Códice Calixtino o Codex Calixtinus

Códice Calixtino o Codex Calixtinus

Códice Calixtino o Codex Calixtinus

Candela Vizcaíno

Ensayo sobre la importancia del Códice Calixtino también llamado Códex Calixtinus custodiado en la Catedral De Santiago de Compostela.  

El llamado Códice Calixtino o Codex Calixtinus es un manuscrito miniado (ilustrado) del siglo XII que se custodia en la Catedral de Santiago de Compostela. Debe su nombre a que comienza con una carta del Papa Calixto II. Saltó a la fama en el verano del año  2011 ya que en esas fechas los encargados del archivo se dieron cuenta de que había sido objeto de un hurto, robo o destrucción. En aquella fecha no estaba claro el posible destino de la obra. La polémica a raíz de la noticia estuvo servida al cuestionarse los sistemas de seguridad de importantes tesoros culturales únicos en la historia de la humanidad. El libro fue recuperado por la policía un año más tarde oculto (junto con otros objetos litúrgicos de valor) en un trastero propiedad de un empleado catedralicio. El Códice Calixtino es uno de esos raros libros medievales de tanta importancia que ha sido catalogado por la Unesco como perteneciente a la Memoria del Mundo. Aunque, como otras obras de la época, es una amalgama de textos, salmos y oraciones. Sin embargo, en esencia, puede considerarse la primera guía de viaje del Camino de Santiago.

¿Por qué es tan importante el Códice Calixtino o Codex Calixtinus para la historia de la humanidad? 

Cuando nos levantamos aquel día con la noticia de su robo la polémica y las noticias, a veces, contradictorias se sucedieron. Tanto fue así que incluso fue protagonista de los primeros memes de la historia de Internet en español. Para entender su importancia, hay que conocer el valor de todos (absolutamente todos) los libros medievales que han llegado hasta nosotros. Son tan pocos los ejemplares que se realizaban pacientemente en los scriptoria medievales que, por poner un caso, tan solo se pasaba a papel obras de literatura que ya, en la época, eran consideradas que formarían parte del canon. Este es el caso del códice con el manuscrito del Cantar del Mío Cid, joya entre las joyas de los cantares de gesta.  

Las fuerzas intelectuales y espirituales así como los recursos materiales se reservaban para que no se perdieran los retazos de historia, botánica, filosofía o literatura griega o latina que llegaban a los scriptoria de los monasterios. También se ponían por escrito aquellas obras religiosas que se convertían en auténticos best seller de la época, aunque no existía un comercio libresco como tal, que eso llegaría con la imprenta en pleno Renacimiento. Y los que se iluminaban (ilustraban) estaban en la cúspide del conocimiento, tanto que se consideraban imprescindibles para la salvación del alma. Este es el caso de los denominados beatos, obras cumbres del arte mozárabe hispánico.  

Los libros medievales y su importancia más allá del Códice Calixtino o Codex Calixtinus 

Voy  a enumerar unas cuantas razones aunque solo sea atropelladamente. 

  • En primer lugar, cualquier libro de esta época (siglo XII) ya tiene un valor incalculable, tanto material, como cultural. Nos han llegado retazos de obras anteriores pero estas están muy limitadas. 
  • Y esto es así porque quedan muy pocos códices (prácticamente todos los son) de estos siglos.
  • Han sucumbido a los estragos del tiempo, a la desidia humana, a las llamas (algunas intencionadas), a los roedores y al desgaste.
  • Hay que tener en cuenta que hasta bien entrado el siglo XV no comienza el auge de la imprenta. 
  • Por tanto, con anterioridad al invento de los tipos móviles de Gutenberg todos los libros sin excepción eran manuscritos, ejecutados, normalmente, en los scriptoria medievales por monjes, más o menos diestros. Eran “fabricados” mediante un lento proceso de elaboración en el que se utilizaban pieles de animales como soporte.
  • Esto significa que para copiar un libro –ya no digamos para producir o crear tal como lo conocemos hoy en día- se tardaban meses.
  • Por tanto, los códices disponibles en la Edad Media eran escasísimos y un solo dato ilustra esto que digo. El Monasterio de Bobbio en Italia (fuente de inspiración para El nombre de la rosa de Eco) era el que tenía la biblioteca más surtida (como la Biblioteca Nacional de Madrid o La Biblioteca Nacional de Francia de hoy). Y contaba únicamente con 700 (setecientos) ejemplares y lo normal es que un monasterio “culto” tuviera unos 50 (cincuenta) libros en propiedad. 
  • Esto es lo referente al panorama cultural europeo. Otra cosa sucedía con los pocos códices mayas que nos han llegado o con los retazos de los libros atezcas

Además el Códice Calixtino o Codex Calixtinus está miniado

Ahora bien, la obra que nos ocupa no solo es un libro manuscrito, sino que es una obra miniada; es decir, lleva ilustraciones en sus páginas. Únicamente los libros muy importantes (como el Apocalipsis de Liébana), con información trascendental, la que indica el camino para la salvación de las almas, pasaban por las manos de un hermano pintor. 

