El tacaño y el avaro desde la psicología

El tacaño y el avaro desde la psicología

 

El arte, la literatura y la mitología lo representan sumidos en ambientes oscuros e invadidos por el miedo. Solos y solitarios (abandonados casi a su suerte), su mundo es pequeño, asfixiante y triste. Toda su preocupación es atesorar y no dar ya que están convencidos de que una catástrofe terrible se cierne sobre ellos si hicieran algo semejante. Son los tacaños, esas personas que ahorran hasta el último céntimo y no gastan en lo necesario para sí o los que están cerca. La convivencia con ellos se hace complicada ya que siempre están barruntando algo terrible si gastan en algo que ellos no consideran imprescindible. Si la literatura está repleto de estas peculiares personalidades, tampoco se queda atrás el avaro. Este es el que ha dado un paso más hacia la infelicidad, ya que nunca estarán satisfecho con lo que tienen y la avidez (sentido presente en la palabra) consumirá su vida como el sediento que nunca puede calmar la sed. 

¿Qué decía Freud del tacaño y su infancia? 

El padre del psicoanálisis y fundador de la psicología moderna, le dedicó un pequeño estudio al tacaño. Lo definía como una persona que no tuvo amor de sus padres en la infancia y que la única forma de “castigar” o llamar la atención de los progenitores era reteniendo las heces cuando era instando a expulsarlas. Esto le producía un placer físico que su inconsciente grabó de una manera peculiar asociando felicidad con acaparar. Si el pequeño encontraba placer en no dar las heces a unos padres poco cuidadosos, pronto se acostumbra a sentir satisfacción en retener cualquier cosa. Y ese cualquier cosa va desde bienes materiales hasta los espirituales. Esto es, el tacaño, el avaro o el codicioso (el que da otro pasa más deseando los bienes o dones que no le pertenecen) son miserables a la hora de gastar dinero por supuesto, pero también a la hora de alegrar la vida a los que le rodean con la generosidad de dones espirituales.  

El avaro que ha caído en el pecado capital de la codicia

Para el Cristianismo la codicia, la avaricia, es un pecado capital. Esto es, es una falta tan importante que lleva implícita otras. El tacaño (en todas sus modalidades) no puede o no quiere rendirse al regalo del amor y se parapeta en los castillos de miedo. Pero no solo para el Cristianismo esta forma de vida es incompatible con una existencia en armonía, también lo es para Buda. Y lo es por que la iluminación (y el Nirvana en un paso más elevado) es incompatible con el apego a los bienes terrenales.  

¿Quiero con esto decir que tenemos que dejar todo atrás si queremos alcanzar la Gracia en este o en otro mundo? ¡Ni mucho menos! Pero, como todo en la vida, hay que dejarlo en justo término. El tacaño tiene apego, miedo y, como cualquier otro tipo de personas tóxicas, le cuesta abandonarse a la generosidad del amor.  

10 características principales del tacaño y el avaro

1.- Tiene miedo constantemente al futuro

La vibración espiritual más elevada del ser humano es la del amor. En el lado contrario no está el odio sino el miedo. Cuando una persona cae, ha caído y siempre está en este emplazamiento todo le parece inquietante e impredecible. Ni que decir tiene que la vida no puede organizarse conforme a un plan porque eso no nos compete a nosotros. Siempre habrá algo que choque con nuestros proyectos, ideales y sueños. El tacaño o el avaro no pueden con esto. Para ellos afrontar estas contingencias se les hace imposible. Por eso acaparan y acaparan sin dar nada. Así se sienten tranquilos en una falsa seguridad, ya que creen que el dinero arreglará cualquier problema. 

2.- La falta de autoestima le ha llevado a refugiarse en los bienes materiales

¿Y por qué un tacaño o un avaro se refugian en acumular sin sentido? Sencillamente, porque su autoestima (la confianza en poder solventar cualquier contratiempo) es tan baja que es la única manera que tienen de sentirse tranquilos. Una persona normal puede dejar su cuenta a cero si tiene fe en que podrá salir de cualquier situación por ella misma. El tacaño y el avaro están en el lado contrario. Cualquier gasto imprevisto o un retraso en un pago les hace caer en un pozo de negrura emocional del que creen no poder salir. En el fondo, están en una cárcel cuyos barrotes es el miedo.  

3.- El tacaño y el avaro no han cultivado ninguna virtud

Toda su energía vital se va en cómo ganar más y cómo economizar. Llevan las cuentas al día y al céntimo. Se enfadan terriblemente si se retrasa un pago y pueden pillar una depresión si llega un gasto imprevisto. ¡Qué puede haber más triste que una vida así se me permites el juicio de valor! Ni que decir tiene que no es un dechado de valores. Esa falta que le lleva a atesorar la tienen en todo. Es incapaz de amar, de la amistad sincera, del desprendimiento espiritual, del regalo del conocimiento. Es normal que el tacaño y el avaro desprecien dones como el arte, la cultura, la superación a través del deporte, el tiempo generosamente invertido en otros. 

