Renacimiento

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En el siglo XV, procedente de Italia, surge un nuevo movimiento espiritual que ocupa todos los órdenes vitales. Durante las décadas centrales de este siglo se van dando pasos para salir de la cultura medieval y abonar los cimientos del Renacimiento y humanismo. Progresivamente, se van abandonado los preceptos sociales, económicos y de pensamiento que habían caracterizado los siglos anteriores para instalarse en un nuevo orden radicalmente diferente. Este impulso se extiende por toda Europa dando un vuelco a la cosmovisión imperante. Lo vemos detalladamente a continuación. 

Transformaciones desde la Edad Media hasta el Renacimiento  

1.- Poco a poco y paso a paso, se abandona la vida del campo en torno a los señores feudales y sus castillos. Paralelamente, las ciudades van creciendo tanto en número de habitantes como en riqueza disponible. Una pujante burguesía se dedica a negocios mundanos (desligados de la visión cristiana agrícola-ganadera) generando nuevos oficios de artesanos o de incipientes artes liberales. La tierra deja de ser la principal fuente de riqueza y se abren nuevas vías comerciales.

2.- Estas transformaciones económicas son protagonizadas por una burguesía que demanda una formación espiritual distinta centrada en el aquí y el ahora, en un goce de vivir desconocido en la Edad Media. Este espíritu positivo (que se retoma, eso sí de otra forma, a finales del siglo XIX con el desarrollo capitalista) no ve ya pecado en la riqueza y en el disfrute de los bienes terrenales. Así, esta nueva burguesía va colonizando el pensamiento y Dios (sin abandonar el espíritu cristiano) deja de ser el centro de la actividad. Ahora se exalta todo lo humano y esta secularización trae también un gusto por lo mundano. Y en este cajón entran múltiples facetas vitales: desde el arte hasta la contemplación o el disfrute de la belleza de la naturaleza.  

3.- Todos los cambios (incluido el cisma religioso protestante que veremos a continuación) no hubieran sido posible sin la aparición y la propagación de la imprenta de Guttenberg (1400-1468). Efectivamente, a finales del siglo XV prácticamente todas las ciudades de importancia de Europa disponen de una con lo que supone de comunicación de nuevas ideas entre un público cada vez más instruido. A la par, proliferan los estudios que, al estilo de los realizados por Francesco Petrarca (1304-1374), recogen los textos de la literatura griega o latina que estaban escondidos en los monasterios y sus manuscritos libros medievales. Se hacen, además, estudios filológicos, y se traducen a las lenguas vernáculas obras de la cultura clásica pagana. Por último, se imprimen en ediciones manejables (como las exquisitas de Aldo Manuzio) que se distribuyen en las emergentes universidades que iban surgiendo por todo el territorio europeo. Todo ello va abonando un estado de opinión impensable un siglo antes cuando el conocimiento estaba recluido en los scriptoria de los monasterios. 

4.- Estos cambios económicos, sociales y culturales inciden, además, en la política en el Renacimiento. Los señores feudales van perdiendo un poder que acaba y se concentra en manos de reyes. Estos poderosos monarcas sustentan las nuevas naciones europeas que se reconocen por medio de las emergentes lenguas vernáculas. Además, la concentración de riquezas propician emprendimientos de ambición sin los que no se pueden entender los descubrimientos de nuevas tierras a ojos europeos (América en 1492 por poner el caso de mayor importancia) y los primeros avances científicos. En este sentido, hay que anotar que, por primera vez en la historia, se estudia el cuerpo humano. 

El humanismo y la espiritualidad renacentista 

1.- El centro del universo es la raza humana 

La vida deja de ser un mero paso y un valle de lágrimas. Hay felicidad en acercarse y dedicarse a actividades mundanas que crean riqueza y bienestar. Sin abandonar el cristianismo, la Iglesia va perdiendo progresivamente poder y es cada vez menor su implicación en la vida civil. Se acepta que la raza humana tiene dos naturalezas: una material y otra espiritual. No es necesario sofocar los goces del cuerpo para alcanzar la paz del alma. Dios inunda cada rincón de la naturaleza y la contemplación de estas maravillas es una manera de acercarse a lo sagrado. Paralelamente, van perdiendo fuerza los ritos y las amenazas con las penas del infierno por dedicarse al progreso material o económico. 

2.- Se produce un retorno de la cultura clásica

Con la publicación de una ingente cantidad de libros en un número antes desconocido para la humanidad, se vuelve la mirada hacia la cultura clásica olvidándose las alegorías medievales. Es más, el arte se transforma radicalmente llenándose de mitos paganos, de desnudos, de poemas que cantan al amor platónico y se sigue el gusto por el orden y la elegancia.  

3.- El humanismo entiende la vida como goce 

El Renacimiento supone el abandono de la oscuridad en la que había estado inmersa la Edad Media. Los nuevos descubrimientos geográficos y el avance del conocimiento cimientan los estudios de humanidades alrededor de las lenguas vernáculas y de las incipientes universidades. Un sentimiento de confianza inunda todas las actividades vitales y, por primera vez en muchos siglos, el orden racional se impone en la sociedad. El espíritu crítico alcanza, incluso, la hasta entonces todopoderosa Iglesia. El erasmismo, primero, y luego el cisma de Lutero hacen saltar por los aires el dogmatismo religioso. Estos amagos de libertad se unen a un incipiente hedonismo. 

4.- La belleza es la manifestación divina 

La búsqueda de lo bueno, por tanto, ya no se considera pecado. Lo bello es considerado como la manifestación de Dios en la tierra y esta llega de múltiples maneras. Se afianza un gusto por disfrutar de la naturaleza, de los jardines, del arte, de la música, de la literatura, de la moda…. Las nuevas riquezas, además, se invierten, en parte, en el mecenazgo artístico que propicia que los buenos se hagan mejores y/o universales. Buena prueba de ello son Leonardo da Vinci o Miguel Ángel. 

Renacimiento y humanismo frente a las reformas religiosas 

Resumiendo mucho, no podemos entender el espíritu humanista del Renacimiento sin las críticas a la ortodoxia de la Iglesia tradicional. Los estudios clásicos y las investigaciones filológicas propician la reforma de la anquilosada iglesia de Roma. Se le achaca por parte de los reformadores que su manera de afrontar la lectura de las Sagradas Escrituras se aparta del espíritu fresco e inicial del Cristianismo propiciando la ignorancia y las supersticiones. Se critica el recurso manido y medieval de las penas del infierno y se propone una reinterpretación del Nuevo Testamento desde la perspectiva del humanismo.  

Sin el avance de la imprenta los escritos de Martín Lutero (1483-1546)  y su reforma protestante no hubieran tenido cabida. El afán de progreso llega a los cimientos mismos del Cristianismo proponiendo una lectura individual y personal del mensaje de Cristo. Ni que decir tiene que estas ideas hicieron mella en la Iglesia que vio como se tambaleaba su poder sobra una población progresivamente alfabetizada a la que le llegaban noticias de nuevas tierras y gentes desconocidas.  

El luteranismo, como es sabido, opone a la autoridad espiritual de Roma una religiosidad individualista basada en el “libre examen”. Ello es consecuencia del espíritu de independencia y del sentido crítico antes mencionado; de tal modo, el protestantismo ha podido ser considerado como una espiritualidad de raíz burguesa.  

Max Weber 

Si bien el Renacimiento supuso centrarse en el humanismo, la curia eclesial apoyada por los sectores recalcitrantes de la aristocracia, convocó el Concilio de Trento (1545-1563) dando lugar a la llamada Contrarreforma que, en España, fue de tal importancia que es fundamental a la hora de entender el devenir de los acontecimientos históricos posteriores. 

Se relega el latín como lengua de cultura universal en favor de unas lenguas vernáculas que van copando lentamente todas las esferas de poder y la literatura. Se traduce la Biblia a las lenguas romances y, por tanto, la palabra sagrada llega directamente a un público más amplio al que se le permite una interpretación ajena a los dogmas estrictos de la Iglesia. Ese individualismo abona el hedonismo, el individualismo y la mentalidad burguesa centrada en el progreso. El humanismo, además, busca la virtud más allá del seguimiento de los preceptos bíblicos y considera los negocios humanos como algo loable y positivo. Entran, por tanto, en juego los afanes de libertad y de justicia. 

El neoplatonismo como fuente del humanismo renacentista

Paralelamente, en las artes se busca una idealización y una elegancia alrededor de las cosas humanas que bebe de la cultura pagana.  El orden, la claridad y la razón guían todas las actividades y se mira hacia la filosofía de Platón. Bajo el prisma del neoplatonismo se deja de lado el mundo como representación que encontramos en los múltiples ejemplos de alegorías medievales para adentrarse en otra concepción. Ahora, Dios es belleza y se accede a la esencia divina a través de la contemplación de las joyas del alma y de la naturaleza. Todo ello derivará, por poner un ejemplo, en las manifestaciones de la mística que tan buenos frutos cosechó el Renacimiento en España

Y, por último, la situación en la corona de Castilla (ya unida con Aragón y anexados los reinos de Granada) fue distinta a la europea. El hecho de que fuera protagonista del descubrimiento de nuevas tierras (Canarias, América…) y el erigirse en el eje de la Contrarreforma frenaron el avance material que proponía el humanismo. Todo esto se afianzó con la expulsión de los judíos, primero, y de los últimos moriscos, después ya en el reinado de Felipe II. Los trabajos que estos realizaban (artesanía o artes liberarles) eran considerados como mal vistos por una hidalguía más afanada en la pureza de sangre que en el progreso. Con estos prejuicios de casta, de raza y de religión se ponen las semillas para la decadencia que comienza en el Barroco español y que no acabará hasta prácticamente mediados del siglo XX. Mientras tanto, el Renacimiento y la huella del humanismo en el resto de Europa iría germinando y fomentando (en líneas generales que todo esto hay que matizarlo) sociedades más afines al gusto por la razón y el espíritu crítico.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

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En el siglo XV, procedente de Italia, surge un nuevo movimiento espiritual que ocupa todos los órdenes vitales. Durante las décadas centrales de este siglo se van dando pasos para salir de la cultura medieval y abonar los cimientos del Renacimiento y humanismo. Progresivamente, se van abandonado los preceptos sociales, económicos y de pensamiento que habían caracterizado los siglos anteriores para instalarse en un nuevo orden radicalmente diferente. Este impulso se extiende por toda Europa dando un vuelco a la cosmovisión imperante. Lo vemos detalladamente a continuación. 

Transformaciones desde la Edad Media hasta el Renacimiento  

1.- Poco a poco y paso a paso, se abandona la vida del campo en torno a los señores feudales y sus castillos. Paralelamente, las ciudades van creciendo tanto en número de habitantes como en riqueza disponible. Una pujante burguesía se dedica a negocios mundanos (desligados de la visión cristiana agrícola-ganadera) generando nuevos oficios de artesanos o de incipientes artes liberales. La tierra deja de ser la principal fuente de riqueza y se abren nuevas vías comerciales.

2.- Estas transformaciones económicas son protagonizadas por una burguesía que demanda una formación espiritual distinta centrada en el aquí y el ahora, en un goce de vivir desconocido en la Edad Media. Este espíritu positivo (que se retoma, eso sí de otra forma, a finales del siglo XIX con el desarrollo capitalista) no ve ya pecado en la riqueza y en el disfrute de los bienes terrenales. Así, esta nueva burguesía va colonizando el pensamiento y Dios (sin abandonar el espíritu cristiano) deja de ser el centro de la actividad. Ahora se exalta todo lo humano y esta secularización trae también un gusto por lo mundano. Y en este cajón entran múltiples facetas vitales: desde el arte hasta la contemplación o el disfrute de la belleza de la naturaleza.  

3.- Todos los cambios (incluido el cisma religioso protestante que veremos a continuación) no hubieran sido posible sin la aparición y la propagación de la imprenta de Guttenberg (1400-1468). Efectivamente, a finales del siglo XV prácticamente todas las ciudades de importancia de Europa disponen de una con lo que supone de comunicación de nuevas ideas entre un público cada vez más instruido. A la par, proliferan los estudios que, al estilo de los realizados por Francesco Petrarca (1304-1374), recogen los textos de la literatura griega o latina que estaban escondidos en los monasterios y sus manuscritos libros medievales. Se hacen, además, estudios filológicos, y se traducen a las lenguas vernáculas obras de la cultura clásica pagana. Por último, se imprimen en ediciones manejables (como las exquisitas de Aldo Manuzio) que se distribuyen en las emergentes universidades que iban surgiendo por todo el territorio europeo. Todo ello va abonando un estado de opinión impensable un siglo antes cuando el conocimiento estaba recluido en los scriptoria de los monasterios. 

4.- Estos cambios económicos, sociales y culturales inciden, además, en la política en el Renacimiento. Los señores feudales van perdiendo un poder que acaba y se concentra en manos de reyes. Estos poderosos monarcas sustentan las nuevas naciones europeas que se reconocen por medio de las emergentes lenguas vernáculas. Además, la concentración de riquezas propician emprendimientos de ambición sin los que no se pueden entender los descubrimientos de nuevas tierras a ojos europeos (América en 1492 por poner el caso de mayor importancia) y los primeros avances científicos. En este sentido, hay que anotar que, por primera vez en la historia, se estudia el cuerpo humano. 

El humanismo y la espiritualidad renacentista 

1.- El centro del universo es la raza humana 

La vida deja de ser un mero paso y un valle de lágrimas. Hay felicidad en acercarse y dedicarse a actividades mundanas que crean riqueza y bienestar. Sin abandonar el cristianismo, la Iglesia va perdiendo progresivamente poder y es cada vez menor su implicación en la vida civil. Se acepta que la raza humana tiene dos naturalezas: una material y otra espiritual. No es necesario sofocar los goces del cuerpo para alcanzar la paz del alma. Dios inunda cada rincón de la naturaleza y la contemplación de estas maravillas es una manera de acercarse a lo sagrado. Paralelamente, van perdiendo fuerza los ritos y las amenazas con las penas del infierno por dedicarse al progreso material o económico. 

2.- Se produce un retorno de la cultura clásica

Con la publicación de una ingente cantidad de libros en un número antes desconocido para la humanidad, se vuelve la mirada hacia la cultura clásica olvidándose las alegorías medievales. Es más, el arte se transforma radicalmente llenándose de mitos paganos, de desnudos, de poemas que cantan al amor platónico y se sigue el gusto por el orden y la elegancia.  

3.- El humanismo entiende la vida como goce 

El Renacimiento supone el abandono de la oscuridad en la que había estado inmersa la Edad Media. Los nuevos descubrimientos geográficos y el avance del conocimiento cimientan los estudios de humanidades alrededor de las lenguas vernáculas y de las incipientes universidades. Un sentimiento de confianza inunda todas las actividades vitales y, por primera vez en muchos siglos, el orden racional se impone en la sociedad. El espíritu crítico alcanza, incluso, la hasta entonces todopoderosa Iglesia. El erasmismo, primero, y luego el cisma de Lutero hacen saltar por los aires el dogmatismo religioso. Estos amagos de libertad se unen a un incipiente hedonismo. 

4.- La belleza es la manifestación divina 

La búsqueda de lo bueno, por tanto, ya no se considera pecado. Lo bello es considerado como la manifestación de Dios en la tierra y esta llega de múltiples maneras. Se afianza un gusto por disfrutar de la naturaleza, de los jardines, del arte, de la música, de la literatura, de la moda…. Las nuevas riquezas, además, se invierten, en parte, en el mecenazgo artístico que propicia que los buenos se hagan mejores y/o universales. Buena prueba de ello son Leonardo da Vinci o Miguel Ángel. 

Renacimiento y humanismo frente a las reformas religiosas 

Resumiendo mucho, no podemos entender el espíritu humanista del Renacimiento sin las críticas a la ortodoxia de la Iglesia tradicional. Los estudios clásicos y las investigaciones filológicas propician la reforma de la anquilosada iglesia de Roma. Se le achaca por parte de los reformadores que su manera de afrontar la lectura de las Sagradas Escrituras se aparta del espíritu fresco e inicial del Cristianismo propiciando la ignorancia y las supersticiones. Se critica el recurso manido y medieval de las penas del infierno y se propone una reinterpretación del Nuevo Testamento desde la perspectiva del humanismo.  

Sin el avance de la imprenta los escritos de Martín Lutero (1483-1546)  y su reforma protestante no hubieran tenido cabida. El afán de progreso llega a los cimientos mismos del Cristianismo proponiendo una lectura individual y personal del mensaje de Cristo. Ni que decir tiene que estas ideas hicieron mella en la Iglesia que vio como se tambaleaba su poder sobra una población progresivamente alfabetizada a la que le llegaban noticias de nuevas tierras y gentes desconocidas.  

El luteranismo, como es sabido, opone a la autoridad espiritual de Roma una religiosidad individualista basada en el “libre examen”. Ello es consecuencia del espíritu de independencia y del sentido crítico antes mencionado; de tal modo, el protestantismo ha podido ser considerado como una espiritualidad de raíz burguesa.  

Max Weber 

Si bien el Renacimiento supuso centrarse en el humanismo, la curia eclesial apoyada por los sectores recalcitrantes de la aristocracia, convocó el Concilio de Trento (1545-1563) dando lugar a la llamada Contrarreforma que, en España, fue de tal importancia que es fundamental a la hora de entender el devenir de los acontecimientos históricos posteriores. 

Se relega el latín como lengua de cultura universal en favor de unas lenguas vernáculas que van copando lentamente todas las esferas de poder y la literatura. Se traduce la Biblia a las lenguas romances y, por tanto, la palabra sagrada llega directamente a un público más amplio al que se le permite una interpretación ajena a los dogmas estrictos de la Iglesia. Ese individualismo abona el hedonismo, el individualismo y la mentalidad burguesa centrada en el progreso. El humanismo, además, busca la virtud más allá del seguimiento de los preceptos bíblicos y considera los negocios humanos como algo loable y positivo. Entran, por tanto, en juego los afanes de libertad y de justicia. 

El neoplatonismo como fuente del humanismo renacentista

Paralelamente, en las artes se busca una idealización y una elegancia alrededor de las cosas humanas que bebe de la cultura pagana.  El orden, la claridad y la razón guían todas las actividades y se mira hacia la filosofía de Platón. Bajo el prisma del neoplatonismo se deja de lado el mundo como representación que encontramos en los múltiples ejemplos de alegorías medievales para adentrarse en otra concepción. Ahora, Dios es belleza y se accede a la esencia divina a través de la contemplación de las joyas del alma y de la naturaleza. Todo ello derivará, por poner un ejemplo, en las manifestaciones de la mística que tan buenos frutos cosechó el Renacimiento en España

Y, por último, la situación en la corona de Castilla (ya unida con Aragón y anexados los reinos de Granada) fue distinta a la europea. El hecho de que fuera protagonista del descubrimiento de nuevas tierras (Canarias, América…) y el erigirse en el eje de la Contrarreforma frenaron el avance material que proponía el humanismo. Todo esto se afianzó con la expulsión de los judíos, primero, y de los últimos moriscos, después ya en el reinado de Felipe II. Los trabajos que estos realizaban (artesanía o artes liberarles) eran considerados como mal vistos por una hidalguía más afanada en la pureza de sangre que en el progreso. Con estos prejuicios de casta, de raza y de religión se ponen las semillas para la decadencia que comienza en el Barroco español y que no acabará hasta prácticamente mediados del siglo XX. Mientras tanto, el Renacimiento y la huella del humanismo en el resto de Europa iría germinando y fomentando (en líneas generales que todo esto hay que matizarlo) sociedades más afines al gusto por la razón y el espíritu crítico.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

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El proceso de desarrollo de la denominada commedia dell’arte italiana a partir del siglo XVI, llegando sus coletazos incluso en el siglo XIX, no puede entenderse sin conocer el estado del teatro europeo medieval y su desarrollo posterior siguiendo los nuevos gustos de la época.  

