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Características de los códices en lengua maya escritos con jeroglíficos

Características de los códices en lengua maya escritos con jeroglíficos

Introducción a los códices de la cultura maya que han logrado sobrevivir a los avatares y al tiempo: características, formato e introducción a la escritura de la cultura maya.

De las diferentes culturas asentadas en México antes de la conquista hispánica solo nos han llegado testimonios escritos de los mayas, de los mixtecas y retazos de los aztecas. Aunque estos pueblos tenían costumbres que diferían entre sí e, incluso, lenguas distintas, hay rasgos comunes en todos los manuscritos de las culturas de esta zona.
Por otra parte, la confusión entre los eruditos a la hora de catalogar estos códices es todavía bastante importante porque, aunque se han estudiado algunos de manera concreta y profunda, aún se desconoce, por ejemplo, el número exacto de ejemplares mexicanos antiguos que han sobrevivido. 
Se supone que de los 500 catalogados apenas 20 de ellos son pre-hispánicos y se sospecha que en algunas zonas rurales de los estados de Guerrero y Oaxaca existen códices ocultos por la población local (sobre todo, de la época virreinal) que los consideran garantes del usufructo de la tierra en la que viven. Es por esto por lo que, en ningún momento, se les pasa por la cabeza desprenderse de ellos y, por si acaso, lo mejor es tener estas actas de propiedad ocultas a las miradas de extraños no vaya a ser que algún avezado coleccionista se decidiera a robarles y, con la desaparición del papel, desaparezca, además, el derecho a disfrutar de las tierras de las que son y se sienten dueños.


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¿Qué es un códice maya? Seguimos la definición delHuehuetlahtolli o "Discurso de sabios"

Los estudiosos para no ponerse de acuerdo ni siquiera lo hacen en cuanto a una definición que englobe a todo el grupo. Por la filosofía profunda que subyace detrás y por la poesía y belleza inherentes al texto seleccionado, nosotros vamos a dejar  aquí tan sólo una de las múltiples que se han dado: la de un Huehuetlahtolli o discurso de ancianos (y con el rescate de estas frases olvidadas queremos rendir nuestro modesto homenaje de respeto a una cultura humillada que creía en el poder de la palabra). El congreso de sabios define sus libros con las palabras que siguen:

“El dechado, el ejemplo, lo admirable, lo que es raíz, lo que tiene significación, tinta negra, tinta roja, el libro, lo pintado, lo escrito, lo que pintaron, lo que escribieron: nunca se olvida, nunca perece, su gloria, su fama, su nombre, su historia”.


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Características generales y formato de los códices o libros mayas

