Psicologia

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El cuento es de Jorge Bucay y está en boca de todos por lo que nos enseña (en una narración muy corta) sobre las autolimitaciones. La búsqueda de la felicidad (la cual no se consigue sin el desarrollo de los talentos propios) se nos hace una prioridad. Cada día nos sirven menos las normas impuestas y no nos conformamos (como hace décadas) con aquello que nos ha tocado. Y no lo hacemos por nuestro bien y, además, porque ya sabemos que ciertas estructuras limitantes pueden ser superadas por nosotros mismos (o con un poco de ayuda). No hace falta recordar que en la base de una autoestima baja o en el corazón de personas víctimas de maltratos de todo tipo (incluso del gaslighting) se encuentra, a veces, un fondo de indefensión aprendida que no las deja avanzar hacia donde quieren. Sin tu permiso, querido lector, amada lectora, voy a hacer una interpretación más amplia de la historia del elefante encadenado de Jorge Bucay. Espero que te guste igual.  

El elefante encadenado, versión propia del famoso cuento 

En un país lejano donde se ponía el sol tras las montañas nevadas un elefante pequeño perdió el camino de vuelta a casa. El elefantito, que era precioso y de maravillosos ojos color azabache, lloró desconsoladamente durante toda la noche con la ilusión de que alguien de su clan lo encontrara o oyera sus gemidos, pero, desafortunadamente no fue así. A la mañana siguiente, con las primeras luces del alba, se dio cuenta de que se encontraba solo, vulnerable y a merced de todos aquellos que quisieran hacerle daño. Anduvo durante horas hasta caer exhausto de cansancio, hambre y sed. Cuando abrió los ojos, con las fuerzas limitadas, se encontró ante un humano que lo miraba con curiosidad y un pelín de arrogancia. A los pocos minutos le ofreció unas deliciosas zanahorias y un poco de agua para reponerse del duro camino que había realizado. El elefantito creyó que había encontrado un amigo y siguió al humano a corta distancia.  

Este tenía montado un campamento unos kilómetros hacia el este y hasta allí anduvieron un buen trecho. Cuando llegaron, el humano comentó algo con otros compañeros señalando al elefantito, pero nuestro protagonista no pudo entender qué estaban tramando. Con cuidado lo llevaron hasta el fondo de un corral y allí le pusieron comida y agua fresca. Sin saber cómo el humano se las apañó para colocar una cadena en una de las patas del elefantito. Apretaba tanto que no podía moverse. El elefantito intentó romper la cadena pero sus fuerzas no podían con ella. Lo volvió a intentar una y otra vez hasta que, exhausto de nuevo y dolorido al máximo desistió de su intento. 

El humano volvía para dejar comida y agua. Bajo ningún concepto quería que el elefantito muriera. Al cabo de algunos días, encadenado, lo llevó bajo la carpa central del campamento que, en realidad, era un circo. Allí comenzó a entrenarlo para que se moviera, actuara o se comportara según las enseñanzas y el capricho del humano. Aunque el elefantito no le gustaba hacer esto, al cabo de un tiempo comenzó a ceder y a aprender aquello que se le enseñaba. 

Pasaban los días y a los días los meses y a estos los años y el elefantito creció tanto que se convirtió en un animal hermoso (aunque sus ojos ya no brillaban con alegría) y muy grande. Cada tarde entretenía al público del circo con aquellos movimientos que le habían enseñado desde pequeño y, al caer la noche, volvía a su corral donde, de nuevo, era encadenado. La luna era su compañera de sueños de libertad. Aún recordaba el color del valle y ansiaba volver a las llanuras tras las montañas. 

Desafortunadamente, una cadena le impedía recorrer ese camino. Así lo había aprendido nuestro elefante grande, hermoso y triste durante largos días de entrenamiento. Lo que no sabía es que ya había crecido, se había hecho grande (mucho más que su captor) y ya no era el animalillo vulnerable fuera de su manada. Por tanto, solo necesitaba mover un poco su pata y con un golpe deshacerse de la cadena que lo mantenía prisionero y alejado de sus sueños. El elefante encadenado no sabía que el poder para hacer aquello que deseaba residía en su interior, en él mismo, en su fuerza innata.  

 

¿Qué es la indefensión aprendida y qué nos enseña el cuento del elefante encadenado? 

En esencia, la indefensión aprendida son aquellos parámetros inculcados (por la fuerza o sutilmente) que no nos dejan ver la fuerza que realmente tenemos. Es más, nos creemos prisioneros, vulnerables y a merced de los deseos de otros. La indefensión aprendida forma los cimientos de esa autoestima baja, culpable de todo lo que te pasa. Se forma con frecuencia en la infancia y, por supuesto, siempre es a nivel inconsciente. Es como una cortina o una puerta que no nos deja pasar hacia el otro lado de nuestras posibilidades.   

El elefante encadenado, un cuento tan triste como puede llegar a ser la vida de las personas que no han aprendido a defenderse y a decir no, nos muestra el poder de las convicciones sobre nosotros mismos y el mundo. Nos enseña la destrucción de nuestro espíritu si nos atenemos a aquellos juicios erróneos inculcados desde la infancia. Nos muestra lo que nos perdemos si no escuchamos nuestra voz interior, la misma que nos dice que la libertad está en el valle, más allá de las montañas (metafóricamente hablando claro). 

La indefensión aprendida nos hará vulnerables y a merced de personas que no quieren nuestro bien a pesar de que nos digan lo contrario, como los humanos del cuento sobre el elefante encadenado. Y lo más grave: no nos dejará ser seres libres, el máximo bien al que puede aspirar un ser humano y fundamento de la felicidad. 

 

Causas de la indefensión aprendida 

Es difícil reconocer que eso que te está pasando tiene un origen y que ese principio hay que sanarlo para poder seguir viviendo en armonía y plenitud. A veces, cuesta aceptar que aquello u otro o lo de más allá que nos inculcaron en la infancia es lo mismo que no te permite ahora acabar con ciertas limitaciones. Hay quienes llegan a una depresión, al síndrome de burnout, a una enfermedad o a las adicciones por una indefensión aprendida que le nubla sus posibilidades de crecimiento. Si se conocen las causas, es más fácil poner remedio. 

1.- La indefensión aprendida se gesta casi siempre en la infancia 

Y de muchas y diversas maneras. El alma en crecimiento de un niño es permeable a todo aquello que sucede a su alrededor y, en ocasiones (más de las que queremos aceptar), no siempre para su bien. Los hijos de madre narcisista son las víctimas más frecuentes. Se convierten en adultos que se mueven por el mundo con una indefensión aprendida que no les permite tomar el camino correcto y este es siempre el de la libertad. Una familia tóxica, por las razones que sean, también genera niños vulnerables como el elefante encadenado de nuestro cuento. Estos pequeños se crían en un ambiente en el que aprenden desde muy pronto que poco o nada se puede hacer para cambiar la situación. Sus sentimientos y necesidades emocionales (a veces tampoco las físicas) nunca son tenidas en cuenta y, por tanto, no se creen merecedores de los grandes dones del amor. 

2.- Algunas estructuras sociales (machismo) cooperan con la indefensión aprendida 

Desafortunadamente vivimos en una sociedad imperfecta en la que, de una manera u otra, se instalan roles aceptados por todos. Si te han criado repitiendo que tu camino tiene que ser en un sentido, es muy difícil que pongas en cuestión esas órdenes aceptadas por todos. El machismo, por poner un caso, aunque sea en pequeñas dosis, de alguna manera u otra, coarta las desiciones de las pequeñas al asignarle unos roles que, en definitiva, son normas de indefensión aprendida al no darle herramientas para valerse, en todos y en cualquier ámbito, por sí mismas.  

3.- Lo que nos enseña el elefante encadenado sobre la educación  

Ni que decir tiene que no vamos a hacer saltar por los aires el papel formador de la escuela y la instrucción (aunque no nos parezca bien el exceso de deberes). Eso es una cosa y otra muy distinta encajonar a los pequeños, desde corta edad, con etiquetas que, a la postre, van a generar una indefensión aprendida.  Nos preguntamos cuántos adultos que no han conseguido formarse para desarrollar una profesión bien remunerada han oído de pequeños que esto o aquello no era para ellos y que estaban condenados casi a la pobreza y a la inseguridad de sus padres, su clan, su barrio o su raza. 

4.- Indefensión aprendida por maltrato psicológico

La personalidades que se esconden tras el patrón del narcisista o, lo que es peor, bajo la máscara del psicópata utilizan las mismas técnicas que el humano del cuento del elefante encadenado para subyugar a sus víctimas. Estas personas tóxicas se las apañan para hacer creer a los que están alrededor que son buenos, encantadores, confiables y empáticos cuando, en realidad, son todo lo contrario. Hacen ver a sus víctimas que sin ellos no van a poder moverse en el mundo y, en definitiva, están coartando su libertad hasta límites muy peligrosos. Cuando se ven sorprendidos pueden reaccionar con una ira extrema. Y esto no es de extrañar si aceptamos que este tipo de personalidades lo único que quieren es aprovecharse de la luz de sus víctimas. Para ello, tienen que inculcar una sutil y progresiva indefensión aprendida al que está frente a él. Es la única manera de que no se le escape y que atienda (como el elefante encadenado del cuento) todos sus caprichos o necesidades. A cambio solo ofrecerá el agua y las zanahorias necesarias para que el otro no muera. Y cuando ya no le sirva para sus fines retirará sin piedad este sustento sabiendo que está como el elefante encadenado: vulnerable e indefenso. 

Consecuencias de la indefensión aprendida 

1.- Baja autoestima y desconocimiento de las propias posiblidades

La baja autoestima es lo más evidente aunque hay personas que desarrollan enfermedades psicosomáticas, depresiones y tristezas crónicas al no poder identificar la causa de su malestar. Recordemos que la indefensión aprendida tiene como objetivo principal hacerte creer que no puedes liberarte, que no tienes fuerza para salir por ti mismo y perseguir tus sueños. ¡Pero no es verdad! Eres como el elefante encadenado, fuerte, hermoso y libre. Solo tienes que hacer un movimiento para liberarte de ese yugo.  

2.- Miedo a lo desconocido y a salir de la zona de confort

La zona de confort es ese espacio donde sientes un malestar no identificado, difuso que no te permite progresar. De ella es complicado salir porque, normalmente, atenaza un miedo indefinido a que todo vaya a salir mal. El espíritu y el corazón se achican quedándose atrapados en una situación que no permite el crecimiento interior. 

3.- Lo peor de la indefensión aprendida es que convierte en víctima a quien la sufre

No sabe decir no. Encadena un fracaso amoroso tras otro. Le cargan con el trabajo más duro. No respetan sus ideas o se las roban descaradamente. Cuando el alma está atrapada en la indefensión aprendida, como el elefante encadenado del cuento, algo dentro de esa persona le susurra que no puede alcanzar la libertad que se merece. Al no poder decir que no a las demandas ajenas, los que están alrededor irán progresivamente exigiendo más y más sin dar nada a cambio. Saben, en el fondo, que no va a moverse para liberar esas cadenas.  

4.- Generalmente la indefensión aprendida no permite desarrollar el potencial vital 

La persona que la sufre se siente como atrapado en una relación de pareja o familiar que no satisface, con un trabajo monótono que reconoce que no es para él o ella, se hace cargo de problemas que no le pertenecen… Todo ello va conformando un sistema de cargas anímicas que pesan tanto (a nivel inconsciente y anímico) que no le permiten avanzar y florecer como desea. Por eso, se hace necesario identificar el origen de esa indefensión aprendida y comenzar un entrenamiento en otros derroteros vitales que lleven a la felicidad. 

5.- Riesgo de continuar con la cadena a través de los hijos o los niños de alrededor

Porque quizás la indefensión aprendida que ha sido inculcada provenía de una persona también indefensa. Si esa es la manera de estar, sentir y vivir el mundo, es normal que, inconscientemente, la transmita a los que vienen detrás. Por eso, hay niños buenos de padres obedientes que se han acostumbrado a agachar la cabeza ante los avatares de la vida. No es cuestión de ser un rebelde porque sí, pero tampoco de aceptar todo aquello que viene de fuera como válido. La educación perfecta es la que forma adultos críticos y empáticos con el sufrimiento de los demás. Cualquier otra opción puede desencadenar una indefensión aprendida al sentir que no se tiene en cuenta los sentimientos o las necesidades íntimas. 

Qué debemos hacer para liberarnos de la esclavitud de la indefensión aprendida 

1.- Lo primero es tomar conciencia de que somos el elefante encadenado 

Sin esa aceptación de nuestra propia fragilidad y, a veces, de la biografía que hay detrás es muy difícil que se pueda salir de la situación.  

2.- La indefensión aprendida se combate con conocimiento de uno mismo

Y este llega a través de la escucha de nuestra voz del corazón,  oyendo aquello que nos dice nuestro niño interior y, a la postre, es necesario reconocernos en aquello que deseamos y anhelamos. Seguramente vendrán muchas voces (a veces sin llamarlas ni estar autorizadas a ello) que nos dirán que estamos errados. Sin embargo, si queremos dejar a un lado la indefensión aprendida, tienes que empezar por reconocer tus necesidades emocionales y vitales.

3.- Pide ayuda si no puedes sol@ 

Y esa ayuda que sea siempre de un profesional cualificado que te dé una mano cuando desfallezcas en el camino hacia la libertad. Si esto no es posible, intenta reconocer cuáles son las personas bienintencionadas de entre las que están a tu alrededor. Desafortunadamente, no todas las opiniones tienen la misma autoridad ni todos los corazones están llenos de la misma bondad.  

4.- Sal de la indefensión aprendida dando pequeños pasos sin temor a equivocarte

No te quedes en la teoría y… ¡practica! Parece una tontería pero el camino del valle que lleva hacia la montaña florida se recorre andando. Y la única manera de descubrir el mundo es dando un primer paso. Al principio será difícil e invadirá el miedo. Hay que superarlo. Poco a poco, con metas admisibles, pequeñas y poco ambiciosas se llega a un camino más seguro. Cuando te des cuenta estarás haciendo lo que creías imposible.  

5.- Cuando hayas brillado crea una nueva cadena: la de la ayuda a quien se encuentra en esta situación 

Es lo último: ese don que has conquistado no te lo quedes para ti. Ilumina tu vida con esa sabiduría ofreciéndola de la mejor manera que sepas a los demás. Vendrá de vuelta al momento. 

La indefensión aprendida es, en definitiva, la que hace que, como el elefante encadenado del cuento, te aferres a una esclavitud de la que no te sientes capaz de salir. Y es la misma que no te deja reconocer el poder que anida dentro de ti para recorrer el camino de la libertad. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

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El cuento es de Jorge Bucay y está en boca de todos por lo que nos enseña (en una narración muy corta) sobre las autolimitaciones. La búsqueda de la felicidad (la cual no se consigue sin el desarrollo de los talentos propios) se nos hace una prioridad. Cada día nos sirven menos las normas impuestas y no nos conformamos (como hace décadas) con aquello que nos ha tocado. Y no lo hacemos por nuestro bien y, además, porque ya sabemos que ciertas estructuras limitantes pueden ser superadas por nosotros mismos (o con un poco de ayuda). No hace falta recordar que en la base de una autoestima baja o en el corazón de personas víctimas de maltratos de todo tipo (incluso del gaslighting) se encuentra, a veces, un fondo de indefensión aprendida que no las deja avanzar hacia donde quieren. Sin tu permiso, querido lector, amada lectora, voy a hacer una interpretación más amplia de la historia del elefante encadenado de Jorge Bucay. Espero que te guste igual.  

El elefante encadenado, versión propia del famoso cuento 

En un país lejano donde se ponía el sol tras las montañas nevadas un elefante pequeño perdió el camino de vuelta a casa. El elefantito, que era precioso y de maravillosos ojos color azabache, lloró desconsoladamente durante toda la noche con la ilusión de que alguien de su clan lo encontrara o oyera sus gemidos, pero, desafortunadamente no fue así. A la mañana siguiente, con las primeras luces del alba, se dio cuenta de que se encontraba solo, vulnerable y a merced de todos aquellos que quisieran hacerle daño. Anduvo durante horas hasta caer exhausto de cansancio, hambre y sed. Cuando abrió los ojos, con las fuerzas limitadas, se encontró ante un humano que lo miraba con curiosidad y un pelín de arrogancia. A los pocos minutos le ofreció unas deliciosas zanahorias y un poco de agua para reponerse del duro camino que había realizado. El elefantito creyó que había encontrado un amigo y siguió al humano a corta distancia.  

Este tenía montado un campamento unos kilómetros hacia el este y hasta allí anduvieron un buen trecho. Cuando llegaron, el humano comentó algo con otros compañeros señalando al elefantito, pero nuestro protagonista no pudo entender qué estaban tramando. Con cuidado lo llevaron hasta el fondo de un corral y allí le pusieron comida y agua fresca. Sin saber cómo el humano se las apañó para colocar una cadena en una de las patas del elefantito. Apretaba tanto que no podía moverse. El elefantito intentó romper la cadena pero sus fuerzas no podían con ella. Lo volvió a intentar una y otra vez hasta que, exhausto de nuevo y dolorido al máximo desistió de su intento. 

El humano volvía para dejar comida y agua. Bajo ningún concepto quería que el elefantito muriera. Al cabo de algunos días, encadenado, lo llevó bajo la carpa central del campamento que, en realidad, era un circo. Allí comenzó a entrenarlo para que se moviera, actuara o se comportara según las enseñanzas y el capricho del humano. Aunque el elefantito no le gustaba hacer esto, al cabo de un tiempo comenzó a ceder y a aprender aquello que se le enseñaba. 

Pasaban los días y a los días los meses y a estos los años y el elefantito creció tanto que se convirtió en un animal hermoso (aunque sus ojos ya no brillaban con alegría) y muy grande. Cada tarde entretenía al público del circo con aquellos movimientos que le habían enseñado desde pequeño y, al caer la noche, volvía a su corral donde, de nuevo, era encadenado. La luna era su compañera de sueños de libertad. Aún recordaba el color del valle y ansiaba volver a las llanuras tras las montañas. 

Desafortunadamente, una cadena le impedía recorrer ese camino. Así lo había aprendido nuestro elefante grande, hermoso y triste durante largos días de entrenamiento. Lo que no sabía es que ya había crecido, se había hecho grande (mucho más que su captor) y ya no era el animalillo vulnerable fuera de su manada. Por tanto, solo necesitaba mover un poco su pata y con un golpe deshacerse de la cadena que lo mantenía prisionero y alejado de sus sueños. El elefante encadenado no sabía que el poder para hacer aquello que deseaba residía en su interior, en él mismo, en su fuerza innata.  

 

¿Qué es la indefensión aprendida y qué nos enseña el cuento del elefante encadenado? 

En esencia, la indefensión aprendida son aquellos parámetros inculcados (por la fuerza o sutilmente) que no nos dejan ver la fuerza que realmente tenemos. Es más, nos creemos prisioneros, vulnerables y a merced de los deseos de otros. La indefensión aprendida forma los cimientos de esa autoestima baja, culpable de todo lo que te pasa. Se forma con frecuencia en la infancia y, por supuesto, siempre es a nivel inconsciente. Es como una cortina o una puerta que no nos deja pasar hacia el otro lado de nuestras posibilidades.   

El elefante encadenado, un cuento tan triste como puede llegar a ser la vida de las personas que no han aprendido a defenderse y a decir no, nos muestra el poder de las convicciones sobre nosotros mismos y el mundo. Nos enseña la destrucción de nuestro espíritu si nos atenemos a aquellos juicios erróneos inculcados desde la infancia. Nos muestra lo que nos perdemos si no escuchamos nuestra voz interior, la misma que nos dice que la libertad está en el valle, más allá de las montañas (metafóricamente hablando claro). 

La indefensión aprendida nos hará vulnerables y a merced de personas que no quieren nuestro bien a pesar de que nos digan lo contrario, como los humanos del cuento sobre el elefante encadenado. Y lo más grave: no nos dejará ser seres libres, el máximo bien al que puede aspirar un ser humano y fundamento de la felicidad. 

 

Causas de la indefensión aprendida 

Es difícil reconocer que eso que te está pasando tiene un origen y que ese principio hay que sanarlo para poder seguir viviendo en armonía y plenitud. A veces, cuesta aceptar que aquello u otro o lo de más allá que nos inculcaron en la infancia es lo mismo que no te permite ahora acabar con ciertas limitaciones. Hay quienes llegan a una depresión, al síndrome de burnout, a una enfermedad o a las adicciones por una indefensión aprendida que le nubla sus posibilidades de crecimiento. Si se conocen las causas, es más fácil poner remedio. 

1.- La indefensión aprendida se gesta casi siempre en la infancia 

Y de muchas y diversas maneras. El alma en crecimiento de un niño es permeable a todo aquello que sucede a su alrededor y, en ocasiones (más de las que queremos aceptar), no siempre para su bien. Los hijos de madre narcisista son las víctimas más frecuentes. Se convierten en adultos que se mueven por el mundo con una indefensión aprendida que no les permite tomar el camino correcto y este es siempre el de la libertad. Una familia tóxica, por las razones que sean, también genera niños vulnerables como el elefante encadenado de nuestro cuento. Estos pequeños se crían en un ambiente en el que aprenden desde muy pronto que poco o nada se puede hacer para cambiar la situación. Sus sentimientos y necesidades emocionales (a veces tampoco las físicas) nunca son tenidas en cuenta y, por tanto, no se creen merecedores de los grandes dones del amor. 

2.- Algunas estructuras sociales (machismo) cooperan con la indefensión aprendida 

Desafortunadamente vivimos en una sociedad imperfecta en la que, de una manera u otra, se instalan roles aceptados por todos. Si te han criado repitiendo que tu camino tiene que ser en un sentido, es muy difícil que pongas en cuestión esas órdenes aceptadas por todos. El machismo, por poner un caso, aunque sea en pequeñas dosis, de alguna manera u otra, coarta las desiciones de las pequeñas al asignarle unos roles que, en definitiva, son normas de indefensión aprendida al no darle herramientas para valerse, en todos y en cualquier ámbito, por sí mismas.  

3.- Lo que nos enseña el elefante encadenado sobre la educación  

Ni que decir tiene que no vamos a hacer saltar por los aires el papel formador de la escuela y la instrucción (aunque no nos parezca bien el exceso de deberes). Eso es una cosa y otra muy distinta encajonar a los pequeños, desde corta edad, con etiquetas que, a la postre, van a generar una indefensión aprendida.  Nos preguntamos cuántos adultos que no han conseguido formarse para desarrollar una profesión bien remunerada han oído de pequeños que esto o aquello no era para ellos y que estaban condenados casi a la pobreza y a la inseguridad de sus padres, su clan, su barrio o su raza. 

4.- Indefensión aprendida por maltrato psicológico

La personalidades que se esconden tras el patrón del narcisista o, lo que es peor, bajo la máscara del psicópata utilizan las mismas técnicas que el humano del cuento del elefante encadenado para subyugar a sus víctimas. Estas personas tóxicas se las apañan para hacer creer a los que están alrededor que son buenos, encantadores, confiables y empáticos cuando, en realidad, son todo lo contrario. Hacen ver a sus víctimas que sin ellos no van a poder moverse en el mundo y, en definitiva, están coartando su libertad hasta límites muy peligrosos. Cuando se ven sorprendidos pueden reaccionar con una ira extrema. Y esto no es de extrañar si aceptamos que este tipo de personalidades lo único que quieren es aprovecharse de la luz de sus víctimas. Para ello, tienen que inculcar una sutil y progresiva indefensión aprendida al que está frente a él. Es la única manera de que no se le escape y que atienda (como el elefante encadenado del cuento) todos sus caprichos o necesidades. A cambio solo ofrecerá el agua y las zanahorias necesarias para que el otro no muera. Y cuando ya no le sirva para sus fines retirará sin piedad este sustento sabiendo que está como el elefante encadenado: vulnerable e indefenso. 

Consecuencias de la indefensión aprendida 

1.- Baja autoestima y desconocimiento de las propias posiblidades

La baja autoestima es lo más evidente aunque hay personas que desarrollan enfermedades psicosomáticas, depresiones y tristezas crónicas al no poder identificar la causa de su malestar. Recordemos que la indefensión aprendida tiene como objetivo principal hacerte creer que no puedes liberarte, que no tienes fuerza para salir por ti mismo y perseguir tus sueños. ¡Pero no es verdad! Eres como el elefante encadenado, fuerte, hermoso y libre. Solo tienes que hacer un movimiento para liberarte de ese yugo.  

2.- Miedo a lo desconocido y a salir de la zona de confort

La zona de confort es ese espacio donde sientes un malestar no identificado, difuso que no te permite progresar. De ella es complicado salir porque, normalmente, atenaza un miedo indefinido a que todo vaya a salir mal. El espíritu y el corazón se achican quedándose atrapados en una situación que no permite el crecimiento interior. 

3.- Lo peor de la indefensión aprendida es que convierte en víctima a quien la sufre

No sabe decir no. Encadena un fracaso amoroso tras otro. Le cargan con el trabajo más duro. No respetan sus ideas o se las roban descaradamente. Cuando el alma está atrapada en la indefensión aprendida, como el elefante encadenado del cuento, algo dentro de esa persona le susurra que no puede alcanzar la libertad que se merece. Al no poder decir que no a las demandas ajenas, los que están alrededor irán progresivamente exigiendo más y más sin dar nada a cambio. Saben, en el fondo, que no va a moverse para liberar esas cadenas.  

4.- Generalmente la indefensión aprendida no permite desarrollar el potencial vital 

La persona que la sufre se siente como atrapado en una relación de pareja o familiar que no satisface, con un trabajo monótono que reconoce que no es para él o ella, se hace cargo de problemas que no le pertenecen… Todo ello va conformando un sistema de cargas anímicas que pesan tanto (a nivel inconsciente y anímico) que no le permiten avanzar y florecer como desea. Por eso, se hace necesario identificar el origen de esa indefensión aprendida y comenzar un entrenamiento en otros derroteros vitales que lleven a la felicidad. 

5.- Riesgo de continuar con la cadena a través de los hijos o los niños de alrededor

Porque quizás la indefensión aprendida que ha sido inculcada provenía de una persona también indefensa. Si esa es la manera de estar, sentir y vivir el mundo, es normal que, inconscientemente, la transmita a los que vienen detrás. Por eso, hay niños buenos de padres obedientes que se han acostumbrado a agachar la cabeza ante los avatares de la vida. No es cuestión de ser un rebelde porque sí, pero tampoco de aceptar todo aquello que viene de fuera como válido. La educación perfecta es la que forma adultos críticos y empáticos con el sufrimiento de los demás. Cualquier otra opción puede desencadenar una indefensión aprendida al sentir que no se tiene en cuenta los sentimientos o las necesidades íntimas. 

Qué debemos hacer para liberarnos de la esclavitud de la indefensión aprendida 

1.- Lo primero es tomar conciencia de que somos el elefante encadenado 

Sin esa aceptación de nuestra propia fragilidad y, a veces, de la biografía que hay detrás es muy difícil que se pueda salir de la situación.  

2.- La indefensión aprendida se combate con conocimiento de uno mismo

Y este llega a través de la escucha de nuestra voz del corazón,  oyendo aquello que nos dice nuestro niño interior y, a la postre, es necesario reconocernos en aquello que deseamos y anhelamos. Seguramente vendrán muchas voces (a veces sin llamarlas ni estar autorizadas a ello) que nos dirán que estamos errados. Sin embargo, si queremos dejar a un lado la indefensión aprendida, tienes que empezar por reconocer tus necesidades emocionales y vitales.

3.- Pide ayuda si no puedes sol@ 

Y esa ayuda que sea siempre de un profesional cualificado que te dé una mano cuando desfallezcas en el camino hacia la libertad. Si esto no es posible, intenta reconocer cuáles son las personas bienintencionadas de entre las que están a tu alrededor. Desafortunadamente, no todas las opiniones tienen la misma autoridad ni todos los corazones están llenos de la misma bondad.  

4.- Sal de la indefensión aprendida dando pequeños pasos sin temor a equivocarte

No te quedes en la teoría y… ¡practica! Parece una tontería pero el camino del valle que lleva hacia la montaña florida se recorre andando. Y la única manera de descubrir el mundo es dando un primer paso. Al principio será difícil e invadirá el miedo. Hay que superarlo. Poco a poco, con metas admisibles, pequeñas y poco ambiciosas se llega a un camino más seguro. Cuando te des cuenta estarás haciendo lo que creías imposible.  