Antecedentes de la commedia dell’arte 

Aunque hay autores que apuntan, incluso, a los modelos del teatro cómico de la literatura griega y romana, bien es verdad que el empuje de este fenómeno surge con la evolución de las ciudades, el auge de las exquisitas cortes y el nuevo gusto por la cultura clásica. Poniendo un poco de orden tenemos que, durante la Edad Media, el teatro estuvo restringido a los autos sacramentales con motivo de festividades importantes. Eran representaciones muy sencillas que no se apartaban de los textos bíblicos. Los modelos populares se reducían a las buenas artes de los juglares que, con la recitación de sus cantares de gesta, introducían una pequeña coreografía en un intento por imprimir un sello teatral. El gran modelo clásico (el de un Plauto o de un Terencio o el de los dramas que llenaban los teatros romanos que aún hoy en día nos dice de su pasado esplendor) había quedado sepultado en los lodos del olvido. Si bien la cultura medieval con sus scriptoria en los monasterios, pudo rescatar parte de esta obra, sin embargo, no era accesible a público alguno. Estaban allí, en las bibliotecas, esperando una nueva mirada, extremo que sucedió, como con otros retazos de la cultura grecolatina, a partir del siglo XVI.  

En esta fecha, con el auge del Renacimiento literario, artístico y cultural se pone en valor los fundamentos de un pueblo pagano bajo el auspicio de las ricas cortes italianas y europeas de la época. El avance de la imprenta contribuyó a dar a conocer textos de todo tipo entre los que se encontraban los teatrales. Así, podemos dividir esta producción en tres apartados claramente diferenciados:  

1.- Teatro eclesiástico desarrollado en el interior de las iglesias con motivo de festividades importantes (Pasión, Navidad, Ascensión…) y se reducía a los autos sacramentales o misterios que poco se apartaban de las palabras bíblicas. 

2.- Teatro aristocrático o cortesano que se desarrollaba en los interiores suntuosos de los palacios de los nuevos señores. Hay un gusto por las recién rescatadas (de las bibliotecas medievales) obras de la literatura clásica. A menudo eran los mismos miembros de las familias pudientes los que levantaban estas puestas en escena como forma de ocio o dentro de un programa para agasajar invitados. Este modelo teatral tendrá mayor predicamento en Francia a partir de 1630. 

3.- Teatro popular en el que se basa tanto la commedia dell’arte (como el posterior y brillante teatro barroco en España). Este estaba organizado por cómicos profesionales e itinerantes que llevaban tramas de enredo allí donde se les demandaban. No había teatros como tal ya que las funciones se improvisaban en plazas o posadas y, posteriormente, en España en los famosos corrales de comedia. Recordemos que las primeras construcciones teatrales, los edificios diseñados y levantados con tal propósito, no proliferan en Europa (y después en toda América) hasta la cultura del Neoclasicismo. Y para eso hay que esperar a finales del siglo XVII e, incluso, el XVIII. Del teatro popular no solo se surte la commedia dell’arte sino también los grandes títulos de W. Shakespeare o todas las obras de Lope de Vega por poner los ejemplos más importantes.  

Características de la commedia dell’arte italiana 

1.- Tal como he anotado, la base es el teatro popular europeo, itinerante y llevado a cabo por cómicos profesionales. 

2.- Se desarrolla en las distintas ciudades-estado de Italia a partir del siglo XVI y llega incluso a las primeras décadas del siglo XIX. 

3.- Va a tener una enorme influencia en los grandes autores de la época desde el teatro de Lope de Vega hasta Shakespeare o Molière. 

4.- Convive con las sacre representazioni en las iglesias y el teatro humanístico. Este es de corte culto y con un claro sustrato de la literatura greco-romana. Los nombres fundamentales de este estilo son Ariosto (1474-1533) y Maquiavelo (1469-1527) con su obra La Mandrágola

5.- Aparece el enredo (embroglio en italiano) como eje temático de las representaciones. Este concepto, además, será fundamental en la commedia dell’arte. El enredo consiste en fundamentar la trama en malentendidos, personas que desaparecen, dobles que no se conocen, secuestros, falsas muertes y confusiones de todo tipo. Todo ello tiene un fin cómico inmediato. 

6.- Sin embargo, la comedia dell’arte, aunque se basa en el enredo como el teatro humanístico culto, es un modelo cien por cien popular. Al parecer retoma modelos basados en los juglares medievales e, incluso, en algunas fórmulas orales de la cultura clásica. 

7.- No hay texto como tal más allá de un guión conocido por todos los implicados. El resto se deja a la improvisación y al ingenio de los comediantes. 

8- Los personajes tenían unas características fijas y eran plenamente identificados por el público gracias al atuendo y a las máscaras que lucían. 

9.- Se podían dividir en los siguientes grupos: a) viejos antipáticos siempre anteponiendo la moral social al deseo del resto de los implicados (Pantalón y Doctor); b) criados y sirvientas muy simples encargados de las notas cómicas y sencillas (Arlequín, zanni, servetta); c) Capitán Sapavento siguiendo el modelo del Miles glorioso de Plauto, un narcisista fanfarrón que alardea de valentía pero es, simplemente, un charlatán cobarde: d) los enamorados que no pueden desarrollar su pasión por imposiciones sociales y conforman la nota grave de la trama. 

10.- Todo ello se completaba con una fuerte mímica, las bufonadas, las zancadillas, cabriolas o los efectos para sacar la risa fácil entre los espectadores. Como todo se dejaba al genio, ingenio y a la improvisación, la calidad de las compañías de cómicos era dispar demandándose las que más acierto conseguían a la hora de pasar ese rato de ocio. La commedia dell’arte puede compararse (con las debidas distancias) a los monólogos televisivos actuales, aunque estos están previamente ensayados y la commedia dell’arte tenía un fuerte componente de improvisación. 

Influencia de la commedia dell’arte en el teatro europeo posterior 

1.- Desde Italia, la fama de este modelo teatral se expandió por toda Europa a partir de mediados del siglo XVI. 

2.- El personaje más imitado (y presente en el teatro español hasta bien entrado el siglo XVIII) es el del gracioso, el criado chistoso y simple que solo busca satisfacer los instintos más básicos y no tiene ninguna altura moral o ética. 

3.- El modelo de enredo y de esta forma de hacer teatro se introdujo en España con Lope de Rueda que llegó a traducir algunos temas famosos en Italia. A partir de él, comenzaría a desarrollarse con la dramaturgia barroca llegando a su cenit con Lope de Vega pero tampoco podemos olvidar las obras de Calderón de la Barca. Esta fórmula literaria tenía un fuerte componente de evasión en una nación que iba decayendo por décadas. Por eso, se mantuvo (ya sin el frescor de estos grandes nombres) hasta bien entrado el siglo XVIII. Comedias se hacían en todos los lugares posibles: en las plazas de los pueblos o en los fastuosos jardines de la aristocracia. Los corrales de comedia se fueron conformando a partir de espacios más o menos cerrados para dar cabida a una demanda en aumento constante. 

4.- El gran Shakespeare (1564-1616) no tiene reparos en aceptar la base de la commedia dell’arte en sus grandes comedias. 

5.- Y, por último, hay que señalar el importante influjo que tuvo la commedia dell’arte en un creador de la talla de Molière (1622-1673). Actor y dramaturgo que murió prácticamente en escena, reformó de tal manera los fundamentos del teatro francés que puede decirse que hay un antes y un después. Creó las denominadas comédies-ballet (que pueden asemejarse a los musicales). Y de sus farsas elementales llegó a las denominadas altas comedias en las que desarrolló unos personajes con tal fondo ideológico que han entrado en el canon literario universal.   

En definitiva, aunque el teatro posterior logró cotas de calidad insuperables en la literatura europea de todos los tiempos, buena parte de sus fundamentos se encuentran en la commedia dell’arte italiana. Fue una fórmula popular, ingeniosa e itinerante que se apartaba de las representaciones llevadas a cabo en las cultivadas cortes del momento.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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El proceso de desarrollo de la denominada commedia dell’arte italiana a partir del siglo XVI, llegando sus coletazos incluso en el siglo XIX, no puede entenderse sin conocer el estado del teatro europeo medieval y su desarrollo posterior siguiendo los nuevos gustos de la época.  

Antecedentes de la commedia dell’arte 

Aunque hay autores que apuntan, incluso, a los modelos del teatro cómico de la literatura griega y romana, bien es verdad que el empuje de este fenómeno surge con la evolución de las ciudades, el auge de las exquisitas cortes y el nuevo gusto por la cultura clásica. Poniendo un poco de orden tenemos que, durante la Edad Media, el teatro estuvo restringido a los autos sacramentales con motivo de festividades importantes. Eran representaciones muy sencillas que no se apartaban de los textos bíblicos. Los modelos populares se reducían a las buenas artes de los juglares que, con la recitación de sus cantares de gesta, introducían una pequeña coreografía en un intento por imprimir un sello teatral. El gran modelo clásico (el de un Plauto o de un Terencio o el de los dramas que llenaban los teatros romanos que aún hoy en día nos dice de su pasado esplendor) había quedado sepultado en los lodos del olvido. Si bien la cultura medieval con sus scriptoria en los monasterios, pudo rescatar parte de esta obra, sin embargo, no era accesible a público alguno. Estaban allí, en las bibliotecas, esperando una nueva mirada, extremo que sucedió, como con otros retazos de la cultura grecolatina, a partir del siglo XVI.  

En esta fecha, con el auge del Renacimiento literario, artístico y cultural se pone en valor los fundamentos de un pueblo pagano bajo el auspicio de las ricas cortes italianas y europeas de la época. El avance de la imprenta contribuyó a dar a conocer textos de todo tipo entre los que se encontraban los teatrales. Así, podemos dividir esta producción en tres apartados claramente diferenciados:  

1.- Teatro eclesiástico desarrollado en el interior de las iglesias con motivo de festividades importantes (Pasión, Navidad, Ascensión…) y se reducía a los autos sacramentales o misterios que poco se apartaban de las palabras bíblicas. 

2.- Teatro aristocrático o cortesano que se desarrollaba en los interiores suntuosos de los palacios de los nuevos señores. Hay un gusto por las recién rescatadas (de las bibliotecas medievales) obras de la literatura clásica. A menudo eran los mismos miembros de las familias pudientes los que levantaban estas puestas en escena como forma de ocio o dentro de un programa para agasajar invitados. Este modelo teatral tendrá mayor predicamento en Francia a partir de 1630. 

3.- Teatro popular en el que se basa tanto la commedia dell’arte (como el posterior y brillante teatro barroco en España). Este estaba organizado por cómicos profesionales e itinerantes que llevaban tramas de enredo allí donde se les demandaban. No había teatros como tal ya que las funciones se improvisaban en plazas o posadas y, posteriormente, en España en los famosos corrales de comedia. Recordemos que las primeras construcciones teatrales, los edificios diseñados y levantados con tal propósito, no proliferan en Europa (y después en toda América) hasta la cultura del Neoclasicismo. Y para eso hay que esperar a finales del siglo XVII e, incluso, el XVIII. Del teatro popular no solo se surte la commedia dell’arte sino también los grandes títulos de W. Shakespeare o todas las obras de Lope de Vega por poner los ejemplos más importantes.  

Características de la commedia dell’arte italiana 

1.- Tal como he anotado, la base es el teatro popular europeo, itinerante y llevado a cabo por cómicos profesionales. 

2.- Se desarrolla en las distintas ciudades-estado de Italia a partir del siglo XVI y llega incluso a las primeras décadas del siglo XIX. 

3.- Va a tener una enorme influencia en los grandes autores de la época desde el teatro de Lope de Vega hasta Shakespeare o Molière. 

4.- Convive con las sacre representazioni en las iglesias y el teatro humanístico. Este es de corte culto y con un claro sustrato de la literatura greco-romana. Los nombres fundamentales de este estilo son Ariosto (1474-1533) y Maquiavelo (1469-1527) con su obra La Mandrágola

5.- Aparece el enredo (embroglio en italiano) como eje temático de las representaciones. Este concepto, además, será fundamental en la commedia dell’arte. El enredo consiste en fundamentar la trama en malentendidos, personas que desaparecen, dobles que no se conocen, secuestros, falsas muertes y confusiones de todo tipo. Todo ello tiene un fin cómico inmediato. 

6.- Sin embargo, la comedia dell’arte, aunque se basa en el enredo como el teatro humanístico culto, es un modelo cien por cien popular. Al parecer retoma modelos basados en los juglares medievales e, incluso, en algunas fórmulas orales de la cultura clásica. 

7.- No hay texto como tal más allá de un guión conocido por todos los implicados. El resto se deja a la improvisación y al ingenio de los comediantes. 

8- Los personajes tenían unas características fijas y eran plenamente identificados por el público gracias al atuendo y a las máscaras que lucían. 

9.- Se podían dividir en los siguientes grupos: a) viejos antipáticos siempre anteponiendo la moral social al deseo del resto de los implicados (Pantalón y Doctor); b) criados y sirvientas muy simples encargados de las notas cómicas y sencillas (Arlequín, zanni, servetta); c) Capitán Sapavento siguiendo el modelo del Miles glorioso de Plauto, un narcisista fanfarrón que alardea de valentía pero es, simplemente, un charlatán cobarde: d) los enamorados que no pueden desarrollar su pasión por imposiciones sociales y conforman la nota grave de la trama. 

10.- Todo ello se completaba con una fuerte mímica, las bufonadas, las zancadillas, cabriolas o los efectos para sacar la risa fácil entre los espectadores. Como todo se dejaba al genio, ingenio y a la improvisación, la calidad de las compañías de cómicos era dispar demandándose las que más acierto conseguían a la hora de pasar ese rato de ocio. La commedia dell’arte puede compararse (con las debidas distancias) a los monólogos televisivos actuales, aunque estos están previamente ensayados y la commedia dell’arte tenía un fuerte componente de improvisación. 

Influencia de la commedia dell’arte en el teatro europeo posterior 

1.- Desde Italia, la fama de este modelo teatral se expandió por toda Europa a partir de mediados del siglo XVI. 

2.- El personaje más imitado (y presente en el teatro español hasta bien entrado el siglo XVIII) es el del gracioso, el criado chistoso y simple que solo busca satisfacer los instintos más básicos y no tiene ninguna altura moral o ética. 

3.- El modelo de enredo y de esta forma de hacer teatro se introdujo en España con Lope de Rueda que llegó a traducir algunos temas famosos en Italia. A partir de él, comenzaría a desarrollarse con la dramaturgia barroca llegando a su cenit con Lope de Vega pero tampoco podemos olvidar las obras de Calderón de la Barca. Esta fórmula literaria tenía un fuerte componente de evasión en una nación que iba decayendo por décadas. Por eso, se mantuvo (ya sin el frescor de estos grandes nombres) hasta bien entrado el siglo XVIII. Comedias se hacían en todos los lugares posibles: en las plazas de los pueblos o en los fastuosos jardines de la aristocracia. Los corrales de comedia se fueron conformando a partir de espacios más o menos cerrados para dar cabida a una demanda en aumento constante. 

4.- El gran Shakespeare (1564-1616) no tiene reparos en aceptar la base de la commedia dell’arte en sus grandes comedias. 

5.- Y, por último, hay que señalar el importante influjo que tuvo la commedia dell’arte en un creador de la talla de Molière (1622-1673). Actor y dramaturgo que murió prácticamente en escena, reformó de tal manera los fundamentos del teatro francés que puede decirse que hay un antes y un después. Creó las denominadas comédies-ballet (que pueden asemejarse a los musicales). Y de sus farsas elementales llegó a las denominadas altas comedias en las que desarrolló unos personajes con tal fondo ideológico que han entrado en el canon literario universal.   

En definitiva, aunque el teatro posterior logró cotas de calidad insuperables en la literatura europea de todos los tiempos, buena parte de sus fundamentos se encuentran en la commedia dell’arte italiana. Fue una fórmula popular, ingeniosa e itinerante que se apartaba de las representaciones llevadas a cabo en las cultivadas cortes del momento.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

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Hablar de los inicios de la imprenta es hablar de Aldo Manuzio. Este impresor-editor veneciano desde 1495 hasta 1515 no solo diseñó y dio cuerpo al libro tal como lo conocemos hoy en día, sino que elevó a cotas de calidad las ediciones críticas de los clásicos greco-latinos. Su logotipo editorial, el ancla y el delfín entrelazados bajo el lema Festina Lente, ese “apresúrate despacio” tomado de un adagio de Augusto, se convirtió muy pronto en símbolo de exquisitez, calidad e innovación.  

En apenas quince años, en el periodo que va desde 1494 hasta 1515, fecha de la muerte de Aldo Manuzio (con algunas interrupciones debido a problemas logísticos) de su imprenta salieron cerca de ciento cincuenta títulos. Sobresalen, especialmente, ediciones príncipes de Aristóteles, Platón, Ovidio, la comedia y la tragedia griega. Y no solo se centró en los clásicos, ya que también en su imprenta vieron la luz los poemas de Pietro Bembo o escritos de Erasmo de Rotterdam (propiciando la expansión del erasmismo). 

Biografía de Aldo Manuzio 

Nace en 1450 (aunque algunos autores señalan la fecha de 1449 y otros la de 1451) en Casiano di Sermnonneta, una pequeña población del Lazio romano. Poco se sabe de su infancia y juventud, pero parece que sus primeros estudios los realiza junto a Scipione Fortiguerra que, más tarde, formará parte de su selecto consejo editorial. En una edad bastante tardía, se traslada a Ferrara a completar sus estudios y es allí donde se encuentra con una de las lumbreras decisivas para su proyecto editorial: Giovanni Francesco Pico della Mirandola. Aldo tenía veinticinco años y el joven Pico era un adolescente de apenas doce años. Sin embargo, ya en él despuntaba, en forma de niño prodigio, la brillantez que le acompañaría de adulto. Por los datos que se tienen de Aldo, si bien fue un hombre afortunado en el plano intelectual, su hacienda era más bien escasa. 

En 1482 estalla la guerra entre Venecia y Ferrara, un conflicto que se prolongará en el tiempo de manera intermitente y casi interminable y que, a la postre, acabará condicionando tanto la futura empresa tipográfica como la vida cotidiana de Manuzio. Cuando las hostilidades se vuelven más duras el joven Pico della Mirandola (poseedor de una fortuna bastante notable) hospeda a su amigo en su castillo. Aquí es donde los dos hombres, llevados por su afán de perfeccionamiento intelectual, comienzan a fraguar la idea de la impresión de textos clásicos en modernas y claras ediciones. Mientras dura las hostilidades y confinados en el castillo, Aldo Manuzio se convierte en maestro de griego de los dos sobrinos della Mirandola. Aquí se organizan tertulias y hay tiempo libre para el estudio de los clásicos. Este contacto con la élite intelectual de la zona y de sus alrededores se ve enriquecido a partir de 1482 con la caída de Bizancio. Esto supone sucesivas oleadas de intelectuales exiliados que se afanaban desesperadamente en conseguir algún tipo de refugio o mecenazgo por parte de los ricos y cultivados príncipes de las cortes italianas. 

Los inicios de la imprenta de Aldo Manuzio 

A pesar de que su amigo della Mirándola le ofrece una parte del castillo para la imprenta y una cuantiosa suma de dinero, Aldo se empeña en mudarse a Venecia, por entonces un hervidero intelectual y eje libresco. Así tenemos que, en 1494, se encuentra en la Ciudad de los Canales buscando financiación para la impresión de sus libros. Fue Ermolao Barbarigo,  cuyo hijo había sido alumno de Manuzio y dueño de la fábrica de papel Fabriano, quien puso el dinero necesario a cambio de la mitad de las acciones. Barbarigo fue una bendición para el impresor ya que, con su fortuna, había conseguido atesorar una importante biblioteca compuesta de libros medievales manuscritos. Estos serán de utilidad para el gran impresor.  La imprenta se instala junto a la iglesia de San Agustín y encarga a Griffo (afamado orfebre) el diseño y la ejecución de los nuevos tipos.  

