romanticismo

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A pesar de que el neoclasicismo español no fue un movimiento mayoritariamente aceptado en estas tierras, el Siglo de las Luces sí trajo nuevos vientos a la vieja Iberia. El Romanticismo en España tiene, en primer lugar, un carácter tardío en cuanto a las renovaciones sociales, filosóficas,  políticas o artísticas. Sin embargo, eso no quita para que arraigara entre todos aquellos que no veían el día del fin del Antiguo Régimen. 

Características generales del Romanticismo que se dan también en España

Hacia la mitad del siglo XVIII Europa al completo está viviendo una revolución en todos los sentidos que da paso desde el viejo orden (social, político, económico y cultural) hacia uno nuevo. Si el Antiguo Régimen estaba dominado por la aristocracia y un clero apegado a costumbres medievales casi, la nueva sociedad industrial que se abre al mundo lleva el empuje de la burguesía. Eso hace que, desde todos los ámbitos la palabra que mejor define a la época es transformación. Las características del Romanticismo generales, a veces, no se dan en España pero sí todas aquellas que, de alguna manera u otra, suponen un deseo de cambio. Anoto lo siguiente:

1.- La vieja sociedad agraria o artesanal alrededor de las monarquías absolutas y la aristocracia se desmorona para dar paso a las grandes urbes industriales con el empuje de la ideología burguesa. Esto que supone la transformación hacia el Nuevo Régimen cuesta (o sencillamente no llega) en España. 

2.- Como consecuencia de esta confrontación aparecen movimientos revolucionarios que acabarían en los grandes hitos de principios del siglo XX (Revolución Rusa por poner un caso). 

3.- La filosofía positivista (la que cree en el progreso sin límites) convive con el empirismo (que se llevó incluso a la literatura neoclásica) y con el idealismo. 

4.- Aparecen las primeras ideas socialistas, de cambio radical de la sociedad. 

5.- El ambiente en general y en todos los órdenes se llenan de espíritu contestario. 

6.- Se rechazan todas las características del Neoclasicismo en el que, de alguna manera u otra, se primen los postulados de la razón. 

7.- Por contra, el Romanticismo en España y en el resto de Europa busca el dinamismo, la intensidad emocional, las fuerzas pasionales, los elementos del otro lado y con eso me refiero a fantasmas, excluidos, olvidados… 

8.- Hay un  gusto por buscar la verdad no ya en los hechos comprobados que había predominado en el Siglo de las Luces sino en las tinieblas del inconsciente, en las nuevas formas de misticismo, en las búsquedas  con seres que no pertenecen a este plano (fantasmas, espíritus, olvidados, locos…)

9.- La ilusión, la fantasía, la creatividad, lo novedoso se instala en toda la sociedad  y no solo en el arte.

10.- Escritores y artistas se auto erigen en guías de la sociedad como una suerte de demiurgos que pueden ver lo que otros no ven. 

La situación política en el periodo del Romanticismo en España

El periodo del Romanticismo en España dio lugar a la denominada “dos Españas”. Por un lado, se encontraban aquellos intelectuales que, bajo los postulados del pensamiento del Neoclasicismo,  buscaban un cambio a todos los niveles (social,  cultural,  político, económico…) Estos se autodenominaban como reformistas. Contra ellos estaba el sector tradicionalista, apegado aún a los modos del Antiguo Régimen. Este choque durará todo el siglo XIX y buena parte del XX incluso. Además, se agudiza con la invasión francesa dando lugar a una contra revolución de corte nacionalista.  

En 1812 se inauguran las Cortes de Cádiz y, muy tímidamente, se ponen las bases para un cambio político y social que sacara a España de la miseria económica a la par que se apostaba por el acceso a la instrucción de una forma más general. Quedaría mucho para que la educación universal se instalara en España. Sin embargo, este órdago reformador quedaría truncado en dos años, ya que en 1814, al subir al trono Fernando VII e instalar un régimen absolutista basado en el capricho casi. Estudiosos e historiadores hay quienes califican a este rey (descrito como poco inteligente por decirlo con palabras amables) como el peor de la historia de España.  

Aunque los reformistas se logran imponer en el llamado Trienio Liberal (1820-1823), este termina de la peor manera y buena parte de los intelectuales más progresistas de España deben emprender el camino del exilio. La mayoría elegirá Londres. Tras morir Fenrando VII, le sucede Isabel II que aún no había alcanzado la edad legal para gobernar. Mientras la reina crecía, el pueblo se ensalzó en la Primera Guerra Carlista (1833-1839). Las heridas de la contienda no llegaron a cerrarse y el conflicto entra las dos ideologías (la reformadora y la tradicional) continuaría por décadas. En este contexto político convulso a más no poder y donde es imposible consenso alguno se desarrollaría el Romanticismo en España. 

Penetración del Romanticismo en España

Desde Inglaterra, Francia o Alemania van entrando las nuevas ideas y las estéticas más novedosas. Ni que decir tiene que no se hizo de una manera uniforme. Aparte de los focos catalanes, estos vientos e cambio arraigan y se extienden a través de Cádiz, por entonces puerto importante. En Barcelona se publicó la revista El europeo (1823-1824) en la que se ensalzaba la nueva estética romántica.  

Tanto en el plano filosófico como en el político, a pesar de ser ideas nuevas, estamos ante un Romanticismo muy moderado, de corte conservador casi. Y es de entender, ya que defender algunos argumentos se penaban con cárcel, exilio o, directamente, la muerte por fusilamiento. 

Solo la élite intelectual de Madrid o de las grandes capitales tiene acceso a las nuevas obras románticas, las cuales se leen intentando engañar a la censura. Lo mismo sucedía en las tertulias, sobre todo las de la Corte, en la que participan escritores, filósofos, artistas o intelectuales. A pesar de que el hilo conductor (el afán o deseo de esta elite cultural) era dejarse caer en brazos de la ansiada libertad en todos los órdenes vitales, esta estaba lejos de alcanzarse. 

El exilio, por su parte, hizo una importante labor ya que, al estar fuera de las mordazas legales españolas, pudo empaparse de estas ideas de cambio. Llegaran a tierras hispánicas o bien al regreso o bien en forma de libros que irán calando en un público cada vez más amplio. Eso no será hasta 1833 con una amnistía casi general. 

Romanticismo literario en España

A pesar de que los europeos consideraban el carácter español meramente romántico, el movimiento estético tardó en penetrar en nuestro país. No es de extrañar debido a los adversos condicionantes políticos. No sería hasta 1835, con la vuelta del exilio, cuando se estrena Don Álvaro o la fuera del sino del Duque de Rivas y con ella se da por inaugurado de manera oficial el Romanticismo en España.  

Anteriormente, los intelectuales y críticos de Alemania, Suiza o Francia miraron a España como el país del origen del Romanticismo en una contradicción casi histórica. Se ve el teatro de Calderón o de los mejores dramaturgos del Siglo de Oro como una fuente de inspiración perfecta. Eso sin contar con las aventuras descritas por aquellos viajeros aristocráticos del Grand Tour que recabaron en todos los rincones de un país desconocido (incluso por los autóctonos) y  con una ingente riqueza cultural y patrimonial. Otra cosa bien distinta eran los contrastes sociales tan tremendos que se daban en la época. El Quijote, para terminar, se convierte en el tipo romántico por excelencia. 

La estética del Romanticismo en España 

Aunque el Neoclasicismo español tuvo importantes intelectuales que buscaron el orden y el razonamiento en todos los aspectos vitales, el carácter patrio (tal como apuntaban los intelectuales foráneos) gustaba de otras dinámicas más pasionales.  Por eso, en España pronto tuvieron éxito obras tremendamente dramáticas en las que se lleva el lenguaje a una distorsión importante. Los sentimientos mostrados son intensos al máximo potenciando ese espíritu pasional que caracteriza al Romanticismo en España y en el resto de Europa. 