4.- Es cobarde por excelencia y se parapeta en otros 

Como es normal en este tipo de gente tóxica, no da la cara. Se las apaña para hablar a través de otros,  de actuar a través de terceros. Es incapaz de ser asertivo y decir abiertamente (no ya lo que siente que eso es muy difícil) sino de expresar sinceramente cualquier hecho. Gusta de darle vueltas a todo y de enredar por cualquier cosa. Buscará la excusa más tonta para no pagar lo que debe (aunque sea poco) y hará lo imposible (aunque sea poco) por recuperar lo que cree que le pertenece. 

5.- No duda en acudir al robo, a la intimidación o a la violencia para conseguir sus fines

Aunque tampoco dudará en darle las vueltas a la situación para apropiarse de lo que no es suyo  buscando excusas elaboradas si hiciera falta para guardar más y más. Es una persona atrapada en un miedo terrible del que no puede salir.. Para este tipo de individuos (hombres o mujeres) es su comportamiento el correcto. Los demás son los que están equivocados y los que quieren llevarles por el camino del desprendimiento y la ruina posterior. 

6.- El tacaño y el avaro mienten y son escurridizos

Pero son ellos los que se meten poco a poco en su propia ruina (y ya no hablo de la económica). Para conseguir sus fines, no dudan en recurrir a la mentira, a la calumnia, a la descalificación y, por tanto, apartan a los demás de sí. Un socio, un jefe o un superior en el trabajo con este mal lleva a los que están a su alrededor al síndrome de burnout o a otras situaciones peores. 

7.-  El amor implica generosidad, virtud que no pueden manifestar estas personas

Pero no es menos en los cuatro muros del hogar. Es aquí donde la convivencia se hace triste porque el tacaño o el avaro no ofrece lo necesario a los suyos. Eso va creando un ambiente de resentimiento y, a la postre, de ira contra este tipo de individuos por parte de sus seres queridos. La falta de generosidad económica acarrea también a retener cariño, comprensión, empatía, complicidad y amor. Esto va creando una situación irrespirable que lleva a estas personas a la soledad o, lo que es peor, a tener solo a interesados a su alrededor. Un cabeza de familia (madre o padre) que retiene bienes materiales de esta forma solo consigue que sus vástagos anhelen disfrutar de una herencia, ya que no pueden hacerlo en vida. 

8.- Tienen un círculo social muy reducido y acaban por quedarse solos

Como no gastan en un café, no invitan en Navidad, no hacen regalos generosos (o no lo hacen sin más) suelen ir quedándose solos. Además el avaro y el tacaño (como he expuesto) también lo son en los dones espirituales e intelectuales. Todo su mundo acaba siendo el mismo: el del atesoramiento, la economía y el miedo. No tienen el desprendimiento de una conversación amable. Si lo hacen, es para sacarte información que puedan utilizar para sus propios fines. 

9.- El tacaño y el avaro solo tendrá relaciones por interés

Por eso no soportan a personas que buscan la excelencia, la generosidad o que ansían la libertad espiritual. Estos seres de luz les devuelven constantemente la oscuridad de su miedo. Tampoco se pararán a la hora de ridiculizar a los que no se mueven por su avidez y ansia. 

10.- Su sed de ahorro les lleva a poner en riesgo su bienestar y el de los suyos

Apagará la calefacción antes de tiempo. Quizás no compre ese medicamento necesario. Habrá quien obligará a una ducha corta con agua fría. El ambiente de la casa nunca será hogareño, acogedor, delicioso. Tendrán millones y no se gastarán un céntimo en una celebración familiar. Eso será regalar y no podrá soportarlo. Vivirá haciendo pequeños gestos que transparente su espíritu miserable si pararse a dar al otro lo que necesita, sueña o, incluso, desea en un momento dado. Le gustará de esconderse en sitios oscuros y querrá tener sus tesoros al alcance donde pueda contarlo una y otra vez. Así tendrá una paz momentánea que no puede alcanzar con un espíritu desprendido que no conoce.  

¿Cómo convivir con una persona que no puede dar? 

Muy difícilmente y en esto están de acuerdo todos los terapeutas. La convivencia se hace triste y no tanto por falta de dinero. Hay familias, parejas, amigos o compañeros pobres desde el punto de vista de la economía pero multimillonarios en espíritu que llevan una vida dichosa. Si bien los bienes materiales nos pueden ayudar a alcanzar aquello que deseamos (cultura, conocimiento, acceso a medicamentos, una vida más cómoda…) y, por tanto, nos empujan a la felicidad, esto no es suficiente. La dicha nace de dentro, de la falta de miedo (y aquí están atrapados avaros y tacaños), del amor generoso y de la confianza en el mañana. 

El día a día con estas personas se hace imposible, oscuro, triste ya que empañan cualquier cosa con su pesimismo. Suelen ser individuos carcomidos por la inseguridad y la angustia. Y eso arrastra a los que están a su alrededor. Por eso, van progresivamente quedándose solos. Y no nos engañemos: un tacaño o un avaro será difícil que intente “redimirse”. Es imposible porque cree que son los demás los que se enfrentan a la vida de manera temeraria. 

Candela Vizcaíno 

Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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