José Cadalso | biografía, obras y estilo

José Cadalso

José Cadalso

Candela Vizcaíno

Vida, obra y estilo literario de José Cadalso, uno de los mayores representantes de literatura neoclásica española. 

 

José Cadalso estuvo toda su vida atrapado en una dicotomía espiritual entre las obligaciones de su carrera militar y la devoción a su amor por las letras. Aunque alcanzó el grado de coronel, hombre culto, instruido, educado y profundamente crítico, no se encontraba cómodo en los rigores de los cuarteles. Esto lo compensaba con su faceta de escritor convirtiéndose, andando el tiempo, en uno de los mayores representantes del Neoclasicismo español y ello a pesar del escaso o nulo éxito que sus obras tuvieron en vida del autor. 

Biografía de José Cadalso 

Procedente de una familia acomodada asentada en Cádiz con provechosos negocios con América, nace en 1741. Su madre muere tras el parto y, debido a los constantes viajes del padre, se encarga de su educación un tío materno perteneciente a la orden de los jesuitas. Así que las primeras letras las cursa en el colegio gaditano de la orden. Con tan solo nueve años, la familia lo envía al Colegio Louis-le-Grand de París, considerado, por entonces, uno de los mejores centros de enseñanza del mundo. Y a tan temprana edad comienza una instrucción cosmopolita y viajera que le lleva no solo a tener contactos con otros modelos culturales sino también a manejarse en diversas lenguas. En la capital gala estudia humanidades y ciencias hasta la edad de 17 años. En 1758, está matriculado en el Real Seminario de Nobles de Madrid también regido por los jesuitas. Termina su formación reglada y comienza un particular viaje por Europa siguiendo los preceptos del Grand Tour.  

Sin embargo, anotamos que en la biografía de José Cadalso no se detallan encuentros con culturas más o menos exóticas (para los parámetros de la época) y su interés se centró en los países más avanzados de Europa. Recorre Países Bajos, Alemania, Francia e Inglaterra y, probablemente, Italia. Todo ello, le llevó a empaparse de la cultura del Neoclasicismo imperante en la época y a convertirse en un ilustrado convencido. Hoy está considerado uno de los máximos representantes del Siglo de las Luces español, aunque este brilló en estas tierras bien poco.

Tras el fallecimiento de su padre, termina su etapa educativa e ingresa en 1762 en el ejército. Lo hace como cadete y llega al rango de coronel justo antes de su muerte. En 1766 es armado caballero de la Orden Militar de Santiago cuya cruz luce en los retratos conocidos. Y, debido a sus obligaciones militares, participa en diversas campañas en Portugal y Aragón. Sin embargo, será Salamanca donde es movilizado, la tierra donde hará buenas amistades con otros representantes de la prosa y la poesía del Neoclasicismo como Juan Meléndez Valdés

Las mujeres en la vida de José Cadalso 

Además, entre 1762 y 1768 vive en Madrid donde es recibido en las principales tertulias y salones de la época. Y a partir de esa fecha, combina sus obligaciones militares con largas temporadas en la capital. Aquí se enamora en 1770 de la actriz María Ignacia Ibáñez, sentimiento correspondido por la dama. Desafortunadamente, esta muere repentinamente y, según algunos críticos, este luctuoso hecho generó una profunda mella en el ánimo de Cadalso. Tanto es así que aún hoy en día se mantiene la polémica sobre el trasfondo biográfico del tema de fondo narrado en Noches lúgubres. Recordemos que el protagonista, roto de dolor por la muerte de la amada, se dispone a desenterrar su cadáver con el consiguiente horror de los que le rodean. El tema, eminentemente romántico, es el que ha situado la obra de Cadalso entre el Neoclasicismo y las características del Romanticismo

En el periodo de 1770 a 1774 se encuentra, de nuevo, entre Salamanca (donde traba amistad con los ilustrados locales) y Madrid frecuentando la tertulia de la Fonda de San Sebastián. Y también la de la duquesa de Benavente, dama con la que mantuvo una nutrida correspondencia, aunque no es seguro una mayor implicación emocional.  En esta fecha estrena algunas de sus obras dramáticas como Don Sancho García sin el favor de un público acostumbrado a los dimes y diretes de las características del teatro barroco en España que aún era favorito de los espectadores. 

