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Tras el El Lazarillo de Tormes,  hay que esperar medio siglo para la aparición de la siguiente novela picaresca. Será Guzmán de Alfarache escrita por el sevillano Mateo Alemán. El género, no se agota con este título (ni mucho menos) pero sí será, a decir de la crítica, la mejor, completa y redonda de las de su clase. Y eso que su creador no se desempeñó como escritor profesional y fueron muchos en su entorno los que se sorprendieron de su publicación en 1599. Vamos por partes para entender la obra con mejor criterio. 

Mateo Alemán, el escritor de Guzmán de Alfarache y su azarosa vida

La crítica es unánime al encontrar parte de las desdichas, aventuras y cosmovisión de los personajes de la obra en la misma biografía de Mateo Alemán, su creador. Nacido en Sevilla en 1547, era su padre médico de profesión con destino en la cárcel de Sevilla. Hasta sus celdas llevaba al pequeño Mateo desde la temprana edad de diez años. Allí, probablemente, entabló conversación con algunos personajes del submundo de un Puerto de Indias que había conocido décadas mejores. Aunque era improbable que se topara con grandes criminales, sí pudo conocer de primera mano el menudeo del robo, el engaño, el contrabando y el malvivir propio de las gentes de una Sevilla en crisis. Aunque Mateo Alemán tuvo una esmerada educación y consiguió alcanzar el título de Bachiller en Arte y Filosofía, no fue muy buen estudiante. Realizó medicina primero en la Universidad de Sevilla, luego en la de la Salamanca hasta recalar en la de Alcalá de Henares. De allí tuvo que regresar apresuradamente a su ciudad natal debido a la repentina muerte del padre. 

Aunque no se conocen los detalles, muy pronto contrajo deudas diversas y con veintipocos años llegó a un peculiar acuerdo con el capitán Alonso Hernández de Ayala por el que este último se comprometía a saldar todo lo adeudado tomando como garantía su soltería. Así tal cual, el creador de Guzmán de Alfarache acabó casado con Catalina de Espinosa, sobrina del aristócrata, al no poder abonar la suma acordada no sin antes intentar, sin éxito, zafarse del compromiso. El detalle de la boda dice bastante de la personalidad de nuestro protagonista y, con toda probabilidad, del carácter de la esposa que, resumiendo mucho, le amargó todo lo que pudo la existencia. La crítica ve en este particular casamiento el fondo de misoginia que se encuentra en toda la obra así como a la institución del matrimonio. 

Estamos en la Sevilla picaresca, la misma que había perdido toda hegemonía y era un hervidero de aventureros buscavidas en connivencia con gentes de todo pelaje siempre venida a menos. Mateo Alemán acepta cualquier trabajo que pueda realizar e intenta varios emprendimientos sin éxito que le acarrean más deudas. Viaja a Madrid y de vuelta acaba en la cárcel cumpliendo una pena de año y medio a falta de una esposa con la que saldar el préstamo. 

El nacimiento de Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán 

En 1597, la obra ya estaba escrita y, con toda probabilidad, estas idas y venidas de presidio con todos sus personajes sirvió de inspiración para la novela. Fue publicada en 1599 sin que su autor, con 52 años, hubiera demostrado, con anterioridad, ninguna habilidad para las letras aunque la tenía y mucho. Empeñado como estaba en negocios fallidos, no se concentró en el don que traía de nacimiento. La obra fue un rotundo éxito y muy pronto se sucedieron copias por España y parte de Europa. Lamentablemente, algunas de ellas eran piratas y Mateo Alemán no pudo disfrutar de este éxito al completo.   

Volvería a verse entre rejas por un periodo acortado, al parecer, por la benevolencia de su esposa que se avino a abonar las cantidades pendientes. Y eso que ya no había convivencia marital y Mateo Alemán mantenía una familia paralela con Francisca Calderón. Eso fue en 1602 y el autor salía de presidio con una doble pena puesto que, ese mismo año, se publicó la segunda parte (falsa) del Guzmán de Alfarache. Todo ello obligó al autor a corregir el manuscrito que ya tenía terminado y a arreglar algunas aventuras de su protagonista para su edición. Mateo Alemán murió en México en una fecha incierta cercana a 1614 sin poder disfrutar del éxito con el que ha sido consagrado en el canon literario. 

Análisis de Guzmán de Alfarache: cinco primeras características

1.- La obra (por unanimidad de la crítica) es la más perfecta de las clasificadas como novela picaresca.  Su personaje responde al arquetipo del pícaro, a medio camino entre el delincuente, el bravucón y el desgraciado que poco o nada consigue con sus correrías. Tal como hemos visto en la biografía de su autor, con toda probabilidad, material donde inspirarse no le faltaba. 

2.- Está escrita de forma autobiográfica y su protagonista es el fruto de amores prohibidos quedando huérfano y desamparado a temprana edad. Para subsistir sirve a distintos amos y con esta galería de personajes se va desgranando los diferentes tipos psicológicos que pueblan la obra. 

3.- Guzmán de Alfarache viaja hasta Italia y durante toda la obra su espíritu se debate entre la regeneración e incorporarse a la sociedad como un miembro útil y la vida picaresca a la que se ve abocado o atraído. Aunque encontramos un afán de superación (al menos pretendido), siempre hay algo que le impide ocupar un papel legal en la sociedad, si bien la mayoría de las veces este fracaso es debido a pereza y desgana. 

4.- Como su autor, el protagonista se casa con la reconocida pretensión de escalar en posición social, pero no consigue establecerse ni asentarse. La obra, en su totalidad, por tanto, nos lleva por ese deseo de redención constante (que lleva al protagonista a múltiples actos de contrición sin enmienda alguna) y la vida delictiva (de poca monta siempre) a la que parece estar condenado el protagonista. 

5.- No hay humor ni cinismo en el Guzmán de Alfarache. Todas las páginas, escritas con una prosa brillante, están repletas de pesimismo. Es una negatividad existencial propia de la filosofía y de la cosmovisión de la época. Las sucesivas crisis, las penurias y la incapacidad para avanzar en todos los sentidos contribuye a un ambiente derrotista y desalentador. El desánimo imprime cualquier aspecto de la vida y explica, en parte, el gran éxito del teatro barroco, ya que funcionaba a nivel social como mera vía de escape y de evasión de una realidad negativa en extremo. Mateo Alemán, en el Guzmán de Alfarache, recoge ese ambiente.  

Las últimas características en el análisis de Guzmán de Alfarache 

6.- La miseria humana está, por tanto, en todos los rincones de la sociedad y no solo en la vida del pícaro sino también en los distintos amos a los que sirve. La tacañería, el vivir por y para las apariencias, los negocios de vividores y de gentes al margen de la ley o de la sociedad se hacen ver constantemente en la obra. 

7.- Al contrario que Lazarillo de Tormes, no hay crítica anticlerical ni mucho menos rasgos de erasmismo. Es más, en la páginas se trasluce un sincero sentimiento religioso que va parejo al tratamiento amable de ciertos sectores de las instituciones eclesiásticas. 

8.- El autor pone a su protagonista siempre en reflejo con sus pecados, sus acciones, sus costumbres y sus opciones vitales. Si está en el lodo social es por su poca pericia y fuerza de ánimo a la hora de iniciar el camino que le permita salir de esa vida viciosa y destructiva. 

9.- La misoginia de Mateo Alemán se transparenta en buena parte del Guzmán de Alfarache así como su crítica cruel a la institución del matrimonio. Tal como se desarrolló el suyo es entendible este extremo. 

10.- La obra, como es una de las características de la novela picaresca, tiene una fuerte función moralizadora y educativa. Presenta a los personajes siempre en la cara B de la sociedad adobado con fuerte juicio crítico.  

Con palabras de Juan Luis Alborg:  

“El Guzmán de Alfarache no solo es la novela más representativa de la picaresca, su cima y plenitud, como obra que reúne y funde sabiamente todas las características del género, sino que también por la calidad de su prosa viene a significar un punto de perfección en el cruce de dos épocas. Alemán encarna el paso de período amplio y rotundo de la época renacentista hacia la cláusula corta del barroco, pero todavía sin la extremada concisión frecuentemente retorcida y alambicada de Quevedo y Gracián.” 

Es, pues, el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán el cenit de la novela picaresca y también de parte de la prosa de los Siglos de Oro. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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Tras el El Lazarillo de Tormes,  hay que esperar medio siglo para la aparición de la siguiente novela picaresca. Será Guzmán de Alfarache escrita por el sevillano Mateo Alemán. El género, no se agota con este título (ni mucho menos) pero sí será, a decir de la crítica, la mejor, completa y redonda de las de su clase. Y eso que su creador no se desempeñó como escritor profesional y fueron muchos en su entorno los que se sorprendieron de su publicación en 1599. Vamos por partes para entender la obra con mejor criterio. 

Mateo Alemán, el escritor de Guzmán de Alfarache y su azarosa vida

La crítica es unánime al encontrar parte de las desdichas, aventuras y cosmovisión de los personajes de la obra en la misma biografía de Mateo Alemán, su creador. Nacido en Sevilla en 1547, era su padre médico de profesión con destino en la cárcel de Sevilla. Hasta sus celdas llevaba al pequeño Mateo desde la temprana edad de diez años. Allí, probablemente, entabló conversación con algunos personajes del submundo de un Puerto de Indias que había conocido décadas mejores. Aunque era improbable que se topara con grandes criminales, sí pudo conocer de primera mano el menudeo del robo, el engaño, el contrabando y el malvivir propio de las gentes de una Sevilla en crisis. Aunque Mateo Alemán tuvo una esmerada educación y consiguió alcanzar el título de Bachiller en Arte y Filosofía, no fue muy buen estudiante. Realizó medicina primero en la Universidad de Sevilla, luego en la de la Salamanca hasta recalar en la de Alcalá de Henares. De allí tuvo que regresar apresuradamente a su ciudad natal debido a la repentina muerte del padre. 

Aunque no se conocen los detalles, muy pronto contrajo deudas diversas y con veintipocos años llegó a un peculiar acuerdo con el capitán Alonso Hernández de Ayala por el que este último se comprometía a saldar todo lo adeudado tomando como garantía su soltería. Así tal cual, el creador de Guzmán de Alfarache acabó casado con Catalina de Espinosa, sobrina del aristócrata, al no poder abonar la suma acordada no sin antes intentar, sin éxito, zafarse del compromiso. El detalle de la boda dice bastante de la personalidad de nuestro protagonista y, con toda probabilidad, del carácter de la esposa que, resumiendo mucho, le amargó todo lo que pudo la existencia. La crítica ve en este particular casamiento el fondo de misoginia que se encuentra en toda la obra así como a la institución del matrimonio. 

Estamos en la Sevilla picaresca, la misma que había perdido toda hegemonía y era un hervidero de aventureros buscavidas en connivencia con gentes de todo pelaje siempre venida a menos. Mateo Alemán acepta cualquier trabajo que pueda realizar e intenta varios emprendimientos sin éxito que le acarrean más deudas. Viaja a Madrid y de vuelta acaba en la cárcel cumpliendo una pena de año y medio a falta de una esposa con la que saldar el préstamo. 

