Literatura renacentista

Literatura renacentista

Aproximadamente a mitad del siglo XV se va dando la transición desde la época denominada Edad Media hacia el Renacimiento. La palabra surge en Italia, donde artistas, poetas y gentes de letras utilizan el vocablo Renacimiento para referirse a la nueva época. A decir de aquellos intelectuales,  los siglos que mediaron entre las glorias del Imperio Romano y su cultura grecolatina y la nueva era, fue una época oscura,  de retroceso de la humanidad en la que nada bueno había sucedido. Sin embargo, hoy los investigadores  no son tan tajantes y aceptan que buena parte de lo que sucedió en la literatura renacentista, en el resto de las artes y en buena parte de la sociedad tenía su germen en los últimos siglos de la Edad Media. Importancia fundamental es el avance de las nuevas lenguas romances que van cogiendo posiciones para instalarse como idiomas de cultura,  aunque el proceso no se complete del todo hasta el llamado Siglo de las Luces, esto es el XVIII.   

Fundamentos socio-económicos para entender la cultura y la literatura renacentista

1.- Transformación de la sociedad agraria medieval hacia las incipientes ciudades

La población en los siglos anteriores se agrupaba en torno a un señor feudal y estos alrededor de un rey. Los reinos eran pequeños tanto en extensión como en población y, por tanto, en importancia. Toda la economía se basaba en la agricultura y en la ganadería extensiva con muy poca circulación de dinero y, por tanto, de intercambio económico. El trueque (incluso cuando se trataba de pagar grandes favores a caudillos militares) era la moneda de cambio. Además, la sociedad estaba dividida en tres estamentos rígidos: nobleza, clero y campesinado.   

A partir del siglo XV en Italia (también en España) todo esto comenzó a cambiar. Pequeños emplazamientos van creciendo en población trastocando todo el sistema anterior.  Se desarrolla una incipiente  burguesía cultivada intelectualmente,  siempre ligada al comercio y a una industria que aún no ha abandonado los procesos artesanales. A la par, los centros académicos hacen mudanza desde los aislados monasterios hacia las universidades que empiezan a proliferar en la época.  

2.- Nacimiento de las incipientes naciones o ciudades estados 

Todos estos movimientos van generando los primeros estados que acaban por liquidar el régimen feudal en torno a un señor y sus vasallos. Estas autoridades locales van perdiendo poder en favor del rey, el cual, a través de tributos, va acaparando poder y riquezas que propician la financiación hacia empresas más ambiciosas. En este contexto, por poner el ejemplo más fragante, tenemos que entender la carrera hacia Las Indias y el posterior descubrimiento de América a ojos europeos. En esta época, además, surgen los estados modernos tal como hoy lo conocemos. Aunque Italia sigue aún inmersa en la competición de sus distintas ciudades estados, no ocurre lo mismo en Alemania, Francia, Portugal o España.  

3.- Aparecen los primeros brotes de la actividad industrial y el comercio

Y el dinero vuelve a tener importancia. La cultura del trueque va perdiendo valor y en el Renacimiento se ponen las bases para otra forma de sistema económico. En esta época surgen banqueros, empresarios, emprendedores con aires de aventureros que arriesgan más allá del terruño de la época medieval. Se fletan barcos para ver que hay más allá de las fronteras. Se crean máquinas que ayudan en las tareas más pesadas y en las ciudades comienza una incipiente especialización del trabajo. 

La cultura y la espiritualidad en el Renacimiento 

Una de las características de la literatura medieval es su carácter oral, en parte, por la poca disponibilidad de libros. Esto cambia en el siglo XV con el nacimiento de la imprenta y su avance inexorable. Con ella, las obras son reproducidas fácilmente y, por tanto, los nuevos conocimientos se expanden con una rapidez nunca antes vista en la historia de la humanidad. Ello propicia, a la par, que un porcentaje más amplio de población acceda a la educación (antes recluida mínimamente en monasterios aislados). Con las imprentas que se van abriendo en las nuevas ciudades (algunas alrededor de las incipientes universidades) se ponen las semillas del cambio no solo de la literatura renacentista sino de todas las ideas transformadoras de la época.  

