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Juan de Mena y El Laberinto de Fortuna - Candela Vizcaíno

Juan de Mena y El Laberinto de Fortuna

Juan de Mena y El Laberinto de Fortuna

Juan de Mena, con su obra cumbre El Laberinto de Fortuna (1444), es uno de los más grandes poetas en castellano adelantándose al Renacimiento literario. Gozó en vida de gran fama y alta consideración y esboza a la perfección el modelo de intelectual puro dedicado en exclusividad a los goces culturales de las letras.  

Biografía de Juan de Mena 

Nacido en Córdoba en 1411, al parecer de una familia de conversos, estudia, primero en Salamanca donde obtiene el grado de Maestro en Artes y, luego en Roma. Fue uno de los grandes intelectuales de su época con conocimientos profundos de la lengua latina que aún seguía apreciándose como la completa, formada y la digna para los temas más importantes (religiosos, filosóficos y de la incipiente ciencia). Mientras que el castellano continúa formándose y ampliándose, buena parte de los intelectuales de la época aún consideraban a las lenguas romances que se expandían por toda Europa como idiomas menores. Juan de Mena era uno de ellos. 

Debido a su amplio currículum, es nombrado secretario en “cartas latinas” por parte del rey Juan II de Castilla, puesto que ocupará durante toda su vida. Contrariamente a otros escritores de la literatura medieval tardía, como pudiera ser don Juan Manuel o el marqués de Santillana (con quien compartía amistad), Juan de Mena ni empuñó las armas ni gastó un minuto de su vida en manipulaciones o conspiraciones políticas. Todo su empeño eran los libros, las letras, el estudio, especialmente del latín y de la literatura griega o romana. Llegó, por tanto, a ser uno de los mayores conocedores de cada uno de los recovecos de las grandes obras del canon clásico que llegaban a una recién estrenada imprenta a través de los libros medievales manuscritos que aún se custodiaban en los monasterios.  

A pesar de que disfrutaba de la amistad del marqués de Santillana con quien compartía buenas conversaciones sobre literatura, fue amigo de Álvaro de Luna (a la sazón valido del rey) y no se señaló en ningún bando. Es más, críticos hay que ven en su gran obra, El Laberinto de Fortuna, una llamada de atención a los gobernantes para que dejaran a un lado la sangría de las guerras entre reinos apelando a la unión del país en todos sus aspectos.  

Aunque su obra estaba escrita con una clara intención culta y para un público selecto que nada tenía que ver con los grandes títulos del mester de clerecía (¡y no digamos ya del mester de juglaría!), su obra gozó de fama. Tanta fue que de El Laberinto de Fortuna se llegó a hacer una publicación glosada (trasunto de las ediciones críticas actuales) e impresiones corregidas.  Nebrija, en su Gramática, lo cita como ejemplo literario a seguir y como uno de los más grandes poetas en lengua castellana. Como suele ocurrir con las carambolas de la historia, su nombre quedó un poco olvidado hasta que, en pleno siglo XX, se volvió a sus versos con interés. Juan de Mena murió en Torrelaguna alrededor del año 1456, al parecer por un infarto, ya que las crónicas cuentan que sufrió un “dolor de costado”. 

Obras de Juan de Mena 

1.- Obras en prosa de Juan de Mena 

1.1. Omero Romançeado, una versión muy resumida de la Ilíada clásica.

1.2. Comentario a su poema La Coronación.

1.3.- Proemio (introducción) a petición de Álvaro de Luna a su Libro de las virtudes e claras mujeres.  

2.- Obras en verso de Juan de Mena

2.1.- Poemas siguiendo los ritmos y temas tradicionales  

En este grupo se encuentran una serie de poemas cortos, en arte menor siguiendo la línea amorosa platónica de la poesía trovadoresca sin mucho que destacar. 

2.2.- Poemas de estilo culto a la manera de los primitivos italianos 

Y fueron solo tres incluido El Laberinto de Fortuna que estudiamos aparte.  

2.2.1.- Claro-oscuro es un largo poema alegórico de temática amorosa en la línea de la poesía trovadoresca. Está escrito, por un lado, en estrofas de arte mayor de ocho versos cuando se propone describir o narrar la oscuridad del amor. Por otro lado, la luminosidad tiene voz a través de coplas de ocho sílabas. 

