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Las ha habido de siempre dedicadas a amargarle la vida a todo aquel que estaba a su alrededor. No es algo nuevo. Sí lo es el término y la conciencia cada vez mayor del daño que ejercen esta gente tóxica. 

No sabes cómo pero en nada estás en el terreno que ellos desean y estás hablando de hechos o sentimientos que quieres guardar para ti. Tienen una habilidad especial para hacerte sentir mal sin saber muy bien por qué, para recordarte (y eso lo vemos a continuación) todos tus “fallos” a sus ojos y a su juicio (afilado al máximo cuando se trata de verlo en los demás). Son individuos peligrosos expertos en parasitar a los que están a su alrededor, entrenados  en robarte tu alegría, fortaleza y brillo vital. Por si esto fuera poco, son hábiles a la hora de aprovecharse económicamente (en todos los sentidos) y en arrogarse como propios méritos que no son suyos (también en todos los sentidos). Peligrosos, ¿verdad? Por eso, es importante identificar y lidiar con la gente tóxica. Tu alma y tu espíritu se merecen una serenidad que es imposible al lado de ellos.  

Pero, cómo es una persona tóxica y cómo puedes identificarla 

Los hay de muchos tipos y se manifiestan de múltiples maneras. Eso no quita para que no hagamos un esfuerzo de sistematización para conocer mejor sus fórmulas y maneras. Por ahora no han mutado y, con un poco de tiempo y atención, podemos clasificar los distintos tipos de personas tóxicas con el fin de ponernos a salvo cuanto antes. La característica común es que cuando estás con ellos te sientes mal (en toda la amplitud del término) sin saber por qué. Son maestros en sacar lo peor de nosotros y llevarnos a la vibración del miedo. En esta escala tomaremos decisiones poco afortunadas y, las más de las veces, estaremos con mal humor y tristeza. Es el juego de la gente tóxica. Por eso se hace necesario descubrirla. Ten en cuenta lo siguiente:

1.- Tacaños y avaros son gente tóxica

Son capaces de matar por un céntimo y enredarse en una discusión por poca cosa. El dinero es energía que nos posibilita mejorar nuestra vida. Por eso la gente tóxica (en un porcentaje muy elevado) se aferran al ahorro y a la acumulación de una forma insana. No es que quieran guardar para comprar algo que les haga ilusión. Es otra cosa distinta. Son socios complicados, jefes que crean mal ambiente, progenitores espantosos que no ofrecen lo mínimo a su descendencia. Todo el dinero será para crear un imperio (pequeño o grande) donde ellos se sientan a gusto y puedan sobresalir del resto de los demás. Es la manera más fácil que tienen de compensar la pobre autoestima que barajan un alto porcentaje de gente tóxica. 

2.- Perezosos y muy dados a enredar para sacar el máximo partido del otro

Su amor por el poder, el dinero, las cosas, la apariencia, la ganancia no va parejo a su fuerza de voluntad a la hora de sacar cualquier proyecto vital. No estamos ante personas apasionadas que quieren hacer algo nuevo y devolverlo a la sociedad. No es el caso. Para ellos, la acumulación debe hacerse a costa del otro, del engaño, de pequeños timos, de negocios pocos claros, de negociaciones complicadas, de aprovecharse siempre del que está enfrente. Si no lo hacen, no duermen tranquilos. 

3.- La gente tóxica ha caído en la envidia y en la calumnia

En el fondo de su alma anhelan aquello que no tienen ni van a tener con su actitud: la luz, el brillo y la alegría del otro. Por eso, se mueven con una envidia soterrada incluso a su propia familia. No dudará en crear bulos, en calumniar y en hablar mal de otro a la mínima oportunidad. Si estás ante alguien que siempre está hablando mal del otro (incluso de miembros de su familia), ten en cuenta dos cosas siempre. Más temprano que tarde acabará contando chismes de ti y, además, es muy probable que estés ante una persona tóxica en toda regla. 

4.- Cualquier cosa, por pequeña que se sea, es tomada como una afrenta difícil de perdonar

Da igual lo que sea, la gente tóxica se lo toma todo a la tremenda cuando se trata de ellos y cuando eres tú el que te sientes ofendido es que “tienes la piel muy fina” o “eres demasiado sensible”. ¡Ojo con esto! Cuando alguien critica, sin venir a cuento, tu mejor virtud (cultura, estudios, sensibilidad, ética, moralidad, afán de superación…) estás siempre ante una persona tóxica.

5.- La gente tóxica la forman individuos ruines y envenenados con ira, odio y resentimiento

Y a poco que los escuches verás estos sentimientos que se van transparentando como gotas de lluvia tras una ventana. No aman y su falta de empatía es tal que hablan de todo el mundo porque sí inventándose historias, actos o gestos de la vida privada del otro que dan como irrefutables. Este tipo de gente tóxica que en una reunión dan como verdad las mentiras que han creado de los demás es muy peligrosa. Van creando un hilo sutil poco a poco que enredan al otro y se las apañan para apartar al que brilla o genera luz excluyéndolo socialmente. 

6.- Son maestros del camuflaje social

De puertas para afuera son los mejores del mundo pero, en la intimidad del hogar, en los entresijos del trabajo o en el día día de la amistad muestran todas sus garras. Por eso, de primeras es muy difícil identificar este tipo de gente tóxica ya que siempre muestran su mejor cara. Es sano dejar pasar un tiempo antes de involucrarse con personas que no conocemos porque, más temprano que tarde, si estamos atentos, podemos identificar su veneno antes de que nos atrapen. 

7.- Narcisistas y psicópatas son gente tóxica

En este sitio ya he hablado de los efectos perversos de la personalidad narcisista en todos los ámbitos. Son individuos incapaces de ponerse en la piel del otro. Su ego es tan grande que todo lo que crean a su alrededor se vuelve asfixiante e irrespirable. Un paso más hacia el mal (así sin más) es la mente del psicópata, un auténtico adalid del lado oscuro que debemos, por cualquier medio, evitar. 

8.- El miedo es su día a día 

Y la gente tóxica te lo hará sentir haciéndote “ver” “todos tus fallos”. Criticará, de una manera u otra, tus mejores logros con la intención de generarte inseguridad y que no aprecies lo mejor de ti. Para la gente tóxica nunca lo estarás haciendo bien, ya sea estar en un restaurante o gestionar cualquier parcela económica. Siempre estará encima tuya recordándote aquello que, a su entender, hay que mejorar. ¿Por qué? Porque no acepta ni la libertad del otro ni la originalidad de los demás. Por eso, este tipo de individuos es tan insufrible cuando se trata de jefes o clientes. Son tremendistas y para ellos, si no haces lo que dices, opinan o se encaprichan, mañana no saldrá ni el sol ni las nubes. 

9.- La gente tóxica no respeta el espacio del otro

Y lo invaden constantemente preguntando cosas del ámbito personal. No lo hace porque, de corazón, se interesen por ti. Recuerda siempre que es una forma de recabar datos para luego utilizarlos en tu contra. Por eso, si no tienes una autoestima evolucionada tienes que andarte con ojo a quien le cuentas tus intimidades.

10.- Las personas adictas siempre crean ambientes tóxicos

Por eso, es tan difícil convivir con ellas cuando están enganchadas a una droga, al juego o a la tecnología. Este tipo de personas crean una ciénaga alrededor suya que convierten la convivencia en un infierno. Ante esta situación solo se sale con ayuda profesional y especializada. No caigas en la tentación de querer redimir a un adicto. En cualquier momento puede saltar creando una guerra a su alrededor que te sea muy difícil controlar, atajar o contratacar a tu favor. 

¿Qué hacer para no caer en las redes de la gente tóxica?

Lo más sensato es no acercarse a ellas, pero esto no es posible cuando están dentro de nuestro ámbito laboral o, aún más difícil, en nuestra casa. La gente tóxica envenena con su ira, resentimiento y actos egoístas todo lo que tocan. Por eso, es fundamental que tengas tu autoestima en el punto óptimo para darte cuenta de la manipulación de estos individuos cuanto antes.

También es primordial saber, conocer y reconocer cómo se manejan en el mundo para que sus hilos afilados te hagan el menor daño posible. En cualquier caso, aunque siempre te van a hacer creer lo contrario, ten en cuenta que el problema no lo tienes tú. El conflicto está en la gente tóxica que utiliza la descalificación, la manipulación y las palabras hirientes para hacer daño al otro.

Te doy un repaso a los escenarios más probables en los que te puedes encontrar gente tóxica. 

1.- Gente tóxica en el trabajo, ¿qué hago para no amargarme en el día a día? 

La OMS ya considera el Sindrome de burnout como una enfermedad de corte laboral. Este se produce cuando se ha generado cortisol a raudales para poder soportar el estrés continuado. La gente tóxica es especialista en quemar a todos los que están a su alrededor ya sean compañeros, jefes, proveedores o clientes.  Se las apañan para generar un clima laboral espeso en el que las prisas, las obligaciones, el “para ya” sea una constante. Crean un día a día insufrible en el que el trabajo se vuelve una maldición y el que se ve enredado en sus redes se ve como incapaz para cumplir todo aquello que se espera de él. Es normal este sentimiento teniendo en cuenta que las personas tóxicas no tienen límites. Para ello, nada es suficiente. 

Si se crece un 10% habría que haberlo hecho al 11,1%.  Si hay un retraso en la entrega de cualquier trabajo (por causas razonables), se lo tomará como si mañana no saliera el sol. Siempre tendrá el modo perfecto de hacer las cosas y el tuyo no tiene ningún valor. Lo que tú sabes no sirve para el proyecto. Siempre será perfecto el plan que presente él o ella. El de los demás no sirve. Ante esta situación o te provees de una armadura de sabiduría extrema, paciencia infinita y una autoestima a prueba de bomba nuclear o tienes que abandonar. Se puede hacer de diversas maneras según sea tu posición, pero, a la postre, todo consistirá en apartar de tu vida esa persona. Si estás instalado en una zona de confort muy amplia que crees que necesitas (sí o sí) esos ingresos para sobrevivir, serás la víctima propiciatoria para esta gente tóxica que no dudarán en hacer moobing a la primeras de cambio. 

Tu éxito para liberarte de estas personas tóxicas está en la independencia y en la fortaleza para buscarte otra posición si fuera necesario. Incluso si es un compañero el que ejerce estas malas artes te va a ser muy difícil demostrar ante tus superiores que el peligro es él o ella. Estos individuos, además, se dedican a boicotear  (o a apropiarse) cualquier idea original que surja. Mientras puedes liberarte de esta situación o esta persona tóxica es despedida (porque se den cuenta de lo que es), es imprescindible que no cuentes nada de tu vida privada, ni que dejes traslucir una situación de necesidad o complicada a nivel personal o laboral.

¡Recuerda que la gente tóxica se alimenta de tus debilidades para utilizarlas en tu contra! Cuanto menos sepan de ti, mejor.  

2.- También existe la familia tóxica

Desafortunadamente, el hogar envenenado por los entresijos de una madre narcisista, problemas con el alcohol u otras drogas, conflictos emocionales no resueltos, envidias o falta de colaboración es más frecuente de lo que creemos. La sociedad actual se ha vuelto individualista y hedonista (sin ni siquiera saber la fuerza de esta filosofía) y eso llega hasta la familia. Si la madre tiene conflictos con ella misma, lo transmitirá a sus vástagos. Si el padre sufre de depresión o cualquier trastorno de la personalidad, creará un ambiente oscuro a su alrededor. Romper con la familia tóxica es dinamitar el último tabú, el que nos dice que nada malo puede suceder en los muros del hogar. Y sí puede ocurrir. Los periódicos traen noticias  de este cariz a diario. 

Toca no sentirse culpable en primera instancia. Tú no eres el responsable de lo que hagan los demás o de lo que quieran hacerte cargar a ti. En estos casos, va a ser muy difícil salir de la situación por medios propios y se hará necesario acompañamiento profesional que de las pautas para alejarse de la familia sin herir a nadie inocente. La oveja negra (tal como se conoce popularmente), en un alto porcentaje, tiene la misión de hacer ver cuáles son los fallos dentro del clan. 

Cultiva tu independencia de la manera más satisfactoria para ti y no tengas reparos en decir no a propuestas que consideres abusivas. Aunque es muy difícil (incluso para personas entrenadas expresamente), intenta ver a tu familia desde fuera, como si no fuera la tuya. En ese despegue te darás cuenta donde está la manipulación y te será más fácil zafarte de ell

3.- La gente tóxica crea relaciones tóxicas

No puede ser de otra manera porque no saben hacer las cosas de otra manera. Por eso, buscarán parejas vulnerables con las que puedan ejercer maltrato psicológico y/o físico. Tendrán amigos solo por interés. Sus relaciones serán superficiales y siempre querrán una ganancia, del tipo que sean. Se resistirán a soltar y no dejarán ir cuando el otro quiera deshacer la relación (del tipo que sea). Siempre habrá una promesa de cambio o de mejoría que no cumplirán. La gente tóxica por regla general es mitómana. Esto es, se crean un mundo paralelo donde ellos son perfectos. Se lo creen y lo intentan hacer creer a los demás. Pide ayuda si estás en una relación de este tipo y no tienes herramientas para volver a andar la vida con relativa soltura. 

4.- La gente tóxica está por todas partes 

Así sin más. En cualquier sitio y te la encontrarás en forma de vecina chismosa, del panadero deslenguado, del cliente que no respeta, del que no paga las facturas, del que siempre está diciéndote lo que debes hacer (y tú no has pedido opinión), del que manipula, del que quiere saber todo ti. Ten en cuenta esta máxima: si hay alguien que te sonsaca para saber más de ti de lo que tú estás dispuesto a contar ese es, siempre, una persona tóxica. ¿Por qué? Porque es su estrategia para luego manipular y crear una relación siempre a su favor. 

Ante la gente tóxica recuerda siempre… 

1.- Como norma general, sé escrupuloso y elegante a la hora de publicar asuntos privados en las redes sociales. Si te gustan, que sean contenidos positivos que no puedan nunca ser utilizados en tu contra. O si lo hacen, que no te importe. 

2.- No hables mal de nadie, ni siquiera de esta gente tóxica. Su furia puede desatarse en cualquier momento y no tendrán escrúpulos en hacerte mucho daño para salirse con la suya. 

3.- Rodéate de quienes te hacen sentir bien, de quienes te aportan aire positivo y luminoso, de quienes ves que son fuente de inspiración, de las personas sencillas, de los que se han superado a sí mismos viniendo de situaciones terribles, de los que saben perdonar y de quienes no guardan ningún rencor. Estos son la antítesis de las personas tóxicas. 

4.- Ten muy claro cuáles son los límites que no deben traspasarse nunca: el del insulto velado, el de las palabras más altas que otras, el de la intimidación, el del chantaje, el del miedo, el de la acusación… Si lo sientes, te lo están haciendo (¡no son imaginaciones tuyas!) y ante ti tienes los comportamientos de gente tóxica.

¡Pon siempre distancia! 

Por Candela Vizcaíno

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Las ha habido de siempre dedicadas a amargarle la vida a todo aquel que estaba a su alrededor. No es algo nuevo. Sí lo es el término y la conciencia cada vez mayor del daño que ejercen esta gente tóxica. 

No sabes cómo pero en nada estás en el terreno que ellos desean y estás hablando de hechos o sentimientos que quieres guardar para ti. Tienen una habilidad especial para hacerte sentir mal sin saber muy bien por qué, para recordarte (y eso lo vemos a continuación) todos tus “fallos” a sus ojos y a su juicio (afilado al máximo cuando se trata de verlo en los demás). Son individuos peligrosos expertos en parasitar a los que están a su alrededor, entrenados  en robarte tu alegría, fortaleza y brillo vital. Por si esto fuera poco, son hábiles a la hora de aprovecharse económicamente (en todos los sentidos) y en arrogarse como propios méritos que no son suyos (también en todos los sentidos). Peligrosos, ¿verdad? Por eso, es importante identificar y lidiar con la gente tóxica. Tu alma y tu espíritu se merecen una serenidad que es imposible al lado de ellos.  

Pero, cómo es una persona tóxica y cómo puedes identificarla 

Los hay de muchos tipos y se manifiestan de múltiples maneras. Eso no quita para que no hagamos un esfuerzo de sistematización para conocer mejor sus fórmulas y maneras. Por ahora no han mutado y, con un poco de tiempo y atención, podemos clasificar los distintos tipos de personas tóxicas con el fin de ponernos a salvo cuanto antes. La característica común es que cuando estás con ellos te sientes mal (en toda la amplitud del término) sin saber por qué. Son maestros en sacar lo peor de nosotros y llevarnos a la vibración del miedo. En esta escala tomaremos decisiones poco afortunadas y, las más de las veces, estaremos con mal humor y tristeza. Es el juego de la gente tóxica. Por eso se hace necesario descubrirla. Ten en cuenta lo siguiente:

1.- Tacaños y avaros son gente tóxica

Son capaces de matar por un céntimo y enredarse en una discusión por poca cosa. El dinero es energía que nos posibilita mejorar nuestra vida. Por eso la gente tóxica (en un porcentaje muy elevado) se aferran al ahorro y a la acumulación de una forma insana. No es que quieran guardar para comprar algo que les haga ilusión. Es otra cosa distinta. Son socios complicados, jefes que crean mal ambiente, progenitores espantosos que no ofrecen lo mínimo a su descendencia. Todo el dinero será para crear un imperio (pequeño o grande) donde ellos se sientan a gusto y puedan sobresalir del resto de los demás. Es la manera más fácil que tienen de compensar la pobre autoestima que barajan un alto porcentaje de gente tóxica. 

2.- Perezosos y muy dados a enredar para sacar el máximo partido del otro

Su amor por el poder, el dinero, las cosas, la apariencia, la ganancia no va parejo a su fuerza de voluntad a la hora de sacar cualquier proyecto vital. No estamos ante personas apasionadas que quieren hacer algo nuevo y devolverlo a la sociedad. No es el caso. Para ellos, la acumulación debe hacerse a costa del otro, del engaño, de pequeños timos, de negocios pocos claros, de negociaciones complicadas, de aprovecharse siempre del que está enfrente. Si no lo hacen, no duermen tranquilos. 

3.- La gente tóxica ha caído en la envidia y en la calumnia

En el fondo de su alma anhelan aquello que no tienen ni van a tener con su actitud: la luz, el brillo y la alegría del otro. Por eso, se mueven con una envidia soterrada incluso a su propia familia. No dudará en crear bulos, en calumniar y en hablar mal de otro a la mínima oportunidad. Si estás ante alguien que siempre está hablando mal del otro (incluso de miembros de su familia), ten en cuenta dos cosas siempre. Más temprano que tarde acabará contando chismes de ti y, además, es muy probable que estés ante una persona tóxica en toda regla. 

4.- Cualquier cosa, por pequeña que se sea, es tomada como una afrenta difícil de perdonar

Da igual lo que sea, la gente tóxica se lo toma todo a la tremenda cuando se trata de ellos y cuando eres tú el que te sientes ofendido es que “tienes la piel muy fina” o “eres demasiado sensible”. ¡Ojo con esto! Cuando alguien critica, sin venir a cuento, tu mejor virtud (cultura, estudios, sensibilidad, ética, moralidad, afán de superación…) estás siempre ante una persona tóxica.

5.- La gente tóxica la forman individuos ruines y envenenados con ira, odio y resentimiento

Y a poco que los escuches verás estos sentimientos que se van transparentando como gotas de lluvia tras una ventana. No aman y su falta de empatía es tal que hablan de todo el mundo porque sí inventándose historias, actos o gestos de la vida privada del otro que dan como irrefutables. Este tipo de gente tóxica que en una reunión dan como verdad las mentiras que han creado de los demás es muy peligrosa. Van creando un hilo sutil poco a poco que enredan al otro y se las apañan para apartar al que brilla o genera luz excluyéndolo socialmente. 

6.- Son maestros del camuflaje social

De puertas para afuera son los mejores del mundo pero, en la intimidad del hogar, en los entresijos del trabajo o en el día día de la amistad muestran todas sus garras. Por eso, de primeras es muy difícil identificar este tipo de gente tóxica ya que siempre muestran su mejor cara. Es sano dejar pasar un tiempo antes de involucrarse con personas que no conocemos porque, más temprano que tarde, si estamos atentos, podemos identificar su veneno antes de que nos atrapen. 

7.- Narcisistas y psicópatas son gente tóxica

En este sitio ya he hablado de los efectos perversos de la personalidad narcisista en todos los ámbitos. Son individuos incapaces de ponerse en la piel del otro. Su ego es tan grande que todo lo que crean a su alrededor se vuelve asfixiante e irrespirable. Un paso más hacia el mal (así sin más) es la mente del psicópata, un auténtico adalid del lado oscuro que debemos, por cualquier medio, evitar. 

8.- El miedo es su día a día 

Y la gente tóxica te lo hará sentir haciéndote “ver” “todos tus fallos”. Criticará, de una manera u otra, tus mejores logros con la intención de generarte inseguridad y que no aprecies lo mejor de ti. Para la gente tóxica nunca lo estarás haciendo bien, ya sea estar en un restaurante o gestionar cualquier parcela económica. Siempre estará encima tuya recordándote aquello que, a su entender, hay que mejorar. ¿Por qué? Porque no acepta ni la libertad del otro ni la originalidad de los demás. Por eso, este tipo de individuos es tan insufrible cuando se trata de jefes o clientes. Son tremendistas y para ellos, si no haces lo que dices, opinan o se encaprichan, mañana no saldrá ni el sol ni las nubes. 

9.- La gente tóxica no respeta el espacio del otro

Y lo invaden constantemente preguntando cosas del ámbito personal. No lo hace porque, de corazón, se interesen por ti. Recuerda siempre que es una forma de recabar datos para luego utilizarlos en tu contra. Por eso, si no tienes una autoestima evolucionada tienes que andarte con ojo a quien le cuentas tus intimidades.

10.- Las personas adictas siempre crean ambientes tóxicos

Por eso, es tan difícil convivir con ellas cuando están enganchadas a una droga, al juego o a la tecnología. Este tipo de personas crean una ciénaga alrededor suya que convierten la convivencia en un infierno. Ante esta situación solo se sale con ayuda profesional y especializada. No caigas en la tentación de querer redimir a un adicto. En cualquier momento puede saltar creando una guerra a su alrededor que te sea muy difícil controlar, atajar o contratacar a tu favor. 

