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10 cuentos infantiles clásicos de princesas que no debes leer a tu hija

cuentos infantiles de princesas

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Los tradicionales cuentos infantiles de princesas no hacen sino consolidar los estereotipos de género desde la más tierna infancia. Es hora de cambiar el cuento para que nuestras hijas tengan bien claro el lugar protagonista que ocupan en la vida.

Los cuentos infantiles clásicos que se han leído sin pudor a las niñas durante generaciones muestran princesas casi siempre desvalidas a la espera del príncipe azul que las rescate. Dado que las adultas hemos comprobado que los príncipes azules no existen y que nosotras mismas tenemos que sacarnos las castañas del fuego, no estamos dispuestas a inculcar en la mente de nuestras hijas semejantes despropósitos ni mucho menos a perpetuar los estereotipos de género desde este tipo de literatura.

Es evidente que los cuentos de princesas clásicos colocan a la mujer como un sujeto pasivo en su propia vida. Una vida que es una espera continua, desde la Penélope de la mitología griega hasta la Carrie Bradshaw más moderna y chic. Esperando al príncipe azul, esperando al hombre de su vida. Por suerte hoy tenemos alternativas a esta literatura clásica de princesas expectantes, como El Bosque de las Respuestas, por ejemplo, un cuento donde la princesa protagonista no se sienta a esperar nada ni a nadie y emprende el camino de una forma activa y valiente.

Porque las niñas todavía quieren ser princesas, pero princesas protagonistas y no meras consortes. Porque la semilla de una mujer adulta independiente, autónoma y poderosa se planta desde la infancia, es hora de desterrar algunos mitos ideológicos que encontramos en los cuentos infantiles. Estos son 10 cuentos infantiles clásicos que no debes leer a tu hija.

1.- Penélope

La mitología griega nos presenta la mismísima reina de Ítaca esperando durante 20 años en su palacio el regreso de su marido Odiseo (Ulises). Mientras Odiseo se lo pasaba en grande de isla en isla y tiro porque me toca intimando con cuanta ninfa, hechicera o princesita se encontraba, Penélope tejía y destejía en su telar.

No pretendemos borrar de un plumazo la mitología ni tampoco cambiar la historia de la literatura infantil, pero el paradigma de Penélope esperando pasivamente a su marido no nos parece el mejor ejemplo para educar a nuestras hijas. Con un poco de imaginación, siempre podemos transformar el cuento. No olvidemos que, al fin y al cabo, el palacio estaba lleno de pretendientes rondando a Penélope.

2.- La Cenicienta

A la pobre Cenicienta la tenían machacada entre su madrastra y sus hermanastras hasta que un día llegó un hada madrina que la emperifolló para ir a un baile. Allí conoció a un apuesto príncipe y bailaron y bailaron hasta que nos dieron las doce, hora en la que Cenicienta tuvo que salir corriendo y con las prisas perdió un zapato.

Al margen del simbolismo que los zapatos puedan tener en la literatura, ese zapato en concreto quedó como la única muestra para el príncipe de que lo ocurrido la noche anterior había sido real. Y se puso a buscar como loco probando el zapato a todas las mozas del reino. Hasta que llegó a casa de Cenicienta y oye, que no la reconoció. Que el príncipe no se había quedado con su cara, solo con su zapato.

No podemos permitir que una niña crea que un príncipe que no se ha fijado ni en su cara venga a rescatarla de una vida miserable. La situación en la que vivía Cenicienta no es para quedarse sentada esperando a que algo cambie, alguien debería haber animado a Cenicienta a cambiar su vida rodeada de personas tóxicas por una existencia más independiente y feliz. Y mucho más cómoda con zapatillas, para estar más activa.

