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Biografía y obras de Miguel Delibes, el creador de Los santos inocentes

Biografía y obras de Miguel Delibes, el creador de Los santos inocentes

Vida, estilo y listado de novelas del escritor español Miguel Delibes, académico y director del periódico El Norte de Castilla.

Biografía de Miguel Delibes: sus inicios como novelista

“Las cosas podían haberse sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así”(1). Con esta frase se abre la novela que consagró a Miguel Delibes como uno de los escritores imprescindibles de las letras españolas: El camino. En ella se resume el drama del protagonista de la obra, Daniel el Mochuelo, un niño de apenas once años que se dispone a abandonar infancia, hogar y amigos para estudiar lejos de lo que hasta ahora era su mundo conocido. Igual puede aplicarse, también, a las circunstancias que llevaron a Miguel Delibes  (Valladolid, 1920-2010) a hacerse escritor. Hecho que sucedió por un cúmulo de afortunadas casualidades.
Pero vayamos por partes, Miguel Delibes Setién nació en Valladolid el 17 de octubre de 1920. Su padre (con antepasados franceses) es, en ese momento, catedrático y director de la Escuela de Comercio de Valladolid y, para ser como su padre, se prepara el futuro novelista.
Estudia el bachillerato en el colegio La Salle de su ciudad, estudios que termina en el año 1936, justo cuando comienza la Guerra Civil Española. A pesar del conflicto, se matricula en la Escuela de Comercio y también en la de Artes y Oficios. En 1938, temiendo ser convocado para el alistamiento forzoso en infantería, se enrola voluntariamente en la marina, en parte, para evitar el combate cuerpo a cuerpo, hecho que le aterraba. Embarca, entonces, en el crucero Canarias y en él permanece hasta el fin de la guerra, momento en el que regresa a su casa para continuar sus estudios en la Escuela de Comercio y, además, se matricula en Derecho, terminando las dos carreras. En 1945 gana las oposiciones a la cátedra de Derecho Mercantil de la Escuela de Comercio de Valladolid y en 1946 se casa con su novia de la adolescencia, Ángeles Castro.

Hasta aquí el camino que Miguel Delibes y su familia habían trazado sin prever que unos cuantos años antes (concretamente, el 10 de octubre de 1941), el joven estudiante buscando ganarse unas pesetillas extras se presenta en el periódico vallisoletano El Norte de Castilla. Allí le muestra al director una serie de bocetos de su autoría sobre personalidades de la vida pública de la ciudad. De las oficinas del diario sale contratado como caricaturista. Pronto compagina sus dibujos con pequeñas crónicas para las páginas del periódico y, en 1944, se incorpora a la plantilla de la redacción, también por una casualidad, dando comienzo, así, su andadura como periodista, germen de su carrera como novelista.
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La vida de Miguel Delibes en el periódico El Norte de Castilla

La historia de la incorporación y ascenso de Miguel Delibes en El Norte de Castilla es un poco complicada y repleta de anécdotas estrafalarias tan propias del período duro de la dictadura de Franco. Tras la guerra, la mayoría de los diarios de tendencia liberal fueron incautados y los pocos que lograron sobrevivir tenían que amoldarse a las directrices y órdenes llegadas directamente del nuevo poder a través del Delegado Nacional de Prensa. Por orden del Ministerio, el director (Francisco de Cossío), el redactor jefe y otros dos periodistas fueron depuestos. A la cabeza del diario se colocó a Gabriel Herrero, ajeno a la empresa, pero impuesto por el gobierno.
Ante tal descalabro en la plantilla, el Consejo de Administración decidió enviar a Miguel Delibes a Madrid para seguir un curso intensivo de periodismo de tres meses y obtener, así, el carnet de prensa. Era requisito imprescindible para poder ocupar el puesto de uno de los redactores sustituidos. Y es así como el joven estudiante, contratado de manera temporal para hacer pequeños dibujos, se convierte en uno de los redactores en nómina de El Norte de Castilla.
A partir de esta fecha, 1944, de manera constante, diaria e ininterrumpida escribe críticas de cine, comentarios deportivos, reseñas… Es decir, todo aquello que estuviera a mano o que, simplemente, hubiera que hacer. El mismo novelista llegó a reconocer que en la depuración de su lenguaje, más que el conocimiento de la literatura de otros creadores, influyó, por un lado, el Curso de Derecho Mercantil del profesor Garrigues y, sobre todo, el ejercicio diario del periodismo. El primero tuvo que memorizarlo casi por completo para sacar adelante las oposiciones y lo segundo lo entrenó en la concisión y en la sobriedad tan característica de toda su obra.
Tenemos, por tanto, que en 1946 nuestro escritor se encuentra instalado como docente en la Escuela de Comercio y como redactor en El Norte de Castilla. Ha construido una familia con Ángeles de Castro quien será la madre de sus siete hijos. Además de inseparable compañera, será la instigadora primera de su carrera como escritor. Porque fue precisamente ella quién lo animó insistentemente, en los primeros años, para que se dedicara, en mayor o menor medida, a la creación.
En 1947, sucede el último hecho afortunado que dirigirá a Miguel Delibes por el camino de las letras: gana el Premio Nadal en su tercera convocatoria con su primera novela La sombra del ciprés es alargada. Delibes confiesa:

