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Jean-Michel Basquiat | obras y graffiti del último pintor maldito

Jean-Michel Basquiat

Jean-Michel Basquiat

Candela Vizcaíno

 

Jean-Michel Basquiat (New York 1960-1988) es el icono del pintor maldito contemporáneo, el transfronterizo capaz de aunar en su creación las fórmulas primitivas con los moldes más novedosos. Es comparado con Vicent van Gogh, tanto por su genialidad como por el hecho de quedar fuera de cualquier clasificación. En sus pinturas se reconocen los graffitis urbanos o la fuerza anímica del neoexpresionismo, así como un poderoso simbolismo arraigado en los arquetipos del inconsciente colectivo. Relacionado con los artistas del pop art, especialmente con Andy Warhol, en sus obras se adivinan todos los temores y fantasmas de un artista que se refugiaba en los paraísos artificiales de las drogas hasta morir por sobredosis sin haber alcanzado los treinta años.  

Mínima biografía de Jean-Michel Basquiat, imprescindible para conocer su obra

Aunque se reconoce a Basquiat como el abanderado de los ambientes marginales y las subculturas de la gran urbe neoyorquina, su familia podría considerarse de clase media. El temprano divorcio de los padres y una indolente gestión del mismo quizás llevó al joven Basquiat a experimentar con los límites. Y estos, junto con las fronteras y su mestizaje, está presente tanto en su vida como en su obra. Era su padre haitiano y su madre portorriqueña. Fue la progenitora la que le empujó al estudio del dibujo y de las artes como una forma de expresar el rico mundo que ya de muy niño pujaba por salir. 

Inmerso en las drogas desde adolescente, llegó a vivir en la calle como un vagabundo, aunque disfrutaba de sustento familiar. Allí entró en contacto y experimentó con las posibilidades del graffiti no solo como modelo de expresión artística sino también filosófico. Buena parte de sus obras beben de estos moldes estilísticos en los que se unen los colores extremos, con las frases de denuncia, los pequeños poemas líricos y figuras estilizadas que actúan como símbolos. A pesar de estar produciendo en un entorno underground, logra entrar en contacto con los artistas del pop art, por entonces en la cresta de la fama. A través de ellos consigue sus primeras exposiciones.  

El éxito no tardaría en llegar con muestras colectivas e individuales y con la crítica, desde el primer momento, de su parte. Fue pronto encumbrado como el autor maldito que había que conocer, como el último romántico (a la manera de Rimbaud) que había que comprar, como el artista que se autodestruía cada vez que levantaba una obra. Y buena parte de estas premoniciones se cumplieron cuando lo encontraron muerto de una sobredosis por heroína en su casa. Fue así como murió el artista y nació el mito. Hoy Jean-Michel Basquiat está considerado el creador de más salvaje originalidad del siglo XX compitiendo en el ranking (aunque desde otra perspectiva) con Pablo Picasso. 

Basquiat Irony of the Negro Policeman 1981

Características estilísticas de las obras de Jean Michel Basquiat 

1.- En todas sus telas o creaciones hace gala de un trazo conscientemente primitivo enlazando con las obras de las civilizaciones perdidas de América (aztecas, mayas…) o África. Encontramos un gusto por las máscaras, por representar los rasgos con trazos elementales a la manera del arte prehistórico

2.- De resultas de lo anterior, se desprende un fuerte simbolismo universal entroncando con lo que Jung denominó inconsciente colectivo. Por eso las obras de Jean-Michel Basquiat llegan con ímpetu y fuerza desde el plano de lo anímico. 

3.- Aunque exagera algunos elementos del cuerpo humano, da importancia a los dientes que se muestran de forma tan amplificada que cobran especial protagonismo. En simbolismo, los dientes denotan la fuerza y el empuje de la juventud y de los héroes hacedores. Sin embargo, en las obras de Jean-Michel Basquiat adquieren connotaciones especiales al intervenir como fronteras entre la vida y la muerte o entre la serenidad y el desquiciamiento.

4.- Para la creación de sus obras elige materiales heterogéneos o que no forman parte de la tradición pictórica convencional.  

5.- Paralelamente, los dibujos están rodeados, a veces, de frases, de pequeños poemas, de letras o de leyendas que se sitúan en el cuadro como si fueran líneas realizadas en la pared con tiza o con un objeto punzante. Así, inserta en la obra toda la subcultura subversiva del graffiti y sus esquemas reivindicativos. 

6.- Llaman poderosamente la atención los colores fuertes siempre contrastados y las líneas nerviosas que van conformando las formas de las imágenes siguiendo un ritual primitivo pero de realismo reconocible. 

