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Mostrando artículos por etiqueta: Psicologia - Candela Vizcaíno

Psicologia

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Y sí, no voy a dar una lista de esos grandes nombres que han cambiado el curso de la historia con su forma radical, distinta y transformadora de ver, estar y sentir el mundo. ¿Por qué? Porque las personas inspiradoras están a nuestro alrededor camufladas en quehaceres cotidianos e, incluso, anodinos. Para encontrar su brillo más profundo, a veces, tienes que tener el radar puesto. Por eso, hoy te traigo algunas características de estos seres que con su sola forma de estar en el universo te pueden abrir puertas, ventanas y caminos que no conocías. Estos seres de luz se encuentran en la acera contraria a las personas tóxicas con todos sus tipos posibles (los abonados a la difamación, los narcisistas, los posesos de la verdad, los soberbios, los psicópatas…)  

En la acera luminosa se encuentran las personas que se vuelven un ejemplo para otras porque nunca abandonaron el bien a pesar de las adversidades, porque se atrevieron a abrir caminos antes no recorridos, porque son valientes y se miran en el interior de sí mismas, porque viven el día a día con alegría… Aunque, como en todo en la viña del Señor, son más complejas, versátiles y radicalmente distintas unas a otras que lo aquí expuesto, sí hay una serie de comportamientos o caracteres que le son comunes. 

Características de las personas inspiradoras

Las personas inspiradoras no tienen por qué estar en la Wikipedia o en los libros de historia. Las más de las veces son seres anónimos, corrientes, dedicados a quehaceres que no tienen que saltar las barreras de la fama. Si bien los grandes nombres nos enseñan el valor de afrontar retos complejos, estas a las que me dedico hoy son las más valiosas (desde mi humilde punto de vista), porque su halo efectivo no para nunca y su sola presencia te puede abrir caminos que antes ni creías que existían. Están en cualquier emplazamiento y situación, ocupando tareas diversas y profesiones dispares pero, por lo general, tienen tan interiorizado el rol de ayuda que hacen bandera incluso de él. Aunque en ellas hay gustos diversos suelen tener preferencia por los entornos naturales, tranquilos y sosegados. No te las vas a encontrar en discotecas y bares nocturnos envenenándose de distintas formas. Bueno… estas te pueden inspirar pero para no seguir la senda que ellos han elegido. 

1.- Las personas inspiradoras no murmuran, calumnian ni cotillean

Es más, dan su opinión solo cuando se la piden y son muy respetuosas con las ajenas. Se alejan mucho de hacer juicios de valor sobre la vida de los otros. Están centradas en mejorarse continuamente y aquí no cabe la crítica a los que están alrededor. Son conscientes que las palabras que se vierten sobre los demás (aunque sean sobre hechos verdaderos) son como esos papeles al viento del mito oriental. Una vez has escrito algo y lo lanzas a los cuatro puntos cardinales dividido en pedacitos pequeños ya no puedes recomponerlo a su estado original. Así son las calumnias, cotilleos, críticas y juicios. 

2.- Son positivas y siempre ven la oportunidad en la adversidad

Afrontan el mundo con una sonrisa aunque esta sea interior y no se refleje en el rostro, con esperanza en la resolución de conflictos, problemas y contratiempos. A la par, trabajan para que todo sea crecimiento, progreso y abundancia a su alrededor. Esto, por supuesto, no aplica solo al tema económico sino a todo aquello importante que no se puede medir. Confían en Dios o en los poderes del universo y eso les hace estar en el mundo de una forma serena. Han hecho de la resilencia bandera mejorando de cada mala etapa que se les haya presentado.  

3.- Las personas inspiradoras ayudan sin avasallar dejando el espacio al otro

Porque hay quienes se dicen líderes o que van a ofrecer ayuda pero esta tiene que ser con condiciones. O lo que es peor: para que te encuentres en deuda con ellos. Las personas con luz que hoy nos ocupan lo hacen, en otro sentido, desinteresadamente asumiendo que la felicidad está en el servicio (que no tiene nada que ver con el servilismo).  

4.- Son flexibles y sociables

Se adaptan a todas las circunstancias con alegría y no hacen distinciones en las personas según su estrato social o posición económica. Centran su interés en los dones del corazón y nunca en lo meramente material. Por eso, es fácil que hagan amigos y amistades allí por donde se mueven. Además, como no son dogmáticas y tampoco hacen proselitismo, aportan su visión del mundo o creencias (a veces hasta las más profundas) sin avasallar a los demás. 

5.- Son personas generosas que han visto la luz de la verdad 

Por eso, no se aferran a los bienes materiales, a lo que no funciona, a relaciones vacías… Saben soltar con elegancia y desprenderse de aquello que no les sirve. No acumulan y entienden que el espíritu del avaro daña el alma. 

6.- Las personas inspiradoras entienden que la vida tiene un sentido y que hay que ir en su búsqueda

Por eso, es frecuente que tengan un alto propósito religioso y que sus actos sean consecuentes con sus creencias. Son seres enteros y entregados que no dicen una cosa y, a la postre, hacen una bien diferente. Llevan la valentía a sus últimas consecuencias buscando el equilibrio de la justicia.  

7.- Son calmadas sin propensión al estrés o a la ansiedad

Las personas inspiradoras ya saben que en la serenidad radica el primer paso para la felicidad. Buscan el autoconocimiento constante y este camino, a la postre, se va sembrando de paz al centrarse en el presente y no preocuparse tanto por lo que está por venir. Como han aprendido a  soltar todo aquello que ya no les sirve, están más cerca del perdón natural que el resto de los mortales.  

8.- Se han alejado del materialismo  

Y todo lo que ello conlleva: ira y veneno. No nos damos cuenta pero la carrera por conseguir bienes materiales que nos sobran o que nada nos aportan es una batalla cruenta contra nosotros mismos. Por querer conseguir un estatus económico sacrificamos el presente y, a la larga, nuestra esencia. Esto ya lo aprendieron las personas inspiradoras y viven con una digna sencillez. 

9.- El concepto de envidia no cabe en ellas y se alegran de corazón de todo lo bueno que les pase a los demás

Y hago hincapié en esto porque este tipo de seres de luz no se andan midiendo con los otros. Si lo hacen, es consigo mismos para mejorar. A veces este tipo de comportamiento es difícil de comprender para quienes están aferrados a un éxito efímero, al destacar de manera fraudulenta, a la mentira de la fama o a la venganza hacia quienes le hicieron en el pasado algún tipo de daño.  

10.- Para las personas inspiradoras los cambios tienen que estar alejados de los conflictos

Por eso no fuerzan nada. Trabajan para que todo llegue a buen puerto pero no maquinan (y mucho menos a espaldas de otros) para que cualquier objetivo se consiga. Son personas que han descartado la ira de sus vidas y que se alejan de todo conflicto estéril.  

El mundo detrás de las personas inspiradoras

Y la pregunta es: ¿cómo se llega hasta aquí?

1.- En un alto porcentaje nos encontramos con personas que han sufrido y han experimentado una catarsis

En ese proceso se han dado cuenta de lo que realmente importa. Quienes llevan una vida fácil les resulta más complicado, a veces, entender los maravillosos recovecos de la existencia.  

2.- Llevan el crecimiento personal a todos los ámbitos de la vida 

Cualquier cosa que hagan les supone un reto personal que afrontan con alegría. 

3.- Están al servicio del bien común desde la posición en la que se encuentren

Y no hace falta estar al mando de una ONG para llevar a cabo este fin. Se puede hacer desde cualquier punto en el que nos situemos. Eso sí, es primordial dejar atrás actitudes egoístas y egocéntricas, algo que puede parecer complicado en nuestra sociedad actual.   

4.- Han aprendido a disfrutar de los instantes y momentos de la vida más sencillos

Por eso, no se agobian por lo que está por venir y miran al pasado solo para aprender. No se aferran a lo malo y acogen cualquier contratiempo con serenidad con el firme convencimiento de que les va a servir para avanzar.  

5.- Las personas inspiradoras transmiten energía

Y aquí las personas inspiradoras actúan en la acera contraria a la de la gente tóxica. Si estas te roban todo tu luz, tu brillo y te dejan agotado, estos seres de luz te hacen sentir ligeros y como en una nube. Y esto solo hablando con ellos y en el trato diario. Sencillamente, su forma de estar en el mundo te permite abrir puertas y ventanas por las que respirar.  

6.- Suelen tener una sencilla elegancia en todo lo que hacen 

Ponen interés y buen gusto en cualquier cosa que organizan. No gastan mucho ni llevan ropas caras. Llevan la autenticidad a cualquier plano físico.  

7.- Les gusta ver felicidad a su alrededor aunque ellas no hayan tenido nada que ver

Son firmes defensores de la dicha ajena. De ella se nutren devolviéndola con creces. Como llevan la empatía como bandera y la ejercen a más no poder se envuelven con ese halo de alegría que esté a su alrededor y se alegran de corazón de que las cosas les vaya bien a los demás. La envidia es un sentimiento que no tiene cabida en este tipo de espíritus.  

8.- No imponen sus criterios absolutamente a nadie. Simplemente se muestran tal como son sin miedos ni corazas 

La mediocridad no entra en sus planes. Por eso, se niegan a empujar a alguien en cualquier sentido y, tampoco imponen criterio alguno por mi inocente que este pueda parecer. 

9.- Las personas inspiradoras, en un alto porcentaje, no paran de estudiar y de aprender

No se estancan. Progresan día a día. No les interesa las noticias de los periódicos sino más bien todo aquello que les pueda servir para poder hacer una vida mejor entre los suyos. Por eso tienen conocimientos diversos, prácticos y útiles de disciplinas dispares.  

10.- Escuchan a los demás y hacen gala de empatía 

Y esta quizás sea su mejor cualidad, la más difícil entre el común de los mortales. Si la sociedad contemporánea se regodea en la exposición pública de cualquier ámbito, esto crea seres centrados en sí mismos, en sus propias necesidades, en el reflejo que le devuelve el espejo. Sin embargo, las personas inspiradoras son todo lo contrario y saben ponerse en los zapatos de los demás practicando constantemente la escucha activa. 

Seguro que alguna se topa en tu vida. ¡No dejes que salga!

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Y sí, no voy a dar una lista de esos grandes nombres que han cambiado el curso de la historia con su forma radical, distinta y transformadora de ver, estar y sentir el mundo. ¿Por qué? Porque las personas inspiradoras están a nuestro alrededor camufladas en quehaceres cotidianos e, incluso, anodinos. Para encontrar su brillo más profundo, a veces, tienes que tener el radar puesto. Por eso, hoy te traigo algunas características de estos seres que con su sola forma de estar en el universo te pueden abrir puertas, ventanas y caminos que no conocías. Estos seres de luz se encuentran en la acera contraria a las personas tóxicas con todos sus tipos posibles (los abonados a la difamación, los narcisistas, los posesos de la verdad, los soberbios, los psicópatas…)  

En la acera luminosa se encuentran las personas que se vuelven un ejemplo para otras porque nunca abandonaron el bien a pesar de las adversidades, porque se atrevieron a abrir caminos antes no recorridos, porque son valientes y se miran en el interior de sí mismas, porque viven el día a día con alegría… Aunque, como en todo en la viña del Señor, son más complejas, versátiles y radicalmente distintas unas a otras que lo aquí expuesto, sí hay una serie de comportamientos o caracteres que le son comunes. 

Características de las personas inspiradoras

Las personas inspiradoras no tienen por qué estar en la Wikipedia o en los libros de historia. Las más de las veces son seres anónimos, corrientes, dedicados a quehaceres que no tienen que saltar las barreras de la fama. Si bien los grandes nombres nos enseñan el valor de afrontar retos complejos, estas a las que me dedico hoy son las más valiosas (desde mi humilde punto de vista), porque su halo efectivo no para nunca y su sola presencia te puede abrir caminos que antes ni creías que existían. Están en cualquier emplazamiento y situación, ocupando tareas diversas y profesiones dispares pero, por lo general, tienen tan interiorizado el rol de ayuda que hacen bandera incluso de él. Aunque en ellas hay gustos diversos suelen tener preferencia por los entornos naturales, tranquilos y sosegados. No te las vas a encontrar en discotecas y bares nocturnos envenenándose de distintas formas. Bueno… estas te pueden inspirar pero para no seguir la senda que ellos han elegido. 

1.- Las personas inspiradoras no murmuran, calumnian ni cotillean

Es más, dan su opinión solo cuando se la piden y son muy respetuosas con las ajenas. Se alejan mucho de hacer juicios de valor sobre la vida de los otros. Están centradas en mejorarse continuamente y aquí no cabe la crítica a los que están alrededor. Son conscientes que las palabras que se vierten sobre los demás (aunque sean sobre hechos verdaderos) son como esos papeles al viento del mito oriental. Una vez has escrito algo y lo lanzas a los cuatro puntos cardinales dividido en pedacitos pequeños ya no puedes recomponerlo a su estado original. Así son las calumnias, cotilleos, críticas y juicios. 

2.- Son positivas y siempre ven la oportunidad en la adversidad

Afrontan el mundo con una sonrisa aunque esta sea interior y no se refleje en el rostro, con esperanza en la resolución de conflictos, problemas y contratiempos. A la par, trabajan para que todo sea crecimiento, progreso y abundancia a su alrededor. Esto, por supuesto, no aplica solo al tema económico sino a todo aquello importante que no se puede medir. Confían en Dios o en los poderes del universo y eso les hace estar en el mundo de una forma serena. Han hecho de la resilencia bandera mejorando de cada mala etapa que se les haya presentado.  

3.- Las personas inspiradoras ayudan sin avasallar dejando el espacio al otro

Porque hay quienes se dicen líderes o que van a ofrecer ayuda pero esta tiene que ser con condiciones. O lo que es peor: para que te encuentres en deuda con ellos. Las personas con luz que hoy nos ocupan lo hacen, en otro sentido, desinteresadamente asumiendo que la felicidad está en el servicio (que no tiene nada que ver con el servilismo).  

4.- Son flexibles y sociables

Se adaptan a todas las circunstancias con alegría y no hacen distinciones en las personas según su estrato social o posición económica. Centran su interés en los dones del corazón y nunca en lo meramente material. Por eso, es fácil que hagan amigos y amistades allí por donde se mueven. Además, como no son dogmáticas y tampoco hacen proselitismo, aportan su visión del mundo o creencias (a veces hasta las más profundas) sin avasallar a los demás. 

5.- Son personas generosas que han visto la luz de la verdad 

Por eso, no se aferran a los bienes materiales, a lo que no funciona, a relaciones vacías… Saben soltar con elegancia y desprenderse de aquello que no les sirve. No acumulan y entienden que el espíritu del avaro daña el alma. 

6.- Las personas inspiradoras entienden que la vida tiene un sentido y que hay que ir en su búsqueda

Por eso, es frecuente que tengan un alto propósito religioso y que sus actos sean consecuentes con sus creencias. Son seres enteros y entregados que no dicen una cosa y, a la postre, hacen una bien diferente. Llevan la valentía a sus últimas consecuencias buscando el equilibrio de la justicia.  

7.- Son calmadas sin propensión al estrés o a la ansiedad

Las personas inspiradoras ya saben que en la serenidad radica el primer paso para la felicidad. Buscan el autoconocimiento constante y este camino, a la postre, se va sembrando de paz al centrarse en el presente y no preocuparse tanto por lo que está por venir. Como han aprendido a  soltar todo aquello que ya no les sirve, están más cerca del perdón natural que el resto de los mortales.  

8.- Se han alejado del materialismo  

Y todo lo que ello conlleva: ira y veneno. No nos damos cuenta pero la carrera por conseguir bienes materiales que nos sobran o que nada nos aportan es una batalla cruenta contra nosotros mismos. Por querer conseguir un estatus económico sacrificamos el presente y, a la larga, nuestra esencia. Esto ya lo aprendieron las personas inspiradoras y viven con una digna sencillez. 

9.- El concepto de envidia no cabe en ellas y se alegran de corazón de todo lo bueno que les pase a los demás

Y hago hincapié en esto porque este tipo de seres de luz no se andan midiendo con los otros. Si lo hacen, es consigo mismos para mejorar. A veces este tipo de comportamiento es difícil de comprender para quienes están aferrados a un éxito efímero, al destacar de manera fraudulenta, a la mentira de la fama o a la venganza hacia quienes le hicieron en el pasado algún tipo de daño.  

10.- Para las personas inspiradoras los cambios tienen que estar alejados de los conflictos

Por eso no fuerzan nada. Trabajan para que todo llegue a buen puerto pero no maquinan (y mucho menos a espaldas de otros) para que cualquier objetivo se consiga. Son personas que han descartado la ira de sus vidas y que se alejan de todo conflicto estéril.  

El mundo detrás de las personas inspiradoras

Y la pregunta es: ¿cómo se llega hasta aquí?

1.- En un alto porcentaje nos encontramos con personas que han sufrido y han experimentado una catarsis

En ese proceso se han dado cuenta de lo que realmente importa. Quienes llevan una vida fácil les resulta más complicado, a veces, entender los maravillosos recovecos de la existencia.  

2.- Llevan el crecimiento personal a todos los ámbitos de la vida 

Cualquier cosa que hagan les supone un reto personal que afrontan con alegría. 

3.- Están al servicio del bien común desde la posición en la que se encuentren

Y no hace falta estar al mando de una ONG para llevar a cabo este fin. Se puede hacer desde cualquier punto en el que nos situemos. Eso sí, es primordial dejar atrás actitudes egoístas y egocéntricas, algo que puede parecer complicado en nuestra sociedad actual.   

4.- Han aprendido a disfrutar de los instantes y momentos de la vida más sencillos

Por eso, no se agobian por lo que está por venir y miran al pasado solo para aprender. No se aferran a lo malo y acogen cualquier contratiempo con serenidad con el firme convencimiento de que les va a servir para avanzar.  

5.- Las personas inspiradoras transmiten energía

Y aquí las personas inspiradoras actúan en la acera contraria a la de la gente tóxica. Si estas te roban todo tu luz, tu brillo y te dejan agotado, estos seres de luz te hacen sentir ligeros y como en una nube. Y esto solo hablando con ellos y en el trato diario. Sencillamente, su forma de estar en el mundo te permite abrir puertas y ventanas por las que respirar.  

6.- Suelen tener una sencilla elegancia en todo lo que hacen 

Ponen interés y buen gusto en cualquier cosa que organizan. No gastan mucho ni llevan ropas caras. Llevan la autenticidad a cualquier plano físico.  

7.- Les gusta ver felicidad a su alrededor aunque ellas no hayan tenido nada que ver

Son firmes defensores de la dicha ajena. De ella se nutren devolviéndola con creces. Como llevan la empatía como bandera y la ejercen a más no poder se envuelven con ese halo de alegría que esté a su alrededor y se alegran de corazón de que las cosas les vaya bien a los demás. La envidia es un sentimiento que no tiene cabida en este tipo de espíritus.  

8.- No imponen sus criterios absolutamente a nadie. Simplemente se muestran tal como son sin miedos ni corazas 

La mediocridad no entra en sus planes. Por eso, se niegan a empujar a alguien en cualquier sentido y, tampoco imponen criterio alguno por mi inocente que este pueda parecer. 

9.- Las personas inspiradoras, en un alto porcentaje, no paran de estudiar y de aprender

No se estancan. Progresan día a día. No les interesa las noticias de los periódicos sino más bien todo aquello que les pueda servir para poder hacer una vida mejor entre los suyos. Por eso tienen conocimientos diversos, prácticos y útiles de disciplinas dispares.  

10.- Escuchan a los demás y hacen gala de empatía 

Y esta quizás sea su mejor cualidad, la más difícil entre el común de los mortales. Si la sociedad contemporánea se regodea en la exposición pública de cualquier ámbito, esto crea seres centrados en sí mismos, en sus propias necesidades, en el reflejo que le devuelve el espejo. Sin embargo, las personas inspiradoras son todo lo contrario y saben ponerse en los zapatos de los demás practicando constantemente la escucha activa. 

Seguro que alguna se topa en tu vida. ¡No dejes que salga!

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Reza un proverbio del Tao chino que “para recorrerse el mundo hay que dar el primer paso”. De otra manera nos alecciona el santo amigo de las criaturas inocentes, Francisco de Asís, quien nos insta a hacer “primero lo necesario, luego lo posible” porque, más pronto que tarde estaremos “haciendo lo imposible”. Ese imposible es para algunos de nosotros la consecución de la serenidad, la plenitud y/o la felicidad, aún sabiendo que esta última en el sentido absoluto no existe. En este orden de cosas, ese primer paso (o ese hacer lo necesario al que nos insta el santo) tiene su correlato en el camino del crecimiento personal en el autoconocimiento. Y dicho así parece lo más fácil del mundo, lo que todos sabemos hacer, lo que es inherente al individuo… Lamentablemente, no es tan sencillo, ya que en nuestra vida siempre hay condicionantes (de todo tipo) que nos nublan  (a veces de manera espesa) ese espejo en el que nos reflejamos con toda nuestra verdad (las luces pero también las sombras). 

Pero, ¿qué es el autoconocimiento interior y cómo se reconoce?

Y esta verdad no es más que la manifestación de nuestras luces y sombras, de nuestro brillo y de nuestra oscuridad, de la constatación de nuestros logros pero, también, de aquello que renegamos, nos avergonzamos o no nos atrevemos a aceptar. El autoconocimiento, en primera instancia, y en personas que han tenido la vida fácil exige una salida radical de la zona de confort. Lamentablemente, quienes han sido educados en otros parámetros menos benevolentes (en familias disfuncionales que inculcan a hierro la indefensión aprendida) o han pasado por malas rachas en las que no se reconocen (tras relaciones tóxicas o con psicópatas en el entorno) la cosa no es tan sencilla. 

En esencia, este camino supone un recorrido hacia el interior de nosotros mismos, allí donde habita todo aquello que nos está oculto a la mente consciente. En ocasiones, lo que allí habita no tiene por qué ser al 100% negativo,  ya que (por las razones que sean) también podemos escatimarnos la alegría de nuestros logros. El autoconocimiento, en definitiva, supone un llegar a ser, un crecimiento personal, un alcanzar la esencia… Y para ello hay que ir quitando capas, como si se tratara de una cebolla. Normalmente, la más dura y fea, la del exterior, está repleta de mandatos ajenos que no nos hacen bien o de corazas autoimpuestas por hechos traumáticos. Cuantas más capas vayamos quitando, más cerca estaremos de ese centro. Vamos despacio aún a sabiendas que es imposible desgranar todos los casos en un artículo de este tipo. 

1.- Autoconocimiento, necesario para la sanar abusos de todo tipo en la infancia 

Y para ello no hace falta que te haya sucedido hechos terribles de los que copan noticias a diario. La psicología contemporánea ya sabe del daño de las personas tóxicas en los primeros años de vida. Estas pueden actuar de millones de forma, desde el bullying hasta anulando la personalidad a través de progenitores descuidados, padres ausentes o drogadictos o bajo el yugo de una madre narcisista. Los pequeños que se abren al mundo a través de estos modelos de crianza claramente disfuncionales desarrollan por lo general una tan autoestima baja que no llegan a reconocer sus propios sentimientos. Este tipo de familias, aún siendo proveedores de los sustentos básicos (vivienda, alimentos, vacunas o escolarización) niegan a los niños un cariño elemental. Los pequeños así “mal educados” crecen sin referencias sólidas, sin poder reconocer cuáles son sus necesidades emocionales y, en la mayoría de los casos, anteponiendo los deseos y, a veces, caprichos de los demás a los suyos propios.  

Estos niños llegan a la vida adulta con un alto nivel de autoexigencia en todos los ámbitos de la vida, sin permitirse respiros en los que puedan encontrarse serenamente. Es normal que repitan lo aprendido en casa eligiendo parejas de perfil narcisista, cuando no claramente unpsicópata. Son personas que se reconocen en el hacer y no en el ser y que tienen un miedo atroz a ser descartados por los demás. Este tipo de actitud va generando una gota tras otra que va minando la resistencia (la cual no hay que confundir con resilencia) anímica y física que pueden generar cansancio extremo, fatiga crónica, fibromialgia, depresión y/o cuadros de ansiedad importante. 

Por eso, ese primer paso que hay que dar para el autoconocimiento en una porcentaje de casos (afortunadamente no muy elevado) requiere del reconocimiento y la sanación de una herida muy importante. Esto ni se hace de un día para otro ni tampoco en la soledad a la que están acostumbradas este tipo de personas. Va a requerir acompañamiento profesional y/o guía espiritual. Entiende, por favor, estas notas como lo que son: como el primer reconocimiento y acercamiento a una realidad tremendamente dolorosa que requiere de terapia profesional.  

2.- Autoconocimiento, imprescindible para librarse de parejas tóxicas

Sin llegar al extremo de haber sido criado en una familia tóxica, puede que por hache o por be hayas caído en una relación con un vampiro emocional. Las personas que se han tomado su tiempo y energía por conocerse profundamente han desarrollado una habilidad para sacudirse estos parásitos nada más llegan. Sin embargo, esto no es tan fácil para quienes, por las razones que sean (porque están pasando una mala racha, por una enfermedad prolongada o porque no han desarrollado una autoestima saludable), se topan con estos individuos. Tras un periodo de flirteo abrumador en el que se promete bajar la luna llena con un lacito (rosa o azul o verde) se entra en una espiral de ninguneo, de control del otro, de triangulación, de ira… de la que, a veces, es complicado salir.  

La culpa por lo que está sucediendo, el miedo a lo desconocido, el cansancio por tener que soportar todas las cargas (y ninguna alegría) de la relación se unen, en ocasiones, a la falta de libertad. En estos casos, aparte de solicitar ayuda adecuada, se hace necesario dejar un espacio y un tiempo personal en el que puedas bucear en tu interior, en el que puedas comunicarte (si es posible) con tu niñ@ interior y dialogar sobre tus primeras aspiraciones vitales. Son ejercicios que requieren una cierta paz física. Por tanto,  tendrás que pelear, a veces, por unas horas para ti que justamente te pertenecen. En esa charla en silencio, reconocerás aquello que realmente anhelas y, en ocasiones, verás el camino que ha conducido a amordazar tu voz interior. Esta capa (con su complicado proceso de sanación) tiene que ser eliminada y practicar lo que algunos terapeutas proponen como contacto cero.  

3.- Autoconocimiento para dar de sí en todos los aspectos del trabajo

La sociedad occidental cotidiana nos exige un tiempo, esfuerzo y energía para conseguir el sustento que, a veces, nos deja exhaustos. Nos inculcan unas necesidades superfluas que nos instan (como en la fábula del burrito y la zanahoria) a seguir adelante en pos de una meta o unos sueños (lo que es peor) que no son nuestros. Esto es caldo de cultivo para caer en las redes de jefes malhumorados, en el mobbing procedente de compañeros, en la apatía que precede al Síndrome de burnout, en la desgana desmotivadora o en la falta de ilusión. El trabajo tiene que tener un sentido que vaya más allá de conseguir dinero a final de mes. Si esto no es posible, requiere de tu parte un esfuerzo adicional por ver la grandeza en aquello que haces por muy pequeño que te parezca a tus ojos.  

Como norma general, las opciones profesionales en las que solo se barajan el enriquecimiento económico va generando a la larga un vacío bastante profundo. Este solo se puede reparar a través del amor (familia, pareja, hijos…) o la compañía enriquecedora. Por eso, es importante que mires con sinceridad dónde estás y te preguntes por qué estás en ese lugar si no te satisface del todo. Una vez has encontrado las respuestas, no puedes negarte tus anhelos propios, sueños realizables e ideal de vida. Recuerda siempre que el miedo a estos cambios es incompatible con ese autoconocimiento al que aspiramos. No será posible nunca sin ese reconocimiento a nivel intelectual, anímico o espiritual va con un correlato progresivo en el hacer. Esto es, conforme vas a avanzando hacia esa luz que te permite ver tus sombras y tus luces, se hace necesario una modificación de las conductas nocivas o dañinas. Y esto es válido tanto para tu comportamiento (hacia los demás) como hacia ti mismo. ¡Ojo! En este estadio hay que estar más que vigilantes para no caer en la complacencia o en el victimismo. Da pequeños pasos, los necesarios para avanzar en ese objetivo que es recorrerte (y disfrutar) del mundo.  

4.- Autoconocimiento, primer paso para atreverse a atrapar los sueños

Aquello que deseabas de niño@, aquellas metas que te habías propuesto nada más tener conciencia de tu persona de manera individual pueden olvidarse, en la vida adulta, por múltiples factores. Estos son tan infinitos como granos de arena hay en el desierto. Reduciendo mucho, tenemos que, por un lado, la mediocridad que impera en la zona de confort y el miedo a lo desconocido procedente de crianzas tóxicas o indolentes se encuentran en la base de ese no atreverse, no arriesgar, no salir de lo conocido. Ir en post de los sueños requiere de nosotros dejar atrás la cobardía. El autoconocimiento, por tanto y como te habrás dado ya cuenta, requiere grandes dosis de valentía. Es duro ver tus propias sombras, integrarlas (con el tiempo) y seguir adelante. Por eso, la sabiduría que es inherente a esta condición está reservada a muy pocas personas. La gran mayoría de ellas se paran ante el abismo de la verdad de su alma. Y en este pozo es imposible conseguir los sueños. Estos llegan cuando se intentan una y otra vez (aunque haya espíritus tocados por el hálito divino que lo consigan a la primera), que reposan para tomar aliento y seguir, que no se dejan vencer por la adversidad, el pesimismo y la tristeza.  

Cuando se mira en ese pozo de oscuridad vemos todo aquello que nos da terror: la soledad, la enfermedad, la fragilidad, la debilidad, el tambaleo ante la confianza a la hora de poder generar recursos. Y eso, en la mayoría de los casos, genera un bloqueo que impide avanzar. La buena noticia es que es solo un paso. Cuando se da, se avanza en esa virtud que hemos venido en llamar resilencia, acercándonos, de un golpe, hacia la plenitud emocional.  

5.- Autoconocimiento y aceptación para atraer la alegría y la abundancia

Vamos a más que la escalera mínima que hemos creado aún no se ha acabado. Para llegar a explorar cada recoveco de nuestra alma necesitamos eliminar el ruido exterior e interior. El interior es el que se produce por pensamientos rumiantes y delimitantes que coartan nuestro progreso. El del exterior es de todo tipo: es el del tráfico, el de los vecinos con la música alta en medio de la madrugada, el del teléfono que se inmiscuye con llamadas que no nos importan, el de esa amiga que está constantemente recordándote lo que no has hecho, el de toda la gente tóxica que está a tu alrededor y dejas que sigan manejando los hilos de tu vida.  

