Barroco

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Mínima biografía de El Tintoretto 

Nacido en 1518, en la Ciudad de los Canales, como Jacobo Comin, nombre que, curiosamente, no se ha descubierto hasta una fecha tan temprana como el año 2007. Es decir, antes de ayer, para que luego digan que ya está todo dicho en la historia del arte, este artista de la llamada Escuela Veneciana se encuentra a medio camino entre los artistas del Renacimiento tardío y las características del Barroco primitivo. Hijo menor de un tintorero, de aquí su apodo, aunque estudió con Tiziano (uno de los pintores barrocos más importantes), parece que las relaciones mentor-maestro no fueron buenas a decir de las malas lenguas.

Quizás por esta razón, trabajo durante toda su vida como freelance (algo poco común en la época, ya que se hacía imprescindible la existencia de un mecenas) recogiendo encargos para los grandes señores de Venecia. Por eso, sus grandes murales se encuentran en la Galería de la Academia de Venecia, en la Escuela de San Roque, en el Palacio Ducal de Venecia y en otros emplazamientos de la Ciudad de los Canales.

No se sabe muy bien cuántos hijos tuvo ni si todos fueron dentro del matrimonio. Probablemente fueron ocho vástagos. Sí hay unanimidad entre los historiadores que dos de ellos, Marietta y Dominico, estuvieron dotados con las mismas habilidades pictóricas de su padre. La chica ayudaba en el taller paterno vestida de hombre, para acallar los comentarios maldicientes de entonces y murió a la edad de treinta años. Su padre la retrató en su lecho mortuorio, tal como era costumbre en la época.

El pintor sucumbió en una de las múltiples epidemias de peste que asolaban, por entonces, la inundable Venecia. Eso fue el 31 de mayo de 1594. 

Tintoretto, una aproximación a su estilo 

Por el colorido de sus pinturas, la temática, la composición y el movimiento que imprime a sus personajes, El Tintoretto transmite, en sus grandes frescos, una fogosidad (uno de los apodos que se le dio en vida) que adelanta los temas propios del estilo Barroco. Encuadrado en la corriente manierista, pronto se distanció de Tiziano y del también exitoso Veronés para crear un estilo personal y claramente reconocible. 

De no ser así, no hubiera entrado en la historia del arte. Son la eficaz combinaciones de luces y sombras dentro de la composición y los movimientos de los personajes las características más importantes de la obra del artista. El abigarramiento y el tratamiento de los ropajes son propios del primer Barroco.

Aunque en él son importantes los retratos, destaca, sobre todo, sus lienzos de temas mitológicos de raigambre pagana y los religiosos de base cristiana, mezclándose, en ocasiones, entre sí, como es normal en este tipo de artistas. 

Obras de El Tintoretto: una selección personal y breve comentario

 BacoYAriadna

Baco y Ariadna y la tradición clásica 

No nos vamos a detener en hacer un listado exhaustivo, pero sí me gustaría que nos fijáramos en algunos de temática de base pagana. Por ejemplo, el mito que narra el encuentro del dios Baco con la desdichada Ariadna, una vez ésta ha sido abandonada por Teseo tras dar muerte al Minotauro, fue objeto de atención de este artista único. Es, además, uno de los temas recurrentes de la literatura griega y latina. El dios, movido por el llanto amargo de la ninfa, tras ser humillada por el que creía su amado, la convierte en la constelación homónima, metamorfosis recogida en la obra de Ovidio.

 La Via Lactea

La Vía Láctea de El Tintoretto

De cariz semejante es La creación de la Vía Láctea en el que asistimos al origen de este grupo estelar por parte de Hera, esposa de Zeus, quien amamanta a un bebé abandonado. Al darse cuenta que el niño es, nada más y nada menos, que Heracles, fruto de los amores adúlteros de su esposo y Alcmena (una mortal), retira el pecho al pequeño. La leche derramada sube hasta el cielo convirtiéndose en estrellas.

 La ultima cena

La última cena de El Tintoretto

Los temas paganos de la tradición clásica no impiden tratar, con sentido religioso incluso, escenas del Nuevo Testamento, como las dos versiones de la Última cena, una de ellas (la que aparece en la imagen) se custodia en el Museo del Prado. La Sagrada Familia con San Juanito, la Traslación del cuerpo de San Marcos, San Jorge y el dragón o Susana y los viejos son otros títulos importantes del opus de El Tintoretto. Son todas obras no exentas de un fuerte carácter simbólico, tal como era característica del arte barroco que demandaba esa fuerza expresiva entre pinceladas de claroscuro.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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El arte es lo que queda cuando todo ha pasado. Es lo inmutable dentro del cambio. Es la belleza en un mundo en caos. El arte es parte importante de este sitio. Intentamos comprenderlo. 

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Mínima biografía de El Tintoretto 

Nacido en 1518, en la Ciudad de los Canales, como Jacobo Comin, nombre que, curiosamente, no se ha descubierto hasta una fecha tan temprana como el año 2007. Es decir, antes de ayer, para que luego digan que ya está todo dicho en la historia del arte, este artista de la llamada Escuela Veneciana se encuentra a medio camino entre los artistas del Renacimiento tardío y las características del Barroco primitivo. Hijo menor de un tintorero, de aquí su apodo, aunque estudió con Tiziano (uno de los pintores barrocos más importantes), parece que las relaciones mentor-maestro no fueron buenas a decir de las malas lenguas.

Quizás por esta razón, trabajo durante toda su vida como freelance (algo poco común en la época, ya que se hacía imprescindible la existencia de un mecenas) recogiendo encargos para los grandes señores de Venecia. Por eso, sus grandes murales se encuentran en la Galería de la Academia de Venecia, en la Escuela de San Roque, en el Palacio Ducal de Venecia y en otros emplazamientos de la Ciudad de los Canales.

No se sabe muy bien cuántos hijos tuvo ni si todos fueron dentro del matrimonio. Probablemente fueron ocho vástagos. Sí hay unanimidad entre los historiadores que dos de ellos, Marietta y Dominico, estuvieron dotados con las mismas habilidades pictóricas de su padre. La chica ayudaba en el taller paterno vestida de hombre, para acallar los comentarios maldicientes de entonces y murió a la edad de treinta años. Su padre la retrató en su lecho mortuorio, tal como era costumbre en la época.

El pintor sucumbió en una de las múltiples epidemias de peste que asolaban, por entonces, la inundable Venecia. Eso fue el 31 de mayo de 1594. 

Tintoretto, una aproximación a su estilo 

Por el colorido de sus pinturas, la temática, la composición y el movimiento que imprime a sus personajes, El Tintoretto transmite, en sus grandes frescos, una fogosidad (uno de los apodos que se le dio en vida) que adelanta los temas propios del estilo Barroco. Encuadrado en la corriente manierista, pronto se distanció de Tiziano y del también exitoso Veronés para crear un estilo personal y claramente reconocible. 

De no ser así, no hubiera entrado en la historia del arte. Son la eficaz combinaciones de luces y sombras dentro de la composición y los movimientos de los personajes las características más importantes de la obra del artista. El abigarramiento y el tratamiento de los ropajes son propios del primer Barroco.

Aunque en él son importantes los retratos, destaca, sobre todo, sus lienzos de temas mitológicos de raigambre pagana y los religiosos de base cristiana, mezclándose, en ocasiones, entre sí, como es normal en este tipo de artistas. 

Obras de El Tintoretto: una selección personal y breve comentario

 BacoYAriadna

Baco y Ariadna y la tradición clásica 

No nos vamos a detener en hacer un listado exhaustivo, pero sí me gustaría que nos fijáramos en algunos de temática de base pagana. Por ejemplo, el mito que narra el encuentro del dios Baco con la desdichada Ariadna, una vez ésta ha sido abandonada por Teseo tras dar muerte al Minotauro, fue objeto de atención de este artista único. Es, además, uno de los temas recurrentes de la literatura griega y latina. El dios, movido por el llanto amargo de la ninfa, tras ser humillada por el que creía su amado, la convierte en la constelación homónima, metamorfosis recogida en la obra de Ovidio.

 La Via Lactea

La Vía Láctea de El Tintoretto

De cariz semejante es La creación de la Vía Láctea en el que asistimos al origen de este grupo estelar por parte de Hera, esposa de Zeus, quien amamanta a un bebé abandonado. Al darse cuenta que el niño es, nada más y nada menos, que Heracles, fruto de los amores adúlteros de su esposo y Alcmena (una mortal), retira el pecho al pequeño. La leche derramada sube hasta el cielo convirtiéndose en estrellas.

 La ultima cena

La última cena de El Tintoretto

Los temas paganos de la tradición clásica no impiden tratar, con sentido religioso incluso, escenas del Nuevo Testamento, como las dos versiones de la Última cena, una de ellas (la que aparece en la imagen) se custodia en el Museo del Prado. La Sagrada Familia con San Juanito, la Traslación del cuerpo de San Marcos, San Jorge y el dragón o Susana y los viejos son otros títulos importantes del opus de El Tintoretto. Son todas obras no exentas de un fuerte carácter simbólico, tal como era característica del arte barroco que demandaba esa fuerza expresiva entre pinceladas de claroscuro.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Decir que La rendición de Breda de Velázquez (1599-1660) es una de las pinturas barrocas más famosas y universales es casi una obviedad. El genial pintor de la corte de Felipe IV da todo de sí en esta composición de gran tamaño que se aleja del enfoque general de las obras de temática bélica.  

Descripción de La rendición de Breda o Las Lanzas de Velázquez

Fue realizada entre 1634 y 1635 por encargo del Conde Duque de Olivares, valido de Felipe IV, para el Salón de los Reinos del Palacio del Buen Retiro. El emplazamiento estaba diseñado para alabar las hazañas imperiales españolas y Velázquez no fue el único pintor de la época que participó en el ambicioso proyecto. Involucró prácticamente a todo artista reconocido en la época y hubo encargos a Carducho, Zurbarán o Pereda. También se recurrió a compras en Italia y otros puntos de Europa. ¿Qué sucedió? Que el palacio, en su historia, tuvo tantos añadidos, transformaciones y saqueos que nada queda ya de este espacio. Hoy puede disfrutarse la obra en un lugar de excepción: en el Museo del Prado de Madrid. Es un lienzo de grandes dimensiones, ya que mide 307 x 367 cms y en él se despliega toda la maestría de la mano de uno de los pintores barrocos más importantes y no solo de este estilo histórico sino de todos los tiempos.  

El objetivo de Olivares era presentar en ese Salón de los Reinos, punto de encuentro de futuros embajadores, coronaciones y festejos, la grandeza pasada de un país en apabullante decadencia. A Velázquez le tocó retratar la toma de la ciudad de Breda (a medio camino entre Amberes y Rotterdam, en los Países Bajos) por parte de las tropas de Ambrosio de Spínola. El hecho acaeció el 2 de junio de 1625 tras un largo asedio. El cuadro debía estar pintado hacia la mitad de 1635, diez años después, y en 1639 (esto es, cuatro años más tarde de estar finalizado el trabajo de Velázquez) Breda se perdió definitivamente para la corona española. Este dato no es baladí, ya que si algo caracteriza al barroco español (tanto literario como plástico) es el sentimiento de derrota, de pesimismo e, incluso, de conformismo. Como veremos a continuación, con toda probabilidad, Velázquez presentía (por las circunstancias a su alrededor) que la celebración de dicha gesta no iba a durar mucho.  

¿Qué ocurría en la época? Nos encontramos ante reinados y reyes decadentes que delegan la responsabilidad en validos corruptos, que pierden plazas consolidadas y que acumulan derrotas tras derrotas, algunas humillantes. Esta ineficaz maquinaria de guerra consume los pocos recursos de una corte dada al derroche e incapaz de invertir en producción y educación. Los días se pasaban en fiestas, en organizar obras de teatro y en costosos espectáculos de evasión. El punto positivo fue que esta vida hedonista, a pesar de su fracaso social, benefició a artistas de todo tipo.  

La rendición de Breda, ejemplo de pintura barroca

1.- Siguiendo con lo anterior, este cuadro social y político, con toda probabilidad, caló en el ánimo del artista que, para desarrollar la narración de la obra, se centra en un detalle íntimo. Esto es, en Las lanzas asistimos a la entrega de las llaves de la ciudad de una manera cordial, elegante e, incluso humanitaria. Velázquez obvió cualquier aspecto heroico o épico, puesto que presentía que la victoria iba a ser muy efímera. Al vehicular el tema sobre este hecho concreto (alejado de la norma imperante) creó una obra tremendamente original que trasciende el espíritu militar que, en un principio, intentaba ensalzar Olivares. 

2.- La rendición de Breda se encuentra en la lista de las pinturas barrocas más famosas y eso que no cumple con todos los requisitos de este estilo artístico (o quizás por ello). Velázquez se formó en Sevilla en el taller de Pacheco y luego (con sus viajes a Italia) con las fórmulas expresivas de Caravaggio. Sin embargo, el claroscuro (característica básica del estilo barroco) en La rendición de Breda está muy atenuado y es menor, por poner, un caso, que en Las Meninas

3.- La obra tiene un esquema definido cuya escena central la protagonizan las dos hombres (Nassau, el vencido y Spínola, el vencedor) en el intercambio de llaves. Todos los demás elementos (incluso el paisaje) gira con movimiento circular hacia ese punto. Esto último se ha conseguido con el caballo y el soldado de la casaca clara que nos da la espalda. Cada uno de ellos está en un extremo del cuadro. Así, además, se consigue cerrar ese movimiento sinuoso y circular que es una de las características del arte barroco

4.- La genialidad de Velázquez queda impresa en los distintos personajes que miran al espectador, cada uno en distinto bando dando naturalidad a la escena, como si el pintor hubiera estado allí y, en una instantánea (en una fotografía), inmortalizara el hecho. 

5.- El realismo que es otra nota del arte barroco lo encontramos en los rostros de los distintos protagonistas que son modelos sin idealizar tomados de la vida cotidiana. 

6.- No podemos olvidar en este comentario de La rendición de Breda que la escena en su conjunto, aunque nos retrata un hecho dramático, tal cual es la guerra, no recurre al patetismo de otras obras de la época. Aquí el pesimismo se convierte en aceptación serena. Es sin duda, una de las líneas que caracteriza las obras de Diego Velázquez. 

7.- El punto de luz se encuentra en el espacio central que sirve también como división de la obra, a un lado, tenemos a los vencidos con las armas en posición de descanso y su líder intentado arrodillarse y, al otro, los vencedores, con las lanzas perfectamente alienadas. El ejército de Nassau, además, se encuentra rodeado por el fuego de la destrucción que se adivina a lo lejos. La luz va pasando por el espacio central realizando un movimiento circular desde el centro, continuando por la casaca del soldado que nos da la espalda hasta fijarla en el último elemento que es la bandera. 

8.- Aunque buena parte de las pinturas barrocas muestran un gusto por el fondo oscuro, también es recurrente el uso de los paisajes, tal cual apreciamos en Las lanzas de Velázquez.  

Intertextualidad en La rendición de Breda, comentario imprescindible para entender la obra 

¿Qué es la intertextualidad? En esencia, es un texto dentro de otro texto. Esto es, la obra u obras de arte que sirven de trasfondo a otra posterior. Ni que decir tiene que este concepto no implica copia o plagio, palabras tan de uso en la sociedad narcisista actual. Es, más bien, el discurso histórico subyacente en cualquier creación artística. Pues bien, Velázquez olvida cualquier elemento heroico o épico en el que los soldados se dejan la piel a la hora de realizar cualquier supuesta hazaña. Y recurre, en esencia, a un momento íntimo (a pesar del número de personas involucradas) desde una perspectiva humanitaria casi.  

No le interesa mostrar una efímera victoria cuando los sentimientos que se respiraban en la corte eran de conformismo, pesimismo e, incluso, de humillación por tantas pérdidas. Por eso, acepta el encargo de Olivares, pero lo hace desde una visión original, distinta a la esperada y desde un fondo de profunda humanidad. La intertextualidad (la creación dentro de la creación) la encuentra en una de las obras de Pedro Calderón de la Barca, el dramaturgo favorito de la corte hedonista y despilfarradora de Felipe IV. Con el mismo título que el cuadro, el escritor pone en boca de Spínola estas palabras dirigidas a Nassau, quien le entrega las llaves al español: 

Justino, yo las recibo

y conozco que valiente

sois, que el valor del vencido

hace famoso al que vence. 

Al recurrir a la intertextualidad (al sustrato de una obra de otra línea artística, la literaria), La rendición de Breda de Velázquez se transforma en una narración tremendamente original que se aparta del género militar pictórico imperante y consabido.  

Comentario final de Las lanzas de Diego Velázquez

El realismo del rostro de los protagonistas, la rotundidad en la representación del caballo, la inteligencia a la hora de dividir el cuadro y la humanidad de su planteamiento contribuyen a hacer de La rendición de Breda de Velázquez una obra única. Tanto es así que, junto con Las Meninas del mismo autor, Los fusilamientos del tres de mayo de Goya y el Guernica de Picasso, forma parte de ese cuadrilátero de lo mejor del arte español de todos los tiempos. El preciosismo de la obra a la hora de representar los ropajes, las expresiones, el movimiento, la luz o el paisaje del fondo es de difícil superación. Su contemplación en el Museo del Prado de Madrid nos introduce en lo mejor del ser humano, en el que es capaz de reconocerse en el otro en las circunstancias más adversas. En todo ello (y más) reside su grandeza y universalidad. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Decir que La rendición de Breda de Velázquez (1599-1660) es una de las pinturas barrocas más famosas y universales es casi una obviedad. El genial pintor de la corte de Felipe IV da todo de sí en esta composición de gran tamaño que se aleja del enfoque general de las obras de temática bélica.  

Descripción de La rendición de Breda o Las Lanzas de Velázquez

Fue realizada entre 1634 y 1635 por encargo del Conde Duque de Olivares, valido de Felipe IV, para el Salón de los Reinos del Palacio del Buen Retiro. El emplazamiento estaba diseñado para alabar las hazañas imperiales españolas y Velázquez no fue el único pintor de la época que participó en el ambicioso proyecto. Involucró prácticamente a todo artista reconocido en la época y hubo encargos a Carducho, Zurbarán o Pereda. También se recurrió a compras en Italia y otros puntos de Europa. ¿Qué sucedió? Que el palacio, en su historia, tuvo tantos añadidos, transformaciones y saqueos que nada queda ya de este espacio. Hoy puede disfrutarse la obra en un lugar de excepción: en el Museo del Prado de Madrid. Es un lienzo de grandes dimensiones, ya que mide 307 x 367 cms y en él se despliega toda la maestría de la mano de uno de los pintores barrocos más importantes y no solo de este estilo histórico sino de todos los tiempos.  

El objetivo de Olivares era presentar en ese Salón de los Reinos, punto de encuentro de futuros embajadores, coronaciones y festejos, la grandeza pasada de un país en apabullante decadencia. A Velázquez le tocó retratar la toma de la ciudad de Breda (a medio camino entre Amberes y Rotterdam, en los Países Bajos) por parte de las tropas de Ambrosio de Spínola. El hecho acaeció el 2 de junio de 1625 tras un largo asedio. El cuadro debía estar pintado hacia la mitad de 1635, diez años después, y en 1639 (esto es, cuatro años más tarde de estar finalizado el trabajo de Velázquez) Breda se perdió definitivamente para la corona española. Este dato no es baladí, ya que si algo caracteriza al barroco español (tanto literario como plástico) es el sentimiento de derrota, de pesimismo e, incluso, de conformismo. Como veremos a continuación, con toda probabilidad, Velázquez presentía (por las circunstancias a su alrededor) que la celebración de dicha gesta no iba a durar mucho.  

¿Qué ocurría en la época? Nos encontramos ante reinados y reyes decadentes que delegan la responsabilidad en validos corruptos, que pierden plazas consolidadas y que acumulan derrotas tras derrotas, algunas humillantes. Esta ineficaz maquinaria de guerra consume los pocos recursos de una corte dada al derroche e incapaz de invertir en producción y educación. Los días se pasaban en fiestas, en organizar obras de teatro y en costosos espectáculos de evasión. El punto positivo fue que esta vida hedonista, a pesar de su fracaso social, benefició a artistas de todo tipo.  

La rendición de Breda, ejemplo de pintura barroca

1.- Siguiendo con lo anterior, este cuadro social y político, con toda probabilidad, caló en el ánimo del artista que, para desarrollar la narración de la obra, se centra en un detalle íntimo. Esto es, en Las lanzas asistimos a la entrega de las llaves de la ciudad de una manera cordial, elegante e, incluso humanitaria. Velázquez obvió cualquier aspecto heroico o épico, puesto que presentía que la victoria iba a ser muy efímera. Al vehicular el tema sobre este hecho concreto (alejado de la norma imperante) creó una obra tremendamente original que trasciende el espíritu militar que, en un principio, intentaba ensalzar Olivares. 

2.- La rendición de Breda se encuentra en la lista de las pinturas barrocas más famosas y eso que no cumple con todos los requisitos de este estilo artístico (o quizás por ello). Velázquez se formó en Sevilla en el taller de Pacheco y luego (con sus viajes a Italia) con las fórmulas expresivas de Caravaggio. Sin embargo, el claroscuro (característica básica del estilo barroco) en La rendición de Breda está muy atenuado y es menor, por poner, un caso, que en Las Meninas

3.- La obra tiene un esquema definido cuya escena central la protagonizan las dos hombres (Nassau, el vencido y Spínola, el vencedor) en el intercambio de llaves. Todos los demás elementos (incluso el paisaje) gira con movimiento circular hacia ese punto. Esto último se ha conseguido con el caballo y el soldado de la casaca clara que nos da la espalda. Cada uno de ellos está en un extremo del cuadro. Así, además, se consigue cerrar ese movimiento sinuoso y circular que es una de las características del arte barroco

4.- La genialidad de Velázquez queda impresa en los distintos personajes que miran al espectador, cada uno en distinto bando dando naturalidad a la escena, como si el pintor hubiera estado allí y, en una instantánea (en una fotografía), inmortalizara el hecho. 

5.- El realismo que es otra nota del arte barroco lo encontramos en los rostros de los distintos protagonistas que son modelos sin idealizar tomados de la vida cotidiana. 

6.- No podemos olvidar en este comentario de La rendición de Breda que la escena en su conjunto, aunque nos retrata un hecho dramático, tal cual es la guerra, no recurre al patetismo de otras obras de la época. Aquí el pesimismo se convierte en aceptación serena. Es sin duda, una de las líneas que caracteriza las obras de Diego Velázquez. 

7.- El punto de luz se encuentra en el espacio central que sirve también como división de la obra, a un lado, tenemos a los vencidos con las armas en posición de descanso y su líder intentado arrodillarse y, al otro, los vencedores, con las lanzas perfectamente alienadas. El ejército de Nassau, además, se encuentra rodeado por el fuego de la destrucción que se adivina a lo lejos. La luz va pasando por el espacio central realizando un movimiento circular desde el centro, continuando por la casaca del soldado que nos da la espalda hasta fijarla en el último elemento que es la bandera. 

8.- Aunque buena parte de las pinturas barrocas muestran un gusto por el fondo oscuro, también es recurrente el uso de los paisajes, tal cual apreciamos en Las lanzas de Velázquez.  

Intertextualidad en La rendición de Breda, comentario imprescindible para entender la obra 

¿Qué es la intertextualidad? En esencia, es un texto dentro de otro texto. Esto es, la obra u obras de arte que sirven de trasfondo a otra posterior. Ni que decir tiene que este concepto no implica copia o plagio, palabras tan de uso en la sociedad narcisista actual. Es, más bien, el discurso histórico subyacente en cualquier creación artística. Pues bien, Velázquez olvida cualquier elemento heroico o épico en el que los soldados se dejan la piel a la hora de realizar cualquier supuesta hazaña. Y recurre, en esencia, a un momento íntimo (a pesar del número de personas involucradas) desde una perspectiva humanitaria casi.  

