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El Burlador de Sevilla de Tirso de Molina | Resumen y análisis textual básico

El Burlador de Sevilla de Tirso de Molina | Resumen y análisis textual básico

 

Dentro de las obras de Tirso de Molina (1579-1648) destaca, sin lugar a dudas, El Burlador de Sevilla y Convidado de Piedra. Aquí se ponen las bases de la figura del Don Juan, conquistador, egoísta, ególatra y narcisista que vive para su propio goce sin pararse en nada. Hace uso recurrente del engaño para conseguir sus objetivos, centrados únicamente en el goce personal. Estos, además, desafían a la autoridad divina retando, incluso, el escamoteo de las penas del infierno. Detrás de esta figura universal, aparte de la de Tirso, ha habido otros donjuanes tanto en la literatura española (el de Zorilla por poner un caso) como en la europea (Molière, Byron, Shaw…) Su estela sobrepasa el teatro y va más allá conquistando las óperas (Mozart…) y elevando su figura a mito universal.  

Resumen de El Burlador de Sevilla de Tirso de Molina 

La obra combina un elemento realista con otro fantástico o sobrenatural. No obstante, logra penetrar en un tipo reconocible por el lector o espectador de todas las épocas. Las aventuras del Don Juan de Tirso de Molina comienzan en Nápoles donde el protagonista (de noble cuna y modales refinados) tiene que huir tras violar casi a Isabela, ya que se cuela en su alcoba fingiendo ser el prometido de esta, el duque Octavio. Por esta razón embarca hacia España con tan mala fortuna que sufre un naufragio en las playas de Tarragona. Aquí es recogido por Tisbea, una inocente pescadora, que lo acoge en su cabaña. Don Juan vuelve a hacer gala de sus dotes de seducción prometiéndole a la muchacha matrimonio si accede a sus propósitos sexuales. Pero el carácter psicópata del personaje hace que olvide el pacto una vez consumado el acto. Huye dejando a la joven totalmente abatida. No hay atisbo de remordimiento para este burlador de Sevilla que sigue con sus crueles andanzas de seducción.  

Y una de las características del Don Juan es su cobardía. Es un ser que solo vive para el hedonismo, para el goce sexual o de sus instintos sin pararse a reflexionar sobre el daño infligido.  No se arriesga y, simplemente, manipula utilizando el don de la palabra. Es más, hace gala de una perversa arrogancia al considerar que podrá disfrutar de todas sus tropelías sin tener que pagar las penas del infierno. De su boca sale ese “Largo me lo fiáis” que nos remite a ese tiempo necesario para arrepentirse en el último momento. Siguiendo con el resumen de El Burlador de Sevilla y Convidado de Piedra, tras la aristócrata y la joven humilde, Don Juan se fija en Ana de Ulloa, hija del Comendador Don Gonzalo. Logra hacerse con una carta en la que la joven cita a su prometido (el marqués de la Mota). Intenta repetir la jugada realizada en Nápoles, pero la joven se da cuenta que es otro hombre el que está en su habitación. Pide auxilio al verse forzada y ante los gritos llega su padre. Don Juan no solo es un violador sino que a partir de ahora se convierte en un asesino al dar muerte a Don Gonzalo, quien intenta auxiliar a su hija.  

El Burlador de Sevilla, resumen de sus últimas tropelías 

En su huida desde Sevilla se topa con una boda de campesinos y, no contento con la burla hacia doña Ana y la muerte de su padre, se dispone a seducir a la futura novia. La encandila con su palabra brillante y promesa de un matrimonio deslumbrante con riquezas de por medio. Don Juan apunta otra mujer burlada y se dispone a regresar a Sevilla. Por último, y acabamos con el resumen de El Burlador de Sevilla, en uno de sus paseos entra en una iglesia en la que hay levantada una estatua en honor al Comendador. Se mofa del desgraciado padre que murió en un intento de auxilio a su hija y, en ese momento, la escultura toma vida. Invita al burlador a una cena y este acepta. Tras la misma, el alma del Comendador lo emplaza a otro encuentro. Esta vez la cita tendrá lugar en su tumba. La temeridad de Don Juan le lleva a aceptar simplemente por el placer de mofarse de un muerto, tal como hiciera de los vivos. Al sellar este pacto y tocar la mano de Don Gonzalo, un rayo atraviesa a Don Juan matándole sin la oportunidad del arrepentimiento por confesión. Al burlador de Sevilla le espera, por tanto, las penas eternas del infierno.  