“Yo escribo la novela pensando en el Nadal. Me había emocionado mucho el premio a Carmen Laforet, una chica veinteañera, sin influencias, desconocida. Y concurrí igual, a cuerpo limpio, como había ido a las oposiciones de Derecho Mercantil, a ver si había suerte.” (2)


Y con el premio están ya completas todas las casualidades o causalidades que iniciaron a Miguel Delibes en su carrera como artista; como uno de los mejores escritores en español del siglo XX, un clásico que es leído y estudiado en el colegio y en la Universidad. Y que, como cualquier clásico, ha creado y sigue creando escuela.
Pero, a pesar de estos éxitos iniciales, es con su tercera novela –El camino, publicada en 1950- cuando Delibes encuentra esa voz que le acompañará en toda su producción, a la par que se hace con su estilo tan particular.
Al tiempo que Delibes profundiza en sus personajes para crear sus novelas, en el periódico van ocurriendo cambios; cambios que acabarán influyendo, de una manera u otra, en su carácter y en su obra. Con el fin de apartar al director impuesto por Ministerio, Gabriel Herrero, y utilizando a su favor las complejidades legales del momento, el Consejo de Administración del periódico nombra a Miguel Delibes subdirector. Eso fue en 1952. Se le confiere tantas competencias y atribuciones que, de hecho, se convierte en un director a la sombra. Lo que el Consejo quería (y se propuso) era apartar definitivamente al director impuesto y sustituirlo por Delibes. Pero para eso tenemos que esperar hasta 1960, cuando el entonces Director General de Prensa, Adolfo Muñoz Alonso, confirma su cargo en propiedad, aunque con reticencias, puesto que la línea liberar que el escritor mantenía no eran muy del agrado de la política del gobierno.  Miguel Delibes fue director del periódico hasta 1966 cuando cansado, por un lado, de las minucias de la empresa y, por otro, de la censura, decide dimitir. Pero no adelantemos acontecimientos.

Mientras estuvo a la cabeza del diario, éste alcanzó unas cotas de calidad nunca vistas antes y cuando abandona la dirección el periódico decae a un ritmo vertiginoso. En este periodo, El Norte de Castilla inicia una lenta pero segura recuperación del tono liberal característico de la época anterior a la guerra. Se decantó por una clara tendencia castellanista y agraria a disposición de los menos favorecidos en la línea abierta y defendida por Miguel Delibes no solo en sus escritos periodísticos sino también en sus novelas. La falta de un equipo de redacción suficiente y formado es suplida por colaboradores externos (Francisco Umbral por poner un solo caso). Se inauguraron, poco a poco, suplementos semanales que completaron los contenidos diarios obligatorios.  Las artes y las letras, Las cosas del campo, Ancha es Castilla y, especialmente, El Caballo de Troya fueron paulatinamente incorporados a las distintas ediciones. Este último, con diez páginas semanales, se hacía eco de las reivindicaciones del campesinado. A estos suplementos se unían (dentro de las páginas del diario) campañas a favor de los intereses castellanos: arte regional o mejora del deficiente sistema escolar…
Estoy hablando de periodismo de calidad y comprometido con un estrato de población necesitada de casi todo en una época en la que la censura imponía sus criterios. El novelista definió esta situación, la de su vida al frente de El Norte de Castilla, como un continuo pisar la raya sin saltarla. Lo malo es que había dos rayas: la de la censura y, lo que entristecía más a Delibes, la del Consejo de Administración. La externa se la saltaba con recursos ingeniosos como hacer entrevistas a los escritores cuyos artículos habían sido censurados y en las que se dejaba decir, de alguna u otra manera, los postulados rechazados en inicio. A esto se le unían las vicisitudes y los pequeños problemas propios de una empresa de esta envergadura que tenía que resolver casi a diario. El desgaste anímico, por tanto, se hizo patente muy pronto.

“Ya te he dicho muchas veces que lo más irritante de la censura no es lo que corta, sino lo que te obliga a decir por “boca de ganso” […] Cada día me siento más vejado, enfurecido y roído de escrúpulos en este cargo. Tan solo me consuela el hecho de que, al menos, mi sensibilidad no se haya acorchado todavía.”


Miguel Delibes a Jaime de Alba, miembro del Consejo de Administración de El Norte de Castilla.

