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¿Por qué la empatía te va a ayudar a “triunfar” en la vida?

¿Por qué la empatía te va a ayudar a “triunfar” en la vida?

 

Es el término de moda y parece la panacea (solución definitiva) a todos nuestros males, valga la redundancia. El vocablo está en boca de todos: desde educadores hasta coaches pasando por comunicadores o psicólogos. Con ella, con la empatía (en su justa media, en exceso o por defecto) se quieren explicar todos los males o bendiciones de nuestro tiempo, como si tenerla fuera un pasaporte definitivo hacia la felicidad. Lamentablemente (o por suerte quizás) las cosas del corazón (también del espíritu y del alma del ser humano) no funcionan así. Dicho esto, una empatía afinada, consciente (y esto es muy importante), educada, manejada con asertividad y un poso de inteligencia te puede ayudar a caminar por el mundo con acierto, a la par que vas sembrando inspiración allí por donde pasas.  

 

El significado de la palabra empatía, alegría para filólogos modernos

Si bien las palabras cambian de sentido simbólico y de significado a lo largo del tiempo (y quien diga lo contrario no tiene la mas mínima idea de lingüística histórica), el de empatía es bien curioso. Por lo pronto asistimos a un cultismo antiguo (un término procedente del griego sin haber pasado por el latín del que procede nuestra lengua) que en sus inicios significaba “dentro (em) de la dolencia, del mal o de la enfermedad (pathos)”. Esto es, según Galeno (siglo II) la empatía significaba estar dentro, convivir o hacerse uno con la enfermedad (tanto física como espiritual). 

Tenemos que dar un salto de milenios casi para encontrarnos en la literatura científica la palabra empatía repetida hasta la saciedad. Será a finales del siglo XIX y principios del XX, en la Centroeuropa que ve nacer el psicoanálisis de Freud. Aquí empatía quiere tomar el significado simbólico de simpatía, término usado popularmente con otro sentido más amplio. Quizás por eso, se retoma el vocablo para referirse a la persona que sintoniza emocionalmente con la dolencia de otros. 

Damos otro salto hasta los albores del siglo XXI para encontrarnos con una empatía que en Internet tiene millones de búsquedas mensuales, tantas que más bien parece que el término alude a una condición de vida y muerte. Y es así casi. La empatía sale de los divanes de los psiquiatras para poblar el mundo de los coaches y de todas las personas que buscan información en la red abriendo su sentido semántico. Hoy, primer mes del año 2020, la empatía se entiende como la capacidad de comprender, ver o asumir los sentimientos, postulados, razones o principios del otro. Esto es, sería como una especie de espejo donde vemos el interior anímico de los demás al sentirnos reflejados en nuestro espíritu con todas sus contradicciones, bondades y sombras. 

Entonces, ¿qué es realmente una empatía saludable?  

Aunque el término, a nivel popular, a veces, se asocia a personas emotivas, emocionales y que se hacen cargo de los demás, la empatía (bien entendida) no se refiere a eso únicamente. Es, más bien, una visión, una comprensión, una interiorización de aquello que sucede ante un hecho, circunstancia (positiva o negativa) o carácter singular. Una persona empática entiende y respeta las motivaciones ajenas. Y eso, aquí viene la primera característica, no significa que se lance a la acción (en ocasiones de salvación) de todo aquel desvalido que se ponga por delante. 

Una empatía saludable significa, en primera instancia, una actividad racional que, en segundo lugar, pasa por los recovecos de un corazón (que aún no conocemos) para volver, de nuevo, a la razón. En este punto, una vez se ha entendido al otro (y ¡ojo! a nosotros mismos) trabajamos por dar (o no) respuesta a un hecho. La empatía, por tanto, se queda en el plano de la comprensión, del saber ver, del estar dispuesto a escuchar y de ponerse en el lugar del otro. Esto es, un empático se ve reflejado en el otro con facilidad. Pero eso no significa que se ponga a salvar a todo al mundo sin criterio o meta. 

 

¿Se nace con empatía o se hace a lo largo de la vida? 