  1. Una de las características que más llama la atención para la idea que un occidental tiene de un libro es que estos códices lo componen largas tiras de hasta 16 metros de longitud.
  2. Están confeccionados con papel de amate (obtenido de la pulpa de una especie de higuera silvestre) o con pieles curtidas de ciervo o jaguar.
  3. Las páginas están dobladas en forma de biombo o acordeón.
  4. Se cubre todo el códice con unas tapas de cuero grueso. Cuando estos libros permanecen cerrados el aspecto no difiere mucho de los libros europeos pero, para leerlos, necesitamos desplegarlos. 
  5. Las páginas están escritas tanto por el verso como por el reverso.
  6. Los códices virreinales (los realizados siguiendo la cultura maya, pero tras la conquista) están realizados con un papel europeo siguiendo las fórmulas aportadas por los misioneros.
  7.  El proceso de fabricación del papel de amate era prácticamente el mismo en toda la zona. Básicamente consistía en la extracción de la pulpa de los árboles jóvenes que, debidamente triturada y prensada, era posteriormente secada al sol. Se remataban con un acabado de almidón y una última capa de carbonato cálcico con el fin de darle a las páginas más tersura y firmeza. Esta preparación también se empleaba en los libros realizados sobre piel de animal
  8. Otra de las características que salta a la vista es la escritura,  compuesta, en la gran mayoría de los casos, por un sistema de jeroglíficos parecido al egipcio. Dicho esto, más bien hay que decir que el único pueblo precolombino que utilizó un sistema de escritura propiamente dicho fue el maya. El resto de los códices están formados por una serie de imágenes o logogramas que aún, hoy en día –como la escritura de los mayas-, no se ha descifrado por completo. 
  9. Estos libros están ejecutados mediante un sistema semántico formado por un conjunto, por una superposición, de dibujos  y no por un sistema de signos abstractos, tal como lo constituye el alfabeto latino que manejamos. En definitiva, estos códices son, en su práctica totalidad, libros pictóricos. 
  10. Los dibujos tienen las mismas características estilísticas que los grabados en la piedra o las pinturas de los frescos descubiertas en los trabajos arqueológicos realizados en las antiguas ciudades mesoamericanas y en los que se observa, incluso a simple vista, una repetición constante de la figura humana.
  11. Los colores utilizados son, sobre todo, el negro, el rojo y el azul “maya” sin contrastes ni sombras, aplicados en tonalidades planas.
  12. En los códices del México antiguo hay un orden de lectura; casi siempre en horizontal, o bien, de izquierda a derecha, o bien de derecha a izquierda o, como el caso de los mixtecas, en forma de meandro que, en todos los casos, va indicado por una serie de líneas verticales en rojo que son como una especie de guías de lectura.


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Los primeros códices mayas de los que se tienen constancia en Europa


En la primera carta de Hernán Cortés al Emperador Carlos V (redactada en 1519, nada más consumado el aplastamiento de la capital azteca y  en la que se enumeran los presentes enviados al rey procedentes de las nuevas tierras conquistadas para la corona) se nombran “dos libros de los que tienen los indios” por lo que estos fueron conocidos muy pronto en Europa. Pedro Mártir de Anglería, que seguramente pudo admirar estas muestras de arte indígena, nos cuenta:

“Los caracteres que usan son muy diferentes de los nuestros y consisten en dados, ganchos, lazos, líneas y otros objetos dispuestos en línea como entre nosotros y casi semejantes a la escritura egipcia. Entre las líneas dibujan figuras de hombres y animales sobre todo de reyes y magnates, por lo que es de creer que en estos libros se contienen las fiestas de los antepasados de cada rey...” 


Y Gonzalo Fernández de Oviedo en la  misma época no duda de que estas obras escondan un mensaje  a tenor de lo que expresan sus palabras

“... de tal manera que aunque no eran lecturas ni escritura significaban e se entendían por ellas todo lo que querían claramente...” 

¿Cómo y quiénes elaboraban los libros de la antigua cultura maya?

En la América precolombina los encargados de elaborar los manuscritos eran sometidos a una educación rigurosa y esmerada; instrucción que incluía no sólo el aprendizaje de conocimientos de la lengua, la poesía, la historia, los mitos y las leyes del pueblo, sino que, además, los estudiantes debían poseer una especial habilidad innata para el dibujo unido a un entrenamiento continuado en las técnicas pictóricas. 
En el mundo azteca estos “componedores de libros” eran conocidos como tlacuilos y en el maya con los términos ah ts’ib y ah woh. Los estudiantes eran seleccionados entre las muchachas y muchachos más inteligentes y dotados de todas las clases sociales y después de un duro período de aprendizaje  debían dedicarse a tiempo completo a elaborar los manuscritos. 
Según la especialización de cada uno, eran adscritos a una institución civil o a un templo donde residían y pasaban el resto de sus días. Los códices no aparecen firmados, puesto que estos escribas americanos no consideraban que su trabajo les perteneciera. Era una labor para la comunidad y, por tanto, era su titular el pueblo que lo hacía posible del cual ellos eran sus meros servidores; servidores que, por otro lado, por el hecho de dedicarse a este menester, pasaban a formar parte de la clase alta. 
Los manuscritos se guardaban en habitaciones reservadas en los templos o en los edificios civiles denominadas amoxcalli –amotli, significa “libro” y calli “casa”-. Aquí también la posesión de los libros por parte de la clase dirigente era, como en casi todas las civilizaciones, una manera de detentar el poder,  aunque en Mesoamérica había un número considerable de personas (incluso entre el pueblo llano)  que, si bien no sabían escribir-pintar, podían descifrar los logogramas de los manuscritos y, sobre todo, de las múltiples estelas y frisos grabados en piedra.

