La mística en la poesía de Juan Ramón Jiménez

La mística en la poesía de Juan Ramón Jiménez

La mística en la poesía de Juan Ramón Jiménez

Candela Vizcaíno

 

A la hora de abordar la mística en la poesía de Juan Ramón Jiménez tenemos que empezar que esta pertenece a una larga y arraigada tradición de textos literarios. Tanto es así que buena parte de la creación escrita desde finales del siglo X en las letras castellanas ha sido descrita bajo el concepto de la mística literaria.  Por supuesto, la búsqueda de unión con lo infinito, con lo inasible e incognoscible, con aquello que hemos venido en llamar Dios, no es nueva en nuestra tradición literaria.  

La mística literaria en la tradición española  

No ha sido inaugurada por Juan Ramón Jiménez y responde a una búsqueda de sentido vital  -presente tanto en la poesía en lengua española como en el pueblo que la alumbra- cuya más alta expresión literaria se encuentra en la mística cristiana. 

Nombres como San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús eluden cualquier comentario y remito al lector interesado a los trabajos publicados en este mismo espacio. Además, reducir la compleja producción poética de Juan Ramón Jiménez a una lectura mística, es, tenemos que reconocerlo, una visión tremendamente empobrecedora. Sin embargo,  no por ello, podemos olvidar este matiz que, por lo demás, casa bastante bien, con ese anhelo de eternidad, de superación de la muerte física, de sobrevivir a la corrupción corporal, que tanto obsesionó, en vida, al poeta. 

La poesía mística en Juan Ramón Jiménez 

Tampoco podemos reducir una escritura personal de la talla de Juan Ramón a una mera explicación biografista o psicologista pero, no cabe duda, que estos detalles también tenemos que tenerlos presentes a la hora de leer gran parte de sus escritos. 

Angustiado hasta extremos patológicos con la idea de la muerte, de la enfermedad, del dolor producido por el contacto con otras personas, con las cosas, con los acontecimientos históricos… el refugio del poeta solo puede encontrarse en el interior más íntimo, en la conciencia individual e incorrupta, en la bajada a los infiernos que supone todo adentrarse en el propio yo. Su búsqueda fue más allá del concepto de inconsciente según Freud. En esas oscuridades encontró un universo propio que no supo o no quiso incorporar a su razón de manera plena. Y ese conflicto lo encontramos en buena parte de sus poemas. 

Esa bajada a los abismos del espíritu del poeta implica, al mismo tiempo, una toma de conciencia de todo aquello que está fuera, que no pertenece al mundo inefable de la poesía. Eso que está fuera –tanto del poeta llamado Juan Ramón Jiménez como de la expresión poética pura- será el mundo natural, un mundo que es “lo otro” pero que, al tiempo, es el objeto de deseo del poeta.  Es aquello en lo que el poeta quiere transformarse, fundirse,  hacerse uno para poder, así, olvidar las limitaciones corporales del hombre y, en última instancia, trascender la muerte ineludible -al sobrevivir en esta unión cósmica, de corte panteísta, en la que solo la conciencia perdura-. Esta línea la encontramos en su poema Espacio

Por tanto, la mística en Juan Ramón Jiménez supera el concepto cristiano y esa fusión con lo otro, la divinidad, se nos antoja incluso pagano y panteísta. Aún así lo clasificamos con el término ya que hay un sentido de trascendencia que supera cualquier frontera de la creación de lo humano para introducirse en un pensamiento simbólico en extremo, en búsqueda de algo que supere las pruebas físicas del tiempo y la corrupción terrenal. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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