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A partir del reinado de Carlos I y, especialmente con Felipe II, surgen una serie de historiadores de gran prestigio que afrontan los sucesos de España desde una perspectiva científica, esto es, dejando a un lado mitos y leyendas. Si dejan por escrito los avatares de los conflictos con los moriscos en las Alpujarras o los entresijos de la construcción de El Escorial en la Península Ibérica, la historiografía americana tiene un nombre indiscutible y ese es el Inca Garcilaso de la Vega.  

Biografía del Inca Garcilaso de la Vega 

Nacido en Cuzco con el nombre de Gómez Suárez de Figueroa en 1539. Su padre era el capitán español Garcilaso de la Vega del linaje extremeño de Vargas de Hinestrosa. En el clan no era ajeno el oficio de escritor, ya que al mismo pertenecían Jorge Manrique, el marqués de Santillana y el gran poeta renacentista Garcilaso de la Vega. Si por parte de padre la estirpe era europea, por la rama materna, nuestro escritor estaba emparentado con la casa real de los incas del Perú.

Aunque sus progenitores no estaban casados e, incluso, el padre abandonó a la madre (de nombre cristianizado Isabel Chiampu Ocllo) para formar una nueva familia con una señora criolla, el Inca Garcilaso de la Vega recibió una esmerada formación. Consta que se educó con preceptores europeos junto a los hijos de otros conquistadores españoles. A los contenidos académicos propios del Renacimiento se le unió el bagaje cultural peruano, resultado de su mestizaje. En este sentido, se conoce que hasta su casa se acercaban parientes y amigos que contaban las grandes historias del perdido imperio inca. 

Con veinte años fallece el padre y nuestro escritor recibe herencia que decide gastarla en España.   Una vez en Europa, se enroló en la milicia real participando en los conflictos moriscos de las Alpujarras y en las innumerables guerras que España, por entonces, mantenía en Italia. En todos estos destinos puso a prueba su pericia tanto en el uso de las armas como en sus habilidades como jinete. A pesar de algunos desengaños porque no se le recompensó como esperaba, no volvió a Perú y se afincó en Sevilla, por entonces, el ombligo del mundo y puerto de salida hacia Las Indias. Vivió hasta muy avanzada edad, ya que falleció en Córdoba en 1616, donde está enterrado en la Capilla de las Ánimas de la Catedral.  

Obras del Inca Garcilaso de la Vega

Las biografía del Inca Garcilaso de la Vega está hilada por su condición de mestizo, por su pertenencia a dos mundos distintos: el europeo de su padre y el inca de la estirpe materna. Aunque su formación académica fue esmerada, su vocación se dirigió hacia las armas, la guerra y la aventura. Todo ello cambió en 1590, con casi cincuenta años, fecha en la que publica una certera y delicada traducción de los Diálogos de Amor de León Hebreo. Esta primera inmersión en el mundo de las letras le lleva a completar una maravillosa historia de la civilización peruana que se convierte en modelo literario (ya hablaremos del historiográfico) para futuras generaciones de escritores.  

1.- La Florida del Inca o Historia del Adelantado Hernando de Soto

Esta fue su primera obra y la crítica la tilda de novelesca más que levantada sobre bases historiográficas, ya que la misma está basada en el relato oral de uno de los amigos de su padre. Fue Gonzalo Silvestre, compañero del progenitor del Inca Garcilaso de la Vega, quien, cuando ambos vivían en Córdoba, relata al escritor los recuerdos, memorias e, incluso, nostalgias del Adelantado Hernando de Soto. Toda la narración está hilada con relatos, a veces, novelescos que el escritor adorna o completa con las historias o aventuras que escuchó de parientes en su casa de Cuzco.  

2.- Comentarios reales del Inca Garcilaso de la Vega

Fue publicada en Lisboa en 1609 y en ella se hace una genealogía completa de los reyes incas y del pueblo peruano. No solo se da cuenta de batallas o acontecimientos importantes sino que también se desgranan costumbres cotidianas, pormenores religiosos o leyes antes de la conquista española. 

Para su ejecución no solo se sirvió de todos los relatos que parientes y amigos daban cuenta (llevados por la nostalgia y la tristeza) en su casa de Cuzco. Si bien gran parte de esas narraciones ya estaban trufadas de algunos ingredientes novelescos en los que se hacía hincapié en la grandeza del perdido imperio inca, nuestro escritor también se valió de la obra escrita en latín por el padre Blas de Valera. 

3.- Historia general del Perú  

La segunda parte de la historia peruana comienza donde acaba la otra: con la conquista española y en ella se da cuenta de las guerras civiles entre Pizarro y Almagro a la par que se entretiene en la vida cotidiana del periodo posterior. Aunque esta obra fue acabada por el Inca Garcilaso de la Vega no se publicó hasta en su muerte. Fue en Córdoba. La documentación para esta obra se centra en los grandes cronistas de Las Indias anteriores a nuestro escritor y el relato también está adobado con las narraciones orales recibidas de joven.  

El estilo entre la literatura y la historiografía

¿Qué ocurre con las obras del Inca Garcilaso de la Vega? Ni que decir tiene son escritos históricos que quieren dejar por sentado hechos del pasado. Sin embargo, estos están trufados con puntos novelescos, inventados o magnificados. Fue Menéndez y Pelayo el que, de alguna manera u otra, tachó al primer cronista de Perú de no ser fiel a las fuentes. Los críticos que han llegado detrás, a pesar de defender esta labor científica del Inca Garcilaso de la Vega, le han hecho flaco favor al indicar que en la historia incaica solo se recogía los acontecimientos favorables. Esto es, se obviaba no solo las derrotas militares o los fracasos de otra índole sino también se procedía a borrar a los malos gobernantes. Con este método solo llega lo grandioso, magnífico, rico e interesante.  

Precisamente fueron esos relatos sesgados de un pasado glorioso y brillante los que llegaron al joven Inca Garcilaso de la Vega. Estos, además, están adobados con un poso de melancolía y de tristeza por la pérdida de un pasado que en casa de su madre, con toda probabilidad, se consideraba mejor.  Además, escribe desde la lejanía en todos los sentidos ya que estas narraciones orales fueron recibidas en su niñez y primera juventud mientras que la escritura se realiza bien entrada la madurez, cuando cualquier palabra estaba ya atrapada en las brumas del tiempo.  

Dicho esto, la escritura del Inca Garcilaso de la Vega, a pesar de su imaginación (prestada o propia), se hace cálida, poética incluso, adobada de sensibilidad y ensoñación. A la par, nos deja la semilla y la esencia de una civilización perdida. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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A partir del reinado de Carlos I y, especialmente con Felipe II, surgen una serie de historiadores de gran prestigio que afrontan los sucesos de España desde una perspectiva científica, esto es, dejando a un lado mitos y leyendas. Si dejan por escrito los avatares de los conflictos con los moriscos en las Alpujarras o los entresijos de la construcción de El Escorial en la Península Ibérica, la historiografía americana tiene un nombre indiscutible y ese es el Inca Garcilaso de la Vega.  

Biografía del Inca Garcilaso de la Vega 

Nacido en Cuzco con el nombre de Gómez Suárez de Figueroa en 1539. Su padre era el capitán español Garcilaso de la Vega del linaje extremeño de Vargas de Hinestrosa. En el clan no era ajeno el oficio de escritor, ya que al mismo pertenecían Jorge Manrique, el marqués de Santillana y el gran poeta renacentista Garcilaso de la Vega. Si por parte de padre la estirpe era europea, por la rama materna, nuestro escritor estaba emparentado con la casa real de los incas del Perú.

Aunque sus progenitores no estaban casados e, incluso, el padre abandonó a la madre (de nombre cristianizado Isabel Chiampu Ocllo) para formar una nueva familia con una señora criolla, el Inca Garcilaso de la Vega recibió una esmerada formación. Consta que se educó con preceptores europeos junto a los hijos de otros conquistadores españoles. A los contenidos académicos propios del Renacimiento se le unió el bagaje cultural peruano, resultado de su mestizaje. En este sentido, se conoce que hasta su casa se acercaban parientes y amigos que contaban las grandes historias del perdido imperio inca. 

Con veinte años fallece el padre y nuestro escritor recibe herencia que decide gastarla en España.   Una vez en Europa, se enroló en la milicia real participando en los conflictos moriscos de las Alpujarras y en las innumerables guerras que España, por entonces, mantenía en Italia. En todos estos destinos puso a prueba su pericia tanto en el uso de las armas como en sus habilidades como jinete. A pesar de algunos desengaños porque no se le recompensó como esperaba, no volvió a Perú y se afincó en Sevilla, por entonces, el ombligo del mundo y puerto de salida hacia Las Indias. Vivió hasta muy avanzada edad, ya que falleció en Córdoba en 1616, donde está enterrado en la Capilla de las Ánimas de la Catedral.  

Obras del Inca Garcilaso de la Vega

Las biografía del Inca Garcilaso de la Vega está hilada por su condición de mestizo, por su pertenencia a dos mundos distintos: el europeo de su padre y el inca de la estirpe materna. Aunque su formación académica fue esmerada, su vocación se dirigió hacia las armas, la guerra y la aventura. Todo ello cambió en 1590, con casi cincuenta años, fecha en la que publica una certera y delicada traducción de los Diálogos de Amor de León Hebreo. Esta primera inmersión en el mundo de las letras le lleva a completar una maravillosa historia de la civilización peruana que se convierte en modelo literario (ya hablaremos del historiográfico) para futuras generaciones de escritores.  

1.- La Florida del Inca o Historia del Adelantado Hernando de Soto

Esta fue su primera obra y la crítica la tilda de novelesca más que levantada sobre bases historiográficas, ya que la misma está basada en el relato oral de uno de los amigos de su padre. Fue Gonzalo Silvestre, compañero del progenitor del Inca Garcilaso de la Vega, quien, cuando ambos vivían en Córdoba, relata al escritor los recuerdos, memorias e, incluso, nostalgias del Adelantado Hernando de Soto. Toda la narración está hilada con relatos, a veces, novelescos que el escritor adorna o completa con las historias o aventuras que escuchó de parientes en su casa de Cuzco.  

2.- Comentarios reales del Inca Garcilaso de la Vega

Fue publicada en Lisboa en 1609 y en ella se hace una genealogía completa de los reyes incas y del pueblo peruano. No solo se da cuenta de batallas o acontecimientos importantes sino que también se desgranan costumbres cotidianas, pormenores religiosos o leyes antes de la conquista española. 

Para su ejecución no solo se sirvió de todos los relatos que parientes y amigos daban cuenta (llevados por la nostalgia y la tristeza) en su casa de Cuzco. Si bien gran parte de esas narraciones ya estaban trufadas de algunos ingredientes novelescos en los que se hacía hincapié en la grandeza del perdido imperio inca, nuestro escritor también se valió de la obra escrita en latín por el padre Blas de Valera. 

3.- Historia general del Perú  

La segunda parte de la historia peruana comienza donde acaba la otra: con la conquista española y en ella se da cuenta de las guerras civiles entre Pizarro y Almagro a la par que se entretiene en la vida cotidiana del periodo posterior. Aunque esta obra fue acabada por el Inca Garcilaso de la Vega no se publicó hasta en su muerte. Fue en Córdoba. La documentación para esta obra se centra en los grandes cronistas de Las Indias anteriores a nuestro escritor y el relato también está adobado con las narraciones orales recibidas de joven.  

El estilo entre la literatura y la historiografía

¿Qué ocurre con las obras del Inca Garcilaso de la Vega? Ni que decir tiene son escritos históricos que quieren dejar por sentado hechos del pasado. Sin embargo, estos están trufados con puntos novelescos, inventados o magnificados. Fue Menéndez y Pelayo el que, de alguna manera u otra, tachó al primer cronista de Perú de no ser fiel a las fuentes. Los críticos que han llegado detrás, a pesar de defender esta labor científica del Inca Garcilaso de la Vega, le han hecho flaco favor al indicar que en la historia incaica solo se recogía los acontecimientos favorables. Esto es, se obviaba no solo las derrotas militares o los fracasos de otra índole sino también se procedía a borrar a los malos gobernantes. Con este método solo llega lo grandioso, magnífico, rico e interesante.  

Precisamente fueron esos relatos sesgados de un pasado glorioso y brillante los que llegaron al joven Inca Garcilaso de la Vega. Estos, además, están adobados con un poso de melancolía y de tristeza por la pérdida de un pasado que en casa de su madre, con toda probabilidad, se consideraba mejor.  Además, escribe desde la lejanía en todos los sentidos ya que estas narraciones orales fueron recibidas en su niñez y primera juventud mientras que la escritura se realiza bien entrada la madurez, cuando cualquier palabra estaba ya atrapada en las brumas del tiempo.  

Dicho esto, la escritura del Inca Garcilaso de la Vega, a pesar de su imaginación (prestada o propia), se hace cálida, poética incluso, adobada de sensibilidad y ensoñación. A la par, nos deja la semilla y la esencia de una civilización perdida. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Hoy se definiría a Lope de Rueda, el más fino dramaturgo siguiendo el gusto italiano de las características del Renacimiento literario, como un auténtico showman. Aunque en la documentación de la época se dice de él que tenía por oficio el de “baltihoja” (batidor de panes de oro), en verdad fue un empresario teatral de éxito, autor original y actor entregado. El siguiente retrato proviene del mismísimo Cervantes y, por tanto, de una voz revestida de la máxima autoridad y juicio literario: 

“…yo, como el más viejo que allí estaba, dice que acordava de aver visto representar al gran Lope de Rueda, varón insigne en la representación y en el entendimiento. Fue natural de Sevilla, y de oficio baltihoja, que quiere dezir de los que hacen pan de oro; fue admirable en la poesía pastoril, y en este modo, ni entonces ni después acá ninguno le ha llevado ventaja; y aunque, por ser muchacho yo entonces, no podía hazer juycio firme de la bondad de sus versos, por algunos que me quedaron en la memoria, vistos agora en la edad madura que tengo, hallo ser verdad lo que he dicho…”

Biografía de Lope de Rueda 

Al parecer, nació alrededor de 1510 en Sevilla y no se sabe a ciencia cierta cómo cogió el gusanillo del teatro. Lo cierto es que muy pronto abandona estas tareas artesanas para fundar su compañía y recorrer toda España con ella. Preparaba las funciones donde se representaban piezas que él mismo componía y, además, encarnaba, con asiduidad, el papel de uno de los personajes. Se tiene constancia que estuvo entre 1551 y 1552 en Valladolid a sueldo del ayuntamiento. También se sabe que el Conde de Benavente, en 1554, lo contrató para amenizar una velada en honor del príncipe (futuro Felipe II) en su ruta hacia Inglaterra para casarse con María Tudor. Otro contrato lo sitúa en Sevilla en 1559 en las fiestas del Corpus Christi y un tanto de lo mismo nos encontramos en Toledo en 1561.  

De él hablan maravillas el mismísimo Cervantes quien, al parecer, se inspiró en la obra de Lope de Rueda para levantar sus entremeses. Parece que actuó en Madrid y en Valencia. Allí se avino con el impresor Timoneda que sería a la postre el editor de la mayoría de sus títulos conocidos. Se casó dos veces y murió en Córdoba en 1565.  

Las obras de Lope de Rueda 

Aunque, como veremos a continuación, el autor no se preocupó lo más mínimo por reunir y pulir sus textos como sí hicieron otros escritores agobiados incluso por la posteridad, estos aparecieron publicados en tres volúmenes tras su muerte en la imprenta valenciana de Timoneda. Tenemos:

1.- El primer libro sale a la venta en 1567. Allí aparecen cuatro comedias, dos coloquios pastoriles, en línea con las églogas de la lírica renacentista (de Garcilaso de la Vega o de Juan Boscán), pero de otro tenor estilístico y un diálogo. 

2.- En 1570 aparecen dos volúmenes en el que se insertan sus famosos “pasos” y entremeses.  

Aunque la crítica acepta que sus obras tuvieron que ser muchas más, en 1908, la Academia de la Lengua Española sistematiza todos los textos y fragmentos que pudieron reunir en los siguientes volúmenes: 

1.- Cinco comedias escritas tanto en prosa como en verso: Discordia, Cuestión de Amor, Eufemia, Armelia, Los engañados y Medora. 

2.- Tres coloquios pastoriles tanto en prosa como en verso: Cuestión de Amor, Camila y Tymbria

3.- Diez pasos en prosa entre los que destacan Las aceitunas, versión del cuento de origen árabe de La Lechera, Los criados, Los lacayos ladrones, La generosa paliza, El rufián cobarde, Pagar y no pagar, La tierra de Jauja, El convidado, Cornudo y Contento, La carátula.  

Características de las obras de Lope de Rueda 

1.- Nada se sabe de la formación en letras del autor, sin embargo, por los títulos que nos ha dejado y las pocas notas biográficas que conocemos de él, con toda probabilidad, no tuvo una formación humanística. Y esto se transparenta en sus comedias que nos han llegado escritas. 

2.- A Lope de Rueda no le interesa dejar un legado literario pulido y editado para la posteridad. Su meta es más mundana, ya que, con toda probabilidad, el objetivo de sus representaciones era despertar la risa, la carcajada sonora y el entretenimiento. 

3.- En él no hay fina ironía o crítica social. Más bien presenta, en apariencia, obras sencillas en la que los personajes son realistas al máximo invitando con su diálogo a la comicidad extrema. 

4.- Todo su teatro está levantado “a la manera italiana” y el enredo constituye parte fundamental de la trama. En cada uno de los títulos se resuelven de manera jocosa calumnias o las complicaciones provocadas por personajes que se parecen o se asemejan como gemelos. También echa mano al socorrido recurso de familiares perdidos que se reconocen en el tiempo presente. 

5.- Tiene un lenguaje sencillo, rudo a veces, sin pulir, gracioso, jocoso con golpes de efecto que provocan en el espectador la carcajada limpia. 

6.- A pesar de ser obras que no están levantadas sin ningún espíritu humanístico, fue del agrado de la nobleza, de la élite aristocrática e, incluso, de príncipes. 

7.- En sus comedias abundan los tipos característicos que se comportan según un esquema preestablecido y que el público conoce y reconoce de antemano. 

8.- No hay estudio psicológico de los personajes como tal. Estos son prototípicos y siempre están exagerados al extremo. 

9.- Aunque también escribe en verso, da carta de legitimidad a la prosa, sencilla, limpia y entendible por todos. 

10.- Las obras de Lope de Rueda estaban diseñadas para que intervinieran los actores de su compañía y él mismo. Por tanto, siempre estaban escritas teniendo en cuenta los medios con los que contaba.  

Los “pasos” de Lope de Rueda

Mención aparte merecen estos pequeños retazos cómicos de la vida cotidiana insertados en las obras mayores y cuyo creador fue nuestro escritor. Aunque, con posterioridad, Cervantes los retomaría para sus famosos Entremeses, en ese momento era algo novedoso en el teatro español. Los pasos son pequeñas escenas sueltas en las obras que tienen entidad propia con su inicio, nudo y desenlace. Si bien la gran mayoría de las comedias de Lope de Rueda aparecen ante nosotros deshilvanadas, los pasos, a pesar de ser muy breves, pueden representarse por separado. 

Estas anécdotas con un relato muy sencillo en el que intervienen personajes muy perfilados de antemano tienen como objetivo desencadenar la comicidad, la risa y la carcajada sonora. Para ello se recurre al enredo, pero también a los caracteres exagerados de personajes bufos que se comportan como se esperan de ellos al estilo de los modelos de los chistes contemporáneos. En los pasos de Lope de Rueda, el humor se consigue estirando la caricatura hasta la apoteosis.  

Aunque hay algunos críticos, que no encuentran en Lope de Rueda el literato puro, intelectual y formado tan común en la época, sí son unánimes a la hora de señalar su importancia. Y esta reside en el talento no solo para un tipo de comedia de enredo que se inaugura en el Renacimiento sino para presentarnos un retablo social con una tremenda sencillez, realismo y sin ningún interés por la crítica social. Que Cervantes, tal como he anotado al inicio, lo tuviera por un maestro también ha contribuido en su fama posterior.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Hoy se definiría a Lope de Rueda, el más fino dramaturgo siguiendo el gusto italiano de las características del Renacimiento literario, como un auténtico showman. Aunque en la documentación de la época se dice de él que tenía por oficio el de “baltihoja” (batidor de panes de oro), en verdad fue un empresario teatral de éxito, autor original y actor entregado. El siguiente retrato proviene del mismísimo Cervantes y, por tanto, de una voz revestida de la máxima autoridad y juicio literario: 

“…yo, como el más viejo que allí estaba, dice que acordava de aver visto representar al gran Lope de Rueda, varón insigne en la representación y en el entendimiento. Fue natural de Sevilla, y de oficio baltihoja, que quiere dezir de los que hacen pan de oro; fue admirable en la poesía pastoril, y en este modo, ni entonces ni después acá ninguno le ha llevado ventaja; y aunque, por ser muchacho yo entonces, no podía hazer juycio firme de la bondad de sus versos, por algunos que me quedaron en la memoria, vistos agora en la edad madura que tengo, hallo ser verdad lo que he dicho…”

Biografía de Lope de Rueda 

Al parecer, nació alrededor de 1510 en Sevilla y no se sabe a ciencia cierta cómo cogió el gusanillo del teatro. Lo cierto es que muy pronto abandona estas tareas artesanas para fundar su compañía y recorrer toda España con ella. Preparaba las funciones donde se representaban piezas que él mismo componía y, además, encarnaba, con asiduidad, el papel de uno de los personajes. Se tiene constancia que estuvo entre 1551 y 1552 en Valladolid a sueldo del ayuntamiento. También se sabe que el Conde de Benavente, en 1554, lo contrató para amenizar una velada en honor del príncipe (futuro Felipe II) en su ruta hacia Inglaterra para casarse con María Tudor. Otro contrato lo sitúa en Sevilla en 1559 en las fiestas del Corpus Christi y un tanto de lo mismo nos encontramos en Toledo en 1561.  

De él hablan maravillas el mismísimo Cervantes quien, al parecer, se inspiró en la obra de Lope de Rueda para levantar sus entremeses. Parece que actuó en Madrid y en Valencia. Allí se avino con el impresor Timoneda que sería a la postre el editor de la mayoría de sus títulos conocidos. Se casó dos veces y murió en Córdoba en 1565.  

Las obras de Lope de Rueda 

Aunque, como veremos a continuación, el autor no se preocupó lo más mínimo por reunir y pulir sus textos como sí hicieron otros escritores agobiados incluso por la posteridad, estos aparecieron publicados en tres volúmenes tras su muerte en la imprenta valenciana de Timoneda. Tenemos:

1.- El primer libro sale a la venta en 1567. Allí aparecen cuatro comedias, dos coloquios pastoriles, en línea con las églogas de la lírica renacentista (de Garcilaso de la Vega o de Juan Boscán), pero de otro tenor estilístico y un diálogo. 

2.- En 1570 aparecen dos volúmenes en el que se insertan sus famosos “pasos” y entremeses.  

Aunque la crítica acepta que sus obras tuvieron que ser muchas más, en 1908, la Academia de la Lengua Española sistematiza todos los textos y fragmentos que pudieron reunir en los siguientes volúmenes: 

1.- Cinco comedias escritas tanto en prosa como en verso: Discordia, Cuestión de Amor, Eufemia, Armelia, Los engañados y Medora. 

2.- Tres coloquios pastoriles tanto en prosa como en verso: Cuestión de Amor, Camila y Tymbria

3.- Diez pasos en prosa entre los que destacan Las aceitunas, versión del cuento de origen árabe de La Lechera, Los criados, Los lacayos ladrones, La generosa paliza, El rufián cobarde, Pagar y no pagar, La tierra de Jauja, El convidado, Cornudo y Contento, La carátula.  

Características de las obras de Lope de Rueda 

1.- Nada se sabe de la formación en letras del autor, sin embargo, por los títulos que nos ha dejado y las pocas notas biográficas que conocemos de él, con toda probabilidad, no tuvo una formación humanística. Y esto se transparenta en sus comedias que nos han llegado escritas. 

2.- A Lope de Rueda no le interesa dejar un legado literario pulido y editado para la posteridad. Su meta es más mundana, ya que, con toda probabilidad, el objetivo de sus representaciones era despertar la risa, la carcajada sonora y el entretenimiento. 

3.- En él no hay fina ironía o crítica social. Más bien presenta, en apariencia, obras sencillas en la que los personajes son realistas al máximo invitando con su diálogo a la comicidad extrema. 

