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Breve análisis del panorama cultural medieval y la importancia fundamental de la iglesia y sus valores en la sociedad de estos siglos.  

En el 476 caía el Imperio Romano de Occidente dando entrada oficialmente a la Edad Media. Casi un siglo antes, en el 380, el cristianismo se había convertido en la religión oficial de ese mismo imperio en decadencia por un decreto de Constantino. El fin de la cultura clásica supone, en primera instancia, que se deja atrás las creencias en los dioses paganos con todo lo que ello supone. Además y paralelamente, lo que fuera un imperio unido se desmenuza en pequeños reinos tan enfrentados entre sí que las vías de comunicación (en todos los sentidos) comienzan a abandonarse. Y esta se convierte en una circunstancia trascendental para entender a la iglesia y su papel en la difusión de la cultura medieval.  

El teocentrismo de la Edad Media  

De familiaridad con lo santo ha sido descrita la cultura medieval europea al completo. Aún así, hay que ir más allá, mucho más. Hasta finales del siglo XV, con la imprenta y los descubrimientos de nuevas tierras allende los mares, un población harapienta, hambrienta y analfabeta solo ponía su mirada en los dones divinos. Con la caída de Roma, los distintos señores europeos van conformando reinados alrededor de un castillo y sus tierras de labranza. La falta de colaboración entre ellos se transforma en guerras frecuentes que merman cosechas a la par que consumen los escasos recursos económicos disponibles. El ensimismamiento en lo propio hace que se olviden los caminos y que la cultura (a pesar de ser única para todo el territorio europeo) se vuelva local, empobrecida y escasa. 

 Cultura Edad Media  2

En estos cuerpos desvalidos por la desnutrición y los rigores extremos hacen mella plagas de todo tipo que proliferan por la falta de higiene básica ya que también han sido abandonadas las redes de cloacas. Paralelamente, el cristianismo se va extendiendo por toda Europa hasta arrinconar cualquier otra espiritualidad. El mensaje de redención (en otro plano, en un más allá etéreo) va calando en la población que ve este mundo como tránsito hacia la otra vida sin ningún aliciente para agarrarse a los dones terrenos. Tanto fue así que, alrededor del año mil, se acumulaban tal cantidad de tribulaciones que desde los reyes hasta los más humildes de los labriegos creían firmemente en la llegada del fin del mundo. El Apocalipsis se palpaba con la punta de los dedos dando lugar a una literatura propia al respecto que cristalizó en los reinos hispánicos en los llamados Beatos, una de las más bellas muestras artísticas de la Edad Media. 

Una sociedad profundamente dividida en grupos estancos de guerreros (nobleza) y campesinos junto con pequeños artesanos encuentra en el tercer estamento (la iglesia) el único depositario de todos los bienes culturales. Y así se hace. Entre los muros de centros religiosos, aislados de la población, se va concentrando paulatinamente los saberes de la escritura, de la fitoterapia, de la elaboración de algunos productos de higiene, de cerveza… Aquí queda recogido el recuerdo de la cultura clásica, de la filosofía y de la literatura griega, de la historiografía romana, de los herbolarios árabes…  

Pérdida de comunicaciones y reinos confinados  

Para entender la labor de la iglesia y su difusión de la cultura medieval hay que centrarse en la estanca estructura social protagonizada por fronteras (tanto internas como externas) claramente definidas. Cada reino estaba dividido en tres estamentos casi inamovibles: la casta de los guerreros nobles, los campesinos y la iglesia. Y estos reinos, a su vez, apenas tenían comunicación con el vecino y cuando esta se producía era, en un porcentaje elevado, para iniciar hostilidades que acababan en guerras. El analfabetismo era una constante no solo entre los humildes sino también en la, a veces, brutal nobleza. Con este panorama, era la iglesia la depositaria del saber, de las letras, de la lectura, de la música, de los libros y de lo que en ellos se decía.  

A partir del siglo VII y casi hasta el siglo XII las antiguas vías de comunicación romanas fueron abandonadas. Los caminos se convirtieron en territorios peligrosos repletos de criminales de todo tipo que llegaron incluso al canibalismo. Ante esta situación, rara vez alguien se atrevía a traspasar los límites de su terruño y pocos eran lo que, en vida, conocían lo que había más allá de unos veinte o cincuenta kilómetros desde su lugar de nacimiento. Las comunicaciones, por tanto, se hacían complejas, difíciles, lentas y frustrantes. Únicamente, a partir del siglo XII, cuando la situación económica comenzó a dar pequeños respiros, avanzaron algunas vías de peregrinación como el Camino de Santiago. Aún así, tal como se recoge en el famoso libro Codex Calixtinus, el viaje era tan peligroso que eran muchos los fieles que no pudieron regresar a su lugar de origen. 

La iglesia y su papel en la difusión de la cultura medieval: los monasterios  

Si los castillos se convirtieron en el refugio de una población civil asediada por todo tipo de peligros, un tanto de lo mismo sucedió para los libros medievales con respecto a los centros religiosos. Monasterios y conventos se levantan en emplazamientos aislados, a veces, escarpados y de difícil acceso. Se resguardan por altos muros en el plano físico y por una ley conocida por todos que penaba con el infierno eterno a quien osara perturbar una paz que era entregada a mayor gloria de Dios. En estos refugios se concentraban las pocas personas alfabetizadas de la Edad Media y también la enseñanza del saber de la época. Aquí se rezaba y se vivía en comunidad. Se mantenía un huerto y se intentaba comprender las propiedades de ciertas hierbas medicinales que se aprovechaban para llevar a cabo prácticas de medicina natural. Aquí se elaboraba vino o cerveza y se trabajaba en una pequeña granja de autoabastecimiento. 

Y en cada uno de estos centros religiosos se mantenía un scriptoria donde la comunidad religiosa se afanaba pacientemente en copiar con cuidada caligrafía los restos de la cultura clásica. Ya hemos dicho que la pobreza era extrema. Por tanto, los libros eran difíciles de elaborar. Se necesitaban pergaminos (realizados a partir de pieles de animales), tintas y materiales cuyo acopio no era fácil. También hemos anotado que los caminos eran lugares hartos peligrosos. Por tanto, el intercambio y el comercio era casi inexistente. Prácticamente todo se dejaba al autoabastecimiento. Y a ello se unía los escasos volúmenes disponibles para copiar o traducir.

Cultura Edad Media 1 

Porque la única manera que tenía un centro religioso de aumentar su biblioteca era copiar un volumen ya existente. Este podría estar en un monasterio de la misma orden al que había que solicitar el préstamo mediante una correspondencia epistolar peligrosa. Y, una vez admitido el trueque o la solicitud había que proceder al traslado de las obras. Lo último era rezar para que llegara a su destino sin que el mensajero hubiera sido asaltado. Una vez en los scriptoria se procedía a su copiado o a su traducción en otra lengua clásica o (ya pasado el milenio) en alguna de las lenguas romances en las que se había convertido el latín.  

La iglesia y su papel en la difusión de la cultura medieval: los libros

No se creaba tal como hoy lo entendemos. El esfuerzo se concentraba en la recuperación de textos clásicos, en su copiado para que no se perdiera, en las glosas (crítica, explicación o análisis), en los comentarios a los escritos de los padres de la iglesia y poco más. La Biblia acaparaba los primeros recursos y de ella se hacían manuscritos y más manuscritos. Luego ocupaba el interés los escritos con autoridad de los autores cristianos (San Agustín, Santo Tomás…) seguido de algunos textos de difícil clasificación como fueron los Beatos. A continuación, se recuperaban los textos de la cultura clásica considerados compatibles con las enseñanzas cristianas. A pesar de ello, las ideas paganas pervivieron gracias a la labor de copia de estos centros religiosos. Y fue no solo por esta paciente tarea manuscrita sino porque también se intentó blanquear (de alguna manera u otra) este conocimiento a través del concepto de alegoría. 

 

Resumiendo mucho, se entendía que todo en el mundo de más allá tenía una traducción en este plano. Aquí se incluía toda la cultura pagana con dioses que no se empeñaban en ocultar vicios y seres híbridos en metamorfosis. Y todo ello hizo posible que no se perdiera ni Platón ni Aristóteles ni Ovidio y ni siquiera las comedias obscenas de Plauto. Los libros que un día fueron el orgullo de la Biblioteca de Alejandría siguieron circulando y copiándose en los monasterios donde se guardaban con celo y mil llaves.  

La comunicación y la transmisión de la cultura en la Edad Media 

Con esta situación social y cultural la comunicación de las enseñanzas de las escrituras al resto de la población se hacía complicada. Por eso, prácticamente todo llegaba de manera oral. Las parábolas de la Biblia se unían a los sermones dominicales. Y las paredes de las iglesias se llenaron con símbolos que la humanidad de la época sabía descifrar. Allí se hablaba del poder del infierno, de la atracción del pecado, de los dones del paraíso y de la felicidad de la virtud. Tallados en piedra, ese conocimiento esencial estaba al alcance del más humilde mientras los libros se guardaban en espera de publicitarse su conocimiento. 

Del mismo tenor era la literatura medieval. La oralidad era la norma y la escritura la excepción. Orales eran los cantares de gesta con los que los miembros del mester juglaría se empeñaban en llevar un poco de alegría a la población de los castillos medievales. Por eso, excepto alguna muestra, como el Cantar del Mío Cid, se ha perdido la práctica totalidad de la poesía épica de estos siglos. Y orales, con toda probabilidad, eran también los textos del mester de clerecía, aunque estos hayan sufrido mejor destino. Había, por tanto, que fiarlo todo a una frágil memoria cuya transmisión podría quebrarse con facilidad.  

Y en poco más se sustentaba la cultura medieval. Es a partir del siglo XII con un tímido y progresivo aumento de las ciudades, que comienzan a llenarse de una incipiente burguesía artesanal y comercial, cuando empieza a dejarse atrás tanta oscuridad. A partir de estas décadas se van abriendo los caminos, se van levantando iglesias en el estilo románico para desembocar en la grandiosa arquitectura gótica. Paralelamente, los señores feudales van perdiendo poder en favor de reinos cada vez mayores que van concentrando riquezas. Estas pueden invertirse en emprendimientos de cierta ambición. Coincide, además, con la fundación de las primeras universidades europeas (Bolonia en 1088, Oxford en 1096, Cambridge en 1209 o Salamanca en 1218) que se extenderían durante los siglos XIII, XIV y XV. Así, progresivamente, el conocimiento va saliendo de los muros de monasterios y conventos. 

Aunque no se abandonan los estudios tradicionales, sí se abren nuevas vías de saber y estas están a disposición de un público más amplio (con sus matices). Muy lentamente se va acorralando el analfabetismo accediendo a la instrucción los miembros de la nobleza, primero, la burguesía o campesinos libres enriquecidos, después. Una población cada vez mayor de estudiantes se acaba convirtiendo en el germen de los profesionales liberales.  

La iglesia y su papel en la difusión de la cultura medieval continuaría con la instauración de la imprenta a mediados del siglo XV, fecha en la que se da por finiquitada la época. Donde antes hubo un scriptoria se instala una imprenta. Sin embargo, para entonces, el mundo había cambiado de forma radical y la Edad Media había quedado atrás para siempre. Los caminos volvían a ser transitados. Algunos valientes (o los que no tenían nada que perder) se adentraron incluso allende los mares descubriendo a ojos europeos nuevas tierras. La multiplicación de los libros propició nuevas ideas (erasmismo, el cisma protestante hasta llegar a una nueva posición del hombre en el Renacimiento…) Cada vez eran más los que abandonaban los campos y se concentraban en las ciudades creándose talleres y oficios diversos que, de alguna manera u otra, contribuían a una mejora de la economía. Y con ella se posibilitaba que alguien más abandonara la oscuridad del analfabetismo para adentrarse en la luz de los libros y el conocimiento.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

 

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Damos un repaso a los grandes hitos históricos y nos adentramos en todas las culturas que ha habido sobre el planeta Tierra. 

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Breve análisis del panorama cultural medieval y la importancia fundamental de la iglesia y sus valores en la sociedad de estos siglos.  

En el 476 caía el Imperio Romano de Occidente dando entrada oficialmente a la Edad Media. Casi un siglo antes, en el 380, el cristianismo se había convertido en la religión oficial de ese mismo imperio en decadencia por un decreto de Constantino. El fin de la cultura clásica supone, en primera instancia, que se deja atrás las creencias en los dioses paganos con todo lo que ello supone. Además y paralelamente, lo que fuera un imperio unido se desmenuza en pequeños reinos tan enfrentados entre sí que las vías de comunicación (en todos los sentidos) comienzan a abandonarse. Y esta se convierte en una circunstancia trascendental para entender a la iglesia y su papel en la difusión de la cultura medieval.  

El teocentrismo de la Edad Media  

De familiaridad con lo santo ha sido descrita la cultura medieval europea al completo. Aún así, hay que ir más allá, mucho más. Hasta finales del siglo XV, con la imprenta y los descubrimientos de nuevas tierras allende los mares, un población harapienta, hambrienta y analfabeta solo ponía su mirada en los dones divinos. Con la caída de Roma, los distintos señores europeos van conformando reinados alrededor de un castillo y sus tierras de labranza. La falta de colaboración entre ellos se transforma en guerras frecuentes que merman cosechas a la par que consumen los escasos recursos económicos disponibles. El ensimismamiento en lo propio hace que se olviden los caminos y que la cultura (a pesar de ser única para todo el territorio europeo) se vuelva local, empobrecida y escasa. 

 Cultura Edad Media  2

En estos cuerpos desvalidos por la desnutrición y los rigores extremos hacen mella plagas de todo tipo que proliferan por la falta de higiene básica ya que también han sido abandonadas las redes de cloacas. Paralelamente, el cristianismo se va extendiendo por toda Europa hasta arrinconar cualquier otra espiritualidad. El mensaje de redención (en otro plano, en un más allá etéreo) va calando en la población que ve este mundo como tránsito hacia la otra vida sin ningún aliciente para agarrarse a los dones terrenos. Tanto fue así que, alrededor del año mil, se acumulaban tal cantidad de tribulaciones que desde los reyes hasta los más humildes de los labriegos creían firmemente en la llegada del fin del mundo. El Apocalipsis se palpaba con la punta de los dedos dando lugar a una literatura propia al respecto que cristalizó en los reinos hispánicos en los llamados Beatos, una de las más bellas muestras artísticas de la Edad Media. 

Una sociedad profundamente dividida en grupos estancos de guerreros (nobleza) y campesinos junto con pequeños artesanos encuentra en el tercer estamento (la iglesia) el único depositario de todos los bienes culturales. Y así se hace. Entre los muros de centros religiosos, aislados de la población, se va concentrando paulatinamente los saberes de la escritura, de la fitoterapia, de la elaboración de algunos productos de higiene, de cerveza… Aquí queda recogido el recuerdo de la cultura clásica, de la filosofía y de la literatura griega, de la historiografía romana, de los herbolarios árabes…  

Pérdida de comunicaciones y reinos confinados  

Para entender la labor de la iglesia y su difusión de la cultura medieval hay que centrarse en la estanca estructura social protagonizada por fronteras (tanto internas como externas) claramente definidas. Cada reino estaba dividido en tres estamentos casi inamovibles: la casta de los guerreros nobles, los campesinos y la iglesia. Y estos reinos, a su vez, apenas tenían comunicación con el vecino y cuando esta se producía era, en un porcentaje elevado, para iniciar hostilidades que acababan en guerras. El analfabetismo era una constante no solo entre los humildes sino también en la, a veces, brutal nobleza. Con este panorama, era la iglesia la depositaria del saber, de las letras, de la lectura, de la música, de los libros y de lo que en ellos se decía.  

A partir del siglo VII y casi hasta el siglo XII las antiguas vías de comunicación romanas fueron abandonadas. Los caminos se convirtieron en territorios peligrosos repletos de criminales de todo tipo que llegaron incluso al canibalismo. Ante esta situación, rara vez alguien se atrevía a traspasar los límites de su terruño y pocos eran lo que, en vida, conocían lo que había más allá de unos veinte o cincuenta kilómetros desde su lugar de nacimiento. Las comunicaciones, por tanto, se hacían complejas, difíciles, lentas y frustrantes. Únicamente, a partir del siglo XII, cuando la situación económica comenzó a dar pequeños respiros, avanzaron algunas vías de peregrinación como el Camino de Santiago. Aún así, tal como se recoge en el famoso libro Codex Calixtinus, el viaje era tan peligroso que eran muchos los fieles que no pudieron regresar a su lugar de origen. 

La iglesia y su papel en la difusión de la cultura medieval: los monasterios  

Si los castillos se convirtieron en el refugio de una población civil asediada por todo tipo de peligros, un tanto de lo mismo sucedió para los libros medievales con respecto a los centros religiosos. Monasterios y conventos se levantan en emplazamientos aislados, a veces, escarpados y de difícil acceso. Se resguardan por altos muros en el plano físico y por una ley conocida por todos que penaba con el infierno eterno a quien osara perturbar una paz que era entregada a mayor gloria de Dios. En estos refugios se concentraban las pocas personas alfabetizadas de la Edad Media y también la enseñanza del saber de la época. Aquí se rezaba y se vivía en comunidad. Se mantenía un huerto y se intentaba comprender las propiedades de ciertas hierbas medicinales que se aprovechaban para llevar a cabo prácticas de medicina natural. Aquí se elaboraba vino o cerveza y se trabajaba en una pequeña granja de autoabastecimiento. 

Y en cada uno de estos centros religiosos se mantenía un scriptoria donde la comunidad religiosa se afanaba pacientemente en copiar con cuidada caligrafía los restos de la cultura clásica. Ya hemos dicho que la pobreza era extrema. Por tanto, los libros eran difíciles de elaborar. Se necesitaban pergaminos (realizados a partir de pieles de animales), tintas y materiales cuyo acopio no era fácil. También hemos anotado que los caminos eran lugares hartos peligrosos. Por tanto, el intercambio y el comercio era casi inexistente. Prácticamente todo se dejaba al autoabastecimiento. Y a ello se unía los escasos volúmenes disponibles para copiar o traducir.

Cultura Edad Media 1 

Porque la única manera que tenía un centro religioso de aumentar su biblioteca era copiar un volumen ya existente. Este podría estar en un monasterio de la misma orden al que había que solicitar el préstamo mediante una correspondencia epistolar peligrosa. Y, una vez admitido el trueque o la solicitud había que proceder al traslado de las obras. Lo último era rezar para que llegara a su destino sin que el mensajero hubiera sido asaltado. Una vez en los scriptoria se procedía a su copiado o a su traducción en otra lengua clásica o (ya pasado el milenio) en alguna de las lenguas romances en las que se había convertido el latín.  

La iglesia y su papel en la difusión de la cultura medieval: los libros

No se creaba tal como hoy lo entendemos. El esfuerzo se concentraba en la recuperación de textos clásicos, en su copiado para que no se perdiera, en las glosas (crítica, explicación o análisis), en los comentarios a los escritos de los padres de la iglesia y poco más. La Biblia acaparaba los primeros recursos y de ella se hacían manuscritos y más manuscritos. Luego ocupaba el interés los escritos con autoridad de los autores cristianos (San Agustín, Santo Tomás…) seguido de algunos textos de difícil clasificación como fueron los Beatos. A continuación, se recuperaban los textos de la cultura clásica considerados compatibles con las enseñanzas cristianas. A pesar de ello, las ideas paganas pervivieron gracias a la labor de copia de estos centros religiosos. Y fue no solo por esta paciente tarea manuscrita sino porque también se intentó blanquear (de alguna manera u otra) este conocimiento a través del concepto de alegoría. 

 

Resumiendo mucho, se entendía que todo en el mundo de más allá tenía una traducción en este plano. Aquí se incluía toda la cultura pagana con dioses que no se empeñaban en ocultar vicios y seres híbridos en metamorfosis. Y todo ello hizo posible que no se perdiera ni Platón ni Aristóteles ni Ovidio y ni siquiera las comedias obscenas de Plauto. Los libros que un día fueron el orgullo de la Biblioteca de Alejandría siguieron circulando y copiándose en los monasterios donde se guardaban con celo y mil llaves.  

La comunicación y la transmisión de la cultura en la Edad Media 

Con esta situación social y cultural la comunicación de las enseñanzas de las escrituras al resto de la población se hacía complicada. Por eso, prácticamente todo llegaba de manera oral. Las parábolas de la Biblia se unían a los sermones dominicales. Y las paredes de las iglesias se llenaron con símbolos que la humanidad de la época sabía descifrar. Allí se hablaba del poder del infierno, de la atracción del pecado, de los dones del paraíso y de la felicidad de la virtud. Tallados en piedra, ese conocimiento esencial estaba al alcance del más humilde mientras los libros se guardaban en espera de publicitarse su conocimiento. 

Del mismo tenor era la literatura medieval. La oralidad era la norma y la escritura la excepción. Orales eran los cantares de gesta con los que los miembros del mester juglaría se empeñaban en llevar un poco de alegría a la población de los castillos medievales. Por eso, excepto alguna muestra, como el Cantar del Mío Cid, se ha perdido la práctica totalidad de la poesía épica de estos siglos. Y orales, con toda probabilidad, eran también los textos del mester de clerecía, aunque estos hayan sufrido mejor destino. Había, por tanto, que fiarlo todo a una frágil memoria cuya transmisión podría quebrarse con facilidad.  

Y en poco más se sustentaba la cultura medieval. Es a partir del siglo XII con un tímido y progresivo aumento de las ciudades, que comienzan a llenarse de una incipiente burguesía artesanal y comercial, cuando empieza a dejarse atrás tanta oscuridad. A partir de estas décadas se van abriendo los caminos, se van levantando iglesias en el estilo románico para desembocar en la grandiosa arquitectura gótica. Paralelamente, los señores feudales van perdiendo poder en favor de reinos cada vez mayores que van concentrando riquezas. Estas pueden invertirse en emprendimientos de cierta ambición. Coincide, además, con la fundación de las primeras universidades europeas (Bolonia en 1088, Oxford en 1096, Cambridge en 1209 o Salamanca en 1218) que se extenderían durante los siglos XIII, XIV y XV. Así, progresivamente, el conocimiento va saliendo de los muros de monasterios y conventos. 

Aunque no se abandonan los estudios tradicionales, sí se abren nuevas vías de saber y estas están a disposición de un público más amplio (con sus matices). Muy lentamente se va acorralando el analfabetismo accediendo a la instrucción los miembros de la nobleza, primero, la burguesía o campesinos libres enriquecidos, después. Una población cada vez mayor de estudiantes se acaba convirtiendo en el germen de los profesionales liberales.  

La iglesia y su papel en la difusión de la cultura medieval continuaría con la instauración de la imprenta a mediados del siglo XV, fecha en la que se da por finiquitada la época. Donde antes hubo un scriptoria se instala una imprenta. Sin embargo, para entonces, el mundo había cambiado de forma radical y la Edad Media había quedado atrás para siempre. Los caminos volvían a ser transitados. Algunos valientes (o los que no tenían nada que perder) se adentraron incluso allende los mares descubriendo a ojos europeos nuevas tierras. La multiplicación de los libros propició nuevas ideas (erasmismo, el cisma protestante hasta llegar a una nueva posición del hombre en el Renacimiento…) Cada vez eran más los que abandonaban los campos y se concentraban en las ciudades creándose talleres y oficios diversos que, de alguna manera u otra, contribuían a una mejora de la economía. Y con ella se posibilitaba que alguien más abandonara la oscuridad del analfabetismo para adentrarse en la luz de los libros y el conocimiento.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

 

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Breve análisis de las bases culturales de la Edad Media desde la literatura pasando por el conocimiento enclaustrado en monasterios hasta la arquitectura.  

A pesar del largo periodo histórico que comprende el Medievo europeo con más de diez siglos de existencia (476-1492), podemos rastrear en esta época características, modos y sustratos comunes a la gran mayoría de países europeos. Con la caída del Imperio Romano de Occidente se abre una etapa en la que desaparecen los tímidos avances alcanzados en ingeniería a la par que, progresivamente, se van cayendo, como un castillo de naipes, el entramado de comunicaciones de los siglos anteriores. Así, si por algo se caracteriza la cultura medieval es por el confinamiento en pequeños reinos, en monasterios, en núcleos sociales aislados. Y con ello, el conocimiento se quedó paralizado en una lentitud de tal calibre que podrían pasar décadas para que el más mínimo avance se transmitiera en los doscientos kilómetros a la redonda desde donde se generó. 