2.2.2.- Coronación es un poema que tuvo que ser comentado en prosa por Juan de Mena (ve 1.2. de sus obras). Está dedicado a su amigo y gran poeta el marqués de Santillana y escrito también con una profusión de alegorías y símbolos en 51 quintillas dobles de arte menor. La obra narra el camino desde el Infierno hasta el Monte Parnarso hacia donde se dirige para colmar de laureles (gloria) a su amigo el marqués de Santillana.  

El Laberinto de Fortuna de Juan de Mena 

Es la tercera obra en verso siguiendo el estilo culto italianizante de Juan de Mena. Fue la que le cosechó fama y por la que ha pasado al canon. Está compuesto por trescientas estrofas y, por eso, también se le conoce con este nombre.  

Temática de El Laberinto de Fortuna de Juan de Mena

Escrito tal cual la Divina Comedia de Dante, su hilo conductor general es de carácter mitológico e, incluso, pagano adelantando el Renacimiento. Este tema vehicular le sirve para ir narrando distintos episodios históricos. El poema comienza describiendo como el yo del poeta llega al palacio de la diosa Fortuna. Allí encuentra la “máquina mundana” conformada por tres ruedas, la del presente que está en perpetuo movimiento y las del futuro y pasado que se encuentran ambas totalmente en reposo. Para rizar el rizo, en cada una de estas tres ruedas hay siete círculos que representan los siete planetas del sistema solar (a excepción de la Tierra). En cada uno de estos círculos (7 x 3 ruedas recordemos) se encuentra un personaje con un drama individual. 

Ni que decir tiene que en la rueda del pasado se narran gestas heroicas de la antigüedad. En la del futuro ve grandes hazañas y éxitos reales en un país unido en el que se han olvidado las guerras. En las del presente narra con gran belleza hechos contemporáneos al poeta. Los versos rezuman dramatismo cuando nos sumergen, por poner un caso, en la muerte del conde de Niebla en el cerco de Gibraltar o el acto de Doña María Coronel arrojándose aceite al rostro para huir de la persecución (violación) del rey Pedro el Cruel. 

La lengua de El Laberinto de Fortuna de Juan de Mena 

1.- Escrito, por supuesto, en castellano eso no quita para que este largo poema alegórico contenga un gran número de latinismos con los que el poeta creía dignificar un idioma aún no formado y considerado rudo o vulgar. 

2.- Encontramos una gran número de imágenes alegóricas y de símbolos que eran conocidos por los lectores de su tiempo. 

3.- Frecuencia del hipérbaton latino e, incluso, del ritmo de las obras clásicas. 

4.- Juan de Mena gusta de hacer largas paráfrasis para sustituir a un nombre haciendo gala de su buen hacer y dominio no solo del castellano sino también de la lengua latina a la que idolatraba. 

5.- Gran porcentaje de oraciones subordinadas como corresponde a un creador que huye, a sabiendas, de la sencillez. 

6.- Uso de los temas mitológicos clásicos adelantándose así al Renacimiento y dejando atrás, a la par, la concepción religiosa extrema de los autores de la Edad Media

7.- La crítica ha hilado fino y encuentra bastante palabras esdrújulas que confieren un especial ritmo a este largo poema.  

Estilo literario de la obra de Juan de Mena

En palabras del maestro Dámaso Alonso, el estilo literario de El Laberinto de Fortuna de Juan de Mena se puede resumir así:  

“La ambición de Mena era esencialmente épica; necesitaba enriquecer el castellano para tener una lengua digna de cantar grandes acciones (por eso introdujo tantas voces latinas). Si la latinización a que sometió el idioma (mucho más intensa y más súbita que la de Góngora) fue poco prudente, no cabe duda de que sacó los mayores frutos que entonces se podía obtener del verso: el de arte mayor, pesado por naturaleza, Mena sabe aligerarlo, matizándolo y aumentando su poder de expresión”.  

Porque Juan de Mena se jactó en vida de escribir para una élite preparada que se deleitaba en la belleza de las palabras con una finalidad alejada del entretenimiento popular. No tuvo empacho en reconocerlo y llevarlo a la práctica. Por eso, en parte, se enfrascaba en el estudio y conocimiento de los grandes poetas latinos como el también cordobés Lucano. Sin ninguna gran historia épica que pudiera cantar (ya que su contemporaneidad estaba simplemente repleta de rencillas y mediocridad) soñaba con esta gran gesta como así dejó plasmado en la rueda del futuro de El Laberinto de Fortuna.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

 

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