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El mito de Pigmalión y Galatea está recogido en las Metamorfosis de Ovidio, uno de los pilares de la literatura clásica (griega y romana) junto con la Ilíada y la Odisea de Homero. Aunque se repite que Pigmalión era un rey griego, las últimas investigaciones nos dicen que procedía de Chipre. Esta fábula ha dado nombre al conocido en psicología y pedagogía como Efecto Pigmalión. 

El mito de Pigmalión y Galatea

Pigmalión era el triste y solitario rey de Chipre, ya que no conseguía encontrar esposa adecuada. No acababa de cuadrarle ninguna mortal aristocrática que se adaptara a sus gustos y sensibilidad artística. Consideraba a todas las féminas chismosas y superficiales. Este misógino en potencia escondía en su fuero interno un alma delicada con afán de trascendencia. Por eso, se dio por vencido y se dedicó de lleno a una de sus pasiones: la escultura. Así pasaban los días en su taller hasta que logró esculpir en un bello mármol blanco una sublime escultura femenina. Tal era la hermosura de dicha estatua que Pigmalión le puso el nombre de Galatea (ahora volveremos sobre ella para no confundirla). Además, como intentaba espantar las moscas de la soledad, le hablaba a diario acabando enamorándose de su creación. El desgraciado se sentía acompañado por su obra mucho más que con mujer de carne y hueso. Así que a ese objeto inerte le confiaba todas sus penas. La escultura, como cosa inanimada que era, no mostraba gesto alguno.  

Sin embargo, un buen día, la diosa Afrodita, la del amor, apiadada de la soledad y el terrible dolor anímico de Pigmalión le propuso concederle un deseo. El rey le pidió la vida para Galatea. Y así lo hizo la diosa no sin antes incendiar todo el taller como pago por tamaño regalo. Llegados a este punto las fuentes difieren y en otras se apuntan a que Afrodita, sin mediar palabra, cuando Pigmalión fue a abrazar la escultura, unas lágrimas se resbalaron por su rostro insuflando vida a la creación que, en ese momento, besó al desdichado rey. Sea cual sea la versión clásica, todas empiezan y acaban en el mismo punto. Galatea, una escultura obra de un rey artista y solitario,  gracias a la intercesión de la diosa Afrodita, toma vida. Retazos de libros medievales incluso apuntan a que ambos fueron padres de un hijo y una hija. 

En cuanto a Galatea, no hay que confundirla con la de la fábula del gigante Polifemo (el que tenía un solo ojo) recurrente en la literatura clásica e, incluso, en la occidental. Ambos, por poner un solo ejemplo, son los protagonistas de una de las obras de Luis de Góngora. La ninfa del poeta barroco nada tiene que ver con la escultura que Afrodita dio vida. Simplemente comparten nombre.  

El sentido simbólico de Pigmalión y Galatea 

Pigmalión es la representación de esas almas exquisitas y sublimes enfrascadas en una carrera constante por una perfección imposible de encontrar en las cosas del mundo. La búsqueda se vuelve tan infructuosa que el único camino que encuentran es el refugio en la creación artística. La belleza, por tanto, no se encuentra en la naturaleza sino en la obra del hombre. Y, por supuesto, con la ayuda de los dioses, ya sea por medio de la inspiración, el talento o una combinación de estos dones. 

Galatea se encuentra al otro lado de la frontera de la vida. Es una cosa inerte. Sin embargo, se convierte en una mujer por mediación del amor, de la pasión o del deseo, que todas estas versiones podemos encontrar en el mito.  

Esa transformación de la obra de arte en un ser vivo (con dones superiores a los ofrecidos por la naturaleza misma) fue recurrente entre los artistas desde el Renacimiento, cuando se vuelve a la cultura clásica. Sin embargo, el mito de Pigmalión y Galatea ha tomado relevancia en el siglo XX a partir de una obra de teatro y de posteriores estudios en el ámbito de la psicología y de la incipiente pedagogía. George Bernard Shaw (1856-1950) estrena en 1913 una obra de teatro con el título de Pigmalión. Posteriormente, la misma fue adaptada al cine por George Cukor (1899-1983)  bajo el título de My Fair Lady (1964) con Audry Hepburn (1929-1993) como protagonista. Esta obra contemporánea nos muestra un aspecto distinto del mito ya que Eliza (trasunto de Galatea) es transformada, no por la intercesión de los dioses, sino por un método formativo y educativo creado por el Profesor Henry Higgins (trasunto del artista Pigmalión). Esto es, el rey artista ha devenido en un científico (un lingüista) y la escultura es una muchacha de clase baja sin instrucción que puede competir en talento, saber estar y belleza con los miembros de la clasista élite inglesa. Es en este sentido en el que hay que entender los estudios posteriores en el ámbito de la psicología y la pedagogía.  

El efecto Pigmalión 

El efecto Pigmalión comenzó a estudiarse a partir de los años cincuenta del siglo XX cuando una serie de educadores y psicólogos apuntaron a que los rendimientos escolares estaban condicionados por las perspectivas de éxito y fracaso que se ponían sobre los pequeños. Esto es, los prejuicios (tanto en sentido positivo como negativo) haría que un alumno rindiera más o menos. El efecto Pigmalión, además, puede decirse que es la base del coaching contemporáneo que pone el foco en una sana autoestima y en el autoconocimiento para que las circunstancias externas no condicionen las opciones de plenitud.   

Aunque pueda parecer complejo, el efecto Pigmalión nos viene a poner en evidencia que hay una correlación entre lo que se espera de un individuo concreto (especialmente de un niño) y los resultados que llega a obtener para sí y para la sociedad. Así, si una familia pone el foco en la obligatoriedad de una educación universitaria, ese niño o niña (aunque venga al mundo con una inteligencia mediocre) tendrá muchas probabilidades de alcanzar ese hito en su vida. Por el contrario, en entornos conformistas se estará machacando a la criatura con metas de poca altura que serán las que, a la postre, llegue a obtener. Estas familias no se preocuparán por crear en sus retoños, no ya una obra de arte, tal como nos cuenta el mito de Pigmalión o Galatea, sino que impedirán (las más de las veces por desconocimiento más que por desidia) que salga a la luz la mejor versión de sus vástagos. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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El mito de Pigmalión y Galatea está recogido en las Metamorfosis de Ovidio, uno de los pilares de la literatura clásica (griega y romana) junto con la Ilíada y la Odisea de Homero. Aunque se repite que Pigmalión era un rey griego, las últimas investigaciones nos dicen que procedía de Chipre. Esta fábula ha dado nombre al conocido en psicología y pedagogía como Efecto Pigmalión. 

El mito de Pigmalión y Galatea

Pigmalión era el triste y solitario rey de Chipre, ya que no conseguía encontrar esposa adecuada. No acababa de cuadrarle ninguna mortal aristocrática que se adaptara a sus gustos y sensibilidad artística. Consideraba a todas las féminas chismosas y superficiales. Este misógino en potencia escondía en su fuero interno un alma delicada con afán de trascendencia. Por eso, se dio por vencido y se dedicó de lleno a una de sus pasiones: la escultura. Así pasaban los días en su taller hasta que logró esculpir en un bello mármol blanco una sublime escultura femenina. Tal era la hermosura de dicha estatua que Pigmalión le puso el nombre de Galatea (ahora volveremos sobre ella para no confundirla). Además, como intentaba espantar las moscas de la soledad, le hablaba a diario acabando enamorándose de su creación. El desgraciado se sentía acompañado por su obra mucho más que con mujer de carne y hueso. Así que a ese objeto inerte le confiaba todas sus penas. La escultura, como cosa inanimada que era, no mostraba gesto alguno.  

Sin embargo, un buen día, la diosa Afrodita, la del amor, apiadada de la soledad y el terrible dolor anímico de Pigmalión le propuso concederle un deseo. El rey le pidió la vida para Galatea. Y así lo hizo la diosa no sin antes incendiar todo el taller como pago por tamaño regalo. Llegados a este punto las fuentes difieren y en otras se apuntan a que Afrodita, sin mediar palabra, cuando Pigmalión fue a abrazar la escultura, unas lágrimas se resbalaron por su rostro insuflando vida a la creación que, en ese momento, besó al desdichado rey. Sea cual sea la versión clásica, todas empiezan y acaban en el mismo punto. Galatea, una escultura obra de un rey artista y solitario,  gracias a la intercesión de la diosa Afrodita, toma vida. Retazos de libros medievales incluso apuntan a que ambos fueron padres de un hijo y una hija. 

En cuanto a Galatea, no hay que confundirla con la de la fábula del gigante Polifemo (el que tenía un solo ojo) recurrente en la literatura clásica e, incluso, en la occidental. Ambos, por poner un solo ejemplo, son los protagonistas de una de las obras de Luis de Góngora. La ninfa del poeta barroco nada tiene que ver con la escultura que Afrodita dio vida. Simplemente comparten nombre.  

El sentido simbólico de Pigmalión y Galatea 

Pigmalión es la representación de esas almas exquisitas y sublimes enfrascadas en una carrera constante por una perfección imposible de encontrar en las cosas del mundo. La búsqueda se vuelve tan infructuosa que el único camino que encuentran es el refugio en la creación artística. La belleza, por tanto, no se encuentra en la naturaleza sino en la obra del hombre. Y, por supuesto, con la ayuda de los dioses, ya sea por medio de la inspiración, el talento o una combinación de estos dones. 

Galatea se encuentra al otro lado de la frontera de la vida. Es una cosa inerte. Sin embargo, se convierte en una mujer por mediación del amor, de la pasión o del deseo, que todas estas versiones podemos encontrar en el mito.  

Esa transformación de la obra de arte en un ser vivo (con dones superiores a los ofrecidos por la naturaleza misma) fue recurrente entre los artistas desde el Renacimiento, cuando se vuelve a la cultura clásica. Sin embargo, el mito de Pigmalión y Galatea ha tomado relevancia en el siglo XX a partir de una obra de teatro y de posteriores estudios en el ámbito de la psicología y de la incipiente pedagogía. George Bernard Shaw (1856-1950) estrena en 1913 una obra de teatro con el título de Pigmalión. Posteriormente, la misma fue adaptada al cine por George Cukor (1899-1983)  bajo el título de My Fair Lady (1964) con Audry Hepburn (1929-1993) como protagonista. Esta obra contemporánea nos muestra un aspecto distinto del mito ya que Eliza (trasunto de Galatea) es transformada, no por la intercesión de los dioses, sino por un método formativo y educativo creado por el Profesor Henry Higgins (trasunto del artista Pigmalión). Esto es, el rey artista ha devenido en un científico (un lingüista) y la escultura es una muchacha de clase baja sin instrucción que puede competir en talento, saber estar y belleza con los miembros de la clasista élite inglesa. Es en este sentido en el que hay que entender los estudios posteriores en el ámbito de la psicología y la pedagogía.  

El efecto Pigmalión 

El efecto Pigmalión comenzó a estudiarse a partir de los años cincuenta del siglo XX cuando una serie de educadores y psicólogos apuntaron a que los rendimientos escolares estaban condicionados por las perspectivas de éxito y fracaso que se ponían sobre los pequeños. Esto es, los prejuicios (tanto en sentido positivo como negativo) haría que un alumno rindiera más o menos. El efecto Pigmalión, además, puede decirse que es la base del coaching contemporáneo que pone el foco en una sana autoestima y en el autoconocimiento para que las circunstancias externas no condicionen las opciones de plenitud.   

Aunque pueda parecer complejo, el efecto Pigmalión nos viene a poner en evidencia que hay una correlación entre lo que se espera de un individuo concreto (especialmente de un niño) y los resultados que llega a obtener para sí y para la sociedad. Así, si una familia pone el foco en la obligatoriedad de una educación universitaria, ese niño o niña (aunque venga al mundo con una inteligencia mediocre) tendrá muchas probabilidades de alcanzar ese hito en su vida. Por el contrario, en entornos conformistas se estará machacando a la criatura con metas de poca altura que serán las que, a la postre, llegue a obtener. Estas familias no se preocuparán por crear en sus retoños, no ya una obra de arte, tal como nos cuenta el mito de Pigmalión o Galatea, sino que impedirán (las más de las veces por desconocimiento más que por desidia) que salga a la luz la mejor versión de sus vástagos. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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El vizconde demediado (1952) de Italo Calvino (1923-1985) es una de las obras de la colección Nuestros Antepasados. En ella se aborda, en clave de humor, a pesar de los hechos trágicos que se narran, las luces y las sombras inherentes a la naturaleza humana. El protagonista es Medardo de Torralba, un joven noble italiano enfrentado a una brutal prueba. La acción tiene lugar en un momento histórico indeterminado que, por las características del relato, podría estar situado en Italia entre el siglo XV y el XVII. 

Personajes de El vizconde demediado 

1.- El narrador, sobrino del protagonista, del que no conocemos su nombre. Actúa como una voz omnisciente. De él sabemos que es un individuo fronterizo, ya que es el único hijo de la hermana mayor de Medardo. Esta es calificada como una descarriada, como una mujer que quiso saltarse las normas. Al quedarse huérfano, fue acogido por la familia de una manera un poco desordenada y negligente, ya que nadie se ocupó de su educación. No pertenece a lugar alguno. Por eso, se mueve con libertad en todos los emplazamientos de la obra e interactuando con todos los personajes sean estos de la condición social que sean. Es, de alguna manera, aceptado por todos sin pertenecer a ninguna de las familias. 

2.- Medardo de Torralba, el vizconde demediado y debido a una acción de guerra, convertido en dos personas. Contamos su aventura en el resumen posterior. Es el protagonista de la obra de Calvino. 

3- Doctor Trelawney, médico entrado en años, de origen inglés (esto es, un forastero) de ánimo cobarde que demuestra talento científico, el mismo que, al final de la obra, salva al protagonista o a los protagonistas. Y eso a pesar del poco arrojo del personaje.  

4.- Pamela, una rústica pastora objeto de los amores de los “dos vizcondes”. A pesar de presentarse como una joven sencilla y simple, hace gala de buenas dosis de inteligencia emocional a lo largo de la obra.  

5.- Sebastiana, la nodriza y, como el narrador, un personaje independiente y transfronterizo. Es independiente y de criterio propio, el cual no abandona bajo ninguna circunstancia. 

6.- El maestro Pietrochiodo, artesano creador y simbolización de los trabajadores del castillo. 

7.- Ezequiel, jefe de los hugonotes, apartados del resto de los habitantes del pueblo. Se rigen por una estricta religiosidad sin base en los preceptos de La Biblia, libro que ni siquiera poseen ni leen. 

8.- Galateo, el leproso intermediario entre las gentes del pueblo y la leprosería, comunidad al margen de las leyes sociales.  

Resumen de El vizconde demediado de Italo Calvino  

Medardo de Torralba es un joven noble italiano que parte a la guerra. Nada más llegar, debido a la inexperiencia y a su espíritu imprudente, es herido de gravedad. Es recogido por los médicos militares quienes solo pueden salvar del muchacho una sola mitad. El resto ha desaparecido entre los despojos de la batalla. De esta guisa regresa a su pueblo natal donde todos le esperan. Entre ellos su padre ansía su regreso, aunque muere de pena inmediatamente al percatarse (antes que nadie) de la naturaleza maligna que la guerra ha dejado en su hijo. 

Muy pronto, Medardo da muestras de una crueldad extrema ajusticiando a diestro y a siniestro sin miramientos. Encarga al maestro Pietrochiodo la creación de nuevos inventos de tortura y muerte. El artesano, a pesar de que está orgulloso de sus obras, se duele por el fin de las mismas confesándole al sobrino de Medardo, el muchacho narrador de la trama, sus contradicciones emocionales. Medardo va causando dolor gratuito allí por donde pasa y, además, deja una firma característica: plantas, flores y animales aparecen, como él, partidos por la mitad. 

El único lugar que está a salvo de la violencia del vizconde es la leprosería, donde envía a la nodriza Sebastiana por haberse atrevido a recriminarle su actitud. La mujer, inteligente y libre, gracias a sus conocimientos sobre las plantas medicinales, logra salir indemne de la enfermedad. Calvino, con ironía y maestría nos retrata, el ambiente libertino entre los miembros de la leprosería que viven ajenos a las normas sociales y de la caridad de las gentes del pueblo. También, con sorna, nos introduce en la asfixiante comunidad de hugonotes que se rigen por estrictos preceptos bíblicos sin base alguna, ya que no poseen ni leen un solo libro, ni siquiera la Biblia a la que dicen obedecer. 

Este estado de cosas se ve alterado cuando Medardo se queda prendado de Pamela, una rústica pastora, que hace gala de una natural inteligencia emocional. Paralelamente, parece que un nuevo Medardo se muestra ante su gente. Es este bondad extrema, sencillo, humilde y se conduce como un pordiosero. Es Pamela la que se da cuenta que este nuevo Medardo es la otra mitad del vizconde demediado que se quedó olvidada en el campo de batalla. Si el primero que llegó a Torralba solo tenía la parte mala, este (cuidado por unos monjes) lleva en sí todo lo bueno. Sin embargo, las cosas no son tan fáciles, ya que este nuevo Medardo, queriendo impartir justicia, se inmiscuye en el status quo de todas las comunidades, alterándolas y generando malestar entre sus habitantes.  

Este nuevo Medardo también se enamora de Pamela e intenta casarse con ella. El rifirrafe con su otro yo está servido y, además, en la misma iglesia. Llega un punto que ambos acuerdan que la única manera que tienen de desenredar el entuerto es batirse en duelo. Y aquí entra el borrachuzo y cobarde Doctor Trelawney. Era, según nuestro narrador, un médico aprensivo que aborrecía la sangre. Sin embargo, disfrutaba con el estudio y la innovación científica. Desde que llegó el segundo Medardo, la otra parte del vizconde demediado, estuvo en secreto investigando. Así, el día del duelo se presenta con todo el instrumental a su disposición y muchas gasas. Heridos ambos Medardo por la cicatriz que los mantenía separados, el buen doctor se la ingenia para coserlos y unirlos de nuevo. Así, al cabo de los días, la sangre buena se mezcla con la mala dando como resultado un ser único, sin partir, y con las luces y sombras inherentes a todos los miembros de la raza humana. 

 

 

Vizconde demediado  

Sobre el bien y el mal en la naturaleza humana según la obra  

El vizconde demediado de Italo Calvino nos adentra en la temática de la dualidad espiritual, en la oscuridad y la luz que habita en el interior del ser humano. Aunque la narración nos previene, incluso, de los precipicios peligrosos a los que pueden llevar las, a priori, buenas acciones, este corto relato tiene un final feliz. Y este no es otro que la unión de las dos partes: la luminosa y la oscura, el bien (que había caído en la mendicidad y que se entrometía en la vida cotidiana de todos los habitantes de la aldea causando malestar) y el mal que, desde el principio, acusaba crueldad extrema. La única manera de vivir en un término de recta justicia es unir esas dos partes que, en la obra, aparecen como dos personajes distintos, aunque no lo sean.  Es Pamela la que se da cuenta de que hay dos vizcondes con naturalezas antagónicas cuando todos habían caído en la confusión.  

- Me encanta que estés alegre, muchacha -dijo el vizconde- pero, ¿por qué te ríes?, si se me permite la pregunta. 

- Río porque he comprendido lo que trae locos a todos mis paisanos. 

- ¿Qué? 

- Que sois un poco bueno y un poco malo. Ahora todo es natural. 

- ¿Y por qué? 

- Porque me he dado cuenta de que sois la otra mitad. El vizconde que vive en el castillo, el malo, es una mitad.  Y vos sois la otra mitad, que se creía perdida en la guerra y que ahora ha regresado. Es una mitad buena.  

Y el otro tema (paralelo) de la obra se adentra en la unicidad de la persona. Todos somos únicos e irrepetibles. Si es así: ¿quiénes somos cuando se nos extirpa una parte importante de nuestro espíritu? Durante la refriega en la iglesia, las dos partes del desdichado vizconde demediado se arrogan ser el auténtico Medardo. Sin embargo, no hay ninguno que sea el que partió (entero) a la guerra. Ambos son esa persona y ninguno de ellos (partidos y divididos) pueden ser el auténtico señor de Torralba. La disputa solo podía arreglarla un médico extranjero que llegó al pueblo por casualidad y, como alguien que toma distancia, entendió la problemática y puso la solución.  

Y en estas, por el fondo de la nave, sosteniéndose en su muleta, entró el vizconde, con el traje nuevo de terciopelo con bullones empapado en agua y roto, y dijo: 

-Medardo de Torralba soy yo y Pamela es mi mujer. 

El Bueno renqueó hacia él. 

-No, el Medardo que se ha casado con Pamela soy yo. 

El Doliente tiró la muleta y echó mano a la espada. Al Bueno no le quedaba más remedio que hacer otro tanto.   

El vizconde demediado de Italo Calvino es una obra clásica que nos dice, con un estilo directo, sencillo, irónico y, a veces, hasta cínico de los límites de la naturaleza humana. Para que exista luz en nuestro espíritu tenemos que reconocer y aceptar la sombra. De lo contrario, deviene el caos y la violencia que ambos Medardo derramaban por su pueblo.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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El vizconde demediado (1952) de Italo Calvino (1923-1985) es una de las obras de la colección Nuestros Antepasados. En ella se aborda, en clave de humor, a pesar de los hechos trágicos que se narran, las luces y las sombras inherentes a la naturaleza humana. El protagonista es Medardo de Torralba, un joven noble italiano enfrentado a una brutal prueba. La acción tiene lugar en un momento histórico indeterminado que, por las características del relato, podría estar situado en Italia entre el siglo XV y el XVII. 

Personajes de El vizconde demediado 

1.- El narrador, sobrino del protagonista, del que no conocemos su nombre. Actúa como una voz omnisciente. De él sabemos que es un individuo fronterizo, ya que es el único hijo de la hermana mayor de Medardo. Esta es calificada como una descarriada, como una mujer que quiso saltarse las normas. Al quedarse huérfano, fue acogido por la familia de una manera un poco desordenada y negligente, ya que nadie se ocupó de su educación. No pertenece a lugar alguno. Por eso, se mueve con libertad en todos los emplazamientos de la obra e interactuando con todos los personajes sean estos de la condición social que sean. Es, de alguna manera, aceptado por todos sin pertenecer a ninguna de las familias. 

2.- Medardo de Torralba, el vizconde demediado y debido a una acción de guerra, convertido en dos personas. Contamos su aventura en el resumen posterior. Es el protagonista de la obra de Calvino. 

3- Doctor Trelawney, médico entrado en años, de origen inglés (esto es, un forastero) de ánimo cobarde que demuestra talento científico, el mismo que, al final de la obra, salva al protagonista o a los protagonistas. Y eso a pesar del poco arrojo del personaje.  

4.- Pamela, una rústica pastora objeto de los amores de los “dos vizcondes”. A pesar de presentarse como una joven sencilla y simple, hace gala de buenas dosis de inteligencia emocional a lo largo de la obra.  

5.- Sebastiana, la nodriza y, como el narrador, un personaje independiente y transfronterizo. Es independiente y de criterio propio, el cual no abandona bajo ninguna circunstancia. 

6.- El maestro Pietrochiodo, artesano creador y simbolización de los trabajadores del castillo. 

7.- Ezequiel, jefe de los hugonotes, apartados del resto de los habitantes del pueblo. Se rigen por una estricta religiosidad sin base en los preceptos de La Biblia, libro que ni siquiera poseen ni leen. 

8.- Galateo, el leproso intermediario entre las gentes del pueblo y la leprosería, comunidad al margen de las leyes sociales.  

Resumen de El vizconde demediado de Italo Calvino  

Medardo de Torralba es un joven noble italiano que parte a la guerra. Nada más llegar, debido a la inexperiencia y a su espíritu imprudente, es herido de gravedad. Es recogido por los médicos militares quienes solo pueden salvar del muchacho una sola mitad. El resto ha desaparecido entre los despojos de la batalla. De esta guisa regresa a su pueblo natal donde todos le esperan. Entre ellos su padre ansía su regreso, aunque muere de pena inmediatamente al percatarse (antes que nadie) de la naturaleza maligna que la guerra ha dejado en su hijo. 

Muy pronto, Medardo da muestras de una crueldad extrema ajusticiando a diestro y a siniestro sin miramientos. Encarga al maestro Pietrochiodo la creación de nuevos inventos de tortura y muerte. El artesano, a pesar de que está orgulloso de sus obras, se duele por el fin de las mismas confesándole al sobrino de Medardo, el muchacho narrador de la trama, sus contradicciones emocionales. Medardo va causando dolor gratuito allí por donde pasa y, además, deja una firma característica: plantas, flores y animales aparecen, como él, partidos por la mitad. 