Todo ello propició que abandonara la dirección en 1966 y que, más tarde, en 1975, declinara la oferta realizada por El País que quería hacer de Miguel Delibes su primer director. Aunque siguió colaborando para El Norte de Castilla, no ocupará ningún puesto de responsabilidad hasta  1983, cuando se le nombre Consejero.
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La novelística de Miguel Delibes: el carácter de los personajes


Si en su labor periodística el escritor estaba bastante condicionado por imposiciones ajenas, en sus novelas (al ritmo casi de una por año) dejaba brotar todo aquello que quería decir. Aquí era más fácil librar los embates del censor a la par que se ponía al descubierto todo su espíritu crítico.
Al autor le interesa, ante todo, el problema del hombre, del solitario, del auténtico y fiel a sí mismo y a sus principios, del inserto en un espacio natural que conoce y respeta, al tiempo que intenta preservar. A Miguel Delibes le interesó siempre las angustias y miedos existenciales, las propias del hombre solo y acorralado por una sociedad injusta. No pocas veces retrató al alienado luchando ante la incomprensión social.
A pesar de su fuerte convencimiento ético y cívico que lo puso al lado de los oprimidos, de los débiles, de los abandonados, de los niños… Miguel Delibes nunca hizo proselitismo social. Al fin y al cabo, los convencionalismos sociales no son más que eso, convenciones, que van cambiando al son de modas y modos más o menos explicables, en la mayoría de los casos, por circunstancias económicas. Sin embargo, el hombre sigue siendo el mismo. La esencia del espíritu humano no ha cambiado desde el alba de los tiempos. Y es esta esencia vital la que Miguel Delibes intenta aprehender en sus novelas y, lo que en último extremo, lo convierte en un clásico.
Esta es la razón que lleva al novelista a buscar, en primera instancia, un personaje,  el mismo que dará cuerpo a la novela:

“… una novela es buena cuando, pasado el tiempo después de su lectura, los tipos que la habitan permanecen vivos en su interior, y es mala cuando los personajes, transcurridos unos meses de su lectura, se difuminan, se confunden con otros personajes  de otras novelas, para finalmente olvidarse”. (2)


Y los personajes de Delibes no se olvidan porque, en su aparente sencillez, encarnan la originalidad propia de los tipos que conforman la literatura universal. Es decir, un trozo de mundo, pequeño, olvidado y sin importancia puede erigirse en el símbolo de las angustias, deseos y anhelos del hombre de todos los tiempos y lugares.
Es la de Miguel Delibes una escritura anclada en el localismo y la individualidad, pero que trasciende de tal manera que se convierte en literatura clásica, la misma que los lectores de todos los tiempos, emplazamientos y condición buscan a modo de reflejo de su fuero interno. Y en este sentido, en la literatura universal ya han entrado algunas criaturas  salidas de la pluma de Miguel Delibes. Recordemos a Cipriano Salcedo de El hereje, Paco el Bajo, Azarías o la milana (que es una grajilla) de Los santos inocentes o la Carmen con sus cuitas pequeño burguesas de Cinco horas con Mario.
En ocasionas se ha achacado a Miguel Delibes el carácter autobiográfico de sus obras, el cual nunca negó, aunque sí matizó en ocasiones. Ya que, en sus novelas, no solo reflejó sus miedos sino que, de alguna manera u otra, intenta ponerse en la piel del otro, vivir la vida del otro y, en último extremo (que de literatura estoy hablando) hablar como el otro…
Sí son claramente autobiográficas 337A, madera de héroe (1987) donde se transparenta sus años vividos en la marina durante la Guerra Civil o Señora de rojo sobre fondo gris (1991), un no oculto homenaje a su esposa fallecida diecisiete años antes.
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El lenguaje en los libros de Miguel Delibes