Su primer libro en latín salió de la imprenta en 1496: Sobre el Etna de Pietro Bembo. El éxito de las obras impresas por Manuzio alcanzó, muy pronto, fama internacional. Así editores e impresores de otras partes de Italia y de Europa no tardan en imitar sus innovaciones. A eso se debió la deslealtad de Griffo que no tuvo ningún reparo en inundar el mercado con fuentes piratas Por eso, lo despide y le sustituye Giacomo “el húngaro” para seguir con Giulio Campagnola hasta la muerte del impresor.  

La Neoccademia de Aldo Manuzio 

Con los beneficios de la imprenta crea en su casa la denominada Academia Aldina inspirada en la Academia Platónica de Florencia. Estaba formada por los treinta y dos sabios de su consejo editorial e intelectuales tanto venecianos como exiliados de Constantinopla. Allí se reunían el príncipe Alberto Pío de Carpi, el poeta Pietro Bembo, el helenista Girolano Aleandro da Motta, Demetrio Ducas (requerido por el Cardenal Cisneros para hacerse cargo de la parte griega de la Biblia Políglota), Thomas Linacre (médico de Enrique VIII de Inglaterra) e, incluso, Erasmo de Rotterdam. 

Estos intelectuales se encargaban de seleccionar los manuscritos que, tras el contraste de las distintas versiones, servirían para fijar el texto. Posteriormente se producía un elaborado proceso de impresión página a página, pliego a pliego. 

Los últimos años en la vida de Aldo Manuzio  

En 1505, en plena madurez, se casa con la joven María Torresani de apenas veinte años. Desafortunadamente dicha felicidad se ve empañada por una serie de desgraciados sucesos. Primero fallece Barbarigo, principal accionista de la imprenta. Luego se declara la bancarrota de las entidades financieras venecianas. Como debe parar, aprovecha la falta de recursos a la hora de seguir con su tarea impresora para hacerse conferenciante con una gira por toda Italia. Le acompaña su esposa y nace su primer hijo.  

Las máquinas vuelven a ponerse en marcha en 1507 cuando el padre de María aporta el capital que no quieren poner los herederos de Barbarigo. Es entonces cuando solo saca a la calle los clásicos con más demanda relegando proyectos de mayor envergadura, como una Biblia políglota o títulos de autores contemporáneos. Hacia 1509 la interminable guerra entre Venecia y Ferrara hace insostenible la situación. Aldo Manuzio debe huir con su familia y encuentra refugio en el castillo de Novi propiedad de su amigo el príncipe Alberto Pío de Carpi. Allí sitúa una imprenta que pretendía ser provisional. Sin embargo, en ella le alcanza la muerte en 1515. Su tarea editora continúo con su hijo primogénito y su nieto, ambos de nombre Aldo. 

  

Aldo Manuzio y sus aportes a la tipografía 

1.- De manera incansable y metódica, Aldo Manuzio puso en marcha y concluyó un plan de publicaciones exhaustivo y complejo. Así, cada edición era sometida a un consejo editorial de treinta y dos sabios de renombre entre los que se encontraban eruditos, filósofos, filólogos, calígrafos o poetas no solo de Italia sino también de Inglaterra, Grecia, Francia o la actual Turquía.  

2.- Para las ediciones de los clásicos de la antigua literatura griega o romana se imprimían los textos redactados en la lengua original, a ser posible sin glosas ni notas a pie de página. Así la nueva intelectualidad, compuesta por una clase emergente de laicos estudiosos, forjada en las ideas y principios del Renacimiento, podía conversar “libremente con tan gloriosos difuntos”. 

3.- Como complemento, anexo o ayuda a estas ediciones, el propio Aldo Manuzio publicó e, incluso, redactó él mismo gramáticas y diccionarios. Estos servían a modo de libros de texto para los cada día más numerosos estudiantes de las universidades. Estos iban cobrando fuerza e importancia en los estados que, por entonces, comenzaban a forjarse, a la par que ser propagaba la imprenta por toda Europa y, posteriormente, por todo el mundo conocido.  

4.- Trabaja con el papel de extrema calidad de la casa Fabriano, hoy un lujo reservado a los regalos.  También utiliza una cola especial que hace que los libros no se abran. Deja márgenes generosos con el objetivo de que en ellos se pudieran realizar notas por parte de los estudiantes.  

5.- Aligera las encuadernaciones haciéndolas minimalistas. Se utilizaba una piel muy fina que llega desde el norte de África y elimina las tablas de los libros medievales. Estas son sustituidas por cartón. Además adopta el lomo plano y se estampa las portadas a fuego. Todo ello aporta ligereza. 

6.- Para hacer más llevadero el proceso de encuadernación, se inventa una forma nueva de numerar los distintos cuadernillos. Esta nomenclatura es la que ha perdurado hasta hace poco cuando la tecnología informática ya no la ha necesitado.  

7.- A partir de 1496, los tipos encargados a Griffo se hacen más ligeros, se redondean y la lectura se hace más clara. Aún se sigue innovando en su afán por presentar hojas limpias. El cenit llega en 1499 primero con la Cornucopias de Perotti y después con la Hypnerotomachia Poliphili, considerado el libro más bello y, a la par, el más enigmático salido de una imprenta.  

8.- Aldo Manuzio no solo se contenta con ir diseñando y fundiendo matrices cada vez más bellas y más claras, sino que, además, en aras de una mejor comprensión lectora, inserta dos signos de puntuación inéditos hasta entonces: el punto y coma y el apóstrofo.  

9.- Fue el primer editor que se preocupa por ordenar sus colecciones y por publicar catálogos a disposición del público con sus características y precios. El primero es de 1498. 

10.- En el año 1500, buscando un formato que se adaptara a las formas de vida de su emergente clientela de eruditos y estudiantes, Aldo Manuzio reduce considerablemente el formato de los libros hasta las medidas de 100 x 150 mm. Nace así el formato octavo o libro de bolsillo. 

11.- Paralelamente, encarga a Griffo una fuente que ha pasado a la historia con los nombres de cursiva, inclinada, itálica o aldina inspirada en los manuscritos autógrafos del poeta Petrarca que Pietro Bombo conservaba en su biblioteca. 

12.- Fue tal su éxito que las tiradas llegan a los mil ejemplares y, además, salían a un precio competitivo.  

La importancia y la influencia de Aldo Manuzio en la historia de la imprenta

En distintos puntos de Europa se imitó, cuando no se copió descaradamente, las ediciones aldinas incluidas sus señas de identidad (el ancla y el delfín). Manuzio modificó no solo el formato códice heredado de la Edad Media (grandes y pesados infolios de difícil lectura) sino que, además se encargó y dirigió la afamada Neoccademmia. Allí los sabios renacentistas, al contrario de los monjes de la cultura medieval, se empeñaron en seleccionar y en fijar la mejor versión conocida de los textos antiguos. Como editor, puso al alcance de una inmensa minoría de interesados los grandes textos de la cultura clásica en ediciones filológicamente impecables.  

Como impresor realizó una serie de innovaciones tan fundamentales que han pervivido hasta la actualidad. Y todo ello sin renunciar a la calidad que se propuso desde el primer momento. La del papel es un claro ejemplo puesto que aún hoy en día permanece blanco, crujiente y tan espeso que ni siquiera la tinta de los escolares que han utilizado estos libros ha logrado deteriorarlo lo más mínimo. 

Como hombre de negocios, ideó modernas y desconocidas estrategias de marketing que posibilitó la movilidad de sus ejemplares por toda Europa. Incluso la influencia de la letra aldina se encuentra en un arte tan alejado como el de los luthiers del norte de Italia con Stradivarius a la cabeza. Se inspiraron en la f inclinada para la apertura de la caja de resonancia. Hasta ese punto llegó la influencia y los aportes a la imprenta de Aldo Manuzio.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Hablar de los inicios de la imprenta es hablar de Aldo Manuzio. Este impresor-editor veneciano desde 1495 hasta 1515 no solo diseñó y dio cuerpo al libro tal como lo conocemos hoy en día, sino que elevó a cotas de calidad las ediciones críticas de los clásicos greco-latinos. Su logotipo editorial, el ancla y el delfín entrelazados bajo el lema Festina Lente, ese “apresúrate despacio” tomado de un adagio de Augusto, se convirtió muy pronto en símbolo de exquisitez, calidad e innovación.  

En apenas quince años, en el periodo que va desde 1494 hasta 1515, fecha de la muerte de Aldo Manuzio (con algunas interrupciones debido a problemas logísticos) de su imprenta salieron cerca de ciento cincuenta títulos. Sobresalen, especialmente, ediciones príncipes de Aristóteles, Platón, Ovidio, la comedia y la tragedia griega. Y no solo se centró en los clásicos, ya que también en su imprenta vieron la luz los poemas de Pietro Bembo o escritos de Erasmo de Rotterdam (propiciando la expansión del erasmismo). 

Biografía de Aldo Manuzio 

Nace en 1450 (aunque algunos autores señalan la fecha de 1449 y otros la de 1451) en Casiano di Sermnonneta, una pequeña población del Lazio romano. Poco se sabe de su infancia y juventud, pero parece que sus primeros estudios los realiza junto a Scipione Fortiguerra que, más tarde, formará parte de su selecto consejo editorial. En una edad bastante tardía, se traslada a Ferrara a completar sus estudios y es allí donde se encuentra con una de las lumbreras decisivas para su proyecto editorial: Giovanni Francesco Pico della Mirandola. Aldo tenía veinticinco años y el joven Pico era un adolescente de apenas doce años. Sin embargo, ya en él despuntaba, en forma de niño prodigio, la brillantez que le acompañaría de adulto. Por los datos que se tienen de Aldo, si bien fue un hombre afortunado en el plano intelectual, su hacienda era más bien escasa. 

En 1482 estalla la guerra entre Venecia y Ferrara, un conflicto que se prolongará en el tiempo de manera intermitente y casi interminable y que, a la postre, acabará condicionando tanto la futura empresa tipográfica como la vida cotidiana de Manuzio. Cuando las hostilidades se vuelven más duras el joven Pico della Mirandola (poseedor de una fortuna bastante notable) hospeda a su amigo en su castillo. Aquí es donde los dos hombres, llevados por su afán de perfeccionamiento intelectual, comienzan a fraguar la idea de la impresión de textos clásicos en modernas y claras ediciones. Mientras dura las hostilidades y confinados en el castillo, Aldo Manuzio se convierte en maestro de griego de los dos sobrinos della Mirandola. Aquí se organizan tertulias y hay tiempo libre para el estudio de los clásicos. Este contacto con la élite intelectual de la zona y de sus alrededores se ve enriquecido a partir de 1482 con la caída de Bizancio. Esto supone sucesivas oleadas de intelectuales exiliados que se afanaban desesperadamente en conseguir algún tipo de refugio o mecenazgo por parte de los ricos y cultivados príncipes de las cortes italianas. 

Los inicios de la imprenta de Aldo Manuzio 

A pesar de que su amigo della Mirándola le ofrece una parte del castillo para la imprenta y una cuantiosa suma de dinero, Aldo se empeña en mudarse a Venecia, por entonces un hervidero intelectual y eje libresco. Así tenemos que, en 1494, se encuentra en la Ciudad de los Canales buscando financiación para la impresión de sus libros. Fue Ermolao Barbarigo,  cuyo hijo había sido alumno de Manuzio y dueño de la fábrica de papel Fabriano, quien puso el dinero necesario a cambio de la mitad de las acciones. Barbarigo fue una bendición para el impresor ya que, con su fortuna, había conseguido atesorar una importante biblioteca compuesta de libros medievales manuscritos. Estos serán de utilidad para el gran impresor.  La imprenta se instala junto a la iglesia de San Agustín y encarga a Griffo (afamado orfebre) el diseño y la ejecución de los nuevos tipos.  

Su primer libro en latín salió de la imprenta en 1496: Sobre el Etna de Pietro Bembo. El éxito de las obras impresas por Manuzio alcanzó, muy pronto, fama internacional. Así editores e impresores de otras partes de Italia y de Europa no tardan en imitar sus innovaciones. A eso se debió la deslealtad de Griffo que no tuvo ningún reparo en inundar el mercado con fuentes piratas Por eso, lo despide y le sustituye Giacomo “el húngaro” para seguir con Giulio Campagnola hasta la muerte del impresor.  

La Neoccademia de Aldo Manuzio 

Con los beneficios de la imprenta crea en su casa la denominada Academia Aldina inspirada en la Academia Platónica de Florencia. Estaba formada por los treinta y dos sabios de su consejo editorial e intelectuales tanto venecianos como exiliados de Constantinopla. Allí se reunían el príncipe Alberto Pío de Carpi, el poeta Pietro Bembo, el helenista Girolano Aleandro da Motta, Demetrio Ducas (requerido por el Cardenal Cisneros para hacerse cargo de la parte griega de la Biblia Políglota), Thomas Linacre (médico de Enrique VIII de Inglaterra) e, incluso, Erasmo de Rotterdam. 

Estos intelectuales se encargaban de seleccionar los manuscritos que, tras el contraste de las distintas versiones, servirían para fijar el texto. Posteriormente se producía un elaborado proceso de impresión página a página, pliego a pliego. 

Los últimos años en la vida de Aldo Manuzio  

En 1505, en plena madurez, se casa con la joven María Torresani de apenas veinte años. Desafortunadamente dicha felicidad se ve empañada por una serie de desgraciados sucesos. Primero fallece Barbarigo, principal accionista de la imprenta. Luego se declara la bancarrota de las entidades financieras venecianas. Como debe parar, aprovecha la falta de recursos a la hora de seguir con su tarea impresora para hacerse conferenciante con una gira por toda Italia. Le acompaña su esposa y nace su primer hijo.  

Las máquinas vuelven a ponerse en marcha en 1507 cuando el padre de María aporta el capital que no quieren poner los herederos de Barbarigo. Es entonces cuando solo saca a la calle los clásicos con más demanda relegando proyectos de mayor envergadura, como una Biblia políglota o títulos de autores contemporáneos. Hacia 1509 la interminable guerra entre Venecia y Ferrara hace insostenible la situación. Aldo Manuzio debe huir con su familia y encuentra refugio en el castillo de Novi propiedad de su amigo el príncipe Alberto Pío de Carpi. Allí sitúa una imprenta que pretendía ser provisional. Sin embargo, en ella le alcanza la muerte en 1515. Su tarea editora continúo con su hijo primogénito y su nieto, ambos de nombre Aldo. 

  

Aldo Manuzio y sus aportes a la tipografía 

1.- De manera incansable y metódica, Aldo Manuzio puso en marcha y concluyó un plan de publicaciones exhaustivo y complejo. Así, cada edición era sometida a un consejo editorial de treinta y dos sabios de renombre entre los que se encontraban eruditos, filósofos, filólogos, calígrafos o poetas no solo de Italia sino también de Inglaterra, Grecia, Francia o la actual Turquía.  

2.- Para las ediciones de los clásicos de la antigua literatura griega o romana se imprimían los textos redactados en la lengua original, a ser posible sin glosas ni notas a pie de página. Así la nueva intelectualidad, compuesta por una clase emergente de laicos estudiosos, forjada en las ideas y principios del Renacimiento, podía conversar “libremente con tan gloriosos difuntos”. 

3.- Como complemento, anexo o ayuda a estas ediciones, el propio Aldo Manuzio publicó e, incluso, redactó él mismo gramáticas y diccionarios. Estos servían a modo de libros de texto para los cada día más numerosos estudiantes de las universidades. Estos iban cobrando fuerza e importancia en los estados que, por entonces, comenzaban a forjarse, a la par que ser propagaba la imprenta por toda Europa y, posteriormente, por todo el mundo conocido.  

4.- Trabaja con el papel de extrema calidad de la casa Fabriano, hoy un lujo reservado a los regalos.  También utiliza una cola especial que hace que los libros no se abran. Deja márgenes generosos con el objetivo de que en ellos se pudieran realizar notas por parte de los estudiantes.  

5.- Aligera las encuadernaciones haciéndolas minimalistas. Se utilizaba una piel muy fina que llega desde el norte de África y elimina las tablas de los libros medievales. Estas son sustituidas por cartón. Además adopta el lomo plano y se estampa las portadas a fuego. Todo ello aporta ligereza. 

6.- Para hacer más llevadero el proceso de encuadernación, se inventa una forma nueva de numerar los distintos cuadernillos. Esta nomenclatura es la que ha perdurado hasta hace poco cuando la tecnología informática ya no la ha necesitado.  

7.- A partir de 1496, los tipos encargados a Griffo se hacen más ligeros, se redondean y la lectura se hace más clara. Aún se sigue innovando en su afán por presentar hojas limpias. El cenit llega en 1499 primero con la Cornucopias de Perotti y después con la Hypnerotomachia Poliphili, considerado el libro más bello y, a la par, el más enigmático salido de una imprenta.  

8.- Aldo Manuzio no solo se contenta con ir diseñando y fundiendo matrices cada vez más bellas y más claras, sino que, además, en aras de una mejor comprensión lectora, inserta dos signos de puntuación inéditos hasta entonces: el punto y coma y el apóstrofo.  

9.- Fue el primer editor que se preocupa por ordenar sus colecciones y por publicar catálogos a disposición del público con sus características y precios. El primero es de 1498. 

10.- En el año 1500, buscando un formato que se adaptara a las formas de vida de su emergente clientela de eruditos y estudiantes, Aldo Manuzio reduce considerablemente el formato de los libros hasta las medidas de 100 x 150 mm. Nace así el formato octavo o libro de bolsillo. 

11.- Paralelamente, encarga a Griffo una fuente que ha pasado a la historia con los nombres de cursiva, inclinada, itálica o aldina inspirada en los manuscritos autógrafos del poeta Petrarca que Pietro Bombo conservaba en su biblioteca. 

12.- Fue tal su éxito que las tiradas llegan a los mil ejemplares y, además, salían a un precio competitivo.  

La importancia y la influencia de Aldo Manuzio en la historia de la imprenta

En distintos puntos de Europa se imitó, cuando no se copió descaradamente, las ediciones aldinas incluidas sus señas de identidad (el ancla y el delfín). Manuzio modificó no solo el formato códice heredado de la Edad Media (grandes y pesados infolios de difícil lectura) sino que, además se encargó y dirigió la afamada Neoccademmia. Allí los sabios renacentistas, al contrario de los monjes de la cultura medieval, se empeñaron en seleccionar y en fijar la mejor versión conocida de los textos antiguos. Como editor, puso al alcance de una inmensa minoría de interesados los grandes textos de la cultura clásica en ediciones filológicamente impecables.  

Como impresor realizó una serie de innovaciones tan fundamentales que han pervivido hasta la actualidad. Y todo ello sin renunciar a la calidad que se propuso desde el primer momento. La del papel es un claro ejemplo puesto que aún hoy en día permanece blanco, crujiente y tan espeso que ni siquiera la tinta de los escolares que han utilizado estos libros ha logrado deteriorarlo lo más mínimo. 

Como hombre de negocios, ideó modernas y desconocidas estrategias de marketing que posibilitó la movilidad de sus ejemplares por toda Europa. Incluso la influencia de la letra aldina se encuentra en un arte tan alejado como el de los luthiers del norte de Italia con Stradivarius a la cabeza. Se inspiraron en la f inclinada para la apertura de la caja de resonancia. Hasta ese punto llegó la influencia y los aportes a la imprenta de Aldo Manuzio.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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De todos los cambios que se produjeron a finales del siglo XV en Europa, hay uno que es vertebrador de todos los demás: la distinta concepción sobre el hombre en el Renacimiento a todos los niveles. Lo poco que nos ha llegado de los autores de la Edad Media nos muestra una sociedad teocéntrica, encerrada, guerrera y acosado por calamidades de todo tipo (desde la intransigencia, la inmovilidad hasta las luchas cruentas pasando por epidemias nefastas). Estas obras nos muestran una visión de la vida con las miras siempre puestas en el más allá. Este mundo, por tanto, se convierte en un valle de lágrimas, un paso hacia la gracia absoluta y únicamente importa la salvación del alma tras la muerte. Nada había en lo cotidiano que no invitara o poner los ojos en ese paraíso celestial e incorpóreo, ya que que lo de este plano ofrecía escasos alicientes. Todo eso cambia con la llegada del Renacimiento. Y el hombre se erige en la medida (literal) de todas las cosas a la par que se acepta el disfrute de la vida en la tierra como lo deseable. Vamos por partes para entender mejor este concepto. 

