Don Juan Tenorio de José Zorrilla | análisis y comentario básico

Don Juan Tenorio de José Zorrilla

Don Juan Tenorio de José Zorrilla

Candela Vizcaíno

 

Don Juan Tenorio (1844) de José Zorrilla (1817-1893) es, junto con Don Álvaro o la fuerza del sino (1835) del Duque de Rivas, (1791-1865) uno de los dos dramas más importante del Romanticismo en España. Sin embargo, este último no ha logrado crear un personaje universal en línea con La Celestina, Sancho Panza o el sin par Don Quijote. Además, el don Juan de Zorrilla va más allá de El Burlador de Sevilla de Tirso de Molina (1579-1648) ya que estamos frente a frente ante un protagonista tremendamente humano, contradictorio y en busca de redención. Sin meternos en la controversia de otros donjuanes tanto españoles como europeos, el de Zorrilla manifiesta, por decirlo con modelos contemporáneos, un crecimiento espiritual verosímil en vistas de las nefastas consecuencias de sus actos.  

Resumen de Don Juan Tenorio de José Zorrilla  

Primera parte desarrollada en cuatro actos 

Don Gonzalo Ulloa (padre de doña Inés) y Don Diego Tenorio, padre del protagonista, desisten del acuerdo de matrimonio entre ambos jóvenes en vistas de las alocadas aventuras de don Juan por las que es conocido en toda Sevilla. Este no se conforma y proponer raptar a la muchacha para que la familia se vea, así, obligada a la boda. Allí se encuentra don Luis, comprometido con doña Ana, que responde al desatino con un sarcasmo. Don Juan, herido en su orgullo y narcisismo, en pago por el desaire, se propone seducir a la novia esa misma noche (puesto que al día siguiente se celebra la boda) para salirse con la suya. 

A continuación, don Juan, con la ayuda de la criada de doña Inés (Brígida) y sus hombres se propone realizar los dos viles actos (el rapto y la seducción) esa misma noche. Con este objetivo encierra a don Luis para hacerse pasar por este. Y así lo hace. Inés espera en un barco a orillas de Guadalquivir para fugarse con don Juan. Hasta allí llegan aireados y buscando venganza don Gonzalo (padre de la muchacha) y don Luis (prometido de una doña Ana ya burlada). Como resultado del rifirrafe, ambos hombres mueren a mano de don Juan quien, al contrario que el personaje de Tirso, no había caído en el pecado de asesinato antes. Acorralado por todos, se lanza al río para huir mientras proclama estos famosos versos: 

Llamé al cielo y no me oyó, 

y pues sus puertas me cierra,

de mis pasos en la tierra 

responda el cielo, y no yo.  

Segunda parte de Don Juan Tenorio de Zorrilla desarrollada en tres actos  

Han pasado cinco años y el protagonista regresa a la casa de su padre encontrándose que lo que fuera un hermoso palacio (construcción para la vida) se ha convertido en un inmenso panteón (arquitectura de la muerte). Allí se topa con el escultor que ha levantado tan magna obra y este le confirma que don Diego ha muerto de dolor y ha legado su fortuna a quien pudiera levantar tal memorial. Allí descansan, además, don Luis, don Gonzalo y la desdichada doña Inés, que murió de pena. Roto de tristeza, en su tumba llora desconsolado don Juan. 

Y… siento que el corazón 

me halaga esta soledad.

¡Hermosa noche…! ¡Ay de mí!

¡Cuántas como ésta tan puras, 

en infames aventuras

desatinado perdí!

¡Cuántas, al mismo fulgor 

de esa luna transparente,

arranqué a algún inocente

la existencia o el honor!

Sí, después de tantos años 

cuyos recuerdos me espantan, 

siento que en mí se levantan

pensamientos en mí extraños. 

¡Oh! Acaso me los inspira

desde el cielo, en donde mora,

esa sombra protectora

que por mi mal no respira. 

De la tumba se levanta primero doña Inés y después don Gonzalo. Toda la escena es interrumpida por los hombres de don Juan que se mofan de su miedo. Sin, embargo don Juan, en un último acto de arrogancia, invita a don Gonzalo a cenar. 