Muere en el sitio de Gibraltar en 1782 sin descendencia y con la mayoría de su obra inédita.  

Obras de José Cadalso 

Cultivó desde la poesía hasta el teatro. Sin embargo, ha pasado a la posteridad por sus títulos en prosa. Hay que anotar en primera instancia, que las obras de José Cadalso entran de lleno en los gustos y en las características del Neoclasicismo. Sin embargo, por la baja formación educativa y de instrucción del lector y del público en general, estas tuvieron escaso éxito fuera del  reducido circuito ilustrado. Era nuestro escritor un intelectual con una profunda y sólida instrucción académica procedente de las mejores instituciones educativas del momento. Además, había viajado por Europa y tenía contactos estrechos con la intelectualidad y el mundo literario de la época. Eso formó un carácter crítico, pesimista a veces, ya que no veía que sus escritos pudieran contribuir a una mejora de la sociedad, tal era la resistencia al cambio en frentes diversos. Además, sus obligaciones militares,  a igual que el gran Garcilaso de la Vega, restaba tiempo y energía a sus quehaceres literarios. En resumidas, cuentas podemos anotar solo un puñado de obras de José Cadalso. 

Obras en verso 

1.- A las ninfas de Manzanares, un poema satírico en contra de las costumbres de la población femenina de la corte en el que no faltan ideas de fuerte misoginia. 

Obras teatrales 

2.- Don Sancho García, drama representado en 1771 y en el que actúa de protagonista María Ignacia  Ibáñez. 

3.- Solaya o los circasianos, presentada a la censura en 1770 y hoy considerada perdida.  

Las obras en prosa de José Cadalso

Aún se duda de la autoría de un panfleto satírico aparecido de manera clandestina y manuscrita en el Madrid de 1768 bajo el nombre de Kalendario manual. Fue tal el rechazo entre los círculos de la élite política y económica que nuestro escritor fue invitado a abandonar la corte. En él, además, se hace una dura sátira de las damas de sociedad presentándonos a un Cadalso (de ser de su pluma) misógino en extremo. Por otro lado, son tres títulos en prosa nada más los reconocido al autor.  

1.- Los eruditos a la violeta 

Aunque no se publicó hasta su muerte, a esta pequeña obra en prosa debió su fama en vida y le abrió las puertas de las grandes tertulias ilustradas del Madrid de la época. Está dividido en siete capítulos a modo de lecciones en los que se da un repaso a materias diversas tanto de ciencias como de filosofía o literatura. En palabras del autor fue: 

“Compuesto en obsequio de los que pretenden saber mucho estudiando poco.”  

En este sentido, hay que hacer notar que eran reducidos y escasos los verdaderos ilustrados, aquellos que se guiaban por una sincera y profunda ansia de conocimientos y sabiduría. Mientras estos estaban concentrados en su labor literaria (normalmente en el campo del ensayo como el Padre Benito Feijoo) o de la incipiente ciencia, la mayoría pueden catalogarse como impostores. Eran estos los que llenaban salones o tertulias con datos superfluos sin ningún tipo de espíritu crítico basado en el auténtico estudio. En este sentido, hacemos nuestras las palabras de Juan Luis Alborg:  

“El siglo XVIII […] produjo la más formidable explosión de pedantería que registra la historia; era su parte negativa, inevitable. Las ciencias, con su nuevo y arrollador prestigio, la erudición recién nacida, la crítica en todas sus ramas -religión, política, sociología, leyes, costumbres- pusieron de moda el saber, cuya posesión se convirtió en moneda de provechosa cotización en la vida social. Mientras los espíritus mejores se dedicaron con esfuerzo y rigor al trabajo científico, turbas de petimetres, pedantes y damiselas sin serios estudios ni ganas de emprenderlos, se aplicaron a fingirlos”.  

Y todos ellos son los protagonistas de Los eruditos a la violeta, una de las obras de José Cadalso más irónica y tajante con las costumbres impostadas de su época.  