4.- Todo su teatro está levantado “a la manera italiana” y el enredo constituye parte fundamental de la trama. En cada uno de los títulos se resuelven de manera jocosa calumnias o las complicaciones provocadas por personajes que se parecen o se asemejan como gemelos. También echa mano al socorrido recurso de familiares perdidos que se reconocen en el tiempo presente. 

5.- Tiene un lenguaje sencillo, rudo a veces, sin pulir, gracioso, jocoso con golpes de efecto que provocan en el espectador la carcajada limpia. 

6.- A pesar de ser obras que no están levantadas sin ningún espíritu humanístico, fue del agrado de la nobleza, de la élite aristocrática e, incluso, de príncipes. 

7.- En sus comedias abundan los tipos característicos que se comportan según un esquema preestablecido y que el público conoce y reconoce de antemano. 

8.- No hay estudio psicológico de los personajes como tal. Estos son prototípicos y siempre están exagerados al extremo. 

9.- Aunque también escribe en verso, da carta de legitimidad a la prosa, sencilla, limpia y entendible por todos. 

10.- Las obras de Lope de Rueda estaban diseñadas para que intervinieran los actores de su compañía y él mismo. Por tanto, siempre estaban escritas teniendo en cuenta los medios con los que contaba.  

Los “pasos” de Lope de Rueda

Mención aparte merecen estos pequeños retazos cómicos de la vida cotidiana insertados en las obras mayores y cuyo creador fue nuestro escritor. Aunque, con posterioridad, Cervantes los retomaría para sus famosos Entremeses, en ese momento era algo novedoso en el teatro español. Los pasos son pequeñas escenas sueltas en las obras que tienen entidad propia con su inicio, nudo y desenlace. Si bien la gran mayoría de las comedias de Lope de Rueda aparecen ante nosotros deshilvanadas, los pasos, a pesar de ser muy breves, pueden representarse por separado. 

Estas anécdotas con un relato muy sencillo en el que intervienen personajes muy perfilados de antemano tienen como objetivo desencadenar la comicidad, la risa y la carcajada sonora. Para ello se recurre al enredo, pero también a los caracteres exagerados de personajes bufos que se comportan como se esperan de ellos al estilo de los modelos de los chistes contemporáneos. En los pasos de Lope de Rueda, el humor se consigue estirando la caricatura hasta la apoteosis.  

Aunque hay algunos críticos, que no encuentran en Lope de Rueda el literato puro, intelectual y formado tan común en la época, sí son unánimes a la hora de señalar su importancia. Y esta reside en el talento no solo para un tipo de comedia de enredo que se inaugura en el Renacimiento sino para presentarnos un retablo social con una tremenda sencillez, realismo y sin ningún interés por la crítica social. Que Cervantes, tal como he anotado al inicio, lo tuviera por un maestro también ha contribuido en su fama posterior.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Al contrario de la novela pastoril que se extendió por todas las literaturas europeas, la novela morisca es un género nacido en lengua castellana, probablemente al calor de los hechos históricos acaecidos durante largos siglos de convivencia musulmana en la península. En ella, los protagonistas sufren de amores imposibles (o posibles) en el entorno árabe con tintes, en la mayoría de los casos, históricos o reales. 

10 Características principales de la novela morisca 

1.- Surgió a medios del siglo XVI y su éxito fue tan arrollador que, incluso, encontramos los últimos coletazos de la misma en el Romanticismo literario

2.- Además, no solo se encuentran los temas o fórmulas en la literatura castellana posterior al siglo XVI, sino que los relatos del Renacimiento son retomados por autores europeos posteriores. 

3.- Son novelas cortas escritas con un ritmo trepidante en las que se ensalzan un sentimiento amoroso al estilo de la lírica renacentista, pero este ya se ha ido transformando y volviendo más terrenal. Nos encontramos, por tanto, sentimientos radicalmente humanos, verídicos y alejados del platonismo extremo de los temas pastoriles. 

4.- Los protagonistas son árabes (y también parejas imposibles de distintas culturas) que luchan en contra de un sistema social que no permite su amor. 

5.- Aunque también se describe la naturaleza, el bucolismo de la literatura renacentista queda aparcado en post de la puesta en escena de suntuosas fiestas, brillantes cortejos, juegos de todo tipo y descripciones de palacios bellamente adornados y de indumentaria lujosa. 

6.- Todo en la novela morisca remite a un mundo culto, rico, decadente e, incluso, ocioso. 

7.- A igual que en las novelas de caballería, sus protagonistas están adornados con atributos de virtudes superiores, haciendo gala de buena educación, mejor corazón, fina inteligencia y modales formales refinados. 

8.- La valentía de los protagonistas es un hecho diferencial de la novela morisca que no se da en otro género literario de la época. Todos ellos se encontraban enfrascados en un mundo pasado, perfecto, sublime y muelle (en el sentido de fácil) en el que las acciones de arrojo personal no tienen lugar. Estas, las de la novelas moriscas, sin embargo, no son al estilo de los cantares de gesta donde se muestra la brutalidad de la guerra. Más bien, asistimos en las obras en prosa renacentistas a una virtud palaciega, mundana y refinada que adorna en todo momento al héroe.  

9.- Aunque conocemos pocos títulos, por referencias en otras obras, tuvieron un notable éxito en la época. 

10.- Los protagonistas de la novela morisca fueron retomados por artistas posteriores llegando hasta los albores del Romanticismo, cuando se vuelve a poner en alza los escenarios exóticos y los amores pasionales o tortuosos de los que participa esta tendencia literaria. Dentro de la literatura castellana, encontramos ecos, resonancias, temas o narraciones en Calderón, Lope de Vega, Antonio de Alarcón e, incluso en el neoclásico Moratín. Fuera de la lengua española, el ejemplo más conocido son los Cuentos de la Alhambra de Irving, aunque también fue del agrado de poetas de la talla de Chateaubriand o Víctor Hugo.  

Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa, la más bella novela morisca en español 

De entre todos los títulos del género destaca este de autor anónimo y que, al parecer, narra hechos reales. La primera versión de la obra aparece intercalada en Los siete libros de Diana de Jorge de Montemayor, la obra más representativa de la novela pastoril. Esto no significa que este fuera su creador, ya que, en la época, no se ponía tanto celo en las ediciones como se hace actualmente. Aparece en una impresión de 1561 en Valladolid. Hay otra versión que se encuentra aprobada por la censura en 1551 y en la imprenta en 1565. Se trata de Inventario de Antonio de Villegas.  

En la obra se narra, al parecer, un hecho real acaecido en el sur de España. Abindarráez, de la estirpe de los Abencerrajes (víctimas de un acto cruel en La Alhambra momentos antes de caer el reino nazarí) es el protagonista. En esencia, el joven es apresado por el Alcalde de Antequera, el cual responde al nombre de Rodrigo de Narváez. De dicho caballero cristiano se tienen datos en distintos archivos administrativos y la crítica no duda de su existencia en el plano terrenal. Siguiendo con la historia, cuando el cristiano escucha los lamentos de su prisionero por no poder casarse con su amada Jarifa, en un gesto entre caballeros, lo deja marchar para que se consumen las nupcias. El trato es que tiene que volver. Sin embargo, el amor que todo lo puede, hace acabar la novela con la puesta en libertad del prisionero ya que, el vencedor, movido por el gran afecto de los esposos, tiene este gesto con ellos. 

Aunque el relato de esta hermosa novela morisca es muy simple, esta está escrita y levantada con un lenguaje claro, sencillo, natural y delicado que nos va introduciendo, como si de un poema se tratara, en los entresijos emocionales de los protagonistas. No solo el amor es el eje central temático, sino que también hay sentimientos de nobleza por ambas partes que acceden a realizar concesiones guiados por un espíritu noble. Sin duda, esta historia, así contada, encandiló a los lectores de la época que buscaban en los libros (y no solo en las características de las novelas de caballería) un mundo idealizado y perfecto en el que evadirse de los problemas cotidianos.   

La novela morisca en Ginés Pérez de Hita

Independientemente de la anterior que ha sido ponderada como la mejor y más perfecta de su género, el autor que abordó la temática con mayor acierto fue Ginés Pérez de Hita. De él apenas se conocen detalles de su biografía, ni siquiera la fecha de nacimiento aproximada. Parece que fue natural de Mula y que su vida transcurrió en la región de Murcia. Se le ha relacionado con el oficio de zapatero. A pesar de su trabajo de artesano, fue llamado a filas para formar parte de las guerras que se libraban contra los moriscos en las Alpujarras. Con toda probabilidad, sus aventuras bélicas le sirvió como inspiración y sustrato para sus libros.  

Se le conoce la Historia de los bandos de Zegríes y Abencerrajes o Guerras Civiles de Granada, que fue publicada en Zaragoza en 1595. En esta obra se narran los últimos años de los reinos nazaríes con sus historias de conspiraciones, amores, deslealtades, infidelidades y amoríos, los mismos que han pasado a formar parte de las grandes leyendas no solo de La Alhambra sino de toda Granada. En esta obra el escritor, como narra hechos del pasado (de 100 años antes), se permite una mayor libertad imaginativa en la que la historia se adoba con múltiples retazos literarios. Pérez de Hita se entretiene en presentar las aventuras amorosas y de la corte con una descripción colorida y fantasiosa en la que los protagonistas están repletos de las virtudes caballerescas en boga en la época obviando buena parte de la veracidad de los hechos históricos. 

De esta obra se publicó ya en el siglo XVII, en 1619, en Cuenca, una ampliación con la Rebelión de la Alpujarra en la que el escritor había formado parte como miembro del ejército de Felipe II. En estas páginas, sin embargo y al contrario de la primera parte, se abandona toda faceta artística (centrada en puntos inventados) y se crea un relato histórico. A ello, sin duda, contribuyó que el mismo novelista participó de estas aventuras y esa vivencia suplantó a la imaginación que adorna la primera obra. No obstante, en ambas relatos (pertenecientes al género de la novela morisca) intercaló algunos romances en los que se recogen amores, hazañas y aventuras. 

En definitiva, la novela morisca es un subgénero en prosa de la literatura amorosa del Renacimiento que había inaugurado Petrarca. Por las peculiaridades históricas de España, el ideal caballeresco también se colocó a los personajes árabes del reino nazarí, el mismo que había sido derrotado por los Reyes Católicos.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Al contrario de la novela pastoril que se extendió por todas las literaturas europeas, la novela morisca es un género nacido en lengua castellana, probablemente al calor de los hechos históricos acaecidos durante largos siglos de convivencia musulmana en la península. En ella, los protagonistas sufren de amores imposibles (o posibles) en el entorno árabe con tintes, en la mayoría de los casos, históricos o reales. 

10 Características principales de la novela morisca 

1.- Surgió a medios del siglo XVI y su éxito fue tan arrollador que, incluso, encontramos los últimos coletazos de la misma en el Romanticismo literario

2.- Además, no solo se encuentran los temas o fórmulas en la literatura castellana posterior al siglo XVI, sino que los relatos del Renacimiento son retomados por autores europeos posteriores. 

3.- Son novelas cortas escritas con un ritmo trepidante en las que se ensalzan un sentimiento amoroso al estilo de la lírica renacentista, pero este ya se ha ido transformando y volviendo más terrenal. Nos encontramos, por tanto, sentimientos radicalmente humanos, verídicos y alejados del platonismo extremo de los temas pastoriles. 

4.- Los protagonistas son árabes (y también parejas imposibles de distintas culturas) que luchan en contra de un sistema social que no permite su amor. 

5.- Aunque también se describe la naturaleza, el bucolismo de la literatura renacentista queda aparcado en post de la puesta en escena de suntuosas fiestas, brillantes cortejos, juegos de todo tipo y descripciones de palacios bellamente adornados y de indumentaria lujosa. 

6.- Todo en la novela morisca remite a un mundo culto, rico, decadente e, incluso, ocioso. 

7.- A igual que en las novelas de caballería, sus protagonistas están adornados con atributos de virtudes superiores, haciendo gala de buena educación, mejor corazón, fina inteligencia y modales formales refinados. 

8.- La valentía de los protagonistas es un hecho diferencial de la novela morisca que no se da en otro género literario de la época. Todos ellos se encontraban enfrascados en un mundo pasado, perfecto, sublime y muelle (en el sentido de fácil) en el que las acciones de arrojo personal no tienen lugar. Estas, las de la novelas moriscas, sin embargo, no son al estilo de los cantares de gesta donde se muestra la brutalidad de la guerra. Más bien, asistimos en las obras en prosa renacentistas a una virtud palaciega, mundana y refinada que adorna en todo momento al héroe.  

9.- Aunque conocemos pocos títulos, por referencias en otras obras, tuvieron un notable éxito en la época. 

10.- Los protagonistas de la novela morisca fueron retomados por artistas posteriores llegando hasta los albores del Romanticismo, cuando se vuelve a poner en alza los escenarios exóticos y los amores pasionales o tortuosos de los que participa esta tendencia literaria. Dentro de la literatura castellana, encontramos ecos, resonancias, temas o narraciones en Calderón, Lope de Vega, Antonio de Alarcón e, incluso en el neoclásico Moratín. Fuera de la lengua española, el ejemplo más conocido son los Cuentos de la Alhambra de Irving, aunque también fue del agrado de poetas de la talla de Chateaubriand o Víctor Hugo.  

Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa, la más bella novela morisca en español 

De entre todos los títulos del género destaca este de autor anónimo y que, al parecer, narra hechos reales. La primera versión de la obra aparece intercalada en Los siete libros de Diana de Jorge de Montemayor, la obra más representativa de la novela pastoril. Esto no significa que este fuera su creador, ya que, en la época, no se ponía tanto celo en las ediciones como se hace actualmente. Aparece en una impresión de 1561 en Valladolid. Hay otra versión que se encuentra aprobada por la censura en 1551 y en la imprenta en 1565. Se trata de Inventario de Antonio de Villegas.  

En la obra se narra, al parecer, un hecho real acaecido en el sur de España. Abindarráez, de la estirpe de los Abencerrajes (víctimas de un acto cruel en La Alhambra momentos antes de caer el reino nazarí) es el protagonista. En esencia, el joven es apresado por el Alcalde de Antequera, el cual responde al nombre de Rodrigo de Narváez. De dicho caballero cristiano se tienen datos en distintos archivos administrativos y la crítica no duda de su existencia en el plano terrenal. Siguiendo con la historia, cuando el cristiano escucha los lamentos de su prisionero por no poder casarse con su amada Jarifa, en un gesto entre caballeros, lo deja marchar para que se consumen las nupcias. El trato es que tiene que volver. Sin embargo, el amor que todo lo puede, hace acabar la novela con la puesta en libertad del prisionero ya que, el vencedor, movido por el gran afecto de los esposos, tiene este gesto con ellos. 

Aunque el relato de esta hermosa novela morisca es muy simple, esta está escrita y levantada con un lenguaje claro, sencillo, natural y delicado que nos va introduciendo, como si de un poema se tratara, en los entresijos emocionales de los protagonistas. No solo el amor es el eje central temático, sino que también hay sentimientos de nobleza por ambas partes que acceden a realizar concesiones guiados por un espíritu noble. Sin duda, esta historia, así contada, encandiló a los lectores de la época que buscaban en los libros (y no solo en las características de las novelas de caballería) un mundo idealizado y perfecto en el que evadirse de los problemas cotidianos.   

La novela morisca en Ginés Pérez de Hita

Independientemente de la anterior que ha sido ponderada como la mejor y más perfecta de su género, el autor que abordó la temática con mayor acierto fue Ginés Pérez de Hita. De él apenas se conocen detalles de su biografía, ni siquiera la fecha de nacimiento aproximada. Parece que fue natural de Mula y que su vida transcurrió en la región de Murcia. Se le ha relacionado con el oficio de zapatero. A pesar de su trabajo de artesano, fue llamado a filas para formar parte de las guerras que se libraban contra los moriscos en las Alpujarras. Con toda probabilidad, sus aventuras bélicas le sirvió como inspiración y sustrato para sus libros.  

Se le conoce la Historia de los bandos de Zegríes y Abencerrajes o Guerras Civiles de Granada, que fue publicada en Zaragoza en 1595. En esta obra se narran los últimos años de los reinos nazaríes con sus historias de conspiraciones, amores, deslealtades, infidelidades y amoríos, los mismos que han pasado a formar parte de las grandes leyendas no solo de La Alhambra sino de toda Granada. En esta obra el escritor, como narra hechos del pasado (de 100 años antes), se permite una mayor libertad imaginativa en la que la historia se adoba con múltiples retazos literarios. Pérez de Hita se entretiene en presentar las aventuras amorosas y de la corte con una descripción colorida y fantasiosa en la que los protagonistas están repletos de las virtudes caballerescas en boga en la época obviando buena parte de la veracidad de los hechos históricos. 

De esta obra se publicó ya en el siglo XVII, en 1619, en Cuenca, una ampliación con la Rebelión de la Alpujarra en la que el escritor había formado parte como miembro del ejército de Felipe II. En estas páginas, sin embargo y al contrario de la primera parte, se abandona toda faceta artística (centrada en puntos inventados) y se crea un relato histórico. A ello, sin duda, contribuyó que el mismo novelista participó de estas aventuras y esa vivencia suplantó a la imaginación que adorna la primera obra. No obstante, en ambas relatos (pertenecientes al género de la novela morisca) intercaló algunos romances en los que se recogen amores, hazañas y aventuras. 

En definitiva, la novela morisca es un subgénero en prosa de la literatura amorosa del Renacimiento que había inaugurado Petrarca. Por las peculiaridades históricas de España, el ideal caballeresco también se colocó a los personajes árabes del reino nazarí, el mismo que había sido derrotado por los Reyes Católicos.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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 A mediados del siglo XVI surgen en castellano (y en otras lenguas vulgares) un tipo de relato idealizado en el que los protagonistas son pastores en trance de amor platónico. La novela pastoril, a juzgar por los testimonios religiosos condenándolas, tuvo un gran éxito de público. Y todo ello a pesar de que hay críticos actuales que la circunscriben a un lector culto. 

Definición de la novela pastoril en castellano 

La novela pastoril es un género en prosa surgido a partir de mediados del siglo XVI y se extiende hasta finalizar la centuria aunque algunos títulos fueron publicados en el siglo XVII. En ella asistimos a los amores (a veces en triángulo o en cuadrado) de un grupo de pastores los cuales están representados de manera idealizada y estilizada al máximo. Sus aventuras se circunscriben en el terreno de la fantasía, a semejanza de las novelas de caballería, y, además, la naturaleza siempre es descrita de manera bucólica con aspectos que la hacen tomar verdadero protagonismo.  

Orígenes de la novela pastoril en español  

Bien es verdad que este formato literario puede entenderse como el correlato en prosa de la lírica renacentista al estilo de Petrarca cuyos más insignes representantes en español son Juan Boscán y, especialmente, Garcilaso de la Vega. No obstante, la novela bucólica, tal como también se la conoce, hunde sus raíces en la literatura clásica, especialmente en las obras de Teócrito y Virgilio que, en la época, circulaban en ediciones de todo tipo, incluso provistas de aparato crítico.  

Estudiosos hay quienes han puesto en relación las tramas y el tratamiento de la novela pastoril renacentista con las serranillas del Marqués de Santillana e, incluso, con los modelos del Arcipreste de Hita. Dicho esto, hay que señalar algunas salvedades, ya que las rústicas modelos del creador del Libro de Buen Amor poco o nada tienen que ver con los estilizados e idealizados pastores de la prosa renacentista.  

Si hay un título sobre el que se sustenta todos los demás en relación con la novela pastoril renacentista, este es la Arcadia del italiano Jacopo Sannazaro. En esta obra se colocan todos los moldes y características sobre las que se construirá el resto. Circulaba traducido desde su edición en Toledo de 1549 y bien pudo servir de hipotexto para Los siete libros de la Diana de Jorge de Montemayor, cuya primera edición data de 1558 y está considerada el ejemplo más sublime y perfecto de novela pastoril en español.  

Características de la novela pastoril  

Resumiendo mucho nos encontramos: 

1.- Con sus salvedades, es el modelo en prosa de la poesía renacentista amorosa siguiendo los postulados de Petrarca. 

2.- Sus protagonistas son siempre un grupo de pastores ensalzados en temas amorosos complicados en los que siempre hay tristezas, melancolías, desplantes y roles en triángulo o cuadrado. 

3.- Los implicados en la narración están tratados de una manera cortés, idealizada y culta. Su lenguaje, además, es el propio de la corte o de la élite intelectual.

4.- El realismo brilla por su ausencia, y como es una de las características de las novelas de caballería, la trama se desarrolla en un ambiente de ficción, fantástico e irreal en el que entran en escena brujas, magas y hechizos. 

5.- La naturaleza es representada de manera bucólica, estilizada, amena, calma y como salida de un cuadro perfecto en el que nada desentona. 

6.- Los amores representados están idealizados y además es normal la frustración, los desengaños e, incluso, tramas que dan lugar a confusión. A pesar del platonismo presentado, en la novela pastoril hay un poso de tristeza, de melancolía, de pérdida y de canto al pasado. 

7.- Se ensalza la vida sencilla, tranquila y silenciosa del campo o del pueblo apartado. 

8.- La fantasía que es característica en el género se adoba con personajes o tramas entresacadas de los mitos clásicos o de los grandes ciclos de la literatura griega o latina. 

9.- El lenguaje es artificioso y se aleja de la claridad o la sencillez. 

10.- Por primera vez en la historia literaria en castellano, hay un énfasis en la psicología, en el espíritu, en el mundo interior de los personajes en detrimento de la aventura, la cual, por otro lado, es muy simple. 

Ejemplos de la novela pastoril  

Aunque con sus salvedades, el género llega hasta el Romanticismo literario tan dado a los amores pasionales y tormentosos. Los títulos más conocidos que se publicaron a partir de la segunda mitad del siglo XVI son: 

  • Los siete libros de la Diana de Jorge de Montemayor aparecido en Valencia en 1558 o 1559, obra señera del género que merece crítica aparte.
  • Diana enamorada de Gaspar Gil Polo, publicada en el mismo lugar en 1564 y continuación de la anterior ofreciendo, además, un final alternativo. 
  • La Galatea de Miguel de Cervantes, publicada en 1585 en Alcalá de Henares.
  • La Arcadia de Félix Lope de Vega de 1598.
  • El pastor de Fílida de Luis Gálvez de Montalvo publicada en 1582.
  • La constante Amarilis de Cristóbal Suárez de Figueroa publicada también en Valencia en 1609.

El género fue también muy popular en Francia o en Inglaterra extendiéndose, como he anotado, hasta la entrada del Romanticismo literario.  

Diana de Jorge de Montemayor, la más importante representante de la novela pastoril 

Biografía de Jorge de Montemayor

Y su más señero exponente ni siquiera nació en España, ya que es oriundo de Montemor-o-Velho, en el actual distrito portugués de Coimbra.  La fecha de la venida a este mundo es incierta pero se baraja como la más probable la del año 1520. Viajero incansable y hombre de mundo, entró al servicio de las hijas de Carlos I como cantor, acompañándolas de vuelta a Portugal cuando Juana se casó con el príncipe portugués Juan. Viajó a Flandes y también a Inglaterra siguiendo el cortejo de boda de Felipe II con María Tudor. Murió en España en 1601 en extrañas circunstancias y en su tierra, en vida, fue considerado un traidor por escribir (además con éxito y fama) en lengua castellana.  

Además de Los siete libros de la Diana publicó en Amberes todas sus poesías bajo el título de Cancionero. Eso fue antes que su obra en prosa, en 1554. También tradujo Cantos de Amor de Ausías March.   

Análisis de la novela pastoril Los siete libros de Diana

La obra cumple todas las características del género y en ella se tratan los amores de la hermosa pastora de nombre Diana enamorada de Sireno que correspondía a sus deseos. No obstante, la joven también era requerida por Sylvano sin que ella gustara del mismo. Sucedió que Sireno fue llamado a armas y se ausentó del lugar (descrito como las orillas del Tajo en Toledo) durante un año. Diana no se puso a esperar al amado y en ese tiempo se casó con Delio. Cuando el primer amante regresó, se encontró cruelmente despechado dando pie a la narración de los sentimientos interiores de todos los protagonistas. Por si esto fuera poco, en la novela se cuentan otras historias amorosas de personajes secundarios. 

