Complejo de Cenicienta | Cuando no luchas por tus sueños

Complejo de Cenicienta | Cuando no luchas por tus sueños

 

Comienzo diciendo que no es una patología, pero sí una cosmovisión que condiciona negativamente a quien la sufre. El complejo de Cenicienta se refiere a una forma de ser y estar en el mundo que impide salir de la zona de confort para, de por sí, ir en post de los sueños propios, metas e, incluso, felicidad. En esencia y resumiendo mucho, quienes están inmersos en este complejo espiritual tremendamente dañino buscan en los otros la solución a sus problemas creando (a la larga y a la corta) relaciones patológicas y codependientes. Aunque afecta a hombres y a mujeres, es en el mundo femenino (quizás por la cultura predominante) donde se afianza. Si bien es verdad que las personas que se encuentran atrapadas en este síndrome en raras ocasiones alcanzan autonomía y libertad propias, con conocimiento y ayuda profesional, si hiciera falta, se sale de aquí. 

 

Repasamos el cuento que da nombre al complejo de Cenicienta

Es una de las historias clásicas más afianzadas en la cultura tradicional objeto de libros, películas, parques temáticos o disfraces. Y a la par, con la nueva lectura de los mitos antiguos, uno de esos cuentos infantiles de princesas que no debes leer a tu hija. ¿Y eso por qué? Lo explicamos en el link anterior, pero ya adelanto que este tipo de historias van conformando una personalidad dependiente desde tempranas edades esperando, por tanto, que otros resuelvan lo que podemos intentar (otra cosa es que consigamos) por nosotros mismos. 

Resumiendo mucho, Cenicienta se queda huérfana a muy temprana edad atrapada en su propia casa, la cual dirige una malvada madrastra que tiene dos hijas feísimas en todos los aspectos. Por el contrario, nuestra protagonista es todo dulzura, belleza y abnegación, convirtiéndose en criada de las personas que ocupan la casa que legalmente le pertenece. Va así creciendo sin oponerse a los designios de una persona con rasgos de psicópata hasta que un buen día llega una invitación para ir a un baile principesco. La importancia del evento es tal que de allí saldrá la futura esposa del heredero, nada más y nada menos. Ni que decir tiene que Cenicienta no irá a la fiesta por imposición de la madrastra y, en cambio, sí deberá coser los vestidos de las otra muchachas. 

Para la joven solo le queda el desconsuelo, ya que no contempla la opción de la rebeldía en cualquiera de sus aspectos, la misma que le permitiría ir en post de sus sueños. Esa noche, al quedarse llorando en casa rumiando su desgracia, aparece su hada madrina la cual permite, mediante hechizos de magia, que Cenicienta pueda ir al baile, vestida de forma primorosa, calzada con zapatos de cristal y en una maravillosa carroza transformada de una calabaza y de los ratones de la casa.  

La única condición es que vuelve antes de las doce. Pero la muchacha, prendada del príncipe y bailando sin cesar, se olvida de la hora. En su carrera, por estar de vuelta a tiempo (y, por tanto, seguir obedeciendo), pierde uno de los zapatos en las escalinatas de palacio. Más allá del simbolismo de la prenda (que también he desentrañado), el heredero de la corona se pone a buscarla con la única guía de ese zapato mágico, pequeño y extraño. Todos sabemos que ambos se reencuentran (no sin antes pasar por la oposición y zancadillas diversas de la malvada madrastra), se casan y son felices para siempre. 

 

Causas del complejo de Cenicienta

El cuento tradicional nos da muchas pistas del origen de esta condición. Cenicienta está prisionera en su propia casa convirtiéndose en criada, cuando debe ser dueña y señora. Y esto sucede porque es vulnerable debido a su orfandad. Por eso, no es de extrañar que, tras el síndrome de Cenicienta, se encuentre lo siguiente: 

1.- Una cultura (en la cual estamos aún inmersa) en la que se premia la sumisión absoluta por parte de la mujer, quien es relegada a tareas domésticas o subalternas. El premio a la obediencia (coartando la posibilidad de aventurarse en lo desconocido que se encuentra tras los muros de la casa) es la mano del príncipe. Y lee con esto una vuelta a empezar en la espiral de obediencia, sumisión, muros del hogar, amor romántico… Todo ello impide el mínimo empoderamiento.  

2.- Crianza indolente que hace vulnerable a las niñas y también a algunos niños coartando cualquier atisbo de asertividad o de libertad de expresión. 

3.- El complejo de Cenicienta en más frecuente en miembros adultos procedentes de familias tóxicas, de una madre narcisista o de entornos donde no se ha respetado los sentimientos de los pequeños. 

4.- Personas que, por las razones que sean, han crecido bajo los influjos de la infensión aprendida.  

5.- Entornos socio-culturales pobres (en todos los sentidos) que relegan a la mujer únicamente a las tareas domésticas sin darle otras opciones. 

6.- La publicidad sexista que inculca roles de género inamovibles. 

7.- Aunque parezca que no tiene ninguna relación, también está detrás del síndrome de Cenicienta, la cultura del pelotazo, esa idea extendida en algunos entornos sociales que nos repiten una y otra vez que no se puede salir de una situación que no te gusta si no es con la suerte. Y en esto entra desde que te toque el gordo de la lotería hasta que te encuentres en un café con un rico millonario que se quede prendado de ti hasta que venga alguien de fuera que, por arte de magia, te saque de un emplazamiento infeliz. 