5.- Cuando hayas brillado crea una nueva cadena: la de la ayuda a quien se encuentra en esta situación 

Es lo último: ese don que has conquistado no te lo quedes para ti. Ilumina tu vida con esa sabiduría ofreciéndola de la mejor manera que sepas a los demás. Vendrá de vuelta al momento. 

La indefensión aprendida es, en definitiva, la que hace que, como el elefante encadenado del cuento, te aferres a una esclavitud de la que no te sientes capaz de salir. Y es la misma que no te deja reconocer el poder que anida dentro de ti para recorrer el camino de la libertad. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

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La familia tóxica es aquella que no permite el progreso emocional ni el crecimiento interior de sus miembros tanto en su conjunto como individualmente. Son grupos unidos por lazos de sangre o por un apellido pero no por la fuerza del amor o el poder del corazón. La familia tóxica puede ser de muchas maneras, como nos indica Tolstoi, el gran escritor del realismo literario, pero hay unas características en común. La única manera de que puedas salir de este tipo de situaciones en las que no se acepta tu singularidad es, en primera instancia conocer cómo son estos clanes u hogares. 

Características de un familia tóxica

1.- La primera y la más evidente es la falta de amor desinteresado y, aunque sea tan difícil describir este gran sentimiento, es casi imposible que lo tengas y que no te llegue. Así que si te dicen que te quieren, te aman o que esto o aquello lo hacen por tu bien y tú no percibes este cariño, es que sencillamente no existe. 

2.- En una familia tóxica lo que predomina es el miedo, la vibración contraria al amor. Se harán las cosas por temor a represalias, castigos o sencillamente para que nos dejen en paz, pero no por un sentimiento sincero. 

3.- Tampoco hay unión entre sus miembros. Lo que prima es la soledad y especialmente en la figura del chivo expiatorio. Este miembro de una familia tóxica, el chivo expiatorio, no existe en otros hogares. Son exclusivos de estos grupos y ellos son los responsables de cargar con todas las culpas del clan. Hacia él o ella se verterá todo aquello que no gusta o que, sencillamente, se cuestione los parámetros emocionales en los que se vive. 

4.- Si algún miembro quiere realizar algún cambio (el que sea) y pide que se tenga en cuenta sus demandas (aunque sean mínimas) será tachado, inmediatamente, de egoísta cuando no con calificativos más graves. 

5.- La familia tóxica actúa, de alguna manera u otra, como la mafia. Impera la ley del silencio. Todo tiene que quedar de puertas para adentro y se castiga, penaliza o critica al máximo cuando esta norma no escrita es transgredida por alguien. Este mecanismo tiene una explicación lógica: así no se permite, en primera instancia, la comparación con otros hogares, en segunda instancia, la búsqueda de ayuda y, por último, que los mecanismos de sumisión imperantes en el clan sean descubiertos. 

6.- La familia tóxica forma un hogar triste, deprimido, sin el empuje suficiente para superar contratiempos de manera unida. Si se apela a esto es, sencillamente, para aprovecharse de la fuerza (anímica, económica o espiritual) de alguno de sus miembros. 

7.- Las conversaciones siempre girarán en torno al miedo, la crítica, el chisme, lo negativo, lo malo, la muerte… Nunca hay nada que celebrar: ni un cumpleaños ni el éxito (aunque sea mínimo) de alguno de sus miembros. 

8.- La familia tóxica genera más familia tóxica. Es duro, pero los seres humanos nos movemos por imitación. Un niño, de adulto, repetirá el modelo que ha visto, sentido y vivido en casa. Lo entenderá como algo normal. También es frecuente que los miembros de estos clanes acaben con gente tóxica en todos los aspectos de su vida: laboral, de pareja, de amistad… Por eso, es urgente que identifiques si estás en este tipo de hogar para que puedas poner remedio cuanto antes. Aunque es difícil no es imposible. 

9.- La violencia verbal (e, incluso, física) es un tónica. Esta puede ser directa (“eres tonto”, “no te he criado para esto”) o sutil (“eres demasiado sensible”, cuando alguien quiere exponer sus sentimientos). En casos extremos, los que tienen más poder (normalmente progenitores) pueden hacer creer a quien se sale de esta norma que está loco utilizando todo tipo de artimañas e, incluso, recurriendo a la técnica del gaslighting

10.- La familia tóxica genera secretos, grandes o pequeños. En ella no es posible la comunicación sincera, serena y comprensiva. Todo tiene que girar en torno a los postulados dados y estos con unos criterios estrictos. En ella no se permite poner en duda en ningún momento las costumbres aceptadas aunque estas se demuestren que no sirven o no ayudan. El diálogo es inexistente y quienes se dan cuenta de la disfunción y, de buena gana, quieren hacer ver otro modelo, son ninguneados por sistema. 

¿Por qué hay familias tóxicas? ¿Cuáles son los mecanismos que funcionan dentro de ella? 

La literatura o el arte ha dado ejemplos maravillosos de familias tóxicas. En español tenemos, por poner un solo caso, La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca. En este drama tan popular nos topamos con una protagonista indiscutible que responde a los patrones de la madre narcisista (aunque también tenga sus buenas dosis de supramacismo). Desgraciadamente, en un alto porcentaje de familias tóxicas, hay un progenitor o figura de autoridad que responde a la etiqueta de narcisista. Estas personas no pueden amar en tanto en cuanto esto significa entrega a los demás. Todo su mundo gira en torno a ellas mismas, a sus necesidades, sus caprichos, deseos o lo que cree que es válido. Son incapaces de generar un diálogo tranquilo, de comprender los sentimientos de los que están a su alrededor (aunque sean sus propios hijos), de ponerse en la piel del otro. 

Estas  personalidades (sin tener por qué llegar a los modos del psicópata) no permiten el crecimiento de la familia. Irán envenenando todo con sus palabras afiladas, sus comentarios que pretenden sentar cátedra, su sentimiento de estar en posesión de la verdad. Son individuos, además, muy críticos con el mundo. Para ellos o es blanco o negro, o se hace lo que desea o esa acción será siempre calificada como negativa. Son personas incapaces de comprender las luces y las sombras del alma humana. En casi todas las familias tóxicas hay un miembro de autoridad así.

Aunque las razones son muchas para convertir un hogar en un emplazamiento viciado también puede darse el caso de que alguno de los miembros haya convertido la violencia en norma. En este caso, si no hay una sobreprotección viciada de los progenitores, puede ponerse remedio. Desgraciadamente, las drogas y adicciones en todas sus variantes posibles generan, a muy corto plazo, una familia tóxica. Los progenitores con problemas mentales, con costumbres y modos de tacaño o con vidas desordenadas siempre generan familias tóxicas. 

¿Cómo defenderse de una familia tóxica? 

Es difícil pero no imposible. Nos criamos en una ambiente y este conforma nuestro modo de ver el mundo. Hoy en día (tenemos noticias de este cariz en los periódicos a diario) niños y jóvenes son víctimas (a veces de manera muy cruel) de este tipo de hogares que no pueden calificarse como tal. Sin embargo, lo normal es que la disfunción no sea tan evidente. Serán más bien pequeñas gotas que llenarán un océano de hiel. No hay otra alternativa que, en primera instancia, poner nombre a aquello que pasa y esto que pasa en esta casa es una familia tóxica. 

Es frecuente que muchas personas se den cuenta de esta disfunción tras una depresión o alguna dolencia espiritual grave. Al ahondar en terapia ven la luz de aquello que verdaderamente ha sido su mundo. Si has llegado hasta aquí, tienes mucho ganado. Ahora bien, ¿qué hacer? El comportamiento emocional de la familia (y especialmente el de los padres) son el último tabú de Occidente. Es importante, si es necesario con acompañamiento profesional, que te alejes progresivamente sin ira ni rencor ni, por supuesto, odio. Tienes derecho a poner tu coraza, a mantener limpio tu corazón, a encontrar tu camino vital, a sentir la felicidad sin esta carga familiar de negatividad. No intentes cambiar a tu familia o los miembros que están dentro de esa oscuridad. Es, sencillamente, imposible y te encontrarás que pueden generar más ira contra ti. Cada uno debe andar su camino y tú el tuyo.  

Cada cual está en una etapa y debe recorrerla. Tus esfuerzos deben estar dirigidos a tu crecimiento personal, a ser una mejor persona, más sabia, resilente y alegre. Con tu actitud podrás generar un cambio por mimetismo. Esto es, si el trabajo es constante y la luz del amor inunda todos tus actos, te convertirás en inspiración para otras personas. Y esa luz (a pesar de provenir de la oscuridad de un hogar en el que no primaba el amor) serán los cimientos para crear tu propia círculo de amor con otros condicionantes radicalmente distintos de los que priman en una familia tóxica. 

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Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

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La familia tóxica es aquella que no permite el progreso emocional ni el crecimiento interior de sus miembros tanto en su conjunto como individualmente. Son grupos unidos por lazos de sangre o por un apellido pero no por la fuerza del amor o el poder del corazón. La familia tóxica puede ser de muchas maneras, como nos indica Tolstoi, el gran escritor del realismo literario, pero hay unas características en común. La única manera de que puedas salir de este tipo de situaciones en las que no se acepta tu singularidad es, en primera instancia conocer cómo son estos clanes u hogares. 

Características de un familia tóxica

1.- La primera y la más evidente es la falta de amor desinteresado y, aunque sea tan difícil describir este gran sentimiento, es casi imposible que lo tengas y que no te llegue. Así que si te dicen que te quieren, te aman o que esto o aquello lo hacen por tu bien y tú no percibes este cariño, es que sencillamente no existe. 

2.- En una familia tóxica lo que predomina es el miedo, la vibración contraria al amor. Se harán las cosas por temor a represalias, castigos o sencillamente para que nos dejen en paz, pero no por un sentimiento sincero. 

3.- Tampoco hay unión entre sus miembros. Lo que prima es la soledad y especialmente en la figura del chivo expiatorio. Este miembro de una familia tóxica, el chivo expiatorio, no existe en otros hogares. Son exclusivos de estos grupos y ellos son los responsables de cargar con todas las culpas del clan. Hacia él o ella se verterá todo aquello que no gusta o que, sencillamente, se cuestione los parámetros emocionales en los que se vive. 

4.- Si algún miembro quiere realizar algún cambio (el que sea) y pide que se tenga en cuenta sus demandas (aunque sean mínimas) será tachado, inmediatamente, de egoísta cuando no con calificativos más graves. 

5.- La familia tóxica actúa, de alguna manera u otra, como la mafia. Impera la ley del silencio. Todo tiene que quedar de puertas para adentro y se castiga, penaliza o critica al máximo cuando esta norma no escrita es transgredida por alguien. Este mecanismo tiene una explicación lógica: así no se permite, en primera instancia, la comparación con otros hogares, en segunda instancia, la búsqueda de ayuda y, por último, que los mecanismos de sumisión imperantes en el clan sean descubiertos. 

6.- La familia tóxica forma un hogar triste, deprimido, sin el empuje suficiente para superar contratiempos de manera unida. Si se apela a esto es, sencillamente, para aprovecharse de la fuerza (anímica, económica o espiritual) de alguno de sus miembros. 

7.- Las conversaciones siempre girarán en torno al miedo, la crítica, el chisme, lo negativo, lo malo, la muerte… Nunca hay nada que celebrar: ni un cumpleaños ni el éxito (aunque sea mínimo) de alguno de sus miembros. 

8.- La familia tóxica genera más familia tóxica. Es duro, pero los seres humanos nos movemos por imitación. Un niño, de adulto, repetirá el modelo que ha visto, sentido y vivido en casa. Lo entenderá como algo normal. También es frecuente que los miembros de estos clanes acaben con gente tóxica en todos los aspectos de su vida: laboral, de pareja, de amistad… Por eso, es urgente que identifiques si estás en este tipo de hogar para que puedas poner remedio cuanto antes. Aunque es difícil no es imposible. 

9.- La violencia verbal (e, incluso, física) es un tónica. Esta puede ser directa (“eres tonto”, “no te he criado para esto”) o sutil (“eres demasiado sensible”, cuando alguien quiere exponer sus sentimientos). En casos extremos, los que tienen más poder (normalmente progenitores) pueden hacer creer a quien se sale de esta norma que está loco utilizando todo tipo de artimañas e, incluso, recurriendo a la técnica del gaslighting

10.- La familia tóxica genera secretos, grandes o pequeños. En ella no es posible la comunicación sincera, serena y comprensiva. Todo tiene que girar en torno a los postulados dados y estos con unos criterios estrictos. En ella no se permite poner en duda en ningún momento las costumbres aceptadas aunque estas se demuestren que no sirven o no ayudan. El diálogo es inexistente y quienes se dan cuenta de la disfunción y, de buena gana, quieren hacer ver otro modelo, son ninguneados por sistema. 

¿Por qué hay familias tóxicas? ¿Cuáles son los mecanismos que funcionan dentro de ella? 

La literatura o el arte ha dado ejemplos maravillosos de familias tóxicas. En español tenemos, por poner un solo caso, La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca. En este drama tan popular nos topamos con una protagonista indiscutible que responde a los patrones de la madre narcisista (aunque también tenga sus buenas dosis de supramacismo). Desgraciadamente, en un alto porcentaje de familias tóxicas, hay un progenitor o figura de autoridad que responde a la etiqueta de narcisista. Estas personas no pueden amar en tanto en cuanto esto significa entrega a los demás. Todo su mundo gira en torno a ellas mismas, a sus necesidades, sus caprichos, deseos o lo que cree que es válido. Son incapaces de generar un diálogo tranquilo, de comprender los sentimientos de los que están a su alrededor (aunque sean sus propios hijos), de ponerse en la piel del otro. 

Estas  personalidades (sin tener por qué llegar a los modos del psicópata) no permiten el crecimiento de la familia. Irán envenenando todo con sus palabras afiladas, sus comentarios que pretenden sentar cátedra, su sentimiento de estar en posesión de la verdad. Son individuos, además, muy críticos con el mundo. Para ellos o es blanco o negro, o se hace lo que desea o esa acción será siempre calificada como negativa. Son personas incapaces de comprender las luces y las sombras del alma humana. En casi todas las familias tóxicas hay un miembro de autoridad así.

Aunque las razones son muchas para convertir un hogar en un emplazamiento viciado también puede darse el caso de que alguno de los miembros haya convertido la violencia en norma. En este caso, si no hay una sobreprotección viciada de los progenitores, puede ponerse remedio. Desgraciadamente, las drogas y adicciones en todas sus variantes posibles generan, a muy corto plazo, una familia tóxica. Los progenitores con problemas mentales, con costumbres y modos de tacaño o con vidas desordenadas siempre generan familias tóxicas. 

¿Cómo defenderse de una familia tóxica? 

Es difícil pero no imposible. Nos criamos en una ambiente y este conforma nuestro modo de ver el mundo. Hoy en día (tenemos noticias de este cariz en los periódicos a diario) niños y jóvenes son víctimas (a veces de manera muy cruel) de este tipo de hogares que no pueden calificarse como tal. Sin embargo, lo normal es que la disfunción no sea tan evidente. Serán más bien pequeñas gotas que llenarán un océano de hiel. No hay otra alternativa que, en primera instancia, poner nombre a aquello que pasa y esto que pasa en esta casa es una familia tóxica. 

Es frecuente que muchas personas se den cuenta de esta disfunción tras una depresión o alguna dolencia espiritual grave. Al ahondar en terapia ven la luz de aquello que verdaderamente ha sido su mundo. Si has llegado hasta aquí, tienes mucho ganado. Ahora bien, ¿qué hacer? El comportamiento emocional de la familia (y especialmente el de los padres) son el último tabú de Occidente. Es importante, si es necesario con acompañamiento profesional, que te alejes progresivamente sin ira ni rencor ni, por supuesto, odio. Tienes derecho a poner tu coraza, a mantener limpio tu corazón, a encontrar tu camino vital, a sentir la felicidad sin esta carga familiar de negatividad. No intentes cambiar a tu familia o los miembros que están dentro de esa oscuridad. Es, sencillamente, imposible y te encontrarás que pueden generar más ira contra ti. Cada uno debe andar su camino y tú el tuyo.  

Cada cual está en una etapa y debe recorrerla. Tus esfuerzos deben estar dirigidos a tu crecimiento personal, a ser una mejor persona, más sabia, resilente y alegre. Con tu actitud podrás generar un cambio por mimetismo. Esto es, si el trabajo es constante y la luz del amor inunda todos tus actos, te convertirás en inspiración para otras personas. Y esa luz (a pesar de provenir de la oscuridad de un hogar en el que no primaba el amor) serán los cimientos para crear tu propia círculo de amor con otros condicionantes radicalmente distintos de los que priman en una familia tóxica. 

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Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

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Clasificado como trastorno de la personalidad paranoide (TPP), la persona que sufre de paranoia se mueve por un miedo injustificado a que otro u otros le hagan daño de diferentes maneras. Convencido de que los demás conspiran o traman males contra él o ella, son individuos suspicaces en extremo, de comportamiento antisocial y con incapacidad para desarrollar vínculos de ningún tipo. Todo ello acaban aislándole de tal manera que esto le causa un gran sufrimiento. La paranoia, en la actualidad, se clasifica como un trastorno delirante y este debe ser sostenido en el tiempo. Esto es, no se considera paranoia un delirio puntual por las razones que sean (shock traumático, consumo de drogas, dolor psíquico agudo…) Esta tiene que formar parte de la personalidad y la manera de estar del mundo de la personalidad paranoide o con trastorno delirante. 

Definiendo la paranoia

Se considera que hasta el 5% de la población general (el 10% de los pacientes clínicos) sufren de paranoia. El individuo está convencido de que los demás están constantemente tramando males contra él, que el universo entero conspira para que no salga adelante, que está constantemente siendo objeto de burla o engaño o que los seres cercanos planean su muerte o algún daño. 

Este convencimiento no puede ser desmontado con razonamientos lógicos e inclusos demostrables por parte de los que están alrededor. Ni que decir tiene que la paranoia necesita de intervención multiprofesional larga en el tiempo para poder controlarla. La persona que sufre de paranoia gestiona toda su vida y su mundo acorde a este convencimiento. Esto va minando cualquier tipo de relación personal, desde las sociales básicas (amigos, vecinos), de pareja (con celos especialmente), laborales (viendo enemigos donde “solo” hay los competidores normales) y familiares. Para huir de tal dolor, la persona que sufre de paranoia va aislándose constantemente perdiendo aún más el contacto con la realidad. 

Ejemplos en los que actúa la paranoia

Ni que decir tiene que estamos ante una dolencia de gravedad que, a veces, incluso, se confunde con la esquizofrenia. A diferencia, en la paranoia no se producen alucinaciones ni visuales ni acústicas. El convencimiento en el trastorno delirante viene de una actitud puramente mental. “Yo lo sé”. “A mí no me engaña”. “Lo he descubierto”… son palabras comunes en este trastorno. Es difícil que una persona con paranoia acuda a terapia. Siempre lo hace instado  (obligado más bien) por personas muy cercanas. El paranoico nunca aceptará que tiene un problema. El o ella nunca está equivocado. Son los demás los que conspiran y planean. Nada malo sucede en su cabeza y lo único que hace es defenderse de una verdad que ha descubierto. Lo vemos con algunos ejemplos.  

1.- En el trabajo, si dos compañeros charlan en un aparte sobre cualquier cosa (de temas laborales o de la última serie de televisión), en la visión de la paranoia están conspirando para dejarlo mal ante sus superiores. El ridículo que planean es de tal envergadura que será imposible escapar a tal bochorno. Ante eso, el paranoico intentará descubrir las intenciones ocultas de los compañeros dejando atrás sus obligaciones laborales. Si hay un despido por la delación de sus funciones, este siempre (bajo la visión de la paranoia) es debido a una conspiración de su entorno. 

2.- La paranoia despliega todo su potencial destructor dentro del hogar y la pareja. El paranoico puede afirmar con convencimiento que su pareja deja la puerta del balcón abierta para que entre un amante cuando está en el baño. Las ideas delirantes suelen ser tan extravagantes a veces que el que está enfrente no sabe cómo posicionarse ante ello para desmontar el relato falso que el paranoico se ha montado en su cabeza. 

3.- Las ideas de persecución o de conspiraciones por parte del otro puede llevarle a afirmar con rotundidad que la pareja intenta asfixiarlo con la almohada solo cuando ha movido el edredón o que esta ha dejado una nota a un asesino en serie en un simple papel que ha tirado a la papelera. 

4.- Los vecinos están preparando en la cocina una bomba para hacer estallar el patio cuando llegue el cartero a entregar las cartas del banco. Nadie podrá convencer al paranoico que el ruido es el de los muebles a hacer limpieza general. 

El universo de delirio de la paranoia es tan amplio que escapa al análisis y a la comprensión de las personas que tienen que lidiar (por su cercanía) con los que sufren este mal. Por eso, el paciente aquejado de trastorno delirante, una vez ha verbalizado esa idea de paranoia ante los demás, estos acaban por alejarse (aunque en un principio quieran ayudar) completando un círculo en el que la paranoia se va alimentando a sí misma. “Me quieren hacer mal y cuando lo he descubierto se alejan.” En su mundo no cabe que el alejamiento se produce ante la difícil convivencia con un paranoico. 

Síntomas de paranoia  

1.- En el plano personal es imposible una convivencia a nivel de pareja. Las relaciones se destruyen al poco tiempo (el suficiente para que el otro se de cuenta del mal y de la incapacidad de ayudar). Es normal que la misma paranoia alimente estos fracasos con frases como “mi ex-pareja me mentía y me era infiel con alguien que casualmente pasaba por allí”, “cuando salía de casa montaba fiestas en las que se me difamaba”, “tenía uno, dos o tres amantes y la única finalidad era burlarse de mí a mis espaldas”. Las historias en torno a estas relaciones a veces superan lo aceptado normalmente con delirios muy difíciles de encajar desde el punto de la razón.  

2.- Casi nunca hay una prueba de que algo tan terrible haya sucedido realmente, que bien es verdad que la maldad humana no tiene límites y hay personas que verdaderamente sufren atrocidades. Pero en la paranoia el relato de los hechos nunca concuerda con un hilo conductor racional. El o ella sabe lo que pasó, lo descubrió pero no tiene ni una sola prueba. 

3.- Son personas suspicaces, con un miedo atroz a ser heridos que se llevan todo el día en estado de vigilancia permanente. Eso no les permite afrontar un trabajo o una vida familiar con cierta normalidad. 

4.- A veces la paranoia se asocia al consumo de drogas diversas: de diseño, alcohol, cocaína y marihuana. Los síntomas, en estas situaciones, se magnifican de tal manera que se puede necesitar incluso internamiento psiquiátrico. 

5.- La persona que sufre paranoia no suele cuidar su aspecto físico más allá de lo necesario.

6.- La reclusión en un entorno seguro es frecuente, ya sea una habitación o en la casa. Cualquier persona del exterior es entendido como un intruso que va a hacer daño sí o sí. Y esta premisa vale para el cartero, el barrendero o alguien que ha llamado al timbre por equivocación.  

7.- Las personas con paranoia tienen tan baja tolerancia a la frustración que la resilencia es mínima. Son incapaces de adaptarse a entornos que impliquen cualquier novedad. Por eso, prefieren la rutina, lo conocido, lo seguro… 

8.- Acaban desarrollando fobia social y su círculo se reduce a un par de personas cuando no terminan literalmente en soledad. 

9.- La paranoia se alimenta con la edad. Esto es, si no se ha logrado conseguir un trabajo esto es porque hay instancias que eliminan las solicitudes o que hablan mal a posta. Conforme se va fracasando en sucesivos intentos, estos se convierten en la “prueba del nueve” de la verdad del paranoico. Lo mismo sucede con amigos, parejas o vecinos.  

10.- La persona con trastorno delirante es un ser triste incapaz de disfrutar de los placeres sencillos de la vida. En todo ve algo terrible contra él o ella. 

11.- La ansiedad es una constante y por eso es frecuente el consumo desordenado de ansiolíticos o, aún peor, de drogas legales o ilegales.  

12.- Los círculos sociales de la persona con paranoia acaban por reducirse drásticamente.  

13.- La persona con paranoia puede reaccionar con violencia (y es frecuente que lo haga) si siente que está siendo atacado. 

14.- También hay un porcentaje elevado de autolesiones. 

15.- Todo ello no significa que estos individuos tengan mermadas su capacidad de decisión o de raciocinio como sucede en la esquizofrenia. Distinguen perfectamente el bien del mal y están lúcidos para saber qué es la voluntad y la libertad. Por la naturaleza de la dolencia tiene una clara delimitación entre el yo y el otro. 

Causas de la paranoia

Aunque hay estudios recientes que han visto modificaciones cerebrales en personas con paranoia, aún no se saben cómo actúan estas o cómo se han producido. Tampoco se conoce ningún mecanismo de reversión. Eso, al menos, por ahora, aunque las investigaciones son, a veces ambiciosas. Sí se ha descubierto un patrón.  

1.- Es más frecuente la paranoia en individuos criados en entornos negligentes, con una madre narcisista que crea familias tóxicas o simplemente progenitores ausentes. 

2.- También es más frecuente en familias con antecedentes de la misma enfermedad o de esquizofrenia. Esto es, habría un factor genético desencadenante aunque aún no se ha descubierto el proceso. 

3.- La paranoia es uno de los desencadenantes  del consumo de drogas alucinógenas, de diseño o marihuana. También ha patrones en adictos a la cocaína e, incluso, al alcohol en estados graves. 

4.- La paranoia se alimenta de una infancia en la que haya habido abusos de cualquier tipo (sexual, psicológico, físico…) o abandono de los progenitores. 

5.- También es más frecuente en colectivos que han sufrido delitos de odio, acciones racistas o persecuciones por cualquier motivo. 

6.- En la edad adulta puede aparecer por dolor psíquico grave y continuado por un estrés traumático, intenso o continuado. 

7.- Hay autores que ven detrás de la paranoia una personalidad narcisista en extremo que no ha sido capaz de dar respuesta adecuada a algún hecho traumático en su vida. 

8.- En el trastorno delirante siempre hay una ínfima autoestima con una proyección compensatoria muy fuerte. 

9.- La persona con paranoia no ha podido, no ha querido o no ha sabido trabajar la resilencia y no tiene las más mínimas herramientas para introducirse en el autoconocimiento necesario para iniciar el camino del desarrollo personal. 

10.- Por las razones que sean, son personas que se han acostumbrado a vivir (y a crear) conflictos de todo tipo. En esta categoría entran también los agresivos o violentos.  

Tipos de paranoia o del trastorno delirante

Aunque la paranoia admite cualquier situación a la que llegue la fantasía humana, en la práctica clínica se distinguen 4 tipos fundamentales 

1.- Paranoia persecutoria o de persecución 

En ella el individuo se cree víctima de una conspiración general que no le permite salir del emplazamiento anímico en el que se encuentra. De este tipo se han realizado hasta memorables películas en las que los protagonistas creen ser víctimas de un complot del gobierno. No hace falta llegar a estas teorías para tener una paranoia persecutoria, ya que aquí también se engloban esos delirios en los que el individuo cree que la familia, compañeros de trabajo o, incluso, pareja lo siguen para hacerle algo malo. 

2.- Paranoia de grandiosidad 

La persona se cree alguien superior o con unos dones especiales y, por tanto, merecedor de un trato especial. A veces se confunde con el complejo de superioridad o con el narcisismo extremo. Para considerarse paranoia, la persona tiene que presentar un comportamiento disfuncional al máximo. 

3.- Paranoia por erotomanía 

Cuando el individuo se cree el centro del amor, el deseo o la pasión de todos los que están a su alrededor, de un personaje famoso o de alguien totalmente ajeno a su círculo de amistades o relacionales.  

4.- Paranoia por celos o celotipia

En este caso son los celos y afirmaciones infundadas de infidelidad mezclado con un miedo atroz el centro del trastorno delirante. Estos extremos deben ser vigilados por personal médico (y de otro tipo si fuera necesario) cuando se producen en individuos con tendencias violentas. 

Tratamiento de los síntomas de la paranoia o del trastorno delirante

Aunque, como expuse al principio, la persona que sufre de paranoia no es el perfil del que suele pedir ayuda. Sucede lo mismo con el manipulador o el psicópata (aunque sean por motivos distintos). A consulta llegan individuos aquejados de depresión, con duelos complicados o no resueltos, víctimas de acoso e, incluso, esquizofrenia. Sin embargo, en la paranoia hay un concepto de verdad, de estar seguros de las cosas, de afirmar que el delirio es totalmente cierto que se hace muy difícil pedir ayuda de manera personal. Suelen ser los familiares más cercanos los que, de alguna manera u otra, cada uno con las herramientas a su disposición, piden el apoyo profesional e, incluso, el internamiento en unidades psiquiátricas. 