Una persona que hace gala de autoconocimiento nunca es una marioneta en manos de los otros. Toma sus propias decisiones sin importarle la opinión de los demás. Estas sobran siempre. Y, por supuesto, hace el bien. Si utilizas este don tan difícil de conseguir únicamente para beneficio propio y depredar a los otros tampoco vas a conseguir la ansiada felicidad. Serás, como Drácula: con poder pero sin la capacidad de amar. Eso lleva al vacío más absoluto. Una vez, hayas eliminado todos esos ruidos que pueden ser diversos y de distintas formas (cargas del pasado, críticas limitantes ajenas, autocensura, miedos a lo desconocido…) la alegría llegará progresivamente a tu vida. Con ella dentro será más fácil ir descubriendo más y más rincones de tu alma.  

6.- Autoconocimiento y entrega a los demás, cuando la felicidad propia se convierte en inspiradora 

Una vez estés en el estadio anterior, algo dentro de ti te empujará a no quedártelo de manera egoísta. Ya encontrarás el modo de hacer de esa dicha entrega a los demás. Por supuesto, eso implica protegerte de cualquier forma de abuso y/o de interferencia no deseada. Si te conoces lo suficiente y de manera clara, nunca caerás en la adulación o la seducción (preludio de relaciones tóxicas), en amistades que nada aportan, en hábitos pocos saludables, en paraísos artificiales, en juegos destructivos o en la negatividad. Seguramente sentirás un deseo sereno de saber más y más, de indagar en las posibilidades positivas del espíritu humano, de sentir y disfrutar la naturaleza, de dar la mano (en todos los sentidos) a los que vienen detrás.  

Aunque se habla del autoconocimiento como de una condición imprescindible para las tareas cotidianas, este solo puede llegar tras una vida de investigación (en el plano espiritual) y de riesgos (a veces también en el plano físico). El quedarse apoltronado con lo de siempre nunca abre estas puertas. Por eso, las personas que no se atreven a adentrarse en estas selvas emocionales siguen repitiendo patrones ajenos aunque estos no le satisfagan. Sin embargo, las que buscan lo que hay más allá, aunque con frecuencia se den de bruces con realidades demoledoras, pueden alcanzar esta paz donde no hay lugar para la manipulación, la ira o el enfado. Así se empieza a andar el camino de la serenidad, la dicha y la felicidad. No hay otro. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Reza un proverbio del Tao chino que “para recorrerse el mundo hay que dar el primer paso”. De otra manera nos alecciona el santo amigo de las criaturas inocentes, Francisco de Asís, quien nos insta a hacer “primero lo necesario, luego lo posible” porque, más pronto que tarde estaremos “haciendo lo imposible”. Ese imposible es para algunos de nosotros la consecución de la serenidad, la plenitud y/o la felicidad, aún sabiendo que esta última en el sentido absoluto no existe. En este orden de cosas, ese primer paso (o ese hacer lo necesario al que nos insta el santo) tiene su correlato en el camino del crecimiento personal en el autoconocimiento. Y dicho así parece lo más fácil del mundo, lo que todos sabemos hacer, lo que es inherente al individuo… Lamentablemente, no es tan sencillo, ya que en nuestra vida siempre hay condicionantes (de todo tipo) que nos nublan  (a veces de manera espesa) ese espejo en el que nos reflejamos con toda nuestra verdad (las luces pero también las sombras). 

Pero, ¿qué es el autoconocimiento interior y cómo se reconoce?

Y esta verdad no es más que la manifestación de nuestras luces y sombras, de nuestro brillo y de nuestra oscuridad, de la constatación de nuestros logros pero, también, de aquello que renegamos, nos avergonzamos o no nos atrevemos a aceptar. El autoconocimiento, en primera instancia, y en personas que han tenido la vida fácil exige una salida radical de la zona de confort. Lamentablemente, quienes han sido educados en otros parámetros menos benevolentes (en familias disfuncionales que inculcan a hierro la indefensión aprendida) o han pasado por malas rachas en las que no se reconocen (tras relaciones tóxicas o con psicópatas en el entorno) la cosa no es tan sencilla. 

En esencia, este camino supone un recorrido hacia el interior de nosotros mismos, allí donde habita todo aquello que nos está oculto a la mente consciente. En ocasiones, lo que allí habita no tiene por qué ser al 100% negativo,  ya que (por las razones que sean) también podemos escatimarnos la alegría de nuestros logros. El autoconocimiento, en definitiva, supone un llegar a ser, un crecimiento personal, un alcanzar la esencia… Y para ello hay que ir quitando capas, como si se tratara de una cebolla. Normalmente, la más dura y fea, la del exterior, está repleta de mandatos ajenos que no nos hacen bien o de corazas autoimpuestas por hechos traumáticos. Cuantas más capas vayamos quitando, más cerca estaremos de ese centro. Vamos despacio aún a sabiendas que es imposible desgranar todos los casos en un artículo de este tipo. 

1.- Autoconocimiento, necesario para la sanar abusos de todo tipo en la infancia 

Y para ello no hace falta que te haya sucedido hechos terribles de los que copan noticias a diario. La psicología contemporánea ya sabe del daño de las personas tóxicas en los primeros años de vida. Estas pueden actuar de millones de forma, desde el bullying hasta anulando la personalidad a través de progenitores descuidados, padres ausentes o drogadictos o bajo el yugo de una madre narcisista. Los pequeños que se abren al mundo a través de estos modelos de crianza claramente disfuncionales desarrollan por lo general una tan autoestima baja que no llegan a reconocer sus propios sentimientos. Este tipo de familias, aún siendo proveedores de los sustentos básicos (vivienda, alimentos, vacunas o escolarización) niegan a los niños un cariño elemental. Los pequeños así “mal educados” crecen sin referencias sólidas, sin poder reconocer cuáles son sus necesidades emocionales y, en la mayoría de los casos, anteponiendo los deseos y, a veces, caprichos de los demás a los suyos propios.  

Estos niños llegan a la vida adulta con un alto nivel de autoexigencia en todos los ámbitos de la vida, sin permitirse respiros en los que puedan encontrarse serenamente. Es normal que repitan lo aprendido en casa eligiendo parejas de perfil narcisista, cuando no claramente unpsicópata. Son personas que se reconocen en el hacer y no en el ser y que tienen un miedo atroz a ser descartados por los demás. Este tipo de actitud va generando una gota tras otra que va minando la resistencia (la cual no hay que confundir con resilencia) anímica y física que pueden generar cansancio extremo, fatiga crónica, fibromialgia, depresión y/o cuadros de ansiedad importante. 

Por eso, ese primer paso que hay que dar para el autoconocimiento en una porcentaje de casos (afortunadamente no muy elevado) requiere del reconocimiento y la sanación de una herida muy importante. Esto ni se hace de un día para otro ni tampoco en la soledad a la que están acostumbradas este tipo de personas. Va a requerir acompañamiento profesional y/o guía espiritual. Entiende, por favor, estas notas como lo que son: como el primer reconocimiento y acercamiento a una realidad tremendamente dolorosa que requiere de terapia profesional.  

2.- Autoconocimiento, imprescindible para librarse de parejas tóxicas

Sin llegar al extremo de haber sido criado en una familia tóxica, puede que por hache o por be hayas caído en una relación con un vampiro emocional. Las personas que se han tomado su tiempo y energía por conocerse profundamente han desarrollado una habilidad para sacudirse estos parásitos nada más llegan. Sin embargo, esto no es tan fácil para quienes, por las razones que sean (porque están pasando una mala racha, por una enfermedad prolongada o porque no han desarrollado una autoestima saludable), se topan con estos individuos. Tras un periodo de flirteo abrumador en el que se promete bajar la luna llena con un lacito (rosa o azul o verde) se entra en una espiral de ninguneo, de control del otro, de triangulación, de ira… de la que, a veces, es complicado salir.  

La culpa por lo que está sucediendo, el miedo a lo desconocido, el cansancio por tener que soportar todas las cargas (y ninguna alegría) de la relación se unen, en ocasiones, a la falta de libertad. En estos casos, aparte de solicitar ayuda adecuada, se hace necesario dejar un espacio y un tiempo personal en el que puedas bucear en tu interior, en el que puedas comunicarte (si es posible) con tu niñ@ interior y dialogar sobre tus primeras aspiraciones vitales. Son ejercicios que requieren una cierta paz física. Por tanto,  tendrás que pelear, a veces, por unas horas para ti que justamente te pertenecen. En esa charla en silencio, reconocerás aquello que realmente anhelas y, en ocasiones, verás el camino que ha conducido a amordazar tu voz interior. Esta capa (con su complicado proceso de sanación) tiene que ser eliminada y practicar lo que algunos terapeutas proponen como contacto cero.  

3.- Autoconocimiento para dar de sí en todos los aspectos del trabajo

La sociedad occidental cotidiana nos exige un tiempo, esfuerzo y energía para conseguir el sustento que, a veces, nos deja exhaustos. Nos inculcan unas necesidades superfluas que nos instan (como en la fábula del burrito y la zanahoria) a seguir adelante en pos de una meta o unos sueños (lo que es peor) que no son nuestros. Esto es caldo de cultivo para caer en las redes de jefes malhumorados, en el mobbing procedente de compañeros, en la apatía que precede al Síndrome de burnout, en la desgana desmotivadora o en la falta de ilusión. El trabajo tiene que tener un sentido que vaya más allá de conseguir dinero a final de mes. Si esto no es posible, requiere de tu parte un esfuerzo adicional por ver la grandeza en aquello que haces por muy pequeño que te parezca a tus ojos.  

Como norma general, las opciones profesionales en las que solo se barajan el enriquecimiento económico va generando a la larga un vacío bastante profundo. Este solo se puede reparar a través del amor (familia, pareja, hijos…) o la compañía enriquecedora. Por eso, es importante que mires con sinceridad dónde estás y te preguntes por qué estás en ese lugar si no te satisface del todo. Una vez has encontrado las respuestas, no puedes negarte tus anhelos propios, sueños realizables e ideal de vida. Recuerda siempre que el miedo a estos cambios es incompatible con ese autoconocimiento al que aspiramos. No será posible nunca sin ese reconocimiento a nivel intelectual, anímico o espiritual va con un correlato progresivo en el hacer. Esto es, conforme vas a avanzando hacia esa luz que te permite ver tus sombras y tus luces, se hace necesario una modificación de las conductas nocivas o dañinas. Y esto es válido tanto para tu comportamiento (hacia los demás) como hacia ti mismo. ¡Ojo! En este estadio hay que estar más que vigilantes para no caer en la complacencia o en el victimismo. Da pequeños pasos, los necesarios para avanzar en ese objetivo que es recorrerte (y disfrutar) del mundo.  

4.- Autoconocimiento, primer paso para atreverse a atrapar los sueños

Aquello que deseabas de niño@, aquellas metas que te habías propuesto nada más tener conciencia de tu persona de manera individual pueden olvidarse, en la vida adulta, por múltiples factores. Estos son tan infinitos como granos de arena hay en el desierto. Reduciendo mucho, tenemos que, por un lado, la mediocridad que impera en la zona de confort y el miedo a lo desconocido procedente de crianzas tóxicas o indolentes se encuentran en la base de ese no atreverse, no arriesgar, no salir de lo conocido. Ir en post de los sueños requiere de nosotros dejar atrás la cobardía. El autoconocimiento, por tanto y como te habrás dado ya cuenta, requiere grandes dosis de valentía. Es duro ver tus propias sombras, integrarlas (con el tiempo) y seguir adelante. Por eso, la sabiduría que es inherente a esta condición está reservada a muy pocas personas. La gran mayoría de ellas se paran ante el abismo de la verdad de su alma. Y en este pozo es imposible conseguir los sueños. Estos llegan cuando se intentan una y otra vez (aunque haya espíritus tocados por el hálito divino que lo consigan a la primera), que reposan para tomar aliento y seguir, que no se dejan vencer por la adversidad, el pesimismo y la tristeza.  

Cuando se mira en ese pozo de oscuridad vemos todo aquello que nos da terror: la soledad, la enfermedad, la fragilidad, la debilidad, el tambaleo ante la confianza a la hora de poder generar recursos. Y eso, en la mayoría de los casos, genera un bloqueo que impide avanzar. La buena noticia es que es solo un paso. Cuando se da, se avanza en esa virtud que hemos venido en llamar resilencia, acercándonos, de un golpe, hacia la plenitud emocional.  

5.- Autoconocimiento y aceptación para atraer la alegría y la abundancia

Vamos a más que la escalera mínima que hemos creado aún no se ha acabado. Para llegar a explorar cada recoveco de nuestra alma necesitamos eliminar el ruido exterior e interior. El interior es el que se produce por pensamientos rumiantes y delimitantes que coartan nuestro progreso. El del exterior es de todo tipo: es el del tráfico, el de los vecinos con la música alta en medio de la madrugada, el del teléfono que se inmiscuye con llamadas que no nos importan, el de esa amiga que está constantemente recordándote lo que no has hecho, el de toda la gente tóxica que está a tu alrededor y dejas que sigan manejando los hilos de tu vida.  

Una persona que hace gala de autoconocimiento nunca es una marioneta en manos de los otros. Toma sus propias decisiones sin importarle la opinión de los demás. Estas sobran siempre. Y, por supuesto, hace el bien. Si utilizas este don tan difícil de conseguir únicamente para beneficio propio y depredar a los otros tampoco vas a conseguir la ansiada felicidad. Serás, como Drácula: con poder pero sin la capacidad de amar. Eso lleva al vacío más absoluto. Una vez, hayas eliminado todos esos ruidos que pueden ser diversos y de distintas formas (cargas del pasado, críticas limitantes ajenas, autocensura, miedos a lo desconocido…) la alegría llegará progresivamente a tu vida. Con ella dentro será más fácil ir descubriendo más y más rincones de tu alma.  

6.- Autoconocimiento y entrega a los demás, cuando la felicidad propia se convierte en inspiradora 

Una vez estés en el estadio anterior, algo dentro de ti te empujará a no quedártelo de manera egoísta. Ya encontrarás el modo de hacer de esa dicha entrega a los demás. Por supuesto, eso implica protegerte de cualquier forma de abuso y/o de interferencia no deseada. Si te conoces lo suficiente y de manera clara, nunca caerás en la adulación o la seducción (preludio de relaciones tóxicas), en amistades que nada aportan, en hábitos pocos saludables, en paraísos artificiales, en juegos destructivos o en la negatividad. Seguramente sentirás un deseo sereno de saber más y más, de indagar en las posibilidades positivas del espíritu humano, de sentir y disfrutar la naturaleza, de dar la mano (en todos los sentidos) a los que vienen detrás.  

Aunque se habla del autoconocimiento como de una condición imprescindible para las tareas cotidianas, este solo puede llegar tras una vida de investigación (en el plano espiritual) y de riesgos (a veces también en el plano físico). El quedarse apoltronado con lo de siempre nunca abre estas puertas. Por eso, las personas que no se atreven a adentrarse en estas selvas emocionales siguen repitiendo patrones ajenos aunque estos no le satisfagan. Sin embargo, las que buscan lo que hay más allá, aunque con frecuencia se den de bruces con realidades demoledoras, pueden alcanzar esta paz donde no hay lugar para la manipulación, la ira o el enfado. Así se empieza a andar el camino de la serenidad, la dicha y la felicidad. No hay otro. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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“Desgraciadamente, la disonancia cognitiva es una experiencia muy común. Cada vez que dices cosas que realmente no crees, que tomas una decisión difícil o descubres que algo que has comprado no es tan bueno como esperabas, puedes experimentar disonancia. En todas estas situaciones, hay un salto entre nuestras acciones y nuestras actitudes que tiende a hacernos sentir bastante incómodos”.

 

Robert A. Baron y Donn Byrne 

En esencia, la disonancia cognitiva alude a un choque entre nuestras diferentes ideas, creencias o conceptos entre sí y con nuestros actos. Aquello que creemos, afirmamos o nos conforma como persona debe estar en equilibrio o en sintonía tanto a nivel intelectual como en el plano de la acción. Si hay notas discordantes entre lo que sentimos, afirmamos y luego hacemos se produce una disonancia cognitiva. En términos generales (no hablo aquí de las personalidades del espectro narcisista, los psicópatas, o del resto de los denominados triada oscura), esta confrontación anímica produce un malestar en el individuo. Cuando llega esta disfunción se intenta paliar a nivel consciente o inconsciente con el autoengaño o, sencillamente, con la mentira. La disonancia cognitiva actúa en el día a día justificando nuestras conductas amorales (desde nuestra percepción) o bien actuando como freno para el autoconocimiento y el abandono de la zona de confort. Aunque la disonancia cognitiva actúa como ese ángel bueno y su contrapunto demoniaco que todos llevamos dentro, puede llevar a una disasociación de la personalidad cuando se lleva a un extremo. Lo vemos con algunos ejemplos. 

Ejemplos de la vida diaria (y no tanto) en el que actúa la disonancia cognitiva 

Los más frecuentes y los que se suelen proponer en la práctica psicológica son aquellos en los que intervienen adicciones de todo tipo. No hace falta que ponga aquí que es una “excusa” perfecta de drogadictos, alcohólicos, fumadores empedernidos o adictos de todo tipo ese “es que a ellos no les hace daño esa sustancia.” La disonancia cognitiva suele quedarse en ese “es que…” y nunca se atreve en el “qué puedo hacer” o “cómo lo arreglo”. Aquello lo afirman con una rotundidad que, a veces, puede llegar a confundir al que está enfrente. Este es el más fragante ejemplo de la mentira a la que lleva la disonancia cognitiva. Estas personas ya tienen datos suficientes (porque están a la orden del día) para aceptar que aquello que están haciendo es perjudicial para ellos mismos y para los que están alrededor. Como su mente y espíritu no pueden aceptar este extremo se reviste con un halo de (auto)engaño para poder sobrellevar sus actos.  

La disonancia cognitiva no tiene nada que ver con el cinismo o con la manipulación psicológica extrema (la que desemboca en el gaslighting por ejemplo). Y no es así porque en estas acciones (aunque nos cueste creerlo) siempre hay un factor consciente, un plan premeditado y un egoísmo exacerbado que lleva a la destrucción del otro para favorecer a quien lo ejerce. Esto es sencillamente, maldad. Sin embargo, en el tema que nos ocupa, la persona que sufre de esta condición de manera extrema lleva en sí un gran dolor y sufrimiento.  

La disonancia cognitiva son las excusas perfectas que mandamos a nuestra mente para no hacer aquello que sabemos que nos favorece aunque para ello tengamos que hacer un esfuerzo espiritual, mental o físico. Es ese no tengo tiempo para adoptar hábitos saludables (salir a la naturaleza, hacer deporte, llevar una dieta sana, poner orden en nuestra vida…) Va más allá de la base en la que se asienta nuestra zona de confort, ya que cuando nos instalamos aquí vamos procrastinando constantemente en nuestro crecimiento personal. El resultado es quedarse en una rutina que va conquistando progresivamente el miedo al cambio.  

Más ejemplos de disonancia cognitiva en el amor y en el plano sentimental

Aquí es donde hay un interés creciente en los últimos años porque hay terapeutas que asimilan la disonancia cognitiva con la pasión del enamorado. Sería un poco esa locura transitoria de la que ya hablan los clásicos. La disonancia cognitiva puede justificar un Complejo de Cenicienta o un Síndrome de Peter Pan y también algo tan peligroso como conductas de maltrato hacia el otro o hacia uno mismo. 

En estos casos se legitima los actos del otro con el auto engaño de que va a cambiar, de que no hemos visto algo que a todos luces es inadmisible… cuando el que está enfrente se comporta egoístamente o, literalmente, hace daño. En estos casos (y se ve en las víctimas de violencia de género) la disonancia cognitiva entra en el terreno de juego para justificar ciertos actos con “él o ella no es así”, “han sido las circunstancias” o, más peligroso aún “la culpa es mía”. En esta última afirmación se combinan (en un cóctel altamente destructivo) la autoestima baja con el proceso emocional de la disonancia cognitiva. 

Y desafortunadamente también entra en acción a la hora de legitimar nuestros propios actos mandando constantemente una información errónea al cerebro. Así vamos alimentando nuestro ego cada vez más con estas disrupciones engordando conductas que ni nos hacen bien ni tampoco a los que están alrededor. Un caso que se pone como ejemplo es el de la persona infiel a la pareja que, antes, durante y después de haber engañado a quien depositó su confianza inventa excusas de todo tipo. Aunque algunos de estos extremos sea cierto, la disonancia cognitiva entra en acción cuando da carta blanca para actuar de una manera innoble. Ten siempre en cuenta que las personas valientes que lidian a diario con sus demonios están en la otra escala de esta condición. Esta se alimenta de la cobardía, de hacer las cosas a escondidas, de la mentira, de la ocultación, de no afrontar los problemas y la realidad.  

La disonancia cognitiva en algunos procesos psicológicos como la anorexia

Las personas instaladas en esta terrible problemática suelen ser niños, jóvenes o adultos con otras cargas emocionales que continuamente ven una distorsión de su realidad. Si bien es verdad que detrás de la anorexia, la bulimia o los trastornos de alimentación hay una problemática compleja en el que se une el deseo de control, la culpa con el afán de superación por el camino no adecuado, también actúa la disonancia cognitiva. Esto es, el autoengaño llega a tal extremo que, al visualizar la imagen física en el espejo, la mente devuelve otra totalmente ajena a la realidad contrastada. 

En estos casos, psicólogos expertos utilizan las mismas herramientas de las que se vale la disonancia cognitiva pero volviéndola a favor del individuo. En terapias grupales se intenta hacer ver el engaño y la mentira de esta concepción. Con estas técnicas (de profesional y que va más allá de estas notas informativas) se intenta mandar al cerebro y al inconsciente otra información distinta. Esto produce un choque en el individuo afectado que, en algunos casos y cuando la terapia funciona, es capaz de ver ante sus ojos la realidad de sus actos. Esta verdad es el primer camino para asumir cuál es la problemática, primera piedra para la sanación sin la que no es posible la felicidad.  

Procrastinar en asuntos importes o la instalación en la zona de confort 

Ni que decir tiene que sin llegar a estos extremos en los que la disonancia cognitiva se hace con todo el sistema psicológico de la persona hasta su completa destrucción. Es el caso de los trastornos alimentarios graves, en las adicciones o en las conductas temerarias en extremo. Casi a diario nos encontramos con acciones en al que nuestra mente nos engaña llevándonos por el camino que, a todas luces, sabemos que no debemos tomar. Lo hace cuando se llama a ese ex que reconocemos que solo nos metió en un infierno, cuando no nos embarcamos en los hábitos saludables, cuando nos dejamos resbalar por una pereza insana (está la sana necesaria para recoger fuerzas), cuando nos negamos a aceptar aquello que no nos interesa, cuando nos inventamos excusas de todo tipo… La lista es tan larga que llega casi al infinito de los recovecos del alma humana.  

Salir de la disonancia cognitiva (o al menos reconocerla en primera instancia) es el primer paso para un avance en el plano personal que requiere una mínima dosis de valentía. El único camino es una auto-evaluación que pasa por un reconocimiento tanto de nuestras capacidades como de las fortalezas pasando por todo lo que actúa como disruptor. Si proponerse el cambio es el primer paso, hay que hacer un movimiento hacia el frente venciendo el miedo para alcanzar la superación personal.  

Entonces, ¿puede ser la disonancia cognitiva un elemento para nuestro superación personal? 

Sí, sin lugar a dudas, cuando se reconoce y se trabaja para que no domine cualquier acto de nuestra vida. Sabemos que en todos los ámbitos en los que actúa el ser humano nada existe hasta que no se nombra. Esta realidad, condición o desencadenante fue propuesta por primera vez en 1957 por Leon Festinger en su obra Teoría de la disonancia cognitiva que trabajó en el campo de lo social. Esto es, también puede actuar a nivel colectivo justificando actos, acciones, regímenes o conductas a todas luces perversas o malintencionadas. Bajo este prisma se entiende ese mirar para otro lado, ese no querer saber, el no actuar ante situaciones tremendas que pueden ir desde el bullying en el colegio, el acoso en el trabajo hasta los genocidios más atroces. El proceso emocional es el mismo. 

Por eso, se hace importante estar atentos a estas trampas que nos pone el cerebro, el alma o el espíritu para no dejarnos avanzar como personas. Así que ya sabes: cada vez que te pilles en un autoengaño o en una justificación que apenas se sostiene, acuérdate del término: disonancia cognitiva. Es un enemigo agazapado y cotidiano que te va ir tirando para abajo en tu crecimiento como persona cuando tú, a nivel consciente, te has propuesto ir hacia arriba siempre. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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“Desgraciadamente, la disonancia cognitiva es una experiencia muy común. Cada vez que dices cosas que realmente no crees, que tomas una decisión difícil o descubres que algo que has comprado no es tan bueno como esperabas, puedes experimentar disonancia. En todas estas situaciones, hay un salto entre nuestras acciones y nuestras actitudes que tiende a hacernos sentir bastante incómodos”.

 

Robert A. Baron y Donn Byrne 

En esencia, la disonancia cognitiva alude a un choque entre nuestras diferentes ideas, creencias o conceptos entre sí y con nuestros actos. Aquello que creemos, afirmamos o nos conforma como persona debe estar en equilibrio o en sintonía tanto a nivel intelectual como en el plano de la acción. Si hay notas discordantes entre lo que sentimos, afirmamos y luego hacemos se produce una disonancia cognitiva. En términos generales (no hablo aquí de las personalidades del espectro narcisista, los psicópatas, o del resto de los denominados triada oscura), esta confrontación anímica produce un malestar en el individuo. Cuando llega esta disfunción se intenta paliar a nivel consciente o inconsciente con el autoengaño o, sencillamente, con la mentira. La disonancia cognitiva actúa en el día a día justificando nuestras conductas amorales (desde nuestra percepción) o bien actuando como freno para el autoconocimiento y el abandono de la zona de confort. Aunque la disonancia cognitiva actúa como ese ángel bueno y su contrapunto demoniaco que todos llevamos dentro, puede llevar a una disasociación de la personalidad cuando se lleva a un extremo. Lo vemos con algunos ejemplos. 

Ejemplos de la vida diaria (y no tanto) en el que actúa la disonancia cognitiva 

Los más frecuentes y los que se suelen proponer en la práctica psicológica son aquellos en los que intervienen adicciones de todo tipo. No hace falta que ponga aquí que es una “excusa” perfecta de drogadictos, alcohólicos, fumadores empedernidos o adictos de todo tipo ese “es que a ellos no les hace daño esa sustancia.” La disonancia cognitiva suele quedarse en ese “es que…” y nunca se atreve en el “qué puedo hacer” o “cómo lo arreglo”. Aquello lo afirman con una rotundidad que, a veces, puede llegar a confundir al que está enfrente. Este es el más fragante ejemplo de la mentira a la que lleva la disonancia cognitiva. Estas personas ya tienen datos suficientes (porque están a la orden del día) para aceptar que aquello que están haciendo es perjudicial para ellos mismos y para los que están alrededor. Como su mente y espíritu no pueden aceptar este extremo se reviste con un halo de (auto)engaño para poder sobrellevar sus actos.  

La disonancia cognitiva no tiene nada que ver con el cinismo o con la manipulación psicológica extrema (la que desemboca en el gaslighting por ejemplo). Y no es así porque en estas acciones (aunque nos cueste creerlo) siempre hay un factor consciente, un plan premeditado y un egoísmo exacerbado que lleva a la destrucción del otro para favorecer a quien lo ejerce. Esto es sencillamente, maldad. Sin embargo, en el tema que nos ocupa, la persona que sufre de esta condición de manera extrema lleva en sí un gran dolor y sufrimiento.  

La disonancia cognitiva son las excusas perfectas que mandamos a nuestra mente para no hacer aquello que sabemos que nos favorece aunque para ello tengamos que hacer un esfuerzo espiritual, mental o físico. Es ese no tengo tiempo para adoptar hábitos saludables (salir a la naturaleza, hacer deporte, llevar una dieta sana, poner orden en nuestra vida…) Va más allá de la base en la que se asienta nuestra zona de confort, ya que cuando nos instalamos aquí vamos procrastinando constantemente en nuestro crecimiento personal. El resultado es quedarse en una rutina que va conquistando progresivamente el miedo al cambio.  

Más ejemplos de disonancia cognitiva en el amor y en el plano sentimental

Aquí es donde hay un interés creciente en los últimos años porque hay terapeutas que asimilan la disonancia cognitiva con la pasión del enamorado. Sería un poco esa locura transitoria de la que ya hablan los clásicos. La disonancia cognitiva puede justificar un Complejo de Cenicienta o un Síndrome de Peter Pan y también algo tan peligroso como conductas de maltrato hacia el otro o hacia uno mismo. 

En estos casos se legitima los actos del otro con el auto engaño de que va a cambiar, de que no hemos visto algo que a todos luces es inadmisible… cuando el que está enfrente se comporta egoístamente o, literalmente, hace daño. En estos casos (y se ve en las víctimas de violencia de género) la disonancia cognitiva entra en el terreno de juego para justificar ciertos actos con “él o ella no es así”, “han sido las circunstancias” o, más peligroso aún “la culpa es mía”. En esta última afirmación se combinan (en un cóctel altamente destructivo) la autoestima baja con el proceso emocional de la disonancia cognitiva. 

Y desafortunadamente también entra en acción a la hora de legitimar nuestros propios actos mandando constantemente una información errónea al cerebro. Así vamos alimentando nuestro ego cada vez más con estas disrupciones engordando conductas que ni nos hacen bien ni tampoco a los que están alrededor. Un caso que se pone como ejemplo es el de la persona infiel a la pareja que, antes, durante y después de haber engañado a quien depositó su confianza inventa excusas de todo tipo. Aunque algunos de estos extremos sea cierto, la disonancia cognitiva entra en acción cuando da carta blanca para actuar de una manera innoble. Ten siempre en cuenta que las personas valientes que lidian a diario con sus demonios están en la otra escala de esta condición. Esta se alimenta de la cobardía, de hacer las cosas a escondidas, de la mentira, de la ocultación, de no afrontar los problemas y la realidad.  