El nacimiento de Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán 

En 1597, la obra ya estaba escrita y, con toda probabilidad, estas idas y venidas de presidio con todos sus personajes sirvió de inspiración para la novela. Fue publicada en 1599 sin que su autor, con 52 años, hubiera demostrado, con anterioridad, ninguna habilidad para las letras aunque la tenía y mucho. Empeñado como estaba en negocios fallidos, no se concentró en el don que traía de nacimiento. La obra fue un rotundo éxito y muy pronto se sucedieron copias por España y parte de Europa. Lamentablemente, algunas de ellas eran piratas y Mateo Alemán no pudo disfrutar de este éxito al completo.   

Volvería a verse entre rejas por un periodo acortado, al parecer, por la benevolencia de su esposa que se avino a abonar las cantidades pendientes. Y eso que ya no había convivencia marital y Mateo Alemán mantenía una familia paralela con Francisca Calderón. Eso fue en 1602 y el autor salía de presidio con una doble pena puesto que, ese mismo año, se publicó la segunda parte (falsa) del Guzmán de Alfarache. Todo ello obligó al autor a corregir el manuscrito que ya tenía terminado y a arreglar algunas aventuras de su protagonista para su edición. Mateo Alemán murió en México en una fecha incierta cercana a 1614 sin poder disfrutar del éxito con el que ha sido consagrado en el canon literario. 

Análisis de Guzmán de Alfarache: cinco primeras características

1.- La obra (por unanimidad de la crítica) es la más perfecta de las clasificadas como novela picaresca.  Su personaje responde al arquetipo del pícaro, a medio camino entre el delincuente, el bravucón y el desgraciado que poco o nada consigue con sus correrías. Tal como hemos visto en la biografía de su autor, con toda probabilidad, material donde inspirarse no le faltaba. 

2.- Está escrita de forma autobiográfica y su protagonista es el fruto de amores prohibidos quedando huérfano y desamparado a temprana edad. Para subsistir sirve a distintos amos y con esta galería de personajes se va desgranando los diferentes tipos psicológicos que pueblan la obra. 

3.- Guzmán de Alfarache viaja hasta Italia y durante toda la obra su espíritu se debate entre la regeneración e incorporarse a la sociedad como un miembro útil y la vida picaresca a la que se ve abocado o atraído. Aunque encontramos un afán de superación (al menos pretendido), siempre hay algo que le impide ocupar un papel legal en la sociedad, si bien la mayoría de las veces este fracaso es debido a pereza y desgana. 

4.- Como su autor, el protagonista se casa con la reconocida pretensión de escalar en posición social, pero no consigue establecerse ni asentarse. La obra, en su totalidad, por tanto, nos lleva por ese deseo de redención constante (que lleva al protagonista a múltiples actos de contrición sin enmienda alguna) y la vida delictiva (de poca monta siempre) a la que parece estar condenado el protagonista. 

5.- No hay humor ni cinismo en el Guzmán de Alfarache. Todas las páginas, escritas con una prosa brillante, están repletas de pesimismo. Es una negatividad existencial propia de la filosofía y de la cosmovisión de la época. Las sucesivas crisis, las penurias y la incapacidad para avanzar en todos los sentidos contribuye a un ambiente derrotista y desalentador. El desánimo imprime cualquier aspecto de la vida y explica, en parte, el gran éxito del teatro barroco, ya que funcionaba a nivel social como mera vía de escape y de evasión de una realidad negativa en extremo. Mateo Alemán, en el Guzmán de Alfarache, recoge ese ambiente.  

Las últimas características en el análisis de Guzmán de Alfarache 

6.- La miseria humana está, por tanto, en todos los rincones de la sociedad y no solo en la vida del pícaro sino también en los distintos amos a los que sirve. La tacañería, el vivir por y para las apariencias, los negocios de vividores y de gentes al margen de la ley o de la sociedad se hacen ver constantemente en la obra. 

7.- Al contrario que Lazarillo de Tormes, no hay crítica anticlerical ni mucho menos rasgos de erasmismo. Es más, en la páginas se trasluce un sincero sentimiento religioso que va parejo al tratamiento amable de ciertos sectores de las instituciones eclesiásticas. 

8.- El autor pone a su protagonista siempre en reflejo con sus pecados, sus acciones, sus costumbres y sus opciones vitales. Si está en el lodo social es por su poca pericia y fuerza de ánimo a la hora de iniciar el camino que le permita salir de esa vida viciosa y destructiva. 

9.- La misoginia de Mateo Alemán se transparenta en buena parte del Guzmán de Alfarache así como su crítica cruel a la institución del matrimonio. Tal como se desarrolló el suyo es entendible este extremo. 

10.- La obra, como es una de las características de la novela picaresca, tiene una fuerte función moralizadora y educativa. Presenta a los personajes siempre en la cara B de la sociedad adobado con fuerte juicio crítico.  

Con palabras de Juan Luis Alborg:  

“El Guzmán de Alfarache no solo es la novela más representativa de la picaresca, su cima y plenitud, como obra que reúne y funde sabiamente todas las características del género, sino que también por la calidad de su prosa viene a significar un punto de perfección en el cruce de dos épocas. Alemán encarna el paso de período amplio y rotundo de la época renacentista hacia la cláusula corta del barroco, pero todavía sin la extremada concisión frecuentemente retorcida y alambicada de Quevedo y Gracián.” 

Es, pues, el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán el cenit de la novela picaresca y también de parte de la prosa de los Siglos de Oro. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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El Lazarillo de Tormes es una de las obras señeras de la novela picaresca y en este artículo vamos a tratar toda la problemática en torno a su publicación y las características principales que la hacen digna de pertenecer al canon clásico.  

El autor del Lazarillo de Tormes 

Hasta nosotros han llegado tres primeras impresiones, las tres del mismo año (1554) aparecidas en Burgos, Alcalá de Henares y Amberes. Ninguna de ellas va firmada porque, con toda probabilidad, tal como veremos más adelante, es clara en la obra una fuerte impronta del erasmismo por entonces ya puesto en cuestión por las autoridades. Además, esta primera novela picaresca, como todas las del género, son críticas con el sistema social establecido poniendo en cuestión vicios y costumbres arraigadas.  Con las aguas revueltas en cuanto a la política y a la religión, con toda probabilidad, el autor se decantó por el anonimato para no tener ningún contratiempo con las autoridades. En un principio se defendió que tanto las ediciones de Alcalá como la de Amberes se habían realizado sobre la de Burgos. Sin embargo, estudios recientes han desmontado esta teoría y, en la actualidad, se acepta que hay una versión anterior que no nos ha llegado sobre las que se ha realizado estas tres.  

De los autores de Lazarillo de Tormes hay tres propuestas por la crítica:  

1.- Tenemos que esperar a 1605 para encontrarnos una mención al primer candidato a autor y no es precisamente en una edición del Lazarillo de Tormes. En la obra Historia de la Orden de San Jerónimo, el Padre José de Sigüenza propone como su creador a su compañero de orden fray Juan de Ortega. Según esta referencia se había encontrado el manuscrito en su celda y, con toda probabilidad, lo escribió en sus años de estudiante de Salamanca. 

2.- En 1607, Valerio Andrea Taxandro publica un estudio en el que atribuye la autoría del Lazarillo de Tormes a Diego Hurtado de Mendoza por entonces un escritor de reconocida fama. A partir de aquí, no se sabe si por ser un referente literario o por otra cuestión comienza a ser aceptada esta paternidad sin más aportes que la fama del nombre. Y así llegó hasta principios del siglo XX cuando esta propuesta es desmontada.

3.- Hay un tercer candidato a ser el autor del Lazarillo de Tormes propuesto en 1914 por Julio Cejador. Este sería Sebastián de Horozco en cuyos poemas aparecen referencias al ciego, a Lázaro… Esta teoría es aún más endeble que las otras y no es aceptada por la crítica especializada.  

A todo estas propuestas se une un contratiempo más, ya que no se sabe con exactitud la fecha de composición de la novela. En ella se dice que se acabó el año en el que Emperador celebró cortes en Toledo. Y eso fue en 1525 y, luego, en 1538-39. Por tanto, es casi imposible contrastar los mínimos datos biográficos de los posibles candidatos si tampoco es posible dilucidar a qué cortes se refiere o, vamos a más, si esta data está inventada. 

Además tenemos otro dato por el que comprendemos el afán de anonimato de su creador,  ya que la obra fue incluida en el Índice de los libros prohibidos de 1559, cinco años después de las primeras ediciones conocidas. Si bien salió del mismo en 1571, si su autor aún estaba vivo y en activo, no daría señales de ser el padre de la criatura para no tener contratiempos con la Inquisición que, por entonces, se las gastaba con bastante crueldad con los autores díscolos (a su parecer), tal como le sucedió a Fray Luis de León o aSan Juan de la Cruz

Resumen del Lazarillo de Tormes 

La obra está escrita en primera persona, siguiendo una de las principales características de la novela picaresca. Este relato autobiográfico comienza con el nacimiento de Lázaro de Tormes de padres ya situados fuera de la sociedad establecida. Nacido en la más extrema pobreza, su madre se deshace de él siendo un niño poniéndolo a trabajar bajo las órdenes de un ciego, el cual requiere los servicios de un guía. Acuciado por el hambre, intenta (mediante tretas) engañar y timar al amo aunque lo único que consigue es llevarse castigos crueles. Tras abandonarlo se pone al servicio de un clérigo que no se comporta de mejor manera.

Condenado a servir a distintos amos, Lázaro se pone bajo la protección de un escudero de Toledo (un hidalgo venido a menos) que también hace resbalar por la escasez a nuestro pobre protagonista. Aunque este intenta guardar las apariencias, las condiciones en la casa son tan lamentables que Lázaro se pone a servir a otro amo, esta vez a un clérigo de la orden de la Merced y luego a un vendedor de bulas falsas para pasar al servicio de un capellán y terminar con un aguacil. Con todos ellos pasa penalidades Lázaro y todos ellos les sirve para hacer una crítica cínica y ácida de una sociedad que produce individuos deleznables plagados de vicios de todo tipo. Cada situación la soporta Lázaro estoicamente hasta que logra ser nombrado pregonero de Toledo mejorando, de esta manera, notablemente su situación y posición. En ese momento, también, se casa con una barragana de un Arcipreste. 

Como es también característico de la novela picaresca, el Lazarillo de Tormes está dividido en capítulos donde se van narrando cada una de las desventuras que el protagonista mantiene con sus distintos amos sin más hilo conductor que el paso del tiempo.  

Características del Lazarillo de Tormes 

Aparte de las ya reseñadas (de las que hay que hacer hincapié en el relato autobiográfico y en la estructura por capítulos independientes), la obra presenta los siguientes caracteres:

1.-El tema del hambre como hilo conductor de la obra 

Lázaro pasa necesidad, mucha, especialmente siendo un niño. Su desvalimiento se pone de manifiesto con los primeros amos que se aprovechan del pobre muchacho, tanto que a duras penas puede sobrevivir. Una vez Lázaro ha aprendido a elegir mejor a quien servir, no duda en apuntarse a la hipocresía, la misma que critica cínicamente. Conforme avanza la novela, nuestro protagonista, según sus palabras y justificaciones, se ve obligado a adaptarse a una realidad social cruel con el único fin de salir adelante. Esta transformación se manifiesta de una forma clara a final de la novela, cuando Lázaro, ya con experiencia vital, justifica sus elecciones como la única vía para vivir cómodamente (aunque esto suponga muchos matices).  Si bien el hambre no forma parte de su vida en esos momentos, el recuerdo de esos días pasados son los que le lleva a tomar las últimas decisiones que se muestran en la novela. 

