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Qué es la disonancia cognitiva explicada con algunos ejemplos - Candela Vizcaíno

Qué es la disonancia cognitiva explicada con algunos ejemplos

Qué es la disonancia cognitiva explicada con algunos ejemplos

“Desgraciadamente, la disonancia cognitiva es una experiencia muy común. Cada vez que dices cosas que realmente no crees, que tomas una decisión difícil o descubres que algo que has comprado no es tan bueno como esperabas, puedes experimentar disonancia. En todas estas situaciones, hay un salto entre nuestras acciones y nuestras actitudes que tiende a hacernos sentir bastante incómodos”.

 

Robert A. Baron y Donn Byrne 

En esencia, la disonancia cognitiva alude a un choque entre nuestras diferentes ideas, creencias o conceptos entre sí y con nuestros actos. Aquello que creemos, afirmamos o nos conforma como persona debe estar en equilibrio o en sintonía tanto a nivel intelectual como en el plano de la acción. Si hay notas discordantes entre lo que sentimos, afirmamos y luego hacemos se produce una disonancia cognitiva. En términos generales (no hablo aquí de las personalidades del espectro narcisista, los psicópatas, o del resto de los denominados triada oscura), esta confrontación anímica produce un malestar en el individuo. Cuando llega esta disfunción se intenta paliar a nivel consciente o inconsciente con el autoengaño o, sencillamente, con la mentira. La disonancia cognitiva actúa en el día a día justificando nuestras conductas amorales (desde nuestra percepción) o bien actuando como freno para el autoconocimiento y el abandono de la zona de confort. Aunque la disonancia cognitiva actúa como ese ángel bueno y su contrapunto demoniaco que todos llevamos dentro, puede llevar a una disasociación de la personalidad cuando se lleva a un extremo. Lo vemos con algunos ejemplos. 

Ejemplos de la vida diaria (y no tanto) en el que actúa la disonancia cognitiva 

Los más frecuentes y los que se suelen proponer en la práctica psicológica son aquellos en los que intervienen adicciones de todo tipo. No hace falta que ponga aquí que es una “excusa” perfecta de drogadictos, alcohólicos, fumadores empedernidos o adictos de todo tipo ese “es que a ellos no les hace daño esa sustancia.” La disonancia cognitiva suele quedarse en ese “es que…” y nunca se atreve en el “qué puedo hacer” o “cómo lo arreglo”. Aquello lo afirman con una rotundidad que, a veces, puede llegar a confundir al que está enfrente. Este es el más fragante ejemplo de la mentira a la que lleva la disonancia cognitiva. Estas personas ya tienen datos suficientes (porque están a la orden del día) para aceptar que aquello que están haciendo es perjudicial para ellos mismos y para los que están alrededor. Como su mente y espíritu no pueden aceptar este extremo se reviste con un halo de (auto)engaño para poder sobrellevar sus actos.  

La disonancia cognitiva no tiene nada que ver con el cinismo o con la manipulación psicológica extrema (la que desemboca en el gaslighting por ejemplo). Y no es así porque en estas acciones (aunque nos cueste creerlo) siempre hay un factor consciente, un plan premeditado y un egoísmo exacerbado que lleva a la destrucción del otro para favorecer a quien lo ejerce. Esto es sencillamente, maldad. Sin embargo, en el tema que nos ocupa, la persona que sufre de esta condición de manera extrema lleva en sí un gran dolor y sufrimiento.  

La disonancia cognitiva son las excusas perfectas que mandamos a nuestra mente para no hacer aquello que sabemos que nos favorece aunque para ello tengamos que hacer un esfuerzo espiritual, mental o físico. Es ese no tengo tiempo para adoptar hábitos saludables (salir a la naturaleza, hacer deporte, llevar una dieta sana, poner orden en nuestra vida…) Va más allá de la base en la que se asienta nuestra zona de confort, ya que cuando nos instalamos aquí vamos procrastinando constantemente en nuestro crecimiento personal. El resultado es quedarse en una rutina que va conquistando progresivamente el miedo al cambio.  

Más ejemplos de disonancia cognitiva en el amor y en el plano sentimental

Aquí es donde hay un interés creciente en los últimos años porque hay terapeutas que asimilan la disonancia cognitiva con la pasión del enamorado. Sería un poco esa locura transitoria de la que ya hablan los clásicos. La disonancia cognitiva puede justificar un Complejo de Cenicienta o un Síndrome de Peter Pan y también algo tan peligroso como conductas de maltrato hacia el otro o hacia uno mismo. 

En estos casos se legitima los actos del otro con el auto engaño de que va a cambiar, de que no hemos visto algo que a todos luces es inadmisible… cuando el que está enfrente se comporta egoístamente o, literalmente, hace daño. En estos casos (y se ve en las víctimas de violencia de género) la disonancia cognitiva entra en el terreno de juego para justificar ciertos actos con “él o ella no es así”, “han sido las circunstancias” o, más peligroso aún “la culpa es mía”. En esta última afirmación se combinan (en un cóctel altamente destructivo) la autoestima baja con el proceso emocional de la disonancia cognitiva. 