Castillos, guerras y señores para entender la cultura medieval 

Con la caída del Imperio Romano, el territorio europeo se desmenuza en pequeños reinos que, a su vez, mantienen distintos señores con bastante poder y enfrentados entre sí. Esto supone que la población queda recluida en emplazamientos dominados por un castillo que se recorren de punta a punta en una jornada. Aquí se nacía, se vivía, se trabajaba, se amaba y se moría. Las labores del campo, de la ganadería o en pequeños talleres artesanales ocupaban el día a día y todo ello con nulas condiciones higiénicas, de salubridad del agua o de acceso a recursos médicos. Las cloacas de las ciudades romanas se habían abandonado y en las casas populares se hacinaban animales de carga o de granja con humanos disputándose, a veces, la comida con roedores y alimañas. Con esta economía de subsistencia casi los recursos eran tan escasos que las hambrunas eran frecuentes debido a la pérdida de las cosechas por sequías, plagas o incendios. A esto se unían enfermedades contagiosas (por la falta de la más mínima higiene y por recaer en una población debilitada) y continuas guerras entre señores vecinos por cualquier cosa. Por tanto, este cóctel de miseria rebaja la esperanza de vida y la calidad de la misma a niveles de subsistencia. 

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Las sucesivas nuevas generaciones de los pueblos no conocían otra vida rodeadas de escasez, injusticia, enfermedad y analfabetismo. Porque, aunque no hay registros, se estima que más del ochenta por ciento de la población no sabía leer las letras ni reconocer ni un solo carácter matemático. Y, aunque eran las gentes sencillas las que estaban sumidas en este desconocimiento, a veces no se quedaba atrás la nobleza perteneciente a una ruda casta guerrera que despreciaba el conocimiento más básico. La falta de comunicación entre los distintos reinos y el confinamiento al que estaba sometido la población hizo, además, que el latín se transformara en las distintas lenguas romances que, en un principio, fueron desechadas por la élite de la cultura medieval para la propagación del arte o de una rudimentaria ciencia.  

Los caminos se fueron abandonando y se convirtieron en un reducto de criminales brutales capaces de cometer atrocidades para sobrevivir. Tanto es así, que lo normal era que un habitante de la Edad Media no se alejara en toda su vida más allá de veinte kilómetros de su lugar de nacimiento. La única vía que pone en contacto unos pueblos con otros (aparte de las guerras) es el Camino de Santiago, especialmente a partir del siglo XII. Tal como se refleja en el conocido Codex Calixtinus o Códice Calixtino el viaje estaba tan plagado de peligros que era frecuente que los peregrinos no regresaran vivos a sus hogares. 

Y esto es válido incluso para la población religiosa refugiada con sus libros (tal como veremos a continuación) en conventos y monasterios. Si a ello sumamos que para producir uno de los pocos libros medievales necesarios para el culto, consulta o estudio se necesitaba recursos económicos que se detraían de lo básico tenemos la combinación perfecta para un retrato de una época oscura en extremo.  

La cultura medieval está refugiada en los monasterios  

Si el castillo era el eje de la vida defensiva o civil, allí donde se acudía a la llamada de recogida o para organizar la más mínima gestión ante el señor, el monasterio no solo era el centro de la vida religiosa (que este recaía en las iglesias) sino cultural. Porque decir cultura medieval es apelar a un cristianismo extendido por toda Europa desplazando cualquier otra opción espiritual y, a veces, de manera extrema. La vida en la tierra era tan dura, aterradora, repleta de peligros y tan poco satisfactoria que se ponía el foco en un más allá de salvación, paradisíaco y utópico.  

Mientras que en las iglesias se sucedían los sermones amonestando con castigos que se palpaban día a día, en los monasterios se disfrutaba de una vida recogida centrada en el estudio. Porque el grueso de la población alfabetizada pertenecía a las congregaciones religiosas. Allí se estudiaba teología, gramática, latín y nociones básicas de fitoterapia que servían como remedios medicinales básicos. Los monasterios giraban alrededor de los scriptoria, los espacios donde pacientemente se copiaban los retazos de la cultura clásica que había logrado sobrevivir al tiempo. No había más ambición creativa o científica que guardar aquello que había sobrevivido de la antigüedad. Pacientemente, se copiaban los textos de la literatura griega, de la filosofía, de los herbolarios, de la historiografía romana y de aquellos libros que un día fueron el orgullo de la Biblioteca de Alejandría y que en ella época se sentía como lejana. El trabajo era tan laborioso, lento y caro que las bibliotecas de estos centros del saber rara vez alcanzaban los cincuenta ejemplares. Para seguir produciendo libros se recurría al préstamo mediante farragosas negociaciones por carta que podían extenderse durante años. 

Cultura Edad Media  3 

Ante esta situación de escasez extrema, las hojas de los libros se guardaban celosamente para transcribir la Biblia, los escritos de los santos y de los padres de la Iglesia (especialmente San Agustín y Santo Tomás) y los textos filosóficos de los autores paganos que no pudieran comprometer los principios del cristianismo. Las preferencias estaban claras. Lo que se dejaba por escrito se consideraba fundamental para la salvación del alma y el reposo del espíritu en esta vida. Lo demás casi no importaba. 

Pocas obras hubo originales y cuando existieron (como los famosos Beatos) siempre fueron un compendio de escritos tomados de la Biblia, glosas y fragmentos de autores pasados. Alrededor del año mil tal era la tribulación que soportaba el grueso de la población que se había llegado al convencimiento de que el fin del mundo estaba cerca. Como el Apocalipsis no llegó, hubo un tímido renacer a partir del siglo XI que se aprovechó para intentar progresar en matemáticas, geografía, historia, medicina e, incluso, astronomía. Sin embargo, todos estos estudios tenían que tener el beneplácito eclesial para no caer en alguna de las múltiples herejías estipuladas por la inquisición y que podía dar (como de hecho sucedió en más de una ocasión) con el investigador en la hoguera.  

La literatura oral dentro del contexto de la cultura medieval  

En este orden de cosas en el que los recursos eran tan escasos que el conocimiento apenas podía progresar  (y cuando se hacía se frenaba por considerarlo contrario a los principios cristianos) los ejemplos escritos de literatura son mínimos. La población pobre y analfabeta demandaba un tipo de espectáculo perteneciente al mester de juglaría en el que se mezclaban la recitación de poemas épicos con otro tipo de números de evasión o de diversión. Así se combinaban los malabares y las coreografías con pequeños animales con la recitación de los cantares de gesta acompañados de algún instrumento básico. Estos siempre daban cuenta de las hazañas de héroes locales conocidos por todos por ser prácticamente contemporáneos. Y, con algunas excepciones, todo se dejaba a la memoria y al trabajo oral. Si bien en castellano se ha conservado el Cantar del Mío Cid, de las aventuras de otros guerreros patrios solo nos han llegado sus ecos.  

Aunque pudiera parecer que la literatura culta (alrededor del mester de clerecía) recibía mejor trato a la hora de pasar las fronteras de lo escrito, tampoco había mucha diferencia. Por eso, los textos que nos han llegado de este género también han sido mínimos. En España, se cuentan con los dedos de las manos.  Podemos nombrar los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo o el Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita. Y eso que, a diferencia del resto de los reinos europeos, pudo asentarse algunas escuelas importantes aprovechando la presencia árabe y judía. Buena prueba de ello es la escuela de traductores de Toledo fundada por el obispo don Raimundo y la labor cultural del Rey Alfonso X, el sabio, ambas del siglo XII. 

La cultura medieval ensalza el arte para Dios 

De familiaridad con lo santo se ha descrito la época. Y así hay que entenderla ya que poco o nada queda de algún pensamiento pagano o mínimamente ajeno a la religión. Dios se convierte en el centro todopoderoso de todos los aspectos de la vida y con ello se coarta la libertad necesaria para el desarrollo no ya de la ciencia sino de hasta pequeñas actividades artesanales (elaboración de cerveza, de productos básicos de higiene, de tinturas médicas…) que se concentran en los monasterios. Aquí se queda atrapado ese conocimiento sin apenas ofrecerse a la sociedad. A eso unimos la falta de comunicaciones entre las poblaciones que no permite que el poco conocimiento que se crea salten los muros de los centros religiosos.

 Cutura Edad Media

Cualquier otra manifestación de la cultura medieval será para construir toscas iglesias en el estilo románico primero y en la arquitectura gótica después, ya rozando y avanzando hacia el Renacimiento. La energía creativa y monetaria se ponía al servicio de Dios y su alabanza. Los templos se llenaban de símbolos que aleccionaban a la población sobre las tentaciones demoníacas frente a la promesa del paraíso. Era la única forma de comunicar conceptos abstractos a gentes sencillas, atrapadas en la superstición y en un analfabetismo sistémico. Y este panorama quedaría inalterable y casi congelado en el tiempo durante largos siglos. Empezaría a cambiar a partir del siglo XIII con el avance de las ciudades y una tímida actividad burguesa que propició la creación de las primeras universidades cuyo conocimiento ya quedaba fuera de los centros monásticos. La imprenta en siglo XV haría el resto liquidando la época para siempre.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Damos un repaso a los grandes hitos históricos y nos adentramos en todas las culturas que ha habido sobre el planeta Tierra. 

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Breve análisis de las bases culturales de la Edad Media desde la literatura pasando por el conocimiento enclaustrado en monasterios hasta la arquitectura.  

A pesar del largo periodo histórico que comprende el Medievo europeo con más de diez siglos de existencia (476-1492), podemos rastrear en esta época características, modos y sustratos comunes a la gran mayoría de países europeos. Con la caída del Imperio Romano de Occidente se abre una etapa en la que desaparecen los tímidos avances alcanzados en ingeniería a la par que, progresivamente, se van cayendo, como un castillo de naipes, el entramado de comunicaciones de los siglos anteriores. Así, si por algo se caracteriza la cultura medieval es por el confinamiento en pequeños reinos, en monasterios, en núcleos sociales aislados. Y con ello, el conocimiento se quedó paralizado en una lentitud de tal calibre que podrían pasar décadas para que el más mínimo avance se transmitiera en los doscientos kilómetros a la redonda desde donde se generó. 

Castillos, guerras y señores para entender la cultura medieval 

Con la caída del Imperio Romano, el territorio europeo se desmenuza en pequeños reinos que, a su vez, mantienen distintos señores con bastante poder y enfrentados entre sí. Esto supone que la población queda recluida en emplazamientos dominados por un castillo que se recorren de punta a punta en una jornada. Aquí se nacía, se vivía, se trabajaba, se amaba y se moría. Las labores del campo, de la ganadería o en pequeños talleres artesanales ocupaban el día a día y todo ello con nulas condiciones higiénicas, de salubridad del agua o de acceso a recursos médicos. Las cloacas de las ciudades romanas se habían abandonado y en las casas populares se hacinaban animales de carga o de granja con humanos disputándose, a veces, la comida con roedores y alimañas. Con esta economía de subsistencia casi los recursos eran tan escasos que las hambrunas eran frecuentes debido a la pérdida de las cosechas por sequías, plagas o incendios. A esto se unían enfermedades contagiosas (por la falta de la más mínima higiene y por recaer en una población debilitada) y continuas guerras entre señores vecinos por cualquier cosa. Por tanto, este cóctel de miseria rebaja la esperanza de vida y la calidad de la misma a niveles de subsistencia. 

 Cultura Edad Media 1

Las sucesivas nuevas generaciones de los pueblos no conocían otra vida rodeadas de escasez, injusticia, enfermedad y analfabetismo. Porque, aunque no hay registros, se estima que más del ochenta por ciento de la población no sabía leer las letras ni reconocer ni un solo carácter matemático. Y, aunque eran las gentes sencillas las que estaban sumidas en este desconocimiento, a veces no se quedaba atrás la nobleza perteneciente a una ruda casta guerrera que despreciaba el conocimiento más básico. La falta de comunicación entre los distintos reinos y el confinamiento al que estaba sometido la población hizo, además, que el latín se transformara en las distintas lenguas romances que, en un principio, fueron desechadas por la élite de la cultura medieval para la propagación del arte o de una rudimentaria ciencia.  

Los caminos se fueron abandonando y se convirtieron en un reducto de criminales brutales capaces de cometer atrocidades para sobrevivir. Tanto es así, que lo normal era que un habitante de la Edad Media no se alejara en toda su vida más allá de veinte kilómetros de su lugar de nacimiento. La única vía que pone en contacto unos pueblos con otros (aparte de las guerras) es el Camino de Santiago, especialmente a partir del siglo XII. Tal como se refleja en el conocido Codex Calixtinus o Códice Calixtino el viaje estaba tan plagado de peligros que era frecuente que los peregrinos no regresaran vivos a sus hogares. 

Y esto es válido incluso para la población religiosa refugiada con sus libros (tal como veremos a continuación) en conventos y monasterios. Si a ello sumamos que para producir uno de los pocos libros medievales necesarios para el culto, consulta o estudio se necesitaba recursos económicos que se detraían de lo básico tenemos la combinación perfecta para un retrato de una época oscura en extremo.  

La cultura medieval está refugiada en los monasterios  

Si el castillo era el eje de la vida defensiva o civil, allí donde se acudía a la llamada de recogida o para organizar la más mínima gestión ante el señor, el monasterio no solo era el centro de la vida religiosa (que este recaía en las iglesias) sino cultural. Porque decir cultura medieval es apelar a un cristianismo extendido por toda Europa desplazando cualquier otra opción espiritual y, a veces, de manera extrema. La vida en la tierra era tan dura, aterradora, repleta de peligros y tan poco satisfactoria que se ponía el foco en un más allá de salvación, paradisíaco y utópico.  

Mientras que en las iglesias se sucedían los sermones amonestando con castigos que se palpaban día a día, en los monasterios se disfrutaba de una vida recogida centrada en el estudio. Porque el grueso de la población alfabetizada pertenecía a las congregaciones religiosas. Allí se estudiaba teología, gramática, latín y nociones básicas de fitoterapia que servían como remedios medicinales básicos. Los monasterios giraban alrededor de los scriptoria, los espacios donde pacientemente se copiaban los retazos de la cultura clásica que había logrado sobrevivir al tiempo. No había más ambición creativa o científica que guardar aquello que había sobrevivido de la antigüedad. Pacientemente, se copiaban los textos de la literatura griega, de la filosofía, de los herbolarios, de la historiografía romana y de aquellos libros que un día fueron el orgullo de la Biblioteca de Alejandría y que en ella época se sentía como lejana. El trabajo era tan laborioso, lento y caro que las bibliotecas de estos centros del saber rara vez alcanzaban los cincuenta ejemplares. Para seguir produciendo libros se recurría al préstamo mediante farragosas negociaciones por carta que podían extenderse durante años. 

Cultura Edad Media  3 

Ante esta situación de escasez extrema, las hojas de los libros se guardaban celosamente para transcribir la Biblia, los escritos de los santos y de los padres de la Iglesia (especialmente San Agustín y Santo Tomás) y los textos filosóficos de los autores paganos que no pudieran comprometer los principios del cristianismo. Las preferencias estaban claras. Lo que se dejaba por escrito se consideraba fundamental para la salvación del alma y el reposo del espíritu en esta vida. Lo demás casi no importaba. 

Pocas obras hubo originales y cuando existieron (como los famosos Beatos) siempre fueron un compendio de escritos tomados de la Biblia, glosas y fragmentos de autores pasados. Alrededor del año mil tal era la tribulación que soportaba el grueso de la población que se había llegado al convencimiento de que el fin del mundo estaba cerca. Como el Apocalipsis no llegó, hubo un tímido renacer a partir del siglo XI que se aprovechó para intentar progresar en matemáticas, geografía, historia, medicina e, incluso, astronomía. Sin embargo, todos estos estudios tenían que tener el beneplácito eclesial para no caer en alguna de las múltiples herejías estipuladas por la inquisición y que podía dar (como de hecho sucedió en más de una ocasión) con el investigador en la hoguera.  

La literatura oral dentro del contexto de la cultura medieval  

En este orden de cosas en el que los recursos eran tan escasos que el conocimiento apenas podía progresar  (y cuando se hacía se frenaba por considerarlo contrario a los principios cristianos) los ejemplos escritos de literatura son mínimos. La población pobre y analfabeta demandaba un tipo de espectáculo perteneciente al mester de juglaría en el que se mezclaban la recitación de poemas épicos con otro tipo de números de evasión o de diversión. Así se combinaban los malabares y las coreografías con pequeños animales con la recitación de los cantares de gesta acompañados de algún instrumento básico. Estos siempre daban cuenta de las hazañas de héroes locales conocidos por todos por ser prácticamente contemporáneos. Y, con algunas excepciones, todo se dejaba a la memoria y al trabajo oral. Si bien en castellano se ha conservado el Cantar del Mío Cid, de las aventuras de otros guerreros patrios solo nos han llegado sus ecos.  

Aunque pudiera parecer que la literatura culta (alrededor del mester de clerecía) recibía mejor trato a la hora de pasar las fronteras de lo escrito, tampoco había mucha diferencia. Por eso, los textos que nos han llegado de este género también han sido mínimos. En España, se cuentan con los dedos de las manos.  Podemos nombrar los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo o el Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita. Y eso que, a diferencia del resto de los reinos europeos, pudo asentarse algunas escuelas importantes aprovechando la presencia árabe y judía. Buena prueba de ello es la escuela de traductores de Toledo fundada por el obispo don Raimundo y la labor cultural del Rey Alfonso X, el sabio, ambas del siglo XII. 

La cultura medieval ensalza el arte para Dios 

De familiaridad con lo santo se ha descrito la época. Y así hay que entenderla ya que poco o nada queda de algún pensamiento pagano o mínimamente ajeno a la religión. Dios se convierte en el centro todopoderoso de todos los aspectos de la vida y con ello se coarta la libertad necesaria para el desarrollo no ya de la ciencia sino de hasta pequeñas actividades artesanales (elaboración de cerveza, de productos básicos de higiene, de tinturas médicas…) que se concentran en los monasterios. Aquí se queda atrapado ese conocimiento sin apenas ofrecerse a la sociedad. A eso unimos la falta de comunicaciones entre las poblaciones que no permite que el poco conocimiento que se crea salten los muros de los centros religiosos.

 Cutura Edad Media

Cualquier otra manifestación de la cultura medieval será para construir toscas iglesias en el estilo románico primero y en la arquitectura gótica después, ya rozando y avanzando hacia el Renacimiento. La energía creativa y monetaria se ponía al servicio de Dios y su alabanza. Los templos se llenaban de símbolos que aleccionaban a la población sobre las tentaciones demoníacas frente a la promesa del paraíso. Era la única forma de comunicar conceptos abstractos a gentes sencillas, atrapadas en la superstición y en un analfabetismo sistémico. Y este panorama quedaría inalterable y casi congelado en el tiempo durante largos siglos. Empezaría a cambiar a partir del siglo XIII con el avance de las ciudades y una tímida actividad burguesa que propició la creación de las primeras universidades cuyo conocimiento ya quedaba fuera de los centros monásticos. La imprenta en siglo XV haría el resto liquidando la época para siempre.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Cultura medieval

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Bases políticas, sociales y culturales en el origen del Neoclasicismo en Europa y América. 

El origen del Neoclasicismo hay que buscarlo en los países europeos que primero abrazaron los principios de la ilustración: Francia y Reino Unido a finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII. Desde estos emplazamientos los principios del llamado Siglo de las Luces se van extendiendo, primero, por el resto del continente europeo y, luego, por toda América. Es un cambio que pretende ser global, tanto cultural o artístico como político y social. Surge como rechazo a los excesos de todo tipo de las monarquías absolutas amparadas por la iglesia. Si hay una palabra que defina la sociedad del siglo XVII (la anterior a la neoclásica) esta es desigualdad. Mientras que la aristocracia malgastaba todos los recursos disponibles en un derroche festivo y exuberante tal cual refleja el arte barroco, el pueblo se consumía en sucesivas crisis y en el más absoluto pesimismo. Todo esto dio un giro a principios del siglo XVIII, en toda Europa, cuando un grupo de ilustrados propugnan un orden nuevo de cosas en el que la sencillez, la educación, la sobriedad y los principios cívicos fueran las bases de una sociedad más igualitaria, justa y basada en los avances de la ciencia y las bondades de la razón. 

Los nuevos modelos políticos en el origen del Neoclasicismo

Resumiendo mucho hay que tener en cuenta:  

1.- La época anterior se había caracterizado por los excesos en todos los órdenes de la vida. Mientras la desigualdad se hacía cada vez mayor, el arte barroco se ponía a disposición de una élite ensimismada en un mundo de ocio festivo sin aportar absolutamente nada a la sociedad. Las monarquías absolutas (con el apoyo de la iglesia) habían degenerado tanto que los recursos disponibles se despilfarraban en elementos suntuosos. Todo ello desembocaría dramáticamente en la Revolución Francesa. 

2.- Hasta ese hecho, un grupo de intelectuales, los llamados ilustrados, ven la necesidad de hacer un cambio social basado en una incipiente igualdad con bases en el parlamentarismo. Apoyados en los nuevos avances científicos, ensalzan los principios de la razón, la observación de la naturaleza y el empirismo como los únicos modelos que pudieran hacer avanzar la sociedad.  

3.-Se crean grupos de opinión alejados de la corte alrededor de las bondades que otorga las virtudes cívicas. Casinos, tertulias, sociedades literarias o científicas van desarrollándose y van fraguando aquellos principios que están en el origen del Neoclasicismo. 

4.- El rechazo a las monarquías absolutas se contrarresta con un incipiente parlamentarismo que va despojando de poder a los reyes (con buenos resultados en Reino Unido) o bien en un republicanismo. Este, además de Francia, va añadiendo adeptos en todos los territorios americanos, primero en el sur y luego en el norte. Comienzan las sucesivas guerras de independencia con dispar éxito en cada país. 

5.- La necesidad de un estado laico también está en el origen del Neoclasicismo. O, al menos, la necesidad de desvincular la iglesia de los asuntos legales. A la par, se promulga la división de poderes y asistimos también al nacimiento de la prensa escrita. Por primera vez, se ponen las bases para la libertad de imprenta, antecedente de la libertad de expresión. 

6.- Todas estas ideas van bullendo, al menos, en la élite culta que propone, además, una instrucción básica general para toda la población. Y con este fin se redactan distintos planes para adaptar los estudios a las diferentes necesidades sociales. Se pone sobre la mesa la necesidad de reformar la universidad con nuevos estudios más útiles. Y, además, y esto es nuevo, se intenta (con éxito dispar en cada país) crear escuelas para toda la población. 

Ni que decir tiene que todos estos principios que se encuentran en la definición de Neoclasicismo se llevan a la práctica con desigual acierto. Así, mientras en Estados Unidos (aunque más tarde) da comienzo su particular guerra independentista que lleva a un sistema congresista muy avanzado para los parámetros de la época, el Neoclasicismo español termina abruptamente con el reinado infame del Fernando VII. Y esto por poner solo dos ejemplos. 

La cultura del Neoclasicismo 

1.- Paralelamente a todas las propuestas en el ámbito político o social, sí se traduce en un notable avance con respecto a mejoras en el urbanismo general y en las condiciones de vida de las distintas ciudades europeas y americanas. Se acometen obras mínimas de saneamiento y de una incipiente iluminación (en las zonas nobles o de más tránsito). De esta época son los grandes bulevares arbolados para paseos y la creación de los parques públicos. Muchos de estos espacios fueron ganados a la ciudadanía tras pertenecer a reyes o a aristócratas (la mayoría como cotos de caza) de forma privada.

2.- En ese afán por llevar las virtudes cívicas y la instrucción a un porcentaje mayor de la población se crean museos de arte (con fondos procedentes de las colecciones reales), teatros públicos (antes inexistentes como tales), academias de todo tipo (astronómica, de la lengua, de historia, naturales…), universidades en las mayores ciudades de América… La arquitectura del Neoclasicismo se inspira en los modelos sobrios del arte griego. Los edificios que se levantan son limpios, elegantes y adornados con esbeltas columnas que le confieren un aire palaciego de espíritu laico. 

3.- Además, para entender el origen del Neoclasicismo hay que tener en cuenta también la revitalización de la cultura clásica. Si bien, la literatura griega o romana ya había encontrado acomodo en el Renacimiento, ahora se vuelve la mirada a los restos de la arquitectura romana. Esta se conoce en Europa a través de las excavaciones en Pompeya y también por ese viaje de fin de estudios que supuso el Grand Tour. Era este un periplo de varios meses desde las grandes ciudades europeas hacia tierras italianas, Egipto e, incluso, Estambul. Ni que decir tiene que solo la élite económica y cultural podía hacer frente a una aventura que duraba más de tres o cuatro meses. Sin embargo, eso no quita para que esas vivencias, a través de diarios, cuadernos y dibujos, fueran conocidas por el gran público. Aparece, así, ante los ojos una realidad pagana, republicana y culta que se quiere imitar (con sus salvedades). 

4.- La cultura del Neoclasicismo es la de la razón, la de la verdad, la de la sencillez, la del empirismo. Lucha contra la superstición incrustada en buena parte de la sociedad y quiere imponer modelos de instrucción y educativos generales en una población eminentemente analfabeta. 

