Indefensión aprendida y el elefante encadenado

Indefensión aprendida y el elefante encadenado

 

El cuento es de Jorge Bucay y está en boca de todos por lo que nos enseña (en una narración muy corta) sobre las autolimitaciones. La búsqueda de la felicidad (la cual no se consigue sin el desarrollo de los talentos propios) se nos hace una prioridad. Cada día nos sirven menos las normas impuestas y no nos conformamos (como hace décadas) con aquello que nos ha tocado. Y no lo hacemos por nuestro bien y, además, porque ya sabemos que ciertas estructuras limitantes pueden ser superadas por nosotros mismos (o con un poco de ayuda). No hace falta recordar que en la base de una autoestima baja o en el corazón de personas víctimas de maltratos de todo tipo (incluso del gaslighting) se encuentra, a veces, un fondo de indefensión aprendida que no las deja avanzar hacia donde quieren. Sin tu permiso, querido lector, amada lectora, voy a hacer una interpretación más amplia de la historia del elefante encadenado de Jorge Bucay. Espero que te guste igual.  

El elefante encadenado, versión propia del famoso cuento 

En un país lejano donde se ponía el sol tras las montañas nevadas un elefante pequeño perdió el camino de vuelta a casa. El elefantito, que era precioso y de maravillosos ojos color azabache, lloró desconsoladamente durante toda la noche con la ilusión de que alguien de su clan lo encontrara o oyera sus gemidos, pero, desafortunadamente no fue así. A la mañana siguiente, con las primeras luces del alba, se dio cuenta de que se encontraba solo, vulnerable y a merced de todos aquellos que quisieran hacerle daño. Anduvo durante horas hasta caer exhausto de cansancio, hambre y sed. Cuando abrió los ojos, con las fuerzas limitadas, se encontró ante un humano que lo miraba con curiosidad y un pelín de arrogancia. A los pocos minutos le ofreció unas deliciosas zanahorias y un poco de agua para reponerse del duro camino que había realizado. El elefantito creyó que había encontrado un amigo y siguió al humano a corta distancia.  

Este tenía montado un campamento unos kilómetros hacia el este y hasta allí anduvieron un buen trecho. Cuando llegaron, el humano comentó algo con otros compañeros señalando al elefantito, pero nuestro protagonista no pudo entender qué estaban tramando. Con cuidado lo llevaron hasta el fondo de un corral y allí le pusieron comida y agua fresca. Sin saber cómo el humano se las apañó para colocar una cadena en una de las patas del elefantito. Apretaba tanto que no podía moverse. El elefantito intentó romper la cadena pero sus fuerzas no podían con ella. Lo volvió a intentar una y otra vez hasta que, exhausto de nuevo y dolorido al máximo desistió de su intento. 

El humano volvía para dejar comida y agua. Bajo ningún concepto quería que el elefantito muriera. Al cabo de algunos días, encadenado, lo llevó bajo la carpa central del campamento que, en realidad, era un circo. Allí comenzó a entrenarlo para que se moviera, actuara o se comportara según las enseñanzas y el capricho del humano. Aunque el elefantito no le gustaba hacer esto, al cabo de un tiempo comenzó a ceder y a aprender aquello que se le enseñaba. 

Pasaban los días y a los días los meses y a estos los años y el elefantito creció tanto que se convirtió en un animal hermoso (aunque sus ojos ya no brillaban con alegría) y muy grande. Cada tarde entretenía al público del circo con aquellos movimientos que le habían enseñado desde pequeño y, al caer la noche, volvía a su corral donde, de nuevo, era encadenado. La luna era su compañera de sueños de libertad. Aún recordaba el color del valle y ansiaba volver a las llanuras tras las montañas. 

Desafortunadamente, una cadena le impedía recorrer ese camino. Así lo había aprendido nuestro elefante grande, hermoso y triste durante largos días de entrenamiento. Lo que no sabía es que ya había crecido, se había hecho grande (mucho más que su captor) y ya no era el animalillo vulnerable fuera de su manada. Por tanto, solo necesitaba mover un poco su pata y con un golpe deshacerse de la cadena que lo mantenía prisionero y alejado de sus sueños. El elefante encadenado no sabía que el poder para hacer aquello que deseaba residía en su interior, en él mismo, en su fuerza innata.  

¿Qué es la indefensión aprendida y qué nos enseña el cuento del elefante encadenado? 

En esencia, la indefensión aprendida son aquellos parámetros inculcados (por la fuerza o sutilmente) que no nos dejan ver la fuerza que realmente tenemos. Es más, nos creemos prisioneros, vulnerables y a merced de los deseos de otros. La indefensión aprendida forma los cimientos de esa autoestima baja, culpable de todo lo que te pasa. Se forma con frecuencia en la infancia y, por supuesto, siempre es a nivel inconsciente. Es como una cortina o una puerta que no nos deja pasar hacia el otro lado de nuestras posibilidades.   

