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Obras de Velázquez, el gran maestro de la pintura barroca

Obras de Velázquez

Obras de Velázquez

Candela Vizcaíno

 

Diego Velázquez (1599-1660) es, indiscutiblemente, no solo uno de los pintores barrocos más importantes sino de todos lo tiempos, emplazamientos y estilos. Pintor en la corte de Felipe IV, logró levantar una obra universal, novedosa y con enfoques vanguardistas para la época que, aún hoy en día, nos seduce e interroga. Podría haberse quedado en los típicos retratos reales para los que fue contratado, sin embargo, fue más allá y creó una obra que, a ratos, nos introduce en los simbolismos universales. Todo ello lo hizo con una técnica brillante, exquisita y adelantada a los modelos de su tiempo. Aunque en el siguiente listado de las obras de Velázquez nos encontramos retratos de personajes poderosos o de importancia, también se fijó en tipos sencillos que sirvieron de modelos incluso para representaciones de dioses mitológicos. Su pintura religiosa está concentrada en la primera época (antes de trasladarse desde Sevilla a la corte madrileña) y fue superada ampliamente por su producción más tardía.  

La Venus del espejo

1.- La Venus del Espejo, fundamental en la historia del género

Es una de las pocas pinturas de desnudo femenino de Velázquez y está organizada alrededor de un tema mitológico: Venus y su hijo Cupido que sostiene el espejo. Es un óleo de dimensiones medianas de 122 x 177 cms que hoy se conserva en la London National Gallery y que estaría pintado alrededor de 1848.  La obra fue desconocida hasta bien entrado el siglo XIX ya que fue un encargo del marqués de Elche, con toda probabilidad, para su disfrute privado. Perteneció a la colección de la Casa de Alba y, a la muerte de Cayetana (1802) sus herederos la vendieron a Manuel Godoy, el todopoderoso primer ministro (con funciones de valido) del rey Carlos IV. Al parecer, este señor tenía preferencia por las pinturas de esta temática ya que también fue propietario de las dos majas de Goya. No se sabe a ciencia cierta cómo pasó a Inglaterra en las convulsas décadas de mediados del siglo XIX.

Velázquez tuvo a su disposición algunos modelos de desnudos femeninos pertenecientes a las colecciones reales, como los de Rubens o los de Tiziano. Ambos artistas también manejaban sus preferencias por los temas mitológicos. Sin embargo, Velázquez se aparta de estos moldes y realiza una obra extremadamente sencilla. A la par, escoge un enfoque novedoso que nos presenta a la modelo de espaldas con el recurso del espejo (que retomaría en Las meninas) para representar el rostro. El realismo y la combinación de la gama de tonos ocres, dorados y rojos es, sencillamente, sublime. 

Las meninas de Velazquez 

2.- Las meninas, la obra maestra de Velázquez  

Y de la historia del arte universal. Fue pintado hacia 1656 o 1657 cuando el artista ya estaba en su época más madura. Es un lienzo de grandes dimensiones de 318 x 276 cms que, tras pertenecer a las colecciones reales, pasó al Museo del Prado. También es conocida como La familia de Felipe IV, aunque el único miembro de la misma que se representa en la obra es la infanta Margarita Teresa de Austria (1651-1673) junto con su pequeña corte de damas de compañía, bufones y criados. La obra está presentada de una forma tremendamente innovadora y nos narra una supuesta visita de este cortejo real al estudio del pintor, el cual también aparece retratado. Al fondo, utilizando un espejo, nos encontramos el reflejo de unos supuestos retratos reales en los que trabaja el artista.  

La meninas de Velázquez ha recibido todo tipo de interpretación a lo largo de los doscientos años en los que ha estado expuesta al público. Desde el principio se alabó su realismo y su enfoque vanguardista ya que asistimos a la escena como si estuviéramos fisgoneando a través de una ventana. Cuando estudiamos el contexto histórico de crisis económicas, de pérdida de liderazgo internacional, de derrotas militares, de pobreza extrema, de resignación y de complicados duelos para la familia real, entendemos el carácter de Las meninas. La protagonista de la misma es la hija pequeña de Felipe IV habida con su segunda esposa, Mariana de Austria. Ella es la descendiente en la que recae el legado real, ya que su única medio hermana (fruto del matrimonio del rey con Isabel de Borbón) ya estaba comprometida con Luis XIV y, de alguna manera u otra, apartada de la herencia. Hoy es considerada una de las grandes obras no solo del arte barroco sino de todos los tiempos, estilos y procedencia. 

La fabula de Aracne o Las hilanderas de Velazquez 

3.- Las hilanderas o La fábula de Aracne de Velázquez

Es un óleo de gran tamaño de 220 x 280 cms realizado antes del segundo viaje a Italia, al cual se le hizo unos añadidos que no afectan a la narración. Es otra de las grandes obras de Velázquez en el que se mezclan de manera magistral la temática clásica procedente de la literatura griega y romana con, en apariencia, un interior popular y sencillo. Estaría terminado hacia 1648 y fue una obra por encargo. En la actualidad, se puede disfrutar en el Museo del Prado de Madrid.  

