Cuatro codices mayas

Cuatro codices mayas

La cultura y civilización maya se remonta al siglo VI-V antes de Cristo y se ha señalado como lugar de origen la zona y ciudad de Veracruz, en México. Sin que se sepa la causa, los mayas abandonaron sus ciudades (enclaves tan enigmáticos y fascinantes como Bonampak, Palenque, Copán, Tikal...) alrededor del siglo X de nuestra era. Habitaron el sur de México y la Península de Yukatán, Guatemala y Honduras.  Hacia el año 1536 la etnia maya al completo estaba bajo la administración española.

El enigma de la escritura maya

La escritura maya sigue sin ser descifrada en su totalidad aunque desde muy pronto se intentó realizar una especie de diccionario que definiera los glifos, tanto los de  las estelas como los de los códices. 
Paradójicamente, el primero que se puso a la tarea fue el obispo Diego de Landa (el mismo que incentivó alguna que otra hoguera libresca, como anoto más adelante) en suRelación de las cosas de Yucatán, redactada alrededor de 1560, donde se nos transcribe un supuesto alfabeto maya en el capítulo XLI; capítulo titulado “Siglo de los Mayas. Escritura de ellos”.  De lo que el religioso español no se enteró, es que el pueblo maya no disponía de un alfabeto propiamente dicho y, a pesar de todos los esfuerzos utilizados en el interrogatorio de los indios para que le dieran la traducción de sus glifos a las letras latinas, el supuesto alfabeto que describe en su libro es una invención científica; invención que, por otro lado y paradójicamente, dio la clave, un par de siglos después, para entender la escritura maya como un sistema mixto de signos. 

El estudio de Diego de Landa fue el punto de arranque para el desciframiento de la escritura maya con el descubrimiento del manuscrito de Relación de las cosas de Yucatán en una biblioteca madrileña en 1862 por parte de Chales Brasseur de Bourgourg, un sacerdote francés que había traducido el Popol Vuh y había residido como misionero en Guatemala.

Un poco de historia sobre la destrucción de los libros mayas

Es una historia que comienza con una destrucción: con el resplandor de las hogueras alimentadas por miles de códices mayas procedentes de las ricas culturas mexoaméricanas durante los primeros años que siguieron a la conquista de estas tierras por parte de las tropas de Hernán Cortes.
Con el fin de las batallas y su cruel derramamiento de sangre comienzan nuevos crímenes: los perpetrados en los libros, en la memoria histórica de los pueblos de México. Con la paz llega, en definitiva, el aniquilamiento sistemático y metódico de una forma de vivir, de sentir y de creer arraigada en una cultura milenaria.
El decreto del Emperador Carlos V nombrando a Fray Juan de Zumárraga primer obispo de la Nueva España lleva la fecha de 20 de diciembre de 1527. Un año después, arribaría este monje franciscano, natural de Durango y con experiencia en los juicios por casos de brujería, a un continente totalmente desconocido para Europa con el fin de dar comienzo a la evangelización de una población de creencias animistas y politeístas. A los códices de toda Mesoamérica  se les aplicó los mismos métodos que se utilizaron en la España de la Reconquista con los libros judíos y árabes, con los textos hebreos y musulmanes: el fuego que todo lo borra.

Fray Juan de Zumárraga, destructor y creador de libros

Si bien, se considera a Zumárraga el introductor de la imprenta en México con la firma de una especie de convenio de exclusividad firmado con Juan Cromberger, cuyo establecimiento se situaba en Sevilla. Mediante dicho contrato éste último establecería una sucursal suya regentada por Juan Pablos, uno de sus discípulos. Paralelamente, las hogueras empezaron a arder muy pronto. 
Y fue así porque se tiene noticia que en 1530, en Tetzcoco, el clérigo español hizo quemar gran cantidad de escritos junto con los ídolos indígenas. Lo más curioso del caso es que las noticias de estos sucesos no han llegado por parte del bando “afectado” o “ultrajado” sino que fueron los propios colonizadores españoles los que, o bien,  movidos por la soberbia; o bien, por un amago de culpa dejaron por escrito lo que estaba sucediendo.

