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Biografía de Luis Cernuda e introducción a los poemas de La realidad y el deseo

Biografía de Luis Cernuda e introducción a los poemas de La realidad y el deseo

Poemas, obras y biografía completa de Luis Cernuda, creador de La realidad y el deseo con reproducción de algunos poemas suyos.

Si, en la actualidad, Luis Cernuda es, quizá, el poeta en español del siglo XX no solo más leído y referenciado, sino que, también, el más admirado e influyente, eso no quita para que su obra, en vida, estuviera exenta de una gran dosis de incomprensión.

Introducción a la obra de Luis Cernuda

La muerte está a favor del gran poeta. Cernuda sabía desde muy pronto, casi desde sus comienzos, que sus lectores no habían nacido aún, que sería un hermano del futuro el que entendería su obra y comprendería su verdad última. Y a ese poeta o lector fue dedicado un buen puñado de memorables versos de La realidad y el deseo, el título bajo el que fue reuniendo sus sucesivas obras completas. Ahora ya estamos en el futuro del poeta. Ya muerto sigue vivo entre nosotros; mucho más vivo, comprendido y estudiado de lo que fue en vida. Pero empecemos a fondo y por el principio…

La compleja personalidad de Luis Cernuda

Fue un hombre esencialmente contradictorio, difícil en el trato, celoso (en el fondo) de su interioridad y de su pensamiento. A pesar del carácter biográfico de toda su obra, a veces, es difícil entrever sus heterodoxas ideas que, tanto del mundo como de las costumbres de los hombres, se fue paulatinamente forjando.
Irascible, culto, refinado, educado y susceptible al máximo, se granjeó no pocas enemistades. Al tiempo, también supo amar a aquellos amigos de su círculo más íntimo y próximo que podían corresponderle con un cariño sincero. Interiorizó desde muy joven que una persona como él, sensible y desprovista de la piel necesaria para enfrentarse a las fealdades cotidianas, estaba destinada a ser excluida de las glorias del mundo. Aceptó desde el inicio de su escritura el camino de la más absoluta soledad y a ella se entregó para hacer, no una forma de existencia, sino toda una declaración de principios. Y todo ello revestido con formas y maneras de un dandi sureño.
Luis Cernuda fue apenas comprendido en su época y rozando el final de su vida, unos cuantos poetas, que luego iban a dominar el panorama literario en nuestra lengua, hizo del exiliado el espejo en el que mirarse. Se convierte así, a los ojos de toda una generación, en un maestro. Pero esas mieles no las disfrutó en vida aunque, al día de hoy, sea considerado uno de los mejores poetas modernos de las letras hispánicas.

Los temas en la obra de Luis Cernuda: la búsqueda de la verdad

Cernuda fue un auténtico sacerdote de la poesía (recordemos Desolación de la Quimera). Llevó una vida consagrada a su escritura, a su verdad íntima que defendía contra todos aquellos que se atrevían a cuestionarla. “Yo solo he tratado, como todo hombre, de hallar la verdad, la mía, que no será mejor ni peor que la de los otros, sino solo diferente”. Y en esa búsqueda de la verdad íntima de un solo hombre es cuando encuentra la comunión con los demás hombres, quizás con los que aún no habían nacido.
Y es que Cernuda tuvo, en el fondo, un alto concepto de la misión humana, destinada a un más allá que nada tiene que ver con la realidad despiritualizada de la cotidianidad. El hombre devendría en una suerte de ser divino desgajado de un paraíso perdido que solo puede ser intuido a través del amor, la verdad o la poesía. El título que dio a su obra reunida ya nos habla del gran debate interior del poeta, que no es más que la lucha interna entre la realidad y el deseo. La temática de toda su obra se centra en esa gran batalla entre las cosas del mundo y el afán de transcendencia.
Si los grandes artistas están abocados a ser reflejo de los avatares de su tiempo, Cernuda lo fue en manera extrema. En su vida y en su obra se pueden leer todas las tragedias, contradicciones, horrores y también grandezas que sacudió el convulso siglo XX. Aunque atormentado por su homosexualidad, la tibia apertura (nada desde nuestra cosmovisión) que supuso la II República en España le permitió afrontar su opción vital con una dignidad sobresaliente. Los horrores de las guerras –primero la Civil Española y, luego la contienda internacional- le hizo abominar del hombre cuando en él actúa el animal que lleva dentro. Su elección por el exilio le arrastra a la más extrema de las soledades, aquella que no encuentra comunicación con los seres de su entorno. Las grandezas del mundo, el dinero, la gloria e, incluso, el bienestar casi no le interesaron. Dejemos hablar la voz del poeta…

Porque presiento en este alejamiento humano
Cuán míos habrán de ser  los hombres venideros,
Cómo esta soledad será poblada un día,
Aunque sin mí, de camaradas puros a tu imagen.
Si renuncio a la vida es para hallarla luego
Conforme a mi deseo, en tu memoria.


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Biografía de Luis Cernuda: los primeros años como poeta y Perfil del aire


…aprendiendo a decir…
Luis Cernuda Bidón nace en Sevilla el 21 de septiembre de 1902 en el seno de una familia acomodada y de costumbres conservadoras. Su padre, militar de alta graduación, impone una estricta disciplina castrense tanto a la esposa como a los hijos (Luis y sus dos hermanas mayores, nacidas en 1894 y 1895). La comunicación entre los distintos miembros de la familia parece que no fue muy fluida y la educación recibida en los primeros años fue la normal para un niño de clase media en el ambiente provinciano y mediocre de la época que le tocó venir al mundo. El poema “La familia” es un testimonio de desgarro emocional del que respiraban todos sus miembros. Aquí se expone la vida cotidiana del clan llevada casi sin piedad para los demás y, lo que es peor, para uno mismo.
En el otoño de 1919, con apenas diecisiete años, ingresa en la Universidad de Sevilla donde se matricula en Derecho. Parece que detrás de la elección de la carrera prevalecen más los planes familiares a los que Cernuda, en ningún momento, se opuso, que las preferencias del joven Luis. En su temprano interés por la literatura, en general, y por la poesía en particular, encontramos una de esas afortunadas casualidades con las que se escribe la historia. Esta casualidad fue el ingreso en la universidad de nuestro poeta al tiempo que es nombrado Catedrático de Historia de la Lengua y la Literatura a Pedro Salinas. Este fue profesor durante el primer curso profesor de un tímido Cernuda quien, a través de un tercero, hizo llevar sus versos al veterano poeta.  Salinas, percatado del talento, no solo le alentó hacia el camino de  la escritura sino que, además, lo invitó a las tertulias periódicas que organizaba en su casa.
Es en estos encuentros literarios donde nuestro poeta entra en contacto con Higinio Capote, José María Montes o Joaquín Romero Murube.  Además de leer sus versos en público, fue animado a estudiar y repasar los grandes clásicos de la literatura española (Garcilaso, Fray Luis de León, Góngora, Lope, Quevedo o Calderón) así como autores de la literatura moderna. Los simbolistas franceses (Baudelaire, Mallarmé, Rimbaud, Proust, Reverdy y, especialmente, André Gide) son sus lecturas diarias. En este último encontró Luis Cernuda, si no un referente poético, sí uno vital al abrir, con sus versos, el camino para la aceptación de su homosexualidad. Fueron estos escritores sus primeras referencias literarias, las cuales se unieron al bagaje elemental adquirido en la escuela y a la profunda impresión causada por los versos del romántico Bécquer.
Licenciado en 1925 y tras la muerte de su padre (ocurrida cinco años antes, dejando a la familia en la más absoluta bancarrota), Luis Cernuda se encontró con la tesitura de qué hacer con su vida. Sin mucha convicción se dedicó a estudiar oposiciones para Secretario del Ayuntamiento de Sevilla, pero seguramente esto lo hizo para contentar a su madre y ya tendría en mente dedicarse, de alguna manera u otra, a la poesía.
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Perfil del aire