Si “fabricar” un manuscrito ya era carísimo (por el alto coste de la elaboración de los pergaminos, por el precio de la tinta, por la dificultad para encontrar una edición filológicamente “aceptable” para copiar, por la formación en lengua latina de los monjes medievales, por el tiempo necesario para ello…) una obra miniada era un lujo solo sostenible para miembros de la realeza o de la cúpula del clero. Los soportes de las tintas que daban color se sacaban de piedras preciosas (el lapislázuli para el azul), de animales pequeños o exóticos (la chinchilla para el rojo), del oro, de la plata…  

En fin, eso suponía un coste económico tan elevado que un monasterio que se embarcara en la tarea de realizar un libro como el Codex Calixtinus tenía que tener una scriptorium formadísimo. Además, debían disponer de unos pintores muy diestros y muchos hermanos que se dedicaran al huerto o a la granja. Y que estos pudieran dar de comer a los que realizaban el trabajo intelectual. Tampoco hay que perder de vista que la creatividad como hoy la conocemos casi no existía. Todo se basaba en las copias o la inspiración de otros textos. Por tanto, eran necesarios libros importantes en la biblioteca que sirvieran de base para las copias. Y, por último, no podían faltar unos patrocinadores de muchos posibles, desprendidos y muy preocupados con la salvación de su alma.  

¿Qué nos dice el Códice Calixtino o Codex Calixtinus entre sus páginas? 

Por si esto no fuera poco, el Códice Calixtino es la primera guía de viaje que se conoce del Camino de Santiago. Independientemente de las creencias religiosas de cada uno, no hace falta ponderar aquí la importancia de esta peregrinación en la Edad Media. Decir que aquellos siglos fueron oscuros (no porque no brillara el sol) es decir poco. 

Apenas había rutas de comunicación y los existentes estaban plagados de bandoleros y criminales que, según investigación de Umberto Eco, podían llegar hasta la antropofagia. Los parásitos, el hambre extrema y enfermedades terribles se cebaban sobre la población. De hecho, las muestras con las características del arte medieval son escasísimas, ya que apenas se disponía de financiación para las obras. Una vez superado el terror del primer milenio (en el que se creía que se acabaría el mundo), comenzaron a levantarse por toda Europa las sencillas construcciones siguiendo los postulados de la arquitectura románica. Y, por último, la pintura en la Edad Media está limitada a los grandes patrocinadores de las ciudades estado de Italia enriquecidos con el incipiente comercio y… a los libros. 

La recuperación del Códice Calixtino 

Fue una labor de la policía y sucedió un año más tarde. Los ladrones eran de una misma familia y también tenían en su poder un Libro de Horas, otra joya. Este tipo de libros eran más lujosos aún si cabe y fueron requeridos por alta aristocracia y la monarquía a finales de la Edad Media y principios del Renacimiento. Estas pequeñas joyas (te he dejado una pequeña crítica del Libro de Horas de Don Manuel) se hacían en pequeño formato y estaban profusamente ilustrados. En ellos se reflejaban las oraciones a rezar a lo largo del día y se protegían con una bolsa de terciopelo brocado que se ataba a la cintura para tenerlo siempre a mano.

En resumen, el Códice Calixtino o Codex Calixtinus da cuenta de la dura travesía conocida desde la Edad Media como Camino de Santiago cuando no existían las comodidades que hoy nos son imprescindibles. Esta ruta de peregrinación, aparte de su sentido histórico y religioso, funcionaba en la época como encuentro entre culturas totalmente lejanas. El libro es una especie de guía de viaje donde se señalan las posibles paradas, las iglesias, los puntos importantes. Está iluminado y, por supuesto, escrito a mano con bella caligrafía. Una obra de esta envergadura solo podía ser financiada por las más altas instancias de la iglesia o por la aristocracia más poderosa. El coste económico era tan elevado que antes de la invención de la imprenta los libros se realizaban casi con cuentagotas. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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