El elefante encadenado, un cuento tan triste como puede llegar a ser la vida de las personas que no han aprendido a defenderse y a decir no, nos muestra el poder de las convicciones sobre nosotros mismos y el mundo. Nos enseña la destrucción de nuestro espíritu si nos atenemos a aquellos juicios erróneos inculcados desde la infancia. Nos muestra lo que nos perdemos si no escuchamos nuestra voz interior, la misma que nos dice que la libertad está en el valle, más allá de las montañas (metafóricamente hablando claro). 

La indefensión aprendida nos hará vulnerables y a merced de personas que no quieren nuestro bien a pesar de que nos digan lo contrario, como los humanos del cuento sobre el elefante encadenado. Y lo más grave: no nos dejará ser seres libres, el máximo bien al que puede aspirar un ser humano y fundamento de la felicidad. 

Causas de la indefensión aprendida 

Es difícil reconocer que eso que te está pasando tiene un origen y que ese principio hay que sanarlo para poder seguir viviendo en armonía y plenitud. A veces, cuesta aceptar que aquello u otro o lo de más allá que nos inculcaron en la infancia es lo mismo que no te permite ahora acabar con ciertas limitaciones. Hay quienes llegan a una depresión, al síndrome de burnout, a una enfermedad o a las adicciones por una indefensión aprendida que le nubla sus posibilidades de crecimiento. Si se conocen las causas, es más fácil poner remedio. 

1.- La indefensión aprendida se gesta casi siempre en la infancia 

Y de muchas y diversas maneras. El alma en crecimiento de un niño es permeable a todo aquello que sucede a su alrededor y, en ocasiones (más de las que queremos aceptar), no siempre para su bien. Los hijos de madre narcisista son las víctimas más frecuentes. Se convierten en adultos que se mueven por el mundo con una indefensión aprendida que no les permite tomar el camino correcto y este es siempre el de la libertad. Una familia tóxica, por las razones que sean, también genera niños vulnerables como el elefante encadenado de nuestro cuento. Estos pequeños se crían en un ambiente en el que aprenden desde muy pronto que poco o nada se puede hacer para cambiar la situación. Sus sentimientos y necesidades emocionales (a veces tampoco las físicas) nunca son tenidas en cuenta y, por tanto, no se creen merecedores de los grandes dones del amor. 

2.- Algunas estructuras sociales (machismo) cooperan con la indefensión aprendida 

Desafortunadamente vivimos en una sociedad imperfecta en la que, de una manera u otra, se instalan roles aceptados por todos. Si te han criado repitiendo que tu camino tiene que ser en un sentido, es muy difícil que pongas en cuestión esas órdenes aceptadas por todos. El machismo, por poner un caso, aunque sea en pequeñas dosis, de alguna manera u otra, coarta las desiciones de las pequeñas al asignarle unos roles que, en definitiva, son normas de indefensión aprendida al no darle herramientas para valerse, en todos y en cualquier ámbito, por sí mismas.  

3.- Lo que nos enseña el elefante encadenado sobre la educación  

Ni que decir tiene que no vamos a hacer saltar por los aires el papel formador de la escuela y la instrucción (aunque no nos parezca bien el exceso de deberes). Eso es una cosa y otra muy distinta encajonar a los pequeños, desde corta edad, con etiquetas que, a la postre, van a generar una indefensión aprendida.  Nos preguntamos cuántos adultos que no han conseguido formarse para desarrollar una profesión bien remunerada han oído de pequeños que esto o aquello no era para ellos y que estaban condenados casi a la pobreza y a la inseguridad de sus padres, su clan, su barrio o su raza. 

4.- Indefensión aprendida por maltrato psicológico

La personalidades que se esconden tras el patrón del narcisista o, lo que es peor, bajo la máscara del psicópata utilizan las mismas técnicas que el humano del cuento del elefante encadenado para subyugar a sus víctimas. Estas personas tóxicas se las apañan para hacer creer a los que están alrededor que son buenos, encantadores, confiables y empáticos cuando, en realidad, son todo lo contrario. Hacen ver a sus víctimas que sin ellos no van a poder moverse en el mundo y, en definitiva, están coartando su libertad hasta límites muy peligrosos. Cuando se ven sorprendidos pueden reaccionar con una ira extrema. Y esto no es de extrañar si aceptamos que este tipo de personalidades lo único que quieren es aprovecharse de la luz de sus víctimas. Para ello, tienen que inculcar una sutil y progresiva indefensión aprendida al que está frente a él. Es la única manera de que no se le escape y que atienda (como el elefante encadenado del cuento) todos sus caprichos o necesidades. A cambio solo ofrecerá el agua y las zanahorias necesarias para que el otro no muera. Y cuando ya no le sirva para sus fines retirará sin piedad este sustento sabiendo que está como el elefante encadenado: vulnerable e indefenso. 

Consecuencias de la indefensión aprendida 

1.- Baja autoestima y desconocimiento de las propias posiblidades

La baja autoestima es lo más evidente aunque hay personas que desarrollan enfermedades psicosomáticas, depresiones y tristezas crónicas al no poder identificar la causa de su malestar. Recordemos que la indefensión aprendida tiene como objetivo principal hacerte creer que no puedes liberarte, que no tienes fuerza para salir por ti mismo y perseguir tus sueños. ¡Pero no es verdad! Eres como el elefante encadenado, fuerte, hermoso y libre. Solo tienes que hacer un movimiento para liberarte de ese yugo.  