¿Qué hacer para no caer en las redes de la gente tóxica?

Lo más sensato es no acercarse a ellas, pero esto no es posible cuando están dentro de nuestro ámbito laboral o, aún más difícil, en nuestra casa. La gente tóxica envenena con su ira, resentimiento y actos egoístas todo lo que tocan. Por eso, es fundamental que tengas tu autoestima en el punto óptimo para darte cuenta de la manipulación de estos individuos cuanto antes.

También es primordial saber, conocer y reconocer cómo se manejan en el mundo para que sus hilos afilados te hagan el menor daño posible. En cualquier caso, aunque siempre te van a hacer creer lo contrario, ten en cuenta que el problema no lo tienes tú. El conflicto está en la gente tóxica que utiliza la descalificación, la manipulación y las palabras hirientes para hacer daño al otro.

Te doy un repaso a los escenarios más probables en los que te puedes encontrar gente tóxica. 

1.- Gente tóxica en el trabajo, ¿qué hago para no amargarme en el día a día? 

La OMS ya considera el Sindrome de burnout como una enfermedad de corte laboral. Este se produce cuando se ha generado cortisol a raudales para poder soportar el estrés continuado. La gente tóxica es especialista en quemar a todos los que están a su alrededor ya sean compañeros, jefes, proveedores o clientes.  Se las apañan para generar un clima laboral espeso en el que las prisas, las obligaciones, el “para ya” sea una constante. Crean un día a día insufrible en el que el trabajo se vuelve una maldición y el que se ve enredado en sus redes se ve como incapaz para cumplir todo aquello que se espera de él. Es normal este sentimiento teniendo en cuenta que las personas tóxicas no tienen límites. Para ello, nada es suficiente. 

Si se crece un 10% habría que haberlo hecho al 11,1%.  Si hay un retraso en la entrega de cualquier trabajo (por causas razonables), se lo tomará como si mañana no saliera el sol. Siempre tendrá el modo perfecto de hacer las cosas y el tuyo no tiene ningún valor. Lo que tú sabes no sirve para el proyecto. Siempre será perfecto el plan que presente él o ella. El de los demás no sirve. Ante esta situación o te provees de una armadura de sabiduría extrema, paciencia infinita y una autoestima a prueba de bomba nuclear o tienes que abandonar. Se puede hacer de diversas maneras según sea tu posición, pero, a la postre, todo consistirá en apartar de tu vida esa persona. Si estás instalado en una zona de confort muy amplia que crees que necesitas (sí o sí) esos ingresos para sobrevivir, serás la víctima propiciatoria para esta gente tóxica que no dudarán en hacer moobing a la primeras de cambio. 

Tu éxito para liberarte de estas personas tóxicas está en la independencia y en la fortaleza para buscarte otra posición si fuera necesario. Incluso si es un compañero el que ejerce estas malas artes te va a ser muy difícil demostrar ante tus superiores que el peligro es él o ella. Estos individuos, además, se dedican a boicotear  (o a apropiarse) cualquier idea original que surja. Mientras puedes liberarte de esta situación o esta persona tóxica es despedida (porque se den cuenta de lo que es), es imprescindible que no cuentes nada de tu vida privada, ni que dejes traslucir una situación de necesidad o complicada a nivel personal o laboral.

¡Recuerda que la gente tóxica se alimenta de tus debilidades para utilizarlas en tu contra! Cuanto menos sepan de ti, mejor.  

2.- También existe la familia tóxica

Desafortunadamente, el hogar envenenado por los entresijos de una madre narcisista, problemas con el alcohol u otras drogas, conflictos emocionales no resueltos, envidias o falta de colaboración es más frecuente de lo que creemos. La sociedad actual se ha vuelto individualista y hedonista (sin ni siquiera saber la fuerza de esta filosofía) y eso llega hasta la familia. Si la madre tiene conflictos con ella misma, lo transmitirá a sus vástagos. Si el padre sufre de depresión o cualquier trastorno de la personalidad, creará un ambiente oscuro a su alrededor. Romper con la familia tóxica es dinamitar el último tabú, el que nos dice que nada malo puede suceder en los muros del hogar. Y sí puede ocurrir. Los periódicos traen noticias  de este cariz a diario. 

Toca no sentirse culpable en primera instancia. Tú no eres el responsable de lo que hagan los demás o de lo que quieran hacerte cargar a ti. En estos casos, va a ser muy difícil salir de la situación por medios propios y se hará necesario acompañamiento profesional que de las pautas para alejarse de la familia sin herir a nadie inocente. La oveja negra (tal como se conoce popularmente), en un alto porcentaje, tiene la misión de hacer ver cuáles son los fallos dentro del clan. 

Cultiva tu independencia de la manera más satisfactoria para ti y no tengas reparos en decir no a propuestas que consideres abusivas. Aunque es muy difícil (incluso para personas entrenadas expresamente), intenta ver a tu familia desde fuera, como si no fuera la tuya. En ese despegue te darás cuenta donde está la manipulación y te será más fácil zafarte de ell

3.- La gente tóxica crea relaciones tóxicas

No puede ser de otra manera porque no saben hacer las cosas de otra manera. Por eso, buscarán parejas vulnerables con las que puedan ejercer maltrato psicológico y/o físico. Tendrán amigos solo por interés. Sus relaciones serán superficiales y siempre querrán una ganancia, del tipo que sean. Se resistirán a soltar y no dejarán ir cuando el otro quiera deshacer la relación (del tipo que sea). Siempre habrá una promesa de cambio o de mejoría que no cumplirán. La gente tóxica por regla general es mitómana. Esto es, se crean un mundo paralelo donde ellos son perfectos. Se lo creen y lo intentan hacer creer a los demás. Pide ayuda si estás en una relación de este tipo y no tienes herramientas para volver a andar la vida con relativa soltura. 

4.- La gente tóxica está por todas partes 

Así sin más. En cualquier sitio y te la encontrarás en forma de vecina chismosa, del panadero deslenguado, del cliente que no respeta, del que no paga las facturas, del que siempre está diciéndote lo que debes hacer (y tú no has pedido opinión), del que manipula, del que quiere saber todo ti. Ten en cuenta esta máxima: si hay alguien que te sonsaca para saber más de ti de lo que tú estás dispuesto a contar ese es, siempre, una persona tóxica. ¿Por qué? Porque es su estrategia para luego manipular y crear una relación siempre a su favor. 

Ante la gente tóxica recuerda siempre… 

1.- Como norma general, sé escrupuloso y elegante a la hora de publicar asuntos privados en las redes sociales. Si te gustan, que sean contenidos positivos que no puedan nunca ser utilizados en tu contra. O si lo hacen, que no te importe. 

2.- No hables mal de nadie, ni siquiera de esta gente tóxica. Su furia puede desatarse en cualquier momento y no tendrán escrúpulos en hacerte mucho daño para salirse con la suya. 

3.- Rodéate de quienes te hacen sentir bien, de quienes te aportan aire positivo y luminoso, de quienes ves que son fuente de inspiración, de las personas sencillas, de los que se han superado a sí mismos viniendo de situaciones terribles, de los que saben perdonar y de quienes no guardan ningún rencor. Estos son la antítesis de las personas tóxicas. 

4.- Ten muy claro cuáles son los límites que no deben traspasarse nunca: el del insulto velado, el de las palabras más altas que otras, el de la intimidación, el del chantaje, el del miedo, el de la acusación… Si lo sientes, te lo están haciendo (¡no son imaginaciones tuyas!) y ante ti tienes los comportamientos de gente tóxica.

¡Pon siempre distancia! 

Por Candela Vizcaíno

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Las personas tóxicas son aquellas que restan en lugar de sumar. Su contacto es siempre desagradable dejándote con una mala sensación sin saber muy bien por qué. 

En el espíritu existen dos vibraciones fundamentales: la más alta es la del amor y la más baja es la del miedo. Si la primera es la proveedora de dones como la generosidad, la confianza, la entrega, la superación, la resilencia o la alegría, el segundo es el emplazamiento del materialismo, el pesimismo, la envidia y el veneno de la ira. En el primero nos superamos día a día caminando con paso firme hacia la serenidad, antesala de la felicidad. En la vibración del miedo nos emplazamos en una zona de confort eterna que no nos deja avanzar hacia nada bueno. Ni que decir tiene que todos podemos caer en la vibración del miedo en algún momento, pero hay quienes están instalados aquí y no hay manera de moverlos. Son las personas tóxicas. El término es nuevo, aunque los comportamientos y actitudes son tan antiguas como el mundo. 

Las personas tóxicas se han quedado atrapadas en un veneno emocional que no quieren trascender. Su mero contacto hace que nos sintamos abatidos, inseguros, tristes y con pensamientos negativos. Por eso, es importante aprender a reconocerlas cuanto antes para poder ponernos a salvo. A veces, por las circunstancias, es complicado, pero eso no quita para que nos resguardemos de su influencia.

10 tipos de personas tóxicas que debes evitar a toda costa 

1.- El negativo y pesimista que está barruntando constantemente el Apocalipsis final

Son los que siempre ven que se va a caer el mundo ante cualquier contratiempo, los que mueven Roma con Santiago ante cualquier problema. No son capaces de solucionar absolutamente nada y ven problemas incluso donde no los hay. Dependientes de los demás para cualquier cosa, creen que la juventud se ha corrompido por completo, que mañana no va a salir el Sol (ni tampoco las nubes). Su tremendismo puede llevarte a un estado de postración total, ya que también son expertos en hacerte cargar con sus tareas cotidianas y su negatividad. La vida, por supuesto, no es un camino de rosas, pero tampoco un valle de espinas como se empeñan estas personas tóxicas. 

2.- El envidioso y murmurador que habla mal de todo el mundo, personas tóxicas a evitar siempre

¡De ti también en cuanto te has dado la vuelta! Se las apaña para criticar incluso las virtudes de los que están a su alrededor. Todo el mundo tiene problemas menos ellos. Son los que airean trapos sucios, los que no saben callar no ya un secreto sino el más mínimo asunto. Suelen ser personas tóxicas desleales, que hablan a extraños de intimidades de pareja, de problemas con sus hijos o de asuntos que, por las razones que sean, deberían mantener un mínimo de discreción. ¡Ojo! En esta categoría no entra el amigo que te cuenta un problema en busca de ayuda o de un poco de compresión o de la conversación normal (aunque nos excedamos en el sabio no juicio) entre colegas y personas que se quieren. Este tipo de personas hablan, critican, murmuran constantemente y no tienen ningún empacho incluso en atacar el honor básico de los que se encuentran a su alrededor.  No se paran incluso ante la posiblidad de la calumnia y aquí estamos ante un delito. 

3.- El desagradecido que es incapaz de ver la grandiosidad de gestos importantes y siempre quiere más

Este tipo de personas tóxicas, además, no han sido capaces de hacer nada bueno por ellos mismos ni conseguir ningún logro meritorio. Cuando llega algo positivo a sus vidas son incapaces de agradecer y de estar felices con ese don. Se las apañan para empañar regalos, tiempo, generosidad, cariño y oportunidad con su veneno. En este tipo de personas tóxicas entran también aquellas que echan por tierra un viaje en grupo porque la habitación no está a 24 grados o porque se visitó un sitio a las 9 cuando estaba programado a las 10. Son incapaces de despegarse de estas nimiedades haciendo una bola inmensa con cosas que no tienen importancia consiguiendo arruinar un día maravilloso o una oportunidad importante. Tienen la habilidad de minar tu autoestima de tal manera que pude llegar a ser peligroso para ti. Comienzas a dar y a entregar sin recibir nada a cambio. Personas que están pasando un mal momento pueden verse envueltas en estas dinámicas peligrosas. 

4.- El que tiene miedo a todo, uno de los tipos de personas tóxicas más peligrosas 

Si estás hablando con ellos durante una hora, seguramente aparecerá así sin más la palabra “miedo” referido a cualquier cosa. Tienen miedo a que se incendie la casa, a que venga la policía a llevarlos a la cárcel, a que le roben, a enfermar… Los hipocondriacos son un tipo de personas tóxicas que anulan la alegría de los que están alrededor infectando el ambiente de una negrura extraña donde siempre hay acechando fantasmas terribles y desconocidos. 

5.- El narcisista que exige que el mundo gire alrededor de ellos

El mundo tiene que girar alrededor de ellos porque son las personas más maravillosas del mundo. Siempre tienen razón y nunca se equivocan. Hacen todo lo posible para que los que están alrededor le rindan pleitesía en todo momento. La personalidad del narcisista es tan compleja y destructiva que ya hay psicólogos especialistas en reparar los daños ocasionados en sus víctimas. Se infiltran en las vidas de los demás sin dejarles margen para la libertad. Cuando estamos ante una madre narcisista el problema es más agudo, ya que, en la mayoría de los casos, ejerce un daño difícil de reparar en la familia. 

6.- El psicópata, la persona tóxica a alejar de tu vida cuanto antes

Porque el daño que te puede hacer es incluso denunciable ante la justicia. Ya no estamos ante una persona negativa, pesimista o triste porque sí que se afana por empañar la luz del mundo. El psicópata es un seguidor del Mal así con mayúsculas. No dudará en ejercer maltrato psicológico para conseguir sus fines, en empequeñecer cualquier logro, en levantar cizaña en cualquier ambiente ya sea laboral, familiar o social. Son personas con un alma atormentada que exigen cariño sin dar nada a cambio, que anulan a sus víctimas hasta empequeñecerlas tanto que, en ocasiones, estas necesitan años de terapia para reponerse. 

7.- El seguidor de Maquiavelo o manipulador, para completar la triada oscura

Los otros vértices son el psicópata y el narcisista. El nombre viene del escritor y político Nicolás Maquiavelo quien, en 1513, escribió la obra El Príncipe, un compendio para manipular a los rivales con una sonrisa y sin que se note mucho lo que estás tramando. Con esto ya digo todo lo que puede ser este tipo de personas tóxicas que se agazapan en puestos de poder, en las comunidades de vecinos, en los círculos de amistades y en todos esos emplazamientos donde puedan sacar provecho sin importarles en absoluto qué daño pueden hacer sus acciones. 

8.- El adicto a cualquier sustancia ya que envenena con su actitud cualquier ambiente y son siempre personas tóxicas

No vamos a negar que quien está preso de cualquier sustancia o actitud es un esclavo que necesita ayuda urgente, pero esta debe ser solicitada y ofrecida por profesionales. Una persona que entra en la espiral destructora de alcohol, ludopatía o drogas solo puede generar un aire viciado a su alrededor que intoxica a aquellos que, de buena gana, están dispuestos a echar una mano. Y eso sin contar, reduciendo mucho la problemática, que, debido a la adicción, es fácil que caigan en la ira descontrolada y en la violencia física. En los centros de trabajo ya se pone mucho cuidado en apartar a este tipo de personas inmediatamente. En el hogar es necesario pedir ayuda cuanto antes. 

9.- El egoísta, el grupo de personas tóxicas más comunes

Las más frecuentes, las que solo piensan en ellas mismas sin tener ninguna patología “grave”. Son individuos que les cuesta trabajo ponerse en el lugar de los otros y que solo miran por su interés. Son difíciles de tratar y expertos en robar energía poco a poco. 

10.- El que va de víctima por la vida y toda la culpa la tienen los demás

Son personas tóxicas que achacan al karma una supuesta mala suerte que solo les corresponde a ellos mismos. Incapaces de mover un dedo para superarse o mejorar, todo lo que les ocurre es por culpa de anteriores parejas, jefes, el gobierno o el sistema que rige el Universo. Aunque puede haber un narcisismo solapado en esta actitud, en el fondo subyace una pereza mental patológica que busca en el otro la solución a todos los problemas y la resolución de cualquier tarea por muy sencilla que sea. Están, además, invadidos por una ira descontrolada y un resentimiento profundo hacia el resto del mundo.  

Cómo son las personas tóxicas: características generales 

1.- Están siempre criticando y diciendo como deben hacerse las cosas

Son maestros en meterse en tu vida y en ejercer juicios de valor sin estar autorizado a ello. Son los que llevan una existencia a todas luces poca afortunada y tienen la solución a cómo debes cortar la hierba del césped. Son tan atrevidos que dan su opinión con una arrogancia que a una persona normal le sonrojaría. 

2.- Están situados en una zona de confort perenne

No hacen ningún esfuerzo por salir, por superarse, por resolver, por dar, por soltar si hiciera falta. Su mundo es un lugar concreto (a veces literalmente) donde es imposible que salgan. No se atreven a probar cosas nuevas, a viajar, a estudiar, a embarcarse en rumbos desconocidos. La zona de confort donde el progreso no es posible es, sencillamente, su mundo. 

3.- Todo a su alrededor son problemas y más problemas

Y tú no sabes por qué. Pero todo se les vuelve en contra. Quizás porque son maestros en meterse en dificultades. Es imposible que hagan un plan para simplificar la vida. 

4.- Las personas tóxicas son quejicas y los culpables son siempre los demás

Si buscan pareja, todas las anteriores han sido terribles. Su familia es poco más o menos que el clan demoniaco. Los socios, jefes o compañeros de trabajo lo han timado. No han sido capaces de hacer nada bueno en la vida. Pregúntate por qué. 

5.- A poco que te fijes son perezosas y vagas. No producen nada

Suelen ser maestros (sobre todo los tipos narcisistas y psicópatas) de parasitar de los demás, Siempre son otros los que hacen el trabajo, las tareas de la casa, la parte de esfuerzo que les corresponde. Las personas tóxicas suelen ser indolentes, dadas a perder el tiempo (no digo que les guste el ocio, los viajes o pasar horas con su familia), a no pararse a producir algo que les haga felices. Suelen evadir toda su responsabilidad en los demás. 

6.- Las personas tóxicas nunca agradecen aunque le des tu vida a cambio de nada

Este es una de las características más impactantes. Si dicen “gracias” es para que no se les note que son de esta condición. Al no agradecer, no se sienten satisfechos con nada y no disfrutan ni de las mejores cosas o personas. 

7.- Mienten y algunos llegan hasta a inventarse  una vida paralela

Las personas tóxicas mienten sobre cualquier cosa aunque sean nimiedades. Es frecuente que se inventen hechos o circunstancias positivas ni que por asomo forman parte de su vida. Hay quienes llegan a montar todo un tinglado paralelo de mentira a su alrededor. 

8.-Las personas tóxicas se meten en tu vida sin que le des permiso juzgando a diestro y siniestro

Son maestros a la hora de ver tus debilidades. Los asimilan y se meten en tu vida juzgándote constantemente y haciéndote sentir mal. Es en este preciso momento cuando debes trazar una frontera entre ellos y tú. Nadie tiene derecho a hacer que te sientas mal. Si lo hace, aunque sea con buenas palabras, es porque algo pretende de ti. Normalmente la intención es desvalorizarte para, a continuación, sacar provecho. ¡No dejes que te roben tu luz! 

9.- Las personas tóxicas se enfadan con mucha facilidad y son propensos a la ira, a vocear y a la violencia

Si quieres dar tu opinión, expresar como te sientes, manifestar que te está haciendo daño su reacción es vocear, insultar, manejar la ira (psicológica o, peor aún, física). En casos extremos llegan a la violencia. Si ves que la ejerce con alguien ajeno a ti, no dudes que, más temprano que tarde, la va a realizar contra ti. ¡Aléjate en cuanto puedas! Incluso si es alguien de trabajo, vete cuanto antes. Búscate otro empleo aunque esté peor remunerado. Este tipo de personas tóxicas son peligrosas y envician cualquier ambiente. 

10.- Consideran que se les falta el respeto con actos que son nimiedades

Si son maestros en agredir psicológicamente y espiritualmente a los otros, ellos se sienten dañados por tonterías. Cualquier gesto puede ser interpretado como una ofensa irreparable y tú te quedas totalmente descolocado porque sientes, de corazón, que no ha sido para tanto.  

¿Qué poder ejercen sobre ti las personas tóxicas?

1.- En el trabajo, sobre todo si son superiores, jefes o clientes, pueden llegar a tal carga mental que desarrolles el Síndrome de burnout. Es tan grave que sentirás no poder afrontar tareas sencillas. 

2.- En el hogar pueden llegar al maltrato psicológico con todas las consecuencias tan terribles de este hecho. Suelen ser personas expertas en herir la autoestima. 

3.- Suelen infectar cualquier relación con negatividad y estrés. 

4.- Las personas tóxicas generan confusión allí donde van. Sientes que tu energía vital se apaga y, aunque tu vibración sea la del amor y la entrega, te ves arrastrado hacia el miedo sin saber por qué. 

5.- Cuando la persona tóxica es tu pareja o está en tu familia cercana, puede herirte psicológicamente de por vida incluso. Va a ser tanto que necesitarás ayuda para salir de esta situación. La buena noticia (siempre la hay) es que vas a salir y además con un brillo más fuerte del que tenías. 

6.- La confusión y el miedo que generan a su alrededor es tanto que puedes tomar decisiones importantes de manera equivocada simplemente porque te ha guiado esos mandatos inconscientes anidados por las personas tóxicas. 

7.- También son expertos en envenenar el resto de relaciones que tengas con otras personas maravillosas que se alejan al verte inserto en esa negrura. 

9.- Son, en definitiva, expertos en desbaratar vidas por diversos medios. 

¿Cómo debes actuar para que las personas tóxicas no te influencien? 

1.- Lo único que puedes hacer es alejarte. ¡Así sin más! Este tipo de personas no cambian nunca. Solo algunas se dan cuenta de lo que son y, por las razones que sean, piden ayuda. Incluso si se trata de tu familia lo mejor es poner distancia (cuanto más mejor) para que no te envenenen más. Una vez que tienes identificado qué es lo que ocurre es más fácil resistirte a bajar a su vibración. 

2.- Haz terapia detox mental. Cuídate, mímate y ten siempre presente los límites. Cuanto más te ames de manera sana y más alegría atesores, menos daño te pueden hacer este tipo de personas. 

3.- No te lo tomes como algo personal. Recuerda siempre que hieren con palabras y que mienten. Eso que estás diciendo de ti no es verdad. Es su envidia y su veneno el que sale de su boca. 