1.- Antropocentrismo, eje sobre el que gira el hombre en el Renacimiento 

Aún siendo Europa eminentemente cristiana, la cosmovisión religiosa cambia a finales del siglo XV e, incluso, un poco antes en lugares de Italia. El hombre comienza a ser la medida de todas las cosas de este mundo. La creación, por tanto, comienza a ser considerada como un regalo o don por parte de la divinidad para disfrutar de ella. A partir de aquí da comienzo el camino de la felicidad, concepto que empieza a tener auge después de los años oscuros, tristes y repletos de penalidades de la época anterior y que nos ha llegado a través de las crónicas y la literatura medieval

Paralelamente, la política en el Renacimiento va cambiando progresivamente mermando el poder de los señores feudales y, con ello, se posibilitan periodos más largos de paz. Las guerras son desplazadas por las intrigas cortesanas o los chismes de las cortes y palacios que se llenan de refinamiento y cultura. Con ello, la humanidad comienza a disfrutar de esos dones sin el sentimiento de culpa (o de pecado) que había caracterizado los siglos anteriores. En el mismo orden de cosas, la naturaleza se convierte en refugio de paz y de inspiración. Aparece, a continuación, el concepto del amor mundano (aunque platonizado). La mujer (ya que aún estamos en una sociedad androcéntrica) se concibe en su carnalidad más allá del canto meramente espiritual y anímico que había predominado en los siglos anteriores. Todo ello forma una combinación novedosa que desemboca en esa idea de antropocentrismo en el que Dios se va desplazando progresivamente para ir ocupando esas esferas por una humanidad deseosa de cambio.  

2.- El hombre en el Renacimiento descubre la antigüedad clásica 

Paralelamente, a esta concepción se van descubriendo los mitos y la literatura griega o latina. En las páginas de los libros medievales que empiezan a imprimirse aparece un mundo pagano de dioses que se mezclan con los hombres, que tienen hijos con los mortales y que están maldecidos con los mismo vicios que la humanidad. En estos textos se despliega una naturaleza que sea alinea con todo lo viviente y que está puesta para el disfrute de las criaturas vivas. Con todas estas ideas, el concepto de valle de lágrimas  va quedando aparcado. Y el disfrute terreno va cobrando fuerza (sin olvidar las ideas cristianas) hasta desembocar en un hedonismo sereno y elegante que no se había conocido en Europa. Por tanto, Ya no será Dios el que acapare cada centímetro de universo sino que hay un deseo de convertir todo lo creado a la medida pequeña de la criatura humana. En este sentido, por poner solo uno de los más famosos, se explican los dibujos con las proporciones y escalas del hombre de Leonardo da Vinci. 

3.- El hombre en el Renacimiento se apunta al avance del conocimiento

Y se hace en todos los aspectos y en todos los sentidos. El Renacimiento en España se inaugura casi con tres grandes hitos: la homogeneización que supone la toma de Granada, el descubrimiento de América y la carta de naturaleza del castellano como lengua de cultura con la Gramática de Antonio de Nebrija. Todo ello sucedió en 1492. Y sin riesgo a equivocarme mucho, se puede afirmar que en esta fecha comienza el Renacimiento en España. Algunos de estos logros no habrían tenido eco si detrás no estuvieran avances científicos. Si la ingeniería naval se desarrolla hasta el punto de permitir empresas antes inconcebibles, lo que supuso un antes y un después fue la invención de la imprenta a mediados del siglo XV que rápidamente se reprodujo por todos los rincones de Europa. Con ella se aumentaron exponencialmente el número de obras a disposición de un público que iba abandonando el analfabetismo crónico. Y, además, alimentó a las nuevas oleadas de estudiantes que se formaban en las incipientes universidades europeas. 

4.- Para el hombre en el Renacimiento la vida, por tanto, ya no es un valle de lágrima y aparece el hedonismo 

En este sentido, se da permiso para crear deliciosos jardines, cómodos palacios o festejar cualquier cosa. El antropocentrismo va dando paso progresivamente a un hedonismo vital que va empapando todas las esferas de las artes y la existencia. También es el acicate para el avance económico, ya que los recursos se concentran para bien del hombre y de la humanidad, aunque las luchas, guerras y enfrentamientos siguieron existiendo. Eso no quita para que los periodos de paz fueran más largos que los medievales. Por tanto, no solo no se destruía lo creado sino que daba tiempo a mejorar lo existente. Todo ello en aras de hacer un aquí y un ahora más vivible. 

5.- La belleza, la naturaleza y la mujer (androcentrismo) como forma de llegar a Dios

Aunque una de las principales características del Renacimiento literario o artístico es colocar al hombre en el centro del Universo, no debemos entender aún ese “hombre” como representante de la Humanidad. La mujer aún no ha adquirido un papel predominante a pesar de la visibilidad de algunas reinas (Isabel de Castilla) o artistas (Santa Teresa de Jesús, representante de la mística). Más bien, eran tenidos como puente que une el mundo profano cotidiano con el de la belleza que es también divina. En este sentido, actúa como la naturaleza en ese camino de la felicidad que permite ver los grandes dones de Dios. Es, por tanto, medio o puente, no fin último.  

6.- Las teorías de Erasmo en la concepción del hombre en el Renacimiento 

Las grandes ideas siempre están en el aire. Si Lutero rompe con la tradición católica negando la autoridad papel, Erasmo lleva esta revolución de otra manera. Entiende que los textos sagrados han sido corrompidos en su lectura y que esta ha sido sesgada para beneficiar a una curia y a un papado corrupto que, en la época, se entretenía con los goces terrenales más que con los divinos. Por eso defiende nuevas traducciones a las lenguas vulgares de los textos sagrados con el fin de acercarlo al origen. Todo ello no sería posible sin ese avance tecnológico y económico que propició el desarrollo de la imprenta y, con ella, los estudios del latín en las nuevas universidades.  

7.- Monarquía frente a señores feudales como cambio 

La política en el Renacimiento gira en torno a la concentración de poder de las cabezas coronadas con respecto a los señores feudales. Todo ello tiene implicación en el ámbito de la economía (al concentrar más riquezas) pero también en las esferas de las ideas. Se hace necesario homogeneizar en diferentes sentidos: políticos, sociales, legales, lingüísticos… Paralelamente, se ve a la humanidad como un todo semejante en su ámbito espiritual. Con ello se ponen las bases para una incipiente justicia social al considerarse que el alma del señor no vale más que la de un pobre ciudadano. Aunque bajo nuestra cosmovisión  esto parece evidente, no lo era para la de la época feudal gobernada, a veces, por crueles y caprichosos caciques.  

8.- El hombre en el Renacimiento está transformado por la incipiente burguesía 

Desde los campos y las murallas cerradas de los castillos se van abriendo nuevos burgos y pequeñas ciudades. Estas se llenan con profesionales de oficios distintos al de la ganadería o la agricultura. Nacen, a continuación, los gremios (que comienzan a agruparse para defender sus derechos o darse apoyo) y una nueva clase que enarbola la bandera de la libertad. Ya no sirven a un señor al cual encomiendan (en todos los sentidos) sus vidas, sino que en cada artesano, en cada artista, en cada profesional independiente (canteros, aparejadores, médicos, farmacéuticos o escribanos) hay una persona que se sabe única e independiente. A la par, este sistema social engendra mayor desarrollo económico, con lo cual la rueda de la libertad no para de retroalimentarse constantemente. Este nuevo orden social (acompañado del mayor poder real que gobierna de forma homogénea) va a influir de manera importante en la cosmovisión del hombre en el Renacimiento. 

9.- El número cinco en el hombre de Vitruvio

Simbolización perfecta del espíritu de la época y de lo que supuso el hombre en el Renacimiento es la medida representado por el hombre de Vitrubio de Leonardo da Vinci. El cinco es considerado, en simbología, el número del hombre, cinco son los dedos de la mano y cinco son los puntos (contando la cabeza) que se proponen en esa famosa ilustración. Con el cinco se dice del hacer, de la capacidad de transformación y de progreso. El cinco supone el cambio y la manera que el ser humano tiene de modificar la realidad dada. Ya no se deja todo a la providencia divina sino que tenemos entre nuestros dedos la posibilidad de crear un mundo distinto, aunque eso no signifique olvidar los principios del cristianismo. Por eso, esa ilustración se ha convertido en el símbolo perfecto de una época.  

10.- El hombre en el Renacimiento busca la perfección en las artes

Y en la naturaleza que pretende domeñar creando jardines ordenados donde el caos no existe. En el mismo sentido, se recupera de la tradición clásica el número áureo que se utiliza para crear edificios sobrios y elegantes a la par que se acometen algunas reformas urbanísticas en este sentido. A la proporción, se une la perspectiva que da ese aspecto tridimensional a las obras de la época. La belleza, por tanto, se convierte en fuente de felicidad y el arte va a ayudar a conseguir ambas cosas. 

En definitiva, el hombre en el Renacimiento es el artífice del cambio esencial que se da en la segunda mitad del siglo XV en Europa. Con esta cosmovisión se cierra la Edad Media tan enconsertada, pobre, inculta y acechada por tantas calamidades que solo puede poner los ojos en el más allá, tal es la cantidad de guerras, hambrunas y pestes alrededor. Con el nuevo orden que inaugura la Edad Moderna se desarrollan inventos que facilitan la vida generando ideas filosóficas transformadoras. La humanidad, avalada por estos avances, comienza a tomar las riendas tanto de su propio destino como del progreso material y se niega a abandonarse a deseos inescrutables de la divinidad.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

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Damos un repaso a los grandes hitos históricos y nos adentramos en todas las culturas que ha habido sobre el planeta Tierra. 

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De todos los cambios que se produjeron a finales del siglo XV en Europa, hay uno que es vertebrador de todos los demás: la distinta concepción sobre el hombre en el Renacimiento a todos los niveles. Lo poco que nos ha llegado de los autores de la Edad Media nos muestra una sociedad teocéntrica, encerrada, guerrera y acosado por calamidades de todo tipo (desde la intransigencia, la inmovilidad hasta las luchas cruentas pasando por epidemias nefastas). Estas obras nos muestran una visión de la vida con las miras siempre puestas en el más allá. Este mundo, por tanto, se convierte en un valle de lágrimas, un paso hacia la gracia absoluta y únicamente importa la salvación del alma tras la muerte. Nada había en lo cotidiano que no invitara o poner los ojos en ese paraíso celestial e incorpóreo, ya que que lo de este plano ofrecía escasos alicientes. Todo eso cambia con la llegada del Renacimiento. Y el hombre se erige en la medida (literal) de todas las cosas a la par que se acepta el disfrute de la vida en la tierra como lo deseable. Vamos por partes para entender mejor este concepto. 

1.- Antropocentrismo, eje sobre el que gira el hombre en el Renacimiento 

Aún siendo Europa eminentemente cristiana, la cosmovisión religiosa cambia a finales del siglo XV e, incluso, un poco antes en lugares de Italia. El hombre comienza a ser la medida de todas las cosas de este mundo. La creación, por tanto, comienza a ser considerada como un regalo o don por parte de la divinidad para disfrutar de ella. A partir de aquí da comienzo el camino de la felicidad, concepto que empieza a tener auge después de los años oscuros, tristes y repletos de penalidades de la época anterior y que nos ha llegado a través de las crónicas y la literatura medieval

Paralelamente, la política en el Renacimiento va cambiando progresivamente mermando el poder de los señores feudales y, con ello, se posibilitan periodos más largos de paz. Las guerras son desplazadas por las intrigas cortesanas o los chismes de las cortes y palacios que se llenan de refinamiento y cultura. Con ello, la humanidad comienza a disfrutar de esos dones sin el sentimiento de culpa (o de pecado) que había caracterizado los siglos anteriores. En el mismo orden de cosas, la naturaleza se convierte en refugio de paz y de inspiración. Aparece, a continuación, el concepto del amor mundano (aunque platonizado). La mujer (ya que aún estamos en una sociedad androcéntrica) se concibe en su carnalidad más allá del canto meramente espiritual y anímico que había predominado en los siglos anteriores. Todo ello forma una combinación novedosa que desemboca en esa idea de antropocentrismo en el que Dios se va desplazando progresivamente para ir ocupando esas esferas por una humanidad deseosa de cambio.  

2.- El hombre en el Renacimiento descubre la antigüedad clásica 

Paralelamente, a esta concepción se van descubriendo los mitos y la literatura griega o latina. En las páginas de los libros medievales que empiezan a imprimirse aparece un mundo pagano de dioses que se mezclan con los hombres, que tienen hijos con los mortales y que están maldecidos con los mismo vicios que la humanidad. En estos textos se despliega una naturaleza que sea alinea con todo lo viviente y que está puesta para el disfrute de las criaturas vivas. Con todas estas ideas, el concepto de valle de lágrimas  va quedando aparcado. Y el disfrute terreno va cobrando fuerza (sin olvidar las ideas cristianas) hasta desembocar en un hedonismo sereno y elegante que no se había conocido en Europa. Por tanto, Ya no será Dios el que acapare cada centímetro de universo sino que hay un deseo de convertir todo lo creado a la medida pequeña de la criatura humana. En este sentido, por poner solo uno de los más famosos, se explican los dibujos con las proporciones y escalas del hombre de Leonardo da Vinci. 

3.- El hombre en el Renacimiento se apunta al avance del conocimiento

Y se hace en todos los aspectos y en todos los sentidos. El Renacimiento en España se inaugura casi con tres grandes hitos: la homogeneización que supone la toma de Granada, el descubrimiento de América y la carta de naturaleza del castellano como lengua de cultura con la Gramática de Antonio de Nebrija. Todo ello sucedió en 1492. Y sin riesgo a equivocarme mucho, se puede afirmar que en esta fecha comienza el Renacimiento en España. Algunos de estos logros no habrían tenido eco si detrás no estuvieran avances científicos. Si la ingeniería naval se desarrolla hasta el punto de permitir empresas antes inconcebibles, lo que supuso un antes y un después fue la invención de la imprenta a mediados del siglo XV que rápidamente se reprodujo por todos los rincones de Europa. Con ella se aumentaron exponencialmente el número de obras a disposición de un público que iba abandonando el analfabetismo crónico. Y, además, alimentó a las nuevas oleadas de estudiantes que se formaban en las incipientes universidades europeas. 

4.- Para el hombre en el Renacimiento la vida, por tanto, ya no es un valle de lágrima y aparece el hedonismo 

En este sentido, se da permiso para crear deliciosos jardines, cómodos palacios o festejar cualquier cosa. El antropocentrismo va dando paso progresivamente a un hedonismo vital que va empapando todas las esferas de las artes y la existencia. También es el acicate para el avance económico, ya que los recursos se concentran para bien del hombre y de la humanidad, aunque las luchas, guerras y enfrentamientos siguieron existiendo. Eso no quita para que los periodos de paz fueran más largos que los medievales. Por tanto, no solo no se destruía lo creado sino que daba tiempo a mejorar lo existente. Todo ello en aras de hacer un aquí y un ahora más vivible. 

5.- La belleza, la naturaleza y la mujer (androcentrismo) como forma de llegar a Dios

Aunque una de las principales características del Renacimiento literario o artístico es colocar al hombre en el centro del Universo, no debemos entender aún ese “hombre” como representante de la Humanidad. La mujer aún no ha adquirido un papel predominante a pesar de la visibilidad de algunas reinas (Isabel de Castilla) o artistas (Santa Teresa de Jesús, representante de la mística). Más bien, eran tenidos como puente que une el mundo profano cotidiano con el de la belleza que es también divina. En este sentido, actúa como la naturaleza en ese camino de la felicidad que permite ver los grandes dones de Dios. Es, por tanto, medio o puente, no fin último.  

6.- Las teorías de Erasmo en la concepción del hombre en el Renacimiento 

Las grandes ideas siempre están en el aire. Si Lutero rompe con la tradición católica negando la autoridad papel, Erasmo lleva esta revolución de otra manera. Entiende que los textos sagrados han sido corrompidos en su lectura y que esta ha sido sesgada para beneficiar a una curia y a un papado corrupto que, en la época, se entretenía con los goces terrenales más que con los divinos. Por eso defiende nuevas traducciones a las lenguas vulgares de los textos sagrados con el fin de acercarlo al origen. Todo ello no sería posible sin ese avance tecnológico y económico que propició el desarrollo de la imprenta y, con ella, los estudios del latín en las nuevas universidades.  

7.- Monarquía frente a señores feudales como cambio 

La política en el Renacimiento gira en torno a la concentración de poder de las cabezas coronadas con respecto a los señores feudales. Todo ello tiene implicación en el ámbito de la economía (al concentrar más riquezas) pero también en las esferas de las ideas. Se hace necesario homogeneizar en diferentes sentidos: políticos, sociales, legales, lingüísticos… Paralelamente, se ve a la humanidad como un todo semejante en su ámbito espiritual. Con ello se ponen las bases para una incipiente justicia social al considerarse que el alma del señor no vale más que la de un pobre ciudadano. Aunque bajo nuestra cosmovisión  esto parece evidente, no lo era para la de la época feudal gobernada, a veces, por crueles y caprichosos caciques.  

8.- El hombre en el Renacimiento está transformado por la incipiente burguesía 

Desde los campos y las murallas cerradas de los castillos se van abriendo nuevos burgos y pequeñas ciudades. Estas se llenan con profesionales de oficios distintos al de la ganadería o la agricultura. Nacen, a continuación, los gremios (que comienzan a agruparse para defender sus derechos o darse apoyo) y una nueva clase que enarbola la bandera de la libertad. Ya no sirven a un señor al cual encomiendan (en todos los sentidos) sus vidas, sino que en cada artesano, en cada artista, en cada profesional independiente (canteros, aparejadores, médicos, farmacéuticos o escribanos) hay una persona que se sabe única e independiente. A la par, este sistema social engendra mayor desarrollo económico, con lo cual la rueda de la libertad no para de retroalimentarse constantemente. Este nuevo orden social (acompañado del mayor poder real que gobierna de forma homogénea) va a influir de manera importante en la cosmovisión del hombre en el Renacimiento. 

9.- El número cinco en el hombre de Vitruvio

Simbolización perfecta del espíritu de la época y de lo que supuso el hombre en el Renacimiento es la medida representado por el hombre de Vitrubio de Leonardo da Vinci. El cinco es considerado, en simbología, el número del hombre, cinco son los dedos de la mano y cinco son los puntos (contando la cabeza) que se proponen en esa famosa ilustración. Con el cinco se dice del hacer, de la capacidad de transformación y de progreso. El cinco supone el cambio y la manera que el ser humano tiene de modificar la realidad dada. Ya no se deja todo a la providencia divina sino que tenemos entre nuestros dedos la posibilidad de crear un mundo distinto, aunque eso no signifique olvidar los principios del cristianismo. Por eso, esa ilustración se ha convertido en el símbolo perfecto de una época.  

10.- El hombre en el Renacimiento busca la perfección en las artes

Y en la naturaleza que pretende domeñar creando jardines ordenados donde el caos no existe. En el mismo sentido, se recupera de la tradición clásica el número áureo que se utiliza para crear edificios sobrios y elegantes a la par que se acometen algunas reformas urbanísticas en este sentido. A la proporción, se une la perspectiva que da ese aspecto tridimensional a las obras de la época. La belleza, por tanto, se convierte en fuente de felicidad y el arte va a ayudar a conseguir ambas cosas. 