El único lugar que está a salvo de la violencia del vizconde es la leprosería, donde envía a la nodriza Sebastiana por haberse atrevido a recriminarle su actitud. La mujer, inteligente y libre, gracias a sus conocimientos sobre las plantas medicinales, logra salir indemne de la enfermedad. Calvino, con ironía y maestría nos retrata, el ambiente libertino entre los miembros de la leprosería que viven ajenos a las normas sociales y de la caridad de las gentes del pueblo. También, con sorna, nos introduce en la asfixiante comunidad de hugonotes que se rigen por estrictos preceptos bíblicos sin base alguna, ya que no poseen ni leen un solo libro, ni siquiera la Biblia a la que dicen obedecer. 

Este estado de cosas se ve alterado cuando Medardo se queda prendado de Pamela, una rústica pastora, que hace gala de una natural inteligencia emocional. Paralelamente, parece que un nuevo Medardo se muestra ante su gente. Es este bondad extrema, sencillo, humilde y se conduce como un pordiosero. Es Pamela la que se da cuenta que este nuevo Medardo es la otra mitad del vizconde demediado que se quedó olvidada en el campo de batalla. Si el primero que llegó a Torralba solo tenía la parte mala, este (cuidado por unos monjes) lleva en sí todo lo bueno. Sin embargo, las cosas no son tan fáciles, ya que este nuevo Medardo, queriendo impartir justicia, se inmiscuye en el status quo de todas las comunidades, alterándolas y generando malestar entre sus habitantes.  

Este nuevo Medardo también se enamora de Pamela e intenta casarse con ella. El rifirrafe con su otro yo está servido y, además, en la misma iglesia. Llega un punto que ambos acuerdan que la única manera que tienen de desenredar el entuerto es batirse en duelo. Y aquí entra el borrachuzo y cobarde Doctor Trelawney. Era, según nuestro narrador, un médico aprensivo que aborrecía la sangre. Sin embargo, disfrutaba con el estudio y la innovación científica. Desde que llegó el segundo Medardo, la otra parte del vizconde demediado, estuvo en secreto investigando. Así, el día del duelo se presenta con todo el instrumental a su disposición y muchas gasas. Heridos ambos Medardo por la cicatriz que los mantenía separados, el buen doctor se la ingenia para coserlos y unirlos de nuevo. Así, al cabo de los días, la sangre buena se mezcla con la mala dando como resultado un ser único, sin partir, y con las luces y sombras inherentes a todos los miembros de la raza humana. 

 

 

Vizconde demediado  

Sobre el bien y el mal en la naturaleza humana según la obra  

El vizconde demediado de Italo Calvino nos adentra en la temática de la dualidad espiritual, en la oscuridad y la luz que habita en el interior del ser humano. Aunque la narración nos previene, incluso, de los precipicios peligrosos a los que pueden llevar las, a priori, buenas acciones, este corto relato tiene un final feliz. Y este no es otro que la unión de las dos partes: la luminosa y la oscura, el bien (que había caído en la mendicidad y que se entrometía en la vida cotidiana de todos los habitantes de la aldea causando malestar) y el mal que, desde el principio, acusaba crueldad extrema. La única manera de vivir en un término de recta justicia es unir esas dos partes que, en la obra, aparecen como dos personajes distintos, aunque no lo sean.  Es Pamela la que se da cuenta de que hay dos vizcondes con naturalezas antagónicas cuando todos habían caído en la confusión.  

- Me encanta que estés alegre, muchacha -dijo el vizconde- pero, ¿por qué te ríes?, si se me permite la pregunta. 

- Río porque he comprendido lo que trae locos a todos mis paisanos. 

- ¿Qué? 

- Que sois un poco bueno y un poco malo. Ahora todo es natural. 

- ¿Y por qué? 

- Porque me he dado cuenta de que sois la otra mitad. El vizconde que vive en el castillo, el malo, es una mitad.  Y vos sois la otra mitad, que se creía perdida en la guerra y que ahora ha regresado. Es una mitad buena.  

Y el otro tema (paralelo) de la obra se adentra en la unicidad de la persona. Todos somos únicos e irrepetibles. Si es así: ¿quiénes somos cuando se nos extirpa una parte importante de nuestro espíritu? Durante la refriega en la iglesia, las dos partes del desdichado vizconde demediado se arrogan ser el auténtico Medardo. Sin embargo, no hay ninguno que sea el que partió (entero) a la guerra. Ambos son esa persona y ninguno de ellos (partidos y divididos) pueden ser el auténtico señor de Torralba. La disputa solo podía arreglarla un médico extranjero que llegó al pueblo por casualidad y, como alguien que toma distancia, entendió la problemática y puso la solución.  

Y en estas, por el fondo de la nave, sosteniéndose en su muleta, entró el vizconde, con el traje nuevo de terciopelo con bullones empapado en agua y roto, y dijo: 

-Medardo de Torralba soy yo y Pamela es mi mujer. 

El Bueno renqueó hacia él. 

-No, el Medardo que se ha casado con Pamela soy yo. 

El Doliente tiró la muleta y echó mano a la espada. Al Bueno no le quedaba más remedio que hacer otro tanto.   

El vizconde demediado de Italo Calvino es una obra clásica que nos dice, con un estilo directo, sencillo, irónico y, a veces, hasta cínico de los límites de la naturaleza humana. Para que exista luz en nuestro espíritu tenemos que reconocer y aceptar la sombra. De lo contrario, deviene el caos y la violencia que ambos Medardo derramaban por su pueblo.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Casandra era una princesa troyana, hija de los reyes Hécuba y Príamo. Aparece nombrada en la Ilíada por Homero en el marco de las guerras entre griegos y troyanos. Casandra era una sacerdotisa que adivinó la trampa del famoso caballo de madera. Desafortunadamente, ya estaba maldita y nadie creyó lo que decía. A pesar de sus premoniciones, su pueblo fue aniquilado tras perder la guerra. 

El mito de Casandra 

Casandra era la princesa troyana sacerdotisa encargada del templo de Apolo. Existen varias versiones sobre cómo adquirió el don de la profecía y también cómo lo perdió. La más extendida de la literatura griega es la que alude al pacto entre la mortal y el dios Apolo. Ella había prometido tener relaciones con el dios y convertirse en su amante si le otorgaba el don de adivinar el futuro.  Sin embargo, una vez Casandra obtiene lo que quería no cumple su parte del pacto. Apolo, enfurecido, la maldice escupiéndole en la boca. Desde ese momento cualquier palabra que saliera de la boca de la princesa era considerada una locura y nadie creería en ella.  

La tragedia llega con la guerra entre troyanos y griegos. Estos últimos construyen un caballo de madera con el interior hueco donde se aposta el ejército. Dejan el ingenio a las puertas de la muralla enemiga y hacen creer a los troyanos que es un regalo de los dioses. Estos, confiados, lo introducen en la ciudad y, al caer, la noche, de forma sigilosa, abandonan la panza del caballo de madera para incendiar la ciudad. Casandra vio lo que el ejército griego estaba tramando. Sin embargo, nadie de los de su pueblo creyó sus palabras tachándola de loca. Cuando todos fueron aniquilados, el dolor de Casandra fue doble: por su maldición y por la muerte de los suyos.  

Existen varias versiones sobre la muerte de Casandra y todas apuntan a una violenta e, incluso, a una violación.  Por tanto, el mito de Casandra nos habla de una princesa troyana, sacerdotisa en el templo y escogida por Apolo gracias a su belleza, que vivió la peor vida posible por no cumplir el pacto con la divinidad. 

El mito de Casandra a la luz de los símbolos 

El mito de Casandra nos habla del don de la profecía, de poder adivinar el futuro y, también de saber la verdad oculta. Este es el lado luminoso. La princesa es capaz de ver aquello oculto a los demás. Tiene el don de los escogidos, los que desentrañan las distintas capas de los hechos, las personas y las cosas. El lado oscuro nos habla de una maldición, ya que Casandra no solo no puede comunicar aquello que sabe sino que, además, la tachan de loca abundando aún más en el sentido simbólico del personaje. El loco, en las culturas antiguas, era el que vivía ajeno a las normas sociales, el que veía aquello que nadie puede ver y el que entendía la verdad desde una perspectiva original. Sin embargo, Casandra sufre aún más, ya que no es validada en ningún momento. Es apartada del emplazamiento que le corresponde hundiéndola aún más en la desesperación. 

Complejo de Casandra según la psicología 

Con los avances sobre el inconsciente según Freud y, especialmente, a partir de la propuesta sobre los arquetipos de C.G. Jung, surgen en el siglo XX una serie de especialistas que interpretan los mitos clásicos con una nueva visión. Uno de ellos es Gastón Bachelard, el mismo que propuso en la década de los cincuenta el término complejo de Casandra para una patología psicológica. Si bien, como la princesa griega, no gozó del favor de los investigadores hasta el siglo XXI, cuando la soledad y la incomprensión van haciendo mella en un número creciente de individuos. 

El complejo de Casandra afecta tanto a hombres como a mujeres que se caracterizan por una gran sensibilidad, inteligencia y dotes de observación. Todo ello propicia que sean capaces de elaborar complejos y acertados análisis sobre situaciones de la realidad cotidiana. Sin embargo, como la princesa troyana, pocos atinan a hacerse entender o comprender. Esto es, estos individuos siempre van a contracorriente de lo aceptado socialmente aún proponiendo visiones más que razonables de ciertas realidades. Este choque entre la íntima creencia individual y el rechazo social lleva a una situación de progresiva tristeza, autoestima baja, soledad y aislamiento. Las personas que, como en el mito de Casandra, padecen este complejo psicológico sufren por esa incomunicación, por ese cortocircuito entre aquello que quieren expresar y la poca acogida que sus palabras surten en su entorno. Se sienten eternamente incomprendidas, ninguneadas e invalidadas. Normalmente cursan con episodios de tristeza y depresión. La característica anímica más extendida es la soledad y el aislamiento que conllevan un importante sufrimiento espiritual.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Casandra era una princesa troyana, hija de los reyes Hécuba y Príamo. Aparece nombrada en la Ilíada por Homero en el marco de las guerras entre griegos y troyanos. Casandra era una sacerdotisa que adivinó la trampa del famoso caballo de madera. Desafortunadamente, ya estaba maldita y nadie creyó lo que decía. A pesar de sus premoniciones, su pueblo fue aniquilado tras perder la guerra. 

El mito de Casandra 

Casandra era la princesa troyana sacerdotisa encargada del templo de Apolo. Existen varias versiones sobre cómo adquirió el don de la profecía y también cómo lo perdió. La más extendida de la literatura griega es la que alude al pacto entre la mortal y el dios Apolo. Ella había prometido tener relaciones con el dios y convertirse en su amante si le otorgaba el don de adivinar el futuro.  Sin embargo, una vez Casandra obtiene lo que quería no cumple su parte del pacto. Apolo, enfurecido, la maldice escupiéndole en la boca. Desde ese momento cualquier palabra que saliera de la boca de la princesa era considerada una locura y nadie creería en ella.  

La tragedia llega con la guerra entre troyanos y griegos. Estos últimos construyen un caballo de madera con el interior hueco donde se aposta el ejército. Dejan el ingenio a las puertas de la muralla enemiga y hacen creer a los troyanos que es un regalo de los dioses. Estos, confiados, lo introducen en la ciudad y, al caer, la noche, de forma sigilosa, abandonan la panza del caballo de madera para incendiar la ciudad. Casandra vio lo que el ejército griego estaba tramando. Sin embargo, nadie de los de su pueblo creyó sus palabras tachándola de loca. Cuando todos fueron aniquilados, el dolor de Casandra fue doble: por su maldición y por la muerte de los suyos.  

Existen varias versiones sobre la muerte de Casandra y todas apuntan a una violenta e, incluso, a una violación.  Por tanto, el mito de Casandra nos habla de una princesa troyana, sacerdotisa en el templo y escogida por Apolo gracias a su belleza, que vivió la peor vida posible por no cumplir el pacto con la divinidad. 

El mito de Casandra a la luz de los símbolos 

El mito de Casandra nos habla del don de la profecía, de poder adivinar el futuro y, también de saber la verdad oculta. Este es el lado luminoso. La princesa es capaz de ver aquello oculto a los demás. Tiene el don de los escogidos, los que desentrañan las distintas capas de los hechos, las personas y las cosas. El lado oscuro nos habla de una maldición, ya que Casandra no solo no puede comunicar aquello que sabe sino que, además, la tachan de loca abundando aún más en el sentido simbólico del personaje. El loco, en las culturas antiguas, era el que vivía ajeno a las normas sociales, el que veía aquello que nadie puede ver y el que entendía la verdad desde una perspectiva original. Sin embargo, Casandra sufre aún más, ya que no es validada en ningún momento. Es apartada del emplazamiento que le corresponde hundiéndola aún más en la desesperación. 

Complejo de Casandra según la psicología 

Con los avances sobre el inconsciente según Freud y, especialmente, a partir de la propuesta sobre los arquetipos de C.G. Jung, surgen en el siglo XX una serie de especialistas que interpretan los mitos clásicos con una nueva visión. Uno de ellos es Gastón Bachelard, el mismo que propuso en la década de los cincuenta el término complejo de Casandra para una patología psicológica. Si bien, como la princesa griega, no gozó del favor de los investigadores hasta el siglo XXI, cuando la soledad y la incomprensión van haciendo mella en un número creciente de individuos. 

El complejo de Casandra afecta tanto a hombres como a mujeres que se caracterizan por una gran sensibilidad, inteligencia y dotes de observación. Todo ello propicia que sean capaces de elaborar complejos y acertados análisis sobre situaciones de la realidad cotidiana. Sin embargo, como la princesa troyana, pocos atinan a hacerse entender o comprender. Esto es, estos individuos siempre van a contracorriente de lo aceptado socialmente aún proponiendo visiones más que razonables de ciertas realidades. Este choque entre la íntima creencia individual y el rechazo social lleva a una situación de progresiva tristeza, autoestima baja, soledad y aislamiento. Las personas que, como en el mito de Casandra, padecen este complejo psicológico sufren por esa incomunicación, por ese cortocircuito entre aquello que quieren expresar y la poca acogida que sus palabras surten en su entorno. Se sienten eternamente incomprendidas, ninguneadas e invalidadas. Normalmente cursan con episodios de tristeza y depresión. La característica anímica más extendida es la soledad y el aislamiento que conllevan un importante sufrimiento espiritual.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Encontramos el mito de Eco y Narciso con sus desgraciados amores y dramático final en las famosas Metamorfosis de Ovidio (s. I d.c.) Su desventurada historia de desamor nos sirve para entender el sentido simbólico del eco, ese sonido que se repite cuando nos encontramos en una montaña o en un lugar lo suficientemente amplio que permita el rebote de la vibración. Las aventuras de Narciso, y nos adelantamos, han dado, incluso, nombre a una patología psicológica, la del narcisista, el que solo se ama a sí mismo. Así, una vez más, la mitología y la literatura griega nos ayudan a entender tanto los orígenes del mundo pagano como su explicación de los vicios y virtudes de la raza humana. Empecemos por el principio. 

El mito de Eco y Narciso y su desgraciado final  

El primer acto de la historia tiene como protagonista a Eco. Era esta una hermosa ninfa de las montañas bendecida con una bella voz y una delicada conversación. Su talento era tal que se comunicaba, incluso, con los animales. Eco vivía feliz con sus hermanas disfrutando de sus exquisitas historias hasta que un buen día Zeus apareció por las montañas. El dios del Olimpo no se lo ocurrió otra cosa que dedicarse a flirtear con todas las ninfas allí congregadas y haciendo uso de todos los placer posibles (incluido el carnal) para divertirse con ellas. Estos devaneos llegaron a oídos de Hera, esposa de Zeus y diosa del matrimonio, el hogar, los partos y el amor convencional. 

Y con la entrada de la diosa en la acción comienza el segundo acto y el meollo del drama. Eco, a solicitud de Zeus, cuando Hera apareció por las montañas para pillar a su marido in fraganti, se dedicó a dar cháchara a la diosa con el único fin de entretenerla. Así, Zeus podía solazarse con mayor tranquilidad. Furiosa Hera por el indigno comportamiento de la ninfa, hizo lo que hacían las diosas paganas: maldecirla de por vida de la peor forma posible. Le robó lo que más amaba: el don de la voz y su habilidad para la conversación. Y desde ese momento, Eco estuvo condenada a repetir las últimas palabras de su interlocutor sin poder emitir, nunca más, ningún mensaje propio. Compungida y entristecida al máximo, Eco se apartó de sus hermanas las ninfas y se recluyó en una cueva con la única compañía de los animales del bosque donde se fue apagando poco a poco. 

El tercer acto añade un nuevo personaje y más tensión al drama. Así apagada y entristecida pasaba Eco sus días hasta que apareció junto al río el joven y bellísimo Narciso. El joven estaba dotado de tal hermosura que hombres, mujeres y ninfas quedaban rendidos ante él. Sin embargo, tal como nos narra el mito de Narciso, la respuesta por parte del muchacho siempre era el desdén. Y lo era porque prefería cazar a solas por el bosque a la compañía humana. Además, no le importaba el daño que su despecho causaba en otros. Sin embargo, Eco, abrumada por la soledad y obnubilada por la belleza de Narciso, un buen día se atrevió a comunicarse con el hermoso joven. Y lo hizo a través de los animales del bosque que le hacían compañía. La respuesta del joven no se hizo esperar burlándose de las intenciones amorosas de la ninfa.  

Entramos en el último acto y desenlace del drama. Los dioses, hartos de tanto desdén por parte de Narciso, hicieron que éste, un día que iba a beber agua del arroyo, se enamora de su imagen. Tal fue su pasión por el reflejo que las aguas devolvían que se acercó más y más a besar a aquel muchacho de hermosura divina y que no era otro que él mismo. Con la intención de besar el reflejo, siguió acercándose más y más hasta que se precipitó sobre el abismo y se ahogó. Apiadados los dioses y para que no se perdiera su belleza, su cuerpo sin pulso, fue transformado en la flor del narciso. Así se recordaría a todos los que bordeen las orillas de los arroyos en busca de amor egoísta que el castigo divino será la aniquilación del cuerpo y del alma. Eco, por su parte, rota de dolor por la muerte del muchacho, también recibió la piedad de los dioses y fue metamorfoseada en el eco de las montañas.  

Sentido simbólico del mito de Eco y Narciso  

De Narciso 

El mito de Narciso ha sido ampliamente estudiado por la psicología tras la definición del inconsciente de Freud. Se ha asemejado al que, patológicamente, solo mira por sí y para sí. En las últimas décadas, además, la personalidad narcisista copa trabajos de todo tipo por el destrozo que causa a su alrededor y por su progresivo auge en la sociedad contemporánea. Narciso se burla de la ninfa, de su amor y se ríe de su condición (el eco) que es, además, un castigo de los dioses. Su falta de empatía llega a tal nivel que únicamente podría enamorarse de sí mismo. Y eso fue lo que hizo. Sin embargo, su pasión (como ocurre siempre) fue su perdición y castigo. 

Esta flor también recuerda -pero a un grado inferior de  simbolización- la caída de Narciso en las aguas donde se mira con complacencia: de ahí viene que lo hayan reducido, en las interpretaciones moralizantes, al emblema de la vanidad, del egocentrismo, del amor y de la satisfacción de uno mismo… El agua sirve de espejo, pero un espejo abierto  a las profundidades del yo: el reflejo del yo que allí miramos revela una tendencia a la idealización. 

Jean Chevalier: Diccionario de símbolos  

Aunque este es el sentido simbólico aceptado mayoritariamente, los poetas simbolistas vieron en el personaje una representación holística de la condición humana. Narciso, bello y único, quiere fundirse con la creación divina y la única forma que tiene es morir para, eternamente, formar parte de la naturaleza. 

El menor suspiro

Que yo exhalare

Vendría a quitarme

Lo que yo adoraba

Sobre el agua azul y blonda

Y cielos y bosques

Y rosa del onda

 

Paul Valéry: Narciso 

De Eco 

La ninfa de las montañas no ha generado tanta literatura (ni artística ni científica) como su compañero de drama. Eco es la representación de la cháchara hueca, de la conversación que nada aporta, de la palabrería utilizada para la manipulación. Tiene un don (el de la comunicación y, además, Ovidio nos recuerda que la llevaba a cabo con especial belleza) y lo desperdicia para contribuir a la lujuria de Zeus y, precisamente, con sus hermanas. Al malgastar su talento para la mentira, Hera (la diosa del hogar y la familia) la castiga a no poder emitir ningún mensaje, a no poder utilizar aquello que la hace especial. A partir de ese instante, debe ponerse siempre en el papel del receptor y repetirá siempre sus últimas palabras. Ni siquiera le fue permitido el silencio. De artista de la palabra pasó a repetir, a plagiar. El castigo se ahonda con la separación de quienes habían formado parte de su mundo, con la soledad y con el aislamiento.  

A pesar de que se enamora, la ilusión por compartir se desvanece con las burlas del muchacho y con su muerte. El dolor fue del intensidad que los dioses se apiadaron de su sufrimiento. Para librarla de una vida de desesperación, los dioses llevan a cabo la metamorfosis que se narra en el mito de Eco y Narciso recogido por Ovidio. Permanecerá para siempre en las montañas (lugar donde pertenece) repitiendo la voz humana y recordándonos su leyenda. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Encontramos el mito de Eco y Narciso con sus desgraciados amores y dramático final en las famosas Metamorfosis de Ovidio (s. I d.c.) Su desventurada historia de desamor nos sirve para entender el sentido simbólico del eco, ese sonido que se repite cuando nos encontramos en una montaña o en un lugar lo suficientemente amplio que permita el rebote de la vibración. Las aventuras de Narciso, y nos adelantamos, han dado, incluso, nombre a una patología psicológica, la del narcisista, el que solo se ama a sí mismo. Así, una vez más, la mitología y la literatura griega nos ayudan a entender tanto los orígenes del mundo pagano como su explicación de los vicios y virtudes de la raza humana. Empecemos por el principio. 

El mito de Eco y Narciso y su desgraciado final  

El primer acto de la historia tiene como protagonista a Eco. Era esta una hermosa ninfa de las montañas bendecida con una bella voz y una delicada conversación. Su talento era tal que se comunicaba, incluso, con los animales. Eco vivía feliz con sus hermanas disfrutando de sus exquisitas historias hasta que un buen día Zeus apareció por las montañas. El dios del Olimpo no se lo ocurrió otra cosa que dedicarse a flirtear con todas las ninfas allí congregadas y haciendo uso de todos los placer posibles (incluido el carnal) para divertirse con ellas. Estos devaneos llegaron a oídos de Hera, esposa de Zeus y diosa del matrimonio, el hogar, los partos y el amor convencional. 

Y con la entrada de la diosa en la acción comienza el segundo acto y el meollo del drama. Eco, a solicitud de Zeus, cuando Hera apareció por las montañas para pillar a su marido in fraganti, se dedicó a dar cháchara a la diosa con el único fin de entretenerla. Así, Zeus podía solazarse con mayor tranquilidad. Furiosa Hera por el indigno comportamiento de la ninfa, hizo lo que hacían las diosas paganas: maldecirla de por vida de la peor forma posible. Le robó lo que más amaba: el don de la voz y su habilidad para la conversación. Y desde ese momento, Eco estuvo condenada a repetir las últimas palabras de su interlocutor sin poder emitir, nunca más, ningún mensaje propio. Compungida y entristecida al máximo, Eco se apartó de sus hermanas las ninfas y se recluyó en una cueva con la única compañía de los animales del bosque donde se fue apagando poco a poco. 

El tercer acto añade un nuevo personaje y más tensión al drama. Así apagada y entristecida pasaba Eco sus días hasta que apareció junto al río el joven y bellísimo Narciso. El joven estaba dotado de tal hermosura que hombres, mujeres y ninfas quedaban rendidos ante él. Sin embargo, tal como nos narra el mito de Narciso, la respuesta por parte del muchacho siempre era el desdén. Y lo era porque prefería cazar a solas por el bosque a la compañía humana. Además, no le importaba el daño que su despecho causaba en otros. Sin embargo, Eco, abrumada por la soledad y obnubilada por la belleza de Narciso, un buen día se atrevió a comunicarse con el hermoso joven. Y lo hizo a través de los animales del bosque que le hacían compañía. La respuesta del joven no se hizo esperar burlándose de las intenciones amorosas de la ninfa.  

Entramos en el último acto y desenlace del drama. Los dioses, hartos de tanto desdén por parte de Narciso, hicieron que éste, un día que iba a beber agua del arroyo, se enamora de su imagen. Tal fue su pasión por el reflejo que las aguas devolvían que se acercó más y más a besar a aquel muchacho de hermosura divina y que no era otro que él mismo. Con la intención de besar el reflejo, siguió acercándose más y más hasta que se precipitó sobre el abismo y se ahogó. Apiadados los dioses y para que no se perdiera su belleza, su cuerpo sin pulso, fue transformado en la flor del narciso. Así se recordaría a todos los que bordeen las orillas de los arroyos en busca de amor egoísta que el castigo divino será la aniquilación del cuerpo y del alma. Eco, por su parte, rota de dolor por la muerte del muchacho, también recibió la piedad de los dioses y fue metamorfoseada en el eco de las montañas.  