La disonancia cognitiva en algunos procesos psicológicos como la anorexia

Las personas instaladas en esta terrible problemática suelen ser niños, jóvenes o adultos con otras cargas emocionales que continuamente ven una distorsión de su realidad. Si bien es verdad que detrás de la anorexia, la bulimia o los trastornos de alimentación hay una problemática compleja en el que se une el deseo de control, la culpa con el afán de superación por el camino no adecuado, también actúa la disonancia cognitiva. Esto es, el autoengaño llega a tal extremo que, al visualizar la imagen física en el espejo, la mente devuelve otra totalmente ajena a la realidad contrastada. 

En estos casos, psicólogos expertos utilizan las mismas herramientas de las que se vale la disonancia cognitiva pero volviéndola a favor del individuo. En terapias grupales se intenta hacer ver el engaño y la mentira de esta concepción. Con estas técnicas (de profesional y que va más allá de estas notas informativas) se intenta mandar al cerebro y al inconsciente otra información distinta. Esto produce un choque en el individuo afectado que, en algunos casos y cuando la terapia funciona, es capaz de ver ante sus ojos la realidad de sus actos. Esta verdad es el primer camino para asumir cuál es la problemática, primera piedra para la sanación sin la que no es posible la felicidad.  

Procrastinar en asuntos importes o la instalación en la zona de confort 

Ni que decir tiene que sin llegar a estos extremos en los que la disonancia cognitiva se hace con todo el sistema psicológico de la persona hasta su completa destrucción. Es el caso de los trastornos alimentarios graves, en las adicciones o en las conductas temerarias en extremo. Casi a diario nos encontramos con acciones en al que nuestra mente nos engaña llevándonos por el camino que, a todas luces, sabemos que no debemos tomar. Lo hace cuando se llama a ese ex que reconocemos que solo nos metió en un infierno, cuando no nos embarcamos en los hábitos saludables, cuando nos dejamos resbalar por una pereza insana (está la sana necesaria para recoger fuerzas), cuando nos negamos a aceptar aquello que no nos interesa, cuando nos inventamos excusas de todo tipo… La lista es tan larga que llega casi al infinito de los recovecos del alma humana.  

Salir de la disonancia cognitiva (o al menos reconocerla en primera instancia) es el primer paso para un avance en el plano personal que requiere una mínima dosis de valentía. El único camino es una auto-evaluación que pasa por un reconocimiento tanto de nuestras capacidades como de las fortalezas pasando por todo lo que actúa como disruptor. Si proponerse el cambio es el primer paso, hay que hacer un movimiento hacia el frente venciendo el miedo para alcanzar la superación personal.  

Entonces, ¿puede ser la disonancia cognitiva un elemento para nuestro superación personal? 

Sí, sin lugar a dudas, cuando se reconoce y se trabaja para que no domine cualquier acto de nuestra vida. Sabemos que en todos los ámbitos en los que actúa el ser humano nada existe hasta que no se nombra. Esta realidad, condición o desencadenante fue propuesta por primera vez en 1957 por Leon Festinger en su obra Teoría de la disonancia cognitiva que trabajó en el campo de lo social. Esto es, también puede actuar a nivel colectivo justificando actos, acciones, regímenes o conductas a todas luces perversas o malintencionadas. Bajo este prisma se entiende ese mirar para otro lado, ese no querer saber, el no actuar ante situaciones tremendas que pueden ir desde el bullying en el colegio, el acoso en el trabajo hasta los genocidios más atroces. El proceso emocional es el mismo. 

Por eso, se hace importante estar atentos a estas trampas que nos pone el cerebro, el alma o el espíritu para no dejarnos avanzar como personas. Así que ya sabes: cada vez que te pilles en un autoengaño o en una justificación que apenas se sostiene, acuérdate del término: disonancia cognitiva. Es un enemigo agazapado y cotidiano que te va ir tirando para abajo en tu crecimiento como persona cuando tú, a nivel consciente, te has propuesto ir hacia arriba siempre. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Y especialmente cuando encadenas una tras otra. Las relaciones tóxicas son la cara más cruel de aquello que tú creías un cuento de hadas y se convirtió en un auténtico infierno. En ocasiones, detrás nos encontramos a un verdadero psicópata (hombre o mujer) que se las apaña para absorber toda la energía anímica del otro. Sea como fuere, en este tipo de vínculo el resultado siempre es el mismo.  Ninguno de los miembros puede crecer como persona convirtiendo la convivencia en una cárcel de tristeza y, a veces, en una espesura de violencia psíquica o, lo que es peor, física. Adelanto, que, en ocasiones, cuando el daño es muy profundo, no basta con “saber” de manera general qué ha sucedido informándote como estás haciendo ahora. Desafortunadamente, cuando la persona se encuentra en un estado de abatimiento que es imposible continuar con su vida o tropieza demasiadas veces en piedras parecidas o iguales, es imprescindible la terapia psicológica. Dicho esto, siempre te va a ayudar a salir adelante si tienes un pequeño manual de instrucciones que te recuerde, de alguna manera u otra, qué no debes hacer nunca y hacia donde sí debes encaminar tus pasos. 

Empecemos por el principio, definiendo las relaciones tóxicas 

En esencia, son aquellas en las que uno de su miembros o todos no pueden crecer como personas debido al ambiente que se ha creado. Estas no tienen por qué solo ser a nivel de pareja sino que también se pueden desarrollar en cualquier ámbito en el que concurran varios individuos. Hay familias tóxicas empeñadas en ningunear a uno, varios o a todos sus miembros donde la cooperación que se espera se convierte en una competición feroz cuando no en una batalla emocional diaria. Este tipo de situaciones son especialmente dañinas cuando en el vértice de la pirámide se encuentra una madre narcisista, progenitores descuidados o padres enganchados a cualquier sustancia, desde el alcohol hasta la ludopatía. Los pequeños que crecen en estos ambientes no logran hacer valer sus propias emociones y tienen muchas posibilidades, en el futuro, de adultos, de anteponer las necesidades de los demás a las suyas propias de manera patológica. A la larga, este tipo de personas van generando una creciente indefensión aprendida que son el caldo de cultivo para caer en relaciones tóxicas constantes. 

En el ámbito de pareja siempre se produce cuando uno (o los dos) se conduce de una manera tan egoísta (a veces narcisista) que no deja espacio de crecimiento al otro. En esta situación se abren las puertas para que entren los celos a raudales, los intentos de control al otro, la negación del mínimo apoyo, las peleas a diario y la infelicidad más grande. ¿Cómo puede alguien soportar este tipo de maltrato? La respuesta es complicada y, a la vez, sencilla. Quienes se han acostumbrado desde pequeño a vivir en ambientes infectados de falta de empatía llegan incluso a justificar este tipo de actitudes. ¡Y de ninguna manera pueden ser defendidas! Por eso tienes que tener en cuenta siempre que si el otro no logra congeniar con tus necesidades (emocionales, físicas o vitales) y la falta de respeto (con ironías, insultos velados o críticas constantes) se ha instalado en la convivencia, no queda más remedio que la separación. 

¿Por qué caigo una y otra vez en relaciones tóxicas y degradantes? 

Tal como he anotado un poco más arriba, se puede dar una combinación de factores que no ayudan a ver este tipo de relaciones hasta que ha pasado mucho tiempo. A veces, nos encontramos con hijos de por medio que son víctimas directas. Por eso es importante preguntarte si estás en estas circunstancias.  

1.- Si has vivido en un mal ambiente en tu infancia en el que nunca han tenido en cuenta tus necesidades emocionales, es muy fácil que se instale en ti un profundo sentimiento de culpa por exponer lo que sientes. Desafortunadamente, hay personas expertas en localizar a estos seres vulnerables que no saben decir no y poner límites sencillamente porque no han aprendido a ello. Este tipo de psicópatas se presentan, al inicio, como verdaderos príncipes o princesas azules para, más pronto que tarde, se las apañan para hacer un pozo de tristeza de la convivencia diaria. Este es el extremo más grave de las relaciones tóxicas ya que, a veces, acaban devastando a las víctimas. Ni que decir tiene que, nada más darte cuenta de que estás ante un depredador de este tipo, tienes que pedir ayuda externa. 

 

2.- La cultura imperante hasta ahora en la que el machismo era una constante no ayudaba a ciertos perfiles psicológicos femeninos a estar prevenidas sobre estas relaciones. Y todo ello sin contar la violencia de género más alarmante y descarada con víctimas casi a diario. Hasta hace nada se educaba a la mujer para que formara una familia sí o sí, eligiera un marido y se condujera según unos principios de sumisión. Esto ha ido calando hondo aunque estemos quitando capas en los últimos años. Según las familias y la personalidad de cada una, se puede generar un auténtico Complejo de Cenicienta. Esto es, se busca fuera (en el otro, en la pareja) lo que está en nuestro interior pervirtiendo la convivencia a tal extremo que se generan relaciones tóxicas si no se pone freno a esta actitud.  

3.- La falta de autoestima (por las razones que sean) tampoco ayuda. Si no nos consideramos merecedores de amor, con toda probabilidad nos vamos a conformar con migajas. Y aquí entran los expertos en generar relaciones tóxicas simplemente haciendo valer el egoísmo más brutal.   

4.- La cultura competitiva actual y el estrés enquistado tampoco ayuda a llevar una vida de pareja saludable. Uno dice una cosa, otro responde. El cansancio hace mella. Nos ponemos una coraza y empieza la pelea. En este punto hay que tener muy claro qué significa una relación que nunca puede estar basada en el “yo más” o en el “tú que haces”.   

 

5.- Otro factor es la inmadurez emocional de algunas personas que forman una pareja o, lo que es un peor, una familia sin estar preparado para ello. En este tipo de relaciones tóxicas se encuentran padres de familia con el Síndrome de Peter Pan, mujeres con miedo extremo a la soledad, personas superficiales que no son capaces de sentir la grandeza que hay en la ayuda al otro, egoístas con actitudes infantiles cuando no progenitores experimentando a diario de manera peligrosa con drogas legales o ilegales. Todo ello no permite una convivencia pacífica y enriquecedora en el que cada uno aporte lo mejor de sí. Es más, con toda probabilidad saldrá lo peor de cada uno.  

Dejando atrás ambientes tóxicos

Si esto fuera poco, hay más circunstancias que pueden hacer saltar por los aires cualquier convivencia.  Llegados a este punto, cuando se ha intentando la reconciliación y esta no es posible, la única salida posible son los caminos separados y divergentes. Es más, en casos extremos solo queda la opción de contacto cero para no volver a repetir circunstancias que nos pueden seguir haciendo daño. Ahora bien, cómo se hace para que cada uno cargue con su propia mochila. Ni que decir tiene que cada persona es un mundo y todo dependerá de las circunstancias y las fortalezas propias. Sin embargo, sí tenemos unas líneas comunes que nos van a ayudar a salir de esta situación. Anota estas ideas como norma general que siempre te van a hacer bien. 

1.- Cuídate. Es la primera máxima. No te dejes para el último o la última. Aquello que deseas no tiene por qué ser egoísta. 

2.- Dicho esto: pregúntate. Y hazlo siempre. Lo mismo eres tú el detonante de la relación tóxica. Interrógate qué ha pasado para que todo haya salido mal.

3.- No caigas en la culpa y practica el perdón contigo mismo y con el otro. Eso no implica que te dejes pisotear de nuevo o que te deslices por el camino de la venganza. Haz todo el esfuerzo posible por estar en tu sitio, por defender tu centro, por cuidar tu alma. Respeta los límites tanto los tuyos como el del otro.  

4.- Cultiva la soledad y no le tengas miedo. En esos momentos, en los que estés en comunicación con tu ser interior encontrarás muchas respuestas a tus preguntas. Aprende a disfrutar de tu sola compañía y entrénate para ser libre.

5.- Haz aquello que siempre has deseado y persigue tus sueños sin tener por qué contar con la bendición, permiso o muleta de los demás.  

6.- Si tienes hijos, no dejes que ellos entren en la espiral de las relaciones tóxicas. Háblales con madurez y muéstrate ante ellos como el ser de luz que eres.  

7.- Al principio, estarás atrapad@ en la tristeza. Haz cosas que te hagan bien, que te diviertan, que te serenen o que te den paz. Cuida tu cuerpo en todos los aspectos: aliméntate bien y haz deporte en la medida de tus posibilidades físicas, intenta descansar y no permitas que te envenenen con actitudes negativas.  

8.- Si has necesitado alguna ayuda con fármacos para salir de este bache, pídele a tu médico que te los vaya retirando en cuanto estés mejor. Hay algunas formulaciones que te hacen un desdoblamiento del espíritu del que es muy difícil salir. Cuanto menos tiempo estés aquí, mucho mejor.  

 

9.- Deja espacio para ti siempre. Parece una tontería que nada tiene que ver a la hora de salir de situaciones tan graves, pero este es el primer paso para poder dar los siguientes. Si andas siempre en un correquetecorre con estrés y sin un solo minuto para ti es muy difícil que puedas romper esta espiral. 

10.- Enamórate de la naturaleza y el mar. Aquí encontramos a veces la energía que nos falta para tomar medidas difíciles.  

Cómo sanar tras relaciones tóxicas 

La persona que logra salir de aquí, normalmente cuando se trata de una pareja, se encuentra al pronto entre devastada y agotada anímicamente. No encuentra ese mínimo de rayo vital que necesita para salir adelante con su vida. Las relaciones tóxicas actúan como los vampiros emocionales, chupando y extrayendo toda luz de tal manera que, al terminar con el proceso, solo ves oscuridad. Y cuando digo oscuridad digo pesimismo y derrota. Por eso, es importante que intentes agarrarte al mínimo rayo de esperanza que tengas y repítete que de esta vas a salir. Sin esa ilusión por un mañana mejor, a veces, es complicado afrontar el presente. Para tu información y siempre con miras en esa fortaleza que debes sacar en esta situación, ya te digo que hay muchas personas que al salir de relaciones tóxicas han echado mano de resilencia, saliendo, por tanto, fortalecidas de este trance. Como norma general, aunque tengas que buscar acompañamiento psicológico, ten en cuenta lo siguiente: 

1.- No te culpes por lo que pasó o dejara de pasar, si hiciste o dejaste de hacer. Céntrate en el presente siempre con miras en un mañana mucho mejor.  

2.- Aprende a perdonar y a perdonarte. Eso no significa olvido. Es más, no te hace bien olvidar lo que pasó porque esa es la puerta para repetir la misma situación. El perdonar es el primer paso para la sanación y está muy relacionado con el pasar página. Eso sí, es imprescindible que aprendas la lección que la vida ha querido darte (o no has tenido más remedio que aceptar). 

3.- Cambia de aires. Aunque hay personas que se aferran a los mismos lugares, relaciones, situaciones y rutinas, lo mejor es abrir (en la medida de tus posibilidades) el espectro de amistades. No tengas miedo a una mudanza o, incluso, a probar suerte con otro trabajo.  

4.-  Eso no significa que dejes de cultivar los amigos verdaderos que siempre estuvieron ahí. Es más, llegado a este punto seguro que te habrás dado cuenta de quienes son los válidos y quienes estaban por interés.  

5.- No tengas miedo a la soledad. Es más, búscala de vez en cuando. Así podrás re-encontrarte con tu esencia sin interferencias. Es el único camino posible para alcanzar la serenidad tras los malos momentos.  

6.- Bajo ningún concepto, te regodees en el pasado y en tu (posible) papel de víctima. Esto solo sirve para seguir con la espiral hasta el infinito. Mira siempre al futuro. Toma las riendas de tu vida e intenta salir adelante con esa herida. Ten como meta la libertad de espíritu.  

7.- Piensa, cree y convéncete firmemente que esa herida que te han dejado te va a hacer una persona más fuerte y que, a partir de ahora, podrás ver la realidad desde otra perspectiva, una más acorde a tu salud emocional.  

8.- Cuídate y mímate siempre. No tengas miedo a hacer cosas nuevas que tampoco tienen que ser muy difíciles o imposibles. Simplemente vale con enfrentarte a todo aquello que te da miedo. 

9.- Pide ayuda si sientes que la tristeza se apodera de ti. Esto vale para hacer frente a la hora de salir de relaciones tóxicas o de cualquier otro tipo de etapa complicada.  

10.- No tengas prisa por iniciar otra nueva relación. Eso puede empeorar la situación, si se hace demasiado pronto. Y, ni mucho menos, hagas cosas por darle envidia o chinchar a tu ex. Céntrate en ti y olvídate de lo que piensa, siente o está diciendo. Convéncete que ya no forma parte de tu vida y, por tanto, ni tienes que justificarte ni exhibirte. Este un aviso a los navegantes empedernidos de las redes sociales que se lanzan a colocar fotos a diestro y siniestro para que vean lo bien que les va. Eso solo consumirá un tiempo valioso que puedes utilizar para algo útil.  

¿Qué hago para no caer de nuevo en esta situación? 

Lo más importante es tomar conciencia de lo que te ha pasado. Intentar ver y entender cómo has llegado hasta aquí, qué situaciones propiciaron estas relaciones tóxicas. Una vez has aceptado lo que ha sucedido, lo mejor es pasar página pero no a tontas y a locas. Es importante que te comprendas y que te conozcas, que reconozcas cuáles son tus puntos débiles y por dónde pueden deslizarse gente tóxica o mal intencionada para volver otra vez a esta situación. Como norma general es importante la distancia, tanto física como en el tiempo. Es fundamental que te distancies lo más posible de esa persona que te ha hecho daño o que ha convertido un infierno una etapa de tu vida. De este emplazamiento es más fácil ver y reconocer cuáles son las acciones que ha utilizado para que todo se haya desarrollado de la peor manera. Para ello vas a necesitar una buena dosis de soledad, de mirar en tu interior, de meses o años antes de volver a encontrar a esa persona con la que puedas crecer espiritualmente sin sobresaltos abruptos. 

Ante la duda, si te llegas a preguntar si estás en una relación tóxica de nuevo, para, lee, estudia, mírate y ve despacio. Las personas que son dadas a la manipulación siempre quieren que vaya todo muy rápido y antes de que te des cuenta estás atrapad@ en una montaña rusa de sentimientos contradictorios. La tranquilidad (en todos los aspectos) va a ser tu aliada. Búscala y, a la par, refúgiate en tu centro.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

  

 

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Y especialmente cuando encadenas una tras otra. Las relaciones tóxicas son la cara más cruel de aquello que tú creías un cuento de hadas y se convirtió en un auténtico infierno. En ocasiones, detrás nos encontramos a un verdadero psicópata (hombre o mujer) que se las apaña para absorber toda la energía anímica del otro. Sea como fuere, en este tipo de vínculo el resultado siempre es el mismo.  Ninguno de los miembros puede crecer como persona convirtiendo la convivencia en una cárcel de tristeza y, a veces, en una espesura de violencia psíquica o, lo que es peor, física. Adelanto, que, en ocasiones, cuando el daño es muy profundo, no basta con “saber” de manera general qué ha sucedido informándote como estás haciendo ahora. Desafortunadamente, cuando la persona se encuentra en un estado de abatimiento que es imposible continuar con su vida o tropieza demasiadas veces en piedras parecidas o iguales, es imprescindible la terapia psicológica. Dicho esto, siempre te va a ayudar a salir adelante si tienes un pequeño manual de instrucciones que te recuerde, de alguna manera u otra, qué no debes hacer nunca y hacia donde sí debes encaminar tus pasos. 

Empecemos por el principio, definiendo las relaciones tóxicas 

En esencia, son aquellas en las que uno de su miembros o todos no pueden crecer como personas debido al ambiente que se ha creado. Estas no tienen por qué solo ser a nivel de pareja sino que también se pueden desarrollar en cualquier ámbito en el que concurran varios individuos. Hay familias tóxicas empeñadas en ningunear a uno, varios o a todos sus miembros donde la cooperación que se espera se convierte en una competición feroz cuando no en una batalla emocional diaria. Este tipo de situaciones son especialmente dañinas cuando en el vértice de la pirámide se encuentra una madre narcisista, progenitores descuidados o padres enganchados a cualquier sustancia, desde el alcohol hasta la ludopatía. Los pequeños que crecen en estos ambientes no logran hacer valer sus propias emociones y tienen muchas posibilidades, en el futuro, de adultos, de anteponer las necesidades de los demás a las suyas propias de manera patológica. A la larga, este tipo de personas van generando una creciente indefensión aprendida que son el caldo de cultivo para caer en relaciones tóxicas constantes. 

En el ámbito de pareja siempre se produce cuando uno (o los dos) se conduce de una manera tan egoísta (a veces narcisista) que no deja espacio de crecimiento al otro. En esta situación se abren las puertas para que entren los celos a raudales, los intentos de control al otro, la negación del mínimo apoyo, las peleas a diario y la infelicidad más grande. ¿Cómo puede alguien soportar este tipo de maltrato? La respuesta es complicada y, a la vez, sencilla. Quienes se han acostumbrado desde pequeño a vivir en ambientes infectados de falta de empatía llegan incluso a justificar este tipo de actitudes. ¡Y de ninguna manera pueden ser defendidas! Por eso tienes que tener en cuenta siempre que si el otro no logra congeniar con tus necesidades (emocionales, físicas o vitales) y la falta de respeto (con ironías, insultos velados o críticas constantes) se ha instalado en la convivencia, no queda más remedio que la separación. 

¿Por qué caigo una y otra vez en relaciones tóxicas y degradantes? 

Tal como he anotado un poco más arriba, se puede dar una combinación de factores que no ayudan a ver este tipo de relaciones hasta que ha pasado mucho tiempo. A veces, nos encontramos con hijos de por medio que son víctimas directas. Por eso es importante preguntarte si estás en estas circunstancias.  

1.- Si has vivido en un mal ambiente en tu infancia en el que nunca han tenido en cuenta tus necesidades emocionales, es muy fácil que se instale en ti un profundo sentimiento de culpa por exponer lo que sientes. Desafortunadamente, hay personas expertas en localizar a estos seres vulnerables que no saben decir no y poner límites sencillamente porque no han aprendido a ello. Este tipo de psicópatas se presentan, al inicio, como verdaderos príncipes o princesas azules para, más pronto que tarde, se las apañan para hacer un pozo de tristeza de la convivencia diaria. Este es el extremo más grave de las relaciones tóxicas ya que, a veces, acaban devastando a las víctimas. Ni que decir tiene que, nada más darte cuenta de que estás ante un depredador de este tipo, tienes que pedir ayuda externa. 

 

2.- La cultura imperante hasta ahora en la que el machismo era una constante no ayudaba a ciertos perfiles psicológicos femeninos a estar prevenidas sobre estas relaciones. Y todo ello sin contar la violencia de género más alarmante y descarada con víctimas casi a diario. Hasta hace nada se educaba a la mujer para que formara una familia sí o sí, eligiera un marido y se condujera según unos principios de sumisión. Esto ha ido calando hondo aunque estemos quitando capas en los últimos años. Según las familias y la personalidad de cada una, se puede generar un auténtico Complejo de Cenicienta. Esto es, se busca fuera (en el otro, en la pareja) lo que está en nuestro interior pervirtiendo la convivencia a tal extremo que se generan relaciones tóxicas si no se pone freno a esta actitud.  

3.- La falta de autoestima (por las razones que sean) tampoco ayuda. Si no nos consideramos merecedores de amor, con toda probabilidad nos vamos a conformar con migajas. Y aquí entran los expertos en generar relaciones tóxicas simplemente haciendo valer el egoísmo más brutal.   

4.- La cultura competitiva actual y el estrés enquistado tampoco ayuda a llevar una vida de pareja saludable. Uno dice una cosa, otro responde. El cansancio hace mella. Nos ponemos una coraza y empieza la pelea. En este punto hay que tener muy claro qué significa una relación que nunca puede estar basada en el “yo más” o en el “tú que haces”.   

 

5.- Otro factor es la inmadurez emocional de algunas personas que forman una pareja o, lo que es un peor, una familia sin estar preparado para ello. En este tipo de relaciones tóxicas se encuentran padres de familia con el Síndrome de Peter Pan, mujeres con miedo extremo a la soledad, personas superficiales que no son capaces de sentir la grandeza que hay en la ayuda al otro, egoístas con actitudes infantiles cuando no progenitores experimentando a diario de manera peligrosa con drogas legales o ilegales. Todo ello no permite una convivencia pacífica y enriquecedora en el que cada uno aporte lo mejor de sí. Es más, con toda probabilidad saldrá lo peor de cada uno.  

Dejando atrás ambientes tóxicos

Si esto fuera poco, hay más circunstancias que pueden hacer saltar por los aires cualquier convivencia.  Llegados a este punto, cuando se ha intentando la reconciliación y esta no es posible, la única salida posible son los caminos separados y divergentes. Es más, en casos extremos solo queda la opción de contacto cero para no volver a repetir circunstancias que nos pueden seguir haciendo daño. Ahora bien, cómo se hace para que cada uno cargue con su propia mochila. Ni que decir tiene que cada persona es un mundo y todo dependerá de las circunstancias y las fortalezas propias. Sin embargo, sí tenemos unas líneas comunes que nos van a ayudar a salir de esta situación. Anota estas ideas como norma general que siempre te van a hacer bien. 

1.- Cuídate. Es la primera máxima. No te dejes para el último o la última. Aquello que deseas no tiene por qué ser egoísta. 

2.- Dicho esto: pregúntate. Y hazlo siempre. Lo mismo eres tú el detonante de la relación tóxica. Interrógate qué ha pasado para que todo haya salido mal.

3.- No caigas en la culpa y practica el perdón contigo mismo y con el otro. Eso no implica que te dejes pisotear de nuevo o que te deslices por el camino de la venganza. Haz todo el esfuerzo posible por estar en tu sitio, por defender tu centro, por cuidar tu alma. Respeta los límites tanto los tuyos como el del otro.  

4.- Cultiva la soledad y no le tengas miedo. En esos momentos, en los que estés en comunicación con tu ser interior encontrarás muchas respuestas a tus preguntas. Aprende a disfrutar de tu sola compañía y entrénate para ser libre.

5.- Haz aquello que siempre has deseado y persigue tus sueños sin tener por qué contar con la bendición, permiso o muleta de los demás.  

6.- Si tienes hijos, no dejes que ellos entren en la espiral de las relaciones tóxicas. Háblales con madurez y muéstrate ante ellos como el ser de luz que eres.  

7.- Al principio, estarás atrapad@ en la tristeza. Haz cosas que te hagan bien, que te diviertan, que te serenen o que te den paz. Cuida tu cuerpo en todos los aspectos: aliméntate bien y haz deporte en la medida de tus posibilidades físicas, intenta descansar y no permitas que te envenenen con actitudes negativas.  

8.- Si has necesitado alguna ayuda con fármacos para salir de este bache, pídele a tu médico que te los vaya retirando en cuanto estés mejor. Hay algunas formulaciones que te hacen un desdoblamiento del espíritu del que es muy difícil salir. Cuanto menos tiempo estés aquí, mucho mejor.  

 

9.- Deja espacio para ti siempre. Parece una tontería que nada tiene que ver a la hora de salir de situaciones tan graves, pero este es el primer paso para poder dar los siguientes. Si andas siempre en un correquetecorre con estrés y sin un solo minuto para ti es muy difícil que puedas romper esta espiral. 

10.- Enamórate de la naturaleza y el mar. Aquí encontramos a veces la energía que nos falta para tomar medidas difíciles.  

Cómo sanar tras relaciones tóxicas 

La persona que logra salir de aquí, normalmente cuando se trata de una pareja, se encuentra al pronto entre devastada y agotada anímicamente. No encuentra ese mínimo de rayo vital que necesita para salir adelante con su vida. Las relaciones tóxicas actúan como los vampiros emocionales, chupando y extrayendo toda luz de tal manera que, al terminar con el proceso, solo ves oscuridad. Y cuando digo oscuridad digo pesimismo y derrota. Por eso, es importante que intentes agarrarte al mínimo rayo de esperanza que tengas y repítete que de esta vas a salir. Sin esa ilusión por un mañana mejor, a veces, es complicado afrontar el presente. Para tu información y siempre con miras en esa fortaleza que debes sacar en esta situación, ya te digo que hay muchas personas que al salir de relaciones tóxicas han echado mano de resilencia, saliendo, por tanto, fortalecidas de este trance. Como norma general, aunque tengas que buscar acompañamiento psicológico, ten en cuenta lo siguiente: 

1.- No te culpes por lo que pasó o dejara de pasar, si hiciste o dejaste de hacer. Céntrate en el presente siempre con miras en un mañana mucho mejor.  

2.- Aprende a perdonar y a perdonarte. Eso no significa olvido. Es más, no te hace bien olvidar lo que pasó porque esa es la puerta para repetir la misma situación. El perdonar es el primer paso para la sanación y está muy relacionado con el pasar página. Eso sí, es imprescindible que aprendas la lección que la vida ha querido darte (o no has tenido más remedio que aceptar). 

3.- Cambia de aires. Aunque hay personas que se aferran a los mismos lugares, relaciones, situaciones y rutinas, lo mejor es abrir (en la medida de tus posibilidades) el espectro de amistades. No tengas miedo a una mudanza o, incluso, a probar suerte con otro trabajo.  

4.-  Eso no significa que dejes de cultivar los amigos verdaderos que siempre estuvieron ahí. Es más, llegado a este punto seguro que te habrás dado cuenta de quienes son los válidos y quienes estaban por interés.  

5.- No tengas miedo a la soledad. Es más, búscala de vez en cuando. Así podrás re-encontrarte con tu esencia sin interferencias. Es el único camino posible para alcanzar la serenidad tras los malos momentos.  

6.- Bajo ningún concepto, te regodees en el pasado y en tu (posible) papel de víctima. Esto solo sirve para seguir con la espiral hasta el infinito. Mira siempre al futuro. Toma las riendas de tu vida e intenta salir adelante con esa herida. Ten como meta la libertad de espíritu.  

7.- Piensa, cree y convéncete firmemente que esa herida que te han dejado te va a hacer una persona más fuerte y que, a partir de ahora, podrás ver la realidad desde otra perspectiva, una más acorde a tu salud emocional.  

8.- Cuídate y mímate siempre. No tengas miedo a hacer cosas nuevas que tampoco tienen que ser muy difíciles o imposibles. Simplemente vale con enfrentarte a todo aquello que te da miedo. 