La obra se convirtió en un bestseller sin igual rivalizando con La Celestina y el Amadís de Gaula. En tan solo cincuenta años se hicieron 17 ediciones, muchísimas para los parámetros de la época. Se tradujo al italiano, al francés y al alemán. Además la historia dio para más, ya que otro de los mejores ejemplos de novela pastoril de la época tiene como protagonista a la misma dama.  

Diana enamorada de Gaspar Gil Polo 

Biografía de Gaspar Gil Polo  

Valenciano y, al parecer, profesor de griego, Gaspar Gil Polo continuó los amores antes descritos en su obra dotándolos de un final feliz. Poco se sabe de su origen, de su fecha de nacimiento y de su familia. Sí se ha encontrado su nombre ocupando algunos cargos en la administración y también se conoce la fecha de su muerte: 1585, en Barcelona. Aunque han llegado hasta nosotros algunos poemas, Gil Polo ha pasado a la historia de la literatura por su obra Diana enamorada la cual vio la luz en Valencia en 1564. Su obra no solo fue traducida a lenguas vulgares sino también al latín por Gaspar Barth. Y eso dice mucho de la consideración que se tuvo en la época.  

Análisis de la novela pastoril Diana enamorada

Aunque sigue todas las características del género, esta es más optimista y deja aparcadas tristezas y melancolías. Además, el paisaje está tratado de manera sublime con prolijas y bellas descripciones del Mediterráneo. También se han intercalado poesías que completan un final alternativo en la historia amorosa entre Diana y Sireno. El esposo de la pastora, Delio, tras enamorarse de otra dama, muere de forma accidental dejando el camino libre para que Diana retome su amor de juventud. Entremedias, nos encontramos con los hechizos y bebedizos mágicos de Felicia que contribuye a un final final de comieron perdices.  

Aún así, según palabras del crítico Hugo Rennert

“Es una de las pocas obras de este género literario que todavía pueden leerse con verdadero placer”. 

Es la novela pastoril un género idealizado en extremo perteneciente a una época concreta en la que el arte se estilizó en busca de una belleza fuera de lo humano.  

Por Candela Vizcaíno Macero | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

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 A mediados del siglo XVI surgen en castellano (y en otras lenguas vulgares) un tipo de relato idealizado en el que los protagonistas son pastores en trance de amor platónico. La novela pastoril, a juzgar por los testimonios religiosos condenándolas, tuvo un gran éxito de público. Y todo ello a pesar de que hay críticos actuales que la circunscriben a un lector culto. 

Definición de la novela pastoril en castellano 

La novela pastoril es un género en prosa surgido a partir de mediados del siglo XVI y se extiende hasta finalizar la centuria aunque algunos títulos fueron publicados en el siglo XVII. En ella asistimos a los amores (a veces en triángulo o en cuadrado) de un grupo de pastores los cuales están representados de manera idealizada y estilizada al máximo. Sus aventuras se circunscriben en el terreno de la fantasía, a semejanza de las novelas de caballería, y, además, la naturaleza siempre es descrita de manera bucólica con aspectos que la hacen tomar verdadero protagonismo.  

Orígenes de la novela pastoril en español  

Bien es verdad que este formato literario puede entenderse como el correlato en prosa de la lírica renacentista al estilo de Petrarca cuyos más insignes representantes en español son Juan Boscán y, especialmente, Garcilaso de la Vega. No obstante, la novela bucólica, tal como también se la conoce, hunde sus raíces en la literatura clásica, especialmente en las obras de Teócrito y Virgilio que, en la época, circulaban en ediciones de todo tipo, incluso provistas de aparato crítico.  

Estudiosos hay quienes han puesto en relación las tramas y el tratamiento de la novela pastoril renacentista con las serranillas del Marqués de Santillana e, incluso, con los modelos del Arcipreste de Hita. Dicho esto, hay que señalar algunas salvedades, ya que las rústicas modelos del creador del Libro de Buen Amor poco o nada tienen que ver con los estilizados e idealizados pastores de la prosa renacentista.  

Si hay un título sobre el que se sustenta todos los demás en relación con la novela pastoril renacentista, este es la Arcadia del italiano Jacopo Sannazaro. En esta obra se colocan todos los moldes y características sobre las que se construirá el resto. Circulaba traducido desde su edición en Toledo de 1549 y bien pudo servir de hipotexto para Los siete libros de la Diana de Jorge de Montemayor, cuya primera edición data de 1558 y está considerada el ejemplo más sublime y perfecto de novela pastoril en español.  

Características de la novela pastoril  

Resumiendo mucho nos encontramos: 

1.- Con sus salvedades, es el modelo en prosa de la poesía renacentista amorosa siguiendo los postulados de Petrarca. 

2.- Sus protagonistas son siempre un grupo de pastores ensalzados en temas amorosos complicados en los que siempre hay tristezas, melancolías, desplantes y roles en triángulo o cuadrado. 

3.- Los implicados en la narración están tratados de una manera cortés, idealizada y culta. Su lenguaje, además, es el propio de la corte o de la élite intelectual.

4.- El realismo brilla por su ausencia, y como es una de las características de las novelas de caballería, la trama se desarrolla en un ambiente de ficción, fantástico e irreal en el que entran en escena brujas, magas y hechizos. 

5.- La naturaleza es representada de manera bucólica, estilizada, amena, calma y como salida de un cuadro perfecto en el que nada desentona. 

6.- Los amores representados están idealizados y además es normal la frustración, los desengaños e, incluso, tramas que dan lugar a confusión. A pesar del platonismo presentado, en la novela pastoril hay un poso de tristeza, de melancolía, de pérdida y de canto al pasado. 

7.- Se ensalza la vida sencilla, tranquila y silenciosa del campo o del pueblo apartado. 

8.- La fantasía que es característica en el género se adoba con personajes o tramas entresacadas de los mitos clásicos o de los grandes ciclos de la literatura griega o latina. 

9.- El lenguaje es artificioso y se aleja de la claridad o la sencillez. 

10.- Por primera vez en la historia literaria en castellano, hay un énfasis en la psicología, en el espíritu, en el mundo interior de los personajes en detrimento de la aventura, la cual, por otro lado, es muy simple. 

Ejemplos de la novela pastoril  

Aunque con sus salvedades, el género llega hasta el Romanticismo literario tan dado a los amores pasionales y tormentosos. Los títulos más conocidos que se publicaron a partir de la segunda mitad del siglo XVI son: 

  • Los siete libros de la Diana de Jorge de Montemayor aparecido en Valencia en 1558 o 1559, obra señera del género que merece crítica aparte.
  • Diana enamorada de Gaspar Gil Polo, publicada en el mismo lugar en 1564 y continuación de la anterior ofreciendo, además, un final alternativo. 
  • La Galatea de Miguel de Cervantes, publicada en 1585 en Alcalá de Henares.
  • La Arcadia de Félix Lope de Vega de 1598.
  • El pastor de Fílida de Luis Gálvez de Montalvo publicada en 1582.
  • La constante Amarilis de Cristóbal Suárez de Figueroa publicada también en Valencia en 1609.

El género fue también muy popular en Francia o en Inglaterra extendiéndose, como he anotado, hasta la entrada del Romanticismo literario.  

Diana de Jorge de Montemayor, la más importante representante de la novela pastoril 

Biografía de Jorge de Montemayor

Y su más señero exponente ni siquiera nació en España, ya que es oriundo de Montemor-o-Velho, en el actual distrito portugués de Coimbra.  La fecha de la venida a este mundo es incierta pero se baraja como la más probable la del año 1520. Viajero incansable y hombre de mundo, entró al servicio de las hijas de Carlos I como cantor, acompañándolas de vuelta a Portugal cuando Juana se casó con el príncipe portugués Juan. Viajó a Flandes y también a Inglaterra siguiendo el cortejo de boda de Felipe II con María Tudor. Murió en España en 1601 en extrañas circunstancias y en su tierra, en vida, fue considerado un traidor por escribir (además con éxito y fama) en lengua castellana.  

Además de Los siete libros de la Diana publicó en Amberes todas sus poesías bajo el título de Cancionero. Eso fue antes que su obra en prosa, en 1554. También tradujo Cantos de Amor de Ausías March.   

Análisis de la novela pastoril Los siete libros de Diana

La obra cumple todas las características del género y en ella se tratan los amores de la hermosa pastora de nombre Diana enamorada de Sireno que correspondía a sus deseos. No obstante, la joven también era requerida por Sylvano sin que ella gustara del mismo. Sucedió que Sireno fue llamado a armas y se ausentó del lugar (descrito como las orillas del Tajo en Toledo) durante un año. Diana no se puso a esperar al amado y en ese tiempo se casó con Delio. Cuando el primer amante regresó, se encontró cruelmente despechado dando pie a la narración de los sentimientos interiores de todos los protagonistas. Por si esto fuera poco, en la novela se cuentan otras historias amorosas de personajes secundarios. 

La obra se convirtió en un bestseller sin igual rivalizando con La Celestina y el Amadís de Gaula. En tan solo cincuenta años se hicieron 17 ediciones, muchísimas para los parámetros de la época. Se tradujo al italiano, al francés y al alemán. Además la historia dio para más, ya que otro de los mejores ejemplos de novela pastoril de la época tiene como protagonista a la misma dama.  

Diana enamorada de Gaspar Gil Polo 

Biografía de Gaspar Gil Polo  

Valenciano y, al parecer, profesor de griego, Gaspar Gil Polo continuó los amores antes descritos en su obra dotándolos de un final feliz. Poco se sabe de su origen, de su fecha de nacimiento y de su familia. Sí se ha encontrado su nombre ocupando algunos cargos en la administración y también se conoce la fecha de su muerte: 1585, en Barcelona. Aunque han llegado hasta nosotros algunos poemas, Gil Polo ha pasado a la historia de la literatura por su obra Diana enamorada la cual vio la luz en Valencia en 1564. Su obra no solo fue traducida a lenguas vulgares sino también al latín por Gaspar Barth. Y eso dice mucho de la consideración que se tuvo en la época.  

Análisis de la novela pastoril Diana enamorada

Aunque sigue todas las características del género, esta es más optimista y deja aparcadas tristezas y melancolías. Además, el paisaje está tratado de manera sublime con prolijas y bellas descripciones del Mediterráneo. También se han intercalado poesías que completan un final alternativo en la historia amorosa entre Diana y Sireno. El esposo de la pastora, Delio, tras enamorarse de otra dama, muere de forma accidental dejando el camino libre para que Diana retome su amor de juventud. Entremedias, nos encontramos con los hechizos y bebedizos mágicos de Felicia que contribuye a un final final de comieron perdices.  

Aún así, según palabras del crítico Hugo Rennert

“Es una de las pocas obras de este género literario que todavía pueden leerse con verdadero placer”. 

Es la novela pastoril un género idealizado en extremo perteneciente a una época concreta en la que el arte se estilizó en busca de una belleza fuera de lo humano.  

Por Candela Vizcaíno Macero | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

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En vida, Fernando de Herrera fue llamado el Divino, sobrenombre que le colocaron sus contemporáneos no solo por la delicadeza de sus poemas sino por el celo y empeño que puso en  pulir cualquier arista lingüística de los mismos. Provisto de un fuerte carácter y poco dado a las adulaciones, a pesar de ser una figura artística en la Sevilla de finales del siglo XVI, su espíritu agrio fue protagonista de las primeras dialécticas de la literatura española. Estas continuarían con las más que famosas entre Quevedo y Góngora, pero eso es adelantar mucho.  

Biografía de Fernando de Herrera, máximo exponente de la poesía sevillana del Renacimiento 

Aunque no se sabe con certeza el año de nacimiento y los avatares familiares, se apunta al 1534 como la fecha de venida a este mundo en el seno de una familia de hidalgos venidos a menos. A pesar de no disponer de hacienda ni riquezas, sus padres se preocuparon de que recibiera una esmerada educación. Y esta circunstancia personal (la pobreza unida a una amplia cultura) influiría notablemente en su trayectoria vital. 

Por estas fechas, Sevilla era (literal) el ombligo del mundo. Hasta aquí llegaban las tropas españolas que se batían en batallas por medio orbe conocido mientras a diario desembarcaban bienes preciosos las naves llegadas de Las Indias. La ciudad, era un bullir de gentes, de mercancías, de riquezas y se jactaba de un espíritu de victoria acrecentado por las tropas que se pavoneaban constantemente por sus calles. Aunque la bula real que permitía instalar una universidad en Sevilla data de 1505, los estudios fundamentales reglados aún no habían comenzado. Sí existían colegios, tanto pertenecientes a órdenes religiosas como de emprendimientos privados, que impartían enseñanzas de gran calidad. Sobresalen los de Juan de Mal Lara y el de Maese Rodrigo de Santaella que ofrecían conocimientos de gramática (tanto vulgar como clásica) y humanidades. En una de estas escuelas, o en ambas, con toda probabilidad, estudió Fernando de Herrera. 

La crítica ha identificado al poeta sevillano como un auténtico hombre del Renacimiento, provisto de un saber enciclopédico en diversas materias, ducho en el manejo de las lenguas clásicas y haciendo alarde de una sólida cultura. Sin embargo, toda esta valía intelectual no fue aprovechada por Fernando de Herrera para conseguir puestos de poder o de fama. Más bien se condujo en el sentido contrario, ya que vivió toda su vida muy humildemente con el escaso sueldo de beneficiado de la parroquia de San Andrés. Aunque fue invitado a las grandes tertulias literarias que por entonces se desarrollaban en la ciudad, siempre rechazó los mecenazgos más o menos generosos en aras de una libertad que consideraba sagrada. 

La Condesa de Gelves en la vida de Fernando de Herrera 

A pesar de su carácter huraño e, incluso, pedante logró hacer amistad con grandes artistas de la época como Diego Pacheco, Juan de la Cueva o Cristóbal de Mesa. Así transcurrió su vida sin ningún sobresalto dedicado a los quehaceres de un hombre que se sabe culto con una misión poética importante hasta el año 1559. En esa fecha aparece por la ciudad el segundo conde de Gelves, a la sazón biznieto de Cristóbal Colón, don Álvaro Colón y Portugal. Viene acompañado de criados, asesores y… su bella esposa, doña Leonor de Milán. La joven culta, educada y exquisita conquistó el corazón (casi de un arrebato) del tímido Fernando de Herrera. Aunque no se sabe si este amor llegó a algo más, la crítica (por las cartas de los amigos del poeta) se inclina por la idea de que todo discurrió en un solo sentido y además sin abandonar el plano platónico. Esto es, que fue solo el poeta el que presentaba estos sentimientos mientras que la señora se limitaba a dejarse halagar.  

Sin la presencia de la dama, con toda probabilidad, Fernando de Herrera no hubiera compuesto sus más encendidos poemas al estilo de Petrarca propio de la lírica renacentista en español. Sin ella, se hubiera quedado en los largos poema épicos con los que pretendía pasar a la posteridad y que, es unánime en la crítica, no tienen el valor literario de los versos amorosos. Tal fue el arrobo que el poeta dispensó a la condesa que, a la muerte de esta en 1581, renunció a su quehacer literario dedicándose a los escritos de lo que hoy podríamos llamar crítica literaria. El poeta aún la sobreviviría largos años ya que falleció en 1597, justo cuando iba a publicar sus obras completas, las mismas que, misteriosamente, se perdieron dejando trabajo para los eruditos posteriores.  

El problema con las ediciones de la obra de Fernando de Herrera 

Y llegamos al segundo punto crucial en la biografía herreriana que sucede, avatares del destino, justo después de su muerte. Desde distintas voces nos ha llegado el celo que el artista ponía en pulir sin descanso unos versos que quería perfectos con una pasión que linda, incluso, con la patología. Exigente consigo mismo (y con los demás al parecer), Fernando de Herrera consagró toda su vida a una obra que intuía iba a sobrepasar las brumas del tiempo. A este quehacer dedicó personalmente todos sus años llegando a compilar todos los versos cuidadosamente ordenados. En eso estaba cuando le llegó la muerte. Y algo pasó con ese manuscrito que, misteriosamente, desapareció para siempre. 

El poeta solo había publicado una serie de poemas en 1582, un año después de la muerte de la condesa, con el título Algunas obras de Fernando de Herrera. En estas páginas se despliegan gran parte de sus composiciones siguiendo la poesía renacentista amorosa. No obstante, nuestro protagonista, en búsqueda constante y sin descanso de una perfección literaria sin límites humanos, trabajó sobre estos y más versos hasta momentos antes de su muerte. Esto es, lo que nos ha llegado publicado es simplemente una versión no corregida y limitada de su creación. ¿Qué ocurrió con ese manuscrito limpio y perfectamente ordenado que desapareció días después de su fallecimiento? Aunque a la crítica le gusta dar opiniones, es imposible saber a ciencia cierta qué pasó. 

Fue el pintor Pacheco (amigo del poeta y maestro del genial Velázquez) el que se dio cuenta del terrible desaguisado e, inmediatamente, se aprestó a reunir toda la obra que tuvieran conocidos de estos salones nobiliarios con el fin de que estos memorables versos no se perdieran. Tras un intenso trabajo de rastreo, logró hacerse con algunos textos más hasta llegar a 365 composiciones, las mismas que publicó en 1619 con el título de Versos de Fernando de Herrera.  

Más poemas de Fernando de Herrera encontrados en épocas posteriores 

Pero, en la crítica literaria no es todo tan sencillo y en 1870 José María Asencio encontró en la Biblioteca Colombina un manuscrito de 1637 firmado por Josep Maldonado en el que, al decir del firmante, aparecen algunos poemas de Fernando de Herrera. Y con estos mimbres llegamos hasta 1948, cuando el gran filólogo José Manuel Blecua publica Rimas inéditas sobre otro manuscrito datado en 1578 y encontrado en la Biblioteca Nacional. Aquí aparecen 43 composiciones más.  

Vamos a rizar más aún el rizo, ya que la crítica de la obra de Fernando de Herrera duda, incluso, de la fidelidad de la edición de Pacheco y hay quien se inclina a pensar que el artista modificó las obras de su amigo a su mejor saber y entender. Esto es, conocedor de que estaba puliendo los versos, hizo cambios que creía que el poeta había realizado en ese manuscrito perdido. Esta polémica no es nueva en la filología moderna y se remonta al mismísimo Quevedo. ¿Por qué hizo tal cosa Pacheco? La respuesta nos la apunta Blecua que anota que esta edición aparece en plena batalla entre culteranismo y conceptismo. Así Pacheco quiso limpiar de todo exceso la obra de Fernando Herrera, el “Divino”, el perfecto.  

La poesía de Fernando de Herrera 

Así, con estos miembros y complejidad en las ediciones de la poesía herreriana tenemos que adentrarnos en unos versos que entroncan con la mejor tradición amorosa petrarquista. Sin embargo, si tanto Juan Boscán como, especialmente, Garcilaso de la Vega se habían adentrado en la poesía amorosa luciendo una sencillez clásica, el Divino ya es un poeta conscientemente culto. Esto implica, sin llegar a la torsión de la poesía barroca posterior, que sus versos están repletos de luminosas metáforas, profusión de tropos y de un ritmo cuidado e intenso. En la obra de Herrera se encuentra una complicación sintáctica que ya deja de lado las principales características de la literatura renacentista para ir adentrándose en el arte Barroco. Todo ello se adoba con hipérbatos tomados de la tradición latina y con un exquisito cuidado en la adjetivación que se inserta en el poema hasta extremos nunca vistos hasta entonces en lengua castellana.  

Además, es una obra que abandona la sencillez del primer Renacimiento para hacerse grandilocuente,  especialmente cuando trata temas patrióticos. Y aquí tenemos otra de las características de la lírica de Fernando de Herrera: que no solo se centra en los temas amorosos ya que aborda versos de carácter épico e, incluso, religioso.  

Las obras de Fernando de Herrera 

A pesar de toda la complicación en lo que respecta a los manuscritos y ediciones de sus obras, nos encontramos las siguientes.  

1.- Poemas de temática amorosa, que son los de mayor calidad y por los que ha pasado al canon de la literatura castellana. Estos se dividen en tres etapas que corresponden a las mismas vitales por las que pasó el poeta con respecto a su pasión por la Condesa de Gelves: 1) ilusión en sus primeros momentos, 2) alegría cuando cree ser correspondido (aunque más bien fue su imaginación) y 3) desengaño que se completa con un descarnado dolor a la muerte de la amada. 

2.- Versos de temática patriótica siguiendo los fundamentos de la épica culta. Aquí se insertan Canción al Señor don Juan de Austria vencedor de los moriscos en las Alpujarras de 1571, Canción al Santo Rey don Fernando de 1579 y especialmente la Canción en alabanza de la Divina Majestad por la victoria del Señor Don Juan o Canción a la Batalla de Lepanto como es conocida, que es del mismo año que la anterior. También se puede añadir a este grupo un puñado de sonetos dedicados al Emperador Carlos I.  

3.- Poemas de temática religiosa cuyo hipotexto se encuentra en las grandes narraciones de La Biblia. Aunque, algunos críticos han visto trazos de esta línea en la Canción a la Batalla de Lepanto, la obra que se ajusta a esta temática data de 1578. Se titula Llanto por la pérdida del rey don Sebastián.  

4.- Las obras didácticas o de crítica literaria se centran alrededor de las Anotaciones a la poesía de Garcilaso. En 1580, Fernando de Herrera publica una edición comentada y crítica del gran poeta de Toledo con tan mala fortuna, a pesar de llevar años trabajando, que se le adelanta la publicación de otra realizada por El Brocense. Como nuestro protagonista se había creído lo de su sobrenombre de Divino, ni nombra esta publicación en la suya. Este gesto enciende la mecha de una enconada discusión entre los poetas y la intelectualidad salmantina, por un lado, y la sevillana, por otro, que continúa con la conocida confrontación Quevedo-Góngora. 

Fue, en definitiva, Fernando de Herrera un poeta culto, excesivo en el celo que puso en el pulido de toda una obra que, por avatares del destino, se perdió mayoritariamente tras su muerte. Complicado en el trato por ese afán de excelencia que se exigía y pedía a otros, llegó a granjearse alguna que otra animadversión literaria que a él casi no le afectaba. Apegado a una libertad que creía sagrada, nunca se vendió a aquellos que intentaron aprovecharse de todo su caudal erudito sabedor de temáticas diversas. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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En vida, Fernando de Herrera fue llamado el Divino, sobrenombre que le colocaron sus contemporáneos no solo por la delicadeza de sus poemas sino por el celo y empeño que puso en  pulir cualquier arista lingüística de los mismos. Provisto de un fuerte carácter y poco dado a las adulaciones, a pesar de ser una figura artística en la Sevilla de finales del siglo XVI, su espíritu agrio fue protagonista de las primeras dialécticas de la literatura española. Estas continuarían con las más que famosas entre Quevedo y Góngora, pero eso es adelantar mucho.  

Biografía de Fernando de Herrera, máximo exponente de la poesía sevillana del Renacimiento 

Aunque no se sabe con certeza el año de nacimiento y los avatares familiares, se apunta al 1534 como la fecha de venida a este mundo en el seno de una familia de hidalgos venidos a menos. A pesar de no disponer de hacienda ni riquezas, sus padres se preocuparon de que recibiera una esmerada educación. Y esta circunstancia personal (la pobreza unida a una amplia cultura) influiría notablemente en su trayectoria vital. 

Por estas fechas, Sevilla era (literal) el ombligo del mundo. Hasta aquí llegaban las tropas españolas que se batían en batallas por medio orbe conocido mientras a diario desembarcaban bienes preciosos las naves llegadas de Las Indias. La ciudad, era un bullir de gentes, de mercancías, de riquezas y se jactaba de un espíritu de victoria acrecentado por las tropas que se pavoneaban constantemente por sus calles. Aunque la bula real que permitía instalar una universidad en Sevilla data de 1505, los estudios fundamentales reglados aún no habían comenzado. Sí existían colegios, tanto pertenecientes a órdenes religiosas como de emprendimientos privados, que impartían enseñanzas de gran calidad. Sobresalen los de Juan de Mal Lara y el de Maese Rodrigo de Santaella que ofrecían conocimientos de gramática (tanto vulgar como clásica) y humanidades. En una de estas escuelas, o en ambas, con toda probabilidad, estudió Fernando de Herrera. 