Una vez creado el personaje, el tema llega al escritor solo y de aquí nacen las palabras por las que se comunican sus criaturas. En este sentido, en sus primeras novelas (La sombra del ciprés es alargada o Aún es de día), Miguel Delibes se decanta por la figura de un narrador omnisciente al hilo de la literatura decimonónica. Sin embargo, a partir de El camino, el autor deja hablar a sus protagonistas y que sean ellos quienes nos muestren su pequeño o gran mundo. Son los personajes quienes nos enseñan sus ideas o ideales, su visión de las cosas humanas, sus vivencias, en apariencia, sin importancia. Con frecuencia, los personajes de Miguel Delibes se sitúan en un momento significativo, ante la elección que plantea una encrucijada o en el inicio de un camino iniciático.
Mucho se ha dicho de la sencillez y concisión de las novelas de Miguel Delibes, las cuales, en rara ocasión, superan las doscientas páginas. Es su estilo concentrado que atrapa al lector desde las primeras páginas.
Miguel Delibes nunca fue partícipe de grupo literario alguno, ni de modas ni de modos. Siempre fue fiel –en su vida y en su hacer- a sí mismo, levantando una escritura sobresaliente y personal ajena a cualquier experimentación banal o superflua. Cuando se decide a experimentar no lo hace llevado por un esnobismo más o menos convencido sino porque así se “lo exigen” personajes e historias. Esta experimentación llega a su punto máximo en Relato de un náufrago, la sátira más despiadada que sobre la crueldad del hombre, probablemente, se haya hecho nunca en las letras españolas y en donde el lenguaje  (igual que la historia que se cuenta) es llevado a paroxismo, a la incomprensión y, por tanto, a su destrucción. A la par el creador nos avisa del peligro de desaparición de las palabras al vaciarlas de su contenido.
La buena novela no solo debe plantarnos de frente un personaje del que sea difícil olvidarse, debe, además, meternos dentro de su mundo, de lo que siente, de lo que ve, de lo que sucede. Debe darnos la mano para caminar (o vivir que es casi lo mismo) tal como lo harían aquellos que pueblan sus páginas. Y esto lo consigue, con creces, Miguel Delibes en la mayoría de sus novelas llegando a cumbres difíciles de escalar en El hereje, por ejemplo, o enCinco horas con Mario y, sobre todo, en Los santos inocentes. Este último título (si se me permite la opinión) es lo mejor del autor y una de las diez noveles imprescindibles en legua española, contando también la narrativa de Hispanoamérica.
Se ha señalado en numerosas ocasiones la perfección del lenguaje de Miguel Delibes, si tal calificativo se puede colocar en una obra de arte. Y aquí me vas a permitir un inciso porque una cosa es escribir bien, tener un dominio sobresaliente de la lengua y la gramática. Y otra cosa totalmente distinta es hacer buena literatura con estas herramientas. Esto es, lo que nos legó Miguel Delibes en sus obras: buena literatura y las más de las veces con frases sencillas y vocabulario entresacado del ámbito rural que casi se ha perdido de nuestro acervo lingüístico.
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Los temas que pueblan la obra de Miguel Delibes


Hasta aquí el lenguaje de este singular novelista. En lo que respecta a los temas que recrea se pueden resumir en uno solo: el miedo. Es un miedo primigenio a la muerte que no se comprende; un miedo que ya siente el niño Miguel en sus primeros años, que se va acrecentando en la juventud marcada por la Guerra Civil, el conflicto mundial y la larga Guerra Fría con sus amenazas de destrucción total. Es un miedo el de las novelas de Miguel Delibes de cariz ancestral que se focaliza en las pequeñas o grandes cosas de la vida cotidiana. El autor llegó a reconocer que todas sus criaturas son seres ínfimos, acorralados, cercados. Pero dejemos que él mismo se confiese:

“En el fondo, los escritores somos gentes de pocas ideas, si me apuran diría que somos seres de una sola idea obsesiva, que de una u otra forma, se reitera a lo largo de nuestra obra. En mi caso […] me han poseído unos sentimientos de soledad y de miedo”. (2)


Tal como ha señalado uno de los estudiosos de la obra de Delibes, Gonzalo Sobejano(3),  el miedo es la principal manifestación de una obsesión –principalmente por la muerte- y esta obsesión se plasma de diferentes maneras:

  • En La sombra del ciprés es alargada es el miedo a la muerte, a la desaparición del ser querido, a quedarse solo.
  • Es miedo a la vida en Aún es de día.
  • Miedo a equivocarse, a lo desconocido, a la pérdida de la familia o el asidero espiritual y a la pérdida en El camino.
  • Miedo a la descendencia, a la desilusión en el proyecto vital del hijo e, incluso, a la muerte en Mi  idolatrado hijo Sisí.
  • Miedo a la proximidad del fin y a la vejez en soledad, sin familias y sin apoyos enLa hoja roja.
  • Miedo al cambio y a la pérdida de lo poco que se logró poseer y a mudar de vida en Las ratas.
  • Miedo a la injusticia en Cinco horas con Mario.
  • Miedo a la tiranía de las masas, a las consignas, a la deshumanización de un pueblo que no piensa, que sigue las costumbres sin plantearse ninguna cuestión en Parábola de un náufrago.
  • Hay miedos infantiles en El príncipe destronado.
  • Miedo a la violencia, al atropello, a la mentira, al salvajismo y a la crueldad en Las guerras de nuestros antepasados.
  • Es el miedo a las políticas infestadas de demagogia en la democracia moderna y a las mentiras de falso progreso el que centra la trama de El disputado voto del Sr. Cayo.
  • Miedo a la soledad, al desamparo, a lo desconocido, a la cultura redentora o, incluso, a la libertad en Los santos inocentes.
  • Hay miedo al matrimonio, al compromiso, a la soledad, a la enfermedad y a la impotencia que genera la incapacidad en Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso.
  • A estos habría que añadir los miedos que se expresan en El hereje: a no ser amado, a la soledad, a la incomprensión, al error, a la falta de cariño y de descendencia, a la muerte y a las dudas por el más allá. Pero son estos miedos que, en el caso de Cipriano Salcedo, protagonista de la obra, al enfrentarse a ellos desde un convencimiento ético y moral profundos (a partir de las dudas religiosas o existenciales) lo convierten primero en un hombre honesto consigo mismo, en un valiente, más tarde y en un héroe al final de la obra.