9.- Pide ayuda si sientes que la tristeza se apodera de ti. Esto vale para hacer frente a la hora de salir de relaciones tóxicas o de cualquier otro tipo de etapa complicada.  

10.- No tengas prisa por iniciar otra nueva relación. Eso puede empeorar la situación, si se hace demasiado pronto. Y, ni mucho menos, hagas cosas por darle envidia o chinchar a tu ex. Céntrate en ti y olvídate de lo que piensa, siente o está diciendo. Convéncete que ya no forma parte de tu vida y, por tanto, ni tienes que justificarte ni exhibirte. Este un aviso a los navegantes empedernidos de las redes sociales que se lanzan a colocar fotos a diestro y siniestro para que vean lo bien que les va. Eso solo consumirá un tiempo valioso que puedes utilizar para algo útil.  

¿Qué hago para no caer de nuevo en esta situación? 

Lo más importante es tomar conciencia de lo que te ha pasado. Intentar ver y entender cómo has llegado hasta aquí, qué situaciones propiciaron estas relaciones tóxicas. Una vez has aceptado lo que ha sucedido, lo mejor es pasar página pero no a tontas y a locas. Es importante que te comprendas y que te conozcas, que reconozcas cuáles son tus puntos débiles y por dónde pueden deslizarse gente tóxica o mal intencionada para volver otra vez a esta situación. Como norma general es importante la distancia, tanto física como en el tiempo. Es fundamental que te distancies lo más posible de esa persona que te ha hecho daño o que ha convertido un infierno una etapa de tu vida. De este emplazamiento es más fácil ver y reconocer cuáles son las acciones que ha utilizado para que todo se haya desarrollado de la peor manera. Para ello vas a necesitar una buena dosis de soledad, de mirar en tu interior, de meses o años antes de volver a encontrar a esa persona con la que puedas crecer espiritualmente sin sobresaltos abruptos. 

Ante la duda, si te llegas a preguntar si estás en una relación tóxica de nuevo, para, lee, estudia, mírate y ve despacio. Las personas que son dadas a la manipulación siempre quieren que vaya todo muy rápido y antes de que te des cuenta estás atrapad@ en una montaña rusa de sentimientos contradictorios. La tranquilidad (en todos los aspectos) va a ser tu aliada. Búscala y, a la par, refúgiate en tu centro.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

  

 

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Han existido desde siempre desbaratando vidas con golpes físicos y emocionales. No son más abundantes o frecuentes que antes. Más bien, incluso, todo lo contrario conforme se conocen sus mañas y maneras para hacer daño ya que se van acorralando de algún modo u otro. Con eso se impide que sigan alimentándose de más víctimas, a veces, de extrema vulnerabilidad como los ancianos o los niños pequeños. Bien es verdad que los psicópatas extienden sus redes en todos los ámbitos de la vida haciéndose fuertes especialmente en los cuatro muros del hogar, pero eso, desgraciadamente, no quita para que también lo encontremos en otras áreas de la vida. De hecho, aunque juegan al despiste, que esta es una de sus características, las personas tóxicas que entran en esta categoría lo son en todos los aspectos vitales. No lo son con unos y con otros no. Su forma de conducirse es siempre la misma. Y, reitero, si hacen más daño en el hogar es porque allí se espera de sus miembros un mínimo de amor, comprensión y empatía que estos individuos no poseen. 

Lo que debes saber antes de empezar: cómo se comportan los psicópatas

Hay algunos que están en las cárceles porque han traspasado todas las líneas rojas, pero estos son una minoría. Desgraciadamente, la inmensa mayoría están integrados en la sociedad, algunos tanto que se consideran respetados padres de familia e, incluso, miembros brillantes de la sociedad. La triste verdad es otra, una más cruel que solo se conoce con el tiempo, a veces mucho (años o décadas). ¿Y eso por qué? Sencillamente por sus características. Y estas son las que siguen: 

1.- Se esconden bajo una máscara de buenas maneras

Y ponen especial celo en ello. De tal forma que los que están alrededor de sus víctimas ni de lejos sospechan que un ser así esté detrás de sonrisas educadas y modos corteses. Para ellos es fundamental que nadie sospeche lo que están haciendo desplegando sus tentáculos de destrucción incluso hasta llegar al gasligting o la destrucción total de su víctima.

2.- Los psicópatas son egoístas, egocéntricos y narcisistas

Todo ello y por ese orden, aunque no todas las personas con estas características llegan a este punto de personalidad, el cual es uno de los vértices de la conocida como triada oscura (los otros dos son el sadismo y el maquiavelismo). El psicópata es siempre un narcisista, un ser que solo mira sus necesidades sin importarle la de los demás, aunque en esos demás se incluyan sus propios hijos. Todo su mundo gira en lo que les conviene, les da placer o les interesa desechando sin piedad y contemplación cuando ya han usado a esa persona. 

3.- Usan los seres más vulnerables que están a su alrededor para conseguir sus fines

Por eso los psicópatas suelen elegir como parejas a personas con autoestima baja o que están pasando un mal momento o que han sido criadas en entornos de delación y han desarrollado indefensión aprendida. Tienen un radar especial para ello y no dudan de valerse de estos seres para conseguir lo que quieren. Puede ser placer, dinero, posición social o alguien que trabaje gratuitamente para ellos. A la par, se emplean en criar a hijos (si los llegan a tener) vulnerables que no pongan en duda su autoridad, su falso amor o que desarrollen las herramientas necesarias para desenmascararlos en un futuro.  Para ello no dudarán en machacar emocionalmente a sus vástagos haciéndolos sentir culpables por todo. Con ello se aseguran un ejército fiel de seguidores que les sirve para alimentar su ego.

4.- A los psicópatas solo les interesan ganar y el poder 

Aunque se les llene la boca de grandes palabras como amor, espíritu cívico, dignidad o moralidad, no llegan a comprender los pliegues de lo que estos grandes dones significan. Tanta es la cantidad de veneno que acumulan en su interior que no tienen ningún sentimiento de empatía, piedad o cariño. Todo ello es fingido. A poco que los vayas conociendo (desgraciadamente para ello se necesita tiempo) te darás cuenta que no se corresponde lo que dicen de boca para afuera con lo que hacen cuando las puertas se cierran. El fingimiento, por tanto, es una de sus armas fundamentales para sobreponerse a los otros.  

5.- De cara a la galería se esfuerzan por dar un aspecto agradable y amigable

Y esto es importante porque los psicópatas extienden sus redes allí donde no están identificados. Una vez te has dado cuenta lo que son tienen más difícil hacerte daño o exprimir tus dones al máximo. Por eso, ellos trabajan mucho sus formas, su aspecto físico e, incluso, pueden parecer extremadamente amables y educados. 

6.- No cambian y aún no se sabe muy bien cómo tratarlos 

Y aquí comienzo diciendo desde ya que ni lo intentes. Lo único que conseguirás es desgastarte hasta límites insanos o que descarguen sus iras (emocionales, psicológicas, físicas…) con más facilidad. De hecho, ya hay una corriente de psiquiatras (como el famoso Iñaki Piñuel, autor de Amor Zero) que abogan por no tratarlos en terapia. ¿Por qué? Porque ellos no pretenden el crecimiento personal, como cualquier otra persona que busca ayuda profesional, sino que van tomando herramientas para seguir extendiendo sus redes con más eficacia y de una forma más sibilina. Esto es, la supuesta terapia la utilizan para recoger más datos que luego utilizarán para manipular con más acierto a sus víctimas. 

7.- Los psicópatas no tienen remordimiento y no paran

Y esta es una de sus características principales, aparte de la falta absoluta de empatía. Es más, te harán creer una y otra vez que la responsabilidad de todo lo que pasa siempre es tuya. Además, son maestros en el arte de crear sentimientos de culpa, situaciones de extremo estrés para las personas que están a su alrededor y un ancho mar de infelicidad. Si, de alguna manera u otra, le intentas explicar que te sientes mal y que esto o aquello te ha dolido, te saldrá con la frase: “… es que tú eres muy sensible”… “no he hecho nada”… “todo te lo tomas a la tremenda”… Si te sientes dolido (y además cada día con más frecuencia), pon el sistema de alerta. Ese dolor es real y no inventado por ti. Quizás necesites desenmascarar a un psicópata.  

8.- Son vampiros emocionales que aíslan a sus víctimas de familia, amigos y vida social

Porque así los utilizan con mayor facilidad. En el amor encandilan a sus víctimas nada más conocerlas con unas artes de seducción afinadas pero que no se corresponden con un corazón generoso. Suelen hacer las cosas muy rápido, tanto que a la otra persona no le da tiempo a reaccionar, pensar o reflexionar. A poco que se dé cuenta se encontrará entre las cuatro paredes de la casa sin poder desarrollar una mínima vida social o laboral satisfactoria. Además, se las apaña para desbaratar cualquier plan de independencia del otro. Este tipo de hilos venenosos se extienden en todos los ámbitos de la vida: desde la familia tóxica que no permite crecer a sus miembros hasta los ambientes enrarecidos del trabajo. Aquí, además, encuentran su habitat natural para desplegar sus redes en aras a la productividad, profesionalidad o eficacia. 

Entonces, qué hago si tengo psicópatas en el trabajo 

Aunque pueda parecer lo contrario, aquí es un poco más fácil ya que siempre se puede cambiar de empleo o pedir un traslado. Eso sí, tendrás más difícil reconocer a estas personalidades por la esencia misma del entorno. Dificultad no implica imposibilidad. Por eso, vamos a intentar desbaratar sus planes. 

1.- Es difícil pero intenta que no te saquen de tus casillas

Ya sea un superior o un compañero. La calma les molesta así como las personas centradas que saben lo que quieren en la vida. Eso es como un espejo que les devuelve lo que no tienen. Se las apañan para hacer que hagas cosas a tontas y a locas o que falles a ojos de los otros. Por eso, debes tener siempre muy presente que ese es su problema y no el tuyo. Condúcete con honestidad y eficacia. Si es alguien que está bajo tus órdenes, en cuanto tengas oportunidad, sácalo del grupo. Este tipo de personalidades envenenan los mejores ambientes laborales. 

2.- A los psicópatas les molesta los seres con luz que brillan con su personalidad e ideas 

Por eso, no les de opción a que se apropie de tu trabajo o que se pongan medallas a tu costa. Si ves que algo así hace, ya lo tienes identificado y es necesario que te pongas a actuar cuanto antes. Además, si intuyen que eres una persona inteligente y creativa vas a ser el blanco de sus iras. No es cuestión de ocultar lo que vales (entonces estarían ganando de verdad) pero sí de ofrecerlo donde se valore abiertamente.  

3.- No te lo tomes como algo personal. Son ellos y no tú 

Como son maestros en generar culpa, te harán creer que toda la responsabilidad es tuya, que algo hay en ti que va mal. Cuida tu autoestima y no dudes en recurrir al empoderamiento para librarte de sus garras. Si te dice que eres tú y no acepta ninguna parte de responsabilidad en el asunto cuando, a las claras, se ve que hay algo, ten presente que te están manipulando, táctica en la que son maestros. El Síndrome del Burnout está creado, en buena parte, por personalidades de este tipo.  

4.- Pon límites de todo tipo para que no entren en tu espacio

En este sentido es importante que te alejes de confidencias  y que te inhibas de contar asuntos personales o los detalles de tu vida familiar. Los psicópatas se las apañan para enterarse de todo lo tuyo y no con la sana intención de ayudar (eso es lo que hacen creer) sino para tener datos en tu contra. No le des nunca esas herramientas. Cuando llegues a un sitio nuevo pon una barrera hasta conocer las intenciones de los que allí se encuentran. 

5.- Si no puedes manejar la situación, busca otro empleo, destino o departamento  

Porque, como hemos anotado, este tipo de personalidades no cambian nunca y, además, la única manera de alejarse de sus garras es poner tierra de por medio. Ten en cuenta que, en este caso la huida es una gran victoria y no una cobardía. 

Más difícil aún: cuando los psicópatas forman parte de tu vida personal

Desafortunadamente, aquí solo cabe el alejamiento y el contacto cero. Y las más de las veces no es una tarea fácil. Así que mientras eso llega o es posible ten en cuenta lo siguiente:

1.- Haz lo posible para que no lean tus emociones aunque sea difícil

No cuentes tus planes y prepárate si estás pensando en una separación o un divorcio. Llegado el momento no va a cooperar (como te hará creer) y te situará en una posición de extrema vulnerabilidad. Por eso, debes realizar esta retirada con discreción, sigilo y una gran dosis de inteligencia emocional.  

2.- No caigas en sus redes a través de la lástima o el perdón constante y no sincero 

Porque los psicópatas son maestros del apego tóxico, de un día te quiero y al otro te odio, de las reconciliaciones constantes, de los momentos de volver a intentar, de las nuevas oportunidades. Nada de eso funciona. Lo único que consiguen con esto es desbaratar emocionalmente aún más a sus víctimas y de seguir alimentando su narcisismo. Con estas tácticas van cogiendo ese poder que tanto buscan. No se lo des. Cuando hayas tomado la decisión de apartarte y del contacto cero (cuanto antes te des cuenta de la catadura del individuo que está delante), mucho mejor.  

3.- Pide ayuda para aumentar tu autoestima si hiciera falta

Y esta puede provenir de cualquier ámbito. No temas buscar un profesional de la psicología o hacerte con algún grupo de apoyo. Eso sí, si en un primer momento el acompañamiento es necesario, tienes que hacer un esfuerzo para ganar en empoderamiento constante y soltar amarras en cuanto puedas. Dentro de la ayuda también se encuentra el conocimiento: lee sobre el tema, pregunta, investiga, indaga… Cuanto más sepas, mejor saldrás de la situación. 

4.- Hazle creer que han ganado o, directamente, déjales hacerlo

Embarcarse en una guerra constante con estas personas es, simplemente, dejarse la vida en ello y muy pronto te darás cuenta. Por eso, es importante que alimentes tu independencia y libertad en todos los sentidos (económico, personal, anímico, vital, familiar…) y que pases página lo más pronto posible. Cuanto más tiempo estés en el enredo de los psicópatas, más tardarás en hacerte con las riendas de tu vida y caminar hacia la felicidad que mereces.

5.- Mientras te sientas vulnerable, no hables mal de él o ella 

Porque su ira se volverá contra ti. Recuerda que este tipo de perfiles oscuros cuidan mucho su imagen hacia los demás. En cuanto puedas (o la ocasión lo requiera) no dejes de desahogarte con personas de tu absoluta confianza. También debes tener cuidado con conocidos, relaciones o amigos mutuos. Este tipo de personas son expertos en crear bandos enfrentados entre sí.  

6.- Ten siempre presente que con los psicópatas solo cabe el contacto cero y el alejamiento: que esto sea tu meta 

Y no hay otra. Con ellos no valen las medias tintas, el ser amigos, el verse de vez en cuando… Si  accedes a ello, le sigues dando herramientas para la manipulación, el chantaje y que vuelva a utilizarte de una manera incluso más vil. Con este tipo de personas, cuanto menos hables mucho mejor.  

7.- Pon límites y no permitas que te chantajee 

En este reto de contacto cero, pon límites. Aunque tengáis hijos pequeños en común (lo más difícil de gestionar), no permitas que entre en tu espacio físico o emocional. Suelen enarbolar la bandera del bien común, pero tú ya sabes que eso no es verdad. Así que queda siempre en un lugar público y no permitas que envenene tu hogar, nuevas amistades (o antiguas) o tu esperanzador proyecto de vida.  

8.- Busca apoyo en la familia, los amigos e, incluso, en personal profesional

Porque de aquí no se sale solo. Los psicópatas dejan a sus víctimas hundidas emocionalmente por un buen tiempo y lo siguen intentando constantemente. Las herramientas para deshacerte de sus artes son complicadas y eso no se consigue de la noche a la mañana. Pide ayuda sin anclarte en el pesado. Recuerda que tu meta es convertirte en la mejor versión de ti mismo. 

9.- Céntrate en lo que verdaderamente importa para ti y no pienses en él o ella

Cuanto menos rumies, mucho mejor. Haz un plan de vida e intenta no apartarte mucho de lo que te has propuesto (para no caer en el desánimo). Analiza cuáles son tus puntos fuertes y cómo puedes empezar a andar sin esta persona en tu vida. En cuanto des el primer paso los otros serán más fáciles.  

10.- Los psicópatas dejan una huella imborrable en el alma. Utilízala para construir una mejor versión de ti mism@

Y es innegable. Sus heridas son tantas que es imposible borrar todas las cicatrices. Tú decides si quieres regodearte en ellas y no avanzar o ser como las piezas japonesas de Kintsugi. Aquí las roturas se pegan con oro líquido para conseguir un objeto aún más bello. El símil en el plano espiritual es la resilencia que te hace más fuerte y sabio al superar los embates de la vida.  

Recuerda siempre: apartamiento y contacto cero. Este es la meta ideal que debes conseguir. Si no es posible por tu situación personal, lo que más se acerque a ese ideal.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Han existido desde siempre desbaratando vidas con golpes físicos y emocionales. No son más abundantes o frecuentes que antes. Más bien, incluso, todo lo contrario conforme se conocen sus mañas y maneras para hacer daño ya que se van acorralando de algún modo u otro. Con eso se impide que sigan alimentándose de más víctimas, a veces, de extrema vulnerabilidad como los ancianos o los niños pequeños. Bien es verdad que los psicópatas extienden sus redes en todos los ámbitos de la vida haciéndose fuertes especialmente en los cuatro muros del hogar, pero eso, desgraciadamente, no quita para que también lo encontremos en otras áreas de la vida. De hecho, aunque juegan al despiste, que esta es una de sus características, las personas tóxicas que entran en esta categoría lo son en todos los aspectos vitales. No lo son con unos y con otros no. Su forma de conducirse es siempre la misma. Y, reitero, si hacen más daño en el hogar es porque allí se espera de sus miembros un mínimo de amor, comprensión y empatía que estos individuos no poseen. 

Lo que debes saber antes de empezar: cómo se comportan los psicópatas

Hay algunos que están en las cárceles porque han traspasado todas las líneas rojas, pero estos son una minoría. Desgraciadamente, la inmensa mayoría están integrados en la sociedad, algunos tanto que se consideran respetados padres de familia e, incluso, miembros brillantes de la sociedad. La triste verdad es otra, una más cruel que solo se conoce con el tiempo, a veces mucho (años o décadas). ¿Y eso por qué? Sencillamente por sus características. Y estas son las que siguen: 

1.- Se esconden bajo una máscara de buenas maneras

Y ponen especial celo en ello. De tal forma que los que están alrededor de sus víctimas ni de lejos sospechan que un ser así esté detrás de sonrisas educadas y modos corteses. Para ellos es fundamental que nadie sospeche lo que están haciendo desplegando sus tentáculos de destrucción incluso hasta llegar al gasligting o la destrucción total de su víctima.

2.- Los psicópatas son egoístas, egocéntricos y narcisistas

Todo ello y por ese orden, aunque no todas las personas con estas características llegan a este punto de personalidad, el cual es uno de los vértices de la conocida como triada oscura (los otros dos son el sadismo y el maquiavelismo). El psicópata es siempre un narcisista, un ser que solo mira sus necesidades sin importarle la de los demás, aunque en esos demás se incluyan sus propios hijos. Todo su mundo gira en lo que les conviene, les da placer o les interesa desechando sin piedad y contemplación cuando ya han usado a esa persona. 

3.- Usan los seres más vulnerables que están a su alrededor para conseguir sus fines

Por eso los psicópatas suelen elegir como parejas a personas con autoestima baja o que están pasando un mal momento o que han sido criadas en entornos de delación y han desarrollado indefensión aprendida. Tienen un radar especial para ello y no dudan de valerse de estos seres para conseguir lo que quieren. Puede ser placer, dinero, posición social o alguien que trabaje gratuitamente para ellos. A la par, se emplean en criar a hijos (si los llegan a tener) vulnerables que no pongan en duda su autoridad, su falso amor o que desarrollen las herramientas necesarias para desenmascararlos en un futuro.  Para ello no dudarán en machacar emocionalmente a sus vástagos haciéndolos sentir culpables por todo. Con ello se aseguran un ejército fiel de seguidores que les sirve para alimentar su ego.

4.- A los psicópatas solo les interesan ganar y el poder 

Aunque se les llene la boca de grandes palabras como amor, espíritu cívico, dignidad o moralidad, no llegan a comprender los pliegues de lo que estos grandes dones significan. Tanta es la cantidad de veneno que acumulan en su interior que no tienen ningún sentimiento de empatía, piedad o cariño. Todo ello es fingido. A poco que los vayas conociendo (desgraciadamente para ello se necesita tiempo) te darás cuenta que no se corresponde lo que dicen de boca para afuera con lo que hacen cuando las puertas se cierran. El fingimiento, por tanto, es una de sus armas fundamentales para sobreponerse a los otros.  

5.- De cara a la galería se esfuerzan por dar un aspecto agradable y amigable

Y esto es importante porque los psicópatas extienden sus redes allí donde no están identificados. Una vez te has dado cuenta lo que son tienen más difícil hacerte daño o exprimir tus dones al máximo. Por eso, ellos trabajan mucho sus formas, su aspecto físico e, incluso, pueden parecer extremadamente amables y educados. 

6.- No cambian y aún no se sabe muy bien cómo tratarlos 

Y aquí comienzo diciendo desde ya que ni lo intentes. Lo único que conseguirás es desgastarte hasta límites insanos o que descarguen sus iras (emocionales, psicológicas, físicas…) con más facilidad. De hecho, ya hay una corriente de psiquiatras (como el famoso Iñaki Piñuel, autor de Amor Zero) que abogan por no tratarlos en terapia. ¿Por qué? Porque ellos no pretenden el crecimiento personal, como cualquier otra persona que busca ayuda profesional, sino que van tomando herramientas para seguir extendiendo sus redes con más eficacia y de una forma más sibilina. Esto es, la supuesta terapia la utilizan para recoger más datos que luego utilizarán para manipular con más acierto a sus víctimas. 

7.- Los psicópatas no tienen remordimiento y no paran

Y esta es una de sus características principales, aparte de la falta absoluta de empatía. Es más, te harán creer una y otra vez que la responsabilidad de todo lo que pasa siempre es tuya. Además, son maestros en el arte de crear sentimientos de culpa, situaciones de extremo estrés para las personas que están a su alrededor y un ancho mar de infelicidad. Si, de alguna manera u otra, le intentas explicar que te sientes mal y que esto o aquello te ha dolido, te saldrá con la frase: “… es que tú eres muy sensible”… “no he hecho nada”… “todo te lo tomas a la tremenda”… Si te sientes dolido (y además cada día con más frecuencia), pon el sistema de alerta. Ese dolor es real y no inventado por ti. Quizás necesites desenmascarar a un psicópata.  

8.- Son vampiros emocionales que aíslan a sus víctimas de familia, amigos y vida social

Porque así los utilizan con mayor facilidad. En el amor encandilan a sus víctimas nada más conocerlas con unas artes de seducción afinadas pero que no se corresponden con un corazón generoso. Suelen hacer las cosas muy rápido, tanto que a la otra persona no le da tiempo a reaccionar, pensar o reflexionar. A poco que se dé cuenta se encontrará entre las cuatro paredes de la casa sin poder desarrollar una mínima vida social o laboral satisfactoria. Además, se las apaña para desbaratar cualquier plan de independencia del otro. Este tipo de hilos venenosos se extienden en todos los ámbitos de la vida: desde la familia tóxica que no permite crecer a sus miembros hasta los ambientes enrarecidos del trabajo. Aquí, además, encuentran su habitat natural para desplegar sus redes en aras a la productividad, profesionalidad o eficacia. 

Entonces, qué hago si tengo psicópatas en el trabajo 

Aunque pueda parecer lo contrario, aquí es un poco más fácil ya que siempre se puede cambiar de empleo o pedir un traslado. Eso sí, tendrás más difícil reconocer a estas personalidades por la esencia misma del entorno. Dificultad no implica imposibilidad. Por eso, vamos a intentar desbaratar sus planes. 

1.- Es difícil pero intenta que no te saquen de tus casillas

Ya sea un superior o un compañero. La calma les molesta así como las personas centradas que saben lo que quieren en la vida. Eso es como un espejo que les devuelve lo que no tienen. Se las apañan para hacer que hagas cosas a tontas y a locas o que falles a ojos de los otros. Por eso, debes tener siempre muy presente que ese es su problema y no el tuyo. Condúcete con honestidad y eficacia. Si es alguien que está bajo tus órdenes, en cuanto tengas oportunidad, sácalo del grupo. Este tipo de personalidades envenenan los mejores ambientes laborales. 

2.- A los psicópatas les molesta los seres con luz que brillan con su personalidad e ideas 

Por eso, no les de opción a que se apropie de tu trabajo o que se pongan medallas a tu costa. Si ves que algo así hace, ya lo tienes identificado y es necesario que te pongas a actuar cuanto antes. Además, si intuyen que eres una persona inteligente y creativa vas a ser el blanco de sus iras. No es cuestión de ocultar lo que vales (entonces estarían ganando de verdad) pero sí de ofrecerlo donde se valore abiertamente.  

3.- No te lo tomes como algo personal. Son ellos y no tú 

Como son maestros en generar culpa, te harán creer que toda la responsabilidad es tuya, que algo hay en ti que va mal. Cuida tu autoestima y no dudes en recurrir al empoderamiento para librarte de sus garras. Si te dice que eres tú y no acepta ninguna parte de responsabilidad en el asunto cuando, a las claras, se ve que hay algo, ten presente que te están manipulando, táctica en la que son maestros. El Síndrome del Burnout está creado, en buena parte, por personalidades de este tipo.  

4.- Pon límites de todo tipo para que no entren en tu espacio

En este sentido es importante que te alejes de confidencias  y que te inhibas de contar asuntos personales o los detalles de tu vida familiar. Los psicópatas se las apañan para enterarse de todo lo tuyo y no con la sana intención de ayudar (eso es lo que hacen creer) sino para tener datos en tu contra. No le des nunca esas herramientas. Cuando llegues a un sitio nuevo pon una barrera hasta conocer las intenciones de los que allí se encuentran. 

5.- Si no puedes manejar la situación, busca otro empleo, destino o departamento  

Porque, como hemos anotado, este tipo de personalidades no cambian nunca y, además, la única manera de alejarse de sus garras es poner tierra de por medio. Ten en cuenta que, en este caso la huida es una gran victoria y no una cobardía. 

Más difícil aún: cuando los psicópatas forman parte de tu vida personal

Desafortunadamente, aquí solo cabe el alejamiento y el contacto cero. Y las más de las veces no es una tarea fácil. Así que mientras eso llega o es posible ten en cuenta lo siguiente:

1.- Haz lo posible para que no lean tus emociones aunque sea difícil

No cuentes tus planes y prepárate si estás pensando en una separación o un divorcio. Llegado el momento no va a cooperar (como te hará creer) y te situará en una posición de extrema vulnerabilidad. Por eso, debes realizar esta retirada con discreción, sigilo y una gran dosis de inteligencia emocional.  

2.- No caigas en sus redes a través de la lástima o el perdón constante y no sincero 

Porque los psicópatas son maestros del apego tóxico, de un día te quiero y al otro te odio, de las reconciliaciones constantes, de los momentos de volver a intentar, de las nuevas oportunidades. Nada de eso funciona. Lo único que consiguen con esto es desbaratar emocionalmente aún más a sus víctimas y de seguir alimentando su narcisismo. Con estas tácticas van cogiendo ese poder que tanto buscan. No se lo des. Cuando hayas tomado la decisión de apartarte y del contacto cero (cuanto antes te des cuenta de la catadura del individuo que está delante), mucho mejor.  

3.- Pide ayuda para aumentar tu autoestima si hiciera falta

Y esta puede provenir de cualquier ámbito. No temas buscar un profesional de la psicología o hacerte con algún grupo de apoyo. Eso sí, si en un primer momento el acompañamiento es necesario, tienes que hacer un esfuerzo para ganar en empoderamiento constante y soltar amarras en cuanto puedas. Dentro de la ayuda también se encuentra el conocimiento: lee sobre el tema, pregunta, investiga, indaga… Cuanto más sepas, mejor saldrás de la situación. 

4.- Hazle creer que han ganado o, directamente, déjales hacerlo

Embarcarse en una guerra constante con estas personas es, simplemente, dejarse la vida en ello y muy pronto te darás cuenta. Por eso, es importante que alimentes tu independencia y libertad en todos los sentidos (económico, personal, anímico, vital, familiar…) y que pases página lo más pronto posible. Cuanto más tiempo estés en el enredo de los psicópatas, más tardarás en hacerte con las riendas de tu vida y caminar hacia la felicidad que mereces.

5.- Mientras te sientas vulnerable, no hables mal de él o ella 

Porque su ira se volverá contra ti. Recuerda que este tipo de perfiles oscuros cuidan mucho su imagen hacia los demás. En cuanto puedas (o la ocasión lo requiera) no dejes de desahogarte con personas de tu absoluta confianza. También debes tener cuidado con conocidos, relaciones o amigos mutuos. Este tipo de personas son expertos en crear bandos enfrentados entre sí.  

6.- Ten siempre presente que con los psicópatas solo cabe el contacto cero y el alejamiento: que esto sea tu meta 

Y no hay otra. Con ellos no valen las medias tintas, el ser amigos, el verse de vez en cuando… Si  accedes a ello, le sigues dando herramientas para la manipulación, el chantaje y que vuelva a utilizarte de una manera incluso más vil. Con este tipo de personas, cuanto menos hables mucho mejor.  

7.- Pon límites y no permitas que te chantajee 

En este reto de contacto cero, pon límites. Aunque tengáis hijos pequeños en común (lo más difícil de gestionar), no permitas que entre en tu espacio físico o emocional. Suelen enarbolar la bandera del bien común, pero tú ya sabes que eso no es verdad. Así que queda siempre en un lugar público y no permitas que envenene tu hogar, nuevas amistades (o antiguas) o tu esperanzador proyecto de vida.  

8.- Busca apoyo en la familia, los amigos e, incluso, en personal profesional

Porque de aquí no se sale solo. Los psicópatas dejan a sus víctimas hundidas emocionalmente por un buen tiempo y lo siguen intentando constantemente. Las herramientas para deshacerte de sus artes son complicadas y eso no se consigue de la noche a la mañana. Pide ayuda sin anclarte en el pesado. Recuerda que tu meta es convertirte en la mejor versión de ti mismo. 