8.- Detrás de esta condición siempre hay una falta de apuesta en nosotros mismos, en nuestras posibilidades, en la capacidad que tenemos para salir de cualquier situación adversa o que no nos gusta del todo. 

Síntomas o características del complejo de Cenicienta 

1.- Como sucede con el síndrome de Peter Pan, las personas con esta condición son como niños desvalidos atrapados en cuerpos de adultos. De alguna manera u otra, no han salido a la vida de los mayores con todo lo que ello conlleva: responsabilidad y libertad. 

2.- Siempre hay un miedo atroz a lo que está afuera, a lo desconocido, a abandonar la zona de confort. 

3.- Las personas con el complejo de Cenicienta no se atreven a intentar nada por sí mismas y siempre necesitan la validación de su entorno. 

4.- No se defienden y se dejan vapulear por los demás. Son el caldo de cultivo para caer en relaciones tóxicas de todo tipo y ser el objetivo de narcisistas y aprovechados. 

5.- La baja autoestima es una tónica y condiciona cualquier relación ya sea en el ámbito social, laboral, familiar, personal o de pareja. 

6.- Es normal que se hagan cargo de responsabilidades que no le corresponden renunciando, a la par, a hacer ver su criterio u opinión en cualquier asunto. 

Así son las personas con el síndrome de Cenicienta

7.- Suelen desempeñar tareas laborales en puestos sobrerrepesentados. 

8.- Les cuesta mucho ponerse metas a largo plazo necesitando la validación externa y aplazando constantemente el cambio vital que les llevará a la libertad. 

9.- Abandonan con frecuencia los proyectos en los que se embarcan. 

10.- Son bastantes permeables a las críticas y opiniones ajenas.

11.- Necesitan siempre a otros para hacer cualquier cosa. Por eso, son las víctimas propiciatorias para caer en las redes de personas tóxicas, la representación de la malvada madrastra del cuento. 

12.- No se creen merecedoras de ningún bien. 

13.- Suelen ser personas que no dejan brillar su luz (por miedo o por cobardía) y es normal que caigan en la tristeza. 

14.- Siempre están ocupadas (en ocasiones hasta la extenuación) con tareas que no les corresponde. 

15.- Para ellas es imposible delegar.   

 

¿Y ahora qué? ¿Espero a que otros hagan lo que yo no hago por mí?  

Todo ello hace que estas personas no persigan sus sueños o se esfuercen por salir adelante. Es necesario que algo en sus vidas les sacuda y esto suele ser un hecho traumático. A partir de aquí hay que tomar conciencia para superar la situación. Aunque algunos casos (muy enquistados por la biografía personal),  va a requerir de ayuda profesional, se puede avanzar paso a paso.  

1.- Lo primero es saber, reconocer y aceptar que padeces el complejo de Cenicienta el cual impide tu crecimiento personal y espiritual. 

2.- Pregúntate qué te ha llevado a tener una autoestima tan baja que no te permite ser dueñ@ de tu mundo. 

3.- Acepta, deja ir y perdona. No rumies tu infelicidad volviendo una y otra vez sobre hechos, situaciones o actos del pasado. Que te sirva para aprender y para caminar de otra manera pero no para quedarte con los pies estancados. 

4.- Reza un proverbio chino que “para recorrerse el mundo hay que dar un primer paso”. Y para cualquier meta hay que hacer lo mismo: hay que proponerse retos pequeños, asumibles y a tu alcance. De nada sirve que fantasees con llegar a La Luna mañana si no te has preparado para salir en soledad a un punto a 100 kms de tu casa.  

Salir del complejo de Cenicienta

5.- Lee, fórmate y estudia. Entiende lo que te pasa sin dejar que te amordace.  

6.- Deja un tiempo solo para ti y solo para ti. Cuando compruebes que no se cae el mundo por ello, comenzarás a liberarte de todas las tareas impuestas.  

7.- Cuídate en todos los sentidos: espiritual, anímico, intelectual y físico. Come comida de verdad, deja el sedentarismo y abandona hábitos tóxicos y de desgana.  

8.- Cultiva relaciones sociales variadas. No tengas miedos a abandonar los límites establecidos y fronteras emocionales. Así podrás poner en la distancia todo lo que te pasa. 

9.- Aprende a decir no. Si alguien se enfada por ello cuando es totalmente justo por tu parte, no debe estar en tu vida (así de simple). En cambio, si es alguien que te quiere y te respeta lo entenderá al segundo.  

10.- No busques fuera lo que está dentro de ti. Bien es verdad que somos criaturas sociales que necesitamos a los otros para todo, pero eso no significa que tus relaciones sean dependientes. Cultiva tu soledad con aquello que te gusta. Aprende a amar esos momentos que pasas contigo mism@. 

 

Ni que decir tiene que cualquier reto no se consigue de la noche a la mañana. Todo lleva su tiempo, su esfuerzo, sus pequeños avances y, a veces, grandes tropezones. Lo más importante es que te fijes como meta tu libertad sin renunciar ni a tu responsabilidad (social, familiar, personal…) ni a tus sueños. Si sientes que no avanzas o que te haz estancado, lo mismo es el momento de pedir ayuda o de intentar otro camino. Lo que nunca debes hacer es buscar la solución fuera (esto no vale en el caso de consejo profesional)  para lo que siempre ha estado dentro de ti. Mira hacia tu luz, aquella que te hace un ser único e irrepetible.   

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

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