4.- Practica el perdón. Sabemos que es difícil pero también se aprende. Es la única manera de que estas personas no jueguen contigo y seas tan fuerte como pararlas con tu luz.  

Y, por último, recuerda siempre: si no puedes, abandona. Esa no es tu guerra ni ninguna otra. 

Por Candela Vizcaíno 

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Las personas tóxicas son aquellas que restan en lugar de sumar. Su contacto es siempre desagradable dejándote con una mala sensación sin saber muy bien por qué. 

En el espíritu existen dos vibraciones fundamentales: la más alta es la del amor y la más baja es la del miedo. Si la primera es la proveedora de dones como la generosidad, la confianza, la entrega, la superación, la resilencia o la alegría, el segundo es el emplazamiento del materialismo, el pesimismo, la envidia y el veneno de la ira. En el primero nos superamos día a día caminando con paso firme hacia la serenidad, antesala de la felicidad. En la vibración del miedo nos emplazamos en una zona de confort eterna que no nos deja avanzar hacia nada bueno. Ni que decir tiene que todos podemos caer en la vibración del miedo en algún momento, pero hay quienes están instalados aquí y no hay manera de moverlos. Son las personas tóxicas. El término es nuevo, aunque los comportamientos y actitudes son tan antiguas como el mundo. 

Las personas tóxicas se han quedado atrapadas en un veneno emocional que no quieren trascender. Su mero contacto hace que nos sintamos abatidos, inseguros, tristes y con pensamientos negativos. Por eso, es importante aprender a reconocerlas cuanto antes para poder ponernos a salvo. A veces, por las circunstancias, es complicado, pero eso no quita para que nos resguardemos de su influencia.

10 tipos de personas tóxicas que debes evitar a toda costa 

1.- El negativo y pesimista que está barruntando constantemente el Apocalipsis final

Son los que siempre ven que se va a caer el mundo ante cualquier contratiempo, los que mueven Roma con Santiago ante cualquier problema. No son capaces de solucionar absolutamente nada y ven problemas incluso donde no los hay. Dependientes de los demás para cualquier cosa, creen que la juventud se ha corrompido por completo, que mañana no va a salir el Sol (ni tampoco las nubes). Su tremendismo puede llevarte a un estado de postración total, ya que también son expertos en hacerte cargar con sus tareas cotidianas y su negatividad. La vida, por supuesto, no es un camino de rosas, pero tampoco un valle de espinas como se empeñan estas personas tóxicas. 

2.- El envidioso y murmurador que habla mal de todo el mundo, personas tóxicas a evitar siempre

¡De ti también en cuanto te has dado la vuelta! Se las apaña para criticar incluso las virtudes de los que están a su alrededor. Todo el mundo tiene problemas menos ellos. Son los que airean trapos sucios, los que no saben callar no ya un secreto sino el más mínimo asunto. Suelen ser personas tóxicas desleales, que hablan a extraños de intimidades de pareja, de problemas con sus hijos o de asuntos que, por las razones que sean, deberían mantener un mínimo de discreción. ¡Ojo! En esta categoría no entra el amigo que te cuenta un problema en busca de ayuda o de un poco de compresión o de la conversación normal (aunque nos excedamos en el sabio no juicio) entre colegas y personas que se quieren. Este tipo de personas hablan, critican, murmuran constantemente y no tienen ningún empacho incluso en atacar el honor básico de los que se encuentran a su alrededor.  No se paran incluso ante la posiblidad de la calumnia y aquí estamos ante un delito. 

3.- El desagradecido que es incapaz de ver la grandiosidad de gestos importantes y siempre quiere más

Este tipo de personas tóxicas, además, no han sido capaces de hacer nada bueno por ellos mismos ni conseguir ningún logro meritorio. Cuando llega algo positivo a sus vidas son incapaces de agradecer y de estar felices con ese don. Se las apañan para empañar regalos, tiempo, generosidad, cariño y oportunidad con su veneno. En este tipo de personas tóxicas entran también aquellas que echan por tierra un viaje en grupo porque la habitación no está a 24 grados o porque se visitó un sitio a las 9 cuando estaba programado a las 10. Son incapaces de despegarse de estas nimiedades haciendo una bola inmensa con cosas que no tienen importancia consiguiendo arruinar un día maravilloso o una oportunidad importante. Tienen la habilidad de minar tu autoestima de tal manera que pude llegar a ser peligroso para ti. Comienzas a dar y a entregar sin recibir nada a cambio. Personas que están pasando un mal momento pueden verse envueltas en estas dinámicas peligrosas. 

4.- El que tiene miedo a todo, uno de los tipos de personas tóxicas más peligrosas 

Si estás hablando con ellos durante una hora, seguramente aparecerá así sin más la palabra “miedo” referido a cualquier cosa. Tienen miedo a que se incendie la casa, a que venga la policía a llevarlos a la cárcel, a que le roben, a enfermar… Los hipocondriacos son un tipo de personas tóxicas que anulan la alegría de los que están alrededor infectando el ambiente de una negrura extraña donde siempre hay acechando fantasmas terribles y desconocidos. 

5.- El narcisista que exige que el mundo gire alrededor de ellos

El mundo tiene que girar alrededor de ellos porque son las personas más maravillosas del mundo. Siempre tienen razón y nunca se equivocan. Hacen todo lo posible para que los que están alrededor le rindan pleitesía en todo momento. La personalidad del narcisista es tan compleja y destructiva que ya hay psicólogos especialistas en reparar los daños ocasionados en sus víctimas. Se infiltran en las vidas de los demás sin dejarles margen para la libertad. Cuando estamos ante una madre narcisista el problema es más agudo, ya que, en la mayoría de los casos, ejerce un daño difícil de reparar en la familia. 

6.- El psicópata, la persona tóxica a alejar de tu vida cuanto antes

Porque el daño que te puede hacer es incluso denunciable ante la justicia. Ya no estamos ante una persona negativa, pesimista o triste porque sí que se afana por empañar la luz del mundo. El psicópata es un seguidor del Mal así con mayúsculas. No dudará en ejercer maltrato psicológico para conseguir sus fines, en empequeñecer cualquier logro, en levantar cizaña en cualquier ambiente ya sea laboral, familiar o social. Son personas con un alma atormentada que exigen cariño sin dar nada a cambio, que anulan a sus víctimas hasta empequeñecerlas tanto que, en ocasiones, estas necesitan años de terapia para reponerse. 

7.- El seguidor de Maquiavelo o manipulador, para completar la triada oscura

Los otros vértices son el psicópata y el narcisista. El nombre viene del escritor y político Nicolás Maquiavelo quien, en 1513, escribió la obra El Príncipe, un compendio para manipular a los rivales con una sonrisa y sin que se note mucho lo que estás tramando. Con esto ya digo todo lo que puede ser este tipo de personas tóxicas que se agazapan en puestos de poder, en las comunidades de vecinos, en los círculos de amistades y en todos esos emplazamientos donde puedan sacar provecho sin importarles en absoluto qué daño pueden hacer sus acciones. 

8.- El adicto a cualquier sustancia ya que envenena con su actitud cualquier ambiente y son siempre personas tóxicas

No vamos a negar que quien está preso de cualquier sustancia o actitud es un esclavo que necesita ayuda urgente, pero esta debe ser solicitada y ofrecida por profesionales. Una persona que entra en la espiral destructora de alcohol, ludopatía o drogas solo puede generar un aire viciado a su alrededor que intoxica a aquellos que, de buena gana, están dispuestos a echar una mano. Y eso sin contar, reduciendo mucho la problemática, que, debido a la adicción, es fácil que caigan en la ira descontrolada y en la violencia física. En los centros de trabajo ya se pone mucho cuidado en apartar a este tipo de personas inmediatamente. En el hogar es necesario pedir ayuda cuanto antes. 

9.- El egoísta, el grupo de personas tóxicas más comunes

Las más frecuentes, las que solo piensan en ellas mismas sin tener ninguna patología “grave”. Son individuos que les cuesta trabajo ponerse en el lugar de los otros y que solo miran por su interés. Son difíciles de tratar y expertos en robar energía poco a poco. 

10.- El que va de víctima por la vida y toda la culpa la tienen los demás

Son personas tóxicas que achacan al karma una supuesta mala suerte que solo les corresponde a ellos mismos. Incapaces de mover un dedo para superarse o mejorar, todo lo que les ocurre es por culpa de anteriores parejas, jefes, el gobierno o el sistema que rige el Universo. Aunque puede haber un narcisismo solapado en esta actitud, en el fondo subyace una pereza mental patológica que busca en el otro la solución a todos los problemas y la resolución de cualquier tarea por muy sencilla que sea. Están, además, invadidos por una ira descontrolada y un resentimiento profundo hacia el resto del mundo.  

Cómo son las personas tóxicas: características generales 

1.- Están siempre criticando y diciendo como deben hacerse las cosas

Son maestros en meterse en tu vida y en ejercer juicios de valor sin estar autorizado a ello. Son los que llevan una existencia a todas luces poca afortunada y tienen la solución a cómo debes cortar la hierba del césped. Son tan atrevidos que dan su opinión con una arrogancia que a una persona normal le sonrojaría. 

2.- Están situados en una zona de confort perenne

No hacen ningún esfuerzo por salir, por superarse, por resolver, por dar, por soltar si hiciera falta. Su mundo es un lugar concreto (a veces literalmente) donde es imposible que salgan. No se atreven a probar cosas nuevas, a viajar, a estudiar, a embarcarse en rumbos desconocidos. La zona de confort donde el progreso no es posible es, sencillamente, su mundo. 

3.- Todo a su alrededor son problemas y más problemas

Y tú no sabes por qué. Pero todo se les vuelve en contra. Quizás porque son maestros en meterse en dificultades. Es imposible que hagan un plan para simplificar la vida. 

4.- Las personas tóxicas son quejicas y los culpables son siempre los demás

Si buscan pareja, todas las anteriores han sido terribles. Su familia es poco más o menos que el clan demoniaco. Los socios, jefes o compañeros de trabajo lo han timado. No han sido capaces de hacer nada bueno en la vida. Pregúntate por qué. 

5.- A poco que te fijes son perezosas y vagas. No producen nada

Suelen ser maestros (sobre todo los tipos narcisistas y psicópatas) de parasitar de los demás, Siempre son otros los que hacen el trabajo, las tareas de la casa, la parte de esfuerzo que les corresponde. Las personas tóxicas suelen ser indolentes, dadas a perder el tiempo (no digo que les guste el ocio, los viajes o pasar horas con su familia), a no pararse a producir algo que les haga felices. Suelen evadir toda su responsabilidad en los demás. 

6.- Las personas tóxicas nunca agradecen aunque le des tu vida a cambio de nada

Este es una de las características más impactantes. Si dicen “gracias” es para que no se les note que son de esta condición. Al no agradecer, no se sienten satisfechos con nada y no disfrutan ni de las mejores cosas o personas. 

7.- Mienten y algunos llegan hasta a inventarse  una vida paralela

Las personas tóxicas mienten sobre cualquier cosa aunque sean nimiedades. Es frecuente que se inventen hechos o circunstancias positivas ni que por asomo forman parte de su vida. Hay quienes llegan a montar todo un tinglado paralelo de mentira a su alrededor. 

8.-Las personas tóxicas se meten en tu vida sin que le des permiso juzgando a diestro y siniestro

Son maestros a la hora de ver tus debilidades. Los asimilan y se meten en tu vida juzgándote constantemente y haciéndote sentir mal. Es en este preciso momento cuando debes trazar una frontera entre ellos y tú. Nadie tiene derecho a hacer que te sientas mal. Si lo hace, aunque sea con buenas palabras, es porque algo pretende de ti. Normalmente la intención es desvalorizarte para, a continuación, sacar provecho. ¡No dejes que te roben tu luz! 

9.- Las personas tóxicas se enfadan con mucha facilidad y son propensos a la ira, a vocear y a la violencia

Si quieres dar tu opinión, expresar como te sientes, manifestar que te está haciendo daño su reacción es vocear, insultar, manejar la ira (psicológica o, peor aún, física). En casos extremos llegan a la violencia. Si ves que la ejerce con alguien ajeno a ti, no dudes que, más temprano que tarde, la va a realizar contra ti. ¡Aléjate en cuanto puedas! Incluso si es alguien de trabajo, vete cuanto antes. Búscate otro empleo aunque esté peor remunerado. Este tipo de personas tóxicas son peligrosas y envician cualquier ambiente. 

10.- Consideran que se les falta el respeto con actos que son nimiedades

Si son maestros en agredir psicológicamente y espiritualmente a los otros, ellos se sienten dañados por tonterías. Cualquier gesto puede ser interpretado como una ofensa irreparable y tú te quedas totalmente descolocado porque sientes, de corazón, que no ha sido para tanto.  

¿Qué poder ejercen sobre ti las personas tóxicas?

1.- En el trabajo, sobre todo si son superiores, jefes o clientes, pueden llegar a tal carga mental que desarrolles el Síndrome de burnout. Es tan grave que sentirás no poder afrontar tareas sencillas. 

2.- En el hogar pueden llegar al maltrato psicológico con todas las consecuencias tan terribles de este hecho. Suelen ser personas expertas en herir la autoestima. 

3.- Suelen infectar cualquier relación con negatividad y estrés. 

4.- Las personas tóxicas generan confusión allí donde van. Sientes que tu energía vital se apaga y, aunque tu vibración sea la del amor y la entrega, te ves arrastrado hacia el miedo sin saber por qué. 

5.- Cuando la persona tóxica es tu pareja o está en tu familia cercana, puede herirte psicológicamente de por vida incluso. Va a ser tanto que necesitarás ayuda para salir de esta situación. La buena noticia (siempre la hay) es que vas a salir y además con un brillo más fuerte del que tenías. 

6.- La confusión y el miedo que generan a su alrededor es tanto que puedes tomar decisiones importantes de manera equivocada simplemente porque te ha guiado esos mandatos inconscientes anidados por las personas tóxicas. 

7.- También son expertos en envenenar el resto de relaciones que tengas con otras personas maravillosas que se alejan al verte inserto en esa negrura. 

9.- Son, en definitiva, expertos en desbaratar vidas por diversos medios. 

¿Cómo debes actuar para que las personas tóxicas no te influencien? 

1.- Lo único que puedes hacer es alejarte. ¡Así sin más! Este tipo de personas no cambian nunca. Solo algunas se dan cuenta de lo que son y, por las razones que sean, piden ayuda. Incluso si se trata de tu familia lo mejor es poner distancia (cuanto más mejor) para que no te envenenen más. Una vez que tienes identificado qué es lo que ocurre es más fácil resistirte a bajar a su vibración. 

2.- Haz terapia detox mental. Cuídate, mímate y ten siempre presente los límites. Cuanto más te ames de manera sana y más alegría atesores, menos daño te pueden hacer este tipo de personas. 

3.- No te lo tomes como algo personal. Recuerda siempre que hieren con palabras y que mienten. Eso que estás diciendo de ti no es verdad. Es su envidia y su veneno el que sale de su boca. 

4.- Practica el perdón. Sabemos que es difícil pero también se aprende. Es la única manera de que estas personas no jueguen contigo y seas tan fuerte como pararlas con tu luz.  

Y, por último, recuerda siempre: si no puedes, abandona. Esa no es tu guerra ni ninguna otra. 

Por Candela Vizcaíno 

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Conoce el síndrome de burnout, una de las patologías contemporáneas asociadas al estrés laboral. Así son sus síntomas, causas y tratamiento del conocido como trabajador quemado. 

La noticia ha corrido como la pólvora a finales del mayo de 2019: la OMS ha introducido en su catálogo el síndrome de burnout o del trabajador quemado en la lista de las enfermedades invalidantes de corte laboral. En este caso, la clasificación no es baladí o sin importancia, ya que los profesionales de la salud han considerado que esta condición no se da por circunstancias emocionales más o menos adversas. Esto es, no se produce si tienes un duelo complicado o estás pasando un divorcio duro o una mala racha económica o, incluso, todo a la vez. El síndrome de burnout está ligado a las condiciones laborales contemporáneas y es una respuesta del organismo a una mala praxis laboral ya sea de modo colectivo o achacable a una empresa concreta. 

En los próximos años habrá un ir y venir de sentencias de los juzgados (con bajas por invalidez), expertos, agentes sociales y todo el que tenga algo que decir sobre el asunto y ya nos iremos enterando a su debido tiempo. La buena (y mala a la vez) noticia es que la OMS ya ha introducido este síndrome en el catálogo. Por contra, es de tal entidad que no se puede achacar a un episodio de estrés puntual y ni siquiera a una crisis de ansiedad o una depresión. Es algo más profundo, tanto que cambia el carácter (esperemos que no sea para siempre) de quien lo sufre.  

Qué es el síndrome de burnout o trabajador quemado

Resumiendo mucho se engloba en esta definición una serie de patologías o contratiempos producidos por la actividad laboral y que deja al individuo que lo sufre prácticamente invalidado para seguir tareas sencillas. No se puede confundir con aquellas enfermedades u otros síndromes que surgen fruto de dolor psíquico por fracasos amorosos, familias disfuncionales, pérdida de seres queridos o, incluso, asuntos tan graves como el maltrato psicológico dentro del hogar y/o la pareja. El trabajador quemado es eso: una persona que se enfrenta a los sinsabores de buscarse el sustento a diario con un montón de resistencias constantes. 

Estrés laboral y burnout

Dicho así puede ser que lo suframos todos los que, de una manera u otra, tenemos que echar mano de una buena dosis de resilencia para hacer frente a los embates diarios. El síndrome de burnout, aunque tiene en el estrés un factor importante, no se puede confundir con un cuadro de este tipo más o menos intenso. Este último desaparece cuando se alejan sus causas (por poner un caso, en vacaciones o una baja laboral por agotamiento psicológico) mientras que el trabajador quemado ya lo está en esencia. Esto es, a no ser que desarrollemos terapias efectivas para retornar al ser anterior, es complicado que esta circunstancia no deje una huella indeleble en el carácter de quien lo sufre. 


Síntomas del síndrome de burnout  

1.- Cansancio, agotamiento extremo e, incluso, fatiga crónica

Es uno de los síntomas del síndrome de burnout más evidente. Cualquier acción física, por muy sencilla que esta sea, se hace un mundo. Es algo más que una desgana puntual y no remite con descanso. La persona va arrastrando su cuerpo (y hasta su vida) de una manera penosa casi. 

2.- Desmotivación extrema que no remite disfrutando de hechos aparentemente felices

La fatiga física se transforma paulatinamente en una falta de ilusión por completar cualquier proyecto o actividad. Ni el ocio ni el contacto con los seres queridos mitigan esta situación que va dejando una huella en el alma, como si fuera un pozo sin fondo de oscuridad donde se va resbalando lentamente. A veces se confunde con una depresión o, incluso, se llega a ella.  

3.- El síndrome de burnout produce irritabilidad

La persona no encuentra consuelo en ninguna actividad, hecho o plan alguno. Le va molestando los ruidos, los espacios cerrados y/o abiertos. Se aturrulla cuando se encuentra en un sitio abarrotado de gente. Todo se le vuelve difícil de disfrute y complicado de aceptar. 

4.- El insomnio se vuelve crónico así como los pensamientos recurrentes

A pesar de este cansancio tan evidente, conciliar el sueño se hace un mundo. Hay despertares nocturnos y dificultad para dejar atrás la vigilia. También son frecuentes las pesadillas en estos estados.  

5.- En casos extremos, se baja hacia la tristeza y/o la depresión

Con este cuadro es fácil caer en una grisura de dolor en el que el alma cambia y se llega a la tristeza y/o la depresión. No hay razón aparente. Simplemente, la persona se encuentra en un estado de embotamiento tal que le es difícil salir adelante. Por eso, hay que estar vigilante para no caer en una depresión. 

6.- El síndrome de burnout produce  ataques de ansiedad constantemente

Paralelamente se van produciendo esos episodios en el que el mundo se viene encima, falta el aire, la persona se cree morir y va a necesitar, incluso, de ayuda médica. Cuando el pánico se apodera de la persona paralizándola por completo llega un momento en el que entiende que algo debe cambiar para poder seguir adelante. Desgraciadamente, en nuestra cultura occidental se recurre con frecuencia a los fármacos (necesarios para bloquear el primer impacto) pero es más complicado que se ahonde en las causas que ha desembocado la situación. 

7.- Trastornos alimentarios con o sin pérdida de peso

Puede ser cualquier cosa: bulimia, anorexia, ansiedad por comer, atracones de comida, ansiedad a deshora… Es frecuente, para calmar la ansiedad, acudir a productos poco sanos, grasosos o con mucha azúcar. Con esta alimentación (que afecta al centro de recompensa del cerebro) la situación se agrava aún más. 

8.- Enfermedades psicosomáticas diversas sin causas aparentes

Sarpullidos, pérdida de voz, mareos, vértigos, vómitos (asociados o no a trastornos alimentarios), delgadez extrema o todo lo contrario. El cuerpo puede volverse en contra de la persona con cualquier enfermedad o síntoma psicosomático de muy difícil previsión y curación por los métodos tradiciones. 

9.- El síndrome de burnout puede estar detrás de algunas enfermedades graves

Hay algunos médicos (los que tienen una formación más holística) que afirman que detrás del cáncer (entre otras causas) se encuentran trastornos psicológicos como el síndrome del burnout, el estrés crónico o el dolor psíquico continuado. También es un factor de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares graves. 

10.- Ideas suicidas e, incluso, consecución del mismo

Al no ver salida alguna y no sentirse comprendido…


Causas del Síndrome de Burnout

Aunque es fácil achacar toda la culpa al ambiente laboral de algunas empresas con jefes, encargados o compañeros tóxicos cuando narcisistas o claramente psicópatas, bien es verdad que es el modo de vida contemporáneo el que lleva a romperse a muchísimas personas de esta manera. Entiende, por favor, las siguientes notas como un espacio para la reflexión con miras a no reducir un tema tan complejo en unas cuantas líneas. 