La crítica ha identificado al poeta sevillano como un auténtico hombre del Renacimiento, provisto de un saber enciclopédico en diversas materias, ducho en el manejo de las lenguas clásicas y haciendo alarde de una sólida cultura. Sin embargo, toda esta valía intelectual no fue aprovechada por Fernando de Herrera para conseguir puestos de poder o de fama. Más bien se condujo en el sentido contrario, ya que vivió toda su vida muy humildemente con el escaso sueldo de beneficiado de la parroquia de San Andrés. Aunque fue invitado a las grandes tertulias literarias que por entonces se desarrollaban en la ciudad, siempre rechazó los mecenazgos más o menos generosos en aras de una libertad que consideraba sagrada. 

La Condesa de Gelves en la vida de Fernando de Herrera 

A pesar de su carácter huraño e, incluso, pedante logró hacer amistad con grandes artistas de la época como Diego Pacheco, Juan de la Cueva o Cristóbal de Mesa. Así transcurrió su vida sin ningún sobresalto dedicado a los quehaceres de un hombre que se sabe culto con una misión poética importante hasta el año 1559. En esa fecha aparece por la ciudad el segundo conde de Gelves, a la sazón biznieto de Cristóbal Colón, don Álvaro Colón y Portugal. Viene acompañado de criados, asesores y… su bella esposa, doña Leonor de Milán. La joven culta, educada y exquisita conquistó el corazón (casi de un arrebato) del tímido Fernando de Herrera. Aunque no se sabe si este amor llegó a algo más, la crítica (por las cartas de los amigos del poeta) se inclina por la idea de que todo discurrió en un solo sentido y además sin abandonar el plano platónico. Esto es, que fue solo el poeta el que presentaba estos sentimientos mientras que la señora se limitaba a dejarse halagar.  

Sin la presencia de la dama, con toda probabilidad, Fernando de Herrera no hubiera compuesto sus más encendidos poemas al estilo de Petrarca propio de la lírica renacentista en español. Sin ella, se hubiera quedado en los largos poema épicos con los que pretendía pasar a la posteridad y que, es unánime en la crítica, no tienen el valor literario de los versos amorosos. Tal fue el arrobo que el poeta dispensó a la condesa que, a la muerte de esta en 1581, renunció a su quehacer literario dedicándose a los escritos de lo que hoy podríamos llamar crítica literaria. El poeta aún la sobreviviría largos años ya que falleció en 1597, justo cuando iba a publicar sus obras completas, las mismas que, misteriosamente, se perdieron dejando trabajo para los eruditos posteriores.  

El problema con las ediciones de la obra de Fernando de Herrera 

Y llegamos al segundo punto crucial en la biografía herreriana que sucede, avatares del destino, justo después de su muerte. Desde distintas voces nos ha llegado el celo que el artista ponía en pulir sin descanso unos versos que quería perfectos con una pasión que linda, incluso, con la patología. Exigente consigo mismo (y con los demás al parecer), Fernando de Herrera consagró toda su vida a una obra que intuía iba a sobrepasar las brumas del tiempo. A este quehacer dedicó personalmente todos sus años llegando a compilar todos los versos cuidadosamente ordenados. En eso estaba cuando le llegó la muerte. Y algo pasó con ese manuscrito que, misteriosamente, desapareció para siempre. 

El poeta solo había publicado una serie de poemas en 1582, un año después de la muerte de la condesa, con el título Algunas obras de Fernando de Herrera. En estas páginas se despliegan gran parte de sus composiciones siguiendo la poesía renacentista amorosa. No obstante, nuestro protagonista, en búsqueda constante y sin descanso de una perfección literaria sin límites humanos, trabajó sobre estos y más versos hasta momentos antes de su muerte. Esto es, lo que nos ha llegado publicado es simplemente una versión no corregida y limitada de su creación. ¿Qué ocurrió con ese manuscrito limpio y perfectamente ordenado que desapareció días después de su fallecimiento? Aunque a la crítica le gusta dar opiniones, es imposible saber a ciencia cierta qué pasó. 

Fue el pintor Pacheco (amigo del poeta y maestro del genial Velázquez) el que se dio cuenta del terrible desaguisado e, inmediatamente, se aprestó a reunir toda la obra que tuvieran conocidos de estos salones nobiliarios con el fin de que estos memorables versos no se perdieran. Tras un intenso trabajo de rastreo, logró hacerse con algunos textos más hasta llegar a 365 composiciones, las mismas que publicó en 1619 con el título de Versos de Fernando de Herrera.  

Más poemas de Fernando de Herrera encontrados en épocas posteriores 

Pero, en la crítica literaria no es todo tan sencillo y en 1870 José María Asencio encontró en la Biblioteca Colombina un manuscrito de 1637 firmado por Josep Maldonado en el que, al decir del firmante, aparecen algunos poemas de Fernando de Herrera. Y con estos mimbres llegamos hasta 1948, cuando el gran filólogo José Manuel Blecua publica Rimas inéditas sobre otro manuscrito datado en 1578 y encontrado en la Biblioteca Nacional. Aquí aparecen 43 composiciones más.  

Vamos a rizar más aún el rizo, ya que la crítica de la obra de Fernando de Herrera duda, incluso, de la fidelidad de la edición de Pacheco y hay quien se inclina a pensar que el artista modificó las obras de su amigo a su mejor saber y entender. Esto es, conocedor de que estaba puliendo los versos, hizo cambios que creía que el poeta había realizado en ese manuscrito perdido. Esta polémica no es nueva en la filología moderna y se remonta al mismísimo Quevedo. ¿Por qué hizo tal cosa Pacheco? La respuesta nos la apunta Blecua que anota que esta edición aparece en plena batalla entre culteranismo y conceptismo. Así Pacheco quiso limpiar de todo exceso la obra de Fernando Herrera, el “Divino”, el perfecto.  

La poesía de Fernando de Herrera 

Así, con estos miembros y complejidad en las ediciones de la poesía herreriana tenemos que adentrarnos en unos versos que entroncan con la mejor tradición amorosa petrarquista. Sin embargo, si tanto Juan Boscán como, especialmente, Garcilaso de la Vega se habían adentrado en la poesía amorosa luciendo una sencillez clásica, el Divino ya es un poeta conscientemente culto. Esto implica, sin llegar a la torsión de la poesía barroca posterior, que sus versos están repletos de luminosas metáforas, profusión de tropos y de un ritmo cuidado e intenso. En la obra de Herrera se encuentra una complicación sintáctica que ya deja de lado las principales características de la literatura renacentista para ir adentrándose en el arte Barroco. Todo ello se adoba con hipérbatos tomados de la tradición latina y con un exquisito cuidado en la adjetivación que se inserta en el poema hasta extremos nunca vistos hasta entonces en lengua castellana.  

Además, es una obra que abandona la sencillez del primer Renacimiento para hacerse grandilocuente,  especialmente cuando trata temas patrióticos. Y aquí tenemos otra de las características de la lírica de Fernando de Herrera: que no solo se centra en los temas amorosos ya que aborda versos de carácter épico e, incluso, religioso.  

Las obras de Fernando de Herrera 

A pesar de toda la complicación en lo que respecta a los manuscritos y ediciones de sus obras, nos encontramos las siguientes.  

1.- Poemas de temática amorosa, que son los de mayor calidad y por los que ha pasado al canon de la literatura castellana. Estos se dividen en tres etapas que corresponden a las mismas vitales por las que pasó el poeta con respecto a su pasión por la Condesa de Gelves: 1) ilusión en sus primeros momentos, 2) alegría cuando cree ser correspondido (aunque más bien fue su imaginación) y 3) desengaño que se completa con un descarnado dolor a la muerte de la amada. 

2.- Versos de temática patriótica siguiendo los fundamentos de la épica culta. Aquí se insertan Canción al Señor don Juan de Austria vencedor de los moriscos en las Alpujarras de 1571, Canción al Santo Rey don Fernando de 1579 y especialmente la Canción en alabanza de la Divina Majestad por la victoria del Señor Don Juan o Canción a la Batalla de Lepanto como es conocida, que es del mismo año que la anterior. También se puede añadir a este grupo un puñado de sonetos dedicados al Emperador Carlos I.  

3.- Poemas de temática religiosa cuyo hipotexto se encuentra en las grandes narraciones de La Biblia. Aunque, algunos críticos han visto trazos de esta línea en la Canción a la Batalla de Lepanto, la obra que se ajusta a esta temática data de 1578. Se titula Llanto por la pérdida del rey don Sebastián.  

4.- Las obras didácticas o de crítica literaria se centran alrededor de las Anotaciones a la poesía de Garcilaso. En 1580, Fernando de Herrera publica una edición comentada y crítica del gran poeta de Toledo con tan mala fortuna, a pesar de llevar años trabajando, que se le adelanta la publicación de otra realizada por El Brocense. Como nuestro protagonista se había creído lo de su sobrenombre de Divino, ni nombra esta publicación en la suya. Este gesto enciende la mecha de una enconada discusión entre los poetas y la intelectualidad salmantina, por un lado, y la sevillana, por otro, que continúa con la conocida confrontación Quevedo-Góngora. 

Fue, en definitiva, Fernando de Herrera un poeta culto, excesivo en el celo que puso en el pulido de toda una obra que, por avatares del destino, se perdió mayoritariamente tras su muerte. Complicado en el trato por ese afán de excelencia que se exigía y pedía a otros, llegó a granjearse alguna que otra animadversión literaria que a él casi no le afectaba. Apegado a una libertad que creía sagrada, nunca se vendió a aquellos que intentaron aprovecharse de todo su caudal erudito sabedor de temáticas diversas. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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El Lazarillo de Tormes es una de las obras señeras de la novela picaresca y en este artículo vamos a tratar toda la problemática en torno a su publicación y las características principales que la hacen digna de pertenecer al canon clásico.  

El autor del Lazarillo de Tormes 

Hasta nosotros han llegado tres primeras impresiones, las tres del mismo año (1554) aparecidas en Burgos, Alcalá de Henares y Amberes. Ninguna de ellas va firmada porque, con toda probabilidad, tal como veremos más adelante, es clara en la obra una fuerte impronta del erasmismo por entonces ya puesto en cuestión por las autoridades. Además, esta primera novela picaresca, como todas las del género, son críticas con el sistema social establecido poniendo en cuestión vicios y costumbres arraigadas.  Con las aguas revueltas en cuanto a la política y a la religión, con toda probabilidad, el autor se decantó por el anonimato para no tener ningún contratiempo con las autoridades. En un principio se defendió que tanto las ediciones de Alcalá como la de Amberes se habían realizado sobre la de Burgos. Sin embargo, estudios recientes han desmontado esta teoría y, en la actualidad, se acepta que hay una versión anterior que no nos ha llegado sobre las que se ha realizado estas tres.  

De los autores de Lazarillo de Tormes hay tres propuestas por la crítica:  

1.- Tenemos que esperar a 1605 para encontrarnos una mención al primer candidato a autor y no es precisamente en una edición del Lazarillo de Tormes. En la obra Historia de la Orden de San Jerónimo, el Padre José de Sigüenza propone como su creador a su compañero de orden fray Juan de Ortega. Según esta referencia se había encontrado el manuscrito en su celda y, con toda probabilidad, lo escribió en sus años de estudiante de Salamanca. 

2.- En 1607, Valerio Andrea Taxandro publica un estudio en el que atribuye la autoría del Lazarillo de Tormes a Diego Hurtado de Mendoza por entonces un escritor de reconocida fama. A partir de aquí, no se sabe si por ser un referente literario o por otra cuestión comienza a ser aceptada esta paternidad sin más aportes que la fama del nombre. Y así llegó hasta principios del siglo XX cuando esta propuesta es desmontada.

3.- Hay un tercer candidato a ser el autor del Lazarillo de Tormes propuesto en 1914 por Julio Cejador. Este sería Sebastián de Horozco en cuyos poemas aparecen referencias al ciego, a Lázaro… Esta teoría es aún más endeble que las otras y no es aceptada por la crítica especializada.  

A todo estas propuestas se une un contratiempo más, ya que no se sabe con exactitud la fecha de composición de la novela. En ella se dice que se acabó el año en el que Emperador celebró cortes en Toledo. Y eso fue en 1525 y, luego, en 1538-39. Por tanto, es casi imposible contrastar los mínimos datos biográficos de los posibles candidatos si tampoco es posible dilucidar a qué cortes se refiere o, vamos a más, si esta data está inventada. 

Además tenemos otro dato por el que comprendemos el afán de anonimato de su creador,  ya que la obra fue incluida en el Índice de los libros prohibidos de 1559, cinco años después de las primeras ediciones conocidas. Si bien salió del mismo en 1571, si su autor aún estaba vivo y en activo, no daría señales de ser el padre de la criatura para no tener contratiempos con la Inquisición que, por entonces, se las gastaba con bastante crueldad con los autores díscolos (a su parecer), tal como le sucedió a Fray Luis de León o aSan Juan de la Cruz

Resumen del Lazarillo de Tormes 

La obra está escrita en primera persona, siguiendo una de las principales características de la novela picaresca. Este relato autobiográfico comienza con el nacimiento de Lázaro de Tormes de padres ya situados fuera de la sociedad establecida. Nacido en la más extrema pobreza, su madre se deshace de él siendo un niño poniéndolo a trabajar bajo las órdenes de un ciego, el cual requiere los servicios de un guía. Acuciado por el hambre, intenta (mediante tretas) engañar y timar al amo aunque lo único que consigue es llevarse castigos crueles. Tras abandonarlo se pone al servicio de un clérigo que no se comporta de mejor manera.

Condenado a servir a distintos amos, Lázaro se pone bajo la protección de un escudero de Toledo (un hidalgo venido a menos) que también hace resbalar por la escasez a nuestro pobre protagonista. Aunque este intenta guardar las apariencias, las condiciones en la casa son tan lamentables que Lázaro se pone a servir a otro amo, esta vez a un clérigo de la orden de la Merced y luego a un vendedor de bulas falsas para pasar al servicio de un capellán y terminar con un aguacil. Con todos ellos pasa penalidades Lázaro y todos ellos les sirve para hacer una crítica cínica y ácida de una sociedad que produce individuos deleznables plagados de vicios de todo tipo. Cada situación la soporta Lázaro estoicamente hasta que logra ser nombrado pregonero de Toledo mejorando, de esta manera, notablemente su situación y posición. En ese momento, también, se casa con una barragana de un Arcipreste. 

Como es también característico de la novela picaresca, el Lazarillo de Tormes está dividido en capítulos donde se van narrando cada una de las desventuras que el protagonista mantiene con sus distintos amos sin más hilo conductor que el paso del tiempo.  

Características del Lazarillo de Tormes 

Aparte de las ya reseñadas (de las que hay que hacer hincapié en el relato autobiográfico y en la estructura por capítulos independientes), la obra presenta los siguientes caracteres:

1.-El tema del hambre como hilo conductor de la obra 

Lázaro pasa necesidad, mucha, especialmente siendo un niño. Su desvalimiento se pone de manifiesto con los primeros amos que se aprovechan del pobre muchacho, tanto que a duras penas puede sobrevivir. Una vez Lázaro ha aprendido a elegir mejor a quien servir, no duda en apuntarse a la hipocresía, la misma que critica cínicamente. Conforme avanza la novela, nuestro protagonista, según sus palabras y justificaciones, se ve obligado a adaptarse a una realidad social cruel con el único fin de salir adelante. Esta transformación se manifiesta de una forma clara a final de la novela, cuando Lázaro, ya con experiencia vital, justifica sus elecciones como la única vía para vivir cómodamente (aunque esto suponga muchos matices).  Si bien el hambre no forma parte de su vida en esos momentos, el recuerdo de esos días pasados son los que le lleva a tomar las últimas decisiones que se muestran en la novela. 

2.- Realismo descarnado en el Lazarillo de Tormes frente a la ficción  

A colación con lo anterior, si por algo se caracteriza la novela picaresca es por presentar la cruda realidad sin tapujos. El pícaro, a cuya extirpe pertenece Lázaro, es un pobre hombre que vive de pequeños timos, de buscar los recovecos de una sociedad que lo expulsa y que, a la par, necesita aprovecharse, aunque se niega a formar parte de ella de una manera formal.  El pícaro no es un criminal y a lo más que llega es a convertirse en un delincuente de poca monta, ya que su mundo siempre es pequeño y de bajas miras. Si bien hay críticos que buscan el origen de la picaresca en un rechazo a las novelas de caballería con su relato de fantasía y de ficción extrema, la sociedad presentada en estas obras existía realmente con toda su crudeza, hipocresía, mediocridad y desfachatez. A mediados del siglo XVI, por las distintas grandes ciudades de España, se empiezan a agolpar una corte de desahuciados de todo tipo que buscan sobrevivir simplemente conformándose con malvivir entre el hambre y la escasez. Fuera de todo trabajo formal, aunque su bandera sea la libertad, el pícaro, como Lázaro, únicamente busca un modo de acomodarse, de la mejor manera posible, entre lo jirones sociales. 

Dicho esto, la crítica también ha encontrado una serie de prototipos en los personajes del Lazarillo de Tormes. Tenemos al mendigo (el ciego), el hidalgo que le importa más la apariencia que el mundo que se desmorona ante él, la avaricia del primer clérigo y los vicios del mercedario… Todo ello sin contar el oficio de aguacil o la figura de la barragana (una especie de compañera sexual de los miembros del clero) con quien acaba en matrimonio Lázaro. Todos ellos pertenecen al folclore de la época, a los modelos de ficción de la literatura del siglo XVI y cada uno de esos prototipos se comportan y conducen como el lector contemporáneo espera.  

3.- El sentido humorístico en el Lazarillo de Tormes 

Aunque el objetivo primigenio del autor de la novela fuera provocar la risa, la obra está tan empapada de ironía y cinismo que más bien provoca un sentimiento de pesadumbre y de extremo pesimismo. Si bien algunas situaciones están presentadas de manera cómica, el humor que se transparenta es tan negro que todo en él parecen burlas pesadas. Lázaro no vive la vida saltando feliz de piedra en piedra y más bien la soporta con estoicismo casi hasta llegar a la conclusión de que la única manera de sobrevivir es aparcar la mínima dignidad que le queda y plegarse a lo que está a mano de una manera tremendamente práctica. 

4.- El erasmismo en el Lazarillo de Tormes

Se han escrito ríos de tinta sobre el erasmismo en la novela picaresca en general y esta, en particular, no es ajena a ello. Erasmo de Rotterdam, sin llegar a proponer el cisma de Lutero, fue crítico con la Iglesia Católica a la que acusaba de resbalarse por los vicios mundanos a la par que se entretenía en corromper el sentido último de la enseñanza de Cristo a través de ritos complicados ajenos al sentir de las comunidades primitivas. Aunque abogaba por una mayor sencillez y despojamiento, su crítica nunca llegó a querer hacer saltar por los aires la Iglesia Católica. De resultas de estas ideas, entre la élite intelectual española el erasmismo tuvo bastante predicamento hasta la llegada de la Contrarreforma. Es en ese momento cuando la Inquisición se pone a perseguir con saña a todo aquel que buscara libremente y por sí sus salvación a través de los textos sagrados sin la intermediación clerical. 

En el Lazarillo de Tormes se encuentran algunos principios que alumbraban las teorías erasmistas, especialmente cuando trata los vicios de los clérigos y la hipocresía del resto de la sociedad. En este aspecto, la obra es una crítica ácida, mordaz y repleta de humor espeso hacia las peores costumbres de la época, las misma que combatía Erasmo. Sin embargo, también se pone en relación con el espíritu de la Contrarreforma (aunque pudiera parecer una contradicción). Recordemos que, tras el Concilio de Trento se atacan las obras de ficción pura que solo servían (según el parecer de los allí presentes) para la evasión y para el entretenimiento mundano. A la par, comienzan a primarse aquellas que pusieran una semilla educativa o moralizante. Si bien el realismo extremo servía para mostrar los vicios de los hombres con una llamada al arrepentimiento, el desarrollo del mismo en el plano literario también daba pie para la crítica más mordaz. Y de aquí al peligroso Índice de los libros prohibidos (donde fue a parar El Lazarillo de Tormes) había nada más que un paso. De todos estos extremos chocantes a veces participa esta gran obra canónica.  

5.- La lengua del Lazarillo de Tormes 

Aunque el autor se disculpa por su “grosero estilo” y su llaneza a la hora de retratar a los personajes y sus situaciones, la novela no tiene tanta llaneza como se pretende al principio. Bien es verdad que se caracteriza por ser natural, concisa, repleta de frases cortas y sin ninguna concesión a la floritura, la metáfora o la elaboración, sin embargo, el lenguaje ya ha pasado por el filtro de la literatura. Esto es, hay un despojamiento de lo superfluo, por supuesto, pero este está realizado de manera consciente buscando lo esencial. Cada palabra, por tanto, es un dardo puesto para acertar en una prosa ligera y natural. Según las palabras de Criado de Val la lengua del Lazarillo de Tormes se resume así:  

“Todo es, en este libro, escueto y directo; pocas palabras pero precisas y naturales. Apenas cambia la entonación; el diálogo alterna con la narración sin que se advierta preocupación por el paso de uno a otro esquema”. 

En definitiva, Lazarillo de Tormes inaugura la larga y provechosa tradición de la novela realista española, la misma que continúa con El Quijote y no cesa hasta bien entrado el silgo XXI. La obra no solo ha sido llevada a distintos registros artísticos a lo largo de estos siglos (teatro, cine, TV…) sino que ha servido de hipotexto para algunos títulos contemporáneos en los que personajes desahuciados por la sociedad luchan por sobrevivir y abrirse un hueco buscando cierta escala de confort. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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El Lazarillo de Tormes es una de las obras señeras de la novela picaresca y en este artículo vamos a tratar toda la problemática en torno a su publicación y las características principales que la hacen digna de pertenecer al canon clásico.  

El autor del Lazarillo de Tormes 

Hasta nosotros han llegado tres primeras impresiones, las tres del mismo año (1554) aparecidas en Burgos, Alcalá de Henares y Amberes. Ninguna de ellas va firmada porque, con toda probabilidad, tal como veremos más adelante, es clara en la obra una fuerte impronta del erasmismo por entonces ya puesto en cuestión por las autoridades. Además, esta primera novela picaresca, como todas las del género, son críticas con el sistema social establecido poniendo en cuestión vicios y costumbres arraigadas.  Con las aguas revueltas en cuanto a la política y a la religión, con toda probabilidad, el autor se decantó por el anonimato para no tener ningún contratiempo con las autoridades. En un principio se defendió que tanto las ediciones de Alcalá como la de Amberes se habían realizado sobre la de Burgos. Sin embargo, estudios recientes han desmontado esta teoría y, en la actualidad, se acepta que hay una versión anterior que no nos ha llegado sobre las que se ha realizado estas tres.  

De los autores de Lazarillo de Tormes hay tres propuestas por la crítica:  

1.- Tenemos que esperar a 1605 para encontrarnos una mención al primer candidato a autor y no es precisamente en una edición del Lazarillo de Tormes. En la obra Historia de la Orden de San Jerónimo, el Padre José de Sigüenza propone como su creador a su compañero de orden fray Juan de Ortega. Según esta referencia se había encontrado el manuscrito en su celda y, con toda probabilidad, lo escribió en sus años de estudiante de Salamanca. 

2.- En 1607, Valerio Andrea Taxandro publica un estudio en el que atribuye la autoría del Lazarillo de Tormes a Diego Hurtado de Mendoza por entonces un escritor de reconocida fama. A partir de aquí, no se sabe si por ser un referente literario o por otra cuestión comienza a ser aceptada esta paternidad sin más aportes que la fama del nombre. Y así llegó hasta principios del siglo XX cuando esta propuesta es desmontada.

3.- Hay un tercer candidato a ser el autor del Lazarillo de Tormes propuesto en 1914 por Julio Cejador. Este sería Sebastián de Horozco en cuyos poemas aparecen referencias al ciego, a Lázaro… Esta teoría es aún más endeble que las otras y no es aceptada por la crítica especializada.  

A todo estas propuestas se une un contratiempo más, ya que no se sabe con exactitud la fecha de composición de la novela. En ella se dice que se acabó el año en el que Emperador celebró cortes en Toledo. Y eso fue en 1525 y, luego, en 1538-39. Por tanto, es casi imposible contrastar los mínimos datos biográficos de los posibles candidatos si tampoco es posible dilucidar a qué cortes se refiere o, vamos a más, si esta data está inventada. 

