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José Zorrilla | obras, biografía y trascendencia del Don Juan Tenorio

José Zorrilla

José Zorrilla

Candela Vizcaíno

  

Aunque la figura del burlador ya estaba presente en la literatura española (y también europea) fue el Don Juan Tenorio de José Zorrilla la obra que elevó al personaje a la categoría de mito universal. Y lo hace hermanándose con los otros tres grandes genios castellanos: La Celestina, Sancho Panza y Don Quijote.

Biografía de José Zorrilla 

Juventud y primeros años 

Nace en Valladolid el 21 de febrero de 1817  en el seno de una familia extremadamente tradicional y de tendencia política realista. Esto es, eran partidarios de la vuelta al absolutismo de la mano del infame Fernando VII. Era su padre superintendente de policía de normas estrictas e inflexibles tanto en el hogar como en la educación de los vástagos. Zorrilla estudió en el Seminario de los Nobles y, posteriormente, leyes en la universidades de Toledo y de Valladolid. Sin embargo, no solo no logró completar los estudios sino que abandonó el hogar familiar (en 1836) fugándose; hecho este que, de alguna manera u otra, incidiría en su carácter y en su obra. Son múltiples los datos que nos han llegado que apuntan a que nuestro escritor intentó en vano un acercamiento o reconciliación con su padre obteniendo siempre el desprecio por respuesta. Ese afán de conseguir la aprobación familiar quizás esté (de manera inconsciente) en el carácter del personaje y en el final de la obra que le ha hecho universal: Don Juan Tenorio. Adelanto que el personaje busca el perdón y este extremo es el que lo eleva a la categoría de mito humano universal.    

Seguimos con la biografía de José Zorrilla. Al abandonar la casa familiar se encuentra sin ningún paraguas económico y su vida en Madrid (donde recala en primera instancia) es, poco más o menos, la de un mendigo sostenido por amigos. Un hecho daría un giro radical a su existencia. El 13 de febrero de 1837, Mariano José de Larra ponía fin a su vida pegándose un tiro. A su entierro asiste lo más granado de las letras españolas y el joven Zorrilla es invitado a leer un poema. Fue tal la impresión entre los asistentes que, desde ese mismo momento, fue erigido y consagrado como el gran bardo de las letras de su tiempo. Esta consideración, de alguna manera u otra, explica su devenir vital posterior.  

La madurez azarosa de José Zorrilla 

La otra circunstancia fue un matrimonio nada meditado y poco sentido que le haría huir de las obligaciones conyugales refugiándose en el otro confín del mundo. Las nupcias tuvieron lugar en 1839 y la novia tenía 16 años más y un hijo adolescente admirador del poeta. Aunque, en un principio, la unión pareció acertada, muy pronto salieron a relucir los celos de la esposa que se hicieron insoportables para el poeta. Y encontró una salida en la huida. Primero visitó Francia e Inglaterra y por Europa andaba cuando fue nombrado en 1848 Académico de la Lengua. El sillón no fue ocupado hasta 1885 provisto de una pequeña renta.  

No conforme con estos kilómetros de por medio puso un vasto océano al asentarse en México en 1854.  Allí vivió doce años poco más o menos de la hospitalidad de admiradores y ricos mecenas. En tierras mexicanas asistió a la segunda intervención francesa y al corto reinado de Maximiliano (1864-1867) con el que trabó sincera amistad. Fue esta tanta que sintió profundamente su fusilamiento por las tropas revolucionarias. Durante estos años Zorrilla puso a prueba sus habilidades como jinete, tirador e, incluso, como aprendiz de médico.  

