Biografía de Tirso de Molina, autor de El Burlador de Sevilla

Biografía de Tirso de Molina

Biografía de Tirso de Molina

Candela Vizcaíno

 

La biografía de Tirso de Molina ha dado para escribir tratados de todo tipo, en parte debido al olvido del autor durante el siglo XVIII. No fue hasta el XIX, con el Romanticismo literario, cuando su teatro se recuperó incorporándose al canon en lengua española. Todo ello propició que se perdieran detalles de su paso por el mundo terrenal. Si bien El Burlador de Sevilla (por poner su obra más famosa), volvió a las tablas, tenemos que esperar hasta los estudios de Blanca de los Ríos (1859-1956) para poner en pie algunos detalles de su vida. Dicho esto, la investigadora creyó encontrar una partida de bautismo en la que aparecía el nombre real de nuestro protagonista en el que se afirmaba que era hijo de Gracia Juliana y padre desconocido. Y en la misma hoja aparecía tachado el nombre de Téllez Girón, hijo del duque de Osuna. Con estos datos, la investigadora levanta la tesis de un hijo bastardo que, debido a esta circunstancia, crea una obra (protagonizada por la fina ironía y crítica) en la que se da voz a los oprimidos.  

Datos contrastados de los primeros años en la biografía de Tirso de Molina 

Pero empecemos por el principio, ya que el nombre por el que ha pasado a la historia nuestro autor es, sencillamente, un seudónimo. Nació como Gabriel Téllez y así firmó en los distintos puestos, cargos o misiones que llevó a cabo durante su vida en la Orden de la Merced a la que perteneció desde joven. Si a eso unimos que, en la época, el orden e incluso la elección de los apellidos no estaba fijado como hoy en día (ponemos el caso de nuestro ejemplo más ilustre, Miguel de Cervantes) tenemos abono suficiente para el error. También se sustentan todos estos mitos sobre su personalidad el hecho de que Tirso de Molina fuera un escritor crítico y satírico con la política de su tiempo. Y, para terminar el guiso, era un religioso que debía acatar los principios de su orden.  

Dicho esto, hoy está demostrado (a través de la investigación de Luis Vázquez Fernández publicada en 1981) que Gabriel Téllez nació en Madrid (como el mismo autor reconoce) el 24 de marzo de 1579. La biografía de Tirso de Molina corre paralela a las obras de Lope de Vega bebiendo de las fuentes del Fénix y llegando, incluso, a interferir en el estilo del gran dramaturgo español. Sus padres eran sirvientes del futuro conde de Molina de Herrera. A pesar de (o debido a) su condición humilde, ingresó como novicio en la orden de la Merced en Guadalajara profesando un año después, el 21 de enero de 1601. Si la biografía de Lope de Vega (el dramaturgo contemporáneo con el que podemos asimilarlo) está pergeñada de avatares de todo tipo que sirvieron de expiración para su obra, la de Tirso de Molina se creó en el silencio del claustro. Y además, en sus años de juventud, ya que, en edad madura, por distintas circunstancias, se le prohibió escribir teatro. 

Tirso de Molina, fraile de la Merced 

Y como tal pasó por distintos conventos e, incluso, viajó a América para dar clases de teología. Tras profesar, siguió sus estudios en Guadalajara. Además, al parecer, cursó algunas materias en la Universidad de Salamanca. En Toledo se encuentra en 1606 y por estas fechas se debieron escribir sus obras más reconocidas. De aquí viajó por los claustros de Aragón durante 1614 y 1615.  

En 1616 su nombre (Fray Gabriel Téllez) aparece en la lista de embarque de una comisión de su orden hacia Santo Domingo. Allí impartió la docencia en el área de teología en la universidad local tras pasar por Sevilla.  La capital andaluza era, por entonces, el Puerto de Indias repleto de vividores y aventureros en mezcla con religiosos y ricos comerciantes. La ciudad fue, con toda probabilidad, fuente de inspiración para su obra más conocida: El Burlador de Sevilla y El Convidado de Piedra, sustrato, en última, instancia, del Don Juan Tenorio de Zorrilla.  

Su nombre vuelve a aparecer en otro documento fechado en 1625 y este es más problemático, ya que se trata de un proceso por escándalo abierto contra el Maestro Téllez, el nombre real de Tirso de Molina. Las diligencias las inicia la Junta de Reformación eclesiástica que no veía con muy buenos ojos no solo la temática profana de sus escritos sino el tono satírico, ácido y mordaz contra los poderes de la época por parte de la pluma de Tirso de Molina. La caja de los truenos estaba abierta. Y si bien otros autores no tuvieron ningún problema por tratar asuntos de enredo o comedias soeces, a nuestro protagonista se le prohibió seguir componiendo comedias.  

Qué supuso para la biografía de Tirso de Molina la prohibición de escribir

Ríos de tinta han corrido sobre esta censura sobre una obra culta e intelectual dirigida a un público amplio. Y la crítica, precisamente, ha encontrado en esta condición la razón de tal castigo. Si bien el teatro de Lope de Vega está repleto de versos en los que se da rienda suelta a su lengua afilada tratando vilmente, a veces, a enemigos y contrincantes, el de Tirso de Molina acierta a la hora de dar en la diana con los excesos de los poderosos. Y lo hace de una manera tremendamente sutil, pero, a la vez, que el público contemporáneo entendía a la perfección. Su estilo barroco, por tanto, no era ajeno a los oídos de sus espectadores. Tras la muerte de Felipe III y la acumulación de poder del Conde-Duque de Olivares ocupándose de los asuntos de Felipe IV, los intelectuales molestos con tal régimen fueron objeto de persecuciones de todo tipo. Había que acallar las voces discordantes como fuera y la de Tirso de Molina era una de ellas. 

Tras esa prohibición y pasar, de nuevo, por Sevilla, regresa a Madrid en 1926 y se centra en nuevos quehaceres. Aparcada su producción literaria, es nombrado para cargos de importancia en su orden como el de comendador de Trujillo. Si bien, sus problemas no acaban aquí ya que, al parecer, sus enemigos eran muchos (suele suceder a quien se empeña en denunciar los males de su tiempo). Aunque el episodio no se conoce con claridad, fue confinado (que no encarcelado) en Cuenca debido a las intrigas del Nuncio Salmerón. Fue el mismo quien prohibió en la orden de la Merced la lectura, tenencia o escritura de “libros profanos de comedias ni de poesías”. Las obras de Tirso de Molina ya se habían publicado y es humanamente comprensible que nuestro autor legítimamente guardara para sí algunos ejemplares de su creación. 

Los últimos años en la biografía de Tirso de Molina 

A pesar de que se le prohibió escribir a una edad temprana, justo cuando entraba en la madurez y la experiencia vital lo preparaba para obras más complejas, dejó negro sobre blanco más de trescientas comedias escritas en treinta años. En ellas hace gala de un hondo conocimiento psicológico de los recovecos del alma humana. Y ello a pesar de que los textos están levantados sobre la temática de comedia de capa y espada. Esto se une a que sus obras se centran en los problemas de sus contemporáneos alejándose de emplazamientos o aventuras irreales que entretenían a los autores de la época. El éxito, para terminar, contribuyó a que fuera objeto de los dardos envenenados de quienes, a toda costa, se empeñaban en mantener a raya cualquier escrito discordante. 

En la biografía de Tirso de Molina aparecen nuevas fechas en otras tantos documentos. En 1623 se le nombró historiador de su orden. En 1645 fue elegido comendador de Soria y un año más tarde es ascendido a provincial de Castilla. Muere en 1648 en Almazán donde se encontraba ya retirado. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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