Psicologia

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La teoría de las constelaciones familiares (y ya adelanto) está considerada, en la actualidad, como pseudociencia. Entonces, ¿si es así por qué nos entretenemos en entender sus entresijos con un artículo, por lo demás, que ha quedado bastante largo? La respuesta, aparte de personal, también tiene que ver con el interés que suscita en un grupo mayoritario de población que busca en los árboles familiares respuestas a un dolor profundo e inexplicable. Pero vamos al principio, el término (la descripción del mismo y el proceso de sanación) fue propuesto, por primera vez, por el teólogo Bert Hellinger (1925-2019). Y, a pesar de ese marchamo de poco científico, ha sido estudiado posteriormente por un amplio número de psicólogos que lo han llevado a la práctica con acierto sobresaliente entre descendientes del Holocausto o de dramas familiares complejos, por poner solo dos ejemplos extremos.

¿En qué se basan las constelaciones familiares? 

La teoría postula que gran parte de los males (también las bondades pero esto no lo investiga la persona que es bendecida con regalos emocionales de sus ancestros) se debe a la repetición transgeneracional de patrones impuestos por los antepasados del clan. Esta aseveración por sí (más cercana a la magia que a la psicología) es la que la ha marcado negativamente desde sus inicios por parte de los terapeutas más ortodoxos. Sin embargo, ni nace de la nada ni de la iluminación, ya que, en verdad, buena parte de la creación humana se levanta con todo aquello que le ha precedido. En este sentido y para poner un poco de orden, nada más comenzar el siglo XX, Sigmund Freud puso sobre la mesa el nombre de inconsciente. Abrió así las puertas a la investigación de ese conocimiento oscuro y desconocido que se produce en los recovecos más recónditos de la psique y del espíritu. La interpretación de los sueños con su lenguaje de mitos y símbolos fue la primera herramienta de curación de los desajustes emocionales . Comienza de esto modo la sanación psicológica (con sus sesgos y matices por supuesto) a la par que propicia una revolución artística abanderada por el surrealismo. Con Freud, la persona dejó de entenderse como un ser inmutable y se empezaron a abrir las puertas de una complejidad que se escapa a la mente racional. 

Décadas más tarde, uno de sus discípulos, Carl Gustav Jung supera al maestro con la teoría del inconsciente colectivo, una serie de mecanismos, conocimientos y normas expresadas a través de símbolos comunes a la humanidad. Y saltándonos décadas de investigación y reduciendo muchísimo, la genética, a finales del siglo XX, demostró que hay dos movimientos: uno de repetición de patrones (que permite que nuestro bebé se parezca más a nosotros que a un perrito, por poner un ejemplo extremo) y otro de modificación. Este último es tan interesante que, con el nombre de epigenética, se está llevando a cabo estudios de todo tipo desde la transformación a nivel celular debido a la contaminación hasta (volvemos a reducir mucho) la que se produce por la fuerza de voluntad. Ya está demostrado que las células cerebrales tienen tal plasticidad que siguen modificándose en la edad adulta creando nuevas conexiones y abriendo puertas de conocimiento a la persona que se entrena en ello. 

La teoría de constelaciones familiares se alimenta de todo este conocimiento y propone que los traumas (como los rasgos genéticos físicos) se heredan a nivel inconsciente. De este modo, los fracasos, humillaciones, persecuciones, pérdidas económicas o secretos inconfesables pasan de generación en generación condenando, de cierta manera, a los individuos a repetir el patrón familiar. Contra esta fuerza centrífuga que une cada alma a un árbol familiar se impone una fuerza cercana a la epigenética que, en esencia, se activa con el conocimiento de la verdad del clan y el propósito de no dejarse arrastrar por esa espiral de traumas.  

¿Las constelaciones familiares solo sirven para conocer el trauma? 

Continúo diciendo que la teoría y su práctica de sanación tendrá uno u otro resultado según sean las manos (o la sabiduría) de quien la use. Si damos con un psicoterapeuta experto, experimentado y sensible, no va a dejar nunca de lado la historia intrafamiliar del que tiene enfrente. Porque, sencillamente, de lo contrario no podrá culminar nunca la sanación. Ahora bien, al recurso de las constelaciones familiares pocas veces recurren personas que llevan una vida balanceada desde el punto de vista espiritual. Aunque estén repitiendo patrones familiares, si estos se viven con amor, respeto y plenitud, ni se plantean saber de dónde vienen esos mandatos. Todo consistirá en disfrutarlos o asimilarlos en mayor o menor grado. El asunto se vuelve espinoso cuando la persona que recurre a la teoría de las constelaciones familiares proviene de un hogar roto, de clanes que arrastran secretos inconfesables (y cuyos hilos se escapan en retazos de conversaciones), de culpas compartidas (por infinidad de pecados), de vergüenzas o de duelos no superados por pérdidas de todo tipo (desde muertes tempranas hasta ruinas económicas pasando por procesos de victimización diversos). Buena parte de los individuos que crecen en estos hogares desarrollan una baja autoestima y, por tanto, son más susceptibles de caer presos de manipulaciones de todo tipo. 

Por tanto, son en estos árboles familiares donde crecen individuos que no acaban de encontrar un acomodo feliz en este mundo. Y no hace falta recurrir a la magia de fantasmas familiares para explicar estos procesos más allá de las constelaciones familiares. Las familias tóxicas repiten patrones conductuales aprendidos, obligando a caer a los nuevos miembros en las mismas repeticiones de sus antepasados. Así, un niño criado por una madre narcisista (que a su vez también recibió esa educación o mandato) volverá a hacer lo mismo que se le enseñó con la familia que llegue a crear. De igual modo, los clanes inmersos en la pobreza vuelven a repetir una y otra vez las mismas acciones entrando en una espiral que no les permite el más mínimo crecimiento espiritual y avance material. Ese movimiento casi compulsivo de recrear las acciones que otros hicieron les lleva, incluso, a excluir del grupo al que se atreve a la diferencia, a la imaginación o a la búsqueda más allá de los límites establecidos. En árboles familiares apegados a la tradición (lee el mandato de los ancestros) es frecuente que, para liberarse de todo ese peso, no tengan reparo en acudir a la figura del chivo expiatorio. Este, a pesar de las culpas con las que se le hace cargar, si es consciente de los desbarajustes de su árbol familiar, se le ofrece, a la par, la oportunidad de la libertad. Eso sí, el precio a pagar es la más absoluta soledad. Habrá quien, con gusto, entregará esta moneda como peaje hacia la felicidad. 

¿Cómo se realizan las constelaciones familiares de manera adecuada?  

Vuelvo de nuevo al principio y recuerdo que todo dependerá del terapeuta. Si has llegado hasta un charlatán que utiliza procesos mágicos (aunque estos también están demostrados que, en distintas circunstancias, pueden ser sanadores), quizás te meta en un camino de confusión más que de iluminación. Estos principios utilizan las figuras familiares cercanas o ancestrales (abuelos, bisabuelos o incluso anteriores) para encontrar el patrón conductual con el que más te identificas. Ni que decir tiene que no se trata de que tengas una sesión de espiritismo con el fantasma de un antepasado sino que, cuando se hace bien, el conocimiento de los modos vivenciales familiares propios te hace ver qué es lo que está en desarmonía en ti. Dicho esto, si el terapeuta que te guía por este camino tiene pericia y sensibilidad, te abrirá puertas que te darán luz sobre mandatos aprendidos que no tienes por qué repetir y mucho menos si eres infeliz o vas en busca de una libertad imposible con esta carga emocional.  

Por tanto, si el psicoterapeuta introduce los conocimientos del árbol familiar con todas las historias de desamor, traiciones, pérdidas y secretos (lo más grave) en el proceso de sanación de la manera adecuada, las constelaciones familiares serán de gran ayuda. Y la manera adecuada es siempre sin sectarismo (que también lo hay y mucho en la práctica psicológica), combinándola con otras técnicas y, en esencia, con una perspectiva global del dolor anímico. 

¿Son peligrosas las constelaciones familiares y el conocimiento que ofrecen? 

