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Fray Luis de León | biografía, obras y estilo - Candela Vizcaíno

Fray Luis de León | biografía, obras y estilo

Fray Luis de León | biografía, obras y estilo

 

 

¡Qué descansada vida

la del que huye del mundanal ruïdo,

y sigue la escondida

senda, por donde han ido

los pocos sabios que en el mundo han sido;

 

Fray Luis de León es uno de los grandes poetas de las letras castellanas cuya obra ha superado las siegas del tiempo. Su escritura sencilla, libre de artificio, serena y a la par culta sigue perteneciendo al canon literario siglos después de haberse compuesta. Y eso descontando que no ha llegado hasta nosotros la versión íntegra y reconocida por el autor. Empiezo diciendo que es el mejor representante del Renacimiento literario tardío en español y su participación en la escritura mística ha hecho correr ríos de tinta al no encajar con las características principales de este particular género. Fue culto, intelectual, pasional, amigo de la justicia, sencillo y, a la vez, entregado a la divulgación tanto de la Biblia como de los grandes nombres de la literatura griega o romana.  Pero vayamos por partes. 

Biografía de Fray Luis de León 

Nacido en la localidad de Belmonte (Cuenca) en 1527, estudió en Valladolid, Madrid y la Universidad de Salamanca, institución a la que estaría ligado de por vida impartiendo clases magistrales e involucrándose al máximo en la calidad de la enseñanza. Con tan solo 32 años consigue su primera cátedra, la cual perdería tras un injusto proceso con la Inquisición. 

Fraile de la Orden de San Agustín desde 1544, fue Luis de León un intelectual de la época apasionado por temas diversos, activo en las reformas que, a su juicio, deberían formar parte de las enseñanzas universitarias. Irónico (lo cual le granjeó más que un encontronazo con compañeros), inteligente (y por tanto blanco de envidias), sencillo y centrado en su labor educativa. 

En 1572 Fray Luis de León fue objeto de un proceso inquisitorial que duró más de cinco años. En esos largos meses estuvo preso en la cárcel de Valladolid en unas condiciones durísimas como eran las prisiones de la época. La razón por tal pena fue haber traducido el Cantar de los Cantares a pesar de estar prohibido. Aunque, al parecer, su idea era no divulgar esa versión, alguien en su entorno lo traicionó, algo frecuente cuando se trata de tumbar a alguien brillante haciendo uso de calumnias. A pesar de la gravedad del delito (para los parámetros de la época), logró recuperar libertad y cátedra. Como su puesto estaba ocupado por otra persona, el alma sencilla de Fray Luis de León no instó a la Universidad a que se la devolvieran sino a que le dieran otra. Así fue. El primer día de clase, a la vuelta de un duro proceso penal que duró largos años pronunció la célebre frase “decíamos ayer…”  

Poco tiempo después de ocupar el cargo de prior de Castilla de su orden, Fray Luis de León murió en Madrigal en 1591 tras abandonar la Universidad de Salamanca a la que estuvo vinculado de por vida.

La peculiar personalidad de Fray Luis de León y su importancia en el proceso contra la inquisición 

Aunque Fray Luis de León ha pasado a la historia de la literatura por sus poemas, no nos ha llegado ningún manuscrito de su mano con dichos versos. Si bien es verdad que era su intención recogerlos para su publicación (que eso sí ha llegado), al parecer, no terminó la compilación para su edición. Y si lo hizo, ese documento se ha perdido en los pliegues del tiempo. Teniendo en cuenta las inquinas y envidias de las que fue objeto en vida no hace falta tirar mucho de la teoría de la conspiración para darnos cuenta de que probablemente alguien se afanó para que su obra no llegara a las generaciones futuras. No lo consiguió y hoy los versos de Fray Luis no solo forman parte del canon literario español sino que son conocidos y reconocidos por quienes, incluso, no son muy dados a los placeres de las letras. 

Obras de Fray Luis de León

A.- Obras en prosa 

Durante su labor académica realizó comentarios, glosas y tratados teológicos que quedan para el ámbito filosófico. Aparte de estos estudios dejó a la posteridad cuatro libros: 

1.- De los nombres de Cristo, compuesta, según afirma el poeta, durante los dos últimos años de cautiverio, son comentarios filosóficos y filológicos de los nombres que Jesucristo recibe en las Sagradas Escrituras. Sin embargo, la crítica posterior tan dada a poner en cuestión cualquier cosa, anota que la serenidad de la prosa, el equilibrio de la escritura y la formalidad del texto no se corresponde con una situación tan extrema como era el presidio de la Inquisición en el Siglo XVI. Esta obra se desarrolla en forma de diálogo entre tres frailes (Marcelo, Sabino y Juliano) que conversan sobre los nombres de Cristo en un marco idílico (propio de la literatura pastoril) durante el verano. Este es el hilo conductor para desarrollar una prosa exquisita donde se hace referencia no solo (e indudablemente) a los pasajes de la Biblia sino también referencias a la literatura griega o de la antigua Roma. Es una obra melódica, con un ritmo poético brillante (aunque está escrita en prosa) donde se exalta las maravillas de la creación divina representada en los dones de la naturaleza. 