Sentido simbólico del mito de Eco y Narciso  

De Narciso 

El mito de Narciso ha sido ampliamente estudiado por la psicología tras la definición del inconsciente de Freud. Se ha asemejado al que, patológicamente, solo mira por sí y para sí. En las últimas décadas, además, la personalidad narcisista copa trabajos de todo tipo por el destrozo que causa a su alrededor y por su progresivo auge en la sociedad contemporánea. Narciso se burla de la ninfa, de su amor y se ríe de su condición (el eco) que es, además, un castigo de los dioses. Su falta de empatía llega a tal nivel que únicamente podría enamorarse de sí mismo. Y eso fue lo que hizo. Sin embargo, su pasión (como ocurre siempre) fue su perdición y castigo. 

Esta flor también recuerda -pero a un grado inferior de  simbolización- la caída de Narciso en las aguas donde se mira con complacencia: de ahí viene que lo hayan reducido, en las interpretaciones moralizantes, al emblema de la vanidad, del egocentrismo, del amor y de la satisfacción de uno mismo… El agua sirve de espejo, pero un espejo abierto  a las profundidades del yo: el reflejo del yo que allí miramos revela una tendencia a la idealización. 

Jean Chevalier: Diccionario de símbolos  

Aunque este es el sentido simbólico aceptado mayoritariamente, los poetas simbolistas vieron en el personaje una representación holística de la condición humana. Narciso, bello y único, quiere fundirse con la creación divina y la única forma que tiene es morir para, eternamente, formar parte de la naturaleza. 

El menor suspiro

Que yo exhalare

Vendría a quitarme

Lo que yo adoraba

Sobre el agua azul y blonda

Y cielos y bosques

Y rosa del onda

 

Paul Valéry: Narciso 

De Eco 

La ninfa de las montañas no ha generado tanta literatura (ni artística ni científica) como su compañero de drama. Eco es la representación de la cháchara hueca, de la conversación que nada aporta, de la palabrería utilizada para la manipulación. Tiene un don (el de la comunicación y, además, Ovidio nos recuerda que la llevaba a cabo con especial belleza) y lo desperdicia para contribuir a la lujuria de Zeus y, precisamente, con sus hermanas. Al malgastar su talento para la mentira, Hera (la diosa del hogar y la familia) la castiga a no poder emitir ningún mensaje, a no poder utilizar aquello que la hace especial. A partir de ese instante, debe ponerse siempre en el papel del receptor y repetirá siempre sus últimas palabras. Ni siquiera le fue permitido el silencio. De artista de la palabra pasó a repetir, a plagiar. El castigo se ahonda con la separación de quienes habían formado parte de su mundo, con la soledad y con el aislamiento.  

A pesar de que se enamora, la ilusión por compartir se desvanece con las burlas del muchacho y con su muerte. El dolor fue del intensidad que los dioses se apiadaron de su sufrimiento. Para librarla de una vida de desesperación, los dioses llevan a cabo la metamorfosis que se narra en el mito de Eco y Narciso recogido por Ovidio. Permanecerá para siempre en las montañas (lugar donde pertenece) repitiendo la voz humana y recordándonos su leyenda. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Desde las nueve, uno de los poemas de Cavafis que trata el Carpe diem 

 

Las doce y media. Rápido ha pasado el tiempo 

desde las nueve en que encendí la lámpara

y me senté aquí. Sentado sin leer, 

y sin hablar. Con quién hablar 

tan solo como estoy en esta casa. 

 

La imagen de mi cuerpo joven,

desde las nueve en que encendí la lámpara, 

ha venido a mi encuentro y me ha recordado 

cerradas estancias perfumadas

y el placer ya pasado   -¡qué placer más audaz!- 

Y me trajo también ante mis ojos,

calles que ahora se han vuelto irreconocibles, 

locales llenos de movimiento que su fin han visto, 

y teatros y cafés que existieron un día. 

 

La imagen de mi cuerpo joven 

ha venido a traerme también las cosas tristes: 

lutos de familia, separaciones, 

sentimientos de los míos, sentimientos 

de los muertos tan poco valorados. 

 

Las doce y media. Cómo ha pasado el tiempo. 

Las doce y media. Cómo han pasado los años. 

 

 

El plazo de Nerón

 

No se inquietó Nerón cuando escuchó 

la predicción del Oráculo de Delfos.

“Que tema los setenta y tres años.”

Tenía tiempo para gozar aún. 

Treinta años tiene. Muy suficiente

es el plazo que el dios le da 

para velar por futuros peligros. 

 

Ahora a Roma regresará un poco cansado, 

pero deliciosamente cansado de este viaje, 

que ha sido pleno de días de placer -

en los teatros, en los jardines, en los gimnasios…

Y las tardes de las ciudades de Acaya…

Ah, el placer de los cuerpos desnudos, sobre todo… 

 

Así piensa Nerón. Y en Hispania Galba

en secreto reúne su ejército y lo adiestra, 

un anciano de setenta y tres años. 

 

Un viejo 

 

En la parte interior de un café bullicioso, 

inclinado sobre la mesa, está sentado un viejo; 

con un periódico delante, sin compañía. 

 

Y en el desdén de la vejez toda miserias

piensa en lo poco que gozó los años

en que tuvo vigor, verbo, y belleza. 

 

Sabe que ha envejecido mucho; lo siente, lo está viendo. 

Y sin embargo el tiempo en que fue joven le parece

como si fuera ayer. Qué breve lapso, qué breve lapso. 

 

Y piensa en cómo la Cordura le ha engañado; 

y cómo se fiaba siempre de ella -¡qué locura!-,

de la mentirosa que decía: “Mañana. Tienes mucho tiempo”. 

 

Recuerda impulsos que reprimía; y cuánta 

dicha sacrificaba. De su descerebrada sensatez

cada ocasión perdida ahora se burla. 

 

… Mas de tanto pensar y recordar

se ha mareado el viejo. Y se adormece

reclinado en la mesa del café. 

  Poemas de Constantino Cavafis

Esperando a los bárbaros, uno de los poemas de Cavafis que tratan “el otro” 

 

-¿A qué esperamos congregados en la plaza? 

 

            Es que hoy llegan los bárbaros. 

 

-¿Por qué hay tan poca actividad en el Senado?

¿Por qué los senadores -sentados- no legislan?

 

            Porque hoy llegan los bárbaros. 

            ¿Qué leyes dictarían ya los senadores? 

            Cuando lleguen las dictarán los bárbaros. 

 

-¿Por qué el emperador se ha levantado tan temprano 

Y en la puerta principal de la ciudad está sentado tan solemne, en su trono, y coronado? 

 

             Porque hoy llegan los bárbaros. 

             Y nuestro emperador está esperando para

              recibir a su jefe. Incluso ha preparado 

              un pergamino para él. Y en él le ha conferido 

              nombramientos y títulos sin cuento. 

 

-¿Por qué nuestros dos cónsules y los pretores han salido hoy

con sus togas recamadas de púrpura? 

¿Por qué esos brazaletes de tantas amatistas

Y anillos de esmeraldas destellantes? 

¿Por qué empuñan bastones tan preciosos labrados

maravillosamente en oro y plata? 

 

              Porque hoy llegan los bárbaros, 

              y esas cosas deslumbran a los bárbaros. 

 

-¿Por qué los dignos oradores no vienen como siempre a lanzar

sus discursos, a soltar peroratas? 

 

               Porque hoy llegan los bárbaros, 

                y elocuencia y arengas les aburren. 

 

-¿Por qué surge de pronto esa inquietud

y confusión? (¡Qué gravedad la de esos rostros!)

¿Por qué rápidamente calles y plazas se vacían

y todos vuelven a casa pensativos? 

 

                 Porque ya ha anochecido y no llegan los bárbaros. 

                 y desde las fronteras han venido algunos 

                 diciéndonos que no existen más bárbaros. 

 

Y ahora ya sin bárbaros ¿qué será de nosotros? 

Esos hombres era una cierta solución. 

 

Murallas

 

Sin miramiento, sin pudor, sin lástima

altas y sólidas me han levantado en torno. 

 

Y ahora, heme aquí, quieto y desesperándome.

No pienso en otra cosa: este destino me devora el alma. 

 

porque yo muchas cosas tenía que hacer fuera. 

¡Ay, cuando levantaban las murallas, cómo no me di cuenta! 

 

Pero nunca oír ruido ni voces de albañiles. 

Imperceptiblemente me encerraron fuera del mundo. 

 

Idus de Marzo

 

Ten miedo a las grandezas, alma mía. 

Y  si tus ambiciones no las puedes

vencer, persíguelas con precauciones, 

vacilante. Y cuanto más avances, 

sé más escrutadora y vigilante. 

 

Y cuando, al fin, alcances tu apogeo, César, 

y adquieras la figura del hombre egregio, 

vigila sobre todo entonces, al salir a la calle, 

dominador insigne en tu cortejo, 

si por azar de entre la multitud se te acerca

un Artemidoro, que trae una carta, 

y dice apresuradamente: “Lee ahora mismo esto, 

son asuntos muy graves que te atañen”,

no dejes de pararte, no dejes de aplazar

ocupaciones y entrevistas, ni de apartar

a esos que al saludarte se prosternan

(los ves más tarde); que incluso espere

el mismísimo Senado. Y, al punto, entérate

del importante escrito de Artemidoro. 

 

El Dios abandona a Antonio, uno de los poemas de Cavafis más hermosos 

 

Cuando de pronto, a medianoche, se oiga 

un cortejo invisible que circula 

con músicas excelsas, con clamores -

de tu destino que se entrega, de tus obras

que fracasaron, de los proyectos de tu vida

que tan mal te salieron, no te lamentes en vano. 

Como dispuesto desde ha tiempo, como un valiente, 

dile adiós a ella, a la Alejandría que se va. 

Y sobre todo no te engañes, no digas

que fue un sueño, que fue un error de tus oídos;

nunca aceptes tan vanas esperanzas. 

como dispuesto desde ha tiempo, como un valiente, 

Como te va a ti que de ciudad tal has sido digno, 

acércate con entereza a la ventana, 

y oye con emoción, pero no 

con súplicas y quejas de cobarde, 

como un último goce los acordes, 

los excelsos instrumentos del misterioso cortejo, 

y dile adiós a ella, a la Alejandría que tú pierdes. 

  

Ítaca de Cavafis, un poema que ha alcanzado el canon universal 

 

Cuando salgas de viaje para Ítaca, 

desea que el camino sea largo, 

colmado de aventuras, colmado de experiencias. 

A los lestrigones y a los cíclopes, 

al irascible Posidón no temas,

pues nunca encuentros tales tendrás en tu camino, 

si tu pensamiento se mantiene alto, si una exquisita

emoción te toca cuerpo y alma. 

A los lestrigones y a los cíclopes, 

al fiero Posidón no encontrarás, 

a no ser que los lleves ya en tu alma, 

a no ser que tu alma los ponga en pie ante ti. 

 

Desea que el camino sea largo. 

Que sean muchas las mañanas estivales

en que -¡y con qué alegre placer!- 

entres en puertos que ves por vez primera. 

Deténte en los mercados fenicios

para adquirir sus bellas mercancías, 

madreperlas y nácares, ébanos y ámbares, 

y voluptuosos perfumes de todas las clases,

todos los voluptuosos perfumes que te sean posibles. 

Y vete a muchas ciudades de Egipto

y aprende, aprende de los sabios. 

 

Mantén siempre a Ítaca en tu mente. 

Llegar allí es tu destino. 

Pero no tengas la menor prisa en tu viaje. 

Es mejor que dure muchos años

y que viejo al fin arribes a la isla, 

rico por todas las ganancias de tu viaje, 

sin esperar que Ítaca te va a ofrecer riquezas. 

 

Ítaca te ha dado un viaje hermoso. 

Sin ella no te habrías puesto en marcha. 

Pero no tiene ya más que ofrecerte. 

 

Aunque la encuentres pobre, Ítaca de ti no se ha burlado. 

Convertido en tan sabio, y con tanta experiencia, 

ya habrás comprendido el significado de las Ítacas. 

 

 Dos poemas que nos hablan del espíritu y la belleza a través de las cosas

EL SOL DE LA TARDE

 

Este cuarto ¡qué bien me lo conozco!

Ahora lo alquilan, junto con el de al lado, 

para oficinas comerciales. Toda la casa

transformada en oficinas de intermediarios, 

y de comerciantes, en Compañías, 

 

¡Ay, este cuarto, qué familiar me es! 

 

Aquí, junto a la puerta estaba el sofá; 

delante de él la alfombra turca; 

cerca el estante con dos jarrones amarillos. 

A la derecha, no, enfrente un armario de luna. 

En el centro la mesa en que escribía; 

y tres sillas de paja, grandes. 

Y junto a la ventana aquella cama

en la que nos amamos tantas veces. 

 

En algún sitio estarán aún los pobres. 

 

Y junto a la ventana aquella cama; 

el sol de la tarde le daba sólo en la mitad.  

 

… Una tarde, a las cuatro, nos habíamos separado

por una semana solamente… ¡Ay!, 

la semana aquella ha sido para siempre. 

 

EL ESPEJO DE LA ENTRADA

 

La rica mansión tenía en la entrada

un espejo muy grande, muy antiguo; 

por lo menos hacía ochenta años comprado. 

 

Un muchacho bellísimo, empleado de un sastre

(los domingos, atleta aficionado), 

estaba allí del pie con un paquete. Lo entregó 

a alguien de la casa, que se lo llevó dentro 

para traerle el recibo. El empleado del sastre

se quedó solo, y aguardaba. 

Se acercó al espejo y se estuvo mirando

y se arreglaba la corbata. A los cinco minutos 

le trajeron el recibo. Lo cogió y se fue. 

 

Pero el espejo antiguo que había visto y visto, 

en su existencia de tantísimos años, 

miles de cosas y de rostros; 

pero el espejo antiguo ahora se alegraba, 

y se enorgullecía de haber acogido sobre sí

por unos instantes la armoniosa belleza. 

 

A Amones, el poema de Constantino Cavafis que nos habla en la belleza física y artística clásicas

 

A AMONES,

QUE MURIÓ A LOS 29 AÑOS, EN EL 610 

 

Te piden, Rafael, que unos versos compongas

como epitafio del poeta Amones. 

Algo con mucha sensibilidad y fino. Tú podrás

-eres el indicado- escribir, como procede, 

sobre el poeta Amones, uno de los nuestros. 

 

Seguro que hablarás de sus poemas -

pero habla también de su belleza, 

de su delicada belleza que amamos. 

 

Hermoso y musical siempre es tu griego. 

Pero ahora queremos toda tu maestría. 

Nuestro dolor y amor pasan a una lengua extranjera. 

En la lengua extranjera vierte tu sensibilidad egipcia. 

 

Y que tus versos, Rafael, se escriban de tal forma

que, ya sabes, nuestra vida en su interior contengan, 

Y que su ritmo y cada frase muestren 

que de un alejandrino escribe alguien de Alejandría. 

 

Selección por Candela Vizcaíno 

Obras de Constantino Cavafis

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Desde las nueve, uno de los poemas de Cavafis que trata el Carpe diem 

 

Las doce y media. Rápido ha pasado el tiempo 

desde las nueve en que encendí la lámpara

y me senté aquí. Sentado sin leer, 

y sin hablar. Con quién hablar 

tan solo como estoy en esta casa. 

 

La imagen de mi cuerpo joven,

desde las nueve en que encendí la lámpara, 

ha venido a mi encuentro y me ha recordado 

cerradas estancias perfumadas

y el placer ya pasado   -¡qué placer más audaz!- 

Y me trajo también ante mis ojos,

calles que ahora se han vuelto irreconocibles, 

locales llenos de movimiento que su fin han visto, 

y teatros y cafés que existieron un día. 

 

La imagen de mi cuerpo joven 

ha venido a traerme también las cosas tristes: 

lutos de familia, separaciones, 

sentimientos de los míos, sentimientos 

de los muertos tan poco valorados. 

 

Las doce y media. Cómo ha pasado el tiempo. 

Las doce y media. Cómo han pasado los años. 

 

 

El plazo de Nerón

 

No se inquietó Nerón cuando escuchó 

la predicción del Oráculo de Delfos.

“Que tema los setenta y tres años.”

Tenía tiempo para gozar aún. 

Treinta años tiene. Muy suficiente

es el plazo que el dios le da 

para velar por futuros peligros. 

 

Ahora a Roma regresará un poco cansado, 

pero deliciosamente cansado de este viaje, 

que ha sido pleno de días de placer -

en los teatros, en los jardines, en los gimnasios…

Y las tardes de las ciudades de Acaya…

Ah, el placer de los cuerpos desnudos, sobre todo… 

 

Así piensa Nerón. Y en Hispania Galba

en secreto reúne su ejército y lo adiestra, 

un anciano de setenta y tres años. 

 

Un viejo 

 

En la parte interior de un café bullicioso, 

inclinado sobre la mesa, está sentado un viejo; 

con un periódico delante, sin compañía. 

 

Y en el desdén de la vejez toda miserias

piensa en lo poco que gozó los años

en que tuvo vigor, verbo, y belleza. 

 

Sabe que ha envejecido mucho; lo siente, lo está viendo. 

Y sin embargo el tiempo en que fue joven le parece

como si fuera ayer. Qué breve lapso, qué breve lapso. 

 

Y piensa en cómo la Cordura le ha engañado; 

y cómo se fiaba siempre de ella -¡qué locura!-,

de la mentirosa que decía: “Mañana. Tienes mucho tiempo”. 

 

Recuerda impulsos que reprimía; y cuánta 

dicha sacrificaba. De su descerebrada sensatez

cada ocasión perdida ahora se burla. 

 

… Mas de tanto pensar y recordar

se ha mareado el viejo. Y se adormece

reclinado en la mesa del café. 

  Poemas de Constantino Cavafis

Esperando a los bárbaros, uno de los poemas de Cavafis que tratan “el otro” 

 

-¿A qué esperamos congregados en la plaza? 

 

            Es que hoy llegan los bárbaros. 

 

-¿Por qué hay tan poca actividad en el Senado?

¿Por qué los senadores -sentados- no legislan?

 

            Porque hoy llegan los bárbaros. 

            ¿Qué leyes dictarían ya los senadores? 

            Cuando lleguen las dictarán los bárbaros. 

 

-¿Por qué el emperador se ha levantado tan temprano 

Y en la puerta principal de la ciudad está sentado tan solemne, en su trono, y coronado? 

 

             Porque hoy llegan los bárbaros. 

             Y nuestro emperador está esperando para

              recibir a su jefe. Incluso ha preparado 

              un pergamino para él. Y en él le ha conferido 

              nombramientos y títulos sin cuento. 

 

-¿Por qué nuestros dos cónsules y los pretores han salido hoy

con sus togas recamadas de púrpura? 

¿Por qué esos brazaletes de tantas amatistas

Y anillos de esmeraldas destellantes? 

¿Por qué empuñan bastones tan preciosos labrados

maravillosamente en oro y plata? 

 

              Porque hoy llegan los bárbaros, 

              y esas cosas deslumbran a los bárbaros. 

 

-¿Por qué los dignos oradores no vienen como siempre a lanzar

sus discursos, a soltar peroratas? 

 

               Porque hoy llegan los bárbaros, 

                y elocuencia y arengas les aburren. 

 

-¿Por qué surge de pronto esa inquietud

y confusión? (¡Qué gravedad la de esos rostros!)

¿Por qué rápidamente calles y plazas se vacían

y todos vuelven a casa pensativos? 

 

                 Porque ya ha anochecido y no llegan los bárbaros. 

                 y desde las fronteras han venido algunos 

                 diciéndonos que no existen más bárbaros. 

 

Y ahora ya sin bárbaros ¿qué será de nosotros? 

Esos hombres era una cierta solución. 

 

Murallas

 

Sin miramiento, sin pudor, sin lástima

altas y sólidas me han levantado en torno. 

 

Y ahora, heme aquí, quieto y desesperándome.

No pienso en otra cosa: este destino me devora el alma. 

 

porque yo muchas cosas tenía que hacer fuera. 

¡Ay, cuando levantaban las murallas, cómo no me di cuenta! 

 

Pero nunca oír ruido ni voces de albañiles. 

Imperceptiblemente me encerraron fuera del mundo. 

 

Idus de Marzo

 

Ten miedo a las grandezas, alma mía. 

Y  si tus ambiciones no las puedes

vencer, persíguelas con precauciones, 

vacilante. Y cuanto más avances, 

sé más escrutadora y vigilante. 

 

Y cuando, al fin, alcances tu apogeo, César, 

y adquieras la figura del hombre egregio, 

vigila sobre todo entonces, al salir a la calle, 

dominador insigne en tu cortejo, 

si por azar de entre la multitud se te acerca

un Artemidoro, que trae una carta, 

y dice apresuradamente: “Lee ahora mismo esto, 

son asuntos muy graves que te atañen”,

no dejes de pararte, no dejes de aplazar

ocupaciones y entrevistas, ni de apartar

a esos que al saludarte se prosternan

(los ves más tarde); que incluso espere

el mismísimo Senado. Y, al punto, entérate

del importante escrito de Artemidoro. 

 

El Dios abandona a Antonio, uno de los poemas de Cavafis más hermosos 

 

Cuando de pronto, a medianoche, se oiga 

un cortejo invisible que circula 

con músicas excelsas, con clamores -

de tu destino que se entrega, de tus obras

que fracasaron, de los proyectos de tu vida

que tan mal te salieron, no te lamentes en vano. 

Como dispuesto desde ha tiempo, como un valiente, 

dile adiós a ella, a la Alejandría que se va. 

Y sobre todo no te engañes, no digas

que fue un sueño, que fue un error de tus oídos;

nunca aceptes tan vanas esperanzas. 

como dispuesto desde ha tiempo, como un valiente, 

Como te va a ti que de ciudad tal has sido digno, 

acércate con entereza a la ventana, 

y oye con emoción, pero no 

con súplicas y quejas de cobarde, 

como un último goce los acordes, 

los excelsos instrumentos del misterioso cortejo, 

y dile adiós a ella, a la Alejandría que tú pierdes. 

  

Ítaca de Cavafis, un poema que ha alcanzado el canon universal 

 

Cuando salgas de viaje para Ítaca, 

desea que el camino sea largo, 

colmado de aventuras, colmado de experiencias. 

A los lestrigones y a los cíclopes, 

al irascible Posidón no temas,

pues nunca encuentros tales tendrás en tu camino, 

si tu pensamiento se mantiene alto, si una exquisita

emoción te toca cuerpo y alma. 

A los lestrigones y a los cíclopes, 

al fiero Posidón no encontrarás, 

a no ser que los lleves ya en tu alma, 

a no ser que tu alma los ponga en pie ante ti. 

 

Desea que el camino sea largo. 

Que sean muchas las mañanas estivales

en que -¡y con qué alegre placer!- 

entres en puertos que ves por vez primera. 

Deténte en los mercados fenicios

para adquirir sus bellas mercancías, 

madreperlas y nácares, ébanos y ámbares, 

y voluptuosos perfumes de todas las clases,

todos los voluptuosos perfumes que te sean posibles. 

Y vete a muchas ciudades de Egipto

y aprende, aprende de los sabios. 

 

Mantén siempre a Ítaca en tu mente. 

Llegar allí es tu destino. 

Pero no tengas la menor prisa en tu viaje. 

Es mejor que dure muchos años

y que viejo al fin arribes a la isla, 

rico por todas las ganancias de tu viaje, 

sin esperar que Ítaca te va a ofrecer riquezas. 

 

Ítaca te ha dado un viaje hermoso. 

Sin ella no te habrías puesto en marcha. 

Pero no tiene ya más que ofrecerte. 

 

Aunque la encuentres pobre, Ítaca de ti no se ha burlado. 

Convertido en tan sabio, y con tanta experiencia, 

ya habrás comprendido el significado de las Ítacas. 

 

 Dos poemas que nos hablan del espíritu y la belleza a través de las cosas

EL SOL DE LA TARDE

 

Este cuarto ¡qué bien me lo conozco!

Ahora lo alquilan, junto con el de al lado, 

para oficinas comerciales. Toda la casa

transformada en oficinas de intermediarios, 

y de comerciantes, en Compañías, 

 

¡Ay, este cuarto, qué familiar me es! 

 

Aquí, junto a la puerta estaba el sofá; 

delante de él la alfombra turca; 

cerca el estante con dos jarrones amarillos. 

A la derecha, no, enfrente un armario de luna. 