Además tenemos otro dato por el que comprendemos el afán de anonimato de su creador,  ya que la obra fue incluida en el Índice de los libros prohibidos de 1559, cinco años después de las primeras ediciones conocidas. Si bien salió del mismo en 1571, si su autor aún estaba vivo y en activo, no daría señales de ser el padre de la criatura para no tener contratiempos con la Inquisición que, por entonces, se las gastaba con bastante crueldad con los autores díscolos (a su parecer), tal como le sucedió a Fray Luis de León o aSan Juan de la Cruz

Resumen del Lazarillo de Tormes 

La obra está escrita en primera persona, siguiendo una de las principales características de la novela picaresca. Este relato autobiográfico comienza con el nacimiento de Lázaro de Tormes de padres ya situados fuera de la sociedad establecida. Nacido en la más extrema pobreza, su madre se deshace de él siendo un niño poniéndolo a trabajar bajo las órdenes de un ciego, el cual requiere los servicios de un guía. Acuciado por el hambre, intenta (mediante tretas) engañar y timar al amo aunque lo único que consigue es llevarse castigos crueles. Tras abandonarlo se pone al servicio de un clérigo que no se comporta de mejor manera.

Condenado a servir a distintos amos, Lázaro se pone bajo la protección de un escudero de Toledo (un hidalgo venido a menos) que también hace resbalar por la escasez a nuestro pobre protagonista. Aunque este intenta guardar las apariencias, las condiciones en la casa son tan lamentables que Lázaro se pone a servir a otro amo, esta vez a un clérigo de la orden de la Merced y luego a un vendedor de bulas falsas para pasar al servicio de un capellán y terminar con un aguacil. Con todos ellos pasa penalidades Lázaro y todos ellos les sirve para hacer una crítica cínica y ácida de una sociedad que produce individuos deleznables plagados de vicios de todo tipo. Cada situación la soporta Lázaro estoicamente hasta que logra ser nombrado pregonero de Toledo mejorando, de esta manera, notablemente su situación y posición. En ese momento, también, se casa con una barragana de un Arcipreste. 

Como es también característico de la novela picaresca, el Lazarillo de Tormes está dividido en capítulos donde se van narrando cada una de las desventuras que el protagonista mantiene con sus distintos amos sin más hilo conductor que el paso del tiempo.  

Características del Lazarillo de Tormes 

Aparte de las ya reseñadas (de las que hay que hacer hincapié en el relato autobiográfico y en la estructura por capítulos independientes), la obra presenta los siguientes caracteres:

1.-El tema del hambre como hilo conductor de la obra 

Lázaro pasa necesidad, mucha, especialmente siendo un niño. Su desvalimiento se pone de manifiesto con los primeros amos que se aprovechan del pobre muchacho, tanto que a duras penas puede sobrevivir. Una vez Lázaro ha aprendido a elegir mejor a quien servir, no duda en apuntarse a la hipocresía, la misma que critica cínicamente. Conforme avanza la novela, nuestro protagonista, según sus palabras y justificaciones, se ve obligado a adaptarse a una realidad social cruel con el único fin de salir adelante. Esta transformación se manifiesta de una forma clara a final de la novela, cuando Lázaro, ya con experiencia vital, justifica sus elecciones como la única vía para vivir cómodamente (aunque esto suponga muchos matices).  Si bien el hambre no forma parte de su vida en esos momentos, el recuerdo de esos días pasados son los que le lleva a tomar las últimas decisiones que se muestran en la novela. 

2.- Realismo descarnado en el Lazarillo de Tormes frente a la ficción  

A colación con lo anterior, si por algo se caracteriza la novela picaresca es por presentar la cruda realidad sin tapujos. El pícaro, a cuya extirpe pertenece Lázaro, es un pobre hombre que vive de pequeños timos, de buscar los recovecos de una sociedad que lo expulsa y que, a la par, necesita aprovecharse, aunque se niega a formar parte de ella de una manera formal.  El pícaro no es un criminal y a lo más que llega es a convertirse en un delincuente de poca monta, ya que su mundo siempre es pequeño y de bajas miras. Si bien hay críticos que buscan el origen de la picaresca en un rechazo a las novelas de caballería con su relato de fantasía y de ficción extrema, la sociedad presentada en estas obras existía realmente con toda su crudeza, hipocresía, mediocridad y desfachatez. A mediados del siglo XVI, por las distintas grandes ciudades de España, se empiezan a agolpar una corte de desahuciados de todo tipo que buscan sobrevivir simplemente conformándose con malvivir entre el hambre y la escasez. Fuera de todo trabajo formal, aunque su bandera sea la libertad, el pícaro, como Lázaro, únicamente busca un modo de acomodarse, de la mejor manera posible, entre lo jirones sociales. 

Dicho esto, la crítica también ha encontrado una serie de prototipos en los personajes del Lazarillo de Tormes. Tenemos al mendigo (el ciego), el hidalgo que le importa más la apariencia que el mundo que se desmorona ante él, la avaricia del primer clérigo y los vicios del mercedario… Todo ello sin contar el oficio de aguacil o la figura de la barragana (una especie de compañera sexual de los miembros del clero) con quien acaba en matrimonio Lázaro. Todos ellos pertenecen al folclore de la época, a los modelos de ficción de la literatura del siglo XVI y cada uno de esos prototipos se comportan y conducen como el lector contemporáneo espera.  

3.- El sentido humorístico en el Lazarillo de Tormes 

Aunque el objetivo primigenio del autor de la novela fuera provocar la risa, la obra está tan empapada de ironía y cinismo que más bien provoca un sentimiento de pesadumbre y de extremo pesimismo. Si bien algunas situaciones están presentadas de manera cómica, el humor que se transparenta es tan negro que todo en él parecen burlas pesadas. Lázaro no vive la vida saltando feliz de piedra en piedra y más bien la soporta con estoicismo casi hasta llegar a la conclusión de que la única manera de sobrevivir es aparcar la mínima dignidad que le queda y plegarse a lo que está a mano de una manera tremendamente práctica. 

4.- El erasmismo en el Lazarillo de Tormes

Se han escrito ríos de tinta sobre el erasmismo en la novela picaresca en general y esta, en particular, no es ajena a ello. Erasmo de Rotterdam, sin llegar a proponer el cisma de Lutero, fue crítico con la Iglesia Católica a la que acusaba de resbalarse por los vicios mundanos a la par que se entretenía en corromper el sentido último de la enseñanza de Cristo a través de ritos complicados ajenos al sentir de las comunidades primitivas. Aunque abogaba por una mayor sencillez y despojamiento, su crítica nunca llegó a querer hacer saltar por los aires la Iglesia Católica. De resultas de estas ideas, entre la élite intelectual española el erasmismo tuvo bastante predicamento hasta la llegada de la Contrarreforma. Es en ese momento cuando la Inquisición se pone a perseguir con saña a todo aquel que buscara libremente y por sí sus salvación a través de los textos sagrados sin la intermediación clerical. 

En el Lazarillo de Tormes se encuentran algunos principios que alumbraban las teorías erasmistas, especialmente cuando trata los vicios de los clérigos y la hipocresía del resto de la sociedad. En este aspecto, la obra es una crítica ácida, mordaz y repleta de humor espeso hacia las peores costumbres de la época, las misma que combatía Erasmo. Sin embargo, también se pone en relación con el espíritu de la Contrarreforma (aunque pudiera parecer una contradicción). Recordemos que, tras el Concilio de Trento se atacan las obras de ficción pura que solo servían (según el parecer de los allí presentes) para la evasión y para el entretenimiento mundano. A la par, comienzan a primarse aquellas que pusieran una semilla educativa o moralizante. Si bien el realismo extremo servía para mostrar los vicios de los hombres con una llamada al arrepentimiento, el desarrollo del mismo en el plano literario también daba pie para la crítica más mordaz. Y de aquí al peligroso Índice de los libros prohibidos (donde fue a parar El Lazarillo de Tormes) había nada más que un paso. De todos estos extremos chocantes a veces participa esta gran obra canónica.  

5.- La lengua del Lazarillo de Tormes 

Aunque el autor se disculpa por su “grosero estilo” y su llaneza a la hora de retratar a los personajes y sus situaciones, la novela no tiene tanta llaneza como se pretende al principio. Bien es verdad que se caracteriza por ser natural, concisa, repleta de frases cortas y sin ninguna concesión a la floritura, la metáfora o la elaboración, sin embargo, el lenguaje ya ha pasado por el filtro de la literatura. Esto es, hay un despojamiento de lo superfluo, por supuesto, pero este está realizado de manera consciente buscando lo esencial. Cada palabra, por tanto, es un dardo puesto para acertar en una prosa ligera y natural. Según las palabras de Criado de Val la lengua del Lazarillo de Tormes se resume así:  

“Todo es, en este libro, escueto y directo; pocas palabras pero precisas y naturales. Apenas cambia la entonación; el diálogo alterna con la narración sin que se advierta preocupación por el paso de uno a otro esquema”. 

En definitiva, Lazarillo de Tormes inaugura la larga y provechosa tradición de la novela realista española, la misma que continúa con El Quijote y no cesa hasta bien entrado el silgo XXI. La obra no solo ha sido llevada a distintos registros artísticos a lo largo de estos siglos (teatro, cine, TV…) sino que ha servido de hipotexto para algunos títulos contemporáneos en los que personajes desahuciados por la sociedad luchan por sobrevivir y abrirse un hueco buscando cierta escala de confort. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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En 1554 aparece el Lazarillo de Tormes, el primer título de novela picaresca que puso las bases para todas las que llegaron detrás. Aunque el género también tiene sus ejemplos (con más o menos acierto) en otras lenguas europeas, en España alcanza las cotas de genialidad. En este tipo de obras, el protagonista principal es un pícaro, personaje fuera del sistema social, revestido de un espíritu de holgazanería el cual justifica  por su afán de libertad. Su sentido crítico de la sociedad alcanza cotas de cinismo cuando presenta algunos tipos sociales distintos o semejantes al suyo. Suele está provisto de un sentimiento de desengaño de las cosas del mundo, el cual le lleva a la aceptación de cualquier circunstancia y a renegar de los valores que hacen grande al ser humano. Este carácter derrotista se nivela con algunos puntos cómicos que nunca llegan a la risa y más bien levanta la conmiseración del lector. 

Orígenes de la novela picaresca

Ninguna obra aparece de la nada. Siempre hay  algo o mucho que está en el ambiente, que propicia su espaldarazo aunque este sea genial. Si esto es aplicable a El Quijote, a los cantares de gesta o a cualquier otra manifestación artística, la novela picaresca no es ajena a esta consideración. En este sentido, hago mías las palabras de J.L. Alborg: 

“Aunque el Lazarillo como creación literaria -y la picaresca con él- es el resultado de una inspiración genial, su alumbramiento estaba implícito en la propia entraña de nuestra literatura precedente.”  

¿Y quiénes son esos precedentes? Por un lado, personajes secundarios del Arcipreste de Talavera y, además, del Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita. También hay un sustrato implícito en La Celestina, toda ella dotada de ese espíritu que media entre el cinismo y los que se sitúan al margen de las convenciones sociales que caracteriza la novela picaresca. Un tanto de lo mismo sucede con algunos bufones de piezas cómicas de Gil Vicente o Torres Naharro. Y, especialmente, hay una obra que marca el camino a las demás: La lozana andaluza de Francisco Delicado, publicada en 1528.  

Además, el personaje del pícaro no era solo un individuo de ficción sino que sus caracteres se encontraban en la vida real. La sociedad española a mediados del siglo XVI comenzaba a acusar una incipiente decadencia que se transparentaba en una suerte de desgraciados venidos a menos que se negaban a trabajar de manera manual ya que se consideraba que eran tareas de judíos o conversos. Estos habían perdido cualquier consideración social y con ellos algunas tareas y oficios de manufactura. Además, de vuelta de las innumerables batallas llegaban soldados en busca de fortuna algunos con graves heridas. Esa libertad a la que aspira el pícaro lo pone fuera del orden social ya que se niega a formar parte de los trabajadores formales y lo introduce de lleno en ese saco en el que lo mismo se encuentran hidalgos venidos a menos que ladronzuelos de poca monta.  

Los personajes de la novela picaresca

Aunque a lo largo de sus páginas, aparecen individuos de distinto estrato social, condición y circunstancias, el personaje principal de estas obras es un pícaro. Como veremos a continuación, estos individuos, en primera persona, relatan su vida que no es más que un cúmulo de desventuras sirviendo a distintos amos de una manera poco ortodoxa. Dado a la mentira, a los pequeños timos, a las trampas constantes (incluso sobre si mismos), viven al margen de la sociedad, aunque nunca nos topamos con un criminal en toda regla. El pícaro es una pobre criatura que se las apaña como puede porque se niega a formar parte de la sociedad en aras a una libertad que paga con una mala vida.  

De resultas de este espíritu, su relato se vuelve irónico hasta llegar al cinismo y al descreimiento más absoluto. Nadie queda indemne de su mirada sagaz, aunque esa crítica no la realiza con un deseo de mejora sino que se respira cierto aire de derrota y de conformismo. Esta misma idea es la que no le permite hacer nada por sí mismo en post de una superación personal. El pícaro no sabe pensar a lo grande. Todo en él es pequeño y a nivel del suelo rampante. Los protagonistas de la novela picaresca afirman vivir en la más absoluta realidad, en la calle, en el día a día aunque esto suponga estar siempre al límite y rozando el hambre, el frío y la inseguridad.  

El resto de personajes que desfilan por estas páginas no acaban de mejor manera y siempre se presentan en su peor cara: en la cruel, en la egoísta y las más de las veces en la hipócrita. Clero y aristocracia no se libran de la crítica del pícaro y todos quedan retratados de una manera poco edificante.  

Principales características de la novela picaresca 

1.- El realismo es una de las principales características de la novela picaresca

Tanto es así que autores hay que sostienen que esta surge como una reacción a la lírica renacentista repleta de pastores idealizados y naturalezas bucólicas. Es más, las novelas de caballería (que tanto éxito tuvieron en la época con sus protagonistas fuera de lo común en busca de hazañas fantasiosas) se contraponen a la figura del pícaro y a todos los que viven a su alrededor. Y autores hay que ven en el nacimiento del género una reacción a tanta fantasía y a venturas imposibles. En las novelas picarescas se muestra la cruda realidad donde la búsqueda de comida o de cobijo es el objetivo diario. Contra los grandes valores del espíritu de los caballeros casi etéreos se presentan en la novela picaresca seres que les quedan grandes conceptos como honor o trascendencia. La minucia del día a día con toda su cruda cotidianidad es el universo de estas obras.  

2.- Pesimismo, cinismo e ironía

Otra de las características de la novela picaresca es la narración y la descripción de un mundo gris del que nadie se libra. Nada hay en estas aventuras que nos puedan conciliar con los sueños, los ideales o la mejora en cualquier aspecto. De resultas de ello, las obras rezuman pesimismo y conformismo por todos los costados. Aunque nos encontramos algunas anécdotas cómicas, estas, a veces, son crueles (al menos desde la cosmovisión contemporánea) y todas ellas están revestidas de un grave cinismo. La sociedad, por otra parte, está presentada desde la ironía mostrando siempre el lado más oscuro del ser humano y nadie se salva de esta crítica, ni siquiera los personajes más cándidos o inocentes. 

3.- Aún así la novela picaresca presenta principios moralizantes 

Autores hay que ven en ella los grandes temas del erasmismo que tanto predicamento tuvieron entre la elite intelectual española antes de la Contrarreforma. La libertad propuesta por el de Rotterdam unida a ese afán de sencillez, de despojamiento de los ritos complicados y de crítica a las costumbres sociales se encuentran en estas obras. Aunque el erasmismo no llegó a calar en todos los órdenes sociales, sí tuvo sus seguidores entre los estudiosos y los miembros universitarios. Por otro lado, la Contrarreforma trajo también un rechazo de las obras de ficción y promovía un arte edificante y moralizante. En este sentido, conforme nos vamos adentrando en los títulos surgidos durante el siglo XVII estas van mostrando un “mea culpa” que no se adivinaba en las primeras. Esto es, los personajes se presentan con una edad avanzada relatando su vida de la cual hacen juicios de arrepentimiento en algún caso. 

4.- Libertad y desapego de la vida como una de las características de la novela picaresca 

El pícaro no trabaja de manera formal. Sirve a varios amos y va de un lugar a otro buscándose la vida como puede. Todo eso lo hace en aras de una libertad que solo le conduce por el camino del malvivir. Sin embargo, lo acepta porque defiende esa libertad que no puede sustituirse por nada.  

5.- Hay críticos que han puesto la novela picaresca en relación con la mística 

Aunque sean tan diferentes entre sí, picaresca y mística literaria son coetáneas. Ambos géneros tienen caracteres en común como es la búsqueda de la verdad por caminos heterodoxos y de manera individual. Además, ambas escrituras se adentran en el realismo más atroz, una en la del alma en comunión con Dios y otra en el de la marginalidad social. El yo de los escritores de uno y otro lado se presenta en su radical originalidad y veracidad sin alas a la fantasía y lo inverosímil. Lectores contemporáneo habrá que, al hilo del esto, ofrecerán su descreimiento acerca de las visiones místicas pero, una vez más, hay que recordar que para el místico no había más verdad que la expresada en sus escritos. 

6.- Carácter autobiográfico de la novela picaresca 

Hasta la llegada de estas obras los personajes se presentaban a través del autor, de un narrador que los hacía suyos según la condición de los mismos. Los bufones y de estrato social bajo eran presentados de manera cómica y los de alta cuna con valores elevados, aunque nos encontremos algunos ejemplos en los que se ofrece pura contradicción. El pícaro, por su parte, no encuentra quien le escriba y lo justifique. Y a falta de ese autor, comienza la narración (y la justificación a veces de su vida) de propia voz. Ese carácter autobiográfico se completa, en algunas ocasiones, con el anonimato de algunas obras o las dudas de su autoría.   

7.- En estas obras nos encontramos una sucesión de personajes 

Tanto es así que, incluso, se puede leer por capítulos dispersos sin atentar contra el sentido último de la obra. Este tipo de estructuración es más evidente en las primeras obras y se va diluyendo conforme avanza el siglo XVII hasta llegar a Estebanillo González. La novela picaresca va, conforme avanzan las décadas, hacia un relato de aventuras. Eso no quita para que las distintas escenas sean como una excusa para presentar distintos tipos psicológicos y personajes. Pocos de ellos pueden clasificarse como ejemplares o caballerescos ya que siempre se presenta la cara más oscura de todos ellos. Las primeras obras, comenzando con el Lazarillo de Tormes, están tan desestructuradas en el relato que cada capítulo se puede leer independientemente,  ya que no afecta al sentido último de la obra. 

8.- La novela picaresca se caracteriza por el conformismo como actitud vital  

Y también una fuerte dosis de resentimiento. Esto es, hay una crítica social pero esta no llega a la rebeldía sino todo lo contrario ya que encontramos una aceptación. El realismo se concentra en esa vida que es tal como es y poco o nada se puede hacer para cambiarla. No estamos ante la asimilación del dolor con un espíritu de renuncia religiosa, la misma que abraza lo que Dios quiera dar. En la novela picaresca no se encuentra esa fluidez emocional sino que hay un cinismo, una ira contenida contra la sociedad en general. Este aspecto es lo que ha llevado a algunos críticos a señalar que algunas de estas obras nacen de manos conversas (o de su cosmovisión). Quienes formaron parte de un país próspero ofreciendo lo mejor de sí quedan relegados por razón de creencia religiosa a unos niveles ínfimos. De resultas de ello se sublevan pero no con la rebelión que busca un cambio sino con el que está lleno de resentimiento. Mucho de esto hay en la novela picaresca aunque algunas estén escritas por castellanos viejos.  

Tipos de novelas picarescas y su debate 

Porque el debate llega de algunos autores que abogan por estudiar cada obra de forma. independiente con sus circunstancias estructurales, de autor, de personajes o de narración. Sin embargo, los más dados a los encasillamientos proponen al menos dos divisiones dentro de las novelas. picarescas:  

1.- La primera de ellas correspondería a la primera época (no más allá de 1610) y se corresponde con obras desestructuradas en cuanto a la narración en las que los capítulos no están unidos unos con otros. En ellas, los protagonistas no muestran arrepentimiento alguno por sus obras aunque haya una justificación por los actos (ese “yo señor no soy malo” del Lazarillo).  

2.- Conforme avanza el siglo XVII hasta terminar abruptamente a mediados del mismo, las obras van tomando un cariz más aventurero. Esto es, los personajes muestran una narración más hilada entre capítulos aunque los mismos también le sirvan para ir mostrando las personalidades de individuos con los que se topan. También se mueven más de su emplazamiento original y en la narración se adivina ya ese espíritu de la Contrarreforma que promueve el carácter moralista o edificante de las obras de arte. Esto es, de alguna manera u otra, manifiestan un arrepentimiento o un juicio severo por los actos del pasado. Así, los autores de las mismas se acoplan a esas directrices que promulgan una enseñanza (en esta ocasión de actos reprobables) de la vida picaresca. En estas últimos obras el espíritu pesimista es mayor así como la sensación de derrota vital.  

Sea como fuere, la novela picaresca, siguiendo a J.L. Alborg se concentra en un siglo:  

“Prescindiendo momentáneamente de la aparición solitaria del Lazarillo a mediados de la centuria y de la distancia de medio siglo que le separa de su inmediato seguidor, el Guzmán, la plenitud de la picaresca propiamente dicha se concentra, sin lugar para verdaderas etapas, en el corto lapso de cincuenta años, y puede considerarse acabada con la publicación de Estebanillo González en 1646”.  

En definitiva, la novela picaresca, a pesar de las diferencias entre obras de notable y sobresaliente calidad, tiene unas características repetidas que la diferencia de otros géneros y fórmulas literarias de la época. En España alcanzó cotas insuperables. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

 

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En 1554 aparece el Lazarillo de Tormes, el primer título de novela picaresca que puso las bases para todas las que llegaron detrás. Aunque el género también tiene sus ejemplos (con más o menos acierto) en otras lenguas europeas, en España alcanza las cotas de genialidad. En este tipo de obras, el protagonista principal es un pícaro, personaje fuera del sistema social, revestido de un espíritu de holgazanería el cual justifica  por su afán de libertad. Su sentido crítico de la sociedad alcanza cotas de cinismo cuando presenta algunos tipos sociales distintos o semejantes al suyo. Suele está provisto de un sentimiento de desengaño de las cosas del mundo, el cual le lleva a la aceptación de cualquier circunstancia y a renegar de los valores que hacen grande al ser humano. Este carácter derrotista se nivela con algunos puntos cómicos que nunca llegan a la risa y más bien levanta la conmiseración del lector. 

Orígenes de la novela picaresca

Ninguna obra aparece de la nada. Siempre hay  algo o mucho que está en el ambiente, que propicia su espaldarazo aunque este sea genial. Si esto es aplicable a El Quijote, a los cantares de gesta o a cualquier otra manifestación artística, la novela picaresca no es ajena a esta consideración. En este sentido, hago mías las palabras de J.L. Alborg: 

“Aunque el Lazarillo como creación literaria -y la picaresca con él- es el resultado de una inspiración genial, su alumbramiento estaba implícito en la propia entraña de nuestra literatura precedente.”  

¿Y quiénes son esos precedentes? Por un lado, personajes secundarios del Arcipreste de Talavera y, además, del Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita. También hay un sustrato implícito en La Celestina, toda ella dotada de ese espíritu que media entre el cinismo y los que se sitúan al margen de las convenciones sociales que caracteriza la novela picaresca. Un tanto de lo mismo sucede con algunos bufones de piezas cómicas de Gil Vicente o Torres Naharro. Y, especialmente, hay una obra que marca el camino a las demás: La lozana andaluza de Francisco Delicado, publicada en 1528.  

Además, el personaje del pícaro no era solo un individuo de ficción sino que sus caracteres se encontraban en la vida real. La sociedad española a mediados del siglo XVI comenzaba a acusar una incipiente decadencia que se transparentaba en una suerte de desgraciados venidos a menos que se negaban a trabajar de manera manual ya que se consideraba que eran tareas de judíos o conversos. Estos habían perdido cualquier consideración social y con ellos algunas tareas y oficios de manufactura. Además, de vuelta de las innumerables batallas llegaban soldados en busca de fortuna algunos con graves heridas. Esa libertad a la que aspira el pícaro lo pone fuera del orden social ya que se niega a formar parte de los trabajadores formales y lo introduce de lleno en ese saco en el que lo mismo se encuentran hidalgos venidos a menos que ladronzuelos de poca monta.  