La composición es de una complejidad extrema iluminando al fondo el tema central y disponiendo la obra por capas como si de muñecas rusas en el plano significativo se trataran. El fondo del cuadro nos remite a la vanidad humana y el castigo que sufre Aracne al querer comparar su pericia con la de los mismos dioses. He analizado Las hilanderas o La fábula de Aracne de Velázquez en este espacio. Así que remito al lector curioso a ese estudio donde desgrano con más detalles esta compleja obra. 

Retrato del bufon Morra de Velazquez 

4.- Retrato de Sebastián de Morra, cuando el bufón no es el prototipo 

Las cortes barrocas estaban repletas de enanos y de seres con graves anomalías que, o bien se desempeñaban como bufones o como acompañantes de los infantes.  Velázquez inmortalizó a la mayoría de ellos, aunque es difícil saber el número de los que estaban en nómina. Y por sus cuadros sabemos la indignidad a la que se sometían estas personas con taras gravísimas. Sebastián de Morra que lleva el título de don, sin embargo, se nos presenta con una mirada inteligente mirando de frente y exponiéndose con valentía a la mirada ajena. Otros, como el Niño de Vallecas o el bufón Calabacitas, no han llegado hasta nosotros con la misma fortaleza. Eran personas lisiadas y con dolencias terribles que servían como burla en la corte cuando estamos ante seres necesitados de cuidados básicos. Y me permito el juicio porque todo no debe aceptarse en la historia. De lo contrario, cerraríamos la puerta al progreso. 

Sebastián de Morra, a pesar de sufrir de acondroplasia, nos mira con unos hijos brillantes y repletos de una dignidad con la que, con toda probabilidad, no era tratado. Contrasta el busto de un hombre de cierta belleza con la exposición de sus miembros inferiores. Es un óleo de mediano formato de 106 x 81 cms realizado alrededor de 1645 y se conserva en el Museo del Prado de Madrid. 

Vieja friendo huevos de Velazquez

5.- Vieja friendo huevos, obra de juventud

Estamos ante una obra de juventud realizada en Sevilla hacia 1618. Es un óleo sobre lienzo de 99 x 118 cms que se custodia desde mediados del siglo XX en la Galería Nacional de Escocia. 

La obra es tremendamente realista y de tema sencillo con un enfoque virtuoso en los puntos de luz.  Esta recae en los elementos de color blanco que han sido estratégicamente situados a lo largo del lienzo. Entronca con los modelos flamencos de artistas que, por entonces, trabajaban en la capital andaluza. Sin embargo, Velázquez, a pesar de su juventud, saca a relucir su genialidad tratando un tema sencillo, popular, utilizando personajes y objetos humildes a los que dota de fuerza expresiva y un sugerente tratamiento del volumen. 

Rendicion de Breda de Velazquez 

6.- Las lanzas o La rendición de Breda, la gran obra de la victoria 

Es una de las obras de Velázquez de mayor tamaño ya que mide 307 x 367 cms realizada hacia 1635. Custodiada en el Museo el Prado, en ella se relata la victoria (rendición después de un largo asedio) sobre Breda el 2 de junio de 1635. Las lanzas o La rendición de Breda está dividido magistralmente en dos partes: a un lado los vencedores con las armas apuntando hacia el cielo y, al otro, a la izquierda, los vencidos dando muestras del desbarajuste en sus filas. Estas dos unidades están articuladas por dos figuras masculinas centrales. Son Justino Nassau, gobernador de la plaza, que entrega las llaves a Ambrosio Spinola, que las recibe cortésmente sin humillar al vencido. Este gesto eleva moralmente al vencedor que sitúa a su altura a quien no pudo defender la plaza. Es uno de los pocos cuadros de Velázquez que no reflejan el estado de abatimiento general de la época decadente de Felipe IV. Y se centra en el fin de un conflicto bélico resuelto favorablemente para la corona española. 

Los Borrachos de Velezquez   Detalle 

7.- Los borrachos o El triunfo de Baco, prototipo de pintura barroca española  

Es otra obra de gran tamaño de 165 x 225 cms custodiado en el Museo del Prado de Madrid y realizada hacia 1629. De tema mitológico, este está tratado de una forma irrespetuosa o irónica, ya que el dios Baco está tan humanizado que se nos presenta con un físico en decadencia y poses poco heroicas. La obra está dividida en dos partes: a la izquierda se sitúan los personajes mitológicos y a la derecha un grupo de hombres representados de manera tan realista que incluso vemos los efectos del alcohol en sus rostros.