En el centro la mesa en que escribía; 

y tres sillas de paja, grandes. 

Y junto a la ventana aquella cama

en la que nos amamos tantas veces. 

 

En algún sitio estarán aún los pobres. 

 

Y junto a la ventana aquella cama; 

el sol de la tarde le daba sólo en la mitad.  

 

… Una tarde, a las cuatro, nos habíamos separado

por una semana solamente… ¡Ay!, 

la semana aquella ha sido para siempre. 

 

EL ESPEJO DE LA ENTRADA

 

La rica mansión tenía en la entrada

un espejo muy grande, muy antiguo; 

por lo menos hacía ochenta años comprado. 

 

Un muchacho bellísimo, empleado de un sastre

(los domingos, atleta aficionado), 

estaba allí del pie con un paquete. Lo entregó 

a alguien de la casa, que se lo llevó dentro 

para traerle el recibo. El empleado del sastre

se quedó solo, y aguardaba. 

Se acercó al espejo y se estuvo mirando

y se arreglaba la corbata. A los cinco minutos 

le trajeron el recibo. Lo cogió y se fue. 

 

Pero el espejo antiguo que había visto y visto, 

en su existencia de tantísimos años, 

miles de cosas y de rostros; 

pero el espejo antiguo ahora se alegraba, 

y se enorgullecía de haber acogido sobre sí

por unos instantes la armoniosa belleza. 

 

A Amones, el poema de Constantino Cavafis que nos habla en la belleza física y artística clásicas

 

A AMONES,

QUE MURIÓ A LOS 29 AÑOS, EN EL 610 

 

Te piden, Rafael, que unos versos compongas

como epitafio del poeta Amones. 

Algo con mucha sensibilidad y fino. Tú podrás

-eres el indicado- escribir, como procede, 

sobre el poeta Amones, uno de los nuestros. 

 

Seguro que hablarás de sus poemas -

pero habla también de su belleza, 

de su delicada belleza que amamos. 

 

Hermoso y musical siempre es tu griego. 

Pero ahora queremos toda tu maestría. 

Nuestro dolor y amor pasan a una lengua extranjera. 

En la lengua extranjera vierte tu sensibilidad egipcia. 

 

Y que tus versos, Rafael, se escriban de tal forma

que, ya sabes, nuestra vida en su interior contengan, 

Y que su ritmo y cada frase muestren 

que de un alejandrino escribe alguien de Alejandría. 

 

Selección por Candela Vizcaíno 

Obras de Constantino Cavafis

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Las amazonas de la mitología griega eran una mujeres guerreras que vivían apartadas de los hombres conforme sus propias reglas y normas sociales. 

Las amazonas guerreras 

Su pueblo se sitúa en un lugar indeterminado fuera de las fronteras de Grecia. Unos apuntan al norte de Libia, otros a la costa norte de Turquía a orillas del Mar Negro y otros a Asia Menor. De hecho, el término amazonas, según la etimología, procedería del indo-iraní. Y es aquí donde se han encontrado tumbas de mujeres ataviadas con armas de guerra, como el arco y la flecha. Sin embargo, según estas pocas evidencias científicas, no podemos asegurar al cien por cien su existencia (más o menos ficticia), ya que una cosa es intervenir en los procesos de caza y/o partidas militares y otra muy distinta conformar una sociedad como la recogida por la mitología y la literatura griega.  

Según los retazos que nos han llegado, las amazonas constituían una sociedad eminentemente femenina de mujeres guerreras. Solo se unían con extranjeros a quienes ellas mismas buscaban para, posteriormente, abandonar con sus padres, mutilar para que fueran sirvientes o directamente asesinar a sus hijos varones. Educarían a sus hijas en el arte de la guerra y como personas totalmente independientes. Cuentan las leyendas que eran hábiles con el caballo (y de aquí viene el término amazonas aplicado a las artes de la equitación) y con el arco y la flecha. Para poder moverse con más facilidad, se amputaban un pecho. El arte posterior las ha representado con una salvaje belleza y sin ningún tipo de mutilación.  

Las investigaciones antropológicas sobre las amazonas de la mitología griega se basan en el concepto de inconsciente colectivo propuesto por C.G. Jung. Ven en ellas una evolución de las sociedades matriarcales, autosuficientes tanto en el ámbito económico como en el de autoprotección. Habrían desaparecido con la evolución que supuso el auge de las cada vez mayores y pujantes ciudades-estados con su consiguiente especialización profesional.  

Hipólita, la reina de amazonas en la mitología griega

De entre todas las amazonas destaca la figura de Hipólita, mítica entre las míticas, ya que se codeó, guerreó y, al parecer, amó a héroes de la mitología clásica. Vamos con la historia. 

Hipólita es hija del dios Ares, el de la guerra, y de la reina amazonas Oretra, una mortal. Como regalo, su padre le entrega un cinturón mágico del que estudiaremos su sentido simbólico a continuación. Hipólita estaba tranquila siguiendo e imponiendo las normas de su comunidad hasta que Heracles desembarca en las costas de su reino. Es este, recordemos, hijo de Zeus, el dios máximo del Olimpo y de la princesa mortal Alcmena. Como es el fruto de un adulterio, Hera, esposa de Zeus y diosa de la familia, los partos, el hogar y la feminidad tradicional, lo odia a muerte. Este aspecto también es importante en el mito.  

Pues bien, este héroe, Heracles, arriba a las costas del reino de las amazonas dirigido en ese momento por la reina Hipólita. Su misión es robar el cinturón sagrado con propiedades mágicas que Ares entregó a la reina de las amazonas. Le acompaña en la travesía el rey de Atenas Teseo, el mismo que dio muerte a Asterión, el minotauro, ayudado por el hilo de Ariadna. La presentación de los personajes es importante porque, sin ellos, no se entiende el drama que llega a continuación.  

Llegados a este punto las versiones del mito difieren. Unos apuntan a que Hipólita, rendida de amor, le entrega generosamente el cinturón a Heracles. Este pone rumbo hacia tierras griegas dejando a la reina tan desconsolada que muere de pena. Es una versión, sin ánimo de sacar la vena feminista, que no casa con el carácter de las amazonas guerreras que nos retrata la mitología griega. En otras, nos dice que  Hipólita con quien se casa es con Teseo. Y que este abandona a la reina tras concebir un hijo (de nombre Hipólito) para casarse con Fedra. Y esta Fedra era princesa de Creta, hermana de Ariadna y de Asterión y del minotauro. Hipólita, llevada por el despecho, la humillación, la ofensa y la ira, irrumpe en el banquete de bodas de Fedra y Teseo donde es acorralada por el ejército griego, asesinada y despojada de su cinturón mágico. Este es entregado a Heracles para que complete así su noveno trabajo de los doce encomendados.  

De la reina de las amazonas hay otra versión en la que interviene la diosa Hera. Esta, para malmeter entre Hipólita y Heracles el cual odia a muerte (ya que, recordemos, es el hijo de su esposo con una mortal), provoca una riña entre ambos pueblos y, posteriormente, la guerra. Una subversión apunta a que, en la refriega, la hermana de Hipólita, Antíope, es raptada. Los griegos ponen como condición para su rescate el cinturón. Una subversión de esta subversión nos dice que la famosa trifulca en el banquete de bodas entre Teseo y Fedra fue, sencillamente, una operación de rescate fallida por parte de las amazonas. La última subversión (guerra entre ambos pueblos promovida por Hera) apunta a que las amazonas sencillamente perdieron la guerra en esta trifulca tomando Heracles el cinturón mágico como botín de guerra. Y consigue, además, terminar su noveno trabajo. Esto es, en esta última versión se completa con la intervención de la diosa Hera. Esta no puede permitir que una mujer fuerte caiga rendida ante el héroe y menos ante el que ella aborrece tanto. Por eso, desata una riña entre ambos séquitos, entre las amazonas y los griegos, y la reina de las amazonas muere a manos de Heracles. La diosa prefiere la muerte de Hipólita ante que la capitulación de su especial feminidad.  

Las amazonas según la simbología 

Dicho esto, las amazonas, sea cual fuera el destino de la reina Hipólita en su lucha contra Heracles, entraron en el imaginario colectivo como mujeres guerreras ajenas a la división social y familiar de los griegos. Al organizarse sin varones, se situaron en las fronteras de todo lo permitido. Por tanto, en la sociedad patriarcal y esclavista griega, eran otro enemigo a abatir casi como los monstruos que enviaban los dioses de vez en cuando. Hipólita estaba protegida por el cinturón mágico que le entregó su padre, el dios de la guerra, recordemos. Al perderlo (ya sea porque se lo arrebatan en la trifulca tras su muerte o porque lo entrega generosamente por amor), deja su vida y su pueblo en manos del enemigo, totalmente vendido y al borde de la extinción.  

Si nos referimos al simbolismo del cinturón, dar el propio cinturón es abandonarse a uno mismo; no es solamente renunciar al poder. Para Hipólita es abandonar su condición misma de amazona y entregarse a Heracles. Hera, que pasa por simbolizar la feminidad normal, enseña, impidiendo la dádiva del cinturón, que ella quiere, no la conversión, sino la muerte de la mujer viril; por otra parte, en su odio a Heracles, que Zeus tuvo de otra mujer, no quiere que tenga éste la felicidad de recibir el cinturón de una mujer. La amazona simboliza la situación de la mujer que, conduciéndose como hombre, no logra ser admitida ni por las mujeres, ni por los hombres, y que tampoco consigue vivir como mujer, ni como hombre. En último extremo, expresa el rechazo de la feminidad y el mito de la imposible sustitución de su naturaleza real por su ideal viril.  

Jean Chevalier: Diccionario de símbolos  

[Siguiendo el ocultismo antiguo] las amazonas serían en el orden metafísico, símbolo de las fuerzas psíquicas estelares que giran en el éter alrededor del paraíso de los dioses para guardarlo y defenderlo.  

Lanoe-Villène: El libro de los símbolos  

También se han asemejado a las valquirias nórdicas, aunque estas son unas deidades más complejas y más cercanas al ideal patriarcal, el mismo que relega a la mujer a mera proveedora de placer tanto en esta vida como en la de más allá. Sin embargo, las amazonas de la mitología griega se han presentado como un símbolo si no de libertad, sí de independencia con respecto a los roles patriarcales impuestos. Dinamitan todos los patrones aceptados para asumir tanto el papel masculino como el femenino. Son guerreras y también bellas. Por tanto, mujeres que son objeto de deseo por parte de los héroes clásicos. Y otra asunto es su peculiar organización social que, por ser tan diferente, debía ser destruída. Esa fue la misión de Heracles en su noveno trabajo.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Las amazonas de la mitología griega eran una mujeres guerreras que vivían apartadas de los hombres conforme sus propias reglas y normas sociales. 

Las amazonas guerreras 

Su pueblo se sitúa en un lugar indeterminado fuera de las fronteras de Grecia. Unos apuntan al norte de Libia, otros a la costa norte de Turquía a orillas del Mar Negro y otros a Asia Menor. De hecho, el término amazonas, según la etimología, procedería del indo-iraní. Y es aquí donde se han encontrado tumbas de mujeres ataviadas con armas de guerra, como el arco y la flecha. Sin embargo, según estas pocas evidencias científicas, no podemos asegurar al cien por cien su existencia (más o menos ficticia), ya que una cosa es intervenir en los procesos de caza y/o partidas militares y otra muy distinta conformar una sociedad como la recogida por la mitología y la literatura griega.  

Según los retazos que nos han llegado, las amazonas constituían una sociedad eminentemente femenina de mujeres guerreras. Solo se unían con extranjeros a quienes ellas mismas buscaban para, posteriormente, abandonar con sus padres, mutilar para que fueran sirvientes o directamente asesinar a sus hijos varones. Educarían a sus hijas en el arte de la guerra y como personas totalmente independientes. Cuentan las leyendas que eran hábiles con el caballo (y de aquí viene el término amazonas aplicado a las artes de la equitación) y con el arco y la flecha. Para poder moverse con más facilidad, se amputaban un pecho. El arte posterior las ha representado con una salvaje belleza y sin ningún tipo de mutilación.  

Las investigaciones antropológicas sobre las amazonas de la mitología griega se basan en el concepto de inconsciente colectivo propuesto por C.G. Jung. Ven en ellas una evolución de las sociedades matriarcales, autosuficientes tanto en el ámbito económico como en el de autoprotección. Habrían desaparecido con la evolución que supuso el auge de las cada vez mayores y pujantes ciudades-estados con su consiguiente especialización profesional.  

Hipólita, la reina de amazonas en la mitología griega

De entre todas las amazonas destaca la figura de Hipólita, mítica entre las míticas, ya que se codeó, guerreó y, al parecer, amó a héroes de la mitología clásica. Vamos con la historia. 

Hipólita es hija del dios Ares, el de la guerra, y de la reina amazonas Oretra, una mortal. Como regalo, su padre le entrega un cinturón mágico del que estudiaremos su sentido simbólico a continuación. Hipólita estaba tranquila siguiendo e imponiendo las normas de su comunidad hasta que Heracles desembarca en las costas de su reino. Es este, recordemos, hijo de Zeus, el dios máximo del Olimpo y de la princesa mortal Alcmena. Como es el fruto de un adulterio, Hera, esposa de Zeus y diosa de la familia, los partos, el hogar y la feminidad tradicional, lo odia a muerte. Este aspecto también es importante en el mito.  

Pues bien, este héroe, Heracles, arriba a las costas del reino de las amazonas dirigido en ese momento por la reina Hipólita. Su misión es robar el cinturón sagrado con propiedades mágicas que Ares entregó a la reina de las amazonas. Le acompaña en la travesía el rey de Atenas Teseo, el mismo que dio muerte a Asterión, el minotauro, ayudado por el hilo de Ariadna. La presentación de los personajes es importante porque, sin ellos, no se entiende el drama que llega a continuación.  

Llegados a este punto las versiones del mito difieren. Unos apuntan a que Hipólita, rendida de amor, le entrega generosamente el cinturón a Heracles. Este pone rumbo hacia tierras griegas dejando a la reina tan desconsolada que muere de pena. Es una versión, sin ánimo de sacar la vena feminista, que no casa con el carácter de las amazonas guerreras que nos retrata la mitología griega. En otras, nos dice que  Hipólita con quien se casa es con Teseo. Y que este abandona a la reina tras concebir un hijo (de nombre Hipólito) para casarse con Fedra. Y esta Fedra era princesa de Creta, hermana de Ariadna y de Asterión y del minotauro. Hipólita, llevada por el despecho, la humillación, la ofensa y la ira, irrumpe en el banquete de bodas de Fedra y Teseo donde es acorralada por el ejército griego, asesinada y despojada de su cinturón mágico. Este es entregado a Heracles para que complete así su noveno trabajo de los doce encomendados.  

De la reina de las amazonas hay otra versión en la que interviene la diosa Hera. Esta, para malmeter entre Hipólita y Heracles el cual odia a muerte (ya que, recordemos, es el hijo de su esposo con una mortal), provoca una riña entre ambos pueblos y, posteriormente, la guerra. Una subversión apunta a que, en la refriega, la hermana de Hipólita, Antíope, es raptada. Los griegos ponen como condición para su rescate el cinturón. Una subversión de esta subversión nos dice que la famosa trifulca en el banquete de bodas entre Teseo y Fedra fue, sencillamente, una operación de rescate fallida por parte de las amazonas. La última subversión (guerra entre ambos pueblos promovida por Hera) apunta a que las amazonas sencillamente perdieron la guerra en esta trifulca tomando Heracles el cinturón mágico como botín de guerra. Y consigue, además, terminar su noveno trabajo. Esto es, en esta última versión se completa con la intervención de la diosa Hera. Esta no puede permitir que una mujer fuerte caiga rendida ante el héroe y menos ante el que ella aborrece tanto. Por eso, desata una riña entre ambos séquitos, entre las amazonas y los griegos, y la reina de las amazonas muere a manos de Heracles. La diosa prefiere la muerte de Hipólita ante que la capitulación de su especial feminidad.  

Las amazonas según la simbología 

Dicho esto, las amazonas, sea cual fuera el destino de la reina Hipólita en su lucha contra Heracles, entraron en el imaginario colectivo como mujeres guerreras ajenas a la división social y familiar de los griegos. Al organizarse sin varones, se situaron en las fronteras de todo lo permitido. Por tanto, en la sociedad patriarcal y esclavista griega, eran otro enemigo a abatir casi como los monstruos que enviaban los dioses de vez en cuando. Hipólita estaba protegida por el cinturón mágico que le entregó su padre, el dios de la guerra, recordemos. Al perderlo (ya sea porque se lo arrebatan en la trifulca tras su muerte o porque lo entrega generosamente por amor), deja su vida y su pueblo en manos del enemigo, totalmente vendido y al borde de la extinción.  

Si nos referimos al simbolismo del cinturón, dar el propio cinturón es abandonarse a uno mismo; no es solamente renunciar al poder. Para Hipólita es abandonar su condición misma de amazona y entregarse a Heracles. Hera, que pasa por simbolizar la feminidad normal, enseña, impidiendo la dádiva del cinturón, que ella quiere, no la conversión, sino la muerte de la mujer viril; por otra parte, en su odio a Heracles, que Zeus tuvo de otra mujer, no quiere que tenga éste la felicidad de recibir el cinturón de una mujer. La amazona simboliza la situación de la mujer que, conduciéndose como hombre, no logra ser admitida ni por las mujeres, ni por los hombres, y que tampoco consigue vivir como mujer, ni como hombre. En último extremo, expresa el rechazo de la feminidad y el mito de la imposible sustitución de su naturaleza real por su ideal viril.  

Jean Chevalier: Diccionario de símbolos  

[Siguiendo el ocultismo antiguo] las amazonas serían en el orden metafísico, símbolo de las fuerzas psíquicas estelares que giran en el éter alrededor del paraíso de los dioses para guardarlo y defenderlo.  

Lanoe-Villène: El libro de los símbolos  

También se han asemejado a las valquirias nórdicas, aunque estas son unas deidades más complejas y más cercanas al ideal patriarcal, el mismo que relega a la mujer a mera proveedora de placer tanto en esta vida como en la de más allá. Sin embargo, las amazonas de la mitología griega se han presentado como un símbolo si no de libertad, sí de independencia con respecto a los roles patriarcales impuestos. Dinamitan todos los patrones aceptados para asumir tanto el papel masculino como el femenino. Son guerreras y también bellas. Por tanto, mujeres que son objeto de deseo por parte de los héroes clásicos. Y otra asunto es su peculiar organización social que, por ser tan diferente, debía ser destruída. Esa fue la misión de Heracles en su noveno trabajo.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Un soneto es una composición poética de catorce versos de arte mayor distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos. La rima es siempre en consonante y, en español (que en otras lenguas es distinto), se utiliza, sobre todo, el endecasílabo o verso de once sílabas que tan buenos poemas ha dado a la historia de la literatura. Los dos cuartetos se entrelazan entre sí con la siguiente rima: ABBA-ABBA mientras que los tercetos pueden ser más libres pero siempre deben llevar la rima en consonante entrelazada: CDE-CDE (como el primero de los ejemplos de sonetos que dejamos) o CDC-DCD (en el caso del siguiente, el de Lope de Vega).  

Los primeros sonetos en español datan del siglo XV, cuando la literatura abandona, definitivamente, los modelos medievales y se apunta a la “nueva manera” que llega desde Italia (con Petrarca a la cabeza). Se dejan atrás los temas tradicionales (de familiaridad con lo santo tal como ha sido descrita la literatura medieval) y la poesía renacentista se renueva en extremo al mirar hacia la cultura grecorromana y su gusto por los mitos clásicos, el amor cortés y los temas mundanos alrededor de las cuitas y felicidades de la raza humana. Ejemplos de sonetos en este sentido son los pertenecientes a Juan Boscán o a Garcilaso de la Vega. Desde entonces se han cultivado sin interrupción sin importar corrientes, modas, gustos o modelos estéticos. Tanto es así que, incluso, llegan hasta el siglo XXI a pesar de la preferencia por el verso libre e, incluso, destructurado.  

SONETO XIII de Garcilaso de la Vega 

Garcilaso de la Vega (1491-1503) es el poeta más representativo de la lírica renacentista. Sus versos son de una serena sencillez y gustan de los temas clásicos del momento: el amor cortés, los mitos clásicos o la poesía pastoril. El soneto reproducido a continuación es uno de los más famosos del autor y recoge el mito de Dafne y Apolo, tal como lo narra Ovidio (siglo I) en sus Metamorfosis. 

El poema se recrea en el instante en el que la ninfa Dafne se transforma en laurel. La narración tradicional nos dice que Eros (para vengarse de Apolo) lanza dos flechas. Una es de oro e impacta en el dios de la música generando una pasión arrebatadora por la ninfa Dafne. Esta, que deseaba para sí la castidad, es herida con la flecha de hierro envenenada de odio y desprecio. Apolo corre tras ellas en un intento por poseerla mientras Dafne clama a los dioses para librarse de tal abominable acto. Su petición es escuchada y, acto seguido, es transformada en árbol de laurel. Cuando Apolo se da cuenta de lo que ha hecho, llora tan amargas lágrimas que, al empapar el tronco del árbol, lo hace eterno, perenne e inmortal. Promete que sus hojas serán las que luzcan los sabios y los campeones en las artes y el deporte. Y es justo este dramático momento el que recoge el bello poema de Garcilaso, uno de los ejemplos de sonetos en español más hermosos de la historia de la literatura. 

 

     A Dafne ya los brazos le crecían 

y en luengos ramos vueltos se mostraban, 

en verdes hojas vi que se tornaban

los cabellos que el oro oscurecían; 

     de áspera corteza se cubrían 

los tiernos miembros que aún bullendo estaban; 

los blandos pies en tierra se hincaban 

y en torcidas raíces se volvían.

     Aquel que fue la causa de tal daño, 

a fuerza de llorar, crecer hacía 

este árbol, que con lágrimas regaba. 

     ¡Oh miserable estado, oh mal tamaño, 

que con llorarla crezca cada día

la causa y la razón por que lloraba!  

 

El más famoso soneto de Lope de Vega 

Aunque Lope de Vega (1562-1635) es especialmente conocido por su teatro, fue también un gran poeta demostrando una sobresaliente facilidad para la versificación y la ironía. Este es el tema del siguiente de los ejemplos de sonetos que traemos hoy. Con tono burlón, va desgranando lo fácil que le resulta componer este tipo de poemas.  

 

Un soneto me manda hacer Violante

que en mi vida me he visto en tanto aprieto; 

catorce versos dicen que es soneto;

burla burlando van los tres delante. 

Yo pensé que no hallara consonante, 

y estoy a la mitad de otro cuarteto; 

mas si me veo en el primer terceto, 

no hay cosa en los cuartetos que espante. 

Por el primer terceto voy entrando, 

y parece que entré con pie derecho

pues fin con este verso le voy dando. 

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho

que voy los trece versos acabando; 

contad si son catorce, y está hecho. 

 

Un soneto de Luis de Góngora, uno de los máximos representantes de la literatura barroca 

La crítica, cuando estudia las coincidencias y diferencias entre el conceptismo y culteranismo, suele poner este ejemplo para demostrar que las distancias entre ambas corrientes no son tantas. Luis de Góngora (1561-1627) es el más importante representante del culteranismo, tanto que este estilo también se denomina gongorismo. En el otro extremo estaría el conceptismo de Francisco de Quevedo (1580-1645) con su gusto por la concentración estética alejado de toda floritura estilística y/o caprichosa. Sin embargo, este soneto (perteneciente al florido culteranismo) acaba con un verso despojado de todo adorno y bello al máximo al precipitarnos por esa concatenación o degradación tan dramática. Tanto es así que se dice que es el mejor verso de Quevedo escrito, eso sí, por su enemigo a muerte, Luis de Góngora. El tema es querido al arte barroco: carpe diem o disfruta el momento antes de que la decadencia y la muerte te atrape irremediablemente.  

 

Mientras por competir con tu cabello, 

oro bruñido al sol relumbra en vano, 

mientras con menosprecio en medio el llano 

mira tu blanca frente el lirio bello; 

 

mientras a cada labio, por cogollo, 

siguen más ojos que el clavel temprano, 

y mientras triunfa con desdén lozano

del luciente cristal tu gentil cuello; 

 

goza cuello, cabello, labio y frente.

antes que lo que fue en tu edad dorada

oro, lirio, clavel, cristal reluciente, 

 

no sólo en plata o víola troncada

se vuelva, mas tú y ello, juntamente, 

en tierra,  en humo, en polvo,  en sombra, en nada.  

 

El único soneto conocido de las Rimas de Bécquer  

El siguiente de los ejemplos de sonetos sigue la temática de las Rimas de Bécquer (1836-1870) al introducirnos en esos amores lejanos tan queridos por el Romanticismo literario. El poeta increpa a uno de los vientos (a Céfiro) y le pide noticias de su amada a pesar de que teme el encuentro de éste con la dama y los consiguientes celos, simplemente por poder tocarla.