2.- Noches lúgubres 

El relato, escrito tras la muerte de María Ignacia, ha sido objeto de controversia entre los estudiosos de la obra de José Cadalso. Hay quienes afirman que es plenamente autobiográfico ya que se conserva una carta en el que se da cuenta del deterioro emocional de nuestro protagonista tras el fallecimiento de la actriz. Tanto es así que visitaba su tumba con demasiada frecuencia e, incluso, hubo un intentado (fallido) de abrir la misma. Sea como fuere, su gran amigo el conde de Aranda lo instó a abandonar la capital con la convicción de que un cambio de aires le sentaría bien a su alma dolorida. 

A pesar de ese intento frustrado de desenterramiento de la amada, la crítica sí ha encontrado una rica fuente de escritos anteriores que tratan el tema de la “difunta pleiteada”. En la misma tradición hispánica nos topamos con una de las novelas ejemplares de la escritora María Zayas, una de las más importantes representantes de la novela costumbrista del Barroco español. Y también hay coincidencia con otro hipotexto procedente de la literatura inglesa: Night Thoughts de Young. 

A pesar de quedar inédita en vida del autor, tuvo bastante éxito en décadas posteriores ya que se adelantaba al Romanticismo literario con su gusto por la noche, los cementerios, los fantasmas y el más allá.  

3.- Cartas marruecas, la obra de Cadalso que ha pasado al canon 

Son noventa y están escritas en forma de misivas o ensayos. En ellas hay dos protagonistas marroquíes (y por lo tanto ajenos a la realidad española y europea) de nombre Gazel y Ben-Beley. El español está bautizado como Nuño. Poco más sabemos de los tres únicos personajes ya que no están caracterizados como tal.  El autor ha centrado el meollo de la obra en la crítica a ciertas costumbres o modos sociales y no se entretiene en levantar psicológicamente sus protagonistas. Cartas marruecas, por tanto, es un documento irónico y crítico de una época en la que se creía firmemente en el cambio a mejor, aunque el autor diera sucesivas muestras de pesimismo. Podemos encontrar un precedente de este tipo de género (que comenzó con la literatura neoclásica) en las Cartas persas de Montesquieu. La obra fue publicada en 1808, tras la muerte del escritor, y gozó de bastante éxito entre los autores de la Generación del 68. Estos encontraron en sus líneas un pretexto y una base escrita sobre la que sustentar sus ideas sobre la terrible decadencia de España. 

El estilo en la obra de José Cadalso entre el Neoclasicismo y el Romanticismo  

Tal como he anotado anteriormente, podemos resumir lo siguiente: 

1.- La escasa obra de José Cadalso responde a todos los principios de la ilustración abanderados por el Neoclasicismo. Se pondera el espíritu crítico, racional, elegante y libre de cualquier artificio que pudiera empañar la lectura. 

2.- En ella hay un no oculto objetivo didáctico. Si por algo se caracteriza el siglo XVIII es por su deseo de transformación a través de la educación y la formación. 

3.- Siguiendo los preceptos de la Poética de Ignacio Luzán, el autor no se entretiene con un lenguaje brillante o rebuscado. Es todo lo contrario y se busca la sobriedad, la concisión y la sencillez, consideradas bases de la elegancia. 

4.- A pesar de esta militancia en todo lo que supuso el fallido periodo ilustrado en España, su obra Noches lúgubres tiene ya buena parte de las características del romanticismo literario. En ella se ha dejado aparcada la razón y se exponen sentimientos apasionados, de locura casi, que será frecuente en este periodo con su gusto por las tumbas, ánimas en pena y noches cerradas.  

Fue José Cadalso un escritor que tuvo que hacer frente en su vida a las obligaciones de su condición militar. Con una sólida formación (académica y vivencial) en su obra expone (con ironía ácida a veces) todos aquellos aspectos de una sociedad anclada en la tradición, en la superchería y en la superficialidad. Y lo hace con un estilo despojado de cualquier brizna de artificio en el que las frases se hacen claras, rotundas y sencillas. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

 

 

 

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