¿Por qué nos hemos apuntado a la fiesta de Halloween?

Halloween

Halloween

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No es que nos hayamos apuntado a esta fiesta, es que hemos caído rendidos a ella. ¡Y en tan solo una década o poco más! Aquí la gran mayoría me va a decir que esto es una imposición de las costumbres americanas,  que es debido a la publicidad y a las películas de Hollywood y bla, bla, bla… Pero, en verdad, no es así solo o sencillamente o únicamente. El asunto es más complejo y más fascinante a poco que indaguemos algo. Porque Halloween, como fiesta ligada a los disfraces o a la conmemoración “del otro lado”, está rivalizando hasta con el Carnaval en la gran mayoría de las ciudades de Occidente.

Excepto en emplazamientos con raigambre consolidada en estos festejos (se me ocurre Cádiz o Venecia), el día de los espíritus, el que nos presenta aquello invisible y oculto (y a la par cotidiano), está cogiendo una aceptación entre la población de todo tipo que solo se explica si tenemos presentes mitos y símbolos universales. Sí, mi respetado lector, mi querida lectora, Halloween no se está imponiendo en España, por poner un caso, como en el resto de Europa, porque es una moda de Estados Unidos sino porque apela a lo que Jung llamó inconsciente colectivo. Y anota. Ha venido para quedarse. Y me atrevería a decirte que hasta a desbancar otras fiestas. Te guste o no, Halloween está con los tiempos y, a la vez, nos remite a nuestro espíritu arcaico. De aquí su éxito.

Un poco de historia de la fiesta de Halloween

No hace falta ni tener la memoria afinada para poner aquí que el boom de Halloween en España es cosa de antes de ayer. Hasta hace nada la festividad de Todos los Santos no se celebraba (en el término festivo del término) en España. Era y es día no laborable, pero el carácter patrio no es ni era tan dado a burlarse de los muertos y a recordarnos (de paso) que algunos podemos ser zombis a diario (pero eso para otro día).  Por estas tierras se recordaba a los difuntos honrándoles con flores y recuerdos en casa o en el camposanto, pero todo desde el punto de vista íntimo y espiritual. No había fiesta propiamente dicha.  Y aquí radica uno de los éxitos de Halloween. La sociedad hedonista y desmemoriada del siglo XXI no quiere regodearse en el dolor y en la pérdida como nuestros abuelos. Prefiere burlarse. Reírse. Divertirse y emborracharse.

Halloween es de origen celta. España también tiene una línea ancestral de esta tribu (toda la parte Occidental). Se celebraba durante una semana en Noviembre. Con sus ritos específicos, se daba inicio a la parte oscura del año (el otoño y el invierno). Eran estos días los de la transición entre la luz y las sombras, entre las cosechas y los campos parados. Y como días de paso que eran se abrían las puertas de los dos lados: el terrenal y el espiritual.  Estaba, por tanto, permitida la convivencia entre los seres de este mundo con los del otro. Los muertos visitaban a los vivos y estos tenían que tener cuidado de no dejarse ofuscar por el más allá. A la par, los difuntos podían disfrutar de los placeres terrenales. Había que andar precavidos con las brujas que confundían al personal (de uno y otro lado) y con los seres demoníacos. El Samhain, que tal era el nombre de estas celebraciones, era la festividad de los espíritus y, a la par, recordaba a los hombres ese lado oscuro, el que tira hacia la muerte que no tiene por qué ser física. Esto es, mientras se danzaba y se comía, avisaba al común de los mortales de los peligros de permanecer en la zona oscura (allí donde existen los vicios y la corrupción).

Con ese bagaje, los inmigrantes irlandeses desembarcaron en Estados Unidos donde comenzaron a celebrar una fiesta parecida, pero ya vinculada (mezclada o unida)  a la cristiana de Todos los Santos. Comienzan, a la par, las referencias a  Jack-o'-lantern, en esencia un alma condenada a vagar por la tierra porque no la quieren ni en el Cielo (por sus pecados) ni en el Infierno (porque engañó al mismísimo Diablo). Se inician los juegos del “truco o trato”, que recuerdan las artimañas de esta alma en pena con el Demonio. Se ponen de moda los adornos con calabazas (para que nos iluminen en las noches oscuras tanto en el plano psíquico como físico) y los disfraces. Como en el caso del Carnaval, Halloween nos muestra el otro lado (en este caso el de los difuntos), pero con un carácter festivo (a pesar de su punto terrorífico).

En Estados Unidos, Halloween rivaliza con Acción de Gracias y, en las últimas décadas, hasta con los festejos de Navidad, algo comprensible con el aumento de familias problemáticas. Y en España ha comenzado a imponerse y no solo por las clases de inglés de los niños en edad escolar. Ha entrado de lleno en la sociedad, sencillamente, porque, desde el punto de vista inconsciente, nos conecta con ese lado oscuro que nos dice que por aquí estamos de paso, que todo es provisional y que lo mismo deberíamos divertirnos un poco más. Y ya sabemos que la sociedad tecnológica del siglo XXI es hedonista por esencia.

