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Las hilanderas de Velázquez o La fábula de Aracne

Comentario a "Las hilanderas" de Velázquez

Comentario a "Las hilanderas" de Velázquez

Candela Vizcaíno

 

Las hilanderas de Velázquez también conocida como La fábula de Aracne se encuentra en el Museo del Prado de Madrid. Hasta allí puedes desplazarte para admirar este cuadro que, a simple vista, se nos antoja una delicada representación de interior en la que lo femenino es protagonista. Sin embargo, una mirada atenta nos revela mucho más, ya que la obra, como si de un juego de adivinanzas se tratara, está levantada apelando a mitos antiguos y toda ella es un alarde de intertextualidad. Comienzo este comentario según este aspecto ya que lo considero fundamental para entender la obra.  

Características generales de Las hilanderas o La fábula de Aracne de Velázquez 

Es una obra de gran tamaño realizada al óleo sobre lienzo con unas medidas de 167 cms x 252 cms según el original de Diego Velázquez (1599-1660). La obra sufrió añadidos por los cuatro lados y la ventana superior no salió de la mano del genio de la pintura. Se supone que sufrió daños en el incendio del Real Alcázar y de, alguna manera u otra, así se podía enmarcar mejor. Ahora mide 220 cms x 289 cms, aunque ese añadido no se presenta al público ya que el cuadro está expuesto entre una doble pared. Es un trabajo tardío del artista y se acepta la fecha de 1657 como la de su ejecución. Se encuentra en el Museo del Prado dede 1819 y en el catálogo estuvo definida como

La fabula de Aracne o Las hilanderas de Velazquez 

“Obrador de hilado y devanado y pieza para ventas en la fábrica de tapices de Santa Isabel de Madrid. Cinco mujeres trabajando. En la habitación, tres damas contemplan un tapiz de tema mitológico en el que se ve a Minerva y Juno.”

Con esta descripción realizada por la pinacoteca la obra de Velázquez, no solo uno de los mejores pintores barrocos sino de la historia de la arte, queda reducida a un simple retrato casi costumbrista y centrado en lo cotidiano sin más lectura. Sin embargo, como veremos, aunque sea someramente en este comentario, la pintura es un sublime ejemplo de intertextualidad, sentidos simbólicos y lecturas superpuestas.  

El cuadro se divide en tres partes. En primer término, tenemos a cinco mujeres en distintas etapas o procesos de hilado; en el segundo, asistimos a una escena cortesana también femenina en la que un grupo de damas observan un tapiz. Por último, este tapiz es el primer escalón en la intertextualidad de la obra ya que representa una copia (convertida en tejido) de una conocida obra de Rubens: El rapto de Europa. En ella se narra la metamorfosis de Júpiter (Zeus) en toro blanco. Según cuenta el mito, así, mansamente, se acerca a la princesa Europa que se bañaba desnuda en la playa. En un descuido, logra subir a su grupa a la joven para, acto seguido, emprender rápido el galope y la huida. De resultas de estos amores entre el dios del Olimpo y una mortal nació el pueblo de Micenas.

Vicisitudes históricas del cuadro Las hilanderas o La fábula de Aracne de Velázquez

Pintor de corte, aceptó este encargo para don Pedro de Arce, montero del rey. Estuvo en la colección de los duques de Medinaceli. A principios del siglo XVIII formaba parte de la exposición privada de Felipe V y de aquí pasó a la pinacoteca madrileña en 1819. 

Con ese sentido único, basado en lo costumbrista y sin más interpretación, se leyó Las hilanderas hasta el inicio del siglo XX. Fue Ortega y Gasset el primero que anotó que el cuadro representaba algo más que una escena de interior. En un principio, el filósofo apuntaba a las bodas de Tetis y Peleo o una visión bastante personal de las parcas. Recordamos que estas deidades eran consideradas en la Antigüedad las tejedoras de los hilos de la vida, los mismos que cortaban ciegamente cuando creían oportuno o conveniente. Una vez Ortega puso la semilla de la interpretación mitológica, se estudió la obra desde esta perspectiva y fue Angulo Iñíguez y luego María Luisa Caturla quienes pusieron en relación el cuadro con la fábula de Aracne, según la versión de las Metamorfosis de Ovidio. Fue esta última investigadora la que pudo poner el broche de oro a esta tesis al encontrar el inventario original de Pedro de Arce. En él se explicita que la obra se llama “Fábula de Aracne”. Así se despejan todas las dudas sobre el sustrato mítico procedente de la literatura griega y latina. Pero aún hay más.   

Las características de la pintura barroca en Las hilanderas

1.- No podemos perder de vista que el estilo barroco supuso un cambio drástico en la concepción de la luz y el uso del claroscuro. Velázquez, a pesar de que conocía las obras sangrientas y pasionales de Caravaggio y que admiraba al maestro, presenta una pincelada más sutil, más suelta y pocos de sus trabajos están realizados con esos fondos negros que es característico del primer barroco italiano. En Las hilanderas, como sucede con Las Meninas o con La rendición de Breda siempre hay un fondo, un paisaje, una narración superpuesta. Y esta significa y, a veces, mucho. Esto es, una de las innovaciones de Velázquez con respecto al resto de los creadores del arte barroco es que estas narraciones posteriores a la escena principal informan sobre el contenido del tema tratado. Nunca son superfluas. Y en Las hilanderas este extremo es fundamental para entender el sentido último de la obra. 