El conocimiento es siempre liberador y es el primer paso para abrirse en la selva de la confusión. Otro asunto más espinoso es el dolor que produce el momento en el que se abre los ojos, el darse cuenta, el entender… Cuando se llega a ese punto, en el que cualquier información puede lastimar es cuando la mayoría de las personas abandonan una terapia que está funcionando. ¡Ojo! Ahora en este punto es cuando hay que estar alerta y no confundir el dolor que produce el reconocer la verdad con otro muy distinto que llega de la manipulación de terapeutas malintencionados. Como norma general, el que quiere tu bien, llegará a un punto que te dejará mucho mejor que estabas, con herramientas emocionales. Estas te permitirán que inicies un camino de sanación en soledad (en esencia y en lenguaje corriente, sin seguir pagando consultas innecesarias). Por el contrario, el manipulador querrá que sigas eternamente abonando tarifas sin fin en post de una iluminación que tú verás cada día más lejana. 

Desafortunadamente, el trabajo con las constelaciones familiares se presta a este tipo de timadores (hay que poner la palabra) que son capaces de reconocer de un vistazo (como los psicópatas) los daños emocionales producidos por las familias de quienes tienen enfrente. Sin embargo, hay un motivo para la esperanza, ya que también hay buenos psicólogos clínicos con gran pericia que utilizan los árboles familiares (en combinación con otras técnicas) para ahondar en el dolor que hay que sacar con el fin último de la sanación.  

¿Y si te conviertes en el ancestro que sanó?  

Ahora viene la pregunta del millón: ¿cómo sé que tras la terapia algún resorte emocional dentro de mí se activó y ha comenzando el cambio? Es tan fácil como responder (o incluso hacerse) esta pregunta. Si te has metido en esta maraña y has encontrado algún ancestro con el que te identificas y has podido imprimir en el inconsciente una alianza distinta contigo mismo, vas por el buen camino. En este caso, la comunicación con el ancestro con el que sientes afinidad se asemeja a la que podemos hacer con nuestro niño interior, con nuestra alma, con ese punto iluminado que está cubierto con capas oscuras en forma de miedos, prejuicios, cobardías y dolor.  

En este caso, si sigues ese camino de búsqueda hacia tu libertad (imprescindible para la serenidad y, en último extremo, la felicidad), te convertirás en el ancestro que sanó. Esto es, todos tus actos, miradas, conocimiento y amor se van a desplegar libre de cargas emocionales hacia tu descendencia. Es tan fácil (y tan complicado a la vez) como cambiar el modo de sentir y de estar en el mundo liberando al linaje por venir de duelos sin resolver, dramas ocultos o pérdidas dolorosas que, de manera inconsciente, llevamos con nosotros y que se transmiten a las nuevas generaciones. En este caso, te convertirás en el ancestro que será la inspiración para otros, aquellos que están por venir de cualquier manera, ya sea de forma biológica o emocional. Al entender cómo funcionan la indefensión aprendida, los comportamientos tóxicos, las manipulaciones y las lealtades familiares inconscientes, te liberarás de cargas que no necesitas ni tú ni los que te rodean (o lo harán en un futuro). De este tipo de personas inspiradoras está repleta la historia de los pioneros, aquellos que abrieron mundos allí donde el resto se empeñaba en repetir porque sí, sin más explicación o razonamiento. Recuerda que de todo esto también tratan las constelaciones familiares. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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La teoría de las constelaciones familiares (y ya adelanto) está considerada, en la actualidad, como pseudociencia. Entonces, ¿si es así por qué nos entretenemos en entender sus entresijos con un artículo, por lo demás, que ha quedado bastante largo? La respuesta, aparte de personal, también tiene que ver con el interés que suscita en un grupo mayoritario de población que busca en los árboles familiares respuestas a un dolor profundo e inexplicable. Pero vamos al principio, el término (la descripción del mismo y el proceso de sanación) fue propuesto, por primera vez, por el teólogo Bert Hellinger (1925-2019). Y, a pesar de ese marchamo de poco científico, ha sido estudiado posteriormente por un amplio número de psicólogos que lo han llevado a la práctica con acierto sobresaliente entre descendientes del Holocausto o de dramas familiares complejos, por poner solo dos ejemplos extremos.

¿En qué se basan las constelaciones familiares? 

La teoría postula que gran parte de los males (también las bondades pero esto no lo investiga la persona que es bendecida con regalos emocionales de sus ancestros) se debe a la repetición transgeneracional de patrones impuestos por los antepasados del clan. Esta aseveración por sí (más cercana a la magia que a la psicología) es la que la ha marcado negativamente desde sus inicios por parte de los terapeutas más ortodoxos. Sin embargo, ni nace de la nada ni de la iluminación, ya que, en verdad, buena parte de la creación humana se levanta con todo aquello que le ha precedido. En este sentido y para poner un poco de orden, nada más comenzar el siglo XX, Sigmund Freud puso sobre la mesa el nombre de inconsciente. Abrió así las puertas a la investigación de ese conocimiento oscuro y desconocido que se produce en los recovecos más recónditos de la psique y del espíritu. La interpretación de los sueños con su lenguaje de mitos y símbolos fue la primera herramienta de curación de los desajustes emocionales . Comienza de esto modo la sanación psicológica (con sus sesgos y matices por supuesto) a la par que propicia una revolución artística abanderada por el surrealismo. Con Freud, la persona dejó de entenderse como un ser inmutable y se empezaron a abrir las puertas de una complejidad que se escapa a la mente racional. 

Décadas más tarde, uno de sus discípulos, Carl Gustav Jung supera al maestro con la teoría del inconsciente colectivo, una serie de mecanismos, conocimientos y normas expresadas a través de símbolos comunes a la humanidad. Y saltándonos décadas de investigación y reduciendo muchísimo, la genética, a finales del siglo XX, demostró que hay dos movimientos: uno de repetición de patrones (que permite que nuestro bebé se parezca más a nosotros que a un perrito, por poner un ejemplo extremo) y otro de modificación. Este último es tan interesante que, con el nombre de epigenética, se está llevando a cabo estudios de todo tipo desde la transformación a nivel celular debido a la contaminación hasta (volvemos a reducir mucho) la que se produce por la fuerza de voluntad. Ya está demostrado que las células cerebrales tienen tal plasticidad que siguen modificándose en la edad adulta creando nuevas conexiones y abriendo puertas de conocimiento a la persona que se entrena en ello. 

La teoría de constelaciones familiares se alimenta de todo este conocimiento y propone que los traumas (como los rasgos genéticos físicos) se heredan a nivel inconsciente. De este modo, los fracasos, humillaciones, persecuciones, pérdidas económicas o secretos inconfesables pasan de generación en generación condenando, de cierta manera, a los individuos a repetir el patrón familiar. Contra esta fuerza centrífuga que une cada alma a un árbol familiar se impone una fuerza cercana a la epigenética que, en esencia, se activa con el conocimiento de la verdad del clan y el propósito de no dejarse arrastrar por esa espiral de traumas.  

¿Las constelaciones familiares solo sirven para conocer el trauma? 

Continúo diciendo que la teoría y su práctica de sanación tendrá uno u otro resultado según sean las manos (o la sabiduría) de quien la use. Si damos con un psicoterapeuta experto, experimentado y sensible, no va a dejar nunca de lado la historia intrafamiliar del que tiene enfrente. Porque, sencillamente, de lo contrario no podrá culminar nunca la sanación. Ahora bien, al recurso de las constelaciones familiares pocas veces recurren personas que llevan una vida balanceada desde el punto de vista espiritual. Aunque estén repitiendo patrones familiares, si estos se viven con amor, respeto y plenitud, ni se plantean saber de dónde vienen esos mandatos. Todo consistirá en disfrutarlos o asimilarlos en mayor o menor grado. El asunto se vuelve espinoso cuando la persona que recurre a la teoría de las constelaciones familiares proviene de un hogar roto, de clanes que arrastran secretos inconfesables (y cuyos hilos se escapan en retazos de conversaciones), de culpas compartidas (por infinidad de pecados), de vergüenzas o de duelos no superados por pérdidas de todo tipo (desde muertes tempranas hasta ruinas económicas pasando por procesos de victimización diversos). Buena parte de los individuos que crecen en estos hogares desarrollan una baja autoestima y, por tanto, son más susceptibles de caer presos de manipulaciones de todo tipo. 

