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Poco se sabe de la vida del primer poeta conocido en lengua castellana, Gonzalo de Berceo, y el más insigne representante del mester de clerecía. Ya es un logro conocer el nombre de un creador de la literatura medieval cuando, en la época, se imponía el anonimato como forma de entrega del trabajo a Dios. Pero la poca biografía de Gonzalo de Berceo que conocemos llega, incluso, a través de sus escritos, algo único en aquellos siglos y, por supuesto, por su obra cumbre, Milagros de Nuestra Señora.  

Gonzalo fue so nomme qui hizo est tratado, 

en Sant Millán de suso fue de ninnez criado,

natural de Berçeo, ond San Millán fue nado…   

Biografía de Gonzalo de Berceo 

Como no han llegado registros, ni siquiera sabemos su fecha de nacimiento ni de muerte. La crítica coloca el año 1198 como de nacimiento y están de acuerdo en anotar que aún vivía para el año 1264. Esto es, estuvo en este mundo, al menos, 66 años, algo también poco corriente en el medievo, acosado por guerras constantes, hambrunas y epidemias de todo tipo. El primer poeta conocido en lengua castellana, a pesar de que utilizó el don de la palabra para motivos que hoy denominaríamos políticos o de marketing de contenido, llevó una vida tranquila. Nació en la villa de Berceo, en la diócesis de Calahorra, en la Rioja.  

Aunque se educó en el monasterio de los monjes benedictinos de San Millán de la Cogolla donde ejerció como clérigo, tuvo una formación más esmerada para la época. La crítica señala que durante los años 1222 a 1227, junto a uno de sus hermanos, recibió clases en los estudios generales de Palencia. Aquí se estudiaba matemáticas, oratoria, teología…  y pueden considerarse como los antecedentes de las modernas universidades. Recordemos que en la Edad Media el analfabetismo alcanzaba más del 90% de la población llegando incluso a la aristocracia y a la monarquía. Los monasterios (y del San Millán de la Cogolla era importante) eran los reductos de todo el saber. En sus scriptoria se copiaban los libros medievales que se consideraban que debían ser legados a la posteridad así como aquellos de la literatura griega o romana que habían escapado a los horrores del tiempo.  

San Millán de la Cogolla en la biografía de Gonzalo de Berceo 

En estos muros, además, se formó como poeta, consciente en los principios del mester de clerecía. Aunque poco más se puede aportar en la biografía de Gonzalo de Berceo, en los últimos años ha salido a luz por parte de la crítica documentos realizados por nuestro poeta en los que se le acusa de inventarse historias de santos vinculados a su orden para recabar así más impuestos e impedir que San Millán de la Cogolla entrara en ruina o en decadencia. Sí sabemos que escribió vidas de santos vinculados a su orden en una apuesta que hoy se conoce como marketing de contenidos. Esto es, utilizó su don literario para dar a conocer aquello que le interesaba y así sacar provecho económico. Es el primer autor de la literatura en castellano que hace tal cosa con un fin tan prosaico.  

El culto Gonzalo de Berceo prácticamente se llevó toda su vida vinculado a San Millán de la Cogolla (hoy Patrimonio de la Humanidad por su importancia lingüística, literaria, artística e histórica). Aquí escribió todas sus obras y también los Milagros de Nuestra Señora por los que ha pasado a la historia de la literatura. Su vasta cultura (sin obviar el talento) y su posición le permitió que sus textos quedaron legados para la posteridad, extremo este que (a excepción del Cantar del Mío Cid) no pudo ser para los romances del mester de juglaría. Y estos se perdieron entre las brumas del tiempo. 

Obras de Gonzalo de Berceo  

Milagros de Nuestra Señora, la obra más importante del mester de clerecía 

Y eso que no es ni siquiera original, ya que está “copiada” punto por punto de una colección de narraciones marianas que circulaban por toda Europa durante la Edad Media. Entonces, ¿cuál es el mérito de la gran obra de Gonzalo de Berceo? A pesar de ser un texto que seguramente él tiene delante en latín es capaz de verterlo al castellano en un estilo limpio, sencillo, fresco, vibrante, propio y único…  

Los Milagros de Nuestra Señora son una colección de veinticinco cuentos (en verso) más una introducción alegórica. En cada uno de ellos, la Virgen María intercede por una persona en apuros para que, en general, salve su vida terrenal con el único fin de purgar sus pecados y pulir su alma. 

Los Milagros de Nuestra Señora, como obra del mester de clerecía que es, está escrita en cuaderna vía, en castellano y en un estilo sencillo al máximo, aunque nuestra lengua haya evolucionado de tal manera que perdamos parte de los significados de algunas palabras medievales.  

Aunque va “traduciendo”, su talento literario es tal que su lenguaje familiar es impactante, de una gran plasticidad y con una transmutación poética en extremo. Gonzalo de Berceo se dirige a su público y lo interpela. A pesar de que nos ha llegado la obra escrita,  no podemos perder de vista que la poesía medieval estaba diseñada para recitarse de manera oral. Es así en el mester de juglaría pero también para las grandes obras del mester de clerecía.  

Otras obras de Gonzalo de Berceo 

1.- Vida de San Millán escrita para incentivar al pueblo a la entrega de tributos. 

2.- Vida de Santa Oria,  compuesta en la vejez, se adentra  en el misticismo literario,  seguramente al ver pronto su final en la tierra. 

3.- Vida de Santo Domingo, de 777 estrofas y también realizada con el mismo fin crematístico que la de San Millán. 

4.- Los Loores de Nuestra Señora.

5.- Planto o Duelo que hizo la Virgen el día de la Passión de su Fijo Jesu Christo, que no está redactada en cuaderna vía sino diseñada para cantarse a coro. 

6.- También se le atribuyen tres poemas de asuntos religiosos variados y tres himnos que no tienen la calidad estilística y literaria de los Milagros de Nuestra Señora.  

Estilo de Gonzalo de Berceo  

Estamos ante el primer poeta conocido en lengua castellana y el máximo representante del mester de clerecía. Por tanto, tanto el estilo como la temática o los tropos están condicionados por esta circunstancia. A pesar de la falta de originalidad temática (algo totalmente normal en la época en la que primaba el sentido de autoridad y se concebía el genio artístico como un pecado de vanidad casi), la obra de Berceo tiene un sello propio. Anoto lo siguiente.  

1.- Como buen creador del mester de clerecía todos sus temas son religiosos, edificantes y moralizantes. Y todo ello sin perjuicio de la propaganda con la que nacieron algunos de sus textos. 

2.- Aunque el poeta se consideraba un mero artífice de la prosa rimada, maneja los versos con soltura y tiene un castellano (en dialecto riojano) tremendamente plástico. 

3.- Los textos tienen un lenguaje sencillo desprovisto de adornos estilísticos, de cultismos o de palabras rebuscadas. Todo su afán era hacerse entender a las gentes sencillas. 

4.- Hay numerosas interpelaciones a un público que escucha y a un poeta que dice, que se explica por la comunicación oral de los versos. Aunque fueran escritos (y así nos han llegado), con toda probabilidad, la finalidad de los mismos era entregarlo a algún juglar para que los recitara en público. Eso no significa que Gonzalo de Berceo sea un poeta del mester de juglaría. Pertenece de lleno al de clerecía por los temas, intención y tropos. 

5.- Utiliza la cuaderna vía, una estrofa de cuatro versos alejandrinos (14 sílabas) en rima consonante. Los versos se dividen en un hemistiquio central que facilita ese carácter oral y cantado de estos poemas. 

6.- Gonzalo de Berceo, aunque en algunos párrafos de sus obras, se refleja como un clérigo humilde, era consciente de ser un poeta que estaba dejando un legado para la posteridad. Por eso, se sitúa dentro de la obra y se expresa como el “que dice”, “el que explica” o “el que cuenta”. 

7.- En este sentido, y en clara contraposición con la mayoría de autores de la literatura medieval que hacían un trabajo anónimo, en distintas ocasiones se presenta con su nombre, el lugar de origen y el monasterio en el que profesa. Recordemos que, a pesar de su importancia, en la época de nuestro poeta estaba en decadencia. En la actualidad, es Patrimonio de la Humanidad por su importancia histórica (están enterrados los siete Infantes de Lara), lingüística (las glosas emilianenses, primeros exponentes del castellano), cultural y artística.  

En definitiva, el poeta Gonzalo de Berceo, aunque se describe como un clérigo sencillo de servicio  constante hacia su orden, era también una persona consciente de su cultura y talento literario. Escribió mucho y nos ha llegado mucho más (en comparación con otros creadores) abriendo las puertas de la literatura medieval a una nueva lengua surgida como evolución del latín. En la época convivía con otras cercanas a nivel de igualdad (al menos en el aspecto de números de hablantes) hasta que se expandió por medio mundo. Gonzalo de Berceo es el primer poeta de una lengua que hoy hablan más de quinientos millones de personas.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

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Poco se sabe de la vida del primer poeta conocido en lengua castellana, Gonzalo de Berceo, y el más insigne representante del mester de clerecía. Ya es un logro conocer el nombre de un creador de la literatura medieval cuando, en la época, se imponía el anonimato como forma de entrega del trabajo a Dios. Pero la poca biografía de Gonzalo de Berceo que conocemos llega, incluso, a través de sus escritos, algo único en aquellos siglos y, por supuesto, por su obra cumbre, Milagros de Nuestra Señora.  

Gonzalo fue so nomme qui hizo est tratado, 

en Sant Millán de suso fue de ninnez criado,

natural de Berçeo, ond San Millán fue nado…   

Biografía de Gonzalo de Berceo 

Como no han llegado registros, ni siquiera sabemos su fecha de nacimiento ni de muerte. La crítica coloca el año 1198 como de nacimiento y están de acuerdo en anotar que aún vivía para el año 1264. Esto es, estuvo en este mundo, al menos, 66 años, algo también poco corriente en el medievo, acosado por guerras constantes, hambrunas y epidemias de todo tipo. El primer poeta conocido en lengua castellana, a pesar de que utilizó el don de la palabra para motivos que hoy denominaríamos políticos o de marketing de contenido, llevó una vida tranquila. Nació en la villa de Berceo, en la diócesis de Calahorra, en la Rioja.  

Aunque se educó en el monasterio de los monjes benedictinos de San Millán de la Cogolla donde ejerció como clérigo, tuvo una formación más esmerada para la época. La crítica señala que durante los años 1222 a 1227, junto a uno de sus hermanos, recibió clases en los estudios generales de Palencia. Aquí se estudiaba matemáticas, oratoria, teología…  y pueden considerarse como los antecedentes de las modernas universidades. Recordemos que en la Edad Media el analfabetismo alcanzaba más del 90% de la población llegando incluso a la aristocracia y a la monarquía. Los monasterios (y del San Millán de la Cogolla era importante) eran los reductos de todo el saber. En sus scriptoria se copiaban los libros medievales que se consideraban que debían ser legados a la posteridad así como aquellos de la literatura griega o romana que habían escapado a los horrores del tiempo.  

San Millán de la Cogolla en la biografía de Gonzalo de Berceo 

En estos muros, además, se formó como poeta, consciente en los principios del mester de clerecía. Aunque poco más se puede aportar en la biografía de Gonzalo de Berceo, en los últimos años ha salido a luz por parte de la crítica documentos realizados por nuestro poeta en los que se le acusa de inventarse historias de santos vinculados a su orden para recabar así más impuestos e impedir que San Millán de la Cogolla entrara en ruina o en decadencia. Sí sabemos que escribió vidas de santos vinculados a su orden en una apuesta que hoy se conoce como marketing de contenidos. Esto es, utilizó su don literario para dar a conocer aquello que le interesaba y así sacar provecho económico. Es el primer autor de la literatura en castellano que hace tal cosa con un fin tan prosaico.  

El culto Gonzalo de Berceo prácticamente se llevó toda su vida vinculado a San Millán de la Cogolla (hoy Patrimonio de la Humanidad por su importancia lingüística, literaria, artística e histórica). Aquí escribió todas sus obras y también los Milagros de Nuestra Señora por los que ha pasado a la historia de la literatura. Su vasta cultura (sin obviar el talento) y su posición le permitió que sus textos quedaron legados para la posteridad, extremo este que (a excepción del Cantar del Mío Cid) no pudo ser para los romances del mester de juglaría. Y estos se perdieron entre las brumas del tiempo. 

Obras de Gonzalo de Berceo  

Milagros de Nuestra Señora, la obra más importante del mester de clerecía 

Y eso que no es ni siquiera original, ya que está “copiada” punto por punto de una colección de narraciones marianas que circulaban por toda Europa durante la Edad Media. Entonces, ¿cuál es el mérito de la gran obra de Gonzalo de Berceo? A pesar de ser un texto que seguramente él tiene delante en latín es capaz de verterlo al castellano en un estilo limpio, sencillo, fresco, vibrante, propio y único…  

Los Milagros de Nuestra Señora son una colección de veinticinco cuentos (en verso) más una introducción alegórica. En cada uno de ellos, la Virgen María intercede por una persona en apuros para que, en general, salve su vida terrenal con el único fin de purgar sus pecados y pulir su alma. 

Los Milagros de Nuestra Señora, como obra del mester de clerecía que es, está escrita en cuaderna vía, en castellano y en un estilo sencillo al máximo, aunque nuestra lengua haya evolucionado de tal manera que perdamos parte de los significados de algunas palabras medievales.  

Aunque va “traduciendo”, su talento literario es tal que su lenguaje familiar es impactante, de una gran plasticidad y con una transmutación poética en extremo. Gonzalo de Berceo se dirige a su público y lo interpela. A pesar de que nos ha llegado la obra escrita,  no podemos perder de vista que la poesía medieval estaba diseñada para recitarse de manera oral. Es así en el mester de juglaría pero también para las grandes obras del mester de clerecía.  

Otras obras de Gonzalo de Berceo 

1.- Vida de San Millán escrita para incentivar al pueblo a la entrega de tributos. 

2.- Vida de Santa Oria,  compuesta en la vejez, se adentra  en el misticismo literario,  seguramente al ver pronto su final en la tierra. 

3.- Vida de Santo Domingo, de 777 estrofas y también realizada con el mismo fin crematístico que la de San Millán. 

4.- Los Loores de Nuestra Señora.

5.- Planto o Duelo que hizo la Virgen el día de la Passión de su Fijo Jesu Christo, que no está redactada en cuaderna vía sino diseñada para cantarse a coro. 

6.- También se le atribuyen tres poemas de asuntos religiosos variados y tres himnos que no tienen la calidad estilística y literaria de los Milagros de Nuestra Señora.  

Estilo de Gonzalo de Berceo  

Estamos ante el primer poeta conocido en lengua castellana y el máximo representante del mester de clerecía. Por tanto, tanto el estilo como la temática o los tropos están condicionados por esta circunstancia. A pesar de la falta de originalidad temática (algo totalmente normal en la época en la que primaba el sentido de autoridad y se concebía el genio artístico como un pecado de vanidad casi), la obra de Berceo tiene un sello propio. Anoto lo siguiente.  

1.- Como buen creador del mester de clerecía todos sus temas son religiosos, edificantes y moralizantes. Y todo ello sin perjuicio de la propaganda con la que nacieron algunos de sus textos. 

2.- Aunque el poeta se consideraba un mero artífice de la prosa rimada, maneja los versos con soltura y tiene un castellano (en dialecto riojano) tremendamente plástico. 

3.- Los textos tienen un lenguaje sencillo desprovisto de adornos estilísticos, de cultismos o de palabras rebuscadas. Todo su afán era hacerse entender a las gentes sencillas. 

4.- Hay numerosas interpelaciones a un público que escucha y a un poeta que dice, que se explica por la comunicación oral de los versos. Aunque fueran escritos (y así nos han llegado), con toda probabilidad, la finalidad de los mismos era entregarlo a algún juglar para que los recitara en público. Eso no significa que Gonzalo de Berceo sea un poeta del mester de juglaría. Pertenece de lleno al de clerecía por los temas, intención y tropos. 

5.- Utiliza la cuaderna vía, una estrofa de cuatro versos alejandrinos (14 sílabas) en rima consonante. Los versos se dividen en un hemistiquio central que facilita ese carácter oral y cantado de estos poemas. 

6.- Gonzalo de Berceo, aunque en algunos párrafos de sus obras, se refleja como un clérigo humilde, era consciente de ser un poeta que estaba dejando un legado para la posteridad. Por eso, se sitúa dentro de la obra y se expresa como el “que dice”, “el que explica” o “el que cuenta”. 

7.- En este sentido, y en clara contraposición con la mayoría de autores de la literatura medieval que hacían un trabajo anónimo, en distintas ocasiones se presenta con su nombre, el lugar de origen y el monasterio en el que profesa. Recordemos que, a pesar de su importancia, en la época de nuestro poeta estaba en decadencia. En la actualidad, es Patrimonio de la Humanidad por su importancia histórica (están enterrados los siete Infantes de Lara), lingüística (las glosas emilianenses, primeros exponentes del castellano), cultural y artística.  

En definitiva, el poeta Gonzalo de Berceo, aunque se describe como un clérigo sencillo de servicio  constante hacia su orden, era también una persona consciente de su cultura y talento literario. Escribió mucho y nos ha llegado mucho más (en comparación con otros creadores) abriendo las puertas de la literatura medieval a una nueva lengua surgida como evolución del latín. En la época convivía con otras cercanas a nivel de igualdad (al menos en el aspecto de números de hablantes) hasta que se expandió por medio mundo. Gonzalo de Berceo es el primer poeta de una lengua que hoy hablan más de quinientos millones de personas.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

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Los últimos estudios de lingüística histórica datan alrededor del siglo VIII la aparición del castellano. En algún momento, en esas décadas, la nueva lengua que surgió por evolución del latín se diferenciaba tanto de esta que se convirtió en otro idioma distinto. Si a eso unimos que más del 90% de la población (incluso el porcentaje puede ser más elevado) era totalmente analfabeta y que toda la cultura estaba resguardada en los muros de los monasterios tenemos el abono perfecto para el nacimiento de una nueva literatura. Y así fue. Aunque los textos que nos han llegado son pocos, escasos e incompletos, podemos reconstruir  esta parte de la historia basada esencialmente en la dicotomía y las diferencias entre el mester de juglaría y el mester de clerecía. 

Si los libros medievales fueron escasos y custodiados en bibliotecas eclesiásticas probablemente no fue así la producción de los llamados cantares de gesta. Fueron estos poemas épicos el sustento y el alimento de los juglares callejeros que formaban el llamado mester de juglaría. De pueblo en pueblo, acompañados de instrumentos musicales básicos e insertos en un espectáculo más amplio, estos artistas llevaban la literatura allí donde el hambre, las guerras y las epidemias acosaban a la ciudadanía. El mester de clerecía se quedó recluido entre los muros de los monasterios, aunque no está claro que sus versos no se pusieran en boca de los juglares. Estos aspiraban a un entretenimiento sencillo, popular y con el único deseo de la subsistencia. Los otros eran consciente de lo que tenían entre manos: estaban creando literatura y, como tal, merecía legarse a las generaciones futuras. 

Concordancias entre el mester de juglaría y el mester de clerecía

A pesar de todas las diferencias y la ventaja con la que sale de partida los de clerecía (porque se han conservado buena parte de sus obras sencillamente) entre ellos había concordancias de importancia. 

1.- Tanto el mester de clerecía como el de juglaría se centran en la creación poética 

La misma que será determinante y preponderante hasta el siglo XIV a pesar de que nos han llegado colecciones de cuentos (El Conde Lucanor de Don Juan Manuel sin ir más lejos) o retazos de historia en posa. Sin embargo, la literatura medieval es eminentemente poética con estas dos escuelas predominantes, aunque dejan un hueco para la lírica provenzal de línea amorosa platónica o las jarchas mozárabes.  

2.- El latín queda relegado tanto en el mester de clerecía como el de juglaría  

Y la nueva lengua literaria será el castellano y también el resto de las romances que van surgiendo por la Península Ibérica y el resto de Europa. El latín solo se entendía entre la élite culta formada por clérigos, los mismos que sabían leer y escribir; los mismos que estaban encargados de la transmisión del conocimiento a través de la copia paciente de las obras clásicas. La nobleza o el pueblo llano solo conocían la lengua romance hablada. Incluso la escrita estaba vetada para la aristocracia que adolecía de una incultura tan atroz que reyes hubo que no sabían ni poner su nombre. La nueva literatura, por tanto, surgió al calor de una lengua viva en transformación constante. 

3.- Tanto los creadores del mester de juglaría como los de clerecía competían por el mismo público 

Otra cosa era la intencionalidad de las obras pero el público era esencialmente el mismo y este era uno que no tenía acceso a los libros. A la escasez de los mismos se unía el analfabetismo. Así que los nuevos poemas estaban diseñados para ser cantados o recitados. Aunque los clérigos tuvieran en mente realizar poemas cultos o edificantes, con toda probabilidad no olvidaban que su público era el que era. De aquí el lenguaje sencillo, fresco, limpio, con un ritmo trepidante de ambos menesteres.

7 diferencias entre el mester de juglaría y el mester de clerecía

A pesar de estas concomitancias, las dos fórmulas literarias preponderantes en la Edad Media estaban prácticamente situadas en compartimientos estancos.  

1.- Literatura oral (mester de juglaría) frente a literatura escrita (mester de clerecía)

Porque los juglares no aspiraban a poner sus romances por escrito. Lo de ellos era una cuestión de supervivencia literal. De pueblo en pueblo, de vida nómada (y a veces licenciosa o escandalosa para la época), sus cantares formaban parte de un espectáculo más amplio en el que se incluían malabares, danzas o números con animales. Estaban a merced del público que demandaba una u otra historia la cual tenían que aprenderse de memoria y recitaban durante varios días. Poco se sabe de los creadores que hay detrás de los poemas del máster de juglaría aunque hay quien afirma que en más de un texto pudiera haber un clérigo incluso que actuaba en sociedad con algunos juglares. Y es así porque  el único poema épico (mester de juglaría) que ha conseguido vencer a las nieblas del tiempo ha sido el Cantar del Mío Cid.  

Por el contrario, sí nos ha llegado buena parte de las mejores obras del mester de clerecía, algunas incluso en varios códices manuscritos como los Milagros de Nuestra Señora de Berceo o el Libro de Buen Amor. Con las limitaciones que tienen todos los libros medievales,  conocemos el autor, sus intenciones y hasta las fuentes literarias en las que se basan buena parte de las obras del mester de clerecía.  

2.- Otra de las diferencias entre el mester de juglaría y el mester de clerecía es la intencionalidad 

Mientras los juglares solo aspiraban a entretener al público con sus demandas y poder ganarse así algunas monedas, los de clerecía tenían claro que estaban haciendo literatura, que eran creadores. Estos se afanaban no solo por dejar escritas sus obras sino también por pulirlas en temática, metros y estilo.

3.- Las más palpables diferencias entre el mester de juglaría y el mester de clerecía se refiere a los tropos utilizados

Tanto es así que incluso entre ellos eran consciente (y así lo hacían valer) de esta diferencia. Los cantares de gesta están compuestos siguiendo la métrica del romance. Esto es, son largas composiciones con versos sin métrica fija y rima en asonante. El verso está divido en dos formando un hemistiquio que rara vez es simétrico. Por su parte, el mester de clerecía utiliza la cuaderna vía, una estrofa de cuatro versos de 14 sílabas (alejandrinos) divididos por un hemistiquio de 7 sílabas. La rima es consonante monorrima en cada estrofa. 