2.- Realismo descarnado en el Lazarillo de Tormes frente a la ficción  

A colación con lo anterior, si por algo se caracteriza la novela picaresca es por presentar la cruda realidad sin tapujos. El pícaro, a cuya extirpe pertenece Lázaro, es un pobre hombre que vive de pequeños timos, de buscar los recovecos de una sociedad que lo expulsa y que, a la par, necesita aprovecharse, aunque se niega a formar parte de ella de una manera formal.  El pícaro no es un criminal y a lo más que llega es a convertirse en un delincuente de poca monta, ya que su mundo siempre es pequeño y de bajas miras. Si bien hay críticos que buscan el origen de la picaresca en un rechazo a las novelas de caballería con su relato de fantasía y de ficción extrema, la sociedad presentada en estas obras existía realmente con toda su crudeza, hipocresía, mediocridad y desfachatez. A mediados del siglo XVI, por las distintas grandes ciudades de España, se empiezan a agolpar una corte de desahuciados de todo tipo que buscan sobrevivir simplemente conformándose con malvivir entre el hambre y la escasez. Fuera de todo trabajo formal, aunque su bandera sea la libertad, el pícaro, como Lázaro, únicamente busca un modo de acomodarse, de la mejor manera posible, entre lo jirones sociales. 

Dicho esto, la crítica también ha encontrado una serie de prototipos en los personajes del Lazarillo de Tormes. Tenemos al mendigo (el ciego), el hidalgo que le importa más la apariencia que el mundo que se desmorona ante él, la avaricia del primer clérigo y los vicios del mercedario… Todo ello sin contar el oficio de aguacil o la figura de la barragana (una especie de compañera sexual de los miembros del clero) con quien acaba en matrimonio Lázaro. Todos ellos pertenecen al folclore de la época, a los modelos de ficción de la literatura del siglo XVI y cada uno de esos prototipos se comportan y conducen como el lector contemporáneo espera.  

3.- El sentido humorístico en el Lazarillo de Tormes 

Aunque el objetivo primigenio del autor de la novela fuera provocar la risa, la obra está tan empapada de ironía y cinismo que más bien provoca un sentimiento de pesadumbre y de extremo pesimismo. Si bien algunas situaciones están presentadas de manera cómica, el humor que se transparenta es tan negro que todo en él parecen burlas pesadas. Lázaro no vive la vida saltando feliz de piedra en piedra y más bien la soporta con estoicismo casi hasta llegar a la conclusión de que la única manera de sobrevivir es aparcar la mínima dignidad que le queda y plegarse a lo que está a mano de una manera tremendamente práctica. 

4.- El erasmismo en el Lazarillo de Tormes

Se han escrito ríos de tinta sobre el erasmismo en la novela picaresca en general y esta, en particular, no es ajena a ello. Erasmo de Rotterdam, sin llegar a proponer el cisma de Lutero, fue crítico con la Iglesia Católica a la que acusaba de resbalarse por los vicios mundanos a la par que se entretenía en corromper el sentido último de la enseñanza de Cristo a través de ritos complicados ajenos al sentir de las comunidades primitivas. Aunque abogaba por una mayor sencillez y despojamiento, su crítica nunca llegó a querer hacer saltar por los aires la Iglesia Católica. De resultas de estas ideas, entre la élite intelectual española el erasmismo tuvo bastante predicamento hasta la llegada de la Contrarreforma. Es en ese momento cuando la Inquisición se pone a perseguir con saña a todo aquel que buscara libremente y por sí sus salvación a través de los textos sagrados sin la intermediación clerical. 

En el Lazarillo de Tormes se encuentran algunos principios que alumbraban las teorías erasmistas, especialmente cuando trata los vicios de los clérigos y la hipocresía del resto de la sociedad. En este aspecto, la obra es una crítica ácida, mordaz y repleta de humor espeso hacia las peores costumbres de la época, las misma que combatía Erasmo. Sin embargo, también se pone en relación con el espíritu de la Contrarreforma (aunque pudiera parecer una contradicción). Recordemos que, tras el Concilio de Trento se atacan las obras de ficción pura que solo servían (según el parecer de los allí presentes) para la evasión y para el entretenimiento mundano. A la par, comienzan a primarse aquellas que pusieran una semilla educativa o moralizante. Si bien el realismo extremo servía para mostrar los vicios de los hombres con una llamada al arrepentimiento, el desarrollo del mismo en el plano literario también daba pie para la crítica más mordaz. Y de aquí al peligroso Índice de los libros prohibidos (donde fue a parar El Lazarillo de Tormes) había nada más que un paso. De todos estos extremos chocantes a veces participa esta gran obra canónica.  

5.- La lengua del Lazarillo de Tormes 

Aunque el autor se disculpa por su “grosero estilo” y su llaneza a la hora de retratar a los personajes y sus situaciones, la novela no tiene tanta llaneza como se pretende al principio. Bien es verdad que se caracteriza por ser natural, concisa, repleta de frases cortas y sin ninguna concesión a la floritura, la metáfora o la elaboración, sin embargo, el lenguaje ya ha pasado por el filtro de la literatura. Esto es, hay un despojamiento de lo superfluo, por supuesto, pero este está realizado de manera consciente buscando lo esencial. Cada palabra, por tanto, es un dardo puesto para acertar en una prosa ligera y natural. Según las palabras de Criado de Val la lengua del Lazarillo de Tormes se resume así:  

“Todo es, en este libro, escueto y directo; pocas palabras pero precisas y naturales. Apenas cambia la entonación; el diálogo alterna con la narración sin que se advierta preocupación por el paso de uno a otro esquema”. 

En definitiva, Lazarillo de Tormes inaugura la larga y provechosa tradición de la novela realista española, la misma que continúa con El Quijote y no cesa hasta bien entrado el silgo XXI. La obra no solo ha sido llevada a distintos registros artísticos a lo largo de estos siglos (teatro, cine, TV…) sino que ha servido de hipotexto para algunos títulos contemporáneos en los que personajes desahuciados por la sociedad luchan por sobrevivir y abrirse un hueco buscando cierta escala de confort. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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El Lazarillo de Tormes es una de las obras señeras de la novela picaresca y en este artículo vamos a tratar toda la problemática en torno a su publicación y las características principales que la hacen digna de pertenecer al canon clásico.  

El autor del Lazarillo de Tormes 

Hasta nosotros han llegado tres primeras impresiones, las tres del mismo año (1554) aparecidas en Burgos, Alcalá de Henares y Amberes. Ninguna de ellas va firmada porque, con toda probabilidad, tal como veremos más adelante, es clara en la obra una fuerte impronta del erasmismo por entonces ya puesto en cuestión por las autoridades. Además, esta primera novela picaresca, como todas las del género, son críticas con el sistema social establecido poniendo en cuestión vicios y costumbres arraigadas.  Con las aguas revueltas en cuanto a la política y a la religión, con toda probabilidad, el autor se decantó por el anonimato para no tener ningún contratiempo con las autoridades. En un principio se defendió que tanto las ediciones de Alcalá como la de Amberes se habían realizado sobre la de Burgos. Sin embargo, estudios recientes han desmontado esta teoría y, en la actualidad, se acepta que hay una versión anterior que no nos ha llegado sobre las que se ha realizado estas tres.  

De los autores de Lazarillo de Tormes hay tres propuestas por la crítica:  

1.- Tenemos que esperar a 1605 para encontrarnos una mención al primer candidato a autor y no es precisamente en una edición del Lazarillo de Tormes. En la obra Historia de la Orden de San Jerónimo, el Padre José de Sigüenza propone como su creador a su compañero de orden fray Juan de Ortega. Según esta referencia se había encontrado el manuscrito en su celda y, con toda probabilidad, lo escribió en sus años de estudiante de Salamanca. 

2.- En 1607, Valerio Andrea Taxandro publica un estudio en el que atribuye la autoría del Lazarillo de Tormes a Diego Hurtado de Mendoza por entonces un escritor de reconocida fama. A partir de aquí, no se sabe si por ser un referente literario o por otra cuestión comienza a ser aceptada esta paternidad sin más aportes que la fama del nombre. Y así llegó hasta principios del siglo XX cuando esta propuesta es desmontada.

3.- Hay un tercer candidato a ser el autor del Lazarillo de Tormes propuesto en 1914 por Julio Cejador. Este sería Sebastián de Horozco en cuyos poemas aparecen referencias al ciego, a Lázaro… Esta teoría es aún más endeble que las otras y no es aceptada por la crítica especializada.  

A todo estas propuestas se une un contratiempo más, ya que no se sabe con exactitud la fecha de composición de la novela. En ella se dice que se acabó el año en el que Emperador celebró cortes en Toledo. Y eso fue en 1525 y, luego, en 1538-39. Por tanto, es casi imposible contrastar los mínimos datos biográficos de los posibles candidatos si tampoco es posible dilucidar a qué cortes se refiere o, vamos a más, si esta data está inventada. 

Además tenemos otro dato por el que comprendemos el afán de anonimato de su creador,  ya que la obra fue incluida en el Índice de los libros prohibidos de 1559, cinco años después de las primeras ediciones conocidas. Si bien salió del mismo en 1571, si su autor aún estaba vivo y en activo, no daría señales de ser el padre de la criatura para no tener contratiempos con la Inquisición que, por entonces, se las gastaba con bastante crueldad con los autores díscolos (a su parecer), tal como le sucedió a Fray Luis de León o aSan Juan de la Cruz

Resumen del Lazarillo de Tormes 

La obra está escrita en primera persona, siguiendo una de las principales características de la novela picaresca. Este relato autobiográfico comienza con el nacimiento de Lázaro de Tormes de padres ya situados fuera de la sociedad establecida. Nacido en la más extrema pobreza, su madre se deshace de él siendo un niño poniéndolo a trabajar bajo las órdenes de un ciego, el cual requiere los servicios de un guía. Acuciado por el hambre, intenta (mediante tretas) engañar y timar al amo aunque lo único que consigue es llevarse castigos crueles. Tras abandonarlo se pone al servicio de un clérigo que no se comporta de mejor manera.

Condenado a servir a distintos amos, Lázaro se pone bajo la protección de un escudero de Toledo (un hidalgo venido a menos) que también hace resbalar por la escasez a nuestro pobre protagonista. Aunque este intenta guardar las apariencias, las condiciones en la casa son tan lamentables que Lázaro se pone a servir a otro amo, esta vez a un clérigo de la orden de la Merced y luego a un vendedor de bulas falsas para pasar al servicio de un capellán y terminar con un aguacil. Con todos ellos pasa penalidades Lázaro y todos ellos les sirve para hacer una crítica cínica y ácida de una sociedad que produce individuos deleznables plagados de vicios de todo tipo. Cada situación la soporta Lázaro estoicamente hasta que logra ser nombrado pregonero de Toledo mejorando, de esta manera, notablemente su situación y posición. En ese momento, también, se casa con una barragana de un Arcipreste. 