Por tanto, son en estos árboles familiares donde crecen individuos que no acaban de encontrar un acomodo feliz en este mundo. Y no hace falta recurrir a la magia de fantasmas familiares para explicar estos procesos más allá de las constelaciones familiares. Las familias tóxicas repiten patrones conductuales aprendidos, obligando a caer a los nuevos miembros en las mismas repeticiones de sus antepasados. Así, un niño criado por una madre narcisista (que a su vez también recibió esa educación o mandato) volverá a hacer lo mismo que se le enseñó con la familia que llegue a crear. De igual modo, los clanes inmersos en la pobreza vuelven a repetir una y otra vez las mismas acciones entrando en una espiral que no les permite el más mínimo crecimiento espiritual y avance material. Ese movimiento casi compulsivo de recrear las acciones que otros hicieron les lleva, incluso, a excluir del grupo al que se atreve a la diferencia, a la imaginación o a la búsqueda más allá de los límites establecidos. En árboles familiares apegados a la tradición (lee el mandato de los ancestros) es frecuente que, para liberarse de todo ese peso, no tengan reparo en acudir a la figura del chivo expiatorio. Este, a pesar de las culpas con las que se le hace cargar, si es consciente de los desbarajustes de su árbol familiar, se le ofrece, a la par, la oportunidad de la libertad. Eso sí, el precio a pagar es la más absoluta soledad. Habrá quien, con gusto, entregará esta moneda como peaje hacia la felicidad. 

¿Cómo se realizan las constelaciones familiares de manera adecuada?  

Vuelvo de nuevo al principio y recuerdo que todo dependerá del terapeuta. Si has llegado hasta un charlatán que utiliza procesos mágicos (aunque estos también están demostrados que, en distintas circunstancias, pueden ser sanadores), quizás te meta en un camino de confusión más que de iluminación. Estos principios utilizan las figuras familiares cercanas o ancestrales (abuelos, bisabuelos o incluso anteriores) para encontrar el patrón conductual con el que más te identificas. Ni que decir tiene que no se trata de que tengas una sesión de espiritismo con el fantasma de un antepasado sino que, cuando se hace bien, el conocimiento de los modos vivenciales familiares propios te hace ver qué es lo que está en desarmonía en ti. Dicho esto, si el terapeuta que te guía por este camino tiene pericia y sensibilidad, te abrirá puertas que te darán luz sobre mandatos aprendidos que no tienes por qué repetir y mucho menos si eres infeliz o vas en busca de una libertad imposible con esta carga emocional.  

Por tanto, si el psicoterapeuta introduce los conocimientos del árbol familiar con todas las historias de desamor, traiciones, pérdidas y secretos (lo más grave) en el proceso de sanación de la manera adecuada, las constelaciones familiares serán de gran ayuda. Y la manera adecuada es siempre sin sectarismo (que también lo hay y mucho en la práctica psicológica), combinándola con otras técnicas y, en esencia, con una perspectiva global del dolor anímico. 

¿Son peligrosas las constelaciones familiares y el conocimiento que ofrecen? 

El conocimiento es siempre liberador y es el primer paso para abrirse en la selva de la confusión. Otro asunto más espinoso es el dolor que produce el momento en el que se abre los ojos, el darse cuenta, el entender… Cuando se llega a ese punto, en el que cualquier información puede lastimar es cuando la mayoría de las personas abandonan una terapia que está funcionando. ¡Ojo! Ahora en este punto es cuando hay que estar alerta y no confundir el dolor que produce el reconocer la verdad con otro muy distinto que llega de la manipulación de terapeutas malintencionados. Como norma general, el que quiere tu bien, llegará a un punto que te dejará mucho mejor que estabas, con herramientas emocionales. Estas te permitirán que inicies un camino de sanación en soledad (en esencia y en lenguaje corriente, sin seguir pagando consultas innecesarias). Por el contrario, el manipulador querrá que sigas eternamente abonando tarifas sin fin en post de una iluminación que tú verás cada día más lejana. 

Desafortunadamente, el trabajo con las constelaciones familiares se presta a este tipo de timadores (hay que poner la palabra) que son capaces de reconocer de un vistazo (como los psicópatas) los daños emocionales producidos por las familias de quienes tienen enfrente. Sin embargo, hay un motivo para la esperanza, ya que también hay buenos psicólogos clínicos con gran pericia que utilizan los árboles familiares (en combinación con otras técnicas) para ahondar en el dolor que hay que sacar con el fin último de la sanación.  

¿Y si te conviertes en el ancestro que sanó?  

Ahora viene la pregunta del millón: ¿cómo sé que tras la terapia algún resorte emocional dentro de mí se activó y ha comenzando el cambio? Es tan fácil como responder (o incluso hacerse) esta pregunta. Si te has metido en esta maraña y has encontrado algún ancestro con el que te identificas y has podido imprimir en el inconsciente una alianza distinta contigo mismo, vas por el buen camino. En este caso, la comunicación con el ancestro con el que sientes afinidad se asemeja a la que podemos hacer con nuestro niño interior, con nuestra alma, con ese punto iluminado que está cubierto con capas oscuras en forma de miedos, prejuicios, cobardías y dolor.  

En este caso, si sigues ese camino de búsqueda hacia tu libertad (imprescindible para la serenidad y, en último extremo, la felicidad), te convertirás en el ancestro que sanó. Esto es, todos tus actos, miradas, conocimiento y amor se van a desplegar libre de cargas emocionales hacia tu descendencia. Es tan fácil (y tan complicado a la vez) como cambiar el modo de sentir y de estar en el mundo liberando al linaje por venir de duelos sin resolver, dramas ocultos o pérdidas dolorosas que, de manera inconsciente, llevamos con nosotros y que se transmiten a las nuevas generaciones. En este caso, te convertirás en el ancestro que será la inspiración para otros, aquellos que están por venir de cualquier manera, ya sea de forma biológica o emocional. Al entender cómo funcionan la indefensión aprendida, los comportamientos tóxicos, las manipulaciones y las lealtades familiares inconscientes, te liberarás de cargas que no necesitas ni tú ni los que te rodean (o lo harán en un futuro). De este tipo de personas inspiradoras está repleta la historia de los pioneros, aquellos que abrieron mundos allí donde el resto se empeñaba en repetir porque sí, sin más explicación o razonamiento. Recuerda que de todo esto también tratan las constelaciones familiares. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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En todos los clanes hay un cuadro torcido y en las familias tóxicas siempre hay una oveja negra o un chivo expiatorio sobre el que recaen los secretos, dramas y culpas de todo un sistema. Su rol es elegido normalmente por un progenitor tóxico o una madre narcisista. Para tal función, de manera consciente o inconsciente, con frecuencia se escoge a aquel que sobresale o que puede poner en cuestión las dinámicas perversas familiares. Normalmente es un miembro que se distingue por su rebeldía o por atreverse a hacer lo que antes nadie había hecho (en esencia, elegir otro camino o formular preguntas sobre lo establecido incuestionable). Con dinámicas constantes y malintencionadas, se va cargando con el peso de aquello oculto, inconsciente, pecaminoso o que, a toda costa, se intenta impedir que salga a la luz.  

El origen del chivo expiatorio en los ritos sagrados hebreos

En los ritos antiguos del Yom Kippur hebreo que culminaban con el Día de la Expiación o del Perdón (actualmente el 15 de septiembre) se ofrecían (de distintas maneras) dos machos cabríos. Elegidos al azar, uno de ellos era consagrado a Yahvé (a la luz), se sacrificaba allí mismo y su sangre se vertía sobre el altar. El otro asumía el papel de Azazel o Ángel Caído (tal como lo conocemos por la tradición cristiana). El animal, mediante el rito, se revestía con toda la oscuridad colectiva (o sombra junguiana) al hacerle cargar con las culpas de toda una comunidad. El sacerdote agarraba al chivo expiatorio seleccionado y le susurraba al oído todos los pecados de la comunidad, previamente recopilados. Antes del terminar el ritual, el animal era abandonado en el desierto para que así purgara los pecados ajenos.  