 

Céfiro dulce que vagando alado

Entre las frescas, purpurinas flores,

Con blando beso robas sus olores, 

Para extenderlos por el verde prado; 

 

las quejas de mi afán y mi cuidado 

lleva a la que, al mirar, mata de amores, 

y dile que un alivio a mis dolores

dé y un consuelo al ánimo angustiado. 

 

Pero no vayas, no; que si la vieras

y tomando sus labios por claveles

el aroma gustar de ellos quisieras, 

 

cual con las otras flores hacer sueles

aunque a mi mal el término pusieras

tendría de tu acción celos crüeles. 

 

 

Sonetos del amor oscuro de Federico García Lorca 

Bajo mi humilde opinión, el soneto a continuación no solo es uno de los poemas de Federico García Lorca (1898-1936) más hermosos (aunque no sea tan conocido para el gran público) sino de toda la literatura en español. En él se despliega el genio del gran poeta andaluz en unos versos repletos de elegante y explícito erotismo que a pocos aficionados a la literatura pueden dejar indiferente. 

 

EL POETA PIDE A SU AMOR QUE LE ESCRIBA

 

Amor de mis entrañas, viva muerte, 

en vano espero tu palabra escrita

y pienso, con la flor que se marchita, 

que si vivo sin mí quiero perderte. 

 

     El aire es inmortal. La piedra inerte

ni conoce la sombra ni la evita. 

Corazón interior no necesita

la miel helada que la luna vierte. 

 

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,

tigre y paloma, sobre tu cintura

en duelo de mordiscos y azucenas.

 

     Llena, pues, de palabras mi locura

o déjame vivir en mi serena

noche del alma para siempre oscura. 

 

Ejemplos de sonetos en el siglo XX 

Y termino la selección con esta composición de uno de los mayores representantes de la poesía social en España: el vasco Blas de Otero (1916-1979) perteneciente a una de sus obras maestras: Ángel fieramente humano de 1950. La composición nos muestra los gustos de la literatura moderna y contemporánea con sus frases incompletas o encabalgadas entre dos versos, a la par que nos introduce en la angustia característica del existencialismo, la misma que busca a Dios sin encontrarlo jamás. 

 

ESTOS SONETOS

 

Estos sonetos son los que yo entrego, 

plumas de luz al aire en desvarío; 

cárceles de mi sueño; ardiente río

donde la angustia de ser hombre anego. 

 

Lenguas de Dios, preguntas son de fuego 

que nadie supo responde. Vacío

silencio. Yerto mar. Soneto mío, 

que así acompañas mi palpar de ciego. 

 

Manos de Dios hundidas en mi muerte. 

Carne son donde el alma se hace llanto. 

Verte un momento, oh Dios; después no verte. 

 

Llamaría y cantil de soledad. Quebranto

del ansía, ciega luz. Quiero tenerte, 

y no sé dónde estás. Por eso canto. 

 

Podría poner más ejemplos de sonetos en español ya que la composición ha sido favorita de creadores de toda índole, desde Miguel Cervantes, que los inserta en su obra maestra, El Quijote, o los de Francisco de Quevedo hasta la música popular de Joaquín Sabina, en pleno siglo XXI.  Y eso sin contar que los mejores escritores de Hispanoamérica del siglo XX (tal es el caso de Jorge Luis Borges o Julio Cortázar) también se embarcaron en esta particular composición poética.  

Selección y análisis por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Un soneto es una composición poética de catorce versos de arte mayor distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos. La rima es siempre en consonante y, en español (que en otras lenguas es distinto), se utiliza, sobre todo, el endecasílabo o verso de once sílabas que tan buenos poemas ha dado a la historia de la literatura. Los dos cuartetos se entrelazan entre sí con la siguiente rima: ABBA-ABBA mientras que los tercetos pueden ser más libres pero siempre deben llevar la rima en consonante entrelazada: CDE-CDE (como el primero de los ejemplos de sonetos que dejamos) o CDC-DCD (en el caso del siguiente, el de Lope de Vega).  

Los primeros sonetos en español datan del siglo XV, cuando la literatura abandona, definitivamente, los modelos medievales y se apunta a la “nueva manera” que llega desde Italia (con Petrarca a la cabeza). Se dejan atrás los temas tradicionales (de familiaridad con lo santo tal como ha sido descrita la literatura medieval) y la poesía renacentista se renueva en extremo al mirar hacia la cultura grecorromana y su gusto por los mitos clásicos, el amor cortés y los temas mundanos alrededor de las cuitas y felicidades de la raza humana. Ejemplos de sonetos en este sentido son los pertenecientes a Juan Boscán o a Garcilaso de la Vega. Desde entonces se han cultivado sin interrupción sin importar corrientes, modas, gustos o modelos estéticos. Tanto es así que, incluso, llegan hasta el siglo XXI a pesar de la preferencia por el verso libre e, incluso, destructurado.  

SONETO XIII de Garcilaso de la Vega 

Garcilaso de la Vega (1491-1503) es el poeta más representativo de la lírica renacentista. Sus versos son de una serena sencillez y gustan de los temas clásicos del momento: el amor cortés, los mitos clásicos o la poesía pastoril. El soneto reproducido a continuación es uno de los más famosos del autor y recoge el mito de Dafne y Apolo, tal como lo narra Ovidio (siglo I) en sus Metamorfosis. 

El poema se recrea en el instante en el que la ninfa Dafne se transforma en laurel. La narración tradicional nos dice que Eros (para vengarse de Apolo) lanza dos flechas. Una es de oro e impacta en el dios de la música generando una pasión arrebatadora por la ninfa Dafne. Esta, que deseaba para sí la castidad, es herida con la flecha de hierro envenenada de odio y desprecio. Apolo corre tras ellas en un intento por poseerla mientras Dafne clama a los dioses para librarse de tal abominable acto. Su petición es escuchada y, acto seguido, es transformada en árbol de laurel. Cuando Apolo se da cuenta de lo que ha hecho, llora tan amargas lágrimas que, al empapar el tronco del árbol, lo hace eterno, perenne e inmortal. Promete que sus hojas serán las que luzcan los sabios y los campeones en las artes y el deporte. Y es justo este dramático momento el que recoge el bello poema de Garcilaso, uno de los ejemplos de sonetos en español más hermosos de la historia de la literatura. 

 

     A Dafne ya los brazos le crecían 

y en luengos ramos vueltos se mostraban, 

en verdes hojas vi que se tornaban

los cabellos que el oro oscurecían; 

     de áspera corteza se cubrían 

los tiernos miembros que aún bullendo estaban; 

los blandos pies en tierra se hincaban 

y en torcidas raíces se volvían.

     Aquel que fue la causa de tal daño, 

a fuerza de llorar, crecer hacía 

este árbol, que con lágrimas regaba. 

     ¡Oh miserable estado, oh mal tamaño, 

que con llorarla crezca cada día

la causa y la razón por que lloraba!  

 

El más famoso soneto de Lope de Vega 

Aunque Lope de Vega (1562-1635) es especialmente conocido por su teatro, fue también un gran poeta demostrando una sobresaliente facilidad para la versificación y la ironía. Este es el tema del siguiente de los ejemplos de sonetos que traemos hoy. Con tono burlón, va desgranando lo fácil que le resulta componer este tipo de poemas.  

 

Un soneto me manda hacer Violante

que en mi vida me he visto en tanto aprieto; 

catorce versos dicen que es soneto;

burla burlando van los tres delante. 

Yo pensé que no hallara consonante, 

y estoy a la mitad de otro cuarteto; 

mas si me veo en el primer terceto, 

no hay cosa en los cuartetos que espante. 

Por el primer terceto voy entrando, 

y parece que entré con pie derecho

pues fin con este verso le voy dando. 

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho

que voy los trece versos acabando; 

contad si son catorce, y está hecho. 

 

Un soneto de Luis de Góngora, uno de los máximos representantes de la literatura barroca 

La crítica, cuando estudia las coincidencias y diferencias entre el conceptismo y culteranismo, suele poner este ejemplo para demostrar que las distancias entre ambas corrientes no son tantas. Luis de Góngora (1561-1627) es el más importante representante del culteranismo, tanto que este estilo también se denomina gongorismo. En el otro extremo estaría el conceptismo de Francisco de Quevedo (1580-1645) con su gusto por la concentración estética alejado de toda floritura estilística y/o caprichosa. Sin embargo, este soneto (perteneciente al florido culteranismo) acaba con un verso despojado de todo adorno y bello al máximo al precipitarnos por esa concatenación o degradación tan dramática. Tanto es así que se dice que es el mejor verso de Quevedo escrito, eso sí, por su enemigo a muerte, Luis de Góngora. El tema es querido al arte barroco: carpe diem o disfruta el momento antes de que la decadencia y la muerte te atrape irremediablemente.  

 

Mientras por competir con tu cabello, 

oro bruñido al sol relumbra en vano, 

mientras con menosprecio en medio el llano 

mira tu blanca frente el lirio bello; 

 

mientras a cada labio, por cogollo, 

siguen más ojos que el clavel temprano, 

y mientras triunfa con desdén lozano

del luciente cristal tu gentil cuello; 

 

goza cuello, cabello, labio y frente.

antes que lo que fue en tu edad dorada

oro, lirio, clavel, cristal reluciente, 

 

no sólo en plata o víola troncada

se vuelva, mas tú y ello, juntamente, 

en tierra,  en humo, en polvo,  en sombra, en nada.  

 

El único soneto conocido de las Rimas de Bécquer  

El siguiente de los ejemplos de sonetos sigue la temática de las Rimas de Bécquer (1836-1870) al introducirnos en esos amores lejanos tan queridos por el Romanticismo literario. El poeta increpa a uno de los vientos (a Céfiro) y le pide noticias de su amada a pesar de que teme el encuentro de éste con la dama y los consiguientes celos, simplemente por poder tocarla.

 

Céfiro dulce que vagando alado

Entre las frescas, purpurinas flores,

Con blando beso robas sus olores, 

Para extenderlos por el verde prado; 

 

las quejas de mi afán y mi cuidado 

lleva a la que, al mirar, mata de amores, 

y dile que un alivio a mis dolores

dé y un consuelo al ánimo angustiado. 

 

Pero no vayas, no; que si la vieras

y tomando sus labios por claveles

el aroma gustar de ellos quisieras, 

 

cual con las otras flores hacer sueles

aunque a mi mal el término pusieras

tendría de tu acción celos crüeles. 

 

 

Sonetos del amor oscuro de Federico García Lorca 

Bajo mi humilde opinión, el soneto a continuación no solo es uno de los poemas de Federico García Lorca (1898-1936) más hermosos (aunque no sea tan conocido para el gran público) sino de toda la literatura en español. En él se despliega el genio del gran poeta andaluz en unos versos repletos de elegante y explícito erotismo que a pocos aficionados a la literatura pueden dejar indiferente. 

 

EL POETA PIDE A SU AMOR QUE LE ESCRIBA

 

Amor de mis entrañas, viva muerte, 

en vano espero tu palabra escrita

y pienso, con la flor que se marchita, 

que si vivo sin mí quiero perderte. 

 

     El aire es inmortal. La piedra inerte

ni conoce la sombra ni la evita. 

Corazón interior no necesita

la miel helada que la luna vierte. 

 

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,

tigre y paloma, sobre tu cintura

en duelo de mordiscos y azucenas.

 

     Llena, pues, de palabras mi locura

o déjame vivir en mi serena

noche del alma para siempre oscura. 

 

Ejemplos de sonetos en el siglo XX 

Y termino la selección con esta composición de uno de los mayores representantes de la poesía social en España: el vasco Blas de Otero (1916-1979) perteneciente a una de sus obras maestras: Ángel fieramente humano de 1950. La composición nos muestra los gustos de la literatura moderna y contemporánea con sus frases incompletas o encabalgadas entre dos versos, a la par que nos introduce en la angustia característica del existencialismo, la misma que busca a Dios sin encontrarlo jamás. 

 

ESTOS SONETOS

 

Estos sonetos son los que yo entrego, 

plumas de luz al aire en desvarío; 

cárceles de mi sueño; ardiente río

donde la angustia de ser hombre anego. 

 

Lenguas de Dios, preguntas son de fuego 

que nadie supo responde. Vacío

silencio. Yerto mar. Soneto mío, 

que así acompañas mi palpar de ciego. 

 

Manos de Dios hundidas en mi muerte. 

Carne son donde el alma se hace llanto. 

Verte un momento, oh Dios; después no verte. 

 

Llamaría y cantil de soledad. Quebranto

del ansía, ciega luz. Quiero tenerte, 

y no sé dónde estás. Por eso canto. 

 

Podría poner más ejemplos de sonetos en español ya que la composición ha sido favorita de creadores de toda índole, desde Miguel Cervantes, que los inserta en su obra maestra, El Quijote, o los de Francisco de Quevedo hasta la música popular de Joaquín Sabina, en pleno siglo XXI.  Y eso sin contar que los mejores escritores de Hispanoamérica del siglo XX (tal es el caso de Jorge Luis Borges o Julio Cortázar) también se embarcaron en esta particular composición poética.  

Selección y análisis por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Ovidio (43 a.C - 17 d.c) en sus Metamorfosis nos narra el mito de Dafne y Apolo que tan buenas obras (como veremos) ha dado a las artes posteriores. Todo empezó con una disputa de corte narcisista a nivel dios entre Eros y Apolo. ¿Qué sucedió? Pues que el dios de la música y las artes (Apolo) se burló de Eros (el del enamoramiento, recordemos) por su manejo del arco y las flechas. Y este, en cruel venganza, disparó dos flechas distintas: una de hierro emponzoñada con el odio y la otra de oro untada con las mieles de la más arrebatadora pasión. La primera la dirigió a la ninfa Dafne y la segunda al dios que lo retaba. Y con esta riña comienza el mito. 

Los protagonistas del mito de Apolo y Dafne 

¿Quién era Dafne de la mitología griega? 

Era una ninfa de los bosques, hija de un río (las versiones difieren en los nombres de sus progenitores) y orgullosa de su esencia. Dotada de gracia y gran belleza física, pidió a su padre permanecer soltera para poder, así, dedicarse a la caza y a las artes, tal cual hacía la diosa Artemisa, a la sazón hermana gemela de Apolo. Su deseo fue concedido y, a pesar de su hermosura y virtudes, fue capaz de alejar a múltiples pretendientes hasta el suceso entre Eros y Apolo con las flechas envenenadas que nos ocupa hoy.  

¿Y Apolo?  

Es uno de los dioses paganos más complejos de la mitología, ya que se asemeja al sol. Protector de la caza, los bosques y las artes, se ha representado como un hombre joven, bello, fuerte y ágil. Además, como veremos a continuación, es una de las figuras de la mitología griega con mayor representación en la cultura occidental. Para nuestra narración, únicamente hay que apuntar que antes de que fuera herido por la flecha de oro de Eros ya estaba enamorado de la ninfa Dafne y había sido rechazado en múltiples ocasiones. 

Seguimos con el mito de Dafne y Apolo  

El cortejo de Apolo hacia Dafne terminó con las flechas de Eros. El dios de la música y las artes fue herido con las de oro que insufló una pasión arrebatadora hacia la ninfa Dafne que ya había sido inoculada con la del desprecio y el odio. Apolo corre tras la muchacha con el afán de raptarla e, incluso, violarla. Al verse alcanzada por el dios, Dafne implora a los dioses su salvación (en otras versiones se apunta a su padre) y estos le conceden el deseo. La convierten en árbol de laurel justo con los brazos de Apolo rodeaban a la bella ninfa. 

El dolor y la tristeza de Apolo, al darse cuenta del mal que había causado, fueron de tal intensidad que sus amargas y divinas lágrimas regaron el árbol de laurel en el que Dafne se había convertido. Fue en ese momento cuando juró y prometió dedicar sus hojas perennes e inmortales a los vencedores de los torneros artísticos y deportivos que él mismo protegía.  

El simbolismo del mito de Dafne y Apolo 

Esta metamorfosis de Ovidio (como el resto de ellas) fue de especial agrado en el cristianismo occidental, ya que la narración nos pone frente a frente ante la lucha entre las virtudes (la virginal Dafne) contra los vicios (la lujuria de Apolo). Fue recogido por la cultura medieval posterior y el mito ampliamente difundido, además, en el Renacimiento. 

Apolo simboliza el sol, la luz, la música, las artes, la caza. Él es la sabiduría capaz del disfrute de los dones de la vida sin caer en las bajezas de los vicios decadentes que representa Dionisio (el caos, el vino, la fiesta desordenada…) Apolo fue del agrado, incluso, para la mentalidad cristiana medieval ya que supone una trascendencia desde los instintos hasta la espiritualidad. Sin embargo, debido a un error, participa en la destrucción de lo que más ama. Su simbolismo ha sido resumido con notable acierto por Jean Chevalier en los siguientes términos:  

Dios muy complejo, horrorosamente trivializado cuando se lo reduce a un hombre joven, sabio y bello; o cuando se lo opone, simplificando a Nietzsche, a Dionisio, como la razón al entusiasmo. No, Apolo es el símbolo de la victoria sobre la violencia, de un autodominio en el entusiasmo, de la alianza de la pasión y la razón, el hijo de un dios, por Zeus y el nieto de titán, por Leto, su madre. Su sabiduría es el fruto de una conquista, no una herencia. Todas las potencias de la vida se conjugan en él para incitarlo a no encontrar su equilibrio más que sobre las cumbres, para conducirlo desde “la entrada de la caverna inmensa” (Esquilo) “a las cimas de los cielos” (Plutarco). Simboliza la suprema espiritualización; es uno de los símbolos más bellos de la ascensión humana.  

Y, en palabras de Platón (en La República), a Apolo había que consagrar todo aquello de bueno que despega a la humanidad de su terrenalidad para acercarse a los dioses.  

Corresponde a Apolo, el Dios de Delfos, dictar las más importantes, las más bellas, las primeras leyes. 

- ¿Cuáles son estas leyes? 

- Aquellas que contemplan la fundación de los templos, los sacrificios, y en general el culto de los dioses, los demonios y los héroes, y también las tumbas de los muertos y los honores que conviene rendirles para que nos sean propicios; pues estas cosas, nosotros las ignoramos: y, fundadores de un Estado, no nos remitiremos, si somos sabios, a ningún otro, y no seguiremos a otro intérprete de no ser el del país; pues este dios, intérprete tradicional de la religión, se ha establecido en el centro y en el ombligo de la tierra para guiar al género humano. 

El mito de Dafne y Apolo, por tanto, ha sido del agrado de la cultura occidental cristiana por la inmensa contradicción que subyace en él. En la narración es la ninfa la virtuosa y el dios que debía proteger a los mortales de los peligros de los instintos el que causa la destrucción y, además, por un acto de lascivia. Al querer imponerse cruelmente por la fuerza se queda sin aquello que más ama. De aquí viene la transformación del laurel en árbol sagrado, eterno, inmortal y perenne como una forma de sublimar un acto deleznable.  

El laurel, como todas las plantas de hoja perenne, se refiere al simbolismo de la inmortalidad; simbolismo que sin duda no escapó a los romanos cuando vieron en él el emblema de la gloria, tanto de los ejércitos como del espíritu. El laurel se tenía además por protector contra el rayo […] Arbusto consagrado a Apolo, simboliza la inmortalidad adquirida por la victoria. Por esto su follaje sirve para coronar a los héroes, a los genios y a los sabios. Árbol apolíneo, significa también las condiciones espirituales de la victoria, la sabiduría unida al heroísmo […] El laurel simboliza las virtudes apolíneas y la participación en tales virtudes por el contacto con la planta consagrada. 

Jean Chevalier 

El mito de Dafne y Apolo en las artes occidentales 

Estos profundos sentidos simbólicos del relato mítico recogido por la literatura griega ha propiciado que fuera favorito (como las transformaciones de Zeus) en las artes occidentales. Para no alargar este texto, indico simplemente dos obras de primer orden:  Dafne y Apolo de Bernini y el Soneto XIII de Garcilaso de la Vega (1501-1536). 

Dafne y Apolo de Bernini  

Gian Lorenzo Bernini (1598-1680), revolucionó el arte barroco con sus cuatro esculturas (1621-1625) basadas en personajes clásicos grecorromanos para el Palacio Borghese, en Roma. Entre ellas se encuentra la maravillosa Apolo y Dafne. Realizada en mármol blanco, capta (con una sutiliza y movimientos extremos) el instante en el que la ninfa, atrapada por el dios, se va convirtiendo en árbol del laurel ante sus gritos desgarradores. Con esta obra el maestro se aparta de la sobriedad de la escultura griega en la que se había inspirado con anterioridad para regalarnos una obra plástica y expresiva al máximo. La obra es la que abre este texto.  

Dafne y Apolo en el más hermoso soneto de Garcilaso de la Vega

La lírica renacentista europea se caracteriza por la búsqueda del amor profano, la reivindicación de las lenguas vulgares y un retorno a la serenidad clásica. En este sentido, se valen de los mitos grecorromanos (sin abandonar el cristianismo) para sustentar esta nueva cosmovisión. En esta línea, se encuentra uno de los más hermosos poemas de uno de los más ilustres poetas en español de todos los tiempos (Garcilaso de la Vega) que tiene como protagonista la desdichada narración de Dafne y Apolo. 

SONETO XIII

     A Dafne ya los brazos le crecían 

y en luengos ramos vueltos se mostraban, 

en verdes hojas vi que se tornaban

los cabellos que el oro oscurecían; 

     de áspera corteza se cubrían 

los tiernos miembros que aún bullendo estaban; 

los blandos pies en tierra se hincaban 

y en torcidas raíces se volvían.

     Aquel que fue la causa de tal daño, 

a fuerza de llorar, crecer hacía 

este árbol, que con lágrimas regaba. 

     ¡Oh miserable estado, oh mal tamaño, 

que con llorarla crezca cada día

la causa y la razón por que lloraba!

En estos versos, el poeta se identifica plenamente con el dolor de un dios que ha contribuido a la destrucción de aquello que más ama. El mito de Dafne y Apolo, por tanto, nos introduce en esas dicotomías morales que, hasta el Neoclasicismo incluso, gustaban a artistas, intelectuales y poetas. Estamos, en definitiva, ante la batalla de las virtudes frente a los vicios, causantes estos de la pérdida de todo lo bueno a lo que puede aspirar el alma humana, especialmente el amor y la trascendencia. 

Imagen y texto por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Ovidio (43 a.C - 17 d.c) en sus Metamorfosis nos narra el mito de Dafne y Apolo que tan buenas obras (como veremos) ha dado a las artes posteriores. Todo empezó con una disputa de corte narcisista a nivel dios entre Eros y Apolo. ¿Qué sucedió? Pues que el dios de la música y las artes (Apolo) se burló de Eros (el del enamoramiento, recordemos) por su manejo del arco y las flechas. Y este, en cruel venganza, disparó dos flechas distintas: una de hierro emponzoñada con el odio y la otra de oro untada con las mieles de la más arrebatadora pasión. La primera la dirigió a la ninfa Dafne y la segunda al dios que lo retaba. Y con esta riña comienza el mito. 

Los protagonistas del mito de Apolo y Dafne 

¿Quién era Dafne de la mitología griega? 

Era una ninfa de los bosques, hija de un río (las versiones difieren en los nombres de sus progenitores) y orgullosa de su esencia. Dotada de gracia y gran belleza física, pidió a su padre permanecer soltera para poder, así, dedicarse a la caza y a las artes, tal cual hacía la diosa Artemisa, a la sazón hermana gemela de Apolo. Su deseo fue concedido y, a pesar de su hermosura y virtudes, fue capaz de alejar a múltiples pretendientes hasta el suceso entre Eros y Apolo con las flechas envenenadas que nos ocupa hoy.  

¿Y Apolo?  

Es uno de los dioses paganos más complejos de la mitología, ya que se asemeja al sol. Protector de la caza, los bosques y las artes, se ha representado como un hombre joven, bello, fuerte y ágil. Además, como veremos a continuación, es una de las figuras de la mitología griega con mayor representación en la cultura occidental. Para nuestra narración, únicamente hay que apuntar que antes de que fuera herido por la flecha de oro de Eros ya estaba enamorado de la ninfa Dafne y había sido rechazado en múltiples ocasiones. 

Seguimos con el mito de Dafne y Apolo  

El cortejo de Apolo hacia Dafne terminó con las flechas de Eros. El dios de la música y las artes fue herido con las de oro que insufló una pasión arrebatadora hacia la ninfa Dafne que ya había sido inoculada con la del desprecio y el odio. Apolo corre tras la muchacha con el afán de raptarla e, incluso, violarla. Al verse alcanzada por el dios, Dafne implora a los dioses su salvación (en otras versiones se apunta a su padre) y estos le conceden el deseo. La convierten en árbol de laurel justo con los brazos de Apolo rodeaban a la bella ninfa. 

