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Resilencia, la cualidad que te permite crecer con los golpes de la vida - Candela Vizcaíno
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Resilencia, la cualidad que te permite crecer con los golpes de la vida

Resilencia, la cualidad que te permite crecer con los golpes de la vida

 

Es otro término que está en boca de todos, como la panacea para todos nuestros males, aunque la resilencia quizás sea una virtud que se acerca mucho a este concepto filosófico. El vocablo comenzó a utilizarse en psicología a mediados de los años sesenta, aunque antes era un tecnicismo aplicado a la construcción o a los productos químicos. Antes de ser piedra angular del crecimiento personal, la palabra resilencia se utilizaba para nombrar la capacidad de ciertos materiales elásticos de volver a su forma original tras someterse a un proceso de estrés. Esto es, era la cualidad (en principio de objetos inanimados) que les permitía no perder su esencia a pesar de someterse a tensiones extremas.  

Pero, ¿qué es la resilencia y cómo nos puede ayudar?

Esta definición nos permite entender qué se espera de una persona que cultiva este don: que no pierda su espíritu positivo y capacidad de amar (las mayores virtudes humanas) a pesar de las vicisitudes. Pero vamos a más, en las últimas décadas el término se ha transformado y se considera que una persona resilente es la que, además, sale fortalecida de los avatares de la vida. Cultivar la resilencia significaría que estaríamos en constante crecimiento espiritual y personal a pesar de graves problemas económicos, duelos complicados, soledad, aislamiento o haber sufrido abuso en cualquiera de sus modalidades. 

¡Ojo! No hay que confundir la resilencia con el aguantar, con el soportar, con el permitir humillaciones o situaciones de injusticia. Es más, las personas que se agarran a esta virtud luchan denodadamente contra este tipo de actos o situaciones. Aunque una infancia feliz con el acompañamiento saludable por parte de adultos responsables es la mejor manera de cultivar la resilencia, hay quienes son socios permanentes de este club a pesar de provenir de una familia tóxica o de situaciones de abusos. La diferencia entre el que tira la toalla y el que quiere seguir adelante (además fortalecido) es la actitud, la cual (ya lo sabemos) no es innata (aunque hay seres de luz que ya vienen de serie) sino que se aprende. 

La resilencia y la fábula del patito feo 

Profundizamos más en el concepto con uno de esos cuentos infantiles con moraleja que debe ser cabecera de todas las familias: el del patio feo. En muy resumidas cuentas el relato nos dice que Mamá Pata puso seis huevos que nacieron todos el mismo día. Cinco de ellos eran blancos, con plumas suaves y sedosas como ella. El sexto era un pequeñajo oscuro con un plumaje extraño y de aspecto patoso. Mamá Pata se pone enseguida a enseñar a sus polluelos los rudimentos de la vida. Muy pronto, los cinco hermanos blancos e iguales entre sí (no olvidemos el matiz) aprenden al dedillo todo aquello que le enseña su madre repitiendo fielmente lo que los patos han hecho de generación en generación desde el inicio de los tiempos. Sin embargo, el sexto patito no logra asimilar todo aquello que se espera de él. Esto, unido a su diferencia física, lo hace objeto de burlas por parte de sus hermanos y del resto de la comunidad pato.

El pequeño patito feo, que así lo llaman, se aparta de sus pares para seguir su camino solo. Intenta nadar, buscar comida y defenderse de los depredadores. El lago es grande y se hace con un hueco donde ser feliz. Así pasa todo el invierno y los demás le pierden la pista a nuestro protagonista hasta que aparece majestuoso, distinto y hermoso convertido en un bello cisne, diferente, por tanto, a los patos de su clan.  

El patito feo que buscó su vida alejado de las burlas y de su ambiente natal no era más que alguien diferente, distinto, de otra “pasta”, que necesitaba otros tiempos y quizás otra forma de educación para embelesar a todos. Pues bien, así son, en definitiva, las personas resilentes: las que brillan y conservan su optimismo y ganas de vivir a pesar de todas las adversidades convirtiéndose en seres mejorados. Por si esto fuera poco, en psicología se admite que la resilencia convierte al que la posee en más sabio incluso, aprendiendo y creciendo con las dificultades que se presentan en la vida. Por tanto, la resilencia sería esa cualidad de no dejarse vencer por circunstancias adversas conservando el optimismo y la convicción íntima de poder superar cualquier percance fortaleciéndose, además, en ese camino. 