1.- La economía actual se sustenta en el miedo y eso produce ansiedad

Miedo (incluso terror a todo): a perder el trabajo, a que te quiten el sueldo, a no poder pagar la hipoteca, a una avería del coche… Forma parte de nuestro mundo. Por un lado, estamos inmersos en un sistema consumista que invita al hedonismo extremo y, por el otro, nos topamos con una realidad en el plano económico que exige mucho. 

2.-  El síndrome de burnout es más frecuente en profesiones que, de una manera u otra, se enfocan en objetivos

Por eso, es más frecuente en profesionales liberales, freelances, personas con responsabilidad o comerciales a pie de calle (o de teléfono). Si el día (semana o mes) avanza y no se consigue aquello que se ha propuesto, comienza a generarse cortisol (la hormona del estrés) y el organismo se descomponse hasta límites graves. Además, en ocasiones, esos objetivos están diseñados de tal manera que son muy difíciles de cumplir abriendo la puerta a la frustración, la baja autoestima y la apatía, pilares del burnout.  

3.-  El individualismo atroz hace que los trabajadores de cara al público les afecta mucho más 

Dependientes, médicos, profesores están también en esta lista. Son la cara (y deben ser amables siempre) de un sistema que tiene que lidiar con personas que, a veces, han perdido la noción de lo que significa el civismo.  

4.- La movilidad, la disponibilidad y la inseguridad laboral están detrás del síndrome de burnout

Hoy estás aquí pero mañana puedes estar en otro sitio con el consiguiente desbarajuste familiar, social y económico. Si esto no va acompañado de una mejora (sucede a veces), es normal que se instale la desgana y que comience el proceso para crear un nuevo trabajador quemado. 

5.- Ni que decir tiene que hay personalidades más propensas que otras a sufrirlo

Por la educación, la forma de ser, los valores transmitidos en el hogar o incluso, abusos sufridos en la infancia, hay personas que llegan a la vida adulta más tocadas que otras. Eso las predispone (porque no tienen herramientas emocionales) a caer bajo las garras del acoso y de la injusticia generándose, a la larga, el síndrome. 

6.- El estrés constante lleva al síndrome de burnout

Está demostrado además. Cuando es imposible recuperarse de una situación y de otra y de otra se resbala hacia algo más complicado de solucionar. Por eso es tan importante poder descansar, darse vacaciones y cortar la jornada laboral cuando se llega a casa.  

7.- Resistencia a salir de la zona de confort y baja autoestima

Las personas que se enrocan en los miedos y se resisten a los cambios tienen más probabilidades de desarrollar este síndrome. También es frecuente en quienes se exigen mucho y quieren agradar a toda costa, desvalorizándose hasta extremos que quedan exhaustos. En estos casos hay que hacer un esfuerzo adicional por salir de la llamada zona de confort.  

8.- La desmotivación y los trabajos sobrerrepresentados llevan al síndrome de burnout

No es lo mismo darlo todo en un proyecto ilusionaste en el que se tiene libertad que en un trabajo en el que se lleva años y en el que se está sobrecualificado. Es normal que se instale la apatía y la desgana. Reitero que es el caldo de cultivo para crear nuevos quemados en la sociedad.  

9.- La falta de empatía de jefes y compañeros también contribuyen a ello

Los objetivos a toda costa, la poca visión a la hora de exigir al otro, el egoísmo, la competencia feroz por el ascenso o por una mejora hacen que personas sensibles o con otros valores se sientan fuera del sistema y sin fuerzas para seguir.  

10.- ¿Nos preguntamos por la consecución de un éxito social a toda costa como desencadenante? 

No nos damos tiempo para preguntarnos qué queremos hacer con nuestra vida o que nos hace felices. A veces corremos hacia metas que no nos pertenecen simplemente porque nos han inculcado que son los objetivos a cumplir. Cuando se avanza en el nivel de conciencia, aunque se haya caído en este estado, es más fácil poder salir de aquí. ¡Es una de las buenas noticias entre tantas malas!  


Tratamiento del síndrome de burnout 

Desafortunadamente, no hay ninguna pastilla que disponga a las personas que lo sufren a levantarse una buena mañana con toda la felicidad y ánimo del mundo. El alma, espíritu y físico del ser humano no funciona así. El tratamiento siempre tiene que ser multidisciplinar y continuado en el tiempo. Como esto no va a salir en una estadística, en los próximos años veremos un para allá y para acá entre médicos y afectados que van a dejar a más de uno mucho peor de lo que estaban. La terapia tiene que combinar, sí o sí, una potente presencia de un psicólogo que restablezca la autoestima herida de algún modo u otro. También son importantes herramientas anímicas que frenen el acoso laboral, la explotación o directamente el moobing, otra de las bases de este síndrome. 

El reposo físico y la búsqueda de una motivación vital satisfactoria también tienen que estar detrás. Todo ello va a necesitar de profesionales más allá de la medicina convencional occidental tan dada a las recetas. Sin duda va a ser un reto de toda la sociedad. El primer paso ya está dado. Es el reconocimiento.


¿Cómo no caer en el síndrome de burnout?

La soledad, el aislamiento y la incomprensión son caldo de cultivo para resbalarse por esta espiral tan terrible. Por eso, es difícil porque la sociedad actual no ayuda. Bien es verdad que una vez lo tenemos localizado y sabemos que existe (como ha aceptado la OMS en mayo de 2019) es más fácil estar prevenidos. Es necesario preguntarse constantemente si nos hace feliz lo que hacemos, si podemos dar más de nosotros mismos en otras circunstancias y/o emplazamientos. Ni que decir tiene que no hay que tener miedo al cambio, a coger el camino de aquello que nos realiza y, también hay que saber manejar la asertividad para poder decir no a diario a los abusos constantes. 

Resulta complicado pero no imposible. 

Por Candela Vizcaíno

 

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Conoce el síndrome de burnout, una de las patologías contemporáneas asociadas al estrés laboral. Así son sus síntomas, causas y tratamiento del conocido como trabajador quemado. 

La noticia ha corrido como la pólvora a finales del mayo de 2019: la OMS ha introducido en su catálogo el síndrome de burnout o del trabajador quemado en la lista de las enfermedades invalidantes de corte laboral. En este caso, la clasificación no es baladí o sin importancia, ya que los profesionales de la salud han considerado que esta condición no se da por circunstancias emocionales más o menos adversas. Esto es, no se produce si tienes un duelo complicado o estás pasando un divorcio duro o una mala racha económica o, incluso, todo a la vez. El síndrome de burnout está ligado a las condiciones laborales contemporáneas y es una respuesta del organismo a una mala praxis laboral ya sea de modo colectivo o achacable a una empresa concreta. 

En los próximos años habrá un ir y venir de sentencias de los juzgados (con bajas por invalidez), expertos, agentes sociales y todo el que tenga algo que decir sobre el asunto y ya nos iremos enterando a su debido tiempo. La buena (y mala a la vez) noticia es que la OMS ya ha introducido este síndrome en el catálogo. Por contra, es de tal entidad que no se puede achacar a un episodio de estrés puntual y ni siquiera a una crisis de ansiedad o una depresión. Es algo más profundo, tanto que cambia el carácter (esperemos que no sea para siempre) de quien lo sufre.  

Qué es el síndrome de burnout o trabajador quemado

Resumiendo mucho se engloba en esta definición una serie de patologías o contratiempos producidos por la actividad laboral y que deja al individuo que lo sufre prácticamente invalidado para seguir tareas sencillas. No se puede confundir con aquellas enfermedades u otros síndromes que surgen fruto de dolor psíquico por fracasos amorosos, familias disfuncionales, pérdida de seres queridos o, incluso, asuntos tan graves como el maltrato psicológico dentro del hogar y/o la pareja. El trabajador quemado es eso: una persona que se enfrenta a los sinsabores de buscarse el sustento a diario con un montón de resistencias constantes. 

Estrés laboral y burnout

Dicho así puede ser que lo suframos todos los que, de una manera u otra, tenemos que echar mano de una buena dosis de resilencia para hacer frente a los embates diarios. El síndrome de burnout, aunque tiene en el estrés un factor importante, no se puede confundir con un cuadro de este tipo más o menos intenso. Este último desaparece cuando se alejan sus causas (por poner un caso, en vacaciones o una baja laboral por agotamiento psicológico) mientras que el trabajador quemado ya lo está en esencia. Esto es, a no ser que desarrollemos terapias efectivas para retornar al ser anterior, es complicado que esta circunstancia no deje una huella indeleble en el carácter de quien lo sufre. 


Síntomas del síndrome de burnout  

1.- Cansancio, agotamiento extremo e, incluso, fatiga crónica

Es uno de los síntomas del síndrome de burnout más evidente. Cualquier acción física, por muy sencilla que esta sea, se hace un mundo. Es algo más que una desgana puntual y no remite con descanso. La persona va arrastrando su cuerpo (y hasta su vida) de una manera penosa casi. 

2.- Desmotivación extrema que no remite disfrutando de hechos aparentemente felices

La fatiga física se transforma paulatinamente en una falta de ilusión por completar cualquier proyecto o actividad. Ni el ocio ni el contacto con los seres queridos mitigan esta situación que va dejando una huella en el alma, como si fuera un pozo sin fondo de oscuridad donde se va resbalando lentamente. A veces se confunde con una depresión o, incluso, se llega a ella.  

3.- El síndrome de burnout produce irritabilidad

La persona no encuentra consuelo en ninguna actividad, hecho o plan alguno. Le va molestando los ruidos, los espacios cerrados y/o abiertos. Se aturrulla cuando se encuentra en un sitio abarrotado de gente. Todo se le vuelve difícil de disfrute y complicado de aceptar. 

4.- El insomnio se vuelve crónico así como los pensamientos recurrentes

A pesar de este cansancio tan evidente, conciliar el sueño se hace un mundo. Hay despertares nocturnos y dificultad para dejar atrás la vigilia. También son frecuentes las pesadillas en estos estados.  

5.- En casos extremos, se baja hacia la tristeza y/o la depresión

Con este cuadro es fácil caer en una grisura de dolor en el que el alma cambia y se llega a la tristeza y/o la depresión. No hay razón aparente. Simplemente, la persona se encuentra en un estado de embotamiento tal que le es difícil salir adelante. Por eso, hay que estar vigilante para no caer en una depresión. 

6.- El síndrome de burnout produce  ataques de ansiedad constantemente

Paralelamente se van produciendo esos episodios en el que el mundo se viene encima, falta el aire, la persona se cree morir y va a necesitar, incluso, de ayuda médica. Cuando el pánico se apodera de la persona paralizándola por completo llega un momento en el que entiende que algo debe cambiar para poder seguir adelante. Desgraciadamente, en nuestra cultura occidental se recurre con frecuencia a los fármacos (necesarios para bloquear el primer impacto) pero es más complicado que se ahonde en las causas que ha desembocado la situación. 

7.- Trastornos alimentarios con o sin pérdida de peso

Puede ser cualquier cosa: bulimia, anorexia, ansiedad por comer, atracones de comida, ansiedad a deshora… Es frecuente, para calmar la ansiedad, acudir a productos poco sanos, grasosos o con mucha azúcar. Con esta alimentación (que afecta al centro de recompensa del cerebro) la situación se agrava aún más. 

8.- Enfermedades psicosomáticas diversas sin causas aparentes

Sarpullidos, pérdida de voz, mareos, vértigos, vómitos (asociados o no a trastornos alimentarios), delgadez extrema o todo lo contrario. El cuerpo puede volverse en contra de la persona con cualquier enfermedad o síntoma psicosomático de muy difícil previsión y curación por los métodos tradiciones. 

9.- El síndrome de burnout puede estar detrás de algunas enfermedades graves

Hay algunos médicos (los que tienen una formación más holística) que afirman que detrás del cáncer (entre otras causas) se encuentran trastornos psicológicos como el síndrome del burnout, el estrés crónico o el dolor psíquico continuado. También es un factor de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares graves. 

10.- Ideas suicidas e, incluso, consecución del mismo

Al no ver salida alguna y no sentirse comprendido…


Causas del Síndrome de Burnout

Aunque es fácil achacar toda la culpa al ambiente laboral de algunas empresas con jefes, encargados o compañeros tóxicos cuando narcisistas o claramente psicópatas, bien es verdad que es el modo de vida contemporáneo el que lleva a romperse a muchísimas personas de esta manera. Entiende, por favor, las siguientes notas como un espacio para la reflexión con miras a no reducir un tema tan complejo en unas cuantas líneas. 

1.- La economía actual se sustenta en el miedo y eso produce ansiedad

Miedo (incluso terror a todo): a perder el trabajo, a que te quiten el sueldo, a no poder pagar la hipoteca, a una avería del coche… Forma parte de nuestro mundo. Por un lado, estamos inmersos en un sistema consumista que invita al hedonismo extremo y, por el otro, nos topamos con una realidad en el plano económico que exige mucho. 

2.-  El síndrome de burnout es más frecuente en profesiones que, de una manera u otra, se enfocan en objetivos

Por eso, es más frecuente en profesionales liberales, freelances, personas con responsabilidad o comerciales a pie de calle (o de teléfono). Si el día (semana o mes) avanza y no se consigue aquello que se ha propuesto, comienza a generarse cortisol (la hormona del estrés) y el organismo se descomponse hasta límites graves. Además, en ocasiones, esos objetivos están diseñados de tal manera que son muy difíciles de cumplir abriendo la puerta a la frustración, la baja autoestima y la apatía, pilares del burnout.  

3.-  El individualismo atroz hace que los trabajadores de cara al público les afecta mucho más 

Dependientes, médicos, profesores están también en esta lista. Son la cara (y deben ser amables siempre) de un sistema que tiene que lidiar con personas que, a veces, han perdido la noción de lo que significa el civismo.  

4.- La movilidad, la disponibilidad y la inseguridad laboral están detrás del síndrome de burnout

Hoy estás aquí pero mañana puedes estar en otro sitio con el consiguiente desbarajuste familiar, social y económico. Si esto no va acompañado de una mejora (sucede a veces), es normal que se instale la desgana y que comience el proceso para crear un nuevo trabajador quemado. 

5.- Ni que decir tiene que hay personalidades más propensas que otras a sufrirlo

Por la educación, la forma de ser, los valores transmitidos en el hogar o incluso, abusos sufridos en la infancia, hay personas que llegan a la vida adulta más tocadas que otras. Eso las predispone (porque no tienen herramientas emocionales) a caer bajo las garras del acoso y de la injusticia generándose, a la larga, el síndrome. 

6.- El estrés constante lleva al síndrome de burnout

Está demostrado además. Cuando es imposible recuperarse de una situación y de otra y de otra se resbala hacia algo más complicado de solucionar. Por eso es tan importante poder descansar, darse vacaciones y cortar la jornada laboral cuando se llega a casa.  

7.- Resistencia a salir de la zona de confort y baja autoestima

Las personas que se enrocan en los miedos y se resisten a los cambios tienen más probabilidades de desarrollar este síndrome. También es frecuente en quienes se exigen mucho y quieren agradar a toda costa, desvalorizándose hasta extremos que quedan exhaustos. En estos casos hay que hacer un esfuerzo adicional por salir de la llamada zona de confort.  

8.- La desmotivación y los trabajos sobrerrepresentados llevan al síndrome de burnout

No es lo mismo darlo todo en un proyecto ilusionaste en el que se tiene libertad que en un trabajo en el que se lleva años y en el que se está sobrecualificado. Es normal que se instale la apatía y la desgana. Reitero que es el caldo de cultivo para crear nuevos quemados en la sociedad.  

9.- La falta de empatía de jefes y compañeros también contribuyen a ello

Los objetivos a toda costa, la poca visión a la hora de exigir al otro, el egoísmo, la competencia feroz por el ascenso o por una mejora hacen que personas sensibles o con otros valores se sientan fuera del sistema y sin fuerzas para seguir.  

10.- ¿Nos preguntamos por la consecución de un éxito social a toda costa como desencadenante? 

No nos damos tiempo para preguntarnos qué queremos hacer con nuestra vida o que nos hace felices. A veces corremos hacia metas que no nos pertenecen simplemente porque nos han inculcado que son los objetivos a cumplir. Cuando se avanza en el nivel de conciencia, aunque se haya caído en este estado, es más fácil poder salir de aquí. ¡Es una de las buenas noticias entre tantas malas!  


Tratamiento del síndrome de burnout 

Desafortunadamente, no hay ninguna pastilla que disponga a las personas que lo sufren a levantarse una buena mañana con toda la felicidad y ánimo del mundo. El alma, espíritu y físico del ser humano no funciona así. El tratamiento siempre tiene que ser multidisciplinar y continuado en el tiempo. Como esto no va a salir en una estadística, en los próximos años veremos un para allá y para acá entre médicos y afectados que van a dejar a más de uno mucho peor de lo que estaban. La terapia tiene que combinar, sí o sí, una potente presencia de un psicólogo que restablezca la autoestima herida de algún modo u otro. También son importantes herramientas anímicas que frenen el acoso laboral, la explotación o directamente el moobing, otra de las bases de este síndrome. 

El reposo físico y la búsqueda de una motivación vital satisfactoria también tienen que estar detrás. Todo ello va a necesitar de profesionales más allá de la medicina convencional occidental tan dada a las recetas. Sin duda va a ser un reto de toda la sociedad. El primer paso ya está dado. Es el reconocimiento.


¿Cómo no caer en el síndrome de burnout?

La soledad, el aislamiento y la incomprensión son caldo de cultivo para resbalarse por esta espiral tan terrible. Por eso, es difícil porque la sociedad actual no ayuda. Bien es verdad que una vez lo tenemos localizado y sabemos que existe (como ha aceptado la OMS en mayo de 2019) es más fácil estar prevenidos. Es necesario preguntarse constantemente si nos hace feliz lo que hacemos, si podemos dar más de nosotros mismos en otras circunstancias y/o emplazamientos. Ni que decir tiene que no hay que tener miedo al cambio, a coger el camino de aquello que nos realiza y, también hay que saber manejar la asertividad para poder decir no a diario a los abusos constantes. 

Resulta complicado pero no imposible. 

Por Candela Vizcaíno

 

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La autoestima es un frágil tesoro que se construye durente la infancia. Si sientes que no la tienes en un punto saludable, te damos respuestas a cómo mejorar la autoestima. 

Si has llegado hasta aquí, seguramente estaremos ante dos caminos. El primero es que un terapeuta, médico o psicólogo te haya apuntado que debes mejorar tu autoestima. Y habrá llegado a esa conclusión porque, con toda probabilidad, no te encuentres en tu mejor momento. Ahora mismo podrás estar sufriendo cualquier cosa desde una depresión hasta maltrato psicológico. El otro camino que te lleva a preguntarte cómo mejorar la autoestima es que por ti mismo has llegado a esa conclusión después de haberte sentido utilizado, timado, engañado y usado como un objeto. Cualquiera de estas circunstancias, ya te adelanto, procede de una pobre autovaloración que te impide ver dónde están los límites de lo posible y de la felicidad. Vamos despacio que el tema es importante. 

¿Qué es la autoestima? 

Sencillamente es el amor que nos tenemos a nosotros mismos. Eso no tiene nada que ver con la vanidad o el egocentrismo. Es la concepción serena que barajamos de nuestra persona aceptando nuestras limitaciones (todos las tenemos) y potenciando con humildad nuestros logros y virtudes (también es patrimonio de todos los seres humanos). La autoestima coincide con la autovaloración y nos hace vernos como personas individuales sin tener en cuenta las demandas de otro o las opiniones ajenas. ¡Ojo y reitero! Nada tiene que ver con el egocentrismo o egoísmo. Sencillamente, cuando tenemos una autoestima a punto nos vemos como lo que somos: como personas independientes y libres de las ataduras impuestas. Y que no te queda la menor duda que, en la civilización occidental del siglo XXI, hay muchas y de tipos variados, a veces, invisible. Ese es el primer paso, luego tenemos que aceptarnos y realizar un compromiso con nosotros mismos para respetarnos y querernos como nos merecemos. 

¿Por qué tenemos una autoestima baja?

La autoestima se va montando poco a poco en la infancia. No se hace de un día para otro. Crece con el amor que nos dan, seguro, sereno, sin juicio y sin exigencias. Es más, si sientes que te has criado fuera de estos parámetros tienes qué plantearte cómo mejorar la autoestima porque, con toda probabilidad, estará bastante baja. Las circunstancias que te han hecho salir adelante con esa herida en el corazón pueden ser diversas. Ambientes tóxicos en el hogar, madres narcisistas (también existen), bullying en el colegio, altas capacidades no diagnosticadas, abandono parental o descuido por parte de los progenitores… todo ello te va a llevar a una baja autoestima.  

También puede darse el caso que hayas tenido una infancia más o menos normal desde el punto de vista del amor recibido pero algo se torció en tu primera juventud. Puede que hayas caído en ambientes tóxicos en los primeros trabajos o que hayas topado con una pareja que no te valoraba o, sencillamente, se ha dedicado a ejercer maltrato psicológico. La autoestima es un bien frágil que se desarrolla conforme nosotros vamos creciendo (cuando somos más vulnerables) y, por tanto, es fácil echarla por los suelos con circunstancias diversas. 

¿Qué me ocurre cuando no tengo la autoestima sana? 

De todo y nada bueno. ¿Por qué? Porque la autovaloración propia es ese coach interno que te incite a sacar lo mejor de ti, a conseguir logros, a no aceptar parejas tóxicas, a poner límites en el trabajo o en cualquier faceta de la vida, a darte fortaleza para lidiar con los problemas de tu casa. Si te preguntas cómo mejorar tu autoestima seguramente sientes que tu luz (la que todos traemos al mundo) está totalmente apagada y que tienes una necesidad imperiosa de brillar. Ni que decir tiene que esto no significa pasearte por la alfombra roja. Cuando tu autoestima no es sana, te costará empoderarte y llegar a ser tu mejor versión, esa que te permite dar los dones espirituales con los que has nacido a todo el mundo.Y, por supuesto, sin minusvalorate o hacerlo desde una posición de inferioridad.  