Los personajes de la novela picaresca

Aunque a lo largo de sus páginas, aparecen individuos de distinto estrato social, condición y circunstancias, el personaje principal de estas obras es un pícaro. Como veremos a continuación, estos individuos, en primera persona, relatan su vida que no es más que un cúmulo de desventuras sirviendo a distintos amos de una manera poco ortodoxa. Dado a la mentira, a los pequeños timos, a las trampas constantes (incluso sobre si mismos), viven al margen de la sociedad, aunque nunca nos topamos con un criminal en toda regla. El pícaro es una pobre criatura que se las apaña como puede porque se niega a formar parte de la sociedad en aras a una libertad que paga con una mala vida.  

De resultas de este espíritu, su relato se vuelve irónico hasta llegar al cinismo y al descreimiento más absoluto. Nadie queda indemne de su mirada sagaz, aunque esa crítica no la realiza con un deseo de mejora sino que se respira cierto aire de derrota y de conformismo. Esta misma idea es la que no le permite hacer nada por sí mismo en post de una superación personal. El pícaro no sabe pensar a lo grande. Todo en él es pequeño y a nivel del suelo rampante. Los protagonistas de la novela picaresca afirman vivir en la más absoluta realidad, en la calle, en el día a día aunque esto suponga estar siempre al límite y rozando el hambre, el frío y la inseguridad.  

El resto de personajes que desfilan por estas páginas no acaban de mejor manera y siempre se presentan en su peor cara: en la cruel, en la egoísta y las más de las veces en la hipócrita. Clero y aristocracia no se libran de la crítica del pícaro y todos quedan retratados de una manera poco edificante.  

Principales características de la novela picaresca 

1.- El realismo es una de las principales características de la novela picaresca

Tanto es así que autores hay que sostienen que esta surge como una reacción a la lírica renacentista repleta de pastores idealizados y naturalezas bucólicas. Es más, las novelas de caballería (que tanto éxito tuvieron en la época con sus protagonistas fuera de lo común en busca de hazañas fantasiosas) se contraponen a la figura del pícaro y a todos los que viven a su alrededor. Y autores hay que ven en el nacimiento del género una reacción a tanta fantasía y a venturas imposibles. En las novelas picarescas se muestra la cruda realidad donde la búsqueda de comida o de cobijo es el objetivo diario. Contra los grandes valores del espíritu de los caballeros casi etéreos se presentan en la novela picaresca seres que les quedan grandes conceptos como honor o trascendencia. La minucia del día a día con toda su cruda cotidianidad es el universo de estas obras.  

2.- Pesimismo, cinismo e ironía

Otra de las características de la novela picaresca es la narración y la descripción de un mundo gris del que nadie se libra. Nada hay en estas aventuras que nos puedan conciliar con los sueños, los ideales o la mejora en cualquier aspecto. De resultas de ello, las obras rezuman pesimismo y conformismo por todos los costados. Aunque nos encontramos algunas anécdotas cómicas, estas, a veces, son crueles (al menos desde la cosmovisión contemporánea) y todas ellas están revestidas de un grave cinismo. La sociedad, por otra parte, está presentada desde la ironía mostrando siempre el lado más oscuro del ser humano y nadie se salva de esta crítica, ni siquiera los personajes más cándidos o inocentes. 

3.- Aún así la novela picaresca presenta principios moralizantes 

Autores hay que ven en ella los grandes temas del erasmismo que tanto predicamento tuvieron entre la elite intelectual española antes de la Contrarreforma. La libertad propuesta por el de Rotterdam unida a ese afán de sencillez, de despojamiento de los ritos complicados y de crítica a las costumbres sociales se encuentran en estas obras. Aunque el erasmismo no llegó a calar en todos los órdenes sociales, sí tuvo sus seguidores entre los estudiosos y los miembros universitarios. Por otro lado, la Contrarreforma trajo también un rechazo de las obras de ficción y promovía un arte edificante y moralizante. En este sentido, conforme nos vamos adentrando en los títulos surgidos durante el siglo XVII estas van mostrando un “mea culpa” que no se adivinaba en las primeras. Esto es, los personajes se presentan con una edad avanzada relatando su vida de la cual hacen juicios de arrepentimiento en algún caso. 

4.- Libertad y desapego de la vida como una de las características de la novela picaresca 

El pícaro no trabaja de manera formal. Sirve a varios amos y va de un lugar a otro buscándose la vida como puede. Todo eso lo hace en aras de una libertad que solo le conduce por el camino del malvivir. Sin embargo, lo acepta porque defiende esa libertad que no puede sustituirse por nada.  

5.- Hay críticos que han puesto la novela picaresca en relación con la mística 

Aunque sean tan diferentes entre sí, picaresca y mística literaria son coetáneas. Ambos géneros tienen caracteres en común como es la búsqueda de la verdad por caminos heterodoxos y de manera individual. Además, ambas escrituras se adentran en el realismo más atroz, una en la del alma en comunión con Dios y otra en el de la marginalidad social. El yo de los escritores de uno y otro lado se presenta en su radical originalidad y veracidad sin alas a la fantasía y lo inverosímil. Lectores contemporáneo habrá que, al hilo del esto, ofrecerán su descreimiento acerca de las visiones místicas pero, una vez más, hay que recordar que para el místico no había más verdad que la expresada en sus escritos. 

6.- Carácter autobiográfico de la novela picaresca 

Hasta la llegada de estas obras los personajes se presentaban a través del autor, de un narrador que los hacía suyos según la condición de los mismos. Los bufones y de estrato social bajo eran presentados de manera cómica y los de alta cuna con valores elevados, aunque nos encontremos algunos ejemplos en los que se ofrece pura contradicción. El pícaro, por su parte, no encuentra quien le escriba y lo justifique. Y a falta de ese autor, comienza la narración (y la justificación a veces de su vida) de propia voz. Ese carácter autobiográfico se completa, en algunas ocasiones, con el anonimato de algunas obras o las dudas de su autoría.   

7.- En estas obras nos encontramos una sucesión de personajes 

Tanto es así que, incluso, se puede leer por capítulos dispersos sin atentar contra el sentido último de la obra. Este tipo de estructuración es más evidente en las primeras obras y se va diluyendo conforme avanza el siglo XVII hasta llegar a Estebanillo González. La novela picaresca va, conforme avanzan las décadas, hacia un relato de aventuras. Eso no quita para que las distintas escenas sean como una excusa para presentar distintos tipos psicológicos y personajes. Pocos de ellos pueden clasificarse como ejemplares o caballerescos ya que siempre se presenta la cara más oscura de todos ellos. Las primeras obras, comenzando con el Lazarillo de Tormes, están tan desestructuradas en el relato que cada capítulo se puede leer independientemente,  ya que no afecta al sentido último de la obra. 

8.- La novela picaresca se caracteriza por el conformismo como actitud vital  

Y también una fuerte dosis de resentimiento. Esto es, hay una crítica social pero esta no llega a la rebeldía sino todo lo contrario ya que encontramos una aceptación. El realismo se concentra en esa vida que es tal como es y poco o nada se puede hacer para cambiarla. No estamos ante la asimilación del dolor con un espíritu de renuncia religiosa, la misma que abraza lo que Dios quiera dar. En la novela picaresca no se encuentra esa fluidez emocional sino que hay un cinismo, una ira contenida contra la sociedad en general. Este aspecto es lo que ha llevado a algunos críticos a señalar que algunas de estas obras nacen de manos conversas (o de su cosmovisión). Quienes formaron parte de un país próspero ofreciendo lo mejor de sí quedan relegados por razón de creencia religiosa a unos niveles ínfimos. De resultas de ello se sublevan pero no con la rebelión que busca un cambio sino con el que está lleno de resentimiento. Mucho de esto hay en la novela picaresca aunque algunas estén escritas por castellanos viejos.  

Tipos de novelas picarescas y su debate 

Porque el debate llega de algunos autores que abogan por estudiar cada obra de forma. independiente con sus circunstancias estructurales, de autor, de personajes o de narración. Sin embargo, los más dados a los encasillamientos proponen al menos dos divisiones dentro de las novelas. picarescas:  

1.- La primera de ellas correspondería a la primera época (no más allá de 1610) y se corresponde con obras desestructuradas en cuanto a la narración en las que los capítulos no están unidos unos con otros. En ellas, los protagonistas no muestran arrepentimiento alguno por sus obras aunque haya una justificación por los actos (ese “yo señor no soy malo” del Lazarillo).  

2.- Conforme avanza el siglo XVII hasta terminar abruptamente a mediados del mismo, las obras van tomando un cariz más aventurero. Esto es, los personajes muestran una narración más hilada entre capítulos aunque los mismos también le sirvan para ir mostrando las personalidades de individuos con los que se topan. También se mueven más de su emplazamiento original y en la narración se adivina ya ese espíritu de la Contrarreforma que promueve el carácter moralista o edificante de las obras de arte. Esto es, de alguna manera u otra, manifiestan un arrepentimiento o un juicio severo por los actos del pasado. Así, los autores de las mismas se acoplan a esas directrices que promulgan una enseñanza (en esta ocasión de actos reprobables) de la vida picaresca. En estas últimos obras el espíritu pesimista es mayor así como la sensación de derrota vital.  

Sea como fuere, la novela picaresca, siguiendo a J.L. Alborg se concentra en un siglo:  

“Prescindiendo momentáneamente de la aparición solitaria del Lazarillo a mediados de la centuria y de la distancia de medio siglo que le separa de su inmediato seguidor, el Guzmán, la plenitud de la picaresca propiamente dicha se concentra, sin lugar para verdaderas etapas, en el corto lapso de cincuenta años, y puede considerarse acabada con la publicación de Estebanillo González en 1646”.  

En definitiva, la novela picaresca, a pesar de las diferencias entre obras de notable y sobresaliente calidad, tiene unas características repetidas que la diferencia de otros géneros y fórmulas literarias de la época. En España alcanzó cotas insuperables. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

 

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En 1554, en el reinado de Carlos I, aparece el Lazarillo de Tormes, considerada la primera de este cariz en español. Aunque se da en otras países europeos, en España adquiere la categoría de género nuevo por lo novedoso de su enfoque y lo transformador de la mayoría de las características de la novela picaresca. Desde esa fecha hasta 1646, con la aparición de Estebanillo González, verán la luz algunas obras únicas que han traspasado, incluso, las fronteras de la literatura. 

1.- Una de las más importantes características de la novela picaresca es su original protagonista 

Aunque personajes de baja extracción social ya habían aparecido en la literatura castellana (y nada más hay que señalar El Libro de Buen Amor y La Celestina), ahora se revisten de todo el protagonismo, con todo lo que ello implica para el enfoque y la trama. El pícaro (de cuya etimología duda hasta el mismísimo Corominas) es una suerte de aventurero con tintes de desgraciado que aspira solo a malvivir sin ningún tipo de objetivo vital más o menos loable. Nacido en los bajos fondos, no se mueve del mismo durante toda su existencia ni aspira a nada más que a sobrevivir con pequeños timos, hurtos y engaños. Nada en sus aventuras es digna de admiración más allá de ese afán por agarrarse a la vida a cualquier precio. Es un vagamundo, un mendigo, un pobre hombre que se conforma con su situación.  Su astucia (que nunca se puede calificar de inteligencia) solo le llega para algunas tretas que le permita terminar el día de la mejor manera posible.  Su vida, totalmente apartada de los mínimos modelos cívicos, lo hace resbalarse al margen de la ley sin llegar nunca a ser un delincuente o un criminal sin escrúpulos.  

Todo en él, y esta es una de las características de la novela picaresca, es pequeño, ruin, cínico y bajo. Si el protagonista apela a la libertad como el mayor bien del ser humano, la misma no la aprovecha en su beneficio (para crecer como persona o enriquecerse materialmente) sino que la desperdicia en correrías de poca monta. Y junto a él aparece una sarta de personajes que, aún siendo de otra extracción social, no se comportan de manera mucho más digna.  

2.- Otra de las características del novela picaresca es su realismo

Y es el mismo que articula (con sus salvedades, por supuesto) toda la literatura española y gran parte del arte plástico de esta parte de mundo (Goya por poner un ejemplo). Es un realismo descarnado que se regodea (a veces con humor, cinismo o ironía) en lo peor de la condición humana. Todo ello sucede sin resbalarse en los modos de fuertes personalidades criminales. En el mundo del pícaro todo es mediocre, pequeño y desprovisto de la más mínima ambición. Desde el inicio, en la novela picaresca, sus protagonistas han tirado la toalla hundiéndose en un pesimismo y un derrotismo peculiar que solo le da alas cuando se trata de la subsistencia más inmediata.  

Todas las obras son ajenas, no ya a la utopía idealista (la de la lírica renacentista o de las principales características de las novelas de caballería por poner dos ejemplos), sino que rechaza cualquier posibilidad de redención, de mejora o de crecimiento personal. El pícaro es un personaje conformista que, la más de las veces (y aquí reside su interés) se reviste de un halo filosófico que lo emparenta con el estoicismo, el mismo que defendía Séneca (el filósofo romano nacido en España).  

3.- Contraposición a la lírica renacentista y novelas de caballería 

Estudiosos hay que han dedicado tesis, investigaciones y artículos a poner en contraposición,  cara a cara, las principales características de la novela picaresca tanto con la poesía renacentista como con las novelas de caballería. Estas obras nacen cuando ambas manifestaciones literarias están en su pleno esplendor y favor del público. Por eso, hay quienes ven en el nacimiento de la picaresca literaria un rechazo al idealismo exacerbado que magnifica los valores de la élite culta. Sin embargo, su aparición no puede explicarse solo por esta circunstancia y hay que tener en cuenta más factores. Ni que decir tiene que el personaje estaba en el aire (ya que era un tipo conocido en la época), pero también hay un estado emocional favorable a su creación: pesimismo, sensación de derrota, conformismo vital, negación de la justa rebeldía…   

Las novelas picarescas serían ese contrapunto (ese puñetazo en la mesa) al mostrar a personajes que se encontraban en la vida real como auténticos protagonistas de un modo de vida ajeno a la literatura de evasión. Aunque el reinado de Carlos I aún conservaba toda la gloria épica de las conquistas, con Felipe II llegan sucesivas bancarrotas, derrotas sonoras (la Armada Invencible sin ir más lejos) y decadencia de los valores incluso en los llamados a mantenerlos. Es una época en la que, alrededor de las grandes ciudades (Sevilla, Toledo, Salamanca…), se van agolpando legiones de campesinos en busca de una vida mejor. Estos conviven con grupos de soldados abandonados a su suerte que intentan malvivir incluso con graves lesiones invalidantes. A esto se une un desprecio por el emprendimiento empresarial, artesanal o comercial por considerarlo propio de conversos o judíos (por entonces fuera de toda consideración social por parte de la mayoría cristiana). Y el cóctel social no puede ser más explosivo, ya que, ante la exaltación de una vida bohemia y las pocas posibilidades de subsistencia, solo cabe la vida del pícaro. 

4.- Otra de las características de la novela picaresca es su carácter autobiográfico 

Que se muestra nada más empezar (ese “yo señor no soy malo” de Lázaro de Tormes) y del que apenas hay precedentes en la literatura en castellano ni en ninguna otra lengua vulgar. Hasta este momento, los personajes pertenecían al autor, al narrador, que, de una manera u otra, mostraba sus hazañas y avatares. Sí existían protagonistas de baja condición social y moral, estos siempre tenían un papel cómico, subalterno y de alter ego con la finalidad de mostrar las virtudes de los épicos o dignos de imitación. Con la novela picaresca todo eso cambia y el protagonista (a falta de un autor que se digne a bajar a contar sus aventuras y desventuras) toma la palabra por sí mismo. El resultado es un relato descarnado en el que no hay consideración moral más allá de mostrar todos los vicios de una sociedad que se alejaba de la excelencia. Junto con la autobiografía se muestra el anonimato empezando por el Lazarillo de Tormes

5.- Otra de las características de la novela picaresca es que se desbarata la división entre lo cómico y lo elevado

Esta estructura en cajones estancos era la manera de conducirse de la literatura clásica con sus divisiones en comedia o tragedia. Con el nuevo género las tramas se adentran con la mayor naturalidad en el egoísmo individualista sin juicio de enmienda, en la crítica cínica contra los estamentos de poder (incluida aristocracia e iglesia), en la defensa de la holgazanería sin ningún tipo de pudor y en desgranar un mundo donde los parásitos sociales pertenecen a todas las familias. Si bien, conforme va avanzado el siglo XVII, las obras van cambiando para hacer una especie de acto de constricción, en la narración y lectura se asiste a un mundo que está lejos de la ejemplaridad.

6.- La narración se crea mediante una sucesión de caracteres sociales reprobables 

Aunque conforme van publicándose los títulos, las nuevas obras se van acercando a las novelas de aventuras, las picarescas se caracterizan por ser una sucesión de historias deslazadas entre sí. Tanto es así que se pueden leer incluso independientemente, ya que nada afecta a la trama. Recordemos que una de las características de la novelas picaresca estriba en su personaje, el cual no hace ningún intento de mejora personal tanto en el plano social como en el económico o en el moral.  

Las páginas de las obras, por tanto, se convierten en una sucesión de individuos huecos que nada aportan a la sociedad y sin más meta que estar vivos al caer el día. Estos lo convierten en seres indignos cuando no en cómicos por los que se siente una particular lástima. No hay objetivo en sus vidas que pueda redimirlos más allá de esa intención moralizante que han querido ver algunos críticos y que explica el auge del género. 

7.- El erasmismo como una de las características de la novela picaresca 

En 1545 comienza la denominada Contrarreforma a la que España se adhiere de lleno jurando defender los principios católicos incluso con las armas. Se olvida, por tanto, cualquier intento de cambio propuesto por Lutero y se vuelve al dogma. El erasmismo que algunos críticos quieren ver en el interior de estas obras promulgaba una libertad de criterio y de vida que enlaza con el espíritu del pícaro. Sin embargo, aunque las teorías del de Rotterdam solo calaron en las élites intelectuales españolas, la Contrarreforma atacó a todas esas obras de ficción pura e idealizadas en las que la fantasía hacía olvidar al lector su misión vital. Se promulgó, por tanto, que la literatura debía estar al servicio de la moralidad o de la educación. Y ambos extremos no se pueden conseguir si no hay buenas dosis de realismo que muestre al lector los males de este mundo. En este contexto nace la novela picaresca que ya sería, como apuntan algunos autores, obras que intentan mostrar la condición abyecta a la que puede degradarse el ser humano. Otra cosa es el talento de sus creadores que, entre medias, nos dejen párrafos de memorable literatura alejándose de rancios sermones moralizantes. 

En palabras de A.A. Parker, uno de los grandes estudiosos del género: 

“La diferencia proviene de que lo pastoral deriva del Humanismo italiano, mientras la picaresca procede del Elogio de la locura de Erasmo, a través de movimientos reformistas que postulan una religión sencilla, libre de complicadas observancias, y proclaman el desprecio del mundo y sus honores. El pícaro recoge este ideal, pero rechazado por la sociedad, lo transforma en cinismo amargo y resentido, vacío de moral, que se expresa en la literatura negativa de la picaresca”. 

8.- La picaresca y su relación con la mística

Esta búsqueda de libertad individual y despego de las cosas del mundo está íntimamente relacionado con la mística literaria, cuyas más altas cotas son contemporáneas a la novela picaresca. Si San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús buscan hacia dentro (hacia la visión divina) la verdad  existencial y sus giros, la picaresca lo hace hacia afuera: mostrando con crueldad los vicios sociales. En ambas vertientes literarias hay un afán moralizante o edificante, una desgranando las maravillas de la gracia divina mientras que la otra se entretiene por el camino de la oscuridad vital a través de sus pecados sociales.  

“Como el místico, el pícaro no ve en la vida más que algo pasajero, algo finito, que no vale la pena de tomarlo muy en serio, y menos aún de dedicarle un gran esfuerzo. Se dirá que es vagancia la suya. Sí, pero una vagancia altamente filosófica.”

César Barja

9.- El sentido trágico como una de las características de la novela picaresca

Todo estas anotaciones nos lleva a un punto esencial: el sentido trágico. El pícaro no es un bufón, no es un cómico, no es un hedonista que aprovecha el aquí y el ahora. Es un desahuciado social y personal que se resigna antes de hacer un movimiento por su superación personal. Todo ello lo reviste con un halo trágico. Su mundo es el de la insignificancia aceptada, no como un intento de hacerse uno con las cosas terrenales, sino porque se niega a trabajar en su propio bien. 

10.-El pícaro está alejado tanto del honor tan español como del sentido de trascendencia 

Por tanto, los personajes de la novela picaresca no aspiran a nada más que no sea llegar a la hora siguiente. Para no importarles ni siquiera se preocupan por aparentar, como sí hacen algunos personajes secundarios de estas novelas. Nada hay en la vida que merezca un mínimo esfuerzo. Por tanto, concepto como dignidad o trascendencia les queda lejos, tanto como las historias amorosas de las idealizadas novelas pastoriles. El pícaro vive en la cruda realidad de un día a día agresivo, cruel y deleznable.  

En definitiva, la mayoría de las características de la novela picaresca nos muestran personajes que no saben ni pensar ni sentir ni hacer a lo grande aunque se equivoquen. No son unos fracasados en el sentido contemporáneo del término puesto que no intentan nada. Simplemente se valen de los recovecos del sistema para dar rienda suelta a sus instintos primarios. Y con estos mimbres se crearon grandes novelas del canon en español.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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En 1554, en el reinado de Carlos I, aparece el Lazarillo de Tormes, considerada la primera de este cariz en español. Aunque se da en otras países europeos, en España adquiere la categoría de género nuevo por lo novedoso de su enfoque y lo transformador de la mayoría de las características de la novela picaresca. Desde esa fecha hasta 1646, con la aparición de Estebanillo González, verán la luz algunas obras únicas que han traspasado, incluso, las fronteras de la literatura. 

1.- Una de las más importantes características de la novela picaresca es su original protagonista 

Aunque personajes de baja extracción social ya habían aparecido en la literatura castellana (y nada más hay que señalar El Libro de Buen Amor y La Celestina), ahora se revisten de todo el protagonismo, con todo lo que ello implica para el enfoque y la trama. El pícaro (de cuya etimología duda hasta el mismísimo Corominas) es una suerte de aventurero con tintes de desgraciado que aspira solo a malvivir sin ningún tipo de objetivo vital más o menos loable. Nacido en los bajos fondos, no se mueve del mismo durante toda su existencia ni aspira a nada más que a sobrevivir con pequeños timos, hurtos y engaños. Nada en sus aventuras es digna de admiración más allá de ese afán por agarrarse a la vida a cualquier precio. Es un vagamundo, un mendigo, un pobre hombre que se conforma con su situación.  Su astucia (que nunca se puede calificar de inteligencia) solo le llega para algunas tretas que le permita terminar el día de la mejor manera posible.  Su vida, totalmente apartada de los mínimos modelos cívicos, lo hace resbalarse al margen de la ley sin llegar nunca a ser un delincuente o un criminal sin escrúpulos.  

Todo en él, y esta es una de las características de la novela picaresca, es pequeño, ruin, cínico y bajo. Si el protagonista apela a la libertad como el mayor bien del ser humano, la misma no la aprovecha en su beneficio (para crecer como persona o enriquecerse materialmente) sino que la desperdicia en correrías de poca monta. Y junto a él aparece una sarta de personajes que, aún siendo de otra extracción social, no se comportan de manera mucho más digna.  

2.- Otra de las características del novela picaresca es su realismo

Y es el mismo que articula (con sus salvedades, por supuesto) toda la literatura española y gran parte del arte plástico de esta parte de mundo (Goya por poner un ejemplo). Es un realismo descarnado que se regodea (a veces con humor, cinismo o ironía) en lo peor de la condición humana. Todo ello sucede sin resbalarse en los modos de fuertes personalidades criminales. En el mundo del pícaro todo es mediocre, pequeño y desprovisto de la más mínima ambición. Desde el inicio, en la novela picaresca, sus protagonistas han tirado la toalla hundiéndose en un pesimismo y un derrotismo peculiar que solo le da alas cuando se trata de la subsistencia más inmediata.  