Una breve introducción a la escritura maya de los códices precolombinos

Algún que otro estudioso ha esbozado la teoría de la lectura polisémica referida a los libros de la América precolombina. Se sabe que, por lo menos en el mundo maya, los códices se leían en ocasiones especiales en una ceremonia ritual ante el público. Probablemente, los libros eran purificados antes de que uno o varios sacerdotes procedieran al canto de lo escrito interpretando en ese momento los jeroglíficos. 
Y en este punto, en el de la recitación en forma de himno o con connotaciones musicales, están de acuerdo muchos de los investigadores. Si cada sacerdote le daba su propia lectura, si los ideogramas tienen varios significados, se complica la tarea para los estudiosos de esta escritura que, aún hoy en día y a pesar de muchos esfuerzos, apenas se ha descifrado en su tercera parte.
Aunque se tiene constancia de un sistema de escritura desde el siglo IV de nuestra era, la mayoría de los códices que han llegado hasta nosotros (y que no ardieron en las hogueras) pertenecen al período postclásico (éste abarca desde el año 900 hasta 1521, momento mismo de la conquista por parte de los españoles). 
La producción de códices no se interrumpió con la colonización; es más, los mismos misioneros causantes de la quema de los libros antiguos alentaron la elaboración de textos nuevos modificando, paulatinamente, su formato y estilo hasta asimilarse a los libros producidos en Europa. 
Manuscritos de este tipo se siguieron realizando hasta el siglo XVIII con la imprenta asentada y funcionando a pleno rendimiento en diversos puntos del territorio.El interés de los códices virreinales estriba en su posibilidad de desciframiento de la escritura maya. En los últimos años investigadores locales, europeos y norteamericanos recorren pueblos enteros en busca de alguno de estos manuscritos que puedan servir a manera de “Piedra Rosetta” y poder, así, descifrar la totalidad de los logogramas de la escritura mesoamericana. 
Se sabe que muchos de ellos llevaban glosas en castellano a los dibujos americanos y a esa posibilidad se agarran los estudiosos,  ayudados por la mayor apertura y mejora de las comunicaciones de estos pueblos que hasta hace poco han estado totalmente encerrados en sí y prácticamente inaccesibles para los equipos de investigadores.

Características de la escritura maya realizada con jeroglíficos

Hoy en día lo que se sabe es que esta escritura se compone de un sistema mixto basado en un sistema logosilábico (apoyado en la cantidad de palabras monosilábicas de la lengua maya) con complementos fonéticos y semánticos más unos sesenta signos silábicos. 
Por lo visto son posibles dos maneras distintas de escribir una misma palabra: por medio de un logograma (que puede estar acompañado de algún complemento fonético o semántico) o utilizando notación semántica. Todo es complicadísimo y máxime si tenemos en cuenta que actualmente se han logrado contabilizar novecientos cincuenta glifos distintos. 
Según el historiador Louis-Jean Calvet, si este sistema, tal como sostenía Diego de Landa, fuese alfabético no podría contar con más de treinta signos, cantidad que se elevaría a cien o doscientos signos si fuera silábico y que superaría los varios miles de glifos si fuera semejante a la escritura china y japonesa, por lo que deduce que tiene que tratarse de un sistema mixto que utilizaría a la vez logogramas junto a signos silábicos con diferentes funciones semánticas o gramaticales.