7.- La crítica sitúa las obras de Jean-Michel Basquiat dentro de la corriente estilística denominada  neo-expresionismo, pero ¿qué significa esto? Los representantes del expresionismo europeo pretendían mostrar el mundo interior desgarrado de la raza humana tras los horrores de la guerra. Para ello utilizaron gestos exagerados (el más conocido es El grito de Munch) y ponderados en extremo eliminando, a la par, cualquier otra referencia a la realidad. Y todo ello aunque, en principio, las obras seguían las líneas realistas. Más tarde, llegaría el expresionismo abstracto que niega cualquier conexión con la naturaleza y con el mundo creado. Las obras de Jean-Michel Basquiat entroncan con esta tradición (aunque no es tal puesto que el movimiento se desarrolló únicamente unas cuantas décadas antes de su producción) y la adapta a los entornos urbanos. Los personajes de sus obras siempre aparecen en una pose de desquiciamiento, de desdoblamiento o de encontronazo con una realidad en la que no acaban de insertarse. 

8.- Todo ello se conjuga con la ironía y la crítica al sistema social establecido aunque el artista participe del mismo. No encontramos, como los poetas del simbolismo, un rechazo a los valores mercantiles de la burguesía sino más bien una mención a la mediocridad de los sistemas de represión contemporáneos.  

9.- El arte, por tanto, actúa en Jean-Michel Basquiat como catarsis extrema. Y esta quiere trasladarse al espectador invitándolo (a la fuerza casi) a preguntarse por su estar en un mundo que permite la exclusión, la división o los prejuicios. 

10.- Y, por último, tengo que anotar que se difuminan las fronteras y el objeto mismo del cuadro como si este continuara en la pared en la que está expuesto.  

La importancia del graffiti en las obras de Jean-Michel Basquiat 

Aunque el artista renegó de esta forma de expresión urbana ante la crítica, es indudable el hipotexto de esta manifestación comunicativa. Las figuras y los objetos están diseñados con un trazo elemental que a duras penas se adivinan los contornos. No hay sombras ni perspectivas y la narración actúa como símbolo de fuertes contrastes anímicos.

Todo ello se completa con el uso excesivo de frases, poemas, letras, números que, en ocasiones, se amontonan tanto que más bien parecen palimpsestos. Esto es, nos llega la sensación de que la obra se ha construido sobre otra anterior y sobre esta se ha superpuesto algunos elementos tal cual sucede en las pinturas murales urbanas. El relato del cuadro nos llega en sucesivas capas y cada una ellas tiene significado. Esta tendencia es evidente en El hombre de Nápoles de 1982 y custodiada en Zurich. Aquí las palabras y las frases adquieren un sentido de importancia y nos dirige por los derroteros del significado último de la obra. Estas, además, se combinan con símbolos universales (como la cruz) que se superponen en capas como si varias personas hubieran intervenido en la obra.

 Basquiat Caravela  Skull  1981

Análisis crítico de Skull o Calavera de Basquiat 

Es una de las obras de Jean-Michel Basquiat más conocidas y fue realizada en 1981. El lienzo (con técnica mixta) es de gran formato (207 x 176 cms) y se expone al público en la Fundación de la Familia Eli Broad en la localidad de Santa Mónica. La tela nos muestra una enorme calavera o más bien un cráneo distorsionado en el que son protagonistas los dientes junto con los ojos. Estos, además, están ejecutados de forma independiente no guardando entre sí continuidad. Mientras el izquierdo nos lleva por el camino del ensimismamiento o el conocimiento interior, el derecho se nos antoja muerto en su quietud. En este extremo inciden los dientes que parecen caerse o no estar presentes del todo. La obra, con un colorido fuerte, nos remite, sin duda, a la angustia contemporánea, a la dificultad de comunicación y a la incomprensión. Y todo ello se realiza apelando a la imposibilidad de armonía que denota la composición. Las líneas de la cara, así como la expresión de una elemental cabellera, nos hablan de cicatrices, de costuras, de remiendos, del deseo de aglutinar para eliminar fronteras. 

Un tanto de lo mismo sucede con Ironía del policía negro (1981), reproducida un poco más arrriba. El protagonista está tratado como un monigote o como un muñeco que es dirigido por fuerzas ajenas. En la misma están presentes las características peculiares de las obras de Jean-Michel Basquiat: la referencia a los símbolos universales y a la subcultura del graffiti, las notas de ironía y la fuerza de los elementos primitivos que actúan como fronteras emocionales.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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