En definitiva, el hombre en el Renacimiento es el artífice del cambio esencial que se da en la segunda mitad del siglo XV en Europa. Con esta cosmovisión se cierra la Edad Media tan enconsertada, pobre, inculta y acechada por tantas calamidades que solo puede poner los ojos en el más allá, tal es la cantidad de guerras, hambrunas y pestes alrededor. Con el nuevo orden que inaugura la Edad Moderna se desarrollan inventos que facilitan la vida generando ideas filosóficas transformadoras. La humanidad, avalada por estos avances, comienza a tomar las riendas tanto de su propio destino como del progreso material y se niega a abandonarse a deseos inescrutables de la divinidad.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla 

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A finales del siglo XV, con los Reyes Católicos en el trono, la anexión de Granada para la causa cristiana, las expediciones marítimas y la expansión de la imprenta con todo lo que ello supone comienza el Renacimiento en España. Atrás quedan los condicionantes culturales medievales centrados en el latín como lengua de cultura y religiosa, el aislamiento en todos los sentidos o la escasez de obras escritas que suponían los libros medievales manuscritos. Si bien la política en el Renacimiento pone las bases para un orden nuevo, también se genera en toda Europa una avance incipiente de la ciencia y de todo tipo de estudios. Estos se ven favorecidos no solo por la implantación en casi todas las ciudades de importancia de la imprenta, la cual multiplica exponencialmente el número de obras en circulación, sino también por las nuevas universidades y por el aumento de las personas letradas y de la riqueza económica. Todo ello genera una explosión de ideas que reclaman más libertad de pensamiento y otra cosmovisión vital. Reconociendo que el resumen es siempre simplificador, el Renacimiento en España se caracteriza por lo siguiente. 

1.- El Renacimiento en España comienza con una monarquía absoluta y una administración centralizada  

Y las bases se comentan con los Reyes Católicos que anexan no solo el reino nazarí de Granada (el último musulmán de la península) sino que también ven la necesidad (desde la cosmovisión de la época) de una homogeneización cultural, lingüística y de fueros. Con la acumulación de poder en manos de los monarcas los nobles feudales paulatinamente dejan de entretenerse en todas aquellas guerras y luchas fratricidas (que reflejan los cantares de gesta) y el superávit económico lo invierten en cultura, en arquitectura o en otro tipo de empresas rentables, novedosas e, incluso, arriesgadas.  

2.- La primera consecuencia de todo ello es un aumento de liquidez que permite acometer emprendimientos más ambiciosos

Al centralizarse los tributos, diezmos e impuestos en una sola administración, se da el caso de que se dispone de más riqueza (o liquidez) que permiten iniciativas de más calado y envergadura. Estas pueden ser la construcción de una universidad, de un hospicio, o la promoción de aventuras que llevan a descubrir nuevas tierras a ojos europeos. 

Todo ello va a la par del desarrollo de una incipiente burguesía que comienza a agolparse en ciudades o burgos cada vez más poblados. La vida campesina medieval, con una economía de subsistencia, da paso a nuevos gremios de artesanos que posibilitan avances tecnológicos, construcciones más grandes y oficios hasta entonces desconocidos. En este orden social, se crean agrupaciones o hermandades que reclaman siempre más libertad y otra forma de entender la vida. El recorte de los niveles alarmantes de analfabetismo que había caracterizado la época medieval y una mayor disposición de libros en circulación completan el caldo de cultivo para un nuevo orden en toda Europa.  

3.- Se puede decir que el Renacimiento en España comienza con la llegada a las tierras americanas 

Cristobal Colón estudió los mapas creados por comerciantes y aventureros que se atrevieron a adentrarse en mares desconocidos. Estos ya dejaron de ser un secreto casi (aunque tampoco estaban a la vista del público general). El afán por desprenderse de la vida medieval está también en la búsqueda de nuevas rutas marítimas aunque los resultados no fueran los esperados al principio. Puede decirse que en el aire de la época se respiraba un deseo por saber, por entender, por ver qué había más allá y eso hace que se trastoquen otros órdenes vitales. Si en Italia ese afán se concentró en el estudio de la historia, filosofía o literatura griega y romana, en España (bajo el mecenazgo especialmente de Isabel de Castilla) tomó (literal) otros rumbos. 

4.- Como en Europa, el Renacimiento en España va vinculado a la creación de las nuevas universidades

Los monasterios medievales con sus scriptorias donde se copiaban libros antiguos en un proceso caro, lento y poco productivo dejan de tener sentido. Los nuevos tiempos requieren de estudios distintos y de otra forma de acercarse al conocimiento. El aumento de la riqueza y la centralización hacen el resto y es posible, por tanto, levantar nuevos templos del saber por todo el territorio español. Por eso, se van inaugurando nuevas universidades a un ritmo creciente. A las ya existentes de Salamanca, Valladolid o Alcalá de Henares se unen nuevos claustros en Barcelona (1450), Valencia (1499), Sevilla (1505), Granada (1531) y Zaragoza (1542). Prácticamente hay un centro en los distintos puntos de la nación. Todo ello hace posible que aumente el número de estudiantes, profesores o investigadores que se interesan por temas diversos que van desde la geografía, farmacopea o medicina hasta el estudio de las antiguas fórmulas artísticas que desembocan en la revolución cultural que anticipan los grandes Siglos de Oro. 

5.-En España hay una influencia del Renacimiento italiano  

Que se transparenta en las artes con su nuevas fórmulas alejadas del encasillamiento medieval. Además, a través de los intercambios políticos, llegan a distintos puntos del país personalidades penetrantes (al parecer, hasta el mismísimo Cristóbal Colón) con ideas rompedoras que trastocan todos los órdenes. También hay que anotar que las principales características del Renacimiento literario tienen un sustrato importante (por no decir copia) de lo que se hacía en las exquisitas cortes nobiliarias de Florencia, Roma, Siena o Padua. 

6.- El Erasmismo en España 

Las ideas humanistas comenzaron a calar entre las élites intelectuales con el reinado de Carlos I (y la creación de nuevas universidades recordemos). Erasmo de Rotterdam, como Lutero, proponía una vuelta a los principios básicos del Evangelio que, a su parecer, fueron corrompidos, tal como denunciaron, por las prácticas de la curia medieval y, especialmente, por el papado. Aunque Erasmo nunca llegó al cisma de Lutero sí pedía una “reforma” del cristianismo que pasaba por nuevas traducciones y lecturas de los textos sagrados. Ni que decir tiene que este acto suponía arrogarse una libertad individual (la misma que caracteriza la época) que chocaba con los intereses de la Inquisición. Aunque las ideas de Erasmo tuvieron cabida entre esta élite intelectual únicamente, los poderes eclesiásticos se encargaron de purgar a sus principales defensores, poniendo los cimientos para la Contrarreforma que tomó cuerpo con Felipe II y que cercenó estas ideas aperturistas.  

7.- El Renacimiento en España, el antropocentrismo y confianza en las propias posibilidades 

Paralelamente, a la revisión de los textos sagrados se dan a conocer todas las obras clásicas que  estaban ocultas en las alacenas de los monasterios medievales. Se traducen a las lenguas vulgares, se hacen ediciones filológicas, comentarios y estudios por parte de esa tropa de investigadores que se parapetaban en los nuevos claustros universitarios. La poesía, la historia o el teatro clásico entran a formar parte de los nuevos programas académicos y, con ellos, una nueva forma de entender el mundo y vivir en él. Así, a la idea religiosa que encontramos en la mayoría de los autores de la Edad Media basada en Dios como eje del mundo del que nada se puede hacer contra sus designios, se enfrenta el novedoso antropocentrismo.  

El ser humano, en definitiva, se vuelve la medida del universo. Todo lo creado, por tanto, está para el disfrute intelectual, espiritual, físico o sensual de las criaturas humanas y no se niega la felicidad en este plano. El hombre (sin obviar los principios cristianos) tiene en sus manos el progreso individual o social y se niega el abandono ante la Providencia que había caracterizado la Edad Media. Todo ello propicia un espíritu positivo basado en la certeza de progreso y en las posibilidades humanas. Símbolo de esta forma de afrontar la realidad son las nuevas fórmulas de proporciones arquitectónicas basadas en el número áureo.  

Vinculado con la anterior se da un culto a la inteligencia, a los estudios, a la formación que propiciará también un avance. Ya no estará todo en manos de Dios sino que en la humanidad recae la responsabilidad de su propia felicidad. Para ello, se encumbra la formación, la investigación y el estudio que, de una manera u otra, repercutirá, en pocas décadas, en una mejora de las condiciones de vida a todos los niveles. 

8.- El Renacimiento en España abandona, por tanto, las ideas medievales de la vida como un valle de lágrimas 

La felicidad está en el aquí y el ahora y el cielo o el infierno pueden esperar. No se entiende la existencia terrenal como un mero paso o trámite para alcanzar la gloria sino que la felicidad puede darse aquí y ahora. Esto no significa un desenfreno o un olvido de las costumbres cristianas más arraigadas sino otra visión que implica el agradecimiento por los dones divinos recibidos. La naturaleza se vuelve fuente de placer o refugio ante las tribulaciones cotidianas. Por su parte, el arte (de todos los géneros y disciplinas) se reviste de una nueva función: la de aportar felicidad a través de la belleza. En un mundo aún androcéntrico, la mujer va a tener el mismo papel y su figura se ensalza en pinturas o poemas. El amor profano y entre humanos, por tanto, se considera fuente de bienestar y es un don al que se aspira más allá de la religiosidad o veneración mariana (como los Milagros de Nuestra Señora por ejemplo) de la época medieval. 

9.- El Renacimiento en España tiene un fuerte carácter realista 

Y todo ello a pesar del idealismo que caracteriza la época y que se transparenta en todos los ámbitos desde el arte hasta esa creencia infinita en las posibilidades humanas. Unido a la perfección formal, a la proporción adecuada, a la búsqueda de una naturaleza amable que es reposo para el alma o encuentro de un amor nuevo en Occidente, el idealismo se materializa en la literatura renacentista. En poesía, por dar una pincelada en este sentido, se ensalza la felicidad y relaciones platónicas. También lo encontramos en la formalidad arquitectónica y en distintos ámbitos creativos. Por contra, en España este idealismo estará siempre barnizado o tamizado de un realismo que, a veces, muestra la cara más cruel. En este sentido y por seguir en literatura, tenemos el ejemplo de La Celestina o de la original novela picaresca. 

10.- Nos encontramos una vuelta a los mitos paganos y, a continuación, la Contrarreforma  

El avance de los estudios universitarios propicia un mayor conocimiento de la lengua y la cultura latina, tal como ya se ha apuntado. Y con ello, se despliega todo un mundo distinto al medieval en el que una legión de dioses paganos y criaturas híbridas interactúan con naturalidad casi con los seres humanos. Esa vida en la que  la naturaleza es amable, los deseos son aceptados y las costumbres desprendidas chocaba con la cosmovisión medieval y sedujo a los artistas renacentistas. Por contra, la Contrarreforma que se abrirá a continuación, se encarga de dar mayor poder a la Inquisición, la cual se afanó por perseguir cualquier pensamiento disidente que pudiera poner en peligro el orden imperante. 

11.- El Renacimiento en España se vertebra alrededor del castellano

Si bien el conocimiento del latín se afianza con nuevos estudios filológicos, la intelectualidad de la época es consciente de que el nuevo orden que se abre ante sus ojos tiene que girar alrededor de las lenguas vulgares. El castellano en el siglo XV ya está totalmente formado y diferenciado del latín. A la par, es el idioma de la administración centralizada, de la literatura que se va creando, de las cartas diplomáticas y de parte del comercio internacional. Consciente de la importancia del idioma como factor unificador de distintos pueblos, la misma reina amadrina la Gramática de Antonio de Nebrija, la primera en una lengua vulgar que intenta dejar sentadas las bases del “bien decir”. La misma servirá como estudio y manual para hacerse entender ante los nuevos pueblos que se descubrirán a partir del mismo año de su publicación (1492) allende los mares. 

12.- En el plano artístico el Renacimiento en España tiene sus peculiaridades

Y son tan diferentes entre sí que aún mantienen entretenidos a los estudiosos. Por un lado, ese realismo que es característico en la literatura en castellano toma sus cotas más altas con las crudas novelas picarescas que dan debida cuenta de la forma de vida de personajes que se encuentran en el límite de lo socialmente establecido. Por otro lado, el idealismo de la época no solo continúa con las novelas de caballería sino que desemboca en las más excelsas obras europeas de la mística con San Juan de la Cruz (en poesía) y Santa Teresa de Jesús (en prosa) a la cabeza. Aún así, eso será bien avanzado el siglo XVI cuando la nueva corriente se va diluyendo en otra cosmovisión distinta. 

En definitiva, el Renacimiento en España, a pesar de su influencia del italiano, por las peculiaridades de la política o de los eventos propios del país, tuvo unas características ligeramente distintas a las más comunes del resto de Europa. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Damos un repaso a los grandes hitos históricos y nos adentramos en todas las culturas que ha habido sobre el planeta Tierra. 

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A finales del siglo XV, con los Reyes Católicos en el trono, la anexión de Granada para la causa cristiana, las expediciones marítimas y la expansión de la imprenta con todo lo que ello supone comienza el Renacimiento en España. Atrás quedan los condicionantes culturales medievales centrados en el latín como lengua de cultura y religiosa, el aislamiento en todos los sentidos o la escasez de obras escritas que suponían los libros medievales manuscritos. Si bien la política en el Renacimiento pone las bases para un orden nuevo, también se genera en toda Europa una avance incipiente de la ciencia y de todo tipo de estudios. Estos se ven favorecidos no solo por la implantación en casi todas las ciudades de importancia de la imprenta, la cual multiplica exponencialmente el número de obras en circulación, sino también por las nuevas universidades y por el aumento de las personas letradas y de la riqueza económica. Todo ello genera una explosión de ideas que reclaman más libertad de pensamiento y otra cosmovisión vital. Reconociendo que el resumen es siempre simplificador, el Renacimiento en España se caracteriza por lo siguiente. 

1.- El Renacimiento en España comienza con una monarquía absoluta y una administración centralizada  

Y las bases se comentan con los Reyes Católicos que anexan no solo el reino nazarí de Granada (el último musulmán de la península) sino que también ven la necesidad (desde la cosmovisión de la época) de una homogeneización cultural, lingüística y de fueros. Con la acumulación de poder en manos de los monarcas los nobles feudales paulatinamente dejan de entretenerse en todas aquellas guerras y luchas fratricidas (que reflejan los cantares de gesta) y el superávit económico lo invierten en cultura, en arquitectura o en otro tipo de empresas rentables, novedosas e, incluso, arriesgadas.  

2.- La primera consecuencia de todo ello es un aumento de liquidez que permite acometer emprendimientos más ambiciosos

Al centralizarse los tributos, diezmos e impuestos en una sola administración, se da el caso de que se dispone de más riqueza (o liquidez) que permiten iniciativas de más calado y envergadura. Estas pueden ser la construcción de una universidad, de un hospicio, o la promoción de aventuras que llevan a descubrir nuevas tierras a ojos europeos. 

Todo ello va a la par del desarrollo de una incipiente burguesía que comienza a agolparse en ciudades o burgos cada vez más poblados. La vida campesina medieval, con una economía de subsistencia, da paso a nuevos gremios de artesanos que posibilitan avances tecnológicos, construcciones más grandes y oficios hasta entonces desconocidos. En este orden social, se crean agrupaciones o hermandades que reclaman siempre más libertad y otra forma de entender la vida. El recorte de los niveles alarmantes de analfabetismo que había caracterizado la época medieval y una mayor disposición de libros en circulación completan el caldo de cultivo para un nuevo orden en toda Europa.  

3.- Se puede decir que el Renacimiento en España comienza con la llegada a las tierras americanas 

Cristobal Colón estudió los mapas creados por comerciantes y aventureros que se atrevieron a adentrarse en mares desconocidos. Estos ya dejaron de ser un secreto casi (aunque tampoco estaban a la vista del público general). El afán por desprenderse de la vida medieval está también en la búsqueda de nuevas rutas marítimas aunque los resultados no fueran los esperados al principio. Puede decirse que en el aire de la época se respiraba un deseo por saber, por entender, por ver qué había más allá y eso hace que se trastoquen otros órdenes vitales. Si en Italia ese afán se concentró en el estudio de la historia, filosofía o literatura griega y romana, en España (bajo el mecenazgo especialmente de Isabel de Castilla) tomó (literal) otros rumbos. 

4.- Como en Europa, el Renacimiento en España va vinculado a la creación de las nuevas universidades

Los monasterios medievales con sus scriptorias donde se copiaban libros antiguos en un proceso caro, lento y poco productivo dejan de tener sentido. Los nuevos tiempos requieren de estudios distintos y de otra forma de acercarse al conocimiento. El aumento de la riqueza y la centralización hacen el resto y es posible, por tanto, levantar nuevos templos del saber por todo el territorio español. Por eso, se van inaugurando nuevas universidades a un ritmo creciente. A las ya existentes de Salamanca, Valladolid o Alcalá de Henares se unen nuevos claustros en Barcelona (1450), Valencia (1499), Sevilla (1505), Granada (1531) y Zaragoza (1542). Prácticamente hay un centro en los distintos puntos de la nación. Todo ello hace posible que aumente el número de estudiantes, profesores o investigadores que se interesan por temas diversos que van desde la geografía, farmacopea o medicina hasta el estudio de las antiguas fórmulas artísticas que desembocan en la revolución cultural que anticipan los grandes Siglos de Oro. 

5.-En España hay una influencia del Renacimiento italiano  

Que se transparenta en las artes con su nuevas fórmulas alejadas del encasillamiento medieval. Además, a través de los intercambios políticos, llegan a distintos puntos del país personalidades penetrantes (al parecer, hasta el mismísimo Cristóbal Colón) con ideas rompedoras que trastocan todos los órdenes. También hay que anotar que las principales características del Renacimiento literario tienen un sustrato importante (por no decir copia) de lo que se hacía en las exquisitas cortes nobiliarias de Florencia, Roma, Siena o Padua. 

6.- El Erasmismo en España 

Las ideas humanistas comenzaron a calar entre las élites intelectuales con el reinado de Carlos I (y la creación de nuevas universidades recordemos). Erasmo de Rotterdam, como Lutero, proponía una vuelta a los principios básicos del Evangelio que, a su parecer, fueron corrompidos, tal como denunciaron, por las prácticas de la curia medieval y, especialmente, por el papado. Aunque Erasmo nunca llegó al cisma de Lutero sí pedía una “reforma” del cristianismo que pasaba por nuevas traducciones y lecturas de los textos sagrados. Ni que decir tiene que este acto suponía arrogarse una libertad individual (la misma que caracteriza la época) que chocaba con los intereses de la Inquisición. Aunque las ideas de Erasmo tuvieron cabida entre esta élite intelectual únicamente, los poderes eclesiásticos se encargaron de purgar a sus principales defensores, poniendo los cimientos para la Contrarreforma que tomó cuerpo con Felipe II y que cercenó estas ideas aperturistas.  

7.- El Renacimiento en España, el antropocentrismo y confianza en las propias posibilidades 

Paralelamente, a la revisión de los textos sagrados se dan a conocer todas las obras clásicas que  estaban ocultas en las alacenas de los monasterios medievales. Se traducen a las lenguas vulgares, se hacen ediciones filológicas, comentarios y estudios por parte de esa tropa de investigadores que se parapetaban en los nuevos claustros universitarios. La poesía, la historia o el teatro clásico entran a formar parte de los nuevos programas académicos y, con ellos, una nueva forma de entender el mundo y vivir en él. Así, a la idea religiosa que encontramos en la mayoría de los autores de la Edad Media basada en Dios como eje del mundo del que nada se puede hacer contra sus designios, se enfrenta el novedoso antropocentrismo.  

