Psicologia

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La familia tóxica es aquella que no permite el progreso emocional ni el crecimiento interior de sus miembros tanto en su conjunto como individualmente. Son grupos unidos por lazos de sangre o por un apellido pero no por la fuerza del amor o el poder del corazón. La familia tóxica puede ser de muchas maneras, como nos indica Tolstoi, el gran escritor del realismo literario, pero hay unas características en común. La única manera de que puedas salir de este tipo de situaciones en las que no se acepta tu singularidad es, en primera instancia conocer cómo son estos clanes u hogares. 

Características de un familia tóxica

1.- La primera y la más evidente es la falta de amor desinteresado y, aunque sea tan difícil describir este gran sentimiento, es casi imposible que lo tengas y que no te llegue. Así que si te dicen que te quieren, te aman o que esto o aquello lo hacen por tu bien y tú no percibes este cariño, es que sencillamente no existe. 

2.- En una familia tóxica lo que predomina es el miedo, la vibración contraria al amor. Se harán las cosas por temor a represalias, castigos o sencillamente para que nos dejen en paz, pero no por un sentimiento sincero. 

3.- Tampoco hay unión entre sus miembros. Lo que prima es la soledad y especialmente en la figura del chivo expiatorio. Este miembro de una familia tóxica, el chivo expiatorio, no existe en otros hogares. Son exclusivos de estos grupos y ellos son los responsables de cargar con todas las culpas del clan. Hacia él o ella se verterá todo aquello que no gusta o que, sencillamente, se cuestione los parámetros emocionales en los que se vive. 

4.- Si algún miembro quiere realizar algún cambio (el que sea) y pide que se tenga en cuenta sus demandas (aunque sean mínimas) será tachado, inmediatamente, de egoísta cuando no con calificativos más graves. 

5.- La familia tóxica actúa, de alguna manera u otra, como la mafia. Impera la ley del silencio. Todo tiene que quedar de puertas para adentro y se castiga, penaliza o critica al máximo cuando esta norma no escrita es transgredida por alguien. Este mecanismo tiene una explicación lógica: así no se permite, en primera instancia, la comparación con otros hogares, en segunda instancia, la búsqueda de ayuda y, por último, que los mecanismos de sumisión imperantes en el clan sean descubiertos. 

6.- La familia tóxica forma un hogar triste, deprimido, sin el empuje suficiente para superar contratiempos de manera unida. Si se apela a esto es, sencillamente, para aprovecharse de la fuerza (anímica, económica o espiritual) de alguno de sus miembros. 

7.- Las conversaciones siempre girarán en torno al miedo, la crítica, el chisme, lo negativo, lo malo, la muerte… Nunca hay nada que celebrar: ni un cumpleaños ni el éxito (aunque sea mínimo) de alguno de sus miembros. 

8.- La familia tóxica genera más familia tóxica. Es duro, pero los seres humanos nos movemos por imitación. Un niño, de adulto, repetirá el modelo que ha visto, sentido y vivido en casa. Lo entenderá como algo normal. También es frecuente que los miembros de estos clanes acaben con gente tóxica en todos los aspectos de su vida: laboral, de pareja, de amistad… Por eso, es urgente que identifiques si estás en este tipo de hogar para que puedas poner remedio cuanto antes. Aunque es difícil no es imposible. 

9.- La violencia verbal (e, incluso, física) es un tónica. Esta puede ser directa (“eres tonto”, “no te he criado para esto”) o sutil (“eres demasiado sensible”, cuando alguien quiere exponer sus sentimientos). En casos extremos, los que tienen más poder (normalmente progenitores) pueden hacer creer a quien se sale de esta norma que está loco utilizando todo tipo de artimañas e, incluso, recurriendo a la técnica del gaslighting

10.- La familia tóxica genera secretos, grandes o pequeños. En ella no es posible la comunicación sincera, serena y comprensiva. Todo tiene que girar en torno a los postulados dados y estos con unos criterios estrictos. En ella no se permite poner en duda en ningún momento las costumbres aceptadas aunque estas se demuestren que no sirven o no ayudan. El diálogo es inexistente y quienes se dan cuenta de la disfunción y, de buena gana, quieren hacer ver otro modelo, son ninguneados por sistema. 

¿Por qué hay familias tóxicas? ¿Cuáles son los mecanismos que funcionan dentro de ella? 

La literatura o el arte ha dado ejemplos maravillosos de familias tóxicas. En español tenemos, por poner un solo caso, La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca. En este drama tan popular nos topamos con una protagonista indiscutible que responde a los patrones de la madre narcisista (aunque también tenga sus buenas dosis de supramacismo). Desgraciadamente, en un alto porcentaje de familias tóxicas, hay un progenitor o figura de autoridad que responde a la etiqueta de narcisista. Estas personas no pueden amar en tanto en cuanto esto significa entrega a los demás. Todo su mundo gira en torno a ellas mismas, a sus necesidades, sus caprichos, deseos o lo que cree que es válido. Son incapaces de generar un diálogo tranquilo, de comprender los sentimientos de los que están a su alrededor (aunque sean sus propios hijos), de ponerse en la piel del otro. 

Estas  personalidades (sin tener por qué llegar a los modos del psicópata) no permiten el crecimiento de la familia. Irán envenenando todo con sus palabras afiladas, sus comentarios que pretenden sentar cátedra, su sentimiento de estar en posesión de la verdad. Son individuos, además, muy críticos con el mundo. Para ellos o es blanco o negro, o se hace lo que desea o esa acción será siempre calificada como negativa. Son personas incapaces de comprender las luces y las sombras del alma humana. En casi todas las familias tóxicas hay un miembro de autoridad así.

Aunque las razones son muchas para convertir un hogar en un emplazamiento viciado también puede darse el caso de que alguno de los miembros haya convertido la violencia en norma. En este caso, si no hay una sobreprotección viciada de los progenitores, puede ponerse remedio. Desgraciadamente, las drogas y adicciones en todas sus variantes posibles generan, a muy corto plazo, una familia tóxica. Los progenitores con problemas mentales, con costumbres y modos de tacaño o con vidas desordenadas siempre generan familias tóxicas. 

¿Cómo defenderse de una familia tóxica? 

Es difícil pero no imposible. Nos criamos en una ambiente y este conforma nuestro modo de ver el mundo. Hoy en día (tenemos noticias de este cariz en los periódicos a diario) niños y jóvenes son víctimas (a veces de manera muy cruel) de este tipo de hogares que no pueden calificarse como tal. Sin embargo, lo normal es que la disfunción no sea tan evidente. Serán más bien pequeñas gotas que llenarán un océano de hiel. No hay otra alternativa que, en primera instancia, poner nombre a aquello que pasa y esto que pasa en esta casa es una familia tóxica. 

Es frecuente que muchas personas se den cuenta de esta disfunción tras una depresión o alguna dolencia espiritual grave. Al ahondar en terapia ven la luz de aquello que verdaderamente ha sido su mundo. Si has llegado hasta aquí, tienes mucho ganado. Ahora bien, ¿qué hacer? El comportamiento emocional de la familia (y especialmente el de los padres) son el último tabú de Occidente. Es importante, si es necesario con acompañamiento profesional, que te alejes progresivamente sin ira ni rencor ni, por supuesto, odio. Tienes derecho a poner tu coraza, a mantener limpio tu corazón, a encontrar tu camino vital, a sentir la felicidad sin esta carga familiar de negatividad. No intentes cambiar a tu familia o los miembros que están dentro de esa oscuridad. Es, sencillamente, imposible y te encontrarás que pueden generar más ira contra ti. Cada uno debe andar su camino y tú el tuyo.  

Cada cual está en una etapa y debe recorrerla. Tus esfuerzos deben estar dirigidos a tu crecimiento personal, a ser una mejor persona, más sabia, resilente y alegre. Con tu actitud podrás generar un cambio por mimetismo. Esto es, si el trabajo es constante y la luz del amor inunda todos tus actos, te convertirás en inspiración para otras personas. Y esa luz (a pesar de provenir de la oscuridad de un hogar en el que no primaba el amor) serán los cimientos para crear tu propia círculo de amor con otros condicionantes radicalmente distintos de los que priman en una familia tóxica. 

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Por Candela Vizcaíno

 

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La familia tóxica es aquella que no permite el progreso emocional ni el crecimiento interior de sus miembros tanto en su conjunto como individualmente. Son grupos unidos por lazos de sangre o por un apellido pero no por la fuerza del amor o el poder del corazón. La familia tóxica puede ser de muchas maneras, como nos indica Tolstoi, el gran escritor del realismo literario, pero hay unas características en común. La única manera de que puedas salir de este tipo de situaciones en las que no se acepta tu singularidad es, en primera instancia conocer cómo son estos clanes u hogares. 

Características de un familia tóxica

1.- La primera y la más evidente es la falta de amor desinteresado y, aunque sea tan difícil describir este gran sentimiento, es casi imposible que lo tengas y que no te llegue. Así que si te dicen que te quieren, te aman o que esto o aquello lo hacen por tu bien y tú no percibes este cariño, es que sencillamente no existe. 

2.- En una familia tóxica lo que predomina es el miedo, la vibración contraria al amor. Se harán las cosas por temor a represalias, castigos o sencillamente para que nos dejen en paz, pero no por un sentimiento sincero. 

3.- Tampoco hay unión entre sus miembros. Lo que prima es la soledad y especialmente en la figura del chivo expiatorio. Este miembro de una familia tóxica, el chivo expiatorio, no existe en otros hogares. Son exclusivos de estos grupos y ellos son los responsables de cargar con todas las culpas del clan. Hacia él o ella se verterá todo aquello que no gusta o que, sencillamente, se cuestione los parámetros emocionales en los que se vive. 

4.- Si algún miembro quiere realizar algún cambio (el que sea) y pide que se tenga en cuenta sus demandas (aunque sean mínimas) será tachado, inmediatamente, de egoísta cuando no con calificativos más graves. 

5.- La familia tóxica actúa, de alguna manera u otra, como la mafia. Impera la ley del silencio. Todo tiene que quedar de puertas para adentro y se castiga, penaliza o critica al máximo cuando esta norma no escrita es transgredida por alguien. Este mecanismo tiene una explicación lógica: así no se permite, en primera instancia, la comparación con otros hogares, en segunda instancia, la búsqueda de ayuda y, por último, que los mecanismos de sumisión imperantes en el clan sean descubiertos. 

6.- La familia tóxica forma un hogar triste, deprimido, sin el empuje suficiente para superar contratiempos de manera unida. Si se apela a esto es, sencillamente, para aprovecharse de la fuerza (anímica, económica o espiritual) de alguno de sus miembros. 

7.- Las conversaciones siempre girarán en torno al miedo, la crítica, el chisme, lo negativo, lo malo, la muerte… Nunca hay nada que celebrar: ni un cumpleaños ni el éxito (aunque sea mínimo) de alguno de sus miembros. 

8.- La familia tóxica genera más familia tóxica. Es duro, pero los seres humanos nos movemos por imitación. Un niño, de adulto, repetirá el modelo que ha visto, sentido y vivido en casa. Lo entenderá como algo normal. También es frecuente que los miembros de estos clanes acaben con gente tóxica en todos los aspectos de su vida: laboral, de pareja, de amistad… Por eso, es urgente que identifiques si estás en este tipo de hogar para que puedas poner remedio cuanto antes. Aunque es difícil no es imposible. 

9.- La violencia verbal (e, incluso, física) es un tónica. Esta puede ser directa (“eres tonto”, “no te he criado para esto”) o sutil (“eres demasiado sensible”, cuando alguien quiere exponer sus sentimientos). En casos extremos, los que tienen más poder (normalmente progenitores) pueden hacer creer a quien se sale de esta norma que está loco utilizando todo tipo de artimañas e, incluso, recurriendo a la técnica del gaslighting

10.- La familia tóxica genera secretos, grandes o pequeños. En ella no es posible la comunicación sincera, serena y comprensiva. Todo tiene que girar en torno a los postulados dados y estos con unos criterios estrictos. En ella no se permite poner en duda en ningún momento las costumbres aceptadas aunque estas se demuestren que no sirven o no ayudan. El diálogo es inexistente y quienes se dan cuenta de la disfunción y, de buena gana, quieren hacer ver otro modelo, son ninguneados por sistema. 

¿Por qué hay familias tóxicas? ¿Cuáles son los mecanismos que funcionan dentro de ella? 

La literatura o el arte ha dado ejemplos maravillosos de familias tóxicas. En español tenemos, por poner un solo caso, La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca. En este drama tan popular nos topamos con una protagonista indiscutible que responde a los patrones de la madre narcisista (aunque también tenga sus buenas dosis de supramacismo). Desgraciadamente, en un alto porcentaje de familias tóxicas, hay un progenitor o figura de autoridad que responde a la etiqueta de narcisista. Estas personas no pueden amar en tanto en cuanto esto significa entrega a los demás. Todo su mundo gira en torno a ellas mismas, a sus necesidades, sus caprichos, deseos o lo que cree que es válido. Son incapaces de generar un diálogo tranquilo, de comprender los sentimientos de los que están a su alrededor (aunque sean sus propios hijos), de ponerse en la piel del otro. 

Estas  personalidades (sin tener por qué llegar a los modos del psicópata) no permiten el crecimiento de la familia. Irán envenenando todo con sus palabras afiladas, sus comentarios que pretenden sentar cátedra, su sentimiento de estar en posesión de la verdad. Son individuos, además, muy críticos con el mundo. Para ellos o es blanco o negro, o se hace lo que desea o esa acción será siempre calificada como negativa. Son personas incapaces de comprender las luces y las sombras del alma humana. En casi todas las familias tóxicas hay un miembro de autoridad así.

Aunque las razones son muchas para convertir un hogar en un emplazamiento viciado también puede darse el caso de que alguno de los miembros haya convertido la violencia en norma. En este caso, si no hay una sobreprotección viciada de los progenitores, puede ponerse remedio. Desgraciadamente, las drogas y adicciones en todas sus variantes posibles generan, a muy corto plazo, una familia tóxica. Los progenitores con problemas mentales, con costumbres y modos de tacaño o con vidas desordenadas siempre generan familias tóxicas. 

¿Cómo defenderse de una familia tóxica? 

Es difícil pero no imposible. Nos criamos en una ambiente y este conforma nuestro modo de ver el mundo. Hoy en día (tenemos noticias de este cariz en los periódicos a diario) niños y jóvenes son víctimas (a veces de manera muy cruel) de este tipo de hogares que no pueden calificarse como tal. Sin embargo, lo normal es que la disfunción no sea tan evidente. Serán más bien pequeñas gotas que llenarán un océano de hiel. No hay otra alternativa que, en primera instancia, poner nombre a aquello que pasa y esto que pasa en esta casa es una familia tóxica. 

Es frecuente que muchas personas se den cuenta de esta disfunción tras una depresión o alguna dolencia espiritual grave. Al ahondar en terapia ven la luz de aquello que verdaderamente ha sido su mundo. Si has llegado hasta aquí, tienes mucho ganado. Ahora bien, ¿qué hacer? El comportamiento emocional de la familia (y especialmente el de los padres) son el último tabú de Occidente. Es importante, si es necesario con acompañamiento profesional, que te alejes progresivamente sin ira ni rencor ni, por supuesto, odio. Tienes derecho a poner tu coraza, a mantener limpio tu corazón, a encontrar tu camino vital, a sentir la felicidad sin esta carga familiar de negatividad. No intentes cambiar a tu familia o los miembros que están dentro de esa oscuridad. Es, sencillamente, imposible y te encontrarás que pueden generar más ira contra ti. Cada uno debe andar su camino y tú el tuyo.  

Cada cual está en una etapa y debe recorrerla. Tus esfuerzos deben estar dirigidos a tu crecimiento personal, a ser una mejor persona, más sabia, resilente y alegre. Con tu actitud podrás generar un cambio por mimetismo. Esto es, si el trabajo es constante y la luz del amor inunda todos tus actos, te convertirás en inspiración para otras personas. Y esa luz (a pesar de provenir de la oscuridad de un hogar en el que no primaba el amor) serán los cimientos para crear tu propia círculo de amor con otros condicionantes radicalmente distintos de los que priman en una familia tóxica. 

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Por Candela Vizcaíno

 

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Clasificado como trastorno de la personalidad paranoide (TPP), la persona que sufre de paranoia se mueve por un miedo injustificado a que otro u otros le hagan daño de diferentes maneras. Convencido de que los demás conspiran o traman males contra él o ella, son individuos suspicaces en extremo, de comportamiento antisocial y con incapacidad para desarrollar vínculos de ningún tipo. Todo ello acaban aislándole de tal manera que esto le causa un gran sufrimiento. La paranoia, en la actualidad, se clasifica como un trastorno delirante y este debe ser sostenido en el tiempo. Esto es, no se considera paranoia un delirio puntual por las razones que sean (shock traumático, consumo de drogas, dolor psíquico agudo…) Esta tiene que formar parte de la personalidad y la manera de estar del mundo de la personalidad paranoide o con trastorno delirante. 

Definiendo la paranoia

Se considera que hasta el 5% de la población general (el 10% de los pacientes clínicos) sufren de paranoia. El individuo está convencido de que los demás están constantemente tramando males contra él, que el universo entero conspira para que no salga adelante, que está constantemente siendo objeto de burla o engaño o que los seres cercanos planean su muerte o algún daño. 

Este convencimiento no puede ser desmontado con razonamientos lógicos e inclusos demostrables por parte de los que están alrededor. Ni que decir tiene que la paranoia necesita de intervención multiprofesional larga en el tiempo para poder controlarla. La persona que sufre de paranoia gestiona toda su vida y su mundo acorde a este convencimiento. Esto va minando cualquier tipo de relación personal, desde las sociales básicas (amigos, vecinos), de pareja (con celos especialmente), laborales (viendo enemigos donde “solo” hay los competidores normales) y familiares. Para huir de tal dolor, la persona que sufre de paranoia va aislándose constantemente perdiendo aún más el contacto con la realidad. 

Ejemplos en los que actúa la paranoia

Ni que decir tiene que estamos ante una dolencia de gravedad que, a veces, incluso, se confunde con la esquizofrenia. A diferencia, en la paranoia no se producen alucinaciones ni visuales ni acústicas. El convencimiento en el trastorno delirante viene de una actitud puramente mental. “Yo lo sé”. “A mí no me engaña”. “Lo he descubierto”… son palabras comunes en este trastorno. Es difícil que una persona con paranoia acuda a terapia. Siempre lo hace instado  (obligado más bien) por personas muy cercanas. El paranoico nunca aceptará que tiene un problema. El o ella nunca está equivocado. Son los demás los que conspiran y planean. Nada malo sucede en su cabeza y lo único que hace es defenderse de una verdad que ha descubierto. Lo vemos con algunos ejemplos.  

1.- En el trabajo, si dos compañeros charlan en un aparte sobre cualquier cosa (de temas laborales o de la última serie de televisión), en la visión de la paranoia están conspirando para dejarlo mal ante sus superiores. El ridículo que planean es de tal envergadura que será imposible escapar a tal bochorno. Ante eso, el paranoico intentará descubrir las intenciones ocultas de los compañeros dejando atrás sus obligaciones laborales. Si hay un despido por la delación de sus funciones, este siempre (bajo la visión de la paranoia) es debido a una conspiración de su entorno. 

2.- La paranoia despliega todo su potencial destructor dentro del hogar y la pareja. El paranoico puede afirmar con convencimiento que su pareja deja la puerta del balcón abierta para que entre un amante cuando está en el baño. Las ideas delirantes suelen ser tan extravagantes a veces que el que está enfrente no sabe cómo posicionarse ante ello para desmontar el relato falso que el paranoico se ha montado en su cabeza. 

3.- Las ideas de persecución o de conspiraciones por parte del otro puede llevarle a afirmar con rotundidad que la pareja intenta asfixiarlo con la almohada solo cuando ha movido el edredón o que esta ha dejado una nota a un asesino en serie en un simple papel que ha tirado a la papelera. 

4.- Los vecinos están preparando en la cocina una bomba para hacer estallar el patio cuando llegue el cartero a entregar las cartas del banco. Nadie podrá convencer al paranoico que el ruido es el de los muebles a hacer limpieza general. 

El universo de delirio de la paranoia es tan amplio que escapa al análisis y a la comprensión de las personas que tienen que lidiar (por su cercanía) con los que sufren este mal. Por eso, el paciente aquejado de trastorno delirante, una vez ha verbalizado esa idea de paranoia ante los demás, estos acaban por alejarse (aunque en un principio quieran ayudar) completando un círculo en el que la paranoia se va alimentando a sí misma. “Me quieren hacer mal y cuando lo he descubierto se alejan.” En su mundo no cabe que el alejamiento se produce ante la difícil convivencia con un paranoico. 

Síntomas de paranoia  

1.- En el plano personal es imposible una convivencia a nivel de pareja. Las relaciones se destruyen al poco tiempo (el suficiente para que el otro se de cuenta del mal y de la incapacidad de ayudar). Es normal que la misma paranoia alimente estos fracasos con frases como “mi ex-pareja me mentía y me era infiel con alguien que casualmente pasaba por allí”, “cuando salía de casa montaba fiestas en las que se me difamaba”, “tenía uno, dos o tres amantes y la única finalidad era burlarse de mí a mis espaldas”. Las historias en torno a estas relaciones a veces superan lo aceptado normalmente con delirios muy difíciles de encajar desde el punto de la razón.  

2.- Casi nunca hay una prueba de que algo tan terrible haya sucedido realmente, que bien es verdad que la maldad humana no tiene límites y hay personas que verdaderamente sufren atrocidades. Pero en la paranoia el relato de los hechos nunca concuerda con un hilo conductor racional. El o ella sabe lo que pasó, lo descubrió pero no tiene ni una sola prueba. 

3.- Son personas suspicaces, con un miedo atroz a ser heridos que se llevan todo el día en estado de vigilancia permanente. Eso no les permite afrontar un trabajo o una vida familiar con cierta normalidad. 

4.- A veces la paranoia se asocia al consumo de drogas diversas: de diseño, alcohol, cocaína y marihuana. Los síntomas, en estas situaciones, se magnifican de tal manera que se puede necesitar incluso internamiento psiquiátrico. 

5.- La persona que sufre paranoia no suele cuidar su aspecto físico más allá de lo necesario.

6.- La reclusión en un entorno seguro es frecuente, ya sea una habitación o en la casa. Cualquier persona del exterior es entendido como un intruso que va a hacer daño sí o sí. Y esta premisa vale para el cartero, el barrendero o alguien que ha llamado al timbre por equivocación.  

7.- Las personas con paranoia tienen tan baja tolerancia a la frustración que la resilencia es mínima. Son incapaces de adaptarse a entornos que impliquen cualquier novedad. Por eso, prefieren la rutina, lo conocido, lo seguro… 

8.- Acaban desarrollando fobia social y su círculo se reduce a un par de personas cuando no terminan literalmente en soledad. 

9.- La paranoia se alimenta con la edad. Esto es, si no se ha logrado conseguir un trabajo esto es porque hay instancias que eliminan las solicitudes o que hablan mal a posta. Conforme se va fracasando en sucesivos intentos, estos se convierten en la “prueba del nueve” de la verdad del paranoico. Lo mismo sucede con amigos, parejas o vecinos.  

10.- La persona con trastorno delirante es un ser triste incapaz de disfrutar de los placeres sencillos de la vida. En todo ve algo terrible contra él o ella. 

11.- La ansiedad es una constante y por eso es frecuente el consumo desordenado de ansiolíticos o, aún peor, de drogas legales o ilegales.  

12.- Los círculos sociales de la persona con paranoia acaban por reducirse drásticamente.  

13.- La persona con paranoia puede reaccionar con violencia (y es frecuente que lo haga) si siente que está siendo atacado. 

14.- También hay un porcentaje elevado de autolesiones. 

15.- Todo ello no significa que estos individuos tengan mermadas su capacidad de decisión o de raciocinio como sucede en la esquizofrenia. Distinguen perfectamente el bien del mal y están lúcidos para saber qué es la voluntad y la libertad. Por la naturaleza de la dolencia tiene una clara delimitación entre el yo y el otro. 

Causas de la paranoia

Aunque hay estudios recientes que han visto modificaciones cerebrales en personas con paranoia, aún no se saben cómo actúan estas o cómo se han producido. Tampoco se conoce ningún mecanismo de reversión. Eso, al menos, por ahora, aunque las investigaciones son, a veces ambiciosas. Sí se ha descubierto un patrón.  

1.- Es más frecuente la paranoia en individuos criados en entornos negligentes, con una madre narcisista que crea familias tóxicas o simplemente progenitores ausentes. 

2.- También es más frecuente en familias con antecedentes de la misma enfermedad o de esquizofrenia. Esto es, habría un factor genético desencadenante aunque aún no se ha descubierto el proceso. 

3.- La paranoia es uno de los desencadenantes  del consumo de drogas alucinógenas, de diseño o marihuana. También ha patrones en adictos a la cocaína e, incluso, al alcohol en estados graves. 

4.- La paranoia se alimenta de una infancia en la que haya habido abusos de cualquier tipo (sexual, psicológico, físico…) o abandono de los progenitores. 

5.- También es más frecuente en colectivos que han sufrido delitos de odio, acciones racistas o persecuciones por cualquier motivo. 

6.- En la edad adulta puede aparecer por dolor psíquico grave y continuado por un estrés traumático, intenso o continuado. 

7.- Hay autores que ven detrás de la paranoia una personalidad narcisista en extremo que no ha sido capaz de dar respuesta adecuada a algún hecho traumático en su vida. 

8.- En el trastorno delirante siempre hay una ínfima autoestima con una proyección compensatoria muy fuerte. 

9.- La persona con paranoia no ha podido, no ha querido o no ha sabido trabajar la resilencia y no tiene las más mínimas herramientas para introducirse en el autoconocimiento necesario para iniciar el camino del desarrollo personal. 

10.- Por las razones que sean, son personas que se han acostumbrado a vivir (y a crear) conflictos de todo tipo. En esta categoría entran también los agresivos o violentos.  

Tipos de paranoia o del trastorno delirante

Aunque la paranoia admite cualquier situación a la que llegue la fantasía humana, en la práctica clínica se distinguen 4 tipos fundamentales 

1.- Paranoia persecutoria o de persecución 

En ella el individuo se cree víctima de una conspiración general que no le permite salir del emplazamiento anímico en el que se encuentra. De este tipo se han realizado hasta memorables películas en las que los protagonistas creen ser víctimas de un complot del gobierno. No hace falta llegar a estas teorías para tener una paranoia persecutoria, ya que aquí también se engloban esos delirios en los que el individuo cree que la familia, compañeros de trabajo o, incluso, pareja lo siguen para hacerle algo malo. 

2.- Paranoia de grandiosidad 

La persona se cree alguien superior o con unos dones especiales y, por tanto, merecedor de un trato especial. A veces se confunde con el complejo de superioridad o con el narcisismo extremo. Para considerarse paranoia, la persona tiene que presentar un comportamiento disfuncional al máximo. 

3.- Paranoia por erotomanía 

Cuando el individuo se cree el centro del amor, el deseo o la pasión de todos los que están a su alrededor, de un personaje famoso o de alguien totalmente ajeno a su círculo de amistades o relacionales.  

4.- Paranoia por celos o celotipia

En este caso son los celos y afirmaciones infundadas de infidelidad mezclado con un miedo atroz el centro del trastorno delirante. Estos extremos deben ser vigilados por personal médico (y de otro tipo si fuera necesario) cuando se producen en individuos con tendencias violentas. 

Tratamiento de los síntomas de la paranoia o del trastorno delirante

Aunque, como expuse al principio, la persona que sufre de paranoia no es el perfil del que suele pedir ayuda. Sucede lo mismo con el manipulador o el psicópata (aunque sean por motivos distintos). A consulta llegan individuos aquejados de depresión, con duelos complicados o no resueltos, víctimas de acoso e, incluso, esquizofrenia. Sin embargo, en la paranoia hay un concepto de verdad, de estar seguros de las cosas, de afirmar que el delirio es totalmente cierto que se hace muy difícil pedir ayuda de manera personal. Suelen ser los familiares más cercanos los que, de alguna manera u otra, cada uno con las herramientas a su disposición, piden el apoyo profesional e, incluso, el internamiento en unidades psiquiátricas. 