Aunque aquí hay opiniones para todos los gustos, bien es verdad que tenemos que reconocer un sustrato anímico que viene casi de serie o en los primeros estadios de crianza. No obstante, ya sea una persona negada para ello o bien alguien que llega a este mundo con ese don, la empatía puede trabajarse. Y, como todo lo bueno en este mundo, cuando antes mejor, esto es, en los primeros estadios educacionales o de crecimiento. Dicho esto, tampoco esto es óbice para negar su cultivo en la madurez. Todo se puede hacer cuando existe esa voluntad por parte de una persona concreta, aunque se necesite ayuda o acompañamiento profesional para ello. Es más, las personas que hacen gala de una mayor empatía, han cumplido ya sus buenos años como si ser veterano fuera un grado casi. De hecho, con esta condición se trabaja en extremos tan adversos como las cárceles, en aras a posibilitar la rehabilitación. 

La empatía es contraria a los actos de los psicópatas (aquellas personas que son incapaces de verse reflejados en el dolor ajeno) o de los narcisistas (quienes solo se ven a sí mismos). Y la literatura médica tiene datos importantes que dan luz sobre estas condiciones. Ambas se gestan en entornos indolentes (cuando no de claro abuso físico y emocional) a muy temprana edad. Lo que no saben es por qué unos individuos se ven arrastrados o deciden por sí parapetarse tras este muro de incomprensión ajena y, a veces, de ellos mismos. 

Puede que se nazca, pues, pero con toda probabilidad se hace. Por tanto, se puede moldear, incentivar y desarrollar en casa y en la escuela. Los educadores y las familias tenemos un reto importante por apasionante. Si, desde pequeños, enseñamos a los niños que el prójimo, como nosotros, tiene sus sentimientos, razones y opiniones que no solo se debe respetar sino que también se puede conocer, haremos adultos, sin duda, con un espíritu cívico refinado en extremo. Y eso sin contar que se convertirán en mejores personas. Ahora bien, dicho esto (lo maravilloso), la empatía también implica una intromisión en los parámetros emocionales de quien esta enfrente. Y ciertas líneas rojas (honor, intimidad, individualidad, respeto) nunca deben traspasarse.  

 

¿Qué hace especial a una persona con empatía? Algunas características 

1.- Como ya he anotado arriba, son capaces de ver las motivaciones del otro y entender el dolor ajeno. 

2.- En el lado contrario, una persona con empatía tendrá más facilidad para darse cuenta del mal que se le pone enfrente. Cuando todo ello viene combinado con una autoestima en su punto, inteligencia y afán resolutivo tenemos el abono perfecto que ayuda al nacimiento de un líder. 

3.- Aunque la empatía puede emplazarse en un lugar indeterminado de la razón, tiene un fuerte componente emocional. Aquí el corazón juega sus mejores bazas: las que no permite ayudar a los demás sin arrastrarnos a nosotros mismos. 

4.- Como norma general son seres seguros de sí mismos que no se dejan tumbar con facilidad. Como pueden ponerse con facilidad en la piel de otros, buscan en quienes reflejarse para salir adelante motivándose con historias y biografías inspiradoras. 

 

De la empatía al liderazgo  

5.- Son personas luminosas que brillan allá a donde van con espíritu positivo, a veces, apabullante. 

6.- Están dispuestas a ayudar de manera noble sin permitirse dejarse arrastrar por situaciones negativas. 

7.- Son capaces de hacer competitivos su altruismo haciendo el bien allí donde se les necesita. 

8.- Aunque no renuncian a los bienes materiales,  apuestan y conocen el valor de los dones espirituales y emocionales a la par que los cultivan a diario. 

9.-  Si utilizan la empatía para hacer daño, automáticamente dejan de serlo. Otra cosa es que se sirvan de esta condición para crecer en todos los planos: espiritual, emocional, social, educativo… 

10.- Son personas conciliadoras y muy buenas negociadoras. Si se combina con buenas dotes verbales tenemos también el caldo de cultivo para grandes políticos, jueces, árbitros (más allá del deporte), educadores y jefes de equipo. La empatía, en definitiva, son las células madres emocionales de los líderes, las mismas que les permiten sacar lo mejor de los que están a su alrededor y/o cargo.  