El ser humano, en definitiva, se vuelve la medida del universo. Todo lo creado, por tanto, está para el disfrute intelectual, espiritual, físico o sensual de las criaturas humanas y no se niega la felicidad en este plano. El hombre (sin obviar los principios cristianos) tiene en sus manos el progreso individual o social y se niega el abandono ante la Providencia que había caracterizado la Edad Media. Todo ello propicia un espíritu positivo basado en la certeza de progreso y en las posibilidades humanas. Símbolo de esta forma de afrontar la realidad son las nuevas fórmulas de proporciones arquitectónicas basadas en el número áureo.  

Vinculado con la anterior se da un culto a la inteligencia, a los estudios, a la formación que propiciará también un avance. Ya no estará todo en manos de Dios sino que en la humanidad recae la responsabilidad de su propia felicidad. Para ello, se encumbra la formación, la investigación y el estudio que, de una manera u otra, repercutirá, en pocas décadas, en una mejora de las condiciones de vida a todos los niveles. 

8.- El Renacimiento en España abandona, por tanto, las ideas medievales de la vida como un valle de lágrimas 

La felicidad está en el aquí y el ahora y el cielo o el infierno pueden esperar. No se entiende la existencia terrenal como un mero paso o trámite para alcanzar la gloria sino que la felicidad puede darse aquí y ahora. Esto no significa un desenfreno o un olvido de las costumbres cristianas más arraigadas sino otra visión que implica el agradecimiento por los dones divinos recibidos. La naturaleza se vuelve fuente de placer o refugio ante las tribulaciones cotidianas. Por su parte, el arte (de todos los géneros y disciplinas) se reviste de una nueva función: la de aportar felicidad a través de la belleza. En un mundo aún androcéntrico, la mujer va a tener el mismo papel y su figura se ensalza en pinturas o poemas. El amor profano y entre humanos, por tanto, se considera fuente de bienestar y es un don al que se aspira más allá de la religiosidad o veneración mariana (como los Milagros de Nuestra Señora por ejemplo) de la época medieval. 

9.- El Renacimiento en España tiene un fuerte carácter realista 

Y todo ello a pesar del idealismo que caracteriza la época y que se transparenta en todos los ámbitos desde el arte hasta esa creencia infinita en las posibilidades humanas. Unido a la perfección formal, a la proporción adecuada, a la búsqueda de una naturaleza amable que es reposo para el alma o encuentro de un amor nuevo en Occidente, el idealismo se materializa en la literatura renacentista. En poesía, por dar una pincelada en este sentido, se ensalza la felicidad y relaciones platónicas. También lo encontramos en la formalidad arquitectónica y en distintos ámbitos creativos. Por contra, en España este idealismo estará siempre barnizado o tamizado de un realismo que, a veces, muestra la cara más cruel. En este sentido y por seguir en literatura, tenemos el ejemplo de La Celestina o de la original novela picaresca. 

10.- Nos encontramos una vuelta a los mitos paganos y, a continuación, la Contrarreforma  

El avance de los estudios universitarios propicia un mayor conocimiento de la lengua y la cultura latina, tal como ya se ha apuntado. Y con ello, se despliega todo un mundo distinto al medieval en el que una legión de dioses paganos y criaturas híbridas interactúan con naturalidad casi con los seres humanos. Esa vida en la que  la naturaleza es amable, los deseos son aceptados y las costumbres desprendidas chocaba con la cosmovisión medieval y sedujo a los artistas renacentistas. Por contra, la Contrarreforma que se abrirá a continuación, se encarga de dar mayor poder a la Inquisición, la cual se afanó por perseguir cualquier pensamiento disidente que pudiera poner en peligro el orden imperante. 

11.- El Renacimiento en España se vertebra alrededor del castellano

Si bien el conocimiento del latín se afianza con nuevos estudios filológicos, la intelectualidad de la época es consciente de que el nuevo orden que se abre ante sus ojos tiene que girar alrededor de las lenguas vulgares. El castellano en el siglo XV ya está totalmente formado y diferenciado del latín. A la par, es el idioma de la administración centralizada, de la literatura que se va creando, de las cartas diplomáticas y de parte del comercio internacional. Consciente de la importancia del idioma como factor unificador de distintos pueblos, la misma reina amadrina la Gramática de Antonio de Nebrija, la primera en una lengua vulgar que intenta dejar sentadas las bases del “bien decir”. La misma servirá como estudio y manual para hacerse entender ante los nuevos pueblos que se descubrirán a partir del mismo año de su publicación (1492) allende los mares. 

12.- En el plano artístico el Renacimiento en España tiene sus peculiaridades

Y son tan diferentes entre sí que aún mantienen entretenidos a los estudiosos. Por un lado, ese realismo que es característico en la literatura en castellano toma sus cotas más altas con las crudas novelas picarescas que dan debida cuenta de la forma de vida de personajes que se encuentran en el límite de lo socialmente establecido. Por otro lado, el idealismo de la época no solo continúa con las novelas de caballería sino que desemboca en las más excelsas obras europeas de la mística con San Juan de la Cruz (en poesía) y Santa Teresa de Jesús (en prosa) a la cabeza. Aún así, eso será bien avanzado el siglo XVI cuando la nueva corriente se va diluyendo en otra cosmovisión distinta. 

En definitiva, el Renacimiento en España, a pesar de su influencia del italiano, por las peculiaridades de la política o de los eventos propios del país, tuvo unas características ligeramente distintas a las más comunes del resto de Europa. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Ningún cambio en el orden social, económico o artístico es ajeno a los vaivenes de la política así de forma general. Si a eso unimos que una de las principales características del Renacimiento es, simple y llanamente, un trastoque de todos los órdenes que había regido durante la Edad Media, esta es la base de todos los movimientos que vendrían después. La política en el Renacimiento se sustenta sobre diez pilares básicos que resumo a continuación. 

1.- Imposición del centralismo administrativo unido al desarrollo de poder de la monarquía 

La política en el Renacimiento da así un giro importante al ir concentrando en manos de los reyes no solo las decisiones estratégicas sino también las económicas. Los señores feudales que impartían justicia (a su antojo) en sus territorios, imponían tributos y normas crueles van paulatinamente perdiendo su influencia. La administración se centraliza en la corte que aún es itinerante y las decisiones se toman teniendo en cuenta las distintas necesidades territoriales y de población. Paralelamente, los tributos también quedan bajo el paraguas de la monarquía que va acaparando poder en detrimento de los señores feudales entretenidos en sus guerras fraticidas. 

2.- Los modos de la política en el Renacimiento propicia la acumulación de la riqueza 

Al relegar la influencia de los distintos señores feudales a favor de la corona, todo ello posibilita disponer de más recursos económicos por el básico sistema de la acumulación. Este aumento de los recursos (centralizado recordemos) es la base para acometer empresas de calado en cualquier orden. Por tanto, desde esta perspectiva se comprende mejor las últimas guerras para anexar al cristianismo los últimos reinos musulmanes. Granada, el último bastión, deja de ser nazarí en 1492. En ese mismo año, Colón (con mecenazgo real) se embarca rumbo a Las Indias descubriendo un nuevo continente para los ojos europeos. Las empresas serán múltiples y no solo centradas en conquistas. Con estos recursos acumulados también se financian emprendimientos en el ámbito cultural o científico. Desde esta perspectiva también hay que comprender la proliferación de imprentas que hacen posible un aumento del conocimiento o la creación (avanzado el siglo XVI) de distintas universidades. A las de Salamanca, Valladolid o Alcalá de Henares le siguieron Barcelona, Valencia, Sevilla, Granada…. Todo ello supone un giro importante en los modos de generar y propagar el conocimiento respecto a los medievales.  

3.- La política en el Renacimiento no puede entenderse sin el avance de la burguesía  

De la economía feudal basada en la agricultura o la ganadería en torno a un señorío y un castillo se pasa a los nuevos modelos impuestos por la incipiente vida en la ciudades. Aunque estas aún son pequeñas y pocos son los habitantes, la forma de vida ya ha cambiado. Aparecen artesanos independientes que pagan los tributos al rey y que no deben pleitesía a ningún señor. Esta nueva libertad cambia la cosmovisión imperante con una confianza sin límites casi en el progreso. La vida ciudadana es el germen de los gremios, hermandades o agrupaciones de oficios. Con ello, se ponen las bases para, en unión, hacer valer derechos o libertades.  

4.- No podemos olvidar los avances técnicos de la época

Aunque no es nada comparable con los que se pueden disfrutar en el siglo XXI, al concentrarse la población en pequeñas ciudades que no están al capricho de un señor, se posibilita una incipiente ciencia. Con ella llegan mecanismos para aprovechar el agua, nuevos conocimientos en farmacopea, en la navegación, en la medicina… El analfabetismo retrocede aunque aún sigue siendo importante. Y es creciente el número de inventores o creadores de cualquier cosa. Eso hace cambiar no solo el día a día sino también la percepción que se tiene del alma humana y su afán de transformación constante.  

5.- La política en el Renacimiento está vertebrada en torno a un espíritu positivo  

Quedan atrás los años oscuros desde el punto de vista cultural de la Edad Media y todo se empapa de un espíritu penetrante que busca nuevos senderos y rumbos en todos los sentidos. Lo dado se queda pequeño y desde distintos órdenes se ensayan cosas novedosas que a ojos medievales pudieran parecer locuras o necedades. A cambio se llevan a cabo y ello hace saltar por los aires los viejos esquemas mentales. Los tiempos se aceleran en comparación con los de siglos pasados con un avance en las comunicaciones por mar o con la propagación de todas las ideas posibles. Esto unido al mayor número de estudiantes y a recursos económicos al alza explica, en parte, conquistas hazañas y descubrimientos geográficos.  

6.- Con los nuevos estudios se vuelve hacia la antigüedad clásica

Y no solo hacia la filosofía o la literatura griega o romana sino hacia una nueva forma de estar y sentir el mundo. Si la Edad Media estaba empapada de un cristianismo triste que recordaba constantemente las penas de este mundo centrándose únicamente en la salvación en el más allá, ahora todo es distinto. Y lo es por este nuevo conocimiento al alcance de cada vez más personas que llegan a él a través de libros impresos de fácil acceso. En estas obras se despliega un mundo pagano en el que se invita al goce de los sentidos, en el que sus protagonistas se regodean en los dones de la naturaleza y en el que Dios está presente en todas las criaturas terrenales. Ese mundo clásico enseña a los habitantes de la época que el aquí y el ahora está para vivirse con plenitud. El valle de lágrimas medieval que hay que pasar para llegar al goce del más allá queda, por tanto, aparcado. Ahora lo bueno y la salvación también se encuentra en la belleza y la armonía.  

7. La política en el Renacimiento y el antropocentrismo 

Todo ello confluye en un término: antropocentrismo. Dios deja de ser el centro gravitacional del universo y el hombre se convierte en la medida de todas las cosas. Esto no significa que en la recién nacida España o en Europa haya una conversión radical hacia al paganismo. ¡Ni mucho menos! El cristianismo sigue y seguirá siendo el espíritu religioso predominante pero este cambia de cariz. Lo bueno tiene que estar dirigido a hacer felices a la humanidad entrando de nuevo este concepto en la sociedad. Ni que decir tiene que todo ello condiciona la política ya que la población no acepta las imposiciones con la misma ingenuidad que antes. Los movimientos que buscan una parcela de libertad, ya sea personal como comunitaria, comienzan tímidamente a fraguarse. La política tiene que estar al servicio del aquí y el ahora, del desarrollo, del avance económico y material de la población. El cielo, para el hombre del Renacimiento, puede esperar.  

8.- La política del Renacimiento está vertebrada por un deseo de unidad

Y lo es en todos los sentidos, tanto que esta idea está en el germen de la expulsión musulmana y judía. Una monarquía que va acaparando poder y que aspira a reinar sobre una población más amplia comienza a interiorizar que la única manera de hacerlo con eficacia es a través de la uniformidad y la unidad. No puede haber varias lenguas ni distintas religiones porque ello dificulta la gestión. 

9.- Las lenguas vulgares serán el elemento unificador en la política del Renacimiento  

En España se hizo el primer movimiento en Europa en este sentido. El castellano se impone sobre las otras lenguas vernáculas, el hebreo y el árabe. Una vez más, esa Roma de la cual cada vez se conocen más datos e intimidades se convierte en inspiración y modelo. Si el antiguo Imperio había conseguido unificar media Europa a través del latín, el castellano tendría que ser la lengua del reino. En este sentido, en el mítico año 1492 que en estas tierras puede darse como fecha de entrada a la edad moderna, aparece la Gramática de Antonio de Nebrija. Presentada a la reina Isabel I, aspiraba a servir de modelo en todo el territorio español. Aunque en mente estaban los judíos o musulmanes que habitaban en la península, la misma sirvió como base para llevar el castellano allende los mares, a la recién descubierta América. 

10.- Todo ello confluye en mayores épocas de paz

Aunque las luchas por el poder, las conquistas, las batallas y las guerras continuaron, no tendrían el cariz de las medievales. Los años de paz se sucederán y la población civil quedará cada vez más alejada de las contiendas. Los derramamientos de sangre de los señores feudales (que se desplegaban en los cantares de gesta) no volverán a aparecer. Unido al desarrollo (elemental) de la ciencia, del conocimiento y a un progreso económico, la población podrá disfrutar de una vida un poco mejor que las que les tocó a los pueblos medievales. 

La política en el Renacimiento, por tanto, no queda desligada de todos los cambios en distintos órdenes que se sucedieron a lo largo del siglo XV. Si bien la población pudo transformar (a mejor) su forma de vida, ello también influyo en las artes y en las letras propiciando creadores sublimes en prácticamente todos los géneros.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Damos un repaso a los grandes hitos históricos y nos adentramos en todas las culturas que ha habido sobre el planeta Tierra. 

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Ningún cambio en el orden social, económico o artístico es ajeno a los vaivenes de la política así de forma general. Si a eso unimos que una de las principales características del Renacimiento es, simple y llanamente, un trastoque de todos los órdenes que había regido durante la Edad Media, esta es la base de todos los movimientos que vendrían después. La política en el Renacimiento se sustenta sobre diez pilares básicos que resumo a continuación. 

1.- Imposición del centralismo administrativo unido al desarrollo de poder de la monarquía 

La política en el Renacimiento da así un giro importante al ir concentrando en manos de los reyes no solo las decisiones estratégicas sino también las económicas. Los señores feudales que impartían justicia (a su antojo) en sus territorios, imponían tributos y normas crueles van paulatinamente perdiendo su influencia. La administración se centraliza en la corte que aún es itinerante y las decisiones se toman teniendo en cuenta las distintas necesidades territoriales y de población. Paralelamente, los tributos también quedan bajo el paraguas de la monarquía que va acaparando poder en detrimento de los señores feudales entretenidos en sus guerras fraticidas. 

2.- Los modos de la política en el Renacimiento propicia la acumulación de la riqueza 

Al relegar la influencia de los distintos señores feudales a favor de la corona, todo ello posibilita disponer de más recursos económicos por el básico sistema de la acumulación. Este aumento de los recursos (centralizado recordemos) es la base para acometer empresas de calado en cualquier orden. Por tanto, desde esta perspectiva se comprende mejor las últimas guerras para anexar al cristianismo los últimos reinos musulmanes. Granada, el último bastión, deja de ser nazarí en 1492. En ese mismo año, Colón (con mecenazgo real) se embarca rumbo a Las Indias descubriendo un nuevo continente para los ojos europeos. Las empresas serán múltiples y no solo centradas en conquistas. Con estos recursos acumulados también se financian emprendimientos en el ámbito cultural o científico. Desde esta perspectiva también hay que comprender la proliferación de imprentas que hacen posible un aumento del conocimiento o la creación (avanzado el siglo XVI) de distintas universidades. A las de Salamanca, Valladolid o Alcalá de Henares le siguieron Barcelona, Valencia, Sevilla, Granada…. Todo ello supone un giro importante en los modos de generar y propagar el conocimiento respecto a los medievales.  

3.- La política en el Renacimiento no puede entenderse sin el avance de la burguesía  

De la economía feudal basada en la agricultura o la ganadería en torno a un señorío y un castillo se pasa a los nuevos modelos impuestos por la incipiente vida en la ciudades. Aunque estas aún son pequeñas y pocos son los habitantes, la forma de vida ya ha cambiado. Aparecen artesanos independientes que pagan los tributos al rey y que no deben pleitesía a ningún señor. Esta nueva libertad cambia la cosmovisión imperante con una confianza sin límites casi en el progreso. La vida ciudadana es el germen de los gremios, hermandades o agrupaciones de oficios. Con ello, se ponen las bases para, en unión, hacer valer derechos o libertades.  

4.- No podemos olvidar los avances técnicos de la época

Aunque no es nada comparable con los que se pueden disfrutar en el siglo XXI, al concentrarse la población en pequeñas ciudades que no están al capricho de un señor, se posibilita una incipiente ciencia. Con ella llegan mecanismos para aprovechar el agua, nuevos conocimientos en farmacopea, en la navegación, en la medicina… El analfabetismo retrocede aunque aún sigue siendo importante. Y es creciente el número de inventores o creadores de cualquier cosa. Eso hace cambiar no solo el día a día sino también la percepción que se tiene del alma humana y su afán de transformación constante.  

5.- La política en el Renacimiento está vertebrada en torno a un espíritu positivo  

Quedan atrás los años oscuros desde el punto de vista cultural de la Edad Media y todo se empapa de un espíritu penetrante que busca nuevos senderos y rumbos en todos los sentidos. Lo dado se queda pequeño y desde distintos órdenes se ensayan cosas novedosas que a ojos medievales pudieran parecer locuras o necedades. A cambio se llevan a cabo y ello hace saltar por los aires los viejos esquemas mentales. Los tiempos se aceleran en comparación con los de siglos pasados con un avance en las comunicaciones por mar o con la propagación de todas las ideas posibles. Esto unido al mayor número de estudiantes y a recursos económicos al alza explica, en parte, conquistas hazañas y descubrimientos geográficos.  

6.- Con los nuevos estudios se vuelve hacia la antigüedad clásica

Y no solo hacia la filosofía o la literatura griega o romana sino hacia una nueva forma de estar y sentir el mundo. Si la Edad Media estaba empapada de un cristianismo triste que recordaba constantemente las penas de este mundo centrándose únicamente en la salvación en el más allá, ahora todo es distinto. Y lo es por este nuevo conocimiento al alcance de cada vez más personas que llegan a él a través de libros impresos de fácil acceso. En estas obras se despliega un mundo pagano en el que se invita al goce de los sentidos, en el que sus protagonistas se regodean en los dones de la naturaleza y en el que Dios está presente en todas las criaturas terrenales. Ese mundo clásico enseña a los habitantes de la época que el aquí y el ahora está para vivirse con plenitud. El valle de lágrimas medieval que hay que pasar para llegar al goce del más allá queda, por tanto, aparcado. Ahora lo bueno y la salvación también se encuentra en la belleza y la armonía.  

7. La política en el Renacimiento y el antropocentrismo 

Todo ello confluye en un término: antropocentrismo. Dios deja de ser el centro gravitacional del universo y el hombre se convierte en la medida de todas las cosas. Esto no significa que en la recién nacida España o en Europa haya una conversión radical hacia al paganismo. ¡Ni mucho menos! El cristianismo sigue y seguirá siendo el espíritu religioso predominante pero este cambia de cariz. Lo bueno tiene que estar dirigido a hacer felices a la humanidad entrando de nuevo este concepto en la sociedad. Ni que decir tiene que todo ello condiciona la política ya que la población no acepta las imposiciones con la misma ingenuidad que antes. Los movimientos que buscan una parcela de libertad, ya sea personal como comunitaria, comienzan tímidamente a fraguarse. La política tiene que estar al servicio del aquí y el ahora, del desarrollo, del avance económico y material de la población. El cielo, para el hombre del Renacimiento, puede esperar.  

8.- La política del Renacimiento está vertebrada por un deseo de unidad

Y lo es en todos los sentidos, tanto que esta idea está en el germen de la expulsión musulmana y judía. Una monarquía que va acaparando poder y que aspira a reinar sobre una población más amplia comienza a interiorizar que la única manera de hacerlo con eficacia es a través de la uniformidad y la unidad. No puede haber varias lenguas ni distintas religiones porque ello dificulta la gestión. 