Cuando sufres de autoestima baja encadenarás mala suerte tras otra, personas que se aprovechan de ti tras otra, complicaciones sucesivas en el trabajo. No serás capaz de construir nada a tu gusto y todo se quedará a medias. Permitirás que otros invadan tu intimidad diciéndote que es lo que debes hacer o no (seguramente sin tener ni idea sobre lo que están diciendo pero eso es otro tema). Te costará muchísimo trabajo salir de la zona de confort porque te invadirá el miedo. Puede que la situación sea tan insostenible que busques el significado de los sueños aterradores que te invaden cada noche. Si permites a personas malintencionadas en tu vida con una autoestima baja, llegarás a perder la ilusión por todo y la respuesta puede ser de huída: hacia paraísos artificiales o hacia la depresión. 

 ¿Puede ser problemática una autoestima alta?

Por todo esto y más, debes mimarte y cuidarte y valorarte. Si te dicen que esto es egoísmo, desconfía. Si llegan opinando que eso son locuras tuyas y que la vida es otra cosa, desconfía tanto que te propongas, incluso, la distancia con esas personas. Recuerda que un corazón con baja autoestima nunca (y eso es nunca) tiene a su alrededor quien los valore, aunque digan lo contrario. Si así fuera, no estarían en esa situación. 

La autoestima tiene su punto, su término saludable y es aquel en el que pensamos en nosotros mismos sin avasallar. Es cuando nos cuidamos para dar al mundo los dones que llevamos dentro pero sin olvidar nuestros intereses. Una alta autoestima solo es peligrosa si se llega al narcisismo o a la egolatría. Sin embargo, a estos extremos se arriba para tapar esta carencia. Por eso, es necesario cuidarla y empoderarla. Pide ayuda profesional si no te ves con fuerza. 

Cómo mejorar la autoestima en 10 pasos

Aunque, a veces, por las circunstancias alrededor, vas a necesitar ayuda profesional, hoy te dejo estas ideas para que vayas empezando o para que la recuerdes en este maravilloso camino que es el encuentro con tu ser interno, allí donde reside tu verdad y tu gran valor. 

1.- Si te preguntas cómo mejorar la autoestima comienza reconociendo el problema

Tienes que empezar por aquí sí o sí. En ocasiones, personas muy exigentes consigo mismas no consiguen ver y reconocer el problema. No son capaces de aceptar que algo así les sucede. Suelen ser individuos con éxito social de cara a la galería pero, en el fuero interior, están totalmente vacíos y son incapaces de localizar, focalizar y luchar por los sueños. Este es el primer paso. 

2.- Escúchate y mírate para mejorar la autoestima

Investiga, indaga, pregúntate qué ha pasado. ¿Acaso sientes que, en la infancia, no te tuvieron en cuenta? ¿Sufres carencias emocionales? ¿Te cuesta trabajo hacer amigos? ¿Encadenas parejas poco convenientes tras otra? ¿Tienes siempre problemas laborales? Quizás, todo eso está en que no reconoces los bordes de tu ser, aquello que te hacen una persona única y distinta a todas las demás. Tu verdad, siempre y cuando no hagas daño a nadie, siempre es la verdad. La verdad del otro es la suya. Comienza defendiendo la tuya. 

3.- Para mejorar la autoestima tienes que darte tiempo

Si el daño, a veces, se generó en décadas, no vas a solucionar el estropicio en una semana. Las cosas del alma no funcionan así. Date tiempo. Busca grandes metas que sientas que te hacen feliz dando pequeños pasos y celebrando esos logros como se merecen. Si notas que a tu alrededor no van a compartir esos triunfos que te van acercando a lo que sientes que te da la felicidad, aprende a que todo sea interno y vete pensándote que lo mismo es mejor ir soltando. 

4.- No tengas miedo de regresar al pasado

Si todo se generó en un momento de vulnerabilidad extrema, no tengas miedo de regresar hasta allí e intentar comprender qué fue lo que pasó y por qué tu alma se quedó herida. No te victimices (aunque hayas sufrido de todo) ni te culpabilices. Mira aquello que sucedió como primer paso para intentar sanarlo. 

5.- La única manera de mejorar la autoestima es dar pequeños pasos

No hay otra. Esto no se consigue de un día para otro. Hazte un plan y cúmplelo. Mímate. Ve soltando amarras. Quítate todo aquello que no te suma y que te resta. Pide ayuda si lo necesitas. Te vas a alegrar nada más comiences porque ese acompañamiento te va a ofrecer fuerzas para seguir adelante. 

6.- Date caprichos constantemente

Las personas que ya se plantean cómo mejorar la autoestima suelen ser generosas al máximo: con el tiempo, con la fuerza, con la alegría, con su inteligencia, recursos económicos, trabajo... Es normal que lleguen a un estado en el que se sientan exhaustas de tanto dar y dar y dar y no recibir nada a cambio. Es normal que los que están a su alrededor les acusen de ser egoístas ante cualquier demanda (por nimia que sea) pero esto es solo una sutil manipulación psicológica para impedir el empoderamiento. Comienza diciendo no a los otros y, a cambio, ofreciéndote a ti mucho síes. En cuanto empieces te darás cuenta que el mundo sigue adelante sin ti y esa energía será para tu provecho de vida sea cual sea este.

7.- Si te sigues preguntando cómo mejorar la autoestima aléjate de personas problemáticas

¿Y cuáles son esas personas? Muy fácil: las que no te hacen sentir bien ni feliz. Que no te vendan la moto (y perdón por la expresión) pero, si quien está a tu lado, no sabe apoyarte da igual que el problema esté en ti o en el otro, sencillamente existe un problema. Y este se resuelve alejándose de esas personas. Todo ello en la medida de tus posibilidades y fortalezas. No tengas miedo a la soledad y comienza regalándote pequeños espacios de tiempo solo para ti. Verás que es un maravilloso inicio para andar ese máster de cómo mejorar la autoestima que te llevará a la felicidad y al encuentro con tu ser. 

8.- Rodéate de personas que te hagan sentir bien

En el otro lado, están las personas que suman, que te hacen sentir bien, que se abren de corazón, que aportan alegría, que no están siempre quejándose, que son positivas y que se alejan del catastrofismo. Suelen ser personas sencillas con un alma sin miedo abiertas a todas las posibilidades del amor. 

9.- Aprende a perdonarte si quieres mejorar la autoestima

Suele ser lo más difícil porque las personas con baja autoestima son jueces implacables con ellas mismas. Suelen ser exigentes, perfeccionistas y no tienen piedad con lo que consideran “fallos”. Entiende que cualquier elección que hayas hecho en cualquier momento de tu vida la hiciste con el corazón y con las herramientas emocionales de las que disponías. No puedes pedirte lo que no podía ser en esa situación con las enseñanzas que tenías. Asimila que eres un ser humano hermoso que estás recorriendo un camino fascinante. Si estás ya preguntándote cómo mejorar la autoestima es porque has iniciado ese primer camino. Es complicado pero, a la vez enriquecedor. Y, además, es el único que te va a llevar al autoconocimiento, a la serenidad, a la felicidad y a la sabiduría. 

10.- Para mejorar la autoestima también hay que saber perdonar

A todos aquellos que te hicieron daño, que te robaron un poquito del corazón, que aplastaron tus sueños, que ningunearon tus deseos, que te gritaron, que se pusieron en un plano superior sin serlo (porque nadie lo es), que te timaron, que se quedaron con tu alegría y tu tiempo, que no le dieron importancia a todo el cariño que estabas dando. Entiende que no se puede pedir a quien no puede dar. 

El proceso para mejorar la autoestima es complicado y va a requerir de introspección y/o acompañamiento personal. Puede ser psicológico (necesario si estás en una situación complicada) o, incluso, espiritual con un coach. Lee, investiga, mira y pregunta. Léete, investígate, mírate y pregúntate. Más pronto que tarde aparecen las respuesta que te llevan a amarte y a comenzar el camino de la felicidad. Te lo mereces. 

Por Candela Vizcaíno

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

 

 

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La autoestima es un frágil tesoro que se construye durente la infancia. Si sientes que no la tienes en un punto saludable, te damos respuestas a cómo mejorar la autoestima. 

Si has llegado hasta aquí, seguramente estaremos ante dos caminos. El primero es que un terapeuta, médico o psicólogo te haya apuntado que debes mejorar tu autoestima. Y habrá llegado a esa conclusión porque, con toda probabilidad, no te encuentres en tu mejor momento. Ahora mismo podrás estar sufriendo cualquier cosa desde una depresión hasta maltrato psicológico. El otro camino que te lleva a preguntarte cómo mejorar la autoestima es que por ti mismo has llegado a esa conclusión después de haberte sentido utilizado, timado, engañado y usado como un objeto. Cualquiera de estas circunstancias, ya te adelanto, procede de una pobre autovaloración que te impide ver dónde están los límites de lo posible y de la felicidad. Vamos despacio que el tema es importante. 

¿Qué es la autoestima? 

Sencillamente es el amor que nos tenemos a nosotros mismos. Eso no tiene nada que ver con la vanidad o el egocentrismo. Es la concepción serena que barajamos de nuestra persona aceptando nuestras limitaciones (todos las tenemos) y potenciando con humildad nuestros logros y virtudes (también es patrimonio de todos los seres humanos). La autoestima coincide con la autovaloración y nos hace vernos como personas individuales sin tener en cuenta las demandas de otro o las opiniones ajenas. ¡Ojo y reitero! Nada tiene que ver con el egocentrismo o egoísmo. Sencillamente, cuando tenemos una autoestima a punto nos vemos como lo que somos: como personas independientes y libres de las ataduras impuestas. Y que no te queda la menor duda que, en la civilización occidental del siglo XXI, hay muchas y de tipos variados, a veces, invisible. Ese es el primer paso, luego tenemos que aceptarnos y realizar un compromiso con nosotros mismos para respetarnos y querernos como nos merecemos. 

¿Por qué tenemos una autoestima baja?

La autoestima se va montando poco a poco en la infancia. No se hace de un día para otro. Crece con el amor que nos dan, seguro, sereno, sin juicio y sin exigencias. Es más, si sientes que te has criado fuera de estos parámetros tienes qué plantearte cómo mejorar la autoestima porque, con toda probabilidad, estará bastante baja. Las circunstancias que te han hecho salir adelante con esa herida en el corazón pueden ser diversas. Ambientes tóxicos en el hogar, madres narcisistas (también existen), bullying en el colegio, altas capacidades no diagnosticadas, abandono parental o descuido por parte de los progenitores… todo ello te va a llevar a una baja autoestima.  

También puede darse el caso que hayas tenido una infancia más o menos normal desde el punto de vista del amor recibido pero algo se torció en tu primera juventud. Puede que hayas caído en ambientes tóxicos en los primeros trabajos o que hayas topado con una pareja que no te valoraba o, sencillamente, se ha dedicado a ejercer maltrato psicológico. La autoestima es un bien frágil que se desarrolla conforme nosotros vamos creciendo (cuando somos más vulnerables) y, por tanto, es fácil echarla por los suelos con circunstancias diversas. 

¿Qué me ocurre cuando no tengo la autoestima sana? 

De todo y nada bueno. ¿Por qué? Porque la autovaloración propia es ese coach interno que te incite a sacar lo mejor de ti, a conseguir logros, a no aceptar parejas tóxicas, a poner límites en el trabajo o en cualquier faceta de la vida, a darte fortaleza para lidiar con los problemas de tu casa. Si te preguntas cómo mejorar tu autoestima seguramente sientes que tu luz (la que todos traemos al mundo) está totalmente apagada y que tienes una necesidad imperiosa de brillar. Ni que decir tiene que esto no significa pasearte por la alfombra roja. Cuando tu autoestima no es sana, te costará empoderarte y llegar a ser tu mejor versión, esa que te permite dar los dones espirituales con los que has nacido a todo el mundo.Y, por supuesto, sin minusvalorate o hacerlo desde una posición de inferioridad.  

Cuando sufres de autoestima baja encadenarás mala suerte tras otra, personas que se aprovechan de ti tras otra, complicaciones sucesivas en el trabajo. No serás capaz de construir nada a tu gusto y todo se quedará a medias. Permitirás que otros invadan tu intimidad diciéndote que es lo que debes hacer o no (seguramente sin tener ni idea sobre lo que están diciendo pero eso es otro tema). Te costará muchísimo trabajo salir de la zona de confort porque te invadirá el miedo. Puede que la situación sea tan insostenible que busques el significado de los sueños aterradores que te invaden cada noche. Si permites a personas malintencionadas en tu vida con una autoestima baja, llegarás a perder la ilusión por todo y la respuesta puede ser de huída: hacia paraísos artificiales o hacia la depresión. 

 ¿Puede ser problemática una autoestima alta?

Por todo esto y más, debes mimarte y cuidarte y valorarte. Si te dicen que esto es egoísmo, desconfía. Si llegan opinando que eso son locuras tuyas y que la vida es otra cosa, desconfía tanto que te propongas, incluso, la distancia con esas personas. Recuerda que un corazón con baja autoestima nunca (y eso es nunca) tiene a su alrededor quien los valore, aunque digan lo contrario. Si así fuera, no estarían en esa situación. 

La autoestima tiene su punto, su término saludable y es aquel en el que pensamos en nosotros mismos sin avasallar. Es cuando nos cuidamos para dar al mundo los dones que llevamos dentro pero sin olvidar nuestros intereses. Una alta autoestima solo es peligrosa si se llega al narcisismo o a la egolatría. Sin embargo, a estos extremos se arriba para tapar esta carencia. Por eso, es necesario cuidarla y empoderarla. Pide ayuda profesional si no te ves con fuerza. 

Cómo mejorar la autoestima en 10 pasos

Aunque, a veces, por las circunstancias alrededor, vas a necesitar ayuda profesional, hoy te dejo estas ideas para que vayas empezando o para que la recuerdes en este maravilloso camino que es el encuentro con tu ser interno, allí donde reside tu verdad y tu gran valor. 

1.- Si te preguntas cómo mejorar la autoestima comienza reconociendo el problema

Tienes que empezar por aquí sí o sí. En ocasiones, personas muy exigentes consigo mismas no consiguen ver y reconocer el problema. No son capaces de aceptar que algo así les sucede. Suelen ser individuos con éxito social de cara a la galería pero, en el fuero interior, están totalmente vacíos y son incapaces de localizar, focalizar y luchar por los sueños. Este es el primer paso. 

2.- Escúchate y mírate para mejorar la autoestima

Investiga, indaga, pregúntate qué ha pasado. ¿Acaso sientes que, en la infancia, no te tuvieron en cuenta? ¿Sufres carencias emocionales? ¿Te cuesta trabajo hacer amigos? ¿Encadenas parejas poco convenientes tras otra? ¿Tienes siempre problemas laborales? Quizás, todo eso está en que no reconoces los bordes de tu ser, aquello que te hacen una persona única y distinta a todas las demás. Tu verdad, siempre y cuando no hagas daño a nadie, siempre es la verdad. La verdad del otro es la suya. Comienza defendiendo la tuya. 

3.- Para mejorar la autoestima tienes que darte tiempo

Si el daño, a veces, se generó en décadas, no vas a solucionar el estropicio en una semana. Las cosas del alma no funcionan así. Date tiempo. Busca grandes metas que sientas que te hacen feliz dando pequeños pasos y celebrando esos logros como se merecen. Si notas que a tu alrededor no van a compartir esos triunfos que te van acercando a lo que sientes que te da la felicidad, aprende a que todo sea interno y vete pensándote que lo mismo es mejor ir soltando. 

4.- No tengas miedo de regresar al pasado

Si todo se generó en un momento de vulnerabilidad extrema, no tengas miedo de regresar hasta allí e intentar comprender qué fue lo que pasó y por qué tu alma se quedó herida. No te victimices (aunque hayas sufrido de todo) ni te culpabilices. Mira aquello que sucedió como primer paso para intentar sanarlo. 

5.- La única manera de mejorar la autoestima es dar pequeños pasos

No hay otra. Esto no se consigue de un día para otro. Hazte un plan y cúmplelo. Mímate. Ve soltando amarras. Quítate todo aquello que no te suma y que te resta. Pide ayuda si lo necesitas. Te vas a alegrar nada más comiences porque ese acompañamiento te va a ofrecer fuerzas para seguir adelante. 

6.- Date caprichos constantemente

Las personas que ya se plantean cómo mejorar la autoestima suelen ser generosas al máximo: con el tiempo, con la fuerza, con la alegría, con su inteligencia, recursos económicos, trabajo... Es normal que lleguen a un estado en el que se sientan exhaustas de tanto dar y dar y dar y no recibir nada a cambio. Es normal que los que están a su alrededor les acusen de ser egoístas ante cualquier demanda (por nimia que sea) pero esto es solo una sutil manipulación psicológica para impedir el empoderamiento. Comienza diciendo no a los otros y, a cambio, ofreciéndote a ti mucho síes. En cuanto empieces te darás cuenta que el mundo sigue adelante sin ti y esa energía será para tu provecho de vida sea cual sea este.

7.- Si te sigues preguntando cómo mejorar la autoestima aléjate de personas problemáticas

¿Y cuáles son esas personas? Muy fácil: las que no te hacen sentir bien ni feliz. Que no te vendan la moto (y perdón por la expresión) pero, si quien está a tu lado, no sabe apoyarte da igual que el problema esté en ti o en el otro, sencillamente existe un problema. Y este se resuelve alejándose de esas personas. Todo ello en la medida de tus posibilidades y fortalezas. No tengas miedo a la soledad y comienza regalándote pequeños espacios de tiempo solo para ti. Verás que es un maravilloso inicio para andar ese máster de cómo mejorar la autoestima que te llevará a la felicidad y al encuentro con tu ser. 

8.- Rodéate de personas que te hagan sentir bien

En el otro lado, están las personas que suman, que te hacen sentir bien, que se abren de corazón, que aportan alegría, que no están siempre quejándose, que son positivas y que se alejan del catastrofismo. Suelen ser personas sencillas con un alma sin miedo abiertas a todas las posibilidades del amor. 

9.- Aprende a perdonarte si quieres mejorar la autoestima

Suele ser lo más difícil porque las personas con baja autoestima son jueces implacables con ellas mismas. Suelen ser exigentes, perfeccionistas y no tienen piedad con lo que consideran “fallos”. Entiende que cualquier elección que hayas hecho en cualquier momento de tu vida la hiciste con el corazón y con las herramientas emocionales de las que disponías. No puedes pedirte lo que no podía ser en esa situación con las enseñanzas que tenías. Asimila que eres un ser humano hermoso que estás recorriendo un camino fascinante. Si estás ya preguntándote cómo mejorar la autoestima es porque has iniciado ese primer camino. Es complicado pero, a la vez enriquecedor. Y, además, es el único que te va a llevar al autoconocimiento, a la serenidad, a la felicidad y a la sabiduría. 

10.- Para mejorar la autoestima también hay que saber perdonar

A todos aquellos que te hicieron daño, que te robaron un poquito del corazón, que aplastaron tus sueños, que ningunearon tus deseos, que te gritaron, que se pusieron en un plano superior sin serlo (porque nadie lo es), que te timaron, que se quedaron con tu alegría y tu tiempo, que no le dieron importancia a todo el cariño que estabas dando. Entiende que no se puede pedir a quien no puede dar. 

El proceso para mejorar la autoestima es complicado y va a requerir de introspección y/o acompañamiento personal. Puede ser psicológico (necesario si estás en una situación complicada) o, incluso, espiritual con un coach. Lee, investiga, mira y pregunta. Léete, investígate, mírate y pregúntate. Más pronto que tarde aparecen las respuesta que te llevan a amarte y a comenzar el camino de la felicidad. Te lo mereces. 

Por Candela Vizcaíno

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

 

 

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Llega el otoño con sus imprevistos días de lluvia y te encuentras que no puedes sacar a los niños al parque o a dar un paseo, pues bien, querida mamá, abuela o tita que hace de canguro (también vale para el género masculino),  eso ya no es ningún problema. Y no lo es porque te vamos a dar una idea para hacer un bingo con materiales muy sencillos. Así, no solo el juego será una diversión sino también la propia confección del juguete.

¿Cómo hacer un juego de bingo artesanal?

Y, ¿qué necesitamos? Muy poco: papel usado que vayas a tirar (vale incluso el de periódico), cola de carpintero mezclada con agua, dos botes distintos de pinturas lavables (las venden en cualquier papelería), unos cuantos cartones, lápices de colores, unos cuantos pinceles, mucha imaginación y congregar a toda la familia en torno al proyecto. Aunque con la revolución de Internet, puedes encontrar en la Web cualquier juego, con esta idea pasarás una tarde divertida a la par que totalmente ecológica, ya que se utilizan, en su mayor parte, material de desecho. También puedes hacerlo, como el de la foto, utilizando tapones de corcho en desuso. 

Primer paso para hacer un bingo en casa

Con papel de periódico ve formando bolitas pequeñas del tamaño, por ejemplo, de un huevo de codorniz. Incluso los niños mayores de tres años pueden realizar la tarea. No hagas muchas; con quince o veinte bastarán.  Una vez estén enrolladas formando un círculo más o menos perfecto, embadúrnalas con la cola mezclada con agua y déjalas que se sequen. Si hay elevada humedad ambiental, puedes ayudarte con un secador de pelo.

 Una vez las bolas estén secas, píntalas totalmente de color blanco o en cualquier otro tono claro que tengas a mano. Déjalas secar con el método explicado arriba. Cuando ya no mojen los dedos, pinta en las bolas los números: del 1 al 15 o hasta el 20, según la cantidad de bolas que hayas fabricado. Mientras se secan, procedemos a realizar los cartones.

Segundo paso para hacer un bingo en casa

Aquí puedes dejar volar tu imaginación, ya que solo se necesitan unas pocas unidades por cada miembro de la familia. Dibuja los números (15 o 20) según las bolas que hayáis realizados siguiendo una combinatoria aleatoria. Como estamos con un juego de sobremesa familiar, no hace falta ser muy escrupuloso con los cartones.  Se puede cambiar las normas del juego de tal manera que el que tenga un cierto número de aciertos, gana esa ronda.

Consejos para jugar al bingo en familia

Es conveniente, si se juega con niños, ser flexibles con el juego de tal manera que puedan “ganar” todos. Hay pequeños, y mayores también, que tienen muy mal perder y pueden estropear la diversión, si la suerte no les acompaña. Así que organiza bien las combinatorias con antelación para que sean tan flexibles como para que todos puedan llegar a cantar ¡bingo!, pero no tanto que el juego se acabe demasiado pronto.