No le interesa mostrar una efímera victoria cuando los sentimientos que se respiraban en la corte eran de conformismo, pesimismo e, incluso, de humillación por tantas pérdidas. Por eso, acepta el encargo de Olivares, pero lo hace desde una visión original, distinta a la esperada y desde un fondo de profunda humanidad. La intertextualidad (la creación dentro de la creación) la encuentra en una de las obras de Pedro Calderón de la Barca, el dramaturgo favorito de la corte hedonista y despilfarradora de Felipe IV. Con el mismo título que el cuadro, el escritor pone en boca de Spínola estas palabras dirigidas a Nassau, quien le entrega las llaves al español: 

Justino, yo las recibo

y conozco que valiente

sois, que el valor del vencido

hace famoso al que vence. 

Al recurrir a la intertextualidad (al sustrato de una obra de otra línea artística, la literaria), La rendición de Breda de Velázquez se transforma en una narración tremendamente original que se aparta del género militar pictórico imperante y consabido.  

Comentario final de Las lanzas de Diego Velázquez

El realismo del rostro de los protagonistas, la rotundidad en la representación del caballo, la inteligencia a la hora de dividir el cuadro y la humanidad de su planteamiento contribuyen a hacer de La rendición de Breda de Velázquez una obra única. Tanto es así que, junto con Las Meninas del mismo autor, Los fusilamientos del tres de mayo de Goya y el Guernica de Picasso, forma parte de ese cuadrilátero de lo mejor del arte español de todos los tiempos. El preciosismo de la obra a la hora de representar los ropajes, las expresiones, el movimiento, la luz o el paisaje del fondo es de difícil superación. Su contemplación en el Museo del Prado de Madrid nos introduce en lo mejor del ser humano, en el que es capaz de reconocerse en el otro en las circunstancias más adversas. En todo ello (y más) reside su grandeza y universalidad. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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A lo largo del siglo XVII, primero en Roma, con el apogeo de los emplazamientos vaticanos, y luego en el resto de las cortes europeas, trabajaron una serie de pintores barrocos que se encuentran en la lista del canon universal de todos los tiempos. Porque la época (con todas sus sombras humanas y sus luces creativas) fue propicia para este desarrollo de la plástica, de la escultura y también de la arquitectura. Resumiendo mucho, anoto que un poder real y eclesiástico cada vez más concentrado en pocas manos dio lugar a una acumulación de riquezas sin precedentes en la historia de la humanidad. Sin embargo, estos frutos no se pusieron al servicio de la sociedad invirtiendo en educación general, investigación, empresa o en tecnología conforme a los medios disponibles. Fue todo lo contrario, ya que el pueblo sufría de hambrunas, pestes y de falta de la más mínima formación académica. Un hecho concreto nos da la clave del cariz de aquellos tiempos. Sucedió el 22 de junio de 1633 cuando Galileo, de rodillas y ante el papa, fue obligado a abjurar de sus ideas. La oportunidad presentada para avanzar conforme a la ciencia se volvió en contra actuando la censura de la Inquisición en su forma más cruel.  Así, cardenales, papas, alta aristocracia y reyes competían por tener el palacio más sorprendente, el jardín con fieras más estrambótico, la colección de pinturas barrocas de los más sublimes creadores… Con este panorama, los nombres presentados a continuación son solo un granito de arena de una montaña artística que no se agota en la siguiente lista.  

Características comunes a la mayoría de pinturas barrocas

1.- El arte barroco despliega en los lienzos un gusto por el llamado claroscuro. Es este un especial juego de luminosidad y sombras en el que se hace protagonista a un elemento sobre el que se concentra la luz y, a su alrededor, se va oscureciendo progresivamente la narración presentada hasta llegar incluso a la base negra. Fue Caravaggio (1593-1610) el primero y el maestro indiscutible de la técnica.

2.- Otra de las características del Barroco (tanto en el plano plástico, arquitectónico como literario) es su gusto por los escatológico, lo monstruoso, lo cruel y lo sangriento. Por eso se regodea presentado los seres híbridos de la literatura griega o romana y las escenas más terribles de la Biblia. En esta línea vuelve a ser genio indiscutible Caravaggio y también Artemisa Gentileschi (1593-1656) con una obra rotunda de empoderamiento femenino. 

3.- El idealismo que había sido una norma en la cultura precedente, en la del Renacimiento, se vuelve ahora realismo incluso con un punto descarnado. Por eso, los modelos están tomados de la calle, de la vida cotidiana y los personajes retratados se hacen con su taras y defectos luciendo los ropajes de la época. En esta línea, si el Barroco español tiene una figura indiscutible este es, sin duda, Diego Velázquez que, a pesar de su condición de pintor real, no dudó en presentar a esos enanos o personajes con discapacidades terribles (humillados para hacer reír a los cortesanos) sin cambiar ni un ápice su verdadera naturaleza. 

4.- El estilo barroco se caracteriza por los fuertes contrastes, por el movimiento extremo, por presentar una realidad en frágil equilibrio y a punto de desmoronarse. También es norma el hecho de acogerse a una narración que gusta del dramatismo e, incluso del patetismo extremo. La muerte, el asesinato, la traición, el rapto y la violencia se presentan con toda su crudeza. 

5.- A pesar de ese giro hacia la realidad, hacia el autorretrato incluso, los temas bíblicos o de la cultura clásica siguen siendo favoritos. Eso sí la perspectiva ahora será distinta y la intención de la obra se alejará de los cánones mesurados y elegantes del Renacimiento para entrar en el pathos, en la emoción, en el reflejo de las pasiones descontroladas, en definitiva.  

Pinturas barrocas más famosas de artistas italianos (una muestra mínima)  

1.- David con la cabeza de Goliat de Caravaggio (1607)

Aunque con la misma temática se estudia casi siempre las maravillosas versiones que se custodian en el Museo del Prado de Madrid, he elegido la de Viena porque, en ella, vemos una obra descarnada en extremo. Esta serie de pinturas (todas distintas) muestran el perfecto manejo de la técnica del claroscuro en Caravaggio. Se focaliza siempre la luz en un punto para dejarnos en sombras el resto de la composición. Además, nos sumerge en ese mundo sangriento, terrible, cruel y asesino que es tan del gusto del Barroco. David mata a Goliat y corta su cabeza. Y nos la muestra (en primer plano además) sin ningún pudor, sin escatimar ningún detalle escabroso del acto. Esta serie de pinturas fue realizada por el gran maestro italiano al final de su vida cuando imploraba el perdón por haber sido desterrado tras un percance en el que se vio involucrado en un asesinato. En ella, se retrata como el gigante abatido por su propia soberbia de una manera terrible por no obviar detalle alguno. 

David con cabeza de Goliat de Caravaggio 

2.- Judith y su doncella con la cabeza de Holofernes de Artemisia Gentileschi (1618-1619) 

Creció entre pinturas y caballetes ya que su padre, Orazio Gentileschi, mantenía un taller en el que se hacía arte siguiendo los postulados del gran Caravaggio. Allí aprendió dibujo y las técnicas para levantar una obra de tal fuerza expresiva que, a pesar de los intentos por silenciarla, ha sobrevivido a los embates del tiempo, por su gran calidad, originalidad y perspectiva feminista. A la crudeza característica del Barroco se une un hecho diferencial en la biografía de la pintora: una violación a los dieciocho años y un humillante juicio posterior. Todo este trauma caló en lo más profundo del alma de la artista y para ello solo tenemos que admirar su obra. En ella nos refleja unos personajes que se empoderan a través de la venganza (como la Judith biblíca) o hacen uso de su libertad extrema (como la Cleopatra histórica). 

Judith y su Doncella de Gentileschi 

La obra seleccionada nos presenta a la joven ricamente vestida blandiendo la espada con soltura y determinación. La cabeza del violador Holofernes ya ha sido seccionada y, por la actitud de las protagonistas de la obra, de manera justa. En este sentido, la anciana criada, representada en todo su realismo, acompaña a la joven en la tarea justificando y aplaudiendo el acto con actitud  desenvuelta.  

Una de las pinturas barrocas más conocidas del estilo barroco español  

3.- La rendición de Breda de Velázquez (1634-1635)

Aunque Las Meninas suele copar todos los honores en el podio de uno de los grandes artistas hispanos (junto con Picasso y Goya), la fuerza de La rendición de Breda nos dice de ese barroco patrio en el que ya poco queda de las glorias del pasado. Con un preciosismo difícil de imitar, la obra, de gran tamaño, está perfectamente dividida.

Rendicion de Breda de Velazquez

Nos encontramos, a un lado los vencedores, cuidadosamente ataviados y mostrando sus lanzas con orgullo, al otro, los vencidos que deben soportar el humo y el destrozo de la devastación y la derrota. El gesto noble viene de parte de quien recibe las llaves de la ciudad que intenta no humillar al enemigo. La rendición de Breda de Velázquez es una obra que no sigue las temáticas más comunes del estilo barroco y que incluso el artista trabajó, como la tendencia a lo monstruoso o el gusto por lo clásico.  

Las pinturas barrocas del norte de Europa (otra muestra mínima)  

Si bien las obras de países como Italia o España se regodeaban en el pesimismo, en la escatología, en el conformismo e, incluso, en la fealdad, en el norte de Europa el barroco tuvo otro cariz. El sur estaba inmerso en crisis, pestes, hambrunas y, especialmente, en una terrible desigualdad social. En los Países Bajos o en Alemania, la reforma protestante comienza a dejar su huella con un avance de la burguesía comerciante, culta y urbana. Esta se enriquece, pero sin llegar a los fastos y al derroche del aristocracia de otros lugares europeos. Demanda arte, pero con un espíritu positivo y, además, de menor tamaño. Son cuadros destinados a adornar viviendas cómodas y de medidas mesuradas.

La joven de la perla de Vermeer 

4.- La joven de la perla de Vermeer (1665-1667)

En esta línea podemos insertar a Johanes o Jan Vermeer cuyas obras siempre retratan interiores serenos, relajados y cotidianos. Lejos quedan los grandes dramas bíblicos o clásicos. Captamos a los protagonistas como si miráramos por una ventana de soslayo. Lo que interesa es la belleza cotidiana de personajes entretenidos en su quehacer diario y sencillo. Ninguno de ellos hace gesta alguna especial. En La joven de la perla los fuertes claroscuros se han diluido y se ha dado paso a colores brillantes que se desparraman alrededor del punto de luz situado en la joya que luce la muchacha. 

El Rapto de las HIjas de Leucipo de Rubens 

5.- El rapto de las hijas de Leucipo de Rubens (1616)

En esta línea, aunque sí encontramos el dramatismo propio del Barroco se despliega la obra de Rubens. Sus cuadros se presentan con otra luminosidad y la carnosidad se nos antoja brillante. A la par, el fondo negro de lo artistas italianos se sustituye por un paisaje natural que enmarca la escena como el de la pintura que nos ocupa: El rapto de las hijas de Leucipo. 

En ellas se recurre al momento de álgido dramatismo en el que los gemelos Castor y Polux (hijos de Júpiter convertido en cisne y la mortal Leda) raptan a las muchachas. Los gestos de miedo de las jóvenes contrastan con la fuerza bruta de los violadores introduciéndonos en ese gusto por lo obsceno, pecaminoso y dramático tan al gusto del arte de la época. 

4

6.- La tormenta en el Mar de Galilea de Rembrandt (1633) 

El rastro de la obra se perdió en el año 1990 tras haber sido robada de las paredes de un museo norteamericano. En ella Rembrandt nos presenta casi todos los elementos característicos de la pintura barroca. El dramatismo de la escena bíblica se ve acompañado por la furia de una naturaleza que es presentada en todo su furor y movimiento. Mientras tanto el rostro impasible de Jesús contrasta con el de terror de los discípulos, añadiendo un toque de dolor extra. El artista se ha inmortalizado en la escena retratándose en la misma. 

Si bien la lista de pinturas barrocas famosas tendría que tener al menos más de veinte o treinta nombres para comenzar a ser completa, he querido en este pequeño texto reflejar algunas que, siendo universalmente conocidas, son de mi gusto personal. No quiero renunciar a esta pequeña concesión hoy y espero que el lector sepa disculparme por ello.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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A lo largo del siglo XVII, primero en Roma, con el apogeo de los emplazamientos vaticanos, y luego en el resto de las cortes europeas, trabajaron una serie de pintores barrocos que se encuentran en la lista del canon universal de todos los tiempos. Porque la época (con todas sus sombras humanas y sus luces creativas) fue propicia para este desarrollo de la plástica, de la escultura y también de la arquitectura. Resumiendo mucho, anoto que un poder real y eclesiástico cada vez más concentrado en pocas manos dio lugar a una acumulación de riquezas sin precedentes en la historia de la humanidad. Sin embargo, estos frutos no se pusieron al servicio de la sociedad invirtiendo en educación general, investigación, empresa o en tecnología conforme a los medios disponibles. Fue todo lo contrario, ya que el pueblo sufría de hambrunas, pestes y de falta de la más mínima formación académica. Un hecho concreto nos da la clave del cariz de aquellos tiempos. Sucedió el 22 de junio de 1633 cuando Galileo, de rodillas y ante el papa, fue obligado a abjurar de sus ideas. La oportunidad presentada para avanzar conforme a la ciencia se volvió en contra actuando la censura de la Inquisición en su forma más cruel.  Así, cardenales, papas, alta aristocracia y reyes competían por tener el palacio más sorprendente, el jardín con fieras más estrambótico, la colección de pinturas barrocas de los más sublimes creadores… Con este panorama, los nombres presentados a continuación son solo un granito de arena de una montaña artística que no se agota en la siguiente lista.  

Características comunes a la mayoría de pinturas barrocas

1.- El arte barroco despliega en los lienzos un gusto por el llamado claroscuro. Es este un especial juego de luminosidad y sombras en el que se hace protagonista a un elemento sobre el que se concentra la luz y, a su alrededor, se va oscureciendo progresivamente la narración presentada hasta llegar incluso a la base negra. Fue Caravaggio (1593-1610) el primero y el maestro indiscutible de la técnica.

2.- Otra de las características del Barroco (tanto en el plano plástico, arquitectónico como literario) es su gusto por los escatológico, lo monstruoso, lo cruel y lo sangriento. Por eso se regodea presentado los seres híbridos de la literatura griega o romana y las escenas más terribles de la Biblia. En esta línea vuelve a ser genio indiscutible Caravaggio y también Artemisa Gentileschi (1593-1656) con una obra rotunda de empoderamiento femenino. 

3.- El idealismo que había sido una norma en la cultura precedente, en la del Renacimiento, se vuelve ahora realismo incluso con un punto descarnado. Por eso, los modelos están tomados de la calle, de la vida cotidiana y los personajes retratados se hacen con su taras y defectos luciendo los ropajes de la época. En esta línea, si el Barroco español tiene una figura indiscutible este es, sin duda, Diego Velázquez que, a pesar de su condición de pintor real, no dudó en presentar a esos enanos o personajes con discapacidades terribles (humillados para hacer reír a los cortesanos) sin cambiar ni un ápice su verdadera naturaleza. 

4.- El estilo barroco se caracteriza por los fuertes contrastes, por el movimiento extremo, por presentar una realidad en frágil equilibrio y a punto de desmoronarse. También es norma el hecho de acogerse a una narración que gusta del dramatismo e, incluso del patetismo extremo. La muerte, el asesinato, la traición, el rapto y la violencia se presentan con toda su crudeza. 

5.- A pesar de ese giro hacia la realidad, hacia el autorretrato incluso, los temas bíblicos o de la cultura clásica siguen siendo favoritos. Eso sí la perspectiva ahora será distinta y la intención de la obra se alejará de los cánones mesurados y elegantes del Renacimiento para entrar en el pathos, en la emoción, en el reflejo de las pasiones descontroladas, en definitiva.  

Pinturas barrocas más famosas de artistas italianos (una muestra mínima)  

1.- David con la cabeza de Goliat de Caravaggio (1607)

Aunque con la misma temática se estudia casi siempre las maravillosas versiones que se custodian en el Museo del Prado de Madrid, he elegido la de Viena porque, en ella, vemos una obra descarnada en extremo. Esta serie de pinturas (todas distintas) muestran el perfecto manejo de la técnica del claroscuro en Caravaggio. Se focaliza siempre la luz en un punto para dejarnos en sombras el resto de la composición. Además, nos sumerge en ese mundo sangriento, terrible, cruel y asesino que es tan del gusto del Barroco. David mata a Goliat y corta su cabeza. Y nos la muestra (en primer plano además) sin ningún pudor, sin escatimar ningún detalle escabroso del acto. Esta serie de pinturas fue realizada por el gran maestro italiano al final de su vida cuando imploraba el perdón por haber sido desterrado tras un percance en el que se vio involucrado en un asesinato. En ella, se retrata como el gigante abatido por su propia soberbia de una manera terrible por no obviar detalle alguno. 

David con cabeza de Goliat de Caravaggio 

2.- Judith y su doncella con la cabeza de Holofernes de Artemisia Gentileschi (1618-1619) 

Creció entre pinturas y caballetes ya que su padre, Orazio Gentileschi, mantenía un taller en el que se hacía arte siguiendo los postulados del gran Caravaggio. Allí aprendió dibujo y las técnicas para levantar una obra de tal fuerza expresiva que, a pesar de los intentos por silenciarla, ha sobrevivido a los embates del tiempo, por su gran calidad, originalidad y perspectiva feminista. A la crudeza característica del Barroco se une un hecho diferencial en la biografía de la pintora: una violación a los dieciocho años y un humillante juicio posterior. Todo este trauma caló en lo más profundo del alma de la artista y para ello solo tenemos que admirar su obra. En ella nos refleja unos personajes que se empoderan a través de la venganza (como la Judith biblíca) o hacen uso de su libertad extrema (como la Cleopatra histórica). 

Judith y su Doncella de Gentileschi 

La obra seleccionada nos presenta a la joven ricamente vestida blandiendo la espada con soltura y determinación. La cabeza del violador Holofernes ya ha sido seccionada y, por la actitud de las protagonistas de la obra, de manera justa. En este sentido, la anciana criada, representada en todo su realismo, acompaña a la joven en la tarea justificando y aplaudiendo el acto con actitud  desenvuelta.  

Una de las pinturas barrocas más conocidas del estilo barroco español  

3.- La rendición de Breda de Velázquez (1634-1635)

Aunque Las Meninas suele copar todos los honores en el podio de uno de los grandes artistas hispanos (junto con Picasso y Goya), la fuerza de La rendición de Breda nos dice de ese barroco patrio en el que ya poco queda de las glorias del pasado. Con un preciosismo difícil de imitar, la obra, de gran tamaño, está perfectamente dividida.

Rendicion de Breda de Velazquez

Nos encontramos, a un lado los vencedores, cuidadosamente ataviados y mostrando sus lanzas con orgullo, al otro, los vencidos que deben soportar el humo y el destrozo de la devastación y la derrota. El gesto noble viene de parte de quien recibe las llaves de la ciudad que intenta no humillar al enemigo. La rendición de Breda de Velázquez es una obra que no sigue las temáticas más comunes del estilo barroco y que incluso el artista trabajó, como la tendencia a lo monstruoso o el gusto por lo clásico.  

Las pinturas barrocas del norte de Europa (otra muestra mínima)  

Si bien las obras de países como Italia o España se regodeaban en el pesimismo, en la escatología, en el conformismo e, incluso, en la fealdad, en el norte de Europa el barroco tuvo otro cariz. El sur estaba inmerso en crisis, pestes, hambrunas y, especialmente, en una terrible desigualdad social. En los Países Bajos o en Alemania, la reforma protestante comienza a dejar su huella con un avance de la burguesía comerciante, culta y urbana. Esta se enriquece, pero sin llegar a los fastos y al derroche del aristocracia de otros lugares europeos. Demanda arte, pero con un espíritu positivo y, además, de menor tamaño. Son cuadros destinados a adornar viviendas cómodas y de medidas mesuradas.

La joven de la perla de Vermeer 

4.- La joven de la perla de Vermeer (1665-1667)

En esta línea podemos insertar a Johanes o Jan Vermeer cuyas obras siempre retratan interiores serenos, relajados y cotidianos. Lejos quedan los grandes dramas bíblicos o clásicos. Captamos a los protagonistas como si miráramos por una ventana de soslayo. Lo que interesa es la belleza cotidiana de personajes entretenidos en su quehacer diario y sencillo. Ninguno de ellos hace gesta alguna especial. En La joven de la perla los fuertes claroscuros se han diluido y se ha dado paso a colores brillantes que se desparraman alrededor del punto de luz situado en la joya que luce la muchacha. 

El Rapto de las HIjas de Leucipo de Rubens 

5.- El rapto de las hijas de Leucipo de Rubens (1616)

En esta línea, aunque sí encontramos el dramatismo propio del Barroco se despliega la obra de Rubens. Sus cuadros se presentan con otra luminosidad y la carnosidad se nos antoja brillante. A la par, el fondo negro de lo artistas italianos se sustituye por un paisaje natural que enmarca la escena como el de la pintura que nos ocupa: El rapto de las hijas de Leucipo. 

En ellas se recurre al momento de álgido dramatismo en el que los gemelos Castor y Polux (hijos de Júpiter convertido en cisne y la mortal Leda) raptan a las muchachas. Los gestos de miedo de las jóvenes contrastan con la fuerza bruta de los violadores introduciéndonos en ese gusto por lo obsceno, pecaminoso y dramático tan al gusto del arte de la época. 

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6.- La tormenta en el Mar de Galilea de Rembrandt (1633) 

El rastro de la obra se perdió en el año 1990 tras haber sido robada de las paredes de un museo norteamericano. En ella Rembrandt nos presenta casi todos los elementos característicos de la pintura barroca. El dramatismo de la escena bíblica se ve acompañado por la furia de una naturaleza que es presentada en todo su furor y movimiento. Mientras tanto el rostro impasible de Jesús contrasta con el de terror de los discípulos, añadiendo un toque de dolor extra. El artista se ha inmortalizado en la escena retratándose en la misma. 

Si bien la lista de pinturas barrocas famosas tendría que tener al menos más de veinte o treinta nombres para comenzar a ser completa, he querido en este pequeño texto reflejar algunas que, siendo universalmente conocidas, son de mi gusto personal. No quiero renunciar a esta pequeña concesión hoy y espero que el lector sepa disculparme por ello.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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A lo largo del siglo XVII, surgió en Roma, convertida ya en centro de poder del Vaticano, el denominado estilo barroco. La palabra procede del nombre dado a las perlas sin pulir con múltiples protuberancias e, incluso, espirales. La nueva forma de hacer arte se fue trasladando hacia las cortes europeas, completamente transformadas en auténticos emplazamientos de lujo y diversión. Los monarcas, los cardenales, los sucesivos papas y los más ricos miembros de la aristocracia se hacen construir suntuosos palacios, con enormes jardines repletos de animales exóticos que se adornan con muebles finos y obras de arte de excepción. Ello propicia una pléyade de creadores que van más allá de esta escueta lista de los 10 pintores barrocos más importantes. 

El Barroco español da una de las figuras más importantes de la historia del arte nacional mientras que se afianza una literatura tan rica en todos los géneros posibles que estas décadas han sido calificadas como Siglo de Oro. Mientras la creatividad alcanza cotas sin límites y la suntuosidad de las élites se manifiesta en un lujo y dispendio casi obsceno, la decadencia en otros órdenes vitales se hace apabullante. Por seguir con el caso de España, aunque la lista es mucho más amplia, los festejos en la corte se hacían sin reparar en gastos. Mientras tanto el pueblo sufría de sucesivas crisis de todo tipo, el hambre era endémica, las pestes se cebaban en las ciudades y por todos lados se respiraba pesimismo y resignación. 

Características estilísticas comunes a los pintores barrocos 

1.- Las obras dejaron la sobriedad que eran características de la pintura renacentista para convertirse en excesiva en todos los ámbitos: desde la temática o las formas hasta el tamaño de las mismas. 