Como es también característico de la novela picaresca, el Lazarillo de Tormes está dividido en capítulos donde se van narrando cada una de las desventuras que el protagonista mantiene con sus distintos amos sin más hilo conductor que el paso del tiempo.  

Características del Lazarillo de Tormes 

Aparte de las ya reseñadas (de las que hay que hacer hincapié en el relato autobiográfico y en la estructura por capítulos independientes), la obra presenta los siguientes caracteres:

1.-El tema del hambre como hilo conductor de la obra 

Lázaro pasa necesidad, mucha, especialmente siendo un niño. Su desvalimiento se pone de manifiesto con los primeros amos que se aprovechan del pobre muchacho, tanto que a duras penas puede sobrevivir. Una vez Lázaro ha aprendido a elegir mejor a quien servir, no duda en apuntarse a la hipocresía, la misma que critica cínicamente. Conforme avanza la novela, nuestro protagonista, según sus palabras y justificaciones, se ve obligado a adaptarse a una realidad social cruel con el único fin de salir adelante. Esta transformación se manifiesta de una forma clara a final de la novela, cuando Lázaro, ya con experiencia vital, justifica sus elecciones como la única vía para vivir cómodamente (aunque esto suponga muchos matices).  Si bien el hambre no forma parte de su vida en esos momentos, el recuerdo de esos días pasados son los que le lleva a tomar las últimas decisiones que se muestran en la novela. 

2.- Realismo descarnado en el Lazarillo de Tormes frente a la ficción  

A colación con lo anterior, si por algo se caracteriza la novela picaresca es por presentar la cruda realidad sin tapujos. El pícaro, a cuya extirpe pertenece Lázaro, es un pobre hombre que vive de pequeños timos, de buscar los recovecos de una sociedad que lo expulsa y que, a la par, necesita aprovecharse, aunque se niega a formar parte de ella de una manera formal.  El pícaro no es un criminal y a lo más que llega es a convertirse en un delincuente de poca monta, ya que su mundo siempre es pequeño y de bajas miras. Si bien hay críticos que buscan el origen de la picaresca en un rechazo a las novelas de caballería con su relato de fantasía y de ficción extrema, la sociedad presentada en estas obras existía realmente con toda su crudeza, hipocresía, mediocridad y desfachatez. A mediados del siglo XVI, por las distintas grandes ciudades de España, se empiezan a agolpar una corte de desahuciados de todo tipo que buscan sobrevivir simplemente conformándose con malvivir entre el hambre y la escasez. Fuera de todo trabajo formal, aunque su bandera sea la libertad, el pícaro, como Lázaro, únicamente busca un modo de acomodarse, de la mejor manera posible, entre lo jirones sociales. 

Dicho esto, la crítica también ha encontrado una serie de prototipos en los personajes del Lazarillo de Tormes. Tenemos al mendigo (el ciego), el hidalgo que le importa más la apariencia que el mundo que se desmorona ante él, la avaricia del primer clérigo y los vicios del mercedario… Todo ello sin contar el oficio de aguacil o la figura de la barragana (una especie de compañera sexual de los miembros del clero) con quien acaba en matrimonio Lázaro. Todos ellos pertenecen al folclore de la época, a los modelos de ficción de la literatura del siglo XVI y cada uno de esos prototipos se comportan y conducen como el lector contemporáneo espera.  

3.- El sentido humorístico en el Lazarillo de Tormes 

Aunque el objetivo primigenio del autor de la novela fuera provocar la risa, la obra está tan empapada de ironía y cinismo que más bien provoca un sentimiento de pesadumbre y de extremo pesimismo. Si bien algunas situaciones están presentadas de manera cómica, el humor que se transparenta es tan negro que todo en él parecen burlas pesadas. Lázaro no vive la vida saltando feliz de piedra en piedra y más bien la soporta con estoicismo casi hasta llegar a la conclusión de que la única manera de sobrevivir es aparcar la mínima dignidad que le queda y plegarse a lo que está a mano de una manera tremendamente práctica. 

4.- El erasmismo en el Lazarillo de Tormes

Se han escrito ríos de tinta sobre el erasmismo en la novela picaresca en general y esta, en particular, no es ajena a ello. Erasmo de Rotterdam, sin llegar a proponer el cisma de Lutero, fue crítico con la Iglesia Católica a la que acusaba de resbalarse por los vicios mundanos a la par que se entretenía en corromper el sentido último de la enseñanza de Cristo a través de ritos complicados ajenos al sentir de las comunidades primitivas. Aunque abogaba por una mayor sencillez y despojamiento, su crítica nunca llegó a querer hacer saltar por los aires la Iglesia Católica. De resultas de estas ideas, entre la élite intelectual española el erasmismo tuvo bastante predicamento hasta la llegada de la Contrarreforma. Es en ese momento cuando la Inquisición se pone a perseguir con saña a todo aquel que buscara libremente y por sí sus salvación a través de los textos sagrados sin la intermediación clerical. 

En el Lazarillo de Tormes se encuentran algunos principios que alumbraban las teorías erasmistas, especialmente cuando trata los vicios de los clérigos y la hipocresía del resto de la sociedad. En este aspecto, la obra es una crítica ácida, mordaz y repleta de humor espeso hacia las peores costumbres de la época, las misma que combatía Erasmo. Sin embargo, también se pone en relación con el espíritu de la Contrarreforma (aunque pudiera parecer una contradicción). Recordemos que, tras el Concilio de Trento se atacan las obras de ficción pura que solo servían (según el parecer de los allí presentes) para la evasión y para el entretenimiento mundano. A la par, comienzan a primarse aquellas que pusieran una semilla educativa o moralizante. Si bien el realismo extremo servía para mostrar los vicios de los hombres con una llamada al arrepentimiento, el desarrollo del mismo en el plano literario también daba pie para la crítica más mordaz. Y de aquí al peligroso Índice de los libros prohibidos (donde fue a parar El Lazarillo de Tormes) había nada más que un paso. De todos estos extremos chocantes a veces participa esta gran obra canónica.  

5.- La lengua del Lazarillo de Tormes 

Aunque el autor se disculpa por su “grosero estilo” y su llaneza a la hora de retratar a los personajes y sus situaciones, la novela no tiene tanta llaneza como se pretende al principio. Bien es verdad que se caracteriza por ser natural, concisa, repleta de frases cortas y sin ninguna concesión a la floritura, la metáfora o la elaboración, sin embargo, el lenguaje ya ha pasado por el filtro de la literatura. Esto es, hay un despojamiento de lo superfluo, por supuesto, pero este está realizado de manera consciente buscando lo esencial. Cada palabra, por tanto, es un dardo puesto para acertar en una prosa ligera y natural. Según las palabras de Criado de Val la lengua del Lazarillo de Tormes se resume así:  

“Todo es, en este libro, escueto y directo; pocas palabras pero precisas y naturales. Apenas cambia la entonación; el diálogo alterna con la narración sin que se advierta preocupación por el paso de uno a otro esquema”. 

En definitiva, Lazarillo de Tormes inaugura la larga y provechosa tradición de la novela realista española, la misma que continúa con El Quijote y no cesa hasta bien entrado el silgo XXI. La obra no solo ha sido llevada a distintos registros artísticos a lo largo de estos siglos (teatro, cine, TV…) sino que ha servido de hipotexto para algunos títulos contemporáneos en los que personajes desahuciados por la sociedad luchan por sobrevivir y abrirse un hueco buscando cierta escala de confort. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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En 1554 aparece el Lazarillo de Tormes, el primer título de novela picaresca que puso las bases para todas las que llegaron detrás. Aunque el género también tiene sus ejemplos (con más o menos acierto) en otras lenguas europeas, en España alcanza las cotas de genialidad. En este tipo de obras, el protagonista principal es un pícaro, personaje fuera del sistema social, revestido de un espíritu de holgazanería el cual justifica  por su afán de libertad. Su sentido crítico de la sociedad alcanza cotas de cinismo cuando presenta algunos tipos sociales distintos o semejantes al suyo. Suele está provisto de un sentimiento de desengaño de las cosas del mundo, el cual le lleva a la aceptación de cualquier circunstancia y a renegar de los valores que hacen grande al ser humano. Este carácter derrotista se nivela con algunos puntos cómicos que nunca llegan a la risa y más bien levanta la conmiseración del lector. 

Orígenes de la novela picaresca

Ninguna obra aparece de la nada. Siempre hay  algo o mucho que está en el ambiente, que propicia su espaldarazo aunque este sea genial. Si esto es aplicable a El Quijote, a los cantares de gesta o a cualquier otra manifestación artística, la novela picaresca no es ajena a esta consideración. En este sentido, hago mías las palabras de J.L. Alborg: 

“Aunque el Lazarillo como creación literaria -y la picaresca con él- es el resultado de una inspiración genial, su alumbramiento estaba implícito en la propia entraña de nuestra literatura precedente.”  

¿Y quiénes son esos precedentes? Por un lado, personajes secundarios del Arcipreste de Talavera y, además, del Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita. También hay un sustrato implícito en La Celestina, toda ella dotada de ese espíritu que media entre el cinismo y los que se sitúan al margen de las convenciones sociales que caracteriza la novela picaresca. Un tanto de lo mismo sucede con algunos bufones de piezas cómicas de Gil Vicente o Torres Naharro. Y, especialmente, hay una obra que marca el camino a las demás: La lozana andaluza de Francisco Delicado, publicada en 1528.  

Además, el personaje del pícaro no era solo un individuo de ficción sino que sus caracteres se encontraban en la vida real. La sociedad española a mediados del siglo XVI comenzaba a acusar una incipiente decadencia que se transparentaba en una suerte de desgraciados venidos a menos que se negaban a trabajar de manera manual ya que se consideraba que eran tareas de judíos o conversos. Estos habían perdido cualquier consideración social y con ellos algunas tareas y oficios de manufactura. Además, de vuelta de las innumerables batallas llegaban soldados en busca de fortuna algunos con graves heridas. Esa libertad a la que aspira el pícaro lo pone fuera del orden social ya que se niega a formar parte de los trabajadores formales y lo introduce de lleno en ese saco en el que lo mismo se encuentran hidalgos venidos a menos que ladronzuelos de poca monta.  

Los personajes de la novela picaresca

Aunque a lo largo de sus páginas, aparecen individuos de distinto estrato social, condición y circunstancias, el personaje principal de estas obras es un pícaro. Como veremos a continuación, estos individuos, en primera persona, relatan su vida que no es más que un cúmulo de desventuras sirviendo a distintos amos de una manera poco ortodoxa. Dado a la mentira, a los pequeños timos, a las trampas constantes (incluso sobre si mismos), viven al margen de la sociedad, aunque nunca nos topamos con un criminal en toda regla. El pícaro es una pobre criatura que se las apaña como puede porque se niega a formar parte de la sociedad en aras a una libertad que paga con una mala vida.  

De resultas de este espíritu, su relato se vuelve irónico hasta llegar al cinismo y al descreimiento más absoluto. Nadie queda indemne de su mirada sagaz, aunque esa crítica no la realiza con un deseo de mejora sino que se respira cierto aire de derrota y de conformismo. Esta misma idea es la que no le permite hacer nada por sí mismo en post de una superación personal. El pícaro no sabe pensar a lo grande. Todo en él es pequeño y a nivel del suelo rampante. Los protagonistas de la novela picaresca afirman vivir en la más absoluta realidad, en la calle, en el día a día aunque esto suponga estar siempre al límite y rozando el hambre, el frío y la inseguridad.  