Además, el adulto a cargo del juego puede ir estableciendo un turno de “mano inocente” de tal manera que el simple hecho de sacar la bola (que puede estar en cualquier caja, recipiente o bolsa) forme parte del juego.

La actividad, además de ser lúdica puede llegar a ser tremendamente educativa no solo para la fabricación de este particular bombo del bingo sino también porque, con las bolas, puedes repasar o iniciar a los más pequeños en el reconocimiento de los números. Es decir, con este juego casero los niños pueden ir aprendiendo nociones básicas de escritura. Más no se puede pedir a una actividad familiar, así que pasadlo bien y buscad la felicidad.

Por Candela Vizcaíno

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Llega el otoño con sus imprevistos días de lluvia y te encuentras que no puedes sacar a los niños al parque o a dar un paseo, pues bien, querida mamá, abuela o tita que hace de canguro (también vale para el género masculino),  eso ya no es ningún problema. Y no lo es porque te vamos a dar una idea para hacer un bingo con materiales muy sencillos. Así, no solo el juego será una diversión sino también la propia confección del juguete.

¿Cómo hacer un juego de bingo artesanal?

Y, ¿qué necesitamos? Muy poco: papel usado que vayas a tirar (vale incluso el de periódico), cola de carpintero mezclada con agua, dos botes distintos de pinturas lavables (las venden en cualquier papelería), unos cuantos cartones, lápices de colores, unos cuantos pinceles, mucha imaginación y congregar a toda la familia en torno al proyecto. Aunque con la revolución de Internet, puedes encontrar en la Web cualquier juego, con esta idea pasarás una tarde divertida a la par que totalmente ecológica, ya que se utilizan, en su mayor parte, material de desecho. También puedes hacerlo, como el de la foto, utilizando tapones de corcho en desuso. 

Primer paso para hacer un bingo en casa

Con papel de periódico ve formando bolitas pequeñas del tamaño, por ejemplo, de un huevo de codorniz. Incluso los niños mayores de tres años pueden realizar la tarea. No hagas muchas; con quince o veinte bastarán.  Una vez estén enrolladas formando un círculo más o menos perfecto, embadúrnalas con la cola mezclada con agua y déjalas que se sequen. Si hay elevada humedad ambiental, puedes ayudarte con un secador de pelo.

 Una vez las bolas estén secas, píntalas totalmente de color blanco o en cualquier otro tono claro que tengas a mano. Déjalas secar con el método explicado arriba. Cuando ya no mojen los dedos, pinta en las bolas los números: del 1 al 15 o hasta el 20, según la cantidad de bolas que hayas fabricado. Mientras se secan, procedemos a realizar los cartones.

Segundo paso para hacer un bingo en casa

Aquí puedes dejar volar tu imaginación, ya que solo se necesitan unas pocas unidades por cada miembro de la familia. Dibuja los números (15 o 20) según las bolas que hayáis realizados siguiendo una combinatoria aleatoria. Como estamos con un juego de sobremesa familiar, no hace falta ser muy escrupuloso con los cartones.  Se puede cambiar las normas del juego de tal manera que el que tenga un cierto número de aciertos, gana esa ronda.

Consejos para jugar al bingo en familia

Es conveniente, si se juega con niños, ser flexibles con el juego de tal manera que puedan “ganar” todos. Hay pequeños, y mayores también, que tienen muy mal perder y pueden estropear la diversión, si la suerte no les acompaña. Así que organiza bien las combinatorias con antelación para que sean tan flexibles como para que todos puedan llegar a cantar ¡bingo!, pero no tanto que el juego se acabe demasiado pronto.

Además, el adulto a cargo del juego puede ir estableciendo un turno de “mano inocente” de tal manera que el simple hecho de sacar la bola (que puede estar en cualquier caja, recipiente o bolsa) forme parte del juego.

La actividad, además de ser lúdica puede llegar a ser tremendamente educativa no solo para la fabricación de este particular bombo del bingo sino también porque, con las bolas, puedes repasar o iniciar a los más pequeños en el reconocimiento de los números. Es decir, con este juego casero los niños pueden ir aprendiendo nociones básicas de escritura. Más no se puede pedir a una actividad familiar, así que pasadlo bien y buscad la felicidad.

Por Candela Vizcaíno

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Con estos fáciles y sencillos consejos que te dicta mi corazón salvaje

Que no te agobien, que no te estresen, que no te coman ni la cabeza ni la moral, que no te hagan gastar mucho (al día de hoy parece una tarea de titanes casi y que no te obliguen a hacer lo que no quieras hacer. Porque sí, mi amada lectora, mi querido lector, en esto hemos convertido una fiesta religiosa que celebra la vida nueva y la esperanza. ¿Acaso nos hemos olvidado que estamos ante una festividad sagrada y no ante actos sociales profanos? Para muchos los últimos días del mes de Diciembre se convierten en un calvario casi por las obligaciones de todo tipo y por el amontonamiento de recuerdos que nos asaltan (de aquellos que ya no están o por situaciones desagradables vividas en otras navidades). Y, honestamente, creo que los que no gustan de estas fechas tienen muchas y buenas razones. Los preparativos son tantos y se hacen desde tan temprano (finales de Noviembre casi) que no me extraña que sean legión los que se apunten a otro tipo de festividades más sencillas (Halloween por poner un caso). Pero aún estamos a tiempo para amar la Navidad y vivirla realmente. Eso sí, lo mismo tiene que ser a tu manera o de una manera diferente. ¿Te apuntas?

La Navidad en Occidente se ha convertido, sencillamente, en una orgía de consumo y de actos sociales obligados. ¿Te digo de las comidas de empresa con compañeros o clientes peñazos, de las cenas con la familia política y sonrisa impostada, del agobio de los disfraces de los niños para el cole, de los regalos carísimos, de la obligación de consumir…? No, ¿verdad? ¿Para qué? Si ya sabes de esto. Así que, si eres de los que buscan una Navidad realmente en paz, empieza este 2018 a cambiar el chip con estas 5 ideas que, a poco que la lleves a la práctica, verás que son fáciles y te permitirán tener unas fiestas más que dichosas. Serán tanto que vas a empezar a soñar con las Navidades de 2019. Ya me contarás…

1.- No quieras estar en todos sitios y agradar a todos, especialmente si tienes muchos compromisos

La Navidad debe servirnos para estar con los que realmente amamos (de verdad y no porque lo diga un papel o venga impuesto socialmente). No te de apuro decir que no (ya sabes que es el primer paso para la felicidad) a cualquier invitación que realmente no se te apetezca o sencillamente te resulte muy difícil atender. Las horas son las que son y los días son los que son. No podemos estirar más las semanas. Pon en una lista si es necesario hacer esa merienda de última hora o lo que verdaderamente se te apetece es estar en casa remoloneando en el sofá, por poner un caso. Deja espacio para ti y los tuyos. Así podrás vivir esos momentos en plenitud. No tengas la agenda ocupada todos los días.

2.- Intenta no volverte loc@ con las compras

Aprovecha. Recicla. Utiliza cosas de otros años. No todo tiene que ser nuevo y de última moda. En mi caso, que pongo la salita atestada de muñecos típicos, tengo decoración navideña que ha cumplido sus buenos 20 o 30 años. ¿Qué es eso de empezar de cero cada Navidad? Limita los regalos, el importe y la cantidad de juguetes que se dejan a los niños. Las familias deben ponerse de acuerdo y convencer a los pequeños que la carta a Papá Noel no debe ser la lista de la compra del mes. Un tanto de lo mismo debes hacer con las cenas, comidas, meriendas, desayunos, horas del té y brunchs. Si los días de diario, cenas un filete de pollo con ensalada, imagínate cómo debe sentirse tu hígado la madrugada del 25 con medio pavo relleno, un cuarto de besugo con guarnición, turrones, bombones, mantecados, patés  y cinco o seis copas. Hay que disfrutar pero sin exagerar. No lo vamos a pasar mejor por poner la mesa con una tonelada de comida. Debería ser más bien una excusa para charlar, compartir y estar con los seres queridos. No compres al tuntún. Pregúntate si hace falta y regala siempre cosas útiles que hagan ilusión. Venga sí, con los niños esto es muy difícil, pero hay que hacer un esfuerzo también con los más pequeños. Y vale que alguno ha pedido el Iphone 7…

3.- Haz tus propósitos de Año Nuevo con convicción y de manera asumible

Que sí, que ya lo sé que todos queremos empezar estudiando inglés, acudiendo al gimnasio o cambiando radicalmente de forma de vida, pero ¿es lo que realmente queremos? ¿Es lo que vamos a hacer de verdad? ¿Podemos afrontarlo? La Navidad simboliza la nueva vida, el nacimiento de la luz, la esperanza en un mundo mejor. Pregúntate qué es lo que quieres hacer con la mayoría de tus días del próximo 2019 (todos podemos mejorar siempre, que no somos tan perfectos) para hacerlos más felices y más plenos. Y afánate por conseguirlo. Es verdad que luego llegan los problemas y se quedan muchos meses (a veces hasta años) apoltronados en el sofá, pero tenemos que marcarnos unos objetivos que no nos den estrés, que los podamos asumir y que nos llenen de alegría. El mío te lo puedo decir ya: dejar más escritos aquí para que tú los leas. Esa es mi ilusión. Esa es mi meta. Con eso (y la salud de mi familia) ya sería plenamente feliz.

4.- Y sigo con algo importante: mantén un espíritu positivo siempre

Y en Navidad mucho más. Que no te agobien los compromisos (volvemos al punto uno: no tengas empacho en decir que no con educación y cariño). Si no quieres estar con la familia política, con ese cuñado peñazo o con esa prima que le va de las mil maravillas y tú tienes que hacer un millón de malabares para llegar a final de mes siempre, pues no estés. No hace falta que te enfades con nadie. Simplemente limita el contacto. En España ya hay muchas parejas, incluso, que “se separan” por Navidad. ¿Quieres más ideas? No hay ningún problema si todo es convenido y está acordado de antemano. Y si lo hay, es mejor que no ocupes una silla en esa mesa que te va a echar en cara que no te comiste las uvas el año pasado. Piensa dónde va a estar feliz tu corazón y quédate allí. Si no es así, es mejor que no vayas o pases para saludar y poco más. Ten claro hasta donde llega la cortesía y donde está el cariño auténtico.

5.- Si te lo puedes permitir, quítate de en medio y viaja

Cada vez somos más (reconozco que estoy en el grupo) los que aprovechamos las semanas de vacaciones de los niños para viajar o para pasar algunas  noches, al menos, fuera de casa. La oferta y los destinos son múltiples y adaptados a todos los bolsillos. Vale que salir de casa siempre cuesta dinero, pero, a veces, merece la pena. Así tienes solo media Navidad y no tienes más remedio que ser selectivo con todo: con los actos sociales y con el desprendimiento económico a la hora de afrontar los regalos.  

En mi caso tengo muchas esperanzas en esta Navidad 2018. Me asalta la intuición y la ilusión de que va a ser diferente y que va a suponer un antes y un después en mi manera de ver, no solo los eventos de estas fechas, sino también la vida. ¡Que me he aplicado estos consejos a rajatabla! Recuerdo los actos sociales de hace quince años (por ponerte un caso) y hoy, me parecen sencillamente una locura, una forma de encarar estas fechas que mi corazón salvaje ya no me permite. Cada uno tiene su forma, su manera, su modo de disponerse a recibir la luz y la alegría de la nueva vida. Busca la tuya y ve a por la felicidad. Te la mereces y puedes alcanzarla.

Por mi parte, esta es mi mejor manera de desearte una feliz Navidad.

Por Candela Vizcaíno

 

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Con estos fáciles y sencillos consejos que te dicta mi corazón salvaje

Que no te agobien, que no te estresen, que no te coman ni la cabeza ni la moral, que no te hagan gastar mucho (al día de hoy parece una tarea de titanes casi y que no te obliguen a hacer lo que no quieras hacer. Porque sí, mi amada lectora, mi querido lector, en esto hemos convertido una fiesta religiosa que celebra la vida nueva y la esperanza. ¿Acaso nos hemos olvidado que estamos ante una festividad sagrada y no ante actos sociales profanos? Para muchos los últimos días del mes de Diciembre se convierten en un calvario casi por las obligaciones de todo tipo y por el amontonamiento de recuerdos que nos asaltan (de aquellos que ya no están o por situaciones desagradables vividas en otras navidades). Y, honestamente, creo que los que no gustan de estas fechas tienen muchas y buenas razones. Los preparativos son tantos y se hacen desde tan temprano (finales de Noviembre casi) que no me extraña que sean legión los que se apunten a otro tipo de festividades más sencillas (Halloween por poner un caso). Pero aún estamos a tiempo para amar la Navidad y vivirla realmente. Eso sí, lo mismo tiene que ser a tu manera o de una manera diferente. ¿Te apuntas?

La Navidad en Occidente se ha convertido, sencillamente, en una orgía de consumo y de actos sociales obligados. ¿Te digo de las comidas de empresa con compañeros o clientes peñazos, de las cenas con la familia política y sonrisa impostada, del agobio de los disfraces de los niños para el cole, de los regalos carísimos, de la obligación de consumir…? No, ¿verdad? ¿Para qué? Si ya sabes de esto. Así que, si eres de los que buscan una Navidad realmente en paz, empieza este 2018 a cambiar el chip con estas 5 ideas que, a poco que la lleves a la práctica, verás que son fáciles y te permitirán tener unas fiestas más que dichosas. Serán tanto que vas a empezar a soñar con las Navidades de 2019. Ya me contarás…

1.- No quieras estar en todos sitios y agradar a todos, especialmente si tienes muchos compromisos

La Navidad debe servirnos para estar con los que realmente amamos (de verdad y no porque lo diga un papel o venga impuesto socialmente). No te de apuro decir que no (ya sabes que es el primer paso para la felicidad) a cualquier invitación que realmente no se te apetezca o sencillamente te resulte muy difícil atender. Las horas son las que son y los días son los que son. No podemos estirar más las semanas. Pon en una lista si es necesario hacer esa merienda de última hora o lo que verdaderamente se te apetece es estar en casa remoloneando en el sofá, por poner un caso. Deja espacio para ti y los tuyos. Así podrás vivir esos momentos en plenitud. No tengas la agenda ocupada todos los días.

2.- Intenta no volverte loc@ con las compras

Aprovecha. Recicla. Utiliza cosas de otros años. No todo tiene que ser nuevo y de última moda. En mi caso, que pongo la salita atestada de muñecos típicos, tengo decoración navideña que ha cumplido sus buenos 20 o 30 años. ¿Qué es eso de empezar de cero cada Navidad? Limita los regalos, el importe y la cantidad de juguetes que se dejan a los niños. Las familias deben ponerse de acuerdo y convencer a los pequeños que la carta a Papá Noel no debe ser la lista de la compra del mes. Un tanto de lo mismo debes hacer con las cenas, comidas, meriendas, desayunos, horas del té y brunchs. Si los días de diario, cenas un filete de pollo con ensalada, imagínate cómo debe sentirse tu hígado la madrugada del 25 con medio pavo relleno, un cuarto de besugo con guarnición, turrones, bombones, mantecados, patés  y cinco o seis copas. Hay que disfrutar pero sin exagerar. No lo vamos a pasar mejor por poner la mesa con una tonelada de comida. Debería ser más bien una excusa para charlar, compartir y estar con los seres queridos. No compres al tuntún. Pregúntate si hace falta y regala siempre cosas útiles que hagan ilusión. Venga sí, con los niños esto es muy difícil, pero hay que hacer un esfuerzo también con los más pequeños. Y vale que alguno ha pedido el Iphone 7…

3.- Haz tus propósitos de Año Nuevo con convicción y de manera asumible

Que sí, que ya lo sé que todos queremos empezar estudiando inglés, acudiendo al gimnasio o cambiando radicalmente de forma de vida, pero ¿es lo que realmente queremos? ¿Es lo que vamos a hacer de verdad? ¿Podemos afrontarlo? La Navidad simboliza la nueva vida, el nacimiento de la luz, la esperanza en un mundo mejor. Pregúntate qué es lo que quieres hacer con la mayoría de tus días del próximo 2019 (todos podemos mejorar siempre, que no somos tan perfectos) para hacerlos más felices y más plenos. Y afánate por conseguirlo. Es verdad que luego llegan los problemas y se quedan muchos meses (a veces hasta años) apoltronados en el sofá, pero tenemos que marcarnos unos objetivos que no nos den estrés, que los podamos asumir y que nos llenen de alegría. El mío te lo puedo decir ya: dejar más escritos aquí para que tú los leas. Esa es mi ilusión. Esa es mi meta. Con eso (y la salud de mi familia) ya sería plenamente feliz.

4.- Y sigo con algo importante: mantén un espíritu positivo siempre

Y en Navidad mucho más. Que no te agobien los compromisos (volvemos al punto uno: no tengas empacho en decir que no con educación y cariño). Si no quieres estar con la familia política, con ese cuñado peñazo o con esa prima que le va de las mil maravillas y tú tienes que hacer un millón de malabares para llegar a final de mes siempre, pues no estés. No hace falta que te enfades con nadie. Simplemente limita el contacto. En España ya hay muchas parejas, incluso, que “se separan” por Navidad. ¿Quieres más ideas? No hay ningún problema si todo es convenido y está acordado de antemano. Y si lo hay, es mejor que no ocupes una silla en esa mesa que te va a echar en cara que no te comiste las uvas el año pasado. Piensa dónde va a estar feliz tu corazón y quédate allí. Si no es así, es mejor que no vayas o pases para saludar y poco más. Ten claro hasta donde llega la cortesía y donde está el cariño auténtico.

5.- Si te lo puedes permitir, quítate de en medio y viaja

Cada vez somos más (reconozco que estoy en el grupo) los que aprovechamos las semanas de vacaciones de los niños para viajar o para pasar algunas  noches, al menos, fuera de casa. La oferta y los destinos son múltiples y adaptados a todos los bolsillos. Vale que salir de casa siempre cuesta dinero, pero, a veces, merece la pena. Así tienes solo media Navidad y no tienes más remedio que ser selectivo con todo: con los actos sociales y con el desprendimiento económico a la hora de afrontar los regalos.  

En mi caso tengo muchas esperanzas en esta Navidad 2018. Me asalta la intuición y la ilusión de que va a ser diferente y que va a suponer un antes y un después en mi manera de ver, no solo los eventos de estas fechas, sino también la vida. ¡Que me he aplicado estos consejos a rajatabla! Recuerdo los actos sociales de hace quince años (por ponerte un caso) y hoy, me parecen sencillamente una locura, una forma de encarar estas fechas que mi corazón salvaje ya no me permite. Cada uno tiene su forma, su manera, su modo de disponerse a recibir la luz y la alegría de la nueva vida. Busca la tuya y ve a por la felicidad. Te la mereces y puedes alcanzarla.

Por mi parte, esta es mi mejor manera de desearte una feliz Navidad.

Por Candela Vizcaíno

 

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¿Y para qué quiero yo salir de mi zona de confort si estoy “cómoda” o “cómodo” o “comodísima” o “comodísima”?  ¿Te respondo con otra pregunta? ¿Qué entiendes por comodidad? Porque si por algo se caracteriza y, a la par es donde reside el peligro de este peculiar emplazamiento, es por ese dejarse llevar que nos arrastra. Y que nos impide movernos hacia un lugar más cercano a la felicidad. No lo vamos a llamar dicha del todo, que ya sabemos que es un término bastante resbaladizo. Pero eso no quita para que nos llenemos la boca con la palabra: felicidad. Es la meta que debemos perseguir. Y la zona de confort es su mayor enemigo.

¿Qué es la zona de confort? Un intento de definición

Entonces, ¿qué es la zona de confort? En esencia, son esos hábitos, costumbres, prejuicios (sobre todo), puntos de pereza (que también lo hay), miedos (todos juntos y a la vez) que nos impiden cambiar a mejor. Son esas actitudes enquistadas en nuestro espíritu que, en el fondo y en la superficie, sabemos que nos hacen daño. Pero que, por hache o por be, no nos ponemos a apartarlas de nuestras vidas.

La zona de confort ejerce un poder de atracción tal que te atenaza de una manera brutal. Es tanto que no te deja moverte hacia otro lugar donde, intuitivamente, sabes o bien que vas a estar mejor o bien que vas a encontrar la felicidad. El apoltronamiento en la zona de confort se alimenta de una baja autoestima, del dolor del pasado, de los fracasos (que lo mismo no han sido tanto), de las espirales que no nos dejan ver qué hay más allá, de la soledad... La zona de confort es la que nos impide ser mejores.

La zona de confort nos ata tanto que no nos deja ir tras nuestros sueños.

Más características de la zona de confort

¿Y cómo he llegado hasta aquí? Cada uno tendrá su propia biografía, sus propias vivencias, sus propias circunstancias. Tampoco hace falta que tengamos una historia terrible detrás para atrincherarnos en este emplazamiento. La rutina mezclada con la desidia y, especialmente, los miedos inculcados hacen que la zona de confort sea uno de los lugares favoritos de la sociedad contemporánea.

Aunque esto es asunto para otro día, el poder actual (aquel que se transparenta en la TV e, incluso, en las redes sociales) busca meternos el miedo en el cuerpo desde todos los rincones posibles. Nos asustan con catástrofes diversas desde a enfermar hasta un atentado terrorista pasando por asuntos del corazón. Eso no quita para tengamos las debidas precauciones. Pero una cosa es el cuidado y otra muy distinta la aprensión enfermiza. Esta es la forma más sencilla de manipularnos y de realizar una particular censura. Con ello se consiguen individuos sumisos y sin cohesión social suficiente para rebelarse con el sistema.

Tienes que saber que la zona de confort es esa particular cárcel que cada uno de nosotros nos trazamos y no nos atrevemos a salir por miedo, en general, a lo desconocido. Pero también tienes que ser consciente que en la zona de confort, en un 98% de los casos, no se encuentran salidas a ninguno de tus problemas. Aquí tampoco está la felicidad. Que no te quepa la menor duda que eso está en otra parte.

7 ideas que te van a ayudar a salir de la zona de confort

¿Merece, por tanto, la pena salir de la zona de confort? ¡Claro que sí! Date prisa y anota estas 7 herramientas que te van a ayudar, a poco que la pongas en práctica, a ver la vida (y a sentirla) desde otro punto de vista.