Si por algo se caracteriza el Romanticismo en España es por la búsqueda (incluso hasta el delirio) de una libertad difícil de disfrutar en todos los órdenes. Por eso, de una forma rotunda se rechaza cualquier canon o la búsqueda del orden que había imperado durante el Siglo de las Luces. Se dinamitan las fronteras de los géneros, se mezclan los estilos, los tonos, los personajes de distinta extracción social, tal como venía dándose en la literatura hispana desde la Edad Media. 

Se vuelve incluso a los autores y modelos más antiguos, los de la literatura griega, sin olvidar los barrocos, con Lope y Calderón a la cabeza. Se busca la espontaneidad y, a la par, se inunda la literatura de versos y poemas. Se ensalzan los temas más dramáticos del momento, los amores pasionales, las ideas suicidas. Los cementerios, ruinas y lugares perdidos se convierten en los decorados favoritos. Entran en escena fantasmas y muertos vivientes (la leyenda de Don Juan o el convidado de piedra por poner un caso).  

La novela histórica, por su gusto por personajes pasados, es la protagonista de la prosa. En esta época comienza el género gótico y también se retoman las figuras propias de la caballería. A la par, se genera una corriente que responde al costumbrismo. Esta es más evidente en el teatro que tanto ha gustado entre el público en general en España. 

Se recurren a los temas en los que siempre hay una confrontación (normalmente entre el ansia de libertad y las costumbres instaladas). Las pasiones descontroladas (los amores y amoríos), la dificultad para alcanzar la felicidad, los fantasmas o personas que llevan el alma humana al límite son protagonistas del Romanticismo en España.  

Autores del Romanticismo en España 

El movimiento caló especialmente en la literatura donde destaca José de Espronceda (1808-1842) y su obra El moro expósito escrita en el exilio. Rosalía de Castro y Bécquer son los exponentes máximos de un movimiento tardío que dio sus mejores frutos en estos poetas.

Dedicados a la estética costumbrista destaco Mesonero Romanos y Estébanez Calderón. En el otro extremo, el que entronca con la prosa más culta y exquisita del Neoclasicismo tenemos a Larra (1808-1837) con una pluma fina, satírica al máximo que le sirve para exponer sus ideas políticas de corte liberal y su disconformidad con la cosmovisión imperante. 

En el teatro destaco dos grandes obras que han pasado al canon: Don Juan Tenorio de Zorrilla y Don Álvaro o la fuerza del sino del Duque de Rivas. 

 

En resumidas cuentas, el Romanticismo en España está caracterizado por un inconformismo a todos los niveles, desde el vital (la búsqueda de la libertad o la felicidad) hasta en el político o social. La inestabilidad personal y de gobierno se transparenta en unas obras que buscan la verdad más allá de los convencionalismos siempre recurriendo a unos sentimientos extremos o, directamente, a las pasiones.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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A pesar de que el neoclasicismo español no fue un movimiento mayoritariamente aceptado en estas tierras, el Siglo de las Luces sí trajo nuevos vientos a la vieja Iberia. El Romanticismo en España tiene, en primer lugar, un carácter tardío en cuanto a las renovaciones sociales, filosóficas,  políticas o artísticas. Sin embargo, eso no quita para que arraigara entre todos aquellos que no veían el día del fin del Antiguo Régimen. 

Características generales del Romanticismo que se dan también en España

Hacia la mitad del siglo XVIII Europa al completo está viviendo una revolución en todos los sentidos que da paso desde el viejo orden (social, político, económico y cultural) hacia uno nuevo. Si el Antiguo Régimen estaba dominado por la aristocracia y un clero apegado a costumbres medievales casi, la nueva sociedad industrial que se abre al mundo lleva el empuje de la burguesía. Eso hace que, desde todos los ámbitos la palabra que mejor define a la época es transformación. Las características del Romanticismo generales, a veces, no se dan en España pero sí todas aquellas que, de alguna manera u otra, suponen un deseo de cambio. Anoto lo siguiente:

1.- La vieja sociedad agraria o artesanal alrededor de las monarquías absolutas y la aristocracia se desmorona para dar paso a las grandes urbes industriales con el empuje de la ideología burguesa. Esto que supone la transformación hacia el Nuevo Régimen cuesta (o sencillamente no llega) en España. 

2.- Como consecuencia de esta confrontación aparecen movimientos revolucionarios que acabarían en los grandes hitos de principios del siglo XX (Revolución Rusa por poner un caso). 

3.- La filosofía positivista (la que cree en el progreso sin límites) convive con el empirismo (que se llevó incluso a la literatura neoclásica) y con el idealismo. 

4.- Aparecen las primeras ideas socialistas, de cambio radical de la sociedad. 

5.- El ambiente en general y en todos los órdenes se llenan de espíritu contestario. 

6.- Se rechazan todas las características del Neoclasicismo en el que, de alguna manera u otra, se primen los postulados de la razón. 

7.- Por contra, el Romanticismo en España y en el resto de Europa busca el dinamismo, la intensidad emocional, las fuerzas pasionales, los elementos del otro lado y con eso me refiero a fantasmas, excluidos, olvidados… 

8.- Hay un  gusto por buscar la verdad no ya en los hechos comprobados que había predominado en el Siglo de las Luces sino en las tinieblas del inconsciente, en las nuevas formas de misticismo, en las búsquedas  con seres que no pertenecen a este plano (fantasmas, espíritus, olvidados, locos…)

9.- La ilusión, la fantasía, la creatividad, lo novedoso se instala en toda la sociedad  y no solo en el arte.

10.- Escritores y artistas se auto erigen en guías de la sociedad como una suerte de demiurgos que pueden ver lo que otros no ven. 

La situación política en el periodo del Romanticismo en España

El periodo del Romanticismo en España dio lugar a la denominada “dos Españas”. Por un lado, se encontraban aquellos intelectuales que, bajo los postulados del pensamiento del Neoclasicismo,  buscaban un cambio a todos los niveles (social,  cultural,  político, económico…) Estos se autodenominaban como reformistas. Contra ellos estaba el sector tradicionalista, apegado aún a los modos del Antiguo Régimen. Este choque durará todo el siglo XIX y buena parte del XX incluso. Además, se agudiza con la invasión francesa dando lugar a una contra revolución de corte nacionalista.  

En 1812 se inauguran las Cortes de Cádiz y, muy tímidamente, se ponen las bases para un cambio político y social que sacara a España de la miseria económica a la par que se apostaba por el acceso a la instrucción de una forma más general. Quedaría mucho para que la educación universal se instalara en España. Sin embargo, este órdago reformador quedaría truncado en dos años, ya que en 1814, al subir al trono Fernando VII e instalar un régimen absolutista basado en el capricho casi. Estudiosos e historiadores hay quienes califican a este rey (descrito como poco inteligente por decirlo con palabras amables) como el peor de la historia de España.  

Aunque los reformistas se logran imponer en el llamado Trienio Liberal (1820-1823), este termina de la peor manera y buena parte de los intelectuales más progresistas de España deben emprender el camino del exilio. La mayoría elegirá Londres. Tras morir Fenrando VII, le sucede Isabel II que aún no había alcanzado la edad legal para gobernar. Mientras la reina crecía, el pueblo se ensalzó en la Primera Guerra Carlista (1833-1839). Las heridas de la contienda no llegaron a cerrarse y el conflicto entra las dos ideologías (la reformadora y la tradicional) continuaría por décadas. En este contexto político convulso a más no poder y donde es imposible consenso alguno se desarrollaría el Romanticismo en España. 

Penetración del Romanticismo en España

Desde Inglaterra, Francia o Alemania van entrando las nuevas ideas y las estéticas más novedosas. Ni que decir tiene que no se hizo de una manera uniforme. Aparte de los focos catalanes, estos vientos e cambio arraigan y se extienden a través de Cádiz, por entonces puerto importante. En Barcelona se publicó la revista El europeo (1823-1824) en la que se ensalzaba la nueva estética romántica.  

Tanto en el plano filosófico como en el político, a pesar de ser ideas nuevas, estamos ante un Romanticismo muy moderado, de corte conservador casi. Y es de entender, ya que defender algunos argumentos se penaban con cárcel, exilio o, directamente, la muerte por fusilamiento. 

