Rimas de Bécquer | características y análisis

Rimas de Bécquer

Rimas de Bécquer

Candela Vizcaíno

 

Cuando Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) escribió su obra al completo, el Romanticismo en España estaba dando paso a otros modelos estilísticos radicalmente distintos: simbolismo, realismo literario, naturalismo…  Y eso sin contar que, en Europa, se encontraba totalmente sobrepasado, tanto que ya se intuían, incluso, algunas vanguardias. A pesar de este desfase cronológico, las obras del poeta sevillano se encuentran entre lo mejor del movimiento artístico. Si sus poemas, andando el tiempo, son los más populares de la historia literaria en español, las leyendas de Bécquer pueden clasificarse, sin temor a equivocación, entre lo más significativo del Romanticismo literario en prosa. El libro de los gorriones (la obra sobre la que se asientan las Rimas de Bécquer) ha sido determinante en el quehacer lírico posterior. Su influencia (reconocida, como veremos) alcanza hasta los poetas españoles de mediados del siglo XX. 

El problema de las ediciones de las Rimas de Bécquer

Bécquer perdió el primer manuscrito de sus poemas y tuvo que recomponerlo andando el tiempo. Todos sus escritos en verso fueron entregados al ministro González Bravo (1811-1871), quien perdió estos papeles en la llamada Revolución de Septiembre (del 19 al 28 de dicho mes de 1868). Ante tal desbarajuste, los amigos del poeta le regalaron un cuaderno rayado (similar a los escolares actuales) para que volcara allí sus escritos. Bécquer lo hizo de memoria. En las primeras páginas de este cuaderno manuscrito aparece el siguiente rótulo: Colección de proyectos, ideas y planes de cosas diferentes que se concluirán o no según sople el viento. De Gustavo Adolfo Bécquer. 1868, Madrid 17 de junio. En este cuaderno copió o escribió de memoria sus Rimas a partir de la página 529 y estas van precedidas de un índice con el primer verso. Estamos ante el Libro de los gorriones que atesora entre sus páginas 79 rimas. Este, además, estuvo desaparecido hasta 1914, cuando fue hallado por Franz Schneider en la Biblioteca Nacional de Madrid.  

Hasta esta fecha, la edición que circuló fue la preparada por los amigos del poeta a su muerte. Esta obra se imprimió en Madrid en 1871 y en ella faltan varias rimas que, posteriormente, se comprobó que parecían estar eliminadas del Libro de los gorriones. Este además, tiene tantos añadidos, cambios y tachados que, la crítica posterior no se pone de acuerdo a la hora de dilucidar cuáles pertenecen a Bécquer o cuáles son de otra mano, incluso de editores posteriores. Con una somera comparación entendemos que el orden está trastocado entre ambas fuentes (la edición princes de las Rimas y el manuscrito). Esta anotación no es baladí ya que los poemas responden a un orden temático y estructural. En definitiva, con los datos actuales no podemos conocer el orden cronológico de estos versos, más allá de intuir la fecha de aquellos (únicamente 15) que se publicaron en vida del autor. Sí se acepta que las Rimas de Bécquer, en su totalidad, fueron escritas entre 1859 y 1868.  

Características de las Rimas de Bécquer  

Este corpus artístico, a pesar de su heterogeneidad, responde a una unicidad temática e, incluso, estilística que resumo en los siguientes puntos: 

1.- Clasificación

Los poemas de Bécquer alrededor del Libro de los gorriones pretenden desarrollar una historia amorosa de principio a fin. Así los versos pueden clasificarse en cuatro etapas o fases: 

a) Encuentro y esperanza en una relación duradera. 

b) Narración del amor prodigioso y plenamente correspondido. 

c) Pérdida del sentimiento con el consiguiente duelo. 

c) Ahondamiento en la soledad.  

2.- Temática de las Rimas de Bécquer  

El yo del poeta, tal como corresponde a las características del Romanticismo, aunque el movimiento estuviera ampliamente sobrepasado cuando se compuso la obra, únicamente encuentra consuelo en la luz del amor. La oscuridad anímica del creador se solaza con un idealismo pasional que parece calmar cualquier mal pero que, a la postre, ya que se pierde, es fuente de un mayor dolor. Esto desemboca en un estado de melancolía, de añoranza, de sumisión a la soledad. La voz de las Rimas de Bécquer se confronta siempre con el mundo material incapaz de hilar con una espiritualidad compleja que no encuentra consuelo. 

Estilo literario de los poemas de Bécquer 

Resumiendo mucho tenemos: 

1.- El lenguaje se desembaraza de cualquier torsión estilística y se hace extremadamente sencillo. Y este extremo ha propiciado que, andando el tiempo, estos versos se encuentren entre los más populares de la lírica española. 

2.- La métrica es relajada y tan vaga que no podemos encontrar tropos exactos en ella. Eso no quita para que esté cuidada y que sea de una sonoridad extrema aunque no llegue a ser tan rimbombante como las obras de José de Espronceda (la Canción del pirata es un ejemplo claro de ello) por poner como ejemplo otro poeta romántico español. En Bécquer todo es suave, lánguido, cálido, etéreo, sencillo y nebuloso tal como han propuesto poetas que nacieron después y que sucumbieron a los encantos de los versos becquerianos. 