Los primeros versos conservados de Cernuda datan de 1922, aunque la mayoría de esta fecha fueron destruidos por el poeta. Los que no fueron entregados a la destrucción, junto con otros escritos realizados entre 1925 y 1925, formaron su primer libro,  Perfil del aire. Fue publicado por mediación de Pedro Salinas en la imprenta Sur de Málaga en 1927, como cuarto suplemento de Litoral. La obra fue duramente rechazada y los críticos vieron en ella, o bien, una mera imitación del estilo del vallisoletano Jorge Guillén, o bien, una obra anacrónica fuera de los cánones que la modernidad imponía.
Perfil del aire es un libro melancólico donde prevalece el deseo frustrado del adolescente sobre las imposiciones de la realidad exterior, pero ya nos muestra el conflicto primordial, el nudo gordiano del poeta: ese choque con la realidad frente a la búsqueda de belleza. En esta obra, la soledad, la indolencia y el amor primero tienen como símbolo la ventana o la habitación cerrada, trasunto de la claustrofobia anímica que el poeta sentía en esos momentos.

Luis Cernuda y los poetas de la Generación del 27

Otro de los acontecimientos que ahondaron en su descreimiento de la buena fe de aquellos que conformaban el panorama literario fue el conocido encuentro en honor de Góngora auspiciado por el torero Ignacio Sánchez Mejías y celebrado en el Ateneo de Sevilla durante el invierno de 1927.
Las conferencias y charlas que se mantuvieron durante aquellos días fue recogida en la revista Litoral y se hizo casi una declaración de principios. Se pretendía no solo una revisión de la literatura clásica española aceptada académicamente sin más, sino también una ruptura con la poética modernista que había devenido en una parodia de sí misma. Paralelamente se revisa la explosión de los ismos vanguardistas con toda su confusión de manifiestos y se pone énfasis en el abandono del tardo romanticismo con su fuerte impronta melancólica.
Fue, en definitiva, un encuentro entre poetas diseminados por toda la geografía nacional que pretendían hacer algo diferente de lo que se venía haciendo hasta entonces, pero cada uno por su lado y sin apenas comunicación entre ellos, por lo que el homenaje sirvió de impulso de sus respectivas poéticas más que para otra cosa.
De aquí salió una moderna poesía que recogía las teorías expuestas por Jean-Paul Sartre sobre la literatura comprometida, a la par que se daba entrada a las corrientes surrealistas llegadas, también, de Francia. En definitiva, se hace un esfuerzo consciente por abandonar la poesía pura, cuyo más alto exponente era Juan Ramón Jiménez, para adentrarse en terrenos nuevos.
Todo muy interesante y, además, sabiendo que se estaba escribiendo la historia, pero al evento Luis Cernuda no fue invitado. Se cierra así una de las paradojas del mundo del arte, ya que, de todo ese grupo de poetas que luego devino en llamarse Generación del 27, Luis Cernuda es hoy en día su miembro más reconocido y admirado, el más leído, el que ha trascendido las anécdotas de la historia para convertirse en un clásico… Y, sin embargo, no aparece en la “foto de familia”.
A pesar de este “desplante”, las revistas literarias de la época (Verso y Prosa de Jorge Guillén,Carmen de Gerardo Diego, Litoral de Prados y Altolaguirre o la Revista de Occidente) abrieron sus páginas para que el joven Luis Cernuda siguiera publicando sus versos.
Tras la aparición de Perfil del aire, un hecho familiar se convierte en trascendental: el fallecimiento (por septicemia) de la madre del poeta en 1928. Aunque las relaciones madre-hijo no eran todo lo buenas que se esperaban, Luis Cernuda sintió tristeza a la par que alivio al verse liberado de ataduras familiares. En los siguientes meses, los pocos bienes que dejaron los padres fueron vendidos y repartidos entre los hermanos. Se queda, entonces, nuestro poeta sin ninguna obligación para permanecer en Sevilla, una ciudad que lo atosigaba y asfixiaba.
Luis Cernuda sale de su ciudad natal, a la que no regresa jamás, el 4 de septiembre de 1928. Su destino es Madrid, aunque antes decide pasar unos días en Málaga con los directores deSur, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre. Es aquí donde ve por primera vez el mar y esa primera impresión se queda para siempre grabada en su espíritu y en su recuerdo. Con esta salida se inicia un largo periplo de ciudad en ciudad, de país en país, de continente en continente.
Durante 1927 y 1928 se dedica a escribir Égloga, Elegía, Oda entrenándose y estrenándose en el poema largo, a la manera y bajo la inspiración de la Égloga II de Garcilaso de la Vega. En Madrid visita y alterna con algunos poetas de su generación mientras espera la confirmación de un prometido puesto de lector en la Universidad de Toulouse. Comienza, así, una nueva etapa en su vida, aquella que le pone en contacto directo con la cultura vanguardista del país galo, el surrealismo, el jazz y el cine.

