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Don Álvaro o la fuerza del sino del Duque de Rivas | análisis básico

Don Álvaro o la fuerza del sino

Don Álvaro o la fuerza del sino

Candela Vizcaíno

 

La obra teatral Don Álvaro o la fuerza del sino (1835) del Duque de Rivas (1791-1865) representa, junto con la Canción del pirata y El diablo mundo de José de Espronceda, el cenit del Romanticismo en España. En ella se concentran todos los parámetros a nivel europeo de este movimiento. Del gusto de la crítica, se ha estudiado en detalle distintos aspectos y se han levantado tesis incluso alrededor de la última palabra del título: sino. Adelanto que el término ha sido objeto de controversia, a veces enconadas, porque en él, de alguna manera u otra, reside el sentido último de la obra. Cuando fue llevada a escena, su autor, Ángel de Saavedra, ya tenía no solo recorrido literario sino también en el ámbito político. Tanto es así que su figura y nombre eran conocidos incluso en los ambientes de liberales europeos y exiliados españoles.  

Resumen argumental de Don Álvaro o la fuerza del sino del Duque de Rivas 

La obra comienza con los amores de don Alvaro y doña Leonor. El joven proviene de Las Indias y, desde el primer momento se le acusa de mestizo y de haber nacido en prisión. Esto provoca el rechazo de la muy aristocrática familia de su amada, que es hija del marqués de Calatrava. Este tiene, además, dos hijos varones criados en los valores tradicionales, inflexibles en la defensa del honor, la honra y el buen nombre familiar. 

Como los dos jóvenes están plenamente enamorados, deciden desobedecer el mandato paterno y escapar juntos. La mala fortuna (y de aquí los ríos de tinta que ha corrido al respecto de la palabra sino) hace acto de presencia en ese momento. Enterado el marqués de Calatrava de los planes de su hija se dispone a impedirlo. Sin embargo, en el rifirrafe (hasta ese momento verbal) se dispara por accidente la pistola de don Álvaro hiriendo de muerte al marqués, el cual aún le queda aliento para maldecir a su hija. Huye el joven y la muchacha, herida de pena y abrumada por la culpa, se dispone a expiar sus pecados viviendo como ermitaña en una cueva. 

Don Álvaro, que cree muerta a su amada, se enrola en los ejércitos italianos con la finalidad de buscar la muerte (eso sí bajo el manto de la honra). Sin embargo, hasta allí lo busca uno de los hermanos de Leonor dispuesto a lavar el buen nombre de la familia utilizando la sangre de nuestro protagonista. Lo reta. Pierde el duelo. Y otro miembro más del clan muere a manos de don Álvaro. Este, abrumado y acongojado, se dispone a llevar una vida religiosa con la intención de lavar sus pecados.  

Sin embargo, el otro hermano de doña Leonor sale en su búsqueda para enfrentarse a él. Da la casualidad que ambos hombres se encuentran justo al lado de la cueva donde hace penitencia doña Leonor. La joven sale al oír el tumulto y reconoce tanto al hermano como a su enamorado. Antes de ser herido de muerte, el hermano (maldiciendo a la joven), la mata para posteriormente acabar sucumbiendo. Ante este panorama de destrucción, a don Álvaro solo le queda el suicidio. Mientras suena el Miserere de los monjes del monasterio y truena una espantosa tormenta, se despeña con estas terroríficas palabras: 

DON ÁLVARO.-  Infierno, abre tu boca y trágame! ¡Húndase el cielo, perezca la raza humana; exterminio, destrucción...!  (Sube a lo más alto del monte y se precipita.)  

Fecha de composición y la controversia con Mérimée 

En la versión que encontramos en el Instituto Cervantes aparece la obra fechada en 1835 y emplazada en Madrid. Sin embargo, la crítica se ha enredado con este extremo. El asunto sí es de importancia ya que hay quienes acusaron al Duque de Rivas de plagio.  Sí ha quedado demostrado (como si de un asunto judicial se tratara) que existía una primera versión en 1832. Esta fue compuesta en Tours durante uno de los exilios de nuestro autor. La versificación estaría terminada para el año 1834 según palabras de Alcalá Galiano. Incluso Mesonero Romanos afirma haber asistido a una recitación particular con el tema en 1833. 