9.- Las lenguas vulgares serán el elemento unificador en la política del Renacimiento  

En España se hizo el primer movimiento en Europa en este sentido. El castellano se impone sobre las otras lenguas vernáculas, el hebreo y el árabe. Una vez más, esa Roma de la cual cada vez se conocen más datos e intimidades se convierte en inspiración y modelo. Si el antiguo Imperio había conseguido unificar media Europa a través del latín, el castellano tendría que ser la lengua del reino. En este sentido, en el mítico año 1492 que en estas tierras puede darse como fecha de entrada a la edad moderna, aparece la Gramática de Antonio de Nebrija. Presentada a la reina Isabel I, aspiraba a servir de modelo en todo el territorio español. Aunque en mente estaban los judíos o musulmanes que habitaban en la península, la misma sirvió como base para llevar el castellano allende los mares, a la recién descubierta América. 

10.- Todo ello confluye en mayores épocas de paz

Aunque las luchas por el poder, las conquistas, las batallas y las guerras continuaron, no tendrían el cariz de las medievales. Los años de paz se sucederán y la población civil quedará cada vez más alejada de las contiendas. Los derramamientos de sangre de los señores feudales (que se desplegaban en los cantares de gesta) no volverán a aparecer. Unido al desarrollo (elemental) de la ciencia, del conocimiento y a un progreso económico, la población podrá disfrutar de una vida un poco mejor que las que les tocó a los pueblos medievales. 

La política en el Renacimiento, por tanto, no queda desligada de todos los cambios en distintos órdenes que se sucedieron a lo largo del siglo XV. Si bien la población pudo transformar (a mejor) su forma de vida, ello también influyo en las artes y en las letras propiciando creadores sublimes en prácticamente todos los géneros.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Fue el primer filólogo en lengua castellana poniendo las bases de lo que hicieron otros grandes nombres de distintas lenguas vulgares (italiano, francés…) Es Antonio de Nebrija (1441-1522), uno de los primeros humanistas e intelectuales del recién estrenado Renacimiento en territorio español.   

La época de Antonio de Nebrija  

El reinado de los Reyes Católicos, tras la conquista de Granada en 1492, supuso el fin de las guerras y enfrentamientos nobiliarios que había caracterizado toda la Edad Media y que, de una manera u otra, se reflejaba en las principales características de la literatura medieval. Y nada más tengo que recordar los conocidos como cantares de gesta (con el epítome del Cantar del Mío Cid) centrados en las hazañas y heroicidades (pero también vilezas) del sinnúmero de señores feudales entretenidos en conspiraciones y luchas cruentas. Sin embargo, la de Antonio de Nebrija es otra época, ya que con los Reyes Católicos se instaura el centralismo en España. Este culmina con la imposición de una cultura hegemónica basada en el cristianismo y en un idioma común.  

Paralelamente, se tiene contacto con la política italiana (y sus intelectuales), se instaura la imprenta multiplicando así el saber de manera exponencial. A la par, se van creando progresivamente más universidades con su trasiego de estudiantes y su afán de conocimiento. Todo ello propicia, por tanto, que se vayan desmenuzando todos los pormenores de la lengua latina que aún seguía siendo la de cultura. Y, con los textos rescatados a través de los libros medievales, se empiece a admirar no solo la literatura griega o romana sino también todo ese mundo y sentir pagano que la misma refleja. Ni que decir tiene que personajes, mitos y relatos se acomodan en la literatura castellana progresivamente como ya hiciera Juan de la Encina, con sus églogas, consideradas la primera manifestación dramática en castellano. 

Por contra y en el lado negativo, se expulsan a los judíos y con ellos se erradica de un plumazo toda su cultura la cual solo nos ha llegado a través de unos cuantos libros científicos o de un puñado de jarchas mozárabes. A la par, la Inquisición va creciendo con fuerza con su gusto por los libros prohibidos y por silenciar a todo aquel que se atrevía a dejar opiniones incómodas de las que no se libraron, por recordar algunos ejemplos, ni los grandes místicos (como los dolorosos procesos de San Juan de la Cruz o de Fray Luis de León).  

El avance de la lengua castellana 

Si en 1492 cae el último reino nazarí de Granada, también es el año del descubrimiento de las nuevas tierras allende el gran océano. Todo ello unido al conocimiento del latín y el reconocimiento de lo que supuso de unificación (y conquista) por parte del Imperio Romano se mezcla en la corte de los Reyes Católicos. Conscientes de la importancia de un idioma común para instaurar un orden cultural y una cosmovisión social, religiosa y económica entre poblaciones diversas (desde los árabes que se habían quedado en la península hasta los nativos americanos), Isabel la Católica favorece de diversas formas los estudios de nuestro idioma.  

Y lo hace, además, cuando las universidades afianzan los estudios de retórica o gramática y cuando el primer filólogo (no solo en lengua castellana sino en todas las romances) tiene preparada su gramática, la primera en idioma vulgar y ejemplo para otros sistemas lingüísticos. Aunque en un principio, se vio en el trabajo simplemente una investigación académica como tantas otras, la reina católica (instruida en la historia y en el latín) muy pronto se convenció de su importancia como manual para homogeneizar lingüísticamente pueblos diversos y amplios. Y así se hizo en vistas del avance imparable del español en el mundo. Gran parte de ese éxito se debe al sevillano Elio Antonio de Nebrija, uno de los más importantes intelectuales de la literatura renacentista.  

Biografía de Antonio de Nebrija 

Nacido en la localidad sevillana de Lebrija en 1441 (otras fuentes aportan la fecha de 1444), al parecer, procedía de familia judía (tanto por rama paterna como materna) obligada a convertirse al cristianismo. Estudió en la universidad de Salamanca y con solo diecinueve años viaja a Italia con una beca para la prestigiosa Universidad de Bolonia. De aquí se trasladó a Roma, Padua, Pisa y Florencia donde estudió disciplinas heterogéneas (desde ciencias naturales hasta teología pasando por historia o derecho). Aunque fue un filólogo convencido (incluso algo pedante y engreído según diversos testimonios), estaba convencido de la importancia de este conocimiento amplio como base para sus estudios lingüísticos. 

Hombre de mal carácter que no dudaba en hacer ver la mediocridad de algunos miembros de los claustros universitarios tuvo algunos problemas para hacerse con cátedras importantes simplemente porque se había dedicado a cosechar enemigos. Aunque en un principio ganó una cátedra en Salamanca, pronto fue amparado por el mecenazgo de Juan de Zúñiga, a la sazón maestre de Alcántara. En 1492 tenía terminada su conocida Gramática que fue presentada a la reina Isabel. Las idas y venidas a la docencia universitaria en Salamanca fueron interrumpidas al ser nombrado cronista real y, más tarde, acogido por el cardenal Cisneros en 1502. De nuevo, su mal carácter y su prurito de hombre sabio e instruido le trajo problemas con el equipo de traductores de la Biblia Políglota al ser extremadamente crítico con la versión en hebreo.  

Como buen filólogo, era partidario de que los estudios lingüísticos y las traducciones se hicieran a partir de fuentes fiables. Tras publicar De literis hebraicis en 1515, obra pionera en su género, comenzaron los problemas con la inquisición que no veía con buenos ojos su afán por desentrañar la Biblia desde los originales hebreos. Afortunadamente para Antonio de Nebrija, su buen mentor el Cardenal Cisneros intervino favorablemente trastocando el tribunal y no llegó a pisar la cárcel ni sufrió daños mayores. Aparte de su ingente labor filológica sin descanso a lo largo de su larga vida, se empeñó como editor y mantuvo a su familia con ayuda de sus influyentes mecenas. 

Casi al final de su vida, en la Universidad de Alcalá de Henares pudo ejercer, bajo el amparo de Cisneros, la cátedra de Retórica la cual desempeñó hasta su muerte, acaecida el 2 de julio de 1522. Hoy da nombre a innumerables institutos y hasta a una afamada universidad.  

Obras de Antonio de Nebrija 

Sus amplios estudios en ciencias diversas así como su conocimiento tanto del latín como del hebreo fueron el sustrato sobre el que se levantó una amplia e importante obra divulgada en vida de este humanista que fue Antonio de Nebrija. Aparte de su participación (a medias ya que abandonó pronto el proyecto) en la Biblia Políglota destaco las siguientes, sin ánimo de ser exhaustiva. 

1.- Introduçiones in latinam gramaticam donde hace acopio de sus conocimientos de la literatura clásica. El trabajo estaba dividido en cinco libros y, posteriormente, fue traducido al castellano por el propio autor. 

2.- El mencionado De literis hebraicis que le valió un proceso inquisitorial. 

3.- Dictionarium Latino-hispanium et Hispanico-latinum. 

4.- Orthografia castellana. 

5.- Arte de la lengua castellana, la primera gramática en lengua vulgar y por la que ha pasado Antonio de Nebrija a la historia de las letras universales. De ella se sirvieron reyes y políticos para afianzar un idioma que ya había abandonado la rudeza medieval y que se encaminaba a las grandes cotas del Siglo de Oro. Antonio de Nebrija tuvo el acierto de sistematizar todo este “buen decir” y de ejemplificar la corrección de una lengua que, en el mismo año en el que apareció se expandía por medio mundo.  

La importancia de Antonio de Nebrija para la literatura, por tanto, nada tiene que ver con un proceso creativo al uso sino que se centra en su labor filológica. A pesar de todos los desencuentros con colegas y miembros de la intelectualidad de la época (a la que tildaba de mediocre) pudo desarrollar su labor investigadora casi sin pausa. Todo ello fue gracias a la visión de poderosas personalidades que entendieron la importancia (política, social, económica y también artística) de una lengua que se preparaba para ir dando grandes nombres sin pausa hasta el siglo XXI.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

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Fue el primer filólogo en lengua castellana poniendo las bases de lo que hicieron otros grandes nombres de distintas lenguas vulgares (italiano, francés…) Es Antonio de Nebrija (1441-1522), uno de los primeros humanistas e intelectuales del recién estrenado Renacimiento en territorio español.   

La época de Antonio de Nebrija  

El reinado de los Reyes Católicos, tras la conquista de Granada en 1492, supuso el fin de las guerras y enfrentamientos nobiliarios que había caracterizado toda la Edad Media y que, de una manera u otra, se reflejaba en las principales características de la literatura medieval. Y nada más tengo que recordar los conocidos como cantares de gesta (con el epítome del Cantar del Mío Cid) centrados en las hazañas y heroicidades (pero también vilezas) del sinnúmero de señores feudales entretenidos en conspiraciones y luchas cruentas. Sin embargo, la de Antonio de Nebrija es otra época, ya que con los Reyes Católicos se instaura el centralismo en España. Este culmina con la imposición de una cultura hegemónica basada en el cristianismo y en un idioma común.  

Paralelamente, se tiene contacto con la política italiana (y sus intelectuales), se instaura la imprenta multiplicando así el saber de manera exponencial. A la par, se van creando progresivamente más universidades con su trasiego de estudiantes y su afán de conocimiento. Todo ello propicia, por tanto, que se vayan desmenuzando todos los pormenores de la lengua latina que aún seguía siendo la de cultura. Y, con los textos rescatados a través de los libros medievales, se empiece a admirar no solo la literatura griega o romana sino también todo ese mundo y sentir pagano que la misma refleja. Ni que decir tiene que personajes, mitos y relatos se acomodan en la literatura castellana progresivamente como ya hiciera Juan de la Encina, con sus églogas, consideradas la primera manifestación dramática en castellano. 

Por contra y en el lado negativo, se expulsan a los judíos y con ellos se erradica de un plumazo toda su cultura la cual solo nos ha llegado a través de unos cuantos libros científicos o de un puñado de jarchas mozárabes. A la par, la Inquisición va creciendo con fuerza con su gusto por los libros prohibidos y por silenciar a todo aquel que se atrevía a dejar opiniones incómodas de las que no se libraron, por recordar algunos ejemplos, ni los grandes místicos (como los dolorosos procesos de San Juan de la Cruz o de Fray Luis de León).  

El avance de la lengua castellana 

Si en 1492 cae el último reino nazarí de Granada, también es el año del descubrimiento de las nuevas tierras allende el gran océano. Todo ello unido al conocimiento del latín y el reconocimiento de lo que supuso de unificación (y conquista) por parte del Imperio Romano se mezcla en la corte de los Reyes Católicos. Conscientes de la importancia de un idioma común para instaurar un orden cultural y una cosmovisión social, religiosa y económica entre poblaciones diversas (desde los árabes que se habían quedado en la península hasta los nativos americanos), Isabel la Católica favorece de diversas formas los estudios de nuestro idioma.  

Y lo hace, además, cuando las universidades afianzan los estudios de retórica o gramática y cuando el primer filólogo (no solo en lengua castellana sino en todas las romances) tiene preparada su gramática, la primera en idioma vulgar y ejemplo para otros sistemas lingüísticos. Aunque en un principio, se vio en el trabajo simplemente una investigación académica como tantas otras, la reina católica (instruida en la historia y en el latín) muy pronto se convenció de su importancia como manual para homogeneizar lingüísticamente pueblos diversos y amplios. Y así se hizo en vistas del avance imparable del español en el mundo. Gran parte de ese éxito se debe al sevillano Elio Antonio de Nebrija, uno de los más importantes intelectuales de la literatura renacentista.  

Biografía de Antonio de Nebrija 

Nacido en la localidad sevillana de Lebrija en 1441 (otras fuentes aportan la fecha de 1444), al parecer, procedía de familia judía (tanto por rama paterna como materna) obligada a convertirse al cristianismo. Estudió en la universidad de Salamanca y con solo diecinueve años viaja a Italia con una beca para la prestigiosa Universidad de Bolonia. De aquí se trasladó a Roma, Padua, Pisa y Florencia donde estudió disciplinas heterogéneas (desde ciencias naturales hasta teología pasando por historia o derecho). Aunque fue un filólogo convencido (incluso algo pedante y engreído según diversos testimonios), estaba convencido de la importancia de este conocimiento amplio como base para sus estudios lingüísticos. 

Hombre de mal carácter que no dudaba en hacer ver la mediocridad de algunos miembros de los claustros universitarios tuvo algunos problemas para hacerse con cátedras importantes simplemente porque se había dedicado a cosechar enemigos. Aunque en un principio ganó una cátedra en Salamanca, pronto fue amparado por el mecenazgo de Juan de Zúñiga, a la sazón maestre de Alcántara. En 1492 tenía terminada su conocida Gramática que fue presentada a la reina Isabel. Las idas y venidas a la docencia universitaria en Salamanca fueron interrumpidas al ser nombrado cronista real y, más tarde, acogido por el cardenal Cisneros en 1502. De nuevo, su mal carácter y su prurito de hombre sabio e instruido le trajo problemas con el equipo de traductores de la Biblia Políglota al ser extremadamente crítico con la versión en hebreo.  

Como buen filólogo, era partidario de que los estudios lingüísticos y las traducciones se hicieran a partir de fuentes fiables. Tras publicar De literis hebraicis en 1515, obra pionera en su género, comenzaron los problemas con la inquisición que no veía con buenos ojos su afán por desentrañar la Biblia desde los originales hebreos. Afortunadamente para Antonio de Nebrija, su buen mentor el Cardenal Cisneros intervino favorablemente trastocando el tribunal y no llegó a pisar la cárcel ni sufrió daños mayores. Aparte de su ingente labor filológica sin descanso a lo largo de su larga vida, se empeñó como editor y mantuvo a su familia con ayuda de sus influyentes mecenas. 

Casi al final de su vida, en la Universidad de Alcalá de Henares pudo ejercer, bajo el amparo de Cisneros, la cátedra de Retórica la cual desempeñó hasta su muerte, acaecida el 2 de julio de 1522. Hoy da nombre a innumerables institutos y hasta a una afamada universidad.  

Obras de Antonio de Nebrija 

Sus amplios estudios en ciencias diversas así como su conocimiento tanto del latín como del hebreo fueron el sustrato sobre el que se levantó una amplia e importante obra divulgada en vida de este humanista que fue Antonio de Nebrija. Aparte de su participación (a medias ya que abandonó pronto el proyecto) en la Biblia Políglota destaco las siguientes, sin ánimo de ser exhaustiva. 

1.- Introduçiones in latinam gramaticam donde hace acopio de sus conocimientos de la literatura clásica. El trabajo estaba dividido en cinco libros y, posteriormente, fue traducido al castellano por el propio autor. 

2.- El mencionado De literis hebraicis que le valió un proceso inquisitorial. 

3.- Dictionarium Latino-hispanium et Hispanico-latinum. 

4.- Orthografia castellana. 

5.- Arte de la lengua castellana, la primera gramática en lengua vulgar y por la que ha pasado Antonio de Nebrija a la historia de las letras universales. De ella se sirvieron reyes y políticos para afianzar un idioma que ya había abandonado la rudeza medieval y que se encaminaba a las grandes cotas del Siglo de Oro. Antonio de Nebrija tuvo el acierto de sistematizar todo este “buen decir” y de ejemplificar la corrección de una lengua que, en el mismo año en el que apareció se expandía por medio mundo.  

La importancia de Antonio de Nebrija para la literatura, por tanto, nada tiene que ver con un proceso creativo al uso sino que se centra en su labor filológica. A pesar de todos los desencuentros con colegas y miembros de la intelectualidad de la época (a la que tildaba de mediocre) pudo desarrollar su labor investigadora casi sin pausa. Todo ello fue gracias a la visión de poderosas personalidades que entendieron la importancia (política, social, económica y también artística) de una lengua que se preparaba para ir dando grandes nombres sin pausa hasta el siglo XXI.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla

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Biografía de Juan de la Encina

También conocido como Juan de Fermoselle por considerarse que pudiera haber nacido en dicha localidad zamorana, conocemos su fecha de llegada al mundo (1468) pero no está claro el emplazamiento. Salamanca se encuentra como la favorita. Sí está demostrado que estudió en su Universidad, en un momento en el que se estaban forjando todas las características del renacimiento literario, artístico y filosófico. Hay quienes apuntan a que pudo estudiar con Nebrija. Mentores y maestros aparte, se graduó como bachiller en leyes y en su época de estudiante se empapó del conocimiento de la cultura pagana, no solo de la filosofía sino también de la literatura griega y romana. Por tanto, este sustrato se encuentra presente en sus obras, alejadas totalmente de la temática y cosmovisión que habían mostrado los grandes autores de la Edad Media que han llegado hasta nosotros.  

Juan de la Encina no solo ha pasado a la historia de la literatura por sus églogas sino también a la de la música por sus villancicos los cuales aún forman parte del repertorio de coros y corales actuales. Con un fino talento para el arte musical, a lo largo de su vida se presentó a distintos puestos para ocupar la plaza de cantor en destinos señalados. Sin embargo, o bien perdía la convocatoria o bien la abandonaba por un puesto más jugoso llevado por un no disimulado (ya que incluso lo deja reflejado en sus escritos) espíritu de arribismo más que de ambición. Quizás por eso desde muy joven entró al servicio de los duques de Alba buscando un mecenazgo o un apoyo económico que de otra manera sería muy difícil en la época. En este sentido, en el palacio de Fadrique Álvarez de Toledo se representaron sus primeras composiciones dramáticas en momentos señalados del calendario litúrgico (especialmente Navidad pero también en Semana Santa).  

Juan de la Encina, espíritu viajero  

Se tiene constancia de que en 1500 (quizás un año antes) se encontraba en Roma donde entró al servició de distintos y sucesivos papas: Alejandro VI, Julio II y León X. En el Vaticano desplegó sus dotes como cantor a la par que disfrutaba del ambiente de estas opulentas cortes que a veces olvidaban los principios de Cristo para relajarse en una vida hedonista en lo cultural y placentera en todos los sentidos. Allí Juan de la Encina se codeó con cardenales, príncipes y embajadores que gustaban de sus composiciones musicales y literarias.  