El tratamiento de la paranoia siempre será personalizado pero, en todo caso, intervendrán especialistas en psiquiatría, psicólogos e, incluso agentes sociales que posibiliten la re-integración social. La ayuda psicológica tiene que ser continuada en el tiempo y efectiva a todos los niveles para evitar las recaídas. Los profesionales, en este campo, tienen que estar especializados y/o entrenados. En un primer momento, siempre será necesario ayuda farmacológica. Es importante entrenamientos que posibiliten llevar una vida serena y con la dignidad que, a veces, la paranoia impide. Para que la terapia sea efectiva, en la medida de lo posible, hay que facilitar el ingreso en la vida laboral y un mínimo círculo social. 

 

  

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Por Candela Vizcaíno 

 

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Clasificado como trastorno de la personalidad paranoide (TPP), la persona que sufre de paranoia se mueve por un miedo injustificado a que otro u otros le hagan daño de diferentes maneras. Convencido de que los demás conspiran o traman males contra él o ella, son individuos suspicaces en extremo, de comportamiento antisocial y con incapacidad para desarrollar vínculos de ningún tipo. Todo ello acaban aislándole de tal manera que esto le causa un gran sufrimiento. La paranoia, en la actualidad, se clasifica como un trastorno delirante y este debe ser sostenido en el tiempo. Esto es, no se considera paranoia un delirio puntual por las razones que sean (shock traumático, consumo de drogas, dolor psíquico agudo…) Esta tiene que formar parte de la personalidad y la manera de estar del mundo de la personalidad paranoide o con trastorno delirante. 

Definiendo la paranoia

Se considera que hasta el 5% de la población general (el 10% de los pacientes clínicos) sufren de paranoia. El individuo está convencido de que los demás están constantemente tramando males contra él, que el universo entero conspira para que no salga adelante, que está constantemente siendo objeto de burla o engaño o que los seres cercanos planean su muerte o algún daño. 

Este convencimiento no puede ser desmontado con razonamientos lógicos e inclusos demostrables por parte de los que están alrededor. Ni que decir tiene que la paranoia necesita de intervención multiprofesional larga en el tiempo para poder controlarla. La persona que sufre de paranoia gestiona toda su vida y su mundo acorde a este convencimiento. Esto va minando cualquier tipo de relación personal, desde las sociales básicas (amigos, vecinos), de pareja (con celos especialmente), laborales (viendo enemigos donde “solo” hay los competidores normales) y familiares. Para huir de tal dolor, la persona que sufre de paranoia va aislándose constantemente perdiendo aún más el contacto con la realidad. 

Ejemplos en los que actúa la paranoia

Ni que decir tiene que estamos ante una dolencia de gravedad que, a veces, incluso, se confunde con la esquizofrenia. A diferencia, en la paranoia no se producen alucinaciones ni visuales ni acústicas. El convencimiento en el trastorno delirante viene de una actitud puramente mental. “Yo lo sé”. “A mí no me engaña”. “Lo he descubierto”… son palabras comunes en este trastorno. Es difícil que una persona con paranoia acuda a terapia. Siempre lo hace instado  (obligado más bien) por personas muy cercanas. El paranoico nunca aceptará que tiene un problema. El o ella nunca está equivocado. Son los demás los que conspiran y planean. Nada malo sucede en su cabeza y lo único que hace es defenderse de una verdad que ha descubierto. Lo vemos con algunos ejemplos.  

1.- En el trabajo, si dos compañeros charlan en un aparte sobre cualquier cosa (de temas laborales o de la última serie de televisión), en la visión de la paranoia están conspirando para dejarlo mal ante sus superiores. El ridículo que planean es de tal envergadura que será imposible escapar a tal bochorno. Ante eso, el paranoico intentará descubrir las intenciones ocultas de los compañeros dejando atrás sus obligaciones laborales. Si hay un despido por la delación de sus funciones, este siempre (bajo la visión de la paranoia) es debido a una conspiración de su entorno. 

2.- La paranoia despliega todo su potencial destructor dentro del hogar y la pareja. El paranoico puede afirmar con convencimiento que su pareja deja la puerta del balcón abierta para que entre un amante cuando está en el baño. Las ideas delirantes suelen ser tan extravagantes a veces que el que está enfrente no sabe cómo posicionarse ante ello para desmontar el relato falso que el paranoico se ha montado en su cabeza. 

3.- Las ideas de persecución o de conspiraciones por parte del otro puede llevarle a afirmar con rotundidad que la pareja intenta asfixiarlo con la almohada solo cuando ha movido el edredón o que esta ha dejado una nota a un asesino en serie en un simple papel que ha tirado a la papelera. 

4.- Los vecinos están preparando en la cocina una bomba para hacer estallar el patio cuando llegue el cartero a entregar las cartas del banco. Nadie podrá convencer al paranoico que el ruido es el de los muebles a hacer limpieza general. 

El universo de delirio de la paranoia es tan amplio que escapa al análisis y a la comprensión de las personas que tienen que lidiar (por su cercanía) con los que sufren este mal. Por eso, el paciente aquejado de trastorno delirante, una vez ha verbalizado esa idea de paranoia ante los demás, estos acaban por alejarse (aunque en un principio quieran ayudar) completando un círculo en el que la paranoia se va alimentando a sí misma. “Me quieren hacer mal y cuando lo he descubierto se alejan.” En su mundo no cabe que el alejamiento se produce ante la difícil convivencia con un paranoico. 

Síntomas de paranoia  

1.- En el plano personal es imposible una convivencia a nivel de pareja. Las relaciones se destruyen al poco tiempo (el suficiente para que el otro se de cuenta del mal y de la incapacidad de ayudar). Es normal que la misma paranoia alimente estos fracasos con frases como “mi ex-pareja me mentía y me era infiel con alguien que casualmente pasaba por allí”, “cuando salía de casa montaba fiestas en las que se me difamaba”, “tenía uno, dos o tres amantes y la única finalidad era burlarse de mí a mis espaldas”. Las historias en torno a estas relaciones a veces superan lo aceptado normalmente con delirios muy difíciles de encajar desde el punto de la razón.  

2.- Casi nunca hay una prueba de que algo tan terrible haya sucedido realmente, que bien es verdad que la maldad humana no tiene límites y hay personas que verdaderamente sufren atrocidades. Pero en la paranoia el relato de los hechos nunca concuerda con un hilo conductor racional. El o ella sabe lo que pasó, lo descubrió pero no tiene ni una sola prueba. 

3.- Son personas suspicaces, con un miedo atroz a ser heridos que se llevan todo el día en estado de vigilancia permanente. Eso no les permite afrontar un trabajo o una vida familiar con cierta normalidad. 

4.- A veces la paranoia se asocia al consumo de drogas diversas: de diseño, alcohol, cocaína y marihuana. Los síntomas, en estas situaciones, se magnifican de tal manera que se puede necesitar incluso internamiento psiquiátrico. 

5.- La persona que sufre paranoia no suele cuidar su aspecto físico más allá de lo necesario.

6.- La reclusión en un entorno seguro es frecuente, ya sea una habitación o en la casa. Cualquier persona del exterior es entendido como un intruso que va a hacer daño sí o sí. Y esta premisa vale para el cartero, el barrendero o alguien que ha llamado al timbre por equivocación.  

7.- Las personas con paranoia tienen tan baja tolerancia a la frustración que la resilencia es mínima. Son incapaces de adaptarse a entornos que impliquen cualquier novedad. Por eso, prefieren la rutina, lo conocido, lo seguro… 

8.- Acaban desarrollando fobia social y su círculo se reduce a un par de personas cuando no terminan literalmente en soledad. 

9.- La paranoia se alimenta con la edad. Esto es, si no se ha logrado conseguir un trabajo esto es porque hay instancias que eliminan las solicitudes o que hablan mal a posta. Conforme se va fracasando en sucesivos intentos, estos se convierten en la “prueba del nueve” de la verdad del paranoico. Lo mismo sucede con amigos, parejas o vecinos.  

10.- La persona con trastorno delirante es un ser triste incapaz de disfrutar de los placeres sencillos de la vida. En todo ve algo terrible contra él o ella. 

11.- La ansiedad es una constante y por eso es frecuente el consumo desordenado de ansiolíticos o, aún peor, de drogas legales o ilegales.  

12.- Los círculos sociales de la persona con paranoia acaban por reducirse drásticamente.  

13.- La persona con paranoia puede reaccionar con violencia (y es frecuente que lo haga) si siente que está siendo atacado. 

14.- También hay un porcentaje elevado de autolesiones. 

15.- Todo ello no significa que estos individuos tengan mermadas su capacidad de decisión o de raciocinio como sucede en la esquizofrenia. Distinguen perfectamente el bien del mal y están lúcidos para saber qué es la voluntad y la libertad. Por la naturaleza de la dolencia tiene una clara delimitación entre el yo y el otro. 

Causas de la paranoia

Aunque hay estudios recientes que han visto modificaciones cerebrales en personas con paranoia, aún no se saben cómo actúan estas o cómo se han producido. Tampoco se conoce ningún mecanismo de reversión. Eso, al menos, por ahora, aunque las investigaciones son, a veces ambiciosas. Sí se ha descubierto un patrón.  

1.- Es más frecuente la paranoia en individuos criados en entornos negligentes, con una madre narcisista que crea familias tóxicas o simplemente progenitores ausentes. 

2.- También es más frecuente en familias con antecedentes de la misma enfermedad o de esquizofrenia. Esto es, habría un factor genético desencadenante aunque aún no se ha descubierto el proceso. 

3.- La paranoia es uno de los desencadenantes  del consumo de drogas alucinógenas, de diseño o marihuana. También ha patrones en adictos a la cocaína e, incluso, al alcohol en estados graves. 

4.- La paranoia se alimenta de una infancia en la que haya habido abusos de cualquier tipo (sexual, psicológico, físico…) o abandono de los progenitores. 

5.- También es más frecuente en colectivos que han sufrido delitos de odio, acciones racistas o persecuciones por cualquier motivo. 

6.- En la edad adulta puede aparecer por dolor psíquico grave y continuado por un estrés traumático, intenso o continuado. 

7.- Hay autores que ven detrás de la paranoia una personalidad narcisista en extremo que no ha sido capaz de dar respuesta adecuada a algún hecho traumático en su vida. 

8.- En el trastorno delirante siempre hay una ínfima autoestima con una proyección compensatoria muy fuerte. 

9.- La persona con paranoia no ha podido, no ha querido o no ha sabido trabajar la resilencia y no tiene las más mínimas herramientas para introducirse en el autoconocimiento necesario para iniciar el camino del desarrollo personal. 

10.- Por las razones que sean, son personas que se han acostumbrado a vivir (y a crear) conflictos de todo tipo. En esta categoría entran también los agresivos o violentos.  

Tipos de paranoia o del trastorno delirante

Aunque la paranoia admite cualquier situación a la que llegue la fantasía humana, en la práctica clínica se distinguen 4 tipos fundamentales 

1.- Paranoia persecutoria o de persecución 

En ella el individuo se cree víctima de una conspiración general que no le permite salir del emplazamiento anímico en el que se encuentra. De este tipo se han realizado hasta memorables películas en las que los protagonistas creen ser víctimas de un complot del gobierno. No hace falta llegar a estas teorías para tener una paranoia persecutoria, ya que aquí también se engloban esos delirios en los que el individuo cree que la familia, compañeros de trabajo o, incluso, pareja lo siguen para hacerle algo malo. 

2.- Paranoia de grandiosidad 

La persona se cree alguien superior o con unos dones especiales y, por tanto, merecedor de un trato especial. A veces se confunde con el complejo de superioridad o con el narcisismo extremo. Para considerarse paranoia, la persona tiene que presentar un comportamiento disfuncional al máximo. 

3.- Paranoia por erotomanía 

Cuando el individuo se cree el centro del amor, el deseo o la pasión de todos los que están a su alrededor, de un personaje famoso o de alguien totalmente ajeno a su círculo de amistades o relacionales.  

4.- Paranoia por celos o celotipia

En este caso son los celos y afirmaciones infundadas de infidelidad mezclado con un miedo atroz el centro del trastorno delirante. Estos extremos deben ser vigilados por personal médico (y de otro tipo si fuera necesario) cuando se producen en individuos con tendencias violentas. 

Tratamiento de los síntomas de la paranoia o del trastorno delirante

Aunque, como expuse al principio, la persona que sufre de paranoia no es el perfil del que suele pedir ayuda. Sucede lo mismo con el manipulador o el psicópata (aunque sean por motivos distintos). A consulta llegan individuos aquejados de depresión, con duelos complicados o no resueltos, víctimas de acoso e, incluso, esquizofrenia. Sin embargo, en la paranoia hay un concepto de verdad, de estar seguros de las cosas, de afirmar que el delirio es totalmente cierto que se hace muy difícil pedir ayuda de manera personal. Suelen ser los familiares más cercanos los que, de alguna manera u otra, cada uno con las herramientas a su disposición, piden el apoyo profesional e, incluso, el internamiento en unidades psiquiátricas. 

El tratamiento de la paranoia siempre será personalizado pero, en todo caso, intervendrán especialistas en psiquiatría, psicólogos e, incluso agentes sociales que posibiliten la re-integración social. La ayuda psicológica tiene que ser continuada en el tiempo y efectiva a todos los niveles para evitar las recaídas. Los profesionales, en este campo, tienen que estar especializados y/o entrenados. En un primer momento, siempre será necesario ayuda farmacológica. Es importante entrenamientos que posibiliten llevar una vida serena y con la dignidad que, a veces, la paranoia impide. Para que la terapia sea efectiva, en la medida de lo posible, hay que facilitar el ingreso en la vida laboral y un mínimo círculo social. 

 

  

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Por Candela Vizcaíno 

 

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No son los hados ni la mala suerte ni siquiera un don especial para elegir la opción menos favorable. Con toda probabilidad es tu autoestima baja la que te está gastando estas malas jugadas.  Quizás te estés preguntando por qué todo te pasa a ti. Eliges las peores parejas posibles, las que no te respetan, las que boicotean cualquier apoyo para impedir que seas tu mejor versión. Te has conformado con un trabajo que no te satisface, estás hasta arriba de tareas poco satisfactorias y apenas tiempo para ti. Puede, incluso, que te sea difícil encontrar la motivación para ir al gimnasio, para cuidarte, para tener tiempo... Puede que hayas sufrido bullying de joven, acoso en el trabajo, que te sientas culpable por todo… 

Ya es hora de que pongamos nombre a esto que te pasa y el nombre es autoestima baja, pobre autovaloración y, en definitiva no quererse a uno mismo. Tú me dirás que sí, que sí te quieres pero es que haces las cosas “mal”, que es difícil el cambio, el enfrentamiento (con lo que sea y no es cuestión de salir con pistolas a la calle), que te encuentras con problemas para manejar las palabras que expresen lo que sientes realmente. Una persona con autoestima baja tiene dificultades para manejar la asertividad, esto es, le es difícil verbalizar lo que necesita sin egoísmos y sin herir los demás. Pero vamos por partes que el tema da para largo. 

¿Qué es la autovaloración y una autoestima baja o alta? 

Podemos definirlo como ese reflejo que te devuelve el espejo, como la imagen que tienes de ti mismo, como el cariño, la comprensión y la comunicación que mantienes con tu niñ@ interior. La autoestima es aquello que estamos dispuestos a hacer por nosotros mismos lo mismo que lo hacemos con un ser querido, un amigo o un compañero de trabajo. Es la comprensión que tenemos de nuestros problemas, el sabernos escuchar y ponernos en nuestro sitio sin dañar a nadie pero, a la vez, no permitiendo que nos dañen. La autoestima (en su punto óptimo) es la mejor arma que tenemos para salir airosos de todos los avatares de la vida… Bueno… también una buena dosis de motivación (imposible si tenemos una autoestima baja) y constancia para conseguir nuestros objetivos sean cuales sean.  

Por tanto, podríamos definir una autoestima baja como un reflejo pésimo de nosotros mismos que nos devuelve ese espejo imaginario. En estos casos no nos consideramos merecedores de nada y el sentimiento de culpa es constante. En este estado todo lo que hacemos es para agradar a los otros, ya sea pareja, amigos, familia o compañeros de trabajo. Aceptamos cargas que no nos corresponden e, incluso, permitimos que invadan nuestro espacio vital aceptando juicios de valor negativos que no proceden. 

Una autoestima óptima (a la que hay que aspirar) nos permite reconocernos con nuestras virtudes y valores. Nos da herramientas para perdonar nuestros errores y aprender de ellos. Nos entrega fortaleza, valentía y ánimo para seguir a pesar de los problemas. Nos lleva hacia la vibración del amor, allí donde reside la comprensión sin perder nuestra entidad.  

Una autoestima elevada, por el contrario, puede encaminarnos hacia el egocentrismo o, lo que es peor, nos puede convertir en un ser narcisista. Por eso tenemos que estar vigilantes, trabajarnos constantemente e interrogarnos sin parar. Es una de las grandezas del ser humano. 

Razones por las que sufres de una autoestima baja 

Y ahora te preguntarás por qué has llegado hasta aquí, cuáles han sido las circunstancias por las que tienes una baja autoestima. Enumero solo algunas porque en estos casos los desencadenantes son siempre complejos. Aquí van los más comunes. 

1.- El origen de una autoestima baja suele estar en la niñez. El pequeño que va creciendo y busca la autovaloración de su entorno, por las razones que sea no la encuentra. Niñas que crecen en un entorno machista en el que se les inculcan desde la cuna una posición de sumisión y servicio acaban desarrollando una autoestima baja. En un buen porcentaje de casos hay progenitores ausentes (por las razones que sea) o, directamente, una madre narcisista más preocupada de sus caprichos que de las necesidades de sus vástagos. El niño o la niña que cae en estos entornos aprende desde muy pronto que es mejor el silencio, no expresar sus necesidades (a veces ni las más elementales) y va configurando un universo en el que se cree un ser sin importancia. Aquello que le preocupa o que le genera malestar es desoído y silenciado. De adultos estas personas se acostumbran a dejarse para después, a estar más pendientes de lo demás que de sí mismos, a buscar la valoración que no han aprendido en los demás. Son personas susceptibles a las críticas y van buscando desesperadamente el amor normalmente en personas que no saben dar. 

2.- Los niños que son “diferentes”  sin entrar en más valoración y juicio y no encuentran el suficiente refuerzo en el hogar tienden a gestionar las relaciones sociales de manera disfuncional. Este es un caldo de cultivo no solo para el bullying sino también para desarrollar una autoestima baja. 

3.- De mayores se puede uno resbalar aquí por la acción del maltrato (del físico por supuesto pero, sobre todo, del psicológico). La autoestima baja crece en entornos de pareja donde uno de los miembros ejerce un control sobre el otro. Una persona que esté pasando un mal momento, un cambio radical en su vida o que se encuentre (por las razones que sea) sola y perdida es una presa y víctima fácil para los psicópatas (hombres o mujeres). Estos individuos de una manera calculada, sin tregua y constantemente se dedican a desarrollar una autoestima baja en el otro. Es la manera más fácil de dominarlo. A veces la situación llega a extremos como el gaslighting

Cómo se manifiesta una autoestima baja en tu día a día

En ocasiones,  se necesita acompañamiento profesional para reforzar la autoestima de la persona. Si crees que puedes estar en esta encrucijada, atentos a estas señales:  

1.- Seguramente te encuentres en un estado de postración, de tristeza, de pérdida e, incluso, en una depresión. No sabes en que momento abandonaste tu niño o niña interior, tus sueños y nada a tu alrededor te devuelve alegría.  

2.- Tienes sentimiento de culpa por todo y por cualquier cosa. 

3.- Priorizas a los demás ante que a ti mismo. No encuentras ese momento para empezar, continuar o hacer lo que te gusta o te gustaría. 

4.- Sientes que dejas a los demás que den opiniones sobre tu persona y siempre mal intencionadas. Otra cosa es un amigo que ayuda de verdad. Las personas con autoestima baja suelen ser el blanco de las críticas destructivas, de los comentarios de lo que deberías o no hacer viniendo de individuos que no saben qué hacer con sus propias vidas. 

5.- No te ves con fuerza moral para salir de tus zona de confort, un sitio peligroso donde no estás a gusto pero te apoltronas haciéndote la víctima. 

¿Qué puedes hacer para elevar tu autoestima? Comienza a hablar con tu niño o niña interior 

Ni que decir tiene que, en este sentido, cada persona es un mundo, pero sí hay elementos comunes a la hora de empezar a reflejar una mejor imagen de ti mismo. En primer lugar, tienes que empezar a reconocerte y a quererte. Esto que se dice muy fácil (en una frase) es harto complicado de llevar a cabo. Comienza con un ejercicio sencillo. Cuando sientas o sospeche que no te estás tratando bien, pregúntate si eso mismo que te dices, permites a otros o consientes que te hagan lo harías con un ser querido. Si la respuesta es no, ya tienes el camino del cambio abierto ante ti. 

Sin acción no hay reacción. Sin pequeños y grandes gestos que cambien tu mundo no va a ser posible que el espejo te devuelva una mejor imagen. Empieza por escucharte, por hablar con tu niño o niña interior, con aquello que un día fuiste y querías llegar a ser. Es complicado y se necesita práctica. Con constancia se consigue. Háblale a ese niño que tenía grandes sueños para ti. Explícale cómo te equivocaste o acertaste, cuéntale tus logros, pídele perdón por los errores, por las veces que no escuchaste su voz. Cuéntale los planes de mejora. Haz un calendario e intenta por todos los medios cumplirlo. No tengas metas grandiosas fáciles de abandonar nada más empezar. Ve poco a poco. Y reconoce cada logro cada mañana. 

Actúa y no te quedes en la ensoñación. Intenta enfrentarte a aquello que te da miedo. Hazlo poco a poco y ve tomando fuerzas. Antes que te des cuenta el espejo reflejará una persona que valora lo que es, que reconoce sus logros, que perdona sus errores y aprende de ello, que se lanza con valentía por la senda del amor (la única posible para crecer como personas), que sabe poner límites a quienes invaden su espacio sin permiso y, a la vez, regala abrazos, tiempo, compresión y cariño a quienes se lo merecen. 

¿A que te apuntas a esta plan? Ya sabes… hay que recortar cuanto antes esa autoestima baja y ponerla a punto. 

Por Candela Vizcaíno

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No son los hados ni la mala suerte ni siquiera un don especial para elegir la opción menos favorable. Con toda probabilidad es tu autoestima baja la que te está gastando estas malas jugadas.  Quizás te estés preguntando por qué todo te pasa a ti. Eliges las peores parejas posibles, las que no te respetan, las que boicotean cualquier apoyo para impedir que seas tu mejor versión. Te has conformado con un trabajo que no te satisface, estás hasta arriba de tareas poco satisfactorias y apenas tiempo para ti. Puede, incluso, que te sea difícil encontrar la motivación para ir al gimnasio, para cuidarte, para tener tiempo... Puede que hayas sufrido bullying de joven, acoso en el trabajo, que te sientas culpable por todo… 

Ya es hora de que pongamos nombre a esto que te pasa y el nombre es autoestima baja, pobre autovaloración y, en definitiva no quererse a uno mismo. Tú me dirás que sí, que sí te quieres pero es que haces las cosas “mal”, que es difícil el cambio, el enfrentamiento (con lo que sea y no es cuestión de salir con pistolas a la calle), que te encuentras con problemas para manejar las palabras que expresen lo que sientes realmente. Una persona con autoestima baja tiene dificultades para manejar la asertividad, esto es, le es difícil verbalizar lo que necesita sin egoísmos y sin herir los demás. Pero vamos por partes que el tema da para largo. 

¿Qué es la autovaloración y una autoestima baja o alta? 

Podemos definirlo como ese reflejo que te devuelve el espejo, como la imagen que tienes de ti mismo, como el cariño, la comprensión y la comunicación que mantienes con tu niñ@ interior. La autoestima es aquello que estamos dispuestos a hacer por nosotros mismos lo mismo que lo hacemos con un ser querido, un amigo o un compañero de trabajo. Es la comprensión que tenemos de nuestros problemas, el sabernos escuchar y ponernos en nuestro sitio sin dañar a nadie pero, a la vez, no permitiendo que nos dañen. La autoestima (en su punto óptimo) es la mejor arma que tenemos para salir airosos de todos los avatares de la vida… Bueno… también una buena dosis de motivación (imposible si tenemos una autoestima baja) y constancia para conseguir nuestros objetivos sean cuales sean.  

Por tanto, podríamos definir una autoestima baja como un reflejo pésimo de nosotros mismos que nos devuelve ese espejo imaginario. En estos casos no nos consideramos merecedores de nada y el sentimiento de culpa es constante. En este estado todo lo que hacemos es para agradar a los otros, ya sea pareja, amigos, familia o compañeros de trabajo. Aceptamos cargas que no nos corresponden e, incluso, permitimos que invadan nuestro espacio vital aceptando juicios de valor negativos que no proceden. 

Una autoestima óptima (a la que hay que aspirar) nos permite reconocernos con nuestras virtudes y valores. Nos da herramientas para perdonar nuestros errores y aprender de ellos. Nos entrega fortaleza, valentía y ánimo para seguir a pesar de los problemas. Nos lleva hacia la vibración del amor, allí donde reside la comprensión sin perder nuestra entidad.  

Una autoestima elevada, por el contrario, puede encaminarnos hacia el egocentrismo o, lo que es peor, nos puede convertir en un ser narcisista. Por eso tenemos que estar vigilantes, trabajarnos constantemente e interrogarnos sin parar. Es una de las grandezas del ser humano. 

Razones por las que sufres de una autoestima baja 

Y ahora te preguntarás por qué has llegado hasta aquí, cuáles han sido las circunstancias por las que tienes una baja autoestima. Enumero solo algunas porque en estos casos los desencadenantes son siempre complejos. Aquí van los más comunes. 

1.- El origen de una autoestima baja suele estar en la niñez. El pequeño que va creciendo y busca la autovaloración de su entorno, por las razones que sea no la encuentra. Niñas que crecen en un entorno machista en el que se les inculcan desde la cuna una posición de sumisión y servicio acaban desarrollando una autoestima baja. En un buen porcentaje de casos hay progenitores ausentes (por las razones que sea) o, directamente, una madre narcisista más preocupada de sus caprichos que de las necesidades de sus vástagos. El niño o la niña que cae en estos entornos aprende desde muy pronto que es mejor el silencio, no expresar sus necesidades (a veces ni las más elementales) y va configurando un universo en el que se cree un ser sin importancia. Aquello que le preocupa o que le genera malestar es desoído y silenciado. De adultos estas personas se acostumbran a dejarse para después, a estar más pendientes de lo demás que de sí mismos, a buscar la valoración que no han aprendido en los demás. Son personas susceptibles a las críticas y van buscando desesperadamente el amor normalmente en personas que no saben dar. 

2.- Los niños que son “diferentes”  sin entrar en más valoración y juicio y no encuentran el suficiente refuerzo en el hogar tienden a gestionar las relaciones sociales de manera disfuncional. Este es un caldo de cultivo no solo para el bullying sino también para desarrollar una autoestima baja. 

3.- De mayores se puede uno resbalar aquí por la acción del maltrato (del físico por supuesto pero, sobre todo, del psicológico). La autoestima baja crece en entornos de pareja donde uno de los miembros ejerce un control sobre el otro. Una persona que esté pasando un mal momento, un cambio radical en su vida o que se encuentre (por las razones que sea) sola y perdida es una presa y víctima fácil para los psicópatas (hombres o mujeres). Estos individuos de una manera calculada, sin tregua y constantemente se dedican a desarrollar una autoestima baja en el otro. Es la manera más fácil de dominarlo. A veces la situación llega a extremos como el gaslighting

Cómo se manifiesta una autoestima baja en tu día a día

En ocasiones,  se necesita acompañamiento profesional para reforzar la autoestima de la persona. Si crees que puedes estar en esta encrucijada, atentos a estas señales:  

1.- Seguramente te encuentres en un estado de postración, de tristeza, de pérdida e, incluso, en una depresión. No sabes en que momento abandonaste tu niño o niña interior, tus sueños y nada a tu alrededor te devuelve alegría.  

2.- Tienes sentimiento de culpa por todo y por cualquier cosa. 

3.- Priorizas a los demás ante que a ti mismo. No encuentras ese momento para empezar, continuar o hacer lo que te gusta o te gustaría. 

