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Autoconocimiento | Primera piedra en la construcción de la felicidad

Autoconocimiento | Primera piedra en la construcción de la felicidad

  

Reza un proverbio del Tao chino que “para recorrerse el mundo hay que dar el primer paso”. De otra manera nos alecciona el santo amigo de las criaturas inocentes, Francisco de Asís, quien nos insta a hacer “primero lo necesario, luego lo posible” porque, más pronto que tarde estaremos “haciendo lo imposible”. Ese imposible es para algunos de nosotros la consecución de la serenidad, la plenitud y/o la felicidad, aún sabiendo que esta última en el sentido absoluto no existe. En este orden de cosas, ese primer paso (o ese hacer lo necesario al que nos insta el santo) tiene su correlato en el camino del crecimiento personal en el autoconocimiento. Y dicho así parece lo más fácil del mundo, lo que todos sabemos hacer, lo que es inherente al individuo… Lamentablemente, no es tan sencillo, ya que en nuestra vida siempre hay condicionantes (de todo tipo) que nos nublan  (a veces de manera espesa) ese espejo en el que nos reflejamos con toda nuestra verdad (las luces pero también las sombras). 

Pero, ¿qué es el autoconocimiento interior y cómo se reconoce?

Y esta verdad no es más que la manifestación de nuestras luces y sombras, de nuestro brillo y de nuestra oscuridad, de la constatación de nuestros logros pero, también, de aquello que renegamos, nos avergonzamos o no nos atrevemos a aceptar. El autoconocimiento, en primera instancia, y en personas que han tenido la vida fácil exige una salida radical de la zona de confort. Lamentablemente, quienes han sido educados en otros parámetros menos benevolentes (en familias disfuncionales que inculcan a hierro la indefensión aprendida) o han pasado por malas rachas en las que no se reconocen (tras relaciones tóxicas o con psicópatas en el entorno) la cosa no es tan sencilla. 

En esencia, este camino supone un recorrido hacia el interior de nosotros mismos, allí donde habita todo aquello que nos está oculto a la mente consciente. En ocasiones, lo que allí habita no tiene por qué ser al 100% negativo,  ya que (por las razones que sean) también podemos escatimarnos la alegría de nuestros logros. El autoconocimiento, en definitiva, supone un llegar a ser, un crecimiento personal, un alcanzar la esencia… Y para ello hay que ir quitando capas, como si se tratara de una cebolla. Normalmente, la más dura y fea, la del exterior, está repleta de mandatos ajenos que no nos hacen bien o de corazas autoimpuestas por hechos traumáticos. Cuantas más capas vayamos quitando, más cerca estaremos de ese centro. Vamos despacio aún a sabiendas que es imposible desgranar todos los casos en un artículo de este tipo. 

1.- Autoconocimiento, necesario para la sanar abusos de todo tipo en la infancia 

Y para ello no hace falta que te haya sucedido hechos terribles de los que copan noticias a diario. La psicología contemporánea ya sabe del daño de las personas tóxicas en los primeros años de vida. Estas pueden actuar de millones de forma, desde el bullying hasta anulando la personalidad a través de progenitores descuidados, padres ausentes o drogadictos o bajo el yugo de una madre narcisista. Los pequeños que se abren al mundo a través de estos modelos de crianza claramente disfuncionales desarrollan por lo general una tan autoestima baja que no llegan a reconocer sus propios sentimientos. Este tipo de familias, aún siendo proveedores de los sustentos básicos (vivienda, alimentos, vacunas o escolarización) niegan a los niños un cariño elemental. Los pequeños así “mal educados” crecen sin referencias sólidas, sin poder reconocer cuáles son sus necesidades emocionales y, en la mayoría de los casos, anteponiendo los deseos y, a veces, caprichos de los demás a los suyos propios.  

Estos niños llegan a la vida adulta con un alto nivel de autoexigencia en todos los ámbitos de la vida, sin permitirse respiros en los que puedan encontrarse serenamente. Es normal que repitan lo aprendido en casa eligiendo parejas de perfil narcisista, cuando no claramente unpsicópata. Son personas que se reconocen en el hacer y no en el ser y que tienen un miedo atroz a ser descartados por los demás. Este tipo de actitud va generando una gota tras otra que va minando la resistencia (la cual no hay que confundir con resilencia) anímica y física que pueden generar cansancio extremo, fatiga crónica, fibromialgia, depresión y/o cuadros de ansiedad importante. 

