El Quijote | características y análisis básico

El Quijote | características y análisis básico

 

“El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”  

El Quijote no es únicamente el buque insignia de entre las obras de Miguel de Cervantes (1547-1616) sino también de la literatura universal de todos los tiempos. Publicado en la madurez de su autor, cuando había fracasado en su intento por abrirse camino tanto en la carrera de armas como en la del teatro, en ella se levantan especialmente dos personajes (don Quijote de la Mancha y Sancho Panza). Ambos llevan en sí la semilla de los conflictos del alma y del espíritu. Por eso, la obra se ha convertido en símbolo no solo de una lengua (la española) sino también de todo aquello que atormenta al ser humano. Estas notas, por supuesto, no pretenden ser más que un acercamiento de una de las obras con más ediciones (tanto en número como a lenguas traducidas) de toda la historia de la literatura, superada únicamente por La Biblia. 

Datos básicos de impresión de El Quijote

La primera parte vio la luz en la imprenta de Juan de la Cuesta en Madrid en 1605 plagada de erratas. Fue su promotor el librero y editor Francisco de Robles. En este momento de la biografía de Miguel de Cervantes (que contaba con 57 años) dejaba atrás una carrera fallida en las armas, heridas de guerra que le dejaron lisiado (sin poder mover el brazo izquierdo), un cruel y largo cautiverio, cárcel por malversación, deudas y fracasos tras fracasos en el teatro. Aunque el autor había escrito otras obras, llevaba en silencio editorial más de 20 años.

Esta primera parte consta de 52 capítulos. Todo el mundo recorrido, los avatares vitales, sus sucesivas bajadas al infierno y la sabiduría de un autor maduro quedan reflejados en las páginas de El Quijote. Aunque quiso ser (como veremos) una mofa de las exitosas novelas de caballería de la época, el humor, la crítica y el relato entretenido muy pronto superaron estas expectativas  alcanzando, a la par, el favor del público. Tanto fue así que ese mismo año conoció seis ediciones más. Además, fue traducido al inglés muy tempranamente (1612) y al francés (1614). La gloria que le había sido escamoteada desde distintos frentes llegaba (de manera discreta) al final de la vida del autor.  

Muchos son los críticos que apuntan a que la segunda parte no hubiera sido escrita si un autor apócrifo (que se hacía llamar Alonso Fernández de Avellaneda) no se hubiera atrevido (de manera oportunista) a continuar las andanzas de Don Quijote. En ese momento, Miguel de Cervantes se pone (como su personaje) a la tarea de “enmendar entuertos” y deja en la imprenta la segunda parte en 1614. Queda así completa la gran obra del canon español.  

El Quijote y Cervantes 

No nos vamos a adentrar mucho en detalle ya que los debates en torno a esta cuestión han ocupado largas páginas de crítica. Sí es unánimemente aceptado que Miguel de Cervantes era consciente de la valía de su obra cuando se puso a la tarea de escribirla, extremo este que quizás comenzara estando preso en la cárcel de Sevilla. Que intentara (sin éxito) abrirse camino en el teatro solo hay que verlo como una forma de ganarse la vida con lo que mejor hacía (poner una palabra tras otra). Es en esta época cuando los corrales de comedias se llenan a diario con un público ávido de novedades. Las obras representadas (con las debidas excepciones) responden al gusto popular y son de capa y espada, de enredos, de malentendidos, de entretenimiento evasivo siguiendo las líneas de la literatura barroca en España.  

Sin embargo, El Quijote, en puridad, responde a un género nuevo: el de la novela. Y  eso supone otros condicionantes en cuanto a sus receptores. Escrito para ser leído (en privado o en grupo) no se presta (aunque luego se hayan hecho versiones de todo tipo) a la representación teatral que cumplía la función (por poner un ejemplo cercano) a las series de TV contemporáneas. Cervantes, sin embargo, levanta una obra profunda, a pesar de su sentido del humor o de su espíritu crítico, en el que enfrenta a dos personajes con todo aquello que es inherente al alma humana más allá de esa dicotomía realidad-ficción con la que se etiqueta la obra. 