4.- Sientes que dejas a los demás que den opiniones sobre tu persona y siempre mal intencionadas. Otra cosa es un amigo que ayuda de verdad. Las personas con autoestima baja suelen ser el blanco de las críticas destructivas, de los comentarios de lo que deberías o no hacer viniendo de individuos que no saben qué hacer con sus propias vidas. 

5.- No te ves con fuerza moral para salir de tus zona de confort, un sitio peligroso donde no estás a gusto pero te apoltronas haciéndote la víctima. 

¿Qué puedes hacer para elevar tu autoestima? Comienza a hablar con tu niño o niña interior 

Ni que decir tiene que, en este sentido, cada persona es un mundo, pero sí hay elementos comunes a la hora de empezar a reflejar una mejor imagen de ti mismo. En primer lugar, tienes que empezar a reconocerte y a quererte. Esto que se dice muy fácil (en una frase) es harto complicado de llevar a cabo. Comienza con un ejercicio sencillo. Cuando sientas o sospeche que no te estás tratando bien, pregúntate si eso mismo que te dices, permites a otros o consientes que te hagan lo harías con un ser querido. Si la respuesta es no, ya tienes el camino del cambio abierto ante ti. 

Sin acción no hay reacción. Sin pequeños y grandes gestos que cambien tu mundo no va a ser posible que el espejo te devuelva una mejor imagen. Empieza por escucharte, por hablar con tu niño o niña interior, con aquello que un día fuiste y querías llegar a ser. Es complicado y se necesita práctica. Con constancia se consigue. Háblale a ese niño que tenía grandes sueños para ti. Explícale cómo te equivocaste o acertaste, cuéntale tus logros, pídele perdón por los errores, por las veces que no escuchaste su voz. Cuéntale los planes de mejora. Haz un calendario e intenta por todos los medios cumplirlo. No tengas metas grandiosas fáciles de abandonar nada más empezar. Ve poco a poco. Y reconoce cada logro cada mañana. 

Actúa y no te quedes en la ensoñación. Intenta enfrentarte a aquello que te da miedo. Hazlo poco a poco y ve tomando fuerzas. Antes que te des cuenta el espejo reflejará una persona que valora lo que es, que reconoce sus logros, que perdona sus errores y aprende de ello, que se lanza con valentía por la senda del amor (la única posible para crecer como personas), que sabe poner límites a quienes invaden su espacio sin permiso y, a la vez, regala abrazos, tiempo, compresión y cariño a quienes se lo merecen. 

¿A que te apuntas a esta plan? Ya sabes… hay que recortar cuanto antes esa autoestima baja y ponerla a punto. 

Por Candela Vizcaíno

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El arte, la literatura y la mitología lo representan sumidos en ambientes oscuros e invadidos por el miedo. Solos y solitarios (abandonados casi a su suerte), su mundo es pequeño, asfixiante y triste. Toda su preocupación es atesorar y no dar ya que están convencidos de que una catástrofe terrible se cierne sobre ellos si hicieran algo semejante. Son los tacaños, esas personas que ahorran hasta el último céntimo y no gastan en lo necesario para sí o los que están cerca. La convivencia con ellos se hace complicada ya que siempre están barruntando algo terrible si gastan en algo que ellos no consideran imprescindible. Si la literatura está repleto de estas peculiares personalidades, tampoco se queda atrás el avaro. Este es el que ha dado un paso más hacia la infelicidad, ya que nunca estarán satisfecho con lo que tienen y la avidez (sentido presente en la palabra) consumirá su vida como el sediento que nunca puede calmar la sed. 

¿Qué decía Freud del tacaño y su infancia? 

El padre del psicoanálisis y fundador de la psicología moderna, le dedicó un pequeño estudio al tacaño. Lo definía como una persona que no tuvo amor de sus padres en la infancia y que la única forma de “castigar” o llamar la atención de los progenitores era reteniendo las heces cuando era instando a expulsarlas. Esto le producía un placer físico que su inconsciente grabó de una manera peculiar asociando felicidad con acaparar. Si el pequeño encontraba placer en no dar las heces a unos padres poco cuidadosos, pronto se acostumbra a sentir satisfacción en retener cualquier cosa. Y ese cualquier cosa va desde bienes materiales hasta los espirituales. Esto es, el tacaño, el avaro o el codicioso (el que da otro pasa más deseando los bienes o dones que no le pertenecen) son miserables a la hora de gastar dinero por supuesto, pero también a la hora de alegrar la vida a los que le rodean con la generosidad de dones espirituales.  

El avaro que ha caído en el pecado capital de la codicia

Para el Cristianismo la codicia, la avaricia, es un pecado capital. Esto es, es una falta tan importante que lleva implícita otras. El tacaño (en todas sus modalidades) no puede o no quiere rendirse al regalo del amor y se parapeta en los castillos de miedo. Pero no solo para el Cristianismo esta forma de vida es incompatible con una existencia en armonía, también lo es para Buda. Y lo es por que la iluminación (y el Nirvana en un paso más elevado) es incompatible con el apego a los bienes terrenales.  

¿Quiero con esto decir que tenemos que dejar todo atrás si queremos alcanzar la Gracia en este o en otro mundo? ¡Ni mucho menos! Pero, como todo en la vida, hay que dejarlo en justo término. El tacaño tiene apego, miedo y, como cualquier otro tipo de personas tóxicas, le cuesta abandonarse a la generosidad del amor.  

10 características principales del tacaño y el avaro

1.- Tiene miedo constantemente al futuro

La vibración espiritual más elevada del ser humano es la del amor. En el lado contrario no está el odio sino el miedo. Cuando una persona cae, ha caído y siempre está en este emplazamiento todo le parece inquietante e impredecible. Ni que decir tiene que la vida no puede organizarse conforme a un plan porque eso no nos compete a nosotros. Siempre habrá algo que choque con nuestros proyectos, ideales y sueños. El tacaño o el avaro no pueden con esto. Para ellos afrontar estas contingencias se les hace imposible. Por eso acaparan y acaparan sin dar nada. Así se sienten tranquilos en una falsa seguridad, ya que creen que el dinero arreglará cualquier problema. 

2.- La falta de autoestima le ha llevado a refugiarse en los bienes materiales

¿Y por qué un tacaño o un avaro se refugian en acumular sin sentido? Sencillamente, porque su autoestima (la confianza en poder solventar cualquier contratiempo) es tan baja que es la única manera que tienen de sentirse tranquilos. Una persona normal puede dejar su cuenta a cero si tiene fe en que podrá salir de cualquier situación por ella misma. El tacaño y el avaro están en el lado contrario. Cualquier gasto imprevisto o un retraso en un pago les hace caer en un pozo de negrura emocional del que creen no poder salir. En el fondo, están en una cárcel cuyos barrotes es el miedo.  

3.- El tacaño y el avaro no han cultivado ninguna virtud

Toda su energía vital se va en cómo ganar más y cómo economizar. Llevan las cuentas al día y al céntimo. Se enfadan terriblemente si se retrasa un pago y pueden pillar una depresión si llega un gasto imprevisto. ¡Qué puede haber más triste que una vida así se me permites el juicio de valor! Ni que decir tiene que no es un dechado de valores. Esa falta que le lleva a atesorar la tienen en todo. Es incapaz de amar, de la amistad sincera, del desprendimiento espiritual, del regalo del conocimiento. Es normal que el tacaño y el avaro desprecien dones como el arte, la cultura, la superación a través del deporte, el tiempo generosamente invertido en otros. 

4.- Es cobarde por excelencia y se parapeta en otros 

Como es normal en este tipo de gente tóxica, no da la cara. Se las apaña para hablar a través de otros,  de actuar a través de terceros. Es incapaz de ser asertivo y decir abiertamente (no ya lo que siente que eso es muy difícil) sino de expresar sinceramente cualquier hecho. Gusta de darle vueltas a todo y de enredar por cualquier cosa. Buscará la excusa más tonta para no pagar lo que debe (aunque sea poco) y hará lo imposible (aunque sea poco) por recuperar lo que cree que le pertenece. 

5.- No duda en acudir al robo, a la intimidación o a la violencia para conseguir sus fines

Aunque tampoco dudará en darle las vueltas a la situación para apropiarse de lo que no es suyo  buscando excusas elaboradas si hiciera falta para guardar más y más. Es una persona atrapada en un miedo terrible del que no puede salir.. Para este tipo de individuos (hombres o mujeres) es su comportamiento el correcto. Los demás son los que están equivocados y los que quieren llevarles por el camino del desprendimiento y la ruina posterior. 

6.- El tacaño y el avaro mienten y son escurridizos

Pero son ellos los que se meten poco a poco en su propia ruina (y ya no hablo de la económica). Para conseguir sus fines, no dudan en recurrir a la mentira, a la calumnia, a la descalificación y, por tanto, apartan a los demás de sí. Un socio, un jefe o un superior en el trabajo con este mal lleva a los que están a su alrededor al síndrome de burnout o a otras situaciones peores. 

7.-  El amor implica generosidad, virtud que no pueden manifestar estas personas

Pero no es menos en los cuatro muros del hogar. Es aquí donde la convivencia se hace triste porque el tacaño o el avaro no ofrece lo necesario a los suyos. Eso va creando un ambiente de resentimiento y, a la postre, de ira contra este tipo de individuos por parte de sus seres queridos. La falta de generosidad económica acarrea también a retener cariño, comprensión, empatía, complicidad y amor. Esto va creando una situación irrespirable que lleva a estas personas a la soledad o, lo que es peor, a tener solo a interesados a su alrededor. Un cabeza de familia (madre o padre) que retiene bienes materiales de esta forma solo consigue que sus vástagos anhelen disfrutar de una herencia, ya que no pueden hacerlo en vida. 

8.- Tienen un círculo social muy reducido y acaban por quedarse solos

Como no gastan en un café, no invitan en Navidad, no hacen regalos generosos (o no lo hacen sin más) suelen ir quedándose solos. Además el avaro y el tacaño (como he expuesto) también lo son en los dones espirituales e intelectuales. Todo su mundo acaba siendo el mismo: el del atesoramiento, la economía y el miedo. No tienen el desprendimiento de una conversación amable. Si lo hacen, es para sacarte información que puedan utilizar para sus propios fines. 

9.- El tacaño y el avaro solo tendrá relaciones por interés

Por eso no soportan a personas que buscan la excelencia, la generosidad o que ansían la libertad espiritual. Estos seres de luz les devuelven constantemente la oscuridad de su miedo. Tampoco se pararán a la hora de ridiculizar a los que no se mueven por su avidez y ansia. 

10.- Su sed de ahorro les lleva a poner en riesgo su bienestar y el de los suyos

Apagará la calefacción antes de tiempo. Quizás no compre ese medicamento necesario. Habrá quien obligará a una ducha corta con agua fría. El ambiente de la casa nunca será hogareño, acogedor, delicioso. Tendrán millones y no se gastarán un céntimo en una celebración familiar. Eso será regalar y no podrá soportarlo. Vivirá haciendo pequeños gestos que transparente su espíritu miserable si pararse a dar al otro lo que necesita, sueña o, incluso, desea en un momento dado. Le gustará de esconderse en sitios oscuros y querrá tener sus tesoros al alcance donde pueda contarlo una y otra vez. Así tendrá una paz momentánea que no puede alcanzar con un espíritu desprendido que no conoce.  

¿Cómo convivir con una persona que no puede dar? 

Muy difícilmente y en esto están de acuerdo todos los terapeutas. La convivencia se hace triste y no tanto por falta de dinero. Hay familias, parejas, amigos o compañeros pobres desde el punto de vista de la economía pero multimillonarios en espíritu que llevan una vida dichosa. Si bien los bienes materiales nos pueden ayudar a alcanzar aquello que deseamos (cultura, conocimiento, acceso a medicamentos, una vida más cómoda…) y, por tanto, nos empujan a la felicidad, esto no es suficiente. La dicha nace de dentro, de la falta de miedo (y aquí están atrapados avaros y tacaños), del amor generoso y de la confianza en el mañana. 

El día a día con estas personas se hace imposible, oscuro, triste ya que empañan cualquier cosa con su pesimismo. Suelen ser individuos carcomidos por la inseguridad y la angustia. Y eso arrastra a los que están a su alrededor. Por eso, van progresivamente quedándose solos. Y no nos engañemos: un tacaño o un avaro será difícil que intente “redimirse”. Es imposible porque cree que son los demás los que se enfrentan a la vida de manera temeraria. 

Candela Vizcaíno 

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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El arte, la literatura y la mitología lo representan sumidos en ambientes oscuros e invadidos por el miedo. Solos y solitarios (abandonados casi a su suerte), su mundo es pequeño, asfixiante y triste. Toda su preocupación es atesorar y no dar ya que están convencidos de que una catástrofe terrible se cierne sobre ellos si hicieran algo semejante. Son los tacaños, esas personas que ahorran hasta el último céntimo y no gastan en lo necesario para sí o los que están cerca. La convivencia con ellos se hace complicada ya que siempre están barruntando algo terrible si gastan en algo que ellos no consideran imprescindible. Si la literatura está repleto de estas peculiares personalidades, tampoco se queda atrás el avaro. Este es el que ha dado un paso más hacia la infelicidad, ya que nunca estarán satisfecho con lo que tienen y la avidez (sentido presente en la palabra) consumirá su vida como el sediento que nunca puede calmar la sed. 

¿Qué decía Freud del tacaño y su infancia? 

El padre del psicoanálisis y fundador de la psicología moderna, le dedicó un pequeño estudio al tacaño. Lo definía como una persona que no tuvo amor de sus padres en la infancia y que la única forma de “castigar” o llamar la atención de los progenitores era reteniendo las heces cuando era instando a expulsarlas. Esto le producía un placer físico que su inconsciente grabó de una manera peculiar asociando felicidad con acaparar. Si el pequeño encontraba placer en no dar las heces a unos padres poco cuidadosos, pronto se acostumbra a sentir satisfacción en retener cualquier cosa. Y ese cualquier cosa va desde bienes materiales hasta los espirituales. Esto es, el tacaño, el avaro o el codicioso (el que da otro pasa más deseando los bienes o dones que no le pertenecen) son miserables a la hora de gastar dinero por supuesto, pero también a la hora de alegrar la vida a los que le rodean con la generosidad de dones espirituales.  

El avaro que ha caído en el pecado capital de la codicia

Para el Cristianismo la codicia, la avaricia, es un pecado capital. Esto es, es una falta tan importante que lleva implícita otras. El tacaño (en todas sus modalidades) no puede o no quiere rendirse al regalo del amor y se parapeta en los castillos de miedo. Pero no solo para el Cristianismo esta forma de vida es incompatible con una existencia en armonía, también lo es para Buda. Y lo es por que la iluminación (y el Nirvana en un paso más elevado) es incompatible con el apego a los bienes terrenales.  

¿Quiero con esto decir que tenemos que dejar todo atrás si queremos alcanzar la Gracia en este o en otro mundo? ¡Ni mucho menos! Pero, como todo en la vida, hay que dejarlo en justo término. El tacaño tiene apego, miedo y, como cualquier otro tipo de personas tóxicas, le cuesta abandonarse a la generosidad del amor.  

10 características principales del tacaño y el avaro

1.- Tiene miedo constantemente al futuro

La vibración espiritual más elevada del ser humano es la del amor. En el lado contrario no está el odio sino el miedo. Cuando una persona cae, ha caído y siempre está en este emplazamiento todo le parece inquietante e impredecible. Ni que decir tiene que la vida no puede organizarse conforme a un plan porque eso no nos compete a nosotros. Siempre habrá algo que choque con nuestros proyectos, ideales y sueños. El tacaño o el avaro no pueden con esto. Para ellos afrontar estas contingencias se les hace imposible. Por eso acaparan y acaparan sin dar nada. Así se sienten tranquilos en una falsa seguridad, ya que creen que el dinero arreglará cualquier problema. 

2.- La falta de autoestima le ha llevado a refugiarse en los bienes materiales

¿Y por qué un tacaño o un avaro se refugian en acumular sin sentido? Sencillamente, porque su autoestima (la confianza en poder solventar cualquier contratiempo) es tan baja que es la única manera que tienen de sentirse tranquilos. Una persona normal puede dejar su cuenta a cero si tiene fe en que podrá salir de cualquier situación por ella misma. El tacaño y el avaro están en el lado contrario. Cualquier gasto imprevisto o un retraso en un pago les hace caer en un pozo de negrura emocional del que creen no poder salir. En el fondo, están en una cárcel cuyos barrotes es el miedo.  

3.- El tacaño y el avaro no han cultivado ninguna virtud

Toda su energía vital se va en cómo ganar más y cómo economizar. Llevan las cuentas al día y al céntimo. Se enfadan terriblemente si se retrasa un pago y pueden pillar una depresión si llega un gasto imprevisto. ¡Qué puede haber más triste que una vida así se me permites el juicio de valor! Ni que decir tiene que no es un dechado de valores. Esa falta que le lleva a atesorar la tienen en todo. Es incapaz de amar, de la amistad sincera, del desprendimiento espiritual, del regalo del conocimiento. Es normal que el tacaño y el avaro desprecien dones como el arte, la cultura, la superación a través del deporte, el tiempo generosamente invertido en otros. 

4.- Es cobarde por excelencia y se parapeta en otros 

Como es normal en este tipo de gente tóxica, no da la cara. Se las apaña para hablar a través de otros,  de actuar a través de terceros. Es incapaz de ser asertivo y decir abiertamente (no ya lo que siente que eso es muy difícil) sino de expresar sinceramente cualquier hecho. Gusta de darle vueltas a todo y de enredar por cualquier cosa. Buscará la excusa más tonta para no pagar lo que debe (aunque sea poco) y hará lo imposible (aunque sea poco) por recuperar lo que cree que le pertenece. 

5.- No duda en acudir al robo, a la intimidación o a la violencia para conseguir sus fines

Aunque tampoco dudará en darle las vueltas a la situación para apropiarse de lo que no es suyo  buscando excusas elaboradas si hiciera falta para guardar más y más. Es una persona atrapada en un miedo terrible del que no puede salir.. Para este tipo de individuos (hombres o mujeres) es su comportamiento el correcto. Los demás son los que están equivocados y los que quieren llevarles por el camino del desprendimiento y la ruina posterior. 

6.- El tacaño y el avaro mienten y son escurridizos

Pero son ellos los que se meten poco a poco en su propia ruina (y ya no hablo de la económica). Para conseguir sus fines, no dudan en recurrir a la mentira, a la calumnia, a la descalificación y, por tanto, apartan a los demás de sí. Un socio, un jefe o un superior en el trabajo con este mal lleva a los que están a su alrededor al síndrome de burnout o a otras situaciones peores. 

7.-  El amor implica generosidad, virtud que no pueden manifestar estas personas

Pero no es menos en los cuatro muros del hogar. Es aquí donde la convivencia se hace triste porque el tacaño o el avaro no ofrece lo necesario a los suyos. Eso va creando un ambiente de resentimiento y, a la postre, de ira contra este tipo de individuos por parte de sus seres queridos. La falta de generosidad económica acarrea también a retener cariño, comprensión, empatía, complicidad y amor. Esto va creando una situación irrespirable que lleva a estas personas a la soledad o, lo que es peor, a tener solo a interesados a su alrededor. Un cabeza de familia (madre o padre) que retiene bienes materiales de esta forma solo consigue que sus vástagos anhelen disfrutar de una herencia, ya que no pueden hacerlo en vida. 

8.- Tienen un círculo social muy reducido y acaban por quedarse solos

Como no gastan en un café, no invitan en Navidad, no hacen regalos generosos (o no lo hacen sin más) suelen ir quedándose solos. Además el avaro y el tacaño (como he expuesto) también lo son en los dones espirituales e intelectuales. Todo su mundo acaba siendo el mismo: el del atesoramiento, la economía y el miedo. No tienen el desprendimiento de una conversación amable. Si lo hacen, es para sacarte información que puedan utilizar para sus propios fines. 

9.- El tacaño y el avaro solo tendrá relaciones por interés

Por eso no soportan a personas que buscan la excelencia, la generosidad o que ansían la libertad espiritual. Estos seres de luz les devuelven constantemente la oscuridad de su miedo. Tampoco se pararán a la hora de ridiculizar a los que no se mueven por su avidez y ansia. 

10.- Su sed de ahorro les lleva a poner en riesgo su bienestar y el de los suyos

Apagará la calefacción antes de tiempo. Quizás no compre ese medicamento necesario. Habrá quien obligará a una ducha corta con agua fría. El ambiente de la casa nunca será hogareño, acogedor, delicioso. Tendrán millones y no se gastarán un céntimo en una celebración familiar. Eso será regalar y no podrá soportarlo. Vivirá haciendo pequeños gestos que transparente su espíritu miserable si pararse a dar al otro lo que necesita, sueña o, incluso, desea en un momento dado. Le gustará de esconderse en sitios oscuros y querrá tener sus tesoros al alcance donde pueda contarlo una y otra vez. Así tendrá una paz momentánea que no puede alcanzar con un espíritu desprendido que no conoce.  

¿Cómo convivir con una persona que no puede dar? 

Muy difícilmente y en esto están de acuerdo todos los terapeutas. La convivencia se hace triste y no tanto por falta de dinero. Hay familias, parejas, amigos o compañeros pobres desde el punto de vista de la economía pero multimillonarios en espíritu que llevan una vida dichosa. Si bien los bienes materiales nos pueden ayudar a alcanzar aquello que deseamos (cultura, conocimiento, acceso a medicamentos, una vida más cómoda…) y, por tanto, nos empujan a la felicidad, esto no es suficiente. La dicha nace de dentro, de la falta de miedo (y aquí están atrapados avaros y tacaños), del amor generoso y de la confianza en el mañana. 

El día a día con estas personas se hace imposible, oscuro, triste ya que empañan cualquier cosa con su pesimismo. Suelen ser individuos carcomidos por la inseguridad y la angustia. Y eso arrastra a los que están a su alrededor. Por eso, van progresivamente quedándose solos. Y no nos engañemos: un tacaño o un avaro será difícil que intente “redimirse”. Es imposible porque cree que son los demás los que se enfrentan a la vida de manera temeraria. 

Candela Vizcaíno 

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Gaslight, gaslighting o luz de gas es la técnica de manipulación psicológica que realiza una persona sobre otra haciéndole dudar de su percepción de la realidad. Es decir, es un maltrato con el fin de volver loco o loca a la víctima. El término se tomó de la película homónima dirigida por Joe Cukor y protagonizada por Ingrid Bergman en 1944, quién conseguiría el Óscar a la mejor actriz.  

Argumento y tema de la película Gaslight protagonizada por Ingrid Bergman 

Pero vamos por partes y nos adentramos en el argumento de la película que está de plena actualidad con la popularización de las técnicas de la personalidad narcisista y/o psicopática. Vi esta película de niña y aún recuerdo la escena de la genial Bergman bajando temerosa una escalera porque deseaba asistir a un acto social prohibido por su marido, ya que dudaba de su “saber estar” con otras personas. El caso fue que lo consiguió. Pero no adelantemos. Estamos en el Londres victoriano de nieblas, brumas e iluminación con lámparas de gas.  

La protagonista de la obra es Paula, una señorita de alta sociedad bien educada y huérfana que es criada por una tía, cantante famosa de ópera. La película comienza con la muerte en extrañas circunstancias de ésta en su domicilio de Londres. Su sobrina, Paula, para olvidar tan trágico hecho, se muda a Italia y allí, en la maravillosa Venecia, conoce a un profesor de piano del que se enamora. Ella es joven y una rica heredera ociosa. El hombre la convence para regresar a Londres tras la boda. Allí se instalan en la mansión de la tía de Paula tras retirar al desván todos los muebles y objetos personales de la señora fallecida años atrás.  

Cómo continúa  Gaslight y su acoso moral 

El marido de Paula se ausenta cada noche con la excusa de trabajar y concentrarse en una nueva obra en un estudio alquilado fuera de la mansión. Ella se queda sola en la casa y no tarda en escuchar extraños ruidos en el desván (como de muebles arrastrándose) no sin antes producirse un bajón en la potencia de la luz de gas. Estos hechos se los comenta a su marido el cual va convenciéndola progresivamente de que nada así puede suceder. 

Paula se va aislando cada vez más del exquisito círculo social al que pertenece. Todo su universo comienza a girar alrededor de su marido y se sitúa en el interior de una casa en la que se siente encarcelada y le trae malos recuerdos. No habla con nadie y el contraste de su realidad solo se hace con su marido. Este comienza a acusarla (veladamente y directamente) de que se está volviendo loca. Y así parece en el interior de la vulnerable Paula. 

Descubrimos el misterio del gaslighting en la película de Ingrid Bergman 

Toda la trama da un giro cuando aparece un policía amigo de la difunta tía de la protagonista que se presta a ayudar a Paula.  Aunque el marido va urdiendo una sutil tela de araña para hacer caer a Paula en la locura, hay una persona luminosa que ve la realidad desde otra perspectiva. El cenit de la película (y es la escena que recuerdo después de haber pasado décadas) se produce cuando Gregory (el marido) se pone a buscar un reloj acusando a Paula de haberlo cogido. Ella lo niega mientras se prepara para ir a una obra de teatro a la que quería asistir. Él la acompaña y en medio de la función se las apaña para colar el reloj en su bolso y, además, para hacerle notar que ella lo lleva. Su finalidad es bloquearla y hacerla caer en la neurosis en un acto social. 

Pero la luz llegaría para Paula en forma del descubrimiento del amigo policía quien sigue a Gregory a su estudio nocturno y se da cuenta de que entra en la casa de al lado, la cual lleva tiempo abandonada. Desde allí accede al desván. Esto es, ni existe obra en la que está trabajando ni estudio de artista ni nada parecido. Lo sigue y lo coge, prácticamente, con las manos en la masa. El ruido del techo era el ir y venir de muebles en busca de unas valiosas joyas desaparecidas. En ese acto no solo nos enteramos de que él es el causante de la neurosis de Paula sino también el asesino de la tía cantante y rica,  precisamente para robarle esas joyas. 

La película termina con el afloramiento de la verdad: el asesinato, la manipulación, el robo y el acoso psicológico hasta hacer perder la razón. Fue un éxito y hoy en día esta técnica tomada del  título de la película (gaslighting) se estudia en psicología con el fin, en primera instancia, de ayudar a las víctimas. 

 

¿Características y hechos del gaslighting o gaslight que aparecen en la película?

Ni que decir tiene que es una obra de ficción pero extrapolable a una realidad que era frecuente en aquella época y hoy en día. ¿Cómo se produce este gaslighting o luz de gas o gaslight? ¿Qué pasa con la víctima para que llegue a perder la cordura? Analizamos. 

1.- Paula es un ser de luz, joven, bella, sensible y una rica heredera. Hasta aquí todo envidiable. Pero es, a la vez, extremadamente vulnerable, ya que  está (literal) sola en este mundo con una hipersensibilidad manifiesta. Es, por tanto, una víctima propiciatoria para eso que hoy llamamos gente tóxica. 

2.- No puede haber gaslighting ni ningún tipo de acoso moral o espiritual si previamente no ha habido un aislamiento de la víctima de su entorno social. Éste se produce poco a poco sin apenas darse ésta cuenta y, cuando quiere entender lo que le pasa, puede haber caído en cualquier hábito tóxico para evitar la ansiedad que le produce esta vida. Por eso, el gaslighting se acaba cuando aparece un tercero (en este caso un policía) que ve la realidad desde otra perspectiva.  

3.- El gaslighting siempre se produce por un psicópata así sin más que solo atiende a sus intereses y, como en este caso, no tiene ningún reparo moral en destruir emocionalmente, robar y asesinar para conseguir sus fines. Estas personas tóxicas que han llegado al límite de la humanidad saben muy bien lo que hacen y sus planes son premeditados. 

4.- Para conseguir sus objetivos tienen que minar primero la autoestima de la víctima hasta límites terribles mediante el aislamiento, el ninguneo, la calumnia y actos subliminales de maldad. El gaslighting es una metáfora adecuada para expresar ese robo de luz de la persona a la que es sometida esta técnica. 

5.- La única manera de salir de aquí es con ayuda de un tercero que vea la realidad desde otra perspectiva. Por eso, es tan importante no dejar nunca de lado las relaciones sociales. ¡Y por más razones, claro está!  