Solo la élite intelectual de Madrid o de las grandes capitales tiene acceso a las nuevas obras románticas, las cuales se leen intentando engañar a la censura. Lo mismo sucedía en las tertulias, sobre todo las de la Corte, en la que participan escritores, filósofos, artistas o intelectuales. A pesar de que el hilo conductor (el afán o deseo de esta elite cultural) era dejarse caer en brazos de la ansiada libertad en todos los órdenes vitales, esta estaba lejos de alcanzarse. 

El exilio, por su parte, hizo una importante labor ya que, al estar fuera de las mordazas legales españolas, pudo empaparse de estas ideas de cambio. Llegaran a tierras hispánicas o bien al regreso o bien en forma de libros que irán calando en un público cada vez más amplio. Eso no será hasta 1833 con una amnistía casi general. 

Romanticismo literario en España

A pesar de que los europeos consideraban el carácter español meramente romántico, el movimiento estético tardó en penetrar en nuestro país. No es de extrañar debido a los adversos condicionantes políticos. No sería hasta 1835, con la vuelta del exilio, cuando se estrena Don Álvaro o la fuera del sino del Duque de Rivas y con ella se da por inaugurado de manera oficial el Romanticismo en España.  

Anteriormente, los intelectuales y críticos de Alemania, Suiza o Francia miraron a España como el país del origen del Romanticismo en una contradicción casi histórica. Se ve el teatro de Calderón o de los mejores dramaturgos del Siglo de Oro como una fuente de inspiración perfecta. Eso sin contar con las aventuras descritas por aquellos viajeros aristocráticos del Grand Tour que recabaron en todos los rincones de un país desconocido (incluso por los autóctonos) y  con una ingente riqueza cultural y patrimonial. Otra cosa bien distinta eran los contrastes sociales tan tremendos que se daban en la época. El Quijote, para terminar, se convierte en el tipo romántico por excelencia. 

La estética del Romanticismo en España 

Aunque el Neoclasicismo español tuvo importantes intelectuales que buscaron el orden y el razonamiento en todos los aspectos vitales, el carácter patrio (tal como apuntaban los intelectuales foráneos) gustaba de otras dinámicas más pasionales.  Por eso, en España pronto tuvieron éxito obras tremendamente dramáticas en las que se lleva el lenguaje a una distorsión importante. Los sentimientos mostrados son intensos al máximo potenciando ese espíritu pasional que caracteriza al Romanticismo en España y en el resto de Europa. 

Si por algo se caracteriza el Romanticismo en España es por la búsqueda (incluso hasta el delirio) de una libertad difícil de disfrutar en todos los órdenes. Por eso, de una forma rotunda se rechaza cualquier canon o la búsqueda del orden que había imperado durante el Siglo de las Luces. Se dinamitan las fronteras de los géneros, se mezclan los estilos, los tonos, los personajes de distinta extracción social, tal como venía dándose en la literatura hispana desde la Edad Media. 

Se vuelve incluso a los autores y modelos más antiguos, los de la literatura griega, sin olvidar los barrocos, con Lope y Calderón a la cabeza. Se busca la espontaneidad y, a la par, se inunda la literatura de versos y poemas. Se ensalzan los temas más dramáticos del momento, los amores pasionales, las ideas suicidas. Los cementerios, ruinas y lugares perdidos se convierten en los decorados favoritos. Entran en escena fantasmas y muertos vivientes (la leyenda de Don Juan o el convidado de piedra por poner un caso).  

La novela histórica, por su gusto por personajes pasados, es la protagonista de la prosa. En esta época comienza el género gótico y también se retoman las figuras propias de la caballería. A la par, se genera una corriente que responde al costumbrismo. Esta es más evidente en el teatro que tanto ha gustado entre el público en general en España. 

Se recurren a los temas en los que siempre hay una confrontación (normalmente entre el ansia de libertad y las costumbres instaladas). Las pasiones descontroladas (los amores y amoríos), la dificultad para alcanzar la felicidad, los fantasmas o personas que llevan el alma humana al límite son protagonistas del Romanticismo en España.  

Autores del Romanticismo en España 

El movimiento caló especialmente en la literatura donde destaca José de Espronceda (1808-1842) y su obra El moro expósito escrita en el exilio. Rosalía de Castro y Bécquer son los exponentes máximos de un movimiento tardío que dio sus mejores frutos en estos poetas.

Dedicados a la estética costumbrista destaco Mesonero Romanos y Estébanez Calderón. En el otro extremo, el que entronca con la prosa más culta y exquisita del Neoclasicismo tenemos a Larra (1808-1837) con una pluma fina, satírica al máximo que le sirve para exponer sus ideas políticas de corte liberal y su disconformidad con la cosmovisión imperante. 

En el teatro destaco dos grandes obras que han pasado al canon: Don Juan Tenorio de Zorrilla y Don Álvaro o la fuerza del sino del Duque de Rivas. 

 

En resumidas cuentas, el Romanticismo en España está caracterizado por un inconformismo a todos los niveles, desde el vital (la búsqueda de la libertad o la felicidad) hasta en el político o social. La inestabilidad personal y de gobierno se transparenta en unas obras que buscan la verdad más allá de los convencionalismos siempre recurriendo a unos sentimientos extremos o, directamente, a las pasiones.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Características del Romanticismo literario, movimiento creativo que se extiende por Europa desde finales del Siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX. 

Fue un movimiento cultural pero también político y su fecha de origen se fija (aproximadamente) en 1770 cuando una serie de escritores reaccionan contra el racionalismo y el clasicismo de la época anterior. Como ocurre con cualquier movimiento artístico (desde las vanguardias históricas con Cubismo y Futurismo por poner dos casos hasta los contemporáneos), el Romanticismo literario y artístico se alza en contra de la tradición inmediatamente anterior. 

Contexto histórico del Romanticismo literario 

En política comienzan a desarrollarse los nacionalismos (el cual empezó en España) como una forma de luchar contra la expansión de Napoleón. Paralelamente, estamos ante la Revolución Industrial que trastoca de fondo todos los modelos económicos anteriores con sus proliferación de fábricas, industrias, cultura del hierro y el desarrollo tecnológico de entonces. 

Fruto de estos movimientos políticos y económicos, la sociedad también se mueve dejando atrás la división heredada de la Edad Media para instalarse en lo que conocemos como sociedad de clases. Surge el proletariado dependiente del trabajo en grandes centros de producción y, al tiempo, los primeros movimientos sindicales en demanda de derechos básicos. La vetusta aristocracia queda arrinconada por una pujante burguesía que se hace con el poder económico y cultural. 

En filosofía se instala el idealismo (como respuesta al racionalismo del siglo anterior). Se interesan por las formas de expresión del espíritu (una de las principales características del Romanticismo literario y artístico). El “yo” (que no el ego), el individualismo, el mundo de los sentimientos o las sensaciones, la búsqueda de las trascendencia, la libertad ansiada se convierten en los temas favoritos de esta corriente filosófica. A la par, en el Romanticismo literario vamos a encontrar como hilo conductor siempre un halo de tristeza, de negatividad, de derrota incluso que lleva a interesarse por las ruinas, la historia, los seres del más allá, los fantasmas y los procesos emocionales regidos por la melancolía. 

Características del Romanticismo literario 

Con este sustrato cultural y socioeconómico no es de extrañar que en el Romanticismo literario siempre encontremos como fuerzas en choque. Son los obreros (los pobres, sencillos o humildes) contra los intereses de la riqueza, la vida y la muerte (expresada siempre de manera dramática), las posibilidades del más allá… Resumiendo mucho nos encontramos lo siguiente:  

1.- El artista se erige en el centro de la creación aquejado de un sentimiento de insatisfacción constante

Es una de las principales características del Romanticismo literario: la exaltación del artista como demiurgo. Sería la persona revestida de poderes espirituales ajenos a la población normal que es capaz de ver más allá de la realidad dada. Bien es verdad que el arte, así sin más, abre puertas donde antes estaban cerradas, que “sirve” (si podemos utilizar este verbo) para entender o hacer nuestra una realidad que antes era desconocida u oculta. Sin embargo, en el Romanticismo esto se lleva a último extremo haciendo del artista una persona en constante conflicto con la realidad, con las circunstancias e, incluso, con la vida. Siempre habrá un motivo para la infelicidad más absoluta y para la nostalgia.  