Mientras comen amigablemente don Juan con sus hombres un ruido ensordecedor va invadiendo la estancia hasta que aparece don Gonzalo (en estatua). La única persona consciente que queda en el emplazamiento es don Juan ya que los otros dos se han desmayado del susto. Don Gonzalos es claro. Le dice que va a morir mañana y que lo que le espera son las penas del infierno. Tiene esa noche para arrepentirse. Confundido y mareado, fía las visiones al cansancio y al dolor de su espíritu. Sin embargo, regresa al cementerio donde falta la estatua de doña Inés. Mientras los espíritus de aquellos a los que ha asesinado se debaten para arrastrarlo hacia la muerte y el infierno, don Juan levanta una mano implorando perdón y manifestando arrepentimiento. El espíritu de doña Inés va en su ayuda y en el suyo propio, ya que ha realizado una alianza divina vinculando su destino al de su burlador. El alma de la joven es capaz de arrastrarlo hacia el descanso eterno llevando a don Juan hacia su tumba donde los dos terminan por reposar entre un lecho de flores. 

Características básicas 

1.- El drama al completo se desarrolla en dos únicas noches separadas por cinco años. Esto es, en la primera parte José Zorrilla nos coloca de manera magistral ante la personalidad de don Juan quien(hasta que no terminó con las vidas de don Gonzalo y don Luis) no tenía delitos de sangre. Esta primera parte culmina con una apoteosis dramática. 

2.- La segunda parte alcanza su esplendor romántico y el cenit de la historia nada más entrar el personaje en el cementerio. La realidad y la ficción textual se desdibujan, ya que el protagonista no es capaz de dilucidar si los espectros son auténticos o, por el contrario, responden a bromas macabras de su espíritu atormentado. Esta parte se desarrolla en tres actos que va aumentando en intensidad dramática conforme nos encaminamos al final. 

3.- Al contrario de otros donjuanes españoles (como el de Tirso) o europeos, el de Zorrilla se nos despliega en toda su humanidad y ello a pesar de la arrogancia y temeridad que muestra al invitar a un muerto a cenar. 

4.- Gran parte de la grandeza del Don Juan Tenorio de Zorrilla reside precisamente en este cambio de actitud y de estar en el mundo. De ser un joven de conducta libertina que no se para a evaluar las consecuencias de sus actos (llevado por el egoísmo más atroz) a resbalarse por la pena y el arrepentimiento. Es consciente de que, a causa de sus actos, ha sembrado muerte y destrucción, incluso la propia. Esto le llena de temor, de miedo y de actos sentidos de contrición que lo convierten en un ser (por contradictorio) tremendamente humano. 

5.- José Zorrilla, además, desde el primer momento, nos sitúa ante una personalidad compleja levantando una obra redonda que no deja nada al azar.  

El Romanticismo literario en Don Juan Tenorio  

Cuando Don Juan Tenorio se representó por primera vez en Madrid en 1844, las características del Romanticismo tanto en literatura como en arte estaban dejando paso a nuevas fórmulas estilísticas: al realismo literario primero y al naturalismo después. Esto es, la obra es un modelo tardío del movimiento. Sin embargo, en ella convergen múltiples puntos que resumo. 

1.- El Romanticismo literario manifiesta un gusto extraordinario por lo sobrenatural, los fantasmas, los espíritus y los seres que no son de este mundo que, de alguna manera u otra, traen un mensaje al protagonista. 

2.- También son frecuentes los escenarios de cementerios o situados en medio de una naturaleza desbocada e inquietante. 

3.- Por vez primera, hay una quiebra anímica. Esto es, la humanidad ya no se ve como un todo espiritual inamovible e intuye que hay algo que no entiende o que está oculto. Ese algo difícil de conocer se adelanta, en parte, a la propuesta del inconsciente según Freud. 

4.- Aunque aún se mantienen los temas tradicionales alrededor de la honra y el honor, el amor sincero y pasional entra en escena. Los sentimientos siempre se llevan al extremo propiciando, en parte, el drama. 

5.- El Romanticismo gusta del exotismo y del pasado y aquí el don Juan de Zorrilla se sitúa en un emplazamiento de difícil ubicación aunque estemos en una Sevilla perfectamente reconocible. 

6.- El don Juan es uno de los personajes más queridos para los poetas de la época por lo que tiene de contradictorio y de asocial. Esto último también es una característica del movimiento, ya que hay un gusto por presentar a individuos rebeldes que se sitúan fuera de los mandatos de la sociedad burguesa imperante.  

En definitiva, la crítica es clara a la hora de evaluar la trascendencia de Don Juan Tenorio de José Zorrilla. Es el más popular, el que más ha trascendido las brumas del tiempo sencillamente porque su representación es verosímilmente humana. No es complejo ni retorcido. En un principio se guía por un hedonismo inconsciente hasta que se da de bruces con la cruda realidad que acarrea sus actos. El tiempo le hace recapacitar y enfrentarse a sus demonios personales de los que no huye. Ama, suspira, cae en la melancolía y se arrepiente. Tanto es así que, en su último momento, se deja llevar y acepta su destino. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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