Entonces, cómo se produce el gaslighting o gaslight

1.- Este siempre se hace en el entorno más íntimo (normalmente en el familiar) y es difícil encontrarlo en el trabajo (en el que se llevan a cabo otras técnicas que llegan al burnout o síndrome del trabajador quemado). Siempre hay una relación de desigualdad entre una persona oscura que va en búsqueda de lo que la víctima ofrece. Son seres parasitarios (como el de la película que vive a costa de la fortuna de su esposa) que nada aportan a la sociedad y están envenenados con un ego imflado. 

2.- La víctima siempre es alguien vulnerable, con la autoestima baja que no se cree merecedora de nada bueno y que se va aislando de su entorno social cada vez más. 

3.- Su percepción de la realidad se ve con el gaslighting, por tanto, mermada porque no puede salir de ese círculo vicioso creado por su verdugo ya sea en forma de acoso económico, espiritual o ninguneo de sus cualidades. 

4.- La víctima es continuamente despreciada en sus mejores virtudes haciéndole dudar de sus dones innatos. 

5.- A esta se la pone en situaciones comprometidas en público para que el orden social la aísle aún más y la catalogue como neurótica o directamente loca. 

6.- Los efectos del gaslighting pueden llegar al suicidio de la víctima, a caer en hábitos tóxicos o a enfermedades psiquiátricas de difícil resolución.

 

¿Qué puede hacer la víctima de gaslighting para defenderse?

 

1.- Es urgente tomar conciencia de lo que está pasando y poner nombre a esa supuesta locura que van rondando en su alma y cabeza.  

2.- En estos casos no estamos tratando con personas complejas. Más bien nos topamos ante auténticos delincuentes. Por eso, es importante pedir ayuda legal, policial o psicológica. 

3.- Ni que decir tiene que es necesario un alejamiento de la víctima y su verdugo. 

4.- La persona afectada por las técnicas de gaslighting o gaslight deben levantar su autoestima de manera urgente para que puedan ver con claridad qué fue lo que pasó y rehacer su vida.  

5.- Es frecuente que sean víctimas de estas técnicas seres luminosos, con dones maravillosos que dar al mundo. La buena noticia es que, tras pasar por estas experiencias, estos no solo se recuperan sino que se aumentan exponencialemnte. 

Si crees que estás sufriendo gaslighting o gaslight,  olvida los fantasmas que te hacen creer ver y pide ayuda urgente. ¡Te mereces lo mejor de este mundo! 

 

Por Candela Vizcaíno

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

 

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Gaslight, gaslighting o luz de gas es la técnica de manipulación psicológica que realiza una persona sobre otra haciéndole dudar de su percepción de la realidad. Es decir, es un maltrato con el fin de volver loco o loca a la víctima. El término se tomó de la película homónima dirigida por Joe Cukor y protagonizada por Ingrid Bergman en 1944, quién conseguiría el Óscar a la mejor actriz.  

Argumento y tema de la película Gaslight protagonizada por Ingrid Bergman 

Pero vamos por partes y nos adentramos en el argumento de la película que está de plena actualidad con la popularización de las técnicas de la personalidad narcisista y/o psicopática. Vi esta película de niña y aún recuerdo la escena de la genial Bergman bajando temerosa una escalera porque deseaba asistir a un acto social prohibido por su marido, ya que dudaba de su “saber estar” con otras personas. El caso fue que lo consiguió. Pero no adelantemos. Estamos en el Londres victoriano de nieblas, brumas e iluminación con lámparas de gas.  

La protagonista de la obra es Paula, una señorita de alta sociedad bien educada y huérfana que es criada por una tía, cantante famosa de ópera. La película comienza con la muerte en extrañas circunstancias de ésta en su domicilio de Londres. Su sobrina, Paula, para olvidar tan trágico hecho, se muda a Italia y allí, en la maravillosa Venecia, conoce a un profesor de piano del que se enamora. Ella es joven y una rica heredera ociosa. El hombre la convence para regresar a Londres tras la boda. Allí se instalan en la mansión de la tía de Paula tras retirar al desván todos los muebles y objetos personales de la señora fallecida años atrás.  

Cómo continúa  Gaslight y su acoso moral 

El marido de Paula se ausenta cada noche con la excusa de trabajar y concentrarse en una nueva obra en un estudio alquilado fuera de la mansión. Ella se queda sola en la casa y no tarda en escuchar extraños ruidos en el desván (como de muebles arrastrándose) no sin antes producirse un bajón en la potencia de la luz de gas. Estos hechos se los comenta a su marido el cual va convenciéndola progresivamente de que nada así puede suceder. 

Paula se va aislando cada vez más del exquisito círculo social al que pertenece. Todo su universo comienza a girar alrededor de su marido y se sitúa en el interior de una casa en la que se siente encarcelada y le trae malos recuerdos. No habla con nadie y el contraste de su realidad solo se hace con su marido. Este comienza a acusarla (veladamente y directamente) de que se está volviendo loca. Y así parece en el interior de la vulnerable Paula. 

Descubrimos el misterio del gaslighting en la película de Ingrid Bergman 

Toda la trama da un giro cuando aparece un policía amigo de la difunta tía de la protagonista que se presta a ayudar a Paula.  Aunque el marido va urdiendo una sutil tela de araña para hacer caer a Paula en la locura, hay una persona luminosa que ve la realidad desde otra perspectiva. El cenit de la película (y es la escena que recuerdo después de haber pasado décadas) se produce cuando Gregory (el marido) se pone a buscar un reloj acusando a Paula de haberlo cogido. Ella lo niega mientras se prepara para ir a una obra de teatro a la que quería asistir. Él la acompaña y en medio de la función se las apaña para colar el reloj en su bolso y, además, para hacerle notar que ella lo lleva. Su finalidad es bloquearla y hacerla caer en la neurosis en un acto social. 

Pero la luz llegaría para Paula en forma del descubrimiento del amigo policía quien sigue a Gregory a su estudio nocturno y se da cuenta de que entra en la casa de al lado, la cual lleva tiempo abandonada. Desde allí accede al desván. Esto es, ni existe obra en la que está trabajando ni estudio de artista ni nada parecido. Lo sigue y lo coge, prácticamente, con las manos en la masa. El ruido del techo era el ir y venir de muebles en busca de unas valiosas joyas desaparecidas. En ese acto no solo nos enteramos de que él es el causante de la neurosis de Paula sino también el asesino de la tía cantante y rica,  precisamente para robarle esas joyas. 

La película termina con el afloramiento de la verdad: el asesinato, la manipulación, el robo y el acoso psicológico hasta hacer perder la razón. Fue un éxito y hoy en día esta técnica tomada del  título de la película (gaslighting) se estudia en psicología con el fin, en primera instancia, de ayudar a las víctimas. 

 

¿Características y hechos del gaslighting o gaslight que aparecen en la película?

Ni que decir tiene que es una obra de ficción pero extrapolable a una realidad que era frecuente en aquella época y hoy en día. ¿Cómo se produce este gaslighting o luz de gas o gaslight? ¿Qué pasa con la víctima para que llegue a perder la cordura? Analizamos. 

1.- Paula es un ser de luz, joven, bella, sensible y una rica heredera. Hasta aquí todo envidiable. Pero es, a la vez, extremadamente vulnerable, ya que  está (literal) sola en este mundo con una hipersensibilidad manifiesta. Es, por tanto, una víctima propiciatoria para eso que hoy llamamos gente tóxica. 

2.- No puede haber gaslighting ni ningún tipo de acoso moral o espiritual si previamente no ha habido un aislamiento de la víctima de su entorno social. Éste se produce poco a poco sin apenas darse ésta cuenta y, cuando quiere entender lo que le pasa, puede haber caído en cualquier hábito tóxico para evitar la ansiedad que le produce esta vida. Por eso, el gaslighting se acaba cuando aparece un tercero (en este caso un policía) que ve la realidad desde otra perspectiva.  

3.- El gaslighting siempre se produce por un psicópata así sin más que solo atiende a sus intereses y, como en este caso, no tiene ningún reparo moral en destruir emocionalmente, robar y asesinar para conseguir sus fines. Estas personas tóxicas que han llegado al límite de la humanidad saben muy bien lo que hacen y sus planes son premeditados. 

4.- Para conseguir sus objetivos tienen que minar primero la autoestima de la víctima hasta límites terribles mediante el aislamiento, el ninguneo, la calumnia y actos subliminales de maldad. El gaslighting es una metáfora adecuada para expresar ese robo de luz de la persona a la que es sometida esta técnica. 

5.- La única manera de salir de aquí es con ayuda de un tercero que vea la realidad desde otra perspectiva. Por eso, es tan importante no dejar nunca de lado las relaciones sociales. ¡Y por más razones, claro está!  

Entonces, cómo se produce el gaslighting o gaslight

1.- Este siempre se hace en el entorno más íntimo (normalmente en el familiar) y es difícil encontrarlo en el trabajo (en el que se llevan a cabo otras técnicas que llegan al burnout o síndrome del trabajador quemado). Siempre hay una relación de desigualdad entre una persona oscura que va en búsqueda de lo que la víctima ofrece. Son seres parasitarios (como el de la película que vive a costa de la fortuna de su esposa) que nada aportan a la sociedad y están envenenados con un ego imflado. 

2.- La víctima siempre es alguien vulnerable, con la autoestima baja que no se cree merecedora de nada bueno y que se va aislando de su entorno social cada vez más. 

3.- Su percepción de la realidad se ve con el gaslighting, por tanto, mermada porque no puede salir de ese círculo vicioso creado por su verdugo ya sea en forma de acoso económico, espiritual o ninguneo de sus cualidades. 

4.- La víctima es continuamente despreciada en sus mejores virtudes haciéndole dudar de sus dones innatos. 

5.- A esta se la pone en situaciones comprometidas en público para que el orden social la aísle aún más y la catalogue como neurótica o directamente loca. 

6.- Los efectos del gaslighting pueden llegar al suicidio de la víctima, a caer en hábitos tóxicos o a enfermedades psiquiátricas de difícil resolución.

 

¿Qué puede hacer la víctima de gaslighting para defenderse?

 

1.- Es urgente tomar conciencia de lo que está pasando y poner nombre a esa supuesta locura que van rondando en su alma y cabeza.  

2.- En estos casos no estamos tratando con personas complejas. Más bien nos topamos ante auténticos delincuentes. Por eso, es importante pedir ayuda legal, policial o psicológica. 

3.- Ni que decir tiene que es necesario un alejamiento de la víctima y su verdugo. 

4.- La persona afectada por las técnicas de gaslighting o gaslight deben levantar su autoestima de manera urgente para que puedan ver con claridad qué fue lo que pasó y rehacer su vida.  

5.- Es frecuente que sean víctimas de estas técnicas seres luminosos, con dones maravillosos que dar al mundo. La buena noticia es que, tras pasar por estas experiencias, estos no solo se recuperan sino que se aumentan exponencialemnte. 

Si crees que estás sufriendo gaslighting o gaslight,  olvida los fantasmas que te hacen creer ver y pide ayuda urgente. ¡Te mereces lo mejor de este mundo! 

 

Por Candela Vizcaíno

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

 

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Las personas tóxicas son aquellas que restan en lugar de sumar. Su contacto es siempre desagradable dejándote con una mala sensación sin saber muy bien por qué. 

En el espíritu existen dos vibraciones fundamentales: la más alta es la del amor y la más baja es la del miedo. Si la primera es la proveedora de dones como la generosidad, la confianza, la entrega, la superación, la resilencia o la alegría, el segundo es el emplazamiento del materialismo, el pesimismo, la envidia y el veneno de la ira. En el primero nos superamos día a día caminando con paso firme hacia la serenidad, antesala de la felicidad. En la vibración del miedo nos emplazamos en una zona de confort eterna que no nos deja avanzar hacia nada bueno. Ni que decir tiene que todos podemos caer en la vibración del miedo en algún momento, pero hay quienes están instalados aquí y no hay manera de moverlos. Son las personas tóxicas. El término es nuevo, aunque los comportamientos y actitudes son tan antiguas como el mundo. 

Las personas tóxicas se han quedado atrapadas en un veneno emocional que no quieren trascender. Su mero contacto hace que nos sintamos abatidos, inseguros, tristes y con pensamientos negativos. Por eso, es importante aprender a reconocerlas cuanto antes para poder ponernos a salvo. A veces, por las circunstancias, es complicado, pero eso no quita para que nos resguardemos de su influencia.

10 tipos de personas tóxicas que debes evitar a toda costa 

1.- El negativo y pesimista que está barruntando constantemente el Apocalipsis final

Son los que siempre ven que se va a caer el mundo ante cualquier contratiempo, los que mueven Roma con Santiago ante cualquier problema. No son capaces de solucionar absolutamente nada y ven problemas incluso donde no los hay. Dependientes de los demás para cualquier cosa, creen que la juventud se ha corrompido por completo, que mañana no va a salir el Sol (ni tampoco las nubes). Su tremendismo puede llevarte a un estado de postración total, ya que también son expertos en hacerte cargar con sus tareas cotidianas y su negatividad. La vida, por supuesto, no es un camino de rosas, pero tampoco un valle de espinas como se empeñan estas personas tóxicas. 

2.- El envidioso y murmurador que habla mal de todo el mundo, personas tóxicas a evitar siempre

¡De ti también en cuanto te has dado la vuelta! Se las apaña para criticar incluso las virtudes de los que están a su alrededor. Todo el mundo tiene problemas menos ellos. Son los que airean trapos sucios, los que no saben callar no ya un secreto sino el más mínimo asunto. Suelen ser personas tóxicas desleales, que hablan a extraños de intimidades de pareja, de problemas con sus hijos o de asuntos que, por las razones que sean, deberían mantener un mínimo de discreción. ¡Ojo! En esta categoría no entra el amigo que te cuenta un problema en busca de ayuda o de un poco de compresión o de la conversación normal (aunque nos excedamos en el sabio no juicio) entre colegas y personas que se quieren. Este tipo de personas hablan, critican, murmuran constantemente y no tienen ningún empacho incluso en atacar el honor básico de los que se encuentran a su alrededor.  No se paran incluso ante la posiblidad de la calumnia y aquí estamos ante un delito. 

3.- El desagradecido que es incapaz de ver la grandiosidad de gestos importantes y siempre quiere más

Este tipo de personas tóxicas, además, no han sido capaces de hacer nada bueno por ellos mismos ni conseguir ningún logro meritorio. Cuando llega algo positivo a sus vidas son incapaces de agradecer y de estar felices con ese don. Se las apañan para empañar regalos, tiempo, generosidad, cariño y oportunidad con su veneno. En este tipo de personas tóxicas entran también aquellas que echan por tierra un viaje en grupo porque la habitación no está a 24 grados o porque se visitó un sitio a las 9 cuando estaba programado a las 10. Son incapaces de despegarse de estas nimiedades haciendo una bola inmensa con cosas que no tienen importancia consiguiendo arruinar un día maravilloso o una oportunidad importante. Tienen la habilidad de minar tu autoestima de tal manera que pude llegar a ser peligroso para ti. Comienzas a dar y a entregar sin recibir nada a cambio. Personas que están pasando un mal momento pueden verse envueltas en estas dinámicas peligrosas. 

4.- El que tiene miedo a todo, uno de los tipos de personas tóxicas más peligrosas 

Si estás hablando con ellos durante una hora, seguramente aparecerá así sin más la palabra “miedo” referido a cualquier cosa. Tienen miedo a que se incendie la casa, a que venga la policía a llevarlos a la cárcel, a que le roben, a enfermar… Los hipocondriacos son un tipo de personas tóxicas que anulan la alegría de los que están alrededor infectando el ambiente de una negrura extraña donde siempre hay acechando fantasmas terribles y desconocidos. 

5.- El narcisista que exige que el mundo gire alrededor de ellos

El mundo tiene que girar alrededor de ellos porque son las personas más maravillosas del mundo. Siempre tienen razón y nunca se equivocan. Hacen todo lo posible para que los que están alrededor le rindan pleitesía en todo momento. La personalidad del narcisista es tan compleja y destructiva que ya hay psicólogos especialistas en reparar los daños ocasionados en sus víctimas. Se infiltran en las vidas de los demás sin dejarles margen para la libertad. Cuando estamos ante una madre narcisista el problema es más agudo, ya que, en la mayoría de los casos, ejerce un daño difícil de reparar en la familia. 

6.- El psicópata, la persona tóxica a alejar de tu vida cuanto antes

Porque el daño que te puede hacer es incluso denunciable ante la justicia. Ya no estamos ante una persona negativa, pesimista o triste porque sí que se afana por empañar la luz del mundo. El psicópata es un seguidor del Mal así con mayúsculas. No dudará en ejercer maltrato psicológico para conseguir sus fines, en empequeñecer cualquier logro, en levantar cizaña en cualquier ambiente ya sea laboral, familiar o social. Son personas con un alma atormentada que exigen cariño sin dar nada a cambio, que anulan a sus víctimas hasta empequeñecerlas tanto que, en ocasiones, estas necesitan años de terapia para reponerse. 

7.- El seguidor de Maquiavelo o manipulador, para completar la triada oscura

Los otros vértices son el psicópata y el narcisista. El nombre viene del escritor y político Nicolás Maquiavelo quien, en 1513, escribió la obra El Príncipe, un compendio para manipular a los rivales con una sonrisa y sin que se note mucho lo que estás tramando. Con esto ya digo todo lo que puede ser este tipo de personas tóxicas que se agazapan en puestos de poder, en las comunidades de vecinos, en los círculos de amistades y en todos esos emplazamientos donde puedan sacar provecho sin importarles en absoluto qué daño pueden hacer sus acciones. 

8.- El adicto a cualquier sustancia ya que envenena con su actitud cualquier ambiente y son siempre personas tóxicas

No vamos a negar que quien está preso de cualquier sustancia o actitud es un esclavo que necesita ayuda urgente, pero esta debe ser solicitada y ofrecida por profesionales. Una persona que entra en la espiral destructora de alcohol, ludopatía o drogas solo puede generar un aire viciado a su alrededor que intoxica a aquellos que, de buena gana, están dispuestos a echar una mano. Y eso sin contar, reduciendo mucho la problemática, que, debido a la adicción, es fácil que caigan en la ira descontrolada y en la violencia física. En los centros de trabajo ya se pone mucho cuidado en apartar a este tipo de personas inmediatamente. En el hogar es necesario pedir ayuda cuanto antes. 

9.- El egoísta, el grupo de personas tóxicas más comunes

Las más frecuentes, las que solo piensan en ellas mismas sin tener ninguna patología “grave”. Son individuos que les cuesta trabajo ponerse en el lugar de los otros y que solo miran por su interés. Son difíciles de tratar y expertos en robar energía poco a poco. 

10.- El que va de víctima por la vida y toda la culpa la tienen los demás

Son personas tóxicas que achacan al karma una supuesta mala suerte que solo les corresponde a ellos mismos. Incapaces de mover un dedo para superarse o mejorar, todo lo que les ocurre es por culpa de anteriores parejas, jefes, el gobierno o el sistema que rige el Universo. Aunque puede haber un narcisismo solapado en esta actitud, en el fondo subyace una pereza mental patológica que busca en el otro la solución a todos los problemas y la resolución de cualquier tarea por muy sencilla que sea. Están, además, invadidos por una ira descontrolada y un resentimiento profundo hacia el resto del mundo.  

Cómo son las personas tóxicas: características generales 

1.- Están siempre criticando y diciendo como deben hacerse las cosas

Son maestros en meterse en tu vida y en ejercer juicios de valor sin estar autorizado a ello. Son los que llevan una existencia a todas luces poca afortunada y tienen la solución a cómo debes cortar la hierba del césped. Son tan atrevidos que dan su opinión con una arrogancia que a una persona normal le sonrojaría. 

2.- Están situados en una zona de confort perenne

No hacen ningún esfuerzo por salir, por superarse, por resolver, por dar, por soltar si hiciera falta. Su mundo es un lugar concreto (a veces literalmente) donde es imposible que salgan. No se atreven a probar cosas nuevas, a viajar, a estudiar, a embarcarse en rumbos desconocidos. La zona de confort donde el progreso no es posible es, sencillamente, su mundo. 

3.- Todo a su alrededor son problemas y más problemas

Y tú no sabes por qué. Pero todo se les vuelve en contra. Quizás porque son maestros en meterse en dificultades. Es imposible que hagan un plan para simplificar la vida. 

4.- Las personas tóxicas son quejicas y los culpables son siempre los demás

Si buscan pareja, todas las anteriores han sido terribles. Su familia es poco más o menos que el clan demoniaco. Los socios, jefes o compañeros de trabajo lo han timado. No han sido capaces de hacer nada bueno en la vida. Pregúntate por qué. 

5.- A poco que te fijes son perezosas y vagas. No producen nada

Suelen ser maestros (sobre todo los tipos narcisistas y psicópatas) de parasitar de los demás, Siempre son otros los que hacen el trabajo, las tareas de la casa, la parte de esfuerzo que les corresponde. Las personas tóxicas suelen ser indolentes, dadas a perder el tiempo (no digo que les guste el ocio, los viajes o pasar horas con su familia), a no pararse a producir algo que les haga felices. Suelen evadir toda su responsabilidad en los demás. 

6.- Las personas tóxicas nunca agradecen aunque le des tu vida a cambio de nada

Este es una de las características más impactantes. Si dicen “gracias” es para que no se les note que son de esta condición. Al no agradecer, no se sienten satisfechos con nada y no disfrutan ni de las mejores cosas o personas. 

7.- Mienten y algunos llegan hasta a inventarse  una vida paralela

Las personas tóxicas mienten sobre cualquier cosa aunque sean nimiedades. Es frecuente que se inventen hechos o circunstancias positivas ni que por asomo forman parte de su vida. Hay quienes llegan a montar todo un tinglado paralelo de mentira a su alrededor. 

8.-Las personas tóxicas se meten en tu vida sin que le des permiso juzgando a diestro y siniestro

Son maestros a la hora de ver tus debilidades. Los asimilan y se meten en tu vida juzgándote constantemente y haciéndote sentir mal. Es en este preciso momento cuando debes trazar una frontera entre ellos y tú. Nadie tiene derecho a hacer que te sientas mal. Si lo hace, aunque sea con buenas palabras, es porque algo pretende de ti. Normalmente la intención es desvalorizarte para, a continuación, sacar provecho. ¡No dejes que te roben tu luz! 

9.- Las personas tóxicas se enfadan con mucha facilidad y son propensos a la ira, a vocear y a la violencia

Si quieres dar tu opinión, expresar como te sientes, manifestar que te está haciendo daño su reacción es vocear, insultar, manejar la ira (psicológica o, peor aún, física). En casos extremos llegan a la violencia. Si ves que la ejerce con alguien ajeno a ti, no dudes que, más temprano que tarde, la va a realizar contra ti. ¡Aléjate en cuanto puedas! Incluso si es alguien de trabajo, vete cuanto antes. Búscate otro empleo aunque esté peor remunerado. Este tipo de personas tóxicas son peligrosas y envician cualquier ambiente. 

10.- Consideran que se les falta el respeto con actos que son nimiedades

Si son maestros en agredir psicológicamente y espiritualmente a los otros, ellos se sienten dañados por tonterías. Cualquier gesto puede ser interpretado como una ofensa irreparable y tú te quedas totalmente descolocado porque sientes, de corazón, que no ha sido para tanto.  

¿Qué poder ejercen sobre ti las personas tóxicas?

1.- En el trabajo, sobre todo si son superiores, jefes o clientes, pueden llegar a tal carga mental que desarrolles el Síndrome de burnout. Es tan grave que sentirás no poder afrontar tareas sencillas. 

2.- En el hogar pueden llegar al maltrato psicológico con todas las consecuencias tan terribles de este hecho. Suelen ser personas expertas en herir la autoestima. 

3.- Suelen infectar cualquier relación con negatividad y estrés. 

4.- Las personas tóxicas generan confusión allí donde van. Sientes que tu energía vital se apaga y, aunque tu vibración sea la del amor y la entrega, te ves arrastrado hacia el miedo sin saber por qué. 

5.- Cuando la persona tóxica es tu pareja o está en tu familia cercana, puede herirte psicológicamente de por vida incluso. Va a ser tanto que necesitarás ayuda para salir de esta situación. La buena noticia (siempre la hay) es que vas a salir y además con un brillo más fuerte del que tenías. 

6.- La confusión y el miedo que generan a su alrededor es tanto que puedes tomar decisiones importantes de manera equivocada simplemente porque te ha guiado esos mandatos inconscientes anidados por las personas tóxicas. 

7.- También son expertos en envenenar el resto de relaciones que tengas con otras personas maravillosas que se alejan al verte inserto en esa negrura. 

9.- Son, en definitiva, expertos en desbaratar vidas por diversos medios. 

¿Cómo debes actuar para que las personas tóxicas no te influencien? 

1.- Lo único que puedes hacer es alejarte. ¡Así sin más! Este tipo de personas no cambian nunca. Solo algunas se dan cuenta de lo que son y, por las razones que sean, piden ayuda. Incluso si se trata de tu familia lo mejor es poner distancia (cuanto más mejor) para que no te envenenen más. Una vez que tienes identificado qué es lo que ocurre es más fácil resistirte a bajar a su vibración. 

2.- Haz terapia detox mental. Cuídate, mímate y ten siempre presente los límites. Cuanto más te ames de manera sana y más alegría atesores, menos daño te pueden hacer este tipo de personas. 

3.- No te lo tomes como algo personal. Recuerda siempre que hieren con palabras y que mienten. Eso que estás diciendo de ti no es verdad. Es su envidia y su veneno el que sale de su boca. 

4.- Practica el perdón. Sabemos que es difícil pero también se aprende. Es la única manera de que estas personas no jueguen contigo y seas tan fuerte como pararlas con tu luz.  

Y, por último, recuerda siempre: si no puedes, abandona. Esa no es tu guerra ni ninguna otra. 

Por Candela Vizcaíno 

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Las personas tóxicas son aquellas que restan en lugar de sumar. Su contacto es siempre desagradable dejándote con una mala sensación sin saber muy bien por qué. 

En el espíritu existen dos vibraciones fundamentales: la más alta es la del amor y la más baja es la del miedo. Si la primera es la proveedora de dones como la generosidad, la confianza, la entrega, la superación, la resilencia o la alegría, el segundo es el emplazamiento del materialismo, el pesimismo, la envidia y el veneno de la ira. En el primero nos superamos día a día caminando con paso firme hacia la serenidad, antesala de la felicidad. En la vibración del miedo nos emplazamos en una zona de confort eterna que no nos deja avanzar hacia nada bueno. Ni que decir tiene que todos podemos caer en la vibración del miedo en algún momento, pero hay quienes están instalados aquí y no hay manera de moverlos. Son las personas tóxicas. El término es nuevo, aunque los comportamientos y actitudes son tan antiguas como el mundo. 

Las personas tóxicas se han quedado atrapadas en un veneno emocional que no quieren trascender. Su mero contacto hace que nos sintamos abatidos, inseguros, tristes y con pensamientos negativos. Por eso, es importante aprender a reconocerlas cuanto antes para poder ponernos a salvo. A veces, por las circunstancias, es complicado, pero eso no quita para que nos resguardemos de su influencia.

10 tipos de personas tóxicas que debes evitar a toda costa 

1.- El negativo y pesimista que está barruntando constantemente el Apocalipsis final

Son los que siempre ven que se va a caer el mundo ante cualquier contratiempo, los que mueven Roma con Santiago ante cualquier problema. No son capaces de solucionar absolutamente nada y ven problemas incluso donde no los hay. Dependientes de los demás para cualquier cosa, creen que la juventud se ha corrompido por completo, que mañana no va a salir el Sol (ni tampoco las nubes). Su tremendismo puede llevarte a un estado de postración total, ya que también son expertos en hacerte cargar con sus tareas cotidianas y su negatividad. La vida, por supuesto, no es un camino de rosas, pero tampoco un valle de espinas como se empeñan estas personas tóxicas. 