Si bien todos estos condicionantes están en el origen del Neoclasicismo, la evolución en cada territorio se hizo desigual. Los recién creados Estados Unidos de América quizás sea el país que consiguió crear una sociedad más acorde con estos principios. Le sigue Francia (tras los horrores de la Revolución Francesa) y también Reino Unido que supo levantar una instrucción general básica imprescindible para la gestión de sus colonias y reducir el poder de la monarquía. En América del Sur, distintas revoluciones desbarataron estas ideas muy pronto. Y en España, tras las fallidas Cortes de Cádiz, hubo una auténtica involución en todos los aspectos. De esta época es el gusto por el ensayo motivado y razonado en prosa. Y las principales características de la arquitectura neoclásica aún pueden disfrutarse en museos europeos o americanos, en los bulevares centenarios de las grandes ciudades, en los primeros zoológicos o en las academias de la historia o de la lengua que siguen activas y con vigor. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Damos un repaso a los grandes hitos históricos y nos adentramos en todas las culturas que ha habido sobre el planeta Tierra. 

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Bases políticas, sociales y culturales en el origen del Neoclasicismo en Europa y América. 

El origen del Neoclasicismo hay que buscarlo en los países europeos que primero abrazaron los principios de la ilustración: Francia y Reino Unido a finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII. Desde estos emplazamientos los principios del llamado Siglo de las Luces se van extendiendo, primero, por el resto del continente europeo y, luego, por toda América. Es un cambio que pretende ser global, tanto cultural o artístico como político y social. Surge como rechazo a los excesos de todo tipo de las monarquías absolutas amparadas por la iglesia. Si hay una palabra que defina la sociedad del siglo XVII (la anterior a la neoclásica) esta es desigualdad. Mientras que la aristocracia malgastaba todos los recursos disponibles en un derroche festivo y exuberante tal cual refleja el arte barroco, el pueblo se consumía en sucesivas crisis y en el más absoluto pesimismo. Todo esto dio un giro a principios del siglo XVIII, en toda Europa, cuando un grupo de ilustrados propugnan un orden nuevo de cosas en el que la sencillez, la educación, la sobriedad y los principios cívicos fueran las bases de una sociedad más igualitaria, justa y basada en los avances de la ciencia y las bondades de la razón. 

Los nuevos modelos políticos en el origen del Neoclasicismo

Resumiendo mucho hay que tener en cuenta:  

1.- La época anterior se había caracterizado por los excesos en todos los órdenes de la vida. Mientras la desigualdad se hacía cada vez mayor, el arte barroco se ponía a disposición de una élite ensimismada en un mundo de ocio festivo sin aportar absolutamente nada a la sociedad. Las monarquías absolutas (con el apoyo de la iglesia) habían degenerado tanto que los recursos disponibles se despilfarraban en elementos suntuosos. Todo ello desembocaría dramáticamente en la Revolución Francesa. 

2.- Hasta ese hecho, un grupo de intelectuales, los llamados ilustrados, ven la necesidad de hacer un cambio social basado en una incipiente igualdad con bases en el parlamentarismo. Apoyados en los nuevos avances científicos, ensalzan los principios de la razón, la observación de la naturaleza y el empirismo como los únicos modelos que pudieran hacer avanzar la sociedad.  

3.-Se crean grupos de opinión alejados de la corte alrededor de las bondades que otorga las virtudes cívicas. Casinos, tertulias, sociedades literarias o científicas van desarrollándose y van fraguando aquellos principios que están en el origen del Neoclasicismo. 

4.- El rechazo a las monarquías absolutas se contrarresta con un incipiente parlamentarismo que va despojando de poder a los reyes (con buenos resultados en Reino Unido) o bien en un republicanismo. Este, además de Francia, va añadiendo adeptos en todos los territorios americanos, primero en el sur y luego en el norte. Comienzan las sucesivas guerras de independencia con dispar éxito en cada país. 

5.- La necesidad de un estado laico también está en el origen del Neoclasicismo. O, al menos, la necesidad de desvincular la iglesia de los asuntos legales. A la par, se promulga la división de poderes y asistimos también al nacimiento de la prensa escrita. Por primera vez, se ponen las bases para la libertad de imprenta, antecedente de la libertad de expresión. 

6.- Todas estas ideas van bullendo, al menos, en la élite culta que propone, además, una instrucción básica general para toda la población. Y con este fin se redactan distintos planes para adaptar los estudios a las diferentes necesidades sociales. Se pone sobre la mesa la necesidad de reformar la universidad con nuevos estudios más útiles. Y, además, y esto es nuevo, se intenta (con éxito dispar en cada país) crear escuelas para toda la población. 

Ni que decir tiene que todos estos principios que se encuentran en la definición de Neoclasicismo se llevan a la práctica con desigual acierto. Así, mientras en Estados Unidos (aunque más tarde) da comienzo su particular guerra independentista que lleva a un sistema congresista muy avanzado para los parámetros de la época, el Neoclasicismo español termina abruptamente con el reinado infame del Fernando VII. Y esto por poner solo dos ejemplos. 

La cultura del Neoclasicismo 

1.- Paralelamente a todas las propuestas en el ámbito político o social, sí se traduce en un notable avance con respecto a mejoras en el urbanismo general y en las condiciones de vida de las distintas ciudades europeas y americanas. Se acometen obras mínimas de saneamiento y de una incipiente iluminación (en las zonas nobles o de más tránsito). De esta época son los grandes bulevares arbolados para paseos y la creación de los parques públicos. Muchos de estos espacios fueron ganados a la ciudadanía tras pertenecer a reyes o a aristócratas (la mayoría como cotos de caza) de forma privada.

2.- En ese afán por llevar las virtudes cívicas y la instrucción a un porcentaje mayor de la población se crean museos de arte (con fondos procedentes de las colecciones reales), teatros públicos (antes inexistentes como tales), academias de todo tipo (astronómica, de la lengua, de historia, naturales…), universidades en las mayores ciudades de América… La arquitectura del Neoclasicismo se inspira en los modelos sobrios del arte griego. Los edificios que se levantan son limpios, elegantes y adornados con esbeltas columnas que le confieren un aire palaciego de espíritu laico. 

3.- Además, para entender el origen del Neoclasicismo hay que tener en cuenta también la revitalización de la cultura clásica. Si bien, la literatura griega o romana ya había encontrado acomodo en el Renacimiento, ahora se vuelve la mirada a los restos de la arquitectura romana. Esta se conoce en Europa a través de las excavaciones en Pompeya y también por ese viaje de fin de estudios que supuso el Grand Tour. Era este un periplo de varios meses desde las grandes ciudades europeas hacia tierras italianas, Egipto e, incluso, Estambul. Ni que decir tiene que solo la élite económica y cultural podía hacer frente a una aventura que duraba más de tres o cuatro meses. Sin embargo, eso no quita para que esas vivencias, a través de diarios, cuadernos y dibujos, fueran conocidas por el gran público. Aparece, así, ante los ojos una realidad pagana, republicana y culta que se quiere imitar (con sus salvedades). 

4.- La cultura del Neoclasicismo es la de la razón, la de la verdad, la de la sencillez, la del empirismo. Lucha contra la superstición incrustada en buena parte de la sociedad y quiere imponer modelos de instrucción y educativos generales en una población eminentemente analfabeta. 

Si bien todos estos condicionantes están en el origen del Neoclasicismo, la evolución en cada territorio se hizo desigual. Los recién creados Estados Unidos de América quizás sea el país que consiguió crear una sociedad más acorde con estos principios. Le sigue Francia (tras los horrores de la Revolución Francesa) y también Reino Unido que supo levantar una instrucción general básica imprescindible para la gestión de sus colonias y reducir el poder de la monarquía. En América del Sur, distintas revoluciones desbarataron estas ideas muy pronto. Y en España, tras las fallidas Cortes de Cádiz, hubo una auténtica involución en todos los aspectos. De esta época es el gusto por el ensayo motivado y razonado en prosa. Y las principales características de la arquitectura neoclásica aún pueden disfrutarse en museos europeos o americanos, en los bulevares centenarios de las grandes ciudades, en los primeros zoológicos o en las academias de la historia o de la lengua que siguen activas y con vigor. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Si los nuevos inventos siempre responden a necesidades ya existentes, a patrones y preguntas previas; el desarrollo de la comunicación electrónica, en general, y la hipermedia, en particular, van a plantearse de acuerdo con estas premisas. Pero, ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? En estos conceptos se basa el origen de Internet. Nos adentramos en uno de los inventos más fabulosos de la historia humana.​

Primera etapa: la creación de la hipermedia en el origen de Internet​​

Para ello, tenemos que remontarnos a todos aquellos trabajos que a lo largo del siglo XX –siempre vinculados a empresas de tecnologías o a ámbitos universitarios- se afanaron en buscar soluciones electrónicas para la ordenación de grandes volúmenes de información y la gestión de los correspondientes archivos. ​​El primer hito que conduciría a la creación de documentos electrónicos en formato hipertexto se produce en julio de 1945. En ese año el director de la U.S. Government’s Office of Scientific Research and Devolopmet, de nombre Vannevar Bush y quien no tiene que ver absolutamente nada con los distintos presidentes de USA, publica en Atlantic Monthly el artículo “As we hay think”. En el mismo daba forma a un modelo informático (bautizado con el nombre de “Memex” -MEMory Extension-) que operaba del mismo modo que lo hace el cerebro. Es decir, no de una manera lineal sino a través de conexiones mediante asociación de conceptos.

Había nacido la idea de red en la comunicación. ​​Un poco más tarde, Douglas Engelbart, del Stanford Reserch Institute, ideó, ya entrado los años sesenta,  otro modelo informático siguiendo los parámetros de Bush. Y a éste le añadió herramientas tan imprescindibles actualmente como el ratón, los iconos gráficos y las ventanas. Aunque ninguno de los proyectos se llevó a la práctica, ambos fueron la base para que este último laboratorio, unos cuantos de años más tarde, creara el “NSL/Augement”. Este es el primer sistema para la creación de hipertextos concebido como extensión del intelecto humano. Había nacido la hipermedia. ​​Los términos hipertexto e hipermedia, sin embargo, fueron acuñados por Ted Nelson (Universidad de Brown) en 1965 en su artículo “A File Structure for the Complex, The Changing and the Indeterminante”.

Este artículo fue recogido, más tarde, en el libro Literary Machines (1981).  ​​Se definen ya los conceptos tal como lo utilizamos hoy en los siguientes términos: ​​La explicación más breve del hipertexto sería “escritura no secuencial”, o no lineal. Si se une a imágenes y sonidos [multimedia], se convierte en hipermedia. ​​Pero esto no es todo. El hipertexto debe permitir sobre todo el libre movimiento del usuario. Esto es lo esencial. El desarrollo de la hipermedia se realizará a partir de los años setenta.

​​Segunda etapa: la utopía de Xanadú en el origen de Internet

​​Y esta a su vez se divide en dos fases claramente diferenciadas. Así, tenemos que hablar, en este sentido, de dos generaciones de sistemas hipermedia:

​​1.- La primera, que ocupa los últimos años sesenta y la década de los setenta. Esta primera etapa está marcada por un proyecto ambicioso, Xanadu, con en el que se pretendía crear una magna biblioteca virtual de textos en forma hipertextual.  Xanudu se erige en símbolo de la creación artística y de la memoria, el lugar “donde nada será jamás olvidado”(Nelson). Xanadu pretende, así, convertirse en esa soñada Biblioteca Universal con cabida para todos los libros, todo el saber; estamos, en definitiva, ante uno de los anhelos más antiguos del ser humano desde la creación de la Biblioteca de Alejandría.

​​2.- La segunda generación, con el desarrollo de imágenes, animaciones y sonidos de alta calidad, comienza en la década de los ochenta y se articula de tal forma que permite al usuario un acceso fácil a la información ofrecida.​​Si bien todos estos proyectos, junto con el uso del disquete, el CR-ROM y, en fecha temprana, el D.V.D., y la posibilidad del traslado de archivos de un punto a otro, son y han sido importantes, el cambio más profundo ha llegado con la expansión de Internet, la red de redes. ​​

Tercera etapa: la creación de la www y comienza la gran historia de Internet

​​Resumimos:

​​1.- Internet nació como un proyecto de telecomunicaciones del Departamento de Defensa de los Estados Unidos en 1969. Lo que se pretendía era interconectar ordenadores entre sí para enviar comunicaciones cifradas y selladas. Esto es, el origen primitivo de Internet hay que buscarlo en un proyecto militar de inteligencia. El primer nombre fue DARPANET y lo formaban tan solo cuatro ordenadores.

​​2.- Este evolucionó hacia ARPANET que se disolvió en 1989, justo cuando comienza la gran fase de expansión de Internet, ya desvinculado de sus orígenes militares, para convertirse en la red de redes.

​​3.- Internet se basa en la descentralización y en la implantación del protocolo TCP/IP que permite el correo electrónico, los grupos de noticias o las transferencias de ficheros. Y todo ello con una facilidad de acceso desde cualquier punto con conexión a la red, rentable y eficaz. ​​

4.- Es en 1989, ya en una segunda fase desvinculada de su origen militar, cuando se desarrolla y se propone un sistema de transmisión que tiene como base el hipertexto y la hipermedia. Estamos hablando del World Wide Web (WWW), implantado en la red a partir de 1991. Hasta aquí el desarrollo del hipertexto, paralelo a la revolución electrónica en todos los órdenes. ​​

Ahora bien, si los cambios han sido tan evidentes que han transformado no solo la vida académica, al tener acceso a una cantidad ingente de información, sino que, además, está significando, incluso, un cambio en la manera de organizar el conocimiento. Estos mismos cambios son los que le sirven a los detractores del sistema para augurar un futuro casi apocalíptico basado en la exclusión y en la manipulación que puede devenir con el uso indebido de las nuevas tecnologías. Quizás el origen de Internet salido de la inteligencia militar contribuya a ello. ​​ ​

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Damos un repaso a los grandes hitos históricos y nos adentramos en todas las culturas que ha habido sobre el planeta Tierra. 

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Si los nuevos inventos siempre responden a necesidades ya existentes, a patrones y preguntas previas; el desarrollo de la comunicación electrónica, en general, y la hipermedia, en particular, van a plantearse de acuerdo con estas premisas. Pero, ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? En estos conceptos se basa el origen de Internet. Nos adentramos en uno de los inventos más fabulosos de la historia humana.​

Primera etapa: la creación de la hipermedia en el origen de Internet​​

Para ello, tenemos que remontarnos a todos aquellos trabajos que a lo largo del siglo XX –siempre vinculados a empresas de tecnologías o a ámbitos universitarios- se afanaron en buscar soluciones electrónicas para la ordenación de grandes volúmenes de información y la gestión de los correspondientes archivos. ​​El primer hito que conduciría a la creación de documentos electrónicos en formato hipertexto se produce en julio de 1945. En ese año el director de la U.S. Government’s Office of Scientific Research and Devolopmet, de nombre Vannevar Bush y quien no tiene que ver absolutamente nada con los distintos presidentes de USA, publica en Atlantic Monthly el artículo “As we hay think”. En el mismo daba forma a un modelo informático (bautizado con el nombre de “Memex” -MEMory Extension-) que operaba del mismo modo que lo hace el cerebro. Es decir, no de una manera lineal sino a través de conexiones mediante asociación de conceptos.

Había nacido la idea de red en la comunicación. ​​Un poco más tarde, Douglas Engelbart, del Stanford Reserch Institute, ideó, ya entrado los años sesenta,  otro modelo informático siguiendo los parámetros de Bush. Y a éste le añadió herramientas tan imprescindibles actualmente como el ratón, los iconos gráficos y las ventanas. Aunque ninguno de los proyectos se llevó a la práctica, ambos fueron la base para que este último laboratorio, unos cuantos de años más tarde, creara el “NSL/Augement”. Este es el primer sistema para la creación de hipertextos concebido como extensión del intelecto humano. Había nacido la hipermedia. ​​Los términos hipertexto e hipermedia, sin embargo, fueron acuñados por Ted Nelson (Universidad de Brown) en 1965 en su artículo “A File Structure for the Complex, The Changing and the Indeterminante”.

Este artículo fue recogido, más tarde, en el libro Literary Machines (1981).  ​​Se definen ya los conceptos tal como lo utilizamos hoy en los siguientes términos: ​​La explicación más breve del hipertexto sería “escritura no secuencial”, o no lineal. Si se une a imágenes y sonidos [multimedia], se convierte en hipermedia. ​​Pero esto no es todo. El hipertexto debe permitir sobre todo el libre movimiento del usuario. Esto es lo esencial. El desarrollo de la hipermedia se realizará a partir de los años setenta.

​​Segunda etapa: la utopía de Xanadú en el origen de Internet

​​Y esta a su vez se divide en dos fases claramente diferenciadas. Así, tenemos que hablar, en este sentido, de dos generaciones de sistemas hipermedia:

​​1.- La primera, que ocupa los últimos años sesenta y la década de los setenta. Esta primera etapa está marcada por un proyecto ambicioso, Xanadu, con en el que se pretendía crear una magna biblioteca virtual de textos en forma hipertextual.  Xanudu se erige en símbolo de la creación artística y de la memoria, el lugar “donde nada será jamás olvidado”(Nelson). Xanadu pretende, así, convertirse en esa soñada Biblioteca Universal con cabida para todos los libros, todo el saber; estamos, en definitiva, ante uno de los anhelos más antiguos del ser humano desde la creación de la Biblioteca de Alejandría.

​​2.- La segunda generación, con el desarrollo de imágenes, animaciones y sonidos de alta calidad, comienza en la década de los ochenta y se articula de tal forma que permite al usuario un acceso fácil a la información ofrecida.​​Si bien todos estos proyectos, junto con el uso del disquete, el CR-ROM y, en fecha temprana, el D.V.D., y la posibilidad del traslado de archivos de un punto a otro, son y han sido importantes, el cambio más profundo ha llegado con la expansión de Internet, la red de redes. ​​

Tercera etapa: la creación de la www y comienza la gran historia de Internet

​​Resumimos:

​​1.- Internet nació como un proyecto de telecomunicaciones del Departamento de Defensa de los Estados Unidos en 1969. Lo que se pretendía era interconectar ordenadores entre sí para enviar comunicaciones cifradas y selladas. Esto es, el origen primitivo de Internet hay que buscarlo en un proyecto militar de inteligencia. El primer nombre fue DARPANET y lo formaban tan solo cuatro ordenadores.

​​2.- Este evolucionó hacia ARPANET que se disolvió en 1989, justo cuando comienza la gran fase de expansión de Internet, ya desvinculado de sus orígenes militares, para convertirse en la red de redes.

​​3.- Internet se basa en la descentralización y en la implantación del protocolo TCP/IP que permite el correo electrónico, los grupos de noticias o las transferencias de ficheros. Y todo ello con una facilidad de acceso desde cualquier punto con conexión a la red, rentable y eficaz. ​​

4.- Es en 1989, ya en una segunda fase desvinculada de su origen militar, cuando se desarrolla y se propone un sistema de transmisión que tiene como base el hipertexto y la hipermedia. Estamos hablando del World Wide Web (WWW), implantado en la red a partir de 1991. Hasta aquí el desarrollo del hipertexto, paralelo a la revolución electrónica en todos los órdenes. ​​

Ahora bien, si los cambios han sido tan evidentes que han transformado no solo la vida académica, al tener acceso a una cantidad ingente de información, sino que, además, está significando, incluso, un cambio en la manera de organizar el conocimiento. Estos mismos cambios son los que le sirven a los detractores del sistema para augurar un futuro casi apocalíptico basado en la exclusión y en la manipulación que puede devenir con el uso indebido de las nuevas tecnologías. Quizás el origen de Internet salido de la inteligencia militar contribuya a ello. ​​ ​

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Origen de Internet

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De todos los cambios que se produjeron a finales del siglo XV en Europa, hay uno que es vertebrador de todos los demás: la distinta concepción sobre el hombre en el Renacimiento a todos los niveles. Lo poco que nos ha llegado de los autores de la Edad Media nos muestra una sociedad teocéntrica, encerrada, guerrera y acosado por calamidades de todo tipo (desde la intransigencia, la inmovilidad hasta las luchas cruentas pasando por epidemias nefastas). Estas obras nos muestran una visión de la vida con las miras siempre puestas en el más allá. Este mundo, por tanto, se convierte en un valle de lágrimas, un paso hacia la gracia absoluta y únicamente importa la salvación del alma tras la muerte. Nada había en lo cotidiano que no invitara o poner los ojos en ese paraíso celestial e incorpóreo, ya que que lo de este plano ofrecía escasos alicientes. Todo eso cambia con la llegada del Renacimiento. Y el hombre se erige en la medida (literal) de todas las cosas a la par que se acepta el disfrute de la vida en la tierra como lo deseable. Vamos por partes para entender mejor este concepto. 

1.- Antropocentrismo, eje sobre el que gira el hombre en el Renacimiento 

Aún siendo Europa eminentemente cristiana, la cosmovisión religiosa cambia a finales del siglo XV e, incluso, un poco antes en lugares de Italia. El hombre comienza a ser la medida de todas las cosas de este mundo. La creación, por tanto, comienza a ser considerada como un regalo o don por parte de la divinidad para disfrutar de ella. A partir de aquí da comienzo el camino de la felicidad, concepto que empieza a tener auge después de los años oscuros, tristes y repletos de penalidades de la época anterior y que nos ha llegado a través de las crónicas y la literatura medieval

Paralelamente, la política en el Renacimiento va cambiando progresivamente mermando el poder de los señores feudales y, con ello, se posibilitan periodos más largos de paz. Las guerras son desplazadas por las intrigas cortesanas o los chismes de las cortes y palacios que se llenan de refinamiento y cultura. Con ello, la humanidad comienza a disfrutar de esos dones sin el sentimiento de culpa (o de pecado) que había caracterizado los siglos anteriores. En el mismo orden de cosas, la naturaleza se convierte en refugio de paz y de inspiración. Aparece, a continuación, el concepto del amor mundano (aunque platonizado). La mujer (ya que aún estamos en una sociedad androcéntrica) se concibe en su carnalidad más allá del canto meramente espiritual y anímico que había predominado en los siglos anteriores. Todo ello forma una combinación novedosa que desemboca en esa idea de antropocentrismo en el que Dios se va desplazando progresivamente para ir ocupando esas esferas por una humanidad deseosa de cambio.  

2.- El hombre en el Renacimiento descubre la antigüedad clásica 

Paralelamente, a esta concepción se van descubriendo los mitos y la literatura griega o latina. En las páginas de los libros medievales que empiezan a imprimirse aparece un mundo pagano de dioses que se mezclan con los hombres, que tienen hijos con los mortales y que están maldecidos con los mismo vicios que la humanidad. En estos textos se despliega una naturaleza que sea alinea con todo lo viviente y que está puesta para el disfrute de las criaturas vivas. Con todas estas ideas, el concepto de valle de lágrimas  va quedando aparcado. Y el disfrute terreno va cobrando fuerza (sin olvidar las ideas cristianas) hasta desembocar en un hedonismo sereno y elegante que no se había conocido en Europa. Por tanto, Ya no será Dios el que acapare cada centímetro de universo sino que hay un deseo de convertir todo lo creado a la medida pequeña de la criatura humana. En este sentido, por poner solo uno de los más famosos, se explican los dibujos con las proporciones y escalas del hombre de Leonardo da Vinci. 

3.- El hombre en el Renacimiento se apunta al avance del conocimiento

Y se hace en todos los aspectos y en todos los sentidos. El Renacimiento en España se inaugura casi con tres grandes hitos: la homogeneización que supone la toma de Granada, el descubrimiento de América y la carta de naturaleza del castellano como lengua de cultura con la Gramática de Antonio de Nebrija. Todo ello sucedió en 1492. Y sin riesgo a equivocarme mucho, se puede afirmar que en esta fecha comienza el Renacimiento en España. Algunos de estos logros no habrían tenido eco si detrás no estuvieran avances científicos. Si la ingeniería naval se desarrolla hasta el punto de permitir empresas antes inconcebibles, lo que supuso un antes y un después fue la invención de la imprenta a mediados del siglo XV que rápidamente se reprodujo por todos los rincones de Europa. Con ella se aumentaron exponencialmente el número de obras a disposición de un público que iba abandonando el analfabetismo crónico. Y, además, alimentó a las nuevas oleadas de estudiantes que se formaban en las incipientes universidades europeas. 

4.- Para el hombre en el Renacimiento la vida, por tanto, ya no es un valle de lágrima y aparece el hedonismo 

En este sentido, se da permiso para crear deliciosos jardines, cómodos palacios o festejar cualquier cosa. El antropocentrismo va dando paso progresivamente a un hedonismo vital que va empapando todas las esferas de las artes y la existencia. También es el acicate para el avance económico, ya que los recursos se concentran para bien del hombre y de la humanidad, aunque las luchas, guerras y enfrentamientos siguieron existiendo. Eso no quita para que los periodos de paz fueran más largos que los medievales. Por tanto, no solo no se destruía lo creado sino que daba tiempo a mejorar lo existente. Todo ello en aras de hacer un aquí y un ahora más vivible. 