Un ser vivo abandonado así, a su suerte, solo le quedan dos caminos: consumirse y morir o, por el contrario, ser capaz de realizar tal catarsis heroica que pueda regresar a la misma comunidad que lo expulsó. Al llevar a cabo dicha gesta, obliga a la colectividad a mirar frente a frente los pecados que intentaron, sin éxito, exorcizar. En este caso, también se abren dos opciones: el sacrificio ya sin ritual (volviendo al inicio) para que el sistema no cambie y continúe en orden aparente o la asunción de ese rol disfuncional. Esto último conlleva irremediablemente una catarsis (una transformación) y, por tanto, un cambio en el orden del sistema. Si se sigue este último camino,  el chivo expiatorio se convierte así en un elemento sanador del clan, según la terminología de las constelaciones familiares

El papel de la oveja negra en las familias disfuncionales  

Si entiendes la dinámica perversa sobre la que se descarga toda la responsabilidad en un miembro inocente de la comunidad, puedes extrapolarla a las denominadas familias tóxicas. Estas pueden tener distintas características pero, en todas ellas priman las faltas de respeto a los distintos miembros, la sumisión a unas reglas impostadas, el reino del terror, la sustitución de una crianza amorosa por el trauma de apego y, en última instancia, el miedo inoculado por un padre violento, una madre narcisista o unos progenitores abandónicos (tanto en el ámbito material como espiritual).  

En estos remedos de hogares se van instalando una serie de roles que no pueden ser abandonados por ninguno de sus miembros. Así un padre agresivo necesita de la complicidad por sumisión de la madre y una madre perversa dividirá a sus hijos con el único fin de mantener su poder. En estes hogares no existe el amor, la compañía, la complicidad ni la comprensión de los sentimientos del otro. Todo ello ha sido sustituido por una competición feroz entre los hijos en pugna por conseguir migajas de amor de unos padres que son incapaces de llevar a cabo una crianza responsable. En este teatro familiar no está permitido abandonar el papel y asumir que cada uno es un ser individual que necesita del acompañamiento de los distintos miembros del clan (y, especialmente, de los progenitores). Así el hijo de oro será el depositario de todas las esperanzas familiares para perpetuar el mandato del clan. Los monos voladores serán aquellos que se encargan de hacer guardar los secretos familiares cual matón de discoteca. El hijo silenciado asumirá el papel imposible de mediar entre las partes con el consiguiente desgaste emocional. Y luego estará la oveja negra o chivo expiatorio. 

La función del chivo expiatorio u oveja negra en las familias tóxicas 

En él se depositan todas las culpas, los secretos, los abusos, los pecados que no pueden trascender de puertas para afuera. Y… como en el Yom Kippur es abandonado a su suerte, de tal manera que cualquier intento de regreso al clan familiar se hará imposible, en tanto en cuanto es el depositario de toda la sombra, el lado oscuro que permanece inconsciente en los roles familiares.  

Así el chivo expiatorio será el raro, el que se aparta de los mandatos familiares, el que intenta buscar caminos distintos para resolver los conflictos familiares. Lejos de ser aplaudido o incentivado en esa búsqueda, es vilipendiado, odiado y apartado. La oveja negra de la familia, al cargar con todas las culpas de la familia o al asumir los roles impuestos por una madre perversa o un padre ausente (por narcisismo, drogadicción, egoísmo o debilidad) tiene pocas escapatorias. Es frecuente que el chivo expiatorio o la oveja negra de la familia acabe por llevar a cabo las profecías autocumplidas al dejarse resbalar entre parejas abusivas, relaciones tóxicas, adicciones y fracasos de todo tipo.  

En los hogares tóxicos el chivo expiatorio o la oveja negra cumple el rol esencial de ser el catalizador de toda la oscuridad familiar. Tanto es así que no se le permitirá ningún amago de éxito. Ya se encargarán los distintos miembros del clan de abortar estas iniciativas recordando una y otra vez un papel impuesto y, a la vez, impostado. 

¿Eres el chivo expiatorio y te han abandonado? Hay una buena noticia para ti, oveja negra 

Este tipo de seres llegan a las más extrema vulnerabilidad psicológica en la vida adulta. La lluvia fina de maltrato psicológico en forma de mandatos de culpa, de negación de su singularidad y falta de cuidado emocional se transparenta en un calvario emocional con distintas aristas. Es frecuente que vayan enlazando una pareja abusiva tras otra, que sea el blanco de amigos aprovechados y diana de abusos en el trabajo o en la vida profesional. El chivo expiatorio u oveja negra paga así la rebeldía con la que se atrevió a brillar a corta edad poniendo en cuestión las dinámicas perversas de los mandatos familiares. Fue elegido por su sensibilidad, su luz espiritual y por su peligrosidad, ya que estos atributos pueden hacer tambalear todos los secretos que se esconden de puertas para adentro.  

Solo quienes, tras una vida de sufrimiento, se atreven a salir de esta espiral de dolor (normalmente pidiendo ayuda y guía especializada) ven la luz de una dolorosa verdad. Y esta no es más que se han atrevido a cuestionar los parámetros familiares aportando una rareza, una singularidad, un don que los demás no están dispuestos a aceptar. ¿Por qué? Porque esa luz disipa las sombras que cubrían pecados, culpas y faltas que, a toda costa, se pretende esconder. El chivo expiatorio u oveja negra se convierte así en un elemento desestabilizador. 

¿Qué le queda a quien se reconoce en este papel de chivo expiatorio u oveja negra? Solo dos opciones: seguir con el mandato familiar y perpetuar un rol perverso a costa de su estabilidad emocional o enfrascarse en la aventura de la sanación. La cura, por supuesto, será para sí, pero también, para los que lleguen después en su árbol familiar. La buena noticia es que una vez, asumida esta última opción, se abre por delante todo un luminoso camino de libertad (antesala de la felicidad), una vez pueda sacudirse un dolor que no le pertenece, que no es suyo y que le ha sido impuesto sin su permiso.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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En todos los clanes hay un cuadro torcido y en las familias tóxicas siempre hay una oveja negra o un chivo expiatorio sobre el que recaen los secretos, dramas y culpas de todo un sistema. Su rol es elegido normalmente por un progenitor tóxico o una madre narcisista. Para tal función, de manera consciente o inconsciente, con frecuencia se escoge a aquel que sobresale o que puede poner en cuestión las dinámicas perversas familiares. Normalmente es un miembro que se distingue por su rebeldía o por atreverse a hacer lo que antes nadie había hecho (en esencia, elegir otro camino o formular preguntas sobre lo establecido incuestionable). Con dinámicas constantes y malintencionadas, se va cargando con el peso de aquello oculto, inconsciente, pecaminoso o que, a toda costa, se intenta impedir que salga a la luz.  

El origen del chivo expiatorio en los ritos sagrados hebreos

En los ritos antiguos del Yom Kippur hebreo que culminaban con el Día de la Expiación o del Perdón (actualmente el 15 de septiembre) se ofrecían (de distintas maneras) dos machos cabríos. Elegidos al azar, uno de ellos era consagrado a Yahvé (a la luz), se sacrificaba allí mismo y su sangre se vertía sobre el altar. El otro asumía el papel de Azazel o Ángel Caído (tal como lo conocemos por la tradición cristiana). El animal, mediante el rito, se revestía con toda la oscuridad colectiva (o sombra junguiana) al hacerle cargar con las culpas de toda una comunidad. El sacerdote agarraba al chivo expiatorio seleccionado y le susurraba al oído todos los pecados de la comunidad, previamente recopilados. Antes del terminar el ritual, el animal era abandonado en el desierto para que así purgara los pecados ajenos.  

Un ser vivo abandonado así, a su suerte, solo le quedan dos caminos: consumirse y morir o, por el contrario, ser capaz de realizar tal catarsis heroica que pueda regresar a la misma comunidad que lo expulsó. Al llevar a cabo dicha gesta, obliga a la colectividad a mirar frente a frente los pecados que intentaron, sin éxito, exorcizar. En este caso, también se abren dos opciones: el sacrificio ya sin ritual (volviendo al inicio) para que el sistema no cambie y continúe en orden aparente o la asunción de ese rol disfuncional. Esto último conlleva irremediablemente una catarsis (una transformación) y, por tanto, un cambio en el orden del sistema. Si se sigue este último camino,  el chivo expiatorio se convierte así en un elemento sanador del clan, según la terminología de las constelaciones familiares

El papel de la oveja negra en las familias disfuncionales  

Si entiendes la dinámica perversa sobre la que se descarga toda la responsabilidad en un miembro inocente de la comunidad, puedes extrapolarla a las denominadas familias tóxicas. Estas pueden tener distintas características pero, en todas ellas priman las faltas de respeto a los distintos miembros, la sumisión a unas reglas impostadas, el reino del terror, la sustitución de una crianza amorosa por el trauma de apego y, en última instancia, el miedo inoculado por un padre violento, una madre narcisista o unos progenitores abandónicos (tanto en el ámbito material como espiritual).  