El tratamiento de la paranoia siempre será personalizado pero, en todo caso, intervendrán especialistas en psiquiatría, psicólogos e, incluso agentes sociales que posibiliten la re-integración social. La ayuda psicológica tiene que ser continuada en el tiempo y efectiva a todos los niveles para evitar las recaídas. Los profesionales, en este campo, tienen que estar especializados y/o entrenados. En un primer momento, siempre será necesario ayuda farmacológica. Es importante entrenamientos que posibiliten llevar una vida serena y con la dignidad que, a veces, la paranoia impide. Para que la terapia sea efectiva, en la medida de lo posible, hay que facilitar el ingreso en la vida laboral y un mínimo círculo social.   

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Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

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Clasificado como trastorno de la personalidad paranoide (TPP), la persona que sufre de paranoia se mueve por un miedo injustificado a que otro u otros le hagan daño de diferentes maneras. Convencido de que los demás conspiran o traman males contra él o ella, son individuos suspicaces en extremo, de comportamiento antisocial y con incapacidad para desarrollar vínculos de ningún tipo. Todo ello acaban aislándole de tal manera que esto le causa un gran sufrimiento. La paranoia, en la actualidad, se clasifica como un trastorno delirante y este debe ser sostenido en el tiempo. Esto es, no se considera paranoia un delirio puntual por las razones que sean (shock traumático, consumo de drogas, dolor psíquico agudo…) Esta tiene que formar parte de la personalidad y la manera de estar del mundo de la personalidad paranoide o con trastorno delirante. 

Definiendo la paranoia

Se considera que hasta el 5% de la población general (el 10% de los pacientes clínicos) sufren de paranoia. El individuo está convencido de que los demás están constantemente tramando males contra él, que el universo entero conspira para que no salga adelante, que está constantemente siendo objeto de burla o engaño o que los seres cercanos planean su muerte o algún daño. 

Este convencimiento no puede ser desmontado con razonamientos lógicos e inclusos demostrables por parte de los que están alrededor. Ni que decir tiene que la paranoia necesita de intervención multiprofesional larga en el tiempo para poder controlarla. La persona que sufre de paranoia gestiona toda su vida y su mundo acorde a este convencimiento. Esto va minando cualquier tipo de relación personal, desde las sociales básicas (amigos, vecinos), de pareja (con celos especialmente), laborales (viendo enemigos donde “solo” hay los competidores normales) y familiares. Para huir de tal dolor, la persona que sufre de paranoia va aislándose constantemente perdiendo aún más el contacto con la realidad. 

Ejemplos en los que actúa la paranoia

Ni que decir tiene que estamos ante una dolencia de gravedad que, a veces, incluso, se confunde con la esquizofrenia. A diferencia, en la paranoia no se producen alucinaciones ni visuales ni acústicas. El convencimiento en el trastorno delirante viene de una actitud puramente mental. “Yo lo sé”. “A mí no me engaña”. “Lo he descubierto”… son palabras comunes en este trastorno. Es difícil que una persona con paranoia acuda a terapia. Siempre lo hace instado  (obligado más bien) por personas muy cercanas. El paranoico nunca aceptará que tiene un problema. El o ella nunca está equivocado. Son los demás los que conspiran y planean. Nada malo sucede en su cabeza y lo único que hace es defenderse de una verdad que ha descubierto. Lo vemos con algunos ejemplos.  

1.- En el trabajo, si dos compañeros charlan en un aparte sobre cualquier cosa (de temas laborales o de la última serie de televisión), en la visión de la paranoia están conspirando para dejarlo mal ante sus superiores. El ridículo que planean es de tal envergadura que será imposible escapar a tal bochorno. Ante eso, el paranoico intentará descubrir las intenciones ocultas de los compañeros dejando atrás sus obligaciones laborales. Si hay un despido por la delación de sus funciones, este siempre (bajo la visión de la paranoia) es debido a una conspiración de su entorno. 

2.- La paranoia despliega todo su potencial destructor dentro del hogar y la pareja. El paranoico puede afirmar con convencimiento que su pareja deja la puerta del balcón abierta para que entre un amante cuando está en el baño. Las ideas delirantes suelen ser tan extravagantes a veces que el que está enfrente no sabe cómo posicionarse ante ello para desmontar el relato falso que el paranoico se ha montado en su cabeza. 

3.- Las ideas de persecución o de conspiraciones por parte del otro puede llevarle a afirmar con rotundidad que la pareja intenta asfixiarlo con la almohada solo cuando ha movido el edredón o que esta ha dejado una nota a un asesino en serie en un simple papel que ha tirado a la papelera. 

4.- Los vecinos están preparando en la cocina una bomba para hacer estallar el patio cuando llegue el cartero a entregar las cartas del banco. Nadie podrá convencer al paranoico que el ruido es el de los muebles a hacer limpieza general. 

El universo de delirio de la paranoia es tan amplio que escapa al análisis y a la comprensión de las personas que tienen que lidiar (por su cercanía) con los que sufren este mal. Por eso, el paciente aquejado de trastorno delirante, una vez ha verbalizado esa idea de paranoia ante los demás, estos acaban por alejarse (aunque en un principio quieran ayudar) completando un círculo en el que la paranoia se va alimentando a sí misma. “Me quieren hacer mal y cuando lo he descubierto se alejan.” En su mundo no cabe que el alejamiento se produce ante la difícil convivencia con un paranoico. 

Síntomas de paranoia  

1.- En el plano personal es imposible una convivencia a nivel de pareja. Las relaciones se destruyen al poco tiempo (el suficiente para que el otro se de cuenta del mal y de la incapacidad de ayudar). Es normal que la misma paranoia alimente estos fracasos con frases como “mi ex-pareja me mentía y me era infiel con alguien que casualmente pasaba por allí”, “cuando salía de casa montaba fiestas en las que se me difamaba”, “tenía uno, dos o tres amantes y la única finalidad era burlarse de mí a mis espaldas”. Las historias en torno a estas relaciones a veces superan lo aceptado normalmente con delirios muy difíciles de encajar desde el punto de la razón.  

2.- Casi nunca hay una prueba de que algo tan terrible haya sucedido realmente, que bien es verdad que la maldad humana no tiene límites y hay personas que verdaderamente sufren atrocidades. Pero en la paranoia el relato de los hechos nunca concuerda con un hilo conductor racional. El o ella sabe lo que pasó, lo descubrió pero no tiene ni una sola prueba. 

3.- Son personas suspicaces, con un miedo atroz a ser heridos que se llevan todo el día en estado de vigilancia permanente. Eso no les permite afrontar un trabajo o una vida familiar con cierta normalidad. 

4.- A veces la paranoia se asocia al consumo de drogas diversas: de diseño, alcohol, cocaína y marihuana. Los síntomas, en estas situaciones, se magnifican de tal manera que se puede necesitar incluso internamiento psiquiátrico. 

5.- La persona que sufre paranoia no suele cuidar su aspecto físico más allá de lo necesario.

6.- La reclusión en un entorno seguro es frecuente, ya sea una habitación o en la casa. Cualquier persona del exterior es entendido como un intruso que va a hacer daño sí o sí. Y esta premisa vale para el cartero, el barrendero o alguien que ha llamado al timbre por equivocación.  

7.- Las personas con paranoia tienen tan baja tolerancia a la frustración que la resilencia es mínima. Son incapaces de adaptarse a entornos que impliquen cualquier novedad. Por eso, prefieren la rutina, lo conocido, lo seguro… 

8.- Acaban desarrollando fobia social y su círculo se reduce a un par de personas cuando no terminan literalmente en soledad. 

9.- La paranoia se alimenta con la edad. Esto es, si no se ha logrado conseguir un trabajo esto es porque hay instancias que eliminan las solicitudes o que hablan mal a posta. Conforme se va fracasando en sucesivos intentos, estos se convierten en la “prueba del nueve” de la verdad del paranoico. Lo mismo sucede con amigos, parejas o vecinos.  

10.- La persona con trastorno delirante es un ser triste incapaz de disfrutar de los placeres sencillos de la vida. En todo ve algo terrible contra él o ella. 

11.- La ansiedad es una constante y por eso es frecuente el consumo desordenado de ansiolíticos o, aún peor, de drogas legales o ilegales.  

12.- Los círculos sociales de la persona con paranoia acaban por reducirse drásticamente.  

13.- La persona con paranoia puede reaccionar con violencia (y es frecuente que lo haga) si siente que está siendo atacado. 

14.- También hay un porcentaje elevado de autolesiones. 

15.- Todo ello no significa que estos individuos tengan mermadas su capacidad de decisión o de raciocinio como sucede en la esquizofrenia. Distinguen perfectamente el bien del mal y están lúcidos para saber qué es la voluntad y la libertad. Por la naturaleza de la dolencia tiene una clara delimitación entre el yo y el otro. 

Causas de la paranoia

Aunque hay estudios recientes que han visto modificaciones cerebrales en personas con paranoia, aún no se saben cómo actúan estas o cómo se han producido. Tampoco se conoce ningún mecanismo de reversión. Eso, al menos, por ahora, aunque las investigaciones son, a veces ambiciosas. Sí se ha descubierto un patrón.  

1.- Es más frecuente la paranoia en individuos criados en entornos negligentes, con una madre narcisista que crea familias tóxicas o simplemente progenitores ausentes. 

2.- También es más frecuente en familias con antecedentes de la misma enfermedad o de esquizofrenia. Esto es, habría un factor genético desencadenante aunque aún no se ha descubierto el proceso. 

3.- La paranoia es uno de los desencadenantes  del consumo de drogas alucinógenas, de diseño o marihuana. También ha patrones en adictos a la cocaína e, incluso, al alcohol en estados graves. 

4.- La paranoia se alimenta de una infancia en la que haya habido abusos de cualquier tipo (sexual, psicológico, físico…) o abandono de los progenitores. 

5.- También es más frecuente en colectivos que han sufrido delitos de odio, acciones racistas o persecuciones por cualquier motivo. 

6.- En la edad adulta puede aparecer por dolor psíquico grave y continuado por un estrés traumático, intenso o continuado. 

7.- Hay autores que ven detrás de la paranoia una personalidad narcisista en extremo que no ha sido capaz de dar respuesta adecuada a algún hecho traumático en su vida. 

8.- En el trastorno delirante siempre hay una ínfima autoestima con una proyección compensatoria muy fuerte. 

9.- La persona con paranoia no ha podido, no ha querido o no ha sabido trabajar la resilencia y no tiene las más mínimas herramientas para introducirse en el autoconocimiento necesario para iniciar el camino del desarrollo personal. 

10.- Por las razones que sean, son personas que se han acostumbrado a vivir (y a crear) conflictos de todo tipo. En esta categoría entran también los agresivos o violentos.  

Tipos de paranoia o del trastorno delirante

Aunque la paranoia admite cualquier situación a la que llegue la fantasía humana, en la práctica clínica se distinguen 4 tipos fundamentales 

1.- Paranoia persecutoria o de persecución 

En ella el individuo se cree víctima de una conspiración general que no le permite salir del emplazamiento anímico en el que se encuentra. De este tipo se han realizado hasta memorables películas en las que los protagonistas creen ser víctimas de un complot del gobierno. No hace falta llegar a estas teorías para tener una paranoia persecutoria, ya que aquí también se engloban esos delirios en los que el individuo cree que la familia, compañeros de trabajo o, incluso, pareja lo siguen para hacerle algo malo. 

2.- Paranoia de grandiosidad 

La persona se cree alguien superior o con unos dones especiales y, por tanto, merecedor de un trato especial. A veces se confunde con el complejo de superioridad o con el narcisismo extremo. Para considerarse paranoia, la persona tiene que presentar un comportamiento disfuncional al máximo. 

3.- Paranoia por erotomanía 

Cuando el individuo se cree el centro del amor, el deseo o la pasión de todos los que están a su alrededor, de un personaje famoso o de alguien totalmente ajeno a su círculo de amistades o relacionales.  

4.- Paranoia por celos o celotipia

En este caso son los celos y afirmaciones infundadas de infidelidad mezclado con un miedo atroz el centro del trastorno delirante. Estos extremos deben ser vigilados por personal médico (y de otro tipo si fuera necesario) cuando se producen en individuos con tendencias violentas. 

Tratamiento de los síntomas de la paranoia o del trastorno delirante

Aunque, como expuse al principio, la persona que sufre de paranoia no es el perfil del que suele pedir ayuda. Sucede lo mismo con el manipulador o el psicópata (aunque sean por motivos distintos). A consulta llegan individuos aquejados de depresión, con duelos complicados o no resueltos, víctimas de acoso e, incluso, esquizofrenia. Sin embargo, en la paranoia hay un concepto de verdad, de estar seguros de las cosas, de afirmar que el delirio es totalmente cierto que se hace muy difícil pedir ayuda de manera personal. Suelen ser los familiares más cercanos los que, de alguna manera u otra, cada uno con las herramientas a su disposición, piden el apoyo profesional e, incluso, el internamiento en unidades psiquiátricas. 

El tratamiento de la paranoia siempre será personalizado pero, en todo caso, intervendrán especialistas en psiquiatría, psicólogos e, incluso agentes sociales que posibiliten la re-integración social. La ayuda psicológica tiene que ser continuada en el tiempo y efectiva a todos los niveles para evitar las recaídas. Los profesionales, en este campo, tienen que estar especializados y/o entrenados. En un primer momento, siempre será necesario ayuda farmacológica. Es importante entrenamientos que posibiliten llevar una vida serena y con la dignidad que, a veces, la paranoia impide. Para que la terapia sea efectiva, en la medida de lo posible, hay que facilitar el ingreso en la vida laboral y un mínimo círculo social.   

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Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

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No son los hados ni la mala suerte ni siquiera un don especial para elegir la opción menos favorable. Con toda probabilidad es tu autoestima baja la que te está gastando estas malas jugadas.  Quizás te estés preguntando por qué todo te pasa a ti. Eliges las peores parejas posibles, las que no te respetan, las que boicotean cualquier apoyo para impedir que seas tu mejor versión. Te has conformado con un trabajo que no te satisface, estás hasta arriba de tareas poco satisfactorias y apenas tiempo para ti. Puede, incluso, que te sea difícil encontrar la motivación para ir al gimnasio, para cuidarte, para tener tiempo... Puede que hayas sufrido bullying de joven, acoso en el trabajo, que te sientas culpable por todo… 

Ya es hora de que pongamos nombre a esto que te pasa y el nombre es autoestima baja, pobre autovaloración y, en definitiva no quererse a uno mismo. Tú me dirás que sí, que sí te quieres pero es que haces las cosas “mal”, que es difícil el cambio, el enfrentamiento (con lo que sea y no es cuestión de salir con pistolas a la calle), que te encuentras con problemas para manejar las palabras que expresen lo que sientes realmente. Una persona con autoestima baja tiene dificultades para manejar la asertividad, esto es, le es difícil verbalizar lo que necesita sin egoísmos y sin herir los demás. Pero vamos por partes que el tema da para largo. 

¿Qué es la autovaloración y una autoestima baja o alta? 

Podemos definirlo como ese reflejo que te devuelve el espejo, como la imagen que tienes de ti mismo, como el cariño, la comprensión y la comunicación que mantienes con tu niñ@ interior. La autoestima es aquello que estamos dispuestos a hacer por nosotros mismos lo mismo que lo hacemos con un ser querido, un amigo o un compañero de trabajo. Es la comprensión que tenemos de nuestros problemas, el sabernos escuchar y ponernos en nuestro sitio sin dañar a nadie pero, a la vez, no permitiendo que nos dañen. La autoestima (en su punto óptimo) es la mejor arma que tenemos para salir airosos de todos los avatares de la vida… Bueno… también una buena dosis de motivación (imposible si tenemos una autoestima baja) y constancia para conseguir nuestros objetivos sean cuales sean.  

Por tanto, podríamos definir una autoestima baja como un reflejo pésimo de nosotros mismos que nos devuelve ese espejo imaginario. En estos casos no nos consideramos merecedores de nada y el sentimiento de culpa es constante. En este estado todo lo que hacemos es para agradar a los otros, ya sea pareja, amigos, familia o compañeros de trabajo. Aceptamos cargas que no nos corresponden e, incluso, permitimos que invadan nuestro espacio vital aceptando juicios de valor negativos que no proceden. 

Una autoestima óptima (a la que hay que aspirar) nos permite reconocernos con nuestras virtudes y valores. Nos da herramientas para perdonar nuestros errores y aprender de ellos. Nos entrega fortaleza, valentía y ánimo para seguir a pesar de los problemas. Nos lleva hacia la vibración del amor, allí donde reside la comprensión sin perder nuestra entidad.  

Una autoestima elevada, por el contrario, puede encaminarnos hacia el egocentrismo o, lo que es peor, nos puede convertir en un ser narcisista. Por eso tenemos que estar vigilantes, trabajarnos constantemente e interrogarnos sin parar. Es una de las grandezas del ser humano. 

Razones por las que sufres de una autoestima baja 

Y ahora te preguntarás por qué has llegado hasta aquí, cuáles han sido las circunstancias por las que tienes una baja autoestima. Enumero solo algunas porque en estos casos los desencadenantes son siempre complejos. Aquí van los más comunes. 

1.- El origen de una autoestima baja suele estar en la niñez. El pequeño que va creciendo y busca la autovaloración de su entorno, por las razones que sea no la encuentra. Niñas que crecen en un entorno machista en el que se les inculcan desde la cuna una posición de sumisión y servicio acaban desarrollando una autoestima baja. En un buen porcentaje de casos hay progenitores ausentes (por las razones que sea) o, directamente, una madre narcisista más preocupada de sus caprichos que de las necesidades de sus vástagos. El niño o la niña que cae en estos entornos aprende desde muy pronto que es mejor el silencio, no expresar sus necesidades (a veces ni las más elementales) y va configurando un universo en el que se cree un ser sin importancia. Aquello que le preocupa o que le genera malestar es desoído y silenciado. De adultos estas personas se acostumbran a dejarse para después, a estar más pendientes de lo demás que de sí mismos, a buscar la valoración que no han aprendido en los demás. Son personas susceptibles a las críticas y van buscando desesperadamente el amor normalmente en personas que no saben dar. 

2.- Los niños que son “diferentes”  sin entrar en más valoración y juicio y no encuentran el suficiente refuerzo en el hogar tienden a gestionar las relaciones sociales de manera disfuncional. Este es un caldo de cultivo no solo para el bullying sino también para desarrollar una autoestima baja. 

3.- De mayores se puede uno resbalar aquí por la acción del maltrato (del físico por supuesto pero, sobre todo, del psicológico). La autoestima baja crece en entornos de pareja donde uno de los miembros ejerce un control sobre el otro. Una persona que esté pasando un mal momento, un cambio radical en su vida o que se encuentre (por las razones que sea) sola y perdida es una presa y víctima fácil para los psicópatas (hombres o mujeres). Estos individuos de una manera calculada, sin tregua y constantemente se dedican a desarrollar una autoestima baja en el otro. Es la manera más fácil de dominarlo. A veces la situación llega a extremos como el gaslighting

 

Cómo se manifiesta una autoestima baja en tu día a día

En ocasiones,  se necesita acompañamiento profesional para reforzar la autoestima de la persona. Si crees que puedes estar en esta encrucijada, atentos a estas señales:  

1.- Seguramente te encuentres en un estado de postración, de tristeza, de pérdida e, incluso, en una depresión. No sabes en que momento abandonaste tu niño o niña interior, tus sueños y nada a tu alrededor te devuelve alegría.  

2.- Tienes sentimiento de culpa por todo y por cualquier cosa. 

3.- Priorizas a los demás ante que a ti mismo. No encuentras ese momento para empezar, continuar o hacer lo que te gusta o te gustaría. 

4.- Sientes que dejas a los demás que den opiniones sobre tu persona y siempre mal intencionadas. Otra cosa es un amigo que ayuda de verdad. Las personas con autoestima baja suelen ser el blanco de las críticas destructivas, de los comentarios de lo que deberías o no hacer viniendo de individuos que no saben qué hacer con sus propias vidas. 

5.- No te ves con fuerza moral para salir de tus zona de confort, un sitio peligroso donde no estás a gusto pero te apoltronas haciéndote la víctima. 

 

¿Qué puedes hacer para elevar tu autoestima? Comienza a hablar con tu niño o niña interior 

Ni que decir tiene que, en este sentido, cada persona es un mundo, pero sí hay elementos comunes a la hora de empezar a reflejar una mejor imagen de ti mismo. En primer lugar, tienes que empezar a reconocerte y a quererte. Esto que se dice muy fácil (en una frase) es harto complicado de llevar a cabo. Comienza con un ejercicio sencillo. Cuando sientas o sospeche que no te estás tratando bien, pregúntate si eso mismo que te dices, permites a otros o consientes que te hagan lo harías con un ser querido. Si la respuesta es no, ya tienes el camino del cambio abierto ante ti. 

Sin acción no hay reacción. Sin pequeños y grandes gestos que cambien tu mundo no va a ser posible que el espejo te devuelva una mejor imagen. Empieza por escucharte, por hablar con tu niño o niña interior, con aquello que un día fuiste y querías llegar a ser. Es complicado y se necesita práctica. Con constancia se consigue. Háblale a ese niño que tenía grandes sueños para ti. Explícale cómo te equivocaste o acertaste, cuéntale tus logros, pídele perdón por los errores, por las veces que no escuchaste su voz. Cuéntale los planes de mejora. Haz un calendario e intenta por todos los medios cumplirlo. No tengas metas grandiosas fáciles de abandonar nada más empezar. Ve poco a poco. Y reconoce cada logro cada mañana. 

Actúa y no te quedes en la ensoñación. Intenta enfrentarte a aquello que te da miedo. Hazlo poco a poco y ve tomando fuerzas. Antes que te des cuenta el espejo reflejará una persona que valora lo que es, que reconoce sus logros, que perdona sus errores y aprende de ello, que se lanza con valentía por la senda del amor (la única posible para crecer como personas), que sabe poner límites a quienes invaden su espacio sin permiso y, a la vez, regala abrazos, tiempo, compresión y cariño a quienes se lo merecen. 

¿A que te apuntas a esta plan? Ya sabes… hay que recortar cuanto antes esa autoestima baja y ponerla a punto. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

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No son los hados ni la mala suerte ni siquiera un don especial para elegir la opción menos favorable. Con toda probabilidad es tu autoestima baja la que te está gastando estas malas jugadas.  Quizás te estés preguntando por qué todo te pasa a ti. Eliges las peores parejas posibles, las que no te respetan, las que boicotean cualquier apoyo para impedir que seas tu mejor versión. Te has conformado con un trabajo que no te satisface, estás hasta arriba de tareas poco satisfactorias y apenas tiempo para ti. Puede, incluso, que te sea difícil encontrar la motivación para ir al gimnasio, para cuidarte, para tener tiempo... Puede que hayas sufrido bullying de joven, acoso en el trabajo, que te sientas culpable por todo… 

Ya es hora de que pongamos nombre a esto que te pasa y el nombre es autoestima baja, pobre autovaloración y, en definitiva no quererse a uno mismo. Tú me dirás que sí, que sí te quieres pero es que haces las cosas “mal”, que es difícil el cambio, el enfrentamiento (con lo que sea y no es cuestión de salir con pistolas a la calle), que te encuentras con problemas para manejar las palabras que expresen lo que sientes realmente. Una persona con autoestima baja tiene dificultades para manejar la asertividad, esto es, le es difícil verbalizar lo que necesita sin egoísmos y sin herir los demás. Pero vamos por partes que el tema da para largo. 

¿Qué es la autovaloración y una autoestima baja o alta? 

Podemos definirlo como ese reflejo que te devuelve el espejo, como la imagen que tienes de ti mismo, como el cariño, la comprensión y la comunicación que mantienes con tu niñ@ interior. La autoestima es aquello que estamos dispuestos a hacer por nosotros mismos lo mismo que lo hacemos con un ser querido, un amigo o un compañero de trabajo. Es la comprensión que tenemos de nuestros problemas, el sabernos escuchar y ponernos en nuestro sitio sin dañar a nadie pero, a la vez, no permitiendo que nos dañen. La autoestima (en su punto óptimo) es la mejor arma que tenemos para salir airosos de todos los avatares de la vida… Bueno… también una buena dosis de motivación (imposible si tenemos una autoestima baja) y constancia para conseguir nuestros objetivos sean cuales sean.  

Por tanto, podríamos definir una autoestima baja como un reflejo pésimo de nosotros mismos que nos devuelve ese espejo imaginario. En estos casos no nos consideramos merecedores de nada y el sentimiento de culpa es constante. En este estado todo lo que hacemos es para agradar a los otros, ya sea pareja, amigos, familia o compañeros de trabajo. Aceptamos cargas que no nos corresponden e, incluso, permitimos que invadan nuestro espacio vital aceptando juicios de valor negativos que no proceden. 

Una autoestima óptima (a la que hay que aspirar) nos permite reconocernos con nuestras virtudes y valores. Nos da herramientas para perdonar nuestros errores y aprender de ellos. Nos entrega fortaleza, valentía y ánimo para seguir a pesar de los problemas. Nos lleva hacia la vibración del amor, allí donde reside la comprensión sin perder nuestra entidad.  

Una autoestima elevada, por el contrario, puede encaminarnos hacia el egocentrismo o, lo que es peor, nos puede convertir en un ser narcisista. Por eso tenemos que estar vigilantes, trabajarnos constantemente e interrogarnos sin parar. Es una de las grandezas del ser humano. 

Razones por las que sufres de una autoestima baja 

Y ahora te preguntarás por qué has llegado hasta aquí, cuáles han sido las circunstancias por las que tienes una baja autoestima. Enumero solo algunas porque en estos casos los desencadenantes son siempre complejos. Aquí van los más comunes. 

1.- El origen de una autoestima baja suele estar en la niñez. El pequeño que va creciendo y busca la autovaloración de su entorno, por las razones que sea no la encuentra. Niñas que crecen en un entorno machista en el que se les inculcan desde la cuna una posición de sumisión y servicio acaban desarrollando una autoestima baja. En un buen porcentaje de casos hay progenitores ausentes (por las razones que sea) o, directamente, una madre narcisista más preocupada de sus caprichos que de las necesidades de sus vástagos. El niño o la niña que cae en estos entornos aprende desde muy pronto que es mejor el silencio, no expresar sus necesidades (a veces ni las más elementales) y va configurando un universo en el que se cree un ser sin importancia. Aquello que le preocupa o que le genera malestar es desoído y silenciado. De adultos estas personas se acostumbran a dejarse para después, a estar más pendientes de lo demás que de sí mismos, a buscar la valoración que no han aprendido en los demás. Son personas susceptibles a las críticas y van buscando desesperadamente el amor normalmente en personas que no saben dar. 

2.- Los niños que son “diferentes”  sin entrar en más valoración y juicio y no encuentran el suficiente refuerzo en el hogar tienden a gestionar las relaciones sociales de manera disfuncional. Este es un caldo de cultivo no solo para el bullying sino también para desarrollar una autoestima baja. 

3.- De mayores se puede uno resbalar aquí por la acción del maltrato (del físico por supuesto pero, sobre todo, del psicológico). La autoestima baja crece en entornos de pareja donde uno de los miembros ejerce un control sobre el otro. Una persona que esté pasando un mal momento, un cambio radical en su vida o que se encuentre (por las razones que sea) sola y perdida es una presa y víctima fácil para los psicópatas (hombres o mujeres). Estos individuos de una manera calculada, sin tregua y constantemente se dedican a desarrollar una autoestima baja en el otro. Es la manera más fácil de dominarlo. A veces la situación llega a extremos como el gaslighting

 

Cómo se manifiesta una autoestima baja en tu día a día

En ocasiones,  se necesita acompañamiento profesional para reforzar la autoestima de la persona. Si crees que puedes estar en esta encrucijada, atentos a estas señales:  

1.- Seguramente te encuentres en un estado de postración, de tristeza, de pérdida e, incluso, en una depresión. No sabes en que momento abandonaste tu niño o niña interior, tus sueños y nada a tu alrededor te devuelve alegría.  

2.- Tienes sentimiento de culpa por todo y por cualquier cosa. 

3.- Priorizas a los demás ante que a ti mismo. No encuentras ese momento para empezar, continuar o hacer lo que te gusta o te gustaría. 

