El inconsciente según Freud

El inconsciente según Freud

El inconsciente según Freud

Candela Vizcaíno

 

Ensayo sobre el concepto, definición y alcance del concepto inconsciente propuesto por Sigmund Freud, padre de la psicología moderna. 

Antes del desarrollo de la moderna psicología inaugurada por Sigmund Freud (1856-1939), el ser humano era entendido cromo una entidad completa, con una personalidad única y sin fisuras. A partir de los estudios psicoanalíticos, esta idea se derrumbó por completo. El hombre comienza a entreverse, ante todo, como un ser fragmentado y escindido entre sus deseos y las imposiciones del mundo alrededor, cuando no entre su inconsciente y su consciente. Es esta última división de la psique humana la que será estudiada, analizada y recreada tanto en los estudios médicos como en las manifestaciones artísticas del siglo XX (especialmente entre los representantes del surrealismo y del dadaísmo). La semilla del término inconsciente según Freud (que luego vendrán otros estudios para matizar el término) está ya puesta nada más comenzar el siglo XX.  

Cuando dejó de aceptarse la razón como el único motor del cerebro humano, comenzaron a sucederse una serie de experimentos analíticos tendentes a un mayor entendimiento del funcionamiento mental, tanto de las personas sanas como de aquellas consideradas enfermas. En el campo de la psicología comienza a instaurarse paulatinamente la idea de que existen fuerzas, elementos o condicionantes ocultos, inherentes al mecanismo de comprensión y, por extensión, moldeadores del comportamiento tanto de la psique individual como de la colectiva.  

Los sueños y el papel del inconsciente según Freud 

En este sentido, en la inaugurales investigaciones freudianas, ya se pone en evidencia que una serie de estructuras arcaicas supervivientes y de deseos reprimidos desconocidos para el individuo forman parte del comportamiento, de la personalidad y de los sentimientos de cualquier ser humano. Los análisis médicos y la ingente cantidad de experimentos en esta línea corroboran casi desde el principio, estas teorías. Así, a partir del año 1900 -con la publicación de La interpretación de los sueños de Sigmund Freud-, cualquier estudio sobre la mente y sus desórdenes no puede obviar la existencia del inconsciente. El inconsciente según Freud lo conforma la parte oculta y desconocida de la psique. Por tanto, la realidad deja de ser lo que la razón y los sentidos nos dicen que es y ésta se amplia hacia campos no explorados hasta entonces. Nos encontramos, pues, que la nueva psicología inaugura y pone nombre a un terreno, hasta ese momento, anónimo y, por tanto, ignoto para el individuo. Nos hallamos ante una teoría o un descubrimiento de altos vuelos, una idea que va siendo paulatinamente aceptada -desde un rechazo inicial- y va calando en las esferas no solo de la práctica médica sino también de las manifestaciones humanísticas devenidas con posterioridad.  

Definición de inconsciente según Freud  

Estamos ante el inconsciente, ante un terreno oscuro para el mismo hombre, un espacio fundamental, puesto que es el causante de nuestra percepción no solo de las cosas de nuestro alrededor sino también de nuestro lugar en el universo, en definitiva, de nuestro concepto de realidad y verdad.  

Los límites del inconsciente son resbaladizos. Se mueve entre los deseos reprimidos o insatisfechos y ciertas estructuras heredadas de carácter mítico, allí donde se sustenta el pensamiento simbólico. En principio, la conciencia se resiste a comprender y a aceptar los mensajes del inconsciente. Y esto es así porque en la gran mayoría de los casos esa información es sentida por el individuo como insoportablemente dolorosa. Es por lo que la psique tiende a apartar de sí la voz del inconsciente y, en cambio, se aferra a los postulados de la razón, más fáciles de entender y manejar. Es unánime la opinión entre los psicoanalistas clásicos (Freud, Jung, Frankl y sus respectivos discípulos) sobre las consecuencias de esa negación de una porción fundamental de la totalidad psíquica. Así, por la cantidad y la trascendencia de información que posee, al ser rechazados los mensajes del inconsciente, la psique arrastra al hombre hacia el desgarramiento, hacia el dolor anímico y, en último extremo, hacia la enfermedad. 

La relación entre el inconsciente y el misoneísmo 

Esto es así porque la conciencia de cualquier persona y en cualquier circunstancia sufre de misoneísmo. El misoneísmo puede definirse como miedo supersticioso a la novedad o, más bien, a lo desconocido. El hombre tiene miedo de lo que no sabe, de lo que encuentra más allá de los límites del mundo conocido y ese mundo conocido puede ser el meramente físico y topográfico o el de su interior. El fenómeno, en un principio, caracterizado como propio de los llamados pueblos primitivos, no es exclusivo de tribus desinformadas y ancladas en la superstición. Es, con ciertas salvedades individuales, aplicable a cualquier persona y se produce, también, en el ser humano occidental abrumado por postulados posmodernos. Como he apuntado anteriormente, este rechazo a aceptar lo nuevo no solo se refiere a lo que viene de fuera sino también a lo que llega desde el propio interior, el cual puede ser tan extraño y ajeno como lo que proviene de fuera. 

A modo de resumen… 

Tenemos, pues, que en los albores del siglo XX, la realidad no se percibe únicamente como lo que llega del consciente y la razón, sino también aquello que llega del inconsciente y que, en la gran mayoría de las ocasiones, modifica el comportamiento y la visión que del mundo tiene el ser humano sin ni siquiera alcanzar a saberlo. La percepción de la realidad está moldeada por pensamientos inconscientes que escapan a la razón. Así, la verdad individual no es toda la verdad que percibe y que procesa racionalmente sino también aquella oculta en la mente.  En palabras de Carl Gustav Jung:  

El hombre, como nos damos cuenta si reflexionamos un momento, jamás percibe cosa alguna por entero o la comprende completamente […] Además, hay aspectos inconscientes de nuestra percepción de la realidad.

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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