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El Inca Garcilaso de la Vega | biografía, obras y estilo - Candela Vizcaíno

El Inca Garcilaso de la Vega | biografía, obras y estilo

El Inca Garcilaso de la Vega | biografía, obras y estilo

 

A partir del reinado de Carlos I y, especialmente con Felipe II, surgen una serie de historiadores de gran prestigio que afrontan los sucesos de España desde una perspectiva científica, esto es, dejando a un lado mitos y leyendas. Si dejan por escrito los avatares de los conflictos con los moriscos en las Alpujarras o los entresijos de la construcción de El Escorial en la Península Ibérica, la historiografía americana tiene un nombre indiscutible y ese es el Inca Garcilaso de la Vega.  

Biografía del Inca Garcilaso de la Vega 

Nacido en Cuzco con el nombre de Gómez Suárez de Figueroa en 1539. Su padre era el capitán español Garcilaso de la Vega del linaje extremeño de Vargas de Hinestrosa. En el clan no era ajeno el oficio de escritor, ya que al mismo pertenecían Jorge Manrique, el marqués de Santillana y el gran poeta renacentista Garcilaso de la Vega. Si por parte de padre la estirpe era europea, por la rama materna, nuestro escritor estaba emparentado con la casa real de los incas del Perú.

Aunque sus progenitores no estaban casados e, incluso, el padre abandonó a la madre (de nombre cristianizado Isabel Chiampu Ocllo) para formar una nueva familia con una señora criolla, el Inca Garcilaso de la Vega recibió una esmerada formación. Consta que se educó con preceptores europeos junto a los hijos de otros conquistadores españoles. A los contenidos académicos propios del Renacimiento se le unió el bagaje cultural peruano, resultado de su mestizaje. En este sentido, se conoce que hasta su casa se acercaban parientes y amigos que contaban las grandes historias del perdido imperio inca. 

Con veinte años fallece el padre y nuestro escritor recibe herencia que decide gastarla en España.   Una vez en Europa, se enroló en la milicia real participando en los conflictos moriscos de las Alpujarras y en las innumerables guerras que España, por entonces, mantenía en Italia. En todos estos destinos puso a prueba su pericia tanto en el uso de las armas como en sus habilidades como jinete. A pesar de algunos desengaños porque no se le recompensó como esperaba, no volvió a Perú y se afincó en Sevilla, por entonces, el ombligo del mundo y puerto de salida hacia Las Indias. Vivió hasta muy avanzada edad, ya que falleció en Córdoba en 1616, donde está enterrado en la Capilla de las Ánimas de la Catedral.  

Obras del Inca Garcilaso de la Vega

Las biografía del Inca Garcilaso de la Vega está hilada por su condición de mestizo, por su pertenencia a dos mundos distintos: el europeo de su padre y el inca de la estirpe materna. Aunque su formación académica fue esmerada, su vocación se dirigió hacia las armas, la guerra y la aventura. Todo ello cambió en 1590, con casi cincuenta años, fecha en la que publica una certera y delicada traducción de los Diálogos de Amor de León Hebreo. Esta primera inmersión en el mundo de las letras le lleva a completar una maravillosa historia de la civilización peruana que se convierte en modelo literario (ya hablaremos del historiográfico) para futuras generaciones de escritores.  

1.- La Florida del Inca o Historia del Adelantado Hernando de Soto

Esta fue su primera obra y la crítica la tilda de novelesca más que levantada sobre bases historiográficas, ya que la misma está basada en el relato oral de uno de los amigos de su padre. Fue Gonzalo Silvestre, compañero del progenitor del Inca Garcilaso de la Vega, quien, cuando ambos vivían en Córdoba, relata al escritor los recuerdos, memorias e, incluso, nostalgias del Adelantado Hernando de Soto. Toda la narración está hilada con relatos, a veces, novelescos que el escritor adorna o completa con las historias o aventuras que escuchó de parientes en su casa de Cuzco.  

2.- Comentarios reales del Inca Garcilaso de la Vega

Fue publicada en Lisboa en 1609 y en ella se hace una genealogía completa de los reyes incas y del pueblo peruano. No solo se da cuenta de batallas o acontecimientos importantes sino que también se desgranan costumbres cotidianas, pormenores religiosos o leyes antes de la conquista española. 

Para su ejecución no solo se sirvió de todos los relatos que parientes y amigos daban cuenta (llevados por la nostalgia y la tristeza) en su casa de Cuzco. Si bien gran parte de esas narraciones ya estaban trufadas de algunos ingredientes novelescos en los que se hacía hincapié en la grandeza del perdido imperio inca, nuestro escritor también se valió de la obra escrita en latín por el padre Blas de Valera. 

3.- Historia general del Perú  

La segunda parte de la historia peruana comienza donde acaba la otra: con la conquista española y en ella se da cuenta de las guerras civiles entre Pizarro y Almagro a la par que se entretiene en la vida cotidiana del periodo posterior. Aunque esta obra fue acabada por el Inca Garcilaso de la Vega no se publicó hasta en su muerte. Fue en Córdoba. La documentación para esta obra se centra en los grandes cronistas de Las Indias anteriores a nuestro escritor y el relato también está adobado con las narraciones orales recibidas de joven.  

El estilo entre la literatura y la historiografía

¿Qué ocurre con las obras del Inca Garcilaso de la Vega? Ni que decir tiene son escritos históricos que quieren dejar por sentado hechos del pasado. Sin embargo, estos están trufados con puntos novelescos, inventados o magnificados. Fue Menéndez y Pelayo el que, de alguna manera u otra, tachó al primer cronista de Perú de no ser fiel a las fuentes. Los críticos que han llegado detrás, a pesar de defender esta labor científica del Inca Garcilaso de la Vega, le han hecho flaco favor al indicar que en la historia incaica solo se recogía los acontecimientos favorables. Esto es, se obviaba no solo las derrotas militares o los fracasos de otra índole sino también se procedía a borrar a los malos gobernantes. Con este método solo llega lo grandioso, magnífico, rico e interesante.  

Precisamente fueron esos relatos sesgados de un pasado glorioso y brillante los que llegaron al joven Inca Garcilaso de la Vega. Estos, además, están adobados con un poso de melancolía y de tristeza por la pérdida de un pasado que en casa de su madre, con toda probabilidad, se consideraba mejor.  Además, escribe desde la lejanía en todos los sentidos ya que estas narraciones orales fueron recibidas en su niñez y primera juventud mientras que la escritura se realiza bien entrada la madurez, cuando cualquier palabra estaba ya atrapada en las brumas del tiempo.  

Dicho esto, la escritura del Inca Garcilaso de la Vega, a pesar de su imaginación (prestada o propia), se hace cálida, poética incluso, adobada de sensibilidad y ensoñación. A la par, nos deja la semilla y la esencia de una civilización perdida. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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