2.- Miedo a lo desconocido y a salir de la zona de confort

La zona de confort es ese espacio donde sientes un malestar no identificado, difuso que no te permite progresar. De ella es complicado salir porque, normalmente, atenaza un miedo indefinido a que todo vaya a salir mal. El espíritu y el corazón se achican quedándose atrapados en una situación que no permite el crecimiento interior. 

3.- Lo peor de la indefensión aprendida es que convierte en víctima a quien la sufre

No sabe decir no. Encadena un fracaso amoroso tras otro. Le cargan con el trabajo más duro. No respetan sus ideas o se las roban descaradamente. Cuando el alma está atrapada en la indefensión aprendida, como el elefante encadenado del cuento, algo dentro de esa persona le susurra que no puede alcanzar la libertad que se merece. Al no poder decir que no a las demandas ajenas, los que están alrededor irán progresivamente exigiendo más y más sin dar nada a cambio. Saben, en el fondo, que no va a moverse para liberar esas cadenas.  

4.- Generalmente la indefensión aprendida no permite desarrollar el potencial vital 

La persona que la sufre se siente como atrapado en una relación de pareja o familiar que no satisface, con un trabajo monótono que reconoce que no es para él o ella, se hace cargo de problemas que no le pertenecen… Todo ello va conformando un sistema de cargas anímicas que pesan tanto (a nivel inconsciente y anímico) que no le permiten avanzar y florecer como desea. Por eso, se hace necesario identificar el origen de esa indefensión aprendida y comenzar un entrenamiento en otros derroteros vitales que lleven a la felicidad. 

5.- Riesgo de continuar con la cadena a través de los hijos o los niños de alrededor

Porque quizás la indefensión aprendida que ha sido inculcada provenía de una persona también indefensa. Si esa es la manera de estar, sentir y vivir el mundo, es normal que, inconscientemente, la transmita a los que vienen detrás. Por eso, hay niños buenos de padres obedientes que se han acostumbrado a agachar la cabeza ante los avatares de la vida. No es cuestión de ser un rebelde porque sí, pero tampoco de aceptar todo aquello que viene de fuera como válido. La educación perfecta es la que forma adultos críticos y empáticos con el sufrimiento de los demás. Cualquier otra opción puede desencadenar una indefensión aprendida al sentir que no se tiene en cuenta los sentimientos o las necesidades íntimas. 

Qué debemos hacer para liberarnos de la esclavitud de la indefensión aprendida 

1.- Lo primero es tomar conciencia de que somos el elefante encadenado 

Sin esa aceptación de nuestra propia fragilidad y, a veces, de la biografía que hay detrás es muy difícil que se pueda salir de la situación.  

2.- La indefensión aprendida se combate con conocimiento de uno mismo

Y este llega a través de la escucha de nuestra voz del corazón,  oyendo aquello que nos dice nuestro niño interior y, a la postre, es necesario reconocernos en aquello que deseamos y anhelamos. Seguramente vendrán muchas voces (a veces sin llamarlas ni estar autorizadas a ello) que nos dirán que estamos errados. Sin embargo, si queremos dejar a un lado la indefensión aprendida, tienes que empezar por reconocer tus necesidades emocionales y vitales.

3.- Pide ayuda si no puedes sol@ 

Y esa ayuda que sea siempre de un profesional cualificado que te dé una mano cuando desfallezcas en el camino hacia la libertad. Si esto no es posible, intenta reconocer cuáles son las personas bienintencionadas de entre las que están a tu alrededor. Desafortunadamente, no todas las opiniones tienen la misma autoridad ni todos los corazones están llenos de la misma bondad.  

4.- Sal de la indefensión aprendida dando pequeños pasos sin temor a equivocarte

No te quedes en la teoría y… ¡practica! Parece una tontería pero el camino del valle que lleva hacia la montaña florida se recorre andando. Y la única manera de descubrir el mundo es dando un primer paso. Al principio será difícil e invadirá el miedo. Hay que superarlo. Poco a poco, con metas admisibles, pequeñas y poco ambiciosas se llega a un camino más seguro. Cuando te des cuenta estarás haciendo lo que creías imposible.  

5.- Cuando hayas brillado crea una nueva cadena: la de la ayuda a quien se encuentra en esta situación 

Es lo último: ese don que has conquistado no te lo quedes para ti. Ilumina tu vida con esa sabiduría ofreciéndola de la mejor manera que sepas a los demás. Vendrá de vuelta al momento. 

La indefensión aprendida es, en definitiva, la que hace que, como el elefante encadenado del cuento, te aferres a una esclavitud de la que no te sientes capaz de salir. Y es la misma que no te deja reconocer el poder que anida dentro de ti para recorrer el camino de la libertad. 

Por Candela Vizcaíno

 

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