El desconcierto se alimenta de la temática y el tratamiento que siguen a pies juntillas los parámetros literarios del Romanticismo europeo. Un tanto de lo mismo pasó con la acogida inicial del público, acostumbrado aún a los modelos dramáticos del Barroco. Aún así, Don Álvaro o la fuerza del sino tuvo una buena acogida tanto en Madrid como en Valencia, plaza en la que estuvo en cartel desde 1835 hasta 1838.  

Sobre el término sino del título y el sentido último de la obra 

1.- Ríos de tinta han corrido sobre el término que, a la postre, explica el sentido último de la obra. La palabra sino tiene diferenciaciones semánticas y es aquí donde la crítica se ha entretenido en estas últimas décadas. Por un lado, se ha apuntado la procedencia griega de la misma. Por tanto, el personaje de don Álvaro (acosado por la muerte) estaría fatalmente predestinado por los hados. Este extremo, por tanto, niega incluso el sentir cristiano conducido por el libre albedrío.  

2.- Por otro lado, tenemos que todo el desarrollo temático, a poco que tengamos una lectura atenta, nos demuestra que no son hechos casuales, a excepción de la muerte del marqués, desencadenante de toda la trama. Cada uno de los actos de todos los personajes encuentran una respuesta lógica en su cosmovisión vital. Si los hermanos están obligados a lavar el honor de la familia (con la destrucción de Leonor de por medio), también al protagonista se le ha despojado de cualquier posibilidad de redención. Esto es, va sufriendo un acoso constante que le impide un estar en el mundo con cierto grado, si no de felicidad al menos de redención.  

3.- Las últimas interpretaciones de la crítica apuntan a un sentido simbólico en el que cada uno de los personajes representan una visión social. Don Álvaro pretende (con términos modernos) escalar en el ascensor social sin que, en principio, intuyamos motivos espurios. Sin embargo, los miembros varones de la casa de Calatrava son la simbolización perfecta de un Antiguo Régimen basado en unas apariencias destructivas.  

El Romanticismo literario en Don Álvaro o la fuerza del sino del Duque de Rivas

La obra, por su innovación en la época, no permaneció ajena a los espectadores, ya que estamos ante un género eminentemente dramático. En ella se despliegan todas las características del Romanticismo literario, las cuales podemos resumir en lo siguiente: 

1.- Hay un gusto por los sentimientos apasionados, extremos, destructivos y letales. En este sentido nada más tenemos que apuntar el destino de todos los implicados.

2.- La búsqueda de la libertad individual aparece por primera vez como tema principal no solo en las obras artísticas sino también a nivel político. 

3.- La naturaleza ya no es paisaje sino protagonista aportando significado al sentido último de la obra. En este extremo anotamos la aparición de la tormenta en la escena final de la obra. 

4.- Los choques y cambios sociales de la época del Romanticismo aparecen transparentados en el relato: la familia Calatrava, por un lado, con su afán por la reparación del honor (lee apariencia) frente al deseo de crecimiento a todos los niveles de don Álvaro. 

5.- En el fondo, subyace una crítica social hacia aquellos con comportamientos destructivos simplemente por mantener un estatus social que creen perdido. 

6.- Hay una búsqueda (aunque fallida) del amor en libertad. 

Don Álvaro o la fuerza del sino del Duque de Rivas continúa recibiendo acogida entre el público contemporáneo en los festivales de teatro clásico, tal cual sucede con las obras de Lope de Vega. Y todo ello cuando otros títulos de la época y siguiendo los mismos (o parecidos) modelos estilísticos no han superado las pruebas que exige el tiempo. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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