Todas las obras son ajenas, no ya a la utopía idealista (la de la lírica renacentista o de las principales características de las novelas de caballería por poner dos ejemplos), sino que rechaza cualquier posibilidad de redención, de mejora o de crecimiento personal. El pícaro es un personaje conformista que, la más de las veces (y aquí reside su interés) se reviste de un halo filosófico que lo emparenta con el estoicismo, el mismo que defendía Séneca (el filósofo romano nacido en España).  

3.- Contraposición a la lírica renacentista y novelas de caballería 

Estudiosos hay que han dedicado tesis, investigaciones y artículos a poner en contraposición,  cara a cara, las principales características de la novela picaresca tanto con la poesía renacentista como con las novelas de caballería. Estas obras nacen cuando ambas manifestaciones literarias están en su pleno esplendor y favor del público. Por eso, hay quienes ven en el nacimiento de la picaresca literaria un rechazo al idealismo exacerbado que magnifica los valores de la élite culta. Sin embargo, su aparición no puede explicarse solo por esta circunstancia y hay que tener en cuenta más factores. Ni que decir tiene que el personaje estaba en el aire (ya que era un tipo conocido en la época), pero también hay un estado emocional favorable a su creación: pesimismo, sensación de derrota, conformismo vital, negación de la justa rebeldía…   

Las novelas picarescas serían ese contrapunto (ese puñetazo en la mesa) al mostrar a personajes que se encontraban en la vida real como auténticos protagonistas de un modo de vida ajeno a la literatura de evasión. Aunque el reinado de Carlos I aún conservaba toda la gloria épica de las conquistas, con Felipe II llegan sucesivas bancarrotas, derrotas sonoras (la Armada Invencible sin ir más lejos) y decadencia de los valores incluso en los llamados a mantenerlos. Es una época en la que, alrededor de las grandes ciudades (Sevilla, Toledo, Salamanca…), se van agolpando legiones de campesinos en busca de una vida mejor. Estos conviven con grupos de soldados abandonados a su suerte que intentan malvivir incluso con graves lesiones invalidantes. A esto se une un desprecio por el emprendimiento empresarial, artesanal o comercial por considerarlo propio de conversos o judíos (por entonces fuera de toda consideración social por parte de la mayoría cristiana). Y el cóctel social no puede ser más explosivo, ya que, ante la exaltación de una vida bohemia y las pocas posibilidades de subsistencia, solo cabe la vida del pícaro. 

4.- Otra de las características de la novela picaresca es su carácter autobiográfico 

Que se muestra nada más empezar (ese “yo señor no soy malo” de Lázaro de Tormes) y del que apenas hay precedentes en la literatura en castellano ni en ninguna otra lengua vulgar. Hasta este momento, los personajes pertenecían al autor, al narrador, que, de una manera u otra, mostraba sus hazañas y avatares. Sí existían protagonistas de baja condición social y moral, estos siempre tenían un papel cómico, subalterno y de alter ego con la finalidad de mostrar las virtudes de los épicos o dignos de imitación. Con la novela picaresca todo eso cambia y el protagonista (a falta de un autor que se digne a bajar a contar sus aventuras y desventuras) toma la palabra por sí mismo. El resultado es un relato descarnado en el que no hay consideración moral más allá de mostrar todos los vicios de una sociedad que se alejaba de la excelencia. Junto con la autobiografía se muestra el anonimato empezando por el Lazarillo de Tormes

5.- Otra de las características de la novela picaresca es que se desbarata la división entre lo cómico y lo elevado

Esta estructura en cajones estancos era la manera de conducirse de la literatura clásica con sus divisiones en comedia o tragedia. Con el nuevo género las tramas se adentran con la mayor naturalidad en el egoísmo individualista sin juicio de enmienda, en la crítica cínica contra los estamentos de poder (incluida aristocracia e iglesia), en la defensa de la holgazanería sin ningún tipo de pudor y en desgranar un mundo donde los parásitos sociales pertenecen a todas las familias. Si bien, conforme va avanzado el siglo XVII, las obras van cambiando para hacer una especie de acto de constricción, en la narración y lectura se asiste a un mundo que está lejos de la ejemplaridad.

6.- La narración se crea mediante una sucesión de caracteres sociales reprobables 

Aunque conforme van publicándose los títulos, las nuevas obras se van acercando a las novelas de aventuras, las picarescas se caracterizan por ser una sucesión de historias deslazadas entre sí. Tanto es así que se pueden leer incluso independientemente, ya que nada afecta a la trama. Recordemos que una de las características de la novelas picaresca estriba en su personaje, el cual no hace ningún intento de mejora personal tanto en el plano social como en el económico o en el moral.  

Las páginas de las obras, por tanto, se convierten en una sucesión de individuos huecos que nada aportan a la sociedad y sin más meta que estar vivos al caer el día. Estos lo convierten en seres indignos cuando no en cómicos por los que se siente una particular lástima. No hay objetivo en sus vidas que pueda redimirlos más allá de esa intención moralizante que han querido ver algunos críticos y que explica el auge del género. 

7.- El erasmismo como una de las características de la novela picaresca 

En 1545 comienza la denominada Contrarreforma a la que España se adhiere de lleno jurando defender los principios católicos incluso con las armas. Se olvida, por tanto, cualquier intento de cambio propuesto por Lutero y se vuelve al dogma. El erasmismo que algunos críticos quieren ver en el interior de estas obras promulgaba una libertad de criterio y de vida que enlaza con el espíritu del pícaro. Sin embargo, aunque las teorías del de Rotterdam solo calaron en las élites intelectuales españolas, la Contrarreforma atacó a todas esas obras de ficción pura e idealizadas en las que la fantasía hacía olvidar al lector su misión vital. Se promulgó, por tanto, que la literatura debía estar al servicio de la moralidad o de la educación. Y ambos extremos no se pueden conseguir si no hay buenas dosis de realismo que muestre al lector los males de este mundo. En este contexto nace la novela picaresca que ya sería, como apuntan algunos autores, obras que intentan mostrar la condición abyecta a la que puede degradarse el ser humano. Otra cosa es el talento de sus creadores que, entre medias, nos dejen párrafos de memorable literatura alejándose de rancios sermones moralizantes. 

En palabras de A.A. Parker, uno de los grandes estudiosos del género: 

“La diferencia proviene de que lo pastoral deriva del Humanismo italiano, mientras la picaresca procede del Elogio de la locura de Erasmo, a través de movimientos reformistas que postulan una religión sencilla, libre de complicadas observancias, y proclaman el desprecio del mundo y sus honores. El pícaro recoge este ideal, pero rechazado por la sociedad, lo transforma en cinismo amargo y resentido, vacío de moral, que se expresa en la literatura negativa de la picaresca”. 

8.- La picaresca y su relación con la mística

Esta búsqueda de libertad individual y despego de las cosas del mundo está íntimamente relacionado con la mística literaria, cuyas más altas cotas son contemporáneas a la novela picaresca. Si San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús buscan hacia dentro (hacia la visión divina) la verdad  existencial y sus giros, la picaresca lo hace hacia afuera: mostrando con crueldad los vicios sociales. En ambas vertientes literarias hay un afán moralizante o edificante, una desgranando las maravillas de la gracia divina mientras que la otra se entretiene por el camino de la oscuridad vital a través de sus pecados sociales.  

“Como el místico, el pícaro no ve en la vida más que algo pasajero, algo finito, que no vale la pena de tomarlo muy en serio, y menos aún de dedicarle un gran esfuerzo. Se dirá que es vagancia la suya. Sí, pero una vagancia altamente filosófica.”

César Barja

9.- El sentido trágico como una de las características de la novela picaresca

Todo estas anotaciones nos lleva a un punto esencial: el sentido trágico. El pícaro no es un bufón, no es un cómico, no es un hedonista que aprovecha el aquí y el ahora. Es un desahuciado social y personal que se resigna antes de hacer un movimiento por su superación personal. Todo ello lo reviste con un halo trágico. Su mundo es el de la insignificancia aceptada, no como un intento de hacerse uno con las cosas terrenales, sino porque se niega a trabajar en su propio bien. 

10.-El pícaro está alejado tanto del honor tan español como del sentido de trascendencia 

Por tanto, los personajes de la novela picaresca no aspiran a nada más que no sea llegar a la hora siguiente. Para no importarles ni siquiera se preocupan por aparentar, como sí hacen algunos personajes secundarios de estas novelas. Nada hay en la vida que merezca un mínimo esfuerzo. Por tanto, concepto como dignidad o trascendencia les queda lejos, tanto como las historias amorosas de las idealizadas novelas pastoriles. El pícaro vive en la cruda realidad de un día a día agresivo, cruel y deleznable.  

En definitiva, la mayoría de las características de la novela picaresca nos muestran personajes que no saben ni pensar ni sentir ni hacer a lo grande aunque se equivoquen. No son unos fracasados en el sentido contemporáneo del término puesto que no intentan nada. Simplemente se valen de los recovecos del sistema para dar rienda suelta a sus instintos primarios. Y con estos mimbres se crearon grandes novelas del canon en español.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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La vida y obra del padre dominico Fray Bartolomé de las Casas (1974-1566) gira en torno a su polémica obra desde su publicación (convirtiéndose en todo un best-seller) Brevísima relación de la destrucción de Las Indias, origen de la leyenda negra española cuyos ecos llegan hasta bien entrado el siglo XXI. Pero, ¿quién fue este religioso nacido en Sevilla y con tanta influencia durante siglos en la cosmovisión latinoamericana?  

Biografía resumida de Fray Bartolomé de las Casas 

Aunque su larga existencia (para la época) haya sido objeto de biografías amplias por los grandes avatares de la misma, la importancia del escritor radica en la repercusión que tuvo la obra mencionada anteriormente. Nació en Sevilla en 1474, aunque algunas fuentes anotan 1484 como la más probable. Por entonces, aún no estaba completada la anexión de Granada a la causa cristiana ni se había descubierto América a los ojos europeos. El padre de Fray Bartolomé de las Casas, embarcó con la segunda expedición de Colón (en el año 1493) y como resultas de esta aventura, a la familia se le había entregado grandes lotes de tierra para cultivar bajo la figura legal de encomienda. Bartolomé de las Casas pudo abandonar Sevilla para formarse en la Universidad de Salamanca. Completado sus estudios,  en 1502 embarca para la isla de La Española con la finalidad de hacerse cargo de la gestión de los latifundios de la familia. 

Allí toma contacto con el padre dominico Pedro de Córdoba influenciando tanto al joven Bartolomé que este, de carácter apasionado, utópico y poco dado a la templanza, no solo se ordena sacerdote (en 1506) sino que sigue los pasos de Francisco de Asís. Se desprende de sus bienes y hace voto de pobreza extrema. En Cumaná, actual Venezuela, funda una colonia donde pone en práctica sus principios para adoctrinar a la población local. Creía firmemente en los medios pacíficos como única manera de llevar el evangelio a los indios. Todo su empeño se centró en la educación (según su cosmovisión europea), la predicación y en un vano intento por introducir la agricultura en esta parte de mundo. Adelantado a su tiempo, fracasó en su empeño de manera estrepitosa. Creía en la bondad de los indios como modelo de “buen salvaje” sin diferenciar entre las tribus más pacíficas y las guerreras hasta la crueldad, que de todo había. Y no hace falta reseñar aquí los sacrificios humanos o el canibalismo que nos ha llegado a través de los libros mayas o, incluso, a través de escalofriantes hallazgos arqueológicos recientes. 

Desengañado por no poder llevar a cabo su gran proyecto utópico, entra a formar parte de los padres dominicos. A continuación, es nombrado obispo de Chiapas administrando la diócesis de manera ejemplar. Su aventura americana termina en 1547 cuando decide regresar a España donde muere en 1566, en Madrid, a una edad bastante avanzada para la época.  

Obras de Fray Bartolomé de las Casas 

Seducido por la gran belleza americana del Caribe, para Bartolomé de las Casas esta tierra era una especie de Arcadia natural donde aún no había llegado la palabra de Cristo. Simplemente había que enseñar el Evangelio a los bondadosos indios para que estos realizaran una transformación radical en su cosmovisión. Aunque esta Epifanía no llegó, toda su obra está empapada de este concepto totalmente sesgado ya que, en primer lugar, no tuvo en cuenta las distintas idiosincrasias de los diferentes pueblos de una tierra heterogénea. Si bien todas ellas, tienen el mismo sustrato ideológico, de entre las obras de Fray Bartolomé de las Casas destaco tres únicamente: 

1.- Historia General de las Indias que dejó sin acabar y que, en esas fechas, tal como se desarrollaban los descubrimientos, era casi imposible completar. 

2.- Apologética Historia de Las Indias donde, como su título indica, intenta dar a conocer todas las virtudes pacíficas de los nativos de estas tierras. 

3.- Brevísima relación de la destrucción de Las Indias publicada en 1552 y dedicada al, por entonces, príncipe Felipe, para mostrarle las injusticias que se estaba cometiendo con la población local. Por su importancia la reseño aparte.  

Brevísima relación de la destrucción de Las Indias de Fray Bartolomé de las Casas 

1.- Tema de la obra de Fray Bartolomé de las Casas

Es una denuncia en toda regla, exagerada según algunos críticos, contra los colonos españoles. Fray Bartolomé de las Casas los acusa de destruir pueblos enteros, liquidar poblaciones y de exterminio casi. Aunque hay mucha parte de verdad en sus palabras, su alegato es tan sesgado y apasionado que no tiene en cuenta algunas variables desgraciadas que también intervinieron en la mortalidad de la población local (gripes, pestes importadas o luchas entre tribus nativas). Carga contra la gestión de las encomiendas (de las que él recibió una para deshacerse más tarde) y propone liberar a los indios del trabajo de las tierras. Sin embargo, no niega la colonización (con fines evangelistas) ni tampoco la usurpación, ya que propone al entonces príncipe que esta se realice con labradores españoles. En un vuelta de tuerca contradictoria aconseja que, para el trabajo de las minas, se recurra a la población negra (africana), ya que los considera (por su fortaleza física) más aptos para el trabajo duro.  

2.- Repercusión de Brevísima relación de la destrucción de Las Indias 

En la fecha de la publicación de la obra, España mantenía un imperio internacional que se desperdigaba por todo el planeta, desde América hasta buena parte de Europa y eso sin contar que muy pronto llegaría la colonización de Filipinas. Por tanto, los enemigos estaban por todas partes, incluso dentro de las fronteras. Grandes potencias como Portugal, Inglaterra o Francia se enfrentaban (con distintos recursos) contra España para acaparar poder, riquezas e influencias. La obra de Fray Bartolome de las Casas, a pesar de ser contradictoria, le puso a todos estos reinos en bandeja un argumento para acusar a los españoles de los más aberrantes crímenes contra la humanidad. Al fin y al cabo, las acusaciones salían de dentro dando carta de naturaleza a todas las exageraciones que el pasional religioso vertió sobre sus compatriotas. 

La obra fue traducida y publicada en todos los idiomas posibles inmediatamente convirtiéndose en la prueba irrefutable de la maldad española en los territorios americanos. Ella fue el origen de la llamada leyenda negra. Cualquier acto que se hiciera en territorios colonizados iba a ser explicado debido a una crueldad racial innata si pararse a contrastar dato alguno. La obra de Fray Bartolomé de las Casas, por tanto, sirvió para iniciar una auténtica campaña de marketing y de desprestigio que dura hasta hoy. Tal fue el impacto de la Brevísima relación de la destrucción de Las Indias que, a finales del siglo XVIII, cuando comienzan también a crearse otras instituciones semejantes nace, por orden de Carlos III, el Archivo de Indias, situado junto a la Catedral de Sevilla y clasificado, por su importancia, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.  

3.- Brevísima relación de la destrucción de Las Indias y la leyenda negra

El eco de las palabras de Fray Bartolomé de las Casas llegaron, por tanto, hasta el siglo XVIII, cuando España ya estaba resbalándose dentro de un periodo de decadencia que culmina en 1898. La intención de tal institución era conservar toda la documentación (burocrática especialmente) de las relaciones políticas y comerciales con tierras americanas con el único fin de aportar transparencia. Y esto tampoco se consiguió ni sirvió de cortafuego, ya que el edificio neoclásico que guarda estos importantes legajos quedó cerrado, cual fortaleza, hasta bien entrado el siglo XXI. Si bien, con este gesto se conservaron los documentos para los investigadores contemporáneos también se escatimó información que pudiera quitar hierro a las graves acusaciones del religioso. 

La figura de Fray Bartolomé de las Casas ha generado polémica desde la publicación de su obra, ya que es considerado un santo para unos y un traidor para otros. Hasta Menéndez Pidal se atrevió a valorar su legado tachándolo incluso de pueril o fanático. Para el investigador (comprometido espiritualmente con el legado literario en lengua española), las palabras del religioso se debían a un fanatismo que no tenía en cuenta otros parámetros, amén de acusarlo de soberbia. Este es un ejemplo de las pasiones que levanta esta figura, uno de los primeros en defender unos elementales derechos humanos aunque, a la par, no tuviera problemas en aconsejar el trabajo negrero. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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La vida y obra del padre dominico Fray Bartolomé de las Casas (1974-1566) gira en torno a su polémica obra desde su publicación (convirtiéndose en todo un best-seller) Brevísima relación de la destrucción de Las Indias, origen de la leyenda negra española cuyos ecos llegan hasta bien entrado el siglo XXI. Pero, ¿quién fue este religioso nacido en Sevilla y con tanta influencia durante siglos en la cosmovisión latinoamericana?  

Biografía resumida de Fray Bartolomé de las Casas 

Aunque su larga existencia (para la época) haya sido objeto de biografías amplias por los grandes avatares de la misma, la importancia del escritor radica en la repercusión que tuvo la obra mencionada anteriormente. Nació en Sevilla en 1474, aunque algunas fuentes anotan 1484 como la más probable. Por entonces, aún no estaba completada la anexión de Granada a la causa cristiana ni se había descubierto América a los ojos europeos. El padre de Fray Bartolomé de las Casas, embarcó con la segunda expedición de Colón (en el año 1493) y como resultas de esta aventura, a la familia se le había entregado grandes lotes de tierra para cultivar bajo la figura legal de encomienda. Bartolomé de las Casas pudo abandonar Sevilla para formarse en la Universidad de Salamanca. Completado sus estudios,  en 1502 embarca para la isla de La Española con la finalidad de hacerse cargo de la gestión de los latifundios de la familia. 

Allí toma contacto con el padre dominico Pedro de Córdoba influenciando tanto al joven Bartolomé que este, de carácter apasionado, utópico y poco dado a la templanza, no solo se ordena sacerdote (en 1506) sino que sigue los pasos de Francisco de Asís. Se desprende de sus bienes y hace voto de pobreza extrema. En Cumaná, actual Venezuela, funda una colonia donde pone en práctica sus principios para adoctrinar a la población local. Creía firmemente en los medios pacíficos como única manera de llevar el evangelio a los indios. Todo su empeño se centró en la educación (según su cosmovisión europea), la predicación y en un vano intento por introducir la agricultura en esta parte de mundo. Adelantado a su tiempo, fracasó en su empeño de manera estrepitosa. Creía en la bondad de los indios como modelo de “buen salvaje” sin diferenciar entre las tribus más pacíficas y las guerreras hasta la crueldad, que de todo había. Y no hace falta reseñar aquí los sacrificios humanos o el canibalismo que nos ha llegado a través de los libros mayas o, incluso, a través de escalofriantes hallazgos arqueológicos recientes. 

Desengañado por no poder llevar a cabo su gran proyecto utópico, entra a formar parte de los padres dominicos. A continuación, es nombrado obispo de Chiapas administrando la diócesis de manera ejemplar. Su aventura americana termina en 1547 cuando decide regresar a España donde muere en 1566, en Madrid, a una edad bastante avanzada para la época.  

Obras de Fray Bartolomé de las Casas 

Seducido por la gran belleza americana del Caribe, para Bartolomé de las Casas esta tierra era una especie de Arcadia natural donde aún no había llegado la palabra de Cristo. Simplemente había que enseñar el Evangelio a los bondadosos indios para que estos realizaran una transformación radical en su cosmovisión. Aunque esta Epifanía no llegó, toda su obra está empapada de este concepto totalmente sesgado ya que, en primer lugar, no tuvo en cuenta las distintas idiosincrasias de los diferentes pueblos de una tierra heterogénea. Si bien todas ellas, tienen el mismo sustrato ideológico, de entre las obras de Fray Bartolomé de las Casas destaco tres únicamente: 

1.- Historia General de las Indias que dejó sin acabar y que, en esas fechas, tal como se desarrollaban los descubrimientos, era casi imposible completar. 

2.- Apologética Historia de Las Indias donde, como su título indica, intenta dar a conocer todas las virtudes pacíficas de los nativos de estas tierras. 

3.- Brevísima relación de la destrucción de Las Indias publicada en 1552 y dedicada al, por entonces, príncipe Felipe, para mostrarle las injusticias que se estaba cometiendo con la población local. Por su importancia la reseño aparte.  

Brevísima relación de la destrucción de Las Indias de Fray Bartolomé de las Casas 

1.- Tema de la obra de Fray Bartolomé de las Casas

Es una denuncia en toda regla, exagerada según algunos críticos, contra los colonos españoles. Fray Bartolomé de las Casas los acusa de destruir pueblos enteros, liquidar poblaciones y de exterminio casi. Aunque hay mucha parte de verdad en sus palabras, su alegato es tan sesgado y apasionado que no tiene en cuenta algunas variables desgraciadas que también intervinieron en la mortalidad de la población local (gripes, pestes importadas o luchas entre tribus nativas). Carga contra la gestión de las encomiendas (de las que él recibió una para deshacerse más tarde) y propone liberar a los indios del trabajo de las tierras. Sin embargo, no niega la colonización (con fines evangelistas) ni tampoco la usurpación, ya que propone al entonces príncipe que esta se realice con labradores españoles. En un vuelta de tuerca contradictoria aconseja que, para el trabajo de las minas, se recurra a la población negra (africana), ya que los considera (por su fortaleza física) más aptos para el trabajo duro.  

2.- Repercusión de Brevísima relación de la destrucción de Las Indias 

En la fecha de la publicación de la obra, España mantenía un imperio internacional que se desperdigaba por todo el planeta, desde América hasta buena parte de Europa y eso sin contar que muy pronto llegaría la colonización de Filipinas. Por tanto, los enemigos estaban por todas partes, incluso dentro de las fronteras. Grandes potencias como Portugal, Inglaterra o Francia se enfrentaban (con distintos recursos) contra España para acaparar poder, riquezas e influencias. La obra de Fray Bartolome de las Casas, a pesar de ser contradictoria, le puso a todos estos reinos en bandeja un argumento para acusar a los españoles de los más aberrantes crímenes contra la humanidad. Al fin y al cabo, las acusaciones salían de dentro dando carta de naturaleza a todas las exageraciones que el pasional religioso vertió sobre sus compatriotas. 

La obra fue traducida y publicada en todos los idiomas posibles inmediatamente convirtiéndose en la prueba irrefutable de la maldad española en los territorios americanos. Ella fue el origen de la llamada leyenda negra. Cualquier acto que se hiciera en territorios colonizados iba a ser explicado debido a una crueldad racial innata si pararse a contrastar dato alguno. La obra de Fray Bartolomé de las Casas, por tanto, sirvió para iniciar una auténtica campaña de marketing y de desprestigio que dura hasta hoy. Tal fue el impacto de la Brevísima relación de la destrucción de Las Indias que, a finales del siglo XVIII, cuando comienzan también a crearse otras instituciones semejantes nace, por orden de Carlos III, el Archivo de Indias, situado junto a la Catedral de Sevilla y clasificado, por su importancia, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.  

3.- Brevísima relación de la destrucción de Las Indias y la leyenda negra

El eco de las palabras de Fray Bartolomé de las Casas llegaron, por tanto, hasta el siglo XVIII, cuando España ya estaba resbalándose dentro de un periodo de decadencia que culmina en 1898. La intención de tal institución era conservar toda la documentación (burocrática especialmente) de las relaciones políticas y comerciales con tierras americanas con el único fin de aportar transparencia. Y esto tampoco se consiguió ni sirvió de cortafuego, ya que el edificio neoclásico que guarda estos importantes legajos quedó cerrado, cual fortaleza, hasta bien entrado el siglo XXI. Si bien, con este gesto se conservaron los documentos para los investigadores contemporáneos también se escatimó información que pudiera quitar hierro a las graves acusaciones del religioso. 