Por eso, ese primer paso que hay que dar para el autoconocimiento en una porcentaje de casos (afortunadamente no muy elevado) requiere del reconocimiento y la sanación de una herida muy importante. Esto ni se hace de un día para otro ni tampoco en la soledad a la que están acostumbradas este tipo de personas. Va a requerir acompañamiento profesional y/o guía espiritual. Entiende, por favor, estas notas como lo que son: como el primer reconocimiento y acercamiento a una realidad tremendamente dolorosa que requiere de terapia profesional.  

2.- Autoconocimiento, imprescindible para librarse de parejas tóxicas

Sin llegar al extremo de haber sido criado en una familia tóxica, puede que por hache o por be hayas caído en una relación con un vampiro emocional. Las personas que se han tomado su tiempo y energía por conocerse profundamente han desarrollado una habilidad para sacudirse estos parásitos nada más llegan. Sin embargo, esto no es tan fácil para quienes, por las razones que sean (porque están pasando una mala racha, por una enfermedad prolongada o porque no han desarrollado una autoestima saludable), se topan con estos individuos. Tras un periodo de flirteo abrumador en el que se promete bajar la luna llena con un lacito (rosa o azul o verde) se entra en una espiral de ninguneo, de control del otro, de triangulación, de ira… de la que, a veces, es complicado salir.  

La culpa por lo que está sucediendo, el miedo a lo desconocido, el cansancio por tener que soportar todas las cargas (y ninguna alegría) de la relación se unen, en ocasiones, a la falta de libertad. En estos casos, aparte de solicitar ayuda adecuada, se hace necesario dejar un espacio y un tiempo personal en el que puedas bucear en tu interior, en el que puedas comunicarte (si es posible) con tu niñ@ interior y dialogar sobre tus primeras aspiraciones vitales. Son ejercicios que requieren una cierta paz física. Por tanto,  tendrás que pelear, a veces, por unas horas para ti que justamente te pertenecen. En esa charla en silencio, reconocerás aquello que realmente anhelas y, en ocasiones, verás el camino que ha conducido a amordazar tu voz interior. Esta capa (con su complicado proceso de sanación) tiene que ser eliminada y practicar lo que algunos terapeutas proponen como contacto cero.  

3.- Autoconocimiento para dar de sí en todos los aspectos del trabajo

La sociedad occidental cotidiana nos exige un tiempo, esfuerzo y energía para conseguir el sustento que, a veces, nos deja exhaustos. Nos inculcan unas necesidades superfluas que nos instan (como en la fábula del burrito y la zanahoria) a seguir adelante en pos de una meta o unos sueños (lo que es peor) que no son nuestros. Esto es caldo de cultivo para caer en las redes de jefes malhumorados, en el mobbing procedente de compañeros, en la apatía que precede al Síndrome de burnout, en la desgana desmotivadora o en la falta de ilusión. El trabajo tiene que tener un sentido que vaya más allá de conseguir dinero a final de mes. Si esto no es posible, requiere de tu parte un esfuerzo adicional por ver la grandeza en aquello que haces por muy pequeño que te parezca a tus ojos.  

Como norma general, las opciones profesionales en las que solo se barajan el enriquecimiento económico va generando a la larga un vacío bastante profundo. Este solo se puede reparar a través del amor (familia, pareja, hijos…) o la compañía enriquecedora. Por eso, es importante que mires con sinceridad dónde estás y te preguntes por qué estás en ese lugar si no te satisface del todo. Una vez has encontrado las respuestas, no puedes negarte tus anhelos propios, sueños realizables e ideal de vida. Recuerda siempre que el miedo a estos cambios es incompatible con ese autoconocimiento al que aspiramos. No será posible nunca sin ese reconocimiento a nivel intelectual, anímico o espiritual va con un correlato progresivo en el hacer. Esto es, conforme vas a avanzando hacia esa luz que te permite ver tus sombras y tus luces, se hace necesario una modificación de las conductas nocivas o dañinas. Y esto es válido tanto para tu comportamiento (hacia los demás) como hacia ti mismo. ¡Ojo! En este estadio hay que estar más que vigilantes para no caer en la complacencia o en el victimismo. Da pequeños pasos, los necesarios para avanzar en ese objetivo que es recorrerte (y disfrutar) del mundo.  