4.- Sientes que dejas a los demás que den opiniones sobre tu persona y siempre mal intencionadas. Otra cosa es un amigo que ayuda de verdad. Las personas con autoestima baja suelen ser el blanco de las críticas destructivas, de los comentarios de lo que deberías o no hacer viniendo de individuos que no saben qué hacer con sus propias vidas. 

5.- No te ves con fuerza moral para salir de tus zona de confort, un sitio peligroso donde no estás a gusto pero te apoltronas haciéndote la víctima. 

 

¿Qué puedes hacer para elevar tu autoestima? Comienza a hablar con tu niño o niña interior 

Ni que decir tiene que, en este sentido, cada persona es un mundo, pero sí hay elementos comunes a la hora de empezar a reflejar una mejor imagen de ti mismo. En primer lugar, tienes que empezar a reconocerte y a quererte. Esto que se dice muy fácil (en una frase) es harto complicado de llevar a cabo. Comienza con un ejercicio sencillo. Cuando sientas o sospeche que no te estás tratando bien, pregúntate si eso mismo que te dices, permites a otros o consientes que te hagan lo harías con un ser querido. Si la respuesta es no, ya tienes el camino del cambio abierto ante ti. 

Sin acción no hay reacción. Sin pequeños y grandes gestos que cambien tu mundo no va a ser posible que el espejo te devuelva una mejor imagen. Empieza por escucharte, por hablar con tu niño o niña interior, con aquello que un día fuiste y querías llegar a ser. Es complicado y se necesita práctica. Con constancia se consigue. Háblale a ese niño que tenía grandes sueños para ti. Explícale cómo te equivocaste o acertaste, cuéntale tus logros, pídele perdón por los errores, por las veces que no escuchaste su voz. Cuéntale los planes de mejora. Haz un calendario e intenta por todos los medios cumplirlo. No tengas metas grandiosas fáciles de abandonar nada más empezar. Ve poco a poco. Y reconoce cada logro cada mañana. 

Actúa y no te quedes en la ensoñación. Intenta enfrentarte a aquello que te da miedo. Hazlo poco a poco y ve tomando fuerzas. Antes que te des cuenta el espejo reflejará una persona que valora lo que es, que reconoce sus logros, que perdona sus errores y aprende de ello, que se lanza con valentía por la senda del amor (la única posible para crecer como personas), que sabe poner límites a quienes invaden su espacio sin permiso y, a la vez, regala abrazos, tiempo, compresión y cariño a quienes se lo merecen. 

¿A que te apuntas a esta plan? Ya sabes… hay que recortar cuanto antes esa autoestima baja y ponerla a punto. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

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El arte, la literatura y la mitología lo representan sumidos en ambientes oscuros e invadidos por el miedo. Solos y solitarios (abandonados casi a su suerte), su mundo es pequeño, asfixiante y triste. Toda su preocupación es atesorar y no dar ya que están convencidos de que una catástrofe terrible se cierne sobre ellos si hicieran algo semejante. Son los tacaños, esas personas que ahorran hasta el último céntimo y no gastan en lo necesario para sí o los que están cerca. La convivencia con ellos se hace complicada ya que siempre están barruntando algo terrible si gastan en algo que ellos no consideran imprescindible. Si la literatura está repleto de estas peculiares personalidades, tampoco se queda atrás el avaro. Este es el que ha dado un paso más hacia la infelicidad, ya que nunca estarán satisfecho con lo que tienen y la avidez (sentido presente en la palabra) consumirá su vida como el sediento que nunca puede calmar la sed. 

¿Qué decía Freud del tacaño y su infancia? 

El padre del psicoanálisis y fundador de la psicología moderna, le dedicó un pequeño estudio al tacaño. Lo definía como una persona que no tuvo amor de sus padres en la infancia y que la única forma de “castigar” o llamar la atención de los progenitores era reteniendo las heces cuando era instando a expulsarlas. Esto le producía un placer físico que su inconsciente grabó de una manera peculiar asociando felicidad con acaparar. Si el pequeño encontraba placer en no dar las heces a unos padres poco cuidadosos, pronto se acostumbra a sentir satisfacción en retener cualquier cosa. Y ese cualquier cosa va desde bienes materiales hasta los espirituales. Esto es, el tacaño, el avaro o el codicioso (el que da otro pasa más deseando los bienes o dones que no le pertenecen) son miserables a la hora de gastar dinero por supuesto, pero también a la hora de alegrar la vida a los que le rodean con la generosidad de dones espirituales.  

El avaro que ha caído en el pecado capital de la codicia

Para el Cristianismo la codicia, la avaricia, es un pecado capital. Esto es, es una falta tan importante que lleva implícita otras. El tacaño (en todas sus modalidades) no puede o no quiere rendirse al regalo del amor y se parapeta en los castillos de miedo. Pero no solo para el Cristianismo esta forma de vida es incompatible con una existencia en armonía, también lo es para Buda. Y lo es por que la iluminación (y el Nirvana en un paso más elevado) es incompatible con el apego a los bienes terrenales.  

¿Quiero con esto decir que tenemos que dejar todo atrás si queremos alcanzar la Gracia en este o en otro mundo? ¡Ni mucho menos! Pero, como todo en la vida, hay que dejarlo en justo término. El tacaño tiene apego, miedo y, como cualquier otro tipo de personas tóxicas, le cuesta abandonarse a la generosidad del amor.  

10 características principales del tacaño y el avaro

1.- Tiene miedo constantemente al futuro

La vibración espiritual más elevada del ser humano es la del amor. En el lado contrario no está el odio sino el miedo. Cuando una persona cae, ha caído y siempre está en este emplazamiento todo le parece inquietante e impredecible. Ni que decir tiene que la vida no puede organizarse conforme a un plan porque eso no nos compete a nosotros. Siempre habrá algo que choque con nuestros proyectos, ideales y sueños. El tacaño o el avaro no pueden con esto. Para ellos afrontar estas contingencias se les hace imposible. Por eso acaparan y acaparan sin dar nada. Así se sienten tranquilos en una falsa seguridad, ya que creen que el dinero arreglará cualquier problema. 

2.- La falta de autoestima le ha llevado a refugiarse en los bienes materiales

¿Y por qué un tacaño o un avaro se refugian en acumular sin sentido? Sencillamente, porque su autoestima (la confianza en poder solventar cualquier contratiempo) es tan baja que es la única manera que tienen de sentirse tranquilos. Una persona normal puede dejar su cuenta a cero si tiene fe en que podrá salir de cualquier situación por ella misma. El tacaño y el avaro están en el lado contrario. Cualquier gasto imprevisto o un retraso en un pago les hace caer en un pozo de negrura emocional del que creen no poder salir. En el fondo, están en una cárcel cuyos barrotes es el miedo.  

3.- El tacaño y el avaro no han cultivado ninguna virtud

Toda su energía vital se va en cómo ganar más y cómo economizar. Llevan las cuentas al día y al céntimo. Se enfadan terriblemente si se retrasa un pago y pueden pillar una depresión si llega un gasto imprevisto. ¡Qué puede haber más triste que una vida así se me permites el juicio de valor! Ni que decir tiene que no es un dechado de valores. Esa falta que le lleva a atesorar la tienen en todo. Es incapaz de amar, de la amistad sincera, del desprendimiento espiritual, del regalo del conocimiento. Es normal que el tacaño y el avaro desprecien dones como el arte, la cultura, la superación a través del deporte, el tiempo generosamente invertido en otros. 

4.- Es cobarde por excelencia y se parapeta en otros 

Como es normal en este tipo de gente tóxica, no da la cara. Se las apaña para hablar a través de otros,  de actuar a través de terceros. Es incapaz de ser asertivo y decir abiertamente (no ya lo que siente que eso es muy difícil) sino de expresar sinceramente cualquier hecho. Gusta de darle vueltas a todo y de enredar por cualquier cosa. Buscará la excusa más tonta para no pagar lo que debe (aunque sea poco) y hará lo imposible (aunque sea poco) por recuperar lo que cree que le pertenece. 

5.- No duda en acudir al robo, a la intimidación o a la violencia para conseguir sus fines

Aunque tampoco dudará en darle las vueltas a la situación para apropiarse de lo que no es suyo  buscando excusas elaboradas si hiciera falta para guardar más y más. Es una persona atrapada en un miedo terrible del que no puede salir.. Para este tipo de individuos (hombres o mujeres) es su comportamiento el correcto. Los demás son los que están equivocados y los que quieren llevarles por el camino del desprendimiento y la ruina posterior. 

6.- El tacaño y el avaro mienten y son escurridizos

Pero son ellos los que se meten poco a poco en su propia ruina (y ya no hablo de la económica). Para conseguir sus fines, no dudan en recurrir a la mentira, a la calumnia, a la descalificación y, por tanto, apartan a los demás de sí. Un socio, un jefe o un superior en el trabajo con este mal lleva a los que están a su alrededor al síndrome de burnout o a otras situaciones peores. 

7.-  El amor implica generosidad, virtud que no pueden manifestar estas personas

Pero no es menos en los cuatro muros del hogar. Es aquí donde la convivencia se hace triste porque el tacaño o el avaro no ofrece lo necesario a los suyos. Eso va creando un ambiente de resentimiento y, a la postre, de ira contra este tipo de individuos por parte de sus seres queridos. La falta de generosidad económica acarrea también a retener cariño, comprensión, empatía, complicidad y amor. Esto va creando una situación irrespirable que lleva a estas personas a la soledad o, lo que es peor, a tener solo a interesados a su alrededor. Un cabeza de familia (madre o padre) que retiene bienes materiales de esta forma solo consigue que sus vástagos anhelen disfrutar de una herencia, ya que no pueden hacerlo en vida. 

8.- Tienen un círculo social muy reducido y acaban por quedarse solos

Como no gastan en un café, no invitan en Navidad, no hacen regalos generosos (o no lo hacen sin más) suelen ir quedándose solos. Además el avaro y el tacaño (como he expuesto) también lo son en los dones espirituales e intelectuales. Todo su mundo acaba siendo el mismo: el del atesoramiento, la economía y el miedo. No tienen el desprendimiento de una conversación amable. Si lo hacen, es para sacarte información que puedan utilizar para sus propios fines. 

9.- El tacaño y el avaro solo tendrá relaciones por interés

Por eso no soportan a personas que buscan la excelencia, la generosidad o que ansían la libertad espiritual. Estos seres de luz les devuelven constantemente la oscuridad de su miedo. Tampoco se pararán a la hora de ridiculizar a los que no se mueven por su avidez y ansia. 

10.- Su sed de ahorro les lleva a poner en riesgo su bienestar y el de los suyos

Apagará la calefacción antes de tiempo. Quizás no compre ese medicamento necesario. Habrá quien obligará a una ducha corta con agua fría. El ambiente de la casa nunca será hogareño, acogedor, delicioso. Tendrán millones y no se gastarán un céntimo en una celebración familiar. Eso será regalar y no podrá soportarlo. Vivirá haciendo pequeños gestos que transparente su espíritu miserable si pararse a dar al otro lo que necesita, sueña o, incluso, desea en un momento dado. Le gustará de esconderse en sitios oscuros y querrá tener sus tesoros al alcance donde pueda contarlo una y otra vez. Así tendrá una paz momentánea que no puede alcanzar con un espíritu desprendido que no conoce.  

¿Cómo convivir con una persona que no puede dar? 

Muy difícilmente y en esto están de acuerdo todos los terapeutas. La convivencia se hace triste y no tanto por falta de dinero. Hay familias, parejas, amigos o compañeros pobres desde el punto de vista de la economía pero multimillonarios en espíritu que llevan una vida dichosa. Si bien los bienes materiales nos pueden ayudar a alcanzar aquello que deseamos (cultura, conocimiento, acceso a medicamentos, una vida más cómoda…) y, por tanto, nos empujan a la felicidad, esto no es suficiente. La dicha nace de dentro, de la falta de miedo (y aquí están atrapados avaros y tacaños), del amor generoso y de la confianza en el mañana. 

El día a día con estas personas se hace imposible, oscuro, triste ya que empañan cualquier cosa con su pesimismo. Suelen ser individuos carcomidos por la inseguridad y la angustia. Y eso arrastra a los que están a su alrededor. Por eso, van progresivamente quedándose solos. Y no nos engañemos: un tacaño o un avaro será difícil que intente “redimirse”. Es imposible porque cree que son los demás los que se enfrentan a la vida de manera temeraria. 

Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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El arte, la literatura y la mitología lo representan sumidos en ambientes oscuros e invadidos por el miedo. Solos y solitarios (abandonados casi a su suerte), su mundo es pequeño, asfixiante y triste. Toda su preocupación es atesorar y no dar ya que están convencidos de que una catástrofe terrible se cierne sobre ellos si hicieran algo semejante. Son los tacaños, esas personas que ahorran hasta el último céntimo y no gastan en lo necesario para sí o los que están cerca. La convivencia con ellos se hace complicada ya que siempre están barruntando algo terrible si gastan en algo que ellos no consideran imprescindible. Si la literatura está repleto de estas peculiares personalidades, tampoco se queda atrás el avaro. Este es el que ha dado un paso más hacia la infelicidad, ya que nunca estarán satisfecho con lo que tienen y la avidez (sentido presente en la palabra) consumirá su vida como el sediento que nunca puede calmar la sed. 

¿Qué decía Freud del tacaño y su infancia? 

El padre del psicoanálisis y fundador de la psicología moderna, le dedicó un pequeño estudio al tacaño. Lo definía como una persona que no tuvo amor de sus padres en la infancia y que la única forma de “castigar” o llamar la atención de los progenitores era reteniendo las heces cuando era instando a expulsarlas. Esto le producía un placer físico que su inconsciente grabó de una manera peculiar asociando felicidad con acaparar. Si el pequeño encontraba placer en no dar las heces a unos padres poco cuidadosos, pronto se acostumbra a sentir satisfacción en retener cualquier cosa. Y ese cualquier cosa va desde bienes materiales hasta los espirituales. Esto es, el tacaño, el avaro o el codicioso (el que da otro pasa más deseando los bienes o dones que no le pertenecen) son miserables a la hora de gastar dinero por supuesto, pero también a la hora de alegrar la vida a los que le rodean con la generosidad de dones espirituales.  

El avaro que ha caído en el pecado capital de la codicia

Para el Cristianismo la codicia, la avaricia, es un pecado capital. Esto es, es una falta tan importante que lleva implícita otras. El tacaño (en todas sus modalidades) no puede o no quiere rendirse al regalo del amor y se parapeta en los castillos de miedo. Pero no solo para el Cristianismo esta forma de vida es incompatible con una existencia en armonía, también lo es para Buda. Y lo es por que la iluminación (y el Nirvana en un paso más elevado) es incompatible con el apego a los bienes terrenales.  

¿Quiero con esto decir que tenemos que dejar todo atrás si queremos alcanzar la Gracia en este o en otro mundo? ¡Ni mucho menos! Pero, como todo en la vida, hay que dejarlo en justo término. El tacaño tiene apego, miedo y, como cualquier otro tipo de personas tóxicas, le cuesta abandonarse a la generosidad del amor.  

10 características principales del tacaño y el avaro

1.- Tiene miedo constantemente al futuro

La vibración espiritual más elevada del ser humano es la del amor. En el lado contrario no está el odio sino el miedo. Cuando una persona cae, ha caído y siempre está en este emplazamiento todo le parece inquietante e impredecible. Ni que decir tiene que la vida no puede organizarse conforme a un plan porque eso no nos compete a nosotros. Siempre habrá algo que choque con nuestros proyectos, ideales y sueños. El tacaño o el avaro no pueden con esto. Para ellos afrontar estas contingencias se les hace imposible. Por eso acaparan y acaparan sin dar nada. Así se sienten tranquilos en una falsa seguridad, ya que creen que el dinero arreglará cualquier problema. 

2.- La falta de autoestima le ha llevado a refugiarse en los bienes materiales

¿Y por qué un tacaño o un avaro se refugian en acumular sin sentido? Sencillamente, porque su autoestima (la confianza en poder solventar cualquier contratiempo) es tan baja que es la única manera que tienen de sentirse tranquilos. Una persona normal puede dejar su cuenta a cero si tiene fe en que podrá salir de cualquier situación por ella misma. El tacaño y el avaro están en el lado contrario. Cualquier gasto imprevisto o un retraso en un pago les hace caer en un pozo de negrura emocional del que creen no poder salir. En el fondo, están en una cárcel cuyos barrotes es el miedo.  

3.- El tacaño y el avaro no han cultivado ninguna virtud

Toda su energía vital se va en cómo ganar más y cómo economizar. Llevan las cuentas al día y al céntimo. Se enfadan terriblemente si se retrasa un pago y pueden pillar una depresión si llega un gasto imprevisto. ¡Qué puede haber más triste que una vida así se me permites el juicio de valor! Ni que decir tiene que no es un dechado de valores. Esa falta que le lleva a atesorar la tienen en todo. Es incapaz de amar, de la amistad sincera, del desprendimiento espiritual, del regalo del conocimiento. Es normal que el tacaño y el avaro desprecien dones como el arte, la cultura, la superación a través del deporte, el tiempo generosamente invertido en otros. 

4.- Es cobarde por excelencia y se parapeta en otros 

Como es normal en este tipo de gente tóxica, no da la cara. Se las apaña para hablar a través de otros,  de actuar a través de terceros. Es incapaz de ser asertivo y decir abiertamente (no ya lo que siente que eso es muy difícil) sino de expresar sinceramente cualquier hecho. Gusta de darle vueltas a todo y de enredar por cualquier cosa. Buscará la excusa más tonta para no pagar lo que debe (aunque sea poco) y hará lo imposible (aunque sea poco) por recuperar lo que cree que le pertenece. 

5.- No duda en acudir al robo, a la intimidación o a la violencia para conseguir sus fines

Aunque tampoco dudará en darle las vueltas a la situación para apropiarse de lo que no es suyo  buscando excusas elaboradas si hiciera falta para guardar más y más. Es una persona atrapada en un miedo terrible del que no puede salir.. Para este tipo de individuos (hombres o mujeres) es su comportamiento el correcto. Los demás son los que están equivocados y los que quieren llevarles por el camino del desprendimiento y la ruina posterior. 

6.- El tacaño y el avaro mienten y son escurridizos

Pero son ellos los que se meten poco a poco en su propia ruina (y ya no hablo de la económica). Para conseguir sus fines, no dudan en recurrir a la mentira, a la calumnia, a la descalificación y, por tanto, apartan a los demás de sí. Un socio, un jefe o un superior en el trabajo con este mal lleva a los que están a su alrededor al síndrome de burnout o a otras situaciones peores. 

7.-  El amor implica generosidad, virtud que no pueden manifestar estas personas

Pero no es menos en los cuatro muros del hogar. Es aquí donde la convivencia se hace triste porque el tacaño o el avaro no ofrece lo necesario a los suyos. Eso va creando un ambiente de resentimiento y, a la postre, de ira contra este tipo de individuos por parte de sus seres queridos. La falta de generosidad económica acarrea también a retener cariño, comprensión, empatía, complicidad y amor. Esto va creando una situación irrespirable que lleva a estas personas a la soledad o, lo que es peor, a tener solo a interesados a su alrededor. Un cabeza de familia (madre o padre) que retiene bienes materiales de esta forma solo consigue que sus vástagos anhelen disfrutar de una herencia, ya que no pueden hacerlo en vida. 

8.- Tienen un círculo social muy reducido y acaban por quedarse solos

Como no gastan en un café, no invitan en Navidad, no hacen regalos generosos (o no lo hacen sin más) suelen ir quedándose solos. Además el avaro y el tacaño (como he expuesto) también lo son en los dones espirituales e intelectuales. Todo su mundo acaba siendo el mismo: el del atesoramiento, la economía y el miedo. No tienen el desprendimiento de una conversación amable. Si lo hacen, es para sacarte información que puedan utilizar para sus propios fines. 

9.- El tacaño y el avaro solo tendrá relaciones por interés

Por eso no soportan a personas que buscan la excelencia, la generosidad o que ansían la libertad espiritual. Estos seres de luz les devuelven constantemente la oscuridad de su miedo. Tampoco se pararán a la hora de ridiculizar a los que no se mueven por su avidez y ansia. 

10.- Su sed de ahorro les lleva a poner en riesgo su bienestar y el de los suyos

Apagará la calefacción antes de tiempo. Quizás no compre ese medicamento necesario. Habrá quien obligará a una ducha corta con agua fría. El ambiente de la casa nunca será hogareño, acogedor, delicioso. Tendrán millones y no se gastarán un céntimo en una celebración familiar. Eso será regalar y no podrá soportarlo. Vivirá haciendo pequeños gestos que transparente su espíritu miserable si pararse a dar al otro lo que necesita, sueña o, incluso, desea en un momento dado. Le gustará de esconderse en sitios oscuros y querrá tener sus tesoros al alcance donde pueda contarlo una y otra vez. Así tendrá una paz momentánea que no puede alcanzar con un espíritu desprendido que no conoce.  

¿Cómo convivir con una persona que no puede dar? 

Muy difícilmente y en esto están de acuerdo todos los terapeutas. La convivencia se hace triste y no tanto por falta de dinero. Hay familias, parejas, amigos o compañeros pobres desde el punto de vista de la economía pero multimillonarios en espíritu que llevan una vida dichosa. Si bien los bienes materiales nos pueden ayudar a alcanzar aquello que deseamos (cultura, conocimiento, acceso a medicamentos, una vida más cómoda…) y, por tanto, nos empujan a la felicidad, esto no es suficiente. La dicha nace de dentro, de la falta de miedo (y aquí están atrapados avaros y tacaños), del amor generoso y de la confianza en el mañana. 

El día a día con estas personas se hace imposible, oscuro, triste ya que empañan cualquier cosa con su pesimismo. Suelen ser individuos carcomidos por la inseguridad y la angustia. Y eso arrastra a los que están a su alrededor. Por eso, van progresivamente quedándose solos. Y no nos engañemos: un tacaño o un avaro será difícil que intente “redimirse”. Es imposible porque cree que son los demás los que se enfrentan a la vida de manera temeraria. 

Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Gaslight, gaslighting o luz de gas es la técnica de manipulación psicológica que realiza una persona sobre otra haciéndole dudar de su percepción de la realidad. Es decir, es un maltrato con el fin de volver loco o loca a la víctima. El término se tomó de la película homónima dirigida por Joe Cukor y protagonizada por Ingrid Bergman en 1944, quién conseguiría el Óscar a la mejor actriz.  

Argumento y tema de la película Gaslight protagonizada por Ingrid Bergman 

Pero vamos por partes y nos adentramos en el argumento de la película que está de plena actualidad con la popularización de las técnicas de la personalidad narcisista y/o psicopática. Vi esta película de niña y aún recuerdo la escena de la genial Bergman bajando temerosa una escalera porque deseaba asistir a un acto social prohibido por su marido, ya que dudaba de su “saber estar” con otras personas. El caso fue que lo consiguió. Pero no adelantemos. Estamos en el Londres victoriano de nieblas, brumas e iluminación con lámparas de gas.  

Paula se va aislando cada vez más del exquisito círculo social al que pertenece. Todo su universo comienza a girar alrededor de su marido y se sitúa en el interior de una casa en la que se siente encarcelada y le trae malos recuerdos. No habla con nadie y el contraste de su realidad solo se hace con su marido. Este comienza a acusarla (veladamente y directamente) de que se está volviendo loca. Y así parece en el interior de la vulnerable Paula. 

Descubrimos el misterio del gaslighting en la película de Ingrid Bergman 

Toda la trama da un giro cuando aparece un policía amigo de la difunta tía de la protagonista que se presta a ayudar a Paula.  Aunque el marido va urdiendo una sutil tela de araña para hacer caer a Paula en la locura, hay una persona luminosa que ve la realidad desde otra perspectiva. El cenit de la película (y es la escena que recuerdo después de haber pasado décadas) se produce cuando Gregory (el marido) se pone a buscar un reloj acusando a Paula de haberlo cogido. Ella lo niega mientras se prepara para ir a una obra de teatro a la que quería asistir. Él la acompaña y en medio de la función se las apaña para colar el reloj en su bolso y, además, para hacerle notar que ella lo lleva. Su finalidad es bloquearla y hacerla caer en la neurosis en un acto social. 

Pero la luz llegaría para Paula en forma del descubrimiento del amigo policía quien sigue a Gregory a su estudio nocturno y se da cuenta de que entra en la casa de al lado, la cual lleva tiempo abandonada. Desde allí accede al desván. Esto es, ni existe obra en la que está trabajando ni estudio de artista ni nada parecido. Lo sigue y lo coge, prácticamente, con las manos en la masa. El ruido del techo era el ir y venir de muebles en busca de unas valiosas joyas desaparecidas. En ese acto no solo nos enteramos de que él es el causante de la neurosis de Paula sino también el asesino de la tía cantante y rica,  precisamente para robarle esas joyas. 

La película termina con el afloramiento de la verdad: el asesinato, la manipulación, el robo y el acoso psicológico hasta hacer perder la razón. Fue un éxito y hoy en día esta técnica tomada del  título de la película (gaslighting) se estudia en psicología con el fin, en primera instancia, de ayudar a las víctimas. 

¿Características y hechos del gaslighting o gaslight que aparecen en la película?

Ni que decir tiene que es una obra de ficción pero extrapolable a una realidad que era frecuente en aquella época y hoy en día. ¿Cómo se produce este gaslighting o luz de gas o gaslight? ¿Qué pasa con la víctima para que llegue a perder la cordura? Analizamos. 

1.- Paula es un ser de luz, joven, bella, sensible y una rica heredera. Hasta aquí todo envidiable. Pero es, a la vez, extremadamente vulnerable, ya que  está (literal) sola en este mundo con una hipersensibilidad manifiesta. Es, por tanto, una víctima propiciatoria para eso que hoy llamamos gente tóxica. 

2.- No puede haber gaslighting ni ningún tipo de acoso moral o espiritual si previamente no ha habido un aislamiento de la víctima de su entorno social. Éste se produce poco a poco sin apenas darse ésta cuenta y, cuando quiere entender lo que le pasa, puede haber caído en cualquier hábito tóxico para evitar la ansiedad que le produce esta vida. Por eso, el gaslighting se acaba cuando aparece un tercero (en este caso un policía) que ve la realidad desde otra perspectiva.  

3.- El gaslighting siempre se produce por un psicópata así sin más que solo atiende a sus intereses y, como en este caso, no tiene ningún reparo moral en destruir emocionalmente, robar y asesinar para conseguir sus fines. Estas personas tóxicas que han llegado al límite de la humanidad saben muy bien lo que hacen y sus planes son premeditados. 

4.- Para conseguir sus objetivos tienen que minar primero la autoestima de la víctima hasta límites terribles mediante el aislamiento, el ninguneo, la calumnia y actos subliminales de maldad. El gaslighting es una metáfora adecuada para expresar ese robo de luz de la persona a la que es sometida esta técnica. 

5.- La única manera de salir de aquí es con ayuda de un tercero que vea la realidad desde otra perspectiva. Por eso, es tan importante no dejar nunca de lado las relaciones sociales. ¡Y por más razones, claro está!  

Entonces, cómo se produce el gaslighting o gaslight

1.- Este siempre se hace en el entorno más íntimo (normalmente en el familiar) y es difícil encontrarlo en el trabajo (en el que se llevan a cabo otras técnicas que llegan al burnout o síndrome del trabajador quemado). Siempre hay una relación de desigualdad entre una persona oscura que va en búsqueda de lo que la víctima ofrece. Son seres parasitarios (como el de la película que vive a costa de la fortuna de su esposa) que nada aportan a la sociedad y están envenenados con un ego imflado. 

2.- La víctima siempre es alguien vulnerable, con la autoestima baja que no se cree merecedora de nada bueno y que se va aislando de su entorno social cada vez más. 

3.- Su percepción de la realidad se ve con el gaslighting, por tanto, mermada porque no puede salir de ese círculo vicioso creado por su verdugo ya sea en forma de acoso económico, espiritual o ninguneo de sus cualidades. 

4.- La víctima es continuamente despreciada en sus mejores virtudes haciéndole dudar de sus dones innatos. 

5.- A esta se la pone en situaciones comprometidas en público para que el orden social la aísle aún más y la catalogue como neurótica o directamente loca. 

6.- Los efectos del gaslighting pueden llegar al suicidio de la víctima, a caer en hábitos tóxicos o a enfermedades psiquiátricas de difícil resolución.

 

¿Qué puede hacer la víctima de gaslighting para defenderse?

