Hipertexto literario: ejemplos e historia

Hipertexto literario: ejemplos e historia

 

Hipertexto en literatura

Si el hipertexto surge en el ámbito tecnológico como respuesta a una nueva necesidad, en el lado de la crítica literaria, paralelamente, se estaban desarrollando teorías y estudios que apuntaban ya hacia el mismo concepto: una nueva mirada al texto en el que se insistía en la plurisignificación del discurso y en el nuevo papel, que por ende, el lector tiene en esta descodificación de la literatura. 

Historia del hipertexto


Los antecedentes hay que buscarlos, primero, en Barthes y en su obra Crítica y verdad, donde nos dice: “...la obra detenta al mismo tiempo muchos sentidos, por estructura, no por la invalidez de aquellos que la leen. Por ello es pues simbólica: el símbolo no es la imagen sino la pluralidad de los sentidos” (1972, pág 52). 

En esa misma línea gira el trabajo de Bajtin sobre el carácter polifónico del discurso. Un poco más tarde, en 1962,  Eco da un paso más allá en este concepto de plurisignificación de los discursos, extendiendo sus estudios a todas las facetas del arte, ya que considera que toda obra artística tiene una naturaleza dual; por un lado, está lo que el creador quiso expresar en ella (naturaleza cerrada) y, por el otro, las múltiples lecturas que los sucesivos intérpretes pueden hacer de la misma obra (naturaleza abierta)

Ejemplos de hipertexto

Si esto es lo que se postula desde la vertiente teórica, en el campo de la creación es Borges quien mejor ejemplifica, con su obra, esta nueva forma de entender el discurso (nos referimos a los cuentos “Pierre Menard, autor del Quijote”, “El jardín de senderos que se bifurcan” o “La Biblioteca de Babel”). 

Esta plurisignificación, engendrada por múltiples y diversas lecturas, deviene en un diálogo de los textos a través de la literatura de todos los tiempos. Íntimamente vinculada a esta idea se encuentra la “Teoría de la recepción,” expuesta por Jauss en 1967,  y esbozada, de una u otra manera con anterioridad en  Quést-ce que la littérature(1948) de Sartre. 

En definitiva, el objeto del estudio literario se desplaza desde el autor de la obra hacia el lector, puesto que se considera que es éste quien hace posible las múltiples posibilidades del discurso, mientras que se acuerda, incluso entre los mismos creadores, que al escritor se le escapa los distintos matices que se generan en su propia obra. 

Con las ideas postestructuralistas –a partir de la década de los setenta- será el lector el que realice el discurso. El texto, el poema o la novela, existe en tanto en cuanto es leído; en tanto en cuanto en cada acto de lectura –por el mismo o distinto lector- es dotado de un sentido; sentido que será diferente en cada acción.

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