Diego de Landa y su Relación de las cosas de Yucatán

A la muerte de Zumárraga, acaecida en 1548, le sucedió el obispo Diego de Landa que terminó de rematar el estropicio de su antecesor. En julio de 1562, mandó a la hoguera al menos una treintena de libros para que ardieran junto con las representaciones artísticas de las divinidades del pueblo maya. Llegó a dejar por escrito las siguientes palabras: 

“Usaba también esta gente de ciertos caracteres o letras con las cuales escribían en sus libros sus cosas antiguas y sus ciencias, y con estas figuras y algunas señales de las mismas, entendían sus cosas y las daban a entender y enseñaban. Hallámosles gran número de libros de estas sus letras, y porque no tenían cosas que no hubiese superstición y falsedades del demonio, se los quemamos todos, lo cual sintieron a maravilla y le dio mucha pena.” 


A partir del siglo XVIII se iba a dar a conocer a los eruditos europeos la obra que Diego de Landa escribiría en el tiempo que duró su evangelización por tierras americanas: Relación de las cosas de Yucatán y sería precisamente este libro, inédito durante más de doscientos años, (en una de esas múltiples contradicciones a las que el destino somete a los libros) el que diera una de las claves para el desciframiento de parte de la enigmática escritura maya.
Sin embargo, sel obispo de Nuevo México da con estas palabras carta de validez a sus actos, unos pocos religiosos de espíritu sensible que llegaron a América en estos primeros años fueron mucho más críticos con estas actuaciones, llegando, en algún caso, tal como lo hiciera el padre José de Acosta, a reprobar explícitamente dichas prácticas. Su testimonio de los hechos se recoge en la Historia natural y moral de las Indias, donde nos dice:

“En la provincia de Yucatán había unos libros de hojas a su modo encuadernados o plegados, en que tenían los indios sabios la distribución de sus tiempos, y conocimiento de plantas y animales, y otras cosas naturales, y sus antiguallas; cosa de grande curiosidad y diligencia. Pareciole a un doctrinero que todo aquello debían de ser hechizos y arte mágica, y porfió que se habían de quemar, y quemáronse aquellos libros, lo cual sintieron después no sólo los indios, sino españoles curiosos, que deseaban saber secretos de aquella tierra. Lo mismo ha acaecido en otras cosas, que pensando los nuestros que todo es superstición, han perdido muchas memorias de cosas antiguas y ocultas, que pudieran no poco aprovechar.” 


Y más adelante, en unas declaraciones que no tienen desperdicio por ser de una certera elegancia, sentencia:  

“Esto sucede de un celo necio, que sin saber, ni aun querer saber las cosas de los indios, a carga cerrada dicen, que todos son hechicerías” 

Fueron estos monjes ilustrados y más abiertos los mismos que organizaron una ingente labor (después de consumado el desastre) para recuperar en nuevos códices -ayudados por los propios indios- los restos que habían quedado de esas civilizaciones. Por eso, en los primeros años de la conquista se intentó rescatar –por el proceso de realizarlos de nuevo- los códices que habían perecido en la hoguera. Para ello, se recurrió a los mismos tlacuilos indígenas que ahora estaban ocupados en la realización de los frescos de las iglesias cristianas. Algún que otro misionero celoso llegó, incluso, a convocar el consejo de ancianos, de sabios del lugar,  para recuperar la historia perdida. Son los códices virreinales y eso para otro día.

