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Los borrachos o El triunfo de Baco de Velázquez | análisis básico

Los borrachos o El triunfo de Baco de Velázquez

Los borrachos o El triunfo de Baco de Velázquez

Candela Vizcaíno

 

Hacia 1629 debía estar pintado el lienzo de Diego Velázquez (1599-1660) titulado Los borrachos o El triunfo de Baco. Hoy custodiado en el Museo del Prado de Madrid, siempre perteneció a la colección real hasta que pasó a la pinacoteca pública. Estamos ante una obra de gran tamaño de 165 x 225 cms realizada por encargo, tal como se desprende por los documentos que han llegado hasta nosotros. De ese año (el de su supuesta ejecución) es un recibo de la Tesorería Real en el que se consignaba el pago de cien ducados al pintor “por cuenta de una pintura de Baco que ha hecho para mi servicio.” Esto es, fue un encargo y la temática estaba establecida. 

Datos de Los borrachos o El triunfo de Baco de Velázquez para comprender su importancia

1.- Sabemos que es una de las primeras pinturas en grupo del genio sevillano, quizás la segunda después de La expulsión de los moriscos que se perdió en el incendio del Alcázar de Madrid. 

2.- La obra responde a un encargo a un pintor de corte. Por tanto, toda en ella tiene que estar tratada de forma amable obviando cualquier aspecto crítico o chocante. Aún así, puede tenerlo, aunque muy atenuado, tal como veremos a continuación. 

3.- Los temas mitológicos (favoritos para los artistas del Renacimiento) aún seguían siendo tratados en el arte barroco. No podemos olvidar que en ellos siempre había un trasfondo simbólico, un lenguaje que el público culto de la época conocía. Otro ejemplo de este gusto por las narraciones clásicas de la tradición grecorromana lo encontramos en otra obra de Velázquez: Las hilanderas o La fábula de Aracne. En ella se alude a una de los relatos de metamorfosis recogidos por Ovidio. En Los borrachos o El triunfo de Baco de Velázquez, puede intuirse una crítica a lo dionisiaco (en contraposición a lo apolíneo, según la clasificación de Nietzsche), aspecto que caracteriza la época. 

4.- Efectivamente, si el estilo barroco con su gusto por el contraste y la oscuridad material y anímica es, en esencia y resumiendo mucho, una forma de expresar el caos, en España este llega a la decadencia más absoluta. Y este extremo siempre tenemos que tenerlo en mente a la hora de leer o entender la pintura. 

5.- Lo dionisíaco supone no solo lo festivo (asociado al vino o a la desinhibición) sino también el desorden y el caos. Si a ello unimos la decadencia (política, social, moral, económica…) y las crisis sistémicas de todo tipo que caracterizan la España de este siglo, Los borrachos o El triunfo de Baco de Velázquez podrían convertirse en el símbolo de una época. Podrían ser la representación de un mundo que se desmorona, que ha perdido el empuje y la importancia de los siglos anteriores y que solo le queda ruina, hambre, enfermedad, pesimismo y una resignación tan profunda que la muerte se ve como una salida ante tantas penas.  

Los Borrachos o El Triunfo de Baco de Velazquez

Estructura de la pintura Los borrachos o El triunfo de Baco de Velázquez 

6.- La pintura está dividida en dos partes diferenciadas. Esta forma de dividir el lienzo fue  del gusto del artista que lo llevó de forma magistral en otra de sus obras más famosas: La rendición de Breda. Volviendo a Los borrachos, en la izquierda (la del inconsciente, la de lo sagrado y lo intangible en simbología) está protagonizada por tres figuras. La principal corresponde al dios Baco (o Dionisio) situado en el centro, quien está rodeado por dos hombres de los que apenas intuimos sus rasgos. Esta zona del cuadro presenta un giro en espiral (propio del Barroco) de mayor a menor oscuridad. Esto es, la figura de la esquina inferior izquierda está situada en una sombra total que se va atenuando en la superior para iluminar por completo al dios del vino, de la fiesta e, incluso, del desmadre. 