Y desafortunadamente también entra en acción a la hora de legitimar nuestros propios actos mandando constantemente una información errónea al cerebro. Así vamos alimentando nuestro ego cada vez más con estas disrupciones engordando conductas que ni nos hacen bien ni tampoco a los que están alrededor. Un caso que se pone como ejemplo es el de la persona infiel a la pareja que, antes, durante y después de haber engañado a quien depositó su confianza inventa excusas de todo tipo. Aunque algunos de estos extremos sea cierto, la disonancia cognitiva entra en acción cuando da carta blanca para actuar de una manera innoble. Ten siempre en cuenta que las personas valientes que lidian a diario con sus demonios están en la otra escala de esta condición. Esta se alimenta de la cobardía, de hacer las cosas a escondidas, de la mentira, de la ocultación, de no afrontar los problemas y la realidad.  

La disonancia cognitiva en algunos procesos psicológicos como la anorexia

Las personas instaladas en esta terrible problemática suelen ser niños, jóvenes o adultos con otras cargas emocionales que continuamente ven una distorsión de su realidad. Si bien es verdad que detrás de la anorexia, la bulimia o los trastornos de alimentación hay una problemática compleja en el que se une el deseo de control, la culpa con el afán de superación por el camino no adecuado, también actúa la disonancia cognitiva. Esto es, el autoengaño llega a tal extremo que, al visualizar la imagen física en el espejo, la mente devuelve otra totalmente ajena a la realidad contrastada. 

En estos casos, psicólogos expertos utilizan las mismas herramientas de las que se vale la disonancia cognitiva pero volviéndola a favor del individuo. En terapias grupales se intenta hacer ver el engaño y la mentira de esta concepción. Con estas técnicas (de profesional y que va más allá de estas notas informativas) se intenta mandar al cerebro y al inconsciente otra información distinta. Esto produce un choque en el individuo afectado que, en algunos casos y cuando la terapia funciona, es capaz de ver ante sus ojos la realidad de sus actos. Esta verdad es el primer camino para asumir cuál es la problemática, primera piedra para la sanación sin la que no es posible la felicidad.  

Procrastinar en asuntos importes o la instalación en la zona de confort 

Ni que decir tiene que sin llegar a estos extremos en los que la disonancia cognitiva se hace con todo el sistema psicológico de la persona hasta su completa destrucción. Es el caso de los trastornos alimentarios graves, en las adicciones o en las conductas temerarias en extremo. Casi a diario nos encontramos con acciones en al que nuestra mente nos engaña llevándonos por el camino que, a todas luces, sabemos que no debemos tomar. Lo hace cuando se llama a ese ex que reconocemos que solo nos metió en un infierno, cuando no nos embarcamos en los hábitos saludables, cuando nos dejamos resbalar por una pereza insana (está la sana necesaria para recoger fuerzas), cuando nos negamos a aceptar aquello que no nos interesa, cuando nos inventamos excusas de todo tipo… La lista es tan larga que llega casi al infinito de los recovecos del alma humana.  

Salir de la disonancia cognitiva (o al menos reconocerla en primera instancia) es el primer paso para un avance en el plano personal que requiere una mínima dosis de valentía. El único camino es una auto-evaluación que pasa por un reconocimiento tanto de nuestras capacidades como de las fortalezas pasando por todo lo que actúa como disruptor. Si proponerse el cambio es el primer paso, hay que hacer un movimiento hacia el frente venciendo el miedo para alcanzar la superación personal.  

Entonces, ¿puede ser la disonancia cognitiva un elemento para nuestro superación personal? 

Sí, sin lugar a dudas, cuando se reconoce y se trabaja para que no domine cualquier acto de nuestra vida. Sabemos que en todos los ámbitos en los que actúa el ser humano nada existe hasta que no se nombra. Esta realidad, condición o desencadenante fue propuesta por primera vez en 1957 por Leon Festinger en su obra Teoría de la disonancia cognitiva que trabajó en el campo de lo social. Esto es, también puede actuar a nivel colectivo justificando actos, acciones, regímenes o conductas a todas luces perversas o malintencionadas. Bajo este prisma se entiende ese mirar para otro lado, ese no querer saber, el no actuar ante situaciones tremendas que pueden ir desde el bullying en el colegio, el acoso en el trabajo hasta los genocidios más atroces. El proceso emocional es el mismo. 

Por eso, se hace importante estar atentos a estas trampas que nos pone el cerebro, el alma o el espíritu para no dejarnos avanzar como personas. Así que ya sabes: cada vez que te pilles en un autoengaño o en una justificación que apenas se sostiene, acuérdate del término: disonancia cognitiva. Es un enemigo agazapado y cotidiano que te va ir tirando para abajo en tu crecimiento como persona cuando tú, a nivel consciente, te has propuesto ir hacia arriba siempre. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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