La figura de Fray Bartolomé de las Casas ha generado polémica desde la publicación de su obra, ya que es considerado un santo para unos y un traidor para otros. Hasta Menéndez Pidal se atrevió a valorar su legado tachándolo incluso de pueril o fanático. Para el investigador (comprometido espiritualmente con el legado literario en lengua española), las palabras del religioso se debían a un fanatismo que no tenía en cuenta otros parámetros, amén de acusarlo de soberbia. Este es un ejemplo de las pasiones que levanta esta figura, uno de los primeros en defender unos elementales derechos humanos aunque, a la par, no tuviera problemas en aconsejar el trabajo negrero. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Garcilaso de la Vega no solo es el mayor representante de la lírica renacentista sino uno de los grandes poetas de la literatura castellana de todos los tiempos. Es el prototipo de poeta soldado que se ensalzaba en la época.  A pesar de habernos dejado solo un puñado de versos, con él se completó la revolución iniciada por Juan Boscán aparcando para siempre los modos sencillos, populares y orales de los cantares de gesta medievales.   

La revolución de la poesía renacentista abanderada por Garcilaso de la Vega 

Aunque algunas de estas características se habían ensayado décadas antes (con Juan de Mena especialmente) es a partir de la primavera de 1526 cuando su amigo, compañero en la corte y también escritor Juan Boscán comienza a practicar con los modos italianizantes en poesía. Él mismo nos cuenta como se aventuró con las nuevas formas de versificación al responder a la invitación del embajador veneciano Andrea Navagero.  Esta nueva escritura poética sería el inicio de una transformación que, a la postre, supondría un antes y un después en la historia literaria en español. En este emplazamientos escribe Garcilaso de la Vega toda su obra siguiendo los parámetros de la poesía renacentista. Esta se condensa en las siguientes características: 

1.- A finales del siglo XV, pero especialmente en las primera décadas del XVI, la literatura abandona el carácter sencillo, popular, tradicional y elemental de los autores de la Edad Media y se transforma en una lírica culta, cultivada, plagada de metáforas y giros lingüísticos ingeniosos (sin llegar a la sobrecarga barroca). 

2.- A ello contribuye una lengua plenamente formada y desgajada del latín que incluso disponía de una gramática propia (la de Antonio de Nebrija) donde se indicaban las reglas del “buen decir”. 

3.- Se adopta el endecasílabo (con acento en la cuarta o sexta y octava sílabas) como el rey de los versos en español. Con él se crean nuevas estrofas, como el soneto que seguirá siendo protagonista incluso en el siglo XXI. El verso de arte menor favorito será el heptasílabo. 

4.- La temática amorosa galante, idealizada e, incluso, platónica entra de lleno en los poemas no solo de Garcilaso de la Vega sino del resto de creadores de la época. Este amor cortés y elegante se aúna con una naturaleza estilizada y bucolizada que se llega a convertir, incluso, en protagonista. 

5.- Paralelamente, hay una nueva lectura de los clásicos de la literatura griega y romana con su pléyade de dioses pasionales, personajes heroicos y metamorfosis. Con estos mitos e historias amorosas o épicas entran a forma parte de la cosmovisión de la época un mundo radicalmente distinto del medieval en el que el aquí y el ahora (el carpe diem) toma protagonismo. A la par, se busca una felicidad terrenal (la cual antes se negaba) mientras se acepta el disfrute sensual y de los sentidos como camino hacia la felicidad.  

El hombre en el Renacimiento dispone de otra perspectiva anímica propiciada por un aumento de la riqueza, un mayor número de libros (gracias a la imprenta), un cambio en las ideas (que llevarían al cisma de Lutero o al erasmismo que tanto caló en España), la apertura de nuevos mundos o descubrimientos científicos. Y es en este emplazamiento en el que crea Garcilaso de Vega un puñado de versos que son, por derecho propio, protagonistas de la historia de la literatura en español.  

Biografía de Garcilaso de la Vega 

No se conoce con exactitud la fecha de nacimiento del gran representante de la poesía renacentista. Juan Luis Alborg indica que nació en Toledo alrededor del año 1501, aunque hay otros autores que incluso se decantan por los últimos años del siglo XV. Perteneciente a una familia aristocrática, tuvo la posibilidad de recibir la más exquisita formación cortesana y críticos hay que incluso se atreven a afirmar que se educó junto a los mismos príncipes. Esta formación no solo consistía en el conocimiento de la filosofía, el latín, la historia u otra lengua viva sino también en el manejo de las artes guerreras. Por eso, desde muy joven combatió junto a Carlos I en cercos, asaltos y conquistas.  

Se sabe que estuvo en la defensa de Rodas, en Francia en 1522, en Bolonia… A pesar del favor real, también recibió una llamada de atención cuando el emperador lo desterró a una isla del Danubio por haber actuado como testigo en una boda no autorizada. Pero Garcilaso de la Vega tenía buenos e influyentes amigos y el mismísimo duque de Alba intermedió para que se le concediera un indulto aunque debía mostrar de nuevo su lealtad defendiendo Nápoles. Aquí sí es unánime la crítica en la importancia del lugar, ya que durante este tiempo se codeó con la intelectualidad de la época empapándose de los nuevos modos y de las nuevas características del Renacimiento literario. Tras pasar por Túnez, es herido de gravedad (por realizar una misión suicida) en el asalto a la Fortaleza De Muy y muere en Niza en 1536.  

La vida personal de Garcilaso de la Vega está marcada por el nombre de dos mujeres. Se casó siendo un veinteañero con Elena de Zúñiga con quien no llegó a congeniar. El otro nombre está grabado en la historia de la literatura española por ser la destinataria de hermosos versos y composiciones: Isabel de Freyre. De gran belleza, cultura y refinamiento era una de las damas de compañía que la reina se había hecho acompañar desde Portugal. Este amor (del que no se sabe hasta qué punto fue platónico o se llegó a consumar) condenó al poeta a un enorme sufrimiento. Primero fue el casamiento con uno de los capitanes de la corte y luego la muerte de la dama de manera prematura. 

Garcilaso de la Vega modelo cortesano del Renacimiento  

De sus dones intelectuales, hago mías las palabras de J.L. Alborg:  

“Garcilaso de la Vega es, en lo humano, la más perfecta encarnación del ideal del “cortesano” renacentista, tal como lo había definido Castiglione. Según las descripciones de sus contemporáneos debió ser un hombre de gran atractivo personal, tanto por sus prendas físicas como por su carácter, su inteligencia y sus condiciones de hombre de mundo. Fue cabal la fusión del hombre de armas y de letras; la fama de su arrojo pudo llegar hasta inspirar leyendas, y como escritor realizó la obra poética que mayor trascendencia ha tenido dentro de la lírica castellana. Poseía a la perfección el griego, el latín, el toscano y el francés. Hombre universal, abierto a todas las inquietudes espirituales de su tiempo, vivió en su corta vida toda una carrera de amores, de heroísmos, de creación intensa, de acción real y de platónicos idealismos”. 

 

Obras de Garcilaso de la Vega 

“Tomando ora la espada, ora la pluma” (según uno de sus versos) escribió una obra corta pero intensa en su grandeza. Esta se reduce a tres églogas, dos elegías, una epístola, cinco canciones y treinta ocho sonetos realizados siguiendo los postulados de la nueva poética italianizante. Además, compuso algunos temas de línea popular. Su obra al completo fue publicada tras su muerte por la viuda de Juan Boscán formando parte del libro IV de la edición de 1543 de Barcelona. 

Églogas de Garcilaso de la Vega

Las tres fueron escritas en Nápoles siguiendo el modelo de Petrarca. 

1.- La primera Égloga parece realizada en dos periodos distintos. Habría una primera redacción tras salir de Toledo rumbo a Nápoles y la segunda, con algunos versos añadidos, tras el fallecimiento de Isabel Freyre. En ella se cantan los amores desgraciados de Salicio despechado por Galatea y de Nemoroso que ha perdido a Elisa. Toda en ella es un puro sentimiento amoroso que, aunque desdichado, están expresados sin dramatismo sino con contenida elegancia. 

2.- La segunda Égloga tiene dos partes diferenciadas. En la primera, un pastor de nombre Albanio canta su amor por Camila. La segunda parte es una apología del duque de Alba en agradecimiento por haber mediado para que el rey le levantara el destierro.

3.- La tercera Égloga afronta otro de los temas de la poesía renacentista: la naturaleza bucolizada. Garcilaso de la Vega canta las maravillas del Tajo, el río de su ciudad natal, para terminar con el diálogo de dos parejas de pastores enamorados.  

Otras obras de Garcilaso de la Vega

Algunos de sus sonetos como el XIII y el XXIII que se reproduce a continuación forman parte del canon imprescindible de la literatura en español con su lengua delicada y el desarrollo de sus suaves metáforas. Una de las canciones, La flor del Gnido, sigue la temática amorosa de las églogas y la mayoría de los sonetos, mientras las elegías y las epístolas están dirigidas a sus amigos Juan Boscán y el Duque de Alba.  

Estilo de la obra de Garcilaso de la Vega 

Puede decirse que Garcilaso de la Vega supuso un antes y un después en la historia de la literatura española y prueba de ello es que algunos de sus versos (“Si de mi baja lira” o la “Voz a ti debida”) han sido recogidos para dar nombre a un tropo nuevo (lira) o posteriores acertados poemarios (el de Pedro Salinas). Fue por tanto inspiración y modelo para buena parte de los poetas que llegaron después. Resumiendo mucho su estilo se condensa en las siguientes líneas: 

1.- La temática amorosa, elegante, sutil y con un punto de melancolía es la preferente en todas sus obras. Toda ella está inspirada por la pasión que sentía hacia Isabel Freyre y el dolor por su pérdida. 

2.- Aunque había sido ensayado con anterioridad en Garcilaso de la Vega el endecasílabo se desliza bajo su pluma con todo su esplendor musical. 

3.- La herencia de la mitología clásica con sus dioses, héroes, ninfas o metamorfosis tiene una fuerte impronta (“A Dafne ya los brazos le crecían” es claro ejemplo de ello). 

4.- A pesar de su uso de metáforas y figuras retóricas, estas nunca asfixian al poema. Todo lo contrario: se deslizan como con naturalidad por el mismo para ofrecernos un mundo de melancolía, sensualidad y sentimientos apasionados dulcificados por un espíritu de extrema cortesía. 

5.- La retórica, por tanto, no alcanza el abigarramiento posterior y siempre está al servicio del sentido del texto. El poeta no se entretiene demostrando su pericia con la lengua sino que busca esas figuras porque “son necesarias”. Todo ello desemboca en una deliciosa claridad.

6.- Hay unanimidad en afirmar que cada una de las palabras expresadas en su obra rezuman sensibilidad, verismo y realidad íntima más que cualquier otro ejercicio artificioso o de juego. Por eso, sus versos han llegado de una forma tan honda a los lectores de varios siglos y han sobrepasado las brumas del tiempo casi intactos. 

Poemas de Garcilaso de la Vega más representativos 

Soneto XIII de Garcilaso de la Vega 

A Dafne ya los brazos le crecían, 

y en luengos ramos vueltos se mostraban; 

en verdes hojas vi que se tornaban 

los cabellos que'l oro escurecían. 

 

De áspera corteza se cubrían 

los tiernos miembros que aún bullendo estaban; 

los blancos pies en tierra se hincaban 

y en torcidas raíces se volvían. 

 

Aquel que fue la causa de tal daño, 

a fuerza de llorar, crecer hacía 

este árbol, que con lágrimas regaba. 

 

¡Oh miserable estado!, ¡oh mal tamaño! 

¡Que con llorarla crezca cada día 

la causa y la razón porque lloraba!

 

Soneto XXIII de Garcilaso de la Vega

   

En tanto que de rosa y de azucena 

se muestra la color en vuestro gesto, 

y que vuestro mirar ardiente, honesto, 

con clara luz la tempestad serena;

 

Y en tanto que el cabello, que en la vena 

del oro se escogió, con vuelo presto 

por el hermoso cuello blanco, enhiesto, 

el viento mueve, esparce y desordena:

 

Coged de vuestra alegre primavera 

el dulce fruto antes que el tiempo airado 

cubra de nieve la hermosa cumbre.

 

Marchitará la rosa el viento helado, 

todo lo mudará la edad ligera 

por no hacer mudanza en su costumbre.

 

En definitiva, Garcilaso de la Vega fue el gran poeta del Renacimiento cuando los modelos arcaicos quedaban relegados, convirtiéndose, a la par, en el espejo de líricos de distinta condición a lo largo de los siguientes siglos. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Libros y palabras, poemas y cuentos, pausas y tertulias, recursos estilísticos, autores que nos inspiran, estilos que nos atrapan... Literatura de todos los tiempos y de todos los lugares que nos ayudan a viajar por el mundo. 

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Garcilaso de la Vega no solo es el mayor representante de la lírica renacentista sino uno de los grandes poetas de la literatura castellana de todos los tiempos. Es el prototipo de poeta soldado que se ensalzaba en la época.  A pesar de habernos dejado solo un puñado de versos, con él se completó la revolución iniciada por Juan Boscán aparcando para siempre los modos sencillos, populares y orales de los cantares de gesta medievales.   

La revolución de la poesía renacentista abanderada por Garcilaso de la Vega 

Aunque algunas de estas características se habían ensayado décadas antes (con Juan de Mena especialmente) es a partir de la primavera de 1526 cuando su amigo, compañero en la corte y también escritor Juan Boscán comienza a practicar con los modos italianizantes en poesía. Él mismo nos cuenta como se aventuró con las nuevas formas de versificación al responder a la invitación del embajador veneciano Andrea Navagero.  Esta nueva escritura poética sería el inicio de una transformación que, a la postre, supondría un antes y un después en la historia literaria en español. En este emplazamientos escribe Garcilaso de la Vega toda su obra siguiendo los parámetros de la poesía renacentista. Esta se condensa en las siguientes características: 

1.- A finales del siglo XV, pero especialmente en las primera décadas del XVI, la literatura abandona el carácter sencillo, popular, tradicional y elemental de los autores de la Edad Media y se transforma en una lírica culta, cultivada, plagada de metáforas y giros lingüísticos ingeniosos (sin llegar a la sobrecarga barroca). 

2.- A ello contribuye una lengua plenamente formada y desgajada del latín que incluso disponía de una gramática propia (la de Antonio de Nebrija) donde se indicaban las reglas del “buen decir”. 

3.- Se adopta el endecasílabo (con acento en la cuarta o sexta y octava sílabas) como el rey de los versos en español. Con él se crean nuevas estrofas, como el soneto que seguirá siendo protagonista incluso en el siglo XXI. El verso de arte menor favorito será el heptasílabo. 

4.- La temática amorosa galante, idealizada e, incluso, platónica entra de lleno en los poemas no solo de Garcilaso de la Vega sino del resto de creadores de la época. Este amor cortés y elegante se aúna con una naturaleza estilizada y bucolizada que se llega a convertir, incluso, en protagonista. 

5.- Paralelamente, hay una nueva lectura de los clásicos de la literatura griega y romana con su pléyade de dioses pasionales, personajes heroicos y metamorfosis. Con estos mitos e historias amorosas o épicas entran a forma parte de la cosmovisión de la época un mundo radicalmente distinto del medieval en el que el aquí y el ahora (el carpe diem) toma protagonismo. A la par, se busca una felicidad terrenal (la cual antes se negaba) mientras se acepta el disfrute sensual y de los sentidos como camino hacia la felicidad.  

El hombre en el Renacimiento dispone de otra perspectiva anímica propiciada por un aumento de la riqueza, un mayor número de libros (gracias a la imprenta), un cambio en las ideas (que llevarían al cisma de Lutero o al erasmismo que tanto caló en España), la apertura de nuevos mundos o descubrimientos científicos. Y es en este emplazamiento en el que crea Garcilaso de Vega un puñado de versos que son, por derecho propio, protagonistas de la historia de la literatura en español.  

Biografía de Garcilaso de la Vega 

No se conoce con exactitud la fecha de nacimiento del gran representante de la poesía renacentista. Juan Luis Alborg indica que nació en Toledo alrededor del año 1501, aunque hay otros autores que incluso se decantan por los últimos años del siglo XV. Perteneciente a una familia aristocrática, tuvo la posibilidad de recibir la más exquisita formación cortesana y críticos hay que incluso se atreven a afirmar que se educó junto a los mismos príncipes. Esta formación no solo consistía en el conocimiento de la filosofía, el latín, la historia u otra lengua viva sino también en el manejo de las artes guerreras. Por eso, desde muy joven combatió junto a Carlos I en cercos, asaltos y conquistas.  

Se sabe que estuvo en la defensa de Rodas, en Francia en 1522, en Bolonia… A pesar del favor real, también recibió una llamada de atención cuando el emperador lo desterró a una isla del Danubio por haber actuado como testigo en una boda no autorizada. Pero Garcilaso de la Vega tenía buenos e influyentes amigos y el mismísimo duque de Alba intermedió para que se le concediera un indulto aunque debía mostrar de nuevo su lealtad defendiendo Nápoles. Aquí sí es unánime la crítica en la importancia del lugar, ya que durante este tiempo se codeó con la intelectualidad de la época empapándose de los nuevos modos y de las nuevas características del Renacimiento literario. Tras pasar por Túnez, es herido de gravedad (por realizar una misión suicida) en el asalto a la Fortaleza De Muy y muere en Niza en 1536.  

La vida personal de Garcilaso de la Vega está marcada por el nombre de dos mujeres. Se casó siendo un veinteañero con Elena de Zúñiga con quien no llegó a congeniar. El otro nombre está grabado en la historia de la literatura española por ser la destinataria de hermosos versos y composiciones: Isabel de Freyre. De gran belleza, cultura y refinamiento era una de las damas de compañía que la reina se había hecho acompañar desde Portugal. Este amor (del que no se sabe hasta qué punto fue platónico o se llegó a consumar) condenó al poeta a un enorme sufrimiento. Primero fue el casamiento con uno de los capitanes de la corte y luego la muerte de la dama de manera prematura. 

Garcilaso de la Vega modelo cortesano del Renacimiento  

De sus dones intelectuales, hago mías las palabras de J.L. Alborg:  

“Garcilaso de la Vega es, en lo humano, la más perfecta encarnación del ideal del “cortesano” renacentista, tal como lo había definido Castiglione. Según las descripciones de sus contemporáneos debió ser un hombre de gran atractivo personal, tanto por sus prendas físicas como por su carácter, su inteligencia y sus condiciones de hombre de mundo. Fue cabal la fusión del hombre de armas y de letras; la fama de su arrojo pudo llegar hasta inspirar leyendas, y como escritor realizó la obra poética que mayor trascendencia ha tenido dentro de la lírica castellana. Poseía a la perfección el griego, el latín, el toscano y el francés. Hombre universal, abierto a todas las inquietudes espirituales de su tiempo, vivió en su corta vida toda una carrera de amores, de heroísmos, de creación intensa, de acción real y de platónicos idealismos”. 

 

Obras de Garcilaso de la Vega 

“Tomando ora la espada, ora la pluma” (según uno de sus versos) escribió una obra corta pero intensa en su grandeza. Esta se reduce a tres églogas, dos elegías, una epístola, cinco canciones y treinta ocho sonetos realizados siguiendo los postulados de la nueva poética italianizante. Además, compuso algunos temas de línea popular. Su obra al completo fue publicada tras su muerte por la viuda de Juan Boscán formando parte del libro IV de la edición de 1543 de Barcelona. 

Églogas de Garcilaso de la Vega

Las tres fueron escritas en Nápoles siguiendo el modelo de Petrarca. 

1.- La primera Égloga parece realizada en dos periodos distintos. Habría una primera redacción tras salir de Toledo rumbo a Nápoles y la segunda, con algunos versos añadidos, tras el fallecimiento de Isabel Freyre. En ella se cantan los amores desgraciados de Salicio despechado por Galatea y de Nemoroso que ha perdido a Elisa. Toda en ella es un puro sentimiento amoroso que, aunque desdichado, están expresados sin dramatismo sino con contenida elegancia. 

2.- La segunda Égloga tiene dos partes diferenciadas. En la primera, un pastor de nombre Albanio canta su amor por Camila. La segunda parte es una apología del duque de Alba en agradecimiento por haber mediado para que el rey le levantara el destierro.

3.- La tercera Égloga afronta otro de los temas de la poesía renacentista: la naturaleza bucolizada. Garcilaso de la Vega canta las maravillas del Tajo, el río de su ciudad natal, para terminar con el diálogo de dos parejas de pastores enamorados.  

Otras obras de Garcilaso de la Vega

Algunos de sus sonetos como el XIII y el XXIII que se reproduce a continuación forman parte del canon imprescindible de la literatura en español con su lengua delicada y el desarrollo de sus suaves metáforas. Una de las canciones, La flor del Gnido, sigue la temática amorosa de las églogas y la mayoría de los sonetos, mientras las elegías y las epístolas están dirigidas a sus amigos Juan Boscán y el Duque de Alba.  

Estilo de la obra de Garcilaso de la Vega 

Puede decirse que Garcilaso de la Vega supuso un antes y un después en la historia de la literatura española y prueba de ello es que algunos de sus versos (“Si de mi baja lira” o la “Voz a ti debida”) han sido recogidos para dar nombre a un tropo nuevo (lira) o posteriores acertados poemarios (el de Pedro Salinas). Fue por tanto inspiración y modelo para buena parte de los poetas que llegaron después. Resumiendo mucho su estilo se condensa en las siguientes líneas: 

1.- La temática amorosa, elegante, sutil y con un punto de melancolía es la preferente en todas sus obras. Toda ella está inspirada por la pasión que sentía hacia Isabel Freyre y el dolor por su pérdida. 

2.- Aunque había sido ensayado con anterioridad en Garcilaso de la Vega el endecasílabo se desliza bajo su pluma con todo su esplendor musical. 

3.- La herencia de la mitología clásica con sus dioses, héroes, ninfas o metamorfosis tiene una fuerte impronta (“A Dafne ya los brazos le crecían” es claro ejemplo de ello). 

4.- A pesar de su uso de metáforas y figuras retóricas, estas nunca asfixian al poema. Todo lo contrario: se deslizan como con naturalidad por el mismo para ofrecernos un mundo de melancolía, sensualidad y sentimientos apasionados dulcificados por un espíritu de extrema cortesía. 

5.- La retórica, por tanto, no alcanza el abigarramiento posterior y siempre está al servicio del sentido del texto. El poeta no se entretiene demostrando su pericia con la lengua sino que busca esas figuras porque “son necesarias”. Todo ello desemboca en una deliciosa claridad.

6.- Hay unanimidad en afirmar que cada una de las palabras expresadas en su obra rezuman sensibilidad, verismo y realidad íntima más que cualquier otro ejercicio artificioso o de juego. Por eso, sus versos han llegado de una forma tan honda a los lectores de varios siglos y han sobrepasado las brumas del tiempo casi intactos. 

Poemas de Garcilaso de la Vega más representativos 

Soneto XIII de Garcilaso de la Vega 

A Dafne ya los brazos le crecían, 

y en luengos ramos vueltos se mostraban; 

en verdes hojas vi que se tornaban 

los cabellos que'l oro escurecían. 

 

De áspera corteza se cubrían 

los tiernos miembros que aún bullendo estaban; 

los blancos pies en tierra se hincaban 

y en torcidas raíces se volvían. 

 

Aquel que fue la causa de tal daño, 

a fuerza de llorar, crecer hacía 

este árbol, que con lágrimas regaba. 

 

¡Oh miserable estado!, ¡oh mal tamaño! 

¡Que con llorarla crezca cada día 

la causa y la razón porque lloraba!

 

Soneto XXIII de Garcilaso de la Vega

   

En tanto que de rosa y de azucena 

se muestra la color en vuestro gesto, 

y que vuestro mirar ardiente, honesto, 

con clara luz la tempestad serena;

 

Y en tanto que el cabello, que en la vena 

del oro se escogió, con vuelo presto 

por el hermoso cuello blanco, enhiesto, 

el viento mueve, esparce y desordena:

 

Coged de vuestra alegre primavera 

el dulce fruto antes que el tiempo airado 

cubra de nieve la hermosa cumbre.

 

Marchitará la rosa el viento helado, 

todo lo mudará la edad ligera 

por no hacer mudanza en su costumbre.

 

En definitiva, Garcilaso de la Vega fue el gran poeta del Renacimiento cuando los modelos arcaicos quedaban relegados, convirtiéndose, a la par, en el espejo de líricos de distinta condición a lo largo de los siguientes siglos. 

 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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