2.- Con respecto a la luz que es una de las principales características del Barroco, nos encontramos tres puntos. El principal es el tapiz que actúa como vértice de una triángulo imaginario sobre el que se articula la obra. Los otros dos se focalizan en las ropas blancas de las protagonistas. 

3.- Esta forma de situar y distribuir la luz nos obliga a mirar el cuadro en un giro, de forma circular, o en espiral, tal como pretendían los artistas del barroco. Esto confiere un primer movimiento a la obra que se afianza con la disposición de las protagonistas que están situadas desde distintos ángulos: de espaldas, de perfil, entretenidas con elementos que hay en suelo o girando la cabeza. En este sentido, Velázquez es el genio indiscutible al aportar esa tensión serena al cuadro. 

4.- Por último, la obra del genio español está exenta de los motivos truculentos, monstruosos o sangrientos tan del gusto de los pintores del barroco italiano, tal cual Caravaggio o Artemisia Gentileschi. La fabula de Aracne está retratada con gentileza, con cortesía, obviando los detalles escabrosos y con una serena suavidad a pesar de que el pintor parece estar jugando a las adivinanzas con nosotros constantemente. 

5.- Por último, hay que añadir que Velázquez lleva al máximo el difuminado de los contornos que había sido una constante en el arte barroco, especialmente el desarrollado fuera de tierras italianas. Este trazo del maestro del Barroco español encandiló a artistas posteriores y se convirtió en una de las características del impresionismo cuyos creadores tenían a Velázquez como la gran referencia del pasado.  

Intertextualidad en La fábula de Aracne

1.- Entendemos por intertextualidad el texto o textos que hay en un texto final. Esto es, en creación (por muy novedoso que sea el producto representado), en un porcentaje muy amplio, siempre hay una referencia cultural, artística o literaria anterior. Evidente en el cine o en el género novelesco, la pintura, y más la de esta época, tiene un fuerte contenido intertextual. Y es así porque una de las características del arte barroco (como en la época anterior, la de la pintura renacentista) es su referencia a los temas bíblicos o mitológicos. Y esto es lo que encontramos, en esencia, en la obra Las hilanderas o La fábula de Aracne de Velázquez. 

2.- El mito cuenta que Aracne tejía con tal pericia y belleza que no solo se jactaba de ello sino que se atreve a retar a la mismísima Palas Atenea (diosa griega de la inteligencia, la civilización y la artesanía trasunto de la Minerva romana). La deidad acepta la competición y Aracne ejecuta un hermoso tapiz en el que se representan los amores furtivos de Júpiter o Zeus que no tenía ningún inconveniente en transformarse (en toro, cisne o lluvia de oro) para seducir a jóvenes mortales. El tapiz que realiza Aracne narra el rapto de Europa por parte de Júpiter transformado en toro. La diosa entra en cólera por la soberbia de la mortal y por atreverse a retratar (y a juzgar) de esa manera los actos de un dios. El castigo es la conversión en araña obligada a tejer constantemente. 

El rapto de Europa de Rubens

3.- Como he expuesto más arriba, el cuadro Las hilanderas puede dividirse en tres espacios simbólicos, el primero es el ocupado por las mujeres que tejen, el segundo es el iluminado protagonizado por las personas que admiran el tapiz que es, a su vez, el tercero. Con esta división, Velázquez nos sumerge (por pasos) en el mito representándolo en primer término y, a la vez, nos guía hacia su interpretación colocando “detrás”, tal cual es la intertextualidad, el sentido simbólico del mismo. Ni que decir tiene que siempre hay un tema, una idea mítica que corresponde a una emoción, virtud o vicio. En este caso, un maduro Velázquez (de una forma sublime) nos retrata y nos advierte de los peligros de la soberbia, del creerse mejor que nadie y de la temeridad de retar a la divinidad. Nos habla, también, de nuestra finitud.

Una interpretación de Las hilanderas o La fábula de Aracne de Velázquez 

Las hilanderas ha sido objeto de estudios diversos, no ya por la calidad de la obra (que es superior), sino también por la forma recurrida para expresar el mensaje. Este se realiza por capas, por estadios que se superponen. En el que se encuentra más atrás nos hace referencia a una obra de uno de los pintores barrocos más importantes: Rubens. Nos da, así, la primera pista sobre el tema principal de la pintura, guiándonos por una lectura en clave simbólica y pagana.  Las damas que sirven de nexo entre este espacio y el principal nos remiten a la contemplación, al hecho de observar, al mirar, al camino que hay siempre en la creación. Y llegamos al espacio principal, el de las hilanderas, el que nos dice de la soberbia de Aracne al retar a las mismísimos dioses. Y, además, este hila (volvemos al sentido último de la obra) con el tejido que elaboró para dicho concurso que, además, en un rizar el rizo de la intertextualidad no es original, ya que es un calco de una obra de Rubens. 

Las hilanderas o La fábula de Aracne de Velázquez, en definitiva, nos sumerge en la imposibilidad de crear arte si no es con un sustrato histórico. Esto es, por muy novedoso que sea un creador, siempre habrá algo detrás. Esta temática se pone en relación con el pecado de la vanidad, de la soberbia y del narcisismo. Así, el conjunto adquiere una fuerza extrema al estar todos los componentes amalgamados sobre un único punto temático.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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