Más razones por las que gusta Halloween en España

Podría enumerar muchas más pero con este puñado puede bastar por ahora. Son 8:

  • Porque, a pesar de que tiene sus “normas” (los disfraces, los juegos y poco más) es caótica y aún está por hacer.  Es ecléctica (como todas las fiestas) y flexible (como todo lo nuevo). Puede ser una celebración del nuevo ciclo, una fiesta subida de tono para los jóvenes, algo divertido para los pequeños y una ocasión para decorar la casa para los “trendy”.
  • Reitero: porque se presta a lo lúdico, a la música, al baile, a las discotecas, a la diversión nocturna.
  • Porque, como el Carnaval, invita, por unos días, a romper las reglas, a mostrar el lado salvaje que todos llevamos dentro y que las buenas maneras (afortunadamente) amordaza constantemente.
  • Porque es familiar sin tener que congregar al clan. Puedes salir con los niños a pedir caramelos o a una fiesta temática sin necesidad de sentarte en la mesa con la familia política (un alivio para muchos). Aunque esto parezca una chorrada, es uno de los puntos a su favor. En la era de las redes sociales, las congregaciones con la familia están empezando a ser un problema para buena parte de la sociedad y da algún que otro quebradero de cabeza a más de uno. Halloween lo puedes disfrutar con tu madre, con tus hijos, con los vecinos o con el último novio que te hayas echado y no quieres presentar aún. Es cuestión de poneros una careta.
  • ¿Y qué decimos del postureo? Que estamos en la era de Instagram y los disfraces de Halloween lucen mucho en las redes sociales.
  • Porque es una fiesta barata en todos los aspectos. No hay compromisos de regalos, de una cena formal y el atrezzo se agencia con ropa de desecho. En comparación con Navidad, por poner un caso, puede ser más divertida, lúdica o loca e infinitamente más barata.
  • Porque ha conseguido que nos adentremos en el otro lado (en el de los espíritus, en el de la muerte) con un punto jocoso tremendo.
  • Porque es pagana. No pertenece a ninguna tradición religiosa y, a la par, es políticamente correcta. No es ni cristiana, ni se mofa de ningún credo. Se apela al mundo de los muertos sin dogmatismo y sin el concepto de cielo (gracia) e infierno (lugar de penalidades). No hace referencia al pecado. La muerte existe pero se apela a ella como algo puramente físico. 

Halloween, creo, ha llegado para quedarse por mucho tiempo. No es una moda pasajera. Se irá imponiendo cada vez más a poco que los pequeños que hoy estudian inglés y cultura americana vayan creciendo y rivalizará con otras celebraciones arraigadas en la tradición mediterránea. ¡Al tiempo!

¿Cómo elegir disfraces de Halloween con cierto gusto?

Y termino con el asunto espinoso del atrezzo. Reconozco que no me gustan absolutamente nada esos disfraces de zombis de todo tipo, de carne a medio digerir por los gusanos. Halloween es una festividad que celebra el otro lado, el poder de los diablillos, las bromas de los ángeles oscuros, el peligro de los fantasmas, la perspicacia de las brujas… Se ha unido a Drácula (el no vivo, el no muerto que no podía amar), a los vampiros que no son de este mundo ni del otro, a las calabazas (que crecen en los huertos de Occidente por estas fechas) y a las casas abandonadas…

Se pueden hacer muchos disfraces con los personajes de la tradición gótica sin caer en lo chabacano ni en el mal gusto. Hay que tener especial cuidado con los niños. A ellos les gusta divertirse y no pasar miedo. Es verdad que a mí me gustan los de brujas (por su entronque tradicional con la “investigación” farmacológica), los de vampiresa (por ese punto sexy y, a la vez, salvaje), los de calabacita para los niños pequeños y poco más. Si pudiera dar un consejo (y que me siguieran muchos) pondría un poco de inventiva y me alejaría de la sangre fácil (de los cuchillos, de la carne en descomposición, de asesinos de todas las profesiones…) y haría atrezzo más simbólico.

¿Qué tal los que nos recuerdan los monjes medievales (sin sangre reitero)? ¿O a los druidas de los bosques celtas de donde procede la fiesta? La literatura gótica ha dado también grandes personajes a los que emular en un momento dado (desde los hombres lobos hasta los seres transformados por arte de magia). Y siempre se puede recurrir a la decoración de castillos en noche de tormenta, a la luz de las velas y al atrezzo del Romanticismo que tan bien se presta a ayudarnos a asomarnos hacia el otro lado.

Pues nada, amada lectora, querido lector, que tengas un feliz Halloween si has caído rendido a la celebración o que no te importunen mucho si eres de los que desean continuar la tradición patria.

Por Candela Vizcaíno

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