El dolor y la tristeza de Apolo, al darse cuenta del mal que había causado, fueron de tal intensidad que sus amargas y divinas lágrimas regaron el árbol de laurel en el que Dafne se había convertido. Fue en ese momento cuando juró y prometió dedicar sus hojas perennes e inmortales a los vencedores de los torneros artísticos y deportivos que él mismo protegía.  

El simbolismo del mito de Dafne y Apolo 

Esta metamorfosis de Ovidio (como el resto de ellas) fue de especial agrado en el cristianismo occidental, ya que la narración nos pone frente a frente ante la lucha entre las virtudes (la virginal Dafne) contra los vicios (la lujuria de Apolo). Fue recogido por la cultura medieval posterior y el mito ampliamente difundido, además, en el Renacimiento. 

Apolo simboliza el sol, la luz, la música, las artes, la caza. Él es la sabiduría capaz del disfrute de los dones de la vida sin caer en las bajezas de los vicios decadentes que representa Dionisio (el caos, el vino, la fiesta desordenada…) Apolo fue del agrado, incluso, para la mentalidad cristiana medieval ya que supone una trascendencia desde los instintos hasta la espiritualidad. Sin embargo, debido a un error, participa en la destrucción de lo que más ama. Su simbolismo ha sido resumido con notable acierto por Jean Chevalier en los siguientes términos:  

Dios muy complejo, horrorosamente trivializado cuando se lo reduce a un hombre joven, sabio y bello; o cuando se lo opone, simplificando a Nietzsche, a Dionisio, como la razón al entusiasmo. No, Apolo es el símbolo de la victoria sobre la violencia, de un autodominio en el entusiasmo, de la alianza de la pasión y la razón, el hijo de un dios, por Zeus y el nieto de titán, por Leto, su madre. Su sabiduría es el fruto de una conquista, no una herencia. Todas las potencias de la vida se conjugan en él para incitarlo a no encontrar su equilibrio más que sobre las cumbres, para conducirlo desde “la entrada de la caverna inmensa” (Esquilo) “a las cimas de los cielos” (Plutarco). Simboliza la suprema espiritualización; es uno de los símbolos más bellos de la ascensión humana.  

Y, en palabras de Platón (en La República), a Apolo había que consagrar todo aquello de bueno que despega a la humanidad de su terrenalidad para acercarse a los dioses.  

Corresponde a Apolo, el Dios de Delfos, dictar las más importantes, las más bellas, las primeras leyes. 

- ¿Cuáles son estas leyes? 

- Aquellas que contemplan la fundación de los templos, los sacrificios, y en general el culto de los dioses, los demonios y los héroes, y también las tumbas de los muertos y los honores que conviene rendirles para que nos sean propicios; pues estas cosas, nosotros las ignoramos: y, fundadores de un Estado, no nos remitiremos, si somos sabios, a ningún otro, y no seguiremos a otro intérprete de no ser el del país; pues este dios, intérprete tradicional de la religión, se ha establecido en el centro y en el ombligo de la tierra para guiar al género humano. 

El mito de Dafne y Apolo, por tanto, ha sido del agrado de la cultura occidental cristiana por la inmensa contradicción que subyace en él. En la narración es la ninfa la virtuosa y el dios que debía proteger a los mortales de los peligros de los instintos el que causa la destrucción y, además, por un acto de lascivia. Al querer imponerse cruelmente por la fuerza se queda sin aquello que más ama. De aquí viene la transformación del laurel en árbol sagrado, eterno, inmortal y perenne como una forma de sublimar un acto deleznable.  

El laurel, como todas las plantas de hoja perenne, se refiere al simbolismo de la inmortalidad; simbolismo que sin duda no escapó a los romanos cuando vieron en él el emblema de la gloria, tanto de los ejércitos como del espíritu. El laurel se tenía además por protector contra el rayo […] Arbusto consagrado a Apolo, simboliza la inmortalidad adquirida por la victoria. Por esto su follaje sirve para coronar a los héroes, a los genios y a los sabios. Árbol apolíneo, significa también las condiciones espirituales de la victoria, la sabiduría unida al heroísmo […] El laurel simboliza las virtudes apolíneas y la participación en tales virtudes por el contacto con la planta consagrada. 

Jean Chevalier 

El mito de Dafne y Apolo en las artes occidentales 

Estos profundos sentidos simbólicos del relato mítico recogido por la literatura griega ha propiciado que fuera favorito (como las transformaciones de Zeus) en las artes occidentales. Para no alargar este texto, indico simplemente dos obras de primer orden:  Dafne y Apolo de Bernini y el Soneto XIII de Garcilaso de la Vega (1501-1536). 

Dafne y Apolo de Bernini  

Gian Lorenzo Bernini (1598-1680), revolucionó el arte barroco con sus cuatro esculturas (1621-1625) basadas en personajes clásicos grecorromanos para el Palacio Borghese, en Roma. Entre ellas se encuentra la maravillosa Apolo y Dafne. Realizada en mármol blanco, capta (con una sutiliza y movimientos extremos) el instante en el que la ninfa, atrapada por el dios, se va convirtiendo en árbol del laurel ante sus gritos desgarradores. Con esta obra el maestro se aparta de la sobriedad de la escultura griega en la que se había inspirado con anterioridad para regalarnos una obra plástica y expresiva al máximo. La obra es la que abre este texto.  

Dafne y Apolo en el más hermoso soneto de Garcilaso de la Vega

La lírica renacentista europea se caracteriza por la búsqueda del amor profano, la reivindicación de las lenguas vulgares y un retorno a la serenidad clásica. En este sentido, se valen de los mitos grecorromanos (sin abandonar el cristianismo) para sustentar esta nueva cosmovisión. En esta línea, se encuentra uno de los más hermosos poemas de uno de los más ilustres poetas en español de todos los tiempos (Garcilaso de la Vega) que tiene como protagonista la desdichada narración de Dafne y Apolo. 

SONETO XIII

     A Dafne ya los brazos le crecían 

y en luengos ramos vueltos se mostraban, 

en verdes hojas vi que se tornaban

los cabellos que el oro oscurecían; 

     de áspera corteza se cubrían 

los tiernos miembros que aún bullendo estaban; 

los blandos pies en tierra se hincaban 

y en torcidas raíces se volvían.

     Aquel que fue la causa de tal daño, 

a fuerza de llorar, crecer hacía 

este árbol, que con lágrimas regaba. 

     ¡Oh miserable estado, oh mal tamaño, 

que con llorarla crezca cada día

la causa y la razón por que lloraba!

En estos versos, el poeta se identifica plenamente con el dolor de un dios que ha contribuido a la destrucción de aquello que más ama. El mito de Dafne y Apolo, por tanto, nos introduce en esas dicotomías morales que, hasta el Neoclasicismo incluso, gustaban a artistas, intelectuales y poetas. Estamos, en definitiva, ante la batalla de las virtudes frente a los vicios, causantes estos de la pérdida de todo lo bueno a lo que puede aspirar el alma humana, especialmente el amor y la trascendencia. 

Imagen y texto por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Dafne y Apolo

  Ovidio (43 a.C - 17 d.c) en sus Metamorfosis nos narra el mito de Dafne y Apolo que tan buen...

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Piedra de sol 

 

La treizième revient… c’est encor la première;

et c’est toujours la seule -ou c’est le seul moment;

car es-tu reine, ô toi, la première ou dernière?

es-tu roi, toi le seul ou le dernier amant? 

GÉRARD DE NERVAL, Arthémis 

 

 

un sauce de cristal, un chopo de agua, 

un alto surtidor que el viento arquea, 

un árbol bien plantado mas danzante, 

un caminar de río que se curva, 

avanza, retrocede, da un rodeo 

y llega siempre: 

                         un caminar tranquilo

de estrella o primavera sin premura, 

agua que con los párpados cerrados

mana toda la noche profecías,

unánime presencia en oleaje, 

ola tras ola hasta cubrirlo todo,

verde soberanía sin ocaso 

como el deslumbramiento de las alas

cuando se abren en mitad del cielo, 

 

un caminar entre las espesuras 

de los días futuros y el aciago 

fulgor de la desdicha como un ave 

petrificando el bosque con su canto

y las felicidades inminentes 

entre las ramas que se desvanecen,

horas de luz que pican ya los pájaros,

presagios que se escapan de la mano, 

 

una presencia como un canto súbito, 

como el viento cantando en el incendio,

una mirada que sostiene en vilo

al mundo con sus mares y sus montes,

cuerpo de luz filtrada por un ágata,

piernas de luz, vientre de luz, bahías, 

roca solar, cuerpo color de nube, 

color de día rápido que salta, 

la hora centellea y tiene cuerpo, 

el mundo ya es visible por tu cuerpo, 

es trasparente por tu transparencia, 

 

voy entre galerías de sonidos, 

fluyo entre las presencias resonantes,

voy por las transparencias como un ciego, 

un reflejo me borra, nazco en otro, 

oh bosque de pilares encantados, 

bajo los arcos de la luz penetro 

los corredores de un otoño diáfano, 

 

voy por tu cuerpo como por el mundo, 

tu vientre es una plaza soleada, 

tus pechos dos iglesias donde oficia 

la sangre sus misterios paralelos, 

mis miradas te cubren como yedra, 

eres una ciudad que el mar asedia, 

una muralla que la luz divide

en dos mitades de color durazno, 

un paraje de sal, rocas y pájaros

bajo la ley del mediodía absorto, 

 

vestida del color de mis deseos

como mi pensamiento vas desnuda, 

voy por tus ojos como por el agua, 

los tigres beben sueño en esos ojos, 

el colibrí se quema en esas llamas, 

voy por tu frente como por la luna, 

como la nube por tu pensamiento, 

voy por tu vientre como por tus sueños, 

 

tu falda de maíz ondula y canta, 

tu falda de cristal, tu falda de agua, 

tus labios, tus cabellos, tus miradas, 

toda la noche llueves, todo el día

abres mi pecho con tus dedos de agua, 

cierras mis ojos con tu boca de agua, 

sobre mis huesos llueves, en mi pecho

hunde raíces de agua un árbol líquido, 

 

voy por tu talle como por un río, 

voy por tu cuerpo como por un bosque, 

como por un sendero en la montaña 

que en un abismo brusco se termina, 

voy por tus pensamientos afilados 

y a la salida de tu blanca frente 

mi sombra despeñada se destroza,  

recojo mis fragmentos uno a uno 

y prosigo sin cuerpo, busco a tientas, 

 

corredores sin fin de la memoria, 

puertas abiertas a un salón vacío 

donde se pudren todos los veranos, 

las joyas de sed arden al fondo, 

rostro desvanecido al recordarlo, 

mano que se deshace si la toco, 

cabelleras de arañas en tumulto 

sobre sonrisas de hace muchos años, 

 

a la salida de mi frente busco, 

busco sin encontrar, busco un instante, 

un rostro de relámpago y tormenta

corriendo entre los árboles nocturnos, 

rostro de lluvia en un jardín a obscuras, 

agua tenaz que fluye a mi costado, 

 

busco sin encontrar, escribo a solas, 

no hay nadie, cae el día, cae el año, 

caigo con el instante, caigo a fondo, 

invisible camino sobre espejos

que repiten mi imagen destrozada, 

piso días, instantes caminados, 

piso los pensamientos de mi sombra, 

piso mi sombra en busca de un instante, 

 

busco una fecha viva como un pájaro, 

busco el sol de las cinco de la tarde 

templado por los muros de tezontle: 

la hora maduraba sus racimos

y al abrirse salían las muchachas

de su entraña rosada y se esparcían

por los patios de piedra del colegio, 

alta como el otoño caminaba 

envuelta por la luz bajo la arcada 

y el espacio al ceñirla la vestía

de una piel más dorada y transparente,

 

tigre color de luz, pardo venado

por los alrededores de la noche, 

entrevista muchacha reclinada

en los balcones verdes de la lluvia, 

adolescente como rostro innumerable, 

he olvidado tu nombre, Melusina, 

Laura, Isabel, Perséfone, María, 

tienes todos los rostros y ninguno, 

eres todas las horas y ninguna, 

te pareces al árbol y a la nube, 

eres todos los pájaros y un astro, 

te pareces al filo de la espada

y a la copa de sangre del verdugo,

yedra que avanza, envuelve y desarraiga

al alma y la divide de sí misma, 

 

escritura de fuego sobre el jade, 

grieta en la roca, reina de serpientes, 

columnas de vapor, fuente en la peña, 

circo lunar, peñasco de las águilas, 

grano de anís, espina diminuta

y mortal que da penas inmortales, 

pastora de valles submarinos

y guardiana del valle de los muertos, 

liana que cuelga del cantil del vértigo, 

enredadera, planta venenosa, 

flor de resurrección, uva de vida, 

señora de la flauta y del relámpago, 

terraza del jazmín, sal en la herida, 

ramo de rosas para el fusilado, 

nieve en agosto, luna del patíbulo, 

escritura del mar sobre el basalto, 

escritura del viento en el desierto, 

testamento del sol, granada, espiga, 

 

rostro de llamas, rostro devorado, 

adolescente rostro perseguido

años fantasmas, días circulares

que dan al mismo patio, al mismo muro, 

arde al instante y son un solo rostro

los sucesivos rostros de la llama, 

todos los nombres son un solo nombre, 

todos los rostros son un solo rostro, 

todos los siglos son un solo instante

y por todos los siglos de los siglos 

cierra el paso al futuro un par de ojos, 

 

no hay nada frente a mí, sólo un instante

rescatado esta noche, contra un sueño 

de ayuntadas imágenes soñado, 

duramente esculpido contra el sueño, 

arrancado a la nada de esta noche, 

a pulso levantado letra a letra, 

mientras afuera el tiempo se desboca 

y golpea las puertas de mi alma

el mundo con su horario carnicero, 

 

sólo un instante mientras las ciudades, 

los nombres, los sabores, lo vivido, 

se desmoronan en mi frente ciega, 

mientras la pesadumbre de la noche 

mi pensamiento humilla y mi esqueleto, 

y mi sangre camina más despacio

y mis dientes se aflojan y mi ojos

se nublan y los días y los años 

sus horrores vacíos acumulan, 

 

mientras el tiempo cierra su abanico 

y no hay nada detrás de sus imágenes

el instante se abisma y sobrenada

rodeado de muerte, amenazado

por la noche y su lúgubre bostezo, 

amenazado por la algarabía

de la muerte vivaz y enmascarada

el instante se abisma y se penetra, 

como un puño se cierra, como un fruto 

que madura hacia adentro de sí mismo

y a sí mismo se bebe y se derrama 

el instante translúcido se cierra

y madura hacia dentro de mí, me ocupa todo, 

me expulsa de su follaje delirante, 

mis pensamientos sólo son sus pájaros, 

su mercurio circula por mis venas,

árbol mental, frutos sabor de tiempo, 

 

oh vida por vivir ya vivida, 

tiempo que vuelve en una marejada

y se retira sin volver el rostro, 

lo que pasó no fue pero está siendo 

y silenciosamente desemboca

en otro instante que se desvanece: 

 

frente a la tarde de salitre y piedra 

armada de navajas invisibles 

una roja escritura indescifrable

escribes en mi piel y esas heridas 

como un traje de llamas me recubren, 

ardo sin consumirme, busco el agua

y en tus ojos no hay agua, son de piedra, 

y tus pechos, tu vientre, tus caderas

son de piedra, tu boca sabe a polvo,

tu boca sabe a tiempo emponzoñado, 

tu cuerpo sabe a pozo sin salida, 

pasadizo de espejos que se repiten

los ojos del sediento, pasadizo

que vuelve siempre al punto de partida, 

y tú me llevas ciego de la mano 

por esas galerías obstinadas

hacia el centro del círculo y te yergues

como un fulgor que se congela en hacha, 

como luz que desuella, fascinante 

como el cadalso para el condenado, 

flexible como el látigo y esbelta 

como un arma gemela de la luna, 

y tus palabras afiladas cavan 

mi pecho y me despueblan y vacían, 

uno a uno me arrancas los recuerdos, 

he olvidado mi nombre, mis amigos

gruñen entre los cerdos o se pudren

comidos por el sol en un barranco, 

 

no hay nada en mí sino una larga herida, 

una oquedad que ya nadie recorre,

presente sin ventanas, pensamiento 

que vuelve, se repite, se refleja 

y se pierde en su misma transparencia, 

conciencia traspasada por un ojo 

que se mira mirarse hasta anegarse 

de claridad: 

                  yo vi tu atroz escama, 

melusina, brillar verdosa alba, 

dormías enroscada entre las sábanas

y al despertar gritaste como un pájaro 

y caíste sin fin, quebrada y blanca, 

nada quedó de ti sino tu grito, 

y al cabo de los siglos me descubro 

con tos y mala vista, barajando 

viejas fotos: 

                  no hay nadie, no eres nadie, 

un montón de ceniza y una escoba, 

un cuchillo mellado y un plumero, 

un pellejo colgado de unos huesos, 

un racimo ya seco, un hoyo negro

y en el fondo del hoyo los dos ojos

de una niña ahogada hace mil años, 

 

miradas enterradas en un pozo, 

miradas que nos ven desde el principio, 

mirada niña de la madre vieja

que ve en el hijo grande un padre joven, 

mirada madre de la niña sola

que ve en el padre grande un hijo niño, 

miradas que nos miran desde el fondo

de la vida y son trampas de la muerte

-¿o es al revés: caer en esos ojos

es volver a la vida verdadera?, 

 

¡caer, volver, soñarme y que me sueñen

otros ojos futuros, otra vida, 

otras nubes, morirme de otra muerte! 

-esta noche me basta, y este instante

que no acaba de abrirse y revelarme 

dónde estuve, quién fui, cómo te llamas, 

cómo me llamo yo: 

                              ¿hacía planes

para el verano -y todos los veranos- 

en Christopher Street, hace diez años, 

con Filis que tenía dos hoyuelos

donde bebían luz los gorriones?, 

¿por la Reforma Carmen me decía

“no pesa el aire, aquí siempre es octubre”,

o se lo dijo a otro que he perdido 

o yo lo invento y nadie me lo ha dicho?, 

¿caminé por la noche de Oaxaca, 

inmensa y verdinegra como un árbol, 

hablando solo como el viento loco

y al llegar a mi cuarto -siempre un cuarto-

no me reconocieron los espejos?, 

¿desde el hotel Vernet vimos al alba

bailar con los castaños -“ya es muy tarde”

decías al peinarte y yo veía

manchas en la pared, sin decir nada?, 

¿subimos juntos a la torre, vimos 

caer la tarde desde el arrecife?,

¿comimos uvas en Bidart?, ¿compramos

gardenias en Perote?,

                                   nombres, sitios, 

calles y calles, rostros, plazas, calles, 

estaciones, un parque, cuartos solos, 

manchas en la pared, alguien se peina, 

alguien canta a mi lado, alguien se viste, 

cuartos, lugares, calles, nombres, cuartos, 

 

Madrid 1937, 

en la Plaza del Ángel las mujeres

cosían y cantaban con sus hijos, 

después sonó la alarma y hubo gritos, 

casas arrodilladas en el polvo, 

torres hendidas, frentes escupidas 

y el huracán de los motores, fijo: 

los dos se desnudaron y se amaron 

por defender nuestra porción eterna, 

nuestra ración de tiempo y paraíso, 

tocar nuestra raíz y recobrarnos, 

recobrar nuestra herencia arrebatada

por ladrones de vida hace mil siglos, 

los dos se desnudaron y besaron 

porque las desnudeces enlazadas 

saltan el tiempo y, son invulnerables, 

nada las toca, vuelven al principio, 

no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres, 

verdad de los dos en sólo un cuerpo y alma, 

oh ser total…

                      cuartos a la deriva

entre ciudades que se van a pique,

cuartos y calles, nombres como heridas, 

el cuarto con ventana a otros cuartos 

con el mismo papel descolorido 

donde un hombre en camisa lee el periódico

o plancha una mujer; el cuarto claro 

que visitan las ramas del durazno; 

el otro cuarto: afuera siempre llueve. 

y hay un patio y tres niños oxidados; 

cuartos que son navíos que se mecen 

en un golfo de luz; o submarinos: 

el silencio se esparce en olas verdes, 

todo lo que tocamos fosforece; 

mausoleos del lujo, ya roídos 

los retratos, raídos los tapetes; 

trampas, celdas, cavernas encantadas, 

pajareras y cuartos numerados, 

todos se transfiguran, todos vuelan, 

cada moldura es nube, cada puerta 

da al mar, al campo, al aire, cada mesa

es un festín; cerrados como conchas

el tiempo inútilmente los asedia, 

no hay tiempo ya, ni muro: ¡espacio, espacio, 

abre la mano, coge esta riqueza, 

corta los frutos, come de la vida, 

tiéndete al pie de árbol, bebe el agua!, 

 

todo se transfigura y es sagrado, 

es el centro del mundo cada cuarto, 

es la primera noche, el primer día, 

el mundo nace cuando dos se besan, 

gota de luz de entrañas transparentes

el cuarto como un fruto se entreabre

o estalla como un astro taciturno 

y las leyes comidas de ratones, 

las rejas de los bancos y las cárceles, 

las rejas de papel, las alambradas, 

los timbres y las púas y los pinchos, 

el sermón monocorde de las armas, 

el escorpión meloso y con bonete, 

el tigre con chistera, presidente 

del Club Vegetariano y la Cruz Roja, 

el burro pedagogo, el cocodrilo

metido a redentor, padre de pueblos, 

el Jefe, el tiburón, el arquitecto 

del porvenir, el cerdo uniformado, 

el hijo predilecto de la Iglesia

que se lava la negra dentadura 

con el agua bendita y toma clases

de inglés y democracia, las paredes

invisibles, las máscaras podridas 

que dividen al hombre de los hombres, 

al hombre de sí mismo, 

                                     se derrumban 

por un instante inmenso y vislumbramos 

nuestra ciudad perdida, el desamparo

que es ser hombres, la gloria que es ser hombres

y compartir el pan, el sol, la muerte, 

el olvidado asombro de estar vivos; 

 

amar es combatir, si dos se besan 

el mundo cambia, encarnan los deseos, 

el pensamiento encarna, brotan alas

en las espaldas del esclavo, el mundo 

es real y tangible, el vino es vino, 

el pan vuelve a saber, el agua es agua, 

amar es combatir, es abrir puertas, 

dejar de ser fantasma con un número 

a perpetua cadena condenado 

por un amor sin rostro; 

                                    el mundo cambia 

si dos se miran y se reconocen, 

amar es desnudarse de los nombres: 

“déjame ser tu puta”, son palabras 

de Eloísa, mas él cedió a las leyes, 

la tomó por esposa y como premio 

lo castraron después; 

                                   mejor el crimen, 

los amantes suicidas, el incesto 

de los hermanos como dos espejos 

enamorados de su semejanza, 

mejor comer el pan envenenado, 

el adulterio en lechos de ceniza, 

los amores feroces, el delirio, 

su yedra ponzoñosa, el sodomita 

que lleva por el clavel en la solapa

un gargajo, mejor ser lapidado 

en las plazas que dar vuelta a la noria 

que exprime la substancia de la vida, 

cambia la eternidad en horas huecas, 

los minutos en cárceles, el tiempo

en monedas de cobre y mierda abstracta; 

 

mejor la castidad, flor invisible 

que se mece en los tallos del silencio, 

el difícil diamante de los santos

que filtra los deseos, sacia el tiempo, 

nupcias de la quietud y el movimiento, 

canta la soledad en su corola, 

pétalo de cristal es cada hora, 

el mundo se despoja de sus máscaras

y en su centro, vibrante transparencia, 

lo que llamamos Dios, el ser sin rostro 

emerge de sí mismo, sol de soles, 

plenitud de presencias y de nombres; 

 

sigo mi desvarío, cuartos, calles, 

camino a tientas por los corredores

del tiempo y subo y bajo sus peldaños

y sus paredes palpo y no me muevo, 

vuelvo adonde empecé, busco tu rostro, 

camino por las calles de mí mismo

bajo un sol sin edad, y tú a mi lado

caminas como un árbol, como un río

caminas y me hablas como un río, 

creces como una espiga entre mis manos, 

lates como una ardilla entre mis manos, 

vuelas como mil pájaros, tu risa

me ha cubierto de espuma, tu cabeza

es un astro pequeño entre mis manos, 

el mundo reverdece si sonríes 

comiendo una naranja, 

                                    el mundo cambia 

si dos, vertiginosos y enlazados,

caen sobre la yerba: el cielo baja, 

los árboles ascienden, el espacio 

sólo es luz y silencio, sólo espacio 

abierto para el águila del ojo, 

pasa la blanca tribu de las nubes, 

rompe amarras el cuerpo, zarpa el alma,

perdemos nuestros nombres y flotamos 

a la deriva entre el azul y el verde, 

tiempo total donde no pasa nada 

sino su propio transcurrir dichoso, 

 

no pasa nada, callas, parpadeas

(silencio: cruzó un ángel este instante

grande como la vida de cien soles), 

¿no pasa nada, sólo un parpadeo? 

