijo de Amadís de Gaula sea de su invención y la crítica se inclina últimamente a considerarla más bien un anexo de una historia que ya circulaba por Europa.  

Resumen de Amadís de Gaula

Amadís es el fruto de amores prohibidos reales. Su padre es el Rey Perión de Gaula cuya toponimia exacta es difícil de localizar al día de hoy y su madre es Elisenda de Inglaterra. Parte de los paisajes que se describen en la obra pueden corresponder a los típicos de lo que hoy conocemos como Gran Bretaña. Su madre, para esconder esta relación, decide deshacerse del niño nada más nacer, el cual (como Moisés) es arrojado al río encerrado en una caja. De aquí es rescatado y criado por Gandales de Escocia que lo introduce en los ideales caballerescos. Siendo muy joven se enamora de Oriana, princesa de Gran Bretaña y a ella le dedica todas sus conquistas, aventuras y la justicia conseguida en sus correrías.  Una vez armado caballero es reconocido por sus padres (y con ello que es de sangre real) dando comienzo sus aventuras. 

Amadís es encantado y desencantado. Pelea con su hermano y es sometido a mil y una pruebas para demostrar que sus virtudes son tan sobresalientes que merece la mano de Oriana. Lucha con dragones y hace penitencia. Todos estos pesares son recompensados con la mano de la dama, premio final de sus trabajos. El Amadís de Gaula, además, está intercalado por otras historias que ahondan en este ideal caballeresco de sed de justicia en un mundo de fantasía en donde conviven dragones, magos, hechiceros y palacios encantados.  

El estilo de Amadís de Gaula 

1.- Como todas las novelas de caballería, el Amadís de Gaula pertenece a un género fantástico de brujas, magos, encantamientos y monstruos. 

2.- Los personajes son presentados como espíritus de bondad pura y sed de justicia perfecta o, por el contrario, como seres malvados acosados por todos los vicios posibles. Por eso Amadís, siguiendo el ideal caballeresco, es un héroe inmaculado que nunca duda en hacer el bien ni se tambalea ante sus convicciones. 

3.- Ni el Amadís de Gaula ni el resto de las novelas de caballería pueden catalogarse como literatura épica porque, si bien nos topamos a cada rato con batallas y obstáculos a superar, todo ello está adornado con personajes irreales que no corresponden a un género en el que la fortaleza, valentía o astucia son los adornos del héroe. Recordemos que Amadís de Gaula recibe ayuda de personajes sobrenaturales las más de las veces y su esfuerzo no es comparable con el que realizan los héroes típicamente épicos. 

4.- Por otro lado, la obra está pergeñada de un sentimentalismo importante siguiendo la estela del amor cortés platónico que, en ningún momento, deja entrever cualquier mínima deslealtad o cuestionamiento por parte del héroe. 

5.- Amadís representa el perfecto caballero de los nuevos ideales que iban instalándose en cortes y palacios de toda Europa. Nada en él recuerda a la rudeza de la Edad Media y su modelo de comportamiento va a influir en los lectores de la obra impregnándolos de un desconocido (hasta la fecha) sentido de la aristocracia. Así y siguiendo esta línea, Menéndez Pelayo indica: 

“De aquí que su libro adquiera tan alto valor didáctico y social y se convirtiera en el código de honor para varias generaciones, manual de buen tono, oráculo de elegante conversación y repertorio de buenas maneras. Ni siquiera El Cortesano de Castiglione le arrebató de todo esta palma”. 

Difusión, imitadores y sagas de Amadís de Gaula

Pocas oportunidades de evasión se encuentra en la literatura medieval en castellano. Quizás esta fuera una de las razones por las que el Amadís de Gaula y todos los libros de caballería que surgieron en la época tuvieran tanto éxito. 

1.- La primera historia de la saga son las “Sergas de Esplandián”, hijo de Amadís que la mayoría de la crítica consideraba que era una invención de Garci Rodríguez de Montalvo aunque, al día de hoy, se duda de este extremo. 

2.- Fue traducido en repetidas ocasiones al italiano y al francés. Y antes de que se volcaran a estas lenguas romances circularon copias en castellano. Eso provocó que el Amadís de Gaula se populariza en extremo. 

3.- A mediados del siglo XV apareció en París Le Trésor des livres de Amadís, con un resumen de sus gestas. Tuvo también una amplia difusión en Holanda e Inglaterra. 

4.- Tal éxito hizo aflorar los imitadores. Páez de Rivera escribió la continuación de las aventuras de Esplandián. Un poco más tarde apareció un nuevo personaje: el nieto de Amadís de Gaula e hijo de Esplandián, Lisuarte de Grecia. 

5.- Juan Díaz compuso un octavo libro donde el héroe muere de viajo. Parece que esto no gustó al público ya que es resucitado en un nuevo libro escrito por Feliciano de Silva.