Esta empatía de Miguel Delibes por sus personajes, por sus criaturas sencillas, débiles y desamparadas se traslada también al ámbito de la naturaleza, al profundo respeto que tanto estos seres de ficción como el artífice que los crea sienten por el entorno natural. Esto es tan así que el autor se ha erigido en abanderado precoz del ecologismo, denunciando en cada ocasión propicia los desmanes que el hombre comete con el medio natural del que se surte, sirve y necesita. En este sentido, en su discurso de entrada en la Real Academia Española (para ocupar el sillón “e” minúscula), el escritor realizó un fuerte alegato en contra de la destrucción y envenenamiento sistemático de los recursos naturales. Eso fue en 1974 y ya en esa fecha a Miguel Delibes le parecía difícil de defender un progreso que no va acompañado de un desarrollo humano.
Dicho esto, no hace falta mucho explicar mucho la razón por la que sus novelas casi siempre se desarrollan en un ámbito rural, pueblerino o, en su defecto, en pequeñas provincias donde el hombre se amolda a los ciclos estacionales.

“…desde la pequeña ciudad provinciana, encuentra siempre un punto de mira idóneo para narrar sus conflictos pequeño burgueses con maestría y convicción. Y además potenciado por el sentido moral y la humanidad de sus personajes.” (4)


Francisco Umbral sobre la obra de Miguel Delibes.
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El concepto ético en la obra de Miguel Delibes


Otro aspecto importante de su obra es su profunda ética y su fidelidad a unos principios que ha hecho suyos. Fue fiel a una ciudad (Valladolid) y no se dejó embaucar por la vanidad cuando se le ofreció trabajo y dinero en la capital (como director del diario El País) porque como él mismo diría: “Soy como un árbol que nace y crece donde lo plantan.” (2) Fue fiel a un periódico (El Norte de Castilla), a una mujer (Ángeles de Castro, fallecida en 1974) y, sobre todo, a unas ideas y principios. Fue fiel a aquellas causas que le parecieron justas, a aquellas cruzadas que entendió merecía la pena ser libradas. Por tanto, su escritura, al ser inspirada y guiada por esa fidelidad, se convierte en original y única, sin parecido con ninguna otra obra.
Bien es verdad que, igual que se necesita algo más que un lenguaje perfecto para hacer buena literatura, también se necesita algo más que buenos sentimientos para crear grandes obras de arte. Al tiempo unas consignas o unos planteamientos éticos no tienen nada que ver para calificar la calidad de una novela. Aún así, Miguel Delibes, como escritor, consiguió aunar ambos aspectos: calidad literaria con compromiso moral. Y esto sin ejercer en ningún caso juicios de valor  o no intentando convencer al lector del planteamiento esbozado por el autor. El escritor, sencillamente, deja que hablen los personajes, que narren sus vivencias, sus cuitas o aquello que sucede (grande o pequeño) en lo más recóndito de su alma. Los obliga a que nos abran sus corazones con sus angustias o deseos. En sus obras, Miguel Delibes parece poner distancia de sus criaturas consiguiendo, así, aunque parezca contradictorio, exponer sus ideas por boca de sus personajes.

“El creador auténtico, el hombre que se expresa por una imperiosa exigencia de comunicación, acabará manifestándose, hoy y siempre, aunque le amordace; nos dará lo que lleva dentro contra todas las fuerzas del universo asociadas para impedirlo […] El fuego interior del artista, como el de los altos hornos, no puede apagarse sin daño […] Es obvio que no es fácil cambiar el mundo con un libro pero nadie nos impide intentarlo.” (2)

 