Los 4 códices mayas que se conservan en la actualidad


Los mayas nos han transmitido su escritura a través de cuatro códices:
1.- Dresdenis, custodiado en la Biblioteca Real de Dresde.2.- Peresiano de la Biblioteca Nacional de París.3.-  Tro-Cartesiano del Museo de América de Madrid.4.- Grolier, custodiado en la ciudad de México.
Los códices precolombinos (tanto mayas como de la época virreinal de los que hablo más adelante) que se han conservado llevan el nombre de antiguos propietarios. Se trata normalmente de nobles o personalidades de Europa, como el caso del Códice Borgia, de sus descubridores (Códice Tudela), de sus estudiosos (Códice Nutall), del lugar donde se conservan (Códice Madrid), o de sus patronos (Códice Baranda). Sin embargo, en la mayoría de los casos, el estudio se complica porque el mismo ejemplar es nombrado de maneras distintas. 
Por ejemplo, el Códice Madrid, también se conoce como Tro-Cortesiano (en honor de unos de sus poseedores) y el Códice París también es conocido como Peresiano (en recuerdo de un tal Peres que se supone fue dueño del ejemplar). En este trabajo siempre intentaremos identificar los manuscritos por la denominación más utilizada en los estudios para no agobiar al lector con la retahíla de datos. 
Actualmente, muy pocos de estos libros se custodian en instituciones mexicanas. En los primeros años de  la conquista, los ejemplares que no sucumbieron al integrismo  fueron enviados como presente y curiosidad a Europa –a reyes o patronos de expediciones-. Allí se perdió, en muchos casos, su rastro en bibliotecas privadas hasta que a mediados del siglo XVIII, con el renacer de la bibliofilia antigua, fueron rescatados –en algunos casos de manera estrafalaria cuando no casual- y dados a conocer entre el público erudito de la época. A partir del siglo XIX y, sobre todo en el XX, los investigadores se afanaron en realizar copias facsímiles de los ejemplares supervivientes.
A mediados de la pasada centuria algunos de estos libros realizaron de nuevo la travesía del Atlántico –al dispersarse las bibliotecas de la cual formaban parte- para pasar a engrosar los fondos de renombradas colecciones de Nueva York o California. Algunas de estas bibliotecas de Norteamérica habían podido adquirir ejemplares con anterioridad en el propio territorio de México. En casi ningún caso ningún libro se reintegró a su lugar de origen.
códice dresde

1.- Códice Dresde, un libro de astronomía maya


El Códice Dresde fue el primero del que se tuvo noticia en Europa y está considerado el más interesante y el más bello de todos a pesar de estar seriamente dañado. Fue probablemente ejecutado entre los años 1000 y 1200 y trata básicamente de astronomía (con fines adivinatorios para el establecimiento de las fiestas rituales en el calendario).
El material astrológico está organizado en dos tablas: una de ellas señala los eclipses del planeta Venus y la otra contiene profecías para un periodo de veinte años. Parece que contiene datos sobre la conjunción de varias constelaciones y alineación de varios planetas con la Luna. Un dato curioso: se ha interpretado la narración de una especie de inundación o diluvio al estilo del descrito en el Génesis Bíblico. 
Está escrito sobre papel con forma de biombo conformando treinta y nueve hojas de 9 cm de lado por 20,4 de alto pintadas por ambas caras, excepto cuatro del reverso que se encuentran en blanco. Extendido mide tres metros y medio y se sabe que en su realización intervinieron ocho personas distintas oriundas de la zona o del emplazamiento de Chichén Itzán. 
No se conoce cómo y cuándo el libro abandonó México, pero, en 1739, el director de la Biblioteca Real de Dresde lo adquirió de manos de un particular en Viena para los fondos de la misma. Allí quedó depositado, donde sigue hoy en día, aunque muy deteriorado debido a los bombardeos sufridos por esta ciudad durante la Segunda Guerra Mundial procedentes de la aviación aliada. Al libro (al intentar sofocar uno de los incendios sufridos por la biblioteca) le entró agua por los márgenes de todas sus páginas pero, aún así, conserva los colores de los dibujos.
códice paris

2.- Códice París, el manuscrito valioso que se encontró en la basura

Desconocemos lo que ocurrió con el Códice París desde que fue realizado alrededor del siglo XIII en algún lugar de Yucatán hasta que fue hallado de una manera un tanto rocambolesca por el estudioso francés León de Rosny en 1859 quien lo rescató del basurero de la Biblioteca Imperial de París donde se encontraba envuelto en un papel donde había escrito a mano las palabras “Peres” (español) y “Tzeltal” (náhuatl).
El manuscrito llevaba un código de identificación de la dicha biblioteca y por esa cifra se supo que pertenecía a la misma desde 1832. El porqué se encontraba en el basurero no ha sido aclarado hasta la fecha y tampoco sabemos si el mal estado en el que se encuentra es debido a esta circunstancia o a otros desgraciados incidentes ocurridos con anterioridad. 
Está escrito sobre papel y doblado en forma de biombo (desplegado mide 1,45 m) conformando once hojas de 24 x 13 cm cada una pintadas por ambos lados. En dos de ellas se han perdido los jeroglíficos y en el resto sólo permanece la parte central. 
El Códice Peresiano, así denominado por León de Rosny, también trata de temas astrológicos y los ritos correspondientes a cada uno de los meses de 20 días en los que se dividía el calendario maya entre los años 1224 y 1441.
códice madrid 1