En estos remedos de hogares se van instalando una serie de roles que no pueden ser abandonados por ninguno de sus miembros. Así un padre agresivo necesita de la complicidad por sumisión de la madre y una madre perversa dividirá a sus hijos con el único fin de mantener su poder. En estes hogares no existe el amor, la compañía, la complicidad ni la comprensión de los sentimientos del otro. Todo ello ha sido sustituido por una competición feroz entre los hijos en pugna por conseguir migajas de amor de unos padres que son incapaces de llevar a cabo una crianza responsable. En este teatro familiar no está permitido abandonar el papel y asumir que cada uno es un ser individual que necesita del acompañamiento de los distintos miembros del clan (y, especialmente, de los progenitores). Así el hijo de oro será el depositario de todas las esperanzas familiares para perpetuar el mandato del clan. Los monos voladores serán aquellos que se encargan de hacer guardar los secretos familiares cual matón de discoteca. El hijo silenciado asumirá el papel imposible de mediar entre las partes con el consiguiente desgaste emocional. Y luego estará la oveja negra o chivo expiatorio. 

La función del chivo expiatorio u oveja negra en las familias tóxicas 

En él se depositan todas las culpas, los secretos, los abusos, los pecados que no pueden trascender de puertas para afuera. Y… como en el Yom Kippur es abandonado a su suerte, de tal manera que cualquier intento de regreso al clan familiar se hará imposible, en tanto en cuanto es el depositario de toda la sombra, el lado oscuro que permanece inconsciente en los roles familiares.  

Así el chivo expiatorio será el raro, el que se aparta de los mandatos familiares, el que intenta buscar caminos distintos para resolver los conflictos familiares. Lejos de ser aplaudido o incentivado en esa búsqueda, es vilipendiado, odiado y apartado. La oveja negra de la familia, al cargar con todas las culpas de la familia o al asumir los roles impuestos por una madre perversa o un padre ausente (por narcisismo, drogadicción, egoísmo o debilidad) tiene pocas escapatorias. Es frecuente que el chivo expiatorio o la oveja negra de la familia acabe por llevar a cabo las profecías autocumplidas al dejarse resbalar entre parejas abusivas, relaciones tóxicas, adicciones y fracasos de todo tipo.  

En los hogares tóxicos el chivo expiatorio o la oveja negra cumple el rol esencial de ser el catalizador de toda la oscuridad familiar. Tanto es así que no se le permitirá ningún amago de éxito. Ya se encargarán los distintos miembros del clan de abortar estas iniciativas recordando una y otra vez un papel impuesto y, a la vez, impostado. 

¿Eres el chivo expiatorio y te han abandonado? Hay una buena noticia para ti, oveja negra 

Este tipo de seres llegan a las más extrema vulnerabilidad psicológica en la vida adulta. La lluvia fina de maltrato psicológico en forma de mandatos de culpa, de negación de su singularidad y falta de cuidado emocional se transparenta en un calvario emocional con distintas aristas. Es frecuente que vayan enlazando una pareja abusiva tras otra, que sea el blanco de amigos aprovechados y diana de abusos en el trabajo o en la vida profesional. El chivo expiatorio u oveja negra paga así la rebeldía con la que se atrevió a brillar a corta edad poniendo en cuestión las dinámicas perversas de los mandatos familiares. Fue elegido por su sensibilidad, su luz espiritual y por su peligrosidad, ya que estos atributos pueden hacer tambalear todos los secretos que se esconden de puertas para adentro.  

Solo quienes, tras una vida de sufrimiento, se atreven a salir de esta espiral de dolor (normalmente pidiendo ayuda y guía especializada) ven la luz de una dolorosa verdad. Y esta no es más que se han atrevido a cuestionar los parámetros familiares aportando una rareza, una singularidad, un don que los demás no están dispuestos a aceptar. ¿Por qué? Porque esa luz disipa las sombras que cubrían pecados, culpas y faltas que, a toda costa, se pretende esconder. El chivo expiatorio u oveja negra se convierte así en un elemento desestabilizador. 

¿Qué le queda a quien se reconoce en este papel de chivo expiatorio u oveja negra? Solo dos opciones: seguir con el mandato familiar y perpetuar un rol perverso a costa de su estabilidad emocional o enfrascarse en la aventura de la sanación. La cura, por supuesto, será para sí, pero también, para los que lleguen después en su árbol familiar. La buena noticia es que una vez, asumida esta última opción, se abre por delante todo un luminoso camino de libertad (antesala de la felicidad), una vez pueda sacudirse un dolor que no le pertenece, que no es suyo y que le ha sido impuesto sin su permiso.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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El juez no fue implacable con Salva y se avino a rebajarle la condena por asesinato en casi cinco años. Así de veintidós que debería pasar en la cárcel se quedaría en diecisiete. En el juicio quedó probado que asesinó sin piedad a Antonio clavándole varias veces un cuchillo de grandes dimensiones y hoja afilada. ¿Y por qué esa reducción de condena ante un crimen tan atroz? Simplemente, porque actuó (y seguramente lo es) como lo que se conoce en psicología (y en la vida cotidiana) como un pagafantas. Esto es, fue tan manipulado por una auténtica narcisista perversa que llegó a cometer un crimen atroz siendo una persona tranquila y totalmente inserta en la sociedad. Entonces, ¿qué llevó a un hombre legal quien jamás se le hubiera pasado por la cabeza tal cosa a liquidar la vida de un inocente? Con toda probabilidad, la combinación de amor pasional, manipulación, ensoñación y un poso de indefensión aprendida a lo grande le llevaron a cometer tal abyecto acto. Sin llegar a esos extremos, este tipo de perfiles psicológicos (que arrastran esencialmente un trauma de apego), si caen en manos de personas perversas o psicópatas, pueden llegar a echar por tierra una vida entera. Vamos a poner las características a estos seres, quienes se pasan sufriendo toda su existencia sin saber muy bien poner esos límites sanos que son el alimento del amor propio.  

Características psicológicas del pagafantas o guy nice

El Doctor Iñaki Piñuel, un experto en todo tipo de abusos y maltratos en cualquier orden vital, en su obra Familia Zero y Amor Zero describe perfectamente los mecanismos psicológicos por los que un hombre o una mujer (en este caso la denominación es de alma mater) llegan a tal arrastre de su autoestima, amor propio y principios morales por el afán de conseguir (como sea) un amor impostado. ¿Qué sucede en su interior para llegar a los extremos de Salva que llegó a destrozar su vida, la de un inocente y la de dos familias? 

1.- En el principio, como he anotado un poco más arriba, hay un profundo trauma de apego. Esto es, ese adulto a merced de los caprichos de cualquier desalmado fue un niño no querido ni protegido por el clan familiar. Así de sencillo y de duro. Detrás de estas personalidades hay una familia tóxica (con toda la amplitud del término), disfuncional, una madre narcisista o directamente psicópata, un padre abandónico, problemas de adiciones… Tampoco hacen faltan grandes abusos (psicológicos, emocionales, físicos o sexuales) para que ese niño desvalido se convierta en un pagafantas en el futuro. Normalmente detrás de esa persona vulnerable hay una educación basada en la confrontación, la culpa o la vergüenza.  

2.- Ese niño que no ha encontrado el refugio, cariño y comprensión en el hogar va creciendo buscando el amor parental sin encontrarlo jamás. Como no entiende las razones por la que es rechazado y apartado del más mínimo cuidado emocional se empeña en halagar, mimar, cuidar y ofrecer todo lo que está a su alcance a sus progenitores. Y es especialmente cumplidor con una madre indisponible con quien está unido mediante un vínculo biológico imposible de suplir. 