Para entender una de las grandes obras de Velázquez tenemos que volver a los condicionantes históricos de la época. El Barroco español fue un periodo de pérdida a todos los niveles que devino en un profundo pesimismo. La aceptación y la resignación solo tenía contrapunto en el ocio o en los llamados paraísos artificiales utilizando un término contemporáneo. En eso parecen estar enfrascados todos los personajes de Los borrachos o El triunfo de Baco de Velázquez ya que no se ve ambiente festivo sino más bien un deseo de evadirse (como sea) de la realidad. En este sentido, además, también tenemos que leer el auge del teatro barroco en España de capa y espada. El público pedía olvidarse de los problemas con comedias sencillas de complicados enredos que no le obligaran ni a reflexionar ni a pensar.

Retrato del Papa Inocencio X de Velazquez 

8.- Retrato del Papa Inocencio X, uno de los retratos que más han influido en el arte de las últimas décadas 

Este retrato fue realizado durante uno de los viajes a Italia por parte de Velázquez. Aunque logró entrar en contacto con otros artistas y con las colecciones renacentistas, el objetivo de estos desplazamientos era proveerse de obras para las colecciones reales. El pintor también logró entrar en contacto con el circuito de poderosos (laicos y religiosos) de Roma logrando retratar a Inocencio X, papa de la familia de los Pamphili que se dejó inmortalizar por el genio español. 

Estamos ante un lienzo de 140 x 120 cms realizado hacia 1649 que se conserva en Roma en la Galleria Doria Pamphili. Aunque se atiene a las convenciones acordadas para los retratos de este tipo, sin embargo, logra captar el duro carácter del pontífice. En el rostro vemos los rasgos de malhumor y de una persona calculadora con tal detalle expresivo que el pintor fue requerido para realizar obras semejantes. Aunque se apunta a que pudo llegar a hacer diez retratos de personajes distintos, solo dos de esta etapa se consideran salidos de los pinceles de Velázquez a ciencia cierta. Tengo que anotar que es una joya del retrato psicológico y que, por su expresividad realista, ha atraído a artistas posteriores de distintas corrientes. Francis Bacon (1909-1992) fue el que lo reinterpretó con mayor acierto estilístico. 

 La fragua de Vulcano de Velazquez

9.- La fragua de Vulcano, mitos en las obras de Velázquez

Es una de las obras de Velázquez de tema mitológico más conocida. Es un lienzo de gran tamaño de 223 x 290 cms custodiado en el Museo del Prado. Fue realizado alrededor de 1630 tras el viaje a Italia del artista. Allí no solo entró en contacto con los modelos innovadores de las mejores pinturas barrocas sino también con la escultura romana de corte clásico. 

La fragua de Vulcano de Velázquez narra el momento en el que dios Apolo visita a Vulcano para informarle de que la esposa de éste, Venus, está siéndole infiel con el dios de la guerra Marte. La narración está recogida con fuerza expresiva y sin dramatismo a pesar de la sorpresa (reflejada en los rostros) de los hombres ante el mensaje recibido. La obra está dividida en dos partes diferenciadas.  En la izquierda se sitúa Apolo representado con una corona de laurel y un aura potente. A su alrededor se despliega un paisaje y un espacio luminoso. Vulcano y sus cuatro hombres están representados de manera realista, con una anatomía perfecta (siguiendo los modelos de la escultura romana) pero sin exageraciones. El ambiente en el que estos se sitúan es el de la oscuridad de un interior en perfecta simbolización con ese desconocimiento que pretende cambiar Apolo con su mensaje.

El Principe Baltasar Carlos a caballo de Velazquez

10.- El príncipe Baltasar Carlos a caballo 

Durante los 16 años que estuvo en este mundo todas las esperanzas del maltrecho reino recaían en la figura del Príncipe Baltasar Carlos (1629-1646). La alegría de constatar que el heredero crecía sano y dispuesto a asumir las tareas de estado se transparenta en la infinidad de obras que Velázquez realizó de esta figura esencial en la corte de Felipe IV. Sin embargo, la más grandiosa es esta en la que se le representa triunfante a lomos de un magnífico caballo y ataviado con las ropas propias de un futuro monarca. El lienzo es de gran tamaño (209 x 173 cms) y está realizado hacia 1635. Poco duraría la alegría, ya que el malogrado príncipe falleció fulminantemente de viruela sumiendo a su padre y a la monarquía en una grave crisis de sucesión que, de alguna manera u otra, no se resolvería jamás. En la obra de Velázquez, sin embargo, todo apunta al poderío y a la alegría que se cerraría de un portazo una década más tarde. 

Si bien todas estas obras de Velázquez (de las que he dejado un resumen en el vídeo de Youtube anterior) están entre el puñado de aquellas imprescindibles que han entrado en el canon, no podemos olvidar los innumerables retratos de la familia real o de personajes importantes de la corte. Fundamentales son también aquellos que retratan a los bufones, personas lisiadas que servían (sin respetar los mínimos derechos humanos) de burla y entretenimiento. El artista sevillano, en su primera etapa, también realizó algunas obras de corte religioso que fueron superadas ampliamente por la brillantez que desplegó una vez estuvo instalado en la corte. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

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