6.- La saga se completa con la serie de palmerines: Palmerín de Inglaterra el más famoso, Pimaleón y Palmerín de Oliva. 

Amadís de Gaula, en definitiva, junto con Tirant lo Blanc (aunque este está escrito en valenciano) son los mejores libros de caballería de un género tan popular que forjó la base de la gran novela en castellano: Don Quijote de la Mancha. En la quema y escrutinio de la biblioteca del famoso hidalgo ambos se salvan de las llamas. Los demás no merecían traspasar las brumas del tiempo a decir de Cervantes. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

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El Amadís de Gaula responde al prototipo y características de las novelas de caballería que fueron tan populares a partir del siglo XV. Tanto fue así que autores tan alejados del género, como San Ignacio de Loyola o Santa Teresa de Jesús, pertenecientes a la mística literaria no tuvieron empacho en reconocer su gusto por ellas. Considerada por la crítica el cenit de las obras de este estilo,  el Amadís de Gaula se salva del escrutinio de la biblioteca de Don Quijote redundando en este juicio: 

“Es el mejor de todos los libros desde género que se han compuesto”  

Y el criterio de Cervantes no se ha movido a lo largo de los siglos. El ideal caballeresco donde un héroe individual sale en busca de justicia sin un plan establecido ofreciendo todas sus victorias a una dama se cumple punto por punto en esta saga literaria. Las novelas de caballería escritas en prosa y en lengua romance tienen un alto contenido de fantasía y de ficción que choca con el gusto por los cantares de gesta con historias tan realistas que se han considerado que fueron los periódicos de la época. Sin embargo, ambas fórmulas literarias tuvieron el favor del público. 

Orígenes de Amadís de Gaula de Garci Rodríguez de Montalvo 

Sin embargo, las novelas de caballería se extienden paralelamente al avance de la imprenta, de la burguesía y de una aristocracia refinada que dejó los modales rudos aparcados. Son obras para ser leídas de manera individual y apelan a un público más cultivado que se sacudía poco a poco el analfabetismo endémico con el que había tenido que convivir todos los autores de la Edad Media

La crítica considera que el Amadís de Gaula fue escrito alrededor de 1492, aunque la primera edición de la que disponemos data de 1508 y está impresa en Zaragoza. Está firmada por Garci Rodríguez de Montalvo del que poco o nada se sabe. A igual que sucede con el Cantar del Mío Cid, los especialistas no se ponen de acuerda en considerar a Garci Rodríguez de Montalvo un mero compilador de las tramas, su verdadero autor o, simplemente, alguien que traduce del francés (de donde, al parecer, procede la historia) resumiendo, paralelamente, la narración original. En palabras de J.L. Alborg: 

“Se desconoce, sin embargo, la fecha de la primera redacción, pero puede afirmarse con seguridad que existía antes de 1325”. 

 ¿Es Garci Rodríguez de Montalvo el autor del Amadís de Gaula? 

Por las referencias escritas (aunque no se hayan conservado ninguna de las ediciones de la obra) se tiene constancia de las aventuras del personaje en la primera mitad del siglo XIV. Por si fuera poco, tampoco hay acuerdo sobre la lengua romance de origen. Teorías hay que señalan la paternidad del texto a la literatura portuguesa o a la francesa (más factible) y es difícil que esta historia repleta de dragones, castillos encantados, magos de sabiduría inmensa y protagonistas con virtudes tan excelsas que no se encuentran en el género humano haya sido inventada al 100% por autor español, cuando una de las características de la literatura medieval en castellano es su apego al realismo.  

De Garci Rodríguez de Montalvo poco o nada se sabe más allá de que era regidor de Medina del Campo, que había servido como soldado y, por tanto, estaba imbuido de todo el ideal caballeresco. En el mismo prólogo dice que escribió la obra en la vejez, aunque la mayoría de los investigadores se inclinan por pensar que fue un resumen lo que hizo más que una novela de su invención. De hecho, reconoce que el texto que se edita fue producto de varios autores y que él solo se dedicó a enmendar, trasladar (traducir) y corregir los tres primeros libros mientras que el cuarto (Sergas de Esplandián) fue añadido sin especificar qué significa ese anexo. ¿Es creación o acaso simplemente se aumentaron las aventuras de Amadís con otras historias que circulaban en la época? Por tanto, tampoco está claro que esta saga con las aventuras del hijo de Amadís de Gaula sea de su invención y la crítica se inclina últimamente a considerarla más bien un anexo de una historia que ya circulaba por Europa.  