2.- Hay un gusto por la contorsión, la pose imposible, el preciosismo, la línea curva y la disposición dramática. Un claro ejemplo de ello son los grupos escultóricos (aunque pertenecen a otro género) de Bernini conservados en la Galería Borghese de Roma, especialmente la obra Apolo y Dafne capturada en el momento de metamorfosis de la ninfa. 

3.- El arte barroco muestra un gusto por el grotesco, lo monstruoso, lo que se encuentra más allá de la humanidad. Todo ello se combina con un fuerte simbolismo en el que las criaturas oníricas o fantásticas actúan como trasunto de los sentimientos y/o las pasiones.  

4.- En relación con lo anterior, otra de las características del Barroco es la predilección por los temas truculentos y sangrientos tomados tanto de la literatura griega y/o romana como de la Biblia. En este sentido, cabe destacar los cuadros de Artemisia Gentileschi, especialmente el ciclo de Judith y Holofernes. La representación de la decapitación de este último en manos femeninas se hace con todo lujo de detalles y abundando en la crudeza. En los pinceles de la artista, el personaje bíblico se convierte en símbolo del empoderamiento y de libertad al consumar con destreza su venganza.  

5.-  Todos los pintores del Barroco recurren al claroscuro, a las sombras, al juego excesivo de luces que conforman una perspectiva sutil.

6.- Tal como he anotado anteriormente, se realizan obras en las que se representan grupos de personajes que recogen escenas complejas de la Biblia o de la mitología clásica con un movimiento que llega a la contorsión. 

7.- Y, por último, para recordar una serie de características comunes, también hay preferencia por la naturaleza, por los bodegones, por las escenas de interiores en los que se despliegan detalles domésticos donde se muestran todos los órdenes de la abundancia o de la exageración.  

Pintores barrocos más importantes: empezamos con los cinco primeros 

1.- Caravaggio, el artista más representativo del siglo XVII

Nacido en 1571 como Michelangelo Merisi adoptó el nombre de su localidad natal. En sus treinta y nueve años de vida levantó una obra original en la que destaca la vitalidad de las figuras, la expresividad de las mismas con un preciosismo nunca visto antes en arte. El claroscuro y el dramatismo emocional, por poner un caso, del David y Goliat marcó un hito en la historia de la pintura. Gusta de los temas bíblicos que incluso se reproducen de manera escatológica con protagonistas tomados de modelos originales y, por tanto, realistas al extremo. Esta humanidad le trajo más de un quebradero de cabeza en sus encargos para la iglesia ya que la Virgen, los santos y el resto de personalidades de sus cuadros están tomados de modelos reales con su belleza mundana y sin la idealización de la pintura anterior. Otra característica de las obras de Caravaggio y que forma parte de los pintores barrocos es el contraste del claroscuro. La luz no es la natural sino que está realizada de manera dramática resaltando las figuras sobre fondos muy oscuros. 

Los jugadores de cartas de Caravaggio

2.- Diego Velázquez, el grande entre los grandes de los pintores barrocos españoles 

Nació en Sevilla en 1599 y murió en Madrid en 1660. Estudia con el maestro Pacheco y con la veintena ya está en la corte de Madrid ocupando el puesto de pintor de cámara. A pesar de su larga vida (para la época) no realizó una gran cantidad de obras ya que los honores que el rey le dispensaba a veces los distraía de sus labores artísticas. Eso no quita para que sea uno de los más grandes pintores de todos los tiempos no ya de España sino de las listas universales. Influido por la pintura de Caravaggio, levanta grandes obras en las que la expresión, el simbolismo y composiciones complejas son las protagonistas. La maestría de Velázquez influyó incluso en los pintores del impresionismo y sus grandes cuadros, como La Rendición de Breda, denotan un profundo conocimiento del alma humana (del ejército que se rinde pero también los gestos nobles de quien recoge con elegancia las llaves de la ciudad) mientras divide el lienzo perfectamente. A un lado se encuentran los vencedores con las lanzas apuntando al cielo y al otro los vencidos abrumados por el fuego de la destrucción. 

La rendición de Breda de Velázquez

3.- Jan Vermeer o Jan van Vermeer o Johannes Vermeer van Delft 

Nacido el 31 de octubre de 1632 y muerto el 15 de diciembre de 1675, es uno de los grandes pintores barrocos holandeses y de todos los tiempos. Mientras en España o en Roma el arte barroco se centra en los fastos y despilfarro de cortes decadentes y del Vaticano, en el norte de Europa adquiere otro cariz. Y ese es el de la intimidad. La reforma protestante comenzaba a dejar su sello transformando la religión en asuntos personales que no tienen que manifestarse en el exterior. Al tiempo, en Holanda, actual Países Bajos, va progresando una burguesía cultivada y enriquecida con el comercio a través de Asia. Se realizan piezas de porcelana, muebles útiles y casas grandes pero sin ostentación. A la par, se requieren piezas mundanas, profanas, de la vida cotidiana y de pequeño tamaño para decorar las estancias. Y aquí Vermeer crea obras pictóricas en las que la narración siempre es la vida cotidiana y los contrastes de luces y sombras se hacen de un modo elegante, exquisito y sin estridencias, siguiendo el gusto y cosmovisión de quienes realizaban estos encargos.  

La joven de la perla de Vermeer4.- Rembrandt Van Rijn (1606-1669) 

De distinto tenor son las obras de Rembrandt en las que el juego de luces y sombras aportan un tono especialmente dramático aunque en consonancia con ese gusto por los interiores y las escenas cotidianas de los pintores barrocos flamencos. 

5.- Artemisia Gentileschi 

Nació prácticamente entre pinceles en 1593 ya que era hija de Orazio Gentileschi, uno de los discípulos de Caravaggio. Muy pronto aprendió la técnica del dibujo y las fórmulas para crear unas figuras exquisitas al máximo. Con tan solo dieciocho años fue violada por otro de los discípulos de su padre y sometida a un juicio público humillante en el que se la denostó y vilipendió. Con toda probabilidad, este hecho tan traumático influyó en su obra ya que sus grandes cuadros pueden calificarse sin temor a equivocarnos de feministas. Tal es el ciclo de la Judith cortando con saña la cabeza de un Holofernes violador. Sin embargo, Artemisia Gentileschi no se quedó únicamente en la temática y su obra es de una delicadeza (a pesar de sus temas truculentos y sangrientos) en el trazo difícilmente superada por cualquier otro de los pintores del barroco.

Judith y su Doncella de Gentileschi

En sus cuadros presenta una mujer empoderada que decide sobre su propia vida (Cleopatra) o con fuerza da muerte a su verdugo (Judith). Artemisia Gentileschi merece algo más que un aparte en la historia del arte ya que puso las bases para una narración que en los albores del siglo XXI está de plena actualidad. Muere en Nápoles en 1656 y su obra ha intentado ser silenciada reiteradamente. Por fortuna, la enorme calidad, profundidad anímica, pericia estilística y fuerza narrativa la hace emerger una y otra vez.  

Pintores barrocos fundamentales: seguimos con otros cinco 

6.- Pedro Pablo Rubens 

Nacido en 1577, muere en Amberes en 1640. Su obra tiene todas las características del arte barroco con figuras rotundas (gruesas para los cánones de belleza actuales) representadas en contorsión imposible. En ellas el claroscuro es menos acusado y los fondos neutros son sustituidos por paisajes naturales. Además, se vislumbra siempre un fuerte dramatismo, el mismo que caracteriza esta época artística.

7.- Georges de la Tour, uno de los mejores pintores barrocos franceses 

La obra de Georges de la Tour (1593-1652) se caracteriza por el estudio continuado de los efectos de la luz sobre las figuras. Estas siempre aparecen de manera recogida, solitaria y demostrando una fuerte espiritualidad. La luz, en la mayoría de las ocasiones, procede de una vela que, en estas obras, adquiere un fuerte simbolismo. Se ha encontrado como hipotexto (o influencia) alguna obra de El Greco, uno de los pintores inclasificables entre el Renacimiento y el Barroco.  

8.- Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682), el pintor de Sevilla

Fue el artista favorito de una ciudad que, por entonces, era Puerto de Indias. Tal como conocemos por los relatos y grandes historias de la literatura barroca en España, en este emplazamiento se daban cita tanto aristócratas venidos a menos como aventureros con cicatrices. La ciudad acusaba toda la decadencia de lo que un día fue un gran imperio y se refugiaba en las iglesias y en el mundo espiritual. Murillo y su taller surtió a todas ellas con encargos religiosos en los que se ponía en práctica las técnicas de Caravaggio aunque sin el realismo de este, ya que los personajes y protagonistas aparecen con una pátina de idealización. 

9.- Annibale Carracci (1560-1609)  

Contemporáneo a Caravaggio fundó una escuela para luchar contra lo que él consideraba el arte degenerado del primero. Renegaba de los fuertes claroscuros y gustaba de retomar los colores brillantes que habían sido protagonistas en la época anterior, entre los artistas del Renacimiento. Como disponía de taller (igual que Murillo o Zurbarán), siglos después aún hay dudas de las piezas que salieron de su mano y las que fueron creación de sus discípulos.  

10.- Gian Lorenzo Bernini, quizás el artista más completo del Barroco

Aunque he dejado para el final a quien quizás sea el más grande artista del Barroco, tiene su justificación. Y la tiene porque Bernini (1597-1680) no se centró solo en la pintura. Es más, sus grandes trabajos (en el sentido literal y en el de la calidad) no corresponden a este género. Sus maravillosas esculturas (especialmente las delicadas que se encuentran en la Galería Borghese de Roma) muestran un maestría con el mármol de difícil superación. En ellas se capta un momento de dramatismo extremo, como la metamorfosis en laurel por parte de Dafne en su huida de Apolo con un cuidado máximo a la hora de tallar el mármol. De este mismo tenor es el Éxtasis de Santa Teresa en el que se muestra el momento en el que la gran representante de la mística tiene una visión divina. Bernini, además, es el creador de la simbólica Plaza de San Pedro de Roma donde se ha dispuesto un elemento (el del abrazo) de extremo significado.  

Aunque podríamos enumerar muchos más nombres que estos diez pintores barrocos, en esta pequeña lista se encuentran los mayores representantes no solo de Italia sino de otros emplazamientos europeos. Esta forma extrema artística, andando las décadas, comenzaría a degradarse hasta llegar al rococó con sus muestras de frívola expresividad. Pero eso será otro tema. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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El arte es lo que queda cuando todo ha pasado. Es lo inmutable dentro del cambio. Es la belleza en un mundo en caos. El arte es parte importante de este sitio. Intentamos comprenderlo. 

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A lo largo del siglo XVII, surgió en Roma, convertida ya en centro de poder del Vaticano, el denominado estilo barroco. La palabra procede del nombre dado a las perlas sin pulir con múltiples protuberancias e, incluso, espirales. La nueva forma de hacer arte se fue trasladando hacia las cortes europeas, completamente transformadas en auténticos emplazamientos de lujo y diversión. Los monarcas, los cardenales, los sucesivos papas y los más ricos miembros de la aristocracia se hacen construir suntuosos palacios, con enormes jardines repletos de animales exóticos que se adornan con muebles finos y obras de arte de excepción. Ello propicia una pléyade de creadores que van más allá de esta escueta lista de los 10 pintores barrocos más importantes. 

El Barroco español da una de las figuras más importantes de la historia del arte nacional mientras que se afianza una literatura tan rica en todos los géneros posibles que estas décadas han sido calificadas como Siglo de Oro. Mientras la creatividad alcanza cotas sin límites y la suntuosidad de las élites se manifiesta en un lujo y dispendio casi obsceno, la decadencia en otros órdenes vitales se hace apabullante. Por seguir con el caso de España, aunque la lista es mucho más amplia, los festejos en la corte se hacían sin reparar en gastos. Mientras tanto el pueblo sufría de sucesivas crisis de todo tipo, el hambre era endémica, las pestes se cebaban en las ciudades y por todos lados se respiraba pesimismo y resignación. 

Características estilísticas comunes a los pintores barrocos 

1.- Las obras dejaron la sobriedad que eran características de la pintura renacentista para convertirse en excesiva en todos los ámbitos: desde la temática o las formas hasta el tamaño de las mismas. 

2.- Hay un gusto por la contorsión, la pose imposible, el preciosismo, la línea curva y la disposición dramática. Un claro ejemplo de ello son los grupos escultóricos (aunque pertenecen a otro género) de Bernini conservados en la Galería Borghese de Roma, especialmente la obra Apolo y Dafne capturada en el momento de metamorfosis de la ninfa. 

3.- El arte barroco muestra un gusto por el grotesco, lo monstruoso, lo que se encuentra más allá de la humanidad. Todo ello se combina con un fuerte simbolismo en el que las criaturas oníricas o fantásticas actúan como trasunto de los sentimientos y/o las pasiones.  

4.- En relación con lo anterior, otra de las características del Barroco es la predilección por los temas truculentos y sangrientos tomados tanto de la literatura griega y/o romana como de la Biblia. En este sentido, cabe destacar los cuadros de Artemisia Gentileschi, especialmente el ciclo de Judith y Holofernes. La representación de la decapitación de este último en manos femeninas se hace con todo lujo de detalles y abundando en la crudeza. En los pinceles de la artista, el personaje bíblico se convierte en símbolo del empoderamiento y de libertad al consumar con destreza su venganza.  

5.-  Todos los pintores del Barroco recurren al claroscuro, a las sombras, al juego excesivo de luces que conforman una perspectiva sutil.

6.- Tal como he anotado anteriormente, se realizan obras en las que se representan grupos de personajes que recogen escenas complejas de la Biblia o de la mitología clásica con un movimiento que llega a la contorsión. 

7.- Y, por último, para recordar una serie de características comunes, también hay preferencia por la naturaleza, por los bodegones, por las escenas de interiores en los que se despliegan detalles domésticos donde se muestran todos los órdenes de la abundancia o de la exageración.  

Pintores barrocos más importantes: empezamos con los cinco primeros 

1.- Caravaggio, el artista más representativo del siglo XVII

Nacido en 1571 como Michelangelo Merisi adoptó el nombre de su localidad natal. En sus treinta y nueve años de vida levantó una obra original en la que destaca la vitalidad de las figuras, la expresividad de las mismas con un preciosismo nunca visto antes en arte. El claroscuro y el dramatismo emocional, por poner un caso, del David y Goliat marcó un hito en la historia de la pintura. Gusta de los temas bíblicos que incluso se reproducen de manera escatológica con protagonistas tomados de modelos originales y, por tanto, realistas al extremo. Esta humanidad le trajo más de un quebradero de cabeza en sus encargos para la iglesia ya que la Virgen, los santos y el resto de personalidades de sus cuadros están tomados de modelos reales con su belleza mundana y sin la idealización de la pintura anterior. Otra característica de las obras de Caravaggio y que forma parte de los pintores barrocos es el contraste del claroscuro. La luz no es la natural sino que está realizada de manera dramática resaltando las figuras sobre fondos muy oscuros. 

Los jugadores de cartas de Caravaggio

2.- Diego Velázquez, el grande entre los grandes de los pintores barrocos españoles 

Nació en Sevilla en 1599 y murió en Madrid en 1660. Estudia con el maestro Pacheco y con la veintena ya está en la corte de Madrid ocupando el puesto de pintor de cámara. A pesar de su larga vida (para la época) no realizó una gran cantidad de obras ya que los honores que el rey le dispensaba a veces los distraía de sus labores artísticas. Eso no quita para que sea uno de los más grandes pintores de todos los tiempos no ya de España sino de las listas universales. Influido por la pintura de Caravaggio, levanta grandes obras en las que la expresión, el simbolismo y composiciones complejas son las protagonistas. La maestría de Velázquez influyó incluso en los pintores del impresionismo y sus grandes cuadros, como La Rendición de Breda, denotan un profundo conocimiento del alma humana (del ejército que se rinde pero también los gestos nobles de quien recoge con elegancia las llaves de la ciudad) mientras divide el lienzo perfectamente. A un lado se encuentran los vencedores con las lanzas apuntando al cielo y al otro los vencidos abrumados por el fuego de la destrucción. 

La rendición de Breda de Velázquez

3.- Jan Vermeer o Jan van Vermeer o Johannes Vermeer van Delft 

Nacido el 31 de octubre de 1632 y muerto el 15 de diciembre de 1675, es uno de los grandes pintores barrocos holandeses y de todos los tiempos. Mientras en España o en Roma el arte barroco se centra en los fastos y despilfarro de cortes decadentes y del Vaticano, en el norte de Europa adquiere otro cariz. Y ese es el de la intimidad. La reforma protestante comenzaba a dejar su sello transformando la religión en asuntos personales que no tienen que manifestarse en el exterior. Al tiempo, en Holanda, actual Países Bajos, va progresando una burguesía cultivada y enriquecida con el comercio a través de Asia. Se realizan piezas de porcelana, muebles útiles y casas grandes pero sin ostentación. A la par, se requieren piezas mundanas, profanas, de la vida cotidiana y de pequeño tamaño para decorar las estancias. Y aquí Vermeer crea obras pictóricas en las que la narración siempre es la vida cotidiana y los contrastes de luces y sombras se hacen de un modo elegante, exquisito y sin estridencias, siguiendo el gusto y cosmovisión de quienes realizaban estos encargos.  

La joven de la perla de Vermeer4.- Rembrandt Van Rijn (1606-1669) 

De distinto tenor son las obras de Rembrandt en las que el juego de luces y sombras aportan un tono especialmente dramático aunque en consonancia con ese gusto por los interiores y las escenas cotidianas de los pintores barrocos flamencos. 

5.- Artemisia Gentileschi 

Nació prácticamente entre pinceles en 1593 ya que era hija de Orazio Gentileschi, uno de los discípulos de Caravaggio. Muy pronto aprendió la técnica del dibujo y las fórmulas para crear unas figuras exquisitas al máximo. Con tan solo dieciocho años fue violada por otro de los discípulos de su padre y sometida a un juicio público humillante en el que se la denostó y vilipendió. Con toda probabilidad, este hecho tan traumático influyó en su obra ya que sus grandes cuadros pueden calificarse sin temor a equivocarnos de feministas. Tal es el ciclo de la Judith cortando con saña la cabeza de un Holofernes violador. Sin embargo, Artemisia Gentileschi no se quedó únicamente en la temática y su obra es de una delicadeza (a pesar de sus temas truculentos y sangrientos) en el trazo difícilmente superada por cualquier otro de los pintores del barroco.

Judith y su Doncella de Gentileschi

En sus cuadros presenta una mujer empoderada que decide sobre su propia vida (Cleopatra) o con fuerza da muerte a su verdugo (Judith). Artemisia Gentileschi merece algo más que un aparte en la historia del arte ya que puso las bases para una narración que en los albores del siglo XXI está de plena actualidad. Muere en Nápoles en 1656 y su obra ha intentado ser silenciada reiteradamente. Por fortuna, la enorme calidad, profundidad anímica, pericia estilística y fuerza narrativa la hace emerger una y otra vez.  

Pintores barrocos fundamentales: seguimos con otros cinco 

6.- Pedro Pablo Rubens 

Nacido en 1577, muere en Amberes en 1640. Su obra tiene todas las características del arte barroco con figuras rotundas (gruesas para los cánones de belleza actuales) representadas en contorsión imposible. En ellas el claroscuro es menos acusado y los fondos neutros son sustituidos por paisajes naturales. Además, se vislumbra siempre un fuerte dramatismo, el mismo que caracteriza esta época artística.

7.- Georges de la Tour, uno de los mejores pintores barrocos franceses 

La obra de Georges de la Tour (1593-1652) se caracteriza por el estudio continuado de los efectos de la luz sobre las figuras. Estas siempre aparecen de manera recogida, solitaria y demostrando una fuerte espiritualidad. La luz, en la mayoría de las ocasiones, procede de una vela que, en estas obras, adquiere un fuerte simbolismo. Se ha encontrado como hipotexto (o influencia) alguna obra de El Greco, uno de los pintores inclasificables entre el Renacimiento y el Barroco.  

8.- Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682), el pintor de Sevilla

Fue el artista favorito de una ciudad que, por entonces, era Puerto de Indias. Tal como conocemos por los relatos y grandes historias de la literatura barroca en España, en este emplazamiento se daban cita tanto aristócratas venidos a menos como aventureros con cicatrices. La ciudad acusaba toda la decadencia de lo que un día fue un gran imperio y se refugiaba en las iglesias y en el mundo espiritual. Murillo y su taller surtió a todas ellas con encargos religiosos en los que se ponía en práctica las técnicas de Caravaggio aunque sin el realismo de este, ya que los personajes y protagonistas aparecen con una pátina de idealización. 

9.- Annibale Carracci (1560-1609)  

Contemporáneo a Caravaggio fundó una escuela para luchar contra lo que él consideraba el arte degenerado del primero. Renegaba de los fuertes claroscuros y gustaba de retomar los colores brillantes que habían sido protagonistas en la época anterior, entre los artistas del Renacimiento. Como disponía de taller (igual que Murillo o Zurbarán), siglos después aún hay dudas de las piezas que salieron de su mano y las que fueron creación de sus discípulos.  

10.- Gian Lorenzo Bernini, quizás el artista más completo del Barroco

Aunque he dejado para el final a quien quizás sea el más grande artista del Barroco, tiene su justificación. Y la tiene porque Bernini (1597-1680) no se centró solo en la pintura. Es más, sus grandes trabajos (en el sentido literal y en el de la calidad) no corresponden a este género. Sus maravillosas esculturas (especialmente las delicadas que se encuentran en la Galería Borghese de Roma) muestran un maestría con el mármol de difícil superación. En ellas se capta un momento de dramatismo extremo, como la metamorfosis en laurel por parte de Dafne en su huida de Apolo con un cuidado máximo a la hora de tallar el mármol. De este mismo tenor es el Éxtasis de Santa Teresa en el que se muestra el momento en el que la gran representante de la mística tiene una visión divina. Bernini, además, es el creador de la simbólica Plaza de San Pedro de Roma donde se ha dispuesto un elemento (el del abrazo) de extremo significado.  

Aunque podríamos enumerar muchos más nombres que estos diez pintores barrocos, en esta pequeña lista se encuentran los mayores representantes no solo de Italia sino de otros emplazamientos europeos. Esta forma extrema artística, andando las décadas, comenzaría a degradarse hasta llegar al rococó con sus muestras de frívola expresividad. Pero eso será otro tema. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Los primeros esbozos de teatro en España llevan el sello del estilo barroco porque, sencillamente, antes no había existido este tipo de espectáculo literario. Es a finales del siglo XVI, cuando distintas compañías con alguna proyección nacional, va abandonando los modos heredados del mester de juglaría medieval para ir cimentando las principales características del teatro barroco. Será con los inabarcables títulos que pueblan las obras de Lope de Vega cuando el público popular (el mismo que gustaba de los cantares de gesta) se aficione al teatro. Eran todas ellas piezas de evasión que duraban entre dos o tres horas, representadas con una escasez de medios pasmosa y centradas en el poder evocador e imaginativo de la palabra. El siglo XVII pondría los cimientos del gusto por el teatro que, en España, ha podido atravesar las brumas del tiempo. Recuerdo que el mejor ejemplo de ese amor por las tablas se simboliza en la Gran Vía de Madrid con escenas a lo largo y ancho de sus dos aceras.  

1.- Una de las características del teatro barroco es la sencillez de medios 

Aunque surgen elementales corrales de comedias en Valencia, Sevilla, Barcelona o Toledo es, especialmente, en Madrid (con la corte ya fijada) donde el amor por el teatro llega a la apoteosis. Las compañías itinerantes (a veces tan elementales que están formadas por uno o dos cómicos que hacen música o poesía) comienzan a ofrecer sus servicios en estos espectáculos. Son obras que mezclan la novedad del dramatismo del diálogo con temas conocidos por el público. Así se levantan títulos con las aventuras de los héroes clásicos o del panorama patrio a la par que se inventan comedias de enredos (de capa y espada) muy afines al público.  