4.- Otra de las sustanciales diferencias entre el mester de juglaría y el mester de clerecía son los temas 

Los juglares se centraron en los cantares de gesta, largos poemas que narraban las hazañas de héroes contemporáneos reales con toda su crudeza física e, incluso, psicológica. En el otro lado, en el de los clérigos, nos encontramos poemas de corte histórico, religiosos y filosóficos con un claro fin didáctico, moralizante o ejemplarizante. Estos, además, con conocimientos de la cultura clásica, no dudan en echar mano de las historias de la literatura griega o romana.  

5.- Apenas quedan obras del mester de juglaría frente al mayor número de juglaría 

Los títulos de las obras de la literatura medieval son escasos. Al tiempo y a la mala conservación de los códices manuscritos se ha unido que, en la época, se discriminaba qué obra debía legarse y cuál no. Como el proceso de creación de un manuscrito era lento y costoso, casi nunca se optó por conservar los romances que eran considerados entretenimiento para el pueblo inculto más que literatura que mereciera ser legada. Los títulos que han llegado hasta nosotros, por tanto, pertenecen casi exclusivamente al mester de clerecía. 

6.- Anonimato (mester de juglaría) frente a autores conocidos (mester de clerecía)

Un tanto de lo mismo sucede con los autores de la Edad Media. Si no conocemos las obras difícilmente podremos saber la mano que estuvo detrás de un texto concreto. Los pocos nombres que nos han llegado, por tanto, pertenecen al de clerecía y de estos algunos no tenemos ni eso. Por el contrario, quienes eran los juglares se nos antoja hoy por hoy tarea imposible.  

7.- Y la última de las diferencias entre el mester de juglaría y el máster de clerecía es la intencionalidad 

Si los primeros solo aspiraban a entretener, los últimos sabían lo que estaban haciendo: literatura. Tenían a su favor bastante más condicionantes para que esas obras perduraran que los cantares de gesta orales que se repetían de pueblo en pueblo. Además, por sus prejuicios ideológicos, consideraban que los textos del mester de clerecía eran merecedores de la posteridad, extremo que no había que cuidar con los poemas juglarescos.

Las diferencias entre el mester de juglaría y el mester de clerecía se evidencian, por tanto, en lo formal, en la temática e, incluso en la intención. Si bien no se conoce ningún creador de los cantares de gesta más allá de ese Pere Abat del Cantar del Mío Cid, sí conocemos los autores de la literatura medieval que pertenecen al mester de clerecía. Eso no quita para que los mismos que escribían obras educativas siguiendo la cuaderna vía ayudaran (o directamente compusieran) los romances que luego se llevaban los juglares de pueblo en pueblo. Apenas quedan testimonio al respecto más allá de esa petición por compartir los placeres de un buen vino tras el aplauso del público. Y es de un clérigo que se suponía encerrado entre los muros de un monasterio.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla 

 

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Los últimos estudios de lingüística histórica datan alrededor del siglo VIII la aparición del castellano. En algún momento, en esas décadas, la nueva lengua que surgió por evolución del latín se diferenciaba tanto de esta que se convirtió en otro idioma distinto. Si a eso unimos que más del 90% de la población (incluso el porcentaje puede ser más elevado) era totalmente analfabeta y que toda la cultura estaba resguardada en los muros de los monasterios tenemos el abono perfecto para el nacimiento de una nueva literatura. Y así fue. Aunque los textos que nos han llegado son pocos, escasos e incompletos, podemos reconstruir  esta parte de la historia basada esencialmente en la dicotomía y las diferencias entre el mester de juglaría y el mester de clerecía. 

Si los libros medievales fueron escasos y custodiados en bibliotecas eclesiásticas probablemente no fue así la producción de los llamados cantares de gesta. Fueron estos poemas épicos el sustento y el alimento de los juglares callejeros que formaban el llamado mester de juglaría. De pueblo en pueblo, acompañados de instrumentos musicales básicos e insertos en un espectáculo más amplio, estos artistas llevaban la literatura allí donde el hambre, las guerras y las epidemias acosaban a la ciudadanía. El mester de clerecía se quedó recluido entre los muros de los monasterios, aunque no está claro que sus versos no se pusieran en boca de los juglares. Estos aspiraban a un entretenimiento sencillo, popular y con el único deseo de la subsistencia. Los otros eran consciente de lo que tenían entre manos: estaban creando literatura y, como tal, merecía legarse a las generaciones futuras. 

Concordancias entre el mester de juglaría y el mester de clerecía

A pesar de todas las diferencias y la ventaja con la que sale de partida los de clerecía (porque se han conservado buena parte de sus obras sencillamente) entre ellos había concordancias de importancia. 

1.- Tanto el mester de clerecía como el de juglaría se centran en la creación poética 

La misma que será determinante y preponderante hasta el siglo XIV a pesar de que nos han llegado colecciones de cuentos (El Conde Lucanor de Don Juan Manuel sin ir más lejos) o retazos de historia en posa. Sin embargo, la literatura medieval es eminentemente poética con estas dos escuelas predominantes, aunque dejan un hueco para la lírica provenzal de línea amorosa platónica o las jarchas mozárabes.  

2.- El latín queda relegado tanto en el mester de clerecía como el de juglaría  

Y la nueva lengua literaria será el castellano y también el resto de las romances que van surgiendo por la Península Ibérica y el resto de Europa. El latín solo se entendía entre la élite culta formada por clérigos, los mismos que sabían leer y escribir; los mismos que estaban encargados de la transmisión del conocimiento a través de la copia paciente de las obras clásicas. La nobleza o el pueblo llano solo conocían la lengua romance hablada. Incluso la escrita estaba vetada para la aristocracia que adolecía de una incultura tan atroz que reyes hubo que no sabían ni poner su nombre. La nueva literatura, por tanto, surgió al calor de una lengua viva en transformación constante. 

3.- Tanto los creadores del mester de juglaría como los de clerecía competían por el mismo público 

Otra cosa era la intencionalidad de las obras pero el público era esencialmente el mismo y este era uno que no tenía acceso a los libros. A la escasez de los mismos se unía el analfabetismo. Así que los nuevos poemas estaban diseñados para ser cantados o recitados. Aunque los clérigos tuvieran en mente realizar poemas cultos o edificantes, con toda probabilidad no olvidaban que su público era el que era. De aquí el lenguaje sencillo, fresco, limpio, con un ritmo trepidante de ambos menesteres.

7 diferencias entre el mester de juglaría y el mester de clerecía

A pesar de estas concomitancias, las dos fórmulas literarias preponderantes en la Edad Media estaban prácticamente situadas en compartimientos estancos.  

1.- Literatura oral (mester de juglaría) frente a literatura escrita (mester de clerecía)

Porque los juglares no aspiraban a poner sus romances por escrito. Lo de ellos era una cuestión de supervivencia literal. De pueblo en pueblo, de vida nómada (y a veces licenciosa o escandalosa para la época), sus cantares formaban parte de un espectáculo más amplio en el que se incluían malabares, danzas o números con animales. Estaban a merced del público que demandaba una u otra historia la cual tenían que aprenderse de memoria y recitaban durante varios días. Poco se sabe de los creadores que hay detrás de los poemas del máster de juglaría aunque hay quien afirma que en más de un texto pudiera haber un clérigo incluso que actuaba en sociedad con algunos juglares. Y es así porque  el único poema épico (mester de juglaría) que ha conseguido vencer a las nieblas del tiempo ha sido el Cantar del Mío Cid.  

Por el contrario, sí nos ha llegado buena parte de las mejores obras del mester de clerecía, algunas incluso en varios códices manuscritos como los Milagros de Nuestra Señora de Berceo o el Libro de Buen Amor. Con las limitaciones que tienen todos los libros medievales,  conocemos el autor, sus intenciones y hasta las fuentes literarias en las que se basan buena parte de las obras del mester de clerecía.  

2.- Otra de las diferencias entre el mester de juglaría y el mester de clerecía es la intencionalidad 

Mientras los juglares solo aspiraban a entretener al público con sus demandas y poder ganarse así algunas monedas, los de clerecía tenían claro que estaban haciendo literatura, que eran creadores. Estos se afanaban no solo por dejar escritas sus obras sino también por pulirlas en temática, metros y estilo.

3.- Las más palpables diferencias entre el mester de juglaría y el mester de clerecía se refiere a los tropos utilizados

Tanto es así que incluso entre ellos eran consciente (y así lo hacían valer) de esta diferencia. Los cantares de gesta están compuestos siguiendo la métrica del romance. Esto es, son largas composiciones con versos sin métrica fija y rima en asonante. El verso está divido en dos formando un hemistiquio que rara vez es simétrico. Por su parte, el mester de clerecía utiliza la cuaderna vía, una estrofa de cuatro versos de 14 sílabas (alejandrinos) divididos por un hemistiquio de 7 sílabas. La rima es consonante monorrima en cada estrofa. 

4.- Otra de las sustanciales diferencias entre el mester de juglaría y el mester de clerecía son los temas 

Los juglares se centraron en los cantares de gesta, largos poemas que narraban las hazañas de héroes contemporáneos reales con toda su crudeza física e, incluso, psicológica. En el otro lado, en el de los clérigos, nos encontramos poemas de corte histórico, religiosos y filosóficos con un claro fin didáctico, moralizante o ejemplarizante. Estos, además, con conocimientos de la cultura clásica, no dudan en echar mano de las historias de la literatura griega o romana.  

5.- Apenas quedan obras del mester de juglaría frente al mayor número de juglaría 

Los títulos de las obras de la literatura medieval son escasos. Al tiempo y a la mala conservación de los códices manuscritos se ha unido que, en la época, se discriminaba qué obra debía legarse y cuál no. Como el proceso de creación de un manuscrito era lento y costoso, casi nunca se optó por conservar los romances que eran considerados entretenimiento para el pueblo inculto más que literatura que mereciera ser legada. Los títulos que han llegado hasta nosotros, por tanto, pertenecen casi exclusivamente al mester de clerecía. 

6.- Anonimato (mester de juglaría) frente a autores conocidos (mester de clerecía)

Un tanto de lo mismo sucede con los autores de la Edad Media. Si no conocemos las obras difícilmente podremos saber la mano que estuvo detrás de un texto concreto. Los pocos nombres que nos han llegado, por tanto, pertenecen al de clerecía y de estos algunos no tenemos ni eso. Por el contrario, quienes eran los juglares se nos antoja hoy por hoy tarea imposible.  

7.- Y la última de las diferencias entre el mester de juglaría y el máster de clerecía es la intencionalidad 

Si los primeros solo aspiraban a entretener, los últimos sabían lo que estaban haciendo: literatura. Tenían a su favor bastante más condicionantes para que esas obras perduraran que los cantares de gesta orales que se repetían de pueblo en pueblo. Además, por sus prejuicios ideológicos, consideraban que los textos del mester de clerecía eran merecedores de la posteridad, extremo que no había que cuidar con los poemas juglarescos.

Las diferencias entre el mester de juglaría y el mester de clerecía se evidencian, por tanto, en lo formal, en la temática e, incluso en la intención. Si bien no se conoce ningún creador de los cantares de gesta más allá de ese Pere Abat del Cantar del Mío Cid, sí conocemos los autores de la literatura medieval que pertenecen al mester de clerecía. Eso no quita para que los mismos que escribían obras educativas siguiendo la cuaderna vía ayudaran (o directamente compusieran) los romances que luego se llevaban los juglares de pueblo en pueblo. Apenas quedan testimonio al respecto más allá de esa petición por compartir los placeres de un buen vino tras el aplauso del público. Y es de un clérigo que se suponía encerrado entre los muros de un monasterio.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla 

 

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Se acepta que aproximadamente alrededor del siglo VIII, el latín impuesto en toda la Península Ibérica por el Imperio Romano había evolucionado tanto hacia una nueva lengua que este no se entendía por el pueblo común. Esto es, alrededor de esa fecha, a excepción de estudiosos y eruditos, el latín era un idioma muerto. El vivo era el castellano, en el que se recitaban los famosos cantares de gesta de la poesía épica, el mismo en el que se comunicaban reyes y campesinos, clérigo y legos, comerciantes y aventureros. Si bien el latín seguía siendo la lengua culta, tanto el mester de clerecía como el mester de juglaría, componían en esta nueva lengua: el castellano. En palabras de Gonzalo de Berceo, el más insigne representante de esta corriente literaria se buscaba lo siguiente:  

Quiero fer una prosa en román paladino

en el qual suele el pueblo fablar a su vecino… 

  

Definición del mester de clerecía 

Bajo esta denominación amparamos todas esas obras literarias que se crean desde el siglo XIII hasta el Renacimiento literario por escritores eruditos, letrados y formados académicamente en filosofía, literatura, historia o teología. Frente al mester de juglaría de carácter popular, con métrica irregular y  de transmisión oral se contraponen los escritos estructurados (en temas, formas y metros) del mester de clerecía que toma su nombre de la condición de sus creadores: clérigos letrados  en literatura medieval y clásica. Eran los únicos que conocían lo que se escribía en los libros ya que, en esta época historia, la cultura estaba íntegramente guardada entre los muros de conventos y monasterios.  

Aunque habría que esperar algunos siglos más para que la instrucción se normalizase, en la Edad Media hasta algunos nobles adolecían de un terrible analfabetismo e incultura. ¡Y no digamos ya del nivel de instrucción del pueblo llano que solo aspiraba a sobrevivir entre hambrunas, epidemias y guerras cruentas! Los únicos que tenían una mínima educación en letras eran los clérigos. Eran ellos los que sabían leer y escribir, los que estudiaban la Biblia, los que se encargaban de fabricar los libros medievales manuscritos que recogían lo poco o mucho que había quedado de la filosofía o literatura griega y romana. Los demás estaban condenados a la inopia de no saber lo que se decía en aquellos papeles. Tanto es así que historiadores hay que opinan que algún que otro rey de esta época ni siquiera era capaz de poner su nombre por escrito. 

En este panorama social nace el mester de clerecía, una forma de literatura en lengua romance que entendieran todos los que habían olvidado el latín,  centrada en la temática religiosa (aunque no se olvidan los asuntos profanos de líneas moralizantes o edificantes),  realizada con una métrica muy marcada y, en contraposición al mester de juglaría, llega a escribirse. Esto es, ya estamos ante textos puestos negro sobre blanco y, por tanto, han llegado hasta nosotros y no se han perdido como la mayoría de los romances orales de los juglares medievales.  

Características del mester de clerecía  

La literatura medieval va más allá de esta dicotomía entre clerecía y juglaría porque nos encontramos cuentos (El Conde Lucanor por poner un ejemplo), teatro (como el Auto de los Reyes Magos), la lírica provenzal o las jarchas mozárabes. Dicho esto, las grandes obras pertenecen a este dicotomía (juglaría versus clerecía) con el Cantar del Mío Cid enarbolando el bando del juglaría y los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo encabezando la parte clerecía. Estudiamos sus características.

1.- El mester de clerecía coexistió con el de juglaría 

E, incluso, algún que otro estudioso ha llegado a afirmar que más de un autor escribió obras tanto en romances para el canto de los juglares como en el más organizado y estructurado de clerecía. Aún siendo los creadores los mismos (los únicos que sabían leer y escribir recordemos) la finalidad de estas obras era totalmente distinta de la poesía épica, creada para ser cantada como parte del repertorio artístico de los juglares. Las obras de clerecía se creaban bajo otro paraguas espiritual y tenían una utilidad distinta a la que no aspiraban los poemas que narraban las hazañas de los guerreros contemporáneos. 

2.- La lengua del mester de clerecía es el castallano 

A igual que el de juglaría, los clérigos echan mano de la lengua romance. El latín queda aparcado para los textos religiosos y científicos (aunque recogieran investigaciones elementales) y el castellano se va imponiendo como lengua literaria, arrancando a otros idiomas romances que surgen en la Península Ibérica conforme Castilla impone su modelo político al resto de los reinos.  Por tanto, todos los poetas eran conscientes de que esta era la única manera de que se les escuchara o leyera. El latín era ya una lengua muerta que necesitaba estudiarse, extremo este reservado a una minoría que, en estos momentos, se enclaustraban en los monasterios. 

3.- Una de las características del mester de clerecía principales es la utilización de la cuaderna vía 

Si en el mester de juglaría, se utiliza el romance compuesto por versos en asonante sin un medida concreta, el de clerecía recurre a un metro específico: la cuaderna vía. Todos los escritos están compuestos en versos alejandrinos (14 sílabas) divididos en dos hemistiquios de siete sílabas. Estos están agrupados en estrofas de cuatro versos con una sola rima consonante. Dejemos hablar al anónimo autor del Libro de Alexandre que nos deja los deberes hechos para que no nos equivoquemos:  

Mester trago hermoso, non es de ioglaría, 

mester es sen pecado, ca es de clerecía,

fablar curso rimado por la quaderna vía

a silabas contadas, ca es grant maestría.  

4.- El mester de clerecía utiliza un lengua culto, cuidado aunque sencillo para que pudiera entenderse 

El mester de clerecía aspiraba a crear literatura de altura. Esto es, había una intención educativa, didáctica o filosófica. Por eso, la lengua romance es la que sale elegida para que, así, llegue a un público más amplio que no tenía por qué tener instrucción en lenguas clásicas. También por ello, a pesar de elegir cuidadosamente vocablos, rimas e ideas, asistimos a un lenguaje sencillo, discreto, familiar e, incluso con un punto animado. 

5.- Una de las características del mester de clerecía más significativas es el tema

Ya no se cantan las gestas de los héroes ni las hazañas de los guerreros del mester de juglaría. Ahora asistimos a una temática religiosa, didáctica o filosófica. Todos estos versos están vehiculados de una intención moralizante que se aleja del entretenimiento de los cantares de gesta. El mester de clerecía se jactaba de haber estudiado, de investigar antes los temas y de conocer lo que estaba escrito en los pocos libros a los que tenían acceso. Los temas y argumentos, por tanto, son historias clásicas, religiosos, moralizantes o con una clara intención didáctica que se aleja del entretenimiento.  

6.- El mester de clerecía evoluciona a partir del siglo XIV 

Y lo hace con el Arcipreste de Hita desdibujando las fronteras de los dos mesteres principales e, incluso, de la lírica cortesana. El Libro de Buen Amor ya representa una mezcla de lo profano y lo sagrado que a veces raya en lo pornográfico u obsceno y otras alcanza, incluso, a la literatura mística. Todo ello no es chocante o contradictorio sino que se unifica y aúna de una forma armónica aportando, por otro lado, uno de los puntos más interesantes de esta obra. Conforme la Edad Media va caminando hacia el Renacimiento el saber deja de estar enclaustrado en los monasterios y la literatura se va haciendo eco de las nuevas formas de vida. Y es en este punto donde tenemos que insertar la obra de Juan Ruíz, Arcipreste de Hita. 

Autores del mester de clerecía

1.- Gonzalo de Bercelo, el más importante de los autores del mester de clerecía

Es el primer poeta en español del que se conoce su nombre y del que se sabe a ciencia cierta que existió. Nacido a finales del siglo XII en la comarca de Calahorra, estudió en San Millán de la Cogolla en cuya biblioteca se encontraron las glosas que, durante mucho tiempo, fueron consideradas como origen del español. Debió morir alrededor de 1270 con una edad bastante difícil de alcanzar en la época.  

Gonzalo fue so nomme qui hizo est tractado,

en Sant Millán de suso fue de ninnez criado,

natural de Berçeo, ond Sant Millán fue nado…

Todas las obras de Gonzalo de Berceo pertenecen al mester de clerecía y son de temática religiosa. Aparte de su obra cumbre (Los milagros de Nuestra Señora) se le conocen tres vidas de santos (Santa Oria, San Millán de la Cogolla y Santo Domingo de Silos), tres poemas dedicados a la Virgen María y tres poemas religiosos.  

2.- Juan Ruíz Arcipreste de Hita, el último de los grandes autores del mester de clerecía 

Se supone que nació en Alcalá de Henares hacia finales del siglo XIII y poco más se sabe de su vida. Cualquier apunte que se haga es una suposición: que estudió en Toledo, por entonces cuna de las tres culturas y de todos los saberes, que sufrió prisión (algo normal si eras políticamente incorrecto), que fue Arcipreste de Hita, que escribió otras obras y que, probablemente, por el conocimiento del que hace gala, pudo tener una vida licenciosa. Ha pasado a la posteridad por El Libro de Buen Amor

3.- El canciller Pedro López de Ayala y el Rimado de Palacio 

Nació en Vitoria en 1332 y dejó este mundo en Calahora en 1407. La razón de que conozcamos tantos datos estriba en el origen noble de nuestro autor. Además, estuvo toda su vida de corte en corte sirviendo a uno u otro señor en una época de especial virulencia bélica. Ejerció como alcalde de Vitoria y de Toledo. Peleó en innumerables batallas y fue apresado. Hizo de embajador y firmó tratados de paz. Conocía y traducía a los romanos Salustio y Tito Livio. 

Su obra cumbre, el Rimado de Palacio, lo compone 8200 versos en cuaderna vía y en otras estrofas. En él trata los vicios y sus correspondientes virtudes a la par que describe la descarnada e hipócrita sociedad de su época donde la deslealtad y la puñalada por la espalda estaban a la orden del día. Nada se le escapa a su pluma, desde la corrupción hasta la brutalidad pasando por el olvido del primer mandamiento de Cristo por parte de la Iglesia. También escribió “crónicas” o relatos históricos de los cuatro reyes a los que sirvió: Pedro I “el cruel”, Enrique II, Juan I y Enrique III.  

4.- Los autores anónimos que nos han dejado obras memorables y las particularidades de la literatura medieval 

A pesar de estos grandes nombres del mester de clerecía (falta Don Juan Manuel que escribió en prosa y merece estudio aparte), la mayoría de los grandes poemas de este particular género literario son anónimos. No conocemos de que manos salieron porque los embates del tiempo han hecho mella en la transmisión de esta literatura y también porque, en la época, firmar las obras de creación se consideraba un acto de soberbia incluso. El fruto del trabajo (y más en uno artístico) se consideraba que pertenecía a Dios. Por eso, algunos poetas ni siquiera decían quiénes eran y cómo habían llegado al don de la palabra. Si a eso se une, que los grandes títulos que ponemos a continuación han llegado en códices manuscritos incompletos tenemos la situación perfecta para el desconocimiento de quienes fueron sus artífices.  

10 Obras del mester de clerecía más importantes

Todas las creaciones de los autores de la literatura medieval han llegado en códices manuscritos, algunos copiados en épocas posteriores a su redacción y, por tanto, muy lejos de las ediciones corregidas y editadas de la literatura contemporánea. 

1.- Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo, una de las obras del mester de clerecía principales. Narra en 25 capítulos o historias dádivas que la Virgen María realizó a aquellos que, en un apuro, clamaban por su intercesión divina. Aunque populares en toda Europa, los de Berceo son poco originales en temática. Eso sí, les superan en estilo literario.  