2.- El Romanticismo literario muestra un choque frontal con la realidad

Ese desencuentro se va a manifestar en las temáticas de las obras y en la forma de plantear los conflictos literarios. Los protagonistas tienen que hacer frente a innumerables desgracias desde novias despechadas hasta muertos que se revuelven en su tumba. Siempre habrá algo que ha quedado por hacer, que ha imposibilitado que se complete el destino vital. Eso llevará a un eterno sentimiento de nostalgia, de tristeza, de melancolía, de estados que hoy en día podemos calificar de depresivos. 

3.- El yo, el alma y el espíritu es el centro de la obra literaria

Este choque constante entre la realidad y los mandatos internos anímicos llevan a que el espíritu (entendido de manera amplia) sea el centro de la obra literaria. La poesía se vuelve lírica, intimista, con un centro en lo que siempre pudo ser, en lo que falta, en la incompletez de la vida para llegar a ser todo aquello que se lleva dentro. 

4.- Por primera vez en la historia se ensalza la libertad como bien supremo

Ante este conflicto, se recurre a la libertad como uno de los bienes supremos (aún no llegarían al individualismo). Paralelamente a los cambios sociales que evolucionan hacia la proclamación de los primeros derechos civiles, el creador, el poeta, el literato, el dramaturgo y sus personajes van en busca de esa libertad que, a veces, es liberación por la ruptura de las normas impuestas. Ya no sirve lo que dice la sociedad y se apela al corazón, a los deseos, a la pasión con una vehemencia nunca vista en la historia del arte. 

5.- El Romanticismo literario gusta de las particularidades nacionales

De aquí el costumbrismo, tanto en novela como en teatro, que saca a relucir individuos típicos y estereotipados. De hecho, algunos de ellos han llegado hasta el día de hoy. De España (a través de los escritores ingleses y alemanes) se ensalza al bandolero o al prototipo de Don Juan. Fuera de la norma, en conflicto con ellos mismos las más de las veces, bordeando los estándares sociales (incluso la legalidad), henchidos de individualismo e, incluso de rebeldía, son considerados como prototipos que abrirán una nueva forma de ver la realidad. 

6.- El inconformismo del poeta o del literato llega, incluso, a la queja

Es frecuente encontrarse en novelas, obras dramáticas y, especialmente, poemas todo aquello que pudo ser y no es. La queja, el lamento, el llanto, la pena y la tristeza pueblan las obras del Romanticismo literario con una fuerte impronta.  

7.- Hay una vuelta a la naturaleza en el Romanticismo literario

Las ciudades comienzan a ser invivibles con una contaminación que no tenemos hoy en día, los choques entre la clase baja y los burgueses comienzan a despuntar, aunque llegarán a su máxima expresión décadas más tarde. Y tanto el Naturalismo com el Realismo se encargarán de recogerlos y darle difusión. En las grandes urbes habita la sociedad conformista e, incluso, la enfermedad. Para contraponer a esa situación hay un gusto por la naturaleza, los lugares abandonados, las ruinas, los lagos, los bosques… Allí el poeta puede sentirse a gusto consigo mismo y en paz. Son emplazamientoss que invitan a la introspección y al ahondamiento de ese espíritu individual que forma parte del carácter del Romanticismo. 

8.- Gusto por la novela histórica y el poema en prosa

Todo ello lleva a situar las obras en un pasado incluso remoto con una concepción idílica o deformada de lo que esas épocas supusieron. Se retoman las historias de conventos, de cruzados, de personas atrapadas en las convecciones de épocas pretéritas. Se abre el camino para el género gótico que ha llegado, incluso, hasta hoy en día. El drama en esos escenarios es extremo, asfixiando tanto a los protagonistas que, las más de las veces, se encuentran ante la imposibilidad de una salida. 

En poesía nos encontramos dos tendencias. Por un lado, el verso largo con rimas muy marcadas y un ritmo poético fuerte y, por el otro, se barajan otras fórmulas como los poemas en prosa, los cuentos o textos narrativos con una fuerte impronta lírica (las Leyendas de Bécquer es un claro ejemplo). En España,  hay un gusto por el teatro con dramas intensos tanto entre personajes de cultura como en tipos populares.  

9.- En el Romanticismo literario hay una tendencia a largas descripciones

Que intentan meter al lector en la melancolía, en la tristeza, en los recovecos de los lugares que se frecuentan. Hay un detenimiento en cada arista del alma, en cada suspiro o recuerdo, a la par que se describe exhaustivamente el sustrato situacional de las obras desde los paisajes hasta los interiores. La “intención” es introducir al lector en ese estado dramático, de choque, de imposibilidad o de rebeldía que tanto interesaba a los románticos.  

10.- Preferencia por temas antes considerados sórdidos o poco adecuados

El romanticismo literario echa mano de emplazamientos antes vetado a las obras artísticas como las tumbas, los cementerios, las noches oscuras, los lugares poblados de fantasmas o de almas en pena, las mansiones abandonadas, los conventos malditos o los campos de batalla testigos de cruentas guerras. Este gusto por esa realidad alternativa ha llegado incluso a las formas expresivas contemporáneas. Eso sí, se ha modificado un poco y los fantasmas se han convertido en zombis, las ruinas en paisajes de un Apocalipsis nuclear, los emplazamientos de guerra en horribles laboratorios de investigación siempre rozando (cuando no traspasando) los límites de la ética. 

11.-En el Romanticismo literario nos encontramos la tristeza y el drama llevado a su máxima expresión

Los amores son desgraciados e imposibles. Siempre hay alguien o algo que impide la felicidad de los amantes. Eso puede ser desde un malentendido sin importancia que acaba de manera trágica hasta la imposición paterna pasando por fuerzas mayores. Las venganzas, las muertes, las tragedias, las novias que se queden plantadas en el altar, las ánimas en pena que vuelven para terminar lo que no pudieron en vida, los suicidios (incluso reales entre los artistas del Romanticismo literario), las afrentas por nada y los duelos son temas preferidos de este movimiento.  

12.- A la par se difuminan los estilos hasta entonces muy bien delimitados 

Si la realidad se ha vuelto más compleja incorporando los conflictos del otro plano y llevándolos a la vida real (como si de un sueño se tratara), tampoco están definidas las fronteras de los géneros. Comienza (en un proceso que aún no ha acabado) a saltar por los aires los géneros literarios, los modos, las formas y las técnicas de cada uno de ellos y la mezcla encuentra su razón de ser. Todo esto llega, en el siglo XX, por poner un caso, a la poesía visual donde lo literario convive y se hace uno con el arte plástico. Antes, por supuesto, tenemos que asistir a todas las experimentaciones de las vanguardias históricas.  

Autores de Alemania (Goethe, Schiller…), de Inglaterra (Turner en la pintura, Lord Byron en la poesía), de España (el Duque de Rivas, el post-romántico Bécquer) hacen de estos principios el eje sobre el que gravitan sus obras. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Libros y palabras, poemas y cuentos, pausas y tertulias, recursos estilísticos, autores que nos inspiran, estilos que nos atrapan... Literatura de todos los tiempos y de todos los lugares que nos ayudan a viajar por el mundo. 

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Características del Romanticismo literario, movimiento creativo que se extiende por Europa desde finales del Siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX. 

Fue un movimiento cultural pero también político y su fecha de origen se fija (aproximadamente) en 1770 cuando una serie de escritores reaccionan contra el racionalismo y el clasicismo de la época anterior. Como ocurre con cualquier movimiento artístico (desde las vanguardias históricas con Cubismo y Futurismo por poner dos casos hasta los contemporáneos), el Romanticismo literario y artístico se alza en contra de la tradición inmediatamente anterior. 

Contexto histórico del Romanticismo literario 

En política comienzan a desarrollarse los nacionalismos (el cual empezó en España) como una forma de luchar contra la expansión de Napoleón. Paralelamente, estamos ante la Revolución Industrial que trastoca de fondo todos los modelos económicos anteriores con sus proliferación de fábricas, industrias, cultura del hierro y el desarrollo tecnológico de entonces. 

