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15 características del impresionismo - Candela Vizcaíno

15 características del impresionismo

15 características del impresionismo

 

A pesar de que todos sus artistas sufrieron el rechazo de la crítica del momento hasta el punto de que ni siquiera les dejaron exponer en los salones oficiales, el impresionismo es uno de los movimientos artísticos más conocidos, incluso para el público menos entendido. Surge a finales del siglo XIX y sus coletazos llegan, incluso, a los primeros años del XX cuando las vanguardias históricas ya están asentadas. El epicentro, como cualquier manifestación cultural de la época, fue París, aunque las mejores obras fueron desarrolladas en la costa oeste francesa (Normandía y Bretaña). Si hay que destacar una de las características del impresionismo, por tanto, es ese rechazo que llega, incluso, a burla, por parte de los críticos y el público de la época, acostumbrado a un realismo y un virtuosismo llevado al extremo. Dicho esto ya sabemos que el arte (el de todos los tiempos, lugares y épocas) se entiende y se comprende en su cambio constante. Así fue el movimiento que hoy llena pinacotecas de primer orden (el impresionismo del Museo de Orsay en Paríspor poner un caso) y rompe los techos de adjudicaciones en las casas de subastas internacionales. Desgloso sus principios más importantes. 

1.- La aspiración es plasmar un momento dado en la obra de arte

Ya no se trata de representar grandes escenas bíblicas, mitológicas, paisajes deslumbrantes o retratos institucionales. Una de las principales (si no la que más) características del impresionismo es ese echar por los aires el estatismo de la pintura anterior al movimiento para centrarse, en el movimiento, en la sensación, en la impresión, en el momento. Se pasa, por tanto, de lo fijo a lo cambiante, de lo que perdura a lo que sucede en un instante. Y eso es lo que se queda en la retina, en el alma y, a la postre, en el conocimiento.  

 

2.- Otra de las características principales del impresionismo es la preponderancia de la pintura

Aunque se identifica como impresionista algunas composiciones musicales de la época -Preludio a la siesta de un fauno (1894) de Claude Debussy por poner un caso- o piezas de escultura (la de Rodin es la más significativa), es un movimiento pictórico.  Decir impresionismo es traer a la vista y al alma los grandes lienzos donde priman el color y la pincelada suelta de la emoción del momento. El resto de las obras artísticas de otros géneros consideradas como impresionistas son, por decirlo llanamente, habas contadas. A pesar de ello, nos quedamos con otro nombre y otra obra: Cuadros de una exposición (1874) de Músorgsky, compuesta inicialmente para piano precisamente teniendo como inspiración las obras de sus amigos pintores impresionistas.  

3.- La impresión de ese instante es lo que prima en el cuadro

Porque otra de las características del impresionismo es ese rechazo de la razón exacerbada que había primado en el Neoclasicismo (aunque superado por el Romanticismo) basándose en la emoción. Esto es, para los artistas del movimiento la obra de arte tenía una función radical y esta era la de emocionar al público. Recuerdo aquí la etimología de la palabra que significa, ni más ni menos, que mover a través de la fuerza del corazón. Esto se conseguía no colocando grandes escenas sino llevando al espectador al momento exacto donde se había producido ese instante de belleza.  

4.- Se rechaza la razón y se vuelve la mirada del arte a la emoción del momento

Monet decía que él pintaba “como un pájaro canta”. Por tanto, se reniega de todo tipo de artificio e, incluso, de geometría. La obra tiene que realizarse de manera sencilla, cándida a veces y con la única función de poner de manifiesto la belleza de la naturaleza, la luz de un instante la fuerza expresiva de cualquier elemento. Y en este sentido cualquier objeto, paisaje o escena servía, eliminando de un plumazo las distinciones culturales del pasado. 

5.- Una de las características principales del impresionismo es la importancia de la luz

Para llevar a cabo esa aprehensión del momento, ese reproducción de aquello que pasa en un segundo los pintores del movimiento se aferran a la luz. Pero esta no será una cualquiera (sombría o brillante) y se fijan (a veces hasta la obsesión) en los aspectos cambiantes de las sombras, el resplandor del sol rielando en el agua, las penumbras o los amaneceres. Por eso, hay una preponderancia de obras en las que los protagonistas son elementos de la naturaleza (la serie de los nenúfares de Monet, por poner un caso), atardeceres, marinas o composiciones con figuras en las que el contraste entre luz y sombras es bastante acusado. 