2.- El Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita. Es una obra totalmente original que rebasa los límites de la moralidad. En ella, a veces con un lenguaje jocoso e, incluso, obsceno, se narran distintas aventuras. Más bien parece que la intención de Juan Ruiz fue crear un libro para regocijo de sus lectores más que para su edificación espiritual. Asistimos en ella más bien a la descripción del bien vivir y del disfrute carnal del aquí y el ahora más que a la exposición de los temas religiosos o moralistas propios del mester de clerecía. Pertenece al canon de la literatura española por derecho propio. Y es uno de los libros medievales de referencia.  

3.- Rimado de Palacio del Canciller Pedro López de Ayala. Un largo compendio en cuaderna vía en el que su autor, con ironía y buenas dosis de espíritu crítico, nos reseña todos los vicios de su tiempo a la par que nos da la solución a estos males del alma con las correspondientes virtudes.  

4.- El Libro de Apolonio ha llegado en un códice (custodiado en El Escorial) en el que se recopilaba otras obras literarias. Tiene 1624 versos en cuaderna vía y narra las aventuras de Apolonio, rey de Tiro de vuelta la hogar. Su autor no crea una trama original y las andanzas de este personaje está presente en la literatura griega.  

5.- El Libro de Alexandre. El más extenso del mester de clerecía con 10.000 versos de autor desconocido que narra la vida de Alejandro Magno. La crítica como el primero de su género.  

6.- El Poema de Fernán González se conserva incompleto y narra las andanzas de este héroe castellano. Hay estudiosos que son de la opinión de que esta obra es una interpretación en los metros cultos del mester de clerecía de numerosos romances cantados por los juglares.  

7.- El planto por la caída de Jerusalén conservado incompleto y escrito a finales del siglo XIV.

8.- Las vidas de santos, otra de las grandes obras del mester de clerecía escrita por Gonzalo de Berceo.

9.- El Poema de Yúçuf escrito en literatura aljamiada. Esto es, se lee en castellano pero está escrita en el alfabeto árabe y no en el latino.  

10.- Los Proverbios del rabino de Carrión.

Aunque en prosa también, puede considerarse el Conde Lucanor de Don Juan Manuel un título del mester de clerecía. Esta obra cumbre de la literatura medieval, por su formulación, es difícil de encajar y clasificar. Merece estudio aparte tanto por la especificidad de su autor como del libro mismo ya que, aunque moralizante, está escrita en prosa y, por tanto, se aparta de los cánones de la cuaderna vía.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

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Se acepta que aproximadamente alrededor del siglo VIII, el latín impuesto en toda la Península Ibérica por el Imperio Romano había evolucionado tanto hacia una nueva lengua que este no se entendía por el pueblo común. Esto es, alrededor de esa fecha, a excepción de estudiosos y eruditos, el latín era un idioma muerto. El vivo era el castellano, en el que se recitaban los famosos cantares de gesta de la poesía épica, el mismo en el que se comunicaban reyes y campesinos, clérigo y legos, comerciantes y aventureros. Si bien el latín seguía siendo la lengua culta, tanto el mester de clerecía como el mester de juglaría, componían en esta nueva lengua: el castellano. En palabras de Gonzalo de Berceo, el más insigne representante de esta corriente literaria se buscaba lo siguiente:  

Quiero fer una prosa en román paladino

en el qual suele el pueblo fablar a su vecino… 

  

Definición del mester de clerecía 

Bajo esta denominación amparamos todas esas obras literarias que se crean desde el siglo XIII hasta el Renacimiento literario por escritores eruditos, letrados y formados académicamente en filosofía, literatura, historia o teología. Frente al mester de juglaría de carácter popular, con métrica irregular y  de transmisión oral se contraponen los escritos estructurados (en temas, formas y metros) del mester de clerecía que toma su nombre de la condición de sus creadores: clérigos letrados  en literatura medieval y clásica. Eran los únicos que conocían lo que se escribía en los libros ya que, en esta época historia, la cultura estaba íntegramente guardada entre los muros de conventos y monasterios.  

Aunque habría que esperar algunos siglos más para que la instrucción se normalizase, en la Edad Media hasta algunos nobles adolecían de un terrible analfabetismo e incultura. ¡Y no digamos ya del nivel de instrucción del pueblo llano que solo aspiraba a sobrevivir entre hambrunas, epidemias y guerras cruentas! Los únicos que tenían una mínima educación en letras eran los clérigos. Eran ellos los que sabían leer y escribir, los que estudiaban la Biblia, los que se encargaban de fabricar los libros medievales manuscritos que recogían lo poco o mucho que había quedado de la filosofía o literatura griega y romana. Los demás estaban condenados a la inopia de no saber lo que se decía en aquellos papeles. Tanto es así que historiadores hay que opinan que algún que otro rey de esta época ni siquiera era capaz de poner su nombre por escrito. 

En este panorama social nace el mester de clerecía, una forma de literatura en lengua romance que entendieran todos los que habían olvidado el latín,  centrada en la temática religiosa (aunque no se olvidan los asuntos profanos de líneas moralizantes o edificantes),  realizada con una métrica muy marcada y, en contraposición al mester de juglaría, llega a escribirse. Esto es, ya estamos ante textos puestos negro sobre blanco y, por tanto, han llegado hasta nosotros y no se han perdido como la mayoría de los romances orales de los juglares medievales.  

Características del mester de clerecía  

La literatura medieval va más allá de esta dicotomía entre clerecía y juglaría porque nos encontramos cuentos (El Conde Lucanor por poner un ejemplo), teatro (como el Auto de los Reyes Magos), la lírica provenzal o las jarchas mozárabes. Dicho esto, las grandes obras pertenecen a este dicotomía (juglaría versus clerecía) con el Cantar del Mío Cid enarbolando el bando del juglaría y los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo encabezando la parte clerecía. Estudiamos sus características.

1.- El mester de clerecía coexistió con el de juglaría 

E, incluso, algún que otro estudioso ha llegado a afirmar que más de un autor escribió obras tanto en romances para el canto de los juglares como en el más organizado y estructurado de clerecía. Aún siendo los creadores los mismos (los únicos que sabían leer y escribir recordemos) la finalidad de estas obras era totalmente distinta de la poesía épica, creada para ser cantada como parte del repertorio artístico de los juglares. Las obras de clerecía se creaban bajo otro paraguas espiritual y tenían una utilidad distinta a la que no aspiraban los poemas que narraban las hazañas de los guerreros contemporáneos. 

2.- La lengua del mester de clerecía es el castallano 

A igual que el de juglaría, los clérigos echan mano de la lengua romance. El latín queda aparcado para los textos religiosos y científicos (aunque recogieran investigaciones elementales) y el castellano se va imponiendo como lengua literaria, arrancando a otros idiomas romances que surgen en la Península Ibérica conforme Castilla impone su modelo político al resto de los reinos.  Por tanto, todos los poetas eran conscientes de que esta era la única manera de que se les escuchara o leyera. El latín era ya una lengua muerta que necesitaba estudiarse, extremo este reservado a una minoría que, en estos momentos, se enclaustraban en los monasterios. 

3.- Una de las características del mester de clerecía principales es la utilización de la cuaderna vía 

Si en el mester de juglaría, se utiliza el romance compuesto por versos en asonante sin un medida concreta, el de clerecía recurre a un metro específico: la cuaderna vía. Todos los escritos están compuestos en versos alejandrinos (14 sílabas) divididos en dos hemistiquios de siete sílabas. Estos están agrupados en estrofas de cuatro versos con una sola rima consonante. Dejemos hablar al anónimo autor del Libro de Alexandre que nos deja los deberes hechos para que no nos equivoquemos:  

Mester trago hermoso, non es de ioglaría, 

mester es sen pecado, ca es de clerecía,

fablar curso rimado por la quaderna vía

a silabas contadas, ca es grant maestría.  

4.- El mester de clerecía utiliza un lengua culto, cuidado aunque sencillo para que pudiera entenderse 

El mester de clerecía aspiraba a crear literatura de altura. Esto es, había una intención educativa, didáctica o filosófica. Por eso, la lengua romance es la que sale elegida para que, así, llegue a un público más amplio que no tenía por qué tener instrucción en lenguas clásicas. También por ello, a pesar de elegir cuidadosamente vocablos, rimas e ideas, asistimos a un lenguaje sencillo, discreto, familiar e, incluso con un punto animado. 

5.- Una de las características del mester de clerecía más significativas es el tema

Ya no se cantan las gestas de los héroes ni las hazañas de los guerreros del mester de juglaría. Ahora asistimos a una temática religiosa, didáctica o filosófica. Todos estos versos están vehiculados de una intención moralizante que se aleja del entretenimiento de los cantares de gesta. El mester de clerecía se jactaba de haber estudiado, de investigar antes los temas y de conocer lo que estaba escrito en los pocos libros a los que tenían acceso. Los temas y argumentos, por tanto, son historias clásicas, religiosos, moralizantes o con una clara intención didáctica que se aleja del entretenimiento.  

6.- El mester de clerecía evoluciona a partir del siglo XIV 

Y lo hace con el Arcipreste de Hita desdibujando las fronteras de los dos mesteres principales e, incluso, de la lírica cortesana. El Libro de Buen Amor ya representa una mezcla de lo profano y lo sagrado que a veces raya en lo pornográfico u obsceno y otras alcanza, incluso, a la literatura mística. Todo ello no es chocante o contradictorio sino que se unifica y aúna de una forma armónica aportando, por otro lado, uno de los puntos más interesantes de esta obra. Conforme la Edad Media va caminando hacia el Renacimiento el saber deja de estar enclaustrado en los monasterios y la literatura se va haciendo eco de las nuevas formas de vida. Y es en este punto donde tenemos que insertar la obra de Juan Ruíz, Arcipreste de Hita. 

Autores del mester de clerecía

1.- Gonzalo de Bercelo, el más importante de los autores del mester de clerecía

Es el primer poeta en español del que se conoce su nombre y del que se sabe a ciencia cierta que existió. Nacido a finales del siglo XII en la comarca de Calahorra, estudió en San Millán de la Cogolla en cuya biblioteca se encontraron las glosas que, durante mucho tiempo, fueron consideradas como origen del español. Debió morir alrededor de 1270 con una edad bastante difícil de alcanzar en la época.  

Gonzalo fue so nomme qui hizo est tractado,

en Sant Millán de suso fue de ninnez criado,

natural de Berçeo, ond Sant Millán fue nado…

Todas las obras de Gonzalo de Berceo pertenecen al mester de clerecía y son de temática religiosa. Aparte de su obra cumbre (Los milagros de Nuestra Señora) se le conocen tres vidas de santos (Santa Oria, San Millán de la Cogolla y Santo Domingo de Silos), tres poemas dedicados a la Virgen María y tres poemas religiosos.  

2.- Juan Ruíz Arcipreste de Hita, el último de los grandes autores del mester de clerecía 

Se supone que nació en Alcalá de Henares hacia finales del siglo XIII y poco más se sabe de su vida. Cualquier apunte que se haga es una suposición: que estudió en Toledo, por entonces cuna de las tres culturas y de todos los saberes, que sufrió prisión (algo normal si eras políticamente incorrecto), que fue Arcipreste de Hita, que escribió otras obras y que, probablemente, por el conocimiento del que hace gala, pudo tener una vida licenciosa. Ha pasado a la posteridad por El Libro de Buen Amor

3.- El canciller Pedro López de Ayala y el Rimado de Palacio 

Nació en Vitoria en 1332 y dejó este mundo en Calahora en 1407. La razón de que conozcamos tantos datos estriba en el origen noble de nuestro autor. Además, estuvo toda su vida de corte en corte sirviendo a uno u otro señor en una época de especial virulencia bélica. Ejerció como alcalde de Vitoria y de Toledo. Peleó en innumerables batallas y fue apresado. Hizo de embajador y firmó tratados de paz. Conocía y traducía a los romanos Salustio y Tito Livio. 

Su obra cumbre, el Rimado de Palacio, lo compone 8200 versos en cuaderna vía y en otras estrofas. En él trata los vicios y sus correspondientes virtudes a la par que describe la descarnada e hipócrita sociedad de su época donde la deslealtad y la puñalada por la espalda estaban a la orden del día. Nada se le escapa a su pluma, desde la corrupción hasta la brutalidad pasando por el olvido del primer mandamiento de Cristo por parte de la Iglesia. También escribió “crónicas” o relatos históricos de los cuatro reyes a los que sirvió: Pedro I “el cruel”, Enrique II, Juan I y Enrique III.  

4.- Los autores anónimos que nos han dejado obras memorables y las particularidades de la literatura medieval 

A pesar de estos grandes nombres del mester de clerecía (falta Don Juan Manuel que escribió en prosa y merece estudio aparte), la mayoría de los grandes poemas de este particular género literario son anónimos. No conocemos de que manos salieron porque los embates del tiempo han hecho mella en la transmisión de esta literatura y también porque, en la época, firmar las obras de creación se consideraba un acto de soberbia incluso. El fruto del trabajo (y más en uno artístico) se consideraba que pertenecía a Dios. Por eso, algunos poetas ni siquiera decían quiénes eran y cómo habían llegado al don de la palabra. Si a eso se une, que los grandes títulos que ponemos a continuación han llegado en códices manuscritos incompletos tenemos la situación perfecta para el desconocimiento de quienes fueron sus artífices.  

10 Obras del mester de clerecía más importantes

Todas las creaciones de los autores de la literatura medieval han llegado en códices manuscritos, algunos copiados en épocas posteriores a su redacción y, por tanto, muy lejos de las ediciones corregidas y editadas de la literatura contemporánea. 

1.- Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo, una de las obras del mester de clerecía principales. Narra en 25 capítulos o historias dádivas que la Virgen María realizó a aquellos que, en un apuro, clamaban por su intercesión divina. Aunque populares en toda Europa, los de Berceo son poco originales en temática. Eso sí, les superan en estilo literario.  

2.- El Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita. Es una obra totalmente original que rebasa los límites de la moralidad. En ella, a veces con un lenguaje jocoso e, incluso, obsceno, se narran distintas aventuras. Más bien parece que la intención de Juan Ruiz fue crear un libro para regocijo de sus lectores más que para su edificación espiritual. Asistimos en ella más bien a la descripción del bien vivir y del disfrute carnal del aquí y el ahora más que a la exposición de los temas religiosos o moralistas propios del mester de clerecía. Pertenece al canon de la literatura española por derecho propio. Y es uno de los libros medievales de referencia.  

3.- Rimado de Palacio del Canciller Pedro López de Ayala. Un largo compendio en cuaderna vía en el que su autor, con ironía y buenas dosis de espíritu crítico, nos reseña todos los vicios de su tiempo a la par que nos da la solución a estos males del alma con las correspondientes virtudes.  

4.- El Libro de Apolonio ha llegado en un códice (custodiado en El Escorial) en el que se recopilaba otras obras literarias. Tiene 1624 versos en cuaderna vía y narra las aventuras de Apolonio, rey de Tiro de vuelta la hogar. Su autor no crea una trama original y las andanzas de este personaje está presente en la literatura griega.  

5.- El Libro de Alexandre. El más extenso del mester de clerecía con 10.000 versos de autor desconocido que narra la vida de Alejandro Magno. La crítica como el primero de su género.  

6.- El Poema de Fernán González se conserva incompleto y narra las andanzas de este héroe castellano. Hay estudiosos que son de la opinión de que esta obra es una interpretación en los metros cultos del mester de clerecía de numerosos romances cantados por los juglares.  

7.- El planto por la caída de Jerusalén conservado incompleto y escrito a finales del siglo XIV.

8.- Las vidas de santos, otra de las grandes obras del mester de clerecía escrita por Gonzalo de Berceo.

9.- El Poema de Yúçuf escrito en literatura aljamiada. Esto es, se lee en castellano pero está escrita en el alfabeto árabe y no en el latino.  

10.- Los Proverbios del rabino de Carrión.

Aunque en prosa también, puede considerarse el Conde Lucanor de Don Juan Manuel un título del mester de clerecía. Esta obra cumbre de la literatura medieval, por su formulación, es difícil de encajar y clasificar. Merece estudio aparte tanto por la especificidad de su autor como del libro mismo ya que, aunque moralizante, está escrita en prosa y, por tanto, se aparta de los cánones de la cuaderna vía.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

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 De la gran mayoría de los autores de la Edad Media poco o nada sabemos, de aquellos que formaban el denominado mester de juglaría mucho menos. La aún desconocida (a pesar de los fantásticos estudios de Menéndez Pidal) literatura medieval ha sufrido los embates del tiempo, por supuesto. Pero también, el hecho de que los libros en la época fueran un bien tan escaso que se consideraban productos de lujo. Por eso, se escogía cuidadosamente lo que se ponía por escrito.  Y la literatura popular, que a esta pertenece el mester de juglaría, no era ni por asomo algo “digno” de preservarse en el tiempo. Estos poetas anónimos, algunos simples rapsodas, fueron los creadores de la poesía épica medieval en lengua romance que poco o nada ha llegado hasta nosotros. Sin embargo, en castellano tenemos el gran Cantar del Mío Cid, conservado en la Biblioteca Nacional de Madrid, poco más de 100 versos del Cantar del Roncesvalles y un puñado de referencias más acerca de esta poesía épica medieval.  

El carácter anónimo y nómada del mester de juglaría 

Contrapuesto tradicionalmente al mester de clerecía, culto, ordenado y sistematizo creado por clérigos, el de juglaría sería el que crea las composiciones dirigidas al pueblo. Eran estos artistas una combinación de poetas, rapsodas, malabaristas, músicos,  bailarines y vividores única en el paisaje altamente clasificado de la sociedad medieval. Su oficio consistía en entretener a las gentes sencillas y humildes del pueblo con espectáculos diversos. Dentro de ese programa entre cultura y lúdico se encontraban los cantares de gesta. Estos estaban diseñados para ese público analfabeto, carcomido por la miseria y acosado por guerras y falta de libertades. El juglar llevaba su mester de pueblo en pueblo y, a cambio, pedía unas cuantas monedas. 

Con suerte, algún noble requería sus servicios pero no debemos confundir a los integrantes del mester de juglaría con los trovadores cortesanos. Estos o bien eran nobles cultos ociosos que se dedicaban a la poesía como pasatiempo o estaban bajo  el amparo de un mecenas aristocrático. Los temas eran radicalmente distintos ya que se centraban en la poesía de amor platónico aunque algunas historias nos demuestren que, a veces, se saltaban algunas fronteras.  El juglar, en cambio, iba por libre bien en solitario o lo que es más factible, formando compañías como los actuales circos ambulantes.  

El mester de juglaría produce poesía épica para el pueblo 

Los pocos versos que nos han llegado y las referencias en prosa de esta fórmula poética se refiere a una poesía al cien por cien de carácter épico. Esto es, el tema y el eje conductor del poema son las aventuras y andanzas de cualquier héroe contemporáneo y real de carne y hueso. Los poemas épicos de la literatura medieval cumplían, por decirlo resumidamente, el papel de los periódicos contemporáneos. Un público analfabeto que solo se movía a menos de diez kilómetros del terruño y sin información o formación de ningún tipo exigía esas noticias del mester de juglaría cuando llegaban a la plaza del mercado. Por eso, solo se han conservado referencias de las temáticas favoritas de los aldeanos. 

Aunque se estima que estos poemas épicos nacen a partir del siglo XI y continúan hasta los albores del Renacimiento, algunos críticos como Menéndez Pidal los sitúan en una época tan temprana como el siglo VIII, justo cuando el castellano ya  había evolucionado tanto que podía considerarse una lengua distinta del latín. Ni que decir tiene que estos poemas estaban compuestos en el nuevo idioma vulgar en contraposición a la culta que tan solo conocían los letrados que se dedicaban al cuidado de los libros. Ese hecho, el de ser popular y en lengua vernácula, fue también, con toda probabilidad otra excusa más para que no fueran recogidos por escrito.  

El mester de juglaría memorizaba los poemas épicos que eran del gusto del pueblo 

Se intuye que pudieran llevar varios de ellos en el repertorio pero no mucho más por la dificultad para hacer un esquema escrito y la necesidad de memorizar. En este sentido, con toda probabilidad, a la pericia de un juglar en concreto se unía la música de instrumentos básicos. Serían, por así decirlo, como largas canciones con un ritmo marcado que el artista repetía una y otra vez mientras el público escuchaba.  

Este carácter oral explica las repeticiones constantes de algunos elementos fundamentales de la historia e, incluso, el haber encontrado en el Cantar del Mío Cid fragmentos que hacen un resumen de lo ya narrado. Con ello, el juglar se aseguraba que el público recordara la trama para poder seguir las novedades. Con toda probabilidad, estos espectáculos variados duraban algunos días que coincidirían con fiestas, celebraciones o días de mercado importantes. La compañía de juglares, por mera razón de supervivencia, tenía que asegurarse un público lo suficientemente amplio para que las cuantas monedas que recibían les permitiera subsistir. 

Las obras del mester de juglaría tienen un enfoque realista a pesar de su temática épica 

Este carácter oral, nómada y popular han hecho que la gran mayoría de los poemas épicos se hayan perdido. Podemos reconstruirlos o hacernos una idea de la temática y la mayoría de las características de los cantares de gesta a través de la historiografía en prosa que comenzó a recogerse en España con Alfonso X el Sabio. En estos retazos conservados entendemos que las tramas favoritas giraban a través de las batallas de los héroes contemporáneos y de los éxitos de los caudillos más famosos. En ellos abundan narraciones de las fratricidas guerras medievales, las deslealtades o traiciones así como el arrojo de los más valientes.  

Nada hay de fantasía en estos poemas. El público y el mester de juglaría así lo ofrecía. Estos daban realidad pura y dura, tanto que hay que esperar al siglo XIX, con el auge del Realismo literario para encontrar algo semejante en literatura. Si hay algo ajeno al arrojo y poderío del héroe, este siempre se explica por una ayuda divina pero siempre dentro de los parámetros del aquí y ahora terrenal. En la poesía épica del mester de juglaría no te vas a encontrar un unicornio o seres mágicos volando. Todo en ella pertenece a ese mundo medieval que gira entre el castillo con sus peleas y el monasterio con sus toques de campana y el copiado de libros. Lo demás es el trabajo del campo y el comercio que quedó de los antiguos caminos romanos.  

Estilo de los romances del mester de clerecía 

Al contrario de la literatura producida por el mester de clerecía, estos romances no tienen una estructura estilística marcada. Nos encontramos con repeticiones, “fallos” del lenguaje e, incluso, palabras que no pertenecen ni al latín ni al castellano. Simplemente el juglar olvidó o no sabía cuál era la dicción normalizada. La rima siempre es asonante y el verso irregular. 

Sí encontramos un hemistiquio, un corte o una pausa, en mitad del verso que más bien parece una anotación para tomar aire y seguir el ritmo. Estos cortan el verso a la mitad dividiéndolo en 6 (la más corriente), 7, 8 o, incluso, 9 sílabas. A partir de aquí, más allá de la alegoría y los símbolos conocidos por el pueblo, no encontramos más tropos. 

El lenguaje, en castellano, es fresco, directo, narrativo con un ritmo marcado. No hay nada en el poema que sea una floritura o accesorio. Todo gira en torno a esa historia pero también a los sentimientos del héroe que son descritos con precisión y concisión. Hay que recordar que son poemas orales dirigidos a un público popular con un nivel de instrucción mínimo. El juglar no podía permitirse que la audiencia se le dispersara. Por eso, estos poemas tienen el drama justo para que todos siguieran escuchando.  