El Quijote de Avellaneda

Poca o nula importancia tiene esta obra si no fuera porque su publicación instó a Miguel de Cervantes a acabar las andanzas de ese Alonso Quijano, hidalgo de la Mancha, que sale en busca de aventuras. Aprovechando el tirón del público, una vez más, el autor recibe un traspiés de alguien totalmente ajeno a la obra. Sin embargo, el escritor, que durante su vida hizo gala de lo que hoy denominamos resilencia, no se amedrentó y se puso a componer esa segunda parte que solo podía terminar con la muerte de su protagonista para que así  el héroe idealista que salió en busca de un mundo mejor no fuera manipulado de forma oportunista por manos ajenas. 

Además, en el prólogo de esta obra,  Avellaneda injuria (sin necesidad) a Cervantes alabando, por contra, a Lope de Vega cuya rivalidad con nuestro escritor era por todos conocida. Aunque hay quien en dos frases quiere ver el objetivo de la obra en este enfrentamiento entre literatos, más bien tanto trabajo solo se justifica por un deseo de apropiarse de la fama de un personaje que ya era del gusto del público. Y, por supuesto, sacar rédito económico de ello. 

Características de El Quijote que hacen una obra única 

Las notas anteriores nos dicen de la importancia literaria de un título que, en nada, conquistó los corazones de los lectores. Paso a repasar someramente algunas de las principales características de El Quijote:  

1.- Si bien es verdad que la obra se levanta como una parodia de las características de las novelas de caballería, supera este objetivo largamente mostrando personajes en una cruel humanidad. 

2.- El humor, la chanza o la gracia de un protagonista que se había vuelto loco da paso a un alma profunda, llena de sabiduría que sale al mundo con el objetivo revolucionario de hacerlo mejor. Esto es, la sátira (que la hay) queda nublada por la densidad anímica de dos seres vagando por tierras inhóspitas en todos los sentidos. 

3.- Puede decirse que con El Quijote se inaugura la novela tal como la conocemos hoy en día. Y eso a pesar de que, en la obra, nos encontramos intercaladas otras historias, otras novelas que bien pueden ser independientes, romances o poemas. 

4.- Miguel de Cervantes continuaría con el género con sus Novelas ejemplares en las que encontramos piezas que, por derecho propio, también justifican su inclusión en el canon literario. 

5.- La observación y plasmación del alma humana se conjugan elegantemente con la parodia. Así nos muestra a un autor maduro, conocedor de los recovecos del espíritu universal y que, además, había aceptado su poca fortuna, pero no su derrota vital. 

6.- La realidad y la ficción se conjugan y se entrecruzan en la obra de una manera magistral y no solo corresponde a las ensoñaciones casi de paranoia de Don Quijote frente al espíritu materialista y mundano de un Sancho Panza. Cervantes, en varios pasajes, nos da a entender que escribe un relato histórico, como si ese Don Quijote del que no se acuerda ni del nombre ni de su lugar de procedencia existiera de verdad.  

Más características de El Quijote 

7.- Ese juego literario lleva a los críticos a explicar las distintas versiones o contradicciones (tanto temporales como de argumento) que nos encontramos en El Quijote. Si es un personaje real del que su autor tiene que hacer memoria o buscar fuentes se acepta que no se sepa de dónde viene o su nombre con apellidos. Es Cervantes quien primero utiliza esta técnica de ficción. En este sentido, se encuadra la aparición del historiador Cide Hamete Benengeli. 

8.- En paralelo, también nos encontramos diferencias en la cronología que no cuadra en ciertos pasajes. 