2.- El envidioso y murmurador que habla mal de todo el mundo, personas tóxicas a evitar siempre

¡De ti también en cuanto te has dado la vuelta! Se las apaña para criticar incluso las virtudes de los que están a su alrededor. Todo el mundo tiene problemas menos ellos. Son los que airean trapos sucios, los que no saben callar no ya un secreto sino el más mínimo asunto. Suelen ser personas tóxicas desleales, que hablan a extraños de intimidades de pareja, de problemas con sus hijos o de asuntos que, por las razones que sean, deberían mantener un mínimo de discreción. ¡Ojo! En esta categoría no entra el amigo que te cuenta un problema en busca de ayuda o de un poco de compresión o de la conversación normal (aunque nos excedamos en el sabio no juicio) entre colegas y personas que se quieren. Este tipo de personas hablan, critican, murmuran constantemente y no tienen ningún empacho incluso en atacar el honor básico de los que se encuentran a su alrededor.  No se paran incluso ante la posiblidad de la calumnia y aquí estamos ante un delito. 

3.- El desagradecido que es incapaz de ver la grandiosidad de gestos importantes y siempre quiere más

Este tipo de personas tóxicas, además, no han sido capaces de hacer nada bueno por ellos mismos ni conseguir ningún logro meritorio. Cuando llega algo positivo a sus vidas son incapaces de agradecer y de estar felices con ese don. Se las apañan para empañar regalos, tiempo, generosidad, cariño y oportunidad con su veneno. En este tipo de personas tóxicas entran también aquellas que echan por tierra un viaje en grupo porque la habitación no está a 24 grados o porque se visitó un sitio a las 9 cuando estaba programado a las 10. Son incapaces de despegarse de estas nimiedades haciendo una bola inmensa con cosas que no tienen importancia consiguiendo arruinar un día maravilloso o una oportunidad importante. Tienen la habilidad de minar tu autoestima de tal manera que pude llegar a ser peligroso para ti. Comienzas a dar y a entregar sin recibir nada a cambio. Personas que están pasando un mal momento pueden verse envueltas en estas dinámicas peligrosas. 

4.- El que tiene miedo a todo, uno de los tipos de personas tóxicas más peligrosas 

Si estás hablando con ellos durante una hora, seguramente aparecerá así sin más la palabra “miedo” referido a cualquier cosa. Tienen miedo a que se incendie la casa, a que venga la policía a llevarlos a la cárcel, a que le roben, a enfermar… Los hipocondriacos son un tipo de personas tóxicas que anulan la alegría de los que están alrededor infectando el ambiente de una negrura extraña donde siempre hay acechando fantasmas terribles y desconocidos. 

5.- El narcisista que exige que el mundo gire alrededor de ellos

El mundo tiene que girar alrededor de ellos porque son las personas más maravillosas del mundo. Siempre tienen razón y nunca se equivocan. Hacen todo lo posible para que los que están alrededor le rindan pleitesía en todo momento. La personalidad del narcisista es tan compleja y destructiva que ya hay psicólogos especialistas en reparar los daños ocasionados en sus víctimas. Se infiltran en las vidas de los demás sin dejarles margen para la libertad. Cuando estamos ante una madre narcisista el problema es más agudo, ya que, en la mayoría de los casos, ejerce un daño difícil de reparar en la familia. 

6.- El psicópata, la persona tóxica a alejar de tu vida cuanto antes

Porque el daño que te puede hacer es incluso denunciable ante la justicia. Ya no estamos ante una persona negativa, pesimista o triste porque sí que se afana por empañar la luz del mundo. El psicópata es un seguidor del Mal así con mayúsculas. No dudará en ejercer maltrato psicológico para conseguir sus fines, en empequeñecer cualquier logro, en levantar cizaña en cualquier ambiente ya sea laboral, familiar o social. Son personas con un alma atormentada que exigen cariño sin dar nada a cambio, que anulan a sus víctimas hasta empequeñecerlas tanto que, en ocasiones, estas necesitan años de terapia para reponerse. 

7.- El seguidor de Maquiavelo o manipulador, para completar la triada oscura

Los otros vértices son el psicópata y el narcisista. El nombre viene del escritor y político Nicolás Maquiavelo quien, en 1513, escribió la obra El Príncipe, un compendio para manipular a los rivales con una sonrisa y sin que se note mucho lo que estás tramando. Con esto ya digo todo lo que puede ser este tipo de personas tóxicas que se agazapan en puestos de poder, en las comunidades de vecinos, en los círculos de amistades y en todos esos emplazamientos donde puedan sacar provecho sin importarles en absoluto qué daño pueden hacer sus acciones. 

8.- El adicto a cualquier sustancia ya que envenena con su actitud cualquier ambiente y son siempre personas tóxicas

No vamos a negar que quien está preso de cualquier sustancia o actitud es un esclavo que necesita ayuda urgente, pero esta debe ser solicitada y ofrecida por profesionales. Una persona que entra en la espiral destructora de alcohol, ludopatía o drogas solo puede generar un aire viciado a su alrededor que intoxica a aquellos que, de buena gana, están dispuestos a echar una mano. Y eso sin contar, reduciendo mucho la problemática, que, debido a la adicción, es fácil que caigan en la ira descontrolada y en la violencia física. En los centros de trabajo ya se pone mucho cuidado en apartar a este tipo de personas inmediatamente. En el hogar es necesario pedir ayuda cuanto antes. 

9.- El egoísta, el grupo de personas tóxicas más comunes

Las más frecuentes, las que solo piensan en ellas mismas sin tener ninguna patología “grave”. Son individuos que les cuesta trabajo ponerse en el lugar de los otros y que solo miran por su interés. Son difíciles de tratar y expertos en robar energía poco a poco. 

10.- El que va de víctima por la vida y toda la culpa la tienen los demás

Son personas tóxicas que achacan al karma una supuesta mala suerte que solo les corresponde a ellos mismos. Incapaces de mover un dedo para superarse o mejorar, todo lo que les ocurre es por culpa de anteriores parejas, jefes, el gobierno o el sistema que rige el Universo. Aunque puede haber un narcisismo solapado en esta actitud, en el fondo subyace una pereza mental patológica que busca en el otro la solución a todos los problemas y la resolución de cualquier tarea por muy sencilla que sea. Están, además, invadidos por una ira descontrolada y un resentimiento profundo hacia el resto del mundo.  

Cómo son las personas tóxicas: características generales 

1.- Están siempre criticando y diciendo como deben hacerse las cosas

Son maestros en meterse en tu vida y en ejercer juicios de valor sin estar autorizado a ello. Son los que llevan una existencia a todas luces poca afortunada y tienen la solución a cómo debes cortar la hierba del césped. Son tan atrevidos que dan su opinión con una arrogancia que a una persona normal le sonrojaría. 

2.- Están situados en una zona de confort perenne

No hacen ningún esfuerzo por salir, por superarse, por resolver, por dar, por soltar si hiciera falta. Su mundo es un lugar concreto (a veces literalmente) donde es imposible que salgan. No se atreven a probar cosas nuevas, a viajar, a estudiar, a embarcarse en rumbos desconocidos. La zona de confort donde el progreso no es posible es, sencillamente, su mundo. 

3.- Todo a su alrededor son problemas y más problemas

Y tú no sabes por qué. Pero todo se les vuelve en contra. Quizás porque son maestros en meterse en dificultades. Es imposible que hagan un plan para simplificar la vida. 

4.- Las personas tóxicas son quejicas y los culpables son siempre los demás

Si buscan pareja, todas las anteriores han sido terribles. Su familia es poco más o menos que el clan demoniaco. Los socios, jefes o compañeros de trabajo lo han timado. No han sido capaces de hacer nada bueno en la vida. Pregúntate por qué. 

5.- A poco que te fijes son perezosas y vagas. No producen nada

Suelen ser maestros (sobre todo los tipos narcisistas y psicópatas) de parasitar de los demás, Siempre son otros los que hacen el trabajo, las tareas de la casa, la parte de esfuerzo que les corresponde. Las personas tóxicas suelen ser indolentes, dadas a perder el tiempo (no digo que les guste el ocio, los viajes o pasar horas con su familia), a no pararse a producir algo que les haga felices. Suelen evadir toda su responsabilidad en los demás. 

6.- Las personas tóxicas nunca agradecen aunque le des tu vida a cambio de nada

Este es una de las características más impactantes. Si dicen “gracias” es para que no se les note que son de esta condición. Al no agradecer, no se sienten satisfechos con nada y no disfrutan ni de las mejores cosas o personas. 

7.- Mienten y algunos llegan hasta a inventarse  una vida paralela

Las personas tóxicas mienten sobre cualquier cosa aunque sean nimiedades. Es frecuente que se inventen hechos o circunstancias positivas ni que por asomo forman parte de su vida. Hay quienes llegan a montar todo un tinglado paralelo de mentira a su alrededor. 

8.-Las personas tóxicas se meten en tu vida sin que le des permiso juzgando a diestro y siniestro

Son maestros a la hora de ver tus debilidades. Los asimilan y se meten en tu vida juzgándote constantemente y haciéndote sentir mal. Es en este preciso momento cuando debes trazar una frontera entre ellos y tú. Nadie tiene derecho a hacer que te sientas mal. Si lo hace, aunque sea con buenas palabras, es porque algo pretende de ti. Normalmente la intención es desvalorizarte para, a continuación, sacar provecho. ¡No dejes que te roben tu luz! 

9.- Las personas tóxicas se enfadan con mucha facilidad y son propensos a la ira, a vocear y a la violencia

Si quieres dar tu opinión, expresar como te sientes, manifestar que te está haciendo daño su reacción es vocear, insultar, manejar la ira (psicológica o, peor aún, física). En casos extremos llegan a la violencia. Si ves que la ejerce con alguien ajeno a ti, no dudes que, más temprano que tarde, la va a realizar contra ti. ¡Aléjate en cuanto puedas! Incluso si es alguien de trabajo, vete cuanto antes. Búscate otro empleo aunque esté peor remunerado. Este tipo de personas tóxicas son peligrosas y envician cualquier ambiente. 

10.- Consideran que se les falta el respeto con actos que son nimiedades

Si son maestros en agredir psicológicamente y espiritualmente a los otros, ellos se sienten dañados por tonterías. Cualquier gesto puede ser interpretado como una ofensa irreparable y tú te quedas totalmente descolocado porque sientes, de corazón, que no ha sido para tanto.  

¿Qué poder ejercen sobre ti las personas tóxicas?

1.- En el trabajo, sobre todo si son superiores, jefes o clientes, pueden llegar a tal carga mental que desarrolles el Síndrome de burnout. Es tan grave que sentirás no poder afrontar tareas sencillas. 

2.- En el hogar pueden llegar al maltrato psicológico con todas las consecuencias tan terribles de este hecho. Suelen ser personas expertas en herir la autoestima. 

3.- Suelen infectar cualquier relación con negatividad y estrés. 

4.- Las personas tóxicas generan confusión allí donde van. Sientes que tu energía vital se apaga y, aunque tu vibración sea la del amor y la entrega, te ves arrastrado hacia el miedo sin saber por qué. 

5.- Cuando la persona tóxica es tu pareja o está en tu familia cercana, puede herirte psicológicamente de por vida incluso. Va a ser tanto que necesitarás ayuda para salir de esta situación. La buena noticia (siempre la hay) es que vas a salir y además con un brillo más fuerte del que tenías. 

6.- La confusión y el miedo que generan a su alrededor es tanto que puedes tomar decisiones importantes de manera equivocada simplemente porque te ha guiado esos mandatos inconscientes anidados por las personas tóxicas. 

7.- También son expertos en envenenar el resto de relaciones que tengas con otras personas maravillosas que se alejan al verte inserto en esa negrura. 

9.- Son, en definitiva, expertos en desbaratar vidas por diversos medios. 

¿Cómo debes actuar para que las personas tóxicas no te influencien? 

1.- Lo único que puedes hacer es alejarte. ¡Así sin más! Este tipo de personas no cambian nunca. Solo algunas se dan cuenta de lo que son y, por las razones que sean, piden ayuda. Incluso si se trata de tu familia lo mejor es poner distancia (cuanto más mejor) para que no te envenenen más. Una vez que tienes identificado qué es lo que ocurre es más fácil resistirte a bajar a su vibración. 

2.- Haz terapia detox mental. Cuídate, mímate y ten siempre presente los límites. Cuanto más te ames de manera sana y más alegría atesores, menos daño te pueden hacer este tipo de personas. 

3.- No te lo tomes como algo personal. Recuerda siempre que hieren con palabras y que mienten. Eso que estás diciendo de ti no es verdad. Es su envidia y su veneno el que sale de su boca. 

4.- Practica el perdón. Sabemos que es difícil pero también se aprende. Es la única manera de que estas personas no jueguen contigo y seas tan fuerte como pararlas con tu luz.  

Y, por último, recuerda siempre: si no puedes, abandona. Esa no es tu guerra ni ninguna otra. 

Por Candela Vizcaíno 

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Conoce el síndrome de burnout, una de las patologías contemporáneas asociadas al estrés laboral. Así son sus síntomas, causas y tratamiento del conocido como trabajador quemado. 

La noticia ha corrido como la pólvora a finales del mayo de 2019: la OMS ha introducido en su catálogo el síndrome de burnout o del trabajador quemado en la lista de las enfermedades invalidantes de corte laboral. En este caso, la clasificación no es baladí o sin importancia, ya que los profesionales de la salud han considerado que esta condición no se da por circunstancias emocionales más o menos adversas. Esto es, no se produce si tienes un duelo complicado o estás pasando un divorcio duro o una mala racha económica o, incluso, todo a la vez. El síndrome de burnout está ligado a las condiciones laborales contemporáneas y es una respuesta del organismo a una mala praxis laboral ya sea de modo colectivo o achacable a una empresa concreta. 

En los próximos años habrá un ir y venir de sentencias de los juzgados (con bajas por invalidez), expertos, agentes sociales y todo el que tenga algo que decir sobre el asunto y ya nos iremos enterando a su debido tiempo. La buena (y mala a la vez) noticia es que la OMS ya ha introducido este síndrome en el catálogo. Por contra, es de tal entidad que no se puede achacar a un episodio de estrés puntual y ni siquiera a una crisis de ansiedad o una depresión. Es algo más profundo, tanto que cambia el carácter (esperemos que no sea para siempre) de quien lo sufre.  

Qué es el síndrome de burnout o trabajador quemado

Resumiendo mucho se engloba en esta definición una serie de patologías o contratiempos producidos por la actividad laboral y que deja al individuo que lo sufre prácticamente invalidado para seguir tareas sencillas. No se puede confundir con aquellas enfermedades u otros síndromes que surgen fruto de dolor psíquico por fracasos amorosos, familias disfuncionales, pérdida de seres queridos o, incluso, asuntos tan graves como el maltrato psicológico dentro del hogar y/o la pareja. El trabajador quemado es eso: una persona que se enfrenta a los sinsabores de buscarse el sustento a diario con un montón de resistencias constantes. 

Estrés laboral y burnout

Dicho así puede ser que lo suframos todos los que, de una manera u otra, tenemos que echar mano de una buena dosis de resilencia para hacer frente a los embates diarios. El síndrome de burnout, aunque tiene en el estrés un factor importante, no se puede confundir con un cuadro de este tipo más o menos intenso. Este último desaparece cuando se alejan sus causas (por poner un caso, en vacaciones o una baja laboral por agotamiento psicológico) mientras que el trabajador quemado ya lo está en esencia. Esto es, a no ser que desarrollemos terapias efectivas para retornar al ser anterior, es complicado que esta circunstancia no deje una huella indeleble en el carácter de quien lo sufre. 


Síntomas del síndrome de burnout  

1.- Cansancio, agotamiento extremo e, incluso, fatiga crónica

Es uno de los síntomas del síndrome de burnout más evidente. Cualquier acción física, por muy sencilla que esta sea, se hace un mundo. Es algo más que una desgana puntual y no remite con descanso. La persona va arrastrando su cuerpo (y hasta su vida) de una manera penosa casi. 

2.- Desmotivación extrema que no remite disfrutando de hechos aparentemente felices

La fatiga física se transforma paulatinamente en una falta de ilusión por completar cualquier proyecto o actividad. Ni el ocio ni el contacto con los seres queridos mitigan esta situación que va dejando una huella en el alma, como si fuera un pozo sin fondo de oscuridad donde se va resbalando lentamente. A veces se confunde con una depresión o, incluso, se llega a ella.  

3.- El síndrome de burnout produce irritabilidad

La persona no encuentra consuelo en ninguna actividad, hecho o plan alguno. Le va molestando los ruidos, los espacios cerrados y/o abiertos. Se aturrulla cuando se encuentra en un sitio abarrotado de gente. Todo se le vuelve difícil de disfrute y complicado de aceptar. 

4.- El insomnio se vuelve crónico así como los pensamientos recurrentes

A pesar de este cansancio tan evidente, conciliar el sueño se hace un mundo. Hay despertares nocturnos y dificultad para dejar atrás la vigilia. También son frecuentes las pesadillas en estos estados.  

5.- En casos extremos, se baja hacia la tristeza y/o la depresión

Con este cuadro es fácil caer en una grisura de dolor en el que el alma cambia y se llega a la tristeza y/o la depresión. No hay razón aparente. Simplemente, la persona se encuentra en un estado de embotamiento tal que le es difícil salir adelante. Por eso, hay que estar vigilante para no caer en una depresión. 

6.- El síndrome de burnout produce  ataques de ansiedad constantemente

Paralelamente se van produciendo esos episodios en el que el mundo se viene encima, falta el aire, la persona se cree morir y va a necesitar, incluso, de ayuda médica. Cuando el pánico se apodera de la persona paralizándola por completo llega un momento en el que entiende que algo debe cambiar para poder seguir adelante. Desgraciadamente, en nuestra cultura occidental se recurre con frecuencia a los fármacos (necesarios para bloquear el primer impacto) pero es más complicado que se ahonde en las causas que ha desembocado la situación. 

7.- Trastornos alimentarios con o sin pérdida de peso

Puede ser cualquier cosa: bulimia, anorexia, ansiedad por comer, atracones de comida, ansiedad a deshora… Es frecuente, para calmar la ansiedad, acudir a productos poco sanos, grasosos o con mucha azúcar. Con esta alimentación (que afecta al centro de recompensa del cerebro) la situación se agrava aún más. 

8.- Enfermedades psicosomáticas diversas sin causas aparentes

Sarpullidos, pérdida de voz, mareos, vértigos, vómitos (asociados o no a trastornos alimentarios), delgadez extrema o todo lo contrario. El cuerpo puede volverse en contra de la persona con cualquier enfermedad o síntoma psicosomático de muy difícil previsión y curación por los métodos tradiciones. 

9.- El síndrome de burnout puede estar detrás de algunas enfermedades graves

Hay algunos médicos (los que tienen una formación más holística) que afirman que detrás del cáncer (entre otras causas) se encuentran trastornos psicológicos como el síndrome del burnout, el estrés crónico o el dolor psíquico continuado. También es un factor de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares graves. 

10.- Ideas suicidas e, incluso, consecución del mismo

Al no ver salida alguna y no sentirse comprendido…


Causas del Síndrome de Burnout

Aunque es fácil achacar toda la culpa al ambiente laboral de algunas empresas con jefes, encargados o compañeros tóxicos cuando narcisistas o claramente psicópatas, bien es verdad que es el modo de vida contemporáneo el que lleva a romperse a muchísimas personas de esta manera. Entiende, por favor, las siguientes notas como un espacio para la reflexión con miras a no reducir un tema tan complejo en unas cuantas líneas. 

1.- La economía actual se sustenta en el miedo y eso produce ansiedad

Miedo (incluso terror a todo): a perder el trabajo, a que te quiten el sueldo, a no poder pagar la hipoteca, a una avería del coche… Forma parte de nuestro mundo. Por un lado, estamos inmersos en un sistema consumista que invita al hedonismo extremo y, por el otro, nos topamos con una realidad en el plano económico que exige mucho. 

2.-  El síndrome de burnout es más frecuente en profesiones que, de una manera u otra, se enfocan en objetivos

Por eso, es más frecuente en profesionales liberales, freelances, personas con responsabilidad o comerciales a pie de calle (o de teléfono). Si el día (semana o mes) avanza y no se consigue aquello que se ha propuesto, comienza a generarse cortisol (la hormona del estrés) y el organismo se descomponse hasta límites graves. Además, en ocasiones, esos objetivos están diseñados de tal manera que son muy difíciles de cumplir abriendo la puerta a la frustración, la baja autoestima y la apatía, pilares del burnout.  

3.-  El individualismo atroz hace que los trabajadores de cara al público les afecta mucho más 

Dependientes, médicos, profesores están también en esta lista. Son la cara (y deben ser amables siempre) de un sistema que tiene que lidiar con personas que, a veces, han perdido la noción de lo que significa el civismo.  

4.- La movilidad, la disponibilidad y la inseguridad laboral están detrás del síndrome de burnout

Hoy estás aquí pero mañana puedes estar en otro sitio con el consiguiente desbarajuste familiar, social y económico. Si esto no va acompañado de una mejora (sucede a veces), es normal que se instale la desgana y que comience el proceso para crear un nuevo trabajador quemado. 

5.- Ni que decir tiene que hay personalidades más propensas que otras a sufrirlo

Por la educación, la forma de ser, los valores transmitidos en el hogar o incluso, abusos sufridos en la infancia, hay personas que llegan a la vida adulta más tocadas que otras. Eso las predispone (porque no tienen herramientas emocionales) a caer bajo las garras del acoso y de la injusticia generándose, a la larga, el síndrome. 

6.- El estrés constante lleva al síndrome de burnout

Está demostrado además. Cuando es imposible recuperarse de una situación y de otra y de otra se resbala hacia algo más complicado de solucionar. Por eso es tan importante poder descansar, darse vacaciones y cortar la jornada laboral cuando se llega a casa.  

7.- Resistencia a salir de la zona de confort y baja autoestima

Las personas que se enrocan en los miedos y se resisten a los cambios tienen más probabilidades de desarrollar este síndrome. También es frecuente en quienes se exigen mucho y quieren agradar a toda costa, desvalorizándose hasta extremos que quedan exhaustos. En estos casos hay que hacer un esfuerzo adicional por salir de la llamada zona de confort.  

8.- La desmotivación y los trabajos sobrerrepresentados llevan al síndrome de burnout

No es lo mismo darlo todo en un proyecto ilusionaste en el que se tiene libertad que en un trabajo en el que se lleva años y en el que se está sobrecualificado. Es normal que se instale la apatía y la desgana. Reitero que es el caldo de cultivo para crear nuevos quemados en la sociedad.  

9.- La falta de empatía de jefes y compañeros también contribuyen a ello

Los objetivos a toda costa, la poca visión a la hora de exigir al otro, el egoísmo, la competencia feroz por el ascenso o por una mejora hacen que personas sensibles o con otros valores se sientan fuera del sistema y sin fuerzas para seguir.  

10.- ¿Nos preguntamos por la consecución de un éxito social a toda costa como desencadenante? 

No nos damos tiempo para preguntarnos qué queremos hacer con nuestra vida o que nos hace felices. A veces corremos hacia metas que no nos pertenecen simplemente porque nos han inculcado que son los objetivos a cumplir. Cuando se avanza en el nivel de conciencia, aunque se haya caído en este estado, es más fácil poder salir de aquí. ¡Es una de las buenas noticias entre tantas malas!  


Tratamiento del síndrome de burnout 

Desafortunadamente, no hay ninguna pastilla que disponga a las personas que lo sufren a levantarse una buena mañana con toda la felicidad y ánimo del mundo. El alma, espíritu y físico del ser humano no funciona así. El tratamiento siempre tiene que ser multidisciplinar y continuado en el tiempo. Como esto no va a salir en una estadística, en los próximos años veremos un para allá y para acá entre médicos y afectados que van a dejar a más de uno mucho peor de lo que estaban. La terapia tiene que combinar, sí o sí, una potente presencia de un psicólogo que restablezca la autoestima herida de algún modo u otro. También son importantes herramientas anímicas que frenen el acoso laboral, la explotación o directamente el moobing, otra de las bases de este síndrome. 

El reposo físico y la búsqueda de una motivación vital satisfactoria también tienen que estar detrás. Todo ello va a necesitar de profesionales más allá de la medicina convencional occidental tan dada a las recetas. Sin duda va a ser un reto de toda la sociedad. El primer paso ya está dado. Es el reconocimiento.


¿Cómo no caer en el síndrome de burnout?

La soledad, el aislamiento y la incomprensión son caldo de cultivo para resbalarse por esta espiral tan terrible. Por eso, es difícil porque la sociedad actual no ayuda. Bien es verdad que una vez lo tenemos localizado y sabemos que existe (como ha aceptado la OMS en mayo de 2019) es más fácil estar prevenidos. Es necesario preguntarse constantemente si nos hace feliz lo que hacemos, si podemos dar más de nosotros mismos en otras circunstancias y/o emplazamientos. Ni que decir tiene que no hay que tener miedo al cambio, a coger el camino de aquello que nos realiza y, también hay que saber manejar la asertividad para poder decir no a diario a los abusos constantes. 

Resulta complicado pero no imposible. 

Por Candela Vizcaíno

 

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Conoce el síndrome de burnout, una de las patologías contemporáneas asociadas al estrés laboral. Así son sus síntomas, causas y tratamiento del conocido como trabajador quemado. 

La noticia ha corrido como la pólvora a finales del mayo de 2019: la OMS ha introducido en su catálogo el síndrome de burnout o del trabajador quemado en la lista de las enfermedades invalidantes de corte laboral. En este caso, la clasificación no es baladí o sin importancia, ya que los profesionales de la salud han considerado que esta condición no se da por circunstancias emocionales más o menos adversas. Esto es, no se produce si tienes un duelo complicado o estás pasando un divorcio duro o una mala racha económica o, incluso, todo a la vez. El síndrome de burnout está ligado a las condiciones laborales contemporáneas y es una respuesta del organismo a una mala praxis laboral ya sea de modo colectivo o achacable a una empresa concreta. 

En los próximos años habrá un ir y venir de sentencias de los juzgados (con bajas por invalidez), expertos, agentes sociales y todo el que tenga algo que decir sobre el asunto y ya nos iremos enterando a su debido tiempo. La buena (y mala a la vez) noticia es que la OMS ya ha introducido este síndrome en el catálogo. Por contra, es de tal entidad que no se puede achacar a un episodio de estrés puntual y ni siquiera a una crisis de ansiedad o una depresión. Es algo más profundo, tanto que cambia el carácter (esperemos que no sea para siempre) de quien lo sufre.  

Qué es el síndrome de burnout o trabajador quemado

Resumiendo mucho se engloba en esta definición una serie de patologías o contratiempos producidos por la actividad laboral y que deja al individuo que lo sufre prácticamente invalidado para seguir tareas sencillas. No se puede confundir con aquellas enfermedades u otros síndromes que surgen fruto de dolor psíquico por fracasos amorosos, familias disfuncionales, pérdida de seres queridos o, incluso, asuntos tan graves como el maltrato psicológico dentro del hogar y/o la pareja. El trabajador quemado es eso: una persona que se enfrenta a los sinsabores de buscarse el sustento a diario con un montón de resistencias constantes. 

Estrés laboral y burnout

Dicho así puede ser que lo suframos todos los que, de una manera u otra, tenemos que echar mano de una buena dosis de resilencia para hacer frente a los embates diarios. El síndrome de burnout, aunque tiene en el estrés un factor importante, no se puede confundir con un cuadro de este tipo más o menos intenso. Este último desaparece cuando se alejan sus causas (por poner un caso, en vacaciones o una baja laboral por agotamiento psicológico) mientras que el trabajador quemado ya lo está en esencia. Esto es, a no ser que desarrollemos terapias efectivas para retornar al ser anterior, es complicado que esta circunstancia no deje una huella indeleble en el carácter de quien lo sufre. 


Síntomas del síndrome de burnout  

1.- Cansancio, agotamiento extremo e, incluso, fatiga crónica

Es uno de los síntomas del síndrome de burnout más evidente. Cualquier acción física, por muy sencilla que esta sea, se hace un mundo. Es algo más que una desgana puntual y no remite con descanso. La persona va arrastrando su cuerpo (y hasta su vida) de una manera penosa casi. 

2.- Desmotivación extrema que no remite disfrutando de hechos aparentemente felices

La fatiga física se transforma paulatinamente en una falta de ilusión por completar cualquier proyecto o actividad. Ni el ocio ni el contacto con los seres queridos mitigan esta situación que va dejando una huella en el alma, como si fuera un pozo sin fondo de oscuridad donde se va resbalando lentamente. A veces se confunde con una depresión o, incluso, se llega a ella.  