El mester de juglaría terminó con la llegada de la imprenta y el ascenso de las ciudades y su nuevo modo de vida. La poesía épica medieval fue dando paso a otras fórmulas de entretenimiento que comenzaron con los autos sacramentales y terminaron con los corrales de comedia de los Siglos de Oro.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

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 De la gran mayoría de los autores de la Edad Media poco o nada sabemos, de aquellos que formaban el denominado mester de juglaría mucho menos. La aún desconocida (a pesar de los fantásticos estudios de Menéndez Pidal) literatura medieval ha sufrido los embates del tiempo, por supuesto. Pero también, el hecho de que los libros en la época fueran un bien tan escaso que se consideraban productos de lujo. Por eso, se escogía cuidadosamente lo que se ponía por escrito.  Y la literatura popular, que a esta pertenece el mester de juglaría, no era ni por asomo algo “digno” de preservarse en el tiempo. Estos poetas anónimos, algunos simples rapsodas, fueron los creadores de la poesía épica medieval en lengua romance que poco o nada ha llegado hasta nosotros. Sin embargo, en castellano tenemos el gran Cantar del Mío Cid, conservado en la Biblioteca Nacional de Madrid, poco más de 100 versos del Cantar del Roncesvalles y un puñado de referencias más acerca de esta poesía épica medieval.  

El carácter anónimo y nómada del mester de juglaría 

Contrapuesto tradicionalmente al mester de clerecía, culto, ordenado y sistematizo creado por clérigos, el de juglaría sería el que crea las composiciones dirigidas al pueblo. Eran estos artistas una combinación de poetas, rapsodas, malabaristas, músicos,  bailarines y vividores única en el paisaje altamente clasificado de la sociedad medieval. Su oficio consistía en entretener a las gentes sencillas y humildes del pueblo con espectáculos diversos. Dentro de ese programa entre cultura y lúdico se encontraban los cantares de gesta. Estos estaban diseñados para ese público analfabeto, carcomido por la miseria y acosado por guerras y falta de libertades. El juglar llevaba su mester de pueblo en pueblo y, a cambio, pedía unas cuantas monedas. 

Con suerte, algún noble requería sus servicios pero no debemos confundir a los integrantes del mester de juglaría con los trovadores cortesanos. Estos o bien eran nobles cultos ociosos que se dedicaban a la poesía como pasatiempo o estaban bajo  el amparo de un mecenas aristocrático. Los temas eran radicalmente distintos ya que se centraban en la poesía de amor platónico aunque algunas historias nos demuestren que, a veces, se saltaban algunas fronteras.  El juglar, en cambio, iba por libre bien en solitario o lo que es más factible, formando compañías como los actuales circos ambulantes.  

El mester de juglaría produce poesía épica para el pueblo 

Los pocos versos que nos han llegado y las referencias en prosa de esta fórmula poética se refiere a una poesía al cien por cien de carácter épico. Esto es, el tema y el eje conductor del poema son las aventuras y andanzas de cualquier héroe contemporáneo y real de carne y hueso. Los poemas épicos de la literatura medieval cumplían, por decirlo resumidamente, el papel de los periódicos contemporáneos. Un público analfabeto que solo se movía a menos de diez kilómetros del terruño y sin información o formación de ningún tipo exigía esas noticias del mester de juglaría cuando llegaban a la plaza del mercado. Por eso, solo se han conservado referencias de las temáticas favoritas de los aldeanos. 

Aunque se estima que estos poemas épicos nacen a partir del siglo XI y continúan hasta los albores del Renacimiento, algunos críticos como Menéndez Pidal los sitúan en una época tan temprana como el siglo VIII, justo cuando el castellano ya  había evolucionado tanto que podía considerarse una lengua distinta del latín. Ni que decir tiene que estos poemas estaban compuestos en el nuevo idioma vulgar en contraposición a la culta que tan solo conocían los letrados que se dedicaban al cuidado de los libros. Ese hecho, el de ser popular y en lengua vernácula, fue también, con toda probabilidad otra excusa más para que no fueran recogidos por escrito.  

El mester de juglaría memorizaba los poemas épicos que eran del gusto del pueblo 

Se intuye que pudieran llevar varios de ellos en el repertorio pero no mucho más por la dificultad para hacer un esquema escrito y la necesidad de memorizar. En este sentido, con toda probabilidad, a la pericia de un juglar en concreto se unía la música de instrumentos básicos. Serían, por así decirlo, como largas canciones con un ritmo marcado que el artista repetía una y otra vez mientras el público escuchaba.  

Este carácter oral explica las repeticiones constantes de algunos elementos fundamentales de la historia e, incluso, el haber encontrado en el Cantar del Mío Cid fragmentos que hacen un resumen de lo ya narrado. Con ello, el juglar se aseguraba que el público recordara la trama para poder seguir las novedades. Con toda probabilidad, estos espectáculos variados duraban algunos días que coincidirían con fiestas, celebraciones o días de mercado importantes. La compañía de juglares, por mera razón de supervivencia, tenía que asegurarse un público lo suficientemente amplio para que las cuantas monedas que recibían les permitiera subsistir. 

Las obras del mester de juglaría tienen un enfoque realista a pesar de su temática épica 

Este carácter oral, nómada y popular han hecho que la gran mayoría de los poemas épicos se hayan perdido. Podemos reconstruirlos o hacernos una idea de la temática y la mayoría de las características de los cantares de gesta a través de la historiografía en prosa que comenzó a recogerse en España con Alfonso X el Sabio. En estos retazos conservados entendemos que las tramas favoritas giraban a través de las batallas de los héroes contemporáneos y de los éxitos de los caudillos más famosos. En ellos abundan narraciones de las fratricidas guerras medievales, las deslealtades o traiciones así como el arrojo de los más valientes.  

Nada hay de fantasía en estos poemas. El público y el mester de juglaría así lo ofrecía. Estos daban realidad pura y dura, tanto que hay que esperar al siglo XIX, con el auge del Realismo literario para encontrar algo semejante en literatura. Si hay algo ajeno al arrojo y poderío del héroe, este siempre se explica por una ayuda divina pero siempre dentro de los parámetros del aquí y ahora terrenal. En la poesía épica del mester de juglaría no te vas a encontrar un unicornio o seres mágicos volando. Todo en ella pertenece a ese mundo medieval que gira entre el castillo con sus peleas y el monasterio con sus toques de campana y el copiado de libros. Lo demás es el trabajo del campo y el comercio que quedó de los antiguos caminos romanos.  

Estilo de los romances del mester de clerecía 

Al contrario de la literatura producida por el mester de clerecía, estos romances no tienen una estructura estilística marcada. Nos encontramos con repeticiones, “fallos” del lenguaje e, incluso, palabras que no pertenecen ni al latín ni al castellano. Simplemente el juglar olvidó o no sabía cuál era la dicción normalizada. La rima siempre es asonante y el verso irregular. 

Sí encontramos un hemistiquio, un corte o una pausa, en mitad del verso que más bien parece una anotación para tomar aire y seguir el ritmo. Estos cortan el verso a la mitad dividiéndolo en 6 (la más corriente), 7, 8 o, incluso, 9 sílabas. A partir de aquí, más allá de la alegoría y los símbolos conocidos por el pueblo, no encontramos más tropos. 

El lenguaje, en castellano, es fresco, directo, narrativo con un ritmo marcado. No hay nada en el poema que sea una floritura o accesorio. Todo gira en torno a esa historia pero también a los sentimientos del héroe que son descritos con precisión y concisión. Hay que recordar que son poemas orales dirigidos a un público popular con un nivel de instrucción mínimo. El juglar no podía permitirse que la audiencia se le dispersara. Por eso, estos poemas tienen el drama justo para que todos siguieran escuchando.  

El mester de juglaría terminó con la llegada de la imprenta y el ascenso de las ciudades y su nuevo modo de vida. La poesía épica medieval fue dando paso a otras fórmulas de entretenimiento que comenzaron con los autos sacramentales y terminaron con los corrales de comedia de los Siglos de Oro.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

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Los cantares de gesta lo conforman un puñado de poemas de la literatura medieval que cantan y narran las hazañas de los héroes de la época. Están compuestos en las nuevas lenguas romances, aquellas que evolucionaron desde el latín, idioma que ya no se hablaba por el pueblo llano alrededor del siglo X (ni mucho antes), fecha de aparición de estos romances. La gran mayoría de ellos se ha perdido debido a las particulares características de los cantares de gesta los cuales pertenecen a la tradición literaria oral. Entonces, ¿cómo sabemos cómo eran y cómo se desarrollaban? Sus singularidades y estilo se entresacan, en castellano, de una gran obra que sí ha sobrepasado las brumas del tiempo, El Cantar del Mío Cid, de los trozos o retazos (a veces en otras obras) que han perdurado y por las narraciones en prosa que tratan los mismos temas de la época. Vamos con estas 10 singularidades de las epopeyas épicas o romances medievales, como también se conocen a los cantares de gesta.

1.- La más importante de las características de los cantares de gesta es que están escritos en lengua romance 

Y con ellos, en español, comienza la literatura en nuestra lengua. El latín había evolucionado tanto que únicamente los estudiosos podían entenderlo, hablarlo y leerlo. A veces, no llegaban a escribir en esta lengua que ya empezaba a considerarse muerta. Era el idioma para los estudios de cultura, hecho que llegó, incluso, hasta una época tan tardía como el siglo XVIII, cuando este concepto fue dinamitado del todo por la literatura neoclásica. A partir del siglo X-XI, aunque hay algunos autores que consideran que fue mucho antes, los textos escritos con una intención literaria, lúdica o emotiva recurrían a las nuevas lenguas romances que se estaban formando por todo el territorio europeo.

2.- Los cantares de gesta es inherente a la labor de los juglares medievales  

Sin ellos no se entienden estos largos poemas divididos en varias partes temáticas que eran recitados o cantados con ayuda de un instrumento por estos personajes tan particulares, ya que vivían en la frontera de lo admitido socialmente. Eran los juglares individuos a medio camino entre un artista polifacético y un aventurero, cuando no alguien al margen de la ley. Se dedicaban a vivir (de la mendicidad casi) de feria en feria, de mercado en mercado entreteniendo al pueblo llano con sus cantares de gesta, malabarismo, música, danzas e, incluso, algún número con animales. Con suerte, y con motivo de la celebración de un acontecimiento dichoso (bodas, bautizos,  fin de epidemias o batallas ganadas) el señor de lugar patrocinaba ese espectáculo para regocijo de un pueblo consumido por el analfabetismo, la falta de higiene, el hambre y la poca perspectiva vital.  

3.- El juglar no es un trovador y había una contraposición con el mester de clerecía  

Aunque mucho se ha escrito sobre estos personajes que, en los últimos años, se ha retomado por artistas callejeros, en verdad no hay ni siquiera unanimidad en considerar a los juglares como los creadores de los cantares de gesta. Esto es, si bien ellos son fundamentales para su transmisión, no está claro que todos ellos fueran poetas. Habría, con toda probabilidad, de todo, algunos creadores y otros meros transmisores de esos romances.  

El juglar, por tanto, no es un trovador. Este último sí es un poeta que crea sus versos aunque, en la mayoría de los casos por ocio o de forma altruista. El juglar (aunque malamente) aspiraba a ganarse la vida en condiciones adversas las más de las veces. El trovador era, en ocasiones, un aristócrata (o un profesional bajo el mecenazgo de un noble) que componía por amor al arte, normalmente versos centrados en el amor platónico (aunque en esto, como en todo, nos encontramos clamorosas excepciones que dan un paso peligroso hacia lo físico). 

El mester de clerecía es el otro gran bloque de la literatura medieval y aquí se insertaban los textos literarios creados por escritores cultos (normalmente perteneciente al clero) siguiendo una estructura temática y estilística marcada. Sin embargo, en este aspecto tampoco está claro que las divisiones fueran estancas y también nos encontramos algunos estudiosos que son de la opinión de que algunos clérigos con inclinaciones poéticas no tuvieron reparos en crear textos para que los juglares lo cantaran entre el pueblo. 

4.- Otra de las características más importantes de los cantares de gesta es su condición de poemas orales  

Y eso determina muchas de las características pero, especialmente, ha condicionado su estudio al existir pocos fragmentos y una sola obra de forma escrita. Los cantares de gesta no tenían intención de perdurar en el tiempo y, además, se consideraban de temática frívola a veces (en contraposición con los asuntos serios de la rama filosófica o religiosa). Si a eso unimos que la producción de libros en la Edad Media era mínima, tenemos el cóctel explosivo perfecto para entender la pérdida de estos textos. En una época en la que un libro (por su dificultad de producción) se consideraba un objeto de lujo destinado, a veces, para las élites, no se ponía nada por escrito que no se considerara fundamental para la salvación no ya de la sociedad terrenal sino de las almas. Esta es la razón por la que solo se miniaban (ilustraban con materiales preciosos) textos religiosos (uno de los mejores ejemplos es el Beatos) o las pocas líneas que llegaron de la literatura griega o romana. 

Los libros se producían en los “scriptoria” de los monasterios por monjes que, a veces, tenían una instrucción mínima, caligrafiados lentamente sobre pergamino. En una época de hambre constante y de producción básica de bienes de consumo, todo esto se hacía con cuentagotas. Los directores de las bibliotecas tenían que elegir qué obras pasaban a la posteridad y decidían normalmente sobre los textos religiosos (no todos) y las obras literarias clásicas. Gracias a ellos, por otra parte, nos ha llegado fantásticos poemas, relatos,  retazos de filosofía o historia y teatro del acervo clásico. Los cantares de gesta, y esta es otra de sus características, eran considerados entretenimiento para el pueblo. Por tanto, no entraban en la lista de aquello que podía perpetuarse de manera escrita. 

5.- Características de los cantares de gesta en cuanto al estilismo 

Ese concepto o clasificación de estos poemas condicionan, por tanto, su expresión estética. Al ser orales, debían tener un ritmo que propiciara su memorización. Recordemos que un papel era un artículo de lujo y puede, incluso, que algunos juglares tuvieran buena disposición a aprender de memoria las palabras, pero eso no indica ni siquiera que supiesen leer. Por tanto, tenemos: 

  • Los textos nunca están pulidos, estructurados o diseñados como se haría con un poema que se concibe por escrito. 
  • Hay repeticiones (para que quedaran claros hechos o conceptos), resúmenes (que coincidiría con los distintos días de recitado) y “errores”. También, incluso, se encuentran contradicciones temáticas y trastoques. 
  • Por contra, son frescos, sencillos, con una fuerza expresiva cercana a la improvisación. 
  • La rima siempre es en asonante.
  • No hay un metro o verso preponderante. 
  • Todos los versos tienen un corte o hemistiquio que lo dividen. La medida más común es el verso de seis sílabas pero se encuentran de 7, 8 y 9. 
  • El ritmo es marcado. Seguramente esto se hacía a conciencia para facilitar la memoria y el recitado. 

 

6.- La temática de estos romances siempre es épica 

Otra de las características fundamentales de los cantares de gesta es que tienen un único tema: la epopeya épica. Esto es, se narran únicamente las hazañas bélicas de los héroes contemporáneos. Era lo que demandaba un público analfabeto que literalmente no salía más allá de diez kilómetros alrededor del castillo. De un modo u otro, era una forma de informarse de aquello que pasaba en el reino de al lado y la época es rica, especialmente, en batallas sin sentido, luchas fraticidas, deslealtades, asedios y robos con saqueo. De esto trataban estos romances populares.  

7.- Otra de las principales características de los cantares de gesta es el realismo 

Tanto es así que hay que esperar al siglo XIX, con el Realismo literario para encontrar algo semejante. No encontramos nada que se suponga fantástico o fuera de los límites de este mundo. Es el aquí y el ahora, la cruda realidad de hoy. Si bien, se hace mención a los símbolos de sueños premonitorios en el ámbito sagrado, hay que tener en cuenta que esto era real para la población de la época. 

8.- El destinatario de los cantares de gesta siempre era el pueblo  

Aunque hubiera un noble que promocionara algún espectáculo, este tipo de entretenimiento lúdico tenía un objetivo único: el pueblo. Analfabeto (se calcula que lo era el 90% de la población), acosado por hambrunas, falta de higiene, epidemias cruentas, guerras entre vecinos, saqueos y acoso de todo tipo, prácticamente era el único producto cultural al que tenían acceso. Este destinatario también explica el concepto que de estos poemas se tenía por parte de la élite culta y letrada encargada (casi mayoritariamente) de la conservación del conocimiento.  

9.- El público demandaba historias contemporáneas  

Porque esta es otra de las características de los cantares de gesta que han incidido en su pérdida. Al realismo y su carácter oral se une el deseo de saber lo que sucede hoy. Estos poemas eran una especie de periódico en el que se indagaban en los hechos de guerreros o personajes reales a la par que se hacían evidente sus escalas de valores. Recordemos que España había iniciado lo que se ha denominado Reconquista: el avance de los reinos cristianos del norte hacia los musulmanes del sur. Los cantares de gesta narraban las epopeyas de los primeros tanto entre sí (por luchas de poder) como en su camino hacia el último reducto de herencia árabe.  

10.- Otra de las más importantes características de los cantares de gesta reside en un autor anónimo  

Con todo esto expuesto no es de extrañar que no sepamos quienes son los autores de estas grandes gestas, incluso hay duda de la firma en el Cantar del Mío Cid. Extremo este que no es ajeno a la literatura medieval cuyos autores dejaban el ego a un lado a la hora de escribir o crear. De una manera u otra se consideraba que ese trabajo debía entregarse a Dios de forma gratuita, altruista o desinteresada. Este punto nos impide saber si hubo escuelas, artistas más duchos o algo tan elemental como entender si actuaba una única mano en el poema o este era el fruto de trabajos diversos y superpuestos. Bien es verdad que el anonimato es una máxima entre los autores de la Edad Media, pero esta se acentúa con los romances populares hasta el punto de que, prácticamente, no nos ha llegado ningún nombre.  

Por tanto, las características de los cantares de gesta, a veces, son difíciles de identificar o señalar a pesar de la ingente cantidad de estudios sobre el tema. Si bien Menéndez Pidal y su escuela se afanó en dejar sistematizado el conocimiento sobre el género, la crítica se hace difícil al ser pocos los ejemplos de cantares de gesta que han llegado hasta nosotros. Más allá del mencionado (y hermoso al máximo) Poema de Mío Cid o del puñado de versos del Cantar de Roncesvalles, encontrado a principio de siglo XX, solo conocemos los temas de estos poemas.  La tradición oral en la que nacieron y el que se considera un producto cultural destinado al pueblo inculto no propició su recogida por escrito como sucedió con otras obras (pocas es verdad) de la época. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

 

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Los cantares de gesta lo conforman un puñado de poemas de la literatura medieval que cantan y narran las hazañas de los héroes de la época. Están compuestos en las nuevas lenguas romances, aquellas que evolucionaron desde el latín, idioma que ya no se hablaba por el pueblo llano alrededor del siglo X (ni mucho antes), fecha de aparición de estos romances. La gran mayoría de ellos se ha perdido debido a las particulares características de los cantares de gesta los cuales pertenecen a la tradición literaria oral. Entonces, ¿cómo sabemos cómo eran y cómo se desarrollaban? Sus singularidades y estilo se entresacan, en castellano, de una gran obra que sí ha sobrepasado las brumas del tiempo, El Cantar del Mío Cid, de los trozos o retazos (a veces en otras obras) que han perdurado y por las narraciones en prosa que tratan los mismos temas de la época. Vamos con estas 10 singularidades de las epopeyas épicas o romances medievales, como también se conocen a los cantares de gesta.

1.- La más importante de las características de los cantares de gesta es que están escritos en lengua romance 

Y con ellos, en español, comienza la literatura en nuestra lengua. El latín había evolucionado tanto que únicamente los estudiosos podían entenderlo, hablarlo y leerlo. A veces, no llegaban a escribir en esta lengua que ya empezaba a considerarse muerta. Era el idioma para los estudios de cultura, hecho que llegó, incluso, hasta una época tan tardía como el siglo XVIII, cuando este concepto fue dinamitado del todo por la literatura neoclásica. A partir del siglo X-XI, aunque hay algunos autores que consideran que fue mucho antes, los textos escritos con una intención literaria, lúdica o emotiva recurrían a las nuevas lenguas romances que se estaban formando por todo el territorio europeo.

2.- Los cantares de gesta es inherente a la labor de los juglares medievales  

Sin ellos no se entienden estos largos poemas divididos en varias partes temáticas que eran recitados o cantados con ayuda de un instrumento por estos personajes tan particulares, ya que vivían en la frontera de lo admitido socialmente. Eran los juglares individuos a medio camino entre un artista polifacético y un aventurero, cuando no alguien al margen de la ley. Se dedicaban a vivir (de la mendicidad casi) de feria en feria, de mercado en mercado entreteniendo al pueblo llano con sus cantares de gesta, malabarismo, música, danzas e, incluso, algún número con animales. Con suerte, y con motivo de la celebración de un acontecimiento dichoso (bodas, bautizos,  fin de epidemias o batallas ganadas) el señor de lugar patrocinaba ese espectáculo para regocijo de un pueblo consumido por el analfabetismo, la falta de higiene, el hambre y la poca perspectiva vital.  

3.- El juglar no es un trovador y había una contraposición con el mester de clerecía  

Aunque mucho se ha escrito sobre estos personajes que, en los últimos años, se ha retomado por artistas callejeros, en verdad no hay ni siquiera unanimidad en considerar a los juglares como los creadores de los cantares de gesta. Esto es, si bien ellos son fundamentales para su transmisión, no está claro que todos ellos fueran poetas. Habría, con toda probabilidad, de todo, algunos creadores y otros meros transmisores de esos romances.  

El juglar, por tanto, no es un trovador. Este último sí es un poeta que crea sus versos aunque, en la mayoría de los casos por ocio o de forma altruista. El juglar (aunque malamente) aspiraba a ganarse la vida en condiciones adversas las más de las veces. El trovador era, en ocasiones, un aristócrata (o un profesional bajo el mecenazgo de un noble) que componía por amor al arte, normalmente versos centrados en el amor platónico (aunque en esto, como en todo, nos encontramos clamorosas excepciones que dan un paso peligroso hacia lo físico). 

El mester de clerecía es el otro gran bloque de la literatura medieval y aquí se insertaban los textos literarios creados por escritores cultos (normalmente perteneciente al clero) siguiendo una estructura temática y estilística marcada. Sin embargo, en este aspecto tampoco está claro que las divisiones fueran estancas y también nos encontramos algunos estudiosos que son de la opinión de que algunos clérigos con inclinaciones poéticas no tuvieron reparos en crear textos para que los juglares lo cantaran entre el pueblo. 

4.- Otra de las características más importantes de los cantares de gesta es su condición de poemas orales  

Y eso determina muchas de las características pero, especialmente, ha condicionado su estudio al existir pocos fragmentos y una sola obra de forma escrita. Los cantares de gesta no tenían intención de perdurar en el tiempo y, además, se consideraban de temática frívola a veces (en contraposición con los asuntos serios de la rama filosófica o religiosa). Si a eso unimos que la producción de libros en la Edad Media era mínima, tenemos el cóctel explosivo perfecto para entender la pérdida de estos textos. En una época en la que un libro (por su dificultad de producción) se consideraba un objeto de lujo destinado, a veces, para las élites, no se ponía nada por escrito que no se considerara fundamental para la salvación no ya de la sociedad terrenal sino de las almas. Esta es la razón por la que solo se miniaban (ilustraban con materiales preciosos) textos religiosos (uno de los mejores ejemplos es el Beatos) o las pocas líneas que llegaron de la literatura griega o romana. 