-y el festín, el destierro, el primer crimen, 

la quijada del asno, el ruido opaco 

y la mirada incrédula del muerto 

al caer en el llano ceniciento, 

Agamenón y su mugido inmenso

y el repetido grito de Casandra

más fuerte que los gritos de las olas, 

Sócrates en cadenas (el sol nace, 

morir es despertar: “Critón, un gallo

a Esculapio, ya sano de la vida”), 

el chacal que diserta entre las ruinas

de Nínive, la sombra que vio Bruto 

antes de la batalla, Moctezuma

en el lecho de espinas de su insomnio, 

el viaje en la carreta hacia la muerte

-el viaje interminable mas contado

por Robespierre minuto tras minuto,

la mandíbula rota entre las manos-, 

Churruca en su barrica como un trono

escarlata, los pasos ya contados

de Lincoln al salir hacia el teatro, 

el estertor de Trotski y sus quejidos

de jabalí, Madero y su mirada

que nadie contestó. ¿por qué me matan?, 

los carajos, los ayes, los silencios

del criminal, el santo, el pobre diablo, 

cementerios de frases y de anécdotas 

que los perros retóricos escarban, 

el animal que muere y que lo sabe, 

saber común, inútil, ruido obscuro 

de la piedra que cae, el son monótono

de huesos machacados en la riña

y la boca de espuma del profeta

y su grito y el grito del verdugo 

y el grito de la víctima… 

                                       son llamas

los ojos y son llamas lo que miran, 

llama la oreja y el sonido llama, 

brasa los labios y tizón la lengua, 

el tacto y lo que toca, el pensamiento 

y lo pensado, llama el que piensa, 

todo se quema, el universo es llama, 

arde la misma nada que no es nada

sino un pensar en llamas, al fin humo: 

no hay verdugo ni víctima…

                                             ¿y el grito

en la tarde del viernes?, y el silencio

que se cubre de signos, el silencio 

que dice sin decir, ¿no dice nada?, 

¿no son nada los gritos de los hombres?,

¿no pasa nada cuando pasa el tiempo? 

 

-no pasa nada, sólo un parpadeo 

del sol, un movimiento apenas, nada, 

no hay redención, no vuelve atrás el tiempo, 

los muertos están fijos en su muerte 

y no pueden morirse de otra muerte, 

intocables, clavados en su gesto, 

desde su soledad, desde su muerte

sin remedio nos miran sin mirarnos, 

su muerte ya es la estatua de su vida, 

un siempre estar ya nada para siempre, 

cada minuto es nada para siempre, 

un rey fantasma rige tus latidos

y tu gesto final, tu dura máscara

labra sobre tu rostro cambiante: 

el monumento somos de una vida

ajena y no vivida, apenas nuestra, 

 

-¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?, 

¿cuándo somos de veras lo que somos?,

bien mirado no somos, nunca somos

a solas sino vértigo y vacío, 

muecas en el espejo, horror y vómito, 

nunca la vida es nuestra, es de los otros, 

la vida no es de nadie, todos somos 

la vida -pan de sol para los otros, 

los otros todos que nosotros somos-, 

soy otro cuando soy, los actos míos 

son más míos si son también de todos, 

para que pueda ser he de ser otro, 

salir de mí, buscarme entre los otros, 

los otros que no son si yo no existo, 

los otros que me dan plena existencia, 

no soy, no hay yo, siempre somos nosotros, 

la vida es otra, siempre allá, más lejos, 

fuera de ti, de mí, siempre horizonte, 

vida que nos desvive y enajena, 

que nos inventa un rostro y lo desgasta, 

hambre de ser, oh muerte, pan de todos, 

 

Eloísa, Perséfone, María,

muestra tu rostro al fin para que vea 

mi cara verdadera, la del otro, 

mi cara de nosotros siempre todos, 

cara de árbol y de panadero, 

de chófer y de nube y de marino, 

cara de sol y arroyo y Pedro y Pablo, 

cara de solitario colectivo, 

despiértame, ya nazco: 

                                     vida y muerte

pactan en ti, señora de la noche, 

torre de claridad, reina del alba, 

virgen lunar, madre del agua madre, 

cuerpo del mundo, casa de la muerte, 

caigo sin fin desde mi nacimiento, 

caigo en mí mismo sin tocar mi fondo,

recógeme en tus ojos, junta el polvo 

disperso y reconcilia mis cenizas, 

ata mis huesos divididos, sopla

sobre mi ser, entiérrame en tu tierra, 

tu silencio te dé paz al pensamiento 

contra sí mismo airado; 

                                      abre la mano, 

señora de semillas que son días, 

el día es inmortal, asciende, crece, 

acaba de nacer, un nacimiento

es cada amanecer y yo amanezco, 

amanecemos todos, amanece

el sol cara de sol, Juan amanece

con su cara de Juan cara de todos, 

puerta del ser, despiértame, amanece, 

déjame ver el rostro de este día, 

déjame ver el rostro de esta noche, 

todo se comunica y transfigura, 

arco de sangre, puente de latidos, 

llévame al otro lado de esta noche, 

adonde yo soy tú somos nosotros, 

al reino de pronombres enlazados, 

 

puerta del ser: abre tu ser, despierta, 

aprende a ser también, labra tu cara, 

trabaja tus facciones, ten un rostro

para mirar mi rostro y que te mire, 

para mirar la vida hasta la muerte, 

rostro de mar, de pan, de roca y fuente, 

manantial que disuelve nuestros rostros

en el rostro sin nombre, el ser sin rostro, 

indecible presencia de presencias… 

 

quiero seguir, ir más allá, y no puedo: 

se despeñó al instante en otro y otro, 

dormí sueños de piedra que no sueña 

y al cabo de los años como piedras

oí cantar mi sangre encarcelada, 

con un rumor de luz el mar cantaba, 

una a una cedían las murallas,

todas las puertas se desmoronaban 

y el sol entraba a saco por mi frente, 

despegaba mis párpados cerrados, 

desprendía mi ser de su envoltura, 

me arrancaba de mí, me separaba

de mi bruto dormir siglos de piedra

y su magia de espejos revivía

un sauce de cristal, un chopo de agua, 

un alto surtidor que el viento arquea, 

un árbol bien plantado mas danzante, 

un caminar de río que se curva, 

avanza, retrocede, da un rodeo

y llega siempre:

 

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Piedra de sol 

 

La treizième revient… c’est encor la première;

et c’est toujours la seule -ou c’est le seul moment;

car es-tu reine, ô toi, la première ou dernière?

es-tu roi, toi le seul ou le dernier amant? 

GÉRARD DE NERVAL, Arthémis 

 

 

un sauce de cristal, un chopo de agua, 

un alto surtidor que el viento arquea, 

un árbol bien plantado mas danzante, 

un caminar de río que se curva, 

avanza, retrocede, da un rodeo 

y llega siempre: 

                         un caminar tranquilo

de estrella o primavera sin premura, 

agua que con los párpados cerrados

mana toda la noche profecías,

unánime presencia en oleaje, 

ola tras ola hasta cubrirlo todo,

verde soberanía sin ocaso 

como el deslumbramiento de las alas

cuando se abren en mitad del cielo, 

 

un caminar entre las espesuras 

de los días futuros y el aciago 

fulgor de la desdicha como un ave 

petrificando el bosque con su canto

y las felicidades inminentes 

entre las ramas que se desvanecen,

horas de luz que pican ya los pájaros,

presagios que se escapan de la mano, 

 

una presencia como un canto súbito, 

como el viento cantando en el incendio,

una mirada que sostiene en vilo

al mundo con sus mares y sus montes,

cuerpo de luz filtrada por un ágata,

piernas de luz, vientre de luz, bahías, 

roca solar, cuerpo color de nube, 

color de día rápido que salta, 

la hora centellea y tiene cuerpo, 

el mundo ya es visible por tu cuerpo, 

es trasparente por tu transparencia, 

 

voy entre galerías de sonidos, 

fluyo entre las presencias resonantes,

voy por las transparencias como un ciego, 

un reflejo me borra, nazco en otro, 

oh bosque de pilares encantados, 

bajo los arcos de la luz penetro 

los corredores de un otoño diáfano, 

 

voy por tu cuerpo como por el mundo, 

tu vientre es una plaza soleada, 

tus pechos dos iglesias donde oficia 

la sangre sus misterios paralelos, 

mis miradas te cubren como yedra, 

eres una ciudad que el mar asedia, 

una muralla que la luz divide

en dos mitades de color durazno, 

un paraje de sal, rocas y pájaros

bajo la ley del mediodía absorto, 

 

vestida del color de mis deseos

como mi pensamiento vas desnuda, 

voy por tus ojos como por el agua, 

los tigres beben sueño en esos ojos, 

el colibrí se quema en esas llamas, 

voy por tu frente como por la luna, 

como la nube por tu pensamiento, 

voy por tu vientre como por tus sueños, 

 

tu falda de maíz ondula y canta, 

tu falda de cristal, tu falda de agua, 

tus labios, tus cabellos, tus miradas, 

toda la noche llueves, todo el día

abres mi pecho con tus dedos de agua, 

cierras mis ojos con tu boca de agua, 

sobre mis huesos llueves, en mi pecho

hunde raíces de agua un árbol líquido, 

 

voy por tu talle como por un río, 

voy por tu cuerpo como por un bosque, 

como por un sendero en la montaña 

que en un abismo brusco se termina, 

voy por tus pensamientos afilados 

y a la salida de tu blanca frente 

mi sombra despeñada se destroza,  

recojo mis fragmentos uno a uno 

y prosigo sin cuerpo, busco a tientas, 

 

corredores sin fin de la memoria, 

puertas abiertas a un salón vacío 

donde se pudren todos los veranos, 

las joyas de sed arden al fondo, 

rostro desvanecido al recordarlo, 

mano que se deshace si la toco, 

cabelleras de arañas en tumulto 

sobre sonrisas de hace muchos años, 

 

a la salida de mi frente busco, 

busco sin encontrar, busco un instante, 

un rostro de relámpago y tormenta

corriendo entre los árboles nocturnos, 

rostro de lluvia en un jardín a obscuras, 

agua tenaz que fluye a mi costado, 

 

busco sin encontrar, escribo a solas, 

no hay nadie, cae el día, cae el año, 

caigo con el instante, caigo a fondo, 

invisible camino sobre espejos

que repiten mi imagen destrozada, 

piso días, instantes caminados, 

piso los pensamientos de mi sombra, 

piso mi sombra en busca de un instante, 

 

busco una fecha viva como un pájaro, 

busco el sol de las cinco de la tarde 

templado por los muros de tezontle: 

la hora maduraba sus racimos

y al abrirse salían las muchachas

de su entraña rosada y se esparcían

por los patios de piedra del colegio, 

alta como el otoño caminaba 

envuelta por la luz bajo la arcada 

y el espacio al ceñirla la vestía

de una piel más dorada y transparente,

 

tigre color de luz, pardo venado

por los alrededores de la noche, 

entrevista muchacha reclinada

en los balcones verdes de la lluvia, 

adolescente como rostro innumerable, 

he olvidado tu nombre, Melusina, 

Laura, Isabel, Perséfone, María, 

tienes todos los rostros y ninguno, 

eres todas las horas y ninguna, 

te pareces al árbol y a la nube, 

eres todos los pájaros y un astro, 

te pareces al filo de la espada

y a la copa de sangre del verdugo,

yedra que avanza, envuelve y desarraiga

al alma y la divide de sí misma, 

 

escritura de fuego sobre el jade, 

grieta en la roca, reina de serpientes, 

columnas de vapor, fuente en la peña, 

circo lunar, peñasco de las águilas, 

grano de anís, espina diminuta

y mortal que da penas inmortales, 

pastora de valles submarinos

y guardiana del valle de los muertos, 

liana que cuelga del cantil del vértigo, 

enredadera, planta venenosa, 

flor de resurrección, uva de vida, 

señora de la flauta y del relámpago, 

terraza del jazmín, sal en la herida, 

ramo de rosas para el fusilado, 

nieve en agosto, luna del patíbulo, 

escritura del mar sobre el basalto, 

escritura del viento en el desierto, 

testamento del sol, granada, espiga, 

 

rostro de llamas, rostro devorado, 

adolescente rostro perseguido

años fantasmas, días circulares

que dan al mismo patio, al mismo muro, 

arde al instante y son un solo rostro

los sucesivos rostros de la llama, 

todos los nombres son un solo nombre, 

todos los rostros son un solo rostro, 

todos los siglos son un solo instante

y por todos los siglos de los siglos 

cierra el paso al futuro un par de ojos, 

 

no hay nada frente a mí, sólo un instante

rescatado esta noche, contra un sueño 

de ayuntadas imágenes soñado, 

duramente esculpido contra el sueño, 

arrancado a la nada de esta noche, 

a pulso levantado letra a letra, 

mientras afuera el tiempo se desboca 

y golpea las puertas de mi alma

el mundo con su horario carnicero, 

 

sólo un instante mientras las ciudades, 

los nombres, los sabores, lo vivido, 

se desmoronan en mi frente ciega, 

mientras la pesadumbre de la noche 

mi pensamiento humilla y mi esqueleto, 

y mi sangre camina más despacio

y mis dientes se aflojan y mi ojos

se nublan y los días y los años 

sus horrores vacíos acumulan, 

 

mientras el tiempo cierra su abanico 

y no hay nada detrás de sus imágenes

el instante se abisma y sobrenada

rodeado de muerte, amenazado

por la noche y su lúgubre bostezo, 

amenazado por la algarabía

de la muerte vivaz y enmascarada

el instante se abisma y se penetra, 

como un puño se cierra, como un fruto 

que madura hacia adentro de sí mismo

y a sí mismo se bebe y se derrama 

el instante translúcido se cierra

y madura hacia dentro de mí, me ocupa todo, 

me expulsa de su follaje delirante, 

mis pensamientos sólo son sus pájaros, 

su mercurio circula por mis venas,

árbol mental, frutos sabor de tiempo, 

 

oh vida por vivir ya vivida, 

tiempo que vuelve en una marejada

y se retira sin volver el rostro, 

lo que pasó no fue pero está siendo 

y silenciosamente desemboca

en otro instante que se desvanece: 

 

frente a la tarde de salitre y piedra 

armada de navajas invisibles 

una roja escritura indescifrable

escribes en mi piel y esas heridas 

como un traje de llamas me recubren, 

ardo sin consumirme, busco el agua

y en tus ojos no hay agua, son de piedra, 

y tus pechos, tu vientre, tus caderas

son de piedra, tu boca sabe a polvo,

tu boca sabe a tiempo emponzoñado, 

tu cuerpo sabe a pozo sin salida, 

pasadizo de espejos que se repiten

los ojos del sediento, pasadizo

que vuelve siempre al punto de partida, 

y tú me llevas ciego de la mano 

por esas galerías obstinadas

hacia el centro del círculo y te yergues

como un fulgor que se congela en hacha, 

como luz que desuella, fascinante 

como el cadalso para el condenado, 

flexible como el látigo y esbelta 

como un arma gemela de la luna, 

y tus palabras afiladas cavan 

mi pecho y me despueblan y vacían, 

uno a uno me arrancas los recuerdos, 

he olvidado mi nombre, mis amigos

gruñen entre los cerdos o se pudren

comidos por el sol en un barranco, 

 

no hay nada en mí sino una larga herida, 

una oquedad que ya nadie recorre,

presente sin ventanas, pensamiento 

que vuelve, se repite, se refleja 

y se pierde en su misma transparencia, 

conciencia traspasada por un ojo 

que se mira mirarse hasta anegarse 

de claridad: 

                  yo vi tu atroz escama, 

melusina, brillar verdosa alba, 

dormías enroscada entre las sábanas

y al despertar gritaste como un pájaro 

y caíste sin fin, quebrada y blanca, 

nada quedó de ti sino tu grito, 

y al cabo de los siglos me descubro 

con tos y mala vista, barajando 

viejas fotos: 

                  no hay nadie, no eres nadie, 

un montón de ceniza y una escoba, 

un cuchillo mellado y un plumero, 

un pellejo colgado de unos huesos, 

un racimo ya seco, un hoyo negro

y en el fondo del hoyo los dos ojos

de una niña ahogada hace mil años, 

 

miradas enterradas en un pozo, 

miradas que nos ven desde el principio, 

mirada niña de la madre vieja

que ve en el hijo grande un padre joven, 

mirada madre de la niña sola

que ve en el padre grande un hijo niño, 

miradas que nos miran desde el fondo

de la vida y son trampas de la muerte

-¿o es al revés: caer en esos ojos

es volver a la vida verdadera?, 

 

¡caer, volver, soñarme y que me sueñen

otros ojos futuros, otra vida, 

otras nubes, morirme de otra muerte! 

-esta noche me basta, y este instante

que no acaba de abrirse y revelarme 

dónde estuve, quién fui, cómo te llamas, 

cómo me llamo yo: 

                              ¿hacía planes

para el verano -y todos los veranos- 

en Christopher Street, hace diez años, 

con Filis que tenía dos hoyuelos

donde bebían luz los gorriones?, 

¿por la Reforma Carmen me decía

“no pesa el aire, aquí siempre es octubre”,

o se lo dijo a otro que he perdido 

o yo lo invento y nadie me lo ha dicho?, 

¿caminé por la noche de Oaxaca, 

inmensa y verdinegra como un árbol, 

hablando solo como el viento loco

y al llegar a mi cuarto -siempre un cuarto-

no me reconocieron los espejos?, 

¿desde el hotel Vernet vimos al alba

bailar con los castaños -“ya es muy tarde”

decías al peinarte y yo veía

manchas en la pared, sin decir nada?, 

¿subimos juntos a la torre, vimos 

caer la tarde desde el arrecife?,

¿comimos uvas en Bidart?, ¿compramos

gardenias en Perote?,

                                   nombres, sitios, 

calles y calles, rostros, plazas, calles, 

estaciones, un parque, cuartos solos, 

manchas en la pared, alguien se peina, 

alguien canta a mi lado, alguien se viste, 

cuartos, lugares, calles, nombres, cuartos, 

 

Madrid 1937, 

en la Plaza del Ángel las mujeres

cosían y cantaban con sus hijos, 

después sonó la alarma y hubo gritos, 

casas arrodilladas en el polvo, 

torres hendidas, frentes escupidas 

y el huracán de los motores, fijo: 

los dos se desnudaron y se amaron 

por defender nuestra porción eterna, 

nuestra ración de tiempo y paraíso, 

tocar nuestra raíz y recobrarnos, 

recobrar nuestra herencia arrebatada

por ladrones de vida hace mil siglos, 

los dos se desnudaron y besaron 

porque las desnudeces enlazadas 

saltan el tiempo y, son invulnerables, 

nada las toca, vuelven al principio, 

no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres, 

verdad de los dos en sólo un cuerpo y alma, 

oh ser total…

                      cuartos a la deriva

entre ciudades que se van a pique,

cuartos y calles, nombres como heridas, 

el cuarto con ventana a otros cuartos 

con el mismo papel descolorido 

donde un hombre en camisa lee el periódico

o plancha una mujer; el cuarto claro 

que visitan las ramas del durazno; 

el otro cuarto: afuera siempre llueve. 

y hay un patio y tres niños oxidados; 

cuartos que son navíos que se mecen 

en un golfo de luz; o submarinos: 

el silencio se esparce en olas verdes, 

todo lo que tocamos fosforece; 

mausoleos del lujo, ya roídos 

los retratos, raídos los tapetes; 

trampas, celdas, cavernas encantadas, 

pajareras y cuartos numerados, 

todos se transfiguran, todos vuelan, 

cada moldura es nube, cada puerta 

da al mar, al campo, al aire, cada mesa

es un festín; cerrados como conchas

el tiempo inútilmente los asedia, 

no hay tiempo ya, ni muro: ¡espacio, espacio, 

abre la mano, coge esta riqueza, 

corta los frutos, come de la vida, 

tiéndete al pie de árbol, bebe el agua!, 

 

todo se transfigura y es sagrado, 

es el centro del mundo cada cuarto, 

es la primera noche, el primer día, 

el mundo nace cuando dos se besan, 

gota de luz de entrañas transparentes

el cuarto como un fruto se entreabre

o estalla como un astro taciturno 

y las leyes comidas de ratones, 

las rejas de los bancos y las cárceles, 

las rejas de papel, las alambradas, 

los timbres y las púas y los pinchos, 

el sermón monocorde de las armas, 

el escorpión meloso y con bonete, 

el tigre con chistera, presidente 

del Club Vegetariano y la Cruz Roja, 

el burro pedagogo, el cocodrilo

metido a redentor, padre de pueblos, 

el Jefe, el tiburón, el arquitecto 

del porvenir, el cerdo uniformado, 

el hijo predilecto de la Iglesia

que se lava la negra dentadura 

con el agua bendita y toma clases

de inglés y democracia, las paredes

invisibles, las máscaras podridas 

que dividen al hombre de los hombres, 

al hombre de sí mismo, 

                                     se derrumban 

por un instante inmenso y vislumbramos 

nuestra ciudad perdida, el desamparo

que es ser hombres, la gloria que es ser hombres

y compartir el pan, el sol, la muerte, 

el olvidado asombro de estar vivos; 

 

amar es combatir, si dos se besan 

el mundo cambia, encarnan los deseos, 

el pensamiento encarna, brotan alas

en las espaldas del esclavo, el mundo 

es real y tangible, el vino es vino, 

el pan vuelve a saber, el agua es agua, 

amar es combatir, es abrir puertas, 

dejar de ser fantasma con un número 

a perpetua cadena condenado 

por un amor sin rostro; 

                                    el mundo cambia 

si dos se miran y se reconocen, 

amar es desnudarse de los nombres: 

“déjame ser tu puta”, son palabras 

de Eloísa, mas él cedió a las leyes, 

la tomó por esposa y como premio 

lo castraron después; 

                                   mejor el crimen, 

los amantes suicidas, el incesto 

de los hermanos como dos espejos 

enamorados de su semejanza, 

mejor comer el pan envenenado, 

el adulterio en lechos de ceniza, 

los amores feroces, el delirio, 

su yedra ponzoñosa, el sodomita 

que lleva por el clavel en la solapa

un gargajo, mejor ser lapidado 

en las plazas que dar vuelta a la noria 

que exprime la substancia de la vida, 

cambia la eternidad en horas huecas, 

los minutos en cárceles, el tiempo

en monedas de cobre y mierda abstracta; 

 

mejor la castidad, flor invisible 

que se mece en los tallos del silencio, 

el difícil diamante de los santos

que filtra los deseos, sacia el tiempo, 

nupcias de la quietud y el movimiento, 

canta la soledad en su corola, 

pétalo de cristal es cada hora, 

el mundo se despoja de sus máscaras

y en su centro, vibrante transparencia, 

lo que llamamos Dios, el ser sin rostro 

emerge de sí mismo, sol de soles, 

plenitud de presencias y de nombres; 

 

sigo mi desvarío, cuartos, calles, 

camino a tientas por los corredores

del tiempo y subo y bajo sus peldaños

y sus paredes palpo y no me muevo, 

vuelvo adonde empecé, busco tu rostro, 

camino por las calles de mí mismo

bajo un sol sin edad, y tú a mi lado

caminas como un árbol, como un río

caminas y me hablas como un río, 

creces como una espiga entre mis manos, 

lates como una ardilla entre mis manos, 

vuelas como mil pájaros, tu risa

me ha cubierto de espuma, tu cabeza

es un astro pequeño entre mis manos, 

el mundo reverdece si sonríes 

comiendo una naranja, 

                                    el mundo cambia 

si dos, vertiginosos y enlazados,

caen sobre la yerba: el cielo baja, 

los árboles ascienden, el espacio 

sólo es luz y silencio, sólo espacio 

abierto para el águila del ojo, 

pasa la blanca tribu de las nubes, 

rompe amarras el cuerpo, zarpa el alma,

perdemos nuestros nombres y flotamos 

a la deriva entre el azul y el verde, 

tiempo total donde no pasa nada 

sino su propio transcurrir dichoso, 

 

no pasa nada, callas, parpadeas

(silencio: cruzó un ángel este instante

grande como la vida de cien soles), 

¿no pasa nada, sólo un parpadeo? 