Análisis de texto básico de El Burlador de Sevilla y Convidado de Piedra

1.- Resumiendo mucho tenemos que el personaje de Tirso de Molina responde a las características básicas de un depredador sexual que recurre a la manipulación para seducir con falsas promesas y, en último extremo, a la violación. Tras estos actos, sin muestra alguna de arrepentimiento, llega al asesinato. E, incluso, no contento con esta abyección, se dispone a hacer escarnio de sus víctimas. 

2.- Además, la soberbia de Don Juan lo hace creer que no solo está por encima de la vida y la muerte sino también de los designios divinos. Su plan es seguir cometiendo tropelías sin fin con la certeza que, llegado el momento de expirar, siempre puede acogerse a la confesión para salvar su alma. En este contexto se encuadra ese “¡Qué largo me lo fiáis!” convertido en lema de El Burlador de Sevilla

3.- Sin embargo, la biografía de Tirso de Molina nos sirve para entender el carácter ejemplarizante de esta figura, ya que nuestro autor fue religioso de la Orden de la Merced y, además, de fe convencida y sincera. Por eso, las andanzas de su Don Juan solo puede acabar en un final ejemplarizante y moralizante. El burlador de Sevilla no solo recibe justo castigo de muerte por sus fechorías sino también la certeza (de la que él mismo es consciente) de las penas eternas del infierno. 

 

“Adviertan los que de Dios

juzgan los castigos grandes

que no hay plazo que no llegue

ni deuda que no se pague. 

 

Mientras en el mundo viva,

no es justo que diga nadie:

¡Qué largo me lo fiáis,

siendo tan breve el cobrarse!

 

4.- A pesar de ese componente sobrenatural en el que una estatua cobra vida y logra vengar su muerte y el honor perdido de tantas mujeres, El Burlador de Sevilla es, en esencia, una obra realista en la que el personaje, aristocrático, culto, narcisista y perverso, era reconocido no solo por el público de la época sino también por los que llegaron después. Se vale de un lenguaje refinado y cultivado para conseguir sus objetivos sin pararse en el daño infligido. Su arrogancia llega al cinismo extremo ya que se llena la boca con grandes palabras que se vacían con sus crueles actos.  

5.- La obra de Tirso de Molina responde al drama característico de estilo barroco en el que las distintas aventuras (en este caso fechorías) eran del gusto del público. Al contrario que la gran mayoría del teatro de Lope de Vega, coetáneo de nuestro autor, El Burlador de Sevilla y Convidado de Piedra no tiene un final feliz para el protagonista. No es una comedia de enredo al uso por más que el personaje se base en las artimañas y en el embuste para conseguir sus objetivos. La finalidad de la obra es didáctica  y aporta un profundo trasfondo moral más allá de ese castigo divino del final, por si esto no fuera poca cosa.  

La estela del Don Juan tras El Burlador de Sevilla y Convidado de Piedra 

El personaje fue rescatado con fervor en el Renacimiento literario tanto por poetas o escritores como por músicos que levantaron grandiosas óperas. En este sentido, se ha convertido en un mito universal a la par que Don Quijote o La Celestina. En su amoralidad reside su fuerza convirtiéndose en metáfora del psicópata que se burla de damas o plebeyas y de todos aquellos quienes intentan protegerlas.  Crea, así, un reguero de muerte, humillación y dolor a su paso. En España consiguió protagonizar otra memorable versión de la pluma de Zorrilla. Y en Europa el encanto perverso del personaje sucumbió a las letras de Molière, Byron, Mozart, Dumas, Merimée, Hoffmann… 

El Don Juan de El Burlador de Sevilla y El Convidado de Piedra de Tirso de Molina, por último, se caracteriza por tener un maléfico carácter refinado. Es un aristócrata petulante que encubre su perfidia y maldad tras brillantes palabras y sagaces puestas en escena. Nombra constantemente un honor que no tiene y que, además, está dispuesto a pisotear o mancillar el de quien defiende el propio. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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