Los libros se producían en los “scriptoria” de los monasterios por monjes que, a veces, tenían una instrucción mínima, caligrafiados lentamente sobre pergamino. En una época de hambre constante y de producción básica de bienes de consumo, todo esto se hacía con cuentagotas. Los directores de las bibliotecas tenían que elegir qué obras pasaban a la posteridad y decidían normalmente sobre los textos religiosos (no todos) y las obras literarias clásicas. Gracias a ellos, por otra parte, nos ha llegado fantásticos poemas, relatos,  retazos de filosofía o historia y teatro del acervo clásico. Los cantares de gesta, y esta es otra de sus características, eran considerados entretenimiento para el pueblo. Por tanto, no entraban en la lista de aquello que podía perpetuarse de manera escrita. 

5.- Características de los cantares de gesta en cuanto al estilismo 

Ese concepto o clasificación de estos poemas condicionan, por tanto, su expresión estética. Al ser orales, debían tener un ritmo que propiciara su memorización. Recordemos que un papel era un artículo de lujo y puede, incluso, que algunos juglares tuvieran buena disposición a aprender de memoria las palabras, pero eso no indica ni siquiera que supiesen leer. Por tanto, tenemos: 

  • Los textos nunca están pulidos, estructurados o diseñados como se haría con un poema que se concibe por escrito. 
  • Hay repeticiones (para que quedaran claros hechos o conceptos), resúmenes (que coincidiría con los distintos días de recitado) y “errores”. También, incluso, se encuentran contradicciones temáticas y trastoques. 
  • Por contra, son frescos, sencillos, con una fuerza expresiva cercana a la improvisación. 
  • La rima siempre es en asonante.
  • No hay un metro o verso preponderante. 
  • Todos los versos tienen un corte o hemistiquio que lo dividen. La medida más común es el verso de seis sílabas pero se encuentran de 7, 8 y 9. 
  • El ritmo es marcado. Seguramente esto se hacía a conciencia para facilitar la memoria y el recitado. 

 

6.- La temática de estos romances siempre es épica 

Otra de las características fundamentales de los cantares de gesta es que tienen un único tema: la epopeya épica. Esto es, se narran únicamente las hazañas bélicas de los héroes contemporáneos. Era lo que demandaba un público analfabeto que literalmente no salía más allá de diez kilómetros alrededor del castillo. De un modo u otro, era una forma de informarse de aquello que pasaba en el reino de al lado y la época es rica, especialmente, en batallas sin sentido, luchas fraticidas, deslealtades, asedios y robos con saqueo. De esto trataban estos romances populares.  

7.- Otra de las principales características de los cantares de gesta es el realismo 

Tanto es así que hay que esperar al siglo XIX, con el Realismo literario para encontrar algo semejante. No encontramos nada que se suponga fantástico o fuera de los límites de este mundo. Es el aquí y el ahora, la cruda realidad de hoy. Si bien, se hace mención a los símbolos de sueños premonitorios en el ámbito sagrado, hay que tener en cuenta que esto era real para la población de la época. 

8.- El destinatario de los cantares de gesta siempre era el pueblo  

Aunque hubiera un noble que promocionara algún espectáculo, este tipo de entretenimiento lúdico tenía un objetivo único: el pueblo. Analfabeto (se calcula que lo era el 90% de la población), acosado por hambrunas, falta de higiene, epidemias cruentas, guerras entre vecinos, saqueos y acoso de todo tipo, prácticamente era el único producto cultural al que tenían acceso. Este destinatario también explica el concepto que de estos poemas se tenía por parte de la élite culta y letrada encargada (casi mayoritariamente) de la conservación del conocimiento.  

9.- El público demandaba historias contemporáneas  

Porque esta es otra de las características de los cantares de gesta que han incidido en su pérdida. Al realismo y su carácter oral se une el deseo de saber lo que sucede hoy. Estos poemas eran una especie de periódico en el que se indagaban en los hechos de guerreros o personajes reales a la par que se hacían evidente sus escalas de valores. Recordemos que España había iniciado lo que se ha denominado Reconquista: el avance de los reinos cristianos del norte hacia los musulmanes del sur. Los cantares de gesta narraban las epopeyas de los primeros tanto entre sí (por luchas de poder) como en su camino hacia el último reducto de herencia árabe.  

10.- Otra de las más importantes características de los cantares de gesta reside en un autor anónimo  

Con todo esto expuesto no es de extrañar que no sepamos quienes son los autores de estas grandes gestas, incluso hay duda de la firma en el Cantar del Mío Cid. Extremo este que no es ajeno a la literatura medieval cuyos autores dejaban el ego a un lado a la hora de escribir o crear. De una manera u otra se consideraba que ese trabajo debía entregarse a Dios de forma gratuita, altruista o desinteresada. Este punto nos impide saber si hubo escuelas, artistas más duchos o algo tan elemental como entender si actuaba una única mano en el poema o este era el fruto de trabajos diversos y superpuestos. Bien es verdad que el anonimato es una máxima entre los autores de la Edad Media, pero esta se acentúa con los romances populares hasta el punto de que, prácticamente, no nos ha llegado ningún nombre.  

Por tanto, las características de los cantares de gesta, a veces, son difíciles de identificar o señalar a pesar de la ingente cantidad de estudios sobre el tema. Si bien Menéndez Pidal y su escuela se afanó en dejar sistematizado el conocimiento sobre el género, la crítica se hace difícil al ser pocos los ejemplos de cantares de gesta que han llegado hasta nosotros. Más allá del mencionado (y hermoso al máximo) Poema de Mío Cid o del puñado de versos del Cantar de Roncesvalles, encontrado a principio de siglo XX, solo conocemos los temas de estos poemas.  La tradición oral en la que nacieron y el que se considera un producto cultural destinado al pueblo inculto no propició su recogida por escrito como sucedió con otras obras (pocas es verdad) de la época. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

 

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Los cantares de gesta son la primera manifestación poética de la literatura medieval en lengua romance (la que evoluciona del latín). Por sus características especiales pocos han llegado hasta nosotros tal como se concibieron en la época. Los ejemplos de cantares de gesta en castellano se entienden, en mayor parte, a partir de la historiografía en prosa. Tenemos varias excepciones como es el Cantar de Roncesvalles del que se encontraron 100 versos en Palencia en 1916. Y, por supuesto, conocemos esta manifestación de las letras castellanas a través del Cantar del Mío Cid, el cual no está en la lista a continuación porque merece (y lo tiene) estudio aparte.  

¿Qué son los cantares de gesta y cómo se distinguen de otros poemas medievales?

Para entenderlos tenemos que referirnos a esa figura (que en los últimos tiempos se ha retomado por artistas callejeros) que es la del juglar. Eran estos artistas auténticos showman viviendo de manera nómada de pueblo en pueblo. En una época en la que la mayoría de la población estaba acosada por guerras constantes, asedios, hambrunas y privaciones, el juglar era el único que llevaba la cultura y el entretenimiento a todos los rincones habitados. 

Los cantares de gesta formaban parte de su espectáculo en el que se combinaba la música, la danza, los malabares e, incluso, algunos números con animales. Estos eran recitados oralmente de memoria y, según algunos historiadores, a petición del público. ¿Por qué? Porque los ejemplos de cantares de gesta que nos han llegado nos dicen de historias reales (tan reales que forman parte de los libros de historia). Sin obviar su literariedad, un público analfabeto que apenas salía de su terruño estaba ávido de noticias verdaderas (aunque, por supuesto, algunas estaban magnificadas o adobadas con ficción) de sus contemporáneos, de sus hazañas y de sus aventuras. De esto se encargaban los juglares con unos poemas totalmente anónimos, frescos, sencillos y de gran fuerza expresiva. Ellos eran las almas del mester de juglaría, en contraposición al mester de clerecía culto de los clérigos. 

Sin embargo, los cantares de gesta eran composiciones largas divididas para recitarse en varios días (por eso hay párrafos que son resúmenes o recuerdos) y conformados para ser memorizados. Recordemos que los libros, en la época, eran bienes de lujo difíciles de fabricar. Así que había que dejarlo todo al talento del juglar que se ganaba la vida en los días de feria o en ocasiones especiales. Eran estas bodas, bautizos o batallas ganadas que se celebraban a costa del señor del lugar para regocijo de los aldeanos. 

Ejemplos de cantares de gesta

En castellano solo una gran obra ha llegado escrita hasta nosotros y esa es el Poema del Mío Cid custodiado en una caja de alta seguridad en la Biblioteca Nacional de España. Los otros lo conocemos por retazos, a veces insertos en otros textos o formando parte de la historiografía en prosa. La temática es, a nuestros ojos, histórica pero a la del público de la época totalmente contemporánea. Asistimos siempre a relatos épicos, de guerreros en algún trance vital importante. Según Menéndez Pidal, el mayor estudioso de estos romances, estos son los ejemplos de cantares de gesta que circularon de forma oral desde el siglo XI hasta bien entrado el Renacimiento literario. Gran parte de ellos narran la particular lucha conocida como Reconquista desde los reinos cristianos del norte hacia los musulmanes del sur. Otros se entretienen con guerras entre nobles vecinos y, en todos ellos, se muestra el clima belicista que impregnó toda la Edad Media.  

Los ejemplos de cantares de gesta más importantes 

1.- Cantar del rey Rodrigo y la pérdida de España 

Es quizás el más antiguo y narra la traición del rey don Rodrigo al entregar el reino visigodo (origen de España) a los musulmanes. El monarca, enamorado de forma patológica de la Cava, descuida sus obligaciones y permite la invasión de los enemigos. 

2.- El Conde Fernán González

La historia del libertador (de manos musulmanas) del Condado de Castilla fue objeto incluso de un poema del mester de clerecía. Hay que recordar que solo los grandes héroes (aunque este era altivo y rebelde) merecían varias historias y versiones de sus aventuras.  

3.- Cantar de los Siete Infantes de Lara

Este fue reconstruido por Menéndez Pidal y la versión en prosa se encuentra recogida en la Primera Crónica General de 1344. 

4.- Cantar de Roncesvalles 

Este es uno de los ejemplos de cantares de gesta de los que se conservan algunos versos escritos. Aunque en un principio se consideró una traducción, Menéndez Pidal anotó que el poeta que lo compuso solo tiene en cuenta el tema. La estructura o la versificación lo alejan de los cantares de gesta franceses que seguían un metro más marcado.  

Otros ejemplos de cantares de gesta

1.- Cantar de la condesa traidora y del conde Sancho García. 

2.- Romance del Infante García. 

3.- Cantar de la Jura de Santa Gadea

4.- Gesta de Ramiro y García, hijos de Sancho el Mayor. 

5.- Cantar de la Jura de Santa Gadea.

6.- Cantar de la muerte del rey don Fernando. 

7.- Cantar de Sancho II de Castilla y el cerco de Zamora. 

8.- Cantar de las mocedades de Rodrigo. 

9.- Cantar de la mora Zaida. 

10.- Poema de Bernardo del Carpio. 

11.- Gesta del Abad don Juan de Montemayor. 

Posterior es el Cantar de las mocedades de don Rodrigo, una especia de continuación del Poema de Mío Cid. Es unánime la crítica al entender que los temas más queridos por el público tenían como segunda o terceras partes donde se daba cuenta de algún aspecto de la biografía del héroe no recogido en los romances originales. 

Estos ejemplos de cantares de gesta castellanos nos hablan de un mundo en el que la población pobre, analfabeta y confinada prácticamente alrededor de un castillo y sus tierras de por vida exigía historias reales. Con ellas se entretenía a la par que se informaba de aquello que sucedía a su alrededor.  Los juglares habían aparcado el latín (o sencillamente no lo conocían) para recitar estos poemas en las nuevas lenguas romances con un estilo sencillo, en verso con rima en asonante y una estructura adaptada a los días de feria. El carácter oral y eminentemente popular hicieron que la gran mayoría de estos ejemplos de cantares de gesta se perdieran en las nieblas del tiempo.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

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Los cantares de gesta son la primera manifestación poética de la literatura medieval en lengua romance (la que evoluciona del latín). Por sus características especiales pocos han llegado hasta nosotros tal como se concibieron en la época. Los ejemplos de cantares de gesta en castellano se entienden, en mayor parte, a partir de la historiografía en prosa. Tenemos varias excepciones como es el Cantar de Roncesvalles del que se encontraron 100 versos en Palencia en 1916. Y, por supuesto, conocemos esta manifestación de las letras castellanas a través del Cantar del Mío Cid, el cual no está en la lista a continuación porque merece (y lo tiene) estudio aparte.  

¿Qué son los cantares de gesta y cómo se distinguen de otros poemas medievales?

Para entenderlos tenemos que referirnos a esa figura (que en los últimos tiempos se ha retomado por artistas callejeros) que es la del juglar. Eran estos artistas auténticos showman viviendo de manera nómada de pueblo en pueblo. En una época en la que la mayoría de la población estaba acosada por guerras constantes, asedios, hambrunas y privaciones, el juglar era el único que llevaba la cultura y el entretenimiento a todos los rincones habitados. 

Los cantares de gesta formaban parte de su espectáculo en el que se combinaba la música, la danza, los malabares e, incluso, algunos números con animales. Estos eran recitados oralmente de memoria y, según algunos historiadores, a petición del público. ¿Por qué? Porque los ejemplos de cantares de gesta que nos han llegado nos dicen de historias reales (tan reales que forman parte de los libros de historia). Sin obviar su literariedad, un público analfabeto que apenas salía de su terruño estaba ávido de noticias verdaderas (aunque, por supuesto, algunas estaban magnificadas o adobadas con ficción) de sus contemporáneos, de sus hazañas y de sus aventuras. De esto se encargaban los juglares con unos poemas totalmente anónimos, frescos, sencillos y de gran fuerza expresiva. Ellos eran las almas del mester de juglaría, en contraposición al mester de clerecía culto de los clérigos. 

Sin embargo, los cantares de gesta eran composiciones largas divididas para recitarse en varios días (por eso hay párrafos que son resúmenes o recuerdos) y conformados para ser memorizados. Recordemos que los libros, en la época, eran bienes de lujo difíciles de fabricar. Así que había que dejarlo todo al talento del juglar que se ganaba la vida en los días de feria o en ocasiones especiales. Eran estas bodas, bautizos o batallas ganadas que se celebraban a costa del señor del lugar para regocijo de los aldeanos. 

Ejemplos de cantares de gesta

En castellano solo una gran obra ha llegado escrita hasta nosotros y esa es el Poema del Mío Cid custodiado en una caja de alta seguridad en la Biblioteca Nacional de España. Los otros lo conocemos por retazos, a veces insertos en otros textos o formando parte de la historiografía en prosa. La temática es, a nuestros ojos, histórica pero a la del público de la época totalmente contemporánea. Asistimos siempre a relatos épicos, de guerreros en algún trance vital importante. Según Menéndez Pidal, el mayor estudioso de estos romances, estos son los ejemplos de cantares de gesta que circularon de forma oral desde el siglo XI hasta bien entrado el Renacimiento literario. Gran parte de ellos narran la particular lucha conocida como Reconquista desde los reinos cristianos del norte hacia los musulmanes del sur. Otros se entretienen con guerras entre nobles vecinos y, en todos ellos, se muestra el clima belicista que impregnó toda la Edad Media.  

Los ejemplos de cantares de gesta más importantes 

1.- Cantar del rey Rodrigo y la pérdida de España 

Es quizás el más antiguo y narra la traición del rey don Rodrigo al entregar el reino visigodo (origen de España) a los musulmanes. El monarca, enamorado de forma patológica de la Cava, descuida sus obligaciones y permite la invasión de los enemigos. 

2.- El Conde Fernán González

La historia del libertador (de manos musulmanas) del Condado de Castilla fue objeto incluso de un poema del mester de clerecía. Hay que recordar que solo los grandes héroes (aunque este era altivo y rebelde) merecían varias historias y versiones de sus aventuras.  

3.- Cantar de los Siete Infantes de Lara

Este fue reconstruido por Menéndez Pidal y la versión en prosa se encuentra recogida en la Primera Crónica General de 1344. 

4.- Cantar de Roncesvalles 

Este es uno de los ejemplos de cantares de gesta de los que se conservan algunos versos escritos. Aunque en un principio se consideró una traducción, Menéndez Pidal anotó que el poeta que lo compuso solo tiene en cuenta el tema. La estructura o la versificación lo alejan de los cantares de gesta franceses que seguían un metro más marcado.  

Otros ejemplos de cantares de gesta

1.- Cantar de la condesa traidora y del conde Sancho García. 

2.- Romance del Infante García. 

3.- Cantar de la Jura de Santa Gadea

4.- Gesta de Ramiro y García, hijos de Sancho el Mayor. 

5.- Cantar de la Jura de Santa Gadea.

6.- Cantar de la muerte del rey don Fernando. 

7.- Cantar de Sancho II de Castilla y el cerco de Zamora. 

8.- Cantar de las mocedades de Rodrigo. 

9.- Cantar de la mora Zaida. 

10.- Poema de Bernardo del Carpio. 

11.- Gesta del Abad don Juan de Montemayor. 

Posterior es el Cantar de las mocedades de don Rodrigo, una especia de continuación del Poema de Mío Cid. Es unánime la crítica al entender que los temas más queridos por el público tenían como segunda o terceras partes donde se daba cuenta de algún aspecto de la biografía del héroe no recogido en los romances originales. 

Estos ejemplos de cantares de gesta castellanos nos hablan de un mundo en el que la población pobre, analfabeta y confinada prácticamente alrededor de un castillo y sus tierras de por vida exigía historias reales. Con ellas se entretenía a la par que se informaba de aquello que sucedía a su alrededor.  Los juglares habían aparcado el latín (o sencillamente no lo conocían) para recitar estos poemas en las nuevas lenguas romances con un estilo sencillo, en verso con rima en asonante y una estructura adaptada a los días de feria. El carácter oral y eminentemente popular hicieron que la gran mayoría de estos ejemplos de cantares de gesta se perdieran en las nieblas del tiempo.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

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La crítica literaria considera que los cantares de gesta, con el Poema de Mío Cid a la cabeza,  son las primeras manifestaciones artísticas en lengua castellana. Esto es, hasta la aparición de estos versos que, en general, cantan las hazañas de héroes conocidos, la producción literaria  era exclusivamente en latín. Dicho esto, pongo la primera aclaración ya que también esta misma crítica no se pone de acuerdo si los cantares de gesta coincidieron en el tiempo con las jarchas mozárabes las cuales también merecen estudio aparte.  Para rizar el rizo de estos breves poemas escritos,  pertenecientes a la tradición árabe o judía, apenas quedan fragmentos escritos. Y parte de ellos, como ha sucedido con la poesía épica, se ha perdido en las nieblas del tiempo.

 

Definición de los cantares de gesta

Bajo esta denominación encontramos poemas en lengua romance (las que surgen por evolución natural del latín) originados a partir del siglo XI para ser recitados por un juglar que recorría caminos, pueblos e incipientes ciudades. Perduraron hasta la irrupción de los burgos con su nueva forma de entender el mundo bajo lo que se ha denominado Renacimiento. 

Los cantares de gesta se memorizaban para ser recitados entre un público mayoritariamente analfabeto, pobre y aislado que se deleitaba con las “noticias” de héroes diversos. Eran estos personajes reales cuya vida merecía, para los parámetros de la época, ser cantada, recitada y conocida. La literatura medieval era, como norma general, sencilla en extremo con un alto contenido oral ya que los libros (manuscritos caros y difíciles de producir) eran un bien escaso. Y más escaso era aún el porcentaje de un público medianamente alfabetizado.  

Características de los cantares de gesta

La única manera de definir y de delimitar esta poesía, única de un tiempo aún por conocer,  es desgranando sus particularidades y características generales. Con ellas se llega a la esencia de estos poemas que fueron el único acercamiento a la literatura en lengua romance por parte del pueblo. 

1.- Los cantares de gesta están escrito en lengua romance 

Los hay franceses y en otras lenguas pero en castellano alcanzaron una calidad insuperable a igual que siglos después sucedería con la mística en la literatura española. Nos encontramos ante un público hambriento de todo tipo de bienes (incluso los culturales), analfabeto y que desconoce el poco conocimiento que se guardan en los libros. No solo han olvidado el latín (la lengua de la enseñanza y la educación) sino que el analfabetismo roza el 90% de la población, atrapando incluso a algunas capas o miembros de la nobleza.  La fuente de información, por tanto, solo le llega por los símbolos presentes en la poca arquitectura común que se levanta y por unos personajes muy particulares: los juglares.  

2.- No se puede entender el cantar de gesta sin el mester de juglaría

Y el otro sería el de clerecía que merece estudio aparte. El mester de juglaría es el que llevan a cabo unos particulares poetas a medio camino entre comediantes, rapsodas, poetas y aventureros. Recorren caminos (peligrosísimos en la época), se enfrentan a incomodidades y van de pueblo en pueblo llevando a sus gentes estas historias que recitan de manera oral durante varios días y hay quienes afirman que apoyándose en algún instrumento musical elemental. Viven de la caridad casi o de los pequeños mecenazgos que se encuentran a su paso. 

3.- Los cantares de gesta no han perdurado de manera escrita 

Al juglar se le pedía talento para el arte y también una buena memoria porque los versos de las historias de la poesía épica no aparecían escritos ante él. ¡Ni mucho menos! El papel o la tinta eran bienes escasos. Por eso, solo se ponía por escrito aquellos textos que se consideraban de importancia tales como los heredados de la literatura griega o romana y los religiosos. Esto explica que apenas nos hayan llegado libros de la época cuya ejecución era harto laboriosa. Sí es verdad que tenemos bellos ejemplares miniados de estos siglos, como los impresionantes Beatos por poner un caso. Pero estos se explican por el miedo milenarista (a que se acabara el mundo) alrededor del siglo X, hecho colectivo que está detrás de la proliferación de estas preciosas obras. 

4.- Como los cantares de gesta eran orales no encontramos textos “limpios”

Esto es, no podemos ver en estos poemas medievales obras acabadas, terminadas o pulidas desde el punto de vista estilístico. En ellos nos encontramos repeticiones, resúmenes, “errores”, cambios y contradicciones. Eso, por supuesto, no quita un ápice de la calidad literaria de estos versos. Todo lo contrario, ya que aportan frescura a raudales a la par que nos introducen en una época emocional que se nos antoja lejana. 

5.- El juglar era un auténtico showman 

No podemos desvincular el desarrollo de los cantares de gesta de estos personajes tan peculiares mezcla de titiriteros, poetas, rapsodas, malabaristas y músicos. Sus espectáculos eran esperados por los habitantes de los pueblos y, a veces, nos encontramos con auténticas compañías tal cual circos ambulantes. Durante varios días, una población que apenas salía a diez kilómetros a la redonda (literal) se entretenía con malabares, pantomimas, danzas y literatura. Música y espectáculo en el que participaban, según los últimos estudios, artistas de ambos géneros sin miedo a viajar y vivir en libertad (cuando nadie lo hacía recordemos). 