1.-No te apoltrones en tu zona de confort

El nombre de zona de confort no es por nada. Es un símbolo de lo que significa esta actitud. Levántate del sofá. Apaga la televisión. Sal de tu cuarto si te pasas demasiadas horas. No le des demasiada vueltas a la cabeza. Eso es como estar encerrado en una habitación oscura dando vueltas. Rompe la espiral por aquí. Sal a la calle. Donde sea. Intenta moverte físicamente en la medida de tus posibilidades, tiempo o habilidades.

2.- Rompe con los prejuicios para poder salir de tu zona de confort

Aunque no lo creas, es uno de los mayores impedimentos para la felicidad. Cada uno tenemos un bagaje educativo imposible de eliminar (y ni falta que hace). Pero, en un porcentaje bastante alto, los métodos de enseñanza y de instrucción están llenos de prejuicios. A un lado está lo que debe ser. Al otro lo que no debe ser. Y no es que te esté invitando a cruzar fronteras peligrosas (ilegales o no) sino que es necesario (sobre todo cuando se llega a cierta edad) abrir un poco más tu mente. Amplía tu abanico de amistades. No te quedes con las de siempre. Habla. Charla. Conversa. Lee. Atrévete a mirar, al menos, un mundo que no es el tuyo, que no es en el que te has criado.

3.- Haz cosas que antes no habías hecho que es imprescindible para salir de tu zona de confort

Sin miedo (y con la debida prudencia que tirarse de un puente de cabeza no es un prejuicio) comienza a hacer actividades nuevas. Si te es posible, es bueno empezar un deporte, caminar, socializar o una tarea creativa. Eso hará que liberes endorfinas muy rápidamente y que muy pronto empieces a ver la zona de confort como ese lugar lleno de sombras y malos olores que realmente es. Y, por tanto, no quieras estar aquí. ¿Para qué?

4.- Busca nuevas ideas fuera de ti y sal de la zona de confort

Para eso tienes que mezclarte. Tienes que empezar a perder el miedo. Y tienes que empezar a preguntarte ¿Y si no fuera así? ¿Y si hubiera otra manera de resolver las cosas? ¿Y si la felicidad se encontrara en otra manera de estar en el mundo? No te grilles mucho con las preguntas. Contrasta. Intenta serenarte. Haz un esfuerzo para moderar la rabia. Aparece cuando te das cuenta que lo mismo has perdido meses preciosos de tu vida (o años o décadas que es aún peor) con el trabajo que no era para ti, con la persona incorrecta, con una forma de vida que no era la horma de tus zapatos…

5.- Actúa que sin eso no se sale de la zona de confort

Que pensar está muy bien y es necesario pero tampoco es cuestión de grillarse mucho y dar muchas vueltas con esa salida de la zona de confort. Si no actúas, si no te mueves, si no pruebas y vas tomando seguridad en ti mismo no vas a  conseguir absolutamente nada. Ponerse a dar vueltas sobre cómo cambiar no es el camino del cambio. Este solo se construye caminando. Recuerda el proverbio chino: “Para recorrerse el mundo necesitas dar el primer paso”.

6.- Cambia y crea y verás qué pronto sales de tu zona de confort 

Reconozco que yo cambio creando, que los batacazos y las penas las arreglo con un nuevo artículo, con la invención de un libro, con palabras… Mira dentro de ti y busca cuál es tu don, qué es lo que se te da mejor y no lo abandones. Los espíritus creativos no solo no se apoltronan jamás en la zona de confort sino que son resolutivos al máximo en todos los aspectos vitales. Y, con perdón, el artista nace, pero también se crea. Sin trabajo duro y constante poco o nada se puede hacer en la vida. Saca el artista (el creador) que hay en ti. Todos tenemos uno agazapado.

7.- Muestra tu nueva cara y mírate fuera de la zona de confort

¿Has probado a salir de tu zona de confort con un cambio de look? Arréglate desde por la mañana. Sonríe. Ten esperanza. Busca la ansiada felicidad fuera de los cauces trillados. No tengas miedo a enseñar tu nueva forma de ver la vida. Y de propagar a los cuatro vientos que estás peleando con tu zona de confort. Y que la meta es la felicidad.

El esfuerzo merece la pena. El camino mucho más.

Foto y texto por Candela Vizcaíno

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¿Y para qué quiero yo salir de mi zona de confort si estoy “cómoda” o “cómodo” o “comodísima” o “comodísima”?  ¿Te respondo con otra pregunta? ¿Qué entiendes por comodidad? Porque si por algo se caracteriza y, a la par es donde reside el peligro de este peculiar emplazamiento, es por ese dejarse llevar que nos arrastra. Y que nos impide movernos hacia un lugar más cercano a la felicidad. No lo vamos a llamar dicha del todo, que ya sabemos que es un término bastante resbaladizo. Pero eso no quita para que nos llenemos la boca con la palabra: felicidad. Es la meta que debemos perseguir. Y la zona de confort es su mayor enemigo.

¿Qué es la zona de confort? Un intento de definición

Entonces, ¿qué es la zona de confort? En esencia, son esos hábitos, costumbres, prejuicios (sobre todo), puntos de pereza (que también lo hay), miedos (todos juntos y a la vez) que nos impiden cambiar a mejor. Son esas actitudes enquistadas en nuestro espíritu que, en el fondo y en la superficie, sabemos que nos hacen daño. Pero que, por hache o por be, no nos ponemos a apartarlas de nuestras vidas.

La zona de confort ejerce un poder de atracción tal que te atenaza de una manera brutal. Es tanto que no te deja moverte hacia otro lugar donde, intuitivamente, sabes o bien que vas a estar mejor o bien que vas a encontrar la felicidad. El apoltronamiento en la zona de confort se alimenta de una baja autoestima, del dolor del pasado, de los fracasos (que lo mismo no han sido tanto), de las espirales que no nos dejan ver qué hay más allá, de la soledad... La zona de confort es la que nos impide ser mejores.

La zona de confort nos ata tanto que no nos deja ir tras nuestros sueños.

Más características de la zona de confort

¿Y cómo he llegado hasta aquí? Cada uno tendrá su propia biografía, sus propias vivencias, sus propias circunstancias. Tampoco hace falta que tengamos una historia terrible detrás para atrincherarnos en este emplazamiento. La rutina mezclada con la desidia y, especialmente, los miedos inculcados hacen que la zona de confort sea uno de los lugares favoritos de la sociedad contemporánea.

Aunque esto es asunto para otro día, el poder actual (aquel que se transparenta en la TV e, incluso, en las redes sociales) busca meternos el miedo en el cuerpo desde todos los rincones posibles. Nos asustan con catástrofes diversas desde a enfermar hasta un atentado terrorista pasando por asuntos del corazón. Eso no quita para tengamos las debidas precauciones. Pero una cosa es el cuidado y otra muy distinta la aprensión enfermiza. Esta es la forma más sencilla de manipularnos y de realizar una particular censura. Con ello se consiguen individuos sumisos y sin cohesión social suficiente para rebelarse con el sistema.

Tienes que saber que la zona de confort es esa particular cárcel que cada uno de nosotros nos trazamos y no nos atrevemos a salir por miedo, en general, a lo desconocido. Pero también tienes que ser consciente que en la zona de confort, en un 98% de los casos, no se encuentran salidas a ninguno de tus problemas. Aquí tampoco está la felicidad. Que no te quepa la menor duda que eso está en otra parte.

7 ideas que te van a ayudar a salir de la zona de confort

¿Merece, por tanto, la pena salir de la zona de confort? ¡Claro que sí! Date prisa y anota estas 7 herramientas que te van a ayudar, a poco que la pongas en práctica, a ver la vida (y a sentirla) desde otro punto de vista.

1.-No te apoltrones en tu zona de confort

El nombre de zona de confort no es por nada. Es un símbolo de lo que significa esta actitud. Levántate del sofá. Apaga la televisión. Sal de tu cuarto si te pasas demasiadas horas. No le des demasiada vueltas a la cabeza. Eso es como estar encerrado en una habitación oscura dando vueltas. Rompe la espiral por aquí. Sal a la calle. Donde sea. Intenta moverte físicamente en la medida de tus posibilidades, tiempo o habilidades.

2.- Rompe con los prejuicios para poder salir de tu zona de confort

Aunque no lo creas, es uno de los mayores impedimentos para la felicidad. Cada uno tenemos un bagaje educativo imposible de eliminar (y ni falta que hace). Pero, en un porcentaje bastante alto, los métodos de enseñanza y de instrucción están llenos de prejuicios. A un lado está lo que debe ser. Al otro lo que no debe ser. Y no es que te esté invitando a cruzar fronteras peligrosas (ilegales o no) sino que es necesario (sobre todo cuando se llega a cierta edad) abrir un poco más tu mente. Amplía tu abanico de amistades. No te quedes con las de siempre. Habla. Charla. Conversa. Lee. Atrévete a mirar, al menos, un mundo que no es el tuyo, que no es en el que te has criado.

3.- Haz cosas que antes no habías hecho que es imprescindible para salir de tu zona de confort

Sin miedo (y con la debida prudencia que tirarse de un puente de cabeza no es un prejuicio) comienza a hacer actividades nuevas. Si te es posible, es bueno empezar un deporte, caminar, socializar o una tarea creativa. Eso hará que liberes endorfinas muy rápidamente y que muy pronto empieces a ver la zona de confort como ese lugar lleno de sombras y malos olores que realmente es. Y, por tanto, no quieras estar aquí. ¿Para qué?

4.- Busca nuevas ideas fuera de ti y sal de la zona de confort

Para eso tienes que mezclarte. Tienes que empezar a perder el miedo. Y tienes que empezar a preguntarte ¿Y si no fuera así? ¿Y si hubiera otra manera de resolver las cosas? ¿Y si la felicidad se encontrara en otra manera de estar en el mundo? No te grilles mucho con las preguntas. Contrasta. Intenta serenarte. Haz un esfuerzo para moderar la rabia. Aparece cuando te das cuenta que lo mismo has perdido meses preciosos de tu vida (o años o décadas que es aún peor) con el trabajo que no era para ti, con la persona incorrecta, con una forma de vida que no era la horma de tus zapatos…

5.- Actúa que sin eso no se sale de la zona de confort

Que pensar está muy bien y es necesario pero tampoco es cuestión de grillarse mucho y dar muchas vueltas con esa salida de la zona de confort. Si no actúas, si no te mueves, si no pruebas y vas tomando seguridad en ti mismo no vas a  conseguir absolutamente nada. Ponerse a dar vueltas sobre cómo cambiar no es el camino del cambio. Este solo se construye caminando. Recuerda el proverbio chino: “Para recorrerse el mundo necesitas dar el primer paso”.

6.- Cambia y crea y verás qué pronto sales de tu zona de confort 

Reconozco que yo cambio creando, que los batacazos y las penas las arreglo con un nuevo artículo, con la invención de un libro, con palabras… Mira dentro de ti y busca cuál es tu don, qué es lo que se te da mejor y no lo abandones. Los espíritus creativos no solo no se apoltronan jamás en la zona de confort sino que son resolutivos al máximo en todos los aspectos vitales. Y, con perdón, el artista nace, pero también se crea. Sin trabajo duro y constante poco o nada se puede hacer en la vida. Saca el artista (el creador) que hay en ti. Todos tenemos uno agazapado.

7.- Muestra tu nueva cara y mírate fuera de la zona de confort

¿Has probado a salir de tu zona de confort con un cambio de look? Arréglate desde por la mañana. Sonríe. Ten esperanza. Busca la ansiada felicidad fuera de los cauces trillados. No tengas miedo a enseñar tu nueva forma de ver la vida. Y de propagar a los cuatro vientos que estás peleando con tu zona de confort. Y que la meta es la felicidad.

El esfuerzo merece la pena. El camino mucho más.

Foto y texto por Candela Vizcaíno

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¡Ojo! Comienzo diciendo que ni Facebook tiene nada que ver ni las redes sociales tampoco ni las personas, si me apuras, tampoco. Puede que alguien se haya enamorado de ti por tu perfil y por las cosas que pones en tu muro personal de Facebook que para eso nos dejamos el alma en él. Si te ha pasado y el amor es mutuo, ¡enhorabuena!. Pero hoy voy a dar este consejo para las familias a raíz de algunos comentarios de algunas amigas y de la experiencia de servidora. Que una se documenta mucho antes de ponerse a escribir. Y este artículo es, sencillamente, un trabajo de investigación dando cabida a un buen puñado de este tipo de "amores de Facebook" y dejándoles hablar durante horas. Afortunadamente, servidora, que ha cumplido ya algunos años, sabe lo que es la amistad de verdad, el cariño de verdad, el apoyo de verdad y el amor de verdad. Y estas cosas tan chocantes me saltaron desde el primer momento. Pero sé, de corazón, que hay muchas personas (mujeres sobre todo) que han sufrido historias tristes. Para todas ellas va este reportaje. Y si solo una puede poner en alerta (aunque sé que van a ser muchísimas) doy por bien empleadas las horas en charlar con estos falsos amores de Facebook. 

No me estoy refiriendo a algo que tú, más o menos, puedas intuir como normal sino a cosas raras que te escaman desde el primer momento y que huelen fatal desde el primer segundo. Friki o serena, con nuestras manías, nuestros vicios y nuestras grandes virtudes, llegar hasta aquí a la mayoría nos ha costado bastante y una historia de estas puede desbaratarte la vida por completo si no andas atenta. Porque, aunque supongo que también sucede a los varones de esta parte de mundo, esta advertencia de hoy son para las féminas que caminan por Facebook.

¿Quién hay detrás de esas declaraciones de amor de Facebook?

No voy a dar muchos rodeos. El perfil es el que sigue:

  • Un señor de tu edad más o menos o un chico fantástico, mucho más peligroso si se dirige a una niña poco puesta en estas lides que a una mujer hecha y derecha. Las familias deben estar muy atentas a esto. Que puede ser demoledor.
  • Es muy bien parecido pero sin pasarse. Esto es guapetón y resultón pero, la mayoría de las veces no es tampoco un modelo de pasarela.
  • Cuando entras en su perfil ves algunas fotos, su fecha de nacimiento (año arriba o año abajo coincide con la tuya), pero no mucho más. Aunque seas su amigo, no ves mucho. No hay actividad. No hay fotos paseando al perro ni con los colegas ni de viajes ni celebra ningún evento familiar. Hay algo, pero muy poco. Todo muy puesto. Todo muy escogido.
  • Tiene unos cuantos amigos pero tampoco mucho. Casi nunca va más allá de 50 y en el muro no hay ningún tipo de interacción con la peña de Facebook. 
  • Es una persona fuera de la Comunidad Europea. ¡Ojo al dato! Eso no significa que rechaces cualquier petición de amistad sincera de alguien de China, Rusia o Estados Unidos, por poner algunos ejemplos. Que estamos en la era global y, al menos, “you can improve your English each night”. Pero en el 100% de los casos no tienen pasaporte europeo (otra cosa es que vivan en Munich, Roma o Ámsterdam). ¡Ojo! Reitero: tengo amigos procedentes de África, por poner un caso, o de cualquier lugar del mundo (muchísimos en América Latina) y contactos por esta red social de lo más diverso que, simplemente, les gusta mis artículos y a mí su muro e interactuamos así. Que esto no sea una excusa para volverse racista o clasista en este sentido. Buena parte de mis mejores amigos del Facebook y de la vida diaria son, en un alto porcentaje, “ajenos al territorio donde me muevo normalmente”. Y esto lo digo con gran orgullo y placer por todo lo bueno que me aportan. En mi WhatsApp tengo a amigos de otros países, de otro color distinto al mío, de otro credo, de otro barrio... Son mis grandes tesoros junto con mi hija. Eso no quita para que estemos atentos a las amistades y cariños impostados, como los que no ocupa hoy, y que demos nuestro corazón a las personas que verdaderamente se lo merecen. 
  • Tienen unos trabajos de los más exótico. No hay ningún oficinista ni profesor universitario ni un médico de un hospital reconocido. Hay muchos que pasan su vida en un barco. Te puedes encontrar con militares desplazados a sitios peligrosísimos. Otros que están aburridos en una plataforma petrolífera. Y últimamente autónomos con profesiones diversas.
  • Todos exhiben su fecha de nacimiento y… su estado civil. ¡Cuánto viudo, Dios mío! ¡Cuánto separado o divorciado porque la mujer se enamoró de otro! Alguno hay que ha llegado soltero. Pero no vas a tener que preguntar. El corazón rojo con su estado está allí bien visible al lado de un chico estupendo o un señor de muy buen ver (otra cosa es que sea un caballero).
  • Te entran por el Messanger de una forma muy amigable pidiendo amistad y diciendo lo hermosa y bella que eres. Y tú lo eres. Eres aún más: eres una mujer espléndida que en tu muro pones los viajes que has hecho sola, fotos de tus salidas con tus amistades, haciendo deportes, carteles de amor tan típicos de Facebook. Eres una mujer estupenda que seguramente perteneces al colectivo single (soltera, viuda, separada y/o divorciada) aunque no lo publicites abiertamente porque no hace falta. Porque para eso eres libre para decir de tu vida lo que te da la real gana que para eso es tuya.

¿Cómo comienza, continúa y sigue esta historia de amor en Facebook?

Como te he anotado anteriormente, con el Messanger. Empieza con una discreta petición de amistad que tú aceptas porque te hace gracia o por buscarte un amigo exótico.

Desde el primer momento ya empiezan subiéndote la autoestima diciéndote lo preciosa que eres (eres fantástica), lo maravillosa que se te ve por las cosas de tu muro (más aún lo eres en la vida fuera de las redes sociales), lo feliz que está con tu amistad (¡por supuesto que lo está!) y bla, bla, bla, bla…

Los mensajes son constantes. Se acuerdan de desearte los buenos días, las buenas noches, de preguntarte cómo estás, cómo va tu familia, qué estás haciendo, si te encuentras bien… Te mandan flores virtuales, perritos cariñosos y todo tipo de monadas virtuales constantemente. 

Vamos… que continúan en un lenguaje perfecto (de poeta casi) acercándote a ti buscando tu amistad, tu amor y tu corazón.

Y… un buen día… No tardan mucho. No te preocupes. Que esto suele pasar a la semana o dos, te despiertas en tu cama con un Messanger diciéndote que te aman locamente, que quieren empezar una nueva vida junto a ti. Que ya no le satisface su misión (de paz o de guerra, que a ti te da lo mismo), que eres la mujer de su vida. Y todo eso, señoras y señores, con una conversación que lo mismo no ha llegado a las dos mil palabras (menos que uno de mis artículos) durante 10 días y con medio mundo (con sus mares y sus montañas) de por medio. Una no quiere ser sarcástica, pero sabe que el amor se construye de otra manera.

¿Por qué se enamoran estos desconocidos de Facebook tan rápido?

Llegados a este punto, tienes varias opciones. La más rápida es bloquear. Otra es echarte a reír y no creerte nada (no te lo creas porque es mentira). Y otra seguir (¡no lo hagas!). Detrás de estos amores de Facebook con desconocidos que no tienen nada que ver con nuestra cosmovisión de una manera tan expeditiva (que yo creo en el cariño intercultural) hay verdaderas organizaciones. Sí, niña, sí señora, como lees.

¿Y qué buscan? En el mejor de los casos dinero. No me estoy equivocando diciendo en el mejor de los casos. Esto es, enamorarte y decirte que si vienen para España, para tu casa. Que lo deja todo por tus huesos y en el último momento algo les impide llegar. Y ese algo se soluciona con dinero, que no tienen y que tú tienes que hacerles llegar... 

¿Y en el peor de los casos? Pues, que realmente se quieran casar contigo. No me he tomado nada. Porque lo que buscan es una boda movidos por el interés. Y ya te puedes imaginar el infierno que te puede suponer eso. Y más si estás en Facebook poniendo algunas cosas de tu ex o tus ex. Recuerda que es una organización dedicada al rastreo. No buscan aleatoriamente. Venga…. Te explico. Este señor (que no caballero) busca de ti, aparte de tu belleza y buen corazón, que son muy exquisitos, el acceso a España.

El pasaporte español, uno de los más codiciados del mundo

O el que más porque aquí no hay peligro de terrorismo ni de mafias (en principio, que también tenemos lo nuestro). Vamos que nosotras somos españolas y es verdad que tenemos que ser críticas con las fallas de nuestro sistema, pero la nacionalidad española (pasaporte) es una de las más codiciadas del mundo. Con nuestro pasaporte no solo podemos acceder sin visado a todo el territorio de la UE sino también a buena parte de América Latina. Además, somos un país poco peligroso a nivel internacional. Y cuando pasamos por cualquier frontera no se nos mira o se nos cataloga como delincuentes potenciales. ¡Ah! Español, pues que pase… Aunque a ti te parezca terrible que te abran la maleta en los controles de los aeropuertos. Ahora podría poner una bandera española aquí porque eso es lo que buscan.

Y… este mocito o señor de buen ver quiere acceder a eso: a la nacionalidad española. Lo más fácil es casándose con un nacido en nuestra bella tierra. Lo que viene después ya te lo puedes imaginar. Hay hasta un departamento en la policía investigando estas cosas. Y sigo: una boda postiza es un delito penal. Te lo digo por si te ves tentado a ello… 

¡Buenas noches argonauta de las redes sociales! ¡Cuidadito con esos amores fulgurantes en Facebook!

Recuerda que te escucho y que la casilla comentario está abierta a tus experiencias. 

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¡Ojo! Comienzo diciendo que ni Facebook tiene nada que ver ni las redes sociales tampoco ni las personas, si me apuras, tampoco. Puede que alguien se haya enamorado de ti por tu perfil y por las cosas que pones en tu muro personal de Facebook que para eso nos dejamos el alma en él. Si te ha pasado y el amor es mutuo, ¡enhorabuena!. Pero hoy voy a dar este consejo para las familias a raíz de algunos comentarios de algunas amigas y de la experiencia de servidora. Que una se documenta mucho antes de ponerse a escribir. Y este artículo es, sencillamente, un trabajo de investigación dando cabida a un buen puñado de este tipo de "amores de Facebook" y dejándoles hablar durante horas. Afortunadamente, servidora, que ha cumplido ya algunos años, sabe lo que es la amistad de verdad, el cariño de verdad, el apoyo de verdad y el amor de verdad. Y estas cosas tan chocantes me saltaron desde el primer momento. Pero sé, de corazón, que hay muchas personas (mujeres sobre todo) que han sufrido historias tristes. Para todas ellas va este reportaje. Y si solo una puede poner en alerta (aunque sé que van a ser muchísimas) doy por bien empleadas las horas en charlar con estos falsos amores de Facebook. 