2.- La perfecta casada fue publicada en 1583, ya fallecido nuestro autor. Es un tratado en el que se narra las distintas virtudes que deben acompañar a una mujer según su estado, condición y naturaleza. A pesar de la ironía (incluso con algún punto de crueldad) con el que retrata algunos tipos psicológicos femeninos, la crítica acepta que era una obra feminista para los parámetros de la época y especialmente de la literatura medieval. En estos textos, la mujer era tratada casi como una extensión del demonio culpándola prácticamente de cualquier mal. No sucede eso en la obra de Fray Luis de León. 

3.- Exposición del Libro de Job se inició en la cárcel para terminarse unos cuantos meses antes de morir nuestro autor. La figura bíblica del Santo Job que acepta todos los suplicios y pruebas divinas con una humildad tremenda, es el modelo que un Fray Luis de León preso en durísimas condiciones encuentra para sobrellevar su terrible situación. En la obra refiere la cobardía de los que se decían amigos que lo abandonaron a su suerte en un estado tremendo y la crueldad con la que lo trataron sus enemigos. Recuerdo que a pesar del carácter contestario, pasional y poco dado a agachar la cabeza de Fray Luis de León, la mediocridad de los que lo acusaron (los mismos que formaban parte de la Universidad) fue de un punto extremo. Como no podían apagar su brillo se afanaron por quitarlo de en medio de la peor manera posible. En ese estado, encuentra en Job, que todo lo aguanta por amor a Dios, un modelo y guía espiritual a quien seguir.  

4.- Traducción literal y declaración del Cantar de los Cantares, que le valió la cárcel y la persecución. En principio,  fue realizada exclusivamente para una prima suya, novicia de un convento. Sin embargo, la crítica se debate con esta obra ya que tiene un contenido erótico difícilmente explicable si no se estudia o analiza bajo el prisma del amor místico. Aparte de la traducción, va añadiendo glosas (tal como era frecuente en la Edad Media) en un intento por desentrañar todos los sentidos del texto. Estas están construidas en un estilo sencillo, con una prosa limpia característica de su estilo de madurez. 

B.- Obras en verso de Fray Luis de León 

Se trata de un solo libro o de una colección de odas compuesta por un puñado de poemas que la crítica ha considerado como originales y salidos de su mano. Son objeto de revisión constante. ¿Por qué? Porque circularon de manera oral o escrita en vida del escritor de manera anónima con las variantes inevitables a ese tipo de manifestación literaria. Aunque Fray Luis de León intentó recogerlos en un manuscrito para su edición impresa ni se llegó a ese extremo ni se encuentran esos papeles. Querido por sus estudiantes, estos cantaban o recitaban sus versos. Fueron publicados por primera vez en 1631 por Francisco de Quevedo. El intelectual, catedrático de la Universidad y estudioso de la Biblia poca importancia daba a esta producción que sería la responsable de su puesto en el trono de la literatura. Sin intuir que por estas “letrillas” atravesaría las brumas del tiempo,  se expresa así:  

“Entre las ocupaciones de mis estudios en mi mocedad y casi en mi niñez, se me cayeron como de las manos estas obrecillas, a las cuales me apliqué más por inclinación de mi estrella que juicio o voluntad”.  

Entre estos poemas nos encontramos algunos siguiendo el estilo del petrarquismo o la estética amorosa introducida por Garcilaso. Han llegado hasta nosotros cinco sonetos de esta línea. Fernando Lázaro indica que el austero, sobrio e intelectual Fray Luis no podía quedarse en estos ejercicios amorosos que le pudieran parecer banales contrastados con el resto de su producción. 

Por eso, sus mejores poemas son aquellos en los que ensalza la vida sencilla  en comunión (más intelectual que mística) con Dios. Se embarca de esta manera en la creación de odas en las que se ensalza el desprendimiento de los bienes mundanos, el rechazo del ruido, la comunión divina, el afán por la soledad y, por supuesto, el rechazo a todos los vicios humanos. 

Clasificación de los poemas de Fray Luis de León 

Y para ello sigo la aportada por Fernando Lázaro.  