3.- El síndrome de burnout produce irritabilidad

La persona no encuentra consuelo en ninguna actividad, hecho o plan alguno. Le va molestando los ruidos, los espacios cerrados y/o abiertos. Se aturrulla cuando se encuentra en un sitio abarrotado de gente. Todo se le vuelve difícil de disfrute y complicado de aceptar. 

4.- El insomnio se vuelve crónico así como los pensamientos recurrentes

A pesar de este cansancio tan evidente, conciliar el sueño se hace un mundo. Hay despertares nocturnos y dificultad para dejar atrás la vigilia. También son frecuentes las pesadillas en estos estados.  

5.- En casos extremos, se baja hacia la tristeza y/o la depresión

Con este cuadro es fácil caer en una grisura de dolor en el que el alma cambia y se llega a la tristeza y/o la depresión. No hay razón aparente. Simplemente, la persona se encuentra en un estado de embotamiento tal que le es difícil salir adelante. Por eso, hay que estar vigilante para no caer en una depresión. 

6.- El síndrome de burnout produce  ataques de ansiedad constantemente

Paralelamente se van produciendo esos episodios en el que el mundo se viene encima, falta el aire, la persona se cree morir y va a necesitar, incluso, de ayuda médica. Cuando el pánico se apodera de la persona paralizándola por completo llega un momento en el que entiende que algo debe cambiar para poder seguir adelante. Desgraciadamente, en nuestra cultura occidental se recurre con frecuencia a los fármacos (necesarios para bloquear el primer impacto) pero es más complicado que se ahonde en las causas que ha desembocado la situación. 

7.- Trastornos alimentarios con o sin pérdida de peso

Puede ser cualquier cosa: bulimia, anorexia, ansiedad por comer, atracones de comida, ansiedad a deshora… Es frecuente, para calmar la ansiedad, acudir a productos poco sanos, grasosos o con mucha azúcar. Con esta alimentación (que afecta al centro de recompensa del cerebro) la situación se agrava aún más. 

8.- Enfermedades psicosomáticas diversas sin causas aparentes

Sarpullidos, pérdida de voz, mareos, vértigos, vómitos (asociados o no a trastornos alimentarios), delgadez extrema o todo lo contrario. El cuerpo puede volverse en contra de la persona con cualquier enfermedad o síntoma psicosomático de muy difícil previsión y curación por los métodos tradiciones. 

9.- El síndrome de burnout puede estar detrás de algunas enfermedades graves

Hay algunos médicos (los que tienen una formación más holística) que afirman que detrás del cáncer (entre otras causas) se encuentran trastornos psicológicos como el síndrome del burnout, el estrés crónico o el dolor psíquico continuado. También es un factor de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares graves. 

10.- Ideas suicidas e, incluso, consecución del mismo

Al no ver salida alguna y no sentirse comprendido…


Causas del Síndrome de Burnout

Aunque es fácil achacar toda la culpa al ambiente laboral de algunas empresas con jefes, encargados o compañeros tóxicos cuando narcisistas o claramente psicópatas, bien es verdad que es el modo de vida contemporáneo el que lleva a romperse a muchísimas personas de esta manera. Entiende, por favor, las siguientes notas como un espacio para la reflexión con miras a no reducir un tema tan complejo en unas cuantas líneas. 

1.- La economía actual se sustenta en el miedo y eso produce ansiedad

Miedo (incluso terror a todo): a perder el trabajo, a que te quiten el sueldo, a no poder pagar la hipoteca, a una avería del coche… Forma parte de nuestro mundo. Por un lado, estamos inmersos en un sistema consumista que invita al hedonismo extremo y, por el otro, nos topamos con una realidad en el plano económico que exige mucho. 

2.-  El síndrome de burnout es más frecuente en profesiones que, de una manera u otra, se enfocan en objetivos

Por eso, es más frecuente en profesionales liberales, freelances, personas con responsabilidad o comerciales a pie de calle (o de teléfono). Si el día (semana o mes) avanza y no se consigue aquello que se ha propuesto, comienza a generarse cortisol (la hormona del estrés) y el organismo se descomponse hasta límites graves. Además, en ocasiones, esos objetivos están diseñados de tal manera que son muy difíciles de cumplir abriendo la puerta a la frustración, la baja autoestima y la apatía, pilares del burnout.  

3.-  El individualismo atroz hace que los trabajadores de cara al público les afecta mucho más 

Dependientes, médicos, profesores están también en esta lista. Son la cara (y deben ser amables siempre) de un sistema que tiene que lidiar con personas que, a veces, han perdido la noción de lo que significa el civismo.  

4.- La movilidad, la disponibilidad y la inseguridad laboral están detrás del síndrome de burnout

Hoy estás aquí pero mañana puedes estar en otro sitio con el consiguiente desbarajuste familiar, social y económico. Si esto no va acompañado de una mejora (sucede a veces), es normal que se instale la desgana y que comience el proceso para crear un nuevo trabajador quemado. 

5.- Ni que decir tiene que hay personalidades más propensas que otras a sufrirlo

Por la educación, la forma de ser, los valores transmitidos en el hogar o incluso, abusos sufridos en la infancia, hay personas que llegan a la vida adulta más tocadas que otras. Eso las predispone (porque no tienen herramientas emocionales) a caer bajo las garras del acoso y de la injusticia generándose, a la larga, el síndrome. 

6.- El estrés constante lleva al síndrome de burnout

Está demostrado además. Cuando es imposible recuperarse de una situación y de otra y de otra se resbala hacia algo más complicado de solucionar. Por eso es tan importante poder descansar, darse vacaciones y cortar la jornada laboral cuando se llega a casa.  

7.- Resistencia a salir de la zona de confort y baja autoestima

Las personas que se enrocan en los miedos y se resisten a los cambios tienen más probabilidades de desarrollar este síndrome. También es frecuente en quienes se exigen mucho y quieren agradar a toda costa, desvalorizándose hasta extremos que quedan exhaustos. En estos casos hay que hacer un esfuerzo adicional por salir de la llamada zona de confort.  

8.- La desmotivación y los trabajos sobrerrepresentados llevan al síndrome de burnout

No es lo mismo darlo todo en un proyecto ilusionaste en el que se tiene libertad que en un trabajo en el que se lleva años y en el que se está sobrecualificado. Es normal que se instale la apatía y la desgana. Reitero que es el caldo de cultivo para crear nuevos quemados en la sociedad.  

9.- La falta de empatía de jefes y compañeros también contribuyen a ello

Los objetivos a toda costa, la poca visión a la hora de exigir al otro, el egoísmo, la competencia feroz por el ascenso o por una mejora hacen que personas sensibles o con otros valores se sientan fuera del sistema y sin fuerzas para seguir.  

10.- ¿Nos preguntamos por la consecución de un éxito social a toda costa como desencadenante? 

No nos damos tiempo para preguntarnos qué queremos hacer con nuestra vida o que nos hace felices. A veces corremos hacia metas que no nos pertenecen simplemente porque nos han inculcado que son los objetivos a cumplir. Cuando se avanza en el nivel de conciencia, aunque se haya caído en este estado, es más fácil poder salir de aquí. ¡Es una de las buenas noticias entre tantas malas!  


Tratamiento del síndrome de burnout 

Desafortunadamente, no hay ninguna pastilla que disponga a las personas que lo sufren a levantarse una buena mañana con toda la felicidad y ánimo del mundo. El alma, espíritu y físico del ser humano no funciona así. El tratamiento siempre tiene que ser multidisciplinar y continuado en el tiempo. Como esto no va a salir en una estadística, en los próximos años veremos un para allá y para acá entre médicos y afectados que van a dejar a más de uno mucho peor de lo que estaban. La terapia tiene que combinar, sí o sí, una potente presencia de un psicólogo que restablezca la autoestima herida de algún modo u otro. También son importantes herramientas anímicas que frenen el acoso laboral, la explotación o directamente el moobing, otra de las bases de este síndrome. 

El reposo físico y la búsqueda de una motivación vital satisfactoria también tienen que estar detrás. Todo ello va a necesitar de profesionales más allá de la medicina convencional occidental tan dada a las recetas. Sin duda va a ser un reto de toda la sociedad. El primer paso ya está dado. Es el reconocimiento.


¿Cómo no caer en el síndrome de burnout?

La soledad, el aislamiento y la incomprensión son caldo de cultivo para resbalarse por esta espiral tan terrible. Por eso, es difícil porque la sociedad actual no ayuda. Bien es verdad que una vez lo tenemos localizado y sabemos que existe (como ha aceptado la OMS en mayo de 2019) es más fácil estar prevenidos. Es necesario preguntarse constantemente si nos hace feliz lo que hacemos, si podemos dar más de nosotros mismos en otras circunstancias y/o emplazamientos. Ni que decir tiene que no hay que tener miedo al cambio, a coger el camino de aquello que nos realiza y, también hay que saber manejar la asertividad para poder decir no a diario a los abusos constantes. 

Resulta complicado pero no imposible. 

Por Candela Vizcaíno

 

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Así son los mecanismos que una madre narcisista utiliza para crear una familia tóxica

La mitología y las obras clásicas ya nos mostraron los efectos devastadores de la madre narcisista. Ante un despecho o un desaire no dudaban levantar la mano contra sus vástagos para dañar al padre o resarcirse de una afrenta. Recordemos a Medea (obra cumbre de la literatura griega), quien mata a sus hijos al verse despechada. Ella es el epítome de la madre tóxica que va más allá de una malvada madrastra. No ama a sus hijos. No puede, no quiere o no sabe hacerlo. Para estas mujeres la maternidad, en lugar del camino de amor que nos supone al resto de los mortales esta aventura, es más bien un peaje a pagar por cualquier cosa. Y dentro de ese cualquier cosa está la presión social, el estatus, la apatía, la desidia o cualquier epíteto negativo que quieras poner aquí. 

Este tipo de mujeres tremendamente tóxicas tienen todas las características del narcisista y, a veces, del psicópata. Si eso no fuera suficiente, su peligro es aún mayor porque ejerce su reinado (tiranía más bien) dentro de las cuatro paredes del hogar sobre seres tan indefensos que necesitan a los adultos de forma extrema. 

Características de una madre narcista

1.- Solo se aman a ellas mismas y no saben qué es la compasión

Esta es su principal característica y germen de todas las siguientes. El mundo gira alrededor de ellas, de su supuesta belleza, de su autoproclamado buen hacer, de sus deseos y hasta de sus caprichos. Siempre tienen una opinión de todo y la imponen a la fuerza sin interesarse por el daño que sus palabras pueden generar en los otros y, si hace falta, con gritos y/o violencia. Eso crea en los pequeños un estado de estrés continuo y una inseguridad patológica porque no pueden prever la reacción de la madre. 

2.- La madre narcisista tiene un ego tan grande que quiere estar sobre un pedestal

Algunas de estas mujeres, incluso, lo reconocen cuando se habla con ella. Pueden contar una mala experiencia (amorosa, por poner un caso) y, al narrarla, se les escapa esas palabras: “Me tenía sobre un pedestal y me tiró por el suelo”. “Me decía divina y me abandonó”. No soportan que el otro haga su vida o tenga una opinión distinta a la de ella. Por si esto no fuera poco, cualquier gesto del otro que no es de su agrado será considerado como una afrenta terrible difícil de reparar.  

3.- Ejerce su tiranía de forma diferente si tiene varios hijos 

A simple vista puede parecer que tiene preferencias por alguno de ellos. Eso es solo una fachada (algo que cuidan bastante bien todos los narcisistas). En el fondo, estas mujeres no aman a nadie y sencillamente asignan un papel a cada uno de ellos de acuerdo con sus intereses. Su objetivo es que el núcleo familiar no esté conexionado para así ser ella el supuesto pegamento que repara todos estos corazones roto.  

4.- La madre narcisista por norma general tiene envidia de las hijas

Así sin más y, por tanto, boicoteará cualquier iniciativa de las niñas. Se las apañará para no reconocer los méritos de las pequeñas, para impedir su progreso, para recordarles constantemente lo mal que lo hacen todo el tiempo. De muchachas estarán sometidas a todo tipo de comparaciones, coacciones y estrés. Lo que ella desea o necesita (incluso si es importante) no será tenido en cuenta y, por contra, cualquier comportamiento deberá tener la aprobación de la madre o de lo que esta cree que debe ser y es bueno para el papel social que desempeña.  

5.- Es una déspota impredecible

Es una crítica cruel y despiadada que no mide sus palabras y que está instando constantemente a sus vástagos a demostrar supuestos logros impuestos por ella. Ese demostrar puede ser cualquier cosa y, además, es imposible preverlo. Lo hace sutilmente, por lo bajo, cuando no haya peligro de ser juzgada de sus actos por un ajeno. Sus hijos van creciendo con toneladas de creencias falsas, erróneas y perjudiciales sobre ellos mismos que coarta su felicidad. Esto imposibilita cualquier desarrollo personal sereno y la consecución, por tanto, de la felicidad. 

6.- No apoya a sus hijos en nada porque para ella estos logros no son nada

Aunque estos sean conseguir el Premio Nobel o el reconocimiento internacional por cualquier acción. Nunca es suficiente para estas madres. Su sed ególatra no se apaga nunca. 

7.- De puertas para afuera la madre narcisista se comporta de manera “perfecta”

Por eso es tan difícil detectarlas. Esto también contribuye a la soledad de los vástagos más afectados por su ira y crueldad. Nadie los cree. No pueden decir a un extraño que esa mujer perfecta, a los ojos de los demás, ejerce tal tiranía dentro del hogar. De las garras se sale de niño simplemente si es extremadamente indolente y los pequeños están abandonados. De adultos se va a necesitar terapia para conseguir dejar atrás este daño. Algunos están instalados en una peligrosa zona de confort de la que les cuesta muchísimo salir. El siguiente paso (la superación del miedo) es tan dificultoso que, en un porcentaje bastante amplio, no logran zafarse de este yugo nunca. 

8.- No dudará en arrastrar a sus hijos a la locura o a la dependencia

Tal cual y, además, se presentará ante los demás como la salvadora de los desmanes de sus vástagos, como la víctima de la incomprensión de sus hijos. Afortunadamente, al día de hoy, son mayoría los psicólogos y agentes sociales que saben con certeza que, tras actitudes destructivas en la infancia y/o adolescencia, hay una familia disfuncional en cualquier sentido.  

9- La madre narcisista se las apañará para que sus hijos no alcancen la libertad

Para ellas eso es una afrenta. Por eso, se las arreglará para que sus hijos o bien no abandonen el nido o bien no sepan cómo manejarse en el mundo de fuera, en el que tienen que hacer valor todas las herramientas emocionales de las que dispongan. Estos pequeños criados por mujeres tóxicas se pierden emocionalmente con las relaciones. Son extremadamente serviles (repitiendo los patrones aprendidos con la madre) y su inseguridad les lleva a ser desconfiados y miedosos ante cualquier reto vital.  

10.- Si se lo permiten, extenderá su reinado a nietos y otros familiares

Todo sea por su gloria. Por eso, seguirá ejerciendo los mismos comportamientos con todos los niños del clan. La única manera de parar y cortar este daño es poniendo a salvo a los peques de su influencia. 

11.- La madre narcisista es tremendamente infeliz 

Por eso se empeña en hacer tanto daño. No sabe dónde está la tranquilidad, la serenidad, la dicha. Sus actos, en el fondo, son un mecanismo de compensación. Solo el adulto que logra entender, comprender y perdonar a su progenitora de todo corazón es el único que se libra de los efectos de una madre tóxica para siempre. Así rompe el círculo con sus hijos liberándolos de esta crianza que, de una manera u otra, se trasmite de generación en generación.  

12.- Es una maestra del camuflaje y es difícil reconocerla

Es complicado ponerle esta etiqueta: madre tóxica porque se empeña en dar una de cal y otra de arena. Los hijos se han acostumbrado a su comportamiento y creen que la vida es así. Además, se las arregla y se preocupa por no dejar ver su verdadera esencia y carácter.  

Y antes de llegar al número 13, considerado de mala suerte en la cultura occidental, rematamos (aunque no son todas) las características de la madre narcisista. El pequeño que ha llegado a tal familia tiene muy difícil su empoderamiento y solo de adulto es capaz de reconocer que ha sido criado en el ambiente hostil de una familia tóxica. Las más de las veces acaban reconociendo y aceptando este bagaje familiar tras superar cuadros gravísimos de ansiedad, enfermedades psicosomáticas, depresiones recurrentes, maltrato psicológico dentro de la pareja, acoso en el trabajo y un sinfín más de calamidades. Hasta que ese adulto no sane esa relación tan tóxica con la madre no logra levantar cabeza (en todos los sentidos del término) para encauzarse en una vida feliz y armoniosa. En la mayoría de los casos se necesitará ayuda o acompañamiento profesional. Estas letras son solo una introducción a lo que has podido vivir. Tómalas, por favor, como lo que son: como un estudio de comunicación de una realidad atroz. Y no dudes en pedir ayuda profesional si crees que has sido criado por una mujer que responde a estas características. 

¿Por qué es tan peligrosa una madre narcisista?

Podríamos decir que porque ejerce su tiranía sobre los seres más vulnerables del planeta: los niños, pero hay más. Estas mujeres tóxicas tienen un alto resentimiento con el mundo, con su propia biografía (de la que los pequeños no son culpables) y con ellas mismas. Al ejercer su dominio con seres vulnerables y en desarrollo estos crecen totalmente confundidos y generando problemas de ansiedad entidad. Si la falta de autoestima los va a llevar a caer en otras relaciones tóxicas, a sufrir acaso en el trabajo o bullying en el colegio, de adultos buscarán siempre la valoración ajena. El daño puede ser tal que estos niños lleguen a una edad avanzada casi sin saber qué es lo que les hace felices o qué es lo que sienten ante una situación dada. Estuvieron tan preocupados por la reacción de su madre, por servirla y por cuidar que no se enfadara que así se comportarán de adultos.  

Los hijos de madre narcisista llegarán a la adultez arrastrando, a veces, problemas gravísimos más allá de una baja autoestima (por si esto fuera poco). Es normal que sean incapaces de mantener parejas estables o formar su propio núcleo familiar con cierta normalidad. También existe un porcentaje alto de caer en adicciones de todo tipo. La ansiedad con la que han crecido les ha llevado a buscar refugio en paraísos artificiales. Además, es complicado acabar los estudios con normalidad y/o elegir una salida universitaria a gusto (en el caso de que la madre narcisista considere que estos les “va bien a ella”).  

Que tu madre narcisista no te haga más daño

Ya se está trabajando con este tipo de madres en algunos ámbitos. Los investigadores y servicios sociales han comenzado con las más indolentes: las que por su situación social dejan abandonados prácticamente a sus hijos. Hay que recordar que este tipo de mujeres no tienen por qué descuidar el cuidado básico, la alimentación o el acompañamiento social mínimo de sus vástagos. En Occidente, las más de las veces este tipo de madres tóxicas cumplen esta función. El problema llega con el maltrato psicológico constante que ejercen sobre uno o todos sus vástagos.  

Cómo salir de una familia tóxica

Un pequeño solo tendrá esa oportunidad si el abandono es tal que medien los servicios sociales. En ocasiones, y a pesar de la tristeza del asunto, es la única solución para estos niños dejados a su suerte por sus madres. La mala noticia es que esto solo aparecer en casos extremos en los que se mezclan violencia física evidente, drogas y otras adicciones, falta de recursos económicos básicos o pérdida de la escolarización. 

Lo normal es que el hijo de la madre narcisista se tope con esta dura realidad ya de adulto y, a veces, siendo bastante mayor. En estos casos, hay que aceptar la situación y ponerle nombre. Es duro y complicado reconocer que te crió una madre narcisista incapaz de un gesto de amor, pero es necesario hacerlo por el bien de esa persona herida y por la familia que quiera crear.

Candela Vizcaíno

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

 

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Así son los mecanismos que una madre narcisista utiliza para crear una familia tóxica

La mitología y las obras clásicas ya nos mostraron los efectos devastadores de la madre narcisista. Ante un despecho o un desaire no dudaban levantar la mano contra sus vástagos para dañar al padre o resarcirse de una afrenta. Recordemos a Medea (obra cumbre de la literatura griega), quien mata a sus hijos al verse despechada. Ella es el epítome de la madre tóxica que va más allá de una malvada madrastra. No ama a sus hijos. No puede, no quiere o no sabe hacerlo. Para estas mujeres la maternidad, en lugar del camino de amor que nos supone al resto de los mortales esta aventura, es más bien un peaje a pagar por cualquier cosa. Y dentro de ese cualquier cosa está la presión social, el estatus, la apatía, la desidia o cualquier epíteto negativo que quieras poner aquí. 

Este tipo de mujeres tremendamente tóxicas tienen todas las características del narcisista y, a veces, del psicópata. Si eso no fuera suficiente, su peligro es aún mayor porque ejerce su reinado (tiranía más bien) dentro de las cuatro paredes del hogar sobre seres tan indefensos que necesitan a los adultos de forma extrema. 

Características de una madre narcista

1.- Solo se aman a ellas mismas y no saben qué es la compasión

Esta es su principal característica y germen de todas las siguientes. El mundo gira alrededor de ellas, de su supuesta belleza, de su autoproclamado buen hacer, de sus deseos y hasta de sus caprichos. Siempre tienen una opinión de todo y la imponen a la fuerza sin interesarse por el daño que sus palabras pueden generar en los otros y, si hace falta, con gritos y/o violencia. Eso crea en los pequeños un estado de estrés continuo y una inseguridad patológica porque no pueden prever la reacción de la madre. 

2.- La madre narcisista tiene un ego tan grande que quiere estar sobre un pedestal

Algunas de estas mujeres, incluso, lo reconocen cuando se habla con ella. Pueden contar una mala experiencia (amorosa, por poner un caso) y, al narrarla, se les escapa esas palabras: “Me tenía sobre un pedestal y me tiró por el suelo”. “Me decía divina y me abandonó”. No soportan que el otro haga su vida o tenga una opinión distinta a la de ella. Por si esto no fuera poco, cualquier gesto del otro que no es de su agrado será considerado como una afrenta terrible difícil de reparar.  

3.- Ejerce su tiranía de forma diferente si tiene varios hijos 

A simple vista puede parecer que tiene preferencias por alguno de ellos. Eso es solo una fachada (algo que cuidan bastante bien todos los narcisistas). En el fondo, estas mujeres no aman a nadie y sencillamente asignan un papel a cada uno de ellos de acuerdo con sus intereses. Su objetivo es que el núcleo familiar no esté conexionado para así ser ella el supuesto pegamento que repara todos estos corazones roto.  

4.- La madre narcisista por norma general tiene envidia de las hijas

Así sin más y, por tanto, boicoteará cualquier iniciativa de las niñas. Se las apañará para no reconocer los méritos de las pequeñas, para impedir su progreso, para recordarles constantemente lo mal que lo hacen todo el tiempo. De muchachas estarán sometidas a todo tipo de comparaciones, coacciones y estrés. Lo que ella desea o necesita (incluso si es importante) no será tenido en cuenta y, por contra, cualquier comportamiento deberá tener la aprobación de la madre o de lo que esta cree que debe ser y es bueno para el papel social que desempeña.  

5.- Es una déspota impredecible

Es una crítica cruel y despiadada que no mide sus palabras y que está instando constantemente a sus vástagos a demostrar supuestos logros impuestos por ella. Ese demostrar puede ser cualquier cosa y, además, es imposible preverlo. Lo hace sutilmente, por lo bajo, cuando no haya peligro de ser juzgada de sus actos por un ajeno. Sus hijos van creciendo con toneladas de creencias falsas, erróneas y perjudiciales sobre ellos mismos que coarta su felicidad. Esto imposibilita cualquier desarrollo personal sereno y la consecución, por tanto, de la felicidad. 

6.- No apoya a sus hijos en nada porque para ella estos logros no son nada

Aunque estos sean conseguir el Premio Nobel o el reconocimiento internacional por cualquier acción. Nunca es suficiente para estas madres. Su sed ególatra no se apaga nunca. 

7.- De puertas para afuera la madre narcisista se comporta de manera “perfecta”

Por eso es tan difícil detectarlas. Esto también contribuye a la soledad de los vástagos más afectados por su ira y crueldad. Nadie los cree. No pueden decir a un extraño que esa mujer perfecta, a los ojos de los demás, ejerce tal tiranía dentro del hogar. De las garras se sale de niño simplemente si es extremadamente indolente y los pequeños están abandonados. De adultos se va a necesitar terapia para conseguir dejar atrás este daño. Algunos están instalados en una peligrosa zona de confort de la que les cuesta muchísimo salir. El siguiente paso (la superación del miedo) es tan dificultoso que, en un porcentaje bastante amplio, no logran zafarse de este yugo nunca. 

8.- No dudará en arrastrar a sus hijos a la locura o a la dependencia

Tal cual y, además, se presentará ante los demás como la salvadora de los desmanes de sus vástagos, como la víctima de la incomprensión de sus hijos. Afortunadamente, al día de hoy, son mayoría los psicólogos y agentes sociales que saben con certeza que, tras actitudes destructivas en la infancia y/o adolescencia, hay una familia disfuncional en cualquier sentido.  

9- La madre narcisista se las apañará para que sus hijos no alcancen la libertad

Para ellas eso es una afrenta. Por eso, se las arreglará para que sus hijos o bien no abandonen el nido o bien no sepan cómo manejarse en el mundo de fuera, en el que tienen que hacer valor todas las herramientas emocionales de las que dispongan. Estos pequeños criados por mujeres tóxicas se pierden emocionalmente con las relaciones. Son extremadamente serviles (repitiendo los patrones aprendidos con la madre) y su inseguridad les lleva a ser desconfiados y miedosos ante cualquier reto vital.  

10.- Si se lo permiten, extenderá su reinado a nietos y otros familiares

Todo sea por su gloria. Por eso, seguirá ejerciendo los mismos comportamientos con todos los niños del clan. La única manera de parar y cortar este daño es poniendo a salvo a los peques de su influencia. 

11.- La madre narcisista es tremendamente infeliz 

Por eso se empeña en hacer tanto daño. No sabe dónde está la tranquilidad, la serenidad, la dicha. Sus actos, en el fondo, son un mecanismo de compensación. Solo el adulto que logra entender, comprender y perdonar a su progenitora de todo corazón es el único que se libra de los efectos de una madre tóxica para siempre. Así rompe el círculo con sus hijos liberándolos de esta crianza que, de una manera u otra, se trasmite de generación en generación.  

12.- Es una maestra del camuflaje y es difícil reconocerla

Es complicado ponerle esta etiqueta: madre tóxica porque se empeña en dar una de cal y otra de arena. Los hijos se han acostumbrado a su comportamiento y creen que la vida es así. Además, se las arregla y se preocupa por no dejar ver su verdadera esencia y carácter.  

Y antes de llegar al número 13, considerado de mala suerte en la cultura occidental, rematamos (aunque no son todas) las características de la madre narcisista. El pequeño que ha llegado a tal familia tiene muy difícil su empoderamiento y solo de adulto es capaz de reconocer que ha sido criado en el ambiente hostil de una familia tóxica. Las más de las veces acaban reconociendo y aceptando este bagaje familiar tras superar cuadros gravísimos de ansiedad, enfermedades psicosomáticas, depresiones recurrentes, maltrato psicológico dentro de la pareja, acoso en el trabajo y un sinfín más de calamidades. Hasta que ese adulto no sane esa relación tan tóxica con la madre no logra levantar cabeza (en todos los sentidos del término) para encauzarse en una vida feliz y armoniosa. En la mayoría de los casos se necesitará ayuda o acompañamiento profesional. Estas letras son solo una introducción a lo que has podido vivir. Tómalas, por favor, como lo que son: como un estudio de comunicación de una realidad atroz. Y no dudes en pedir ayuda profesional si crees que has sido criado por una mujer que responde a estas características. 

¿Por qué es tan peligrosa una madre narcisista?

Podríamos decir que porque ejerce su tiranía sobre los seres más vulnerables del planeta: los niños, pero hay más. Estas mujeres tóxicas tienen un alto resentimiento con el mundo, con su propia biografía (de la que los pequeños no son culpables) y con ellas mismas. Al ejercer su dominio con seres vulnerables y en desarrollo estos crecen totalmente confundidos y generando problemas de ansiedad entidad. Si la falta de autoestima los va a llevar a caer en otras relaciones tóxicas, a sufrir acaso en el trabajo o bullying en el colegio, de adultos buscarán siempre la valoración ajena. El daño puede ser tal que estos niños lleguen a una edad avanzada casi sin saber qué es lo que les hace felices o qué es lo que sienten ante una situación dada. Estuvieron tan preocupados por la reacción de su madre, por servirla y por cuidar que no se enfadara que así se comportarán de adultos.  