 

¿Cómo te puede ayudar la empatía a “triunfar” en la vida?

Y aquí tenemos que definir qué significa triunfo, otro término que se está poniendo en revisión. ¿Significa únicamente llegar donde otros nos han puesto los pies? ¿Conseguir esa riqueza que tanto se magnifica en los últimos tiempos? ¿O quizás vivir en una eterna competición? Desde ya digo que ninguno de esos “triunfos” les interesan a las personas empáticas. Almas con luz donde se encuentran estos seres solo pueden ir en post de la felicidad que da la libertad aunada con una responsabilidad serena. El triunfo vital que propongo aquí es el emplazamiento donde uno se encuentra feliz (o simplemente sereno) ofreciendo al mundo aquello que mejor se da con libertad y, por supuesto, sin hacer daño a nadie. Dicho esto, ¿cómo combinamos este bien con la empatía? ¿Cómo se maneja? Reconozco la complicación pero esto no significa que tengamos que dejar de intentarlo. Anota.  

1.- La empatía te va a ayudar para ver, en primera instancia, la manipulación de los que se han denominado triada oscura (psicópatas, sádicos y maquiavélicos). Aunque expertos psicólogos reconocen que este tipo de personalidades (como los narcisistas) son difíciles de reconocer a primera vista (por las máscaras con las que se revisten), una persona empática tiene más posibilidades de ver su oscuridad. Eso sí es importante que, a la hora de protegerse contra este mal, además se tenga una autoestima a punto para no sucumbir en sus redes. 

2.- Si ya tienes mucho sabiendo que de estos espíritus perversos solo queda la opción de alejarse, también te va a ayudar a la hora de reconocer a indolentes, incapaces y perezosos. Si puedes ponerte en su mundo, no perderás el tiempo a la hora de pedir algo que no pueden (o no quieren dar). En este punto, la empatía se convierte en la espada de oro del líder que triunfa en el plano laboral al darle las herramientas para rodearse de lo mejores y más adecuados.  

3.- Te evitará, desde pequeño, entrar en conflictos innecesarios al poder ver la intransigencia o la inflexibilidad de algunas personas. Aunque algunas personas enarbolan la bandera de la empatía para hacer daño, nunca tiene ese sentido. Más bien estos individuos se dedican al arte de la manipulación. La empatía siempre es generosa, altruista y desinteresada. 

4.- En el lado opuesto, si se ha trabajado casi desde pequeño, te va a convertir en un buen negociador y mediador incluso si no tienes altas capacidades verbales, aunque, como norma general, las personas con empatía suelen hacer gala de ellas al reconocer y distinguir todos los recovecos del espíritu humano.  

5.- Casi sin darte cuenta te va a permitir escoger con acierto las amistades que contribuirán a tu crecimiento personal. 

Así te ayuda un carácter empático 

6.- Un tanto de lo mismo sucede a la hora del momento crucial de la elección de pareja, aunque en este aspecto confluyen aspectos diversos y peliagudos como la cultura, educación y una autoestima trabajada. 

7.- La empatía es uno de los pilares del autoconocimiento al rebotar ese don hacia ti mismo. Y ni que decir tiene que la felicidad no se consigue hasta que logramos bucear (y amansar) las aguas oscuras de nuestra alma. 

8.- Te convierte en una persona conciliadora, amiga y lejos de broncas o peleas. Eso hará que no tengas choques o conflictos en el ambiente laboral, social e, incluso, familiar. 

9.- La empatía te da herramientas para solventar inconvenientes que te sobrevengan a lo largo de la vida a la par que una fortaleza en tus propias posibilidades.  

10.- Te hace una persona desprendida (en su faceta saludable) que (cuando se ha trabajado adecuadamente) en la edad adulta te permite hablar con tu niñ@ interior. Estos ejercicios te facilitarán la tarea de despegarte de las preocupaciones cotidianas para centrarte en lo que verdaderamente importa. 

Y eso es hacer una obra de arte con tu vida. La empatía es una herramienta fundamental. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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