1.- Los escritos antes del presidio, esto es, antes de 1572 en los que aparece su visión de moralista y también de educador. Aquí se encuadran los famosos ¡Qué descansada vida…! O Virtud, hija del cielo… El hilo conductor temático de todas estas odas es el despegue de los vicios mundanos mientras se abraza un sentimiento de soledad. Son poemas en los que predominan la épica de la virtud entendida como el mejor camino para el crecimiento personal, la serenidad individual y la posterior unión divina. 

2.- Los realizados en la cárcel entre 1572 y 1577 en los que se centra en sus sentimientos más profundos. En ellos cobra importancia la soledad y el sentimiento de frustración al verse abandonado. Por eso, se refugia en la misericordia divina, en el amor de Cristo, en la fuerza del corazón que emana saberse un hijo de Dios. En ellos también encontramos esa queja por la injusticia de su situación. 

3.- Entre los escritos después de salir de la cárcel; esto es, después de 1577 se encuentran “Alma región luciente…” y “¡Oh ya seguro puerto…” En ellos asistimos a la manifestación de la soledad o del recogimiento espiritual. Los bienes de este mundo no pueden serles útiles al poeta, a quien ha sufrido oprobio y persecución encontrando en momentos terribles la fortaleza en la fe en Dios.  

Son en estas odas donde se han encontrado esos puntos de la mística literaria, que sin llegar al éxtasis divino de Santa Teresa de Jesús o de San Juan de la Cruz, canta el anhelo de unión con Dios.  

Estilo literario en las obras de Fray Luis de León

Escritas en un castellano sencillo, sereno, culto y sin atisbo de superficialidad, la crítica es unánime en considerar al sabio de la Universidad de Salamanca uno de los mejores poetas en lengua española. Y eso que, como tantos otros escritores de la época, ni siquiera se propuso poner negro sobre blanco (en limpio y en orden) para que perdurasen en el tiempo. Voy anotando algunos rasgos comunes a toda su producción literaria.  

1.- El sentimiento místico en la obra de Fray Luis de León no procede de la descripción del éxtasis o experiencias de comunión (como Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz) sino más bien a un anhelo de comunión. Con una profunda convicción religiosa, busca esa unión desde un punto de vista intelectual o espiritual más que anímico o vivencial. Por eso, sus poemas, a pesar de ser de una honda religiosidad, no reflejan esos arrebatos. Son versos en los que se busca consuelo, comprensión o incluso unión para huir de los vicios mundanos pero se quedan fuera, a veces, de esa descripción del hondo sentimiento espiritual que es la mística.  

 

2.- Parte de la crítica ve en sus escritos la sabiduría de un intelectual cristiano, de un sabio que se despega de cualquier pompa mundana, que busca la sencillez y el equilibrio como la única manera de estar y de ser en el mundo tanto con los hombres como con Dios. 

3.- Si algo caracteriza la obra de Fray Luis de León es su sencillez, sobriedad, elegancia y luminosidad. No sobra ninguna palabra ni se entretiene con giros inesperados que no aportan nada a la musicalidad del texto o al sentido último del mismo.  

4.- A pesar de ello, en sus versos o en sus escritos en prosa se transparenta su carácter pasional, el mismo que le llevó a la cárcel en busca de justicia y crítico con los vicios de su tiempo.  

5.- Casi todos sus poemas están dirigidos a una segunda persona ya sean amigos de este mundo como a la divinidad. Siempre hay un asunto moral en el trasfondo de los textos y, a la par, una exaltación de una virtud o de un proceder en este mundo.  

6.- Hay una preferencia por la descripción, por el presente, por meter al lector dentro de un estado de ánimo. Por eso, las odas son relativamente cortas, sencillas, con enumeraciones y preguntas retóricas que invitan al interlocutor a remover algo dentro de sí.  

7.- En sus poemas prefiere la libertad de la lira que, al estar construida con versos endecasílabos y heptasílabos, confiere un ritmo especial lejos de la espesura de otros metros. La austeridad, por tanto, se une a la brillantez para levantar unos poemas que, es unánime, han traspasado todos los muros de los siglos.  

Fue, en definitiva, Fray Luis de León un escritor complejo, a pesar de la sencillez de su obra, siempre en lucha interna entre su pasión de justicia y su sed de sabiduría contra un deseo de serenidad, de quietud, de unión espiritual que le parecía inalcanzable. Intelectual apreciado en la época, envidiado por mediocres compañeros, no se amedrentó ante quienes querían verlo caído y hundido. Sus poemas, editados tras su muerte, circulaban de boca en boca entre los estudiantes de la Universidad de Salamanca. Seguramente intentaban buscar en ellos una guía de virtud para conducirse en un mundo enmarañado.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

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