9.- A nuestro autor también se debe el recurso de las posibilidades expresivas del diálogo. Hasta la aparición de El Quijote, la prosa era eminentemente narrativa y/o descriptiva. Sin embargo, las andanzas de este peculiar caballero andante nos es conocida, en su mayor parte, de boca de sus protagonistas que, de forma fresca, auténtica y directa, nos introducen en la aventura. Esto también da pie a recurrir a los proverbios o a las frases filosóficas que se han rescatado con fervor en los últimos años a través de las redes sociales. 

10.- La realidad y la ficción se entremezclan de distintas maneras especialmente en la segunda parte cuando ciertos personajes conocen de las andanzas y la fama de los dos protagonistas. Aquí hay otra contradicción narrativa con el punto histórico que Cervantes quiso dar a la obra. Si El Quijote estaba ya muerto cuando Cervantes comenzó a escribir el relato, no pueden encontrarse con ecos de su fama en la misma obra. 

11.- Don Quijote y Sancho Panza representan en sus palabras, sus acciones, contradicciones, sueños y temores todos los recovecos del alma humana. Y estos, además, no están delimitados o encajonados como si utilizáramos un bisturí. La codicia por los bienes materiales de Sancho Panza choca, en distintos pasajes, con un espíritu desprendido y lleno de sabiduría. Esto último también se confronta con sus acertadas acciones cuando cree estar gobernando la Ínsula Barataria. Y si sale movido por el afán de ganancia, pronto se llena de todo el mundo irreal y soñado de don Alonso. Por su parte, el hidalgo, que se vuelve loco de tanto leer libros de caballería, demuestra una cordura en un diálogo que abruma por su acierto a la hora de plasmar todo lo que mueve a la humanidad. 

12.- En este mismo sentido, el espíritu de evasión, de humor o de mofa del libro no es puro y se entrecruza con la crítica, la descripción de una sociedad que se hundía en la crisis del Barroco y que había perdido el aura brillante y heroica del pasado. La cobardía de gran parte de los personajes secundarios se contrapone a esa actitud valiente de quien no le teme a nada con tal de alcanzar sus sueños, aunque tenga que recibir los zarpazos de molinos de vientos.  

Trascendencia literaria de El Quijote 

Los estudios sobre la obra son tantos que incluso se han publicado tesis solo con la bibliografía comentada. Como este texto no tiene más sentido que un acercamiento nos quedamos con las palabras de algunos de sus mejores especialistas.  

En palabras de Ángel del Río, uno de los estudiosos de la obra: 

“Cervantes intuye que el destino del hombre, loco o no loco, en un mundo incierto por naturaleza, no es tanto moverse entre sombras o puras apariencias, como entre una multiplicidad de realidades, perceptibles unas, soñadas otras, que al ser interpretadas de acuerdo con anhelos vitales -ilusiones, deseos, apetitos, ideas- producen efectos inesperados. […] Mi perspectiva es verdadera en cuanto mía, pero vivir consiste en el conflicto que se produce entre mi punto de vista y el de los demás, sin que sea siempre posible decir quién es el loco y quién es el cuerdo. Por eso la historia del hidalgo manchego está concebida desde el centro del problema básico para el hombre del postrenacimiento: ¿qué es la verdad?” 

Juan Fernández Figueroa hace hincapié no ya en la trascendencia espiritual de El Quijote sino en ser la abanderada de un género nuevo: 

“Lo que hace Cervantes, y por eso es el primer novelista moderno, es llevar directamente a la obra, con el mínimo de abstracción, el equívoco mismo que es la vida. En otras palabras, descubre la fórmula de poetizar la radical incertidumbre de la existencia humana. Por eso quizá no sea exacto hablar del equívoco del Quijote. En realidad jamás se ha escrito una obra de arte más clara y natural. El equívoco no está en la novela, sino en la vida que la novela refleja con toda fidelidad”. 

Entrar con unas cuantas notas en la trascendencia de una obra como es El Quijote es, sencillamente, reducir muchísimo su importancia. Pero, por algo hay que empezar antes de zambullirse en los recovecos de un texto de tanta complejidad.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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