-y el festín, el destierro, el primer crimen, 

la quijada del asno, el ruido opaco 

y la mirada incrédula del muerto 

al caer en el llano ceniciento, 

Agamenón y su mugido inmenso

y el repetido grito de Casandra

más fuerte que los gritos de las olas, 

Sócrates en cadenas (el sol nace, 

morir es despertar: “Critón, un gallo

a Esculapio, ya sano de la vida”), 

el chacal que diserta entre las ruinas

de Nínive, la sombra que vio Bruto 

antes de la batalla, Moctezuma

en el lecho de espinas de su insomnio, 

el viaje en la carreta hacia la muerte

-el viaje interminable mas contado

por Robespierre minuto tras minuto,

la mandíbula rota entre las manos-, 

Churruca en su barrica como un trono

escarlata, los pasos ya contados

de Lincoln al salir hacia el teatro, 

el estertor de Trotski y sus quejidos

de jabalí, Madero y su mirada

que nadie contestó. ¿por qué me matan?, 

los carajos, los ayes, los silencios

del criminal, el santo, el pobre diablo, 

cementerios de frases y de anécdotas 

que los perros retóricos escarban, 

el animal que muere y que lo sabe, 

saber común, inútil, ruido obscuro 

de la piedra que cae, el son monótono

de huesos machacados en la riña

y la boca de espuma del profeta

y su grito y el grito del verdugo 

y el grito de la víctima… 

                                       son llamas

los ojos y son llamas lo que miran, 

llama la oreja y el sonido llama, 

brasa los labios y tizón la lengua, 

el tacto y lo que toca, el pensamiento 

y lo pensado, llama el que piensa, 

todo se quema, el universo es llama, 

arde la misma nada que no es nada

sino un pensar en llamas, al fin humo: 

no hay verdugo ni víctima…

                                             ¿y el grito

en la tarde del viernes?, y el silencio

que se cubre de signos, el silencio 

que dice sin decir, ¿no dice nada?, 

¿no son nada los gritos de los hombres?,

¿no pasa nada cuando pasa el tiempo? 

 

-no pasa nada, sólo un parpadeo 

del sol, un movimiento apenas, nada, 

no hay redención, no vuelve atrás el tiempo, 

los muertos están fijos en su muerte 

y no pueden morirse de otra muerte, 

intocables, clavados en su gesto, 

desde su soledad, desde su muerte

sin remedio nos miran sin mirarnos, 

su muerte ya es la estatua de su vida, 

un siempre estar ya nada para siempre, 

cada minuto es nada para siempre, 

un rey fantasma rige tus latidos

y tu gesto final, tu dura máscara

labra sobre tu rostro cambiante: 

el monumento somos de una vida

ajena y no vivida, apenas nuestra, 

 

-¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?, 

¿cuándo somos de veras lo que somos?,

bien mirado no somos, nunca somos

a solas sino vértigo y vacío, 

muecas en el espejo, horror y vómito, 

nunca la vida es nuestra, es de los otros, 

la vida no es de nadie, todos somos 

la vida -pan de sol para los otros, 

los otros todos que nosotros somos-, 

soy otro cuando soy, los actos míos 

son más míos si son también de todos, 

para que pueda ser he de ser otro, 

salir de mí, buscarme entre los otros, 

los otros que no son si yo no existo, 

los otros que me dan plena existencia, 

no soy, no hay yo, siempre somos nosotros, 

la vida es otra, siempre allá, más lejos, 

fuera de ti, de mí, siempre horizonte, 

vida que nos desvive y enajena, 

que nos inventa un rostro y lo desgasta, 

hambre de ser, oh muerte, pan de todos, 

 

Eloísa, Perséfone, María,

muestra tu rostro al fin para que vea 

mi cara verdadera, la del otro, 

mi cara de nosotros siempre todos, 

cara de árbol y de panadero, 

de chófer y de nube y de marino, 

cara de sol y arroyo y Pedro y Pablo, 

cara de solitario colectivo, 

despiértame, ya nazco: 

                                     vida y muerte

pactan en ti, señora de la noche, 

torre de claridad, reina del alba, 

virgen lunar, madre del agua madre, 

cuerpo del mundo, casa de la muerte, 

caigo sin fin desde mi nacimiento, 

caigo en mí mismo sin tocar mi fondo,

recógeme en tus ojos, junta el polvo 

disperso y reconcilia mis cenizas, 

ata mis huesos divididos, sopla

sobre mi ser, entiérrame en tu tierra, 

tu silencio te dé paz al pensamiento 

contra sí mismo airado; 

                                      abre la mano, 

señora de semillas que son días, 

el día es inmortal, asciende, crece, 

acaba de nacer, un nacimiento

es cada amanecer y yo amanezco, 

amanecemos todos, amanece

el sol cara de sol, Juan amanece

con su cara de Juan cara de todos, 

puerta del ser, despiértame, amanece, 

déjame ver el rostro de este día, 

déjame ver el rostro de esta noche, 

todo se comunica y transfigura, 

arco de sangre, puente de latidos, 

llévame al otro lado de esta noche, 

adonde yo soy tú somos nosotros, 

al reino de pronombres enlazados, 

 

puerta del ser: abre tu ser, despierta, 

aprende a ser también, labra tu cara, 

trabaja tus facciones, ten un rostro

para mirar mi rostro y que te mire, 

para mirar la vida hasta la muerte, 

rostro de mar, de pan, de roca y fuente, 

manantial que disuelve nuestros rostros

en el rostro sin nombre, el ser sin rostro, 

indecible presencia de presencias… 

 

quiero seguir, ir más allá, y no puedo: 

se despeñó al instante en otro y otro, 

dormí sueños de piedra que no sueña 

y al cabo de los años como piedras

oí cantar mi sangre encarcelada, 

con un rumor de luz el mar cantaba, 

una a una cedían las murallas,

todas las puertas se desmoronaban 

y el sol entraba a saco por mi frente, 

despegaba mis párpados cerrados, 

desprendía mi ser de su envoltura, 

me arrancaba de mí, me separaba

de mi bruto dormir siglos de piedra

y su magia de espejos revivía

un sauce de cristal, un chopo de agua, 

un alto surtidor que el viento arquea, 

un árbol bien plantado mas danzante, 

un caminar de río que se curva, 

avanza, retrocede, da un rodeo

y llega siempre:

 

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Esta pequeña selección de poemas de Pablo Neruda (1904-1973) quiere ser solo un acercamiento al Premio Nobel de Literatura de 1971, uno de los dos únicos poetas chilenos en recibir el alto galardón. El segundo recayó en Gabriela Mistral. Hago hincapié en el término selección que significa escoger ¡y de qué manera! teniendo en cuenta la amplia producción artística de quien es, al día de hoy, una indiscutible referencia literaria. Conocido también por su trayectoria política de claro activismo y compromiso con el comunismo (ejerciendo como diplomático en Japón o Madrid), actualmente la figura de Pablo Neruda está sufriendo de la denominada cultura de cancelación por hechos de su biografía que sobrepasan el propósito de este pequeño ensayo. Sus más conocidos poemas giran en torno al amor, a la pérdida y la soledad. Están todos realizados con un sutil realismo en el que la naturaleza entra por los versos; versos que son de una fuerte originalidad a la par que rezuman sencillez. Aunque algunos de los aquí reproducidos, como “Walking Around”, tienen un cierto aura de surrealismo, no militó en literatura en corriente alguna y su opus fue evolucionando de manera personal.   

BARCAROLA de Pablo Neruda

Si solamente me tocaras el corazón, 

si solamente pusieras tu boca en mi corazón, 

tu fina boca, tus dientes, 

si pusieras tu lengua como una flecha roja

allí donde mi corazón polvoriento golpea, 

si soplaras en mi corazón, cerca del mar, llorando, 

sonaría con un ruido oscuro, con sonido de ruedas de tren con sueño, 

como aguas vacilantes, 

como el otoño en hojas, 

como sangre, 

con un ruido de llamas húmedas quemando el cielo, 

sonando como sueños o ramas o lluvias, 

o bocinas de puerto triste, 

si tú soplaras en mi corazón, cerca del mar, 

como un fantasma blanco, 

al borde de la espuma, 

en mitad del viento, 

como un fantasma desencadenado a la orilla del mar, llorando. 

 

 

Como ausencia extendida, como campana súbita, 

el mar reparte el sonido del corazón, 

lloviendo, atardeciendo, en una costa sola: 

la noche cae sin duda, 

y su lúgubre azul de estandarte en naufragio

se puebla de planetas de pata enroquecida. 

 

 

Y suena el corazón como un caracol agrio, 

llama, oh mar, oh lamento, oh derretido espanto

esparcido en desgracias y olas desvencijadas: 

de lo sonoro el mar acusa

sus sombras recostadas, sus amapolas verdes. 

 

 

Si existieras de pronto, en una costa lúgubre, 

rodeada por el día muerto, 

frente a una nueva noche, 

llena de olas, 

y soplaras en mi corazón de miedo frío, 

soplaras en la sangre sola de mi corazón, 

soplaras en su movimiento de paloma con llamas, 

sonarían sus negras sílabas de sangre, 

crecerían sus incesantes aguas rojas, 

y sonaría, sonaría a sombras, 

sonaría como la muerte, 

llamaría como un tubo lleno de viento o llanto, 

o una botella echando espanto a borbotones. 

 

 

Así es, y los relámpagos cubrirían tus trenzas 

y la lluvia entraría por tus ojos abiertos 

a preparar el llanto que sordamente encierras, 

y las alas negras del mar girarían en torno 

de ti, con grandes garras, y graznidos, y vuelos. 

 

 

Quieres ser el fantasma que sople, solitario, 

cerca del mar su estéril, triste instrumento? 

Si solamente llamaras, 

su prolongado son, su maléfico pito, 

su orden de olas heridas,

alguien vendría acaso, 

alguien vendría, 

desde las cimas de las islas, desde el fondo rojo del mar, 

alguien vendría, alguien vendría. 

 

 

Alguien vendría, sopla con furia, 

que suene como sirena de barco roto,

como lamento, 

como un relincho en medio de la espuma y la sangre, 

como un agua feroz mordiéndose y sonando. 

 

 

En la estación marina

su caracol de sombra circula como un grito, 

los pájaros del mar lo desestiman y huyen,

sus listas de sonido, sus lúgubres barrotes 

se levantan a orillas del océano solo. 

 

 

 

REPERTORIO 

  

Yo te buscaré a quién amar

antes de que no seas niño: 

después te toca abrir tu caja

y comerte tus sufrimientos. 

 

 

Yo tengo reinas encerradas

como abejas, en mi dominio, 

y tú verás una por una

cómo ellas se peinan la miel 

para vestirse de manzanas, 

para trepar a los cerezos, 

para palpitar en el humo. 

 

 

Te guardo estas novias salvajes

que te dejarán la primavera

y que no conocen el llanto. 

En el reloj del campanario

escóndete mientras desfilan

las encendidas de amaranto, 

las últimas niñas de nieve, 

las perdidas, las victoriosas, 

las coronadas de amarillo, 

las infinitamente oscuras, 

y unas, pausadamente tiernas, 

harán su baile transparente

mientras otras pasan ardiendo, 

fugaces como meteoros. 

 

 

Dime cuál quieres aún ahora, 

más tarde ya sería tarde. 

 

Hoy crees todo lo que te cuento. 

 

Mañana negarás la luz. 

 

 

Yo soy el que fabrica sueños 

y en mi casa de pluma y piedra 

con un cuchillo y un reloj 

corto las nubes y las olas, 

con todos estos elementos

ordeno mi caligrafía 

y hago crecer seres sin rumbo

que aún no podían nacer. 

 

Lo que yo quiero es que te quieran, 

Y que no conozcas la muerte. 

 

 

WALKING AROUND, uno de los poemas de Pablo Neruda más famosos 

 

Sucede que me canso de ser hombre. 

Sucede que entro en las sastrerías y en los cines

marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro 

navegando en un agua de origen y ceniza. 

 

 

El olor de las peluquerías me hacer llorar a gritos. 

Sólo quiero un descanso de piedras o de lana, 

sólo quiero no ver establecimientos ni jardines, 

ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores. 

 

 

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas

y mi pelo y mi sombra. 

Sucede que canso de ser hombre. 

 

 

Sin embargo sería delicioso

asustar a un notario con un lirio cortado 

o dar muerte a una monja con un golpe de oreja. 

Sería bello 

ir por las calles con un cuchillo verde

y dando gritos hasta morir de frío. 

 

 

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas, 

vacilante, extendido, tiritando de sueño, 

hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra, 

absorbiendo y pensando, comiendo cada día. 

 

No quiero para mí tantas desgracias.

No quiero continuar de raíz y de tumba, 

de subterráneo solo, de bodega con muertos, 

aterido, muriéndome de pena. 

 

Por eso el día lunes arde como el petróleo

cuando no me llegar con mi cara de cárcel, 

y aúlla en su transcurso como una rueda herida, 

y da pasos de sangre caliente hacia la noche. 

 

 

Y me empuja a ciertos rincones, a ciegas casas húmedas, 

a hospitales donde los huesos salen por la ventana, 

a ciertas zapaterías con olor a vinagre, 

a calles espantosas como grietas. 

 

 

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos 

colgando de las puertas de las casas que odio, 

hay dentaduras olvidadas en una cafetera, 

hay espejos 

que debieran haber llorado de vergüenza y espanto, 

hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos. 

 

 

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos, 

con furia, con olvido, 

paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia, 

y patios donde hay ropas colgadas de un alambre: 

calzoncillos, toallas y camisas que lloran 

lentas lágrimas sucias. 

  

Brevísimo análisis de estos poemas de Pablo Neruda

1.- En “Barcarola” nos llegan los ecos de ese realismo mágico que impregnó la literatura hispanoamericana de la época sin que el poeta perteneciera al movimiento. Con versos blancos y libres, Pablo Neruda nos adentra en un universo musical, sensual y dirigido por una naturaleza a la que se quiere asemejar el poeta. Es la suya una palabra intimista que se aparta del rebuscamiento para adentrarse en la realidad profunda del escritor, obviando siempre a los que están a su alrededor. Entre los versos, los sentimientos se asemejan al mar, al naufragio, al graznido, a las olas… Y se completa con audaces metáforas y comparaciones: “una botella echando espanto a borbotones”. Esto último será una constante en los poemas de Pablo Neruda. Y, por último, se enlaza con la “Canción desesperada” en ese sentimiento de soledad y búsqueda del otro reflejado en la repetición de “alguien vendría”.  

2.- En “Repertorio” el poeta es el que “fabrica sueños” adentrándonos de lleno en las posibilidades de los mundos posibles. E, incluso, se enlaza con el Romanticismo literario y su concepto casi sagrado del poeta, del hacedor, del intermediario entre la realidad intangible y la mundana realidad. 

3.- “Walking Around” está en la línea  del surrealismo literario sin adentrarse en esta corriente. Simplemente toma algunos flecos a igual que también encontramos ecos del existencialismo. Nos regala asociaciones insólitas y sorprendentes (“asustar a un notario con un lirio cortado”) en el que los símbolos intervienen en todo su esplendor. El lirio, simbolización de lo bello efímero y etéreo frente al serio notario “dando fe” de la realidad material. En este sentido tenemos que entender “los espejos | que debieran haber llorado de vergüenza y espanto”. Este elemento se encarga de devolver la realidad o de actuar, tal cual hace el poeta, como el intermediario entre el mundo etéreo o espiritual y la cruda realidad material. 

Reconozco que son escasos estos tres poemas de Pablo Neruda y que la selección se queda corta teniendo en cuenta el largo quehacer artístico del escritor chileno.  

Selección por Candela Vizcaíno

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Esta pequeña selección de poemas de Pablo Neruda (1904-1973) quiere ser solo un acercamiento al Premio Nobel de Literatura de 1971, uno de los dos únicos poetas chilenos en recibir el alto galardón. El segundo recayó en Gabriela Mistral. Hago hincapié en el término selección que significa escoger ¡y de qué manera! teniendo en cuenta la amplia producción artística de quien es, al día de hoy, una indiscutible referencia literaria. Conocido también por su trayectoria política de claro activismo y compromiso con el comunismo (ejerciendo como diplomático en Japón o Madrid), actualmente la figura de Pablo Neruda está sufriendo de la denominada cultura de cancelación por hechos de su biografía que sobrepasan el propósito de este pequeño ensayo. Sus más conocidos poemas giran en torno al amor, a la pérdida y la soledad. Están todos realizados con un sutil realismo en el que la naturaleza entra por los versos; versos que son de una fuerte originalidad a la par que rezuman sencillez. Aunque algunos de los aquí reproducidos, como “Walking Around”, tienen un cierto aura de surrealismo, no militó en literatura en corriente alguna y su opus fue evolucionando de manera personal.   

BARCAROLA de Pablo Neruda

Si solamente me tocaras el corazón, 

si solamente pusieras tu boca en mi corazón, 

tu fina boca, tus dientes, 

si pusieras tu lengua como una flecha roja

allí donde mi corazón polvoriento golpea, 

si soplaras en mi corazón, cerca del mar, llorando, 

sonaría con un ruido oscuro, con sonido de ruedas de tren con sueño, 

como aguas vacilantes, 

como el otoño en hojas, 

como sangre, 

con un ruido de llamas húmedas quemando el cielo, 

sonando como sueños o ramas o lluvias, 

o bocinas de puerto triste, 

si tú soplaras en mi corazón, cerca del mar, 

como un fantasma blanco, 

al borde de la espuma, 

en mitad del viento, 

como un fantasma desencadenado a la orilla del mar, llorando. 

 

 

Como ausencia extendida, como campana súbita, 

el mar reparte el sonido del corazón, 

lloviendo, atardeciendo, en una costa sola: 

la noche cae sin duda, 

y su lúgubre azul de estandarte en naufragio

se puebla de planetas de pata enroquecida. 

 

 

Y suena el corazón como un caracol agrio, 

llama, oh mar, oh lamento, oh derretido espanto

esparcido en desgracias y olas desvencijadas: 

de lo sonoro el mar acusa

sus sombras recostadas, sus amapolas verdes. 

 

 

Si existieras de pronto, en una costa lúgubre, 

rodeada por el día muerto, 

frente a una nueva noche, 

llena de olas, 

y soplaras en mi corazón de miedo frío, 

soplaras en la sangre sola de mi corazón, 

soplaras en su movimiento de paloma con llamas, 

sonarían sus negras sílabas de sangre, 

crecerían sus incesantes aguas rojas, 

y sonaría, sonaría a sombras, 

sonaría como la muerte, 

llamaría como un tubo lleno de viento o llanto, 

o una botella echando espanto a borbotones. 

 

 

Así es, y los relámpagos cubrirían tus trenzas 

y la lluvia entraría por tus ojos abiertos 

a preparar el llanto que sordamente encierras, 

y las alas negras del mar girarían en torno 

de ti, con grandes garras, y graznidos, y vuelos. 

 

 

Quieres ser el fantasma que sople, solitario, 

cerca del mar su estéril, triste instrumento? 

Si solamente llamaras, 

su prolongado son, su maléfico pito, 

su orden de olas heridas,

alguien vendría acaso, 

alguien vendría, 

desde las cimas de las islas, desde el fondo rojo del mar, 

alguien vendría, alguien vendría. 

 

 

Alguien vendría, sopla con furia, 

que suene como sirena de barco roto,

como lamento, 

como un relincho en medio de la espuma y la sangre, 

como un agua feroz mordiéndose y sonando. 

 

 

En la estación marina

su caracol de sombra circula como un grito, 

los pájaros del mar lo desestiman y huyen,

sus listas de sonido, sus lúgubres barrotes 

se levantan a orillas del océano solo. 

 

 

 

REPERTORIO 

  

Yo te buscaré a quién amar

antes de que no seas niño: 

después te toca abrir tu caja

y comerte tus sufrimientos. 

 

 

Yo tengo reinas encerradas

como abejas, en mi dominio, 

y tú verás una por una

cómo ellas se peinan la miel 

para vestirse de manzanas, 

para trepar a los cerezos, 

para palpitar en el humo. 

 

 

Te guardo estas novias salvajes

que te dejarán la primavera

y que no conocen el llanto. 

En el reloj del campanario

escóndete mientras desfilan

las encendidas de amaranto, 

las últimas niñas de nieve, 

las perdidas, las victoriosas, 

las coronadas de amarillo, 

las infinitamente oscuras, 

y unas, pausadamente tiernas, 

harán su baile transparente

mientras otras pasan ardiendo, 

fugaces como meteoros. 

 

 

Dime cuál quieres aún ahora, 

más tarde ya sería tarde. 

 

Hoy crees todo lo que te cuento. 

 

Mañana negarás la luz. 

 

 

Yo soy el que fabrica sueños 

y en mi casa de pluma y piedra 

con un cuchillo y un reloj 

corto las nubes y las olas, 

con todos estos elementos

ordeno mi caligrafía 

y hago crecer seres sin rumbo

que aún no podían nacer. 

 

Lo que yo quiero es que te quieran, 

Y que no conozcas la muerte. 

 

 

WALKING AROUND, uno de los poemas de Pablo Neruda más famosos 

 

Sucede que me canso de ser hombre. 

Sucede que entro en las sastrerías y en los cines

marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro 

navegando en un agua de origen y ceniza. 

 

 

El olor de las peluquerías me hacer llorar a gritos. 

Sólo quiero un descanso de piedras o de lana, 

sólo quiero no ver establecimientos ni jardines, 

ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores. 

 

 

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas

y mi pelo y mi sombra. 

Sucede que canso de ser hombre. 

 

 

Sin embargo sería delicioso

asustar a un notario con un lirio cortado 

o dar muerte a una monja con un golpe de oreja. 

Sería bello 

ir por las calles con un cuchillo verde

y dando gritos hasta morir de frío. 

 

 

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas, 

vacilante, extendido, tiritando de sueño, 

hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra, 

absorbiendo y pensando, comiendo cada día. 

 

No quiero para mí tantas desgracias.

No quiero continuar de raíz y de tumba, 

de subterráneo solo, de bodega con muertos, 

aterido, muriéndome de pena. 

 

Por eso el día lunes arde como el petróleo

cuando no me llegar con mi cara de cárcel, 

y aúlla en su transcurso como una rueda herida, 

y da pasos de sangre caliente hacia la noche. 

 

 

Y me empuja a ciertos rincones, a ciegas casas húmedas, 

a hospitales donde los huesos salen por la ventana, 

a ciertas zapaterías con olor a vinagre, 

a calles espantosas como grietas. 

 

 

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos 

colgando de las puertas de las casas que odio, 

hay dentaduras olvidadas en una cafetera, 

hay espejos 

que debieran haber llorado de vergüenza y espanto, 

hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos. 

 

 

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos, 

con furia, con olvido, 

paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia, 

y patios donde hay ropas colgadas de un alambre: 

calzoncillos, toallas y camisas que lloran 

lentas lágrimas sucias. 

  

Brevísimo análisis de estos poemas de Pablo Neruda

1.- En “Barcarola” nos llegan los ecos de ese realismo mágico que impregnó la literatura hispanoamericana de la época sin que el poeta perteneciera al movimiento. Con versos blancos y libres, Pablo Neruda nos adentra en un universo musical, sensual y dirigido por una naturaleza a la que se quiere asemejar el poeta. Es la suya una palabra intimista que se aparta del rebuscamiento para adentrarse en la realidad profunda del escritor, obviando siempre a los que están a su alrededor. Entre los versos, los sentimientos se asemejan al mar, al naufragio, al graznido, a las olas… Y se completa con audaces metáforas y comparaciones: “una botella echando espanto a borbotones”. Esto último será una constante en los poemas de Pablo Neruda. Y, por último, se enlaza con la “Canción desesperada” en ese sentimiento de soledad y búsqueda del otro reflejado en la repetición de “alguien vendría”.  

2.- En “Repertorio” el poeta es el que “fabrica sueños” adentrándonos de lleno en las posibilidades de los mundos posibles. E, incluso, se enlaza con el Romanticismo literario y su concepto casi sagrado del poeta, del hacedor, del intermediario entre la realidad intangible y la mundana realidad. 

3.- “Walking Around” está en la línea  del surrealismo literario sin adentrarse en esta corriente. Simplemente toma algunos flecos a igual que también encontramos ecos del existencialismo. Nos regala asociaciones insólitas y sorprendentes (“asustar a un notario con un lirio cortado”) en el que los símbolos intervienen en todo su esplendor. El lirio, simbolización de lo bello efímero y etéreo frente al serio notario “dando fe” de la realidad material. En este sentido tenemos que entender “los espejos | que debieran haber llorado de vergüenza y espanto”. Este elemento se encarga de devolver la realidad o de actuar, tal cual hace el poeta, como el intermediario entre el mundo etéreo o espiritual y la cruda realidad material. 

Reconozco que son escasos estos tres poemas de Pablo Neruda y que la selección se queda corta teniendo en cuenta el largo quehacer artístico del escritor chileno.  

Selección por Candela Vizcaíno

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