La nueva burguesía que accede a la riqueza de una manera diferente a la nobleza militar medieval mantiene un espíritu pujante, optimista, vitalista y transformador. Su vida ya no gira alrededor de los premios futuros y se afanan en retomar el hedonismo que encontramos en la literatura griega o romana. La cultura deja de ser eminentemente religiosa y el hombre se convierte en el centro del universo. Por supuesto, todo eso se transparenta en todas las artes posibles. Se cree en el espíritu de superación (y se olvida el conformismo de clase) mientras se ponen las bases para acceder al conocimiento por medio de la razón, aunque esta no reinará hasta el Neoclasicismo

El Humanismo en la base de la literatura renacentista 

El Humanismo es la filosofía principal de la época. La perspectiva teocéntrica medieval queda relegada por una visión central del ser humano. Tanto es así que se considera como una especie de microcosmos. La representación del Hombre de Vitruvio de Leonardo es buena prueba de esta idea y de este sentir que impregna no solo la literatura renacentista sino todo el arte y la filosofía de la época. A la par que se niega la religiosidad medieval en la que cualquier acto tiene que ser entregado a Dios, se va recuperando la tradición de la literatura griega y romana. Ni que decir tiene que esto impregna, en mayor o menor medida, buena parte de los escritos de paganismo. 

Por otra parte, no se puede olvidar que en los scriptoria medievales no solo se crearon y copiaron textos de la época como los deliciosos Beatos sino también cualquier escrito que llegara de la tradición clásica. El Humanismo los rescata y se realizan nuevas ediciones críticas siguiendo una incipiente filología. Buen ejemplo de ello fue la labor que ejecutó Aldo Manuzio en su imprenta, de donde salieron ejemplares de bibliofilia casi, pulcros, primorosamente tratados tanto en su aspecto material como en el lingüístico. Si bien en la época se hicieron verdaderas obras de arte como la Hypnerotomachia Poliphili, estas ediciones circulaban en ediciones que hoy podríamos considerar de bolsillo, de mano en mano entre los numerosos estudiantes de la época que copaban las incipientes universidades.  

Allí se estudiaba gramática, retórica, poética, filosofía y también teología con un espíritu crítico que habían tenido pocos autores de la literatura medieval. El avance de la imprenta, el desarrollo de nuevos centros tecnológicos (aunque fueran muy elementales para nuestra cosmovisión), los nuevos medios de locomoción y los descubrimientos de nuevos mundos realizó una apertura mental desconocida hasta entonces. Todo ello se transformó en la base de un espíritu positivo centrado en las posibilidades del hombre. Paralelamente, ya no se pone la visión en la vida futura sino en el aquí y el ahora. Se retoma, por poner un ejemplo, la idea del carpe diem, el atrapa el momento. Fernando Lázaro define así la época:

“Pero el Humanismo no fue simplemente una actitud erudita o cultural, sino un auténtico movimiento liberador del hombre en todos los órdenes. La asimilación de los clásicos no será pasiva: debe desencadenar un proceso creador, que, partiendo, de ellos, los supere; así conducirá a una vida feliz, al goce de lo natural, a la admiración de la virtud, a la activa participación en los negocios humanos con un sentido de justicia y libertad.” 

La estética de la literatura renacentista

Todas las cosas llegadas del ser humano se aceptan casi con veneración. Todo ello hace que la estética de la época se impregne de los distintos extremos: 

1.- Se retoman las formas equilibradas de la época clásica.

2.- La realidad es vista de una forma idealizada. Se cree en el progreso, en el avance, en el desarrollo sin límites debido a la acción humana. Todo ello acabaría bruscamente después en el Barroco que en España fue especialmente acusado. 

3.- La figura y los escritos de Platón se convierten en guía filosófica. 

4.- El mundo (el de aquí y el ahora), al combinarse con la fe cristiana y las ideas aristotélicas, es visto como un reflejo de la bondad y la belleza divina. Por eso, se vuelve la mirada hacia la naturaleza, hacia las obras de arte, hacia todo aquello que lleva el calificativo de hermoso. En esta época no solo se levantan grandes obras pictóricas o piezas señeras de la literatura sino también palacios o zonas verdes (los Jardines de Boboli de Florencia son un ejemplo). 

5.- En las obras de arte y en la literatura renacentista, el amor se convierte en tema principal. Será el divino de los místicos pero también el más profano bajo la influencia de Petrarca.

6.- Se pierde el concepto de autoridad que había predominado en la Edad Media y se apela a la libertad y a la creatividad que luego retoma el Romanticismo literario

7.- Las obras de arte eran vistas como una manera de honrar a Dios, como una forma de acceder a su belleza en el aquí y el ahora. 

8.- En la pintura asistimos a obras serenas, sublimes y que han superado con matrícula de honor los avatares del tiempo. Solo nombro dos: La Gioconda de Leonardo y la Capilla Sixtina de Miguel Ángel. 

9.- La literatura renacentista y la estética de la época, a pesar de estar impregnadas de una religiosidad especial, no olvida nunca que el ser humano es la medida del universo. Por eso, predominan los retratos, los desnudos, los temas mitológicos en los que se reflejan todas las pasiones, grandezas y vicios que anidan en los corazones.