 

1.- Es urgente tomar conciencia de lo que está pasando y poner nombre a esa supuesta locura que van rondando en su alma y cabeza.  

2.- En estos casos no estamos tratando con personas complejas. Más bien nos topamos ante auténticos delincuentes. Por eso, es importante pedir ayuda legal, policial o psicológica. 

3.- Ni que decir tiene que es necesario un alejamiento de la víctima y su verdugo. 

4.- La persona afectada por las técnicas de gaslighting o gaslight deben levantar su autoestima de manera urgente para que puedan ver con claridad qué fue lo que pasó y rehacer su vida.  

5.- Es frecuente que sean víctimas de estas técnicas seres luminosos, con dones maravillosos que dar al mundo. La buena noticia es que, tras pasar por estas experiencias, estos no solo se recuperan sino que se aumentan exponencialemnte. 

Si crees que estás sufriendo gaslighting o gaslight,  olvida los fantasmas que te hacen creer ver y pide ayuda urgente. ¡Te mereces lo mejor de este mundo! 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Gaslight, gaslighting o luz de gas es la técnica de manipulación psicológica que realiza una persona sobre otra haciéndole dudar de su percepción de la realidad. Es decir, es un maltrato con el fin de volver loco o loca a la víctima. El término se tomó de la película homónima dirigida por Joe Cukor y protagonizada por Ingrid Bergman en 1944, quién conseguiría el Óscar a la mejor actriz.  

Argumento y tema de la película Gaslight protagonizada por Ingrid Bergman 

Pero vamos por partes y nos adentramos en el argumento de la película que está de plena actualidad con la popularización de las técnicas de la personalidad narcisista y/o psicopática. Vi esta película de niña y aún recuerdo la escena de la genial Bergman bajando temerosa una escalera porque deseaba asistir a un acto social prohibido por su marido, ya que dudaba de su “saber estar” con otras personas. El caso fue que lo consiguió. Pero no adelantemos. Estamos en el Londres victoriano de nieblas, brumas e iluminación con lámparas de gas.  

Paula se va aislando cada vez más del exquisito círculo social al que pertenece. Todo su universo comienza a girar alrededor de su marido y se sitúa en el interior de una casa en la que se siente encarcelada y le trae malos recuerdos. No habla con nadie y el contraste de su realidad solo se hace con su marido. Este comienza a acusarla (veladamente y directamente) de que se está volviendo loca. Y así parece en el interior de la vulnerable Paula. 

Descubrimos el misterio del gaslighting en la película de Ingrid Bergman 

Toda la trama da un giro cuando aparece un policía amigo de la difunta tía de la protagonista que se presta a ayudar a Paula.  Aunque el marido va urdiendo una sutil tela de araña para hacer caer a Paula en la locura, hay una persona luminosa que ve la realidad desde otra perspectiva. El cenit de la película (y es la escena que recuerdo después de haber pasado décadas) se produce cuando Gregory (el marido) se pone a buscar un reloj acusando a Paula de haberlo cogido. Ella lo niega mientras se prepara para ir a una obra de teatro a la que quería asistir. Él la acompaña y en medio de la función se las apaña para colar el reloj en su bolso y, además, para hacerle notar que ella lo lleva. Su finalidad es bloquearla y hacerla caer en la neurosis en un acto social. 

Pero la luz llegaría para Paula en forma del descubrimiento del amigo policía quien sigue a Gregory a su estudio nocturno y se da cuenta de que entra en la casa de al lado, la cual lleva tiempo abandonada. Desde allí accede al desván. Esto es, ni existe obra en la que está trabajando ni estudio de artista ni nada parecido. Lo sigue y lo coge, prácticamente, con las manos en la masa. El ruido del techo era el ir y venir de muebles en busca de unas valiosas joyas desaparecidas. En ese acto no solo nos enteramos de que él es el causante de la neurosis de Paula sino también el asesino de la tía cantante y rica,  precisamente para robarle esas joyas. 

La película termina con el afloramiento de la verdad: el asesinato, la manipulación, el robo y el acoso psicológico hasta hacer perder la razón. Fue un éxito y hoy en día esta técnica tomada del  título de la película (gaslighting) se estudia en psicología con el fin, en primera instancia, de ayudar a las víctimas. 

¿Características y hechos del gaslighting o gaslight que aparecen en la película?

Ni que decir tiene que es una obra de ficción pero extrapolable a una realidad que era frecuente en aquella época y hoy en día. ¿Cómo se produce este gaslighting o luz de gas o gaslight? ¿Qué pasa con la víctima para que llegue a perder la cordura? Analizamos. 

1.- Paula es un ser de luz, joven, bella, sensible y una rica heredera. Hasta aquí todo envidiable. Pero es, a la vez, extremadamente vulnerable, ya que  está (literal) sola en este mundo con una hipersensibilidad manifiesta. Es, por tanto, una víctima propiciatoria para eso que hoy llamamos gente tóxica. 

2.- No puede haber gaslighting ni ningún tipo de acoso moral o espiritual si previamente no ha habido un aislamiento de la víctima de su entorno social. Éste se produce poco a poco sin apenas darse ésta cuenta y, cuando quiere entender lo que le pasa, puede haber caído en cualquier hábito tóxico para evitar la ansiedad que le produce esta vida. Por eso, el gaslighting se acaba cuando aparece un tercero (en este caso un policía) que ve la realidad desde otra perspectiva.  

3.- El gaslighting siempre se produce por un psicópata así sin más que solo atiende a sus intereses y, como en este caso, no tiene ningún reparo moral en destruir emocionalmente, robar y asesinar para conseguir sus fines. Estas personas tóxicas que han llegado al límite de la humanidad saben muy bien lo que hacen y sus planes son premeditados. 

4.- Para conseguir sus objetivos tienen que minar primero la autoestima de la víctima hasta límites terribles mediante el aislamiento, el ninguneo, la calumnia y actos subliminales de maldad. El gaslighting es una metáfora adecuada para expresar ese robo de luz de la persona a la que es sometida esta técnica. 

5.- La única manera de salir de aquí es con ayuda de un tercero que vea la realidad desde otra perspectiva. Por eso, es tan importante no dejar nunca de lado las relaciones sociales. ¡Y por más razones, claro está!  

Entonces, cómo se produce el gaslighting o gaslight

1.- Este siempre se hace en el entorno más íntimo (normalmente en el familiar) y es difícil encontrarlo en el trabajo (en el que se llevan a cabo otras técnicas que llegan al burnout o síndrome del trabajador quemado). Siempre hay una relación de desigualdad entre una persona oscura que va en búsqueda de lo que la víctima ofrece. Son seres parasitarios (como el de la película que vive a costa de la fortuna de su esposa) que nada aportan a la sociedad y están envenenados con un ego imflado. 

2.- La víctima siempre es alguien vulnerable, con la autoestima baja que no se cree merecedora de nada bueno y que se va aislando de su entorno social cada vez más. 

3.- Su percepción de la realidad se ve con el gaslighting, por tanto, mermada porque no puede salir de ese círculo vicioso creado por su verdugo ya sea en forma de acoso económico, espiritual o ninguneo de sus cualidades. 

4.- La víctima es continuamente despreciada en sus mejores virtudes haciéndole dudar de sus dones innatos. 

5.- A esta se la pone en situaciones comprometidas en público para que el orden social la aísle aún más y la catalogue como neurótica o directamente loca. 

6.- Los efectos del gaslighting pueden llegar al suicidio de la víctima, a caer en hábitos tóxicos o a enfermedades psiquiátricas de difícil resolución.

 

¿Qué puede hacer la víctima de gaslighting para defenderse?

 

1.- Es urgente tomar conciencia de lo que está pasando y poner nombre a esa supuesta locura que van rondando en su alma y cabeza.  

2.- En estos casos no estamos tratando con personas complejas. Más bien nos topamos ante auténticos delincuentes. Por eso, es importante pedir ayuda legal, policial o psicológica. 

3.- Ni que decir tiene que es necesario un alejamiento de la víctima y su verdugo. 

4.- La persona afectada por las técnicas de gaslighting o gaslight deben levantar su autoestima de manera urgente para que puedan ver con claridad qué fue lo que pasó y rehacer su vida.  

5.- Es frecuente que sean víctimas de estas técnicas seres luminosos, con dones maravillosos que dar al mundo. La buena noticia es que, tras pasar por estas experiencias, estos no solo se recuperan sino que se aumentan exponencialemnte. 

Si crees que estás sufriendo gaslighting o gaslight,  olvida los fantasmas que te hacen creer ver y pide ayuda urgente. ¡Te mereces lo mejor de este mundo! 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Las ha habido de siempre dedicadas a amargarle la vida a todo aquel que estaba a su alrededor. No es algo nuevo. Sí lo es el término y la conciencia cada vez mayor del daño que ejercen esta gente tóxica. 

No sabes cómo pero en nada estás en el terreno que ellos desean y estás hablando de hechos o sentimientos que quieres guardar para ti. Tienen una habilidad especial para hacerte sentir mal sin saber muy bien por qué, para recordarte (y eso lo vemos a continuación) todos tus “fallos” a sus ojos y a su juicio (afilado al máximo cuando se trata de verlo en los demás). Son individuos peligrosos expertos en parasitar a los que están a su alrededor, entrenados  en robarte tu alegría, fortaleza y brillo vital. Por si esto fuera poco, son hábiles a la hora de aprovecharse económicamente (en todos los sentidos) y en arrogarse como propios méritos que no son suyos (también en todos los sentidos). Peligrosos, ¿verdad? Por eso, es importante identificar y lidiar con la gente tóxica. Tu alma y tu espíritu se merecen una serenidad que es imposible al lado de ellos.  

Pero, cómo es una persona tóxica y cómo puedes identificarla 

Los hay de muchos tipos y se manifiestan de múltiples maneras. Eso no quita para que no hagamos un esfuerzo de sistematización para conocer mejor sus fórmulas y maneras. Por ahora no han mutado y, con un poco de tiempo y atención, podemos clasificar los distintos tipos de personas tóxicas con el fin de ponernos a salvo cuanto antes. La característica común es que cuando estás con ellos te sientes mal (en toda la amplitud del término) sin saber por qué. Son maestros en sacar lo peor de nosotros y llevarnos a la vibración del miedo. En esta escala tomaremos decisiones poco afortunadas y, las más de las veces, estaremos con mal humor y tristeza. Es el juego de la gente tóxica. Por eso se hace necesario descubrirla. Ten en cuenta lo siguiente:

1.- Tacaños y avaros son gente tóxica

Son capaces de matar por un céntimo y enredarse en una discusión por poca cosa. El dinero es energía que nos posibilita mejorar nuestra vida. Por eso la gente tóxica (en un porcentaje muy elevado) se aferran al ahorro y a la acumulación de una forma insana. No es que quieran guardar para comprar algo que les haga ilusión. Es otra cosa distinta. Son socios complicados, jefes que crean mal ambiente, progenitores espantosos que no ofrecen lo mínimo a su descendencia. Todo el dinero será para crear un imperio (pequeño o grande) donde ellos se sientan a gusto y puedan sobresalir del resto de los demás. Es la manera más fácil que tienen de compensar la pobre autoestima que barajan un alto porcentaje de gente tóxica. 

2.- Perezosos y muy dados a enredar para sacar el máximo partido del otro

Su amor por el poder, el dinero, las cosas, la apariencia, la ganancia no va parejo a su fuerza de voluntad a la hora de sacar cualquier proyecto vital. No estamos ante personas apasionadas que quieren hacer algo nuevo y devolverlo a la sociedad. No es el caso. Para ellos, la acumulación debe hacerse a costa del otro, del engaño, de pequeños timos, de negocios pocos claros, de negociaciones complicadas, de aprovecharse siempre del que está enfrente. Si no lo hacen, no duermen tranquilos. 

3.- La gente tóxica ha caído en la envidia y en la calumnia

En el fondo de su alma anhelan aquello que no tienen ni van a tener con su actitud: la luz, el brillo y la alegría del otro. Por eso, se mueven con una envidia soterrada incluso a su propia familia. No dudará en crear bulos, en calumniar y en hablar mal de otro a la mínima oportunidad. Si estás ante alguien que siempre está hablando mal del otro (incluso de miembros de su familia), ten en cuenta dos cosas siempre. Más temprano que tarde acabará contando chismes de ti y, además, es muy probable que estés ante una persona tóxica en toda regla. 

4.- Cualquier cosa, por pequeña que se sea, es tomada como una afrenta difícil de perdonar

Da igual lo que sea, la gente tóxica se lo toma todo a la tremenda cuando se trata de ellos y cuando eres tú el que te sientes ofendido es que “tienes la piel muy fina” o “eres demasiado sensible”. ¡Ojo con esto! Cuando alguien critica, sin venir a cuento, tu mejor virtud (cultura, estudios, sensibilidad, ética, moralidad, afán de superación…) estás siempre ante una persona tóxica.

5.- La gente tóxica la forman individuos ruines y envenenados con ira, odio y resentimiento

Y a poco que los escuches verás estos sentimientos que se van transparentando como gotas de lluvia tras una ventana. No aman y su falta de empatía es tal que hablan de todo el mundo porque sí inventándose historias, actos o gestos de la vida privada del otro que dan como irrefutables. Este tipo de gente tóxica que en una reunión dan como verdad las mentiras que han creado de los demás es muy peligrosa. Van creando un hilo sutil poco a poco que enredan al otro y se las apañan para apartar al que brilla o genera luz excluyéndolo socialmente. 

6.- Son maestros del camuflaje social

De puertas para afuera son los mejores del mundo pero, en la intimidad del hogar, en los entresijos del trabajo o en el día día de la amistad muestran todas sus garras. Por eso, de primeras es muy difícil identificar este tipo de gente tóxica ya que siempre muestran su mejor cara. Es sano dejar pasar un tiempo antes de involucrarse con personas que no conocemos porque, más temprano que tarde, si estamos atentos, podemos identificar su veneno antes de que nos atrapen. 

7.- Narcisistas y psicópatas son gente tóxica

En este sitio ya he hablado de los efectos perversos de la personalidad narcisista en todos los ámbitos. Son individuos incapaces de ponerse en la piel del otro. Su ego es tan grande que todo lo que crean a su alrededor se vuelve asfixiante e irrespirable. Un paso más hacia el mal (así sin más) es la mente del psicópata, un auténtico adalid del lado oscuro que debemos, por cualquier medio, evitar. 

8.- El miedo es su día a día 

Y la gente tóxica te lo hará sentir haciéndote “ver” “todos tus fallos”. Criticará, de una manera u otra, tus mejores logros con la intención de generarte inseguridad y que no aprecies lo mejor de ti. Para la gente tóxica nunca lo estarás haciendo bien, ya sea estar en un restaurante o gestionar cualquier parcela económica. Siempre estará encima tuya recordándote aquello que, a su entender, hay que mejorar. ¿Por qué? Porque no acepta ni la libertad del otro ni la originalidad de los demás. Por eso, este tipo de individuos es tan insufrible cuando se trata de jefes o clientes. Son tremendistas y para ellos, si no haces lo que dices, opinan o se encaprichan, mañana no saldrá ni el sol ni las nubes. 

9.- La gente tóxica no respeta el espacio del otro

Y lo invaden constantemente preguntando cosas del ámbito personal. No lo hace porque, de corazón, se interesen por ti. Recuerda siempre que es una forma de recabar datos para luego utilizarlos en tu contra. Por eso, si no tienes una autoestima evolucionada tienes que andarte con ojo a quien le cuentas tus intimidades.

10.- Las personas adictas siempre crean ambientes tóxicos

Por eso, es tan difícil convivir con ellas cuando están enganchadas a una droga, al juego o a la tecnología. Este tipo de personas crean una ciénaga alrededor suya que convierten la convivencia en un infierno. Ante esta situación solo se sale con ayuda profesional y especializada. No caigas en la tentación de querer redimir a un adicto. En cualquier momento puede saltar creando una guerra a su alrededor que te sea muy difícil controlar, atajar o contratacar a tu favor.  

¿Qué hacer para no caer en las redes de la gente tóxica?

Lo más sensato es no acercarse a ellas, pero esto no es posible cuando están dentro de nuestro ámbito laboral o, aún más difícil, en nuestra casa. La gente tóxica envenena con su ira, resentimiento y actos egoístas todo lo que tocan. Por eso, es fundamental que tengas tu autoestima en el punto óptimo para darte cuenta de la manipulación de estos individuos cuanto antes.

También es primordial saber, conocer y reconocer cómo se manejan en el mundo para que sus hilos afilados te hagan el menor daño posible. En cualquier caso, aunque siempre te van a hacer creer lo contrario, ten en cuenta que el problema no lo tienes tú. El conflicto está en la gente tóxica que utiliza la descalificación, la manipulación y las palabras hirientes para hacer daño al otro.

Te doy un repaso a los escenarios más probables en los que te puedes encontrar gente tóxica. 

1.- Gente tóxica en el trabajo, ¿qué hago para no amargarme en el día a día? 

La OMS ya considera el Sindrome de burnout como una enfermedad de corte laboral. Este se produce cuando se ha generado cortisol a raudales para poder soportar el estrés continuado. La gente tóxica es especialista en quemar a todos los que están a su alrededor ya sean compañeros, jefes, proveedores o clientes.  Se las apañan para generar un clima laboral espeso en el que las prisas, las obligaciones, el “para ya” sea una constante. Crean un día a día insufrible en el que el trabajo se vuelve una maldición y el que se ve enredado en sus redes se ve como incapaz para cumplir todo aquello que se espera de él. Es normal este sentimiento teniendo en cuenta que las personas tóxicas no tienen límites. Para ello, nada es suficiente. 

Si se crece un 10% habría que haberlo hecho al 11,1%.  Si hay un retraso en la entrega de cualquier trabajo (por causas razonables), se lo tomará como si mañana no saliera el sol. Siempre tendrá el modo perfecto de hacer las cosas y el tuyo no tiene ningún valor. Lo que tú sabes no sirve para el proyecto. Siempre será perfecto el plan que presente él o ella. El de los demás no sirve. Ante esta situación o te provees de una armadura de sabiduría extrema, paciencia infinita y una autoestima a prueba de bomba nuclear o tienes que abandonar. Se puede hacer de diversas maneras según sea tu posición, pero, a la postre, todo consistirá en apartar de tu vida esa persona. Si estás instalado en una zona de confort muy amplia que crees que necesitas (sí o sí) esos ingresos para sobrevivir, serás la víctima propiciatoria para esta gente tóxica que no dudarán en hacer moobing a la primeras de cambio. 

Tu éxito para liberarte de estas personas tóxicas está en la independencia y en la fortaleza para buscarte otra posición si fuera necesario. Incluso si es un compañero el que ejerce estas malas artes te va a ser muy difícil demostrar ante tus superiores que el peligro es él o ella. Estos individuos, además, se dedican a boicotear  (o a apropiarse) cualquier idea original que surja. Mientras puedes liberarte de esta situación o esta persona tóxica es despedida (porque se den cuenta de lo que es), es imprescindible que no cuentes nada de tu vida privada, ni que dejes traslucir una situación de necesidad o complicada a nivel personal o laboral.

¡Recuerda que la gente tóxica se alimenta de tus debilidades para utilizarlas en tu contra! Cuanto menos sepan de ti, mejor.  

2.- También existe la familia tóxica

Desafortunadamente, el hogar envenenado por los entresijos de una madre narcisista, problemas con el alcohol u otras drogas, conflictos emocionales no resueltos, envidias o falta de colaboración es más frecuente de lo que creemos. La sociedad actual se ha vuelto individualista y hedonista (sin ni siquiera saber la fuerza de esta filosofía) y eso llega hasta la familia. Si la madre tiene conflictos con ella misma, lo transmitirá a sus vástagos. Si el padre sufre de depresión o cualquier trastorno de la personalidad, creará un ambiente oscuro a su alrededor. Romper con la familia tóxica es dinamitar el último tabú, el que nos dice que nada malo puede suceder en los muros del hogar. Y sí puede ocurrir. Los periódicos traen noticias  de este cariz a diario. 

Toca no sentirse culpable en primera instancia. Tú no eres el responsable de lo que hagan los demás o de lo que quieran hacerte cargar a ti. En estos casos, va a ser muy difícil salir de la situación por medios propios y se hará necesario acompañamiento profesional que de las pautas para alejarse de la familia sin herir a nadie inocente. La oveja negra (tal como se conoce popularmente), en un alto porcentaje, tiene la misión de hacer ver cuáles son los fallos dentro del clan. 

Cultiva tu independencia de la manera más satisfactoria para ti y no tengas reparos en decir no a propuestas que consideres abusivas. Aunque es muy difícil (incluso para personas entrenadas expresamente), intenta ver a tu familia desde fuera, como si no fuera la tuya. En ese despegue te darás cuenta donde está la manipulación y te será más fácil zafarte de ell

3.- La gente tóxica crea relaciones tóxicas

No puede ser de otra manera porque no saben hacer las cosas de otra manera. Por eso, buscarán parejas vulnerables con las que puedan ejercer maltrato psicológico y/o físico. Tendrán amigos solo por interés. Sus relaciones serán superficiales y siempre querrán una ganancia, del tipo que sean. Se resistirán a soltar y no dejarán ir cuando el otro quiera deshacer la relación (del tipo que sea). Siempre habrá una promesa de cambio o de mejoría que no cumplirán. La gente tóxica por regla general es mitómana. Esto es, se crean un mundo paralelo donde ellos son perfectos. Se lo creen y lo intentan hacer creer a los demás. Pide ayuda si estás en una relación de este tipo y no tienes herramientas para volver a andar la vida con relativa soltura. 

4.- La gente tóxica está por todas partes 

Así sin más. En cualquier sitio y te la encontrarás en forma de vecina chismosa, del panadero deslenguado, del cliente que no respeta, del que no paga las facturas, del que siempre está diciéndote lo que debes hacer (y tú no has pedido opinión), del que manipula, del que quiere saber todo ti. Ten en cuenta esta máxima: si hay alguien que te sonsaca para saber más de ti de lo que tú estás dispuesto a contar ese es, siempre, una persona tóxica. ¿Por qué? Porque es su estrategia para luego manipular y crear una relación siempre a su favor. 

Ante la gente tóxica recuerda siempre… 

1.- Como norma general, sé escrupuloso y elegante a la hora de publicar asuntos privados en las redes sociales. Si te gustan, que sean contenidos positivos que no puedan nunca ser utilizados en tu contra. O si lo hacen, que no te importe. 

2.- No hables mal de nadie, ni siquiera de esta gente tóxica. Su furia puede desatarse en cualquier momento y no tendrán escrúpulos en hacerte mucho daño para salirse con la suya. 

3.- Rodéate de quienes te hacen sentir bien, de quienes te aportan aire positivo y luminoso, de quienes ves que son fuente de inspiración, de las personas sencillas, de los que se han superado a sí mismos viniendo de situaciones terribles, de los que saben perdonar y de quienes no guardan ningún rencor. Estos son la antítesis de las personas tóxicas. 

4.- Ten muy claro cuáles son los límites que no deben traspasarse nunca: el del insulto velado, el de las palabras más altas que otras, el de la intimidación, el del chantaje, el del miedo, el de la acusación… Si lo sientes, te lo están haciendo (¡no son imaginaciones tuyas!) y ante ti tienes los comportamientos de gente tóxica.

¡Pon siempre distancia! 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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No sabes cómo pero en nada estás en el terreno que ellos desean y estás hablando de hechos o sentimientos que quieres guardar para ti. Tienen una habilidad especial para hacerte sentir mal sin saber muy bien por qué, para recordarte (y eso lo vemos a continuación) todos tus “fallos” a sus ojos y a su juicio (afilado al máximo cuando se trata de verlo en los demás). Son individuos peligrosos expertos en parasitar a los que están a su alrededor, entrenados  en robarte tu alegría, fortaleza y brillo vital. Por si esto fuera poco, son hábiles a la hora de aprovecharse económicamente (en todos los sentidos) y en arrogarse como propios méritos que no son suyos (también en todos los sentidos). Peligrosos, ¿verdad? Por eso, es importante identificar y lidiar con la gente tóxica. Tu alma y tu espíritu se merecen una serenidad que es imposible al lado de ellos.  

Pero, cómo es una persona tóxica y cómo puedes identificarla 

Los hay de muchos tipos y se manifiestan de múltiples maneras. Eso no quita para que no hagamos un esfuerzo de sistematización para conocer mejor sus fórmulas y maneras. Por ahora no han mutado y, con un poco de tiempo y atención, podemos clasificar los distintos tipos de personas tóxicas con el fin de ponernos a salvo cuanto antes. La característica común es que cuando estás con ellos te sientes mal (en toda la amplitud del término) sin saber por qué. Son maestros en sacar lo peor de nosotros y llevarnos a la vibración del miedo. En esta escala tomaremos decisiones poco afortunadas y, las más de las veces, estaremos con mal humor y tristeza. Es el juego de la gente tóxica. Por eso se hace necesario descubrirla. Ten en cuenta lo siguiente:

1.- Tacaños y avaros son gente tóxica

Son capaces de matar por un céntimo y enredarse en una discusión por poca cosa. El dinero es energía que nos posibilita mejorar nuestra vida. Por eso la gente tóxica (en un porcentaje muy elevado) se aferran al ahorro y a la acumulación de una forma insana. No es que quieran guardar para comprar algo que les haga ilusión. Es otra cosa distinta. Son socios complicados, jefes que crean mal ambiente, progenitores espantosos que no ofrecen lo mínimo a su descendencia. Todo el dinero será para crear un imperio (pequeño o grande) donde ellos se sientan a gusto y puedan sobresalir del resto de los demás. Es la manera más fácil que tienen de compensar la pobre autoestima que barajan un alto porcentaje de gente tóxica. 

2.- Perezosos y muy dados a enredar para sacar el máximo partido del otro

Su amor por el poder, el dinero, las cosas, la apariencia, la ganancia no va parejo a su fuerza de voluntad a la hora de sacar cualquier proyecto vital. No estamos ante personas apasionadas que quieren hacer algo nuevo y devolverlo a la sociedad. No es el caso. Para ellos, la acumulación debe hacerse a costa del otro, del engaño, de pequeños timos, de negocios pocos claros, de negociaciones complicadas, de aprovecharse siempre del que está enfrente. Si no lo hacen, no duermen tranquilos. 

3.- La gente tóxica ha caído en la envidia y en la calumnia

En el fondo de su alma anhelan aquello que no tienen ni van a tener con su actitud: la luz, el brillo y la alegría del otro. Por eso, se mueven con una envidia soterrada incluso a su propia familia. No dudará en crear bulos, en calumniar y en hablar mal de otro a la mínima oportunidad. Si estás ante alguien que siempre está hablando mal del otro (incluso de miembros de su familia), ten en cuenta dos cosas siempre. Más temprano que tarde acabará contando chismes de ti y, además, es muy probable que estés ante una persona tóxica en toda regla. 

4.- Cualquier cosa, por pequeña que se sea, es tomada como una afrenta difícil de perdonar

Da igual lo que sea, la gente tóxica se lo toma todo a la tremenda cuando se trata de ellos y cuando eres tú el que te sientes ofendido es que “tienes la piel muy fina” o “eres demasiado sensible”. ¡Ojo con esto! Cuando alguien critica, sin venir a cuento, tu mejor virtud (cultura, estudios, sensibilidad, ética, moralidad, afán de superación…) estás siempre ante una persona tóxica.

5.- La gente tóxica la forman individuos ruines y envenenados con ira, odio y resentimiento

Y a poco que los escuches verás estos sentimientos que se van transparentando como gotas de lluvia tras una ventana. No aman y su falta de empatía es tal que hablan de todo el mundo porque sí inventándose historias, actos o gestos de la vida privada del otro que dan como irrefutables. Este tipo de gente tóxica que en una reunión dan como verdad las mentiras que han creado de los demás es muy peligrosa. Van creando un hilo sutil poco a poco que enredan al otro y se las apañan para apartar al que brilla o genera luz excluyéndolo socialmente. 

6.- Son maestros del camuflaje social

De puertas para afuera son los mejores del mundo pero, en la intimidad del hogar, en los entresijos del trabajo o en el día día de la amistad muestran todas sus garras. Por eso, de primeras es muy difícil identificar este tipo de gente tóxica ya que siempre muestran su mejor cara. Es sano dejar pasar un tiempo antes de involucrarse con personas que no conocemos porque, más temprano que tarde, si estamos atentos, podemos identificar su veneno antes de que nos atrapen. 