En 1866 regresa a España con el estado civil de viudo y tres años después se casa de nuevo con Juana Pacheco. La fama acrecentada de poeta y dramaturgo le abren las puertas a puestos gubernamentales que alivian en parte su maltrecha economía. A pesar de estos sinsabores, disfrutó de un reconocimiento sin igual entre los escritores y lectores de su tiempo. En 1889 se le concedió el honor de ser nombrado poeta nacional, título que se ganó por méritos propios sin mediar conspiraciones palaciegas o administrativas. Su entierro en 1893, tras un derrame cerebral, se realizó con toda la pompa institucional y seguido por multitud de admiradores. 

Zorrilla visto por Zorrilla 

Nunca he sido yo más que un vagabundo: 

yo soy el escritor de menos ciencia, 

el ingenio español menos profundo, 

el versificador menos profundo, 

flor sin aroma, frasco sin esencia, 

de sentido y de lógica vacía

no tal vez más que un son mi poesía.

 

Obras de José Zorrilla  

Fue prolijo casi al mismo nivel que las obras de Lope de Vega tratando géneros distintos, aunque entró en el canon universal gracias al verso y al teatro. El poeta logró en su extensa obra alargar las características del Romanticismo hasta una fecha en la que se había impuesto otros modelos artísticos: el realismo literario, el naturalismo y el simbolismo. Y lo hizo casi sin innovar o sin métodos vanguardistas. Se amoldó a los gustos del público que lo admiraba llevando a escena los temas favoritos populares: la patria con su caducado sentido del honor y una religión basada en la superstición alrededor de los milagros. Aunque no milita en partido alguno, sí lamenta la venta, el destrozo o el abandono de nuestro patrimonio artístico con dolor sincero. Esto último lo uniría con la posterior Generación del 68.  

Muy resumidamente tenemos la siguiente clasificación de las obras de Zorrilla. 

La obra poética de José Zorrrilla  

1.- Poesías líricas

  • Toledo
  • El Reló
  • Fragmentos a Catalina
  • Un recuerdo y un suspiro
  • La tarde de otoño 
  • A la estatua de Cervantes 
  • Indecisión 
  • Orientales
  • Gloria y orgull
  • El ángel exterminador

2.- Poesía narrativa siguiendo los modelos de las leyendas históricas  

En estas obras se regodea en el pasado musulmán (muy recreado) de la Península Ibérica. Llegados a este punto hay que recordar que el Romanticismo literario tiene preferencia tanto por el exotismo (culturas y/o países ajenos a la cultura occidental cristiana) como por el pasado medieval. Y estos dos extremos convergen en Al-Andalus, favorito en las obras de José Zorrilla. 

2.1.- Leyendas de fondo histórico 

  • La princesa doña Luz
  • Historia de un español y dos franceses
  • El montero de Espinosa
  • La leyenda del Cid
  • Justicias del rey don Pedro
  • Los borceguíes de Enrique Segundo 
  • Una aventura de 1360
  • Príncipe y rey
  • El castillo de Waifro
  • La fe de Carlos el Calvo
  • El escultor y el duque
  • La leyenda de don Juan Tenorio, fragmento y germen de su exitosa obra teatral. 

2.2.- Leyendas de fondo tradicional  

  • Para verdades el tiempo y para justicia Dios
  • La historia de tres Avemarías
  • El capitán Montoya 
  • Las dos rosas 
  • El desafío del diablo 

2.3.- Leyendas fantásticas o novelescas 

  • La pasionaria
  • Dos rosas o dos rosales 
  • Los encantos de Merlín 

3.- Los poemas orientales 

  • Granada, publicado en París en 1852 en dos volúmenes. 
  • La sorpresa de Zahara
  • Al último rey moro de Granada, Boabdil el Chico
  • Leyenda del Muhamad Al-Hamar el Nayarita  

La importancia del teatro en las obras de Zorrilla 

Aquí llegó para obtener algo de ingresos adicionales explotando su talento. Y gracias a ello nos legó más de un título sublime más allá del Don Juan Tenorio. Anoto algunos. 

1.- Cada cual con su razón fue estrenada en 1839 y está ambientada en tiempos de Felipe IV. 