El resto de personajes que desfilan por estas páginas no acaban de mejor manera y siempre se presentan en su peor cara: en la cruel, en la egoísta y las más de las veces en la hipócrita. Clero y aristocracia no se libran de la crítica del pícaro y todos quedan retratados de una manera poco edificante.  

Principales características de la novela picaresca 

1.- El realismo es una de las principales características de la novela picaresca

Tanto es así que autores hay que sostienen que esta surge como una reacción a la lírica renacentista repleta de pastores idealizados y naturalezas bucólicas. Es más, las novelas de caballería (que tanto éxito tuvieron en la época con sus protagonistas fuera de lo común en busca de hazañas fantasiosas) se contraponen a la figura del pícaro y a todos los que viven a su alrededor. Y autores hay que ven en el nacimiento del género una reacción a tanta fantasía y a venturas imposibles. En las novelas picarescas se muestra la cruda realidad donde la búsqueda de comida o de cobijo es el objetivo diario. Contra los grandes valores del espíritu de los caballeros casi etéreos se presentan en la novela picaresca seres que les quedan grandes conceptos como honor o trascendencia. La minucia del día a día con toda su cruda cotidianidad es el universo de estas obras.  

2.- Pesimismo, cinismo e ironía

Otra de las características de la novela picaresca es la narración y la descripción de un mundo gris del que nadie se libra. Nada hay en estas aventuras que nos puedan conciliar con los sueños, los ideales o la mejora en cualquier aspecto. De resultas de ello, las obras rezuman pesimismo y conformismo por todos los costados. Aunque nos encontramos algunas anécdotas cómicas, estas, a veces, son crueles (al menos desde la cosmovisión contemporánea) y todas ellas están revestidas de un grave cinismo. La sociedad, por otra parte, está presentada desde la ironía mostrando siempre el lado más oscuro del ser humano y nadie se salva de esta crítica, ni siquiera los personajes más cándidos o inocentes. 

3.- Aún así la novela picaresca presenta principios moralizantes 

Autores hay que ven en ella los grandes temas del erasmismo que tanto predicamento tuvieron entre la elite intelectual española antes de la Contrarreforma. La libertad propuesta por el de Rotterdam unida a ese afán de sencillez, de despojamiento de los ritos complicados y de crítica a las costumbres sociales se encuentran en estas obras. Aunque el erasmismo no llegó a calar en todos los órdenes sociales, sí tuvo sus seguidores entre los estudiosos y los miembros universitarios. Por otro lado, la Contrarreforma trajo también un rechazo de las obras de ficción y promovía un arte edificante y moralizante. En este sentido, conforme nos vamos adentrando en los títulos surgidos durante el siglo XVII estas van mostrando un “mea culpa” que no se adivinaba en las primeras. Esto es, los personajes se presentan con una edad avanzada relatando su vida de la cual hacen juicios de arrepentimiento en algún caso. 

4.- Libertad y desapego de la vida como una de las características de la novela picaresca 

El pícaro no trabaja de manera formal. Sirve a varios amos y va de un lugar a otro buscándose la vida como puede. Todo eso lo hace en aras de una libertad que solo le conduce por el camino del malvivir. Sin embargo, lo acepta porque defiende esa libertad que no puede sustituirse por nada.  

5.- Hay críticos que han puesto la novela picaresca en relación con la mística 

Aunque sean tan diferentes entre sí, picaresca y mística literaria son coetáneas. Ambos géneros tienen caracteres en común como es la búsqueda de la verdad por caminos heterodoxos y de manera individual. Además, ambas escrituras se adentran en el realismo más atroz, una en la del alma en comunión con Dios y otra en el de la marginalidad social. El yo de los escritores de uno y otro lado se presenta en su radical originalidad y veracidad sin alas a la fantasía y lo inverosímil. Lectores contemporáneo habrá que, al hilo del esto, ofrecerán su descreimiento acerca de las visiones místicas pero, una vez más, hay que recordar que para el místico no había más verdad que la expresada en sus escritos. 

6.- Carácter autobiográfico de la novela picaresca 

Hasta la llegada de estas obras los personajes se presentaban a través del autor, de un narrador que los hacía suyos según la condición de los mismos. Los bufones y de estrato social bajo eran presentados de manera cómica y los de alta cuna con valores elevados, aunque nos encontremos algunos ejemplos en los que se ofrece pura contradicción. El pícaro, por su parte, no encuentra quien le escriba y lo justifique. Y a falta de ese autor, comienza la narración (y la justificación a veces de su vida) de propia voz. Ese carácter autobiográfico se completa, en algunas ocasiones, con el anonimato de algunas obras o las dudas de su autoría.   

7.- En estas obras nos encontramos una sucesión de personajes 

Tanto es así que, incluso, se puede leer por capítulos dispersos sin atentar contra el sentido último de la obra. Este tipo de estructuración es más evidente en las primeras obras y se va diluyendo conforme avanza el siglo XVII hasta llegar a Estebanillo González. La novela picaresca va, conforme avanzan las décadas, hacia un relato de aventuras. Eso no quita para que las distintas escenas sean como una excusa para presentar distintos tipos psicológicos y personajes. Pocos de ellos pueden clasificarse como ejemplares o caballerescos ya que siempre se presenta la cara más oscura de todos ellos. Las primeras obras, comenzando con el Lazarillo de Tormes, están tan desestructuradas en el relato que cada capítulo se puede leer independientemente,  ya que no afecta al sentido último de la obra. 

8.- La novela picaresca se caracteriza por el conformismo como actitud vital  

Y también una fuerte dosis de resentimiento. Esto es, hay una crítica social pero esta no llega a la rebeldía sino todo lo contrario ya que encontramos una aceptación. El realismo se concentra en esa vida que es tal como es y poco o nada se puede hacer para cambiarla. No estamos ante la asimilación del dolor con un espíritu de renuncia religiosa, la misma que abraza lo que Dios quiera dar. En la novela picaresca no se encuentra esa fluidez emocional sino que hay un cinismo, una ira contenida contra la sociedad en general. Este aspecto es lo que ha llevado a algunos críticos a señalar que algunas de estas obras nacen de manos conversas (o de su cosmovisión). Quienes formaron parte de un país próspero ofreciendo lo mejor de sí quedan relegados por razón de creencia religiosa a unos niveles ínfimos. De resultas de ello se sublevan pero no con la rebelión que busca un cambio sino con el que está lleno de resentimiento. Mucho de esto hay en la novela picaresca aunque algunas estén escritas por castellanos viejos.  

Tipos de novelas picarescas y su debate 

Porque el debate llega de algunos autores que abogan por estudiar cada obra de forma. independiente con sus circunstancias estructurales, de autor, de personajes o de narración. Sin embargo, los más dados a los encasillamientos proponen al menos dos divisiones dentro de las novelas. picarescas:  

1.- La primera de ellas correspondería a la primera época (no más allá de 1610) y se corresponde con obras desestructuradas en cuanto a la narración en las que los capítulos no están unidos unos con otros. En ellas, los protagonistas no muestran arrepentimiento alguno por sus obras aunque haya una justificación por los actos (ese “yo señor no soy malo” del Lazarillo).  

2.- Conforme avanza el siglo XVII hasta terminar abruptamente a mediados del mismo, las obras van tomando un cariz más aventurero. Esto es, los personajes muestran una narración más hilada entre capítulos aunque los mismos también le sirvan para ir mostrando las personalidades de individuos con los que se topan. También se mueven más de su emplazamiento original y en la narración se adivina ya ese espíritu de la Contrarreforma que promueve el carácter moralista o edificante de las obras de arte. Esto es, de alguna manera u otra, manifiestan un arrepentimiento o un juicio severo por los actos del pasado. Así, los autores de las mismas se acoplan a esas directrices que promulgan una enseñanza (en esta ocasión de actos reprobables) de la vida picaresca. En estas últimos obras el espíritu pesimista es mayor así como la sensación de derrota vital.  

Sea como fuere, la novela picaresca, siguiendo a J.L. Alborg se concentra en un siglo:  

“Prescindiendo momentáneamente de la aparición solitaria del Lazarillo a mediados de la centuria y de la distancia de medio siglo que le separa de su inmediato seguidor, el Guzmán, la plenitud de la picaresca propiamente dicha se concentra, sin lugar para verdaderas etapas, en el corto lapso de cincuenta años, y puede considerarse acabada con la publicación de Estebanillo González en 1646”.  

En definitiva, la novela picaresca, a pesar de las diferencias entre obras de notable y sobresaliente calidad, tiene unas características repetidas que la diferencia de otros géneros y fórmulas literarias de la época. En España alcanzó cotas insuperables. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

 

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En 1554 aparece el Lazarillo de Tormes, el primer título de novela picaresca que puso las bases para todas las que llegaron detrás. Aunque el género también tiene sus ejemplos (con más o menos acierto) en otras lenguas europeas, en España alcanza las cotas de genialidad. En este tipo de obras, el protagonista principal es un pícaro, personaje fuera del sistema social, revestido de un espíritu de holgazanería el cual justifica  por su afán de libertad. Su sentido crítico de la sociedad alcanza cotas de cinismo cuando presenta algunos tipos sociales distintos o semejantes al suyo. Suele está provisto de un sentimiento de desengaño de las cosas del mundo, el cual le lleva a la aceptación de cualquier circunstancia y a renegar de los valores que hacen grande al ser humano. Este carácter derrotista se nivela con algunos puntos cómicos que nunca llegan a la risa y más bien levanta la conmiseración del lector. 

Orígenes de la novela picaresca

Ninguna obra aparece de la nada. Siempre hay  algo o mucho que está en el ambiente, que propicia su espaldarazo aunque este sea genial. Si esto es aplicable a El Quijote, a los cantares de gesta o a cualquier otra manifestación artística, la novela picaresca no es ajena a esta consideración. En este sentido, hago mías las palabras de J.L. Alborg: 

“Aunque el Lazarillo como creación literaria -y la picaresca con él- es el resultado de una inspiración genial, su alumbramiento estaba implícito en la propia entraña de nuestra literatura precedente.”  

¿Y quiénes son esos precedentes? Por un lado, personajes secundarios del Arcipreste de Talavera y, además, del Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita. También hay un sustrato implícito en La Celestina, toda ella dotada de ese espíritu que media entre el cinismo y los que se sitúan al margen de las convenciones sociales que caracteriza la novela picaresca. Un tanto de lo mismo sucede con algunos bufones de piezas cómicas de Gil Vicente o Torres Naharro. Y, especialmente, hay una obra que marca el camino a las demás: La lozana andaluza de Francisco Delicado, publicada en 1528.  

Además, el personaje del pícaro no era solo un individuo de ficción sino que sus caracteres se encontraban en la vida real. La sociedad española a mediados del siglo XVI comenzaba a acusar una incipiente decadencia que se transparentaba en una suerte de desgraciados venidos a menos que se negaban a trabajar de manera manual ya que se consideraba que eran tareas de judíos o conversos. Estos habían perdido cualquier consideración social y con ellos algunas tareas y oficios de manufactura. Además, de vuelta de las innumerables batallas llegaban soldados en busca de fortuna algunos con graves heridas. Esa libertad a la que aspira el pícaro lo pone fuera del orden social ya que se niega a formar parte de los trabajadores formales y lo introduce de lleno en ese saco en el que lo mismo se encuentran hidalgos venidos a menos que ladronzuelos de poca monta.  