Los cantares de gesta se encuadran dentro de estos espectáculos variados que, en ocasiones, nada tenían que ver con la literatura al incorporar, por ejemplo, algún número con animales. Además, estos no se hacían solo por libre sino que también formaban parte de los fastos de algún acontecimiento gozoso (bodas, bautizos, batallas ganadas…) a costa del señor del lugar.  

6.- Un juglar no es un trovador

Estos últimos aparecerían más tarde y son poetas-músicos tal como lo podemos concebir hoy en día. La mayoría pertenecían a la clase alta (como el creador de Coplas a la muerte de su padre que vivió en la transición al Renacimiento) o estaban al amparo de un noble. Los artistas del mester de juglaría, que consiguieron dejar para la posteridad los cantares de gesta eran personajes más cercanos a los aventureros. Independientes de la sociedad vivían, en ocasiones, a su aire fuera de toda normal moral que tanto escandalizaba en la época. 

7.- Los cantares de gesta alaban las hazañas de un héroe 

Y estos personajes llevaban de pueblo en pueblo las historias verdaderas (aunque en algunos puntos a todas luces exageradas o magnificadas) de los guerreros medievales más conocidos. Se narra, pues, cosas “hechas”, “sucedidas”, “verídicas”, “reales” y maravillosas para deleite y conocimiento del pueblo. Las aventuras se toman de la historia contemporánea repleta de guerras entre hermanos, deslealtades, conquistas, asedios y, también, grandes hazañas. Se hacía, por supuesto, en verso y no en prosa. Así podía ser cantado, recitado y memorizado con mayor facilidad, cuando no acompañados musicalmente. Y estas obras juglarescas querían ser distintas de la de los trovadores, nobles ociosos que no escribían por dinero y que se inventaban sus historias, la mayoría alrededor de la temática del amor platónico (o no tanto que de todo había).  

8.- Los cantares de gesta tenían como destinatario el pueblo

El más llano, el más sencillo, el que no sabía leer ni escribir. Tampoco tenía conocimiento de lo poco o mucho que sucedía a su alrededor. Eran historias cantadas (orales), sencillas y cuyo protagonista era un héroe. Por eso, perduraban o eran objeto de uno o más poemas aquellos hechos, acontecimientos o narrativas preferidas de las gentes sencillas. Historiadores hay quienes afirman que los juglares llevaban varias obras en repertorio y que se cantaban aquellas preferidas del público. Por eso, las que no tenían este favor eran desechadas muy pronto. Y, por tanto, olvidadas o perdidas a no existir constancia escrita. 

9.- Los cantares de gesta eran los periódicos de la época 

Porque en estas obras se narran sucesos contemporáneos o de la historia muy reciente. El público exigía conocer con detalle a través de la belleza de la literatura un relato del que previamente tenía constancia y no le importaba volver una y otra vez a la misma historia. Si a eso unimos que la originalidad artística tal como hoy la conocemos no se fragua con fuerza hasta más tarde, entendemos mejor este extremo. 

10.- La mayoría de los cantares de gesta se han perdido 

Con todos estos datos no es de extrañar que la mayoría (si no todos) de estos poemas épicos hayan sucumbido a las nieblas del tiempo. Solo los favoritos del público llegaban a escribirse para que sirvieran de estudio a los juglares. El resto quedaron olvidados entre los recovecos de las plazas y los caminos. 

11.- Los cantares de gesta son anónimos 

Y es más ni siquiera se sabe si estas grandes obras, como la Chanson de Roland en Francia o el Cantar del Mío Cid en España, son de única mano. Hay críticos, como el galo Bédier, quien afirma que fueron creadas por un único autor en época tardía (siglo XII) aprovechando la ola de éxito de otros poemas que se han perdido. Serían obras escritas décadas después de los hechos y siempre con una finalidad artística de un creador concreto. Esta es la teoría individualista.  

Por contra, la tradicionalista sostiene que estos poemas han llegado hasta nosotros como el resultado de una amalgama del trabajo de distintos artistas. Sin embargo, a pesar del carácter nómada, ecléctico y desordenado del mester de juglaría, esta teoría es difícil de sostener y máxime cuando no tenemos fragmentos que lo avalen. Dejo aquí las palabras de Menéndez Pidal, máximo estudioso de esta forma literaria. 

“ Sería un milagro literario absolutamente incomprensible; tuvieron que precederles muchos siglos de trabajo para que la vulgaridad de uno y otro idioma naciente, y la de sus habitantes, fuese elevada a la necesaria dignidad artística. En los textos conservados el genio épico aparece constituido con caracteres formales e ideológicos totalmente extraños a las obras latinas antiguas y alto-medievales que se pretende hayan sido inspiradoras únicas”.  

12.- Los cantares de gestas son realistas

La épica castellana se ciñe a hechos de la historia incluso a la toponimia o los nombres de los personajes. Aquí no aparecen episodios fantásticos en los que fuerzas sobrenaturales ayudan al héroe. Sin obviar su vertiente poética (que es de gran calidad),  se rige por parámetro de verosimilitud de  los acontecimientos históricos que son objeto. Bien es verdad que hay algunos críticos que señalan el mundo de los sueños o realizaciones grandiosas (consideradas milagros) tras un ruego a la divinidad. En este sentido, no podemos analizar estas obras con la mirada descreída del europeo tecnificado del siglo XXI. En aquella época el cien por cien de la población tenía como cierto estas manifestaciones divinas a través del mundo onírico. Es más, hasta la llegada del Realismo literario en el siglo XIX, no encontramos una fuente literaria que, en sus raíces, haga gala de ese intento, a todas luces, de verosimilitud. 

13.- Metros y rimas de los cantares de gesta

Caracterizado por una rima en asonante, no encontramos uniformidad en el número de versos. Sí es una constante la existencia de un hemistiquio o pausa  que divide el verso en dos partes. El número de sílabas más corriente es de 7, aunque también pueden llegar a 6 u 8. En palabras de Menéndez Pidal 

“Este apego a la rima asonante y a la irregularidad métrica demuestra el carácter extremadamente arcaico y tradicionalista de la epopeya española”. 

Ejemplos de cantares de gesta 

Hay que empezar por la más importante manifestación de la épica castellana que es el Cantar del Mío Cid el cual se ha conservado escrito casi íntegro en una versión de máxima belleza. Se guarda en una caja de máxima seguridad en la Biblioteca Nacional de Madrid. En ella se narra las aventuras de Rodrigo Díaz de Vivar en su lucha tanto con reinos musulmanes como cristianos así como con las traiciones y deslealtades que sufrió.  

De la lista que pongo aquí apenas han llegado obras en verso. Se sabe que fueron temáticas populares porque, o bien tenemos fragmentos (a veces insertos en otra obra) o bien están recogidos en la historiografía en prosa. Esto es, si los cantares de gesta constituían la manifestación literaria poética oral de los hechos que interesaban al pueblo, los estudiosos entienden que tuvieron que existir creaciones sobre los siguientes ciclos:  

1.- Cantar del rey Rodrigo y la pérdida de España. 

2.- El Conde Fernán González. 

3.- Cantar de la condesa traidora y del conde Sancho García. 

4.- Romance del Infante García. 

5.- Cantar de los Siete Infantes de Lara. 

6.- Cantar de la Jura de Santa Gadea

7.- Gesta de Ramiro y García, hijos de Sancho el Mayor. 

8.- Cantar de la Jura de Santa Gadea.

9.- Cantar de la muerte del rey don Fernando. 

10.- Cantar de Sancho II de Castilla y el cerco de Zamora. 

11.- Cantar de las mocedades de Rodrigo. 

12.- Cantar de Roncesvalles

13.- Cantar de la mora Zaida. 

14.- Poema de Bernardo del Carpio. 

15.- Gesta del Abad don Juan de Montemayor.  

Los cantares de gesta, por tanto, fueron las piezas centrales del trabajo poético de lo que la crítica ha denominado mester de juglaría. Difíciles de estudiar por su carácter oral, anónimo y por quedar poco o nada escrito. Si hay algo que explique el que no fuera recogido en una obra fue la consideración que de estas obras se tenían en la época: literatura sencilla para el entretenimiento del pueblo que no podía tener la importancia o consideración, no ya de las grandes obras del mester de clerecía, sino de la literatura en las llamadas lenguas cultas (latín o griego). Afortunadamente, solo con el Poema del Mío Cid hoy podemos disfrutar de la radical belleza de estas obras poéticas. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

 

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La crítica literaria considera que los cantares de gesta, con el Poema de Mío Cid a la cabeza,  son las primeras manifestaciones artísticas en lengua castellana. Esto es, hasta la aparición de estos versos que, en general, cantan las hazañas de héroes conocidos, la producción literaria  era exclusivamente en latín. Dicho esto, pongo la primera aclaración ya que también esta misma crítica no se pone de acuerdo si los cantares de gesta coincidieron en el tiempo con las jarchas mozárabes las cuales también merecen estudio aparte.  Para rizar el rizo de estos breves poemas escritos,  pertenecientes a la tradición árabe o judía, apenas quedan fragmentos escritos. Y parte de ellos, como ha sucedido con la poesía épica, se ha perdido en las nieblas del tiempo.

 

Definición de los cantares de gesta

Bajo esta denominación encontramos poemas en lengua romance (las que surgen por evolución natural del latín) originados a partir del siglo XI para ser recitados por un juglar que recorría caminos, pueblos e incipientes ciudades. Perduraron hasta la irrupción de los burgos con su nueva forma de entender el mundo bajo lo que se ha denominado Renacimiento. 

Los cantares de gesta se memorizaban para ser recitados entre un público mayoritariamente analfabeto, pobre y aislado que se deleitaba con las “noticias” de héroes diversos. Eran estos personajes reales cuya vida merecía, para los parámetros de la época, ser cantada, recitada y conocida. La literatura medieval era, como norma general, sencilla en extremo con un alto contenido oral ya que los libros (manuscritos caros y difíciles de producir) eran un bien escaso. Y más escaso era aún el porcentaje de un público medianamente alfabetizado.  

Características de los cantares de gesta

La única manera de definir y de delimitar esta poesía, única de un tiempo aún por conocer,  es desgranando sus particularidades y características generales. Con ellas se llega a la esencia de estos poemas que fueron el único acercamiento a la literatura en lengua romance por parte del pueblo. 

1.- Los cantares de gesta están escrito en lengua romance 

Los hay franceses y en otras lenguas pero en castellano alcanzaron una calidad insuperable a igual que siglos después sucedería con la mística en la literatura española. Nos encontramos ante un público hambriento de todo tipo de bienes (incluso los culturales), analfabeto y que desconoce el poco conocimiento que se guardan en los libros. No solo han olvidado el latín (la lengua de la enseñanza y la educación) sino que el analfabetismo roza el 90% de la población, atrapando incluso a algunas capas o miembros de la nobleza.  La fuente de información, por tanto, solo le llega por los símbolos presentes en la poca arquitectura común que se levanta y por unos personajes muy particulares: los juglares.  

2.- No se puede entender el cantar de gesta sin el mester de juglaría

Y el otro sería el de clerecía que merece estudio aparte. El mester de juglaría es el que llevan a cabo unos particulares poetas a medio camino entre comediantes, rapsodas, poetas y aventureros. Recorren caminos (peligrosísimos en la época), se enfrentan a incomodidades y van de pueblo en pueblo llevando a sus gentes estas historias que recitan de manera oral durante varios días y hay quienes afirman que apoyándose en algún instrumento musical elemental. Viven de la caridad casi o de los pequeños mecenazgos que se encuentran a su paso. 

3.- Los cantares de gesta no han perdurado de manera escrita 

Al juglar se le pedía talento para el arte y también una buena memoria porque los versos de las historias de la poesía épica no aparecían escritos ante él. ¡Ni mucho menos! El papel o la tinta eran bienes escasos. Por eso, solo se ponía por escrito aquellos textos que se consideraban de importancia tales como los heredados de la literatura griega o romana y los religiosos. Esto explica que apenas nos hayan llegado libros de la época cuya ejecución era harto laboriosa. Sí es verdad que tenemos bellos ejemplares miniados de estos siglos, como los impresionantes Beatos por poner un caso. Pero estos se explican por el miedo milenarista (a que se acabara el mundo) alrededor del siglo X, hecho colectivo que está detrás de la proliferación de estas preciosas obras. 

4.- Como los cantares de gesta eran orales no encontramos textos “limpios”

Esto es, no podemos ver en estos poemas medievales obras acabadas, terminadas o pulidas desde el punto de vista estilístico. En ellos nos encontramos repeticiones, resúmenes, “errores”, cambios y contradicciones. Eso, por supuesto, no quita un ápice de la calidad literaria de estos versos. Todo lo contrario, ya que aportan frescura a raudales a la par que nos introducen en una época emocional que se nos antoja lejana. 

5.- El juglar era un auténtico showman 

No podemos desvincular el desarrollo de los cantares de gesta de estos personajes tan peculiares mezcla de titiriteros, poetas, rapsodas, malabaristas y músicos. Sus espectáculos eran esperados por los habitantes de los pueblos y, a veces, nos encontramos con auténticas compañías tal cual circos ambulantes. Durante varios días, una población que apenas salía a diez kilómetros a la redonda (literal) se entretenía con malabares, pantomimas, danzas y literatura. Música y espectáculo en el que participaban, según los últimos estudios, artistas de ambos géneros sin miedo a viajar y vivir en libertad (cuando nadie lo hacía recordemos). 

Los cantares de gesta se encuadran dentro de estos espectáculos variados que, en ocasiones, nada tenían que ver con la literatura al incorporar, por ejemplo, algún número con animales. Además, estos no se hacían solo por libre sino que también formaban parte de los fastos de algún acontecimiento gozoso (bodas, bautizos, batallas ganadas…) a costa del señor del lugar.  

6.- Un juglar no es un trovador

Estos últimos aparecerían más tarde y son poetas-músicos tal como lo podemos concebir hoy en día. La mayoría pertenecían a la clase alta (como el creador de Coplas a la muerte de su padre que vivió en la transición al Renacimiento) o estaban al amparo de un noble. Los artistas del mester de juglaría, que consiguieron dejar para la posteridad los cantares de gesta eran personajes más cercanos a los aventureros. Independientes de la sociedad vivían, en ocasiones, a su aire fuera de toda normal moral que tanto escandalizaba en la época. 

7.- Los cantares de gesta alaban las hazañas de un héroe 

Y estos personajes llevaban de pueblo en pueblo las historias verdaderas (aunque en algunos puntos a todas luces exageradas o magnificadas) de los guerreros medievales más conocidos. Se narra, pues, cosas “hechas”, “sucedidas”, “verídicas”, “reales” y maravillosas para deleite y conocimiento del pueblo. Las aventuras se toman de la historia contemporánea repleta de guerras entre hermanos, deslealtades, conquistas, asedios y, también, grandes hazañas. Se hacía, por supuesto, en verso y no en prosa. Así podía ser cantado, recitado y memorizado con mayor facilidad, cuando no acompañados musicalmente. Y estas obras juglarescas querían ser distintas de la de los trovadores, nobles ociosos que no escribían por dinero y que se inventaban sus historias, la mayoría alrededor de la temática del amor platónico (o no tanto que de todo había).  

8.- Los cantares de gesta tenían como destinatario el pueblo

El más llano, el más sencillo, el que no sabía leer ni escribir. Tampoco tenía conocimiento de lo poco o mucho que sucedía a su alrededor. Eran historias cantadas (orales), sencillas y cuyo protagonista era un héroe. Por eso, perduraban o eran objeto de uno o más poemas aquellos hechos, acontecimientos o narrativas preferidas de las gentes sencillas. Historiadores hay quienes afirman que los juglares llevaban varias obras en repertorio y que se cantaban aquellas preferidas del público. Por eso, las que no tenían este favor eran desechadas muy pronto. Y, por tanto, olvidadas o perdidas a no existir constancia escrita. 

9.- Los cantares de gesta eran los periódicos de la época 

Porque en estas obras se narran sucesos contemporáneos o de la historia muy reciente. El público exigía conocer con detalle a través de la belleza de la literatura un relato del que previamente tenía constancia y no le importaba volver una y otra vez a la misma historia. Si a eso unimos que la originalidad artística tal como hoy la conocemos no se fragua con fuerza hasta más tarde, entendemos mejor este extremo. 

10.- La mayoría de los cantares de gesta se han perdido 

Con todos estos datos no es de extrañar que la mayoría (si no todos) de estos poemas épicos hayan sucumbido a las nieblas del tiempo. Solo los favoritos del público llegaban a escribirse para que sirvieran de estudio a los juglares. El resto quedaron olvidados entre los recovecos de las plazas y los caminos. 

11.- Los cantares de gesta son anónimos 

Y es más ni siquiera se sabe si estas grandes obras, como la Chanson de Roland en Francia o el Cantar del Mío Cid en España, son de única mano. Hay críticos, como el galo Bédier, quien afirma que fueron creadas por un único autor en época tardía (siglo XII) aprovechando la ola de éxito de otros poemas que se han perdido. Serían obras escritas décadas después de los hechos y siempre con una finalidad artística de un creador concreto. Esta es la teoría individualista.  

Por contra, la tradicionalista sostiene que estos poemas han llegado hasta nosotros como el resultado de una amalgama del trabajo de distintos artistas. Sin embargo, a pesar del carácter nómada, ecléctico y desordenado del mester de juglaría, esta teoría es difícil de sostener y máxime cuando no tenemos fragmentos que lo avalen. Dejo aquí las palabras de Menéndez Pidal, máximo estudioso de esta forma literaria. 

“ Sería un milagro literario absolutamente incomprensible; tuvieron que precederles muchos siglos de trabajo para que la vulgaridad de uno y otro idioma naciente, y la de sus habitantes, fuese elevada a la necesaria dignidad artística. En los textos conservados el genio épico aparece constituido con caracteres formales e ideológicos totalmente extraños a las obras latinas antiguas y alto-medievales que se pretende hayan sido inspiradoras únicas”.  

12.- Los cantares de gestas son realistas

La épica castellana se ciñe a hechos de la historia incluso a la toponimia o los nombres de los personajes. Aquí no aparecen episodios fantásticos en los que fuerzas sobrenaturales ayudan al héroe. Sin obviar su vertiente poética (que es de gran calidad),  se rige por parámetro de verosimilitud de  los acontecimientos históricos que son objeto. Bien es verdad que hay algunos críticos que señalan el mundo de los sueños o realizaciones grandiosas (consideradas milagros) tras un ruego a la divinidad. En este sentido, no podemos analizar estas obras con la mirada descreída del europeo tecnificado del siglo XXI. En aquella época el cien por cien de la población tenía como cierto estas manifestaciones divinas a través del mundo onírico. Es más, hasta la llegada del Realismo literario en el siglo XIX, no encontramos una fuente literaria que, en sus raíces, haga gala de ese intento, a todas luces, de verosimilitud. 

13.- Metros y rimas de los cantares de gesta

Caracterizado por una rima en asonante, no encontramos uniformidad en el número de versos. Sí es una constante la existencia de un hemistiquio o pausa  que divide el verso en dos partes. El número de sílabas más corriente es de 7, aunque también pueden llegar a 6 u 8. En palabras de Menéndez Pidal 

“Este apego a la rima asonante y a la irregularidad métrica demuestra el carácter extremadamente arcaico y tradicionalista de la epopeya española”. 

Ejemplos de cantares de gesta 

Hay que empezar por la más importante manifestación de la épica castellana que es el Cantar del Mío Cid el cual se ha conservado escrito casi íntegro en una versión de máxima belleza. Se guarda en una caja de máxima seguridad en la Biblioteca Nacional de Madrid. En ella se narra las aventuras de Rodrigo Díaz de Vivar en su lucha tanto con reinos musulmanes como cristianos así como con las traiciones y deslealtades que sufrió.  

De la lista que pongo aquí apenas han llegado obras en verso. Se sabe que fueron temáticas populares porque, o bien tenemos fragmentos (a veces insertos en otra obra) o bien están recogidos en la historiografía en prosa. Esto es, si los cantares de gesta constituían la manifestación literaria poética oral de los hechos que interesaban al pueblo, los estudiosos entienden que tuvieron que existir creaciones sobre los siguientes ciclos:  

1.- Cantar del rey Rodrigo y la pérdida de España. 

2.- El Conde Fernán González. 

3.- Cantar de la condesa traidora y del conde Sancho García. 

4.- Romance del Infante García. 

5.- Cantar de los Siete Infantes de Lara. 

6.- Cantar de la Jura de Santa Gadea

7.- Gesta de Ramiro y García, hijos de Sancho el Mayor. 

8.- Cantar de la Jura de Santa Gadea.

9.- Cantar de la muerte del rey don Fernando. 

10.- Cantar de Sancho II de Castilla y el cerco de Zamora. 

11.- Cantar de las mocedades de Rodrigo. 

12.- Cantar de Roncesvalles

13.- Cantar de la mora Zaida. 

14.- Poema de Bernardo del Carpio. 

15.- Gesta del Abad don Juan de Montemayor.  

Los cantares de gesta, por tanto, fueron las piezas centrales del trabajo poético de lo que la crítica ha denominado mester de juglaría. Difíciles de estudiar por su carácter oral, anónimo y por quedar poco o nada escrito. Si hay algo que explique el que no fuera recogido en una obra fue la consideración que de estas obras se tenían en la época: literatura sencilla para el entretenimiento del pueblo que no podía tener la importancia o consideración, no ya de las grandes obras del mester de clerecía, sino de la literatura en las llamadas lenguas cultas (latín o griego). Afortunadamente, solo con el Poema del Mío Cid hoy podemos disfrutar de la radical belleza de estas obras poéticas. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

 

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Dejó escrito tan solo un puñado de versos, apenas tres poemas, pero fueron suficientes para encumbrarlo no solo en el canon literario español sino en las letras universales. Y todo ello, como ha sucedido con su compañera de orden, Santa Teresa de Jesús, sin proponérselo siquiera. Fue San Juan de la Cruz un fraile sencillo, recogido, humilde en su tarea reformadora (inspirado por la santa de Ávilla) que nunca aspiró a gloria literaria alguna. Con un lenguaje sencillo, fresco, único, personal y liviano levantó una obra perdurable hasta hoy en día. Los tres grandes poemas (que no fueron más) de Juan de Yepes (que con ese nombre nació) forman parte de lo más granado de la literatura mística universal. Vamos por partes.  

“Si Santa Teresa de Jesús representa la cima de la prosa mística española, San Juan de la Cruz -el otro gigante carmelita- eleva la poesía mística a la más intensa y sublime expresión a que ha llegado el misticismo universal. Culminación y superación a la vez de las más diversas corrientes, es cronológicamente el último de los grandes místicos y en él se acendran* y agotan las posibilidades de la poesía religiosa.  Incluso humanamente considerado, es una de las voces líricas más puras que jamás hayan existido”.  