Estas obras se representaban en las plazas públicas sin apenas decorados o en los emergentes corrales de comedias que, en un principio, eran nada más que el espacio que quedaba libre entre distintas calles. Allí, de pie, se agolpaban los hombres que exigían su guión mientras que las mujeres tenían reservado un espacio en la parte trasera. 

2.- La creación de los primeros corrales de comedias en Madrid y otras ciudades de España

El éxito de público de esta forma de evasión entre un pueblo deprimido en todos los sentidos (por las derrotas militares, las sucesivas crisis económicas y el aislamiento) fue galopante. En la época, el teatro barroco cumplía una función parecida a las largas series de entretenimiento actuales y eran el único bálsamo de consuelo para una población sumida en el pesimismo.

Así, poco a poco, se fueron creando los primeros corrales de comedias que no eran más que toscos espacios donde se agolpaba el público frente a una tarima elevada para los actores. El escenario, con sus cambios de decorados como lo conocemos hoy, casi no existía. Las obras estaban escritas para que el espectador imaginara qué paisaje o lugar acompañaba a los protagonistas. Por eso, la acción era tan cambiante, tanto que hoy muchos de estos textos son de difícil representación. Poco a poco se añadió un tejado al escenario y se colocaron bancos de madera. Los balcones o ventanas que daban al patio se alquilaban para las obras o bien se debía pagar al promotor por su uso.  

En Madrid, los primeros estaban vinculados a las hermandades de caridad y se levantaron para sufragar los gastos propios. Famosos de la capital fueron el Corral de la Pacheca, el Teatro de la Cruz inaugurado en 1579 y El Príncipe tres años más tarde.  

3.- Otra de las características del teatro barroco es la libertad de acción

Esta espacio tan minimalista, tosco y, a veces, improvisado tenía, por supuesto, sus inconvenientes pero también permitió que hubiera una libertad de acción impensable cuando estos emplazamientos evolucionaron más tarde. La acción no era apoyada por decorado alguno y, a veces, ni por el vestuario que era bastante pobre. Por tanto, todo el peso recaía en la palabra literaria que tenía que encandilar a un público deseoso de novedad y de evasión al mismo tiempo.  

4.- El papel de las mujeres en el teatro barroco español 

Va parejo al sempiterno luto que ha formado parte de las características patrias hasta hace poco. Su papel fue tal objeto de disputa entre los moralistas que se llegó a prohibir su participación en las tablas. Se consideraba que sus bailes y desparpajo podrían contribuir a una vida disoluta o ajena a los principios morales aceptados. En las épocas en las que estuvo prohibida su presencia, los papeles femeninos eran interpretados por muchachos. Esto duró poco ya que el público (que se amansaba con este tipo de ocio evasivo) requería de su presencia.  

Paralelamente, hubo épocas en los que (por razones diversas) no estaba permitida las representaciones. Todo este vaivén se solucionó en el teatro barroco con un término medio: dejando participar a las mujeres, pero suprimiendo bailes lascivos, ahondando en el patriotismo sin eliminar los elementos cómicos. A la par, se acordó organizar las temporadas que no podían coincidir con la Cuaresma o en contados periodos de luto porque (por poner un caso) había fallecido una reina. Era luto impostado y no duelo verdadero. Por eso, el teatro, a pesar de todas estas prohibiciones y normativas creció sin parar durante todo el siglo XVII.  

5.- Partes de una obra de teatro barroca 

Como he indicado un poco antes, las funciones solían durar entre dos o tres horas y se dividían en tres actos. Antes de iniciar la comedia, se cantaba una introducción o loa. Entre el primero y el segundo acto se representaba un entremés que no tenía nada que ver con la obra principal. Entre el segundo y el tercero se cantaba una jácara. Se terminaba con un baile que era opcional. Lo normal era que se representaran los días festivos y siempre por la tarde antes de caer la noche. 

6.- Los autos sacramentales y su influencia en el teatro popular 

Estaban ligados a las grandes festividades cristianas, especialmente a las del Corpus, pero también a la Navidad y Pasión de Cristo. De las iglesias, donde se producían los primitivos de la última Edad Media, pasaron a los teatros o a las plazas. A pesar de su carácter sagrado, estos se ensayaban y se preparaban con muchísima antelación. Además, se ponían a disposición de este peculiar teatro barroco recursos económicos de los que carecía los corrales de comedias. Estos últimos eran emprendimientos empresariales privados cuyos únicos beneficios se basaban en la taquilla. Sin embargo, los autos sacramentales tenían el patrocinio no solo de la Iglesia sino también de la élite local.  

7.- Los fastos del teatro cortesano  

Aunque vinculados a las comedias populares, la aristocracia y la monarquía se hacía representar las obras en palacios o en jardines privados. Estos, como en el caso de los autos sacramentales, se hacían con un lujo en decorados, tramoyas, escenario y asientos de difícil comparación con los del pueblo. Este tipo de teatro se completaba con trucos, maquinarias y escenarios pintados por artistas plásticos muy semejantes a las grandes producciones contemporáneas. El ocio había invadido la corte de los últimos Austrias y el teatro, junto con la caza, las fiestas y los juegos ocupaban gran parte del día.  

8.- El teatro barroco pone la literatura al servicio del entretenimiento  

A pesar de la suntuosidad de estas puestas en escena, el teatro barroco que se sigue representando hoy en día es el mismo que gustaba al público popular de la época. Así, esa preferencia por las comedias de enredo donde los cambios de personajes, los malos entendidos, las vueltas de tuerca de los finales felices que hacían las delicias del público siguen siendo del gusto del espectador contemporáneo. Además, el lenguaje literario se pone al servicio de este ocio mundano para crear una realidad paralela durante unos cuantas horas. Los temas intelectuales se mezclan con las comicidades del gracioso y no se tratan asuntos que embarguen el ánimo ya por los suelos de un pueblo que se había rendido ante una realidad que le daba pocas o nulas opciones de escapatoria.  

9.- La revolución del teatro barroco con Lope de Vega 

La biografía de Lope de Vega está llena de anécdotas azarosas, amores prohibidos a tres o cuatro bandas, pasiones descontroladas y lances de bravucones. Como un trasunto de su vida, así son buena parte de sus comedias. En ellas se mezclan lo alto con lo bajo, lo aristocrático con lo popular, lo histórico con lo contemporáneo. El rey tiene sus debilidades y alguien con espíritu noble hace relucir la grandeza del ser humano.  

El Fénix se adaptó al gusto de un público ávido de novedades y de evasión, bullanguero y despiadado con el autor y los actores si una obra no era del agrado. Fue Lope de Vega quien mejor supo entender este afán por salir de la realidad por unas cuantas horas realizando comedias ágiles, amenas, fáciles de entender, repletas de gracia donde los personajes estaban mezclados. Si siempre hay un joven de alta cuna atribulado por un amor que se le resiste, ante él se antepone un criado con los pies tan en la tierra que todas sus precauciones son materialistas. El movimiento extremo en la acción también tenía en vilo a un público fiel que renegaba de cualquier tema que fuera trascendental. Eso motivó que casi ninguno de los personajes de las comedias o del teatro de Lope de Vega tuviera una profundidad psicológica detallada o un perfil anímico concreto al estilo de un Don Quijote o un Sancho Panza. Y ni siquiera llegan a los matices de algunos protagonistas de las Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes.  

10.- Los temas transcendentales con Calderón de la Barca 

Por el contrario, uno de los grandes autores del barroco literario, Calderón de la Barca, evoluciona hacia un teatro con una profundidad psicológica y anímica distinta a estos primeros esbozos de principios del siglo XVII. La realidad y la ficción, el mundo de los sueños, la libertad personal es llevada a los extremos. Este es un teatro que interroga al espectador con los grandes temas que atormentan al hombre. Y eso sin contar que une uno de los asuntos favoritos de la literatura barroca en España: el tiempo que se escapa e imposible de atrapar. Calderón lleva a su máxima expresión la línea divisoria entre la realidad y la ficción, la fantasía frente a lo tangible, la ilusión de los sentidos frente a las evidencias del espíritu. En otro lado tenemos a Lope y su escuela, que se quedan en la palabra brillante, en el encuentro feliz, en la literatura al servicio de la necesaria evasión de un pueblo atribulado por múltiples problemáticas.  

Las características del teatro barroco en España serán el germen de los dramas futuros que tanto predicamento han tenido en nuestro país desde entonces.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Los primeros esbozos de teatro en España llevan el sello del estilo barroco porque, sencillamente, antes no había existido este tipo de espectáculo literario. Es a finales del siglo XVI, cuando distintas compañías con alguna proyección nacional, va abandonando los modos heredados del mester de juglaría medieval para ir cimentando las principales características del teatro barroco. Será con los inabarcables títulos que pueblan las obras de Lope de Vega cuando el público popular (el mismo que gustaba de los cantares de gesta) se aficione al teatro. Eran todas ellas piezas de evasión que duraban entre dos o tres horas, representadas con una escasez de medios pasmosa y centradas en el poder evocador e imaginativo de la palabra. El siglo XVII pondría los cimientos del gusto por el teatro que, en España, ha podido atravesar las brumas del tiempo. Recuerdo que el mejor ejemplo de ese amor por las tablas se simboliza en la Gran Vía de Madrid con escenas a lo largo y ancho de sus dos aceras.  

1.- Una de las características del teatro barroco es la sencillez de medios 

Aunque surgen elementales corrales de comedias en Valencia, Sevilla, Barcelona o Toledo es, especialmente, en Madrid (con la corte ya fijada) donde el amor por el teatro llega a la apoteosis. Las compañías itinerantes (a veces tan elementales que están formadas por uno o dos cómicos que hacen música o poesía) comienzan a ofrecer sus servicios en estos espectáculos. Son obras que mezclan la novedad del dramatismo del diálogo con temas conocidos por el público. Así se levantan títulos con las aventuras de los héroes clásicos o del panorama patrio a la par que se inventan comedias de enredos (de capa y espada) muy afines al público.  

Estas obras se representaban en las plazas públicas sin apenas decorados o en los emergentes corrales de comedias que, en un principio, eran nada más que el espacio que quedaba libre entre distintas calles. Allí, de pie, se agolpaban los hombres que exigían su guión mientras que las mujeres tenían reservado un espacio en la parte trasera. 

2.- La creación de los primeros corrales de comedias en Madrid y otras ciudades de España

El éxito de público de esta forma de evasión entre un pueblo deprimido en todos los sentidos (por las derrotas militares, las sucesivas crisis económicas y el aislamiento) fue galopante. En la época, el teatro barroco cumplía una función parecida a las largas series de entretenimiento actuales y eran el único bálsamo de consuelo para una población sumida en el pesimismo.

Así, poco a poco, se fueron creando los primeros corrales de comedias que no eran más que toscos espacios donde se agolpaba el público frente a una tarima elevada para los actores. El escenario, con sus cambios de decorados como lo conocemos hoy, casi no existía. Las obras estaban escritas para que el espectador imaginara qué paisaje o lugar acompañaba a los protagonistas. Por eso, la acción era tan cambiante, tanto que hoy muchos de estos textos son de difícil representación. Poco a poco se añadió un tejado al escenario y se colocaron bancos de madera. Los balcones o ventanas que daban al patio se alquilaban para las obras o bien se debía pagar al promotor por su uso.  

En Madrid, los primeros estaban vinculados a las hermandades de caridad y se levantaron para sufragar los gastos propios. Famosos de la capital fueron el Corral de la Pacheca, el Teatro de la Cruz inaugurado en 1579 y El Príncipe tres años más tarde.  

3.- Otra de las características del teatro barroco es la libertad de acción

Esta espacio tan minimalista, tosco y, a veces, improvisado tenía, por supuesto, sus inconvenientes pero también permitió que hubiera una libertad de acción impensable cuando estos emplazamientos evolucionaron más tarde. La acción no era apoyada por decorado alguno y, a veces, ni por el vestuario que era bastante pobre. Por tanto, todo el peso recaía en la palabra literaria que tenía que encandilar a un público deseoso de novedad y de evasión al mismo tiempo.  

4.- El papel de las mujeres en el teatro barroco español 

Va parejo al sempiterno luto que ha formado parte de las características patrias hasta hace poco. Su papel fue tal objeto de disputa entre los moralistas que se llegó a prohibir su participación en las tablas. Se consideraba que sus bailes y desparpajo podrían contribuir a una vida disoluta o ajena a los principios morales aceptados. En las épocas en las que estuvo prohibida su presencia, los papeles femeninos eran interpretados por muchachos. Esto duró poco ya que el público (que se amansaba con este tipo de ocio evasivo) requería de su presencia.  

Paralelamente, hubo épocas en los que (por razones diversas) no estaba permitida las representaciones. Todo este vaivén se solucionó en el teatro barroco con un término medio: dejando participar a las mujeres, pero suprimiendo bailes lascivos, ahondando en el patriotismo sin eliminar los elementos cómicos. A la par, se acordó organizar las temporadas que no podían coincidir con la Cuaresma o en contados periodos de luto porque (por poner un caso) había fallecido una reina. Era luto impostado y no duelo verdadero. Por eso, el teatro, a pesar de todas estas prohibiciones y normativas creció sin parar durante todo el siglo XVII.  

5.- Partes de una obra de teatro barroca 

Como he indicado un poco antes, las funciones solían durar entre dos o tres horas y se dividían en tres actos. Antes de iniciar la comedia, se cantaba una introducción o loa. Entre el primero y el segundo acto se representaba un entremés que no tenía nada que ver con la obra principal. Entre el segundo y el tercero se cantaba una jácara. Se terminaba con un baile que era opcional. Lo normal era que se representaran los días festivos y siempre por la tarde antes de caer la noche. 

6.- Los autos sacramentales y su influencia en el teatro popular 

Estaban ligados a las grandes festividades cristianas, especialmente a las del Corpus, pero también a la Navidad y Pasión de Cristo. De las iglesias, donde se producían los primitivos de la última Edad Media, pasaron a los teatros o a las plazas. A pesar de su carácter sagrado, estos se ensayaban y se preparaban con muchísima antelación. Además, se ponían a disposición de este peculiar teatro barroco recursos económicos de los que carecía los corrales de comedias. Estos últimos eran emprendimientos empresariales privados cuyos únicos beneficios se basaban en la taquilla. Sin embargo, los autos sacramentales tenían el patrocinio no solo de la Iglesia sino también de la élite local.  

7.- Los fastos del teatro cortesano  

Aunque vinculados a las comedias populares, la aristocracia y la monarquía se hacía representar las obras en palacios o en jardines privados. Estos, como en el caso de los autos sacramentales, se hacían con un lujo en decorados, tramoyas, escenario y asientos de difícil comparación con los del pueblo. Este tipo de teatro se completaba con trucos, maquinarias y escenarios pintados por artistas plásticos muy semejantes a las grandes producciones contemporáneas. El ocio había invadido la corte de los últimos Austrias y el teatro, junto con la caza, las fiestas y los juegos ocupaban gran parte del día.  

8.- El teatro barroco pone la literatura al servicio del entretenimiento  

A pesar de la suntuosidad de estas puestas en escena, el teatro barroco que se sigue representando hoy en día es el mismo que gustaba al público popular de la época. Así, esa preferencia por las comedias de enredo donde los cambios de personajes, los malos entendidos, las vueltas de tuerca de los finales felices que hacían las delicias del público siguen siendo del gusto del espectador contemporáneo. Además, el lenguaje literario se pone al servicio de este ocio mundano para crear una realidad paralela durante unos cuantas horas. Los temas intelectuales se mezclan con las comicidades del gracioso y no se tratan asuntos que embarguen el ánimo ya por los suelos de un pueblo que se había rendido ante una realidad que le daba pocas o nulas opciones de escapatoria.  

9.- La revolución del teatro barroco con Lope de Vega 

La biografía de Lope de Vega está llena de anécdotas azarosas, amores prohibidos a tres o cuatro bandas, pasiones descontroladas y lances de bravucones. Como un trasunto de su vida, así son buena parte de sus comedias. En ellas se mezclan lo alto con lo bajo, lo aristocrático con lo popular, lo histórico con lo contemporáneo. El rey tiene sus debilidades y alguien con espíritu noble hace relucir la grandeza del ser humano.  

El Fénix se adaptó al gusto de un público ávido de novedades y de evasión, bullanguero y despiadado con el autor y los actores si una obra no era del agrado. Fue Lope de Vega quien mejor supo entender este afán por salir de la realidad por unas cuantas horas realizando comedias ágiles, amenas, fáciles de entender, repletas de gracia donde los personajes estaban mezclados. Si siempre hay un joven de alta cuna atribulado por un amor que se le resiste, ante él se antepone un criado con los pies tan en la tierra que todas sus precauciones son materialistas. El movimiento extremo en la acción también tenía en vilo a un público fiel que renegaba de cualquier tema que fuera trascendental. Eso motivó que casi ninguno de los personajes de las comedias o del teatro de Lope de Vega tuviera una profundidad psicológica detallada o un perfil anímico concreto al estilo de un Don Quijote o un Sancho Panza. Y ni siquiera llegan a los matices de algunos protagonistas de las Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes.  

10.- Los temas transcendentales con Calderón de la Barca 

Por el contrario, uno de los grandes autores del barroco literario, Calderón de la Barca, evoluciona hacia un teatro con una profundidad psicológica y anímica distinta a estos primeros esbozos de principios del siglo XVII. La realidad y la ficción, el mundo de los sueños, la libertad personal es llevada a los extremos. Este es un teatro que interroga al espectador con los grandes temas que atormentan al hombre. Y eso sin contar que une uno de los asuntos favoritos de la literatura barroca en España: el tiempo que se escapa e imposible de atrapar. Calderón lleva a su máxima expresión la línea divisoria entre la realidad y la ficción, la fantasía frente a lo tangible, la ilusión de los sentidos frente a las evidencias del espíritu. En otro lado tenemos a Lope y su escuela, que se quedan en la palabra brillante, en el encuentro feliz, en la literatura al servicio de la necesaria evasión de un pueblo atribulado por múltiples problemáticas.  

Las características del teatro barroco en España serán el germen de los dramas futuros que tanto predicamento han tenido en nuestro país desde entonces.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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A lo largo del siglo XVII se desarrolla lo que más de un crítico ha denominado “literatura nacional” alejada de los moldes impuestos por el Renacimiento literario procedente de Italia. Y, por supuesto, también se han superado todos los condicionantes de las incipientes letras castellanas reducidas a la dicotomía de mester de clerecía y mester de juglaría medievales. Aunque la genialidad de Cervantes, el cual pertenece a este periodo, se resiste a reducirse al cajón de la literatura barroca en España, sí es el báculo principal del Siglo de Oro. Pero, ¿qué ocurre en esta época que se da un cambio tan trascendental?  

La literatura barroca en España está condicionada por los avatares históricos 

El rey Felipe II deja esta mundo en El Escorial en 1598 y con él se cierra un periodo de glorias épicas por las que España se convirtió en la primera potencia del mundo. Tras su muerte, llegan monarcas tan endebles (en todos los sentidos) que delegan irresponsablemente la gestión del trono en validos que solo se guiaron por el afán de poder y riquezas. Esta decadencia deviene en sucesivas crisis económicas adobadas con guerras que, además, se pierden. De resultas de gobiernos desastrosos, las deudas se aúnan con la corrupción institucional y la descomposición social en todas sus vertientes.  

De esta forma España, pasa en la época en la que se fragua la literatura barroca, de ser un gran imperio a verse en la ruina moral y en la miseria económica. De resultas de todo ello se llega a un estado de abatimiento y de pesimismo que se transparenta en todas y cada una de las artes. Además, quitando algunos conatos infructuosos, tanto la vida pública como la privada se llena de conformismo negando, a la par, una mínima posibilidad de cambio por la vía de la transformación. Así, el pueblo pasa miseria pero, en vez de rebelarse, se refugia en las delicias del teatro, cuyos corrales se llenan a diario. No lo hace mejor la aristocracia, ya que no invierte la riqueza acumulada. Esta se despilfarra en suntuosos palacios llenos de obra de arte (este punto quizás sea el único positivo) en vez de invertirla en negocios productivos. Se niega, así, cualquier emprendimiento y la sociedad se disgrega de múltiples maneras dando paso al individualismo. Todo ello produce fuertes contrastes difíciles de explicar incluso por los historiadores más preparados. En palabras de Juan Luis Alborg, durante el siglo XVII el carácter español se movía entre 

“… galantería y rufianería, miseria y esplendor, derroche y angustia económica, idealismo y picaresca, refinamiento y vulgaridad, afán de placer y exaltación religiosa, total despreocupación por los intereses públicos y desaforado patriotismo”.  

En definitiva, como veremos a continuación, la literatura barroca en España muestra fuertes contrastes alcanzando cotas tormentosas a veces. 

Entendiendo la literatura barroca en España a través de las claves de su estilo 

Resumimos mucho el estilo barroco que caracteriza a todas y cada una de las artes: 

1.- Se deja aparcada la elegancia clásica que busca la serenidad y la perfección de la forma característica del Renacimiento. En su lugar, nace un arte que se basa en el exceso y la acumulación. 

2.- Se arrincona el afán de conocimiento por la estimulación de los sentimientos, la cual se hace, además, de forma exagerada. 

3.- Predominan las audacias de todo tipo, la búsqueda de la brillantez y el más difícil todavía, tanto en literatura, como en arquitectura o  en artes plásticas. 

4.- Los artistas se enfrascan en batallas dialécticas, en porfías, en la hipérbole… Todo ello llega a su apoteosis en la dialéctica entre el culteranismo y el conceptismo. 

5.- Se busca la tensión, el dinamismo y la originalidad a base de estirar las formas al límite. 

6.- Hay un gusto por el contraste que llega incluso a lo grosero o a la idealización de los bajos fondos. En esta línea también se visualizan las historias más truculentas de la Biblia con imágenes desgarradoras de violencia, muerte o despedazamiento (Caravaggio o Artemisia Gentileschi son claros ejemplos en pintura). 

7.- Todo esto desemboca en la afectación y el rebuscamiento. 

8.- Se desfigura la realidad bien con el grotesco, lo monstruoso la caricatura mordaz o bien con la más absoluta idealización. 

9.- En artes plásticas hay un gusto por las masas y los colores. Las formas se difuminan y se elimina la perspectiva. Se recurre con agrado al círculo, a las volutas y a la espiral. 

10.- La literatura se llena de metáforas arriesgadas, de tropos, de audacias estilísticas solo comprensibles para un público culto y formado. 

Caracteres generales de la literatura barroca en España 

Si bien todas estas generalidades estilísticas se dan en otros puntos europeos, en España alcanzan su apoteosis, quizás (tal como quieren explicar buena parte de la crítica) por sus condicionantes políticos y sociales. Por si fuera poco, la Reforma se instala en buena parte de Europa y España se queda aislada siguiendo un modelo religioso que, en demasiadas ocasiones, se convierte en un freno a cualquier idea innovadora. Por tanto, la decadencia en todos los órdenes vitales se llena de un extremo pesimismo del que se quiere salir a través de fuertes contrastes tanto en lo formal como en los temas. Muy resumidamente nos encontramos:  

1.- Son frecuentes los temas del tiempo que vuela y que es necesario atrapar con un carpe diem doloroso en extremo. El mismo se resume en ese “Mientras por competir con tu cabello |oro bruñido, el sol relumbra en vano,” de Góngora que se remata con ese verso que nos resbala por toda la desolación de la muerte “en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.”

2.- Las ruinas en todos sus sentidos son favoritas en esta época. Este extremo se puede sintetizar en los versos de Quevedo “Miré los muros de la patria mía,| si un tiempo fuerte ya desmoronados…” Y de tal manera el pesimismo se apodera del poeta que “y no hallé cosa en que poner los ojos | que no fuese recuerdo de la muerte.” 

3.- Ante esta visión tan catastrófica de la vida se impone también la existencia como irreal, “como un sueño” de Calderón de la Barca, como una mueca burlona del espíritu y la mente. 