7.- Narcisistas y psicópatas son gente tóxica

En este sitio ya he hablado de los efectos perversos de la personalidad narcisista en todos los ámbitos. Son individuos incapaces de ponerse en la piel del otro. Su ego es tan grande que todo lo que crean a su alrededor se vuelve asfixiante e irrespirable. Un paso más hacia el mal (así sin más) es la mente del psicópata, un auténtico adalid del lado oscuro que debemos, por cualquier medio, evitar. 

8.- El miedo es su día a día 

Y la gente tóxica te lo hará sentir haciéndote “ver” “todos tus fallos”. Criticará, de una manera u otra, tus mejores logros con la intención de generarte inseguridad y que no aprecies lo mejor de ti. Para la gente tóxica nunca lo estarás haciendo bien, ya sea estar en un restaurante o gestionar cualquier parcela económica. Siempre estará encima tuya recordándote aquello que, a su entender, hay que mejorar. ¿Por qué? Porque no acepta ni la libertad del otro ni la originalidad de los demás. Por eso, este tipo de individuos es tan insufrible cuando se trata de jefes o clientes. Son tremendistas y para ellos, si no haces lo que dices, opinan o se encaprichan, mañana no saldrá ni el sol ni las nubes. 

9.- La gente tóxica no respeta el espacio del otro

Y lo invaden constantemente preguntando cosas del ámbito personal. No lo hace porque, de corazón, se interesen por ti. Recuerda siempre que es una forma de recabar datos para luego utilizarlos en tu contra. Por eso, si no tienes una autoestima evolucionada tienes que andarte con ojo a quien le cuentas tus intimidades.

10.- Las personas adictas siempre crean ambientes tóxicos

Por eso, es tan difícil convivir con ellas cuando están enganchadas a una droga, al juego o a la tecnología. Este tipo de personas crean una ciénaga alrededor suya que convierten la convivencia en un infierno. Ante esta situación solo se sale con ayuda profesional y especializada. No caigas en la tentación de querer redimir a un adicto. En cualquier momento puede saltar creando una guerra a su alrededor que te sea muy difícil controlar, atajar o contratacar a tu favor.  

¿Qué hacer para no caer en las redes de la gente tóxica?

Lo más sensato es no acercarse a ellas, pero esto no es posible cuando están dentro de nuestro ámbito laboral o, aún más difícil, en nuestra casa. La gente tóxica envenena con su ira, resentimiento y actos egoístas todo lo que tocan. Por eso, es fundamental que tengas tu autoestima en el punto óptimo para darte cuenta de la manipulación de estos individuos cuanto antes.

También es primordial saber, conocer y reconocer cómo se manejan en el mundo para que sus hilos afilados te hagan el menor daño posible. En cualquier caso, aunque siempre te van a hacer creer lo contrario, ten en cuenta que el problema no lo tienes tú. El conflicto está en la gente tóxica que utiliza la descalificación, la manipulación y las palabras hirientes para hacer daño al otro.

Te doy un repaso a los escenarios más probables en los que te puedes encontrar gente tóxica. 

1.- Gente tóxica en el trabajo, ¿qué hago para no amargarme en el día a día? 

La OMS ya considera el Sindrome de burnout como una enfermedad de corte laboral. Este se produce cuando se ha generado cortisol a raudales para poder soportar el estrés continuado. La gente tóxica es especialista en quemar a todos los que están a su alrededor ya sean compañeros, jefes, proveedores o clientes.  Se las apañan para generar un clima laboral espeso en el que las prisas, las obligaciones, el “para ya” sea una constante. Crean un día a día insufrible en el que el trabajo se vuelve una maldición y el que se ve enredado en sus redes se ve como incapaz para cumplir todo aquello que se espera de él. Es normal este sentimiento teniendo en cuenta que las personas tóxicas no tienen límites. Para ello, nada es suficiente. 

Si se crece un 10% habría que haberlo hecho al 11,1%.  Si hay un retraso en la entrega de cualquier trabajo (por causas razonables), se lo tomará como si mañana no saliera el sol. Siempre tendrá el modo perfecto de hacer las cosas y el tuyo no tiene ningún valor. Lo que tú sabes no sirve para el proyecto. Siempre será perfecto el plan que presente él o ella. El de los demás no sirve. Ante esta situación o te provees de una armadura de sabiduría extrema, paciencia infinita y una autoestima a prueba de bomba nuclear o tienes que abandonar. Se puede hacer de diversas maneras según sea tu posición, pero, a la postre, todo consistirá en apartar de tu vida esa persona. Si estás instalado en una zona de confort muy amplia que crees que necesitas (sí o sí) esos ingresos para sobrevivir, serás la víctima propiciatoria para esta gente tóxica que no dudarán en hacer moobing a la primeras de cambio. 

Tu éxito para liberarte de estas personas tóxicas está en la independencia y en la fortaleza para buscarte otra posición si fuera necesario. Incluso si es un compañero el que ejerce estas malas artes te va a ser muy difícil demostrar ante tus superiores que el peligro es él o ella. Estos individuos, además, se dedican a boicotear  (o a apropiarse) cualquier idea original que surja. Mientras puedes liberarte de esta situación o esta persona tóxica es despedida (porque se den cuenta de lo que es), es imprescindible que no cuentes nada de tu vida privada, ni que dejes traslucir una situación de necesidad o complicada a nivel personal o laboral.

¡Recuerda que la gente tóxica se alimenta de tus debilidades para utilizarlas en tu contra! Cuanto menos sepan de ti, mejor.  

2.- También existe la familia tóxica

Desafortunadamente, el hogar envenenado por los entresijos de una madre narcisista, problemas con el alcohol u otras drogas, conflictos emocionales no resueltos, envidias o falta de colaboración es más frecuente de lo que creemos. La sociedad actual se ha vuelto individualista y hedonista (sin ni siquiera saber la fuerza de esta filosofía) y eso llega hasta la familia. Si la madre tiene conflictos con ella misma, lo transmitirá a sus vástagos. Si el padre sufre de depresión o cualquier trastorno de la personalidad, creará un ambiente oscuro a su alrededor. Romper con la familia tóxica es dinamitar el último tabú, el que nos dice que nada malo puede suceder en los muros del hogar. Y sí puede ocurrir. Los periódicos traen noticias  de este cariz a diario. 

Toca no sentirse culpable en primera instancia. Tú no eres el responsable de lo que hagan los demás o de lo que quieran hacerte cargar a ti. En estos casos, va a ser muy difícil salir de la situación por medios propios y se hará necesario acompañamiento profesional que de las pautas para alejarse de la familia sin herir a nadie inocente. La oveja negra (tal como se conoce popularmente), en un alto porcentaje, tiene la misión de hacer ver cuáles son los fallos dentro del clan. 

Cultiva tu independencia de la manera más satisfactoria para ti y no tengas reparos en decir no a propuestas que consideres abusivas. Aunque es muy difícil (incluso para personas entrenadas expresamente), intenta ver a tu familia desde fuera, como si no fuera la tuya. En ese despegue te darás cuenta donde está la manipulación y te será más fácil zafarte de ell

3.- La gente tóxica crea relaciones tóxicas

No puede ser de otra manera porque no saben hacer las cosas de otra manera. Por eso, buscarán parejas vulnerables con las que puedan ejercer maltrato psicológico y/o físico. Tendrán amigos solo por interés. Sus relaciones serán superficiales y siempre querrán una ganancia, del tipo que sean. Se resistirán a soltar y no dejarán ir cuando el otro quiera deshacer la relación (del tipo que sea). Siempre habrá una promesa de cambio o de mejoría que no cumplirán. La gente tóxica por regla general es mitómana. Esto es, se crean un mundo paralelo donde ellos son perfectos. Se lo creen y lo intentan hacer creer a los demás. Pide ayuda si estás en una relación de este tipo y no tienes herramientas para volver a andar la vida con relativa soltura. 

4.- La gente tóxica está por todas partes 

Así sin más. En cualquier sitio y te la encontrarás en forma de vecina chismosa, del panadero deslenguado, del cliente que no respeta, del que no paga las facturas, del que siempre está diciéndote lo que debes hacer (y tú no has pedido opinión), del que manipula, del que quiere saber todo ti. Ten en cuenta esta máxima: si hay alguien que te sonsaca para saber más de ti de lo que tú estás dispuesto a contar ese es, siempre, una persona tóxica. ¿Por qué? Porque es su estrategia para luego manipular y crear una relación siempre a su favor. 

Ante la gente tóxica recuerda siempre… 

1.- Como norma general, sé escrupuloso y elegante a la hora de publicar asuntos privados en las redes sociales. Si te gustan, que sean contenidos positivos que no puedan nunca ser utilizados en tu contra. O si lo hacen, que no te importe. 

2.- No hables mal de nadie, ni siquiera de esta gente tóxica. Su furia puede desatarse en cualquier momento y no tendrán escrúpulos en hacerte mucho daño para salirse con la suya. 

3.- Rodéate de quienes te hacen sentir bien, de quienes te aportan aire positivo y luminoso, de quienes ves que son fuente de inspiración, de las personas sencillas, de los que se han superado a sí mismos viniendo de situaciones terribles, de los que saben perdonar y de quienes no guardan ningún rencor. Estos son la antítesis de las personas tóxicas. 

4.- Ten muy claro cuáles son los límites que no deben traspasarse nunca: el del insulto velado, el de las palabras más altas que otras, el de la intimidación, el del chantaje, el del miedo, el de la acusación… Si lo sientes, te lo están haciendo (¡no son imaginaciones tuyas!) y ante ti tienes los comportamientos de gente tóxica.

¡Pon siempre distancia! 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Las personas tóxicas son aquellas que restan en lugar de sumar. Su contacto es siempre desagradable dejándote con una mala sensación sin saber muy bien por qué. 

En el espíritu existen dos vibraciones fundamentales: la más alta es la del amor y la más baja es la del miedo. Si la primera es la proveedora de dones como la generosidad, la confianza, la entrega, la superación, la resilencia o la alegría, el segundo es el emplazamiento del materialismo, el pesimismo, la envidia y el veneno de la ira. En el primero nos superamos día a día caminando con paso firme hacia la serenidad, antesala de la felicidad. En la vibración del miedo nos emplazamos en una zona de confort eterna que no nos deja avanzar hacia nada bueno. Ni que decir tiene que todos podemos caer en la vibración del miedo en algún momento, pero hay quienes están instalados aquí y no hay manera de moverlos. Son las personas tóxicas. El término es nuevo, aunque los comportamientos y actitudes son tan antiguas como el mundo. 

Las personas tóxicas se han quedado atrapadas en un veneno emocional que no quieren trascender. Su mero contacto hace que nos sintamos abatidos, inseguros, tristes y con pensamientos negativos. Por eso, es importante aprender a reconocerlas cuanto antes para poder ponernos a salvo. A veces, por las circunstancias, es complicado, pero eso no quita para que nos resguardemos de su influencia.

10 tipos de personas tóxicas que debes evitar a toda costa 

1.- El negativo y pesimista que está barruntando constantemente el Apocalipsis final

Son los que siempre ven que se va a caer el mundo ante cualquier contratiempo, los que mueven Roma con Santiago ante cualquier problema. No son capaces de solucionar absolutamente nada y ven problemas incluso donde no los hay. Dependientes de los demás para cualquier cosa, creen que la juventud se ha corrompido por completo, que mañana no va a salir el Sol (ni tampoco las nubes). Su tremendismo puede llevarte a un estado de postración total, ya que también son expertos en hacerte cargar con sus tareas cotidianas y su negatividad. La vida, por supuesto, no es un camino de rosas, pero tampoco un valle de espinas como se empeñan estas personas tóxicas. 

2.- El envidioso y murmurador que habla mal de todo el mundo, personas tóxicas a evitar siempre

¡De ti también en cuanto te has dado la vuelta! Se las apaña para criticar incluso las virtudes de los que están a su alrededor. Todo el mundo tiene problemas menos ellos. Son los que airean trapos sucios, los que no saben callar no ya un secreto sino el más mínimo asunto. Suelen ser personas tóxicas desleales, que hablan a extraños de intimidades de pareja, de problemas con sus hijos o de asuntos que, por las razones que sean, deberían mantener un mínimo de discreción. ¡Ojo! En esta categoría no entra el amigo que te cuenta un problema en busca de ayuda o de un poco de compresión o de la conversación normal (aunque nos excedamos en el sabio no juicio) entre colegas y personas que se quieren. Este tipo de personas hablan, critican, murmuran constantemente y no tienen ningún empacho incluso en atacar el honor básico de los que se encuentran a su alrededor.  No se paran incluso ante la posiblidad de la calumnia y aquí estamos ante un delito.

3.- El desagradecido que es incapaz de ver la grandiosidad de gestos importantes y siempre quiere más

Este tipo de personas tóxicas, además, no han sido capaces de hacer nada bueno por ellos mismos ni conseguir ningún logro meritorio. Cuando llega algo positivo a sus vidas son incapaces de agradecer y de estar felices con ese don. Se las apañan para empañar regalos, tiempo, generosidad, cariño y oportunidad con su veneno. En este tipo de personas tóxicas entran también aquellas que echan por tierra un viaje en grupo porque la habitación no está a 24 grados o porque se visitó un sitio a las 9 cuando estaba programado a las 10. Son incapaces de despegarse de estas nimiedades haciendo una bola inmensa con cosas que no tienen importancia consiguiendo arruinar un día maravilloso o una oportunidad importante. Tienen la habilidad de minar tu autoestima de tal manera que pude llegar a ser peligroso para ti. Comienzas a dar y a entregar sin recibir nada a cambio. Personas que están pasando un mal momento pueden verse envueltas en estas dinámicas peligrosas. 

4.- El que tiene miedo a todo, uno de los tipos de personas tóxicas más peligrosas 

Si estás hablando con ellos durante una hora, seguramente aparecerá así sin más la palabra “miedo” referido a cualquier cosa. Tienen miedo a que se incendie la casa, a que venga la policía a llevarlos a la cárcel, a que le roben, a enfermar… Los hipocondriacos son un tipo de personas tóxicas que anulan la alegría de los que están alrededor infectando el ambiente de una negrura extraña donde siempre hay acechando fantasmas terribles y desconocidos. 

5.- El narcisista que exige que el mundo gire alrededor de ellos

El mundo tiene que girar alrededor de ellos porque son las personas más maravillosas del mundo. Siempre tienen razón y nunca se equivocan. Hacen todo lo posible para que los que están alrededor le rindan pleitesía en todo momento. La personalidad del narcisista es tan compleja y destructiva que ya hay psicólogos especialistas en reparar los daños ocasionados en sus víctimas. Se infiltran en las vidas de los demás sin dejarles margen para la libertad. Cuando estamos ante una madre narcisista el problema es más agudo, ya que, en la mayoría de los casos, ejerce un daño difícil de reparar en la familia. 

6.- El psicópata, la persona tóxica a alejar de tu vida cuanto antes

Porque el daño que te puede hacer es incluso denunciable ante la justicia. Ya no estamos ante una persona negativa, pesimista o triste porque sí que se afana por empañar la luz del mundo. El psicópata es un seguidor del Mal así con mayúsculas. No dudará en ejercer maltrato psicológico para conseguir sus fines, en empequeñecer cualquier logro, en levantar cizaña en cualquier ambiente ya sea laboral, familiar o social. Son personas con un alma atormentada que exigen cariño sin dar nada a cambio, que anulan a sus víctimas hasta empequeñecerlas tanto que, en ocasiones, estas necesitan años de terapia para reponerse. 

7.- El seguidor de Maquiavelo o manipulador, para completar la triada oscura

Los otros vértices son el psicópata y el narcisista. El nombre viene del escritor y político Nicolás Maquiavelo quien, en 1513, escribió la obra El Príncipe, un compendio para manipular a los rivales con una sonrisa y sin que se note mucho lo que estás tramando. Con esto ya digo todo lo que puede ser este tipo de personas tóxicas que se agazapan en puestos de poder, en las comunidades de vecinos, en los círculos de amistades y en todos esos emplazamientos donde puedan sacar provecho sin importarles en absoluto qué daño pueden hacer sus acciones. 

8.- El adicto a cualquier sustancia ya que envenena con su actitud cualquier ambiente y son siempre personas tóxicas

No vamos a negar que quien está preso de cualquier sustancia o actitud es un esclavo que necesita ayuda urgente, pero esta debe ser solicitada y ofrecida por profesionales. Una persona que entra en la espiral destructora de alcohol, ludopatía o drogas solo puede generar un aire viciado a su alrededor que intoxica a aquellos que, de buena gana, están dispuestos a echar una mano. Y eso sin contar, reduciendo mucho la problemática, que, debido a la adicción, es fácil que caigan en la ira descontrolada y en la violencia física. En los centros de trabajo ya se pone mucho cuidado en apartar a este tipo de personas inmediatamente. En el hogar es necesario pedir ayuda cuanto antes. 

9.- El egoísta, el grupo de personas tóxicas más comunes

Las más frecuentes, las que solo piensan en ellas mismas sin tener ninguna patología “grave”. Son individuos que les cuesta trabajo ponerse en el lugar de los otros y que solo miran por su interés. Son difíciles de tratar y expertos en robar energía poco a poco. 

10.- El que va de víctima por la vida y toda la culpa la tienen los demás

Son personas tóxicas que achacan al karma una supuesta mala suerte que solo les corresponde a ellos mismos. Incapaces de mover un dedo para superarse o mejorar, todo lo que les ocurre es por culpa de anteriores parejas, jefes, el gobierno o el sistema que rige el Universo. Aunque puede haber un narcisismo solapado en esta actitud, en el fondo subyace una pereza mental patológica que busca en el otro la solución a todos los problemas y la resolución de cualquier tarea por muy sencilla que sea. Están, además, invadidos por una ira descontrolada y un resentimiento profundo hacia el resto del mundo.  

Cómo son las personas tóxicas: características generales 

1.- Están siempre criticando y diciendo como deben hacerse las cosas

Son maestros en meterse en tu vida y en ejercer juicios de valor sin estar autorizado a ello. Son los que llevan una existencia a todas luces poca afortunada y tienen la solución a cómo debes cortar la hierba del césped. Son tan atrevidos que dan su opinión con una arrogancia que a una persona normal le sonrojaría. 

2.- Están situados en una zona de confort perenne

No hacen ningún esfuerzo por salir, por superarse, por resolver, por dar, por soltar si hiciera falta. Su mundo es un lugar concreto (a veces literalmente) donde es imposible que salgan. No se atreven a probar cosas nuevas, a viajar, a estudiar, a embarcarse en rumbos desconocidos. La zona de confort donde el progreso no es posible es, sencillamente, su mundo. 

3.- Todo a su alrededor son problemas y más problemas

Y tú no sabes por qué. Pero todo se les vuelve en contra. Quizás porque son maestros en meterse en dificultades. Es imposible que hagan un plan para simplificar la vida. 

4.- Las personas tóxicas son quejicas y los culpables son siempre los demás

Si buscan pareja, todas las anteriores han sido terribles. Su familia es poco más o menos que el clan demoniaco. Los socios, jefes o compañeros de trabajo lo han timado. No han sido capaces de hacer nada bueno en la vida. Pregúntate por qué. 

5.- A poco que te fijes son perezosas y vagas. No producen nada

Suelen ser maestros (sobre todo los tipos narcisistas y psicópatas) de parasitar de los demás, Siempre son otros los que hacen el trabajo, las tareas de la casa, la parte de esfuerzo que les corresponde. Las personas tóxicas suelen ser indolentes, dadas a perder el tiempo (no digo que les guste el ocio, los viajes o pasar horas con su familia), a no pararse a producir algo que les haga felices. Suelen evadir toda su responsabilidad en los demás. 

6.- Las personas tóxicas nunca agradecen aunque le des tu vida a cambio de nada

Este es una de las características más impactantes. Si dicen “gracias” es para que no se les note que son de esta condición. Al no agradecer, no se sienten satisfechos con nada y no disfrutan ni de las mejores cosas o personas. 

7.- Mienten y algunos llegan hasta a inventarse  una vida paralela

Las personas tóxicas mienten sobre cualquier cosa aunque sean nimiedades. Es frecuente que se inventen hechos o circunstancias positivas ni que por asomo forman parte de su vida. Hay quienes llegan a montar todo un tinglado paralelo de mentira a su alrededor. 

8.-Las personas tóxicas se meten en tu vida sin que le des permiso juzgando a diestro y siniestro

Son maestros a la hora de ver tus debilidades. Los asimilan y se meten en tu vida juzgándote constantemente y haciéndote sentir mal. Es en este preciso momento cuando debes trazar una frontera entre ellos y tú. Nadie tiene derecho a hacer que te sientas mal. Si lo hace, aunque sea con buenas palabras, es porque algo pretende de ti. Normalmente la intención es desvalorizarte para, a continuación, sacar provecho. ¡No dejes que te roben tu luz! 

9.- Las personas tóxicas se enfadan con mucha facilidad y son propensos a la ira, a vocear y a la violencia

Si quieres dar tu opinión, expresar como te sientes, manifestar que te está haciendo daño su reacción es vocear, insultar, manejar la ira (psicológica o, peor aún, física). En casos extremos llegan a la violencia. Si ves que la ejerce con alguien ajeno a ti, no dudes que, más temprano que tarde, la va a realizar contra ti. ¡Aléjate en cuanto puedas! Incluso si es alguien de trabajo, vete cuanto antes. Búscate otro empleo aunque esté peor remunerado. Este tipo de personas tóxicas son peligrosas y envician cualquier ambiente. 

10.- Consideran que se les falta el respeto con actos que son nimiedades

Si son maestros en agredir psicológicamente y espiritualmente a los otros, ellos se sienten dañados por tonterías. Cualquier gesto puede ser interpretado como una ofensa irreparable y tú te quedas totalmente descolocado porque sientes, de corazón, que no ha sido para tanto.  

¿Qué poder ejercen sobre ti las personas tóxicas?

1.- En el trabajo, sobre todo si son superiores, jefes o clientes, pueden llegar a tal carga mental que desarrolles el Síndrome de burnout. Es tan grave que sentirás no poder afrontar tareas sencillas. 

2.- En el hogar pueden llegar al maltrato psicológico con todas las consecuencias tan terribles de este hecho. Suelen ser personas expertas en herir la autoestima. 

3.- Suelen infectar cualquier relación con negatividad y estrés. 

4.- Las personas tóxicas generan confusión allí donde van. Sientes que tu energía vital se apaga y, aunque tu vibración sea la del amor y la entrega, te ves arrastrado hacia el miedo sin saber por qué. 

5.- Cuando la persona tóxica es tu pareja o está en tu familia cercana, puede herirte psicológicamente de por vida incluso. Va a ser tanto que necesitarás ayuda para salir de esta situación. La buena noticia (siempre la hay) es que vas a salir y además con un brillo más fuerte del que tenías. 

6.- La confusión y el miedo que generan a su alrededor es tanto que puedes tomar decisiones importantes de manera equivocada simplemente porque te ha guiado esos mandatos inconscientes anidados por las personas tóxicas. 

7.- También son expertos en envenenar el resto de relaciones que tengas con otras personas maravillosas que se alejan al verte inserto en esa negrura. 

9.- Son, en definitiva, expertos en desbaratar vidas por diversos medios. 

¿Cómo debes actuar para que las personas tóxicas no te influencien? 

1.- Lo único que puedes hacer es alejarte. ¡Así sin más! Este tipo de personas no cambian nunca. Solo algunas se dan cuenta de lo que son y, por las razones que sean, piden ayuda. Incluso si se trata de tu familia lo mejor es poner distancia (cuanto más mejor) para que no te envenenen más. Una vez que tienes identificado qué es lo que ocurre es más fácil resistirte a bajar a su vibración. 

2.- Haz terapia detox mental. Cuídate, mímate y ten siempre presente los límites. Cuanto más te ames de manera sana y más alegría atesores, menos daño te pueden hacer este tipo de personas. 

3.- No te lo tomes como algo personal. Recuerda siempre que hieren con palabras y que mienten. Eso que estás diciendo de ti no es verdad. Es su envidia y su veneno el que sale de su boca. 

4.- Practica el perdón. Sabemos que es difícil pero también se aprende. Es la única manera de que estas personas no jueguen contigo y seas tan fuerte como pararlas con tu luz.  

Y, por último, recuerda siempre: si no puedes, abandona. Esa no es tu guerra ni ninguna otra. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Las personas tóxicas son aquellas que restan en lugar de sumar. Su contacto es siempre desagradable dejándote con una mala sensación sin saber muy bien por qué. 

En el espíritu existen dos vibraciones fundamentales: la más alta es la del amor y la más baja es la del miedo. Si la primera es la proveedora de dones como la generosidad, la confianza, la entrega, la superación, la resilencia o la alegría, el segundo es el emplazamiento del materialismo, el pesimismo, la envidia y el veneno de la ira. En el primero nos superamos día a día caminando con paso firme hacia la serenidad, antesala de la felicidad. En la vibración del miedo nos emplazamos en una zona de confort eterna que no nos deja avanzar hacia nada bueno. Ni que decir tiene que todos podemos caer en la vibración del miedo en algún momento, pero hay quienes están instalados aquí y no hay manera de moverlos. Son las personas tóxicas. El término es nuevo, aunque los comportamientos y actitudes son tan antiguas como el mundo. 

Las personas tóxicas se han quedado atrapadas en un veneno emocional que no quieren trascender. Su mero contacto hace que nos sintamos abatidos, inseguros, tristes y con pensamientos negativos. Por eso, es importante aprender a reconocerlas cuanto antes para poder ponernos a salvo. A veces, por las circunstancias, es complicado, pero eso no quita para que nos resguardemos de su influencia.

10 tipos de personas tóxicas que debes evitar a toda costa 

1.- El negativo y pesimista que está barruntando constantemente el Apocalipsis final

Son los que siempre ven que se va a caer el mundo ante cualquier contratiempo, los que mueven Roma con Santiago ante cualquier problema. No son capaces de solucionar absolutamente nada y ven problemas incluso donde no los hay. Dependientes de los demás para cualquier cosa, creen que la juventud se ha corrompido por completo, que mañana no va a salir el Sol (ni tampoco las nubes). Su tremendismo puede llevarte a un estado de postración total, ya que también son expertos en hacerte cargar con sus tareas cotidianas y su negatividad. La vida, por supuesto, no es un camino de rosas, pero tampoco un valle de espinas como se empeñan estas personas tóxicas. 

2.- El envidioso y murmurador que habla mal de todo el mundo, personas tóxicas a evitar siempre

¡De ti también en cuanto te has dado la vuelta! Se las apaña para criticar incluso las virtudes de los que están a su alrededor. Todo el mundo tiene problemas menos ellos. Son los que airean trapos sucios, los que no saben callar no ya un secreto sino el más mínimo asunto. Suelen ser personas tóxicas desleales, que hablan a extraños de intimidades de pareja, de problemas con sus hijos o de asuntos que, por las razones que sean, deberían mantener un mínimo de discreción. ¡Ojo! En esta categoría no entra el amigo que te cuenta un problema en busca de ayuda o de un poco de compresión o de la conversación normal (aunque nos excedamos en el sabio no juicio) entre colegas y personas que se quieren. Este tipo de personas hablan, critican, murmuran constantemente y no tienen ningún empacho incluso en atacar el honor básico de los que se encuentran a su alrededor.  No se paran incluso ante la posiblidad de la calumnia y aquí estamos ante un delito.

3.- El desagradecido que es incapaz de ver la grandiosidad de gestos importantes y siempre quiere más

Este tipo de personas tóxicas, además, no han sido capaces de hacer nada bueno por ellos mismos ni conseguir ningún logro meritorio. Cuando llega algo positivo a sus vidas son incapaces de agradecer y de estar felices con ese don. Se las apañan para empañar regalos, tiempo, generosidad, cariño y oportunidad con su veneno. En este tipo de personas tóxicas entran también aquellas que echan por tierra un viaje en grupo porque la habitación no está a 24 grados o porque se visitó un sitio a las 9 cuando estaba programado a las 10. Son incapaces de despegarse de estas nimiedades haciendo una bola inmensa con cosas que no tienen importancia consiguiendo arruinar un día maravilloso o una oportunidad importante. Tienen la habilidad de minar tu autoestima de tal manera que pude llegar a ser peligroso para ti. Comienzas a dar y a entregar sin recibir nada a cambio. Personas que están pasando un mal momento pueden verse envueltas en estas dinámicas peligrosas. 