5.- La belleza, la naturaleza y la mujer (androcentrismo) como forma de llegar a Dios

Aunque una de las principales características del Renacimiento literario o artístico es colocar al hombre en el centro del Universo, no debemos entender aún ese “hombre” como representante de la Humanidad. La mujer aún no ha adquirido un papel predominante a pesar de la visibilidad de algunas reinas (Isabel de Castilla) o artistas (Santa Teresa de Jesús, representante de la mística). Más bien, eran tenidos como puente que une el mundo profano cotidiano con el de la belleza que es también divina. En este sentido, actúa como la naturaleza en ese camino de la felicidad que permite ver los grandes dones de Dios. Es, por tanto, medio o puente, no fin último.  

6.- Las teorías de Erasmo en la concepción del hombre en el Renacimiento 

Las grandes ideas siempre están en el aire. Si Lutero rompe con la tradición católica negando la autoridad papel, Erasmo lleva esta revolución de otra manera. Entiende que los textos sagrados han sido corrompidos en su lectura y que esta ha sido sesgada para beneficiar a una curia y a un papado corrupto que, en la época, se entretenía con los goces terrenales más que con los divinos. Por eso defiende nuevas traducciones a las lenguas vulgares de los textos sagrados con el fin de acercarlo al origen. Todo ello no sería posible sin ese avance tecnológico y económico que propició el desarrollo de la imprenta y, con ella, los estudios del latín en las nuevas universidades.  

7.- Monarquía frente a señores feudales como cambio 

La política en el Renacimiento gira en torno a la concentración de poder de las cabezas coronadas con respecto a los señores feudales. Todo ello tiene implicación en el ámbito de la economía (al concentrar más riquezas) pero también en las esferas de las ideas. Se hace necesario homogeneizar en diferentes sentidos: políticos, sociales, legales, lingüísticos… Paralelamente, se ve a la humanidad como un todo semejante en su ámbito espiritual. Con ello se ponen las bases para una incipiente justicia social al considerarse que el alma del señor no vale más que la de un pobre ciudadano. Aunque bajo nuestra cosmovisión  esto parece evidente, no lo era para la de la época feudal gobernada, a veces, por crueles y caprichosos caciques.  

8.- El hombre en el Renacimiento está transformado por la incipiente burguesía 

Desde los campos y las murallas cerradas de los castillos se van abriendo nuevos burgos y pequeñas ciudades. Estas se llenan con profesionales de oficios distintos al de la ganadería o la agricultura. Nacen, a continuación, los gremios (que comienzan a agruparse para defender sus derechos o darse apoyo) y una nueva clase que enarbola la bandera de la libertad. Ya no sirven a un señor al cual encomiendan (en todos los sentidos) sus vidas, sino que en cada artesano, en cada artista, en cada profesional independiente (canteros, aparejadores, médicos, farmacéuticos o escribanos) hay una persona que se sabe única e independiente. A la par, este sistema social engendra mayor desarrollo económico, con lo cual la rueda de la libertad no para de retroalimentarse constantemente. Este nuevo orden social (acompañado del mayor poder real que gobierna de forma homogénea) va a influir de manera importante en la cosmovisión del hombre en el Renacimiento. 

9.- El número cinco en el hombre de Vitruvio

Simbolización perfecta del espíritu de la época y de lo que supuso el hombre en el Renacimiento es la medida representado por el hombre de Vitrubio de Leonardo da Vinci. El cinco es considerado, en simbología, el número del hombre, cinco son los dedos de la mano y cinco son los puntos (contando la cabeza) que se proponen en esa famosa ilustración. Con el cinco se dice del hacer, de la capacidad de transformación y de progreso. El cinco supone el cambio y la manera que el ser humano tiene de modificar la realidad dada. Ya no se deja todo a la providencia divina sino que tenemos entre nuestros dedos la posibilidad de crear un mundo distinto, aunque eso no signifique olvidar los principios del cristianismo. Por eso, esa ilustración se ha convertido en el símbolo perfecto de una época.  

10.- El hombre en el Renacimiento busca la perfección en las artes

Y en la naturaleza que pretende domeñar creando jardines ordenados donde el caos no existe. En el mismo sentido, se recupera de la tradición clásica el número áureo que se utiliza para crear edificios sobrios y elegantes a la par que se acometen algunas reformas urbanísticas en este sentido. A la proporción, se une la perspectiva que da ese aspecto tridimensional a las obras de la época. La belleza, por tanto, se convierte en fuente de felicidad y el arte va a ayudar a conseguir ambas cosas. 

En definitiva, el hombre en el Renacimiento es el artífice del cambio esencial que se da en la segunda mitad del siglo XV en Europa. Con esta cosmovisión se cierra la Edad Media tan enconsertada, pobre, inculta y acechada por tantas calamidades que solo puede poner los ojos en el más allá, tal es la cantidad de guerras, hambrunas y pestes alrededor. Con el nuevo orden que inaugura la Edad Moderna se desarrollan inventos que facilitan la vida generando ideas filosóficas transformadoras. La humanidad, avalada por estos avances, comienza a tomar las riendas tanto de su propio destino como del progreso material y se niega a abandonarse a deseos inescrutables de la divinidad.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

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Damos un repaso a los grandes hitos históricos y nos adentramos en todas las culturas que ha habido sobre el planeta Tierra. 

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De todos los cambios que se produjeron a finales del siglo XV en Europa, hay uno que es vertebrador de todos los demás: la distinta concepción sobre el hombre en el Renacimiento a todos los niveles. Lo poco que nos ha llegado de los autores de la Edad Media nos muestra una sociedad teocéntrica, encerrada, guerrera y acosado por calamidades de todo tipo (desde la intransigencia, la inmovilidad hasta las luchas cruentas pasando por epidemias nefastas). Estas obras nos muestran una visión de la vida con las miras siempre puestas en el más allá. Este mundo, por tanto, se convierte en un valle de lágrimas, un paso hacia la gracia absoluta y únicamente importa la salvación del alma tras la muerte. Nada había en lo cotidiano que no invitara o poner los ojos en ese paraíso celestial e incorpóreo, ya que que lo de este plano ofrecía escasos alicientes. Todo eso cambia con la llegada del Renacimiento. Y el hombre se erige en la medida (literal) de todas las cosas a la par que se acepta el disfrute de la vida en la tierra como lo deseable. Vamos por partes para entender mejor este concepto. 

1.- Antropocentrismo, eje sobre el que gira el hombre en el Renacimiento 

Aún siendo Europa eminentemente cristiana, la cosmovisión religiosa cambia a finales del siglo XV e, incluso, un poco antes en lugares de Italia. El hombre comienza a ser la medida de todas las cosas de este mundo. La creación, por tanto, comienza a ser considerada como un regalo o don por parte de la divinidad para disfrutar de ella. A partir de aquí da comienzo el camino de la felicidad, concepto que empieza a tener auge después de los años oscuros, tristes y repletos de penalidades de la época anterior y que nos ha llegado a través de las crónicas y la literatura medieval

Paralelamente, la política en el Renacimiento va cambiando progresivamente mermando el poder de los señores feudales y, con ello, se posibilitan periodos más largos de paz. Las guerras son desplazadas por las intrigas cortesanas o los chismes de las cortes y palacios que se llenan de refinamiento y cultura. Con ello, la humanidad comienza a disfrutar de esos dones sin el sentimiento de culpa (o de pecado) que había caracterizado los siglos anteriores. En el mismo orden de cosas, la naturaleza se convierte en refugio de paz y de inspiración. Aparece, a continuación, el concepto del amor mundano (aunque platonizado). La mujer (ya que aún estamos en una sociedad androcéntrica) se concibe en su carnalidad más allá del canto meramente espiritual y anímico que había predominado en los siglos anteriores. Todo ello forma una combinación novedosa que desemboca en esa idea de antropocentrismo en el que Dios se va desplazando progresivamente para ir ocupando esas esferas por una humanidad deseosa de cambio.  

2.- El hombre en el Renacimiento descubre la antigüedad clásica 

Paralelamente, a esta concepción se van descubriendo los mitos y la literatura griega o latina. En las páginas de los libros medievales que empiezan a imprimirse aparece un mundo pagano de dioses que se mezclan con los hombres, que tienen hijos con los mortales y que están maldecidos con los mismo vicios que la humanidad. En estos textos se despliega una naturaleza que sea alinea con todo lo viviente y que está puesta para el disfrute de las criaturas vivas. Con todas estas ideas, el concepto de valle de lágrimas  va quedando aparcado. Y el disfrute terreno va cobrando fuerza (sin olvidar las ideas cristianas) hasta desembocar en un hedonismo sereno y elegante que no se había conocido en Europa. Por tanto, Ya no será Dios el que acapare cada centímetro de universo sino que hay un deseo de convertir todo lo creado a la medida pequeña de la criatura humana. En este sentido, por poner solo uno de los más famosos, se explican los dibujos con las proporciones y escalas del hombre de Leonardo da Vinci. 

3.- El hombre en el Renacimiento se apunta al avance del conocimiento

Y se hace en todos los aspectos y en todos los sentidos. El Renacimiento en España se inaugura casi con tres grandes hitos: la homogeneización que supone la toma de Granada, el descubrimiento de América y la carta de naturaleza del castellano como lengua de cultura con la Gramática de Antonio de Nebrija. Todo ello sucedió en 1492. Y sin riesgo a equivocarme mucho, se puede afirmar que en esta fecha comienza el Renacimiento en España. Algunos de estos logros no habrían tenido eco si detrás no estuvieran avances científicos. Si la ingeniería naval se desarrolla hasta el punto de permitir empresas antes inconcebibles, lo que supuso un antes y un después fue la invención de la imprenta a mediados del siglo XV que rápidamente se reprodujo por todos los rincones de Europa. Con ella se aumentaron exponencialmente el número de obras a disposición de un público que iba abandonando el analfabetismo crónico. Y, además, alimentó a las nuevas oleadas de estudiantes que se formaban en las incipientes universidades europeas. 

4.- Para el hombre en el Renacimiento la vida, por tanto, ya no es un valle de lágrima y aparece el hedonismo 

En este sentido, se da permiso para crear deliciosos jardines, cómodos palacios o festejar cualquier cosa. El antropocentrismo va dando paso progresivamente a un hedonismo vital que va empapando todas las esferas de las artes y la existencia. También es el acicate para el avance económico, ya que los recursos se concentran para bien del hombre y de la humanidad, aunque las luchas, guerras y enfrentamientos siguieron existiendo. Eso no quita para que los periodos de paz fueran más largos que los medievales. Por tanto, no solo no se destruía lo creado sino que daba tiempo a mejorar lo existente. Todo ello en aras de hacer un aquí y un ahora más vivible. 

5.- La belleza, la naturaleza y la mujer (androcentrismo) como forma de llegar a Dios

Aunque una de las principales características del Renacimiento literario o artístico es colocar al hombre en el centro del Universo, no debemos entender aún ese “hombre” como representante de la Humanidad. La mujer aún no ha adquirido un papel predominante a pesar de la visibilidad de algunas reinas (Isabel de Castilla) o artistas (Santa Teresa de Jesús, representante de la mística). Más bien, eran tenidos como puente que une el mundo profano cotidiano con el de la belleza que es también divina. En este sentido, actúa como la naturaleza en ese camino de la felicidad que permite ver los grandes dones de Dios. Es, por tanto, medio o puente, no fin último.  

6.- Las teorías de Erasmo en la concepción del hombre en el Renacimiento 

Las grandes ideas siempre están en el aire. Si Lutero rompe con la tradición católica negando la autoridad papel, Erasmo lleva esta revolución de otra manera. Entiende que los textos sagrados han sido corrompidos en su lectura y que esta ha sido sesgada para beneficiar a una curia y a un papado corrupto que, en la época, se entretenía con los goces terrenales más que con los divinos. Por eso defiende nuevas traducciones a las lenguas vulgares de los textos sagrados con el fin de acercarlo al origen. Todo ello no sería posible sin ese avance tecnológico y económico que propició el desarrollo de la imprenta y, con ella, los estudios del latín en las nuevas universidades.  

7.- Monarquía frente a señores feudales como cambio 

La política en el Renacimiento gira en torno a la concentración de poder de las cabezas coronadas con respecto a los señores feudales. Todo ello tiene implicación en el ámbito de la economía (al concentrar más riquezas) pero también en las esferas de las ideas. Se hace necesario homogeneizar en diferentes sentidos: políticos, sociales, legales, lingüísticos… Paralelamente, se ve a la humanidad como un todo semejante en su ámbito espiritual. Con ello se ponen las bases para una incipiente justicia social al considerarse que el alma del señor no vale más que la de un pobre ciudadano. Aunque bajo nuestra cosmovisión  esto parece evidente, no lo era para la de la época feudal gobernada, a veces, por crueles y caprichosos caciques.  

8.- El hombre en el Renacimiento está transformado por la incipiente burguesía 

Desde los campos y las murallas cerradas de los castillos se van abriendo nuevos burgos y pequeñas ciudades. Estas se llenan con profesionales de oficios distintos al de la ganadería o la agricultura. Nacen, a continuación, los gremios (que comienzan a agruparse para defender sus derechos o darse apoyo) y una nueva clase que enarbola la bandera de la libertad. Ya no sirven a un señor al cual encomiendan (en todos los sentidos) sus vidas, sino que en cada artesano, en cada artista, en cada profesional independiente (canteros, aparejadores, médicos, farmacéuticos o escribanos) hay una persona que se sabe única e independiente. A la par, este sistema social engendra mayor desarrollo económico, con lo cual la rueda de la libertad no para de retroalimentarse constantemente. Este nuevo orden social (acompañado del mayor poder real que gobierna de forma homogénea) va a influir de manera importante en la cosmovisión del hombre en el Renacimiento. 

9.- El número cinco en el hombre de Vitruvio

Simbolización perfecta del espíritu de la época y de lo que supuso el hombre en el Renacimiento es la medida representado por el hombre de Vitrubio de Leonardo da Vinci. El cinco es considerado, en simbología, el número del hombre, cinco son los dedos de la mano y cinco son los puntos (contando la cabeza) que se proponen en esa famosa ilustración. Con el cinco se dice del hacer, de la capacidad de transformación y de progreso. El cinco supone el cambio y la manera que el ser humano tiene de modificar la realidad dada. Ya no se deja todo a la providencia divina sino que tenemos entre nuestros dedos la posibilidad de crear un mundo distinto, aunque eso no signifique olvidar los principios del cristianismo. Por eso, esa ilustración se ha convertido en el símbolo perfecto de una época.  

10.- El hombre en el Renacimiento busca la perfección en las artes

Y en la naturaleza que pretende domeñar creando jardines ordenados donde el caos no existe. En el mismo sentido, se recupera de la tradición clásica el número áureo que se utiliza para crear edificios sobrios y elegantes a la par que se acometen algunas reformas urbanísticas en este sentido. A la proporción, se une la perspectiva que da ese aspecto tridimensional a las obras de la época. La belleza, por tanto, se convierte en fuente de felicidad y el arte va a ayudar a conseguir ambas cosas. 

En definitiva, el hombre en el Renacimiento es el artífice del cambio esencial que se da en la segunda mitad del siglo XV en Europa. Con esta cosmovisión se cierra la Edad Media tan enconsertada, pobre, inculta y acechada por tantas calamidades que solo puede poner los ojos en el más allá, tal es la cantidad de guerras, hambrunas y pestes alrededor. Con el nuevo orden que inaugura la Edad Moderna se desarrollan inventos que facilitan la vida generando ideas filosóficas transformadoras. La humanidad, avalada por estos avances, comienza a tomar las riendas tanto de su propio destino como del progreso material y se niega a abandonarse a deseos inescrutables de la divinidad.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

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A finales del siglo XV, con los Reyes Católicos en el trono, la anexión de Granada para la causa cristiana, las expediciones marítimas y la expansión de la imprenta con todo lo que ello supone comienza el Renacimiento en España. Atrás quedan los condicionantes culturales medievales centrados en el latín como lengua de cultura y religiosa, el aislamiento en todos los sentidos o la escasez de obras escritas que suponían los libros medievales manuscritos. Si bien la política en el Renacimiento pone las bases para un orden nuevo, también se genera en toda Europa una avance incipiente de la ciencia y de todo tipo de estudios. Estos se ven favorecidos no solo por la implantación en casi todas las ciudades de importancia de la imprenta, la cual multiplica exponencialmente el número de obras en circulación, sino también por las nuevas universidades y por el aumento de las personas letradas y de la riqueza económica. Todo ello genera una explosión de ideas que reclaman más libertad de pensamiento y otra cosmovisión vital. Reconociendo que el resumen es siempre simplificador, el Renacimiento en España se caracteriza por lo siguiente. 

1.- El Renacimiento en España comienza con una monarquía absoluta y una administración centralizada  

Y las bases se comentan con los Reyes Católicos que anexan no solo el reino nazarí de Granada (el último musulmán de la península) sino que también ven la necesidad (desde la cosmovisión de la época) de una homogeneización cultural, lingüística y de fueros. Con la acumulación de poder en manos de los monarcas los nobles feudales paulatinamente dejan de entretenerse en todas aquellas guerras y luchas fratricidas (que reflejan los cantares de gesta) y el superávit económico lo invierten en cultura, en arquitectura o en otro tipo de empresas rentables, novedosas e, incluso, arriesgadas.  

2.- La primera consecuencia de todo ello es un aumento de liquidez que permite acometer emprendimientos más ambiciosos

Al centralizarse los tributos, diezmos e impuestos en una sola administración, se da el caso de que se dispone de más riqueza (o liquidez) que permiten iniciativas de más calado y envergadura. Estas pueden ser la construcción de una universidad, de un hospicio, o la promoción de aventuras que llevan a descubrir nuevas tierras a ojos europeos. 

Todo ello va a la par del desarrollo de una incipiente burguesía que comienza a agolparse en ciudades o burgos cada vez más poblados. La vida campesina medieval, con una economía de subsistencia, da paso a nuevos gremios de artesanos que posibilitan avances tecnológicos, construcciones más grandes y oficios hasta entonces desconocidos. En este orden social, se crean agrupaciones o hermandades que reclaman siempre más libertad y otra forma de entender la vida. El recorte de los niveles alarmantes de analfabetismo que había caracterizado la época medieval y una mayor disposición de libros en circulación completan el caldo de cultivo para un nuevo orden en toda Europa.  

3.- Se puede decir que el Renacimiento en España comienza con la llegada a las tierras americanas 

Cristobal Colón estudió los mapas creados por comerciantes y aventureros que se atrevieron a adentrarse en mares desconocidos. Estos ya dejaron de ser un secreto casi (aunque tampoco estaban a la vista del público general). El afán por desprenderse de la vida medieval está también en la búsqueda de nuevas rutas marítimas aunque los resultados no fueran los esperados al principio. Puede decirse que en el aire de la época se respiraba un deseo por saber, por entender, por ver qué había más allá y eso hace que se trastoquen otros órdenes vitales. Si en Italia ese afán se concentró en el estudio de la historia, filosofía o literatura griega y romana, en España (bajo el mecenazgo especialmente de Isabel de Castilla) tomó (literal) otros rumbos. 

4.- Como en Europa, el Renacimiento en España va vinculado a la creación de las nuevas universidades

Los monasterios medievales con sus scriptorias donde se copiaban libros antiguos en un proceso caro, lento y poco productivo dejan de tener sentido. Los nuevos tiempos requieren de estudios distintos y de otra forma de acercarse al conocimiento. El aumento de la riqueza y la centralización hacen el resto y es posible, por tanto, levantar nuevos templos del saber por todo el territorio español. Por eso, se van inaugurando nuevas universidades a un ritmo creciente. A las ya existentes de Salamanca, Valladolid o Alcalá de Henares se unen nuevos claustros en Barcelona (1450), Valencia (1499), Sevilla (1505), Granada (1531) y Zaragoza (1542). Prácticamente hay un centro en los distintos puntos de la nación. Todo ello hace posible que aumente el número de estudiantes, profesores o investigadores que se interesan por temas diversos que van desde la geografía, farmacopea o medicina hasta el estudio de las antiguas fórmulas artísticas que desembocan en la revolución cultural que anticipan los grandes Siglos de Oro. 

5.-En España hay una influencia del Renacimiento italiano  

Que se transparenta en las artes con su nuevas fórmulas alejadas del encasillamiento medieval. Además, a través de los intercambios políticos, llegan a distintos puntos del país personalidades penetrantes (al parecer, hasta el mismísimo Cristóbal Colón) con ideas rompedoras que trastocan todos los órdenes. También hay que anotar que las principales características del Renacimiento literario tienen un sustrato importante (por no decir copia) de lo que se hacía en las exquisitas cortes nobiliarias de Florencia, Roma, Siena o Padua. 

6.- El Erasmismo en España 

Las ideas humanistas comenzaron a calar entre las élites intelectuales con el reinado de Carlos I (y la creación de nuevas universidades recordemos). Erasmo de Rotterdam, como Lutero, proponía una vuelta a los principios básicos del Evangelio que, a su parecer, fueron corrompidos, tal como denunciaron, por las prácticas de la curia medieval y, especialmente, por el papado. Aunque Erasmo nunca llegó al cisma de Lutero sí pedía una “reforma” del cristianismo que pasaba por nuevas traducciones y lecturas de los textos sagrados. Ni que decir tiene que este acto suponía arrogarse una libertad individual (la misma que caracteriza la época) que chocaba con los intereses de la Inquisición. Aunque las ideas de Erasmo tuvieron cabida entre esta élite intelectual únicamente, los poderes eclesiásticos se encargaron de purgar a sus principales defensores, poniendo los cimientos para la Contrarreforma que tomó cuerpo con Felipe II y que cercenó estas ideas aperturistas.  

7.- El Renacimiento en España, el antropocentrismo y confianza en las propias posibilidades 

Paralelamente, a la revisión de los textos sagrados se dan a conocer todas las obras clásicas que  estaban ocultas en las alacenas de los monasterios medievales. Se traducen a las lenguas vulgares, se hacen ediciones filológicas, comentarios y estudios por parte de esa tropa de investigadores que se parapetaban en los nuevos claustros universitarios. La poesía, la historia o el teatro clásico entran a formar parte de los nuevos programas académicos y, con ellos, una nueva forma de entender el mundo y vivir en él. Así, a la idea religiosa que encontramos en la mayoría de los autores de la Edad Media basada en Dios como eje del mundo del que nada se puede hacer contra sus designios, se enfrenta el novedoso antropocentrismo.  

El ser humano, en definitiva, se vuelve la medida del universo. Todo lo creado, por tanto, está para el disfrute intelectual, espiritual, físico o sensual de las criaturas humanas y no se niega la felicidad en este plano. El hombre (sin obviar los principios cristianos) tiene en sus manos el progreso individual o social y se niega el abandono ante la Providencia que había caracterizado la Edad Media. Todo ello propicia un espíritu positivo basado en la certeza de progreso y en las posibilidades humanas. Símbolo de esta forma de afrontar la realidad son las nuevas fórmulas de proporciones arquitectónicas basadas en el número áureo.  

Vinculado con la anterior se da un culto a la inteligencia, a los estudios, a la formación que propiciará también un avance. Ya no estará todo en manos de Dios sino que en la humanidad recae la responsabilidad de su propia felicidad. Para ello, se encumbra la formación, la investigación y el estudio que, de una manera u otra, repercutirá, en pocas décadas, en una mejora de las condiciones de vida a todos los niveles. 

8.- El Renacimiento en España abandona, por tanto, las ideas medievales de la vida como un valle de lágrimas 

La felicidad está en el aquí y el ahora y el cielo o el infierno pueden esperar. No se entiende la existencia terrenal como un mero paso o trámite para alcanzar la gloria sino que la felicidad puede darse aquí y ahora. Esto no significa un desenfreno o un olvido de las costumbres cristianas más arraigadas sino otra visión que implica el agradecimiento por los dones divinos recibidos. La naturaleza se vuelve fuente de placer o refugio ante las tribulaciones cotidianas. Por su parte, el arte (de todos los géneros y disciplinas) se reviste de una nueva función: la de aportar felicidad a través de la belleza. En un mundo aún androcéntrico, la mujer va a tener el mismo papel y su figura se ensalza en pinturas o poemas. El amor profano y entre humanos, por tanto, se considera fuente de bienestar y es un don al que se aspira más allá de la religiosidad o veneración mariana (como los Milagros de Nuestra Señora por ejemplo) de la época medieval. 