4.- La gravedad se rompe con la ironía que llega hasta extremos de crueldad o con la evasión a través del espectáculo. Y es aquí donde entran las grandes obras teatrales de un Lope de Vega, por nombrar sencillamente al mejor. En ellas no encontramos nada que pudiera ser crítica constructiva y la gran mayoría de sus títulos giran en torno al enredo, a los conflictos en la trama que se deshacían en el último acto, justo antes de los aplausos. 

5.- Todo ello hace que, en lo referente al aspecto formal, se elija el camino de la complicación. Pero vamos a más, ya que este significante acaba impactando en el significado. Esto es, llega a los temas y a lo más profundo de los sentimientos y pensamientos. 

6.- Aunque hay pocos temas nuevos, se eleva a la categoría de arte el mundo de los bajos fondos, el de los tullidos, el de los perdedores que no renuncian al idealismo, cuyo ejemplo más insigne es nuestro Don Quijote.  

“Lo que hasta ahora ha llamado más la atención en el Barroco literario, es sin duda la tendencia innovadora de su estilística, la abundancia de las metáforas exageradas, de sus frecuentes hipérboles y conceptos, sus contrastes perseguidos hasta obtenerse el total agotamiento de los efectos posibles, una lengua atormentada y artificiosa, que pretende huir de la propiedad del lenguaje común, por medio de mil refinamientos retóricos…” 

Alejandro Cioranescu 

En definitiva, la literatura barroca en España lleva al límite las posibilidades formales, expresivas y temáticas de una época en la que se hace santo y seña del exceso en todos los órdenes de la vida. Esta acumulación y audacia no solo se manifiesta en las letras sino también en la arquitectura, en la pintura, en el mobiliario o en la moda.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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A lo largo del siglo XVII se desarrolla lo que más de un crítico ha denominado “literatura nacional” alejada de los moldes impuestos por el Renacimiento literario procedente de Italia. Y, por supuesto, también se han superado todos los condicionantes de las incipientes letras castellanas reducidas a la dicotomía de mester de clerecía y mester de juglaría medievales. Aunque la genialidad de Cervantes, el cual pertenece a este periodo, se resiste a reducirse al cajón de la literatura barroca en España, sí es el báculo principal del Siglo de Oro. Pero, ¿qué ocurre en esta época que se da un cambio tan trascendental?  

La literatura barroca en España está condicionada por los avatares históricos 

El rey Felipe II deja esta mundo en El Escorial en 1598 y con él se cierra un periodo de glorias épicas por las que España se convirtió en la primera potencia del mundo. Tras su muerte, llegan monarcas tan endebles (en todos los sentidos) que delegan irresponsablemente la gestión del trono en validos que solo se guiaron por el afán de poder y riquezas. Esta decadencia deviene en sucesivas crisis económicas adobadas con guerras que, además, se pierden. De resultas de gobiernos desastrosos, las deudas se aúnan con la corrupción institucional y la descomposición social en todas sus vertientes.  

De esta forma España, pasa en la época en la que se fragua la literatura barroca, de ser un gran imperio a verse en la ruina moral y en la miseria económica. De resultas de todo ello se llega a un estado de abatimiento y de pesimismo que se transparenta en todas y cada una de las artes. Además, quitando algunos conatos infructuosos, tanto la vida pública como la privada se llena de conformismo negando, a la par, una mínima posibilidad de cambio por la vía de la transformación. Así, el pueblo pasa miseria pero, en vez de rebelarse, se refugia en las delicias del teatro, cuyos corrales se llenan a diario. No lo hace mejor la aristocracia, ya que no invierte la riqueza acumulada. Esta se despilfarra en suntuosos palacios llenos de obra de arte (este punto quizás sea el único positivo) en vez de invertirla en negocios productivos. Se niega, así, cualquier emprendimiento y la sociedad se disgrega de múltiples maneras dando paso al individualismo. Todo ello produce fuertes contrastes difíciles de explicar incluso por los historiadores más preparados. En palabras de Juan Luis Alborg, durante el siglo XVII el carácter español se movía entre 

“… galantería y rufianería, miseria y esplendor, derroche y angustia económica, idealismo y picaresca, refinamiento y vulgaridad, afán de placer y exaltación religiosa, total despreocupación por los intereses públicos y desaforado patriotismo”.  

En definitiva, como veremos a continuación, la literatura barroca en España muestra fuertes contrastes alcanzando cotas tormentosas a veces. 

Entendiendo la literatura barroca en España a través de las claves de su estilo 

Resumimos mucho el estilo barroco que caracteriza a todas y cada una de las artes: 

1.- Se deja aparcada la elegancia clásica que busca la serenidad y la perfección de la forma característica del Renacimiento. En su lugar, nace un arte que se basa en el exceso y la acumulación. 

2.- Se arrincona el afán de conocimiento por la estimulación de los sentimientos, la cual se hace, además, de forma exagerada. 

3.- Predominan las audacias de todo tipo, la búsqueda de la brillantez y el más difícil todavía, tanto en literatura, como en arquitectura o  en artes plásticas. 

4.- Los artistas se enfrascan en batallas dialécticas, en porfías, en la hipérbole… Todo ello llega a su apoteosis en la dialéctica entre el culteranismo y el conceptismo. 

5.- Se busca la tensión, el dinamismo y la originalidad a base de estirar las formas al límite. 

6.- Hay un gusto por el contraste que llega incluso a lo grosero o a la idealización de los bajos fondos. En esta línea también se visualizan las historias más truculentas de la Biblia con imágenes desgarradoras de violencia, muerte o despedazamiento (Caravaggio o Artemisia Gentileschi son claros ejemplos en pintura). 

7.- Todo esto desemboca en la afectación y el rebuscamiento. 

8.- Se desfigura la realidad bien con el grotesco, lo monstruoso la caricatura mordaz o bien con la más absoluta idealización. 

9.- En artes plásticas hay un gusto por las masas y los colores. Las formas se difuminan y se elimina la perspectiva. Se recurre con agrado al círculo, a las volutas y a la espiral. 

10.- La literatura se llena de metáforas arriesgadas, de tropos, de audacias estilísticas solo comprensibles para un público culto y formado. 

Caracteres generales de la literatura barroca en España 

Si bien todas estas generalidades estilísticas se dan en otros puntos europeos, en España alcanzan su apoteosis, quizás (tal como quieren explicar buena parte de la crítica) por sus condicionantes políticos y sociales. Por si fuera poco, la Reforma se instala en buena parte de Europa y España se queda aislada siguiendo un modelo religioso que, en demasiadas ocasiones, se convierte en un freno a cualquier idea innovadora. Por tanto, la decadencia en todos los órdenes vitales se llena de un extremo pesimismo del que se quiere salir a través de fuertes contrastes tanto en lo formal como en los temas. Muy resumidamente nos encontramos:  

1.- Son frecuentes los temas del tiempo que vuela y que es necesario atrapar con un carpe diem doloroso en extremo. El mismo se resume en ese “Mientras por competir con tu cabello |oro bruñido, el sol relumbra en vano,” de Góngora que se remata con ese verso que nos resbala por toda la desolación de la muerte “en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.”

2.- Las ruinas en todos sus sentidos son favoritas en esta época. Este extremo se puede sintetizar en los versos de Quevedo “Miré los muros de la patria mía,| si un tiempo fuerte ya desmoronados…” Y de tal manera el pesimismo se apodera del poeta que “y no hallé cosa en que poner los ojos | que no fuese recuerdo de la muerte.” 

3.- Ante esta visión tan catastrófica de la vida se impone también la existencia como irreal, “como un sueño” de Calderón de la Barca, como una mueca burlona del espíritu y la mente. 

4.- La gravedad se rompe con la ironía que llega hasta extremos de crueldad o con la evasión a través del espectáculo. Y es aquí donde entran las grandes obras teatrales de un Lope de Vega, por nombrar sencillamente al mejor. En ellas no encontramos nada que pudiera ser crítica constructiva y la gran mayoría de sus títulos giran en torno al enredo, a los conflictos en la trama que se deshacían en el último acto, justo antes de los aplausos. 

5.- Todo ello hace que, en lo referente al aspecto formal, se elija el camino de la complicación. Pero vamos a más, ya que este significante acaba impactando en el significado. Esto es, llega a los temas y a lo más profundo de los sentimientos y pensamientos. 

6.- Aunque hay pocos temas nuevos, se eleva a la categoría de arte el mundo de los bajos fondos, el de los tullidos, el de los perdedores que no renuncian al idealismo, cuyo ejemplo más insigne es nuestro Don Quijote.  

“Lo que hasta ahora ha llamado más la atención en el Barroco literario, es sin duda la tendencia innovadora de su estilística, la abundancia de las metáforas exageradas, de sus frecuentes hipérboles y conceptos, sus contrastes perseguidos hasta obtenerse el total agotamiento de los efectos posibles, una lengua atormentada y artificiosa, que pretende huir de la propiedad del lenguaje común, por medio de mil refinamientos retóricos…” 

Alejandro Cioranescu 

En definitiva, la literatura barroca en España lleva al límite las posibilidades formales, expresivas y temáticas de una época en la que se hace santo y seña del exceso en todos los órdenes de la vida. Esta acumulación y audacia no solo se manifiesta en las letras sino también en la arquitectura, en la pintura, en el mobiliario o en la moda.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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A finales del siglo XVI y, especialmente, durante el siglo XVII en arte y en literatura va afianzándose una nueva forma creativa que se distingue de los modos y características del Renacimiento. Si bien la estética se impone no solo en Europa, sino también en buena parte de Sudamérica, el Barroco español alcanza cotas magníficas no solo en lo que se refiere a las artes plásticas sino especialmente en la literatura. De tal calado fue el estilo barroco en las letras castellanas que a la época se le denomina Siglo de Oro. Estas son las claves principales para entenderlo. 

 

1.- El estilo barroco se caracteriza por la acumulación  

Se abandona la serenidad y la elegancia que había caracterizado tanto el arte como la literatura renacentista y las expresiones artísticas se abigarran hasta límites nunca visto por entonces y difíciles de encontrar después.  El objetivo no es el conocimiento, santo y seña del hombre en el Renacimiento, sino el estímulo de los sentidos y, además, de todos ellos a la vez. Por eso, se recurre a imágenes brillantes, al horror vacui, a la acumulación, a la sobreexposición, al lenguaje llevado a extremo, a agudezas ingeniosas y al gusto por cualquier audacia en cualquier terreno. El estilo barroco, si por algo se caracteriza, es por parecer una carrera de fondo por demostrar quién puede llegar más allá, estirando la palabra o completando un cuadro sin dejar ni un milímetro sin pincelada. Los artistas huyen de ese afán de conocimiento para apelar a los sentidos y los sentimientos. Por eso, es frecuente lo grotesco, lo que se aparta de la norma, lo monstruoso, los seres lisiados, las descripciones de los bajos fondos o de los sentimientos más rebuscados.  

2.- La exageración forma parte del estilo barroco 

Íntimamente unido a esa búsqueda de lo extremo, se recurre constantemente a la hipérbole, la cual se manifiesta no solo en el arte Barroco que gusta de monstruos, seres extremos o de las historias más truculentas de la Biblia sino también en el ridículo, la ironía y la mofa. La literatura del barroco está plagada de todos esos puntos extremos que se resumen en España en esa pugna (a veces difícilmente definida) entre el culteranismo y el conceptismo que llevaron en vida la dialéctica entre Góngora y Quevedo.  

 
3.- El movimiento sustituye a la serenidad clásica del Renacimiento

La línea recta, la perspectiva, la arquitectura elegante que se vanagloriaba de recoger la mejor tradición grecorromana se convierte en una torsión constante. El estilo barroco solo se entiende en la línea curva, en la espiral, en el abigarramiento, en el movimiento y en la tensión. Todo se vuelve movimiento y prisas tanto en el lenguaje como en cualquier expresión plástica.  

4.- El estilo barroco se caracteriza por el contraste 

Para llevar a cabo esa torsión estilística se recurre al claroscuro (recordemos los cuadros de Caravaggio o de Velázquez), al contraste tanto en los poemas como en las artes plásticas. Este se encuentra en la unión en una misma composición de los extremos más luminosos de la vida con los más truculentos de la muerte, de lo feo con lo bello, de lo más mundano con lo sagrado… De este mismo sentido se impregnan las artes plásticas que se regodea con la plasmación de las más duras escenas de la Biblia (las cabezas cortadas por orden de Salomé o de la mano de Judith, la matanza de los inocentes en toda su crudeza…) Se recurre a la antítesis, a la búsqueda de los contrarios irreconciliables. 

 

5.- Las artes plásticas se transforman radicalmente  

Ese amor por la rareza, por lo extremo, por lo que está alejado de la serenidad clásica se regodea, además, en lo formal y es estirado al máximo. Las obras se llenan de símbolos, de historias que hay que conocer de antemano, de mensajes ocultos. Todo ello nos lleva por el camino del artificio, de lo rebuscado, de la rareza que se manifiesta en todos los órdenes de la vida desde el mobiliario recargado hasta la pintura obscena pasando por la moda abigarrada o la literatura repleta de tropos, metáforas e hipérboles ingeniosas.  

La pintura, además, se realiza utilizando grandes masas de color eliminando el dibujo casi. Se busca, además, la profundidad (que no la perspectiva) a través de la superposición. Se difuminan los contornos y las volutas hacen su aparición en cualquier tipo de manifestación artística. El estilo barroco es así claramente reconocible tanto en ese abigarramiento de iglesias o palacios como en el mobiliario llevado hasta la torsión.  

6.- El estilo barroco se caracteriza por el choque de los contrarios 

Nada hay en el centro o en el medio. Se huye de la sobriedad clásica para resbalarse por los extremos. Si se ironiza se llega a la caricatura, a veces salvaje. Si se critica o se intenta poner de manifiesto la oscuridad del alma humana, se alcanza los límites de la degradación. Esta se representa de distintas maneras ya sea con personajes sin atisbo de nobleza ya sea mostrando el aspecto monstruoso del ser humano. Las pasiones siempre serán desatadas a igual que el fervor religioso que no puede quedarse en la serenidad anímica. Idéntico camino, pero por el contrario, recorre la idealización que alcanza cotas no superadas desde entonces.  

7.- El Barroco español está caracterizado por el pesimismo

Tanto en literatura como en artes plásticas en España alcanza cotas bastante elevadas coincidiendo con la hecatombe social, económica y política tras la muerte de Felipe II. Los sucesivos reyes se dejan resbalar por la indolencia dejando la gestión del trono en manos de validos ávidos de poder y de riquezas. El resultado son constantes crisis que llevan a la población a la más extrema pobreza con situaciones injustas y sin ver una salida. España, asentada la Reforma en el resto de Europa, se aísla de sus vecinos si no es para enfrascarse en guerras cruentas que, además, pierde. Se olvida cualquier desarrollo tecnológico y las élites no invierten en innovación o en mejora de los recursos disponibles. El pueblo, salvo algunos conatos, no se alza en rebelión y el espíritu que impera en la época es un conformismo destructor. Todo ello se manifiesta en las artes de todo tipo pero, especialmente, en la literatura que, en esta época (recordemos el Quijote de Cervantes) nos pone por delante toda una retahíla de fracasados y perdedores de tal enjundia que se vuelven tipos universales. 

8.- Las artes se impregnan de un espíritu basado en la huida de la realidad

Las sucesivas crisis económicas, la pobreza, la pérdida de calidad de vida y el abatimiento llevan a una huida de la cotidianidad. Se busca en el teatro (que alcanza cotas ni antes ni después no superadas) un entretenimiento en el que olvidar las penas cotidianas con historias distorsionadas y totalmente irreales. La población encuentra en la risa fácil y en la burla una forma de no afrontar un mínimo espíritu crítico de la realidad. Recordemos que es una sociedad dominada por el conformismo, por el pesimismo y por el abatimiento. 

El estilo barroco, por tanto, no solo puede aplicarse a un periodo artístico concreto (el siglo XVII) sino que va más allá y se transparenta en todos los órdenes de la vida. Es una forma de estar y sentir el mundo casi. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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El arte es lo que queda cuando todo ha pasado. Es lo inmutable dentro del cambio. Es la belleza en un mundo en caos. El arte es parte importante de este sitio. Intentamos comprenderlo. 

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A finales del siglo XVI y, especialmente, durante el siglo XVII en arte y en literatura va afianzándose una nueva forma creativa que se distingue de los modos y características del Renacimiento. Si bien la estética se impone no solo en Europa, sino también en buena parte de Sudamérica, el Barroco español alcanza cotas magníficas no solo en lo que se refiere a las artes plásticas sino especialmente en la literatura. De tal calado fue el estilo barroco en las letras castellanas que a la época se le denomina Siglo de Oro. Estas son las claves principales para entenderlo. 

 

1.- El estilo barroco se caracteriza por la acumulación  

Se abandona la serenidad y la elegancia que había caracterizado tanto el arte como la literatura renacentista y las expresiones artísticas se abigarran hasta límites nunca visto por entonces y difíciles de encontrar después.  El objetivo no es el conocimiento, santo y seña del hombre en el Renacimiento, sino el estímulo de los sentidos y, además, de todos ellos a la vez. Por eso, se recurre a imágenes brillantes, al horror vacui, a la acumulación, a la sobreexposición, al lenguaje llevado a extremo, a agudezas ingeniosas y al gusto por cualquier audacia en cualquier terreno. El estilo barroco, si por algo se caracteriza, es por parecer una carrera de fondo por demostrar quién puede llegar más allá, estirando la palabra o completando un cuadro sin dejar ni un milímetro sin pincelada. Los artistas huyen de ese afán de conocimiento para apelar a los sentidos y los sentimientos. Por eso, es frecuente lo grotesco, lo que se aparta de la norma, lo monstruoso, los seres lisiados, las descripciones de los bajos fondos o de los sentimientos más rebuscados.  

2.- La exageración forma parte del estilo barroco 

Íntimamente unido a esa búsqueda de lo extremo, se recurre constantemente a la hipérbole, la cual se manifiesta no solo en el arte Barroco que gusta de monstruos, seres extremos o de las historias más truculentas de la Biblia sino también en el ridículo, la ironía y la mofa. La literatura del barroco está plagada de todos esos puntos extremos que se resumen en España en esa pugna (a veces difícilmente definida) entre el culteranismo y el conceptismo que llevaron en vida la dialéctica entre Góngora y Quevedo.  

 
3.- El movimiento sustituye a la serenidad clásica del Renacimiento

La línea recta, la perspectiva, la arquitectura elegante que se vanagloriaba de recoger la mejor tradición grecorromana se convierte en una torsión constante. El estilo barroco solo se entiende en la línea curva, en la espiral, en el abigarramiento, en el movimiento y en la tensión. Todo se vuelve movimiento y prisas tanto en el lenguaje como en cualquier expresión plástica.  

4.- El estilo barroco se caracteriza por el contraste 

Para llevar a cabo esa torsión estilística se recurre al claroscuro (recordemos los cuadros de Caravaggio o de Velázquez), al contraste tanto en los poemas como en las artes plásticas. Este se encuentra en la unión en una misma composición de los extremos más luminosos de la vida con los más truculentos de la muerte, de lo feo con lo bello, de lo más mundano con lo sagrado… De este mismo sentido se impregnan las artes plásticas que se regodea con la plasmación de las más duras escenas de la Biblia (las cabezas cortadas por orden de Salomé o de la mano de Judith, la matanza de los inocentes en toda su crudeza…) Se recurre a la antítesis, a la búsqueda de los contrarios irreconciliables. 

 

5.- Las artes plásticas se transforman radicalmente  

Ese amor por la rareza, por lo extremo, por lo que está alejado de la serenidad clásica se regodea, además, en lo formal y es estirado al máximo. Las obras se llenan de símbolos, de historias que hay que conocer de antemano, de mensajes ocultos. Todo ello nos lleva por el camino del artificio, de lo rebuscado, de la rareza que se manifiesta en todos los órdenes de la vida desde el mobiliario recargado hasta la pintura obscena pasando por la moda abigarrada o la literatura repleta de tropos, metáforas e hipérboles ingeniosas.  

La pintura, además, se realiza utilizando grandes masas de color eliminando el dibujo casi. Se busca, además, la profundidad (que no la perspectiva) a través de la superposición. Se difuminan los contornos y las volutas hacen su aparición en cualquier tipo de manifestación artística. El estilo barroco es así claramente reconocible tanto en ese abigarramiento de iglesias o palacios como en el mobiliario llevado hasta la torsión.  

6.- El estilo barroco se caracteriza por el choque de los contrarios 

Nada hay en el centro o en el medio. Se huye de la sobriedad clásica para resbalarse por los extremos. Si se ironiza se llega a la caricatura, a veces salvaje. Si se critica o se intenta poner de manifiesto la oscuridad del alma humana, se alcanza los límites de la degradación. Esta se representa de distintas maneras ya sea con personajes sin atisbo de nobleza ya sea mostrando el aspecto monstruoso del ser humano. Las pasiones siempre serán desatadas a igual que el fervor religioso que no puede quedarse en la serenidad anímica. Idéntico camino, pero por el contrario, recorre la idealización que alcanza cotas no superadas desde entonces.  

7.- El Barroco español está caracterizado por el pesimismo

Tanto en literatura como en artes plásticas en España alcanza cotas bastante elevadas coincidiendo con la hecatombe social, económica y política tras la muerte de Felipe II. Los sucesivos reyes se dejan resbalar por la indolencia dejando la gestión del trono en manos de validos ávidos de poder y de riquezas. El resultado son constantes crisis que llevan a la población a la más extrema pobreza con situaciones injustas y sin ver una salida. España, asentada la Reforma en el resto de Europa, se aísla de sus vecinos si no es para enfrascarse en guerras cruentas que, además, pierde. Se olvida cualquier desarrollo tecnológico y las élites no invierten en innovación o en mejora de los recursos disponibles. El pueblo, salvo algunos conatos, no se alza en rebelión y el espíritu que impera en la época es un conformismo destructor. Todo ello se manifiesta en las artes de todo tipo pero, especialmente, en la literatura que, en esta época (recordemos el Quijote de Cervantes) nos pone por delante toda una retahíla de fracasados y perdedores de tal enjundia que se vuelven tipos universales. 

8.- Las artes se impregnan de un espíritu basado en la huida de la realidad

Las sucesivas crisis económicas, la pobreza, la pérdida de calidad de vida y el abatimiento llevan a una huida de la cotidianidad. Se busca en el teatro (que alcanza cotas ni antes ni después no superadas) un entretenimiento en el que olvidar las penas cotidianas con historias distorsionadas y totalmente irreales. La población encuentra en la risa fácil y en la burla una forma de no afrontar un mínimo espíritu crítico de la realidad. Recordemos que es una sociedad dominada por el conformismo, por el pesimismo y por el abatimiento. 

El estilo barroco, por tanto, no solo puede aplicarse a un periodo artístico concreto (el siglo XVII) sino que va más allá y se transparenta en todos los órdenes de la vida. Es una forma de estar y sentir el mundo casi. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Durante todo el siglo XVII toda Europa (y también las grandes urbes coloniales de Hispanoamérica) sufrió un cambio social y económico importante. El Antiguo Régimen comenzaba a desaparecer sustituido por una pujante burguesía que imponía sus criterios en todos los órdenes de la vida. Esto que se dice así tan pronto no pudo realizarse ni linealmente ni sin conflictos. Es más, el Barroco es la expresión de una crisis sistémica que se manifiesta tanto en los valores espirituales como en la formas de relacionarse, así como en la economía. Cada país realizó la transición desde un estatus quo dominado por el clero más rancio y la aristocracia excluyente hacia una sociedad pre-industrial (artesana más bien) en la que se impone unas nuevas clases más cultas y más pujantes. En este sentido, tengo que indicar en primer lugar que el arte barroco alcanzó sus máximas cotas expresivas allí donde la crisis (en todos los órdenes) fue más profunda y demoledora para la sociedad.  