Los santos inocentes de Miguel Delibes


Si hay una obra de Delibes que me ronda siempre en la cabeza, esta es, sin duda, Los santos inocentes, la gran epopeya de los humillados, de los ofendidos, de los que nada tienen, de los que nada saben o saben tan poco que apenas aciertan a individualizarse. Así que voy a hacer un pequeño inciso que profundice en esta novela patrimonio de la literatura universal. Y eso sin olvidar la magistral versión cinematográfica dirigida por Mario Camus (1984) interpretada por Paco Rabal (Azarías), Alfredo Landa (Paco el bajo) y Juan Diego (el señorito Iván).
Los santos inocentes está escrita a la manera de un largo poema bíblico divido (recordando los escritos antiguos) en seis libros, capítulos o partes. Pero las divisiones al completo de la obra forman un todo unitario en el que no se utilizan ni puntos ni guiones de entrada al diálogo de los personajes. La obra hace gala de un ritmo trepidante, fresco y ágil, como si hubiera sido escrita para ser cantada o recitada ante un público atento y entregado. En este sentido, me remito a la tradición de los juglares, cantares u  oyentes que estuvo tan presente en las zonas rurales españolas hasta bien entrado el siglo XX. Los santos inocentes de Miguel Delibes tiene como hipotexto último las grandes gestas de los príncipes antiguos o los relatos de los santos bíblicos. Por eso se lee como una si una obra clásica se tratara. Ni que decir tiene que el escritor ha realizado una transmutatio osada en el campo de los personajes y ha elevado a rango de héroe aristocrático (en el sentido clásico del término) a unos humildes jornaleros analfabetos.
El lenguaje de Los santos inocentes de Miguel Delibes se ha despojado de tal manera que solo tenemos frases cortas, simples, unidas unas con otras como si no hiciera falta que el autor nos explicara el trasfondo de los hechos. Nos llega, leemos, simplemente lo que sucede: la cruel y despiadada realidad externa. Y esa cosmovisión presentada con un estilo despojado de cualquier artificio nos introduce en el espíritu de esa horda de desheredados de lleno. EnLos santos inocentes nos encontramos con una prosa desnuda cercana a la poesía con un marcado ritmo interno y con reminiscencias de los relatos mitológicos o religiosos. Y para muestra un botón:

“… y en la sombra del sauce se hizo un silencio expectante y, de improviso, el pájaro se lanzó hacia adelante, picó, y ante la mirada atónita del grupo, describió tres amplios círculos sobre la corralada, ciñéndose a las tapias y, finalmente, se posó sobre el hombro derecho del Azarías y empezó a picotearle insistentemente el cogote blanco como si le despiojara y Azarías sonreía, sin moverse, volviendo ligeramente la cabeza hacia ella y musitando como una plegaria, milana bonita, milana bonita.” (5)


Los santos inocentes de Miguel Delibes también posee aspectos de tragedia clásica donde la repetición continuada (un recurso muy frecuente en la novelística del autor) de la expresión “milana bonita, milana bonita” actúa a modo de coro, anticipando y cerrando toda la trama. Es esa frase la que desencadenará el final sangriento de la novela, al tiempo que da unidad de principio a fin. La frase es utilizada a modo de estribillo o de letanía dejando traslucir el tema interno de la obra que no es otro que la comunión mística y primigenia de estos inocentes con el espacio natural. La milana actúa, por tanto, no  ya como una metáfora de todo aquello que puede ser o que se encuentra en plano superior. Es, más bien, unsímbolo del vuelo con todo lo que ello implica. El pájaro es el comunicador entre los que están apegados a la tierra sin posibilidades alguna y el cielo espiritual.
El señorito Iván mata a la milana (cortando el nexo de unión entre arriba y abajo) y con ese acto no solo pone fin inútilmente a la vida del pájaro sino que aniquila también el símbolo. Esto es, descerraja de un tiro la comunicación anímica que Azarías (trasunto de todos los inocentes) mantiene entre su mundo sencillo sin derecho alguno y el plano superior, divino o religioso. Por eso, el castigo para el señorito Iván no puede ser más que la muerte:

“… el Azarías, sentado orilla una jara, en el rodapié, sostenía el pájaro agonizante y en entre sus chatas manos, la sangre caliente y espesa corriéndole entre los dedos, sintiendo, al fondo de aquel cuerpecillo roto, los postreros, espaciados, latidos de su corazón, e, inclinado sobre él, sollozaba mansamente, milana bonita, milana bonita” (5)


Repetía, como una salmodia, las mismas palabras que pronunciaría una vez que se convierte en el vengador de los oprimidos. Y todo sin saberlo, sin tener conciencia de ello, simplemente porque –igual que los intérpretes bíblicos o los héroes antiguos- tenía que hacerlo. Porque, sencillamente, había sido “elegido” para ello.

A modo de conclusión…

Unos días antes de poner la palabra fin a su última y vigésima novela, El hereje, a Delibes se le diagnosticó un cáncer de colon del que tuvo que ser intervenido quirúrgicamente. De la operación se recuperó, pero con sus ochenta y cuatro años a cuestas el autor decidió llevar a cabo una de las ideas que tenía en mente mucho tiempo antes y que verbalizó en su discurso de entrega del Premio Cervantes:

“Antes que a conservar la cabeza muchos años, a lo que debo aspirar ahora es a conservar la cabeza suficiente para darme cuenta de que estoy perdiendo la cabeza. Y en ese mismo momento frenar, detenerme al borde del abismo y no escribir una letra más.”