9.- El Renacimiento en España tiene un fuerte carácter realista 

Y todo ello a pesar del idealismo que caracteriza la época y que se transparenta en todos los ámbitos desde el arte hasta esa creencia infinita en las posibilidades humanas. Unido a la perfección formal, a la proporción adecuada, a la búsqueda de una naturaleza amable que es reposo para el alma o encuentro de un amor nuevo en Occidente, el idealismo se materializa en la literatura renacentista. En poesía, por dar una pincelada en este sentido, se ensalza la felicidad y relaciones platónicas. También lo encontramos en la formalidad arquitectónica y en distintos ámbitos creativos. Por contra, en España este idealismo estará siempre barnizado o tamizado de un realismo que, a veces, muestra la cara más cruel. En este sentido y por seguir en literatura, tenemos el ejemplo de La Celestina o de la original novela picaresca. 

10.- Nos encontramos una vuelta a los mitos paganos y, a continuación, la Contrarreforma  

El avance de los estudios universitarios propicia un mayor conocimiento de la lengua y la cultura latina, tal como ya se ha apuntado. Y con ello, se despliega todo un mundo distinto al medieval en el que una legión de dioses paganos y criaturas híbridas interactúan con naturalidad casi con los seres humanos. Esa vida en la que  la naturaleza es amable, los deseos son aceptados y las costumbres desprendidas chocaba con la cosmovisión medieval y sedujo a los artistas renacentistas. Por contra, la Contrarreforma que se abrirá a continuación, se encarga de dar mayor poder a la Inquisición, la cual se afanó por perseguir cualquier pensamiento disidente que pudiera poner en peligro el orden imperante. 

11.- El Renacimiento en España se vertebra alrededor del castellano

Si bien el conocimiento del latín se afianza con nuevos estudios filológicos, la intelectualidad de la época es consciente de que el nuevo orden que se abre ante sus ojos tiene que girar alrededor de las lenguas vulgares. El castellano en el siglo XV ya está totalmente formado y diferenciado del latín. A la par, es el idioma de la administración centralizada, de la literatura que se va creando, de las cartas diplomáticas y de parte del comercio internacional. Consciente de la importancia del idioma como factor unificador de distintos pueblos, la misma reina amadrina la Gramática de Antonio de Nebrija, la primera en una lengua vulgar que intenta dejar sentadas las bases del “bien decir”. La misma servirá como estudio y manual para hacerse entender ante los nuevos pueblos que se descubrirán a partir del mismo año de su publicación (1492) allende los mares. 

12.- En el plano artístico el Renacimiento en España tiene sus peculiaridades

Y son tan diferentes entre sí que aún mantienen entretenidos a los estudiosos. Por un lado, ese realismo que es característico en la literatura en castellano toma sus cotas más altas con las crudas novelas picarescas que dan debida cuenta de la forma de vida de personajes que se encuentran en el límite de lo socialmente establecido. Por otro lado, el idealismo de la época no solo continúa con las novelas de caballería sino que desemboca en las más excelsas obras europeas de la mística con San Juan de la Cruz (en poesía) y Santa Teresa de Jesús (en prosa) a la cabeza. Aún así, eso será bien avanzado el siglo XVI cuando la nueva corriente se va diluyendo en otra cosmovisión distinta. 

En definitiva, el Renacimiento en España, a pesar de su influencia del italiano, por las peculiaridades de la política o de los eventos propios del país, tuvo unas características ligeramente distintas a las más comunes del resto de Europa. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Damos un repaso a los grandes hitos históricos y nos adentramos en todas las culturas que ha habido sobre el planeta Tierra. 

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A finales del siglo XV, con los Reyes Católicos en el trono, la anexión de Granada para la causa cristiana, las expediciones marítimas y la expansión de la imprenta con todo lo que ello supone comienza el Renacimiento en España. Atrás quedan los condicionantes culturales medievales centrados en el latín como lengua de cultura y religiosa, el aislamiento en todos los sentidos o la escasez de obras escritas que suponían los libros medievales manuscritos. Si bien la política en el Renacimiento pone las bases para un orden nuevo, también se genera en toda Europa una avance incipiente de la ciencia y de todo tipo de estudios. Estos se ven favorecidos no solo por la implantación en casi todas las ciudades de importancia de la imprenta, la cual multiplica exponencialmente el número de obras en circulación, sino también por las nuevas universidades y por el aumento de las personas letradas y de la riqueza económica. Todo ello genera una explosión de ideas que reclaman más libertad de pensamiento y otra cosmovisión vital. Reconociendo que el resumen es siempre simplificador, el Renacimiento en España se caracteriza por lo siguiente. 

1.- El Renacimiento en España comienza con una monarquía absoluta y una administración centralizada  

Y las bases se comentan con los Reyes Católicos que anexan no solo el reino nazarí de Granada (el último musulmán de la península) sino que también ven la necesidad (desde la cosmovisión de la época) de una homogeneización cultural, lingüística y de fueros. Con la acumulación de poder en manos de los monarcas los nobles feudales paulatinamente dejan de entretenerse en todas aquellas guerras y luchas fratricidas (que reflejan los cantares de gesta) y el superávit económico lo invierten en cultura, en arquitectura o en otro tipo de empresas rentables, novedosas e, incluso, arriesgadas.  

2.- La primera consecuencia de todo ello es un aumento de liquidez que permite acometer emprendimientos más ambiciosos

Al centralizarse los tributos, diezmos e impuestos en una sola administración, se da el caso de que se dispone de más riqueza (o liquidez) que permiten iniciativas de más calado y envergadura. Estas pueden ser la construcción de una universidad, de un hospicio, o la promoción de aventuras que llevan a descubrir nuevas tierras a ojos europeos. 

Todo ello va a la par del desarrollo de una incipiente burguesía que comienza a agolparse en ciudades o burgos cada vez más poblados. La vida campesina medieval, con una economía de subsistencia, da paso a nuevos gremios de artesanos que posibilitan avances tecnológicos, construcciones más grandes y oficios hasta entonces desconocidos. En este orden social, se crean agrupaciones o hermandades que reclaman siempre más libertad y otra forma de entender la vida. El recorte de los niveles alarmantes de analfabetismo que había caracterizado la época medieval y una mayor disposición de libros en circulación completan el caldo de cultivo para un nuevo orden en toda Europa.  

3.- Se puede decir que el Renacimiento en España comienza con la llegada a las tierras americanas 

Cristobal Colón estudió los mapas creados por comerciantes y aventureros que se atrevieron a adentrarse en mares desconocidos. Estos ya dejaron de ser un secreto casi (aunque tampoco estaban a la vista del público general). El afán por desprenderse de la vida medieval está también en la búsqueda de nuevas rutas marítimas aunque los resultados no fueran los esperados al principio. Puede decirse que en el aire de la época se respiraba un deseo por saber, por entender, por ver qué había más allá y eso hace que se trastoquen otros órdenes vitales. Si en Italia ese afán se concentró en el estudio de la historia, filosofía o literatura griega y romana, en España (bajo el mecenazgo especialmente de Isabel de Castilla) tomó (literal) otros rumbos. 

4.- Como en Europa, el Renacimiento en España va vinculado a la creación de las nuevas universidades

Los monasterios medievales con sus scriptorias donde se copiaban libros antiguos en un proceso caro, lento y poco productivo dejan de tener sentido. Los nuevos tiempos requieren de estudios distintos y de otra forma de acercarse al conocimiento. El aumento de la riqueza y la centralización hacen el resto y es posible, por tanto, levantar nuevos templos del saber por todo el territorio español. Por eso, se van inaugurando nuevas universidades a un ritmo creciente. A las ya existentes de Salamanca, Valladolid o Alcalá de Henares se unen nuevos claustros en Barcelona (1450), Valencia (1499), Sevilla (1505), Granada (1531) y Zaragoza (1542). Prácticamente hay un centro en los distintos puntos de la nación. Todo ello hace posible que aumente el número de estudiantes, profesores o investigadores que se interesan por temas diversos que van desde la geografía, farmacopea o medicina hasta el estudio de las antiguas fórmulas artísticas que desembocan en la revolución cultural que anticipan los grandes Siglos de Oro. 

5.-En España hay una influencia del Renacimiento italiano  

Que se transparenta en las artes con su nuevas fórmulas alejadas del encasillamiento medieval. Además, a través de los intercambios políticos, llegan a distintos puntos del país personalidades penetrantes (al parecer, hasta el mismísimo Cristóbal Colón) con ideas rompedoras que trastocan todos los órdenes. También hay que anotar que las principales características del Renacimiento literario tienen un sustrato importante (por no decir copia) de lo que se hacía en las exquisitas cortes nobiliarias de Florencia, Roma, Siena o Padua. 

6.- El Erasmismo en España 

Las ideas humanistas comenzaron a calar entre las élites intelectuales con el reinado de Carlos I (y la creación de nuevas universidades recordemos). Erasmo de Rotterdam, como Lutero, proponía una vuelta a los principios básicos del Evangelio que, a su parecer, fueron corrompidos, tal como denunciaron, por las prácticas de la curia medieval y, especialmente, por el papado. Aunque Erasmo nunca llegó al cisma de Lutero sí pedía una “reforma” del cristianismo que pasaba por nuevas traducciones y lecturas de los textos sagrados. Ni que decir tiene que este acto suponía arrogarse una libertad individual (la misma que caracteriza la época) que chocaba con los intereses de la Inquisición. Aunque las ideas de Erasmo tuvieron cabida entre esta élite intelectual únicamente, los poderes eclesiásticos se encargaron de purgar a sus principales defensores, poniendo los cimientos para la Contrarreforma que tomó cuerpo con Felipe II y que cercenó estas ideas aperturistas.  

7.- El Renacimiento en España, el antropocentrismo y confianza en las propias posibilidades 

Paralelamente, a la revisión de los textos sagrados se dan a conocer todas las obras clásicas que  estaban ocultas en las alacenas de los monasterios medievales. Se traducen a las lenguas vulgares, se hacen ediciones filológicas, comentarios y estudios por parte de esa tropa de investigadores que se parapetaban en los nuevos claustros universitarios. La poesía, la historia o el teatro clásico entran a formar parte de los nuevos programas académicos y, con ellos, una nueva forma de entender el mundo y vivir en él. Así, a la idea religiosa que encontramos en la mayoría de los autores de la Edad Media basada en Dios como eje del mundo del que nada se puede hacer contra sus designios, se enfrenta el novedoso antropocentrismo.  

El ser humano, en definitiva, se vuelve la medida del universo. Todo lo creado, por tanto, está para el disfrute intelectual, espiritual, físico o sensual de las criaturas humanas y no se niega la felicidad en este plano. El hombre (sin obviar los principios cristianos) tiene en sus manos el progreso individual o social y se niega el abandono ante la Providencia que había caracterizado la Edad Media. Todo ello propicia un espíritu positivo basado en la certeza de progreso y en las posibilidades humanas. Símbolo de esta forma de afrontar la realidad son las nuevas fórmulas de proporciones arquitectónicas basadas en el número áureo.  

Vinculado con la anterior se da un culto a la inteligencia, a los estudios, a la formación que propiciará también un avance. Ya no estará todo en manos de Dios sino que en la humanidad recae la responsabilidad de su propia felicidad. Para ello, se encumbra la formación, la investigación y el estudio que, de una manera u otra, repercutirá, en pocas décadas, en una mejora de las condiciones de vida a todos los niveles. 

8.- El Renacimiento en España abandona, por tanto, las ideas medievales de la vida como un valle de lágrimas 

La felicidad está en el aquí y el ahora y el cielo o el infierno pueden esperar. No se entiende la existencia terrenal como un mero paso o trámite para alcanzar la gloria sino que la felicidad puede darse aquí y ahora. Esto no significa un desenfreno o un olvido de las costumbres cristianas más arraigadas sino otra visión que implica el agradecimiento por los dones divinos recibidos. La naturaleza se vuelve fuente de placer o refugio ante las tribulaciones cotidianas. Por su parte, el arte (de todos los géneros y disciplinas) se reviste de una nueva función: la de aportar felicidad a través de la belleza. En un mundo aún androcéntrico, la mujer va a tener el mismo papel y su figura se ensalza en pinturas o poemas. El amor profano y entre humanos, por tanto, se considera fuente de bienestar y es un don al que se aspira más allá de la religiosidad o veneración mariana (como los Milagros de Nuestra Señora por ejemplo) de la época medieval. 

9.- El Renacimiento en España tiene un fuerte carácter realista 

Y todo ello a pesar del idealismo que caracteriza la época y que se transparenta en todos los ámbitos desde el arte hasta esa creencia infinita en las posibilidades humanas. Unido a la perfección formal, a la proporción adecuada, a la búsqueda de una naturaleza amable que es reposo para el alma o encuentro de un amor nuevo en Occidente, el idealismo se materializa en la literatura renacentista. En poesía, por dar una pincelada en este sentido, se ensalza la felicidad y relaciones platónicas. También lo encontramos en la formalidad arquitectónica y en distintos ámbitos creativos. Por contra, en España este idealismo estará siempre barnizado o tamizado de un realismo que, a veces, muestra la cara más cruel. En este sentido y por seguir en literatura, tenemos el ejemplo de La Celestina o de la original novela picaresca. 

10.- Nos encontramos una vuelta a los mitos paganos y, a continuación, la Contrarreforma  

El avance de los estudios universitarios propicia un mayor conocimiento de la lengua y la cultura latina, tal como ya se ha apuntado. Y con ello, se despliega todo un mundo distinto al medieval en el que una legión de dioses paganos y criaturas híbridas interactúan con naturalidad casi con los seres humanos. Esa vida en la que  la naturaleza es amable, los deseos son aceptados y las costumbres desprendidas chocaba con la cosmovisión medieval y sedujo a los artistas renacentistas. Por contra, la Contrarreforma que se abrirá a continuación, se encarga de dar mayor poder a la Inquisición, la cual se afanó por perseguir cualquier pensamiento disidente que pudiera poner en peligro el orden imperante. 

11.- El Renacimiento en España se vertebra alrededor del castellano

Si bien el conocimiento del latín se afianza con nuevos estudios filológicos, la intelectualidad de la época es consciente de que el nuevo orden que se abre ante sus ojos tiene que girar alrededor de las lenguas vulgares. El castellano en el siglo XV ya está totalmente formado y diferenciado del latín. A la par, es el idioma de la administración centralizada, de la literatura que se va creando, de las cartas diplomáticas y de parte del comercio internacional. Consciente de la importancia del idioma como factor unificador de distintos pueblos, la misma reina amadrina la Gramática de Antonio de Nebrija, la primera en una lengua vulgar que intenta dejar sentadas las bases del “bien decir”. La misma servirá como estudio y manual para hacerse entender ante los nuevos pueblos que se descubrirán a partir del mismo año de su publicación (1492) allende los mares. 

12.- En el plano artístico el Renacimiento en España tiene sus peculiaridades

Y son tan diferentes entre sí que aún mantienen entretenidos a los estudiosos. Por un lado, ese realismo que es característico en la literatura en castellano toma sus cotas más altas con las crudas novelas picarescas que dan debida cuenta de la forma de vida de personajes que se encuentran en el límite de lo socialmente establecido. Por otro lado, el idealismo de la época no solo continúa con las novelas de caballería sino que desemboca en las más excelsas obras europeas de la mística con San Juan de la Cruz (en poesía) y Santa Teresa de Jesús (en prosa) a la cabeza. Aún así, eso será bien avanzado el siglo XVI cuando la nueva corriente se va diluyendo en otra cosmovisión distinta. 

En definitiva, el Renacimiento en España, a pesar de su influencia del italiano, por las peculiaridades de la política o de los eventos propios del país, tuvo unas características ligeramente distintas a las más comunes del resto de Europa. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Ningún cambio en el orden social, económico o artístico es ajeno a los vaivenes de la política así de forma general. Si a eso unimos que una de las principales características del Renacimiento es, simple y llanamente, un trastoque de todos los órdenes que había regido durante la Edad Media, esta es la base de todos los movimientos que vendrían después. La política en el Renacimiento se sustenta sobre diez pilares básicos que resumo a continuación. 

1.- Imposición del centralismo administrativo unido al desarrollo de poder de la monarquía 

La política en el Renacimiento da así un giro importante al ir concentrando en manos de los reyes no solo las decisiones estratégicas sino también las económicas. Los señores feudales que impartían justicia (a su antojo) en sus territorios, imponían tributos y normas crueles van paulatinamente perdiendo su influencia. La administración se centraliza en la corte que aún es itinerante y las decisiones se toman teniendo en cuenta las distintas necesidades territoriales y de población. Paralelamente, los tributos también quedan bajo el paraguas de la monarquía que va acaparando poder en detrimento de los señores feudales entretenidos en sus guerras fraticidas. 

2.- Los modos de la política en el Renacimiento propicia la acumulación de la riqueza 

Al relegar la influencia de los distintos señores feudales a favor de la corona, todo ello posibilita disponer de más recursos económicos por el básico sistema de la acumulación. Este aumento de los recursos (centralizado recordemos) es la base para acometer empresas de calado en cualquier orden. Por tanto, desde esta perspectiva se comprende mejor las últimas guerras para anexar al cristianismo los últimos reinos musulmanes. Granada, el último bastión, deja de ser nazarí en 1492. En ese mismo año, Colón (con mecenazgo real) se embarca rumbo a Las Indias descubriendo un nuevo continente para los ojos europeos. Las empresas serán múltiples y no solo centradas en conquistas. Con estos recursos acumulados también se financian emprendimientos en el ámbito cultural o científico. Desde esta perspectiva también hay que comprender la proliferación de imprentas que hacen posible un aumento del conocimiento o la creación (avanzado el siglo XVI) de distintas universidades. A las de Salamanca, Valladolid o Alcalá de Henares le siguieron Barcelona, Valencia, Sevilla, Granada…. Todo ello supone un giro importante en los modos de generar y propagar el conocimiento respecto a los medievales.  

3.- La política en el Renacimiento no puede entenderse sin el avance de la burguesía  

De la economía feudal basada en la agricultura o la ganadería en torno a un señorío y un castillo se pasa a los nuevos modelos impuestos por la incipiente vida en la ciudades. Aunque estas aún son pequeñas y pocos son los habitantes, la forma de vida ya ha cambiado. Aparecen artesanos independientes que pagan los tributos al rey y que no deben pleitesía a ningún señor. Esta nueva libertad cambia la cosmovisión imperante con una confianza sin límites casi en el progreso. La vida ciudadana es el germen de los gremios, hermandades o agrupaciones de oficios. Con ello, se ponen las bases para, en unión, hacer valer derechos o libertades.  

4.- No podemos olvidar los avances técnicos de la época

Aunque no es nada comparable con los que se pueden disfrutar en el siglo XXI, al concentrarse la población en pequeñas ciudades que no están al capricho de un señor, se posibilita una incipiente ciencia. Con ella llegan mecanismos para aprovechar el agua, nuevos conocimientos en farmacopea, en la navegación, en la medicina… El analfabetismo retrocede aunque aún sigue siendo importante. Y es creciente el número de inventores o creadores de cualquier cosa. Eso hace cambiar no solo el día a día sino también la percepción que se tiene del alma humana y su afán de transformación constante.  

5.- La política en el Renacimiento está vertebrada en torno a un espíritu positivo  

Quedan atrás los años oscuros desde el punto de vista cultural de la Edad Media y todo se empapa de un espíritu penetrante que busca nuevos senderos y rumbos en todos los sentidos. Lo dado se queda pequeño y desde distintos órdenes se ensayan cosas novedosas que a ojos medievales pudieran parecer locuras o necedades. A cambio se llevan a cabo y ello hace saltar por los aires los viejos esquemas mentales. Los tiempos se aceleran en comparación con los de siglos pasados con un avance en las comunicaciones por mar o con la propagación de todas las ideas posibles. Esto unido al mayor número de estudiantes y a recursos económicos al alza explica, en parte, conquistas hazañas y descubrimientos geográficos.  

6.- Con los nuevos estudios se vuelve hacia la antigüedad clásica

Y no solo hacia la filosofía o la literatura griega o romana sino hacia una nueva forma de estar y sentir el mundo. Si la Edad Media estaba empapada de un cristianismo triste que recordaba constantemente las penas de este mundo centrándose únicamente en la salvación en el más allá, ahora todo es distinto. Y lo es por este nuevo conocimiento al alcance de cada vez más personas que llegan a él a través de libros impresos de fácil acceso. En estas obras se despliega un mundo pagano en el que se invita al goce de los sentidos, en el que sus protagonistas se regodean en los dones de la naturaleza y en el que Dios está presente en todas las criaturas terrenales. Ese mundo clásico enseña a los habitantes de la época que el aquí y el ahora está para vivirse con plenitud. El valle de lágrimas medieval que hay que pasar para llegar al goce del más allá queda, por tanto, aparcado. Ahora lo bueno y la salvación también se encuentra en la belleza y la armonía.  

7. La política en el Renacimiento y el antropocentrismo 

Todo ello confluye en un término: antropocentrismo. Dios deja de ser el centro gravitacional del universo y el hombre se convierte en la medida de todas las cosas. Esto no significa que en la recién nacida España o en Europa haya una conversión radical hacia al paganismo. ¡Ni mucho menos! El cristianismo sigue y seguirá siendo el espíritu religioso predominante pero este cambia de cariz. Lo bueno tiene que estar dirigido a hacer felices a la humanidad entrando de nuevo este concepto en la sociedad. Ni que decir tiene que todo ello condiciona la política ya que la población no acepta las imposiciones con la misma ingenuidad que antes. Los movimientos que buscan una parcela de libertad, ya sea personal como comunitaria, comienzan tímidamente a fraguarse. La política tiene que estar al servicio del aquí y el ahora, del desarrollo, del avance económico y material de la población. El cielo, para el hombre del Renacimiento, puede esperar.  

8.- La política del Renacimiento está vertebrada por un deseo de unidad

Y lo es en todos los sentidos, tanto que esta idea está en el germen de la expulsión musulmana y judía. Una monarquía que va acaparando poder y que aspira a reinar sobre una población más amplia comienza a interiorizar que la única manera de hacerlo con eficacia es a través de la uniformidad y la unidad. No puede haber varias lenguas ni distintas religiones porque ello dificulta la gestión. 

9.- Las lenguas vulgares serán el elemento unificador en la política del Renacimiento  

En España se hizo el primer movimiento en Europa en este sentido. El castellano se impone sobre las otras lenguas vernáculas, el hebreo y el árabe. Una vez más, esa Roma de la cual cada vez se conocen más datos e intimidades se convierte en inspiración y modelo. Si el antiguo Imperio había conseguido unificar media Europa a través del latín, el castellano tendría que ser la lengua del reino. En este sentido, en el mítico año 1492 que en estas tierras puede darse como fecha de entrada a la edad moderna, aparece la Gramática de Antonio de Nebrija. Presentada a la reina Isabel I, aspiraba a servir de modelo en todo el territorio español. Aunque en mente estaban los judíos o musulmanes que habitaban en la península, la misma sirvió como base para llevar el castellano allende los mares, a la recién descubierta América. 

10.- Todo ello confluye en mayores épocas de paz

Aunque las luchas por el poder, las conquistas, las batallas y las guerras continuaron, no tendrían el cariz de las medievales. Los años de paz se sucederán y la población civil quedará cada vez más alejada de las contiendas. Los derramamientos de sangre de los señores feudales (que se desplegaban en los cantares de gesta) no volverán a aparecer. Unido al desarrollo (elemental) de la ciencia, del conocimiento y a un progreso económico, la población podrá disfrutar de una vida un poco mejor que las que les tocó a los pueblos medievales. 

La política en el Renacimiento, por tanto, no queda desligada de todos los cambios en distintos órdenes que se sucedieron a lo largo del siglo XV. Si bien la población pudo transformar (a mejor) su forma de vida, ello también influyo en las artes y en las letras propiciando creadores sublimes en prácticamente todos los géneros.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

 

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Damos un repaso a los grandes hitos históricos y nos adentramos en todas las culturas que ha habido sobre el planeta Tierra. 

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Ningún cambio en el orden social, económico o artístico es ajeno a los vaivenes de la política así de forma general. Si a eso unimos que una de las principales características del Renacimiento es, simple y llanamente, un trastoque de todos los órdenes que había regido durante la Edad Media, esta es la base de todos los movimientos que vendrían después. La política en el Renacimiento se sustenta sobre diez pilares básicos que resumo a continuación. 

1.- Imposición del centralismo administrativo unido al desarrollo de poder de la monarquía 

La política en el Renacimiento da así un giro importante al ir concentrando en manos de los reyes no solo las decisiones estratégicas sino también las económicas. Los señores feudales que impartían justicia (a su antojo) en sus territorios, imponían tributos y normas crueles van paulatinamente perdiendo su influencia. La administración se centraliza en la corte que aún es itinerante y las decisiones se toman teniendo en cuenta las distintas necesidades territoriales y de población. Paralelamente, los tributos también quedan bajo el paraguas de la monarquía que va acaparando poder en detrimento de los señores feudales entretenidos en sus guerras fraticidas. 