10.- Por influencia de Baltasar de Castiglione, cuya obra El cortesano fue un best seller en la época, se empieza a valorar las personas con cultura que saben apreciar o crear arte, danza, literatura, música, artesanía…

La lengua de la literatura renacentista 

1.- En aras a ese afán de claridad, sencillez, concisión y elegancia se evitan tropos exagerados o retorcimientos de lenguaje. 

2.- Se huye de la afectación que no aporta contenido semántico. 

3.- Son frecuentes los paralelismos y los contrastes. 

4.- La sencillez absoluta es vista como la meta a seguir en literatura. Cualquier artificio entorpece la comprensión de esa belleza del universo con todas sus criaturas dentro que nos adelantan el gozo divino. 

5.- En España hay una explosión de las llamadas lenguas vulgares, las que habían evolucionado del latín. El castellano se impone en la cultura dando nombres memorables desde Teresa de Jesús hasta Garcilaso pasando por Fray Luis de León. 

6.- Debido a la pujanza económica y a los descubrimientos del Nuevo Mundo, el castellano se convierte en lengua diplomática. Para facilitar su aprendizaje por los no nativos se publican gramáticas cuyo mejor ejemplo es la de Nebrija.  

La lírica en la literatura renacentista 

1.- Todos los creadores miran hacia Petrarca y la poesía italiana. Sus tropos, modos y temas son adoptados no solo por los poetas españoles  (Juan Boscán o Garcilaso de la Vega) sino también por los europeos. 

2.- El amor platónico (a veces no tanto) se convierte en el eje central de la lírica de la literatura renacentista. Paralelamente, se retoman las historias de la tradición grecolatina y se vuelve especialmente a las Metamorfosis de Ovidio que pueblan no solo poemas sino también pinturas o esculturas de la época. 

3.- El amor platónico, en algunos autores, se transforma en espiritual dando lugar a la lírica religiosa o mística cuyos grandes nombres en español son San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. 

4.- Se trabajan nuevos metros y tropos. Comienza el reinado del endecasílabo en castellano que ha durado hasta hoy en día. 

5.- Se crean nuevas estrofas, entre ellas el soneto compuesto por dos cuartetos y dos tercetos. 

6.- La literatura renacentista no solo da grandes nombre en otras lenguas vulgares. En castellano se producen versos y poemas memorables que han entrado en el canon. Nombres imprescindibles, aparte de los mencionados Boscán, Garcilaso, Juan de la Cruz o Teresa de Ávila son Fray Luis de León o Fernando de Herrera que ya se adentra el manierismo. 

La literatura renacentista,  los temas religiosos y la mística

La mística renacentista es ajena a la religiosidad milagrosa medieval (un buen ejemplo son los Milagros de Nuestra Señora de Berceo). Es, más bien un filosofía de vida, un sentir profundo que impregna buena parte de la literatura. 

La mística nace de una profunda creencia personal que ahonda en los temas espirituales de una manera sencilla. No espera un don sino un sentir, un bien a nivel espiritual. La literatura mística española (de una profunda belleza) nos adentra en la comunión con Dios, en experiencias de unificación personales. 

La literatura renacentista ve nacer las distintas formas de novela 

Que culminarán con el grandioso El Quijote. Con anterioridad, la narrativa en prosa estaba muy ceñida en lo que a los temas se refiere. Destaco los siguientes:

1.- Los libros de caballería, tan populares en la época que las hazañas de estos héroes tan increíbles enfrentados con dragones y todo tipo de pruebas eran del conocimiento del público en general. A esta categoría pertenecen el Amadís de Gaula y el Tirant lo Blanch

2.- Éxito de público también tuvieron las novelas pastoriles que recogían en prosa los amores idealizados en ambientes también irreales de distintos pastores. 

3.- Si los protagonistas son de culturas distintas (musulmana y cristiana) estamos ante las conocidas como novelas moriscas. Esta se centran en los avatares de los enamorados debido al rechazo social y/o familiar.

4.- La picaresca que se inaugura con el Lazarillo de Tormes en 1554 merece un estudio aparte por su importancia, calidad y trascendencia. 

Y, por último, el teatro, relegado a pequeñas representaciones litúrgicas en la Edad Media, comienza tímidamente a resurgir en el Renacimiento. Las primeras obras estaban ligadas a festividades religiosas, como las fiestas teatrales con carros del Corpus. De aquí se extienden a otras fechas señaladas del calendario litúrgico y a las universidades. Los primeros corrales de comedias comienzan a aparecer, por imitación de los italianos, a finales del siglo XVI. A partir de aquí empezará la época gloriosa del teatro español que fue dando frutos y más frutos hasta, prácticamente, el día de hoy. En definitiva, la literatura renacentista supuso un cambio radical desde los parámetros de la medieval poniendo las bases de los géneros y tropos que han llegado hasta hoy en día.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación

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