Y eso, en parte porque colaboró en un pequeño proyecto con su hijo mayor, fue lo que hizo. Fueron cincuenta años de escritura personal que culminó con una obra maestra.
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Anexo 1.- Premios literarios y galardones concedidos a Miguel Delibes

 

  • 1947: Premio Nadal por La sombra del ciprés es alargada.
  • 1955: Premio Nacional de Literatura por Diario de un cazador.
  • 1962: Premio de la Crítica por Las ratas.
  • 1982: Premio Príncipe de Asturias.
  • 1984: Premio de las Letras de Castilla y León en su primera edición.
  • 1991: Premio Nacional de las Letras Españolas
  • 1993: Premio Cervantes.
  • 1999: Premio Nacional de Narrativa por El hereje.

Anexo 2.- Listado completo de obras, escritos y libros de Miguel Delibes

  1. La sombra del ciprés es alargada, 1948, Barcelona, Destino.
  2. Aún es de día, 1949, Barcelona, Destino.
  3. Envidia, s/f, Barcelona, Ediciones GP, Enciclopedia Pulga.
  4. La barbería, s/f, Barcelona, Ediciones GP, Enciclopedia Pulga.
  5. (1)El camino, 1950, Barcelona, Destino.
  6. Mi idolatrado hijo Sisí, 1953, Barcelona, Destino.
  7. El loco, 1953, Madrid, La Novela del Sábado, Prensa Española.
  8. Los raíles, 1954, Madrid, la Novela del Sábado, Prensa Española.
  9. La partida, 1954, Barcelona, Luis de Caralt.
  10. Diario de un cazador, 1955, Barcelona, Destino.
  11. Un novelista descubre América (Chile en el ojo ajeno), 1956, Madrid, Editora Nacional.
  12. Siestas con viento sur, 1957, Barcelona, Destino.
  13. Diario de un emigrante, 1958, Barcelona, Destino.
  14. La hoja roja, 1959, Barcelona, Destino.
  15. Castilla, 1960, Rosa vera, Barcelona.
  16. Por esos mundos (Sudamérica con escala en las Canarias), 1961, Barcelona, Destino.
  17. Las ratas, 1962, Barcelona, Destino.
  18. Europa: parada y fonda, 1963, Madrid, Ediciones Cid.
  19. La caza de la perdiz roja, 1963, Barcelona, Lumen.
  20. Viejas historias de Castilla la Vieja, 1964, Lumen, Barcelona.
  21. El libro de la caza menor, 1964, Barcelona, Destino.
  22. USA y yo, 1966, Barcelona, Destino.
  23. Cinco horas con Mario, 1966, Barcelona, Destino.
  24. La primavera de Praga, 1968, Madrid, Alianza editorial.
  25. Vivir al día, 1968, Barcelona, Destino.
  26. Parábola del náufrago, 1969, Barcelona, Destino.
  27. “El fenómeno de la creación en el arte y la literatura”, en Tierras de León: Revista de la Diputación Provincial, Vol.9, Nº 10, 1969, págs. 95-98.
  28. Con la escopeta al hombro, 1970, Barcelona, Destino.
  29. La mortaja, 1970, Madrid, Alianza Editorial.
  30. Mi mundo y el mundo, 1970, Valladolid, Miñón.
  31. La caza en España, 1972, Madrid, Alianza Editorial.
  32. (2)Un año de mi vida, 1972, Barcelona, Destino.
  33. Castilla en mi obra, 1972, Madrid, Magisterio Español.
  34. El príncipe destronado, 1973, Barcelona, Destino.
  35. Las guerras de nuestros antepasados, 1975, Barcelona, Destino.
  36. SOS (El sentido del progreso desde mi obra), 1976, Barcelona, Destino.
  37. Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo, 1977, Barcelona, Destino.
  38. Mis amigas las truchas (del block de notas de un pescador de ribera), 1977, Barcelona, Destino.
  39. El disputado voto del señor Cayo, 1978, Barcelona, Destino.
  40. Castilla, lo castellano y los castellanos, 1979, Barcelona, Planeta.
  41. Un mundo que agoniza, 1979, Barcelona, Plaza y Janés.
  42. Dos días de caza, 1980, Barcelona, Destino.
  43. (5)Los santos inocentes, 1981, Barcelona, Planeta.
  44. Las perdices del domingo, 1981, Barcelona, Destino.
  45. Dos viajes en automóvil: Suecia y Países Bajos, 1982, Barcelona, Plaza y Janés.
  46. Tres pájaros de cuenta, 1982, Valladolid, Miñón.
  47. El otro fútbol, 1982, Barcelona, Destino.
  48. Cartas de un sexagenario voluptuoso, 1983, Barcelona, Destino.
  49. El tesoro, 1985, Barcelona, Destino.
  50. La censura de prensa en los años 40 (y otros ensayos), 1985, Valladolid, Ámbito Ediciones.
  51. Castilla habla, 1986, Barcelona, Destino.
  52. 377 A madera de héroe, 1987, Barcelona, Destino.
  53. Mi querida bicicleta, 1988, Valladolid, Miñón.
  54. Mi vida al aire libre: memorias de un hombre sedentario, 1989, Barcelona, Destino.
  55. Pegar la hebra, 1990, Barcelona, Destino.
  56. “El último coto”, en El Urogallo: Revista literaria y cultural, 1990 Julio-Agosto, (50-51), págs. 94-95.
  57. Señora de rojo sobre fondo gris, 1991, Barcelona, Destino.
  58. El último coto, 1992, Barcelona, Destino.
  59. La vida sobre ruedas, 1992, Barcelona, Destino.
  60. Un deporte de caballeros, 1993, Barcelona, Destino.
  61. Los niños, 1994, Barcelona, Planeta.
  62. “Escribir para niños”, en CLIJ: Cuadernos de literatura infantil y juvenil, Año 7, Nº 61, 1994, págs. 16-17.
  63. Diario de un jubilado, 1995, Barcelona, Destino.
  64. He dicho, 1996, Barcelona, Destino.
  65. “Al aire libre”, en El Urogallo: Revista literaria y cultura, 1996, Enero-Febrero, (116-117), págs. 29-33.
  66. El hereje, 1998, Barcelona, Destino.
  67. España 1936-1950. Muerte y resurrección de la novela, 2004, Barcelona, Destino.
  68. La tierra herida: ¿qué mundo heredarán nuestros hijos?, 2005, Barcelona, Destino. Libro escrito junto a su hijo Miguel Delibes Castro.