Es por esto por lo que el movimiento artístico como tal apenas tuvo relevancia en países que no se resistieron demasiado a los cambios (Alemania, Holanda, Inglaterra…) mientras tuvo su apogeo en aquellos que se aferraban a los viejos valores. El Barroco español, apunto ya, tuvo un auge casi único en la historia de la humanidad. La nación comenzaba un declive imparable gobernada por reyes indolentes, cuando no incapaces, y aferrada a las imposiciones de una nobleza negada para poner las bases de un mínimo progreso. Esto desembocó en una crisis generalizada en la que la pobreza y la incultura se enquistaron por siglos incluso. 

El arte barroco frente a la estética clásica

En este sentido, hay autores que sostienen que el Barroco es casi un sentimiento o, más bien,  la expresión de un estado de cosas a todos los niveles (político, social, económico…) que se repite cada cierto tiempo en la historia. Vendría a asentarse en sociedades en cambio que no saben, no pueden o no quieren adaptarse a los nuevos rumbos. La estética se vuelve excesiva, recargada, oscura, retorcida (e incluso escatológica) en un intento por sacudir conciencias o espíritus. El arte barroco como tal, tanto el desarrollado cronológicamente en el siglo XVII, como el que pudiera generarse en otras épocas, se opone, en esencia, al gusto sobrio de la estética clásica.  

Esta, por el contrario, gusta del minimalismo, del despego de los adornos superfluos, de la claridad en todos los aspectos (tanto de palabra como en la pincelada del cuadro). Es serena (en contraposición al dramatismo del arte barroco) y busca siempre la fluidez tanto en los conceptos abstractos como en las formas físicas. 

Características del arte barroco principales

Ahora bien, ¿cómo podemos reconocer la estética barroca? Casi a simple vista ya sea un poema, una obra teatral, una pintura o uno de los sublimes edificios que dejó la época. Presente, incluso en las calles, en ciudades que vivieron la época de una forma especialmente trágica (nombro, únicamente, la Sevilla puerto de Indias repleta de mendigos o la Roma decadente y corrupta), el arte barroco es, en esencia, la expresión del exceso.  

1.- El arte barroco tiende al exceso y al movimiento

En contraposición a la sobriedad clásica, el arte barroco se caracteriza por ser excesivo, torsionado, siempre en movimiento. Es una estética que huye de la sobriedad para instalarse en el extremo contrario. Si se trata de realizar un edificio, las columnas nunca será rectas. Estas tomarán las formas de una espiral (como las de San Pedro en el Vaticano o las del arte manuelino). En una pintura, el exceso se mostrará en el horror vacui, en no dejar ni un solo centímetro sin una pincelada. La literatura se llenará de tropos, de torsiones y de un lenguaje recargado y/o complicado al máximo.  

2.- Por tanto, es una estética en la que prima lo inestable

El arte barroco representa la expresión de crisis de todo tipo (vitales, espirituales, sociales, económicas, políticas). Por tanto, se recubrirá de una pátina de inestabilidad. Y esto se refleja tanto en la forma como en el contenido. La vida se tambaleaba bajo los pies de una población desesperanzada y olvidada. De ello se hacían eco artistas de todos los géneros (que sufrían, si sacaban los pies del tiesto, el exilio o la persecución). Las formas parecen no sostenerse (volvemos a esas columnas en espiral) tanto en arquitectura como en las artes plásticas como en la artesanía de objetos cotidianos. Los temas vuelven una y otra vez a la fugacidad de la vida, a la inestabilidad de la existencia, a la posibilidad de morir en cualquier momento sin haber completado la misión de cada uno en este mundo. Y esto se transparenta tanto en la forma como en el contenido de todas y cada una de las obras de arte barroco. 

3.-  El arte barroco se caracteriza por la contradicción 

En un poema puede aparecer el tema del carpe diem con las referencias más atroces a la muerte y a la destrucción. La vida se hace nada y se pasa de la cuna a la sepultura en un suspiro. Aunque se buscan la belleza, la felicidad o el pragmatismo todo está envuelto en un halo triste, oscuro, dramático. Por otro lado, las actitudes satíricas o burlescas (que se transparentan en pintura o en literatura) tienen siempre un poso místico o de filosofía negativa. El arte barroco es la expresión en toda su grandeza de la contradicción de la condición humana y de nuestro paso por este mundo con más pena que gloria. Ni siquiera el amor profundo parece redimir a una humanidad que se encuentra sola, perdida y sin referentes éticos de calado.  

4.- El drama en toda su amplitud forma parte del arte barroco

Por tanto, hay una hueco bastante grande para todo lo que supone drama (y no me refiero a teatro). El tema de la vida como un valle de lágrimas es recurrente en todas las artes y todos los géneros. La existencia en este plano es fugaz, chocante e, incluso, dada a la burla más feroz. El espíritu de la época es, esencialmente, negativo, negro, oscuro y absorbente, por tanto.   

5.- La apariencia y la forma (continente) cobra más importancia que el contenido

Como todo se hace para encontrar acomodo en una existencia futura, en este plano todo lo que se queda es formal, contenido vacío o regodeo en la fealdad. Por eso, la expresión tanto artística, literaria o filosófica se vuelve rebuscada, como buscando un juego que no puede encontrarse en ningún aspecto vital. 

6.- El arte barroco es esencialmente recargado 

Y es una de las características del barroco principales. La pintura es recargada. Los edificios se adornan hasta el exceso y la extenuación. Las paredes se completan con murales hasta el último centímetro. Las artes decorativas buscan llevar la artesanía a su quintaesencia llevando siempre la línea curva, el dorado, el brillo, el exceso y el recargamiento extremo. En literatura se lleva la frase a la torsión más absoluta. Siempre hay que leerla como mínimo dos veces para poder entender el contenido. Se abusan de tropos, metáforas o retruécanos. 

7.- Se caracteriza por ser una estética de la intensidad 

En el arte barroco, por tanto, no hay cabida para la sobriedad o para la concisión tanto en lo formal como en el contenido. Todo es extremo, muy extremo.  

8.- El arte barroco es pesimista por esencia

El siglo XVII fue el de las hambrunas, las pestes, las persecuciones y la pérdida de población en toda Europa. En aquellos países, como en el caso de España, en los que no fue posible una mínima apertura o cambio, la atmósfera en general (psicológica, social, religiosa, política…) se volvió asfixiante. Eso llevó a una tristeza generaliza, a un despegue de las cosas físicas, cotidianas o diarias (“así pasan las glorias del mundo” fue un tema recurrente). La única felicidad, por tanto, se encuentra en el más allá y la muerte se ve casi como una liberación de tantas penurias. El barroco como ideología, como estética que se repite cada cierto tiempo, siempre coincide con tiempos de crisis, de oscuridad, de persecución o de falta de libertad.  

9.- Otra de las características del arte barroco es la huida y la búsqueda del bienestar en el más allá 

Tal como he indicado antes, solo se ve salida en la vida futura, en la que hay más allá de la muerte. La pintura, a la par que oscura, se vuelve hacia los protagonistas bíblicos que pasaron duras penas antes de alcanzar la salvación. La literatura se concentra en la mística. Aquellos que no sentían tanto celo religioso se vuelcan en una sátira que a veces se hace feroz contra el sistema establecido que, además, daba todos los días argumentos para sustentar esta actitud.  

 

10.- Nada en el arte barroco se presenta natural o en mímesis con la realidad 

Todo es exagerado, distorsionado, complicado y difícil de encontrar en la naturaleza. Se recurre a la línea curva en demasía, a la palabra sacada de todo contexto lógico, a la arquitectura que parece sostenerse casi en equilibrio.   

11.- Hay una búsqueda por exprimir las posibilidades formales y/o de lenguaje

En este sentido, el arte barroco parece regodearse en las posibilidades de la palabra, en las torsiones y en el más difícil todavía. Algunas obras de arquitectura (los grandes palacios a imitación de Versalles o los grandes templos religiosos como San Pedro en Roma) se levantaron en un espíritu de competición casi.  

12.- El creador del arte barroco se regodea en la audacia 

En este orden de cosas, en el que el exceso es la norma, se tiene que recurrir a la creación llevada al extremo. No hablo de originalidad sino que retomo ese concepto del más difícil todavía. Los mármoles (como los de Bernini que embellecen Roma) se trabajan como si fueran de plastilina, con un movimiento poco frecuente en escultura y con una atención al detalle apabullante a la par que sobrecogedora.  

13.- El desasosiego es característico de esta estética y de la época 

Ante este panorama político (el de crisis de valores y de recursos económicos) y creativo (con ese gusto por el no va más en la ejecución de la obra) es normal que se caiga en la ansiedad, en el desasosiego, en la intranquilidad, en el sentimiento de inestabilidad más absoluta. 

14.- Al no haber libertad siempre se recurre a lo artificioso y rebuscado

El arte barroco, a pesar de su torsión y su exceso, no se caracteriza precisamente por la libertad. Esta no existía en tanto en cuanto que cualquier idea novedosa era, incluso, perseguida y, a veces, se pagaba a un precio muy alto. Todo ello hace que el creador y el artista apague esa indefensión (impuesta desde fuera) con un exceso formal. Lo rebuscado en cualquier tipo de obra también pretendía ocultar críticas o sátiras veladas. Era la única manera de hacerse comprender por un público muy entendido (mínimo, escogido y selecto) sin correr riesgos. 

15.- El arte barroco es la expresión del miedo y la ansiedad

En definitiva, esta estética no es más que la lengua de una época y de una forma de entender el mundo. Y si por algo se caracteriza un tiempo de crisis en el que los gobernantes son tan indolentes que ni llegan a lo mínimo es por generar pavor ante el pueblo llano. Ante tanta inestabilidad solo cabe la expresión de la angustia y la ansiedad por un futuro del que no se tenía garantizado ni lo más mínimo.  

En Italia (Caravaggio o Bernini), Francia (con sus grandes palacios cuya epítome fue Versalles) y, especialmente, en España (sumergida en una Contrarreforma absurda) el arte barroco floreció como en ninguna otra parte del mundo. Fue la estética de una época de crisis en la que la falta de libertad, las hambrunas, las plagas y la desesperanza se apoderó de toda una sociedad. Ante esta perspectiva vital la mayoría de los autores se volcaron en un misticismo más o menos profundo o en la sátira más feroz hacia los poderes fácticos de la época.  

En España, aparte de los edificios religiosos legados (la Iglesia del Salvador en Sevilla por poner un caso), se desarrolló hasta cotas de excelencia el teatro. La nobleza, que no empleaba los beneficios obtenidos con la acaparación de riquezas en productividad económica, patrocinó estas obras hasta el empacho incluso. El resultado fueron títulos y títulos y más títulos (algunos memorables) salidos de plumas que se lucraban (y evolucionaban a la par) con estos mecenazgos. El teatro, en España en el siglo  XVII, tuvo la misma función que el circo en la Roma antigua. Con estas maravillosas obras de arte barroco se pretendía calmar a una población empobrecida, embrutecida (por la falta de instrucción) y, a veces, desesperanzada (porque se les cortaba cualquier oportunidad). 

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Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

 
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El arte es lo que queda cuando todo ha pasado. Es lo inmutable dentro del cambio. Es la belleza en un mundo en caos. El arte es parte importante de este sitio. Intentamos comprenderlo. 

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Durante todo el siglo XVII toda Europa (y también las grandes urbes coloniales de Hispanoamérica) sufrió un cambio social y económico importante. El Antiguo Régimen comenzaba a desaparecer sustituido por una pujante burguesía que imponía sus criterios en todos los órdenes de la vida. Esto que se dice así tan pronto no pudo realizarse ni linealmente ni sin conflictos. Es más, el Barroco es la expresión de una crisis sistémica que se manifiesta tanto en los valores espirituales como en la formas de relacionarse, así como en la economía. Cada país realizó la transición desde un estatus quo dominado por el clero más rancio y la aristocracia excluyente hacia una sociedad pre-industrial (artesana más bien) en la que se impone unas nuevas clases más cultas y más pujantes. En este sentido, tengo que indicar en primer lugar que el arte barroco alcanzó sus máximas cotas expresivas allí donde la crisis (en todos los órdenes) fue más profunda y demoledora para la sociedad.  

Es por esto por lo que el movimiento artístico como tal apenas tuvo relevancia en países que no se resistieron demasiado a los cambios (Alemania, Holanda, Inglaterra…) mientras tuvo su apogeo en aquellos que se aferraban a los viejos valores. El Barroco español, apunto ya, tuvo un auge casi único en la historia de la humanidad. La nación comenzaba un declive imparable gobernada por reyes indolentes, cuando no incapaces, y aferrada a las imposiciones de una nobleza negada para poner las bases de un mínimo progreso. Esto desembocó en una crisis generalizada en la que la pobreza y la incultura se enquistaron por siglos incluso. 

El arte barroco frente a la estética clásica

En este sentido, hay autores que sostienen que el Barroco es casi un sentimiento o, más bien,  la expresión de un estado de cosas a todos los niveles (político, social, económico…) que se repite cada cierto tiempo en la historia. Vendría a asentarse en sociedades en cambio que no saben, no pueden o no quieren adaptarse a los nuevos rumbos. La estética se vuelve excesiva, recargada, oscura, retorcida (e incluso escatológica) en un intento por sacudir conciencias o espíritus. El arte barroco como tal, tanto el desarrollado cronológicamente en el siglo XVII, como el que pudiera generarse en otras épocas, se opone, en esencia, al gusto sobrio de la estética clásica.  

Esta, por el contrario, gusta del minimalismo, del despego de los adornos superfluos, de la claridad en todos los aspectos (tanto de palabra como en la pincelada del cuadro). Es serena (en contraposición al dramatismo del arte barroco) y busca siempre la fluidez tanto en los conceptos abstractos como en las formas físicas. 

Características del arte barroco principales

Ahora bien, ¿cómo podemos reconocer la estética barroca? Casi a simple vista ya sea un poema, una obra teatral, una pintura o uno de los sublimes edificios que dejó la época. Presente, incluso en las calles, en ciudades que vivieron la época de una forma especialmente trágica (nombro, únicamente, la Sevilla puerto de Indias repleta de mendigos o la Roma decadente y corrupta), el arte barroco es, en esencia, la expresión del exceso.  

1.- El arte barroco tiende al exceso y al movimiento

En contraposición a la sobriedad clásica, el arte barroco se caracteriza por ser excesivo, torsionado, siempre en movimiento. Es una estética que huye de la sobriedad para instalarse en el extremo contrario. Si se trata de realizar un edificio, las columnas nunca será rectas. Estas tomarán las formas de una espiral (como las de San Pedro en el Vaticano o las del arte manuelino). En una pintura, el exceso se mostrará en el horror vacui, en no dejar ni un solo centímetro sin una pincelada. La literatura se llenará de tropos, de torsiones y de un lenguaje recargado y/o complicado al máximo.  

2.- Por tanto, es una estética en la que prima lo inestable

El arte barroco representa la expresión de crisis de todo tipo (vitales, espirituales, sociales, económicas, políticas). Por tanto, se recubrirá de una pátina de inestabilidad. Y esto se refleja tanto en la forma como en el contenido. La vida se tambaleaba bajo los pies de una población desesperanzada y olvidada. De ello se hacían eco artistas de todos los géneros (que sufrían, si sacaban los pies del tiesto, el exilio o la persecución). Las formas parecen no sostenerse (volvemos a esas columnas en espiral) tanto en arquitectura como en las artes plásticas como en la artesanía de objetos cotidianos. Los temas vuelven una y otra vez a la fugacidad de la vida, a la inestabilidad de la existencia, a la posibilidad de morir en cualquier momento sin haber completado la misión de cada uno en este mundo. Y esto se transparenta tanto en la forma como en el contenido de todas y cada una de las obras de arte barroco. 

3.-  El arte barroco se caracteriza por la contradicción 

En un poema puede aparecer el tema del carpe diem con las referencias más atroces a la muerte y a la destrucción. La vida se hace nada y se pasa de la cuna a la sepultura en un suspiro. Aunque se buscan la belleza, la felicidad o el pragmatismo todo está envuelto en un halo triste, oscuro, dramático. Por otro lado, las actitudes satíricas o burlescas (que se transparentan en pintura o en literatura) tienen siempre un poso místico o de filosofía negativa. El arte barroco es la expresión en toda su grandeza de la contradicción de la condición humana y de nuestro paso por este mundo con más pena que gloria. Ni siquiera el amor profundo parece redimir a una humanidad que se encuentra sola, perdida y sin referentes éticos de calado.  

4.- El drama en toda su amplitud forma parte del arte barroco

Por tanto, hay una hueco bastante grande para todo lo que supone drama (y no me refiero a teatro). El tema de la vida como un valle de lágrimas es recurrente en todas las artes y todos los géneros. La existencia en este plano es fugaz, chocante e, incluso, dada a la burla más feroz. El espíritu de la época es, esencialmente, negativo, negro, oscuro y absorbente, por tanto.   

5.- La apariencia y la forma (continente) cobra más importancia que el contenido

Como todo se hace para encontrar acomodo en una existencia futura, en este plano todo lo que se queda es formal, contenido vacío o regodeo en la fealdad. Por eso, la expresión tanto artística, literaria o filosófica se vuelve rebuscada, como buscando un juego que no puede encontrarse en ningún aspecto vital. 

6.- El arte barroco es esencialmente recargado 

Y es una de las características del barroco principales. La pintura es recargada. Los edificios se adornan hasta el exceso y la extenuación. Las paredes se completan con murales hasta el último centímetro. Las artes decorativas buscan llevar la artesanía a su quintaesencia llevando siempre la línea curva, el dorado, el brillo, el exceso y el recargamiento extremo. En literatura se lleva la frase a la torsión más absoluta. Siempre hay que leerla como mínimo dos veces para poder entender el contenido. Se abusan de tropos, metáforas o retruécanos. 

7.- Se caracteriza por ser una estética de la intensidad 

En el arte barroco, por tanto, no hay cabida para la sobriedad o para la concisión tanto en lo formal como en el contenido. Todo es extremo, muy extremo.  

8.- El arte barroco es pesimista por esencia

El siglo XVII fue el de las hambrunas, las pestes, las persecuciones y la pérdida de población en toda Europa. En aquellos países, como en el caso de España, en los que no fue posible una mínima apertura o cambio, la atmósfera en general (psicológica, social, religiosa, política…) se volvió asfixiante. Eso llevó a una tristeza generaliza, a un despegue de las cosas físicas, cotidianas o diarias (“así pasan las glorias del mundo” fue un tema recurrente). La única felicidad, por tanto, se encuentra en el más allá y la muerte se ve casi como una liberación de tantas penurias. El barroco como ideología, como estética que se repite cada cierto tiempo, siempre coincide con tiempos de crisis, de oscuridad, de persecución o de falta de libertad.  

9.- Otra de las características del arte barroco es la huida y la búsqueda del bienestar en el más allá 

Tal como he indicado antes, solo se ve salida en la vida futura, en la que hay más allá de la muerte. La pintura, a la par que oscura, se vuelve hacia los protagonistas bíblicos que pasaron duras penas antes de alcanzar la salvación. La literatura se concentra en la mística. Aquellos que no sentían tanto celo religioso se vuelcan en una sátira que a veces se hace feroz contra el sistema establecido que, además, daba todos los días argumentos para sustentar esta actitud.  

 

10.- Nada en el arte barroco se presenta natural o en mímesis con la realidad 

Todo es exagerado, distorsionado, complicado y difícil de encontrar en la naturaleza. Se recurre a la línea curva en demasía, a la palabra sacada de todo contexto lógico, a la arquitectura que parece sostenerse casi en equilibrio.   

11.- Hay una búsqueda por exprimir las posibilidades formales y/o de lenguaje

En este sentido, el arte barroco parece regodearse en las posibilidades de la palabra, en las torsiones y en el más difícil todavía. Algunas obras de arquitectura (los grandes palacios a imitación de Versalles o los grandes templos religiosos como San Pedro en Roma) se levantaron en un espíritu de competición casi.  

12.- El creador del arte barroco se regodea en la audacia 

En este orden de cosas, en el que el exceso es la norma, se tiene que recurrir a la creación llevada al extremo. No hablo de originalidad sino que retomo ese concepto del más difícil todavía. Los mármoles (como los de Bernini que embellecen Roma) se trabajan como si fueran de plastilina, con un movimiento poco frecuente en escultura y con una atención al detalle apabullante a la par que sobrecogedora.  

13.- El desasosiego es característico de esta estética y de la época 

Ante este panorama político (el de crisis de valores y de recursos económicos) y creativo (con ese gusto por el no va más en la ejecución de la obra) es normal que se caiga en la ansiedad, en el desasosiego, en la intranquilidad, en el sentimiento de inestabilidad más absoluta. 

14.- Al no haber libertad siempre se recurre a lo artificioso y rebuscado

El arte barroco, a pesar de su torsión y su exceso, no se caracteriza precisamente por la libertad. Esta no existía en tanto en cuanto que cualquier idea novedosa era, incluso, perseguida y, a veces, se pagaba a un precio muy alto. Todo ello hace que el creador y el artista apague esa indefensión (impuesta desde fuera) con un exceso formal. Lo rebuscado en cualquier tipo de obra también pretendía ocultar críticas o sátiras veladas. Era la única manera de hacerse comprender por un público muy entendido (mínimo, escogido y selecto) sin correr riesgos. 

15.- El arte barroco es la expresión del miedo y la ansiedad

En definitiva, esta estética no es más que la lengua de una época y de una forma de entender el mundo. Y si por algo se caracteriza un tiempo de crisis en el que los gobernantes son tan indolentes que ni llegan a lo mínimo es por generar pavor ante el pueblo llano. Ante tanta inestabilidad solo cabe la expresión de la angustia y la ansiedad por un futuro del que no se tenía garantizado ni lo más mínimo.  

En Italia (Caravaggio o Bernini), Francia (con sus grandes palacios cuya epítome fue Versalles) y, especialmente, en España (sumergida en una Contrarreforma absurda) el arte barroco floreció como en ninguna otra parte del mundo. Fue la estética de una época de crisis en la que la falta de libertad, las hambrunas, las plagas y la desesperanza se apoderó de toda una sociedad. Ante esta perspectiva vital la mayoría de los autores se volcaron en un misticismo más o menos profundo o en la sátira más feroz hacia los poderes fácticos de la época.  

En España, aparte de los edificios religiosos legados (la Iglesia del Salvador en Sevilla por poner un caso), se desarrolló hasta cotas de excelencia el teatro. La nobleza, que no empleaba los beneficios obtenidos con la acaparación de riquezas en productividad económica, patrocinó estas obras hasta el empacho incluso. El resultado fueron títulos y títulos y más títulos (algunos memorables) salidos de plumas que se lucraban (y evolucionaban a la par) con estos mecenazgos. El teatro, en España en el siglo  XVII, tuvo la misma función que el circo en la Roma antigua. Con estas maravillosas obras de arte barroco se pretendía calmar a una población empobrecida, embrutecida (por la falta de instrucción) y, a veces, desesperanzada (porque se les cortaba cualquier oportunidad). 

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Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

 
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Decir que el Barroco español fue un movimiento cultural y artístico desarrollado durante el siglo XVII es, sencillamente, quedarnos cortos. Esta estética (bien definida y reconocible por sus excesos y torsiones) caracterizó una época en la que todo era extremo: desde las desigualdades sociales hasta la explosión de todas las artes (especialmente la literatura y el teatro) pasando por un concepto de entender el mundo que casi ha calado en el carácter español. 

El siglo XVII es en toda Europa una época caracterizada por la crisis. Esta es en todos los órdenes. A las pestes, epidemias y hambrunas se sucedían las guerras. La nefasta administración de los gobiernos acabaron por rematar una situación terrible que desembocó en la pérdida de población, retroceso en la esperanza de vida y un importante estado de abatimiento psicológico por decirlo con palabras amables. España no es que sea ajena a esta situación que se da en Francia, Inglaterra o Alemania es que, en el país estas circunstancias son tan graves que tardará siglos en recuperarse de este estado de postración y pérdida. En España se participa de todas las características del Barroco europeo y, además, se agrandan o magnifican.  