Los personajes de la novela picaresca

Aunque a lo largo de sus páginas, aparecen individuos de distinto estrato social, condición y circunstancias, el personaje principal de estas obras es un pícaro. Como veremos a continuación, estos individuos, en primera persona, relatan su vida que no es más que un cúmulo de desventuras sirviendo a distintos amos de una manera poco ortodoxa. Dado a la mentira, a los pequeños timos, a las trampas constantes (incluso sobre si mismos), viven al margen de la sociedad, aunque nunca nos topamos con un criminal en toda regla. El pícaro es una pobre criatura que se las apaña como puede porque se niega a formar parte de la sociedad en aras a una libertad que paga con una mala vida.  

De resultas de este espíritu, su relato se vuelve irónico hasta llegar al cinismo y al descreimiento más absoluto. Nadie queda indemne de su mirada sagaz, aunque esa crítica no la realiza con un deseo de mejora sino que se respira cierto aire de derrota y de conformismo. Esta misma idea es la que no le permite hacer nada por sí mismo en post de una superación personal. El pícaro no sabe pensar a lo grande. Todo en él es pequeño y a nivel del suelo rampante. Los protagonistas de la novela picaresca afirman vivir en la más absoluta realidad, en la calle, en el día a día aunque esto suponga estar siempre al límite y rozando el hambre, el frío y la inseguridad.  

El resto de personajes que desfilan por estas páginas no acaban de mejor manera y siempre se presentan en su peor cara: en la cruel, en la egoísta y las más de las veces en la hipócrita. Clero y aristocracia no se libran de la crítica del pícaro y todos quedan retratados de una manera poco edificante.  

Principales características de la novela picaresca 

1.- El realismo es una de las principales características de la novela picaresca

Tanto es así que autores hay que sostienen que esta surge como una reacción a la lírica renacentista repleta de pastores idealizados y naturalezas bucólicas. Es más, las novelas de caballería (que tanto éxito tuvieron en la época con sus protagonistas fuera de lo común en busca de hazañas fantasiosas) se contraponen a la figura del pícaro y a todos los que viven a su alrededor. Y autores hay que ven en el nacimiento del género una reacción a tanta fantasía y a venturas imposibles. En las novelas picarescas se muestra la cruda realidad donde la búsqueda de comida o de cobijo es el objetivo diario. Contra los grandes valores del espíritu de los caballeros casi etéreos se presentan en la novela picaresca seres que les quedan grandes conceptos como honor o trascendencia. La minucia del día a día con toda su cruda cotidianidad es el universo de estas obras.  

2.- Pesimismo, cinismo e ironía

Otra de las características de la novela picaresca es la narración y la descripción de un mundo gris del que nadie se libra. Nada hay en estas aventuras que nos puedan conciliar con los sueños, los ideales o la mejora en cualquier aspecto. De resultas de ello, las obras rezuman pesimismo y conformismo por todos los costados. Aunque nos encontramos algunas anécdotas cómicas, estas, a veces, son crueles (al menos desde la cosmovisión contemporánea) y todas ellas están revestidas de un grave cinismo. La sociedad, por otra parte, está presentada desde la ironía mostrando siempre el lado más oscuro del ser humano y nadie se salva de esta crítica, ni siquiera los personajes más cándidos o inocentes. 

3.- Aún así la novela picaresca presenta principios moralizantes 

Autores hay que ven en ella los grandes temas del erasmismo que tanto predicamento tuvieron entre la elite intelectual española antes de la Contrarreforma. La libertad propuesta por el de Rotterdam unida a ese afán de sencillez, de despojamiento de los ritos complicados y de crítica a las costumbres sociales se encuentran en estas obras. Aunque el erasmismo no llegó a calar en todos los órdenes sociales, sí tuvo sus seguidores entre los estudiosos y los miembros universitarios. Por otro lado, la Contrarreforma trajo también un rechazo de las obras de ficción y promovía un arte edificante y moralizante. En este sentido, conforme nos vamos adentrando en los títulos surgidos durante el siglo XVII estas van mostrando un “mea culpa” que no se adivinaba en las primeras. Esto es, los personajes se presentan con una edad avanzada relatando su vida de la cual hacen juicios de arrepentimiento en algún caso. 

4.- Libertad y desapego de la vida como una de las características de la novela picaresca 

El pícaro no trabaja de manera formal. Sirve a varios amos y va de un lugar a otro buscándose la vida como puede. Todo eso lo hace en aras de una libertad que solo le conduce por el camino del malvivir. Sin embargo, lo acepta porque defiende esa libertad que no puede sustituirse por nada.  

5.- Hay críticos que han puesto la novela picaresca en relación con la mística 

Aunque sean tan diferentes entre sí, picaresca y mística literaria son coetáneas. Ambos géneros tienen caracteres en común como es la búsqueda de la verdad por caminos heterodoxos y de manera individual. Además, ambas escrituras se adentran en el realismo más atroz, una en la del alma en comunión con Dios y otra en el de la marginalidad social. El yo de los escritores de uno y otro lado se presenta en su radical originalidad y veracidad sin alas a la fantasía y lo inverosímil. Lectores contemporáneo habrá que, al hilo del esto, ofrecerán su descreimiento acerca de las visiones místicas pero, una vez más, hay que recordar que para el místico no había más verdad que la expresada en sus escritos. 

6.- Carácter autobiográfico de la novela picaresca 

Hasta la llegada de estas obras los personajes se presentaban a través del autor, de un narrador que los hacía suyos según la condición de los mismos. Los bufones y de estrato social bajo eran presentados de manera cómica y los de alta cuna con valores elevados, aunque nos encontremos algunos ejemplos en los que se ofrece pura contradicción. El pícaro, por su parte, no encuentra quien le escriba y lo justifique. Y a falta de ese autor, comienza la narración (y la justificación a veces de su vida) de propia voz. Ese carácter autobiográfico se completa, en algunas ocasiones, con el anonimato de algunas obras o las dudas de su autoría.   

7.- En estas obras nos encontramos una sucesión de personajes 

Tanto es así que, incluso, se puede leer por capítulos dispersos sin atentar contra el sentido último de la obra. Este tipo de estructuración es más evidente en las primeras obras y se va diluyendo conforme avanza el siglo XVII hasta llegar a Estebanillo González. La novela picaresca va, conforme avanzan las décadas, hacia un relato de aventuras. Eso no quita para que las distintas escenas sean como una excusa para presentar distintos tipos psicológicos y personajes. Pocos de ellos pueden clasificarse como ejemplares o caballerescos ya que siempre se presenta la cara más oscura de todos ellos. Las primeras obras, comenzando con el Lazarillo de Tormes, están tan desestructuradas en el relato que cada capítulo se puede leer independientemente,  ya que no afecta al sentido último de la obra. 

8.- La novela picaresca se caracteriza por el conformismo como actitud vital  

Y también una fuerte dosis de resentimiento. Esto es, hay una crítica social pero esta no llega a la rebeldía sino todo lo contrario ya que encontramos una aceptación. El realismo se concentra en esa vida que es tal como es y poco o nada se puede hacer para cambiarla. No estamos ante la asimilación del dolor con un espíritu de renuncia religiosa, la misma que abraza lo que Dios quiera dar. En la novela picaresca no se encuentra esa fluidez emocional sino que hay un cinismo, una ira contenida contra la sociedad en general. Este aspecto es lo que ha llevado a algunos críticos a señalar que algunas de estas obras nacen de manos conversas (o de su cosmovisión). Quienes formaron parte de un país próspero ofreciendo lo mejor de sí quedan relegados por razón de creencia religiosa a unos niveles ínfimos. De resultas de ello se sublevan pero no con la rebelión que busca un cambio sino con el que está lleno de resentimiento. Mucho de esto hay en la novela picaresca aunque algunas estén escritas por castellanos viejos.  

Tipos de novelas picarescas y su debate 

Porque el debate llega de algunos autores que abogan por estudiar cada obra de forma. independiente con sus circunstancias estructurales, de autor, de personajes o de narración. Sin embargo, los más dados a los encasillamientos proponen al menos dos divisiones dentro de las novelas. picarescas:  

1.- La primera de ellas correspondería a la primera época (no más allá de 1610) y se corresponde con obras desestructuradas en cuanto a la narración en las que los capítulos no están unidos unos con otros. En ellas, los protagonistas no muestran arrepentimiento alguno por sus obras aunque haya una justificación por los actos (ese “yo señor no soy malo” del Lazarillo).  

2.- Conforme avanza el siglo XVII hasta terminar abruptamente a mediados del mismo, las obras van tomando un cariz más aventurero. Esto es, los personajes muestran una narración más hilada entre capítulos aunque los mismos también le sirvan para ir mostrando las personalidades de individuos con los que se topan. También se mueven más de su emplazamiento original y en la narración se adivina ya ese espíritu de la Contrarreforma que promueve el carácter moralista o edificante de las obras de arte. Esto es, de alguna manera u otra, manifiestan un arrepentimiento o un juicio severo por los actos del pasado. Así, los autores de las mismas se acoplan a esas directrices que promulgan una enseñanza (en esta ocasión de actos reprobables) de la vida picaresca. En estas últimos obras el espíritu pesimista es mayor así como la sensación de derrota vital.  

Sea como fuere, la novela picaresca, siguiendo a J.L. Alborg se concentra en un siglo:  

“Prescindiendo momentáneamente de la aparición solitaria del Lazarillo a mediados de la centuria y de la distancia de medio siglo que le separa de su inmediato seguidor, el Guzmán, la plenitud de la picaresca propiamente dicha se concentra, sin lugar para verdaderas etapas, en el corto lapso de cincuenta años, y puede considerarse acabada con la publicación de Estebanillo González en 1646”.  

En definitiva, la novela picaresca, a pesar de las diferencias entre obras de notable y sobresaliente calidad, tiene unas características repetidas que la diferencia de otros géneros y fórmulas literarias de la época. En España alcanzó cotas insuperables. 

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

 

 

 

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En 1554, en el reinado de Carlos I, aparece el Lazarillo de Tormes, considerada la primera de este cariz en español. Aunque se da en otras países europeos, en España adquiere la categoría de género nuevo por lo novedoso de su enfoque y lo transformador de la mayoría de las características de la novela picaresca. Desde esa fecha hasta 1646, con la aparición de Estebanillo González, verán la luz algunas obras únicas que han traspasado, incluso, las fronteras de la literatura. 

1.- Una de las más importantes características de la novela picaresca es su original protagonista 

Aunque personajes de baja extracción social ya habían aparecido en la literatura castellana (y nada más hay que señalar El Libro de Buen Amor y La Celestina), ahora se revisten de todo el protagonismo, con todo lo que ello implica para el enfoque y la trama. El pícaro (de cuya etimología duda hasta el mismísimo Corominas) es una suerte de aventurero con tintes de desgraciado que aspira solo a malvivir sin ningún tipo de objetivo vital más o menos loable. Nacido en los bajos fondos, no se mueve del mismo durante toda su existencia ni aspira a nada más que a sobrevivir con pequeños timos, hurtos y engaños. Nada en sus aventuras es digna de admiración más allá de ese afán por agarrarse a la vida a cualquier precio. Es un vagamundo, un mendigo, un pobre hombre que se conforma con su situación.  Su astucia (que nunca se puede calificar de inteligencia) solo le llega para algunas tretas que le permita terminar el día de la mejor manera posible.  Su vida, totalmente apartada de los mínimos modelos cívicos, lo hace resbalarse al margen de la ley sin llegar nunca a ser un delincuente o un criminal sin escrúpulos.  