Características de las personas abonadas a la residencia

1.- Son flexibles y elásticas como los materiales que, en principio, recibieron este nombre. Saben a ciencia cierta que el fanatismo en cualquier orden de la vida solo trae destrucción. Por eso, afrontan la vida, los contratiempos e, incluso, grandes problemas con humildad reconociendo la parte de responsabilidad que tienen en los mismos y no dejándose amedrentar por lo que no estaba en sus manos. Son capaces de encontrar nuevas salidas cuando parece que no hay solución. 

2.- Hilando con lo de arriba, en la resilencia siempre hay un punto de creatividad, de transformación, de cambio, de hacer las cosas de una manera diferente, de buscar la salida de un modo novedoso. 

3.- Por regla general, son individuos optimistas que confían en su poder de superación. 

4.- Dicho esto, no quita que en algún momento de su vida (o en muchos) hayan superado contratiempos importantes. Se dan casos de personas resilentes que vienen de entornos tremendamente hostiles como guerras, abusos, familias tóxicas, relaciones de parejas dañinas o criados bajo indenfesión aprendida extrema. Como regla general, la vida de estas personas no son un camino de rosas y aceptan con sencillez que la existencia tiene sus luces y sus sombras.  

Más virtudes que otorga la resilencia 

5.- La resilencia supone un constante crecimiento interior que se da la mano con una mayor inteligencia. Aún no se puede vislumbrar si este don es antes o es un proceso que se produce a la par. 

6.- Las personas resilentes saben cuáles son sus puntos débiles y los fuertes. Por supuesto, no tienen super poderes o algo semejante. Simplemente se conocen bien y no se embarcan en situaciones que, a priori, reconocen que se les pueden escapar de las manos. Sopesan hasta dónde pueden llegar y este autoconocimiento aumenta aún más sus potencialidades. 

7.- No se dan por vencidos a la hora de alcanzar sus sueños o sus objetivos más mundanos. Saben que todos los días (o temporadas) no son iguales. Por eso, se caracterizan por la constancia a la hora de conseguir sus metas o de trabajar en cualquier sentido. Las personas resilentes son lo contrario a los individuos caprichosos que se cansan de todo pronto. A veces se conducen con pasión extrema a la hora de trabajar por sus sueños. 

8.- Suelen ser individuos con un marcado objetivismo que no se dejan derrotar por los contratiempos y tampoco se llenan de euforia (aunque se alegren de manera serena) ante cualquier avance. La resilencia hace personas centradas y mesuradas que aceptan de buen grado lo que venga de la vida sin dejarse apabullar por humillaciones o injusticias. 

9.- Las personas resilentes están enamoradas de las posibilidades de la vida y disfrutan absolutamente con todo: con los pequeños gestos en familia, con los momentos con sus seres queridos, con los avances en el trabajo, con los deberes y quehaceres diarios. Eso no quita para que puedan perder la paciencia de manera puntual. 

10.- Ese estar centrados hacen que actúen de manera consciente, como las personas que practican mindfulness u otro método de meditación.  Asimilan que lo de hoy es único y de aquí se puede sacar un aprendizaje. Por eso, no suelen conducirse de manera atolondrada. 

11.- En un alto porcentaje están también bendecidas con el don de la empatía

Practica estos hábitos para que la resilencia se quede en tu vida

Como he anotado un poco más arriba, este bien se construye o se trabaja durante toda la vida. De hecho, las personas que hacen gala de este don con mayor elegancia o fluidez ya han cumplido algunos años. Simplemente admiten que son momentos que van a pasar y que de aquí van a salir con un poso más profundo de sabiduría. Por eso, es una fantástica idea cultivar la resilencia para lo grande y lo pequeño de la existencia. ¿Cómo lo hacemos? 

1.- Cultiva tu autoestima que es la base de este bien, ya que si no tienes una mínima confianza en ti mismo, a duras penas vas a poder salir de cualquier atolladero. Una autoestima sana es el pilar de un espíritu feliz donde la resilencia puede dar todos sus dones. Si has sufrido abuso emocional o has tenido tratos constantes con narcisistas o, peor aún, con  psicópatas, quizás necesites ayuda para levantar tu autovaloración. No pongas pegas para pedir ayuda en este estadio. 

2.- Intenta separarte de los problemas como si no fueras la persona que lo estás sufriendo. Así verás el asunto con mayor objetividad y, por su puesto, con la cabeza más fría. Eso te permitirá buscar soluciones fuera de la emoción negativa que la situación te aporta.