Fruto de estos movimientos políticos y económicos, la sociedad también se mueve dejando atrás la división heredada de la Edad Media para instalarse en lo que conocemos como sociedad de clases. Surge el proletariado dependiente del trabajo en grandes centros de producción y, al tiempo, los primeros movimientos sindicales en demanda de derechos básicos. La vetusta aristocracia queda arrinconada por una pujante burguesía que se hace con el poder económico y cultural. 

En filosofía se instala el idealismo (como respuesta al racionalismo del siglo anterior). Se interesan por las formas de expresión del espíritu (una de las principales características del Romanticismo literario y artístico). El “yo” (que no el ego), el individualismo, el mundo de los sentimientos o las sensaciones, la búsqueda de las trascendencia, la libertad ansiada se convierten en los temas favoritos de esta corriente filosófica. A la par, en el Romanticismo literario vamos a encontrar como hilo conductor siempre un halo de tristeza, de negatividad, de derrota incluso que lleva a interesarse por las ruinas, la historia, los seres del más allá, los fantasmas y los procesos emocionales regidos por la melancolía. 

Características del Romanticismo literario 

Con este sustrato cultural y socioeconómico no es de extrañar que en el Romanticismo literario siempre encontremos como fuerzas en choque. Son los obreros (los pobres, sencillos o humildes) contra los intereses de la riqueza, la vida y la muerte (expresada siempre de manera dramática), las posibilidades del más allá… Resumiendo mucho nos encontramos lo siguiente:  

1.- El artista se erige en el centro de la creación aquejado de un sentimiento de insatisfacción constante

Es una de las principales características del Romanticismo literario: la exaltación del artista como demiurgo. Sería la persona revestida de poderes espirituales ajenos a la población normal que es capaz de ver más allá de la realidad dada. Bien es verdad que el arte, así sin más, abre puertas donde antes estaban cerradas, que “sirve” (si podemos utilizar este verbo) para entender o hacer nuestra una realidad que antes era desconocida u oculta. Sin embargo, en el Romanticismo esto se lleva a último extremo haciendo del artista una persona en constante conflicto con la realidad, con las circunstancias e, incluso, con la vida. Siempre habrá un motivo para la infelicidad más absoluta y para la nostalgia.  

2.- El Romanticismo literario muestra un choque frontal con la realidad

Ese desencuentro se va a manifestar en las temáticas de las obras y en la forma de plantear los conflictos literarios. Los protagonistas tienen que hacer frente a innumerables desgracias desde novias despechadas hasta muertos que se revuelven en su tumba. Siempre habrá algo que ha quedado por hacer, que ha imposibilitado que se complete el destino vital. Eso llevará a un eterno sentimiento de nostalgia, de tristeza, de melancolía, de estados que hoy en día podemos calificar de depresivos. 

3.- El yo, el alma y el espíritu es el centro de la obra literaria

Este choque constante entre la realidad y los mandatos internos anímicos llevan a que el espíritu (entendido de manera amplia) sea el centro de la obra literaria. La poesía se vuelve lírica, intimista, con un centro en lo que siempre pudo ser, en lo que falta, en la incompletez de la vida para llegar a ser todo aquello que se lleva dentro. 

4.- Por primera vez en la historia se ensalza la libertad como bien supremo

Ante este conflicto, se recurre a la libertad como uno de los bienes supremos (aún no llegarían al individualismo). Paralelamente a los cambios sociales que evolucionan hacia la proclamación de los primeros derechos civiles, el creador, el poeta, el literato, el dramaturgo y sus personajes van en busca de esa libertad que, a veces, es liberación por la ruptura de las normas impuestas. Ya no sirve lo que dice la sociedad y se apela al corazón, a los deseos, a la pasión con una vehemencia nunca vista en la historia del arte. 

5.- El Romanticismo literario gusta de las particularidades nacionales

De aquí el costumbrismo, tanto en novela como en teatro, que saca a relucir individuos típicos y estereotipados. De hecho, algunos de ellos han llegado hasta el día de hoy. De España (a través de los escritores ingleses y alemanes) se ensalza al bandolero o al prototipo de Don Juan. Fuera de la norma, en conflicto con ellos mismos las más de las veces, bordeando los estándares sociales (incluso la legalidad), henchidos de individualismo e, incluso de rebeldía, son considerados como prototipos que abrirán una nueva forma de ver la realidad. 

6.- El inconformismo del poeta o del literato llega, incluso, a la queja

Es frecuente encontrarse en novelas, obras dramáticas y, especialmente, poemas todo aquello que pudo ser y no es. La queja, el lamento, el llanto, la pena y la tristeza pueblan las obras del Romanticismo literario con una fuerte impronta.  

7.- Hay una vuelta a la naturaleza en el Romanticismo literario

Las ciudades comienzan a ser invivibles con una contaminación que no tenemos hoy en día, los choques entre la clase baja y los burgueses comienzan a despuntar, aunque llegarán a su máxima expresión décadas más tarde. Y tanto el Naturalismo com el Realismo se encargarán de recogerlos y darle difusión. En las grandes urbes habita la sociedad conformista e, incluso, la enfermedad. Para contraponer a esa situación hay un gusto por la naturaleza, los lugares abandonados, las ruinas, los lagos, los bosques… Allí el poeta puede sentirse a gusto consigo mismo y en paz. Son emplazamientoss que invitan a la introspección y al ahondamiento de ese espíritu individual que forma parte del carácter del Romanticismo. 

8.- Gusto por la novela histórica y el poema en prosa

Todo ello lleva a situar las obras en un pasado incluso remoto con una concepción idílica o deformada de lo que esas épocas supusieron. Se retoman las historias de conventos, de cruzados, de personas atrapadas en las convecciones de épocas pretéritas. Se abre el camino para el género gótico que ha llegado, incluso, hasta hoy en día. El drama en esos escenarios es extremo, asfixiando tanto a los protagonistas que, las más de las veces, se encuentran ante la imposibilidad de una salida. 

En poesía nos encontramos dos tendencias. Por un lado, el verso largo con rimas muy marcadas y un ritmo poético fuerte y, por el otro, se barajan otras fórmulas como los poemas en prosa, los cuentos o textos narrativos con una fuerte impronta lírica (las Leyendas de Bécquer es un claro ejemplo). En España,  hay un gusto por el teatro con dramas intensos tanto entre personajes de cultura como en tipos populares.  

9.- En el Romanticismo literario hay una tendencia a largas descripciones

Que intentan meter al lector en la melancolía, en la tristeza, en los recovecos de los lugares que se frecuentan. Hay un detenimiento en cada arista del alma, en cada suspiro o recuerdo, a la par que se describe exhaustivamente el sustrato situacional de las obras desde los paisajes hasta los interiores. La “intención” es introducir al lector en ese estado dramático, de choque, de imposibilidad o de rebeldía que tanto interesaba a los románticos.  

10.- Preferencia por temas antes considerados sórdidos o poco adecuados

El romanticismo literario echa mano de emplazamientos antes vetado a las obras artísticas como las tumbas, los cementerios, las noches oscuras, los lugares poblados de fantasmas o de almas en pena, las mansiones abandonadas, los conventos malditos o los campos de batalla testigos de cruentas guerras. Este gusto por esa realidad alternativa ha llegado incluso a las formas expresivas contemporáneas. Eso sí, se ha modificado un poco y los fantasmas se han convertido en zombis, las ruinas en paisajes de un Apocalipsis nuclear, los emplazamientos de guerra en horribles laboratorios de investigación siempre rozando (cuando no traspasando) los límites de la ética. 

11.-En el Romanticismo literario nos encontramos la tristeza y el drama llevado a su máxima expresión

Los amores son desgraciados e imposibles. Siempre hay alguien o algo que impide la felicidad de los amantes. Eso puede ser desde un malentendido sin importancia que acaba de manera trágica hasta la imposición paterna pasando por fuerzas mayores. Las venganzas, las muertes, las tragedias, las novias que se queden plantadas en el altar, las ánimas en pena que vuelven para terminar lo que no pudieron en vida, los suicidios (incluso reales entre los artistas del Romanticismo literario), las afrentas por nada y los duelos son temas preferidos de este movimiento.  