9.- Céntrate en lo que verdaderamente importa para ti y no pienses en él o ella

Cuanto menos rumies, mucho mejor. Haz un plan de vida e intenta no apartarte mucho de lo que te has propuesto (para no caer en el desánimo). Analiza cuáles son tus puntos fuertes y cómo puedes empezar a andar sin esta persona en tu vida. En cuanto des el primer paso los otros serán más fáciles.  

10.- Los psicópatas dejan una huella imborrable en el alma. Utilízala para construir una mejor versión de ti mism@

Y es innegable. Sus heridas son tantas que es imposible borrar todas las cicatrices. Tú decides si quieres regodearte en ellas y no avanzar o ser como las piezas japonesas de Kintsugi. Aquí las roturas se pegan con oro líquido para conseguir un objeto aún más bello. El símil en el plano espiritual es la resilencia que te hace más fuerte y sabio al superar los embates de la vida.  

Recuerda siempre: apartamiento y contacto cero. Este es la meta ideal que debes conseguir. Si no es posible por tu situación personal, lo que más se acerque a ese ideal.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Es otro término que está en boca de todos, como la panacea para todos nuestros males, aunque la resilencia quizás sea una virtud que se acerca mucho a este concepto filosófico. El vocablo comenzó a utilizarse en psicología a mediados de los años sesenta, aunque antes era un tecnicismo aplicado a la construcción o a los productos químicos. Antes de ser piedra angular del crecimiento personal, la palabra resilencia se utilizaba para nombrar la capacidad de ciertos materiales elásticos de volver a su forma original tras someterse a un proceso de estrés. Esto es, era la cualidad (en principio de objetos inanimados) que les permitía no perder su esencia a pesar de someterse a tensiones extremas.  

Pero, ¿qué es la resilencia y cómo nos puede ayudar?

Esta definición nos permite entender qué se espera de una persona que cultiva este don: que no pierda su espíritu positivo y capacidad de amar (las mayores virtudes humanas) a pesar de las vicisitudes. Pero vamos a más, en las últimas décadas el término se ha transformado y se considera que una persona resilente es la que, además, sale fortalecida de los avatares de la vida. Cultivar la resilencia significaría que estaríamos en constante crecimiento espiritual y personal a pesar de graves problemas económicos, duelos complicados, soledad, aislamiento o haber sufrido abuso en cualquiera de sus modalidades. 

¡Ojo! No hay que confundir la resilencia con el aguantar, con el soportar, con el permitir humillaciones o situaciones de injusticia. Es más, las personas que se agarran a esta virtud luchan denodadamente contra este tipo de actos o situaciones. Aunque una infancia feliz con el acompañamiento saludable por parte de adultos responsables es la mejor manera de cultivar la resilencia, hay quienes son socios permanentes de este club a pesar de provenir de una familia tóxica o de situaciones de abusos. La diferencia entre el que tira la toalla y el que quiere seguir adelante (además fortalecido) es la actitud, la cual (ya lo sabemos) no es innata (aunque hay seres de luz que ya vienen de serie) sino que se aprende. 

La resilencia y la fábula del patito feo 

Profundizamos más en el concepto con uno de esos cuentos infantiles con moraleja que debe ser cabecera de todas las familias: el del patio feo. En muy resumidas cuentas el relato nos dice que Mamá Pata puso seis huevos que nacieron todos el mismo día. Cinco de ellos eran blancos, con plumas suaves y sedosas como ella. El sexto era un pequeñajo oscuro con un plumaje extraño y de aspecto patoso. Mamá Pata se pone enseguida a enseñar a sus polluelos los rudimentos de la vida. Muy pronto, los cinco hermanos blancos e iguales entre sí (no olvidemos el matiz) aprenden al dedillo todo aquello que le enseña su madre repitiendo fielmente lo que los patos han hecho de generación en generación desde el inicio de los tiempos. Sin embargo, el sexto patito no logra asimilar todo aquello que se espera de él. Esto, unido a su diferencia física, lo hace objeto de burlas por parte de sus hermanos y del resto de la comunidad pato.

El pequeño patito feo, que así lo llaman, se aparta de sus pares para seguir su camino solo. Intenta nadar, buscar comida y defenderse de los depredadores. El lago es grande y se hace con un hueco donde ser feliz. Así pasa todo el invierno y los demás le pierden la pista a nuestro protagonista hasta que aparece majestuoso, distinto y hermoso convertido en un bello cisne, diferente, por tanto, a los patos de su clan.  

El patito feo que buscó su vida alejado de las burlas y de su ambiente natal no era más que alguien diferente, distinto, de otra “pasta”, que necesitaba otros tiempos y quizás otra forma de educación para embelesar a todos. Pues bien, así son, en definitiva, las personas resilentes: las que brillan y conservan su optimismo y ganas de vivir a pesar de todas las adversidades convirtiéndose en seres mejorados. Por si esto fuera poco, en psicología se admite que la resilencia convierte al que la posee en más sabio incluso, aprendiendo y creciendo con las dificultades que se presentan en la vida. Por tanto, la resilencia sería esa cualidad de no dejarse vencer por circunstancias adversas conservando el optimismo y la convicción íntima de poder superar cualquier percance fortaleciéndose, además, en ese camino. 

Características de las personas abonadas a la residencia

1.- Son flexibles y elásticas como los materiales que, en principio, recibieron este nombre. Saben a ciencia cierta que el fanatismo en cualquier orden de la vida solo trae destrucción. Por eso, afrontan la vida, los contratiempos e, incluso, grandes problemas con humildad reconociendo la parte de responsabilidad que tienen en los mismos y no dejándose amedrentar por lo que no estaba en sus manos. Son capaces de encontrar nuevas salidas cuando parece que no hay solución. 

2.- Hilando con lo de arriba, en la resilencia siempre hay un punto de creatividad, de transformación, de cambio, de hacer las cosas de una manera diferente, de buscar la salida de un modo novedoso. 

3.- Por regla general, son individuos optimistas que confían en su poder de superación. 

4.- Dicho esto, no quita que en algún momento de su vida (o en muchos) hayan superado contratiempos importantes. Se dan casos de personas resilentes que vienen de entornos tremendamente hostiles como guerras, abusos, familias tóxicas, relaciones de parejas dañinas o criados bajo indenfesión aprendida extrema. Como regla general, la vida de estas personas no son un camino de rosas y aceptan con sencillez que la existencia tiene sus luces y sus sombras.  

Más virtudes que otorga la resilencia 

5.- La resilencia supone un constante crecimiento interior que se da la mano con una mayor inteligencia. Aún no se puede vislumbrar si este don es antes o es un proceso que se produce a la par. 

6.- Las personas resilentes saben cuáles son sus puntos débiles y los fuertes. Por supuesto, no tienen super poderes o algo semejante. Simplemente se conocen bien y no se embarcan en situaciones que, a priori, reconocen que se les pueden escapar de las manos. Sopesan hasta dónde pueden llegar y este autoconocimiento aumenta aún más sus potencialidades. 

7.- No se dan por vencidos a la hora de alcanzar sus sueños o sus objetivos más mundanos. Saben que todos los días (o temporadas) no son iguales. Por eso, se caracterizan por la constancia a la hora de conseguir sus metas o de trabajar en cualquier sentido. Las personas resilentes son lo contrario a los individuos caprichosos que se cansan de todo pronto. A veces se conducen con pasión extrema a la hora de trabajar por sus sueños. 

8.- Suelen ser individuos con un marcado objetivismo que no se dejan derrotar por los contratiempos y tampoco se llenan de euforia (aunque se alegren de manera serena) ante cualquier avance. La resilencia hace personas centradas y mesuradas que aceptan de buen grado lo que venga de la vida sin dejarse apabullar por humillaciones o injusticias. 

9.- Las personas resilentes están enamoradas de las posibilidades de la vida y disfrutan absolutamente con todo: con los pequeños gestos en familia, con los momentos con sus seres queridos, con los avances en el trabajo, con los deberes y quehaceres diarios. Eso no quita para que puedan perder la paciencia de manera puntual. 

10.- Ese estar centrados hacen que actúen de manera consciente, como las personas que practican mindfulness u otro método de meditación.  Asimilan que lo de hoy es único y de aquí se puede sacar un aprendizaje. Por eso, no suelen conducirse de manera atolondrada. 

11.- En un alto porcentaje están también bendecidas con el don de la empatía

Practica estos hábitos para que la resilencia se quede en tu vida

Como he anotado un poco más arriba, este bien se construye o se trabaja durante toda la vida. De hecho, las personas que hacen gala de este don con mayor elegancia o fluidez ya han cumplido algunos años. Simplemente admiten que son momentos que van a pasar y que de aquí van a salir con un poso más profundo de sabiduría. Por eso, es una fantástica idea cultivar la resilencia para lo grande y lo pequeño de la existencia. ¿Cómo lo hacemos? 

1.- Cultiva tu autoestima que es la base de este bien, ya que si no tienes una mínima confianza en ti mismo, a duras penas vas a poder salir de cualquier atolladero. Una autoestima sana es el pilar de un espíritu feliz donde la resilencia puede dar todos sus dones. Si has sufrido abuso emocional o has tenido tratos constantes con narcisistas o, peor aún, con  psicópatas, quizás necesites ayuda para levantar tu autovaloración. No pongas pegas para pedir ayuda en este estadio. 

2.- Intenta separarte de los problemas como si no fueras la persona que lo estás sufriendo. Así verás el asunto con mayor objetividad y, por su puesto, con la cabeza más fría. Eso te permitirá buscar soluciones fuera de la emoción negativa que la situación te aporta.

3.- Frecuenta amistades positivas y aléjate de personas tóxicas aunque este es un consejo válido en cualquier circunstancias. Hay almas de luz que van sembrando flores con su espíritu positivo y generoso allí por donde van. Y otras, en cambio, son verdaderos vampiros emocionales que desgastan solo con hablar con ellas. Rodéate de esas personas que son inspiración. Casi sin pretenderlo ellos mismos te abrirán caminos que potenciarán tu resilencia. 

4.- Cultiva el perdón y no te quedes atrapad@ en el pasado. Este bien se cuida en el presente y siempre con las miras puestas en un mañana mejor. Convéncete de que no se puede pedir a quien no puede dar. Aléjate de  la gente tóxica no permitiendo que llenen de veneno tu corazón. Ya sabes que estás en un camino de superación constante. 

5.- Disfruta de las pequeñas cosas de la vida porque este es el alimento de la resilencia. No hace falta una cuenta corriente con muchos ceros para recargarse en la naturaleza, un encuentro con amigos sinceros, disfrutar de lo que ofrece el hogar, disponer la mesa como si fuera fiesta, de la luz del atardecer e, incluso, de los días de niebla. 

6.- Lleva una vida consciente, importante para tu felicidad. Eso te ayudará a darte cuenta que dentro de los desafíos se esconden retos de superación. 

7.- Ponte metas objetivas y recuerda que el mundo se conquista paso a paso. No intentes hacerlo todo de golpe porque, de ser así, lo único que conseguirás será caer en la ansiedad y eso es lo contrario de la resilencia. 

8.- Sé valiente y sal de tu zona de confort. Sin este paso es imposible entrar en las bondades de este don. 

9.- Estar rumiando el pasado es la forma más sencilla de estancarse. Intenta aprender de los errores, de hechos traumáticos, de relaciones con gente tóxica… En definitiva, pasa página. Céntrate en lo bueno del aquí y ahora. 

10.- Disfruta del camino con alegría. Si la meta es el premio, el recorrido hasta llegar allí tiene que ser lo más satisfactorio posible. 

11.- Cultiva la generosidad y la empatía. Si inicias este camino puedes encontrar historias inspiradoras de superación que te ayuden a superar los baches. 

12.- Pide ayuda o consejo cuando lo necesites y aquí entra el estudio, la lectura, la investigación. No te quedes con las cuatro mismas cosas de siempre. Ve siempre más allá indagando en los recovecos del alma humana. 

¿Cómo hacer niños resilentes? 

Cuanto antes se cultiven las virtudes, mejores resultados obtendremos. Y esto es válido para los niños que deben afrontar avatares diversos de la vida. ¡Ojo! Eso no significa soportar. Una cosa es vencer, transformar o adaptarse y otra muy distinta permitir humillaciones, situaciones de acoso o de claro abuso. En el caso de los niños hay que ser constantes, flexibles y asequibles. Recuerda lo siguiente: 

1.- Utiliza un lenguaje adaptado a su edad y madurez. 

2.- Hazle ver la diferencia entre el silencio y la capacidad de transformación. No escondamos bajo el nombre de resilencia situaciones claramente injustas para los niños. 

3.- Es importante la claridad y el valor de la valentía. 

4.- Enseña a tus hijos a ser empáticos y asertivos, a decir no con elegancia sin hacer daño a los demás. Así empezarán a conocerse a sí mismos.

5.- Una educación en la resilencia no significa dejar de lado los límites. Lo mismo sucede con mimos y caprichos. Eso está en el otro lado de lo que estamos buscando y lo único que crea son niños débiles y, a veces, manejables por personas malintencionadas o por la publicidad más agresiva. 

6.- Cultiva la alegría en el hogar con pequeños detalles incluso si son necesarios cambios que a ellos no les gustan. 

7.- Invítalos siempre a que expresen sus emociones. Es la única manera de poder manejar algunos torbellinos que se van gestando en su interior.  

En definitiva, la resilencia es ese don que nos hace fuertes sin quebrarnos. Es lo que permite replegarse a las vicisitudes de la vida sin romperse. Es lo que nos regala el sol después de las tormentas. Una persona resilente será como los objetos japoneses modificados con la técnica del Kintsugi. Lo que un día se rompió se recompone utilizando oro, embelleciendo y mejorando así el original, el cual exhibe con orgullo sus cicatrices. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Es otro término que está en boca de todos, como la panacea para todos nuestros males, aunque la resilencia quizás sea una virtud que se acerca mucho a este concepto filosófico. El vocablo comenzó a utilizarse en psicología a mediados de los años sesenta, aunque antes era un tecnicismo aplicado a la construcción o a los productos químicos. Antes de ser piedra angular del crecimiento personal, la palabra resilencia se utilizaba para nombrar la capacidad de ciertos materiales elásticos de volver a su forma original tras someterse a un proceso de estrés. Esto es, era la cualidad (en principio de objetos inanimados) que les permitía no perder su esencia a pesar de someterse a tensiones extremas.  

Pero, ¿qué es la resilencia y cómo nos puede ayudar?

Esta definición nos permite entender qué se espera de una persona que cultiva este don: que no pierda su espíritu positivo y capacidad de amar (las mayores virtudes humanas) a pesar de las vicisitudes. Pero vamos a más, en las últimas décadas el término se ha transformado y se considera que una persona resilente es la que, además, sale fortalecida de los avatares de la vida. Cultivar la resilencia significaría que estaríamos en constante crecimiento espiritual y personal a pesar de graves problemas económicos, duelos complicados, soledad, aislamiento o haber sufrido abuso en cualquiera de sus modalidades. 

¡Ojo! No hay que confundir la resilencia con el aguantar, con el soportar, con el permitir humillaciones o situaciones de injusticia. Es más, las personas que se agarran a esta virtud luchan denodadamente contra este tipo de actos o situaciones. Aunque una infancia feliz con el acompañamiento saludable por parte de adultos responsables es la mejor manera de cultivar la resilencia, hay quienes son socios permanentes de este club a pesar de provenir de una familia tóxica o de situaciones de abusos. La diferencia entre el que tira la toalla y el que quiere seguir adelante (además fortalecido) es la actitud, la cual (ya lo sabemos) no es innata (aunque hay seres de luz que ya vienen de serie) sino que se aprende. 

La resilencia y la fábula del patito feo 

Profundizamos más en el concepto con uno de esos cuentos infantiles con moraleja que debe ser cabecera de todas las familias: el del patio feo. En muy resumidas cuentas el relato nos dice que Mamá Pata puso seis huevos que nacieron todos el mismo día. Cinco de ellos eran blancos, con plumas suaves y sedosas como ella. El sexto era un pequeñajo oscuro con un plumaje extraño y de aspecto patoso. Mamá Pata se pone enseguida a enseñar a sus polluelos los rudimentos de la vida. Muy pronto, los cinco hermanos blancos e iguales entre sí (no olvidemos el matiz) aprenden al dedillo todo aquello que le enseña su madre repitiendo fielmente lo que los patos han hecho de generación en generación desde el inicio de los tiempos. Sin embargo, el sexto patito no logra asimilar todo aquello que se espera de él. Esto, unido a su diferencia física, lo hace objeto de burlas por parte de sus hermanos y del resto de la comunidad pato.

El pequeño patito feo, que así lo llaman, se aparta de sus pares para seguir su camino solo. Intenta nadar, buscar comida y defenderse de los depredadores. El lago es grande y se hace con un hueco donde ser feliz. Así pasa todo el invierno y los demás le pierden la pista a nuestro protagonista hasta que aparece majestuoso, distinto y hermoso convertido en un bello cisne, diferente, por tanto, a los patos de su clan.  

El patito feo que buscó su vida alejado de las burlas y de su ambiente natal no era más que alguien diferente, distinto, de otra “pasta”, que necesitaba otros tiempos y quizás otra forma de educación para embelesar a todos. Pues bien, así son, en definitiva, las personas resilentes: las que brillan y conservan su optimismo y ganas de vivir a pesar de todas las adversidades convirtiéndose en seres mejorados. Por si esto fuera poco, en psicología se admite que la resilencia convierte al que la posee en más sabio incluso, aprendiendo y creciendo con las dificultades que se presentan en la vida. Por tanto, la resilencia sería esa cualidad de no dejarse vencer por circunstancias adversas conservando el optimismo y la convicción íntima de poder superar cualquier percance fortaleciéndose, además, en ese camino. 

Características de las personas abonadas a la residencia

1.- Son flexibles y elásticas como los materiales que, en principio, recibieron este nombre. Saben a ciencia cierta que el fanatismo en cualquier orden de la vida solo trae destrucción. Por eso, afrontan la vida, los contratiempos e, incluso, grandes problemas con humildad reconociendo la parte de responsabilidad que tienen en los mismos y no dejándose amedrentar por lo que no estaba en sus manos. Son capaces de encontrar nuevas salidas cuando parece que no hay solución. 

2.- Hilando con lo de arriba, en la resilencia siempre hay un punto de creatividad, de transformación, de cambio, de hacer las cosas de una manera diferente, de buscar la salida de un modo novedoso. 

3.- Por regla general, son individuos optimistas que confían en su poder de superación. 

4.- Dicho esto, no quita que en algún momento de su vida (o en muchos) hayan superado contratiempos importantes. Se dan casos de personas resilentes que vienen de entornos tremendamente hostiles como guerras, abusos, familias tóxicas, relaciones de parejas dañinas o criados bajo indenfesión aprendida extrema. Como regla general, la vida de estas personas no son un camino de rosas y aceptan con sencillez que la existencia tiene sus luces y sus sombras.  

Más virtudes que otorga la resilencia 

5.- La resilencia supone un constante crecimiento interior que se da la mano con una mayor inteligencia. Aún no se puede vislumbrar si este don es antes o es un proceso que se produce a la par. 

6.- Las personas resilentes saben cuáles son sus puntos débiles y los fuertes. Por supuesto, no tienen super poderes o algo semejante. Simplemente se conocen bien y no se embarcan en situaciones que, a priori, reconocen que se les pueden escapar de las manos. Sopesan hasta dónde pueden llegar y este autoconocimiento aumenta aún más sus potencialidades. 

7.- No se dan por vencidos a la hora de alcanzar sus sueños o sus objetivos más mundanos. Saben que todos los días (o temporadas) no son iguales. Por eso, se caracterizan por la constancia a la hora de conseguir sus metas o de trabajar en cualquier sentido. Las personas resilentes son lo contrario a los individuos caprichosos que se cansan de todo pronto. A veces se conducen con pasión extrema a la hora de trabajar por sus sueños. 

8.- Suelen ser individuos con un marcado objetivismo que no se dejan derrotar por los contratiempos y tampoco se llenan de euforia (aunque se alegren de manera serena) ante cualquier avance. La resilencia hace personas centradas y mesuradas que aceptan de buen grado lo que venga de la vida sin dejarse apabullar por humillaciones o injusticias. 

9.- Las personas resilentes están enamoradas de las posibilidades de la vida y disfrutan absolutamente con todo: con los pequeños gestos en familia, con los momentos con sus seres queridos, con los avances en el trabajo, con los deberes y quehaceres diarios. Eso no quita para que puedan perder la paciencia de manera puntual. 

10.- Ese estar centrados hacen que actúen de manera consciente, como las personas que practican mindfulness u otro método de meditación.  Asimilan que lo de hoy es único y de aquí se puede sacar un aprendizaje. Por eso, no suelen conducirse de manera atolondrada. 

11.- En un alto porcentaje están también bendecidas con el don de la empatía

Practica estos hábitos para que la resilencia se quede en tu vida

Como he anotado un poco más arriba, este bien se construye o se trabaja durante toda la vida. De hecho, las personas que hacen gala de este don con mayor elegancia o fluidez ya han cumplido algunos años. Simplemente admiten que son momentos que van a pasar y que de aquí van a salir con un poso más profundo de sabiduría. Por eso, es una fantástica idea cultivar la resilencia para lo grande y lo pequeño de la existencia. ¿Cómo lo hacemos? 

1.- Cultiva tu autoestima que es la base de este bien, ya que si no tienes una mínima confianza en ti mismo, a duras penas vas a poder salir de cualquier atolladero. Una autoestima sana es el pilar de un espíritu feliz donde la resilencia puede dar todos sus dones. Si has sufrido abuso emocional o has tenido tratos constantes con narcisistas o, peor aún, con  psicópatas, quizás necesites ayuda para levantar tu autovaloración. No pongas pegas para pedir ayuda en este estadio. 

2.- Intenta separarte de los problemas como si no fueras la persona que lo estás sufriendo. Así verás el asunto con mayor objetividad y, por su puesto, con la cabeza más fría. Eso te permitirá buscar soluciones fuera de la emoción negativa que la situación te aporta.

3.- Frecuenta amistades positivas y aléjate de personas tóxicas aunque este es un consejo válido en cualquier circunstancias. Hay almas de luz que van sembrando flores con su espíritu positivo y generoso allí por donde van. Y otras, en cambio, son verdaderos vampiros emocionales que desgastan solo con hablar con ellas. Rodéate de esas personas que son inspiración. Casi sin pretenderlo ellos mismos te abrirán caminos que potenciarán tu resilencia. 

4.- Cultiva el perdón y no te quedes atrapad@ en el pasado. Este bien se cuida en el presente y siempre con las miras puestas en un mañana mejor. Convéncete de que no se puede pedir a quien no puede dar. Aléjate de  la gente tóxica no permitiendo que llenen de veneno tu corazón. Ya sabes que estás en un camino de superación constante. 

5.- Disfruta de las pequeñas cosas de la vida porque este es el alimento de la resilencia. No hace falta una cuenta corriente con muchos ceros para recargarse en la naturaleza, un encuentro con amigos sinceros, disfrutar de lo que ofrece el hogar, disponer la mesa como si fuera fiesta, de la luz del atardecer e, incluso, de los días de niebla. 

6.- Lleva una vida consciente, importante para tu felicidad. Eso te ayudará a darte cuenta que dentro de los desafíos se esconden retos de superación. 

7.- Ponte metas objetivas y recuerda que el mundo se conquista paso a paso. No intentes hacerlo todo de golpe porque, de ser así, lo único que conseguirás será caer en la ansiedad y eso es lo contrario de la resilencia. 

8.- Sé valiente y sal de tu zona de confort. Sin este paso es imposible entrar en las bondades de este don. 

9.- Estar rumiando el pasado es la forma más sencilla de estancarse. Intenta aprender de los errores, de hechos traumáticos, de relaciones con gente tóxica… En definitiva, pasa página. Céntrate en lo bueno del aquí y ahora. 

10.- Disfruta del camino con alegría. Si la meta es el premio, el recorrido hasta llegar allí tiene que ser lo más satisfactorio posible. 

11.- Cultiva la generosidad y la empatía. Si inicias este camino puedes encontrar historias inspiradoras de superación que te ayuden a superar los baches. 

12.- Pide ayuda o consejo cuando lo necesites y aquí entra el estudio, la lectura, la investigación. No te quedes con las cuatro mismas cosas de siempre. Ve siempre más allá indagando en los recovecos del alma humana. 

¿Cómo hacer niños resilentes? 

Cuanto antes se cultiven las virtudes, mejores resultados obtendremos. Y esto es válido para los niños que deben afrontar avatares diversos de la vida. ¡Ojo! Eso no significa soportar. Una cosa es vencer, transformar o adaptarse y otra muy distinta permitir humillaciones, situaciones de acoso o de claro abuso. En el caso de los niños hay que ser constantes, flexibles y asequibles. Recuerda lo siguiente: 

1.- Utiliza un lenguaje adaptado a su edad y madurez. 

2.- Hazle ver la diferencia entre el silencio y la capacidad de transformación. No escondamos bajo el nombre de resilencia situaciones claramente injustas para los niños. 

3.- Es importante la claridad y el valor de la valentía. 

4.- Enseña a tus hijos a ser empáticos y asertivos, a decir no con elegancia sin hacer daño a los demás. Así empezarán a conocerse a sí mismos.

5.- Una educación en la resilencia no significa dejar de lado los límites. Lo mismo sucede con mimos y caprichos. Eso está en el otro lado de lo que estamos buscando y lo único que crea son niños débiles y, a veces, manejables por personas malintencionadas o por la publicidad más agresiva. 

6.- Cultiva la alegría en el hogar con pequeños detalles incluso si son necesarios cambios que a ellos no les gustan. 

7.- Invítalos siempre a que expresen sus emociones. Es la única manera de poder manejar algunos torbellinos que se van gestando en su interior.  

En definitiva, la resilencia es ese don que nos hace fuertes sin quebrarnos. Es lo que permite replegarse a las vicisitudes de la vida sin romperse. Es lo que nos regala el sol después de las tormentas. Una persona resilente será como los objetos japoneses modificados con la técnica del Kintsugi. Lo que un día se rompió se recompone utilizando oro, embelleciendo y mejorando así el original, el cual exhibe con orgullo sus cicatrices. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Es el término de moda y parece la panacea (solución definitiva) a todos nuestros males, valga la redundancia. El vocablo está en boca de todos: desde educadores hasta coaches pasando por comunicadores o psicólogos. Con ella, con la empatía (en su justa media, en exceso o por defecto) se quieren explicar todos los males o bendiciones de nuestro tiempo, como si tenerla fuera un pasaporte definitivo hacia la felicidad. Lamentablemente (o por suerte quizás) las cosas del corazón (también del espíritu y del alma del ser humano) no funcionan así. Dicho esto, una empatía afinada, consciente (y esto es muy importante), educada, manejada con asertividad y un poso de inteligencia te puede ayudar a caminar por el mundo con acierto, a la par que vas sembrando inspiración allí por donde pasas.  

 

El significado de la palabra empatía, alegría para filólogos modernos

Si bien las palabras cambian de sentido simbólico y de significado a lo largo del tiempo (y quien diga lo contrario no tiene la mas mínima idea de lingüística histórica), el de empatía es bien curioso. Por lo pronto asistimos a un cultismo antiguo (un término procedente del griego sin haber pasado por el latín del que procede nuestra lengua) que en sus inicios significaba “dentro (em) de la dolencia, del mal o de la enfermedad (pathos)”. Esto es, según Galeno (siglo II) la empatía significaba estar dentro, convivir o hacerse uno con la enfermedad (tanto física como espiritual). 

Tenemos que dar un salto de milenios casi para encontrarnos en la literatura científica la palabra empatía repetida hasta la saciedad. Será a finales del siglo XIX y principios del XX, en la Centroeuropa que ve nacer el psicoanálisis de Freud. Aquí empatía quiere tomar el significado simbólico de simpatía, término usado popularmente con otro sentido más amplio. Quizás por eso, se retoma el vocablo para referirse a la persona que sintoniza emocionalmente con la dolencia de otros. 

Damos otro salto hasta los albores del siglo XXI para encontrarnos con una empatía que en Internet tiene millones de búsquedas mensuales, tantas que más bien parece que el término alude a una condición de vida y muerte. Y es así casi. La empatía sale de los divanes de los psiquiatras para poblar el mundo de los coaches y de todas las personas que buscan información en la red abriendo su sentido semántico. Hoy, primer mes del año 2020, la empatía se entiende como la capacidad de comprender, ver o asumir los sentimientos, postulados, razones o principios del otro. Esto es, sería como una especie de espejo donde vemos el interior anímico de los demás al sentirnos reflejados en nuestro espíritu con todas sus contradicciones, bondades y sombras. 

Entonces, ¿qué es realmente una empatía saludable?  

Aunque el término, a nivel popular, a veces, se asocia a personas emotivas, emocionales y que se hacen cargo de los demás, la empatía (bien entendida) no se refiere a eso únicamente. Es, más bien, una visión, una comprensión, una interiorización de aquello que sucede ante un hecho, circunstancia (positiva o negativa) o carácter singular. Una persona empática entiende y respeta las motivaciones ajenas. Y eso, aquí viene la primera característica, no significa que se lance a la acción (en ocasiones de salvación) de todo aquel desvalido que se ponga por delante. 

Una empatía saludable significa, en primera instancia, una actividad racional que, en segundo lugar, pasa por los recovecos de un corazón (que aún no conocemos) para volver, de nuevo, a la razón. En este punto, una vez se ha entendido al otro (y ¡ojo! a nosotros mismos) trabajamos por dar (o no) respuesta a un hecho. La empatía, por tanto, se queda en el plano de la comprensión, del saber ver, del estar dispuesto a escuchar y de ponerse en el lugar del otro. Esto es, un empático se ve reflejado en el otro con facilidad. Pero eso no significa que se ponga a salvar a todo al mundo sin criterio o meta. 

 

¿Se nace con empatía o se hace a lo largo de la vida? 