3.- Frecuenta amistades positivas y aléjate de personas tóxicas aunque este es un consejo válido en cualquier circunstancias. Hay almas de luz que van sembrando flores con su espíritu positivo y generoso allí por donde van. Y otras, en cambio, son verdaderos vampiros emocionales que desgastan solo con hablar con ellas. Rodéate de esas personas que son inspiración. Casi sin pretenderlo ellos mismos te abrirán caminos que potenciarán tu resilencia. 

4.- Cultiva el perdón y no te quedes atrapad@ en el pasado. Este bien se cuida en el presente y siempre con las miras puestas en un mañana mejor. Convéncete de que no se puede pedir a quien no puede dar. Aléjate de  la gente tóxica no permitiendo que llenen de veneno tu corazón. Ya sabes que estás en un camino de superación constante. 

5.- Disfruta de las pequeñas cosas de la vida porque este es el alimento de la resilencia. No hace falta una cuenta corriente con muchos ceros para recargarse en la naturaleza, un encuentro con amigos sinceros, disfrutar de lo que ofrece el hogar, disponer la mesa como si fuera fiesta, de la luz del atardecer e, incluso, de los días de niebla. 

6.- Lleva una vida consciente, importante para tu felicidad. Eso te ayudará a darte cuenta que dentro de los desafíos se esconden retos de superación. 

7.- Ponte metas objetivas y recuerda que el mundo se conquista paso a paso. No intentes hacerlo todo de golpe porque, de ser así, lo único que conseguirás será caer en la ansiedad y eso es lo contrario de la resilencia. 

8.- Sé valiente y sal de tu zona de confort. Sin este paso es imposible entrar en las bondades de este don. 

9.- Estar rumiando el pasado es la forma más sencilla de estancarse. Intenta aprender de los errores, de hechos traumáticos, de relaciones con gente tóxica… En definitiva, pasa página. Céntrate en lo bueno del aquí y ahora. 

10.- Disfruta del camino con alegría. Si la meta es el premio, el recorrido hasta llegar allí tiene que ser lo más satisfactorio posible. 

11.- Cultiva la generosidad y la empatía. Si inicias este camino puedes encontrar historias inspiradoras de superación que te ayuden a superar los baches. 

12.- Pide ayuda o consejo cuando lo necesites y aquí entra el estudio, la lectura, la investigación. No te quedes con las cuatro mismas cosas de siempre. Ve siempre más allá indagando en los recovecos del alma humana. 

¿Cómo hacer niños resilentes? 

Cuanto antes se cultiven las virtudes, mejores resultados obtendremos. Y esto es válido para los niños que deben afrontar avatares diversos de la vida. ¡Ojo! Eso no significa soportar. Una cosa es vencer, transformar o adaptarse y otra muy distinta permitir humillaciones, situaciones de acoso o de claro abuso. En el caso de los niños hay que ser constantes, flexibles y asequibles. Recuerda lo siguiente: 

1.- Utiliza un lenguaje adaptado a su edad y madurez. 

2.- Hazle ver la diferencia entre el silencio y la capacidad de transformación. No escondamos bajo el nombre de resilencia situaciones claramente injustas para los niños. 

3.- Es importante la claridad y el valor de la valentía. 

4.- Enseña a tus hijos a ser empáticos y asertivos, a decir no con elegancia sin hacer daño a los demás. Así empezarán a conocerse a sí mismos.

5.- Una educación en la resilencia no significa dejar de lado los límites. Lo mismo sucede con mimos y caprichos. Eso está en el otro lado de lo que estamos buscando y lo único que crea son niños débiles y, a veces, manejables por personas malintencionadas o por la publicidad más agresiva. 

6.- Cultiva la alegría en el hogar con pequeños detalles incluso si son necesarios cambios que a ellos no les gustan. 

7.- Invítalos siempre a que expresen sus emociones. Es la única manera de poder manejar algunos torbellinos que se van gestando en su interior.  

En definitiva, la resilencia es ese don que nos hace fuertes sin quebrarnos. Es lo que permite replegarse a las vicisitudes de la vida sin romperse. Es lo que nos regala el sol después de las tormentas. Una persona resilente será como los objetos japoneses modificados con la técnica del Kintsugi. Lo que un día se rompió se recompone utilizando oro, embelleciendo y mejorando así el original, el cual exhibe con orgullo sus cicatrices. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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