3.- Blancanieves

Érase una vez una princesa con la piel tan blanca como la nieve. Blancanieves, como ocurre en muchos cuentos, no tenía madre, sino madrastra y un padre que no se ocupaba de su hija. La madrastra no podía soportar que al mirarse al espejo, éste le respondiera que no era la más bella del reino, que nunca podría ser tan bella como Blancanieves. Y entonces decide deshacerse de su hijastra de forma definitiva. La violencia implícita en este cuento infantil no pasa desapercibida por la cantidad de intentos de asesinato que sufre Blancanieves.

Qué podríamos decir de la azarosa vida de esta princesita Blancanieves que se pasó media vida torturada por su madrastra que intentaba matarla y otra media trabajando para los 7 enanitos a los que debía mantener la casa limpia y con la comida lista en la mesa. Y cuando consigue pararse a descansar y se queda dormida, va y llega el príncipe esperado. Un príncipe con claros síntomas de necrofilia y que consigue, por casualidad, que la princesita Blancanieves escupa el trozo de manzana envenenada que la mantenía plácidamente dormida.

Pero, príncipe, déjala dormir. Si amas a tu princesa, déjala dormir, que estaría cansada de encargarse de hacer todas la tareas domésticas para 7 personas, por muy pequeñitas que fueran y de esquivar los intentos de asesinato por parte de su malvada madrastra. Príncipe, déjala descansar un ratito más y cuando despierte, ya encontrará ella la forma de solucionar su vida.

4.- La bella durmiente

La ofensa de no invitar a un hada maligna a los festejos de celebración por el nacimiento de la princesa ocasiona el drama en este cuento infantil que no parece demasiado apropiado para niñas. Magia contra magia, la maldición de que a los 16 años la princesa morirá al pincharse con el huso de una rueca, queda reducida a que en lugar de morir caerá en un profundo sueño.

Después de leer el cuento de Blancanieves, cualquier niña se puede imaginar cómo se despertó la bella durmiente. De nuevo un príncipe con complejo de despertador pasó por el palacio, vio a la princesa tan bella y tan dormidita y no se le ocurrió otra cosa que besarla. La moraleja es que hay que tener mucho cuidado con los príncipes porque tienen la mala costumbre de despertarte. Será mejor mantener a los príncipes alejados de las camas.

5.- Rapunzel

La princesa Rapunzel vive encerrada en una altísima torre de imposible acceso salvo por la ventana a la que a veces se asoma la muchacha a cantar. Como no podía ser de otra manera, es una malvada bruja la que tiene a Rapunzel encerrada allí y acude a verla todos los días escalando por su larguísima trenza rubia. Un buen día un príncipe pasa por allí, escucha cantar a Rapunzel y se enamora inmediatamente. Y más se enamora en cuanto ve su larguísimo pelo rubio.

Porque para ser una verdadera princesa, una princesa de esas que merecen la pena hay que ser delicada, saber cantar, tener el pelo largo y, a ser posible, ser rubia. El caso es que hasta que no aparece el príncipe, que aprendió rápido a escalar por su trenza para pasar un rato con ella, Rapunzel no cae en la cuenta de su situación de encierro. Que si no es por príncipe, ¿quién iba a rescatarla? ¿ella misma? Mensajes para no repetir a nuestras niñas.

6.- La sirenita

Una princesa sirena de nombre Ariel hace las delicias de los habitantes del reino submarino. El cuento empieza bien, con una princesa inquieta y activa dispuesta a todo por satisfacer su curiosidad. No le durará mucho su afán de independencia de criterio porque en cuanto conoce al apuesto príncipe su mente se nubla y ya no existe nada más. Él, él, él. ¿Qué fue de la mujer con aspiraciones de saber, de conocer?

Que renunció a su esencia de sirena por amor. Bienvenidas al cuento infantil por excelencia que perpetúa el ideal del amor romántico en el que la princesa deja todo por amor hasta el punto de abandonar su verdadera identidad para estar junto a ese hombre que considera el amor de su vida. Y lo cierto es que no pretendemos que nuestras niñas no se enamoren jamás, sino que jamás renuncien a nada de lo que son o de lo que han conseguido por un hombre.