2.- Los modos de la política en el Renacimiento propicia la acumulación de la riqueza 

Al relegar la influencia de los distintos señores feudales a favor de la corona, todo ello posibilita disponer de más recursos económicos por el básico sistema de la acumulación. Este aumento de los recursos (centralizado recordemos) es la base para acometer empresas de calado en cualquier orden. Por tanto, desde esta perspectiva se comprende mejor las últimas guerras para anexar al cristianismo los últimos reinos musulmanes. Granada, el último bastión, deja de ser nazarí en 1492. En ese mismo año, Colón (con mecenazgo real) se embarca rumbo a Las Indias descubriendo un nuevo continente para los ojos europeos. Las empresas serán múltiples y no solo centradas en conquistas. Con estos recursos acumulados también se financian emprendimientos en el ámbito cultural o científico. Desde esta perspectiva también hay que comprender la proliferación de imprentas que hacen posible un aumento del conocimiento o la creación (avanzado el siglo XVI) de distintas universidades. A las de Salamanca, Valladolid o Alcalá de Henares le siguieron Barcelona, Valencia, Sevilla, Granada…. Todo ello supone un giro importante en los modos de generar y propagar el conocimiento respecto a los medievales.  

3.- La política en el Renacimiento no puede entenderse sin el avance de la burguesía  

De la economía feudal basada en la agricultura o la ganadería en torno a un señorío y un castillo se pasa a los nuevos modelos impuestos por la incipiente vida en la ciudades. Aunque estas aún son pequeñas y pocos son los habitantes, la forma de vida ya ha cambiado. Aparecen artesanos independientes que pagan los tributos al rey y que no deben pleitesía a ningún señor. Esta nueva libertad cambia la cosmovisión imperante con una confianza sin límites casi en el progreso. La vida ciudadana es el germen de los gremios, hermandades o agrupaciones de oficios. Con ello, se ponen las bases para, en unión, hacer valer derechos o libertades.  

4.- No podemos olvidar los avances técnicos de la época

Aunque no es nada comparable con los que se pueden disfrutar en el siglo XXI, al concentrarse la población en pequeñas ciudades que no están al capricho de un señor, se posibilita una incipiente ciencia. Con ella llegan mecanismos para aprovechar el agua, nuevos conocimientos en farmacopea, en la navegación, en la medicina… El analfabetismo retrocede aunque aún sigue siendo importante. Y es creciente el número de inventores o creadores de cualquier cosa. Eso hace cambiar no solo el día a día sino también la percepción que se tiene del alma humana y su afán de transformación constante.  

5.- La política en el Renacimiento está vertebrada en torno a un espíritu positivo  

Quedan atrás los años oscuros desde el punto de vista cultural de la Edad Media y todo se empapa de un espíritu penetrante que busca nuevos senderos y rumbos en todos los sentidos. Lo dado se queda pequeño y desde distintos órdenes se ensayan cosas novedosas que a ojos medievales pudieran parecer locuras o necedades. A cambio se llevan a cabo y ello hace saltar por los aires los viejos esquemas mentales. Los tiempos se aceleran en comparación con los de siglos pasados con un avance en las comunicaciones por mar o con la propagación de todas las ideas posibles. Esto unido al mayor número de estudiantes y a recursos económicos al alza explica, en parte, conquistas hazañas y descubrimientos geográficos.  

6.- Con los nuevos estudios se vuelve hacia la antigüedad clásica

Y no solo hacia la filosofía o la literatura griega o romana sino hacia una nueva forma de estar y sentir el mundo. Si la Edad Media estaba empapada de un cristianismo triste que recordaba constantemente las penas de este mundo centrándose únicamente en la salvación en el más allá, ahora todo es distinto. Y lo es por este nuevo conocimiento al alcance de cada vez más personas que llegan a él a través de libros impresos de fácil acceso. En estas obras se despliega un mundo pagano en el que se invita al goce de los sentidos, en el que sus protagonistas se regodean en los dones de la naturaleza y en el que Dios está presente en todas las criaturas terrenales. Ese mundo clásico enseña a los habitantes de la época que el aquí y el ahora está para vivirse con plenitud. El valle de lágrimas medieval que hay que pasar para llegar al goce del más allá queda, por tanto, aparcado. Ahora lo bueno y la salvación también se encuentra en la belleza y la armonía.  

7. La política en el Renacimiento y el antropocentrismo 

Todo ello confluye en un término: antropocentrismo. Dios deja de ser el centro gravitacional del universo y el hombre se convierte en la medida de todas las cosas. Esto no significa que en la recién nacida España o en Europa haya una conversión radical hacia al paganismo. ¡Ni mucho menos! El cristianismo sigue y seguirá siendo el espíritu religioso predominante pero este cambia de cariz. Lo bueno tiene que estar dirigido a hacer felices a la humanidad entrando de nuevo este concepto en la sociedad. Ni que decir tiene que todo ello condiciona la política ya que la población no acepta las imposiciones con la misma ingenuidad que antes. Los movimientos que buscan una parcela de libertad, ya sea personal como comunitaria, comienzan tímidamente a fraguarse. La política tiene que estar al servicio del aquí y el ahora, del desarrollo, del avance económico y material de la población. El cielo, para el hombre del Renacimiento, puede esperar.  

8.- La política del Renacimiento está vertebrada por un deseo de unidad

Y lo es en todos los sentidos, tanto que esta idea está en el germen de la expulsión musulmana y judía. Una monarquía que va acaparando poder y que aspira a reinar sobre una población más amplia comienza a interiorizar que la única manera de hacerlo con eficacia es a través de la uniformidad y la unidad. No puede haber varias lenguas ni distintas religiones porque ello dificulta la gestión. 

9.- Las lenguas vulgares serán el elemento unificador en la política del Renacimiento  

En España se hizo el primer movimiento en Europa en este sentido. El castellano se impone sobre las otras lenguas vernáculas, el hebreo y el árabe. Una vez más, esa Roma de la cual cada vez se conocen más datos e intimidades se convierte en inspiración y modelo. Si el antiguo Imperio había conseguido unificar media Europa a través del latín, el castellano tendría que ser la lengua del reino. En este sentido, en el mítico año 1492 que en estas tierras puede darse como fecha de entrada a la edad moderna, aparece la Gramática de Antonio de Nebrija. Presentada a la reina Isabel I, aspiraba a servir de modelo en todo el territorio español. Aunque en mente estaban los judíos o musulmanes que habitaban en la península, la misma sirvió como base para llevar el castellano allende los mares, a la recién descubierta América. 

10.- Todo ello confluye en mayores épocas de paz

Aunque las luchas por el poder, las conquistas, las batallas y las guerras continuaron, no tendrían el cariz de las medievales. Los años de paz se sucederán y la población civil quedará cada vez más alejada de las contiendas. Los derramamientos de sangre de los señores feudales (que se desplegaban en los cantares de gesta) no volverán a aparecer. Unido al desarrollo (elemental) de la ciencia, del conocimiento y a un progreso económico, la población podrá disfrutar de una vida un poco mejor que las que les tocó a los pueblos medievales. 

La política en el Renacimiento, por tanto, no queda desligada de todos los cambios en distintos órdenes que se sucedieron a lo largo del siglo XV. Si bien la población pudo transformar (a mejor) su forma de vida, ello también influyo en las artes y en las letras propiciando creadores sublimes en prácticamente todos los géneros.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

 

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Decir que el Barroco español fue un movimiento cultural y artístico desarrollado durante el siglo XVII es, sencillamente, quedarnos cortos. Esta estética (bien definida y reconocible por sus excesos y torsiones) caracterizó una época en la que todo era extremo: desde las desigualdades sociales hasta la explosión de todas las artes (especialmente la literatura y el teatro) pasando por un concepto de entender el mundo que casi ha calado en el carácter español. 

El siglo XVII es en toda Europa una época caracterizada por la crisis. Esta es en todos los órdenes. A las pestes, epidemias y hambrunas se sucedían las guerras. La nefasta administración de los gobiernos acabaron por rematar una situación terrible que desembocó en la pérdida de población, retroceso en la esperanza de vida y un importante estado de abatimiento psicológico por decirlo con palabras amables. España no es que sea ajena a esta situación que se da en Francia, Inglaterra o Alemania es que, en el país estas circunstancias son tan graves que tardará siglos en recuperarse de este estado de postración y pérdida. En España se participa de todas las características del Barroco europeo y, además, se agrandan o magnifican.  

Situación histórica durante el Barroco español

Pero, ¿qué ocurre en España para que no sea suficiente pestes, hambrunas y guerras a lo hora de calificarlo en un país en crisis? Y sucede ese poema de Quevedo que comienza con “Miré los muros de la patria mía y termina con 

“y no hallé cosa en que poner los ojos

que no fuese recuerdo de la muerte”

Sencillamente, la muerte se había instalado en todos los ámbitos de la sociedad y era, incluso, vista como una salida a tenor de la situación en la que se encontraban los habitantes de este plano. 

Mientras en el resto de Europa la burguesía pujante va desplazando progresivamente a la rancia aristocracia imponiendo sus criterios, en España se da, incluso, marcha atrás en este avance social. Aunque la llamada Contrarreforma es un tema más complejo que este, en esencia, puede definirse como el triunfo del Antiguo Régimen sobre uno nuevo antes incluso de que asomara tímidamente la cabeza. Durante el Barroco español el país se encierra sobre sí mismo por temor a las nuevas ideas por parte de la clase dominante. Cualquier novedad era perseguida con acierto y saña (incluso con la muerte). Si en Europa se ensayaban tímidos intentos por instalar una monarquía parlamentaria, en España se afianza el poder de la rancia aristocracia y de la monarquía absoluta. 

Además, los reinados de Felipe III (1598-1621), Felipe IV (1621-1665) y Carlos II (1665-1700) estuvieron dominados por una progresiva decadencia.  Fue tanta que el último, que ha pasado a la historia con el sobrenombre de “El hechizado”. Fue tanta que esos muros de los que habla Quevedo se desmoronan así en el exterior como en el interior. Dentro con una crisis y una desigualdad quizás mayor que en la Edad Media, con la merma de la población y además con una falta de actividad económica tan tremenda que da lugar a un ejército de mendigos, harapientos y pícaros. En el exterior, se suceden derrotas tras derrotas perdiendo en 1659 con el fin de la Guerra de los Treinta Años su hegemonía europea y poniendo las bases para la emancipación de los países de ultramar.  

Más apuntes sobre la situación social y política durante el Barroco español 

La aristocracia, acaparadora de las tierras y los bienes de producción, no se preocupa por poner esas fuentes económicas en funcionamiento. Esto da lugar a una migración interna desde los pueblos hasta las ciudades que no estaban preparadas para acoger a tanta población. Los sistemas de alcantarillado y las viviendas son tan deficientes que familias y aventureros malviven como pueden. Por si esto fuero poco (la pérdida de la más mínima responsabilidad social por parte de la nobleza), se persigue cualquier idea innovadora o se coarta el espíritu emprendedor. El resultado es miseria al límite.  

Para paliar esta situación recurren a un placebo, a una fuente de entretenimiento que mantuviera a las masas alejadas de ideas revolucionarias. Y la misma elite que se niega a crear riqueza gasta su superávit en lujo. Así se crean y se levantan enormes palacios al estilo de Versalles, se decoran profusamente iglesias y se sufragan obras de teatro, tantas que nunca en la historia de la literatura se habían producido de tal calidad que en el Barroco español.  

La decadencia en el Barroco español como una de sus características principales

Este estado de crisis y postración haría mella en todos los aspectos de la cultura de la época que se impregnaría con un pensamiento oscuro que iba más allá del pesimismo.  Hay autores (como Eugenio D’Ors y J.A. Maravall) que afirman que la cultura de lo barroco se da en todos los tiempos de crisis. Esto es, aunque el Barroco español tal como lo estudiamos hoy se desarrolló en el siglo XVII, cada época compleja y complicada da una cultura barroca. Esta estaría caracterizada por los excesos, la oscuridad, el pesimismo y la representación del lado oscuro de la humanidad.  

Aunque en Europa la nobleza hace sus maniobras para conservar el poder y los sectores críticos de la intelectualidad son perseguidos (recordemos Galileo), sin embargo, estos encuentran acomodo en otros emplazamientos. Además, la burguesía logra ir abriéndose paso creando emprendimientos económicos y con ellos nuevos cambios sociales. Hay también un espacio para la crítica, aunque sea en sociedades más o menos privadas o secretas. 

Sin embargo, en España nada de esto fue posible. Se hizo una persecución atroz de cualquier novedad y se persiguió con saña cualquier investigación científica, hecho diferencial u opinión crítica. Si a eso se añada una economía en la que se no tuvo en cuenta a las clases populares el resultado fue un auténtico desastre.  

Otras características del Barroco español

Durante todo el Siglo XVII sobresalen las artes de todo tipo y, especialmente, la literatura alcanza cotas de calidad casi irrepetibles. Ante la situación, los escritores tienen la opción de servir a la palabra a través del teatro o bien con un estilo individual que pudiera describir la situación alrededor. Enumero las principales características del Barroco español, las cuales comparte con el europeo, aunque en este caso se vieron agrandadas y alargadas en el tiempo. 

1.- Como el mundo presente es tan aterrador y tan poco acogedor hay una huida hacia los otros lados. Esos son la muerte y su liberación, la vida contemplativa, o la expresión de la angustia íntima. 

2.- La tristeza y la oscuridad impregnan la poesía pero también encontramos obras satíricas de todo tipo en el que hay una velada protesta.  

3.- Tampoco se olvida la evasión hacia mundos imaginados que quieren ser posibles en los que se trabaja con la estética pura.  

4.- Si por algo se caracteriza el Barroco español es por mantener un hilo temático en casi todas sus obras que gira en torno al desengaño. Se muestra la distancia entre aquello que se imagina o se anhela y la cruda realidad. En este punto hay que recordar que buena parte de los autores de la época que han pasado al canon sufrieron exilio o persecución.  

5.- La vida, por tanto, se ve como una lucha, como un valle de lágrimas, como un camino de espinas y solo se alcanzará la liberación con la muerte. Aquí entra la mística con su visión del mundo. 

Seguimos con más características del Barroco español 

6.- En el Barroco español todo es entendido como fugaz, el tiempo se diluye y pasa rápido. No hay espacio para la juventud o la felicidad. A poco que nos paremos nos alcanza la vejez, el oprobio o la muerte. Y aunque ahora te roce la juventud, como expresó magistralmente Góngora, 

“se vuelva, mas tú y ello juntamente!

en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”

7.- También hay una sensación de vivir en las sombras, como en un teatro, como si la materia no tuviera consistencia. La “vida es sueño y los sueños son”. En el Barroco español se vivía como en un desgarramiento constante entre la realidad y las veladuras de la imaginación.  

8.- En lugar de rebelarse con esta situación, los intelectuales y artistas de la época se acomodaron a la situación, como si nada pudiera hacerse permaneciendo en una actitud contemplativa, mística o ascética. 

9.- Todo se vuelve oscuro, desde el pensamiento hasta la pintura, retorcido, rebuscado y recargado. El Barroco español muestra la estética del horror vacui.  

10.- Hay un espíritu dramático, que no pasional, en todo lo que se hace. La muerte acecha, el olvido está esperando detrás de la puerta. No hay nada que indique que se pueda tentar los pliegues de la felicidad. Todo ello se transparenta en la política, en la arquitectura, en la pintura y en la literatura. 

Y no podemos olvidar en un resumen muy resumido del Barroco español que…  

En literatura el Barroco español dio dos corrientes diferenciadas: culteranismo y conceptismo. La primera de ella, abanderada por Góngora, lleva la palabra a su máximo expresión con un estilo suntuoso, recargado, repleto de tropos y de giros rebuscados. El culteranismo de Quevedo, sin dejar de lado ese lado oscuro y en sombras de la época, se aferra a un estilo despojado de artificio superfluo para centrarse en la fuerza de la expresión.  

Si en literatura los libros hablan de la rivalidad Góngora-Quevedo, en pintura el rey es Diego Velazquez, pintor de corte que dejó para la posteridad los retratos de estos reyes y su familia que hundían cada vez más a España en la miseria. Como es característico del Barroco español lo hizo con una técnica soberbia pero en la que se ven esas sombras emocionales que invadía la época e, incluso, en algunas obras hay una velada crítica al sistema. 

En arquitectura se levantaron soberbios edificios de corte palaciego o iglesias que se embellecieron suntuosamente. En Sevilla, por entonces puerto de salida para América, se encuentran algunos ejemplos más que notables de este arte recargado, rebuscado, que celebra la muerte y la fugacidad de una vida en la que no se encuentra ni una pizca de felicidad o de sentido.  

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Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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El arte es lo que queda cuando todo ha pasado. Es lo inmutable dentro del cambio. Es la belleza en un mundo en caos. El arte es parte importante de este sitio. Intentamos comprenderlo. 

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Decir que el Barroco español fue un movimiento cultural y artístico desarrollado durante el siglo XVII es, sencillamente, quedarnos cortos. Esta estética (bien definida y reconocible por sus excesos y torsiones) caracterizó una época en la que todo era extremo: desde las desigualdades sociales hasta la explosión de todas las artes (especialmente la literatura y el teatro) pasando por un concepto de entender el mundo que casi ha calado en el carácter español. 

El siglo XVII es en toda Europa una época caracterizada por la crisis. Esta es en todos los órdenes. A las pestes, epidemias y hambrunas se sucedían las guerras. La nefasta administración de los gobiernos acabaron por rematar una situación terrible que desembocó en la pérdida de población, retroceso en la esperanza de vida y un importante estado de abatimiento psicológico por decirlo con palabras amables. España no es que sea ajena a esta situación que se da en Francia, Inglaterra o Alemania es que, en el país estas circunstancias son tan graves que tardará siglos en recuperarse de este estado de postración y pérdida. En España se participa de todas las características del Barroco europeo y, además, se agrandan o magnifican.  

Situación histórica durante el Barroco español

Pero, ¿qué ocurre en España para que no sea suficiente pestes, hambrunas y guerras a lo hora de calificarlo en un país en crisis? Y sucede ese poema de Quevedo que comienza con “Miré los muros de la patria mía y termina con 

“y no hallé cosa en que poner los ojos

que no fuese recuerdo de la muerte”

Sencillamente, la muerte se había instalado en todos los ámbitos de la sociedad y era, incluso, vista como una salida a tenor de la situación en la que se encontraban los habitantes de este plano. 

Mientras en el resto de Europa la burguesía pujante va desplazando progresivamente a la rancia aristocracia imponiendo sus criterios, en España se da, incluso, marcha atrás en este avance social. Aunque la llamada Contrarreforma es un tema más complejo que este, en esencia, puede definirse como el triunfo del Antiguo Régimen sobre uno nuevo antes incluso de que asomara tímidamente la cabeza. Durante el Barroco español el país se encierra sobre sí mismo por temor a las nuevas ideas por parte de la clase dominante. Cualquier novedad era perseguida con acierto y saña (incluso con la muerte). Si en Europa se ensayaban tímidos intentos por instalar una monarquía parlamentaria, en España se afianza el poder de la rancia aristocracia y de la monarquía absoluta. 

Además, los reinados de Felipe III (1598-1621), Felipe IV (1621-1665) y Carlos II (1665-1700) estuvieron dominados por una progresiva decadencia.  Fue tanta que el último, que ha pasado a la historia con el sobrenombre de “El hechizado”. Fue tanta que esos muros de los que habla Quevedo se desmoronan así en el exterior como en el interior. Dentro con una crisis y una desigualdad quizás mayor que en la Edad Media, con la merma de la población y además con una falta de actividad económica tan tremenda que da lugar a un ejército de mendigos, harapientos y pícaros. En el exterior, se suceden derrotas tras derrotas perdiendo en 1659 con el fin de la Guerra de los Treinta Años su hegemonía europea y poniendo las bases para la emancipación de los países de ultramar.  

Más apuntes sobre la situación social y política durante el Barroco español 

La aristocracia, acaparadora de las tierras y los bienes de producción, no se preocupa por poner esas fuentes económicas en funcionamiento. Esto da lugar a una migración interna desde los pueblos hasta las ciudades que no estaban preparadas para acoger a tanta población. Los sistemas de alcantarillado y las viviendas son tan deficientes que familias y aventureros malviven como pueden. Por si esto fuero poco (la pérdida de la más mínima responsabilidad social por parte de la nobleza), se persigue cualquier idea innovadora o se coarta el espíritu emprendedor. El resultado es miseria al límite.  

Para paliar esta situación recurren a un placebo, a una fuente de entretenimiento que mantuviera a las masas alejadas de ideas revolucionarias. Y la misma elite que se niega a crear riqueza gasta su superávit en lujo. Así se crean y se levantan enormes palacios al estilo de Versalles, se decoran profusamente iglesias y se sufragan obras de teatro, tantas que nunca en la historia de la literatura se habían producido de tal calidad que en el Barroco español.  

La decadencia en el Barroco español como una de sus características principales

Este estado de crisis y postración haría mella en todos los aspectos de la cultura de la época que se impregnaría con un pensamiento oscuro que iba más allá del pesimismo.  Hay autores (como Eugenio D’Ors y J.A. Maravall) que afirman que la cultura de lo barroco se da en todos los tiempos de crisis. Esto es, aunque el Barroco español tal como lo estudiamos hoy se desarrolló en el siglo XVII, cada época compleja y complicada da una cultura barroca. Esta estaría caracterizada por los excesos, la oscuridad, el pesimismo y la representación del lado oscuro de la humanidad.  

Aunque en Europa la nobleza hace sus maniobras para conservar el poder y los sectores críticos de la intelectualidad son perseguidos (recordemos Galileo), sin embargo, estos encuentran acomodo en otros emplazamientos. Además, la burguesía logra ir abriéndose paso creando emprendimientos económicos y con ellos nuevos cambios sociales. Hay también un espacio para la crítica, aunque sea en sociedades más o menos privadas o secretas. 

Sin embargo, en España nada de esto fue posible. Se hizo una persecución atroz de cualquier novedad y se persiguió con saña cualquier investigación científica, hecho diferencial u opinión crítica. Si a eso se añada una economía en la que se no tuvo en cuenta a las clases populares el resultado fue un auténtico desastre.  

Otras características del Barroco español

Durante todo el Siglo XVII sobresalen las artes de todo tipo y, especialmente, la literatura alcanza cotas de calidad casi irrepetibles. Ante la situación, los escritores tienen la opción de servir a la palabra a través del teatro o bien con un estilo individual que pudiera describir la situación alrededor. Enumero las principales características del Barroco español, las cuales comparte con el europeo, aunque en este caso se vieron agrandadas y alargadas en el tiempo. 

1.- Como el mundo presente es tan aterrador y tan poco acogedor hay una huida hacia los otros lados. Esos son la muerte y su liberación, la vida contemplativa, o la expresión de la angustia íntima. 

2.- La tristeza y la oscuridad impregnan la poesía pero también encontramos obras satíricas de todo tipo en el que hay una velada protesta.  

3.- Tampoco se olvida la evasión hacia mundos imaginados que quieren ser posibles en los que se trabaja con la estética pura.  

4.- Si por algo se caracteriza el Barroco español es por mantener un hilo temático en casi todas sus obras que gira en torno al desengaño. Se muestra la distancia entre aquello que se imagina o se anhela y la cruda realidad. En este punto hay que recordar que buena parte de los autores de la época que han pasado al canon sufrieron exilio o persecución.  

5.- La vida, por tanto, se ve como una lucha, como un valle de lágrimas, como un camino de espinas y solo se alcanzará la liberación con la muerte. Aquí entra la mística con su visión del mundo. 

Seguimos con más características del Barroco español 

6.- En el Barroco español todo es entendido como fugaz, el tiempo se diluye y pasa rápido. No hay espacio para la juventud o la felicidad. A poco que nos paremos nos alcanza la vejez, el oprobio o la muerte. Y aunque ahora te roce la juventud, como expresó magistralmente Góngora, 

“se vuelva, mas tú y ello juntamente!

en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”

7.- También hay una sensación de vivir en las sombras, como en un teatro, como si la materia no tuviera consistencia. La “vida es sueño y los sueños son”. En el Barroco español se vivía como en un desgarramiento constante entre la realidad y las veladuras de la imaginación.  

8.- En lugar de rebelarse con esta situación, los intelectuales y artistas de la época se acomodaron a la situación, como si nada pudiera hacerse permaneciendo en una actitud contemplativa, mística o ascética. 

9.- Todo se vuelve oscuro, desde el pensamiento hasta la pintura, retorcido, rebuscado y recargado. El Barroco español muestra la estética del horror vacui.  

10.- Hay un espíritu dramático, que no pasional, en todo lo que se hace. La muerte acecha, el olvido está esperando detrás de la puerta. No hay nada que indique que se pueda tentar los pliegues de la felicidad. Todo ello se transparenta en la política, en la arquitectura, en la pintura y en la literatura. 