2.- Ganar perdiendo es del mismo año y se sitúa en el reinado de Carlos II. 

3.- Lealtad de una mujer y aventuras de una noche es de 1840. 

4.- Del mismo año es El zapatero y el rey de gran fama incluso hoy en día. Esta obra tiene una segunda parte estrenada dos años después, en 1842. 

3.- El eco del torrente también es de 1842 como Sancho García. 

4.- Un año más tarde se ponía en escena Sofronia. 

5.- De 1844 es la fecha de estreno de La copa de marfil y Don Juan Tenorio que hay que comentar aparte por su indudable importancia. 

6.- El puñal del godo de 1843 es otra de las memorables obras de José Zorrilla para teatro. 

7.- Del mismo tenor e importancia es Traidor, inconfeso y mártir de 1847.  

La importancia del Don Juan Tenorio de José Zorrilla  

La obra fue estrenada el 28 de marzo de 1844 en el Teatro de la Cruz de Madrid con notable éxito. A pesar de que toda ella tiene como hipotexto El Burlador de Sevilla de Tirso de Molina, el Don Juan Tenorio de José Zorrilla levanta un personaje tremendamente humano con un objetivo último de redención. Mientras que en el don Juan de Tirso nos encontramos ante un personaje inconsciente, egoísta y hedonista que va sembrando dolor sin mirar atrás, el del autor romántico busca la posibilidad de salvación.  

La obra tiene dos partes separadas por cinco años de distancia. La primera consta de cuatro actos y la segunda de tres. Ambas suceden en una sola noche. Esto es, la obra se desarrolla en solo dos noches distanciadas entre sí por cinco años. En la primera parte se plantea el carácter de don Juan quien es capaz no solo de robar en unas cuantas horas tanto a doña Inés como a doña Ana (casada con don Luis Mejía) sino también de dar muerte al padre de doña Inés y al marido de la otra señora. Huye y la desdichada amada muere de pena ante tal desatino.  

Sin embargo, en el segundo acto nos enteramos que doña Inés ha realizado una alianza divina intercediendo por el pecador don Juan. Pide una oportunidad de redención para su amado y ofrece la suya propia. Esto es, o se salvan los dos o se condenan los dos. Por eso, don Juan vuelve cinco años después a la tumba de doña Inés y es allí donde los espíritus del Comendador y de la desdichada joven luchan por llevárselo cada uno a su bando: la amada hacia el cielo y el padre herido hacia las penas del infierno. Triunfa el amor si a este final le podemos poner el calificativo de feliz. Y lo hace porque ha habido un arrepentimiento sincero por parte del protagonista. 

 

Y… siento que el corazón 

me halaga esta soledad.

¡Hermosa noche…! ¡Ay de mí!

¡Cuántas como ésta tan puras, 

en infames aventuras

desatinado perdí!

¡Cuántas, al mismo fulgor 

de esa luna transparente,

arranqué al algún inocente

la existencia o el honor!

Sí, después de tantos años 

cuyos recuerdos me espantan, 

siento que en mí se levantan

pensamientos en mí extraños. 

¡Oh! Acaso me los inspira

desde el cielo, en donde mora,

esa sombra protectora

que por mi mal no respira. 

El Don Juan Tenorio de José Zorrilla, en definitiva, a diferencia de otros burladores castellanos o europeos busca una posibilidad de redimir sus culpas por medio del arrepentimiento y el amor. Esto es, sus pecados pasados encuentran una posible justificación en el reconocimiento del dolor que han provocado. A la par busca un objetivo vital, aunque este se desarrolle más allá de la muerte. El honor mancillado que solo se puede lavar con sangre es tema recurrente en la dramaturgia patria (y no solo del Romanticismo en España) mientras que el gusto por los fantasmas se encuentra presente en la literatura de la época. Todo ello se conjuga con una versificación pasional y humana aceptando tanto las luces como las sombras. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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