La leyenda de La Llorona

La leyenda de La Llorona

 

De todos las historias de la cultura mexicana (que son muchas) una de ellas ha traspasado todo tipo de fronteras. Y esta es la leyenda de La Llorona. Este personaje mítico, símbolo universal, se ha convertido, por sí mismo, en hipotexto. Y explico la palabreja. Esto es, por ella misma es protagonista de otras manifestaciones culturales ya sean películas (aparece incluso un trasunto en la afamada película Coco), canciones (recordemos la versión magistral de Chavela Vargas), pinturas, personajes… La Llorona, además, no solo ha superado los avatares del tiempo (ya que este personaje se conoce desde hace siglos) sino también del espacio. La Llorona y su leyenda ya es conocida en emplazamientos distintos al país en el que nace: México. ¿Te atreves a conocer su cruel verdad? 

¿Quién es la protagonista de la leyenda de La Llorona y cómo se representa?

A La Llorona se le representa como una mujer joven, delgada, de pelo largo hasta la cintura, con un vestido que le cubre todo el cuerpo, con un velo en la cara, en tonos negruzcos y/o azulados… Se la ve en los alrededores de los ríos y en las calles solitarias al anochecer.  Espanta a todo el que se cruza con ella y no solo por su aspecto físico, si no fuera suficiente para insuflarnos pavor. Y es que la imagen susurra o grita (según las versiones) un “!Ay de mí!” o un “¡Ay de mis hijos!” con una voz lastimera que se nos antoja salida de una cueva oscura. Esto es, la protagonista de esta leyenda tiene todos los rasgos de un fantasma auténtico. Pero, ¿qué ocurrió para que una señora bella se convirtiera en un espectro de tal calibre?  

La triste y cruel leyenda de La Llorona 

Cuentas las crónicas que la protagonista de la leyenda de La Llorona vivió en los primeros años de la época colonial, justo cuando los primeros españoles llegaron a tierras mexicanas. Con ellos llegó el historiador Bernal Díaz del Castillo, el mismo que escribió Historia verdadera de la conquista de Nueva España, obra que está en el origen de la conocida leyenda negra española. A ese mundo pertenecía la joven protagonista de La Llorona, una hermosa indígena enamorada a más no poder (hasta el capricho obsesivo o pasional) de un caballero castellano (luego se demostró que no era tal). Con él inició una convivencia vista con malos ojos por ambas culturas. Pero el amor de la mujer era tan grande que no tuvo inconveniente en tener con su amado dos hijos (un niño y una niña, según las versiones apócrifas).  Mientras tanto, las promesas de matrimonio por parte del hombre eran aplazadas sistemáticamente hasta que un día algo pasó que La Llorona comprendió que la boda no se iba a celebrar jamás.  

Eso que pasó difiere de las versiones. Hay quienes dicen que el caballero volvió a España y en su tierra se desposó con una dama noble. Otros que, sencillamente, dijo que no a las demandas de matrimonio de nuestra protagonista. Otros que la humillación fue aún mayor y que ese casamiento se celebró en tierras mexicanas (siendo la novia una joven noble) a la vista de La Llorona. Si nos atenemos a esta versión,  con ese acto el caballero español puso en evidencia el desprecio del amor de La Llorona. Además, los pequeños nacidos de esta unión se quedarían en un limbo legal pasando a ser considerados bastardos, y, por tanto, sin derechos. No hace falta que recuerde aquí que un acto de esta envergadura en aquella época significaba condenar a la indigencia total a madre y vástagos.  La leyenda de La Llorona continúa con la locura de la joven al verse ninguneada de tal manera por su amado. Ésta presa de resentimiento por lo sucedido, ira, odio y dolor se dirige al río cercano para consumar una cruel venganza.  Allí, sin escuchar los susurros de madre, asesina a sus niños inocentes. 

¿Qué pasó después en la leyenda de La Llorona para que esta se convirtiera en un espectro aterrador? 