 

6.- El color cobra protagonismo con respecto a las formas

La pincelada se vuelve suelta y las formas se desdibujan. Ya no se perfila como en la pintura anterior (Ingres, por poner un caso) y ahora se busca un trazo fragmentado que adelanta los movimientos que vendrán después. Las formas no se perfilan sino que se intuyen a través de esos trazos en los que se quiere aprehender la luz. El virtuosismo queda aparcado en favor de un arte emotivo, emocional y que apela al centro mismo del espíritu. Esa luz cambiante que se ve reflejada en trazos dispersos con diferencias de color según el día encuentran su ejemplo perfecto en la serie de Catedral de Rouen de Monet.  

 

7.- Otra de las características del impresionismo como grupo es la ausencia de manifiestos

Aunque tenían en contacto entre sí e, incluso, salían a pintar juntos, los artistas no se preocuparon por redactar un mínimo documento de intenciones. La candidez (a veces) y aparente sencillez de sus obras no se lleva a este plano teórico. Para ellos, lo importante era la producción y no los manifiestos que eran considerados casi como una justificación de una obra que, en su tiempo, fue objeto de un rechazo tremendo. Esto contrasta con los grupos de vanguardia que vendrían después que, primero, racionalizaban con la escritura y luego producían. Algunos incluso, como el futurismo o el dadaísmo, crearon más panfletos de este tipo que obra misma. Hay quienes, en la actualidad, ven en esa falta de escritos críticos del movimiento una de las razones de la incomprensión de la producción en su época, al no aportar una mínima explicación. 

8.- Como es frecuente en la historia del arte hay un rechazo por el estilo anterior

Ni que decir tiene que se niega el trazo geométrico, racional y matemático casi del Neoclasicismo (que, por cierto, creó pocas obras de arte de importancia) sino también de buena parte de las características del Romanticismo. Se niega el papel redentor de la naturaleza, el espíritu negacionista (tan de la época) de las posibilidades de encontrar la verdad en este plano. A la par, se obvia cualquier mención a lo que se encuentra en el otro lado. Todo ello, que formó parte del arte de la primeras décadas del siglo XIX, con su gusto por los demonios de la naturaleza o del ser humano, se borra con el impresionismo. Es este un movimiento del aquí y el ahora, positivo, alegre y sereno a pesar de la vida difícil que llevaron buena parte de sus representantes. 

 Boudin Trouville1864

9.- Los impresionistas vuelven la mirada a los clásicos de la pintura barroca española

El rechazo a lo anterior tiene sus excepciones, como siempre. Uno de los pintores que se salva de esa siega es Velázquez, el cual adelanta (con su maestría en el claroscuro) los principios fundamentales del impresionismo.  El retratar ese momento justo en el que algo importante sucede (como las Meninas por ejemplo) también hace que los artistas del movimiento vuelvan su mirada al genio español, considerándolo maestro de la pintura en quien reflejarse. Es un título, por cierto, que sigue conservando bien entrado el siglo XXI. 

 

 

10.- Otra de las características del impresionismo es la creación de un arte “amable”

Y todo ello a pesar de que los principales representantes del movimiento estaban envueltos en penurias económicas o problemas de todo tipo. Por si esto fuera poco,  la población en general sufría una grave crisis (tanto política como financiara pasando incluso por una de confianza en las posibilidades mismas de salir adelante) debido a la derrota en la guerra franco prusiana. A pesar de que la situación (personal y social) no era la más adecuada, todos mantenían una actitud positivista y de confianza en el progreso de la humanidad. Todo ello se transparenta en las obras impresionistas que siempre representan momentos libres de cualquier atisbo dramático. Los protagonistas son los mares, los paisajes o grupos de amigos captados en ratos de solaz y relajamiento. 