Luis Cernuda y el surrealismo, la vida en Europa

… cuando el poeta comienza a decir lo que ama…
La estancia en Toulouse dura siete meses y es en tierras francesas donde se consolida su gusto por el cine. Veía en las aventuras, en las poses y en la elegancia física de los protagonistas de la gran pantalla, la belleza que no encontraba en el mundo. Y es, precisamente en París donde se convierte en uno de los espectadores de la primera película sonora de la historia. Serían el cine, la música y, sobre todo, la corriente artístico-intelectual que, surgida a partir de las interpretaciones del inconsciente de Freud, las fuentes de inspiración tanto de Luis Cernuda como del resto de los artistas de la época.
Cernuda fue, quizás, el único poeta español que conocía directamente la poesía de los surrealistas franceses, a los que leía en su lengua original: Bretón, Aragón, Crevel, Elouard… Y fue durante estos meses de estancia francesa cuando comenzó a escribir la primera de sus obras de inspiración surrealista: Un río, un amor.
La estética del surrealismo se centra, sobre todo, en un deseo de automatismo. Se intenta crear obras de arte dejando a un lado cualquier atisbo de razón o de pensamiento. Querían llegar, como si de una hipnosis se tratara, directamente al inconsciente para poder, así, expulsar todos los demonios. A través de flashes, de la expresión directa de las imágenes oníricas y de los recuerdos sin conexión querían alcanzar la esencia de la psique humana.  Para hacer esto había que abandonar cualquier convención moral o social. En definitiva, el creador debía ser, si cabe, más que libre que nunca. La idea de expulsar los demonios fue bastante querida para el entonces atormentado Cernuda aunque, como los poetas españoles que se unieron al movimiento, el surrealismo en él tiene un carácter diferente. Su tono, en general, es mucho más intelectual y calculador, rozando el automatismo pero sin penetrar de lleno en él. Utiliza, por ejemplo, el verso libre pero se amolda al ritmo del endecasílabo. Juega con las palabras pero sin llegar al deconstrucción aleatoria.
De esta época es Un Río, Un Amor (publicado en 1930), el relato El indolente (1929) y Los placeres prohibidos (1931). En esta última obra las ideas surrealistas están ya depuradas y se eleva el tono lírico del poeta. Fue escrita a raíz del primer gran desengaño amoroso, al parecer, con Serafín Fernández Ferro y en él confiesa ya sus inclinaciones eróticas.

La estética del dandi en Luis Cernuda


Esta rebeldía contra las normas sociales, que coincide con la máxima adscripción de Luis Cernuda al movimiento surrealista, es también pareja a lo que Luis Antonio de Villena ha dado en denominar la estética del dandi. Adriano del Valle en 1934 nos describe al poeta por aquellos años y nos da una idea de su particular modo de vestir y de comportarse, que no era nada más que una forma de señalarse, de mostrar su peculiaridad y de distanciarse, a la vez, de lo vulgar.

Ya entonces usaba monóculo y este pormenor de elegancia centroeuropea trasnochada acentuaba aún más la estricta corrección de sus finos modales suntuarios. Porque la creencia usual es la que no es posible proceder incorrectamente al observar el mundo a través del cristal inquisitivo del monóculo, ese especie de Ojo de la Divinidad venido a menos, que todo lo presidía en él, desde su traje de corte impecable, a su corbata cuidadosamente elegida, con visos de claro de luna; desde sus guantes amarillos, como desinfladas manos de dioses mutilados, al acharolado nocturno de sus zapatos. (1)

Tal como señala Luis Antonio de Villena(1), esta estética no es fortuita ni superflua sino que se corresponde con una manera de ver y afrontar la vida identificada con la actitud del dandi. El dandismo fue acuñado por primera vez por Barbey en 1861 en su obra Du dandysme et Georges Brummell. Es aquí donde se señala que es una manera de ser que exalta, sobre todo,la individualidad y la rebeldía a través de la ropa y el comportamiento en sociedad. Es una ética que se manifiesta en la apariencia y cuyo trasfondo es un rechazo frontal a todo lo vulgar y normalizado, aunque esa vulgaridad y esa normalización se encuentran en la supuesta élite social.
El dandi, como el poeta, se sabe único y, por tanto, abocado a la soledad. Lo importante para el dandi, como para el poeta, es la belleza. Y para señalar esta diferencia (el carácter visionario de quien es capaz de ver en el revés de las cosas) se autoimpone ese código estrafalario y extravagante a las miradas ajenas. El dandi se identifica con el ángel caído, con el que se precipita en las tinieblas a espetarle a Yahvé “non serviam”. El dandismo es, en definitiva, una estética de rebeldía que Luis Cernuda adoptó coincidiendo con la máxima adhesión al surrealismo, cuando las crisis personales y los fracasos amorosos comenzaban a minar el ánimo del poeta.

Luis Cernuda durante la II República y las Misiones Pedagógicas

Al volver a Madrid, tras su paso por la Universidad de Toulouse, Luis Cernuda comienza a trabajar en la librería de Sánchez Cuesta, empleo que abandona en 1931 para unirse, al comenzar la II República, a las Misiones Pedagógicas. Si bien fue siempre un convencido demócrata, no militó en ningún partido. Su personalidad rebelde le impedía acatar cualquier consigna por muy convencido que estuviera de ella. Aun así, su labor en las Misiones parece que le entusiasmó y el contacto con la penosa y lamentable situación en la que se encontraba la gran mayoría del pueblo español en aquella época tuvo que influirle de alguna manera.  En un principio su trabajo parece que era meramente administrativo. Debía proveer de una mínima biblioteca de clásicos por cada pueblo perteneciente al proyecto. Pero pronto se involucró más aún y pasó a formar parte del equipo dedicado a recorrer las aldeas con unaserie de pinturas clásicas españolas que Cernuda se encargaría de comentar a la tímidaparroquia de analfabetos que se acercaban a ese novedoso e insólito proyecto.

Donde habite el olvido


Por aquella época escribe los poemas de Donde habite el olvido que, aunque con algunas influencias del surrealismo, vuelve a retomar el legado de Bécquer, de uno de cuyos versos acoge prestado el nombre para el  título. La obra aparecerá publicada en 1934 impresa por su amigo Altolaguirre.
En esta época Luis Cernuda no solo se empapaba de literatura romántica española sino que también descubre a Hölderlin, otro clásico de huella indeleble en su poesía. Traduce la obra del alemán y en ella encuentra no solo un mundo que le satisface (el de los dioses y la mitología pagana) sino también una forma de decir sobre la que irá ahondando progresivamente. Es en los escritos de Hölderlin donde se entrena en la nueva forma de expresión más discursiva y, por tanto, alejada del tono lírico y brillante tan común en la poesía española. Se encuentra con una poesía cercana a los modos y maneras de la narrativa libre de elementos rebuscados y metáforas hueca. El sustrato del alemán se hace sentir sobre todo en Invocaciones a las gracias del mundo (1934-1935).
Es ahora cuando Luis Cernuda utiliza de lleno, sin empacho alguno, una lírica de tintes demoníacos haciéndose uno con el carácter rebelde del ángel caído que no teme a la soledad y la muerte.  El poeta, cuyos deseos chocaban frontalmente con la realidad y sus imposiciones, no podría haber encontrado un filón mejor para la descripción de esto otro lado de la existencia.

Luis Cernuda y la Realidad y el Deseo, la época de madurez literaria


… cuando el poeta sabe que quiere decir realidad y deseo…
La realidad y el deseo salió publicado en 1936 por la editorial Cruz y Raya. Aquí se reunieron sus dos libros anteriores Perfil del aire (retitulado Primeras poesías) y Donde habite el olvido a las que sumaron los inéditos  Égloga, Elegía, Oda; Un río, un amor; Los placeres prohibidos eInvocaciones. Esta vez, la obra fue saludada con reseñas elogiosas (desde los amigos Altolaguirre o Salinas hasta Juan Ramón Jiménez) y recibida con fervor entre el círculo de allegados de Cernuda.
Al acto de presentación (21 de abril de 1936) asistieron Alexaindre, Alberti, Altolaguirre, Concha Méndez, Concha de Albornoz, María Teresa León, Rosa Chacel, Delia del Carril, Guillén, Gerardo Diego, Neruda, Arturo Serrano Plaja, Salinas, Bergamín, Moreno Villa… El brindis corrió a cargo de Federico García Lorca que en un arrebato de entusiasmo lanza:

…un vítor de fe en honor del gran poeta del misterio, delicadísimo poeta Luis Cernuda, para quien hay que hacer otra vez, desde el siglo XVI, la palabra divino, y a quien hay que entregar otra vez agua, juncos y penumbra para su increíble cisne renovado.