3.- Estos niños abandonados a su suerte van creciendo en la creencia de que hay que dar y dar sin fin y sin fondo. Es la única manera que tienen de arreglar este desapego. Tanto es así que, a la postre, se convierten en seres que no saben poner límites, llegando a interiorizar que no tienen derecho a absolutamente nada. Se niegan (porque se lo han negado previamente) palabras de consuelo, actos de apoyo y comprensión de su interior. En parte esta es la razón por la que se convierten, andando el tiempo, en las víctimas propiciatorias para acabar encadenando unas tras otras relaciones tóxicas

4.- El pagafantas (y su correlato femenino el alma mater) no tienen un modelo psicológico saludable en el que mirarse porque, en definitiva, se han criado en ambientes tóxicos en los que nunca se ha tenido en cuenta sus necesidades emocionales. Además, las neuronas espejo (que se encargan de repetir los modelos aprendidos en la primera infancia), le devuelven una realidad imposible de aceptar: que han sido abandonados a su suerte en los primeros años de sus vida. A partir de aquí, de manera inconsciente, inician una búsqueda desesperada de amor a cualquier precio, adobada con la terrible convicción de no merecimiento. Dicho esto, estos seres se convierten en las presas más fáciles para cualquier tipo de manipulación en todos los ambientes posibles, ya sea en las relaciones personales, laborales e, incluso, de amistad.  

¿Qué hace el pagafantas para verse inmerso en una relación tóxica tras otra?  

1.- Una vez sale al mundo de los adultos, este niño herido que nunca encontró el amor maternal (aunque, en la gran mayoría de los casos, ni siquiera es consciente de ello) llega a aceptar que, sencillamente, la vida es así. Esto es, no llega a racionalizar que ese hogar en el que se crió no lo nutrió anímicamente y le dio herramientas básicas con las que defenderse utilizando un mínimo de asertividad. No sabe decir no. No sabe parar los pies. Ha interiorizado que no merece el amor (ya que su madre no se lo dio). Y la única vía que se le ofrece para resolver tal conflicto es dar y dar y dar sin límites, sin pedir nada a cambio, tal cual se le enseñó en casa. 

2.- Es normal que el pagafantas se enamore de la persona menos adecuada, de una narcisista perversa que le recuerda a la madre, de una psicópata o de una manipuladora emocional. Así le sucedió a Salva que cayó rendido a los encantos emocionales de Maje y a su belleza arrolladora y exhuberante. En el fondo de su corazón desean ese amor imposible y al mínimo movimiento de la otra parte van como un perrito faldero a satisfacer caprichos, peticiones y trabajos que rozan la humillación. Nada piden a cambio. En principio, es tal la felicidad por haber sido elegidos que están en una nube. Lo que no sabe el pagafantas (o el alma mater femenino) que han sido escogidos para ser depredados emocionalmente.  

3.- Ante una llamada, una petición, una solicitud, el pagafantas acudirá raudo y veloz, alegre por ser el escogido para tal fin. Se cree que ha conquistado el corazón de tan preciado bien como, de pequeño, anhelaba el de su madre. Sin embargo, tal cual le sucedió a Salva, aquí no hay aprecio ni cariño ni tan siquiera respeto. Es un juguete en manos del otro que recurre a él para realizar cualquier tipo de trabajo, desde una mudanza, un arreglo de fontanería o… un asesinato.  

4.- Porque el pagafantas a toda costa quiere hacer feliz al otro como el niño herido de un hogar tóxico anhela el amor de mamá. Busca sacudirse de ese no merecimiento (del que se siente culpable)  dando a paletadas hasta llegar a cometer un acto atroz si el otro (al que se ha apegado de manera patológica) se lo pide.  

¿Qué recibe a cambio el pagafantas por tanto servicio?  

1.- En primer lugar desprecio porque ese ser al que él ama lo utiliza como una cosa, como un objeto de usar y tirar sin tener la más mínima consideración por sus sentimientos. Siempre estará en la “zona de amigos”. Nunca llegará a una relación amorosa con la otra parte. Será utilizado conforme al beneficio del otro y, a veces, como Salva, de manera totalmente cruel. Le pedirán que espere una llamada mientras está de fiesta o que sea su taxi gratuito en una cita con un tercero. Será el que se quede con las mascotas o guarde la casa mientras ese ser al que el pagafantas ama de manera patológica se va de finde con un nuevo ligue.  

2.- En segundo lugar, un gran sufrimiento puesto que repetirá una y otra vez esa conquista fallida de amor que lleva desde que era un niño pequeño sin entender por qué le suceden este tipo de cosas reiteradamente.  

3.- En tercer lugar, tiene muchas papeletas para que el pagafantas sea depredado emocionalmente por todo tipo de gente tóxica. Puede quedarse sin casa, sin trabajo, sin libertad, como Salva. Y resbalarse, como nuestro protagonista, por la abyección más absoluta hasta llegar a robar la vida de un inocente.  

En definitiva y con palabras del Doctor Iñaki Piñuel:  

“El creciente agotamiento físico y emocional de un servicio sin fin les conduce a un burn-out existencial temprano. 

Abrumados y rodeados de una toxicidad relacional por doquier con amigos aprovechateguis, parejas abusivas y familiares demandadores con infinitas necesidades de atención y cuidado, obtienen a cambio como respuesta actitudes cada vez más despiadadas, crueles o indiferentes. 

No es infrecuente que incurran en todo tipo de adicciones secundarias para compensar y aguantar todo ese abuso y maltrato. El ciclo se cierra repitiéndose en la siguiente generación el trauma intrafamiliar original, que se convierte así en intergeneracional. 

Encerrados por el trauma original en una estrategia relacional errónea, llegan a creer que doblegarán la insensibilidad de esas amistades, parejas o relaciones familiares abusivas y que finalmente su extensa hoja de servicios prestados “a fondo perdido” obtendrá un resultado positivo. 

En su falsa promesa de redención, imaginan al otro finalmente seducido y subyugado por su capacidad de entrega y autosacrificio. 

Sin embargo, la experiencia muestra que esa vana pretensión y ese final feliz imaginado jamás llegan a producirse”.  

El pagafantas (como el correlato femenino de alma mater) llega a la edad madura totalmente exhausto, aniquilado en su voluntad, con las fuerzas al límite de tanto dar sin recibir nada a cambio. Solo con ayuda profesional adecuada logra salir del círculo vicioso de la manipulación emocional. Y con un entrenamiento largo en su autoestima aprenderá a decir no, a poner límites, a olvidar a aquellos que tiene idealizados, pero que no corresponden con amor. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

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El juez no fue implacable con Salva y se avino a rebajarle la condena por asesinato en casi cinco años. Así de veintidós que debería pasar en la cárcel se quedaría en diecisiete. En el juicio quedó probado que asesinó sin piedad a Antonio clavándole varias veces un cuchillo de grandes dimensiones y hoja afilada. ¿Y por qué esa reducción de condena ante un crimen tan atroz? Simplemente, porque actuó (y seguramente lo es) como lo que se conoce en psicología (y en la vida cotidiana) como un pagafantas. Esto es, fue tan manipulado por una auténtica narcisista perversa que llegó a cometer un crimen atroz siendo una persona tranquila y totalmente inserta en la sociedad. Entonces, ¿qué llevó a un hombre legal quien jamás se le hubiera pasado por la cabeza tal cosa a liquidar la vida de un inocente? Con toda probabilidad, la combinación de amor pasional, manipulación, ensoñación y un poso de indefensión aprendida a lo grande le llevaron a cometer tal abyecto acto. Sin llegar a esos extremos, este tipo de perfiles psicológicos (que arrastran esencialmente un trauma de apego), si caen en manos de personas perversas o psicópatas, pueden llegar a echar por tierra una vida entera. Vamos a poner las características a estos seres, quienes se pasan sufriendo toda su existencia sin saber muy bien poner esos límites sanos que son el alimento del amor propio.  

Características psicológicas del pagafantas o guy nice

El Doctor Iñaki Piñuel, un experto en todo tipo de abusos y maltratos en cualquier orden vital, en su obra Familia Zero y Amor Zero describe perfectamente los mecanismos psicológicos por los que un hombre o una mujer (en este caso la denominación es de alma mater) llegan a tal arrastre de su autoestima, amor propio y principios morales por el afán de conseguir (como sea) un amor impostado. ¿Qué sucede en su interior para llegar a los extremos de Salva que llegó a destrozar su vida, la de un inocente y la de dos familias? 