4.- El que tiene miedo a todo, uno de los tipos de personas tóxicas más peligrosas 

Si estás hablando con ellos durante una hora, seguramente aparecerá así sin más la palabra “miedo” referido a cualquier cosa. Tienen miedo a que se incendie la casa, a que venga la policía a llevarlos a la cárcel, a que le roben, a enfermar… Los hipocondriacos son un tipo de personas tóxicas que anulan la alegría de los que están alrededor infectando el ambiente de una negrura extraña donde siempre hay acechando fantasmas terribles y desconocidos. 

5.- El narcisista que exige que el mundo gire alrededor de ellos

El mundo tiene que girar alrededor de ellos porque son las personas más maravillosas del mundo. Siempre tienen razón y nunca se equivocan. Hacen todo lo posible para que los que están alrededor le rindan pleitesía en todo momento. La personalidad del narcisista es tan compleja y destructiva que ya hay psicólogos especialistas en reparar los daños ocasionados en sus víctimas. Se infiltran en las vidas de los demás sin dejarles margen para la libertad. Cuando estamos ante una madre narcisista el problema es más agudo, ya que, en la mayoría de los casos, ejerce un daño difícil de reparar en la familia. 

6.- El psicópata, la persona tóxica a alejar de tu vida cuanto antes

Porque el daño que te puede hacer es incluso denunciable ante la justicia. Ya no estamos ante una persona negativa, pesimista o triste porque sí que se afana por empañar la luz del mundo. El psicópata es un seguidor del Mal así con mayúsculas. No dudará en ejercer maltrato psicológico para conseguir sus fines, en empequeñecer cualquier logro, en levantar cizaña en cualquier ambiente ya sea laboral, familiar o social. Son personas con un alma atormentada que exigen cariño sin dar nada a cambio, que anulan a sus víctimas hasta empequeñecerlas tanto que, en ocasiones, estas necesitan años de terapia para reponerse. 

7.- El seguidor de Maquiavelo o manipulador, para completar la triada oscura

Los otros vértices son el psicópata y el narcisista. El nombre viene del escritor y político Nicolás Maquiavelo quien, en 1513, escribió la obra El Príncipe, un compendio para manipular a los rivales con una sonrisa y sin que se note mucho lo que estás tramando. Con esto ya digo todo lo que puede ser este tipo de personas tóxicas que se agazapan en puestos de poder, en las comunidades de vecinos, en los círculos de amistades y en todos esos emplazamientos donde puedan sacar provecho sin importarles en absoluto qué daño pueden hacer sus acciones. 

8.- El adicto a cualquier sustancia ya que envenena con su actitud cualquier ambiente y son siempre personas tóxicas

No vamos a negar que quien está preso de cualquier sustancia o actitud es un esclavo que necesita ayuda urgente, pero esta debe ser solicitada y ofrecida por profesionales. Una persona que entra en la espiral destructora de alcohol, ludopatía o drogas solo puede generar un aire viciado a su alrededor que intoxica a aquellos que, de buena gana, están dispuestos a echar una mano. Y eso sin contar, reduciendo mucho la problemática, que, debido a la adicción, es fácil que caigan en la ira descontrolada y en la violencia física. En los centros de trabajo ya se pone mucho cuidado en apartar a este tipo de personas inmediatamente. En el hogar es necesario pedir ayuda cuanto antes. 

9.- El egoísta, el grupo de personas tóxicas más comunes

Las más frecuentes, las que solo piensan en ellas mismas sin tener ninguna patología “grave”. Son individuos que les cuesta trabajo ponerse en el lugar de los otros y que solo miran por su interés. Son difíciles de tratar y expertos en robar energía poco a poco. 

10.- El que va de víctima por la vida y toda la culpa la tienen los demás

Son personas tóxicas que achacan al karma una supuesta mala suerte que solo les corresponde a ellos mismos. Incapaces de mover un dedo para superarse o mejorar, todo lo que les ocurre es por culpa de anteriores parejas, jefes, el gobierno o el sistema que rige el Universo. Aunque puede haber un narcisismo solapado en esta actitud, en el fondo subyace una pereza mental patológica que busca en el otro la solución a todos los problemas y la resolución de cualquier tarea por muy sencilla que sea. Están, además, invadidos por una ira descontrolada y un resentimiento profundo hacia el resto del mundo.  

Cómo son las personas tóxicas: características generales 

1.- Están siempre criticando y diciendo como deben hacerse las cosas

Son maestros en meterse en tu vida y en ejercer juicios de valor sin estar autorizado a ello. Son los que llevan una existencia a todas luces poca afortunada y tienen la solución a cómo debes cortar la hierba del césped. Son tan atrevidos que dan su opinión con una arrogancia que a una persona normal le sonrojaría. 

2.- Están situados en una zona de confort perenne

No hacen ningún esfuerzo por salir, por superarse, por resolver, por dar, por soltar si hiciera falta. Su mundo es un lugar concreto (a veces literalmente) donde es imposible que salgan. No se atreven a probar cosas nuevas, a viajar, a estudiar, a embarcarse en rumbos desconocidos. La zona de confort donde el progreso no es posible es, sencillamente, su mundo. 

3.- Todo a su alrededor son problemas y más problemas

Y tú no sabes por qué. Pero todo se les vuelve en contra. Quizás porque son maestros en meterse en dificultades. Es imposible que hagan un plan para simplificar la vida. 

4.- Las personas tóxicas son quejicas y los culpables son siempre los demás

Si buscan pareja, todas las anteriores han sido terribles. Su familia es poco más o menos que el clan demoniaco. Los socios, jefes o compañeros de trabajo lo han timado. No han sido capaces de hacer nada bueno en la vida. Pregúntate por qué. 

5.- A poco que te fijes son perezosas y vagas. No producen nada

Suelen ser maestros (sobre todo los tipos narcisistas y psicópatas) de parasitar de los demás, Siempre son otros los que hacen el trabajo, las tareas de la casa, la parte de esfuerzo que les corresponde. Las personas tóxicas suelen ser indolentes, dadas a perder el tiempo (no digo que les guste el ocio, los viajes o pasar horas con su familia), a no pararse a producir algo que les haga felices. Suelen evadir toda su responsabilidad en los demás. 

6.- Las personas tóxicas nunca agradecen aunque le des tu vida a cambio de nada

Este es una de las características más impactantes. Si dicen “gracias” es para que no se les note que son de esta condición. Al no agradecer, no se sienten satisfechos con nada y no disfrutan ni de las mejores cosas o personas. 

7.- Mienten y algunos llegan hasta a inventarse  una vida paralela

Las personas tóxicas mienten sobre cualquier cosa aunque sean nimiedades. Es frecuente que se inventen hechos o circunstancias positivas ni que por asomo forman parte de su vida. Hay quienes llegan a montar todo un tinglado paralelo de mentira a su alrededor. 

8.-Las personas tóxicas se meten en tu vida sin que le des permiso juzgando a diestro y siniestro

Son maestros a la hora de ver tus debilidades. Los asimilan y se meten en tu vida juzgándote constantemente y haciéndote sentir mal. Es en este preciso momento cuando debes trazar una frontera entre ellos y tú. Nadie tiene derecho a hacer que te sientas mal. Si lo hace, aunque sea con buenas palabras, es porque algo pretende de ti. Normalmente la intención es desvalorizarte para, a continuación, sacar provecho. ¡No dejes que te roben tu luz! 

9.- Las personas tóxicas se enfadan con mucha facilidad y son propensos a la ira, a vocear y a la violencia

Si quieres dar tu opinión, expresar como te sientes, manifestar que te está haciendo daño su reacción es vocear, insultar, manejar la ira (psicológica o, peor aún, física). En casos extremos llegan a la violencia. Si ves que la ejerce con alguien ajeno a ti, no dudes que, más temprano que tarde, la va a realizar contra ti. ¡Aléjate en cuanto puedas! Incluso si es alguien de trabajo, vete cuanto antes. Búscate otro empleo aunque esté peor remunerado. Este tipo de personas tóxicas son peligrosas y envician cualquier ambiente. 

10.- Consideran que se les falta el respeto con actos que son nimiedades

Si son maestros en agredir psicológicamente y espiritualmente a los otros, ellos se sienten dañados por tonterías. Cualquier gesto puede ser interpretado como una ofensa irreparable y tú te quedas totalmente descolocado porque sientes, de corazón, que no ha sido para tanto.  

¿Qué poder ejercen sobre ti las personas tóxicas?

1.- En el trabajo, sobre todo si son superiores, jefes o clientes, pueden llegar a tal carga mental que desarrolles el Síndrome de burnout. Es tan grave que sentirás no poder afrontar tareas sencillas. 

2.- En el hogar pueden llegar al maltrato psicológico con todas las consecuencias tan terribles de este hecho. Suelen ser personas expertas en herir la autoestima. 

3.- Suelen infectar cualquier relación con negatividad y estrés. 

4.- Las personas tóxicas generan confusión allí donde van. Sientes que tu energía vital se apaga y, aunque tu vibración sea la del amor y la entrega, te ves arrastrado hacia el miedo sin saber por qué. 

5.- Cuando la persona tóxica es tu pareja o está en tu familia cercana, puede herirte psicológicamente de por vida incluso. Va a ser tanto que necesitarás ayuda para salir de esta situación. La buena noticia (siempre la hay) es que vas a salir y además con un brillo más fuerte del que tenías. 

6.- La confusión y el miedo que generan a su alrededor es tanto que puedes tomar decisiones importantes de manera equivocada simplemente porque te ha guiado esos mandatos inconscientes anidados por las personas tóxicas. 

7.- También son expertos en envenenar el resto de relaciones que tengas con otras personas maravillosas que se alejan al verte inserto en esa negrura. 

9.- Son, en definitiva, expertos en desbaratar vidas por diversos medios. 

¿Cómo debes actuar para que las personas tóxicas no te influencien? 

1.- Lo único que puedes hacer es alejarte. ¡Así sin más! Este tipo de personas no cambian nunca. Solo algunas se dan cuenta de lo que son y, por las razones que sean, piden ayuda. Incluso si se trata de tu familia lo mejor es poner distancia (cuanto más mejor) para que no te envenenen más. Una vez que tienes identificado qué es lo que ocurre es más fácil resistirte a bajar a su vibración. 

2.- Haz terapia detox mental. Cuídate, mímate y ten siempre presente los límites. Cuanto más te ames de manera sana y más alegría atesores, menos daño te pueden hacer este tipo de personas. 

3.- No te lo tomes como algo personal. Recuerda siempre que hieren con palabras y que mienten. Eso que estás diciendo de ti no es verdad. Es su envidia y su veneno el que sale de su boca. 

4.- Practica el perdón. Sabemos que es difícil pero también se aprende. Es la única manera de que estas personas no jueguen contigo y seas tan fuerte como pararlas con tu luz.  

Y, por último, recuerda siempre: si no puedes, abandona. Esa no es tu guerra ni ninguna otra. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Conoce el síndrome de burnout, una de las patologías contemporáneas asociadas al estrés laboral. Así son sus síntomas, causas y tratamiento del conocido como trabajador quemado. 

La noticia ha corrido como la pólvora a finales del mayo de 2019: la OMS ha introducido en su catálogo el síndrome de burnout o del trabajador quemado en la lista de las enfermedades invalidantes de corte laboral. En este caso, la clasificación no es baladí o sin importancia, ya que los profesionales de la salud han considerado que esta condición no se da por circunstancias emocionales más o menos adversas. Esto es, no se produce si tienes un duelo complicado o estás pasando un divorcio duro o una mala racha económica o, incluso, todo a la vez. El síndrome de burnout está ligado a las condiciones laborales contemporáneas y es una respuesta del organismo a una mala praxis laboral ya sea de modo colectivo o achacable a una empresa concreta. 

En los próximos años habrá un ir y venir de sentencias de los juzgados (con bajas por invalidez), expertos, agentes sociales y todo el que tenga algo que decir sobre el asunto y ya nos iremos enterando a su debido tiempo. La buena (y mala a la vez) noticia es que la OMS ya ha introducido este síndrome en el catálogo. Por contra, es de tal entidad que no se puede achacar a un episodio de estrés puntual y ni siquiera a una crisis de ansiedad o una depresión. Es algo más profundo, tanto que cambia el carácter (esperemos que no sea para siempre) de quien lo sufre.  

Qué es el síndrome de burnout o trabajador quemado

Resumiendo mucho se engloba en esta definición una serie de patologías o contratiempos producidos por la actividad laboral y que deja al individuo que lo sufre prácticamente invalidado para seguir tareas sencillas. No se puede confundir con aquellas enfermedades u otros síndromes que surgen fruto de dolor psíquico por fracasos amorosos, familias disfuncionales, pérdida de seres queridos o, incluso, asuntos tan graves como el maltrato psicológico dentro del hogar y/o la pareja. El trabajador quemado es eso: una persona que se enfrenta a los sinsabores de buscarse el sustento a diario con un montón de resistencias constantes. 

Estrés laboral y burnout

Dicho así puede ser que lo suframos todos los que, de una manera u otra, tenemos que echar mano de una buena dosis de resilencia para hacer frente a los embates diarios. El síndrome de burnout, aunque tiene en el estrés un factor importante, no se puede confundir con un cuadro de este tipo más o menos intenso. Este último desaparece cuando se alejan sus causas (por poner un caso, en vacaciones o una baja laboral por agotamiento psicológico) mientras que el trabajador quemado ya lo está en esencia. Esto es, a no ser que desarrollemos terapias efectivas para retornar al ser anterior, es complicado que esta circunstancia no deje una huella indeleble en el carácter de quien lo sufre. 

Síntomas del síndrome de burnout  

1.- Cansancio, agotamiento extremo e, incluso, fatiga crónica

Es uno de los síntomas del síndrome de burnout más evidente. Cualquier acción física, por muy sencilla que esta sea, se hace un mundo. Es algo más que una desgana puntual y no remite con descanso. La persona va arrastrando su cuerpo (y hasta su vida) de una manera penosa casi. 

2.- Desmotivación extrema que no remite disfrutando de hechos aparentemente felices

La fatiga física se transforma paulatinamente en una falta de ilusión por completar cualquier proyecto o actividad. Ni el ocio ni el contacto con los seres queridos mitigan esta situación que va dejando una huella en el alma, como si fuera un pozo sin fondo de oscuridad donde se va resbalando lentamente. A veces se confunde con una depresión o, incluso, se llega a ella.  

3.- El síndrome de burnout produce irritabilidad

La persona no encuentra consuelo en ninguna actividad, hecho o plan alguno. Le va molestando los ruidos, los espacios cerrados y/o abiertos. Se aturrulla cuando se encuentra en un sitio abarrotado de gente. Todo se le vuelve difícil de disfrute y complicado de aceptar. 

4.- El insomnio se vuelve crónico así como los pensamientos recurrentes

A pesar de este cansancio tan evidente, conciliar el sueño se hace un mundo. Hay despertares nocturnos y dificultad para dejar atrás la vigilia. También son frecuentes las pesadillas en estos estados.  

5.- En casos extremos, se baja hacia la tristeza y/o la depresión

Con este cuadro es fácil caer en una grisura de dolor en el que el alma cambia y se llega a la tristeza y/o la depresión. No hay razón aparente. Simplemente, la persona se encuentra en un estado de embotamiento tal que le es difícil salir adelante. Por eso, hay que estar vigilante para no caer en una depresión. 

6.- El síndrome de burnout produce  ataques de ansiedad constantemente

Paralelamente se van produciendo esos episodios en el que el mundo se viene encima, falta el aire, la persona se cree morir y va a necesitar, incluso, de ayuda médica. Cuando el pánico se apodera de la persona paralizándola por completo llega un momento en el que entiende que algo debe cambiar para poder seguir adelante. Desgraciadamente, en nuestra cultura occidental se recurre con frecuencia a los fármacos (necesarios para bloquear el primer impacto) pero es más complicado que se ahonde en las causas que ha desembocado la situación. 

7.- Trastornos alimentarios con o sin pérdida de peso

Puede ser cualquier cosa: bulimia, anorexia, ansiedad por comer, atracones de comida, ansiedad a deshora… Es frecuente, para calmar la ansiedad, acudir a productos poco sanos, grasosos o con mucha azúcar. Con esta alimentación (que afecta al centro de recompensa del cerebro) la situación se agrava aún más. 

8.- Enfermedades psicosomáticas diversas sin causas aparentes

Sarpullidos, pérdida de voz, mareos, vértigos, vómitos (asociados o no a trastornos alimentarios), delgadez extrema o todo lo contrario. El cuerpo puede volverse en contra de la persona con cualquier enfermedad o síntoma psicosomático de muy difícil previsión y curación por los métodos tradiciones. 

9.- El síndrome de burnout puede estar detrás de algunas enfermedades graves

Hay algunos médicos (los que tienen una formación más holística) que afirman que detrás del cáncer (entre otras causas) se encuentran trastornos psicológicos como el síndrome del burnout, el estrés crónico o el dolor psíquico continuado. También es un factor de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares graves. 

10.- Ideas suicidas e, incluso, consecución del mismo

Al no ver salida alguna y no sentirse comprendido… 

Causas del Síndrome de Burnout

Aunque es fácil achacar toda la culpa al ambiente laboral de algunas empresas con jefes, encargados o compañeros tóxicos cuando narcisistas o claramente psicópatas, bien es verdad que es el modo de vida contemporáneo el que lleva a romperse a muchísimas personas de esta manera. Entiende, por favor, las siguientes notas como un espacio para la reflexión con miras a no reducir un tema tan complejo en unas cuantas líneas. 

1.- La economía actual se sustenta en el miedo y eso produce ansiedad

Miedo (incluso terror a todo): a perder el trabajo, a que te quiten el sueldo, a no poder pagar la hipoteca, a una avería del coche… Forma parte de nuestro mundo. Por un lado, estamos inmersos en un sistema consumista que invita al hedonismo extremo y, por el otro, nos topamos con una realidad en el plano económico que exige mucho. 

2.-  El síndrome de burnout es más frecuente en profesiones que, de una manera u otra, se enfocan en objetivos

Por eso, es más frecuente en profesionales liberales, freelances, personas con responsabilidad o comerciales a pie de calle (o de teléfono). Si el día (semana o mes) avanza y no se consigue aquello que se ha propuesto, comienza a generarse cortisol (la hormona del estrés) y el organismo se descomponse hasta límites graves. Además, en ocasiones, esos objetivos están diseñados de tal manera que son muy difíciles de cumplir abriendo la puerta a la frustración, la baja autoestima y la apatía, pilares del burnout.  

3.-  El individualismo atroz hace que los trabajadores de cara al público les afecta mucho más 

Dependientes, médicos, profesores están también en esta lista. Son la cara (y deben ser amables siempre) de un sistema que tiene que lidiar con personas que, a veces, han perdido la noción de lo que significa el civismo.  

4.- La movilidad, la disponibilidad y la inseguridad laboral están detrás del síndrome de burnout

Hoy estás aquí pero mañana puedes estar en otro sitio con el consiguiente desbarajuste familiar, social y económico. Si esto no va acompañado de una mejora (sucede a veces), es normal que se instale la desgana y que comience el proceso para crear un nuevo trabajador quemado. 

5.- Ni que decir tiene que hay personalidades más propensas que otras a sufrirlo

Por la educación, la forma de ser, los valores transmitidos en el hogar o incluso, abusos sufridos en la infancia, hay personas que llegan a la vida adulta más tocadas que otras. Eso las predispone (porque no tienen herramientas emocionales) a caer bajo las garras del acoso y de la injusticia generándose, a la larga, el síndrome. 

6.- El estrés constante lleva al síndrome de burnout

Está demostrado además. Cuando es imposible recuperarse de una situación y de otra y de otra se resbala hacia algo más complicado de solucionar. Por eso es tan importante poder descansar, darse vacaciones y cortar la jornada laboral cuando se llega a casa.  

encia a salir de la zona de confort y baja autoestima

Las personas que se enrocan en los miedos y se resisten a los cambios tienen más probabilidades de desarrollar este síndrome. También es frecuente en quienes se exigen mucho y quieren agradar a toda costa, desvalorizándose hasta extremos que quedan exhaustos. En estos casos hay que hacer un esfuerzo adicional por salir de la llamada zona de confort.  

8.- La desmotivación y los trabajos sobrerrepresentados llevan al síndrome de burnout

No es lo mismo darlo todo en un proyecto ilusionaste en el que se tiene libertad que en un trabajo en el que se lleva años y en el que se está sobrecualificado. Es normal que se instale la apatía y la desgana. Reitero que es el caldo de cultivo para crear nuevos quemados en la sociedad.  

9.- La falta de empatía de jefes y compañeros también contribuyen a ello

Los objetivos a toda costa, la poca visión a la hora de exigir al otro, el egoísmo, la competencia feroz por el ascenso o por una mejora hacen que personas sensibles o con otros valores se sientan fuera del sistema y sin fuerzas para seguir.  

10.- ¿Nos preguntamos por la consecución de un éxito social a toda costa como desencadenante? 

No nos damos tiempo para preguntarnos qué queremos hacer con nuestra vida o que nos hace felices. A veces corremos hacia metas que no nos pertenecen simplemente porque nos han inculcado que son los objetivos a cumplir. Cuando se avanza en el nivel de conciencia, aunque se haya caído en este estado, es más fácil poder salir de aquí. ¡Es una de las buenas noticias entre tantas malas!  

Tratamiento del síndrome de burnout 

Desafortunadamente, no hay ninguna pastilla que disponga a las personas que lo sufren a levantarse una buena mañana con toda la felicidad y ánimo del mundo. El alma, espíritu y físico del ser humano no funciona así. El tratamiento siempre tiene que ser multidisciplinar y continuado en el tiempo. Como esto no va a salir en una estadística, en los próximos años veremos un para allá y para acá entre médicos y afectados que van a dejar a más de uno mucho peor de lo que estaban. La terapia tiene que combinar, sí o sí, una potente presencia de un psicólogo que restablezca la autoestima herida de algún modo u otro. También son importantes herramientas anímicas que frenen el acoso laboral, la explotación o directamente el moobing, otra de las bases de este síndrome. 

El reposo físico y la búsqueda de una motivación vital satisfactoria también tienen que estar detrás. Todo ello va a necesitar de profesionales más allá de la medicina convencional occidental tan dada a las recetas. Sin duda va a ser un reto de toda la sociedad. El primer paso ya está dado. Es el reconocimiento.

¿Cómo no caer en el síndrome de burnout?

La soledad, el aislamiento y la incomprensión son caldo de cultivo para resbalarse por esta espiral tan terrible. Por eso, es difícil porque la sociedad actual no ayuda. Bien es verdad que una vez lo tenemos localizado y sabemos que existe (como ha aceptado la OMS en mayo de 2019) es más fácil estar prevenidos. Es necesario preguntarse constantemente si nos hace feliz lo que hacemos, si podemos dar más de nosotros mismos en otras circunstancias y/o emplazamientos. Ni que decir tiene que no hay que tener miedo al cambio, a coger el camino de aquello que nos realiza y, también hay que saber manejar la asertividad para poder decir no a diario a los abusos constantes. 

Resulta complicado pero no imposible. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

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Conoce el síndrome de burnout, una de las patologías contemporáneas asociadas al estrés laboral. Así son sus síntomas, causas y tratamiento del conocido como trabajador quemado. 

La noticia ha corrido como la pólvora a finales del mayo de 2019: la OMS ha introducido en su catálogo el síndrome de burnout o del trabajador quemado en la lista de las enfermedades invalidantes de corte laboral. En este caso, la clasificación no es baladí o sin importancia, ya que los profesionales de la salud han considerado que esta condición no se da por circunstancias emocionales más o menos adversas. Esto es, no se produce si tienes un duelo complicado o estás pasando un divorcio duro o una mala racha económica o, incluso, todo a la vez. El síndrome de burnout está ligado a las condiciones laborales contemporáneas y es una respuesta del organismo a una mala praxis laboral ya sea de modo colectivo o achacable a una empresa concreta. 

En los próximos años habrá un ir y venir de sentencias de los juzgados (con bajas por invalidez), expertos, agentes sociales y todo el que tenga algo que decir sobre el asunto y ya nos iremos enterando a su debido tiempo. La buena (y mala a la vez) noticia es que la OMS ya ha introducido este síndrome en el catálogo. Por contra, es de tal entidad que no se puede achacar a un episodio de estrés puntual y ni siquiera a una crisis de ansiedad o una depresión. Es algo más profundo, tanto que cambia el carácter (esperemos que no sea para siempre) de quien lo sufre.  

Qué es el síndrome de burnout o trabajador quemado

Resumiendo mucho se engloba en esta definición una serie de patologías o contratiempos producidos por la actividad laboral y que deja al individuo que lo sufre prácticamente invalidado para seguir tareas sencillas. No se puede confundir con aquellas enfermedades u otros síndromes que surgen fruto de dolor psíquico por fracasos amorosos, familias disfuncionales, pérdida de seres queridos o, incluso, asuntos tan graves como el maltrato psicológico dentro del hogar y/o la pareja. El trabajador quemado es eso: una persona que se enfrenta a los sinsabores de buscarse el sustento a diario con un montón de resistencias constantes. 

Estrés laboral y burnout

Dicho así puede ser que lo suframos todos los que, de una manera u otra, tenemos que echar mano de una buena dosis de resilencia para hacer frente a los embates diarios. El síndrome de burnout, aunque tiene en el estrés un factor importante, no se puede confundir con un cuadro de este tipo más o menos intenso. Este último desaparece cuando se alejan sus causas (por poner un caso, en vacaciones o una baja laboral por agotamiento psicológico) mientras que el trabajador quemado ya lo está en esencia. Esto es, a no ser que desarrollemos terapias efectivas para retornar al ser anterior, es complicado que esta circunstancia no deje una huella indeleble en el carácter de quien lo sufre. 

Síntomas del síndrome de burnout  

1.- Cansancio, agotamiento extremo e, incluso, fatiga crónica

Es uno de los síntomas del síndrome de burnout más evidente. Cualquier acción física, por muy sencilla que esta sea, se hace un mundo. Es algo más que una desgana puntual y no remite con descanso. La persona va arrastrando su cuerpo (y hasta su vida) de una manera penosa casi. 

2.- Desmotivación extrema que no remite disfrutando de hechos aparentemente felices

La fatiga física se transforma paulatinamente en una falta de ilusión por completar cualquier proyecto o actividad. Ni el ocio ni el contacto con los seres queridos mitigan esta situación que va dejando una huella en el alma, como si fuera un pozo sin fondo de oscuridad donde se va resbalando lentamente. A veces se confunde con una depresión o, incluso, se llega a ella.  

3.- El síndrome de burnout produce irritabilidad

La persona no encuentra consuelo en ninguna actividad, hecho o plan alguno. Le va molestando los ruidos, los espacios cerrados y/o abiertos. Se aturrulla cuando se encuentra en un sitio abarrotado de gente. Todo se le vuelve difícil de disfrute y complicado de aceptar. 

4.- El insomnio se vuelve crónico así como los pensamientos recurrentes

A pesar de este cansancio tan evidente, conciliar el sueño se hace un mundo. Hay despertares nocturnos y dificultad para dejar atrás la vigilia. También son frecuentes las pesadillas en estos estados.  

5.- En casos extremos, se baja hacia la tristeza y/o la depresión

Con este cuadro es fácil caer en una grisura de dolor en el que el alma cambia y se llega a la tristeza y/o la depresión. No hay razón aparente. Simplemente, la persona se encuentra en un estado de embotamiento tal que le es difícil salir adelante. Por eso, hay que estar vigilante para no caer en una depresión. 

6.- El síndrome de burnout produce  ataques de ansiedad constantemente

Paralelamente se van produciendo esos episodios en el que el mundo se viene encima, falta el aire, la persona se cree morir y va a necesitar, incluso, de ayuda médica. Cuando el pánico se apodera de la persona paralizándola por completo llega un momento en el que entiende que algo debe cambiar para poder seguir adelante. Desgraciadamente, en nuestra cultura occidental se recurre con frecuencia a los fármacos (necesarios para bloquear el primer impacto) pero es más complicado que se ahonde en las causas que ha desembocado la situación. 

7.- Trastornos alimentarios con o sin pérdida de peso

Puede ser cualquier cosa: bulimia, anorexia, ansiedad por comer, atracones de comida, ansiedad a deshora… Es frecuente, para calmar la ansiedad, acudir a productos poco sanos, grasosos o con mucha azúcar. Con esta alimentación (que afecta al centro de recompensa del cerebro) la situación se agrava aún más. 