Al darse cuenta del crimen que había cometido (o castigada por fuerzas divinas), la joven se arroja a las aguas y allí se deja morir en un intento falaz por purgar sus actos. Pero su pecado fue demasiado grave. Y La Llorona no podía descansar en paz en vista de los actos horrendos que había cometido. Por eso, fue condenada al lamento eterno, a revivir una y otra vez su acción abominable sin posibilidad ni de redención ni de perdón. Sin descanso solo queda la opción del infierno o de habitar el mundo de los espectros. Fue así como se convirtió en un fantasma que aterroriza a todos los que se cruzan por la noche en las calles solitarias y en los márgenes de los ríos.  Con su presencia aterradora nos recuerda y nos previene sobre los peligros de los celos, la ira y las pasiones sin sentido. 

El origen de la leyenda de La Llorona

Aunque el mito pertenece a la cultura mexicana, hay versiones similares en buena parte de Hispanoamérica. Tenemos investigaciones que nos sitúan a este personaje mucho más atrás en el tiempo de la época colonial con mitos antiguos que se remontan a la época aztecas o, incluso, a leyendas precolombinas muy anteriores. Si a esto unimos que las narraciones de la madre que mata, por celos, odio o venganza hacia el padre, a sus propios hijos se encuentra en la literatura griega o en la Biblia, la Llorona es un mito que supera el tiempo. Esto es, la mujer que asesina a sus hijos está inmersa en el inconsciente colectivo universal. 

La leyenda de la Llorona y el símbolo universal de la madre tóxica 

Simbolizaría, por tanto, el pecado más abominable e iría más allá de la madre tóxica tal como se la conoce hoy en día. Sus actos van contra toda naturaleza al matar a su progenie, que son el trasunto de ella misma. La Llorana se convertiría así en una madre que, llevada por la ira, nunca ha sentido amor por el padre, solo pasión. A la par su espíritu de narcisista es incapaz de ver aquello de bueno que a ella misma le pertenece: sus hijos. 

Como el pecado es tan grande, el delito tan aterrador que supera un asesinato normal (si así puede calificarse al robo de la vida a un ser humano), la única salida posible es convertirse en un espectro. Por tanto, la leyenda de La Llorona pone ante nosotros lo más terrible y las sombras más oscuras que pueden llegar a habitar en nuestro interior. Por eso, nos previene contra nosotros mismos, contra el mal que se agazapa en un alma que no se trabaja. La Llorona s más que un psicópata. Es alguien que se mueve por pasiones sin pararse a pensar en las consecuencias de sus actos. 

La leyenda de la Llorona en otros países y culturas 

Esa madre que mata, por despecho, a sus hijos, que castiga al padre y, por ende, a ella misma, es el trasunto de lo más destructivo que habita en el ser humano. Por eso, con toda probabilidad la leyenda de la Llorona tenga su origen en un mujer despechada por su compañero sentimental y no en un asesinato común como apuntan otras versiones. Esto es, si los pequeños murieron por enfermedad o en manos de terceras personas es normal el dolor de La Llorona y sus actos, por supuesto, no tienen por qué ser castigados. Es más, ella merece nuestra compasión. Sin embargo, a resbalarse hacia lo más profundo de la oscuridad humana, La Llorona se alza no ya como una leyenda local sino como un arquetipo universal. Por eso, ella tuvo que cometer el acto más abominable que pueda ejecutar un ser humano. 

Su grito desgarrador de pena sin límites, angustia sin consuelo y quizás de remordimiento se ha echo un hueco en las leyendas universales que han traspasado el tiempo. Tanto nos recuerda lo que nunca debemos hacer bajo ningún concepto que La Llorona (a pesar de ser un ser aterrador) no es demasiado popular en Halloween. Le tenemos un respeto mayor que a zombis y asesinos con ínfulas de carnicero. Quizás sea porque, en el fondo, sabemos que este tipo de seres no existen en realidad y, sin embargo, el mal que nos pone cara a cara la leyenda de La Llorona está dentro de nosotros. Y es mejor dejarlo quieto. ¡Por si acaso!  

En la leyenda de La Llorona, la madre aparece siempre en soledad. Sus hijos no la acompañan. Está inmersa en una búsqueda eterna e insaciable. Por eso, este personaje es utilizado para atemorizar a los pequeños que se portan mal. Ella busca a sus retoños y quizás algún día se lleve a cualquier niño que satisfaga momentáneamente sus ansias de maternidad verdadera. 

Por Candela Vizcaíno

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