Las cosas empezaron a encauzarse por buen rumbo para el poeta aquella primavera, pero, para el verano, todo el país se encontraría involucrado, de una manera u otra, en los horrores de la guerra y las prioridades, por supuesto, serían otras bien distintas.

Luis Cernuda durante la Guerra Civil Española


En otoño, Luis Cernuda permaneció en Madrid donde, al parecer, trabajó en un programa de radio dedicado a levantar la moral de los combatientes y hacia finales de noviembre se alista en el Batallón Alpino, para posteriormente ser enviado a la Sierra de Guadarrama donde permaneció hasta enero de 1937.
Los detalles de esta incursión como militar no se conocen demasiado bien, lo mismo que las razones que le impulsaron a trasladarse a Valencia en abril de 1937 donde colabora con la revista Hora de España y publica algunos poemas de su nuevo libro, Las nubes, con el que comienza su segunda etapa poética.
Cernuda lee, por entonces, a Leopardi y el desencanto y los sucesivos desencuentros con sus contemporáneos harán que se vaya acentuando su acritud hacia el mundo. Vagas ideas suicidas empiezan a rondar por su cabeza y se transparenta en sus escritos. Este estado de ánimo se deja entrever en su famosa “Elegía a un poeta muerto (F.G.L.)”, escrita a raíz del asesinato de Federico García Lorca. Aquí Luis Cernuda da una visión poco convencional y políticamente incorrecta de la guerra, denunciando la crueldad de ambos bandos y habiendo pública su particular visión del pueblo español:

[…]
Leve es la parte de la vida
Que como dioses rescatan los poetas.
El odio y destrucción perduran siempre
Sordamente en la entraña
Toda hiel sempiterna del español terrible,
Que acecha lo cimero
Con su piedra en la mano.
Triste sino nacer
Con algún don ilustre
Aquí, donde los hombres
En su miseria sólo saben
El insulto, la mofa, el recelo profundo
Ante aquel que ilumina las palabras opacas
Por el oculto fuego originario.
[…]


El invierno de 1937-38 lo pasó componiendo una obra teatral a la que titulaba El relojero. Fue dada a conocer al público tras la muerte del poeta, en 1985, por Octavio Paz bajo el título La familia interrumpida. El texto es una ácida sátira de la institución familiar y de sus valores. Debió estar terminada para febrero de 1938 cuando, gracias a la intervención de un amigo inglés, Cernuda parte rumbo a Londres. Tenía la intención de dar una serie de conferencias sobre literatura española y sobre la dura realidad de España de aquellos momentos y regresar una vez concluido el encargo. Esa fue su intención porque las conferencias no llegaron a celebrarse. Y el poeta jamás volvería a pisar suelo español.

La vida de Luis Cernuda en el exilio: Europa y América

… el decir del exilio…
Hasta julio de 1938 estuvo Cernuda malviviendo en la capital inglesa, dando apenas unas cuantas charlas entre los estudiantes de español de la Universidad de Londres. Ese mismo verano, tras pasar por París, intenta regresar a España. La barbarie de la guerra y las noticias que recibe, con el avance del bando nacional, le hacen desistir del intento y se vuelve de nuevo a Inglaterra.
La primera parada es Surrey, con un contrato como profesor en el Cranleigh School. Sigue Glasgow (1939-1943), la exquisita Cambridge (1944) para terminar en 1945 en el Instituto Español de Londres. Fue esta una época bastante triste para Cernuda. Estuvo estos años prácticamente aislado en un país extraño, lluvioso, frío (acostumbrado al sol de Sevilla), teniendo que manejarse en una lengua desconocida, sin compañía, sin recursos… Además sufriendo las restricciones de la II Guerra Mundial. Pero este ir y venir junto con las horas en soledad sirvieron al poeta para ahondar en los grandes de la literatura inglesa.
Si bien durante esta época escasea de toda, Luis Cernuda tuvo a su disposición magníficas bibliotecas universitarias. Entra en contacto con la tradición literaria inglesa a la que se acerca en la lengua original comenzando, al tiempo, a traducir al español. Descubre toda una escuela afín a su forma de entender poético: los metafísicos.
Se deja seducir por Blake, Wordsworth, Hopkins, E. Dickinson, Yeat y, sobre todo, Eliot. Son los poetas meditativos, los que anteponen el pensamiento a la pasión en la escritura. En ellos encontró no solo los modos del decir sino también una escritura contenida cercana al lenguaje hablado. A partir de ahora Luis Cernuda se decanta por una expresión sobria, contundente, directa y, al tiempo, revestida de una fuerza tal que atrapa al lector inmediatamente. Pero dejemos al poeta hablar:

Creo que fue Pascal quien escribió: “no me buscarías si no me hubieras encontrado”; y si yo busqué aquella enseñanza y experiencia y experiencia de la poesía inglesa fue porque ya la había encontrado, porque para ella estaba predispuesto. Aprendí a evitar, en lo posible, dos vicios literarios que en inglés se conocen, uno, como pathetic fallacy (creo que fue Ruskin quien lo llama así), lo que pudiera traducirse como engaño sentimental, tratando de que el proceso de mi experiencia se objetivara, y no deparase solo al lector su resultado, o sea, una impresión subjetiva; otro, como purple patch o trozo de bravura, la bonitura y lo superfino de la expresión, no condesciendo con frases que me gustaran por sí mismas y sacrificándolas a la línea del poema, al dibujo de la composición […] Algo que también aprendí de la poesía inglesa, particularmente de Browning, fue el proyectar mi experiencia emotiva sobre una situación dramática, histórica o legendaria […] para que así se objetivara mejor, tanto dramática como poéticamente.