3.- El Códice Madrid o Tro-Cortesiano, un libro maya de adivinación

El Códice Madrid se encuentra depositado en el Museo de América de Madrid (donde también se custodia y se expone otro códice de la época virreinal, el Tudela, para regocijo de los visitantes). 
El manuscrito maya, también conocido como Tro-Cortesiano, estuvo dividido en dos partes hasta 1888, cuando el mismo León de Rosny que rescató el Códice París de un basurero, dictaminó que tanto el códice conocido como Troano (en honor a su primer dueño europeo conocido, el profesor de paleografía don Juan Tro y Ortelano) y el Cortesianius eran partes del mismo ejemplar.
El Troano comprende las páginas 22-56, 78-112 y el Cartesianus las numeradas como 1-21 y 55-57. El documento actualmente mide 6,80 m de largo desplegado y cuando sus ciento doce páginas permanecen dobladas hacen una pieza de 12 cm de ancho por 24 de alto.

A pesar de que en algún momento fue dividido (no sabemos por quiénes, cómo, dónde ni porqué) es el códice mejor conservado de los manuscritos mayas. Es un texto de adivinación realizado en la Península de Yucatán entre los siglos XIII y XV. A través de los símbolos que contiene se intentaba predecir la suerte y está dividido en once secciones. 
La primera de ellas, está dedicada a los ritos de los dioses protectores; la segunda, trata de las influencias malignas sobre las cosechas y las plegarias que, a manera de antídoto, deben dispensarse para regular las lluvias y eliminar las plagas; la tercera, la compone un calendario de 52 años rituales (para los pueblos de Mesoamérica, se realizaba un ciclo cuando habían pasado 52 años de 365 días). Las ocho partes restantes están menos estudiadas pero se sabe que aluden a las cacerías y sus trampas. 
Los códices mayas, al contrario que los mixtecas y los aztecas, no hacen referencia a la historia y casi todo se reduce a escritos de astronomía y adivinación.
códice grolier 2

4.- Códice Grolier, el único que se guarda en México

Sobre el Códice Grolier ha habido serias dudas sobre su autenticidad. Los fragmentos que se conservan de él fueron mostrados por primera vez en el Club Grolier de Nueva York en 1971 a instancias del estudioso norteamericano Michael Coe. 
Al parecer, estos fragmentos habían llegado a manos del profesor cedido por su propietario, un coleccionista mexicano de antigüedades mayas, el Dr. José Saenz. 
La polémica sobre su autenticidad se suscitó nada más ser expuesto al público. Una de las líneas en las que se sustentaban los que consideraban que el documento era falso era que el manuscrito había sido conseguido de manera poco ortodoxa y a través de “arqueología no autorizada”. 
El doctor Saenz ha contado que durante un viaje por la Sierra de Chiapas unos indios le mostraron fragmentos de lo que parecía un manuscrito maya y que, tras porfiar con ellos y, seguramente, ponerles en las manos una sustanciosa suma, accedieron a llevarle a una cueva cercana donde se encontraba el resto del códice junto con otros elementos de esta cultura. Después de haber sido estudiado con más detenimiento, hay algunos eruditos que sostienen la autenticidad del mismo. 
En la actualidad, el libro no se encuentra expuesto al público y se guarda en una caja fuerte en la ciudad de México tras ser donado a su país por el doctor Saenz. Es el menos estudiado de los cuatro.
Atentos a las novedades porque otro día hablamos de los libros realizados por los escribas mayas tras la conquista. Son códices del período virreinal.

Bibliografía.-

Abreu Gómez, Emilio: Popol Vuh. Madrid, Fondo de Cultura Económica de España, 2014.

Coe, Michael D: El desciframiento de la escritura maya. México, Fondo de Cultura Económica, 2010.

Garza Camino, Mercedes de la: El legado escrito de los mayas. México, Fondo de Cultura Económica, 2012.

Landa Calderón, Fray Diego de: Relación de las cosas de Yucatán. Madrid, Dastin, S.L., 2002.

Seler, Eduard: Las imágenes de los animales en los manuscritos mexicanos y mayas. México, Casa Juan Pablos, 2008.

 

 

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