Todo en él, y esta es una de las características de la novela picaresca, es pequeño, ruin, cínico y bajo. Si el protagonista apela a la libertad como el mayor bien del ser humano, la misma no la aprovecha en su beneficio (para crecer como persona o enriquecerse materialmente) sino que la desperdicia en correrías de poca monta. Y junto a él aparece una sarta de personajes que, aún siendo de otra extracción social, no se comportan de manera mucho más digna.  

2.- Otra de las características del novela picaresca es su realismo

Y es el mismo que articula (con sus salvedades, por supuesto) toda la literatura española y gran parte del arte plástico de esta parte de mundo (Goya por poner un ejemplo). Es un realismo descarnado que se regodea (a veces con humor, cinismo o ironía) en lo peor de la condición humana. Todo ello sucede sin resbalarse en los modos de fuertes personalidades criminales. En el mundo del pícaro todo es mediocre, pequeño y desprovisto de la más mínima ambición. Desde el inicio, en la novela picaresca, sus protagonistas han tirado la toalla hundiéndose en un pesimismo y un derrotismo peculiar que solo le da alas cuando se trata de la subsistencia más inmediata.  

Todas las obras son ajenas, no ya a la utopía idealista (la de la lírica renacentista o de las principales características de las novelas de caballería por poner dos ejemplos), sino que rechaza cualquier posibilidad de redención, de mejora o de crecimiento personal. El pícaro es un personaje conformista que, la más de las veces (y aquí reside su interés) se reviste de un halo filosófico que lo emparenta con el estoicismo, el mismo que defendía Séneca (el filósofo romano nacido en España).  

3.- Contraposición a la lírica renacentista y novelas de caballería 

Estudiosos hay que han dedicado tesis, investigaciones y artículos a poner en contraposición,  cara a cara, las principales características de la novela picaresca tanto con la poesía renacentista como con las novelas de caballería. Estas obras nacen cuando ambas manifestaciones literarias están en su pleno esplendor y favor del público. Por eso, hay quienes ven en el nacimiento de la picaresca literaria un rechazo al idealismo exacerbado que magnifica los valores de la élite culta. Sin embargo, su aparición no puede explicarse solo por esta circunstancia y hay que tener en cuenta más factores. Ni que decir tiene que el personaje estaba en el aire (ya que era un tipo conocido en la época), pero también hay un estado emocional favorable a su creación: pesimismo, sensación de derrota, conformismo vital, negación de la justa rebeldía…   

Las novelas picarescas serían ese contrapunto (ese puñetazo en la mesa) al mostrar a personajes que se encontraban en la vida real como auténticos protagonistas de un modo de vida ajeno a la literatura de evasión. Aunque el reinado de Carlos I aún conservaba toda la gloria épica de las conquistas, con Felipe II llegan sucesivas bancarrotas, derrotas sonoras (la Armada Invencible sin ir más lejos) y decadencia de los valores incluso en los llamados a mantenerlos. Es una época en la que, alrededor de las grandes ciudades (Sevilla, Toledo, Salamanca…), se van agolpando legiones de campesinos en busca de una vida mejor. Estos conviven con grupos de soldados abandonados a su suerte que intentan malvivir incluso con graves lesiones invalidantes. A esto se une un desprecio por el emprendimiento empresarial, artesanal o comercial por considerarlo propio de conversos o judíos (por entonces fuera de toda consideración social por parte de la mayoría cristiana). Y el cóctel social no puede ser más explosivo, ya que, ante la exaltación de una vida bohemia y las pocas posibilidades de subsistencia, solo cabe la vida del pícaro. 

4.- Otra de las características de la novela picaresca es su carácter autobiográfico 

Que se muestra nada más empezar (ese “yo señor no soy malo” de Lázaro de Tormes) y del que apenas hay precedentes en la literatura en castellano ni en ninguna otra lengua vulgar. Hasta este momento, los personajes pertenecían al autor, al narrador, que, de una manera u otra, mostraba sus hazañas y avatares. Sí existían protagonistas de baja condición social y moral, estos siempre tenían un papel cómico, subalterno y de alter ego con la finalidad de mostrar las virtudes de los épicos o dignos de imitación. Con la novela picaresca todo eso cambia y el protagonista (a falta de un autor que se digne a bajar a contar sus aventuras y desventuras) toma la palabra por sí mismo. El resultado es un relato descarnado en el que no hay consideración moral más allá de mostrar todos los vicios de una sociedad que se alejaba de la excelencia. Junto con la autobiografía se muestra el anonimato empezando por el Lazarillo de Tormes

5.- Otra de las características de la novela picaresca es que se desbarata la división entre lo cómico y lo elevado

Esta estructura en cajones estancos era la manera de conducirse de la literatura clásica con sus divisiones en comedia o tragedia. Con el nuevo género las tramas se adentran con la mayor naturalidad en el egoísmo individualista sin juicio de enmienda, en la crítica cínica contra los estamentos de poder (incluida aristocracia e iglesia), en la defensa de la holgazanería sin ningún tipo de pudor y en desgranar un mundo donde los parásitos sociales pertenecen a todas las familias. Si bien, conforme va avanzado el siglo XVII, las obras van cambiando para hacer una especie de acto de constricción, en la narración y lectura se asiste a un mundo que está lejos de la ejemplaridad.

6.- La narración se crea mediante una sucesión de caracteres sociales reprobables 

Aunque conforme van publicándose los títulos, las nuevas obras se van acercando a las novelas de aventuras, las picarescas se caracterizan por ser una sucesión de historias deslazadas entre sí. Tanto es así que se pueden leer incluso independientemente, ya que nada afecta a la trama. Recordemos que una de las características de la novelas picaresca estriba en su personaje, el cual no hace ningún intento de mejora personal tanto en el plano social como en el económico o en el moral.  

Las páginas de las obras, por tanto, se convierten en una sucesión de individuos huecos que nada aportan a la sociedad y sin más meta que estar vivos al caer el día. Estos lo convierten en seres indignos cuando no en cómicos por los que se siente una particular lástima. No hay objetivo en sus vidas que pueda redimirlos más allá de esa intención moralizante que han querido ver algunos críticos y que explica el auge del género. 

7.- El erasmismo como una de las características de la novela picaresca 

En 1545 comienza la denominada Contrarreforma a la que España se adhiere de lleno jurando defender los principios católicos incluso con las armas. Se olvida, por tanto, cualquier intento de cambio propuesto por Lutero y se vuelve al dogma. El erasmismo que algunos críticos quieren ver en el interior de estas obras promulgaba una libertad de criterio y de vida que enlaza con el espíritu del pícaro. Sin embargo, aunque las teorías del de Rotterdam solo calaron en las élites intelectuales españolas, la Contrarreforma atacó a todas esas obras de ficción pura e idealizadas en las que la fantasía hacía olvidar al lector su misión vital. Se promulgó, por tanto, que la literatura debía estar al servicio de la moralidad o de la educación. Y ambos extremos no se pueden conseguir si no hay buenas dosis de realismo que muestre al lector los males de este mundo. En este contexto nace la novela picaresca que ya sería, como apuntan algunos autores, obras que intentan mostrar la condición abyecta a la que puede degradarse el ser humano. Otra cosa es el talento de sus creadores que, entre medias, nos dejen párrafos de memorable literatura alejándose de rancios sermones moralizantes. 

En palabras de A.A. Parker, uno de los grandes estudiosos del género: 

“La diferencia proviene de que lo pastoral deriva del Humanismo italiano, mientras la picaresca procede del Elogio de la locura de Erasmo, a través de movimientos reformistas que postulan una religión sencilla, libre de complicadas observancias, y proclaman el desprecio del mundo y sus honores. El pícaro recoge este ideal, pero rechazado por la sociedad, lo transforma en cinismo amargo y resentido, vacío de moral, que se expresa en la literatura negativa de la picaresca”. 

8.- La picaresca y su relación con la mística

Esta búsqueda de libertad individual y despego de las cosas del mundo está íntimamente relacionado con la mística literaria, cuyas más altas cotas son contemporáneas a la novela picaresca. Si San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús buscan hacia dentro (hacia la visión divina) la verdad  existencial y sus giros, la picaresca lo hace hacia afuera: mostrando con crueldad los vicios sociales. En ambas vertientes literarias hay un afán moralizante o edificante, una desgranando las maravillas de la gracia divina mientras que la otra se entretiene por el camino de la oscuridad vital a través de sus pecados sociales.  

“Como el místico, el pícaro no ve en la vida más que algo pasajero, algo finito, que no vale la pena de tomarlo muy en serio, y menos aún de dedicarle un gran esfuerzo. Se dirá que es vagancia la suya. Sí, pero una vagancia altamente filosófica.”

César Barja

9.- El sentido trágico como una de las características de la novela picaresca

Todo estas anotaciones nos lleva a un punto esencial: el sentido trágico. El pícaro no es un bufón, no es un cómico, no es un hedonista que aprovecha el aquí y el ahora. Es un desahuciado social y personal que se resigna antes de hacer un movimiento por su superación personal. Todo ello lo reviste con un halo trágico. Su mundo es el de la insignificancia aceptada, no como un intento de hacerse uno con las cosas terrenales, sino porque se niega a trabajar en su propio bien. 

10.-El pícaro está alejado tanto del honor tan español como del sentido de trascendencia 

Por tanto, los personajes de la novela picaresca no aspiran a nada más que no sea llegar a la hora siguiente. Para no importarles ni siquiera se preocupan por aparentar, como sí hacen algunos personajes secundarios de estas novelas. Nada hay en la vida que merezca un mínimo esfuerzo. Por tanto, concepto como dignidad o trascendencia les queda lejos, tanto como las historias amorosas de las idealizadas novelas pastoriles. El pícaro vive en la cruda realidad de un día a día agresivo, cruel y deleznable.  

En definitiva, la mayoría de las características de la novela picaresca nos muestran personajes que no saben ni pensar ni sentir ni hacer a lo grande aunque se equivoquen. No son unos fracasados en el sentido contemporáneo del término puesto que no intentan nada. Simplemente se valen de los recovecos del sistema para dar rienda suelta a sus instintos primarios. Y con estos mimbres se crearon grandes novelas del canon en español.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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En 1554, en el reinado de Carlos I, aparece el Lazarillo de Tormes, considerada la primera de este cariz en español. Aunque se da en otras países europeos, en España adquiere la categoría de género nuevo por lo novedoso de su enfoque y lo transformador de la mayoría de las características de la novela picaresca. Desde esa fecha hasta 1646, con la aparición de Estebanillo González, verán la luz algunas obras únicas que han traspasado, incluso, las fronteras de la literatura. 