12.- A la par se difuminan los estilos hasta entonces muy bien delimitados 

Si la realidad se ha vuelto más compleja incorporando los conflictos del otro plano y llevándolos a la vida real (como si de un sueño se tratara), tampoco están definidas las fronteras de los géneros. Comienza (en un proceso que aún no ha acabado) a saltar por los aires los géneros literarios, los modos, las formas y las técnicas de cada uno de ellos y la mezcla encuentra su razón de ser. Todo esto llega, en el siglo XX, por poner un caso, a la poesía visual donde lo literario convive y se hace uno con el arte plástico. Antes, por supuesto, tenemos que asistir a todas las experimentaciones de las vanguardias históricas.  

Autores de Alemania (Goethe, Schiller…), de Inglaterra (Turner en la pintura, Lord Byron en la poesía), de España (el Duque de Rivas, el post-romántico Bécquer) hacen de estos principios el eje sobre el que gravitan sus obras. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Características del Romanticismo, el movimiento artístico y literario que se extendió desde finales del siglo XVIII hasta bien entrado el siglo XIX. 

Sintetizar y analizar las obras de una época nos exige, por un lado, distanciarnos y, por el otro lado, relacionar. Es en esta comparación cómo entendemos lo que hace única a cada generación de artistas o de literatos. Por eso, antes de adentrarnos en estas 10 resumidas características del Romanticismo tenemos que dar unas pequeñas pinceladas de lo que sucedió en el plano social, político y económico antes, mientras y después de este movimiento. El cual, recuerdo, se extiende desde finales del Siglo XVIII hasta mediados del XIX, aunque en algunos países, como el caso de España, la estética se alarga unas décadas más. 

Contexto histórico del Romanticismo

¿Qué ocurrió antes? Europa, donde el movimiento tuvo lugar, estaba estructurada en estamentos sociales heredados de la época medieval. Esto es, cualquier persona nacía en una clase y poco podía hacer para prosperar o para cambiar. La nobleza acaparaba riquezas, cultura y poder político. El pueblo llano, excepto una pequeña capa de artesanos, apenas tenía libertad de decisión en ninguno de los órdenes de la vida. A esto se une que, a mediados del siglo XVIII, se impone el Racionalismo en los círculos elitistas europeos. 

Todo ello comenzó a cambiar unas décadas antes de que encontremos las características del Romanticismo en los principales autores (especialmente en Alemania). Los avances de la técnica propicia la llamada Revolución Industrial con su maquinismo, por supuesto, pero también, con su trastoque en el orden social. La clase campesina comienza a emigrar a la ciudad en busca de un puesto de trabajo que le permitiera prosperar. Aunque eso no se consigue de la noche a la mañana ya hay un cambio de actitud. 

¿Y cómo influye este contexto histórico en las características del Romanticismo principales? 

Como consecuencia de esto, o paralelamente, va surgiendo una pujante burguesía tanto alta (dueños de fábricas o de centros de producción) como media (profesionales liberales, artesanos con un sistema laboral semejante al autónomo contemporáneo…) Esta nueva clase social (en general penetrante y más culta que la nobleza) comienza a desplazar a la aristocracia tradicional imponiendo sus valores. Y dentro de esos principios (también una de las características del Romanticismo) se encuentra la libertad. 

Todo ello será caldo de cultivo para los movimientos independentistas, las revoluciones (iniciándose con la Francesa) o las teorías marxistas o socialistas. Recordemos que el Manifiesto comunista de Marx y Engels se publica en 1848. Y nada hay en la historia de la humanidad que haya surgido de la mente de un iluminado. Este siempre recoge el espíritu de la época. Y la romántica es la del cambio social (con ese choque entre burguesía y proletariado), la de la libertad y la de la búsqueda en mundos antes inexplorados. En este sentido, por poner un solo ejemplo, esa búsqueda de individualismo en terrenos antes inexplorados avanza La interpretación de los sueños de Freud, unas cuantas décadas más tarde y germen de la psicología moderna y contemporánea.  

Entonces, cuáles son las principales características del Romanticismo

Te las dejo resumidas en estas 10 que considero las principales y las fundamentales.  

1.- De entre las principales características del Romanticismo está el hombre como centro del Universo

Como herencia del Racionalismo anterior, el hombre se convierte en un ángel caído casi olvidado por Dios y abandonado a sus únicas posibilidades. Como las herramientas de crecimiento personal (por utilizar un símil contemporáneo) eran, en la época, bastante limitadas ese centro va pendulando de un lado a otro buscando su sitio. Como consecuencia de todo ello, se ensalza el ego, el espíritu libre, la creatividad por encima de todas las cosas, la genialidad y, en ocasiones, hasta la locura. ¿Por qué hay un gusto por este estado? Porque, sencillamente, se comienza a ver a los enajenados como guías hacia otra realidad distinta a la establecida y, por tanto, como adalides de esa ansiada libertad. 

2.- La vida del espíritu con sus luces y sus sombras se encuentra en el centro de los temas

El hombre, en consecuencia, se encuentra limitado en su finitud física y se va hacia el más allá como emplazamiento alternativo donde encontrar lo buscado y anhelado. Aunque el Cristianismo, aún preponderante en la época, abría la posibilidad hacia una existencia posterior a la muerte, el espíritu romántico busca algo más. Y ese paso hacia adelante es hacia al interior del alma humana con sus luces y sus sombras, con sus bondades y su maldades, con entregas infinitas y mezquindades ruines. Hay una exploración sistemática en todos los sentimientos humanos sin precedentes en la historia del arte, de la literatura o del pensamiento. Como consecuencia de todo esto, se cae en un halo de no pertenecer a este mundo que lleva a buscar la plenitud en el plano fantasmal o en el otro lado que se abre tras la muerte. El número de artistas suicidas, por poner un caso, es en el Romanticismo de un porcentaje mucho mayor que en cualquier otro periodo histórico. 

3.- La libertad como una de las características del Romanticismo

De la mano va la sacrosanta libertad. Si las fórmulas políticas y sociales tradicionales no bastan para encontrar acomodo, hay que buscar unas nuevas. Y estas solo se consiguen si existe libertad y se pueden sacudir todos los parámetros impuestos anteriormente (desde la religión hasta la economía pasando por las clases sociales). Por tanto, los cuadros se llenan de pinceladas libres y de temas considerados hasta entonces como escabrosos (la violencia de algunas obras de Goya, por poner un ejemplo). La literatura no puede amoldarse a los cánones clásicos y el verso libre aparece para quedarse. 

4.- Rechazo de las formas neoclásicas y de la tradición

Libertad y acomodo con la tradición parecen estar reñidos. Por eso, comienzan a crearse géneros nuevos (cuentos poéticos, poemas en prosa, piezas musicales cortas…) Todo lo que supusiera tradición era rechazado y había una conciencia muy exagerada de que se estaba en un mundo nuevo. Sin llegar a los postulados del Futurismo (unos cincuenta años más tarde) que querían quemar museos y obras arquitectónicas legadas del pasado, sí se busca acomodo en lo nuevo o en una visión renovada de lo antiguo. El espíritu libertario llega a la rebelión, a la exaltación del que va por libre, del solitario o del que rompe con los moldes establecidos. Esa idea será retomada más tarde por el Fauvismo al que se adhieren los nuevos románticos del siglo XX. 

5.- Una de las características del Romanticismo es la vuelta a la naturaleza

Las ciudades comienzan a ser invivibles con su trajín de fábricas, ruido y, especialmente, polución (nada que ver con lo que podamos sufrir en cualquier urbe europea contemporánea y un caso típico pueden ser Londres o Gante). La sociedad se hace fabril (tomando un verso de Luis Cernuda) y la nueva burguesía impone sus criterios mercantilistas a los que se adhieren el nuevo proletariado deseoso de progreso material. Como rechazo a esta situación, la élite intelectual se inhibe de este nuevo orden social proponiendo una vuelta a la sencillez del campo, a la soledad de las ruinas, a la perfección del orden natural. Las obras pictóricas se llenan con esta representación bucólica de lo agrícola o con el desgarro emocional de acantilados, mares embravecidos o lagos donde habitan criaturas fantásticas que te seducen para llevarte al otro lado. 