7.- La mitad derecha esta protagonizada por media docena de hombres terrenales y representados de manera extremadamente realista que no solo participan de la fiesta sino que parecen invitarnos a ella. En este caso, nos situamos en un lugar elegido en simbología para representar la realidad terrenal, lo consciente, lo profano y la humanidad. Estos extremos pueden encontrarse, punto por punto, en la obra que nos ocupa. A igual que en el espacio de lo sagrado o irreal (el de la izquierda) hay un movimiento, en este también se produce uno semejante. Si las figuras más alejadas hacia la derecha parecen incorporarse o pedir permiso para disfrutar del vino, conforme nos vamos acercando al dios clásico, los participantes están más enfrascados en la fiesta. El que se encuentra en el centro de rodillas ya ha sido coronado como “borracho divino” mientras que los dos que se sitúan en un nivel superior sonríen con los ojos brillantes en una mueca que nos invita a participar. El movimiento gira desde la derecha (la conciencia y la realidad) hacia el centro donde se encuentra el dios encargado de embriagar y, por tanto, de olvidar. 

Análisis e interpretación de Los borrachos o El triunfo de Baco de Velázquez 

Ahora bien ¿es la obra un mero retrato descriptivo de una situación dada o hay más? A pesar de la temática dionisíaca (que remite al caos y al desorden), la escena más bien nos da un reflejo vulgar de la situación. ¿Por qué? Porque nada hay de fastuoso en ella. Tampoco podemos encontrar grandeza o brillantez alguna en la naturaleza alrededor. Tenemos, por tanto, lo siguiente: 

1.- El dios Baco no corresponde al arquetipo de las representaciones clásicas de las pinturas barrocas famosas. El joven que ha servido de modelo, no tiene un físico curtido (incluso muestra una incipiente tripa) ni un color de piel saludable. La luz se ha centrado en la divinidad pagana que está reflejada de una forma heterodoxa para los mitos grecolatinos. Es un dios Baco venido a menos, por decirlo con palabras amables. Un tanto de lo mismo se intuye de sus acompañantes del espectro divino que no muestran cuerpos musculados. Abundando en este extremo, incluso la pose ha sido despojada de dignidad con una torsión tan complicada que se nos antoja que Baco está en otra cosa y que pone poco entusiasmo en lo que hace. Esto es, el dios no parece divertirse. El vino aquí cumple otra función.

Los Borrachos de Velezquez   Detalle 

2.- En el otro extremo, los hombres que comparten la bebida están representados de una forma realista al máximo acentuando las sombras y poniendo de manifiesto sus ropajes sencillos. Críticos hay que lo relacionan con la rica tradición de la novela picaresca. Los borrachos del cuadro de Velázquez ya están representados bajo los efectos del alcohol. El triunfo de Baco del artista español no nos introduce en un ambiente festivo. El espectador asiste más bien a una escena de evasión a través de los efectos del vino. Y esta es otra de las características del Barroco en España. Es una época de tristeza, de pesimismo y de tal resignación que nada se hacía para mejorar. Todo se dejaba a una vida futura que librara a la raza humana de este valle de lágrimas o la evasión más absoluta. En esta línea también se inserta la rica tradición del teatro barroco en España. En él no hay crítica o temas que inviten a la reflexión sino escenas trepidantes para pasar el rato como se hace actualmente (salvando las distancias) con las series de TV contemporáneas. 

En esta línea se sitúa Los borrachos o El triunfo de Baco de Velázquez. No hay una fiesta o una orgía dionisiaca sino una escena que bien podría ser de una taberna cualquiera si no fuera porque la representación es al aire libre. Aunque los participantes del primer plano sonríen mirando descaradamente al espectador, estos ya están bajo los efectos del alcohol. Y se puede afirmar este punto sin lugar a dudas ya que están realista y magistralmente retratados por el gran maestro. Los demás se encuentran de rodillas o en actitud de pedir permiso (como la figura de la esquina superior derecha que se quita el sombrero). Los protagonistas de la obra de Velázquez no participan de una fiesta sino que solicitan a un dios Baco entrado en carnes permiso para evadirse de la realidad por unos instantes. Por sus ropas, atrezzo y atuendo intuimos que son seres de baja condición que poco más pueden pedir para sobrellevar una vida dura sin pocos alicientes para la superación. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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