7.- El caballo que comía pelusa

Esta es la historia de un príncipe muy, muy exigente que quería casarse con la mujer más limpia del reino y para encontrarla las sometía a una extraña prueba. Pedía alojamiento en las casas de las damas más nobles y contaba que su caballo solo comía las pelusas que suele haber debajo de la cama. Lógicamente no encontraba ninguna casa donde no hubiera pelusa debajo de la cama, así que de dirigió de vuelta a su palacio frustrado por no encontrar ninguna mujer lo suficientemente limpia para él.

Para su fortuna, el príncipe tuvo que hacer una parada en la humilde casa de un molinero y allí le pidió a la hija del molinero, más por costumbre que por otra cosa, que le diera de comer pelusa a su caballo. La muchachita se disculpó con el príncipe porque en su casa no encontraría nunca una sola pelusa debajo de la cama de tan limpia como la tenía y así es como la hija del molinero se convirtió en princesa.

El mensaje: niñas, hay que ser muy limpias porque si no, el príncipe no se va a casar con vosotras. Con este mensaje tan contundente que reduce las habilidades de la mujer a la limpieza del hogar nos sobran las palabras para recomendar encarecidamente que nunca jamás nuestras hijas se encuentren con este cuento entre sus manos. Ni debajo de la cama.

8.- La princesa y el guisante

De nuevo un príncipe que anda buscando esposa, pero en este caso tiene que ser una verdadera princesa. ¿Cómo saber si es de verdad una princesa? Pues obviamente porque una princesa debe ser delicada. Así, las candidatas a esposas del príncipe tenían que pasar una extraña prueba. Dormir sobre una cantidad considerable de colchones para ver si eran capaces de notar un guisante colocado en el somier.

La princesa delicada apareció, lógicamente, y todos fueron muy felices de encontrar una muchacha tan delicada que notaba un guisante colocado bajo ocho colchones. Al príncipe no le interesaba el amor, ni la inteligencia de la princesa, ni el sentido del humor de la princesa, ni sus capacidades, solo le interesaba su delicadeza. Parece ser que por no importarle, ni siquiera le importaba su nombre, dato que no consta en ninguna de las versiones que no pensamos leer a nuestras hijas.

9.- Jasmine

La historia de la princesa Jasmine es más conocida por su compañero masculino, Aladdin y nos ha llegado masivamente gracias a la factoría Disney, muy prolija en presentar princesas encerradas en estereotipos de género obsoletos y al mismo tiempo peligrosos. En el caso de Jasmine, la princesa parecer tener cierta iniciativa por negarse a un matrimonio concertado, de lo que deducimos que es una de esas princesas modernas que saben decir 'no'.

Sin embargo, el mundo de Jasmine está totalmente masculinizado. Todo lo que hace o no hace la princesa gira alrededor de un mundo de hombres que son quienes deciden y quienes establecen las normas. La protagonista queda relegada a consentir o a negarse según la ocasión, pero en ningún caso puede tomar las decisiones importantes. Sin duda, un gran ejemplo a no seguir.

10.- La bella y la bestia

La factoría Disney quiso lanzar un mensaje muy valioso a las más pequeñas haciendo ver que la belleza está en el interior. Una muchachita tan hermosa que su propio nombre es Bella se topa en su vida con un hombre bestia al que se engancha al mar puro estilo Síndrome de Estocolmo. Sin embargo, el mensaje subyacente a esta historia no es que la belleza está en el interior, sino que hay que sacrificarse para encontrarla.

En un principio, la protagonista Bella vive por y para su padre. Y en un final, vive por y para esa bestia reconvertida en príncipe que, no dudamos ni por un segundo, volverá a convertirse en bestia en cuanto las cosas no salgan como a él le gustan. Nos preguntamos dónde queda la dedicación a ella misma, el cuidado a ella misma y a su autoestima que toda mujer debe tener como prioridad en la vida.

Otro día más, príncipes y princesas

Por Laura Vélez

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