El calendario maya y su valor para descifrar los códices

En la obra de Diego de Landa también se describe uno de los calendarios que  utilizaban los mayas (y todos los pueblos de la América Central) con bastante precisión y, además, en este caso, correctamente. La numeración de estos calendarios tenía como base el número veinte y la notación se conseguía mediante la utilización de barras (con un valor de cinco) y de puntos (con valor de uno).
El que descubriría que en realidad existían dos calendarios sería Ernst Förstemann (1822-1906) trabajando sobre el códice conservado en Dresde a finales del siglo XIX. Efectivamente, se utilizaba un calendario sagrado de doscientos sesenta días dividido en trece ciclos de veinte días, descrito por Landa, y un calendario civil o solar de trescientos sesenta y cinco días compuesto por dieciocho periodos de veinte días más cinco días complementarios. 
Para los mayas el comienzo del mundo se situaba en el año 3113 a. C. y en las inscripciones que nos han llegado se detiene en el 909 de nuestra era justo cuando comienza el éxodo de las ciudades y los centros religiosos. El conocimiento del calendario nos facilita la lectura de las fechas pero otra cosa bien distinta es “leer” lo que ocurrió en ese período.

Chilam Balam y la literatura maya

Con la llegada de los españoles y el uso del alfabeto surgió lo que hoy se conoce como literatura maya. Los textos, transcritos de originales antiguos que no se conservan, están escritos en lengua quiché utilizando el alfabeto latino. 
Uno de los libros más conocidos es el Chilam Balam o Libros del Adivino de las Cosas Ocultas que ha llegado hasta nosotros en fragmentos dispersos realizados durante el siglo XVI y XVII en distintos lugares de la Península de Yucatán (Maní, Tizimín, Chumayel, Kaua, Ixil y Tusik, entre otros). 
El contenido es religioso, histórico, literario o de astronomía y, probablemente, fue transcrito por sacerdotes que retenían en la memoria las palabras perdidas en los libros entregados al fuego. 

Popul Vuh, el gran libro de los libros de la cultura maya

Pero, sin lugar a dudas, la estrella es el Popul Vuh del que se puede encontrar versiones más o menos modernizadas traducidas al castellano. 
En él se narra el origen sagrado del mundo y de los mayas y está dividido en tres partes claramente diferenciadas: en la primera, se cuenta, a la manera del Génesis, el nacimiento del mundo y del hombre (creado a partir del maíz después de varios intentos fracasados con otros materiales); la segunda, está ocupada por las aventuras de dos jóvenes semidioses Hunahpú e Ixbalanqué  y escritas con una clara intención didáctica y moralizante; por último, la tercera, es una historia de los pueblos de Guatemala hasta poco antes de la conquista de los españoles. 
Otras historias mayas conservadas son el Rabinal Achí y los Anales de Cakchiqueles. Tenemos que hacer mención aquí que de estas obras no se conservan los originales y lo que ha llegado hasta nosotros son copias de copias en lengua quiché y transcritas al alfabeto latino en la forma y estilo de los libros de Europa. Hasta aquí lo referente a la literatura antigua conservada.
De los códices mayas que han sobrevivido al tiempo y a las hogueras, indicar queúnicamente seconservan tres y fragmentos de un cuarto sobre el que hasta hace poco harecaído una polémica internacional sobre su autenticidad. Eso otro día.

Bibliografía.-

Abreu Gómez, Emilio: Popol Vuh. Madrid, Fondo de Cultura Económica de España, 2014.Coe, Michael D: El desciframiento de la escritura maya. México, Fondo de Cultura Económica, 2010.Garza Camino, Mercedes de la: El legado escrito de los mayas. México, Fondo de Cultura Económica, 2012.Landa Calderón, Fray Diego de: Relación de las cosas de Yucatán. Madrid, Dastin, S.L., 2002.Seler, Eduard: Las imágenes de los animales en los manuscritos mexicanos y mayas. México, Casa Juan Pablos, 2008.

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