8.- Enfermedades psicosomáticas diversas sin causas aparentes

Sarpullidos, pérdida de voz, mareos, vértigos, vómitos (asociados o no a trastornos alimentarios), delgadez extrema o todo lo contrario. El cuerpo puede volverse en contra de la persona con cualquier enfermedad o síntoma psicosomático de muy difícil previsión y curación por los métodos tradiciones. 

9.- El síndrome de burnout puede estar detrás de algunas enfermedades graves

Hay algunos médicos (los que tienen una formación más holística) que afirman que detrás del cáncer (entre otras causas) se encuentran trastornos psicológicos como el síndrome del burnout, el estrés crónico o el dolor psíquico continuado. También es un factor de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares graves. 

10.- Ideas suicidas e, incluso, consecución del mismo

Al no ver salida alguna y no sentirse comprendido… 

Causas del Síndrome de Burnout

Aunque es fácil achacar toda la culpa al ambiente laboral de algunas empresas con jefes, encargados o compañeros tóxicos cuando narcisistas o claramente psicópatas, bien es verdad que es el modo de vida contemporáneo el que lleva a romperse a muchísimas personas de esta manera. Entiende, por favor, las siguientes notas como un espacio para la reflexión con miras a no reducir un tema tan complejo en unas cuantas líneas. 

1.- La economía actual se sustenta en el miedo y eso produce ansiedad

Miedo (incluso terror a todo): a perder el trabajo, a que te quiten el sueldo, a no poder pagar la hipoteca, a una avería del coche… Forma parte de nuestro mundo. Por un lado, estamos inmersos en un sistema consumista que invita al hedonismo extremo y, por el otro, nos topamos con una realidad en el plano económico que exige mucho. 

2.-  El síndrome de burnout es más frecuente en profesiones que, de una manera u otra, se enfocan en objetivos

Por eso, es más frecuente en profesionales liberales, freelances, personas con responsabilidad o comerciales a pie de calle (o de teléfono). Si el día (semana o mes) avanza y no se consigue aquello que se ha propuesto, comienza a generarse cortisol (la hormona del estrés) y el organismo se descomponse hasta límites graves. Además, en ocasiones, esos objetivos están diseñados de tal manera que son muy difíciles de cumplir abriendo la puerta a la frustración, la baja autoestima y la apatía, pilares del burnout.  

3.-  El individualismo atroz hace que los trabajadores de cara al público les afecta mucho más 

Dependientes, médicos, profesores están también en esta lista. Son la cara (y deben ser amables siempre) de un sistema que tiene que lidiar con personas que, a veces, han perdido la noción de lo que significa el civismo.  

4.- La movilidad, la disponibilidad y la inseguridad laboral están detrás del síndrome de burnout

Hoy estás aquí pero mañana puedes estar en otro sitio con el consiguiente desbarajuste familiar, social y económico. Si esto no va acompañado de una mejora (sucede a veces), es normal que se instale la desgana y que comience el proceso para crear un nuevo trabajador quemado. 

5.- Ni que decir tiene que hay personalidades más propensas que otras a sufrirlo

Por la educación, la forma de ser, los valores transmitidos en el hogar o incluso, abusos sufridos en la infancia, hay personas que llegan a la vida adulta más tocadas que otras. Eso las predispone (porque no tienen herramientas emocionales) a caer bajo las garras del acoso y de la injusticia generándose, a la larga, el síndrome. 

6.- El estrés constante lleva al síndrome de burnout

Está demostrado además. Cuando es imposible recuperarse de una situación y de otra y de otra se resbala hacia algo más complicado de solucionar. Por eso es tan importante poder descansar, darse vacaciones y cortar la jornada laboral cuando se llega a casa.  

encia a salir de la zona de confort y baja autoestima

Las personas que se enrocan en los miedos y se resisten a los cambios tienen más probabilidades de desarrollar este síndrome. También es frecuente en quienes se exigen mucho y quieren agradar a toda costa, desvalorizándose hasta extremos que quedan exhaustos. En estos casos hay que hacer un esfuerzo adicional por salir de la llamada zona de confort.  

8.- La desmotivación y los trabajos sobrerrepresentados llevan al síndrome de burnout

No es lo mismo darlo todo en un proyecto ilusionaste en el que se tiene libertad que en un trabajo en el que se lleva años y en el que se está sobrecualificado. Es normal que se instale la apatía y la desgana. Reitero que es el caldo de cultivo para crear nuevos quemados en la sociedad.  

9.- La falta de empatía de jefes y compañeros también contribuyen a ello

Los objetivos a toda costa, la poca visión a la hora de exigir al otro, el egoísmo, la competencia feroz por el ascenso o por una mejora hacen que personas sensibles o con otros valores se sientan fuera del sistema y sin fuerzas para seguir.  

10.- ¿Nos preguntamos por la consecución de un éxito social a toda costa como desencadenante? 

No nos damos tiempo para preguntarnos qué queremos hacer con nuestra vida o que nos hace felices. A veces corremos hacia metas que no nos pertenecen simplemente porque nos han inculcado que son los objetivos a cumplir. Cuando se avanza en el nivel de conciencia, aunque se haya caído en este estado, es más fácil poder salir de aquí. ¡Es una de las buenas noticias entre tantas malas!  

Tratamiento del síndrome de burnout 

Desafortunadamente, no hay ninguna pastilla que disponga a las personas que lo sufren a levantarse una buena mañana con toda la felicidad y ánimo del mundo. El alma, espíritu y físico del ser humano no funciona así. El tratamiento siempre tiene que ser multidisciplinar y continuado en el tiempo. Como esto no va a salir en una estadística, en los próximos años veremos un para allá y para acá entre médicos y afectados que van a dejar a más de uno mucho peor de lo que estaban. La terapia tiene que combinar, sí o sí, una potente presencia de un psicólogo que restablezca la autoestima herida de algún modo u otro. También son importantes herramientas anímicas que frenen el acoso laboral, la explotación o directamente el moobing, otra de las bases de este síndrome. 

El reposo físico y la búsqueda de una motivación vital satisfactoria también tienen que estar detrás. Todo ello va a necesitar de profesionales más allá de la medicina convencional occidental tan dada a las recetas. Sin duda va a ser un reto de toda la sociedad. El primer paso ya está dado. Es el reconocimiento.

¿Cómo no caer en el síndrome de burnout?

La soledad, el aislamiento y la incomprensión son caldo de cultivo para resbalarse por esta espiral tan terrible. Por eso, es difícil porque la sociedad actual no ayuda. Bien es verdad que una vez lo tenemos localizado y sabemos que existe (como ha aceptado la OMS en mayo de 2019) es más fácil estar prevenidos. Es necesario preguntarse constantemente si nos hace feliz lo que hacemos, si podemos dar más de nosotros mismos en otras circunstancias y/o emplazamientos. Ni que decir tiene que no hay que tener miedo al cambio, a coger el camino de aquello que nos realiza y, también hay que saber manejar la asertividad para poder decir no a diario a los abusos constantes. 

Resulta complicado pero no imposible. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

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Así son los mecanismos que una madre narcisista utiliza para crear una familia tóxica

La mitología y las obras clásicas ya nos mostraron los efectos devastadores de la madre narcisista. Ante un despecho o un desaire no dudaban levantar la mano contra sus vástagos para dañar al padre o resarcirse de una afrenta. Recordemos a Medea (obra cumbre de la literatura griega), quien mata a sus hijos al verse despechada. Ella es el epítome de la madre tóxica que va más allá de una malvada madrastra. No ama a sus hijos. No puede, no quiere o no sabe hacerlo. Para estas mujeres la maternidad, en lugar del camino de amor que nos supone al resto de los mortales esta aventura, es más bien un peaje a pagar por cualquier cosa. Y dentro de ese cualquier cosa está la presión social, el estatus, la apatía, la desidia o cualquier epíteto negativo que quieras poner aquí. 

Este tipo de mujeres tremendamente tóxicas tienen todas las características del narcisista y, a veces, del psicópata. Si eso no fuera suficiente, su peligro es aún mayor porque ejerce su reinado (tiranía más bien) dentro de las cuatro paredes del hogar sobre seres tan indefensos que necesitan a los adultos de forma extrema. 

Características de una madre narcista

1.- Solo se aman a ellas mismas y no saben qué es la compasión

Esta es su principal característica y germen de todas las siguientes. El mundo gira alrededor de ellas, de su supuesta belleza, de su autoproclamado buen hacer, de sus deseos y hasta de sus caprichos. Siempre tienen una opinión de todo y la imponen a la fuerza sin interesarse por el daño que sus palabras pueden generar en los otros y, si hace falta, con gritos y/o violencia. Eso crea en los pequeños un estado de estrés continuo y una inseguridad patológica porque no pueden prever la reacción de la madre. 

2.- La madre narcisista tiene un ego tan grande que quiere estar sobre un pedestal

Algunas de estas mujeres, incluso, lo reconocen cuando se habla con ella. Pueden contar una mala experiencia (amorosa, por poner un caso) y, al narrarla, se les escapa esas palabras: “Me tenía sobre un pedestal y me tiró por el suelo”. “Me decía divina y me abandonó”. No soportan que el otro haga su vida o tenga una opinión distinta a la de ella. Por si esto no fuera poco, cualquier gesto del otro que no es de su agrado será considerado como una afrenta terrible difícil de reparar.  

3.- Ejerce su tiranía de forma diferente si tiene varios hijos 

A simple vista puede parecer que tiene preferencias por alguno de ellos. Eso es solo una fachada (algo que cuidan bastante bien todos los narcisistas). En el fondo, estas mujeres no aman a nadie y sencillamente asignan un papel a cada uno de ellos de acuerdo con sus intereses. Su objetivo es que el núcleo familiar no esté conexionado para así ser ella el supuesto pegamento que repara todos estos corazones roto.  

4.- La madre narcisista por norma general tiene envidia de las hijas

Así sin más y, por tanto, boicoteará cualquier iniciativa de las niñas. Se las apañará para no reconocer los méritos de las pequeñas, para impedir su progreso, para recordarles constantemente lo mal que lo hacen todo el tiempo. De muchachas estarán sometidas a todo tipo de comparaciones, coacciones y estrés. Lo que ella desea o necesita (incluso si es importante) no será tenido en cuenta y, por contra, cualquier comportamiento deberá tener la aprobación de la madre o de lo que esta cree que debe ser y es bueno para el papel social que desempeña.  

5.- Es una déspota impredecible

Es una crítica cruel y despiadada que no mide sus palabras y que está instando constantemente a sus vástagos a demostrar supuestos logros impuestos por ella. Ese demostrar puede ser cualquier cosa y, además, es imposible preverlo. Lo hace sutilmente, por lo bajo, cuando no haya peligro de ser juzgada de sus actos por un ajeno. Sus hijos van creciendo con toneladas de creencias falsas, erróneas y perjudiciales sobre ellos mismos que coarta su felicidad. Esto imposibilita cualquier desarrollo personal sereno y la consecución, por tanto, de la felicidad. 

6.- No apoya a sus hijos en nada porque para ella estos logros no son nada

Aunque estos sean conseguir el Premio Nobel o el reconocimiento internacional por cualquier acción. Nunca es suficiente para estas madres. Su sed ególatra no se apaga nunca. 

7.- De puertas para afuera la madre narcisista se comporta de manera “perfecta”

Por eso es tan difícil detectarlas. Esto también contribuye a la soledad de los vástagos más afectados por su ira y crueldad. Nadie los cree. No pueden decir a un extraño que esa mujer perfecta, a los ojos de los demás, ejerce tal tiranía dentro del hogar. De las garras se sale de niño simplemente si es extremadamente indolente y los pequeños están abandonados. De adultos se va a necesitar terapia para conseguir dejar atrás este daño. Algunos están instalados en una peligrosa zona de confort de la que les cuesta muchísimo salir. El siguiente paso (la superación del miedo) es tan dificultoso que, en un porcentaje bastante amplio, no logran zafarse de este yugo nunca. 

8.- No dudará en arrastrar a sus hijos a la locura o a la dependencia

Tal cual y, además, se presentará ante los demás como la salvadora de los desmanes de sus vástagos, como la víctima de la incomprensión de sus hijos. Afortunadamente, al día de hoy, son mayoría los psicólogos y agentes sociales que saben con certeza que, tras actitudes destructivas en la infancia y/o adolescencia, hay una familia disfuncional en cualquier sentido.  

9- La madre narcisista se las apañará para que sus hijos no alcancen la libertad

Para ellas eso es una afrenta. Por eso, se las arreglará para que sus hijos o bien no abandonen el nido o bien no sepan cómo manejarse en el mundo de fuera, en el que tienen que hacer valor todas las herramientas emocionales de las que dispongan. Estos pequeños criados por mujeres tóxicas se pierden emocionalmente con las relaciones. Son extremadamente serviles (repitiendo los patrones aprendidos con la madre) y su inseguridad les lleva a ser desconfiados y miedosos ante cualquier reto vital.  

10.- Si se lo permiten, extenderá su reinado a nietos y otros familiares

Todo sea por su gloria. Por eso, seguirá ejerciendo los mismos comportamientos con todos los niños del clan. La única manera de parar y cortar este daño es poniendo a salvo a los peques de su influencia. 

11.- La madre narcisista es tremendamente infeliz 

Por eso se empeña en hacer tanto daño. No sabe dónde está la tranquilidad, la serenidad, la dicha. Sus actos, en el fondo, son un mecanismo de compensación. Solo el adulto que logra entender, comprender y perdonar a su progenitora de todo corazón es el único que se libra de los efectos de una madre tóxica para siempre. Así rompe el círculo con sus hijos liberándolos de esta crianza que, de una manera u otra, se trasmite de generación en generación.  

12.- Es una maestra del camuflaje y es difícil reconocerla

Es complicado ponerle esta etiqueta: madre tóxica porque se empeña en dar una de cal y otra de arena. Los hijos se han acostumbrado a su comportamiento y creen que la vida es así. Además, se las arregla y se preocupa por no dejar ver su verdadera esencia y carácter.  

Y antes de llegar al número 13, considerado de mala suerte en la cultura occidental, rematamos (aunque no son todas) las características de la madre narcisista. El pequeño que ha llegado a tal familia tiene muy difícil su empoderamiento y solo de adulto es capaz de reconocer que ha sido criado en el ambiente hostil de una familia tóxica. Las más de las veces acaban reconociendo y aceptando este bagaje familiar tras superar cuadros gravísimos de ansiedad, enfermedades psicosomáticas, depresiones recurrentes, maltrato psicológico dentro de la pareja, acoso en el trabajo y un sinfín más de calamidades. Hasta que ese adulto no sane esa relación tan tóxica con la madre no logra levantar cabeza (en todos los sentidos del término) para encauzarse en una vida feliz y armoniosa. En la mayoría de los casos se necesitará ayuda o acompañamiento profesional. Estas letras son solo una introducción a lo que has podido vivir. Tómalas, por favor, como lo que son: como un estudio de comunicación de una realidad atroz. Y no dudes en pedir ayuda profesional si crees que has sido criado por una mujer que responde a estas características.  

¿Por qué es tan peligrosa una madre narcisista?

Podríamos decir que porque ejerce su tiranía sobre los seres más vulnerables del planeta: los niños, pero hay más. Estas mujeres tóxicas tienen un alto resentimiento con el mundo, con su propia biografía (de la que los pequeños no son culpables) y con ellas mismas. Al ejercer su dominio con seres vulnerables y en desarrollo estos crecen totalmente confundidos y generando problemas de ansiedad entidad. Si la falta de autoestima los va a llevar a caer en otras relaciones tóxicas, a sufrir acaso en el trabajo o bullying en el colegio, de adultos buscarán siempre la valoración ajena. El daño puede ser tal que estos niños lleguen a una edad avanzada casi sin saber qué es lo que les hace felices o qué es lo que sienten ante una situación dada. Estuvieron tan preocupados por la reacción de su madre, por servirla y por cuidar que no se enfadara que así se comportarán de adultos.  

Los hijos de madre narcisista llegarán a la adultez arrastrando, a veces, problemas gravísimos más allá de una baja autoestima (por si esto fuera poco). Es normal que sean incapaces de mantener parejas estables o formar su propio núcleo familiar con cierta normalidad. También existe un porcentaje alto de caer en adicciones de todo tipo. La ansiedad con la que han crecido les ha llevado a buscar refugio en paraísos artificiales. Además, es complicado acabar los estudios con normalidad y/o elegir una salida universitaria a gusto (en el caso de que la madre narcisista considere que estos les “va bien a ella”).  

Que tu madre narcisista no te haga más daño

Ya se está trabajando con este tipo de madres en algunos ámbitos. Los investigadores y servicios sociales han comenzado con las más indolentes: las que por su situación social dejan abandonados prácticamente a sus hijos. Hay que recordar que este tipo de mujeres no tienen por qué descuidar el cuidado básico, la alimentación o el acompañamiento social mínimo de sus vástagos. En Occidente, las más de las veces este tipo de madres tóxicas cumplen esta función. El problema llega con el maltrato psicológico constante que ejercen sobre uno o todos sus vástagos.

Cómo salir de una familia tóxica

Un pequeño solo tendrá esa oportunidad si el abandono es tal que medien los servicios sociales. En ocasiones, y a pesar de la tristeza del asunto, es la única solución para estos niños dejados a su suerte por sus madres. La mala noticia es que esto solo aparecer en casos extremos en los que se mezclan violencia física evidente, drogas y otras adicciones, falta de recursos económicos básicos o pérdida de la escolarización. 

Lo normal es que el hijo de la madre narcisista se tope con esta dura realidad ya de adulto y, a veces, siendo bastante mayor. En estos casos, hay que aceptar la situación y ponerle nombre. Es duro y complicado reconocer que te crió una madre narcisista incapaz de un gesto de amor, pero es necesario hacerlo por el bien de esa persona herida y por la familia que quiera crear.

Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

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Así son los mecanismos que una madre narcisista utiliza para crear una familia tóxica

La mitología y las obras clásicas ya nos mostraron los efectos devastadores de la madre narcisista. Ante un despecho o un desaire no dudaban levantar la mano contra sus vástagos para dañar al padre o resarcirse de una afrenta. Recordemos a Medea (obra cumbre de la literatura griega), quien mata a sus hijos al verse despechada. Ella es el epítome de la madre tóxica que va más allá de una malvada madrastra. No ama a sus hijos. No puede, no quiere o no sabe hacerlo. Para estas mujeres la maternidad, en lugar del camino de amor que nos supone al resto de los mortales esta aventura, es más bien un peaje a pagar por cualquier cosa. Y dentro de ese cualquier cosa está la presión social, el estatus, la apatía, la desidia o cualquier epíteto negativo que quieras poner aquí. 

Este tipo de mujeres tremendamente tóxicas tienen todas las características del narcisista y, a veces, del psicópata. Si eso no fuera suficiente, su peligro es aún mayor porque ejerce su reinado (tiranía más bien) dentro de las cuatro paredes del hogar sobre seres tan indefensos que necesitan a los adultos de forma extrema. 

Características de una madre narcista

1.- Solo se aman a ellas mismas y no saben qué es la compasión

Esta es su principal característica y germen de todas las siguientes. El mundo gira alrededor de ellas, de su supuesta belleza, de su autoproclamado buen hacer, de sus deseos y hasta de sus caprichos. Siempre tienen una opinión de todo y la imponen a la fuerza sin interesarse por el daño que sus palabras pueden generar en los otros y, si hace falta, con gritos y/o violencia. Eso crea en los pequeños un estado de estrés continuo y una inseguridad patológica porque no pueden prever la reacción de la madre. 

2.- La madre narcisista tiene un ego tan grande que quiere estar sobre un pedestal

Algunas de estas mujeres, incluso, lo reconocen cuando se habla con ella. Pueden contar una mala experiencia (amorosa, por poner un caso) y, al narrarla, se les escapa esas palabras: “Me tenía sobre un pedestal y me tiró por el suelo”. “Me decía divina y me abandonó”. No soportan que el otro haga su vida o tenga una opinión distinta a la de ella. Por si esto no fuera poco, cualquier gesto del otro que no es de su agrado será considerado como una afrenta terrible difícil de reparar.  

3.- Ejerce su tiranía de forma diferente si tiene varios hijos 

A simple vista puede parecer que tiene preferencias por alguno de ellos. Eso es solo una fachada (algo que cuidan bastante bien todos los narcisistas). En el fondo, estas mujeres no aman a nadie y sencillamente asignan un papel a cada uno de ellos de acuerdo con sus intereses. Su objetivo es que el núcleo familiar no esté conexionado para así ser ella el supuesto pegamento que repara todos estos corazones roto.  

4.- La madre narcisista por norma general tiene envidia de las hijas

Así sin más y, por tanto, boicoteará cualquier iniciativa de las niñas. Se las apañará para no reconocer los méritos de las pequeñas, para impedir su progreso, para recordarles constantemente lo mal que lo hacen todo el tiempo. De muchachas estarán sometidas a todo tipo de comparaciones, coacciones y estrés. Lo que ella desea o necesita (incluso si es importante) no será tenido en cuenta y, por contra, cualquier comportamiento deberá tener la aprobación de la madre o de lo que esta cree que debe ser y es bueno para el papel social que desempeña.  

5.- Es una déspota impredecible

Es una crítica cruel y despiadada que no mide sus palabras y que está instando constantemente a sus vástagos a demostrar supuestos logros impuestos por ella. Ese demostrar puede ser cualquier cosa y, además, es imposible preverlo. Lo hace sutilmente, por lo bajo, cuando no haya peligro de ser juzgada de sus actos por un ajeno. Sus hijos van creciendo con toneladas de creencias falsas, erróneas y perjudiciales sobre ellos mismos que coarta su felicidad. Esto imposibilita cualquier desarrollo personal sereno y la consecución, por tanto, de la felicidad. 

6.- No apoya a sus hijos en nada porque para ella estos logros no son nada

Aunque estos sean conseguir el Premio Nobel o el reconocimiento internacional por cualquier acción. Nunca es suficiente para estas madres. Su sed ególatra no se apaga nunca. 

7.- De puertas para afuera la madre narcisista se comporta de manera “perfecta”

Por eso es tan difícil detectarlas. Esto también contribuye a la soledad de los vástagos más afectados por su ira y crueldad. Nadie los cree. No pueden decir a un extraño que esa mujer perfecta, a los ojos de los demás, ejerce tal tiranía dentro del hogar. De las garras se sale de niño simplemente si es extremadamente indolente y los pequeños están abandonados. De adultos se va a necesitar terapia para conseguir dejar atrás este daño. Algunos están instalados en una peligrosa zona de confort de la que les cuesta muchísimo salir. El siguiente paso (la superación del miedo) es tan dificultoso que, en un porcentaje bastante amplio, no logran zafarse de este yugo nunca. 

8.- No dudará en arrastrar a sus hijos a la locura o a la dependencia

Tal cual y, además, se presentará ante los demás como la salvadora de los desmanes de sus vástagos, como la víctima de la incomprensión de sus hijos. Afortunadamente, al día de hoy, son mayoría los psicólogos y agentes sociales que saben con certeza que, tras actitudes destructivas en la infancia y/o adolescencia, hay una familia disfuncional en cualquier sentido.  

9- La madre narcisista se las apañará para que sus hijos no alcancen la libertad

Para ellas eso es una afrenta. Por eso, se las arreglará para que sus hijos o bien no abandonen el nido o bien no sepan cómo manejarse en el mundo de fuera, en el que tienen que hacer valor todas las herramientas emocionales de las que dispongan. Estos pequeños criados por mujeres tóxicas se pierden emocionalmente con las relaciones. Son extremadamente serviles (repitiendo los patrones aprendidos con la madre) y su inseguridad les lleva a ser desconfiados y miedosos ante cualquier reto vital.  

10.- Si se lo permiten, extenderá su reinado a nietos y otros familiares

Todo sea por su gloria. Por eso, seguirá ejerciendo los mismos comportamientos con todos los niños del clan. La única manera de parar y cortar este daño es poniendo a salvo a los peques de su influencia. 

11.- La madre narcisista es tremendamente infeliz 

Por eso se empeña en hacer tanto daño. No sabe dónde está la tranquilidad, la serenidad, la dicha. Sus actos, en el fondo, son un mecanismo de compensación. Solo el adulto que logra entender, comprender y perdonar a su progenitora de todo corazón es el único que se libra de los efectos de una madre tóxica para siempre. Así rompe el círculo con sus hijos liberándolos de esta crianza que, de una manera u otra, se trasmite de generación en generación.  

12.- Es una maestra del camuflaje y es difícil reconocerla

Es complicado ponerle esta etiqueta: madre tóxica porque se empeña en dar una de cal y otra de arena. Los hijos se han acostumbrado a su comportamiento y creen que la vida es así. Además, se las arregla y se preocupa por no dejar ver su verdadera esencia y carácter.  

Y antes de llegar al número 13, considerado de mala suerte en la cultura occidental, rematamos (aunque no son todas) las características de la madre narcisista. El pequeño que ha llegado a tal familia tiene muy difícil su empoderamiento y solo de adulto es capaz de reconocer que ha sido criado en el ambiente hostil de una familia tóxica. Las más de las veces acaban reconociendo y aceptando este bagaje familiar tras superar cuadros gravísimos de ansiedad, enfermedades psicosomáticas, depresiones recurrentes, maltrato psicológico dentro de la pareja, acoso en el trabajo y un sinfín más de calamidades. Hasta que ese adulto no sane esa relación tan tóxica con la madre no logra levantar cabeza (en todos los sentidos del término) para encauzarse en una vida feliz y armoniosa. En la mayoría de los casos se necesitará ayuda o acompañamiento profesional. Estas letras son solo una introducción a lo que has podido vivir. Tómalas, por favor, como lo que son: como un estudio de comunicación de una realidad atroz. Y no dudes en pedir ayuda profesional si crees que has sido criado por una mujer que responde a estas características.  

¿Por qué es tan peligrosa una madre narcisista?

Podríamos decir que porque ejerce su tiranía sobre los seres más vulnerables del planeta: los niños, pero hay más. Estas mujeres tóxicas tienen un alto resentimiento con el mundo, con su propia biografía (de la que los pequeños no son culpables) y con ellas mismas. Al ejercer su dominio con seres vulnerables y en desarrollo estos crecen totalmente confundidos y generando problemas de ansiedad entidad. Si la falta de autoestima los va a llevar a caer en otras relaciones tóxicas, a sufrir acaso en el trabajo o bullying en el colegio, de adultos buscarán siempre la valoración ajena. El daño puede ser tal que estos niños lleguen a una edad avanzada casi sin saber qué es lo que les hace felices o qué es lo que sienten ante una situación dada. Estuvieron tan preocupados por la reacción de su madre, por servirla y por cuidar que no se enfadara que así se comportarán de adultos.  

Los hijos de madre narcisista llegarán a la adultez arrastrando, a veces, problemas gravísimos más allá de una baja autoestima (por si esto fuera poco). Es normal que sean incapaces de mantener parejas estables o formar su propio núcleo familiar con cierta normalidad. También existe un porcentaje alto de caer en adicciones de todo tipo. La ansiedad con la que han crecido les ha llevado a buscar refugio en paraísos artificiales. Además, es complicado acabar los estudios con normalidad y/o elegir una salida universitaria a gusto (en el caso de que la madre narcisista considere que estos les “va bien a ella”).  

Que tu madre narcisista no te haga más daño

Ya se está trabajando con este tipo de madres en algunos ámbitos. Los investigadores y servicios sociales han comenzado con las más indolentes: las que por su situación social dejan abandonados prácticamente a sus hijos. Hay que recordar que este tipo de mujeres no tienen por qué descuidar el cuidado básico, la alimentación o el acompañamiento social mínimo de sus vástagos. En Occidente, las más de las veces este tipo de madres tóxicas cumplen esta función. El problema llega con el maltrato psicológico constante que ejercen sobre uno o todos sus vástagos.

Cómo salir de una familia tóxica

Un pequeño solo tendrá esa oportunidad si el abandono es tal que medien los servicios sociales. En ocasiones, y a pesar de la tristeza del asunto, es la única solución para estos niños dejados a su suerte por sus madres. La mala noticia es que esto solo aparecer en casos extremos en los que se mezclan violencia física evidente, drogas y otras adicciones, falta de recursos económicos básicos o pérdida de la escolarización. 

Lo normal es que el hijo de la madre narcisista se tope con esta dura realidad ya de adulto y, a veces, siendo bastante mayor. En estos casos, hay que aceptar la situación y ponerle nombre. Es duro y complicado reconocer que te crió una madre narcisista incapaz de un gesto de amor, pero es necesario hacerlo por el bien de esa persona herida y por la familia que quiera crear.

Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

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