1.- En el principio, como he anotado un poco más arriba, hay un profundo trauma de apego. Esto es, ese adulto a merced de los caprichos de cualquier desalmado fue un niño no querido ni protegido por el clan familiar. Así de sencillo y de duro. Detrás de estas personalidades hay una familia tóxica (con toda la amplitud del término), disfuncional, una madre narcisista o directamente psicópata, un padre abandónico, problemas de adiciones… Tampoco hacen faltan grandes abusos (psicológicos, emocionales, físicos o sexuales) para que ese niño desvalido se convierta en un pagafantas en el futuro. Normalmente detrás de esa persona vulnerable hay una educación basada en la confrontación, la culpa o la vergüenza.  

2.- Ese niño que no ha encontrado el refugio, cariño y comprensión en el hogar va creciendo buscando el amor parental sin encontrarlo jamás. Como no entiende las razones por la que es rechazado y apartado del más mínimo cuidado emocional se empeña en halagar, mimar, cuidar y ofrecer todo lo que está a su alcance a sus progenitores. Y es especialmente cumplidor con una madre indisponible con quien está unido mediante un vínculo biológico imposible de suplir. 

3.- Estos niños abandonados a su suerte van creciendo en la creencia de que hay que dar y dar sin fin y sin fondo. Es la única manera que tienen de arreglar este desapego. Tanto es así que, a la postre, se convierten en seres que no saben poner límites, llegando a interiorizar que no tienen derecho a absolutamente nada. Se niegan (porque se lo han negado previamente) palabras de consuelo, actos de apoyo y comprensión de su interior. En parte esta es la razón por la que se convierten, andando el tiempo, en las víctimas propiciatorias para acabar encadenando unas tras otras relaciones tóxicas

4.- El pagafantas (y su correlato femenino el alma mater) no tienen un modelo psicológico saludable en el que mirarse porque, en definitiva, se han criado en ambientes tóxicos en los que nunca se ha tenido en cuenta sus necesidades emocionales. Además, las neuronas espejo (que se encargan de repetir los modelos aprendidos en la primera infancia), le devuelven una realidad imposible de aceptar: que han sido abandonados a su suerte en los primeros años de sus vida. A partir de aquí, de manera inconsciente, inician una búsqueda desesperada de amor a cualquier precio, adobada con la terrible convicción de no merecimiento. Dicho esto, estos seres se convierten en las presas más fáciles para cualquier tipo de manipulación en todos los ambientes posibles, ya sea en las relaciones personales, laborales e, incluso, de amistad.  

¿Qué hace el pagafantas para verse inmerso en una relación tóxica tras otra?  

1.- Una vez sale al mundo de los adultos, este niño herido que nunca encontró el amor maternal (aunque, en la gran mayoría de los casos, ni siquiera es consciente de ello) llega a aceptar que, sencillamente, la vida es así. Esto es, no llega a racionalizar que ese hogar en el que se crió no lo nutrió anímicamente y le dio herramientas básicas con las que defenderse utilizando un mínimo de asertividad. No sabe decir no. No sabe parar los pies. Ha interiorizado que no merece el amor (ya que su madre no se lo dio). Y la única vía que se le ofrece para resolver tal conflicto es dar y dar y dar sin límites, sin pedir nada a cambio, tal cual se le enseñó en casa. 

2.- Es normal que el pagafantas se enamore de la persona menos adecuada, de una narcisista perversa que le recuerda a la madre, de una psicópata o de una manipuladora emocional. Así le sucedió a Salva que cayó rendido a los encantos emocionales de Maje y a su belleza arrolladora y exhuberante. En el fondo de su corazón desean ese amor imposible y al mínimo movimiento de la otra parte van como un perrito faldero a satisfacer caprichos, peticiones y trabajos que rozan la humillación. Nada piden a cambio. En principio, es tal la felicidad por haber sido elegidos que están en una nube. Lo que no sabe el pagafantas (o el alma mater femenino) que han sido escogidos para ser depredados emocionalmente.  

3.- Ante una llamada, una petición, una solicitud, el pagafantas acudirá raudo y veloz, alegre por ser el escogido para tal fin. Se cree que ha conquistado el corazón de tan preciado bien como, de pequeño, anhelaba el de su madre. Sin embargo, tal cual le sucedió a Salva, aquí no hay aprecio ni cariño ni tan siquiera respeto. Es un juguete en manos del otro que recurre a él para realizar cualquier tipo de trabajo, desde una mudanza, un arreglo de fontanería o… un asesinato.  

4.- Porque el pagafantas a toda costa quiere hacer feliz al otro como el niño herido de un hogar tóxico anhela el amor de mamá. Busca sacudirse de ese no merecimiento (del que se siente culpable)  dando a paletadas hasta llegar a cometer un acto atroz si el otro (al que se ha apegado de manera patológica) se lo pide.  

¿Qué recibe a cambio el pagafantas por tanto servicio?  

1.- En primer lugar desprecio porque ese ser al que él ama lo utiliza como una cosa, como un objeto de usar y tirar sin tener la más mínima consideración por sus sentimientos. Siempre estará en la “zona de amigos”. Nunca llegará a una relación amorosa con la otra parte. Será utilizado conforme al beneficio del otro y, a veces, como Salva, de manera totalmente cruel. Le pedirán que espere una llamada mientras está de fiesta o que sea su taxi gratuito en una cita con un tercero. Será el que se quede con las mascotas o guarde la casa mientras ese ser al que el pagafantas ama de manera patológica se va de finde con un nuevo ligue.  

2.- En segundo lugar, un gran sufrimiento puesto que repetirá una y otra vez esa conquista fallida de amor que lleva desde que era un niño pequeño sin entender por qué le suceden este tipo de cosas reiteradamente.  

3.- En tercer lugar, tiene muchas papeletas para que el pagafantas sea depredado emocionalmente por todo tipo de gente tóxica. Puede quedarse sin casa, sin trabajo, sin libertad, como Salva. Y resbalarse, como nuestro protagonista, por la abyección más absoluta hasta llegar a robar la vida de un inocente.  

En definitiva y con palabras del Doctor Iñaki Piñuel:  

“El creciente agotamiento físico y emocional de un servicio sin fin les conduce a un burn-out existencial temprano. 

Abrumados y rodeados de una toxicidad relacional por doquier con amigos aprovechateguis, parejas abusivas y familiares demandadores con infinitas necesidades de atención y cuidado, obtienen a cambio como respuesta actitudes cada vez más despiadadas, crueles o indiferentes. 

No es infrecuente que incurran en todo tipo de adicciones secundarias para compensar y aguantar todo ese abuso y maltrato. El ciclo se cierra repitiéndose en la siguiente generación el trauma intrafamiliar original, que se convierte así en intergeneracional. 

Encerrados por el trauma original en una estrategia relacional errónea, llegan a creer que doblegarán la insensibilidad de esas amistades, parejas o relaciones familiares abusivas y que finalmente su extensa hoja de servicios prestados “a fondo perdido” obtendrá un resultado positivo. 

En su falsa promesa de redención, imaginan al otro finalmente seducido y subyugado por su capacidad de entrega y autosacrificio. 

Sin embargo, la experiencia muestra que esa vana pretensión y ese final feliz imaginado jamás llegan a producirse”.  

El pagafantas (como el correlato femenino de alma mater) llega a la edad madura totalmente exhausto, aniquilado en su voluntad, con las fuerzas al límite de tanto dar sin recibir nada a cambio. Solo con ayuda profesional adecuada logra salir del círculo vicioso de la manipulación emocional. Y con un entrenamiento largo en su autoestima aprenderá a decir no, a poner límites, a olvidar a aquellos que tiene idealizados, pero que no corresponden con amor. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

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La vulnerabilidad psicológica lleva a la persona que la sufre a ser víctima de todo tipo de abusos, chantajes y maltratos. Relacionada con la baja autoestima y la indefensión aprendida, quienes llevan impresos casi esta característica de espíritu son el blanco y la presa fácil para todo tipo de narcisistas, psicópatas y, en general, personas tóxicas. Por supuesto, esto no tiene nada que ver con la inteligencia o la valía (si esto puede medirse) del ser humano que la sufre.  Y sus orígenes se remontan, en la mayoría de los casos de gravedad, a un trauma relacional de apego en la más temprana infancia. 