Resumen de Amadís de Gaula

Amadís es el fruto de amores prohibidos reales. Su padre es el Rey Perión de Gaula cuya toponimia exacta es difícil de localizar al día de hoy y su madre es Elisenda de Inglaterra. Parte de los paisajes que se describen en la obra pueden corresponder a los típicos de lo que hoy conocemos como Gran Bretaña. Su madre, para esconder esta relación, decide deshacerse del niño nada más nacer, el cual (como Moisés) es arrojado al río encerrado en una caja. De aquí es rescatado y criado por Gandales de Escocia que lo introduce en los ideales caballerescos. Siendo muy joven se enamora de Oriana, princesa de Gran Bretaña y a ella le dedica todas sus conquistas, aventuras y la justicia conseguida en sus correrías.  Una vez armado caballero es reconocido por sus padres (y con ello que es de sangre real) dando comienzo sus aventuras. 

Amadís es encantado y desencantado. Pelea con su hermano y es sometido a mil y una pruebas para demostrar que sus virtudes son tan sobresalientes que merece la mano de Oriana. Lucha con dragones y hace penitencia. Todos estos pesares son recompensados con la mano de la dama, premio final de sus trabajos. El Amadís de Gaula, además, está intercalado por otras historias que ahondan en este ideal caballeresco de sed de justicia en un mundo de fantasía en donde conviven dragones, magos, hechiceros y palacios encantados.  

El estilo de Amadís de Gaula 

1.- Como todas las novelas de caballería, el Amadís de Gaula pertenece a un género fantástico de brujas, magos, encantamientos y monstruos. 

2.- Los personajes son presentados como espíritus de bondad pura y sed de justicia perfecta o, por el contrario, como seres malvados acosados por todos los vicios posibles. Por eso Amadís, siguiendo el ideal caballeresco, es un héroe inmaculado que nunca duda en hacer el bien ni se tambalea ante sus convicciones. 

3.- Ni el Amadís de Gaula ni el resto de las novelas de caballería pueden catalogarse como literatura épica porque, si bien nos topamos a cada rato con batallas y obstáculos a superar, todo ello está adornado con personajes irreales que no corresponden a un género en el que la fortaleza, valentía o astucia son los adornos del héroe. Recordemos que Amadís de Gaula recibe ayuda de personajes sobrenaturales las más de las veces y su esfuerzo no es comparable con el que realizan los héroes típicamente épicos. 

4.- Por otro lado, la obra está pergeñada de un sentimentalismo importante siguiendo la estela del amor cortés platónico que, en ningún momento, deja entrever cualquier mínima deslealtad o cuestionamiento por parte del héroe. 

5.- Amadís representa el perfecto caballero de los nuevos ideales que iban instalándose en cortes y palacios de toda Europa. Nada en él recuerda a la rudeza de la Edad Media y su modelo de comportamiento va a influir en los lectores de la obra impregnándolos de un desconocido (hasta la fecha) sentido de la aristocracia. Así y siguiendo esta línea, Menéndez Pelayo indica: 

“De aquí que su libro adquiera tan alto valor didáctico y social y se convirtiera en el código de honor para varias generaciones, manual de buen tono, oráculo de elegante conversación y repertorio de buenas maneras. Ni siquiera El Cortesano de Castiglione le arrebató de todo esta palma”. 

Difusión, imitadores y sagas de Amadís de Gaula

Pocas oportunidades de evasión se encuentra en la literatura medieval en castellano. Quizás esta fuera una de las razones por las que el Amadís de Gaula y todos los libros de caballería que surgieron en la época tuvieran tanto éxito. 

1.- La primera historia de la saga son las “Sergas de Esplandián”, hijo de Amadís que la mayoría de la crítica consideraba que era una invención de Garci Rodríguez de Montalvo aunque, al día de hoy, se duda de este extremo. 

2.- Fue traducido en repetidas ocasiones al italiano y al francés. Y antes de que se volcaran a estas lenguas romances circularon copias en castellano. Eso provocó que el Amadís de Gaula se populariza en extremo. 

3.- A mediados del siglo XV apareció en París Le Trésor des livres de Amadís, con un resumen de sus gestas. Tuvo también una amplia difusión en Holanda e Inglaterra. 

4.- Tal éxito hizo aflorar los imitadores. Páez de Rivera escribió la continuación de las aventuras de Esplandián. Un poco más tarde apareció un nuevo personaje: el nieto de Amadís de Gaula e hijo de Esplandián, Lisuarte de Grecia. 

5.- Juan Díaz compuso un octavo libro donde el héroe muere de viajo. Parece que esto no gustó al público ya que es resucitado en un nuevo libro escrito por Feliciano de Silva.

6.- La saga se completa con la serie de palmerines: Palmerín de Inglaterra el más famoso, Pimaleón y Palmerín de Oliva. 

Amadís de Gaula, en definitiva, junto con Tirant lo Blanc (aunque este está escrito en valenciano) son los mejores libros de caballería de un género tan popular que forjó la base de la gran novela en castellano: Don Quijote de la Mancha. En la quema y escrutinio de la biblioteca del famoso hidalgo ambos se salvan de las llamas. Los demás no merecían traspasar las brumas del tiempo a decir de Cervantes. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

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