Y no podemos olvidar en un resumen muy resumido del Barroco español que…  

En literatura el Barroco español dio dos corrientes diferenciadas: culteranismo y conceptismo. La primera de ella, abanderada por Góngora, lleva la palabra a su máximo expresión con un estilo suntuoso, recargado, repleto de tropos y de giros rebuscados. El culteranismo de Quevedo, sin dejar de lado ese lado oscuro y en sombras de la época, se aferra a un estilo despojado de artificio superfluo para centrarse en la fuerza de la expresión.  

Si en literatura los libros hablan de la rivalidad Góngora-Quevedo, en pintura el rey es Diego Velazquez, pintor de corte que dejó para la posteridad los retratos de estos reyes y su familia que hundían cada vez más a España en la miseria. Como es característico del Barroco español lo hizo con una técnica soberbia pero en la que se ven esas sombras emocionales que invadía la época e, incluso, en algunas obras hay una velada crítica al sistema. 

En arquitectura se levantaron soberbios edificios de corte palaciego o iglesias que se embellecieron suntuosamente. En Sevilla, por entonces puerto de salida para América, se encuentran algunos ejemplos más que notables de este arte recargado, rebuscado, que celebra la muerte y la fugacidad de una vida en la que no se encuentra ni una pizca de felicidad o de sentido.  

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Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Al XVIII se le conoce en Europa como Siglo de Las Luces, nombre propuesto por los ilustrados de la época con ansías de cambios en todos los órdenes de la vida. Y esas transformaciones debían ser no solo en el arte o en el pensamiento o en la incipiente ciencia (que comenzaba tímidamente el método experimental) sino también en lo económico, social e, incluso, religioso. El movimiento comienza en Gran Bretaña donde Isaac Newton había expuesto su Teoría de la Gravedad a la par que abría la puerta hacia los estudios de la mecánica de fluidos. Desde allí se extiende hasta Francia y Alemania donde culmina con las obras de Kant. Filósofos, investigadores, críticos o historiadores se hacían llamar ilustrados por su creencia a ciegas en el positivismo. Este no se quedó en el ámbito de la ciencia sino que se extendió a la literatura, arte, arquitectura dando lugar al movimiento estético conocido como neoclasicismo. Y, si hay que resaltar tan solo una de las características del neoclasicismo que tenga que hacer notar nada más empezar, esta es el predomino de la razón sobre cualquier otra fórmula de conocimiento. El neoclasicismo español, aunque con su peculiaridades, participa de todos los componentes del europeo.  

Características del neoclasicismo europeo 

1.- Estamos en el siglo XVIII. Atrás queda el Barroco con todos su excesos. Comienza una incipiente ciencia mientras que la burguesía se va abriendo paso relegando a una rancia aristocracia y a los estamentos eclesiásticos de poder. La vida se vuelve urbana y entre la élite culta se extiende la creencia en el progreso de la humanidad a través de la educación. Con ellos comienza tímidamente un período en el que se intenta ver al ser humano en su universalidad sin diferencias por razón de procedencia o raza.  

2.- La razón se adueña de todas las parcelas creativas ya sean artísticas, técnicas o científicas. Tanto es así que se niega cualquier forma de conocimiento proveniente de los sentimientos, de la fantasía o de la creatividad.  

3.- El orden predomina en cualquier actividad humana ya sea la construcción de un parque (como los jardines a la francesa), un edificio, una tertulia o una obra literaria. 

4.- El neoclasicismo europeo pone las semillas para los cambios políticos de ese siglo derrocando en algunos países (lee la Revolución Francesa) a la monarquía absolutista o poniendo las bases para una primera separación de los poderes del estado y la iglesia. 

5.- Con una población analfabeta que rondaba el 70% (y en España más allá del 80%) creen en el poder de la instrucción como factor de progreso humano. 

6.- Todo en las artes se hace conforme a unos principios de imitación, orden, mesura, sencillez, racional y libre de cualquier adorno que se considera superfluo.  

La literatura neoclásica y las artes en la ilustración 

1.- Con estos cimientos filosóficos todas las artes, incluida la literatura, se vuelve ordenada, fría, mimética y circunscribiéndose a una prosa transparente que huye, incluso, del principio de belleza. 

2.- La poesía queda relegada a algunas obras menores de corte filosófico. Se eliminan cualquier atisbo de artificio en aras de una sencillez casi burocrática, una de las características más llamativas de la literatura neoclásica.  

3.- El teatro se vuelve estructurado al máximo conservando los tres principios (acción, tiempo y lugar) y siempre con unos fines educativos. El neoclasicismo español logró, incluso, que se suprimieran por ley los autos sacramentales tan populares en la época.  

4.- Aparece un nuevo género: la crítica literaria. A la par, el ensayo adquiere cotas nunca vistas en la historia de la literatura. Este se vuelve mordaz, irónico, crítico en extremo en un intento por poner de manifiesto todos los males de la época. 

5.- La prosa es sencilla, transparente, libre de artificios, metáforas o cualquier otra figura retórica. 

6.- La pintura es sobria centrada en los retratos de los grandes personajes. 

7.- Aunque el neoclasicismo es un movimiento austero, sí dio grandes obras de arquitectura en el que primaban las columnas sencillas y altas tal como aparecían en las incipientes excavaciones arqueológicas. 

El neoclasicismo español y su contexto histórico 

1.- A pesar de que en España la burguesía apenas tenía poder y la sociedad se encontraba cerrada a cualquier influencia exterior, un buen puñado de ilustrados pudieron generar un cambio permanente en el panorama artístico e incluso político. 

2.- Fue en el último período del siglo XVII, cuando empieza a decaer el Barroco, cuando comenzó a gestarse las ideas de la ilustración. Reinaba Felipe V (1683-1746) el que centralizó todos los poderos del estado en Madrid, eliminando privilegios de reinos o casas nobiliarias. 

3.- A la par, el rey se enfrentó con la Iglesia al anteponer las necesidades de la corona a los de la Santa Sede. Esto provocó enfrentamientos con algunas órdenes religiosas, especialmente con la Compañía de Jesús, que se saldó, a la larga (en 1767), con su expulsión del país. 

4.- La instrucción y los estudios se ampliaron con obras hasta entonces prohibidas o, sencillamente, vetadas a la circulación. Ni que decir tiene que esto contribuyó al avance de las nuevas ideas procedentes de Europa que fueron el germen del neoclasicismo español. Las obras de Voltaire y Rousseau, consideradas revolucionarias, comenzaron a leerse y a estudiarse en España. 

5.- El neoclasicismo español, a pesar de ser un movimiento de élite, se democratizó al salir de las aulas universitarias o de los centros de enseñanza superiores. Estos ilustrados gustaban de reunirse en cafés donde organizaban tertulias. Allí se debatía sobre lo divino, lo humano, el progreso, las reformas legislativas necesarias, los cánones artísticos o las noticias del momento. Todo ello contribuyó a una comunicación más rápida y fluida apoyada por un incipiente periodismo. 

6.- Como sus colegas europeos, los ilustrados españoles que formaban el neoclasicismo español  creían en el espíritu positivista burgués, en el poder de la instrucción, en la necesidad de imponer la razón crítica en cualquier orden de la vida,  en la posibilidad de crecimiento y de felicidad de la humanidad en su conjunto. 

7.- El neoclasicismo español, que se afianzó en Madrid en las primeras décadas del siglo XVIII, termina abruptamente con la Revolución Francesa de 1789. Lo acontecido en Versalles y París con cabezas reales separadas de sus cuerpos y el pueblo tomando las calles hizo frenar a los poderes políticos españoles cualquier idea que pudiera calificarse como ilustrada. Lo entendemos mejor con las palabras del ministro Floridablanca. 

“Se dice que este siglo ilustrado ha enseñado a los hombres sus derechos. Pero también les ha robado, además de su felicidad verdadera, la tranquilidad y la seguridad de su persona y familia. Aquí no queremos ni tanta luz ni sus consecuencias: actos insolentes, palabras y escritos en contra de la autoridad legítima.” 

8.- A partir de este momento histórico, el miedo se apoderó de la corte, de la política y de los poderes socioeconómicos. En un intento por frenar estas ideas tan revolucionarias que habían hecho caer monarquías consolidadas se suprime la prensa escrita e, incluso, se persiguen las tertulias y reuniones. 

9.- Antes de que esto sucediera se crearon instituciones que aún hoy están activas y que han contribuido en estos siglos al avance de la ciencia, de las letras o del conocimiento. En 1912 se abre la Biblioteca Nacional y un año más tarde la Real Academia de la Lengua. Entre 1726 y 1739 se publica el primer Diccionario de Autoridades para seguirle la Ortografía y la Gramática. La Academia de la Historia se funda en 1735. Además, a partir de 1769 se reforman las universidades dejando de lado planes de estudios que tenían arraigo medieval casi para ponerse en contacto con las ideas, estudios y obras del resto de Europa. 

10.- El neoclasicismo español, además, defiende el español de la intrusión de los barbarismos (palabras y/o expresiones en lengua extranjera). A la par, nuestro idioma se instaura como lengua de cultura relegando paulatinamente el latín de las aulas, tesis doctorales, estudios científicos o críticos. 

Los autores del neoclasicismo español 

Aunque en España, en el ámbito literario no se produjo una explosión de obras y creadores como sucedió en el Barroco, por poner un caso, sí tenemos un puñado de autores que han pasado al canon patrio por su aportación a la literatura. 

 

1.- Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro (1676-1764), uno de los introductores del neoclasicismo español

Fue un fraile benedictino profesor en la Universidad de Oviedo. Con estos datos nos sorprende su actitud revolucionaria (para la época) en el ámbito intelectual. Considerado uno de los máximos exponentes del neoclasicismo español, fue un ávido lector de obras publicadas en el extranjero a la par que un estudioso incansable. En 1726, cuando contaba la edad de cincuenta años, publica Teatro crítico universal y Cartas eruditas. En ellas aborda, con el estilo claro, conciso, limpio y libre de adornos tan característico de la literatura neoclásica, temáticas diversas de arte, teología, ciencias, filosofía, historia… Combatiente de la supersticiones tan populares y extendidas en la época, promulgaba que la ciencia y la religión no eran incompatibles.  Su ejemplo y sus libros, que fueron auténticos best-sellers en la época, fueron la base para la crítica y el ensayo generado durante todo el siglo XVIII.  

2.- José Cadalso, el autor de las Cartas marruecas

Nació en Cádiz en 1741, por entonces un hervidero intelectual, procedente de una familia de la baja nobleza. Su formación no solo fue libresca ya que viajó por Europa y estudió idiomas (algo raro en la sociedad hispana hasta hace prácticamente unos cuantos años) llegando a  coronel del ejército a una edad bastante temprana. Tras un incidente tenebroso casi al morir su amada (la actriz María Ignacia Ibáñez), su familia lo envía a Salamanca donde entra en contacto con el mundillo de los ilustrados.  

Cadalso es uno de los autores más representativos del neoclasicismo español al crear una obra crítica con visos satíricos siguiendo todos los postulados del movimiento. Destacan sus Cartas marruecas (1793), que ha entrado en el canon, Noches lúgubres (publicadas tras su fallecimiento en 1798) que adelanta las características del Romanticismo y Los eruditos a la violeta (1772). Murió en 1782 en la guerra contra Inglaterra, al ser alcanzado por una granada en la cabeza en el Bloqueo de Gibraltar. 

3.-Tomás de Iriarte, el autor del neoclasicismo español que gustó de las fábulas

Nacido en 1750 y muerto en 1791 fue educado en los principios de la Ilustración. En sus libros recoge pequeños cuentos moralizantes en los que predomina una crítica ácida a las costumbres de la burguesía y de las gentes de su tiempo.  

4.- Gaspar Melchor de Jovellanos, el escritor del neoclasicismo español que gustaba del periodismo

Nacido en 1744, se suicida en 1811. Aunque participa de los principios de la Ilustración con una prosa clara, concisa, sencilla y con visos de verosimilitud muy cercana al periodismo, adelanta el Romanticismo literario. Sus escritos satíricos y críticos han entrado incluso en el canon y son testimonios fieles de los vicios de la época: adulterios, corrupciones, costumbres supersticiosas, atrasos económicos y de instrucción, la mala educación de la élite (lee aristocracia e, incluso, monarquía) pasan por su pluma inteligente y mordaz. 

 

5.- Leandro Fernández  de Moratín 

Nace en Madrid en 1760 y muere en París en 1828 donde estaba exiliado. Sus obras se encuadran en la poesía (que cultivaba desde joven), la sátira y el teatro. En estas últimas se dedica a criticar y a satirizar todos los vicios y costumbres de la época llegando, incluso, a granjearse enemistades importantes. Vivió sin apuros económicos gracias al mecenazgo de Floridablanca, uno de los ministros más poderosos del reino. Durante los asaltos de la  Revolución Francesa se refugió en Inglaterra. Fue, por tanto, por educación, familia, instrucción, vida cosmopolita y profesión, uno de los intelectuales más significativos de la época. 

Otros nombres que forman parte del neoclasicismo español son José Francisco de Isla, Diego Torres Villarroel y Jose María Blanco. El movimiento, como hemos visto, a pesar del carácter patrio tan poco dado a la razón y al orden, tuvo representantes de interés y dejó bellas obras de arquitectura y literatura para la posteridad. 

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Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

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Al XVIII se le conoce en Europa como Siglo de Las Luces, nombre propuesto por los ilustrados de la época con ansías de cambios en todos los órdenes de la vida. Y esas transformaciones debían ser no solo en el arte o en el pensamiento o en la incipiente ciencia (que comenzaba tímidamente el método experimental) sino también en lo económico, social e, incluso, religioso. El movimiento comienza en Gran Bretaña donde Isaac Newton había expuesto su Teoría de la Gravedad a la par que abría la puerta hacia los estudios de la mecánica de fluidos. Desde allí se extiende hasta Francia y Alemania donde culmina con las obras de Kant. Filósofos, investigadores, críticos o historiadores se hacían llamar ilustrados por su creencia a ciegas en el positivismo. Este no se quedó en el ámbito de la ciencia sino que se extendió a la literatura, arte, arquitectura dando lugar al movimiento estético conocido como neoclasicismo. Y, si hay que resaltar tan solo una de las características del neoclasicismo que tenga que hacer notar nada más empezar, esta es el predomino de la razón sobre cualquier otra fórmula de conocimiento. El neoclasicismo español, aunque con su peculiaridades, participa de todos los componentes del europeo.  

Características del neoclasicismo europeo 

1.- Estamos en el siglo XVIII. Atrás queda el Barroco con todos su excesos. Comienza una incipiente ciencia mientras que la burguesía se va abriendo paso relegando a una rancia aristocracia y a los estamentos eclesiásticos de poder. La vida se vuelve urbana y entre la élite culta se extiende la creencia en el progreso de la humanidad a través de la educación. Con ellos comienza tímidamente un período en el que se intenta ver al ser humano en su universalidad sin diferencias por razón de procedencia o raza.  

2.- La razón se adueña de todas las parcelas creativas ya sean artísticas, técnicas o científicas. Tanto es así que se niega cualquier forma de conocimiento proveniente de los sentimientos, de la fantasía o de la creatividad.  

3.- El orden predomina en cualquier actividad humana ya sea la construcción de un parque (como los jardines a la francesa), un edificio, una tertulia o una obra literaria. 

4.- El neoclasicismo europeo pone las semillas para los cambios políticos de ese siglo derrocando en algunos países (lee la Revolución Francesa) a la monarquía absolutista o poniendo las bases para una primera separación de los poderes del estado y la iglesia. 

5.- Con una población analfabeta que rondaba el 70% (y en España más allá del 80%) creen en el poder de la instrucción como factor de progreso humano. 

6.- Todo en las artes se hace conforme a unos principios de imitación, orden, mesura, sencillez, racional y libre de cualquier adorno que se considera superfluo.  

La literatura neoclásica y las artes en la ilustración 

1.- Con estos cimientos filosóficos todas las artes, incluida la literatura, se vuelve ordenada, fría, mimética y circunscribiéndose a una prosa transparente que huye, incluso, del principio de belleza. 

2.- La poesía queda relegada a algunas obras menores de corte filosófico. Se eliminan cualquier atisbo de artificio en aras de una sencillez casi burocrática, una de las características más llamativas de la literatura neoclásica.  

3.- El teatro se vuelve estructurado al máximo conservando los tres principios (acción, tiempo y lugar) y siempre con unos fines educativos. El neoclasicismo español logró, incluso, que se suprimieran por ley los autos sacramentales tan populares en la época.  

4.- Aparece un nuevo género: la crítica literaria. A la par, el ensayo adquiere cotas nunca vistas en la historia de la literatura. Este se vuelve mordaz, irónico, crítico en extremo en un intento por poner de manifiesto todos los males de la época. 

5.- La prosa es sencilla, transparente, libre de artificios, metáforas o cualquier otra figura retórica. 

6.- La pintura es sobria centrada en los retratos de los grandes personajes. 

7.- Aunque el neoclasicismo es un movimiento austero, sí dio grandes obras de arquitectura en el que primaban las columnas sencillas y altas tal como aparecían en las incipientes excavaciones arqueológicas. 

El neoclasicismo español y su contexto histórico 

1.- A pesar de que en España la burguesía apenas tenía poder y la sociedad se encontraba cerrada a cualquier influencia exterior, un buen puñado de ilustrados pudieron generar un cambio permanente en el panorama artístico e incluso político. 

2.- Fue en el último período del siglo XVII, cuando empieza a decaer el Barroco, cuando comenzó a gestarse las ideas de la ilustración. Reinaba Felipe V (1683-1746) el que centralizó todos los poderos del estado en Madrid, eliminando privilegios de reinos o casas nobiliarias. 

3.- A la par, el rey se enfrentó con la Iglesia al anteponer las necesidades de la corona a los de la Santa Sede. Esto provocó enfrentamientos con algunas órdenes religiosas, especialmente con la Compañía de Jesús, que se saldó, a la larga (en 1767), con su expulsión del país. 

4.- La instrucción y los estudios se ampliaron con obras hasta entonces prohibidas o, sencillamente, vetadas a la circulación. Ni que decir tiene que esto contribuyó al avance de las nuevas ideas procedentes de Europa que fueron el germen del neoclasicismo español. Las obras de Voltaire y Rousseau, consideradas revolucionarias, comenzaron a leerse y a estudiarse en España. 

5.- El neoclasicismo español, a pesar de ser un movimiento de élite, se democratizó al salir de las aulas universitarias o de los centros de enseñanza superiores. Estos ilustrados gustaban de reunirse en cafés donde organizaban tertulias. Allí se debatía sobre lo divino, lo humano, el progreso, las reformas legislativas necesarias, los cánones artísticos o las noticias del momento. Todo ello contribuyó a una comunicación más rápida y fluida apoyada por un incipiente periodismo. 

6.- Como sus colegas europeos, los ilustrados españoles que formaban el neoclasicismo español  creían en el espíritu positivista burgués, en el poder de la instrucción, en la necesidad de imponer la razón crítica en cualquier orden de la vida,  en la posibilidad de crecimiento y de felicidad de la humanidad en su conjunto. 

7.- El neoclasicismo español, que se afianzó en Madrid en las primeras décadas del siglo XVIII, termina abruptamente con la Revolución Francesa de 1789. Lo acontecido en Versalles y París con cabezas reales separadas de sus cuerpos y el pueblo tomando las calles hizo frenar a los poderes políticos españoles cualquier idea que pudiera calificarse como ilustrada. Lo entendemos mejor con las palabras del ministro Floridablanca. 

“Se dice que este siglo ilustrado ha enseñado a los hombres sus derechos. Pero también les ha robado, además de su felicidad verdadera, la tranquilidad y la seguridad de su persona y familia. Aquí no queremos ni tanta luz ni sus consecuencias: actos insolentes, palabras y escritos en contra de la autoridad legítima.” 

8.- A partir de este momento histórico, el miedo se apoderó de la corte, de la política y de los poderes socioeconómicos. En un intento por frenar estas ideas tan revolucionarias que habían hecho caer monarquías consolidadas se suprime la prensa escrita e, incluso, se persiguen las tertulias y reuniones. 

9.- Antes de que esto sucediera se crearon instituciones que aún hoy están activas y que han contribuido en estos siglos al avance de la ciencia, de las letras o del conocimiento. En 1912 se abre la Biblioteca Nacional y un año más tarde la Real Academia de la Lengua. Entre 1726 y 1739 se publica el primer Diccionario de Autoridades para seguirle la Ortografía y la Gramática. La Academia de la Historia se funda en 1735. Además, a partir de 1769 se reforman las universidades dejando de lado planes de estudios que tenían arraigo medieval casi para ponerse en contacto con las ideas, estudios y obras del resto de Europa. 

10.- El neoclasicismo español, además, defiende el español de la intrusión de los barbarismos (palabras y/o expresiones en lengua extranjera). A la par, nuestro idioma se instaura como lengua de cultura relegando paulatinamente el latín de las aulas, tesis doctorales, estudios científicos o críticos. 

Los autores del neoclasicismo español 

Aunque en España, en el ámbito literario no se produjo una explosión de obras y creadores como sucedió en el Barroco, por poner un caso, sí tenemos un puñado de autores que han pasado al canon patrio por su aportación a la literatura. 

 

1.- Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro (1676-1764), uno de los introductores del neoclasicismo español

Fue un fraile benedictino profesor en la Universidad de Oviedo. Con estos datos nos sorprende su actitud revolucionaria (para la época) en el ámbito intelectual. Considerado uno de los máximos exponentes del neoclasicismo español, fue un ávido lector de obras publicadas en el extranjero a la par que un estudioso incansable. En 1726, cuando contaba la edad de cincuenta años, publica Teatro crítico universal y Cartas eruditas. En ellas aborda, con el estilo claro, conciso, limpio y libre de adornos tan característico de la literatura neoclásica, temáticas diversas de arte, teología, ciencias, filosofía, historia… Combatiente de la supersticiones tan populares y extendidas en la época, promulgaba que la ciencia y la religión no eran incompatibles.  Su ejemplo y sus libros, que fueron auténticos best-sellers en la época, fueron la base para la crítica y el ensayo generado durante todo el siglo XVIII.  

2.- José Cadalso, el autor de las Cartas marruecas

Nació en Cádiz en 1741, por entonces un hervidero intelectual, procedente de una familia de la baja nobleza. Su formación no solo fue libresca ya que viajó por Europa y estudió idiomas (algo raro en la sociedad hispana hasta hace prácticamente unos cuantos años) llegando a  coronel del ejército a una edad bastante temprana. Tras un incidente tenebroso casi al morir su amada (la actriz María Ignacia Ibáñez), su familia lo envía a Salamanca donde entra en contacto con el mundillo de los ilustrados.  

Cadalso es uno de los autores más representativos del neoclasicismo español al crear una obra crítica con visos satíricos siguiendo todos los postulados del movimiento. Destacan sus Cartas marruecas (1793), que ha entrado en el canon, Noches lúgubres (publicadas tras su fallecimiento en 1798) que adelanta las características del Romanticismo y Los eruditos a la violeta (1772). Murió en 1782 en la guerra contra Inglaterra, al ser alcanzado por una granada en la cabeza en el Bloqueo de Gibraltar. 

3.-Tomás de Iriarte, el autor del neoclasicismo español que gustó de las fábulas

Nacido en 1750 y muerto en 1791 fue educado en los principios de la Ilustración. En sus libros recoge pequeños cuentos moralizantes en los que predomina una crítica ácida a las costumbres de la burguesía y de las gentes de su tiempo.  

4.- Gaspar Melchor de Jovellanos, el escritor del neoclasicismo español que gustaba del periodismo

Nacido en 1744, se suicida en 1811. Aunque participa de los principios de la Ilustración con una prosa clara, concisa, sencilla y con visos de verosimilitud muy cercana al periodismo, adelanta el Romanticismo literario. Sus escritos satíricos y críticos han entrado incluso en el canon y son testimonios fieles de los vicios de la época: adulterios, corrupciones, costumbres supersticiosas, atrasos económicos y de instrucción, la mala educación de la élite (lee aristocracia e, incluso, monarquía) pasan por su pluma inteligente y mordaz. 

 

5.- Leandro Fernández  de Moratín 

Nace en Madrid en 1760 y muere en París en 1828 donde estaba exiliado. Sus obras se encuadran en la poesía (que cultivaba desde joven), la sátira y el teatro. En estas últimas se dedica a criticar y a satirizar todos los vicios y costumbres de la época llegando, incluso, a granjearse enemistades importantes. Vivió sin apuros económicos gracias al mecenazgo de Floridablanca, uno de los ministros más poderosos del reino. Durante los asaltos de la  Revolución Francesa se refugió en Inglaterra. Fue, por tanto, por educación, familia, instrucción, vida cosmopolita y profesión, uno de los intelectuales más significativos de la época. 

Otros nombres que forman parte del neoclasicismo español son José Francisco de Isla, Diego Torres Villarroel y Jose María Blanco. El movimiento, como hemos visto, a pesar del carácter patrio tan poco dado a la razón y al orden, tuvo representantes de interés y dejó bellas obras de arquitectura y literatura para la posteridad. 