6.- Sentimiento de no plenitud y disconformidad

Todo esto que llevo expuesto hasta ahora desemboca en una de las características del Romanticismo más importantes: el desgarro ante la doblez del hombre y la sensación de vacío. Si hasta entonces se consideraba al individuo como un ser completo, ahora se vislumbran las luces y las sombras. En este sentido adelantan los estudios de Freud en La interpretación de los sueños. Y si repito es porque, tras la obra, hay un antes y un después en la concepción del ser humano. El Romanticismo ve que la contradicción es inherente al alma humana, algo que no se tenía en cuenta con anterioridad. Ese choque entre los deseos y la realidad, entre la fortaleza y la debilidad, entre el anhelo de trascendencia y la realidad cambiante de la época se fragua en el Romanticismo. 

7.- Se mira hacia la historia y los avances del pueblo 

Esto lleva por un lado, al gusto por la historia (siempre idealizada o vista con un prisma totalmente distinto) que se afianza con la costumbre conocida como Grand Tour. ¿Qué era este viaje tan particular? En esencia, como una especie de fin de estudios que llevaba a la élite de Europa Central por tierras italianas o griegas (también españolas) buscando la huella de la antigua Roma o de la exquisita Grecia. El Grand Tour se hacía en meses (recordemos que no existía aún el ferrocarril) con un plan preconcebido y la búsqueda era siempre hacia las ruinas, los textos antiguos o las obras de arte del pasado. Algunos de estos afortunados aristócratas llegaban hasta Egipto, Túnez o Tierra Santa. Con el avance del ferrocarril y los cómodos trenes del lujo (el Orient Express con destino a Estambul era uno de ellos) a finales del siglo XIX esta costumbre acabó en el olvido. 

Paralelamente la literatura y el arte plástico comienza a reflejar los modos y formas de vida del pueblo llano, de los campesinos, de las gentes de a pie de pueblos y ciudades, de los caminantes… Eso desemboca en el costumbrismo que en España, por poner un caso, se hace popular tanto entre creadores como entre los consumidores (por utilizar un término actual) de la época.  

Se recogen y recopilan los cuentos tradicionales (Andersen, los hermanos Grimm…) las leyendas y mitos de la cosmovisión romana y/o griega. En el arte, la arquitectura y la decoración entran elementos que se redescubren con las excavaciones arqueológicas que se comienzan a llevar a cabo (Pompeya, Herculano, Palmira…) A pesar de que se rechaza lo anterior se inauguran o se consolidan las Academias (Historia, Arte, Literatura…) 

8.- Gusto por las ruinas, los fantasmas, los ambientes que invitan a la melancolía  

Las ruinas de esos imperios perdidos y la melancolía asociada se hacen normales en la literatura y el arte. El ocaso, los atardeceres y su reflexión al ser asimilable al espíritu humano se convierten en una de las características del Romanticismo más visibles. Las tristezas, las ensoñaciones, las melancolías o los amores imposibles (porque se dan en distintos planos de conciencia o en distintas escalas sociales) son temas comunes. Si la literatura y la poesía se hizo eco en abundancia de esta forma de entender la realidad humana, fue la ópera (tanto la italiana como la alemana) la que llevó este amor por lo imposible, por el pasado o por las tristezas infinitas del alma a su último extremo. 

10.- Una de las características del Romanticismo en lo formal es la exaltación retórica

Y termino con el estilismo meramente visual y/o formal. En el Romanticismo todo es extremo, desde los sentimientos hasta la manera de plasmar esa realidad. Se hacen usos de los adjetivos al máximo. Todo es blanco o negro, muerte o vida, dolor o felicidad. Para ello se muestran realidades convulsas en un lenguaje (tanto artístico y/o plástico) como literario a tono. 

Este movimiento inauguró la época moderna y abrió la puerta, con su afán de cambio y libertad a las vanguardias históricas que se plasmarían unas décadas más tarde. El espíritu, además,  se retomaría con las distintas revoluciones que tuvieron lugar nada más comenzar el Siglo XX con los choques inherentes que desencadenaron las dos Guerras Mundiales. Pero eso es tema para otro día y, si lo saco a colación, es, sencillamente, para no poder el hilo histórico. Nada se da si no se entiende lo anterior e, incluso, lo que está por venir. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

En la imagen, La libertad guiando al pueblo de Delacroix 

 
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Características del Romanticismo, el movimiento artístico y literario que se extendió desde finales del siglo XVIII hasta bien entrado el siglo XIX. 

Sintetizar y analizar las obras de una época nos exige, por un lado, distanciarnos y, por el otro lado, relacionar. Es en esta comparación cómo entendemos lo que hace única a cada generación de artistas o de literatos. Por eso, antes de adentrarnos en estas 10 resumidas características del Romanticismo tenemos que dar unas pequeñas pinceladas de lo que sucedió en el plano social, político y económico antes, mientras y después de este movimiento. El cual, recuerdo, se extiende desde finales del Siglo XVIII hasta mediados del XIX, aunque en algunos países, como el caso de España, la estética se alarga unas décadas más. 

Contexto histórico del Romanticismo

¿Qué ocurrió antes? Europa, donde el movimiento tuvo lugar, estaba estructurada en estamentos sociales heredados de la época medieval. Esto es, cualquier persona nacía en una clase y poco podía hacer para prosperar o para cambiar. La nobleza acaparaba riquezas, cultura y poder político. El pueblo llano, excepto una pequeña capa de artesanos, apenas tenía libertad de decisión en ninguno de los órdenes de la vida. A esto se une que, a mediados del siglo XVIII, se impone el Racionalismo en los círculos elitistas europeos. 

Todo ello comenzó a cambiar unas décadas antes de que encontremos las características del Romanticismo en los principales autores (especialmente en Alemania). Los avances de la técnica propicia la llamada Revolución Industrial con su maquinismo, por supuesto, pero también, con su trastoque en el orden social. La clase campesina comienza a emigrar a la ciudad en busca de un puesto de trabajo que le permitiera prosperar. Aunque eso no se consigue de la noche a la mañana ya hay un cambio de actitud. 

¿Y cómo influye este contexto histórico en las características del Romanticismo principales? 

Como consecuencia de esto, o paralelamente, va surgiendo una pujante burguesía tanto alta (dueños de fábricas o de centros de producción) como media (profesionales liberales, artesanos con un sistema laboral semejante al autónomo contemporáneo…) Esta nueva clase social (en general penetrante y más culta que la nobleza) comienza a desplazar a la aristocracia tradicional imponiendo sus valores. Y dentro de esos principios (también una de las características del Romanticismo) se encuentra la libertad. 

Todo ello será caldo de cultivo para los movimientos independentistas, las revoluciones (iniciándose con la Francesa) o las teorías marxistas o socialistas. Recordemos que el Manifiesto comunista de Marx y Engels se publica en 1848. Y nada hay en la historia de la humanidad que haya surgido de la mente de un iluminado. Este siempre recoge el espíritu de la época. Y la romántica es la del cambio social (con ese choque entre burguesía y proletariado), la de la libertad y la de la búsqueda en mundos antes inexplorados. En este sentido, por poner un solo ejemplo, esa búsqueda de individualismo en terrenos antes inexplorados avanza La interpretación de los sueños de Freud, unas cuantas décadas más tarde y germen de la psicología moderna y contemporánea.  

Entonces, cuáles son las principales características del Romanticismo

Te las dejo resumidas en estas 10 que considero las principales y las fundamentales.  