11.- Esto explica en parte que las obras de los impresionistas fueran rechazadas en los circuitos tradicionales 

Que pedían que el arte tuviera un fuerte componente simbólico y, por tanto, de trascendencia. El impresionismo acabó con todo ello y no se retoma hasta el apogeo del surrealismo, aunque con un carácter totalmente distinto. Si con anterioridad, se buscaba la imagen de un mundo ideal en los pliegues de este, los artistas de este movimiento hacen saltar por los aires esa creencia. Todo en las obras es lo representado. Un nenúfar es un nenúfar  y no la encarnación en este plano de un sentido superior. Lo mismo sucede con un puente, el mar al amanecer o un picnic a las afueras de París. En las obras no hay más trascendencia que la belleza de ese instante. De una manera u otra, los impresionistas adelantan la filosofía New Age de principios del siglo XXI que se centra en el regodeo (a veces de una manera tremendamente egoísta) del momento presente. 

 Pierre Auguste Renoir Le Moulin de la Galette

12.- Otra de las características del impresionismo es la eliminación del idealismo a la hora de plasmar la naturaleza en contraposición al Romanticismo

 

Al hilo con lo anterior, la representación pictórica se realiza sin filtros o, al menos, ese es el objetivo. La naturaleza no es el paso hacia el otro mundo, no hay ninguna puerta que nos lleve hacia el drama de emociones desbocadas. Aquí todo es sereno, sencillo, sin importancia casi. En principio, las obras no son la representación de emociones, pasiones o enseñanzas trascendentales. Todo queda en elementos cotidianos al máximo.  

 

13.- El objeto pictórico deja de cobrar importancia ya que el objetivo es la sensación

Aún así se localiza en los paisajes de la naturaleza sin olvidar la figura humana. Esto es, los objetos quedan suprimidos de su jerarquía y el mismo valor tiene la fachada de una catedral gótica que un vaso o una humilde flor del campo. El impresionismo quiere ser como un regalo para el ojo eliminando cualquier atisbo de racionalidad o de trascendencia. Por eso, hay un alto porcentaje de obras que se centran en esos instantes cruciales y cambiantes en los que la luz da paso a las sombras o el sol se levanta de entre la oscuridad. La figura humana queda situada en el mismo plano. No se encuentran seres mitológicos, personas relevantes o protagonistas bíblicos en momentos importantes. La pinturas reflejan ratos de entretenimiento con un grupo de amigos, una niña que juega con un aro o un muchacho desnudo disfrutando de la playa. Sin duda, el gran maestro de este tipo de escenas fue Renoir

14.- En la última etapa adelantan las características del post-impresionismo, fauvismo e, incluso, cubismo

La pincelada se vuelve aún más suelta desligándose de la forma que quiere representar, a la par que el color se hace más evidente. El juego de luces y sombras se hace más chocante incluso, desdibujando aún más el objeto representado. Todo ello afianza los cambios que se van a producir después con la explosión de los “salvajes”, el fauvismo (aunque estos se centran en el simbolismo de lo representado), el post impresionismo (con los grandes nombres con Cezanne o Van Gogh a la cabeza) y de, alguna manera u otra, el cubismo. Por supuesto, cada uno de estos movimientos tienen su entidad propia, pero la semilla se encuentra en las obras y la actitud del impresionismo.

Claude Monet 044 

15.- Hay un gusto por el gran formato adelantándose al impresionismo abstracto

Tanto es así que buena parte de las grandes obras (la serie de los nenúfares por volver al mismo ejemplo) solo se aprecian en grandes espacios. Por eso, la saturación de los museos con gentes en cada esquina no ayuda, en parte, a la hora de disfrutar de estas grandes obras. Es un arte que se aleja de los encargos de los palacios, pero que a la vez exige un gran emplazamiento para ser expuesto. Esta contradicción también puede explicar el rechazo burgués y cortoplacista de los coleccionistas del momento. 

Aunque una de las características del impresionismo es su marcado origen francés, el movimiento también tuvo acogida en otros países, aunque sus artistas viajaran hasta París para empaparse de las nuevas tendencias. En España, el representante más conocido y prolífico fue Joaquín Sorolla, quien merece entrada aparte.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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