Los hijos de madre narcisista llegarán a la adultez arrastrando, a veces, problemas gravísimos más allá de una baja autoestima (por si esto fuera poco). Es normal que sean incapaces de mantener parejas estables o formar su propio núcleo familiar con cierta normalidad. También existe un porcentaje alto de caer en adicciones de todo tipo. La ansiedad con la que han crecido les ha llevado a buscar refugio en paraísos artificiales. Además, es complicado acabar los estudios con normalidad y/o elegir una salida universitaria a gusto (en el caso de que la madre narcisista considere que estos les “va bien a ella”).  

Que tu madre narcisista no te haga más daño

Ya se está trabajando con este tipo de madres en algunos ámbitos. Los investigadores y servicios sociales han comenzado con las más indolentes: las que por su situación social dejan abandonados prácticamente a sus hijos. Hay que recordar que este tipo de mujeres no tienen por qué descuidar el cuidado básico, la alimentación o el acompañamiento social mínimo de sus vástagos. En Occidente, las más de las veces este tipo de madres tóxicas cumplen esta función. El problema llega con el maltrato psicológico constante que ejercen sobre uno o todos sus vástagos.  

Cómo salir de una familia tóxica

Un pequeño solo tendrá esa oportunidad si el abandono es tal que medien los servicios sociales. En ocasiones, y a pesar de la tristeza del asunto, es la única solución para estos niños dejados a su suerte por sus madres. La mala noticia es que esto solo aparecer en casos extremos en los que se mezclan violencia física evidente, drogas y otras adicciones, falta de recursos económicos básicos o pérdida de la escolarización. 

Lo normal es que el hijo de la madre narcisista se tope con esta dura realidad ya de adulto y, a veces, siendo bastante mayor. En estos casos, hay que aceptar la situación y ponerle nombre. Es duro y complicado reconocer que te crió una madre narcisista incapaz de un gesto de amor, pero es necesario hacerlo por el bien de esa persona herida y por la familia que quiera crear.

Candela Vizcaíno

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

 

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Se calcula que, aproximadamente, el 4% de la población responde a la etiqueta de psicópata. El daño que ejercen en todos los ámbitos son tan demoledores que urgen reconocerlos para ponernos a salvo.  

Cuando decimos la palabra psicópata nos asaltan todas estas mentes malignas que no se paran a la hora de realizar daños terribles a seres indefensos. Protagonizan periódicos a diario con sus asesinatos, violaciones y daños morales. Así que no vamos a deternenos mucho en ellos. Este tipo de individuos (aunque su maldad sea enorme) no es lo frecuente cuando se trata de abordar el trastorno psicopático de la personalidad. Lo más duro de la situación es que la mayoría de los que responden a esta descripción están integrados y no llevan ninguna marca que nos advierta de su oscuridad. Desgraciadamente la vida no es tan fácil.

La mayoría de los psicópatas están bastante bien integrados y algunos, vistos desde fuera, pueden llevar hasta una vida exitosa. Es más, el psicópata tiene una especial preferencia por el poder, la apariencia, el lujo y los extremos en todos los sentidos. Por eso, es fácil encontrarlos en puestos que exigen responsabilidad y, a cambio, piden no ser demasiado escrupulosos con el que está en frente. Ejecutivos o bancarios (¡ojo, no todos!) tienen un alto porcentaje de estos individuos militando en sus filas. Y es así porque se valoran más los perfiles profesionales con esa características que otros con más empatía a la hora de conseguir objetivos económicos. 

Empezamos con la definición: ¿Qué es un psicópata? 

En esencia, es una persona que no sabe amar. Y, según, los últimos estudios, con el nivel de conocimientos de hoy en día, no es posible que aprendan. Son individuos sin escrúpulos que han dado un paso más para superar el narcisismo. Si bien no todos los narcisistas son psicópatas, todos los psicópatas sí son narcisistas. Tienen un ego tan inflado que son incapaces de ponerse en el lugar del otro. No empatizan lo más mínimo. Esto es, no pueden sentir conmiseración hacia el dolor ajeno. Por eso, no paran hasta conseguir sus objetivos caiga quien caiga. Lo que para otra persona sería una invitación a reflexionar, para un psicópata es un reto personal a conseguir. 

Están en todos lados y hay expertos, como Iñaki Piñuel, autor de Amor Zero, que calcula que todos los seres humanos normales y corrientes nos vamos a topar con, al menos, 6 psicópatas en nuestras vidas. Y eso solo teniendo en cuenta relaciones de cierto calado. No se cuenta cuando estamos ante contactos más o menos superfluos o sin importancia. Teniendo en cuenta que el daño que hacen es atroz y que suelen ser personas con una gran inteligencia, tenemos que estar lo más precavidos posible. 

Están en todos los ámbitos: en el trabajo creando mal ambiente entre compañeros o explotando al otro si ejercen una posición de poder, en la escuela inventando crueldades para hacer más insufrible aún el bullying, en tu barrio, en tu comunidad de vecinos, en tu club de tenis y, desgraciadamente, también en tu casa. Cuando uno de los progenitores (o ambos) responde a las características de un psicópata, crea hijos con una autoestima tan baja que son carne de cañón para sufrir maltrato psicológico, caer en las redes de las adicciones,  depresiones recurrentes, abandono escolar o soledad no deseada. 

10 Características de un psicópata

Pero cómo son estas personas para que el daño que ejercen sea tan atroz. Anota que es importante. 

1.- Un psicópata no tiene empatía y, por tanto, no sabe amar

Esta es una de las características de un psicópata más importante. Es muy difícil para una persona normal aceptar que el otro (que lo mismo es su pareja, madre o un compañero de años) es incapaz de tener ese sentimiento. Todo su mundo gira alrededor de ellos, de sus necesidades, de sus caprichos, de sus metas. Son incapaces de hacer esos gestos de amor (los mismos que nos hacen humanos) hacia nadie. Son despegados y no les sale ese abrazo sincero de emoción o pasión que, a veces, nos sorprende. Si tienen un gesto contigo es, simplemente, por interés. Y eso lo debes tener muy claro. O bien le estás dando algo en ese momento o bien esperan algo de ti en un futuro próximo. Si te hacen un favor, esperan recuperarlo con creces y multiplicado, a veces, con peticiones exageradas o que se hacen imposibles. 

2.- Son lobos disfrazados con piel de cordero

Maestros del disfraz emocional, están en una zona de confort muy peculiar, una en la que solo caben ellos mismos y nada más. De cara a la galería, son personas intachables, super educadas y correctas que nunca han roto un plato. Es muy raro que pierdan los nervios ante una situación que a cualquier persona le sacaría de sus casillas. Conservan la calma en situaciones terribles (recuerda la falta de empatía) y eso nada tiene que ver con la superación del que se trabaja para encontrar la serenidad. En el psicópata hay otra actitud que es sencillamente que no le importa lo que está pasando a su alrededor.   

Al contrario, si es él o ella quien se siente herido, no dudará en mover Roma con Santiago hasta resarcirse de la afrenta. Además, suelen ser personas que, a la más mínima, saltan reclamando respeto o que se le ha hecho daño. Todo el mundo tiene que girar a su alrededor, recuerda, y eso se trasluce en una sutil pleitesía que va minando la moral del que está enfrente. Tienen muy buena memoria. Rencorosos y vengativos, nadie se escapa a su ira cruel: ni hijos ni pareja ni padres ni personas de autoridad real.  

3.- El psicópata es siempre un narcisista

Un narcisista no tiene por qué dar un paso hacia la psicopatía pero todo psicópata sufre de este trastorno que toma el nombre de Narciso, metamorfoseado en la flor del mismo nombre por enamorarse de su reflejo. Y eso es un psicópata: una persona que vive solo para él o para ella. Todo tiene que ser tal como dice, en los tiempos que dicta y siguiendo su capricho. Con este tipo de personas no podrás hacer ningún plan preconcebido ya sea un viaje o un picnic en el campo. Para ellos esto son tonterías y cualquier acto deberá estar supeditado a lo que surja. Y ese surja nunca será de ti. Siempre será del otro. 

A consecuencia de esto, las personas que se relacionan con los psicópatas acaban apagándose y dejándose jirones de alegría por el camino. Todo se vuelve estresante y agobiante. Si son niños o jóvenes los que están obligados a tratar con el psicópata (padres, otros familiares, profesores…), abrirán una herida en su alma difícil de sanar que llevaran arrastrando hasta la vida adulta. Por eso, si sospechas que has estado (o algún menor conocido lo sufre en el momento presente) bajo las garras de la psicopatía, hay que pedir ayuda profesional cuanto antes. Solo con herramientas psicológicas se logra superar este daño.  

4.- Tienen una habilidad especial para buscar a personas vulnerables

Hay psicólogos expertos que indican que los psicópatas tienen como un radar que va captando a personas con baja autoestima, víctimas de maltrato psicológico anterior, que están pasando por una mala racha o que se encuentran en una posición de vulnerabilidad. Es cierto al 100% aunque también hay personas buenas, bondadosas y con luz con la misma habilidad. La diferencia (y es abismal) es que estos últimos no se dedican a hacer daño. El psicópata va siempre de caza. Su meta son sucesivas presas o personas a las que parasitar. Ese ese su modo de vida, puede ser desde una entrada al cine hasta toda una vida. Para ellos y ellas es lo mismo. Se las apañará para robar la luz del otro, para vivir económicamente a su costa, para manipularlo, para robarle sus logros y aparecer como los verdaderos artífices de cualquier éxito. Gustan rodearse de gentes que han subido en la escala social o que pueden abrirle puertas (las que sean) en provecho propio. Cuando ven alguien así, no dudan en pegarse y empezar a desplegar sus artes de camaleón.  

5.- Porque... se comportan como camaleones para atraer a sus víctimas

No te darás cuenta de que estás ante un psicópata porque estos tienen una habilidad especial para mostrar la cara que tú estás buscando. Si lo que quieres es formar una familia, serán los más amorosos del mundo. Si eres una persona reclutando a colaboradores para un proyecto, ellos se mostrarán los más interesados y te convencerán de que aquello que le ofreces será lo que siempre quisieron… Por eso, es tan difícil darse cuenta que se está ante un psicópata a los inicios de una relación. Solo se quitarán la careta cuando tengan a su víctima hundida, acorralada y alejada de todos aquellos que pudieran echarle una mano. 

6.- La finalidad del psicópata es robar la luz de los que están a su alrededor

En el fondo es lo que más desean: alegría, fortaleza, bondad, empatía, generosidad, arrojo, valentía… Todos estos dones son imposibles para un psicópata. En su estructura mental cree que puede apropiarse de ellos como si de un vampiro se tratara. Lo único que consigue es que el otro caiga en una grisura espiritual muy difícil de salir. Irá poco a poco, sin darte cuenta puedes estar en sus redes. Serán pequeñas cosas y cada vez irá más. El maltrato psicológico tiene como finalidad anular tu autoestima, tu voluntad y que estés a su merced siempre. A veces, dan un paso más hacia la agresión física, el abuso sexual, la violación o el asesinato. Tampoco vamos a detenernos mucho en esto.

7.- Es envidioso y perezoso

Hablará mal de todo el mundo. No se para ante la injuria y la calumnia ni siquiera ante personas vulnerables, niños o familia. Para ellos, todo debe girar alrededor de su ombligo y cualquier cosa que no reciba será objeto de su ira.  Su boca estará siempre despreciando los logros ajenos o las virtudes de los demás. Ninguneará a quien está a su alrededor con el fin último de robarle todos sus dones. El psicópata (como el narcisista) es perezoso y lo que consigue lo hace medrando y a costa de los demás. A poco que analices nada tiene que sea mérito propio. Siempre hay alguien detrás aupándolo en todos los ámbitos de la vida. 

8.- El psicópata no tiene remordimiento de conciencia

Si te pide perdón es porque lo has pillado y considera que aún puede sacarte más. Puede ser dinero, trabajo gratis, compañía, brillo social, luz anímica… o todo a la vez. Es una persona que no siente el dolor del otro. Por eso, no puede tener conmiseración o arrepentimiento por cualquier cosa que haya hecho. ¡No cambian! Eso tenlo por seguro.  

9.- Te hará creer que estás loco o que has perdido el juicio 

Es una de las estrategias más peligrosas del psicópata para con sus víctimas. Las aislará de todo entorno social. Hablará mal de cualquier amistad o de la familia para que el otro vaya aumentando su vulnerabilidad. Su capacidad para el disfraz hará creer a los demás que él es la víctima y que es el otro el que está mal de la cabeza o no está haciendo lo correcto. Esta técnica conocida como “luz de gas” hará que su víctima enferme, caiga en terribles depresiones o se resbale por las adicciones y/o el suicidio. Lo tendrá todo tan bien montado que todos y cada uno de los que están alrededor de esta persona (la cual necesita ayuda inminente) la crean culpable de sus males, de los del psicópata y de todos los que están a su alrededor. 

10.- Un psicópata trata a las personas como cosas de usar y tirar

Estará contigo hasta que pueda usarte y esto es válido incluso para las madres psicópatas. Cuando un hijo no le sirve para brillar en sociedad o para subir en la escala social o para cualquier otro fin que ella elija, lo desechará sin contemplaciones haciendo creer al resto de la familia que es la oveja negra. Y lo es, solo que esas personas vienen al mundo a poner orden y a desenmascarar abusos. 

En las relaciones de pareja estarán con el otro hasta que se busquen a una nueva presa más apetecible. Otra táctica que usan muy frecuentemente es no dejar ir del todo. Tienen a las exparejas en la recámara por si un día se quedan solos, están aburridos o quieren jugar. Los sentimientos del otro, recuerda, les tiene sin cuidado.

Entonces, cómo reconocemos a los psicópatas  

1.- En un principio son muy difíciles de identificar, incluso, para psicólogos experimentados o personas con ojo clínico. Recordemos que son maestros del disfraz y siempre aparecerán con su mejor cara. Por eso lo mejor es dejar tiempo (a ser posible mucho más del que te pide) para iniciar cualquier acción. Esto puede ser desde firmar un contrato hasta emparejarse o formar equipo. 

2.- Son individuos muy tóxicos que envenenan todo lo que tocan. A su alrededor siempre hay malestar, malos rollos, palabras fuera de sitio e, incluso, insultos. 

3.- Están siempre dando consejo sin que se lo pidas o sin necesitarlo. Si sitúan en una posición superior sin haber dado permiso a ello. Según su parecer nunca se equivocan. Son los demás, los errados, los informales, los que están mal de la cabeza y los que no tienen paz. La realidad es que, cuando ellos entran, se acabó la serenidad, la alegría y la felicidad. 

4.- Si tienen una cierta edad, ha ido dejando muchas víctimas detrás. Pregunta y desconfía. Es una de las señales más significativas. No están nunca sin pareja y temen a la soledad. Encadenan una separación tras otra y siempre de manera complicada. Se van mal de los sitios donde han trabajado. No tienen amigos. A lo sumo, uno solo y suele ser otro psicópata o uno extremadamente vulnerable. Si tienen hijos, los pequeños no son capaces de levantar cabeza y suelen traer malas notas, tener problemas de autoestima, de identidad o de control de la ira. Es una reacción contra su progenitor. 

5.- No acatan las normas sociales y eso va desde robar o mentir hasta presentarse a una boda con un atuendo poco apropiado. El mundo tiene que girar a su alrededor. 

6.- No te va a dejar hablar. Te va a reñir constantemente sin que tú le hayas dado permiso para ello. Y eso lo hace con autoridad aunque su vida sea un auténtico desastre y tú estés capeando el temporal con cierta elegancia. 

7.- Es un ser triste, sin luz y con mucho miedo. Están envenenados con las ansias de poder y todo su mundo gira alrededor de eso. Suelen gustar del dinero, pero no para disfrutarlo con los suyos, sino para atesorarlo y poder calmar el terror insaciable a un futuro difuso. Esto sucede porque se reconocen en su falta de valía. 

En otra ocasión hablaremos de cómo tratar a un psicópata o cómo sanar tras una relación con un psicópata. Ambos retos son difíciles pero no son imposibles. Lo primero es reconocerlos y aprender las características de un psicópata como nos conocemos el abecedario o la tabla de multiplicar. 

Por Candela Vizcaíno 

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Se calcula que, aproximadamente, el 4% de la población responde a la etiqueta de psicópata. El daño que ejercen en todos los ámbitos son tan demoledores que urgen reconocerlos para ponernos a salvo.  

Cuando decimos la palabra psicópata nos asaltan todas estas mentes malignas que no se paran a la hora de realizar daños terribles a seres indefensos. Protagonizan periódicos a diario con sus asesinatos, violaciones y daños morales. Así que no vamos a deternenos mucho en ellos. Este tipo de individuos (aunque su maldad sea enorme) no es lo frecuente cuando se trata de abordar el trastorno psicopático de la personalidad. Lo más duro de la situación es que la mayoría de los que responden a esta descripción están integrados y no llevan ninguna marca que nos advierta de su oscuridad. Desgraciadamente la vida no es tan fácil.

La mayoría de los psicópatas están bastante bien integrados y algunos, vistos desde fuera, pueden llevar hasta una vida exitosa. Es más, el psicópata tiene una especial preferencia por el poder, la apariencia, el lujo y los extremos en todos los sentidos. Por eso, es fácil encontrarlos en puestos que exigen responsabilidad y, a cambio, piden no ser demasiado escrupulosos con el que está en frente. Ejecutivos o bancarios (¡ojo, no todos!) tienen un alto porcentaje de estos individuos militando en sus filas. Y es así porque se valoran más los perfiles profesionales con esa características que otros con más empatía a la hora de conseguir objetivos económicos. 

Empezamos con la definición: ¿Qué es un psicópata? 

En esencia, es una persona que no sabe amar. Y, según, los últimos estudios, con el nivel de conocimientos de hoy en día, no es posible que aprendan. Son individuos sin escrúpulos que han dado un paso más para superar el narcisismo. Si bien no todos los narcisistas son psicópatas, todos los psicópatas sí son narcisistas. Tienen un ego tan inflado que son incapaces de ponerse en el lugar del otro. No empatizan lo más mínimo. Esto es, no pueden sentir conmiseración hacia el dolor ajeno. Por eso, no paran hasta conseguir sus objetivos caiga quien caiga. Lo que para otra persona sería una invitación a reflexionar, para un psicópata es un reto personal a conseguir. 

Están en todos lados y hay expertos, como Iñaki Piñuel, autor de Amor Zero, que calcula que todos los seres humanos normales y corrientes nos vamos a topar con, al menos, 6 psicópatas en nuestras vidas. Y eso solo teniendo en cuenta relaciones de cierto calado. No se cuenta cuando estamos ante contactos más o menos superfluos o sin importancia. Teniendo en cuenta que el daño que hacen es atroz y que suelen ser personas con una gran inteligencia, tenemos que estar lo más precavidos posible. 

Están en todos los ámbitos: en el trabajo creando mal ambiente entre compañeros o explotando al otro si ejercen una posición de poder, en la escuela inventando crueldades para hacer más insufrible aún el bullying, en tu barrio, en tu comunidad de vecinos, en tu club de tenis y, desgraciadamente, también en tu casa. Cuando uno de los progenitores (o ambos) responde a las características de un psicópata, crea hijos con una autoestima tan baja que son carne de cañón para sufrir maltrato psicológico, caer en las redes de las adicciones,  depresiones recurrentes, abandono escolar o soledad no deseada. 

10 Características de un psicópata

Pero cómo son estas personas para que el daño que ejercen sea tan atroz. Anota que es importante. 

1.- Un psicópata no tiene empatía y, por tanto, no sabe amar

Esta es una de las características de un psicópata más importante. Es muy difícil para una persona normal aceptar que el otro (que lo mismo es su pareja, madre o un compañero de años) es incapaz de tener ese sentimiento. Todo su mundo gira alrededor de ellos, de sus necesidades, de sus caprichos, de sus metas. Son incapaces de hacer esos gestos de amor (los mismos que nos hacen humanos) hacia nadie. Son despegados y no les sale ese abrazo sincero de emoción o pasión que, a veces, nos sorprende. Si tienen un gesto contigo es, simplemente, por interés. Y eso lo debes tener muy claro. O bien le estás dando algo en ese momento o bien esperan algo de ti en un futuro próximo. Si te hacen un favor, esperan recuperarlo con creces y multiplicado, a veces, con peticiones exageradas o que se hacen imposibles. 

2.- Son lobos disfrazados con piel de cordero

Maestros del disfraz emocional, están en una zona de confort muy peculiar, una en la que solo caben ellos mismos y nada más. De cara a la galería, son personas intachables, super educadas y correctas que nunca han roto un plato. Es muy raro que pierdan los nervios ante una situación que a cualquier persona le sacaría de sus casillas. Conservan la calma en situaciones terribles (recuerda la falta de empatía) y eso nada tiene que ver con la superación del que se trabaja para encontrar la serenidad. En el psicópata hay otra actitud que es sencillamente que no le importa lo que está pasando a su alrededor.   

Al contrario, si es él o ella quien se siente herido, no dudará en mover Roma con Santiago hasta resarcirse de la afrenta. Además, suelen ser personas que, a la más mínima, saltan reclamando respeto o que se le ha hecho daño. Todo el mundo tiene que girar a su alrededor, recuerda, y eso se trasluce en una sutil pleitesía que va minando la moral del que está enfrente. Tienen muy buena memoria. Rencorosos y vengativos, nadie se escapa a su ira cruel: ni hijos ni pareja ni padres ni personas de autoridad real.  

3.- El psicópata es siempre un narcisista

Un narcisista no tiene por qué dar un paso hacia la psicopatía pero todo psicópata sufre de este trastorno que toma el nombre de Narciso, metamorfoseado en la flor del mismo nombre por enamorarse de su reflejo. Y eso es un psicópata: una persona que vive solo para él o para ella. Todo tiene que ser tal como dice, en los tiempos que dicta y siguiendo su capricho. Con este tipo de personas no podrás hacer ningún plan preconcebido ya sea un viaje o un picnic en el campo. Para ellos esto son tonterías y cualquier acto deberá estar supeditado a lo que surja. Y ese surja nunca será de ti. Siempre será del otro. 

A consecuencia de esto, las personas que se relacionan con los psicópatas acaban apagándose y dejándose jirones de alegría por el camino. Todo se vuelve estresante y agobiante. Si son niños o jóvenes los que están obligados a tratar con el psicópata (padres, otros familiares, profesores…), abrirán una herida en su alma difícil de sanar que llevaran arrastrando hasta la vida adulta. Por eso, si sospechas que has estado (o algún menor conocido lo sufre en el momento presente) bajo las garras de la psicopatía, hay que pedir ayuda profesional cuanto antes. Solo con herramientas psicológicas se logra superar este daño.  

4.- Tienen una habilidad especial para buscar a personas vulnerables

Hay psicólogos expertos que indican que los psicópatas tienen como un radar que va captando a personas con baja autoestima, víctimas de maltrato psicológico anterior, que están pasando por una mala racha o que se encuentran en una posición de vulnerabilidad. Es cierto al 100% aunque también hay personas buenas, bondadosas y con luz con la misma habilidad. La diferencia (y es abismal) es que estos últimos no se dedican a hacer daño. El psicópata va siempre de caza. Su meta son sucesivas presas o personas a las que parasitar. Ese ese su modo de vida, puede ser desde una entrada al cine hasta toda una vida. Para ellos y ellas es lo mismo. Se las apañará para robar la luz del otro, para vivir económicamente a su costa, para manipularlo, para robarle sus logros y aparecer como los verdaderos artífices de cualquier éxito. Gustan rodearse de gentes que han subido en la escala social o que pueden abrirle puertas (las que sean) en provecho propio. Cuando ven alguien así, no dudan en pegarse y empezar a desplegar sus artes de camaleón.  

5.- Porque... se comportan como camaleones para atraer a sus víctimas

No te darás cuenta de que estás ante un psicópata porque estos tienen una habilidad especial para mostrar la cara que tú estás buscando. Si lo que quieres es formar una familia, serán los más amorosos del mundo. Si eres una persona reclutando a colaboradores para un proyecto, ellos se mostrarán los más interesados y te convencerán de que aquello que le ofreces será lo que siempre quisieron… Por eso, es tan difícil darse cuenta que se está ante un psicópata a los inicios de una relación. Solo se quitarán la careta cuando tengan a su víctima hundida, acorralada y alejada de todos aquellos que pudieran echarle una mano. 

6.- La finalidad del psicópata es robar la luz de los que están a su alrededor

En el fondo es lo que más desean: alegría, fortaleza, bondad, empatía, generosidad, arrojo, valentía… Todos estos dones son imposibles para un psicópata. En su estructura mental cree que puede apropiarse de ellos como si de un vampiro se tratara. Lo único que consigue es que el otro caiga en una grisura espiritual muy difícil de salir. Irá poco a poco, sin darte cuenta puedes estar en sus redes. Serán pequeñas cosas y cada vez irá más. El maltrato psicológico tiene como finalidad anular tu autoestima, tu voluntad y que estés a su merced siempre. A veces, dan un paso más hacia la agresión física, el abuso sexual, la violación o el asesinato. Tampoco vamos a detenernos mucho en esto.

7.- Es envidioso y perezoso

Hablará mal de todo el mundo. No se para ante la injuria y la calumnia ni siquiera ante personas vulnerables, niños o familia. Para ellos, todo debe girar alrededor de su ombligo y cualquier cosa que no reciba será objeto de su ira.  Su boca estará siempre despreciando los logros ajenos o las virtudes de los demás. Ninguneará a quien está a su alrededor con el fin último de robarle todos sus dones. El psicópata (como el narcisista) es perezoso y lo que consigue lo hace medrando y a costa de los demás. A poco que analices nada tiene que sea mérito propio. Siempre hay alguien detrás aupándolo en todos los ámbitos de la vida. 

8.- El psicópata no tiene remordimiento de conciencia

Si te pide perdón es porque lo has pillado y considera que aún puede sacarte más. Puede ser dinero, trabajo gratis, compañía, brillo social, luz anímica… o todo a la vez. Es una persona que no siente el dolor del otro. Por eso, no puede tener conmiseración o arrepentimiento por cualquier cosa que haya hecho. ¡No cambian! Eso tenlo por seguro.  

9.- Te hará creer que estás loco o que has perdido el juicio 

Es una de las estrategias más peligrosas del psicópata para con sus víctimas. Las aislará de todo entorno social. Hablará mal de cualquier amistad o de la familia para que el otro vaya aumentando su vulnerabilidad. Su capacidad para el disfraz hará creer a los demás que él es la víctima y que es el otro el que está mal de la cabeza o no está haciendo lo correcto. Esta técnica conocida como “luz de gas” hará que su víctima enferme, caiga en terribles depresiones o se resbale por las adicciones y/o el suicidio. Lo tendrá todo tan bien montado que todos y cada uno de los que están alrededor de esta persona (la cual necesita ayuda inminente) la crean culpable de sus males, de los del psicópata y de todos los que están a su alrededor. 

10.- Un psicópata trata a las personas como cosas de usar y tirar

Estará contigo hasta que pueda usarte y esto es válido incluso para las madres psicópatas. Cuando un hijo no le sirve para brillar en sociedad o para subir en la escala social o para cualquier otro fin que ella elija, lo desechará sin contemplaciones haciendo creer al resto de la familia que es la oveja negra. Y lo es, solo que esas personas vienen al mundo a poner orden y a desenmascarar abusos. 

En las relaciones de pareja estarán con el otro hasta que se busquen a una nueva presa más apetecible. Otra táctica que usan muy frecuentemente es no dejar ir del todo. Tienen a las exparejas en la recámara por si un día se quedan solos, están aburridos o quieren jugar. Los sentimientos del otro, recuerda, les tiene sin cuidado.

Entonces, cómo reconocemos a los psicópatas  

1.- En un principio son muy difíciles de identificar, incluso, para psicólogos experimentados o personas con ojo clínico. Recordemos que son maestros del disfraz y siempre aparecerán con su mejor cara. Por eso lo mejor es dejar tiempo (a ser posible mucho más del que te pide) para iniciar cualquier acción. Esto puede ser desde firmar un contrato hasta emparejarse o formar equipo. 