Aunque aquí hay opiniones para todos los gustos, bien es verdad que tenemos que reconocer un sustrato anímico que viene casi de serie o en los primeros estadios de crianza. No obstante, ya sea una persona negada para ello o bien alguien que llega a este mundo con ese don, la empatía puede trabajarse. Y, como todo lo bueno en este mundo, cuando antes mejor, esto es, en los primeros estadios educacionales o de crecimiento. Dicho esto, tampoco esto es óbice para negar su cultivo en la madurez. Todo se puede hacer cuando existe esa voluntad por parte de una persona concreta, aunque se necesite ayuda o acompañamiento profesional para ello. Es más, las personas que hacen gala de una mayor empatía, han cumplido ya sus buenos años como si ser veterano fuera un grado casi. De hecho, con esta condición se trabaja en extremos tan adversos como las cárceles, en aras a posibilitar la rehabilitación. 

La empatía es contraria a los actos de los psicópatas (aquellas personas que son incapaces de verse reflejados en el dolor ajeno) o de los narcisistas (quienes solo se ven a sí mismos). Y la literatura médica tiene datos importantes que dan luz sobre estas condiciones. Ambas se gestan en entornos indolentes (cuando no de claro abuso físico y emocional) a muy temprana edad. Lo que no saben es por qué unos individuos se ven arrastrados o deciden por sí parapetarse tras este muro de incomprensión ajena y, a veces, de ellos mismos. 

Puede que se nazca, pues, pero con toda probabilidad se hace. Por tanto, se puede moldear, incentivar y desarrollar en casa y en la escuela. Los educadores y las familias tenemos un reto importante por apasionante. Si, desde pequeños, enseñamos a los niños que el prójimo, como nosotros, tiene sus sentimientos, razones y opiniones que no solo se debe respetar sino que también se puede conocer, haremos adultos, sin duda, con un espíritu cívico refinado en extremo. Y eso sin contar que se convertirán en mejores personas. Ahora bien, dicho esto (lo maravilloso), la empatía también implica una intromisión en los parámetros emocionales de quien esta enfrente. Y ciertas líneas rojas (honor, intimidad, individualidad, respeto) nunca deben traspasarse.  

 

¿Qué hace especial a una persona con empatía? Algunas características 

1.- Como ya he anotado arriba, son capaces de ver las motivaciones del otro y entender el dolor ajeno. 

2.- En el lado contrario, una persona con empatía tendrá más facilidad para darse cuenta del mal que se le pone enfrente. Cuando todo ello viene combinado con una autoestima en su punto, inteligencia y afán resolutivo tenemos el abono perfecto que ayuda al nacimiento de un líder. 

3.- Aunque la empatía puede emplazarse en un lugar indeterminado de la razón, tiene un fuerte componente emocional. Aquí el corazón juega sus mejores bazas: las que no permite ayudar a los demás sin arrastrarnos a nosotros mismos. 

4.- Como norma general son seres seguros de sí mismos que no se dejan tumbar con facilidad. Como pueden ponerse con facilidad en la piel de otros, buscan en quienes reflejarse para salir adelante motivándose con historias y biografías inspiradoras. 

 

De la empatía al liderazgo  

5.- Son personas luminosas que brillan allá a donde van con espíritu positivo, a veces, apabullante. 

6.- Están dispuestas a ayudar de manera noble sin permitirse dejarse arrastrar por situaciones negativas. 

7.- Son capaces de hacer competitivos su altruismo haciendo el bien allí donde se les necesita. 

8.- Aunque no renuncian a los bienes materiales,  apuestan y conocen el valor de los dones espirituales y emocionales a la par que los cultivan a diario. 

9.-  Si utilizan la empatía para hacer daño, automáticamente dejan de serlo. Otra cosa es que se sirvan de esta condición para crecer en todos los planos: espiritual, emocional, social, educativo… 

10.- Son personas conciliadoras y muy buenas negociadoras. Si se combina con buenas dotes verbales tenemos también el caldo de cultivo para grandes políticos, jueces, árbitros (más allá del deporte), educadores y jefes de equipo. La empatía, en definitiva, son las células madres emocionales de los líderes, las mismas que les permiten sacar lo mejor de los que están a su alrededor y/o cargo.  

 

¿Cómo te puede ayudar la empatía a “triunfar” en la vida?

Y aquí tenemos que definir qué significa triunfo, otro término que se está poniendo en revisión. ¿Significa únicamente llegar donde otros nos han puesto los pies? ¿Conseguir esa riqueza que tanto se magnifica en los últimos tiempos? ¿O quizás vivir en una eterna competición? Desde ya digo que ninguno de esos “triunfos” les interesan a las personas empáticas. Almas con luz donde se encuentran estos seres solo pueden ir en post de la felicidad que da la libertad aunada con una responsabilidad serena. El triunfo vital que propongo aquí es el emplazamiento donde uno se encuentra feliz (o simplemente sereno) ofreciendo al mundo aquello que mejor se da con libertad y, por supuesto, sin hacer daño a nadie. Dicho esto, ¿cómo combinamos este bien con la empatía? ¿Cómo se maneja? Reconozco la complicación pero esto no significa que tengamos que dejar de intentarlo. Anota.  

1.- La empatía te va a ayudar para ver, en primera instancia, la manipulación de los que se han denominado triada oscura (psicópatas, sádicos y maquiavélicos). Aunque expertos psicólogos reconocen que este tipo de personalidades (como los narcisistas) son difíciles de reconocer a primera vista (por las máscaras con las que se revisten), una persona empática tiene más posibilidades de ver su oscuridad. Eso sí es importante que, a la hora de protegerse contra este mal, además se tenga una autoestima a punto para no sucumbir en sus redes. 

2.- Si ya tienes mucho sabiendo que de estos espíritus perversos solo queda la opción de alejarse, también te va a ayudar a la hora de reconocer a indolentes, incapaces y perezosos. Si puedes ponerte en su mundo, no perderás el tiempo a la hora de pedir algo que no pueden (o no quieren dar). En este punto, la empatía se convierte en la espada de oro del líder que triunfa en el plano laboral al darle las herramientas para rodearse de lo mejores y más adecuados.  

3.- Te evitará, desde pequeño, entrar en conflictos innecesarios al poder ver la intransigencia o la inflexibilidad de algunas personas. Aunque algunas personas enarbolan la bandera de la empatía para hacer daño, nunca tiene ese sentido. Más bien estos individuos se dedican al arte de la manipulación. La empatía siempre es generosa, altruista y desinteresada. 

4.- En el lado opuesto, si se ha trabajado casi desde pequeño, te va a convertir en un buen negociador y mediador incluso si no tienes altas capacidades verbales, aunque, como norma general, las personas con empatía suelen hacer gala de ellas al reconocer y distinguir todos los recovecos del espíritu humano.  

5.- Casi sin darte cuenta te va a permitir escoger con acierto las amistades que contribuirán a tu crecimiento personal. 

Así te ayuda un carácter empático 

6.- Un tanto de lo mismo sucede a la hora del momento crucial de la elección de pareja, aunque en este aspecto confluyen aspectos diversos y peliagudos como la cultura, educación y una autoestima trabajada. 

7.- La empatía es uno de los pilares del autoconocimiento al rebotar ese don hacia ti mismo. Y ni que decir tiene que la felicidad no se consigue hasta que logramos bucear (y amansar) las aguas oscuras de nuestra alma. 

8.- Te convierte en una persona conciliadora, amiga y lejos de broncas o peleas. Eso hará que no tengas choques o conflictos en el ambiente laboral, social e, incluso, familiar. 

9.- La empatía te da herramientas para solventar inconvenientes que te sobrevengan a lo largo de la vida a la par que una fortaleza en tus propias posibilidades.  

10.- Te hace una persona desprendida (en su faceta saludable) que (cuando se ha trabajado adecuadamente) en la edad adulta te permite hablar con tu niñ@ interior. Estos ejercicios te facilitarán la tarea de despegarte de las preocupaciones cotidianas para centrarte en lo que verdaderamente importa. 

Y eso es hacer una obra de arte con tu vida. La empatía es una herramienta fundamental. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Es el término de moda y parece la panacea (solución definitiva) a todos nuestros males, valga la redundancia. El vocablo está en boca de todos: desde educadores hasta coaches pasando por comunicadores o psicólogos. Con ella, con la empatía (en su justa media, en exceso o por defecto) se quieren explicar todos los males o bendiciones de nuestro tiempo, como si tenerla fuera un pasaporte definitivo hacia la felicidad. Lamentablemente (o por suerte quizás) las cosas del corazón (también del espíritu y del alma del ser humano) no funcionan así. Dicho esto, una empatía afinada, consciente (y esto es muy importante), educada, manejada con asertividad y un poso de inteligencia te puede ayudar a caminar por el mundo con acierto, a la par que vas sembrando inspiración allí por donde pasas.  

 

El significado de la palabra empatía, alegría para filólogos modernos

Si bien las palabras cambian de sentido simbólico y de significado a lo largo del tiempo (y quien diga lo contrario no tiene la mas mínima idea de lingüística histórica), el de empatía es bien curioso. Por lo pronto asistimos a un cultismo antiguo (un término procedente del griego sin haber pasado por el latín del que procede nuestra lengua) que en sus inicios significaba “dentro (em) de la dolencia, del mal o de la enfermedad (pathos)”. Esto es, según Galeno (siglo II) la empatía significaba estar dentro, convivir o hacerse uno con la enfermedad (tanto física como espiritual). 

Tenemos que dar un salto de milenios casi para encontrarnos en la literatura científica la palabra empatía repetida hasta la saciedad. Será a finales del siglo XIX y principios del XX, en la Centroeuropa que ve nacer el psicoanálisis de Freud. Aquí empatía quiere tomar el significado simbólico de simpatía, término usado popularmente con otro sentido más amplio. Quizás por eso, se retoma el vocablo para referirse a la persona que sintoniza emocionalmente con la dolencia de otros. 

Damos otro salto hasta los albores del siglo XXI para encontrarnos con una empatía que en Internet tiene millones de búsquedas mensuales, tantas que más bien parece que el término alude a una condición de vida y muerte. Y es así casi. La empatía sale de los divanes de los psiquiatras para poblar el mundo de los coaches y de todas las personas que buscan información en la red abriendo su sentido semántico. Hoy, primer mes del año 2020, la empatía se entiende como la capacidad de comprender, ver o asumir los sentimientos, postulados, razones o principios del otro. Esto es, sería como una especie de espejo donde vemos el interior anímico de los demás al sentirnos reflejados en nuestro espíritu con todas sus contradicciones, bondades y sombras. 

Entonces, ¿qué es realmente una empatía saludable?  

Aunque el término, a nivel popular, a veces, se asocia a personas emotivas, emocionales y que se hacen cargo de los demás, la empatía (bien entendida) no se refiere a eso únicamente. Es, más bien, una visión, una comprensión, una interiorización de aquello que sucede ante un hecho, circunstancia (positiva o negativa) o carácter singular. Una persona empática entiende y respeta las motivaciones ajenas. Y eso, aquí viene la primera característica, no significa que se lance a la acción (en ocasiones de salvación) de todo aquel desvalido que se ponga por delante. 

Una empatía saludable significa, en primera instancia, una actividad racional que, en segundo lugar, pasa por los recovecos de un corazón (que aún no conocemos) para volver, de nuevo, a la razón. En este punto, una vez se ha entendido al otro (y ¡ojo! a nosotros mismos) trabajamos por dar (o no) respuesta a un hecho. La empatía, por tanto, se queda en el plano de la comprensión, del saber ver, del estar dispuesto a escuchar y de ponerse en el lugar del otro. Esto es, un empático se ve reflejado en el otro con facilidad. Pero eso no significa que se ponga a salvar a todo al mundo sin criterio o meta. 

 

¿Se nace con empatía o se hace a lo largo de la vida? 

Aunque aquí hay opiniones para todos los gustos, bien es verdad que tenemos que reconocer un sustrato anímico que viene casi de serie o en los primeros estadios de crianza. No obstante, ya sea una persona negada para ello o bien alguien que llega a este mundo con ese don, la empatía puede trabajarse. Y, como todo lo bueno en este mundo, cuando antes mejor, esto es, en los primeros estadios educacionales o de crecimiento. Dicho esto, tampoco esto es óbice para negar su cultivo en la madurez. Todo se puede hacer cuando existe esa voluntad por parte de una persona concreta, aunque se necesite ayuda o acompañamiento profesional para ello. Es más, las personas que hacen gala de una mayor empatía, han cumplido ya sus buenos años como si ser veterano fuera un grado casi. De hecho, con esta condición se trabaja en extremos tan adversos como las cárceles, en aras a posibilitar la rehabilitación. 

La empatía es contraria a los actos de los psicópatas (aquellas personas que son incapaces de verse reflejados en el dolor ajeno) o de los narcisistas (quienes solo se ven a sí mismos). Y la literatura médica tiene datos importantes que dan luz sobre estas condiciones. Ambas se gestan en entornos indolentes (cuando no de claro abuso físico y emocional) a muy temprana edad. Lo que no saben es por qué unos individuos se ven arrastrados o deciden por sí parapetarse tras este muro de incomprensión ajena y, a veces, de ellos mismos. 

Puede que se nazca, pues, pero con toda probabilidad se hace. Por tanto, se puede moldear, incentivar y desarrollar en casa y en la escuela. Los educadores y las familias tenemos un reto importante por apasionante. Si, desde pequeños, enseñamos a los niños que el prójimo, como nosotros, tiene sus sentimientos, razones y opiniones que no solo se debe respetar sino que también se puede conocer, haremos adultos, sin duda, con un espíritu cívico refinado en extremo. Y eso sin contar que se convertirán en mejores personas. Ahora bien, dicho esto (lo maravilloso), la empatía también implica una intromisión en los parámetros emocionales de quien esta enfrente. Y ciertas líneas rojas (honor, intimidad, individualidad, respeto) nunca deben traspasarse.  

 

¿Qué hace especial a una persona con empatía? Algunas características 

1.- Como ya he anotado arriba, son capaces de ver las motivaciones del otro y entender el dolor ajeno. 

2.- En el lado contrario, una persona con empatía tendrá más facilidad para darse cuenta del mal que se le pone enfrente. Cuando todo ello viene combinado con una autoestima en su punto, inteligencia y afán resolutivo tenemos el abono perfecto que ayuda al nacimiento de un líder. 

3.- Aunque la empatía puede emplazarse en un lugar indeterminado de la razón, tiene un fuerte componente emocional. Aquí el corazón juega sus mejores bazas: las que no permite ayudar a los demás sin arrastrarnos a nosotros mismos. 

4.- Como norma general son seres seguros de sí mismos que no se dejan tumbar con facilidad. Como pueden ponerse con facilidad en la piel de otros, buscan en quienes reflejarse para salir adelante motivándose con historias y biografías inspiradoras. 

 

De la empatía al liderazgo  

5.- Son personas luminosas que brillan allá a donde van con espíritu positivo, a veces, apabullante. 

6.- Están dispuestas a ayudar de manera noble sin permitirse dejarse arrastrar por situaciones negativas. 

7.- Son capaces de hacer competitivos su altruismo haciendo el bien allí donde se les necesita. 

8.- Aunque no renuncian a los bienes materiales,  apuestan y conocen el valor de los dones espirituales y emocionales a la par que los cultivan a diario. 

9.-  Si utilizan la empatía para hacer daño, automáticamente dejan de serlo. Otra cosa es que se sirvan de esta condición para crecer en todos los planos: espiritual, emocional, social, educativo… 

10.- Son personas conciliadoras y muy buenas negociadoras. Si se combina con buenas dotes verbales tenemos también el caldo de cultivo para grandes políticos, jueces, árbitros (más allá del deporte), educadores y jefes de equipo. La empatía, en definitiva, son las células madres emocionales de los líderes, las mismas que les permiten sacar lo mejor de los que están a su alrededor y/o cargo.  

 

¿Cómo te puede ayudar la empatía a “triunfar” en la vida?

Y aquí tenemos que definir qué significa triunfo, otro término que se está poniendo en revisión. ¿Significa únicamente llegar donde otros nos han puesto los pies? ¿Conseguir esa riqueza que tanto se magnifica en los últimos tiempos? ¿O quizás vivir en una eterna competición? Desde ya digo que ninguno de esos “triunfos” les interesan a las personas empáticas. Almas con luz donde se encuentran estos seres solo pueden ir en post de la felicidad que da la libertad aunada con una responsabilidad serena. El triunfo vital que propongo aquí es el emplazamiento donde uno se encuentra feliz (o simplemente sereno) ofreciendo al mundo aquello que mejor se da con libertad y, por supuesto, sin hacer daño a nadie. Dicho esto, ¿cómo combinamos este bien con la empatía? ¿Cómo se maneja? Reconozco la complicación pero esto no significa que tengamos que dejar de intentarlo. Anota.  

1.- La empatía te va a ayudar para ver, en primera instancia, la manipulación de los que se han denominado triada oscura (psicópatas, sádicos y maquiavélicos). Aunque expertos psicólogos reconocen que este tipo de personalidades (como los narcisistas) son difíciles de reconocer a primera vista (por las máscaras con las que se revisten), una persona empática tiene más posibilidades de ver su oscuridad. Eso sí es importante que, a la hora de protegerse contra este mal, además se tenga una autoestima a punto para no sucumbir en sus redes. 

2.- Si ya tienes mucho sabiendo que de estos espíritus perversos solo queda la opción de alejarse, también te va a ayudar a la hora de reconocer a indolentes, incapaces y perezosos. Si puedes ponerte en su mundo, no perderás el tiempo a la hora de pedir algo que no pueden (o no quieren dar). En este punto, la empatía se convierte en la espada de oro del líder que triunfa en el plano laboral al darle las herramientas para rodearse de lo mejores y más adecuados.  

3.- Te evitará, desde pequeño, entrar en conflictos innecesarios al poder ver la intransigencia o la inflexibilidad de algunas personas. Aunque algunas personas enarbolan la bandera de la empatía para hacer daño, nunca tiene ese sentido. Más bien estos individuos se dedican al arte de la manipulación. La empatía siempre es generosa, altruista y desinteresada. 

4.- En el lado opuesto, si se ha trabajado casi desde pequeño, te va a convertir en un buen negociador y mediador incluso si no tienes altas capacidades verbales, aunque, como norma general, las personas con empatía suelen hacer gala de ellas al reconocer y distinguir todos los recovecos del espíritu humano.  

5.- Casi sin darte cuenta te va a permitir escoger con acierto las amistades que contribuirán a tu crecimiento personal. 

Así te ayuda un carácter empático 

6.- Un tanto de lo mismo sucede a la hora del momento crucial de la elección de pareja, aunque en este aspecto confluyen aspectos diversos y peliagudos como la cultura, educación y una autoestima trabajada. 

7.- La empatía es uno de los pilares del autoconocimiento al rebotar ese don hacia ti mismo. Y ni que decir tiene que la felicidad no se consigue hasta que logramos bucear (y amansar) las aguas oscuras de nuestra alma. 

8.- Te convierte en una persona conciliadora, amiga y lejos de broncas o peleas. Eso hará que no tengas choques o conflictos en el ambiente laboral, social e, incluso, familiar. 

9.- La empatía te da herramientas para solventar inconvenientes que te sobrevengan a lo largo de la vida a la par que una fortaleza en tus propias posibilidades.  

10.- Te hace una persona desprendida (en su faceta saludable) que (cuando se ha trabajado adecuadamente) en la edad adulta te permite hablar con tu niñ@ interior. Estos ejercicios te facilitarán la tarea de despegarte de las preocupaciones cotidianas para centrarte en lo que verdaderamente importa. 

Y eso es hacer una obra de arte con tu vida. La empatía es una herramienta fundamental. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Comienzo diciendo que no es una patología, pero sí una cosmovisión que condiciona negativamente a quien la sufre. El complejo de Cenicienta se refiere a una forma de ser y estar en el mundo que impide salir de la zona de confort para, de por sí, ir en post de los sueños propios, metas e, incluso, felicidad. En esencia y resumiendo mucho, quienes están inmersos en este complejo espiritual tremendamente dañino buscan en los otros la solución a sus problemas creando (a la larga y a la corta) relaciones patológicas y codependientes. Aunque afecta a hombres y a mujeres, es en el mundo femenino (quizás por la cultura predominante) donde se afianza. Si bien es verdad que las personas que se encuentran atrapadas en este síndrome en raras ocasiones alcanzan autonomía y libertad propias, con conocimiento y ayuda profesional, si hiciera falta, se sale de aquí. 

 

Repasamos el cuento que da nombre al complejo de Cenicienta

Es una de las historias clásicas más afianzadas en la cultura tradicional objeto de libros, películas, parques temáticos o disfraces. Y a la par, con la nueva lectura de los mitos antiguos, uno de esos cuentos infantiles de princesas que no debes leer a tu hija. ¿Y eso por qué? Lo explicamos en el link anterior, pero ya adelanto que este tipo de historias van conformando una personalidad dependiente desde tempranas edades esperando, por tanto, que otros resuelvan lo que podemos intentar (otra cosa es que consigamos) por nosotros mismos. 

Resumiendo mucho, Cenicienta se queda huérfana a muy temprana edad atrapada en su propia casa, la cual dirige una malvada madrastra que tiene dos hijas feísimas en todos los aspectos. Por el contrario, nuestra protagonista es todo dulzura, belleza y abnegación, convirtiéndose en criada de las personas que ocupan la casa que legalmente le pertenece. Va así creciendo sin oponerse a los designios de una persona con rasgos de psicópata hasta que un buen día llega una invitación para ir a un baile principesco. La importancia del evento es tal que de allí saldrá la futura esposa del heredero, nada más y nada menos. Ni que decir tiene que Cenicienta no irá a la fiesta por imposición de la madrastra y, en cambio, sí deberá coser los vestidos de las otra muchachas. 

Para la joven solo le queda el desconsuelo, ya que no contempla la opción de la rebeldía en cualquiera de sus aspectos, la misma que le permitiría ir en post de sus sueños. Esa noche, al quedarse llorando en casa rumiando su desgracia, aparece su hada madrina la cual permite, mediante hechizos de magia, que Cenicienta pueda ir al baile, vestida de forma primorosa, calzada con zapatos de cristal y en una maravillosa carroza transformada de una calabaza y de los ratones de la casa.  

La única condición es que vuelve antes de las doce. Pero la muchacha, prendada del príncipe y bailando sin cesar, se olvida de la hora. En su carrera, por estar de vuelta a tiempo (y, por tanto, seguir obedeciendo), pierde uno de los zapatos en las escalinatas de palacio. Más allá del simbolismo de la prenda (que también he desentrañado), el heredero de la corona se pone a buscarla con la única guía de ese zapato mágico, pequeño y extraño. Todos sabemos que ambos se reencuentran (no sin antes pasar por la oposición y zancadillas diversas de la malvada madrastra), se casan y son felices para siempre. 

 

Causas del complejo de Cenicienta

El cuento tradicional nos da muchas pistas del origen de esta condición. Cenicienta está prisionera en su propia casa convirtiéndose en criada, cuando debe ser dueña y señora. Y esto sucede porque es vulnerable debido a su orfandad. Por eso, no es de extrañar que, tras el síndrome de Cenicienta, se encuentre lo siguiente: 

1.- Una cultura (en la cual estamos aún inmersa) en la que se premia la sumisión absoluta por parte de la mujer, quien es relegada a tareas domésticas o subalternas. El premio a la obediencia (coartando la posibilidad de aventurarse en lo desconocido que se encuentra tras los muros de la casa) es la mano del príncipe. Y lee con esto una vuelta a empezar en la espiral de obediencia, sumisión, muros del hogar, amor romántico… Todo ello impide el mínimo empoderamiento.  

2.- Crianza indolente que hace vulnerable a las niñas y también a algunos niños coartando cualquier atisbo de asertividad o de libertad de expresión. 

3.- El complejo de Cenicienta en más frecuente en miembros adultos procedentes de familias tóxicas, de una madre narcisista o de entornos donde no se ha respetado los sentimientos de los pequeños. 

4.- Personas que, por las razones que sean, han crecido bajo los influjos de la infensión aprendida.  

5.- Entornos socio-culturales pobres (en todos los sentidos) que relegan a la mujer únicamente a las tareas domésticas sin darle otras opciones. 

6.- La publicidad sexista que inculca roles de género inamovibles. 

7.- Aunque parezca que no tiene ninguna relación, también está detrás del síndrome de Cenicienta, la cultura del pelotazo, esa idea extendida en algunos entornos sociales que nos repiten una y otra vez que no se puede salir de una situación que no te gusta si no es con la suerte. Y en esto entra desde que te toque el gordo de la lotería hasta que te encuentres en un café con un rico millonario que se quede prendado de ti hasta que venga alguien de fuera que, por arte de magia, te saque de un emplazamiento infeliz. 

8.- Detrás de esta condición siempre hay una falta de apuesta en nosotros mismos, en nuestras posibilidades, en la capacidad que tenemos para salir de cualquier situación adversa o que no nos gusta del todo. 

Síntomas o características del complejo de Cenicienta 

1.- Como sucede con el síndrome de Peter Pan, las personas con esta condición son como niños desvalidos atrapados en cuerpos de adultos. De alguna manera u otra, no han salido a la vida de los mayores con todo lo que ello conlleva: responsabilidad y libertad. 

2.- Siempre hay un miedo atroz a lo que está afuera, a lo desconocido, a abandonar la zona de confort. 

3.- Las personas con el complejo de Cenicienta no se atreven a intentar nada por sí mismas y siempre necesitan la validación de su entorno. 

4.- No se defienden y se dejan vapulear por los demás. Son el caldo de cultivo para caer en relaciones tóxicas de todo tipo y ser el objetivo de narcisistas y aprovechados. 

5.- La baja autoestima es una tónica y condiciona cualquier relación ya sea en el ámbito social, laboral, familiar, personal o de pareja. 

6.- Es normal que se hagan cargo de responsabilidades que no le corresponden renunciando, a la par, a hacer ver su criterio u opinión en cualquier asunto. 

Así son las personas con el síndrome de Cenicienta

7.- Suelen desempeñar tareas laborales en puestos sobrerrepesentados. 

8.- Les cuesta mucho ponerse metas a largo plazo necesitando la validación externa y aplazando constantemente el cambio vital que les llevará a la libertad. 

9.- Abandonan con frecuencia los proyectos en los que se embarcan. 

10.- Son bastantes permeables a las críticas y opiniones ajenas.

11.- Necesitan siempre a otros para hacer cualquier cosa. Por eso, son las víctimas propiciatorias para caer en las redes de personas tóxicas, la representación de la malvada madrastra del cuento. 

12.- No se creen merecedoras de ningún bien. 

13.- Suelen ser personas que no dejan brillar su luz (por miedo o por cobardía) y es normal que caigan en la tristeza. 

14.- Siempre están ocupadas (en ocasiones hasta la extenuación) con tareas que no les corresponde. 

15.- Para ellas es imposible delegar.   

 

¿Y ahora qué? ¿Espero a que otros hagan lo que yo no hago por mí?  

Todo ello hace que estas personas no persigan sus sueños o se esfuercen por salir adelante. Es necesario que algo en sus vidas les sacuda y esto suele ser un hecho traumático. A partir de aquí hay que tomar conciencia para superar la situación. Aunque algunos casos (muy enquistados por la biografía personal),  va a requerir de ayuda profesional, se puede avanzar paso a paso.  

1.- Lo primero es saber, reconocer y aceptar que padeces el complejo de Cenicienta el cual impide tu crecimiento personal y espiritual. 

2.- Pregúntate qué te ha llevado a tener una autoestima tan baja que no te permite ser dueñ@ de tu mundo. 

3.- Acepta, deja ir y perdona. No rumies tu infelicidad volviendo una y otra vez sobre hechos, situaciones o actos del pasado. Que te sirva para aprender y para caminar de otra manera pero no para quedarte con los pies estancados. 

4.- Reza un proverbio chino que “para recorrerse el mundo hay que dar un primer paso”. Y para cualquier meta hay que hacer lo mismo: hay que proponerse retos pequeños, asumibles y a tu alcance. De nada sirve que fantasees con llegar a La Luna mañana si no te has preparado para salir en soledad a un punto a 100 kms de tu casa.  

Salir del complejo de Cenicienta

5.- Lee, fórmate y estudia. Entiende lo que te pasa sin dejar que te amordace.  

6.- Deja un tiempo solo para ti y solo para ti. Cuando compruebes que no se cae el mundo por ello, comenzarás a liberarte de todas las tareas impuestas.  

7.- Cuídate en todos los sentidos: espiritual, anímico, intelectual y físico. Come comida de verdad, deja el sedentarismo y abandona hábitos tóxicos y de desgana.  

8.- Cultiva relaciones sociales variadas. No tengas miedos a abandonar los límites establecidos y fronteras emocionales. Así podrás poner en la distancia todo lo que te pasa. 

9.- Aprende a decir no. Si alguien se enfada por ello cuando es totalmente justo por tu parte, no debe estar en tu vida (así de simple). En cambio, si es alguien que te quiere y te respeta lo entenderá al segundo.  

10.- No busques fuera lo que está dentro de ti. Bien es verdad que somos criaturas sociales que necesitamos a los otros para todo, pero eso no significa que tus relaciones sean dependientes. Cultiva tu soledad con aquello que te gusta. Aprende a amar esos momentos que pasas contigo mism@. 

Ni que decir tiene que cualquier reto no se consigue de la noche a la mañana. Todo lleva su tiempo, su esfuerzo, sus pequeños avances y, a veces, grandes tropezones. Lo más importante es que te fijes como meta tu libertad sin renunciar ni a tu responsabilidad (social, familiar, personal…) ni a tus sueños. Si sientes que no avanzas o que te haz estancado, lo mismo es el momento de pedir ayuda o de intentar otro camino. Lo que nunca debes hacer es buscar la solución fuera (esto no vale en el caso de consejo profesional)  para lo que siempre ha estado dentro de ti. Mira hacia tu luz, aquella que te hace un ser único e irrepetible.   

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

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Comienzo diciendo que no es una patología, pero sí una cosmovisión que condiciona negativamente a quien la sufre. El complejo de Cenicienta se refiere a una forma de ser y estar en el mundo que impide salir de la zona de confort para, de por sí, ir en post de los sueños propios, metas e, incluso, felicidad. En esencia y resumiendo mucho, quienes están inmersos en este complejo espiritual tremendamente dañino buscan en los otros la solución a sus problemas creando (a la larga y a la corta) relaciones patológicas y codependientes. Aunque afecta a hombres y a mujeres, es en el mundo femenino (quizás por la cultura predominante) donde se afianza. Si bien es verdad que las personas que se encuentran atrapadas en este síndrome en raras ocasiones alcanzan autonomía y libertad propias, con conocimiento y ayuda profesional, si hiciera falta, se sale de aquí. 