 En Historial de un libro
Pero de Browning aprendió algo más: el monólogo dramático.
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Segunda época poética: Las nubes y Como quien espera el alba


Inglaterra fueron horas de soledad. Aprovechadas al máximo por el poeta quien terminó Las nubes, iniciado en España en plena guerra y liquidó no solo Como quien espera el alba sino también la primera edición de Ocnos.
Con Las nubes comienza la segunda etapa. Su poesía adquiere ese tono personal e inconfundible, único y original que supieron ver los poetas de las generaciones siguientes. La sensualidad y la pasión aquí están mucho más contenidas. Las nubes es un libro sobrio, más reflexivo y meditativo que los anteriores.
La segunda edición de La realidad y el deseo apareció, a pesar de las circunstancias tan adversas, en Madrid en 1940, publicada por la editorial Séneca y en ella se incorporaban los versos de Las nubes. De este libro, además, se hizo una edición separada en 1943 en Buenos Aires en la colección Rama de Oro, dirigida por Rafael Alberti. Esta edición pirata, contrariamente a lo que se esperaba del carácter de Luis Cernuda, llenó de orgullo al poeta. Este interés, ni que decir tiene, abría un resquicio para que su obra pudiera escaparse de la nebulosa del tiempo. Hecho éste, ya por aquellos años, empieza a ser objeto de obsesión.
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Ocnos, libro en prosa poética


La primera edición de Ocnos fue publicada a expensas del poeta en 1942 en Oxford y a instancias de  Joan Gil. Es este un libro, propiciado por la distancia y el exilio, que enlaza con el tono melancólico presente en sus primeras poesías. El protagonista, Albanio, es el trasunto, alter-ego, del poeta y las pequeñas prosas del libro se empapan del recuerdo de un paraíso perdido que Cernuda sitúa en su Sevilla natal. Ocnos se convierte en un mito cuya finalidad es el consuelo por la pérdida tanto del espacio (la tierra de la inocencia) como del tiempo (las horas de juventud). 

Como quien espera el alba

Era el final de la II Guerra Mundial cuando se embarca en la composición de Como quien espera el alba. El poeta se llena de esperanzas por el fin de las hostilidades pero, a la vez, el libro está claramente influenciado por las lecturas de Kierkegaard y su meditación sobre la existencia humana y de la Biblia. En esta obra, una vez más, se reflejan todas sus contradicciones vitales que pueden resumirse en la alegría por la belleza del mundo contra el nihilismo destructor del hombre.
El libro, incluido en la tercera edición de La realidad y el deseo, fue además publicado como volumen suelto en 1947 en Buenos Aires. Ese verano, además, Luis Cernuda se encuentra enfrascado en un nuevo cambio en su vida: el traslado a Estados Unidos. Su amiga Concha de Albornoz le había escrito desde Mount Holyoke College, Massachusetts, donde ella impartía clases. Se le daba la oportunidad de trabajar como profesor en el departamento de español. En septiembre, el poeta estaría instalado en este colegio para mujeres, ganando un sueldo decente y rodeado de una abundancia material desconocida para él hasta entonces.
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Variaciones sobre tema mexicano


También en ese año Luis Cernuda visita, por vez primera, México, cuya cálida acogida mezclada con las suaves voces de español hicieron las delicias en el ya espíritu atormentado del poeta. El país, en este primer contacto, deviene en otra de sus obsesiones. Gracias a la sencillez vital de sus habitantes y al clima (odiaba el frío, la humedad y la nieve) en una nueva Arcadia, en un sustituto mejor si cabe de su Andalucía perdida. Fruto de esas impresiones es su segundo libro en prosa Variaciones sobre tema mexicano, publicado en 1952 por la editorial Porrúa y Obregón en México capital. En él Luis Cernuda da rienda suelta, de nuevo, a la sensualidad materializada en esa manera de vivir profundamente anclada en el espíritu que creía reconocer en las formas del pueblo mexicano.

Vivir sin estar viviendo


En Mount  Holyoke College trabaja en un nuevo libro: Vivir sin estar viviendo. Aunque la conciencia del paso destructor del tiempo la había tenido desde siempre, es ahora cuando se agudiza y profundiza, convirtiéndose en una constante cíclica en su obra. Y no serán solo las horas y los días los que se apoderen de las emociones del poeta sino también el recuerdo y el olvido (que no es más que la ausencia de tiempo) los que padece como una especie dedesdoblamiento. Por un lado, al poeta se le presenta el mundo tangible y cotidiano y, por otro, el soñado e ideal donde habitan el arte, la poesía y la belleza.
Es este mundo el que intenta aprehender y describir no solo porque, para el poeta, representa la perfección, sino también porque en él no pasa el tiempo. El mundo del arte es eterno. El poeta puebla este mundo con los seres que adora: con los bellos muchachos de torso desnudo, con una naturaleza ordenada, con jardines silenciosos y con su más íntima verdad. Es aquí donde deposita todas sus esperanzas de eternidad, la cual solo se puede alcanzar con la pervivencia de su obra poética.
En definitiva, lo que le atormenta es que “el acorde” (así denominado por el poeta) entre uno y otro lado no pueda ser posible. El poeta se ve en un lado que se le antoja casi sagrado. Habla desde ese otro lado. Escribe sobre ese otro lado. Pero, en lo más profundo de su espíritu, sabe que apenas puede rozarlo con la punta de los dedos. En esta tesitura, para Luis Cernuda, la (su) poesía tiene la alta misión de encarnar la belleza efímera, de dejar fijado el instante y de servir de puerta hacia el otro lado donde habita la trascendencia.

Luis Cernuda, traductor de Troilo y Crésida de Shakespeare

También en Estados Unidos termina la traducción de Troilo y Crésida de Shakespeare iniciada en Inglaterra y publicada finalmente en 1953 en la editorial Ínsula. Cernuda se embarca en la tarea de traductor llevado por una confesada labor de servicio a ese hermano lector de poesía. Es un trabajo de divulgación que debe acometer el poeta porque es este el que tiene en sus manos los rudimentos y entresijos del divino arte de la poesía.
Troilo y Crésida es una obra rara en el corpus de Shakespeare. Se inscribe en el grupo de las denominadas comedias problemáticas (problem plays). Resbala peligrosamente por el camino de la tragedia. Al contrario que Romeo y Julieta (cuyo amor es imposible por imposición social) en Troilo y Crésida los problemas están dentro de los protagonistas. En ellos anidan la insatisfacción, la traición y las dudas que impiden la culminación de su pasión. Son, en definitiva, amantes que no están a la altura del amor. Es una obra donde planea la imposibilidad del amor. Y no porque el amor no satisfaga los deseos del hombre sino porque los seres humanos son seres imperfectos.

Las últimas obras de Luis Cernuda y su experiencia en México

… diciendo la luz de México…

Con las horas contadas y Poemas a un cuerpo


Entre 1950 y 1956 escribe con Las horas contadas y el pequeño apéndice inserto en el libro,Poemas a un cuerpo. Aunque iniciada en Estados Unidos, la termina en México donde se muda en septiembre de 1952. Hasta allí llega buscando la alegría, la luz, una sociedad más espiritualizada que la estadounidense de entonces pero también en pos de un amor mexicano que conoció en las vacaciones del año anterior.
El destinatario de esta nueva pasión es un joven culturista llamado Salvador Aligheri. Tras una breve estancia en Cuba donde entra en contacto con José Lezama Lima y los que hacían posible la revista Orígenes, Luis Cernuda ya ha decidido que los últimos años de su vida los pasará en México. Sin trabajo a la vista pero con la fuerza del amor, de nuevo, instalada en su corazón, se muda al centro de la capital.
Muy pronto encuentra trabajo en la Universidad Nacional Autónoma de México como profesor y al año se muda con Concha Méndez, su hija Paloma y los niños de ésta a Cayoacan, a las afueras. Esta sería su familia, la que nunca tuvo. El jardín y el silencio de la casa fue un bálsamo grato para el atormentado espíritu del poeta. La luz y el carácter del pueblo mexicano harían el resto para un tímido renacer vital que se vislumbra en Con las horas contadas y, sobre todo, en los sensuales y eróticos Poemas a un cuerpo. Ya poco importaba al poeta, y a ello iba a consagrarse, era el amor mismo y la belleza física del amado.