1.- De entre las principales características del Romanticismo está el hombre como centro del Universo

Como herencia del Racionalismo anterior, el hombre se convierte en un ángel caído casi olvidado por Dios y abandonado a sus únicas posibilidades. Como las herramientas de crecimiento personal (por utilizar un símil contemporáneo) eran, en la época, bastante limitadas ese centro va pendulando de un lado a otro buscando su sitio. Como consecuencia de todo ello, se ensalza el ego, el espíritu libre, la creatividad por encima de todas las cosas, la genialidad y, en ocasiones, hasta la locura. ¿Por qué hay un gusto por este estado? Porque, sencillamente, se comienza a ver a los enajenados como guías hacia otra realidad distinta a la establecida y, por tanto, como adalides de esa ansiada libertad. 

2.- La vida del espíritu con sus luces y sus sombras se encuentra en el centro de los temas

El hombre, en consecuencia, se encuentra limitado en su finitud física y se va hacia el más allá como emplazamiento alternativo donde encontrar lo buscado y anhelado. Aunque el Cristianismo, aún preponderante en la época, abría la posibilidad hacia una existencia posterior a la muerte, el espíritu romántico busca algo más. Y ese paso hacia adelante es hacia al interior del alma humana con sus luces y sus sombras, con sus bondades y su maldades, con entregas infinitas y mezquindades ruines. Hay una exploración sistemática en todos los sentimientos humanos sin precedentes en la historia del arte, de la literatura o del pensamiento. Como consecuencia de todo esto, se cae en un halo de no pertenecer a este mundo que lleva a buscar la plenitud en el plano fantasmal o en el otro lado que se abre tras la muerte. El número de artistas suicidas, por poner un caso, es en el Romanticismo de un porcentaje mucho mayor que en cualquier otro periodo histórico. 

3.- La libertad como una de las características del Romanticismo

De la mano va la sacrosanta libertad. Si las fórmulas políticas y sociales tradicionales no bastan para encontrar acomodo, hay que buscar unas nuevas. Y estas solo se consiguen si existe libertad y se pueden sacudir todos los parámetros impuestos anteriormente (desde la religión hasta la economía pasando por las clases sociales). Por tanto, los cuadros se llenan de pinceladas libres y de temas considerados hasta entonces como escabrosos (la violencia de algunas obras de Goya, por poner un ejemplo). La literatura no puede amoldarse a los cánones clásicos y el verso libre aparece para quedarse. 

4.- Rechazo de las formas neoclásicas y de la tradición

Libertad y acomodo con la tradición parecen estar reñidos. Por eso, comienzan a crearse géneros nuevos (cuentos poéticos, poemas en prosa, piezas musicales cortas…) Todo lo que supusiera tradición era rechazado y había una conciencia muy exagerada de que se estaba en un mundo nuevo. Sin llegar a los postulados del Futurismo (unos cincuenta años más tarde) que querían quemar museos y obras arquitectónicas legadas del pasado, sí se busca acomodo en lo nuevo o en una visión renovada de lo antiguo. El espíritu libertario llega a la rebelión, a la exaltación del que va por libre, del solitario o del que rompe con los moldes establecidos. Esa idea será retomada más tarde por el Fauvismo al que se adhieren los nuevos románticos del siglo XX. 

5.- Una de las características del Romanticismo es la vuelta a la naturaleza

Las ciudades comienzan a ser invivibles con su trajín de fábricas, ruido y, especialmente, polución (nada que ver con lo que podamos sufrir en cualquier urbe europea contemporánea y un caso típico pueden ser Londres o Gante). La sociedad se hace fabril (tomando un verso de Luis Cernuda) y la nueva burguesía impone sus criterios mercantilistas a los que se adhieren el nuevo proletariado deseoso de progreso material. Como rechazo a esta situación, la élite intelectual se inhibe de este nuevo orden social proponiendo una vuelta a la sencillez del campo, a la soledad de las ruinas, a la perfección del orden natural. Las obras pictóricas se llenan con esta representación bucólica de lo agrícola o con el desgarro emocional de acantilados, mares embravecidos o lagos donde habitan criaturas fantásticas que te seducen para llevarte al otro lado. 

6.- Sentimiento de no plenitud y disconformidad

Todo esto que llevo expuesto hasta ahora desemboca en una de las características del Romanticismo más importantes: el desgarro ante la doblez del hombre y la sensación de vacío. Si hasta entonces se consideraba al individuo como un ser completo, ahora se vislumbran las luces y las sombras. En este sentido adelantan los estudios de Freud en La interpretación de los sueños. Y si repito es porque, tras la obra, hay un antes y un después en la concepción del ser humano. El Romanticismo ve que la contradicción es inherente al alma humana, algo que no se tenía en cuenta con anterioridad. Ese choque entre los deseos y la realidad, entre la fortaleza y la debilidad, entre el anhelo de trascendencia y la realidad cambiante de la época se fragua en el Romanticismo. 

7.- Se mira hacia la historia y los avances del pueblo 

Esto lleva por un lado, al gusto por la historia (siempre idealizada o vista con un prisma totalmente distinto) que se afianza con la costumbre conocida como Grand Tour. ¿Qué era este viaje tan particular? En esencia, como una especie de fin de estudios que llevaba a la élite de Europa Central por tierras italianas o griegas (también españolas) buscando la huella de la antigua Roma o de la exquisita Grecia. El Grand Tour se hacía en meses (recordemos que no existía aún el ferrocarril) con un plan preconcebido y la búsqueda era siempre hacia las ruinas, los textos antiguos o las obras de arte del pasado. Algunos de estos afortunados aristócratas llegaban hasta Egipto, Túnez o Tierra Santa. Con el avance del ferrocarril y los cómodos trenes del lujo (el Orient Express con destino a Estambul era uno de ellos) a finales del siglo XIX esta costumbre acabó en el olvido. 

Paralelamente la literatura y el arte plástico comienza a reflejar los modos y formas de vida del pueblo llano, de los campesinos, de las gentes de a pie de pueblos y ciudades, de los caminantes… Eso desemboca en el costumbrismo que en España, por poner un caso, se hace popular tanto entre creadores como entre los consumidores (por utilizar un término actual) de la época.  

Se recogen y recopilan los cuentos tradicionales (Andersen, los hermanos Grimm…) las leyendas y mitos de la cosmovisión romana y/o griega. En el arte, la arquitectura y la decoración entran elementos que se redescubren con las excavaciones arqueológicas que se comienzan a llevar a cabo (Pompeya, Herculano, Palmira…) A pesar de que se rechaza lo anterior se inauguran o se consolidan las Academias (Historia, Arte, Literatura…) 

8.- Gusto por las ruinas, los fantasmas, los ambientes que invitan a la melancolía  

Las ruinas de esos imperios perdidos y la melancolía asociada se hacen normales en la literatura y el arte. El ocaso, los atardeceres y su reflexión al ser asimilable al espíritu humano se convierten en una de las características del Romanticismo más visibles. Las tristezas, las ensoñaciones, las melancolías o los amores imposibles (porque se dan en distintos planos de conciencia o en distintas escalas sociales) son temas comunes. Si la literatura y la poesía se hizo eco en abundancia de esta forma de entender la realidad humana, fue la ópera (tanto la italiana como la alemana) la que llevó este amor por lo imposible, por el pasado o por las tristezas infinitas del alma a su último extremo. 

10.- Una de las características del Romanticismo en lo formal es la exaltación retórica

Y termino con el estilismo meramente visual y/o formal. En el Romanticismo todo es extremo, desde los sentimientos hasta la manera de plasmar esa realidad. Se hacen usos de los adjetivos al máximo. Todo es blanco o negro, muerte o vida, dolor o felicidad. Para ello se muestran realidades convulsas en un lenguaje (tanto artístico y/o plástico) como literario a tono. 

Este movimiento inauguró la época moderna y abrió la puerta, con su afán de cambio y libertad a las vanguardias históricas que se plasmarían unas décadas más tarde. El espíritu, además,  se retomaría con las distintas revoluciones que tuvieron lugar nada más comenzar el Siglo XX con los choques inherentes que desencadenaron las dos Guerras Mundiales. Pero eso es tema para otro día y, si lo saco a colación, es, sencillamente, para no poder el hilo histórico. Nada se da si no se entiende lo anterior e, incluso, lo que está por venir. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

En la imagen, La libertad guiando al pueblo de Delacroix 

 
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