Al final de su vida, en 1519, se ordenó sacerdote para viajar posteriormente a Jerusalén donde celebró su primera misa. De Tierra Santa marchó a León donde obtuvo un puesto como cantor y donde murió en 1529, aunque la fecha exacta no está confirmada. La crítica ha señalado que las distintas ciudades por las que pasó dejaron un importante sustrato intelectual en Juan de la Encina. Es ineludible esta huella cuando Salamanca se abría paso como una sede internacional universitaria centrada en el estudio de los clásicos latinos y Roma (junto con Florencia) se asentaba en todos los postulados del Renacimiento que dinamitaba el mundo medieval anterior. Al enfrentarse con la sagrada Jerusalén en la senectud, la ciudad le invita a reflexionar sobre la vida, la existencia y el sentido último de nuestro paso por este mundo. 

Obras de Juan de la Encina

Todo este bagaje (el cultivado de Salamanca, el hedonista o pagano de Roma y el recogido de Jerusalén) se encuentra presente en su obra, la cual, con toda certeza y salvo algunos retazos, estaba completamente escrita antes de que cumpliera los treinta años. El resto de su vida (tal como declara en algún momento) se lo pasó Juan de la Encina intentando medrar para conseguir cargos y una existencia regalada. Es en Trivagia, poema compuesto al final de su existencia, cuando se lamenta de ese tiempo fugit (más bien perdido) y hace un acto de enmienda que no llega a cumplir. Aún así nos ha dejado importantes obras literarias y musicales por las que merece un puesto destacado en la historia del arte. Anoto: 

Obras de Juan de la Encina de poesía

1.- Cancionero de Juan de la Encina

Obra de juventud ya que fue compuesto entre los 14 y 28 años, los poemas recogidos en sucesivas ediciones fueron creados con el fin principal de insertar música. Esto es, son piezas líricas creadas para ser cantadas en momentos cruciales del calendario litúrgico. Denotan un profundo arraigo aún en la lírica medieval aunque ya se manifiesta (como en buena parte de su obra posterior) el sentir del Renacimiento. 

2.- Arte de la poesía castellana

Aunque se vislumbra algunos de los preceptos de Nebrija, aún no se ha sacudido del todo del sustrato de la poesía trovadoresca anterior. Por tanto, Juan de la Encina continúa siendo un puente artístico entre los viejos principios o características de la literatura medieval y el nuevo hacer que explota con el Renacimiento 

3.- Trivagia

Poema de senectud compuesto tras su paso por Jerusalén con un tono sobrio y de autocrítica.  

Obras de Juan de la Encina clasificadas como teatro 

Porque no podemos definirlas como obras dramáticas al estilo de un Lope de Vega por poner un caso. Son estas piezas, creaciones de transición que no han abandonado la belleza rústica de los autos sacramentales y que aún no pueden considerarse teatro en plenitud. En todas ellas (especialmente las de la primera etapa) predomina un componente narrativo sobre el diálogo que intenta salvar las condiciones en las que fueron creadas. Anoto aquí que, con toda probabilidad, estas composiciones nacieron para ser representadas en los palacios de los mecenas que trató Juan de la Encina durante toda su vida más que para un público teatral tal como lo concebimos hoy en día.  

Obras dramáticas de Juan de la Encina de la primera etapa 

1.- Églogas de Navidad que son tres y fueron representadas ese día el año 1492 en la residencia del duque de Alba. En ellas no hay empacho tanto en halagar a sus promotores como en hacer marketing de sus virtudes artísticas. Y estas líneas anteceden a la narración (más que representación) por parte de los pastores de todos los pormenores del nacimiento de Jesús. Esto es, los sucesos que se narran no tienen lugar ante el espectador y, más bien, nos cuentan o cantan una historia. 

2.- Representaciones de la Pasión y Resurrección son del mismo tenor que las anteriores ya que se relata lo acaecido en el Monte Calvario y la posterior resurrección de Cristo.  

3.- Égloga de Carnaval o de Atruejo es una de las primeras en las que predomina el tema profano. También fue representada en el palacio de los duques de Alba en 1494 y en ella se adivina el sustrato del Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita con su regocijo en la gula u otros placeres terrenales. 

4.- Auto de Repelón ofrece una narración centrada en los juegos de escarnio que se hicieron populares en los ambientes universitarios salmantinos. Sin embargo, se duda de la autoría de Juan de la Encina de esta obra tanto por el estilo como por los diversos vaivenes que sufrió en las primeras ediciones.  

5.- La Égloga de Mingo, Gil y Pascuala gira en torno a un amor profano nuevo en la literatura castellana y cuyos protagonistas son pastores envueltos en un triángulo amoroso.

6.- Triunfo del Amor fue representada ante el Príncipe Juan en 1497 y no tiene el ritmo y calidad del resto de las obras de Juan de la Encina.  

7.- Égloga de las grandes lluvias fue otra pieza para celebrar la Nochebuena (la del año 1498) en el palacio de los Alba. En ella se mezclan acontecimientos contemporáneos con la adulación a los mecenas a la par que se hace sin ningún pudor mención a asuntos profesionales del autor. Y todo ello se remata con la representación navideña propiamente dicha.  

Obras dramáticas de Juan de la Encina de la segunda etapa 

En estos tres nombres se concentra lo más granado de la producción del escritor con composiciones de ambiente pastoril en los que la cultura pagana se entremezcla con los temas populares castellanos con gran acierto estilístico. Son: 

Égloga de Fileno, Zambardo y Carroño 

Está escrita en octavas con rimas consonantes y está considerada uno de los primeros dramas completos en castellano con su exposición, nudo y desenlace. En ella Juan de la Encina no se entretiene en loas o en narraciones descriptivas. Algunos críticos han encontrado el origen de esta trama en unos de los relatos insertados en el Amadís de Gaula. En ella se resuelve de manera dramática un triángulo amoroso mientras que los personajes han sido definidos desde el punto de vista psicológico de manera afinada. De este título son estos conocidos versos: 

¡Oh montes, oh valles, oh sierras, oh llanos, 

Oh bosques, oh prados, oh fuentes, oh ríos…! 

Égloga de Plácida y Victoriano, la gran obra de Juan de la Encina

También tiene como protagonistas a pastores idealizados que se entregan al amor profano dejando atrás toda la cosmovisión medieval. En ella se invoca a la diosa Venus que impide que Victoriano (loco por la pérdida de Plácida) acabe con su vida. Al tiempo, la deidad le pide a Mercurio que resucite a la desdichada muchacha para que puedan terminar sus días en este mundo con felicidad. Aunque a ojos de los lectores del siglo XXI la temática y argumento nos puede parecer ingenua incluso, en la época (con sus procesos de censura) fue tenida por tan escandalosa que entró en el Índice de los Libros Prohibidos. 

Égloga de Cristino y Febes 

En ella se da un paso más en la representación de los goces del mundo del aquí y el ahora. Cristino, joven y hermoso, decide llevar una vida retirada como ermitaño. Sin embargo, los dioses paganos tienen otros planes para él y, a través de Cupido, es herido con una flecha de amor. De inmediato se queda prendado (no ya de una pastora más o menos idealizada) sino de una ninfa que no duda en desplegar todos sus encantos para que el joven abandone cualquier idea de vida ascética.  

Estilo artístico de Juan de la Encina 

De forma muy resumida, hay que anotar lo siguiente:  

1.- Los pastores idealizados o tomados de la tradición popular castellana son los personajes de las obras de Juan de la Encina ya sean para ser protagonistas de amores tormentosos como para narrar la vida de Cristo. 

2.- El mundo pagano cobra fuerza por primera vez en la literatura en español abandonándose a sus dioses, a su forma de vida y al goce de los sentidos. 

3.- La música es siempre una parte inherente de la lírica. 

4.- A pesar del carácter dramático (e incluso pasional) de la gran mayoría de las obras, hay pinceladas de humor y comicidad. Estas recaen siempre en personajes calificados como rústicos, simples o poco instruidos que se conducen a través de un lenguaje sencillo y libre de artificios. 

5.- El nuevo amor pasional, humano y carnal que se representan en gran parte de las églogas de Juan de la Encina manifiestan una conciencia superior, humanística y conocedora de la obra de los grandes clásicos (se ha notado especialmente Virgilio).

6.- En Juan de la Encina nos encontramos un castellano completo, complejo y plenamente formado que adelanta los grandes nombres posteriores y que nada tiene que ver con lo poco que nos ha llegado del periodo medieval.  

En resumidas cuentas, el artista se nos presenta como puente tanto entre dos mundos (el medieval que se apaga y el renacentista que nace con todo tipo de brillo) como entre dos cosmovisiones (la cristiana centrada, en esos momentos, en la renuncia y la pagana homocéntrica). Juan de la Encina, en definitiva, pone los cimientos para el desarrollo especialmente de la dramaturgia posterior que tan grandes nombre dieron sin renunciar a un estilo propio y novedoso en la literatura castellana. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla.

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Biografía de Juan de la Encina

También conocido como Juan de Fermoselle por considerarse que pudiera haber nacido en dicha localidad zamorana, conocemos su fecha de llegada al mundo (1468) pero no está claro el emplazamiento. Salamanca se encuentra como la favorita. Sí está demostrado que estudió en su Universidad, en un momento en el que se estaban forjando todas las características del renacimiento literario, artístico y filosófico. Hay quienes apuntan a que pudo estudiar con Nebrija. Mentores y maestros aparte, se graduó como bachiller en leyes y en su época de estudiante se empapó del conocimiento de la cultura pagana, no solo de la filosofía sino también de la literatura griega y romana. Por tanto, este sustrato se encuentra presente en sus obras, alejadas totalmente de la temática y cosmovisión que habían mostrado los grandes autores de la Edad Media que han llegado hasta nosotros.  

Juan de la Encina no solo ha pasado a la historia de la literatura por sus églogas sino también a la de la música por sus villancicos los cuales aún forman parte del repertorio de coros y corales actuales. Con un fino talento para el arte musical, a lo largo de su vida se presentó a distintos puestos para ocupar la plaza de cantor en destinos señalados. Sin embargo, o bien perdía la convocatoria o bien la abandonaba por un puesto más jugoso llevado por un no disimulado (ya que incluso lo deja reflejado en sus escritos) espíritu de arribismo más que de ambición. Quizás por eso desde muy joven entró al servicio de los duques de Alba buscando un mecenazgo o un apoyo económico que de otra manera sería muy difícil en la época. En este sentido, en el palacio de Fadrique Álvarez de Toledo se representaron sus primeras composiciones dramáticas en momentos señalados del calendario litúrgico (especialmente Navidad pero también en Semana Santa).  

Juan de la Encina, espíritu viajero  

Se tiene constancia de que en 1500 (quizás un año antes) se encontraba en Roma donde entró al servició de distintos y sucesivos papas: Alejandro VI, Julio II y León X. En el Vaticano desplegó sus dotes como cantor a la par que disfrutaba del ambiente de estas opulentas cortes que a veces olvidaban los principios de Cristo para relajarse en una vida hedonista en lo cultural y placentera en todos los sentidos. Allí Juan de la Encina se codeó con cardenales, príncipes y embajadores que gustaban de sus composiciones musicales y literarias.  

Al final de su vida, en 1519, se ordenó sacerdote para viajar posteriormente a Jerusalén donde celebró su primera misa. De Tierra Santa marchó a León donde obtuvo un puesto como cantor y donde murió en 1529, aunque la fecha exacta no está confirmada. La crítica ha señalado que las distintas ciudades por las que pasó dejaron un importante sustrato intelectual en Juan de la Encina. Es ineludible esta huella cuando Salamanca se abría paso como una sede internacional universitaria centrada en el estudio de los clásicos latinos y Roma (junto con Florencia) se asentaba en todos los postulados del Renacimiento que dinamitaba el mundo medieval anterior. Al enfrentarse con la sagrada Jerusalén en la senectud, la ciudad le invita a reflexionar sobre la vida, la existencia y el sentido último de nuestro paso por este mundo. 

Obras de Juan de la Encina

Todo este bagaje (el cultivado de Salamanca, el hedonista o pagano de Roma y el recogido de Jerusalén) se encuentra presente en su obra, la cual, con toda certeza y salvo algunos retazos, estaba completamente escrita antes de que cumpliera los treinta años. El resto de su vida (tal como declara en algún momento) se lo pasó Juan de la Encina intentando medrar para conseguir cargos y una existencia regalada. Es en Trivagia, poema compuesto al final de su existencia, cuando se lamenta de ese tiempo fugit (más bien perdido) y hace un acto de enmienda que no llega a cumplir. Aún así nos ha dejado importantes obras literarias y musicales por las que merece un puesto destacado en la historia del arte. Anoto: 

Obras de Juan de la Encina de poesía

1.- Cancionero de Juan de la Encina

Obra de juventud ya que fue compuesto entre los 14 y 28 años, los poemas recogidos en sucesivas ediciones fueron creados con el fin principal de insertar música. Esto es, son piezas líricas creadas para ser cantadas en momentos cruciales del calendario litúrgico. Denotan un profundo arraigo aún en la lírica medieval aunque ya se manifiesta (como en buena parte de su obra posterior) el sentir del Renacimiento. 

2.- Arte de la poesía castellana

Aunque se vislumbra algunos de los preceptos de Nebrija, aún no se ha sacudido del todo del sustrato de la poesía trovadoresca anterior. Por tanto, Juan de la Encina continúa siendo un puente artístico entre los viejos principios o características de la literatura medieval y el nuevo hacer que explota con el Renacimiento 

3.- Trivagia

Poema de senectud compuesto tras su paso por Jerusalén con un tono sobrio y de autocrítica.  

Obras de Juan de la Encina clasificadas como teatro 

Porque no podemos definirlas como obras dramáticas al estilo de un Lope de Vega por poner un caso. Son estas piezas, creaciones de transición que no han abandonado la belleza rústica de los autos sacramentales y que aún no pueden considerarse teatro en plenitud. En todas ellas (especialmente las de la primera etapa) predomina un componente narrativo sobre el diálogo que intenta salvar las condiciones en las que fueron creadas. Anoto aquí que, con toda probabilidad, estas composiciones nacieron para ser representadas en los palacios de los mecenas que trató Juan de la Encina durante toda su vida más que para un público teatral tal como lo concebimos hoy en día.  

Obras dramáticas de Juan de la Encina de la primera etapa 

1.- Églogas de Navidad que son tres y fueron representadas ese día el año 1492 en la residencia del duque de Alba. En ellas no hay empacho tanto en halagar a sus promotores como en hacer marketing de sus virtudes artísticas. Y estas líneas anteceden a la narración (más que representación) por parte de los pastores de todos los pormenores del nacimiento de Jesús. Esto es, los sucesos que se narran no tienen lugar ante el espectador y, más bien, nos cuentan o cantan una historia. 

2.- Representaciones de la Pasión y Resurrección son del mismo tenor que las anteriores ya que se relata lo acaecido en el Monte Calvario y la posterior resurrección de Cristo.  

3.- Égloga de Carnaval o de Atruejo es una de las primeras en las que predomina el tema profano. También fue representada en el palacio de los duques de Alba en 1494 y en ella se adivina el sustrato del Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita con su regocijo en la gula u otros placeres terrenales. 

4.- Auto de Repelón ofrece una narración centrada en los juegos de escarnio que se hicieron populares en los ambientes universitarios salmantinos. Sin embargo, se duda de la autoría de Juan de la Encina de esta obra tanto por el estilo como por los diversos vaivenes que sufrió en las primeras ediciones.  

5.- La Égloga de Mingo, Gil y Pascuala gira en torno a un amor profano nuevo en la literatura castellana y cuyos protagonistas son pastores envueltos en un triángulo amoroso.

6.- Triunfo del Amor fue representada ante el Príncipe Juan en 1497 y no tiene el ritmo y calidad del resto de las obras de Juan de la Encina.  

7.- Égloga de las grandes lluvias fue otra pieza para celebrar la Nochebuena (la del año 1498) en el palacio de los Alba. En ella se mezclan acontecimientos contemporáneos con la adulación a los mecenas a la par que se hace sin ningún pudor mención a asuntos profesionales del autor. Y todo ello se remata con la representación navideña propiamente dicha.  

Obras dramáticas de Juan de la Encina de la segunda etapa 

En estos tres nombres se concentra lo más granado de la producción del escritor con composiciones de ambiente pastoril en los que la cultura pagana se entremezcla con los temas populares castellanos con gran acierto estilístico. Son: 

Égloga de Fileno, Zambardo y Carroño 

Está escrita en octavas con rimas consonantes y está considerada uno de los primeros dramas completos en castellano con su exposición, nudo y desenlace. En ella Juan de la Encina no se entretiene en loas o en narraciones descriptivas. Algunos críticos han encontrado el origen de esta trama en unos de los relatos insertados en el Amadís de Gaula. En ella se resuelve de manera dramática un triángulo amoroso mientras que los personajes han sido definidos desde el punto de vista psicológico de manera afinada. De este título son estos conocidos versos: 

¡Oh montes, oh valles, oh sierras, oh llanos, 

Oh bosques, oh prados, oh fuentes, oh ríos…! 

Égloga de Plácida y Victoriano, la gran obra de Juan de la Encina

También tiene como protagonistas a pastores idealizados que se entregan al amor profano dejando atrás toda la cosmovisión medieval. En ella se invoca a la diosa Venus que impide que Victoriano (loco por la pérdida de Plácida) acabe con su vida. Al tiempo, la deidad le pide a Mercurio que resucite a la desdichada muchacha para que puedan terminar sus días en este mundo con felicidad. Aunque a ojos de los lectores del siglo XXI la temática y argumento nos puede parecer ingenua incluso, en la época (con sus procesos de censura) fue tenida por tan escandalosa que entró en el Índice de los Libros Prohibidos. 

Égloga de Cristino y Febes 

En ella se da un paso más en la representación de los goces del mundo del aquí y el ahora. Cristino, joven y hermoso, decide llevar una vida retirada como ermitaño. Sin embargo, los dioses paganos tienen otros planes para él y, a través de Cupido, es herido con una flecha de amor. De inmediato se queda prendado (no ya de una pastora más o menos idealizada) sino de una ninfa que no duda en desplegar todos sus encantos para que el joven abandone cualquier idea de vida ascética.  

Estilo artístico de Juan de la Encina 

De forma muy resumida, hay que anotar lo siguiente:  

1.- Los pastores idealizados o tomados de la tradición popular castellana son los personajes de las obras de Juan de la Encina ya sean para ser protagonistas de amores tormentosos como para narrar la vida de Cristo. 

2.- El mundo pagano cobra fuerza por primera vez en la literatura en español abandonándose a sus dioses, a su forma de vida y al goce de los sentidos. 

3.- La música es siempre una parte inherente de la lírica. 

4.- A pesar del carácter dramático (e incluso pasional) de la gran mayoría de las obras, hay pinceladas de humor y comicidad. Estas recaen siempre en personajes calificados como rústicos, simples o poco instruidos que se conducen a través de un lenguaje sencillo y libre de artificios. 

5.- El nuevo amor pasional, humano y carnal que se representan en gran parte de las églogas de Juan de la Encina manifiestan una conciencia superior, humanística y conocedora de la obra de los grandes clásicos (se ha notado especialmente Virgilio).

6.- En Juan de la Encina nos encontramos un castellano completo, complejo y plenamente formado que adelanta los grandes nombres posteriores y que nada tiene que ver con lo poco que nos ha llegado del periodo medieval.  

En resumidas cuentas, el artista se nos presenta como puente tanto entre dos mundos (el medieval que se apaga y el renacentista que nace con todo tipo de brillo) como entre dos cosmovisiones (la cristiana centrada, en esos momentos, en la renuncia y la pagana homocéntrica). Juan de la Encina, en definitiva, pone los cimientos para el desarrollo especialmente de la dramaturgia posterior que tan grandes nombre dieron sin renunciar a un estilo propio y novedoso en la literatura castellana. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora por la Universidad de Sevilla.

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el bosque de las respuestas

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