Los estudios de crítica e investigación literaria


Gracias a la intervención de su amigo Octavio Paz, el Colegio de México le ofreció una pequeña beca para que llevara a cabo estudios de investigación literaria, trabajo grato al poeta. Su primer volumen fue Estudios sobre poesía española contemporánea que redactó bastante rápido, ya que tenía sus propios apuntes entresacados de sus clases de literatura. Estos pequeños artículos fueron publicados de manera independiente y periódica en el suplemento cultural y semanal Novedades del diario México en la cultura y como libro apareció en 1957 en España. Fue un estudio polémico por los juicios poco elogiosos, y poco convencionales también, ejercidos contra poetas consagrados de la talla de Juan Ramón Jiménez o Pedro Salinas.
El segundo estudio fue Pensamiento lírico en la poesía inglesa (siglo XIX), publicado en México por la UNAM en 1958, de tono menor que el anterior.
Sus libros más logrados de crítica literaria fueron, sin duda, Poesía y literatura publicado en 1960 y Poesía y literatura II, aparecido póstumamente. Aquí hace un repaso a todos aquellos poetas que le han influido o condicionado de alguna manera, erigiéndose estas páginas en homenaje cabal a San Juan de la Cruz, Galdós, Goethe y Höderlin, Gide, Yeats, Rilke… Para Luis Cernuda la actividad del crítico (como la del traductor) no podía estar desligada del poeta.
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Los últimos días de Luis Cernuda en México: Desolación de la Quimera

Es en 1958, cuando aparece la tercera edición de La realidad y el deseo, la última que vería impresa el poeta. Aquí se incluyen los libros Como quien espera al alba, Vivir sin estar viviendo y Con las horas contadas.
Su vida transcurría con extrema sencillez. Apenas visitaba a nadie, llevaba una cotidianidad modesta en casa de la familia de Concha Méndez. Era el tío Luis de los niños. Daba clases en la Universidad. Iba al cine. Y se preparaba para el adiós.
Ese adiós se llamaría Desolación de la Quimera, escrito entre 1952 y 1962, obra cumbre de las letras hispánicas. El título lo toma de un verso T.S. Eliot. Luis Cernuda intuía su final y parece que se empeñó en dejar recogido una especie de testamento literario. En Desolación de la Quimera deja plasmado no solo sus cariños y quereres (amigos o los jóvenes de belleza divina) sino que también ataca con un lenguaje ácido, crítico y desapasionado a todos aquellos que han forjado “su leyenda”.

Los poemas de Desolación de la Quimera se alejan del distanciamiento buscado por Luis Cernuda y vuelve a poner el yo en primera línea. Deja el alma al descubierto, pero también el amargor vital, la agresividad hacia los suyos, el tormento y hasta el resentimiento. El tiempo pasado, la juventud ida, la vida no vivida y, sobre todo, su dedicación casi sacramental a la poesía se erigen en los temas centrales de su último libro. Y para muestra un botón entresacado de “A sus paisanos”:

[…] Si queréis
Que ame todavía, devolvedme
Al tiempo del amor, ¿Os es posible?
Imposible como aplacar ese fantasma que de mi evocasteis.

Es precisamente cuando su obra comienza a tener repercusión entre los poetas jóvenes cuando Cernuda siente más temor por la supervivencia de la misma. Duda de todo y el lenguaje reposado y aparentemente conciliador con el mundo de Con las horas contadas se vuelve amargo y cruel. Pero, no por ello, desprovisto de una belleza y armonía hasta entonces inusitada en la poesía española.
En el verano de 1960 un último lugar le esperaba: la Universidad de Los Ángeles. Aquí acude como invitado por el joven profesor Carlos Pelegrín-Otero que, entonces, preparaba una tesis sobre su obra. Paralelamente la revista valenciana La caña gris le prepara un homenaje aparecido en 1962 y coordinado por Jacobo Muñoz. A éste habría que sumar el ya realizado por la cordobesa Cántico en 1955. 
En La caña gris participaron Derek Harris, María Zambrano, José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma y Francisco Brines. El número llegó a manos de Luis Cernuda en 1962: “Ha sido mi primera satisfacción entera como escritor. No es solo cuestión de vanidad personal, de la que tengo, cómo no, mi dosis; sino de verme al fin comprendido enteramente. Gracias”. Así se sinceraría con el coordinador Jacobo Muñoz por carta desde Los Ángeles.
En junio de 1963 Luis Cernuda regresa a México tras su estancia en la Universidad de Los Ángeles, hastiado de casi todo y con ganas de reunirse con los que él consideraba su familia (Concha, Paloma y los tres niños). Vuelve para morir en el país que amó como ninguno. El estado de ánimo del poeta puede transparentarse en estas líneas dirigidas a José Ángel Valente tan solo unas semanas antes de su fallecimiento: “…ninguna ganas tengo de escribir. La broma ya duró bastante y se aburre uno de tenerlo todo en contra”.
Luis Cernuda amaneció muerto en su habitación el 5 de noviembre de 1963.

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Carta a Vicente Núñez fechada el 12 de Abril de 1956 desde Cayoacán

 

A modo de conclusión

La poesía de Luis Cernuda es un claro referente para todos aquellos que, de una manera u otra, les piden a las palabras que se queden adheridas al alma. Estas palabras mías solo pretenden servir de acicate para un acercamiento a un creador de una profunda envergadura. Afortunadamente, hoy, el poeta está bien estudiado y documentado y, tal como era su deseo, al alcance del hermano futuro.