 

Repasamos el cuento que da nombre al complejo de Cenicienta

Es una de las historias clásicas más afianzadas en la cultura tradicional objeto de libros, películas, parques temáticos o disfraces. Y a la par, con la nueva lectura de los mitos antiguos, uno de esos cuentos infantiles de princesas que no debes leer a tu hija. ¿Y eso por qué? Lo explicamos en el link anterior, pero ya adelanto que este tipo de historias van conformando una personalidad dependiente desde tempranas edades esperando, por tanto, que otros resuelvan lo que podemos intentar (otra cosa es que consigamos) por nosotros mismos. 

Resumiendo mucho, Cenicienta se queda huérfana a muy temprana edad atrapada en su propia casa, la cual dirige una malvada madrastra que tiene dos hijas feísimas en todos los aspectos. Por el contrario, nuestra protagonista es todo dulzura, belleza y abnegación, convirtiéndose en criada de las personas que ocupan la casa que legalmente le pertenece. Va así creciendo sin oponerse a los designios de una persona con rasgos de psicópata hasta que un buen día llega una invitación para ir a un baile principesco. La importancia del evento es tal que de allí saldrá la futura esposa del heredero, nada más y nada menos. Ni que decir tiene que Cenicienta no irá a la fiesta por imposición de la madrastra y, en cambio, sí deberá coser los vestidos de las otra muchachas. 

Para la joven solo le queda el desconsuelo, ya que no contempla la opción de la rebeldía en cualquiera de sus aspectos, la misma que le permitiría ir en post de sus sueños. Esa noche, al quedarse llorando en casa rumiando su desgracia, aparece su hada madrina la cual permite, mediante hechizos de magia, que Cenicienta pueda ir al baile, vestida de forma primorosa, calzada con zapatos de cristal y en una maravillosa carroza transformada de una calabaza y de los ratones de la casa.  

La única condición es que vuelve antes de las doce. Pero la muchacha, prendada del príncipe y bailando sin cesar, se olvida de la hora. En su carrera, por estar de vuelta a tiempo (y, por tanto, seguir obedeciendo), pierde uno de los zapatos en las escalinatas de palacio. Más allá del simbolismo de la prenda (que también he desentrañado), el heredero de la corona se pone a buscarla con la única guía de ese zapato mágico, pequeño y extraño. Todos sabemos que ambos se reencuentran (no sin antes pasar por la oposición y zancadillas diversas de la malvada madrastra), se casan y son felices para siempre. 

 

Causas del complejo de Cenicienta

El cuento tradicional nos da muchas pistas del origen de esta condición. Cenicienta está prisionera en su propia casa convirtiéndose en criada, cuando debe ser dueña y señora. Y esto sucede porque es vulnerable debido a su orfandad. Por eso, no es de extrañar que, tras el síndrome de Cenicienta, se encuentre lo siguiente: 

1.- Una cultura (en la cual estamos aún inmersa) en la que se premia la sumisión absoluta por parte de la mujer, quien es relegada a tareas domésticas o subalternas. El premio a la obediencia (coartando la posibilidad de aventurarse en lo desconocido que se encuentra tras los muros de la casa) es la mano del príncipe. Y lee con esto una vuelta a empezar en la espiral de obediencia, sumisión, muros del hogar, amor romántico… Todo ello impide el mínimo empoderamiento.  

2.- Crianza indolente que hace vulnerable a las niñas y también a algunos niños coartando cualquier atisbo de asertividad o de libertad de expresión. 

3.- El complejo de Cenicienta en más frecuente en miembros adultos procedentes de familias tóxicas, de una madre narcisista o de entornos donde no se ha respetado los sentimientos de los pequeños. 

4.- Personas que, por las razones que sean, han crecido bajo los influjos de la infensión aprendida.  

5.- Entornos socio-culturales pobres (en todos los sentidos) que relegan a la mujer únicamente a las tareas domésticas sin darle otras opciones. 

6.- La publicidad sexista que inculca roles de género inamovibles. 

7.- Aunque parezca que no tiene ninguna relación, también está detrás del síndrome de Cenicienta, la cultura del pelotazo, esa idea extendida en algunos entornos sociales que nos repiten una y otra vez que no se puede salir de una situación que no te gusta si no es con la suerte. Y en esto entra desde que te toque el gordo de la lotería hasta que te encuentres en un café con un rico millonario que se quede prendado de ti hasta que venga alguien de fuera que, por arte de magia, te saque de un emplazamiento infeliz. 

8.- Detrás de esta condición siempre hay una falta de apuesta en nosotros mismos, en nuestras posibilidades, en la capacidad que tenemos para salir de cualquier situación adversa o que no nos gusta del todo. 

Síntomas o características del complejo de Cenicienta 

1.- Como sucede con el síndrome de Peter Pan, las personas con esta condición son como niños desvalidos atrapados en cuerpos de adultos. De alguna manera u otra, no han salido a la vida de los mayores con todo lo que ello conlleva: responsabilidad y libertad. 

2.- Siempre hay un miedo atroz a lo que está afuera, a lo desconocido, a abandonar la zona de confort. 

3.- Las personas con el complejo de Cenicienta no se atreven a intentar nada por sí mismas y siempre necesitan la validación de su entorno. 

4.- No se defienden y se dejan vapulear por los demás. Son el caldo de cultivo para caer en relaciones tóxicas de todo tipo y ser el objetivo de narcisistas y aprovechados. 

5.- La baja autoestima es una tónica y condiciona cualquier relación ya sea en el ámbito social, laboral, familiar, personal o de pareja. 

6.- Es normal que se hagan cargo de responsabilidades que no le corresponden renunciando, a la par, a hacer ver su criterio u opinión en cualquier asunto. 

Así son las personas con el síndrome de Cenicienta

7.- Suelen desempeñar tareas laborales en puestos sobrerrepesentados. 

8.- Les cuesta mucho ponerse metas a largo plazo necesitando la validación externa y aplazando constantemente el cambio vital que les llevará a la libertad. 

9.- Abandonan con frecuencia los proyectos en los que se embarcan. 

10.- Son bastantes permeables a las críticas y opiniones ajenas.

11.- Necesitan siempre a otros para hacer cualquier cosa. Por eso, son las víctimas propiciatorias para caer en las redes de personas tóxicas, la representación de la malvada madrastra del cuento. 

12.- No se creen merecedoras de ningún bien. 

13.- Suelen ser personas que no dejan brillar su luz (por miedo o por cobardía) y es normal que caigan en la tristeza. 

14.- Siempre están ocupadas (en ocasiones hasta la extenuación) con tareas que no les corresponde. 

15.- Para ellas es imposible delegar.   

 

¿Y ahora qué? ¿Espero a que otros hagan lo que yo no hago por mí?  

Todo ello hace que estas personas no persigan sus sueños o se esfuercen por salir adelante. Es necesario que algo en sus vidas les sacuda y esto suele ser un hecho traumático. A partir de aquí hay que tomar conciencia para superar la situación. Aunque algunos casos (muy enquistados por la biografía personal),  va a requerir de ayuda profesional, se puede avanzar paso a paso.  

1.- Lo primero es saber, reconocer y aceptar que padeces el complejo de Cenicienta el cual impide tu crecimiento personal y espiritual. 

2.- Pregúntate qué te ha llevado a tener una autoestima tan baja que no te permite ser dueñ@ de tu mundo. 

3.- Acepta, deja ir y perdona. No rumies tu infelicidad volviendo una y otra vez sobre hechos, situaciones o actos del pasado. Que te sirva para aprender y para caminar de otra manera pero no para quedarte con los pies estancados. 

4.- Reza un proverbio chino que “para recorrerse el mundo hay que dar un primer paso”. Y para cualquier meta hay que hacer lo mismo: hay que proponerse retos pequeños, asumibles y a tu alcance. De nada sirve que fantasees con llegar a La Luna mañana si no te has preparado para salir en soledad a un punto a 100 kms de tu casa.  

Salir del complejo de Cenicienta

5.- Lee, fórmate y estudia. Entiende lo que te pasa sin dejar que te amordace.  

6.- Deja un tiempo solo para ti y solo para ti. Cuando compruebes que no se cae el mundo por ello, comenzarás a liberarte de todas las tareas impuestas.  

7.- Cuídate en todos los sentidos: espiritual, anímico, intelectual y físico. Come comida de verdad, deja el sedentarismo y abandona hábitos tóxicos y de desgana.  

8.- Cultiva relaciones sociales variadas. No tengas miedos a abandonar los límites establecidos y fronteras emocionales. Así podrás poner en la distancia todo lo que te pasa. 

9.- Aprende a decir no. Si alguien se enfada por ello cuando es totalmente justo por tu parte, no debe estar en tu vida (así de simple). En cambio, si es alguien que te quiere y te respeta lo entenderá al segundo.  

10.- No busques fuera lo que está dentro de ti. Bien es verdad que somos criaturas sociales que necesitamos a los otros para todo, pero eso no significa que tus relaciones sean dependientes. Cultiva tu soledad con aquello que te gusta. Aprende a amar esos momentos que pasas contigo mism@. 

Ni que decir tiene que cualquier reto no se consigue de la noche a la mañana. Todo lleva su tiempo, su esfuerzo, sus pequeños avances y, a veces, grandes tropezones. Lo más importante es que te fijes como meta tu libertad sin renunciar ni a tu responsabilidad (social, familiar, personal…) ni a tus sueños. Si sientes que no avanzas o que te haz estancado, lo mismo es el momento de pedir ayuda o de intentar otro camino. Lo que nunca debes hacer es buscar la solución fuera (esto no vale en el caso de consejo profesional)  para lo que siempre ha estado dentro de ti. Mira hacia tu luz, aquella que te hace un ser único e irrepetible.   

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

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Es un personaje de ficción que vio la luz en Londres en Diciembre de 1904 salido de la mente de J. M. Barrie. Desde esa fecha, ha protagonizado películas, libros u obras plásticas entrando en el imaginario colectivo con derecho propio. Cuando la obra teatral se estrenó (que aquí comenzó todo) ya estaba en la calle El significado de los sueños de Freud. Y esto viene al hilo porque podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que los distintos artistas de la época iban poniendo nombres a caracteres y características que se estaban desentrañando con el progresivo conocimiento del inconsciente. Este fue el caso de J. M. Barrie, quien creó un personaje que además, con el tiempo, ha bautizado un carácter perteneciente a ese cajón de sastre denominado en la actualidad gente tóxica. Hablo del síndrome de Peter Pan, el niño-muchacho-hombre que se niega a crecer y a abandonar su particular paraíso, el País de Nunca Jamás. 

 

El de Peter Pan es un mundo de fantasía, de juegos, de camaradería desentendida alejado de las preocupaciones de la vida adulta y, por tanto, de lo que es inherente a ella. Por eso, responsabilidad o capacidad para hacerse cargo de otros no forman parte de su esencia emocional y/o espiritual. En el mundo de Peter Pan, como el de las personas que viven con esta personalidad, no hay espacio para la existencia de adulto con todo lo que ello implica: libertad y, a la par, responsabilidad.   

Entonces, ¿qué es el síndrome de Peter Pan?

Es una característica psicológica que no llega a considerarse dolencia (aunque hay autores que abogan por ello) que impide a la persona adulta que la sufre involucrarse en la cotidianidad que demanda su edad. Con eso me refiero a hacerse cargo (o crear siquiera) una familia, conservar y sobrellevar un empleo (a veces ni siquiera en actividades que les gustan) y manejar su libertad con acierto. Las personas (hombres y mujeres) con síndrome Peter Pan viven como los niños pequeños esperando que otros hagan los que les corresponde por edad y condición. Si eso no puede ser se enfadan, entran en cólera o simplemente culpan a los demás por todo lo que les sucede. Viven en una infancia eterna negándose a participar en la forma de estar en el mundo de los adultos. Aunque, en un principio, pudieran parecer personas divertidas o creativas, el caso es que se hacen daño tanto a ellos mismos como a los que le rodean por su actitud egoísta (y esa es la palabra) y despreocupada en extremo. Aún así, y como regla general, estos individuos no hacen daño a sabiendas sino, más bien, este se produce como resultado de sus actos. 

Causas del síndrome de Peter Pan

Aunque la literatura más común (esa que se repite sin pararse a analizar) propone como causa de esta condición una infancia muy feliz, hay que poner en cuarentena esta afirmación. ¿Por qué? Porque, sencillamente, un niño o niña que ha recibido amor, cuidado y comprensión por parte de su entorno tiene todas las papeletas para ser un adulto completo, independiente y responsable. En este sentido, no cuadra que un pequeño que ha vivido sus primeros años de manera dichosa se aferre a esta época desarrollando el síndrome de Peter Pan. Estas estarían en otras situaciones. Analizamos, pues, algunas de las causas más frecuentes de esta condición:  

1.- Los abusos (físicos, verbales, emocionales e, incluso, sexuales) son la piedra angular de problemas emocionales, espirituales y psicológicos de todo tipo. Aunque con la ayuda y la terapia adecuada buena parte de estos niños (dependiendo de la intensidad del daño que se les ha infligido) son adultos funcionales, la mayoría de trastornos se gestan en estas circunstancias. El pequeño que ha sufrido de esta manera se aferra a una infancia que no ha vivido sin disponer de herramientas para ser un adulto funcional. Estaríamos ante un proceso de defensa emocional típico que debe trabajarse en terapia para poder sanar (en la medida de lo posible) esas heridas. 

2.- Entornos en los que se hace una crianza indolente donde se mima en exceso o se sobreprotege a los niños no dándoles la oportunidad de desarrollar todo su potencial. El pequeño se queda estancado en su desarrollo emocional sin la posibilidad de enfrentarse a escenarios de superación de todo tipo (por supuesto supervisados por adultos) donde vaya cimentando su autoestima

3.- La sociedad hedonista actual también fomenta estas actitudes ensalzando (y, a la vez, confundiendo) propuestas en las que la libertad (sin la contrapartida de la responsabilidad) y la alegría (a veces procedente de paraísos artificiales) son dones supremos. 

4.- Los niños se conforman por imitación. Así que es probable que alguien con síndrome de Peter Pan haya tenido un modelo cercano en casa (lee progenitores). 

Síntomas del síndrome de Peter Pan 

Las personas con esta condición no llevan tatuada en la frente su forma de estar en el mundo y, los que están alrededor solo se dan cuenta de ello pasado un tiempo. Y eso si tienen la formación y/o las herramientas necesarias. Normalmente los conflictos aparecen nada más incorporarse al mundo laboral o a la hora de mantener una pareja más allá del amor pasional adolescente. Es frecuente lo siguiente: 

1.- Los adultos (hombres y mujeres) con síndrome Peter Pan nunca se responsabilizan de sus acciones. Siempre tienen la culpa otros de los que les pasa. Siempre hay alguien que nos le deja conseguir sus metas. Pero, a poco que se indague, es que, sencillamente, no se esfuerzan absolutamente por nada. 

2.- Se niegan a salir de su zona de confort y a superar el miedo a la hora de enfrentarse a los retos normales de la vida adulta. En situaciones complicadas simplemente se bloquean llegando a caer en cuadros de ansiedad o de depresión. 

3.- Son personas tremendamente egoístas (sin capacidad de empatía y actuando solo en beneficio propio) y egocéntricas (el mundo girar alrededor de ellos). 

4.- Buena parte de ellos acusan una personalidad narcisista o repiten patrones de progenitores con esta condición.  

5.- En el plano práctico, son incapaces de conservar un trabajo y tienen problemas con las figuras de autoridad y compañeros. 

6.- Pueden alcanzar una buena posición laboral a pesar de tener un marcado síndrome de Peter Pan (por pertenecer a la élite social y se les haya abierto puertas y ventanas por ejemplo). Sin embargo, en estos casos se caracterizan por tomar decisiones descabelladas, desacertadas y fuera de toda lógica. ¡Ojo! No hay que confundir estas acciones con aquellas provenientes de individuos creativos, proactivos y emprendedores con ideas novedosas. En estos últimos casos, estas personas se hacen responsables de sus actos, ejercen liderazgos responsables y delegan con criterio. Los individuos peterpanes, por el contrario, embrollan la situación, manipulan a veces, no tienen en cuenta las necesidades del equipo y, en general, están faltos de la mínima empatía. 

7.- Al hilo de lo anterior, las personas con síndrome de Peter Pan nunca tienen claras (tampoco se las plantean) sus metas vitales, laborales o familiares. Viven en una improvisación constante. 

8.- En el ámbito personal son incapaces de mantener una relación de pareja de manera saludable y, en los últimos tiempos, con la conquista de la libertad en todos los ámbitos, suelen decantarse por encuentros esporádicos que no impliquen ninguna responsabilidad. 

9.- Si logran formar una familia con hijos, es frecuente que se desentiendan de ellos al no comprometerse con aspectos básicos de la crianza, alimentación, educación y cuidado emocional. 

10.- En casos extremos, suelen reconocerse en lo que son (personas con síndrome de Peter Pan) y se jactan de ello promoviendo su actitud como la única correcta en la vida. Es la forma más sencilla y directa de justificarse. 

Características de los hombres con síndrome de Peter Pan

Si bien es verdad que estos síntomas expuestos más arriba se dan tanto en hombres y mujeres, los varones (por la educación tradicional en la que aún estamos insertos) suelen tener algunas diferencias de comportamiento con respecto a las féminas. 

1.- Los hombres con síndrome de Peter Pan, cuando están en un emplazamiento “adecuado”, no dudan en arrastrar a los que se encuentran alrededor a situaciones comprometidas o, directamente, peligrosas. Un ejemplo frecuente y diario (por su visibilidad) es el comportamiento de ciertos políticos que, en el plano emocional y psicológico, no han alcanzado la vida adulta. Otra cosa es que, por procedencia social y/o oportunidad, se hayan visto con una responsabilidad a la que nunca podrán hacer frente. 

2.- Se consideran fuera de las normas y las leyes. Por eso, es frecuente que tengan algún problema con la autoridad y también con las drogas legales o ilegales. 

3.- Cuidan su imagen en extremo ya que son susceptibles a las críticas aunque estas sean constructivas. 

4.- No aceptan ninguna crítica ni consejo y son incapaces de reconducir su comportamiento el cual, como he indicado más arriba, suele ser errado (por pernicioso en el plano emocional) en la mayoría de las veces. 

5.- Son inconstantes e inconsistentes emocionalmente cambiando de opinión con frecuencia, siendo incapaces de establecerse metas y de trabajar por ellas. Quieren que todo les llegue “caído del cielo” como el niño que no tiene que preocuparse por lo básico de su subsistencia porque ya lo hacen sus padres o tutores. 

¿Hay mujeres con síndrome de Peter Pan?

Sí, como los hombres y con las mismas características que ellos. La única diferencia con las féminas (y esto, quizás es debido a la educación patriarcal en la cual estamos aún insertos) en ellas se confunde con el complejo de Cenicienta. Esto es, las mujeres peterpanes buscan en los demás una constante validación, eligiendo parejas que se hagan cargo de ellas en todos los aspectos y enlazando relaciones tóxicas unas tras otra. Como los hombres con esta condición, aún no han asumido los roles de la vida adulta y se sienten desvalidas, desprotegidas y frágiles como niñas pequeñas.  

 

¿Cómo tratar, convivir o emparejarse con una persona con síndrome de Peter Pan?

Aunque no es un trastorno psicológico, si el individuo aquejado de esta condición no tiene los apoyos alrededor suficientes (económicos, sociales, familiares…) su vida puede llegar a ser muy complicada. En este sentido, se encuentran casos en terapia que acuden por cuadros de ansiedad o de estrés extremo cuando no de depresión. Y es aquí donde se indaga en esta peculiar condición. Con ayuda psicológica es posible salir y asumir (con sus limitaciones) los roles que demanda la vida adulta.  

Por otro lado, convivir con una persona de estas características puede llevar a fomentar una auténtica familia tóxica, donde los caprichos se prioricen a las necesidades, a la responsabilidad y al crecimiento espiritual de cada uno de los miembros de la misma. Es normal que los individuos varones con este síndrome acaben en divorcios traumáticos donde se desatiendan de las necesidades elementales de sus vástagos y culpen al otro al 100% de la situación. En las mujeres, por miedo a enfrentarse a la vida real, suelen encadenar una pareja tras otra buscando la solución a los problemas que solo se encuentra en el interior de ellas mismos. En el caso de las féminas, el asunto se complica por la cultura de micro machismos en la que aún vivimos alimentando un complejo que las hace tremendamente infelices cuando no desgraciadas. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Es un personaje de ficción que vio la luz en Londres en Diciembre de 1904 salido de la mente de J. M. Barrie. Desde esa fecha, ha protagonizado películas, libros u obras plásticas entrando en el imaginario colectivo con derecho propio. Cuando la obra teatral se estrenó (que aquí comenzó todo) ya estaba en la calle El significado de los sueños de Freud. Y esto viene al hilo porque podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que los distintos artistas de la época iban poniendo nombres a caracteres y características que se estaban desentrañando con el progresivo conocimiento del inconsciente. Este fue el caso de J. M. Barrie, quien creó un personaje que además, con el tiempo, ha bautizado un carácter perteneciente a ese cajón de sastre denominado en la actualidad gente tóxica. Hablo del síndrome de Peter Pan, el niño-muchacho-hombre que se niega a crecer y a abandonar su particular paraíso, el País de Nunca Jamás. 

 

El de Peter Pan es un mundo de fantasía, de juegos, de camaradería desentendida alejado de las preocupaciones de la vida adulta y, por tanto, de lo que es inherente a ella. Por eso, responsabilidad o capacidad para hacerse cargo de otros no forman parte de su esencia emocional y/o espiritual. En el mundo de Peter Pan, como el de las personas que viven con esta personalidad, no hay espacio para la existencia de adulto con todo lo que ello implica: libertad y, a la par, responsabilidad.   

Entonces, ¿qué es el síndrome de Peter Pan?

Es una característica psicológica que no llega a considerarse dolencia (aunque hay autores que abogan por ello) que impide a la persona adulta que la sufre involucrarse en la cotidianidad que demanda su edad. Con eso me refiero a hacerse cargo (o crear siquiera) una familia, conservar y sobrellevar un empleo (a veces ni siquiera en actividades que les gustan) y manejar su libertad con acierto. Las personas (hombres y mujeres) con síndrome Peter Pan viven como los niños pequeños esperando que otros hagan los que les corresponde por edad y condición. Si eso no puede ser se enfadan, entran en cólera o simplemente culpan a los demás por todo lo que les sucede. Viven en una infancia eterna negándose a participar en la forma de estar en el mundo de los adultos. Aunque, en un principio, pudieran parecer personas divertidas o creativas, el caso es que se hacen daño tanto a ellos mismos como a los que le rodean por su actitud egoísta (y esa es la palabra) y despreocupada en extremo. Aún así, y como regla general, estos individuos no hacen daño a sabiendas sino, más bien, este se produce como resultado de sus actos. 

Causas del síndrome de Peter Pan

Aunque la literatura más común (esa que se repite sin pararse a analizar) propone como causa de esta condición una infancia muy feliz, hay que poner en cuarentena esta afirmación. ¿Por qué? Porque, sencillamente, un niño o niña que ha recibido amor, cuidado y comprensión por parte de su entorno tiene todas las papeletas para ser un adulto completo, independiente y responsable. En este sentido, no cuadra que un pequeño que ha vivido sus primeros años de manera dichosa se aferre a esta época desarrollando el síndrome de Peter Pan. Estas estarían en otras situaciones. Analizamos, pues, algunas de las causas más frecuentes de esta condición:  

1.- Los abusos (físicos, verbales, emocionales e, incluso, sexuales) son la piedra angular de problemas emocionales, espirituales y psicológicos de todo tipo. Aunque con la ayuda y la terapia adecuada buena parte de estos niños (dependiendo de la intensidad del daño que se les ha infligido) son adultos funcionales, la mayoría de trastornos se gestan en estas circunstancias. El pequeño que ha sufrido de esta manera se aferra a una infancia que no ha vivido sin disponer de herramientas para ser un adulto funcional. Estaríamos ante un proceso de defensa emocional típico que debe trabajarse en terapia para poder sanar (en la medida de lo posible) esas heridas. 

2.- Entornos en los que se hace una crianza indolente donde se mima en exceso o se sobreprotege a los niños no dándoles la oportunidad de desarrollar todo su potencial. El pequeño se queda estancado en su desarrollo emocional sin la posibilidad de enfrentarse a escenarios de superación de todo tipo (por supuesto supervisados por adultos) donde vaya cimentando su autoestima

3.- La sociedad hedonista actual también fomenta estas actitudes ensalzando (y, a la vez, confundiendo) propuestas en las que la libertad (sin la contrapartida de la responsabilidad) y la alegría (a veces procedente de paraísos artificiales) son dones supremos. 

4.- Los niños se conforman por imitación. Así que es probable que alguien con síndrome de Peter Pan haya tenido un modelo cercano en casa (lee progenitores). 

Síntomas del síndrome de Peter Pan 

Las personas con esta condición no llevan tatuada en la frente su forma de estar en el mundo y, los que están alrededor solo se dan cuenta de ello pasado un tiempo. Y eso si tienen la formación y/o las herramientas necesarias. Normalmente los conflictos aparecen nada más incorporarse al mundo laboral o a la hora de mantener una pareja más allá del amor pasional adolescente. Es frecuente lo siguiente: 

1.- Los adultos (hombres y mujeres) con síndrome Peter Pan nunca se responsabilizan de sus acciones. Siempre tienen la culpa otros de los que les pasa. Siempre hay alguien que nos le deja conseguir sus metas. Pero, a poco que se indague, es que, sencillamente, no se esfuerzan absolutamente por nada. 

2.- Se niegan a salir de su zona de confort y a superar el miedo a la hora de enfrentarse a los retos normales de la vida adulta. En situaciones complicadas simplemente se bloquean llegando a caer en cuadros de ansiedad o de depresión. 

3.- Son personas tremendamente egoístas (sin capacidad de empatía y actuando solo en beneficio propio) y egocéntricas (el mundo girar alrededor de ellos). 

4.- Buena parte de ellos acusan una personalidad narcisista o repiten patrones de progenitores con esta condición.  

5.- En el plano práctico, son incapaces de conservar un trabajo y tienen problemas con las figuras de autoridad y compañeros. 

6.- Pueden alcanzar una buena posición laboral a pesar de tener un marcado síndrome de Peter Pan (por pertenecer a la élite social y se les haya abierto puertas y ventanas por ejemplo). Sin embargo, en estos casos se caracterizan por tomar decisiones descabelladas, desacertadas y fuera de toda lógica. ¡Ojo! No hay que confundir estas acciones con aquellas provenientes de individuos creativos, proactivos y emprendedores con ideas novedosas. En estos últimos casos, estas personas se hacen responsables de sus actos, ejercen liderazgos responsables y delegan con criterio. Los individuos peterpanes, por el contrario, embrollan la situación, manipulan a veces, no tienen en cuenta las necesidades del equipo y, en general, están faltos de la mínima empatía. 

7.- Al hilo de lo anterior, las personas con síndrome de Peter Pan nunca tienen claras (tampoco se las plantean) sus metas vitales, laborales o familiares. Viven en una improvisación constante. 

8.- En el ámbito personal son incapaces de mantener una relación de pareja de manera saludable y, en los últimos tiempos, con la conquista de la libertad en todos los ámbitos, suelen decantarse por encuentros esporádicos que no impliquen ninguna responsabilidad. 

9.- Si logran formar una familia con hijos, es frecuente que se desentiendan de ellos al no comprometerse con aspectos básicos de la crianza, alimentación, educación y cuidado emocional. 

10.- En casos extremos, suelen reconocerse en lo que son (personas con síndrome de Peter Pan) y se jactan de ello promoviendo su actitud como la única correcta en la vida. Es la forma más sencilla y directa de justificarse. 

Características de los hombres con síndrome de Peter Pan

Si bien es verdad que estos síntomas expuestos más arriba se dan tanto en hombres y mujeres, los varones (por la educación tradicional en la que aún estamos insertos) suelen tener algunas diferencias de comportamiento con respecto a las féminas. 

1.- Los hombres con síndrome de Peter Pan, cuando están en un emplazamiento “adecuado”, no dudan en arrastrar a los que se encuentran alrededor a situaciones comprometidas o, directamente, peligrosas. Un ejemplo frecuente y diario (por su visibilidad) es el comportamiento de ciertos políticos que, en el plano emocional y psicológico, no han alcanzado la vida adulta. Otra cosa es que, por procedencia social y/o oportunidad, se hayan visto con una responsabilidad a la que nunca podrán hacer frente. 

2.- Se consideran fuera de las normas y las leyes. Por eso, es frecuente que tengan algún problema con la autoridad y también con las drogas legales o ilegales. 

3.- Cuidan su imagen en extremo ya que son susceptibles a las críticas aunque estas sean constructivas. 

4.- No aceptan ninguna crítica ni consejo y son incapaces de reconducir su comportamiento el cual, como he indicado más arriba, suele ser errado (por pernicioso en el plano emocional) en la mayoría de las veces. 

5.- Son inconstantes e inconsistentes emocionalmente cambiando de opinión con frecuencia, siendo incapaces de establecerse metas y de trabajar por ellas. Quieren que todo les llegue “caído del cielo” como el niño que no tiene que preocuparse por lo básico de su subsistencia porque ya lo hacen sus padres o tutores. 

¿Hay mujeres con síndrome de Peter Pan?

Sí, como los hombres y con las mismas características que ellos. La única diferencia con las féminas (y esto, quizás es debido a la educación patriarcal en la cual estamos aún insertos) en ellas se confunde con el complejo de Cenicienta. Esto es, las mujeres peterpanes buscan en los demás una constante validación, eligiendo parejas que se hagan cargo de ellas en todos los aspectos y enlazando relaciones tóxicas unas tras otra. Como los hombres con esta condición, aún no han asumido los roles de la vida adulta y se sienten desvalidas, desprotegidas y frágiles como niñas pequeñas.  

