7 principios básicos para salir de tu zona de confort

Zona de confort

Zona de confort

Candela Vizcaíno

 

¿Y para qué quiero yo salir de mi zona de confort si estoy “cómoda” o “cómodo” o “comodísima” o “comodísima”?  ¿Te respondo con otra pregunta? ¿Qué entiendes por comodidad? Porque si por algo se caracteriza y, a la par es donde reside el peligro de este peculiar emplazamiento, es por ese dejarse llevar que nos arrastra. Y que nos impide movernos hacia un lugar más cercano a la felicidad. No lo vamos a llamar dicha del todo, que ya sabemos que es un término bastante resbaladizo. Pero eso no quita para que nos llenemos la boca con la palabra: felicidad. Es la meta que debemos perseguir. Y la zona de confort es su mayor enemigo.

¿Qué es la zona de confort? Un intento de definición

Entonces, ¿qué es la zona de confort? En esencia, son esos hábitos, costumbres, prejuicios (sobre todo), puntos de pereza (que también lo hay), miedos (todos juntos y a la vez) que nos impiden cambiar a mejor. Son esas actitudes enquistadas en nuestro espíritu que, en el fondo y en la superficie, sabemos que nos hacen daño. Pero que, por hache o por be, no nos ponemos a apartarlas de nuestras vidas.

La zona de confort ejerce un poder de atracción tal que te atenaza de una manera brutal. Es tanto que no te deja moverte hacia otro lugar donde, intuitivamente, sabes o bien que vas a estar mejor o bien que vas a encontrar la felicidad. El apoltronamiento en la zona de confort se alimenta de una baja autoestima, del dolor del pasado, de los fracasos (que lo mismo no han sido tanto), de las espirales que no nos dejan ver qué hay más allá, de la soledad... La zona de confort es la que nos impide ser mejores.

La zona de confort nos ata tanto que no nos deja ir tras nuestros sueños.

Más características de la zona de confort

¿Y cómo he llegado hasta aquí? Cada uno tendrá su propia biografía, sus propias vivencias, sus propias circunstancias. Tampoco hace falta que tengamos una historia terrible detrás para atrincherarnos en este emplazamiento. La rutina mezclada con la desidia y, especialmente, los miedos inculcados hacen que la zona de confort sea uno de los lugares favoritos de la sociedad contemporánea.

Aunque esto es asunto para otro día, el poder actual (aquel que se transparenta en la TV e, incluso, en las redes sociales) busca meternos el miedo en el cuerpo desde todos los rincones posibles. Nos asustan con catástrofes diversas desde a enfermar hasta un atentado terrorista pasando por asuntos del corazón. Eso no quita para tengamos las debidas precauciones. Pero una cosa es el cuidado y otra muy distinta la aprensión enfermiza. Esta es la forma más sencilla de manipularnos y de realizar una particular censura. Con ello se consiguen individuos sumisos y sin cohesión social suficiente para rebelarse con el sistema.

Tienes que saber que la zona de confort es esa particular cárcel que cada uno de nosotros nos trazamos y no nos atrevemos a salir por miedo, en general, a lo desconocido. Pero también tienes que ser consciente que en la zona de confort, en un 98% de los casos, no se encuentran salidas a ninguno de tus problemas. Aquí tampoco está la felicidad. Que no te quepa la menor duda que eso está en otra parte.

7 ideas que te van a ayudar a salir de la zona de confort

¿Merece, por tanto, la pena salir de la zona de confort? ¡Claro que sí! Date prisa y anota estas 7 herramientas que te van a ayudar, a poco que la pongas en práctica, a ver la vida (y a sentirla) desde otro punto de vista.

1.-No te apoltrones

El nombre de zona de confort no es por nada. Es un símbolo de lo que significa esta actitud. Levántate del sofá. Apaga la televisión. Sal de tu cuarto si te pasas demasiadas horas. No le des demasiada vueltas a la cabeza. Eso es como estar encerrado en una habitación oscura dando vueltas. Rompe la espiral por aquí. Sal a la calle. Donde sea. Intenta moverte físicamente en la medida de tus posibilidades, tiempo o habilidades.

2.- Rompe con los prejuicios

Aunque no lo creas, es uno de los mayores impedimentos para la felicidad. Cada uno tenemos un bagaje educativo imposible de eliminar (y ni falta que hace). Pero, en un porcentaje bastante alto, los métodos de enseñanza y de instrucción están llenos de prejuicios. A un lado está lo que debe ser. Al otro lo que no debe ser. Y no es que te esté invitando a cruzar fronteras peligrosas (ilegales o no) sino que es necesario (sobre todo cuando se llega a cierta edad) abrir un poco más tu mente. Amplía tu abanico de amistades. No te quedes con las de siempre. Habla. Charla. Conversa. Lee. Atrévete a mirar, al menos, un mundo que no es el tuyo, que no es en el que te has criado.

3.- Haz cosas que antes no habías hecho

Sin miedo (y con la debida prudencia que tirarse de un puente de cabeza no es un prejuicio) comienza a hacer actividades nuevas. Si te es posible, es bueno empezar un deporte, caminar, socializar o una tarea creativa. Eso hará que liberes endorfinas muy rápidamente y que muy pronto empieces a ver la zona de confort como ese lugar lleno de sombras y malos olores que realmente es. Y, por tanto, no quieras estar aquí. ¿Para qué?

4.- Busca nuevas ideas fuera de ti

Para eso tienes que mezclarte. Tienes que empezar a perder el miedo. Y tienes que empezar a preguntarte ¿Y si no fuera así? ¿Y si hubiera otra manera de resolver las cosas? ¿Y si la felicidad se encontrara en otra manera de estar en el mundo? No te grilles mucho con las preguntas. Contrasta. Intenta serenarte. Haz un esfuerzo para moderar la rabia. Aparece cuando te das cuenta que lo mismo has perdido meses preciosos de tu vida (o años o décadas que es aún peor) con el trabajo que no era para ti, con la persona incorrecta, con una forma de vida que no era la horma de tus zapatos…

5.- Actúa

Que pensar está muy bien y es necesario pero tampoco es cuestión de grillarse mucho y dar muchas vueltas con esa salida de la zona de confort. Si no actúas, si no te mueves, si no pruebas y vas tomando seguridad en ti mismo no vas a  conseguir absolutamente nada. Ponerse a dar vueltas sobre cómo cambiar no es el camino del cambio. Este solo se construye caminando. Recuerda el proverbio chino: “Para recorrerse el mundo necesitas dar el primer paso”.

6.- Cambia y crea

Reconozco que yo cambio creando, que los batacazos y las penas las arreglo con un nuevo artículo, con la invención de un libro, con palabras… Mira dentro de ti y busca cuál es tu don, qué es lo que se te da mejor y no lo abandones. Los espíritus creativos no solo no se apoltronan jamás en la zona de confort sino que son resolutivos al máximo en todos los aspectos vitales. Y, con perdón, el artista nace, pero también se crea. Sin trabajo duro y constante poco o nada se puede hacer en la vida. Saca el artista (el creador) que hay en ti. Todos tenemos uno agazapado.

7.- Muestra tu nueva cara

¿Has probado a salir de tu zona de confort con un cambio de look? Arréglate desde por la mañana. Sonríe. Ten esperanza. Busca la ansiada felicidad fuera de los cauces trillados. No tengas miedo a enseñar tu nueva forma de ver la vida. Y de propagar a los cuatro vientos que estás peleando con tu zona de confort. Y que la meta es la felicidad.

El esfuerzo merece la pena. El camino mucho más.

Foto y texto por Candela Vizcaíno

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