2.- Son individuos muy tóxicos que envenenan todo lo que tocan. A su alrededor siempre hay malestar, malos rollos, palabras fuera de sitio e, incluso, insultos. 

3.- Están siempre dando consejo sin que se lo pidas o sin necesitarlo. Si sitúan en una posición superior sin haber dado permiso a ello. Según su parecer nunca se equivocan. Son los demás, los errados, los informales, los que están mal de la cabeza y los que no tienen paz. La realidad es que, cuando ellos entran, se acabó la serenidad, la alegría y la felicidad. 

4.- Si tienen una cierta edad, ha ido dejando muchas víctimas detrás. Pregunta y desconfía. Es una de las señales más significativas. No están nunca sin pareja y temen a la soledad. Encadenan una separación tras otra y siempre de manera complicada. Se van mal de los sitios donde han trabajado. No tienen amigos. A lo sumo, uno solo y suele ser otro psicópata o uno extremadamente vulnerable. Si tienen hijos, los pequeños no son capaces de levantar cabeza y suelen traer malas notas, tener problemas de autoestima, de identidad o de control de la ira. Es una reacción contra su progenitor. 

5.- No acatan las normas sociales y eso va desde robar o mentir hasta presentarse a una boda con un atuendo poco apropiado. El mundo tiene que girar a su alrededor. 

6.- No te va a dejar hablar. Te va a reñir constantemente sin que tú le hayas dado permiso para ello. Y eso lo hace con autoridad aunque su vida sea un auténtico desastre y tú estés capeando el temporal con cierta elegancia. 

7.- Es un ser triste, sin luz y con mucho miedo. Están envenenados con las ansias de poder y todo su mundo gira alrededor de eso. Suelen gustar del dinero, pero no para disfrutarlo con los suyos, sino para atesorarlo y poder calmar el terror insaciable a un futuro difuso. Esto sucede porque se reconocen en su falta de valía. 

En otra ocasión hablaremos de cómo tratar a un psicópata o cómo sanar tras una relación con un psicópata. Ambos retos son difíciles pero no son imposibles. Lo primero es reconocerlos y aprender las características de un psicópata como nos conocemos el abecedario o la tabla de multiplicar. 

Por Candela Vizcaíno 

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Narcisista es quien hace girar toda la realidad alrededor de su ego sin importarle los sentimientos de los demás. Entendemos todas las aristas de esta compleja y peligrosa personalidad. 

El mito pagano de Narciso

Cuenta el mito que el joven Narciso había sido bendecido por los dioses (tanto de la antigua Roma como de Grecia) con una belleza  sin igual, una gracia poco frecuente y un físico perfecto. Con estos dones vivía Narciso despreocupado del mundo y, dicho sea de paso, sin lo que hoy conocemos como empatía. Gustaba de pasear en soledad y creía que pocos eran rivales para él. La historia no termina aquí ya que nuestro protagonista se convirtió (debido a su carácter o personalidad) en el primer narcisista conocido de la historia y además legó su nombre para nombrar la patología. 

Y eso fue un buen día de primavera en el que se encontraba nuestro protagonista paseando por un prado cercano a su casa. Había llovido y la pequeña laguna que tan bien conocía se había convertido en un inmenso lago de aguas cristalinas. Hasta allí se acercó Narciso para refrescarse de la sed por la caminata. Al ir a inclinarse para tomar un poco de agua, se vio reflejado (bello, armonioso, joven…) en el lago. Al instante, Narciso quedó tan prendado de su propia imagen que le invadió un enamoramiento tan fulgurante y fulminante que no pudo resistir las ansias por besar ese ser tan bello que emergía (cual espejo) del lago. Se acercó más a más al agua hasta que, sin darse cuenta y henchido por su pasión, se precipitó en las profundidades hasta morir ahogado.

Los dioses (paganos recordemos) para que su actitud sirviera de ejemplo (como un cuento con moraleja) convirtieron al hermoso joven en la flor del narciso. Es la misma que nace  nada más despuntar la primavera y, además, su forma nos recuerda la (des)ventura de aquel joven mítico conocido como el primer narcisista de la historia de la humanidad.  

Entonces, qué es ser narcisista

En esencia, y resumiendo mucho, es la persona que no sabe qué es el amor hacia el otro. Es un ser que no puede, no sabe o no quiere amar nada más que así mismo. Lo “malo” (hago esto juicio de valor aunque no me gustan) es que el narcisista no está repleto por así decirlo de virtudes y dice sin más esto: que solo le interesa él mismo o ella misma. No es tan fácil lidiar con una personalidad de este tipo y ni mucho menos se reconoce a primeras. De eso se cuidará muy bien el narcisista para que no te des cuenta. 

El narcisista está catalogado como personalidad narcisista de la personalidad o trastorno narcisista de la personalidad. Y esto fue hace bien poco a pesar de que el mito es antiguo. El término fue propuesto (como una patología psiquiátrica) por Jean-Charles Bouchoux en su libro traducido al español como Los perversos narcisistas. Eso fue en 1986 y a España el concepto comenzó a tenerse en cuenta en las consultas de psiquiatría una década después para comenzar a “popularizarse” en todo el mundo a inicios del siglo XXI. Esto es, como no se sabía el daño que podían llegar a hacer estos seres tóxicos ahora mismo en Occidente, por circunscribir solamente, hay millones de personas afectadas por algún narcisista o más. La buena noticia es que hoy tenemos más armas para bloquear sus efectos tan dañinos y de eso vamos a tratar. 

Que es ser narcisista, características más frecuentes

1.- Estas personalidades no saben amar y, por tanto, no tienen empatía alguna. Son incapaces de ponerse en el papel de los demás. Para ellos la compasión o el perdón no existe.  

2.- Todo su mundo (y además todos los que le rodean) deben rendirle pleitesía así sin más. Si no lo consiguen se enfadan y utilizan todas las armas de las que dispongan para herir sin piedad a quien está alrededor. 

3.- El narcisista no para así sean niños pequeños (incluso sus propios hijos), ancianos desvalidos o personas que están pasando una mala racha. Cualquiera le vale si puede robarle su luz. Y con su luz me refiero al brillo del alma, a la generosidad, a la fortaleza anímica o a la alegría, virtudes de las que carece el narcisista. 

4.- Es un tipo de persona que vibra en la escala del miedo (la contraria a la del amor). Detrás de una fachada de solvencia, fortaleza, inteligencia y capacidad se esconde un ser vulnerable (y vulnerado a veces) que es incapaz de hacer frente a las contingencias de la vida.  

Otras cuatro características más del narcisista

5.- El narcisista es un ser triste que no intuye qué es la felicidad verdadera y que, aunque lo diga, no es libre. Es prisionero de su propio ego y está envenenado con odios diversos. 

6.- Es incapaz de perdonar y dejar ir. Si considera que una persona le ha hecho daño o le ha humillado, se pondrá a tramar cualquier acción para tomarse la revancha. En este emplazamiento puede dar un paso más hacia el abismo convirtiéndose en un perverso narcisista o en un psicópata. 

7.- El narcisista necesita a sucesivas víctimas para ir llenando ese espacio vacío envenenado con su ego. Por eso, buscará sin cesar a personas que le alaban o que pueda (mal)tratar de mil maneras. Normalmente busca a individuos que, por las razones que sean, sufren de baja autoestima. Así será más fácil manipularlos en su propio beneficio. 

8.- El narcisista miente las veces que haga falta y, además, lo hace de una manera sutil e inteligente. Es tal su grado que, incluso para reputados psicólogos, es fácil que nos engañen. Se hará un mundo perfecto donde ellos son las víctimas de un entorno hostil. Y es más bien todo lo contrario: envenenan todo lo que rozan ya sean hijos, parejas, amistades o compañeros de trabajo. 

Narcisista y seguimos con sus características

9.- Para el narcisista cualquier afrenta (aunque sea algo sin la más mínima importancia) se convierte en una atroz falta de respeto. Lo que para una persona es una tontería o una frase desafortunada, para ellos es algo imperdonable que no puede olvidarse. Y, si puede, la guardará. 

10.- Es incapaz de hacer nada por los otros ni tampoco sentir, por supuesto. Es la persona que estropea un viaje porque la habitación del hotel no está a 24 grados o porque hay muchas (o pocas) tiendas en el destino elegido. Es el que desbarata un cumpleaños porque el camarero (a su juicio) no está siendo diligente. Es el que arruinará una reunión familiar porque no se le está prestando atención. Quiere ser (como el refrán) la novia en la iglesia, el muerto en el entierro y el niño en el bautizo. Y, además, todo junto y a la vez. 

11.- El narcisista es el que se atreve a emitir juicios a sin más y sin habérselo pedido o permitido con anterioridad. Se arroga una posición de superioridad que no le corresponde y se pone a corregir a diestro y siniesto. La más de las veces lo hace a personas que, por lo que sea, destacan o son más brillantes que él. Ni que decir tiene que los seres humanos no somos comparables. Todos somos grandiosos en nuestra humanidad y divinidad. Sin embargo, eso no forma parte del mundo del narcisista. Según él o ella, está autorizado para opinar de la vida de los demás en cualquier momento utilizando palabras hirientes o insultantes. Que su vida no sea un dechado de virtudes no tiene la más mínima importancia para un narcisista. 

12.- Y es así porque, en el fondo, el narcisista está comido por la envidia. Ve (aunque no lo reconoce) su vulnerabilidad, su humanidad, sus fracasos… En lugar de asumir esto, reponerse, trabajar y crecer espiritualmente se enroca en una zona de confort llena de odio y pereza. Su envidia se convierte en ira, en maledicencia cuando no en difamación. 

13.- De cara a la galería es una persona encantadora, que no ha roto nunca un plato, educada en extremo y servicial hasta llegar a ser servil. Sin embargo, no duda en calumniar (con artes sibilinas y bien hiladas) a todo aquel que descubra su verdadera personalidad o no le sirva para sus intereses.  

Madre narcisista, cuando el veneno se inocula a los pequeños

El narcisista extiende sus tentáculos en cualquier faceta de la vida. Es más sutil en el hogar, con la pareja. Gusta de los puestos de poder y se encuentra con comodidad en empleos con personal a su cargo, el cual explotará para a continuación arrogarse todos los méritos del equipo como propios e individuales. Existen en todos los ámbitos y, desgraciadamente, también existen las madres narcisistas. Recordemos que estas personas no pueden, no quieren o no saben amar. ¡A nadie! Así de terrible y así de claro. Eso no quita para que hagan un esfuerzo por convencer a propios y extraños de todo lo contrario. Lo consiguen en un alto porcentaje de casos. Por eso se hace necesario que esa soberbia disfrazada de orgullo sano se desenmascare cuanto antes. Así no crearan a personas heridas o más narcisistas. 

La madre narcisista es la que necesita la validación de los hijos y/o la pareja constantemente. Todo en el hogar girará en torno a las necesidades o caprichos de ella. Suele ser una madre descuidada que antepone lo que quiere en un momento dado a la felicidad del clan. No ejerce como madre. Según ella es un ser divino que tiene que estar en un pedestal al que todos los miembros le tienen que rendir pleitesía y tributo. Dicho así puede parecer algo muy exagerado que se da en muy pocos casos. Sin embargo, la madre narcisista conseguirá esto con pequeños gestos y   continuado en el tiempo. 

¿Qué ocurre con el hijo de una madre narcisista? 

El pequeño no tiene escapatoria a no ser que el desapego sea tan grave que se convierta en abandono. Normalmente eso no lo hace una madre narcisista y no por amor sino para que no la descubran. La madre narcisista no tendrá problemas en machacar constantemente la autoestima de sus vástagos para quedarse ella con esa luz. Como solo ella y solo ella sabe de todas las cosas del mundo (y es así en las primeras etapas de un pequeño lo cual no quita para que este conocimiento se transmita con amor), la opinión y las necesidades del hijo nunca son tenidas en cuenta. 

El pequeño va sintiendo que va creciendo a la sombra de una madre que se cree superior pero, que sin embargo, es incapaz de hacer frente a los más mínimos contratiempos del mundo. Las necesidades de ella serán lo primero. No será capaz de demostrar cariño a no ser que sea interesado. Criará a hijos dependientes, la única manera de asegurarse súbditos y vasallos de por vida. Será incapaz de empoderar a los hijos (¡y a las hijas menos porque estarán movidas por la envidia!) para que sean seres independientes. 

Salir de las garras de una madre narcisista 

Los hijos de madre narcisista tienen muy difícil sacar una carrera universitaria, encontrar una pareja saludable e, incluso, un trabajo. Ya se encargará ella de boicotear cualquier avance. El “tú no puedes” estará siempre (implícito o explícito) en la comunicación de la madre narcisista. Si algún hijo consigue salir de sus garras (se puede por supuesto) será con trabajos propios de Títanes. La furia de la madre narcisista siempre será el aislamiento y la expulsión del clan. El premio del hijo que logra hacer esa heroicidad es el disfrute de su libertad. 

Los hijos con una madre narcisista siempre llevarán una herida y una crónica baja autoestima (a pesar de logros sobresalientes). Tendrán que trabajar en este sentido para empoderarse y dar al mundo sus mejores dones, aquellos con los que mejor se sienten o se identifican. Desafortunadamente, son pocos los hijos de madre narcisista que logran escapar de sus lazos sin heridas de importancia. Es frecuente en ellos la enfermedad psicosomática, problemas psicológicos de entidad, baja tolerancia a la frustración, dificultad para controlar el estrés y bajadas hacia la ansiedad. También hay quienes se refugian en los paraísos artificiales de las drogas convirtiéndose en un esclavo doble: de la madre y de la adicción.  

Entonces, cómo tratar con un narcisista

Sea dentro o fuera del hogar, el día a día con estas personas se hace muy difícil. Quien peor parte se llevan son los pequeños de la casa, los niños que necesitan todo el amor y acompañamiento de su madre. Y, a cambio lo único que reciben es falta de valoración, cariño y amor. Ellos llevarán una herida de por vida hasta que tengan la suficiente independencia y lucidez para sanar esa herida y transformarla a su favor. 

Para los adultos que se topan con un narcisista (hombre y mujer) hay pocas opciones a no ser alejarse si es posible. En cuanto te des cuenta de la situación lo mejor es abandonar esa relación sea cual sa. Él o la narcisista intentará dar pena y apelar al buen corazón de su interlocutor. Aún así, ten por seguro que no va a cambiar nunca y que todo lo que hace es para seguir aprovechándote de tu luz. 

Si no puedes alejarte de esa persona porque sea o compañero de trabajo o, peor aún, un superior, ten en cuenta siempre su personalidad. No te tomes lo que diga como algo personal. Tienes que aprender el difícil arte de escuchar sus palabras como si fueran gotas de lluvia tras las ventana. Es difícil porque envenenan con cotilleos, injurias y calumnias cualquier ambiente laboral y, a la postre, todos se ven enredados en sus tejemanejes. 

Para tratar con un narcisista vas a necesitar altas dosis de autoestima, autocontrol, serenidad y templanza. No todo el mundo tiene estos dones o, teniéndolos, quiere malgastarlos con personas de este tipo. Por eso, quizás se haga necesario pensar siempre que con un narcisista hay poco que hacer. Tienes el tiempo justo para darte cuenta y salir huyendo de la manera que creas más oportuna. 

¡Tú decides!

Candela Vizcaíno

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Narcisista es quien hace girar toda la realidad alrededor de su ego sin importarle los sentimientos de los demás. Entendemos todas las aristas de esta compleja y peligrosa personalidad. 

El mito pagano de Narciso

Cuenta el mito que el joven Narciso había sido bendecido por los dioses (tanto de la antigua Roma como de Grecia) con una belleza  sin igual, una gracia poco frecuente y un físico perfecto. Con estos dones vivía Narciso despreocupado del mundo y, dicho sea de paso, sin lo que hoy conocemos como empatía. Gustaba de pasear en soledad y creía que pocos eran rivales para él. La historia no termina aquí ya que nuestro protagonista se convirtió (debido a su carácter o personalidad) en el primer narcisista conocido de la historia y además legó su nombre para nombrar la patología. 

Y eso fue un buen día de primavera en el que se encontraba nuestro protagonista paseando por un prado cercano a su casa. Había llovido y la pequeña laguna que tan bien conocía se había convertido en un inmenso lago de aguas cristalinas. Hasta allí se acercó Narciso para refrescarse de la sed por la caminata. Al ir a inclinarse para tomar un poco de agua, se vio reflejado (bello, armonioso, joven…) en el lago. Al instante, Narciso quedó tan prendado de su propia imagen que le invadió un enamoramiento tan fulgurante y fulminante que no pudo resistir las ansias por besar ese ser tan bello que emergía (cual espejo) del lago. Se acercó más a más al agua hasta que, sin darse cuenta y henchido por su pasión, se precipitó en las profundidades hasta morir ahogado.

Los dioses (paganos recordemos) para que su actitud sirviera de ejemplo (como un cuento con moraleja) convirtieron al hermoso joven en la flor del narciso. Es la misma que nace  nada más despuntar la primavera y, además, su forma nos recuerda la (des)ventura de aquel joven mítico conocido como el primer narcisista de la historia de la humanidad.  

Entonces, qué es ser narcisista

En esencia, y resumiendo mucho, es la persona que no sabe qué es el amor hacia el otro. Es un ser que no puede, no sabe o no quiere amar nada más que así mismo. Lo “malo” (hago esto juicio de valor aunque no me gustan) es que el narcisista no está repleto por así decirlo de virtudes y dice sin más esto: que solo le interesa él mismo o ella misma. No es tan fácil lidiar con una personalidad de este tipo y ni mucho menos se reconoce a primeras. De eso se cuidará muy bien el narcisista para que no te des cuenta. 

El narcisista está catalogado como personalidad narcisista de la personalidad o trastorno narcisista de la personalidad. Y esto fue hace bien poco a pesar de que el mito es antiguo. El término fue propuesto (como una patología psiquiátrica) por Jean-Charles Bouchoux en su libro traducido al español como Los perversos narcisistas. Eso fue en 1986 y a España el concepto comenzó a tenerse en cuenta en las consultas de psiquiatría una década después para comenzar a “popularizarse” en todo el mundo a inicios del siglo XXI. Esto es, como no se sabía el daño que podían llegar a hacer estos seres tóxicos ahora mismo en Occidente, por circunscribir solamente, hay millones de personas afectadas por algún narcisista o más. La buena noticia es que hoy tenemos más armas para bloquear sus efectos tan dañinos y de eso vamos a tratar. 

Que es ser narcisista, características más frecuentes

1.- Estas personalidades no saben amar y, por tanto, no tienen empatía alguna. Son incapaces de ponerse en el papel de los demás. Para ellos la compasión o el perdón no existe.  

2.- Todo su mundo (y además todos los que le rodean) deben rendirle pleitesía así sin más. Si no lo consiguen se enfadan y utilizan todas las armas de las que dispongan para herir sin piedad a quien está alrededor. 

3.- El narcisista no para así sean niños pequeños (incluso sus propios hijos), ancianos desvalidos o personas que están pasando una mala racha. Cualquiera le vale si puede robarle su luz. Y con su luz me refiero al brillo del alma, a la generosidad, a la fortaleza anímica o a la alegría, virtudes de las que carece el narcisista. 

4.- Es un tipo de persona que vibra en la escala del miedo (la contraria a la del amor). Detrás de una fachada de solvencia, fortaleza, inteligencia y capacidad se esconde un ser vulnerable (y vulnerado a veces) que es incapaz de hacer frente a las contingencias de la vida.  

Otras cuatro características más del narcisista

5.- El narcisista es un ser triste que no intuye qué es la felicidad verdadera y que, aunque lo diga, no es libre. Es prisionero de su propio ego y está envenenado con odios diversos. 

6.- Es incapaz de perdonar y dejar ir. Si considera que una persona le ha hecho daño o le ha humillado, se pondrá a tramar cualquier acción para tomarse la revancha. En este emplazamiento puede dar un paso más hacia el abismo convirtiéndose en un perverso narcisista o en un psicópata. 

7.- El narcisista necesita a sucesivas víctimas para ir llenando ese espacio vacío envenenado con su ego. Por eso, buscará sin cesar a personas que le alaban o que pueda (mal)tratar de mil maneras. Normalmente busca a individuos que, por las razones que sean, sufren de baja autoestima. Así será más fácil manipularlos en su propio beneficio. 

8.- El narcisista miente las veces que haga falta y, además, lo hace de una manera sutil e inteligente. Es tal su grado que, incluso para reputados psicólogos, es fácil que nos engañen. Se hará un mundo perfecto donde ellos son las víctimas de un entorno hostil. Y es más bien todo lo contrario: envenenan todo lo que rozan ya sean hijos, parejas, amistades o compañeros de trabajo. 

Narcisista y seguimos con sus características

9.- Para el narcisista cualquier afrenta (aunque sea algo sin la más mínima importancia) se convierte en una atroz falta de respeto. Lo que para una persona es una tontería o una frase desafortunada, para ellos es algo imperdonable que no puede olvidarse. Y, si puede, la guardará. 

10.- Es incapaz de hacer nada por los otros ni tampoco sentir, por supuesto. Es la persona que estropea un viaje porque la habitación del hotel no está a 24 grados o porque hay muchas (o pocas) tiendas en el destino elegido. Es el que desbarata un cumpleaños porque el camarero (a su juicio) no está siendo diligente. Es el que arruinará una reunión familiar porque no se le está prestando atención. Quiere ser (como el refrán) la novia en la iglesia, el muerto en el entierro y el niño en el bautizo. Y, además, todo junto y a la vez. 

11.- El narcisista es el que se atreve a emitir juicios a sin más y sin habérselo pedido o permitido con anterioridad. Se arroga una posición de superioridad que no le corresponde y se pone a corregir a diestro y siniesto. La más de las veces lo hace a personas que, por lo que sea, destacan o son más brillantes que él. Ni que decir tiene que los seres humanos no somos comparables. Todos somos grandiosos en nuestra humanidad y divinidad. Sin embargo, eso no forma parte del mundo del narcisista. Según él o ella, está autorizado para opinar de la vida de los demás en cualquier momento utilizando palabras hirientes o insultantes. Que su vida no sea un dechado de virtudes no tiene la más mínima importancia para un narcisista. 

12.- Y es así porque, en el fondo, el narcisista está comido por la envidia. Ve (aunque no lo reconoce) su vulnerabilidad, su humanidad, sus fracasos… En lugar de asumir esto, reponerse, trabajar y crecer espiritualmente se enroca en una zona de confort llena de odio y pereza. Su envidia se convierte en ira, en maledicencia cuando no en difamación. 

13.- De cara a la galería es una persona encantadora, que no ha roto nunca un plato, educada en extremo y servicial hasta llegar a ser servil. Sin embargo, no duda en calumniar (con artes sibilinas y bien hiladas) a todo aquel que descubra su verdadera personalidad o no le sirva para sus intereses.  

Madre narcisista, cuando el veneno se inocula a los pequeños

El narcisista extiende sus tentáculos en cualquier faceta de la vida. Es más sutil en el hogar, con la pareja. Gusta de los puestos de poder y se encuentra con comodidad en empleos con personal a su cargo, el cual explotará para a continuación arrogarse todos los méritos del equipo como propios e individuales. Existen en todos los ámbitos y, desgraciadamente, también existen las madres narcisistas. Recordemos que estas personas no pueden, no quieren o no saben amar. ¡A nadie! Así de terrible y así de claro. Eso no quita para que hagan un esfuerzo por convencer a propios y extraños de todo lo contrario. Lo consiguen en un alto porcentaje de casos. Por eso se hace necesario que esa soberbia disfrazada de orgullo sano se desenmascare cuanto antes. Así no crearan a personas heridas o más narcisistas. 

La madre narcisista es la que necesita la validación de los hijos y/o la pareja constantemente. Todo en el hogar girará en torno a las necesidades o caprichos de ella. Suele ser una madre descuidada que antepone lo que quiere en un momento dado a la felicidad del clan. No ejerce como madre. Según ella es un ser divino que tiene que estar en un pedestal al que todos los miembros le tienen que rendir pleitesía y tributo. Dicho así puede parecer algo muy exagerado que se da en muy pocos casos. Sin embargo, la madre narcisista conseguirá esto con pequeños gestos y   continuado en el tiempo. 

¿Qué ocurre con el hijo de una madre narcisista? 

El pequeño no tiene escapatoria a no ser que el desapego sea tan grave que se convierta en abandono. Normalmente eso no lo hace una madre narcisista y no por amor sino para que no la descubran. La madre narcisista no tendrá problemas en machacar constantemente la autoestima de sus vástagos para quedarse ella con esa luz. Como solo ella y solo ella sabe de todas las cosas del mundo (y es así en las primeras etapas de un pequeño lo cual no quita para que este conocimiento se transmita con amor), la opinión y las necesidades del hijo nunca son tenidas en cuenta. 

El pequeño va sintiendo que va creciendo a la sombra de una madre que se cree superior pero, que sin embargo, es incapaz de hacer frente a los más mínimos contratiempos del mundo. Las necesidades de ella serán lo primero. No será capaz de demostrar cariño a no ser que sea interesado. Criará a hijos dependientes, la única manera de asegurarse súbditos y vasallos de por vida. Será incapaz de empoderar a los hijos (¡y a las hijas menos porque estarán movidas por la envidia!) para que sean seres independientes. 

Salir de las garras de una madre narcisista 

Los hijos de madre narcisista tienen muy difícil sacar una carrera universitaria, encontrar una pareja saludable e, incluso, un trabajo. Ya se encargará ella de boicotear cualquier avance. El “tú no puedes” estará siempre (implícito o explícito) en la comunicación de la madre narcisista. Si algún hijo consigue salir de sus garras (se puede por supuesto) será con trabajos propios de Títanes. La furia de la madre narcisista siempre será el aislamiento y la expulsión del clan. El premio del hijo que logra hacer esa heroicidad es el disfrute de su libertad. 

Los hijos con una madre narcisista siempre llevarán una herida y una crónica baja autoestima (a pesar de logros sobresalientes). Tendrán que trabajar en este sentido para empoderarse y dar al mundo sus mejores dones, aquellos con los que mejor se sienten o se identifican. Desafortunadamente, son pocos los hijos de madre narcisista que logran escapar de sus lazos sin heridas de importancia. Es frecuente en ellos la enfermedad psicosomática, problemas psicológicos de entidad, baja tolerancia a la frustración, dificultad para controlar el estrés y bajadas hacia la ansiedad. También hay quienes se refugian en los paraísos artificiales de las drogas convirtiéndose en un esclavo doble: de la madre y de la adicción.  

Entonces, cómo tratar con un narcisista

Sea dentro o fuera del hogar, el día a día con estas personas se hace muy difícil. Quien peor parte se llevan son los pequeños de la casa, los niños que necesitan todo el amor y acompañamiento de su madre. Y, a cambio lo único que reciben es falta de valoración, cariño y amor. Ellos llevarán una herida de por vida hasta que tengan la suficiente independencia y lucidez para sanar esa herida y transformarla a su favor. 

Para los adultos que se topan con un narcisista (hombre y mujer) hay pocas opciones a no ser alejarse si es posible. En cuanto te des cuenta de la situación lo mejor es abandonar esa relación sea cual sa. Él o la narcisista intentará dar pena y apelar al buen corazón de su interlocutor. Aún así, ten por seguro que no va a cambiar nunca y que todo lo que hace es para seguir aprovechándote de tu luz. 

Si no puedes alejarte de esa persona porque sea o compañero de trabajo o, peor aún, un superior, ten en cuenta siempre su personalidad. No te tomes lo que diga como algo personal. Tienes que aprender el difícil arte de escuchar sus palabras como si fueran gotas de lluvia tras las ventana. Es difícil porque envenenan con cotilleos, injurias y calumnias cualquier ambiente laboral y, a la postre, todos se ven enredados en sus tejemanejes. 

Para tratar con un narcisista vas a necesitar altas dosis de autoestima, autocontrol, serenidad y templanza. No todo el mundo tiene estos dones o, teniéndolos, quiere malgastarlos con personas de este tipo. Por eso, quizás se haga necesario pensar siempre que con un narcisista hay poco que hacer. Tienes el tiempo justo para darte cuenta y salir huyendo de la manera que creas más oportuna. 

¡Tú decides!

Candela Vizcaíno

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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