Vulnerabilidad psicológica en los malos momentos  

Sin tener que llegar a los extremos de lo que el Doctor Iñaki Piñuel, experto psicólogo divulgador de los procesos de todo tipo de maltrato, denomina “niños perdidos” en su libro Familia Zero, todos podemos pasar malos momentos. Estos no estarían relacionados con nuestros orígenes y se producen por causas externas a nosotros. Son etapas, épocas o situaciones en los que, como personas, nos sentimos o estamos solos, sin apoyos o intentando defendernos de grandes problemáticas. La vulnerabilidad psicológica peligrosa llega cuando no podemos defendernos de la gente tóxica que pretende aprovecharse bajo máscaras de buenas personas. Por eso, es necesario estar vigilantes en situaciones extremas como las que siguen: 

1.- En procesos de mudanzas sin ayuda emocional de amigos o familiares, en cambios de país o en los más extremos que requieren exilio. 

2.- En enfermedades graves que ponen a prueba nuestra fortaleza y resilencia

3.- Divorcios o separaciones traumáticas con pérdidas de todo tipo de por medio. 

4.- Situaciones de desempleo, ruina económica o, incluso, en etapas de grandes exigencias laborales que conllevan mucho estrés. 

5.- Cuando hay una crisis existencial por cualquier circunstancia y se ponen en duda nuestras creencias. 

6.- En duelos complicados en los que no hay apoyo emocional de por medio. 

7.- También cuando nos damos cuenta de engaños o de haber invertido tiempo con personas equivocadas.  

Sin ánimo de ser exhaustivo al completo, en estos procesos, existe una vulnerabilidad psicológica normal y transitoria que pone a la persona al descubierto convirtiéndose, a la par, en presa fácil de todos aquellos que quieren aprovecharse. A pesar, de la gravedad de la lista, quienes se encuentran en esta situación, con la debida ayuda, pueden salir más o menos indemnes y sin demasiado daño. 

La vulnerabilidad psicológica por el trauma de apego 

De otro cariz es la persona que encadena una situación anímicamente desastrosa tras otra, siendo víctima de engaños, manipulación y abusos de todo tipo. En estos casos a la infelicidad se une una bajada del sistema inmunológico produciéndose daños diversos que van más allá de lo anímico. El alma que se encuentra una y otra vez en estas situaciones no atina a entender qué hay de malo o de defectuoso (si en esos términos podemos hablar cuando se trata de psicología) para que su vulnerabilidad psicológica le lleve a mal vivir, a la tristeza, a la infelicidad y, a la postre, le impida alcanzar la plenitud.  

En estos casos, en los que la persona no logra remontar y tomar las riendas de su vida para llevar una existencia de libertad, suele haber una proporción abrumadora de lo que se denomina trauma de apego. Este se produce  cuando el progenitor (normalmente la madre) no logra llevar (por diversos motivos) una crianza segura anímicamente. El amor, cariño, protección, seguridad y confianzas maternales queda interrumpido y el niño, ante tal situación, comienza a generar una personalidad vulnerable. Reduciendo muchísimo, ante esta situación, el pequeño (que necesita obligatoriamente ese vínculo para sentirse seguro y protegido) intenta, por todas las vías posibles, complacer a ese progenitor tóxico de la manera que puede o que buenamente sabe. Por supuesto, nunca tal esfuerzo llega a ser recompensado. 

Y esa manera es, en la mayoría de los casos, intentando complacer a esa madre narcisista la más de las veces, indisponible, que no puede generar amor y que, además, no es consecuente entre lo que dice y/o promete con lo que hace. Todo ello genera tal confrontación en el niño que lo traduce en sentimientos de culpa (por no ser correspondido por su madre) y vergüenza. 

Vulnerabilidad psicológica y familia tóxica 

Una madre narcisista siempre creará un hogar tóxico en el que los distintos miembros están permanentemente divididos y confrontados entre sí. El vínculo de apego, apoyo mutuo, generosidad, comprensión y amor queda roto irremediablemente y, además, para siempre. Aunque pueda parecer a simple vista que todo ello solo pasa en familias al margen de la sociedad, es bastante frecuente en el sistema contemporáneo mercantilizado. Y ello porque este tipo de madres se las arreglan para que lo que sucede de puertas para adentro no trascienda más allá del umbral familiar. Así la vulnerabilidad psicológica de un niño que se cría con estas madres que solo atienden a su capricho y se mofan, incluso, de las emociones de su hijo va en aumento sin parar en la vida adulta.  

Llegados el momento de buscar pareja, un trabajo o, incluso, amistades, este niño que no ha recibido el amor incondicional en el hogar reflejará esos comportamientos. Y lo hará porque, en primera instancia, cree que es lo normal (ya que lo ha vivido así desde que vino al mundo) y, además, en su interior inconsciente busca ser merecedor de ese amor que no recibió de una madre tóxica ni tampoco de las posibles figuras de apego secundarias (padre, abuelos, hermanos mayores, padrinos…) Esta vulnerabilidad psicológica hace que busque ese cariño en otras personas. Hasta aquí no hay ningún problema si logran acertar con buenas compañías que, de alguna manera u otra, ofrezcan y reciban ese amor de manera recíproca. 

Sin embargo, los adultos con esta herida desde la infancia llevan como una marca invisible de su vulnerabilidad psicológica que saben leer (y muy bien) todo tipo de narcisistas, aprovechados, manipuladores y psicópatas. Por eso son las víctimas clásicas de abusos emocionales, chantajes, robos, perversiones e, incluso, del cruel gaslighting

Cuando se niega la vulnerabilidad psicológica procedente del ámbito familiar 

La única manera de salir de este abuso constante es, en primera instancia, entender y ver el origen del mismo. No se puede transcender y seguir adelante si se niega esta dura realidad en la infancia sin ayuda profesional. Por eso, estas notas son solo eso: información para comenzar un camino de sanación cuya meta es la serenidad, la libertad y la felicidad. Hasta alcanzarlo queda un proceso en el que es necesario asumir la realidad de un apego inseguro del que no tiene culpa la persona que lo sufre, ya que, en todo momento, es una víctima inocente.  

Una vez se ha visto (con toda su crudeza) esta realidad es necesario entender los mecanismos que utiliza toda la mala gente que hay por el mundo para atrapar a estos seres vulnerables y depredarlas de todas las formas posibles. Siguiendo el término del Doctor Iñaki Piñuel, es necesario desenmascarar a los psicópatas afrontando sus mañas basadas en una promesa de rendición. Esto es, el niño herido interior que lleva dentro todo adulto vulnerable creerá aquello que los perversos han construido para engancharlos emocionalmente y, una vez en este trance, realizar un doloroso proceso que lleva, andando el tiempo, al más desolador vacío del alma. La única manera de salir de esta rueda interminable es reconocer cómo funcionan estos mecanismos a la par que se desarrolla un sano amor propio.  

Afrontar es el primer paso para la sanación 

Las verdaderas granjas de seres vulnerables se crean dentro de las puertas de hogares impostados en los que los distintos individuos crecen en soledad anímica. Los sentimientos, necesidad de cariño y comprensión de estos niños nunca son atendidos. Por el contrario, se van inculcando retazos de culpa de forma tan constante que llegan a generar tal incertidumbre que estos pequeños no saben qué hacer para complacer. Todo este proceso desolador se repite, como en una rueda eterna, en la vida adulta con resultados desastrosos.  

“En la base […] encontramos el fallo básico en la constitución del vínculo y de una base segura de apego con una madre ausente, desaparecida o emocionalmente indisponible, o una madre que, aunque pudiera haber estado presente, no fue capaz de cubrir esa necesidad básica de consuelo, base segura y refugio, o que careció, por diferentes razones, de la fiabilidad, consistencia, continuidad y constancia necesarias en las labores de cuidado de su hijo.  

Esta situación existencial crítica condenará al futuro adulto a vivir en el pasado, le impedirá sentirse seguro y saber quién es durante el resto de su vida.  

Ese adulto vivirá sin saberlo en el pasado, ensayando una serie de intentos repetidos y frustrados de encontrar su base segura de apego y consuelo en su relación con los demás”. 

Iñaki Piñuel 

Dicho así pudiera parecer que la vulnerabilidad psicológica condena a quien la sufre a una vida de desdicha. No es así. En cualquier momento vital puedes decidir poner fin a esta rueda buscando ayuda profesional adecuada. Te recuerdo que este escrito es solo eso: un apunte, una nota, una brizna de luz en un camino que merece la pena ser recorrido, que es el de tu libertad, la misma que pasa por la serenidad y termina en la felicidad.   

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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