Juan Luis Alborg

Biografía de San Juan de la Cruz

Nacido com Juan de Yepes y Álvarez en 1542 en un pequeño pueblo de Ávila (Fontiveros) bajo el arropo de una familia noble venida a menos. A pesar de que tuvo que trabajar como enfermero (por entonces el oficio no tenía la consideración de hoy en día), pudo estudiar con los jesuitas. Ingresó en la orden carmelita con tan solo diecinueve años para continuar formándose en la Universidad de Salamanca. El año que fue ordenado sacerdote, 1567, fue también el encuentro decisivo con la carismática Teresa de Ávila que insufló en el carácter tímido y retraído de San Juan de la Cruz los ánimos suficientes para que este iniciara un proceso reformador en la vertiente masculina de la orden.  

 

De complexión débil y frágil, apocado a veces, los estudiosos afirman que fue la animosa Teresa la que supo sacar lo mejor de él para que se embarcara en una aventura tremendamente peligrosa. Con este acompañamiento espiritual se decidió no solo por vivir en los principios austeros y primitivos de la orden sino también abanderó la fundación de más de un monasterio bajo los fundamentos de los reformadores descalzos. El primero de ellos fue en Durelo donde tomó el nombre con el que lo conocemos: Fray Juan de la Cruz. Le siguió Macera, Pastrana, Salamanca… No llegó al número de Teresa de Ávila, pero sí tuvo una actitud reformadora importante y esencial para la orden.  

El proceso inquisitorial de San Juan de la Cruz

Como sucedió con Fray Luis de León, fueron los mismos miembros de su orden, movidos por el miedo a sus reformas, la envidia o el odio, los que motivaron su arresto. Eso sucedió una noche fría de invierno de 1577 en Ávila donde ejercía de director espiritual de uno de los conventos fundado por su gran amiga. Desde allí lo llevaron preso hasta Toledo donde fue sometido a torturas físicas y psicológicas a lo largo de ocho meses que casi acaban con su persona. Durante ese tiempo, Teresa de Ávila intercedió largamente por él hasta que logró que pudiera escapar refugiándose en el monasterio de Almodóvar del Campo. Allí pudo recuperarse de las heridas gracias a que la santa había conseguido una especie de inmunidad para los descalzos. 

 

De allí pasó a Andalucía que se asentaba en el cristianismo tras la expulsión musulmana y judía. Es en este periodo de tiempo cuando escribe toda su poesía (cortísima) y lo poca prosa que nos ha llegado. Murió en Úbeda el 13 de diciembre de 1591. Su cuerpo es venerado hoy en día en Segovia. Fue beatificado en 1675 y nombrado santo en 1726. Había que esperar algunos siglos más para que fuera elevado a la condición de Doctor de la Iglesia. Eso fue en 1926.  

Obras de San Juan de la Cruz 

Intensa, breve y universal así es la obra del frágil carmelita, cenit de la poesía mística de todos los tiempos y lenguas. Tanto es así que se reduce a tres poemas y unos cuantos retazos en prosa, en su mayoría glosa de su propia obra. Sus versos son de tal intensidad y calidad que por sí solos han conseguido un lugar en el canon de las letras internacionales. Sus escritos han sido divididos en dos partes:

1.- La primera que sigue a la literatura renacentista encarnada por Garcilaso y Fray Luis de León la forman 5 canciones, dos glosas a lo divino y 10 romances. 

2.- Y la segunda eminentemente mística y donde se concentra lo mejor del poeta que nunca pretendió serlo. Si el primero es corto, este segundo es más aún, ya que lo forman solo tres títulos que, en esencia, tienen una unidad temática, ya que narran el camino místico de unión con Dios a través de tres etapas. Los tres títulos de las obras de San Juan de la Cruz que lo han encumbrado en la literatura universal son: 

  • Noche obscura del alma con ocho estrofas. En esta obra, escrita en liras, se narra el despojamiento de los sentidos terrenales como paso previo para la comunión con Dios. 
  • Cántico espiritual, con cuarenta estrofas, está también compuesto en liras y en él asistimos al proceso, camino o vía espiritual que llega a la comunión con Dios comenzando por la vía purgativa hasta la unitiva. 
  • Llama de amor viva con cuatro estrofas en el que se canta la unión gozosa divina, la suprema experiencia de comunión espiritual llegando al goce supremo a través del amor puro. 

Aparte de estos poemas, una vez compuestos todos los versos y al final de su vida, San Juan de la Cruz compuso unas glosas de su propia obra al estilo de la literatura medieval. En ellas, en prosa, en un estilo didáctico y sencillo intentó explicar a modo de comentario estilístico sus poemas. No llegó a terminarla. Estas se encuentran recogidas bajo el título de Subida del monte Carmelo

El estilo de la poesía de San Juan de la Cruz

Brevedad e inmersión en la literatura mística, una de las más profundas de la historia literaria se unen en un estilo sencillo, limpio, sereno y personal. Resumiendo muchísimo y reconociendo que cualquier intento de sintetizar siempre será parcial, estilísticamente tenemos lo siguiente:

1.- La poesía de San Juan de la Cruz es sencilla en extremo. En ella se refleja su experiencia mística personal libre de cualquier condicionante de otros autores más intelectuales y reflexivos. Eso le confiere la originalidad que lo ha encumbrado en el canon. 

2.- Eso no quita para que en ella se siga el modelo de las tres vías de la mística promulgada por San Bernardo. Recibe influjo también de San Agustín y, por supuesto, de su compañera de orden, Teresa de Ávila.

 

3.- Deja a un lado la métrica culta y toma formas poéticas más sencillas como son la lira y los romances con una fuerte influencia de la literatura renacentista de Garcilaso.  A pesar de que la literatura mística es el cenit de la experiencia religiosa, San Juan de la Cruz se basa en los poemas de temática amorosa pastoril para levantar su obra. Por supuesto, ese amor siempre es sagrado y nunca profano. 

4.- Para el poeta, la originalidad, el esteticismo, la formación de una obra con literariedad no era objetivo alguno. Su meta era, simplemente, dejar por escrito su experiencia mística, su profundo amor divino, su comunión espiritual con Dios. Por eso, no tiene empacho en tomar todo aquello que tiene a mano para construir su obra. 

5.- Este despojamiento de cualquier deseo de hacer literatura le lleva a utilizar un lenguaje fresco, directo, sereno, prodigioso casi, de una envergadura tal que se mantiene firme a lo largo del tiempo. 

6.- Toda la despreocupación estética se traspasa a la temática, en el deseo de dejar plasmado aquello que el poeta sentía en su arrobo místico. Por eso, los poemas son de una profundidad pocas veces superada en la literatura española. 

7.- San Juan de la Cruz no duda en echar mano de cualquier tipo de vocabulario, ya sea uno culto, un barbarismo, el lenguaje popular… Todo le sirve si está encaminado al fin que se propone. No hay en él nada que pueda catalogarse como ególatra. Se considera un instrumento de la divinidad y como tal deja a un lado cualquier atisbo de intelectualidad, de razón que pertenece a los hombres.   

8.- Es difícil explicar la frescura y originalidad de sus versos desde el punto de vista de la literatura crítica más allá de este despojamiento del deseo de literariedad. Sí destacar que sus frases son simples en extremo sin apenas recursos estilísticos.

9.- Sí recurre a la poderosa fuerza expresiva de los símbolos aún conocidos por un público amplio y presentes en cualquier forma artística en la época. Son importantes para poder adentrarse en esas aguas divinas tan difíciles de describir en un mundo profano.  

 

En definitiva, es la sencillez lo que caracteriza a la poesía de San Juan de la Cruz

Es la poesía de San Juan de la Cruz la expresión sencilla del más excelso género místico. Con estos tres poemas llega a la cumbre de esta forma de hacer literatura que no puede desligarse de una real, vívida y sentida experiencia religiosa. Acabo con palabras de Dámaso Alonso: 

“Su causa es la inefabilidad de la experiencia mística. Por ser inexpresable, la vivencia mística es solo pintada, mentada, a través de imágenes, en especial de imágenes del amor profano. Situado dentro de esta gran corriente, San Juan de la Cruz toma el máximo poema de amor, divinizado, que la tradición le ofrece: El cantar de los cantares. Cuando él echa mano de los elementos de amor profano que la poesía de su siglo (ya italianizante, ya tradicional) le brinda, no hace sino continuar el sentido de este proceso”.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla  

 

* Acendrar: Eliminar cualquier imperfección o defecto del carácter de una persona o de una cosa

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Dejó escrito tan solo un puñado de versos, apenas tres poemas, pero fueron suficientes para encumbrarlo no solo en el canon literario español sino en las letras universales. Y todo ello, como ha sucedido con su compañera de orden, Santa Teresa de Jesús, sin proponérselo siquiera. Fue San Juan de la Cruz un fraile sencillo, recogido, humilde en su tarea reformadora (inspirado por la santa de Ávilla) que nunca aspiró a gloria literaria alguna. Con un lenguaje sencillo, fresco, único, personal y liviano levantó una obra perdurable hasta hoy en día. Los tres grandes poemas (que no fueron más) de Juan de Yepes (que con ese nombre nació) forman parte de lo más granado de la literatura mística universal. Vamos por partes.  

“Si Santa Teresa de Jesús representa la cima de la prosa mística española, San Juan de la Cruz -el otro gigante carmelita- eleva la poesía mística a la más intensa y sublime expresión a que ha llegado el misticismo universal. Culminación y superación a la vez de las más diversas corrientes, es cronológicamente el último de los grandes místicos y en él se acendran* y agotan las posibilidades de la poesía religiosa.  Incluso humanamente considerado, es una de las voces líricas más puras que jamás hayan existido”.  

Juan Luis Alborg

Biografía de San Juan de la Cruz

Nacido com Juan de Yepes y Álvarez en 1542 en un pequeño pueblo de Ávila (Fontiveros) bajo el arropo de una familia noble venida a menos. A pesar de que tuvo que trabajar como enfermero (por entonces el oficio no tenía la consideración de hoy en día), pudo estudiar con los jesuitas. Ingresó en la orden carmelita con tan solo diecinueve años para continuar formándose en la Universidad de Salamanca. El año que fue ordenado sacerdote, 1567, fue también el encuentro decisivo con la carismática Teresa de Ávila que insufló en el carácter tímido y retraído de San Juan de la Cruz los ánimos suficientes para que este iniciara un proceso reformador en la vertiente masculina de la orden.  

 

De complexión débil y frágil, apocado a veces, los estudiosos afirman que fue la animosa Teresa la que supo sacar lo mejor de él para que se embarcara en una aventura tremendamente peligrosa. Con este acompañamiento espiritual se decidió no solo por vivir en los principios austeros y primitivos de la orden sino también abanderó la fundación de más de un monasterio bajo los fundamentos de los reformadores descalzos. El primero de ellos fue en Durelo donde tomó el nombre con el que lo conocemos: Fray Juan de la Cruz. Le siguió Macera, Pastrana, Salamanca… No llegó al número de Teresa de Ávila, pero sí tuvo una actitud reformadora importante y esencial para la orden.  

El proceso inquisitorial de San Juan de la Cruz

Como sucedió con Fray Luis de León, fueron los mismos miembros de su orden, movidos por el miedo a sus reformas, la envidia o el odio, los que motivaron su arresto. Eso sucedió una noche fría de invierno de 1577 en Ávila donde ejercía de director espiritual de uno de los conventos fundado por su gran amiga. Desde allí lo llevaron preso hasta Toledo donde fue sometido a torturas físicas y psicológicas a lo largo de ocho meses que casi acaban con su persona. Durante ese tiempo, Teresa de Ávila intercedió largamente por él hasta que logró que pudiera escapar refugiándose en el monasterio de Almodóvar del Campo. Allí pudo recuperarse de las heridas gracias a que la santa había conseguido una especie de inmunidad para los descalzos. 

 

De allí pasó a Andalucía que se asentaba en el cristianismo tras la expulsión musulmana y judía. Es en este periodo de tiempo cuando escribe toda su poesía (cortísima) y lo poca prosa que nos ha llegado. Murió en Úbeda el 13 de diciembre de 1591. Su cuerpo es venerado hoy en día en Segovia. Fue beatificado en 1675 y nombrado santo en 1726. Había que esperar algunos siglos más para que fuera elevado a la condición de Doctor de la Iglesia. Eso fue en 1926.  

Obras de San Juan de la Cruz 

Intensa, breve y universal así es la obra del frágil carmelita, cenit de la poesía mística de todos los tiempos y lenguas. Tanto es así que se reduce a tres poemas y unos cuantos retazos en prosa, en su mayoría glosa de su propia obra. Sus versos son de tal intensidad y calidad que por sí solos han conseguido un lugar en el canon de las letras internacionales. Sus escritos han sido divididos en dos partes:

1.- La primera que sigue a la literatura renacentista encarnada por Garcilaso y Fray Luis de León la forman 5 canciones, dos glosas a lo divino y 10 romances. 

2.- Y la segunda eminentemente mística y donde se concentra lo mejor del poeta que nunca pretendió serlo. Si el primero es corto, este segundo es más aún, ya que lo forman solo tres títulos que, en esencia, tienen una unidad temática, ya que narran el camino místico de unión con Dios a través de tres etapas. Los tres títulos de las obras de San Juan de la Cruz que lo han encumbrado en la literatura universal son: 

  • Noche obscura del alma con ocho estrofas. En esta obra, escrita en liras, se narra el despojamiento de los sentidos terrenales como paso previo para la comunión con Dios. 
  • Cántico espiritual, con cuarenta estrofas, está también compuesto en liras y en él asistimos al proceso, camino o vía espiritual que llega a la comunión con Dios comenzando por la vía purgativa hasta la unitiva. 
  • Llama de amor viva con cuatro estrofas en el que se canta la unión gozosa divina, la suprema experiencia de comunión espiritual llegando al goce supremo a través del amor puro. 

Aparte de estos poemas, una vez compuestos todos los versos y al final de su vida, San Juan de la Cruz compuso unas glosas de su propia obra al estilo de la literatura medieval. En ellas, en prosa, en un estilo didáctico y sencillo intentó explicar a modo de comentario estilístico sus poemas. No llegó a terminarla. Estas se encuentran recogidas bajo el título de Subida del monte Carmelo

El estilo de la poesía de San Juan de la Cruz

Brevedad e inmersión en la literatura mística, una de las más profundas de la historia literaria se unen en un estilo sencillo, limpio, sereno y personal. Resumiendo muchísimo y reconociendo que cualquier intento de sintetizar siempre será parcial, estilísticamente tenemos lo siguiente:

1.- La poesía de San Juan de la Cruz es sencilla en extremo. En ella se refleja su experiencia mística personal libre de cualquier condicionante de otros autores más intelectuales y reflexivos. Eso le confiere la originalidad que lo ha encumbrado en el canon. 

2.- Eso no quita para que en ella se siga el modelo de las tres vías de la mística promulgada por San Bernardo. Recibe influjo también de San Agustín y, por supuesto, de su compañera de orden, Teresa de Ávila.

 

3.- Deja a un lado la métrica culta y toma formas poéticas más sencillas como son la lira y los romances con una fuerte influencia de la literatura renacentista de Garcilaso.  A pesar de que la literatura mística es el cenit de la experiencia religiosa, San Juan de la Cruz se basa en los poemas de temática amorosa pastoril para levantar su obra. Por supuesto, ese amor siempre es sagrado y nunca profano. 

4.- Para el poeta, la originalidad, el esteticismo, la formación de una obra con literariedad no era objetivo alguno. Su meta era, simplemente, dejar por escrito su experiencia mística, su profundo amor divino, su comunión espiritual con Dios. Por eso, no tiene empacho en tomar todo aquello que tiene a mano para construir su obra. 

5.- Este despojamiento de cualquier deseo de hacer literatura le lleva a utilizar un lenguaje fresco, directo, sereno, prodigioso casi, de una envergadura tal que se mantiene firme a lo largo del tiempo. 

6.- Toda la despreocupación estética se traspasa a la temática, en el deseo de dejar plasmado aquello que el poeta sentía en su arrobo místico. Por eso, los poemas son de una profundidad pocas veces superada en la literatura española. 

7.- San Juan de la Cruz no duda en echar mano de cualquier tipo de vocabulario, ya sea uno culto, un barbarismo, el lenguaje popular… Todo le sirve si está encaminado al fin que se propone. No hay en él nada que pueda catalogarse como ególatra. Se considera un instrumento de la divinidad y como tal deja a un lado cualquier atisbo de intelectualidad, de razón que pertenece a los hombres.   

8.- Es difícil explicar la frescura y originalidad de sus versos desde el punto de vista de la literatura crítica más allá de este despojamiento del deseo de literariedad. Sí destacar que sus frases son simples en extremo sin apenas recursos estilísticos.

9.- Sí recurre a la poderosa fuerza expresiva de los símbolos aún conocidos por un público amplio y presentes en cualquier forma artística en la época. Son importantes para poder adentrarse en esas aguas divinas tan difíciles de describir en un mundo profano.  

 

En definitiva, es la sencillez lo que caracteriza a la poesía de San Juan de la Cruz

Es la poesía de San Juan de la Cruz la expresión sencilla del más excelso género místico. Con estos tres poemas llega a la cumbre de esta forma de hacer literatura que no puede desligarse de una real, vívida y sentida experiencia religiosa. Acabo con palabras de Dámaso Alonso: 

“Su causa es la inefabilidad de la experiencia mística. Por ser inexpresable, la vivencia mística es solo pintada, mentada, a través de imágenes, en especial de imágenes del amor profano. Situado dentro de esta gran corriente, San Juan de la Cruz toma el máximo poema de amor, divinizado, que la tradición le ofrece: El cantar de los cantares. Cuando él echa mano de los elementos de amor profano que la poesía de su siglo (ya italianizante, ya tradicional) le brinda, no hace sino continuar el sentido de este proceso”.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla  

 

* Acendrar: Eliminar cualquier imperfección o defecto del carácter de una persona o de una cosa

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La palabra mística procede del griego y el vocablo se refiere al sentido de cerrar. En esencia, este término alude a aquello oculto, secreto, desconocido que se produce en el interior de algunos espíritus elevados quienes, de una manera u otra, lo manifiestan de forma pública, aunque, en sus inicios, los receptores de estos escritos eran limitados en extremo. Aunque los mejores textos de la mística pertenecen a la poesía, tampoco se desdeña la prosa. La mística es la expresión de la más extraordinaria experiencia religiosa ajena a cualquier impostura, imposición o dogma, experimentada de forma individual y expresada en libertad. Por eso, no es de extrañar que algunos grandes nombres tuvieran serios problemas con la Inquisición o los procesos de censura de la época. La mística y su expresión literaria es revolucionaria porque no se atiene a la las reglas de obediencia. Son manifestaciones de la más extrema religiosidad que se entienden en el antropocentrismo imperante en el Renacimiento literario, cultural y social donde se desenvuelve.  

Qué es la mística y un intento de definición en su vertiente literaria  

Los místicos manejan una experiencia secreta en la que Dios se manifiesta con toda su grandeza y magnanimidad alejada de cualquier atisbo de dogmatismo o vulgaridad. A todo ello hay que unir una expresión literaria sublime por parte de los autores españoles que utilizan el lenguaje vulgar (alejado del latín o de la rocambolesca lengua culta) en el que la lengua castellana se expande con todos sus matices simbólicos, expresivos y lingüísticos. A pesar de que la mística describe una experiencia o recorrido espiritual profundamente personal y, a veces, libertario tenían una aspiración comunicadora importante. Sin hacer proselitismo ni apología, de manera sencilla había un deseo de dejar constancia de esos encuentros divinos y sus sensaciones para aprendizaje moral del lector. Nada más y nada menos que 3.000 libros se publicaron en menos de doscientos años encuadrados en el género denominado mística literaria o mística española durante los siglos XVI y XVII.

Nombres de la talla de Santa Teresa de Jesús, Fray Luis de León, San Juan de la Cruz o Fray Luis de Granada son imprescindibles no solo del género sino del canon literario en español. Aunque son variadas las teorías que intentan explicar el auge y la localización del misticismo literario, no todas ellas lo achacan al peculiar carácter psicológico de esta parte de mundo. Tanto es así que España recibe incluso el calificativo del país de los místicos. No hay precedentes en la literatura medieval a pesar de engendrarse en un entorno en el que Dios está omnipresente y acaba abruptamente en el Siglo XVIII. 

Orígenes y sustratos literarios de la mística

No podemos perder de vista que se expande justo cuando España se desenvuelve siendo única y exclusivamente cristiana al haber expulsado a los habitantes tanto de religión judía como musulmana.  Paralelamente, hay que tener en cuenta la corrupción institucional de la iglesia a finales de la Edad Media de la que se apartan los espíritus más críticos en busca de una experiencia auténtica con Dios sin intermediarios.  El antropocentrismo del Renacimiento, el intento por dejar plasmado los sentimientos más íntimos (coartados por la Contrarreforma) y el platonismo de la época son caldo de cultivo propicio para el desarrollo de la mística.  

Por si fuera poco, hay que unir un ideal caballeresco reflejado no solo en los libros o en los poemas de línea amorosa sino también en la vida cortesana diaria. En estas obras se ensalza un espíritu casi puro, resplandeciente en virtudes (casi imposible de reflejarse en la vida real) que son otra fuente importante para las obras de la mística. También se nutre de ese gusto patrio por empapar de todo lo divino cualquier actividad profana y, por supuesto, de los nombres del elenco alemán que tan bien conocían los representantes de la mística española.  

Principales características de la literatura mística española 

1.- No tiene una sustrato en los autores de la literatura medieval a excepción de Ramón Llull y de la literatura tanto de árabes como de judíos. 

2.- La mística española es cronológicamente la última manifestación de este género o modo literario y, a la par, uno de los más importantes por su belleza y profundidad. 

3.- Los autores de la mística literaria española presentan un punto ecléctico entre lo profano (las cosas de la vida cotidiana) y lo sagrado (la iluminación personal). 

 

4.- La mística no puede entenderse sin la filosofía del ascetismo (que merece tema aparte). Esta línea de pensamiento sí que es consustancial a la cultura hispánica ya que se remonta a los tiempos del Imperio Romano (Séneca por por un caso) y sigue incluso en la era contemporánea. Podemos encontrar ecos, incluso, en la obra de José Ángel Valente

6.- La mística española es de una gran calidad literaria. Por eso, ha trascendido fronteras y es conocida en otras partes del mundo. Es un misticismo, según Saínz Rodríguez 

“que aspira a influir en la educación moral del pueblo […] y una de sus altas cualidades estéticas consiste hoy en que muchos de ellos reflejan en su obra el idioma adulto, limpio y lleno de vigor del pueblo castellano del siglo XVI”. 

7.- Ese afán por dirigirse a los humildes (con un nivel cultural tremendamente bajo y unos índices de analfabetismo apabullantes) quizás sea la razón del excesivo uso de la alegoría y la metáfora. 

8.- La mística es la máxima expresión de la Gracia divina, un encuentro sensorial con Dios manifestado en toda su grandeza. Tras esta experiencia secreta y recogida, los autores místicos se afanaron por utilizar un lenguaje limpio, claro, sencillo, repleto de metáforas para compartir dicho don con un público más amplio. 

9.- Al contrario de la ascética, a la que se llega con ejercicios de privación o de sumisión, la mística es una gracia, un regalo divino que hay que aceptar y devolver al resto de las criaturas humanas en forma de obra literaria. 

10.- Dicho esto, los ejercicios espirituales, ayunos, oraciones y mortificaciones de los ascetas en su afán por conseguir la visión divina, a veces, se confunde con la iluminación mística. 