Obras de Luis Cernuda

  1. Perfil del aire, 1927, Málaga, Imprenta Sur.
  2. La invitación a la poesía, 1933, Madrid, Ediciones La Tentativa Poética.
  3. Donde habite el olvido, 1934, Madrid, Signo.
  4. El joven marino, 1936, Madrid, Ediciones Héroe.
  5. La realidad y el deseo, 1936, Madrid, Cruz y Raya/Ediciones del Árbol.
  6. Ocnos, 1942, Londres, The Dolphin.
  7. Las nubes, 1943, Buenos Aires, Colección Rama de Oro.
  8. Como quien espera al alba, 1947, Buenos Aires, Losada.
  9. Tres narraciones, 1948, Buenos Aires, Imán.
  10. Variaciones sobre tema mexicano, 1952, México, Porrúa y Obregón.
  11. Estudios sobre poesía española contemporánea, 1957, Madrid, Guadarrama.
  12. Poemas para un cuerpo, 1957, Málaga, Imprenta Dardo.
  13. Pensamiento poético en la lírica inglesa (siglo XX), 1958, México, Imprenta Universitaria.
  14. Poesía y literatura I, 1960, Barcelona, Seix Barral.
  15. Desolación de la Quimera, 1962, México, Joaquín Mortiz.
  16. Poesía y literatura II, 1964, Barcelona, Seix Barral.
  17. Crítica, ensayos y meditaciones, 1970, Barcelona, Seix Barral.
  18. Cartas a Eugenio de Andrade, 1979, Zaragoza, Olifante, ediciones de poesía.
  19. Cartas a Bernabé Fernández-Canivell, 1980, Zaragoza, Publicaciones Porvenir Independiente.
  20. Epistolario inédito, 1981, Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla.
  21. La familia interrumpida, 1988, Barcelona, Sirmio.
  22. Obra completa, 1993-1994, Madrid, Siruela.

Luis Cernuda y sus poemas de amor y deseo, una selección

No decía palabras

No decía palabras,Acercaba tan solo un cuerpo interrogante,Porque ignoraba que el deseo es una preguntaCuya respuesta no existe,Una hoja cuya rama no existe,Un mundo cuyo cielo no existe,
La angustia se abre paso entre los huesos.Remonta por las venasHasta abrirse en la piel,Surtidores de sueñoHechos carne en interrogación vuelta a las nubes.
Un roce al paso,Una mirada fugaz entre las sombras,Bastan para que el cuerpo se abra en dos,Ávido de recibir en sí mismoOtro cuerpo que sueñe;Mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,Iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.
Aunque sólo sea una esperanza,Porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.
De Los placeres prohibidos  (1931)

Si el hombre pudiera decir


Si el hombre pudiera decir lo que ama,Si el hombre pudiera levantar su amor por el cieloComo una nube en la luz;Si como muros que se derrumban,Para saludar la verdad erguida en medio,Pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sola la verdad de su amor,La verdad de sí mismo,Que no se llama gloria, fortuna o ambición,Sino amor o deseo,Yo sería aquel que imaginaba;Aquel que con su lengua, sus ojos y sus manosProclama ante los hombres la verdad ignorada,La verdad de su amor verdadero.Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguienCuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;Alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina,Por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,Y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espírituComo leños perdidos que el mar anega o levantaLibremente, con la libertad del amor,La única libertad que me exalta,La única libertad por la que muero.
Tú justificas mi existencia:Si no te conozco, no he vivido;Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
De Los placeres prohibidos (1931)

Te quiero

Te quiero.
Te lo he dicho con el viento,Jugueteando como animalillo en la arenaO iracundo como órgano tempestuoso;Te lo he dicho con el sol,Que dora desnudos cuerpos juvenilesY sonríe en todas las cosas inocentes;
Te lo he dicho con las nubes,Frentes melancólicas que sostiene el cielo,Tristezas fugitivas;
Te lo he dicho con las plantas,Leves criaturas transparentesQue se cubren de rubor repentino;
Te lo he dicho con el agua,Vida luminosa que vela un fondo de sombra;Te lo he dicho con el miedo,Te lo he dicho con la alegría,Con el hastío, con las terribles palabras.
Pero así no me basta:Más allá de la vida,Quiero decírtelo con la muerte;Más allá de la muerte,Quiero decírtelo con el olvido.
De  Los placeres prohibidos (1931)

[Adolescente fui…]


Adolescente fui en días idénticos a nubes,Cosa grácil, visible por penumbra y reflejo,Y extraño es, si ese recuerdo busco,Que tanto, tanto duela sobre el cuerpo de hoy.
Perder placer es tristeComo la dulce lámpara sobre el  lento nocturno;Aquél fui, aquél fui, aquél he sido;Era la ignorancia mi sombra.
Ni gozo ni pena; fui niñoPrisionero entre muros cambiantes;Historias como cuerpos, cristales como cielos,Sueño largo, un sueño más alto que la vida.
Cuando la muerte quieraUna verdad quitar de entre mis manos,Las hallarás vacías, como en la adolescenciaArdientes de deseo, tendidas hacia el aire.
De Donde habite el olvido (1932-1933)

A un poeta futuro


No conozco a los hombres. Años llevoDe buscarles y huirles sin remedio.¿No les comprendo? ¿O acaso les comprendoDemasiado?  Antes que en estas formasEvidentes, de brusca carne y hueso,Súbitamente rotas por un resorte débilSi alguien apasionado les allega,Muertos en la leyenda les comprendoMejor.  Y regreso de ellos a los vivos,Fortalecido amigo solitario,Como quien va del manantial latenteAl río que sin pulso desemboca.
No comprendo a los ríos. Con prisa errante pasanDesde la fuente al mar, en ocio atareado,Llenos de su importancia, bien fabril o agrícola;La fuente, que es promesa, el  mar solo la cumple,El multiforme mar, incierto y sempiterno.Como en fuente lejana, en el futuroDuermen las formas posibles de la vidaEn un sueño sin sueños, nulas e inconscientes,Prontas a reflejar  la idea de los dioses.Y entre los seres que serán un díaSueñas tu sueño, mi imposible amigo.
No comprendo a los hombres. Mas algo en mí respondeQue te comprendería, lo mismo que comprendoLos animales, las hojas y las piedras,Compañeros de siempre silenciosos y fieles.Todo es cuestión de tiempo en esta vida,Un tiempo cuyo ritmo no se acuerda,Por largo y vasto, al otro pobre ritmoDe nuestro tiempo humano corto y débil.Si el tiempo de los hombres y el tiempo de los diosesFuera uno, esta nota que en mí inaugura el ritmo,Unida con la tuya se acordaría en cadencia,No callando sin eco entre el mudo auditorio.
Mas no me cuido de ser desconocidoEn medio de estos cuerpos casi contemporáneos,Vivos de modo diferente al de mi cuerpoDe tierra loca que pugna por ser alaY alcanzar el muro del espacioSeparando mis años de los tuyos futuros.Solo quiero mi brazo sobre otro brazo amigo,Que otros ojos compartan lo que miran los míos.Aunque tú no sabrás con cuánto amor hoy buscoPor ese abismo blanco del tiempo venideroLa sombra de tu alma, para aprender de ellaA ordenar mi pasión según nueva medida.
Ahora, cuando me catalogan ya los hombresBajos sus clasificaciones y sus fechas,Disgusto a unos por frío y a los otros por raro,Y en mi temblor humano hallan reminiscenciasMuertas. Nunca han de comprender que si mi lenguaEl mundo cantó un día, fue amor quien la inspiraba.Yo no podré decirte cuánto llevo luchandoPara que mi palabra no se mueraSilenciosa conmigo, y vaya como un ecoA ti, como tormenta que ha pasadoY un son vago recuerda por el aire tranquilo.
Tú no conocerás cómo domo mi miedoPara hacer de mi voz mi valentía,Dando al olvido inútiles desastresQue pululan en torno y pisoteanNuestra vida con estúpido gozo,La vida que serás y que yo casi he sido.Porque presiento en este alejamiento humanoCuán míos habrán de ser los hombres venideros,Cómo esta soledad será poblada un día,Aunque sin mí, de camaradas puros a tu imagen.Si renuncio a la vida es para hallarla luegoConforme a mis deseos, en tu memoria.
Cuando en hora tardía, aún leyendoBajo la lámpara luego me interrumpoPara escuchar la lluvia, pesada tal borrachoQue orina en la tiniebla helada de la calle,Algo  débil en mí susurra entonces:Los elementos libres que aprisiona mi cuerpo¿Fueron sobre la tierra convocadasPor eso sólo? ¿Hay más? Y si lo hay ¿adóndeHallarlo? No conozco otro mundo si no es éste,Y sin ti es triste a veces. Ámame con nostalgia,Como a una sombra, como yo he amadoLa verdad del poeta bajo nombres ya idos.
Cuando en días venideros, libre el hombreDel mundo primitivo a que hemos vueltoDe tiniebla y de horro, lleve el destinoTu mano hacia el volumen donde yazcanOlvidados mis versos, y lo abras,Yo sé que sentirás mi voz llegarte,No de la letra vieja, más del fondoVivo en tu entraña, con un afán sin nombreQue tú dominarás. Escúchame y comprende.En sus limbos mi alma quizás recuerdo algo,Y entonces en ti mismo mis sueños y deseosTendrán razón al fín, y habré vivido.
De  Como quien espera el alba (1941-1944)