Situación histórica durante el Barroco español

Pero, ¿qué ocurre en España para que no sea suficiente pestes, hambrunas y guerras a lo hora de calificarlo en un país en crisis? Y sucede ese poema de Quevedo que comienza con “Miré los muros de la patria mía y termina con 

“y no hallé cosa en que poner los ojos

que no fuese recuerdo de la muerte”

Sencillamente, la muerte se había instalado en todos los ámbitos de la sociedad y era, incluso, vista como una salida a tenor de la situación en la que se encontraban los habitantes de este plano. 

Mientras en el resto de Europa la burguesía pujante va desplazando progresivamente a la rancia aristocracia imponiendo sus criterios, en España se da, incluso, marcha atrás en este avance social. Aunque la llamada Contrarreforma es un tema más complejo que este, en esencia, puede definirse como el triunfo del Antiguo Régimen sobre uno nuevo antes incluso de que asomara tímidamente la cabeza. Durante el Barroco español el país se encierra sobre sí mismo por temor a las nuevas ideas por parte de la clase dominante. Cualquier novedad era perseguida con acierto y saña (incluso con la muerte). Si en Europa se ensayaban tímidos intentos por instalar una monarquía parlamentaria, en España se afianza el poder de la rancia aristocracia y de la monarquía absoluta. 

Además, los reinados de Felipe III (1598-1621), Felipe IV (1621-1665) y Carlos II (1665-1700) estuvieron dominados por una progresiva decadencia.  Fue tanta que el último, que ha pasado a la historia con el sobrenombre de “El hechizado”. Fue tanta que esos muros de los que habla Quevedo se desmoronan así en el exterior como en el interior. Dentro con una crisis y una desigualdad quizás mayor que en la Edad Media, con la merma de la población y además con una falta de actividad económica tan tremenda que da lugar a un ejército de mendigos, harapientos y pícaros. En el exterior, se suceden derrotas tras derrotas perdiendo en 1659 con el fin de la Guerra de los Treinta Años su hegemonía europea y poniendo las bases para la emancipación de los países de ultramar.  

Más apuntes sobre la situación social y política durante el Barroco español 

La aristocracia, acaparadora de las tierras y los bienes de producción, no se preocupa por poner esas fuentes económicas en funcionamiento. Esto da lugar a una migración interna desde los pueblos hasta las ciudades que no estaban preparadas para acoger a tanta población. Los sistemas de alcantarillado y las viviendas son tan deficientes que familias y aventureros malviven como pueden. Por si esto fuero poco (la pérdida de la más mínima responsabilidad social por parte de la nobleza), se persigue cualquier idea innovadora o se coarta el espíritu emprendedor. El resultado es miseria al límite.  

Para paliar esta situación recurren a un placebo, a una fuente de entretenimiento que mantuviera a las masas alejadas de ideas revolucionarias. Y la misma elite que se niega a crear riqueza gasta su superávit en lujo. Así se crean y se levantan enormes palacios al estilo de Versalles, se decoran profusamente iglesias y se sufragan obras de teatro, tantas que nunca en la historia de la literatura se habían producido de tal calidad que en el Barroco español.  

La decadencia en el Barroco español como una de sus características principales

Este estado de crisis y postración haría mella en todos los aspectos de la cultura de la época que se impregnaría con un pensamiento oscuro que iba más allá del pesimismo.  Hay autores (como Eugenio D’Ors y J.A. Maravall) que afirman que la cultura de lo barroco se da en todos los tiempos de crisis. Esto es, aunque el Barroco español tal como lo estudiamos hoy se desarrolló en el siglo XVII, cada época compleja y complicada da una cultura barroca. Esta estaría caracterizada por los excesos, la oscuridad, el pesimismo y la representación del lado oscuro de la humanidad.  

Aunque en Europa la nobleza hace sus maniobras para conservar el poder y los sectores críticos de la intelectualidad son perseguidos (recordemos Galileo), sin embargo, estos encuentran acomodo en otros emplazamientos. Además, la burguesía logra ir abriéndose paso creando emprendimientos económicos y con ellos nuevos cambios sociales. Hay también un espacio para la crítica, aunque sea en sociedades más o menos privadas o secretas. 

Sin embargo, en España nada de esto fue posible. Se hizo una persecución atroz de cualquier novedad y se persiguió con saña cualquier investigación científica, hecho diferencial u opinión crítica. Si a eso se añada una economía en la que se no tuvo en cuenta a las clases populares el resultado fue un auténtico desastre.  

Otras características del Barroco español

Durante todo el Siglo XVII sobresalen las artes de todo tipo y, especialmente, la literatura alcanza cotas de calidad casi irrepetibles. Ante la situación, los escritores tienen la opción de servir a la palabra a través del teatro o bien con un estilo individual que pudiera describir la situación alrededor. Enumero las principales características del Barroco español, las cuales comparte con el europeo, aunque en este caso se vieron agrandadas y alargadas en el tiempo. 

1.- Como el mundo presente es tan aterrador y tan poco acogedor hay una huida hacia los otros lados. Esos son la muerte y su liberación, la vida contemplativa, o la expresión de la angustia íntima. 

2.- La tristeza y la oscuridad impregnan la poesía pero también encontramos obras satíricas de todo tipo en el que hay una velada protesta.  

3.- Tampoco se olvida la evasión hacia mundos imaginados que quieren ser posibles en los que se trabaja con la estética pura.  

4.- Si por algo se caracteriza el Barroco español es por mantener un hilo temático en casi todas sus obras que gira en torno al desengaño. Se muestra la distancia entre aquello que se imagina o se anhela y la cruda realidad. En este punto hay que recordar que buena parte de los autores de la época que han pasado al canon sufrieron exilio o persecución.  

5.- La vida, por tanto, se ve como una lucha, como un valle de lágrimas, como un camino de espinas y solo se alcanzará la liberación con la muerte. Aquí entra la mística con su visión del mundo. 

Seguimos con más características del Barroco español 

6.- En el Barroco español todo es entendido como fugaz, el tiempo se diluye y pasa rápido. No hay espacio para la juventud o la felicidad. A poco que nos paremos nos alcanza la vejez, el oprobio o la muerte. Y aunque ahora te roce la juventud, como expresó magistralmente Góngora, 

“se vuelva, mas tú y ello juntamente!

en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”

7.- También hay una sensación de vivir en las sombras, como en un teatro, como si la materia no tuviera consistencia. La “vida es sueño y los sueños son”. En el Barroco español se vivía como en un desgarramiento constante entre la realidad y las veladuras de la imaginación.  

8.- En lugar de rebelarse con esta situación, los intelectuales y artistas de la época se acomodaron a la situación, como si nada pudiera hacerse permaneciendo en una actitud contemplativa, mística o ascética. 

9.- Todo se vuelve oscuro, desde el pensamiento hasta la pintura, retorcido, rebuscado y recargado. El Barroco español muestra la estética del horror vacui.  

10.- Hay un espíritu dramático, que no pasional, en todo lo que se hace. La muerte acecha, el olvido está esperando detrás de la puerta. No hay nada que indique que se pueda tentar los pliegues de la felicidad. Todo ello se transparenta en la política, en la arquitectura, en la pintura y en la literatura. 

Y no podemos olvidar en un resumen muy resumido del Barroco español que…  

En literatura el Barroco español dio dos corrientes diferenciadas: culteranismo y conceptismo. La primera de ella, abanderada por Góngora, lleva la palabra a su máximo expresión con un estilo suntuoso, recargado, repleto de tropos y de giros rebuscados. El culteranismo de Quevedo, sin dejar de lado ese lado oscuro y en sombras de la época, se aferra a un estilo despojado de artificio superfluo para centrarse en la fuerza de la expresión.  

Si en literatura los libros hablan de la rivalidad Góngora-Quevedo, en pintura el rey es Diego Velazquez, pintor de corte que dejó para la posteridad los retratos de estos reyes y su familia que hundían cada vez más a España en la miseria. Como es característico del Barroco español lo hizo con una técnica soberbia pero en la que se ven esas sombras emocionales que invadía la época e, incluso, en algunas obras hay una velada crítica al sistema. 

En arquitectura se levantaron soberbios edificios de corte palaciego o iglesias que se embellecieron suntuosamente. En Sevilla, por entonces puerto de salida para América, se encuentran algunos ejemplos más que notables de este arte recargado, rebuscado, que celebra la muerte y la fugacidad de una vida en la que no se encuentra ni una pizca de felicidad o de sentido.  

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Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Decir que el Barroco español fue un movimiento cultural y artístico desarrollado durante el siglo XVII es, sencillamente, quedarnos cortos. Esta estética (bien definida y reconocible por sus excesos y torsiones) caracterizó una época en la que todo era extremo: desde las desigualdades sociales hasta la explosión de todas las artes (especialmente la literatura y el teatro) pasando por un concepto de entender el mundo que casi ha calado en el carácter español. 

El siglo XVII es en toda Europa una época caracterizada por la crisis. Esta es en todos los órdenes. A las pestes, epidemias y hambrunas se sucedían las guerras. La nefasta administración de los gobiernos acabaron por rematar una situación terrible que desembocó en la pérdida de población, retroceso en la esperanza de vida y un importante estado de abatimiento psicológico por decirlo con palabras amables. España no es que sea ajena a esta situación que se da en Francia, Inglaterra o Alemania es que, en el país estas circunstancias son tan graves que tardará siglos en recuperarse de este estado de postración y pérdida. En España se participa de todas las características del Barroco europeo y, además, se agrandan o magnifican.  

Situación histórica durante el Barroco español

Pero, ¿qué ocurre en España para que no sea suficiente pestes, hambrunas y guerras a lo hora de calificarlo en un país en crisis? Y sucede ese poema de Quevedo que comienza con “Miré los muros de la patria mía y termina con 

“y no hallé cosa en que poner los ojos

que no fuese recuerdo de la muerte”

Sencillamente, la muerte se había instalado en todos los ámbitos de la sociedad y era, incluso, vista como una salida a tenor de la situación en la que se encontraban los habitantes de este plano. 

Mientras en el resto de Europa la burguesía pujante va desplazando progresivamente a la rancia aristocracia imponiendo sus criterios, en España se da, incluso, marcha atrás en este avance social. Aunque la llamada Contrarreforma es un tema más complejo que este, en esencia, puede definirse como el triunfo del Antiguo Régimen sobre uno nuevo antes incluso de que asomara tímidamente la cabeza. Durante el Barroco español el país se encierra sobre sí mismo por temor a las nuevas ideas por parte de la clase dominante. Cualquier novedad era perseguida con acierto y saña (incluso con la muerte). Si en Europa se ensayaban tímidos intentos por instalar una monarquía parlamentaria, en España se afianza el poder de la rancia aristocracia y de la monarquía absoluta. 

Además, los reinados de Felipe III (1598-1621), Felipe IV (1621-1665) y Carlos II (1665-1700) estuvieron dominados por una progresiva decadencia.  Fue tanta que el último, que ha pasado a la historia con el sobrenombre de “El hechizado”. Fue tanta que esos muros de los que habla Quevedo se desmoronan así en el exterior como en el interior. Dentro con una crisis y una desigualdad quizás mayor que en la Edad Media, con la merma de la población y además con una falta de actividad económica tan tremenda que da lugar a un ejército de mendigos, harapientos y pícaros. En el exterior, se suceden derrotas tras derrotas perdiendo en 1659 con el fin de la Guerra de los Treinta Años su hegemonía europea y poniendo las bases para la emancipación de los países de ultramar.  

Más apuntes sobre la situación social y política durante el Barroco español 

La aristocracia, acaparadora de las tierras y los bienes de producción, no se preocupa por poner esas fuentes económicas en funcionamiento. Esto da lugar a una migración interna desde los pueblos hasta las ciudades que no estaban preparadas para acoger a tanta población. Los sistemas de alcantarillado y las viviendas son tan deficientes que familias y aventureros malviven como pueden. Por si esto fuero poco (la pérdida de la más mínima responsabilidad social por parte de la nobleza), se persigue cualquier idea innovadora o se coarta el espíritu emprendedor. El resultado es miseria al límite.  

Para paliar esta situación recurren a un placebo, a una fuente de entretenimiento que mantuviera a las masas alejadas de ideas revolucionarias. Y la misma elite que se niega a crear riqueza gasta su superávit en lujo. Así se crean y se levantan enormes palacios al estilo de Versalles, se decoran profusamente iglesias y se sufragan obras de teatro, tantas que nunca en la historia de la literatura se habían producido de tal calidad que en el Barroco español.  

La decadencia en el Barroco español como una de sus características principales

Este estado de crisis y postración haría mella en todos los aspectos de la cultura de la época que se impregnaría con un pensamiento oscuro que iba más allá del pesimismo.  Hay autores (como Eugenio D’Ors y J.A. Maravall) que afirman que la cultura de lo barroco se da en todos los tiempos de crisis. Esto es, aunque el Barroco español tal como lo estudiamos hoy se desarrolló en el siglo XVII, cada época compleja y complicada da una cultura barroca. Esta estaría caracterizada por los excesos, la oscuridad, el pesimismo y la representación del lado oscuro de la humanidad.  

Aunque en Europa la nobleza hace sus maniobras para conservar el poder y los sectores críticos de la intelectualidad son perseguidos (recordemos Galileo), sin embargo, estos encuentran acomodo en otros emplazamientos. Además, la burguesía logra ir abriéndose paso creando emprendimientos económicos y con ellos nuevos cambios sociales. Hay también un espacio para la crítica, aunque sea en sociedades más o menos privadas o secretas. 

Sin embargo, en España nada de esto fue posible. Se hizo una persecución atroz de cualquier novedad y se persiguió con saña cualquier investigación científica, hecho diferencial u opinión crítica. Si a eso se añada una economía en la que se no tuvo en cuenta a las clases populares el resultado fue un auténtico desastre.  

Otras características del Barroco español

Durante todo el Siglo XVII sobresalen las artes de todo tipo y, especialmente, la literatura alcanza cotas de calidad casi irrepetibles. Ante la situación, los escritores tienen la opción de servir a la palabra a través del teatro o bien con un estilo individual que pudiera describir la situación alrededor. Enumero las principales características del Barroco español, las cuales comparte con el europeo, aunque en este caso se vieron agrandadas y alargadas en el tiempo. 

1.- Como el mundo presente es tan aterrador y tan poco acogedor hay una huida hacia los otros lados. Esos son la muerte y su liberación, la vida contemplativa, o la expresión de la angustia íntima. 

2.- La tristeza y la oscuridad impregnan la poesía pero también encontramos obras satíricas de todo tipo en el que hay una velada protesta.  

3.- Tampoco se olvida la evasión hacia mundos imaginados que quieren ser posibles en los que se trabaja con la estética pura.  

4.- Si por algo se caracteriza el Barroco español es por mantener un hilo temático en casi todas sus obras que gira en torno al desengaño. Se muestra la distancia entre aquello que se imagina o se anhela y la cruda realidad. En este punto hay que recordar que buena parte de los autores de la época que han pasado al canon sufrieron exilio o persecución.  

5.- La vida, por tanto, se ve como una lucha, como un valle de lágrimas, como un camino de espinas y solo se alcanzará la liberación con la muerte. Aquí entra la mística con su visión del mundo. 

Seguimos con más características del Barroco español 

6.- En el Barroco español todo es entendido como fugaz, el tiempo se diluye y pasa rápido. No hay espacio para la juventud o la felicidad. A poco que nos paremos nos alcanza la vejez, el oprobio o la muerte. Y aunque ahora te roce la juventud, como expresó magistralmente Góngora, 

“se vuelva, mas tú y ello juntamente!

en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”

7.- También hay una sensación de vivir en las sombras, como en un teatro, como si la materia no tuviera consistencia. La “vida es sueño y los sueños son”. En el Barroco español se vivía como en un desgarramiento constante entre la realidad y las veladuras de la imaginación.  

8.- En lugar de rebelarse con esta situación, los intelectuales y artistas de la época se acomodaron a la situación, como si nada pudiera hacerse permaneciendo en una actitud contemplativa, mística o ascética. 

9.- Todo se vuelve oscuro, desde el pensamiento hasta la pintura, retorcido, rebuscado y recargado. El Barroco español muestra la estética del horror vacui.  

10.- Hay un espíritu dramático, que no pasional, en todo lo que se hace. La muerte acecha, el olvido está esperando detrás de la puerta. No hay nada que indique que se pueda tentar los pliegues de la felicidad. Todo ello se transparenta en la política, en la arquitectura, en la pintura y en la literatura. 

Y no podemos olvidar en un resumen muy resumido del Barroco español que…  

En literatura el Barroco español dio dos corrientes diferenciadas: culteranismo y conceptismo. La primera de ella, abanderada por Góngora, lleva la palabra a su máximo expresión con un estilo suntuoso, recargado, repleto de tropos y de giros rebuscados. El culteranismo de Quevedo, sin dejar de lado ese lado oscuro y en sombras de la época, se aferra a un estilo despojado de artificio superfluo para centrarse en la fuerza de la expresión.  

Si en literatura los libros hablan de la rivalidad Góngora-Quevedo, en pintura el rey es Diego Velazquez, pintor de corte que dejó para la posteridad los retratos de estos reyes y su familia que hundían cada vez más a España en la miseria. Como es característico del Barroco español lo hizo con una técnica soberbia pero en la que se ven esas sombras emocionales que invadía la época e, incluso, en algunas obras hay una velada crítica al sistema. 

En arquitectura se levantaron soberbios edificios de corte palaciego o iglesias que se embellecieron suntuosamente. En Sevilla, por entonces puerto de salida para América, se encuentran algunos ejemplos más que notables de este arte recargado, rebuscado, que celebra la muerte y la fugacidad de una vida en la que no se encuentra ni una pizca de felicidad o de sentido.  

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Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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La etimología no se pone de acuerdo en el origen de la palabra barroco. Del término portugués barroco (que es una perla irregular e impura) hasta el vocablo baroco con el que se designaba en la escolástica a lo impuro pasando por el concepto berrueco español (el nombre para una roca con aristas) el significado de imperfección está siempre presente. Porque una de las características principales del Barroco es, precisamente, eso: lo no moldeado, lo que es imperfecto, lo que no responde a los cánones ordenados. Barroco implica desequilibrio, torsión, rebuscamiento y a la vez espontaneidad.  Es, según sostienen J.A. Maravall o Eugenio D’Ors una respuesta desordenada a una crisis importante. En España, en arte y literatura, produjo obras tan sobresalientes que el Barroco es, sencillamente, uno de los movimientos estéticos que define el carácter hispano. Vamos por partes y empezamos por lo que sucedía en la calle y en la corte en la época. 

Contexto histórico del Barroco

Desde finales del siglo XVI y buena parte del XVII en toda Europa (especialmente Inglaterra y Alemania) se ve afectada por profundos cambios sociales que van de la mano de transformaciones políticas y económicas. Debido a las guerras, epidemias, pestes, hacinamientos y malas cosechas, la población llega a retroceder mermando drásticamente tanto la esperanza como la calidad de vida. La mortalidad es enorme en todos los estratos sociales debido al hacinamiento, epidemias y la más mínima falta de higiene. Paralelamente, se va abandonando la vida del campo y hay un movimiento hacia las primeras urbes que ni siquiera se pueden llamar ciudades.  

La burguesía empieza a despuntar tímidamente poniendo en entredicho privilegios de nobleza y del alto clero. Esto conlleva unas ansias de cambio en todos los aspectos, desde el personal hasta el económico, aunque de manera individual este no se materializará hasta bien entrado el Romanticismo. Sin embargo, este avance no se produce por igual. Inglaterra y Holanda, por poner dos ejemplos, llevan la transformación con acierto. En otros, como Francia (que desembocará en la Revolución Francesa) o España hay una reacción. La nobleza se enroca en su poder y se persigue cualquier atisbo transformador desde todos los ámbitos. Esto da lugar a una crisis más profunda, con mayor desigualdad, pobreza y descontento si cabe. Además, a la insatisfacción se responde con un aumento del poder de la monarquía ahondando problemas gravísimos y de entidad. Por otro lado, en los países en los que la burguesía continúa en ascenso comienzan a ensayarse fórmulas parlamentarias.  

1.- Una de las características del Barroco en España es que coincide con un país en descomposición 

A las derrotas en las guerras internacionales (la de los Treinta Años) se le une una corrupción y una ineptitud de los gobernantes que inciden aún más en las penosas condiciones de vida de la población en general. Al perseguirse las ideas penetrantes de la burguesía, las tierras se concentran en pocas manos (las de la aristocracia) que no se preocupa por explotarlas debidamente y que se dedican en buena medida al ocio. Esto lleva a un proceso migratorio desde los pueblos a las ciudades donde se concentran una multitud de harapientos, hambrientos y pícaros en busca del sustento diario. Las malas condiciones higiénicas, el hacinamiento y el hambre hacen el resto. 

2.- La crisis como esencia y una de las características del Barroco principales 

El Barroco es la respuesta a este estado social, económico y político. Todo es imperfecto, en choque, en constante conflicto. Ni que decir tiene que en este orden de cosas las tensiones sociales están servidas, mayores cuanto menos poder se deje a la burguesía. En España, por ejemplo, la nobleza se alía para perseguir cualquier idea, proyecto o petición novedosa. Es una casta rancia y anquilosada en sus privilegios que no es capaz del mínimo empuje que cambie las condiciones de vida de los que dependen de ella. El dinero no se mueve en los canales de inversión, en empresas comerciales o en empredimientos industriales. Todo el superavit es para lo que se denomina “lujo”, lo que no sirve. Bien es verdad que ese afán de ostentación o de búsqueda de belleza propició un renacimiento del arte sobresaliente, pero no sirvió para el más mínimo progreso social. 

3.- La desigualdad, la reacción y las luchas políticas son constantes

La población que se las apañaba como podía (recordemos la figura del pícaro) acaba reaccionando ante este malestar. Bien es verdad que esa posibilidad solo estaba al alcance de la burguesía culta y que el pueblo llano poco o nada podía hacer. Aunque hay intelectuales que ponen el énfasis en estos problemas buscando soluciones más o menos loables o ingeniosas, estas se aparcan enseguida.  Todo ello da lugar a una confrontación abierta entre los sectores sociales tradicionalistas, apegados a privilegios, inmovilistas e ineptos y una burguesía con empuje. Cuanto menos importancia tuvo esta clase social, peor se desarrollaron las circunstancias socio-económicas. Esta es una de las características del Barroco que se da al 100% en España, ya que el periodo fue lamentable en todos los aspectos: sociales, económicos y políticos.  

4.- Una de las características del Barroco es el nacimiento del relativismo y la ciencia 

Aunque el periodo posterior, el del Siglo de las Luces, supondría la consolidación de la razón en todos los aspectos de la vida, es en el Siglo XVII, en pleno Barroco, cuando se plantean otros modos de conocer la realidad más allá de los postulados heredados de la Edad Media. Aunque el poder (por mano de la Inquisición) se encarga de rebatir las nuevas ideas (pongo el caso de Galileo en 1633), estas van calando entre la intelectualidad. Aquellos que vieron vetados la enseñanza en la universidad (por defender postulados considerados heterodoxos aunque luego se demostraran como válidos) se unieron en Academias y Sociedades de Sabios. Todo ello empujó una incipiente ciencia que se basaba en la experimentación y los hechos probados, cambiando, por tanto, la cosmovisión imperante.

5.- El Barroco español se caracteriza por el combate de la modernidad

Sin embargo, en España las cosas no sucedían con el acierto de algunas zonas europeas. Cualquier idea, aportación o mínimo experimento era cortado de raíz y su instigador castigado, a veces, severamente. Es la llamada Contrarreforma, la que perseguía cualquier actividad al margen de la fe, aunque esta proviniera de personas creyentes. De una manera u otra, se vuelve a la Edad Media en todos los sentidos, lastrando un crecimiento y una evolución que, aún al día de hoy, bien entrado el siglo XXI, sigue afectando aspectos vitales del país.  