Anexo 3.- Bibliografía seleccionada sobre la vida y obra de Miguel Delibes

  • Alonso de los Ríos, César: Conversaciones con Miguel Delibes. (1993). Madrid. Ediciones Destinos.
  • Alvar, Manuel: El mundo novelesco de Miguel Delibes. (1987). Madrid. Gredos.
  • Arbona Abascal, Guadalupe: “Miguel Delibes. Bibliografía crítica Fundamental” en Espéculo. (2008). Nº 39.
  • Conte, Rafael: “Miguel Delibes o el rigor”, en El Urogallo: Revista Literaria y cultural. (1992). Nº 73, págs. 43-45.
  • Díaz, Janet: Miguel Delibes. (1971). Nueva York. Twayne.
  • García Domínguez, Ramón: Miguel Delibes: un hombre, un paisaje, una pasión. (1985). Madrid. Destino.
  • López Martínez, Luis: La novelística de Miguel Delibes. (1973). Murcia. Universidad de Murcia.
  • Lynn Postman, Sheryl: “Las reliquias de un pasado innoble, en El Tesoro de Miguel Delibes”, en Letras de Deusto. (2006). Nº 36.112. Págs. 133-157.
  • Palomo, Mª del Pilar: “Palabras preliminares (Miguel Delibes)”, en Espéculo. (2008). Nº 39.
  • Rodríguez, Jesús: El sentimiento del miedo en la obra de Miguel Delibes. (1989). Madrid. Editorial Pliegos.
  • Sánchez, José Francisco: Miguel Delibes, periodista. (1989). Madrid. Destino.
  • Sánchez, José Francisco: “Los temas periodísticos de Miguel Delibes”, enComunicación y Sociedad. (1988), Nº 1. Págs. 135-148.
  • (3) Sobejano, Gonzalo: Miguel Delibes/Gonzalo Sobejano. Correspondencia (1960-2009). (2009). Valladolid. Universidad de Valladolid.
  • (4)Umbral, Francisco: Miguel Delibes. (1970). Madrid. Ediciones y publicaciones españolas.
  • Urdiales Yuste, Jorge: “Un año de mi vida: El libro en el que Miguel Delibes reflexiona sobre sí mismo y su circunstancia”, en Revista de Folclore. (2007). Nº 320. Págs. 52-67.
  • Valle Spinka, Ramona F. del: La conciencia social de Miguel Delibes. (1975). Nueva York. Eliseo Torres.
  • VV.AA.: Estudios sobre Miguel Delibes. (1983). Madrid. Universidad Complutense.
  • VV.AA: Miguel Delibes. (2003). Valladolid. Universidad de Valladolid, Secretariado de Publicaciones e Intercambio Editorial.
  • VV.AA: Retrato de Miguel Delibes. (1986). Madrid. Círculo de Lectores.
  • VV.AA: Vida y obra de Miguel Delibes. (1971). Madrid. Siglo Ilustrado.
  • Cátedra Miguel Delibes: aproximación a la personalidad y la obra de Miguel Delibes [en línea]. Disponible en Web: http://www.catedramdelibes.com/


Todas las imágenes están escaneadas de las portadas de las primeras ediciones de las distintas obras perteneciente a mi colección particular.  

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