3.- Nos encontramos en las Rimas ecos de la poesía popular, incluso de la tradición germana que el artista conocía y que utilizó para levantar algunas leyendas. 

4.- Estos versos se nos presentan delicados, íntimos, sobrios y tan sinceros que lectores de los siglos posteriores no han tenido ningún reparo en identificarse con ellos. A ello contribuye la ausencia de retórica y una extrema capacidad para sugerir sin llegar a prolijas descripciones o narraciones engorrosas. 

5.- Esta última característica de las Rimas de Bécquer es la que ha contribuido a su influencia posterior, tanto es así que la crítica (y los poetas del siglo XX) no dudan en colocar una frontera en la historia literaria cuya línea divisoria es precisamente el Libro de los gorriones

6.- El amor idealizado, la pérdida y la soledad se repiten en estos versos.  

La poesía de Gustavo Adolfo Bécquer y el Romanticismo literario 

1.- Si bien, como he anotado, el poeta sevillano hay que inscribirlo en esta corriente literaria, en estos versos (más que en su obra en prosa) entra un componente tan novedoso que ha sido fuente para poetas contemporáneos: la imposibilidad de describir lo etéreo y anímico mediante la palabra. Este extremo sería cultivado por creadores del siglo XX llegando a su cenit con José Ángel Valente (1929-2000). 

2.- A pesar de lo anterior, el Romanticismo entra de lleno en estos versos en forma de pasión arrebatadora que confronta al yo del poeta. La libertad que se canta siempre acaba chocando con una tristeza o pérdida subyacente dejando al creador en las lindes de un mundo desconocido que poco o nada tiene que ver con la realidad cotidiana. 

3.- La naturaleza romántica de Bécquer (y de otros creadores plásticos o literarios del movimiento) ya no es mero paisaje o decorado sino que se erige en protagonista. Sin ella no podemos adentrarnos en los recovecos anímicos que se describen. 

4.- La pérdida y la soledad posterior son una constante, tanto que se convierten en una forma de vida casi. 

5.- El lenguaje sencillo, descargado de todo artificio, pretende democratizar (y así se consiguió) una literatura que antes de Bécquer (y de los románticos en general) estaba destinada a un público extremadamente culto que conocía la tradición literaria, los mitos antiguos y la historia. 

6.- Las Rimas de Bécquer, por su sencillez, poder de evocación, delicada sonoridad e intemporalidad fueron fácilmente alcanzables para un grupo lector amplio que no dudó en memorizar y en recitar los versos más famosos con motivo de cualquier ocasión. Y esto sucede por primera vez en la historia de la literatura española. 

Bécquer y los poetas posteriores

Porque el escritor no solo llegó a aquellos lectores que se identificaron en algún momento con estos sentimientos amorosos plasmados en las Rimas. Que estos versos, de alguna manera u otra, palpitan en autores posteriores como Luis Cernuda (que no tuvo reparos en admitirlo por cierto), en Alberti, en Aleixandre o en Federico García Lorca. La referencia a las Rimas de Bécquer fue de tal calibre que dejó una profunda huella literaria. 

La sombra de Bécquer, más cerca, más lejos, estará siempre al fondo. Y no es que estos poetas hayan siempre pensado en Bécquer, o hayan sentido su influjo, ni es necesario que se pueda probar históricamente una tradición no interrumpida desde Bécquer a ellos: es que viven en una atmósfera, en un clima poético que solo el genial experimento de Bécquer alumbró e hizo habitable para los españoles. 

Dámaso Alonso

Desempeña en nuestra poesía moderna un papel equivalente al de Garcilaso en nuestra poesía clásica: el de crear una nueva tradición, que lega a sus descendientes. Y si de Garcilaso se nutrieron dos siglos de poesía española, estando su sombra detrás de cualquiera de nuestros poetas de los siglos XVI y XVII, los mismo se puede decir de Bécquer con respecto a su tiempo. Él es quien dota a la poesía moderna española de una tradición nueva, y el eco de ella se encuentra en nuestros contemporáneos mejores.  

Luis Cernuda 

El lenguaje de Bécquer, libre de afectación, natural, sin manierismo histórico alguno -ni barroco, ni romántico, ni modernista- es eminentemente e intemporalmente poético… Obra no conclusa y cerrada, sino abierta y sugeridora, como hecha toda de puntos suspensivos que invitan a la prosecución de lo insinuado, de silencios que parecen reclamar que se diga lo no dicho. 

Vicente Gaos 

Por tanto, no podemos acercarnos a las Rimas de Bécquer no solo por lo que son por ellas mismas encuadradas en una tradición literaria concreta (la del Romanticismo más tardío) sino por lo que supuso para los creadores posteriores. Tanto fue así que en palabras de estos poetas (pertenecientes al canon literario, que la clasificación es importante) nos llevan ante una frontera histórica, ante un antes y un después. Antes de Bécquer, la poesía giraba alrededor del clasicismo y la tradición; después de Bécquer, se da carta de naturaleza a la moderna, superada en las últimas décadas por experimentos vanguardistas. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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