División de la mística por periodos y escuelas 

Teniendo en cuenta la cronología de las obras, se puede dividir este género en cuatro grandes periodos. El primero (el de iniciación) llegaría hasta el año 1500 con la imprenta afianzada y la confianza que da el descubrimiento de América a ojos europeos. En esta etapa no hay grandes nombres que reseñar pero sí hay un auge de las traducciones de las obras extranjeras que van calando en los literatos e intelectuales de la época. El segundo (de asimilación) que iría de 1500 hasta 1560 y en el que se transforma esas teorías según el sentir de la cultura española. Tampoco hay grandes nombres en esta época pero podemos destacar a Fray Hernando de Talavera o a Fray Francisco de Osuna, uno de los autores favoritos de Teresa de Ávila. El de plenitud es el tercero que coincide con el reinado de Felipe II y termina en 1600. En esta época es donde se producen las obras señeras de Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz o Fray Luis de León. El cuarto, de decadencia, se va estirando hasta mediados del siglo XVII ya sin el brillo y frescura de la época anterior.  

Como se ha compilado más de 3000 títulos pertenecientes al género místico literario (ni que decir tiene que con calidad diversa), la crítica literaria también ha realizado una división por escuelas que son principalmente cinco, según Menéndez Pelayo:

1.- Ascetas dominicos con Fray Luis de Granada a la cabeza

2.- Místicos franciscanos entre los que destacan San Pedro de Alcántara. 

3.- La gran escuela de místicos carmelitas con las imponentes figuras de Santa Teresa de Ávila en la prosa y San Juan de la Cruz en la poesía. 

4.- Místicos agustinos con Fray Luis a la vanguardia del equipo. 

5.- Y por último, tenemos la escuela jesuita cuyos representantes no llegaron a despuntar como estas dos últimas.  

 

Autores de la mística española más importantes

1.- Fray Luis de León, el gran precursor de la mística castellana

Nacido en Belmonte (Cuenca) en 1527, estudió en Madrid y Valladolid siguiendo la Corte que, por entonces, no se había establecido de manera fija. Universitario en Salamanca, ingresa en la orden de los agustinos en 1544. Toda su obra, vida y estilo literario están condicionadas por la universidad salmantina en la que obtuvo su primera cátedra en 1559. Incansable estudioso e investigador, sus enemigos (mediocres abrumados por su talento) lo acusan en 1572 de traducir al castellano el Cantar de los Cantares a pesar de su prohibición. Por este hecho estuvo preso en Valladolid cinco largos años. A su vuelta y según el mito, reanuda las clases con ese “decíamos ayer” ante sus alumnos. 

 

Persona instruida, culta, gran poeta, gozó de prestigio en vida, el mismo que perdura cinco siglos después. Su sabiduría, unida a su carácter pasional, le granjeó en vida una gran número de enemigos en los ambientes universitarios que, al no poder superar al genio, se dedicaban a hostigarle con calumnias de todo tipo culminando en la acusación de herejía, gravísima para la época, tanto que en ella te iba literalmente la vida.

Hay quienes consideran que Fray Luis de León no fue un poeta esencialmente místico a pesar de orquestar toda su obra bajo el tema religioso. Es más bien un autor e intelectual del Renacimiento literario tardío. Aparte de por sus poesías, recogidas tras su muerte, tenemos que anotar la obra Los nombres de Cristo, cima de la literatura en español. J.L. Alborg indica que  

“cuando ansía dejar los lazos terrenales y gozar del cielo, no piensa en la saciedad del amor, sino en la posibilidad de alcanzar junto al Creador el total conocimiento de las cosas por el que se afanaba." 

2.-  Fray Luis de Granada perteneciente a la escuela dominica

Nacido en 1504 cómo Luis Sarria en el seno de una familia pobre y humilde. Aunque huérfano de padre a corta edad, fue acogido por el conde Tendilla quien le dio instrucción y cobijo. Entró en el convento dominico de Granada en 1525 y gran parte de su vida la pasó en Portugal donde realizó una notable labor de predicación. A igual que Fray Luis de León, su espíritu pasional y su amor por la justicia le granjeó no pocos enemigos en su época. De hecho, también fue víctima de la Inquisición y sus obras principales, Guía de pecadores y Libro de la oración y la meditación fueron prohibidas por “enseñar al pueblo lo que a pocos del conviene”. Aquí queda eso.  

Gran orador, en sus obras promulga que la conquista de la gloria es la única finalidad de la vida, extremo éste que sería eje central del pensamiento (por otros motivos más mundanos) durante el Barroco español para desbaratarse completamente en la literatura neoclásica.  

3.- Santa Teresa de Jesús, en la cima más alta  de la mística cuya obra aún perdura 

Nacida como Teresa de Cepeda y Ahumada en 1515 en Ávila, estudió en el convento de Augustinas ingresando en la orden de las Carmelitas antes de cumplir 20 años. Allí se auto sometió a crueles ejercicios ascéticos en los que casi le va la vida dejándole secuelas permanentes. Ese carácter enfermizo y quebradizo se transparenta en su obra volcada en la visión amorosa de Dios, en el éxtasis místico, en la iluminación como camino supremo, en el dejarse ir hacia los brazos de Cristo entendido incluso como el amado.  

Tras una de sus visiones, emprendió la reforma de la orden. Como otros autores de la mística literaria, por ello, fue objeto de persecución encarnizada por parte de la Inquisición. Tenemos que tener en cuenta que cualquier modificación, cualquier opinión en la que, de alguna manera u otra, se denunciaran los vicios dentro de la propia iglesia era castigada con dura severidad. Y Santa Teresa de Jesús no pudo ser ajena a esto, ya que se propuso fundar nuevos conventos en los que predominaran la sencillez y el desprendimiento. A los ojos de la época tal meta era considerada herejía, desobediencia a las órdenes establecidas y penadas duramente. Sin embargo, la santa mística lo consiguió no solo levantando diecisiete sino atrayendo el favor papal para que sus reformas quedaran al margen de los mediocres de la curia eclesial de la época.  

Andariega, pasional, alegre y constante, su obra está impregnada de una extrema sensibilidad y sencillez. Si Camino de perfección, terminada en 1570, es cenit de la ascética, Las moradas o Castillo interior sencillamente ha pasado al canon. Sin embargo, nunca tuvo ese objetivo, ya que escribía para sus monjas siguiendo un estilo sencillo sin pretender siquiera superar los estándares de la literariedad. Dejamos hablar a Fray Luis de León, amigo de la santa, que describe la obra de la gran mística española con las siguientes palabras: 

“… en la forma del decir, y en la pureza y facilidad del estilo, y en la gracia y buena compostura de las palabras, y en una elegancia desafeitada, que deleita en extremo, dudo yo que haya en nuestra lengua escritura que con ellos se iguale”. 

Muere en 1582. Fue beatificada en 1614 y canonizada en 1622. Partes del cuerpo de la mística se encuentran expuestos en distintos emplazamientos de la geografía española. 

4.- San Juan de la Cruz, el gran representante de la mística poética

Si Teresa de Ávila representa el cenit de la prosa mística castellana, su compañero de orden y contemporáneo Juan de la Cruz es su paralelo en la poesía. Nacido como Juan de Yepes y Álvarez en 1542, en un pueblo de la provincia de Ávila, procedía de una familia noble venida a menos. Estudió en la Universidad de Salamanca y se ordenó sacerdote en 1567. Influido por el espíritu vivaz y apasionado de Teresa de Ávila, nuestro autor, de carácter débil en todos los sentidos, logra fundar un convento según los preceptos reformadores de la santa. Ya sabemos que esto le iba a granjear la enemistad de los suyos que no tenían ningún problema en olvidar el mandamiento principal de Cristo para ensañarse con los suyos incluso. Por atreverse a seguir a Santa Teresa de Ávila fue apresado y torturado física y psicológicamente durante casi un año. Logró salir gracias a la intervención de su amiga y protectora. Desterrado casi de la orden, acabó su vida en Úbeda en 1591.  

Su obra poética es brevísima pero de una calidad apabullante, tanto que todos los versos han pasado a formar parte de la literatura clásica española y casi universal. Su obra mística se reduce a tres títulos: Noche obscura del alma, Cántico espiritual y Llama del amor viva. No necesitó más para traspasar con sus palabras la niebla de los siglos. Todas sus composiciones son sencillas, pero limpias en el uso de la lengua. A veces, su finalidad era modesta, como Santa Teresa, ya que necesitaba material para los hermanos de la orden, tanto para la lectura como para el rezo o el canto. 

Es, en definitiva, la literatura mística española de una calidad sobresaliente, tanto que ha traspasado todo tipo de fronteras, las geográficas, la de los pueblos y la de los tiempos. Las mejores obras están escritas con una finalidad utilitaria, con humildad y sin ninguna pretensión. Es en esa claridad, en esa descripción desprovista de afán de gloria donde reside toda la grandeza de este género. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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La palabra mística procede del griego y el vocablo se refiere al sentido de cerrar. En esencia, este término alude a aquello oculto, secreto, desconocido que se produce en el interior de algunos espíritus elevados quienes, de una manera u otra, lo manifiestan de forma pública, aunque, en sus inicios, los receptores de estos escritos eran limitados en extremo. Aunque los mejores textos de la mística pertenecen a la poesía, tampoco se desdeña la prosa. La mística es la expresión de la más extraordinaria experiencia religiosa ajena a cualquier impostura, imposición o dogma, experimentada de forma individual y expresada en libertad. Por eso, no es de extrañar que algunos grandes nombres tuvieran serios problemas con la Inquisición o los procesos de censura de la época. La mística y su expresión literaria es revolucionaria porque no se atiene a la las reglas de obediencia. Son manifestaciones de la más extrema religiosidad que se entienden en el antropocentrismo imperante en el Renacimiento literario, cultural y social donde se desenvuelve.  

Qué es la mística y un intento de definición en su vertiente literaria  

Los místicos manejan una experiencia secreta en la que Dios se manifiesta con toda su grandeza y magnanimidad alejada de cualquier atisbo de dogmatismo o vulgaridad. A todo ello hay que unir una expresión literaria sublime por parte de los autores españoles que utilizan el lenguaje vulgar (alejado del latín o de la rocambolesca lengua culta) en el que la lengua castellana se expande con todos sus matices simbólicos, expresivos y lingüísticos. A pesar de que la mística describe una experiencia o recorrido espiritual profundamente personal y, a veces, libertario tenían una aspiración comunicadora importante. Sin hacer proselitismo ni apología, de manera sencilla había un deseo de dejar constancia de esos encuentros divinos y sus sensaciones para aprendizaje moral del lector. Nada más y nada menos que 3.000 libros se publicaron en menos de doscientos años encuadrados en el género denominado mística literaria o mística española durante los siglos XVI y XVII.

Nombres de la talla de Santa Teresa de Jesús, Fray Luis de León, San Juan de la Cruz o Fray Luis de Granada son imprescindibles no solo del género sino del canon literario en español. Aunque son variadas las teorías que intentan explicar el auge y la localización del misticismo literario, no todas ellas lo achacan al peculiar carácter psicológico de esta parte de mundo. Tanto es así que España recibe incluso el calificativo del país de los místicos. No hay precedentes en la literatura medieval a pesar de engendrarse en un entorno en el que Dios está omnipresente y acaba abruptamente en el Siglo XVIII. 

Orígenes y sustratos literarios de la mística

No podemos perder de vista que se expande justo cuando España se desenvuelve siendo única y exclusivamente cristiana al haber expulsado a los habitantes tanto de religión judía como musulmana.  Paralelamente, hay que tener en cuenta la corrupción institucional de la iglesia a finales de la Edad Media de la que se apartan los espíritus más críticos en busca de una experiencia auténtica con Dios sin intermediarios.  El antropocentrismo del Renacimiento, el intento por dejar plasmado los sentimientos más íntimos (coartados por la Contrarreforma) y el platonismo de la época son caldo de cultivo propicio para el desarrollo de la mística.  

Por si fuera poco, hay que unir un ideal caballeresco reflejado no solo en los libros o en los poemas de línea amorosa sino también en la vida cortesana diaria. En estas obras se ensalza un espíritu casi puro, resplandeciente en virtudes (casi imposible de reflejarse en la vida real) que son otra fuente importante para las obras de la mística. También se nutre de ese gusto patrio por empapar de todo lo divino cualquier actividad profana y, por supuesto, de los nombres del elenco alemán que tan bien conocían los representantes de la mística española.  

Principales características de la literatura mística española 

1.- No tiene una sustrato en los autores de la literatura medieval a excepción de Ramón Llull y de la literatura tanto de árabes como de judíos. 

2.- La mística española es cronológicamente la última manifestación de este género o modo literario y, a la par, uno de los más importantes por su belleza y profundidad. 

3.- Los autores de la mística literaria española presentan un punto ecléctico entre lo profano (las cosas de la vida cotidiana) y lo sagrado (la iluminación personal). 

 

4.- La mística no puede entenderse sin la filosofía del ascetismo (que merece tema aparte). Esta línea de pensamiento sí que es consustancial a la cultura hispánica ya que se remonta a los tiempos del Imperio Romano (Séneca por por un caso) y sigue incluso en la era contemporánea. Podemos encontrar ecos, incluso, en la obra de José Ángel Valente

6.- La mística española es de una gran calidad literaria. Por eso, ha trascendido fronteras y es conocida en otras partes del mundo. Es un misticismo, según Saínz Rodríguez 

“que aspira a influir en la educación moral del pueblo […] y una de sus altas cualidades estéticas consiste hoy en que muchos de ellos reflejan en su obra el idioma adulto, limpio y lleno de vigor del pueblo castellano del siglo XVI”. 

7.- Ese afán por dirigirse a los humildes (con un nivel cultural tremendamente bajo y unos índices de analfabetismo apabullantes) quizás sea la razón del excesivo uso de la alegoría y la metáfora. 

8.- La mística es la máxima expresión de la Gracia divina, un encuentro sensorial con Dios manifestado en toda su grandeza. Tras esta experiencia secreta y recogida, los autores místicos se afanaron por utilizar un lenguaje limpio, claro, sencillo, repleto de metáforas para compartir dicho don con un público más amplio. 

9.- Al contrario de la ascética, a la que se llega con ejercicios de privación o de sumisión, la mística es una gracia, un regalo divino que hay que aceptar y devolver al resto de las criaturas humanas en forma de obra literaria. 

10.- Dicho esto, los ejercicios espirituales, ayunos, oraciones y mortificaciones de los ascetas en su afán por conseguir la visión divina, a veces, se confunde con la iluminación mística. 

División de la mística por periodos y escuelas 

Teniendo en cuenta la cronología de las obras, se puede dividir este género en cuatro grandes periodos. El primero (el de iniciación) llegaría hasta el año 1500 con la imprenta afianzada y la confianza que da el descubrimiento de América a ojos europeos. En esta etapa no hay grandes nombres que reseñar pero sí hay un auge de las traducciones de las obras extranjeras que van calando en los literatos e intelectuales de la época. El segundo (de asimilación) que iría de 1500 hasta 1560 y en el que se transforma esas teorías según el sentir de la cultura española. Tampoco hay grandes nombres en esta época pero podemos destacar a Fray Hernando de Talavera o a Fray Francisco de Osuna, uno de los autores favoritos de Teresa de Ávila. El de plenitud es el tercero que coincide con el reinado de Felipe II y termina en 1600. En esta época es donde se producen las obras señeras de Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz o Fray Luis de León. El cuarto, de decadencia, se va estirando hasta mediados del siglo XVII ya sin el brillo y frescura de la época anterior.  

Como se ha compilado más de 3000 títulos pertenecientes al género místico literario (ni que decir tiene que con calidad diversa), la crítica literaria también ha realizado una división por escuelas que son principalmente cinco, según Menéndez Pelayo:

1.- Ascetas dominicos con Fray Luis de Granada a la cabeza

2.- Místicos franciscanos entre los que destacan San Pedro de Alcántara. 

3.- La gran escuela de místicos carmelitas con las imponentes figuras de Santa Teresa de Ávila en la prosa y San Juan de la Cruz en la poesía. 

4.- Místicos agustinos con Fray Luis a la vanguardia del equipo. 

5.- Y por último, tenemos la escuela jesuita cuyos representantes no llegaron a despuntar como estas dos últimas.  

 

Autores de la mística española más importantes

1.- Fray Luis de León, el gran precursor de la mística castellana

Nacido en Belmonte (Cuenca) en 1527, estudió en Madrid y Valladolid siguiendo la Corte que, por entonces, no se había establecido de manera fija. Universitario en Salamanca, ingresa en la orden de los agustinos en 1544. Toda su obra, vida y estilo literario están condicionadas por la universidad salmantina en la que obtuvo su primera cátedra en 1559. Incansable estudioso e investigador, sus enemigos (mediocres abrumados por su talento) lo acusan en 1572 de traducir al castellano el Cantar de los Cantares a pesar de su prohibición. Por este hecho estuvo preso en Valladolid cinco largos años. A su vuelta y según el mito, reanuda las clases con ese “decíamos ayer” ante sus alumnos. 

 

Persona instruida, culta, gran poeta, gozó de prestigio en vida, el mismo que perdura cinco siglos después. Su sabiduría, unida a su carácter pasional, le granjeó en vida una gran número de enemigos en los ambientes universitarios que, al no poder superar al genio, se dedicaban a hostigarle con calumnias de todo tipo culminando en la acusación de herejía, gravísima para la época, tanto que en ella te iba literalmente la vida.

Hay quienes consideran que Fray Luis de León no fue un poeta esencialmente místico a pesar de orquestar toda su obra bajo el tema religioso. Es más bien un autor e intelectual del Renacimiento literario tardío. Aparte de por sus poesías, recogidas tras su muerte, tenemos que anotar la obra Los nombres de Cristo, cima de la literatura en español. J.L. Alborg indica que  

“cuando ansía dejar los lazos terrenales y gozar del cielo, no piensa en la saciedad del amor, sino en la posibilidad de alcanzar junto al Creador el total conocimiento de las cosas por el que se afanaba." 

2.-  Fray Luis de Granada perteneciente a la escuela dominica

Nacido en 1504 cómo Luis Sarria en el seno de una familia pobre y humilde. Aunque huérfano de padre a corta edad, fue acogido por el conde Tendilla quien le dio instrucción y cobijo. Entró en el convento dominico de Granada en 1525 y gran parte de su vida la pasó en Portugal donde realizó una notable labor de predicación. A igual que Fray Luis de León, su espíritu pasional y su amor por la justicia le granjeó no pocos enemigos en su época. De hecho, también fue víctima de la Inquisición y sus obras principales, Guía de pecadores y Libro de la oración y la meditación fueron prohibidas por “enseñar al pueblo lo que a pocos del conviene”. Aquí queda eso.  

Gran orador, en sus obras promulga que la conquista de la gloria es la única finalidad de la vida, extremo éste que sería eje central del pensamiento (por otros motivos más mundanos) durante el Barroco español para desbaratarse completamente en la literatura neoclásica.  

3.- Santa Teresa de Jesús, en la cima más alta  de la mística cuya obra aún perdura 

Nacida como Teresa de Cepeda y Ahumada en 1515 en Ávila, estudió en el convento de Augustinas ingresando en la orden de las Carmelitas antes de cumplir 20 años. Allí se auto sometió a crueles ejercicios ascéticos en los que casi le va la vida dejándole secuelas permanentes. Ese carácter enfermizo y quebradizo se transparenta en su obra volcada en la visión amorosa de Dios, en el éxtasis místico, en la iluminación como camino supremo, en el dejarse ir hacia los brazos de Cristo entendido incluso como el amado.  

Tras una de sus visiones, emprendió la reforma de la orden. Como otros autores de la mística literaria, por ello, fue objeto de persecución encarnizada por parte de la Inquisición. Tenemos que tener en cuenta que cualquier modificación, cualquier opinión en la que, de alguna manera u otra, se denunciaran los vicios dentro de la propia iglesia era castigada con dura severidad. Y Santa Teresa de Jesús no pudo ser ajena a esto, ya que se propuso fundar nuevos conventos en los que predominaran la sencillez y el desprendimiento. A los ojos de la época tal meta era considerada herejía, desobediencia a las órdenes establecidas y penadas duramente. Sin embargo, la santa mística lo consiguió no solo levantando diecisiete sino atrayendo el favor papal para que sus reformas quedaran al margen de los mediocres de la curia eclesial de la época.  

Andariega, pasional, alegre y constante, su obra está impregnada de una extrema sensibilidad y sencillez. Si Camino de perfección, terminada en 1570, es cenit de la ascética, Las moradas o Castillo interior sencillamente ha pasado al canon. Sin embargo, nunca tuvo ese objetivo, ya que escribía para sus monjas siguiendo un estilo sencillo sin pretender siquiera superar los estándares de la literariedad. Dejamos hablar a Fray Luis de León, amigo de la santa, que describe la obra de la gran mística española con las siguientes palabras: 

“… en la forma del decir, y en la pureza y facilidad del estilo, y en la gracia y buena compostura de las palabras, y en una elegancia desafeitada, que deleita en extremo, dudo yo que haya en nuestra lengua escritura que con ellos se iguale”. 

Muere en 1582. Fue beatificada en 1614 y canonizada en 1622. Partes del cuerpo de la mística se encuentran expuestos en distintos emplazamientos de la geografía española. 

4.- San Juan de la Cruz, el gran representante de la mística poética

Si Teresa de Ávila representa el cenit de la prosa mística castellana, su compañero de orden y contemporáneo Juan de la Cruz es su paralelo en la poesía. Nacido como Juan de Yepes y Álvarez en 1542, en un pueblo de la provincia de Ávila, procedía de una familia noble venida a menos. Estudió en la Universidad de Salamanca y se ordenó sacerdote en 1567. Influido por el espíritu vivaz y apasionado de Teresa de Ávila, nuestro autor, de carácter débil en todos los sentidos, logra fundar un convento según los preceptos reformadores de la santa. Ya sabemos que esto le iba a granjear la enemistad de los suyos que no tenían ningún problema en olvidar el mandamiento principal de Cristo para ensañarse con los suyos incluso. Por atreverse a seguir a Santa Teresa de Ávila fue apresado y torturado física y psicológicamente durante casi un año. Logró salir gracias a la intervención de su amiga y protectora. Desterrado casi de la orden, acabó su vida en Úbeda en 1591.  

Su obra poética es brevísima pero de una calidad apabullante, tanto que todos los versos han pasado a formar parte de la literatura clásica española y casi universal. Su obra mística se reduce a tres títulos: Noche obscura del alma, Cántico espiritual y Llama del amor viva. No necesitó más para traspasar con sus palabras la niebla de los siglos. Todas sus composiciones son sencillas, pero limpias en el uso de la lengua. A veces, su finalidad era modesta, como Santa Teresa, ya que necesitaba material para los hermanos de la orden, tanto para la lectura como para el rezo o el canto. 

Es, en definitiva, la literatura mística española de una calidad sobresaliente, tanto que ha traspasado todo tipo de fronteras, las geográficas, la de los pueblos y la de los tiempos. Las mejores obras están escritas con una finalidad utilitaria, con humildad y sin ninguna pretensión. Es en esa claridad, en esa descripción desprovista de afán de gloria donde reside toda la grandeza de este género. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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