Psicologia

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    [title] => Vulnerabilidad psicológica en la vida adulta
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La vulnerabilidad psicológica lleva a la persona que la sufre a ser víctima de todo tipo de abusos, chantajes y maltratos. Relacionada con la baja autoestima y la indefensión aprendida, quienes llevan impresos casi esta característica de espíritu son el blanco y la presa fácil para todo tipo de narcisistas, psicópatas y, en general, personas tóxicas. Por supuesto, esto no tiene nada que ver con la inteligencia o la valía (si esto puede medirse) del ser humano que la sufre.  Y sus orígenes se remontan, en la mayoría de los casos de gravedad, a un trauma relacional de apego en la más temprana infancia. 

Vulnerabilidad psicológica en los malos momentos  

Sin tener que llegar a los extremos de lo que el Doctor Iñaki Piñuel, experto psicólogo divulgador de los procesos de todo tipo de maltrato, denomina “niños perdidos” en su libro Familia Zero, todos podemos pasar malos momentos. Estos no estarían relacionados con nuestros orígenes y se producen por causas externas a nosotros. Son etapas, épocas o situaciones en los que, como personas, nos sentimos o estamos solos, sin apoyos o intentando defendernos de grandes problemáticas. La vulnerabilidad psicológica peligrosa llega cuando no podemos defendernos de la gente tóxica que pretende aprovecharse bajo máscaras de buenas personas. Por eso, es necesario estar vigilantes en situaciones extremas como las que siguen: 

1.- En procesos de mudanzas sin ayuda emocional de amigos o familiares, en cambios de país o en los más extremos que requieren exilio. 

2.- En enfermedades graves que ponen a prueba nuestra fortaleza y resilencia

3.- Divorcios o separaciones traumáticas con pérdidas de todo tipo de por medio. 

4.- Situaciones de desempleo, ruina económica o, incluso, en etapas de grandes exigencias laborales que conllevan mucho estrés. 

5.- Cuando hay una crisis existencial por cualquier circunstancia y se ponen en duda nuestras creencias. 

6.- En duelos complicados en los que no hay apoyo emocional de por medio. 

7.- También cuando nos damos cuenta de engaños o de haber invertido tiempo con personas equivocadas.  

Sin ánimo de ser exhaustivo al completo, en estos procesos, existe una vulnerabilidad psicológica normal y transitoria que pone a la persona al descubierto convirtiéndose, a la par, en presa fácil de todos aquellos que quieren aprovecharse. A pesar, de la gravedad de la lista, quienes se encuentran en esta situación, con la debida ayuda, pueden salir más o menos indemnes y sin demasiado daño. 

La vulnerabilidad psicológica por el trauma de apego 

De otro cariz es la persona que encadena una situación anímicamente desastrosa tras otra, siendo víctima de engaños, manipulación y abusos de todo tipo. En estos casos a la infelicidad se une una bajada del sistema inmunológico produciéndose daños diversos que van más allá de lo anímico. El alma que se encuentra una y otra vez en estas situaciones no atina a entender qué hay de malo o de defectuoso (si en esos términos podemos hablar cuando se trata de psicología) para que su vulnerabilidad psicológica le lleve a mal vivir, a la tristeza, a la infelicidad y, a la postre, le impida alcanzar la plenitud.  

En estos casos, en los que la persona no logra remontar y tomar las riendas de su vida para llevar una existencia de libertad, suele haber una proporción abrumadora de lo que se denomina trauma de apego. Este se produce  cuando el progenitor (normalmente la madre) no logra llevar (por diversos motivos) una crianza segura anímicamente. El amor, cariño, protección, seguridad y confianzas maternales queda interrumpido y el niño, ante tal situación, comienza a generar una personalidad vulnerable. Reduciendo muchísimo, ante esta situación, el pequeño (que necesita obligatoriamente ese vínculo para sentirse seguro y protegido) intenta, por todas las vías posibles, complacer a ese progenitor tóxico de la manera que puede o que buenamente sabe. Por supuesto, nunca tal esfuerzo llega a ser recompensado. 

Y esa manera es, en la mayoría de los casos, intentando complacer a esa madre narcisista la más de las veces, indisponible, que no puede generar amor y que, además, no es consecuente entre lo que dice y/o promete con lo que hace. Todo ello genera tal confrontación en el niño que lo traduce en sentimientos de culpa (por no ser correspondido por su madre) y vergüenza. 