6.- Una de las características del Barroco es que tuvo un esplendor artístico allí donde no hubo desarrollo socio-económico

En España, por poner un caso, se levantaron magníficos edificios de corte palaciego o iglesias. Hubo un mecenazgo importante en las artes plásticas y se promocionaron obras teatrales incluso para el pueblo llano. El dinero “del lujo”, el que no servía para el sustento cotidiano de las élites económicas, en lugar de invertirlo en desarrollo, se gastó en estos bienes. Bien es verdad que, al día de hoy, constituyen un patrimonio de indudable e innegable valor. Pero también es cierto que esta actitud (hace varios siglos) ha conformado el carácter patrio. 

7.- Una de las características del Barroco es el malestar

Y es comprensible debido a estas circunstancias aquí expuestas y eso sin tener en cuenta que el concepto de libertad individual era algo inadmisible en la época. Eso no llegaría hasta finales del siglo XIX y solo para las élites. Así, artistas y escritores (siempre intentado esquivar los embates de la censura) se concentran en la protesta a través de la sátira o bien se centran en la descripción de la angustia íntima. Tampoco podemos olvidar los géneros considerados de evasión a través de la filosofía o la religión. En este sentido tenemos que situar esos poemas en los que se ensalza la vida sencilla, apartada o retirada. 

8.- A pesar del malestar hay un orden de cosas que lleva al conformismo 

Aún tardarían las primeras revoluciones y una de las características del Barroco es esa idea de que nada puede hacerse ante ese orden de cosas. El poder fuerte (especialmente en los países en los que no se desarrolló la burguesía), la miseria, la inseguridad y la inquietud se traduce un conformismo. Este se desempeña por varias vías: desde la mística (el consuelo en otra vida y otro plano) o la crítica muy velada al orden de cosas dado. Recuerdo una vez más que los autores que se salían de aquello establecido eran duramente reprimidos y este estado de postración se va traduciendo en un pesimismo vital apabullante.   

9.- El desengaño como otra de las características del Barroco 

 

Es una época que no podía creer en los ideales en vistas de la situación cotidiana imperante. Las leyes se aplicaban severamente y aleatoriamente a quien se saliera de los cauces establecidos. La fe en el progreso no puede considerarse y más de un autor de la época describe esta vida como una cárcel de sufrimiento. Ante la situación, ante la imposibilidad de transformación, ante el pago con la propia vida por tener el atrevimiento de proponer cualquier modificación se instala el desengaño. Este es esencial, vital, endémico y busca “el culpable” en la propia naturaleza humana más que en el orden de cosas establecido. 

10.- El caos como una de las características del Barroco  

La inestabilidad, la indefensión o la imposibilidad de ver progreso hacen que los filósofos o escritores de la época apelen al caos (en contraposición al orden sereno) como uno de los motores vitales. Ese caos se va a transformar en arte en movimiento, en columnas que se retuercen, en la línea curva, en el amontonamiento de figuras, en la expresión verbal llevada al límite.

11.- La existencia en este plano se considera limitada e, incluso, sin valor

Ante este pesimismo, este desorden, estos valores que se van deshaciendo y las injusticias en el orden del día, la vida en la Tierra se considera inútil, sin valor, sin finalidad casi. Aquí entran los mejores versos de La vida es sueño. Una de las características del Barroco es considerar el paso en el mundo de los vivos como sin valor, como un viaje sin importancia en el que apenas podemos darnos cuenta de lo que sucede. Todo se vuelve en sombras y ese aspecto sombrío, triste y lúgubre se transparentará en todos los órdenes de la vida y en todos los géneros artísticos. La vida se asemeja a la arena que se nos escapa de los dedos y que no podemos retener. El pesimismo, afianzado por la situación económica, social y política, se hizo endémico y general. No era una característica de uno u otro autor. Sencillamente, flotaba en el aire. 

12.- Una de las característica del Barroco es el ensalzamiento de la muerte

Desde la cuna a la sepultura todo era considerado un valle de lágrimas. El objetivo era el más allá, la muerte que llegaba pronto ayudada por un tiempo que corría muy rápido. Los cuadros de Valdés Leal, por poner un caso, en los que cráneos comparten protagonismo con cucarachas inciden en ese “sic transit gloria mundi” (así pasa la gloria del mundo) o ese “vivir es ir muriendo” de Santa Teresa de Ávila o “somos nosotros mismos nuestra muerte” de Quevedo. El pesimismo llevado al límite llegó a aceptar que nada en esta vida se puede hacer para engrandecer nuestro paso por el mundo y todas las miras estaban en el más allá. No podemos considerar esta característica del Barroco como un afán religioso o de trascendencia a nivel general sino como una reacción a lo que acontecía en la calle.  

13.- El ascetismo en el Barroco  

Se vuelven los ojos hacia la vida contemplativa, la del espíritu, la que se despoja de la materialidad de la carne en descomposición. La existencia es asemejada a un teatro, a una representación en la que nada ni nadie es real o verdadero. Como solo queda el asignarse un papel y ser actores de nuestra propia obra, con ello llega la resignación. Y este es el primer paso para soportar y tolerar injusticias de todo tipo, las mismas que se dieron en la época, mayores cuanto más reacio a las nuevas ideas se topara contra la sociedad pudiente. 

14.- Una de las características del Barroco es la contradicción  

Y no solo en el plano de las ideas, también a nivel físico y cotidiano. Mientras una población empobrecida y presa de las injusticias se negaba casi a luchar por una mejora, las clases acaudaladas se entretenían en fiestas, objetos de lujo y consumo desenfrenado. Nos han llegado grandes obras de arte con bellas damas ataviadas con sedas y bordados, los sofisticados palacios (Versalles, por poner un caso) donde todo era extremo, recargado y apabullante (a pesar de la falta de higiene), los retazos de fiestas, festines y días de ocio sin fin. Mientras tanto, las grandes masas de población se encontraban, literalmente, hundidas en la miseria física y moral sin acceso a los bienes básicos mínimos. Todo ello fue el caldo de cultivo para las revoluciones posteriores.  

15.- El Barroco es también el periodo de la propaganda

Ante tales injusticias y diferencias, ante la imposibilidad de progreso y de crecimiento, se instala un arte pagado (como una impresionante operación de marketing) en el que se justifique el sistema establecido. En este sentido, debemos ver la proliferación de obras de teatro sufragadas bajo el mecenazgo de la aristocracia al que estaba invitado el público en general. Su función era la misma que la del circo de la Antigüedad: contentar a las masas y dejarlas quietas. Intelectuales contemporáneos afirman que es el fin último de las manifestaciones populares en torno al fútbol y los equipos locales actuales.  

16.- Una de las características del Barroco es la estética de lo inestable

Las columnas no son rectas, sino que se retuercen, como en el estilo manuelino. Las normas clásicas estallan por los aires y todo se convierte en caos, en movimiento, en saturación, en retorcimiento. Esto se lleva no solo en el ámbito de la arquitectura o la plástica sino también a la literatura que se hace sofocante casi con su exceso de retórica, rimas y tropos. La contradicción, por tanto, está servida. Es ese “sí pero no” que se lleva a todos los extremos incluidos, como he señalado, a los de la vida en contraposición a la muerte. Y de aquí a la desmesura y a lo dramático hay un paso. 

17.- La apariencia forma también parte del Barroco 

Si la vida no es real y lo único válido es la muerte, si las sombras ha invadido la existencia, lo único que queda es la apariencia, el engaño casi, el “postureo” tal como lo entendemos en la sociedad contemporánea. Por eso, se levantan edificios que parecen más altos, se recurre al “trompe-l’oeil”, a la ornamentación excesiva en cualquier ámbito que no deja ver lo que hay debajo, a los vestidos recargados, a la estética casi sofocante de algunas pinturas murales que huyen del horror vacui.  

18.- Otra de las características del Barroco es la oscuridad 

Y la intensidad de estas son significativas. La lengua se vuelve retorcida, como las columnas, los ambientes se tornan sofocantes, como la misma vida. Todo se vuelve intenso, en sombras, con un artificio que no se ha vuelto a dar en la historia de la humanidad. Ello lleva al retorcimiento y no solo en el arte sino también en política e, incluso, en la vida cotidiana.  

Estudiosos hay quienes afirman que la humanidad se debate entre el orden y el caos. Sería la contraposición entre lo apolíneo y lo dionisíaco que, con posterioridad, expondría Nietzsche. A una época clásica, ordenada, estructurada (en todos los órdenes) le seguiría otra en la que inestabilidad sería la nota principal. Por tanto, algunas de las características del Barroco europeo estarían presentes en otras épocas similares (en lo social, político o económico) de la historia de la humanidad. Si nos miramos bien, quizás, en estas primeras décadas del siglo XXI, con sus cambios estructurales y sus gobernantes ineptos o corruptos (también ambas características a la vez) sea una era dionisíaca, en desorden, en constante tensión barroca. 

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Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

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El arte es lo que queda cuando todo ha pasado. Es lo inmutable dentro del cambio. Es la belleza en un mundo en caos. El arte es parte importante de este sitio. Intentamos comprenderlo. 

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La etimología no se pone de acuerdo en el origen de la palabra barroco. Del término portugués barroco (que es una perla irregular e impura) hasta el vocablo baroco con el que se designaba en la escolástica a lo impuro pasando por el concepto berrueco español (el nombre para una roca con aristas) el significado de imperfección está siempre presente. Porque una de las características principales del Barroco es, precisamente, eso: lo no moldeado, lo que es imperfecto, lo que no responde a los cánones ordenados. Barroco implica desequilibrio, torsión, rebuscamiento y a la vez espontaneidad.  Es, según sostienen J.A. Maravall o Eugenio D’Ors una respuesta desordenada a una crisis importante. En España, en arte y literatura, produjo obras tan sobresalientes que el Barroco es, sencillamente, uno de los movimientos estéticos que define el carácter hispano. Vamos por partes y empezamos por lo que sucedía en la calle y en la corte en la época. 

Contexto histórico del Barroco

Desde finales del siglo XVI y buena parte del XVII en toda Europa (especialmente Inglaterra y Alemania) se ve afectada por profundos cambios sociales que van de la mano de transformaciones políticas y económicas. Debido a las guerras, epidemias, pestes, hacinamientos y malas cosechas, la población llega a retroceder mermando drásticamente tanto la esperanza como la calidad de vida. La mortalidad es enorme en todos los estratos sociales debido al hacinamiento, epidemias y la más mínima falta de higiene. Paralelamente, se va abandonando la vida del campo y hay un movimiento hacia las primeras urbes que ni siquiera se pueden llamar ciudades.  

La burguesía empieza a despuntar tímidamente poniendo en entredicho privilegios de nobleza y del alto clero. Esto conlleva unas ansias de cambio en todos los aspectos, desde el personal hasta el económico, aunque de manera individual este no se materializará hasta bien entrado el Romanticismo. Sin embargo, este avance no se produce por igual. Inglaterra y Holanda, por poner dos ejemplos, llevan la transformación con acierto. En otros, como Francia (que desembocará en la Revolución Francesa) o España hay una reacción. La nobleza se enroca en su poder y se persigue cualquier atisbo transformador desde todos los ámbitos. Esto da lugar a una crisis más profunda, con mayor desigualdad, pobreza y descontento si cabe. Además, a la insatisfacción se responde con un aumento del poder de la monarquía ahondando problemas gravísimos y de entidad. Por otro lado, en los países en los que la burguesía continúa en ascenso comienzan a ensayarse fórmulas parlamentarias.  

1.- Una de las características del Barroco en España es que coincide con un país en descomposición 

A las derrotas en las guerras internacionales (la de los Treinta Años) se le une una corrupción y una ineptitud de los gobernantes que inciden aún más en las penosas condiciones de vida de la población en general. Al perseguirse las ideas penetrantes de la burguesía, las tierras se concentran en pocas manos (las de la aristocracia) que no se preocupa por explotarlas debidamente y que se dedican en buena medida al ocio. Esto lleva a un proceso migratorio desde los pueblos a las ciudades donde se concentran una multitud de harapientos, hambrientos y pícaros en busca del sustento diario. Las malas condiciones higiénicas, el hacinamiento y el hambre hacen el resto. 

2.- La crisis como esencia y una de las características del Barroco principales 

El Barroco es la respuesta a este estado social, económico y político. Todo es imperfecto, en choque, en constante conflicto. Ni que decir tiene que en este orden de cosas las tensiones sociales están servidas, mayores cuanto menos poder se deje a la burguesía. En España, por ejemplo, la nobleza se alía para perseguir cualquier idea, proyecto o petición novedosa. Es una casta rancia y anquilosada en sus privilegios que no es capaz del mínimo empuje que cambie las condiciones de vida de los que dependen de ella. El dinero no se mueve en los canales de inversión, en empresas comerciales o en empredimientos industriales. Todo el superavit es para lo que se denomina “lujo”, lo que no sirve. Bien es verdad que ese afán de ostentación o de búsqueda de belleza propició un renacimiento del arte sobresaliente, pero no sirvió para el más mínimo progreso social. 

3.- La desigualdad, la reacción y las luchas políticas son constantes

La población que se las apañaba como podía (recordemos la figura del pícaro) acaba reaccionando ante este malestar. Bien es verdad que esa posibilidad solo estaba al alcance de la burguesía culta y que el pueblo llano poco o nada podía hacer. Aunque hay intelectuales que ponen el énfasis en estos problemas buscando soluciones más o menos loables o ingeniosas, estas se aparcan enseguida.  Todo ello da lugar a una confrontación abierta entre los sectores sociales tradicionalistas, apegados a privilegios, inmovilistas e ineptos y una burguesía con empuje. Cuanto menos importancia tuvo esta clase social, peor se desarrollaron las circunstancias socio-económicas. Esta es una de las características del Barroco que se da al 100% en España, ya que el periodo fue lamentable en todos los aspectos: sociales, económicos y políticos.  

4.- Una de las características del Barroco es el nacimiento del relativismo y la ciencia 

Aunque el periodo posterior, el del Siglo de las Luces, supondría la consolidación de la razón en todos los aspectos de la vida, es en el Siglo XVII, en pleno Barroco, cuando se plantean otros modos de conocer la realidad más allá de los postulados heredados de la Edad Media. Aunque el poder (por mano de la Inquisición) se encarga de rebatir las nuevas ideas (pongo el caso de Galileo en 1633), estas van calando entre la intelectualidad. Aquellos que vieron vetados la enseñanza en la universidad (por defender postulados considerados heterodoxos aunque luego se demostraran como válidos) se unieron en Academias y Sociedades de Sabios. Todo ello empujó una incipiente ciencia que se basaba en la experimentación y los hechos probados, cambiando, por tanto, la cosmovisión imperante.

5.- El Barroco español se caracteriza por el combate de la modernidad

Sin embargo, en España las cosas no sucedían con el acierto de algunas zonas europeas. Cualquier idea, aportación o mínimo experimento era cortado de raíz y su instigador castigado, a veces, severamente. Es la llamada Contrarreforma, la que perseguía cualquier actividad al margen de la fe, aunque esta proviniera de personas creyentes. De una manera u otra, se vuelve a la Edad Media en todos los sentidos, lastrando un crecimiento y una evolución que, aún al día de hoy, bien entrado el siglo XXI, sigue afectando aspectos vitales del país.  

6.- Una de las características del Barroco es que tuvo un esplendor artístico allí donde no hubo desarrollo socio-económico

En España, por poner un caso, se levantaron magníficos edificios de corte palaciego o iglesias. Hubo un mecenazgo importante en las artes plásticas y se promocionaron obras teatrales incluso para el pueblo llano. El dinero “del lujo”, el que no servía para el sustento cotidiano de las élites económicas, en lugar de invertirlo en desarrollo, se gastó en estos bienes. Bien es verdad que, al día de hoy, constituyen un patrimonio de indudable e innegable valor. Pero también es cierto que esta actitud (hace varios siglos) ha conformado el carácter patrio. 

7.- Una de las características del Barroco es el malestar

Y es comprensible debido a estas circunstancias aquí expuestas y eso sin tener en cuenta que el concepto de libertad individual era algo inadmisible en la época. Eso no llegaría hasta finales del siglo XIX y solo para las élites. Así, artistas y escritores (siempre intentado esquivar los embates de la censura) se concentran en la protesta a través de la sátira o bien se centran en la descripción de la angustia íntima. Tampoco podemos olvidar los géneros considerados de evasión a través de la filosofía o la religión. En este sentido tenemos que situar esos poemas en los que se ensalza la vida sencilla, apartada o retirada. 

8.- A pesar del malestar hay un orden de cosas que lleva al conformismo 

Aún tardarían las primeras revoluciones y una de las características del Barroco es esa idea de que nada puede hacerse ante ese orden de cosas. El poder fuerte (especialmente en los países en los que no se desarrolló la burguesía), la miseria, la inseguridad y la inquietud se traduce un conformismo. Este se desempeña por varias vías: desde la mística (el consuelo en otra vida y otro plano) o la crítica muy velada al orden de cosas dado. Recuerdo una vez más que los autores que se salían de aquello establecido eran duramente reprimidos y este estado de postración se va traduciendo en un pesimismo vital apabullante.   

9.- El desengaño como otra de las características del Barroco 

 

Es una época que no podía creer en los ideales en vistas de la situación cotidiana imperante. Las leyes se aplicaban severamente y aleatoriamente a quien se saliera de los cauces establecidos. La fe en el progreso no puede considerarse y más de un autor de la época describe esta vida como una cárcel de sufrimiento. Ante la situación, ante la imposibilidad de transformación, ante el pago con la propia vida por tener el atrevimiento de proponer cualquier modificación se instala el desengaño. Este es esencial, vital, endémico y busca “el culpable” en la propia naturaleza humana más que en el orden de cosas establecido. 

10.- El caos como una de las características del Barroco  

La inestabilidad, la indefensión o la imposibilidad de ver progreso hacen que los filósofos o escritores de la época apelen al caos (en contraposición al orden sereno) como uno de los motores vitales. Ese caos se va a transformar en arte en movimiento, en columnas que se retuercen, en la línea curva, en el amontonamiento de figuras, en la expresión verbal llevada al límite.

11.- La existencia en este plano se considera limitada e, incluso, sin valor

Ante este pesimismo, este desorden, estos valores que se van deshaciendo y las injusticias en el orden del día, la vida en la Tierra se considera inútil, sin valor, sin finalidad casi. Aquí entran los mejores versos de La vida es sueño. Una de las características del Barroco es considerar el paso en el mundo de los vivos como sin valor, como un viaje sin importancia en el que apenas podemos darnos cuenta de lo que sucede. Todo se vuelve en sombras y ese aspecto sombrío, triste y lúgubre se transparentará en todos los órdenes de la vida y en todos los géneros artísticos. La vida se asemeja a la arena que se nos escapa de los dedos y que no podemos retener. El pesimismo, afianzado por la situación económica, social y política, se hizo endémico y general. No era una característica de uno u otro autor. Sencillamente, flotaba en el aire. 

12.- Una de las característica del Barroco es el ensalzamiento de la muerte

Desde la cuna a la sepultura todo era considerado un valle de lágrimas. El objetivo era el más allá, la muerte que llegaba pronto ayudada por un tiempo que corría muy rápido. Los cuadros de Valdés Leal, por poner un caso, en los que cráneos comparten protagonismo con cucarachas inciden en ese “sic transit gloria mundi” (así pasa la gloria del mundo) o ese “vivir es ir muriendo” de Santa Teresa de Ávila o “somos nosotros mismos nuestra muerte” de Quevedo. El pesimismo llevado al límite llegó a aceptar que nada en esta vida se puede hacer para engrandecer nuestro paso por el mundo y todas las miras estaban en el más allá. No podemos considerar esta característica del Barroco como un afán religioso o de trascendencia a nivel general sino como una reacción a lo que acontecía en la calle.  

13.- El ascetismo en el Barroco  

Se vuelven los ojos hacia la vida contemplativa, la del espíritu, la que se despoja de la materialidad de la carne en descomposición. La existencia es asemejada a un teatro, a una representación en la que nada ni nadie es real o verdadero. Como solo queda el asignarse un papel y ser actores de nuestra propia obra, con ello llega la resignación. Y este es el primer paso para soportar y tolerar injusticias de todo tipo, las mismas que se dieron en la época, mayores cuanto más reacio a las nuevas ideas se topara contra la sociedad pudiente. 

14.- Una de las características del Barroco es la contradicción  

Y no solo en el plano de las ideas, también a nivel físico y cotidiano. Mientras una población empobrecida y presa de las injusticias se negaba casi a luchar por una mejora, las clases acaudaladas se entretenían en fiestas, objetos de lujo y consumo desenfrenado. Nos han llegado grandes obras de arte con bellas damas ataviadas con sedas y bordados, los sofisticados palacios (Versalles, por poner un caso) donde todo era extremo, recargado y apabullante (a pesar de la falta de higiene), los retazos de fiestas, festines y días de ocio sin fin. Mientras tanto, las grandes masas de población se encontraban, literalmente, hundidas en la miseria física y moral sin acceso a los bienes básicos mínimos. Todo ello fue el caldo de cultivo para las revoluciones posteriores.  

15.- El Barroco es también el periodo de la propaganda

Ante tales injusticias y diferencias, ante la imposibilidad de progreso y de crecimiento, se instala un arte pagado (como una impresionante operación de marketing) en el que se justifique el sistema establecido. En este sentido, debemos ver la proliferación de obras de teatro sufragadas bajo el mecenazgo de la aristocracia al que estaba invitado el público en general. Su función era la misma que la del circo de la Antigüedad: contentar a las masas y dejarlas quietas. Intelectuales contemporáneos afirman que es el fin último de las manifestaciones populares en torno al fútbol y los equipos locales actuales.  

16.- Una de las características del Barroco es la estética de lo inestable

Las columnas no son rectas, sino que se retuercen, como en el estilo manuelino. Las normas clásicas estallan por los aires y todo se convierte en caos, en movimiento, en saturación, en retorcimiento. Esto se lleva no solo en el ámbito de la arquitectura o la plástica sino también a la literatura que se hace sofocante casi con su exceso de retórica, rimas y tropos. La contradicción, por tanto, está servida. Es ese “sí pero no” que se lleva a todos los extremos incluidos, como he señalado, a los de la vida en contraposición a la muerte. Y de aquí a la desmesura y a lo dramático hay un paso. 

17.- La apariencia forma también parte del Barroco 

Si la vida no es real y lo único válido es la muerte, si las sombras ha invadido la existencia, lo único que queda es la apariencia, el engaño casi, el “postureo” tal como lo entendemos en la sociedad contemporánea. Por eso, se levantan edificios que parecen más altos, se recurre al “trompe-l’oeil”, a la ornamentación excesiva en cualquier ámbito que no deja ver lo que hay debajo, a los vestidos recargados, a la estética casi sofocante de algunas pinturas murales que huyen del horror vacui.  

18.- Otra de las características del Barroco es la oscuridad 

Y la intensidad de estas son significativas. La lengua se vuelve retorcida, como las columnas, los ambientes se tornan sofocantes, como la misma vida. Todo se vuelve intenso, en sombras, con un artificio que no se ha vuelto a dar en la historia de la humanidad. Ello lleva al retorcimiento y no solo en el arte sino también en política e, incluso, en la vida cotidiana.  

Estudiosos hay quienes afirman que la humanidad se debate entre el orden y el caos. Sería la contraposición entre lo apolíneo y lo dionisíaco que, con posterioridad, expondría Nietzsche. A una época clásica, ordenada, estructurada (en todos los órdenes) le seguiría otra en la que inestabilidad sería la nota principal. Por tanto, algunas de las características del Barroco europeo estarían presentes en otras épocas similares (en lo social, político o económico) de la historia de la humanidad. Si nos miramos bien, quizás, en estas primeras décadas del siglo XXI, con sus cambios estructurales y sus gobernantes ineptos o corruptos (también ambas características a la vez) sea una era dionisíaca, en desorden, en constante tensión barroca. 

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Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

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