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Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

 

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Con este nombre se conoce al siglo XVIII cuando un grupo de filósofos, intelectuales y artistas abandonan los  principios del Barroco en un intento de dar un cambio radical a la sociedad. El siglo XVIII fue el del empirismo, el del avance de la prensa escrita, el de la creación de la burguesía, el del racionalismo y la comprobación, el del surgimiento del ateísmo intelectual. El Siglo de las Luces comenzó en Gran Bretaña para extenderse por Francia y el resto de países europeos.  En España tuvo una importancia discreta con ideas importadas de exiliados y eruditos. Donde sí arraigó y se profundizó fue en Alemania llegando a su cenit con la filosofía de Kant. 

El presente estudio es solo un resumen de todo lo que aconteció en el plano cultural durante estas décadas entre los períodos barrocos y el auge del Romanticismo literario. Como extracto que es este trabajo solo me detengo en las líneas principales. La época está dominada por la publicación de los primeros tratados científicos, como el Principia (1687) donde Isaac Newton expone la teoría de la gravedad y pone las bases para la posterior mecánica de fluidos.  

El Siglo de las Luces está dominado por la ascensión de una incipiente burguesía que va a ir acabando con las bases del Antiguo Régimen. A la par, la población europea alcanza casi un 70% de analfabetismo. Estas diferencias serán el caldo de cultivo para las revoluciones posteriores. Recuerdo que la Revolución Francesa que acaba con la monarquía absoluta y sus privilegios tiene lugar en 1789 y que la Guerra de la Independencia de Estados Unidos en 1775. El sustrato para esos cambios necesarios en el mundo nuevo se cimentaron con las ideas de un grupo de ilustrados (de aquí su otro nombre) que formaban parte de las elites culturales de la época. 

 

Antecedentes del siglo de las luces

La Ilustración, tal como también se le conoce a esta época, tiene sus bases en la filosofía, cultura y movimientos artísticos precedentes. Hay historiadores que encuentran esas influencias en el último Renacimiento,  aunque los grandes hitos se desarrollan en las últimas décadas del XVII y aquí sí hay acuerdo entre investigadores.  

Con anterioridad, en Europa se sucedía una guerra tras otra donde se intentaba dirimir derechos de sucesión, fronteras, territorios conquistados, rutas comerciales o ideas religiosas. Todo ello minaba la economía con hambrunas frecuentes y enfermedades terribles que reducían la población drásticamente. Pestes, sequías o asaltos eran frecuentes.  

1.- La cultura anterior al Siglo de Las Luces

Paralelamente, hay un fuerte desarrollo del misticismo. La verdad se quería alcanzar a través de la revelación que, por supuesto,  siempre sería individual. En España recordamos a dos de los más grandes en el panorama internacional:  Teresa de Ávila y Juan de la Cruz.   

Contra esto se revuelven una serie de intelectuales propugnando la instalación de la razón  en todos los órdenes de la vida. La obra de Spinoza, Ética, publicada en 1677 proponía una visión cosmogónica de la existencia. Eso significaba, en esencia, negar casi la existencia de un mundo desconocido, más allá del tangible y natural que conocemos.  

En 1637 René Descartes publica su Discurso del método: para dirigir bien la razón y buscar la verdad en las ciencias. Y  el nombre ya lo dice todo,  ya que se niega cualquier fórmula de alcanzar el conocimiento que no provenga de la comprobación y de las pruebas matemáticas. Las bases del racionalismo estaban puestas y no desaparecerían hasta bien entrado el siglo XX, con el avance del psicoanálisis, el retorno al estudio de los símbolos y el conocimiento sobre los arquetipos universales.  

2.- El orden social que desencadena el Siglo de las Luces

Con todos estos componentes podemos entender que se vaya desarrollando un progresivo ateísmo y una visión antropocéntrica del universo. A la par surge la conciencia de la posibilidad de avanzar por méritos propios (proveniente del auge burgués) y una negación de las instituciones anteriores que eran consideradas oscuras en el sentido amplio del término.

Así se abre la puerta para los cambios políticos de todo tipo, para las guerras o revoluciones que culminan con la independencia de los países colonizados a lo largo del siglo XIX o el derrocamiento de las monarquías absolutas. Se ponen, además, las bases para separar la iglesia de los poderes del estado, a la par que se van creando centros científicos de todo tipo a lo largo y ancho de toda Europa.  

 

Características de la cultura europea en el Siglo de las Luces 

Por eso, entrado el siglo XVIII, el de la Ilustración nos encontramos las siguientes características:  

 

10 características del Siglo de las Luces o de la Ilustración

1.- La razón humana se convierte en dueña y señora del pensamiento. Por tanto, son ilegítimas otras formas de llegar al conocimiento y aquí se engloba desde la mística hasta la tradición antigua. 

2.-  Ni que decir tiene que esto hace que se aparten de la cultura eclesiástica en todas sus formas. 

3.- Solo tiene valor el empirismo,  esto es lo que puede ser comprobado vía razón abriendo las puertas para el método científico. 

4.-  El orden es elevado como bien supremo, fuente de progreso e, incluso, de felicidad. Además es el único que facilita el desarrollo social y económico. 

5.- Lo único que importa es la vida en este plano. Por eso, hay que hacer un intento por mejorarla de múltiples maneras. 

6.- La desvinculación con la Iglesia viene de un desarrollo del panteísmo. Esto es, se defiende un dios natural presente en todas las cosas con quien se puede mantener comunicación sin tener por qué mediar intermediarios. Esto hace que se nieguen los principios eclesiásticos y, por tanto, el poder de la Iglesia. 

7.- Se desarrollan vastas obras de conocimiento cuya apoteosis es la Encyclopèdie de Diderot y D´Alambert, una referencia en el estudio hasta prácticamente finales del siglo XX con el desarrollo de Internet. 

8.- La burguesía en el Siglo de las Luces va a tener un papel predominante desplazando a la clase aristocrática privilegiada aferrada a supuestos derechos de origen medieval. 

9.- Esto conlleva que los centros económicos se desplacen desde las explotaciones agrícolas hacia las incipientes urbes y que la manufactura de los burgos medievales acaben convirtiéndose en novedosos centros industriales. 

10.- En estas circunstancias cada estamento (aunque no puede llamarse así) o clase social intenta consolidar su poder. La fuerte dependencia de la monarquía del clero suponía, en esencia, que los países católicos estuvieran auditados de alguna forma por el Vaticano. Ante esto se pone resistencia. 

 

Otras 10 características más del Siglo de las Luces o de la Ilustración

11.- Paralelamente hay un intento por reducir el poder del clero sobre la enseñanza. 

12.- Las ideas ilustradas del Siglo de las Luces calaron de distinto modo en cada país de tal modo que algunas naciones, como España, aún anclada en conceptos medievales, no lograra asimilarlas a fondo. 

13.-  De todos modos, la Ilustración tenía un fuerte componente universal al negar las naciones y la división territorial. Todo ello como consecuencia de centrarse en el poder del ser humano. 

14.- El que pusieran en entredicho la tradición anterior les hizo  tener un carácter crítico aliñado con los postulados del racionalismo que negaban cualquier hecho o circunstancia que no fuera fruto de la comprobación. 

15.- Su afán por encontrar las reglas presentes en la naturaleza les llevó a negar la genialidad. Se creía que las obras de arte se podían crear siguiendo un canon o unas instrucciones. 

16.- La creencia en el avance del ser humano (por medio de la educación) les llevó a una idealización, ya que negaban cualquier componente salvaje. Habría que denominarlo así porque aún no se había definido el concepto de inconsciente. 

17.- El descubrimiento de las reglas que obran en la naturaleza les hace abrazar la imitación. Con ello se suponía que se alcanzaría la perfección. No tiene nada que ver con la idea de autoridad medieval. 

18.- Es la época de la creación de las grandes academias de las artes y las ciencias. 

19.- Por primera vez en la historia de la humanidad se busca alcanzar la felicidad personal en el ámbito físico. 

20.- Esta debería ser universal y, por tanto, se abre la puerta para ir eliminando los distintos sistemas de esclavitud imperante hasta entonces.  

Movimientos estéticos en el Siglo de las Luces

La Ilustración niega cualquier estructuración anterior y se mete de lleno en el papel del hombre en  su posición en  el Universo. Sin llegar al ateísmo sí postulan un orden natural perfecto en el que cada pieza tiene su función y que es misión del hombre descubrirla mediante los postulados de la razón. El orden y la armonía se trasladan a la simetría arquitectónica de las obras que se levantan en esta época. Todo ello saltaría por los aires a finales del Siglo XVIII con  la irrupción del Romanticismo. Fueron sus abanderados Rousseau en Francia y Goethe en Alemania quienes casi a la par descubrieron que no todo puede ser cerebral y que algo intangible, inconsciente y esotérico incluso se esconde en los dictados del corazón. Ni que decir tiene que este es también fuente de conocimiento.  

En este sentido, el Siglo de las Luces parece acabar abrazando el concepto de demiurgo. Esto es, se llega a aceptar la idea de la personalidad o del carácter del genio que no puede explicarse simplemente por la acción de la formación o la educación racional. Por tanto, hay individuos que nacen con unas dotes que son inexplicables a la mente racional.  

Son dos los movimientos estéticos del Siglo de las Luces: el neoclasicismo y el prerromanticismo. 

1.-El neoclasicismo y su importancia en el Siglo de las Luces 

Corresponde a la primera época y en ella se defienden todos los postulados que caracteriza la época. El arte tiene una finalidad y esta es encontrar las leyes que rigen la comunión del hombre con la naturaleza. La expresión (por las vías que se crean más conveniente) de estas normas sería lo único aceptado.  

El artista no puede estar encerrado en su particular torre de marfil y tiene una función. Por un lado, tiene que descubrir esas leyes (como si se tratara de física o matemáticas), ponerlas en evidencia y proponer ideas de mejora. 

Con este sustrato es normal que la crítica en todas sus acepciones fuera muy frecuente en literatura. A esto se unió también el auge de un incipiente periodismo. Por otro lado, también aumentó la sátira en un deseo quizás de dulcificar los rigores críticos. 

Una vez encontradas las reglas que rigen el universo al artista solo le cabe la imitación negando cualquier concepto de genialidad. Se vuelve al orden del Imperio Romano (presente en la arquitectura especialmente con sus edificios de columnas limpias) y al Renacimiento. Todo ello sin la “gracia” de estas épocas al revestirse cualquier manifestación artística de rigidez en el amplio sentido de la palabra.  

Hay una negación de los sentimientos, del drama, del desorden. En esta época, por poner un caso, nacen los jardines a la francesa con su diseño en cuadrícula que niega cualquier atisbo de caos. Por tanto, cualquier manifestación artística, a pesar de su calidad, se tiende a calificar como fría, algo “razonable”, si solo nos atenemos a los postulados del cerebro consciente. 

2.- Prerromanticismo el otro movimiento estético en el Siglo de las Luces

Hacia las décadas finales, aún haciéndose eco de las ideas ilustradas, algunos artistas se revelan contra el exceso normativo y ordenador de la época. Por tanto, hay una evolución filosófica que pretendía desligarse de los corsés academicistas anteriores. 

Poco a poco se va poniendo en su sitio el papel de los entimientos. Por tanto, se vuelve a expresar la intimidad, los miedos, deseos, tristezas y dudas. En fin, de alguna manera u otra, se recupera la otra parte de la humanidad que había quedado arrinconada en favor de un racionalismo fuera de sí. 

Se comienzan a poner en duda las reglas que coartan libertad, inspiración y genialidad. Se vuelve hacia el espíritu creativo, subversivo y transformador. Se olvidan los conceptos de imitación que poco o nada puede aportar al arte y a cualquier expresión humana.  A la par, comienza a haber un gusto por las naturalezas en caos, por ríos que se desbordan, montañas que alcanzan las nubes, selvas… Y de aquí a los fantasmas que es una de las características del Romanticismo hay un solo paso.   

El Siglo de las Luces, en definitiva, a pesar de ese racionalismo fuera de sí puso las bases para la ciencia contemporánea a la par que se comenzó a aceptar al ser humano en toda su potencialidad. Es en esta época cuando se ensalza la libertad, la igualdad, el universalismo, el conocimiento y su poder transformador. En la Ilustración, además, se colocan los cimientos para desligar los postulados religiosos de la política y comienzan los movimientos de independencia que culminarían con la Declaración de los Derechos Humanos tras la Segunda Guerra Mundial.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Damos un repaso a los grandes hitos históricos y nos adentramos en todas las culturas que ha habido sobre el planeta Tierra. 

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Con este nombre se conoce al siglo XVIII cuando un grupo de filósofos, intelectuales y artistas abandonan los  principios del Barroco en un intento de dar un cambio radical a la sociedad. El siglo XVIII fue el del empirismo, el del avance de la prensa escrita, el de la creación de la burguesía, el del racionalismo y la comprobación, el del surgimiento del ateísmo intelectual. El Siglo de las Luces comenzó en Gran Bretaña para extenderse por Francia y el resto de países europeos.  En España tuvo una importancia discreta con ideas importadas de exiliados y eruditos. Donde sí arraigó y se profundizó fue en Alemania llegando a su cenit con la filosofía de Kant. 

El presente estudio es solo un resumen de todo lo que aconteció en el plano cultural durante estas décadas entre los períodos barrocos y el auge del Romanticismo literario. Como extracto que es este trabajo solo me detengo en las líneas principales. La época está dominada por la publicación de los primeros tratados científicos, como el Principia (1687) donde Isaac Newton expone la teoría de la gravedad y pone las bases para la posterior mecánica de fluidos.  

El Siglo de las Luces está dominado por la ascensión de una incipiente burguesía que va a ir acabando con las bases del Antiguo Régimen. A la par, la población europea alcanza casi un 70% de analfabetismo. Estas diferencias serán el caldo de cultivo para las revoluciones posteriores. Recuerdo que la Revolución Francesa que acaba con la monarquía absoluta y sus privilegios tiene lugar en 1789 y que la Guerra de la Independencia de Estados Unidos en 1775. El sustrato para esos cambios necesarios en el mundo nuevo se cimentaron con las ideas de un grupo de ilustrados (de aquí su otro nombre) que formaban parte de las elites culturales de la época. 

 

Antecedentes del siglo de las luces

La Ilustración, tal como también se le conoce a esta época, tiene sus bases en la filosofía, cultura y movimientos artísticos precedentes. Hay historiadores que encuentran esas influencias en el último Renacimiento,  aunque los grandes hitos se desarrollan en las últimas décadas del XVII y aquí sí hay acuerdo entre investigadores.  

Con anterioridad, en Europa se sucedía una guerra tras otra donde se intentaba dirimir derechos de sucesión, fronteras, territorios conquistados, rutas comerciales o ideas religiosas. Todo ello minaba la economía con hambrunas frecuentes y enfermedades terribles que reducían la población drásticamente. Pestes, sequías o asaltos eran frecuentes.  

1.- La cultura anterior al Siglo de Las Luces

Paralelamente, hay un fuerte desarrollo del misticismo. La verdad se quería alcanzar a través de la revelación que, por supuesto,  siempre sería individual. En España recordamos a dos de los más grandes en el panorama internacional:  Teresa de Ávila y Juan de la Cruz.   

Contra esto se revuelven una serie de intelectuales propugnando la instalación de la razón  en todos los órdenes de la vida. La obra de Spinoza, Ética, publicada en 1677 proponía una visión cosmogónica de la existencia. Eso significaba, en esencia, negar casi la existencia de un mundo desconocido, más allá del tangible y natural que conocemos.  

En 1637 René Descartes publica su Discurso del método: para dirigir bien la razón y buscar la verdad en las ciencias. Y  el nombre ya lo dice todo,  ya que se niega cualquier fórmula de alcanzar el conocimiento que no provenga de la comprobación y de las pruebas matemáticas. Las bases del racionalismo estaban puestas y no desaparecerían hasta bien entrado el siglo XX, con el avance del psicoanálisis, el retorno al estudio de los símbolos y el conocimiento sobre los arquetipos universales.  

2.- El orden social que desencadena el Siglo de las Luces

Con todos estos componentes podemos entender que se vaya desarrollando un progresivo ateísmo y una visión antropocéntrica del universo. A la par surge la conciencia de la posibilidad de avanzar por méritos propios (proveniente del auge burgués) y una negación de las instituciones anteriores que eran consideradas oscuras en el sentido amplio del término.

Así se abre la puerta para los cambios políticos de todo tipo, para las guerras o revoluciones que culminan con la independencia de los países colonizados a lo largo del siglo XIX o el derrocamiento de las monarquías absolutas. Se ponen, además, las bases para separar la iglesia de los poderes del estado, a la par que se van creando centros científicos de todo tipo a lo largo y ancho de toda Europa.  

 

Características de la cultura europea en el Siglo de las Luces 

Por eso, entrado el siglo XVIII, el de la Ilustración nos encontramos las siguientes características:  

 

10 características del Siglo de las Luces o de la Ilustración

1.- La razón humana se convierte en dueña y señora del pensamiento. Por tanto, son ilegítimas otras formas de llegar al conocimiento y aquí se engloba desde la mística hasta la tradición antigua. 

2.-  Ni que decir tiene que esto hace que se aparten de la cultura eclesiástica en todas sus formas. 

3.- Solo tiene valor el empirismo,  esto es lo que puede ser comprobado vía razón abriendo las puertas para el método científico. 

4.-  El orden es elevado como bien supremo, fuente de progreso e, incluso, de felicidad. Además es el único que facilita el desarrollo social y económico. 

5.- Lo único que importa es la vida en este plano. Por eso, hay que hacer un intento por mejorarla de múltiples maneras. 

6.- La desvinculación con la Iglesia viene de un desarrollo del panteísmo. Esto es, se defiende un dios natural presente en todas las cosas con quien se puede mantener comunicación sin tener por qué mediar intermediarios. Esto hace que se nieguen los principios eclesiásticos y, por tanto, el poder de la Iglesia. 

7.- Se desarrollan vastas obras de conocimiento cuya apoteosis es la Encyclopèdie de Diderot y D´Alambert, una referencia en el estudio hasta prácticamente finales del siglo XX con el desarrollo de Internet. 

8.- La burguesía en el Siglo de las Luces va a tener un papel predominante desplazando a la clase aristocrática privilegiada aferrada a supuestos derechos de origen medieval. 

9.- Esto conlleva que los centros económicos se desplacen desde las explotaciones agrícolas hacia las incipientes urbes y que la manufactura de los burgos medievales acaben convirtiéndose en novedosos centros industriales. 

10.- En estas circunstancias cada estamento (aunque no puede llamarse así) o clase social intenta consolidar su poder. La fuerte dependencia de la monarquía del clero suponía, en esencia, que los países católicos estuvieran auditados de alguna forma por el Vaticano. Ante esto se pone resistencia. 

 

Otras 10 características más del Siglo de las Luces o de la Ilustración

11.- Paralelamente hay un intento por reducir el poder del clero sobre la enseñanza. 

12.- Las ideas ilustradas del Siglo de las Luces calaron de distinto modo en cada país de tal modo que algunas naciones, como España, aún anclada en conceptos medievales, no lograra asimilarlas a fondo. 

13.-  De todos modos, la Ilustración tenía un fuerte componente universal al negar las naciones y la división territorial. Todo ello como consecuencia de centrarse en el poder del ser humano. 

14.- El que pusieran en entredicho la tradición anterior les hizo  tener un carácter crítico aliñado con los postulados del racionalismo que negaban cualquier hecho o circunstancia que no fuera fruto de la comprobación. 

15.- Su afán por encontrar las reglas presentes en la naturaleza les llevó a negar la genialidad. Se creía que las obras de arte se podían crear siguiendo un canon o unas instrucciones. 

16.- La creencia en el avance del ser humano (por medio de la educación) les llevó a una idealización, ya que negaban cualquier componente salvaje. Habría que denominarlo así porque aún no se había definido el concepto de inconsciente. 

17.- El descubrimiento de las reglas que obran en la naturaleza les hace abrazar la imitación. Con ello se suponía que se alcanzaría la perfección. No tiene nada que ver con la idea de autoridad medieval. 

18.- Es la época de la creación de las grandes academias de las artes y las ciencias. 

19.- Por primera vez en la historia de la humanidad se busca alcanzar la felicidad personal en el ámbito físico. 

20.- Esta debería ser universal y, por tanto, se abre la puerta para ir eliminando los distintos sistemas de esclavitud imperante hasta entonces.  

Movimientos estéticos en el Siglo de las Luces

La Ilustración niega cualquier estructuración anterior y se mete de lleno en el papel del hombre en  su posición en  el Universo. Sin llegar al ateísmo sí postulan un orden natural perfecto en el que cada pieza tiene su función y que es misión del hombre descubrirla mediante los postulados de la razón. El orden y la armonía se trasladan a la simetría arquitectónica de las obras que se levantan en esta época. Todo ello saltaría por los aires a finales del Siglo XVIII con  la irrupción del Romanticismo. Fueron sus abanderados Rousseau en Francia y Goethe en Alemania quienes casi a la par descubrieron que no todo puede ser cerebral y que algo intangible, inconsciente y esotérico incluso se esconde en los dictados del corazón. Ni que decir tiene que este es también fuente de conocimiento.  

En este sentido, el Siglo de las Luces parece acabar abrazando el concepto de demiurgo. Esto es, se llega a aceptar la idea de la personalidad o del carácter del genio que no puede explicarse simplemente por la acción de la formación o la educación racional. Por tanto, hay individuos que nacen con unas dotes que son inexplicables a la mente racional.  

Son dos los movimientos estéticos del Siglo de las Luces: el neoclasicismo y el prerromanticismo. 

1.-El neoclasicismo y su importancia en el Siglo de las Luces 

Corresponde a la primera época y en ella se defienden todos los postulados que caracteriza la época. El arte tiene una finalidad y esta es encontrar las leyes que rigen la comunión del hombre con la naturaleza. La expresión (por las vías que se crean más conveniente) de estas normas sería lo único aceptado.  

El artista no puede estar encerrado en su particular torre de marfil y tiene una función. Por un lado, tiene que descubrir esas leyes (como si se tratara de física o matemáticas), ponerlas en evidencia y proponer ideas de mejora. 

Con este sustrato es normal que la crítica en todas sus acepciones fuera muy frecuente en literatura. A esto se unió también el auge de un incipiente periodismo. Por otro lado, también aumentó la sátira en un deseo quizás de dulcificar los rigores críticos. 

Una vez encontradas las reglas que rigen el universo al artista solo le cabe la imitación negando cualquier concepto de genialidad. Se vuelve al orden del Imperio Romano (presente en la arquitectura especialmente con sus edificios de columnas limpias) y al Renacimiento. Todo ello sin la “gracia” de estas épocas al revestirse cualquier manifestación artística de rigidez en el amplio sentido de la palabra.  

Hay una negación de los sentimientos, del drama, del desorden. En esta época, por poner un caso, nacen los jardines a la francesa con su diseño en cuadrícula que niega cualquier atisbo de caos. Por tanto, cualquier manifestación artística, a pesar de su calidad, se tiende a calificar como fría, algo “razonable”, si solo nos atenemos a los postulados del cerebro consciente. 

2.- Prerromanticismo el otro movimiento estético en el Siglo de las Luces

Hacia las décadas finales, aún haciéndose eco de las ideas ilustradas, algunos artistas se revelan contra el exceso normativo y ordenador de la época. Por tanto, hay una evolución filosófica que pretendía desligarse de los corsés academicistas anteriores. 

Poco a poco se va poniendo en su sitio el papel de los entimientos. Por tanto, se vuelve a expresar la intimidad, los miedos, deseos, tristezas y dudas. En fin, de alguna manera u otra, se recupera la otra parte de la humanidad que había quedado arrinconada en favor de un racionalismo fuera de sí. 

Se comienzan a poner en duda las reglas que coartan libertad, inspiración y genialidad. Se vuelve hacia el espíritu creativo, subversivo y transformador. Se olvidan los conceptos de imitación que poco o nada puede aportar al arte y a cualquier expresión humana.  A la par, comienza a haber un gusto por las naturalezas en caos, por ríos que se desbordan, montañas que alcanzan las nubes, selvas… Y de aquí a los fantasmas que es una de las características del Romanticismo hay un solo paso.   

El Siglo de las Luces, en definitiva, a pesar de ese racionalismo fuera de sí puso las bases para la ciencia contemporánea a la par que se comenzó a aceptar al ser humano en toda su potencialidad. Es en esta época cuando se ensalza la libertad, la igualdad, el universalismo, el conocimiento y su poder transformador. En la Ilustración, además, se colocan los cimientos para desligar los postulados religiosos de la política y comienzan los movimientos de independencia que culminarían con la Declaración de los Derechos Humanos tras la Segunda Guerra Mundial.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Siglo de las Luces

  Con este nombre se conoce al siglo XVIII cuando un grupo de filósofos, intelectuales y arti...
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