Vulnerabilidad psicológica y familia tóxica 

Una madre narcisista siempre creará un hogar tóxico en el que los distintos miembros están permanentemente divididos y confrontados entre sí. El vínculo de apego, apoyo mutuo, generosidad, comprensión y amor queda roto irremediablemente y, además, para siempre. Aunque pueda parecer a simple vista que todo ello solo pasa en familias al margen de la sociedad, es bastante frecuente en el sistema contemporáneo mercantilizado. Y ello porque este tipo de madres se las arreglan para que lo que sucede de puertas para adentro no trascienda más allá del umbral familiar. Así la vulnerabilidad psicológica de un niño que se cría con estas madres que solo atienden a su capricho y se mofan, incluso, de las emociones de su hijo va en aumento sin parar en la vida adulta.  

Llegados el momento de buscar pareja, un trabajo o, incluso, amistades, este niño que no ha recibido el amor incondicional en el hogar reflejará esos comportamientos. Y lo hará porque, en primera instancia, cree que es lo normal (ya que lo ha vivido así desde que vino al mundo) y, además, en su interior inconsciente busca ser merecedor de ese amor que no recibió de una madre tóxica ni tampoco de las posibles figuras de apego secundarias (padre, abuelos, hermanos mayores, padrinos…) Esta vulnerabilidad psicológica hace que busque ese cariño en otras personas. Hasta aquí no hay ningún problema si logran acertar con buenas compañías que, de alguna manera u otra, ofrezcan y reciban ese amor de manera recíproca. 

Sin embargo, los adultos con esta herida desde la infancia llevan como una marca invisible de su vulnerabilidad psicológica que saben leer (y muy bien) todo tipo de narcisistas, aprovechados, manipuladores y psicópatas. Por eso son las víctimas clásicas de abusos emocionales, chantajes, robos, perversiones e, incluso, del cruel gaslighting

Cuando se niega la vulnerabilidad psicológica procedente del ámbito familiar 

La única manera de salir de este abuso constante es, en primera instancia, entender y ver el origen del mismo. No se puede transcender y seguir adelante si se niega esta dura realidad en la infancia sin ayuda profesional. Por eso, estas notas son solo eso: información para comenzar un camino de sanación cuya meta es la serenidad, la libertad y la felicidad. Hasta alcanzarlo queda un proceso en el que es necesario asumir la realidad de un apego inseguro del que no tiene culpa la persona que lo sufre, ya que, en todo momento, es una víctima inocente.  

Una vez se ha visto (con toda su crudeza) esta realidad es necesario entender los mecanismos que utiliza toda la mala gente que hay por el mundo para atrapar a estos seres vulnerables y depredarlas de todas las formas posibles. Siguiendo el término del Doctor Iñaki Piñuel, es necesario desenmascarar a los psicópatas afrontando sus mañas basadas en una promesa de rendición. Esto es, el niño herido interior que lleva dentro todo adulto vulnerable creerá aquello que los perversos han construido para engancharlos emocionalmente y, una vez en este trance, realizar un doloroso proceso que lleva, andando el tiempo, al más desolador vacío del alma. La única manera de salir de esta rueda interminable es reconocer cómo funcionan estos mecanismos a la par que se desarrolla un sano amor propio.  

Afrontar es el primer paso para la sanación 

Las verdaderas granjas de seres vulnerables se crean dentro de las puertas de hogares impostados en los que los distintos individuos crecen en soledad anímica. Los sentimientos, necesidad de cariño y comprensión de estos niños nunca son atendidos. Por el contrario, se van inculcando retazos de culpa de forma tan constante que llegan a generar tal incertidumbre que estos pequeños no saben qué hacer para complacer. Todo este proceso desolador se repite, como en una rueda eterna, en la vida adulta con resultados desastrosos.  

“En la base […] encontramos el fallo básico en la constitución del vínculo y de una base segura de apego con una madre ausente, desaparecida o emocionalmente indisponible, o una madre que, aunque pudiera haber estado presente, no fue capaz de cubrir esa necesidad básica de consuelo, base segura y refugio, o que careció, por diferentes razones, de la fiabilidad, consistencia, continuidad y constancia necesarias en las labores de cuidado de su hijo.  

Esta situación existencial crítica condenará al futuro adulto a vivir en el pasado, le impedirá sentirse seguro y saber quién es durante el resto de su vida.  

Ese adulto vivirá sin saberlo en el pasado, ensayando una serie de intentos repetidos y frustrados de encontrar su base segura de apego y consuelo en su relación con los demás”. 

Iñaki Piñuel 

Dicho así pudiera parecer que la vulnerabilidad psicológica condena a quien la sufre a una vida de desdicha. No es así. En cualquier momento vital puedes decidir poner fin a esta rueda buscando ayuda profesional adecuada. Te recuerdo que este escrito es solo eso: un apunte, una nota, una brizna de luz en un camino que merece la pena ser recorrido, que es el de tu libertad, la misma que pasa por la serenidad y termina en la felicidad.   

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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