Aplauso humano


Ahora todas aquellas criaturas grisesCuya sed parca de amor nocturnamente satisfaceEl aguachirle conyugal, a escuchar tus versos,Por la verdad que exponen podrán escarnecerte.
Cuánto pedante en moda y periodista en ventaHumana flor perfecta se estimaron entoncesFrente a ti, así como el patán rudimentarioHasta la náusea hozando la escoria del deseo.
La consideración mundana tú nunca la buscaste,Aún menos cuando fuera su precio una mentira,Como bufón sombrío traicionando tu almaA cambio de un cumplido con oficial benevolencia.
Por ello en vida y muerte pagarás largamenteLa ocasión de ser fiel contigo y unos pocos,Aunque jamás sepan los otros que desvíoSiempre es razón mejor ante la grey.
Pero a veces aún dudas si la verdad del almaNo debiera guardarla el alma a solas,Contemplarla en silencio, y así nutrir la vidaCon un tesoro intacto que no profana el mundo.
Mas tus labios hablaron, y su verdad fue al aire.Sigue con la frente tranquila entre los hombres,Y si un sarcasmo escuchas, súbito como piedra,Formas amargas del elogio ahí descifre tu orgullo.
De  Como quien espera el alba (1941-1944)

Nocturno Yanky


La lámpara y la cortinaAl pueblo en su sombra excluyen.Sueña ahora,Si puedes, si te contentasCon sueños, cuando te faltanRealidades.
Estás aquí, de regresoDel mundo, ayer vivo, hoyCuerpo en pena,Esperando locamente,Alrededor tuyo, amigosY sus voces.
Callas y escuchas. No. NadaOyes, excepto tu sangre,Su latidoIncansable, temeroso;Y atención prestas a otraCosa inquieta.
Es la madera, que cruje;Es el radiador, que silba.Un bostezo.Pausa. Y el reloj consultas;Todavía temprano paraAcostarte.
Tomas un libro. Mas piensasQue has leído demasiadoCon los ojos,Y a tus años la lecturaMejor es recuerdo de unosLibros viejos,Pero con nuevo sentido.
¿Qué hacer? Porque tiempo hay.Es temprano.Todo el invierno te espera,Y la primavera entonces.Tiempo tienes.
¿Mucho?¿Cuánto? ¿Y hasta cuándoEl tiempo al hombre dura?“No, que es tarde,Es tarde”, repite algunoDentro de ti, que no eres.Y suspiras.
La vida en tiempo se vive,Tu eternidad es ahora,Porque luegoNo habrá tiempo para nadaTuyo. Gana tiempo. ¿Y cuándo?
Alguien dijo:“El tiempo y yo para otrosDos. ¿Cuáles dos? ¿Dos lectoresDe mañana?Mas tus lecturas, si nacen,Y tu tiempo, no coinciden.Estás soloFrente al tiempo, con tu vidaSin vivir.
                Remordimiento.Fuiste joven,Pero nunca lo supisteHasta hoy, que el ave ha huidoDe tu mano.
La mocedad dentro duele,Tú su presa vengadora,ConociendoQue, pues le va esta caraNi el pelo blanco, es inútilPor tardía.
El trabajo alivia a otrosDe lo que no tiene cura,Según dicen.
¿Cuántos años ahora tienesDe trabajo? ¿Viente y picoMal contados?
Trabajo fue que no compraPara ti la independenciaRelativa.A otro menester el mundo,Generoso como siempre,Te demanda.
Y profesas pues, ganandoTu vida, no con esfuerzo,Con fastidio.Nadie enseña lo que importa,Que eso ha de aprenderlo el hombrePor sí solo.Lo mejor que has sido, diste,Lo mejor de tu existencia,A una sombra:Al afán de hacerte digno,Al deseo de excederte,EsperandoSiempre mañana otro díaQue, aunque tarde, justifiqueTu pretexto.
Cierto que tú te esforzastePor sino y amor de unaCriatura,Mito moceril, buscandoDesde siempre, y al servirla,Ser quien eres.
Y al que eras le has hallado.¿Mas es la verdad del hombrePara él solo,Como un inútil pretexto?¿Por qué no poner la vidaA otra cosa?
Quien eres, tu vida era;Uno sin otro no sois,Tú lo sabes.Y es fuerza seguir, entonces,Aun el miraje perdido,Hasta el díaQue la historia se termine,Para ti al menos.
                Y piensasQue así vuelvesDonde estabas al comienzoDel soliloquio: contigoY sin nadie.
Mata la luz, y a la cama.
De Con las horas contadas (1950-1956)

VIVIENDO SUEÑOS

Tantos años que pasaronCon mis soledades soloY hoy tú duermes a mi lado.
Son los caprichos del sino,Aunque con sus circunloquiosCuánto tiempo no he perdido.
Mas ahora en fin llegasteDe su mano, y aún no creo,Despierto en el sueño, hallarte,
Oscura como la lluviaEs tu existencia, y tus ojos,Aunque dan luz, es oscura.
Pero de mí qué seríaSin este pretexto tuyoQue acompaña así la vida.
Miro y busco por la tierra:Nada hay en ella que valgaLo que tu sola presencia.
Cuando le parezca a algunoQue entre lo mucho divago,Poco de cariño supo.
Lo raro es que al mismo tiempoConozco que tú no existesFuera de mi pensamiento.
De Con las horas contadas (1950-1956)

candela

Habla con Candela

Quiero hablar con ella
 
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