No me estoy refiriendo a algo que tú, más o menos, puedas intuir como normal sino a cosas raras que te escaman desde el primer momento y que huelen fatal desde el primer segundo. Friki o serena, con nuestras manías, nuestros vicios y nuestras grandes virtudes, llegar hasta aquí a la mayoría nos ha costado bastante y una historia de estas puede desbaratarte la vida por completo si no andas atenta. Porque, aunque supongo que también sucede a los varones de esta parte de mundo, esta advertencia de hoy son para las féminas que caminan por Facebook.

¿Quién hay detrás de esas declaraciones de amor de Facebook?

No voy a dar muchos rodeos. El perfil es el que sigue:

  • Un señor de tu edad más o menos o un chico fantástico, mucho más peligroso si se dirige a una niña poco puesta en estas lides que a una mujer hecha y derecha. Las familias deben estar muy atentas a esto. Que puede ser demoledor.
  • Es muy bien parecido pero sin pasarse. Esto es guapetón y resultón pero, la mayoría de las veces no es tampoco un modelo de pasarela.
  • Cuando entras en su perfil ves algunas fotos, su fecha de nacimiento (año arriba o año abajo coincide con la tuya), pero no mucho más. Aunque seas su amigo, no ves mucho. No hay actividad. No hay fotos paseando al perro ni con los colegas ni de viajes ni celebra ningún evento familiar. Hay algo, pero muy poco. Todo muy puesto. Todo muy escogido.
  • Tiene unos cuantos amigos pero tampoco mucho. Casi nunca va más allá de 50 y en el muro no hay ningún tipo de interacción con la peña de Facebook. 
  • Es una persona fuera de la Comunidad Europea. ¡Ojo al dato! Eso no significa que rechaces cualquier petición de amistad sincera de alguien de China, Rusia o Estados Unidos, por poner algunos ejemplos. Que estamos en la era global y, al menos, “you can improve your English each night”. Pero en el 100% de los casos no tienen pasaporte europeo (otra cosa es que vivan en Munich, Roma o Ámsterdam). ¡Ojo! Reitero: tengo amigos procedentes de África, por poner un caso, o de cualquier lugar del mundo (muchísimos en América Latina) y contactos por esta red social de lo más diverso que, simplemente, les gusta mis artículos y a mí su muro e interactuamos así. Que esto no sea una excusa para volverse racista o clasista en este sentido. Buena parte de mis mejores amigos del Facebook y de la vida diaria son, en un alto porcentaje, “ajenos al territorio donde me muevo normalmente”. Y esto lo digo con gran orgullo y placer por todo lo bueno que me aportan. En mi WhatsApp tengo a amigos de otros países, de otro color distinto al mío, de otro credo, de otro barrio... Son mis grandes tesoros junto con mi hija. Eso no quita para que estemos atentos a las amistades y cariños impostados, como los que no ocupa hoy, y que demos nuestro corazón a las personas que verdaderamente se lo merecen. 
  • Tienen unos trabajos de los más exótico. No hay ningún oficinista ni profesor universitario ni un médico de un hospital reconocido. Hay muchos que pasan su vida en un barco. Te puedes encontrar con militares desplazados a sitios peligrosísimos. Otros que están aburridos en una plataforma petrolífera. Y últimamente autónomos con profesiones diversas.
  • Todos exhiben su fecha de nacimiento y… su estado civil. ¡Cuánto viudo, Dios mío! ¡Cuánto separado o divorciado porque la mujer se enamoró de otro! Alguno hay que ha llegado soltero. Pero no vas a tener que preguntar. El corazón rojo con su estado está allí bien visible al lado de un chico estupendo o un señor de muy buen ver (otra cosa es que sea un caballero).
  • Te entran por el Messanger de una forma muy amigable pidiendo amistad y diciendo lo hermosa y bella que eres. Y tú lo eres. Eres aún más: eres una mujer espléndida que en tu muro pones los viajes que has hecho sola, fotos de tus salidas con tus amistades, haciendo deportes, carteles de amor tan típicos de Facebook. Eres una mujer estupenda que seguramente perteneces al colectivo single (soltera, viuda, separada y/o divorciada) aunque no lo publicites abiertamente porque no hace falta. Porque para eso eres libre para decir de tu vida lo que te da la real gana que para eso es tuya.

¿Cómo comienza, continúa y sigue esta historia de amor en Facebook?

Como te he anotado anteriormente, con el Messanger. Empieza con una discreta petición de amistad que tú aceptas porque te hace gracia o por buscarte un amigo exótico.

Desde el primer momento ya empiezan subiéndote la autoestima diciéndote lo preciosa que eres (eres fantástica), lo maravillosa que se te ve por las cosas de tu muro (más aún lo eres en la vida fuera de las redes sociales), lo feliz que está con tu amistad (¡por supuesto que lo está!) y bla, bla, bla, bla…

Los mensajes son constantes. Se acuerdan de desearte los buenos días, las buenas noches, de preguntarte cómo estás, cómo va tu familia, qué estás haciendo, si te encuentras bien… Te mandan flores virtuales, perritos cariñosos y todo tipo de monadas virtuales constantemente. 

Vamos… que continúan en un lenguaje perfecto (de poeta casi) acercándote a ti buscando tu amistad, tu amor y tu corazón.

Y… un buen día… No tardan mucho. No te preocupes. Que esto suele pasar a la semana o dos, te despiertas en tu cama con un Messanger diciéndote que te aman locamente, que quieren empezar una nueva vida junto a ti. Que ya no le satisface su misión (de paz o de guerra, que a ti te da lo mismo), que eres la mujer de su vida. Y todo eso, señoras y señores, con una conversación que lo mismo no ha llegado a las dos mil palabras (menos que uno de mis artículos) durante 10 días y con medio mundo (con sus mares y sus montañas) de por medio. Una no quiere ser sarcástica, pero sabe que el amor se construye de otra manera.

¿Por qué se enamoran estos desconocidos de Facebook tan rápido?

Llegados a este punto, tienes varias opciones. La más rápida es bloquear. Otra es echarte a reír y no creerte nada (no te lo creas porque es mentira). Y otra seguir (¡no lo hagas!). Detrás de estos amores de Facebook con desconocidos que no tienen nada que ver con nuestra cosmovisión de una manera tan expeditiva (que yo creo en el cariño intercultural) hay verdaderas organizaciones. Sí, niña, sí señora, como lees.

¿Y qué buscan? En el mejor de los casos dinero. No me estoy equivocando diciendo en el mejor de los casos. Esto es, enamorarte y decirte que si vienen para España, para tu casa. Que lo deja todo por tus huesos y en el último momento algo les impide llegar. Y ese algo se soluciona con dinero, que no tienen y que tú tienes que hacerles llegar... 

¿Y en el peor de los casos? Pues, que realmente se quieran casar contigo. No me he tomado nada. Porque lo que buscan es una boda movidos por el interés. Y ya te puedes imaginar el infierno que te puede suponer eso. Y más si estás en Facebook poniendo algunas cosas de tu ex o tus ex. Recuerda que es una organización dedicada al rastreo. No buscan aleatoriamente. Venga…. Te explico. Este señor (que no caballero) busca de ti, aparte de tu belleza y buen corazón, que son muy exquisitos, el acceso a España.

El pasaporte español, uno de los más codiciados del mundo

O el que más porque aquí no hay peligro de terrorismo ni de mafias (en principio, que también tenemos lo nuestro). Vamos que nosotras somos españolas y es verdad que tenemos que ser críticas con las fallas de nuestro sistema, pero la nacionalidad española (pasaporte) es una de las más codiciadas del mundo. Con nuestro pasaporte no solo podemos acceder sin visado a todo el territorio de la UE sino también a buena parte de América Latina. Además, somos un país poco peligroso a nivel internacional. Y cuando pasamos por cualquier frontera no se nos mira o se nos cataloga como delincuentes potenciales. ¡Ah! Español, pues que pase… Aunque a ti te parezca terrible que te abran la maleta en los controles de los aeropuertos. Ahora podría poner una bandera española aquí porque eso es lo que buscan.

Y… este mocito o señor de buen ver quiere acceder a eso: a la nacionalidad española. Lo más fácil es casándose con un nacido en nuestra bella tierra. Lo que viene después ya te lo puedes imaginar. Hay hasta un departamento en la policía investigando estas cosas. Y sigo: una boda postiza es un delito penal. Te lo digo por si te ves tentado a ello… 

¡Buenas noches argonauta de las redes sociales! ¡Cuidadito con esos amores fulgurantes en Facebook!

Recuerda que te escucho y que la casilla comentario está abierta a tus experiencias. 

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Ya está aquí la vuelta al cole. Así que no hagamos un drama y empecemos a poner nombres con pompa que nos parecen de lo más cool para lo más normal del mundo. Me refiero a términos como síndrome postvacacional, estrés escolar, tristeza otoñal y esas cosas. En nada comenzará la rutina. No podemos hacer nada para pararla. Se acabaron los desbarajustes en los horarios, las tardes de helados, las mañanas en la playa, las maletas de un lado para otro, las primas en fiesta de pijamas permanente, los días enteros en la piscina, levantarse a las 11 de la mañana… Llegaron los horarios y, de un plumazo, terminamos con la flexibilidad y eso de hacer lo que nos dé la gana.

Que lo más maravilloso del mundo es estar de molicie constante al sol y viajando, pues seguramente. No voy a ser yo quien me ponga a decir lo contrario con lo que me gusta un avión, pero también es saludable y fuente de felicidad la rutina ordenada. Y esto es lo que debemos inculcar a nuestros hijos. Bueno… mamá habrá que, a estas alturas del verano, se encuentre que alguno de sus retoños está hasta pidiendo la ansiada vuelta al cole.

Entonces, ¿cómo llevan los niños este regreso a las aulas y a los horarios? Como todo en la vida depende del pequeño, pero sí hay unos normas generales que todas las familias debemos tener en cuenta para no hacer un zafarrancho de lo que debe ser vida corriente, cotidiana y habitual.

10 consejos básicos para una vuelta al cole feliz

Porque de eso se trata: de no estresar a los niños (sobre todo a los más pequeños) con un evento que forma parte de su existencia y que debe ser vivido con alegría. Así que anota.

1.- No dramatices, por favor. Hay tiempo para todo: para las vacaciones de desmadre en los horarios y para la rutina del colegio con agenda fija. Los pequeños deben acostumbrarse desde chicos y saber disfrutar de  cada momento con serenidad y una sonrisa en los labios.

2.- Vamos a tener cuidado con las palabras como el síndrome postvacacional o estrés en el colegio. A no ser que nuestro hijo tenga algún problema dentro de las aulas (y eso es tema aparte que hay que zanjar inmediatamente y con la mayor celeridad posible), no va a suponerle ninguna enfermedad madrugar, volver al comedor y retomar los estudios. Y así hay que hacérselo ver (a la menor queja) cuanto antes.

3.- Si tu niño se pone a llorar o a hacer aspavientos (de cualquier tipo)  ante la vuelta al cole, tienes que mantener una buena conversación sin explayarte mucho. Pero sí debes hacerle partícipe del gran don que es recibir una educación, como es en el caso de España, desde los 3 a los 16 años. Dependiendo de la edad de tu pequeño, hazle ver que en otros países y en otras épocas algo normal hoy en día (por fortuna) era un auténtico privilegio. Aprovecha para recalcar la importancia de la educación para su desarrollo, tanto como persona (a nivel anímico y espiritual) como profesional en el futuro. ¡Ah! Y no tengas empacho en repetirlo a lo largo del curso a la menor queja o cuando las notas no vengan como es debido.

4.- ¿Y qué decimos de volver a ver los amigos? Aunque alguno habrá que ha tenido fiestas de piscina con los colegas durante el verano, recuérdale también esto: que ahora van a retomar sus amistades, sus juegos y sus cosas durante el horario escolar. Motívale ante la posible amistad con nuevos niños. Una buena idea es repasar lo que habéis hecho durante las vacaciones para que lo pueda compartir con sus compañeros. Así sentirá que todo es un continuo, que no hay un antes o un después, que es un camino, el de su vida, ni más ni menos.

5.- Durante los primeros días, algunos niños acusan más cansancio. Aún se acuestan tarde y tienen que madrugar  y va quedando menos margen para la pereza. Intenta evitar esto no haciendo todo de golpe. Unos cuantos días antes, comienza ya con la nueva rutina, especialmente con la referente a la cena, baño y hora de irse a la cama.

6.- Que tu hijo te acompañe en las compras del nuevo material necesario para el curso escolar. Déjale (con sus salvedades) elegir su mochila, háblale de los zapatos nuevos, del equipamiento, de los libros que has dejado reservado. En definitiva, que se vaya ilusionando con las novedades del nuevo curso.

7.- Aunque las actividades extraescolares, en su mayoría, comienzan en octubre, es bueno también empezar a hacer planes sobre su deporte favorito o aquellas clases a las que quiera asistir. Es muy normal que los pequeños quieran cambiar y el que ha hecho kárate desee subirse a los patines y los tenistas lo mismo se atreven a aventurarse con las luces y las sombras del teatro. En la medida de las posibilidades económicas y logísticas de la familia, es bueno que vayan probando actividades nuevas. Eso sí, sin caer en el capricho constante. Porque esta actitud, en lugar de ir formando su carácter, va a jugar en su contra.

8.- Capítulo aparte va a ser la comida. Si tienen comedor, lo tienes fácil porque, sencillamente, eso es lo que hay. Solo hay que repetirle lo ya dicho: que está todo diseñado para que se alimente de manera variada y así pueda crecer fuerte y feliz. No te comas más la cabecita, que los niños son muy listos y, si negocias demasiado con ellos, te buscan las vueltas para salirse con la suya. Podemos dejar algo de más margen para las cenas con algún capricho veraniego. Pero es aconsejable que vayamos cogiendo rutina cuanto antes.

9.- Deja que estos primeros fines de semana (que aún no traen muchos deberes) sigan, en la medida de lo posible, con la vida de veraneo. Si vives en el sur, hará calor y se podrá hacer alguna escapada a la playa. Si resides en lugares más fríos, comienza a dar paseos por el campo, al parque o busca alguna otra actividad urbana que les haga recordar la libertad del verano.

10.- Aprovecha para realizar cambios y para inculcar un espíritu positivo ante la acumulación. Invita a tu hijo a deshacerse de lo que no le sirve del curso pasado bien donando o vendiendo de segunda mano. Hazle partícipe de esta decisión. Así, los pequeños ven los cambios como inevitables, como parte integrante de su vida, que es un crecimiento constante y una evolución sin parar. Con estos gestos lo acostumbramos a que vayan aceptando tanto las rutinas del diario como los imprevistos (felices o tristes) que van a encontrarse en el futuro.

Si tu niño, además, afronta un cambio de cole o una mudanza de ciudad, más ilusión aún debes poner en resaltar las bondades de la novedad. Si ha dejado atrás familia o amigos, lo mismo no encara esta nueva etapa con la alegría propia de su edad. Pero para eso estamos los mayores: para mostrarles el camino con una sonrisa.

¿Y tú? ¿Cómo llevas esta vuelta al curso escolar?

Texto y foto por Candela Vizcaíno

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Ya está aquí la vuelta al cole. Así que no hagamos un drama y empecemos a poner nombres con pompa que nos parecen de lo más cool para lo más normal del mundo. Me refiero a términos como síndrome postvacacional, estrés escolar, tristeza otoñal y esas cosas. En nada comenzará la rutina. No podemos hacer nada para pararla. Se acabaron los desbarajustes en los horarios, las tardes de helados, las mañanas en la playa, las maletas de un lado para otro, las primas en fiesta de pijamas permanente, los días enteros en la piscina, levantarse a las 11 de la mañana… Llegaron los horarios y, de un plumazo, terminamos con la flexibilidad y eso de hacer lo que nos dé la gana.

Que lo más maravilloso del mundo es estar de molicie constante al sol y viajando, pues seguramente. No voy a ser yo quien me ponga a decir lo contrario con lo que me gusta un avión, pero también es saludable y fuente de felicidad la rutina ordenada. Y esto es lo que debemos inculcar a nuestros hijos. Bueno… mamá habrá que, a estas alturas del verano, se encuentre que alguno de sus retoños está hasta pidiendo la ansiada vuelta al cole.

Entonces, ¿cómo llevan los niños este regreso a las aulas y a los horarios? Como todo en la vida depende del pequeño, pero sí hay unos normas generales que todas las familias debemos tener en cuenta para no hacer un zafarrancho de lo que debe ser vida corriente, cotidiana y habitual.

10 consejos básicos para una vuelta al cole feliz

Porque de eso se trata: de no estresar a los niños (sobre todo a los más pequeños) con un evento que forma parte de su existencia y que debe ser vivido con alegría. Así que anota.

1.- No dramatices, por favor. Hay tiempo para todo: para las vacaciones de desmadre en los horarios y para la rutina del colegio con agenda fija. Los pequeños deben acostumbrarse desde chicos y saber disfrutar de  cada momento con serenidad y una sonrisa en los labios.

2.- Vamos a tener cuidado con las palabras como el síndrome postvacacional o estrés en el colegio. A no ser que nuestro hijo tenga algún problema dentro de las aulas (y eso es tema aparte que hay que zanjar inmediatamente y con la mayor celeridad posible), no va a suponerle ninguna enfermedad madrugar, volver al comedor y retomar los estudios. Y así hay que hacérselo ver (a la menor queja) cuanto antes.

3.- Si tu niño se pone a llorar o a hacer aspavientos (de cualquier tipo)  ante la vuelta al cole, tienes que mantener una buena conversación sin explayarte mucho. Pero sí debes hacerle partícipe del gran don que es recibir una educación, como es en el caso de España, desde los 3 a los 16 años. Dependiendo de la edad de tu pequeño, hazle ver que en otros países y en otras épocas algo normal hoy en día (por fortuna) era un auténtico privilegio. Aprovecha para recalcar la importancia de la educación para su desarrollo, tanto como persona (a nivel anímico y espiritual) como profesional en el futuro. ¡Ah! Y no tengas empacho en repetirlo a lo largo del curso a la menor queja o cuando las notas no vengan como es debido.

4.- ¿Y qué decimos de volver a ver los amigos? Aunque alguno habrá que ha tenido fiestas de piscina con los colegas durante el verano, recuérdale también esto: que ahora van a retomar sus amistades, sus juegos y sus cosas durante el horario escolar. Motívale ante la posible amistad con nuevos niños. Una buena idea es repasar lo que habéis hecho durante las vacaciones para que lo pueda compartir con sus compañeros. Así sentirá que todo es un continuo, que no hay un antes o un después, que es un camino, el de su vida, ni más ni menos.

5.- Durante los primeros días, algunos niños acusan más cansancio. Aún se acuestan tarde y tienen que madrugar  y va quedando menos margen para la pereza. Intenta evitar esto no haciendo todo de golpe. Unos cuantos días antes, comienza ya con la nueva rutina, especialmente con la referente a la cena, baño y hora de irse a la cama.

6.- Que tu hijo te acompañe en las compras del nuevo material necesario para el curso escolar. Déjale (con sus salvedades) elegir su mochila, háblale de los zapatos nuevos, del equipamiento, de los libros que has dejado reservado. En definitiva, que se vaya ilusionando con las novedades del nuevo curso.

7.- Aunque las actividades extraescolares, en su mayoría, comienzan en octubre, es bueno también empezar a hacer planes sobre su deporte favorito o aquellas clases a las que quiera asistir. Es muy normal que los pequeños quieran cambiar y el que ha hecho kárate desee subirse a los patines y los tenistas lo mismo se atreven a aventurarse con las luces y las sombras del teatro. En la medida de las posibilidades económicas y logísticas de la familia, es bueno que vayan probando actividades nuevas. Eso sí, sin caer en el capricho constante. Porque esta actitud, en lugar de ir formando su carácter, va a jugar en su contra.

8.- Capítulo aparte va a ser la comida. Si tienen comedor, lo tienes fácil porque, sencillamente, eso es lo que hay. Solo hay que repetirle lo ya dicho: que está todo diseñado para que se alimente de manera variada y así pueda crecer fuerte y feliz. No te comas más la cabecita, que los niños son muy listos y, si negocias demasiado con ellos, te buscan las vueltas para salirse con la suya. Podemos dejar algo de más margen para las cenas con algún capricho veraniego. Pero es aconsejable que vayamos cogiendo rutina cuanto antes.

9.- Deja que estos primeros fines de semana (que aún no traen muchos deberes) sigan, en la medida de lo posible, con la vida de veraneo. Si vives en el sur, hará calor y se podrá hacer alguna escapada a la playa. Si resides en lugares más fríos, comienza a dar paseos por el campo, al parque o busca alguna otra actividad urbana que les haga recordar la libertad del verano.

10.- Aprovecha para realizar cambios y para inculcar un espíritu positivo ante la acumulación. Invita a tu hijo a deshacerse de lo que no le sirve del curso pasado bien donando o vendiendo de segunda mano. Hazle partícipe de esta decisión. Así, los pequeños ven los cambios como inevitables, como parte integrante de su vida, que es un crecimiento constante y una evolución sin parar. Con estos gestos lo acostumbramos a que vayan aceptando tanto las rutinas del diario como los imprevistos (felices o tristes) que van a encontrarse en el futuro.

Si tu niño, además, afronta un cambio de cole o una mudanza de ciudad, más ilusión aún debes poner en resaltar las bondades de la novedad. Si ha dejado atrás familia o amigos, lo mismo no encara esta nueva etapa con la alegría propia de su edad. Pero para eso estamos los mayores: para mostrarles el camino con una sonrisa.

¿Y tú? ¿Cómo llevas esta vuelta al curso escolar?

Texto y foto por Candela Vizcaíno

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