4.- Autoconocimiento, primer paso para atreverse a atrapar los sueños

Aquello que deseabas de niño@, aquellas metas que te habías propuesto nada más tener conciencia de tu persona de manera individual pueden olvidarse, en la vida adulta, por múltiples factores. Estos son tan infinitos como granos de arena hay en el desierto. Reduciendo mucho, tenemos que, por un lado, la mediocridad que impera en la zona de confort y el miedo a lo desconocido procedente de crianzas tóxicas o indolentes se encuentran en la base de ese no atreverse, no arriesgar, no salir de lo conocido. Ir en post de los sueños requiere de nosotros dejar atrás la cobardía. El autoconocimiento, por tanto y como te habrás dado ya cuenta, requiere grandes dosis de valentía. Es duro ver tus propias sombras, integrarlas (con el tiempo) y seguir adelante. Por eso, la sabiduría que es inherente a esta condición está reservada a muy pocas personas. La gran mayoría de ellas se paran ante el abismo de la verdad de su alma. Y en este pozo es imposible conseguir los sueños. Estos llegan cuando se intentan una y otra vez (aunque haya espíritus tocados por el hálito divino que lo consigan a la primera), que reposan para tomar aliento y seguir, que no se dejan vencer por la adversidad, el pesimismo y la tristeza.  

Cuando se mira en ese pozo de oscuridad vemos todo aquello que nos da terror: la soledad, la enfermedad, la fragilidad, la debilidad, el tambaleo ante la confianza a la hora de poder generar recursos. Y eso, en la mayoría de los casos, genera un bloqueo que impide avanzar. La buena noticia es que es solo un paso. Cuando se da, se avanza en esa virtud que hemos venido en llamar resilencia, acercándonos, de un golpe, hacia la plenitud emocional.  

5.- Autoconocimiento y aceptación para atraer la alegría y la abundancia

Vamos a más que la escalera mínima que hemos creado aún no se ha acabado. Para llegar a explorar cada recoveco de nuestra alma necesitamos eliminar el ruido exterior e interior. El interior es el que se produce por pensamientos rumiantes y delimitantes que coartan nuestro progreso. El del exterior es de todo tipo: es el del tráfico, el de los vecinos con la música alta en medio de la madrugada, el del teléfono que se inmiscuye con llamadas que no nos importan, el de esa amiga que está constantemente recordándote lo que no has hecho, el de toda la gente tóxica que está a tu alrededor y dejas que sigan manejando los hilos de tu vida.  

Una persona que hace gala de autoconocimiento nunca es una marioneta en manos de los otros. Toma sus propias decisiones sin importarle la opinión de los demás. Estas sobran siempre. Y, por supuesto, hace el bien. Si utilizas este don tan difícil de conseguir únicamente para beneficio propio y depredar a los otros tampoco vas a conseguir la ansiada felicidad. Serás, como Drácula: con poder pero sin la capacidad de amar. Eso lleva al vacío más absoluto. Una vez, hayas eliminado todos esos ruidos que pueden ser diversos y de distintas formas (cargas del pasado, críticas limitantes ajenas, autocensura, miedos a lo desconocido…) la alegría llegará progresivamente a tu vida. Con ella dentro será más fácil ir descubriendo más y más rincones de tu alma.  

6.- Autoconocimiento y entrega a los demás, cuando la felicidad propia se convierte en inspiradora 

Una vez estés en el estadio anterior, algo dentro de ti te empujará a no quedártelo de manera egoísta. Ya encontrarás el modo de hacer de esa dicha entrega a los demás. Por supuesto, eso implica protegerte de cualquier forma de abuso y/o de interferencia no deseada. Si te conoces lo suficiente y de manera clara, nunca caerás en la adulación o la seducción (preludio de relaciones tóxicas), en amistades que nada aportan, en hábitos pocos saludables, en paraísos artificiales, en juegos destructivos o en la negatividad. Seguramente sentirás un deseo sereno de saber más y más, de indagar en las posibilidades positivas del espíritu humano, de sentir y disfrutar la naturaleza, de dar la mano (en todos los sentidos) a los que vienen detrás.  

Aunque se habla del autoconocimiento como de una condición imprescindible para las tareas cotidianas, este solo puede llegar tras una vida de investigación (en el plano espiritual) y de riesgos (a veces también en el plano físico). El quedarse apoltronado con lo de siempre nunca abre estas puertas. Por eso, las personas que no se atreven a adentrarse en estas selvas emocionales siguen repitiendo patrones ajenos aunque estos no le satisfagan. Sin embargo, las que buscan lo que hay más allá, aunque con frecuencia se den de bruces con realidades demoledoras, pueden alcanzar esta paz donde no hay lugar para la manipulación, la ira o el enfado. Así se empieza a andar el camino de la serenidad, la dicha y la felicidad. No hay otro. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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