1.- Una de las más importantes características de la novela picaresca es su original protagonista 

Aunque personajes de baja extracción social ya habían aparecido en la literatura castellana (y nada más hay que señalar El Libro de Buen Amor y La Celestina), ahora se revisten de todo el protagonismo, con todo lo que ello implica para el enfoque y la trama. El pícaro (de cuya etimología duda hasta el mismísimo Corominas) es una suerte de aventurero con tintes de desgraciado que aspira solo a malvivir sin ningún tipo de objetivo vital más o menos loable. Nacido en los bajos fondos, no se mueve del mismo durante toda su existencia ni aspira a nada más que a sobrevivir con pequeños timos, hurtos y engaños. Nada en sus aventuras es digna de admiración más allá de ese afán por agarrarse a la vida a cualquier precio. Es un vagamundo, un mendigo, un pobre hombre que se conforma con su situación.  Su astucia (que nunca se puede calificar de inteligencia) solo le llega para algunas tretas que le permita terminar el día de la mejor manera posible.  Su vida, totalmente apartada de los mínimos modelos cívicos, lo hace resbalarse al margen de la ley sin llegar nunca a ser un delincuente o un criminal sin escrúpulos.  

Todo en él, y esta es una de las características de la novela picaresca, es pequeño, ruin, cínico y bajo. Si el protagonista apela a la libertad como el mayor bien del ser humano, la misma no la aprovecha en su beneficio (para crecer como persona o enriquecerse materialmente) sino que la desperdicia en correrías de poca monta. Y junto a él aparece una sarta de personajes que, aún siendo de otra extracción social, no se comportan de manera mucho más digna.  

2.- Otra de las características del novela picaresca es su realismo

Y es el mismo que articula (con sus salvedades, por supuesto) toda la literatura española y gran parte del arte plástico de esta parte de mundo (Goya por poner un ejemplo). Es un realismo descarnado que se regodea (a veces con humor, cinismo o ironía) en lo peor de la condición humana. Todo ello sucede sin resbalarse en los modos de fuertes personalidades criminales. En el mundo del pícaro todo es mediocre, pequeño y desprovisto de la más mínima ambición. Desde el inicio, en la novela picaresca, sus protagonistas han tirado la toalla hundiéndose en un pesimismo y un derrotismo peculiar que solo le da alas cuando se trata de la subsistencia más inmediata.  

Todas las obras son ajenas, no ya a la utopía idealista (la de la lírica renacentista o de las principales características de las novelas de caballería por poner dos ejemplos), sino que rechaza cualquier posibilidad de redención, de mejora o de crecimiento personal. El pícaro es un personaje conformista que, la más de las veces (y aquí reside su interés) se reviste de un halo filosófico que lo emparenta con el estoicismo, el mismo que defendía Séneca (el filósofo romano nacido en España).  

3.- Contraposición a la lírica renacentista y novelas de caballería 

Estudiosos hay que han dedicado tesis, investigaciones y artículos a poner en contraposición,  cara a cara, las principales características de la novela picaresca tanto con la poesía renacentista como con las novelas de caballería. Estas obras nacen cuando ambas manifestaciones literarias están en su pleno esplendor y favor del público. Por eso, hay quienes ven en el nacimiento de la picaresca literaria un rechazo al idealismo exacerbado que magnifica los valores de la élite culta. Sin embargo, su aparición no puede explicarse solo por esta circunstancia y hay que tener en cuenta más factores. Ni que decir tiene que el personaje estaba en el aire (ya que era un tipo conocido en la época), pero también hay un estado emocional favorable a su creación: pesimismo, sensación de derrota, conformismo vital, negación de la justa rebeldía…   

Las novelas picarescas serían ese contrapunto (ese puñetazo en la mesa) al mostrar a personajes que se encontraban en la vida real como auténticos protagonistas de un modo de vida ajeno a la literatura de evasión. Aunque el reinado de Carlos I aún conservaba toda la gloria épica de las conquistas, con Felipe II llegan sucesivas bancarrotas, derrotas sonoras (la Armada Invencible sin ir más lejos) y decadencia de los valores incluso en los llamados a mantenerlos. Es una época en la que, alrededor de las grandes ciudades (Sevilla, Toledo, Salamanca…), se van agolpando legiones de campesinos en busca de una vida mejor. Estos conviven con grupos de soldados abandonados a su suerte que intentan malvivir incluso con graves lesiones invalidantes. A esto se une un desprecio por el emprendimiento empresarial, artesanal o comercial por considerarlo propio de conversos o judíos (por entonces fuera de toda consideración social por parte de la mayoría cristiana). Y el cóctel social no puede ser más explosivo, ya que, ante la exaltación de una vida bohemia y las pocas posibilidades de subsistencia, solo cabe la vida del pícaro. 

4.- Otra de las características de la novela picaresca es su carácter autobiográfico 

Que se muestra nada más empezar (ese “yo señor no soy malo” de Lázaro de Tormes) y del que apenas hay precedentes en la literatura en castellano ni en ninguna otra lengua vulgar. Hasta este momento, los personajes pertenecían al autor, al narrador, que, de una manera u otra, mostraba sus hazañas y avatares. Sí existían protagonistas de baja condición social y moral, estos siempre tenían un papel cómico, subalterno y de alter ego con la finalidad de mostrar las virtudes de los épicos o dignos de imitación. Con la novela picaresca todo eso cambia y el protagonista (a falta de un autor que se digne a bajar a contar sus aventuras y desventuras) toma la palabra por sí mismo. El resultado es un relato descarnado en el que no hay consideración moral más allá de mostrar todos los vicios de una sociedad que se alejaba de la excelencia. Junto con la autobiografía se muestra el anonimato empezando por el Lazarillo de Tormes

5.- Otra de las características de la novela picaresca es que se desbarata la división entre lo cómico y lo elevado

Esta estructura en cajones estancos era la manera de conducirse de la literatura clásica con sus divisiones en comedia o tragedia. Con el nuevo género las tramas se adentran con la mayor naturalidad en el egoísmo individualista sin juicio de enmienda, en la crítica cínica contra los estamentos de poder (incluida aristocracia e iglesia), en la defensa de la holgazanería sin ningún tipo de pudor y en desgranar un mundo donde los parásitos sociales pertenecen a todas las familias. Si bien, conforme va avanzado el siglo XVII, las obras van cambiando para hacer una especie de acto de constricción, en la narración y lectura se asiste a un mundo que está lejos de la ejemplaridad.

6.- La narración se crea mediante una sucesión de caracteres sociales reprobables 

Aunque conforme van publicándose los títulos, las nuevas obras se van acercando a las novelas de aventuras, las picarescas se caracterizan por ser una sucesión de historias deslazadas entre sí. Tanto es así que se pueden leer incluso independientemente, ya que nada afecta a la trama. Recordemos que una de las características de la novelas picaresca estriba en su personaje, el cual no hace ningún intento de mejora personal tanto en el plano social como en el económico o en el moral.  

Las páginas de las obras, por tanto, se convierten en una sucesión de individuos huecos que nada aportan a la sociedad y sin más meta que estar vivos al caer el día. Estos lo convierten en seres indignos cuando no en cómicos por los que se siente una particular lástima. No hay objetivo en sus vidas que pueda redimirlos más allá de esa intención moralizante que han querido ver algunos críticos y que explica el auge del género. 

7.- El erasmismo como una de las características de la novela picaresca 

En 1545 comienza la denominada Contrarreforma a la que España se adhiere de lleno jurando defender los principios católicos incluso con las armas. Se olvida, por tanto, cualquier intento de cambio propuesto por Lutero y se vuelve al dogma. El erasmismo que algunos críticos quieren ver en el interior de estas obras promulgaba una libertad de criterio y de vida que enlaza con el espíritu del pícaro. Sin embargo, aunque las teorías del de Rotterdam solo calaron en las élites intelectuales españolas, la Contrarreforma atacó a todas esas obras de ficción pura e idealizadas en las que la fantasía hacía olvidar al lector su misión vital. Se promulgó, por tanto, que la literatura debía estar al servicio de la moralidad o de la educación. Y ambos extremos no se pueden conseguir si no hay buenas dosis de realismo que muestre al lector los males de este mundo. En este contexto nace la novela picaresca que ya sería, como apuntan algunos autores, obras que intentan mostrar la condición abyecta a la que puede degradarse el ser humano. Otra cosa es el talento de sus creadores que, entre medias, nos dejen párrafos de memorable literatura alejándose de rancios sermones moralizantes. 

En palabras de A.A. Parker, uno de los grandes estudiosos del género: 

“La diferencia proviene de que lo pastoral deriva del Humanismo italiano, mientras la picaresca procede del Elogio de la locura de Erasmo, a través de movimientos reformistas que postulan una religión sencilla, libre de complicadas observancias, y proclaman el desprecio del mundo y sus honores. El pícaro recoge este ideal, pero rechazado por la sociedad, lo transforma en cinismo amargo y resentido, vacío de moral, que se expresa en la literatura negativa de la picaresca”. 

8.- La picaresca y su relación con la mística

Esta búsqueda de libertad individual y despego de las cosas del mundo está íntimamente relacionado con la mística literaria, cuyas más altas cotas son contemporáneas a la novela picaresca. Si San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús buscan hacia dentro (hacia la visión divina) la verdad  existencial y sus giros, la picaresca lo hace hacia afuera: mostrando con crueldad los vicios sociales. En ambas vertientes literarias hay un afán moralizante o edificante, una desgranando las maravillas de la gracia divina mientras que la otra se entretiene por el camino de la oscuridad vital a través de sus pecados sociales.  

“Como el místico, el pícaro no ve en la vida más que algo pasajero, algo finito, que no vale la pena de tomarlo muy en serio, y menos aún de dedicarle un gran esfuerzo. Se dirá que es vagancia la suya. Sí, pero una vagancia altamente filosófica.”

César Barja

9.- El sentido trágico como una de las características de la novela picaresca

Todo estas anotaciones nos lleva a un punto esencial: el sentido trágico. El pícaro no es un bufón, no es un cómico, no es un hedonista que aprovecha el aquí y el ahora. Es un desahuciado social y personal que se resigna antes de hacer un movimiento por su superación personal. Todo ello lo reviste con un halo trágico. Su mundo es el de la insignificancia aceptada, no como un intento de hacerse uno con las cosas terrenales, sino porque se niega a trabajar en su propio bien. 

10.-El pícaro está alejado tanto del honor tan español como del sentido de trascendencia 

Por tanto, los personajes de la novela picaresca no aspiran a nada más que no sea llegar a la hora siguiente. Para no importarles ni siquiera se preocupan por aparentar, como sí hacen algunos personajes secundarios de estas novelas. Nada hay en la vida que merezca un mínimo esfuerzo. Por tanto, concepto como dignidad o trascendencia les queda lejos, tanto como las historias amorosas de las idealizadas novelas pastoriles. El pícaro vive en la cruda realidad de un día a día agresivo, cruel y deleznable.  

En definitiva, la mayoría de las características de la novela picaresca nos muestran personajes que no saben ni pensar ni sentir ni hacer a lo grande aunque se equivoquen. No son unos fracasados en el sentido contemporáneo del término puesto que no intentan nada. Simplemente se valen de los recovecos del sistema para dar rienda suelta a sus instintos primarios. Y con estos mimbres se crearon grandes novelas del canon en español.  

Por Candela Vizcaíno | Doctora en Comunicación por la Universidad de Sevilla

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