 

¿Cómo tratar, convivir o emparejarse con una persona con síndrome de Peter Pan?

Aunque no es un trastorno psicológico, si el individuo aquejado de esta condición no tiene los apoyos alrededor suficientes (económicos, sociales, familiares…) su vida puede llegar a ser muy complicada. En este sentido, se encuentran casos en terapia que acuden por cuadros de ansiedad o de estrés extremo cuando no de depresión. Y es aquí donde se indaga en esta peculiar condición. Con ayuda psicológica es posible salir y asumir (con sus limitaciones) los roles que demanda la vida adulta.  

Por otro lado, convivir con una persona de estas características puede llevar a fomentar una auténtica familia tóxica, donde los caprichos se prioricen a las necesidades, a la responsabilidad y al crecimiento espiritual de cada uno de los miembros de la misma. Es normal que los individuos varones con este síndrome acaben en divorcios traumáticos donde se desatiendan de las necesidades elementales de sus vástagos y culpen al otro al 100% de la situación. En las mujeres, por miedo a enfrentarse a la vida real, suelen encadenar una pareja tras otra buscando la solución a los problemas que solo se encuentra en el interior de ellas mismos. En el caso de las féminas, el asunto se complica por la cultura de micro machismos en la que aún vivimos alimentando un complejo que las hace tremendamente infelices cuando no desgraciadas. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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El cuento es de Jorge Bucay y está en boca de todos por lo que nos enseña (en una narración muy corta) sobre las autolimitaciones. La búsqueda de la felicidad (la cual no se consigue sin el desarrollo de los talentos propios) se nos hace una prioridad. Cada día nos sirven menos las normas impuestas y no nos conformamos (como hace décadas) con aquello que nos ha tocado. Y no lo hacemos por nuestro bien y, además, porque ya sabemos que ciertas estructuras limitantes pueden ser superadas por nosotros mismos (o con un poco de ayuda). No hace falta recordar que en la base de una autoestima baja o en el corazón de personas víctimas de maltratos de todo tipo (incluso del gaslighting) se encuentra, a veces, un fondo de indefensión aprendida que no las deja avanzar hacia donde quieren. Sin tu permiso, querido lector, amada lectora, voy a hacer una interpretación más amplia de la historia del elefante encadenado de Jorge Bucay. Espero que te guste igual.  

El elefante encadenado, versión propia del famoso cuento 

En un país lejano donde se ponía el sol tras las montañas nevadas un elefante pequeño perdió el camino de vuelta a casa. El elefantito, que era precioso y de maravillosos ojos color azabache, lloró desconsoladamente durante toda la noche con la ilusión de que alguien de su clan lo encontrara o oyera sus gemidos, pero, desafortunadamente no fue así. A la mañana siguiente, con las primeras luces del alba, se dio cuenta de que se encontraba solo, vulnerable y a merced de todos aquellos que quisieran hacerle daño. Anduvo durante horas hasta caer exhausto de cansancio, hambre y sed. Cuando abrió los ojos, con las fuerzas limitadas, se encontró ante un humano que lo miraba con curiosidad y un pelín de arrogancia. A los pocos minutos le ofreció unas deliciosas zanahorias y un poco de agua para reponerse del duro camino que había realizado. El elefantito creyó que había encontrado un amigo y siguió al humano a corta distancia.  

Este tenía montado un campamento unos kilómetros hacia el este y hasta allí anduvieron un buen trecho. Cuando llegaron, el humano comentó algo con otros compañeros señalando al elefantito, pero nuestro protagonista no pudo entender qué estaban tramando. Con cuidado lo llevaron hasta el fondo de un corral y allí le pusieron comida y agua fresca. Sin saber cómo el humano se las apañó para colocar una cadena en una de las patas del elefantito. Apretaba tanto que no podía moverse. El elefantito intentó romper la cadena pero sus fuerzas no podían con ella. Lo volvió a intentar una y otra vez hasta que, exhausto de nuevo y dolorido al máximo desistió de su intento. 

El humano volvía para dejar comida y agua. Bajo ningún concepto quería que el elefantito muriera. Al cabo de algunos días, encadenado, lo llevó bajo la carpa central del campamento que, en realidad, era un circo. Allí comenzó a entrenarlo para que se moviera, actuara o se comportara según las enseñanzas y el capricho del humano. Aunque el elefantito no le gustaba hacer esto, al cabo de un tiempo comenzó a ceder y a aprender aquello que se le enseñaba. 

Pasaban los días y a los días los meses y a estos los años y el elefantito creció tanto que se convirtió en un animal hermoso (aunque sus ojos ya no brillaban con alegría) y muy grande. Cada tarde entretenía al público del circo con aquellos movimientos que le habían enseñado desde pequeño y, al caer la noche, volvía a su corral donde, de nuevo, era encadenado. La luna era su compañera de sueños de libertad. Aún recordaba el color del valle y ansiaba volver a las llanuras tras las montañas. 

Desafortunadamente, una cadena le impedía recorrer ese camino. Así lo había aprendido nuestro elefante grande, hermoso y triste durante largos días de entrenamiento. Lo que no sabía es que ya había crecido, se había hecho grande (mucho más que su captor) y ya no era el animalillo vulnerable fuera de su manada. Por tanto, solo necesitaba mover un poco su pata y con un golpe deshacerse de la cadena que lo mantenía prisionero y alejado de sus sueños. El elefante encadenado no sabía que el poder para hacer aquello que deseaba residía en su interior, en él mismo, en su fuerza innata.  

 

¿Qué es la indefensión aprendida y qué nos enseña el cuento del elefante encadenado? 

En esencia, la indefensión aprendida son aquellos parámetros inculcados (por la fuerza o sutilmente) que no nos dejan ver la fuerza que realmente tenemos. Es más, nos creemos prisioneros, vulnerables y a merced de los deseos de otros. La indefensión aprendida forma los cimientos de esa autoestima baja, culpable de todo lo que te pasa. Se forma con frecuencia en la infancia y, por supuesto, siempre es a nivel inconsciente. Es como una cortina o una puerta que no nos deja pasar hacia el otro lado de nuestras posibilidades.   

El elefante encadenado, un cuento tan triste como puede llegar a ser la vida de las personas que no han aprendido a defenderse y a decir no, nos muestra el poder de las convicciones sobre nosotros mismos y el mundo. Nos enseña la destrucción de nuestro espíritu si nos atenemos a aquellos juicios erróneos inculcados desde la infancia. Nos muestra lo que nos perdemos si no escuchamos nuestra voz interior, la misma que nos dice que la libertad está en el valle, más allá de las montañas (metafóricamente hablando claro). 

La indefensión aprendida nos hará vulnerables y a merced de personas que no quieren nuestro bien a pesar de que nos digan lo contrario, como los humanos del cuento sobre el elefante encadenado. Y lo más grave: no nos dejará ser seres libres, el máximo bien al que puede aspirar un ser humano y fundamento de la felicidad. 

 

Causas de la indefensión aprendida 

Es difícil reconocer que eso que te está pasando tiene un origen y que ese principio hay que sanarlo para poder seguir viviendo en armonía y plenitud. A veces, cuesta aceptar que aquello u otro o lo de más allá que nos inculcaron en la infancia es lo mismo que no te permite ahora acabar con ciertas limitaciones. Hay quienes llegan a una depresión, al síndrome de burnout, a una enfermedad o a las adicciones por una indefensión aprendida que le nubla sus posibilidades de crecimiento. Si se conocen las causas, es más fácil poner remedio. 

1.- La indefensión aprendida se gesta casi siempre en la infancia 

Y de muchas y diversas maneras. El alma en crecimiento de un niño es permeable a todo aquello que sucede a su alrededor y, en ocasiones (más de las que queremos aceptar), no siempre para su bien. Los hijos de madre narcisista son las víctimas más frecuentes. Se convierten en adultos que se mueven por el mundo con una indefensión aprendida que no les permite tomar el camino correcto y este es siempre el de la libertad. Una familia tóxica, por las razones que sean, también genera niños vulnerables como el elefante encadenado de nuestro cuento. Estos pequeños se crían en un ambiente en el que aprenden desde muy pronto que poco o nada se puede hacer para cambiar la situación. Sus sentimientos y necesidades emocionales (a veces tampoco las físicas) nunca son tenidas en cuenta y, por tanto, no se creen merecedores de los grandes dones del amor. 

2.- Algunas estructuras sociales (machismo) cooperan con la indefensión aprendida 

Desafortunadamente vivimos en una sociedad imperfecta en la que, de una manera u otra, se instalan roles aceptados por todos. Si te han criado repitiendo que tu camino tiene que ser en un sentido, es muy difícil que pongas en cuestión esas órdenes aceptadas por todos. El machismo, por poner un caso, aunque sea en pequeñas dosis, de alguna manera u otra, coarta las desiciones de las pequeñas al asignarle unos roles que, en definitiva, son normas de indefensión aprendida al no darle herramientas para valerse, en todos y en cualquier ámbito, por sí mismas.  

3.- Lo que nos enseña el elefante encadenado sobre la educación  

Ni que decir tiene que no vamos a hacer saltar por los aires el papel formador de la escuela y la instrucción (aunque no nos parezca bien el exceso de deberes). Eso es una cosa y otra muy distinta encajonar a los pequeños, desde corta edad, con etiquetas que, a la postre, van a generar una indefensión aprendida.  Nos preguntamos cuántos adultos que no han conseguido formarse para desarrollar una profesión bien remunerada han oído de pequeños que esto o aquello no era para ellos y que estaban condenados casi a la pobreza y a la inseguridad de sus padres, su clan, su barrio o su raza. 

 

4.- Indefensión aprendida por maltrato psicológico

La personalidades que se esconden tras el patrón del narcisista o, lo que es peor, bajo la máscara del psicópata utilizan las mismas técnicas que el humano del cuento del elefante encadenado para subyugar a sus víctimas. Estas personas tóxicas se las apañan para hacer creer a los que están alrededor que son buenos, encantadores, confiables y empáticos cuando, en realidad, son todo lo contrario. Hacen ver a sus víctimas que sin ellos no van a poder moverse en el mundo y, en definitiva, están coartando su libertad hasta límites muy peligrosos. Cuando se ven sorprendidos pueden reaccionar con una ira extrema. Y esto no es de extrañar si aceptamos que este tipo de personalidades lo único que quieren es aprovecharse de la luz de sus víctimas. Para ello, tienen que inculcar una sutil y progresiva indefensión aprendida al que está frente a él. Es la única manera de que no se le escape y que atienda (como el elefante encadenado del cuento) todos sus caprichos o necesidades. A cambio solo ofrecerá el agua y las zanahorias necesarias para que el otro no muera. Y cuando ya no le sirva para sus fines retirará sin piedad este sustento sabiendo que está como el elefante encadenado: vulnerable e indefenso. 

 

Consecuencias de la indefensión aprendida 

1.- Baja autoestima y desconocimiento de las propias posiblidades

La baja autoestima es lo más evidente aunque hay personas que desarrollan enfermedades psicosomáticas, depresiones y tristezas crónicas al no poder identificar la causa de su malestar. Recordemos que la indefensión aprendida tiene como objetivo principal hacerte creer que no puedes liberarte, que no tienes fuerza para salir por ti mismo y perseguir tus sueños. ¡Pero no es verdad! Eres como el elefante encadenado, fuerte, hermoso y libre. Solo tienes que hacer un movimiento para liberarte de ese yugo.  

2.- Miedo a lo desconocido y a salir de la zona de confort

La zona de confort es ese espacio donde sientes un malestar no identificado, difuso que no te permite progresar. De ella es complicado salir porque, normalmente, atenaza un miedo indefinido a que todo vaya a salir mal. El espíritu y el corazón se achican quedándose atrapados en una situación que no permite el crecimiento interior. 

3.- Lo peor de la indefensión aprendida es que convierte en víctima a quien la sufre

No sabe decir no. Encadena un fracaso amoroso tras otro. Le cargan con el trabajo más duro. No respetan sus ideas o se las roban descaradamente. Cuando el alma está atrapada en la indefensión aprendida, como el elefante encadenado del cuento, algo dentro de esa persona le susurra que no puede alcanzar la libertad que se merece. Al no poder decir que no a las demandas ajenas, los que están alrededor irán progresivamente exigiendo más y más sin dar nada a cambio. Saben, en el fondo, que no va a moverse para liberar esas cadenas.  

4.- Generalmente la indefensión aprendida no permite desarrollar el potencial vital 

La persona que la sufre se siente como atrapado en una relación de pareja o familiar que no satisface, con un trabajo monótono que reconoce que no es para él o ella, se hace cargo de problemas que no le pertenecen… Todo ello va conformando un sistema de cargas anímicas que pesan tanto (a nivel inconsciente y anímico) que no le permiten avanzar y florecer como desea. Por eso, se hace necesario identificar el origen de esa indefensión aprendida y comenzar un entrenamiento en otros derroteros vitales que lleven a la felicidad. 

5.- Riesgo de continuar con la cadena a través de los hijos o los niños de alrededor

Porque quizás la indefensión aprendida que ha sido inculcada provenía de una persona también indefensa. Si esa es la manera de estar, sentir y vivir el mundo, es normal que, inconscientemente, la transmita a los que vienen detrás. Por eso, hay niños buenos de padres obedientes que se han acostumbrado a agachar la cabeza ante los avatares de la vida. No es cuestión de ser un rebelde porque sí, pero tampoco de aceptar todo aquello que viene de fuera como válido. La educación perfecta es la que forma adultos críticos y empáticos con el sufrimiento de los demás. Cualquier otra opción puede desencadenar una indefensión aprendida al sentir que no se tiene en cuenta los sentimientos o las necesidades íntimas. 

Qué debemos hacer para liberarnos de la esclavitud de la indefensión aprendida 

1.- Lo primero es tomar conciencia de que somos el elefante encadenado 

Sin esa aceptación de nuestra propia fragilidad y, a veces, de la biografía que hay detrás es muy difícil que se pueda salir de la situación.  

2.- La indefensión aprendida se combate con conocimiento de uno mismo

Y este llega a través de la escucha de nuestra voz del corazón,  oyendo aquello que nos dice nuestro niño interior y, a la postre, es necesario reconocernos en aquello que deseamos y anhelamos. Seguramente vendrán muchas voces (a veces sin llamarlas ni estar autorizadas a ello) que nos dirán que estamos errados. Sin embargo, si queremos dejar a un lado la indefensión aprendida, tienes que empezar por reconocer tus necesidades emocionales y vitales.

3.- Pide ayuda si no puedes sol@ 

Y esa ayuda que sea siempre de un profesional cualificado que te dé una mano cuando desfallezcas en el camino hacia la libertad. Si esto no es posible, intenta reconocer cuáles son las personas bienintencionadas de entre las que están a tu alrededor. Desafortunadamente, no todas las opiniones tienen la misma autoridad ni todos los corazones están llenos de la misma bondad.  

4.- Sal de la indefensión aprendida dando pequeños pasos sin temor a equivocarte

No te quedes en la teoría y… ¡practica! Parece una tontería pero el camino del valle que lleva hacia la montaña florida se recorre andando. Y la única manera de descubrir el mundo es dando un primer paso. Al principio será difícil e invadirá el miedo. Hay que superarlo. Poco a poco, con metas admisibles, pequeñas y poco ambiciosas se llega a un camino más seguro. Cuando te des cuenta estarás haciendo lo que creías imposible.  

5.- Cuando hayas brillado crea una nueva cadena: la de la ayuda a quien se encuentra en esta situación 

Es lo último: ese don que has conquistado no te lo quedes para ti. Ilumina tu vida con esa sabiduría ofreciéndola de la mejor manera que sepas a los demás. Vendrá de vuelta al momento. 

La indefensión aprendida es, en definitiva, la que hace que, como el elefante encadenado del cuento, te aferres a una esclavitud de la que no te sientes capaz de salir. Y es la misma que no te deja reconocer el poder que anida dentro de ti para recorrer el camino de la libertad. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

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El cuento es de Jorge Bucay y está en boca de todos por lo que nos enseña (en una narración muy corta) sobre las autolimitaciones. La búsqueda de la felicidad (la cual no se consigue sin el desarrollo de los talentos propios) se nos hace una prioridad. Cada día nos sirven menos las normas impuestas y no nos conformamos (como hace décadas) con aquello que nos ha tocado. Y no lo hacemos por nuestro bien y, además, porque ya sabemos que ciertas estructuras limitantes pueden ser superadas por nosotros mismos (o con un poco de ayuda). No hace falta recordar que en la base de una autoestima baja o en el corazón de personas víctimas de maltratos de todo tipo (incluso del gaslighting) se encuentra, a veces, un fondo de indefensión aprendida que no las deja avanzar hacia donde quieren. Sin tu permiso, querido lector, amada lectora, voy a hacer una interpretación más amplia de la historia del elefante encadenado de Jorge Bucay. Espero que te guste igual.  

El elefante encadenado, versión propia del famoso cuento 

En un país lejano donde se ponía el sol tras las montañas nevadas un elefante pequeño perdió el camino de vuelta a casa. El elefantito, que era precioso y de maravillosos ojos color azabache, lloró desconsoladamente durante toda la noche con la ilusión de que alguien de su clan lo encontrara o oyera sus gemidos, pero, desafortunadamente no fue así. A la mañana siguiente, con las primeras luces del alba, se dio cuenta de que se encontraba solo, vulnerable y a merced de todos aquellos que quisieran hacerle daño. Anduvo durante horas hasta caer exhausto de cansancio, hambre y sed. Cuando abrió los ojos, con las fuerzas limitadas, se encontró ante un humano que lo miraba con curiosidad y un pelín de arrogancia. A los pocos minutos le ofreció unas deliciosas zanahorias y un poco de agua para reponerse del duro camino que había realizado. El elefantito creyó que había encontrado un amigo y siguió al humano a corta distancia.  

Este tenía montado un campamento unos kilómetros hacia el este y hasta allí anduvieron un buen trecho. Cuando llegaron, el humano comentó algo con otros compañeros señalando al elefantito, pero nuestro protagonista no pudo entender qué estaban tramando. Con cuidado lo llevaron hasta el fondo de un corral y allí le pusieron comida y agua fresca. Sin saber cómo el humano se las apañó para colocar una cadena en una de las patas del elefantito. Apretaba tanto que no podía moverse. El elefantito intentó romper la cadena pero sus fuerzas no podían con ella. Lo volvió a intentar una y otra vez hasta que, exhausto de nuevo y dolorido al máximo desistió de su intento. 

El humano volvía para dejar comida y agua. Bajo ningún concepto quería que el elefantito muriera. Al cabo de algunos días, encadenado, lo llevó bajo la carpa central del campamento que, en realidad, era un circo. Allí comenzó a entrenarlo para que se moviera, actuara o se comportara según las enseñanzas y el capricho del humano. Aunque el elefantito no le gustaba hacer esto, al cabo de un tiempo comenzó a ceder y a aprender aquello que se le enseñaba. 

Pasaban los días y a los días los meses y a estos los años y el elefantito creció tanto que se convirtió en un animal hermoso (aunque sus ojos ya no brillaban con alegría) y muy grande. Cada tarde entretenía al público del circo con aquellos movimientos que le habían enseñado desde pequeño y, al caer la noche, volvía a su corral donde, de nuevo, era encadenado. La luna era su compañera de sueños de libertad. Aún recordaba el color del valle y ansiaba volver a las llanuras tras las montañas. 

Desafortunadamente, una cadena le impedía recorrer ese camino. Así lo había aprendido nuestro elefante grande, hermoso y triste durante largos días de entrenamiento. Lo que no sabía es que ya había crecido, se había hecho grande (mucho más que su captor) y ya no era el animalillo vulnerable fuera de su manada. Por tanto, solo necesitaba mover un poco su pata y con un golpe deshacerse de la cadena que lo mantenía prisionero y alejado de sus sueños. El elefante encadenado no sabía que el poder para hacer aquello que deseaba residía en su interior, en él mismo, en su fuerza innata.  

 

¿Qué es la indefensión aprendida y qué nos enseña el cuento del elefante encadenado? 

En esencia, la indefensión aprendida son aquellos parámetros inculcados (por la fuerza o sutilmente) que no nos dejan ver la fuerza que realmente tenemos. Es más, nos creemos prisioneros, vulnerables y a merced de los deseos de otros. La indefensión aprendida forma los cimientos de esa autoestima baja, culpable de todo lo que te pasa. Se forma con frecuencia en la infancia y, por supuesto, siempre es a nivel inconsciente. Es como una cortina o una puerta que no nos deja pasar hacia el otro lado de nuestras posibilidades.   

El elefante encadenado, un cuento tan triste como puede llegar a ser la vida de las personas que no han aprendido a defenderse y a decir no, nos muestra el poder de las convicciones sobre nosotros mismos y el mundo. Nos enseña la destrucción de nuestro espíritu si nos atenemos a aquellos juicios erróneos inculcados desde la infancia. Nos muestra lo que nos perdemos si no escuchamos nuestra voz interior, la misma que nos dice que la libertad está en el valle, más allá de las montañas (metafóricamente hablando claro). 

La indefensión aprendida nos hará vulnerables y a merced de personas que no quieren nuestro bien a pesar de que nos digan lo contrario, como los humanos del cuento sobre el elefante encadenado. Y lo más grave: no nos dejará ser seres libres, el máximo bien al que puede aspirar un ser humano y fundamento de la felicidad. 

 

Causas de la indefensión aprendida 

Es difícil reconocer que eso que te está pasando tiene un origen y que ese principio hay que sanarlo para poder seguir viviendo en armonía y plenitud. A veces, cuesta aceptar que aquello u otro o lo de más allá que nos inculcaron en la infancia es lo mismo que no te permite ahora acabar con ciertas limitaciones. Hay quienes llegan a una depresión, al síndrome de burnout, a una enfermedad o a las adicciones por una indefensión aprendida que le nubla sus posibilidades de crecimiento. Si se conocen las causas, es más fácil poner remedio. 

1.- La indefensión aprendida se gesta casi siempre en la infancia 

Y de muchas y diversas maneras. El alma en crecimiento de un niño es permeable a todo aquello que sucede a su alrededor y, en ocasiones (más de las que queremos aceptar), no siempre para su bien. Los hijos de madre narcisista son las víctimas más frecuentes. Se convierten en adultos que se mueven por el mundo con una indefensión aprendida que no les permite tomar el camino correcto y este es siempre el de la libertad. Una familia tóxica, por las razones que sean, también genera niños vulnerables como el elefante encadenado de nuestro cuento. Estos pequeños se crían en un ambiente en el que aprenden desde muy pronto que poco o nada se puede hacer para cambiar la situación. Sus sentimientos y necesidades emocionales (a veces tampoco las físicas) nunca son tenidas en cuenta y, por tanto, no se creen merecedores de los grandes dones del amor. 

2.- Algunas estructuras sociales (machismo) cooperan con la indefensión aprendida 

Desafortunadamente vivimos en una sociedad imperfecta en la que, de una manera u otra, se instalan roles aceptados por todos. Si te han criado repitiendo que tu camino tiene que ser en un sentido, es muy difícil que pongas en cuestión esas órdenes aceptadas por todos. El machismo, por poner un caso, aunque sea en pequeñas dosis, de alguna manera u otra, coarta las desiciones de las pequeñas al asignarle unos roles que, en definitiva, son normas de indefensión aprendida al no darle herramientas para valerse, en todos y en cualquier ámbito, por sí mismas.  

3.- Lo que nos enseña el elefante encadenado sobre la educación  

Ni que decir tiene que no vamos a hacer saltar por los aires el papel formador de la escuela y la instrucción (aunque no nos parezca bien el exceso de deberes). Eso es una cosa y otra muy distinta encajonar a los pequeños, desde corta edad, con etiquetas que, a la postre, van a generar una indefensión aprendida.  Nos preguntamos cuántos adultos que no han conseguido formarse para desarrollar una profesión bien remunerada han oído de pequeños que esto o aquello no era para ellos y que estaban condenados casi a la pobreza y a la inseguridad de sus padres, su clan, su barrio o su raza. 

 

4.- Indefensión aprendida por maltrato psicológico

La personalidades que se esconden tras el patrón del narcisista o, lo que es peor, bajo la máscara del psicópata utilizan las mismas técnicas que el humano del cuento del elefante encadenado para subyugar a sus víctimas. Estas personas tóxicas se las apañan para hacer creer a los que están alrededor que son buenos, encantadores, confiables y empáticos cuando, en realidad, son todo lo contrario. Hacen ver a sus víctimas que sin ellos no van a poder moverse en el mundo y, en definitiva, están coartando su libertad hasta límites muy peligrosos. Cuando se ven sorprendidos pueden reaccionar con una ira extrema. Y esto no es de extrañar si aceptamos que este tipo de personalidades lo único que quieren es aprovecharse de la luz de sus víctimas. Para ello, tienen que inculcar una sutil y progresiva indefensión aprendida al que está frente a él. Es la única manera de que no se le escape y que atienda (como el elefante encadenado del cuento) todos sus caprichos o necesidades. A cambio solo ofrecerá el agua y las zanahorias necesarias para que el otro no muera. Y cuando ya no le sirva para sus fines retirará sin piedad este sustento sabiendo que está como el elefante encadenado: vulnerable e indefenso. 

 

Consecuencias de la indefensión aprendida 

1.- Baja autoestima y desconocimiento de las propias posiblidades

La baja autoestima es lo más evidente aunque hay personas que desarrollan enfermedades psicosomáticas, depresiones y tristezas crónicas al no poder identificar la causa de su malestar. Recordemos que la indefensión aprendida tiene como objetivo principal hacerte creer que no puedes liberarte, que no tienes fuerza para salir por ti mismo y perseguir tus sueños. ¡Pero no es verdad! Eres como el elefante encadenado, fuerte, hermoso y libre. Solo tienes que hacer un movimiento para liberarte de ese yugo.  

2.- Miedo a lo desconocido y a salir de la zona de confort

La zona de confort es ese espacio donde sientes un malestar no identificado, difuso que no te permite progresar. De ella es complicado salir porque, normalmente, atenaza un miedo indefinido a que todo vaya a salir mal. El espíritu y el corazón se achican quedándose atrapados en una situación que no permite el crecimiento interior. 

3.- Lo peor de la indefensión aprendida es que convierte en víctima a quien la sufre

No sabe decir no. Encadena un fracaso amoroso tras otro. Le cargan con el trabajo más duro. No respetan sus ideas o se las roban descaradamente. Cuando el alma está atrapada en la indefensión aprendida, como el elefante encadenado del cuento, algo dentro de esa persona le susurra que no puede alcanzar la libertad que se merece. Al no poder decir que no a las demandas ajenas, los que están alrededor irán progresivamente exigiendo más y más sin dar nada a cambio. Saben, en el fondo, que no va a moverse para liberar esas cadenas.  

4.- Generalmente la indefensión aprendida no permite desarrollar el potencial vital 

La persona que la sufre se siente como atrapado en una relación de pareja o familiar que no satisface, con un trabajo monótono que reconoce que no es para él o ella, se hace cargo de problemas que no le pertenecen… Todo ello va conformando un sistema de cargas anímicas que pesan tanto (a nivel inconsciente y anímico) que no le permiten avanzar y florecer como desea. Por eso, se hace necesario identificar el origen de esa indefensión aprendida y comenzar un entrenamiento en otros derroteros vitales que lleven a la felicidad. 

5.- Riesgo de continuar con la cadena a través de los hijos o los niños de alrededor

Porque quizás la indefensión aprendida que ha sido inculcada provenía de una persona también indefensa. Si esa es la manera de estar, sentir y vivir el mundo, es normal que, inconscientemente, la transmita a los que vienen detrás. Por eso, hay niños buenos de padres obedientes que se han acostumbrado a agachar la cabeza ante los avatares de la vida. No es cuestión de ser un rebelde porque sí, pero tampoco de aceptar todo aquello que viene de fuera como válido. La educación perfecta es la que forma adultos críticos y empáticos con el sufrimiento de los demás. Cualquier otra opción puede desencadenar una indefensión aprendida al sentir que no se tiene en cuenta los sentimientos o las necesidades íntimas. 

Qué debemos hacer para liberarnos de la esclavitud de la indefensión aprendida 

1.- Lo primero es tomar conciencia de que somos el elefante encadenado 

Sin esa aceptación de nuestra propia fragilidad y, a veces, de la biografía que hay detrás es muy difícil que se pueda salir de la situación.  

2.- La indefensión aprendida se combate con conocimiento de uno mismo

Y este llega a través de la escucha de nuestra voz del corazón,  oyendo aquello que nos dice nuestro niño interior y, a la postre, es necesario reconocernos en aquello que deseamos y anhelamos. Seguramente vendrán muchas voces (a veces sin llamarlas ni estar autorizadas a ello) que nos dirán que estamos errados. Sin embargo, si queremos dejar a un lado la indefensión aprendida, tienes que empezar por reconocer tus necesidades emocionales y vitales.

3.- Pide ayuda si no puedes sol@ 

Y esa ayuda que sea siempre de un profesional cualificado que te dé una mano cuando desfallezcas en el camino hacia la libertad. Si esto no es posible, intenta reconocer cuáles son las personas bienintencionadas de entre las que están a tu alrededor. Desafortunadamente, no todas las opiniones tienen la misma autoridad ni todos los corazones están llenos de la misma bondad.  

4.- Sal de la indefensión aprendida dando pequeños pasos sin temor a equivocarte

No te quedes en la teoría y… ¡practica! Parece una tontería pero el camino del valle que lleva hacia la montaña florida se recorre andando. Y la única manera de descubrir el mundo es dando un primer paso. Al principio será difícil e invadirá el miedo. Hay que superarlo. Poco a poco, con metas admisibles, pequeñas y poco ambiciosas se llega a un camino más seguro. Cuando te des cuenta estarás haciendo lo que creías imposible.  

5.- Cuando hayas brillado crea una nueva cadena: la de la ayuda a quien se encuentra en esta situación 

Es lo último: ese don que has conquistado no te lo quedes para ti. Ilumina tu vida con esa sabiduría ofreciéndola de la mejor manera que sepas a los demás. Vendrá de vuelta al momento. 

La indefensión aprendida es, en definitiva, la que hace que, como el elefante encadenado del cuento, te aferres a una esclavitud de la que no te sientes capaz de salir. Y es la misma que no te deja reconocer el poder que anida dentro de ti para recorrer el camino de la libertad. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

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